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VIRGINIA GUTIÉRREZ DE PINEDA

FAMILIA
Y CUL T RA
EN e OMBIA

Tipologías, funciones y dinámico de lo familia.
Manifestaciones múltiples o través del mosaico
cultural y estructuras sociales
Edilori,l Uni'''li dad de A"lioqui.
Antropología
Virginia GutiélTez de Pineda
Socorro (Santanderl
licenciado en ciencias sociales
y económicos en lo Escuela
Normal Superior de Colombia.
Estudió etnología en el Instituto
Etnológico Nocional
y se especializó en antropología
social y médica y geografía
humana en la Universidad
de California (Berkeleyl.
Profesora de la Universidad
Nacional de Colombia
(Santafé de Bogotál
desde 1956 hasta su ¡ubilación .
Dentro de su amplia producción
intelectual se destacan
los siguientes libros: La familia
en Colombia: trasfondo histórico
(19631, Familia y cultura
en Colombia (19681, Estructura,
función y cambio de lo familia
en Colombia (1975-19761,
El gamín, su albergue social
y su familia (19781 Y Honor,
familia y sociedad en la
estructura patriarcal: el caso
Santander (19881; además, ha
publicado numerosos artículos en
revistas de distintos países.
Virginia Gutiérrez de Pineda
. Familia y cultura en Colompia
Tipologías, funciones y dinámica de la familia.
Manifestaciones múltiples a través del mosaico
cultural y sus estructuras sociales
Editorial Universidad de Antioquia
e Vir8inia. Gutiérrez de Pineda
e Editorial Universidad de Antioquia
e ISBN: 958-655-156-3
Primeru edici6n: Bogotá: Universidad Nacional de Colombia·Tercer Mundo, 1968.
Segunda edición: Bogolá: Cofcultura, 1975. .
Tercera ectici6n (primera en la Editorial de Antioquia): junio de 1994
Cubierta: Asfalto Graphis
Impresi6n y terminación: lmprenta Universidad de Amioquia
Impreso y hecho en Colombia I Printed and made in Colombia
Prohibida la reproducción total o parcial, por cualquier medio o con cualquier
propósito, sin la autorización escrita de la Editorial U niversidad de Antioquia
Editorial Universidad de Antioquia
Teléfono: (574)210 50 10. Telefax: (574)263 82 82
Apartado 1226. Medellín. Colombia
.,'
' .} Contenido
Virginia GuLiérrez de Pineda: una vida y una obra para la ciencia social
·Hemán Henao Delgado
Libros y artículos publicados por Virginia Gutiérrez de Pineda
Palabras preliminares
Complejo cultural andino o americano
Introducción
El habitat
La zona de escasa aculmración: Comunidades indígeníls.
La zona de intensa aculturación
Las instituciones
lA economÚl
Las actividades
Algunas características lenenciales
La lenencia df.l suelo y la estructuración familiar
ÚJ [gus;" y la lami/iD
El transfondo culrural indio
La proyección religiosa
La religión y la institución familiar
&tMlcturn y tipología de la. familia americaDa de inteosa
. .,
Introducción
lA jamiJiIl legal, valores concomitantes
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lAfamilÚl de hecho: valores asociados 53
Las normas de filiación y de herencia en las modalidades consensuales 54
El amaño, raíz india. Sus modalidades 58
El madresolterismo, su ronna estructural 62
Modalidades del madresolterismo 64-
El madresolterismo y su génesis 66
La unión libre, valores conexos 71
El concubinato, modalidades y etiología 73
Status y función
Lq lamiüa nuclear 77
El complejo de la autoridad de los progenitores. Tendencias prospecti\'as 77
La posición real del ego femenino 78
Obligaciones y derechos en el status de los progenitores 82
Esquema de las obligaciones económicas 83
Obligaciones sociales 86
El ingreso y la autoridad 87
La jerarquización de la autoridad 90
Las modalidades de la autoridad, las estructuras familiares,
la economía y las nonnas de residencia 91
El status y la distribución del trabajo por sexos. La sociabilizaci6n 94
ÚJ familia extensa" 99
Apéndice
AlguDOS rasgos de la estructuración de la familia ameritana de escasa
aculturadón
ÚJs comunidades inditu 109
Introducción 109
El parentesco 110
La filiación 1 !3
La autoridad y otros rasgos 1 14
El matrimonio, ceremonia social y disolución 116
La poliginia 118
Normas de residencia y los sistemas de herencia 122
El complejo cultural santandereano o neo-bispánico
El habita! 129
Beonom'" 123
La estructura socio·económica cultural 136
El régimen tenencial 143
La religi6n 148
Su integración en la cultura 148
)
La posición actual de la iglesia
u,: La persona1itkuJ vtUOnil básica)! ÚJ lamilio.
/f La imagen
Su funcionalismo
Tipología de la lamiüa
Familia legal
Familia de hecho
La uruón libre
La relación esporádica. madresolterismo
El concubinato
Ststu. )! función
>J La posición varonil y la femenina en' el hogar de procreación
Etiología de las fonnas patriarcales
La jerarquización de la aUloridad. Elapas
La dinámica de la autoridad
Funciones materiales del status
La guarda del honor, como funci6n del status varonil
Otras funciones del status. La sociabilización
Status y fundón en la familia eXlensa
En Ja faIJÚlia de hecho
Complejo cultural negroide o litoral Ouvio minero
El habitat
La Costa del Pacífico
La COStl Atlántica
El río Magdalena
El Cauca dentro del complejo negroide
La zona minera antioqueña
El .lemenlo humano: el <ifricano, el blunco y el indio
Las instituciones
III ~ c o n o m Ú J
En la Costa del Pacífico
En el río Magdalena
En el río Cauca
En la CoStl Atlántica
Las condiciones de la vivienda
La salud. Facetls de su desarrollo
La educación. Algunos rasgos de su estructura
La religión
En el pasado y su proyección funcional en el presente
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Las modalidades tipolólU:as d. la famUia y su etiología social
Tipo/og{o /eglll _
El matrimonio. Valores y frecuencia
Tipo/og{o de hecho
Las modalidades monogámicas: la unión libre
La integración de la unión libre
La unión libre, etiología de su ineslllbilidad
Las formas poligfnicas: rasgos estructUrales >
Etiología social de la familia c0!JlPllCsta: algll1)Os valores y su proyección
t El machismo sexual y las formas de Cacto
La relación esporádica
Dinámica de las fonnas de facto
Status Y función
Introducción
El ,_s :t ID func/6n en ID uni6" libre
La etapa fonnativa de la unión libre
El primer conflicto
El comienzo de la unión libre inestable o segunda elapa
La magia en la integración familiar
El parentesco de crianza
~ L a diná!Jlica de la autoridad maternal
El status filial y fraternal
f La abuela matrifocal, tercera etapa
Esquema resumen
En ID po/jginÚJ
Características de la familia compuesta
El status de los miembros de la familia compuesta
Modalidades evolutivas de la poliginia
En la famUÚJ legal
Complejo cultural antioqueño o de la montaña
El habitat
Los linderos
La topografía
El clima
La vegetación
J.¿z economía
La agricultura
La ganaderia
La tenencia de la tierra: algunos de sus rasgos
La industria
El comercio
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La religión en .(QÍioquia
El proceso religioso
El culto y sus valores inferidos
Religión, riqueza y familia
La religión y el control de su ética
La religión. La dualidad ética sexual
La religión y los patrones nonnativos femeninos
La religión proyectada sobre la vida familiar
Religión y estructura sociaJ
La cultura y las facetas de la personalidad básica masculina
El machismo catártico
Valores e imágenes determinantes
El proceso de moldeamiento
La proyección de las metas
El consenso de unidad cultural
Las imágenes culturales femeninas
La solterona o "Biara"
La religiosa
La prostituta
La tipología familiar
La etiología sncial y las formas tipológicas
Las modalidades tipológicas
Las formas de facto
Las formas legales: el matrimonio
Status y rondón
La meta matrimonial. Sus logros, valores y expectativas
Jefatura económica. rango y nonnas de residencia
La endogamia cu1tural. la consanguínea y la autoridad
La autoridad y la descendencia
La autoridad: su jerarquización
El status en los deberes y los derechos
La integración conyugal
La familia extensa, valores de respaldo
Mapas
Bibliograr18
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Rosa Delia de los santanderes, Deyanira del Valle, Carmen
Elia de los llanos del Tolima y del Huila, Maria Ba de la
Costa del Pacífico, Altagracia del litoral Caribe, Raquel de
Antioquia, Floralba de la trilogía caldense, Etelvina de los
altiplanos cundiboyacenses, Bertila de Nariño y del Cauca,
Rosa Maria de los Llanos Orientales: mujeres que lavan
arenas auríferas en la pluviosa selva. Que "harapeao" jiro-
nes para vestir sus hijos. Que traen "líchigos" a la espalda
en los mercados provincianos. Que "bultean" sal y recogen
dividivi en los sedientos cardonales guajiros. Que bordan
capelladas de alpargatas, recogen algodón y modelan vasi-
jas de barro primigenio. Que venden "cocáas" por las ca-
lles, anuncian el pescado frito y cargan en la cabeza la bo-
tija de agua en las soleadas llanuras norteñas. Que ensefían
el abecedario y los guarismos en las escuetas aulas. Que
cosen pacotilla mal pagada y escriben cartas de gerencia.
Madresolteras de todos los sitios colombianos. Co-esposas
que comparten el pan y el marido transeúnte. Mujeres que
viven el periódico abandono de su hombre, siempre en pos
de "otra", o que lloran su muerte. Madres que conciben,
gestan y paren en tugurios. en ranchos de "cuatroestacas",
en la labranza y en la canoa ribereña. Madres todas que
ganan el pan, que lo multiplican en la boca de sus hijos
hambreados y lo mezquinan en la propia. Que duplican su
vida para ser padres y madres. Indefensas madres, gestoras
de esta patria: para vosotras, mi trabajo y mi fe sin límites.
Virginia Gutiérrez de Pineda
Virginia Gutiérrez de Pineda:
una vida y una obra para la ciencia social
Virginia Gutierrez Cancino nació en el departamento de
en tierras de la provincia del Socorro. a comienzos de la década del
veinte. Desde pequeña se preocupó por cumplir un papel en la vida
que rebasara el de sus compañeras de generación. Fue por ello estu-
diante destacada durante la primaria y la secundaria. Su niñez y su
juventud pasaron nonnalmente, al lado de la familia, con las preocupa-
ciones propias de su edad pero favorecida por una vida tranquila típica
de UD hogar de hacendados. Por entonces sus inquietudes eran más
sueños y fantasías que realidades, sin nada que la hiciera sospechar el
papel protagónico para las ciencias sociales en Colombia que desempe-
ñaría más adelante.
Al terminar sus estudios secundarios en el Instituto .Pedagógico Na-
cional, comenzando el decenio del cuarenta. quiso estudiar medicina. pero
encontró serias resistencias en su hogar, especialmente en la figura del
.padre santandereano, para quien ese tipo de profesiones libérates era im-
pensable para las mujeres. Con decepción pero sin mucha resistencia, Vir-
ginia resignó su deseo ----,aunque no del todo, como ]0 evidencian sus
investigaciones- porque escuchó la voz de su rectora Fanny Estela Aran-
da quien le aseveró que las ciencias sociales selÍan las ciencias del futuro.
Ingresó a la Escuela Normal Superior, para cursar estudios en esta nacien-
te e ilustre institución, que pretendía ser la formadora de los mejores edu-
cadores del país. Se matriculó en la Escuela para cursar la licenciatura en
Ciencias 'Sociales. y tuvo la suerte de ser escogida entre las aJumnas des-
tacadas por el doctor José Francisco Socarrás, rector de la Escuela, para
xv
1
1,
hílcer ¡JIU'te de un grupo de escogidos que comenzó a trabajar con el pro-
fesor Poul Rivet.
Rivet, elnólogo, exdirector del Museo del Hombre en París, se refu-
gió en Colombia, gracias a los buenos oficios de) presidente Eduardo San-
tos -su amigo personal- quien al ver al e m i ~ e n t e profesor perseguido
por los nazis y en peligro de muerte, logró traerlo de Francia antes de que
sobreviniera el desastre total bajo el gobierno pronazi, Rivet se incorporó
a la Escuela Nonnal y allf se convirtió en impulsor de los estudios ar-
queológicos y etnológicos, al lado de Gregario Hemández de. Alba, quien
desde finales de los años treinta tenía a su cargo el Servicio Arqueológico
Nacional, y de otros profesores nacionales y extranjeros,
Virginia bebió de las enseñanzas de Rivet y de los colegas del Institu-
to Etnológico, Tres años de entrenamienlo en esta institución complemen-
taron su fonnación de educadora y detenninaron su primera gran transfor-
mación intelectual.
En el Instituto pudo gozar de las enseñanzas de los grandes maestros
de la época, entre quienes recuerda con especial cariño a Gregorio Hemán-
dez de Alba --gestor eximio de la antropología colombiana fonnado en
Parls al lado de Rivel y de Marcel Mauss-; Ernesto GuW -joven refugia-
do alemán y expeno geógrafo que se consagró a la geografía colombiana,
y en especial a la de las zonas frias-, José de Recasens -inquieto profe-
sor y expena conocedor de casi todas las ciencias, a la vez que hábil dibu-
jante y agradable contenuJio-. Allí estuvieron también José Estiliano
Acosta, José Francisco Cirre, Rudolf Hornmes; el gran maestro de econo-
mía e historia, Gerad Masur; Manuel Manínez, Hemán Jiménez, Pablo Vi-
la, geógrafo, autor por la época de la Nueva Oeograf{a de Colombia; el
historiador del periodo colonial, José Maria Ots Capdequi, Carlos Páez Pé-
rez, Antonio García, entre otros. En fin, Virginia se encontró sumergida en
un ambiente intelectual que la hacia mirar con ojos de optimismo el hori-
zonte profesional de los educadores que orientarian la formación pedagógi-
ca de las generaciones futuras, Era ella una de las intelectuales escogidas
para romper con los patrones de vida decimonónicos, que le impedían al
país atreverse a los retos de la modernización. En palabras de Milcíades
Chaves (1986:76) "Virginia ... desde el primer momento, fue brillante
alumna, unidad destacada del grupo, tomaba parte en las discusiones de
carácter académico que se suscitaban entre sus compañeros."
Por entonces conoció a quien se convertiría en su esposo y compañe-
ro intelectual para siempre, Robeno Pineda Giralda, condiscipulo en la
escuela y el Instituto, quien poseía una gran inquietud por las disciplinas
del espíritu. Los dos compartieron, junto con un notable grupo de intelec-
tuales, los duros trajines de la fonnación que se impartía en la última de
las instituciones mencionadas. Había que viajar a tierras indígenas y cam-
pesinas del país (La Motilonia, Valledupar, El Carare, Nariño, el Tolima y
el Cauca figuran .entre las más visitadas), conocer los modos de vida de
los pobladores, hacer ejercicios de etnografía, materia en la cual fue ex-
peno otro compañero de grupo, Milcíades Chaves Chamarra, de gran cali-
dad humana, antropólogo en quien se fundían la fenotipia "aindidada" con
las maneras y las modas del explorador inglés; o dedicarse a realizar ex-
ploración arqueológica, en la cual era expeno el incisivo Julio César Cu-
billos, hombre de gran fuerza intelectual y paciencia inquisidora por el
pasado humano. Estaba también Miguel Foroaguera autor con Ernesto
Guhl de la obra Colombia. ordenación del territorio en base del epicen-
trismo regional. Universidad Nacional , 1969.
Juntos, Viriginia y Robeno. al lado de otro grupo de jóvenes profe-
sionales de la época, bajo la dirección de Ernesto Guhl. realizaron en los
años de 1946 y 1947 el que ambos identifican como el primer trabajo
profesional en sus vidas: Organización social en La Guajira (Virginia) y
Aspectos de la milgia eII La Guajira (Robena). Publicados como números
completos de la Revisra del Instill4/o Etnológico Nacional, en ellos, mien-
tras Virginia interrogaba por la organización social, enfatizando en el clan
y el matrimonio, Robeno respondia por la etnia wayú a nivel emográfico
y mitológico.
El ambiente intelectual y político del decenio del cuarenta fue cam-
biante para Virginia y su grupo. En los primeros años, los de estudio, se
abría el panorama nacional para atender a los retos de la modernización,
se agitaban tesis, se buscaba articular los saberes adquiridos al conoci-
miento de la nación. El Instituto Etnológico y el Servicio Arqueológico
quedaron bajo la dirección de Luis Duque Gómez, quien reemplazó a Paul
Rivet cuando éste fue enviado a México como representante cultural del
nuevo gobierno francés, y a Gregorio Hemández de Alba que se trasladó
al Cauca. En esta época fue posible la integración de equipos de trabajo
que recorrieron el país e iniciaron la elaboración de lo que hoy podríamos
llamar un nuevo mapa sociocultural del país. Los primeros años del ejer-
cicio profesional parecían propicios para realizar ese propósito moderni-
zador. El estudio sobre la Guajira fue uno de los tennómetros de la nueva
percepción del país que desde el Estado se comenzaba a requerir.
El año de ) 945 vio nacer, con Luis Duque Gómez a su cabeza, el
Instituto Etnológico Nacional, como fusión del Instituto Etnológico y el
xvii
1
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I
I
; I
Servicio Arqueológico Nacional. Duque era un ex-estudiante de derecho
con grandes inquietudes por la arqueología, la historia y la etnología. Fue
uno de los primeros alumnos de Rivet y de Justus Schottelius, quizás el
más destacado, y esto lo llevó rápidamente a reemplazar a Rivet en posi-
ciones directivas. De allí en adelante se convrrt;ó en una de las figuras
más relevantes en el manejo de las investigaciones y las instituciones que
han tenido relación con la arqueología y la antropología en el país.
Con Duque en el Instituto ingresaron los etnólogos y arqueólogos for-
mados en el fenecido Instituto Etnológico. El nuevo organismo, inde-
pendjente de la Escuela Normal, continuó impulsando los estudios socio-
culturales en. todo el país, enfatizando en la riqueza arqueológica, en las
etnias indígenas sobrevivientes a cuatrocieOlos años de colonialismo, y en
la revisión de los historia colonial, especialmente. en las versiones de los
cronistas.
Con el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán el ambiente nacional se en-
rareció totalmente. El comienzo de la guerra civil en el campo, en la cual
se comprometieron liberales y conservadores, cerró muchos espacios a la
labor de exploración que interesaba al Instituto. En el decenio de los cin-
cuenta, con el ascenso al poder del doctor Laureano GÓmez. se' extinguie-
ron en el país las posibilidades de hacer ciencia social. La Escuela Normal
Superior fue cerrada, y su proyecto pedagógico trasladado a la Universi-
dad Pedagógica y Tecnológica de Colombia en Tunja a donde fueron
transferidos los estudiantes varones, mientras a las mujeres las instalaron
en el Instituto Pedagógico Nacional en Bogotá, en lo que es hoy la Uni-
versidad Pedagógica Nacional; y al Instituto Etnológico Nacional se le
encargaron labores esencialmente arqueológicas.
Varios prominentes etnólogos y arqueólogos que trabajaban en el ins-
tituto vieron tan difícil el ejercicio de su disciplina bajo el régimen de
Gómez, al ser señalados de comunistas, -"una llevaba cola como un dia-
blo" dice ella-, que optaron, unos -eomo Virginia- por dedicarse a la
enseñanza secundaria y a la maternidad, otros. por mimelizarse en ofici-
nas del estado, y algunos a los negocios particulares, como Rabeno Pine-
da quien se dedicó al comercio de productos agricolas en Medellin. Y,
casi todos, empezaron a buscar salida del país con el ánimo de estudiar en
alguna universidad extranjera.
Virginia tuvo que acudir en estos duros años al apoyo de su familia.
En un primer momento intentó acompañar a Roberto en Medellín, pero a
ambos, pese a las buenas intenciones del secretario de educación de la
época, el doctor Joaquín Pérez Villa, les fueron cerradas las puertas de la
xviII
Universidad de Antioquia por quienes entonces tenían el manejo de los
programas antropológicos. La idea era fundar el Instituto Etnológico de
Antioquia, junto con el eminente pedagogo Dalio Maso. Al ver que les
era imposible sobrevivir como familia en Medellín, Roberto se quedó jun-
to a algunos familiares, comerciando, y Vitginia viajó a Santander, para
cuidar de sus tres hijos,
Poco tiempo duró la crisis, porque Roberto se vinculó a la revista
Semana, en la redacción de las páginas internacionales, mientras Virginia
dictaba algunas cátedras de geografía en bachillerato, antes de vincularse
a1Instituto Colombiano de Antropología -Ican-, que era el nuevo nom-
bre del Instituto Etnológico Nacional, por disposición gubernamental.
Sendas becas de investigación otorgadas por la John Simun Guggen-
heim Memorial Fundation, los ubicó de nuevo en la línea de investigación
y del estudio en la Universidad de California, en Berkeley, donde trabaja-
ron sobre materiales que habían recolectado entre los indios Emberá y
Waunana del Chocó y asistieron a cátedras y seminarios de especializa-
ción en teoría antropológica, antropología médica y geografía cultural.
Los años vividos en Estados Unidos, en un centro de gran importan-
cia para la antropología del momento, con figuras como Alfred Kroeber,
Robert Lowie, John Rowe, George Foster, James Parsons, Carl Sawer y
otros, fueron de enonne significado para la joven pareja. Podían compartir
además con los profesores y los condiscípulos de la Universidad de Stan-
ford, en Palo Alto. En este ambiente académico Roberto hizo un giro
radical en sus intereses. y comenzó a preocuparse por temas de sociedades
complejas, especialmente urbanas. Al mismo tiempo Virginia vio centra-
dos sus intereses en dos temáticas: la organización social y la medicina
tradicional.
El trabajo sobre el Chocó se terminó a satisfacción de la Fundación
sin embargo, no comó con suene en Colombia, en donde
apenas un aparte fue publicado en el decenio del ochenta por el lean en la
Revista dellnstituro Colombiano de Antropologia.
Para Virginia y Roberto la experiencia en California fue otro momen-
to de quiebre en su vida intelectual. Hasta el viaje a Berkeley se habían
identificado con la perspectiva teórica y metodológica francesa y europea,
por la influencia de Rivet y de los profesores del Instituto Etnológico.
Después de Berkeley vieron la necesidad de afinar sus presupuestos teóri-
cos, pero mucho más su rigor metodológico. La especulación sin demos-
tración dejó de ser garantía para su trabajo intelectual. La fuente directa o
indirecta debía ser trabajada con gran rigurosidad; la estadística, la demo-
xix
gran:" la geografía y en general el saber positivo en la versión culturalista
norteamericana, tomaron gran fuerza en su trabajo.
Corrían los primeros años del gobierno de Gustavo Rojas Pinilla
cuando Virginia y Roberto retomaron al país. Roberto se vinculó al Mi-
nisterio del Trabajo como miembro, al lado de Ernesto Guhl, de la Comi-
sión para la Seguridad Social Campesina. Allí se hicieron varios trabajos
sobre la realidad regional del país: por ejemplo, Atlas de Caldas y del
Cauca. Durante esa época Roberto publicó su trabajo sobre el tabaco en
los santanderes, que dio origen al Instituto de Fomento Tabacalero. .
Vino luego su vinculación a la fenecida Corporación Nacional de
Servicio Público, que agrupaba el Instituto de Crédito Territorial, el Insti-
tuto de Fomento Municipal y el Instituto de Acueductos y Alcantarill.dos,
en donde se ocupó de analizar el problema de los tugurios, q6e se presen-
taba ya como una patología en el proceso de urbanización que atravesaba
el país. Luego de la caída de Rojas Pinilla y de'saparecida la Corporación,
Roberto continuó su trabajo en el Instituto de Crédito Territorial, reali-
zando sus estudios y proyectando soluciones para la vivienda popular, en
donde la aplicación de sus estudios y los de Virginia sobre sociedad y
familia comenzaron. plasmarse.
En la década del sesenta se vinculó al Centro Interamericano de Vi-
vienda. Desde entonces su trabajo se concentró en l. temática urban.,
recurriendo tanto a la investigación básica como a la aplicada. Dedicó
además algunas horas a la docencia universitaria. en la Universidad Na-
cional en Bogotá.
Por su parte Virginia, luego de su regreso de Berkeley. se vinculó por
un tiempo al Instituto Colombiano de Antropología, dedicándose a reali-
zar estudios sobre salud y sociedad. Un primer estudio versó sobre el
alcoholismo en la clase obrera bogotana, y, en uno más, se interrogó sobre
las causas culturales de la mortalidad infantil. Fueron los primeros traba-
jos en. los que puso a prueba las rigurosas enseñanzas californianas.
En el año de 1956 se vinculó a la Universidad Nacional y en 1957 se
unió con Orlando Fals Borda, Camilo Torres Restrepo y otro grupo de
académicos (entre ellos varios extranjeros), quienes introdujeron los estu-
dios universitarios de Sociología en Colombia; fue el momento en que
nació la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional. Desde enton-
ces empezó su ciclo docente e investigativo, centrándose en los temas de
antropología médica y de organización social. Producto de ese trabajo son
los textos: Lo Medicina popular en Colombia: razones de su arraigo
(1961), y Lo Familia en Colombia: estudio antropológico (1%2).
xx
La decisión de adentrarse en la gran investigación sobre familia y
cultura en Colombia, que abrió camino a un campo de estudios cada vez
más importante, fue el resultado de su participación en el Seminario Lati-
noamericano de Sociología en donde se planteó el tema de la identidad en
relación con los procesos de organización social en el continente. Virginia
escuchó con sorpresa la afmnaci6n de un representante oficial de Colom-
bia, el doctor Rafael Bernal Jiménez, quien sostenía que la familia colom-
biana se afianzaba en el patrón hispánico y romano, señalándolo corno
exclusivo de la conformación social de la nación católica y apostólica, en
la cual el vínculo era indisoluble y en donde "todos vivíamos como San
José y la Virgen".
La decisión de Virginia, que había tenido ocasión de enfrentar otra
realidad en su recorrido por pueblos y veredas, entre campesinos e indíge-
nas, e incluso entre pobladores urbanos, fue demostrar la falsedad de di-
cha tesis, pero acudiendo a los instrumentos teóricos y metodológicos que
le había aportado su formación californiana.
Así nació el gran proyecto que la llevó a escribir dos libros publica-
dos en la década del sesenta, ambos fundamentales para entender la diná-
mica sociocultural del país a través de su historia: Transfondo histórico de
la familia en Colombia (1963) y Familia y Cultura en Colombia (1968).
Este último que la Universidad de Antioquia publica en su tercera edición.
representa un instrumento de trabajo obligado para los estudiosos de los
temas de familia, religión y cultura en el pars. En su primera edición de
1968, señalaba el antropólogo Miguel Fornaguera: "por primera vez en
Colombia se desarrolla el terna de la famili a de manera científica y siste-
mática, buscando establecer un marco teórico general , dentro del cual se
incorpora y organiza la rica variedad de formas familiares que presenta la
realidad de nuestra vida colectiva"
Hoy, más que ayer, estas palabras tieneo validez. Porqüe en este libro
se encuentra una guía teórica y metodológica para comprender el polimor-
fismo familiar característico del país.
El mapa de la familia en Colombia -porque no puede hablarse de fami-
lia colombiana-- tiene en las ciudades una complejidad que ya insinuaba la
autora. al enseñar el peso de las uniones consensuales como respuesta a los
patrones cerrados impuestos por la Iglesia y el Estado de la época.
Las imágenes culturales con las cuales, aún hoy, se tipifican las re-
giones, se definen con precisión en esta obra. En ella se dibujan los rasgos
característicos de los hombres y las mujeres de las dislintos complejos
culturales colombianos.
l . :
Hoy, en los estudios del complejo cultural andino se abre camino la
idea de se!""", el componente indígena de eSCasa aculturación, para pen-
sar .-en smtonía con el resurgir étnico y las nuevas disposiciones consti-
tucIOnales que otorgan plenos derechos sociales y culturales a las minorías
raciales--,-, en un complejo cultural que se esparce por todo el territorio
nacIonal.
Este libro también a las nuevas generaciones de investigado-
res socIales cammos para abordar el trabajo en zonas de frontera cultural
que en el país representan tanto los nuevos territorios que se ban
rado a econornfa y la política -Urabá, Magdalena Medio; Orinoquia,
Amazoma, Pacífico- como los centros urbanos, en donde las tipologías
se entrecruzan para producir el resultado poljm6rfico antes enunciado.
Del otro libro, Transfondo histórico, dice la autora que surgió cuando
"yo me empecé a preguntar por qué esta diversidad. Por qué Antioquia es
así, por qué Santander es asá. Por qué no puedo compararlo con Nariño y
con Boyacá. Por qué la Costa es diferente. Entonces me dije, eso tiene
que tener un origen y me fui a los archivos y empecé a rastrear la familia
india, la familia negra y la familia blanca; los patrones y luego la incultu-
ración de los tres".
Vino en seguida el cuestionamiento por el presente, por "las caracte-
rísticas de cada región ... qué factores imervinientes están pesando en cada
región. La religión, la economía, la educación, para conformar unidades
opuestas o distintas ... Esas regiones no resultan de intuiciones mías sino
de muestreos y de cifras estadísticas complementarias".
El panorama social, cultural y familiar del país sigue cambiando.
Los mapas de la unión libre, por ejemplo dominan la geografía nacio-
nal. La indagación continuará para el resto de las vidas de Virginia y
Roberto. Robeno reinició la inquietud antropológica por los estudios
regionales cuando tuvo a su cargo la dirección del Instituto Colombia-
no de Antropología a mediados de la década del ochenta. Pensando en
la necesidad de responder a las variaciones que se han presentado en la
configuración de la nación después del decenio del sesenta, se consti-
tuyeron varios grupos de trabajo en el país que comenzaron a dar res-
puestas de diverso tipo al respecto. Uno de esos grupos se insta16 en la
Universidad de Antioquia, y con el apoyo de la Fundación Antioqueña
para los Estudios Sociales -Faes- realizó varios trabajos sobre la
región oriental antioqueña; allí se ubica uno de los grupos de invesliga-
dores que gestó el Instituto de Estudios Regionales -Iner- de la Univer-
sidad de Antioquia.
xxii
Por su lado Virginia continuó respondiendo a los interroganles que
surgían de los nuevos , estudios, de los censos de pob1ación, y de sus
decenas de discípulos. Aún hoy, sigue siendo la maestra que da sus
pautas sobre el quehacer y el cómo pensar un nuevo hecho sociocultu-
ral. Lo hizo por ejemplo en su ensayo de 1983 sobre Avances y pers-
pectivas en los estudios de familia, y lo repitió en 1994, en el Congre-
so Latinoamericano de Familia (Medellín), al pensar en La familia
finisecular en Colombia.
Son múltiples las publicaciones de Virginia referidas al tema de la
familia, pero queremos enfatizar aquí algunas de ellas: Tradicionalis-
mo, familia y rransfondo familiar del menor (1973), La condición jurí-
dica y social de la mujer como factor que influye en la fecundidad
(1973), Imágenes y papel de hombres y mujeres en Colombia (1975),
Estructura, función y cambio de la familia en Colombia (1975 y 1976),
Sratus de la mujer en la familia (1977), El gamín, su albergue social y
su familia (1978), Tradicionalismo y familia en Colombia (1983), Ho-
nor, familia y sociedad en la estructura patriarcal. El caso de Santan·
der (1988), La familia colombiana de hoy y de las dos últimas décadas
(1989).
Sus estudios sobre la medicina social también perviven. Son ya clási-
cos sus trabajos Medicina tradicional en Colombia: el triple legado
(1985) , Antropología médica (1985), y Medicina tradicional y salud pú-
blica (1986).
El relo intelecrual continúa para esla pareja singular que viene ha-
ciendo aportes a la ciencia social desde hace cincuenta años, Hoy trabajan
con tesón en el rastreo de fuentes documentales y en la recolección de
información etnográfica en los archivos para hablar sobre el proceso de
miseegenaeión
I
y evolución cultural en el siglo XVIIl en Colombia.
Pero existe además un énfasis en la obra de la autora que no se ha
resaltado hasta ahora: los estudios de género. Ella es pionera, tanto
nacional como internacionalmente, en esta problemática. porque mu-
cho antes de que el movimiento feminista pusiera el dedo en la llaga
de la opresión masculina, Virginia eSlaba formulando tesis sobre las
variantes del machismo en Colombia, sobre los cambios ,por regiones
en las actitudes de las mujeres respecto a su función materna y sus
demandas eróticas y afectivas. Las imágenes del hombre y la mujer
Proceso de mestizaje cultural
xxiii
r
recorren sus estudios de los complejos culturales regionales. La reconsti-
tución familiar la lleva a repensar los estatus y roles del padre, la madre y
el hijo en el contexto de la familia padrastral y las familias superpuestas.
La familia sin hijos, como opción horno y heterosexual, la ha obligado a
tocar las fibras más sensibles del mundo cultural urbano en conformación
en el país.
Los títulos señalados no agotan los múltiples ensayos que Virginia ha
escrito para eventos nacionales e internacionales en los que ha participa-
do. Su obra ha merecido el reconocimiento nacional, como. sucedió en
1983, cuando el presidente Belisario Betaneur le concedió la CIl!Z de Bo-
yacá, o cuando la Universidad Nacional de Colombia le confirió el escala-
fón de Profesora Emérita.
En lo relativo al tema de la familia, que es el que nos interesa recor·
dar aquí, Virginia superó la vía especulativa y confesional con la cual se
habla visto desde muchos lugares, especialmente desde el Estado. Ella no
reconoce del todo la incidencia que ha tenido esta parte de su obra en el
replanteamiento de los estudios sobre familia y género que se han produ-
cido en los últimos veinticinco años, pero es indiscutible que en muchos
documentos que tienen calidad de propuestas de norma legal o de sustento
al diseño de políticas. la referencia a la doctora Gutiérrez de Pineda es
inevitable. De todo esto, quien se encuentra cara a cara con ella, sólo va a
encontrar un gesto maternal en el rostro, en el que parece dibujarse cierta
dosis de incredulidad e, incluso, de resignación al saberse maestra de
maestras.
De sus labios salió hace algún tiempo una conclusión, después de
recordar a Cristina, su informante en el primer trabajo profesional en la
Guajira, quien se enorgullecía del valor que habla tenido que pagar su
marido por ella, y se condolía de lo barata que a Roberto le había salido
Virginia. La conclusión es esta: "más tarde, sabiendo más, compreodí que
cada una de nosotras veía las cosas desde su cultura y que en este sentido
tenia mucho que aprender."
JlefereDCias bibliop"áJieas
Boletln Cultural y Bibliográfico. Vol XXIV. N". lO, Bogotá, 1987.
Chaves. Milcíades: Trayectoria de la antropología colombiana. Colciencias Edito-
rial Guadalupe. Bogotá, 1986.
Nota: Varios aspectos de este prólogo están referidos a una entrevista
hecha por el prologuista a los doctores Virginia Gutiérrez de Pineda y
Robeno Pineda Giraldo en Bogotá, en septiembre de 1993.
Medellín, mayo de' 1994
Hemán Henao Delgado
Director
lnstitulo de Estudios Regionales -lner-
'Universidad de Antioquia
"
xxv
Libros
1961
1962
1963
1968
1973
1975
1978
1985
Libros y artículos publicados
por Virgínia Gutíétrez de Pineda
La medicina popular en Colombia: razones· de su arraigo. Bo-
gotá: Universidad N'lCion¡d de Colombia.
La familia en Colombia: estudio antropológico. Bogotá: Feres.
La familia en Colombia: transfomio histórico. Bogotá: Universi-
dad Nacional de Colombia.
Familia y cullura en Colombia. Bogotá: Universidad Nacional de
Colombia-Tercer Mundo.
1975. Bogotá: Colcultura. Segunda edición.
1994. MedellÚl: Editorial Universidad de Antioquia. Tercera eclición.
Tradicionalismo y familia: transfondo familiar del menor con
problemas civiles. Bogotá: Asociación Colombiana de Facultades
de Medicina.
Estructur!" función y cambio de la familia en Colombia. Bogotá:
Asociación Colombiana de Facultades de Medicina-Population
Counci\. 2 vols.
El gamín: su albergue social y sufamilia. Bogotá: Unicef-lnstiblto
Colombiano de Bienestar Familiar -Icbf-. 2 vols.
Medicina tradicional en Colombia. Bogotá: Universidad Nacio-
nal de Colombia [Primer volumen: MedicUuJ tradicinnal en Colom-
bia: el triple legado. Segundo volumen: Medicina tradicional en
Colombia: magia, religión y curanderismo].
·lDWil
•• "",." ./IIIItlllllY en la estructura patriarcal: el caso de
,"'n,,,,,,I,,. Uogotá: Universidad Nacional de Colombia [en cola-
boración con Patricia Vila de Pineda).
1992. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia. Segunda edición.
En preparación:
Miscegenación y cultura en la Colombia colonial. 1750-1810.
[en colaboración con Roberto Pineda Giraldo. Con el auspicio de
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Artículos
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Paul }/jvet. Bogotá: Academia Colombiana de Historia.
1955a "Causas dé la mortalidad infantil." Revista Colombiana de Antro-
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1958 "En el mundo espiritual del Indio Chocó." En: Miscelánea Paul
Rivet. Octogenario Dicata. México. En colaboración con Roberto
Pineda Giraldo.
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lombiana de Antropolog(a. Vol. 7
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1983 "Etapas del tradicionalismo en la familia colombiana." En: lns'i·
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1984 "Avances y perspectivas en los estudios de la familia colombiana."
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lombiana de Antropología. Vol: 25. Bogotá. En colaboración con
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xxviII
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Panamericana de la Salud-Asociación Americana de Personas Ju-
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xxix
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de Trabajo Social. Vol. 7, N" 7. Medellín.
1992 "Familia colonial." El Colombiano, edición especial. Medellín.
1993 "La familia padastral." En: Colección Centro Persona y Familia.
Medellín. vol. 3.
xxx
Palabras preliminares
Mi prop6sÜo al iniciar este estudio, se orientó a describir la tipolo-
gía y la estructura familiar colombiana. Pero a medida que realizaba el
trabajo de campo, el estudio del proceso histórico, y avanzaba en el
análisis cultural, fui topando que el país se repartía en zonas configura-
das bajo indicadores peculiares en cada una, de, cuyo funcionalismo la
institución de la familia venía a ~ e r un fragmento, una secuencia o una
implicación causal. De esta manera, habitat, proceso histórico, institu-
ciones y cultura, configuraban unidades integradas con principios iden-
tificatorios propios. Entonces, pude zonificar el país en lo que denomi-
né complejos culturales o subculturas, dimensiones patrias dotadas
básicamente de un habitat panicular, dentro del cual un conjunto de-
mográfico de características étnicas dadas, había creado mediante un
proceso histórico vivido separadamente, la sociedad, representada en
instituciones, dentro de las cuales operaban valores, imágenes y pautas
de compqrtamiento en complicada acción integrativa y bajo una marca-
da identidad.
Paniendo de esta definición, puedo hallar cuatro grandes complejos
culturales dentro de los cuales las características incluidas en ella, confor-
man principios identificatorios. Aunque el análisis de estos rasgos es el
motivo de este estudio, a manera de introducción quiero ofrecerlos suma-
rizados para facilitar su asimilación.
Tentativamente y después de un constante el1sayo nominativo, resolví
llamarlos con una nomenclatura geográfica y otra de valor étnico, que si
bien DO me satisfacen totalmente, no he logrado superar sintéticamente.
Estas subeulturas son:
a) Complejo andino o americano, en el cual, descontando las comuni-
dades nativas indias, ocupa predominantemente el piso térmico frío de
donde se proyecta al paramuno y templado, sentándose en las altiplanicies
y va11es intercordiJleranos de las porciones meridionales y nororientales
de la zona andina. El denominador racial básico lo conforma la ascenden-
cia indígena, sumada a aportes menores de sangre hispana. Falta el ele-
mento negro en sus cruces. A excepción de Bogotá, Distrito Especiae
caracteriza su economía la actividad agropecuaria. en proporciones dife-
rentes según Jos sectores. Tipifica el régimen tenencia) el minifundio, al-
terno con la gran tenencia, y dentro de ésta, la explotación aúsentista e
indirecta de la gran propiedad. Identifica al hombre andino la fuerte asi-
milación de la institución religiosa, el liderato institucional de la misma y
la trascendencia de ésta sobre la esrructura familiar. La unidad doméstica
en la totalidad del com]llejo. señala raíces ,remanentes de las estructuras
indias, que se proyectan en una serie de matices cuya mayor intensidad la
configuran las comunidades aborígenes, hasta pasar a través de sombras
intermedia"s. a la 'familia hispánica tradicional en reductos d¿ ;clases altas.
Aquí empalma ' esta subcultura con' fas modlÜidades del complejo santan-
dereano. Una dominante presencia del mhtri monio en la c"nforInación fa-
miliar, identifica esta sección patria. El cambio' cultural tiende haci a for-
mas patriarcales dentro de las cuales se injerian configUraciones indias de
legadO pretérito.
b) El complejo santandereano o neohiSpánico por su 'volumen dé" po-
blac'ión 'como 'por" su' extensión territorial eS el · máS pequeño de lodos,
Ocupa la porción fragosa de la cordillera oriental, en su porción rtorteña,
resbalando por los pisos térmicos cálido y templado'en Vertientes y valles
fluviales. su dominador émico recOnoce unalto' lkm:entaje de 'sangre hiS-
pánica; de -ahí su denominación. con intercalaciones de aportes biológico
y cultural indio. Es un complejo 'agricultor; con recientes manchas de acti-
vidad pecuaria. -El él régimen" de' 'aparcería. y los valores so-
ciales agregados a la prOpiedad, caracterizan las formas tenem:;ales. Ape-
nas inicia el desarrollo industrial. La religión pennite ver ' aúil, eh su
proyección, la representación de los status etnosociales de' la Colon"', hoy
sOi:io-culturales, dentro de una comunidad de fuerte énfasísen, la estráiifi-
caciórí de sus clases conformadas sobre erstatus ád·scritO. Las fomas fa-
miliares s'e reparten entre las es(rucMas 'matrimoniales' y las de hecho,
con un mayor énfasis total hacia las primeras, ocu¡iimdo ert' este sentidó el
tercer lugar después del complejo antioqueño y él andino. Las 'módalid,a-
des de unión consensual se identifican con 'el 'madresolterismo de rasgos
. , ".. .
XxxII
peculiares, el concubinato interclases y la unión libre de relación entre los
mismos estratos sociales. El rasgo peculiar estructural de esta familia es el
fuerte régimen patriarcal.
e) El complejo de la Montaña o antioqueño, se ubica en la región
andina media, sobre la conjunción de las cordilleras central y occidental.
Este habitat de paisaje quebrado y formaciones geológicas aotiguas, enri-
quecido parcialmente en sus suelos, ofrece por sectores perspectivas al
desarrollo agrícola. El habitante se ubica tradicionalmente sobre los pisos
térmicos templado y frío, ascendiendo recientemente en retaceos a las es-
casas cumbres paramunas, mientras en la última década se expande fuera
de su ámbito cultural a las llanuras y valles bajos. Es un grupo triétnico,
en el cual sectores de su habitat concentran .agrupaciones más o menos
puras de los elementos primarios del mestizaj e. Las actividades econó-
micas. agricultura, comercio e industria ofrecen rasgos identific3torios
muy definidos. La institución religiosa alcanza en este complejo su '
plenitud máxima, como posición en la sociedad y proyección ética so-
bre el individuo y la estructuración familiar. La unidad doméstica se
configura sobre base del matrimonio, siendo este complejo el que su-
ministra más altos porcentajes de nupcialidad, mínimos de relaciones
consensuales y lógicamente los más altos índices de legitimidad. Las
uniones de facto, marcadamente escasas. aparecen en las zonas urbanas
y en los linderos del complejo con otras subculturas. La familia pre-
senta un marcado sabor matriarcal , y fuertes nexos familiares en la
unidad extensa unilineal uterina.
d) Complejo litoral-fluvio-minero o negroide. Su habitat, el más ex-
tenso, incluye dos regiones naturales: (Llanura del Pacífico y Costa del
Caribe) y sectores de las riberas del Magdalena y el Cauca. Complemen-
tan este ámbito geográfico antiguas zonas mineras, representadas funda-
mentalmente por la porción aurífera del norte antioqueño. Las dos regio-
nes naturales y la porción fluvial sumada a la minera, se identifican por
un clima cálido constante, regiones de sabanas y de selva húmeda tropi-
cal. El elemento humaoo es triétnico con un favorable aporte al denomi"
nador biológico negro, que identifica y da nominación al complejo. Toda
esta subcultura se caracteriza por su marcado subdesarrollo, aun en rela-
ción con las demás zonas colombianas. Esta condición se proyecta sobre
la vida económica, las condiciones de salud, la vivienda y la educación.
La religión también siente su influjo, y su acción normativa cultural es
limitada y laxa. La familia se caracteriza por la dominaole presencia de
las formas de facto: unión libre en ·sus diversas modalidades, relación es-
"""m
porádica y poliginia constituyen las variables mayoritarias, cuya integra-
ción es muy débil, así como la de las fonnas familiares legales. Una diná-
mica pennanente de desintegración y reconstrucción de la célula domésti-
ca domina el ámbito familiar hasta el punto que en sectores y clases
marginadas no constituye una modalidad claramente institucionalizada.
Esto conduce a delegar en manos de la mujer y Su parentela, el papel
cultural del padre, y a focalizar en tomo de aquella todo el complejo de la
autoridad.
Una serie más amplia de rasgos se agrupan en tomo de ca<la comple-
jo cultural, algunos de los cuales han sido analizados, mientras otros los
he recortado para abreviar esta publicación. Aunque he lomado un con-
juniO de rasgos identificatorios similares en lodos los complejosino los he
presentado unüonnemente. Ha sido mi criterio seleccionarlos de acuerdo
con su mayor incidencia o importancia como rasgo cultural, o merced al
funcionalismo . que proyectan en lomo a la ' familia de cada complejo.
Quiero observar que denlro de este análisis no aparece el eSlUdio del Toli-
ma, del Meta y parte del Huila. Cuando realicé los trabajos de campo,
condic,iones de inseguridad civil ,no me pennitiéron acercanne a estas zo-
nas, lo cual ' deploro verdaderamente. Corno ' zonas marginales aparecen
regiones de colonización, ubicadas en la periferia del área de dominio
nacional. Tampoco las presento. Visitéalgllnas, en las cuales pude obser-
var que constituyen una prolongación de los patrones culturales de las
áreas de origen del inmigrante. Pero como 'son bastante amplias, nO quiero
aventurar un análisis sin haberlas estudiado lodas, y con mayor profúndi-
dad que en los muestreos iniciales.
Este trabajo no puede considerarse como un escueto estudio de la
cultura en su estrecho sentido. Tampoco puedo . considerarlo así por las
técnicas que e m p l ~ en su conocimiento. Dominantemente ·hice uso de la
observación. participante y de la entrevista profunda y supetficial, y de la
acumulación eo cada complejo de un crecido número de biografías de
adultos hombres y mujeres. Como complemento, aproveché algunas técni-
cas sociológicas, cueslionarios básicamenle, para obtener proporciones
cuantitativas en indicadores y mensurar algunas variables. También he uti-
lizado el análisis de fuentes históricas. Coosidero que para los estudiosos
de las ciencias sociales no debe existir límite-en el empIcó de herramien.;.
las de trabajo para sus análisis.
Este estudio ha sido dispendioso en' su ejecución. Fue larea ardua
detenninar primero los complejos' culturales' con sus ', respectivos rasgos,
para hacer después muestreos representativos en el área de cada uno. Fue-
xxxiv
ra de la proyección especial, horizontal o geográfica de la cultura, existe
una dimensión vertical estratigráfica de la misma. Lo que en un complejo
cultural dado es verdad dentro de una de sus clases sociales, no lo es en
otra, y generalmente cada una ·acusa rasgos identificatdríos diferentes u
opuestos. Este relativismo en función de la estructura de clases, me obligó
a sondeos más amplios para detectarlo mejor y poder indicar algún hos-
quejo de sus cametensticas escalonadas verticalmeote. Por otra parte, la
diferenciación cultural entre grupos rurales y urbanos, detennina una ter-
cera dimensión, que se hizo necesario analizar entre otra serie mayor de
variantes. Por ello, este trabajo tiene un largo proceso de gestación. que
no ha terminado. Este segundo volumen de la familia colombiana está
incompleto. Constituye sólo un esquema básico de análisis, UD intento de
dar una proyección del país, un empeño de entregar un marco teórico general
de la familia, dentro del cual falta aún mucho contenido. Es necesario ahon-
dar más en los rasgos, observar subdivisiones dentro del gran esquema gene-
ral. profundizar en los valores, en las imágenes, y en la dinámica de sus
ciclos vitales. Además, es necesario estudiar el proceso tan fuene de cambio
que engendran los movimientos migratorios que corren hacia las urbes. Las
modalidades primigenias de cada recién Uegado, se estilizan, defonnan y
u-ansfonnan al ritmo ciudadano. La ruptura consiguiente de los bloques regio-
nales que las comunicaciones han creado, deterioran por otra parte las premi-
sas básicas de sus rasgos identificatorios. El país, aunque parece avanzar ha-
cia una uniformización de la instirución familiar, es aún imposible asegurar o
prospectar las modalidades hacia las cuales se dirige.
Quiero inquietar a otras mentalidades, a otras técnicas y a otras disci-
plinas, para avanzar más en este estudio. La institución de la familia cons-
tituye un campo desde el cual se divisan y dentro del cual se proyectan
todas las instituciones de la comunidad en sus fallas y en sus aciertos.
Focaliza más que ninguna las incidencias del devenir social y cultural
patrio y los problemas del morbo social, confonnando un punto clave en
su cambio.
Sea este el momento para expresar mis agradecimientos a las siguientes
personas y entidades que generosamente me han ayudado en este análisis:
La John Simon Guggertbeim Memorial Foundation. de la cual fui be-
caria por segunda vez en el pasado año, con el propósito de redactar el
presente volumen.
A las Directivas de la Facultad de Ciencias Humanas y del Departa-
mento de Sociología de la Universidad Nacional de Colombia quienes
facilitaron mis estudios.
Al Director de Investigaciones de la .Facultad de Ciencias Humanas,
doctor Miguel Fomaguera, de quien recibí cooperación cientítica en mate-
riales y en crítica.
A doña Helena de Pérez. Secretaria de esta Sección, quien tuvo a su
responsabilidad la dura tarea de transcribir los originales de mi estudio.
Virginia Gutiérrez de Pineda
xxxvi
COMPLEJO CULTURAL
ANDINO O AMERICANO
lNTRODUCCION
La estructura de la familia del complejo americano, constituye un
ejemplo de aculturación cumplido impositivamente dentro de la
yuxtaposición de dos legados institucionales. Este proceso aún no ha
culminado y por ello ofrece una amplia gama de matices que se inician oon
las formas estructurales de la familia india, casi pura, /lasta llegar a asimilar
los lineamientos más precisos de la tradición hispánica. Esta línea de
insensibles variantes comienza en las comunidades nativas y finaliza en la
cúspide de las clases altas tradicionales incluidas dentro del complejo
cultural americano. En tal sentido, se puede ofrecer un continuum de
modalidades que, con finalidad teórica podemos esquematizar asi: zona
de limitada aculturación al patrón familiar hispánico y rona de intensa
aculturaci6n al mismo. .
La primera zona puede subdividirse en comunidades aborígenes
ubicadas en regiones marginales de limitada interferencia cultural, como las
Chokoes, Cunas, Tukanos. Guahibos, Sionas, Kofanes, Kwaiker, Piaroas.
Motilones, Pamenes, etc. Una segunda subdivisión corresponde a las
comunidades indias ubicadas en las partes internas del país, tales como las
conformadas por los Paeces, los Chirnilas, los Caramantas, etc. Finalmente
constituye una linea de ensamble entre las comunidades nativas y el
mundo campesino andino propiamente dicho - segunda rona- unidades
indias en trance de desintegración. pero aún ubicadas dentro de un marco
de referencia institucional aborigen. Tal el caso de los Resguardos
Indígenas de los Departamentos incluidos en este complejo familiar,
recientemente disueltos. o aún en vigencia l.
1 SerJio Daza Púcz y otro, Corocterf.ticaa IOcJo-econ6miClU" 'Y CU'ItIlI'OIe. de
oJ.tun04 RcqU'Drdo. del M"izo CentroZ Andino CowmbÍllno. Comunldad l n d ( , ~ n o de
3
T
U. zona de intensa aculturación a los patrones fanúliares fornneos
ofrece dos tonalidades de muy débil discrinúnación: porci6n meridional
con menor asim.i1ación hispánica y un mayor número de remanente
indígena, más sensibles dentro de los grupos populares y más diluidos a
medida que se asciende en la clasificaci6n social. Constituye este bloque en
orden jerárquico ascendente, Nariño, Sur del Huila y Cauca.
La porci6n septentrional, más homogénea que la anterior, está
compuesta por porciones de Boyacá. Santanderes y Cundinamarca. Estas
comunidades vienen luego ubicándose a través de un p'roceso de
estratificaci6n social, que conúenza en las clases populares - empalme del
bloque meridional-, se continúa en una sucesión de leves inflexiones a los
matices de la pauta peninsular dentro de la clase media, y llega con los
estratos altos tradicionales a ofrecer una fanúlia de clara raigambre castiza.
En otro sentido puede decirse que, el continuum de matices que se
encuentran en el complejo cultural americano, alcanza su culnúnación más
amplia en el complejo fanúliar neohispánico o santandereano. Y llega a
esta realización en el sentido de que este grupo. logró implantar en su
estructura familiar los lineamientos de transmisión castiza hacia los cuajes
tiende el complejo americano, manifiestos básicamente en una tendencia
patriarcalista. De esta manera en funci6n de la fanúlia, Colombia se
fragmenta en dos bloques de marcada orientación hacia el patriarcalismo:
el primero, venebrado por los complejos andino y santandereano, mientras
el segundo constituido por el litoral lIuvio núnero y el antioqueño,
impulsan su dinámica hacia el matriarcalismo de características diferentes
en cada una.
Finalmente, analizando el ámbito del complejo americano en un
sentido espacial geogtáfico, hallarnos que él se esfuma en sus características
básicas hasta empalmar con el del litoral lIuvio núnero, a todo lo largo de
la vertiente occidental en la cuenca del Reo Magdalena. A todo lo largo del
piso térnúco templado en esta veniente se jugó el proceso de cambio. Los
sobrantes aborígenes que los altiplanos expulsaban con sus sistemas de
tenencia, los mestizos desarraigados y algunos blancos sin suelo, abrieron el
campo de las tierras occidentales de ladera, liberándose de su pobreza a
través de la cololÚzación y la apertura de fincas cafeteras y de los cultivos
Aldono. Departamento de Nariño, Ministerio de Gobierno, mimeop-afiado: BOlotá,
1964: Ligia Echeverry "",el y Gloria. de Wiesinger. El re"uG1'do lndfle114 'Y 1""
rel4cJone. con Jo" fo,.".,. actual ... d(' teneneia d(' la tierra en Colombia: con referencia
... pedol .a Gwambla, Couca. Bogotá, 1964, mimeografiado; Eloy Robalino, Silvia.
Edll,d/o d,e CalO, econom(o y te"enejo de la tierra, Bogotá, 1964. mecanografiado:
SerIJo Eh .. Ordz., Le. eomunidade' ¡ndilena. de JGmul'ldino y MaJe. , apuntaciones
etnold,ieu, en Bolet(n de Bdudio. HL-Jt6rico., 3Uplemento núm. 3, Puto, 1935.
4
de clima medio mientras se proyectan en fecha nueva con la ganadería y
los productos del piso térnúco cálido ' . Estas gentes fueron un empalme
entre el complejo negroide caracterizado (confiérase Estructuro de 'a
familia del complejo litoral f/uvio minero) por estructuras tenenciales
económicas y familiares diferentes al complejo andino. De esta manera.
repito, la vertiente conforma la transici ón entre los dos, como puede
observar.;e en los correspondientes mapas de legitimidad, uni ón libre,
matrimonio católico, etc. Un aparente determinismo geográfico parece así
estructurar la distribución de la institución familiar en Colombia.
2 Luu Eduardo Nieto Aneta, Econom({J y CuUuro en lo Hulona de Colombia.
Bogo tá, 1962, pig!.. 16 3 Y 164.
s
/'
ELHABITAT
Según la anterior clasificación, este complejo familiar se expande en
dos zonas, de escasa aculturación hispánica la primera y ubicada en retazos
dispersos casi marginales del territorio patrio, mientras la segunda
constituye un núcleo andino de amplia proyección. Abarca parte de los
Departamentos de Cundinamarca, Boyacá y los Santanderes en la porción
cordillerana nororiental , y a los del Cauca, Nariño, y sur del Huila' en la
región sureña occidental. Más concretamente, este habitat se centraliza en
las altiplanicies andinas de las divisiones políticas enumeradas, ubicándose
fundamentalmente sobre los pisos térmicos frío y paramuno, y
descendiendo en verticales a limitadas del clima
templado. (Véase mapa, Distribución de los complejos familiares).
La zona de escasa aculturación: Comunidades indígenas
Ampliando un tanto más esta escueta distribución inicial, hallamos
que las comunidades indias -primera zona- se sitúan en regiones
limítrofes del área nacional, bien }X)rque este era su inicial lugar de asiento
o porque han sido empujadas en un proceso de presión-evasión a las
interferencias culturales. Los demás sitios donde sobreviven las
comunidades aborígenes, son enclaves interiores que por condiciones de
desarrollo regional y ventajas del medio físico, aún pueden mantenerse
relativamente aislados o independientes. Así hallamos a los Cunas
3
, que
3 D.vid B. Stout, The Cuna, en Handbook o( South Americen Indian .. volumen
IV, Washington , 1948, págs. 257, 268; Erland NOI'dentltiold. Le. lndiel'll.dellathme
de Panama, en La Geolfrophie, volumen SO, núms. S y 6, pÍgs. -299-319; Hmry
Wasscn. Mito¡¡ y CLlentos de lo. indio. Cuna .. en Joumal Soco .Americ., vol. XXVI.
7
r
consUtuyen la avanzada nor-occidental colombiana, centrados en el titoral
Caribe del Golfo de Urabá, en menor porción en Colombia y proyectados
ampliamente en territorio costero panameño. Su habitat lo constituyen
tierras bajas, ligeramente onduladas, con abundante precipitación, altas
temperaturas medias y una vegetación de tipo selvático 4.
Vecinos de los Cunas están los Chokoes, compuestos de varios
sub- grupos, Catlos, Emperás, Wanamas, etc., ubicados en un habitat muy
amplio y variado en su vegetaci6n. El núcleo más importante abarca la
vertiente occidental de la cordmera occidental. una de las .zonas más
Uuviosas del mundo s y cubierta de selva húmeda tropical. También se
ubican en las vertient es orientales de la mencionada cordillera y en las
regiones altas del Río Sinú 6 .
Los Paeces. por el contrario, han ido t repando más y más en las ariscas
estribaciones andinas de la cordillera central. dentro de las zonas limítrofes
de Cauca y Huila. en los pisos térmicos frío y paramuno 7.
Los Chimilas, tan temibles en el pasado para la eXpansión agropecuaria
regional y la navegaci ón del Magdalena, demoran todavía en el habitat
tradicional : ocupan el territorio encerrado por "la gran curva que forma el
bajo Magdalena, por el este del río Cesar, y por el norte la Sierra Nevada" 8
en una. zona de ampUas sabanas alternadas con un paisaje boscoso, al
abrigo de la "sombra seca" de la Sierra Nevada.
Los Motilones , grupo selvático, se expanden' en parte del noroeste
colombiano y del occidente venezolano . en los Departament os de Norte de
Santander y Magdalena en Colombia, y el Estado de Zutia en Venezuela,
Paris. 1934 1- 35 ; Cuna lndi(JIl A nimal Slor¡'.es, with orll inol text , en
Etno/' Stud •• numo 4, GOIemburgo. 19 37. págs. 12 - 34; Original document, (ro m th('
Cuna Indian" ofSan Bla¡: Panamc.z, en EtnoL Stud . • núm. 6. Gotembuf8o, 1938, pags.
1-;1 78; Maria de Betama (hermana), Mitos, Je:.' endo "Y cOstumbres, Madrid. 19 64,
pago 73,
4 Julián H, Th{· ci rcu mcaribean I ribe,f: an introducfio" . en Handbook
ofSol4th Americen I ndians, vol. IV, WlUhington. 194B, págs. 1-1 7.
S Roberto Pineda Giralda, Los chokó, una tribu d(> la selUQ húmeda trop ical
colombiana. lnéd iw; María de Bctania. o p. cil. , págs. S a 7l.
6 David B. StOut , Thl' Choco, en Handboolt 01 South Am(>rican Jndians
.uol IV, 194e, páp,¡I.. 269 Y ss; Erland Nordmlkiold, Les rapport. «,n tr;
"l art, la relJIJOn et la mOllie chez le.! indierzs Cuna et Choco, en Joumal de.! de.
American;'t de Pari.s, vol. 11 , núm, 2 1, fase. 1, Paris. 19 29, págs. 141 _ 15 8; Severino
de Santa Teresa (rray ), Creenda • . ritos y codumbre, df.' los ¡mUo, eauo, de la
pre fecl u ra A"po,t6Iicade U",bá. Bogolá. 1924.
7 María de Bctania.. op . cit., pá¡. 135.
8 Gt:rardo R.eichcl, Etnolrof(a Chlmila, ell Bolet(n de A rqu eol og(a. vol, XI,
núm. 2. BOiOd. 1946, pá¡. 98.
8
w;::==
desde el río Catatumbo al sur , hasta el Guzare al norte, teniendo como su
avanzada más occidental las Sierras de Perija y Motilones 9. Ubicados en
las vertientes cordilleranas y en la porción de la llanura, encuentran los
climas del piso térmico templado y del cálido, más seco en el declive, pero
considerablemente lluvioso en la porción plana, donde aparece la selva
tropical húmeda refugio para este grupo. Los Tukanos tienen un ctima
similar e' igual ubicación periférica, asentados en las cabeceras del fío
Caquetá 10 .
En un ambiente vegetal diferente al precedente hallamos a los
Guambos, cuyo territorio )) "comprende la extensión de los Uanos
orientales de Colombia, entre los ríos Meta y Vichada por una parte y el
Orinoco y el límite entre las Intendencias del Meta y el Vichada por otra".
"Pequeños grupos" de esta comunidad se hallan establecidos en el
"Territorio Casanare" y entre el río Meta y el Ariporo "! 2 ,
Los Koguis )] , "viven princi palmente en las faldas septentrionales" de
la Sierra Nevada "donde ocupan especialmente los vaUes del río Palomino.
San Miguel y Ancho, a una altura promedia de 1.000 a 2.000 metros sobre
el nivel del mar. Un grupo pequeño vive en el alto río Don Diego y otro en
la cabecera del río Ranchería". Sus poblaciones "se encuentran casi
siempre en el fondo de los vall es , sobre terrazas aluviales" 14 a excepción
de San Andrés. Las faldas de los valles asientan los cultivos y en eUas
aparecen las fuertes formaciones graníticas: en las que alternan en las
9 Roberto Pineda Giraldo, Lo, Motilones , en Bo let(n de A rQI4t'oiog(a,
vol. 1, 1945 pág, 349: Justiniano Pácz. La NociÓn Mo til o na, en Hocaritama. Ocaña,
1941. págs., 485 - 506: Camilo Ibi , (padre) . Etnogr"a(fa de 108 Mot ilon€I , Bogotá.
1919: Paul RivCl , La in{luf' ncia Karjb en Colombio:, en Revista del Inltituto
Etnológico No cional, vo l. 1, Bogotá. 1943: Marí. Iktani., op. elt .. págs. 114- 120:
Gn-ardo Reichel, Lo:> indios MotilonN, en Reuuta de/Instituto Etnológico Nacional,
Bogo tá, vol. Xl. 1946 , pág. 16.
lOMaría de Iktania,op. cit . pálf. 169: Julian Stewatd, T"e Witotoon Tl'ibel, e n
Handbooh o( Soutl! Aml.'rican Indio"., . Wao;hington, vol. 111 , 1943. págs. 149 y ss:;
Theodor Koch GrumbeTl. Die In d/anerstome am obertn Rio Ne,,.o und Yopuro. en
Zelt Ethnol, vo l. XXVIII. págs. 166 -1205.
1 I ('.n-ardo Reicht'l. La l't.dturo material de los indios GuoMOol., en Rf' uuta del
I n,tltut o Etnológico Nacional. Bogotá, 1943 y 1944.
12 Ibld.
13 Jote! Vilancsa (padre. Indios Arucco, dI' lo SiI!rro Nevada de Sant a Marta,
en !tcv;,la d el lrutituto Etnoldflico Ncdon4l, 8ogotá. vol. V. 1959, págs. 13 a
Gn-ardo Los u na tribu d e la Sierra NetlCda de Santa Marta. Colomb ia,
en Revisto d el In,muto Etnol6,ico Nacional, Bogotá, \rol. IV, 1949- 1950, p.1Í¡s.. 27 y
SS.
14 ¡bid. págs. 30 y 31.
9
partea "'" nltas, porciones boscosas con sabanas herbosas frut o de la
permanente doforelitación humana.
La región oriental de Colombia está habilada por tribus dispe .. as y
errantes, algunas de las cuales demoran en la región encerrada por el
Orinoco al norte y oeste; el Ventuari en el sur, y el Cauca al este. Wilbert
describe la ubicación de eslas tribus: "La cuenca del Cauca con los
Mayoncon, un subgrupo de los Majiritare. los Yecuana y con unos grupos
Sanema". En la "cuenca del Cuchibero los indios Panare )' algunos
grupos desconocidos en sus cabeceras". En la "cuenca del Suapure" a
excepción de unos núcleos Pana re no cuenta hoy con poblaciones
indígenas. "La cuenca del Sipapocon los indios Piaroa y Macó".
Finalmente la ··cuenca del Ventuari, con los indios Yabarana en el río
Nanapiare, la sub-tribu Yecuana (Decuana) de los Makiritare, y los
Nabuduh, un sub- grupo Sanema" 1 s
Fl habitat de estas tribus comprende dos regi ones geográficas: la
montaña de dos mil metros de altura con sus densas selvas, y el llano que
no alcanza los doscientos metros sobre el nivel del mar con sus
enmarañados morichales y sus sabanas de gramíneas. de. un clima de
lluvias estacionales y altas temperaturas lb . Tambi én hall amos otros
núcleos de población aborigen en el cuadrilálero conformado por el
Guaviare al norte, el río Negro al esle. al sur las partes altas del Caquetá y
al occidente por las estribaciones andinas. En este ambiente de selva
húmeda tropical enclavado en la llanura amazónica se ubican tribus
pertenecientes al tronco lingüístico Arawak, al Karibe. al Tukano, al
\Vitoto, y a grupos sin clasificación 17. A manera de apéndice al final del
Complejo Andino, presento algunos rasgos rotos de su estructura familiar,
La zona de intensa aculturación
El habitat de la segunda zona está constituido por tierras altas,
colocadas en su porción norteña en el cordón magi st ral de la cordillera
oriental. que confonnando un amplio surco central. se abre en las
15 Johumes Wilbat. Indios d E' Jo ro?,id" OrinO('o Vcntuori , Caraca&. 1961 ,
Fundación 1. S.lle dI: Ciencias Naturales. monografía numo 8, pág. 11.
tó lb id. páa:. 11.
I'? b-Yinl Goklman, Tribc. o( thf' Vaupe,. Coquet a rellon, en . Hondboolr o{
SOl.lth American vol. 111. Wash ington, 1945. págs, 763 )' 764: Marí. d('
Retan;",op. cit" pá¡s, 169 a 111.
10
altiplanicies de la Sabana y los compartimientos de Tunja, configurando el
doble valle fluvial del Servitá y el Sogamoso 18. EsIOS altiplanos se hallan
bordeados por ampHos cordones orográficos de considerable que
dan las formaciones paramunas -a donde empieza a ascender parte de la
población de este complejo (O. Solo del lotal colombiano, según E. Guhl).
Porciones de elite grupo se ubican en las vertientes cordilleranas orientales
de la cordillera oriental, y en regiones correspondientes a los pisos térmicos
fríos y lemplados de los dos Santanderes. (Véase mapa de Distribución de
los complejos familiares).
En la porción sureña este complejo se asienla en la altiplanicie de
Popayán, resto de la depresión marina del secundario 19 yen las llamadas
" altiplanicies de los Pastos" continuación del corredor interandino que
viene de la hennana república limítrofe 2 o. Finalmente, avanza por la zona
sureña del Departamento del Huila, expansión colonizadora de Nariño y de
Cauca , dentro de un clima de vertiente andina sobre la parte alta del río
Magdalena.
El clima correspondiente a estas regiones del complejo familiar
americano. contribuye a determinar con las condiciones peculiares de los
suelos , las caracleríslicas de su aclividad económica. En la alliplanicie de
Nariño, piso térmico frio, hallamos que sobre un suelo de formación
volcánica y amplia fertilidad, exiSle una lluviosidad limilada, 916 mms.
anuales 21 que sin embargo, permite el desarrollo agrícola 11. Avanzando
hacia el norte por terriloril> de esle complejo, dentro de los pisos térmicos
templados y fríos, hallamos el macizo de las Papas, sobre el cual se
proyectan las influencias climáticas de la parte amazónica, observándose
con ello un ascenso de la lluviosidad 23 que alcanza a 3.600 mms. y que
sumado a las condiciones de los suelos y a una relativamente suave
topografía, pertOite la explotación agropecuaria. Más limitadas son las
18 Alfred Henner. Lo Cordillera de Bo,oto. de uigJe, 'Y edudicu.
Justus Perthes Got a, 1892, primen versiÓn de Ernclto Guhl, Bogotá. Banco
de la República, 1966, ('tég. 110 Y ss; Orlando F.ls Borda, El y la tleM"Q en
BoyaC'd, 8ogotá. 1957. págs. 10, 11,12. 13. 14: Pablo Vil .. Nueva feolra((a de
ColOmbia. Bogotá, 1945, 41 y ,1S.
19 Pablo Vila.op. cit .. pág. 33.
20 Pablo Vila, op. cit .. pág. Ignacio Rodríguez Guerruo, Geopa(w
económica d e Nariño. yol. l. Pasto, 1961, pág. 381.
11 Alfred Hettncr, op. cH .. pÁgs. 33 y SSi Pablo VDa, op. at .. pá¡. 161.
22 Milcí&dn Chavel, Edudio IIOdo-econ6mlco de Norma, 801otá.. 1959, páp.
30. 3S.
23 Pablo Vil •• op, cit., pág. 162.
11
\
lllllil.h,"" d. prlClpUlclÓn pluviométrica-2.000rruns. en la altiplanicie
d. I'IIPlY'" . cnncol11llunte con una menor riqueza del suelo 24. pero que
.IUAnl .• A In explotación agrícola y la ganadería de tipo extensivo.
1'; 11 el micleo norteño oriental encontramos similares condiciones en
cUlnlo o temperaturas y a régimen de lluvias. Volvemos a situamos en los
ellm.. frío y templado y 1.. precipitaciones pluviométricas son
relativamente escasas, encontrándose en las altiplanicies de Bogotá y Tunja
rincones de reducida lluvia anual. mientras en otros, por condiciones
topográficas, se tiende a acumular una mayor cantidad de precipit ad ón
acuosa favorable al laboreo agrícola y a la explotación agropecuari a 25.
Estas lluvias, sin embargo son suficientes para determinar conjuntamente
con las condiciones de la tierra -suelos aluviales, antiguo lecho lacustre-
una inmejorable base para el desarrollo agropecuario.
24 Pablo Vila, op. cll" pá!t. 163.
2S Pablo Vila, op. cit •• págs. 79, 80, 175 : Joseph Thomc, Btues lega/el ptJra un
pro'rGmo d e ¡"rigoció " en el Vall lP Sopd, copia mimeografiada. Sin fe cha ; Sena,
Edudio. socio-uondmiro •. dNo d e Boyacd. Bogo l á. 1963. páp. 6- 8: lncora,
Etludio. dtol en Colomr>iD, de.dr el punto de Iu de
re4lizaclón de la concentr4Ció" PO,.celari4. Bogotá, 1964, págs. 28 y SS. : Ernesto
Guhl, Lo. pdromo.r c¡"clmdonte. de la SC1bana de Bowotd, su ecololia y su importancia
porn el rT,ime" hidroló,ico de la mu ma, en Rel.!i.ta del Banco d e la Rep(.¡blic:c, núm.
463, BOIotá. 1966. págs. 548 y !s.
12
LAS INsnrucloNES
LA ECONOMlA
las actividades
las condiciones del habitat , topografía. clima y composición de los
suelos, han incidi do favorabJemente para crear el desarrollo de una
explotación de la riqueza agropecuaria en el área del complejo familiar
americano o andino. Exceptuando a Bogotá, (D. E.), que constituye el
primer centro industrial y comercial del país y extrayendo también a dos o
tres ciudades principales centros de esta actividad, y descontando a Paz del
Río, foco siderúrgi co -el 'primero de Colombia- no es errado decir que la
riqueza principal de esta porción está centrada en la explotación '
agropecuaria. Los seis Departamentos que tienen parte en ella ofrecen
condici ones óptimas para cultivos de zona templada europea 26 y aún de
cultivos tropicales correspondientes a los pisos térmi co frío, templado y
paramuno. Cundinamarca, Narino y Boyacá han sido los principales
productores de papa, maíz, trigo, en el país 2
7
. En Cundinamarca,
la llamada Sabana de Bogotá, en la ondulada altiplanicie de Narino, y en
Boyacá, en las regiones fisiográ6cas de Chiquinquirá y Moniquirá, .en la
26 Presidencia de la Repúblk a, Dir ección Nacional de Pl.aneación Económica y
Fiscal. Pl.an de Boyocd, i nue,..ione., 1954-19 58. Bogotá. sin fecha. pág5o, l' y •. ,
ClDA, E.tudio .obre I.a te nencia de ia tierro en Colombia, mimeografiado, 1965. págs.
194 Y ss.
27 Triana y Antorvcu., E.tudlo .,bn? Uu condicione! .oclo-econ6mkGa: en el
.treo comprendida por Jo. municipio, de Sapuye. y Guachucol, BOIotá.
Ministerio de Gobierno. 1964, anexos 19 a 2l.
13
\
,
altiplanicie central, en Ramiriquí, y en algunos páramos de este
Departamento ubicados en los cordones magistrales, prosperan estos
cultivos primordialmente 28,
Complementariamente con la agricultura se desenvuelve la ganadería,
de alta técnica en tomo a las principales ciudades, aunque generalmente de
tipo extensivo en las demás zonas. En cada área ocupa porciones diferentes
del suelo en relación con la agricultura: Boyacá, por ejemplo 29, absorbe el
41.6 del total del suelo, mientras la agricultura sólo copa % 30, lo
que le permite ocupar el tercer lugar del país, precedida pqr Bolívar y
Antioquia, en cuanto a1 número de cabezas de bovinos se refiere, cifra que
además significa una décima parte del total nacional 31. En Nariño, en la
zona del altiplano, la prelación del renglón agrícola sobre el ganadero,
depende de cada municipio, pero las dos actividades ocupan el 94.730/0 de
la población ubicada en ella 32.
lB Eduanlo Acevcdo LatOTTc, Panorama 6eoecon6mico del Departamento de
Boyocá, en Anales de Econom(a )' vol. VIII, núm. 76, págs. 26 Y SS.;
Antonio Herrán y otro, op. cit., 26 Y ss.; Ignacio Rodríguez Guerrero, op. cit.,
vol Xl, pág. 283; CIDA. Estudio .obre la tenencia de la fierro en Colombio, op. cit.,
págs. 194 Y SS.; SENA, E.tudio. Bocio-econ6micos, área de Boyacá. op. cit, págs. 18
a 26; 48, SO; INCORA, Plan de crédito lIupervuado paro el Departamento de Bo)'acá,
Bogotá, 1964, págs. 14, 36, 37; Proyecto de crédito 8uperoisodo para Miraflore.,
Zetoquiroi Póez y Berbeo: Boyacci. Bogotá 1965, págs. 10, 11, 12, Y 13.
29 Eduardo Acevedo Latorre, op. cit., pág. 176; Joho Merlin Hunter, Emerging
Colombia, Washington, 1962, pág. 42; Luis Ospina Vásquez, Perspectiva histórico de
ID econom{a colombiano, en CiencUJ5 Económieoa, numo 16, Medellín, sin fecha,
UniveBidad de Antioquia, pág. 10; Andrew Peane,Tenza, la tenencia de Jo tierra)' SU8
implicaciones .IIocio-económicolI, 1964, inédito: Pedro Nel Barrera, SENA, Estudio
lIodo-econÓmico, área de Nariño, mimeografiado, Bogotá, 1964.
30 Ibid.., pág. 33; Pablo Vil&, op cit., pág. 273; Presidencia de la República, Plan
de Boyocá. .. op cit., pág. 17; SENA, op cit., pág. 52, 53 Y 59.
31 Presidencia de la República, Plan de Bo)'octÍ.. OP. cit. , pág. 17; Banco de la
La producción )' los econom(as seccionales de Colombia, Bogotá. 1950,
pap. 67 y 75: Otto Morales Bcnitez, Memoria del M;n¡.tro de Agricultura al Congreso
de 1961, Bogotá. Imprenta Nacional, 1962, págs. 163 Y SS.; SENA, op cit., pág. 28.
3? Milcíades ehaves, Edudjo socio-econ6mico .... op. cit.. pág. 62; Ignacio
Rodrlguez Guerrero, Geograf(a económica" .. oP. cit., vol. XI, pág. 284, Para mayor
amplitud, véase el análisis de tres municipios de Nariño dentro del análisis
monogránco de Triana:
Superficie promedio en hectáreas de la tierra en explotación ganadera o agrícola:
Aaricultura
Ganadería
14
Túquerres
1.1
2.8
Sapuyes
1.5
15.2
Guachucal
0.8
8.0
Total de
la región
1,1
5,9
Las condiciones de la tenencia en el Cauca, y las de suhabitat hacen
similar su explotación a la de Boyacá: del 32.50/0 de las tierras
departamentales que se laboran, el 28.50/0 se dedica a la actividad
ganadera 33. Una agricultura de tipo menor, alterna con las fincas de
explotación extensiva pecuaria, pues condiciones ecológicas tales como la
pobreza de los suelos, en la zona de la altiplanicie de Popayán, acrecentada
por una activa erosión de los mismos, a los cuales se suman formas
estructurales de la tenencia, restan desarrollo técnico al sector agrícola.Más
próspera pero limitada en suelos, hallamos la agricultura en las vertientes
del macizo colombiano, donde con óptimas tierras y precipitaciones
lluviosas más abundantes, se estimula una mejor producción. Similares
condiciones a las primeramente indicadas hallamos en Tierradentro: suelos
pobres. lluviosidad escasa, a lo que se suma una fisiografía de pendientes
rápidas que favorecen el lavado de las capas vegetales y disminuyen las
posibilidades de intensificación técnica agrícola 34.
En escala de artesanía familiar y en desigual competencia con la
industria, se conservan, dentro de algunos sectores de este complejo,
algunos tejidos -de lana fundamentalmente- que viven a expensas de un
Triana y Antorveza, oP. dt .. pág. 11; también ilustran sobre el particular los
siguientes datos derivados mismo estudio: En relación con el número de familias
dedicadas a una y otra actividad en una muestra de 3 municipios; Túquerres., Sapuyes,
Guachucal, la agricultura tiene prelaci6n, seguida por la ganadería y las
caseras: (ibld, págs. 118, 119, 120 Y 121). Observemos también que el 900/0 del
total de las grandes y pequeñas propiedades de Nariño cultivan cuatro productos
básicos: papa, maíz, trigo y cebada (Milcíades Chaves, Estudio socio-econ6mico, oP.
dt .. pá9;. 82). en orden de importancia la exlensi6n Que ocupan sus sembrados;
DANE, Directorio Nacional de Explotaciones Agropecuarias, 1960. Departamento de
Nariño. Bogotá, 1964, págs. 22 y ss. Véase también Antonio Herrón y OtrO,
Reorganización y planeamiento de explotaciones airlcola:r en el Departamento de
Noriño. Trabaio de tesis para optar al t11ulo de ingeniero agrario. Facultad de
Agronomía de Medt:lIín, 1964. copia mimeografiada.
En la tabla número tres se halla una comparación de distribuci6n general dd
suelo departamental y t:xtensivo de cultivos en los depanamentos de BoyacA,
Cundinamarca y Nariño. Y en la tabla núm. 4, un análisis similar entre municipios de
las tres secciones, págs. 24 y 25. En la tabla núm, 5, una comparaci6n semejante en
aspectos de ganadería en las regiones citadas, pág. 28. Véase también Ignacio
Rodríguez Guerrero, Geografía económicQ. .. oP. cit., pÁgs. 111, 294 Y ss.; TriaDa Y
Antorveza, OP. di .. págs. 121, 122, 123.
33 Incora, Pian de crédito stlperoisado paro el municipk> de Timblo. Cauco,
Bogotá. 1965, págs. 13, 14, 15, 16; Eduardo Accvc:do LatOftc. Panorama
,eo.econ6mico del Departamento del Catlco,en Econom{a y Eatadútica, núm. 52,
Bogotá, 1956, pÁgs. 18 Y ss.
34 Ibtd" págs. J 1 a 17; Ernesto Guhl, Lo producción )' loa econom{Q.I
.eccionala de Colombia, Banco de la República, Bogotá, 1962, págs. 30 a 32.
15
nltru.tI!! menor tradicional de limitadas exigencias técnicas 35. Vinculados
clln l. Irte"n(a, la agricultura, la ganadería, hallamos el transporte de los
productos y la distribución e intercambio en los mercados regionales y
nacionales, que constituye un renglón de importante valor económico.
Algunas características tenenciales
He afirmado que el habitante de este complejo familiar americano
encuentra las principales fuentes de su vida material en la explotación del
suelo y que la mayoría de la población conforma 'un grupo
ganadero- agricultor. Es lógico que sobre la estructura de estas
comunidades predominantemente agrarias se reflejan los sistemas de la
tenencia de la tierra. La familia no ha escapado a este moldeamiento
indirecto: las formas de uso y los sistemas de explotación del suelo la
interfirieron en el pasado y siguen proyectando hoy su influencia en la
tipología familiar. Veamos cómo:
Las áreas departamentales incluídas dentro de este complejo cultural,
suman una serie de características genéricas en relación con el uso y la
explotación de la tierra. Se observa fundamentalmente un alto porcentaje
de propiedades micrométricas y, coexistentemente, la presencia local de
amplias tenencias 36 . CIDA considera que hay ocho departamentos
rninifundistas en el país, incluidos los correspondientes a este complejo y
los de los grupos antioqueftos , a saber: Boyacá, Cauca, Cundinamarca,
Narifio, Norte de Santander, Santander -en la rona de nuestro estudio- y
Antioquia y Caldas.
Caracteriza la explotación de la gran propiedad un sistema de
explotación signado por el ausentismo del propietario, quien delega su
administración en elementos secundarios 37. Así mismo identifica
35 Trian. Y Anto\vez:a. op. cit. (Véanse cuadros de acthridades productivas en
Nariño; págs. 56 Y g., 118, 119, 120. I21; SENA, op. cit •• págs. 32-33. Vease
cuadro: Población económicamente activa en Boyacá por Mrupos de actividad, 1962).
36 INCORA, Edudlo del Minifundio en Colombia. op. cit., págs. 31-33 , P14n de
aupervilado pG1'U el dep.arlamento de Boyac6. Op. cit •• págs, 34, 35, 36, 5-9;
Proyecto de credlto supervisado para Miraflores, Zetaquira. Páez y Berbeo, op. elt.,
págs. B. 9. 10; Mario JOrQUCH. y otros. Inve.tjgoción .obre oJiuno. mpecto. del
kitlfundfo en el departamento de CundinQmorea, CIRA, núm. 23, Bogotá. 1965,
mimeo¡rafi.do, págs. 2 y 3; ClDA, Edudio .obre fa tenencia de Jo tiel"'P'a en
CoiomblG. •• • op. elt .. pá¡s. 105 y 106.
37 CIDA,&tudio.obreJa tenencia. .. , op. cit., páp, 106, 141. (Véue cuadro 10.
11. Diuribuci6n de los predios rurales de las reliones "minifundistu" y.
mencionad8$, por lJ'andes ¡ropos de t.mafio, 1960).
16
tenencialmente este ambiente cultural, la presencia de una amplia
población agricultora semi desarraigada o sin propiedad alguna y entre la
cual y en relación con los grandes propietarios, se establece un régimen de
dependencia que conserva aún vestigios de la servidumbre colonial, más o
menos atenuados en algunas zonas y dominantes en otras, según el
desarrollo de cada una. Esta masa de agricultores sin tierras o minifundistas
está manifestando una marcada movilidad horizontal periódica.
Veamos algunas muestras sumarias del sistema tenencial 38. En el
departamento más meridional colombiano - en la zona del altiplano- es
donde se siente con más intensidad esta situación: allí se conjuga
coexistente mente la gran propiedad con la posesión milimétrica del suelo
La muestra agropecuaria nacional , 1955
1
para este departamento señala
que sobre un total de 80.000 fincas, 63.000 poseen menos de diez
hectáreas, mientras la gran propiedad se hacía presente simultáneamente
en 20 fincas entre 1.000 y 2.500 hectáreas y 41 con más de 2.500 40. Esta
situación se halla corroborada en reciente data por el censo agropecuario
de 1960 41. En esta fecha, de las 90.285 fincas censadas, 75.472 eran de
menos de \O hectáreas y en cambio 56 fincas sumaban 56.775.9 hectáreas 42 ,
Y singularizando más, haDamos que el CIDA ha observado en fecha
reciente - 1965- , que en Narifto existen 125.000 predios inferiores a tres
38 Luis Edwvdo Nieto Anda. Eco nom(c y culturo.. .. , op. cit •• págs, 28. 29 Y
30.
39 Salvador Camacho Roldán, Cata,tro del E&tado de Cundinamorca,cn Escrito.
Vario., Bogotá, 1892, pág. 601; Detomortizaeión d e bienes de manen muerto.,
en E.critos Varios. Bogotá. 1892, págs. 151- 163: Dale W. Adams. A view o{
Minifundio Problem8 In CoJomb6a, CIRA, núm. 32, Bogorá. 1965. mimeografiado.
págs. 1-T.C. 64- 1 : Antonio Herrón )' otro, Reorganización y planea miento de
explo t tu! ionCII a¡¡r(colot en el Dep(Jrtamento de Nariño._, op. cit., rág. 34.
40 Hnnán Toro Agudelo, Pf.onteomiento y solucione. del ovario, en
Unlverddod de Mede ll(n, año 1, núm. 2, Medellín, 1957, pág. 13; Andrcw Pearsr,
Tenz(l. ... OP. cit. (Véanse cuadros de propiedad).
41 O A N E Directorio Nacional de Explotacíoner A,ropecuClrla., Censo
alropecuarlo, 1960, Departamento de Nariño, Bogotá. 1964, pág. 14 Y ss,
42 Esta situllclón está corroborada por el estudio del antropólolo MUdarles
Chavn en su muestra de los municipi os que constituyen las regiones sociogeográficas
del Departamento y por varios muestreos monográficos en o tras zonas. Para mayor
amplitud véase: Mildade. ehaves y otros. Estudio ••• Nari;;o •. OP. cit., págs. 85 a
123, cuadro de distribución y avalúo de la tierra 1956; Antonio Herrón. op. cit., pág.
36. Obsérvese en el cuad ro comparativo núm. 8 que señala formas y sistemas de
tenencia de la tierra en Cundinamarca, BoyaCIÍ y Narii\o (general y por
muniCipios-tipo). Consúltese CIDA. E.tudios sobre la tenencia de la tierra." , OP. cit.,
cuadros 11 Y 9, municipiO de Pupjales. distribución de la propiedad raíz rural , por
plopietarios y pOI pfedios según grupos de tamaño. pis. 103.
17
h •• ... , '1'" 0111" 7'10/0 del total de las propiedades, y representan el
,1.1111 IlIl'Nnclc 4.1.
1'11 ('1 ('¡lUCII, el DANE, 1954
44
indica que de las 67.000 tenencias del
11t1llUlhllllllllto, 50.325 son menores de 10 hectáreas, 37.873 de cinco,
1111111 fumljos que se ubican en las zonas andinas centrales de la porción
oriontal 45.
Parte del mismo proceso histórico es Boyacá, y como tal ofrece
similares resultados en las formas tenenciales: minifundismo extremo que
llega a la atomización de la propiedad y mayores acumulaciolles del suelo
en reducidos propietarios. El piso ténnico frio que nos ocupa, es el que
manifiesta estos rasgos con mejor precisión. Observemos algunas pocas
realidades que nos ilustran dentro del incontable número de eUos 46.
Sutatenza y San José de Pare son ejemplos clásicos de la parcelación
milimétrica, mientras una alternación de grande y mínima tenencia se halla
en Cucaita 47 o se encuentran lugares donde se marca el predominio del
43 CI DA, op. cit., pág::>. 1 19, 141. Véase, para complementación, la situación de
tres municipios del altiplano nariñense: Túquerres, Sapuyes y Guachucal:
Número de pro- Ex:tensi6n de los Tamaño de
Municipio pietarios en 0/0 predios en 010 de predio::>
del total extensi6n total Has.
Túquerres 77.2 29.8 3
0.2 7.4 + 100
Sapuyes 67.0 5.7 J
Guachucal 2.7 5.1 + 100
Obsérvense los datos de las oficinas municipales de catastro con fechas 1957,
1 Y 1957, respectivamente, en Triana y Antorveza, oP. cit., págs. 103, 104 Y 105.
Veanse,paramayor amplitud, los cuadros anexos 1 a 19, que estudian detalladamente
el tamaño de la tenencia por secciones en estos municipios; Otto Morales Benítez,
Reforma agraria, Colombia campesina, Bogotá. Imprenta Nacional, 1962, págs. 75 y
76,
44 DANE,Muestra Agropecuaria Nacional, 1954, Bogotá, sin fecha.
45 lNCORA, Plan de crédito superuisado para el municipio de Timbío.
Cauca, Bogotá. 1965, págs. 11, 12. La finca promedio es de una a menos de dos
hectáreas: Ed}lardo Acevedo Latorre, Panoroma, •• Cauca. •• , op. cit., Econom(a
estadfstica, numo 82, Bogotá, 1956, págs. 18 y ss.; Miguel Antonio Arroyo, El
eauea es as(, Popayán, 1963, págs. 96 y ss.; José EIías del Hierro, Informe de
31 de diciembre de 1963, Bogotá, 1963, pág. 49; Banco de la República, La
prodUCCIón y las econom(as seccionales en COlombia, Bogotá Imprenta del Banco de
la República, 1952, pág. 32; Ernesto Guhl y otro¡¡, La seguridad social campe8ina en
Colombia, Bogotá, 1954, págs. 61, 66 •.
46 INCORA, Plan de crédito 8upervisado, Boyacá, op. cit" pág. 61: Proyecto de
crédito superujsooo para Miraf/ore8, Zetaquira, Páez y Berbeo, Boyacá, op. cit .. págs..
8, 9 Y 10; Andrew Pearse y S. Rivrra, La tenencia de la tierra y sus implicacione8
.rocio-económicas en Tenza, Colombia, Bogotá, 1963. mimeografiado; Orlando FaJs
Borda, El hombre y la tierra. .. , op. cit., págs. 149 y ss.
47 Orlando Fals Borda, El hombre ... , op.cit., pág. 149.
18
latifundio como en Covarachía y Tuta 48. Monguí es el caso extremo de
este minifundismo, pues el 98.50/0 de las parcelas tienen nlenos de tres
hectáreas 49. Y tomando un ejemplo más, Trnza presenta un 95.1 % de
propiefarios hasta con cinco hectáreas del suelo:; o y 2.000 propiedades
-dos tercios del total- que disponen de menos de una hectárea 5 l.
Generalizando el problema en el área boyacense, se puede afirmar.
respaldándonos en el estudio del ClDA, que Boyacá dispone de 283.000
parcelas de menos de tres hectáreas, de las cuales 108.000 miden menos de
media hectárea, que dan el 700/0 del número total de predios, mientras
sólo representan el 160/0 de la superficie catastral.
Cundinamarca, en su altiplano, repite nuevamente los fenómenos
enunciados en los tres departamentos y cuyas muestras
municipales corroboran en cada caso las afirmaciones establecidas.
Observemos el fenómeno sólo a través de los trabajos del CJDA. aunque los
verificados en Chocontá, Manta, Pacho, Subachoque, Sopó, Fómeque,
Sumapaz, etc., son paradigmas de la situación. El CIDA, en su análisis de la
tenencia en 4 municipios 52, Madrid, Bajacá, Funza y Mosquera, señala la
Bxistencia en ellos de un tamaño menor de 10 hectáreas en el 78.40/0 de
los predios, lo que equivale al 82.30/0 de los propietarios. En tanto el
4.3010 de los propietarios latifundistas ocupan casi dos tercius de la
superficie total 53. Otros análisis más respaldan las afirmaciones. aunque
no es el momento para anotarlos 54.
48 lbid, pág. lSl;CIDA,Estudio sobre la tenencia de la tierra, op, cit., pág. 105.
49 CID A, op. cit._. 107.
50 lbid, pág. 115.
51 INCORA, Estudio del minifundio en. Colombia, op. eH .. págs, 287 y ss ..
donde presenta un estudio de la tenencia en el Valle de Tenza en 12 municipios.
cuadros S a 11.
52 el DA, op. cH., pág. 99, cuadro 11,8.
S3 lbid, pág. 152.
54 Para respaldo, obsérvese que en Chocontá. Saucío. unadesusveredas, repite
(Orlando Fals Borda, Campesinol> de los Andes, OP. cit .. págs, 79· Y ss.) est3
tendencia minifundista y la coexistencia de la gran propiedad, puoJs descontando
haciendas, el tamaño promedio la parcela es de 2.5 hectáreas, lo mismo que Manta,
donde la parcelación en sus veredas es más intensa; Luis Duque Gómez, El municipio
de Manta, estudio tocio-económico"en Revista Colombiana de Antropología. vol.
VII, págs. 143 y ·ss.; T. Lynn Smith y olro. Ta/)io a Study il! rural .wcial
organization, Washington, 1945, págs. 26. 30 y ss.: como Subachoque, que ofrece
similares condiciones según el estudio de la Facultad de Sociología. Universidad
Nacional de Colombia: Factores sociales Que inciden en el desarrollo económico de la
hoya del r(o Subachoque, Bogotá, 1963, págs. 26, cuadro 2. En Chía, el 770/0 de
todas las propiedades no pasan de una hectárea (58.8 no tiene media hectárea).
Ernesto Guhl, La seguridad campesina en Colombia, Bogotá, 1954, OJ)o dt" 44.
19
h_ potllblc tumbién, en forma particularizada, concretizar algunas
".llll'lrt'(sllcas más de la tenencia de la tierra en las zonas de este complejo
IlImlllllr. Están parcialmente representadas poda tendencia al ausentismo
en el sistema de explotación de la gran propiedad y la acusada presencia en
las mismas de una población desarraigada que cultiva el suelo ajeno. En
Nariflo esta situación se hace evidente 55, observándose una explotación
indirecta no s610 en la gran tenencia, sino también en la pequeí'la S6 y una
remuneración a la explotación del suelo ajeno mediante el pago en efectivo
en formas mixtas - dinero y especies- o simplemente en prestación de
servicios 5'7. •
En Boyacá, la explotación de las grandes haciendas generalmente
implica el ausentismo, fenómeno que se manifiesta en fonna más intensa
"especialmente en áreas donde aparece el tipo de hacienda" 58. como en
Chiquinquirá, Leiva, Chíquiza, Samacá, Covarachía, Tibaná, etc. La masa
desarraigada rural pero ocupada en el cultivo del suelo, se siente
se ofrecen altos índices de la tierra y una fuene tendencia
mlnlfundl;;ta. CIRA, LtJ comunidad d el municipio d e SoPÓ. Copia mimeografiada.
Cuadro 6. que implica una alomización de la propiedad. fenómenos IBrnhién de
OcurrenCia en F6meque. INCORA, Plon d e crédito sUlX'rlJlsado pera el municipio de
FómeQue, Bogotá. 1964, mimeografiado, págs. 54, 55 Y 57. donde, según el catastro
de 1962, el de la. parcela hasla de tres hectáreas da el 860/0 de los predios.,
pero cuya superfiCie eqUIVale aJ 28.7 del total del suelo en cultivo:CIDA, Estudio
sobre la tenencia de lo tierra. OA cit •• pág. 118. Véase, sobre la región del Sumapaz, a
ErneSto GuhI, Utilización de la tierro en Colombia. Bogolá, Escuela de
Pública, 1963, en mimeÓg rafo. págs. 41 a 41. Se anotan iluales
cond.ciones a las indicadas. fenómeno observado en Manta donde él abarca )a
terri!oriaJ en todo el municipio. (Luis Duque op. dt .. pág. 144),
SituaCión Que Ilustra Jos siguientes datos: Propiedades de más de dos hectáreas el
170/0 del suelo. Propiedades de dos hectáreas. el 11.4 J 0/0 del suelo. Propiedades' de
menos de dos hectáreas, el 71.590/0 del suelo; Eduardo Montero yDale W. Adams
Alguna, con3iderocione •• obre refor1714 06raria en regiones del minifundio un
colombiano. Bogotá, 1965, pág. 9; Andrew Pearsc y otro La t enencia de la tierTa
op. dt. • .•. •
S5 Confiérase Mildades eh.ves, Estudio iOdo-económico .... 01'. cit.. Véase
cuadro, M!le.tro de la Investigación socio-econ6mico 1"141'01 1951J; Antonio Herrón,
op. clt,. pags. 34 y ss.; OANE, Directorio Nacional de Explotaciones A/lTopecuariaJ.
1960. Departamento d e Nar"iño, op. cit •• págs. 43. 44 Y 45. cuadros. Tenencia de !o
tWmJ; superficie y rlgimen..
56 DANE. op. elt., pág. 39.
57 lb/d. Triana )' Antorveza, 01'. cit.. págs., t09 , 110. Véase lambién Antonio
y otro, OP. cH .. póg. 36, cuadros núm. '" y 9 ; donde se indican las formas y
slStefl1as de tenencia general en Cundinamarca, Boyacá y Nariño. preselltíndose.
ademas. una muestra por municipios - tipoi INCORA. OP. cil ., pági. 31 Y ss. ; Salvador
Camacho Roldán, ElJcrit os varios. Bogotá, 1 M2, págs. 690 y 691.
Salvador Carnacho Roldán, 8.cr1l03 Varios. OP. cit., págs. 690, 692, 695.
Explica por la falta de viallzación e l ausen tismo de su époc:a; INCORA, Plan d e crédito
3wperoiS4do para el Departamento de 8 0yacd ...• op. c it., págo¡. 61. 62 Y 63 ; Orlando
Fa15 Borda, El hombre y la lierra. .. • op. cit. , pág. 114.
20
especialmente entre los grupos descendientes de indios cuyos resguardos
fueron disueltos, los antiguos Mitayos, entre los mestizos, las nuevas
generaciones de antiguos pequeños parceleros, etc. 59 y que hoy
constituyen los "arrendatarios" "concertados", los uvivientes", los
"socios", "mediazqueros" y el peonaje agrícola, formas y variables de la
misma situación 60 y cuyos pagos, a la manera de Nariño, se cumplen en
efectivo pero también en especies y prestación de servicios 6 1, situación
que también se hace presente en el ambiente santandereano ubicado
dentro de este complejo.
CIDA está de acuerdo en señalar un fuerte ausentismo en el sistema de
explotación de la tierra en la Sabana de Bogotá 62, fenómeno que
corrobora la muestra agropecuaria nacional 63, aseveración que se puede
reforzar con estudios de la situación municipal en Fómeque. Sopó,
Subachoque, Madrid, Bojacá, Funza, Mosquera, Tabio, Chocontá (Saucío)
y Manta 64, por ejemplo. Paralelamente se observa en los trabajos
monográficos de tales municipios la presencia coexistente de una
población rural que ex.plota la tierra ajena. por hallarse en condiciones de
desarraigo total o sub- desarraigo, en virtud de las condiciones emanadas
del minifundismo y de la estructura tenencial general.
Como resultado final de las precedentes premisas tenenciales, hallamos
que todo el complejo andino conforma, en el campo de la economi!,.
agrícola, un sistema integrado por una serie característica de
que luego se proyectan en direcciones muy amplias. En primer lugar, se
destaca la fragmentación de la comunidad total , valga decir el complejo
cultural, en cuasi cerradas unidades de producción, que en categorías de
se jerarquizan en el todo social, y que funcionan determinando en
59 Orlando Fati Boroa, El hombre y la tierro.. ••. op. cit •• pqs. 71 a JOS; Indian
Conlregation, op. cit., págs. 331, 341 Y 342.
60 Orlando Fats Borda, El hombre y la tlerra. ... op. cit., págs. 109 • 11'7 !>Ine,
Directorio Nacional Explotacione. A,ropécuariaa, 1960, (Resumen NacioltGlJ.
BOlotá. 1964, págs, 11, 12 y 2'7.
61 DANE. .... op. cit.. pilo 23.
62 CI-DA, Estudio ..• , op. cit., pía- 202;confiérasecapítulo"Ausentismo" ,
63 DANE. Dl.recforfo Nacional de Explotacfone, A,ropecuarlCD (Re,umen
Nacional) . op. cH., pág. 23.
64 Véase aJ resoecto. CIDA. ,"tudio de la tenenda. ... op. cit •• pá,s. 201 Y ss.;
CIRA,La comunidad del municipio d e SoOd ...• op. cit .• cuadro núm. 8:INCORA,Plon de
3upervuado poro el municJplo de F6meque. op. cit., P"!Io 54 y SS,
mlmeolrafiado¡ Orlando Fak Bord ... CamlJ,uino. de lo. A.ndu, op. di •• páa;s. 19 y
SI.. T. Lynn Smi&:h y otto. Tablo .... op. dt .. Pie. 1 t4¡ Facultad de Sociología.
SwbachoQue ••• • op. eft .. pqs. 3S a 36.
21
escalas de intensidad varia, una autarquía económica. Obran a manera de
círculos. concéntricos desde el microparcelero como unidad mínima, que
produce a la medida de su abastecimiento familiar. La vereda rninifundista
en un radio mayor, o la constituida por pequeños propietarios y una o más
haciendas, en cuyo contorno gravitan los primeros. las cabeceras mínimas
de estos municipios andinos, con su agro centrado en torno. Las provincias
o áreas .regionales, y en el tope, el complejo cultural como un todo.
Concomitantemente en esta parcelación, que centra en cada unidad un
sistema de autarquía productiva, se injerta una segunda. modalidad
representada por la carencia de una economía de mercado con productos
comercial es que la integren, asociada a la falta activa de un medio
circulante que agilice e irrigue la dinámica económica.
En consecuencia. un fuerte estatismo que da perdurabilidad a los
sistemas tenenciales coloniajes y que se proyecta e irradia en el total sociaJ,
satura la mentalidad básica individual y colectiva. Cultivos, cosechas,
mercados , riquezas y va lores asociados, constituyen un sistema que se
mantiene firmemente atado e invariabl e, porque su funcionamiento
constituye el régimen de seguridad del individuo, de la familia, de la
vereda , del municipio, de la región, del departamento. Es más , avanza hasta
involucrar la total estructura institucional y cultural del complejo. Por ello,
la aparición de cualquier elemento de cambio se constituye en un factor
que crea disfunción, altera el orden armónico de individuos, grupos,
instituciones y comunidades, dejándolos sin piso económico, social °
cultural.
Este andamiaje explica una serie compleja de valores, fonnas de
comportamiento y la existencia misma institucional. As( puede entenderse
el sobreprecio de la tierra, que excede su valor como elemento activo de
producción, para cubrir la satisfacción de gratificaciones complementarias.
Fl suelo, cualquiera que sea su dimensión, con sus privil egios asociados, se
constituye en el respa1do más efectivo o quizás úniCo de cada individuo, lo
que aclara la forzada inclusión de tierras marginales, Hace comprensible los
ralos ingresos que se proyectan sobre el mercado. La tozuda adhesión a los
sistemas tenenciales arcaicos, pero que mantienen dentro de su ámbito,
bilateralmente y en fonna funcional recíproca, la interrelación
paternaJista. cerrada y opuesta al régimen de relaciones económicas de tipo
capitalista. El corto radio y el pequeño vnlumen de las transacciones
ec:on6micas. La limitada técnica innovadora O complementaria de los
sistemas agrícolas o comerciales de vieja data. La fe ciega que impregna el
contenido del culto, y la guarda celosa de los privilegios de la institución
22
religiosa, en la forma característica de este complejo. Su aparente
agresividad ante cualquier fonna innovadora, que significa, en suma, la
destrucción de su régimen de seguridad individual y colectiva en su
ambiente geográfico, en su mundo institucional y en el campo .de la
cultura.
La tenencia del suelo y la estructuraci6n familiar
Para entender la acción del sistema tenencia! sobre la estructuración
familiar, se hace necesario, como en el análisis de la Religión, que
retrocedamos a la etapa de la Conquista, instante en el cual habitaban el
suelo del complejo andino grupos aborígenes que habían logrado una
agricultura de tipo avanzado. En los altiplanos orientales, por ejemplo, los
Chibchas y grupos afines ya sedentarizados, alcanzaban un estadio superior
en la conquista del ambiente. Habían logrado la domesticación de
numerosas plantas comestibles. propias de los pisos térmicos fríos y
paramunos, descendiendo con otras más hasta las vertientes cordilJeranas

de clima templado. Tenían sistemas de terrazas para el cultivo en declive,
surcos orientados por las curvas de nivel , posibles canales de irrigación, y
un exacto conoci miento de la meteorología para conseguir mayor
efectividad en el ritmo de las siembras y de las cosechas. El hecho de que
su religión presentara deidades que intervenían en las faenas agrícolas,
estuviera dotada de un culto orientado a obtener mayor éxito en el cultivo
del suelo, y el que la institución del sacerdocio ofreciera un ritual mágico
de control de la naturaleza en beneficio de la agricultura, nos está
señtllando el estadio de su avance 6 s .
6S Véase, para mayor amplitud '1 resp;:aldo, Edith Jiménn de Muñoz, Los
ChibchO/l. en Bolct{n de Arqui'mloj'{a, Bogota, vol, 1, 1945, pig. 120: Wendell C.
Bennct, The Archeology of Colombia, en Handbook o( South American Indians,
Washington. vol. 11 , 1946. págs. 823 y S42; Emile Haury "y J. C. Cubillos,
Int! es rigackmi's arqueoldgicas en la Sabana de B Ollotá. Colombia, Tuc50n 1953, p.!S-
9 )" ss.; Juan d.r Castrllanos, Eleg{as de Varon", Ittutre, de Indias, 1101. 1, Bogotá,
J9S5 , pág.o;. 53. 59,62.92, 143 Y 195; Hidoria del Nueuo Reino de Granada, voL 1,
Madrid , 1886. págs. 69 y 12; Palru de Aguado (fray). Rf'C'opiJoci6n Historial. voL 11,
Bogolá. 1956. pág!,. 144 Y ss. : Pedro Simón (fray), Noticias historialf'S de las
conquistas eh Tierro Firme en las Indios Ocddf>ntales. vol. 1, Bogotá. 1953, pág. 301,
Y vol. XI, págs. 58. 59, 254, 256 Y ss.', Alfrul L Kroeher, The Chibcha,
en Hondbool> o(South A mer;con Indions, Washinltton. vol. VI. 1946. págs. 881, 689 y
890; Silvia Broadbem, Los Chibchw, or,anj.racidn socio-polftico. DOSOfí, 1964,
docu mentos 1196. 1170 ; José Pérez de DarTadas, Pf(lnlas mágiCOS americanas, Madrid,
1951, pág. 293 ; Ví<:tor Manuel Patiño, Plantas )1 ,üJlnl.tico. f>n
AmériCa equinoccial, Cali. 1964, págs. 40, 44, S 8, 81, 88 Y 89; Luis Duque Gómcz,
Prehistoria, Bogotá, 1965. págs. 335 a 353,393 Y ss. ; Liborio lerda, Er Dorado, estudio
hi,tórico. dnoflrafico y arqueológico de 108 Chibcha., h4bitonte8 de la ontilua
Cund/namar ca, y de a'¡-unas otras tribus, Bogotá, 1863, páp. 21 Y ss.. 74 y ss.
23
Armónicamente con este desarrollo agrícola y de otras actividades
económicas, avanzaban las formas estructurales de su sociedad.
Lógicamente existía también un alto índice de densidad humana,
fenómeno este que, sumado a los precedentes, hizo más fácil la asimilación
del blanco. Como con excepciones limitadas este habitante no tuvo suerte
en la riqueza aurifera del subsuelo, todo su potencial económico se vio
centrado hacia la explotación de la riqueza agropecuaria, a cuyo desarrollo
colaboró la agrología, la topografía y el asentamiento humano. De ahí el
que este renglón fuera la principal actividad que sostuvo el español
en tierra americana, y el papel importante que jugó el suelo en la
estructuración de otras instituciones.
Para sostener el status del conquistador español trasplantado a
América, la Corona tomó dos medidas básicas en relación con la tierra y su
explotación: por la primera, se concedieron a cada población las mejores
tierras de labor, a título de recompensa o merced a conquistadores,
fundadores de pueblos, colonizadores y.descubridores. Eran estos los
repartimientos que Ots Capdequi califica "como el título originario para la
adquisición en las Indias del dominio privado sobre la tierra en los lugares
de nuevo descubrimiento y nueva población" 66.
La segunda medida se refirió a la dotación de mano de obra al súbdito
español en Colombia. La Corona ordenó que para realizar el cumplimiento
de tareas serviles que el status del blanco no podía satisfacer, dispusiera de
la fuerza del aborigen, y por ello se la concedió a los mismos elementos
foráneos a quienes había dotado de tenencias, para que las pudieran
explotar y así sostener su posición de grupo vencedor a expensas de sus
productos 6
7
. Con ello, se daba comienzo al establecimiento de grandes
propiedades en manos de la clase dirigente hispánica y la creación de una
población servil que se ubicó en dichas grandes propiedades, pero que no
poseía las que laboraba 68. Estos repartimientos que se iniciaron en
66 José M. Ots Capde,\ui, In,tituciones, en Historia de (de A.
Ballestero.). Barcelona 1959, pago 153; Albert Hirschman, Journey. Toward progre"
NewYork, 1963, págs. 96 y 97. •
. 67 Juan Friede, Documento. para jo Historia de Colombia. vol. l.
Academia Colombiana de Historia. Bogotá, 1955, págs. 16 y 91; Vol. 11. Bogotá,
1955, ,págs. 98, 100, 115 Y 368; vol. 111, Bogotá, 1955, págs. 46, 50 Y 125; vol. V,
BORota. 1957, pág;;. 104, 160. 157,179 Y 230: vol. VIII. Bogotá. 1960. Documentos
1769 y 1770.
68 o..vid Wecks, The alrarian Iyltem o( 'he spaniRh American Colonies, en
Jouma' o( Land ond Publk Utility Economks, May. 1947, págs. 153 y ss.; Para
mayor amplitud de estos sistemas. véanse Rafael Gómez Hoyos, La de
en las Leyes de Indias. Madrid, 1960, pág. 153; Richard Konct:zke, Cojeccidn de
documento. paro hI hl,to"lc de lo lormacwn ,ocial de
24
la Española 69, tuvieron en el altiplano andino amplia resonancia. Una vez
fundada la capital, florecieron con amplitud en todo su ámbito 70; los
grandes capitanes de la expediciones de Quesada en la Sabana y Belalcázar
en el Cauca, recibieron puñados de aborígenes en calidad servil, con la
intención de que, mientras utilizaban su fuerza de trabajo, realizaran con
ellos la tarea de aculturación a sus patrones nonnativos. Al evolucionar
este sistema de repartimiento inicial de mano de obra hacia la Encomienda
-tierras de labor e indígenas para trabajarla 7 l - acentuó entonces el
problema de la tenencia, porque las tierras para los grupos blancos, aunque
dadas por generaciones limitadas. sirvieron con sus títulos para la
perpetuación de los derechos de propiedad, y aceleración del proceso de
separación de la población aborigen de sus propiedades raíces originarias,
continuando y proyectando hacia el futuro el proceso de su desarraigo. Por
otra parte, esta institución colaboró en la fijación del status del indígena.
porque a más de las diversas "prestaciones personales" que había de rendir
al Encomendero, este percibía la compensación de un tributo en metálico
o sucedáneo 72.
Madrid, 1953. vol. I, págs. 123 Y ss., 152 y ss.; vol. XI. págs. 17,26.110,115.
125, 142,264,269,328,380,393,408,439,487.515. S72 y 833;JoséM. Ots
Instituciunes .•.. oP. cit •• págs. 154 y ss.; CIDA. Estudios sobre •••. op, cit ..
pags., 2 4 a 220; !",ernández Rodríguell', De los Chibchas el la Colonia y a la
Republrra, Bogota. 1949, pags. 182 y ss.; Leyes de Indias, lihro VI, título VIII, ley
la.
69 José M. Ots Capdequi, lnstituciones •••. op. cit .. pág. 67 Y ss.
70 Femández de Oviedo yGonulo Valdez, Historia general y natural de la.!l
Induu. Islas y Tie,.ra Firme del Mar Ocoono, Madrid. 1511 - 1856, pág. 366; Orlando
Fals Borda, Indian Congregation in the New Kingdom 01 Granada, land t('ntlre
aspects 1595-1850. en The A merica m. WO.!lhillgton, ·1957. ('01. XIII, núm. 4, pál.
335.
71 Dale W. Adams,Colombia's Land Tenure system: and problems.
CIRA. núm. S, Bogotá. 1963, págs. 3 Y ss.; José M. Ots Capdequi.Instituciones. ..• op.
cit., págs. 67 Y ss. a 83, S26¡ Jaime Jaramillo U., La población indegena de
Colombia en el momento de la Conquista, sus posteriores transfo,.maciones. en
Anuario Colombiano de Historia Social y de la Culturo. vol. l. núm. 2, págs.
2:5 1- 25 4; Orlando Fals Borda, El hombre y la tiara en Boyacó, •. , oP. cit .. págs. 68 Y
ss.; Guillermo Hernández Rodríguez. op. cit .. pág'>. 184 Y 189; Djego Encinas,
Cedulario Indiano, Madrid, 1945-1946, vol. II, pág'>. 185 Y ss.; Richard Konetzke
Cofección documentos .... op. cit .• vol. l. págs. 131,401.438,452,473 Y 477,'
Y vol. 11. pag!>. 128. 382, 658 y ss., 717, 828.
• 72 Dale W: AdamS, Colombia's h1nd tenure .•.• op. cit., págs. 3 y ss.;
LUIS Eduardo Nieto Artera. Econom(a y Cultura. ... op. cit .. pág. 156; véase. para
mayor amplitud en el informe, polftieo Indr,ena en el .!ligio XVI. enAnuor¡o
Social y de la Cultura. Bogotá, vol. 1, núm. 2. 1964. págs. 405
a 48:5; Jaune Jaranullo U., op. cit .. págs. 281 Y 293; este anexo revela el número de
tributarios en 10 pueblos de Boyacá.
25
Algunos nativos conservaron la posesión de sus tierras, lógicamente no
las más favorecidas 73, pero contra las cuales, al aumentar la presión sobre
el suelo en las cercanías de los centros, había de operarse una fuerte
insistencia, bien por parte del blanco que las recortó considerablemente, o
por las formas de herencia que empequeñecían cada vez más la parcela
nativa 74. Desde entonces se iba generando la tendencia minifundista que
hoy hallamos y que se aparejaba coexistentemente con las formas y
sistemas de la gran propiedad también a imagen y semejanza de la realidad
tenencial presente 7 s. Las dos variables de la propiedad raíz llevaban
asociada la existencia de un grupo de agricultores sin suelo propIO.
Cuando la población indígena amenazaba extinguirse y la
Encomienda llegaba a la plenitud. dos formas coloniales más iban a dar
nuevo empuje al minifundismo por un lado y a la población nativa
desarraigada por otro. Tales fueron las Reducciones o Pueblos de Indios y
la institución de la Mita. La Real Corona justificaba en la creación de los
Pueblos de Indios, su política legalista en defensa del nativo. Eran
"poblaciones aborígenes incorporadas a la Corona" 76 para ejercer más
directamente el paternalismo y tratar de defender al indio de la garra del
Encomendero Estos pueblos tenían su base económica en los Resguardos.
tierras comunales 77 que daban el producto agrícola al indio en la parcela
familiar y en las tierras comunales de pastoreo, fuentes y leñateo, y
73 Obsérvese hoy en Boyacá y Cundinamarca, Cauea y Narino, que las
haciendas ocupaban las mejores tierras de los valles y altiplanos y los descendientes
. del Indio, hoy minifundistas, ubican su parcela en las vertientes de sueldos ralos.
74 Ol"lando Fals Borda, Peasant Society in the Colombian Andes, Gainesville,
1955, págs. 95 y ss.; El hombre y la tierra. •. , ·op. cit., págs. 80 y 81; Guillermo
Hernández Rodríguez, op. cit., págs. 188, 200,203 Y ss.; Richard Konetzke,op,
cit" vol. 1, págs. 26, 72,178.287,413,423.472.473,474, 590,593y619¡Lucas
Fernández dc- Piedrahita, Historia general de las conquista¡; del Nuevo Reino de
Granada, Bogotá. Biblioteca Popular dI;! Cullura Colombiana, vol. n, 1942, pág. 74;
Pedro de Aguado. HistorUJ de la provincia de Santa Marta y Nuevo Reino de Granada,
Madrid. 1931. págs. 359 y ss.
75 Luis Duque Gómez, El municipio de Manta. •• Estudio SOcio-econÓmico, en
Revista ColombUJna de Antropología, Bogotá, vol. VII, 1958, pág. 139.
76 José M. Ots Capdequi, Instituciones. ... op. cit., pág. 92.
77 Antonio Muro Orejón, Cedulario Americano, Sevilla, 1959, págs. 283. 327 Y
503; José M. Ots Capdequi, lnstituciones. •• , oP. cit., págs. 533 y ss.; Instituciones
del Nuevo Reino de Grunada, Bogotá, 1950, pág. 109; El Estado español de las
Indi4s, México, Fondo de Cultura Econ6mica, 1957, pág. 31; Otlando Fals Borda,
Campesinos de los Andes ... , op. cit .. págs. 17, 18, 23, 1"20, 123 Y 193; Indian
Confrefalion in the New Kinfdom 01 Grunada; Land tenure aspects. .. , op. cit.,
págs. 331 Y 351.
26
sostenían la 19lesia con lotes que se le asignaban 78 para su explotación. y
que trabajaba el aborigen para sostener al cura doctrinero y al culto
religioso. Las tierras de los Resguardos eran inalienables, y limitadas, y con
el correr de los tiempos y la presión demográfica, fueron también fuente
de la pequeña propiedad, aun antes de su disolución legal iniciada en la
segunda mitad del pasado siglo.
La segunda institución a que hago referencia corresponde a la Mita.
Constituía la obligación que la Corona dio al nativo de trabajar para el
homóre blanco, en la mina, en el transporte, en la agricultura. en la
ganadería, en los caminos, etc. 79, percibiendo un salario que las
circunstancias coloniales hicieron casi nominal. O como lo señala Ots
Capdequi, que en las localidades en que se consideraba necesario. "se
repartieron la tercera parte de los indios para que como mitayos cultivasen
la tierra de los españoles". Derivaban estos el pago del tributo que el nativo
debía cubrirles y el resto lo abonaban "en propia mano y en moneda
corriente"BO. Este sistema sacaba de su propiedad al indio "mitayo", y por
un período mayor que el de su permanencia en su parcela, diez meses al
menos por año, lo mantenía en el suelo ajeno, terminando por fijarle en él,
empujándolo a constituir a la larga en su persona y en las de sus
descendientes, parte del grupo de desarraigados que provenían de otras
fuentes 8 l.
Complementariamente, el bloque que constituía las grandes tenencias
también se reforzaha 82. · La Iglesia iba adquiriendo un considerable
número de propiedades 83, ya en fonna de Cofradías o de Capellanías 84,
78 Guillermo Hernández Rodríguez, op. cH .. capítulo segundo: Los resguardos
jndfllenas, págs. 275 y ss.; Orlando Fals Borda. El hombre y la tierraenBoyacá ... ,
op. cit .• págs. 71 a 98; Enrique Ortega Ricaurte. Libro de Cabildos de la dudad de
Tunja, Bog-otá, 1944, págs. 54, 66 Y 133.
79 Leyes de Indias. libro VI, tífulo XII, leyes XXI, XXII, XXVII; Silvia
Broadbent, Los Chibchas .... oP. cit .. pág. 75; Pof{tica Indígena en el siglo XVI. op.
cit .. págs. 486 a 530: Luis Ospina Vásquez, Industria y protección en Colombia.
Medellín, 1955, págs. 3, 4, 5, 6, 15.
80 José M. Ots Capdequi, El Estado f'spañol en las Indias .• ., oP. cit .. págs. .33,
34, 35.
81 José M. Ots. Capdequi, El tributo indiano. en El Trimestre Económico, vol.
VII, núm. 4.
82 Informe del Presidente Antonio ManSO y Ma Ido nado, 1724-1731, en
Cuestiones ColomtJianas, de Anteo Quimbaya, Bogotá. 1958. pág. 105; señala el
enriquecimienfo a través las tierra.<. usaba la
83 José M. Ots Capdequi.Ei Estado espallol cn las IndIOs .... op. cit., págs. I JJ y 134.
84 Luis Eduardo Nieto Arteta. Econom(a Cultura. ... op. dt .. pág. 69; Nicolás
GarcÍa Samudio, Crónica de don GOllzalo Suórez Rondón. Bogotá, Imprenta
Nacional. 1939. págs. 110. 112.201 Y 203.
27
pese a la política inhibidora de la Corona y de la misma Iglesia 85, Y
vinculada con esta latifundista propiedad eclesiástica, también iba
aparejada la mano de obra indigena, ya en foma de "mitayo" o
relacionada con [as obligaciones de los Resguardos en función del
sostenimiento del culto y del sacerdote.
Finalmente, en este período colonial acrecentaban el grupo de la\)
grandes propiedades, la "confirmación" en cabeza de algunos vecinos
poderosos de las Htierras realengas". extensas regiones que, después de
1754, el régimen de la llamada "composición" puso en mapos de los
elementos sociales de mayor solvencia económica 86, o en poder de las
municipalidades, con las amplias "tierras ejidales", Así continuaba la
divisi6n de la comunidad colonia! agraria en bandos: la de los grandes
propietarios y la de los desarraigados y minifundistas.
Uegado el siglo diecinueve, con la revolución eontra Espaila se inició
una nueva fase en la tierra: Los resguardos aborígenes que empezaban a ser
concentrados y disueltos en el siglo anterior 87 fueron ahora, a finales de
la centuria, condenados en su mayor(a a la disolución legal , y con ello, la
avidez por tierras de explotación o para ampliación de las tenencias
mayores y el marco de prestigio emanado de ellas, condujo a acrecentar la
masa de desarraigados y a fIjar Jos límites del minifundismo en ciertas
áreas. Mientras se agudizaba el minifundismo y el desarraigo con las
medidas precedentes, hacia la misma época, se dab"a nuevo impulso al
latifundismo en manos de mestizos y de blancos, con la venta de las tierras
confiscadas a la Iglesia: los bienes eclesiásticos o de " manos muertas"
85 Richard Konctzkt:, Colecci6n d e documentaL ..• 01'0 cit •• p!IS. 395, 398,
388,493, 488,495, SOO, 537,589,507 Y 520; vol. XI, pá,s. 36,146, 171,385,443,
568, 590,724, 101, 120, 254.568 Y 804; JostM. Ots Capde.qui,lndltudonn . .. OP.
di .. pág. 401 ; Nuevos cupedos del ' itlo XV111 espoñol ton AmlrE('o. BOSOlá, 1946,
pág. 241; Macio Germán Romero Fray Juan de loa Barrios y lo t'uanllelitoción del
Nuevo Reino de Granado, Bogotá, 1960, págs. 36, 304,546 Y 111.; Emilio Robledo,
BO'QueJo Biogrdfico del SE' ñor Oidor don Ju.an Antonio Mon y Velarde, Via/todor de
AntloQula, 1786-1788, 11, Bogotá, Imprenta Banco de 18 República. 1953, págs.
263 y 265.
86 Luís Eduardo Nieto Arte.n,Econom(o y CuU ... ,.o.. .. , OA cit .. págs. 158 'i 159;
SaJw.dor Camadw Roldan, BOlotd, en 1849. en Llbro rifO SIUI'O Fi, BogOlá, 1929.
págs. 115; Y 116; Albert Hirschman, op. cit., piS!. 97 Y 9K; Joté M. 015 Capdc:qui.
Nuevo. aapectos. ... op. elt •. capítulo IV. El ri¡imlfll rronÓtn'CO ¡:obl"e la, tie,.ras
bc¡Jd(oa o realengas. págs. 239 a 270;lnstituelonl' ..... Op. rito, PBst'. IS9 a 168: Hero,"
Toro Agudc:lo, Planteomlento )1 solucionea del probll,"la a.,or/o •• " OP. clt" págs. 4. S
, 6.
81 Luis Eduardo Nieto Arteta, Econom(o y Cullur'Q, ... OfJ. cit .. páls. 109 Y SS.;
Anuo Quinmaya, OP. cit.. págs. 279 Y 280: Albert IIlr.chman. op. dt .. pí .. 98;
Orlando Fals Boroa, Indion coni'l"egalwn. ... Ollo clt .. P'_A. J31 y 3S 1.
28
puestos al mercado, reforzaron nuevamente los grupos de mayor solvencia,
puesto que eran los únicos que podían pagar las tarifas gubernamentales en
el remate del suelo eclesiástico 88. Así nuevamente quedaron fuera de la
posibilidad de adquirir la ansiada parcela que respaldara su profesión de
agricultores, toda la masa creciente de desarraigados formada y
acrecentada sucesivamente desde los primeros períodos coloniales. Con
base en estas condiciones y en la reforma de 1936. estos seis
departamentos. considerados, como Antioquia y Caldas, como los
minifundistas del país 89. presentan las características mencionadas
jnicialmente en relación con el uso y los sistemas de tenencia de la tierra.
¿C6mo incidió esta dinámica de la tenencia de la tierra en la
estructuración de la familia americana asentada en su habitat?
Nuevamente recorramos el proceso histórico observando sus
determinantes.
Iniciamos el análisis con los grupos de población blanca que recibían
"graciosas mercedes reales" en recompensa de sus servicios al Estado. Estas
posesiones. según las disposiciones de la Madre Patria, podían constituirse
en Mayorazgos, que necesitaban para transmitirse a la generaci6n siguiente.
la legitimidad de una unión matrimonia!. Por tant o, dentro del status del
descendiente hispánico. esta norma era un incentivo que empujaba a la
estructuración de una familia legal intraelase, no importa que las formas
familiares complementarias. surgidas de vinculaciones con los demás
estratos y estructuradas de hecho, se establecieran a su derredor y al abrigo
de las instituciones complementarias del laboreo del suelo. Una de estas
fue. en los comienzos, la del Repartimiento de Indios, para la explotación
del suelo donado a! hispánico. El Repartimiento y luego la Encomienda,
que agregaba una población nativa subyugada a la comunidad blanca,
constituyeron uno de los mejores impulsos al mestizaje y a la
estructuración familiar de hecho 90. Todo el suelo del complejo familiar
americano (y otros más) se desintegró en est¡1.s instituciones que parcelaron
88 Sal\1ldor Camacho Roldán. De.amorlización ..•. op. cito, págs., 143. 150. 151
Y 163: Dale W. Adami, Colombio's lond tenure .... op. cilt .. pág. 5; Quimbaya,
OP. cit .. pág. 271; Orlando Fals Borda, El hombre .... oP. cit •• páp. 100 Y 395.
89 CIDA, Estudio sobre la tenencia ... , op. cit., 105 Y 106.
90 Mllrio Germán Romero, Froy Juon de lo, Borrios y la evanlelizoción del
NuelJo Reino de Gronada .... oP. dt" Ar(hivo General de la Iglesia, Audiencia de. Santa
Fé, Legajo 1249, pág. 434; Juan Friede, Documento", Inidiloa ... , op. cit •• voL IV
B08otá, 1956, páa. 435, )' voL 111, pág. :282; Pt:dro de. Aguado.
Historial, vol. l . 8OS01á, 1956, págs. 585 y ss . ; Archwo Hist6,.tc-o Nocional. Mina.
del Co:uca, vol. 11, folios 262 y 595.
29
Ilnlll 11 1, .. lhll'l" .... 111" In población bajo la aut oridad aculturadora del
l (tH!UIIHlUllfltI V 1u Iglcslo 9 1. rueron estas unidades territoriales con las
1I.llIIdUfIUl '1l1t' l'on formaban , las que permitieron la ruptura de las
unlll".I" .. "111/\'118 u través del mestizaje ilegítimo. Así se fomentaron las
111111111"" UHNclnscs, entre los grupos de los encomenderos y su familia,
I'"h\¡ICIÓIl blnnca y los aborígenes que les servían. Entre la servidumbre
Ilcgrll de los primeros y las mujeres nativas, estas relaciones fueron
mayoritariamente . de hecho 92. Paralela y complementariamente, el
cspaf\ol no estaba interesado en fundar solamente una familia ilegal, puesto
que, por otra parte, el régimen de la tierra originado en la Encómienda, lo
obligaba. como el Mayorazgo. a una "transmisión limpia", es decir, a
procrear una generación de legítimos a través de un matrimonio endoc1ase,
so pena de perder en la generación siguiente su posición directiva 93.
De otro lado, el status de la mujer nativa en la nueva sociedad
hispanoindia era complementariament e bajo, como para poder romper sus
resistencias, si las había, y satisfacer los impulsos biológicos suplementarios
extramatrimoniales del hispánico 94. En favor de la unión biétnica
concurría otro incentivo más emanado de las mismas relaciones del suelo:
el mestizo, a diferencia del indio, era un individuo no sometido al sistema
ni de la Mita, ni de la Encomienda: por lo tanto, escapaba al régimen
tributario, motivo suficiente que beneficiaba a madre e hijo, fuera de los
naturales favores suplementarios que la unión de facto podía implicar para
ambos y hasta para la familia extensa de la mujer. Así se formaban dos
tendencias: legitimista y endoc\ase la una, entre el grupo blanco, bastarda y
exírac\ase la segunda, entre el hispano, el negro y los nativos. Pero alIado
de esta última tendencia, que satisfacía asimismo el acicate biológico del
blanco, prohljado por patrones de comportarrtiento que se traducían en
imágenes ideales de varón dentro de la comunidad colonial , existía otra
91 Rafael GÓmc:z. Hoyos, La 19lesia. ... op. di .. véase en cap. VI , Lo Encomienda
en IU OIlpecto religioso y 130 Y ss, Obsérvense obligaciones e'pir¡tualcs. págs.
139 Y ss. Véase "Mapa de encomiendas" de Boy!cá. lomadu de Orlando Fals
Bordal lndiem COl1llregation. .•. op, eit .. pág. 335; PolftlClllnd(lena en el siglo XVI.. ..
Op. cit •• pág.'\. 405 Y ss. ; véaRse en sus dOt::umenlos el incontable número de
encomiendas en la zona que estudiamos; Juan Friede, Docume ntos ... op.
cit. . vol. 1, pág. 64; vol. 111. págs. 201, 282; Vicente de Oviedo BaSilio, Cualidades y
rlql.leza" del Nuevo Reino de Granada, Bogotá. 1930. pásSo '16-117.
92 Virginia Gutiérrez. de Pineda, Lo familia •••• op. cit .. cap. 12. Afodos del
mertbQje, págs. 181 y ss.
93 Rafael Gómcz Hoyos, Lo l',elia.. ... op. di .. p á8. 1 S 2.
94 Virginia Gutiérrez de Pineda, La famiUa. ... op. cit.. pág. 12. El mestizaje,
págs. 11 I Y ss.
30
corriente antagónica en la misma Encomienda: la formaci ón endoclase de
una continuidad de la familia india. A ell o estimulaban, por una parte, las
presiones de la Iglesia representadas en cada Encomienda, y por otra, los
intereses mismos del Encomendero. La prolongación legítima de esta clase
inelia representaba la prolongación del status superior del blanco con la
servidumbre anexa de que eran objeto por parte del indio sometido. Si no
se estimulaba y mantenía el estamento aborigen, ¿quién iba a prestar
servicios personales a la generación blanca presente y a su posteridad? Por
ello el español colaboró en la estructuración legalista de la familia india.
para no menoscabar sus intereses adheridos tanto al suelo como a la mano
de obra indígena que lo explotaba para su beneficio.
Una tercera institución ligada a la tierra ayuda en la estructuración
legali sta de la familia andina. Esta institución es la Mita, que ejerció una
influencia dual y antagónica como la Encomienda. El Encomendero, con
toda su aut oridad, y aun presionando a la Iglesia, estuvo interesado en
crear dentro de la comunidad india familias legales, hasta el punto de que
aceleró hasta el máximo (12 años en el hombre) la edad para contraer
matrimonio, para que el indio casado tributara precozmente en la Mita. De
ot ro lado, las mismas condiciones onerosas de su status de siervo agrícola,
empujaron al indio a buscar el mestizaje de facto. El mismo hecho que se
acentuó con el tiempo de llevar al mitayo y a su familia a In gran
propiedad, permanecer en ella fuera de su ambiente cerrado, puso en fácil
relaci ón al nativo con otros grupos étnicos, y bajo esta circunstancia,
subrepticiamente o en forma encubierta, el indio favoreció las uniones
ilegítimas, que lo eximían en la generación siguiente de tan dura
tributación, mediante el mestizaje o el zambaje liberador que, además, le
dejaba avanzar algunas líneas en su status.
Estimula la existencia de la estructura familiar católica en la clase
aborigen, el Pueblo de Indios, mediante sus sistemas de asentados
en el Resguardo. Y lo estimula, porque según este régimen, para el
usufructo de la parcela familiar y el goce de los derechos sobre las tierras
comunales, era necesaria la integración de una familia, significado de
condición adulta. Y para que esta familia fuera organizada legalmente
estaban presentes ejerciendo su controi ta.nto las autoridades civiles blancas
e indias, como las eclesiásticas de que hemos hablado en el pasado. Una vez
recibida la sanción religiosa, la nueva pareja tenía derecho a poseer
conjuntamente la tierra del Resguardo 95. De esta manera, el régimen de
95 Rafael Gómez Hoyos, La l'/csio .... OP. di .. págs. 150 y ss,
31
l"nllll,'IM d ~ 1 mismo incrementaba, bajo la endogamia étnica, la
•• IIIII'IIIIIICI611 legal de la familia india. Y se reforzaba también la
1IIII'0011IIIclo de la Iglesia que controlaba estos principios normativos de su
lHoml y que estaba vinculada al nativo a través de las contraprestaciones
<luC éste debía satisfacer laborando las parcelas dedicadas al culto. La tierra
en esta forma, creaba un lazo entre el sacerdote o cura doctrinero y todos
los miembros del Resguardo, que realzaban su personalidad que más tarde
había de erigirse en un liderazgo ampliamente reconocido por el indio y
sus descendientes, posición que les dio margen para ejercer desde entonces
el control sobre la estructura familiar de este complejo cultural:
También fue la institución del Cacicazgo, ligada a la tenencia del
suelo, un sistema que condujo a la estructuración de formas legales
familiares en la clase india 96. Aunque la Corona respetó largamente el
procedimiento de herencia americano en el sobrino hijo de hermana, la
intensa aculturación que la Iglesia ejercía en esta clase y la necesidad de
constituírla de acuerdo con las pautas católicas, forzó al grupo alto
indígena a crear generaciones de legítimos 97, para heredar el status de
Caciques dentro de los territorios de su influencia y perpetuar con la
herencia de sus tierras el rango a que tenían derecho. Era la conformación
de una aristocracia nativa que se proyectaba sobre el indígena común
americano en estructuras familiares legítimas como un paradigma.
Otro fenómeno interesante en la composición de la familia y con un
vínculo en la tenencia del suelo, lo hallamos en la masa de desarraigados
que ya dijimos se iba formando en todo el habitat del complejo familiar
americano. Descendientes mestizos ilegítimos, o blancos recién llegados;
propietarios de Resguardos disueltos o refundidos en otros; generaciones
de mitayos desprendidos de su suelo por la larga permanencia en las
haciendas; y más tardíamente, linajes de indígenas que, habiendo
conservado su parcela, la habían subdividido sucesivamente al pago de las
herencias de cada generación, llegando el minifundismo agudo, un cuasi
desarraigo; constituían una masa flotante que escapaba de su habitat cada
vez que se entreabría una posibilidad, quedando siempre un remanente en
96 Rafael Gómez Hoyos, La IglesUl_., op. cit .. Cacicaz,o.
97 Richard Konetzke. oP. dt .. vol. 11, págs. 135, 145, 148, 154, 171, 182, 312,
328,446,517,.669 Y 740; vol. 1, págs. 44'2, 489, 492,512 Y 554; John Guillins,
Problema ofMestizoAmerioo, en Civilitatlons Bruselas. voL V, 1955, págs. 509 y 521;
Ernest:o Restrepo Tirado, Resumen de documento8 del Archiuo de lndiu, en Bolet(n
de Historia y Antigüedade8, vol. XV, pág. 5S0.
32
él, que hasta antes de 1936 se ubicaba en las grandes haciendas,
sustitución presente de las viejas Encomiendas .
Esta masa de desarraigados en grados variables daba su cosecha
familiar en formas de facto.Desde la época de iniciación de los Resguardos 9'
se congregaron subrepticiamente en su recinto blancos- y meztizos para
tomar "en arriendo" sus tierras, porque habían llegado tarde al reparto del
sue)o, no tenían derecho a parcelas, o se trataba de terratenientes que
ambicionaban las posesiones del nativo, para ampliar las suyas 99. Este
contacto sirvió de estímulo a la relación de hecho con la mujer india,
relaciones nacidas de la presión ejercida por el intruso y sufrida por la
comunidad nativa inferiorizada en su ubicación dentro de la colectividad
hispanoaborigen 100. En la época presente, al no superarse las condiciones
estatales de esta masa desarraigada del suelo, pero viviendo de su trabajo y
coexistentemente, al no variar las premisas socio-económicas de los
descendientes del grupo blanco, continúan floreciendo las formas de
relación de hecho entre las dos categorías contrapuestas desde la vida
colonial. Un ejemplo clásico de esta situación lo constituye el trasplante del
altiplano a la vertiente magdalenense, donde vuelve y repite bajo similares
condiciones la estructuración familiar de facto.
Las medidas gubernamentales que rompieron los Resguardos
buscando utópica y generosamente la mayoría de edad de la población
india incluída en ellos, aceleraron como fruto secundario el desarraigo del
suelo de dicha población. Esia carga humana de la tierra ajena constituyó,
con los remanentes previamente acumulados, parte del contingente
colonizador de la • vertiente magdalenense de la cordillera oriental. Allí se
asentaron en las grandes haciendas recién abiertas, lejos y fuera de las
presiones religiosas y de control social que antano soportaron y de esta
manera volvieron a florecer las formas de facto dentro de un amplio
mestizaje con el colono (hacendado) blanco, estructurando así
comunidades mestizas donde los indicadores de la estructura familiar
divergieron en relación con el lugar de origen, los altiplanos. Estas
colectividades constituyen un puente transitorio entre la familia andina del
altiplano y la del complejo litoral fluvio minero.
98 Orlando Fu. Borda, lndjen Conrre.ation&. .•. op. cit.. págs. 339 y as. ¡
Campeaino. de. ... oP. clt .. págs. 19 y sigs.; El hombr-e. ... op. dt .. págs. 48 y sigs.
99 Triana y Antorveza, op, cit., págs. 107, 108. Véase cómo en la actualidad en
Nariño aún sienten 105 resguardos la presión de los blancos sobre sus tierras.
100 Recopilación de 1680, leyes 13, 18, y 119, . título 3 0 ~ , libro nÚm. 6;
Antonio Muro Orejón, Cedulario_ .. op. cit •• pács, 70 y 142.
33
l1li" ,. OlllllllclOIICS precedentes, son dos las formas de
..... ,..II.ml""" que surgieron y sobreviven al sistema tenencial: un
.... wh .. 111<'\111 del terrateniente y de los suyos (familiares y empleados)
."ht. 1M lI\uJer de la clase semi o desarraigada, fenómeno que dio y da
IIr1 •• " ni florecimiento de formas de facto, unión libre, relación esporádica
V que procrearon y gestan una descendencia ilegítima que ha
yellldo paulatinamente tendiendo un puente biológico-cultural entre los
dos grupos étnicos extremos, vale decir, entre las clases socio-económicas
que los sustituyen en el presente. El segundo de los derechos encubiertos
que la posesión del suelo daba a su dueño en relación con los que no lo
tenían ni lo poseen, es el poder ejercer presión efectiva sobre ellos,
forzándolos a moldear su comportamiento de acuerdo con sus exigencias.
Grupos de terratenientes actuales y sus respectivos administradores han
conciliado una tendencia dual : exigen una tributación sexual no legalizada,
pero vigente y encubierta para gratificación personal, y coexistentemente
han ido de la mano con la Iglesia para aplicar sus patrones de
estructuración familiar de Jos núcleos trabajadores dependientes.
Conjuntamente han incorporado a la norma matrimonial el grupo agrario
compuesto de arrendataños, agregados, aparceros, socios terrazgueros,
vivientes, peonaje agrícola, etc., los unos bajo el impulso de la misión
cristianizadora de la Iglesia, y los otros bajo la presión de los primeros de
que han de condicionar las familias dependientes a las pautas católicas de
moral, a fin de hacerse merecedores de la bendición divina que se hace
expresa en bienes terrenales. La versión religiosa-folk (confróntese Religión
y familia) previene al que cumpla una conducta divergente de la pauta
sexual, tanto como al que directamente la prohija. de secuencias punitivas
que lesionan sus ingresos, resultado de la voluntad castigadora de la
Divinidad que cobija al individuo y a la comunidad. Bajo el influjo de esta
creencia, los dueños de hacienda "casan" bajo su presión y responsabilidad
a sus subordinados.
He repetido exhaustivamente que todo el habital del complejo
americano es dominio del minifundismo. Digamos ahora que estas formas
lenenciales crean en su habitante una imagen peculiar del mundo total o
parcial que le toca en suerte, y condicionan su comportaminto a pautas ya
muy reconocidas 101. Una de ellas es su profunda religiosidad, y el
reconocimiento ciego de la autoridad del sacerdote (confiérase Religión y
'JOI 'Quo Monlet Benftez, Iteforme Aporfa. •• OP. cit .. págs. XLlI y XLIII.
mentalidad ,d.1 ..
34
familia). En estos núcleos de fuerte conciencia católica, es lógico que se
sienla la proyección de su moral, no sólo sobre el Ego dado, sino que la
comunidad toda se convierte en conciencia y en control de los demás, y en
el eco de la voz del pastor religioso. tarea fácil si se tiene en cuenta la
cercanía de unos hogares a otros dentro de las formas típicas de su
ubicación. ) 02.
Estos núcleos minifundistas constituyen familias extensas, ubicadas
dentro de un reducido habitat -una vereda- que recuerda e] asentamiento
del clan original o de la tribu, que luego conformó un Resguardo, y cuyos
remanentes humanos hoy conviven fuertemente enlazados por todas las
normas de interrelación de la familia extensa. Es en el seno de esta
agrupación biológica y de estas comunidades minifundistas donde se eíerce
la autoridad y el control en este complejo y donde se condiciona al
individuo para que sea un ser más a imagen y semejanza de los demás . Por
ello no puede escapar a sus nmmas: la presión social y familiar obliga al
más rebelde a moldeane a las exigencias colectivas, y cuando las evade.
está el recurso de la autoridad civil y la eclesiástica para enmarcarlo dentro
de los patrones normativos o para aplicarle el ostracismo social. Una de sus
proyecciones obliga aJindividuo de estos núcleos biológicos y sociales a
someterse a la forma matrimonial católica mientras se reprime
vigorosamente la reaparición de los sistemas, pre-matrimoniales indios, "el
amafio" por ejemplo, o cualquier forma de relación prematrimonial o
extraconyugaJ.
Sin embargo, las modalidades del minifundismo gestan formas de
facto muy pecualiares, pese a las presiones religiosas y sociales
superpuestas en ellos. En todo el altiplano narifiense, y en general en
aquellas veredas donde el minifundismo llega a sus h'mites extremos.
también en el ámbito de los Santanderes, Boyacá, Cauca y Cundinamarca,
aparece tenazmente la presencia transitoria de la forma de facto
l
en
modalidades que aparentan un estado de transición como el amaño y que
en veces se convierten en forma institucional marginal . cuando no hallan su
desemboque en las formas legales. O reviste la forma típica del
madresolterismo, cuya imagen familiar analizaremos más adelante.
(Confiérase Tipologío de la familia andina).
102 Orudo Fals Borda., .• op. cit ..
CrdnlCG del Pera, Madrid, 1893, P'a" 371- 378.
LA IGLESIA Y LA FAMILIA
El transfondo cultural indio
Fuera de las condiciones económicas relacionadas con la tenencia de la
tierra y que participaron en el moldeamiento de la estructura familiar, la
Religión es y ha sido una de las instituciones de más trascendente acción
sobre la misma. Mientras en la zona negroide su papel en este sentido es
muy limitado, en esta porción cordillerana la religión es y ha sido rectora
de la célula familiar. Veamos por qué.
El grupo nativo que ocupó este habitat, constituía un mundo que
había incorporado a su acervQ cultural formas religiosas de alta
complejidad. Un universo de seres espirituales poblaba la mitología
aborigen. Aparecían en culturas como la Chibcha deidades de tipo general,
subordinadoras de otras de menor escala, con valores generales las
primeras, locales las otras, restos posibles de formas estructurales del poder
político y social jerarquizado. También se hacían presentes en el Olimpo
americano. deidades Protectoras, Dioses Artesanales y Divinidades
Individuales Tutelares, y aun familiares , tal vez claniles, seres que seguían
el mundo de la economía aborigen y la estratificación secuente de sus
clases sociales. Un fondo totémico también orientaba las estructuras
claniles con su reconocida ceremonia de comensalidad y culto del ancestro.
Más allá se proyectaba el proceso religioso: este cuerpo de seres espirituales
disponía de un amplio sacerdocio cuya vida había sido rigurosamente
modelada por su cultura. Los Cucas, seminarios Chibchas, tomaban al
novicio indio destinado a ocupar aquel status, desde el momento de su
nacimiento, y maestros avezados en la mitología y el ritual, se encargaban
de dirigir y preparar su personalidad, para que a través de sus enseñanzas
cumpliera el papel rector que la cultura le había asignado 103.
Este siervo de la divinidad india, desde antes de su nacimiento había
sido marcado con el signo de la selección y esta elección sobrenatural era
conducida en tal forma por sus preceptores nativos, que hacían de este
elegido el depositario de la sabiduría aborigen. Si bien incorporaban en su
mente los principios curativos que luchaban contra el asedio de la
enfermedad, en otro sentido lo convertían en el feliz intermediario entre el
cuerpo visible de la Iglesia nativa y la Divinidad misma. El propiciaba,
103 Andrew Peane. Tenza. La te-l1el1da, ... 01'0 cit.; Juan C. Hetnándcz. Rozo y
Patria. Bogotá, 1931, págs. 14, 17, 19,20.32,33 Y 36.
36
intercedía, consultaba, y luego respondía al mortal que solicitaba su
mediación, dándole cuenta de su misión y de la voluntad de Dios. Algunas
veces, como el Sugamuxi. agregaba a su complejo status el poder político.
y en este pueblo agrícola, que demoraba en un habitat de suelos óptimos,
pero de condiciones meteorológicas inestables, manifiestas en una
escasa pluviosidad necesaria al quehacer agrícola, el sacerdote dominaba el
ritual que le permitía producir la lluvia que fertilizaba el campo y hacía
fructificar el maíz, su producto básico, o detener los hielos que queman la
promisoria cosecha de papa. Así, el bien y el mal para la econom.ía y la
vida social chibcha, se contrapesaban en sus manos de mago. Por ello, la
imagen sacerdotal no era la vilipendiada por los cronistas, sino la de un
poderoso líder de la cultura aborigen. Era un ser que tenía contacto con lo
sobrenatural, que poseía el conocimiento de las fuerzas que mueven el
Universo y las dirige, que domina la enfermedad y con eUo la muerte, que
está en contacto con la todopoderosa Divinidad y la puede inclinar
benévolamente ante las necesidades de quien la propicia, o moverla en su
contra, es decir, controla las fuerzas de transcurrir. También centralizaba el
poder político. ¿Era débil este sacerdocio en la cultura?
A este cuerpo sacerdotal de la iglesia americana correspondía un culto.
Santuarios elevados por el hombre para contener la Divinidad y rendirle
devoción, adoratorios naturales dónde manifiestar su fe en forma colectiva,
complementaban la estructura religiosa. La deidad tenía además sus
símbolos: imágenes múltiples, en oro, arcilla y madera, reproducían la
concepción cultural de los, dioses para rendirles adoración, culto que en sus
variadas fonnas de traducción, involucraba el de los sacrificios humanos
_"'Los Mojas" - las ofrendas con tierra, con fuego, con agua, con oro, con
incienso, según la deidad de que se tratara y la festividad de que se hiciera
celebración 104. La chicha era la bebida ritual, comensalidad religiosa con
todos los valores místicos de un acto sagrado. Sobre estas bases, demasiado
someras para radiografiar la compleja religión chibcha, se superpuso el
injerto hispánico. Lógicamente, era un terreno fértil, sugerente, moldeable
que fue hábilmente aprovechado por la nueva fe.
Como 10 hemos visto en el primer volumen 105, la Iglesia puso todo
su empeño en aplicar al nativo una hábil metodología aculturadora que se
104 Juan Manuel Pacheco, Je!u{tcu en Colombia. l. 11, BOlotá, 1959-1965,
págs. 76 y 312.
105 Confiérase primer volumen, cap.4, DificultadeM de la aculturccMn Nll6lo.a;
Rafael Gómez Hoyos, Lo 18IeaUJ. ... op. cit .• phi. 14 Y IS.; Juan Manuel Pameco, op.
cit., pi&. 311; Rufino Gutiérrez, MonorP'afía.. Bogotá. 1920, pqs. 155, 15'7.
37
apoyaba en el pasado, y que debía sobre este basamento insuflar en su
entendimiento una nueva concepción mitológica. una nueva moral
emanación de ella, un nuevo culto para incluir al indio en el cuerpo de su
iglesia visible y formar ' una unidad con el resto de la comunidad social.
Aunque muchos factores fueron negativos en este proceso 10 6, el
catolicismo dispuso favorablemente de varios elementos básicos: el ya
mencionado piso cultural religioso en la misma comunidad que deseaba
asimilar; una hábil metodología , frut o de la experiencia de 'la Iglesia
Católica al servicio de una inteligente clase dirigente. que una
estrategia y una técnica sabias por demás, y finalmente, el poder para
aplicarlas .
La proyección religiosa
Con estos vigorosos punt os de apoyo para lograr la aculturación
religiosa, la Iglesia logró proyectarse sobre el neófito indio de este
complejo. Desintegró su comunidad al quitarle el poder político en las
cabezas dirigentes de su sacerdocio, con ]0 cual. el rebaño quedó sin el
líder
l
07. Tomó en sus manos la educación de las clases dirigentes, caciques y
sobrinos hijos de hennana , sucesores legítimos. e introdujo esta élite
indígena dentro de la cultura hispánica 108. Como segundo punto de su
estrategia, el sacerdote católico ocupó el liderazgo vacante del indígena. de
modo que en la personalidad del prelado cristiano volvió a cuajar el
perdido lider religioso de la cultura nativa. La vida del nuevo dirigente se
compaginaba tanto con la del sacerdote indio - celibato, castidad,
vestuario, ritual, posición social-, que su identificación resultó a la postre
fácil. Para complemento, el religioso venía de España tocado del hálito de
la conquista por la fe. Teóricamente era éste su papel válido, y para
respaldarlo, una amplia regulación, el Patronato, daba acción. misión y
poder a su vida. Por el logro de estos fines , el sacerdote católico entró en
las misiones de conquista, fundó pueblos con los primeros fundadores,
pacificó tribus en las campañas de reducción de infieles o de indios
alzados. Y cuando la etapa histórica se fue tomando más de colonización
que de conquista, jugó un papel decfiivo : fue cura en cada Encomienda y
106 Véase primer vo lumen, Le Familia en Colombia, ,Trwfondo hid6rico;
Rafael Gómez Hoyos, Le l'leria. ... op. cif.; véase información social polltica del indio
para disponulo a la cnnversión, 143 Y S$.
107 Rafael Gómez Hoyos, OP. cit •• pá¡5. lOS y ss.
108 Rafael Cómcz Hoyos, op. cit •• véase Coie,icu dlí! Caciquea.
38
en los Pueblos de Indios. con lo cual su figura se hizo dominante en el
panorama del poder. Ell o le permite más tarde en las parroquias levantar su
voz y mando todopoderosos , ya fuera centralizado en los conventos o
individualizado en unidades seglares.
Desde alli y secundado por el poder político, orientó su tarea de
incluir en la comunidad americana la nueva religión. integrándola en su
sociedad. Siguió tras la meta de que su cont enido teórico mitológico
inspirara su ética y la condici onara: de que su culto aglutinara en una fe
similar a todos sus miembros. y su complejo ceremonial diera expansión al
impulso gregario de su colectividad , y que a través de los distintos ritos
expresara su común sentir y percibiera la sanción social. La fe católica en
cada parroquia y en cada pueblo de indios revivió y sustituyó en. el nuevo
ritual la mística colectiva de ,Jos valores religiosos indios 109 . Ofreció un
funcionalismo qlle encuadraba con su tipo de economía agrícola:
transculturó los ritos nativos de la cosecha sustituyéndolos por festividades
católicas como la de San Isidro Labrador, o ia conmemoraci ón del Corpus,
ele. Ofreció rituales atrayentes para la propiciación de la lluvia " rogativas" ,
en la religión folk. para atenuar bs inclemencias del tiempo atmosférico;
bendijo las sementeras y prol ongó su mano benéfica sobre los sembrados a
través de la Cruz de Mayo, del Ramo Bendito, etc. I 10. Las "mandas" o
promesas a los Sant os dieron al nativo sustituto y escape a las angustias
individuales y colectivas vinculadas a la producción agraria o a las
condic,iones de su nuevo st'atus. Enseñó trisagios, nove nas y triduos, para
propiciar la voluntad divina o la del santoral , sustitución eficaz de similar
oración india. Instituyó la fiesta patronal de cada parroquia, o de cada
si tio . creando advocaciones protec1oras, generalmente- bajo formas de
aparición sobrenaturaJ . y dotó a cada gremio y a cada confradía anesanal
de Santo Patrón: a cada estado civil, a cada sexo, a cada edad, de
hermandad religiosa, control ada de cerca por la autoridad parroquial. No
olvidó la religión católica el cult o de los muertos, de tan profunda
significación en el ritual indio. A través de prolijas ceremonias de funebria,
impresionantes y majestuosas. transmitió la doctrina de salvación en el Más
Allá, y merced al culto de las Animas Benditas raptó y sustituyó el culto a
109 José Maria R eminiscencitU de SCJl1ta Fe de BOllotd. "'01. l.
BOlj:otá. 1942. págs. 96 y 98; Juan Manuel OP. cit., pág. 312.
'10 Doctor Saffrais, Via,;es ti NlIf?lJQ Gro"ado. Bogotá, 1948, págs.. 295. 232 Y
2 Andrew Pearsc:, r",nza. •• , op. cit.; Juan C. op. cit., págs. 92 y ss.;
Paciano Fcrmo$O E. (padre agustino): Catolici.mo de lo itttJentud colombiana,
Bogotá. 1961. págs. 196 a 206.
39
101 espírltus bienhechores de los antepasados. (Todavía entre los ritos que
los indios paeces practican con la Iglesia, puede verse este proceso
interaculturalivo ).
Inteligentemente la religión católica conquistó el alma gregaria del
pueblo: las antiguas romerías que el muisca practicó en sus santuarios
naturales, y que le pennitían recorrer casi todo su suelo en competencias
deportivas y en festividades colectivas que reforzaban su fe y servían de
liberación catártica biológica, fueron suplidas por otras similares que se
encaminaron y se mueven hacia los santuarios marianos. La parte andina
nortefla y la porción surefia de este complejo, se poblaron de versiones de
la Madre de Cristo, imágenes plasmadas a la necesidad de la nueva
cristiandad india y aparecidas en los sitios donde el alma nativa adoraba sus
viejas deidades. [conos hallados en las fuentes. en los cerros, en los
pefiascos , y/o retablos milagrosamente renovados en las corrientes
fluviales , sitio dilecto del alma chibcha, captaron su fe y su necesidad de
hallar seguridad emocional ante la quiebra de sus ancestrales creencias
míticas 11 l.
Fue más allá la tarea de la Iglesia: introdujo la religión al servicio de
la nueva estructura social de .la comunidad americana, del nuevo orden.
que así cumplió un amplio funcionaHsmo. La nueva fe sirvió al indio como
un elemento de reconciliación con su status inferior, jurídico, biológico.
económico, etc., y sus consecuencias discriminatorias en la sociedad, y de
este modo el reciente converso aborigen se resignó en Cristo 1 12. El
creyente indio halló en la nueva fe un refugio, un estímulo, un aliento en
sü nueva peyorativa condición. Y fue a través de las promesas de una vida
mejor, como superó su angustiada situación del presente, encontró el
camino, de tal manera que sobre las bases creadas por el credo foráneo, la
teciente estructura jerárquica socio-económica pudo asentarse
sólidamente. Los valores de Justicia Divina. de Providencia, de una vida de
ultratumba con premios o castigos eternos condicionados al moldeamiento
o al recbazo de las pautas de componamiento social y moral, ablandaron la
personalidad nativa y la mantuvieron controlada hasta alcanzar su
acoplamiento pasivo en el sitio que se le había fijado con la Conquista 11 J .
111 Dtx:tor Saffrais. op. cito. rág. 295: Juan Manuel PachcaJ, op. cit., págs.
169 y I9S.
112 Raful Gónwz Hoyos, op. cit., pág. 11 1: véase primer '<Iolumen. El Italus de
loa: trl.lDO$ 4tnico ••
113 Luis Lópcz de Meta, Introducción a la hbto,." de tu cultura en Cojombi:l,
Bo¡otá., 1930, pá¡s" 24 Y 27: Mipel Trian&, Lo dIJilizad6n Ch;/)CM, Bogotá. 1931,
páls. 26 a 28.
40
Consecuentemente, se produjeron en todo este complejo cultural
fenómenos complementarios que impregnaron la personalidad colectiva e
individual de sus gentes. Se dio comienzo a la resignada actitud ante la
vida. al quietismo, a la pasividad que delega fuera de la acción humana la
solución de la problemática que al Ego y a la colectividad atañen 114. El
creer y el actuar bajo la presión de las fuerzas ciegas del Destino. de la
Providencia y asumir ;ante el transcurrir una mera actitud expectante y
pasiva. Esta pasividad se ba proyectado hacia campos muy amplios de la
vida colectiva al impregnar profundamente la personalidad social del
individuo. Al no alcanzarse la etapa técnica, y no discernirse racionalmente
sobre la etiología de los fenómenos, la religión ha servido y sigue sirv¡¡lOdo
de disculpa individual ante los insucesos más elementales del acontecer
cotidiano. Cuando se recorren los campos de este complejo y se halla al
minifundista sin trabajo, sentado bajo el alero del rancho. a la espera de la
cosecha anual de maíz que apenas ha sembrado. responde estoicamente,
como disculpa individual a la falta de comida en su mesa : "Dios no quiere
que- hoy comamos". Cuando inicialmente este complejo se opuso a la
técnica agrícola de combatir con pesticidas las plagas. aludía -yen las
zonas más distantes continúa arguyendo- que ellas son castigos divinos
que deben aceptarse con resignación a cambio de no irritar más por el
fracaso punitivo a la Deidad Suma y propiciar una sanción doble con ;,1
intento de frustrarla.
la Divinidad asimilachi por el descendiente indio, también expresa su
conducta antropomorfa en el campo de la salud. Las enfermedades como
castigo son de alta frecuencia, y han de recibirse COn resignación para no
exaltar la voluntad retaliadora divina, ya que los agentes mórbidos operan
como fU'erzas incontrolables, más allá de la acción humana, incapaz de
detener su curso o siquiera de prevenirlo. Mientras la magia con sus
poderes es la determinante de la dolencia en los grupos populares del
complejo negroide, Dios . el Destino, la Providencia, etc., los determinan en
esta subcultura. Ello explica que al estudiar en Nariño las estadísticas
oliciales municipales se halle como causa del deceso el "ma[ de Dios", final
que en última instancia constituye la voluntad divina de cerrar el ciclo vital
del individuo. Esta concepción engendra quietismo: la s.uerte está decidida,
"si está de Dios", dice el campesino, se salva o se muere el paciente sin
recursos o en medio de todas las defensas médicas , por lo cual sin lucha
pennanece a la expectativa esperando la voluntad divina. Este valor anula
114 Orlando Fab Borda. El compe.tino cundibo)'oce".e. Concepto •• obre ni
plUilJutod, en Relluta de P.icolo6ía, BOlotá. '<IoJ. 1, núm. 1, 1956. pipo '74 .83.
41
k .. l,rln<:lpln. preventivos de la guarda de la salud y la acción curativa e"
,\IHn,,, l6rlllino. Olas da la vida, Dios la quita, y fuera de este dictamen,
IIMUM puede hacerse, se oye al padre y a la madre de familia de este
complejo, que dejan quietamente morir a· sus hijos bajo la responsabilidad
divina.
En otro sentido obró la religión y sigue actuando como elemento de
catarsis en la estructura social de este complejo. Precedentemente dije que
sustentó la nueva jerarquía de los status en la comunidad
américa-hispánica. El impacto aculturativo sostenido por la Conquista fue
de tal naturaleza que reforzó las premisas de Destino y con -la sanción
diferida en manos de la Deidad y la gratificación desplazada a "la otra
vida". se confonnó otra faceta del quietismo social de entraña religiosa. de
que venimos hablando. Sobre estas bases. colaboró el abismo de ubicación
socio-cultural en que se colocó al indio y a su descendiente y el abismo
económico que creó entre el hispano y el nativo el régimen tenencial. La
concomitancia de factores lesivos al aborigen, lógico es, crearon una
frustración asardinada por los valores ético- religiosos que
coexistentemente se le injertaron. De esta manera, toda la frustración que
debió sufrir el alma nativa con la Conquista, no se volcó en lucha abierta,
ni cristalizó en tarea reivindicativa: se hizo agresión diferida en el Más allá,
donde su status actual tendrá compensación; se tornó hostilidad
encubierta , y así el largo viacrucis de la aculturadón a la fuerza no ha
teni'do ni tiene escape ostensivo. La satisfacción personal se ha deJado en
manos de la Divinidad. está diferida, desplazada, fuera de su alcance.
retardada.
Ello creó otro tipo de fatalismo que impregnó la personalidad
colectiva: su desgano en la lucha de superación económica y su anorexia
para aceptar el cambio, Se quebró tanto su capacidad combativa bajo las
circunstancias socio-culturales y económicas en que se le colocó, que
claudicó antes de querer emprender el proceso de redención. Y hoy en día
hallamos, con una característica aún vigente de su personalidad social, esta
misma falta de voluntad para incluirse en la dinámica nacionaL Sólo al
moverse a las ciudades . o casualmente a otros complejos culturales , se
despoja de su tradicional apatía y se incorpora pujantemente a la
creatividad individual regional como aconteciera con el contingente
boyacense en Caldas) el nariñense en el Valle, para citar dos casos
ejemplares.
Otros aspectos más se añaden a su religiosidad así gestada. la religión
es catarsis en las condiciones socio-cu1turales de esta comunidad. Su
sentimiento religioso absorbe toda la amarga frustración de su pasado,
42
recibida como un legado cultural que han sociabilizado las generaciones
.indias deode el comienzo de la superposición cultural hispana, y que al no
hallar en sucesivas etapas históricas gratificación a través de ;;anales
normales de expresión, se ha volcado sobre los principios religiosos,
defiriendo en ellos sus vivencias represadas que gestan la agresión. Cuando
se estudia la religión folk de este complejo, el antropomorfismo que la
Divinidad adquiere e'nsu concepción, está siempre dotado de un poder
punitivo que purga las estructuras sociales de mayor poder en la
comunidad, retaliación que gratifica el rencor de los menos favorecidos.
Por otra parte, una anomia muy honda que marcan las instituciones
sociales se siente en las personalidades de este complejo. Y esta anomia
generalizada se contrarresta con la adhesión y fe profunda en la religión.
La Divinidad es 10 único estable y firme para la personalidad de esta
subcultura, la única y posible justicia para cada individuo. de tal manera
que constituye la base de su seguridad psíquica y social hasta el punto de
que coloca en Dios la aplicación última de la justicia a que aspira, y delega
en sus manos la sanción compensatoria de cada acción lesiva a sí mismo.
Por eUo la religión folk, en sus mismos valores, es cosecha de amargura y
rencor dentro de este complejo, y como lo analiza Fals Borda, se
extravierte en las figuras y escenas dolorosas de la Pasión como una
identificación de su frustración personal y colectiva.
Otro fenómeno que se alquitaró dentro del mundo religioso está en
relación con el status del sacerdote. El indio no vio en la sustitución de su
jeque más que un trasplante de razas. Ya en el comienzo de la Conquista.
el héroe civilizador chibcha, Bochica, tenía el fenotipo de un misionero
hispano, y proyectada esta situación sobre la institución total , el aborigen
logró la identificación de la imagen nativa en la figura del cura doctrinero o
del párroco. En su büsqueda de imágenes católicas avanzó un poco más: en
todos estos altiplanos andinos , el prelado no fue ni es sólo el intermediario
con la Divinidad, s.mo que la comunida d, al llamarle "ministro del Señor",
llega casi a una identificación de éste y la Divinidad, de éste y la iglesia. Sus
manos están ungidas y "algo" del poder divino reposa en él , y este poder.
como eI de Sugamuxi, puede crear o destruir, bendecir o maldecir. De ahí
la respetuosa adhesión con que se le rodea, mezcla de temor mágico y
reconocimiento de su fuerza, porque a estos valores sumó el del poder
político. La sociedad española, y la criolla también. ambientaron esta
institución dentro de la alta jerarquía política social, y pese a las tensiones
entre poder civil y religioso, en la Colonia y en la República. la balanza
optó a la postre por inclinarse del lado de la jerarquía eclesiástica.
43
'lAll fu. l. 1101'lunalldad religiosa que el pueblo aborigen y el mestizo
111111>1'11 del altiplano andino, acabaron por absorber, más valdría decir,
qlle dlda¡ los condiciones bajo las cuales se cumplió su aculturación, se
apoderaron de la cabeza visible de la nue .. religión. la asimilaron,
arrancándola de la sociedad del dominador hispánico y más tarde de la
clase rectora, para hacerla entraña de si mismos, para incorporarla a la suya
propia como médula dirigente, miembro vivo de su colectividad. Y por ello
siguieron sus pautas, violentaron su cultura que se oponía a ellas y le
volvieron las espaldas , para recibir las enseñanzas o imposiciones de la
nueva verdad. Todo, en la esperanza de tener en su imagen un aliado,
alguien en quién depositar la fe derrum.bada con la destrucción de sus
propios valores e imágenes culturales. Y lo entregaron todo para tener en la
nueva sociedad que tan duramente los discriminaba, alguien de su parte,
alguien que catalizara su ancestral anhelo de ser dirigidos, poseídos,
enajenados, protegidos, como antaño lo fueran por sus jeques. Alguien que
restableciera la seguridad individual y colectiva de un grupo destruido
como sociedad y como persona, ante el impacto aculturativo del europeo.
Sobre un grupo frustrado como cultura y disperso en su sociedad; sobre un
grupo cuyos individuos perdieron su piso social jerarquizado y su categoría
personal al generalizarse la Conquista: sobre un grupo étnico cuyos
individuos fueron catalogados como elementos serviles por razón de su
genética, y colocados ante las demás instituciones y valores en el suelo de
la estructura de la comunidad; para un grupo cuyos miembros no
alcanzaban la mayoría de edad jurídica ni la total valoración de enles de
razón. lógico es suponer, teniendo en cuenta las anteriores premisas, las
dimensiones que cobró el status del sacerdote católico en tal momento y
las que de allí se derivaron.
No superadas hasta el presenl e estas condiciones, la imagen de la
cabeza eclesiástica ha seguido manteniendo su posición de liderazgo. Y la
fe en la Providencia y en el mundo celestial tuvo su representante tangible
en la esfera de lo terreno: el indio y su descendiente mestizo se "pusieron"
en las manos del ungido de Cristo y cerraron los ojos a cualquier estímulo
que los liberara de su entrega. Voluntariamente dieron y siguen dando su
adhesión irrestricta de su fe: Dios y el sacerdote se identifican en sus
conciencias y en su mundo terrenal. Esta situación puede entreverse en el
análisis y contacto con la personalidad soCial de los grupos populares y
medios de este complejo.las vivencias del status del nativo y sus
descendientes en la relación con los otros grupos jerárquicos de la
comunidad que a través de la rustoria expoliaron sus derechos,
44
proporcionaron dos características más de la llamada "alma del indio",
vale decir, el elemento popular de este complejo: su introversión y su
desconfianza al elemento ubicado fuera de su ambiente cultural. Esta
desconfianza y esta introversión fueron quebradas cara a la iglesia. Al
identificar con la divinidad providente y justiciera la cabeza de la
institución religiosa, el elemento humano de ancestro aborigen negó ante
ellas las facetas culturales que 10 distinguían. Y abrió y dejó penetrar en su
vida anímica al sacerdote, y confía en sus decisiones y acata sus consejos, y
mientras mantiene clausurados sus elementos de comunicación con los
demás estratos sociales y defiende ante ellos la intimidad de su
personalidad psíquica, se deja alienar a plenitud por la iglesia y por su
sacerdote que se identifican con sus expectativas.
Tales valores y las actitudes y el comportamiento derivados,
colaboraron para que la Iglesia, a través del sacerdocio, llegara a ejercer su
tarea de aculturación e imprimiera en forma total su influjo. También
contribuyó a la cosecha de resultados, el que fuera en última instancia la
única institución que mantuvo y sostiene una línea directriz invariab1e, y
conservó su alto status pese a que la sociedad cumplió una creciente
dinámica estructural. El sacerdote reforzado en el culto, y en su cautivante
liturgia, siguió captando la atención del feligrés. En la administración de
los sacramentos, especialmente en los de la confesión y la comunión,
levantó el velo de la cultura encubierta de su comunidad y se apoderó de
sus secretos y controló sU! fuerzas orientándolas gregariamente. Respaldó
su posición, al poder congregar en derredor de si toda la sociedad a través
de las festividades religiosas que exaltan la tendencia colectiva y refuerzan
el común sentir de su rebafio, y se ha visto secundado además por otros
instrumentos poderosos que se suman a las que porta su personalidad. El
pillpito es, por ejemplo, la cátedra de moral, a la vez que la tribuna donde
emplaza la conducta de sus feligreses y da cuenta de ella a la opinión
popular para que juzgue y sancione al infractor de las pautas de
comportamiento. las instituciones menores de cada parroquia,
hermandades, cofradías y asociaciones multiplicadas con estrategia,
permiten en esta zona andina ejercer una acción de control, de impulso al
cambio o de rechazo al mismo, con 10 cual se orientan las mentalidades
jóvenes, se encuadra su acción y su comportamiento dentro de lo que la
Iglesia espera y desea. Sutatenza y Fómeque, Onzaga, SutamarcMn,
constituyen ejemplos clásicos de esta organización parroquial.1 s.
11 S Andr.nv Peanc, TenUl. .. , op. dt. . vém&.!: (U.drOl s.obte Otlaniuciones
ftIiPOS8S.
4S
A estos refuerzos se suma el poder político del clero en los pequefios
municipios de la zona andina. Desde los albores de la República, la Iglesia
se ha identificado con el tradicional partido conservador, jugando a su lado
tensas luchas por el poder, poniendo al servicio del grupo político en el que
milita su influencia sobre los votos parroquiales
l
16. Así el poder religioso
queda entrabado con el político, constituyendo unidad de mutuas
interferencias y ventajas. Es talla fuerza que representa, que en todas estas
comunidades debe ser tenida en cuenta la recomendación personal
parroquial de buena conduela para cualquier gestión administrativa o de
índole política, ya que equivale a una carta de ciudadan'ía, a un
desiderátum absoluto que da espaldarazo a quien la obtiene para escalar
posiciones y reforzarse en ellas dentro de su propia sociedad o proyectarse
fuera en otras similares. Toda esta suma de valores del status del religioso,
se traduce en un vigoroso status total que integra el sacerdote dentro del
grupo de líderes en su parroquia, no siendo exagerado decir que nada se
mueve dentro de ella sin que en ultima instancia sea determinado por él, o
se solicite su consenso para lograrlo. Es con este caudal de poderes como el
pastor católico ha manejado su rebaño e impuesto sus normas. Suyos han
sido los estímulos al cambio y suyos también los obstáculos al mismo I 17.
La religión y la institución familiar
Las páginas precedentes constituyen un amplio paréntesis para
explicar cómo la iglesia ha sido capaz, en este complejo cultural, de realizar
uno de los más arduos procesos de aculturación religiosa, y para evaluar las
razones del funcionalismo de su poder. En lo que nos concierne, la familia,
a través del cura de cada comunidad, fue parte decisiva en el proceso de
asimilación de los patrones normativos traídos por la Madre Patria. Cada
sacerdote consiguió la adaptación, encuadró la institución familiar dentro
de las normas de su moral y mantiene vigente este control activo hasta la
fecha ¡lresente. Úl religión se convirtió y continúa siendo en este complejo
el control y ordenación de los incentivos sexuales, reglamentándolos a
través del matrimonio católico. Condicionó a sus normas todo el legado
institucional aborigen (véase primer vnlumen) tratando de hacer tabla rasa
de sus valores al respecto. Con la Encomienda primero, con los Resguardos
116 Luis Eduardo Nieto Arteta,op, cit.. Bogotá, 1962, páp.l02, 103.
117 Luis Olpina Váque:z., IndUltrio y proteccl6n. ••. op. cit., pág 273. Sei\ala
que la influencia sacerdotal frustrb el desarrollo siderúrpco de Pacho; pág. 331,
oposicibn eclesiástica a la traída de técnicos mejicanos.
46
después, y desaparecidos los Cabildos y el Cacicazgo que éstos implican,
aún proyectó su influencia a través de los vecinos más importantes de cada
vereda andina, instrumentos de control estructural familiar, en el momento
presente. El párroco de cada comunidad oye las quejas 6'de mal vivir" y
pone ávida atención a ellas. Secundado en el poder de las autoridades
civiles, hace comparecer a su presencia a los infractores. No hay solución
distinta a la de casarse y legitimar sus relaciones, o la de apartarse
definitivamente y emigrar, porque ninguna comunidad bajo el liderazgo de
su sacerdote, acepta las formas de la unión libre. Úl pareja "está en
pecado" y propicia males, "calmas", para su grupo, y de ahí la presión
colectiva que los obliga a "arreglar sus vidas". Dentro de comunidades
agrícolas minifundistas con laboreo antitécnico de la tierra, como son
éstas, el ansiado fruto de la cosecha única está fuerá del poder humano,
quien ante su impotencia lo delega en manos de la Divinidad. Ella, con
óptimas o ralas cosechas, hace expresa en fonna antropomórfica su
complacencia o displacer ante el buen o deficiente moldeamiento humano
a sus patrones normativos. Frustración en la tarea agrícola es considerada
sanción colectiva propiciada por la conducta divergente de algunos. Como
nuestra religión enfatiza hipertrofiadamente en el cumplimiento de las
pautas sexuales, los ojos de la comunidad se dirigen a encontrar el infractor
de dicha norma quien recibe el complejo de culpa total del castigo
infringido por la deidad retaliadora ala comunidad. De ahí el celo vigilante
de la misma' a su estructura·familiar t 18.
Estos valores adquieren vocería y acción a través de) sacerdote y la
comunidad hace causa común con sus admoniciones. Periódicamente las
parroquias andinas emprenden las llamadas "Misiones", campañas
religiosas que recorren los poblados mayores y menores, orientadas por
grupos de sacerdotes de cada diócesis, dotados de amplia oratoria, y que
emplazan a las familias de facto ya los grupos juveniles que aspiran a llegar
al matrimonio, para que legítimen sus relaciones en tales circunstancias. Y
así, bajo estas presiones. se inician o se estructuran legalmente nuevos
hogares.
El sacerdote ejerce también el control de su parroquia a través del
contacto que tiene con sus feligreses. He dicho que nada se mueve en su
comunidad, ajeno a su sanción. El orienta la vida individual y la del grupo.
El complejo de fe que el campesino ha creado en tomo suyo, conduce a
liS Andrew Pearse, Tenza. ... op. dt.: véase la organización religiosa de la moral
sexual.
47
quo .010 de ~ I oye consejo y lo solicita. Y como lo vimos
procedentemente, sólo ante él entreabre el mundo íntimo de su
Introvertido Ego, en sentimientos y conflictos, al juicio y dictamen de su
párroco. Es la razón que permite al sacerdote penetrar en la estructura
familiar y en sus tensiones de interrelación. Merced a estas circunstancias,
como antafio, hoy amonesta y . castiga la infidelidad en la mujer o su
rechazo a aceptar las exigencias de la vida conyugal. Reprende al marido
que no se ajusta a los patrones de comportamiento matrimonial y busca la
reconciliación de los hogares desavenidos. Además, extiende su poder para
que los Iújos no escapen a los dictámenes de la autoridad paterna o para
que .cumplan las normas de auxilio y protección a sus padres ancianos. Es
el árbitro de última instancia en los pequeños y grandes problemas de la
vida familiar y su decisión es, para el individuo de la zona andina,
inapelable y de imperiosa obediencia.
Como una emanación de esta fuerza religiosa se ha desenvuelto el
compadrazgo. La institución ha recibido el hálito místico de su origen, y el
amplio funcionalismo que cumple en este complejo la ha incorporado
como uno de los elementos de interrelación individual de mayor poder.
Por su carácter religioso y por el papel que juega en la familia, quiero
señalar aquí su poder. Generaciones de adultos se vinculan e
interinlluencian a través del ciclo vital de generaciones de descendientes,
creando entre sí deberes morales de vigorosa proyección, que influyen en
el condicionamiento de la conducta de los elementos jóvenes y restringen
el comportamiento divergente de los mayores. Un tercer tipo de
parentesco se crea sobro base religiosa, y cuyo influjo sobre la estructura
familiar es de poderosa vigencia merced al derecho a intervenir en el
moldeamiento y el ajuste del individuo joven a su estructura familiar legal,
conformando en sus padrinos imágenes paradigmáticas que reproducen las
de los mayores.
48
ESTRUCTURA Y TlPOLOGIA DE LA FAMILIA
AMERICANA DE INTENSA ACULTURAC/ON
Introducción
Inicialmente afirmé que la familia de la subcultura andina constituye
en su forma estructural una unidad. Descontando aún las comunidades
indias que estudiaremos separadamente, el resto de este complejo, formado
por un mayor porcentaje de biología y cultura aborigen 1 19 Y por un
menor aporte de sangre y legado hispánicos, no dan hasta el presente un
paisaje uniforme. La fácil asimilación o la resistencia aculturativa al patrón
español, modelo impositivo, las resultantes tangenciales del contacto
siguen percibiéndose en matices variables en cada comunidad andina. El
proceso histórico cumplido por cada región ha contribuido también a dar
en este ámbito un arco de matices , de clarooscuros, de tendencias, dentro
del ambiente familiar, índices de la dinámica del mismo, y del no cierre del
proceso aculturativo. Por esta razón, mi visión no puede ceñirse al caso
particular, ni ajustarse sistemáticamente a todas 1",5 posibilldades.
Constituye un marco de esquemas teóricos básicos que encuadran las
múltiples variantes que pueden tenerse en cuenta en este panorama. Jamás
un estudio de caso.
Sin lugar a dudas, las numerosas variedades tipológicas de la estructura
familiar del complejo andino constituyen por sí mismas una prueba de esta
versatilidad en el proceso aculturativo de que he hecho mención. En otro
sentido, están señalando con sus índices las tendencias directivas de la
119 Von F. Schenk, ViQje por Anfioquid en el año 1880, Bogotá, Imprenta de-l
Banco de la República, 1953, pág. 58.
49
de elte mismo proceso en el futuro. Senalan finalmente las
pu.iclones Institucionales que la familia soportó desde distintos ángulos y
con Intensidad regional variable. Analicemos a espacio cada una de las
modalidades tipológicas.
LA FAMIUA LEGAL, VAWRES CONCOMITANTES
La familia nuclear americana conforma una tipología muy simple,
encarada desde un punto de vista escuetamente legalista: puede
fragmentarse en familia legal y en familia de hecho. La primera reconoce
como requisito estructural el matrimonio, mientras en la segunda se halla
ausente.
Para establecer esta tipología inicial , acepto como matrimonio la
ceremonia o rito que la comunidad total colombiana adopta, como el acto
social reconocido, para declarar la pareja que contrae como cónyuges
legales con las obligaciones y derechos inherentes, individuales y
recíprocos ante si y ante . la sociedad total y parcial a la que pertenecen.
Hago esta observación, porque algunas de las formas de facto de ciertas
regiones colombianas, puede decirse que configuran este requisito, pero
siempre dentro de un ámbito limitado, a manera de subculturas regionales.
En el caso particular de este complejo el matrimonio es católico.
Atendiendo a los muestreos realizados en su habitat (zona rural y
urbana) se puede señalar una tendencia media para esta zona del complejo
americano, que nos da la siguiente cuantificación genérica en relación con
la estructura familiar :
familia legal:
Familia de facto :
1.951
85010 Zona rural
15010 Zona rural
Atendiendo a los datos obtenidos a través de los mismos cuestionarios
podemos hallar una distribución modal aproximada de las formas dé hecho
(I50/0 del total) características de este complejo, así :
ZONA RURAL
so
Amaño
Madresolterismo
Unión libre
Concubinato
13.0010
58.0010
12.0010
17.00/0
Los datos analizados en las zonas urbanas, exceptuando a Bogotá, me
permiten señalar las siguientes cuantificaciones:
Normas legales 890/0
formas de facto 110/0
Las formas de facto urbanas puedo distribuirlas así, de acuerdo con
los muestreos realizados en esta zona:
Amaño
Madresolterismo
Unión libre
Concubinato
Los datos del censo siguen estas cifras.
3.5 0/0
29.00/0
41.0010
26.5010
La forma legal goza dentro de la comunidad de la más alta valoración
social y religiosa. Es un requisito que obliga no sólo a la clase alta, sino que
también es impositivo para las clases medias y populares. Si bien el
quebrantamiento de esta nonna es más común entre estos últimos grul?os,
no por ello pierde su alta cotización el matrimonio catótico, y todos los
esfuerzos de las familias mal estructuradas convergen a llegar a legitimar su
unión y alcanzar el status de hogar legítimo.
De esta manera, el mat.rimonio no es símbolo ni privilegio de clase o
de grupo étnico-cultural como en otras por tanto. no confiere
categoría, pero su carencia' sí deteriora el status . Cada persona casada hace
amplio reconocimiento de su situación y de que sus progenitores
alcanzaron el mismo goce, lo que le permite proyectar hacia atrás su
prestigio. El mismo reconocimiento hace de su descendencia,
Complementariamente, las uniones de hecho son negadas y cada unión
marital celosamente encubierta por la pareja y sus descendientes.
Esta alta valoración de la norma legal obedece a una razón social, que
obliga a los miembros de la clase alta (tradición y conservación de status) a
cumplir este requisito como expresión muy clara de su status personal y el
comienzo normal de la futura generación. Una valoración de índole
religiosa se siente a medida que se desciende en las gamas de la
estratificación social. Mientras en los estratos superiores los cuestionarios y
la observación indican que se es más sensible al estímulo social, la
sensibilización religiosa, que no escuetamente moral, se va percibiendo
cada vez en forma más fuerte, a medida que se adentra el análisis de los
grupos inferiores. Y esta presión, que puede identificarse como la pauta
51
lI111rll en lo. sectores altos. se identifica paulatinamente con las sanciones
"nr lu religión contiene, bien sea proyectadas hacia el futuro, Más Allá, o
en formas punitivas dentro de la vida presente.
Cuando se llega al tope del basamento social, he hallado que esta
sanción terrenal reviste dos formas: el ostracismo social que las comunidades
pequeñas ejercen contra el infractor de la norma de confonnación familiar
católica, desde el terrateniente del cual se depende económicamente, hasta
el vecino, y la represión y control que el CUfa párroco puede cumplir bien
desde el púlpito, en la administración de los sacramentos, o en la relación
personal. También las sanciones económicas que ya he anaHiado en el
capítulo sobre Religión.
Juega papel en la estructuración formal de la familia. el interés que
representa por parte del individuo el cumplimiento de la ceremonia social
ante su propia comunidad. Dos aspectos se valoran en ella: que el grupo
considere la pareja como obediente a sus patrones y por tanto merecedora
a su beneplácito y a su consideración, como seres ajustados a su cultura,
buenos miembros de la sociedad, respetuosos de la tradición. y por otra
parte, la satisfacción que representa para los dos jóvenes y su parentela el
cumplimiento de los patrones extemos de prestigio que la ceremonia
envuelve. aspecto que dentro de ciertas circunstancias es factor negativo en
la relación legal .
Una causa más hace relación a los grupos del complejo americano que
están en una situación de paso entre sus pamas nativas y las nonnas
católicas. Conflictos polivalentes entre la cultura terrígena y el nuevo
valor, pesan considerablemente en la decisión. Cuando la cultura nativa
mantiene aún fuerza en sus instituciones, un encubierto antagonismo se
mantiene, conservando en dualidad las normas de procedencia terrígena
freme a los mismos principios de nueva adopción. Tal el caso, por ejemplo,
de la comunidad guajira 110. Un paso adelante se observa en los
Resguardos de Cauca y Nariño, donde. aunque prevalecen remanentes
institucionales, el grado de aculturación religiosa es tal. que ya se ha
superado las resistencias emanadas del legado institucional nativo. y los
valores impuestos por la cultura superpuesta conforman, en el momento,
imágenes ideales a las cuales quiere arribar ansiosamente la fonna
terrígena 1 2 1
120 Vir¡im. Gut¡ttrez. de Pineda. OrlOnizoción lOciol. ... OJ). cit.
121 María de Betan.ia. op. cit. . págs. 121 a 131. este hecho entre
lUambianos, paeces Y pijaos.
52
LA FAMIUA DE HECHO: VALORES ASOCIADOS
las formas defacto de la familia del complejo americano están
constituidas por estructuras monógamas unas y poligínicas las otras.
Las formas de facto monógamas están representadas por el amaño, el
madresolterisrno y la unión libre, que constituyen una gama de matices de
una situación total. No pueden llegar a defInirse en una fonna absoluta,
tajante. integral . de modo que las tres son como vasos comunicantes de
interrelación permanente y de posibilidades de cambio.Una puede en
momento dado - amaño- al perder un rasgo, transfonnarse en la otra
- unión libre - o convertirse en una tercera -madresolterismo- porque son
instituciones transicíonales, cuya meta evidente -el matrimonio- está
fuera de ellas. Tal el caso del y del madresolterismo, sistemas
culturales para llegar al matrimonio católico, como antes lo fuera el primer
sistema para alcanzar la ceremonia nupcial india. También amaño y
madresolterismo logran en un moment o dado devenir en unión libre, que
aunque es una meta repudiada, no aceptable culturalmente, se puede
desembocar en ella al faltarle a la familia extensa y a la comunidad,
sanciones y medíos de control para la culminación completa de la
modalidad estructural familiar.
Dije que la familia legal ocupa un lugar de prelación entre las diversas
estructuras Sin e¡nbargo, hallamos que dentro de las formas de
hecho puede establecerse una escala de valoración que afect a en grado
diferente a cada una de ellas. A través de encuestas y de entrevistas he
podido establecer el siguiente esquema, que jerarquiza su aceptación socia1
en función de la generación habida en cada una de ellas, ya que es a través
del hijo donde pueden establecerse con más claridad los valores conexos al
comportamiento social. A manera de esquema teórico, podemos evaluar la
aceptación de las estructuras familiares según la siguiente escala: el número
uno ocupa el lugar de prelación y ascendentemente se rebajan los valores
de aprecio social en cada modalidad:
Matrimonio
Familia de hecho:
Madresolterismo
Unión Libre
Concubinato ¡nterclase
Concubinato intraclase
Cundina· Boyacá Nariño Cauca
marca
3
4
2
5
3
4
2
5
2
3
4
5
3
4
2
5
Santan·
deres
4
3
2
5
53
Narifto ofrece un caso particular en esta valoración: en las zonas
rumies y pequeños poblados, aunque mantengan su prelación "los hijos de
bendición" en la escala de valores, hay que reconocer que una cotización
casi igual se extiende a los rujos de madresoltera. No hay mayor distinción
entre ellos, responden unánimemente las madres, pero en cambio la
diferencia se marca cuando la filiación proviene de la unión libre y es más
fuerte aún con los hijos de concubinato. La cultura los denomina uaspudios"
espurios -voz legal castiza-, palabra que concentra todo el rechazo que la
comunidad siente hacia esta filiación anómala, repudiada, vilipendiada y
que coloca al final de sus apreciaciones. La sociedad nariñense señala
algunos casos de ilegítimos habidos en concubinato interelases, que han
escalado posiciones destacadas respaldados por la ubicación prestigiosa del
padre, aunque las clases bajas han mantenido y mantienen una tensión
fuerte contra estas personalidades, conservando vivo el recuerdo de su
origen y enrostrándolo con acrimonia. No puedo saber si obedece a
tensiones de clase, más que de estructura familiar. Por el contrario, en el
Cauea y los Departamentos de Cundinamarca, Santanderes y Boyacá, la
ubicación social resultante de uniones interelases en estructuras de hecho
-concubinato- ayuda en la valoración; los hijos de concubinato entre
hombre pudiente y madre de clase baja, no conllevan el fuerte ostracismo
que los mismos tienen en Narino; es más , en muchos casos podrían
ubicarse en un segundo lugar después de los legítimos. La dinámica de
ascenso que puede resultar de su nacimiento, borra con la asimilación
adecuada de los patrones sociales de la rama paterna el factor de
ilegitimidad, que es más sensible en los hijos de madre soltera o unión libre.
Ahora, la descendencia habida en concubinato en relación intraclase, se
ubica altinal de la escala de valores: clase y estructura anómala pesan en su
ubicación.
Las normas de finación y de herencia en las modalidades consensuales
Emanación de los valores asociados a las estructuras familiares de
hecho, son los sistemas de filiación, que configuran asimismo sistemas de
facto y sistemas legales, pese a la reglamentación institucional que existe.
Dentro de las formas familiares con estructura matrimonial, existe el
régimen genérico colombiano de filiación bilateral, con cierta tendencia
preferencial en la rama paterna, en el complejo neo-hispánico y en el
americano, en las clases altas y en las ciudades, y se van minimizando y
acentuando rasgos uterinos en las clases rurales y bajas. No es que se altere
54
el orden legal: lo que se siente es que insensiblemente se ,va percibiendo en
estos estratos un matiz de mayor intensidad, que favorece el lado materno
y que insensiblemente también, le va concediendo más y más prelación a la
madre y • sus ramas colaterales.
Pero donde puede observar.;e en rasgos definidos esta actitud cultural,
es en las formas familiares de facto. Madresollerismo, unión libre' y
concubinato, generan un núcleo de descendientes de clara filiación
maternal: el apellido, las normas de herencia, la autoridad, el respaldo, el
status, se proyectan del lado uterino. Tácitamente,la comunidad acuerda y
reconoce la paternidad del descendiente, pero abiertamente se la niega en
nominación y se le atribuye a la madre. Los hijos naturales en este
ambi ente americano (en otroS más, Antioquia por ejemplo) llevan el
apellido de su progenitora, a no mediar un juicio legal de rara ocurrencia y
de difícil realización. En estas situaciones familiares de hecho, tambiért
puede medirse una categorización de la filiación, siendo todos de
reconoci da filiación uterina. Esta escala es más favorable hacia la rama
paterna en la unión libre , menos sensiblemente marcada en eJ concubinato
y definitivamente matrilineal en el madresolterismo.
Otros valores asociados con la tipolog(a de la estructura fanúlar hacen
relaciones a las nonnas de herencia. Los valores asociados a cada
generación en función con las fonnas estructurales familiares de la cuales
provienen, se marcan fundarpentalmente en los sistemas herenciales. Estos
sistemas se hallan asociados a los remanentes étnicos culturales que aún
permanecen adheridos a las modalidades tipológicas fanúliares que vamos a
presentar. Por esta razón los indico precedentemente.
Dentro de este complejo, la herencia en la estructura de sus nonnas es
un factor que permite ver una serie de matices que reconocen un origen
diferente al hispánico, matices o modalidades más sensibles en las clases
bajas, y en los sectores rurales, es decir, dentro de los núcleos de claro
ancestro y legado cultural indio. Tales alternativas se esfuman y diluyen a
medida que el proceso de aculturación es más fuerte, existiendo amplias
zonas geognificas y sectores de estratificación social donde no sobrevive
norma diferente a la genérica legal. Las normas de herencia también se
hallan asociadas a la tipología de la estructura familiar. Las forroas
matrimoniales encierran la aplicación de los principios legales colombianos
mientras las de hecho conducen a la aplicación de principios locales de
ha1ito americano. Veamos cómo.
Como forma modal real los hijos naturales no heredan del padre. En el
caso del madresolterismo, los familiares paternos, particularmente los
55
herntullos. guardan hacia sus sobrinos naturales una actitud de fuerte
desconocimiento social, más expreso en la lona nariHense y en el Cauea,
que en las demás del complejo cultural. Se busca con ello no dar incentivos
a los parientes naturales para tener derecho legal a reclamar los bienes de
su progenitor, o puede ser esta la actitud prescrita socialmente. En la unión
libre, si no existía un previo reconocimient o de tipo legal . los familiares
paternos no penniten a su parentela ilegítima entrar en dominio de )05
bienes del padre. cuando éste fallece, a no ser que se trate de bienes
personales (y esto limitadamente). Cuando se refieren a bienes raíces y
,semovientes, todas las encuestas me indican que la familia paterna se hace
evidente en este instante y toma posesión de los bienes de su pariente,
dejando fuera a su compañera y a su descendencia. En el concubinato
interclase ocurre un fenómeno similar: los m,tOs bastardos quedan fuera de
la participación en los bienes del progenitor. Pero cuando se trata de
concubinato ¡nterclase y el descendiente ha recibido un reconocimiento
más amplio de su padre (vida en común con la madre, concesión del
apellido) para evitar que ocurra la nOnDa tradicional , es de alguna
ocurrencia que el padre transfiera donativos en vida al hijo: educación.
bienes raíces, semovientes, dotadón a' la madre de la vivienda y
posiblemente financiación de un negocio. Si faltan los hijos legítimos y si
hace un reconocimiento expreso en su testament o. algunos de sus bienes
pasan a estas ramas ilegítimas. Suele ocurrir, aunque no con frecuencia,
que el hijo ilegítimo entre en litigio de los bienes de su progenitor natural,
pero esta no es en ningún modo la norma.
La cultura real en este complejo deja fuera de la herencia paterna a los
hijos naturales, que no reciben bienes sino de su progenitora y de sus
familiares matemos. Así se establecen indirectamente normas de
avunculado en las zonas de dominante madresolterismo, modalidad
compensatoria del aún no logrado proceso .cullurativo: los hijos no
heredan de su progenitor natural, pero sí de su tío materno, que a su vez
priva de su herencia a sus hijos naturales. ¿Podríamos preguntamos si no
nos hallamos frente a un sistema de avunculación que en realidad preside
las normas de herencia como posible remanente de la estructura familiar
americana?
Complementariamente al sistema mencionado, otros rasgos aborígenes
hallamos en los sistemas herenciales, más o menos diluídos con la
aculturación, En Nariño y en Cauca con mayor intensidad y en menor
grado en Boyacá, se hana la presencia coexistente de la ultimogenitura con
otras formas herenciales legales. Las comunidades nativas de este habitat
S6
tenían establecido un principio de herencia basado en la ultimogenitura,
principio que también se halla en algunas de las comunidades nativas de
América Central. Según esta norma. la vivienda pertenece por derecho
sucesoral al ' último hijo de un hogar. en preferencia a los demás, sin
distinción de sexo, -y cuando sobrevive un progenitor va a convivir con éste
hasta el final de sus días.
Además , se observan restos de una herencia de los bienes según el
sexo. Mi en t ras las fOnDas legales 'colombianas no establecen
discri minación, las formas nativas orientaban el derecho de propiedad
hacia los bienes de que podía hacer utilización el individuo, según los
principios culturales de la distribución sexual del trabajo: utensilios de
tareas varoniles eran para el hombre y los que utilizaba la mujer en su
brega diaria eran para el sexo femenin o·. Actualmente, cuando se trata de
repartir herencias en núcleos de filiación natural (asóciase con núcleos de
más legado cultural indio), esta norma se hace evidente, mientras en los
legales se atienen al principio normativo. No podría asegurar si en esta
costumbre ¡nDuyó la presión de los sistemas de los Resguardos, en donde
la tierra se daba al cabeza de familia varÓn para el sostenimiento del hogar,
y con ello la mujer quedaba fuera de este derecho. teniendo opción sobre
los utensilios domésticos y el hombre sobre los elementos de trabajo
agrícola.
También sobrevive una tendencia herencial vinculada con la profesión:
se trata de la de las profesiones de acuerdo con los sexos,
fenómeno que neva anexa la comunicación de la técnica. del uso y
elaboración de los instrumentos de trabajo y por tanto su propiedad, y dé
las divinidades patronales, al fallecimiento del progenitor vinculado a ellos,
como era de usanza entre los grupos aborígenes de e:;tc habitat.
Más evidente dentro de las tareas adscritas al sexo femenino, sin
embargo, se proyectó sobre algunas actividades altesanales del sexo fuelte.
Hoy en día los remanentes de esta estructuración americana se sienten en
el mismo sentido sobre la cerámica, teñido, tejido. cestería, etc. Aquí
reciben las mujeres. que no los hombres, la herencia de los elementos de
trabajo. Sin emb'argo, la comercialización de la propiedad ha hecho que
esta fOnDa se ""ya borrnndo, porque la propiedad de un objeto de
cotización general da a su dueño, sin distinción de sexo, un valor
económico que empieza a tenerse en cuenta, ya que no es forzosa su
• Los bienes personaJes que no eran enlerrados seguían de uso entre el grupo de
o el d e los hombres en cad¡¡ caso.
57
utilizaci6n pel1lonal. Este aspecto ha roto la nonna nativa de herencia por
sexos y técnicas.
Estos remanentes de formas institucionales permanecen casi siempre
ligados a la entraña de las fonnas estructurales familiares de hecho,
particularmente dentro del madresolterismo, modalidad de clara
sobrevivencia nativa. Es parte de los valores asociados que conlleva.
El amaño, raíz india. Sus modalidades
Sumarizados los valores precedentes asociados a las formas familiares
de hecho, veamos algunos aspectos de su estructura.
El amaflo, forma típica del complejo andino por su frecuencia y
raigambre india, está caracterizado por su calidad transicional: su finalidad
es plantearse mutuamente en la práctica la capacidad de adaptación de la
pareja para convivir; llegar al reconocinúento de que existe entre los dos
una afinidad biológica que sugiera una posterior durabilidad de relación y
garantice la recíproca fidelidad . Este matrimonio "a prueba" sirve a los dos
de mutua comprobaci6n de su personal capacidad para Denar a cabalidad,
ClISi como imágenes ideales, las distintas funciones que conforman el status
total de cada uno de los cónyuges, ya sea como seres adultos, miembros de
una comlJnidad dada y en la posición de esposos . Por ej emplo, él, creador
de riqueza y cabeza económica de la familia; ella, colaboradora eficaz en
esta tarea, y administradora hábil del haber doméstico. Esta convivencia
experimental busca también dar a los jóvenes oportunidad para enfrentar
las mutuas obligaciones ante las respectivas familias extensas de cada
compañero. Es ocasión para sufrir con éxito el juicio de las expectativas de
cada núcleo familiar en relación con su miembro afín. El amaño permite
también poner a prueba la plasticidad individual en la interrelación
pel1lonal con los parientes más allegados e influyentes de la farnilia del
novio o de la novia. Finalmente, comprobar en la realidad la posibilidad de
que la mujer sea capaz de cumplir los fines matrimoniales de procreación,
ya que popularmente se cree que ella es el factor único de fertilidad o de
esterilidad en la relacjón genésica. Satisfechas estas espectaciones
culturales, el amaño debe desembocar en el matrimonio. Esta dinánúca
está ajustada a la institución india I 22 precolombina: la pareja empezaba
su vida de convivencia en el hogar de la mujer, pero el hombre no podía
llevarla consigo como esposa a la tierra de su clan, sin haber satisfecho en
122 ConfféNUe Virginia Gutiér'rez de Pineda, La Familia en CoJombia.
TrufUfondo histórico .... Op. cit .• pág. 113.
58
trabajo con sus parientes afines las exigencias de su comunidad, y logrado
asimismo que la compañera en prueba llegara a la gestaCIón, cubIerto lo
cual, ya era considerada verdadera esposa. .
Esta era la fonna india y es la modalidad general que se advierte enla
zona del complejo fanúliar andino, extensiva a núcleos de d .. cendientes
indios ubicados en otras regiones. Sin embargo, cabe preguntarse: ¿pudo
ser un legado hispánico, cuya cultura involucra esta forma transicional aún
en la etapa presente? ¿No puede creerse también que a ·pesar de su origen
nativo sobrevive con base en las circunstancias particulares de la
comurudad campesina de esta zona?
El amafia, raíz dual del pasado o creación nueva, reviste dos formas:
una manifiesta y otra encubierta. La forma manifiesta se presenta cuando
la institución goza de la aquiescencia y aceptación de la comunidad. Est.
variable es más común en Boyacá, 'en las regiones de Ramiriquí, Jenesano,
Chiquinquirá, en las fronterizas con Santander, y en este Departamento,
en la región de Vélez, Málaga y García Rovira. Más dispel1lo vive en los
altiplanos de Cundinarnarca y Nariño. Sin embargo, en este último
Departamento, donde surge la locución "estar arnaftando" <en el Chocó,
donde también se ofrece como parte del proceso aculturativo del indio
sobre el negro, se llama "cangeneo", de congeniar, entenderse) para indicar
que una pareja vive este tipo de matrimonio a prueba, escasea cada vez
más . Hoy en día el amaño se encubre, como en la Colonia, en una
ceremonia de ritual religioso 123: la Iglesia acostumbra a recibir en el
despacho parroquW a la pareja y a sus familiares respectivos para hacer
"amonestaciones", reunión que precede al matrimonio, con el objeto de
estudiar la situación de los futuros contrayentes. El campesino de esta
zona da mucho énfasis a dicha ceremonia, que significa un reconocimiento
en público de su decisión matrimonial, rito que acaba por considerar que le
permite convertirse en marido y mujer a la pareja comprometida ante la
Iglesia. Si la fecha entre las amonestaciones y el matrimonio no se·sucede
con rapidez, los novios se convierten en esposos. En las zonas
santandereanas de este complejo y en otras más , cumplido este rito, el
hombre propone a su novia la convivencia inmediata, porque entre ambos
podrán hacer el rancho, tumbar la roza, sembrar la sementera y cuando la
cosecha Uega, con su ingreso, podrán costearse las exigencias sociales del
matrimonio. El hombre solo no podrá lograrlo, ni la mujer tendrá por sí
1 Z 3 Confiérase VIrginia Gutiftnz de pjneda La. FamUia ~ n Colombia. •. . ol'. c,it ..
págs. Z4S y ZSO: Lo poliginia y lot conllerw ..
59
upmlUllitlnd poru crear un respaJdo financiero que les pennita satisfacer
pru miles de prestigio, o el simple pago de los derechos parroquiales.
Ocurre en estas zonas y aún en algunas de Cundinamarca. que sei'"talan la
trunsición del altiplano hacia la veniente y el in(luJo cultural del río
Magdalena, que la ceremonia nupdaJ se pospone por una o más cosechas, o
se dilata indefinidamente, con lo cual el amano inicial deviene en unión
libre. La ceremonia religiosa, "Ias amonestaciones' \ rompen las resistencias
culturales de las dos familias y de la comunidad, que encuentran en la
promesa hecha ante la autoridad religiosa y ante sus familiares, suficiente
requisito para que la pareja conviva. .
La forma encubierta del amaño la más común, y puede confundirse
con el ·tipo de relaciones prematrimoniales. En las Zonas campesinas que
nos ocupan. la atracción urbana va privando de las fuerzas de jóvenes
varones a la familia, porque la desocupación estacional las moviliza a otras
zonas o es el servicio militar obligatorio que roba los adolescentes del agro.
Las tareas del cultivo recaen entonces sobre el grupo de mujeres jóvenes
que permanecen fuera del éxodo, pero algunas de estas ocupaciones exigen
que se cumplan mediante el empleo de mano de obra masculina. Con este
pretexto, llegan al hogar muchachos de la misma comunidad, o de afuera.
que en cumplimiemo de sus labores agrícolas acaban por asentarse en él.
La intimidad, la convivencia, etc., despiertan la atracción entre el
trabajador y alguna de las jóvenes hijas de familia, que acaban por realizar
en forma tácita un proceso de amaño. Cuando la situación se hace evidente
para los padres, se busca la normalización con el matrimonio, que
representa la ventajosa incorporación del trabajador en la familia
(reminiscente fonna india de matrimonio por servicios), al menos durante
la crisis de mano de obra. Otras veces este canaJ no puede utilizarse,
porque ante la presión familiar, este amaño o estas relaciones
prematrimoniales conducen al madresolterismo, por relación rota.
Otra' de las formas encubiertas del amaño proviene de un intercambio
de servicios que da oportunidad a los dos sexos "de entrar en conoscencia"
(locuci ón popular). Cuando un muchacho soltero deambula por las veredas
como trabajador agrícola, o forma parte del equipo de peonaje de la
hacienda cercana a los minifundios campesinos, requiere una atención
pe"onal que él no puede prodigarse : el lavado de ropa. En Nariño, los
hombres solteros sin parienta cercana, y que viven soJos en una vivienda,
pueden autosatisfacer todas sus necesidades de cuidado personal, menos
una: la del aseo de sus ropas. Esta dependencia del otro sexo constituye
una oportunidad para la interrelación de hombres y de mujeres. En la zona
60
santandereana de este complejo, en la de Boyacá y Cundinamarca, crea
este servicio una obligación de que la prestación sea más amplia y "Ia
mujer se es decir. da comienzo con el joven a una vida sexual <Iue,
dependiendo de la situación masculina. puede convertirse en amatío y
conducir al matrimonio, o a la unión libre, o ser el comienzo de las formas
típicas del madresolterismo.
Observo en el momento actual como norma general en todas las
pequeñas comunidades de est e complejo familiar, un fuerte ostracismo al
amaño, quizá por una identificación con la repudiada unión libre. La
cátedra religiosa previene a los hogares en su contra, reprendiendo
severamente tanto a la pareja como a los padres de la 'novia, y el peso de su
sanción y de su crítica cobija por igual a ambos. Esta actitud religiosa
mantiene y estimula la expectativa de la comunidad. Su crítica rigurosa
crea el aislamient o social para los jóvenes y sus progenitores, y cuando la
situación traspasa el rnttro eco de la maledicencia interna, los infractores
son emplazados ante la .autoridad eclesiástica y ante el juez civil mediante
denuncia de los vecinos. Este emplazamiento, hecho por las autoridades
veredales. obliga a la normalización de la situación a través del matrimonio.
o a su ruptura inmediata. En la zona de antiguos Resguardos (Cauca y
Nariño) tal obligación recaía y pesa sobre las autoridades indias: los
aguacHes hacían y hacen comparece r a la fuerza a la pareja de mal vivir,
que era azotada por orden del Cabildo, y luego obligada a .legalil.ar su
situación.
Mientras la fonna manifiesta del amaño puede situarse por zonas, la
expresión encubierta es más difícil de ubicar. Sólo se detecta cuando hace
explosión, o cuando se analizan biografías. A través de estas dos fonnas,
puedo señalar que es un fenómeno que se presenta en todo el complejo
americano dentro del ámbito rural. dependiendo su expresión del mayor o
menor control que ejerzan los padres . la comunidad y la cabeza de la
en colaboración con la autoridad civil. En cada comuni dad
estudiada, muchos núcleos familiares. legales en su estructura en el
momento de la encuesta. se habían iniciado a través del amaño encubierto.
Analizando la forma esporádica, ocasional de éste. se puede Uno preguntar:
Lel momento actual , mas que una forma institucional de remanente raíz
nativa, es el resultado de eventuales situaciones reales que ponen en
contacto la parej a campesina que satisface en esta fonna su primitivo
impulso biológico y que halla luego sobre base de tales oportunidades
subrepticias y de la presión familiar y social, la ocasión para ser regulado?
En otro sentido este amaño encubieno puede ·convertirse en
61
llIudrcsolterismo. Son muy sutiles y escasas las diferencias que enmarcan a
cad. uno.
En cuanto a la frecuencia de las dos formas de amailo, manifiesta y
encubierta, es evidente que este "matrimonio a prueba" es más numeroso
en las zonas rurales. No es institución urbana. Se siente con más intensidad
en las comunidades de más legado cultural imUo que hispánico, y siempre
con mayor fuerza en los grupos de menor avance en la escala social, en los
más alejados de los centros, y dentro de las áreas de densa población
minifundista.
Puede observar.;e, asimismo, que el amaño manifiesto va' perdiendo
cada vez más intensidad, aun en las zonas donde 10 he indicado como
característico. Cuando he tenido oportunidad de regresar y volver a
interrogar a una comunidad con intervalo de tiempo, aun dentro del
reducido lapso de cuatro años, he notado que su ausencia se ha ido
haciendo evidente en el muestreo. No podría deFir lo mismo en función
del amafio encubierto. El aparece y desaparece temporalmente en una
zona, cuando condiciones particulares eventuales rompen la barrera
cultural de los sexos en estas comunidades: sea el caso de la apertura de
una carretera que trae grupos de jóvenes que con frecuencia se asientan en
los hogares campesinos. mientras los trabajos se realizan, por ejemplo.
El madresolterismo, su forma estructural
lA segunda unión de hecho a que quiero hacer referencia es l.
institución familiar que denomino madresolterismo. Este constituye una
institución familiar conformada por la madre y su descendencia habida con
un determinado varón, o varones sucesivos , a través de relaci ones
esporádicas , Caracteriza esta forma familiar la residencia duolocal de la
pareja, pues cada uno prosigue su existencia dentro del hogar de
orientación. Por esto,)o común en este tipo de familia incompleta es hallar
a la madre con su descendencia en unidad habitaciona! con o sin sus
parientes maternos. mientras el padre continúa residiendo en el hogar de
orientaci6n con o sin sus consanguíneos.
Si hacemos un diagrama del hogar del Ego femenino (madre) de esta
familia, hallaremos en la unidad habitacional:
62
a) El Ego femenino en la categoría de la madre.
b) Su descendencia habida en uno o varios padres.
e) Su ascendencia materna, o posiblemente bilateral, con su
descendencia.
d) Las hermanas, madre-solteras como .el Ego.
e) Los hermanos varones adultos no casados.
f) Alguna hermana casada y sus hijos y marido.
Si hacemos un diafragma de la unidad doméstica del Ego masculino
(padre), hallarnos en su unidad habitacional:
a) El Ego masculino, padre encubierto.
b) Sus ascendientes, posiblemente sólo la rama materna.
e) Sus hermanas madre-solteras con su descendencia.
d) Sus hermanos y hermanas solteros.
e) Posiblemente alguna hermana casada, su marido e hijos.
Cada Ego (padre y madre) mantienen su vida separada. Las ocasiones
que la vida del agro ofrece, los reúne esporádicamente: idas a misa, regres.o
del mercado, faenas de pastoreo y de agricultura. Entonces la pareja
satisface su vida biológica y tiene oportunidades de entrevistarse. Sm
embargo, no llevan vida familiar común. Aunque la comunidad toda
reconoce estas relaciones y la descendencia habida en ellas, y aunque la
familia primaria de la mujer está enterada de todo el proceso. el padre no
figura como tal en las consideraciones hogareñas. No se reconoce
abiertamente su papel en función de pariente y por tanto no se le acepta
en la unidad doméstica. Sólo en forma soterrada se admite su existencia y
su status. En ningún momento tampoco, se le aprecia dentro de su papel
de esposo. lA familia no hace reclamo sino cuando se presenta ell primer
embarazo, y esto a la futura madre, que guarda celosamente el de
sus relaciones y de su gestación, y sólo cuando su estado se hace mnegable,
confirma la verdad, y hasta donde le es posible, mantiene oculto el nombre
del autor de su gravidez. En esta primera ocasión, los familiares matemos
reaccionan violentamente: mientras la escala social sea más baja, esta
reacción es más débil. Cuando se tocan umbrales de clase media o se llega
al grupo alto en las ciudades, entonces la manifestación es más agudo y s.
orienta a la búsqueda de la solución cultural : el !!latrimonio. Pero cuando
la madre-soltera es de clase baja, la madre principaltiiente y los hermanos,
y si es legítima el padre también, hacen oír su protesta ante la gestante, no
muy enérgica, eS cierto, y la situación no conduce a obligar a la muchacha
al matrimonio, sólo a advertirle la responsabilidad económica que
adquiere. Mas es una protesta cara a la comunidad, quizás escueta
constancia de que no participan de este proceder ni se hacen responsables
de sus obligaciones, pues defienden lo a
parienta: se argumenta que no es el pnmer caso, que esta es su suerte I
63
que ella ha buscado el problema y sabrá responsabilizarse, y como por lo
general es la mujer una fuerza de trabajo productora. se acepta el hecho sin
mayores escándalos, sin concederle mayor impor1aocía a la silU3caón que,
por otra panc, siempre se espera culturalmente.
Dos actitudes he hallado en todo el altiplano de Nariño donde el
madresolterismo dentro de las formas familiares de hecho es una
institución modal : una versión de rechazo a lo ocurrido, que va desde el
extremo crítico de reacción familiar y que conduce a forzar a la pareja a
legitimar sus relaciones, hasta la de una represión inicial de no mayor grado
de severidad. casi constancia expresa de que no se hace copartícipe de la
conducta de la joven y de que no se asumen sus responsabilidades.
El otro tipo de reacción consiste en considerar esta forma de creación '
de la familia como la más apetecible, mejor que el mismo matrimonio, y
superior a las fonnas de unión libre. Las madres del área tural y de estratos
bajos y aun medios. encuestadas sobre si deseaban el matrimonio para sus
hijas , eran acordes en contestar que no veían bien esta posibilidad y que si
ellas deseaban tener hijos los tuvieran en su casa. aux.iliadas por los suyos,
sin salir del hogar, ya que de este modo no tendrían que ir a " pasar
trabajos" al lado de un marido de pocas cualidades, que las lUciera sufrir
sin que sus padres pudieran impedirles esta situación o aliviarlas. En suma,
el madresolterismo -responden estas madres- tiene más ventajas que
inconvenientes, porque no obliga a 1a mujer a someterse a las normas y
situaciones de la casada y pueden tener su descendencia, ambición de cada
Ego femenino. Sin embargo, cuando las IUjas (en algunos de los casos
sometidas a encuesta) quisieron casarse, sus progenitores no opusieron
resistencia y se enorgullecieron de su estado. Estos o parecidos
razonamientos también los hallé en la clase baja de las ciudades del
altiplano.
Modalidades del madresolterismo
Aunque aparentemente el madresolterismo constituye una unidad, se
consigue estructurar una tipología teórica cuando se le analiza más a
fondo. Esta tipología puede establecerse alrededor del padre encubierto,
elemento móvil, mientras la madre es el factor estable. Sobre esta base
reconozco tres formas:
lo.) Modresolterismo en relación rota.- Está relacionado con la
existencia de un solo compañero en la vida fértil de una mujer, de cuya
vida marital resulta un hijo. Como su nombre lo indica, condiciones
64
circunstanciales peculiares hacen que la mujer interrumpa 'u vida afectiva,
generalmenle, cuando al ser presionada por el padre para que legitime su
descendiente, para evadir la responsabiUdad, como solución, emigra,
deserta o se casa con otra. La madre lesionada fuertemente en su
sensibilidad y con frecuencia en su status , centra su vida alrededor de la
criatura que concibió, y permanece célibe y continenle. Este tipo de
madresolterismo no es caraclerlstico de clases muy bajas, porque en eUas el
Irauma provocado por la maternidad ilegitima no es real. Generalmente se
encuentra en estratos relativamente altos o en grupos urbanos de media
ubicación en la pirámide social. Particularizando el hecho, esta forma se
marca entre elementos del magisterio en Narif\o y Cauca, como también
entre algunas empleadas de menor escala técnica en la burocracia oficial, o
en trabajadoras independientes de grupos urbanos con mediana posición en
la colectividad En los sectores ubicados en la cúspide de la sociedad, el
madresolterismo, por lo general, halla solución legal al conflicto creado por
13 maternidad ilegítima. Casos muy señalados apenas se encuentran entre
estos grupos.
20.) Relación continua monógama.- Dentro de esta modalidad la
mujer soltera llega a tener varios hijos del mismo hombre, guardándole una
verdadera fidelidad, y buscando en cada oportunidad de gestación, y con el
crecer de los hijos, a que éste '1a honre", es decir, legitime sus relaciones.
En ninguna de las formas del madresolterisrno se hace evidente su carácter
transicional como en la presente: "cada nuevo lUjo" - dicen las madres-
"es un lazo más que lleva y fuerza al matrimonio", una obligación moral
más que indica al hombre uverdadero" hacer reconocimiento de sus actos,
y mediante el matrimonio con la madre de sus hijos mostrar ante la
comunidad que su afecto por ella era sincero, que sus intenciones eran
sanas, lo que le permite disculpar.;e cara a los parientes afines bajo el
aspecto de que sólo condiciones temporales le impidieron tomar
previamente las obligaciones de su status.
30.) Madresolterlsmo en relación sostenido con sucesivos
compañeros.- la lercera variable del madresolterismo la conslituye la
relación sostenida can sucesivos campaneros. Dos melas -confiesan las
madres solteras- se buscan con esta conducta: encontrar un compañero
que remplace emocionabnente la ausencia del anterior y pOSIblemente su
apoyo económico, o hallar el hombre que las conduzca al matrimonio.
Según los muestreos, el madresolterismo de relación sostenida con
sucesivos compañeros, es Wla modalidad que se encuentra con más
6S
frecuencia en mujeres de treinta años para arriba, liberadas de la tutela
familiar, que constituyen unidades económicas (comerciantes, artesanas,
duenas de tierra, con negocios propios, ejc.) independientes, que sostienen
por sí solas sus obligaciones penonales. Generalmente, e.ste tipo de madres
tenían su propia unidad habitacional separada de los suyos,
particularmente cuando el madresolterismo es urbano. Con frecuencia,
algunos de los primeros hijos viven a! lado de los abuelos como hogar de
orientación. Cuando la madre es solicitada en matrimo';;o y alcanza esta
meta, aquellos niños conservan su residencia bajo el tutelaje de los abuelos,
que se niegan a dejar que los pequeílos "pasen trabajos" bajo la' autoridad
del marido de la madre, que no es su padre. Este hombre puede reconocer
y dar su apellido a los hijos habidos anteriormente, pero lo modal es que
todos estos medios hermanos maternos continúen llevando la filiación
uterina.
El madresolterismo y su génesis
Dentro de una nueva clasificación podemos encontrar algunas
respuestas que nos aclaren parte de su etiología socio-cultural reconocida.
Desde el punto de vista de la estructura social, hallamos el madresolterismo
intraclase y el interclase. El primero, característico en el de
Nariffo, entre el grupo de pequeños propietarios, constituye en esta zona,
en el Cauca y en el sur del Huila, la forma modal de las uniones de hecho.
Es dominante en el agro, pero invade también las pequefias cabeceras
municipales. También se le encuentra con facilidad en los tres
Departamentos restantes de la porción norteM oriental, Boyacá,
Cundinarnarca, pero sin la frecuencia, ni la institucionalidad ni la
earacterización tan clara con que aparece y se desenvuelve en la región
sureM. Como rasgo fundamental que secunda y acompaña su aparición se
observa la presencia donúnante entre la clase baja, la cual coexistentemente
hace evidente un mayor porcentaje de sangre aborigen y de retazos
culturales americanos. Veamos el madresolterismo introciase en las dos
modalidades: la rural y la urbana.
En el estrato rural del altiplano nariflense es donde mejor se refleja la
situación y su etiología, porque sus clases populares guardan remanentes
de la cultura aborigen, ligados a un fuerte porcentaje de sangre india. Los
antiguos Resguardos (muchos todavía en vigencia y otros ayer nada más
disueltos) dejaron en manos de sus poseedores, pequeflos lotes
sobreparcelados en cada generación, hasta llegar en el momento actua! al
66
minifundio extremo de que antes hemos hablado, (Confiérase, Tenencia de
tierra). Estas tierras y las posibilidades de trabajo asalariado, son las únicas
perspectivas que ahten para sus moradores . Pero ambas son cortas· para
dar un ingreso adecuado, no sólo a los jefes de familia, sino a los grupos
juveniles de cada gener.ación, cuyas posibilidades se encogen cada vez más .
Por ello, durante la primera juventud, el varón no consigue en su ambiente
un estar que le pennita llegar a la independencia económica y a tomar
responsabilidades de marido. Las tierras estan aún ocupadas por sus
progenitores y al ser tan pequeílas las parcelas. su ayuda laboral no
trasciende en ingreso. Las fincas o haciendas ocupan menos mano de obra
de Jo que la oferta presenta, de modo que aparece una desocupación
forzosa dentro de los jóvenes y de los viejos. Las nuevas generaciones
masculinas no logran capacitarse para fundar un hogar y asumir las
responsabilidades inherentes a él; por eUo es aceptable la solución cultural
del madresolterismo que los eXime de aquellas. Paralelamente, la mujer de
estas zonas es una fuerza de trabajo equiparada a la del varón. En la
tradición americana aparecía vinculada a1 trabajo de la tierra. y su
liberación cumplida a medias le permite cubrir muchas de las obligaciones
varoniles en el quehacer agrícola.
Aunque el espafiol introdujo el telar masculino, "la guanga", telar
femenino, ha sobrevivido en la tarea artesanal, casi toda ella centrada en el
sexo débil. Así la mujer ha logrado una . situación económica de relativa
ventaja, en comparación' con el hombre, pues si bien participa
efectivamente en las tareas' de producción agrícola que dan los productos
básicos de subsistencia, colabora con eficacia suma en los trabajos
artesanales, ya como empresario personal O como obrera, demanda de la
cual existe siempre avidez, en el mercado loca!, facilitándole un ingreso
permanente que refuerza las entradas en dinero contante de su hogar de
orientación. También desempeM con eficacia tareas de .comercio, donde
muestra una notable capacidad. Posiblemente la responsabilidad
económica que recae sobre ena desde largo tiempo la ha habilitado para
cumplir con mucho ingenio estas actividades. El comercio en grande escala
está con prelación en manos del sexo masculino, pero también existen
muchas mujeres que participan en él, mientras el detallista reposa en
manos femeninas. Hasta en los municipios más pequeHos, cada hogar es
una minúscula venta que administra la madre y que proporciona algunas
entradas. Esta situación del Ego femenino, antepuesta a la incapacidad del
hombre para poder asumir su papel cultural en la fundación de una farnilia,
puede considerarse como razón etiológica económico-cultural, tocada
67
también de la influencia estructural social, pero a su vez puede también
dirimirse como efecto secundario. (Confiérase Status y función).
En otro sentido habrá que señalar en este madresolterismo intraclase
otra etiología dual de tipo cultural: analizando las normas de residencia,
las formas de autoridad, los sistemas de miación y de herencia, etc., puede
intuirse la existencia de una institución familiar de claro ancestro aborigen.
Con base en instituciones familiares indias similares en otras zonas,
podemos suponer que era la ¡nstit oción normal familiar en este altiplano,
aunque no tengo a mi disposición sino documentos fragmentarios ya
expresos en el primer volumen y en forma no particularizada' para esta
región que me permitan enfatizar mi rupátesis. Por otra parte, las
condiciones enunciadas , complementadas con la movilidad horizontal del
hombre del altiplano, estimulada por las condiciones de la tenencia, por la
cercanía del Valle del cauca-Cali en especial- y el sistema de
reclutamiento militar, nos permite decir que la institución india pudo
sobreviri.r merced a las condiciones socio-económicas que vinieron luego,
o bien pudo ser gestada por ellas, versiones que pueden explicar la
dominante presencia del madresolterismo en esta zona, el limitado
ostracismo que arrastra y la poca subvaloración de la descendencia habida
en este tipo de uniones. ¿Será también eUo porque especialmente amaño y
madresolterismo constituyen un preludio del matrimonio?
El madresolterismo imerelases es el resultado de las relaciones
maritales esporádicas entre parejas de status sociales diferentes. La mujer
pertenece como norma a un nivel más bajo que el del hombre. Este
madresolterismo abarca las zonas rurales y las zonas urbanas, siendo, a
diferencia del anterior, más fuerte en los grupos urbanos. En los grupos
rurales es la resultante de las presiones derivadas de la tenencia de la tierra.
En este complejo andino, la clase baja, ayer india, sufría el impacto de la
clase alta, ayer denominada ruspánica (encomenderos, fundadores,
hacendados, pobladores, vecinos, ele.), y este poder retona aún en la
servidumbre sexual que ha de tributa ... en el agro y en la ciudad al
hombre de status superior. Si a esto agregamos valores de prepotencia del
sexo fuerte sobre el débil, emanación del mai:rusmo que cobija a toda
Colombia, hallamos una explicación al fenómeno. Concomitantemente
aparece la actitud cultural del sexo femenino que mira esta relación como
un motivo de orgullo, cnn amplia aquiescencia por las posibilidades
materiales que puede contener, particularmente cuando se trata de
elementos dependientes de la tierra. En la ciudad, esta situación del
madresolterismo se hace evidente en ciertos gremios femeninos cuyas
68
condiciones de trabajo y cuya ubicación baja dentro de las clases sociales
son de una clara dependencia cultural en relación con otras. Tal el caso del
servicio doméstico y de otras categorías laborales femeninas, como obreras
de fábricas, o empleadas menores de la burocracia oficial y particular.
En la servidumbre domésti ca; este fenómeno es de una fuerte
evidencia. El madresolterismo en ella resulta de relaciones dentro y fuera
de su status. Al venir a las ciudades. la joven enganchada en las tareas
domésticas , rompe con las amarras familiares y con las demás instituciones
primarias que ejercían una vigilancia y un control de su conducta. En la
urbe es más libre, su comportamiento se difunde en el anonimato,
encontrando más amplias posibilidades de entrar en relación con el sexo
opuesto que en su región natal, condiciones que le facilitan la relación
esporádica clandestina y con eUa la maternidad, que las incluye en la
tipología primera del madresolterismo por relación rota.
Ampliada esta etapa de persistente presencia en las biografías
recogidas dentro de estas jóvenes, regresan a sus hogares de provincia,
llevando un hijo, que dejan alIado de sus abuelos, para regresar de nuevo a
la ciudad y buscar solas el ingreso que servirá para ambos. En la encuesta
que he realizado en veredas de Cundinamarca, Boyacá y Santanderes, de
fuerte movilidad horizontal femenina, 22, 18 Y 210/0 respectivamente, de
las madres casadas, tenían un hijo de relación previa, habido en esta fonna
y fruto de vinculación con otro hombre diferente al marido 124 . (El
hombre que había llevado'a1 altar a esta mujer. no daba subvaloración a
este hecho; consideraba que si la esposa había normalizado su conducta y
era eficaz trabajadora campesina, el hijo fuera del matrimonio no le restaba
valor, más bien conformaba "una mujer de experiencia" , es decir, una
personalidad que sabe obrar consecuentemente en fonna cultural y cuyas
vivencias le han dado madurez y plenitud en su conducta). Est as fructuosas
experiencias primeras pueden dar comienzo también a. otras fonnas del
madresolterismo, hasta llegar con más dificultades con sucesivos embarazos
al matrimonio, o a desembocar sin tropiezo en la unión libre, final
frecuente de esta dinámica.
En el análiois de la etiología del madresolterismo vuelve a hacerse
evidente la vigencia de las viejas costumbres señoriales de reclutar para la
124 El hombre que había llevado al altar a esta mujer, no daba subvaloración a
este hecho ; consideraba que si la esposa hab ra normalizado su conducta y era efic8l.
trabajadora campesina, el hijo fuera del matrimonio no le rmaba valor. más bien
conformaba un. mu)er de ex perienda, es decir, una personalidad que &abe obrar
secuentemente en forma cultural)' cuy. vivencias le han dado madure!. y ,lenilud en
su conducta..
69
ciudad las muchachas nacidas en el ambiente de las grandes haciendas.
Ellas son llevadas, casi como antaño las naborías, o las indias de la
Encomienda, a la casa de los "Principales". Aunque allí reciben un tutelaje
mayor. este paternalisrno se traduce en s-ervicio sexual, particularmente
para los jóvenes retoños de la familia. A esta forma de madresolterismo
interclase colabora también el ya explícito sentido de retribución sexual de
una clase baja a otra alta de la cual se depende económicamente,
revitalizado remanente colonial. En otro sentido, la relación laboral va
interrelacionada con el status del individuo que la ejerce y de este status
-en el servicio doméstico- "Las Indias" (en el lenguaje coloquial de las
amas de casa en este complejo) se halla impregnado aún del matiz de botín
y de dominio de una raza por otra, en el proceso de superposición cultural
hispano-india y que un cierto estatismo en el proceso de movilidad vertical
de los estratos sociales ha mantenido hasta hoy vigente en fonna
encubierta, engranados dentro de un mecanismo estructural de vieja data
que ayuda a su sobrevivencia.
En segundo lugar, impulsan este madresolterismo entre las dos clases
sociales, los patrones o imágenes ideales del varón de clase media y alta. El
ha de dar prematuras pruebas físicas de su masculinidad, frecuentando el
sexo débil, y como las encuestas lo indican, dentro de estas clases, las
madres en fonna discreta proveen su hogar de servidumbre femenina que
pueda proporcionar estas satisfacciones a sus hijos adolescentes, siIi las
secuencias que en este medio tiene la utilización de la prostituta. Esta
tributación sexual también se' encuentra dentro de) servicio reclutado en la
misma ciudad. Encuestando en Bogotá, en el Refugio Maternal de la Cruz
Roja (1956), hallé que de las jóvenes en trance de maternidad, refugiadas
allí como defensa de su madresolterismo, el 650/0 provenían de la relación
interclase y el resto de vinculación esporádica intraclase 125 . También
ocurre un fenómeno similar entre las obreras de las fábricas, trabajadoras
de escasa calificación técnica, entre las cuales el madresolterísmo es
frecuente, resultado de relaciones ínter e ¡ntraclase, pero como no
dispongo de un trabajo masivo que me permita cuantificar la situación,
sólo sondeos esporádicoo, no puedo obtener conclusiones valederas.
He mencionado el madresolterismo entre elementos femeninos de la
burocracia oficial y privada. Aunque ellos son más ostensibles a la opinión
pública por ubicarse dentro de estratos más sensibles al fenómeno y más
visibles ante la comuTÚdad, me parece que son considerablemente menores
125 Investigación realizada en la Cruz Roja de Bo¡otá. O.E.
70
en número. Dentro de las clases altas el madresolterismo es una excepción
en este complejo. Las posibilidades de solucionarlo a través de otros
canales favorecen su represión o solución legal.
La unión l i b r e ~ valores conexos
La unión libre es la tercera forma que he mencionado en la estructura
familiar de facto, y es además la última modalidad monogámica que
encontramos en la sociedad del complejo andino. La unión libre, a
diferencia del amaño y del madresolterismo, fonnas transicionales, tiene
un carácter más estable: en sí misma es una meta, y conscientemente no
involucra la finalidad matrimonial. Es, por otra parte. la más restringida de
las fonnas de facto dentro de la subcultura que sondeamos.
Dos razones configuran esta característica: en primer lugar, la intensa
y permanente función de control de la iglesia sobre la comunidad, durante
el período histórico y el instante presente y las valoraciones negativas
socio-religiosas que ella arrastra. La unión libre significa y significó vivir
en pecado ostensivamente ante la comunidad. o en "concubinato" como
peyorativa y erróneamente se le califica, porque su característica básica,la
unidad habitacionaJ de la pareja. constituye ün reto ostensivo a las nonnas
de la comunidad, a los preceptos normativos éticos impuestos por el
sacerdote, y además encierra concepto de pecado escandaloso, ya que
manifiestamente se cumple, razón por la cual la pareja se hace acreedora a
las sanciones de la Divinidad. Además, recordemos que dentro de nuestra
religión folk adquieren dimensiones desproporcionadas, en relación con las
demás infracciones, los pecados contra la moral sexual. Nada provoca la
cólera de la Divinidad, he repetido. como este tipo de infracciones, que
acarrean para la colectividad castigos de diversa índole: (Confiérase
Religión)) malas cosechas, pestes en los animales, e.pidemias en los
humanos, sequías, inundaciones, etc., constituyen la respuesta de la deidad
ofendida por la conducta sexual divergente.
Al tratarse de pequeñas comunidades de minifundistas agrícolas, o de
reducidas colectividades urbanas, es muy temible provocar la acción
incontrolable de la Divinidad Topoderosa, que puede vengarse fácil y
tangiblemente con la economía aún sin control técnico, con sequías,
lluvias excedentes, granizo, hielo, plagas, etc., como ya ocurriera en
tiempos del antepasado chibcha. Entonces la acción defensiva de control
de la sociedad se ejerce sistemáticamente contra los seguidores de la nonna
proscrita, y el ostracismo y la hostilidad que converge en la acción legal,
71
conduce a la normalización de la institución familiar marginal, que debe
ingresar a las formas legales o disolverse.
Esta presión puede muy bien ejecutarse en los tipos de unión libre
intraclase, pero cuando ella se cumple entre dos estratos sociales
diferentes, y el hombre pertenece a la alta esfera de la comunidad, tal
sanción es menos ejemplarizante, y sólo puede ser satisfecha de poder a
poder , a través de las cabezas de las instituciones eclesiástica y civil que en
veces y por las razones precedentes, acometen el saneamiento de las
estructuras familiares de la comunidad a su control.
Este es el motivo según el cual en Jos muestreos rurales,' la última
escala de porcentajes se halla para la unión libre. Sin embargo, si el
muestreo se realiza en la cabecera municipal, o en la zona de grandes
haciendas (latifundio anexo a núnifundio) , ascienden los porcentajes
relativos a esta modalidad mientras decaen los de madresolterisrno, por
ejemplo. Cuando se trata de pequeños municipios como Cantadero,
Choachí, Fómeque, Chinavita, por ejemplo, se proyectan sobre ellos las
nannas generales de la comunidad ruraL pero cuando ellos son mayores en
tamaño, y de un desarrollo comercial y anesanal incipiente, focos de
atracción de los sobrantes campesinos , la unión libre es superior' en los
muestreos a las otras formas de facto monógamas ya enunciadas. Tal es el
caso de Ipiales, Chiquinquirá, Leiva, Facatativá, etc. En otro sentido, la
unión libre puede encubrirse bajo las formas del madresoherismo.
Obviando el mayor obstáculo, vida en común, la residencia duolocaJ de la
pareja quita gran parte de su valoración pecaminosa y de escándalo y puede
cumplirse sin problemas con la colectividad.
Me parece que la unión libre, creciente en el ámbito urbano del
habitat americano. es un comienzo de escape de las nonnas de control que
la comunidad primaria y la iglesia ejercen sobre el individuo en la
estructura de la familia de procreación. Y es también parte del proceso de
urbanización acelerada de algunas ciudades, focos convergentes de la
movilidad social campesina. Y es tan evidente, Que siguiendo un tanto los
grupos de innúgración de Nariño al VaUe, aunque todavía la primera
generación muestra algunos porcentajes de estructuras matrimoniales,
superiores al ámbito cultural que la rodea. es importante seí'i.alar que en la
segunda descendencia la forma estructural familiar se halla a favor de la
unión libre, perdiéndose la conformación modal de facto que para los tres
Departament05 del sur constituyen las variables de madresolterismo.
Finalmente, la unión libre es más ur!>ana que rural. Su presencia
mayor se encuentra en los núcleos de clase baja de los centros ciudadanos,
72
crecidos de la ciudad o de larga permanencia en eDa . Se halla como
fenómeno interclase en el campo (terrateniente y familiar o empleado con
dependiente del suelo) en forma restringida, y en la ciudad como forma
transicional que puede desembocar después de un largo período de
conformación familiar en madresolterismo, por deserción del padre de la
unidad doméstica, bien porque normaliza su estado civil dentro de su
status, o porque abandona el hogar de procreación. Es posible, dentro de
linútados casos, en que a instancias de las presiones de la familia que se ha
levantado ilegítimamente, legalice la unión y la descendencia a través del
matrimonio con la compañera de varios años.
El concubinato, modalidades y etiología
El concubinato es la cuarta de las modalidades estructurales de la
familia del complejo americano, que se basa en las relaciones de hecho. Es,
por otra parte , la única institución familiar de tipo plural , en este
complejo, ya que consiste en la uni ón de hecho de una pareja, uno de
cuyos elementos está enlazado con otro por matrimonio previo.
El concubinato, a pesar de su simplicidad, contiene una serie de
modalidades cuya presencia se siente en esta zona. Veamos algunas de
eUas. contabilizadas a través de las encuestas. cuyas variantes se captan en
la entrevista profunda y. el sondeo sistemático y sucesivo. Podríamos
hablar de concubinato simple y de concubinato doble. Uamo concubinato
simple cuando la unión de facto está realizada por una pareja, en la que
s610 un miembro está atado por matrimonio a otra persona. Cuando los dos
que conviven maritalmente están casados con otros respectivos cónyuges,
lo Uamamos concubinato doble. La primera forma es la que se encuentra
con mayor frecuencia en la incidencia del concubinato en este complejo
fanúliar, con la peculiaridad de que es el hombre el elemento que presenta
el matrimonio previo. La foona doble es la más rara, particulannente en las
zonas rurales . Mientras la sencilla se presenta en similar proporción en el
campo que en la ciudad, la modalidad doble es casi característica de la
urbe.
El concubinato también puede ser fruto de relaciones entre elementos
de clase diferente, interclase, o de vinculaciones entre individuos del
mismo estrato social: intraclase. También podemos distinguir un aspecto
más en el concubinato. Se trata de )a convivencia simultánea y/o rota
del núembro casado con su cónyuge respectivo y la "compañera" de la
actualidad. HaUamos como norma general en el concubinato simple,
73
lIII6II4u 1I 110mb,. 01 cuido, dos posibilidades: que no sostiene vida
lonYlllal In IU unión previa. Que mantiene con la esposa unidad
hlblllclonal sin relación biológica, o que simultáneamente con la esposa,
mantenga vida marital con una o más mujeres complementarias
-"concubinls"-. F.3te aspecto. detectado en el tipo de entrevista
profunda, no tiene mayor proyección en cuanto a la estructura misma de
la institución: únicamente es importante, en cuanto a la etiología social del
mismo se refiere y en cuanto refleja luz sobre la verdadera estructura de la
ramioa legal, su real integración. el funcionalismo cultural que las
instituciones familiares de hecho cumplen en la vida sexual ¡¡el varón
casado, y las dificultades que surgen de la coexistencia de normas de hecho
y legales.
Finalmente. el concubinato es poligínico. que no poliándrico. Un
hombre, como lo indica el esquema anterior. puede mantener relación
activa con su esposa y una o más mujeres secundarias, "concubinas", en
situación tal que la cultura sefiala una aquiescencia, ante el fenómeno.
mientras que no he encontrado en este ambiente un solo caso en que
siendo la mujer casada, conviva simultáneamente con otro u otros varones
-poliandrfa- como hecho cultural normal. La mujer casada
comprometida en la relación de concubinato, parte de una relación
matrimonial previa, muerta, trunca , que se ha quedado atrás en su vida,
de manera que la nueva es sustitución de su desintegración familiar
Inicial. Constituye un remplazo al cual se entrega monogámicameote,
centralizando en el nuevo "compaftero" -por lo menos mientras convive
con é1- toda su vida biológica y hogarem. Puede ocurrir sí, que estas
relaciones no prendan suficientemente en su integración, y que ella
deambule SUCesivamente aliado de subsiguientes "campaneros". De todas
maneras. a través de este camino podemos desembocar, bien en las formas
de la unión obre inestable o del amor libre. o Uegar a una modalidad muy
peculiar de madresolterismo de relación sostenida con sucesivos maridos,
uno de los cuales es su esposo legal. Como constituye \lna forma tan
divergente. apenas la anoto. sin ahondar en su estructura.
Otra peculiaridad del concubinato en la rona andina es la de que,
según las noonas de residencia que se acepten, se introduce, ya sea en el
campo del madresolterismo. o se vierte en las formas de la unión libre.
Veamos por qué: las presiones de control que en las zonas rurales se
ejercen sobre las formas anómalas de estructuración familiar, se hacen más
sensibles, como lo he repetido. en cuanto a la vivencia en común de la
pareja infractora de las normas sexuales culturales. Por esto el
74
concubinato, como la urnon libre, pueden e x p r e ~ sin limitaciones,
eludiendo las anteriores presiones cuando adquieren las formas del
madresolterismo. tm institucionalizado como forma de facto en esta
región andina. Para ello, la pareja irregular mantiene la res idencia duo local,
y es sólo a través de la relación esporádica como se cumple su vida marital.
Ante esta fonna semiencubierta. la sociedad no se siente lesionada, ni
herida ostensivamente, antes bien. practica una cierta aquiescencia, o
laxitud de control que le permite un ajuste más cabal y un fl orecimiento
mayor al concubinato.
He dicho anteriormente que el concubinato doble es atípico en el sexo
débil. Sin embargo, quiero mencionar una peculiaridad que reviste esta
modalidad en las zonas de gran tenencia (confiérase Tenencia de la Tierra
en la Zona Americana) en Boyacá. limítrofes de Santander o en las
similares de Narino. Sea en este Departamento el caso de Túquerres. en el
de Boyacá el de Chiquinquirá y Saboyá. en el de Cundinamarca el de
Ubaté. donde he captado. como en Vélez y Bolívar en Santander. un
fenómeno de aparent e concubinato doble femenino . En estos lugares y
posiblemente en muchas zonas más de este complejo. las esposas de los
agregados, arrendatarios, aparceros, etc. . que viven en vinculación
económica dependiente con una gran tenencia, no parece que consideran
adulterio, en el valor cultural que esta pa1abra tiene entre nosotros, cuando
la relación extramatrimonial se cumple con el señor dueno de tierras de
quien depende la familia. o con su inmediato representante (administrador.
hijo, etc.). Esta relación cOn él , o su sustituto. no deshonra, como ocurriría
si se realizara con otro; por el contrario. exalta a la mujer que ha tenido la
fortuna de ser seleccionada. objeto de la atracción de un hombre tan
importante en su reducido mundo. No puede ser lógico negar un favor tan
fácil. retribuíble con bienes de primera instar:cia y que benefician al núcleo
familiar más que la fidelidad misma. Negar estos favores al sefiaT no es
virtud, es temeridad. que a más de lesionar los exiguos intereses del núcleo
biológico. no implican en la moral campesina gratificación alguna. Tanto le
pertenecen al patrón la fuerza de trabajo de su hombre como le puede
pertenecer también la satisfacción efímera biológica que su esposa puede
dar de sí. ¿Es la clásica hospitalidad femenina india o el derecho de
pernada implantado por el hispano y perpetuado por el criollo bajo el
incentivo de las condiciones tenenciales que le dan vigencia? ¿O ambas
faonas simultáneamente? Sin embargo. es necesario asegurar que son
modalidades marginales. cada vez menos válidas. pero las traigo a relación
por su contenido residual .
75
Entrando al campo particularizado de la etiología del concubinato en
esta zona,en cuanto conforma una relación interclase, halla en el agro su
razón de ser en las relaciones de producción entre los propietarios y
trabajadores: en Jos valores sociales agregados que el suelo conserva y que
se traducen en tributo sexual; en la movilidad social que la relación
biológica puede prestar al elemento de menor status en esta vinculación ya
sus y a 10.8 valores culturales en la expresión y satisfacción
de la libido sexual varonil. Se explica el concubinato como fenómeno
intraclase, por los fuertes movimientos horizontales de la población
masculina que se desplaza a lejanos ambientes abando';'ndo sus
vinculaciones primarias con la zona de origen. El emigrante casado que
viaja solo, se establece maritalmente en la nueva sede, cuando a causa de
esta movilización ha desertado de la familia de procreación. También
ocurre, aunque en menor esc,..1a, que cuando este abandono es casi total, la
esposa que se deja atrás es la que a su vez se organiza en relación
esporádica o estable con un "compañero". Como mecanismo ¡nterelases se
presenta con el propietario de tenencias que explota a través de
intermediarios, mientras se asienta con su hogar legítimo en la ciudad. La
presencia de una mujer en la hacienda, colaboradora de la administración y
del control de la producción (véase similar situación en Santander) se hace
vital, y a los intereses de trabajo se añaden luego los afectivos, y esta mujer
se convierte fácilmente en esposa secundaria. "concubina". como es de
ocurrencia y se ha descrito en el complejo S&nlandereano o neo-hispánico.
76
STA TUS Y FUNC/ON
LA FAMlUA NUCLEAR
El complejo de la autoridad de los progenitores. Tendencias pro'pectivas
La imposición que a través de las Encomiendas, de la Mita, de los
Resguardos, del Cacicazgo, y la presión conjunta que desde todos los
puntos sociales han venido ejlrtciendo la !J:lesia y el complejo institucional
para amoldar las familiares indias al patron hispánico,
transformaron totalmente el contenido del status de los DÚembros
consanguíneos de la familia nuclear nativa. Esta influencia se proyectó en
la unidad doméstica extensa, y se hizo sentir en la transformación de las
funciones de cada individuo dentro de la comunidad. Algunos papeles se
cambiaron violentamente; otros entraron en un proceso paulatino que no
ha culminado: aún se siente el pasado viviendo en esta zona americana, con
percepción más intensa de su legado cultural familiar dentro de las clases
étnico-cnlturales más bajas en su estratificación. Hacia arriba en la
estructura social esta acción se va esfumando: el mestizaje biológico
también perme6 el acervo cultural y formas mixtas brotan en los grupos
intennedios hasta Uegar buerada de su influencia a la cima de la sociedad
con la imagen de una familia patriarcal casi pura. Por esta razón, es en
extremo difícil situar valores, definir posiciones, fijar responsabilidades o
derechos, bajo el peligro de distorsionar la imagen real de la familia. Sin
embugo, hago este intento teórico para indicar Ifneas directrices generales,
esquema sujeto a las revaluaciones y ajustes regionales que los trabajos de
DÚcroantropologfa pueden y deben ir senalando.
77
('UIIIII rlllllo dominante de la dinámica de la autoridad en este
"'"II)llnl", se delinca una fuerte tendencia hacia el patriarcalismo. Esta es la
me 1M huela la cual confluyen los valores de la comunidad, estimulados
fundamentalmente por la Iglesia, en su empeño de situar al hombre en la
familia a la cabeza de las responsabilidades y de los derechos. Sin embargo,
el análisis profundo de la realidad doméstica indica cuán lejos se halla aún
este propósito, particularmente en los sectores medios y bajos. Si bien las
responsabilidades superficiales seHalan un cabal ajuste a la autoridad del
padre, la observación permanente de la vida familiar permite asegurar que
su respuesta positiva es significativa de una meta ideal, no hecha aún
realidad en el transcurrir hogareño.
Dentro de esta tendencia patriarcalista juegan factores favorables y
factores negativos . Al lado de los primeros hallamos a la Iglesia que, desde
todos los puntos de presión de esta institución, luchó y lucha para imponer
el dominio de la autoridad varonil, fuerza a la que se suman la de las
autoridades civiles con su complejo legal. Colabora conjuntamente el
género de vida económica: la zona del acervo americano es
fundamentalmente rural y de vida agrícola. (Confiérase Economía). Por
añadidura. de dominante tenencia minifundista si consideramos que
ofrece el más alto porcentaje de familias propietarias. Estas fonnas
conllevan un tipo de empresa familiar que exige una cabeza directriz y
responsable de la actividad misma, que se ha centralizado en la figura del
padre, subordinando a su poder mujer e rujos.
La posici6n real del Ego femenino
Pe ro la realidad misma de la economía y de las fuerzas de las demás
instituciones, se ve contrarrestada por el papel que la mujer cumple en eUas
y en otras tareas complementarias y por las formas estructurales familiares
marginales. Así, hallamos que si bien es cierto que el hombre arranca su
vivir de la tierra, también lo es que en esta zona andina, pese al esfuerzo
católico de que el varón ha de ser la cabeza económica de la familia,
merced a la estructura de la Encomienda y de la Mita, el sexo femenino no
fue aliviado sino de las nuevas tareas técnicas de introducción hispánica:
empleo del arado, por ejemplo. Así continuó cumpliendo una tarea vital en
la producción agrícola. En su parcela cubrió las labores asignadas en la
cultura india: sembró y siembra; abonó y abona; aporcó y aporca; cosechó
y recoge el fruto de la labranza alIado de sus hijos menores; transport6 y
lleva al silo hogareño o al mercado el maíz, la papa, el trigo, la cebada, etc.
78
y hoy, como lo fuera en el pasado a través de 'la Mita y la Enoomienda, los
movimientos horizontales provocados por la estructura minifundista, por
las obligaciones civiles -servicio militar-, por la atracción urbana
empujada por la desocupación periódica del agro, dejan a la mujer sola en
la tenencia, cumpliendo las tareti agrícolas y responsabilizándose de la
vida hogareña. Y esta responsabilidad de última instancia le confiere
autoridad eventual que adquiere estabilidad con la repetici6n periódica del
fenómeno. Alejada de su marido y de sus hijos mayores, configura una
fuerza autoritaria con sus hijos menores y sus hijas mujeres, autoridad Que
la va erigiendo permanentemente en la perionalidad primera de la célula
familiar .
Complementariamente con las tareas agrícolas, la mujer emprende la
crianza de animales domésticos : cerdos, curíes, aves de corral , ovejas que
refuerzan sus entradas. Los campesinos de mayores disponibilidades de
suelo sostienen algunos vacunos cuyos productos lácteos les sirven para
ampliar los ingresos , siendo la encargada de su cuidado la mujer y la
beneficiaria de su explotación.
Añadamos otro fen6meno asociado: esta zona debió pagar, en gracia
de la organización colonial, una tributación más que se expresó en los
tejldosindios 126 : telas de bayeta, mantas, cobijas, ruanas, etc., se entregaron
como obligación de cada comunidad india al Encomendero o al Sacerdote
de la Encomienda o al Cwra Doctrinero del Resguardo. Muchas sanciones
disciplinarias se tradujeron también en entrega de elementos de esta
industria nativa. Más tarde se sumaron a la tradición india algunos cambios
técnicos, verbigracia, telares verticales (telar masculino), el empleo de la
lana, y de ciertos modos de tejer, de urdir, y de te!tir, etc. Así se afianzó
esta actividad, que llenó los pocos ratos que la crianza de los hijos y las
tareas agrícolas dejaban libres. Y aún persiste. Esto dio un ingreso a la
mujer para seguir sosteniendo sus tradicionales obligaciones culturales
indias, y' que el hombre obligado a trabajar para el señor no satisfizo. Yen
el día de hoy le proporciona ingresos económicos que le permiten afinnar
una cierta independencia dentro de la vida familiar, contrarrestando el
intento de poner al hombre a la cabeza de la economía hogareña. Esta
divergencia entre la realidad cultural y la meta ideal puede verse al tener en
cuenta la serie de actividades productivas de la mujer en los grupos sociales
que venimos estudiando.
126 PoI(Uco htdfleno en el • .,jo XVI, op. cit.. p"s. 412 y . ..
79
CIIIllMlu .1 IllIpllno nnril\ense, manchones de Boyacá y porciones de
l. IIIhlnl Ilogotá, producen tejidos de artesanía familiar que
uUflltlluyCII refuerzo muy importante del ingreso hogareño, o fuente
de entradas del sexo débil. Aún quedan algunos remanentes de
cestería y de cerámica (también en manos femeninas), en las pequeilas
ciudades del complejo americano, particulannente en Narillo y Boyacá. La
mujer de estos núcleos complementa su presupuesto con costura indlvidual
o para almacenes "pacotilla" a talleres o industrias de desarrollo incipiente
o contratando su fuer la de trabajo· especializada artesanalmente, para
colaborar en pequeñas industrias caseras, hilando, urdlendo; tillendo,
tejiendo ruanas, "cobíjones", bayetas, paños burdos de uso masculino,
tapetes, alfombras, etc.
En los núcleos urbanos- se responsabiliz.an de las tareas mercantiles:
tiendas camineras y pequeños expendios en el pueblo, están en sus manos.
Complementariamente en sus manos también están las fondas para
parroquianos dominicales o para el personal burocrático foráneo ; los
expendios de comida en los mercados , las panaderías caseras, la hechura de
golosinas, reventa de productos de agricultura, así como la mayoría de las
tiendas de telas y comercios de granos de menor cuantía. Muchas de ellas
también cumplen tareas de comercio, actuando como intennediarias entre
el productor y algunos centros consumidores. En los altiplanos del norte y
del sur movilizan productos de las zonas andinas frías hacia los pisos
térmicos templados y cálidos, como ocurre en Cundinamarca hacia el río
Magdalena, en Boyacá hacia los Santanderes y en Nariño hacia la Costa del
Pacífico. También mueven mercancías en las ZOnas fronterizas como es de
común ocurrencia con el hermano país del Ecuador.
En los sondeos regionales en clases bajas de grupos rurales o
semi-rurales en los Departamentos aludldos he hallado que las entradas
femeninas constituyen:
010
Un ingreso vital en la vida familiar 68.0
Ingreso es complementario 19.0
Constituye extra para gastos accesorios 11 .0
Es un ahorro para acrecentar el patrimonio 2.0
Tal función económica del status femenino es, a mi modo de ver, una
de las razones que han impedido la total absorci6n de su autoridad en el
hogar por el hombre, pese a los patrones normativos hispánicos que se han
superpuesto sobre la estructura familiar. Para completar cifras y
80
afirmaciones precedentes quiero respaldarme en los datos estadísticos
nacionales. Ellos muestran que los Departamentos que nos ocupan, ofrecen
los más altos porcentajes de actividad económica femenina, excepción
hecha del Departamento del Chocó, que los super. a todos.
Nariño Cauea
Cundina,
Boyacá
marca
0 10 0 10 0 10 010
Población femenina activa 29.3 20.7 19.3 21.3
A estos datos censales 1 Z 7 de un universo más amplio y hechos con un
criterio diferente, añado los resultados de los sondeos de campo realizados
dentro de las clases media y baja, en los cuales la pregunta es simplemente
si ingresa la mujer algo al presupuesto familiar, por actividades
remunerativas de cualquier índole. Mis cifras, es apenas lógico
sobrepasan los datos censales:
Nariño
0 10
57
Cauca
0 / 0
32
Cundlna·
marca
010
48
Boyacá
0 / 0
49
Esta alta persistencia del trabajo femenino es la que va a proyectarse
sobre la estructura de la autoridad familiar .
Colaboran en el mantenimiento de la autoridad femenina como cabeza
del hogar, las estructuras de facto de la familia. dondequiera que las
hallamos se hace evidente la existencia de una dominant e figura femenina,
madre y/o abuela sobre la descendencia. El madresolterismo es la clásica
institución que delinea y realza la imagen de la madre en todo el territorio
de este complejo. También hallamos similar situación en las otras formas
familiares de facto que se asimilan al madresalterismo para sobrevivir
encubiertas.
Como consecuenci a es necesario considerar, en 13 estructuraci ón de Ja
autoridad y en su análisis, la tipología de la familia. La constituída bajo la
forma sacramental tanto como la configurada alrededor de la uni6n libre,
tienen patrones de comportamiento similares. Una organización peculiar y
127 DAN E, Cenaa de de Nariiio. Bogotá. 1956, pág. 146,
Deparlome'nto der Cauca.. Bogotá. 1954, pág. 106; Departamento de Cundinomarca,
Bogotá. J 956. pág. 110; Deportumento de Boyacd. Bogotá. 1955. pág. J08.
81
\
,11,1111111 do lus anteriores es la que señala el madresolterismo y el
l'lIm:ublnato, particulannente cuando se asimila con aquel en su forma
ro,ldencial . El amaño en la modalidad marufiesta puede incorporarse al
primer grupo, mientras en la aparienda encubierta no puede seT incluido
en ninguna instituci ón familiar por su carácter subrepticio de tácit o estado
de transición. Hechas estas advertencias, las observaciones que se aplican a
cada tipo se pueden generalizar para las formas afines.
Finalmente. la pertenencia a un núcleo social determinado, clase
económica cultural, establece profundas diferencias en l. reglamentación
de la autoridad dentro de cada unidad familiar. Por regla genera'l podemos
decir que las clases bajas rurales conforman el comienzo de la linea en
continuum, de donde se inicia la formación del complejo de la autoridad
masculina. Este comienzo representa la mayor agrupación de remanentes
nativos que paulatinamente, a medida que se inicia el ascenso con el
mestizaje biológico institucional, van desapareciendo, sustituidos por los
patrones hispánicos, hasta llegar a su total dominio en las clases altas
tradicionales de las principales ciudades, según lo hemos observado. Sin
embargo, hay que anotar que en la clase media muchos de estos elementos
del pasado aborigen permanecen vigentes, posiblemente no afirmados por
la tradición, como ocurre en las bajas de legado cultural americano
más puro, sino a instancias de las condiciones Lo
veremos más adelante.
Obligaciones y derechos en el status de los progerutores
La autoridad es, dentro del hogar, de una naturaleza dual: constituye
para un Ego el poder de tomar decisiones que deberán ser acatadas y
cumplidas por los demás miembros que 10 constituyen. Pero, a su vez. en
este mismo indi viduo, la autoridad está configurada por las obligaciones
inherentes a su status dentro de la unidad doméstica. Es decir, derechos y
deberes estructuran la función del status que tiene que desempeñar no sólo
sobre el conjunto biológico mínimo y el extenso, sino en concomitancia y
en relación con ambos sobre la comunidad más amplia.
Veamos en primer lugar 10 atañedero a las obligaciones de naturaleza
económica. Vimos que en las clases bajas rurales y urbanas y en las clases
medias rurales y parte de las ciudadanas, puede observarse la presencia
simultánea de dos fuerzas en este sentido: una totalmente responsabilizada
de la vida económica de la familia y otra su colaboradora inmediata en esta
tarea, situación evidente cuando se trata de la familia instituida bajo
82
matrimonio o en urnon libre. Las dos cabezas jerárquicas están
representadas por el padre, y secundariamente por la mad re. Cuando
llegamos a la clase alta o a ciertos núcleos urbanos obreros en sus diversas
variantes, podemos observar que· esta dualidad desaparece y que
únicamente el varón es la fuente activa de ingresos domésticos. En estos
hogares , salvo casOS de desintegración (concubinato) o crisis de otra
indole, pueden llevar al desplazamiento del padre de la jefatura económica
de la familia.
No ocurre lo mismo en el hogar estructurado bajo las formas del
hecho: el madresolterismo y el concubinato se defienden económicamente
en formas diferentes. En el primero la madre ocupa la jefatura económica
de la familia, · secundariamente respaldada por sus progenitores,
particularmente la madre y luego por sus hermanos , posible remanente de
fonnas avunculares. En el concubinato sin unidad habitacional, hay
similitud con el caso precedente, pero algunas veces la madre recibe ayuda
esporádica del padre de sus hijos, en tanto que en las ' formas de unidad
habitacional, esta ayuda puede ser más apreciable y constituir la total
fuente de ingresos de la esposa supletoria y de su descendencia.
Como resultado de las variables emanadas de la organización
económica hogareña, se desprenden una serie de obligaciones que cubre,
bien sea el marido O la esposa, o que satisfacen los dos, sin que sea un
determinante cultural que corresponda al uno o al otro. Vamos a intentar
dar un bosquejo teórico, at>licado a la clase baja en zonas rurales y en
núcleos urbanos de menos _de 15.000 habitantes. Esta versión en
ocasiones, sectores bajos de la clase media en la ciudad y en el campo.
Tomo sólo limitados indicadores dentro de las modalidades estructurales,
familia legal y unión libre que se asimilan y dentro del madresolterismo.
Esquema. de las obtigaciones económicas
Clase baja: z.onas rurales y poblaciones de menos de 15.000
FamWa legal Familia de fa.cto
Matrimonio y unión libre Madresol1erismo
Responsabilidades
Padre Madre Pad re Madre Abuda Hermano
x x x x
x Colabora .x )( JI
Vivienda ,
, , x
Alimentos produccion parcela
Alimentos complementarios
Vestuario mujer
Colabora x JI
Vestuario marido
Vestuario hijo:s
Salud: Curandero y
re1]le dios
medico
comadrona
farmacia
Educaciol)
CelebracioR Ciclo Vital :
matrimonio
bautiz.o hij!lS
la. comunloo
)( Colabora
,
x
x
,
,
,
,
x
Colabora
x
x
,
,
,
,
x x
x
x x
,
x
x x
83
Necesitamos algunas observaciones para ampliar la simplicidad ejel
cuadro. I..os cuestionarios aplicados en esta zona indican que al hombre
corresponde dar vivienda a la célula hogareña que funda ; pero, de acuerdo
con las condiciones ambientaJes, hemos visto que existe para cada pareja
una residencia rotatoria, que se inicia por regla general en el hogar
materno, del cual se desprende luego, en Cundinamarca y Boyacá hacia las
tierras del padre, como 10 fuera en la época anterior a la Conquista.
Como se trata de una zona agrícola de numerosa población rural y de
altos porcentajes de propietarios (minifundistas), el hombre tiene la
obligación de cultivar su tenencia, en la estrecha colaboración 'femenina
para cubrir primordialmente el consumo hogareño, sacando estrechos
sobrantes para tener el dinero contante, indispensable en abonos.
herramientas , jornales, gastos personales) etc. Los alimentos
complementarios, aquellos no producidoo en la chagra, no son de exclusiva
obligación masculina: en su adquisición la mujer gasta la mayor parte de
sus entradas, siendo para este renglón para lo que se empeña en obtener
ingresos accesorios, que se hacen más funcionales durante las etapas de
espera de la cosecha entre la siembra y aquella. El vestuario es sin duda la
mayor obligación de la mujer. En Nariño y en el Cauca y en sectores
boyacenses y aun santandereanos. donde se sienten todavía las
interferencias nativas, esta obligación es qtás universal , y abarca no sólo el
deber de atender sus necesidades personales, sino que se amplía a los hijos
pequeños hasta la edad en que ellos puedan financiarse con trabajos
accesorios por sí mismos. Avanza más aún esta obligación: la madre
narifiense siente que cada vez que un hijo adulto necesita ruana, elemento
cultural indispensable, debe proveerlo de este tipo de implemento de su
traje. No extiende ninguna obligación hacia la hija mujer adulta, pero la
proyecta hacia el marido. Es su deber tejerle bayetas para sus trajes
interiores, y antes de generalizarse el uso de los tejidos de fábrica llegados
de otros Departamentos. también lo proveía del atuendo externo. Hoy en
día, la costumbre se mantiene diversificada: con sus dineros le compra la
ropa de fábrica. En Santander, en zonas de influencia de este complejo,
también se percibe la participación de la mujer en el suministro de
vestuario para el marido, obligación que en Cundinamarca es más débil y
sólo adquiere el carácter de un regalo.
La guarda de la salud con sistemas tradicionales reposa en manos de la
madre. Ella es la encargada de velar por el bienestar físico suyo, del marido
y de los hijos . En sus manos está la obligación de satisfacer las normas
higiénicas preventivas y, llegada la enfermedad, de aplicar y hacer aplicar
84
. I
1

1
I
;1
' 1
11
i
l
los sistemas curativos imperantes. En las regiones donde aún se acostumbra
el empleo del curandero, o curandera, especialmente para dolencias
infantiles, es la progenitora la que solicita sus servicios y los remunera. Eh
Nariño. el "grado", paga del curandero. corre de su cuenta. y como la de
Bo)'acá o del altiplano cundinamarqués, lo cubre con algún producto
agrícola: habas de la cosecha, papas , cuchuco de trigo de fabricación
casera, cebada etc., o es un servicio que debe devolver con otro servicio en
cualquiera oportunidad. Sin embargo, el pago de la comadrona es
obligación varoni1. Parece que en el pago de este servicio, y en la atención
prenata1 "para colocar" bien el niño y dar un buen parto, va implícito un
reconocimiento tácito de la paternidad, y uno de sus principales deberes
para cumplir. Sólo la madre soltera debe pagar estas expensas, ya que no
un hombre que se responsabilice ante la cultura de su maternidad, y a
falta de recursos de la hija, la madre o sus hermanas, cubren este servicio o
lo personalmente.
Los remedios de farmacia y los honorari os médicos son obligación del
jefe de familia. No obstante, en algunas zonas, dado lo extemporáneo de su
empleo, aparecen como una obligación femenina que ella subvenciona
aprovechando sus entradas extrns o sus ahorros, representados en un
animal , un tejido que vende en el mercado, etc .. para solventar la
imprevista situación. En tales eventualidades es donde juegan un papel
importante el trabajo y sus ingresos.
los gastos de educación en realidad son mínimos en Jos grupos
rurales: pero considerándolos dentro del presupuesto familiar de estas
clases tan pauperizadas y de la valoración que la enseftánz.a tiene en estos
medios, pueden considerarse como un egreso extra. La madre mueve el
interés por que el hijo vaya a la escuela, y hace no sólo el sacrificio de
privarse de la ayuda que pueda recibir del pequelio, si no que subvenciona
con sus entradas los gastos que demanda. Hay que recordar que en esta
zona existe una reticencia en la educación de las mujeres. Indagando al
respecto, es el dinero materno el que rompe la resistencia para que la niña
concurra a la pues el padre muestra menos interés en darle
educación a una hija que a un varón, y tiene que ser que ella no produzca
deterioros en el presupuesto familiar, para que el padre consienta en foona
más fácil su ingreso.
Cuando se avanza ascendentemente en la estratificación social urbana,
mís se destaca el papel de la mujer en el estímulo de la educación de los
hijos. Cuando logra eslabili",r su ingreso la madre citadina, o cuando la
familia rural se afrn.nza en bienestar, estas entradas van a ser dirigidas hacia
8S
1M oducuclón de un hijo varón. La progenitora financia una etapa superior
de IIIS estudios, costeándole el envío fuera del ambiente hasta lograr que
los finalice. Solamente en las clases más pudientes esta educación superior
es subvencionada por el padre, hasta su culminación.
Obligaciones sociales
¿Qué ocurre con las obligaciones del ciclo vital de la familia nuclear?
A medida que se desciende en la escala socio-económica de la
comunidad, las obligaciones en el ciclo vital se reducen al 'mínimo:
bautizo, matrimonio y muerte son los tres instantes en que la familia se
extravierte sobre la colectividad a través de determinados patrones de
prestigio. ¿Quién ha de satisfacer las exigencias mÍrtimas de estos
denominadores de clase? En el bautizo las costean los padrinos,
satisfacción debida a los progenitores, como respuesta cultura] a la honra
acordada. y luego el padre en correspondencia a este rito religioso-socia1.
El matrimonio implica una serie de prácticas sociales, extraversión de
la familia ante la comunidad. Estas manifestaciones, generalmente corren
por cuenta del hombre que contrae, y '4estos costos" de tanta
obligatoriedad son el motivo principal que empuja a la pareja a convivir
después de las amonestaciones y antes de la bendición nupcial, para juntos
lograr los ingresos que han de cubrir dichas exigencias. A medida que se
avanza en status, los padres de la novia se encargan de esta celebración.
la muerte es finalmente el instante vital que congrega, más
apretadamente que las demás etapas de la vida, la atención de la familia
nuclear y conmueve ajustando los lazos de la familia extensa. El jefe de
familia centraliza esta obligación económica cuando se trata de cubrir sus
erogaciones en algunos de sus hijos, y estos y el cónyuge sobreviviente, o
los primeros nada más, en relación con uno de. los progenitores. Más
adelante, en las obligaciones de la familia extensa, veremos de nuevo las
ceremonias de funebria como expresión de vínculos de sangre entre los
grupos de parientes.
la estratificación social, sin embargo, se viene a hacer evidente en la
celebración del ciclo vital-, porque fuera de los instantes ya mencionados;
se van sumando algunos más que, aunque menos trascendentales, van
tomando fuerza, y su cumplimiento el carácter de obligatorios: la
comunidad ha forzado a la familia a hacerlos expresos y a mantener sus
denominadores de prestigio en vigencia activa. Tal el caso de la Primera
Comunión, la Confirmación,las fiestas de onomástico, etc.
86
La Primera Comunión, festividad socio-religiosa, es la que más aUge y
generalización tiene en estas clases que venimos presentando, por el hondo
significado que aporta en este complejo profundamente religioso, cuya
liturgia impresiona y cuya parafernalia capta ampliamente los más variados
indicadores de la expresión social. Influidos por los grupos más altos, esta
celebración ha ido descendiendo hasta estratos bajos de las zonas urbanas
y en las rurales donde existen escuelas. Su fijación ha sido apoyada por el
complejo religioso que las escuda, y por ello, las familias de los grupos
urbanos y las de mediana categoría en los rurales, les han dado amplia
aceptación. En estos grupos de escasos ingresos es "un lujon demasiado
dispendioso, a pesar de 10 cual, merced a las implicaciones socio-religiosas
conexas, han terminado por aceptarlo con -facilidad. Las madres son las
que le prestan mayor aceptación y las que han de fmanciar en
consecuencia las expensas.
En escalas sociales superiores, a las celebraciones tradicionales de
momentos vitales se agregan otras más relacionadas con hospitalidad,
trueque o intercambio de relaciones sociales, extraversión de categoría
social, etc., en que el hogar se proyecta sobre círculos similares de la
comunidad. Como. las condiciones económicas en estos ambientes están
superadas, su decisión y costo atafie al jefe económico de la familia, que
dentro de estos estratos se centra en el padre.
En esta relación sucinta,de las funciones del status de cada progenitor
en función de la vida hogareña, y en su proyección social en la comunidad,
podemos situar la jerarquía interior de los mismos. Otra faceta en estas
proyecciones se puede observar a través del control de los ingresos, reflejo
en su ejercicio de la tenencia acumuladora de la autoridad en uno o más de
los miembros de la familia pequeña.
El ingreso y la autoridad
¿Quién mueve los ingresos en la unidad doméstica? La centralización
de la autoridad o su tendencia a focalizarla se hace manifiesta cuando se
trata de ejercitar los derechos en este sentido. Los sondeos realizados
indican en formageneraJ que cada cónyuge y cada hijo mantiene el dominio
sobre las entradas que la cultura le asigna, constituyendo un reducido
porcentaje el que informaba al otro de sus propios ingresos.
Consecuentemente, sólo cuando una financiación se hacía en beneficio
colectivo familiar, había un intercambio de opiniones sobre el desembolso
87
11111 IN! Ih. M lIucer. Esta actitud cobijaba al padre, cabeza del patrimonio
1.IIIIIIMr. O\)se .... emos más en detalle el fen6meno.
En cifras aproximadas en el Departamento de Narino, en el grupo
rural de clase popular. el 890/0 de los jefes de familia (matrimomo)
conservaba el dominio sobre las entradas provenientes de sus actividades
agrícolas, trabajos de jornaleo, comercio, o ,burocracia. En Cauea el 930/0,
Boyacá el 920/0 y Cundinamarca el 960/0. Estos cabezas de familia no
daban cuenta de su situación económica a su mujer, guardando bajo su
control los ingresos. El restante porcentaje participaba de la idea de que la
mujer debía conocer su situación económica, algunos le en
guarda sus entradas, aunque no en la administración, y la mínima parte
hacían un fondo común, con las ganancias femeninas, para distribuir los
egresos unitariamente y de común acuerdo. Esta era la proporción menor.
En las zonas urbanas de clases medias el dominio de cada individuo
sobre )0 que gana sigue manteniéndose vigente, aunque se insinúa
dentro de la pareja conyugal una tendencia a compartir el conocimiento
del estado de las finanzas domésticas y con más débil acento a crear
un fondo de conjunta inversión cuando la mujer colabora con algún
ingreso. Las cifras que proporcionan los cuestionarios son las siguientes:
controlan individualmente sus ingresos el 740/0 de los jefes de familia
urbanos en Nariño; el 83010 en el Cauca; el 850/0 en Boyacá y el
750/ 0 en Cundinamarca. las otras modalidades (similar en el caso
precedente). por las complejas modalidades y cambios que ofrecen. no
permiten cuantificación. la condición indicada puede ser debida a que en
las ciudades las entradas son más fáciles de conocer por el otro cónyuge
(burocracia). pero este conocimiento no obsta para que el jefe de la familia
mantenga bajo su absoluto dominio y voluntad sus ingresos y las expensas
hogareñas . En esta zona urbana, dentro de las clases que estamos
analizando y en las inmediatas más altas, es generalizado el sentir que las
erogaciones que el hombre hace para el sostenimiento del hogar (aunque
son obligaciones culturales que se ha impuesto al casa .. e) no tienen
carácter estrictamente impositivo sino voluntario, pudiendo ser o no
satisfechas a su voluntad, como resultado de su poirición en la cima de . la
jerarquía hogarena. Culturalmente, se siente que satisfacer las necesidades
familiares no COfl.'it1tuye en última instancia una responsabilidad
totalmente estricta, imperativa de su status , sino expresión de "su gana" de
cubrirlas, faltando la cual, puede librarse prácticamente de dicha
obligación.
Este valor, que trasciende en el componamiento varonil, se hace
álgido en los períodos de quiebra de la integraci6n familiar, sea en los casos
88
de relacione, extra-conyugales del hombre, o en la determinación del
monto de las expensas en diversiones que en estos ambientes y bajo las
mencionadas circunstancias, sólo gratifican al varón con detrimento de la
satisfacci6n de las necesidades primarias de la familia nuclear. Como
secuencia familiar es comiín hallar que cuando la ·mujer neva ingresos al
hogar, el hombre sacude algunas de sus responsabilidades y las hace recaer
sobre las entiadas de su esposa. Las trabajadoras y empleadas casadas
(burocracia. comercio. industria), en un porcentaje que sobrepasa la mitad
de ellas, no trabajan para complementar "extras
U
de su status social, sino
para satisfacer necesidades primarias del hogar. No puedo, dentro de este
porcentaje, señalar si esta situación se cumple por incapacidad económica
real del c6nyuge, o porque su responsabilidad cultural no es satisfecha
voluntariamente conforme al citado patr6n real de comportamiento
varom\. Entre las solteras de clase media, la mayoría (cuya cifra porcentual
no puedo evaluar exactamente) trabaja en la poirici6n de hija de familia, a
fin de redondear las entradas hogareñas, y satisfacer necesidades primarias,
que el progenitor no puede o no quiere satisfacer. Estas condiciones,
aunque anómalas pero generalizadas, lógicamente plantean diferencias en
las condiciones particulares del status del cabeza de familia dentro de su
hogar de procreación.
la responsabilización económica difiere cuando se trata de hogares
legales o de hecho. En la unión libre, la situación es similar a la observada
ya en los de estructura leg3J.. Sin embargo
1
se siente el influjo de presiones
de valoraci6n afectiva: el hombre cumple sus obligaciones en grado más
fuerte porque uquiere" satisfacerlas, es decir, obra el incentivo
mencionado como estímulo normativo. no la obligaci6n que pesa en la
célula legal. Este acto volitivo tiene una fuerte repercusión en las
interrelaciones de la pareja, ya que el precepto está sujeto a las variaciones
de gratificación obtenida. Si el hombre quiere conservar. a su lado a su
"compañera", debe cubrir sus necesidades, y esta ha de mantener
satisfecho a su contraparte marital si desea el financiamiento del hogar. Un
cierto mecanismo de trueque, dentro del cual se equilibran las mutuas
gratificaciones y asegura la estabilidad marital y el status de sus miembros.
En el madresolterismo y fonnas que se le identifican, vuelvo a repetir
que la progenitora está sola para cumplir las obligaciones económicas con
la descendencia que ha procreado. Está sola. digo. en el sentido de la
familia nuclear, porque los vínculos de consanguinidad con los familiares
uterinos extensos la rodean en última instancia a través de su respaldo,
aunque en la realidad ella sólo cuenta legalmente con lo que sus esfuerzos
89
le permitan allegar, porque la ayuda familiar materna es apenas
complementaria sin el valor de la obligatoriedad.
En las encuestas aplicadas en las zonas de madresolterismo
institucional (NariiÍo y Cauca), la modalidad normativa es que el
"campafíero" no contribuye con sus haberes para el sostenimiento de los
hijos ilegítimos : "No les merece nada" dicen las madres solteras
nariñenses, queriendo expresar que no toman ninguna responsabilidad
econpmica sobre sus descendientes. Es posible que, a pesar de la negativa
general haBada en las encuestas, contribuyan esporádicamente para el
sostenimiento de sus hijos, bien que la negativa a reconocerios ,puede
encubrir la tendencia a eludir las responsabilidades materiales del status
paternal. Complementariamente con la abuela, los hermanos de la madre,
particularmente. si son solteros, contribuyen voluntariamente a reforzar el
cumplimient o de las obligaciones vitales que la parienta no alcanza a
satisfacer. Parece que antaño esta ayuda era más efectiva y obligatoria. Las
presiones sobre la tierra cada vez más fuenes, recurso del cual se deriva el
sustento, restringen estas posibilidades de cooperación avuncular, que tuvo
particular impulso en las generaciones más viejas.
La jerarquización de la autoridad
¿Cómo trasciende la contribución al sostenimiento material del hogar
en el ejercicio de la autoridad? Haciendo un esfuerzo por agrupar este
complejo de variadas situaciones expuestas y de muchas 'más, junto del aún
vigente proceso de aculturación familiar a los patrones normativos
hispánicos de tendencia patriarcalista, parlemos decir que la cooperación
económica de cada miembro de familia deterntina en realidad su posición
jerárquica en ella. De allí emana su poder , porque el que cubre los
apremios hogareños satisfaciendo sus necesidades vitales . recibe una
gratificación que se extravierte en dependencia .. se traduce en sumisión,
respeto y obediencia, hacia la fuente de retribución material. Sobre esta
premisa podemos estructurar tres. jerarquías de autoridad, jerarquías
señaladas mediante la observación, la entrevista profunda y el análisis de
biografías de adultos y jóvenes.
En primer lugar se marca una zona de amplia autoridad paterna] .
compuesta fundamentalmente por la clase alta tradicional de manifiesta
herencia hispánica, y que ha mantenido funcional este trasplante originario
de las formas castizas. En esta clase no es la tutoría económica del jefe
familiar la que cuenta escuetamente en esta jerarquización: son más bien
90
los valores del linaje con el contenido cultural impreso en ellos. Un
segundo .ub-tipo de autoridad de tendencia patriarcalista como el
anterior. pero basado fundamentalmente en la dependencia económica
unitaria de la familia se establece, y merced a la obligación de cubrir las
necesidades de la misma, centraliza la autoridad y ejerce las prerrogativas
de la norma aculturativa hispánica. (ConfiéraSe primer volumen, Familia
Hispánica). Esta segunda variable es fruto de la aculturaci6n normativa
superpuesta. que por diversas circunstancias favorables al proceso, ha
realizado su cristalizaci'ón dentro de diferentes clases sociales, bien sea
pertenecientes al área rural o a la urbana. Esta segunda modalidad
jerárquica de la autoridad constituye el empalme con las formas
estructurales del complejo santandereano que veremos luego.
Un matiz intermedio 10 constituye la autoridad compartida, donde la
mujer deja oír su voz y sus decisiones y hace expresos derechos más
amplios no tolerados a la primera categoría. Esta autoridad, resultante de
una jefatura económica dual . ofrece en su reparto matices basados en una
participación similar en las tareas de producción esporádicas menores,
constituidas en fuente de ahorros, en suplencias o en complementaciones
de patrones de prestigio y de ascenso social.
Finalmente, podemos hallar que, pasando a traves de los diversos
mat ices de la autoridad compartida, llegamos a una institución familiar
donde la mujer es la cabeza económica de la familia y el eje del poder: es el
caso de las formas estructurales de facto , donde la madre y su progenitora
respectiva levantan con su esfuerzo económico la descendencia. También
hallamos esta situación en las familias legales en trance de desintegración.
donde el varÓn (por concubinato) deserta del hogar sacramental y asume
responsabilidades familiares complementarias con una coesposa en cuyo
hogar atiende a las nuevas obligaciones dentro de un alto índice de
satisfacción, marginando en grados variables las de la .primera unidad
domestica. Dent ro de esta modalidad, la madre y/o los hijos suplen las
n e c e ~ d a d e s económicas vitales de esta familia legal y el padre pierde su
status en virtud del debilitamiento de sus funciones básicas.
Las modalidades de la autoridad, las estructuras familiares ,
la econom(a y las normas de residencia
Veamos ahora cómo estas estructuras ,de la ,autoridad se reflejan en
algunas decisiones más que afectan el hogar. Consideradas las tres
modalidades de la autoridad, juzgo necesario repetir que dentro de la
9\
primera (con sus dos sub-tipos), el jefe económico tiene el derecho a
dIsponer libremente del ingreso suyo, de a su arbitrio en la
satisfacción de las necesidades domésticas, expensas que respaldan y
magnifican su autorid8d en el seno del hogar. El poder de de
sus entradas le permite disponer libremente también de una parte de ellas
en el renglón "diversiones". egreso que modalmente está representado en
la ingestión de bebidas alcohólicas (obsérvese que en esta rona cultural y
en otras más._ el consumo individual de licor está empujado por una serie
pronúscua de valores culrurales 12 a. válvula de escape de las presiones
psicológicas y económicas, extraversión de prestigio, menstlra de la
solvencia económica de una pe"onalidad; traducción cultural ' de la
amistad, la solidaridad, el sentido de grupo; medida de las cualidades
íntimas del forma de proyectarse en la colectividad, etc.),
erogaciones que, fuera de gratificarlo individualmente. establecen su
imagen social sobre la comunidad.
Otro de los aspectos en que se manifiesta la autoridad de los miembros
de la familia nuclear, hace relación a las normas de residencia, que en
cierto modo cristalizan el poder del hombre ° de la mujer, al tener el
arbitrio para orientar la localización de la unidad habitacional, siguiendo
los intereses y las formas tradicionales que a cada uno favorecen.
La clase alta tradicional de este complejo cultural continúa y mantiene
la tradición hispánica en las normas de residencia, es decir, la familia de
procreación es manifiestamente neo local. lDs intereses de la pareja, con
predominancia de los que afecten el status de la cabeza económica de la
familia, tienen prelación en la consideración del sitio donde ella ha de
establecerse. De manera que en esta categoría social existe una tendencia
manifiesta hacia el neolocalismo que desemboca en virilocalismo, ya que
unidades consanguíneas ligadas al padre lo favorecen y, por tanto,
conforma núcleos de esta modalidad. Igual manifestación se halla en el
segundo sub-tipo de la tendencia patriarcalista.
la clase baja, en sus normas de residencia, está a merced de dos
consideraciones: su problema económico y su acervo cultural, al cual se
suma el proceso dinámico de la residencia. Mientras en el sector alto su
orientación modal se mantiene vigente en circunstancias nonnaJes durante
todo el cu"o de la existencia de la familia, en la clase baja se presenta un
118 Virginia Guti&Tez Pineda, Alcohol y culturo en uno da.e obrera: de
BOlotd. en o Paul Riuet, Bo¡otá. Academia Colombiana de Historia. 1953.
págs. 365 y ss.; Orlando Fu, Borda, Compelino. de lo. Ande., op. cit .. páp. 116 a
181 , 206 a 210.
92
1
il
fenómeno de cambio: formas rotatorias de residencia se van configurando
en todo el curso de la vida familiar, como parte de un proceso que termina
con la muerte o desintegración de la unidad. Estas formas están en relación
con la vida. económica ·de la familia, con su tipologíaestructuraJ y su
legado cultural.
Analicemos los tres aspectos: la economía, razón vital, fuerza a la
pareja de las clases populares que comienza su vida conyugal a
residenciarse en el lugar más apto para sus actividades, con lo. cual se marca
una tendencia neolocal inicial. Pero, generalmente, esta converuencia se
ofrece particularmente al lado de uno de los tronco. de la familia extensa
de donde se desprende la pareja. Si se orientan por las solas conveniencias
económicas, indiscriminadamente la nueva célula prende, ya sea aliado del
hogar del hombre o del de la mujer. Pero si en esta decisión pesan valores
de n¡¡turaleza cultural, es aliado de la madre donde halla mejor acogida. La
tradición nativa guarda un marcado uxorilocalismo en las primeras etapas
de residencia de cada pareja. (Recordar matrimonio por servicios). Pero
este comienzo no permanece estático: con el avance de las condiciones
económicas, la familia acaba por moverse en una dirección o en otra:
cuando las per.;peclivas de emigración lo exigen, se hace neolocal yendo a
la ciudad; o se mueve a nuevos lugares rurales en forma similar; o se asienta
en las tierras patrimoniales de alguno de los dos (patrilocal o
matriJocalmente), cuando entran en posesión de las mismas, en las zonas
minifundist ....
En la zona de Nariño hay una clara predilección por la ubicación
matrilocal, mientras Cundinamarca y Boyacá presentan, con parches de
Santander, una tendencia patriloca1. Así, vemoS en las veredas de estos
Departamentos comarcas de una sola familia extensa donde las formas del
uxori o virilocalismo son las directivas de las pautas de residencia.
Pero, sin lugar a dudas, en este compleja.el factor determinante de \as
normas de residencia están en función de la tipología de la familia que
decide en última instancia, bien se trate de formas de facto o legales. Según
esta premisa, se puede asegurar que existe una tendencia al neolocalismo o
tendencia al virilocalismo en las formas legales de las clases altas, mientras
la media se mueve junto con la baja de la zona rural de Nariao hacia el
matrilocalismo. en tanto que los mismos estratos campesinos se ubican
patrilocalmente en los demás Departamentos, o en función del bienestar
familiar, en forma neolocal dentro de las zonas urbanas.
Las estructuras familiares de hecho ofrecen ejemplos particulares. El
arnailo, en sus diverus modalidades , se reparte en las formas de matri o
93
patrilocalismo, dentro de los grupos rurales (Narillo y Boyacá), como
tendencia dominante. El neolocaHsmo es la forma menos extendida.
La característica fundamental del madresoIterismo es su ubicación
duolocal. Pero en función del núcleo familiar que genera, se puede
observar, o la tendencia a la fijación matrilocal (en la propiedad de los
familiares de la madre), o proyectando su dinámica hallamos que esta
familia incompleta. al salir del ambiente maternal extenso, alcanza una
residencia neolocal. No es raro también que en el proceso evolutivo de esta
unidad doméstica veamos un desarrollo avunculolocal, centrado en torno
del hermano soltero de la madre. .
El concubinato ofrece variantes que siguen las distintas modalidades
que él diversifica en este ambiente cultural. Cuando no se trata de
residencia unilocal de los dos cónyuges (concubinato simple), por
deserción de la esposa principal (Boyacá, Cundinamarca y Santanderes),
puede presentarse la forma duolocal que busca la evasión del control
social, quedando marido común y esposa lega1 y compañera en sus
respectivas sedes habitacionales, y en ellas desenvolverse los núcleos
familiares resultantes. Una de ellas -la esposa- puede ofrecer forma
neolocal y la otra u otras coesposas ofrecer residencia en el hogar materno
o formas de neolocalismo. Lo importante es que no existe unidad
habitacional entre el marido común y la o las concubinas , generándose así
el rnultilocalismo o poliginia dispersa en función del concubinato como
familia compuesta. La unión libre, fenómeno urbano, es generalmente
neolocal.
El status y la distribución del trabajo por sexos, La sociabitización
El status se proyecta también en la responsabilización que cada sexo
hace -de las tareas atañederas a él: mientras el mundo del varón, con sus
derechos y obligaciones, se localiza en la actividad productiva, el de la
mujer de las clases populares alterna entre esta y la vida hogareña. la
mayor o menor participación en la economía (en el caso femenino)
trasciende en ~ n a fuerte autoridad o se la resta o le permite compartirla.
Veamos cómo:
. En las regiones con predominio de pequeños agricultores, la autoridad
del varón se orienta al cumplimiento de las actividades económicas, desde
la decisión de qué se produce y cómo, hasta la aceptación de cambios en
los procesos técnicos de producción. La mujer penetra en este campo en
los casos de movitidad horizontal del marido y los hijos, de viudez, de
94
separación y en la familia de facto, remplazando íntegramente las funciones
masculinas de decisión.
En Nariño y en Boyacá,. algunas mujeres casadas, por mutuo convenio
con sus maridos, o por desacuerdo con ellos, se empeñan individualmente
en trabajar tierras suyas (herencias) o a j e n ~ s (arriendos), a las que pueden
tener acceso cubriendo todas las implicaciones de su laboreo.
A pesar de 19 expuesto, la panicipación femenina va anexa y
supeditada a la del varón en las actividades agropecuarias. Aunque el
hombre requiere su colaboración para el desempeño de la tarea agrícola,
esta dependencia no rebaja su status, pues este quehacer cae bajo la
autoridad y control del marido. Esta vinculación de los sexos en el trabajo
del suelo es una de las razones que llevan al matrimonio, debido a la
repartición cultural de tareas que enlaza a hombres y mujeres y los
estabiliza en la unión familiar, ya que de su integración productiva se
asegura el éxito. Esta cooperación, que pennite al Ego femenino participar
en el ingreso familiar, ganando conjuntamente el diario vivir, la subordina a
la autoridad del varón, cabeza de la empresa familiar, quien la dirige y
focaliza en su total realización.
Dentro de otro tipo de tareas se satisface el acrecentamiento de la
autoridad femenina: la artesanía, el comercio, pequeñas empresas, trabajo
a jornal, etc., que refuerzan su status merced a la retribución obtenida.
Sin embargo, en aqueBas labores en las cuales el hombre también participa,
(tiendas, comercio), es f;ecueme que la responsabilidad se centre ·en el
esposo y la mujer se subordine a su dirección y mando, cumpliendo sólo
menesteres subalternos.
Consecuente con esta estructuración de las faenas productivas, el
hombre tiene derecho a disponer del resultante agropecuario y de los
elementos de producción: tierras y cosechas, semovientes (excepción de las
ovejas y gallinas) y vivienda, caen bajo su autoridad para disponer de ellos.
La esposa matiene esta subordinació'l, a no ser que se trate de bienes
personales (herencia) o de los ingresos obtenidos con su trabajo
complementario.
Donde se desempeña totalmente la responsabilidad femenina es en lo
concerniente a la administración del hogar. Allí la esposa disfruta de todo
poder para poner en marcha la unidad familiar y satisfacer las exigencias
que de ella emanan. En las clases de medianos recursos y en la baja, la
madre ha de satisfacer con ayuda de sus hijos todas las tareas internas:
dieta para el hogar y para quien ayuda en las tareas de producción (incluye
generalmente proveerse de agua, combustible, traer los alimentos del
95
mercado, transportar y ensilar los de la chagra, y todo el proceso de
elaboración) , conforme a las condiciones económicas y a las pautas
culturales nutricionales. La tarea de limpieza del hogar, de los niños y de la
ropa 1%8 Bi', la atención de los enfermos, dieta, y aplicación de los
remedios (muy dispendiosa en Nariño y Cauca con el tratamiento de
"bañados" y "soplados", o en Boyad y Cundinamarca y Santanderes en
los cuidados de los "sutes" Utocados de vivo" o de "hielo de muerto"), la
consulta del especialista, curandero o médico, y la obtención de
elementos de recuperación. (Se auxilia en los casos de gravedad, por las
comadres, madrinas de bautiZo de) infante e,nfermo, de común usanza en
Boyacá, Nariño y Cauca. El madrinazgo, con todas sus interferencias
religiososociales, crea una doble maternidad que incluye a la madrina
dentro de la familia nuclear para la guarda de la salud de su ahijado). En
clases de medianos y amplios recursos la madre dispone de ayuda
asalariada en estos menesteres, pero le compete la dirección de los mismos.
La crianza de los niños es otra de las obligaciones del status maternal.
El cuidado de los infantes y su sociabilización en las actividades físicas y
sociales es también parte de su tarea, que a medida que se desciende alas
clases de menores recursos, o en aquellas otras donde el hogar como
empresa familiar cumple tareas productivas, es función pragmática.
Constituye un proceso lento y sucesivo mediante el cual el niño de estas
categorías se va convirtiendo primero en un ser que responde por sí mismo
en locomoción, descanso, nutrición. aseo, etc. , y luego en la misma fonna
gradual va llegando a colaborar en el trabajo colectivo de la unidad
familiar . La buena voluntad del individuo para cubrir las exigencias
maternas y responder a los estímulos positivos y negativos que se les
aplican para conducirlo a su logro y la habilidad individual para lograrlo,
constituyen parte fundamental de est e proceso.
El adiestramiento está ampliamente señalado por los patrones de
comportamiento cultural. Ciertas actividades no tienen en los primeros
afias una discriminación sexual, pero bien pronto comienza a delinearse y a
limitar a cada infante en su entrenamiento. Cada sexo toma un camino y
una orientación diferente: el niño sigue al padre y le ayuda en sus tareas,
orientándose sólo por la madre en el entrenamiento de contenido neutro o
ambisexual, hasta llegar a diferenciarse totalmente. La niña hace lo propio,
guiada por la madre en sus valores y habilidades dentro de las tareas
lla Bis Incluye el har,.peo , versión popUlar nariñense que significa reflcci6n de
los ,astadol1raju de ramilia, y la adaptacl6n con las partes útiles I servir de vel1idos
a _loa niftos menous.
96
,
I
,
1
hogarenas y agrícolas propias de su sexo. Así s. entra al período de
sociabiliza:ci6n en que el infante se convierte en una sombra del padre al
que sigue a la chagra, cumpliendo a su lado las mismas jornadas y
gradualmente las mismas tareas. La niña es la vemón materna; como el
niño (llámese de Nariño, Boyacá o Cauea, Cundinamarca, etc.) , constituye
la duplicación de la imagen del progenitor. Así, cada muchacho (hombre o
mujer) llega a convertirse en adulto menor en cuanto al contenido de
aprendizaje y al cumplimiento de las actividades propias de su sexo se
refiere y a la responsabilizaci6n que de cada una de sus tareas culturales
pesa sobre su Ego.
En la asimilación de este proceso es donde se ejerce la autoridad. Su
proyección está representada en la aplicación de los estímulos negativos o
positivos (castigos y premios) que los progenitores emplean para que el
niño · adquiera e) acervo cultural material y espiritual que se proyecta
transmitirle. La madre es en los primeros tiempos la autoridad total en este
proceso por su larga permanencia en el hogar bajo cuya protección está el
infante, pero en los momentos de contacto del padre con su familia,
comparte esta función . Cuando la diferenciación entre los sexos se va
evidenciando y singularizando en uno o en otro progenitor. el padre
con mayor frecuencia dicha obligación. Posiblemente este sea el motivo
por el cual al crecer el nirl0, la madre delega. en el esposo los castigos de
faltas que comete en su presencia, mientras 'tue aplica sin dilación a su hija
el correctivo conveniente. EtI Nariño, las encuestas indican que es la madre
la que mayor número de ·oorrectivos aplica, en tanto que el padre sanciona
rara pero duramente; en Cundinamarca y Boyacá, las encuestas inrucan que
las sanciones del padre a las hijas son más fuertes y frecue ntes que las de la
madre, que procura defenderlas del castigo paterno. Se observa en las
clases bajas. un manifiesto deseo del padre de intemalizar dolorosamente
dentro de su descendencia femenina un respeto temeroso de su autoridad,
fenómeno -a la inversa en Narifto y Cauca.
Al ascender en las clases sociales, el proceso de sociabilización infantiJ
va siendo menos pragmático y se vierte más a través de la educación fonnal
que en el seno de la familia, cuyo papel fundamental eS transmitir
imágenes. conceptos y valores. En los grupos bajos rurales y urbanos
tampoco falta este contenido, pero casi siempre a raíz de un hecho de vital
importancia. verbigracia en Narino , la petición de mano, o cuando las
parejas de recién casados "van al perdón" después del
matrimonio a escondidas -reminiscencia de rapto indio- en B.ayaca y
Narifio en las ceremonias sociales del -matrimonio, o en los ritos de
97
fUllebrla. En la oportunidad en que la hija de los altiplanos orientales
comunica a su madre que quiere casarse, esta "se deja oír"; es decir, a
través de consejos. a medias regaños, insultos y quejas personales, vierte
todas sus prevenciones culturales.
En los grupos más altos de clase media-media urbana, y de .esta hacia
arriba, la autoridad varonil va tomando incremento y la tarea
sociabilizadora del padre ya no se vierte sólo sobre el hijo varón sino
también sobre la mujer . El poder paterno va teniendo prelación en función
de control, y a medida que se avanza en status social, las <;lecisiones
hogarefias atañederas a los descendientes cada vez más son de su
competencia, particularmente en lo concerniente a decisiones en que el
hijo o hija entra a participar en la vida social. Este rasgo, en concomitancia
con otros más, nos permite decir que hemos entrado a la familia
tradicional de rasgos patriarcales.
Dentro de estos estratos, las relaciones de la célula doméstica y la
comunidad cada vez están más centradas en manos de) jefe económico del
hogar a quien compete dicha responsabilidad y tales derechos. En estas
clases altas , la familia de procreación no sólo se integra al conjunto de las
familias extensas en proyección bilateral, sino que se incorpora a la
comunidad total en fonna activa. Dentro de estas extraversiones de )a
unidad doméstica, hogar de génesis, tanto en la participación individual
como en la colectiva, atañe al padre decidir sobre la manera, forma, y
quié!l debe proyeotarse de la célula doméstica que preside.
Estas funciones del status del progenitor en dichas ciases van
acompañadas de un refuerzo más amplio de su personalidad en el seno de
la familia. Ya no hallamos la autoridad compartida de las clases en que la
mujer colabora en el ingreso, sino que con la jefatura-económica única, su
posición es también dominante: sus decisiones son terminantes y su status
está rodeado de las máximas preeminencias, hasta el punto de que en las
clases más altas tradicionales la posición del hombre se asimila a la del
mismo dentro del complejo santanderano: él ·es el epicentro de la vida
familiar, todo se mueve para complacerlo y acatar sus patrones normativos.
Volviendo a los grupos rurales y a los estratos de baja ubicación en
pueblos y ciudades, hallamos que en la familia de hecho (madresolterismo,
por ejemplo) esta proyección dual está recortada por el lado masculino.
Como el padre no asume responsabilidad cultural como el progenitor legal,
se presenta una hipertrofia en el papel de la madre, mientras un recorte y
una anulación total sufre la imagen paterna. El abuelo legítimo, si existe, el
tío hermano de la madre, suplen esta función, pero no en la fOl'\lla
98
tradicional que se asigna al progenitor, sino tangencialmente. Es más
sensible e ~ t e deterioro en la formación de la personalidad masculina que en
la femenina: el niño hijo de una madresoltera no es asimilado a la cultura
por la influencia varonil, lo que, dados los patrones tradicionales,
proporciona muchos vacíos formativos. En cambio, en la personalidad
femenina se percibe menos la falta del padre en su proceso de asimilación
cultural: madre y abuela siguen la pauta sin notables fallas para la tarea
sociabilizadora.
LA FAMIUA EXTENSA
¿Cómo se relaciona la familia nuclear con el mundo exterior? El
mundo exterior para la familia nuclear está constituído en primer lugar por
la familia extensa y en segundo por la comunidad, o 'sea el sector de la
comunidad vinculada de alguna manera a ella y del cual no tiene reacción
consanguínea.
Dentro de este complejo cultural, la familia nuclear no es una unidad
totalmente independiente, asimilándose más bien a un miembro orgánico
de la familia extensa. El complejo americano, el antioqueño en segunda
instancia y el negroide , presentan una extraordinaria cohesión en los lazos
de consanguinidad. hasta ~ I punto en que me atrevería a afinnarque enIas
clases bajas y medias de e'nos, realmente no hay dislocación de la familia
primaria en núcleos indepeRdientes, en cuyo lugar existe una gran familia
extensa que involucra unidades más o menos diferenciadas de hogares
nucleares, o sea que en las clases campesinas no se llega al rompimiento
dentro de unidades pequefias, sino en fonna apenas aparente. Es la familia
extensa la que sobrevive y dentro de ella se insinúan algunos de estos
núcleos primarios que en nada se diferencian de la unidad general que los
cobija e interrelaciona, a no ser por su crecimiento. Veamos por qué.
Observando la residencia de la familia nuclear lig3da a la familia
extensa, vemos que aún se proyectan en el presente las fannas
institucionales nativas. La familia nuclear india tenía un tipo de residencia
rotatoria (confiérase: La modalidad de la autoridad, la economra y las
normas de residencia) que en las comunidades chibchas se iniciaba en las
tierras de la esposa y se concluía en los territorios claniles del varón, donde
se establecía el matrimonio hasta que se desintegraba por muerte o
separación. La mujer y los hijos regresaban al clan materno y se fijaban en
el suelo de sus tíos matemos, residencia avunculolocal, para tener allí la
plenitud ciudadana. Otra versión nativa era matrilocal. Cundinamar-ca,
Boyacá y parte de los Santanderes son ejemplo de la primera tipificación y
99
lu zona sureña del segundo. Así se establece, merced a esta organizaci6n
primitiva que tuvieron que respetar los Encomenderos, movimientos de
mujeres hacia los terrenos de los hombres y movimientos de estos 'hacia las
posiciones femeninas. Hombres forasteros y núcleos consanguíneos. en el
lugar; mujeres forasteras y unidades domésticas con sus miembros
enlazados por la sangre, en otro.
Tales principios institucionales nativos son los que han perdurado
como estímulo en el mantenimi ento de las tierras de los Resguardos y
luego en la formación de núcleos familiares extensos en 1 .... veredas
municipales de esta zona, porciones territoriales que ofrecen un nombre en
común Y un número limitado de apellidos comunes emparentados entre sí.
ya sea por vía paterna en Boyacá y Cundinamarc3. o por la vía materna en
Nariño y Cauca. Esta unidad familiar está centrada en el suelo; de aquí el
afán de mantenerlo dentro del círculo de consanguíneos aun en las
sub- divisiones mili métricas a que se llega en la herencia de estas zonas
minifundistas . Mantenida la unidad territorial, el sentimiento del vínculo
familiar se siente en estas unidades. '"Todos somos de los mismos", dicen
expresando de este sentimient o y queriendo significar que la vinculación
entre ellos, solidaria y cooperativa, debe ser una de las obligaciones del
parentesco. Esta unidad de residencia es la que ha dado el tipo de granja
dispersa característica, que con el crecimiento demográfico y las
particiones en sucesivas generaciones, van generando un poblamiento más
apretado, más cercano, hasta que la pequeñez de la tenencia impide la
creación de nuevos sitios de Entonces es cuando aparecen los
grupos más amplios de las familias extensas que no llegan a su
desintegración, como ocurre en algunos municipios del altiplano de Nariño
y de la Sabana de Bogotá. El grupo nuclear crece enquistado en la unidad
extensa, y cuando llegan los lújos a su adultez, a no ser por movimientos
horizontales, los demás siguen viviendo al lado del tronco común,
casándose y procreando, en límites casi indefinidos.
Estructuralmente hallamos dos tipos de familias extensas: una que ha
sido conformada a través del matrimonio y dentro de la cual la pareja
inicial está rodeada de parejas legales con sus lújos legítimos, pudiendo
también encontrarse nietos de uniones de facto. la segunda fonna la
constituye un tronco impar, la abuela, que agrupa a su derredor los
descendientes de sus lújas (madresolterismo) y/o conserva los lújos solteros
y parejas legales con su prole. Es decir, un conjunto mixto de núcleos
familiares completos e incompletos, con predominancia de los primeros o
de los segundos, según las zonas.
100
Estas células familiares crean una cierta unidad económica cara al
exterior, mientrns se delinean interiormente derechos privados de los
núcleos primarios. Un alto grado de cooperación existe bajo el sistema de
unidad habitacional o de cercana vecindad y una variedad de obligaciones
y .de derechos casi tan estrechos como el de la familia primaria. La
jerarquizaci6n de la autoridad entre las distintas generaciones se establece
en grados muy variados de intensidad, constituyendo norma báSica la
proyección de una generación sobre la inmediata descendencia en deberes
y derechos plenos y esta sobre la siguiente en la misma intensidad,
recibiendo cada status de una generación recíprocamente respeto y
obediencia de las inmediatas inferiores. Las responsabilidades Y los
derechos de cada posición se van debilitando y transformando a medida
que la relación no es de inmediata contigüidad, ejemplo abuelo a nieto, a
no ser que circunstancias peculiares obren suplementariamente: el abuelo
hace las veces de padre con el niet o habido en lúja madresoltera. Sin
embargo, en casos de emergencia, conflicto y respaldo, un fuerte
sentimiento de solidaridad aprieta las ramas colaterales entre sí, como
expresión de su común pertenencia a un tronco genérico identificado por
la sangre común que todos tienen.
la. relación cooperativa y -solidaria de los individuos consanguíneos
asentados en un habitat limitado y contiguo, se expresa en muy variadas
fonnas . En primer -lugar, un intercambio de servicios y de instrumentos de
trabajo agiliza la vida y las obligaciones en el mundo femenino,
intercambio que trasciende en lo referente a la actividad .y
responsabilidades de los hombres. En el laboreo de la tierra existe una regla
de recíprocos préstamos para herramientas, bueyes, semillas, abonos, etc.,
que mantiene activas y funcionales las relaciones. Esta de
elementos mater.iales se extiende a la cooperación en el trabaJO. No es raro
que un hermano "dé la mano" o sirva oportunament.e en un "brazo
vuelto" a otro en el laboreo de la tierra, y ,!ue reciba en trueque el apoyo
recíproco en el · momento oportuno. Cuando alguno quiere levantar su
vivienda, obtiene la ayuda de los demás, cooperaci6n que, aunque se
remunere , sin embargo constituye una ayuda, un aporte de solidaridad y
de asistencia mutua. Este sentido se hace evidente también en las cosechas.
FJ grupo familiar extenso, aunque tenga los mismos cultivos, cuando se
recolecta algún producto que entra en sazón en una parcela, se participa a
todos los hogares del fruto recogido. Los otros a su vez tomarán el
presente a su debido tiempo. Los préstamos en especies refuerzan la dieta
de los hogares : productos alimenticios básicos obtenidos en la ciudad, son
101
cuando escasean en de las viviendas de familiares
También son comunes los préstamo. monetarios. Pequef\ ..
'lI11I1IS se intercambian, tanto como los alimentos agrícolas que faltan en
un hogar y existen en otro.
La norma hospitalaria es una de las manifestaciones más efectivas de la
familia extensa. Recibir al pariente, brindarle techo y alimentación, es una
de las normas más acostumbradas. Las visitas entre familiares como
observación de un protocolo de relación, sólo empiezan a manifestarse en
miembros de las familias de clase media. Sin embargo. "el posar" en casa de
sus parientes para cumplir algún menester es de ocurrencia gerieralizada.
Pero donde más expresa se hace la obligación de la hospitalidad en los
miembros de la familia extensa, es en la de alojar a algún individuo que
realiza alguna tarea particular en el sitio donde está ubicada la familia.
Salud, gestión política, comercio, turismo, búsqueda de trabajo, convierten
los hogares uroanos en sucursales de los parientes de provincia o del agro.
Las viviendas de la ciudad o del campo, siempre están plenas de huéspedes
que aprovechan aun los más distantes lazos de parentesco para venir a la
ciudad o para visitar a sus parientes campesinos. Esta obligación ha sido el
soporte de la movilidad horizontal del individuo del campo a la ciudad.
Migra uno de sus fTÚembros, posiblemente el de más iniciativa, y se
establece en la ciudad. Una vez instalado, empieza a rodearse de otros
miembros familiares, a quienes acoge a su lado y les ayuda en la tarea de
conseguir trabajo y ofrecerles hospitalidad mientras pueden bastarse por sí
mismos. Así cOITÚenzan las cabezas de puente del movimiento horizontal.
Estudiando los barrios pobres de Bogotá, aun las zonas de ·tugurios, se
encuentran núcleos cerrados de emigrantes regionales de este complejo
cultural, en apretado haz de familiares.
Complementa los lazos de la familia extensa el compadrazgo,
proyección espiritual del parentesco consanguíneo que suple en las
personas enlazadas las obligaciones y derechos de los nexos consanguíneos.
De esta manera, el grupo de compadres queda asimilado también dentro de
la unidad extensa, de modo que una vez que una familia se moviliza, no
sólo agrupa los elementos cercanos y distantes, sino que el respaldo y la
mutua ayuda se extiende también.l grupo de compadres y a sus familiares
que quieren emigrar y que han quedado atrás. De esta manera se traslada
,1 medio urbano todo un grupo emparentado por la sangre o por las formas
religiosas. En Bogotá, en Cali y en Popayán, por ejemplo, pueden verse
colonias numerosas de boyacenses, de sabaneros y de narinenses, núcleos
que permiten estudiar todas las modalidades de toda una vereda, símil de
102
un grupo fanúliar extenso y su agregado de compadres. Barrios enteros se
pueblan. con estos emigrantes, y la población obrera de determinadas
industrias o fábricas es compacta regionalmente: al penetrar laboralmente
un individuo, consigue para sus consanguíneos y sus coterráneos el puesto
que va apareciendo vacante, hasta confonnar un nuevo núcleo de trabajo a
semejanza del agro, donde el sentido de solidaridad se extiende al grupo y
permanece vital . (Las ladrilleras del sur, en Bogotá, son homogéneamente
boyacenses).
La obligaci ón de respaldo en la familia extensa se proyecta en la
educación: Pasto, CaU, Popayán y lunja. en cada casa de un coterráneo
radicado en estas ciudades, se hallan numerosos familiares jóvenes venidos
de los pequeños de provincia, de donde son originarios estos
recientes ciudadanos de las capitales departamentales. Los parientes en
trance de una educación secundaria o quizás universitaria, son enviados
bajo su protección a las instituciones educativas de las ciudades.
brindándole< hospitalidad completa o parcial como expresión del principio
de soBdaridad de la ramUia extensa. que tiende a sacar adelante a sus
miembros cuando dispone de mejores perspectivas para auxiliarJo.
Los problemas de salud seftalan también la fuerza de esta solidaridad.
Una enfermedad grave reúne en derredor del paciente la atención y
solicitud de todos sus consanguíneos y afines, y la familia nuc1ear a la que
pertenece, con su interes y compañía. Cuando se trata de de la
salud en los infantes, el grupo familiar de "mujeres con experiencia" es
consultado" oídas sus sugerencias en diagnóstico, remedios y tratamiento.
y recibidas sus medicinas o su tratamiento. como parte de este principio de
solidaridad de los miembros de la unidad extensa.
Si la uenfermedad" -que con tal símil se conoce- está representada
por el parto, el sentimiento de solidaridad entre las mujeres familiares es
muy fuerte . Si la madre no dispone de una partera que la atienda, y su
atención no se va a cumplir en el hospital o clínica, es decir, fuera del
hogar, la ayuda de las parientas debe manifestarse. Y se manifiesta muy
intensamente y con más especialidad dentro de los grupos rurales. En las
veredas nucleares de parientes comunes, los niños menores son recibidos en
otro hogar mientras nace el hennano, y la madre, una hennana.la suegra o
una amiga (parienta distante), acompallan a la parturienta en su instante
vital. Frecuentemente se instalan en la vivienda para remplazar a la que
está en trance de maternidad en la ejecución de sus tareas hogareñas, aun
en fecha posterior al nacimiento, y para cumplir con el recién nacido todas
las obligaciones cuhurnles. Esta atención es posible de satisfacer en
103
aquellos lugares donde el grupo de consanguíneos mantiene relaciones de
contigüidad y de mutua ayuda y tiene como finalidad dar a la mujer que va
a dar a luz un clima de solidaridad y de tranquilidad que sólo logra rodeada
de los suyos. Esta meta también se trata de satisfacer en la ciudad: las
madres, hermanas, O tías" se mueven al hogar de sus hijas o parientas, para
asistirlas en este instante trascendente y de obligada solidaridad familiar.
Cuando ello no es posible, las condiciones de la vivienda y de la
interrelación urbana hacen a la madre muy dificil su acontecer biológico.
Ocurrido el pano, no es raro que la mayoría de las parientas y
comadres se reúnan al Jado de la madre para conocer "la g e n t ~ nueva" y
traer algún presente, comida en las clases bajas, presente que va cambiando
de acuerdo con los patrones de prestigio de cada categoría social y que se
dirige bien a la parturienta o al recién nacido. Cada familiar se siente
obligado a ir a conocer al nuevo miembro consanguíneo y manifestar su
aquiescencia.
Cuando se presenta una dolencia grave en un adulto, padre o madre, se
trasmite la noticia de su novedad a los familiares, primeramente a los hijos
distantes, y luego a los miembros de menor parentesco para que se sientan
notificados de su obligación y puedan prestar su apoyo. La noticia reúne
prontamente a los descendientes , y su respaldo se hace sentir en préstamos
en dinero, que la emergencia familiar requiere, en remedios.. médico si es el
caso, y el traslado del enfermo a la ciudad o al hospital , hasta el cual le
acompañan para darle un efectivo respaldo psicológico. En la vereda de
común parentela"cada día se expresa el interés por la salud de) enfermo, se
intercambian remedios "que le sentaron", "le oyeron" a otro familiar en
caso parecido, se envían yerbas, brebajes y aun fórmulas médicas.
Obviamente. el grupo de compadres -no parientes- también deben
manifestar su soüdaridad en este instante, y como lo referí , colaborar con
el tratamiento médico para el compadre, .ayudar a asistirlo en "su
gravedad", como corresponde a la imagen de la institución dentro de tales
ambientes.
Cuando la enfermedad no es contrarrestada, se hace un nuevo llamado
a los familares del enfermo -panicularmente si se trata de un padre o de
una madre con descendientes distantes- para que estos puedan expresar
sus sentimientos filiales reuniéndose alrededor de] progenitor cuyo final se
acerca. Los hijos e hijas y los parientes colaterales se hacen presentes
colaborando en tareas accesorias y urgentes.
Cuando el enfermo es un nino, la madrina debe venir a ayudarle , a
"bien morir". Se dice que el infante prolonga inútilmente su agonía. hasta
104
que la madrina venga a su lado, le dé la bendición y pennisopara
abandonar el mundo, no sin recomendarle que cuando al final de su vida su
ánima Begue al -Cielo, le abra Iapuena O le ayude a salir del purgatorio,
puesto que 'siendo niño va a convertirse en ángel y devolverá en
gratificación celestial los bienes materiales que durante su vida terrenal le
ha prodigado su .madrina. En Nariño y en Boyacá, las mujeres prestigiosas
de una commüdad cuentan con un número muy alto de ahijados, por lo
cual comentan emotivamente cuánta tranquilidad pueden tener en su paso
a la vida de ultratumba, puesto que disponen en el Más Allá de poderosos
intercesores a su favor en los ahijados muertos a temprana edad y a cuyo
deceso asistieron.
Cuando el fallecimiento de un individuo ocurre, todos sus parientes,
en grado más o menos cercano, se ocupan acuciosamente de las
obligaciones de funebria, cooperando activamente en eUas, supliendo con
la solidaridad más intensa que les es dable, las obligaciones de los parientes
más cercanos al fallecido. Acompañan la ceremonia fúnebre y los ritos
nocturnos de la novena, costumbre generalizada en los grupos populares
rurales y urbanos, donde se mantiene menos social y más religiosa que en
1a primera ubicación. El conjunto de la familia extensa se hace presente en
la novena noche después del deceso, porque la ceremonia esta goza ·de
especial prestigio , en pane porque pone final a la funebria, hasta el
"cabodeaño", ceremonia luctuosa al cumplirse el término de un año, o de
las sucesivas fechas , y en la cual también ha de manifestarse la condolencia
de sus familiares a los más allegados al muerto. El sentimiento de
solidaridad por el deceso de un pariente se expresa en el luto,
particularmente fuerte y sujeto a vigilancia social en las clases media y baja
urbanas y en las clases ,altas tradicionales de provincia. Narmo y Cauca son
los que más modalidades luctuosas añaden a la solidaridad ante la muene:
fuera del uso del traje negro por largos períodos, aún enlutan la vivienda,
cuyas puertas y ventanas se cierran, ponen crespones fúnebres en la sala de
recibo (retratos) y se aislan de toda la vida social recluyéndose
conventualmente en sus casas.
Los lazos de consanguinidad se manifiestan también estrechamente
cuando algunos de los miembros de la familia extensa entran en tensión con
algún elemento fuera del mismo grupo. Inmediatamente, el círculo de
consanguíneos se cierra alrededor del miembro de conflicto y le responden
con su solidaridad. Esta solidaridad se hace expresa en formas muy
variadas, desde el respaldo económico para subsanar la dificultad eventual,
ofreciéndole apoyo en su empresa o incluyéndolo en la que se tiene, como
lOS
ea t I ~ IIlftllZft en Ins clases altas. En los grupos bajos se ayuda al individuo a
ovndlrse de l. sanción, disculpando su falta, negándola, atenuándola, etc. Y
en los casos de que haya sido objeto de violencia por otro individuo más
fuerte, sus consangulneos hacen causa común con el ofendido, causa que
enlaza vigorosamente todo el grupo de consanguíneos contra el mismo
ofensor. Muchas veces el sentimiento agresivo no se manifiesta
ostensivamente en este complejo que ha sufrido tan largas imposiciones
sociales represivas. Una agresividad encubierta sirve de enlace entre los
parientes , se mantiene viva. y hace explosión encubiertamente también en
un instante oportuno, y vuelve y se cierra cautelosamente' corno se
expresó. Las intensidades del odio fomentado por frustración en la ofensa
a los familiares , tienen en estas clases medias y bajas dimensiones de difícil
escrutinio. Son un fuerte incentivo que integra a las familias con vínculos
emotivos muy fuenes.
Todas estas manifestaciones de solidaridad que se sienten dentro de la
familia extensa, son escuetas expresiones de un sentimiento de común
afecto. La solidaridad de distintos tipos que hemos expresado y de otros
muchos más , tienen esta decidida finalidad : manifestar que los individuos
enlazados por un vínculo común de sangre. sienten un afecto recíproco,
que se traduce en la mutua y constante ayuda en cada uno de los
problemas del diario trajinar. La cultura hace ostensiva la necesidad vital
de este respaldo familiar para cada individuo, que no puede sobrevivi r sino
integrado dentro de la pequeña comunidad constituida por la familia
extensa. Finalmente. este es el medio eficaz para llegar aJ contacto e
integración con la comunidad total, como lo hemos visto.
No obstant e este funcionalismo del tronco extenso, es necesario
advertir que a pesar de él, o merced a él. fuertes tensiones agresivas enlazan
recíprocamente a sus miembros. A manera de pequeñas comunidades , cada
una de estas células consanguíneas. aJ ser estudiadas en sus fenómenos de
interrelación, muestran en su interior una lucha constante pero asardinada
en sus manifestaciones. El éxito de unos y el fracaso de otros. las
frustraciones en las expectativas y en las retribuciones, génesis de los
movimientos horizontales a ambientes culturales diferentes, problemas
tenenciales. etc., crcan un clima de constantes y mutuos agravios.
Sin embargo, como característica complementaria, por encima de
estas disenciones. cara al exteri or. salva a esta molécula sociaJ de su
desintegración el fuerte funcionahsmo que para la sobrevivencia individual
este representa, ya sea frente a las mi smas pequeñas comunidades o dentro
del proceso incorporativo del individuo a la ciudad. Es tan hostil el medio
106
exterior y tan reducidas las fuerzas de cada Ego, que olvida e intrevierte las
ofensas para sacar partido a su poder colectivo y permanecer asociado para
hacerle frente a todos los elementos consanguíneos. Así son más las
razones para permanecer unidos, que para disociarse.
107
APENDlCE
ALGUNOS RASGOS DE LA ESTRUCTURA DE LA FAMILIA
AMERICANA DE ESCASA ACULTURACION
LAS COMUNIDADES INDIAS
Introducción
Hemos dicho que la familia americana de escasa aculturación está
constituida por aquellas comunidades alÍorígenes que han conservado su
carácter institucional, y además su territorio, su lengua, indumentaria, y un
complejo amplio de ceremonias, de valores normativos y de imágenes. Sin
embargo, su acervo cultural material y espiritual no está intacto; un
proceso aculturativo de más o menos intensidad en cada grupo -aunque
menor que en el resto del área americana- seguido de un proceso de
sincretismo, permea la estructura institucional y da sabor extraño e
incoherencia a las expresiones culturales. Acutt uraci6n y sincretismo
crean nuevas formas de difícil dilucidación en sus origenes, fenómenos que
son evidentes en la organización familiar.
Es en extremo difícil la presentación de la estructura de la célula
hogareña en estas comunidades nativas, hasta el punto que nega a ser más
fácil reconstnrirla organizadamente en el pasado, que dar su imagen
funcional en el presente. Las investigaciones de que se dispone son muy
limitadas y bastante incoherentes. Numerosas comunidades en rápido
trance de desintegración y de extinción no han sido analizadas en su
109
sociedad y en su cultlira; ni siquiera descritas. Los estudios de algunos
grupos son escuetas enumeraciones de lugares comunes, sin sentido vital,
pobrísimas en versiones dinámicas de la vida india, en tanto que muchas de
ellas están tocadas y saturadas por las emanaciones culturales personales del
investigador, o por los marcos teóricos etnográficos o antropológicos en
boga en el momento del trabajo. Con tales aportes no puedo reconstruir ni
analizar la instituci6n familiar. Debo contentarme, a lo más, con una
enumeración deshilvanada de rasgos, imágenes y valores no concatenados.
Ello no quiere decir que la familia nativa no constituya un todo
homogéneo y funcional, parte activa del resto instituciorial de las
sociedades aborígenes. l.D que falla es el estudio y el estudioso que las
analiza.
El parentesco
La fanúlia india conserva aún la estructura básica del parentesco
clasificatorio o formas elaboradas y derivadas del mismo enlazadas en las
clases matrimoniales. Entre los indios paeces. el estudio de Bemal
Villa 129 permite observarlo. MI' dice el autor: "En la generación de un
Ego masculino, hennanos e hijos de tíos y tías, paternos y matemos. se
agrupan en una sola categoría. clasificándose como hermanos" y por otra
parte "hermanas e hijas de tíos y tías , paternos y maternos, se agrupan en
una sola categoría, clasificándose como hermanas" .
En relación con el Ego femenino, "hermanas e hijas de tíos y tías
paternos y matemos, se agrupan en una sola categoría, clasificándose como
hermanas" y a su vez uhermanos e hijos de tíos y paternos y maternos,
se agrupan en una sola categoría, clasificándose como hermanos" 130:
Nuevamente se hace evidente este sistema de parentesco, agrupándose con
una nominación igual los miembros de cada generación ascendentes o
descendentes en relación con un Ego dado, característica del sistema
clasificatorio. Los tukanos señalan también la presencia del parentesco
clasificatorio 131, que reviste formas de amplia complejidad relacionadas
129 Scpndo Bcm&l Villa. B4IeB PGnl el estudio d. la orll'an'zaciÓn social dE' 104
Mez. t'n Revllto Colombiano de Antropoloffa, Bogocá, vol. IV, 1955, págs. 168 y
ss.; Henry Leh .... nn . Un confesonario en lengua Pdcz, en Rev¡"to del Instituto
Etno16,ico Nacional, Bogotá. vol. 11. 19S6. pág. 1.
130 Ibid.
131 Marcos Fullop, Notos lobre 106 tbminol del &idemo de parentesco de 104
Tukano. en RetJista Colombiana d .. Antropol,(a, Bogntá, vol. IV, 1955, págs. 139 Y
$O.
110
con la estructura total de la tribu en agrupaciones menores entradas con el
sistema matrimonial.
Entre los koguis 132; Reichel señala en los orígenes míticos del grupo
la presencia de hermanos clasificatorios, versión que posteriormente
reafirma : Hen sus relaciones con otros Tuxe o Dáke los individuos
empleaban · términos de un parentesco clasificatorio, designando a grupos
masculinos o feme;ninos como hermanos mayores, tías, esposas, etc.". 133.
Donde se hace más evidente este sistema es en el nominativo para cónyuge
que se aplica al marido, a la esposa, por extensión a todos los hombres y
mujeres que potencialmente hubieran podido ocupar con relación al Ego
este status 134. Generalizando un tanto en relación con la nominación de
las generaciones, expresadas por el autor, hallamos que existe una palabra
común para los individuos de una misma escala de parentesco que permite
intuir la existencia del sistema clasificatorio que aún se conserva ligado a
las clases matrimoniales y con formas de organización mítica más
complejas aún y con sistemas de matrimonio preferencial 135-:
El grupo Chocó de la Costa del Pacífico y de las altas cabeceras del
Sinú , también guarda rasgos de un parentesco clasificatorio. no estudiado
aún en toda su complejidad 136 _ A pesar de ello no es arrjéssado afirmar
que el sistema estructural de su parentesco y de sus clases matrimonia1es
tiene relación con el tipo nominativo.
Los pana res , por su parte, presentan el mismo régimen de parentesco
clasificatorio: veintitrés téiminos nombran a personas pertenecientes a una
misma generación y a status similar en relación con el Ego dado 13'-, El
sistema se enlaza con las c1ases matrimoniales, y el matrimonio preferencial
de primos cruzados. Por otra parte, ofrece un sistema matrilineal en la
familia extensa con fuerza del avunculado y sus correspondientes formas
de levirato
También los piaroas muestran la organización matrimoniaJ de la
familia extensa y su sistema de parentesco clasificatorio" con veinticuatro
132 Jo5é de: vu..1csa. (pad,e), Indio. arhuaco._o , O¡;l. cit., págs. 101. 102;
C'.tTWdo Rcichel, Una tribu de la Sie1TO Neooda S(ll1to Marta, Colombio, en RetJJsta
delI".,tituto Etnoló,ico Nocional, BOjotá. 1950, pig. 161.
133 Rckbet, op. cit., pig. 161.
134 Gcrard"o cit., Pás&..205. 206, 201, 213, 215 a 221.
135 lbid, pÍg. 222.
136 Roberto Pineda Giraldo. Lo, Choc6.. .. op. cit.: Gcrardo Re:ichel,
Contribucion('1 o Ja etno,rof(a de la. indio. df!l Choc6, tn RetJlItG Colombiana dE'
AntropoJoria, Bogotá, vol. XII, 1962. P"gs.. 118, 179 Y 180,
131 Johannetl Wilben:.lndi06._. op. elt .. pács. 38.42.
111
términos no¡ninativos ¡n',de variantes complejas que hacen relación al
sistema de clases matrimoniales dentro del cual se incorporan. como en los
anteriores. los primos cruzados, como cónyuges reales y potenciales.
mientras los paralelos entran a la categoría de hermanos, con los cuales la
relación matrimonial es prohibitiva 139
U. organización Guahíba también reconoce el sistema matrilineal con
veintinueve términos de parentesco, expresión de categorías vinculadas al
sexo, a la edad, y a .las clases matrimoniales 140. Los pi apocas pertenecen
a la misma estructura de parentesco clasificatorio, dentro de eua] los
status similares se hallan nombrados en forma igual . Es un clásico ejemplo
de familia iroquesa, donde existe un matrimonio preferencial con los
primos cruzados, mientras los paralelos, asimilados al grupo de hermanos
por línea materna, son exceptuados en las posibilidades conyugales 141.
Los curipacos , grupo migrat"orio que convive en Colombia y Venezuela,
país este a donde están llegando nuevos grupos en éxodo creciente, también
poseen un sistema de nominación igual , de acuerdo con un Ego dado, según el
la edad y las relaciones consanguíneas. Este grupo, a pesar de estos
sistemas estructurales de la afinidad y la consanguinidad, ha ido
transformando otros aspectos de la organización de la familia. Han
devenido en patrilineales, p-eto conservan aun rasgos de la forma uterina en
)a trasmisión de las normas herencia1es 14-2,
Los yarabanas y los guahíbos repiten el sistema clasificatorio descrito
para el grupo anterior. Estas dos comunidades de tipo nómada, también
indican la presencia del matrimonio preferencia1 entre primos cruzados y lá
abstención con los paralelos. La reducción considerable de ellos y su
dispersión, 'han ido creando dificultades en el cumplimiento de las normas
relativas al sistema de clases matrimoniales 143.
138 Johannes Wilben:, op. dt., págs. 56 a 61,
139 Marquis de Wawin. Les indie", Sauva.te. de ,'A meriQue du Sud
1948) : Lisandro Alvarado, D4tol etnorrcfficos de Venetuelo. Caracas. 1953; Jose M.
Cruxme, Reconocimumto del área del Alto Orinoco, en Memoria de la Sociedad de
Ci.encicu Nofurole., la SaUe, años IX, X, núms. 25 y 26. Caracas, J949- -1950, pá¡s,
3, 11, 271-317 ; waltcr Dupou)', El pioche, homb,.e de .elllo, en Tierra Firme,
Caracas. núm. 8, 19S1; JOtephGreh.irr,Lo lI.iuiendapiGroo. Caracas, 19S3.
112
140 Johannes Wilbcn:. op, cit., págs. 81 a 86,
141 Johannes Wilbcrt, op. cit .. págs.. 92 a 97.
142 Johanne:sWilbcn.op, cit .. págs. 11611 120,
143 Johll'lnes Wilbcrt. op. cit .. págs. 82 a 87.
La filiación
Conexos con estos rasgos hallamos en las comunidades indias la
presencia de un -sistema de filiación unilineal uterino. Y
concomitantemente con él se encuentra que la aut oridad femenina tiene
una amplia proyección: la mujer realiza tareas productivas de valor básico
para la familia, y ejerce considerable influjo sobre la descendencia que
recibe su nominaclon. Estas formas . dominantes dentro de las
comunidades colombianas antes del descubrimiento (confiérase primer
volumen) , se han ido debilitando con el influjo misional particularmente.
El esfuerzo religioso por imponer el patrón hispánico bilateral, marcar sus
normas de herencia e implantar la jefatura del marido en el hogar. ha
alterado las formas iniciales, verificándose un proceso de aculturación no
lo suficientemente intenso y extenso para cobijar el total de la cultura que
sei'íala aún las viejas estructuras institucionales uterinas.
Dentro de estas consideraciones, la Guajira es sin duda la comunidad
que presenta con más viveza el sistema de parentesco matritineal 144. El
concepto de concepción y gestación induce a la cultura a señalar a la
madre como transmisora única de la sangre. vínculo común y básico del
parentesco. El hijo es de la madre. quien al darle la vida y relacionarlo con
su sangre a las demás generaciones ascendentes y colaterales, tiene sobre él
derech-os mayores que los del padre, quien no transmite lazos de
parentesco y por tanto no 'es de su sangre. Por cHo la madre extiende su
nominación a sus hijos y por ello también los de igual nombre
forzosamente están emparentados entre sí, e impedidos para casarse. Cada
Clan posee un territorio común y un ancestro genérico. No jugando un
papel vital el padre ante la descendencia, la figura varonil importante en la
familia pequeña es el tío, hermano de la madre . quien asume el papel
cultural de progenitor. Derechos y deberes de la familia extensa se cumplen
tan sólo por la rama uterina.
Los chocoes actuales, según el grado de contacto con la comunidad
colombjana, van incorporando sus rasgos normativos. Los caramantas y los
chamís ofrecen ya parentesco de predominancia patrilineal o bilateral,
cuando inicialmente presentaban la forma matrilineal. Los grupos más
144 Virginia Gutittrrz de Pineda, Ol"fanuoción roelol de lo Guajira, en Revisto
del Inftltuto Etnológico Naciol14l, Bogotá. vo l. Ill. 1950, pligs. 109 )' ss.; 175 y
ss.;'219yss.
113
alejados del influjo foráneo, todavía señalan una nominación vinculada a
la rama materna, cuya herencia se orienta en la fonna unilineal
14S

Los koguis aparecen a través de tos estudios con un considerable
remanente aculturativo que los ha llevado a involucrar fonnas patrilineales
dentro de un sistema de parentesco bilateral. Sin embargo, la mítica y
ciertos rasgos institucionales permiten entrever las raíces matrilineales del
· pasado, casi borradas por la superposición blanca .46. Igual problema se
presenta con los tukanos. Pese a que se trata de un grupo marginal
emplazado en la selva, ha recibido amplia influencia misional : Los jóvenes
de esta y otras tribus orientales, pasaron por una etapa formativa en casas
misionales, de donde salían ya adultos y con estructuras matrimoniales
católicas. Sobre sus vidas pesaban luego las nonnas reales que regulaban la
familia. una de las cuales, la residencia y la ciudadanía de las nuevas
generaciones. estaba fuertemente controlada por disposiciones
gubernamentales. Hoy en día lo que fueron normas creadas a través de
Cédulas constituyen estructuras iJ).Stitucionales indias J 4?:- No
obstante, la mítica permite entrever las normas primitivas en que la
filiación unilineal era la fonna específica dominante, vinculada con
el sistema de parentesco clasificatorio .4., y con la autoridad femenina
dominante dentro de la familia nuclear y extensa.
La autoridad y otros rast!os
Los panares presentan, como muchas de las tribus de vida seminómade
de la región oriental colombiana, un complejo de autoridad similar. En la
etapa de movilidad que vive el grupo en la temporada de verano, la familia
nuclear se desprende y comienza una gira de caza y pesca a través de su
habitat. En este período el hombre es la cabeza de la autoridad y
responsable de la expedición. Pero ambos cónyuges comparten la
autoridad cuando se trata de otros menesteres diferentes aJ movilTÚento
migratorio. Cuando la familia nuclear regresa al tambo comunal , las
145 Laura de: Sutta Catalina (madre), Carta. muionaie •• sin fecha. pá¡s. 56 Y
SS., 66, 67, 84 Y 100.
146 Gavdo Reichel, Lo. Ko.ui.. .. op. cll .• vol. 1, págs. 135, 144, 145, 146,
151,152.217 a 230. yvoL ·Il, pág. 226;JolEde Vinalea, OA cit., pág. 60.
147 RecopUtJclón de I«')'u de l"el_. ley 10, título 10, 11; ley 21. tftuJo 9; ley
6; ley', título l.
148 Man:os FuUop, op. clt., pis. 309 .y IJ..; AntOftio_Giacone, O. Tuc,onoa e
outrw tribu. do rlo Ualolpe •• a/Juente. do .NelJ'Q-AmIlUOncu, Sio Pau.lo. 1949. paCSo 21
a 26,' •• 76.
114
actividades sedentarias son principahnente de naturaleza femenina. La
esposa participa activamente en la producción económica y se incorpora
dentro del núcleo de su parentela uterina. Entonces es cuando la mujer
tiene un mayor respaldo y la autoridad masculina se proyecta en menos
responsabilidades. Cada tronco nuclear en esta etapa se introduce dentro
de la familia extensa y participa en una forma semicomunál de las
actividades del conjunto 14 • .
El guahíbo, seminomádico como el panare. conforma una estructura
familiar similar: en la etapa de movilidad, el centro de la autoridad y del
trabajo se ubica en el padre, que cumple las tareas de cazar y pescar las
piezas principales, mientras la mujer lo complementa con la recolección de
frutos y raíces silvestres. Padre, madre e hijos regresan al rancho comunal
donde la madre acrecienta su autoridad en sus actividades productivas y
recibe el respaldo y consideración de las demás parientas uterinas. Esta
familia extensa es entonces la unidad económica: los grupos de hombres la
proveen conjuntamente reaJizando sus tareas privativas, cuyo producto
reparten equitativamente, mientras proceso idéntico realiza el conjunto de
mujeres emparentadas entre si 1 S0:
Con frecuencia, dos o tres familias extensas se vinculan en tareas
económicas y conforman una banda, cuyo jefe es 'un individuo
ampliamente conocedor de las prácticas mágicas propiciatorias de las
actividades comunales, y defiende con ellas la banda contra los demás .
La autoridad en este tipo de organización se va acrecentando a medida que
el individuo envejece, pues son los mayores del grupo los que van
adquiriendo los conocimientos y los poderes para la práctica de la magia,
tan vital I s 1'" a la comunidad. Esta autoridad se expresa en un respeto y
cuidado que los más jóvenes les dispensan, atenciones que envuelven
mucho de temor. Cuando emprenden marchas conjuntas , que también es
de ocurrencia, les transportan cuidadosamente grandes cestas que portan a
la espalda en riguroso tumo, como GumiJla lo refiriera en el pasado.
Entre los koguis existe una estructuración familiar de naturaleza más
compleja que las anteriores , fuertemente entrabada con otras instituciones
tales como la religión, la cual, con su cabeza terrenal , el Mama, interfiere
en forma activa en todos sus procesos l52 . En otro sentido, el proceso
149 J ohannes WübC1't, op. cU .. págs. 36 y ss.
t 5 o J ohannc:s W'&Ibcrt. OA di .. pÍgs. 60 • S l .
151 Johumes Wilbcn. oP. cit., pág •. 87.
t5l Gttatdo Reichc:l,. Kogui.. .. op. cit-.. páp. 123, 1'18, 129, 13S, 144, 145,
lS) y 151.
1\5
Iculturativo de .. te grupo ha sido más prolongado que el sufrido por otros
más distantes o marginales. Desde la época de la Conquista ya sentía la
preslOn impositiva de los primeros poblador .. , fundadores y
expedicionarios de la provincia, con sede en Santa Marta. Por esta razón,
hoy en día existe un marcado acercalIÚento a los principios familiares
impuestos por los grupos misionales 153. Muy poco puede saberse de la
comunidad Chimila en lo concerniente a institución familiar. Las mujeres
parecen ocupar un alto status de la cultura, status que también las obliga a
un alto rendimiento económico, pero que se traduce en. actitudes
impositivas en el hogar y en relación con su cónyuge I S4. Es tal su
prestigio, que pueden llegar al rango de cacicas y centralizar el poder
mágico-curativo.
El matrimonio, ceremonia social y disolución
Rota la mayoría de los valores e imágenes de la cultura, por el proceso
de aculturación que han sentido estas comunidades nativas, se pierde
también mucho del interés y fuerza de los patrones de prestigio vinculados
con ciertos momentos del ciclo vital. Tal el caso de las ceremonias
matrimoniales. La iglesia se esforzó celosamente por romper los sistemas
de rapto, compra, trueque (confiérase primer volumen Matrimonio Familia
Americana), con la cual se quebró la extensa red de proyecciones
socio-económicas y otras que estos mecanismos conllevaban. Algunos
grupos aún no asimilaron las ceremonias religiosas católicas, aunque
borraron la mayor parte de sus ritos. Persisten, sin embargo, algunas
fonnas dispersas que nos pueden suministrar ejemplos al respecto.
Los Cunas conservan parte de las viejas instituciones nativas. La mujer
ha de ser pedida a los padres, quienes, de acuerdo con el sistema aborigen,
dan o no su consentimiento, teniendo en cuenta para ello la valoración de
las cualidades culturales del yerno, quien ha de venir a servir a casa de sus
suegros dentro de las actividades que se asignan :a los varones 155. Es el
clásico matrimonio por servicios.
La Guajira observa el sistema de precio de la novia, o compra de la
novia, a través de un elemento de reciente adquisición, el ganado vacuno y
t S3 Gcrudo Reichel, op. cit •• tomo 11, pág. :2.26.
IS4 Gerardo Reichel,Etnotraffa ChimiJa. ... op. dI .. pág. 100.
155 María de Bclania (hermana), Mitos. ... op. elt., págs. 111 a 1 '14; 8n'crino de
Santa Teresa (fray), Lo5 indio. (;GUos y 10$ indios Kun.". en Autor-e¡¡¡ AntiOQueños.
Medellín. Imprenta Departamental, vol. VII, 1959. c.p. IX, páp. 221 Y ss.
116
lanar, adicionado de dinero contante y de joyas de procedencia arcaica.
Este pago no sólo representa el valor escueto de lo que la familia pierde al
el matrimonio de su hija. sino que lleva involucrados valores de
respaldo familiar, lazos de consanguinidad, de moral femenina, de control
de la agresión del esposo y conceptos de riqueza, status social y poder, etc.
Se proyecta asimismo sobre la organización económica, la ganadería
nómade, pues pennite, en una zona de clima semidesértico, la interrelación
de las tierras tribales y el usufructo de los pozos de cada clan. Implica
también una valoración y mantenimiento del status socio-económico de
los conjuntos c1aniles y el refuerzo de la institución del avunculado 156.
Los Piapocos, como la mayoría de los grupos de esta parte oriental
colombiana, señalan una exogamia local, pero dentro de una endogamia
clanil 15'7. Esta comunidad india, con el sistema iroqués de estructuración
familiar, debe aceptar el matrimonio preferencial con el primo o prima
cruzados. El hombre da regalos a su suegro -su pariente consanguíneo-,
se radica en su hogar y luego se fija con su esposa en sus tierras, donde
levanta la familia 153. Formas similares se hallan entre los huitotos, donde
parece que existe un matrimonio preferencial entre primos cruzados 159.
Entre los tukanos existe el canje de las hermanas del Ego masculino por
mujeres para sí y para los parientes matemos. Cuando carece de aquellas,
las compra o las rapta 160:
Las formas matrimoniales de los koguis 1 6 1 están supeditadas a l.
dominante escasez de mujeres en la comunidad, de modo que los
progenitores del novio manifiestan su aquiescencia por que su hijo
encuentre mujer, mientras institucionalmente se observa "cierta conducta
hostil de los padres de la novia 1 que reciben una serie de regalos
previos y una permanencia indeterminada del marido en el hogar de su
suegro trabajando activamente para él, es decir, existe allí el clásico
matrimonio por servicios de la cultura aborigen.
156 Vl1'ginia GutiérTez de Pineda, Or-g"nizaclón social .... op. cap. V, pags.
73 a 126.
157 Johannes Wilbert, op. clt .. pág. 97; John Coopero Stimulanl and narcoUcs.
en Handbook o( South American ¡ndían&, vol. V, Washington, 1949, págs. 525-558;
Lisandro Alvarado, Datos etnof(ráfícos .... op. cit •• J. Alden The Languages o(
South American Ind!cn8, en Handbook of South American Indiana. Washington, vo1.
VI, 1950, págs. 157-311.
158 JóhannesWUbcrt, oP. cit .. pág. 97.
159 JOOan H. Steward., The WftotOGn tribes.u • oP. cit., pág. 757.
160 Maria de Bc;tania.,oP. cit •• 162 y 163.
161 José de Vdanesa, op. cit.. pág. 59.
162 Ga'aroo Reichel. Los KORui, op. cU .. tomo n, pág. 224.
117
Entre los motilones, el precio de la novia lo constituye una sementera
que el novio entrega a sus suegros·163. como entre los tukanos
occidentaJes consiste en un préstamo de servicios por parte del novio en
casa de los padres de la mujer, por un tiempo indeterminado 164.
La poliginia
Otro de los rasgos estructurales de la familia india era la poliginia . Ella no
era forzosa, pero dados el status tan importante de la mujer , su activa
participación en la vida económica, y la organización familiar' que en la
mayoría de los casos llevaba fuera de cada territorio de la comunidad al
grupo de parientes , el hombre no podía sobrevivir sin que a su lado tuviera
Wl3 o varias esposas. A los mencionados valores sumemos los sexuales y la
proyección de la estampa varonil sobre la comunidad, a través de las
fuerzas femeninas. Era genérica entonces una poliginia de prestigio, cuya
imagen aún sobrevive en las comunidades que nos ocupan. .,
Los panares ofrecen un tipo de familia plural de tipo compacto y
sororal: un techo común cobija las mujeres de UD Ego masculino, que con
frecuencia están constituidas por dos o más hermanas. Los slstemas de
herencia indican que al fallecimient o de un hombre panare, sus viudas
pueden ser heredadas por su hennano, de preferencia el que permanezca
soltero 165.
Una poliginia de prestigio con cualidades similares al grupo anterior
presentan los piaroas. No todos sus hombres pueden permitirse el lujo de
tener varias esposas : este privilegio tan sólo es alcanzado por los hombres
de más elevado status, tales como el Shaman, de gran poder dentro de la
comunidad, o los hombres más viejos, posiblemente apreciados por sus
poderes y conocimientos en la magia 166. Se heredan las mujeres 'en la
persona del hermano menor si permanece soltero: ellas constituyen un
bien heredable, uno de los pocos que pueden transmitirse a los
consanguíneos.
163 Geranio Rcicbcl, Los indios motilones. ••• OP. cit •• pig. 68.
164 JuUan H.Stewud,op. cit •• pág. '74'7,
165 Johanncs Wilblln. Op. cit.. pág. 43 ; véase Paul Rivet. Loni'ue. Amerleaines
Le,.,ue, del l'Amerique du Sud et de6 Antmes, en Les lAn,ue. du Monde, Pllris,
192., págs. 639-'712; Carol Rcley, Notidru sobre los indio. Panare de Venezuela, en
BOI.etfn Venez",:'ano. Caracas, vol. 1, núm. 2, 1953, págs. 3 a 23; John
GUillUl, Tribes of the GUlanas Gnd the left Amazon trlbutariea, en Handboolc o(
South AmeriCGl11ndiaru. Washington, vol. 111. 1948. págs. 199-860.
. _166 Johanncs Wilbcrt, 0A. clt .. pálo 63.
118
El Shaman guahlbo es uno de los escasos afortunados que en su
comunidad tiene la posibilidad de ser poligínico. Esta poliginia está
relacionada con su capacidad de curar: cuando cura algún e-nfenno
importante en- una casa -la madre especialmente- . puede exigir en pago
que se le otorgue un. hija en calidad de esposa. Esta familia plural es de
tipo compacto: un. sola vivienda alberga la constelación de co-esposas y
eUas constituyen una unidad de trabajo donde la autoridad de la primera
mujer y su rango se destacan dirigiendo el conjunto. Con frecuencia este
grupo femenino está constitu ído por hermanas o parientas 167. Similar
tipo de poliginia ofrecen los hombres piapocos: la mujer principal dirige las
actividades domésticas del grupo de co-esposas, atendiendo a la capacidad
de cada una y a su edad 168'.
Los motilones son poHgínicos sólo en la persona de sus más
destacados jefes, pues de esta tribu india, Reichel dice: " El Motilón es
monógamo s6lo cuando lo obliga la pobreza 169 y cuando ha logrado una
mejor situación económica, es frecuente que tome dos herman.as, con las
cuales convive en una sola vivienda". Existe una fanna de levirato sobre
bases de un principio de sustitución: no son los parientes los que reciben la
viuda, sino un amigo cercano del difunto a quien se entrega la esposa y los
hijos para que cumpla con ellos todas las obligaciones del que falleció. Con
frecuencia los hombres viejos dejan a sus esposas a jóvenes que podían ser
cronológicamente hijos de las mujeres heredadas . Tal vez esta condición les
asegura un mejor bienestar a las mujeres del muerto 110. Otro tanto ocurre
en el grupo Chocó, donde existe una poliginia de prestigio de tipo
compacto. Solamente los hombres de mejor condición económica y el
Jaibaná, hombre-medicina, merced a la -alta valoración que la comunidad
tiene por la cabeza de su institución médica, pueden tener más de una
esposa 171. Esta situación se hace también evidente ante los huitotos.
donde tan sólo el curandero de la tribu obtiene este privilegio, muy difícil
de conquistar por los demás 172',
16'7 Johanncs Wilbert. op. cit.. págs. 80, 81.
168 Johannes WDbCTt, op. eit .. pág. 91.
169 Gerudo R.eiche1, Lo, indloa motilones.-. op. cit., pág. 69.
170 Virginia Gutmez de Pineda, NotlU de CGmpo .obre lo:;: indio. motilonea,
Manuscrito.
171 ,Roberto . ... op. dt .. pág. 359; navid Stout, op. cil .. pág,
273; Mana de Betama, oP. Clt. , pago 68 •
1'72 JuIian H. Steward, The WUotoan tribea..., oP. cit.,
119
WI también presentan las mismas razones para la organización
de 8U famllla compuesta, sólo presente en la persona del "Mama", figura
central de varias instituciones 173.
Son los duda alguna, uno de los grupos donde la poliginia
florece con más plenitud. Realmente la actividad económica, la ganadería
acondicionada a esta zona esteparia, tiene razón de ser en función de la
adquisición plural de esposas. El hombre guajiro, cuando se embriaga,
quiere dar la imagen de su status cuando canta: "Soy un indio rico que
tiene muchas mujeres .. ,". ya que el precio de la novia es una inversión que
se recupera a largo plazo y que representa la capacidad económica del
hombre que la hace. Esta poliginia puede ser compacta o dispersa, sororal
o no. Lo frecuente es que el hombre escalone sus mujeres por todo el
territorio donde pastorea sus ganados, y lleve consigo alguna adquisición
reciente o solicite la compañía de la más apreciada. Caracteriza esta
poliginia la forma desigual: la primera esposa, comprada con la ayuda de
todos sus familiares, es la que en su rango se acerca más al status del
marido común y la que guarda una prelación social , no siempre afectiva;
las demás tienen la categoría de esposas secundarias O concubinas 114,
El matrimonio entre los grupos aborígenes no es indisoluble, y
posiblemente muy pocas uniones sobreviven durante toda la vida de los
cónyuges ; se hacen y deshacen de acuerdo con pautas particulares
establecidas en cada cultura. Siempre se ha dicho y se sigue repitiendo que
por motivos baladíes se separa la pareja nativa, que configura rápidamente
otra unión sin darle importancia a la que acaba de disolver.
Ello no es así: las causas de repudio son de vital importancia, aunque
no lo parezcan al extraño de la cultura. El que el marido sea mal o
desafortunado cazador y pescador 175 dentro de una cultura donde estas
dos actividades constituyen fuentes indispensables de abastecimiento de
carnes, es una razón todopoderosa de divorcio pard una mujer cuya vida y
la de su descendencia depende de tal habilidad de su marido. Mientras en
algunas comunidades poco importa como causal de divorcio que la mujer
sea infiel, en otras el adulterio está relacionado con la cosecha, con la
fertilidad del suelo, factor muy . importante en un pueblo agrícola. En
algunas sociedades indias -los koguis, por ejemplo- la proporción
J 73 Ga'ardo Rric:hel, Lo. Ko,u;' .. , op. cit., tomo 11. pirc. :U 9.
114 Virginia Gutiérrez .de Pineda. Ol"fGnLrCJd6n.. .. op. elL, capítulo V. p'g. 89

115 JOhanDel Wilbert, op. cit.. pá" 81 Y ss.
120
numérica de los sexos hace que el hombre encuentre muchas dificultades si
disuelve infructuosamente su unión; difícilmente puede rehaoerse
matrimonialmente, porque el número de mujeres es considerablemente
menor que el de los hombres. Entonces, aunque la comunidad le
permitiere disolver su unión por ciertos 'causales, no lo hace, presionado
por las circunstancias que existen en su grupo.
Veamos algunas muestras más. loS: chacós, disuelven su unión, tanto
por iniciativa .de los hombres como de las mujeres. Cuando la residencia es
patrilocal, el hombre arroja fuera del bohío a la mujer, quien debe
abandonarlo en· compafiía de sus hijos, no pudiendo tomar ningún
producto de las labranzas que eUa misma ayudó a sembrar, "así desfallezca
con sus hijos de necesidad" 176. El motivo que impulsa a tan drástica
solución se debe a que la mujer no cumple, de acuerdo con el saber del
marido, sus obligaciones hogareñas. El repudio por parte del Ego femenino
también se presenta: el hombre chocó no permite a su mujer hablar con
ningún hombre, debiendo pennanecer a su lado y seguirle como una
sombra mientras van a la ciudad: teme que al hablar con otro varón, éste le
haga alguna promesa de bienestar marital superior al que tiene, y ante este
halago abandone prontamente al esposo J 77 , como efectivamente ocurre.
Los panares de la región oriental colombiana se disuelven por similares
razones : infidelidad, incumplimiento de las tareas de cada sexo. En este
caso, los hijos siguen a la madre que se reincorpora a su familia extensa y si
en esta unión había hijos dOl padre, éstos retoman aliado de su tía paterna
en cuyo hogar se cobijan 1 7B.
No .atisfaccción en las funciones correspondientes al status de cada
sexo, es la razón que aducen los guahlbos para desintegrar la familia
nuclear. Una mujer guahlba puede acusar a su marido de que no tiene
buena puntería y por tanto es mal cazador, o desafortunado pescador.
y la comunidad, si se separa, está de acuerdo en concederle razón
a su decisión. También la disolución de la unión, que parece a los
investigadores bastante desleal , se basa en acusaciones de mutua
infidelidad
179
7
La familia india guajira es bastante estable; la mujer constituye un
bien, del cual el marido dificilmente se desprende. Si le es infiel y el
176 Laura de Santa Catalina, op. cit.. pági. 19S-202; Roberto PincdaGiraldo,
Lo, Choro .... oP. cit .• págs. 304 Y ss.
177 Ibid.
178 Johannes Wilbert, op. cit .. pág. 37.
179 Jobannes Wibert, op. cit., pá¡. 81 .
121
amante quiere legitimar sus sentimientos por ella, puede comprarla .1
marido y así se normalizan sus relaciones , Pero la infidelidad femenina es
limitada porque la familia materna controla a la esposa, puesto que debe
volver el precio de la parienta al marido 180, Por su parte, el esposo, si
bien puede marginar a la lJlujer, como ella es la cabeza económica,
realmente no altera su bienestar. El hombre guajiro no deshace su unión
porque la mujer es suya, le pertenece, puesto que pagó por ella, y puede
regresar y recibir los servicios derivados del matrimonio cuando a bien
tenga, S6lo en el caso de que la maltrate, los familiares matemos de la
esposa le quitan sus derechos y puede volver sin obligaciones a Sil hogar de
orientación, El esposo ha perdido el precio de compra 181,
Entre los koguis, Reichel señala una marcada tendencia de la mujer al
adulterio, que conlleva el divorcio, o es causal del mismo 1 Sl, al paso que
entre los motilones la misma causa desintegra la vida conyuga1 183.
Alcacer anade dos causales más de disolución del matrimonio: que no haya
descendencia en la pareja, cuyas causas se atribuyen a la mujer; asimismo,
"si la esposa permanece de ordinario enferma" 1 84.
Normas d. residencia y los sistemas de herencia
Dos formas estructurales de la familia perduran aún en las
comunidades indias, aunque interferidas como los rasgos anteriores por el
influjo de las culturas hispánica y colombiana: me refiero a las normas de
residencia y a los sitemas de herencia. En cuanto a las primeras, ellas
sintieron la presión de las instituciones coloniales que trastornaron los
J so Vl .. ginia Gutiérrcl. de Pineda, Or-ganizaciÓn. .•• OP. cit., págs. 89 y ss.
181 Ibid.; Roberto Pineda Gimldo. Aspecto de 10 mGlía en la Guajira.. en
Rftlltta del l,.,titufo Efno16,lco NacioJUJl, Bogotá, 1950; Informe preliminar .Iobre
.pedo • • odale. y económicol de la en Bo/eHn de ArqueolorCa. Bogotá, vol.
XI, núm. 5 y 6, 1947, págs. 529 y 512; Johannes Wilbl5't. IdenUficación
dnolm,ii(IUca de b tribus indf,enas de W de Venezuela. en Sociedad de c.c.
Ntlturale. Lo Salle, Caracas, voL XX. núm. 58. 1965 ; MiJcíades ehaves. MU.ol.
leyenda )1 cuento5 de lo Guaiira, en Boletin A,.queolol(a, Bogotá. vol 1, 1953, págs.
113. 125; Varios, Indio, y blonco. en la Guajiro. Bogotá, 1963, págs. 57 y SS., págs..
liS Y ss .• 111 y ss.; José. Apsún de BuTanquilla ( padre). A.r e. la Guajira.
BaI'1'liRquilJa. 1946.
182 Gavdo Rricbel, op. dt.. vol. 1, pág. 229, vol. XI. pí,g. 231.
183 Gft'U'do Reichd. LOI indio, matilolle&._. opa dt .. pái- 69.
164 Antonio de Alcacer (padre), LOI Bari, Culturo del p&4eblo maW6n. BOBotá,
1964, pág. 72; El indio motiJón y .u historia, Bogotá. 1962. Jcsualdo de Bañcres
(padre), Motilane.; Gerardo Rcichcl, Contrwucione. al conocimiento de ÜJ.I: tribu. de
lo I"l',lón de PeriJd. en Rfroido Colombiana de Antropofogia, BOJotá, yoL IX, 1960,
págs. 16) Y 196.
122
prinCipiOS originales de las comunidades india; , En algunas tribus se
conservan -intactos sus principios, y en otras, al trastom3JSe sus patrones,
han interrerido ot..os formas familiares,
Los tukanos, por ejemplo, tienen una residencia patrilocal. Las
mujeres, siguiendo- la ley nativa, debían, al disolverse su unión (repudio,
viudez) , retomar a las tierras claniles uterinas en compañía de sus hijos.
Pero bajo el influjo de la legislación colonial, ellas deben regresar solas,
únicamente con sus pequeños en período de lactancia, los cuales han de
volver al suelo de su padre una vez pasado este período 185, La cultura
rehizo los fueros de la madre tukana lesionada con la cultura hispánica y
ahora, cuando muere el esposo, es heredada por el cufiado y con ello la
mujer puede permanecer en -el territorio de la tribu de sus parientes afines,
alIado de sus hijos,
Los panares y los piaroas tienen una residencia rotatoria que va de
acuerdo con el régimen nomádico de su vida económica. En los tiempos de
movilidad horizontal periódica la familia nuclear;e 186 establece en
foona neolocal consu1tando sus propios intereses. Cuando Uega la
temporada de sedentari zación, todos hacen vida en común, con residencia
matrilocaJ 187. Los guahibos 188 cumplen los mismos itinerarios anuales
de vida nomádica, y la agrupación de la familia extensa en el período
sedentario, se fija alrededor del linaje uterino 169, En cambio; los piapocos
parece que se establecen en el suelo paterno 190, aunque esta observación
s610 se ha hecho en un grupo reducido de esto; individuos, Los curipacos,
por el contrario, establecen su residencia por corta temporada en la casa de
suegros, pues su esposa, según el tipo de matrimomo preferencial, es
prima cruzada, y luego se fijan en el territorio del clan 'paterno,
sistema que está vigente en otros subgr\lpos de esta porción Q<riental 192.
Los koguis señalan todavía el tipo de residencia común entre los
chibchas y otras tribus andinas: "el hombre vive durante una época larga
eo la casa de su mujer, teniendo que cumplir con prestaciones muy
165 Antonio Giacone. op.. cit... págs. 24 Y ss. . 73 y ss.
186 JohannC$ Wilbert, Op. eit .. págs. 36, 56, 51.
187 lbid, páS.56.
,88 Micbel Romieux. Notas de campo $Obre lo, indios ,uohtboa-. Inédit o.
189 Jotwtites Wilbcrt, op. cit. , pág. 19.
190 JohannesWilbert;op. di .. pág. 91.
191 JOhannc5 Wilbtrt, op. cit •. pág. 91.
192 Johaones Wilbert, op. cit •• pág. 1"21; Irving Goldman, ... op. cii ••
págs. 763 a 798.
123
estrictas con su suegro'" 191. Otro tanto ocurre entre los paeces y "entre
algunas comunidades de Resguardos indígenas en el Departamento del
Cauca. Los chimilas son matrilocales, involucrado el hombre en la familia
extensa de la mujer 194, mientras los motilones son :abiertamente
patrilocales. Al igual que los guahíbos, en las épocas del verano, la fanñlia
extensa se desintegra, sale en unidades nucleares y torna de nuevo
fmalizada la temporada de caza y pesca en el momento de iniciar las
labores agrícolas a su asiento originarlo.
Los chocoes también son patrilocales: una vez realizadas las
ceremonias de iniciación femenina, el padre obliga a la muchacha a
ubuscar marido" con el cual se va a convivir a su residencia 195.
La herencia es Wl rasgo que perdura activamente hasta muy luego de
desintegrada culturalmente una comunidad, a través de aquellos aspectos
que no ha sido involucrados en el proceso de cambio, mientras se borran
iasnuevas adquisiciones que no continúan el sistema tradicional. Los
cunas, por ejemplo, reparten entre sus parientes las armas de tipo
moderno, mientras hace poco las annas tradicionales eran enterradas con el
cadáver para evitar el airado retomo del espíritu del muerto al mundo de
los vivos. Presiones de los misioneros para evitar que las tumbas con
objetos de oro fueran violadas por individuos de cultura colombiana, han
limitado y siguen limitando su enterranñento 19 •. Los guajiros también
participaron de la idea de agregarle al muerto sus habe,es : el status del
fallecido en el Más Allá, requería para una cabal ubicación todas sus
193 Gcrudo Reichcl. Lo. KOluL. op. cit •• voL 1, pág. 215, Y vol. 11. pág. 116;
José de Vinalesa, op. cit •• pág. 59.
194 Gerardo JUichel. Etno,ro;({a chimilcl.. .. 01'. cit •• pág. 100,
195 Roberto PIneda Giraldo. 01'. dt .. pág, 309; Arnold Aroin, A Journ4!Y up
the Sambu Rfl'er to lIi"t the Cholro Indlan", en Kroeber Anthropolo,lcai Societ)'
Poperr, BerlteJey, núm. 2, 1950.- págs. 79 Y ee; Charla StuaI1: Coc:hrane, JournaJ o{ a
ReGdence cmd Tnwell in Colombio. durin, the yftln:1823 and 1824, London. 1825:
Laura de Sama catalina. Nocfon" .obre cnend .. , uuu y co.tumbru de lo. t!at(OIl
del occiden'4! de AntloQuia. en Journal de la Societé des Americanutu de Porill, París
núm. S, XXI, 1929, págs. 130 BI 160; Alfrcd Mcttraux.. Weapom, en Handbook o;
South American Indllln., Washington, vol, V. 1949, págs. 229 y 264; Erland
Nordcnsldold, The Choeo Indian 01 Colombia. and PanarnG, en voL VIII,
núm. 95, págs. 347, 350. 1927; IndiGm o( Choco, Estocolmo, 1928; Le. mpporU
entre l'(lrl, Jo ,-eJllion et la mG,ie. chez k. I ndian. Cuna el Choco, en ./ournal de,
SocIal de. Americen.te. de Paria. París. núm. 21, facs. 1, 1929, p'as. 141 y 158;
Andrés Aran:go Pollda, 6aoie 4!tnogn1fique sur le. de ,'BtGt d'Antioquia en
Colomb .... en Mernolre. de IG Sodetl de Anthropologie de Par •• 2 eme aerie, tome 1,
París. 1873, "'Po l01, 131 ; Pablo de Sandsimo Sacramento (padre), El léUoma ecUo.
Medellín. 1936.
196 Severino de Santa Teresa. Lo. tlQt(o,-. OP. cit.. plas. 211 Y SI.;
MIria de Bctania, op, cit •• páa:s. 35 y IS.
124
pertenencias. En la actualidad, durante el velorio, se sacrifican y regalan
gran parte de sus riquezas representadas en cabezas de ganado, acto que
cumple el mismo fin. Todavía algunos de sus haberes acompañan al
son colocados· en su tumba en el cementerio c1anil. Las herencias
se reparten originalmente en vida, en forma de donativo a sus parientes,
con ocasión de momentos impOrtantes del ciclo vital:-nacimiento. iniciación,
primer matrimonio, o por respaldo a la violación del régimen de seguridad,
segundo entierro, etc. Los tíos dan en vida a sus sobrinos matemos la
posesión de las' tierras agrícolas que ya son propiedad privada; las tías
maternas a sus' sobrinas uterinas algunas joyas o contras mágicas de valor
cultural. La aculturación y el mestizaje han cambiado el régimen herencial
y hoy en día se dan algunos donativos a sus hijos, si aún siguen la ley
guajira. Cuando contraen matrimonio católicamente, las "leyes de la
hérencia siguen tos patrones 1egales colombianos 197.
El status se hereda de la familia materna. Un cacique puede trasmitir
su posición al sobrino, hijo de hermana, si éste cbncomitantemente tiene
"palabra" y demás requisitos que su comunidad exija a sus líderes. Un
piache hombre, puede transferir su profesión a un sobrino uterino,
mediante la enseñanza de su acervo médico, tareas que la mujer piache
cumple con su hija. Lo mismo entre los grupos de ceramistas, tejedores o
poseedores de conocimientos sobre la virtud terapéutica de las yerbas 198,
También existe el levirato, herencia de mujeres, en el sobrino hijo de
hennana.
Los guah.bos entierran a los que fallecen con SIlS haberes personales,
por temor a que el espíritu del muerto, al saberse robado iriermemente,
regrese para vengarne de sus parientes. Cosechas y Vivienda son comunales
y por lo tanto no se heredan. Ya no se abandona el hogar donde muere
alguien, de modo que los descendientes permanecen en él. La jefatura de la
banda (asociado a capitán, caigo colonial que las autoridades hicieron
trasmitir patrilinealmente). junto con los conocimientos de magia , que le
están asociados, se traspasa algunas veces. 199 . El hermano soltero hereda
las viudas cuando fallece su hermano materno. Los tukanos observan al
respect o regl as simi lares 2 o o .
197 VU¡inia GutiérTez de Pineda, Or¡oonuocitSn sociaL .. , elt .. pág. 218)' loS.
198 Roberto Pineda Giraldo. A.pectOl de 10 magia en la ... op. ci't ..
págs. 78 y ss.; Virginia Gutiérnz. de Pineda. O,yonuoción ... , op. cií. , cap. 11, págs.
219y ss.
....99 Michel ROmlcUX.Op. cit.; Johanncs WlI:U:rt. op. cito, páp. 80 y 81.
200 MucosFulop.op. cit .. págs. 171.172y 173.
12S
Entre los piapocos se presenta tambien el levirato. Es una forma
institucionalizada que defiende a la viuda o separada de su regreso forzoso
de su tierra elanil, abandonando a sus pequenos en el suelo de su
marido 201 . Algunos de los bienes de procedencia moderna son heredados
del padre por sus hijos, porque el resto de sus propiedades acompanan al
muerto en su vida de ultrntumba 102: El rnngo de Shaman, no obstante,
no pasa al hijo. Este cargo, que implica un complejo conocimiento de
prácticas mágicas y el poder de controlar las fuerzas naturales, no puede
ser heredado. Constituye una virtud carismática, una capacidad innata que
le permite llegar con el estudio y la práctica a ser un buen jefe para su
banda 103" Es, pues, un status adquirido por el aprendizaje y las
cualidades personales. .
Los koguis señalan en sus principios de herencia una serie de
intromisiones de la cultura blanca, aunque no totalmente tiberadas de las
raíces indígenas 204. Por el contrario, los chimilas, bastante vecinos a los
anteriores, conservan más cabalmente su tradición india. Aunque parte de
los bienes siguen enterrándose con el muerto, los demás pasan a lo<
descendientes a través de la filiación uterina. Igualmente el poder, es
heredado matrilinealmente lOS' en el sobrino hijo de hermana, en tanto
que en la herencia del shamanismo hallamos dos formas: la una por
transmisión en linea femenina, mientras que por la otra (como en los
Piapocos) se trata de un status adquirido mediante el aprendizaje y l.
capacidad innata. Los nombres secretos también se orientan por el lado
materno 206 ,
Finalmente, los huitotos conservan pura su tradición aborigen: los
bienes personales siguen al dueño en su vida de ultratumba, y los demás
son de propiedad comunal 207 que no se ven interferidos por el
fallecimient o deun ntiembro. Los adraques, dice la hermana Betania 108,
que al morir un pariente sus deudo< lo colocan dentro de un hoyo "el arco
y las flechas juntamente con la hamaca que usaba" y el motivo de este
comportamiento sirve para indicar que fue un valiente y la hamaca "para
que descanse en su largo cantino".
101
102
203
204
lOS
206
Johannes Wilbcrt, op. cit •• pág. 91.
¡bid, pág. 97.
Johannes Wilbcrt. op. cit •. pág. 100.
Glnrdo Rcic:hcl, Lo .. KOfui. ... OP. cit .. vol. J. págs. 61, 69. 115, 135 Y 144.
Gcnrdo Reic:hel. E'nolrof{g chimiJa. ••. op. cit •. pág. 100.
'bid. pág. 138.
lO' JuJ .... H. Stewwd. The WitotoCl" trib"' ...... o p. dt .. pÁ" 758.
108 Maria de Betania,op. cit .. págs. 141 y 141.
126
EL COMPLEJO CULTURAL
SANTANDEREANO O NEO- HISPANICO
EL HABITAT
Este complejo se asienta en las vertientes de la cordillera oriental,
ocupando porciones desiguales de los dos Santanderes. Más concretamente
se sitúa sobre las estribaciones y valles fluviales colocados en este habitat
(Véase Mapa de los complejos culturales) sobre los trescientos metros hacia
arriba en )a línea de altura de la vertiente magdalenense, mientras en la
oriental esquiva los lugares de asiento de los grupos aborígenes,
que se integran al complejo andino o americano.
En el departamento norteño, la división del relieve andino oriental en
dos ramales, en el nudo de Santurbán, configura en la morfología regional
una de las zonas más montuosas y de perfiles más severos de todo el país.
Aunque el complejo antioqueño se ha expandido a lo largo y ancho de una
zona montañosa, sin lugar a dudas el habitat de la familia neo-hispánica
Supera a aquel en sus perfiles quebrados y adultos 20 •. O como lo dice el
geógrafo, "el terreno es sumamente riscoso y se abre en valles estrechos
de fuertes y torrentosas corrientes y grandes declives".
Si ampliamos un tanto más la descripción física nos encontramos que
dentro del panorama morfológico y climático departamental la "horcadura
de este enorme bieldo andino" ... "en el nudo montañoso del Páramo de
:209 Departamental : Jaclnco Rómulo Viltamiur, Geo,raf(a
nut6l'ica y de Norte de Scmtonder, Bagol', 1948, págs. 50, 51 Y 52;
Ernesto valdaTaa. Bmítez. Tfe"'CU de Santander, Bucaraman¡a, Imprenta
Departam.cntlll. 1949, pág,. 118; Alfred Hcttnct. Lo CordHIera. ... OA cit •• págs. 77 )'
1 J S.
129
lanlurll'n d. dundo .. rlmll'kl clrollovo en ángulo abierto, confonna una
Illnoll4llc\n ,l. "hlmn. liMe'" el oste (Fontibón, Tierra Negra, Tauma) y
h",,11 .1 uUlle" 11 lO proyectn en cerros aislados, el del Viejo, de Castro, de
I ;lIrt1'O"n, do Cdchlra, de Bucarasica, donde las altitudes paramunas se
illIcrrumpcn a causa de las formas y configuraciones del relieve que se baja
y se ensancha en una morfologia de mesas y callones, bordeado por el
occidente por un cordón orográfico que finaliza en la Sierra de los
Motilones". 210.
En el vérti ce de las dos ramificaciones andinas se desprende hacia el
norte, a manera de bisectriz, un tercer relieve que paulatinamente 'desciende
hasta hundirse tras alineaciones de cerros y de colinas cortadas por los rios
que bajan de los páramos , en la llanura del Catatumbo. De esta manera, un
relieve lridentado de ramificaciones desiguales, iniciado en Santurbán,
confonna la morfología básica de est a zona orográfica nortesantandereana.
Paralelamente, en el departamento sureilo, la parte correspondiente a
este complejo es también de complicada estructuración morfológica,
constituyendo una de "las tierras más escarpadas y fragosas del país" 21 1,
erunareada al occidente por la Cordillera de los Uoriquíes y al oriente por
la ·c.dena de páramos de Consuelo y Guantiva, cordones orográficos entre
los cuales se encuentran los vaDes interandinos longitudinales del Suárez y
del Fonce, corrientes fluviales que corren en medio de amplios vaDes,
constituyendo la zona de más densa población y de potencial agrícola lll.
También hallamos en estas tierras intercordiOeranas el CaMn del
Chieamocha, transformado luego en Sogamoso, de "cauce profundo a lo
largo de temidos desfiladeros y grandes abismos carentes de capa vegetal y
en un proceso continuo de erosión" con muy pocas posibilidades
económicas de explotación agrícola "a excepción de pocas y angostas
vegas" de tierras excelentes 213. Completa el espacio intermedio una serie
de "mesetas y terrazas que se cortan con brusquedad ante el cauce
210 Ibid.. pág. 51 .
211 Mario GaWn Gómez, Geotraf((J económicG de Colombia, Santander,
Bucaramana&. Contralorta General de la Repúbüca, 1947, pál- 12; Sanmipel
G«)I'f'Ofia h,,,6rico y eoon6mlca deJ Norte de Sontander, tomo 1, Bogot',
1948; Eduardo A.c:nIedo ....... 01«. Panol'CmI1 ,.o-«con6mJco del Deportomllnto de
SantGnd.,.., en Economio )1 ErtodidicG, núm. 78, Bolot, 1954, pál- 8; lnatituto
Nacional de Fomento Tabacalero, Irusta y Fortoul. E.ludlO. de .uelo. de Sontondf'7',
ZOnal tobacalerw • 8010t'- Editorial Retina. 1951, pá,s. 37 y lS.
212 Eduardo Accvedo Latorre, op,. cu.. p'¡. 10; Mario Galán Gómn; op. cit.,
vé.e cap. 11, 01'o,,-oflo; Pablo Vi ..... NUflVO Geopaf(a. ... op. cit.. págs. 43, 44 Y 119.
213 Eduanio Aceftda Latorft, op. cil .. en Bolelfn de Geolo,ia, ndrn. 8,
BuCGl'Clmon, .. 'ndudrloJ de Sonlander, J pd, .. JO. J 1.
130
profundo del Chicamocha" y entrecortadas también por los ríos que
buscan esta cuenca. 1.1 más extensa de todas , la de Jéridas o de los Santos,
ofreee un aspeeto desolado por la erosión y la sequedad. Es interesante
sellalar que toda la orografía de este habitat se caracteriza en cada
vertiente aluvial por la presencia de estratos cortados verticalmente,
"cinchos" en el habla regional , que ponen al descubierto las rocas vivas
interiores denudadas por un constante proceso erosionador producido por
agentes naturales y acelerado por el declive y la acción cultural. Así, la
aridez y la dureza de los perfiles santandereanos agudizan sus condiciones
naturales ecológicas 214.
En relación con el clima, Vila señala para las tierras sursantandereanas
el dominio de una lluviosidad media ( 1.000 a 2.000 mms. anuales) con
zonas e isleos de Duviosidad baja (500 a 1.000 mms. anuales) generadas por
su posición mediterránea 21 S . La Cordillera de los Uoriquíes constituye
una franja de transición entre alta lluviosidad del Magdalena y las regiones
secas del Valle del Suárez, la región de terrazas y el Cañón del Chicamocha,
llu'liosidad que vuelve a acentuarse en la zona por donde corre el río Fonce
y en las estribaciones de las cordiDeras , donde existe "un mosaico de
climas o microclimas
H
216.
En el Departamento de Norte de Santander también se hallan
condiciones climáticas sinúlares a las presentadas por el departamento
sureño: corresponden sus tierras a la franja de lluviosidad media 21 1 con
alternas zonas de baja lIuviosidad como las de Cúcuta y Chinácota, y la
zona del Catatumbo, de alta precipitación, pero que no alcanza a sentirse
dentro de este complejo.
El habitat total de esta subcultura ofrece en el 'sentido climático dos
características más, genéricas en ambos departamentos : la distribución
anual de las lluvias sigue el sistema de dos inviernos y dos veranos que se
alternan II 8. 1.1s temperaturas se basan en la ubicación hipsométrica del
Jugar, observándose como nonna "marcadas oscilaciones entre las
u.
214 Eduardo Acevcdo Utorrc., op. cit .. pág. 11 : Pablo Vlla, OA d t .. pág. 119.
215 Pablo Vil&. oP. cit •. págs. 18 y 79 ; Mario Galán Gómel, oP. cit., pá¡. 80 Y
216 Con tfllloría Departamental , Estad i st lco de Santander, Bucaramanga,
1961, págs. 4 Y 5.
217 Contralorle: Departamental,-a.p. cit., pág. 121.
218 Contraloría, op. cit .. pás. 128; Ernesto Guhl, Colombia, bosquejo de .al
6eoll'C(io tropical, 1961 , ¡n'dito; Pablo Vila, op. cit. , pág. 83 ; Eduardo Acevcdo
Latorre,op. cit.. ,'8. 12; Roberto Pined&. Eltudio.aodo--económicoa: de Sanlander
del Sur,
131
.. klllc".!!'\) horos del día, grandes calores -al mediodía y fríos intensos de
h. lIocho" 2 I 9.
.En cuanto a vegetación natural dispuesta en cinturones altimétricos,
este habitat se encuentra considerablemente desprovisto de ella. Si se
exceptúan isleos limitados de la misma en las partes altas (páramos), en las
vertientes erosionadas y xerófilas, en las pendientes demasiado bruscas, el
resto del suelo con posibilidades agropecuarias ha sido más o menos
intensamente transformado en su vegetaci6n primitiva 220. Algunos
muestreos mínimos de esta tipología vegetal lo constituyen el bosque seco
subtropical
111
(San Gil, Barichara, Los Sant os, Convención, 'Abrego y
Ocaña) y el monte espinoso sub tropical de la parte media de la cuenca del
río Chicamocha. La acción humana ha destruído el resto.
Algunas descripciones de zonas características de este habitat pueden
mostramos mejor la dureza y peculiaridad de sus condiciones físicas.
Veamos algunas. El Valle del Río de Oro, región típica de este
complejo 222 , "no constituye en toda su extensión una suela plana, ni
tiene forma totalmente regular . Las estribaciones de las cordilleras que lo
bordean, avanzan a veces hasta casi tocarse con las de la dirección opuesta
y fonnan así pequeñas elevaciones que interfieren con el valle ... ". "La
temperatura media aproximada del valle es de unos 24 grados centígrados
con fuertes variaciones diurnas. El calor sube durante las horas del medio
día y primeras horas de la tarde y disminuye intensamente en las horas de
la madrugada ... ". "La vegetación primaria del valle y de sus vertientes
desapareció totalmente. El valle es hoy una zona cultural con predominio
de la caña de azúcar y de tabaco en la región de Girón; de vegetación
arborescente, sólo se pueden ver en él los caraeolíes diseminados a todo lo
largo y lo ancho del valle pero sin presentar ninguna mancha compacta.
Las vertientes están desnudas de vegetación. En ellas predomina como única
vegetación característica la llamada paja macana de ninguna utilización
comerci al, pues no sirve ni como pasto. pero que presta un magnifico
servicio como preservativo de la erosión creciente que es ya de
consecuencias francamente trágicas en todas estas vertientes".
219 Eduardo Acevcdo Latorre. op. cit., pág. 12; Mario GaUn Góme:z, op. cit.,
pig. 7S y ss.
220 Ernesto Guhl, Cot ombia... . OP. cit.; Luis Sigifredo EJpinaI yElmo
Montenegro, For-macione6 lJelletcln de Colombia, memoria expliclliva !lobre el mapa
eco16gjco, Bogotá, Institut o Agustfn Coduzi. 1963. pá¡s. I 12, 113 Y 114.
221 Luis Sigifrcdo Espinal, op. elt .. pág. 11 S Y ss.
222 Roberto Pineda. E.tudio • .ocKr-económlco. de Santander- del Sur._. op.
cito
132
"A lado y lado de la carretera que conduce de Bucaramanga a Bocas se
pueden apreciar los cultivos de café, plátano, maíz. cacao y yuca,
característico de la pequeña finca familiar, el tipo de propiedad más
común en estas vertientes".
Otro paisaje peculiar del habitat lo presenta la Provincia de García
Rovira con el Cañón del Río Manco "empinado y abrupto, que
profundísimo corre encajonado entre elevadas estribaciones del cordón
magistral de la cordillera oriental. En las faldas de estas vertientes de gran
inclinación sólo se observa como vegetación la ya mencionada paja
cabezona o macana .. :". "Estas plantas y unas escasísimas manchas de
vegetación son el único dique para evitar que estas estribaciones muestren
al desnudo y en toda su extensión el afloramiento de los estratos".
De la denudación de los suelos , característica en todo el habitat. el
autor dice refiriéndose a las vertientes del Río Manco: "La erosi ón es total.
Los bosques no se encuentran ni hay posibilidades de hallarlos t oda vez
que la capa vegetal y la inclinación de las pendientes no lo permiten. En
suma, es un panorama desolado y grandioso con las enormes estribaciones
que se levantan hasta más de 2.000 metros de altura sobre el nivel del mar
para caer perpendicularmente en los estrechos caftones en forma de V. por
donde corren ríos y quebradas: la desolación es mayor aún por la ausencia
total de habitaciones humanas, imposible en estas vertientes, como es de
suponerse. y como es de suponerse también, hay la falla casi absoluta de
fauna". Similares versiones de desolación , denudación y de ingente
topografía caracterizan 'as tierras nortesantandereanas .
ECONOMlA
El área que de estos dos departamentos pert enece a este complejo,
está fundamentalmente dirigida hacia la explotación agropecuaria.
Acevedo Latorre sena la que el 800/0 de la población santandereana es de
agricultores, a pesar de '0 cual las tierras , por sus condiciones fisiográficas,
no constituyen en manera alguna un habitat privilegiado para est e tipo de
explotación: la constitución geológica de los suelos, su topografía
accidentada, sumadas al hecho de que la mayoría de los valles , laderas y
estribaciones están fonnados por suelos que facilitan los deslizamientos: el
sistema de denudación de la vegetación mediante el fuego; el agotamiento
de la cubierta vegetal en las vertientes; la utilización de cultivos transitorios
(tabaco, maíz, yuca), en donde dos veces por año se roturan las laderas, se
queman y se orientan los surcos verticalmente, facilitando a las aguas
133
lIuvtu 01 arrastre de la capa vegetal, han empobrecido y siguen
1)llIpcrizando los suelos 223, a pesar de lo cual tres cultivos fundamentales
le reparten en la agricultUra santandereana: el tabaco, el café y la calla de
azúcar.
El cinturón caficultorde este complejo se localiza en Norte de
Santander, en parte del habitat de este complejo 22. y el resto en el sector
americano o andino. Ocupa este cinturón nor!esantandereano el sexto
lugar en extensión 225, o sea el 6.30/ 0 sobre el total de la superficie
cafetera colombiana 226, siendo también el primero en superficie dentro
de los cultivos de este departamento. En Santander del Sur, la casi
totalidad de la zona cafetera se ubica dentro del complejo, representando
un porcentaje menor en extensión en relación con la zona nortei\a.
equivalente al 3.2 de la superficie cafetera nacional 227 . El tabaco ocupa
un lugar más importante en el departamento del sur que en el
septentrional .. ". Santander, dice Acevedo latorre, es un Departamento
esencialmente tabacalero, ya que de su superficie cultivada 14.330
hectáreas están ocupadas por dicho cultivo.
El tercer producto agrícola de imponancia en esta zona es el de la
ca.ft.a de azúcar. De mayor extensión en el sur que en eJ norte 229 , se
dedica fundamentalmente a la producción de panela y melazas para
consumición local o comercio interdepanamental. Los demás cultivos son
generalmente de autoconsurno: trigo, cebada y papa en los climas fríos;
ll3 Eduardo A:evcdo Lalorre, op. cit •• pág. 31; Mai'ioGaIán "G6mc:z..oP. cH.,
pá¡. 248 '1 !loS., '224 Y ss. ; INCORA, Pro yecto Nort e de Santander, núm. 1, Bo¡otá,
1964, páa- 32 y ss.; Alfrcd Hettner, op. cit., pág. 162 Y ss.
224 Robuto PiDtd. Giraldo, ZonaB cafeterw de Norte de Santander, 1958.
inédito.
225 Banco Cafetero, lA lndUltria en la a,ncultura colombiana.
BoIod, 1963, pá,. 19.
226 Ibld. . pág. 19; DANE. Deporlamento d e Norte de Santonder. (Censo
agropecuario. 1960). Bogotá. t 964, pág. 30.
227 DANE. de SGntander (Censo a,ropecuario. 1960), 8OJotá.
1964, pág. 32: Banco Cafet ero, .p. dt •• pig. 1' ; Eduardo Accvcdo Latorre,op. di ••
pá¡s. 30 Y 31 ; Mario Gaün Gómn, op. cit . pág. 141 y ss.
218 Robuto Pineda ,GirUdo, Edudio di> '" zona tabocalera
BOlotá, 1955. pág. 61 ; Edum'do Accvedo Latorre, op. cit., pág. 33; DAN E,
Deporlanwnto d e SGnlGnde r, (Censo agropecuario. .. ), OP. cit., pq. 23 ; Departamento
di> Norte de Santander. ngropccuarto_.), OJ). cit. , pág. 26 . Ma'io Galán Gómcz,
op. cit. , páa. 306 y ss. Seflala la existencia de 4 zonas; Ernesto Vaklanrm.
op. cit., pás,. 8l )' ss.; JaiIM Arma )' otro, Codo. dI! produccl6n del Clotltloo deJ
tobGCO en la .lfdcfón I!,xperbnentol El Cuchara, San Gil, BOlotí, 1962, mimeó.rafo.
229 DANE, Departam.nto de &mtander, (Censo a¡ropecu.,.io_.), OP. cit .. palo
25 ; Deparfonunto de Norte de Santander, pág. :ZS. La superficie ocupada por elte
cultivo en 1960 era de 18.888.1 heC1úeu en el primero y de 19.611. 1 en e1lefUndo.
U4
maíz, cebolla, fique, millo, algodón, arracacha y plátano en los
templados 23 o. Ocupan las tierras con. un sentido avaro, delineado por ¡as
condiciones geomorfológicas de este habitat.
Dentro del. área que nos ocupa, la ganadería es una actividad reciente.
La transJormación de las tierras santandereanas dedicadas a cultivos de pan-
coger en ganadería extensiva o en rastrojos, fue consecuencia divergente de
la ley de tierras de 1936
231
. Esta ley transfonnó la explotación del suelo,
que devino de cultivos de pancoger en potreros de past os naturales en un
comienzo. y Íuego se fueron poblando con el avance técnico ganadero que
se produjo, en pastizales artificiales que defendieron de la erosión e
impulsaron la cría, levante y ceba de vacunos en algunas áreas. De este
morlo. ciertos municipios dieron poderoso impulso a su industria
de tipo primitivo " doméstica" , como la califica Acevedo Latorre,
transfonnándola con el cruce y selección de razas foráneas en un renglón
de considerable importancia en la economía regional . Tal el caso de
poblaciones como Charalá, Bucaramanga, Socorro, Sim.cota y Guapotá,
por ejemplo. El rest o de la producción vacuna demora en pequeñas
propiedades de verti ente, con un ganado criono sin hasta ahora mayores
posibilidades de desarrollo, asentado sobre rastrojoS o potreros de pastos
naturales 23'2 .
En el campo industria1, podemos decir que en la sección
departamental del norte no insinúa siquiera su comienzo. En cambio, en
el sur, la inicia Bucaramanga dentro de un radio que envuelve pobl aciones
vecinas ; esta primera etapa bumanguesa y un comienzo en San Gil ,
constituyen el t otal del desarrollo industrial del complejo 233 , dentro del
que se destacan los renglones industriales centrados alrededor de productos
alimenticios y de bebidas.
Sin embargo, hay que señalar, en lo referente a la industria, que en la
forma como se la encuentra hoy en día. ofrece diferentes niveles de
230 DANE, CenlO a,ropecuarlo de los Depcrtamentos d e Norte)' Sur de
Santander, pl͡. 25 Y ss.. 21 y 55. , respecti vamenfe .
231 Galán Cómez. op. elt. , pág. 225 ; Eduardo Accvedo LatOrTe, op. dt ..
pág. 16.
232 DANE, Departamentos de Santander y Norte de Santander, (Censo
agropecuari o. .. ) . op. cit .. pág. 18 )' ss., 21 Y s s., res pec.tivament e ; Eduardo
Acevedo LatorTe, o p. cit.. págs. 35 )' 36; Contraloría Departamental, Anuario
Estod{dico de Santander, Bucaramanga, Imprenta 1961. pá¡. 238
Y ss.; A.. F. Staffe, F AO. Recomf' ndociones para el desorrollo pecuario en e l Norte de
Santande r, Bogotá, 195 S. inédito.
'233 Eduardo Aoevcdo Latone. OP. cit •. pá, . 36; Contratoría Departamental,
Anuario Sdad(stico d e Santander .... op. elt •• págs. 152 y 253.
135
desarrollo, no siempre los de más alta estructura técnica. Entre todas se
destaca la elaboración del tabaco en los municipios de Socorro, Zapatoca,
San Gil, Piedecuesta, Girón, Bucaramanga, donde constituye el renglón
más importante; Aquf mismo esta industria seilala una producción lograda
con alta técnica y capital, mediana producción y el fabriqufn doméstico,
como actividad familiar o trabajo p."onal de incipiente desarrollo.
Parecido fenómeno ofrece el hilado y tejido del ' fique, entrada
complementaria de ingresos para grupos de campesinos. en su etapa
incipiente, o conforma unidades industriales de amplia producción. Similar
desarrollo ofrece la industria del vestido, la del calzado (cotizas) y la de los
alimentos 2 3.. Y en los últimos tiempos semejante proceso de
desenvolvimiento se encuentra en las industrias metálicas que.
centralizadas en Bucaramanga, inician su desenvolvimiento en forma
parecida.
La estructura socio-económica cultural
Es necesario situar la familia dentro del ambiente socio- económico
cultural que ajusta y condiciona su estructura, para llegar así a entender las
formas de interrelación, cara a la comunidad, y el funcionalismo de sus
valores, imágenes y patrones normativos. Un somero análisis a través del
pasado con proyecciones actuales, nos conduce mejor a este logro.
Caracteriza estructuralmente esta comunidad tomada en su conjunto,
un rígido sistema de ordenamiento de las clases sociales. La jerarquización
de estos estratos se configuró inicialmente sobre indicadores inflexibles , que
se han ido manteniendo sin modificaciones sustanciales a través del
proceso histórico, marcado en este complejo por un fuerte estatismo que
condujo a que su funcionalismo se proyectara por más tiempo, mirado el
total nacional . Concomitantemente,. condujo a una sustitución más lenta
de denominadores de clase. que mantuvo vigentes los valores del status
adscrito sobre el adquirido y que, como un proceso en cadena, refluyó a su
vez sobre el inmovilismo de la estructura de su sociedad. En el comienzo
de este proceso ubicó a estas clases la etnia asociada a la cultura. Cada
grupo racial desde la Conquista implicóba un status para situa"e
socialmente: se nacía español en la clase alta, o indio y en posición
subordinada al anterior. La raza conllevaba valores anexos de privilegios o
# 234 ContraJoría Departamental. Anuario B.todi,tlco de .santander ... . op. cit ..
papo 256 a 264.
136
limitaciones de valores e imágenes que la sociedad reconocía y aceptaba
para su estructuración total y el ajuste institucional del individuo. (En el
primer volumen de la familia en Col ombia. hemos estudiado a espacio estas
condiciones que situaban a cada individuo según su calidad racial y le
permitían talo cual clase de posibilidades en la acción. (Confierase primer
volumen). Esta configuración de desigualdades que se proyectaban
institucionalmente ante la ley y ant e la costumbre, era más sensi ble ante la
economía. la tierra, fuente única de producción (falta en esta zona el oro
en forma estable) constituía también el único indicador de ubicación
jerárquica social. La gran hacienda del descendiente español marcó su casa
solariega (antes Casa de la Encomienda) ante el rancho del minifundista,
antaño elemento comunitario de un Resguardo, o ante la choza del
viviente, antaño mitayo o repartido indio, ancestro inmediat o del
desarraigo agrícola. del aparcero o del peonaje santandereano actual 235.
El tamaño de la (enencia respaldaba la posición social de cada hombre y de
su familia . era el indicador definitivo de su status. (Confiérase Compleío
Culturol Andino) Tenencia de la Tierra).
A esta configuración de clases rurales se sumó la estructuración de las
clases urbanas . El español de clásjco ascendiente guerrero o burocrático
miró con manifiesto desgano las tareas laborales 236 . El val or negativo que
del trabaj o manual portaba el grupo foráneo se proyectó en la
configuración social: la clase aJta. sensibilizada por tal valoración.
constituida por los terratenientes, que insinuaron desde entonces su
ausentismo en la administración de la tenencia, se sumaba a la alta
burocracia que seguía naturalmente este mismo principio. Constituían en
cierto modo un estrato que fincaba su orgullo en su ocio culturaL La clase
media logró evadir la posición negativa ante el trabajo físico: india o
mestiza, constituía el elemento artesanal que. careciendo de tierras y sin
los valores laborales del hispano. se proyectó en la actividad manual en el
comercio y en el transPorte. tareas que acabaron por constituirse 'en la
tarjeta de identificación de su categoría social. La clase media artesanal
empresarial se desdibujaba hacia abajo en las distinas gamas del elemento
asalariado.
Las clases sociales estuvieron vinculadas en el transcurso de la vida
colonial con como la Religión, la Justicia, la Educación, la
23S
323.
236
179.
Luis Eduacdo Nieto Arteta, Econom(o y CI.IJturQ, ... op. cit., págs. 312 );
Luis Eduardo Nieto Artcta.. Econom(o y iulturo. ... op. cit., págs·. 178 y
137
Administración, que las ajustaron nonnativamente en lo civil y en lo
religioso. Encomiendas, Mitas, Resguardos, Pueblos de Indios, Cofradías,
Talleres , Maestros y AprendiCés, en sus individuos y en sus instituciones
tomaron cuerpo como miembros pertenecientes a una clase dada. Poco a
poco con el mestizaje y la asimilación cultural, la estratificación étnica
irucial, merced a esta clase media que rompía los dos polos jerárquicos, fue
sustituyéndose por estratos basados en indicadores económico-culturales
que los sectores bajO! &'Iimilaron.
Sin embargo, el surgimiento de la 'clase media artesanal fue efímero,
pese al considerable desarrollo en el siglo dieciocho, como puede
presumirse a través de lO! informes regionales que guardan los archivos
históricaS, en donde se indica la extensión de los mercados, parte de su
monto, y el tráfico a que daban origen. También se otea su trascendente
vitalidad a través de la importancia política que esta clase mantuvo en los
conflictos socio-económicos de la pre-independencia: la lucha de los
Comuneros, por ejemplo, proyecta cabalmente su dimensión. Esta
contienda, con su desastroso final, agotó parte del proceso formativo de
esta clase: las medidas represoras del Arzobispo-Virrey, la política
económica española subsiguiente, la redujeron a la mínima expresión por
aquel entonces. Con ello se había frustrado, más que un propósito
revolucionario, un intento de liberación económico-social de todo el
complejo santandereano.
Prospectivamente llegado y avanzado el momento republicano,
nuevamente los santandere. trataron de incorporarse al desarrollo nacional
colocándose a la delantera, reviviendo su clase media artesanal. Los
movimientO! políticos de finales de la centuria pasada señalan la existencia
de este estrato que, militando con las huestes del partido liberal, reclamaba
medidas que beneficiaran sus intereses manufactureros. Las soluciones
económic&'l legales tomadas por los grupos políticos 237, pero ante todo
las guerras civiles, que hallaron en las tensiones político-económicas de los
santanderes clima estimulante, acabaron de arrasar los remanentes que la
retaliación de la insurrección comunera había dejado vitales. Exhausto este
potencial económico y con él la clase que lo representaba, se inició de
nuevo un hito de retroceso en el desenvolvimiento de este complejo,
porque este fracaso marcó para los saritanderes, en aquel momento, la
imposibilidad de alcanzar la etapa industrial insinuada en la fonna
138
artesanal ubicada en un sector medio de su población. Fue entonces
cuando Antioquia tomó la delantera exitosamente.
En otro sentido, este fracaso reforzó la tajante estructúra de clases de
este complejo y la reforzó a través del quietismo. La clase artesanal
destruida representaba el elemento dinámico propicio al cambio 238, pues
el trabajo fértil era su base vital. Con su extinción volvió a rocalizarse en el
suelo la fuente económica. El suelo santandereano, ese suelo pobre,
erosionado, de perfiles majestuosos pero estériles y de escasa pluviosidad
complementaria, con pocas y reducidas manchas de fertilidad, volvió a ser
el único indicador de clase, el limitado providente del bienestar de su
habitante. Con ello se enalteció, superando los límites económicos, el valor
real de la tierra como factor de producción y mantuvo adherido a su
tenencia el síndrome socia1 colonial . Pero ni de esta manera la tierra
santandereana cobró el escueto sentido de ser elemento activo de la
producción, como ocurrió con los suelos nuevos que la colonización
antioqueña conquistó en Caldas y el Valle, Tolima y el Chocó, sino que la
sociedad se sedentarizó sobre sus valores sociales heredados, que restaban
hálito a las posibilidades de creación de riqueza, al impulso activo de las
gentes santandereanas. Esta sociedad, así frustrada en su clase artesanal,
tampoco pudo quebrar la vieja subvaloración del trabajo manual. Fue
incapaz de agregar nuevas técnicas, porque ni siquiera incorporó sistemas
diferentes de propiedad y de explotación del suelo que los tradicionales,
con el resultado de que los que poseían la tierra se conviertieron de nuevo,
o siguieron siendo, los únicos árbitros de la subsistencia para quienes les
laboraban su propiedad. Y así crearon, por segunda vez en plena república,
la dependencia sentida en la época del español triunfante y el indio
esclavo, naboría, mitayo, etc.
Este quietismo, involucrado> en la Quiebra de la clase artesanal,
incluyó una afirmación mayor de los valores de clase. La ubicación social
no se centraba sobre una riqueza activa sino sobre la posesión y control de
una tierra que, aunque no se laborara, daba el poder. No sobre la capacidad
energética y creadora de cada miembro social para hacer riqueza, sino en
valores asociados a la sangre y a la tradición. Las condiciones del habitat,
ayudadas de los valores precedentes, colaboraron en la gestación de un.
comunidad pobre. Pobre .era el labriego, pobre el terratenient •. Gravitaban
dentro de la pobreza el peón y el dueño de hacienda de suelos estériles, en
238 Lui! Eduardo Nieto Meta. Econom(Q y c"Jtura. ... op. elL. pip. 193 •
1 9 6 ~ Horacio Rodril'lC'L Plata. LQ 'nmlpaci6n GlemGnG-.. op. cIt.. cap. Jl1. páp. 57 Y
ss.
139
drculos de intensidad varia. Pero cara a la comunidad se distinguían por
su status adscrito. vale decir. por sus troncos familiares ,. por su sangre
castiza, por sus valores y actitudes, que no propiamente por grandes
riquezas, estructurándose con eUo la llamada "pobreza hidalga" que se
ensimismaba en su austera contemplación. El otro extremo Jo ocupaban
los remanentes de resguardos extintos. peonaje agrlcola de distinta
nominación, o desarraigados del agro colocados en la base de la estructura.
Así los Santanderes, reforzados en su estructura interior habían perdido la
delantera y comenzaban a alinearse en retaguardia en el proceso de la
dinámica del desarrollo nacional, gestando una comunidad pobre pero
hidalga.
Este inmovilismo económico lo complementaba el inmovilismo social,
estructuraL Una sociedad que careCÍa de una clase exitosa que rompiera la
invalidez del trabajo manual. no tenía más remedio que. centrarse sobre sus
propios valores tradicionales. El hidalgo pobre no podía darse el lujo de
laborar sus tierras, proyectarse en creaciones artesanales, y aunque no
pudiera en patrones externos de prestigio distintivos de su clase.
no perdía ubicación social , con el s610 mantenimiento de sus derechos
sobre el suelo. Campesinos, minifundistas o desarraigados. tampoco podían
quebrar los límites de la muraUa que los atrincheraba en la pobreza, y se
quedaban pobres en su casa y siervos misérrimos en la del poseedor de su
parcela. No lograban avanzar, pero tampoco había sitio para el retroceso:
vegetaban miserablemente.
Comó sistema defensivo de los mejor ubicados, la sociedad
santandereana siguió manteniendo vitalmente activo el principio de la
prelación de!'status adscrito sobre el adquirido. Sobre estas bases, su
sociedad no podía llegar ni lo ha logrado dentro de los clrculos limitativos,
a la conquista de la imagen social del .self made man, como expresión
paradigmática de su cultura, a la manera del complejo antioqueilo, con lo
que impulsaba y aseguraba más y más el quietismo en sus estructuras y el
de su desenvolvimiento económico. Se estancó así la movilidad social , lo
que condujo a la configuración más y más fuerte de clases rígidas, a
manera de castas, porque su inmovilismo forzó a las capas altas a
dentro de una endogamia de clase que se tornó en detrimento de los
mismos grupos biológicos. Era que el quietismo, derivado de esta
estructura, no permitía la renovación e incremento de los estamentos altos
al negarles el ascenso a los grupos inferiores, cortándoles los canales de
logro económico y social. De este modo. en la sociedad santandereana se
nacía y se moría dentro de una semicasta.
140
Este estancamiento. colateralmente mantenía estáticos los valores
asociados a la posesión de la tierra, rigidizando las relaciones entre los
integrantes de cada categoría vinculada a elJa: el
aparcero. el peón, el miilifúndista, constituyeron una categoría en relación
con la que representaba el hacendado. Las relaciones entre los dos , como
entidades, carecieron de principios de igualdad para formularlas, pues se
asentaban sobre realidades de dependencia o imposición personal. Las
condiciones económicas ambientales situaban muy claramente en- el
derecho al grupo dominante y al subordinado. Tal fenómeno aún sigue
dándole el sabor característico a las interrelaciones de los estratos rurales
santandereanos: los grupos altos aún se esfuerzan por'conservar principios
de superioridad sobre los subalternos , sobre la base de un respaldo
económico afianzado en la posesión del suelo y reforzado por la
costumbre. que no en la ley nacional. Sus exigencias van más allá de los
linderos escuetamente legales, y se proyectan en forma difusa en todas las
instituciones de la comunidad. Una expoliación de derechos se escalona.
siguiendo principios jerárquicos sociales. Paralelamente a la subordinación
y a la exigencia que trasciende más allá de la ley por pane de los grupos
altos , se confonna en los bajos una actitud concomitante: una relación
basada sobre premisas de valoración patemalista entraba las demandas
procedentes con las dádivas que la costumbre hace acreedoras a los sectores
de desvalimiento económico. Un mecanismo de toma y daca estructurado
por encima de la ley. interrelaciona las clases en una configuración cada
vez más quebrada por las imposiciones legales. Como resultado de la
presencia simultánea de formas de relación mixtas, legales unas veces y
patemalistas otras, una anomia generalizada invade los estamentos
econónúcos, gestando recíproca frustración e inseguridad, apenas superada
por los movimientos horizontales del agro a la ciudad, de fecha nueva,
Esta situación de tensión estructural ha verudo haciendo crisis en los
últimos años . La ley de tierras de 1936 rOzó a Santander en forma
tangencial. pues aunque no capitalizó los efectos que se proponía.
produjo resultados secundarios. Hasta entonces este complejo se orientaba
hacia los cukivos de pancoger, y hacia los de cafta de azúcar y tabaco, Los
sistemas de laboreo del suelo, todavía fijaban en tierra ajena a un alto
porcentaje de población agrícola representado por campesinos
desarraigados y minifundistas. Para evadir las prestaciones sociales de la
toda esta masa fue liquidada por los propietarios grandes, negándoles
acceso al cultivo, y/o como sustítuci6n económica, viraron hacia la
ganadería, que no requería tan intensa mano de obra como la agricUltura y
141
IIU IIM:(M IIcecluri. l. entrega de la tierra ,.¡ trabajador. Este viraje puso
funo'lmcnte en las puertas de cada poblado, y luego en los tugurios de las
a los aparceros, vivientes y peones santandereanos, que con este
no habían tampoco arreglado sus problemas de nivel de vida, pero
que llegaban con la presión precedente dentro de la corriente general
demográfica a engrosarla población urbana.
El ganadero santandereano benefició sus tierras con el cambio: los
pastizales protegieron los suelos de la erosión que la agricultura acentuaba
en las épocas de rotura. Mejoras de razas , aceptación de técnicas de
levante, cría y engorde, favorecieron las zonas empeíladas en la pecuaria. A
base de la técnica el nuevo renglón económico dio impulso a la riqueza de
los poseedores del suelo. En los pequeílos municipios empezaron a florecer
familias que en una década multiplicaron generosamente sus ingresoo,
agrandaron sus tenencias y se movieron a las ciudades mayores. En ellas, la
clase terrateniente que había tenido similares logros, inició su éxodo a la
capital departamental o a la de la República, cediendo su puesto a los
primeros. Con ello, una renovación demográfica se ha iniciado. Nuevas
familias venidas de los pequeños pueblos han ocupado los sitios de los
estratos altos en las poblaciones, mientras en los centros regionales,
aquellas se han desplazado más lejos. Socorro, Charalá, Piedecuesta,
Zapatoca, Barichara, Girón, Cúcuta, San Gil , son ejemplos de estos
movimientos. Concomitantemente con la elevación de esos grupos, una
corriente hacia el profesionalismo ha impulsado las generaciones nuevas de
estas familias. Este profesionalismo ha abierto una nueva dinámica en el
ascenso social y democratizado hasta ciertos niveles la educación superior,
abriendo metas fértiles a la juventud santandereana que en dos anteriores
décadas vegetaba sobre los valores de su status adscritó, cubriendo tan solo
las estériles dimensiones de la imagen varonil de este complejo.
A pesar de estas dos nuevas fuerzas de estímulo en la movilidad social
que han empezado a renovar la conformación de cada comunidad, no se ha
transformado la estructura totalmente. Los santanderes no han borrado los
valores tradicionales. La clase media en ascenso apenas llegada a la
situación cimera, se apodera de toda la tradici6n, asimilando con rapidez la
herencia de los grupos tradicionales que le dejan el campo, y se cierra de
nuevo sobre sus valores, para impedir o retardar el paso de los que por el
mismo canal de realización social pisan SIlS talones. De esta manera,
después de una fuerte oleada como la producida por el cambio de la
agricultura a la ganadería, la sociedad toma a cerrarse a su, principios
normativos. Secuentemente, la gran masa campesina que continúa
142
fluyendo a las ciudades, conforma aún un grupo sin .esperanzas , gravitando
en cinturones de pobreza, no solo en las capitales sino en las ciudades o
centros regionales de provincia. El peonaje agrícola se ha trasladado a la
ciudad, y tan desarraigado es aquí como lo fuera en el campo. La clase
media tampoco ofrece sobre las premisas económicas ya enunciadas,
posibilidades de un mejorestar, porque no respaldado en un desarrollo
industrial urbano, vegeta con leves cambios. Podría decirse que los
Santanderes en el momento actual, ofrecen un continuum de situaciones
económico-culturales que se inicia en las pequeñas poblaciones asentadas
sobre suelos pobres donde aún persisten con predominancia los valores
sociales agregados al suelo, y en gama de matices sucesivos se llega al final
de esta línea con el comienzo industrial de Bucararnanga. Uenan los
lugares intermedios desde las haciendas tabacaleras, cafeteras y de cañó de
azúcar, reminiscente explotación colonial del aparcero, hasta las tenencias
ganaderas de amplia tecnificación y reducido asidero para el peonaje
agrícola.
El régimen tenencia1
Dentro de este marco se ajusta el sistema tenencial qué refleja las
incidencias del presente y las sobrevivencias del pasado.
Caracteriza el régimen de explotaci6n de la tierra el sistema de
aparcería 139. Sobre 269.000 hectáreas aproximadamente, 186.000 se
·roturan por el sistema de Aparcería, y habría que añadir aproximadamente
15.000 que retribuyen su· préstamo en forma de servicios, pago combinado
de especies y dinero 240. Acevedo Latorre dice que la tierra "se explota
por aparceros y arrendatarios" en Santander, aún pagan fuertes
gravámenes a los duellos por el disfrute de un lote que en muchísimos
casos no alcanza a satisfacer sus necesidades más apremiantes"24 l . Tal el
239 Contralorí. Departamental, AnuaMo B.tcdf.tico de Sóntonder ••• op. en ••
págs. 234 Y 235.
240 IbJd. Obsérvese la situacL6n particular de los munJcipios incluídOl dentro
del complejo. véuc también en CeNO AlJ"OpeclUJJ"b, 1960, de io, Departamentol-de
Santander y Norte de Santander, ya citados, pí¡t. 1'1 en amboc. Sobre el total de la
superficie cultivada, la abrumante mayoría en l. dos divisiones adminiRrattvaa es
cultivada 8 través de aparcería; Mario Galán Ghmcz, 01'. cft. Hacia J 941, ene
también era dominante en cad. culttvo. En tabaco. pág. 312 Y ca!ia de azucar,
pág. ' 340 Y SS., café, pág. 350 Y ss., fique , pás. 361 y SS., .. godoo., palo 311 Y ss.,
trigo, págs. 38S, 386 y 388, arroz, pis. 398 y 1&. , maíz, pág. 40' Y ss.
241 lbld .. op. cit •• pág. 16: Dale W. AdaIN: y Eduado Montero, Lond
pareelation In cr¡nJrion reform 111 Colombia" e"lIImpJe. CIRA,núm. 4, Bogot', 1965,
mimeografiado, págs. L. T.C. 49-2; Caja de Crédito Alrario IndudriaJ l' Minero,
Edudio bch'ico ,PGra un proj'J'CIma de desarrollo ogropecuario. BoBot', sin fecha,
inédit o.
143
caso del caficultor nortesantandereano 242 del tabacalero
santandereano 243 que viven bajo las premisas económicas de la aparcería
y de los cultivadores de arroz, algodón, cafia, trigo, fique, maíz que operan
todos bajo este régimen,
Este sistema ofrece duras condiciones para el que trabaja el suelo, Los
estudios de costos de producción de los productos agrícolas en este
habitat, han señalado sucesivamente las penosas condiciones de la
aparcería: exceso de obligaciones y de riesgos para el labriego; trabajo
familiar exhaustivo sin compensación, bajos ingresos per capita y
frecuentes saldos en rojo y ninguna alternativa laboral, que' entreabra
oportunidades más amplias al agricultor de tierra ajena 244,
Este sistema, es secuencia directa de valores ligados a la tenencia. La
tierra (en mayor proporción que en otras partes) no la, trabaja su
sino que "Se entrega a campesinos sin suelos o con parcelas
insuficientes, bajo el sistema clásico de aparcería o. combinando el pagQ
en especies y dinero, más el complemento de servicios personales, Esta
modalidad se asienta en la existencia de una gran cantidad de agricultores
desarraigados, trabajadores de la tierra ajena, de bajos niveles educativos y
que falt,os de para emprender cosechas más promisorias , o para
pagar arriendo en efectiv.o, o para iniciarse en otra actividad y/o incapaces
de eJ,l\igrar 1 tienen someterse al oneroso sistema de. la para
sobrevivir 245, Citemos como ejemplo clási,co el del tabacocultor 'de los
dos Santanderes, que sólo recibe las tierras en préstamo para aplicarlas
estrictamente a.la siembra de tabaco, cuyo cultivo mengua afio por año sus
ingresos, pero que ante la alternativa de quedar vacante debe aceptar,
mientras este mismo cuhiv.o gratifica al dueño de las tierras en préstamo.
con ingresos mayores que si acometiera directamente su 'cultivo: la
participación que recibe del aparcero, constituye una entrada sin riesgos
242 Roberto Pineda Giraldo. Zona. cafeteNJS •••• OP. cit..
243 Dale W. Adams y otro, Lond porcclation.. •• op. cit., pá¡s. LT.C. 49-2;
Roberto Pineda Giraldo, Ettlldio de lo .tona tabacolera. ... op. dt .. pág. 39 Y ss.
244 Dale W. Adams., OP. cit •• págs. L. T.e. 49-3; Una alteTn4lHua..., .O,P. cit.,
págs, LT.e. 56'-4, Mario Galán Gómcz. op. cit .. págs. 3.11. 340, 350, 361, 371. 385.
386, 3&8, 396 Y 407; Robtrto Giraldo. Ettudlo de lo zona tobaCClleru..., op.
cit •• págs. 40 a 96; ZOPlM cafetf!1'D6 de Norle de Santander •••. op. cit •• obsernclones
sobre la propiedad. rural ... , op. elt.
24$ Dale W. Adams y Edu.roo Montero, Una aUernGtiva a pro'1'GmG$ de
di.trlbuc6dn de tierra6: Lo parceloc6dn di! flnca6 adQlllridCII comercialmente. CIRA,
núm. 4A, Bogotá. 1963, P'as. L.T.C. 56-'3,4, E. Pino. Sial. mal de APlJ'Cer(o:
conclu.lone¡: del primer ensayo de e,rplotacl6n arr(cola por el IÑlterna de gpgrccr(a.
i!n lo. cultivo. de tgbgco. rn(I(z )1 mDJo en lo estaciÓn g,rlcoJa di! &m Gil,
Bucaramanga, 1948. pág. 78 Y ss.
1.44
que lo ",tribuye más ampliamente que el arriendo por dinerO o la
destinación del suelo a otra cosecha 246, Cuenta además en esta
circunstancia, la participación poSIble de toda la familia en las faenas
agrícolas, que no puede ser absorbida por ninguna otra acti>idad
productiva, circunstancias todas culpables de una sobrecarga humana de
trabajadores agrícolas sin tierra propia en el agro de .. te complejo 14',
Esta situación conlleva una considerable presión sobre la tierra, y
conduce a mantener vigente otra forma mu;' extendida en la explotación
del suelo, el sistema de los servicios personales, como complemento de
pago de la renta del suelo 241, sistema que es una continuidad del método
colonial tenencial impuesto por el Encomendero al indio, según la ley
hispánica 14' ,
También ha conducido este sistema a otra caf1lCterística más en el
régimen tenencial de este complejo, su limitada técnica de explotación que
puede .cotine a través de la baja productividad por unidad de superficie, el
tipo de cultivo y la limitada utilización de maquinaria al!l'ícola, abonos,
fumigantes, etc., sensibles a través de los reducidos préstamos de las
entidades oficiales crediticias que auspician tal finalidad 1$0,
Sin descontar el fen6rneno topográfico. hay que asignar al factor de
distribución de la tierra -régimen tenencial- y al nivel cultural y
246 DUe W. A.daad. Lond PcvcdDHon. ••. OP. eH .. p'as. LT.C •• 9-4; Vng
alt .. matf"a. ... op. eH .. P9. 56-3; lntabaco, Cuadro. e.tad(.tico. 80bre Ig
actividad tgboccllera en Colombia, BoBotá. 1964, pip. 28 y as.; F AO. Apunte.
.ob,.. la actividad taboealc'nl en tenencJo de lo Herra e 'mpUCCldone. d.
cordde,. econdmico-tocial Qut! afecton G io. cultlvodore., 8010tí.. 1960, púo 12 "Y
... , mlmeo¡nflado; R.oberto Pineda. "E.tudio de la .0,," .. Op. cit •• pí¡.
407 Y IS.
24' Roberto Pineda. Ob.er\lClclone. la propiedad rurol de &ntcnder ... op.
cit.. En el mapa de 1. dirtrlbuci6n de 11 proptedlid rural. 1960, lellal_, tornando como
unidades re¡lonakl, Bucara.manp (20 munlclpios). un 330/0 de las famlUas ,ura)et
sin tierra. En San Gil (14 municipios). el 12 • .5010; Socono (12 municipios)" el 140/0;
M'la,a (8 munlcipiol), el 3.70/0. Y en caso, concreto. de unid.des municipales L05
Santos, el 550jo de las f.milias rurales Ion desarraigadas, Jordán 56.370/0. Btlrichan
110/0, Curtt( 43.60/0. Ar.toc;:a 8.40/0. Zapatoca "3.780/0; ContraJorla del
Departamento de Samander. AnUQl"fo Baeod(,tlco de 9arttander. 1961. Buc .... mana ••
J 963, pá" 1 01 Y 11.
248 o.lc W. Adaml. Ung ... OP. elt .. pá¡s. L.T.C. 56-4; CorthuJor(g
D.pcrtam.ntol, 'OP. dt.. Pías. 234 y 235; C.n.o, GIJ'OpecUG7io. de Sgntander y Norte
d. Sarttonder ya cttadoa, páp.. 16 Y 1., en .mbos.
249 Mario Gdio G6mlt"L, op. dt •• cap. XV, De IG propledGd en Bartfgnder, pÍJ.
211 y 1$.: Jacinto RómWo ViUamizar, Geopuf(a Hflt6rlco y Bcon6mica. ••• op. cit..
pi," 255 y ...
250 C.mo apupecuorJo de Jo. DepcD'tamento. de ' Bgntandm' y Norte de
Santander. 1960. píg. 89 y 51., 65 Y.L. telpedivamente. 101 mun!c:lpIOl
d, .ale com.plejo.. Véaae en la pál. 39 par. Santander y 37·par. Norte de Santander,
el U$O de ,Ios.bonos; Roberto Pineda Giraldo. E.tudicn aoclo-econdmlco. d.
Santander de' Sur, 1960, inMito.
145
econÓmico del campesino una considel1lble porción de la culpa en esta
característica tenencial. "El sistema de aparcería desmembl1l la finca o
hacienda 15 I en una serie dé parcelas que vienen a constituir una especie
del minifundio dentro del latifundio, con las desventajas inherentes de la
pequei\a propiedad minifundista; y restando a la hacienda la efectividad de
un tl1lbajo en gran escala técnica". Una premisa más se añade, que a su vez
se convierte en un distintivo del sistema: "el aparcero es un campesino
pobre, sin mayores recursai económicos y técnicos. Es esta misma
condición de pobreza y muchas veces de miseria lo que lo fuerza a aceptar
el sistema de la aparcería. Y bien sabido es que la mecanizaCión de la
agricultura requiere fuertes inversiones de capital en maquinaria y una
capacitación técnica, no solo para el manejo de las máquinas sino pal1llos
cultivos mismos" .
Complementariamente, "el aparcero es casi siempre un desarraigado,
es el campesino sin tieflllS, que deriva su sustento y el de su familia, de la
participación en las cosechas de los productos que siembra y cultiva en
tierra ajena". Sobre esta base, "mal podrá pensarse que en semejantes
circunstancias , pudiera disponer de los elementos de trabajo que requiere
una agricultul1l mecanizada" .
Corroborando'las anteriores circunstancias, hallamos "la actitud de los
propietarios de las tierras aptas para la mecanización. En genel1ll, los
propietarios de la hacienda delegan la administración de la misma en un
mayordoJl)o y dividen la mayor parte de la tierra en parcelas que entregan
a Jos aparceros. Este rudimentario sistema de explotación de la propiedad
rural, les proporciona, sin embargo, ganancias suficientes para atender con
holgura a sus gastos familiares en la ciudad, sin mayores preocupaciones y
sin tener que cuidarse personalmente de todas las obligaciones que impone
una explotación técnica, sistemática y económica" 15 2. Es decir el fuerte
aÍlsentismo que delega en el administrador y en el aparcero el trabajo y la
del cultivo es también culpable de la premisa tenencial descrita.
En relación con el tamaño de la propiedad, a excepción de las Ilanul1lS
magdalenenses y las del Catatumbo que se ubican fuel1l de este complejo,
predomina como norma la mediana propiedad 251. Es necesario observar
siguiendo los datos censales y de catastro que algunos municipios ubicados
151 Roberto Pineda Giraldo, Edudi08 wclo-ecQn6mlco ..... op. cit.
'151 Roberto Pineda Ginldo. E.tudk» .ocio-econ6mkos._. OP. cit.
253 lNCORA, ProyectoSontander, ntim. 2. Valle del "(0 LebrlJo. Bogotá. 1964.
pá,. 4; Roberto Pineda Giraldo, Ob.ltrvacfone •• obre ro propledM rural en $ontander,
inédito.
146
en zonas xer6fitas, desfiguran con \as dimensiones de sus fincas esta
evaluación. En realidad, se trata de tenencias amplias pero que las
condiciones fitogeográficas las convierten en tierras marginales sin real
aprovechamiento hasta el momento. En otros municipios, donde parte de
ellos se colocan en la vertiente y el resto se proyecta por las llanuras del
Magdalena o del Catatumbo, tales porciones bajas agrupan algunas vastas
tenencias sin explotación. La población se asienta en la zona montañosa
con propiedades 254 medianas.
Con frecuencia hallamos una dispersión de Ja propiedad que configura
una imagen falsa de la misma: una sola persona es propietaria de varios
predios . En Chinácota, por ejemplo, seis personas engloban el 14.40/0 de
la propiedad rural total del municipio, y un más alto porcentaje de las
tierras aprovechables 2 ss, lo que en realidad representa un latifundismo
encubierto que constituye el verdadero horizonte tenencial de esta zona.
La falta de inversiones más rentables convierte la tierra, como en el
complejo andino, en la única perspectiva económica, supervalorando aún
las zonas marginales. Sin embargo los valores conexos a la' tenencia del
suelo, conducen a ofrecer diferencias en la lucha por su posesión dentro de
los dos complejos: los inve .. ionistas del grupo americano son pequeños
propietarios que a fuerza de ahorros agregan un parche más de tierra,
posiblemente una hijuela de algún pariente emigrante, mientras que en los
Santanderes, la aplicación de las ganancias en el propietario mayor, se
dirigen a la posesión de tenencias rurales pal1l darlas en aparcería a
las gentes desarraigadas y obtener la gratificación derivada: retribución
efectiva económica, e impulso positivo en la dinámica social. Esta situación
que se hace más evidente en el Departamentto norteño, no es privativa
tampoco de este. En Santander del Sur una condición similar de
acumulación de la tenencia se mantiene vigente funcionando sobre los
mismos valores asociados a la propiedad, ya descritos 156.
Finalmente hay que observar otro aspecto genérico, y es la
distribución de \as formas de la propiedad. En las zonas de ascendencia
aborígen, donde existieron antiguos Resguardos, O Pueblos de Indios, se
154 Robcn:o Pineda Giraldo. Ob5eroocione, lo propiedad ruraL •.• op. dt,
'155 Roberto Pineda Ginldo, Zo ncu cgf lltero. lid Norte de Santander_o. op. cit.
Véase el tamaño de propiedad de cada municipiO y los Jistemas de tenencia de este
cinturón caficultor nortesantandereano.
256 Confiérase, para mayor amplitud, Roberto Pineda Gjraldo,
, obre lo propiedad ruraf.. .. OP. cit.. Jonde se inclican que " los datos promediOS
obtenidos muestran el predominio de la propiedad media en la mayor parte del
territori o santandereano no habitado. un 740/0 del total de los municipios, o sea 54
municipios. sobre el total Que son 73, arrojan una extensión promedia entre 10 y 20
147
puede ha\lar una agrupación de la población en regiones minifundistas, que
pUeman el espacio adosadas a grandes o medianas haciendas, restos de las
encoRÚendas paulatinamente engrandecidas o redondeadas al impulso de
cada generación y siempre bajo la presión de los valores tradicionales que
pesa sobre el suelo. Cada municipio en sus veredas señala esta tendencia
distributiva de la tenencia.
LAREUGION
Su integración en la cultura
Para entender el proceso de funcionatismo de la religión católica en
relación con la familia de este complejo, debemos volver a recordar la
composición del grupo cultural a quien se trataba de moldear a través de
sus pautas normativas . El mismo basamento humano que integraba al
grupo americano, llámese Nariño, Cauca, Boyacá, Cundinamarca y otro
sector de los Santanderes, estaba presente en la conformación vital del
presente. Los indios Guanes, quizás el elemento más destacado en su
habitat, constituían una de las cinco confederaciones del grupo chibcha de
los altiplanos orientales. Otros más de la misma rama lingüística integraban
parte de este elemento nativo, al que se sumó en poroentajes
tradicionalmente considerados mayores, la sangre hispánica 257. Los
santanderes poco saturados anduvieron del denominador étnico negro.
Unos paréntesis en su unidad biológico-social hispano-india (Río de Oro,
Pamplona, Oiba) afloran en las zonas de RÚnería eventual yen algunas de
las grandes encomiendas, llevados allí como mano de obra para el socavón,
los cultivos y la ayuda doméstica.
De esta manera, la superposición cultural y biológica india-hispánica,
floreció como en la zona andina a expensas de las instituciones. La
simbiosis económica que generó la estructuración de la vida agrícola, dio
hectáreas por finca rural y un 19.20fo (conespondientel • 14 murticlplo!l) un
promedio de 20 8 50 hectÚCM por finca rural ",
"a resto de 10s municipios, 34.10/0 de 105 mismos que cornsponden a 25
municipios, le encuentran dhididos en pequeftas propiedadClS o en grandes
propied.d .... Corresponden los al complejo andino y los otro. al litoral
f1uvio-minero.
257 En los archivos de los pueblo! untandereanol. bautizos, matrimonios,
defunciones, etc., y en lo. respectivos a cofradlu, encomiendas. req:uardoe, lobiemo,
etc .... se puede ver que este consenlO hist6rlco de un alto porcentaje hilpínico fue
realidad en eíta zona. Sin embar¡o, no lo¡d hall., un cenlO lon6rk:o que me
permitiera su cuantifludón reaL
148
vida a las mismas modalidades 'halladas y descritas en el contplejo
americano 15 •. Los sistemas de la tenencia de la tierra y las formas de
explotación (Confiérase el régimen tenencial), establecieron un continuum
de sltuaciOJles entre el complejo andino y el que nos ocupa, hasta el punto
de que las diferencias no fueton tajantes, solo disimilitudes ambientales. El
mismo proceso había de observarse en la Religión: Los Resguardos, los
Pueblos de Indios, las Encomiendas , recibieron los auxilios religiosos en
idéntica manera .s la que hallarnos en el ambiente americano. La Religión
también moldeó como "cera blanda" al indi o, vale decir al basamento
popular de la comunidad santandereana, intemalizándole los valores
católicos como sustitutos de los que su legado cultural portaba, y como
ocurriera en los altiplanos sureHos y septentrionales (Confiérase Religión
complejo americano), remplazó la cabeza de la institución india con el
cura doctrinero, quien. a través de sus nuevos principios normativos, pudo
estructurar la sociedad colonial sobre bases estables. Merced a su influjo,
las condiciones nuevas del status del grupo nativo se dulcificaron, se
atenuaron, sus protestas se represaron al diferirlas en las promesas
ultraterrenas . Y sobre este grupo nativo asimilado social y religiosamente,
la religión católica pudo decir que había triunfado: con la sculturación
cumplida lo integraba como parte activa de la nueva sociedad mestiza.
Paralelamente a este grupo coexistía el denominador étnico hispánico,
presente con toda la violencia de su exaltación humana generada por un
pasado europeo glorioso y por la gesta de la Conquista y de la Colonia en
tierras americanas, grupo que conformado así, era explosivo y dominante.
Fue tarea más fácil para la Iglesia, modelar al indio salvaje americano, que
sujetar dentro de los mismos valores normativos al hispano, porque el
status de subordinación generado por la guerra de conquista para aquel,
estaba cercado en cada una de sus manifestaciones vitales por una
legisladón foránea, que lo enmarcaba estrechamente y una autoridad que
hacía realidad las obligaciones de su condición ,ubaltema: Debía vivir a lo
extranjero en tierra propia, mientras la situación se hacía la opuesta para el
español vencedor. Someter a los patrones católico, a una población blanca,
ubicada en la cúspide de la sociedad conformada en esta forma
discriminatoria de status , no era tan fácil . A,í se dualizó en este complejo
la Iglesia en su aplicación religiosa. Una cosa era -y debió ser, por razón de
las circunstancias- su conducta subordinante con el pueblo, vale decir los
indios, y otra muy diferente con la élite social, vale decir el grupo de
258 Confiérase Complejo Andino O Amerialno. de lo tjeITG.
149
vecinos, de espafloles, etc., de cada com\lnidad santandereana.
Concomitantemente \lna cosa fue y es la cosecha obtenida entre el neófito
indio y su descendiente puro y mestizo, y otra la visión del
comportamiento del hidalgo español y su .familia. Entre las expectativas y
las respuestas entre una y otra clase étnica, hoy económico- social, se abría
y se entreabre un abismo de -divergente comportamiento.
Los archivos señalan desde el comienzo la tensión entre los grupos
castizos y la Iglesia, que se opusieron sistemáticamente a actuar bajo el
mismo rasero a que se sometía al americano (misa dominical, confesión y
comunión pascual obligatorias, por ejemplo), porque rebasaba su posición
subordinante identificándola a la del indio con el resultado de
ambivalencia ya senalado, o el de creciente divergencia cón la élite hispana.
Esta tensión colonial cristaliza en las disensiones de los Cabildos de Vecinos
y los párrocos y curas. Las comunidades religiosas encargadas del
adoctrinamiento, y l ~ unidades del clero secular, entraron en conflicto
con los espanoles de su grey. que nunca quisieron reconocer a la
Institución el poder de subordinarlos "como a los indios" a sus principios
normativos, ni a las extraversiones del culto. Cuando con el tiempo y el
mestizaje la separación de las clases sociales fue de carácter más
socio-cultural, que étnico, la tensión entre los estratos sociales altos y la
Iglesia siguió manteniéndose, no con calidad de diferendos de raza, pero sí
de jerarqu ía soci al.
Contribuían y siguen aportando su ayuda a esta tensión diferida hasta
la fecha presente. entre una clase cimera y la institución religiosa, la
posición del hombre en la familIa donde su autoridad imperativa es un
trasunto de su status en la comunidad, Allí sus fueros, ante un opositor
cualquiera, despertaron la más enconada acrimonia de parte de cada
elemento masculino, Esta situación se sensibilizaba de mayor manera entre
las clases altas, acostumbradas tradicionalmente a la aquiescencia y
retribución gratifican te de cada institución de la comunidad, y por tanto
no podían encajar con facilidad en las estructuras con que la Iglesia
absorbía la personalidad social del indio, de su descendiente y de su núcleo
hogareño y quería lograr igual cometido dentro de la del descendiente
hispánico.
A esta situación estructural cimentada a favor de estas clases por las
demás instituciones sociales, se afia dieron los conflictos políticos. A los
engendrados por la emancipación de la Madre Patria y en los cuales
tomaron posiciones banderizas el alto y el bajo clero, se sumaron a
continuación los del partidismo en la naciente república. La Iglesia no
ISO
permaneció, vuelvo a repetir, marginal en estas luchas: se agrupó a un lado
o a otro, cediendo a la tensión ambiental, y desde entonces se acostumbró
a ser elemento activo de esta clase de lucha. Tradicionalmente el clero de
.. te habitat (también el de otros más) fue factor aglutinante y de estímulo
banderizo en estas tensiones, que segmentaron hondamente la comunidad
católica'''. El partido marginal para la Iglesia se resintió de la situación,
y pur encima del sentimiento religioso operó el de filiación política, con
graves perjuicios espirituales para el individuo, la comunidad y su
institución religiosa. Así, observamos que el siglo pasado presenta la
divergencia con las clases medias artesanales que militaron en partido
opuesto al que se situó el clero de este complejo, de manera que el
naciente, grupo económico vino a sumarse al hispánico tradicional
opositor, Las guerras civiles , crisis de entendimiento ciudadano , arrasaron
el ímpetu renovador económico de los Santanderes, dejando vivos como
tradicional secuela de su destrucción, resquemores institucionales
políticos , que en los años. siguientes se manifiestaron en una fuerte apatía
hacia la Religión, que invadió primordialmente a las clases altas y que
descendió a los sectores populares comprometidos. Lo fue tanto, que a
mediados de la segunda y la tercera década del siglo presente, aún muchos
municipios carecían de párroco, y un atraso religioso se sentía en toda la
cultura, sumado al continuado espíritu beligerante de las clases altas, que
siguió vertiéndose como fonna agresiva en las logias masónicas. cuyo
funcionalismo tuvo amplia 'Vigencia en este complejo hasta en fechas
recientes. Posteriormente a estas décadas, la tensión política- religiosa
volvió a encenderse con sus secuelas de fragmentación entre las
personalidades del Partido tradicionalmente considerado opositor a las
doctrinas de la fe, y con ello continuó abierta la brecha de separación en el
cuerpo de los feligreses de cada parroquia.
Otros aspectos tomaban dificultosa la acción de la Iglesia en la vida
familiar social de los Santanderes. El poder patriarcal del jefe de familia,
desde antaño, se ha hecho sentir en la abstracción que el núcleo hogareño
bajo su dominio debe cumplir de las prácticas del culto religioso. El
enemigo político no participaba manifiestamente en la vida de la
institución, estimulado por el rencor partidista. y aun sobre la base de
crear conflictos interiores en el seno de la unidad doméstica, negó esta
posibilidad a los suyos, forzando sus creencias religiosas, y tanto la esposa
259 Luis Eduardo Nieto Artet:a, Econom(a: y cl.lltura. ... op. cit .. pÁ¡&. J09 y
...
151
como la nueva generación era y es obligada a adoptar el ejemplo del cabeza
de familia, respuesta colectiva hogareña a las tensiones existentes entre los
partidos y la Iglesia. Aún hoy en los Santanderes, en los municipios donde
se vive la lucha partidista política con participación del clero, sectores de
padres impiden a sus hijos ser bautizados, confIrmados, o recibir la Sagrada
Comunión en el tiempo prescrito por la Iglesia. No es necesario decir que
eUos se abstienen del culto. Es más, cuando se analiza como investigador la
participación en las funciones del culto de una comunidad santandereana
en una festividad importante, toma a presentarse de nuevo la identifIcación
colonial de las clases hispánicas e indias manifIestas en su participación
religiosa: la primera se abstrae. mientras la segunda ofrece un espectáculo
similar de fe al que muestra en el complejo andino. De esta manera, las
nuevas generaciones nacen y crecen desde antaño, dentro de esta anomia, y
la comunidad como un lodo no ha podido integrarse, al nivel de otras
regiones, a la voz del sacerdote.
La posición actual de la Iglesia
Como .consecuencia, en los Santanderes no fue ni ha sido el clero el
líder natural de sus comunidades, porque consecuentemente se convertía
y sigue constituyendo el partido opuesto a los procesos de cambio, su
fuerza negativa, ya que a su derredor se amparaban disciplinariamente los
demás elementos del partido irIestricto a la Iglesia, grupo tradicional , y l.
comunidad Ipsofocto se segmentaba dualmente, cualquiera que fuese el
proponente de alguna acción colectiva. Sobre estas condiciones '! teniendo
en cuenta el tradicional carácter individualista e imperativo del
Santandereano, las comunidades pueblerinas no llegaron en Santander a
fusionars .. y no lo han logrado, ni la institución religiosa a evadirse sino en
contadas excepciones, de constituir solo un bando que aglutina un sector
de la comunidad. Las largas experiencias partidistas han dejado huellas en
las instituciones , el individuo y su sociedad, creando especi e de reflejos
sociales condicionados de conducta disociadora, que se ponen en acción al
estímulo de las creencias religiosas.
La Iglesia no podía penetrar en la sociedad total de este complejo al
abstraerse gran parte a su influencia y tomar la mayoría controladora del
poder una actitud rebelde y de desacato, que perrneaba la familia y la
comunidad total , impidiendo que constituyera el aglutinante básico,
convirtiéndose mas en factor de desunión ciudadana que de integración.
Sobre este habitat social, es de suponer que su acción moralizante no podía
152
ejercerse. Gran parte de su comunidad escapaba desafIantemente a sus
normas, gran parte constituida por sectores de las clases altas, más los
elementos que eUa capitalizaba en torno suyo (arrendatarios, aparceros,
vivientes, etc.) y que a través de una resistencia pasiva o activa incumplían
sus patrones de comportamiento. Coexistentemente al escape de estos
grupos o al influjo moral católico, se sucedía también la acción
ejemplarizante sobre los demás estratos sociales, que aunque sumisos -y
obedientes, de todas maneras se sentían distorsionados en sus nonnas
éticas familiares ante la conducta divergente de los más poderosos y de
grupos similares en status. De aquí el que el madresolterismo, el
concubinato y la unión libre ¡nterclases fueron y son un fenómeno que la
Iglesia, sobre las circunstancias en que vivía y se desenvuelve dentro de la
cultura, no se at revía o no puede reprimir. creando serios conflictos en la
comunidad, cuando afrontando las circunstancias sociales se ha atrevido a
oponerse. De esta manera, su acción era limitada en grado extremo, y sus
sanciones sólo cobijaban a aquellos incapaces de enfrentarse a sus controles
o que voluntariamente los acataban, posición que conserva en el presente
en que la Iglesia se convierte más y más en lo que fue al comienzo de la
Colonia: institución de control de los grupos bajos o de ciertos segmentos
voluntarios, que sobre los valores de partido respaldan la institución en
sentido reciprocitario. El resto, lo constituyen porciones indiferentes a la
situación y al culto u opuestas a ambos.
Otros factores más refuerzan los anteriores. Ocurre en toda Colombia,
que el clero está compuesto por elementos que, como tendencia modal, se
reclutan dentro de los niveles bajos de la clase media colombiana rural y
urbana, más concretamente en la primera. Dentro de un régimen de tajante
estratificación social como la que carncteriza a este complejo. con fuertes
valores en el stalus adscrito, la personalidad social del sacerdote no logra
cuaJar dentro de las premisas ambientales. Complementariamente. su imagen
sacerdotal ha sido estructurada en seminarios de cuya fonnación no deriva
una adecuación a las expectativas y a las exigencias de una comunidad con
los problemas de esta, por lo cual no logra dentro de ella ni la asimilación ni
el ajuste necesario para su apostolado. Sobre esta base, su acción continúa
siendo parcial , sin que haya logrado (con limitadas excepciones)
incorporarse a su comunidad total y jugar adecuativamente su papel
religioso. Resultado final es que , mientras en el complejo cultural
antioqueño existe una integración tal entre la institución religiosa y la
ajuste que permite una acción conjunta de bienestar recíproco
y de trascedencia ética que prolege los intereses de cada estrato y los
153
proyecta en beneficio común, y que cristaliza t¡:¡mbién en poder de control
y de moldeamiento del total de la comunidad a los valores religiosos, nada
de esto es posible en el complejo santandereano. No es que no funcionen
las mismas o parecidas instituciones que las que eXÍsten en la Montai't a: lo
que ocurre es que son nominales y su acción es meramente encaminada a la
liturgia, sin trascender en obras de arraigo cultural. La separación tan
marcada de clases no ha tenido en el sacerdote un líder de enlace para
beneficio común, y así las instituciones religiosas sin la mística, sin la
integración y sin la acción, son órganos sin función en la vida
socio-religiosa santandereana. .
Como resultado de esta situación, se observa (de unos diez años para
acá) un rápido avance de otras modalidades religiosas en cada municipio de
Santander. La proyección creciente de la población rural sobre las áreas
urbanas que hemos señalado, ha ido creando núcleos humanos sin
asimilación en cada ciudad secundaria, ante la ruptura de sus relaciones
primarias campesinas y la no integración a las secundarias metropolitanas.
Las situaciones de naturaleza económica y social que viven estos grupos en
trance de cambio de un medio ambiente" cultural a otro superior a sus
condiciones de adaptabilidad, han dado amplia aceptación a las
mencionadas doctrinas. Cuando se analiza su acción socio-religiosa, se ve
en el fondo de su estrategia de conquista un fundamental acercamiento a
los grupos populares en crisis de asimilación urbana, cuya catequización se
neva a cabo a base de una funcional acción social, que falta en la que fuera
su religión inicial. Estos nuevos catequistas están siempre al lado de la
satisfacción de las necesidades primarias de los grupos recién llegados,
capitalizando su desconcierto ante la carencia de las instituciones
secundarias que los ajusten a la vida ciudadana. Primariamente su labor
trasciende en bienestar material y luego, en conformación de su conducta
colectiva, a sus patrones éticos nonnativos, tarea desconocida por la
catequesis católica.
Tal conducta de identificación no ocurre con la institución religiosa
católica, PJrque se abstrae de ]a acción social manteniendo viva la imagen
tradicional sacerdotal en su, valores y actitudes: no asimilación de los
~ t r a t o s dirigentes por una lucha encubierta o manifiesta de motivación
política, y/o tensiones de igual naturaleza en su intento de moldearlos a la
moral religiosa sin transformar las razoneS estructurales de su conducta
desajustada. o manteniendo una marginación completa con ello; y con las
clases bajas. se asemeja su imagen a la de cualquier terrateniente, sin crear
con ellas nexos de aCeJ1:amiento humano. Está tan distante de cada feligrés
154
pobre, como cualquier. de los elementos de las clases cimeras.
Posiblemente recordando de dónde proviene, temiendo ser asimilado de
nueVo por ellos. Obligaciones recíprocas en el culto acercan
tangencialmenteal pastor y a los grupos populares. Se ha perpetuado aquí
la situación que se vivió en la Colonia entre el neófito indio y su cura
doctrinero.
Es necesario aclarar un aspecto: la tradicional tensión entre la
institución religiosa y el santandereano de los estratos altos, que se traduce
por parte de estos en fría relación con la Iglesia, no significa íntimamente
una abstracción de este al sentimiento religioso. Constituye más una
conducta divergente ante la foona y la imagen eclesiástica, que ante el
credo, un problema de disociación interpersonal tradicional entre
sacerdotes y laicos, con el resultado del alejamiento religioso y de la
participación activa de los segundos. Finalmente, la imagen no superada
del mac\úsmo físico-agresivo de esta subcultura también tiene parte ·en la
na asimilación religiosa de esta personalidad. Estos valores, fuertemente
internalizados, desdei'!.an las creencias religiosas como sintomáticos de
debilidad y reblandecimiento del ser masculino. La religión es buena para
las mujeres, lo que quiere decir, en este ambiente de tajantes virtudes y
defectos en cada sexo, que es mala para los hombres, y con este criterio
hay que rechazarla por nociva de la imagen ideal varonil. Así como. un
costeño no puede creer que un hombre lo sea realmente cuando practica la
monogamia, un santandereano siente que falta virilidad al que expresa su
fe religiosa con fervor externo. Las creencias deben pennanecet
interiorizadas nada más, constituyendo la práctica del culto una actitud
que resta fuerza a los contornos del diseno de la personalidad masculina.
De ahí las limitadas extraversiones religiosas de sectores santandereanos.
En relación con los sectores populares, se proyecta una imagen sacerdotal
de escueto contenido litúrgico, ligada a las funciones de ·culto, pero sin la
categoría y el calor humano condicionado a sus necesidades y expectativas,
actuando dentro de las mismas formas de relación patemallsta,
subordinación y dominio, que identifican la vinculación de las distintas
categorías económicas tradicionales con estos sectores.
En función de la familia, la Iglesia tiene una parte activa en su
estructuración. no tanto en su tarea de moldeamiento a sus patrones
normativos de ética (ya lo hemos visto, fue limitada dentro de los grupos
altos y sólo perceptible en los bajos), sino en cuanto a que su doctrina,
interpretada. a los ojos de su estructura patriarcalista, dio respaldo a sus
patrones de integración familiar interna. Me explico más : así como en
155
Antloquia la religidn se ha puesto al sen'icio del desarrollo económico y de
la moral familiar, gratificando y engrandeciendo el status femenino, en
Santander ha sen'ido de fuerza identificadora de respaldo para la ubicación
cultural de los status de los dos sexos. De esta manera, la doctrina católica
(Confiérase Status y función), refuerza la plenitud de la posición familiar
del hombre, instaurándolo como cabeza de la familia , subordinando a su
mente, a su acción y a su voluntad, la personalidad femenina a través de
todo su ciclo vital . La Biblia, emanación de una sociedad patriarcal, ha
sen'ido de inspiración teórica a esta estructura de dominante posición del
hombre en el hogar: sus valores, sus actitudes, han sido vertidas al trajín
doméstico santandereano para ser asimiladas funcionalmente. De esta
manera, la esencia . de la familia cree integrarse dentro de la más pura
esencia de la religión católica, y toda manifestación de rebeldía, o
disentimiento, se considera lógicamente rebeldía contra lo sagrado, en sus
dictámenes más claros.
Fue en esta tarea de moldeamiento y de condicionamiento a premisas
culturales familiares donde la acción de la jerarquía eclesiástica ejerció su
más amplia misi6n. Dentro de los grupos populares de raíces indias
americanas, logró este proceso de ajuste cambiar radicalmente los valores
de status de la mujer que la colocaban con su parentela uterina a la cabeza
del núcleo hogarefto y suplirlos por los de subordinación e incorporación al
tronco familiar paterno. Dentro del proceso aculturativo, la mujer perdió
su ubicación y su influencia; con un item más: al arrancarla de su línea de
filiación y traspasarla a un árbol foráneo a su sangre, perdió también su
posición sobre la generación que gestaba, afladiendo subvaloración a su
tarea maternal, enaltecida en las formas americanas. De constituir el centro
de la proyección vital, en el proceso generativo, pasó a ser tan sólo
elemento instrumental, medio eventual para la tarea de génesis. De su
poder, 'centrado en la creación de riqueza, en estas tribus indias de compleja
organización y avance económico, quedó apenas el deber de producir
riqueza sin los valores conexos a la autoridad a que estaba acostumbrada
dentro de la familia americana (Confiérase primer volumen, La familia
americana).
Como resultado, subordinó su tarea creadora sometiéndola al
complejo de autoridad paternal, que ejerció sin dádivas su control. Por
esto, a pesar de la premisa hispánica legal y religiosa católica, encontramos
aún a la mujer de los estratos bajos y medios santanderoanos (yen más
intenso grado en el complejo andino), empellada en subvenir
las necesidades hogarenas, creando un ingreso familiar, sin que
156
!
I
paralelamente haya podido conquistar un puesto de mayor jerarquía en la
autoridad de la familia a cuyo sustento contribuye activamente. También
perdió con tales interpretaciones su poder racional. Se diversificaron los
sexos en cuanto a tareas, y la mujer I subvalorada en relación con su
posición nativa, en la nueva sociedad recibió los atributos que su
inferioridad garantizaba, deteriorando con su contacto cada labor privativa
de su sexo, pues reposaron en manQS femeninas las tareas más tediosas, de
menor rendimiento aparente, pero de mayor obligatoriedad, cuando no
ocupaciones de esfuerzo bruto, como el transporte de la cosecha a la
espalda, en estas zonas de abrupta geografía; del producto al mercado, las
provisiones hogareñas, el desyerbe, el aporque, etc. En los trabajos
agrícolas , la estructuración empresarial farniliar dirigida por el marido,
subordinó las obligaciones laborales femeninas en tal fonoa, que se perdió
el status que la mujer ponaba en la sociedad india, a cambio de un papel
pasivo de condicionamiento dentro de la sociedad hispano-nativa.
Fue en esta dinámica de moldeamiento donde la Iglesia sirvió los
intereses de la transculturación familiar hispánica. Y si previamente
asegurarnos que gracias a la acción aculturadora de la Religión, la sociedad
colonial , y, más concretamente, en el complejo andino, pudo estructurarse
merced al acoplamiento que ella hizo de la personalidad india al nuevo
status que le correspondiera en tal sociedad, en los Santanderes la tarea
evangelizadora a las nuevas doctrinas es sensible con más fuerza en la
asimilación femenina. No es que en el precedente complejo no se tratara de
implantar y no vaya en vías de cumplirse. Ocurre sí que la fuerza cultural
integradora de estos grupos aborígenes con mayor densidad demográfica y
más amplio legado, retardó y suavizó, y aun incrustó las normas foráneas
patriarcales de vivencias nativas matriarcalistas .
Los castizos patrones de comportamiento interhogareftos , legado de
aquella época, fueron los que la institución religiosa proyectó de entonces
para acá , debiendo ser aceptados por una población_de status subalterno,
apoyados por el paradigma de las clases altas que a su vez las subordinaban
en concomitancia con las restantes instituciones. De esta manera, la Iglesia,
en el complejo .antandereano, durante el período inicial, no s6lo sirvió los
intereses de la estructuración de clases modelando la subordinación
establecida por la Conquista y la Colonia, sino que fundamentalmente
configuró la familia dentro del lineamiento patriarcal. Así como en el
complejo andino dio gratificación u1traterrena en la aceptación de las
condiciones sociales al indio, valiéndose de los valores religiosos que
portaba, estos mismos valores, castigos o recompensas postmortem
157
condicionaron y dirigieron la conducta de la mujer india y de su
descendiente en· el pasado y en la fecha reciente, y siguen sirviendo de
norma ética a la hija de indios y de mestizos o • l. descendiente castiza.
Estas creencias calificaron la rebelión a la autoridad del cónyuge como
conducta divergente, mientras exaltaron y estimulan la pasividad, la
resignación y el ajuste a la realidad matrimonial nueva.
Una colaboración más le prestó a la Iglesia en este proceso
aculturativo la economía. Las fonnas empresariales familiares de la
explotación del agro, en las clases bajas , las mismas en la industria casera de
los estratos urbanos medios, todas con jefatura masculina, hiéieron el
resto. También en este sentido hubo una concomitancia de presiones
institucionales que no han permitido aún a la mujer tomar y asumir por sí
y ante sí las posiciones directivas. Como veremos luego, un sentimiento de
inferioridad subordinada dirigi6 la acción de esta mujer familiarizada con
el trabajo rudo y constante, pero no con la jefatura de la autoridad, y esta
posición se convirtió en valor nonnativo de este complejo, ya que
paralelamente la doctrina bíblica, en su interpretación cultural, coordinaba
el sentir de la experiencia, categorizándolo como un incentivo de la acción
social. lA teoría religiosa de expiación se proyecta sobre el sexo débil en
esta sUheullura, expresándose en el cumplimiento de sus funciones
biológicas: gestación, parto, menstruación y lactancia constituyen su
cuota de sacrificio punitivo, principio purificador del complejo de
culpa gestado por la pérdida del bien paradisíaco, a sus instancias.
Complementariamente, se apoya un supuesto principio de inferioridad,
dentro del proceso de génesis humana, que conduce a la subordinación
jerárquica en la institución matrimonial, vertida en el símil católico,
valores todos que impregnados de esencia religiosa, complementan las
exigencias ambientales (Confiérase Status y función). A la estructura
patriarcal hacía falta un marco teórico de referencia que respaldara su
dominio y la plasticidad de la doctrina religiosa sirvió eficazmente sus
intereses.
En función de las clases altas no se hizo necesaria esta acción, porque
la mujer ya había sido condicionada a las normas estructurales familiares
hispilnicas y a su inspiración doctrinaria. Suponemos que su integración
ética era un hecho. Tampoco ha sido la Iglesia dentro de estos elementos el
órgano de control, por la fría interrelación que mediaba entre ambos.
Otros valores mantuvieron la estructura familiar en los sectores castizos,
condicionándolos a las normas legales. lA motivación fue social : rango,
estirpe, linaje, sangre y honor, se confundían para inspirar y continuar
158
~ i
1
- ,
inspirando entre el. Ego femenino de las clases prelativas, una conducta
familiar social e íntima, condicionada a sus expectaciones y nonnas. La
moral femenina en este complejo, dentro de los altos estratos, es más un
código de honor social que una pauta de inspiraci ón religiosa. El poder
inhibitorio de la conducta divergente de la mujer se centra en la
aut o -valoración del status y en las secuencias punitivas sociales derivadas
de la violaciónl del principio ético·familiar. De esta manera, la comunidad
vigila el cumpümiento de sus patrones estructurales y sanciona con
sanciones culturales su infracción, desplazando vitalmente a la Iglesia, que
ha logrado su integración sirviendo las motivaciones sociales enunciadas.
Para establecer e intematizar en los valores y en la conducta familiar a
las mujeres indias y mestizas , hoy clases bajas o medias. la Iglesia tuvo
(como en todo el sector americano) en el confesionario, en la cátedra
sagrada, en el salón parroquial, en la charla informal , en la pa;ición rectora
del clero en las clases populares a que vengo aludiendo, una decisiva
influencia, pese a las ya enunciadas limitaciones gestadas por el desarrollo
histórico. Más tarde complementó en la nueva comunidad mestiza, los
valores sociales que controlan la estructura legal , secundada faceta a faceta
por la actitud varonil que la asimiló y respaldó plenamente en la familia y
en la sociedad. En este sentido, la conducta masculina de la clase alta en
relación con la política ética familiar de la Iglesia es y ha sido divergente.
Una dualización ha operado en cuanto a la aceptación de sus patrones
normativos de la mora! hogarella: si bien se rebelaba contra el
moldeamiento de la personalidad masculina a sus patrones, por
considerarlos lesivos a los fueros de su status social y de su condición de
varón, en lo que hacía y hace referencia al papel ad'ecuativo de la Iglesia en
relación con la mujer. estaba y continúa totalmente identificado con ella
porque los valores religiosos que se le intemalizan, gratifican y dan
respaldo a sus derechos en el hogar.
Pero este mismo hombre se enfrentaba y se resiente hasta hoy en día
de la moral católica, cuando trata de poner freno a la realización de la
imagen varonil cultural en su interrelación biológica con los estratos bajos.
Dentro de esta posición ambivalente, se desenvuelve y se desarrolla la
conducta positiva y negativa del hombre santadereano: pide o deja a la
Igl esia que condicione el elemento femenino consanguíneo a sus principios
morales. cuando encaman sus propios y personajes valores, a tiempo que
retrae al que satisface sus exigencias divergentes biológicas de los patrones
normati vos de su ética familiar y se opone individualmente a tal moldeo.
Igual conducta distorsionada exige a la comunidad; pide que se le respalde
159
• I1 .111\11111". '.mm.r que le gratifica como clase y como miembro
htlawflu, y 'llle dentro de los valores encubiertos de la cultura, se le
1""luYI pira obtener aprobación a actitudes y a comportanñento
""lIlrMpuesto dentro de instituciones marginales complementarias. Este
desdoblamiento antagónico del Ego masculino en este complejo,
constituye una razón más para que la· Iglesia no haya podido ajustar el
comportamiento total de la comunidad a sus preceptos de la moral
fanñliar, ya que sobre la base de todas las circunstancias sellaladas , una
potivalencia contradictoria de valores y de actitudes que destruye la acción
reguladora de la norma genérica, ha conducido a crear una' tendencia
anómica en relación con la actitud justiciera de la Iglesia. Los estratos
populares sometidos a la presión de su ajuste normativo, sienten injusto el
trato que reciben en consideración con los que escapan a él. De esta
manera, se ahondan las ' tendencias retaliadoras de cada individuo como
miembro de la comunidad, estructurada desigualmente, ya que se siguen
manteniendo en el momento actual los principios y fueros del status
adscrito que jerarquizaron las clases coloniales. No existe ni en religión un
rasero común, sino que trasciende más que en ningún otro complejo, una
actitud prescriptiva para el individuo, condicionada por las premisas de su
ubicación en la comunidad, clara sobrevivencia de la dicotomía cultural y
~ t n i c a que conformó esta subcultura y que aún no ha sido superada en la
estructura de la sociedad mestiza. Consecuentemente, la acción eclesiástica
.eguirá esta tendencia como confluente suma de situaciones colocadas
fuera de su alcance, representando en el engranaje social una parte mínima
de acción y de logro religioso-ético.
LA PERSONALIDAD VARONIL BASICA y LA F AMlUA
La imagen
La suhcultura neo-hispánica configura una fanñlia de rasgos
patriarcales, constituyendo uno de los extremos de la tendencia que se
localiza en la región oriental colombiana. Tomando el país como unidad,
nos enfrentamos a una serie de matices distribuidos dentro de un
continuum prolongado, en uno de cuyos extremos hallamos la familia de
rasgos matriarcales, cuyos dos representantes están constituidos por el
complejo litoral fluvio minero, y el antioquello o de la Montafla. El
extremo antogónico, fuertemente patriarcalista, empalma én
configuraciones paulatinas con el complejo andino americano, antano de
160
tendencia matriarcalista y que, por la imposición cultural hispánica, poco a
poco se fue asimilando hasta adquirir parte de las caractetísticas
patriarcales que la familia santandereana presenta. Estos dos complejos
así entrabados constituyen la otra mitad y el extremo opuesto del
continuum. Teniendo en cuenta la posición de este complejo en el todo
estructural nacional , se hace necesario el análisis de la personalidad
masculina quefocaliza.
La personalidad social básica del varon está moldeada por la
estructuración de su sociedad, por las imágenes culturales ideales y reales
del hombre y de mujer que se ajustan a ella, sus funciones respectivas y el
estereotipo doméstico; por las expectativas de proyección de la familia
sobre la comunidad y la interferencia de esta sobre aquella a través de la
imagen varonil. Para entender su formaci ón es necesario tener presente la
suma de legados de que es parte . Repito una vez más que a este complejo
lo constituye un aporte dual: sangre y cultura indias . más sangre y cultura
hispánica, en mayor proporción para el segundo elemento, condición que
determinó en estas regiones la creación de una organización con imperantes
valores espai1oles. El habla con vigentes arcaísmos, los sistemas asociados a
la guarda de la salud, la dieta con sus recetas y valores conexos , la vivienda,
las formas económicas con sus técnicas, el pensamiento religioso
folclórico. la estructura social, pero sobre todo las imágenes, los valores y
las metas en concomitancia con la familia y otras instituciones , nos
penoiten 'encontrar los lU;eamientos castizos de siglos pasados, aún
funcionales en este ambiente, merced al proceso histórico que se ha vivido.
Leves deterioros se observan actuabnente en focos limitados, comienzo de
cambios en el permanente devenir de la cultura.
Sobre la suma dual de cuerpos culturales y con base en las resultantes
obtenidas en la sociedad mestiza a través de su dinámica institucional,
jugada dentro de las condiciones peculiares de su habitat ; se ha alquitarado
la imagen varonil santandereana. Es muy difícil encuadrar esta estampa
cuItural en su cabal dimensión, por las amplias variantes que introduce la
estratificación social y los grados de desarrollo de cada comunidad,
factores que atenúan o resaltan las caracterjsticas de esta proyección vital ,
t omando falso, ajustado rara vez, idéntico, o posiblemente exagerado su
delineanñento. Sin embargo, intento su análisis hipertrofiando su figura en
funci ón de la familia de la cual es cabeza, y en representación suya frente a
la cultura.
Popularmente, este complejo se individualiza por ofrecer una estampa
varonil caracterizada por una generosa extraversión de agresividad física
161
dirigida a la comunidad y vertida también en la familia. Está personalidad
colectiva, de 'aristas conflictivas, apareceentoncos, frente al país,
ensenando los rasgos de -latino" o a la mexicana
u
"
locuciones folcJóricasque tratan de definir su imagen. En' su forma
caricaturesca de extrema agresividad física, represénta la figura delm.tón
de todas las épocas, mientras en la versión atenuada y de sublimación,
simboliza la rebeldía retaliadora de la injusticia, defensora del derecho y
del orden, pero siempre en conflicto, tensa de agresividad. Una tercera
proyeccción la hallamos en el patriarca defensor de la autoridad focal izada
en el progenitor, con alquitarados valores de honor, honra,
puntillo y fama, en función de su status doméstico y de su ubicación
social. Una serie de variantes diluídas en matices, enlaza estos paradigmas
identificados a través de -un común desajuste a la cultura, más o menos
encubierto, más o menos manifiesto y que se vierte en agresividad
condicionada a diferentes patrones de expresión. Tomando la modalidad
extrema, hallamos que esta ' imagen masculina se presenta en todas las
clases sociales, dulcificada en sus delineamientos en los estratos más selectos
y dibujada con trazos más violentos y caricaturescos entre los grupos más
bajos, o dentro de algunas unidades de no importa qué sector social ,
Florece en el ámbito rural, tanto como en el urbano, siendo generalmente
fruto óptimo de las etapas adolescente y juvenil, pueS su curva de '
agresividad se va temperando -con los años hasta fannar -W1a mera imagen
rerniniscente del pasado, dentro de la cual se acendran rasgos de dureza,
hidalguía, sobriedad, reciedumbre, coraje, según las hipertrofias gestadas en
cada personalidad individual o regional local.
La estampa extrema del macho santandereano se reviste de cualidades
físicas como de valores psíquicos y sociales. La constituye en los inicios el
joven apenas salido de la etapa adolescente, que empieza a ser temido
desde el período de la prepubertad en los círculos escolares, Caracteriza
fundamentalmente esta imagen varonil cultural el porte de armas.
Encuestando maestras de las zonas urbanas y rurales, he obtenido la
información de que en ciertas veredas de agudizado machismo y latente
violencia, es necesario a los niños que concurren a los bancos
escolares cada mañana, cada recreo, y a la salida final, para .evitarse
conflictos. Desde infante. el santandereano se familiariza en el hogar con
las armas y aprende a respaldarse con el cuchillo, la navaja, el puñal, el
machete (peinilla), según las clases socio-culturales, y más tarde con las
armas de fuego. Su personalidad es muy insegura sin armas: un
santandereano, ejemplar de esta estampa, no puede dormir si no tiene a su
162

I
,
alcance una arma cualquiera que respalde su sueHo; no puede andar
tranquiJo en una reunión social o familiar, sin la'protección de un revólver,
menos aún concurrir a un -mitin.político sin -portar defensa bélica o estar
presente en el mercado o · en una asociación cívica. Necesita estar
consciente de ,que el revólver. la escopeta o el machete están a su lado,
respaldando su actividad diaria, su transcurrir, 'vigilando su descanso,
dando tranquilidad a su diversión. y • la vida f.miliar, etc. Sin el arma al
logro de su mano se siente práctiCamente desnudo, s'olo, mutilado,
forastero, fuera de ambiente. Olvidarla en la casa lo obliga a regresar del
campo o de la calle apresuradamente en su búsqueda. Es su talismán, su
amuleto, como lo constituye el azabache o el coral que las madres anudan
en la muñeca de sus hijos en las zonas costeras para prevenirlos del "ojo",
símbolo de la enfermedad. La agresividad de este santandereano se
evapora, se frena, cuando está desannado, porque está inerme y no puede
traducirse según su cultura. El pelea, sí, pero con armas, porque las armas .
le dan sentido a su lucha casi primitiva de sobrevivencia o de escueto
dominio físico.
La estampa extrema de esta imagen varonil reviste otras
cáracterísticas básicas en su exteriorización: descuido en el vestir, porque
la elegancia toma lindes de dudosa masculinidad. Movimientos
desenvueltos y bruscos.Ademanes fuertes y tajantes que den trascendencia
a su personalidad psíquica y física. Palabra concisa y directa, Trato franco
abierto y rudo que no guarda' reticencias ni valores encubiertos. El lenguaje
masculino santandereano tiene fama en toda la república por el uso
frecuente de vocablos gruesos, de fuerte sentido y que utiliza desde muy
niño como emblema oral de su sexo. Y se protege con annas como acabo
de decirlo. Estas formas externas se transforman o atenúan en las clases
sociales más altas, y en cada Ego adquieren una peculiaridad, un matiz
mayor 'o menor, siempre encuadrado dentro de la personalidad básica
regional y expreso dentro de cada circunstancia ambiental. Sin embargo.
los estímulos primarios que gestan sus característicos tipos de reacción,
exteriorización y conducta, se tornan activos al sentirse ambientados.
Cuando más se evidencian es dentro de los grupos de hombres solos, que se
expresan sin inhibiciones en círculos de identidad cultural, ,
No es necesario la fortaleza física en la imagen de este machismo
regional. Con frecuencia figuras desmirriadas corporalmente configuran
este elemento, aunque tampoco se descarta el matón de reforzada biología,
semejante al que ofreciera el matasiete del Cauca de la etapa posterior a las
guerras civiles del pasado siglo, Ya 'he dicho que teniendo las armas como
163
respaldo, con ellas os un individuo de pocas palabras, porque su dialéctica
está en l. pontencialidad para imponerse destruyendo. No es un elemento
de diálogo: elimina sin razonar, sin escuchar, .sin hacerse oír. Satisface un
cometido agresivo a sangre fría, pues .u cualidad suma es el derroche de un
ampuloso valor físico. En esto se distiogue del matón del complejo andino:
mientras el aantan.dereano alardea de eliminar cara a cara a su opositor en
cualquier lid, el anterior mata "palomiando" 1 es decir, a mansalva,
emboscado furtivamente, cuidando su seguridad, sin ofrecer la presencia.
Tampoco mata "a destajo", es decir, por la paga: elimina a su adversario
personal o de su familia po.r agravios ínfimos, pero siempre con una
justificación personal, íntima, que coarta su derecho. Sólo en tiempos de
agitación polftica como excepción, hace de la lucha partidista una especie
de guerra santa, sintiéndose obligado a combatir contra cualquier individuo
de su opuesto partido, sin mediación de conflicto personal, ya que su
código de matón d. un sector político lo obliga a .ser enemigo acérrimo del
individuo militante en otro y a hostilizarlo agresivamente y/o eliminarlo
como emanación l6gica de su moral política. Tampoco es hombre
religioso. Su fortaleza esquiva la creencia como debilidad, pero dentro de
esta imagen la mixtura político-religiosa colectiva lo convierte en defensor
o enemigo acérrimo, según el color de su bando dentro del cual milita. Sin
embargo, fuertemente intemalizado, guarda ocultamente una honda
creencia religiosa que no se compagina con su externo anticlericalismo
(según la clase) o la adhesión imstricta al sacerdote, fonnas ambas de
escueta concesión cultural.
Quiero hacer l1incapié en el énfasis cultural que por el valor físico
satura esta imagen. Si primariamente existe una potencial agresividad en
cada uno de estos individuos que encuentra canalización y se extravierte a
través de la acción retaliadora física, es necesarlo que para exteriorizarla
con éxito gratificante individual frente a la comunidad, se moldee a través
de actos de reoonocido coraje. Mientras en el complejo andino la represión
creada por la superposición aculturativa hispánica que gestó una honda
agresión en sus capas populares y medias, asume en sus expresiones
modalidades encubiertas, en este complejo ella ha de prodigarse en forma
ostensiva, vehemente,y ser satisfecha dentro del riesgo y con.ánimo templado.
Naturahnente, si su acción se dirige a la destrucción y al domiDio, ha de
demostrar una cualidad de frialdad ante los dos. Proyección de este valor
físico es no escatimar el peligro, que del verdadero hombre es el buscarlo,
no evadirlo Di pNdentemenle apartarlo. Su cualidad varonil lo ~ n a a no
esquivar reto alguno, debiendo ser el primero en lanzarlo para sacar
164
victoriosos sus C9J11:Altos culturales de hombría. Con estos valores,
cualquier tensión elllIama que le aviva y destruye a ambos contendores
que no pueden en IIU orgullo masculino, que la comunidad vigila, echar pie
atrás, retractarse, ~ r a r la querella, recibir satisfacción, porque dentro
de sus patrones nnnnativos la ofensa sólo se repara con la vindicta
aplastante del opositor. El ejemplar sumo de estos valores, patentiza que da
y recibe la mW!r1e sin que se alteren sus nervios, con indiferencia o
frialdad, real o no, pero aparente. La,entrevista profunda recoge dentro de
estos prototipos (menores de 30 añOs) un desprecio verbal ante la vida y la
Consideración de qlÍe el suicidio sin mótivo constituye un acto de valentía
suprema.
Escapando de la limitada imagen del matasiete de este complejo,
extremo de una jerarquía de valores en la personalidad básica varonil, y
ampliando nuestro universo hacia una proyección INS modal y
generalizada del hombre común santandereano, debemos indicar que el
concepto de valentía se adentra más avanzando por sectores muy
heterogéneos. Parte de la proyección de este valor físico se expresa en las
relaciones personales inter o ¡ntraclases basadas en un lenguaje franco,
llano y directo, que se!\ala la verdad del mundo social e individual sin
ámbages ni reticoncia, o hipocresías de mérito social. Cada santandereano,
no importa su clase, se jacta de que es capaz de decir la verdad· a
cualquiera, fincando en este hecho una de las más auténticas cualidades de
su personalidad social básica, cualidad que trasciende sobre los dos sexos
por igual.
Esta forma de extraversión cultural permite con mayor amplitud que
en otro medio, a cada individuo, evaluar la proyección de su propia y
personal imagen en la sociedad y hallar así un piso social más abierto,
malÚfiesto y seguro en donde ejercitar su acción. Obra asimismo como
catarsis en sus formas más benévolas y como sistema de control directo de
la conducta individual por el grupo de relacionados. Concomitantemente
con la franqueza, emanación del valor, se vincula una cualidad conexa, el
no rendir elogios IÚ adular las personalidades que se mueven dentro del
mecanismo social de cada individuo. Acostumbrado a moldearse desde
infante a estos casi mandamientos sagrados de comportamiento, llegan a
configurar dos rasgos de difícil desarraigo por la alta valoración colectiva
que contienen y las limitadas formas permisivas de extraversión del
estímulo y el aplauso a la conducta individual.
Proyección disociada del concepto de valor, se encuentra la
exteriorización de la vida emocional del varón. En lo que atalle a sus
165
scntÍlnlcnlos personales, la cultura lo fuerza a que los inhiba: ha de lener el
coraje de no mostrar .lunto con el miedo ni el pesar. la angustia ni la pena.
otros sentimientos cuya exteriorización es objeto de amplia restricción
cultural. Las manifestaciones lícitas han de ser sobrias. discretas. trasunto
de su sensibilidad, pero indicativas de su capacidad de control interior, del
valor personal para no dejarse dominar por el mero ímpetu sensitivo. Si el
hombre se expresara generosamente en el terreno emocional, tocaría los
lindes del campo femenino, perdiendo su imagen varonil uno de -los
mayores rasgos distintivos por el antagonismo tan marcado en los valores y
patrones de comportamiento adscritos a cada sexo. Es más. támpoco es
libre la expresión del dolor físico: le está prohibido dar rienda suelta al que
corta sus entrañas: a más hombría. mayor poder inhibitorio. Este aspecto
trasdende en el campo de la enfermedad, pues la imagen masculina
plenamente realizada difícilmente acepta la dolencia. o el mostrarse
enfenno. Su status es muy difícil de admitir en la subcultura
neo-hispánica: los valores· viriles lo interfieren y desvían
considerablemente. "Eso de estar enfermo es cuestión de mujeres", dicen.
cuando se Jes requiere a guardar cama, vigilar su convalecencia o solicitar
los cuidados médicos y aceptar sus prescripciones. Los hombres son muy
machos para estar enfermos, se dice popularmente. con lo cual se expresa
que no está en su fuero masculino ceder ante la dolencia , declararse·
necesitado de cuidado, de ayuda. claudicar ante el mal y someterse a sus
eXigencias recuperativas. Quizá se está insinuando debilidad física o miedo
ante la muerte , sentimientos que no es viril aceptarlos.
El alto aprecio del valor físico como distintivo genérico del hombre lo
obliga a interiorizarse en las expresiones afectivas. Un real macho a la
medida de los Santanderes, jamás debe mostrar públicamente sus
sentimientos amorosos, por ejemplo. a no ser en una foerna recatadamente
sobria que no deteriore su imagen y no lesione de paso aquellas sobre la
cual se proyecta. Ello para indicar que se es s e ~ o r y dueño de los
sentimientos, en foma que él es quien los comanda, sin que los afectos
dominen su capacidad volitiva. la imagen ideal varonil no debe ceder a los
arrebatos del amor y alienarse públicamente en él , pues signif.icaría su
entrega y su subordinación. slendo que él representa la imagen del
dominio. Si el conflicto amoroso domina al Ego masculino, no debe
extraverter públicamente esta situación que provocaría lástima en los
demás, sentimiento que no gratifica su inspiración. para lo cual es
conveniente exteriorizar un aspecto contrario a los conflictos
·sentimentales íntimos de que se es objeto. ladó, porque no es de hombres
166
dejarse dominar por una pasión amorosa y ser juguete de la misma. El
ridículo es el JeSOrte inhibitorio más poderoso en este complejo y la
claudicación de un hombre en lBs lides afecti1l1lS con manifestaciones no
aceptadas por la cultura, lo puntualiza en él.
Correlacionada con la anterior versión, se ofrece la interrelación con el
sexo femenino. La estampa del tradicional hombre santandereano no es la
de un don Juan, picaflor versátil en constante e insatisfecha búsqueda, ni
se incluye dentro de la que enmarca el ímpetu biológico del hombre
Iitoral-fluvio-minero; no. El dominio que se anhela proyectar sobre la
mujer es dominio impositivo permanente que trasluzca su status y su poder
varonil. Es dominio de autoridad. Por ello no constituye una virtud de
ensalzamiento cultural la escueta conquista amorosa poliginica. Dentro de
la conceptualización santandereana, la frondosa extraversión plural no es
un trofeo para exhibir y dar méritos, porque el carácter regional no
permite la proyección biológica gratificadora de la zona negroide en el
dominio femenino. El verdadero varón, amoldado a la cuhura, no esquiva
la conquista del sexo débil en cualquier status , pero se reserva sus
aventuras amorosas y no las comenta: perdería prestigio. se demeritaría
virilmente, ya que la jactancia, en cualquier sentido, es una virtud negativa
de esta cultura y el autoelogio deteriora tanto el individuo como el
concepto negativo ajeno. Por eso ante los rumores y aureola de
donjuanismo, e] hombre que se precia de tal .ha de guardar un silencio
reticente y sugestivo que retribllye su honra de cabaUero y de venturoso en
lides amorosas.
Es necesario observar que en la proyección masculina del hombre
santandereano sobre el otro sexo, no escapa al complejo de autoridad y de
dominio de que está integrada su pernonalidad básica. Imposición de su ser
varonil de acuerdo con las condiciones de su status social sobre las mujeres
de las clases subordinadas encierra un fen6mc:no de gratificación biológica
y de retribución agresivo-social. Más interesante quizás y de mayor mérito
que la escueta gratificación social que esta implica . .
El valor como cualidad primordial también lo inhibe en las
manifestaciones afectivas de tipo mial o paternal. No es que el
santandereano crea improcedente lener estos sentimientos, o se avergüence
de sentirlos. Lo que la cultura exige parentoriamente es que se manifiesten
como los amorosos, en formas muy mesuradas, muy restringidas, o en
expresiones sublimadas. Más que amor por sus hijos y ternura, el
santandereano ha de mostrar orgullo; más que carino po"us padres, se le
permite expresar respeto. Las manifestaciones generosamente
167
exteriorizadas deterioran al hombre que las manifiesta como señales de
reblande.cimiento, colindante con el temido ridículo, o como
identificación con fonnas culturales afectivas de extravemón femenina, no
compatibles con el valor y la mesura que debe irradiar la estampa del
hombre.
En cambio, la cultura le pernúte exteriorizar explosivamente su cólera.
su disgusto, desde muy niño y en la misma fonna radiante durante la etapa
adulta y"no ocultar sus impulsos de dominio, por lo cual se exalta la
estructura de una personalidad conflictiva: el individuo in,confonne,
rebelde, retaliador, constituye en amplios medios, paradigma de conducta
cultural. "Coma carne, mijo", dicen los padres de estratos populares a sus
hijos varones, "que animal que come carne no lo ensillan", significando la
validez y aprecio de la posición insurgente de cada personalidad varonil.
Concomitante con este aprecio popular, dentro de los círculos
intelectuales de este grupo, todas las loas se dirigen a recordar al héroe
bélico, jamás al civil, al ciudadano constructivo, sino al rebelde. Las
oraciones literarias exaltan siempre al hombre santandereano agresivo,
retallador, insurgente, la odisea de las annas, del dominio de la
destrucción, como imágenes paradigmáticas. Nunca sus palabras delinean la
apología del trabajo, del civismo, de la vida social plena. Tampoco al
empresario que crea con sus manos la riqueza. como en Antioquia. Este
complejo empuja al hombrea manifestar sólo su valor físico para
encuadrar en el complejo de valores de su personalidad social básica. Desde
la precoz infancia se le intemaliza la correlación entre hombre y valor,
entre hombre y proyección de dominio sobre el medio circundante,
llámese familia o sociedad. De esta manera, el sentimiento de poder o de
imposición, estimulado por una agresión subyacente de etiología distante,
lo ayuda en este moldeamiento de su imagen cultural.
Otras nuevas facetas complementan los rasgos rectores de esta
estampa: Vuelvo a repetir que el santandereano es parco de expresión,
como resultado del limitado mecanismo de extraversión que la cultura le
permite, y del valor heroico que como cualidad máxima exalta. Cuida
celosamente de lo que dice, pues si lo expresa, ahí está el puntillo de su
honra en sostener su afinnaci6n y respaldarla activamente. De esta manera,
la veracidad se convierte en una de sus características más agudas. VII
mentís, que se lanza como reto o como afrenta de una personalidad, debe
callarse a bala, o el .. í vejado ha perdido su cara social. El sentido de
veracidad se conecta con el cumplimiento de la palabra empeñada MIo que
se dice es para cumplirlo", indicando la locución, la obligatoriedad estricta
168
que aquí envuelven las palabras dadas. Y esta afirmacióne. más y más
realidad, mientras más acendrado es el concepto de hombre en el
individuo, mientras más intemalizados están los valores de su cultura
masculina. Consecuentemente, un hombre de negocios pierde más en su
honra comercial al no respaldar sus compromisos verbales, que al incumplir
un contrato legalizado. En la satisfacción de lo prometido, un
santandereano auténtico está poniendo en juego su hombría y su honra,
pero también su valor de independencia y de orgullosa auto-valoración:
no necesita de complicadas nonnas legales, porque puede dar y recibir la
palabra ajena como el más sagrado mandamiento judicial. Estimula
también su actitud un principio de seguridad personal: se es capaz desde el
yo íntimo, sin coacciones externas, de alienarse a través de las obligaciones
verbales, constituyéndose cada individuo en su propio censor y ejecutor,
aspecto este que en la entrevista profunda era expresión de su orgullo
personal. Parece ser que la promesa verbal, compromiso de común
ocurrencia entre "'hombres de bien", según sus expresiones, es un lazo
más vigoroso y una prueba de mayor cuantía a las personalidades
comprometidas, que la obligación escuetamente legal, porque constituye
un reto al sentimiento del honor, que se coloca por encima de los intereses
meramente financieros o personales en los compromisos del neohispano.
La posición anterior de cumplimiento de la palabra empeñada,
funcional en un mundo de valores similares, va acompañada de un sentido
de individualismo que se insinúa fuertemente en los negocios. El hombre
de este complejo, según lo seflalan las entrevistas, constituye una
personalidad independiente, con dificultades para asociarse, ansiosa de salir
adelante en su realización económica como unidad, y no merced al
esfuerzo colectivo. No entrenado, como el antioqueño, desde los primeros
albores de su fonnación regional en la acción conjunta económica, es un
hombre no preparado a,la aventura del e.fuerzo gregario. Parece no sentir
seguridad o fe en los demás, y su personalidad agresiva y estricta no
concede suficiente elasticidad a sus interrelaciones personales. Por ello
avanza solo, No ha logrado sino en esporádicos ejemplos novísimo.,
conformar agrupaciones, gremios, sociedades. Al entrar al mundo industrial
de mutuo esfuerzo recíproco, no ha logrado superar la etapa artesanal
~ e unidades individualizadas. Este sentimiento se siente en las expresi<lRes
de machlsmo extremo. El matasiete no es pandillero; sus delitos y
atropellos son personales; no evade su responsabilidad, entre otras COIOS,
porque afrontarla exalta y da aureola a su personalidad social de guapo.
Sin embargo, hay excepciones. Cuando los partidoo políticOl atizan la
169
agresión subyacente de los grupos de los Santanderes, entonces se halla un
solo caso en que la agresión como fuerza inmanente congrega a numerosos
elementos integrando una unidad. Tal el caso de tradicionales veredas o
pueblos liberales o conservadores, que al ritmo de inquietudes políticas
hacen causa única contra el enemigo representado en el partido opositor.
La política es en estos casos el aglutinante social que rompe las tajantes
estratificaciones que' separan los miembros ·de una colectividad y las aristas
de su personalidad básica. También se siente igual impulso coherente
dentro de los núcleos familiares que ventilan conflictos de o de
honor.
Su funcionalismo
Esta figura asi gestada. se convertiría en una estampa tropical, génesis
del subdesarroUo, con sus secuelas de subvaloración de la vida y de la tarea
ciudadana fecunda, o representaría la estampa de la escueta agresión
vertida por la fuena inmanente de un primitivismo brutal. Pero no es así.
Cuando las figuras extremas del matonismo se mueven a otros ambientes
diferentes de condiciones más vitales y más fértiles, devienen, a impulsos
de sus estímulos, en personalidades menos divergentes, logrando una
catarsis fecunda en la canalización de su principio agresivo de aplicación
estéril dentro de su cultura. No así cuando esta movilidad horizontal se
cumple en medios que prohijan su tradicional extraversión, por ejemplo,
los numerosos emigrantes de este complejo que están llegando a
Vanedupar y a zonas adyacentes, donde las fuerzas sociales de esta nueva
colonización operan como lá frontera de] oeste en la expansión colonizadora
norteamericana.
Consideradas estas dos posibilidades, cabe preguntamos: ¿hacia dónde
se dirige la acción de esta personalidad regional, siempre en aparente
conflicto' Dos son los campos de dirección del.impulso agresivo que se
convierte en dominio, en poder de imposición del hombre: el uno es la
comunidad toda, donde actúa como ser social, y el otro lo constituye la
familia donde el hombre se mueve individualmente ocupando su respectivo
status.
En cuanto al funcionalismo de esta agresión vertida frente a la
comunidad como mecanismo defensivo del individuo para guarda de su
régimen de seguridad social, surge una hipótesis: el código del honor del
elemento neohispánico, busca la defensa y el cumplimiento del fuero
individual frente a la sociedad, lo que equivale en última instancia a ·la
conservación de sus estructuras institucionales. El sentido de la honra, que
170
constituye su expresión, engendra la violencia, porque traspasa el límite de
respeto de la vida humana, al establecer dos alternativas: la vida sin honra
no vale, y la vida es el precio y satisfacción a la honra difamada. Sobre esta
base, la agresividad está salvando este principio, puesto que pone límite a
la acción recíproca de los miembros de la comunidad. Su traspaso en un
sentido u otro. lesiona el fuero de alguien. provocando su agresión,
traducida, según los valores y matices culturales, en violencia física,
respuesta punitiva y de resarcimiento de aquel que ha. sufrido la ofensa.
Esta defensa violenta abarca campos muy amplios de acción, puesto
que se dirige al cuidado del todo institucional y cultural. Puede muy bien
observarse en la guarda y conservación del régimen de propiedad. Nada
hiere tanto la sensibilidad social de un santandereano como la acusación de
robo o de fraude , porque paralelamente secunda este valor una fuerte
internatización del respeto a ajeno 260. que ha puesto un foso defensivo
entre la clase que todo lo tenía y la que de todo carecía. en la estructura
socio-económica, manteniendo así asegurado su status y permanencia,
Linderos , cosechas, herencias, sistemas tenenciales, negocios , paJabra
empeñada en cuestión económica, se defendieron y se defienden a través
de la agresión , Con el mismo mecanismo se mantienen los demás
basamentos est ructurales, lo cual generó la fonnación de un carácter
que mantenidas las premisas c;ue 10 habían determinado, continúa
haciendo necesario su funcionalismo, La actitud agresiva y retaliadora se
convirtió en la respuesta individual válida que la cultura prohija para el
rnamenimíento del status total de cada uno de sus miembros frente a los
demás.
En otro sentido, este carácter regional vio acentuado su funcionalismo
defensivo indi:\lidual, en cuanto el sistema estructural de esta comunidad
no ofrece plenitud a la mayoría de sus miembros. Si exceptuamos la
minoría ubicada en )a cúspide. el rest o no halla opción .superativa en los
Santanueres. Las clases medias y ba.ias rurales y urbanas carecen de canaJes
normales de realización, de tal modo que sus fuerzas vitales no pueden
proyectarse catárticamente en un avance de su status, Paralelamente se
establece una permanente disfunción entre los derechos y deberes de sus
tajantes clases socio-económicas, que s610 la violencia del más fuerte
mantiene sujeta. Un sedimento de frustración permanente se genera,
merced a la disfunción entre las expectativas, las metas y los medios de la
160 Es tan fuene este valor. que las madres santandereanllS pobres aún queman
las manos de los niños qus "IDean lo ajeno", e!' decir, roban algo, o la boca., cuando se
ha traladu de hurto de alimentos.
171
cultura, que engendra paulatinamente una violencia contenida. medias. La
pellonaUdad santanderean. es tensa, conflictiva en IUS relaciones
personaJes y en trance de agresión. Un leve estímulo y la e"'ravierte por
canales divergentes y hacia objetivos diferidos. No es sino observar estos
mecanismos en múltiples veredas santandereanas donde este fermento
agresivo se siente en presencia potencial, recatado, inhibido, pero que ante
el más mínimo estímulo (alcohol, ofensa leve) se vuelca ciegamente sobre
cualquier meta, familia, amistad, política, reügión, envolvi6ndola con
fuerza incontrolada. Cuando se analiza esta acción agresiva, se ve bien claro
que SU objetivo fue eventual, su fmalidad no conaciente, ni la' reacción
proporcional al estímulo. Entonces se puede medir la potencialidad
destructiva de esta levadura de odio, quizás ancestralmente acumulada.
También se sienten las mismas premisas que orientan mi rupótesis, cuando
se estudia la etiología de los hechos delictuosos. Vuelve a percibirse dentro
de estas personalidades divergentes el mismo potencial agresivo, sedimento
de frustración múltiple, represado por fuerzas coercitivas estructurales,
pero que ligeramente estimulado lleva al asesinato, o a las diversas formas de
la agresión física, como una escueta válvula de escape que libera la presión
interior, acumulada a instancias de las fuerzas ambientales y vertida de
acuerdo con su imagen de expresión cultural.
Veamos algunos ejemplos más . En el campo social la agresividad se
canaliza para el logro de la respuesta gratificadora a que se considera
acreedor cada individuo. Se orienta a exigir a la comunidad la satisfacción
de los derechos a que cada personalidad social es acreedora, por sí y ert
representación de su grupo familiar nuclear y extenso. El honor individual
de hombre en sí y de miembro de una colectividad, perteneciente a un
tronco familiar y de un status socio-cultural dado, entran en juego en la
satisfacción de estos derechos. Estos conceptos involucran una acción
recíproca dual : recibir a cambio de dar. Una serie de resortes sociales
funcionan dirigiendo los estímulos de entrega y las respuestas de
aceptación. A medida que se oaciende en clase, el trueque social se sutiliza
en complicadas evaluaciones, en tanto que en los grupos inferiores ofrece
una menos complicada expectativa. Todo el prestigio social, vale decir, la
honra de un individuo, está supeditada al cumplimiento espontáneo que la
sociedad le otorga de sus derechos y a su capacidad para imponer la total
aatisfacción de ellos. Aquí es donde la agresividad se dirige para obtener
este mecanismo gratificador, si tal funcionalismo no se satisface a plenitud.
La estructura social que acabamos de entrever • t r a v ~ s del proceso
histórico, y que dio origen a fragmentaciones tan taJantes en el todo social,
172
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ha conducido a que el establecimiento de las relaciones interclases y de la
comunidad no sea efectuado sobre una base engranada, dentro de un
trueque de .servicios y retribuciones, con un mecanismo legal, .ino de claro
ancestro patemalista, interferido ya por el proceso de cambio. De esta
manera, no se pueden fijar límites preci'los entre la ley y la costwnbre, de
suerte que dentro de estos valores cambiantes es lógico que sUlja una
anomia, que al crear frustración, engendra la agresión mediata. La crisis de
esta situación ya insinuada con la ley de tierras de 1936, catalizó su
rebeldía manifiesta en las relaciones tradicionales de los estamentos
rurales, con la pseudo revolución del nueve de abril de 1948, por ejemplo.
De entonces para acá, sus puntos de relación tradicional se trastornaron en
posiciones antagónicas, están de acuerdo en ,indicar terratenientes y
terrazgueros de este agro. El préstamo de tierras en la aparcería, los
contratos agrlcolas "a destajo", habían perdido de golpe su sentido de
vinculación personal asentada en normas patemalistas, para convertirse
en escuetas relaciones de trabajo. cuyos cambios producían interferencias en
ambas partes. pero para alcanzar esta etapa y ajustarse dentro de ella a las
expectaciones de cada contraparte, se ha venido haciendo necesario un
nuevo proceso de moldeamiento, de por sí penoso y agresivo. Un nuevo
cambio laboral lo sintieron de una década para acá regiones amplias de este
complejo en el desarrollo de Paz del Río e instalaciones conexas, que
cerraron para estas tierras el cauce de la movilidad horizontal periódica del
boyacense, mano de obra agrícola de los Santanderes. Las interrelaciones
de los estamentos agrícolas debieron transformarse nuevamente con este
fenómeno. Así se podrían citar numerosos rutos en la dinámica de este
proceso económico, vertido en las interrelaciones sociales de los elementos
de la comunidad. Lo interesante en ellos es ver que en cada paso dado se
ha creado una agresión recíproca, ya que el ajuste a las expectativas de
cada miembro no se ha satisfecho sin tensión, sin presión y sin conflicto.
Dentro de este proceso es posible ver que ha sido la fuerza agresiva de cada
individuo, su cuota de poder, la que inclina la balanza a su favor , o su débil
capacidad de presión la que la desnivela en su contra. Este fenómeno es
pane de la necesidad vital del individuo de conformar, dentro de una
estructura así creada, una personalidad social agresiva y retaliadora,
siempre presente en el ejercicio de su derecho. Lógico es que los grupos
menos favorecidos para imponerse no alcancen el logro de las expectativas
legales. ¿Será por ello por lo que ofrecen en la realidad una acción agresiva
física de mayor evidencia?
La entrevista profunda señala en campos y ciudades una agre.lón
latente en los niveles medios y bajos de IUS clues, mientras
173
011 los altos, las expectativas y presiones ascendentes
.. cunlldol'll1 IllIorferencias no legitimas, fuera de lugar y de status y que
11111111611 fl'l.lstrnn y crean agresión en estos medios. Los grupos de clase no
.on conscientes abiertamente de su agresividad, ni de sUs tensiones. Pero .
puede verse que, a excepción de las laxas unidades religiosas recientes, y de
las exclusivistas de l. élite social , no existen en Santander asociaciones de
ningún tipo que congreguen los estratos de la comunidad, y si
momentáneamente se aglutinan, se disuelven dejando resquemóres y
tensión entre unos y otros. Por esta razón, el civismo no enlaza con metas
inmediatas y comuneS.8 sus miembros, porque las nonnas conSuetudinarias
de interrelación de las clases sociales no permitecohesionar sus intereses.
Esta situación es sensible aún dentro de los grupos laborales de niveles
sociales similares, que conscientemente limitan su cohesión para evitar los
roces que gestan agresión. En toda interrelación personal, un actuante
sentido de honor se hace evidente, que se expresa en la tributaci6nde
pleitesía debida al rango, a la profesión, a la edad, al poder, a la tradición,
al tronco familiar, al apellido, lesionando la pelliona interferida con la
omisión. Pero esta sensibilización se toma esencialmente manifiesta en lo
referente al principio de autoridad. Sin lugar a dudas, es el aspecto más
vulnerable y neurotizado en la personalidad del santandereano.
También la agresión subyacente, colectiva e individual, se explica por
la carencia de canales de realización, que le den una extravelliión fecunda.
la estructura de clases no permite el escape de la capacidad energética del
santandereano a de la creación de riqueza, como indicador auténtico
de su capaéidadindividual , ni lo grátifica ahincadamente como en Antioquia,
abriéndole las puertas de su dinámica social para una superativa y
halagüeña ubicación. Al seguir focalizada su sociedad, con excepciones
raras, en la contemplación del pasado, de la estirpe, de los valores castizos
familiares , vale decir, del status adscrito, corta de cuajo la posibilidad
catártica de diferirla agresión fecundamente, como lo ha hecho el
complejo de la Montaña, De esta manera, los Santanderes encarcelan la
acción del hombre y la reducen a la escueta tarea de defenderse dentro de
los fueros de sus status transmitidos.
Si nos adentramos más, guiados por este concepto, hallaremos otros
aspectos claves en su estructura, que repercuten sobre la canalización
divergente de su energía varonil y se proyectan culpables de su rígida y
estática fonoa estamental. Este complejo no ha resuelto el problema de la
gran masa popular heredada y trasmitida hasta hoy .n similares
condiciones desde la Conquista a través de todas las épocas. Mon y
174
Velarde, en los fmales del siglo dieciocho, encontlÓ igual situación dentro
de este ·mismo sector popular en el Cantón de Antioquia, y sus medidas se
dirigierona encauzar ,,1 potencial energético de este pueblo, enclaustrado
entonces, dentro de un habitat de similares condiciones naturales de
pobreza al santlUldereano, mostrándole el camino de la colonización en
tierras promisorias. Los Santanderes carecieron de Mon y Velarde, pero les
.obraron victimarios para su dinámica clase artesanal, otro canal de
redención, en malahora de su devertir , aplastado también.
la oonquista de tierras nuevas no ha constituido la válvula de escape
de su sobrante humano, sin horizontes económicos en su habitat y en su
régimen tenencial, porque apenas ha sido insinuada un par de décadas para
acá.En las tierras antiguas no se ha resuelto el problema del minifundista,
que lo es más que el andino en estos suelos paupérrimos. Tampoco se ha
solventado al aparcero en su régimen de préstamos del suelo ajeno, rti la
condición económica cultural del peonaje agrícola, categorías económicas
que apenas sobreaguan en los Santanderes. Al expulsar gran parte de esta
masa con la transfonnación agropecuaria, sólo se resolvió el problema
traspasándolo del agro tradicional a la ciudad. Aquí volvemos a
encontramos con esta misma masa en pleno desarraigo, y en esta nueva
estación de su éxodo, la frustración socio-económica, fermento de su
agresión, ha seguido adelante mantertiendo viva y funcional la faceta
tipificada de la imagen varonil del complejo santandereano. Tampoco se ha
Uegado a la industrializaci6n que daría cat8!liis a sus fuerzas potenciales,
hoy escuetamente agresivas. Bucaramanga y su valle, apenas co.nstituyen la
promesa industrial, mientras en el sector norteño no se insinúan los
cimientos del proceso fabril.
la acción de esta personalidad básica en función de la familia, su
segunda meta, asume una dirección múltiple. En primer lugar, parte de la
lucha social que él libra en la comunidad; cualquiera que sea su status, se
dirige a beneficiarla y a defenderla, porque defendiendo sus derechos se
defiende el que es su cabeza. (Confiérase StaTUS y función). En segundo
lugar, cwnple una de sus más funcionales tareas, al asumir la vocería de sus
derechos como institución, y, fmalmente, proyecta su poder en su interior
para ocupar en ena la jefatura que como padre y esposo le corresponde en
esta jerarquCa familiar de tendencia patriarcal.
Cada una de e.tas funciones requiere la modalidad agresiva cultural,
porque, envuelto en su cumplimiento, toma a presentarse. asociado el
ooncepto de honor y de hombría, que orientan y califican la acción de esta
personalidad. La integración del padre con su familia es recíproca. (Véase
175
Status y función). La célula primaria hogareña se siente compenetrada con
su cabeza, y asimila sus vivencias positivas y negativas frente a la sociedad,
y similar conducta le corresponde a aquella. Por ello, ha de poner todo su
empeño en salvaguardar honra y hombría cuando alguna interferencia
externa afecta el hogar en sus fueros, buscando complementariamente la
manera de obtener sanción inmediata. Es tan fuerte este sentimiento
retaliativo, que faltas sociales lesivas al honor de la familia, según el
derecho cultural santandereano, "deben ser lavadas con sangre", o lo eran
en décadas pasadas, porque la aplicación de la norma legal no borraba,
como la acción agresiva directa del padre o del hermano, la ofensa infligid.
en su honra. Tales los casos de violación de un principio de ética social y
familiar que ofendiera a los elementos femeninos del hogar. Ofensa y
resarcimiento cara a la sociedad que mira expectante su actitud, han de ser
vertidos a los principios nonnativos acostumbrados.
La acción de dominio del hombre en el interior del hogar, busca una
respuesta gratificadora en varias direcdones. Colocándolo la cult ura a la
cabeza de la jerarquía en su familia de procreación , debe asumirla con
todas las implicaciones de subordinación de los restantes miembros. A
través de su personalidad impositiva agresiva, él tratará de moldear desde el
comienzo de esta célula a las exigencias suyas, eco de las expectativas de su
comunidad. Es interesante observar en esta etapa inicial un mayor rigor.
una proyección más vigorosa del poder masculino empeñado en dar
pruebas de su capacidad de dominio en él. Frecuentes crisis de poder
debidas al mecanismo de ajuste de las personalidades de la pareja se
presentan, a través de las cuales se espera salga avante el status masculino
para recibir la respuesta gratificallte de su comunidad y de sí mismo. De
ahí su empeño en obtener, ante el conjunto social, el respaldo adhesivo de
su esposa, su actitud sumisa y conforme a sus mandatos, y de ahí también
su hiperestesia inicial en el celo de su autoridad y en el ejercicio de la
libenad. En este aspecto, toda joven pareja recibe en la persona de su
marido el estímulo retador de sus amigos, que tratan de hacerle sentir la
necesidad de no atarse al hogar, vale decir de su esposa, de no alienarse en
forma alguna para seguir siendo libre como lo fuera de soltero, puesto que
él es amo y seflor y debe establecer muy claro su dominio. La personalidad
femenina tiene en esta etapa su más dura prueba y ha de ejecutar alardes
de astucia femenina para enfrentarse a las exigencias de la comunidad,
satisfacerlas y moldear sus expectativas de esposa a estos valores.
Tensiones, y conflictos, de más o menos intensidad, caracterizan
este período de ajuste familiar , dentro del cual la personalidad dominante
del hombre ha de terminar por ganar la batalla de la autoridad.
176
Es sin embargo de tal riqueza d. inteñerencias y de valores
polivalentes este juego de relaciones internas de la célula hogareña, y de l.
sociedad que vigila su ajuste, que una serie de conceptualizacion ••
múltiples se producen en el proceso impositivo, deJa autoridad, ya que
refuerzan directa e indirectamente las. modalidades culturales de la imagen
masculina que hemos delineado. Su proyección, tajante aún en las
relaciones interfamiliares, gratifica complementariamente al grupo
femenino, aunque sufra su incidencia. Esposas e hijas se sienten
identificadas íntima y socialmente con el ejercicio de la personalidad
básica agresiva de sus esposos y padres. Una personalidad divergente
destruiría sus valores y su ajuste tradicional a la institución, ya que sus
personales expectativas condicionadas a la cUltura, magnifican esta imagen
en beneficio propio, cara a la comunidad, constituyendo asf factor de
estímulo en su estructura y en su extnversión.
TIPOLOGIA DE LA FAMILIA
Familia legal
La familia s.ntandereana ocupa el tercer lugar después de los
complejos antioqueño y andino en cuanto a mayor frecuencia en el
matrimonio sobre las uniones de facto para la canfonnación de la familia.
La proporción cuantitativa de, matrirronio oscila entre 83,44 y 87,5 por
ciento en relación con el total de uniones. La distribución de esta fonna no
es igualitaria, introduciéndose variables según las clases sociales y dentro de
ellas según los sexos. Al hacer muestreos en las ciudades y en los campos,
se hana que la clase alta, tomada desde el punto de vista del Ego femenino,
siempre confonna un hogar bajo la fanna en cambio, no es
absolutamente seguro que las familias constituidas por los hombres de
estrato superior sean legítimas. Tomando en estos estratos los grupos
masculinos hasta de 35 años, dentro de los terratenientes que tienen ya
establecido un hogar, se encuentra la mayor de familias de hecho
en esta etapa, porque de esa edad en adelante, son estructuradas
legalmente casi Sin excepción. Dentro de los grupos meramente urbanos
existe una mayor tendencia a la célula legal, aunque paralelamente en
ambos existan con relativa frecuencia hogares supletorios.
En l. clase media rural , aunque es predominante el matrimonio, son
más frecuentes que en la urbana los casos de uniones de facto. Siguiendo la
dinámica de estas familias se encuentra que estas uniones, al avanzar los
177
linOS, se consolidan bajo la bendición matrimonial para temnar sus días
en esta forma, entrando por tanto a sumarse a las formas sacramentales. En
estos estratos, la proporción de matrimonio entre hombres y mujeres es
similar, a diferencia de la clase anterior.
El menor grupo de uniones legales lo encontramos en la clase baja.
Analizando las cifras estadísticas tomadas en los muestreos y las inferidas
en el análisis de los bautizos, se halla que es mayor la frecuencia de uniones
sacramentales en la ciudad ,que en ehampo, dentro del elemento popular.
Más de un diez por ciento de ventaja de un sector sobre el otro, he hallado
en distintas zonas del complejo. '
A pesar de la presencia de las formas de facto, hay que decir que la
tendencia de la comunidad se dirige a estructurar la familia bajo la forma
sacramental, afinnación que se hace teniendo en cuenta su tendencia
prospectiva y los valores gratificantes de las diferentes estructuras.
Analizando en clases bajas las unidades domésticas conformadas por
jóvenes hasta de 28 aftos,y la compuésta por la generación de sus padres,
hallé siempre que los porcentajes de uniones de facto favorecen
considerablemente la del grupo de progenitores. Por estos mismo aftos, el
número de casados era menor en el universo de los progenitores, que en la
generación de los hijos, ,
Este complejo siempre ha mirado discriminatoriamente al hijo natural.
No propiamente por los valores conexos de quiebra de una pauta religiosa,
posiblemente más por los relacionados de moral social. Siolugar a dudas,
la razón de la reticencia para ' aceptar al individuo ilegítimo, es el
significado de clase que encierra. Un ilegítioto no puede pertenecer a un
estrato alto, dados los priocipios de honor, de manera que su ostracismo es
más bien de naturaleza social. Y lo es tan realmente, que loS hijos
ilegítimos de los hombres de la clase alta, particularmente si de varones se
trata, cuando han recibido el apellido, educación a la altura del tango del
padre, y su espaldarazo para cubrir a satisfacción los
patrones externos de prestigio, son asimI!ados pOr la comunidad y por la
clase alta sin muchas resistencias. Basta que la figura paterna haga presente
su influencia para que la cultura olvide su origen bastardo. No ocurre lo
mismo cuando su progenitor es de clase media o baja. Puede ser legitimado
mediante el matrimonio de los padres, pero esto no influye en su
aceptación, y solo condiciones excepcionales de su personalidad podrán
hacerle borrar las fallas de su estructura familiar. Tamhi6n hay que aclarar
que no todos los ilegítimos de un hombre d. clase alta s. equiparan al
rango del padre: casos excepcionales son los que ocupan la posición antes
178
marcada, pues como norma no alcanzan a situarse en la ubicación del
progenitor,si todo su poder socio-económico no se hace sentir 'para borrar
los deterioros que su divergente conformación le acarrea.
En cambio, es importante señalar un fenómeno que muestra matices
en la valoración de los ilegítiotos: mientras en los grupos de ilegítimos
antioqueftos la madre es la única figura representativa de esta familia
iocompleta, en este complejo el padre es el elemento que los respalda cara
a la comunidad, cuando se trata de vástagos habidos en uniones libres o en
concubinato. En tanto, la madre permanece en la penumbra de su hogar,
evadiendo la situación, porque generalmente se trata de una mujer de clase
inferior a la del padre, y su reserva es más provechosa para la descendencia.
Su categoría de ilegítimo no es una afrenta ética ni social cuando existe un
padre de categoría que otorga su apoyo decisivo.
A pesar de esta flexibilidad de la cultura santandereana ante la familia
de facto, la unión sacramental católica ocupa lugar de prelación. Los
valores de estirpe, de honra de la familia, de linaje, exigen que el hogar
fundador o el de cada vástago, lleve la sanción matrimonial. Pese al
anticlericalismo que superficialmente aflora en la personalidad social del
santandereano de las clases más aItas, y de determinados credos políticos,
es muy rígido en estos valores conectados con los conceptos de honor.
Puede evadirlos individualmente en forma matginal, como parte de una
conducta divergente, pero. es en general celosamente estricto en su
cumplimiento como respeto a sí núsmo, a su apellido y a la sociedad a que
pertenece. Un sentido de honor social más que ético, lo conduce a su plena
aceptación,
Familia de hecho
La ilegitimidad en este complejo proviene de tres formas de facto: el
concubinato, la unión libre y la relación esporádica. Las tres se reparten en
porcentajes de intensidad variable la familia de hecho. El primer lugar lo
ocupa la unión libre, el segundo la relación esporádica y finalmente el
concubinato se sitúa en el último lugar. Estos tres tipos de uniones se
encuentran predomioantemente en la clase baja. Me explico mejor: dentro
de este tipo de uniones, el Ego femenino (la progenitora) siempre se ubica
dentro de los sectores populares y débilmente se iosioúa en las clases
medias bajas del área urbana o rural. En cambio, el Ego masculino tiene
ubicación en cualquiera de los estratos. La unión libre ocupa el mayor
porcentaje en los Santander es, oscilando las cifras promedias alrededor de
179
-
12.8 parn 1951 y 10.7 para 1964, según los datos censales. Claro está que
es necesario tener en cuenta que afecta con mayor intensidad a las áreas
rurales que a las urbanas, aunque en las fechas recientes los sondeos
realizados en las áreas ciudadanas de creciente ininigración han dado más
altas cifrns, cuota quizá de un proceso de rura1ización de la ciudad por el
inmigrante o resuitante de la dinárrúca urbanizadorn en sus procesos de
adaptación del recién llegado.
La unión hore
Tenida en cuenta la estratificación social, la unión libre puede ser
fenómeno intraclase o resultado de interrelación entre estratos sociales. La
unión libre no se cosecha como relación intraclase en los grupos altos. No
tengo un solo caso en que la pareja pertenezca al sector cimero. En
cambio, la unión libre entre un hombre de clase alta y una mujer de grupo
inferior es más frecuente, generalmente como resultado de vinculaciones
establecidas en función de la adininistración de la tierra. El hacendado
soltero establece relaciones maritales en los períodos de administración
directa de sus tierras. En la casa de la hacienda crea alrededor de su
administración tenencial un hogar temporal, casi como relación esporádica,
que frecuenta en los períodos en que visita la tenencia, porque residen en
la ciudad en su hogar de orientación. Otras veces, para atender las
necesidades administrativas de la casa rural, se acostumbra a establecer una
servidumbre femenina que cumple las faenas domésticas y que, merced a
la misma costumbre, termina por convertirse en la "compafiera" del señor.
La otra modalidad generalizada es la de asentar allí alguna previa relación
de hecho. Esta unión libre desemboca en cinco alternativas: se desintegra
por presiones sociales al hombre, o por problemas de relación interna; por
el matrimonio eventual con una candidata de su mismo status social, o en
la inisma circunstancia el matrimonio de la madre con otro hombre; la
cuarta modalidad confluye en el matrimonio con el sellor, cuando los hijos
adultos logran presionar por esta legitimación; fmalmente, el grupo
familiar sobrevive bajo estructura de facto, ya sea en unión libre,
concubinato o relación esporádica, etc., dentro de las distintas
posibilidades que esta unión puede tener a través de las incidencias de la
vida del hombre.
Ampliemos el análisis de las precedentes alternativas de la unión libre
corno fenómeno que enlaza clases sociales diferentes parn observar
modalidades culturales y la dinárrúca de las mismas. Iniciando la unión
180
libre dentro de relación esporádica, entre un hombre de clase alta y un Ego
femenino de los estratos populares, tal modalidad puede estabilizarse por
un tiempo parn desembocar luego con la unidad habitacional en la unión
libre. El siguiente paso, después de un nuevo período de convivencia en
común, será el madresolterismo cerrado por abandono del padre. Más
adelante esta mujer madresoltera puede crear nuevas farrúlias repitiendo
modalidades de facto o desembocar en el matrimonio.
La unión libre perdura por toda la existencia del individuo, sin
disolverse ni llegar al matrimonio. Esta alternativa, inirada a través de la
clase alta, ofrece un rasgo peculiar: es durante la primera juventud o
después de la viudez cuando se aceptan más fácilmente esta clase de
relaciones y con más frecuencia dentro de los grupos de hacendados.
Difícilmente se encuentra un solo terrateniente que no haya pasado en
algún período de su vida adulta por esta clase de umones familiares. Pero
ocurre que dicha familia de facto, mantenida en la penumbra de las
haciendas o en una recatada casa de la ciudad, va arraigando en el hombre
más y más con el paso de los afios. La sociedad santandereana, a diferencia
de la de Antioquia, ofrece dentro de las clases altas la presencia de
hombres solteros sobre cuarenta años, muy solventes y de activa vida
social. Al estudiar sus vidas íntimas siempre se halla que están atados a una
fainilia ilegítima. Posiblemente esta situación dilemática impide su
matrimonio, aunque también es evidente en esta subcultura neohispana la
existencia de una acentuada reticencia de ciertos grupos varoniles a
contraer matrimonio, reticencia basada en decantados principios de
individualismo y libertad, que la cultura prohíja y que la institución
familiar con el status otorgado por el matrimonio parece r e c o r t a r ~ inhlbir,
etc. Sin embargo, se puede hallar que dentro de estas circunstancias, no es
que este hombre se sienta obligado a permanecer célibe, pues su honradez
y moral humanas son tan hondas, que se inhibe para contraer legalmente
con otra y marginar su hogar de procreación inicial. No. Ocurre que esta es
una expresión de su misma imagen masculina y de sus valores de clase
dentro de la más alta élite social. Cede a la fuerza de su impulso y
conforma este tipo de fainilla de facto sobre la base de una atracción
física. Este hogar no coarta su libertad, ni le impone liinitaciones, porque
sus obligaciones culturnlmente son voluntarias. Los valores de resistencia al
roa trimonio precedentemente esbozados, pueden compaginarse y
armonizar dentro del funcionalismo de la estructura doméstica de facto,
que lo satisface plenamente sin que lo liinite con amarras legales forzosas,
sintiéndose así capaz de alejarse de esta relación en cualquier momento en
181
que nu lo groUfique. Pero esta unión va adentrándose en este hombre con
101 anos, y más si se recluye en las haciendas donde, alejado de sus grupos
.oclales, va perdiendo los incentivos de sU clase, desmejorando en sus
relaciones, descendiendo cada vez más, tendiendo a ubicarse cerca del
grupo familiar que sin formalidades constituyó, es decir, se ha cumplido la
culminación de su conducta divergente. Paradójicamente, este hombre, que
rechazaba la alianza matrimonial por coercitiva, encuentra en la unidad
hogarella de facto una mayor atadura y limitación. Cuando se
entrevistaron tales casos, hallé que en estos hogares el padre se asimiló
ni social ro culturalmente, y dentro de las exteriorizaci ones 3.fectivas
culturales de este ambiente, mujer e hijos eran seres casi extrafios a aquél.
Convivía con eUos, pero no los integraba como esposa o descendientes ni
lo identificaban como esposo y padre. Sin ser capaces estos padres solteros
de marginar la funci ón de su status, la solución del matrimonio la
consideraban una deshonra que violentaría la memoria paterna y del
tronco fanúlíar a quien siempre se referían en sus protestas. Era un
problema circular sin apertura de escape. Al avanzar los años y crecer los
hijos, se hallaban atados dentro de un mecanismo conflictivo, integrado
por sus valores de clase, de estirpe, y la realidad de una familia que
miraban inferior, pero atada a su sangre y a su responsabilidad. Las
soluciones propuestas (por ellos) eran clara expresión de su conflicto, pues
trataban de reconciliar sus vidas con Dios, con la sociedad y la familia a
quienes habían o creían haber defraudado, anhelando ser casados en
artículo mortis, que en SU concepto constituía una salida honrosa con las
instituciones y consigo mismos. Interrogados sobre el significado de su
resistencia para Uegar al matrimonio y legalizar situación tan prolongada
sostenida cara a la sociedad, respondían que la madre de sus hijos
ilegítimos estaba buena para "concubina" en el tiempo en que la tomaron,
pero jamás para esposa de un hombre de su abolengo.
El otro tipo de unión libre se encuentra intraestratos sociales. Un
hombre de clase media conforma una familia de facto con una mujer de su
ubicación social o más baja hasta llegar al final de su vida así atados, o
desembocar en el matrimonio avanzados los afias. En las clases bajas
ocurren alternativas similares, aunque por djstintas razones : las parejas
Uevan su vida marital sin Uegar al matrimonio, tipo que constituye la forma
modal, o se encuentra una peculiaridad más que hace reminiscencia de las
formas del amaño: arrejuntadcs para ver si les conviene", dicen en
su habla local, cuando conviven en unión libre parejas jóvenes, y si este
entendimiento se logra, Wl buen día, con unas "mudas" de ropa nueva,
182
fruto de 1llla cosecha sembrada por ambos, y en un rancho hechura
conjunta de sus manos y de ayuda familiar, se "matrirnonean y olian a 101
chinos" habidos ya en la unión, es decir, se casan y hacen bautiz.ar a los
hijos. Este tipo de relación marital es más frecuente entre los gruposde
campesinos que en los urbanos. Las misiones religiosas con su acción
reguladora periódica de las ulÚones de facto, frecuentemente cortan este
proceso familiar en ciernes, aplicándoles la norma religiosa.
La relación esporádica, madresoherismo
La relación esporádica es la segunda en incidencia. Caracteriza esta
forma familiar la no convivencia bajo el mismo techo y su rel.ción sexual
eventual. La pareja generalmente encuentra y solicita esporádicamente
oportulÚdades de relación biológica, dadas las condiciones de sus vidas sin
unidad habitacional . Este tipo de familia incompleta se genera casi siempre
en los Santanderes como fruto de relaciones interclases. Peculiares
condiciones de trabajo y de status femenino hacen factible está estructura
familiar en el área urbana. El marido eventual proviene de una clase alta,
que encuentra en una mujer, obrera artesanal (ciganeras en el
Piedecuesta, Girón, Zapatoca, San Gil, etc), en costureras de pacotilla, en
vendedoras de comercio de limitada cuantía, en la servidumbre doméstica.
satisfacción momentánea a su ímpetu sexual ya su afán de domilÚo sobre
el otro sexo. aspecto que satisface parte' de su machismo físico agresivo.
Dentro de esta versión f3.nrlliar de hecho, identifican las relaciones
interclase de los hombres de alta posición, un tácito encubierto derecho de
los patrones - padres e hijos- a la retribución de la servidumbre. Y en un
sentido genérico de interrelación tradicioual de los estamentos altos con
los bajos, reminiscente fonna del conquistador español (descendIente)
sobre la india (clase baja). Consecuentemente, en toda esta sub cultura se
hallan, dentro del elemento que ayuda en los oficios domésticos de las
casas urbanas, y con más frecuencia en las haciendas, y dentro de las
categorías económicas subalternas ligadas a la tenencia, grupos de edad de
más de 20 años, con un amplio número de madres solteras, de uno o más
hijos, incidencia más sensible en las áreas rurales en las ciudades. Ca,:"
relación trasciende hasta el logro máximo de dos hiJOS y es manteruda SIR
llegar a conformar unidad habitacional, y a estructurar una familia
completa.
En las zonas rurales, otro ciernen.to y otra circunstancia provee este
tipo de relación esporádica y familiar incompleta: en el cinturón caficultor
183
-
de este complejo, que recluta para sus cosechas mano de obra femenina, o
durante las "cogiendas de maíz", recolección de la cosecha de este grano, o
en las zonas tabacaleras durante las faenas de laboreo de la hoja, la
elaboración de panela en los trapiches, obliga a la concentración de
peonaje agrícola de ambos sexos, condición que proporciona la
oportunidad de relación esporádica. La vinculación biológica se establece
mientras dura el procesamiento agrícola, pasado el cual las parejas se
dispersan, los hombres no admiten más responsabilidades, y sus
compañeras deben hacer frente a la maternidad adquirida bajo tales
circunstancias .. Esta situación tradicional ha sido recogida por los copleros
santandereanos, que seftalan la incidencia de este fenómeno en relaciones
picarescas de sabor local.
El concubinato
La última relación de facto que hemos mencionado, es de tipo
polígínico. aunque la precedente puede serlo también, al mantenerse varias
relaciones esporádicas coexistentemente, ya que la existen'cia de una no
limita la de otras. Se trata del concubinato, que en este caso está
constituido por el matrimonio previo de un Ego masculino, quien
simultáneamente presenta con su familia legal otra más de facto,
conformando así un tipo de familia plural desigual. Los casos estudiados
pertenecían en absoluta mayoría a relaciones interelases, siendo la mujer
complementaria de un estrato inferior, en relación con la esposa principal
(familia legítima) y con el marido común. El concubinato intraclase,
dentro de los estamentos altos y medios es caso de excepción, mientras en
los sectores populares alcanza mayor incidencia. Por lo general , esta familia
compuesta permanece encubierta o se procura mantener discretamente
dicha situación. Ofrece bastante rareza la mujer casada que organiza en
unión de facto nuevamente su vida.
La dinámica de esta familia compuesta se inicia en mayor frecuencia
dunmte la etapa juvenil del Ego masculino, quien por su situación de
prelación económica y estimulado también por la cultura, establece una
relación marital con una mujer de bajo status. Generalmente esta Unión se
encuadra dentro del tipo de relación esporádica: pertenece el Ego
femenino a la servidumbre de la casa, constituye una obrera artesanal, o la
hija de algún dependiente de la finca. La integración marital se va haciendo
nW y más activa hasta que la pareja, alUegar el hombre a una mayor edad,
entra a convivir bajo los auspicios de la unión libre, integrando la farnilia
lB<'
en unidad habitacional. (Confiérase Uni6n libre) . Sin embargo, las
presiones familiares y sociales sobre el hombre "para que enderece" su
vivir, se hacen tan intensas, que se ve forzado , temiendo asimilar su
existencia a la de paradigmas culturales ya indicados, de conducta familiar
divergente. a casarse con una mujer de su categoría. Algunas veces la
familia precedente se aleja de la existencia del Ego masculino, quien la
dota económicamente y la separa afectivamente de sí, particularmente a la
madre, pero en otras, esta relación de tantos años, tiene fuerza para
sobrevivir coexistentemente con la legal. generando frecuentes conflictos.
Sin embargo, esta situación no tiene obligatoriedad y se la halla más
frecuente en el departainent o norteño que en el sureño.
Este tipo de familia complementaria puede ser también resultante de
una conquista posterior al matrimonio. Dije ya que entre el grupo de
terratenientes es frecuente hallarla entre el poseedor del suelo y el
elemento femenino dependiente de sus tierras, o entre los mismos grupos
urbanos precedentemente indicados, y que tradicionalmente conforman la
relación esporádica. En estos casos se trata de una poliginia de tipo
encubiert o, dispersa y desigual y en la cual la esposa y la concubina viven
en ambientes diferentes, acordes a la categoria legal y de clase alta de la una
y la de mujer secundaria y perteneciente a estrato bajo de la otra. Como en
el caso anterior, hay una tendencia manifiesta a encubrir estas situaciones
que, sin embargo, en alguna¡; ocasiones llegan a interferirse. La clase media
y los grupos populares, también ofrecen estas estructUJas de facto. Inter e
intraclase en la primera y solamente con elementos de su propio estrato
dentro de la última.
También hallamos la forma de un concubinato mixto, que constituye
el caso de excepción: esta constituido por la presencia de la esposa y
alguna concubina en forma permanente, más relaciones esporádicas
complementarias de la vida sexual del marido común. De este modo, su
haber familiar está compuesto por unidades domésticas de tipo poligínico,
y conquistas eventuales que se hacen y se deshacen a impulso del ímpetu
varonil y de las circunstancias propias que establece la cultura, y que dejan
una amplia secuela de vástagos ilegftimos que no alcanzan su
reconocimiento, menos aún la proyección paternal.
185
STA TUS Y FUNCION
La posición varonil y la femenina en el hogar
de procreación
¿Qué representa en el mundo cultural santandereano la conformación
de una familia para el hombre y qué para la mujer?
El hombre se proyecta sobre la sociedad que es ámbito de varones,
desde su hogar de procreación, comienzo de su dominio, o que el
origen de su poder está en su unidad doméstica de génesis. Su personalidad
social, vitalmente necesita llegar al control de esta célula social, para
establecer en ella su capacidad de mando, capacidad y poder que luego
transferirá a su comunidad. El hogar le va a dar respaldo en su proyección
social: reconocido culturalmente aquí, vale decir, como cabeza de la
familia, podrá luego hacer sentir el peso de su autoridad y de su acción
sobre los demás. De aquí la importancia que tiene para la extraversión de
su personalidad social el hogar de procreación para el varon. El matrimonio
representa en esta sub cultura su espaldarazo de hombre adulto a plenitud.
Por otra parte, va a realizar su personalidad colectiva al tener un hogar
donde, fuera de focalizar su mando individual, representa la acción misma
de su poder, pues es el mismo objetivo por el cual lucha y legitima sus
derechos ante la comunidad. De esta manera, converge en simbolizar la
honra de su ser masculino social, la catalizaci6n de su ubicación estructural
presente y la proyección hacia adelante de sus ancestros. Al conformarlo,
va a plantar en el mismo puesto que ocupara de soltero, una nueva unidad
vital, que le dará ocasi6n para exaltar su realización cultural a través de sus
hijos, y a través de ellos la honra del apellido venido de lejos. Así el hogar
se identifica con descendencia y esta con linaje, pero a través de vástagos
masculinos.
De ahí la trascendental importancia que para el santandereano tiene el
engendrar hijos varones. Todas las entrevistas de progenitores y de madres,
sin distingos de clases ni de áreas , indicaban en este complejo el
beneplácito por una descendencia fecunda en hombres, identificada como
la verdadera bendición familiar. Mientras la madre en Antioquia pide al
gestar hijas, el padre en Santander proclama la necesidad de engendrar
hijos. Tiene razón dentro del marco de su cultura: el hijo varón no perderá
el apellido, lo transmitirá en renuevos en cada generación, que tomará
atrás, hacia la memoria del bisabuelo, del abuelo, del padre. El
descendiente varón otorgará al jefe de familia la posibilidad de proyectarse
186
sobre la vida de cad,a generación, por la identificación tan integral
que con él reali.za. Volvera a ser nillo con el hijo, a quien corresponde
soclabllizar, teruendo en él un compaftero, para recorrer de nuevo .la
infancia: proyectándose luego a la juventud como en un segundo
renacmuento y hermanarse como hombre en la vida adulta. Al casarse el
hijo varón, siente el padre que él manda) cuando sus hijos mandan en sus
hogares y desde allí se imponen en la sociedad. Con el hijo va{ón el
santandereano está duplicindose, renovándose. viviendo de nuevo. TaJes
sensaciones no se las da la hija mujer, por su papel pasivo en la cultura-.
llegan al hogar, el padre las mira compasivamente, dolié'ndose
anhclpadamente, a su esposa de gestar y darle tal sexo por
descendencIa. Conslltuyendo el padre, vale decir el hombre, la cabeza del
sIStema familiar y social, no siente orgullo de sus vidas subordinadas .
. El hombre. santandereano que establece su unidad de procreación,
tiene una certidumbre: constituye un hogar propio que dentro de su
cultura y de sus generosas normas de hospitalidad, puede ofrecer a su
porque este hogar es suyo, no se siente forastero en él, sino su
ep,centro, :. donde al d?minar personalmente, ofrece ancha acogida a su
tronco fanuliar que con el se identifica. Allí tendrán derecho a permanecer
sus solteras, tenninar sus días la madre viuda y recibir acogida
sus panentes. Por absoluta decisión suya puede congregar en él a quienes
desee hacer ,compartir techo y amistad. Y será él q"ien, como jefe de la
urudad domesllca, bnnde hospitalidad a los familares de su mujer, si tal es
su voluntad. Este hogar lo puede ofrecer como suyo a la sociedad,
smhéndose. amo y señor para ejercer el mando y recíprocamente para
responsabilizarse de lo que con él Ocurre.
En el complejo neo-hispánico el hombre se casa para tener sus hijos.
Expliquémoslo mejor. El padre es el transmisor de la sangre y de los
valores culturales anexos a este concepto. Mientras en Antioquia cada hijo
es de la madre que lo gestó, es decir, enraiza en el árbot"familiar materno,
en Santander cada retoño nuevo se injerta en el tronco del progenitor.
Conshtuye un apellido, un linaje, el de los Martínez el de los Cote el de
los Silva, el de los Azuero, el de los G6mez, el d;los Lamus, el de los
Unbe, etc., en proyección al infinitum en su ancestro patrilineal y como lo
fuer,a, en la renumscente Encomienda proyectado en una tenencia, la finca
farruliar paterna. Tiene tal fuerza este valor, que siempre se le pregunta a
un mdmduo para Identificarlo: ¿Quién es su papá? , porque la
personalidad del padre se proyecta sobre el descendiente situándolo
SOCialmente. ¿O de cuáles fulanos (aquí el apellido paterno) es usted? ¿Es
iS7
de los de La Peña, La Lajita, La Palmita o La Calichana? etc., refiriéndose
al apellido Cómez en el Socorro, por ejemplo, y a las tradiciol12les fmcas
de este tronco.
Cuando se entrevista profundamente para indagar sobre la etiología de
la relación cultural padre-hijo como fuente primordial de la vida, se hallan
valores casi inconscientes ubicados en la base de estas actitudes.
Popularmente se piensa que la madre no es tan importante en la tarea de
engendrar a un hijo: el hombre da de sí, la madre nada apona, sólo recibe.
La única función de la progenitora es aposentar el embrión, tenerlo en sí,
guardarlo, servir de recipiente para que la semilla masculina, y" sólo esta
semilla, con toda la fuerza y el peso de su herencia, pueda desarrollarse y
llegar a la vida. La mujer en la génesis no es acción; es apenas instrumento,
medio ambiente germinal.
Por esta razón, el hijo es del padre, y si es suyo, lo recuesta sobre su
tronco genealógico. Ello puede observarse en el reconocimiento que cada
Ego hace de su parentela, siendo notorio observar que reconoce más
parientes de su lado paterno que del materno. Con frecuencia no sólo
ignora estos, sino que tambien los subvalora en relación con los primeros.
Por otra pane, las consideraciones y la posición que se ocupa en el hogar
de cada rama, son más marcadas y tascendentes en el grupo paterno que
con los de la rama uterina. La participación que la parentela paterna
satisface dentro del ciclo vital de los miembros de cada nueva célula, es
más acusada que la cubierta por la rama de la madre, el sentido de respaldo
y de control, tanto como el de vinculación social, que funcionan más
ahlncadamente con los consanguíneos del padre que con aquellos de la
progenitora.
Este valor se proyecta sobre el sentido del parentesco. Cada hombre
considera más descendiente suyo a su hijo; el abuelo más nieto suyo, al
hijo de su hijo; cada hermano de un Ego encuentra más sobrinos suyos, en
la intimidad afectiva y en la asimilación, a los hijos del hermano que a los
hijos de la hermana. Y los primos se sienten más consanguíneos entre los
que llevan el mismo apellido, es decir, los vástagos de padres hermanos.
Los de distinto apelüdo, principio identificatorio, penenecerán en cierto
modo al tronco de la nomil12ci6n que ponan. Generalizando, es lícito
decir que el reconocimiento de "parientes" funciona en forma patrilineal
en grados mayores y menores.
Otra proyección del matrimonio favorece al varón. La esposa de un
Ego dado, al casarse es incorporada dentro de la rama de su marido, Ello
explica la manifestaci6n de profundo pesar y tensi6n por los noviazgos y
188
bodas de sus hijas. No es que los padres sean opuestos a su noviazgo y
o que su ideal cultural sea conservar a su lado rujas soheras.
Lo que ocurre es que, dadas las premisas ambientales, dentro del habitat
cultural existe un profundo sentimiento de pesar por la separación de las
hijas con el matrimonio, ya que van a ser incorporadas; al tronco familiar
de sus maridos, desprendiéndoles de su hogar de crianza, lo que implica la
pérdida de gran parte de los derechos paternales. Es necesario advertir que
mientras más clase alta y más tradicional sea la familia, más intenso se
siente este proceso de asimilación. En los sectores medios y bajos no es tan
sensible y según las regiones la rama materna la absorbe. ¿Raíces
Lógicamente, en las familias incompletas generadas sobre base de
madresolterismo , este fenómeno no es perceptible.
Esta incorporación de la esposa explica por qué la progenitora
sant andereana es la principal propugnadora del matrimonio de sus hijos.
Pennanecen atentas a sus noviazgos, expresan una especial disposición hacia
ellos y gran complacencia, cuando se realizan. Dicen que al casar un hijo
van a tener dos en vez de uno, porque la nuera se injerta dentro del tronco
familiar suyo, rem plazando las hijas que al casarse se alejan. Por
consiguiente los Santanderes no presentan, como AnUoquia. la tensión de
la madre contra la nuera, conflicto entre los nuevos derechos maritales y
los antiguos filiales. El santandereano, al casarse, adquiere con ello
plenitud en su realización vital por sí y ante sí, sin que esta plenitud esté
culturalrnente determinadd por la esposa. Se supone que el varón es el que
manda en su hogar y por tanto Jo trascendente es Gue lo haga, y será el
elemento decisorio de su propio bienestar, sin culpar a]a esposa del fracaso,
pero tampoco sin gratificarla por el éxito. Ello minimiza el conflicto entre
suegra y nuera, tensión que por valores opuestos en el concepto de
matrimonio para el hombre, se agudiza en la Montafta.
Es trascendente para el hombre neo-hispánico constituir un hogar,
porque las clases sociales se estructuran en función del padre, así que el
hogar de génesis conformado por cada varón, vendrá a ubicarse en el piso
social suyo. En este sentido, él es el trasmisor de la categoría y el punto
sensible de la dinámica de clases. Reforzando las condiciones de superación
social en los varones de una familia dada, profesionalismo por ejemplo, o
reforzando la exteriorización de sus patrones de prestigio, se obtiene el
del grupo familiar. Recíprocamente, el descenso está en relación
con las alianzas matrimoniales de las mujeres: si un Ego femenino de una
clase alta se casa con un individuo de menor status, éste dará con el
apellido la ubicación de la nueva célula familiar , y el grupo ha descendido.
189
Recordemos que en Antioquia la movilidad vertical descendente de las
clases sociales ocurre a la inversa, es decir, a través de -las desafortunadas
vinculaciones matrimoniales del hijo varón.
En cuanto hace referencia a la mujer
t
el matrimonio tiene también
valores en los que predominantemente juega papel importante la idea de
haber sido -capaz de atraer un hombre, paradigma cultural de su clase y
expectativas, que la conduzca al matrimonio, le dé su apeDido y la libere
del celibato, tan temido aquí como en cualquiera de los lugares
colombianos. El hecho de tener un hogar suyo, donde ella va a ser la
compallera y a recibir la protección afectiva y económica de u·n varón, y
sobre todo su respaldo social, es un aliciente de amplio interés. Los valores
de afecto, seguridad personal y entronques familiares juegan un influjo
considerable.
Hemos expuesto la posición predominante del hombre en el hogar de
procreación y lógico es que al anteponer la imagen femenina, debamos
indicar que su puesto es secundario. Sin embargo, esta situación así
juzgada configura el criterio de un elemento foráneo, intruso, que
distorsiona la reandad, porque vivida desde su interior, engrana
funcionalmente y se vive a plenitud. A través del proceso de sociabilización
faminar, la mujer se ha ido condicionando y ajustando al sitio que ha de
ocupar en su etapa adulta, de manera que para ella no es una sorpresa
hallar un status subordinado que satisface a cabalidad, y para el cual en un
largo y decantado proceso de moldeamiento se ha ido identificando. Es
más, la mujer espera que su marido sea el amo y sellor en su hogar, tal
como la cultura lo ordena y en tal manera está configurada su mentalidad a
esta serie asociada de valores y de actitudes, que considera halagüella o
ideal esta situación, sintiéndose defraudada {ntima y socialmente cuando
no se ajusta a sus expectaciones culturales. En todas las encuestas a
mujeres, de cualquiera que fuera la ubicación social de las mismas. hallé
que la imagen ideal del marido tenía como cualidad primordial, el que fuera
capaz de dominar reciamente en su hogar y de defenderlo; ante el
mundo extrallo, considerándose desgraciadas ante la perspectiva Óe un
esposo que no ejerciera en tal forma absoluta el poder en la familia y la
responsabilización social hogarelta. Ninguna respuesta sellala complacencia
ante la supuesta posibilidad de que la autoridad reposara en manos .uyas.
Ni siquiera la forma compartida venía a constituir una posibilidad
gratificante para la mujer santandereana modal. Por esta razón, hay que
mirar el transcurrir de las interrelaciones familiares y del status desde
dentro, teniendo presente, las tradicionales concepciones que las han
190
formado y su funcionali'lmo, para entender y asimilar la posición femenina
sin juicios de valor que la deformen.
Etiolos{a de las formas patriarcales
¿Cómo ha podido configurar el hombre este amplio poder"! Ellegado
hispánico de los primeros tiempos de la Colonia, diferente al que hallamos
en Espana en los tiempos modernos, portaba este contenido patriarcal que
se refleja en la literatura de la época y que las condiciones de la sociedad
americana de limitada dinámica mantuvieron vivo. Por otra parte (y ya lo
hemos establecido en el primer volumen de este estudio), las características
institucionales familiares que se trasplantaron de España, acusaban ya este
marcado poder de la autoridad paternal, reforzado por el entrabe con las
de mas instituciones, religión, justicia, economía, etc. Si la pareja era
espallola, este dominio podía ser una realidad más o menos discutible, pero
si el mestizaje se impuso, como es de presumir, la mujer india o mezclada,
con posición social subordinada, pudo haber recibido con su status adscrito
y basado en la etnia, condiciones propicias para el afincamiento del
régimen autoritario del marido castizo.
Por otra parte, las formas de hecho contribuyeron a situar a la mujer de
estos ambientes: su poSición de mujer suplementaria, que ocu,aron las
indias y mestizas en relación con los sectores altos , hicieron perder piso y
seguridad a la mujer legítima, mientras ellas complementariamente se
ubicaban en la posición negativa de concubina potencial o activa. Los
sistemas tenenciales en este juego daban el resto.
Si la ley prestaba el instrumento eficaz en la ubicación femenina, la
religión, vamos a repetirlo, contribuyó y explica el sistema patriarcal. Parte
proviene de los dogmas religiosos interpretados y difundidos hábilmente
para obtener argumentos positivos; parte se refuerza en concepto& de
"religión folk" respaldo de efectiva asimilación (confiérase Religión). En
cuanto a autoridad, la Iglesia establece que la mujer debe reconocer al
marido como cabeza de la célula doméstica y aceptar l. sujeción a ~ u
voluntad, principio que legitima su poder omnímodo farniliar y- la
incapacidad femenina para constituirse en elemento activo y focalizado o
participante. O como lo ~ i m i I a e interpreta el santandereano común: ulos
hombres nacieron para mandar y las mujeres para obedecer". El mundo
popular santandereano interpreta también que la Iglesia hace un
reconocimiento de la debilidad femenina que conduce. su subordinación.
la mujer entregó el Paraíso y por ello es consecuente que se la abstraiga
191
del poder de causar inconscientemente el mal, sujetándola a la voluntad de
un marido, imagen de la razón, símbolo de la. integridad y de la. fortaleza
volitiva como lo proclama la fe católica. De esta misma interpretación
religiosa se desprende que, si el hombre fue colocado por .Ia sabiduría
dívina en puesto dominante, es porque reconoce que su compaf'!.era es un
ser sin capacidad de discernimiento para igualarlo. La mujer no es objetiva,
dice en la encuesta el varón santandereano, porque su mundo no es el de la
inteligencia; por ello el pensamiento es función 'privativa del hombre
quedando aquella fuera, por carecer de aptitudes innatas en el trascurrir
racional. También refuerzan el imperativo dominio masculino los' recuerdos
míticos insertados en la Biblia, que generosamente ejemplarizan la
fragilidad femenina. La virtud de la mujer es frágil, dice la cultura a
instancias de su fe, pero constituyendo el Ego femenino el símbolo de la
pureza, no puede ser víctima ni victimaria de su propia vulnerabilidad,
haciéndose indispensable poner en manos del ser fuerte, un hombre, padre,
hermano o hijo, este cuidado y el control y dominio de la mujer, esposa,
madre, hermana o ruja. Consecuentemente, una actitud divergente en la
moral sexual no afecta al hombre, porque él está por encima de las
alternativas de la virtud. El ser masculino tiene la libertad que niega la
cultura al ser femenino, legitimando el escape varonil a través de pautas de
comportamiento encubierto de aplicación dual, que benefician si la norma
gratifica al hombre y petjudican si se aplican a la mujer. De esta manera,
cada individuo en la cultura espera ser víctima y/o victimario, cuando es
elemento pasivo o activo respectivamente del ejercicio cultural de esta
moral disociada. (Confiérase La imagen varonil y la familia).
AlIadamos una apreciación final que corrobora las condiciones del
status familiar: el sentimiento de culpa femenino, trasunto religioso de la
teoría de la génesis humana, da dimensión de proceso expiatorio y de
retaliación a la posición subordinada del Ego femenino en la institución
familiar . Parte de este castigo es su cuota de sacrificio presente en sus
procesos fisiológicos. Una permanente vindicta divina, no borrada ni con la
Redención de Cristo, persigue a la mujer como pago insaldable de la deuda
contraída por este ser débil e irresponsable al comienzo de la odisea
humana.
La jerarquizan de la autoridad. Etapas
La jerarquía doméstica se estratifica de acuerdo con el proceso de
desenvolvimiento familiar. Podemos marcar tres estadios en su dinámica, a
192
través de los cuales va transcurriendo el ciclo del status de sus miembros en
este escalonamiento de la autoridad.
La primera etapa de la autoridad corresponde a la familia en
crecimiento, o de crianza, conr¡.gurada desde el matrimonio, hasta un
periodo que fmaliza más o menos a los quince años de vida conyugal. En
este período la jerarquía del poder familiar se estructura así: primero
emerge la autoridad del padre, secundariamente seguida por la de la madre.
Luego ap'lfecen los hijos varones, perfU6ndose en su ubicación los
contornos del legalmente extinguido mayorazgo, pero vivo en la cultura,
precedidos por la posición de las hijas ubicadas en orden cronológico.
Superada la primera etapa de crecimiento O crianza, entra la familia al
segundo estadio (de 15 a 25 años), o sea al de plenitud familiar, cuando
aún el grupo de hijos adultos permanece soltero y durante la cual se
observa un cambio en la ubicación jerárquica de sus miembros,
percibiéndose ya la superioridad de los Egos masculinos sobre los
femeninos. La autoridad teóricamente puede jerarquizarne así: primero el
padre, seguido de cerca por el hijo mayor l tanto en las áreas rurales como
en las urbanas. Luego los hijos varones, eategorizados por edad, y al límite
de ellos la madre, seguida subalternamente de las hijas solteras en jerarquía
impuesta cronológicamente.
La tercera etapa o de familia extensa. representa la expansión familiar
con el matrimonio de los hijos. Nuevamente se observa la sedimentación de
l. autoridad siguiendo líneas masculinas : a la cabeza de la familia
secundaria está el padre, y luego su rujo mayor, y descendentemente,
aquellos que ya están casados, y que se colocan dentro de grados no muy
marcados de estratificación. Después vienen los rujos solteros, seguidos
suboítemamente por la madre. Un nuevo renglón de autoridad lo ocupan
las hijas casadas, las nueras y las solteras, más o menos equiparadas en la
jerarquía familiar. La categoría final está llena por los nietos y nietas con
prelación de sexo y edad de los mismos.
De esta manera, todo el proceso familiar en su desenvolvimiento tiende
a ubicar la nueva generación de hombres en el puesto de prelación de que
previamente gozan en la persona del jefe del hogar. Por esto, la madre,. a1
crecer los hijos varones, va perdiendo en su status 10 que ellos ganan en el
suyo. En cada hogar que ha arribado a la tercera etapa, familia extensa,
se inician dos ciclos varoniles: el del hijo cabeza de familia que
comienza el recorrido en su hogar de procreación, para culminar como su
padre en la edad madura, en la jefatura de la jerarquía de la autoridad,
dentro de su grupo respectivo de familia extensa, en tanto que, la tercera
193
generación, la de los nietos, inicia el proceso de avance en su status.
Igualmente vemos el proceso femenino: el movimiento de su dinámica se
caracteriza por la paulatina subordinación de la madre al hijo mayor ya los
demás hijos. Comienza t8.!Rbién el ciclo de las nietas que van a recorrer
como las hijas un devenir que se identifica primero en las fomias
fraternales, hogar de orientación, y en calidad de nueras a la de la madre
en la primera etapa, hogar de procreación; y luego, dentro de ia familia
secundaria, en el status de las hermanas casadas y solteras. Es interesante
observar que en todo este proceso, la figura paterna constituye el único
elemento estable, pues conserva su puesto de cabeza de la familia y dentro
de esta posición recibe refuerzos en los hogares e imágenes de sus hijos
varones casados.
La dinámica de la autoridad
la jerarquización precedente constituye el esqueleto del poder,
dentro del cual factores de clase y variables económicas, sumadas a
condiciones personales, establecen diferencias. El funciona1ismo se
centrafocaliza en la figura del padre, que se hace respetar de todos y hace
respetar a la madre, que no porta en sí misma esta capacidad, que sólo
adquiere a expensas de la figura protectora de su marido. El es quien
enseña a la nueva generación a respetarlo y obedecerlo, primero que a
nadie en el hogar y, luego, como reflejo de este poder, Se debe respetar y
obedecer a la madre. El hijo sólo puede acercarse a su progenitor a través
del respeto y de la obedicencia a sus mandatos, mientras Su conducta
divergente lo aleja, constituyendo, más que una violación de carácter
general, un atentado contra la autoridad única, y, por tanto, el mayor
desacato. Si falta a la madre, desobedeciéndola en sus mandatos o no
dándole la pleitesía que ordena el progenitor, esta conducta es castigada
por él cuando la madre delata al hijo; pero si ocurre en su presencia, el
castigo es doble, por la implicación de irrespeto a su persona presente, que
envuelve la comisión de la falta, y luego, por irreverencia a la figura
materna. " ¿Delante de mí? ", pregunta airadamente el padre neohispánico,
reprimiendo dura y rápidamente la falta, más lesiva con su persona que con
la de su esposa, objeto de ella, en cuanto su comisión entralla la violación e
irrespeto de las prescripciones enselladas por él. De esta manera, no se está
sancionando tanto la conducta divergente con la ·madre como se elltá
reprimiendo la pérdida de re.peto a las órdenes paternas, con el
correspondiente reto a su autoridad presente. Para entenderlo, es necesario
194
repetir que a la madre no se la respeta en el hogar santandereano por \o
que ella es, sino por lo que el padre ordena hacer por ella. No por el
ejercicio de la autoridad emanada de sí, sino por ser en la familia l.
representación del cabeza de familia, en cuyo nombre ejerce el poder y por
el respaldo que de este recibe. De esta manera, al no ser obedecida, ella no
castiga por sí y ante sí, sino que lo hace por desobedecer "lo mandado por
su papá", mientras recurre al padre para que haga respetar la voz materna
que, a fin de cuentas, representa las órdenes paternales castigando de su
mano al infractor O al rebelde. En la observación participante cubierta en
hogares de esta área cultural" siempre se oye a la madre decir, I ' se 10 voy a ~
contar a su papá cuando llegue", ante cualquier asomo de irrespeto a su ':'
persona o a sus órdenes, sin que paralelamente una acción represora suya
respalde su decisión. Sin embargo, cuando la aplicación punitiva paterna
no se sucede para reprimir la conducta del hijo, esta desautorización
encubierta avanza, mientras retrocede paulatinamente el poder impositivo
materno al crecer el hijo varón, quien secuentemente va adquiriendo más y
más fuerza repulsora ante las órdenes, más y más débiles de l. madre. Casi
puede decirse que es consciente esta actitud paternal porque el desarrollo
de la personalidad viril exige en esta cultura independencia de la fIgura
materna, dado el papel futuro del hijo en su hogar de procreación y en la
comunidad. Esta desautorización abierta o tácita • la disciplina de la
madre, se va estableciendo desde los diez aIIos del vástago varón, bien sea
mediante aplicación de d ~ b i l sanción, no ejerciendo ninguna, y/o
atendiendo más a la explicación .¡ aun acusaciones del hijo que a las de la
progenitora. Es frecuente que ante la descendencia, el padre manifieste
desacertado el juicio materno, torpe, excesivo, no condicionado a la tarea
del moldeamiento del hijo hombre, etc., creándose tensiones entre las
relaciones de los tres miembros,que terminan por reforzar el poder del hijo,
en detrimento de la autoridad maternal. Así es como al. crecer los hijos, la
madre pierde status al ir cediendo sus derechos, batiéndose en retirada,
entregándoles el ejercicio de su libertad. En cambio, el padre no retrocede
en su autoridad: es frecuente ver que para afirmarla ejercite su poder al
arbitrio, y dé rienda suelta a su expresión ante los hijos y la mujer,
explicando que lo hace ""ara que aprendan y sepan siempre quién manda
en casa y a quién deben obedecer", guardando ambos, entre las clases
medias y bajas, un recuerdo doloroso internalizado de la autoridad paterna
y marital, y algunas veces en las altas.
De esta manera, el poder hogareño está en unas solas manos, que
dirigen manifiesta y encubiertamente el trascurrir doméstico de todos sus
195
miembros. En el hogar y en la extraversión de éste en la sociedad la madre
no es más que un mero instrumento de cumplimiento de la autoridad de SIl
esposo. y consciente de esta situación, la esposa sanlandereana no ejecuta
el menor movimiento sin la consulta de la voluntad de su marido. Actuar
sin autorización explícita equivaldría a arrostrar sola las consecuencias
desagradables del reto que ello significa: el ajuste hogareño exige que la
esposa satisfaga exactamente las expectaciones que conoce ser la voluntad
de su marido, y las realice en nombre suyo. No debe añadir la menor
iniciativa. temerosa de contravenir su mandato. .
Cuando se trata de tomar decisiones, normativamente la ' mujer no
espera ser consultada, porque el marido es el que tiene que saber lo que
es adecuado, conveniente, obligatorio. Si la mujer hace oír su concept'o sin
serie requerido, 10 inmediato es su rechazo por intromisión, aunque pueda
ser aquiescente su juicio a la opinión del hombre, pero aceptarlo de buenas
a primeras sería admitirle prelación, y esta conducta demeritaría
subordinando el ejercicio de su autoridad. Sin embargo, esporádicamente
la esposa se hace presente en decisiones importantes, proponiendo sus
puntos de mira, y advirtiendo que no los expone como imposición de SIl
voluntad, sino porque es suya tal valoración, su deber exponerla y la
expresa a manera de constancia en la solución que se opte. Casi representa
la salvedad de su voto a que no tiene derecho. En estos juicios, también
expresa que se somete a la decisión de su marido. Es entonces cuando la
madre asume ante la prole, si la expectación no está de acuerdo con la
acci6n, el papel de mediadora y de consoladora ante el ejercicio del fuerte
poder del cabeza de familia. (
Por esto la mujer santandereana ha de ser muy hábil para dirigir sin
sensibilización de poder a su marido, cuando ella quiere, o necesita su
respaldo y su acción en un sentido o en otro. O cuando trata de detenerlo
en una decisi6n, a su parecer ruinosa para la familia. Consciente de que no
logra imponerse por la fuerza, es forma modal que no lo debe intentar,
porque desataría una competencia de poderes dentro de la cual es
perdedora segura, al enfrentar a la suya una fuerza mayor, con el resultado
(ya lo he dicho) de afrontar por sí sola los resultados de su beligerancia y, en
el más generalizado de los casos, el de una soluci6n totalmente opuesta a
,us deseos, como enseñanza dolorosa de su insubordinaci6n al poder.
Aunque estas tensiones pueden identificar etapas de adaptación inicial, la
actitud modal femenina que la cultura intemaliza y espera, es la de obrar
oon mayor cautela, apoyándose en su larga y decantada experiencia: trata
de que la iniciativa no parezca decisión suya, sino interpretación de la
196

voluntad del esposo, para que no entre en pugna con su principio de
autoridad, y s610 por ello la desconozca y le haga el vacío. La mujer con
táctica cultural acendrada, procura lograr anticipadamente todo el respaldo
del marido, para que la solución sea expresada por él antes que por ella, a
manera de inspiración personal, que de otro modo se convertiría en fuente
de conflicto familiar, debiendo la mujer, ante ' las divergencias, dejarla de
lado y rcnunciar a su realización. Para defender sus puntos de vista actúa
encubiertamente utilizando terceros, amigos o parientes adictos al marido,
a quienes convence de la conveniencia del cambio, para que ante la
solución propuest a por él, le hagan ver los problemas y a guisa de
inspiración personal, lo orienten en la dirección que la mujer cree
converiiente. Es más factible conseguir éxito por estos medios encubiertos,
que el sistema del diálogo razonado de la pareja o el de la imposición. El
hombre no puede sentar precedentes de claudicaciones de poder, ni
reconocer externamente ser inspirado por su esposa, obedecer sus órdenes o
concederle una mayor visión en las soluciones hogareñas. La cultura y su
propia mujer lo demeritarían.
Funciones materiales del slatus
;\1 La autoridad familiar . se ejercita en derechos y deberes. Veamos ' 1
algunos aspectos salientes en el ejercicio de los mismos, impregnados
también de las valoraciones' precedentes. La herencia señaló al
hombre la jefatura económica del hogar, y est e es la tendencia dominante
en la familia de este complejo cultural, aunque raíces culturales indias en el
basamento social aparecen aún incorporadas en la costumbre. El hombre
finca todo el peso de su autoridad en el hecho de que es sobre sus hombros
donde reposa la responsabilidad del diario sustent o del núcleo hogareño, y
esta responsabilizaci6n suya, identificada con un deber, es la fuente de su
poder. Tal obligación se halla asociada con la idea de varón, actitud
reafirmada por la interpretación religiosa. El santandereano valora
entonces el trabajo como una ocupación varonil, aunque subaprecie, según
la estructura de clases, la ocupación laboral manual. Es hombre de acción
en el sentido abstracto, y no de ocio, cuatidad que se agrega al contenido
de la imagen varonil común del neohispano.
La responsabilidad económica que el jefe de familia está dispuesto a
asumir personalmente para asentar su autoridad, encuentra interferencias
en su realización plena. Mientras en las clases altas, sólo en tiempos muy
recientes y después de una capacitación educativa de la mujer, puede por
197
excopcl6n uumlr lare ... productivas, en las clases medias y, bajas se .iente
que l. reapue.ta del hombre de que es cabeza económica de la familia, es
Idell m'- que real. La 'tradición artesanal india, mantenida a través del
proceso histórico y .aprovechada en las clases medias y bajas, es aún una
realidad en estos departamentos tan pobres. La mujer santandereana es
manifiestamente industriosa. Pese a la desaparición de la artesanía
manufacturera, mantiene un renglón personal de ingresos, cosecha de sus
propias actividades, y que no sólo redondea el presupuesto familiar, sino
que con frecuencia es la fuente principal pero encubierta de sus finanzas.
Trabaja y labora el fique ; confecciona cigarriUos y cigarros de diversas
clases como industria artesanal y casera; cose ropas; manufactura flores,
confituras, alimentos caseros, tejidos, etc., y en las faenas de produoción
rural no se abstrae de estas tareas: en las zonas campesinas constituye
mano de obra agñcola, aliado del peonaje masculino.
Las subvaloraciones del trabajo femenino, en este
complejo, la obligan a contratarse en las áreas rurales a precios equivalentes
a la mitad del jornal masculino en la misma actividad. Sin embargo, levanta
las labranzas , rotura, siembra, aporca, desyerba, sin dejar de cwnplir sus
tareas de confección de aliment os, cuidado y crianza de los niños. En las
zonas agrícolas de pancoger, transporta la cosecha, y en los mercados
provincianos se le encuentra por t odo, los caminos llevando sus productos
a la espalda. A pesar de todo est e ajetreo femenino de las clases bajas y
medias urbanas, y de las rurales, es caractenStico comprobar dos hechos:
que el hombre siempre está presente en las ganancias de la mujer y en su
tarea empresarial. El status femenino necesita de tal manera el respaldo
varonil , que aunque ella en cada empresa pequeña o mediana sea la
ejecutora total, no acostumbra a manejar sus finanzas, limitándose a la
tarea de producir y poner en manos de su marido la ganancia obtenida.
Cuando su visión mercantil es de tal naturaleza hábil, cumple por sí todo el
ajetreo económico necesario, pero cara 3 la comunidad ofrece el nombre
de un marido que la acredite nominalmente en sus flOanzas. Y esta
situación de hecho cristaliza en la norma: rara vez la mujer es en este
complejo la representante legal de la empresa que ha creado, fenómeno
especialmente evidente en las actividades de tipo industrial familiar ,
manufacturas de cigarrillos y conservas, algunas de cuyas empresas
adquieren categoría bajo el comando femenino, en Zapatoca, Socorro,
Piedecuesta, Girón, etc. Igual fenómeno ocurre en otras actividades
artesanales y en los restaurantes y hoteles. Se hace obligatorio que un
hombre sea la cabeza de la institución y represente a la mujer trabajadora y
198
cara a la comunidad le dé su respaldo. La mujer no vale sin la salvaguarda
de un varón.
La agricultura característica de este habitat de suelos pobres,
conforma una unidad familiar, dentro de la ctial el padre es la cabeza de la
autoridad y de la empresa que limitadamente crea. Su voluntad dirige a su
"saber y entender" la acción de la misma, supeditando enérgicamente la
colaboración de sus miembros. Tal es el caso de la agricultura de pancoger,
maíz, millo, arracacha. yuca; de las siembras de cafiamelares bajo el sistema
de aparcería, que lleva conexa la producción de la panela, labor que se
convierte en un trajín del grupo familiar pequeño; el cultivo de t abaco, el
del café y el del tomate, son como el precedente, sistemas que agrupan el
núcleo hogareño en una unidad empresarial dirigida por el padre, que
como representante suyo encauza los cultivos y los negocios, recibe y
controla los ingresos sin dar cuenta de ellos a los demás. Sólo a medida que
crece el hijo mayor puede ir tomando el puesto paterno, remplazándolo
en el ejercicio de estas obligaciones, mientras un poco más adelante podrá
convertirse a su vez en cabeza de una empresa agrícola similar. El sistema
laboral en estos casos , se ve fuertemente respaldado por la jerarquización
de la autoridad y la centralización de la misma en el jefe de familia. El
sistema de valores en el status, se manifiesta también en las
responsabilidades y en la ejecución de los trabajos, de tal manera que un
sistema de interacción entre las actividades económicas y la relación
estructural hogareña se estall'lece sobre un mismo plano.
Para ampliar un tanto más las relaciones del status femenino y la vida
econ6mica, añadamos que la mujer, ni en la sociedad conyugal, ni en su
vida de soltería, actúa como persona racionalmente activa en función de
sus pertenencias. Aún no tiene capacidad cultural para mover sus intereses
libremente, como lo hace la mujer antioqueña casada y soltera. Siempre
actúa bajo un tutelaje masculino, que la representa y da ,validez y respaldo
a sus acciones, situación creada por la tradición que se apega en la
ignorancia femenina sobre tales menesteres y el temor de asumir riesgos,
vale decir, formar responsabilidades. Cuando se trata de mujeres solteras,
mayores de edad, constituye una excepción el caso de que sean eUas las
administradoras de sus bienes, y si el ejemplo surge, en el trasfondo de las
negociaciones y de su representación existe una figura masculina de
respaldo. Dentro de la vida familiar, toda la actividad económica transcurre
a espaldas suyas, pues sólo cuando constituyen elementos activos de
producción, algunas veces son consultadas; de lo contrario, ignoran las
transaociones en que se empeña el marido, desconocen el real monto de los
199

nflOOlOI, lu 0111181cl0lles financieras O la naturaleza de sus empresas,
vlYl.ndll .ulente. del mundo económico hogareño. Mientras en Antioquia
1, mUJor comparte la actividad econórnica de su esposo y con frecuencia la
d. sus hijos en la acepción más amplia de la expresión, (Confiérase Status y
función. Complejo antioqueño), en los Santanderes ella es abstraída,
rechazada, separada del haber familiar.
Dos valQ[es orientan esta actitud en relaci6n con la imagen cultural
femenina. Por el primero, tradicionalmente a la mujer no se le han
pennitido ni se le han dado responsabilidades económicas , ya sea en
relación con sus propios haberes , en las clases altas, mientras dentro de los
grupos bajos y medios, ha de moverse en el mundo de los negocios bajo la
actitud protectora o norninal del marido, del compañero (relación marital) '
o del hijo, que la representan ante la sociedad. La conformación de la
estructura social no pennite a la mujer ser cabeza de ninguna irutituci6n
económica y sólo el hombre puede jugar este papel frente a la comunidad. Una
mujer no .podría competir agresivamente con un hombre en el plan
de negocios . porque por el mismo hecho de ser mujer, se le coloca en un
status inferior al de su contendor. Por otra parte, la sub valoración de la
capacidad mental y empresarial de la mujer, actúa en grado considerable en
esta actitud social y el complejo de la autoridad farniliar centrofocalizada
en el marido es lesionada indirectamente. Recibir o solicitar consejo no se
compagina con su jefatura hogareña. de manera que ni se requiere ni se
acepta el consejo femenino en el mundo de los negocios santandereano,
por lo cual ella ignora su mecartismo y, en consecuencia, bajo tal ambiente
foonativo es seguro que no se encuentra capacitada para dar su aporte.
Se extiende a tal grado esta situación femenina, que de no tratarse de
hogares conformados por la nueva generación, la mujer no maneja las
finanzas hogareñas, no tiene casi ninguna responsabilidad en los egresos,
que siempre están detenninados por la voluntad del padre, quien los
ordena y dirige bajo su criterio personal. Según las clases econórnicas, la
mujer recibe dinero para algunas expensas, pero en modo alguno se le
asigna una suma periódica para gastos, ejemplo, atimentación, vestuario,
educaci6n, etc., para que planee su inversión, siendo costumbre que el
esposo, directamente o ante la petición de cada egreso, cubra su cometido
penonalmente. Con Iirnitadas excepciones ubicadas entre los hogares
jóvenes, y cuando eUa aporta ingresos, es generalizada su no participación
en la decisión d. las erogaciones en el presupuesto farniliar.
Retomemos nuevamente al tema de las obligaciones farniliares,
proyección de la funci(>n del status, para ver variables que interfieren con
100
la integración de la estructura colectiva. Culturalmente, es el hombre la
cabeza econórnica de la famil ia; pero dentro de gran parte de los sectores
medios y mayoritariamente dentro de las clases bajas, más puede hablan,
de ingreso familiar que de entradas del jefe del hogar, a pesar de lo cual no
trasciende esta colaboración en la cuota de poder femenino. En la
repartición de Jas erogaciones del presupuesto, es interesante reconocer
cómo aflora en los grupos bajos la tradJcional costumbre india en la
responsabilización de los gastos: cuando se trata de costear el vestuario,la
mujer de estos grupos debe ser capaz de cubrir sus expensas para eUa, para
las hijas mayores, y los varones pequeños, como en el complejo americano.
lnclusive, ha de ser capaz de comprar a su marido alguna prenda,
pantalones o camisa por ejemplo. (Confiérase Compl ejo andino. Status y
funCión): Los grupos más menesterosos de los campos crían animales
domésticos que sirven para estos logros, pues siendo propiedad del ama de
casa -cuya penenencia se respeta- o los vierte en dichos egresos, o vende
productos que cultiva en la huerta doméstica. También hay que tener en
cuenta que en el producido de cada unidad farniliar rural se halla
representado el trabajo femenino , que el hombre distribuye en costear
erogaci ones de urgencia vital, sin precisarse la fuente. En las clases bajas y
medias , los ingresos femeninos cubren necesidades primarias; pero en las
capas superiores, se destinan sus entradas para sa11sfacet elementos de
prestigio en la vivienda, radios, televisores, radiolas, muebles, relojes, etc.,
en el ven uarlo, o para subvenir la educaci6n superior de un hijo o de una
hija que el marido no puede cubrir.
No obstante las sitllaciones descritas, existe un consenso cultural en la
jerarquización de la obligación de sostenirniento econórni co del hogar, que
señala como cabeza de esta ooligaci6n, prirneramente al padre, luego al
hijo mayor, que viene a ser en la categoría hogareña el segundo en derechos
y responsabilidades. Tercera en esta jerarquía es la madre y después las
hijas . En la actualidad, la realidad urbana que brinda oportunidades, y la
situación material de las clases rnedia y baja de estas áreas, está indicando
una participación de la esposa y de las hijas solteras en las tareas de
sootenirniento del hogar, casi en mayor proporci6n que las de los hijos
solteros. Estos, con la autoridad que van adquiriendo prontamente, se
despreocupan de esta obligación cuando una mujer puede remplazarlos o
complernentarlos, o dentro de las clases medias llenan aspiraciones
educativas que sirven de ascenso futuro al tronco familiar, auspiciados por
la actividad econ6rnica precoz de sus parientas.
201
u guarda del honor, como funci6n del statuo "lIrOoD
La penoruolidad social varooD que iniciabnente nemos descrito, va a
tener una expresión efectiva en 1 ... responsabilidades de defensa nogarefta,
con mas exclusividad que en el mantenimiento del hogar. Dos son los
aspectos fundamentales de esta defensa: el reconocimiento que la
comunidad na de nacer del status del tronco consanguíneo a través de la
figura del padre, y la respuesta condicionada a gratificar sus derechos
después de exigir el cumplimiento de sus obligaciones. En este complejo,
son los nombres a quienes compete nacer respetar los derechos ¡"ndividuales
y colectivos del grupo familiar, constituyendo las mujeres el elemento
pasivo de este derecho. Por esto, la principal obligación que entm en la
esfem de acción del hombre es hacer respetar el elemento femenino de su
núcleo primario. Mientrns la cultum le permite ejercer agresividad sexual
sobre las demás, lo fuerza a mantenene en la defensiva en cuanto a 1 ... que
están bajo su protección, parn salvaguardarlas del mismo impulso y de la
misma norma cultural que a él favorece, pero que otro ejercita en
detrimento suyo. Esta ambivalencia, si por una parte lo empuja a expresar
su hombría agresivamente con las demás, ha de cerrar fllas en la defensa de
1 ... parientas consanguíneas. Esta protección se na ido tornando de día en
día menos agresiva, en cuanto la mujer santandereana de las novísimas
generaciones, ha ido entmndo paulatinamente y con más reservas que la de
otros complejos, en el ejercicio de la libertad individual, posible resultante
del proceso de urbanización que se cumple en esta área y de la educación
más avanzada del sexo débil. Consecuentemente, la responsabilización de
los actos femeninos ha ido liberando a su pariente varón de este papel, que
na retomado sobre la propia mujer. Pero esta libemción s610 alcanza
órbitas limitadas de las ciudades y de las clases sociales. En el resto, el
hombre continúa manteniendo la vigilancia del honor familiar aun con el
.. crificio de su propia vida, la del culpable y en veces la de la parienta
traagresora.
Hay que nacer una aclaración en estos ... pectos. La conducta de la
mujer es motivo de deshonm cuando se aparta de los lineamientos
culturales en materia sexual, sólo cuando ella pertenece a uoa cierta
estratificación social, donde valores tales como la virginidad, el
matrimonio, la fidelidad, son conceptos determinativos de la conducta
sexual. En los estamentos donde estos valores no repercuten en la posici6n
de la mujer ni en la de sus relativ.os por sangre, no existe tal guarda de la
virtud, vale decir, de su conducta sexual. Por el contrario, si son solteras
201
están liberadas en cierta manera de actuar bajo el mismo canon que otras
mujeres de ubicación social superior, ya que en las uniones interclases el
beneficio resultante proviene de su aquiscencia a un tipo de unión de facto,
que la relaciona con elementos de condición superior a la suya, que pueden
ofrecer una mayor seguridad material que"" una unión semejante con
elementos de su clase. No obstante, cuando se encuesta a hombres que
pertenecen a clases bajas, -más acentuada en el ambiente rural- se
advierte una lucna y una agresividad posiblemente más erizada, y Una
conducta menos divergente, en la aplicación de sanciones ala violación de
pautas de fidelidad en sus mujeres. Mientras las clases altas en la
actualidad, han atenuado sus reacciones culturales, en defensa de este
valor, antallo de tan acendrado apego en los neohispanos, hoy permanece
en los estmtos bajos con más fuerza en su actitud retaliadora. Algunos,
explicando esta situación, afirmaban: "la honra es la riqueza del pobre",
poniendo especial énfasis en su valoración.
En esta sociedad fundamental rural , la tenencia de la tierra es otra de
las fuentes de conflicto y de aplicación de la agresión del hombre en la
defensa de los derechos de cada poseedor, 10 que equivale a decir, de las
propiedades familiares. La defensa de la propiedad también implica valores
de honor. Santander, en su historial delictivo, puede señalar en cada
municipio, muchas veces en cada vereda, problemas agresivos o tensiones
latentes vinculadas a la perturbación de linderos. Con frecuencia mayor
que en otras partes' (la violencia del Tolima y del Huila, vertida sobre la
tierra, supera ahora cualquier otra región), se encuentran en este comp1ejo
varias generaciones comprometid&'l en vendetas ligadas a tenencias casi
marginales, de limitada explotación o ubicadas dentro de un ambiente
físico misérrimo, pero que a la sola idea de pérdida de un centímetro de
suelo exaltaban el sentido de la honra lesionada y del derecho de cada uno
a lo que es suyo. Vinculadas al suelo también están las retaliaciones tácitas
o manifiestas que gestan agresión y que se fundamentan en los sistemas
ten.nciales que conforman interrelaciones entre propietarios y campesinos
aparceros o de ot.... categorías. Grupos familiares se comprometen
activamente y son víctimas de la agresión ante tales estímulos, que los
envuelven como unidades familiares ubicadas dentro de uno u otro bando.
También la agresión y la defensa familiar se expresan en forma muy
difusa en un contenido de valores sociales que las despierta de improviso a
la lucha y a la destrucción. He dicho que la personalidad santandereana es
considemblemente sensible al reconocimiento de su ubicación social.
(Confiérase la Imagen varonil y J..g familia) , El concepto de clase está
203
fuertemente interferido con el de la honra, en el sentido de que cada uno
hace ostensible una necesidad de respuesta positiva social por parte de los
demás miembros de la comunidad, tributación que se expresa en formas
muy variadas y complejas que entran en juego en la interrelación de los
individuos y de las unidades famitiares. A través .de esta vida social, cada
individuo y sus inmediatos consaguíneos reciben la respuesta gratificante
de reconocimiento de los demás, y es a través de la plenitud de esta
respuesta como se establece la normalidad de las relaciones. Pero omitida
por alguna circunstancia esta reacción, disminuido su contenido culturaL
se lesiona la dignidad social de la persona y del grupo de miémbros del
hogar primario. Para esta vida social, como para la económica que ya
hemos expresado, el hombre es la representación del grupo femenino de
sus parientas. Limitados círculos y limitadas ocasiones encuentran a la
mujer sin la compañía de sus relativos masculinos, respaldo en la
representación social, que se traduce en un fuero de respeto de la mujer
ante la comunidad, indispensable en grado tal, que la que no puede
encontrar esta compañía, debe abstraerse de la actividad gregaria de sus
mismos círculos sociales, en comunidades tan pequeñas como suelen ser
estas. Ella debe portar respaldo masculino, o de lo contrario, disminuirá su
condición social y se expondrá a la crítica ostratizante de los demás, por su
limitada. capacidad para imponerse sin conflicto ante la comunidad,
necesitando siempre de la presencia de un su pariente que garantice su
integridad y su respeto. Es tan frágil su posición, que a pesar de que en los
círculos altos un elevado sentido de caballerosidad y de grupo es uno de
los lineamientos más destacados de la imagen masculina, dentro de estas
categorías sociales digo, no se mira bien ni 8 la mujer ni a la familia que se
permite tales extravíos de la norma acostumbrada. Mientras que en
Antioquia la madre acompaña a su hija, en este complejo va el padre o el
hermano en su compañía al acto social, de tal manera que las viudas con
descendencia femenina o las mujeres sin representación consanguínea de
hombres, deben ser agregadas a un elemento varonil de mucha prestancia y
respeto social para que las represente en estas oportunidades. O en última
instancia va la madre.
Otras funciones del status. La sociabilizaci6n
Finalmente, hay que reconocer la responsabilidad paterna de la
conducta de los hijos. El poder vigoroso del padre tiene aquí una de sus
proyecciones más estructuradas. No sólo respalda al descendiente en
204
conflicto, sino que también se constituye en su censor cuando la falta es de
su vástago. Una generación atrás, los progenitores santandereanos
reprimían con tremenda dureza la conducta divergente de sus hijos,
adquiriendo ante la comunidad un serio compromiso en su castigo, y
afrontando en Su persona la responsabilidad individual de la misma.
Una de las responsabilidades básicas señaladas por la tradición a la
mujer es la de la crianza y sociabilización de la familia.
Correspondientemente la administración del hogar, la confección de
alimentos y la limpieza del hogar por sí o a través del servicio doméstico,
según las categorías económico-culturales. No es que estas ocupaciones
sean privativas de la mujer santandereana: también están satisfechas por los
elementos femeninos de los otros complejos, pero lo privativo en este es la
manera COmo se satisfacen. Mientras he dicho que en Antioquia "la mujer
manda de puertas para adentro", sugiriendo luego que llega hasta lo más
recóndito de las actividades de su esposo, parodiando tal locución, puedo
decir que nada de lo que la cultura deja en manos femeninas de este
complejo se cumple sin la interferencia directiva del varón, que impregna
con su autoridad hasta el más recóndito detalle de las actividades
encomendadas a la mujer, ya que nada se mueve en la esfera de la actividad
hogareña sin que lo detennine en última instancia el jefe de familia. Y esta
premisa, aparentemente muy generalizada, donde se convierte en mayor
realidad es en los grupos alu>s tradicionales. Mientras más tradicional sea
un hogar, el padre llega más a cada detalle del transcurrir doméstico, que se
condiciona totalmente a sus expectaciones. De esta manera, la autoridad
del hombre está presente dentro y fuera del hogar.
A pesar de ello, el hombre se retrae a la colaboración en la ejecución
de las tareas femeninas porque opera un principio de contaminación entre
aquéllas y el status de la mujer. Mientras los quehaceres privativos del
hombre ocupan la jerarquía superior en la valoración, los que son
privativos del sexo femenino imprimen carácter en dos sentidos: no los
puede satisfacer el varón, sin sufrir mengua su masculinidad y el aprecio
que la sociedad hace de su imagen de esposo y de padre. En segundo lugar,
las labores culturales de la mujer en Santander están considerablemente
suhvaloradas, siguiendo la posición de la misma en la cultura. Por esta
razón, colaborar norrnalmente el esposo en satisfacerlas es rebajarse. perder
su posición directiva jerárquica, o al menos insinuar cara a la sociedad, que
no la ocupa, al asimilarse al status de su mujer, sugerir que no tiene mando
sino obediencia en el hogar, son valores negativos para la imagen varonil
adulta.
105
Esto. valore. lo retraen de prestar ayuda en las faenas de crianza, casi
ni en los momento. de crisi., a no ser que se trate de familias j6venes,
educadas fuera y un tanto más evolucionadas en sus posiciones. Un
hOllÍ>re neohi«pinico no podóa cumplir sin mengua personal servicios a su
hijo, tales como darle el biber6n, cambiarle pallales, ballarlo, -peinarlo,
vestirlo, llevarlo a donnir etc., funcione. estas que en Antioquia penniten
una estrecha colaboraci6n entre los do. progenitores, sin detrimento de la
honra de ninguno de los dos. En cambio en los Santanderes, se perdeóala
imagen no s610 del hombre que ejecuta tales menesteres de la vida familiar,
sino que sufriría mengua l. de la esposa que le permite o le fuerza en algún
sentido a satisfacerlos. La tarea varonil en estos procesos y en todos los
pertinentes a la acción femenina se reduce a dar normas, o a convertirse en
el censor de los actos, en la directiva que expresa su voluntad y ordena los
sistemas de acción mediante los cuales ha de satisfacerse la meta.
motivada la madre, condiciona no s610 el comportanúento de los
hijos sino el suyo propio a fin de satisfacer la fuente suprema de la
autoridad hogareda. Por esta raz6n, los contactos más directos, lo. roces
más pronunciados en las interrelaciones fanúliares .on con la madre, que es
la moldeadora de las voluntades y de la acci6n de los demás miembros
familiares y del servicio doméstico, personalidades que al no funcionar
como lo espera el padre, producen una acción refleja sobre la primera.
Esta dependencia entre lo. dos .exos, d& dominio de parte del uno y
obediencia por parte del otro, constituye la esencia de las relaciones
internas de los miembros de la familia .antandereana. Desde muy
temprano se marcan en la tarea de sociabilizaci6n 1.. actitudes que
conforman lo •• istemas de relaci6n de los dos sexos. En primer lugar, se
hace consciente a cada var6n y a cada mujer lo que les es prolu'bido (con
más privacidad a la segunda), como, por ejemplo, sobrepasar la frontera de
las tareas asignadas por la cultura a cada uno. En segundo lugar, pero en
primer rango, un profundo reconocimiento de la superioridad masculina. A
tanto llega en la cultura este principio básico, que aun las actividades
privativas del sexo opuesto reciben el status de quien la realiza, y si alguna
tarea masculina es cubierta por una mujer, este mismo hecho demerita su
ejecuci6n, portanto el carácter y el distintivo valor del sexo que la ha
cumplido. Esta diversificaci6n en los wlores se insinúa precozmente a
través de la tarea A fecha temprana se ridiculiza al que
utiliza un utensilio o cualquier instrumento en las maneras privativas o
adscritas -al sexo opuesto, al que, aun en momentos de crisis, cubre una
tarea que no es la suya, y se le hace víctima de la sanci6n cultural.
lO6
Complementariamente, al var6n se le ensena a afirmar su superioridad en
funci6n de las mujeres, de cualquier edad: el nii\o es hombre y por tanto
está ubicado en una escala más alta, que le pentlÍte exigir el
comportamiento prescrito para tal jerarquía. En consecuencia • . desde
pequef\o se acostumbra a imponerse, y la mujer también desde nii\a se le
ensel'ia a ceder ante las exigencias del varón consanguíneo o amigo
contemporáneo suyo, claudicando aun- en sus mismos derechos, sin que
paralelamente pueda en reciprocidad exigirle una actitud concomitante. A
10 sumo, enaltecido también desde el comienzo este comportanúento
privativo del varón, debe responder con una actitud protectora. A tanto
llega este valor, que es frecuente en las haciendas de este complejo o en las
ciudades, que la madre deseosa de hacer un paseo por los alrededores,
requiera la compañía de un su hijo varón, menor que todas las hermanas
que también conforman el grupo, para obtener la obligada protecci6n
cultural.
Respuesta de estos valores constituye. en todas las clases sociales, la
conducta materna que concede prelaci6n al hijo varón en concurrencia
con las hijas mujeres, situaci6n más acusada cuando se trata del
primogénito. Desde muy temprana edad, cuando falta el padre, su figura
constituye el icono sustitutivo de la memoria del progenitor: se le concede
el puesto de aquel en la mesa fanúliar, se le da prelaci ón en el reparto de la
comida, en el orden de la atenci6n, en el cuidado de las ropas, en los
patrones extemos de prestigio, etc. Su madre lo presenta ante los demás,
recordando que es el remplazo del padre, confiriéndole verdadera
importancia y solemnidad a sus palabras. Cuando la figura paternal
nuevamente está presente, el nmo retoma a su lugar, pero exige la
repetici6n en casos similares, juzgando estas preferencias como un derecho
innato suyo. De la misma manera aprecia las preferencias de que es objeto
en relaci6n con su hermana. Nunca la niIIa en el hogar santandereano
recibe la mejor porci6n, ni los favores personaJes materiales de su colateral
contemporáneo, viéndose obligada en cambio a obedecer .us insinuaciones,
y a prodigarle atenciones traducible. en tareas materiales. En el
cumpümiento de tale. servicios ha de sentirse gratificada y cumplirlos con
gusto, pues de todos modos él o su madre la fuerzan a satisfacerlos.
Desde los primeros instantes de su conciencia de ser masculino (seis o.
siete alIos), el muchacho empieza a sentir las exigencias de la guarda del
honor , o de la representación farniliar. Aquí comienza su papel
fundamental al ser requerido para acompallar la hermana, defenderla ante
sus contemporáneos, obligarla a subordinar su conducta a lo que le ensena
lO7
el hogor como ideal comportamiento femenino, y a vigilarla, en lo que
hace, cUlndo la madre no está presente, constituyéndose en su remplazo,
s{mll de imposición de su dominio. La niña siente desde edad temprana la
mlmd. inquisidora de su hermano pendiente de su comportamiento, y su
ojo crítico y su queja ante la menor forma divergente. Mientras que el
padre cuida primariamente de su esposa, el Iújo tácitamente recibe la
responsabilidad de velar por la honra de sus hermanas. Aquí están
aprendiendo, uno y otras, el ejercicio de su papel social y familiar del
futuro, que desarrolla el ímpetu agresivo de defensa en el varón y el
sentimiento precoz de que las mujeres de la familia constituyen la parte
vulnerable de cada hombre, su honor individualizado porque encarnan la
honra del tronco ramiliar. Esta defensa, vigilancia y respaldo, dará
estímulo y función al maclúsmo de proyección agrevisa que hemos
delineado como característica virtual del hombre, y amplia escuela de
aprendizaje en la subordinación y el ajuste de la mujer al sexo fuerte del
cual depende desde infante.
Paralelamente con este papel, se va conformando el prepúber o
adolescente dentro de las características culturales de la imagen adulta. Ya
en esta época se empiezan a represar sus emociones. no pennitiéndoJes
verte"e libremente al éxterior sino a través de formas culturales
estereotipadas. La rabia y la tensión afluyen más libremente mientras se
limita la extraversión de 1. parte afectiva: sentimientos fJliales, fraternales
y amOrosos, son moldeados con más estoica rigidez, delineándose la
característica femenina de una mayor liberalidad en sus expresiones, en
tanto que es de hombres cuida"e de hacer ostentación o expresión
generosa de ellas. Durante este período alcanza su independencia y el logro
del respeto a su pe"onalidad de varón las mayores conquistas.
En el padre hay una marcada predilección por el Iújo. Ya lo he dicho
que prefiere su nacimiento, porque a través suyo parece reconoce"e a sí
mismo. y en la fijación de sus derechos tempranos de hombre, hay una
tácita fijaCión de sus derechos individuales y los de su sexo. Por esto, si la
madre trata de inlúbirlo, salta a su defensa, indicando que no se le debe
coartar, "enfaldar" porque es "un macho" I y por tanto sus actos no pueden
ser condicionados al rasero maternal. El ha de ser libre, donÚflante y
agresivo en el hogar cama en la cultura, por lo cual hay que dotarlo desde
niño de libertad, de posibilidades de lucha y de tensión, para que se forme
rudamente, desarrolle energía, se desprenda de lazos sentimentales, de
trabas emocionales, es más, aprenda a controlarlas para que al convertirse
en amo y señor de sus sentimientos, sea capaz de imponer su
208
dominio sobre los demás. En virtud de este mismo ideal masculino se le da
al joven amplitud para expresa". en el hogar en un lenguaje poco atildado,
con modales toscos, rudos, traducción cultural de su hombría física. Para
que la madre no desfigure esta imagen cultural,SJJavizando sus aristas,elpadre
interpone su poder liberándololiel influjo materno que subvalora, generando.
asi la estampa ideal del .macho agresivo y enérgico que la cultura exige.
De esta manera el hombre santandereano recibe poco de su madre:
una limitada intimidad existe entre la progenitora y el hijo. a diferencia de
lo que ocurre en Antioquia. Los Santanderes, ahincadamente separan al
hombre del influjo maternaJ para que, repito, su ternura no deteriore sus
cualidades de varón, no reblandezca la dureza ideal de su carácter, por lo
cual se la abstrae de su moldeamiento en el proceso de sociabilización,
entregando dicha tarea pa-rticularmente en las' clases bajas, a1 padre. La
separación tan tajante de los sexos en cuanto a actividades, hace también
necesaria esta precaución, pues de otra manera, estaría invadiendo campos
vedados a su sexo. Como respuesta a esta necesidad, el padre, desde muy
tierno el infante , proyecta sobre él su imagen, enseñándole a copiar sus
maneras, sus fonnas de expresión, sus actividades, en general todos los
aspectos formales. Más tarde habrá intematizado con el ejemplo práctico y
te6rico cotidiano los valores y los conceptos. Consecuentemente. el
hombre neo hispano crece ayuno de manifestaciones afectivas tiernas, y de
ellas está privado en la edad adulta. En la infancia no puede recibirlas
porque deterioran su en la edad adulta? aunque ansioso de afecto,
esta traducción emocional dada o recibida choca con las experiencias
infantiles, su imagen varonil , las vivencias intemaJizadas, siendo incapaz de
verte"e en ellas. Una dual actitud de rechazo y aceptación hacen hostil su
temperamento a las manifestaciones afectivas, aun las de tipo amoroso.
Con las hijas, la actitud ha de ser distinta. porque constituyen el
campo de sociabilización materno que le permite moldear su imagen
paradigmática, enseñándoles teórica y prácticamente la función del papel
de su sexo, y la naturaleza de su comportamiento, en el que, para "asimilar
la estampa cultural, ha de ocuparse un sitio secundario ante la exigencia
del hogar, dando siempre, obedeciendo siempre, no exigiendo retribución,
conformándose en constituír particulannente en clases altas y en los
años avanzados de matrimonio, una sombra de su marido,
presente sólo para cuando él la requiere, para cuando pueda hacerle
placentero el transcurrir, dirigiendo su potencial energético en la atención
material de su familia. Ha de ser, por otra parte, el elemento mediador
entre los intereses de los Iújos y el poder autoritario del padre.
209
Esta es una tarea que compete al status materno. Para confonnar esta
imagen ideal, en la proyección de la hija, la madre empieza a moldear su
voluntad y a preparar su capacidad de ajuste a las exigencias del hombre,
colocándola dentro del transcurrir cotidiano donde es objeto de las
tempranas exigencias de sus hennanos. Ellos y el dominio paterno,
ejercitan su plasticidad, pero es sobre todo a través de un proceso imitativo
cotidiano cuyo paradigma es la madre, como logra acercarse a la imagen
femenina cultural. Madre e hija en este complejo logran una unidad tan
vigorosa, como también la alcanza este binomio en la cultura l!ntioqueña.
La identificación de los status en cada una se logra con nitidez a la edad
adulta de la descendiente. A la gozosa plenitud de la mujer de la Montafia
que la madre ve proyectarse en la descendiente casada. se antepone la
imagen de subordinada conformación de progenitora e hija en este
complejo. Cierra el ciclo el matrimonio de esta dentro del cual es atraída a
la órbita del tronco familiar de su marido. rompiéndose aquí la unidad del
binomio mencionado. Este dislocamiento amenaza siempre la felicidad
materna, como en Antioquia el matrimonio del hijo. Posiblemente este
traumatismo y la consideración de la situación femenina en el hogar de
procreación, sean los incentivos de las quejas sobre el destino cruel
femenino, imagen antepuesta a la cabal realizaci ón de la mujer casada en el
área de la Montaña.
Sean cuales fueren las razones, ambos progenitores miran a la hija con
cierta benevolencia: la madre como proyección de su imagen, y el padre.
como la parte vulnerable de su poder. La primera por su vivida experiencia.
mientras el padre a través de sentimientos duales: sabe que para el logro
cultural de su hija ha de aceptar por yerno un hombre de su estampa, que
centralice el poder e imponga en el hogar un dominio semejante al suyo,
donde él no puede ni debe interferir, mientras que para su éxito, la hija ha
de ser el elemento pasivo de ajuste dentro de la nueva célula hogareña.
Gran parte de la acción moldeadora materna se vierte hacia la
conducta sexual. que en este complejo reviste trascendental importancia
por la asociaci6n con status Y. más concretamente, con el comportamiento
específico del mismo. Así como al hombre se le orienta hacia la actitud
agresiva que lo capacita en la lucha ambiental, a la mujer se la fonna para
defender su integridad física, mediante el condicionamiento adecuado de
su sensibilidad y una fuerte intemalización de pautas de comportamiento
para proyectar una imagen ideal que se ajuste a los conceptos de mesura,
de control y de inhibición de su yo biológico. La guarda de la ~ i r g i n i d a d es
la meta final de todo este condicionamiento. No es que Antioquia no tenga
210
simHares y estrictos valores al respecto, pero mientras aquí son más de
carácter religiosomotal, en los Santanderes lo son de carácter social-ético.
La pureza es considerada en la Montaña como una virtud emanada de la
práctica 'religiosa católica, mientras aquí representa una virtud emanada de
la auto-valoración social, enraizada a un concepto de honra indivi dual y
familiar.
Con el objeto de consegui r estas metas. un afán casi morboso dirigía,
hasta la 'pasada generación, a las madres santandereanas de clases media y
alta de las poblaciones. a fm de mantener ignorantes a sus rujas sobre la
fisi ología de la reproducción, siendo este el sistema cultural apto para
defenderlas de la posibilidad de violar una pauta de comportamiento
sexual. En las clases rurales, el género de vida rompía este cerco del
conocimiento biológico. Mientras en Antioquia existe y ha vivido una vital
exaltación del Ego femenino a través de la maternidad, en Santander est e
sentimiento ha de inhibirse, :recatarse , controlarse en sus manifestaciones
más transitorias y aparentes. Los "alares asociados de honor, sexo y la
imagen ideal de esposa, obligan a una prudente manifestación en la mujer
soltera, por temor a sugerencias lesivas del honor y la imagen
personaI'social. Por esta razón, los dos sexOs se encuentran separados desde
temprana infancia: juegos, actividades, educación, etc., toman rutas
separadas; la niña, bajo la vigilancia materna, y el joven, bajo el tutelaje del
progenitor. Mientras para el hombre existe una conducta divergente en
relación con la prescrita a la mujer, en esta se centra a precaverla
pasivamente de cualquier experiencia sexual, en tanto en aquel tal vivenci a
es plenitud de su sexo y derecho innato del mismo. Aislados
tempranamente los dos sexos, la vigilancia materna continúa centrándose
en la hija, creándole un muro aislante de silencio que la proteja en su
pubertad hasta negar "sin abrir los ojos" al matrimonio, conservando de
esta manera "su inocencia" . es decir. su ignorancia sobre su Ego biológico,
como una virtud de primerísima calidad, que la madre se enorgullece en
mostrar como mérito de su celo. El otro sistema empieza a abrir las
compuertas de la represión y a admitir el conocimiento sobre la fisiología
humana como una necesidad, y la vida biológica como un transcurrir
natural.
De acuerdo con el primer sistema, se mantiene a la joven fuera de las
conversaciones de las mujeres adultas o de las jóvenes "sabias"
(infonnadas) . mediante el celoso control de sus amistades juveniles . que
son seleccionadas ent re las más recatadas, creándose un fuerte ostrllcismo a
las promotoras de novedades sobre sexo. Fuera de la meta de la
211
cOlllcrvación de la virtud o virginidad femenina, existen valores conexos
que explican los medios y metas del proceso de sociabilización femenina.
Toda noción sobre funciones fisiológicas reproductoras cobra los valores
de indecencia, corrupción, tabú, tema plebeyo en su comentario,
pecaminoso y obsceno. Comparte una idea de pecado según la ética
católica folclórica, pero más fuerte es el valor de tema degradante para una
mujer de clase, síntoma de una mentalidad perversa, aberrante. Es
rebajarse de la categoría social y del status de honestidad y pureu que
cada mujer ocupa en la cultura.
Las formas preventivas culturales utilizan el sistema de no satisfacer la
curiosidad femenina, respondiendo los mayores desapaciblemente cuando
se interroga sobre temas sexuales, para frenar de golpe la curiosidad
infantil y para que se intemalice traumáticamente que esto es un tema
impropio de una mujer joven, de su calidad y de su familia, y se represe la
curiosidad sobre biología como algo malsano.
Un sector reducido de clase alta y algunas porciones de la media, han
evolucionado como innovación forzada de la urbanización, hacia un
segundo sistema de sociabiJización del sexo. Consiste en abrir un poco más
las posibilidades informales de conocimiento a la hija, y cuando ha
sobrepasado los dieciocho años se acepta que ella no es ignorante al
respecto y se admite en su presencia la conversación de temas sexuales, en
los cuales puede tomar recatada participación, pero sin llegar jamás a
educarla sobre la relación heterosexual. Esta innovación ha sido resultado
del cambio paulatino del papel de la mujer en la sociedad santandereana y
una especie de cura en salud ante los resultados desastrosos, frutos de la
actitud primeramente expuesta frente a los mismos cambios.
Consecuentemente con este proceso nuevo de sociabilización, las madres
modernas comienzan a sentir que es función obligatoria de su status,
explicar la razón de la necesidad de observar un comportamiento ajustado
a las pautas culturales sobre base de las secuencias sociales resultantes de
una conducta divergente, y de un auto-control de resultados gratificantes
teniendo en cuenta las metas culturales femeninas, en un empello de
responsabilizar a la nueva generación de las secuencias de sus acciones.
Esta tarea maternaJ sociabilizante. tiende a confonnar una imagen
ideal femenina que evite, merced a su ajuste, la serie de .sanciones
individuales y colectivas que constituyen el régimen de seguridad que
mantiene vigente la moral femenina en el complejo neohispano, y reciba la
respuesta gratificante cultural de logro matrimonial. La primera actúa en
función de la pérdida de posibilidades de realización normal adulta, a la
21l
que viola la pauta sexual de castidad, o a la que se exterioriza
afectivamente fuera de las estrechas normas, dando con ello fácil crédito
popular a una conducta divergente. Esta tarea dispendiosa de la
sociabiüzación femenina en manos maternas, corresponde a la fuerte
expectativa de,"la cultura en función de la juvenil imagen f e m e n i ~ El
concepto de honor, de tan ahincado arraigo, está involucrado activamente
en la conducta sexual de la mujer, así como por valores de status social y
de estirpe, valores éstos dos, base de las mayores presiones para esta
configuración cuya cristalización está dada por la virginidad, no existiendo
en toda la cultura un indicador de más alta valoración en este juicio. El
consenso de la colectividad la considera como el elemento de traducción
más sintomático de "la virtud", asociado a valores de muy amplia
complejidad y trascendencia.
Meta última de la obligación del status materno en la celosa vigilancia
de la conducta sexual prematrimonial de la hija, constituye el derecho
cultural que cada hombre tiene de encontrar virgen a su esposa y que al no
serie satisfecho, constituye el más grave fraude que puede sufrir su honra
varonil. La tradición enseñaba que fuera devuelta al día siguiente de la
realización nupcial, sin que existiera poder alguno que violentara al
hombre a perdonar el engaño que en su honra había sufrido, pues equivalía
a esperar pacientemente el adulterio, tal el contenido encubierto de la
expectativa frustrada. La virginidad no sólo tiene un sentido escueto de
primicia. que altamente valora el varón neohispano como tributo a su
masculinidad, sino de pureza conexa, que proporciona una mayor
gratificación a quien la recibe, por constituir un tributo que la mujer
ofrenda a quien ha preferido como esposo, signi ficándole un donativo de
naturaleza amorosa. Esta condición física, al faltar, implica un carácter de
engallo, de relación fraudulenta, de vida pretérita deshonesta. valores que
permean de desconfianza y desajuste la futura vida matrimonial. En otro
sentido, explica la cultura que el historial encubieno que trasciende sobre
la vida futura de la esposa, fuera de situarla dentro de un marco de despojo
sentimental poco apetecible, mantiene el expectro vigente del primer
amante y los móviles afectivos que produjeron la entrega femenina pe", a
los controles culturales . Un santandereano no quiere Uevar a cuestas una
caja de sorpresas, ni un valor sin respaldo, donde alguien saqueó la virtud
de su esposa sin recibir sanción, pudiendo mantener tal hazana para
jactancia suya y para baldón de la honra marital. Es de tal naturaleza esta
áfrenta. que si la unión sobreviviera, el status de esposa. ya de por sí
ubicado en escalas subalternas por el carácter patriarcalista de la f.milia. se
213
hallaría en peor situación: el comienzo irregular deterioraría todos sus
limllados fueros y reduciría completamente las posibilidades de defensa
dentro del mecanismo de las interrelaciones maritales. Estas secuencias
punitivas legitiman el cuidadoso afán materno en el proceso de
sociabilización de la hija.
Status y función en la familia extensa
En la tercera etapa de la autoridad. el núcleo familiar primario se ha
expandido con el matrimonio de los hijos. Ya hemos indicado qúe el padre
mantiene en la familia extensa su posición directiva, proyectando su
autoridad sobre los descendientes, y que a su derredor se aprietan los lazos
de las tres generaciones. Los hijos casados llegan a una plenitud de poder,
siguiendo su categoría de relación con el padre en su hogar de orientación,
y luego, adquieren la jefatura de la familia en sus propios hogares, donde la
personalidad del abuelo es celosamente respetada, con las mismas
manifestaciones que en el hogar primario. La imagen de la abuela es objeto
de ¡payores exteriorizaciones afectivas que las del padre, ya que la
naturaleza subalterna de su autoridad lo permite sin deterioro de su
imagen.
Sin embargo, la familia extensa no guarda en sus núcleos primarios la"
misma apretada intensidad que en Antioquia. El poder autoritario del
varón, y su afán de dominio y de independencia, crea una especie de
muralla de aislamiento entre unos y otros. Es extremadamente celoso .de
sus fueros, de su poder, de su autoridad omnímoda, hogareña que no
declina jamás ni en beneficio de nadie. Por ello rechaza'la intromisión de
cualquiera en su vedado, en su feudo, llamemos como queramos su célula
doméstica., La personalidad básica santandereana, signada por el
individualismo, constituye un elemento defensivo de la independencia
nuclear hogareña y un obstáculo para una más apretada integración. Este
individualismo proyecta una acción dual: defiende el libre quehacer del
individuo y reconoce este mismo fuero para su semejante. De ahí que no
pennita que alguien, "su pariente", interfiera en su hogar, porque
recíprocamente se abstiene de hacerlo. Este mecanismo pone una barra
recíproca entre las posibilidades de interacción de las células hogareñas.
que de esta manera mantiene una cuidadosa distancia en sus relaciones
recíprocas. Esta actitud y los valores que la estimulan, sensibilizan las
personalidades hasta grados álgidos de susceptibilidad, posición que enfría la
intimidad en las ramas colaterales. En tales circunstancias, el consejo y la
214
intromisión de los elementos consanguíneos más -cercanos -deben ser
cumplidos con gran tacto y delicadeza -para que no den margen a sumisión
de parte del protegido, rú derecho de coacción por el protector.
cumpliéndose como un arranque generoso y espontáneo, sin que creen
renuncias de los fueros culturales del individuo favorecido. Sobre estas
bases. cuando a1guna actitud roza su sensibilidad social o afectiva en no
importa qué sentido, la reacción inmediata de la rama interferida es
retraerse y aislarse del conjunto familiar, cerrándose a su influencia.
El orgullo de cada varón y su valoración de honra no ofrecen lado a la
ayuda familiar, en la forma como se cumple en otros complejos. Si se da.
debe ser ejecutada con extraordinario sentido del respeto del Ego en
apremio, para que no origine susceptibilidades y heridas en el orgullo
personal, lesiones de difícil olvido, y que dan margen al altivo rechazo de
la oferta. Mientras más necesitado está un miembro familiar! más difícil es
brindarle apoyo en esta sub cultura. Consciente de este comportamiento,
cada hermano mantiene nexos un tanto distantes con el otro hennano, si
se miran desde afuera las formas externas de la relación. Sus expresiones
afectivas parecen, frente a los demás complejos culturales, frias,
ceremoniosas y un tanto distantes, pero vistas desde dentro se entiende
que las formas de expresión culturales las han moldeado así, constituyendo
esta conducta sin grandes exteriorizaciones, la expresión acertada de sus
valores y expectativas. Una intimidad mayor provocaría más rupturas y
disociación, y en cambio, conservada a través de esta modalidad de
respetuosa independencia recíproca, conserva nexos de extraordinaria
validez.
Hay que señalar también que el individualismo de la personalidad
básica cultural. prohíja en cierto modo la ruptura de los troncos familiares.
Cuando un elemento varonil no se condiciona a los canales de realización
socia1 y al no condicionarse acusa un movimiento descendente muy
marcado, se rompe la unidad familiar del grupo extenso, dejando atrás esta
rama muerta que no mantiene la vigencia de su status, El respeto a los
valores mencionados prima sobre los de conformación unitaria de un
conjunto familiar. Las ramas se desintegran también al matrimonio de las
hermanas. cuando no realizan una alianza equiparable en upicación social a
la del tronco paterno, porque al seguirse las leyes culturales de
del rango en forma patrilineal, se origina el desprendimiento de esta rama
colateral, que se adhiere al grupo familiar de su marido, y se identifica con
su status inferior, observándose las oscilacio.nes de la movilidad social.
Como paralelamente la dinámica de avance social es lenta. estas ramas
215
quedan rezagadas y en virtud de las premisas mencionadas, en pocos años
no existen vínculos afectivos valederos y sólo queda la Dominación igualo
un reconocimiento eventual de parentesco sin funcionalismo alguno.
Por las razones expuestas, poco sirve la familia extensa como control
efectivo en la moral de sus miembros masculinos. El sentido de fuerte
independencia de cada varón, el principio de autoridad de cada cabeza de
familia, no admite la interferencia en el comportamiento interno. Y si la
admite, en virtud del parentesco, en los casos más disociativos, aun
prevalecen los valores de individualismo, independencia y \le orgullo
personal, con el resultado de que cada Ego, ante la presión manifiesta de
sus cognados. hace expresa muy claramente su voluntad de condicionar su
conducta a valores y juicios exclusivamente personales. Sin embargo, es
posible una cierta 'interinfluencia entre el grupo fraternal de varones,
concediéndosele al mayor un limitado derecho de intromisi6n, en nombre
del padre a cuya figura se asemeja, y como expresión consagrada de la
tradición familiar. De lo contrario, una rebeldía inmediata y el rechazo
consiguiente, frena toda posibilidad de proyección de un pariente por otro.
Lógico es que la mujer, madre o hermana, menos posibilidades de acción
tiene en contrarrestar la conducta de un hermano. Si nunca se solicita su
opinión, menos va a ser oída en problemas de desajuste cultural. El .grupo
fraternal de mujeres con frecuencia mantiene una mayor interrelación,
aunque siempre interferida por la voluntad de sus maridos, que no aceptan
tampoco estos nexos con mucha intensidad. La centralización autoritaria
de todos lo! miembros del hogar alrededor de la figura paterna, limita
considerablemente a la madre para cualquier otra manifestación afectiva
que no se focalice en él y en su tronco familiar.
Un poco más de interferencia puede hallarse en lo relativo a
economía. La figura paternal del tronco extenso continúa dispensando
consejo y dirección en las finanzas del grupo varonil filial, aunque si le
miramos comparativamente con otros complejos, por ejemplo e]
antioquef\o, esta intromisión es menor y menor el poder asociativo. Los
valores de la pe ... onalidad básica masculinos ya expuestos, frenan las
posibilidades de una interacción más estrecha y funcional.
En otro sentido, el padre mantiene toda la vida sobre el Iújo una
capacidad bastante amplia de control. Le concede derecho la cultura para
actuar directamente sobre el vástago de conducta divergente y encararlo
ante la familia, ante la tradición y ante la sociedad. Su figura enérgica
puede negar a medidas coercitivas de validez amplia. El progenitor nunca
pierde su autoridad sobre la descendencia, no importa cuál sea la edad del
216
hijo varón, ni las postClones que escale. Siempre está en sus actos,
participando en ellos, como la madre de Antioquia, en la vida de la hija
casada.
ConfUctos de orden afectivo y de intereses, quiebran tajantemente
núcleos de la familia extensa. La sensibilización tan fuerte de la
personalidad masculina, en cuanto al fuero social y afectivo de derechos se
refiere, los conceptos de desacato, menosprecio, orgullo, puntillo están
presentes y f,,,mcionales en la relación de cada Ego con sus familiares, tanto
como con la sociedad, por manera que la menor violación de una pauta en
el trato familiar, adquiere mayores proporciones de agravio, y el
resentimiento se torna más hondo y difícil de subsanar. Extremos de estas
situaciones representativas de este carácter cu1tural las hallamos presentes
en casi cada tronco familiar: padres que rompen de por vida su relación
paternal con un hijo o hija por desacato a su autoridad; hermanos y
hermanas que se ignoran mutuamente viviendo sin conexión sus vidas
dentro de comunidades pequeñas. Muerte o enfermedad, conflicto o
problemas de gravedad, cortan en veces estas tensiones que se prolongan
tercamente por decenas de años. .
Dentro de estas tensiones y alternativas, la integridad de la familia
extensa se mantiene hasta la muerte del padre-abuelo, porque en cada
hogar, el calor y la vida se guardan alrededor de su figura patriarcal, que si
bien centraliza el poder, también focaliza la u n i d a ~ familiar. Puede en
estos núcleos amplios fallecer la madre-abuela, que el progenitor es capaz
de mantener la vida hogareña; agrupa en tomo suyo los elementos solteros,
los dirige y controla, acepta en veces algún hijo casado con su esposa e hijos,
pero mantiene en sus manos la autoridad de cabeza de familia.
Acostumbrado a intervenir en la administrnci6n del hogar, no halla
dificultades para suplementar las tareas maternales, asesorado de servicio
doméstico y de los hijos e hijas. Algunas veces, como cohesión a la célula
familiar rota, contrae matrimonio. actitud más frecuente en los grupos
bajos , particularmente en los rurales, donde las taréas femeninas son
difíciles de satisfacer por el hombre solo y no puede costear auxiliares de
las mismas.
En cambio en la viudez, la mujer no logra mantener el calor del hogar,
lo que es explicable debido al régimen de vida a que vivió sometida: es
incapaz de ponerse al frente de los negocios. o finanzas hogareñas, no
acostumbrada ni familiarizada con el ajetreo de los mismos, desconocedora
de- su estado y sin relación alguna con sus actividades ni con las
obligaciones de los mismos. El haberse mantenido siempre al margen de lo
117
l. Icllvld.d flnanciera, el no haberse cuidado ni siquiera del
1"'"Ul'lIlIltu fMll1l11ar en su total responsabilidad erogativa, no le permite en
un momento de crisis hacer frente a1 ajetreo económico. Repitamos que
aclúa en contra suya una larga subvaloración de su capacidad energética y
creadora y el que no tuvo oportunidad de responsabilizarse de esta clase de
tareas. lnferiorizada así, debe afrontar la circunstancia de que ante la
socied neo-hispana una mujer no tiene validez para representar su hogar,
porque esta vocería, sea económica o necesita de la fIgura de un
hombre. circunstancia sin duda la de más peso en su vacilación y en su
tropiezo. Si no tiene a su lado un hijo varón que la represente, és de todas
maneras inhábil ante su sociedad para conducir exitosamente su peculio y
el de sus hijos, haciéndose realidad la prevención cultural contra el actuar
femenino en el mundo de los negocios. Esta situación es de tal naturaleza,
que (en las entrevistas hechas a mujeres de todos los niveles sociales sobre
integración familiar, debido a que este complejo presenta un menor grado
de separación de los cónyuges) la mujer casada acepta los extremos
mayores de desajuste dentro de la vida conyugal, no atreviéndose a obtener
la separaci6n de un mal esposo y padre de familia, ante su incapacidad para
defenderse económicamente a 105 niveles de su estar. Es más aún, sumado a
la secuencia anterior, influye el miedo a perder la defensa social del esposo
frente a la comunidad, no sólo de sí misma sino especialmente de las hijas
célibes. Son frecuentes los casos de reconciliación conyugal, cuando la
prole levantada por el solo esfuerzo maternal llega a la pubertad, y necesita
en la persona de las hijas el respaldo social de la figura paterna, para no
tener tropiezos en su status de solteras y alcanzar J mediante su protección,
conveniente alianza matrimonial.
Por estas razones, la madre viuda de los Santanderes es incapaz de
mantener funcional el hogar, o lo hace pero dentro de muy precarias
oondiciones de status y solamente en los casos en que los hijos solteros
viven a su derredor, logra conservar la integridad hogareña. El mayor
asume entonces la responsabilidad familiar, llenando el papel del padre, de
modo que en torno suyo llega a girar todo el engranaje familiar. En este
caso, no hay más que una sustitución de una imagen por otra, la del padre
por el hijo mayor, y la subordinación de la madre a su potestad y
representación. Su protección, autoridad y control concluye el ciclo de
dominio de la mujer, sucesivamente bajo la potestad patema, y la de los
hennanos, cuando soltera; bajo el dominio del marido al casarse, mientras
de viuda se acoge a la tutela del mayorazgo. Cuando esta posibilidad no
existe, es casi seguro que el hogar se disuelve en manos de la madre viuda.
218
que halla amparo en el hogar de un hijo casado, donde encuentra su sitio
fmal.
En la familia de hecho
La situación del status y de la función en la vida familiar dentro de las
formas de hecho, difiere un tanto según las distintas modalidades
tipológicas de esta estructura. Es en extremo difícil poder discernir las
modalidades y la dinámica del status en dichas estructuras, en cuanto que
cada una ofrece una versión diferente y porque en virtud de su misma
razón confonnativa, están sujetas a una dinámica muy acentuada. Ya
hemos "isto cómo estas modalidades pueden devenir abruptamente una en
otra, transformándose lógicamente con este cambio todo el sistema de sus
int errelaciones, y cómo también existe en este complejo una gran
inconsistencia en las foonas de facto. No obstante, en vía de esquema
teórico, trataré de indicar su configuración intema.
En la unión libre, predominan casi sin diferencias sustanciales las
categorías y valores de la familia legítima, cuando se establecen intraclases,
porque la autoridad reside en el padre, quien asume todas las
responsabilidades ya señaladas para el hogar legal, y de paso ejerce los
respectivos derechos. En función de los hijos. estos hallan el mismo sistema
de vinculación con sus progenitores, e idénticos derechos y obligaciones.
Cuando este tipo de unión desemboca en el matrimonio, con la
legalización de su estructura no se percibe muy fuerte cambio.
Posiblemente un mayor derecho del hombre sobre la mujer, en el sentido
de que hace valer ante ella con más fuerza su autoridad, siendo esta una de
las razones para que las mujeres en unión libre y pertenecientes a la clase
baja, en donde las preocupaciones de llenar patrones de prestigio que
favorecen el ascenso, son superficiales, ofrecen poco interés por inc'uírse
dentro de una familia legalmente conformada con el matrimonjo. A las
ventajas sociales de limitada trascendencia para esta entregar
valores de integridad hogareña, buen trato y posibilidades de cambio, si el
sistema no funciona siguiendo sus expectaciones.
Esta situación estructural de la. unión libre cambia en las relaciones
interclases: cuando el hombre pertenece al grupl' dominante en la
comunidad, no puede equipararse la situación interna del hogar al de un.
unión legal. Las relaciones dentro de la unidad familiar, entre los cónyuges
y entre estos y la de su descendencia, son bastante diferento¡, si se
compara con el tipo de unión que este Ego masculino podría conformar
219

con una mujer de su status. La imposición paterna no es tan fuerte, ni la de
respaldo y vida económica, como tampoco la de la sociabilización. Existe
una atrofia en la figura paternal en relación con sus funciones normales
denlro de una familia legal, atrofia que la madre Irala de superar con una
más amplia proyección. Eslo significa entonces un refuerzo del poder
materno, refuerzo que sin embargo no alcanza la magnitud usual en otros
complejos, dado el fondo patriarcal que domina el ámbito cultural de este
complejo.
El concubinato constituye una continuidad en intensidad de las
características halladas en la unión hbre interelases. El padre, cuya
descendencia marginal habida en esta unión es en cierto modo una afrenta
social, no puede establecer en sus relaciones conyugales ni paternales el
mismo complejo de actitudes ni de valores que le es dable imponer en su
hogar legítimo. Por otra parte, disminuye su acción en el hogar secundario
la duplicación de funciones que debe satisfacer en la célula principal y en
la divergente, condición que resiente su acción, deteriorando las formas
culturales de interrelación enlre los miembros de la unidad hogareña. En la
estruclura familiar de faclo, el padre no asume con absolula franqueza su
papel cullural de progenitor, y sólo de soslayo acepta sus responsabilidades
con )a descendencia, no propiamente como una obligación imperativa. sino
como una merced de cumplimiento voluntario y sólo para congraciar la
amistad de la madre y prolongar la persistencia de tal unión. Estas familias
plurales no perduran a todo lo largo de la existencia del padre, ni coexisten
por largo tiempo, de manera que pueden disolverse, como la tendencia
modal lo indica, dando origen a una familia incompleta, del tipo de
madresolterismo cerrado o abierto a que bemos hecho mención.
En el madresolterismo del tipo que esta sub cultura nos ofrece,
haUamos el debilitamiento máximo de la influencia paternal. Como se trata
de una vinculación eventual, cumplida dentro de un ambiente muy
peculiar, y particulamente cuando sólo da origen a un descendiente, es
genérica la ruptura precoz de las relaciones entre los padres, con el
resultado de que se conforma una familia incompleta, constituída tan sólo
por la madre y el hijo. En otras ocasiones, la vinculación esporádica de los
padres se prolonga un tiempo más, durante el cual se procrean más
descendientes, pero sin que la pareja tenga unidad habitadonal, ni más
vínculo de relación que el escueto nexo sexual. De esta manera, la
influencia recíproca de los tres miembros de la ~ l u l a hogarena se reduce a
dos, madre e hijo. Hay que destacar que el madresolterismo de Santander
es el caso clásico y extremo de la familia incompleta. El padre de la
220
. c: _
generación nacida dentro de este tipo de estructura es apenas nominal,
pues se observa en las encuestas que la mayor parte de eUos no conoce los
deacenwentes que han engendrado. El progenitor ha sido en estos casos un
elemento circunstancial cuyo hijo, fruto del mero impulso momentáneo
físico, no tiene con él los menaJes nexos, y en cuya personalidad ni el más
leve vínculo de relación se permite generarse. Este tipo de paternidad
ofrece profundas similaridad .. a la que se presenta en el comercio sexual.
El hijo, fruto de una intrascendente atracción física, como parece ser ésta
en sus casos modales, y condicionado en esta cultura pOI un cuasi derecho
propiciado por el status servil de' la mujer, no se integra al progenitor,
porque la relación conyugal no es estable, ru se proyecta en formas
hogareñas o en responsabilidades trascendentes paterno-miales · o
interconyugales. Sólo en los limitados ClISOs de continuación del
madresolterismo, a través de dos o más hijos, una descontinuada
dependencia económica se puede crear entre uno y otra, El padre puede
dar momentáneos aportes que no pasan más allá de la categoría de regalo,
pero ninguna vinculación social afectiva o ele sociabilización se manifiesta.
El hijo no recibe el reconocimiento del padre, ni su apellido, menos aún la
acción afectiva míruma. Desde la temprana infancia y con frecuencia desde
la gestación de estas vidas, se han cortado los ne.xps biológicos-cuiturales
en la pareja, hasta quedar progenitor e hijo en el carácter de extraños.
Limitados casos de reconocimiento pueden hallarse dentro de esta
modalidad familiar de hecho, constituyendo este tipo de descendencia un
clásico· ejemplo de hijos sin padre cultural.
Dentro de estas estructuras familiares toda la tarea ·· de
responsabitización familiar recae sobre la madre. No ocurre aquí lo mismo
que en el área minifundista de Nariño, donde la célula familiar incompleta
se agrupa dentro del hogar de orientación de la progerutora, recibiendo el
núcleo de sus padres y hermanos respaldo de toda índole. La mujer
madresoltera de esta cultura, ha de luchar para salir adelante con la carga
familiar que ha creado, totalmente sola, porque su familia pertenece a
estratos de limitadas posibilidades económicas y de poca integración
complementaria. Cuando se trata del servicio doméstico, los hogares de
orientación de las madres solteras quedan distantes, de tal manera que ellas
deben seguir sus tareas laborales en casas de familia, hogares eventuales, a
cuyo lado tratan de sobrevivir con la prole. De otro lado, las que
pertenecen a actividades artesanales, su vida económica tampoco tiene
algún apoyo por parte del padre eventual. Dentro deestascategor{as, las
madres aparecen durante una etapa variable, involucradas en las uniones de
221
facto como concubinas de un hombre de los grupos altos o medios . Más
tarde, esta forma de relación deviene en madresolterismo cerrado. En el
primer período de estas modalidades, la forma estructural de tales
relaciones integra mejor el grupo fanúliar de facto, pero luego, en la
segunda etapa, es a la madre a quien corresponde la responsabilizaci6n
total de la familia incompleta que resulta. El alejamiento del padre es total,
y no queda de él, en la generación que ha engendrado, ningún rastro de
acción cultural.
De esta manera, en las estructuras de hecho, a no ser que se trate de la
unión libre, la tarea fanúliar se centra, repitámoslo finalmente, en la
madre. En estos ambientes de limitado desarrollo econónúco, y donde
paralelamente el status femenino ocupa en función de la economía un
puesto de inferioriz.ción real, y donde la integración de la fanúlia extensa
no es vigoroso, esta función adquiere dramas de odisea. La lucha de una
mujer de estos estratos, para sobrevivir con sus hijos dentro de las
mencionadas condiciones, es demasiado ímproba, siquiera sea para que
sobreagüen biológicamente. Cuando estos elementos llegan a la juventud,
especialmente si se trata de hijas, que carecen de respaldo social masculino,
continúa esta heroica lucha materna (como lo indican las encuestas) para
superar las faUas y evitar que repitan el ciclo vital de la
progenitora, libeñodose de las forzadas contingencias del madresolterismo
donúnante en sus ambientes. Los anilisis de biografías femeninas
generacionales, con frecuencia una cadena de formas matrilineales
enlazadas unas a otras por fanúlias incompletas, estructuradas bajo las
modalidades del madresolterismo a la s.ntandereana.
111
COMPLEJO CULTURAL NEGROIDE
O LITORAL FLUVIO MINERO
EL HABITAT
El habitat del complejo familiar negro comprende los dos litorales,
retazos de las hoyas fluviales del Cauca y del Magdalena y la porción
minera de Antioquia. (Confiérase mapa Complejos culturales de la familia
en Colombia).
La Costa del Pacífico
Iniciemos la presentación del espacio geográfico del complejo negroide
con la Costa del Pacífico, una de las cinco regiones naturales genéricas en
que puede dividirse el país 261, zona que fisiográficamente abarca el
territorio que estructura la vertiente occidental de la cordillera occidental,
fragmentada en tres sub-regiones: la faja litoral, el surco Atrato San Juan
y la vertiente andina propiamente dicha.
La faja litoral, de marcada regularidad, debida al paralelismo de las
cordilleras que la bordean hacia el este, ofrece dos zonas morfológicas:
desde el Cabo Corrientes hasta el Cabo San Fernando en el Ecuador, y
desde Cabo Corrientes hasta el norte en tierra panamefia 161. En la zona
norteña el relieve costero de rocas duras constituidas por la Serranía de la
Costa, se acerca considerablemente al litoral, en perfiles quebrados pero de
261 EmeRo Guhl y otros. Coldoa._. Op. cH. vol. l. pí¡s. 37 )' Ud CIDA,
lnLtentoMo de lo jnfoMn4clón bódCc para le programoci6n del de.crrollo avicola Ir" la
Am4frlcc Lci:tinc, ColombtG. Wuhington, &in fecha, pág. 22.
26:2 Eduudo Acevcdo Latorn:. Ponol"Gma ,eo-econ6mtco del Déparlcunl'nto
del Velle, en Economt'a y Eatadirtica, núm. 80,Bollotí. 1955, pág. 213; Ja_
Hornell, The Salnt a.orwe E"p"'tlon to .the Pacifico, en Natu,,", Loncon, voL 114,
1924, pi¡. 681; EmCltO Guhl, El Chocó, .tu Glpecto. ,eo,1'dflco. )' humonCH, inédUo,
pá¡ 28'f u.
225
poca altura y forma una costa acantilada, con ensenadas y bahías de
notable profundidad 2.3, que más al norte (La Serranía se acerca más al
litoral) se corta en numerosos islotes y rompientes que dificultan el enlace
de esta zona con las demás. La Serranía Costera. isla climática. acumula la
Iluvíosidad regiona1 que se traduce en numerosas corrientes nuviales, las
cuales. merced a la cercana distancia de sus cabeceras, vinculan los ríos de
una vertiente con los de la otra 264,
Esta sub-wna costera expuesta a los vientos húmedos del Pac ifico
recibe una lIuviosidad muy abundante. que genera una selva densa, bosque
super húmedo tropical 2.5 que constituye su vegetación natural.
El asentamiento humano de la zona se ve favorecido por la presencia
de playas extensas, que se continúan un poco al interior, constituyendo
pequenas nanuras o vanes anchos donde se van deteniendo los aluviones
que los ríos arrancan en la vertiente, aprovechados por el habitante negro
para sus cultivos esponldicos de plátu.o, coco y arroz, conformando la
zona agrícola más importante del litoral del Pacífico . Complementariamente,
esta es una de las zonas más ricas en peces 266. riqueza que atrae por
temporadas a los grupos de población negra e india del interior.
La SUD- zona litoral sureila (desde Cabo Corrientes hasta la vecina
república del Ecuador) alejada del relieve andino, conforma un amplio
163 Bernardo Mcriza1dc del Carmm (padre). E.'udio de lo Costa Colombial'la
del Poc(fico. Bolotá. 1911 ; Cart H. Ei¡cnmann. Fu;'", o/ the riuers droinin" fni'
wlfllenu .Iop, '" 'he Comlllero Occidental, o( Colombia. Bloomin¡ t on, Indiana.
1920. pág.. 86 Y ss.; H. Karsten. Geolo,ie d 'oncient Colo mbie boli uor ienne;
Nouudk Gr"I"cde et Ecuador, Berlín. 1886. pág. 146; T. Cipriano
Mo"l"n&. Comp¡fndlo de Glfo,raffa deColomblc, london, 1886; Roben C. Murphy,
Darle $Ir lea, en NohUQl Hiatory. WashingtoJl, vol. XLI, 1938. pá¡s. 164. 178; Pablo
Vila, Nuf':uO ... op. cit., pá¡. 45; K, Schauffclbergcr, A,pu;de., 80 bre GeoloR(a
y Pedolo,fa del BoJo Colima, en Secretaria de Apícultura )' Gonoder(o, Call , núm, 4,
afio XI, 1949; Victor Oppa¡heim, Ra.,o. de '41 co"OI de COlombia, en
a,ncola del Pacffico, antecedentes, de'CJI"I"olio y condusionE'B, Depart amento del
Valle, Secretaria de A,rlcwltul'O y GanGd'"rl'o. Call. núm. 4 , ai\ o XI . 1949, pá¡¡s. 16 y
1;; Francisco J. VftJ ..... y Vduco. Nwe'u4 Geo,ta/la de Co lombia, ".ulta por
;qicmea noturale., Bo¡otá, 190 1; J0'1c A)vuu UG'u, El Chocó, N'locfoM' dt' l.I iQjl'l
referente. G utG ntl6n de Colombio. en Bold(n de la Sor:iedGd Geotráfica de
COlomb .... vol. 11, núm. l. págs. 54 y 73 ; vol. 11. núm. 2. págs, 98, 121 ; vol. 11, núm.
3, P'¡¡', 192, 212, BOlota, 1935 ; vol. IIJ , núm. 1, págs. 7, 10, Bogotá. 1936:
Pcttpino Osa V., Informe .obre lo costa colombiano en el OclanO Pacffi co, 1929,
pág. 3, copia meclnolrlfilda.
:264 EmeKo GuhI, A.pedos 4eoveificOl )' hl.lmano. del Chocó. Inedito.
265 S¡P&cdo' Espinal yElmo Montenep'o, Formaclo"e. op.
elt .. pi ... 18 I 98; Pablo ViJa. 011. cit., pá¡s. '4 y 75; Raymond eritt , El Valle .-del
BoIo_ C.Uma, en RelJtIt'a Oeo".,fica ArnC'ncol'l4, Buenos Aires, .Aa XIV, vol XXVI,
núm. 151, 1946, p'''. 201 Y 20S.
266 ConfinlH: Amo'" Jamon ·Wu.on. La P#ICG en lo, Costo .d t l Pacifico, -tn
SecrwtarlG de. APlcultw1'llll 'Y Genoderla. Call núm, 4. ai'to XI, 1949. páJS. 36 Y 37;
Saha.io Victoria, op. elt •• pÍ.,. 26.
2U
andén litoral de 700 kilómetros de longítud y de 50 kilómetros de anchura
media 2.7, en el cual Guhl distingue dos sub-regiones características: las
bocanas de los nos únicos sitios de humanidad con playas ·firrnes, agua
dulce corriente y brisas marinas que tiberan de una mayor humedad y
suavizan las temperaturas 260 , Y la zona de los esteros O manglares,
an6bia, con temperaturas más altas, atmósfera bochornosa, bajo la
influencia de las emanaciones de 1&, aguas, la fauna marina y la vegetación
haló fila 2
6
• .
La influencia oceánica sobre esta zona resulta en una fuerte
lIuviosidad, que se ve favorecida también por ubicarse dentro de las calmas
ecuatorianas. Corno consecuenci a, numerosas corrientes fluviales
descienden caudalosas por la vertiente, erosionando y suavizando sus
perfiles, y al llegar a la llanura. tras un curso lento y perezoso, convierten
el andén litoral en un verdadero laberinto de caños , de esteros, lagunas .
encharcamientos y pantanos, que ponen en comunicación todas las corrientes
fluviales el norte hasta más allá del límite político del país. La
segunda acción marina, las altas mareas, penetran por las abiertas bocas de
los ríos y se esparcen por el laberinto de corrientes fluviales, conformando
los esteros, que repletan de agua ° se vacían al ritmo marino, facilitando
así la navegación interior, no posible por el mar abiert o 27 0. Esta faja
anfibia, halófila, dominio del mangle y asient o de la sedimentación
fluvial 27. , favorece una fauna de mariscos, moluscos, crustáceos, de
diversas especies, que atraen a la población nativa negra durante la época
de más bajas mareas 272 , ya que el ",sto del ano está casi despoblada: el
ambiente malsano y sobre todo la ausencia casi permanente de tierras
267 Victo, M. Pciño, Presentación Bajo Calima, CaU, 1946; Ernesto Guhl.
AlpectOtl ieo,rófico, y humanol del Chocó .... op. d t" pág 301 Y n. : Milcíadcs
Ch.ves, Ltl reii6n natural de la COlta d(!l Pacffico, en Nariño . Past o. núms. 18, 19 )'
10. 1951, pás. :21 y ss.
268 Emc510 Guhl, A specto, i eorrdfteos. ... op. cit. ; Micucl Fonw¡uera, Eltudio
.obre lo coato ¡)Gel/ico .ur, inédito.- mecanografiado, págs. 6, 1 , Y 8.
269 Eduardo, Acevedo Latorre, PonOl"l1rrta..... Vol/e.- OP. cit. , pÍlas. 13 y 14;
Roberto C. Wcst. Tne Pocific Lowiond of Colo mbia, Baton Rouse, 1957, pág. 53
Y ss.; Miguel Fornapera, op. cH. , pig. 8,
270 Robcrt C. WeM:, op. cit •• 1, $5 ;, Miguel Fomagucn, o p. págs. 8, 9;
Rodolfo CaM:ro TorrijOl, Chocó, Colombia, (Qu íbd6), 1958, págs. A..3i )' ss.: véase
cuadro sobre las mareas; MildadcsChaves, Lo refión natura!.. .. op. ti'" .- pág. 18 Y
ss.
l71 Mifutl Camaeho, El Valle del COUl: a, constante .ocio-o!(:onómicc de
Colombio. eaU. • 962 ; Eduardo Acevrdo I...atotft, Panoramo ,eo-"conómlco del
Depar1amen'o del Volfe. ... Op, ctt .. p.p. 12 Y 13; Milcíades Chava. op. cit., pág. 15
y ...
212 Roben C. Wea, The Pociflc, ••. op. clt.. , pÍg5, 57 a 15.
227
finnes que permitan el establecimiento humano, se acentúa en este andén
litoral, donde cada vega se ve periódicamente inundada por las avenidas de
los ríos O de las mareas 27
3
.
La segunda sub-zona, la vertiente 274 cordillerana, ofrece altas
temperaturas que se van suavizando con la altitud 27 5, dando origen a
pisos térmicos. La humedad es excesiva 276 en esta sub-región, una de las
más lluviosas del mundo 277, precipitación que aumenta de la costa hacia
el interior y de sur a norte 218. No hay verdaderas estaciones secas, llueve
todo el año, con una leve inflexión en los meses de julio y agosto y a fines
de enero y febrero 279. La vegetación natural se caracteñza p.or la
presencia del "bosque muy húmedo tropical", que cubre toda la región y
que asciende. por la vertiente hasta los 5.000 pies de altura 280, donde
aparece el bosque pluvial tropical, en un cinturón que cubre el resto de la
vertiente lB " asentado sobre una delgada capa vegetal, fácilmente
removida por las lluvias al ser deforestado el suelo 282.
La tercera sub-zona la constituye el surco Atrato-San Juan, cuyos
afluentes recorren la llanura con un limitado desnivel, depositando los
sedimentos que .acarrean y diversificándose en innumerab les brazos,
lagunas y pantanos, confonnando tierras inestables, anfibias, abriendo
posibilidades de comunicaciones interfluviales,283 entre el litoral y el
273 Robert C. West, The Pacific •••• op. cit •• pág, 57 Y ss.
274 Miguel Fomagucra, OP. ctt .. pág. 2; Mildades ehaves, op. cit., págs.14. 15 y
16; Robert C. West, op, cit .. pag. 19; Actas del Centro de Actividades Geográfjcas.
correspondientes 8 los días. 17 y 24 de julio y.19 de septiembre de 1951; V1Ctor
Patiño, .Pre.entacidn del Bajo Calima.." op. cit.; Víctor Opcnheim, RlUIiOS.." op. cit ..
275 Robert C. West. The Pacifico •• , op, cit., págs. 22 a 25.
276 Miguel Fomagucra, op, cit .. págs. 4 y S.
2'7'7 Sigifrcdo Espinal, Fonnociones de Colombia. •• , oP. elt., cap. IX, págs. 4 Y
75' CuatreCUU Aspecto, de ia ueletaci6n natural de Colombia, en Revida de la
de Ciencias Exactat, Ff.ico-qu{mica.s y natu1"OIe., Bogotá. vol.
10,1958, págs.. 221 y 268.
178 Miguel Fomagucra., OP. cit" pág. S; MUdada Chaves, OP. clt .. pág. 14;
Robcrt Wcst, oP. cit" págs. 25 a 39.
279 Miguel Pomaguem. op •. cit" pág. 6; véanse mapas Y' gráficos de lluviosidad
en Robert Wcst, oP. cit .. págs. 27 a 36; Banco Ganadero; E.tudio socio-económlco
de la Coato .ur del Pacfñco, Cauca y Nariño, Bogotá, 1965, págs. 13 a 16.
280 Roben WClt, OP. clt" págs. t S, 33 Y ss.
18t Sigifrcdo Espinal, op. cit., cap. XI, pág. 134 Y ss. Robcrt Wcst, op. cit.,
págs. 40.50. Miguel Fomaguera. op. dt .. pág. 9; Novena Acta del Centro de
Actividades Geográficas, 24 de julio de 1951, disertación del socio J. C. Cubillos.
sobre la vegetación en Nariño; José Cuatrecall.S, op. cit.. cap. IV; Banco Ganadero.
op. cit •• pág. 13; Ernesto Guhl, E.tudio. preliminare. de planificación para el Se,uro
SoclGlen el Volledel R(o Cauca, Bogotá. 1943, pág. 35.
282 Robcrt C. Wcst, op. cit., pág. 44 Y SL
283 Pablo Vila,op. cit., pág. 89; Con.ejo Nacional de PolftiaJ Económica y
Planead6n: Chocó, Plan de Fomento Relional. 1959, CaJi, 1961. pá¡s. 58 a 65.
228
valle interior 284. Aunque el valle es de fOrnlación aluvial, los suelos son
pobres, y una vez roto con la tala el equilibrio biológico que mantiene la
selva y expuesto el suelo a la denudación por las lluvias y \as corrientes
fluviales, y a la transformación química de sus componentes, los suelos
decaen vertiginosamente en fertílidad, lo que fuerza al cambio anual de
tierras de labor 285. En el valle, gran parte de la zona está sujeta a las
inundaciones, factor éste que:, sumado al anterior, limita las tierras
aprovechables, y obliga al nomadismo 286.
Las temperaturas en esta zona están por encima de los 28 grados, y la
lluviosidad sobre los 10.000 m.m., es producto de su ubicación dentro de
la zona de calmas ecuatoriales. La cubierta vegetal, bosque. pluvial
tropical,287 invade parte del surco Atrato San Juan, porque en las
porciones bajas de las dos cuencas, los extensos pantanos generan
vegetación 288 acuática.
La Costa Atlántica
La Costa Atlántica constituye otra de las porciones que integran el
complejo cultural litoral-fluvio minero. Conforma además una de las
cinco regiones -naturales en que se divide el es una llanura ondulada,
con "vastas extensiones de 1ierrade pendientes casi nulas" 289, enclavada
entre las últimas digitaciones de las tres cordilleras y el mar Caribe,
incluyendo en sU extensión la gigantesca mole de la Sierra Nevada de Santa
Marta. A excepción de esta, no se -destacan sistemas montafiosos
importantes, pues las alturas promedias no sobrepasan los 300 metros y las
máximas no superan los 500
290
, en las montañas de María y de Piojó
184 Contiejo Nacional de Polftico Económica y Planeación: Cho_c6 •• " OP. cit ••
págs. 60, 61; Rodolfo Castro Torrijos, Chocó, Colombia.. .. Op. dt., pág. A, 1] 7 5.
185 Sigifrcdo Espinal, oP. dt .. Banco Ganadero. Eatudio locio--econ6mico de
la eotit('J .ur dd Pocffico .... op. cit .• pág. 92 Y ss.; Consejo Nacional de Politica
Económico )' Pianeaci6n: Chocó .... op. cit .. pág. '234 Y ss. Véase el estudio de los
suelos del Chocó por los ingenieros [ruSia Y Fortoul. mapa núm.. Suelos más aptos
para produccibn agrícola Y hortfcola.
286 Confiérase Rodolfo Castro Torrijos, Chocó. CoJomblla"., oP. cito, págs. D.
20. D. 2S.
'287 Sigifrcdo Luis Espinal, op. cit .. pll͡. 99 y ss.; ConaeJo - Nacional de
Polftico Económ"ica y Planeaddn: Choc6. ... OA cit •• pÍg¡, 234 Y 235.
2BS Robert C. West, op. elf.. pá.¡s. 46 a SO.
289 Lauch&n Curne y otr06, lnfon:ne di! una Programa de dcs.arrollo
económico del Valle del Magdalena Y Norte de Colombia, Bogotá, 1960, pÍl¡. 16.
290 Emesto GubI. Edud'o pl'eUminar paro la inatalacidn de lo. Se,ul'O. Sociol.,
en icJ¡ Codtu del Caribe, en se,uridod Social; Bogotá, nÚms. 10, 11 Y 1 '2, 1952. pi ..
81 Y ss.; Pablo Vi"', Nuella 'eo'rafía. ••• OP. cit •• -pi" 41.
219
"continuación de las digitaciones de la cordillera central correspondientes
a las serranías de San Jerónimo de Abibe y Las Palomas" 2.1. Alturas
similares se hallan en la Guajira, cuya elevación cimera, 860 mts., se halla
en el cerro de Macuira 2.
2
.
La porción litoral ofrece . un corte sesgado con dos polos. climáticos:
La Guajira y el Golfo de Urabá, cortado por el macizo de la Sierra Nevada,
que da hacia el oriente una costa acantilada, con numerosos ancones,
bahías y golfos, mientras al occidente, la ausencia de relieve costero
conforma un litoral bajo, arenoso, con mezcla de aguas dulces y
salobres 293, marismas y brazos fluviales 294. Caracteriza ésta región
295 . d ,. l'al d
naturaJ, altas temperaturas constantes, y una sene e lajas p UVl es e
menor a mayor precipitación avanzando del litoral a la región interna, y
distribuidas desde'" la Guajira con un clima desértico tropical
(temperatura muy alta, precipitación y humedad bajas, fuerte insolación y
vientos constantes) hasta la culata de Urabá zona de calmas ecuatoriales,
continuación del clima del surco Atrato San Juan, región
superhúmeda 2.7.
La pluviosidad en sus franjas transversales muestran un ritmo de
aumento a medida que se asciende hacia el sur. Después de una zona litoral
xerófila y de una segunda de más precipitación 2' S, aparece una tercera
centrada entre los dos mil y los tres mil milímetros de lluvia y localizada
en las estnbaciones de las últimas digitaciones de la cordillera
occidental 299, donde "los vientos alisios se convierten en vientos
ascendentes y húmedos, formando un cinturón selvático y lluvioso durante
291 Pablo VDa, OP. cit., pig. 47.
292 RaM Burgle, Geo!o,(o de lo Pen(nauÜJ de la GuQjiro. en Boletfn Geol6,ico,
BolOtá, voL VI, núms. 1-3. 1960, págs. 129 y 16&
293 Pablo op. cit •• pág. S6 y ss ..
294 SiPfredo Luis · Espinal yElmo Montenegro, Formaciones EJegetales de
Colombia, Bogotá, . 1963 pág. 83; Eduardo Accvedo Latorte,
leo-econdmlco del Departamento de Córdoba, en Anale. de Eeonornfa y Edad(.tica,
Bogotá, núm. 74, 1952, pág. 24.
295 Lauchlin Currie y otros, Propoma dfi! detarrollo económico del Valle del
Magdalena )1 Norte de Coiombia.... op, dt" pág. 17 Y ss.; Elías Vélez González,
Btues para un mejoremiento del nivel de l/ida de lo. habitante. de Urabd, en CienelaB
Económicas. MedeUín. vol. VI, núm. 19, 1963, pág. ,719. _
296 Emell:o Guhi, E.tudio preliminar paro la in.taloeión de lo. Selu7'01 Sociales,
en Se,urldod Social, Bogotá, 1952, pág. 90; Pablo Vila, op. cit •• pag. 83; Eduardo
Acncdo Latorre, •• Córdoba._.op. cit.. pag. 24.
297 lAuchliil Currie, Programa de DelOlTOilo_ •• OA cit.. págs. 1'7 y 18; Pablo
ViIa, OP. cit., pág. 83.
230
298 . Sigifredo Luis Espinal y otro, op. cit., pí.g. 52.
299 Pablo Vil&, op. cit .. pág. 69.
todo el año" 300, que generan una franja de vegetad6n bóscosa, -cinturón
geográfico aislante, entre las dos grandes regiones naturales del país, la
Andina y las Llanuras del Caribe 301.
Al clima corresponde una secuente sucesión de zonas de vegetación
natural: estepana con hierba escasa, matorral espinoso y árboles de 'follaJe
caedizo, 302 o halófila, representada por el manglar que mancha a trechos
el litoral. Pasada esta franja . avanza el cinturón de vegetación rriesófila de
las gramíneas o herbazales 303, región denominada umezchi'de
terrenos abiertos cubiertos por pastos naturales, bosques ralos' de arbustos
pequeños que pierden su follaje durante la época de sequía". Comprende
las zonas algodoneras del Ariguaní, Codazzi, Cerété y las ganaderas del Cesar;
Ariguaní, Fundación, Mompós, Sajo San Jorge, Sabanas de Bolívar y
Sinú 304. Finalmente cuando hace su aparición el relieve, y con ellas las
lluvias se toman abundantes, una tercera faja hidrófila, constituida por el
bosque tropical sucede a la anterior 305.
300 Ernesto Guh1. Estudios de Planificación poro el Seruro Social en el litoral
caribe cOlombiono, Bogotá, 1953. pág. 20.
30·1 ErneSto Guhl, Estudio preliminar .... op. eit .. pág. 94.
302 Pablo Vila., op. cit .. pág. 16: Instituto Geográfico Agustín' Codazzi, El
Instituto Geográfico y 10 Reforma Agruria (Catálogo de la Exposición), Bogotá, 1961,
pág. 15.
303 Sigifredo Luis Espinal, op. cito. pág. 36, Pablo Vila, op. cit., pág. 169.
304 Laurolin Currie y otros, Prorrama de desarrollo econdmico .... OP. C'ito.
págs. 11 y IS; esta zona es denominada por los estudios del Instituto Geográfico
"bosque s.eco tropical": Sigifredo Luis Espinal, y otro, Formaciones lJerdales.. .. . op.
cit., pág. 52 ,}' ss.
305 Para mayor amplitud, véase la clasificación del profesor Ernesto GobI,
quien divide la llanura del Caribe en dieciseis sub-regiones. con características
geográficas físicas definidas. Entre estas. sub-regiones, aparecen corno las más
importantes., "La Zona Bananera", abierta hacia la influencia marina de los alisios y
del sistema montañoso de la Sierra Nevada, con clima bochornoso, altas temperaturas
y abundante lIuviosidad que genera una tupida vegetación (Ernesto Guhl, Eatudio
preliminar ... , OP. cit .. págs. 92 y 93; Estudio de Plonlficación. •• , op. cit .. págs. 24 y
25); "Las Sabanas de Valledupar", ubicadas en la parte céntrica de la "sombra seca"
del macizo de la Sierra Nevada, de aspecto fitogeográfico entre el ambiente del
parque y xerófilo estepario (Ernesto Guhl,Estudio preliminar .... op. cit .. págs.. 92 y
93; Estudios de Planificación. ... op. dt .. pág, 27; Lauchlin Cume, Progroma. .. , op.
elt., págs. 17 Y 18); "La Depresión Momposina", en el valle del río Magdalena, donde
convergen los ríos más importantes. San Jorge, Cauca, Magdalena y se extiende desde
Ayapel hasta el pie de la Sierra Nevada de Santa Marta y desde las primeras alturas de
Zaragoza y Simití, hasta el pie de las altiplanicies de las sabanas en las costas del
Atlántico. En lodo este espacio los ríos derraman en todas las direcciones,
constituyendo una región tan anegadiza como fértil, cuando no está cubierta de agua
(Ernesto Guhl. Estu.dio preliminar .. " op. dt .. pág. 97; Lauchlin Cume, Progro ma.. .. ,
op. cit .. pág. 357 Y ss.); creando vastas zonas de gramíneas que empalman al sur con la
selva humeda; ¿<Las Sabanas de BOlÍvar", zona intermedia entre la costa seca y fas
vertientes húmedas. caraeteriuda por una larga e intensa sequía, que ofrece
231
La ubicación del río Magdalena dentro de este comp.lejo comienza en
Nolva, donde dese'lvuelve un curso activamente erosionador, 306 mientras
de Nare en adelante entra a la llanura para cumplir una tarea de
ledimentación que entorpece su ruta: COrre perezosamente, desbordándose
con amplitud, a través de un cauce irregular de apretados meandros, que se
captul'an, conformando anegadizos, c .. )oo, pantanos y ciénagas que
acompallan la corriente., sirviendo de elementos reguladores del caudal, y
307 Lo ' d'
de asiento de una abundante fauna piscífera . s se 1mentos
amncados en las montailas andinas, se colocan en. las márgenes
constituyendo playones, islas, barras, cegando ciénagas y callos,
sedimentos que aún alcanzan para la conformación de un delta exterior,
que e\ río ha iniciado fuera de su desembocadura. Cuando llega al mar ha
dejado tras sí una amplia tierra anfibia, inestable, dentro de la cual la
población se aprieta en sus riberas secas.
El río atraviesa desde el Hato distintas regiones sobre los
24 gl'ados centígrados. Inicialmente avanza a través de una zona que oscila
entre los \ .000 y los 2.000 mm5. de precipitación anual 30a hasta Dorada,
donde alterna entre los 2.000 y los 4.000 mms., zona que concluye en El
Umltlcionea pa,. la laricul1ura y da explicación a l. exiatencia de una ganadería de
tipO exunatva (Eme.o Guhl, E.tudlo p.-eUminor ••• , op. cit •• péa. 89; E.tudio de
PlanllfcocilSn..... op. elt.. PIlo 47 Y 48, Eduardo Acevcdo Latplft, S(ntuu
,eo-.con6mfca del DepOl"tamento de Cdrdoba. .•• OP. dt. , pá¡. 22 Y Ss.); "El Valle
del Río Sinú", de formación aluvial extrem.damente fértil . que ha formado y en sus
ormas una colonización en línea, mientras h.cia el interior escasea la densidad
clemOSráftca (Entato Guhl. Edudio prelirn'"OI' ... , oP. cit .• pillo 99 Y 199: Lauchlin
C1&rric, Prof7aInCl....oP. cit., píiS. 23, 24 Y 25)¡ fuera de las "Montal\as de una
aub-reJlÓn natural, tenemOl la "Gran Sierra Nevada de Santa Marta que en
conjunto constituye una islli climática, donde la altura es uno de los factores básicos
eH la .truetura de su paiaaje scoarífico en serie $ccuente de térmicos. La
orienlecl6n del relieve determina variantes en SU$ faedas que miran hacia el mar o
haci. el interior. La sombra seca de este macizo montaAoso se proyecta sobre las
r-.iones Uaft., adyacentes. determinandQ en tu" caratlHútkas de (Ernnto
G.hI. "'udio Op. d'. , páJL 23 .96; I..umlin Cunie, Pro,rrzma.., •• op.
elt .. pi¡. 93; BlinCO de la República, Lo prod\lcrf6" y 101 eco"omia. .. SuclonGle. en
ColombIA. .. , OA ell .. pís. 20 y ss •• 22 y IL, 33 Y SS. , 44 Y 5$.).
)06 pU,1o V ... o». cit.. pis. J03.
'07 PobI. vu.. op. cf4. 6i«s. 105 Y 106.
30S Pablo Va.. .op. ett., p'g. 78; Emeao Guhl y otros. Coldea,. Ed"d'o de fU
dfu.ddn •• oprIflca. y .oclal corno bcNe plP'a • de un
,.trMn de aquridad n.lonGl, tomo l. 8olot6. 1956. pi¡&. 47. 49.
232
Banco 309 Y que se altera cuando el río penetra definitivamente en la
llanura del Can'be, cuyo régimen clirMtico ya fue expuesto.
Una Zonificación vegetal concomitante, corresponde a estos factores
climáticos: la parte alta ofrece la típica vegetación del bosque seco
tropical , casi destruido por la acción humana 310. De Dorada en adelante,
hasta Magangué y en ambas márgenes, aparece el bosque húmedo
tropical 311 , muy reducido en algunos Departamentos por los trabajos de
la ganadería y de la agricultura. pero del cual ' quedan testimonios en los
Santanderes, Antioquia y Caldas 312 Y que alcanza a desbordar fuera de la
depresión momposina hacia las últimas digitac;ónes de la cordillera
centro-occidental. De ahí en adelante, el río penetra a la llanura del
Caribe, de cuyas características he sómeramente informado.
El Cauca dentro del cOmplejo negroide
La cuenca del río Cauca pertenece a este complejó cultural, en una
zona que se prolonga desde su salida de la altiplanicie de Popayán, hasta su
desembocadura en el Magdalena. Tiene un curso múy irregular en el sector
del Valle: se explaya multiplicando su cauce en numerosos brazos.
conformando islas, playones y ciénágas, accidentes que desaparecen al
penetrar en Caldas y continuar por Ántioquia 313 , donde' comienza -a
encajonarse, a abrirse paso a través de un callón angosto por donde corre
torrento'o y lleno de raudales, hasta salir a la llanura del Caribe, donde
309 Lauchlin Currie, Pro,rama..., op. clt, pq,.. 16, 19; SJcifredo Luis Espinal y
otro, FormQcionea. .. , op. dt .. pag. 69 y ss.; Ernato Guhl y OltOS, Caldcu.." 01'. cit ..
p'a.5.
310 El paisaje de 105 Llanos del Huila y del Tolim. eltlCteriudo en la
.ctuaUdad por las pequei\as llIlupacioncs de la palma de e,uesco, por los árboles que
sirven como cercas vivas y por al!Unos que dejan en, los potreros pan sombra ;
S¡P&cdo Lui. lEipinal y otro, Fo""ocio" ...... , op. elt .. pi&- 51 y ss.
311 Siaifrcdo Luis EspinaL Formocionft " .. ,cta1e4._. op. cit., pil&._ 69 Y ss.;
Laudilin Curne, ProftGma... .. OP. elt •• pi" I 7 Y ss., 92 Y ss.
312 Guhl y otros, CcUd ..... . op. eU •. tomo l . pis. 49 y sa.; Eduardo
Accvedo Panorama ,eo-econ6mieo dlff Depor1."'ento AntioQuirz. en
Eeonom!cr )' Boaotá, núm. 83, 1957. pip.. 16 '1 Lauchlin Curric,
Pro".rna. •.• oP. efr .. .P"'" 91 Y 93 ; Sipfredo LW:a Eapinal. Fonnocione. ve'd.le .....
OA cit. , pas. 85 y 5$.
313 MiJucl Camlcbo, El V.1I11! del Couco. .. , op. ttt.. páp.. 61. 63; Pablo ViIa,
op. elt" pil- 101 Y IL ¡ Eduardo Acevedo Latorre. Ponorama ... ico del
deJ Cauea, en BcoftOm(o )' Bdod(.tica. Solot'. núm. SO.
1964. píp. 16 Y 17.
233
vuelve , adquirir las características ya indicadas para la porción
vanee,ucana del río 3.0
Dos zonas climáticas (Uuviosidad) se destacan en su transcurso:
cuando por el Departamento del Valle tiene una precipitación
limitada entre 1.000 y 2.000 milímetros, que supera una vez. que penetra y
se encajona en el batolito antioqueno y entra a la depresión momposina
para desagüar con el San Jorge en el Magdalena 3. s. Mientras en el fondo
del valle la sequedad se acentúa. b lIuviosidad va en ascenso a medida que
se trepa en las vertientes, en tanto que las 316 temperaturas sobre 25
grados centígrados se .presentan a todo lo largo de la cuenca en eC sector de
nuestro intenls 3.'. La vegetación sigue las premisas de Uuviosidad:
alrededor del caUce aparece el bosque seco tropical 3'8, que se transforma
en bosque húmedo subtropica1 en las vertiéntes 3 • '. Este tipo de
vegetación natural acompaña al río desde las (iertas de Santander de
Quilichao (Cauca) hasta Puerto Valdivia, diversificándose, según Guhl, sólo
en la zona antioquena 32 o .
La zona minera antioq\lda
La lO.na minera antioquella corresponde fundamentalmente a la
vertiente oriental de la cotdillera central en Antioquia, cuyas
314 Pablo VUa, op, cit. , pÍ.f... 108: EdUll'do Ace-vedo Latorrc, Pcnol"OmG
,eo-«on6rnjco ••• VaDe .... op. cit., 'pá,. 16: Emnto GuhI y otros, ColdlU .... op. eit"
páp. 51 Y S'l;SENA, E.hullo ,ocio-econdmico deldrea Valle del Cauce, ,In fecha, págs.
9. 10 Y 11; Eduardo Acrvcdo lAtonc, Ponoramo ¡eo-econ6mico del Df'partamento
de Antioq.uiL ... OP. elt" pág. 21; Antonio Potada)' Jcancdc Pósada, C. V, C., Un
,.do 01 )' al trodicioruW6r'P10. Bo¡otá. Tercer Mundo,_ 1966. pá¡. 48 Y
...
llS Emeao Guhl y o.tr05, op. cit .. píp. ID, 11; Eduardo Accvrdo Latorrt:,
Panonrm.o ,eo-econ6mlco del Deporlamenlo del Valle del CaucQ,. ... op. cit.. páp. 1 S
Y 16; Pablo Vna. op. cll •. P'a. lOS.
316 Sipfrcdo LuiI ElpinaI, op. cit •• pip. 22 Y 23.
317 Emso Guhl. Edudio6 ctc.. poro el Se,u.ro en el Volle del R(o
eauca.. .. OP. cit., BOlotá, 1943, páa. 20; EdUU'do Aceved.o Latorre. PonorarnG" ..
Antjoqu ...... OP. clt .. p6¡1. 11 y 23.
318 Eduardo A.cevedo latorrc. op. cit.. pía. 15; Sip&cdo Luis Espinal y otro.
Cip, dt .. pí" 52 Y ....
319 Edu.lfdo Acft'Cdo Latorft.PanoP'GI11Q, •• VaZk del COuea..... op. cit., pig •. ISi
Sipfredo Lua EipinaI, OP. cit. . pág. 129.
320 Emelto GüI, S.,urldcd «)cJol ('Ompe"na. Bo101'- 1954,pá¡_ 53; Sigi&edo
LuiI Espinal, FOP'rncacione. ueffiOÑ'. del Deparlal'Mnto d. Ant6oQulo. en Revilto de io
FacuUod Nacional de A.,-ic:ultu11I, Medellín, vol. XXIV. núm. 60-, ),964, pis'- 34 y
35; Edu.do Acevedo Laton'c. Ponorama... AnUoquja.. •• op. cit., pi,,- 23.
234
ramificaciones alcanzan hasta casi las márgenes ·del Magdalena 32 I Y del
río Cauca, con perfiles muy quebrados por cuyos valles corren multitud de
riachuelos penenecientes a la vertiente magdalenense.
En esta parte de la cordillera, correspondiente a los municipios de
Zaragoza, Remedios, Anorí, Yarumal , Amalfi, Yolomb6, l.s alturas se
relajan, las temperaturas son altas, y toda la zona se caracteriza " por altas
condensaciones y precipitación 321" I que dan dos_épocas lluviosas
Más al norte, en la hoya lúdrográfic. de los nos Cauca, Nechí, Porce,
entramos a la zona de transición entre las llanuras del Caribe y la región
andina, caracterizada por altas temperaturas y precipitación mayor de los
3.000 mm. 323. Toda esta porción minera está favorecida por la presencia
de la selva 314 , que se levanta sobre un suelo de gran riqueza minera. Los
municipios que la constituyen "en mayor o menor cantidad cuentan con
minas de veta o de aluvión que han sido explotadas desde tiempos
irunemoriaJes" 3 2 5, Concomitantemente la fertilidad de los suelos es
precaria, su composición y condiciones climática,s ambientales no
favorecen la explotación agricola, que se ve agravada por la competencia
que el jornal aurífero hace al del laboreo de la tierra. La fantasmagórica
potencialidad agrícola de la fioresta tropical es allí confirmada al intentar
cultivarla y acometer su taJa: transformaciones químicas del suelo y el
lavado de la capa vegetal, mueven anualmente al conuquero del "claro"
que abre en la aparente fertilidad de la selva. hacia otro lugar, propicio sólo
para una cosecha.
EL ELEMENTO HUMANO: EL AFRICANO, EL BLANCO Y EL INDIO
Cuando se analiza el complejo familiar negroide, se encuentra un caso
de cabal ajuste de las instituciones qUe lo constituyen. Y esta integración
consiste en una armonía en los estadios de desarrollo de cada una de eUas,
321 Eduardo ACn'edo Lamrrt, Pano,.ama. .. Antioquia. ... Op. eH .. pi" 18 Y
ss.; de la República, La producci6n y"" econom/a¡ .eccionole-., dc ... , op.
cUt pass. 17 Y 18.
322 Emetto Guhl. La se,uridad .odel campesino en Colombia. ... op. cil .. págs,
52 y 53.
323 [bId"" páe. 53.
324 Sigi&cdo Luis Espinal. FOl'moclone. verdele. en op. ctt ..
págs. 44 a 51 , 31 & 42.
, 325 Eduardo Acevcdo Latorrc, Ponorama.., Antioqui.a.. .. al>, elt .. PÍI. 18:
V.t«ntce RHtrepo. Edudio 8Gbre Lo. mino. de 01'0 )' plato en Colomblt1, ao,Qlí, 1188,
'Pae. 86 y !lS, ; Robcrt C. West, Colonicll P14cer Millílll ill Colombill. Loui,¡anl Sute
Univenlit)' ' Studies, Baton Rouge. 1952, páas. 24 a '32.
235

tan sensible que no se perciben diBcordancias en su funcionalismo. La
socIedld de esta zona constituye el ejemplo clásico de un paisaje
cultural , .1 más incipiente, el más sub-desarrollado de todos los que
conforman a Colombia y que puede proyectarse sobre una línea indefmida
de matices, de diferencias culturales que van desde las tonalidades más
elementales o prinútivas del desarrollo cultural en el litoral Pacífico,
pasando luego por las regiones bajas del Cauca y el Nechí, por la zona
minera antioquefta, avanzando por la parte baja del Magdalena y
ascendiendo por toda la cuenca, para tomar el valle del río Cauca en su
porci6n privativa, y finalizar con tonos de mayor avance en laS distintas
variantes que ofrece el del Caribe. También puede proyectarse en
igual forma este perfil ascendente dentro de las clases sociales. Este
diagrama de matices ofrece sin embargo una marcada unidad en cuanto
hace menci6n al estadio de su desenvolvimiento institucional y cultural.
El complejo tiene un denominador étnico, dominante, el africano, que
constituye .1 substratum racial básico, diluido en zonas por el mulataje, o
en otros sectores por el zambaje, o coexistiendo con núDorías blancas e
indias 326 . Esta condición demográfica domina la antigua regi6n minera
colonial , la sede de las propiedades laboradas por mano de obra no libre; la
regi6n de boga de las caudalosas vías'fluviales del sector andino; las zonas
de palenque donde el esclavo halló refugio de las condiciones de su status;
la regi6n portuaria de entrada de los contingentes africanos, Riohacha,
Santa Marta, Cartagena, y las vías de su distribución, mientras en épocas
326 Emnto Guhl. LG Costa del Pac(fico entre 108 r(os NGya y en
Printero au(eola del Pac{fico, Cali. 1949. pág_ 24, Robcrt C. West, The
Paclflc Lowlond. o{ ColombiG. ••• OP. cit., pá,s. 92 a 113; Víctor Manuel ,.tiño,
Pre. ft"'ocf6n del CaUma, en Secretaria de Af7'leultura del Cali, 1946, págs. 748
77; MUcílldcl <llaves. La "e,iÓn natu'1l! de lo Coda del Paeff¡co, ertNoriño, Pasto.
núms. 18. ) 9 Y 20, t 957, pág. 21 Y ss.; Oia, Caueo VaUe)', CoiombiCl¡.
14nd te",,""t and iand use, Baltimore, J 952, páa. 54 y ss. ; James J. Parsons. Lo
eolonbacl6n antioqueña en el occidente de Colombia, Bo¡otá, Banco de la
República. 1961, p'g. 86; Instituto Colombiano de Planeación IntesraJ . Primer olan
n,lorud de deaanoUo pa.1'O el oriente antioqueño, Medellín, 1963, pág. 292 Y ss.;
Eme«o Vautier yOrJando Fals Borda, La vereda de Chamblmbal, e. t _udio y en
lIe,,"c Mlral, Bogotá, Cinva, 1958, págs. 17 y 18; Aquiles Escalanu, El nerro en
Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Sociolo¡Ía. Mono,rafio
Sociol6t1eG. núm. 18, Bogotá, 1964, pá,. 6; Doa01' Saffrais, Viaie. a Nul!' ua Granodtl,
dc., OP. cit •• pács. 31. SS. 252; Anteo QuiniJaya, Cuettlone. colombiana.r, entayo.
de tnt."prdaciÓn )' ermca, BoJotá. 1958, páas. 92 y 93 ; Antonio Poaada y otra, oP.
cll., pí" 20; Rodrigo Parra Sandoval. El caao de Condeiorla la estructura
.aeÍdi 'j el cambio en loa tecnolo,ltJ tJI1'fcoll1, BOlotá, 1.966 , pígs. 41 .47; Ernesto
GuhI, El Chocó, .IU upectcn ,eogrdflco. 'j humano •• inédito ; Von F. Schcnk, Vi4ie'
por AnUoqulo, etc .... oP. cit., pígs.. 12, 19. 3f!, 50, 52 Y 56. Habla de los "estados
negros" de Cauca, Ma,dalena y Bolívar; Pato M. nomon, ColombitJ, Toda)' and
tomorT'Ow, New York, 1964, pág. 6.
236
recientes avanza en nuevas zonas interiores al ritmo de inmigraciones
provenientes del área del Caribe 317 .
Los grupos blancos de este habitat son linútados. Dos aportes lo
conforman: el primero está constituido en las grandes ciudades por los
descendientes de la población hispánica que en la Conquista y la Colonia
vinieron a llenar la burocracia oficial y el comercio, o por la legión inicial
compuesta por los pobladores, fundadores y conquistadores. Radicado en
las ciudades, no ha permanecido puro sino en linúlados círculos sociales de
las mismas. Lo genérico ha sido su cruce . con los otros dos troncos
biológicos. El segundo contingente blanco es nuevO: lo conforman
individuos del grupo sirio-libanés o de otras raíces que, atraidos por las
condiciones ventajosas del comercio, han ido llegando paulatinamente en
est e siglo; establecidos inicialmente en actividades mercantiles, han
terminado por quedarse en la tierra nativa asinúlándose a sus costumbres y
cruzándose con sus gentes.
El indio tampoco está ausente de esta habitat , que estuvo
ampliamente poblado por él , pero que constituyendo grupos aguerridos con
los que forzosamente hubo de encararse el hispano en su avance por Tierra
Firme, fue duramente castigado. La conjugación de medidas eclesiásticas y
estatales permitió su esclavitud y su venta foránea; más tarde la institución
del naboriazgo y de la Mita de transporte, lograron tanto como la política
anterior en la extinción del americano de estas zonas. De este modo, las
tribus sometidas quedaron muy diezmadas en sus Pueblos de Indios y se
fueron incorporando en mezclas permanentes a la población de color y
blanca. Guajira básicamente, y luego Bolívar, Magdalena y Córdoba,
senalan todavía remanentes culturales y biológicos de estos grupos, raíces
que aún se expresan en el idioma, en las instituciones y en las actividades
econ6micas, tanto como en el fenotipo 328. Otra parte del elemento
indígena no fÍie incorporada. Tales los chimilas , los koguis, los guajiros, los
kunas, los chocoes, etc. 329
Estos tres troncos étnicos no fueron asinúlados desde un principio, ni
realizaron una cabal integración. El blanco no pudo extender su cultura
327 Robert C. WeIl. oP, cU .. pág. 219; véase mapa de movimientos horizontales
de los habitantes de la Costa Pacífica.
328 véase, CompleJo Andino. Comunidade .. de •• c.o.o Geulturaclón hllrpdnJca;
Doctor Saffr'" op. cit. , págJ. 32 Y 53 ; SiMo Ycpes Agredo, E.tudio econÓmico
prcUm'nor con fine. de colonización de ia Uanul"O ce ntral del Pacfflco, Do,otá, 1960 .
mimeoBuflado, -pá¡. 25 Y ss. Sei'laa la presencia domi nan., del nelfo en .ua
reJió" '1 l. minori1aria_ del indio.
329 Confiérase, Complejo 'omlUar tJmmcol2no, La familia americana de eecua
aculturact6n.
231
sobre el indio sometido a servidumbre, ni el negro esclavo, sino en las
proporciones que limitaron los alzamientos de estos grupos. UlS dos se
levantaron en Hrochela" y constituyeron núcleos defensivos hasta hace
poco tiempo: los carares y los op6n obstruyeron, como los chimilas, el
movImiento comercial por el río Magdalena. UlS guajiros dieron qué hacer
a los misioneros hasta preserva ... culturalmente. Los kunas, antiguos
gatidonios, se cerraron en toda la Colonia al blanco y limitaron su
expansión hacia el oeste. El Valle del Cauea se vio atosigado por las
incursiones indias, como la Costa del Pacifico por el éxodo defensivo de
los chocoes. Los negros en uPalenques". merced a un habitat pántanoso o
selvático o favorecidos por las grandes distancias sin vías y sin poblados,
conformaron núcleos donde desarrollaron normas funcionales para la
convivencia, bien di<tantes de las que se quería asImilaran. Estos dos
troncos se evadieron también de la superposición cultural cuando
conformaron grupos móviles en continuo ir y venir, como los bogas del río
Magdalena, del Cauca, del Atrato o constituyeron la Mita caminera del
Arrastradero de San Pablo, de Buenaventura, de Narifio, del Dagua, etc.
Su pennanente moviüdad los retrajo de la aculturación hispánica.
A estas condiciones se sumaron las potenciales posibiüdades de
acuJturación del grupo blanco. Escasos en número, con menor adaptación
físiea ambiental, se retrajeron fuera de este habitat en los pisos térmicos
favorables. Las ciudades ubicadas fuera de esta geografía los albergaron
generosamente, y algunas pocas más, situadas dentro, recibieron su aporte.
De ahí el que los estratos altos senaJen todavía su mayor adhesión a este
tipo étnico y a su cultura que en el resto de su territorio, porque además,
no se proyectaron ni en las tenencias agrícolas ni en las ganaderas que
poseyeron, aunque crearon sus mayorazgos, usufructuraron sus
Encomiendas y recibieron la merced de extensas tierras realengas, como
fue de común ocurrencia en la Costa Atlántica. El ausentismo dominó en
la Colonia, como sigue hoy manifestándose en la tenencia del suelo en
estas regiones.
Avanzados los tiempos, esta limitada inflUencia aculturadora del
blanco se retrajo más, con algunos hechos históricos: la liberación de los
negros, la extinción de algunos centros mineros y finalmente con la
emancipación política. Popayán, Anserma, Santa Fe de Antioquia, Pasto,
Barbacoas, Medemn mismo, Cartagena, Momp6s, Santa Marta fueron
desde entonces sede permanente de 10. duefios de los Reales de Minas que
quedaban atrás y que antano visitaban esporádicamente en \as inhóspitas
regiones mineras. Sus familias se estabilizaron en estas poblaciones y
238
;
i
¡
. '
muchas de sus viejas posesiones quedaron abandonadas más allá de la
frontera climática posible para el blanco. Cuando vino la minería moderna,
con capital extranjero, estas instituciones no fueron más, a la usanza
española, focos de proyección cultural . Constituyeron injertos técnicos,
insólitos dentro de un habitat sin dominio, capital en acción dispuesto a
sacar ventaja de la inversión hecha y sin manifestaciones colaterales de otra
índole.
La población de color, la india, y las mezclas raciales resultantes
dentro de los grupos populares, pasada la etapa de la Conquista y de la
Colonia y llegado el abandono de la República con sus intereses
focalizados en las guerras civiles yen los departamentos centrales, volvió a
quedar a sus anchas en estas zonas . No fue mucho más lo que recibió en
avance aculturativo, Hasta tal punto es verdad esta situación, que los
estudios Uevados a cabo en la Costa del Pacífico 33 o , indican que el indio
aculturó materialmente al negro y también le injertó muchos de sus
contenidos espirituales de aquel momento y con los cuales vive en la
actualidad. La rala población blanca tampoco estuvo exenta de sentir este
proceso: su corpus cultural está hondamente influenciado por los valores
de fuente americana y de ostensiva etiología negra.
Las premisas culturales de los grupos demográficos y el transcurrir
histórico vivido, sumado a las condiciones naturales del medio ambiente
físico, se acop1aban y se ajustaban felizmente, gestando una especie de
detenninismo en la estructuración institucional de este complejo. El
:labitat no controlado por su poblador, incubó y prolifera endemias
hasta ahora en comienzo de erradicación. Los suelos de escaso potencial
agrícola se empobrecen más con la antitécnica explotación humana,
dando escasos niveles de sobrevivencia. Amplias regiones se extienden
intercomunicándose sólo a través de la red acuática. La mayor parte de la
zona del complejo es todavía un paisaje natural más que cultural, cuya
conquista está muy distante. Dentro de estas condiciones ambientales, se
acoplan las instituciones cuya estruClura y dinámica avanzan a la
retaguardia nacional con un ritmo más pausado, aún sin gestar estímulos
propios de desarrollo. Un somero inventario deja ver que aún las
condiciones de salud están a merced de las fuerzas naturales; el hombre no
ha superado en altos porcentajes la etapa de la adquisición de la lectura o
de la escritura: la religión ha devenido en magia y en liturgia, como
complemento funcional de su realidad, y la vivienda se estanca. dentro de una
etapa de hondo prirnitivismo.Veamos esta situación en más amplio detaUe.
330 Roben C. Wrst. The Poclflc Lowlond o( Colombia.", op, cU .. P'a. 82 Y
ss.: 126 y 55,
239
En la Costa del Pacífico
LAS INSTITUCIONES
LA ECONOMlA
Este litoral, porción del complejo cultural negroide, es minero y
agrícola, cazador, pescador y/o recolector secundariamente. Tres
características fundamentales se hallan en relación con la tenencia de la
tierra en la Costa del Pacífico: la primera se refiere a la carencia de títulos
de propiedad de los bienes raíces rurales. De no tratarse de las minas de
oro y platino (antiguos Reales de Minas), no existe una titulación oficial de
los poseedores de las tierras agrícolas. No existe tampoco un catastro de
estas zonas; sólo una regulación tradicional para trasmitirlas, cederlas,
heredarlas, o simplemente hacer uso de ellas.
La segunda característica es la de que las tierras agrícolas, son
explotadas directamente por sus duellos. No existen formas de cesión de
lotes o parcelas para trabajarlas por segundas partes, o como dice Chaves, a
"esta zona todavía falta mucho para que la tierra Sea considerada como
una mercancía" 331 . Corno condición tercera (a excepci6n de zonas muy
limitadas de Nariño y Cauca) 331, la posesión de la tierra en el litoral no
constituye una área unificada, más bien se trata de la disponibilidad de una
serie de predios ubicados en partes muy diferentes, bocanas, "anuras o
vertientes, sobre las vegas de un mismo río, o sobre ríos distintos,. que
generalmente no tiene dimensiones amplias, sino que constituye retazos
331 Mildades Ch..ves, LG J'E',Mn noturol.. .. OP. cit., píg&. 22, 23: véanse cuadros
de c.tastro de los municipios costeros del Pacífico y cu.drO$ de baldíos. pÁp. :23 y
24.
332 CIDA. op. cit .. pá¡. 108. Este estudio obsetva-que en N . r i ~ o 'y e.un existen
sr.ndes latifundios en la Costa del Pacífico.
24\
Ii.hllel de 8uelo, bien sea porque sieado fértiles y no se inundan pueden ser
IIpl'Ovechndos para la siembra, no importa que sólo constituyan lotes de
nlgunos metros de largo y pocos de anchura, ya que siendo talla escasez de
lIerras agrícolas, hay que tomar ventajas de las pocas que existen. Estos
retazos agrícolas están situados a lo largo de las corrientes o en algunos
lugares internos de la vertiente. Esta pulverización de la propiedad hace
que su explotación mantenga al habitante dentro de un permanente ir y
venir de un sitio a otro, ya sea abriendo el "claro". cultivando cada
producto o recogiendo la cosecha permanente o estacional 3]3 . Un
continuo movimiento cíclico agrícola conplementado con las áctividades
pesqueras, las de caza y recolección de productos forestales, más las tareas
mineras esporádicas, mueve al costeno del Pacífico de un sitio a otro en un
pennanente nomadismo, fruto de las condiciones de su habitat y del
estadio técnico de su sociedad.
Existen amplias tierras comunales que se ubican, según West , a alguna
distancia de las fluviales . La escasa densidad humana de este
litoral explica todavía su abundancia, y pueden ser cultivadas por cualquier
miembro de la comunidad o por alguno de fuera que la solicita a las
autoridades 334. También existen tierras que pertenecen a la Iglesia 335.
El resto del suelo es baldío. los habitantes de los caseríos costeros,
localizan en ellos tie rras agrícolas para hacer sus siembras, y así inician un
ciclp de movimiento, sembrando sucesivament e primero en las partes altas.
luego en 1a llanura, retornando a sus caseríos costeros para la pesca, e
iniciando luego el éxodo al comenzarse las cosechas. Estas tierras, una vez
utilizadas, van adquiriendo un cierto valor de propiedad privada que acaba
por estabilizarse dentro de limitadas familias, condición que las demás
respetan.
A excepción de las fonnas capitalistas de la explotación minera y
forestal en manos de extranjeros, o de gentes del interior del país, la
economía de la Costa del Pacífico es de subsistencia, característica más
333 Silvio Yepc:s Agredo , Eiftudi o E'conómiro preliminar ... , op. cit . . pág. 16 Y
SS., 2S y ss.; Ernesto Guhi. (>1 Chocd ... , op. cit" pá¡. 37 Y !S.; Milcíades Chaves.,
op. cit., pág. 24, seillala esta situacion en varios municipios de la costa;Migue1
FOnlagucra op. cH •• pág. 10 Y ss.; Robcrt e, Wrst, The Pacific Lowlond .... op. cit"
págs. J 1 2, 113. 153 )' 154; Banco Ganadero, op. eH .. págs. 24 y 25; Peregrino Os",
V •• TurenOif bald(o" en Colombia, en BO/ctÚl dc la Sociedad Gf'orlrafica dI! Colombia,
Bogotá, \'01.11, 1935, páas.. 123 y 127.
334 Roben C. We«. op. cit. , pá" 1 54.
335 Pueden ser cuhivadas, obteniendo permiso para hacerlo al mayordomo de
fábrica de cada parroquia, mediante el pa&a de allunl cantidad en dinero o en
especie!>.
242
evidente en la ·actividad agrícola: la manera de realizar los cultivos, 101
índices de productividad, categorizan esta condic ión.
Complementariamente, a excepci ón de las vías fluviales con tráfico de
embarcaciones menores y el de cabotaje marino, no existen sino limitadas
vías terrestres 336 . Este aislamiento se ve complementado con la falta de
mercados absorbentes y la ya señalada de suelos fértiles, sólo 0.42 del total
chocoano, por ejemplo 337. Falta de drenaje y defectuosa composición,
fueta de la salinidad y los daños que ocasionan las dtagasmineras,
constituyen los defectos básicos de los suelos. los demás están expuestos a
una laterización intensa al ser desmontados 338. Los procedimientos' de
roza, quema y siembra, son los sistemas que la población emplea para
cultivar, utilizando un mínimo de herramientas y de procedinúentos
técnicos en la selección de la semiUa y el control de plagas. Tal técnica,,, la
misma que sirvió a los indios chocoes para el cultivo agrícola, desde el Siglo
diez y seÍ5 y fue trasmitida por este nativo con la Mita Minera en los Reales
de Minas 339 . las cosechas fundamentales son de maíz (maíz chocosito),
yuca, arroz, caña de azúcar, plátano y escasos frutales 340. Algunos de
estos cultivos son temporales , mientras que los de plátano son
permanentes, ubicados en las cercanías del rancho, en las bocanas o
márgenes de los ríos.
las condiciones de los suelos y del clima, superhúmedo, no permiten
un desarrollo ganadero considerable 34' ; cerdos y algunas aves,
336 El lit oral se enlaza con el interior. a través de la carrelera que sube a
Tumaco, al altiplano del ferrocarril a Buenaventura, y la vía que une a Quibdó con
Medellín. El Departamento del Chocó tiene 236 kms. de carretera. Consej o Nacional
de Politico Económica y Planeación Chocó .... oP. cit., pág. 301 Y ss. Véanse mapas
y gráficos de carreteras y caminos en el Chocó.
337 FetnaMO lrusta y Emilio Fortoul, Charo. Suelo., en Can.ejo Nacionof de
Pol(tica Económico y Ptaneoci6n. Chocó. Pl"n Fomento Re,ionol. Cali 1961, p ág,
235 Y ss" 614,61 5,617.623 a 641.
338 Robma C. Wrst, The Pacific .... op, cit., págs. 126 a 129; INCORA,
Proyecto Chocó, núm. 1. pág. 67 Y ss,
339 Roben C. West, op. cit., pi,. 130, Consejo Nacional de' Polftl cCJ Económica"
Pianead6n, Choc6.,,, DI'. cit .. págs. 236 a 271. Los autores de este tnbajo
consideran que exista agricultura en el Chocó, dados los procedimientos técnicos
u"dos. Obsérvense los datos sobre produclos agrícolas, págs. 256 )' 257.
340 Miguel Eiftudlo 8ob,. la corta pacifico .ur •••• OP. ell" P í.a. I 3
Y ss. En la tona de su esludio prevalecen las mismas condiciones •• dcolas: Ballco
Ganadero. Elfudio wdo-econdmico de la codo .ur del Poc(fico. Caucd y Noriño,
Bogotá, 1965, cap. XI. págs. 45 a 55; SiMa Yepu Agredo, ap. di .. pi .. 43 y 11.
341 Banco Ganadero. al'. cit. , págs. 50 a SS; Roben: C. We«:, 01', clt" V'SL 146
y 141.
243
constituyen los animales más comunes en la vivienda de la
población indígena y negra de la Costa del Pacífico 3'1.
La pesca, otra de las actividades del hombre del litoral Pacífico,
proporciona una fuente más de abastecimiento de alimentos. Comprende
la pesca fluvial , la de más auge, y la pesca marina 343. La primer. es una
actividad cotidiana, que reaüza cada familia para satisfacer sus necesidades
diarias. Fomaguera dice que los hombres de l. parte interna del litoral
Pacífico 344 , usan primordialmente agricultores y en segundo lugar
pescadores" • mientras que "los habitantes de las bocanas y esteros, son en
primer lugar pescadores y en segundo lugar agricultores": En todo caso,
sólo alcanzan a obtener una producción . que satisface las necesidades
familiares y la demanda de un reducido mercado local. En la época de
" subienda" la pesca impulsa el nomadismo del habitante del litoral. La
actividad pesquera marina es limitada al consumo local, debido a que
faltan capital, mercados, consumidores, transporte eficaz y técnicas para el
procesamiento. Atrae periódicamente al negro del int erior, tanto como al
nativo indio, para las temporadas de. recolección de mariscas, o en los
primeros meses del año 3 .. S •
Complementariamente existe la caza. de mayor importancia entre los
indígenas chocoes, que entre los negros, que sin embargo encuentran en
ella un recurso alimenticio 346. La carne de animales salvajes se vende en
todo con mucha más frecuencia que la de los vacunos 347. o la de
cerdo.
La explotación de la selva constituye part e vital en la existencia del
hombre del litoral: proporciona los material es fundamentales para la
342 Consejo Nacional de Polftica Económica y P/.aneaci6n. Chocó .... op. cit •.
págs. 240 )' 241. Véanse cuadros de producción pecuaria.
343 Consúltese. para mayor amplitud. Federico Menden./nforrne final sobre La
mi.ión r eaJuada en Jos do, Atrato, S,m Juan Baudó, por Federil'o Menden,
en Nacional de Po l{tica Económica )' Pl aneaclón. e11 0c6: Plan de fomento
re,ionaf, op. cit •• pa¡. 684 y ss- ¡Roben: C. WCst. op. dt., pág!>. 15 S Y 161: Banco
Ganadero. op. cit. , cap. Vl. Recursos d ... )' marinos, págs. 702. 704,
Nal'ional d e Polftica EconÓmica y Planeación. op. cit.. págs. 17 a 20,
RodoJfo Castro Torrijos. ChocÓ .... op. d t .. pág,: H. I Y SS., O. S; Arnold Janson
Wilson, La pesco en la Costo del Pac{fico. en Secreto.n'a de Agri cultut'O y Gonoderlo.,
núm. 4, 11, págs. 36 y 37; Mitcíades Chavcs, L4 TCRión naturaL, op. cit., pág. 20.
344 Miguel Fomaguera, op, dt .. plig. 18.
345 Coruejo Nacion.al de Po lft ica Económica y Pkmeoci6n. Chocó .... op. cit. ,
pág, 278.
346 Mildadts eh.ves, op. cit .. pág. 20 Y n .; Robcrt C. Wett, op. cit., págs..
162a 165.
34"1 RobcrtC. Wcst,op. cit., pág. 147.
244
vivienda y el transporte 348, complementa su dieta alimenticia, y obtiene
productos que refuerzan sus ingresos. El aprovechamiento de los recursos
selváticos es otro incentivo a la movilidad. Existen manchas de especies
maderables aprovechables, y en ellas aserríos, como en la zona de Tumaco y
Buenaventura y algunos más en el Chocó, pero que tropiezan con la
. . dI' 349
carencia de vías que acerquen el producto al mtenor e palS .
La minería es la actividad tradicional del litoral del Pacífico. Dos
formas de explotación se realizan: altamente tecnificada, en manos de
compañías extranjeras, y primitivas en sus sistemas de explotación, falta de
capital y en poder áe un número muy grande de nativos que con
procedimientos manuales lavan las arenas auríferas de multitud dedos 350.
Mujeres y niflOs son los principales trabajadores en la extracción popular
del oro, que lo hallan "playando", es decir, lavando las arenas de tos ríos o
de las terrazas en las corrientes fluviales; la minería constituye una
ocupación eventual para anegar recursos económicos que derivan a la
celebración de las festividades religiosas, como lo fuera antaño 3S ' . Esta
ocupación, como todas las demás, moviliza los grupos humanos hacia laS
zonas mineras por algunos períodos del año.
Los campamentos mineros de la explotación técnica del oro y el
platino, concentran en algunas poblaciones cierto número de obreros y de
empleados. que generalmente han venido del mismo ambiente litoral 352.
Grandes capitales se mueven en ellos y las instalaciones y plantas
metalúrgicas cuentan con una amplia tecnificación, pero muy poco
148 Mi¡uel Fomagucra, op. cit., pi" '21 y ss.; Milcíades Chaves, op. cit.,
págs. 32, 33 Y 34.
3 .. 9 Banco Ganadero, op. cit., cap. X, Bosques, pá¡:s. 217 a 229; Miguel
FomaguU'a, oP. cit., págs. 21 a 25; Robert C. West, OP, cit" págs. 165 a 172; Rodolfo
CaJtro Torrijos, oP. elt., pigl. A. 31, y ss.; Ac::evcdo Latorre,
,eo-económico ... Valle ... , OP. elt" pa,s. 23 y 24 ; Mlldades 0p. elt .. pags. 32
a 34; véase el cap. VIll, págs. 491 a 499, los proyec:tos de inversion nacional -en esta
actividad. ,
350 Confiérue Banco G.nadero, op. cU .. c.,. V , Recursos MinCTos, pags. 6'7 a
69; Rodolfo Cauro Torrijos., oP. cit., págs. D. 30 Y SIS.; MlnUterio de Minas J
Peu61eos ComplJoci6n de lo.t edudicu en Coiombkl, tomo X, Bogota.
1960, 79. 81, 90 Y ss., 95, 97. 152)' 151., Robm C. '!eIt. The Pacific. ... op.
cit .. pags. 172 a 182; CtHUe}O de Pol(tico EconómlCG, ChoCÓ ... , op. elt",
263 a 271; véase-cl cap. VIII. págs. a. Eduardo ACC'Vedo
IAwrtt, Panorama. .. del VaDe.... .. op. dt .. pap. '12 y 23; Chavea. op. cit..
plg. 27 ; Roberto Wokittcl, Recul'7olJ minergle. d e Boaota. t 960, págs. 81 a
90, 93 a 106; Room C. West. The Padfic_ .. op. cit., pa¡s. 173 )' 174.
351 Ilobcrt C. West, The Pacfftc ... , op. elt.. p'g. 179.
35'2 Para mayor conocimiento de la prOducción de riqueza minera del P.cíf'ICO
cOMúltese: Roberto Wokittcl, op. cit. , ,lÍa. 81 y u., 93 a 106 y map .... pias. 79,
93. 9S y 97; ROOolfo Castro TorTijo .. Chocó" " op. e/t •• á ... D. S 3 Y
..

trascienden en la economía regional. Este grupo extrae el 900/0 del oro y
el platino chocoano y la mayor parte del nacional ,B3.
En el Río Magdalena
Existe, según el estrato socio-económico de que se trate, una
especialización en las tareas productivas. Dentro de los grupos populares la
pesca es una de las actividades de mayor tradición y donde las condiciones
ftsiográficas juegan un considerable papel en ayuda del habitante ribereño.
El río Magdalena, con el Cauca, el San Jorge y las Ciénagas y afluentes
adyacentes, integran una de las zonas piscíferas más importantes de
agua dulce, junto con el Atrato y el Sinú 3S4. Esta actividad constituye
una diaria ocupación que proporciona parte de la base nutricional del
habitante ribereí\o, fuera de que en determinadas épocas del afio congrega
los pobladores del río, y pescadores de regiones más distantes,
proporcionándoles una fuente importante de sus entradas 35 S. Durante la
Uamada época de la "subienda" las salazones de pescado cogido en esta
temporada son enviadas a los mercados andinos pan suplir las exigencias
dietética-religiosas de la gente del interior 3 S6 . Sin embargo, los sistemas
exhaustivos de pesca, los métodos irracionales que atentan contra esta
riqueza fluvial, han ido menguándola día a día 3 s 7 ,
Otra fuente de riqueza natural, los bosques 35', proporcionan
elementos para la vivienda del ribereño y algunas manchas están siendo
explotadas en aserríos modernos. Barranquilla es el puerto terminal de esta
explotación maderera, para la cual baja por el río los productos brutos y
. 353 Consejo Nacional de PoUtica Económica )' Planeocl6n, Charo .... op. cit"
pag. :2S2.0ANE. Anuario ,eneral ,de Estad{stico 1960, Bogotá, 1962, págs. 768 y
769. Véase proaucci6n de oro y platino de esta zona, años 1957 8 1960.
354 Lauchlin Cume y otros, PrOlrama de de.arrollo económico del Valle del
Ma.gdal ena. ••• op. cit •• págs. 73 B 88.
3SS EmcRo Guhl. Estudio. de plonificaelón para Se,uro Sodal en el Litoral
del Caribe colombiano, Bogotá, 1943, pag. 43 Y ss. ¡ Instituto Colombiano de
Seguros Sociales, &IudiO' preliminar para Jo imtalaci6n S e,uro. Socialel en lo
COl ta del Coribe, en Se,uridGd Social. Bogotá. núms. 10. 11, 11, 1952, pÍg. 79 Y

356 Lauchli.n Curric, Pro,rama de delGl'T'OUo económico del VaJw del
Ma,cudenG.." op. cit .. Areas de pesca en agua dulce, págs. 79 y 81; Aquiles Esc:alantc.
op.. cit.. cap. XII, pág. 149 Y ss.
357 Enrique Púa ArbcWez. RecuraD. natu"CIte. de Colombia. Bo¡otá. Imprenta
Banco de la República. 1954, segunda entrega, págs. :2:23 y 2:24; Ceci.1 Miles, Lo.
pece. d el 1'(0 Ma,dGlena. Bogotá, t 947.
358 Lauchlin Curric, Prorrome de deMlrrollo eeon6mlco del Velle del 1'(0
Mo'daleno. ... oP. dt .. plÍgs. 9:2 a II S.
246
moviliza los elaborados hacia el interior O por mar hacia el mercado
foráneo 359.
Las actividades agropecuarias en grandes haciendas recientemente
abiertas, ocupan las tierras ribereñas, pero su mayor o menor incremento
diftere con las comarcas fluviales 36" Las tierras del Huila y del Tolima
mantienen una ganadería de tipo extensivo que se conjuga a trechos con
agricultura, y que empieza también a fructificar en las tierras de
incorporación nueva en Boyacá, Caldas y Cundinamarca. La conquista
reciente de las riberas aluviales del Magdalena dentro de los Departamentos
de Caldas y Antioquia, Boyacá y Santander, se ha vertido hacia la pecuaria
donde haciendas ganaderas ocupan el lugar mermado a la selva pluvial,
conftgurando tenencias, algunas de las cuales pasan por constituir los más
grandes latifundios del país 361 . En la parte baja del río, algunos colonos
penetran ya a las zonas de la depresi6n momposina 362 I incorporando
tierras nuevas para la ganadería y el cultivo de arroz, mientras aguas abajo
hallamos las cabeceras de los principales municipios del Magdalena y de
Bolivar, de larga tradición pecuaria. En el cinturón selvático magdalenense
núcleos mínimos, escasos de capital realizan desde hace largo tiempo su
conquista, abriendo "claros" temporales, mientras selva adentro se
asientan colonos a la búsqueda, conquista y posesión de tierras
aparentemente baldías 363,
359 Lauchlin Curric.Pro,rama de deaarrollo .... op. cit •. págs. 102 y 103.
360 Ernesto Gubl )' otros, Caldru,." op.. elt .. pá" 477 Y ss., 74, 92, :273, 286,
187. 373 )' ss.; Ernesto Guhl, estudio de 'Planificación. .. el litoral Caribe. ... oP. cit ••
pág, 1?4: Eduardo Acevedo Latorre, Panorama ... Antioquia. ... ap.
cit •• paSo' 1: Rafael Rcyn, L4 ianader(o en AntfoQufa. en Revúta CoJombiana
B,ogotá. 1944, nÚms. 6 }' 7; Eduudo Acevedo lAtOJTe, PanoramG .. , Boyac6 .••• op, cit.:
p g.20.
361 C1DA, págs. 107 y 108; Gobemaci6n de Antioquia, pran tenmJl de
derorroUo. . .. op. el t .. pago 107; nANE. Departamento de CcJIdGI, ceneo G,ropecl4Orio,
80gotá, 1962. ph;. 65.
362 Emnto Guhl, Estudio. de planf/icaciin paro el Sefllro SociaL ... op. cit..
pág.. 04&: Cald_ Alpecto. , eo".-dfícoa, econ6mico. y ..,cfaJea. . .. oP. dt., pá¡. 32.
363 Lauchlin Cunic:, Pro'rama. ... op. cit .. págs. 53 y 57. El autor dice que en
esta lona, al par que existen "los latifundios más extensos del país, está presente
también el número más crecido de colonos"; DANE, de Santander.
/TLuertra Cl6ropecuaria, Bogotá. t964, págs. 52 )' Departamento de Celda.. muertm
afTOpecuaria. Bogotá., 1962, págs. 5:2 y 53; Gobernación de Antioquia. Plan ,eneral
de de.a:rroUo para AntJoqula, Medellín, 196:2, pác. 107 y ss. Anota que las z:onas
ganaderas de Antioquia sobre las riberas del río, tienen extensiones máximas.
247
En In parte rmal del río, las periódicas inundaciones y posteriores
sequías, cubren y descubren playones marginales 364 temporalmente
ocupados por ganadería o por agricultura, dando origen a movimientos
estacionales de los cultivadores y ganaderos 365.
La cuenca magdalenense es rica en petróleo y algunos minerales más.
La explotación del primero da ocupación en este valle y en la Costa
Atlántica, a unas 12.000 personas con salarios superiores a los de cualquier
otra actividad 366. Por lo demás, la actividad minera de la cuenca
magdalenense se halla reducida a la extracción de caliza para la fabricación
de cemento en N are y BarranquiJIa. También de la primera se utilizan los
mármoles 36-' .
Una de las actividades más importantes del río Magdalena es el
transporte. La mayor parte del volumen de carga que entraba al corazón
andino o salia hacia los departamentos litorales y hacia el exterior se
movilizaba por el río. Recientemente, el ferrocarril que acompafia su curso
ha aliviado considerablemente el transporte fluvial, que sin embargo
emplea considerable cantidad de población y continúa 363 siendo, como
en la Colonia, . un impulso a la movilidad extrema de la población
ribereña 369 .
364 INCORA, Estudio detallado de suelos de Mahates, Maria id Baja, ProYl!cto
Bol(lJíJr, Bogotá, núm. 1, 1965, pág. 18; Ernesto GuhI, Estudios de planificacJ6n.. ; el
Litoral Caribe ••• , óp. cit., pág. S 1 Y ss.; Lauchlin--Cunie, Profruma de
económico del Valle del Maldalena. •• , op. cit.. págs. 20, 21 Y ss.
365 Lauchlin Currie, OP. cit.. 53 Y 57; CIDA, Estudio sobre la tenencUJ de
lo tierra en CoJombia"." op. cit .. págs. 154 y 156; Ernesto Guhl, Caldas, Aspectos
geográficos econ6mlcos y socia/es. ••• oP. cit., vol. n, págs. ll. 33, 107 Y 108;
Eduardo Acevedo Latorre, Panorama. •• Santander •••• op. cit •• págs. 18, 19, 2l Y SSo.;
Instituto Colombiano de PJaneación Integral, Primer plan regional de desarrollo poro
el oriente antioqueño ... , Op. cit .. pág. 75; Gobernación de Antioquia, Plan generaL ...
oP. cit .. pág. 107 Y ss.
366 Eduardo Acevedo Latorre, Panorama ... Santander .... op. dt.. pág. 21 Y
ss.; LauchUn Currie, Programa de desarrollo ••.• op. cit., pág;. 113 a 115, mapa .núm.
5, campos de petróleos, oleoductos y refinerías.
367 Eduardo Acevedo Latorre, Panorama. •• Antioquia. ... op, cit .. pág. 34 Y
ss.; Panorama. .. Boyacú.... OP. cit., pág. 44; Instituto Colombiano de Planeación
Integral, op. cit., pág. 48 Y ss.; Consejo Nacional de Política Económica y
Planeación, Colombia, Plan general de desarrollo económico y rodel,. II Parle.
Industrial, Bogotá, Imprenta del Banco de la República, 1962, cap. XVIII, Derivados
del petróleo y del carbón, pág. 261 Y ss.; Banco de la República. La minerla en
ColombiG. Boletfn, núm. 11, Bogotá, 1950, pág. 16A. Ubicación de los pozos de
petroleo en Colombia.
368 Lauchlin Currie. Programa de deJarrollo econ6mico •••• oP. cit •• págs. 192 a
196.
369 Jesús Arango, Geovaf(a f(sica y económica de Colombi", Bogotá, 1955,
pág. 189; Joseph Lebrct, EstudiOl sobre ias condiciones del de.aTTolJo en Colomblia.
Bogotá, 1955, Texto y Atlas complementario. págs. 165, Y 278; DANE, Anuario
248
En el Río Caoca
La zona correspondiente al complejo cultural negroide en el río
Cauca, reúne similares condiciones de tenencia a las regiones precedentes,
Es asiento de urta dominante gran propiedad. Las mercedes coloniales que
dotaron a los grupos altos hispánicos de extensos suelos y de una
población agregada a ellas por su servicio, se vieron proyectadas más tarde
para su engrandecimiento permanente por las ampliaciones que este mismo
grupo siguió manteniendo como expresión de su status o para reforzarlo y
mantenerlo vigente. Tierras baldías, comunales (ejidales) o de pertenencia
de los grupos aborígenes, fueron vertidas al haber familiar de los troncos
castiws, hasta llegar en su expansión a abarcar toda la feraz planicie del
valle fluvial, y recostar por su presión en 1as vertientes erodadas a los
negros o indios o a su descendencia mezclada, en coexistentes parches
minifundistas. Así se mantuvo en poder de pocas casas solariegas el
dominio del suelo, situación que se ha extendido al momento actual 370.
Caracteriza la administración de la gran propiedad el ausentismo. En el
pasado los terratenientes residían en Popayán y actualmente en Cali, o en
otras ciudades menores, delegando la administración del suelo a
mayordomos, mientras dedican su tiempo a actividades cívicas, políticas y
socia1es, etc 37 1.
También caracteriza esta zona la presencia de una creciente población
rural desarraigada del suelo. Esta población, continuidad de los
desposeídos, indio, mestizo, negro liberto y sus descendientes 372, atosiga
el agro de una oferta abundante de mano de obra, que dentro de una
G'meral de Estad(stica 1962. Bogotá, 1964. Véanse cuadros sobre el movimiento de
carBa, pasajeros y ganado en el río Magdalena, págs., 654 a 668; Lauchlin Curde y
otros, Programa de desa1Tollo .... oP. cit •• pág. 31l Y ss.
370 Gu.avo Arboleda, Hútol'ia de eali, Cali. 1928; Antonio Olano, POPGydn en
la Colonia, Popayán. 1910; Raymond CrUt, The Cauca Valley. Colombia. land tenure
and land use. Baltimore, 1952; Van F. Schenk. Viajes por Antioquia en 1880,
Bogotá, 1963. págs. 52 y 53. seiiala la existencia de la gran propiedad; Doctor
Saffrais VicVes a Nueva Granoda, op.cit" pág. 226; Antonío Posada y otra, C. V.C ••
Un el aubde6"arrollo y al tradicionalismo. Bogotá, 1966. pá¡¡.
141; Rodrigo Parra, op. cit., 50, 61 Y ss. ;INCORA. Plan de supervisado
pora el Valle del Cauca. ••• op. cit •• pág. 46 Y ss.
371 Eduardo Acevedo Latorre, Panorama gecr-econ6mico ... Valle .... OP. cit ••
pág. 17 Y ss.; SENA. Estudio socio-econ6mico. drea Valle del Cauca. lin fecha,
p'gs. 4 y 5; Raymond Cristo COliCUo ... op. dt •• pág. 59 Y ss., indica que en 1950 los
terratenientes de las mejores tierras de este Valle las tenían dedicadas I la Ilnadería
extensiva y se sentían ampliamente remunerados y satisfechos con lo que rentaban.
aun suponiendo que mejoras técnicas triplicarían las ganancias; Raymond Crin, op.
dt •• págs. 35 y 36; Antonio Posada y otra, op. cit., págs., 19 y 20, 55 a 58.
372 Raymond Crist, OP. cit.. pág. 36 Y ss.
249
ganadería de tipo extensivo, obtiene como resultado peyol1ltivas
condiciones de enganche y pago 373. Estas condiciones se traducen en una
fuerte movilidad de este grupo, que permanece en la parcela, mientras la
ciudad le permite acogerse a ella. En tanto, se mueve de un lugar a otro en
busca de mejores condiciones de trabajo, siguiendo el ritmo de atl1lcción
de las cosechas.
Como característica genel1ll en este valle domina la ocupación
ganadera (pastos 43.30/0) sobre la actividad agrícola (agricultura
13.8010) 374. Esta ganadería de levante y cría, con el crecimiento urbano
se ha orientado hacia la producción lechera 375 pal1l el consumó diario y
para la industrialización del producto. La parte agrícola de este sector,
altamente tecnificada en los últimOS años y que paulatinamente va
invadiendo la primera, produce cafia de azúcar, arroz, tabaco, fríjol y
cacao, entre los principales productos 37 •.
Paralelamente con el desarroUo agropecuario se enlaza el
desenvolvimiento industrial cada vez más creciente en Cali y algunas
ciudades vecinas como Buga, Palmira, Tuluá. Cartaga, etc. 377. ocupando
en 1959 el tercer lugar en la industria nacional . Este ritmo de adelanto ha
atraído a considel1lble cantidad de población rural, que está imprimiendo
un acelerado proceso de crecimiento a sus ciudades 37 6.
En la Costa Atlániíca
En toda la Costa Atlántica predominan las actividades agropecuarias,
en tanto que sus dos ciudades mayores, Cartagena y Barranquilla,
representan el proceso de industriaIización de este complejo. En función
de laboreo del suelo la Costa Atlántica reviste características particulares:
predomina la explotación de la tierra en forma indirecta y luego,
373 Otto Morales 8enítcz, Relormo G6roria. .• , op. cit .. CVIIl. 77; SENA,
E.tudlo. •• VoUe .••• 014 cit •. pág. 60 Y ss.; véase Jornal A,r(colo.
374 Briccño,op. cU., págs. E.IO-32,33SENA,EdudJo ... Valie. •.. op, cft .. pígs.
40a4SiDANE.Cerao Q6ropecuarlo (Resumen nacional). Bogotá. 1964, pág$. 30 Y 31.
375 Eduardo Acevedo LatotrC. Panorama... Vólle ••.. 01', cit .. págs. 30 a 32.
316 Raymond Crist, op. cit .. pig!i. 65 a 87;DANE. Mr.ce.trn tJ6roJHCUlJ1'to. ... OP.
cit., págs. 26. 27 Y 29.
377 De SOO estabiecimient05 (total en el Departamento, pero la mlyorla
ubicados en esta zona), en 1945 han p ... do • 39.530.DANE,Anudl'io Gen"ral de
E.tod(ItJco. ... op. cit., pél'- 71S y 779.
378 MiJuel Fornarucra. Mflracione. InterrUJ6 en Colombia. Inédito. El autor
sei\ala un decrecimiento del ritmo migratorio a Cali y aumento mayor en lu ot ....
dudado nombradas.
250
prevalecen "los otros arreglos" 379. constituidos por colonos flotantes
"que limpian terrenos baldíos o potreros y • . ,titulados, sea por su propia
cuenta y riesgo o por contrato; otros residen en pequeñas parcelas cedidas
por grandes ganaderos y se dedican por contrato a varias tareas de
mantenimiento de los potreros " 380. También hallamos campesinos que
operan en fincas "cedidas" por sus familiares 381, sistema que delega a
personas de la familia la administración de lotes de terreno, sin
compromiso alguno de parte de ellos hacia el propietario 381 y que por
ello se denominan "cedidos". Es curioso observar que aún dentro de las
explotaciones comerciales, se encontró un número mayor de fincas dadas a
"cedidos" que a arrendatarios, muchas de ellas mayores de 50 hectáreas,
modalidad más común en las unidades de subsistencia, frecuencia que está
seftalando el grado de su importancia. Asimismo hallamos la aparcería,
versión económica según la cual quien trabaja la tierra ajena, da a su dueño
una cantidad variable en espe.cie 383.
La Costa nortcn.a muestra un segundo tipo de colonato. Constituye
una modalidad tenencial bastante extendida en el Caribe, que ofrece dos
alternativas: 4'el colono' que ocupa en forma permanente la tierra
civilizada por él " y el "colono flotante" que "limpia y desmonta la tierra
cubierta de montaña", cultivando productos de panllevar para su propio
sustento, durante uno o dos años, para luego ceder la parcela ya sembrada
con pastos, a ganaderos que le pagan "las mejoras" con o sin previo
acuerdo o contrato 384 . Bajo esta forma denominada 4'roza", el ganadero
ocupa la tierra y se preocupa por conseguir el título de propiedad,
mientras aquel obtiene tierras fáciles sin problemas de administración y de
relaciones de trabajo, y el colono puede ir empleando su iniciativa en 13
conquista de suelos que tienen saliua fácil, pero cuya explotación por más
tiempo no puede fmanciar.
379 CIDA, E&tudio .robre la t eMncia .... OP. cit .. pis. 82 y ss.; Coo.fiér8!le
cuadro 11.2, Colombia. Formas de tenencia según número y superncie de las
explotaciones de las re¡iones Andina y Caribe. Obsérvese la dominante aparcería en la
regi6n Andina y mínima en la Caribe.
380 ¡!>Jd •• pá,. SS.
381 Eu¡:ene y otros, Cereté ... . op. cit... pá. 174 Y ss.
382 Esto. individuos, cuyos lotes denominados "cedidos", ocuparon en la
encuesta realizada en Cereté por el autor citado. entre la$ explotaciones de
subsistencia, una alta proporci6n en relación con el total del 13.30/0 y CQn el total de
fincas de 8.60/0; Eugenc Uavens, OP. cit... pis. 1"15 y &So
383 MientrlS el CIDA coo.cede poca importancia a esta modalidad en el litoral. ,1
tltudio de Ceret-e le.eñ.t. un 500/0 de las explotaciones de autaco_urno. Eupnc
HavenJ. OP. .• pá,. 180.
)84 el DA. op. cit. . pág. 153.
251
Una tercera modalidad está de acuerdo con los sistemas de
interrelación personal y de compadrazgo familiar y político de la Costa.
Consiste en que un jornalero agrícola consigue del dueHo de tierra que le
deje rozar para plantar productos de subsistencia en un potrero
enmontado, o en pedazo de monte que él abre, a cambio de entregarlo
sembrado de pastos y limpio 3. s. Esta forma es casi una merced que
cumplen con alguna relativa frecuencia Jos dueños de grandes haciendas
para mantener un peonaje agrícola disponible, o bien por presiones
generadas en las modalidades estructurales de la familia de hecho que
interrelacionan las distintas clases de la comunidad.
Vuelvo a traer a cuenta que, siguiendo e,1 periódico avance y
retroceso de las aguas en las riberas fluviales, caHos, ciénagas y pantanos,
etc., del río Magdalena y de sus afluentes, aparecen y desaparecen tierras
que son aprovechadas en las épocas de sequía por campesinos que las
incautan y cultivan o pastorean allí sus ganados en la hierba nueva. Estas
vegas constituyen propiedades privadas colindantes, aunque los campesinos
las consideran "tierra de nadie" 386, prestándose su ocupación a fuertes
tensiones entre los que alegan ser propietarios reales y los que las ocupan
temporariamente. Estas tensiones dan indicio de la escasez artificial de las
tierras para quienes desean laborarlas, comparadas con la superabundancia
real del suelo inculto.
El arrendamiento es, finalmente, una forma de tenencia de la tierra
que 'se ha introducido recientemente con el cultivo técnico del
algodón 387. Los dueños de tierras ceden por un canon monetario sus
fincas o parte de ellas para ser explotadas con este cultivo, u otros de tipo
industrial 38 ••
En otro sentido caracteriza el régimen tenencial d. la Costa el gran
tamano de la propiedad. Después de Boyacá (Casanare) y de las haciendas
ribereHas del Magdalena, esta es la región del país donde existe un más alto
porcentaje de gran propiedad. Concomitantemente, el promedio de la
3as Eugenc Havcns, Eduardo Mont«o y Micbcl Romicux, Ceretl. un 4reG d.e
Jaf'furuUo económico 'Y .aocial, Bogotá, Facultad de Sociolo¡ía, Univeraldad Nacional.
1965, Informe técnico núm. S, pág. 133,
386 INCORA. E4tudio delaU040 de Jo • • uelo., .ector de Mohdte ..... op. "<'u •. pág.
lS: C10A, op. dI .. pág§. 154 y 155.
· 387 E"IeDe Havens y otros, op. cit., pÍlgs. 77, 78, 132 Y 100.
388 Véase . DANE, Directorio Nacional de e:cplotaciont!B a,ropecuorlaa,
DeparlarMnto del AUfntico, págs. 30, 31, 32 Y 33: Departamento de C6rdoba. págs.
39, 40, 41 Y 42; Departame"to de Bol(1I0,., p'g¡. 39 Y 45; Departamento del
M06dolt!no, pÍIBs. 39 y 49; CIDA, op. cit .. cuadro 1I-22, Distribución de la paliación
agríCOla naon l. formas de arrendamiento, páBoo 163.
252
pequena tenencia es mayor que el correspondiente en la zona andina 389.
constituyendo una característica más de su régimen tenencial. El litor!1
Caribe es la 7.ona de menor minifundio der'10 del país 390, Y si
comparamos esta situación con los Departamentos típicos del complejo
familiar americano, el tamaño de las parcelas clasificadas como
minifundistas en la Costa son considerablemente mayores que las de la
38. Veamos algunas cifras que respalden la afirmación:
DistribuciÓn de las ¡uper{icie. ,-uro/e, ¡elún el tamaño d e los predios
Catastro. Enero 1963
Por ciento del total
649 Municipios
Menos 2 3 10 50 200 500 más
De¡xJrtarnento de a a a a a a de
2 3 10 50 200 500 1.000 1.000
Atlántico 0.1 0.2 0.8 2.0 2.1 1.4 0.6 0.3
Bolívar 0,04 1.1 2.9 1.0 8.6 8.9 9.0 8.1
Córdoba 2.8 1.2 3.0 9.4 15.1 12.6 1 I.2 1.1
Magdalena I.2 0.1 1.9 6.2 13.5 11.8 19.5 23.7
Comparemos esta situación con Nariño y Cundinamarca del complejo americano.
Menos 2 3 10 50 200 500 más
Departamento de a a a a a a de
2 3 10 50 200 500 1.000 1.000
Cundinamarca 20.0 19.1 14.6 1.8 5. 2 4.0 5.0 3.4
Nariño 1.8 14.3 8.2 3.0 1.2 0.9 1.5 1.2
Veamos ahora la distribución de los predios rurales por Departamento:
625 Municipios Por ciento
Atlántico 0.4 0.2 0.7 1.9 2.2 1.4 0.1 0.5
Bolívar 004 1.0 2.8 6.9 8.7 9.0 9.3 8.8
Córdoba 3.3 0.1 2.0 5.8 13.9 19.0 20.8 25.8
Magdalena 3.3
('omparemos con Cundinamarca y Nariño :
Cundinamarca 16.2 19.0 15.1 8.6 5.2 4.1 5.1 4.0
Nariño 8.5 15.8 9.5 3.7 1.3 1.0 1.7 l.l
Hey que anolar, sin embargo. que estos departamentol andinos. tienen hacia el
rfo Ma,daJena y la Costa del Pacíf'tco (zonas del complejo familiar -negroide), dos
regiones de amplio latifundio que desvirtúan las formas de la tenencia en lu
porciones altas. Véase lambién, DANE. Directorio Nacio"td de Explotadon"
Ceruo AVOpecuorio Departamento de Bolfllar, píp.. 13, 14 Y 15;
Deparla"lento de C6rdobGo páas. 13, 14 Y 15; AtldinUco, pálo U
y 14;1 NCORA, Selundo año de Reforma AfrariG, Bogo1á. 1963, páp. 17, 1 S. 19, 20 Y
'21 ;INCORA, Estudio del minifundio en CoJombia, Bogotá, 1964, páp.. 12 Y 13.
390 INCORA. Estudio del minifundio .. ., op. cit., págs.. 22)' 13;lm dep.rlamentCII
con menos minifundio son Ma,dalena, Córdoba, BaH .. r y Atlí.ntlco.
253
'""
precedente zona, mientras a la invena de esta región, la proporción
numérica de los mismos es considerablemente menor. El CIDA, en su
estudio sobre la tenencia de la tierra en Colombia, considera que en la
Costa este tamano oscila entre I S Y 11 hectáreas, mientras en la región
andina es de dos 39 1 •
En cuanto hace relación al desarraigo, "el número de familias agrícolas
que no disponen de parcela de tierra bajo ninguna forma de tenencia
-peonaje agrícola- a las cuales se debe sumar los llamados
'administradores'. la cifra asciende a 180.000 familias, más o menos un
millón aproximado de personas, es dt#;ir que en esta región; según el
estudio de CIDA, se halla la mayoría de trabajadores agrícolas sin tierras
dentro del panorama nacional" 39l.
En cuanto a la administración de la explotación del suelo, se destaca el
reducido empleo de mano de obra y el ya mencionado ausentismo 393.
Las fincas ganaderas de tipo extensivo, tienen inversiones bajas de
capital 394 I tanto menores proporcionalmente cuanto mayor la extensión
del fundo 395. Se observa también que en proporción ÍDvena a la
extensión de la tenencia, se regula el empleo de mano de obra. De manera
que estos departamentos costeros asimilan una menor oferta 396 laboral
que las zonas andinas, y por eUo, con frecuencia los salarios son más bajos
que el oficial y no cubren el pago de las prestaciones sociales.
391 CIDA, op. cit .• págs. 160 Y 16l: I NCORA. Estudio del minifundio en
••• op. elt., p'g. 21. Obsérvese el minifundio y su lamaño promedio en el
complejo americano.
392 CJOA,op. cit., págs. 160 y 161. Véase cuadro Distribuci6n de las familias
agrícolas en la escala de tenencias de regiones. Véanse también cuadros 11-21 y
11-22, Distribución de la población agrícola en escala de tenencia y distribución de la
poblaci6n selún las formas de arrendamienlo, páas. 162 y 163. que refunun las
afirmacion .. s precedenles.
393 CIOA,op. cit .. págs. 194 a 200. Véase cuadro 1II-l3, Colombia,
Departamentos seleccionadO'; Eurtne Havens y otrOS.op. cit., pá¡. J 2 S Y ss.
394 CIOA, op, cit., pág. 220.
39S Confiérase, para mayor amplitud. D/rrctorio Nacjonol de ExplotocJo'1f!s
AVO.P4!cuarfat, C41fUO A'F'Opecuario J 960; DePGrta"'lnto de Bol(l.1Q:r, pág. 63 Y SSo,
35 )' ss.; Departamento de Córdoba, pág. 32 y ss. 52 y ss.; Departamento del
Atlóntico, pág. 23 Y ss., 40 y ss.; Departamento del Malfdalena. pág. 20 Y ss.,
32 y ss.
396 Eduardo MontC'l'o. El sutCm4 qroptlcuario dcl del Sln!t. Medcllín.
mecanografiado, págs. lOS a 110; CIDA, op. dI .. pág. 121 y ss.; Véase el
estudio del municipio de Valledupar, cuadros 11, 12)' 13. Véase cuadro núm. IlI-S.
Resumen de la fuerza encontrada en las zonas ganaderas, municipios de Cereté y
Valledupar. pág. 163. Cuadro 111-9, Resumen de la fuerza de trabajo encontrada en
368 rtncas encuestadas en 4 zonas: Armero. Campoalegre. Saldal\a y Valledupar.
p'gs. 184 y 18S.
254
El ausentismo, segundo rasgo a que había hecho referencia, es más
frecuente en las fincas que superan la extensión de SO hectáreas "subiendo
este porcentaje gradualmente hasta abarcar el 54<1/0 de las explotaciones
que podrían llamane multifamiliares grandes" 397. Los departamentos del
litoral señalan una fuerte tendencia a delegar la administración de la
explotación agrícola y pecuaria en segunda persona, mientras los dueños
viven en los centros urbanos, donde 398los propietarios de las grandes
tenencias toman parte en la administración gubernamental y en la
política 399. cuando no en el comercio, y controlan a distancia la
explotación de sus fincas, de las que derivan, más que ingresos
proporcionales a su tamaño, status en la comunidad.
Otra modalidad genérica de )a actividad agropecuaria de esta área, es la
de que ofrece una serie amplia de matices en su tecnificaci6n y en la
proporción en que ambas actividades se reparten. Tomando en cuenta el
)
capital invertido, la superficie destinada a ambas y la población dedicada a
su explotación, puede gene_ralizarse diciendo que estos departamentos son
fundamentalmente ganaderos y luego agricultores 400
En cuanto a la explotación agrícola se refiere, existe una agricultura
de tipo industrial, caracterizada por cultivos de plantación. altamente
tecnificada, que comprende productos tales como el ajonjolí, el arroz, la
caña de azúcar, el banano, el algodón, el tabaco. la palma africana,
etc. 40J , que hallan en estas tierras condiciones climáticas y ecológicas,
aptas para su desarrollo. Paralelamente existen cultivos de "pancoger",
391 Cl DA, op. cU .. pág. 20 1 ; "crsión que reafirma el Censo Agropecuario de
1960.
398 EdulU'do Montero, El sistema agropecuario en el S/nti, op. cit.. págs. lOS y
110: DANE, Cí>n,o alfropecuarlo, Departamento del Maldalene. pág. 13;
Dl'porlamento del At14ntico. pág. 13; Departamenlo de C6rdoba. pág. 13;
Deporlamento dí> Bol(var. pág. 13.
399 Véase Valle del Cauca.
400 DANE, Directorio Nocional de AgropecuarIOs, Bogotá,
1964; Depgrfamento del Atlántico, pág. 13, cuadro núm. 2; Departamento del
MllI'doleno. páz:. 14. cuadro núm. 2; Departamento dc C6rdobo. pág. _14, cuadro núm.
2: Df'partamf'nto de 80l(vor, pág. 14. cuadro núm. 2 ; A. J. Con'rlbuct!one, (1 la
.owción dI' olrunoll problemQ8 de ,onoder(a del Departamento de BoUlJOr, Bogotá,
1957, plÍg. 16. Véase cuadro de superficie municipal dedicada a la ganadería. Más de
tres veces. como norma general. e.cede la superficie de los prediOS dedicados al
engorde, levante y cría de ganado, de aquel suelo centrado en las tareas agrícolas;
Lauchlin CUlTic.Pro,romo dí> cUldrrofJo -econ6miC'o del Valle Ikl Ma,dalena, y Norte
df' Colombia. ... op. cit.,' S6 y S,: Havens. y ot!os. •. , op. dI .. píl. 227 Y
n.: A. J. Suffe, op. elt .. pags. 23 y 24; Briccno. OP. Clt .. pags. F.-lO. 32. 33.
401 Lauchlin Cunie. El al,od6n en Colombia. problemtuy oportul1idade.,
Bogotá. 1963, mimeografiado; Eduardo Acevedo JAtorre, Sfn,c,i. ,eo-.con6mlca
del Deparlamento de Córdoba. en AnaJc. de Econom(a )' E,todf.tico. Bolotá. núm,
255
...
rudimentariOll en sus técnicas, plantados en limitadas extensiones de tierra
ajeno, utilizoda por el sistema de aparcería o por el pago de servicios o de
"cedidos". Así se cultiva plátano, maíz, yuca, ñame, malanga y algunos
sembradíos de arroz para el consumo de la familia campesina y venta de
excedentes en el mercado local para dinero de bolsillo 402 .
La ganadería es la actividad tradicional predominante. En la época
coiolÚal, grandes hates de ganado, atendidOll por negros esclavos, se
disenúnaban por algunas áreas de pastos naturales en las cercanías de los
pueblos de aquel entonces, razas de ganado que a través de una selección
natura] generaron grupos resistentes, activos, muy adaptados' al clima,
suelos , pastos y condiciones de cuidado 403. Cruces nuevos en haciendas
de mayor técnica han dado un nuevo impulso a las razas nativas 404,
creando más altas ratas de productividad en esta actividad donúnante. Sin
embargo, la mayor parte de la ganadería de esta regiones es extensiva, con
linútado empleo de mano de obra, amplio margen de tierra por cabeza de
sin pastos artificiales, cruces téCnicos de razas, ni una
administración racional ni exhaustiva de la éxplotación y con alta frecuencia
en manOll de propietariOll ausentistas "os . Sin embargo, el número de
74, 1952. pá¡s. 26 a 33 i Eu¡eIX Havms y otros, OP. cit. , p'gs. 133 a 156; DANE.
Deportom. nto del Atl4ntico. Bolft/ar, Córdoba )1 Mo,dGlen.o.. " op. cit •• págs.. 29 Y
sip. , '" y SiCL, lO y si¡:s.. , respectivamente.
"'02 Eduardo Montero, oP. cit. ; véanse I;uadros sobre la producl;1Ón
aeropecLlaria en C6rdoba. Cultivos de plantat:ión y pancoger . pías. 52, 53, 57, 58, 62
y 81; Aquiles Escalante, Geolrafla del AtWntico. BananquUla. 1961, págs. 87 I 131;
A. J. Staffc, op. cit" págs. 23 y 27; Eduardo Acevedo Latorre, Slnte.is
,eo-econ6mlcl!. •• C6rdoba. ... OA elt .. pags. 26 a 33; Véanse ¡ráficos de produl;ción
agrícola, páp. 3D, 32 Y 34 Y datos estadísticos, págs.l!, 31 Y Valdcrrama,
Bdud'o apo-econ6mico detallado del Medio 81m2, Bogotá, 1 963. inédito; Lauchlin
Currie y otrOl, Info'l'me de una misi6n. .. , op. dI.
403 Ouo Morales Bcnítez, OP. cit.. pÁgs. 88 y 92; A. J. Staffc, OP. cit .. pÁgs. 17
a 22 : Aquiles Escalantc, Georrofla. ••• op. cit. . páS. 137 y $S. ; Rodn,o BotCl'O,
COmuJ6n a La nfión del Valle y la Costa Atl6ntíca, SOlotí, 1959, inédito.
4()4 EUCcnc H.vens y otros, op. cit •• pqs. 118 a 132; Eduardo Accvedo
Latorre, Panorama. .. C6rdoba, 01'. cit.. págs. 33 a 35 j Saneo de la. República, LlJ
y 141 Qconomt.a..... op. cit.. págs. 46 Y 47; CIDA, Parle ('nal del edudio
IOb"e la tenenda de Jd, tierro en Colombia. mecanografiado. M. 6; Uso de la
tierTt en las explotaciones agropecuarias por repone. Andina y Caribe, pás.
Vhse 1. proporción de tierra ganadera en la Zona del Caribe, cuadro Apéndice M .. ?
p'p. 468; Eduardo Monruo, OP. eH .. cuadro IV, 2, piS. 81 ¡ CIDA. B.tudio .obl"e.lo
t«nenda de &a tkr'f'll en Colombia._. OP. cit. . p.gs. 153, 184 Y 185. Véanse cuadros
111-8, 111-9, sobre mino de obr. emplead. en 1 .. cmprc$8S pnaderas Cereté y
Valledupar eosteftas; Aquiles EIcalante. Gfi)pa(fo... , óp. cll •• paJI. 13? • 149; A. J.
Stlflc. op. cit. , páp, lO Y 21.
405 Otto MoraIeI BCDíte:¡.op. cit •• p"s. 88 y 59; CIOA op. cit •• Apéndice M.6;
Uso de 1, tierra en las explotaciones agropecuarias por repones Andina y Caribe,
1960. p'a. 467; Apéndice M.", Colombil, proporción de 1_ tierras I.ropeeuariu
256
cabezas de ganado de estos departamentos costeflos es uno de losmú
&hes, sólo superado por los de Antioquia y Boyad 406.
Podemos apreciar la pOSición de (Oll' departamentos costeros en lo
relativo a ganadería, observando el porcentaje de cada departamento en la
producción pecuaria naci onal :
Bollvar 15.8
Magdalena 13.5
Antioquia 11.2
C6rdoba 9.0
VaUe 6.5
Cauca 6.4
Cundinamarca 6.2
Tolima 5.7
Santander 5.0
Caldas 4.9
Boyad 4.3
Huila 3.7
Norte de Santander 3.0
Nariño 2.5
Atlántico 2.2
407
Fuera de las ya citadas actividades económicas existe un comienzo
. industria] que, comparado con la porci6n andina, ocupa un lugar
seg:Ún uso. regiones y departamentos (en porcentaje). pág. 465 ; Apéndice M. 3, pág.
464¡ A. J. Staffr,op. dI .. LG $U-uación ,anaderD en elDeportamento de BO/(lJar. págs.
22 8 113, con un análisis de las fallas técnicas.
406 OANE. Directorio Nacional ce Explotaciones Agropecuarias, Censo
A¡ropecuario, 1960) (Resumen Naciona!), pá¡s. 30 Y 31 : ibídem, Depa"tamento de
BoUlJa". de CÓ"doba. Depa.l'tamento del Mtl,daUzIUJ. Departamento del
Atidntlco. ... OP. cit., págs. 38, 49, 51, 58 Y 59, respectivamente; A. J. Staffe, op. cit..
p&¡So 69. 70 Y 71 . estadísticL"! sobre Bolívar; Lauchlin Cume, ProfJ"GmtU de de.arrollo
. eon6mll:O . .. . op. cit .. pág. 323 Y ss.
401 DANF., Mue.tra "",,(cola nacional, 1955. BOlotá, Eatadinal, 1955, pág. 52.
DiUribución porcen1ual de total de pnado Y8I;uno por DepanamentOl:
DeptJr/amenlo
Boyacá
Antioquia
Magdalena
Bolívar
Córdoba
Atlántico
T%l de vacunos
en 1960
1.025.027
1.158.547
1.090.494
942. 192
917.220
140.731
257
-
secundario, centralizado en Barranquilla y Cartagena, siendo !JI primera
ciudad la que cuenta con un desenvolvimiento más antiguo y de mayor
caudal, aunque en los últimos tres años las condiciones de Cartagma han
abierto poSibilidades cada vez más crecientes para su desenvolvimiento 408.
Las oondiciones de la vivienda
Fuera de la economía, otros indicadores más nos permiten. a través de
sus niveles, entender el engranaje existente entre estos y las estructuras
familiares del complejo. Tales la vivienda, la salud y la educaéión, que
muestran Un encaje perfecto en su estadio de desenvolvimiento con la
institución que nos ocupa.
En la Costa del Pacífico no solamente las ciudades importantes son de
ubicación fluvial, sino que también la agrupación de la población rural es
ribereña. En el litoral las densidades demográficas se hallan en "las
. bocanas". mientras en las zonas del interior se ubican a lo largo de los ríos,
formando tfpicas aldeas en línea como las del Cauca, Magdalena, Sinú y
sus afluentes. Esta forma de agrupamiento, estimulada por. constituir los
ríos el único sistema de transporte, genera una mayor densidad de la
408 Para mayor amplitud, \leamos los datos oepartamentales. donde hallaremos
respaldo a esta afirmación. Indices industriales nacionales de 1953-1954. Córdoba
presenta en su producción manufacturera el 0.20Jo del total nacional. ocupando el
décimoQuinto puesto: Bolívar le aventaja escasamente, dando el 2.50/0 de la misma
cifra, el octavo lugar en la Naci6n. Lugar más destacado ocupa el Atlántico, el quinto
en el desarrollo manufacturero del país, con una producción que equivale. al 1.40/0
total nacional; Consejo Nacional de PolÍtica Económica y Planeación, Colombia. •• ,
op. cit, pigs. 15. 16 IX; en 1959 ocupaba aún este lugar con una pOblación obrera
iaua!" al 10.0 del total nacional; Magdalena no inicia su desarrollo industrial; se ubica
en el duodécimo lugar y su producci6n no representa sin o el 0.7 del tot31
colombiano; JOleph Lebrel, Estudio fas condiCione! del de
Colombill.. ••• op. cit.: véase, para mayor amplitud. cuadro núm. 3. Población
econ6micamente activa por departamentos y por ramas de actividad económica.
Distribución porcentual. Obsérvese en actividades secundarias el lUJar ocupado por
los departamentos litorales. Véase cuadro DistribucK>n regional de ingreso nacional.
pi .. '29, y en él la ubicación en producción industrial de estos departamentos. Véase
también cuadro núm. 5, pág. 35; Aquiles E5c:a1ante, oP. cit.. c.p. XIV, Lo ¡"du"rio.
p'ss. 165 a 178. en el Depanamenlo del Atlántico; Jaime A. Poada, Lo oduor
dtuocl6n de lo indu.trio nocionol. en Ck-neia& Eco"6miC4U. Meddlín, vol. V. J958;
JfHI: Raimuncio Sojo. La zono tronco de BOlT'ClnquiJ1o para Colombia. en Econom(a
Colombian4, Bo¡otá, vol. X, núm. 27, 1956 ; DANE. Anutlrio O .. nera' de E.tcxl(dioa.
1960. Boaocá. 1962. págs. 712 a 80S. Vhnse cuadrOI de la indua1ria manufacturera
nacional 1953 a 1959; agrupaciones industria]es, establecimientos, personal de
empleados, capital invertido en 105 departamentos que noS ocupan y ' compárese su
situación ccm Cundinamarca, Antioquia, Valle. Caldas. por ejemplo; JacquCl Toñ y
otro, P10n de de.arrollo econ6mico )' .acial dtll Dtlpartamellto del Mo,dalena, SIIntl
Mana, 1964.
258
población en sus márgenes, mientras el resto del territorio permanece
despoblado 4.'. Por ello la 'vivienda se adapta a las condiciones ecológicas:
Se construye en la rona superhúmeda de la vertiente del ·Pacífico, sobre
pilotes, típica casa india, que pasó al grupo blanco y al negro a través de la
Mita Minera. Un gran cuarto constituye el cuadrilátero de la vivienda, que
sirve de almacén, de reuruón,comedor, donnitorio y cocina 410 .
Carece de instalaciones sanitarias, servicio de agua y defensa contra los
insectos, alumbrado eléctrico, y el menaje es reducido al mínimo. Esta es
la vivienda estable, porque la temporal , construida en las rozas o en los
sitios de mineda eventual, caza y pesca, es más rudimentaria 411
Tampoco está técnicamente equipada para defender a su morador de las
inclemencias de su habitat, clima, vegetación, vectores de enfermedades,
etc. 411, ni para propo;cionar las condiciones mínimas de confort y de
estímulos a la vida gregaria 41 3.
No mejores son las condiciones de la vivienda mayoritaria en los valles
del Magdalena y del Cauca, que alberga a pescadores, braceros, y colonos.
El profesor Guhl retrata con claridad las condiciones de la morada de esta
zona fluvial : 414 "La casa del sale del monte: postes, varas,
bejucos, hojas de palma, trojas para colocar los objetos, unos troncos para
sentarse 0 , a lo más, unas banquetas a veces fonadas en cuero sin curtir, los
tizones sobre los cuales se ponen las ollas ... EI piso de barro endurecido.
Las camas, cuando no es la sencilla hamaca, consisten en trojas cubiertas
con una o más esteras. los manteles, si se ponen para un forastero, con
cristal, platos y tazas de peltre, son calabazos, bongos de madera, bagañas
de auyama y totumas y totumitas. Las cucharas son totumas alargadas
409 Raymond Crist, The CGu ... a .... oP. cit.. pág. ss.
410 Véase Roben: C. West, The Pael1ic. ... op. dt .. páiS. 114 a 125; Miguel
Fomaguera, op. en .. págs 10812; Banco Ganadero. op. cit, págs. 43.y 44: Ernesto
Vautier y otra. op. dt .. Milcíades Ch..ves, La: re,idn naturaL._. oP. cit., págs. 24 y 30;
Silvio Yepei Ap-edo, oP. cit., pág. S8 y ss; EH .. vélcz Conúlez, op. eft .. págs.
736 Y '37.
411 Coniejo Nacional de Política Económica 'i PI.neació n, Chocó .... 0-". elt ..
cap. VIII, La vivienda y los servicia¡. 11 a 191.
412 Véase DANE. edificiO#> y de tlwicndal, Choc6, Bogotá. 1953,
p&¡s.. 10.15.
413 Ú"nesto Guhl. LaCo.tode l Pacffico .... op. cit., pág. 27. La cua, dice
Ernesto Guhl, "u un piso aobre cuatro palos y un techo dentro del cual hay ramas
secas par. asustar 8 l. Pes nocturnas. Una .¡lomeración de -estas habitaclon .... la
cosa mí. anlihigiénica y el foco de infección más. grande. En IU estilo primi1ivo no le
distinl\le en nada esta casa de la de nuestros antepuad06 con t. única
diferencia de que dentro de eUa viven ciudadanos librea de un Eltado mod.rno del
sl.¡lo XX".
414 Ernesto Gubl. Bstudio pI'i!'Umlnar •••. OP. cit.. P'IS. 126. 121 Y
259
cortadas meriodionahnente en cuatro". Y completemos con otros párrafos
del mismo autor esta descripción de la morada del habitante fluvial: la
vivienda es "la m ... inflamable de las construcciones. La hoja de pahna seca
por el verano, arde como verdadera estopa. Es asísmica en grado sumo: es el
refugio más fácil de par.ísitos humanos y de bichos: alacranes, griDos,
pitos, chinches, cucarachas; los ratones y murciélagos suelen andar entre la
palma de los techos y resulta difícil eliminarlos. Desde la tarde comienzan
un bullicio que dura hasta el clarear del día ..... 4. S. y leamos aún sus
palabras ágiles: "el jornalero que llega del duro trabajo del aserradero, de la
pesca o del rodeo, no tiene ni siquiera el aliciente de una mesa amable o de
una verdadera cama: sólo estas trojas, esas hamacas y chinchorros o
mosquiteros entrecruzados en la única habitación, como modelos para un
cuadro surrealista indescifrable ... ". "Todo eUo tiende a disminuir el
trabajo a mantener la diferencia de clases, a aminorar la responsabilidad de
los padr,s, a abaratar la fundación de familias. El piso de tierra no permite
la limpieza completa. La luz noct urna se hace con hachones o velas
peligrosas, sucias. entristecedoras" 416.
Estas condiciones sólo han mejorado en las explotaciones modernas,
por que Jos puertos continúan señalando las mismas peyOl:ativas
condiciones, no s610 en las unidades urbanas fluviales, sino también en la
zona escuetamente rural 417.
La zona negroide del Valle del Cauca ofrece similares condiciones de
vivienda, descritas así por Cris1: "La casa de un solo pequeño ·cuarto,
usualmente de muros de adobe y techo de paja dentro de la cual todas las
actividades transcurren. La humilde comida es cocinada en una olla de
barro con carbón de palo, sobre un fogón de tres piedras colocado sobre
una mesa empañetada o puesto sobre el suelo de t ierra apisonada. El humo
sale fuera a través del techo sIn el beneficio de una chimenea; la comida es
tomada con los dedos; cuchillos, tenedores y cucharas son escasos, si acaso
los hay; las lavazas son arrojadas por una estrecha ventana que en las
noches se cierra hennéticamente para evitar el aire nocturno de nocivos
efectos . Todos los miembros de la familia duermen en el piso sobre esteras,
415 Ibid ..
Ibld . • Confiérase. Jaime Buitnli0. I' acedo,." del rlo Ma,dolena,
BOIota. 1940; Currx y otro, ProVOrrw de de.orrollo econórnko .... op. cit. .
pí.. Si PcttFmG Olla, Apuntaclone. Geo,rdfica8, en . Boletin de la Sociedad
G.o,'f"d(ico d. Colombia., Bolotá. vol. XVI. núm. 59. 1958, págs. 135 a I SO.
417 Joscpb Lebrel, op. cit.. págs. 79 Y 80; E. vflez González. op, cit" págs-
729, 730, sti'Jala las crueles condiciones habitacio nales de la zona de Urabá' INCORA
Proy,cto Choe6 núm. l •••• ,OP. cit. . pág. 5 1 Y ss. "
260
cueros de res o sacos de fique: a1U se cenciben los hijos y allí se exhala el
último aliento".
La porción costera norteña ofrece condiciones que se acercan a
enunciadas para las demás en la zona rural y en la urbana dentro de los
grupos populares. Las ciudades que están focalizando la atracción de los
movimientos horizontales del agro y de las poblaciones menores, se han
llenado de tugurios, "zonas negras" de diffcil erradicación. Un déficit
cuantitativo y cualitativo caracteriza la vivienda urbana, condiciones que
trascienden, es lógico decirlo, en la estructuración familiar 418
418 Eisa Usandizaga y H.\'rOl. Tres barrios de invasión. E,tudio de
niut>l de vida)' actitudes en B6rranquil/a. Bogotá. 1966. Coediciones Tercer Mundo y
facultad de Sociología. págs. 29 a 31. 41 a 58: las coodic:iones de tres barrios de
invasi.ón en Barnnquilla: Rayrnond Crist. Op. cit., piÍg. S; Paro mayor amplitud de la
información. veamos la situación siguiendo el último censo de edificios y viviendas
del país.
ZONA RURAL
Piso Sin Sin Sin Sin
Deponamentos tie"o agu<l sonitario baño luz
0 10 010 0 10 010 0 10
Atlántico 72.6 92.6 91.8 94.3 93.8
BolíVa1 (incluídos
Córdoba y Suere) 95.1 97.2 95.4 97.4 98.3
Chocó 52.4 98.0 96.7 98.9 98.2
Mag.dalena (ind. Cesar) 87.0 95.2 88.0 96.4 96.4
Podríamos también señalar el número de viviendas familiares con un cuarto o


TO(Dl J cuaNO 2 cuartos
P¡"ienda
Atlántico 54.8 13 3.601 14. 774
Bolívar (incluidos Córdoba y Suere) 142.839 22.168 50. 994
Magdalena (incluido Cesar) 68.789 10.864 26.375
Olocó 20. 933 3.971 6.227
Puede consultarse. además: Instituto de Crédito Territorial (Corporación de
Servicios Públicos). Cluzmbc.cú. Regeneroción de WJ,D zona de tugurios, Bogotá, 1955:
20M Negn¡. RehllbilitDción de un sector urlHlno. Bogotá. 1955. que hace referencia a
la ciudad de Barranquilla; DéfiCit y demandg de lJ;viendo en Colombia, Bogotá, 1956;
Estudio de lo UrbaniUlción lo Floresta y la Isla. Call. 1958. inédito; Muestreo de
estudio y análisis de la vivienda en Montería, inédito; Informe al SMor minirtro dl'
fomento paro .!U memoria al Congreso NacioMI. 1963. Bogotá 1963; Informe al
señor ministro de fomento para su memoria al Congreso Nacional. 1966, Bogotá.
-19 66; Joleph l..C"brct. Eltudio sobre las condiciones de desorrollo m Colombia. .• , op.
cit •. pag.9 y ss., 100 y ss.; EIIB U.ndizap y otro, op. cit .• pág. 47 Y ss.
261
La salud. Facetas de su desuroUo
Las condiciones generales de salud engranan también con las
precedentes de vivienda. hallándose determinadas parcialmente por el
limitado dominio del ambiente físico. La topografía regional de amplias
llanuras o andenes litorales que favorecen la fonnaci6n de zonas anfibias
(Confiérase Habitat) ajustadas . a un régimen climático de altas
temperaturas y una casi dominante alta lIuviosidad, crean, en armonía con
el sistema vegetativo. la selva. premisas favorables para la proliferación de
ciertas enfennedades que se hacen endémicas " •. Concomitantemente las
condiciones de desarrollo económico y técnico regional y aun nacional. no
También puede ofrecernos un aspecto del problema habitacional el número
promedio de personas por cuarto dado por el mismo censo de vh'iendas.
Toral 0- 1 t - 2 2-3 3 4
Departamento vivo -
Magdalena (ind. Cesar)
Atlántico
Bolívar (incls. Córdoba y Suele)
Chocó
Departamento
68.789
54.81 3
142.839
20. 933
4- 5
t.472 13.635
1.063 18.602
2.011 38.806
655 9.134
5- 6 6-7
30.021
18. 602
57.979
7.058
7- 8 8-9
13.525
13.336
20.810
498
9
Magdalena (inc1. Cesar ) 4.899 4.523 5 17 47 150
Atlántico 2.693 553 238
Bolívar (incls. Córdoba y Suere) 7. 443 14.061 1.449 217 16 47
Chocó 2. 82 1 750 17
Gustavo pttez. El campesino colombiano. un proble11Ul de estructura, Bogo_tá,
1959. págs. 111 , 112 y 113; Instituto de Crédito Territorial, 1965,; Informe ,al senor
ministro de fomento para su memoriIJ. al Congreso Nacional, Bogota, 1965, pags. 27 a
31; Apuntes sobre el desarrollo urbano. Memoria al VII Congreso Nacional de
Ingenieros. Bogotá, 1966, pág. 23: Informe DI señor ministro de fomento ptl1't1 su
memoria DI Congreso Nacional. Bogotá, 1962, gráfico núm. 3.
419 Ministerio de Salud Pública , Plan de errod;coció n de la malaria, Bogotá,
195'7. 2 ."olúmenes. mimeógrafo; Enriqut: Huba.:h, La llanuro codero del Pacifico. en
Pri mero Con fere" ciIJ Al r(cola. del Pacífico. Cali. 1949, págs. 7 a 13: Silvia Vrpcs
Agredo, op. ctt. , pág. 6 9 Y ss.; Víctor Oppenhcim, RaaIlOIl ... , op. cit.. pág. 16;
Emesto GuhI, La Centa del Padfíco entre l o. r (oll Dai'ua )' No-yo.. ... op. c it •• págs. 20,
21,23 Y 24; Chocó &tu espectos. .. , OP. cit., p á g. 140 Y ss.; Víctor Manuel Patiño,
Ema-yo6 de interpretación de algunos datos meteorolÓgicos del B(Jjo Colimo. Cali,
1946, págs. 23 a 29; Adalberto Figueroa Potes, Iniciación 01 leuantamiento
{ítosan/tario del BtJio Calima. preliminores l.a e tnofauna de esa
r-egión. Cali , 1946, páp. 65 a 72 ; Robert C. Wat. The Pacific ...• op. e/t. , págs. 3, 5 a
39, 40 a 49; Consejo Nacional de Política Económica Y Planeación , Chocó. Plan de
Fomento He,'on/.d, 1958-1968, Cali, sin fecha, págs. 54 a 64, 165 a 161 ; Joseph
Estudio 8Obroe la&- condiciones del d e.al'POllo fk Colombio. .. . op. cit.. págs. 127
a 130; Elíu Vélrz Gonzüe1,op. cit •• pá¡. 730.
262
alcanzan a contrarrestar las consecuencias naturales derivadas del habitat.
La comunidad no puede apropiar las partidas gubernamentales suficientes
para el saneamiento ambiental, y en muchos casos, aunque las apropie, ni
alcanzan ni llegan a satisfacer los fines que se pretenden alcanzar, ya que
un desajuste institucional administrativo se toma típico dentro de estas
colectividades de tan marcado y generalizado subdesarrollo 420.
Complementariamente opera la limitada colaboración individual: si la
comunidad toda es incapaz de realizar el dominio del habitat , tampoco
este puede ser logrado parcialmente por el individuo a expensas de sus
desmedrados ingresos 421 . Ya dije y quiero recordar, que la agobiante
420 Consejo Nacional de Política Económica y Planeac.ión , Chocó. .. . op. cit ..
págs. 363 a 394; Escuela de Salud Pública, Informe ... , op. cH •• pág. 33 Y ss..:
Lauchlin Cume, ProJl1'tlma de de&arrollo econó mico del Valle del J\f4ldalena )' Norte
d e Colombia" .. op. clt .. págs. 8 , 9 Y 10 ; Alfonso Ocampo Londoño, M emoria del
Mini.ilerio de SoJud Pública, 1960, Bogotá, 1960. Véanse datos SObR presupue!'ltos de
salud ; Antonio Hcmándcz hada. Lo l i tuació n h0 6pitolo1'ia y osut#ndGI urbano y ",rol
en Colombta, Bogotá, 1963, presentado a la Asamblea de la Asociaci ón de Facultades
de Medicin. celebrada allí en. octubre de 1963, pág. 13)' ss. . Ernesto Guhl,
Chocó .... OP. cit. , pág. 140 Y ss.
421 Secretaría del Valle, Pre.entaciÓn del Bajo Calima, Cali , 1946, pág. 78;
Ernesto Gubl, Lo Cmta del Pac(fico .... op. cit. , pág. 27: Chocó ... . op. clt .. pág. 35 Y
ss.; 5 1 Y IS.; Robcrt C. Wea, OP. cil. , pá •. 117, ]] 9, 124 Y 125; Consejo Nacional
de Política Econ6mlca)' Planeación, Choc6 ... , OP. cit. , págs. 117 aJe!. 191 a 203;
I.C.T., Corporación Nacional de Servicios Públicos, D4ficit -y d emande de vi vienda en
Colombicl, BOlotá, I9S6, págs.. 13, 14, 19, 21 , 21 Y 28; ChamOOcú. .. • OP. cit., págs.
37 a 44 ; URinnídad Nacional de Colombla. Escuela de Salud Pública, Informe que
prcaenla un grupo de alumnos del curso de especialit.ación en salud pública sobre-su
práctica en el campo realizad. en ,I¡unos b. rri os de la ciudad de Cartagena, Bogotá,
1962, páp. 14 a 17; mimeografiado ; Instituto de Crédito Territorial. Informe el.eñor
ministro de {Omento para IU Memoria. al Co ngre.o Nacional Bogotá, 1964. págs. 15 a
19; la demanda de "'¡vienda en íos prOlramas del I.e. T. y las condiciones econ6micas
de los solicitantes, Cartagena, 1964, pág. 7; Zona Negra. .. , op. c ft., Info rme al señor
m.lnistro de POTa su Memoria al Cot!l7'eso Nacional, Bolotá. 1962. pál. 17)'
ss., cuadro núm. 1 j E. Vautier y Orlando Fals Borda., op. cit., véanse funclon"
primarias de la vivienda. pág. 46 Y ss. ; JOICph dI., págs , 93 , 19 Y -. :
Raymond c.riR. Th. Couca Valley .... op, dt.. pág. 61 ; INCORA, PI"oyac,o Chocó.
núm. l, Coloni.tocl6n en el Umbó chocoono. oP. eit. . págs. 50)' SJ ; Rodrlto Pvn S.
El ecuo de Cand.elorla. ... Op. eit., pál. 3·S y 5 .. , 50. 52 Y 53.
263
mayoría de las viviendas no tienen las cualidades mínimas para satisfacer el
funcionalismo protector en la salud de su habitante, factor al cual se
suman 422 premisas educativas 423 mínimas también en su capacidad para
defender la .alud de cada individuo y de la comunidad. .
Dentro de este engranaje de elementos etiológico., se ajustan también
los niveles de ingresos de .Ja gran mayoría de lo. habitantes de este
complejo. Estas entradas, bien. sean miradas como ingreso familiar o
conyugal o pormenorizadas individualmente, representan en el conjunto
nacional una de las más bajas, a excepción de las zonas de minifundio
excesivo del complejo andino 424. Paralelamente oomprometen
422 Roben C. West. The Pacific •.. , op. cit., plÍgs. 149 a 204. Obsérvese la
economía de subsiStencia de la región, Cons.eJo Nacional de Política Económica y
Planución, Choe6 ... . op. cit •• pág. 236 Y ss. , 255 y SS. , 256 Y "-, 36. 103 Y
S&.; Laudilin Curric. Propama de de,o"olJo OP. cit •• cap. IX. págs. 31 Y
sSo, 126 y ss. 146 'i ss. Estúdiese en cada actividad económica la si tuación actual
y las recomendaciones del plan; Joseph Lebrel. Eatudio .obre IGI condldone. del
duarroUo en Colombia .... op. cit., pág. 16,% Y SS., 178 Y ss.; Raymond Oia, op.
cit •• véanse capítulos: Lond tenurt! a",icu