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La importancia de la investigación en la educación

Desde sus orígenes, el ser humano ha presenciado eventos en su entorno que


infunden en si la curiosidad de saber o conocer el origen o explicación
razonable de dichos sucesos. En un principio les era atribuido un origen divino,
extranormal, inexplicable; sin embargo, con el paso del tiempo y por la
naturaleza evolutiva del hombre, éste fue desarrollando formas simples de
observación y explicación de los fenómenos que antes creía obra de dioses y
demonios. De esta forma, la humanidad comenzó a investigar en su entorno.

No hemos de discutir ampliamente en este texto el concepto “investigar”. De


acuerdo con la Real Academia Española, esta palabra proviene del vocablo
latín “investigāre”, y la refiere como:

• hacer diligencias para descubrir algo


• realizar actividades intelectuales y experimentales de modo sistemático
con el propósito de aumentar los conocimientos sobre una determinada
materia

En simples términos, Shulman (1989) sostiene que “investigamos en


determinado campo para entenderlo, para informarnos mejor sobre él y quizá
para aprender a actuar con precisión”.

Así, investigar en educación, cualquiera que sea el ámbito del complejo mundo
educativo, implica no solamente explicar los problemas que le afectan sino
entenderlos, mejorarlos y más aún, comprenderlos.

Para dar sentido a los acontecimientos y a las interacciones humanas que


implican lo educativo, no basta el uso de una racionalidad técnica que explica y
cuantifica los fenómenos; su complejidad amerita que sean abordados con un
pensamiento renovado.
Investigar implica una necesidad de cambiar la manera de comprender las
cosas; una disposición a migrar gradualmente de esquemas referenciales
(conceptos, ideas, emociones, prejuicios), que nos impiden un conocimiento
más profundo de la realidad social educativa.

La tarea más importante no es ver cómo a través de la teoría científica se


representa la práctica educativa; sino conocer lo que tanto el saber científico y
el saber docente u otros tipos de saberes produce en la realidad: la
intervención en lo real.

El propósito es justamente crear conocimiento para un mundo real y no seguir


educando para un mundo que ya no existe, reproduciendo un modelo en crisis,
que ya no responde adecuadamente.

Es aquí donde la investigación educativa con sus métodos, paradigmas y


técnicas genera el conocimiento necesario para la renovación del pensamiento
educativo.

En nuestro país, la investigación educativa ha cobrado tal importancia que,


durante la década de los 90’s del siglo XX, un grupo de investigadores
interesados en este campo fundaron el Consejo Mexicano de Investigación
Educativa (COMIE), órgano académico cuyo objetivo central es promover la
investigación educativa dentro de los estándares más altos de calidad. Se hace
mención de este organismo con la finalidad de resaltar la relevancia de la
investigación educativa para el mejoramiento de la educación de los
mexicanos.

En esta intervención abordaremos tres ámbitos en los cuales la investigación


en educación juega un papel importante para su desarrollo y mejora. Estos
corresponden a: los procesos de enseñanza-aprendizaje, la formación de
maestros y la política educativa.

A continuación abordaremos cada uno de estos ámbitos.


1.- Procesos de enseñanza-aprendizaje

La complejidad de la educación radica en el simple hecho de que los actores


que en ella intervienen presentan por si mismos (por su naturaleza social y
humana) características complejas y, además, se desenvuelven en un contexto
igualmente complejo compuesto de condiciones sociales, políticas,
económicas, culturales etc.

El conocimiento y entendimiento de estas características (contexto familiar,


social, económico, sentimental, experiencia, entre otros) resulta de gran
importancia en el quehacer educativo ya que el desempeño de los actores del
proceso se ve afectado directamente por este sinfín de circunstancias que no
pueden ser desapercibidas o ignoradas.

Esta es precisamente la utilidad de la investigación en el ámbito del proceso


enseñanza-aprendizaje. Conocer y comprender el contexto en el que cada
alumno se desenvuelve, por ejemplo, permite al docente entender su actitud y
desempeño en clase y le es posible, por ende, establecer estrategias o
medidas que coadyuven en la disminución o erradicación de comportamientos
negativos. Así, tanto el alumno como el docente mejoran su quehacer
educativo.

Analicemos brevemente la experiencia que se ha tenido en Colombia con


respecto a esta temática. A partir de 1999 se comenzó a laborar con alumnos
practicantes de los dos últimos semestres de licenciatura en la Universidad de
Caldas, a quienes se les asignaron asesorías semanales que incorporaban
procesos de investigación a su labor docente.

Las primeras experiencias con los alumnos resultaron poco alentadoras; sin
embargo, gradualmente éstos adoptaron a la investigación como parte de su
quehacer diario en el aula y mejoraron su desempeño frente a los grupos
atendidos.
Después de sucesivos ciclos, los practicantes acentúan el valor de la
investigación como parte constitutiva de la práctica educativa. En un comienzo,
al entrevistarse con el asesor, le manifiestan: “Mis alumnos están cansados,
indisciplinados, son agresivos; mis materiales no funcionan aunque estén bien
elaborados; es horrible ese grupo”, “No sé cómo empezar”. Posteriormente, a
mediados de semestre, comienzan a indagar por qué se comportan así y
comparan con lo que sucede en otras clases, en otras circunstancias, con otros
profesores, qué otros factores afectan la clase y qué alternativas se pueden
aplicar. Todo esto lleva a identificar causas y efectos, a establecer relaciones, a
predecir hipótesis, a perfeccionar las capacidades de observación, a diseñar
estudios sistemáticos como el seguimiento de casos, la elaboración de
entrevistas estructuradas, el registro de reflexiones, críticas y la escritura. Por
consiguiente, los procesos de asesoría también se reorientan para mantener al
practicante en un clima de investigación incorporado a su práctica. (Extracto de
Revista Electrónica de Investigación Educativa, Vol. 4, No. 1, 2002).

A partir de los resultados obtenidos en la experiencia en Colombia podemos


atrevernos a afirmar que la investigación produce excelentes resultados y su
inclusión en los procesos de enseñanza-aprendizaje resulta de gran utilidad.

2.- Formación docente

Tal como se mencionó anteriormente en este texto, los actores de la educación


son seres complejos que de desenvuelven en contextos diversos y que poseen
características que deben ser analizadas para comprender su desenvolvimiento
y comportamiento en la vida cotidiana, incluida la labor educativa.

Este es el caso de los docentes quienes reaccionan ante su contexto


(problemas, situaciones adversas) a través de sentimientos, pensamientos,
actitudes etc., que sin duda alguna afectan directamente su desempeño en el
aula.

Ante esta perspectiva, Stenhouse (1998) y Elliott (1994) señalan que la


investigación-acción ayuda a los profesionales en ejercicio a resolver sus
propios problemas y a mejorar su práctica.
Continuando con este orden de ideas, es claro que los planes y programas de
formación de docentes deberían incorporar las prácticas investigativas que
permitan al alumno (futuro maestro) conocerse a sí mismo, saber cuales son
sus aptitudes, habilidades, sus reacciones ante los problemas y adoptar
medidas de solución y mejora de sus deficiencias tanto personales como
laborales.

Retomando nuevamente la experiencia vivida en Colombia, los autores del


proyecto señalan lo siguiente:

“Después de recorrer los primeros ciclos, los asesores observamos que poco a
poco los educadores en proceso de formación van encontrando su trabajo
divertido y excitante, se entusiasman, proponen soluciones y observan sus
efectos….Los educadores en formación, asesorados mediante procesos de
investigación, siempre buscan incrementar la productividad de la enseñanza y
reforzar valores en sus estudiantes.”

Para concluir este apartado haremos referencia a Wittrock (1986) quien


menciona que “si los investigadores deciden intencionadamente, o logran por
azar, seleccionar problemas de investigación cuyo estudio influya positivamente
sobre los razonamientos prácticos, estarán efectuando una importante
contribución a la formación del profesor”.

3.- Política educativa

Para abordar este aspecto de la importancia de la investigación en educación


nos referiremos a una conferencia dictada por Pablo Latapí Sarre y publicada en
la Revista Electrónica de Investigación Educativa (Vol. 10, No. 1, 2008).

Aquí, Latapí comparte su experiencia como asesor de Secretarios de Educación


en México y señala ciertas problemáticas que los políticos en materia educativa
enfrentan en su labor diaria y las repercusiones que éstas pueden tener en el
quehacer educativo dentro de las escuelas.
En su visión, el autor señala que en México se han logrado enormes avances en
cuanto a la interacción y cooperación entre investigadores de la educación y
funcionarios de alto nivel; que los investigadores deben tomar en consideración
que la adopción de sus recomendaciones depende finalmente del marco político
y por último que los investigadores pueden influir en la política educativa en
forma limitada y condicionada.

En conclusión, la investigación es una actividad del ser humano que le permite


mejorar su propio quehacer diario, conocer y aprender, innovar, resolver
problemas y que aporta un sinfín de beneficios a la sociedad.

Con la investigación incrementa el conocimiento sobre nosotros mismos y el


mundo que nos rodea, mejoramos las actividades (procesos, métodos) que
desempeñamos diariamente, adoptamos actitudes renovadas, incrementamos
nuestras capacidades reflexivas y analíticas…

En simples palabras, si incluyésemos esta actividad como parte integral de la


educación y rompiésemos los paradigmas que hoy día están presentes en
nuestra vida, sería posible alcanzar grandes logros con los que en la actualidad
no podemos siquiera soñar.

La labor del docente en la actualidad debe ir más allá de fungir como transmisor
de contenidos didácticos. En nuestras manos se encuentra el futuro de nuestra
sociedad, de nuestro planeta. Es necesario romper viejas tradiciones, aceptar
que el mundo en el que nos tocó vivir es muy distinto a aquel en el que nuestros
padres y abuelos crecieron, tan distinto que ellos mismos no pueden creer los
cambios y transformaciones que éste ha sufrido y las ventajas que nos han sido
otorgadas a raíz de estas mutaciones; ventajas que lamentablemente no hemos
sido capaces de aprovechar y utilizar adecuadamente.

Tenemos por delante un camino que no será fácil y una meta que no podrá ser
alcanzada sin sacrificio; más bien es un reto, una tarea ardua que requerirá de
todo nuestro esfuerzo para ser finalizada. Aceptemos el reto, pues, y caminemos
juntos por la senda de la investigación en educación.
Bibliografía

Flórez, Rafael y Tobón, Alonso. (2001). Investigación Educativa y Pedagógica.


Colombia. McGrawHill.

Latapí, Pablo. (2008).Pueden los investigadores influir en la política educativa?


en Revista Electrónica de Investigación Educativa Vol. 10 No. 1 2008. Disponible
en http://redie.uabc.mx/vol10no1/contenido-latapi2.html

Muñoz, J. F., Quintero, J. y Munévar, R. A. (2002). Experiencias en


investigación-acción-reflexión con educadores en proceso de formación. Revista
Electrónica de Investigación Educativa Vol. 4 No. 1. Disponible en
http://redie.uabc.mx/vol4no1/contenido-munevar.html

Wittrock, Merlin C. (1986). La investigación de la enseñanza, I. Enfoques,


teorías y métodos. Barcelona. Paidós Ecuador.