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Invent a Rio de Cociente Emocional y Social de Baron

Invent a Rio de Cociente Emocional y Social de Baron

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INVENTARIO DE COCIENTE EMOCIONAL Y SOCIAL DE BARON (I-CE El Inventario de Cociente Emocional y Social de BarOn (I-CE), es un instrumento moderno, que puede evaluar

el potencial para el desempeño de conciliadores extrajudiciales a través de los diferentes factores de la inteligencia emocional. La inteligencia emocional es definida por el autor del I-CE (Bar-On, 1997) como una variedad de aptitudes, competencias y habilidades no cognitivas que influyen en la capacidad de un individuo para lograr el éxito en su maneja de las exigencias y presiones del entorno. Las habilidades no cognitivas y las destrezas se desarrollan con el tiempo, cambian a través de la vida y pueden mejorar con el entrenamiento, los programas remediables y las técnicas terapéuticas (Ugarriza, 2001). El I-CE cuenta con pautas interpretativas de los resultados. Los puntajes directos son convertidos a puntajes derivados (resultados estándar) o Cociente Emocional (CE) , que nos va a indicar cómo está desarrollada la capacidad emocional de la persona, en forma general, en las cinco áreas compuestas y en la quince áreas individuales. Empleamos los Cocientes Emocionales (CE o Resultado Estándar) y su respectiva pauta interpretativa proporcionados por BarOn (1997). CUADRO INTERPRETATIVO DEL ICE Niveles Cualitativos del ICE 130 ó Más 120 – 129 110 – 119 90 – 109 80 – 89 70 – 79 INTERPRETACIÓN CUALITATIVA

Marcadamente Alta: Capacidad emocional inusualmente bien desarrollada Muy Alta: Capacidad emocional extremadamente bien desarrollada Alta: Capacidad emocional bien desarrollada Promedio: Capacidad emocional adecuada Baja: Capacidad emocional subdesarrollada, necesita mejorar

Muy Baja: Capacidad emocional extremadamente Por debajo de subdesarrollada, necesita mejorar. 70 Marcadamente Baja: Capacidad emocional inusualmente deteriorada, necesita mejora

Este instrumento evalúa inteligencia emocional:

15

subcomponentes

conceptuales

de

la

1. Conocimiento Emocional de sí mismo: habilidad para conocer nuestros sentimientos y emociones y poder diferenciarlos y conocer el por qué de los mismos. 2. Asertividad: habilidad para expresar sentimientos, creencias y pensamientos y defender nuestros derechos de una manera constructiva, sin dañar los sentimientos de los demás. 3. Autoestima: habilidad para comprender, y aceptar y respetar lo positivo y negativo de nosotros mismos así como nuestras posibilidades y limitaciones. 4. Autorrealización: habilidad para realizar y disfrutar lo que realmente podemos y queremos. 5. Independencia: habilidad para autodirigirse, sentirse seguro de sí mismo en pensamientos y acciones y poder tomar decisiones con libertad. 6. Empatía: habilidad para percatarse, comprender y apreciar los sentimientos de los demás. 7. Relaciones Interpersonales: habilidad para establecer y mantener relaciones satisfactorias con otras personas. 8. Responsabilidad Social: habilidad para demostrar que es un miembro constructivo del grupo social. 9. Solución de Problemas: habilidad para identificar y definir los problemas y generar e implementar probables soluciones efectivas. 10. Prueba de la Realidad: habilidad para evaluar la correspondencia entre lo que se experimenta (lo subjetivo) y lo que realmente existe (lo objetivo). 11. Flexibilidad: habilidad para adecuar las emociones, pensamientos y conductas a situaciones y condiciones cambiantes. 12. Tolerancia al Estrés: habilidad para soportar y enfrentar las tensiones y el estrés sin sobresaltos ni ansiedad. 13. Control de Impulsos: habilidad para resistir o demorar los impulsos o tentaciones para actuar y controlar las emociones. 14. Felicidad: habilidad para sentirse satisfechos con sus propias vidas y para disfrutar de sí y de otros y para divertirse y expresar sentimientos positivos. 15. Optimismo: habilidad para buscar el lado más provechoso de la vida y mantener una actitud positiva aún ante la adversidad. Estos 15 subcomponentes del I-CE también pueden ser vistos desde una perspectiva topográfica (Ugarriza, 2001), que los organiza a través de tres tipos de factores: Factores Centrales, que se relacionan con Factores Resultantes y que a su vez se conectan y dependen de los Factores de Soporte .

Los Factores Centrales lo constituirían: el Conocimiento de sí mimo, la asertividad, la empatía, la prueba de la realidad y el control de impulsos. Estos factores se relacionan con los Factores Resultantes que son: la solución de problemas, la autorrealización, la felicidad y las relaciones interpersonales. Ambos factores (Centrales y Resultantes) se conectan o apoyan en los siguientes Factores de Soporte: Independencia, Responsabilidad Social, Optimismo, Flexibilidad, Tolerancia al Estrés y el Autoconcepto. Los 15 subcomponentes están agrupados en cinco áreas o componentes del Cociente Emocional: 1. Componente Intrapersonal (CEIA): evalúa el yo interior y reúne los siguientes subcomponentes: comprensión emocional de sí mismo, asertividad, autoestima, autorrealización e independencia. (2) Componente Interpersonal (CEIE): evalúa las habilidades y el desempeño interpersonal, y comprende los subcomponentes: empatía, relaciones interpersonales, responsabilidad social. (3) Componente Adaptabilidad (CED): evalúa la habilidad para adecuarse a las exigencias del entorno y para enfrentar situaciones problemáticas,.y comprende los subcomponentes: solución de problemas, prueba de la realidad, flexibilidad. (4) Componente de Manejo del Estrés (CEME): evalúa la habilidad para resistir las tensiones y el control y comprende los siguientes subcomponentes: tolerancia al estrés y control de los impulsos. 5. Componente del Estado de Animo General (CEAG): evalúa la capacidad para disfrutar de la vida, su visión del mundo y el sentimiento de contento general, y comprende los siguiente subcomponentes: felicidad y optimismo. La prueba además da un Cociente Emocional Total (CET) que indica cuán exitosa es la persona para afrontar las exigencias de su entorno y relacionarse satisfactoriamente con los demás. Se han realizado diversos estudios de confiabilidad y validez y se ha demostrado que el ICE es una medición confiable y válida de la Inteligencia Emocional (Bar-On, 1997). En nuestro país se vienen realizando varios estudios con el I-CE y hoy contamos con baremos nacionales elaborados por Ugarriza (2001) . La Escala ha demostrado ser válida y confiable en la población estudiada (España) y cuenta con baremos para la población adulta y para jóvenes (Guismero, 2000)

El Inventario de Cociente Emocional de BarOn - ICE (BarOn, 1997) incluye 133 ítemes cortos y emplea un grupo de respuestas de cinco puntos. Se requiere aproximadamente de 30 a 40 minutos para completarlo; sin embargo, no existen límites de tiempo impuestos. El ICE de BarOn es adecuado para individuos de 16 años o más. La evaluación genera los resultados de tres escalas de validez, un resultado CE total, resultados de cinco escalas compuestas y los resultados de quince subescalas del CE. Los resultados iniciales del ICE son convertidos en resultados estándar basados en un promedio de "100" y una desviación estándar de 15 (similar a los resultados del CI). Los resultados iniciales del ICE tienen un valor limitado por sí mismos. El convertir dichos resultados en resultados estándares facilita la comparación de los resultados de un participante con los del grupo normativo y, teóricamente, del resto de la población. Los resultados altos del ICE (por encima de 100) señalan a personas "emocionalmente inteligente", mientras que los bajos indican una necesidad de mejorar las "habilidades emocionales" en áreas específicas. Esta estructura de evaluación es similar a la evaluación del CI, la cual es dividida en los resultados de subescalas (verbal y de desempeños) que describen aspectos de la inteligencia cognoscitiva; de ahí que el término CE (cociente emocional) fuera introducido por el autor en 1985 para describir este planteamiento paralelo. LA INTELIGENCIA EMOCIONAL En los últimos años ha surgido con fuerza la Inteligencia Emocional como un tema transversal en la Psicología (Psicología de la Educación, Psicología de las Organizaciones, Psicología de la Emoción), si bien las popularizaciones que se han hecho del tema han impedido por el momento que el constructo surja de forma clara. En este compendio partiremos de la exploración de diferentes modelos de Inteligencia Emocional para centrarnos posteriormente en uno de sus componentes centrales: la autorregulación emocional, y formulando posteriormente el desarrollo de algunos modelos de Inteligencia Emocional centrado en procesos LA INTELIGENCIA Y LA INTELIGENCIA EMOCIONAL Desde siempre hemos oido que el C.I. era determinante para saber si una persona tendría éxito en la vida, un test podría marcar el futuro de su éxito académico y profesional. Sin embargo, hace ya varios años que desde el ámbito empresarial se dieron cuenta de que son otras capacidades las necesarias para el éxito en la vida. Y esas no las medía ningún test de inteligencia. Piense por un momento la importancia que las emociones tienen en nuestra vida cotidiana y rápidamente se dará cuenta de que la mayoría de las veces marcan todas nuestras decisiones casi sin percatarnos. ¿Compro su coche haciendo calculos de rentabilidad? ¿Eligio su pareja porque objetivamente era la mejor opción? ¿Eligió su trabajo porque le ofrecia el mejor sueldo? La mayoría de nuestras decisiónes están tintadas (si no dominadas) por las emociones.

Ante esto hay que admitir que hay gente con un dominio de su vida emocional mucho mayor que otra. Y es curioso ver que poca correlación hay entre la Inteligencia clásica y la Inteligencia Emocional. Un caso extremo sería el típico "empollón" , que llevado al límite es una máquina intelectual pero con una vida emocional desastrosa. Por otro lado podemos encontrarnos con gente que no paso de la escuela primaria pero que llevan una vida exitosa y poseen una vida ordenada y envidiable. Estos casos extremos no son lo común, pero es necesario darse cuenta de que hay que prestar mayor atención a este tipo de habilidades que pueden marcar nuestra vida tanto o más que el C.I. COMPONENTES DE LA INTELIGENCIA EMOCIONAL Según Daniel Goleman los principales componentes de la inteligencia emocional son: * Autoconocimiento emocional (o conciencia de uno mismo) : Se refiere al conocimiento de nuestras propias emociones y cómo nos afectan. En muy importante conocer el modo en el que nuestro estado de animo influye en nuestro comportamiento, cuales son nuestras virtuades y nuestros puntos débiles. Nos sorprenderíamos al saber cuan poco sabemos de nosotros mismos. * Autocontrol emocional (o autorregulación) : El autocontrol nos permite no dejernos llevar por los sentimientos del momento. Es saber reconocer que es pasajero en una crisis y qué perdura. Es posible que nos enfademos con nuestra pareja, pero si nos dejasemos siempre llevar por el calor del momento estariamos continuamente actuando irresponsablemente y luego pidiendo perdon por ello. * Automotivación : Dirigir las emociones hacia un objetivo nos permite mantener la motivación y fijar nuestra atención en las metas en lugar de en los obstaculos. En esto es necesaria cieta dosis de optimismo e iniciativa, de forma que seamos emprendedores y actuemos de forma positiva ante los contratiempos. * Reconocimiento de emociones ajenas (o empatía) : Las relaciones sociales se basan muchas veces en saber interpretar las señales que los demás emiten de forma inconsciente y que a menudo son no verbales. El reconocer las emociones ajenas, aquello que los demás sienten y que se puede expresar por la expresión de la cara, por un gesto, por una mala contestación, nos puede ayudar a establecer lazos mas reales y duraderos con las personas de nuestro entorno. No en vano, el reconocer las emociones ajenas es el primer paso para entenderlas e identificarnos con ellas. * Relaciones interpersonales (o habilidades sociales) : Cualquiera puede darse cuenta de que una buena relacion con los demás es una de las cosas más importantes para nuestras vidas y para nuestro trabajo. Y no solo tratar a los que nos parecen simpaticos, anuestros, amigos, a nuestra familia. Sino saber tratar también exitosamente con aquellos que están en una posición superior, con nuestros jefes, con nuestros enemigos...

LA INTELIGENCIA EMOCIONAL EN EL TRABAJO Actualmente son muchas las empresas que están invirtiendo mucho dinero en formar a sus trabajadores en Inteligencia Emocional. Y esto es así porque se han dado cuenta de que la clave del éxito, la clave de las ventas, está en el grado en el que los trabajadores de una empresa conozcan y controlen sus emociones y sepán reconocer los sentimientos de los clientes. Imaginen el caso de un vendedor que no tuviera habilidades de trato con el público, un empresario sin motivación por su empresa o un negociador sin autocontrol. A estas personas un Master en Harvard no les servirá de nada, porque tardarán poco el echar a perder su trabajo por un mal conocimiento de sus emociones. Tengan en cuenta que en las selecciones de personal se tiende cada vez más a poner al candidato en situaciones incomodas o estresantes para ver su reacción. Los tiempos del simple test y curriculum pasaron a la historia, puesto que es necesario ver cómo reacciona el individuo ante las situaciones clave que se encontrará en su trabajo. 1.1. MARCO CONCEPTUAL La Inteligencia Emocional es un campo de estudio que surgió en la década de los 90 como reacción al enfoque de inteligencias meramente cognitivas, sumando críticas a los detractores de los tests de inteligencia tradicionales. Este enfoque se hizo rápidamente popular en la prensa no científica, entre otras razones porque emitía un mensaje novedoso y atractivo: se puede tener éxito en la vida sin tener grandes habilidades académicas. El libro divulgativo de Daniel Goleman (1995) se convirtió rápidamente en un best – seller, aunque la investigación al respecto se encontraba aun en sus inicios. Mayer (2001) señala cinco fases hasta el momento en el desarrollo del campo de estudio de la Inteligencia Emocional que pueden ayudarnos a entender de donde surgen los conceptos y habilidades que actualmente se presentan juntos bajo el epígrafe de IE: 1) Inteligencia y Emociones como campos de estudio separados (1900 – 1969): La investigación sobre la inteligencia se desarrolla en este periodo y surge la tecnología de los tests psicológicos. En el campo de la emoción se centran en el debate entre la primacía de la respuesta fisiológica sobre la emoción o viceversa. Aunque algunos autores hablan sobre la “inteligencia social” las concepciones sobre Inteligencia siguen siendo meramente cognitivas. 2) Precursores de la inteligencia emocional (1970 – 1989): El campo de la cognición y el afecto examina como las emociones interaccionan con el pensamiento. Una teoría revolucionaria de este periodo es la Teoría de Inteligencias Múltiples de Gardner, la cual incluye una inteligencia “intrapersonal”. 3) Emergencia de la Inteligencia Emocional (1990 – 1993): Mayer y Salovey publican una serie de artículos sobre la inteligencia emocional, incluyendo el primer intento de medir estas competencias.

4) Popularización y ensanchamiento del concepto (1994 – 1997): Goleman publica su libro “Inteligencia Emocional” y el término IE salta a la prensa popular. 5) Institucionalización e investigación sobre la IE (1998 – actualidad): Se producen refinamientos en el concepto de IE y se introducen nuevas medidas. Aparecen las primeras revisiones de artículos de investigación. ¿De que hablamos cuando hablamos de Inteligencia Emocional? La Inteligencia Emocional se entiende como un conjunto de habilidades que implican emociones. Varios autores han señalado diferentes definiciones de Inteligencia Emocional: “incluye las áreas de conocer las propias emociones, manejar emociones, motivarse a uno mismo, reconocer emociones en otros y manejar relaciones” Goleman (1995) “un conjunto de capacidades, competencias y habilidades no cognitivas que influencian la habilidad propia de tener éxito al afrontar las demandas y presiones del medio ambiente" Bar – On (citado en Mayer , 2001) “se refiere a la habilidad para reconocer el significado de las emociones y sus relaciones, y para razonar y resolver problemas en base a ello. También incluye emplear las emociones para realzar actividades cognitivas” Mayer et al. (2001) En una serie de estudios conducidos por Schutte y colaboradores (2002) se centraron en encontrar relación entre los niveles de inteligencia emocional y la autoestima y el estado de ánimo positivo, encontrando una relación positiva entre la Inteligencia Emocional y ambas variables. Varios autores han teorizado que una alta inteligencia emocional puede llevar a grandes sentimientos de bienestar emocional y son capaces de tener una mejor perspectiva de la vida. Existe también evidencia empírica que parece demostrar que la alta inteligencia emocional se asocia con menor depresión, mayor optimismo y una mejor satisfacción con la vida. Por tanto, esto sugiere un vínculo entre inteligencia emocional y bienestar emocional. 1.2. Modelos tradicionales sobre Inteligencia Emocional Los principales modelos que han afrontado la Inteligencia Emocional en la década de los 90 son los de Mayer et al. (2001) (Modelo de las 4 ramas), el modelo de competencias de Goleman y el Modelo Multifactorial de Bar On. Mayer (2001) agrupa estos modelos distinguiendo entre aproximaciones mixtas y aproximaciones de habilidades: • Aproximaciones de Habilidades: El modelo de 4 ramas de Mayer et al. divide la Inteligencia Emocional en cuatro áreas de habilidades: 1) Percibir emociones: Capacidad de percibir emociones en caras o imágenes. 2) Usar emociones para facilitar el pensamiento: Capacidad de usar las emociones para realzar el razonamiento.

3) Comprensión de emociones: Capacidad de comprender información emocional acerca de las relaciones, transiciones de una emoción a otra e información lingüística acerca de las emociones. 4) Manejo de las emociones: Capacidad para manejar emociones y relaciones emocionales para el crecimiento personal e interpersonal. Estos autores señalan que las ramas 1,3 y 4 incluyen razonar acerca de las emociones, mientras que la rama 2 únicamente incluye el uso de las emociones para realzar el razonamiento. Jerárquicamente estas 4 ramas estarían dispuestas de modo que "percibir emociones" estaría a la base, mientras que "Manejo de emociones" estaría a la cima. • Aproximaciones Mixtas: Estas aproximaciones populares incluyen atributos personales que están más comúnmente relacionados con la efectividad personal y el funcionamiento social (Barret y Gross, 2001; Mayer, 2001). - Modelo de Competencias Emocionales de Goleman: Incluye cinco competencias: 1. El conocimiento de las propias emociones 2. La capacidad de controlar las emociones 3. La capacidad de motivarse a uno mismo 4. El reconocimiento de las emociones ajenas 5. El manejo de las relaciones - Modelo Multifactorial de Bar – On: Bar On realiza una conceptualización multifactorial de la inteligencia emocional, conformada por los siguientes componentes factoriales: 1) C.F. Intrapersonales: • Autoconcepto: Esta habilidad se refiere a respetarse y ser consciente de uno mismo, tal y como unos es, percibiendo y aceptando lo bueno y malo. • Autoconciencia Emocional: Conocer los propios sentimientos para conocerlos y saber qué los causó. • Asertividad: Es la habilidad de expresarse abiertamente y defender los derechos personales sin mostrarse agresivo ni pasivo. • Independencia: Es la habilidad de controlar las propias acciones y pensamiento uno mismo, sin dejar de consultar a otros para obtener la información necesaria. • Autoactualización: Habilidad para alcanzar nuestra potencialidad y llevar una vida rica y plena, comprometiéndonos con objetivos y metas a lo largo de la vida. 2) C.F. Interpersonales: • Empatía: Es la habilidad de reconocer las emociones de otros, comprenderlas y mostrar interés por los demás. • Responsabilidad social: Es la habilidad de mostrarse como un miembro constructivo del grupo social, mantener las reglas sociales y ser confiable. • Relaciones Interpersonales: Es la habilidad de establecer y mantener relaciones emocionales caracterizadas por el dar y recibir afecto, establecer relaciones amistosas y sentirse a gusto.

3) C.F. de Adaptabilidad • Prueba de realidad: Esta habilidad se refiere a la correspondencia entre lo que emocionalmente experimentamos y lo que ocurre objetivamente, es buscar una evidencia objetiva para confirmar nuestros sentimientos sin fantasear ni dejarnos llevar por ellos. • Flexibilidad: Es la habilidad de ajustarse a las cambiantes condiciones el medio, adaptando nuestros comportamientos y pensamientos. • Solución de problemas: La habilidad de identificar y definir problemas así como generar e implementar soluciones potencialmente efectivas. Esta habilidad esta compuesta de 4 partes: 1) ser consciente del problema y sentirse seguro y motivado frente a él 2) definir y formular el problema claramente (recoger información relevante) 3) generar tanto soluciones como sea posible 4) tomar una solución sobre la solución a usar, sopesando pros y contras de cada solución. 4) C.F. de Manejo del Estrés • Tolerancia al estrés: Esta habilidad se refiere a la capacidad de sufrir eventos estresantes y emociones fuertes sin venirse abajo y enfrentarse de forma positiva con el estrés. Esta habilidad se basa en la capacidad de escoger varios cursos de acción para hacerle frente al estrés, ser optimista para resolver un problema, y sentir que uno tiene capacidad para controlar influir en la situación. • Control de impulsos: Es la habilidad de resistir o retardar un impulso, controlando las emociones para conseguir un objetivo posterior o de mayor interés. 5) C.F. de Estado de Animo y Motivación • Optimismo: Es mantener una actitud positiva ante las adversidades y mirar siempre el lado bueno de la vida. • Felicidad: Es la habilidad de disfrutar y sentirse satisfecho con la vida, disfrutarse uno mismo y a otros, de divertirse y expresar sentimientos positivos. En todos estos modelos podemos ver que la autorregulación emocional (entendida como la capacidad de regular los estados emocionales a un punto de referencia) es un elemento principal de los modelos. Así, el modelo de las 4 ramas de Mayer et al. sitúa al “Manejo de las Emociones” arriba de su escala jerárquica, Goleman la incluye como “capacidad de controlar las propias emociones” y Bar – on incluye elementos de autorregulación emocional en varias de sus habilidades, como el “Control de Impulsos” y la “Flexibilidad”. En el siguiente punto nos centraremos en el mecanismo psicológico de la autorregulación, ofreciendo dos modelos de autorregulación emocional. 2. AUTORREGULACION EMOCIONAL Como hemos visto, los principales modelos de Inteligencia Emocional dan mucha importancia a la regulación de las propias emociones. De hecho, se trata de la piedra angular del concepto, ya que de nada sirve

reconocer nuestras propias emociones si no podemos manejarlas de forma adaptativa. La autorregulación emocional se englobaría dentro de lo que sería el proceso general de autorregulación psicológica, el cual es un mecanismo del ser humano que le permite mantener constante el balance psicológico. Para ello necesita de un sistema de feedback de control que le permita mantener el estatus en relación a una señal de control. Bonano (2001) expone un modelo de autorregulación emocional que se centra en el control, anticipación y exploración de la homeostasis emocional. La homeostasis emocional se conceptualizaría en términos de metas de referencia pertenecientes a frecuencias, intensidades o duraciones ideales de canales experienciales, expresivos o fisiológicos de respuestas emocionales. En este sentido, Vallés y Vallés (2003) señalan que puesto que las emociones tienen tres niveles de expresión (conductual, cognitivo y psicofisiológico) la regulación del comportamiento emocional afectará a estos tres sistemas de respuesta. Por tanto, la autorregulación emocional no sería sino un sistema de control que supervisaría que nuestra experiencia emocional se ajustase a nuestras metas de referencia. 2.1. Modelo Secuencial de Autorregulación Emocional Este modelo propuesto por Bonano (2001) señala tres categorías generales de actividad autorregulatoria: 1) Regulación de Control: Se refiere a comportamientos automáticos e instrumentales dirigidos a la inmediata regulación de respuestas emocionales que ya habían sido instigadas. Dentro de esta categoría se incluyen los siguientes mecanismos: disociación emocional, supresión emocional, expresión emocional y la risa. 2) Regulación Anticipatoria: Si la homeostasis está satisfecha en el momento, el siguiente paso es anticipar los futuros desafíos, las necesidades de control que se puedan presentar. Dentro de esta categoría se utilizarían los siguientes mecanismos: expresión emocional, la risa, evitar o buscar personas, sitios o situaciones, adquirir nuevas habilidades, revaloración, escribir o hablar acerca de sucesos angustiosos 3) Regulación Exploratoria: En el caso que no tengamos necesidades inmediatas o pendientes podemos involucrarnos en actividades exploratorias que nos permitan adquirir nuevas habilidades o recursos para mantener nuestra homeostasis emocional. Algunas de estas actividades pueden ser: entretenimiento, actividades, escribir sobre emociones 2.2. Modelo Autorregulatorio de las Experiencias Emocionales La idea principal de la que parten Higgins , Grant y Shah (1999) es que las personas prefieren algunos estados más que otros y que la autorregulación permite la ocurrencia de los estados preferidos más que de los no preferidos. Igualmente señalan que el tipo de placer y el tipo de malestar que la gente experimenta depende de qué tipo de autorregulación este funcionando.

Estos autores señalan tres principios fundamentales implicados en la autorregulación emocional: 1) Anticipación regulatoria: Basándose en la experiencia previa, la gente puede anticipar el placer o malestar futuro. De esta forma, imaginar un suceso placentero futuro producirá una motivación de acercamiento, mientras que imaginar un malestar futuro producirá una motivación de evitación. 2) Referencia regulatoria: Ante una misma situación, se puede adoptar un punto de referencia positivo o negativo. Por ejemplo, si dos personas desean casarse, una de ella puede anticipar el placer que significaría estar casados, mientras que la otra persona podría imaginar el malestar que les produciría no casarse. Por tanto la motivación sería la misma, pero una de ellas estaría movida por un punto de referencia positivo y la otra por un punto de vista negativo. 3) Enfoque regulatorio: Los autores hacen una distinción entre un enfoque de promoción y un enfoque de prevención. Por tanto se distingue entre dos diferentes tipo de estados finales deseados: aspiraciones y autorrealizaciones (promoción) vs. responsabilidades y seguridades (prevención). 3. EL MODELO DE PROCESOS DE BARRET Y GROSS Ya hemos visto diferentes modelos de Inteligencia Emocional que se han propuesto, tanto desde ámbitos populares y aplicados (Modelos de Goleman y de Bar – On) como desde perspectivas más experimentales (Modelo de las Cuatro Ramas de Mayer y Salovey). También hemos discutido la importancia que en estos modelos se les da a los procesos autorregulatorios a nivel emocional, analizando los modelos de Bonano y de Higgins y cols. Los modelos vistos sobre inteligencia emocional la definen como un juego de habilidades y atributos personales o competencias sociales. Esto implicaría dos asunciones básicas (Barret y Gross, 2001): 1º) Las emociones propias o las de otros se ven como entidades fijas sobre las que se pueden hacer juicios correctos o incorrectos. 2º) La inteligencia emocional se ve como un conjunto estático de habilidades En contraste, el modelo de procesos de Barret y Gross entiende las emociones como un fenómeno emergente y fluido que resultaría de la interacción entre procesos explícitos e implícitos, por lo cual no habría sitio para una evaluación correcta o incorrecta. La inteligencia emocional sería en este modelo “un conjunto de procesos relacionados que permite al individuo desplegar satisfactoriamente representaciones mentales en la generación y regulación de de la respuesta emocional”.

CONCEPTUALIZACIÓN Y MODELOS EN I.E.

El concepto de inteligencia va ligado a la cultura y en occidente tradicionalmente se ha relacionado la inteligencia con competencias de índole cognitivo y metacognitivo, así como con otras habilidades de orden intelectual como las habilidades de insight. Este concepto ha ido poco a poco cambiando y según el autor al que hagamos mención la inteligencia abarcaría desde dimensiones y habilidades creativas, afectivas, sociales, motivacionales, volitivas hasta de personalidad. Actualmente existe cierto descontento general con la visión unitaria de la inteligencia por lo que se impone una reformulación científica de este concepto teniendo en cuenta nuestra naturaleza de seres no sólo pensantes, sino también sentientes y sociales. Al margen de la disparidad de definiciones de inteligencia existentes, la evolución del concepto de inteligencia se ha efectuado desde la medición de la inteligencia académica y la obtención del cociente intelectual siguiendo por el reconocimiento de que las habilidades intelectuales son dinámicas y flexibles hasta la aceptación de la existencia de distintos tipos de inteligencias. Mencionaremos tres enfoques sobre el tema. En el primero, el psicométrico, prevalece una concepción de la inteligencia que puede caracterizarse por ser de naturaleza biológica y susceptible a la medición. La atención se centra en los aspectos operacionalizables y cuantificables de ésta. Podemos citar como representantes de este enfoque a Jensen, Eysenck y Scarr, que defienden la tesis de la inmodificabilidad de la inteligencia. El segundo enfoque, el cognitivo, viene marcado por el paradigma del procesamiento de la información. Podemos, entre otros, encuadrar dentro de este modelo a autores como Feuerstein, Campione, Ferrara, Brown y Sternberg. Para el primero la inteligencia es un proceso dinámico, autoregulable que responde a la intervención externa ambiental y para Sternberg está formada por una diversidad de habilidades de pensamiento y de aprendizaje que son empleadas en la resolución de problemas académicos y extraacadémicos. Estos autores consideran que es posible mejorar la inteligencia y no sólo eso, sino que además, se debe hacer. Y el tercero pretende ir más allá del enfoque cognitivo. Es el que encabeza Gardner, quien hace un esfuerzo por plantear un enfoque del pensamiento humano más amplio y completo que el cognitivo y que abarca un amplio abanico de inteligencias. En opinión de Gardner (1995) “las perspectivas actuales acerca del intelecto han de estimularse con otros puntos de vista más globalizadores”. Sostiene que existen distintas inteligencias que pueden ser estudiadas y estimuladas por separado. Reconoce, en su teoría de las inteligencias múltiples, la naturaleza plural de la inteligencia y atribuye a otras capacidades humanas el mismo valor que se venía concediendo a las habilidades lingüísticas y lógicomatemáticas. Otro autor, Sternberg (1997), se aleja del cognitivismo puro al incluir otras dimensiones no estrictamente cognitivas dentro de su

concepción de la inteligencia. Integra dentro del concepto de inteligencia la creatividad y aspectos personales y sociales. Defiende que para alcanzar el éxito en el “mundo real” es preciso desarrollar, además de la inteligencia analítica, las inteligencias creativa y práctica. Estamos de acuerdo con Sternberg en tres cuestiones: 1) en que hay muchas maneras de ser inteligente, 2) en que las puntuaciones de los tests tradicionales miden un tipo de inteligencia y 3) en que habría que ir más allá del cociente intelectual, es decir, más allá de la inteligencia analítica para identificar a personas inteligentes con pronóstico de resultados favorables en la vida, debido a que la inteligencia analítica no es suficiente para desempeñarse de manera exitosa en el mundo real. Uno de los tópicos o “mitos” de la inteligencia (Sternberg, 1996), con el que nos encontramos, es la consideración de la inteligencia como algo unitario. Es decir, como una capacidad “general” de adaptación y de resolución de problemas. Esto viene a sugerir que quien posee una “alta” inteligencia, entonces, será más “capaz” de una mayor adaptación al medio y a la circunstancias (sean cuales sean) y será más “capaz” de resolver problemas, sean de la clase que sean. Esto nos hace remitirnos a la clásica pregunta sobre el mito de la inteligencia: ¿la inteligencia es única o múltiple? “Actualmente el peso de la evidencia dice que la inteligencia es multidimensional, y que el rango total de estas dimensiones está parcialmente representado por una única capacidad general” (Sternberg, 1996, p.96). Dentro de esta capacidad general se sitúan dimensiones cuyas denominaciones e investigaciones han sido diversas. Así podemos hablar, por ejemplo, de la “Inteligencia Práctica” (Sternberg y Spear, 2000), o de la “Inteligencia Emocional” (Goleman, 1995, 1999). A partir de la aplicación de las tecnologías de registro de imágenes de la actividad cerebral de la última década (Carter, 1998), se está constatando que la Mente es “Modular”, funciona por “modulos” o “partes”, eso sí, interrelacionadas en mayor o menor medida, aunque en ocasiones, con sorprendente independencia. Son numerosas las inteligencias que se han propuesto para poner de manifiesto la capacidad del ser humano de adaptarse a las circunstancias cambiantes que debe afrontar desde numerosos planos: lo intelectual, lo social, lo filosófico, lo moral, emocional , etc. Así, se han postulado modelos de inteligencia múltiples que abarcan parcelas diferenciadas del comportamiento humano, como es el caso de las inteligencias múltiples de Gardner (1993): quien hace más de veinte años reformula el clásico concepto de inteligencia unitaria y genética, sosteniendo que la inteligencia es plural y puede ser desarrollada y postula la famosa Teoría de las Inteligencias Múltiples donde distingue ocho tipos básicos de inteligencia entre las cuales incluye dos de índole personal referidas a la competencia emocional y social. Las denomina inteligencias intrapersonal e interpersonal. Son inteligencias distintas y relativamente independientes. Así, los resultados de las investigaciones del nuevo constructo de la inteligencia emocional indican

que podrían ser independientes de las puntuaciones que se obtienen en las pruebas de inteligencia (Gardner, 2001). Si bien los estudios sobre los procesos cognitivos han desembocado en importantes resultados para el conocimiento del funcionamiento de la mente en aspectos lógicos-matemáticos y lingüísticos o verbales, con la creación de útiles instrumentos de evaluación como las baterías de pruebas de inteligencia de Weschler, el WAIS (1939) de adultos y el WISC (1949) para niños; se viene destacando la importancia de desarrollar una ciencia de la inteligencia humana, que no sólo trate de los aspectos formales comentados anteriormente, sino también de la emoción y los sentimientos y cómo interviene en el funcionamiento de la mente humana y su rendimiento. Al parecer la inteligencia general es una condición necesaria pero no suficiente para conseguir el éxito en las esferas laboral, familiar, emocional y social de la vida. Por los resultados de las investigaciones y por lo que se nos evidencia, para lograr el éxito se necesita, además de poseer una buena inteligencia general y un inteligente manejo de emociones y expresiones emocionales, otra serie de cualidades que posibilitan una adecuada interrelación con los demás en distintos contextos. Para conocerse a sí mismo en el plano emocional se ha postulado la inteligencia intrapersonal (Gardner, Pelechano, Salovey, Mayer, entre otros). Para diferenciar la emocionalidad en los demás también se ha propuesto la existencia de la inteligencia interpersonal, la inteligencia social y la inteligencia emocional (Vallés, 2001). Como veremos más adelante las corrientes más actuales han tomado el término de inteligencia emocional como representativo de los aspectos emocionales y el resto de inteligencias relacionadas han sido integradas a él. El concepto de IE ha sido definido y redefindo de tantas y tan diferentes maneras que sería imposible, o al menos un trabajo muy complicado, hacer una compilación de todas las formas en las que el término ha sido empleado (Mayer, Salovey y Caruso, 2000b). La I.E. fue formalmente definida y evaluada en 1990 (Mayer, DiPaulo y Salovey, 1990; Salovey y Mayer, 1990) y poco tiempo después de encauzarse los primeros trabajos científicos apareció un libro sobre I.E. que popularizó el término hasta el punto de convertirse en un best-seller (Goleman, 1996). En su libro cuestionaba los clásicos conceptos de éxito, capacidad y talento, afirmando que la excesiva importancia que siempre se le había concedido al cociente intelectual para clasificar a las personas en más o menos inteligentes era poco útil para predecir el futuro. Goleman (1998), describe la inteligencia emocional como la capacidad potencial que determina el aprendizaje de habilidades prácticas basadas en uno de los siguientes cinco elementos compositivos: la conciencia de uno mismo, la motivación, el autocontrol, la empatía y la capacidad de

relación. Por otro lado, nuestra competencia emocional muestra hasta qué punto hemos sabido trasladar este potencial a nuestro mundo laboral. Las habilidades integrantes del constructo IE son muy numerosas y diversificadas según los modelos teóricos que los diferentes autores han propuesto. En la literatura científica existen dos grandes modelos de IE: los modelos mixtos y el modelo de habilidad. Los modelos mixtos combinan dimensiones de personalidad como asertividad, optimismo, etc. con habilidades emocionales (Goleman y Bar-On). Y el modelo de habilidad de John Mayer y Peter Salovey, menos conocido pero de gran apoyo empírico en las revistas especializadas, se centra de forma exclusiva en el procesamiento emocional de la información y en el estudio de las capacidades relacionadas con dicho procesamiento. A continuación presentamos una tabla resumen con los modelos actuales en inteligencia emocional
Mayer y Salovey (1997) Bar-On (1997) Goleman (1995) Definición: Definición: Definición: “IE es un conjunto de habilidades que “IE es... un conjunto de capacidades “IE incluye auto-control, entusiasmo, explican las diferencias individuales no-cognitivas, competencias y persistencia, y la habilidad para en el modo de percibir y comprender destrezas que influyen en nuestra motivarse a uno mismo... hay una nuestras emociones. Más habilidad para afrontar exitosamente palabra pasada de moda que engloba formalmente, es la habilidad para las presiones y demandas todo el abanico de destrezas que percibir, valorar y expresar emociones ambientales”(Bar-On,1997, p.14) integran la IE: el carácter” (Goleman, con exactitud, la habilidad para 1995, p.28) acceder y/o generar sentimientos que faciliten el pensamiento, para comprender emociones y razonar emocionalmente, y finalmente la habilidad para regular emociones propias y ajenas” (Mayer y Salovey, 1997, p.10) Habilidades integrantes: Habilidades integrantes: Habilidades integrantes: “Conocimiento de las propias “Percepción evaluación y expresión “Habilidades intrapersonales” emociones” de las emociones” “Habilidades interpersonales” “Asimilación de las emociones en “Manejo emocional” “Adaptabilidad” nuestro pensamiento” “Manejo del estrés” “Auto-motivación” “Comprensión y análisis de las “Reconocimiento de las emociones en “Estado anímico general” emociones” otros” “Regulación reflexiva de las “Manejo de las relaciones emociones” interpersonales” Tipo de Modelo: Tipo de Modelo: Tipo de Modelo: Modelo Mixto Modelo Mixto Modelo de Habilidad Tabla 1. MODELOS ACTUALES DE INTELIGENCIA emocional. Adaptado de Mayer, Salovey y Caruso (2000). Extraído de Extremera y Fernández-Berrocal (2001)

A este respecto resaltamos la reflexión realizada por Fernández-Berrocal y Extremera (2002):

“La inteligencia emocional, como habilidad, no se puede entender como un rasgo de personalidad o parte del “carácter” de una persona. Observemos a un individuo que tiene como característica de su personalidad ser extravertido, ¿podremos pronosticar el grado de inteligencia emocional personal o interpersonal que posee? Realmente, no podremos pronosticarlo. Otra cosas es que exista cierta interacción entre la IE y la personalidad, al igual que existe con la inteligencia abstracta: ¿utilizará y desarrollará igual una persona su inteligencia emocional con un CI alto o bajo? En este sentido, las personas con cierto tipo de personalidad desarrollarán con más o menos facilidad, con mayor o menor rapidez, sus habilidades emocionales. Al fin y al cabo, la persona no es la suma de sus partes, sino una fusión que convive – milagrosamente- de forma integrada”. Siguiendo el modelo de Salovey y Mayer como uno de los modelos teóricos sobre I.E. más coherente y riguroso que ha demostrado una robustez científica y viabilidad a lo largo de más de una década de incesantes investigaciones; vamos a tratar de dar explicación y conocer el concepto de I.E. Salovey y Mayer (1990) definen la inteligencia emocional como “un subconjunto de la inteligencia social, que comprende la capacidad de controlar los sentimientos y las emociones propias, así como los de los demás, de discriminar entre ellos y utilizar esta información para guiar nuestro pensamiento y nuestras acciones”. Por todo lo señalado anteriormente nos acogemos al modelo de Salovey y Mayer, ya que hasta el momento nos parece uno de los modelos de IE de mayor rigor científico. Desde el modelo de habilidad, la IE implica cuatro grandes componentes (Mayer y Salovey, 1997): 1. Percepción y expresión emocional. Incluiría la habilidad de identificar emociones en uno mismo, con sus correspondientes correlatos físicos y cognitivos, como también en otros individuos, junto con la capacidad de expresar emociones en el lugar y modo adecuado. 2. Facilitación emocional. Las emociones dirigen nuestra atención a la información relevante, determina tanto la manera con la que nos enfrentamos a los problemas como la forma en la que procesamos la información. En definitiva la capacidad para generar sentimientos que faciliten el pensamiento. 3. Conocimiento emocional.

Etiquetado correcto de las emociones, comprensión del significado emocional no sólo en emociones sencillas sino también comprender la evolución de unos estados emocionales a otros. 4. Regulación emocional. Capacidad de estar abierto tanto a estados emocionales positivos como negativos, reflexionar sobre los mismos para determinar si la información que los acompaña es útil sin reprimirla ni exagerarla, además incluiría la regulación emocional de nuestras propias emociones y las de otros. Estas habilidades están enlazadas de modo que sin el adecuado desarrollo de alguna de ellas no sería posible desarrollar el resto, sino piense el lector que si somos incapaces de identificar nuestras emociones cómo podremos regularlas. Como vemos la IE según el modelo de habilidad de Salovey y Mayer se puede utilizar sobre uno mismo (inteligencia intrapersonal) o sobre los demás (inteligencia interpersonal). Por otra parte, los aspectos personal e interpersonal también son bastante independientes y no tienen que darse de forma encadenada. Puede haber personas muy habilidosas para la comprensión de sus propias emociones pero con grandes dificultades a la hora de empatizar con los demás. INTELIGENCIA EMOCIONAL Y cociente INTELECTUAL. Actualmente el conocimiento reciente de esta nueva inteligencia denominada “inteligencia emocional” se encuentra enfrentado al de “inteligencia académica” o “CI” (cociente intelectual) y reitero enfrentado porque según la revisión que ya hizo Goleman (1998) en su libro “La práctica de la inteligencia emocional”; asistimos a una peligrosa paradoja ya que, cuanto mayor es el CI, menor parece ser la inteligencia emocional, en algunas personas. Una investigación exhaustiva llevada a cabo entre padres y profesores demuestra que la actual generación de niños padece más problemas emocionales y que, hablando en términos generales, suelen ser más solitarios, deprimidos, irascibles, desobedientes, nerviosos, inquietos, impulsivos y agresivos que la generación precedente, aunque esto no se puede generalizar ni tampoco podemos caer en el pesimismo. Sabemos que un alto CI no garantiza el éxito en la vida y que precisamente un alto grado de felicidad y satisfacción en la pareja, con los hijos, amigos, en el trabajo, etc., no dependen exclusivamente del CI sino del conocimiento, desarrollo y uso de otras habilidades, entre ellas las emocionales. La inteligencia emocional al parecer no guarda una relación directa con el cociente intelectual. Podríamos decir que la inteligencia emocional es el uso inteligente de las emociones de tal manera que podamos conseguir intencionalmente que nuestras emociones trabajen para nuestro propio

beneficio, es decir que nos ayuden a tomar las decisiones más adecuadas en los distintos ámbitos de la vida. La inteligencia emocional es un constructo no directamente observable, es un conjunto de metahabilidades que pueden ser aprendidas. Es la habilidad para comprender y dirigir a las personas y actuar sabiamente en las relaciones humanas (Thorndike, 1920). Nos planteamos la cuestión de la posible existencia de correlación o al contrario de divergencia entre desarrollo intelectual y desarrollo emocional. Un asunto importante se refiere a si cabe esperar que paralelamente se dé en igual proporción un elevado desarrollo en los niveles intelectual y emocional. Los resultados de investigaciones relevantes sobre alumnos intelectualmente bien dotados no muestran un desajuste en el desarrollo de las distintas áreas como evidencian los resultados de los estudios de Terman en la década de los veinte en EE.UU. y los de García Yagüe, García Artal, López Benito y Hume, por mencionar sólo algunos, en los últimos veinte años en España. Sin embargo, hay autores como el psicólogo francés Terrassier (1985) que insiste en defender la hipótesis de la existencia de disincronía o desequilibrio en el desarrollo de las áreas cognitiva, afectiva y social. Gardner (2001) en su concepción de la mente humana formada por una serie de facultades relativamente separadas que mantienen unas relaciones no bien conocidas por ser vagas e imprevisibles entre sí, no sostiene que haya un desequilibrio en el desarrollo de éstas. Menciona el caso de sujetos con altas capacidades en los que el rendimiento extraordinario en un ámbito concreto lleva aparejado un rendimiento por encima de la media o en el promedio en otras áreas. Nosotras estamos de acuerdo con este autor y no avalamos la hipótesis de la compensación, es decir, que un elevado nivel de desarrollo en un área no necesariamente debe ir acompañado por un bajo nivel en otras. ¿Podemos intervenir para desarrollar la inteligencia emocional? En lo que respecta a la intervención psicoterapéutica para el crecimiento personal nos preguntamos qué ocurriría si realizásemos una intervención para potenciar el desarrollo de las inteligencias personales en sujetos con elevados cocientes intelectuales. Solemos encontrar personas con alto cociente intelectual pero con baja inteligencia emocional. Estaríamos frente al prototipo de intelectual enfrascado en el mundo de las ideas. Este tipo de sujeto manifiesta un elevado desarrollo de sus inteligencias analítica y/o sintética pero menor desarrollo en su inteligencia práctica lo que le impide adaptarse y destacar en el medio que le ha tocado vivir. Y por otra, qué sucede cuando se da otra situación, es decir, sujetos con altas capacidades pero con actuaciones por debajo de lo esperado. En la literatura figuran casos de alumnos con elevados cocientes intelectuales y rendimiento académico muy deficiente, lo que se denomina “subactuación”. Los alumnos con capacidades excepcionales y bajo rendimiento suelen ser contrarios a la escuela en general y muy críticos

con ésta; poseer un sentido del humor irónico y corrosivo, presentar trabajos pobres e incompletos; aparentar estar aburridos, aletargados, faltos de energía y motivación; mostrarse intranquilos, impacientes, rudos, insolentes, desatentos y distraídos; absortos en su mundo; amigables con los alumnos mayores; emocionalmente inestables, exteriormente aparentan autosuficiencia, indiferencia y despreocupación por las normas del colegio; asisten irregularmente a clases, pero son capaces de seguir el ritmo de los compañeros; manifiestan una actitud defensiva, son astutos en sus argumentos, suelen ser los líderes de los descontentos y del grupo “antiescuela”; se muestran traviesos, bromistas, llenos de triquiñuelas y manipuladores, no son capaces de comprometerse ni implicarse personalmente (Wallace, 1988). Esta descripción coincide con la de Freeman (1985), excepto en que ésta añadió, además de las características señaladas, que estos alumnos poseen baja autoestima y a veces provienen de familias culturalmente pobres. Los resultados de los trabajos experimentales de Rimm (1997) y Peters, Grager y Supplee (2000) evidencian que existe un apreciable porcentaje de alumnos con elevado potencial intelectual que no consiguen un desarrollo social ni académico acorde con sus capacidades. Estos sujetos manifiestan sentimientos de inseguridad, poca perseverancia, indecisión para trazar objetivos, entre otras características negativas de índole motivacional y resolutivo. Si a los dos casos mencionados se les somete a sesiones expresas de psicoterapia para su crecimiento intra e interpersonal. ¿Qué consecuencias acarrearía? ¿mejoraría el equilibrio afectivo y social en el primero? y ¿se elevaría su motivación y consecuente rendimiento académico en el segundo? Provoca cierta extrañeza encontrar sujetos con cocientes intelectuales elevados y actuaciones poco exitosas, ya que no responden a las expectativas que despertaron en su medio en un momento dado. De allí que surjan preguntas como: ¿a qué se debe que, según los patrones de una sociedad determinada, a algunas personas les vaya mejor en la vida que a otras?, ¿por qué algunas personas con elevados cocientes intelectuales, brillantes en su profesión, no pueden aplicar esa inteligencia para resolver problemas de su vida privada y llevan una vida mediocre?, ¿en qué radica que algunas personas con un alto cociente intelectual terminen trabajando para otras con más bajo cociente intelectual, pero capaces de relacionarse, influir y relacionarse con otros de manera eficaz? Con el fin de dar respuesta a esos interrogantes nos planteamos la posibilidad de que estas personas hayan desarrollado la capacidad para abordar con eficacia información nueva procedente de fuentes internas, externas, afectivas, cognitivas y otras, así como la habilidad para adaptarse exitosamente a contextos muy distintos de los que deben enfrentar al resolver pruebas de cociente intelectual y para tratar con la

gente, es decir, que hayan desarrollado una especial cognición social que podría existir como un factor separado del cociente intelectual (Gardner, 2001).

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