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LOS 40 VIRREYES DEL PERÚ

LOS 40 VIRREYES DEL PERÚ

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Don Antonio de Mendoza y Pacheco, (Mondéjar, entre
1490-1493 - Lima (1552). Caballero de Santiago,
Comendador de Socuéllamos, 1º Virrey de la Nueva
España, 2º del Perú.

Sus orígenes.- Don Antonio de Mendoza, fue hijo de
Don Íñigo López de Mendoza y Quiñones, segundo Conde de Tendilla
y primer Marqués de Mondéjar (a la vez nieto de Don Íñigo López de
Mendoza, el gran poeta), y de su segunda esposa, Francisca Pacheco
Portocarrero (hija de Don Juan Pacheco, Primer Conde de Escalona).

Nunca fue Conde de Tendilla, como muchas informaciones, biografías
y publicaciones erróneamente le adjudican, ya que el título y
mayorazgo recayó en su hermano mayor Luis Hurtado de Mendoza .
El único título perpetuo que tuvo a su merced fue el de Comendador
de Socuéllamos.
Se casó con Catalina de Vargas, hija de Francisco de Vargas,
Contador Mayor de los Reyes Católicos, de la que tuvo tres hijos: don
Íñigo, el primogénito, doña Francisca y don Francisco de Mendoza.

Su etapa española: La más desconocida

Según alguna doctrina y opinión como la de Germán Vázquez,
Antonio de Mendoza, y por extensión muchos de los políticos,
estadistas y militares de la época, tuvieron que improvisar estrategias
de organización y políticas en un mundo nuevo del que no tenían
referencias ni modelos anteriores.

Frente a esta idea, están los que creen que la conquista de América
tiene bastantes paralelos con la de las islas Canarias, y la
organización posterior con el reino de Granada como Miguel Molina
Martínez y José Szmolka Clares, pero son pocos los que habían
advertido que ambos protagonistas, los que fueron los primeros
encargados del mando del reino de Granada - después de haber sido
conquistado en 1492 por los Reyes Católicos - y del virreinato de
Nueva España, eran padre e hijo con similares formas de pensar y de
entender el gobierno.

En el caso de D. Antonio de Mendoza, el desconocimiento de su
formación anterior, había ocultado la realidad de que era un
diplomático, militar y político con cuarenta años de experiencia, con
fases de gobierno en la Capitanía General-Virreinato de Granada, en
el que la convivencia con una población mayoritaria recientemente
conquistada y convertida a una nueva religión y por supuesto hostil
-los moriscos- tenían a los ojos de la Corte española de la época
grandes paralelismos con los indios americanos.

Razón del nombramiento de Antonio de Mendoza como primer
Virrey

Éste fue, sin duda, uno de los principales argumentos para el
nombramiento de Antonio de Mendoza como primer Virrey americano
– aunque también ayudó mucho que fuera Camarero Real en 1530 -,
y su experiencia junto a los moriscos su ejemplo a la hora de afrontar
el gobierno de la Nueva España- México, donde no pocas veces (en
las ordenanzas, en el urbanismo, en la política económica, en los

descubrimientos, en sus relaciones con la Iglesia, etc.) aplicó
comportamientos aprendidos y heredados en Granada.

El nacimiento en Mondéjar (Guadalajara)

El lugar del nacimiento de don Antonio de Mendoza es muy discutido,
siendo el lugar tradicional Granada, donde su padre era Capitán
General, pero Arthur Scott Aiton ofreció como alternativa Alcalá la
Real (Jaén), y a éste siguieron muchos otros como Guillermo Tovar de
Teresa. También se dice que fue Valladolid, porque su primera
fundación en México fue esta ciudad, actualmente llamada Morelia.
Francisco Javier Escudero Buendía aportó prueba documental del
expediente de caballero de su nieto Francisco Fernández de Córdoba
y Mendoza, en donde su genealogía no deja lugar a dudas, afirmando
que su abuelo nació en Mondéjar (Guadalajara – España).

El aprendizaje en el Virreinato granadino

A pesar de ser de orígenes alcarreños, Antonio de Mendoza marchó al
reino de Granada, donde su padre fue el primer Capitán General con
funciones de Virrey, nombrado por los Reyes Católicos. Es en esta
tierra donde los nobles y militares castellanos vivían encerrados en la
Alhambra rodeados de una población cuya mayoría aplastante eran
moriscos, cristianos nuevos recién convertidos, donde el futuro primer
Virrey de Nueva España forjó su carácter tolerante y negociador, al
estilo de su padre, don Íñigo López de Mendoza, Conde de Tendilla y
posteriormente Marqués de Mondéjar (Guadalajara).

Allí aprendió el oficio de Virrey sustituyendo a su progenitor, el de
regidor de cabildo, el de tesorero de la Casa de la Moneda, y las
dificultades de gobierno de una población étnica y confesionalmente
distinta a la suya.

Antonio de Mendoza “El morisco”

La identificación con los moriscos entre los Mendoza fue tal, que en
1509 su padre tuvo que recordar que cuando saliera de viaje vistiera

a la castellana, señal de que lo hacía habitualmente con las
vestiduras musulmanas, como nos indican Peggy K. Lyss y Emilio
Meneses. Como veremos más tarde, ésta misma identificación la tuvo
con la nueva tierra americana:

“Da Priesa en que se venga luego tu hermano don Antonio, que me
escrivió el marqués de Denia que lo enbiase, y di a Lázaro de Peralta
lo que le haga de vestir y sea a la castellana, y véngase luego él y los
Añascos con él. De paramentos para su cama no curas que acá se
avrán”

Antonio de Mendoza: ¿Comunero?

El papel de don Antonio de Mendoza en la Guerra de las Comunidades
es contradictorio, habiendo algún autor como Escudero Buendía que
lo califica como “Realista y Comunero”, frente a otros que lo
desmienten como J. Benedict Warren. Efectivamente, la
correspondencia de su hermano D. Luis Hurtado de Mendoza,
transcrita por Emilio Meneses prueba cómo una vez nombrado
representante de Granada a las Cortes de Valladolid de 1518, se puso
a favor del Doctor Zúmel y en contra del monarca, es decir, en la
línea de los comuneros, y que por ello no le querían nombrar
procurador de nuevo para las de 1520.

“Que él estovo presto en Valladolid en faser lo que (debe) syn tener
respeto a otra persona alguna y podría ser que se ofreciese cosa”.

En el bando realista de Carlos I: El ejército de los 4000 moriscos
[editar]

Sin embargo dos años después, aparece en el bando realista en la
Batalla de Huéscar, Baza y el perdón de Volteruela (actualmente
llamada Puebla de don Fadrique) (1520), donde lidera un ejército de
4.000 moriscos, vestidos a su usanza, frente a cristianos viejos,
incluso religiosos, a cuyos cabecillas castiga con dureza. Esta actitud
mendocina recordará mucho a la Guerra del Mixtón, por muchos

motivos, porque en aquella ocasión también el ejército contaba con
un numeroso contingente indígena, y además porque la respuesta
frente a los sublevados fue similar.

La muerte de Juan Garcés y el destierro en Socuéllamos

Otro de los episodios desconocidos de la vida del futuro virrey fue la
escaramuza que tuvo lugar en Almazán (Soria) donde era señor el
Conde de Monteagudo, su cuñado. Éste se había marchado a Flandes,
dejando en el cargo de alcaide de la fortaleza a Juan Garcés, vecino
de Ágreda (Soria), quien parece ser que impidió a los Mendoza,
Antonio y su hermano Bernardino de Mendoza, hacerse con el control
de los destinos de la ciudad. La partida mendocina atacó el baluarte
defensivo sin piedad, utilizando incluso fuego de alquitrán, apresando
en su huida al desgraciado alcaide, torturándolo y ajusticiándolo
después.

Antonio de Mendoza fue condenado a un año de destierro por proceso
ilegal, en el Convento de Uclés (Cuenca), ya que era Caballero de la
Orden de Santiago, momento que aprovechó para ir a residir a
Socuéllamos (Ciudad Real) y rehabilitar la Casa-Encomienda de dicha
localidad manchega.

Los años de esplendor de los Tendilla y Mondéjar.

Antonio de Mendoza y su rama familiar pasaban por sus horas más
bajas, y su futuro no era nada halagüeño. Antonio de Mendoza tenía
en el año 1526 posiblemente treinta y cinco años, toda una vida para
la época, y apenas había conseguido logros fuera de Granada y su
entorno familiar: Nada hacía presagiar que él y todos sus hermanos
pasarían de ser unos nobles y militares asentistas con intereses
rurales en Andalucía, Extremadura y La Mancha.

Sin embargo el destino les tenía guardada una grata sorpresa; el 10
de marzo de 1526 el rey decide casarse en Sevilla con la Infanta Dª
Isabel de Portugal y realizar un viaje por toda Andalucía, para conocer
sus posesiones más meridionales en alza por el comercio indiano. En

premio a la atención recibida por el nuevo Capitán General de
Granada, D. Luis Hurtado de Mendoza, todos sus hermanos reciben
grandes mercedes, el primero D. Antonio de Mendoza nombrado ese
mismo año Embajador en Hungría, al año siguiente su hermano Diego
Hurtado de Mendoza es nombrado Embajador en Venecia, Bernardino
de Mendoza, Capitán de La Goleta en 1535, y definitivamente Luis
Hurtado es intitulado Grande de España en 1530.

Su carrera diplomática y Camarero del Rey

Antes de partir hacia América, nuestro personaje realizó tantas
misiones diplomáticas en tres etapas, que podemos considerar que
éste era su oficio antes de aceptar el cargo de Virrey: Desde los años
1516 a 1517 en Flandes e Inglaterra, donde incluso pudo conocer a
Enrique VIII, pasando por Hungría, Italia y Alemania (1526-1530),
cuando participó en la Coronación imperial de Carlos V en Bolonia
(Italia). También en el año 1528 fue nombrado Gobernador en la
Provincia de León dentro de la Orden de Santiago, para apaciguar una
sublevación de los moriscos de Hornachos (Badajoz).

Primer Virrey de la Nueva España

Fue Antonio de Mendoza el primer hombre que recibió el cargo de
Virrey en un territorio americano, obteniendo el nombramiento de
Virrey, gobernador, capitán general de la Nueva España y Presidente
de la Real Audiencia de México, el 17 de abril de 1535. Durante su
gobierno se continuaron los viajes de exploración, apoyó a Hernán
Cortés en los viajes que dieron por resultado el descubrimiento de la
península de Baja California, apoyó a Fray Marcos de Niza en 1539 en
la empresa exploratoria en la búsqueda de las míticas ciudades de
Cíbola y Quivira, así como a Francisco Vázquez de Coronado en 1540,
en cuya expedición se exploraron los territorios que constituyen
actualmente el suroeste de Estados Unidos y noroeste de México.

Apoyó el viaje por mar hacía el Pacífico norte del navegante y
explorador Juan Rodríguez Cabrillo que en 1542 reconoció las hoy

costas de los estados de Baja California Sur, Baja California y
California (EE.UU.), quien nombró un cabo en California con el nombre
de Cabo Mendocino en honor del Virrey.

Fundó en 1535 la Casa de la Moneda en la Ciudad de México, en 1536
se empezaron a acuñar monedas de plata y cobre como las
españolas, llamadas por su forma macuquinas, también se fundó el
Colegio Imperial de Santa Cruz de Tlatelolco, destinado a la educación
de los indios nobles, dictó ordenanzas para dar buen trato a los
nativos, impulsó y ordenó la minería, inició el acondicionamiento del
Puerto de Veracruz, estableció la imprenta que fue la primera de
América, fundó la ciudad de Valladolid (hoy Morelia, Michoacan) y La
Barca, e inició las gestiones para crear la primera universidad. Hacia
1547 ocurrió el extraño incidente de la llegada del falso Visitador, el
Licenciado Vena, quien, descubierto, fue azotado públicamente y
condenado a 10 años de prisión.

Virrey en Perú.

En 1550 el Consejo de Indias nombra a Luis I de Velasco virrey de la
Nueva España, sustituyendo al Mendoza, el cual pasa a ser virrey del
Perú. Llegó a Lima en 1551, permaneciendo en el cargo únicamente
diez meses, pues murió en 1552; fue enterrado en la Catedral de
Lima.

La primera declaración de independencia de América.

Antonio de Mendoza, perdida la posibilidad de crear una estirpe de
virreyes Mendoza tanto en México como en Perú, preparó un
memorial en el año 1551, que envió con su hijo D. Francisco de
Mendoza a España - según Rafael Diego Fernández - para ser
entregado al Emperador Carlos I, que podría ser considerado por su
incendiario contenido la primera declaración de independencia de
América, máxime teniendo en cuenta que el propio virrey dice en ella
que "no oso decirle más porque me va mal de ello", frente a la que

tradicionalmente ha sido considerada hasta ahora - entre otros por
Simón Bolívar-, que era la carta a Felipe II de Lope de Aguirre (1561).

Nació: En 1493 en España, como el sexto hijo de los ocho que tuvo el
segundo conde de Tendilla y primer marqués de Mondéjar, don Ínigo
López de Mendoza, en su segundo matrimonio con doña Francisca
Pacheco y Portocarrero. Estuvo emparentado con el escritor don
Diego Hurtado de Mendoza y con el célebre arzobispo de Sevilla, don
Pedro González de Mendoza, todos ellos descendientes del famoso
poeta hispano, marqués de Santillana. A la muerte de su padre,
ocurrida el 16 de julio de 1516, heredó la encomienda de Secuéllanos,
en la hoy provincia de Ciudad Real, y 200,000 maravedís de renta,
situados en el lugar y heredamiento de Almayate. Por tal encomienda
fue comendador y caballero trece de la Orden de Santiago.

Desde muy joven empezó a servir en la Corte, y a la muerte del
Rey Católico fue a Flandes, con varios caballeros, a rendir vasallaje a
Carlos V, heredero de la corona española. Volvió a España en 1517 y
poco después tomó parte en la lucha de las comunidades de Castilla,
distinguiéndose en la acción de Huéscar, peleando por la causa del
emperador. Después del triunfo sobre los comuneros, el emperador le
confirió una misión diplomática en Hungría. El 17 de abril de 1535
recibió el nombramiento de primer virrey de la Nueva España, por
cédula dada en Barcelona, y el de presidente de la Audiencia Real,
con un sueldo de 3,000 ducados anuales por cada empleo y 2,000
más para sostener su guardia palaciega.

El 2 de octubre de ese año llegó a Veracruz y el domingo 14 de
noviembre hizo entrada solemne a la capital de la Nueva España. Fue
el único virrey que tuvo nombramiento por tiempo ilimitado, pues a
sus sucesores se les fijó un término de seis años para su ejercicio. Se
le dio también jurisdicción espiritual, pues debía atender a la
conversión y buen trato de los indios y al castigo de los clérigos
revoltosos, a la represión de los pecados públicos y escándalos de los

españoles, no permitiendo que los frailes que hubieran dejado los
hábitos, quedaran en Nueva España. Traía particular instrucción para
repartir tierras entre los conquistadores y para prohibir que se
vendiesen a manos no hábiles. Debía disponer la creación de una
casa de moneda para acuñar plata, y para que entregara al marqués
del Valle, Cortés, los 23,000 vasallos que el rey le otorgara.
En 1536, el virrey Mendoza introdujo a la Nueva España la
primera imprenta que hubo en América, la que funcionó en la casa
del italiano Juan Paolo o Pablos. En ella se publicaron los primeros
libros del Nuevo Mundo. En 1537 fundó el imperial Colegio de Santa
Cruz de Tlatelolco, destinado a la educación de los indios nobles. En
1540, con su autorización, Francisco Vázquez de Coronado,
gobernador de la Nueva Galicia, marchó al norte, en busca de las
famosas Siete Ciudades de Cibola, fracasando en su misión. El 18 de
mayo de 1541, el virey Mendoza fundó en Guayangareao la ciudad de
Valladolid, que hoy es la de Morelia, Michoacán

El 25 de marzo de 1544, el virrey Mendoza promulgó las Leyes
Nuevas, expedidas en Barcelona el 20 de noviembre de 1542; pero en
vista de la agitación que se provocó en el virreinato, suspendió su
ejecución, hasta conocer la resolución del emperador. Los
procuradores nombrados por él para que gestionaran ante la Corona
de España la revocación de esa legislación, lograron su objeto. El 4 de
julio de 1549, el emperador designó en Bruselas a don Antonio de
Mendoza para que pasara como virrey y gobernador al Perú, siendo
además presidente de la Audiencia de Lima

Por ello hizo entrega del mando en el virreinato de la Nueva
España, a su sucesor, en el mes de noviembre de 1550, ya mediados
de enero del año siguiente salió, por el puerto de Guatulco, hacia el
Perú. No duró mucho en su nuevo puesto, pues el jueves 21 de julio
de 1552 murió en Lima, siendo sepultado su cuerpo en la Catedral de
Lima, junto al del conquistador máximo de ese país, don Francisco
Pizarro.

3.- Andrés Hurtado de Mendoza

II Marqués de Cañete

Linaje

: Casa de Mendoza

Predecesor

: Diego Hurtado de Mendoza y Silva
Sucesor: García Hurtado de Mendoza y Manrique
Ocupación

: Militar Virrey del Perú

Cónyuge(s)

: Magdalena de Manrique

Nacimiento

: Granada, 1510
Fallecimiento: Lima, 1561

Andrés Hurtado de Mendoza y Cabrera, II Marqués de Cañete, III
Virrey del Perú entre 1555 y 1561.

Infancia y juventud

Hijo de Diego Hurtado de Mendoza y Silva, I Marqués de Cañete, de la
poderosa Casa de Mendoza, y de Isabel de Cabrera y Bobadilla, hija
del Marqués de Moya.
Sucedió a su padre en sus posesiones conquenses, siendo Guarda
Mayor de Cuenca. Luego, fue Montero Mayor de Castilla y acompañó
a Carlos V a Alemania y Flandes.

Creó una fuerza militar con carácter permanente y promulgó
varias medidas en favor de los indígenas, pero a pesar de la
prohibición real concedió numerosas encomiendas.

En septiembre de 1551 se declara virrey

(Lima, 1561) Virrey del Perú (1555-1561). Terminó con la guerra civil
promovida por Hernández Girón y sometió al príncipe indígena

SayriTupac. Nombró a su hijo García gobernador de Chile (1556) y
envió la expedición de Pedro de Ursúa a El Dorado (1559). Difundió el
cultivo del olivo y concedió encomiendas.

García Hurtado de Mendoza y Manrique "Marqués de Cañete"
(Cuenca; 21 de julio de 1535 - Madrid; 1609) Militar español,
Gobernador de Chile y Virrey del Perú.

Fue hijo de Andrés Hurtado de Mendoza, segundo marqués de Cañete
y virrey del Perú, y de María Manrique, hija del conde de Osorno,
pertenecía a una de las más importantes familias de la aristocracia
castellana: la Casa de Mendoza.
En 1552 se había fugado de casa, con la intención de servir a su rey
Carlos V en una expedición que se preparaba contra Córcega.
Demostró gran valor en esta campaña y también en Toscana, cuando
esta ciudad quiso desprenderse del dominio español. Se incorporó al
ejército imperial en Bruselas, y estuvo junto a Carlos V en su victoria
en la Batalla de Renty.

Al conocer que su padre sería designado virrey del Perú, volvió a
España y le pidió que lo llevase a América. Durante el viaje se
encontraba también Jerónimo de Alderete, que había sido designado
por el rey, sucesor de Pedro de Valdivia en la gobernación de Chile.
Sucedió que Jerónimo enfermo y murió durante el viaje, y con el
poder que tenía como virrey del Perú, convocó a gente proveniente
de Chile y viendo que diferían si Villagra o Aguirre calificaban como el
sucesor de Valdivia cortó por lo sano y nombró a su hijo como nuevo
gobernador de Chile, además un nuevo gobernador que no tenía
afinidades con Valdivia haría atraer más españoles hacia Chile,
además de unificar a los bandos en disputa. Dicho nombramiento
agradó a García y se informó de los problemas que existían en Chile,
sobre todo el asunto de la rebelión indígena y la disputa grave entre
Francisco de Aguirre y Francisco de Villagra por el puesto de
gobernador de Chile.

Contaba con 21 años de edad y era un joven de demostrada valentía,
orgulloso de su linaje e inteligencia, y como contraparte, poseedor de
un carácter muy altanero y orgulloso, de accesos violentos, muy
cerrado y autoritario, lo que le granjearía ocultos enemigos en su
propio círculo.

Virrey del Perú

Hurtado de Mendoza, Villagra y Quiroga, según ilustración de la
obra de Alonso de Ovalle.

Para ello contó con renovados caudales de las arcas del Perú y
apertrechó ocho barcos, aquí resulta paradójico que el entusiasmo de
venir a Chile tuviera una extraordinaria respuesta en contraste con
tiempos pasados, pues se enrolaron 500 hispanos, una parte se
vendría por tierra al mando de Luis de Toledo y Pedro de Castillo; y la
otra parte por mar junto al nuevo gobernador. El primer grupo salió
por tierra en enero de 1557 y el segundo por mar en febrero del
mismo año. Cuando iban a zarpar las naos, el gobernador del Perú
agasajó a su hijo y acompañantes con un proverbial festín y luego
zarparon al son de marchas militares y disparos de cañones. Junto
con Garcia Hurtado de Mendoza venía un séquito de ilustres hombres,
entre ellos don Alonso de Ercilla y Zúñiga, don Francisco de
Irarrázaval y Andía, don Fráncisco Pérez de Valenzuela, don Hernando
de Santillán, jurista y erudito, el fraile dominico Gil González de San
Nicolás y el franciscano Juan Gallegos, hombre muy ilustrado.

Hicieron escala en Arica el 5 de abril y el 9 se renaudó el viaje al sur.
Desembarcó en La Serena el 23 de abril de 1557. Y deslumbró a los
pobres de Coquimbo al ver junto al nuevo gobernador el ejército más
grande hasta entonces visto en estos lugares contando con más de
500 hombres, armados con arcabuces y cañones, vestidos con
armaduras y penachos de plumas. Desde entonces se les llamó los
"emplumados".

Francisco de Aguirre le recibió muy hospitalariamente en la Serena,
Francisco de Villagra llegaba en ese momento a La Serena por tierra,
pero conociendo el nuevo gobernador los problemas de litigio entre
Aguirre y Francisco de Villagra por la gobernación de Chile, no dudo
un segundo en tomarlo preso, repitiéndose la misma situación con
Villagra que venía llegando a La Serena, y los colocó en un barco.
Este hecho fue considerado muy injusto por los castellanos
avecindados en Chile ya que ambos tenía méritos más que suficientes
para ser enaltecidos. En la crónica de Mariño de Lobera relata que
estando Aguirre a bordo esperando a Villagra apenas llegó, le tomó la
mano y le dijo:
"Mire vuestra merced, señor general, que son las cosas del mundo:
que ayer no cabíamos los dos en un reino tan grande, y hoi nos haça
don García caber en una tabla"

Mariño de Lobera

Lo más natural y dada la aproximación del invierno era que el
gobernador viniese a Santiago, así que el cabildo hizo los
preparativos de bienvenida; Pero don García tenía otros planes,
decició seguir por mar a Concepción a pesar de lo consejos en contra
de quienes ya conocían las inclemencias del tiempo que lo hacía
peligroso por esas fechas, en Coquimbo envió la caballería por tierra y
el prosiguió. Zarpó el 21 de junio de 1557, en pleno invierno. LLegó 8
días después a la bahía de Concepción en medio de un temporal que
hacía correr peligro a las embarcaciones y en medio de una torrencial
lluvia desembarcaron en la isla de la Quiriquina levantando un
campamento provisional. Una vez asentado en Concepción don
García pretendió una política de aparente allegamiento y buena
voluntad hacia los indígenas, quienes aceptaron los regalos del
gobernador pero no estaban dispuestos a que sus territorios fueran
ocupados por los advenedizos españoles.

Lincoyan y otros caciques supieron que la caballería venía por tierra
desde Santiago y concibieron un plan que pretendía cortar dichas
fuerzas atacándolas en Andalicán, cercano a Concepción.

Don Garcia que no era ningún ingenuo, supo del plan indígena y se
dio cuenta que dicha conducta más que promover un acercamiento
era considerado por los mapuches como signos de debilidad y temor
por parte del nuevo gobernador, decidió cambiar entonces
radicalmente de actitud con ellos.

Se dirigió de inmediato a tierra Araucana, levantando el fuerte San
Luis de Toledo con el objeto de abortar esta iniciativa, el que fue
prontamente atacado por los mapuches, los que sin embargo salieron
derrotados, ya que el gobernador logró contrarrestar su número son
la fuerza de los cañones y arcabuces.

Dirigió una nueva campaña en octubre de 1557, con un poderoso
ejército de más de 500 hombre y miles de indios auxiliares. Ocurrió
en esta campaña la Batalla de Lagunillas (7 de noviembre), en donde
los españoles salvaron vivos principalmente a la valentía demostrada
por Rodrigo de Quiroga y los demás capitanes. Los mapuches se
mostraron desorganizados en el ataque al ser conducidos por varios
caciques a la vez y este desorden produjo fallos tácticos que
impidieron la victoria.

Cuenta Alonso de Ercilla, que vino a Chile en el grupo que trajo el
gobernador, que los españoles tomaron prisionero en esa batalla al
cacique Galvarino, al que le cortaron la mano izquierda. Perdida esa
mano sin ninguna mueca de dolor Galvarino coloco la otra, que
también se la cortaron. Pidió la muerte, pero los conquistadores lo
dejaron ir y se fue el araucano con los suyos para planear su
venganza. Los mapuches convocaron una reunión de caciques y
elejieron a Caupolicán.

Este líder dirigió el 30 de noviembre un nuevo ataque contra el
invasor, en la llamada Batalla de Millarapue, en el valle del mismo
nombre, que estaba lleno de accidentes que le facilitaban el ataque
sorpresa. Esta batalla fue otra derrota mapuche, que recibieron como
castigo el ahorcamiento de 30 de ellos, en los que se incluía
Galvarino, que peleo siempre en primera fila.

Las penalidades de la lucha empezaron a molestar a los compañeros
de García Hurtado de Mendoza, los cuales esperaban obtener
riquezas por sus servicios. Para entregárselas, el gobernador dejó
vacantes las encomiendas de Concepción, ciudad a la sazón
abandonada, entregándosela a sus compañeros. Por este motivo, la
ciudad fue refundada por tercera ocasión.

Poco después fundó también la ciudad de Cañete de la Frontera, y
repuestas sus tropas de las batallas, las dividió nuevamente.
Caupolicán, instigado por el indio Andresillo, se decidió a atacar el
fuerte Tucapel. Lo que no sabia era que Andresillo era un traidor que
les contó los pormenores del ataque a los españoles, por lo que los
asaltadores se transformaron en asaltados, produciéndose una fuga
en que dejaron a muchos heridos y prisioneros, y debilitaron
gravemente sus fuerzas.

La moral de los españoles subió y en un asalto sorpresa al
campamento de Caupolicán, lograron darle captura. El jefe mapuche,
llevado al fuerte Tucapel, algunos historiadores dicen que intentó
pactar con los españoles, prometiendo convertirse al cristianismo,
pero Alonso de Reinoso, el jefe del fuerte, decidió aun así, condenarlo
a muerte empalado, es decir, a sentarse en una pica que le destruiría
dolorosamente las entrañas. Aquella condena se cumplió, y aquel fue
el final de Caupolicán.

Una nueva batalla le presentaron los indígenas en el fuerte de
Quiapo, entre Cañete y Concepción, pero fueron nuevamente
rechazados. Confiado en que para apurar la conquista era necesario

fundar varios fuertes, fundó uno con el nombre de Los Infante o San
Andrés de Angol, más tarde llamado Los confines de Angol.

Para ese tiempo, García Hurtado de Mendoza no era bien querido por
quienes le rodeaban, ya que su carácter iracundo, obsecado y su
nebuloso orgullo le granjearon enemistades inclusive con Santillán.
Hernando de Santillán, había establecido la tasa de Santillán que
regulaba la servidumbre indígena. Esta tasa permitió a muchos
españoles abusar de los indios a su cargo sembrando la semilla de
futuras rebeliones, en especial de la raza huilliche.

Tiempo después se enteró de que su padre el virrey había sido
reemplazado por el rey, y que su reemplazo ya se encontraba en
camino. Para peor para el, designaron gobernador de Chile a
Francisco de Villagra, del que debería esperar las mismas
humillaciones que el mismo le hizo sufrir. Por esos motivos decidió
abandonar rápidamente Chile, pasando de paso por Santiago, que no
había visitado durante toda su gobernación.

Allí se enteró de la muerte del sucesor de su padre, por lo que este
seguía en el mando, eso le entregó más confianza, por lo que se
mantuvo un tiempo más en la capital y tuvo oportunidad de
entrevistarse en forma caballerosa con Francisco de Villagra acerca
del estado en que quedaba la colonia. Villagra no lo humilló como el
esperaba, al contrario recibión un trato frío pero caballeroso.

Durante su estancia en Santiago se publicó la tasa de Santillán, que
establecía el sistema de mitad para el trabajo indígena, que en vez de
echar al trabajo a todos los indios de un repartimiento, se fijaba un
turno en el servicio, quedando obligado el cacique de cada tribu a
enviar a la faena un hombre de cada seis vasallos para la explotación
de las minas, y uno de cada cinco para los trabajos agrícolas. Este
trabajador, a quien hasta entonces no se le había pagado salario
alguno, debía ser remunerado con la sexta parte del producto de su
trabajo, y esta cuota se le debía pagar regularmente al fin de cada

mes. Se eximía además del trabajo a las mujeres y hombres menores
de 18 años y mayores de 50, y se ordenaba que los indígenas fueran
mantenidos por los encomenderos, quienes además debían
mantenerlos sanos y evangelizados.

Una nueva noticia cambiaría su rumbo, su padre acababa de morir.
Decidió partir inmediatamente al Perú, designando como gobernador
interino a Quiroga, a la espera de Villagra.

En el Perú se le sometió a Juicio de residencia por todas las
arbitrariedades de su gobiernos (la entrega de encomiendas, el mal
trato a los soldados, etc.). Fue el primer gobernador de Chile cuya
actuación fue enjuiciada siguiendo las leyes castellanas. Según el
tribunal era culpable de 196 cargos, pero dejaba a cargo de la Real
Audiencia de Lima fallar en forma definitiva. Según esa sentencia,
don García debía ser detenido allí, dándole la ciudad por cárcel, hasta
que se justificase de todas las acusaciones o pagase las penas
pecuniarias a que fuese condenado.

Vuelta a España.

Pero García Hurtado de Mendoza no se hallaba ya en el Perú. Había
partido para España a dar cuenta al Rey Felipe II y al Consejo de
Indias de sus campañas y de su gobierno en Chile. El prestigio de la
familia Mendoza , la información de sus servicios levantada por la
audiencia de Lima y las recomendaciones que comenzaban a llegar
de Chile escritas por algunos capitanes que le eran fieles, hicieron
que se echasen al olvido las acusaciones de sus enemigos. Además
se presentó prácticamente como el vencedor de la Guerra de Arauco
desdeñando duramente y criticando a los antiguos conquistadores de
no haber hecho lo suficiente para terminar con los indios rebeldes y
pacificar la Araucanía, lo cual era absolutamente falso.

En Madrid, se formó parte de la Guardia Real. También representó al
Rey en Milán.

Virrey del Perú:

En 1588 retornó a América, ahora como virrey del Perú, cargo que
detentó hasta mediados de la década siguiente. Esta designación fue
de gran ayuda para los españoles en Chile, ya que García impuesto y
conocedor de la realidad de la guerra de Arauco supo envíar en forma
oportuna la mayor ayuda posible. Al término de su período en Lima
volvió a España, donde falleció en 1609.

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