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LITERATURA BARROCO

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LITERATURA ESPAÑOLA EN EL SIGLO XVII: EL BARROCO Lengua castellana y literatura- 3º ESO

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LA LITERATURA ESPAÑOLA EN EL SIGLO XVII: EL BARROCO
1. EL SIGLO XVII 1.1. La sociedad del siglo XVII 1.2. La España del siglo XVII 2. EL BARROCO 2.1. Características del Barroco 3. EL CONCEPTISMO Y EL CULTERANISMO 3.1. Conceptismo 3.2. Culteranismo 4. LA POESÍA BARROCA 4.1. LUIS DE GÓNGORA 4.1.1. Biografía 4.1.2. Obra poética 4.1.3. Temas 4.2. LOPE DE VEGA 4.2.1. Biografía 4.2.2. Obra poética 4.3. FRANCISCO DE QUEVEDO 4.3.1. Biografía 4.3.2. Obra poética 4.3.3. Temas 4.3.4. Estilo 5. LA PROSA EN EL SIGLO XVII 5.1. LA NOVELA PICARESCA 5.1.1. Rasgos de la novela picaresca 5.1.2. Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán 5.1.3. El Buscón de Francisco de Quevedo 5.1.3.1. Argumento 5.1.3.2. Carácterísticas 5.1.3.3. Estilo 5.2. LA PROSA DE LOPE DE VEGA 5.4. FRANCISCO DE QUEVEDO: SU OBRA EN PROSA 5.5. BALTASAR GRACIÁN 5.5.1. Biografía 5.5.2. Obra 5.5.3. Estilo 5.5.4. El pensamiento de Gracián. 6. EL TEATRO DEL SIGLO XVII 6.1. EL TEATRO DE LA ESPAÑA DEL SIGLO XVII 6.2. LA COMEDIA NUEVA 6.2.1. Características de la Comedia Nueva 6.2.2. Temas de la Comedia Nueva 6.2.3. Autores de la Comedia nueva 6.4. EL TEATRO DE LOPE DE VEGA 6.4.1. Obras 6.4.2. Características 6.5. PEDRO CALDERÓN DE LA BARCA 6.5.1. Biografía 6.5.2. Obras 6.5.3. Características del teatro de Pedro Calderón de la Barca 6.5.4. Estilo

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1. EL SIGLO XVII
El siglo XVII es un momento de grave crisis que va desmoronando el poderío político y la solidez ideológica de la cultura renacentista. Las guerras, las enfermedades, el clima adverso, las malas cosechas, el hambre y las más diversas calamidades azotan Europa, por lo que se ha llamado a este siglo centuria de la crisis o siglo de hierro. 1.1. La sociedad del siglo XVII En Francia o en España se consolida la forma de estado denominado monarquía absoluta, con la concentración del poder en manos del rey y sus cortesanos próximos. En otros países, como Holanda o Inglaterra, la burguesía crece en importancia y los parlamentos empiezan a controlar el poder real. Todo ello se produce entre graves conflictos: revueltas campesinas, guerras religiosas, etc. 1.2. La España del siglo XVII Históricamente, España entra en un proceso de irreversible decadencia política, económica y social. La debilidad de los monarcas, Felipe III, Felipe IV y Carlos II, deja el poder en manos de los validos, personas de su confianza que muchas veces gobernaron como monarcas absolutos. El duque de Lerma y el conde-duque de Olivares, los dos validos más importantes, buscaban más su beneficio particular que el del Estado. España pierde su hegemonía en Europa (el Rosellón, la Cerdaña, etc.) y se independiza Portugal. Mientras, en plena bancarrota económica, hay miseria y despoblación causada por pestes, guerras y malas cosechas; pero los gobernantes gastan en fiestas los crecientes impuestos, que originan revueltas y descontento social. La expulsión de los judíos y los moriscos (casi trescientos mil entre 1600 y 1610) y la emigración a América intensifican la caída demográfica, perdiéndose mano de obra y, por tanto, capital. El abandono del campo provoca la emigración a la ciudad, creando una legión de parados, vagabundos y mendigos (que ya el Lazarillo había reflejado). En ideas religiosas, España, aislada del exterior, bajo el peso de la Contrarreforma pero sin renunciar a la herencia renacentista, vuelve los ojos a la tradición cristianomedieval y los viejos principios teocéntricos. El mundo vuelve a verse como un lugar de aflicciones y miserias donde el ser humano expía su pecado original; los bienes terrenales son falsos y los placeres se transforman en dolor. La conciencia de la aguda crisis se extiende entre los escritores, lo que motiva el pesimismo y el desengaño típicos del Barroco.

2. EL BARROCO
Se denomina Barroco al período que sigue al Renacimiento. El término, que se aplicó primero a las artes plásticas, designa comúnmente la época que abarca desde finales del siglo XVI hasta la primera década del XVIII, en que comienza el Neoclasicismo. El Barroco es una etapa artística enteramente distinta del Renacimiento. Afecta a toda creación, tanto intelectual como artística, y se inicia cuando los dos rasgos esenciales del Renacimiento (exaltación del mundo y del hombre y equilibro humanista procedente de la admiración por la antigüedad clásica) son sustituidos por dos características típicamente barrocas: profunda desvalorización de la vida y la naturaleza humana y tendencia a la exageración en el arte. Entre Renacimiento y Barroco no existe ruptura sino evolución: los temas y recursos formales que el escritor emplea son los mismos que había manejado en el Renacimiento.

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El autor barroco debe esforzarse para crear nuevas formas con los mismos materiales que había utilizado el renacentista.

2.1. Características del Barroco a) Concepción negativa del mundo El mundo es percibido como caos, desorden y confusión. A los ideales renacentistas les han seguido la frustración y el desencanto. La vida está ahora regida por la idea de la muerte: vivir es sólo un breve tránsito entre la cuna y la sepultura. El tiempo lo destruye todo y la realidad es ilusión y apariencia: la vida es sueño y el mundo es un gran teatro. La brevedad de la vida, la caducidad de las cosas y la fugacidad de lo terreno explican la idea barroca por excelencia: la del desengaño. b) El pesimismo barroco El pesimismo barroco presenta muy diversas formas: la angustia existencial, la sátira, la evasión, la diversión… La literatura española proporciona ejemplos de estas variadas actitudes barrocas: Quevedo, la novela picaresca, Góngora, el teatro, etc. c) La estética barroca Literariamente, el Barroco es, en muchos aspectos, la continuación de temas y formas renacentistas. El escritor conserva los hallazgos del Renacimiento, pero, sin despreciar a los autores clásicos, se distancia de ellos, siguiendo su apreciación personal. Así surge un espíritu creador que presenta caracteres propios y definidos: - Busca lo nuevo, lo original, lo sorprendente para excitar la sensibilidad y la inteligencia del lector. Utiliza, para ello, brillantes imágenes, novedades estilísticas, ideas ingeniosas, o se sirve de lo pintoresco, lo grotesco y lo hiperbólico. - Sustituye las normas clásicas por su actitud individualista y capricho personal, tendiendo hacia la exageración de la realidad literaria. - Esta búsqueda de lo original provoca una tendencia a la artificiosidad y la complicación. Como resultado, el mensaje se percibe entre exquisitas excelencias formales, creando un arte para minorías. El escritor considera que el goce estético y el esfuerzo personal del lector-receptor están en relación de proporción directa, es decir, el lector disfruta más de una obra cuanto más esfuerzo intelectual le exige su comprensión. - La ausencia de normas genera una visión unilateral de la realidad, que es idealizada hasta la belleza absoluta o deformada hasta el envilecimiento degradante. - Es primordial el cultivo del contraste, fruto del desengaño y la incertidumbre vitales. Se manifiesta en la violenta oposición de elementos extremos, el placer de la antítesis o el enfrentamiento de feo/ hermoso; refinado/vulgar; serio/cómico… - La concepción del mundo como mudanza e incesante cambio produce en el arte literario dinamismo y movilidad. Su realización formal se aprecia, esencialmente, en abundante subordinación, hipérbaton, elipsis o violentos encabalgamientos métricos. En resumen, el concepto de imitación renacentista ha dejado paso al “crear al modo de la naturaleza” o, como decía Baltasar Gracián “buscando buen arte contra la imperfecta naturaleza”.

3. EL CONCEPTISMO Y EL CULTERANISMO

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El culteranismo y el conceptismo son las dos tendencias estilísticas dominantes en la literatura barroca española. No se trata de movimientos opuestos, pese a los duros enfrentamientos personales de sus defensores, sino que forman parte de una sensibilidad estética general que persigue la originalidad y pretende admirar al lector. En ambas tendencias se rompe el equilibrio entre forma y contenido (cómo se dice y qué se dice) defendido por la estética renacentista.

3.1. El conceptismo Se basa en asociaciones ingeniosas de palabras o ideas. Se tiende a un lenguaje conciso, lleno de contenido. Para ello se juega con los significados de las palabras (los conceptos) y con sus relaciones más insospechadas. Los recursos más utilizados son la antítesis, la paradoja, la condensación conceptual, las hipérboles, los equívocos y disemias1, la combinación de diversas acepciones de un mismo vocablo, etc. Los escritores conceptistas más notables son Francisco de Quevedo y Baltasar Gracián. 3.2. El culteranismo Si los escritores conceptistas exprimen las posibilidades de la lengua partiendo de los significados de las palabras, el culteranismo considera, ante todo, la belleza formal. Frente a la concentración conceptista, sobresale en los culteranos la ornamentación exuberante. Aunque los temas puedan ser triviales, se utiliza un estilo esplendoroso que desea llamar la atención sobre el lenguaje mismo. Para ello se emplean numerosos recursos: metáforas audaces (así, el pájaro será “flor de pluma” o “ramillete con alas” y el arroyo “culebra que entre flores se desata”), sinécdoques y metonimias, perífrasis, hipérboles, imágenes brillantes, voces sonoras, procedimientos que buscan la musicalidad del verso (aliteraciones, paronomasias, palabras esdrújulas…)2. La sintaxis se complica con giros procedentes del latín, con violentos hipérbatos, con exagerados encabalgamientos. El vocabulario es original: incorpora numerosos cultismos léxicos de
estas figuras: Antítesis: Contraste entre palabras o expresiones de sentidos opuestos (vida/ muerte; placer/dolor, etc.) Paradoja: Unión de conceptos sólo aparentemente contradictorios (Vivo sin vivir en mí) Condensación conceptual: No es exactamente una figura literaria. Se trata de una acumulación de conceptos que aumenta la complejidad del texto Hipérbole: Exageración Equívoco: Consiste en hacer uso del valor polisémico de algunas palabras: se repite el significante (o cuerpo fónico de la palabra) pero en cada aparición el significado es distinto. (Por ejemplo, usar la palabra presa con diversos significados en un poema). Disemia: Circunstancia de tener una palabra, con la misma forma, dos significados distintos. Polisemia. Sinónimo. 2 Recordamos estas figuras: Metáfora: Sustitución de un término por otro con el que guarda una relación de semejanza. (Tus labios son fresas). Sinécdoque: Nombrar la parte por el todo o al revés. (En la ciudad vivían veinte mil almas). Metonimia: Sustitución de un término por otro con el que mantiene una relación de proximidad (causaefecto, continente-contenido, etc.) Perífrasis: Se llama también circunloquio. Consiste en designar de forma indirecta un concepto a través de sus características. (La tierra que descubrió Colón por América) Aliteraciones: Repetición de sonidos o grupos de sonidos semejantes. Paronomasias: Se colocan próximas palabras de significante muy parecido, pero de significado diferente (hombre/hambre) Hipérbaton: Gran alteración del orden habitual de las palabras.
1Recordamos

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procedencia latina (“émulo, náutico, cándido, cerúleo…”) y selecciona los términos por su colorido y suntuosidad (oro, rubíes, perlas…) Se crea, así, una peculiar lengua poética, característica de Luis de Góngora y sus continuadores.

4. LA POESÍA BARROCA
La poesía tiene en el siglo XVII un enorme desarrollo. No sólo se cultiva poesía lírica y épica, sino que la poesía dramática los dramaturgos eran llamados poetas tiene ahora excepcional importancia. De hecho, las obras teatrales, escritas en verso, sirvieron para la popularización de la poesía, que también se difundió oralmente en universidades, academias, justas y certámenes poéticos, lecturas públicas en casa de los mismos poetas, recitados de poesía popular en la calle, etc. Lógicamente, el desarrollo de la imprenta contribuyó a la divulgación de los textos poéticos, muchas veces acompañados de grabados o ilustraciones. Las últimas décadas del siglo son de claro decaimiento y no hay ya autores de relieve, hecho que se prolongará durante el siglo siguiente, dando lugar a un largo periodo de decadencia no sólo de la poesía, sino de la literatura española en general. Ello se debió tanto al declive general del país, como al agotamiento de los recursos expresivos, que se utilizaban ya de forma repetitiva. La poesía barroca refleja la conciencia de crisis, el pesimismo y el desengaño característicos de esta etapa cultural. Presenta gran variedad de formas, estilos y temas. Se llevan al extremo los temas renacentistas: a) El amor es visto como pasión intensa, se resalta su fuerza y adquiere un sentido trascendente, es decir, se aprecia que perviva más allá de la muerte. b) La belleza de la mujer amada se aleja de la armonía renacentista y supera a la propia naturaleza. Vinculada con el tópico del Carpe diem, se destaca el efecto demoledor del paso del tiempo. c) La naturaleza idílica del Renacimiento se transforma en naturaleza sensual, llena de colores y sonidos. d) La mitología continúa siendo un punto de referencia y génesis de asuntos que son tratados a veces con tono noble y solemne y otras con efectos paródicos y burlescos. La crisis despierta el interés por temas morales y filosóficos: la vanidad de las cosas, el engaño de las apariencias, el paso del tiempo (presente en el tema del reloj, las ruinas, el Ubi sunt?, el Tempus fugit…) la presencia de la muerte, el sueño como símbolo de vida y muerte, etc. Las circunstancias sociales de corrupción desembocaron en una poesía satírica donde se criticaba tipos y costumbres de la época y se hablaba del problema de España. Los tres poetas barrocos más destacados son Góngora, Lope de Vega y Quevedo.

4.1. LUIS DE GÓNGORA (1561-1627) 4.1.1. Biografía Luis de Góngora y Argote nació en Córdoba en 1561 dentro de una familia acomodada y culta. Aunque estudió Leyes en Salamanca, de vuelta a Córdoba, siguió carrera dentro de la Iglesia. Viajó mucho en misiones eclesiásticas y sus poemas lo hicieron famoso. Cuando se instaló en Madrid en 1617, era ya considerado el mejor

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poeta de su tiempo. Amante de la vida lujosa y muy aficionado al juego, se vio acosado por las deudas. Ya enfermo, regresó a Córdoba en 1626 y allí murió al año siguiente. Góngora ha pasado a la posteridad como hombre adusto, sombrío y orgulloso. Famosas son sus enemistades personales y literarias. Con Quevedo cruzó insultos y alusiones mordaces. Atacó asimismo a Lope de Vega, quien respondió a su vez, aunque dejando entrever su admiración por el escritor cordobés. Pero contó también fervientes defensores y numerosos seguidores, que imitaron su estilo hasta bien entrado al siglo XVIII. 4.1.2. Obra poética3 Se advierten dos épocas en la poesía de Góngora, una anterior a 1610 donde los rasgos culteranos son mucho menores y otra posterior a esta fecha en que acentúa grandemente su hermetismo. Su producción poética consta de tres obras mayores: Fábula de Polifemo y Galatea (1612), Soledades (1613-4) y Fábula de Píramo y Tisbe (1618), de unos dos centenares de sonetos, de más de doscientos romances y letrillas populares y de algunas composiciones diversas.

a) Las letrillas: Las letrillas y otras poesías de arte menor de Góngora eran ya muy conocidas en su época. En ellos utiliza temas y recursos de la poesía popular junto a los barrocos: antítesis, metáforas... Aunque a veces tienen un tono serio y tratan de un tema grave, son usuales los textos de carácter humorístico o satírico, en los que se utilizan chistes, alusiones desvergonzadas, etc. b) Los romances: Con los romances de Góngora alcanza el Romancero nuevo sus mayores cimas. También en ellos se alternan lo serio y lo humorístico. Los temas son muy diversos: caballerescos, moriscos, de cautivos, pastoriles, amorosos, mitológicos, satíricos… Larguísimo romance de más de quinientos versos es la Fábula de Píramo y Tisbe, donde se resumen a la perfección las características de la poesía gongorina, en la que conviven los rasgos más opuestos: la tendencia al cultismo y el gusto por lo popular; la visión burlesca de la realidad y la reflexión juiciosa, el refinamiento exquisito y la expresión vulgar. Este poema heroico-cómico narra de forma grotesca un asunto mitológico serio. Con ello, el poeta barroco se burla de sus propios mitos. c) Los sonetos: Góngora fue un gran sonetista. Sus sonetos son muy variados: amorosos, burlescos, morales, mitológicos, de circunstancias, etc. Los amorosos son de tipo petrarquista. Los satíricos incorporan elementos de la poesía popular y no evitan el léxico coloquial e incluso vulgar. Los de tema moral reflejan la situación vital del poeta y, en tono serio o burlón, expresan sus inquietudes personales. d) Poemas mayores:

La segunda época de Góngora, despreciada durante largo tiempo, fue rescatada al celebrarse el tercer centenario de Góngora (1927), por los jóvenes poetas de entonces, la generación del 27, así llamada por su acción reivindicativa en el año del centenario: Federico García Lorca, Rafael Alberti, Gerardo Diego, etc.); a partir de ellos se reconoce la inmensa calidad lírica de los poemas más difíciles de Góngora.

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En octavas reales y silvas, bellos y de gran artificiosidad. Son la Fábula de Polifemo y Galatea, las Soledades y el Panegírico al Duque de Lerma. Representan la culminación del estilo culterano. En estas dos obras, las expresiones difíciles se acumulan de tal forma que sólo resultan comprensibles para un lector extremadamente culto. La Fábula de Polifemo y Galatea se basa en un tema de Ovidio: Acis, amor de la ninfa Galatea, es sepultado por un peñasco lanzado por el cíclope Polifemo, enamorado de Galatea y celosos del joven; la ninfa invoca a los dioses que convierten a Acis en riachuelo. La lengua es muy difícil, pero la sintaxis no alcanza todavía las complejidades a la que llegará el estilo gongorino en las Soledades. Las Soledades tendrían que haber sido cuatro, pero Góngora sólo escribió dos y la última está inacabada. Constan de unos dos mil versos agrupados en silvas. Esta forma métrica, con sus largos periodos, le permite al poeta mayor libertad sintáctica, dando lugar a una lengua complicadísima en la que el culteranismo llega al límite. El tema es, sin embargo sencillo: relata la historia de un joven náufrago que llega a tierra y es acogido por unos pastores, allí presencia unas fiestas de boda y asiste a las faenas de los pescadores. Se trata de un canto a la vida natural y el desdén de las ambiciones cortesanas relatados en torno a una sucesión de escenas pastoriles, en el entorno de una naturaleza estilizada. A su modo, son una respuesta al desengaño barroco: se recrea la belleza de una naturaleza generosa que remite al ideal clásico de la Edad de Oro. 4.1.3. Temas Los temas de la obra de Góngora no son novedosos: el amor, la mitología, la naturaleza… Ahora bien, estos temas son reelaborados originalmente y a veces de modo satírico por un escritor al que le gusta la vida, que es refinado y sensual, de lengua afilada y espíritu burlón, atento a la belleza del mundo que lo rodea o a la que él mismo crea. Se trata de un humanista tardío que lleva hasta la exageración los temas clásicos en una época en la que ya no es posible el optimismo propio del Renacimiento. Y aunque los modelos de Góngora son los característicos de la literatura renacentista (autores clásicos grecolatinos, autores italianos y los mismos autores españoles del siglo XVI), se aleja de ellos complicando y distorsionando al máximo la lengua poética. 4.2. LOPE DE VEGA 4.2.1. Biografía Lope Félix de Vega y Carpio nació en Madrid en 1562, de familia de clase media con pretensiones de nobleza. Estudió en Alcalá y Salamanca. Su precocidad se puso pronto de manifiesto porque a los 13 años escribió su primera comedia. Interviene en la conquista de la isla Terceira y regresa de nuevo a Madrid. En 1588 fue desterrado por unos versos difamatorios y parte de su destierro lo pasó en Valencia, ciudad por entonces de intensa vida teatral: la influencia de los dramaturgos valencianos en su obra posterior fue considerable. Se casó dos veces, enviudó otras tantas y vivió, además, con otras mujeres. La muerte de uno de sus hijos le llevó a ordenarse sacerdote en 1614. No obstante, en 1616 se enamoró de Marta de Nevares, joven ya casada, y, sin miedo al escándalo, vivió con ella. Pero Marta enfermó y los últimos años de la vida de Lope fueron penosos. Pasó dificultades económicas y sufrió graves desengaños. Murió en 1635. Fue un poeta adorado por el pueblo, que lo consideraba “su poeta”. De compleja personalidad (pasional, atrevido, inconstante, vanidoso, vitalista…), fue uno de los individuos más conocidos de su tiempo y contó con numerosos seguidores, aunque también con muchos enemigos. Admiraba a Góngora, pero criticó al poeta cordobés, quien, a su vez, también censuró a Lope. Tampoco fueron buenas sus relaciones con Cervantes.

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4.2.2. Obra poética Notable prosista y gran dramaturgo, Lope de Vega fue asimismo un excelente poeta. Nos ocuparemos ahora de su obra lírica. Al Lope poeta le ha perjudicado su increíble genio para el teatro, ya que su fama se debe casi exclusivamente a sus comedias, siendo su obra lírica tan fecunda como su creación teatral. En su poesía nos muestra muy diversas facetas: el poeta vitalista, el petrarquista, el imitador de Góngora, el poeta filosófico, el religioso. Es especialmente importante su capacidad para hacer literatura de sus propias experiencias personales, con lo que anticipa el espíritu de los escritores modernos. Su obra poética se puede clasificar en dos vertientes fundamentales: a) Poesía popular o tradicional: En metros populares, romances, y "letras para cantar" (villancicos, seguidillas, letrillas, cantares de bautizo, de siega, de amor, etc.) Destacan especialmente los romances y es uno de los más importantes poetas del Romancero nuevo o artístico. b) Poesía culta: Donde destacan los sonetos, las elegías, canciones, églogas y epístolas. Es precisamente en los sonetos donde destaca junto con Góngora y Quevedo Escribió más de tres mil sonetos, con los temas más variados: históricos, pastoriles, mitológicos, bíblicos, etc. destacan los de tema autobiográfico, donde vierte sus amores, sus triunfos y sus fracasos, sus penas familiares, etc. Temáticamente, destacan en él sus dos pasiones: la amorosa, como hombre de mundo, y la religiosa como clérigo. Si en Quevedo el amor es sufrimiento y martirio, en Lope es gozo y vitalismo; la amada de Quevedo es una ficción literaria, en Lope se halla cerca, presente y viva. En el caso de la poesía religiosa, aparece el arrebato de misticismo y arrepentimiento con que escribe sus versos. Gran parte de su producción lírica está esparcida por sus obras dramáticas y narrativas, pero un abundante caudal lo reunió en libros de poesía como Rimas, Rimas sacras, Romancero espiritual, Triunfos divinos, Rimas humanas y divinas del licenciado Tomé de Burguillos.

4.2.3. Estilo Se puede decir que Lope de Vega armoniza las dos tendencias de la poesía del Barroco (culteranismo y conceptismo). Su obra presenta junto a obras cultas, formas sencillas y espontáneas de estilo tradicional popular. Por una parte, como hombre abierto y receptivo que es, conoce bien los gustos y las tendencias populares, pero a la vez, es receptor de la tradición de los Cancioneros del siglo XV y de la poesía culta renacentista. Lógicamente, los gustos de la época en que vive influyen en él: el culteranismo, en medida muy prudente y el conceptismo, con algo más de fuerza. De ahí que no falten en sus poemas las paradojas, los juegos de palabras, las correlaciones, las antítesis, las sutilezas conceptuales, etc. Sin embargo, aunque en su poesía se sintetizan estas tendencias y escuelas, fue su propio carácter el que impuso, sobre todo ello, un lenguaje natural, vivaz, espontáneo. Él mismo dirá: "el hacer versos y amar/ naturalmente ha de ser", palabras que, por su contundencia, excluyen todo comentario.

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4.3. FRANCISCO DE QUEVEDO 4.3.1. Biografía Francisco de Quevedo y Villegas nació en Madrid en 1580, de familia noble. Sus padres servían a la familia real. Estudió las primeras letras en el Colegio Imperial de los Jesuitas; luego, lenguas clásicas y modernas en Alcalá y teología en Valladolid con lo que adquirió una gran cultura humanística y teológica. Ocupó la secretaría de Hacienda del duque de Osuna, virrey de Nápoles, y llevó a cabo comprometidas misiones políticas. Destituido el duque de Osuna, fue desterrado a la Torre de Juan Abad, pero, a la muerte de Felipe II, volvió de nuevo a la corte. Se casa, a instancias de la reina, con una viuda, de la que se separa pronto. Un suceso no bien conocido, de índole política, hace que sea encarcelado en San Marcos de León donde permaneció cuatro años. A la caída del privado, queda en libertad y muere un año después, en 1645. 4.3.2. Obra poética Su producción poética es extensa y variada; en él se da esa disociación chocante entre el sarcasmo (desengañado y amargo) y la hondura poética y de pensamiento. El escritor argentino Jorge Luis Borges dijo de él que su obra equivale a toda una literatura. Su obra poética, recogida a su muerte en dos libros Parnaso español (1648) y Las tres últimas musas (1670) se puede dividir temáticamente en cuatro apartados: 1) Poesía amorosa, en la que aparece la tradición petrarquista. Su creación se centra en los sufrimientos del que ama. 2) Poesía metafísica, que surge de la angustia ante la vida y la existencia, y ofrece los grandes temas del barroco: la muerte, la fugacidad del tiempo y el desengaño. Dentro de esta poesía se puede incluir la poesía religiosa y moral. 3) Poesía satírico-burlesca4, que responde a preocupaciones morales y sociales o es, al mismo tiempo, una válvula de escape para el temperamento del poeta, un auténtico escaparate de creación léxica. 4) Poesía política, centrada en dos ideas esenciales: el problema de España y la denuncia de la corrupción. Nace de su dolorosa conciencia por la decadencia material y espiritual de la patria. Además de su obra en verso, Quevedo dejó una importante obra en prosa que veremos más adelante. 4.3.3. Temas Los temas centrales de la poesía de Quevedo son la inquietud por la muerte y el típico desengaño barroco. La muerte es preocupación fundamental en sus poemas, que descubren su horror a la nada. Su poesía es una meditación sobre la fugacidad de la vida: el tiempo destructor todo lo puede y la vida es una loca carrera hacia la muerte. (“Ayer se fue; Mañana no ha llegado; / Hoy se está yendo sin parar un punto:/ soy un fue, y un será y un es cansado”). Este hondo pesimismo quevedesco, esa visión desolada del hombre y del mundo va unida a su percepción de la decadencia española. Todos los valores que defiende (amor, honor, etc.) son los viejos ideales que se desmoronan a su

La literatura satírica corresponde a composiciones acremente o poner en ridículo a alguien o algo.

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poéticas u otros escritos cuyo objeto es censurar

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alrededor. Ello explica sus sátiras crueles de todo tipo de novedades, tanto literarias (Góngora y el culteranismo), como científicas, de costumbres, modas, etc. 4.3.4. Estilo En cuanto al estilo, la poesía de Quevedo se caracteriza por los constantes juegos de palabras, equívocos, dilogías, polisemias, paronomasias, hipérboles, antítesis, paradojas, equívocos, deformaciones grotescas, etc. Domina la lengua en todos sus registros (culto, coloquial, vulgar) y conoce a la perfección los recursos retóricos clásicos. En muchos de sus poemas llega a su culminación el principio conceptista de decir mucho con pocas palabras. Importante rasgos de su poesía es también la intensidad afectiva: el apasionamiento quevedesco se manifiesta en la abundancia de oraciones interrogativas, exclamativas y apelativas, en las llamadas directas al lector y en el frecuente uso de diminutivos y aumentativos de carácter afectivo.

5. LA PROSA EN EL SIGLO XVII
Muchos de los géneros narrativos del siglo XVI prácticamente desaparecen en el XVII: libros de caballerías, novelas pastoriles, etc. Sin embargo, otros, como la novela picaresca, tienen ahora un gran desarrollo. También tiene gran importancia la novela corta al modo italiano, tras la publicación de las Novelas Ejemplares de Cervantes en 1613. De hecho, la figura más relevante de la prosa española no es precisamente Cervantes, quien publicó la mayor parte de su obra en este siglo. Por otra parte, destacan los libros didácticos, muy numerosos en esta centuria y de temas muy diversos: historia, política, religión, filosofía, moral, estética, economía… 5.1. LA NOVELA PICARESCA 5.1.1. Rasgos de la novela picaresca Las novelas picarescas comparten una serie de rasgos ya presentes en el Lazarillo de Tormes y en el Guzmán de Alfarache: 1) Uso de la autobiografía para relatar de manera organizada una serie de aventuras. 2) El servicio a varios amos. 3) La justificación de toda la narración por el final 4) Los orígenes innobles del protagonista 5) La evolución del personaje desde la niñez hasta la madurez. 6) El punto de vista único, pues los hechos se cuentan siempre desde la perspectiva del pícaro narrador. 7) La alternancia de fortunas y adversidades en la vida del protagonista. 8) Los frecuentes viajes del pícaro, que sitúan la acción en distintos lugares. 9) Existencia de un destinatario ficticio al que se supone que el pícaro dirige el relato escrito como una cara y a quien intenta convencer de las razones de su actitud: ante él y ante los lectores pretende, con diferentes excusas, justificar su comportamiento. El personaje del pícaro se caracteriza por su ambición de prosperar socialmente como forma de escapar de su miserable condición. Las novelas picarescas retratan con ello la grave situación social de las ciudades españolas del siglo XVII, en las que abundan mendigos, desocupados y vagabundos.

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La novela picaresca del XVII, basándose en el modelo del Lazarillo, va a tener, no obstante, rasgos diferenciadores: a) La acción se carga de discursos moralizantes que generan un proceso de “desnovelización”. b) El fino humor del Lazarillo es sustituido por una visión desolada de la sociedad y por un agrio pesimismo. c) Un amargo resentimiento sustituye a la sátira benévola. d) La orientación realista del Lazarillo se transforma en estilización deformadora de la realidad. Numerosas y variadas son las narraciones picarescas publicadas en el siglo XVII. Las más importantes son el Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán y El Buscón de Francisco de Quevedo. 5.1.2. Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán Se publicó en dos partes, la primera en 1599 y la segunda en 1604. Su autor, el sevillano Mateo Alemán (1547-1615?), llevó una vida difícil, estuvo varias veces en la cárcel, emigró finalmente a México en 1608 junto a su amante y allí debió de morir. El Guzmán tuvo un gran éxito desde su publicación y su importancia fue muy grande, no sólo como modelo del género picaresco, sino también para el desarrollo posterior de la novela. De hecho, fue muy leída durante los siglos XVII y XVIII en Francia y en Inglaterra. La novela tiene un argumento típicamente picaresco: Guzmanillo, hijo de un mercader tramposo y afeminado y de una mujer adúltera, llega a ser consumado ladrón, se arrepiente y vuelve a reincidir en diversas ocasiones en una sucesión de estafas, fraudes y trampas, para terminar condenado a galeras. Allí de nuevo se arrepiente y dice que escribe su vida como ejemplo de lo que no debe hacerse. 5.1.3. El Buscón de Francisco de Quevedo La joya literaria del género picaresco es una obra de Quevedo, Historia de la vida del Buscón llamado don Pablos, ejemplo de vagabundos y espejo de tacaños, publicada en Zaragoza en 1626, aunque fue escrita bastante antes. 5.1.3.1. Argumento Pablos comienza el relato de su vida por sus orígenes deshonroso: es hijo de un barbero ladrón y de una hechicera, sospechosos ambos de conversos. Muy joven, entra como criado del hidalgo don Diego Coronel y juntos estudian en Segovia y en Alcalá de Henares. Allí, Pablos, tras ser burlado, decide ser “bellaco con los bellacos, y más, si pudiese, que todos”. El protagonista prosigue la narración con su aprendizaje de la vida picaresca, que alterna con intentos fallidos de regeneración y ascenso social, como el frustrado matrimonio con una dama rica o un periodo de poeta y actor. Finalmente, convertido en criminal y perseguido por la justicia, decide irse a América. 5.1.3.2. Características El Buscón se ha calificado de novela picaresca por tratarse de un relato autobiográfico ficticio de un personaje miserable. Sin embargo, la obra introduce tantas modificaciones en el género que se discute su clasificación. Coincide con el Lazarillo y el Guzmán en la forma de carta y en rasgos como el origen bajo del pícaro, su afán de ascenso social, el hambre como móvil de sus acciones.

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Pablos, el pícaro protagonista, cuenta episodios de su vida, pero los diversos sucesos narrados no van unidos con la finalidad de explicar algo, sino que son una serie de escenas en las que el escritor despliega toda su maestría verbal. Tampoco hay en Pablos una evolución en el personaje como la que veíamos en Lázaro de Tormes. Como éste, Pablos aprende y gasta a otros las mismas bromas de las que ha sido antes víctima, pero interiormente nada cambia en él, es siempre el mismo personaje. Igual ocurre con el resto de los personajes: son tipos que sirven a Quevedo para conseguir efectos humorísticos. De ahí que muchos de ellos terminen por ser puras caricaturas. El Buscón pretender atraer la atención hacia el lenguaje y revelar la agudeza de su autor. Cuando un episodio está agotado el narrador pasa a otro asunto para mostrar otra vez su sutileza e ingenio. En cuanto al contenido, Quevedo critica en El Buscón el ansia de ascenso social y la pretensión de conseguir un título de nobleza. El protagonista, hijo de un barbero ladrón y de una bruja, sospechosos ambos de conversos, nunca lo logra: es siempre castigado cuando intenta hacerse rico o pasar por noble. Quevedo muestra, pues, en esta obra su oposición a la movilidad social, defendiendo que cada uno permanezca dentro de su condición social de origen. 5.1.3.3. Estilo El estilo de la prosa de Quevedo se caracteriza por su agudeza lingüística, su tendencia constante a la exageración, la caricatura basada en comparaciones hiperbólicas, etc. Muchos rasgos propios de conceptismo pueden observarse también en su prosa: contrastes, paradojas, hipérboles, equívocos y dilogías, polisemias, paronomasias, elipsis, juegos verbales diversos… Esta profusión de recursos obedece a una necesidad expresiva: provocar efectos cómicos que, junto a la esperpéntica galería de personajes, son fruto del espíritu mordiente y burlón de Quevedo.

5.2. LA PROSA DE LOPE DE VEGA Lope de Vega escribió diversas obras en prosa siguiendo variados modelos narrativos: un libro pastoril, La Arcadia (1598); otra narración pastoril, pero de carácter religioso, Los pastores de Belén (1612); una novela de complicadas aventuras, El peregrino en su patria (1604); cuatro novelas cortas al estilo italiano, Novelas a Marcia Leonarda (1621-1624), dedicadas a su último amor, Marta de Nevares. Muy interesante es La Dorotea (1632). Relacionada con La Celestina, se trata también de una extensa obra dialogada, escrita no para ser interpretada, sino leída. Para muchos, es la obra maestra de Lope. La Dorotea, como otros escritos del final de su vida, está dominada por la amargura, la decepción y la melancolía. Lope, ya anciano, rememora episodios de su biografía, fundiendo el presente con el pasado y la vida con la literatura.

5.4. FRANCISCO DE QUEVEDO: SU OBRA EN PROSA Los libros en prosa de Quevedo son, como sus poemas, muy diversos y suelen agruparse según su contenido (político, festivo-humorístico, filosófico, satírico-moral…) El grupo más extenso de escritos en prosa es el del tipo político. Escribe varias obras sobre la política italiana, otras de defensa del nacionalismo español, textos contra los judíos y contra el separatismo catalán de 1640, etc. Gran difusión tuvieron sus obras festivas. Tienen particular interés las que parodian a Góngora y el culteranismo.

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Su obra filosófica más destacada es La cuna y la sepultura, rotunda exposición del desengaño barroco. Muy importantes son sus libros de carácter satírico-moral: los Sueños y La hora de todos. En las cinco narraciones de los Sueños, Quevedo ridiculiza con intención moral diversos tipos y profesiones. La hora de todos también satiriza diferentes figuras valiéndose del recurso de que la diosa Fortuna hace que en una hora todos se comporten como realmente son, sin disfraz alguno. Con todo, la obra en prosa más célebre de Quevedo fue su novela picaresca El Buscón, que ya estudiamos en el epígrafe dedicado a la novela picaresca.

5.5. BALTASAR GRACIÁN 5.5.1. Biografía Baltasar Gracián nació en Belmonte de Calatayud (Zaragoza) en 1601. Desde muy joven formó parte de la Compañía de Jesús y fue profesor en diversos centros de su orden religiosa. En Huesca contó con la protección y amistad del mecenas Juan de Lastanosa, quien costeó la publicación de sus obras. Su actividad de escritor le acarreó numerosos problemas dentro de la Compañía de Jesús. Sufrió diversas sanciones y, en el último año de su vida, se le prohibió escribir. Murió en 1658 en Tarazona (Zaragoza). Siempre rodeado de libros y relacionado con otros estudiosos, su obra es la de un intelectual, fruto de profundas lecturas y largas meditaciones y conversaciones. 5.5.2. Obra Todos los libros de Baltasar Gracián están escritos en prosa y tienen una intención didáctica y moral. El héroe (1637) presenta mediante aforismos las virtudes que debe tener un gobernante. El discreto (1646) y Oráculo manual y arte de prudencia (1647) exponen las normas de conducta que deben guiar a un individuo. Agudeza y arte de ingenio (1648) es un tratado sobre los artificios literarios. El Criticón (1651-1657) es su obra maestra. En esta extensa novela, que anticipa la novela filosófica del siglo XVIII, dos personajes peregrinan por diversos lugares y aprenden a desconfiar de las apariencias en su búsqueda de la sabiduría y de la virtud. 5.5.3. Estilo La prosa de Gracián es muy densa y concentrada. Está construida con frases cortas, en las que abundan las antítesis y los juegos de palabras. Las palabras suelen contener diversos significados, tanto en sí mismas como en relación con los otros vocablos de la frase. Con Gracián llega a su culminación la dificultad conceptista. Él mismo pretende ser difícil y sólo entendible por un lector que se esfuerce en descifrar el concepto: “La verdad, cuanto más dificultosa, es más agradable, y el conocimiento que cuesta es más estimado”. 5.5.4. El pensamiento de Gracián El pensamiento de Gracián es muy pesimista. El mundo es engañoso, el hombre es un ser débil, miserable y, a menudo, malicioso. Muchos de sus escritos pretenden proporcionar al lector recursos que le permitan esquivar las trampas de sus semejantes y

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dominar para no ser dominado. Lo principal es que los deás dependan de uno: “más se saca de la dependencia que la cortesía; vuelve luego las espaldas a la fuente el satisfecho, y la naranja exprimida cae del oro al lodo”.

6. EL TEATRO DEL SIGLO XVII
6.1. EL TEATRO DE LA ESPAÑA DEL SIGLO XVII El teatro tuvo gran importancia en España durante el Barroco. Las obras se representaban en los corrales de comedias, patios de vecindad que se preparaban a propósito para ello. La temporada teatral se desarrollaba desde Pascua hasta Carnaval del año siguiente. Las representaciones tenían lugar por las tardes para aprovechar la luz del día, eran muy largas y en los intermedios de las comedias se ofrecían entremeses y bailes con el fin de entretener a los espectadores. Aunque no se sabe muy bien cómo se representaban las comedias, se supone que, dado el ambiente del corral, los actores gritaban muchísimo para hacerse oír. Además del teatro de los corrales de comedias, según avanzó el siglo XVII, ganó en importancia el teatro cortesano, que se representaban en los palacios de los nobles o en el del rey. Este teatro era más complicado que el de los corrales. Participaban actores profesionales, pero en ocasiones intervenían también los nobles e incluso el propio monarca. Otra modalidad teatral de esta época eran los autos sacramentales, obras en un acto, con personajes alegóricos, de tema religioso e intención didáctica. Se representaban en la calle durante la fiesta del Corpus, la asistencia era libre y los ayuntamientos costeaban el montaje. Se trataba de una auténtica fiesta barroca con presencia masiva de público.

6.2. LA COMEDIA NUEVA Se denomina comedia nueva al tipo de obras que llenaron los escenarios de las ciudades españolas del siglo XVII. 6.2.1. Características de la Comedia Nueva 1) Mezclan elementos cómicos y trágicos. 2) No respetan las reglas clásicas de las tres unidades: a) Unidad de lugar: La unidad de lugar exigía que la acción se desarrollara en un mismo lugar, pero en las comedias españolas es frecuentes que los hechos sucedan en sitios diversos. b) Unidad de tiempo: La unidad de tiempo disponía que el argumento transcurriera como máximo durante un día, disposición que no respetan las comedias barrocas. c) Unidad de acción: La unidad de acción establecía que los sucesos estuvieran todos relacionados con un caso central y únic. En las comedias barrocas existe una acción principal, cuyos protagonistas son el galán y la dama, y una secundaria, protagonizada de ordinario por los criados. 3) Los personajes se repiten constantemente lo que permite a los espectadores reconocerlos con facilidad. Los más frecuentes son: a) El galán: un hombre joven, guapo y valiente.

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b) La dama: una mujer joven, hermosa, inteligente y prudente. Usa sus virtudes para lograr sus objetivos. c) El barba: un hombre viejo o el mismo rey. Hace la función del poderoso que soluciona los problemas. d) El antagonista: un hombre que se opone al galán. e) La criada: acompañante y confidente de la dama. f) El criado: confidente del galán. Tiene un fino sentido del humor y rasgos que contrastan con el del galán, su amo. Destaca por su carácter práctico, la sensatez, una bien disimulada cobardía y una pícara astucia para rehuir los peligros. Suele desempeñar el papel del gracioso, importante personaje que, entre otras funciones, tiene la de crear momentos cómicos para rebajar la tensión acumulada en la obra. 4) Las comedias se dividen en tres actos o jornadas. El escritor plantea el asunto en la primera jornada, lo desarrolla en la segunda y lo concluye en la tercera: presentación, nudo y desenlace. 5) El lenguaje evita la expresión culterana o conceptista, aunque a partir de las obras de Calderón de la Barca tiende a ser más complicado. Se pretende que la lengua se ajuste a la condición de los personajes, de modo que hablen de acuerdo con su categoría social y ello permita distinguir, por ehemplo, al rey del gracioso. Esta adecuación de la lengua al personaje se denomina decoro poético. 6) Todas las comedias están compuestas en verso, lo que facilita su memorización. La métrica es muy variada, de acuedo con el pasaje, la situación y el personaje. 7) Se intercalan canciones y bailes que interrumpen la acción.

6.2.2. Temas de la Comedia Nueva Los temas de las comedias barrocas son múltiples: religiosos, históricos, legendarios, pastoriles, caballerescos, novelescos, mitológicos, filosóficos, etc. Las comedias de tema amoroso son las más frecuentes. Predomina el enfoque platónico, que aporta armonía y es el móvil de las acciones del personaje. Transcurren en un ambiente propicio para el enredo, con abundancia de quejas, riñas, celos. En estas comedias el final feliz es lo normal, aunque existen excepciones. Es importante también el tema del honor: toda afrenta a la honra era considerada asunto muy grave y debía ser reparada. La honra se equipara a la vida, y su pérdida equivale a la muerte social, por eso se justifica el recurso a la violencia para recuperarla. Pese a la variedad temática, todas las comedias presentan una sociedad parecida, en lo alto de la cual se encuentra el rey, cuyo poder se supone que procede de Dios. Evidentemente, se trata de una sociedad cristana en la que no caben herejías. El teatro barroco defiende, por tanto, el sistema social de la época y, de manera parecida a los medios de diversión de masas de hoy día, había servido —junto a fiestas, procesiones y otros espectáculos— como un eficaz medio de propaganda. 6.2.3. Autores de la Comedia Nueva Muchísimos fueron los autores españoles que compusieron comedias durante el siglo XVII: Guillén de Castro: Las mocedades del Cid. Los malcasados de Valencia. Juan Ruiz de Alarcón: La verdad sospechosa. Las paredes oyen. El tejedor de Segovia. Luis Vélez de Guevara: Reinar después de morir. La serrana de la Vera.

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Francisco de Rojas Zorrilla: Del rey abajo, ninguno. Entre bobos anda el juego. Agustín Moreto: El desdén con el desdén. El lindo don Diego. Especial importancia tiene Tirso de Molina, autor de comedias como La prudencia en la mujer, Marta la piadosa, Don Gil de las calzas verdes y El vergonzoso en palacio; también se le atribuyen El condenado por desconfiado y El burlador de Sevilla, obra esta que desarrolla el famosísimo mito del don Juan.

6.4. EL TEATRO DE LOPE DE VEGA Lope de Vega cultivó la mayor parte de los géneros literarios de su tiempo. Como hemos visto en apartados anteriores, fue excelente poeta y destacado prosista. Como dramaturgo, su importancia fue extraordinaria en la creación de la comedia nueva. Su grandeza está en haber sabido dotar a la escena de un nuevo modo de expresión, uniendo la tradición literaria culta con el lenguaje coloquial. Su acierto, desligar la comedia de las ataduras de las normas clásicas, para adaptarla a su época y contactar con el público. Creó un nuevo teatro con su práctica cotidiana. Cumpliendo encargos para los corrales de comedias, se afirma que escribió unas 1800 comedias y 400 autos, de los que se conservan alrededor de 500. Esta ingente labor explica el título de “monstruo de la naturaleza” con que le designa Cervantes. 6.4.1. Obras En Lope está todo: lo religioso y lo profano, la comedia y el auto, la historia reciente y la tradición nacional: Compuso comedias de enredo como La dama boba o El perro del hortelano. En ellas lo fundamental es la intriga. Escribió dramas de honor campesino, en las que un labrador rico y cristiano viejo se enfrenta a un noble o a un comendador que lo han deshonrado: Fuente Ovejuna, Peribáñez y el comendador de Ocaña, El mejor alcalde, el rey. En estas comedias se rompe la armonía social, pero, como el rey hace justicia y restablece la paz, las obras sirven para exaltar la monarquía. Algunas de sus obras teatrales contienen importantes elementos trágicos. Entre estos dramas trágicos, destacan El caballero de Olmedo y El castigo sin venganza. 6.4.2. Características Las características del teatro de Lope son las ya explicadas de la comedia nueva: mezcla de comedia y tragedia, incumplimiento de las tres unidades clásicas, división de las obras en tres jornadas, variedad métrica, personajes tipificados, inclusión de canciones populares… Creador de asuntos y de animación dramática, Lope no profundiza con tanta intensidad en la psicología de sus personajes como Shakespeare o Calderón. En su dramaturgia marca caracteres igual que lo hacía la comedia dell’arte italiana, mediante la reiteración de funciones en la obra. El teatro de Lope es un perfecto equilibrio entre el lenguaje culto de la tradición literaria y el lenguaje coloquial. La incorporación a sus obras de elementos líricos (letrillas, canciones de boda y siega, romances…) crea además un fresco lirismo y una sutil agilidad. Si su vida es típicamente barroca, marcada por los contrastes, su lenguaje teatral sólo se acerca débilmente a las tendencias conceptistas y culteranas. Más bien, con

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Cervantes, representa el puente de unión entre Renacmiento y Barroco, y se mantiene en un estilo natural y claro. Su teatro conecta con el espectador por su naturalidad, sencillez expresiva y la gracia de los diálogos. 6.5. PEDRO CALDERÓN DE LA BARCA 6.5.1. Biografía Nació en Madrid en el año 1600 dentro de una familia hidalga. Estudió con los jesuitas y luego en las universidades de Alcalá y Salamanca. Comenzó muy pronto a escribir obras teatrales y no tardó en convertirse en un autor conocido. En poco tiempo fue el dramaturgo más estimado en la Corte. En 1637, Felipe IV le concedió el hábito de caballero de Santiago. Participó tambén como militar en diversas campañas (por ejemplo, en 1640, en la guerra de Cataluña). En 1651 se ordenó sacerdote y en 1663 fue nombrado capellán de honor del rey. No abandonó entonces la literatura, pero fue menos fecundo y escribió, sobre todo, autos sacramentales. Falleció en Madrid en 1681. A pesar de su condición de escritor palaciego, en la personalidad de Calderón de la Barca destacan su capacidad reflexiva, su serenidad e incluso su gusto por el retiro y la soledad. 6.5.2. Obras Escribió Calderón numerosas obras, aunque muchas menos que Lope de Vega; unas ciento veinte comedias, ochenta autos sacramentales y más de veinte piezas cortas. En su obra se distinguen dos etapas: a) Primera etapa: imitación de Lope. Calderón adopta los esquemas de la comedia “de capa y espada”: ambiente urbano, enredos amorosos, personajes convencionales que ilustran los convencionales ideales de las clases elevadas. Brilla la habilidad de Calderón para desarrollar la trama, manteniendo el interés y la “suspensión”. Es, en suma, un teatro de pura e inteligente diversión. Dentro de estas comedias se distinguen: a) Comedias de enredo: concebidas para ser representadas en los corrales. Ejemplos: La dama duende; Casa con dos puertas mala es de guardar. b) Comedias de aparato: compuestas para las funciones del teatro de Palacio. Desarrollan frecuentemente un asunto mitológico, como ocurre en Eco y Narciso y La estatua de Prometeo. b) Segunda etapa: Mantiene la fórmula lopesca, pero trabaja con mayor cuidado los detalles. También elabora con más atención la forma, acentuando el barroquismo (con elementos ornamentales gongorinos y no poco conceptismo). Y dramatiza temas más profundos. Sus comedias se hacen más perfectas, pero pierden lozanía y frecura. Son más arte y menos naturaleza. Además de comedias, Calderón es autor de dramas de honor, donde lleva a sus máximas consecuencias el “código del honor”, ya utlizado por Lope. Destacan la obra maestra: El alcalde de Zalamea; así como El médico de su honra; A secreto agravio, secreta venganza; El mayor monstruo los celos, etc. Destacan además dramas donde desarrolla el conflicto entre la libertad y el destino (El mayor monstruo del mundo; Los cabellos de Absalón.) Y otros tratan sobre la naturaleza del Poder (la famosísima La vida es sueño, una de las cumbres del teatro universal, y La hija del aire). Algunas obras con abundantes elementos trágicos desarrollan problemas religiosos: La devoción de la cruz; El príncipe constante y El mágico prodigioso.

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c) Autos sacramentales: El gran teatro del mundo y El gran mercado del mundo. 6.5.3. Características del teatro de Calderón En principio, son las ya señaladas para las comedias de Lope, pero introduce importantes novedades: a) Mantiene más la unidad de acción, simplificando los argumentos. b) Limita el número de personajes y prefiere resaltar uno sobre los demás. c) Da un carácter refelexivo a los protagonistas que exponen sus ideas en largos monólogos. d) Utiliza un lengua mucho más artificiosa y emplea tanto recursos conceptistas como culteranos; usa símbolos y alegorías para plantear problemas universales. 6.5.4. Temas En la primera época, cuando ordena y condensa temas y técnicas anteriores, sus comedias giran en torno a la misma temática de Lope: amor, honra y épica tradicional. A medida que su creación se hace más profunda y elaborada, aparece el elemento filosófico y la acción se subordina al pensamiento. Como fruto de esta dependencia, surgen ideas que influirán en los motivos teatrales: a) Se extreman los conceptos de honra y de lealtad al monarca, adquiriendo a veces el tono de tragedia clásica. b) El pesimismo barroco impone en la escena el tema del desengaño con su concepto negativo de la existencia y las reflexiones sobre la vida como “humo, polvo, viento, sueño”. c) Los debates teológicos de la época favorecen la introducción del tema de la libertad, que aparece en La vida es sueño, o de la responsabilidad moral del individuo. Los Autos Sacramentales, en los que se aplica el procedimiento alegórico, muestran temas de la teología cristiana: la creación, la caída del hombre, la Redención; pero el motivo central sigue siendo la Eucaristía. 6.5.5. Estilo En Calderón se hacen cristalinas las dos tendencias barrocas. Culteranismo y conceptismo, ya desarrollados, se entremezclan en su obra con un lenguaje exuberante. Es la suya una lengua poética hecha escena, en la que caben las sutilezas y antítesis del conceptismo junto a metáforas y tópicos del culteranismo. Constantemente busca aislar su expresión, separarla del léxico cotidiano, de forma que los objetos vulgares se ennoblecen (pistola = “áspid de metal”; pájaros= “alados clarines”; clarines= “pájaros de metal”.) Así surgen las más variadas figuras: la hipérbole magnificadora, la evocadora personificación, comparaciones, sinestesias, recursos que dan al texto sonoridad, retorcimiento y la acabada elaboración de la creación artística. Su versificación cambia el sistema de Lope: los metros se vinculan al relato, no al personaje. Verso largo en escenas lentas, romance para la conversación y relatos, la décima triunfa en los monólogos. Nada es causal ni gratuito en la obra de Calderón. Su arte, de gran rigor y precisión, tiene algo de matemático, una exacta mezcla de claroscuro y luminosidad que muestra en toda su plenitud la esencial estructura del mundo barroco.

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