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En tres partes se puede dividir este capítulo: a) diálogo del profeta con Yahvé, en el que se
plantea el problema de la prosperidad de los impíos y su conciliación con la justicia de Dios (1-

1990

6); b) anuncio de la devastación de Judá (7-13); c) anuncio del destierro y restauración de las na-
ciones vecinas (14-17).

La prosperidad de los impíos y la justicia divina (1.-6)

Las reflexiones de este diálogo del profeta son de tipo sapiencial. El problema de la
prosperidad de los impíos ha sido un tema muy comentado en la literatura posterior, especial-
mente en el libro de Job. Las reflexiones del profeta son de tipo general y pueden adaptarse a di-
ferentes situaciones de su vida; por tanto, no podemos determinar el momento en que fueron re-
dactadas.

1

Justo eres tú, Yahvé, para que yo pueda contender contigo; pero voy a proponerte
algunas demandas: ¿Por qué es próspero el camino de los impíos y son afortunados
todos los perdidos? 2

Tú los plantas y echan raíces, crecen y fructifican. Te tienen a

ti en la boca, pero está muy lejos de ti su corazón ! 3

Y tú, Señor, me conoces; tú me
ves; tú has probado mi corazón en lo referente a ti. Sepáralos como rebaño destina-
do a la matanza, conságralos para el día de la mortandad. 4

¿Hasta cuándo estará la
tierra en duelo, se secarán las hierbas del campo? Por la maldad de los que habitan
en ella, perecieron bestias y aves, pues dijeron: “Dios no verá nuestro fin.” 5

Si co-
rriendo con los de a pie te has fatigado, ¿cómo competirás con los caballos? Y si en
tierra de paz no te sientes seguro, ¿qué harás en los boscajes del Jordán? 6

Pues in-
cluso tus hermanos, los de la casa de tu padre, esos mismos te son aún traidores y a
espaldas tuyas gritan,No te fíes de ellos cuando te dicen bellas palabras.

El autor sabe que Yahvé es justo, pero quiere pedir justificación de algunas cosas que no entien-
de: Voy a proponerte algunas demandas (v.1). Para los antiguos hebreos, sin luces sobre la vida
de ultratumba, el problema era insoluble. Consideraban los bienes de esta vida como un pre-
mio a la virtud.
La ecuación buena obra y premio, acción mala y castigo en este mundo, les pa-
recía una exigencia de justicia elemental. Por eso se pregunta: ¿Por qué es próspero el camino
de los impíos?
(v.1b). Es un hecho que los que no tienen escrúpulos de conciencia triunfan en la
vida, mientras que los timoratos y honrados muy frecuentemente fracasan en sus negocios. En el
caso de Jeremías el problema revestía caracteres muy agudos, ya que a él, inocente, no le cupo en
suerte sino sufrir, mientras que los que no tienen temor de Dios prosperan en la sociedad. Su sen-
tido de justicia se rebela contra esta desigualdad. Y parece que Dios los favorece: Tú los plantas
y echan raíces
(v.2). Los bienes de que gozan provienen de Yahvé, pero ellos se aprovechan de
las diversas vicisitudes de la vida para triunfar. A la sombra, pues, de la bondad y magnanimidad
de Yahvé echan raíces. Yahvé, pues, parece también responsable. ¿No será que se deja engañar
por las manifestaciones externas de culto?: Te tienen en la boca, pero está lejos su corazón
(v.2b). Guardan culto formalístico, pero interiormente hacen caso omiso de los preceptos divinos

2

. Es el reproche que Jesús lanzó a sus contemporáneos 3
.
La situación de Jeremías es muy otra. Está entregado de lleno a Dios y a la propagación
de sus enseñanzas: Tú, Señor, me conoces y has probado mi corazón (v.3). Tiene el sentido de
justicia tan desarrollado, que pide a Dios aísle a los impíos para que no contaminen la sociedad:
sepáralos como rebaño destinado a la matanza (v.3b). La frase es dura, pero es una expresión
oriental radical para indicar la angustia de su alma. No debemos perder de vista que los orienta-
les tienen preferencia por las frases exageradas, que resultan a veces para nosotros despiadadas.
No olvidemos, por otra parte, que la caridad cristiana era aún una meta muy alta para los mejores

1991

justos del A.T. Aquí Jeremías se deja llevar de las exigencias de su corazón lacerado, que se re-
bela contra la injusticia reinante: conságralos para el día de la mortandad (v.3b). La palabra
consagrar equivale a “separar” del común, destinándolos a un fin especial. Quizá aluda a la prác-
tica del “anatema.” Declarar “anatema” una cosa equivalía a destinarla a la destrucción4

, reser-
vándola para Dios y separándola de todo uso profano. El día de la mortandad es el día de la ma-
nifestación de la cólera divina, tantas veces anunciado por los profetas 6
.
La presencia de los impíos hace que esté la tierra en duelo (v.4a), porque sufre una pro-
longada sequía: ¿Hasta cuándo se secarán las hierbas del campo? (v.4a). Los malvados se bur-
lan del profeta y dicen: no verá nuestro fin. Todas las predicciones de castigo anunciadas por Je-
remías contra ellos son consideradas como alucinaciones, y por eso el profeta no será testigo del
cumplimiento de ellas 7
.
La respuesta de Yahvé a los requerimientos del profeta es un tanto irónica: Jeremías pa-
rece ser demasiado débil, pues se da por vencido cuando le esperan mayores contradicciones: Si
corriendo con los de a pie te has fatigado, ¿cómo competirás con los caballos? (v.5a). Si se da
por vencido en los primeros obstáculos y contrariedades, ¿qué hará cuando le vengan mayores?
Hasta ahora su vida ha sido como una competición con peatones, pero llegará un momento en
que tendrá que competir en una carrera con caballos. La frase parece ser proverbial adaptada al
contexto. Hasta ahora sus opositores han sido extraños a su familia, pero tiempo vendrá en que
sus hermanos mismos se le opongan. Esa idea es reforzada por otra imagen: si en tierra de paz
no te sientes seguro, ¿qué harás en los boscajes del Jordán?
(v.5b). La tierra de paz era la zona
libre de peligros de incursiones de ñeras en la meseta palestiniana, y es contrapuesta aquí a la
zona baja de la depresión del Jordán con sus boscajes o semiselva, en la que abundaban los ani-
males peligrosos 8

. Jeremías ahora está todavía a seguro, como en tierra de paz, en la altiplanicie
de Judea; pero tiempo llegará en que tendrá que andar tembloroso como el viajero que se aventu-
ra a caminar por las riberas del Jordán. En el v.6 aclara la idea. Sus peores enemigos serán los
más allegados, y entonces se sentirá desfallecer
(v.6). Debe, pues, prepararse y aceptar callado
los caminos de la Providencia. Dios permite que los impíos triunfen y que la copa de la injusticia
se llena hasta rebosar de parte de los hombres, sabiendo esperar con magnanimidad. La hora de
su intervención y del castigo de los malvados es cosa a El reservada. Entre tanto, da un consejo
al profeta para el futuro: No te fíes de ellos cuando te dicen bellas palabras (v.6b). Lo demás son
arcanos de su providencia.

Devastación de Jada (7-13).

7

He desamparado mi casa, he abandonado mi heredad, he entregado lo que amaba
mi alma en manos de sus enemigos. 8

Fue mi heredad para mí como león en la selva;

lanzó contra mí sus rugidos; por eso la aborrecí. 9

¿Ha venido a ser mi heredad abi-
garrada ave de rapiña, para que las aves rapaces ronden en torno suyo? Venid, jun-
taos, fieras todas del campo, venid a devorarla. 10

Muchos pastores han entrado a
saco en mi viña y pisotearon mi heredad, han convertido mi deleitosa posesión en
desolado desierto. Hicieron de ella una desolación, y está ante mí triste y asolada;
toda la tierra es desolación por no haber quien recapacite en su corazón. 12

Por todas
las colinas peladas del desierto irrumpieron los devastadores, pues la espada de
Yahvé devora de un extremo al otro de la tierra, sin dar paz a ser viviente 9

. 13

Sem-
braron trigo y han recogido cardos, se fatigaron trabajando sin provecho, quedaron
confusos de su cosecha por la cólera encendida de Yahvé.

1992

Este fragmento parece desconectado del anterior. Son oráculos y profecías reunidas al azar por
redactores posteriores. Se habla de una devastación de Judá. Sabemos que en tiempos de Joa-
quim (609-598) hubo varias incursiones de pueblos vecinos. Quizá se aluda a estas invasiones
parciales. En los ν.7-11 es Yahvé el que habla. Judá ha sido entregada a sus enemigos por permi-
sión de Yahvé: he abandonado mi casa., heredad (ν.7). Las expresiones para con Judá son muy
afectuosas: mi casa., heredad., lo que amaba mi alma (ν.7). Con ello quiere indicar el sentimien-
to que le produce desamparar a su pueblo por imperativo de su justicia. Λ continuación da la ex-
plicación de su conducta: fue mi heredad para mí como león en la selva (v.8). Es una alusión al
carácter insolente y agresivo que había revestido la apostasía general de su pueblo. Yahvé tuvo
que apartarse como asustado por sus rugidos. Por eso le aborreció. Y la consecuencia ha sido el
castigo de la invasión.

La situación de Judá invadida es como la de una abigarrada ave de rapiña puesta por el
cazador como reclamo para que las otras aves ronden en torno suyo (v.9). En el hebreo está en
forma interrogativa, pero quizá sea mejor entenderlo sin interrogación 10

. Las naciones vecinas
de Judá caen sobre Judá como las aves se acercan al ave de reclamo. Y es Yahvé mismo el que
anima al ataque contra Judá: venid, fieras del campo, venid a devorarla (v.8b). Las fieras del
campo
son las naciones enemigas de Judá.
A continuación describe la invasión de los enemigos: muchos pastores han entrado a sa-
co en mi viña
(v.10). Los pastores son los jefes de los pueblos invasores. Sus ejércitos son como
rebaños que devastan un campo ajeno. De nuevo se refleja el tono afectuoso de Yahvé, pues lla-
ma a Judá mi viña n

, mi heredad, mi deleitosa posesión. A pesar del castigo, siente la predilec-
ción por su pueblo elegido, convertido ahora en desolado desierto (v.10b). Y la causa de esta
desolación es el desconocimiento de los mandatos de Yahvé: por no haber quien recapacite en
su corazón
(v.11b). No hay quien piense en la Ley, en los reclamos de los profetas.
Los enemigos circunvecinos de Judá le asaltan por doquier: por todas las colinas del de-
sierto
(v.12); parece aludir a las incursiones de amonitas, moabitas y otras tribus de TransJorda-
nia que invadían el territorio de Judá por la zona desértica oriental frente al mar Muerto 12

. Eran
hordas que periódicamente asaltaban la tierra de Yahvé. Pero estos devastadores son instrumen-
tos de la justicia divina: pues la espada de Yahvé devora (v.12b); e.d., su ira desencadenada es
como una espada devastadora, que siembra la mortandad por doquier, sin dar paz a ningún ser
viviente.

Esta devastación hace que la tierra no dé sus cosechas normales, sino que todo sean car-
dizales y yermos: sembraron trigo y han recogido cardos (ν.13). Los israelitas se habían afanado
en sembrar trigo, confiados en la paz, que creían permanente, y a la hora de la cosecha se han
encontrado que sus campos habían sido saqueados y devastados 13

. Por eso, sus fatigas han sido

sin provecho, quedando avergonzados de su cosecha, es decir, burlados en sus esperanzas.

La suerte de las naciones circunvecinas (14-17).

14

Así dice Yahvé acerca de mis malos vecinos, que asaltan la heredad que yo di en
herencia a mi pueblo, Israel: He aquí que yo los arrancaré de sus tierras y arrancaré
a la casa de Judá de en medio de ellos, 15

y sucederá que, después de haberlos arran-
cado, volveré a tener misericordia de ellos y los haré volver cada uno a su propie-
dad, cada uno a su tierra; 16

y cuando hayan aprendido los caminos de mi pueblo y
juren en mi nombre: “¡Viva Yahvé!” como ellos enseñaron a mi pueblo a jurar por
Baal, serán establecidos en medio de mi pueblo. 17

Pero, si no escucharen, arrancaré

esa nación de raíz, y perecerán, oráculo de Yahvé.

1993

Ahora se anuncia el castigo de estos pueblos devastadores de Judá. Han sido instrumentos de la
justicia divina, pero a su vez van a ser castigados por sus desmanes. Isaías llama a Asiría “vara
de su ira,” en cuanto que castiga al pueblo israelita pecador; pero después lanza profecías conmi-
natorias contra ella por haberse excedido en su cometido 14

. Jeremías en el c.2 dice que, después
de haberse servido Yahvé de Babilonia como instrumento de castigo, se volverá contra ella para
castigarla 15

. La expresión mis malos vecinos 16

puede entenderse en boca de Dios, en cuanto que
consideraba a Judá como su viña, su heredad, como aparece en los versos anteriores. Las nacio-
nes, pues, son vecinas de Yahvé, protector de su pueblo, su heredad: asaltan la heredad que yo
di en herencia a mi pueblo
(v.14). Esos pueblos sufrirían la misma suerte de la cautividad que
sufrirá Judá: los arrancaré de sus tierras (v.14b). Más tarde hablará en concreto de la suerte de
cada una de las naciones paganas 17

. Y el pueblo de Yahvé, pecador, será el primero en sufrir la
terrible suerte del exilio: arrancaré la casa de Judá. Después de la prueba, Yahvé volverá a tener
misericordia de esos pueblos.
La profecía se abre hacia perspectivas mesiánicas universalistas 18

. Habrá una reconcilia-
ción general, de tal forma que todos los pueblos puedan asociarse a la felicidad mesiánica del
pueblo escogido. Sólo exige de las naciones la conversión y el reconocimiento de su sobera-
nía:
cuando hayan aprendido mis caminos y juren en mi nombre: “¡Viva Yahvé!” (v.16). Es un
deber, por otra parte, de justicia ese reconocimiento solemne de la soberanía de Yahvé adhirién-
dose a Judá, pues esos pueblos paganos fueron la causa de la defección del pueblo elegido, ense-
ñándole a jurar por Baal. Además, deben seguir los caminos del pueblo elegido. Supuesto este
cambio, serán incorporados a la nueva teocracia (ν.17b). Podrán con ello participar de las prome-
sas y bendiciones del pueblo elegido 19

. Al contrario, si se obstinan en no reconocer a Yahvé co-

mo Dios supremo, serán desenraizados y perecerán (ν.17).

1 Literalmente “sus ríñones.” — 2 Cf. Jer 7:4.8-10.21ss; 8:8; 11:15. — 3 Cf. Mt 15:8, — 5 Is 29:17. — 4 Cf. Dt 7:26; 13:17; Jos 6:17.
— 6 Cf. Is 29:13. — 7 Los LXX leen: “No ve Dios nuestros caminos.” En ese caso parece aludir al ateísmo práctico de los impí-
os, que no se preocupan de si existe Dios o no. — 8 Cf. Jer 49:19. — 9 Literalmente, en hebreo, “toda carne.” — 10

El sentido de
“abigarrado” es oscuro. Los LXX traducen: “¿Se ha convertido mi heredad en caverna de hiena?” — 11 Cf. Jers.io; 6:9; Is 5:5- —
12 Cf. 2 Re 24:2. — 13 Cf. Jue 6:3-4. — 14 Cf. Is 10:5-27. — 15 Cf. Jer 25:71 25:12. — 16 En LXX y Targ. falta mt's, que apa-
rece
en el heb., Vg., Sir. — 17 Cf. Jer c.46-49- — 18 Cf. Jer 48:47; 49:6. — 19 Cf. Jer 16:19; 46:25; Is 18:17; 19:23; Sal 87:4.

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