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Actitud Del Profesional de Enfermeria Ante La Muerte de La Persona Criticamente Enferma - Uci - i.a.h.u.l.A

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03/19/2014

UNIVERSIDAD DE LOS ANDES FACULTAD DE MEDICINA INSTITUTO AUTÓNOMO HOSPITAL UNIVERSITARIO DE LOS ANDES ENFERMERÍA EN CUIDADOS AL PACIENTE EN ESTADO

CRÍTICO

ACTITUD DEL PROFESIONAL DE ENFERMERÍA, ANTE LA MUERTE DE LA PERSONA CRÍTICAMENTE ENFERMA, UNIDAD DE CUIDADOS INTENSIVOS (UCI) DEL INSTITUTO AUTÓNOMO HOSPITAL UNIVERSITARIO DE LOS ANDES (IAHULA).

Autora: Paz, Amalia Tutora: MgsC: Elsie Santander de S.

Mérida, 2009

ACTITUD DEL PROFESIONAL DE ENFERMERÍA, ANTE LA MUERTE DE LA PERSONA CRÍTICAMENTE ENFERMA, UNIDAD DE CUIDADOS INTENSIVOS (UCI) DEL INSTITUTO AUTÓNOMO HOSPITAL UNIVERSITARIO DE LOS ANDES (IAHULA).

Trabajo Especial de Grado presentado por: Paz, Amalia, Nº de C. I. 18.367.606; ante el Consejo de la facultad de Medicina de la Universidad de Los Andes, como credencial del Mérito para la obtención del grado en Enfermería Crítica.

Autor: Paz, Amalia Tutor: Elsie Santander de S.
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DEDICATORIA

A Dios todopoderoso quien con su mano protectora nos guió en los momentos más difíciles y no nos permitió decaer, a pesar de todos los inconvenientes surgidos a lo largo de nuestra carrera que hoy felizmente terminamos. A nuestros padres, quienes nos sirvieron de apoyo y con sus palabras de aliento nos fortalecieron inculcándonos fe y amor para obtener este título. A nuestros hijos, que son el estímulo de superación profesional y así mismo servimos de ejemplo para el progreso, sin importar los contratiempos y obstáculos que se interpongan en el camino. A todos nuestros seres queridos, quienes de una u otra forma nos dieron una palabra de aliento y apoyo para soportar las diversas adversidades que surgieron a lo largo de estos estudios.

Francy, Marisol y Magali

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AGRADECIMIENTO

A Dios todopoderoso, por iluminarnos y guiarnos por el camino a seguir, al igual que nos permitió concluir esta meta. A nuestras familias, por ser la fuente fundamental de fuerza, amor y comprensión, siendo el más grande apoyo en todo momento, dándonos fortaleza en momentos de flaqueza. A nuestros profesores (as), en especial al Dr. Domingo Socorro, quienes ofrecieron sus conocimientos para fortalecer y engrandecernos como

profesionales de calidad.

Francy, Marisol y Magali

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ÍNDICE GENERAL

Dedicatoria………………………………………………………………… Agradecimiento…………………………………………………………… Índice General……………………………………………………………. Índice de Tablas..………………………………………………………… RESUMEN………………………………………………………………… INTRODUCCION………………………………………………………… CAPÍTULO I. EL PROBLEMA DE INVESTIGACION……………….. 1.1.- Planteamiento del Problema……………………………………… 1.2.- Objetivos de la Investigación……………………………………… 1.3.- Justificación…………………………………………………………. 1.4- Consideraciones Éticas…………………………………………….. CAPÍTULO II. MARCO TEÓRICO……………………………………... 2.1.- Antecedentes de la Investigación………………………………… 2.2.- Bases Teóricas…………………………………………………….. CAPÍTULO III. MARCO METODOLÓGICO…………………………... 3.1.- Tipo y Diseño de la Investigación………………………………… 3.2.- Población Muestral………………………………………….…….. 3.3.- Operacionalización de la Variable………………………………. 3.4.- Instrumento de Recolección de Datos…………………………… 3.5.- Validez del Instrumento……………………………………………. 3.6.- Procedimiento para la Recolección de la Información….……… 3.7.- Procesamiento y Análisis de Datos……………………………… CAPITULO IV. PRESENTACION DE DATOS Y ANALISIS DE LOS RESULTADOS……………………………………………………... CAPITULO V. CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES……….. 5.1.- Conclusiones……………………………………………………….. 5.2.- Recomendaciones...................................................................... REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS.................................................. ANEXOS............................................................................................ Anexo “A” Instrumento……………………………………………………

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ÍNDICE DE TABLAS

Tabla 1 2

Operacionalización de la Variable………………..…………...... Dimensión: Datos Sociodemográficos. Indicador: Edad, sexo y estado civil………………………………………………… Dimensión: Datos Sociodemográficos. Indicador: Años de servicio, turno que labora y nivel académico………………….. Dimensión:. Características universales de las medidas de bioseguridad. Indicadores: Definición, aplicabilidad y cumplimiento……………………………………………………… Dimensión: Exposición a contaminación. Indicador: Uso de barreras……………………………………………………………. Dimensión: Medidas de bioseguridad ante los procedimientos invasivos. Indicadores: Descarte de agujas y jeringas, guantes estériles, protectores oculares, utensilios (platos, cucharas y vasos), urinarios y termómetros…………. Dimensión: Disposición para material contaminado. Indicadores: Disposición de desechos inorgánicos y disposición para lencería………………………………………… Dimensión: Accidente laboral. Indicador: Accidente cortopunzante……………………………………………………..

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UNIVERSIDAD DE LOS ANDES FACULTAD DE MEDICINA INSTITUTO AUTÓNOMO HOSPITAL UNIVERSITARIO DE LOS ANDES ENFERMERÍA EN CUIDADOS AL PACIENTE EN ESTADO CRÍTICO ACTITUD DEL PROFESIONAL DE ENFERMERÍA, ANTE LA MUERTE DE LA PERSONA CRÍTICAMENTE ENFERMA, UNIDAD DE CUIDADOS INTENSIVOS (UCI) DEL INSTITUTO AUTÓNOMO HOSPITAL UNIVERSITARIO DE LOS ANDES (IAHULA). Autora: Paz, Amalia Tutora: MgsC: Elsie Santander de S. Año: 2009 RESUMEN El objetivo del trabajo fue determinar la Actitud del Profesional de Enfermería, ante la Muerte de la Persona críticamente Enferma, Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), del Instituto Autónomo Hospital Universitario de Los Andes (IAHULA), período marzo 2008 – septiembre 2009, Mérida estado Mérida. El cual se enmarcó en una investigación descriptiva, con diseño de campo y corte transversal. La población en estudio estuvo conformada por 25 enfermeras (os), a quienes se les aplicó un instrumento, tipo cuestionario estructurado en 2 partes: la primera con (5) ítem que recaudo los datos sociodemográficos y la segunda con (30) ítem en Escala de Likert, con tres alternativas de respuesta Siempre, Algunas Veces y Nunca. Como conclusiones se obtuvo: en cuanto a la dimensión datos sociodemográficos el 72% se encontró entre los 40 a 50 años de edad; el 96% es femenino, el 44% son solteras (os); el 60% labora en el turno de 7 p.m. a 7 a.m., el 88% con cargo fijo. Referente a la dimensión cognitiva arrojó con un 68% que “Nunca” pensar en la muerte es perder el tiempo, con un 68% “Nunca” las personas solo pueden pensar en la muerte cuando están viejos, con un 64% “Nunca” piensan que no vale la pena vivir, un 60% “Siempre” piensa que después de la muerte habrá un lugar mejor, el 64% “Siempre” percibe a la muerte como un paso a la eternidad, con un 64% “Siempre” la vida para ellos tiene más significado porque aceptan el hecho de su muerte, el 76% “Siempre” reconoce a la muerte como un hecho inevitable donde día a día les ayuda a su crecimiento personal y el 56% “Algunas Veces” el contacto frecuente con la muerte, les ha hecho verla como algo natural. Respecto a la dimensión afectiva, determinó que el 44% igual para “Siempre y Nunca” después de la muerte van a encontrar la felicidad, el 92% “Nunca” la muerte puede ser una salida a la carga de la vida, el 76% “Nunca” pensar deliberadamente en la muerte es un hecho morboso, el 68% “Nunca” se sintieron perturbadas (os) cuando piensan en lo corta que es la vida, el 52% “Algunas Veces” prefieren morir a vivir sin calidad de vida, el 68% piensa que “Algunas Veces” hay momentos en que la muerte puede ser un alivio ante el sufrimiento, el 44% “Siempre” ven con placer la vida después de la muerte, el 56% “Siempre” piensan en la familia cuando tienen a su cuidado un paciente que se va a morir y el 60% “Siempre” les conmueve enfrentar a las familias de los pacientes moribundos. Concerniente a la dimensión conductual prevaleció que el 48% “Nunca” temen a la posibilidad de contraer una enfermedad, que los conlleve inevitablemente a la muerte, el 48% “Nunca” piensan en la posibilidad de su propia muerte y por lo tanto no les genera ansiedad, el 56% “Nunca” se sienten más cómoda (o) si la petición de cuidar un paciente moribundo proviene de alguien conocido, el 76% “Nunca” la muerte de un paciente les conlleva a un fracaso profesional, el 80% “Nunca” piensan que les da igual lo que suceda a su alrededor, el 52% “Algunas Veces” tienen temor ante la muerte en este instante de sus vidas, el 44% “Algunas Veces” encuentra dificultad para encarar la muerte, el 56% “Algunas Veces” prefieren no pensar en la muerte; el 56% piensa que “Siempre” el sentido del trabajo es salvar la vida de los pacientes, y el 72% “Siempre” piensa que les da lo mismo vivir que morir. Palabras claves: Actitud, Cognitivo, Afectivo, Conductual, Muerte, Paciente Crítico y Profesional de Enfermería.

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INTRODUCCIÓN

La vida es dinámica y transcurre por diferentes etapas como lo es nacer, crecer, desarrollarse y morir, siendo la muerte la culminación del ciclo vital del ser humano, la cual puede ocurrir en cualquiera de sus fases, bien sea por enfermedad, trauma, homicidio, suicidio o como final de su crecimiento y desarrollo en la etapa de adulto mayor, siendo esta última, por lo general, la que se conoce como muerte natural (Cordero, Jiménez y Marrero, 2003; Kübler-Ross, 1975; Mendoza, Peraza y Pineda, 2005)

La muerte ha sido siempre, y es, para el hombre, un tema de profundas reflexiones y meditaciones, tanto desde la perspectiva filosófica y religiosa a la más actual que es la científica. El concepto y las actitudes hacia la muerte han venido sufriendo una evolución en los últimos siglos y, sobre todo, en las últimas décadas, de modo que fue hasta mediados del siglo XX que la muerte solía afrontarse en el domicilio familiar, como algo normal dentro del proceso vital y era vista como la parte terminal de la vida, no como algo amenazador y extraño (Cartay, 2002)

Los adelantos de la Medicina han hecho ver al hospital como único sitio adecuado para el que va a morir, aunque el recurso de la hospitalización se debe a que las familias actuales difícilmente pueden hacerse cargo del cuidado de un enfermo terminal. A ello se suma que esta institución coloca a la muerte fuera del

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hogar y permite mantenerla a distancia (Gala, Lupiani, Raja, Guillén, González y Villaverde, 2002; Sábado y Gómez, 2003)

Ahora bien, el hospital no es el mejor lugar donde el enfermo terminal y su familia pasen sus últimos días, ya que por lo general, estos sitios son lugares fríos, despersonalizados y en ocasiones deshumanizados, donde el trabajo de Enfermería se desarrolla bajo un modelo bio-médico y en el cual se valoran y enfatizan más las acciones técnicas y de curación, que las de cuidado (Colell, 2005; Cordero, Jiménez y Marrero, 2003; Gala, Lupiani, Raja, Guillén, González, y Villaverde- (2002).

En la presente investigación cuyo diseño fue descriptivo, se busca determinar la actitud del personal de enfermería que labora en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del Instituto Autónomo Hospital Universitario de Los Andes (IAHULA) de Mérida, estado Mérida, hacia el proceso de morir de las personas críticamente enfermas, abordándose el componente cognitivo (pensamiento), el afectivo (sentimientos) y el conductual (comportamiento) de dichas actitudes, desarrollándose el estudio entre los meses de julio 2008 a julio 2009.

El trabajo se estructuró en cinco (5) capítulos, el primero referido al planteamiento del problema, donde se exponen elementos que justifiquen la problemática planteada, asimismo, se presentan los objetivos de la investigación.

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El segundo capítulo hizo referencia al marco teórico, partiendo de los antecedentes que sustentan la investigación, así como las bases teóricas del mismo.

En el tercer capítulo se presentó el marco metodológico, con el tipo de investigación, población y muestra, la variable de estudio, las técnicas e instrumentos de recolección de datos y el análisis estadístico de la información.

El cuarto capítulo quedo conformado por la presentación y análisis de los resultados.

El quinto capítulo se refirió a las conclusiones y recomendaciones.

Y por último las referencias bibliográficas y los apéndices

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CAPÍTULO I

EL PROBLEMA

1.1.- Planteamiento del Problema

La muerte no es un fenómeno instantáneo, sino un proceso que transcurre por diferentes etapas, no sólo biológicas, sino también psicosociales. El proceso de morir es un período donde se experimentan intensas emociones difíciles de contener, en el que se encuentran involucrados tanto la persona moribunda, como la familia y el equipo asistencial (Colell, Limonero y Dolores, 2003)

En las etapas de la muerte, el profesional de Enfermería es el que se encuentra en estrecho acercamiento con la persona moribunda y sus familiares, por tal razón la tarea de cuidar tiene dos objetivos básicos, el primero, ayudar a las personas al afrontamiento de los problemas que les impiden satisfacer sus necesidades básicas para que puedan tener una vida plena y, en segundo lugar, velar por el bienestar de las personas que estén bajo su cuidado (Colell, 2005; Hernández, González, Fernández e Infante, 2002)

Los profesionales sanitarios no están libres de la influencia de la sociedad, ni de las emociones, actitudes o sentimientos que les genera la muerte y los enfermos moribundos. Las actitudes individuales hacia la muerte y los aspectos asociados a ésta, como dolor, pena o sufrimiento, pueden condicionar, en cierto

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modo, la forma en que estos profesionales afrontan la muerte y el trato que proporcionan a los enfermos en situación terminal y a sus familiares. En este sentido el profesional de Enfermería que ha de enfrentarse de manera directa y frecuente a la muerte y a la agonía ajena padecen, en mayor o en menor grado, ansiedad e intranquilidad, que puede traducirse en un cuidado inadecuado, por ejemplo actitudes de rechazo, huida o inseguridad, al afrontar sus propios miedos hacia la muerte (Escobar y García, 2008; Mazza y Quiroga, 2001) y es por ello que estos profesionales que atienden a personas moribundas, pueden influir con

intervenciones apropiadas en dos procesos: en el de morir, y en el manejo del duelo de los familiares y el duelo propio (Collel, Limonero y Dolores, 2003)

Ahora bien, el personal de Enfermería se prepara para asumir su profesión como un ejercicio de compromiso y solidaridad por quien ha perdido su salud y es poco probable que disponga de las actitudes y aptitudes para alentar al que está próximo a morir, para que pueda atravesar acertadamente por el proceso de aceptar el cierre de su ciclo vital (Mazza y Quiroga, 2001)

Lo antes expuesto, lleva entonces a considerar que es preciso que se comiencen a dar aportes que contribuyan al abordaje sistematizado del proceso de muerte de los pacientes, investigar sobre los factores asociados a esta situación, tales como: la enfermedad que la provoca, edad del paciente, actitudes de la familia, creencias, aceptación de la propia muerte; actitudes de los diferentes miembros del equipo de salud; evolución de las actitudes ante la muerte, entre otros. Este abordaje podría constituirse en una línea de investigación que
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proponga estrategias para afrontar adecuadamente el fin de la vida (Cordero, Jiménez y Marrero, 2003)

Ante una persona en etapa terminal, el profesional de Enfermería debe ofrecer cuidados que van desde a) el alivio y la prevención del sufrimiento; b) la

identificación precoz y tratamiento impecable del dolor y de otros problemas físicos, psicosociales y espirituales; c) colaborar para que la persona enferma y la familia acepten la realidad y, d) procurar conseguir la mayor calidad de vida para los enfermos, evitando el uso de medidas desesperadas (Mazza y Quiroga, 2001; Mendoza, Peraza y Pineda, 2005)

Un elemento decisivo que este profesional puede ofrecer es el confort en torno a los últimos instantes de la vida de la persona, representando una clave fundamental para contemplar a la persona como titular de los derechos fundamentales, por su pertenencia a la humanidad, sobre todo si se toma en cuenta que la dignidad y la singularidad humana son el fundamento de todos los derechos, y ello hace que deba encontrar en toda persona algo incondicional, un valor primordial invariable, no fluctuante o sujeto a cualquier dependencia, sino independiente del estatus social, de la vulnerabilidad padecida y del estado de finitud o de acabamiento corporal sufrido (Colell, Limonero y Dolores, 2003; Hernández, González, Fernández e Infante 2002)

Ahora bien, el profesional de Enfermería experimenta el mismo duelo que las demás personas, cuando se enfrenta con una pérdida ya que su profesión lleva
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implícito el contacto con el dolor, la muerte, la alegría, la recuperación y todos los estadios intermedios. (Colell, 2005). En el quehacer diario estos profesionales desempeñan su labor junto a personas moribundas, por lo que se establecen una serie de relaciones y de lazos mutuos, siendo el objetivo principal la prestación de cuidados a la persona desde un punto de vista holístico, estando conscientes del aumento de relación existente entre ambos y por ello, al llegar el desenlace es normal que este personal pase por una etapa de duelo, denominado duelo de los cuidadores. (Cordero, Jiménez y Marrero, 2003)

Con base a lo anterior, es necesario considerar que el profesional de Enfermería experimenta el mismo duelo que el resto de las personas cuando se enfrentan a una pérdida, debido a la cercanía con el paciente y esto sucede como vía de escape para su salud psicológica y en este sentido, hay profesionales que se afligen tanto, que no pueden desarrollar la labor de apoyo, en el duelo, a los familiares y allegados (Hernández, González, Fernández e Infante 2002; Mazza y Quiroga, 2001)

La realidad actual muestra que la muerte de los seres humanos ocurre con mucha frecuencia en los centros dispensadores de salud. Por ello, los miembros del equipo que laboran en dichos centros están relacionados íntimamente con la misma, pues son los encargados de establecer los diagnósticos, formular las medidas terapéuticas, brindar los cuidados, observar la evolución de las personas enfermas y afrontar el hecho de que no todos los pacientes mejoran, sino que

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muchos se deterioran y mueren (Gala, Lupiani, Raja, Guillén, González y Villaverde 2002; Sábado y Gómez, 2003)

Este último aspecto presenta para el trabajador de salud una serie de problemas, que van desde el cómo informar a los familiares hasta los sentimientos de impotencia, fracaso y culpa que lo embargan, al considerar la cuota de responsabilidad que le corresponde al no lograr el éxito terapéutico (Colell, Limonero y Dolores, 2003; Mendoza, Peraza y Pineda, 2005).

Ahora bien, en el IAHULA existe un gran número de personas en formación, entre los que se encuentra el profesional de enfermería. Este Hospital es un centro de referencia en la región occidental del país, ya que a él llegan personas cuyas patologías no han podido ser resueltas en sus lugares de origen. Dichas características hacen que cada persona se constituya en un reto diagnóstico y terapéutico para el equipo de salud, presentándose una mortalidad significativa en la UCI; según el Departamento de Registros y Estadísticas de la Salud para el año 2007, el cual reporta que para ese año ocurrieron 46 muertes en dicha Unidad y para el 2008, 61 muertes; por lo tanto el personal de Enfermería de esta unidad, está de manera continua expuesto al proceso de la muerte, el cual involucra al cuidador, ya que produce sentimientos y emociones por el contacto directo que se tiene con el mismo.

De acuerdo a lo anteriormente expuesto, surge la siguiente interrogante de estudio: ¿Cuál será la actitud cognitiva, afectiva y conductual del Profesional de
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Enfermería ante la muerte de la persona críticamente enferma. Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), del IAHULA, Mérida, estado Mérida. Período julio 2008- julio 2009?

1.2.- Objetivos

Objetivo General

Determinar la actitud del profesional de Enfermería ante la muerte de la persona críticamente enferma en la Unidad de Cuidados Intensivos del IAHULA, Mérida. Período julio 2008- julio 2009.

Objetivos Específicos

- Identificar la actitud cognitiva del profesional de enfermería ante la muerte - Determinar la actitud afectiva del profesional de enfermería ante la muerte. - Identificar la actitud conductual del profesional de enfermería ante la muerte.

1.3.- Justificación

Al profesional de Enfermería se le educa y entrena para enfrentar a la enfermedad y conservar la vida, pero no se le forma en el manejo de la muerte, que es una circunstancia ineludible para todo ser humano y que es el final previsible de toda persona y una experiencia inevitable para todo el personal de
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salud, en especial el de Enfermería que labora en las UCI, el cual mantiene contacto directo con pacientes donde la muerte está presente de manera continua, debido al estado crítico de los mismos; por esto la presente investigación busca determinar las actitudes del profesional de enfermería ante la muerte de la persona críticamente enferma, recluida en la UCI del IAHULA. Por tanto este primer nivel de investigación, ofrecerá las bases para futuros estudios que además de profundizar en el conocimiento, llevarán al desarrollo de propuestas educativas e intervenciones en el ámbito académico y en los servicios de salud.

CAPÍTULO II

MARCO TEÓRICO

2.1.- Antecedentes

Carmona (2008), efectuó un estudio denominado “El Sentir de Los Médicos y Enfermeras ante El Duelo y La Muerte del Paciente”, en la Universidad de Carabobo, Valencia, Venezuela, con el objetivo de interpretar el sentir de médicos y enfermeras ante el duelo y la muerte del paciente. El estudio se inscribió dentro de la metodología cualitativa y el método que se utilizó fue la matriz epistémica fenomenológica. La población fue de diez (10) profesionales del equipo de salud, específicamente cinco (5) médicos y (5) enfermeras, quienes aceptaron formar parte de la misma, los cuales fueron estudiados a través de la observación directa

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y la entrevista en profundidad o enfocada y los encuentros fueron previamente establecidos con los informantes.

Desarrolló un diálogo intersubjetivo, cara a cara, buscando en las expresiones verbales y quinestésicas de los entrevistados, el significado de sus vivencias sobre el duelo y la muerte del paciente. Dentro de los resultados encontró que: En los informantes emergieron sentimientos de negación, sufrimiento, falta de

preparación para enfrentar situaciones de duelo y muerte, ansiedad, vulnerabilidad de la vida y el espejo de la propia muerte. También observó que en todas las expresiones manifestadas por los médicos y enfermeras, subyacían sentimientos de frustración, fracaso, culpa, dolor, incompetencia y negación de la muerte.

En la síntesis interpretativa, los hallazgos citados evidenciaron que las experiencias vividas por las enfermeras y los médicos, incluidos en el estudio, al enfrentarse a situaciones de muerte y duelo, generaban en ellos un sentir enmarcado en primer término por una concepción negativa hacia la muerte y en segundo término por el temor hacia la propia muerte como hecho inevitable, lo cual se concatenaba con sentimientos emergentes que involucran la totalidad del ser, tales como: negación, afinidad, empatía, impotencia, frustración, angustia, desespero, llanto, huida y tristeza. El hecho de no sentirse preparados para abordar de manera efectiva al paciente que sufre un duelo anticipado por la proximidad de la muerte o al familiar que vivía la agonía del desenlace fatal, así como el hecho de revivir sus propios duelos, hacía que los médicos y enfermeras

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se vieran envueltos frecuentemente en situaciones que podrían poner en riesgo su salud física y mental.

Sábado y Gómez (2003), hicieron una investigación titulada “Actitudes ante la Muerte e Inteligencia Emocional en Estudiantes de Enfermería”, en la Universidad Autónoma de Barcelona, España, con el objetivo de estudiar la relación entre las actitudes ante la muerte y los componentes de la inteligencia emocional, en una muestra de 169 estudiantes de enfermería de la mencionada Universidad, dentro de un estudio exploratorio, descriptivo, a través del uso de un cuestionario que contenía la forma española de las siguientes escalas: Escala de Inteligencia Emocional (Trait Meta-Mood Scale: TMMS-24), Inventario de Ansiedad ante la Muerte (Death Anxiety Inventory: (DAI) y la Escala Revisada de Depresión ante la Muerte (Death Depression Scale-Revised: DDS-R).

En los resultados expusieron que: En la matriz se observó que las dos escalas de actitud ante la muerte correlacionaban de forma positiva y significativa con el componente percepción, mientras que presentaban correlación negativa y significativa con la regulación. La correlación con comprensión fue no significativa. Los datos sugirieron que cuando existían niveles elevados de ansiedad y depresión ante la muerte, se producía un aumento de la susceptibilidad a la percepción de estímulos emocionales, mientras que las bajas puntuaciones estaban relacionadas con una regulación emocional más eficaz.

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Mendoza, Peraza y Pineda (2005), realizaron un estudio denominado “Principales Factores que Influyen en La Actitud del Personal de Enfermería, ante La Muerte de Los Pacientes", en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Central Universitario “Dr. Antonio María Pineda” de Barquisimeto, Estado Lara. El objetivo del mismo fue determinar los factores que influyen en la actitud del personal de enfermería ante la muerte de los enfermos. Investigación de tipo descriptiva transversal, cuya población fue de 35 enfermeras (os) que laboraban en la Unidad de Cuidados Intensivos, estudiados mediante una encuesta de 12 ítems. Los resultados arrojaron que el 48% del personal de enfermería se deprimía, el 20% sentía miedo, el 12% expresaba ira e Indiferencia y el 8% sentía rechazo. Demostrando así que evadían situaciones donde estaba presente la muerte.

Colell, Limonero y Dolores (2003), ejecutaron una investigación titulada ”Actitudes y Emociones en Estudiantes de Enfermería ante La Muerte y La Enfermedad Terminal”, en la Universidad Hispalense de Sevilla, España, estudio cuya finalidad fue analizar las actitudes, creencias y emociones e identificar los principales aspectos que podrían facilitar su trance de una manera digna y en paz. Estudio descriptivo, transversal, cuya muestra fue de 150 estudiantes de Enfermería del primer curso, a los cuales se les aplicó la escala Cullt- Lester revisada y modificada, y el cuestionario de factores que ayudan a morir en paz. Los resultados demostraron que los futuros profesionales de enfermería preferían tratar enfermos pediátricos y que el miedo a la muerte generaba más ansiedad que el miedo al proceso de morir.

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Moncada (2005), hizo un estudio titulado “Conocimientos que Tienen Los Estudiantes de IX y X semestre de la Escuela de Enfermería” Mérida, Venezuela, con relación al cuidado de la persona en fase terminal y proceso de muerte. Investigación descriptiva, transversal y de campo, cuya finalidad fue indagar sobre el conocimiento que los estudiantes de la Escuela de Enfermería, tenían sobre el cuidado de la persona con enfermedad terminal y durante el proceso de la muerte. La población estuvo constituida por 53 bachilleres, a los que se le aplicó un cuestionario, para indagar sobre la conceptualización básica de los objetivos propuestos. Los resultados evidenciaron que un 74% de los estudiantes había tenido experiencia con la muerte de sus pacientes, el 83% desconocía las etapas del proceso de muerte, en promedio global un 80% de las respuestas fueron correctas, aunque en algunos aspectos fundamentales como sentimiento de esperanza y decir la verdad sobre lo que estaba ocurriendo, se encontró un 47% y 64%, respectivamente. El 92% tenía claridad conceptual del proceso enfermero.

Cordero, Jiménez y Marrero (2003), realizaron una investigación titulada ”Actitud ante La Muerte del Personal de Enfermería del turno de 7 am a 1 pm y su Relación con La Atención a La Persona Moribunda y sus Familiares”, en el Hospital Universitario de Pediatría "Dr. Agustín Zubillaga" de Barquisimeto, estado. Lara, estudio realizado con el objetivo de determinar la relación que existía entre la actitud ante la muerte y el nivel de atención a la persona moribunda. Investigación de tipo descriptiva transversal, cuya población fue el personal de Enfermería que laboraba en las Unidades de Trauma Shock, Cuidados intensivos, Agudos,
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Oncológicos y enfermedades infecto - contagiosas, con una muestra de 32 enfermeras, a quienes se les aplicó una encuesta de 6 ítems. Los resultados arrojaron que el sentimiento que les producía la muerte al personal de Enfermería era la Depresión en un 59%; el 69% del personal de Enfermería no indagaba con los familiares de la persona moribunda sobre su percepción acerca de la muerte; el 72% del personal de Enfermería no acompañaba al médico a notificar la muerte del paciente, el tipo de atención que prestaba el personal de Enfermería, era en un 75% de tipo física - espiritual y psicosocial.

Hernández, González, Fernández e Infante (2002), efectuaron un estudio titulado “Actitud ante La Muerte en Los Médicos de Familia”, en el Policlínico "Plaza de la Revolución", de Cuba, investigación cuya finalidad fue caracterizar las actitudes ante la muerte en los médicos. Estudio de tipo descriptivo, en una muestra de 50 Médicos de Familia, donde se utilizó una versión cubana de un instrumento diseñado para estudiar las actitudes ante la muerte, que incluía 33 reactivos, agrupados para su interpretación en 6 subescalas: evitación, aceptación, temor, pasaje, salida y perspectiva profesional. Las actitudes prevalentes en los médicos eran de evitación y temor, en un contexto ambivalente dado por las actitudes positivas de aceptación de la muerte como un hecho natural, que se traducía en afrontamiento profesional no consecuente. En general, se encontraron actitudes que revelaron la insuficiente preparación de los Médicos de Familia investigados para la aproximación realista a la muerte.

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2.2.- Bases teóricas Conceptos y Generalidades

La Muerte

El concepto de muerte varía según la época y la cultura. En las sociedades occidentales, se considera la separación del alma y del cuerpo, aunque esta separación no puede ser vista, se planteó determinarla objetivamente por el cese de la respiración como signo de la muerte (Limonero, 1996; Gala, Lupiani y Díaz, 1991)

Cordero, Jiménez y Marrero 2003, definen a la muerte como el cese de las funciones vitales (respiración y circulación), sin embargo los avances de la Medicina han logrado mantener estas funciones vitales artificialmente, razón por la cual surgen dos términos importantes: 1.- Muerte Somática; refiriéndose al organismo en su totalidad. 2.- Muerte Legal; basada en la rigurosa comprobación del detenimiento de las funciones vitales y en la certificación legal de que tal hecho se ha producido

La muerte es un hecho cotidiano, implícito a la vida y posiblemente la única certeza que tiene el ser humano. A pesar de esto, la idea de la muerte queda relegada, apartada e incluso eludida por la mayoría de las personas, constituyéndose como tabú el sólo mencionarla. Esto provoca que su presencia llene de miedo, dolor y sufrimiento al no saber cómo tratarla, ni estar preparado
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para asumirla con naturalidad. Debido a esto y principalmente a la cultura en que vivimos, se oculta y evita hablar de ella, ya que en el fondo es concebida como un fracaso personal, biológico, médico o tecnológico, y es ahí donde aparece la religión, generadora de esperanza ante el gran misterio de la vida: la muerte (Colell, 2005; Sábado y Gómez, 2003)

La idea de muerte ha sido abordada desde distintas disciplinas: la Filosofía, Antropología, Medicina y la Psicología, que enfocan el quehacer del hombre, encontrándose que, la muerte al igual que la vida, está condicionada por factores biológicos, psicológicos y socioculturales (Hernández, González, Fernández e Infante, 2002)

Trabajar este tema requiere un aprendizaje que se debe producir a lo largo de toda la vida. Por ello se debe incidir más en la idea de la muerte propia, como ese hecho universal y necesario que va a ocurrir inevitablemente (se esté preparado o no) y que repercutirá en cada persona de forma singular y única. No hay dos muertes iguales, al igual que no existen dos vidas idénticas. Prepararse para morir llena de paz, hace que se relativicen las pérdidas y los fracasos y se disfrute más el presente (Escobar y García, 2008; Mazza y Quiroga, 2001)

La forma de concebir la propia muerte, así como la elaboración de los numerosos duelos que ocurren a lo largo de la vida, forma parte del quehacer diario; asumiendo, analizando y aceptando estas situaciones con una actitud

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psíquica saludable, conlleva a una apuesta por la vida y proporciona mayor calidad de vida (Collel, 2005)

Varios autores que abordan el tema tales como: Corless, Germino y Pittman (2005) y Neimeyer (1997), destacan su influencia dentro del ámbito tanatológico, médico y cultural; consideran además que se trata de una experiencia totalmente individual, que involucra muchos procesos psicológicos con manifestaciones frecuentes de psicopatología. Los aspectos que se deben considerar son:

- Negación y aislamiento: Se trata de un período defensivo que permite amortiguar el impacto inicial y da oportunidad para que otros mecanismos de defensa de la personalidad salgan a flote. Estos a veces son sanos y apropiados y a veces no lo son. - Ira: implica un proceso de proyección de sentimientos muy primitivos y de muy difícil manejo para el paciente, para sus familiares y para el personal de salud: rabia, envidia, resentimiento, entre otros. Tiene tanto un componente racional como uno irracional. Se debe ser especialmente comprensivo, paciente y prudente en esta etapa. - Negociación: Es una etapa que se da por accesos breves, pero progresivos hasta que el paciente llega a liberarse de sus temores irracionales, deseos inconscientes de castigo y culpa. Es una etapa en donde el paciente necesita un acompañamiento muy dirigido y profesional. - Depresión: Es el estado afectivo que sigue y tiene dos componentes: 1) El reactivo: secundario al propio proceso, y
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2) El anticipatorio; se debe recordar que lo que la persona tiene enfrente y hacia donde se dirige es a su propia muerte. - Aceptación: Siempre y cuando haya tenido suficiente tiempo y haya recibido la adecuada ayuda y conducción en las fases anteriores. Cuando se llega a esta etapa habiendo vivido la persona enferma junto con el profesional de Enfermería este proceso, se tiene una de las experiencias más formativas y de mayor templanza humana y espiritual que este profesional pueda tener.

A partir de esta etapa se debe procurar la ayuda de los familiares, que en algún tiempo más, deberán empezar a vivir el proceso de duelo. Gala, Lupiani y Díaz (1991), proponen ciertas conductas a seguir ante la persona moribunda y sus familiares:

1. Manejo de la información proporcionada de acuerdo a la capacidad de entendimiento de la persona enferma y sus familiares. Identificar, si es posible, dentro del grupo familiar a un líder de opinión que sirva de interlocutor y reforzador de la información en los términos de los códigos y costumbres del grupo. No existe ninguna norma que obligue al profesional de Enfermería a decir en forma inmediata toda la información. Se puede hacer en forma gradual, pero lo correcto es que el paciente y sus familiares la conozcan por completo eventualmente. Debe incluirse un apartado amplio sobre los aspectos pronósticos en términos de calidad de vida y costo que implican las alternativas terapéuticas que se pueden ofrecer. Aquellas de carácter experimental deben ser claramente explicadas sin promover falsas expectativas. Es fundamental que en este proceso de
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comunicación el profesional de Enfermería se esfuerce a ser lo más sincero y abierto posible para favorecer que todas aquellas dudas que se tengan le sean preguntadas y resueltas. 2. El profesional de enfermería debe ser compasivo, paciente y sincero. 3. El profesional de enfermería debe proporcionar al enfermo o procurar que alguien lo haga, apoyo emocional y espiritual, además del físico. 4. Se debe procurar en lo posible y con los medios a la mano, evitar el dolor y tratar de no afectar el estado de alerta si existe la alternativa. 5. Tratar de evitar, si es posible, el aislamiento del enfermo de su familia. 6. Siempre tratar de evitar el sentimiento de culpabilidad en la familia. Guiarlos para que se convenzan de que están haciendo todo lo posible por su familiar enfermo. 7. La prioridad siempre deberá ser mantener la dignidad humana de la persona. 8. Siempre preguntar cuando el tiempo y las circunstancias lo permiten, si existen indicaciones específicas de la persona enferma con respecto a maniobras de reanimación, técnicas de soporte vital, donación de órganos, entre otros y procurar que se plasmen por escrito con el aval de los familiares y hacerlo del conocimiento de una autoridad. 9. El profesional de enfermería tiene derecho a tener ayuda en lo personal, de apoyo profesional, psicológico, espiritual, legal, entre otros. Es importante la creación de Comités de Ética y Tanatológicos que puedan auxiliar en tales circunstancias.

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Actitud del Personal de Enfermería ante la Muerte

Los profesionales de Enfermería son seres humanos funcionales, que no solo actúan, sino que también piensan y sienten. La actitud es uno de los conceptos más relevantes en psicología social. No es un concepto aislado, sino que se halla en estrecha relación con otros conceptos psicológicos como motivación, percepción, personalidad y conducta (Escobar y García, 2008; Gala y cols, 2002)

La actitud es definida como un estado de disposición nerviosa y mental, organizada mediante la experiencia, que ejerce un influjo dinámico o directivo sobre las respuestas que un individuo da a todos los objetos y situaciones con que ella está relacionada. (Cordero, Jiménez y Marrero, 2003; Mendoza, Peraza y Pineda, 2005)

Una actitud tiene los siguientes componentes: - Cognitivo: ideas y creencias sobre el objeto de la actitud. Representa el conocimiento que, dentro de ciertos límites de certeza, tiene una persona acerca de lo que es verdadero o falso, bueno o malo, deseable o indeseable. Se refiere a las expresiones de pensamiento concepciones y creencias, acerca del objeto actitudinal, en este caso, la estadística incluye desde los procesos perceptivos simples hasta, los cognitivos más complejos (Baron y Byrne, 2000; Plaza y Janes, 1999) - Afectivo: emociones que produce el objeto de la actitud. Está constituido por expresiones de sentimientos hacia el objeto de referencia. Recogería todas
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aquellas emociones y sentimientos que despierta la estadística, y por ello son reacciones subjetivas, positivas, negativas, acercamiento, huida, placer y dolor (Young y Flügel, 1998) - Conductual: acción respecto al objeto de la actitud. Se entiende por conducta cualquier respuesta que un sujeto presenta ante un estimulo, respuestas que pueden ser fisiológicas, motrices, mentales, o combinaciones de ellas. El componente conductual aparece vinculado a las actuaciones en relación con el objeto de las actitudes. Son expresiones de acción o intención conductual y

representa la tendencia a resolver en la acción de una manera determinada (Diccionario de Psicología, 1991; Fernández, 2008)

Para los primeros teóricos estos tres componentes (cognitivo, afectivo y conductual), estaban relacionados entre sí, pero en la actualidad se ha descrito que estos tres componentes pueden estar o no relacionados (Collel, Limonero y Dolores, 2003)

Las actitudes tienen funciones sociales y psicológicas como: comprensión, satisfacción de las necesidades, defensa del yo y de valores (Moncada, 2005).

La comprensión cambia, cuando en la vida no se tienen ideas claras, es decir, cuando existe carencia de conocimientos acerca de un tema, como en este caso, sobre la muerte. Las necesidades de satisfacción pueden cambiar también de acuerdo al cambio de actitudes del individuo. La defensa del yo es la que refuerza los factores que alivian una amenaza. Las actitudes que expresan valores, son
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difíciles de cambiar, ya que estas tienen que ver con las creencias de cada persona; la satisfacción de las necesidades personales: pueden ser útiles para alcanzar metas personales (Gala, Lupiani y Díaz, 1991)

Las actitudes frente a la idea de la muerte han ido variando a través del tiempo y de las distintas sociedades y culturas. La muerte en esta cultura postmodernista, con su lógica del consumo, su desprecio por la experiencia pasada, la urgencia de vivir rápido y pasar, no soporta la muerte, porque es considerada como fracaso y por ello se trata de negarla y ponerla fuera de la propia vista y de los otros (la muerte solitaria con los respiradores, sondas y sueros como únicos

acompañantes, tanatorios y cementerios alejados de las ciudades) (Gala y cols, 2002; Limonero, 1996)

Las actitudes ante la muerte son un producto de la educación, que varía en función del contexto cultural. Están estrechamente relacionadas con la visión personal del mundo y con la posición que uno considera que ocupa en el mundo. Esto a su vez tiene que ver con el control percibido de la realidad, en concreto de las leyes naturales (visión de control o de sometimiento), pues una sensación de control sobre éstas (es más acusado en los países desarrollados) lleva a tener menos conciencia del poder de la naturaleza sobre la vida y por lo tanto de la muerte. También tienen que ver con las experiencias relacionadas con la muerte, con la esperanza de vida y con las creencias del ser humano. Las principales actitudes descritas ante la muerte son: Ansiedad, temor, preocupación y aceptación (Gala, Lupiani y Díaz, 1991; Colell, Limonero y Dolores, 2003)
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Las principales actitudes en torno a la muerte del profesional de Enfermería se traducen en: a) No querer nombrar a la misma muerte y, por asociación, tampoco a las patologías o males que se cree que la atraen. Así se establece todo un ritual de la hipocresía y de la ocultación que culmina en enmascarar la verdad a la persona sobre su estado terminal, con una falsa piedad que se racionaliza para “evitarle angustias al enfermo”, cuando a la postre, lo que sí se evita es la angustia al profesional de Enfermería, que así se libera de ejercer una comunicación para la que no está preparado y de ser el “Mensajero de la muerte”; y parece que el profesional de Enfermería tiene más miedo a la muerte que los enfermos. Lógicamente, algunas personas moribundas cómplices en este ritual de mentiras b) No mirar cara a cara al enfermo y evitar su contacto; como segunda consecuencia no sólo no se quiere pensar en la muerte o no nombrarla, sino que muchos profesionales de la Enfermería no miran cara a cara, y sobre todo a los ojos, a las personas moribundas, por temor. Lo grave es que el enfermo lo nota y se ve a sí mismo como desahuciado, como un infectado (separado, a veces, del resto de una sala por una cortinilla). Hay que resaltar la incongruencia que supone el que a nivel de comunicación verbal se le diga que no tiene nada y a través de la comunicación no verbal se le diga lo contrario. c) Aumento de la atención tecnológica y del encarnizamiento terapéutico: el último giro en la espiral es que el profesional de Enfermería con el sentimiento de culpa que le genera su conducta y sus actitudes, quiere expiarse pagando con
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y sobre todo los familiares, son

tecnología lo que retira de afectividad y humanismo, es decir, se han empeorado las condiciones de muerte, alargándose la agonía, gracias al encarnizamiento terapéutico, convirtiéndose el morir hospitalario, como lo indica en algo solitario, mecánico y deshumanizado. Aunque en realidad el personal de Enfermería no es culpable de manifestar estas actitudes y comportamientos, tomando en cuenta que están mediatizados por las carencias de formación profesional en técnicas de comunicación y en técnicas de afrontamiento ante la situación que plantea el enfermo agonizante (Cordero, Jiménez y Marrero, 2003; Gala y cols, 2002;

Mendoza, Peraza y Pineda, 2005)

La forma adecuada para fomentar unas actitudes más eficaces e idóneas hacia el enfermo terminal son:

1) Tomar conciencia de sus necesidades fisiológicas, sobre todo en lo referente al alivio del dolor físico y psíquico. 2) Desarrollar habilidades y actitudes de observación y escucha para poder identificar adecuadamente sus necesidades específicas. 3) Atender adecuadamente las necesidades informativas de los familiares y allegados. 4) Atender y ser sensible a las necesidades espirituales y religiosas de la persona enferma. 5) Facilitar y disponer las mejores condiciones posibles del entorno, que hagan más cómodo y acogedor el habitáculo del enfermo, tanto para él como para sus familiares (Colell, Limonero y Dolores, 2003; Colell, 2005)
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Las condiciones esenciales del morir con dignidad se han sintetizado de la siguiente manera: 1) Morir sin el estrépito frenético de una tecnología puesta en juego para otorgar algunas horas suplementarias de vida biológica. 2) Morir sin dolores atroces que monopolizan toda la energía y la conciencia. 3) Morir en un entorno digno del ser humano y propio de lo que podría ser un momento hermoso. 4) Morir estando con las personas cercanas y queridas, contactos humanos sencillos y enriquecedores. 5) Morir como un acto consciente de quien es capaz de realizar el difícil “Ars moriendi”. 6) Morir con los ojos abiertos, dando la cara valientemente y aceptando lo que llega. 7) Morir con un espíritu abierto, aceptando que muchas interrogantes que la vida ha abierto quedan sin respuesta. 8) Morir con el corazón abierto, es decir, con la preocupación del bienestar de los que quedan en vida (Escobar y García, 2008; Mazza y Quiroga, 2001; Moncada, 2005)

Esto implica que las intervenciones de enfermería deben volver a ser personales, íntimas, informadas e individualizadas, como primera medida ante el sufrimiento de las personas en fase terminal y por ello, la labor del profesional de esta rama de la salud debería ser detectar el sufrimiento, ponerle un nombre y validar la necesidad de actuar para mitigarlo, siempre que sea posible, mucho más
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si la práctica profesional lo pone en contacto con la muerte de personas. Sin embargo, día tras día, los profesionales de la Enfermería desarrollan destrezas tecnológicas para enfrentar virtualmente cualquier crisis que la persona pueda presentar, pero para su propia supervivencia emocional, aprenden a ignorar o a minimizar las señales de sufrimiento personal de sus enfermos (Moncada, 2005; Gala, Lupiani y Díaz, 1991)

Para reconocer el sufrimiento del otro no se requieren grandes habilidades, ni esfuerzos intelectuales. Se requiere que la empatía, o sea, la capacidad de ponerse en el lugar del otro, no esté empañada por sus temores, ya que afrontar con el otro su sufrimiento, exige de parte del profesional de Enfermería, entender su propia condición de humano susceptible de sufrir. Así, es posible que su tolerancia ante el llanto, la tristeza o el desasosiego de sus enfermos o de los familiares provenga de su propia intolerancia e inaceptación de sus partes tristes (Mazzay Quiroga, 2001; Moncada, 2005)

CAPÍTULO III MARCO METODOLÓGICO

3.1.- Tipo y Diseño de la Investigación

La presente investigación es de tipo descriptiva, ya que se buscó determinar la actitud de los profesionales de Enfermería ante la muerte de la persona críticamente enferma; igualmente su diseño es de campo pues se trabajó con una
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realidad específica, la Unidad de Cuidados Intensivos del IAHULA de Mérida, estado Mérida.

3.2.- Población, Muestra y Muestreo

La población seleccionada está conformada por todos los profesionales de Enfermería que laboran en la Unidad de Cuidados Intensivos del Instituto Autónomo Hospital Universitario de Los Andes (IAHULA) de Mérida, para el período de estudio; como la población es finita, 25 personas, se tomó en su totalidad, constituyéndose la misma en una población muestral.

3.3.- Variable

El estudio se considera univariable pues está orientado a determinar la actitud del profesional de Enfermería ante la muerte de la persona críticamente enferma, Unidad de Cuidados Intensivos del IAHULA. Mérida estado Mérida, en sus dimensiones cognitiva, emocional y conductual.

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Operacionalización de la Variable Variable Dimensiones Indicadores Edad Género Datos Sociodemográficos Estado Civil Turno que labora Actitud del profesional de enfermería, ante la muerte de la persona críticamente enferma, Unidad de Cuidados Intensivos del Instituto Autónomo Hospital Universitario de Los Andes (IAHULA), Mérida, estado Mérida. Ansiedad Comodidad. Actitud Conductual. Responsabilidad 23 24 25 26-27 28-29-30 Actitud Afectiva. Actitud Cognitiva. Cargo que ocupa Creencias Valores Conocimiento Aceptación Rechazo Sensibilidad Temor C D E 1-2-3-4-5 6-7 8-9 10-11-12-1314 15-16 17-18-19 20-21-22 Ítems A B

Vocación Apatía
Fuente: Paz (2009).

3.4.- Técnica e Instrumento de Recolección de Datos Para esta investigación se utilizó un cuestionario de 30 ítems, que se le entregó directamente al profesional que labora en la Unidad de Cuidados Intensivos, contentivo de dos partes: La primera, con cinco (5) ítems referidos a datos socio37

demográficos de la población (edad, género, estado civil, turno que labora y cargo que ocupa). La segunda parte con 30 ítems relacionados con las actitudes del profesional de Enfermería de la Unidad de Cuidados Intensivos del IAHULA ante la muerte de la persona críticamente enferma, con tres alternativas de respuesta: Siempre, algunas veces y nunca; para determinar la actitud cognitiva, afectiva y conductual.(Ver apéndice “A”).

Validez del instrumento

Bisquerra (2000), señala que “La validez de un test está determinada por lo que se pretende medir” (p.120). Para la validación del instrumento, se utilizó la Técnica de Juicio de Expertos, es decir, se le entregó el formato diseñado para la recolección de datos, a tres especialistas en el área, quienes actuaron como

jueces verificando si cada uno de los incisos propuestos medía lo que se pretendía en cuanto a precisión, relevancia y pertinencia. (Ver apéndice “B”).

3.5.- Técnica de Procesamiento y Análisis Estadístico

Después de recopilar la información obtenida por el instrumento aplicado se procedió a realizar su tabulación en una base de datos en Excel, para luego haciendo uso de la estadística descriptiva, presentar los resultados, en tablas con la frecuencia absoluta y porcentaje de respuestas que evidenció el

comportamiento de la variable estudiada

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CAPÍTULO IV PRESENTACIÓN Y ANALISIS DE RESULTADOS Tabla 1. Dimensión: Datos Socio-Demográficos Indicadores: Edad, genero, estado civil, turno que labora y cargo que ocupa Ítems
A.-Edad 18 a 28 29 a 39 40 a 50 51 a 61 B.- Género Masculino Femenino C.-Estado Civil Casados (as) Solteros (as) Divorciados /as) Viudos (as) D.- Turno de Trabajo 7am-1pm 1pm-7pm 7pm-7am E.- Cargo que ocupa Fijo Suplente 22 3 88 12 5 5 15 20 20 60 10 11 3 1 40 44 12 4 1 24 4 96 2 2 18 13 8 8 72 12

FA

%

Fuente: Paz (2009), instrumento aplicado

39

En la tabla 1, para el Ítem “A”, se apreció que el personal de enfermería en un 72% se encontró en edades comprendidas entre los 40 y 50 años, con un 12% comprendidos ente los 51-61 años de edad y un 8% entre 29-39 años al igual que los comprendidos entre los 18-28 años, lo cual demuestra que el personal de la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del Instituto Autónomo Hospital Universitario de los Andes (IAHULA) se halló en plena etapa de responsabilidades propias del ciclo vital.

En cuanto al género, ítem “B”, se denotó que el 96% del personal de UCI del IAHULA está conformado por el femenino y el 4% al masculino.

En relación al Ítem “C” se evidenció que el 44% del personal se encuentra casada (o), segundo del 40% de solteras (o) y el 12% divorciado y en un 4% viuda.

Respecto al Ítem “D” correspondiente al turno de trabajo se encontró que en un 60% labora en el turno comprendido de 7pm a 7am, manteniendo el 20% para el tuno que labora en el turno de 7am a 1pm y un 20% para el turno de 1pm a 7pm

En referencia al ítem “E” se obtuvo que la UCI del IAHULA cuenta con el 88% de personal fijo seguido de un 12% de personal suplente.

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Tabla 2. Dimensión: Actitud Cognitiva Indicadores: Creencias, valores y conocimiento

Alternativas de Respuesta Nº Propuesta FA 1 Pensar en la muerte es perder el tiempo. 2 Después de la muerte habrá un lugar mejor 3 4 Viviré después de mi muerte. Las personas solo pueden pensar en la muerte cuando son viejos. 5 Percibo a la muerte como un paso a la eternidad 6 Mi vida tiene más significado porque acepto el hecho de mi muerte. 7 8 Vale la pena vivir. Reconozco mi muerte como un hecho inevitable, que cada día me ayuda a mi crecimiento personal. 9 El contacto frecuente con la muerte, me ha hecho verla como algo natural.
Fuente: ídem

S % FA

AV % FA

N %

2

8

6

24

17

68

15 12 -

60 48 -

3 3 8

12 12 32

7 10 17

20 40 68

16

64

6

24

3

12

16 16

64 64

4 -

16 -

5 9

20 36

19

76

4

16

2

8

8

32

13

52

4

16

En relación a la tabla 2, referente al ítem 1, se observó que el personal de enfermería que labora en la UCI manifestó en un 68% que “Nunca” pensar en la

41

muerte era perder el tiempo, mientras que un 24% refieren que “Algunas Veces” pensar en la muerte es perder el tiempo el 8% manifestó que “Siempre”.

De los resultados obtenidos con respecto al ítem 2, un 60% piensa que “Siempre” después de la muerte habrá un lugar mejor, el 28% expresa “Nunca” y el 12% asegura “Algunas veces”.

En referencia al ítem 3, el 48% del personal encuestado “Siempre” piensa que vivirá después de la muerte, en tanto 40% “Nunca” lo cree y el 12% expresa que “Algunas Veces”.

En cuanto al ítem 4, el 68% manifestó que “Nunca” las personas solo pueden pensar en la muerte cuando están viejo, sin embargo un 32% refiere que “Algunas Veces” solo se puede pensar en la muerte cuando son viejos.

Para el ítem 5, el 64% opinó que “Siempre” percibe a la muerte como un paso a la eternidad, un 24% “Algunas Veces” y un 12% “Nunca”.

Con referencia al ítem 6, el 64% “Siempre” piensa que su vida tiene más significado por el hecho de aceptar su muerte, el 20% “Nunca” y 16% “Algunas Veces”.

42

Para el ítem 7, se evidenció que el 64% refirió que “Siempre” vale la pena vivir, mientras que un 36% piensa que “Nunca”.

Dentro de los resultados obtenidos en el ítem 8, el 76% reveló que “Siempre” reconoce a la muerte como un hecho inevitable, que cada día le ayuda a su crecimiento personal, mientras que el 16% refirió “Algunas Veces” y el 8% “Nunca”.

Con relación al ítem 9, 52% de los (as) encuestados (as) respondió que “Algunas Veces” el contacto frecuente con la muerte la hace verla como algo natural, 32% aseguran “Siempre” y el 16% “Nunca”.

Los resultados obtenidos revelaron que la mayoría de los profesionales de Enfermería, sujetos de estudio, poseen una actitud cognitiva favorable ante la muerte de la persona críticamente enferma, puesto que gran parte de sus respuestas se corresponden con lo expuesto por Lashera y Casas (1996), al afirmar que: “Las

creencias, opiniones y normas de una persona determinan su predisposición a valorar favorable o desfavorablemente los objetos y sujetos que la rodean, y que por lo tanto influye en su comportamiento” (p. 3).

43

Tabla 3. Dimensión: Actitud Afectiva Indicadores: Aceptación, rechazo y sensibilidad. Alternativas de Respuesta Nº Propuesta FA 10 Después de la muerte voy a 11 S % 44 FA 3 AV % 12 FA 11 N % 44

encontrar la felicidad 11 Prefiero morir a vivir sin calidad de vida 12 La muerte puede ser una salida a la carga de mi vida. 13 Hay momentos en que la muerte puede ser un alivio ante el

7

28

13

52

5

20

1

4

1

4

23

92

8

32

17

68

--

--

sufrimiento 14 Veo con placer la vida después de mi muerte 15 Pensar deliberadamente en mi 11 44 7 28 7 28

muerte es un hecho morboso. 16 No puedo evitar pensar en mi familia cuando tengo a mi cuidado paciente que se va a morir. 17 Me siento perturbada (o) cuando pienso en lo corta que es la vida. 18 Cuando asisto a un paciente en fase terminal, entra en mi pensamiento la probabilidad de mi muerte 19 Me conmueve enfrentar a la familia de los pacientes moribundos.
Fuente: Ídem

4

16

2

8

19

76

un

14

56

11

44

--

--

4

16

4

16

17

68

5

20

15

60

5

20

15

60

9

36

1

4

44

Respecto a la tabla 3, en cuanto al ítem 10, el 44% “Siempre” piensa que después de la muerte va a encontrar la felicidad, un 44% opina que “Nunca” y el12% “Algunas Veces”.

Para lo concerniente al ítem 11, el 52% respondió que “Algunas Veces” prefiere morir a vivir sin calidad de vida, el 28% opina “Siempre” y un 20% “Nunca”.

De acuerdo al ítem 12, el 92% reveló que “Nunca” la muerte significa una salida a la carga de la vida, un 4% dijo que “Siempre” al igual que el 4% “Algunas Veces”.

Referente al ítem 13, 68% de los profesionales de Enfermería estudiados, cree que “Algunas Veces” la muerte puede ser un alivio ante el sufrimiento y un 32% “Siempre”.

Dentro del ítem 14, el 44% “manifestó que Siempre” ve con placer la vida después de la muerte, el 28% “Algunas veces” y un 28% “Nunca”.

Concerniente al ítem 15, el 76% refirió “Nunca” que pensar en la muerte es un hecho morboso, mientras que para el 16% de los profesionales “Siempre” lo es y el 8% expresó “Algunas Veces”.

45

De acuerdo al ítem 16, el 56%, manifestó que “Siempre” no puede evitar dejar de pensar en su familia cuando tiene a su cuidado a un paciente que va a morir y un 44% “Algunas Veces”.

Para el ítem17, se pudo evidenciar que el 68% “Nunca” se siente perturbado cuando piensa en lo corta que es la vida, un 16% “Algunas Veces” y 16% “Siempre”.

En cuanto al ítem 18, un 60% de los profesionales de Enfermería respondió que “Algunas Veces” al asistir un paciente en fase terminal piensa en la probabilidad de su muerte, el 20% “Siempre” y 20% “Nunca”.

Para el ítem19, el 60% respondió que “Siempre” le conmueve al enfrentar a los familiares de los pacientes moribundos, el 20% “Algunas Veces”, y 4% “Nunca”.

Con relación a los resultados analizados para lo correspondiente a la actitud afectiva, se comprobó que la mayoría de los profesionales de Enfermería sujetos de estudio demuestran actitud favorable ante la muerte de la persona críticamente enferma, tal como refiere Schunk (1997): Las actitudes constituyen el fundamento de los modos de conducta constantes con respecto a objetos sociales, sucesos y problemas durante un periodo de tiempo. Evidentemente, la aceptación es la actitud fundamental tanto de sí mismo, como a los demás, es tomar a los seres tal y cual son. (p.137).

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Tabla 4. Dimensión: Actitud Conductual Indicadores: Temor, ansiedad, comodidad, responsabilidad, vocación y apatía. Alternativas de Respuesta Nº Propuesta FA 20 Temo la posibilidad de contraer una enfermedad, que me conlleve 3 12 10 40 12 48 S % FA AV % FA N %

inevitablemente a la muerte 21 Tengo temor ante la muerte en este instante de mi vida 22 Encuentro dificultad para encarar a la muerte. 23 Pensar en la posibilidad de mi propia muerte me genera ansiedad 24 Me siento más cómodo (a), si la petición de cuidar a un paciente moribundo proviene de conocido 25 La muerte me ayuda a tener más responsabilidad ante mi vida. 26 La muerte de un paciente conlleva a un fracaso profesional. 27 El sentido de mi trabajo es salvar la vida de los pacientes. 28 Me da igual lo que suceda a mi alrededor 29 Me da lo mismo vivir que morir. 30 Prefiero no pensar en la muerte
Fuente: Ídem

1

4

13

52

11

44

6

24

11

44

8

32

2

8

11

44

12

48

alguien

3

12

8

32

14

56

14

56

8

32

3

12

--

--

6

24

19

76

22

88

3

12

--

--

5 18 7

20 72 28

-4 14

-16 56

20 3 4

80 12 16

47

En la tabla 4, se determinó que para el ítem 20, el 48% de los profesionales de enfermería expreso que “Nunca” temían a la posibilidad de contraer una enfermedad que inevitablemente le conduzca a la muerte, el 40% refiere que “Algunas Veces” sentían temor de contraer una enfermedad que inevitablemente le conduzca a la muerte, en tanto que un 12% “Siempre” tenían ese temor.

Para el ítem 21 el 52% responde que algunas veces tiene temor ante la muerte en este instante de su vida, el 24% nunca siente temor de la muerte en este instante de la vida, mientras que solo el 4% siempre tiene temor a la muerte para este instante de su vida

En referencia a ítem 22 el 44% respondió “Algunas Veces” encontraban dificultad para encarar la muerte, un 32% “Nunca” y 24% “Siempre”.

En relación al ítem 23, se pudo observar que un 48% “Nunca” le generaba ansiedad pensar en su propia muerte, el 44% manifestó “Algunas Veces” y el 8% “Siempre”.

Para el ítem 24, se encontró que el 56% de los encuestados manifestó “Nunca” sentirse cómodas (os) si la petición de cuidar a un paciente moribundo proviene de alguien conocido, para el 32% “Algunas Veces” y el 12% “Siempre”.

48

Dentro del ítem 25, se determinó que los profesionales de Enfermería manifestaron en un 56% que “Siempre” piensa que la muerte le ayuda a tener más responsabilidad ante la vida, para el 32% “Algunas Veces” y 12% “Nunca”.

Con relación al ítem 26, el 76% de los profesionales de Enfermería refirió que “Nunca” la muerte de un paciente los conlleva a un fracaso profesional, mientras que el 24% opinó “Algunas Veces”

Respecto al ítem 27,

el 88% de la población estudiada

manifestó que

“Siempre” el sentido de su trabajo es salvar la vida de los pacientes y para el 12% “Algunas Veces”.

Para el ítem 28, se determinó que el 80% de los profesionales de Enfermería “Nunca” le da igual lo que pase a su alrededor y al 20% “Siempre”.

En el ítem 29, al 72% de los profesionales de Enfermería que laboran en la UCI, “Siempre” le da lo mismo el vivir que morir, el 16% expresó que “Algunas Veces” y el 12% “Nunca”.

Finalmente para el ítem 30, el 56% de los profesionales encuestados, reflejó que “Algunas Veces” prefieren no pensar en la muerte, el 28% respondió que “Siempre” y el 16% “Nunca”.

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Los resultados obtenidos para lo relacionado con lo conductual indican la actitud favorable del profesional de enfermería sujeto de estudio ante la muerte de la persona críticamente enferma; en tal razón Ramírez (2005), refiere que “El componente conductual de una actitud incluye el acto o la conducta que probablemente exhibirá un individuo en presencia de ciertos estímulos” (p. 73), la cual está relacionada con el conjunto de actividades externas observable en la persona y de fenómenos internos no observables..

CAPÍTULO V

CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES

5.1. CONCLUSIONES.

Después de haber realizado, la investigación sobre la actitud del personal de enfermería que labora en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del Instituto Autónomo Hospital Universitario de Los Andes (IAHULA) de Mérida, estado Mérida, hacia el proceso de morir de las personas críticamente enfermas, se llegó a las siguientes conclusiones:

A.- Con relación a los datos sociodemográficos, se destacó que la población predominantemente estaba comprendida entre los 40 A 50 años de edad, en su

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mayoría de sexo femenino, de estado civil solteras (os), los cuales en su mayoría laboraban en el turno de 7 p.m. a 7 a.m., con cargo fijo.

B.- Con relación a la actitud cognitiva, en cuanto a los indicadores referidos a la creencias, valores y conocimientos, se determinó que porcentajes superiores a la mitad de las y los enfermeros (as) estudiados (as), respondió que “Nunca” pensar en la muerte es perder el tiempo, que “Nunca” las personas solo pueden pensar en la muerte cuando son viejos, y que para ellos (as) “Siempre vale la pena vivir, que “Siempre” después de la muerte habrá un lugar mejor, que “Siempre” vivirán después de su muerte, que “Siempre” perciben a la muerte como un paso a la eternidad, “Siempre” la vida tiene más significado porque aceptan el hecho de su muerte, “Siempre” reconocen la muerte de si misma (o) la cual es un hecho inevitable, donde cada día les ayuda al crecimiento personal, y que “Algunas veces” el contacto frecuente con la muerte, la han hecho verla como algo natural.

C.- En lo referente a la actitud afectiva, en sus indicadores aceptación, rechazo y sensibilidad, se comprobó que “Nunca y “Siempre” después de la muerte van a encontrar la felicidad, que “Nunca” la muerte puede ser una salida a la carga de la vida, “Nunca” pensar deliberadamente en la muerte es un hecho morboso, ni sentirse perturbada (o) cuando piensan en lo corta que es la vida. “Algunas veces” prefieren morir que vivir sin calidad de vida, “Algunas veces” hay momentos en que la muerte puede ser un alivio ante el sufrimiento y “Algunas veces” cuando asisten a un paciente en fase terminal entran en sus pensamientos la probabilidad de su muerte. Además destacó que “Siempre” ven con placer la vida después de
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su muerte, “Siempre” no pueden evitar pensar en su familia cuando tienen a su cuidado un paciente que se va a morir y que “Siempre” les conmueve enfrentar a la familia de los pacientes moribundos.

D.- Con respecto a la actitud conductual, en sus indicadores temor, ansiedad, comodidad, responsabilidad, vocación y apatía, prevaleció en la mayoría de las enfermeras (os), sujetos de estudio, que “Nunca” temen ante la posibilidad de contraer una enfermedad que los conlleve inevitablemente a la muerte, “Nunca” piensan en la posibilidad de que su propia muerte y menos que les genera ansiedad, “Nunca” se sienten más cómoda (o) si la petición de cuidar un paciente moribundo proviene de algún conocido, “Nunca” la muerte de un paciente los conlleva a un fracaso profesional, y que “nunca” les daba igual de lo que sucede alrededor. “Algunas veces” encuentran dificultad para encarar a la muerte, y que preferían “Algunas veces” no pensar en la muerte, “Siempre” la muerte los ayuda a tener más responsabilidad con sus vidas, “Siempre” el sentido del trabajo es salvar la vida de los pacientes y que “Siempre” les da lo mismo vivir o morir.

5.2. RECOMENDACIONES

1.- Presentar los resultados de este estudio a las autoridades médicas y de Enfermería de la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), del Instituto Autónomo Hospital Universitario de Los Andes (IAHULA), a fin de que conozcan los resultados obtenidos en la investigación y con base a ellos, pongan en marcha
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estrategias dirigidas al Personal de Enfermería en relación al manejo asertivo del proceso de morir de las personas críticamente enfermas.

2.- Motivar al Personal de Enfermería que labora en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), del Instituto Autónomo Hospital Universitario de Los Andes (IAHULA), para que adquieran más conocimiento sobre la actitud que se debe tomar ante la muerte de los pacientes críticamente enfermos, a través de congresos, jornadas y talleres que pudiesen considerarse para abordar el tópico de la muerte.

3.- Incentivar al Personal de Enfermería para que continúe ofreciendo calidad de cuidado al paciente críticamente enfermo y de esta forma lograr una mayor satisfacción personal y profesional.

4.- Motivar a la realización de estudios sobre esta temática en otros servicios adscritos al Instituto Autónomo de Los Andes (IAHULA), donde proporcionen cuidados al paciente críticamente enfermo, a fin de fortalecer la actitud del personal de Enfermería ante el proceso de morir.

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BIBLIOGRÁFÍA

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APÉNDICES

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APÉNDICE A INSTRUMENTO

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Instrucciones ♦ Lea cuidadosamente el instrumento. ♦ Marque con una (X) la respuesta seleccionada. ♦ Sea sincero (a) al responder cada proposición. ♦ No identifique el instrumento. ♦ En caso de duda consulte al encuestador. ♦ Recuerde seleccionar una sola alternativa.
I PARTE.- Datos sociodemográficos

A.-Edad en años 18 a 28 ____ 29 a 39_____ 40 a 50_____ 51 a 61_____

B.- Género Masculino____ Femenino____

C.-Estado Civil Casado (a)________ Soltero(a)________ Divorciado (a)______ Viudo (a)___________

D.- Turno de trabajo 7am-1pm________ 1pm-7pm_________ 7pm-7am________

E.- Cargo que ocupa Fijo________ Suplente_______

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SEGUNDA PARTE: ACTITUDES DEL PERSONAL DE ENFERMERÍA ANTE LA MUERTE Alternativas de respuesta Proposición Siempre Algunas Nunca Veces 1 Pensar en la muerte es perder el tiempo. 2 Después de la muerte habrá un lugar mejor 3 Viviré después de mi muerte. 4 Las personas solo pueden pensar en la muerte cuando son viejos. 5 Percibo a la muerte como un paso a la eternidad 6 Mi vida tiene más significado porque acepto el hecho de mi muerte. 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 Vale la pena vivir. Reconozco mi muerte como un hecho inevitable que cada día me ayuda a mi crecimiento personal. El contacto frecuente con la muerte, me ha hecho verla como algo natural. Después de la muerte voy a encontrar la felicidad. Prefiero morir a vivir sin calidad de vida. La muerte puede ser una salida a la carga de mi vida Hay momentos en que la muerte puede ser un alivio ante el sufrimiento. Veo con placer la vida después de mi muerte. Pensar deliberadamente en mi muerte es un hecho morboso. No puedo evitar pensar en mi familia cuando tengo a mi cuidado un paciente que se va a morir. Me siento perturbada (o) cuando pienso en lo corta que es la vida. Cuando asisto a un paciente en fase terminal, entra en mi pensamiento la probabilidad de mi muerte. Me conmueve enfrentar a la familia de los pacientes moribundos. Temo la posibilidad de contraer una enfermedad, que me conlleve inevitablemente a la muerte. Tengo temor ante la muerte en este instante de mi vida Encuentro dificultad para encarar a la muerte. Pensar en la posibilidad de mi propia muerte me genera ansiedad. Me siento más cómodo (a), si la petición de cuidar a un paciente moribundo proviene de alguien conocido

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La muerte me ayuda a tener más responsabilidad ante mi vida. La muerte de un paciente conlleva a un fracaso profesional. El sentido de mi trabajo es salvar la vida de los pacientes Me da igual lo que suceda a mi alrededor Me da lo mismo vivir que morir. Prefiero no pensar en la muerte

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APÉNDICE B FORMATOS DE VALIDACIÓN

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