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Concete a t Mismo (1)

Concete a t Mismo (1)

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07/04/2013

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Parece un verdadero galimatías seguir estas atribuciones a los números. Pero cuando
se los tiene presentes, resulta fácil identificar, por el contexto mismo, a qué aluden en
particular. Sólo para dar pistas, a riesgo de confundir por dar demasiada información junta,
mencionaré que las letras Alfa y Omega griegas, son las polaridades complementarias de
Dios; masculina y femenina respectivamente. Pero que en el caso de la Cábala hebrea. La
palabra Iahvé, está compuesta por dos letras de atributo masculino (la Iud y la Vau), y una
sola femenina, repetida, que es la “He”. Razón por la cual, casi siempre “Dios” es una trilogía
como la cristiana, que afirma “Padre, hijo y espíritu santo”, siendo éste último el equivalente a
la “He” hebrea y femenino complementario, evidenciado que, al persignarse, el espíritu santo

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(uso el término reactivo, porque no es pasivo totalmente. Tampoco recurro a “negativo”, porque se
mal interpreta tal definición de electricidad como “malo” y es totalmente impropio);

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(Hay una lámina, creo que extraída de un grabado en piedra, en la que se muestra y aprecia
claramente a varios guerreros serpientes que, de izquierda a derecha, tienen cada vez más plumas, siendo el
primero “desplumado” y, el último, un “Quetzalcóatl”. Si esa ilustración no es una clara forma de representar
gráficamente que es un proceso de “emplumar” para cobrar “vuelo espiritual”, similar a como se grafica en las
tiras cómicas… ¿Qué otra cosa podría ser?)

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ocupa ambos hombros como “doble”, además de horizontal (que es atribuido a lo femenino).
Lo mismo representó la diosa egipcia Isis, primero como esposa de Osiris y luego del hijo
mutuo Horus o Amon-Ra (heredero y reemplazante de su padre, en función de “Iluminador-
fecundador”, como el sol. Osiris es el “hermano” y “fallecido” de Isis (parte masculina del
Cero “original”, primero e indivisible o “hermafrodita” en sí mismo).
Como sólo quiero dar un par de pistas, en lugar de explicar todas las simbologías y
atributos de la gran cantidad de dioses y sus alegorías, o lo que representan; haré notar que
hay dos conceptos alegóricos de Isis. Una, la pareja-hermana de Osiris. Otra, alegóricamente
hablando, la femenina “lunar” y que, por ser también “materia primordial”; es que “se
casa” con su “hermano” Osiris y luego con el “hijo” mutuo Horus, que se lo denominó Amón-
Ra según épocas o circunstancias. Más adelante, al ir asociando con los ying-yangs, en lo
numerológico, al llegar al ocho, quedará claro que el primero de todos, es la pareja Osiris-Isis
y, el segundo complementario, es representado por Seth-Neftis; con quienes engendraron
(aparentemente no se halló registro de esto) a las demás cosas y seres de la creación, de los
cuales sólo se alude a los 72 cómplices de Seth contra Osiris. 72 que representan a los
“arcanos” del Tarot sin incluir a las tres dualidades de la trilogía suprema (alegorizados en las
parejas primordiales de Osiris-Isis; la estrella de David; etc.).
Es de observar que Dios, al despertar, ya de por sí es “hermafrodita”, macho y hembra
(como los “hermanos” y “cónyugues” Isis y Osiris), cual voluntad e inteligencia que, al
ponerse en movimiento acordado (por desposarse), como lo representan las cruces gamadas o,
mejor aún, el ying-yang; forman a la primera manifestación de sí mismo que, como Horus en
los egipcios, es el “Hijo” en el esoterismo cristiano y el Brahma hindú (que surgió del
ombligo de Vishnú (Loto mediante) que, a su vez, estaba recostado sobre Adisecha).
Es decir, las trilogías, casi siempre aluden a la primera manifestación de Dios, de sí
mismo, perceptible o cognoscible. Es análogo al “fruto del amor”, o de la unión de los
opuestos concatenados y, por esto, en el Tarot se lo vincula a “Isis sin velo” (cognoscible) y
representando al amor, en su más amplia concepción.
Si es una trilogía y unidad al mismo tiempo, es porque al igual que nosotros, seres
humanos, también somos una trilogía de alma, mente y cuerpo. En las génesis religiosas,
podría decirse que el “alma” (y voluntad) se subdividió y diferenció en la mente (más bien
inteligencia). Mente y alma que originaron al cuerpo físico (principio de manifestación
perceptible o cognoscible) en el cual “anidar” ambas para poder interactuar en la materia,
conformando una unidad de triple composición (cuerpo-mente-alma). Unidad de la cual sólo
es perceptible, o claramente cognoscible, la parte física. ¿Cómo no se afirmará que fuimos
“hechos a imagen y semejanza”?
Todo esto, esotéricamente, siempre es representado por el dígito 3; y el triángulo
equilátero. Triángulo que, según contexto, puede aludir a lo trino de cuerpo, mente y alma. O,
también, a las áreas que les corresponden, como ciencia, filosofía y religión respectivamente.
Si tenemos bien presente que nuestra conformación no es tan sólo cuerpo, sino que
incluye mente y alma. Resultará más fácil comprender que siempre, el número 3 y triángulos,
son la “escala menor” o básica, que indica estadio, composición, o generación. (Al decir
estadio, me refiero a sólido, líquido y gaseoso, que se corresponden, respectivamente, como
atributos o alegorías de cuerpo, mente y alma). Las posibilidades de “encriptar” cuestiones,
partiendo de combinar estas formas de relaciones, como por ejemplo: “sólido” con “mente”
en la “religión”. O, también, “filosofía de la piedra gaseosa”. Estará abarcando la trinidad de
modo solapado, pero bastante correcto. Que es a lo que se refiere el cristianismo con el
“Padre, hijo y espíritu santo”; o la imagen de origen egipcio, de un ojo dentro de un triángulo
equilátero.

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A la “santísima trinidad” o trilogía primordial de dioses; también se la puede describir
así: “La energía, masculina (también “cielo” en algunos casos); fertilizó a la contraparte
opuesta de sí misma, que es la materia (también “tierra” o “madre-virgen celestial” en algunos
casos. Aunque a veces se la defina como “agua primordial”; o “la oscuridad penetrada y
fertilizada por la luz”). De este modo, entre ambas (de la unión del cielo con la tierra; o Pareja
Primordial), engendraron a la primera entidad manifiesta o “hijo” (creación primera) que, al
“desposar” éste a su propia “madre” (que es la materia esencial y razón por la cual lo
femenino de las trinidades es “una, de doble función” o repetida, en imagen de aparente
incesto); se convirtió en “Dios manifiesto”, que no deja de ser, al mismo tiempo el Dios
único, principal, o mayor de todos (por formar parte intrínseca con sus padres a una sola
entidad). Que él sí, creó a quienes plasmaron a todas las cosas posibles de ser percibidas o
conocidas.

Sin ir más lejos, nosotros mismos somos también una trinidad de cuerpo-mente y
alma. Siendo la mente, la parte “femenina” de la misma “a imagen y semejanza” de la entidad
primera y trina. Somos tres partes básicas en unidad (tres partes que, a su vez, son
compuestas. Recordar que el cuerpo está formado por varios órganos y millones de células).
Para que no haya demasiada confusión, haré una mini sinopsis del tres en sus más
conocidas o difundidas asociaciones.
Religión = alma = gaseoso
Filosofía = mente = líquido
Ciencia = cuerpo = sólido
¿No resulta fascinante observar esta sinopsis y sus increíbles analogías como mutuas
interrelaciones? Tómese un momento para meditar y reflexionar sobre las mismas.
Sobre todo, si tenemos en cuenta que en la gráfica del triángulo equilátero,
corresponde la base a Ciencia-cuerpo-sólido. El lado izquierdo (del que mira) a la religión,
alma-gaseoso, cual si se elevara como evaporación y, el lado derecho del mismo, a la
filosofía-mente-líquido, cual si se precipitara para llegar hasta lo firme y sólido, que es lo que
más “atrae” a la mente.

Son tan simples y evidentes, que parece increíble que casi nadie repare o se de cuenta
de sus recíprocas interrelaciones. Sin embargo, así de simples son casi todos los principios
universales que, por la variedad de combinaciones, se vuelven tan complejos como lo es el
universo y nosotros mismos, como reflejos en miniatura, de idénticas bases estructurales,
regidos por las mismas leyes y principios.
¿Por qué y cómo se vuelve tan complejo todo? Pasemos al número cuatro.

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