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Interculturalidad y comunicación intercultural. Propuesta teórica y estudio de experiencias de participación social en la gestión de servicios públicos en una comunidad popular de la ciudad de Caracas

Interculturalidad y comunicación intercultural. Propuesta teórica y estudio de experiencias de participación social en la gestión de servicios públicos en una comunidad popular de la ciudad de Caracas

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Daniel Mato, Alejandro Maldonado-Fermín, Enrique Rey Torres

Este libro examina críticamente las ideas de interculturalidad y comunicación intercultural y sus aplicaciones habituales, formula una propuesta teórica y de método y presenta los resultados de su aplicación en una investigación sobre comunicación intercultural en experiencias de participación social asociadas a la gestión de servicios de agua potable e informáticos en el sector "B" de la urbanización Las Casitas de La Vega, una comunidad popular de la ciudad de Caracas
Daniel Mato, Alejandro Maldonado-Fermín, Enrique Rey Torres

Este libro examina críticamente las ideas de interculturalidad y comunicación intercultural y sus aplicaciones habituales, formula una propuesta teórica y de método y presenta los resultados de su aplicación en una investigación sobre comunicación intercultural en experiencias de participación social asociadas a la gestión de servicios de agua potable e informáticos en el sector "B" de la urbanización Las Casitas de La Vega, una comunidad popular de la ciudad de Caracas

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Interculturalidad y comunicación intercultural !

7
!7 !
Interculturalidad
y comunicación intercultural
PROPUESTA TEÓRICA Y ESTUDIO
DE EXPERIENCIAS DE PARTICIPACIÓN SOCIAL
EN LA GESTIÓN DE SERVICIOS PÚBLICOS
EN UNA COMUNIDAD POPULAR DE LA
CIUDAD DE CARACAS
DANIEL MATO
ALEJANDRO MALDONADO FERMÍN
ENRIQUE REY TORRES
Universidad Central de Venezuela
Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico
Caracas, 2011
!8 !
DANIEL MATO, ALEJANDRO MALDONADO FERMÍN Y ENRIQUE REY TORRES
Mato, Daniel.
Interculturalidad y comunicación intercultural: propuesta teórica y estudio de
experiencias de participación social en la gestión de servicios públicos en una
comunidad popular de la ciudad de Caracas / Daniel Mato, Alejandro Maldonado
Fermín, Enrique Rey Torres.
Caracas: Universidad Central de Venezuela, Consejo de Desarrollo Científico y
Humanístico, 2010. -- (Colección estudios)
ISBN: 978-980-00-2621-2
D.L.: lf15720103012093
1.Comunicación y cultura. 2. Comunicación intercultural. 3. Desarrollo de la comunidad
- Participación ciudadana - Venezuela - Caracas - La Vega.
I. Maldonado Fermín, Alejandro. II.Rey Torres, Enrique. III. Título. IV. Serie.
302.2
M433
© Daniel Mato, Alejandro Maldonado Fermín, Enrique Rey Torres, 2010
© Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico, UCV, 2011
ISBN: 978-980-00-2621-2
Depósito Legal: If15720103012093
Coordinación editoral:
Yandra Araujo
Corrección de textos
María Enriqueta Gallegos
Diseño de carátula:
Elizabeth Cornejo
Diseño, montaje electrónico e impresión:
L + N XXI Diseños, C.A.
luzmarquez1950@gmail.com / nunciams@gmail.com / Telf.: 241.0736 / 242.3484
Imprcso cn Vcnczucl+ - lrintco in Vcnczucl+
Todas las obras publicadas por el CDCH son sometidas a arbitraje
Interculturalidad y comunicación intercultural ! 9
!9 !
ÍNDICE
Presentación 13
CAPÍTULO 1. INTERCULTURALIDAD Y COMUNICACIÓN INTERCULTURAL
EN EXPERIENCIAS DE PARTICIPACIÓN SOCIAL. TEORÍA Y MÉTODO 17
Cultura, comunicación y transformaciones sociales 17
Interculturalidad y comunicación intercultural 26
Comunicación intercultural en experiencias de participación social
en políticas, programas y servicios públicos 46
CAPÍTULO 2. LA COMUNIDAD QUE NOS RECIBIÓ: EL SECTOR “B” DE
LAS CASITAS DE LA VEGA 57
CAPÍTULO 3. COMUNICACIÓN INTERCULTURAL Y PARTICIPACIÓN SOCIAL
EN LA EXPERIENCIA DE UNA MESA TÉCNICA DE AGUA 73
Cómo llegamos a La Vega 75
Breves precisiones sobre Mesas Técnicas de Agua y Consejos
Comunitarios del Agua 80
Sobre las luchas anteriores al surgimiento de las Mesas Técnicas
de Agua 82
Sobre la función de la Mesa Técnica de Agua y del Consejo
Comunitario del Agua 88
Sobre los usos y apropiaciones de lenguajes y conocimientos
y los usos del tiempo alrededor de la experiencia de
las MTA y el CCA 94
Sobre los problemas con el servicio de agua, sus soluciones
y el rol de las instituciones 97
Sobre el ciclo de suministro de agua potable, los usos del agua
y el pago del servicio 103
!10 !
DANIEL MATO, ALEJANDRO MALDONADO FERMÍN Y ENRIQUE REY TORRES
CAPÍTULO 4. COMUNICACIÓN INTERCULTURAL Y PARTICIPACIÓN SOCIAL
EN LA EXPERIENCIA DE UN INFOCENTRO 129
Proceso de construcción del Infocentro del sector B de
Las Casitas de La Vega 132
La Internet como herramienta para la organización comunitaria.
Las TIC dentro del Proyecto Integral Comunitario y el Programa
de Infocentros 135
El Infocentro, usos, problemáticas y participación 144
El rol de los facilitadores/as 151
El tiempo y el espacio en el Infocentro 154
Sobre la participación en el Infocentro 157
El plan de rescate del Infocentro 162
CAPÍTULO 5. APRENDIZAJES QUE SE DESPRENDEN DE LA INVESTIGACIÓN
REALIZADA 165
Algunos aprendizajes del estudio del caso de la Mesa
Técnica de Agua 168
Algunos aprendizajes del estudio del caso del Infocentro 176
PARA CONCLUIR 183
BIBLIOGRAFÍA 185
Interculturalidad y comunicación intercultural ! 11
!11 !
A todos los habitantes del sector “B” de Las Casitas de La Vega por su
confianza en nosotros, su interés, colaboración y entusiasmo con esta
investigación y, muy especialmente, a Ayda Valiente, María Torres, Mi-
guel Barreto, “El Gordo” Edgar, Francisco, Hermes, Camilo, Gustavo,
Francis y Alicia.
A los funcionarios de Hidrocapital y del Centro Nacional de Tecnologías
para la Información (CNTI), que generosamente respondieron a nues-
tras solicitudes de datos y ofrecieron declaraciones en las entrevistas
realizadas, y especialmente a Susana Trejo, Dircia García, Víctor Díaz,
Manuel González, Roberto Ribeiro, Rafael Ortega, Heidi Domínguez,
Nancy Zambrano, Domingo Monzón, Joel, Efraín y Trino.
Al Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico de la Universidad
Central de Venezuela por la concesión de los fondos que permitieron
realizar esta investigación, así como a los árbitros encargados de evaluar
la versión original de este texto y por las sugerencias que han ayudado
a mejorarlo.
Nota: De acuerdo con los procedimientos habituales en investigación social, los nom-
bres de los pobladores y funcionarios utilizados en el libro son ficticios.
Agradecimientos
Interculturalidad y comunicación intercultural
!13 !
Este libro examina críticamente las ideas de interculturalidad y comu-
nicación intercultural y sus aplicaciones habituales, formula una pro-
puesta teórica y de método, y presenta los resultados de su aplicación
en una investigación sobre comunicación intercultural en experiencias
de participación social asociadas al suministro de agua potable y de ser-
vicios informáticos en el sector “B” de la urbanización Las Casitas de La
Vega, una comunidad popular de la ciudad de Caracas.
La investigación fue realizada entre diciembre de 2005 y junio de 2008
en la localidad del sector “B” de la urbanización Las Casitas de La Vega
por un equipo de investigación del Programa Cultura, Comunicación y
Transformaciones Sociales, del Centro de Investigaciones Postdoctora-
les (Cipost) de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales (Faces)
de la Universidad Central de Venezuela (UCV), con la colaboración de
un número significativo de habitantes de esa comunidad popular cara-
queña, así como de algunos funcionarios de los organismos públicos
encargados de la provisión de dichos servicios. El equipo estuvo cons-
tituido por dos investigadores jóvenes en formación y por el Director
del mencionado programa, a quien cupo también la responsabilidad de
dirigir este proyecto de investigación. Para el desarrollo de esta investi-
gación se contó con fondos provistos por el Consejo de Desarrollo Cien-
tífico y Humanístico (CDCH) de la Universidad Central de Venezuela
(PI 05.00.5836.2005).
Presentación
!14 !
PRESENTACIÓN
Suele aceptarse que las diferencias culturales entre individuos frecuen-
temente son motivo de malentendidos y/u otros problemas de comu-
nicación, que eventualmente pueden conducir a conflictos. Asociado a
esto se suele creer que la “comunicación intercultural” es un campo de
experiencia que se reduce a asuntos de buen o mal entendimiento, y en
el extremo a problemas de “malos entendidos”. Por otra parte, las ideas
de “diferencia cultural”, “interculturalidad” y “comunicación intercultu-
ral” suelen asociarse –también reductoramente– casi exclusivamente a
referentes étnicos, lingüísticos, religiosos y/o nacionales.
Llamativamente, estos usos limitados (y limitantes) de las ideas de “in-
terculturalidad” y “comunicación intercultural” resultan usuales incluso
en nuestros días, cuando las aplicaciones de la idea de “cultura” se han
ampliado notablemente, y así suele hablarse de, –e incluso se estudian–,
culturas corporativas, institucionales, profesionales, disciplinares, de
género, de generación, locales (no necesariamente étnicas), de clase o
grupo social, entre otras.
No obstante, rara vez la idea de “comunicación intercultural” se apli-
ca al análisis y comprensión de experiencias de relación entre actores
sociales (individuales o colectivos, institucionalizados o no), entre los
cuales puede observarse la existencia de diferencias significativas en
sus culturas corporativas, institucionales, profesionales, disciplinares,
de género, de generación, locales (no necesariamente étnicas), de clase
o grupo social u otras. Este libro busca contribuir a atender esas defi-
ciencias mediante la formulación de una propuesta teórica y de método
alternativa y la exposición de los resultados de su aplicación al estu-
dio de aspectos de “comunicación intercultural” en dos experiencias
de participación social (Mesas Técnicas de Agua e Infocentros)
1
en una
1. Las Mesas Técnicas de Agua, Comités de Tierra Urbanas, Comites de Salud, Mesas Técnicas
de Energía, Consejos Comunales e Infocentros, entre otras formas e instancias, son espa-
cios institucionales de participación y organización social propios del proceso histórico
venezolano que se han ido desarrollando y adquiriendo cuerpo jurídico como referentes de
algunas políticas públicas, por vía de decretos y leyes a partir de la aprobación de la Cons-
titución de la República Bolivariana de Venezuela en 1999. Para hacer evidente el carácter
institucional de estas formas e instancias, apartándonos de las normas de estilo, en este libro
sus nombres se inician con mayúscula tanto en la forma singular como plural.
Interculturalidad y comunicación intercultural
!15 !
comunidad popular caraqueña. Para ello analiza las relaciones entre las
y los pobladores y las empresas y/u organismos gubernamentales pro-
veedores de servicios, poniendo atención a las diferencias tanto entre
diferentes grupos de habitantes del sector como de diferentes tipos de
profesionales de los organismos gubernamentales. De este modo, pro-
cura aportar conocimientos prácticos sobre estas experiencias y poner-
los a disposición de los actores, así como contribuir al desarrollo teórico
en este campo, aportando a la mejor elaboración de conceptos clave y
de algunos recursos de método.
La investigación que ha dado lugar a este libro forma parte de la línea de
investigación del Programa Cultura, Comunicación y Transformaciones
Sociales (Programa CyTS), y en este sentido es una más de una serie de
investigaciones y publicaciones anteriores a algunas de las cuales se hace
referencia más adelante en el texto, cuya consideración puede brindar
un marco más amplio para la interpretación de las ideas acá expuestas.
Dado que la presente investigación ha contado con el apoyo del CDCH,
entre sus antecedentes cabe destacar la importancia del proyecto de in-
vestigación “Globalización, representaciones sociales y transformacio-
nes sociopolíticas”, también realizado con apoyo del CDCH (proyecto
05.20.4419.1999), del cual han resultado importantes aprendizajes que
a su vez dieron lugar a otros proyectos posteriormente desarrollados
con el concurso de otros investigadores y grupos de trabajo nacionales
e internacionales, con el apoyo de otras instituciones (Fonacit, Clacso,
Unesco y Fundación Rockefeller), todo ello en el favorable ambiente de
trabajo con que el Programa CyTS se ha desarrollado en el marco insti-
tucional del Cipost, Faces, UCV.
Debe mencionarse también que como parte de los objetivos del Progra-
ma CyTS, la realización de este proyecto contribuyó a la formación de
dos investigadores jóvenes, quienes, aunque inicialmente fueron con-
tratados como asistentes de investigación, posteriormente se desempe-
ñaron como investigadores en formación, asumiendo plenamente las
responsabilidades del caso. Cabe mencionar que estos jóvenes colegas
participaron en seminarios y otras investigaciones del Programa CyTS
durante el período 2002-2005, así como que, tanto antes como durante
!16 !
PRESENTACIÓN
el desarrollo de esta experiencia, recibieron formación teórica en la pers-
pectiva teórica que orienta a la línea de investigación del Programa, así
como en técnicas y criterios de investigación documental y de campo.
Este libro está organizado en cinco capítulos. El primer capítulo presen-
ta tanto consideraciones teóricas generales sobre cultura, comunicación
y transformaciones sociales como particulares sobre interculturalidad,
comunicación intercultural y participación social, que sirvieron de base
para el diseño teórico y metodológico de la investigación. El segundo
capítulo ofrece información básica sobre el sector “B” de la urbaniza-
ción Las Casitas de La Vega, en el cual se desarrolló la investigación
de campo. El tercer y cuarto capítulos constituyen versiones amplia-
das y revisadas de los informes de la investigación de campo realizada
en dicha comunidad respecto de experiencias de participación social
asociadas a las Mesas Técnicas de Agua (MTA) y a los Infocentros, res-
pectivamente. Finalmente, el quinto capítulo presenta las conclusiones
de la investigación. El libro constituye una unidad y es producto de
un trabajo de colaboración en equipo. No obstante, ha habido respon-
sabilidades individuales en la elaboración de cada uno de los capítu-
los que corresponde mencionar. El primer capítulo ha sido elaborado
por Daniel Mato, director del proyecto; el segundo ha sido preparado
conjuntamente por los investigadores Alejandro Maldonado Fermín y
Enrique Rey Torres; el tercero y cuarto capítulo fueron preparados por
Alejandro Maldonado Fermín y Enrique Rey Torres, respectivamente,
en ambos casos siguiendo el diseño de investigación y con la asesoría
de Daniel Mato. Finalmente, el quinto capítulo, dedicado a presentar
las conclusiones de la investigación, es producto del trabajo en equipo
de los tres autores. Como quiera que sea, más allá de responsabilida-
des individuales, el libro en su conjunto no hubiera sido posible sin la
provechosa actitud de trabajo en equipo y proactiva colaboración que
marcó esta experiencia de investigación.
Los autores
15-12-2008
Capítulo 1. Interculturalidad y comunicación intercultural …
!17 !
La investigación sobre interculturalidad y comunicación intercultural
en experiencias de participación social en las Mesas Técnicas de Agua y
el Infocentro en el sector “B” de la urbanización Las Casitas de La Vega
tuvo como puntos de partida elaboraciones teóricas, preguntas de in-
vestigación y pautas metodológicas, basadas en estudios anteriormente
realizados en el marco de la línea de investigación Cultura, Comuni-
cación y Transformaciones Sociales que venimos desarrollando desde
1992 en el marco del programa homónimo del Centro de Investigacio-
nes Posdoctorales (Cipost, Faces, UCV), que resulta necesario exponer
a fin de facilitar la comprensión de la perspectiva teórica y de método
que orientó esta investigación, así como la interpretación de los datos
y conclusiones producidos por ella, que se exponen en los siguientes
capítulos.
Cultura, comunicación
y transformaciones sociales
El análisis de los aspectos culturales de los procesos sociales suele ser
omitido o subordinado en los estudios más frecuentes, los cuales sue-
len estar marcados por orientaciones economicistas, comunicacional-
Capí t ul o 1
Interculturalidad y comunicación
intercultural en experiencias de
participación social.
Teoría y método
Daniel Mato
!18 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
tecnologicistas o político-institucionalistas. Según el caso, éstos parten
de suponer que la dimensión económica, tecnomediática o político-
institucional, resulta ser excluyentemente determinante, o la de prin-
cipal importancia, para explicar el desarrollo de los procesos sociales,
mientras las demás dimensiones resultan subordinadas o secundarias.
Frente a estos problemas la respuesta idónea no es desarrollar ninguna
forma de determinismo alterno, por ejemplo, de tipo “culturalista”, sino
avanzar en la construcción de perspectivas de análisis más integradas
que incorporen complejamente el análisis de los aspectos culturales
presentes y significativos en todas las prácticas humanas, junto con el
de todas las demás dimensiones analíticas. Es decir, analizar los aspec-
tos culturales, o de producción de sentido (que es como creo analítica-
mente más productivo entender “lo cultural”) no tiene por qué conducir
a adoptar posiciones “culturalistas” que repliquen las falencias de esos
otros “ismos” que se critican, en las cuales “lo cultural” sería determi-
nante, mientras las demás dimensiones estarían subordinadas a ésta. Si
en una investigación se adopta una cierta perspectiva analítica que exa-
mina con especial atención los aspectos culturales, o bien, se los toma
como “puerta de entrada” al análisis, no por ello se debe perder de vista
que los procesos sociales son complejos y que las divisiones entre “lo
económico”, “lo político”, “lo cultural”, “lo comunicacional”, etcétera,
son sólo recursos analíticos.
Por tanto, es necesario desarrollar perspectivas analíticas integradoras,
multidimensionales, sea a través de mecanismos de colaboración inter-
disciplinaria, lo cual necesariamente demanda equipos de dos o más in-
vestigadores, o bien mediante estrategias de trabajo transdisciplinarias.
Con esta última expresión aludo específicamente a perspectivas de aná-
lisis transversales, en el sentido de que atraviesen los límites más gene-
ralmente reconocidos entre las disciplinas, sus formas necesariamente
especializadas de formular preguntas y problemas de investigación y sus
tradiciones de método. Desde luego, otra alternativa válida es trabajar
dentro de los límites de cualquiera de las disciplinas establecidas, ha-
ciéndolo a conciencia de que el conocimiento generado es unidimensio-
nal, en el sentido de unidisciplinario.
Capítulo 1. Interculturalidad y comunicación intercultural …
!19 !
Adicionalmente a lo anterior, hay que tener en cuenta que cuando se
trabaja desde perspectivas de análisis orientadas a examinar la llamada
dimensión cultural de los procesos sociales hay otros problemas que
atender, que son propios de este tipo de perspectivas. No basta con
afirmar la necesidad de que el análisis de los procesos sociales integre
los aspectos culturales, o de sentido, junto a los de otras dimensiones
analíticas, sino que es necesario también revisar críticamente la propia
idea de “cultura”, y especialmente ciertas concepciones reduccionistas
de la idea de cultura.
No es éste el lugar para ofrecer un ensayo sobre la idea de “cultura”,
tema sobre el que ya existen importantes publicaciones (por ejemplo,
Auyero y Benzecry, 2002; Cuche, 1999; Eagleton, 2000; Wagner, 1981),
pero en todo caso parece necesario hacer explícita la manera particular
en que esta categoría es utilizada en la línea de investigación de la cual
forma parte el proyecto que ha dado lugar a la publicación de este libro.
Así, de manera sintética cabe decir que en esta línea de investigación
la idea de “cultura” no designa una “cosa”, ni un conjunto de “cosas”,
ni tampoco un conjunto de atributos “objetivos” que cabría afirmar ca-
racterizarían “objetivamente” a un cierto conjunto de sujetos, sino que
designa una perspectiva de análisis, es decir, una manera de mirar e
interpretar los procesos sociales y de estudiarlos. En esta línea de inves-
tigación, “cultura” no es una cosa y por tanto tampoco es un sustantivo,
sino que califica un cierto tipo de mirada, sea ésta la del investigador o
la de otros actores sociales, y por eso es en todo caso un adjetivo. Más
precisamente, en esta línea de investigación la perspectiva cultural lleva
a preguntarnos por el sentido de las prácticas de los actores sociales,
cómo se produce ese sentido, cómo circula, se reproduce o se transfor-
ma, cómo se negocia, cómo entra en conflicto con otros sentidos, cómo
orienta las prácticas de los actores sociales. En esta línea de investiga-
ción esas preguntas no tienen un carácter retórico, vago o general, sino
que orientan investigaciones sobre casos de actores sociales particula-
res, que accionan en circunstancias y contextos específicos, las cuales
han dado lugar a una serie de publicaciones (Mato, 1998a, 2008c; Mato
coord., 2003; 2004; 2005; Mato y Maldonado Fermín, 2007).
!20 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
Desde luego, esta manera de entender y utilizar la idea de “cultura” en la
perspectiva de análisis que orienta esta investigación no lleva a ignorar
que para los actores sociales cuyas visiones de mundo, por razones his-
tóricas diversas, se articulan en torno a ideas de cultura y/o de identidad,
éstas denotan aspectos significativos de su experiencia, que son vividos
como tales, y que desde este punto de vista resultan reales y de ningún
modo ficticios. Otro tanto cabe decir de la existencia de visiones encon-
tradas y conflictos en torno a representaciones de identidad y cultura
dentro de colectivos que se autoconciben como unitarios, por ejemplo,
pueblos y comunidades indígenas, comunidades urbanas y campesinas,
organizaciones, etcétera. Estos tipos de casos, como los de otros aspectos
clave de las visiones de mundo de los actores sociales intervinientes en
los procesos estudiados, han constituido focos de atención de sucesivos
proyectos de esta línea de investigación, y son precisamente esos estu-
dios de casos particulares los que han ido permitiendo formular esta ela-
boración teórica en los términos que aquí se plantea, y que han guiado
la observación de campo y las entrevistas de la presente investigación
(Mato, 1990a, 1990b, 1992, 1998, 2003, 2004, 2008 a,b,c).
De manera muy resumida cabe decir que las investigaciones realizadas
en el marco de esta línea de investigación, así como estudios realizados
por otros investigadores, permiten afirmar que los actores sociales se
constituyen en tanto tales (en el caso de los actores individuales dejan
de ser simplemente individuos que “siguen” a otros individuos, y en el
caso de los colectivos dejan de ser meros agregados de individuos sin
identidad propia que los diferencie de otros actores, ni orientación deli-
berada de sus acciones) en la medida en que producen representaciones
de identidades (individuales o de grupo) que les permiten desarrollar
sentido de individualidad (en el caso de los individuales) y/o pertenen-
cia (en el caso de los colectivos), programas y formas de acción social
deliberadamente diseñados. Estas producciones de identidad, según los
casos, pueden registrar unos cuantos meses, unos pocos años, o inclu-
so muchas décadas o hasta siglos como, por ejemplo, en los casos de
ciertas iglesias, las naciones y sus estados, o los pueblos indígenas. En
realidad, la propia duración de estos procesos en el tiempo depende de
Capítulo 1. Interculturalidad y comunicación intercultural …
!21 !
los relatos de identidad de los actores, de quiénes los formulan y qué
momento señalan como el de su origen, donde comienza la que consi-
deran su historia. La producción de estas representaciones de identidad
supone necesaria y correlativamente la producción de representaciones
de diferencia, respecto de los que consideran “otros” actores sociales,
otras naciones, otros pueblos (según los casos). Las identidades de los
así constituidos diferentes actores sociales suelen estar asociadas y a
la vez acompañarse de la profundización de diferencias en las formas
de percepción y representación de las experiencias sociales que cada
actor social desarrolla y “verdaderamente” experimenta (estos procesos
incluyen elementos conscientes e inconscientes, sentimientos y raciona-
lizaciones, acciones deliberadas y otras que no lo son, que en este breve
resumen no es posible abundar sobre esto).
Desde el punto de vista antes expuesto, cabe afirmar que no sólo los
pueblos indígenas y las naciones-Estado poseen identidades y cultu-
ras diferenciadas, sino que también es posible observar el desarrollo
de procesos semejantes a otras escalas, mucho menores, y que resulta
analíticamente fructífero estudiar estos conceptos a esas otras escalas
sociales, para así hablar, como de hecho lo hacen numerosos actores so-
ciales (incluyendo investigadores en el tema), por ejemplo, de culturas
institucionales, corporativas, ocupacionales, científicas u otras (como
se verá en las próximas páginas, estas escalas de análisis resultan im-
portantes para la investigación acá expuesta). En estos procesos usual-
mente es posible identificar la existencia de diversos voceros al interior
de instituciones y actores colectivos que tienen diferentes percepciones
e interpretaciones sobre en qué consiste esa “cultura” o esa “identidad”
particular que postulan como característica del colectivo del cual consi-
deran formar parte (por ejemplo, suele haber diferencias entre jóvenes
y ancianos, mujeres y hombres, grupos más o menos expuestos al con-
tacto e intercambios con otros actores, entre quienes poseen y controlan
ciertos recursos y quienes poseen y controlan otros, etcétera).
Desde este punto de vista es posible afirmar que las ideas de “cultura”
e “identidad” resultan de maneras de ver, y suelen ser objeto frecuente
!22 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
de diferencias, disputas y/o conflictos, incluso al interior de agregados
sociales que comparten las formulaciones de pertenencia a las mismas.
Los actores sociales entran en relación entre ellos en muy diversos con-
textos y de muy diversas formas, pero todas ellas involucran formas o
modalidades específicas de comunicación entre ellos, sean para negociar
y hacer alianzas o para enfrentarse, o incluso “para ir a la guerra”. Las
relaciones entre actores sociales están signadas por asimetrías de poder,
resistencias a las mismas, estrategias y prácticas de construcción de sen-
tido común hegemónico. Esas formas y modalidades de comunicación
incluyen no sólo “contenidos” expresados en palabras, gestos, imáge-
nes y sonidos, sino también otros que no siempre pueden expresarse de
esas formas y que son relativos a valores, temporalidades, mecanismos y
formas de tomar decisiones (un ejemplo sencillo, alternativamente, por
mayoría o por consenso) y otros elementos que, en cada caso, coyuntura
y contexto, tienen o adquieren mayor o menor importancia y sentido
diverso.
Estas formas y modalidades de comunicación no sólo son “mediadas” a
través de los que suelen reconocerse como “medios de comunicación” (los
“grandes medios masivos”, el habla, la escritura, la fotografía, etcétera),
sino también a través de experiencias compartidas co-presencialmente
o no como, por ejemplo, rituales, ceremonias y otros elementos, más o
menos estructurados o institucionalizados (incluso encuentros casuales,
o reuniones informales) que, en cada caso, coyuntura y contexto, tienen
o adquieren mayor o menor importancia y sentido diverso. Las semejan-
zas y diferencias entre las interpretaciones de los actores, sus “visiones”
y “culturas” dan lugar al surgimiento de afinidades y conflictos entre
actores sociales y éstos al de empatías, tensiones, negociaciones, alianzas
y enfrentamientos entre ellos. Numerosas investigaciones muestran que
esto ocurre entre todo tipo de actores sociales, en prácticamente cual -
quier clase de contexto social, a cualquier escala, se trate de “grandes”
procesos políticos nacionales o de procesos “pequeños” que tiene lugar
en contextos más locales e incluso al interior de instituciones grandes y
pequeñas (ver, por ejemplo, Albo, 1991; Anderson, 1983; Ardao, 1980;
Barth, 1976; Benessaieh, 2004; Brysk, 2000; Cantwell, 1993; Conklin y
Capítulo 1. Interculturalidad y comunicación intercultural …
!23 !
Graham, 1995; Fischer, 2001; Fox, 1990; Fuller, 2005; García Canclini,
1988; Geertz, 1973; Gellner, 1983; Handler y Linnekin, 1984; Hobs-
bawm y Ranger, 1983; Mato, 1992, 1994, 1995, 1998a, 2003, 2004,
2008b, 2008c; Meisch, 2002; Mijares, 2004; Ortiz, 2005; Pancho et al.
2004; Rappaport, 2005; Ribeiro, 2000; Rogers, 1996; Sotomayor, 1998;
Universidad Autónoma Indígena e Intercultural, 2007; Universidad In-
tercultural Amawtay Wasi, 2004; Wagner, 1981, 1986; Yúdice, 2002).
Significativamente, la importancia “práctica” de estos tipos de repre-
sentaciones de identidad y cultura experimentadas, sentidas e incluso
nombradas por los actores sociales estudiados y la existencia de con-
flictos de visiones al interior de colectivos e instituciones, también ha
podido observarse en la investigación que da lugar a este libro, como
podrá verse en el material presentado en los próximos capítulos.
En todo caso y para retomar la discusión respecto de la manera de enten-
der la idea de “cultura”, esos estudios realizados anteriormente en el mar -
co de esta línea de investigación, así como algunos realizados por otros
autores, permiten concluir que existen numerosas representaciones de
ideas clave que proveen sentido a las prácticas y discursos de los actores
sociales como, por ejemplo, las de identidad, territorio, desarrollo, liber -
tad, mercado, democracia, sociedad civil, por mencionar sólo algunas de
las más significativas en tiempos recientes (Babb, 2003; Barth, 1976; Be-
nessaieh, 2004; Brysk, 2000; Celiberti, 2003; Conklin y Graham, 1995;
De Moura Carvalho, 2001; Escobar, 1995; Mato, 1998a, 2003, 2004;
Mijares, 2004; Ortiz, 2005; Ribeiro, 2000; Villalobos 2005) y que por
tanto hay que tener especial cuidado en evitar quedar atrapados dentro
de ciertas visiones reduccionistas de la idea de “cultura”.
De lo anterior se deriva la necesidad de criticar y superar las interpre-
taciones que con la palabra “cultura” hacen referencia exclusivamente a
lo que otros suelen llamar clara y simplemente el sistema de las “bellas
artes”.
1
Pero no basta con ello, también es necesario criticar y superar
1. La de “bellas artes” es una categoría problemática que he criticado en publicaciones ante-
riores (Mato, 1997); dado el foco de interés del presente texto, no parece pertinente volver
a hacerlo en estas páginas.
!24 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
aquellas otras concepciones de la idea de cultura, más recientes, que,
aunque rompen con las limitaciones de asociarla exclusivamente a la
idea de “bellas artes”, no obstante sólo llegan a incluir en ella a unos
pocos tipos de prácticas sociales que según los casos y alcances suelen
llamar “artes tradicionales”, “artes populares”, “culturas tradicionales”,
“culturas populares” o, en los casos de mayor amplitud de mira, “con-
sumo cultural” e “industrias culturales”. Más grave aún, con este último
concepto suelen hacer referencia sólo a unas cuantas industrias de la
comunicación y el entretenimiento, además de las que se ocupan de la
industrialización de las “bellas artes” como, por ejemplo, la industria
editorial, dejando de lado la importancia cultural de otras industrias,
como las de la alimentación, el vestido, el automóvil, la salud y la farma-
céutica, el juguete y la del desarrollo, entre otras, como he argumentado
en una publicación reciente (Mato, 2007). Entonces, si bien es cierto
que estas otras concepciones de la idea de cultura y denominaciones
asociadas más recientes amplían el campo de aplicaciones de la idea
de “cultura”, aún continúan refiriéndola sólo a un pequeño conjunto
de actividades humanas, ignorando su importancia en todas las demás.
Parece necesario aclarar que la perspectiva acá adoptada de ningún
modo consiste en afirmar vagamente que “todo es cultura”, como erró-
neamente podría interpretarse, sino en llamar la atención sobre la im-
portancia que los aspectos culturales, o de sentido, tienen en todas las
prácticas humanas. Dado que frecuentemente se producen malos en-
tendidos al respecto, parece importante enfatizar que afirmar esto es
muy distinto, y de hecho opuesto, a sostener que “todo es cultura”.
Afirmar que los aspectos de sentido resultan importantes en todas las
prácticas humanas equivale a sostener que todas las prácticas humanas
son prácticas “con sentido”, es decir, que poseen algún sentido. Más aún,
no sólo poseen un cierto sentido para los actores que las desarrollan,
sino también para otros que las observan o se ven afectados por ellas,
y el sentido atribuido por cada uno de estos actores puede y suele ser
diferente (como comentaremos más adelante en este texto al presentar
las ideas de interculturalidad y comunicación intercultural). Ese sentido
particular que, de maneras más o menos conscientes y/o inconscientes,
Capítulo 1. Interculturalidad y comunicación intercultural …
!25 !
según los casos, cada actor le atribuye a su propia práctica, así como los
que atribuye a las prácticas de otros actores, no es meramente indivi-
dual, ni azaroso. Por el contrario, ese “sentido” particular se inscribe en
una cierta “visión de mundo”, un cierto “horizonte cultural”, un cierto
“sentido común” más abarcador, “sistema de representaciones sociales”,
o “racionalidad”, o “cultura”, en ciertos valores, creencias e interpre-
taciones, que son constitutivas del grupo social o institucional del que
forma parte y que éste, a su vez, produce permanentemente (reproduce
y transforma en “dosis” variables), que según los casos operan de ma-
neras más o menos inconscientes, según los cuales ciertas acciones son
–casi automática o compulsivamente– buenas, normales o deseables y
otras no.
Así, dependiendo de su “horizonte cultural” o “visión de mundo”, para
ciertos actores lo más importante podría ser servir al prójimo, o enri-
quecerse, o construir, o crear, o seducir, o sentir placer, o luchar por la
justicia, o por la libertad, o por el orden, o por el individuo, o por la
comunidad, o por la patria, o por el bien común, o por la igualdad, o
por la diferencia, o por otras ideas significativas. Adicionalmente, como
resulta sencillo observar, ideas como “servir al prójimo”, “libertad”, “or-
den”, placer”, etcétera, de ningún modo poseen sentidos universales e
inmutables, sino que éstos, a su vez, son relativos a esas propias visiones
de mundo y, más aún, motivos frecuentes de conflictos interculturales.
Desde luego, nada de lo anterior implica desconocer las dimensiones
individuales, sino que lleva a afirmar su vinculación con contextos y
procesos sociales intersubjetivos, comunicacionales.
Estas formulaciones prácticas de sentido que orientan las prácticas de
los actores forman parte de “visiones de mundo” más amplias. Es a ellas
a lo que aludo al enfatizar que los aspectos de sentido resultan signifi-
cativos en todas las prácticas humanas; que estos aspectos de sentido
de un modo u otro orientan esas prácticas y además que éstas de un
modo u otro a su vez producen sentido, de formas tales que permanen-
temente reproducen y transforman el sentido que venía orientándolas.
Cuando sostengo la necesidad de estudiar las dimensiones culturales
!26 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
de los procesos sociales, aludo precisamente al imperativo de analizar
las orientaciones de sentido de las prácticas de los actores sociales parti-
cipantes y cómo mediante éstas, más allá de que puedan perseguir otros
tipos de propósitos específicos, estos actores también producen sentido
y entran en conflictos y negociaciones de sentido con otros actores, lo
cual demanda estudiar “procesos”, no “cosas”.
En todo caso, las experiencias estudiadas en esta investigación (presen-
tadas más adelante en los capítulos 3 y 4) demuestran la importancia de
estos aspectos culturales, de sentido, en las relaciones que se dan tanto
entre diversos grupos de habitantes de Las Casitas de La Vega, como
entre éstos y los diversos representantes de las dos instituciones guber-
namentales proveedoras de servicios. Así, cabe notar que con respecto
a este asunto en particular lo observado en los casos estudiados en esta
investigación resulta consistente con lo concluido en las investigaciones
anteriormente referidas y refuerza el argumento acerca de la importan-
cia que los aspectos de sentido tienen en todas las prácticas humanas, lo
cual, repito, de ningún modo es equivalente a la afirmación vaga y ligera
de que “todo es cultura”.
El desarrollo de perspectivas complejas de análisis cultural que superen
las limitaciones de las visiones de la idea de cultura asociadas casi o ex-
clusivamente a la idea de arte, demanda superar el chantaje que ejerce
esa figura de discurso: “Todo es cultura”. No se trata de que todo sea
cultura, se trata en cambio de que todas las prácticas humanas pueden
ser estudiadas desde perspectivas de análisis cultural, como también lo
pueden ser desde perspectivas políticas, económicas, de género u otras
significativas, ni más, ni menos y en la medida de lo posible articulando
unas con otras.
Interculturalidad
y comunicación intercultural
Afirmar, como se hace en la sección anterior, que todas las prácticas
humanas no sólo poseen un cierto sentido para los actores sociales que
Capítulo 1. Interculturalidad y comunicación intercultural …
!27 !
las desarrollan, sino también para otros que las observan o se ven
afectados por ellas, y que el sentido atribuido por cada uno de estos
actores puede y suele ser diferente, lleva a pensar que potencialmen-
te podría resultar fructífero analizar los procesos sociales no simple-
mente desde una perspectiva cultural, sino intercultural. Es decir, una
perspectiva que ponga atención no sólo a cómo ciertas formulaciones
de sentido orientan las prácticas de actores sociales en particular, sino
también a examinar las relaciones entre los actores sociales a partir de
los intercambios de sentido entre ellos, sea que estos intercambios su-
pongan convergencias, resistencias, apropiaciones, conflictos, negocia-
ciones, etcétera. Elaborar tal perspectiva y lineamientos de método para
aplicarla, demanda “desmontar” algunas interpretaciones corrientes de
las ideas de interculturalidad y comunicación intercultural que se hallan
fuertemente establecidas y que han venido bloqueando, a modo de obs-
táculos epistemológicos (Bachelard, 1976), las posibilidades de realizar
análisis más provechosos al amparo de esas ideas. Tal es precisamente el
cometido de esa sección.
Suele aceptarse que las diferencias culturales entre individuos frecuente-
mente son motivo de “malentendidos” y/u otros “problemas” de comu-
nicación que eventualmente pueden conducir a conflictos. Asociado a
esto se suele pensar en la “comunicación intercultural” como un campo
que se reduce a asuntos de buen o mal entendimiento. Por otra parte,
sucede que los ámbitos en que con mayor frecuencia se aplica la idea
de “cultura” en América Latina son aquellos ya señalados en la sección
anterior (los de las “bellas artes”, las “culturas populares”, las “culturas
tradicionales” y las “industrias culturales”), mientras que el ámbito en
que más frecuentemente se suele aplicar la idea de “interculturalidad”
en esta misma región es el de la educación intercultural bilingüe, políti-
ca que han propugnado organizaciones indígenas y afrodescendientes,
educadores, antropólogos, sociólogos y otros sectores sociales y que ha
sido crecientemente aceptada por la mayoría de los Estados latinoa-
mericanos. En conexión con estos tipos de usos, las ideas de “diferen-
cia cultural”, “interculturalidad” y “comunicación intercultural” suelen
asociarse –también reductoramente– casi exclusivamente a referentes
étnicos, linguísticos, religiosos y/o nacionales.
!28 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
Estos usos limitados (y limitantes) de las ideas de “interculturalidad” y
“comunicación intercultural” resultan usuales incluso en nuestros días,
cuando las aplicaciones de la idea de “cultura” se han ampliado nota-
blemente, ya no sólo en los términos en que lo hacemos en esta línea de
investigación, como se ha expuesto en la sección anterior de este texto,
sino también en otros. Así, suele hablarse de –e, incluso, también se
estudian– culturas corporativas, institucionales, profesionales, discipli-
nares, de género, de generación, urbanas, locales (no necesariamente ét-
nicas), de clase o grupo social y otras. No obstante, rara vez las ideas de
“interculturalidad” y “comunicación intercultural” se aplican al análisis
y comprensión de experiencias de relación entre actores sociales (indi-
viduales o colectivos, institucionalizados o no), entre los cuales puede
observarse la existencia de significativas diferencias entre sus “culturas”,
“visiones de mundo”, “racionalidades” o formas propias de “sentido
común”, sea que éstas refieran a instituciones, profesiones, disciplinas
académicas, género, generación, localidad, clase o grupo social. Éste es
precisamente el tipo de aplicación de estas ideas que hemos ensayado
en esta investigación, por lo que parece necesario analizar un poco esas
limitaciones usuales y argumentar respecto del tipo de aplicación de
esas ideas que hacemos y de qué modo lo hacemos.
Resulta obvio que la interpretación que demos a la idea de intercultura-
lidad depende de la que tengamos de la idea de cultura. Como exponía
en la sección anterior, en esta investigación partimos de una represen-
tación de la idea de “cultura” asociada a los procesos de producción,
circulación, apropiación y transformación de sentido que resultan sig-
nificativos en las prácticas sociales. Es decir, partimos de una idea de
cultura que no está asociada a priori sólo a referentes étnicos, nacionales
o lingüísticos, ni tampoco se reduce sólo a ciertos y particulares tipos
de representaciones, artefactos y “prácticas”, por tanto, no se limita a
las “artes”, sean “populares” o “de élite”, ni a las “industrias culturales”,
ni tampoco a los asociados a los ministerios o secretarías “de Cultura”,
sino que abarca los aspectos de producción, circulación, apropiación y
transformación de sentido que resultan significativos en las más diversas
prácticas sociales, incluso aquellas que usualmente son vistas como si
fueran exclusivamente económicas, políticas, jurídicas, etcétera.
Capítulo 1. Interculturalidad y comunicación intercultural …
!29 !
Dado ese punto de partida, resulta pertinente comenzar la reflexión
acerca de la idea de “interculturalidad” con una posición deliberada-
mente abierta. Es decir, considerando que el universo de aplicaciones
potenciales de esta idea incluye a todos aquellos tipos de casos en los
cuales las diferencias nombradas o percibidas como “culturales”, de
“sentido”, o de “visión de mundo”, o de “racionalidad”, se presentan
no sólo con relación a referentes étnicos, nacionales o linguísticos, sino
también profesionales, ocupacionales, organizacionales, institucionales,
de género, generación, religiosidad, clase o posición social, territorio,
ideología política u otros significativos. De este modo, no resulta plau-
sible suponer que existiría un campo “objetivamente” delimitado de
asuntos que a priori cabría considerar como “interculturales”, dejando
otros fuera de consideración, sino, por el contrario, que el campo de
experiencias sociales que pueden analizarse a partir de la elaboración
conceptual de esta idea es abierto (del mismo modo que, como ya se
argumentó en la sección anterior, ocurre con la aplicación de la idea
de “cultura”, en tanto adjetivo, que califica un cierto tipo de mirada
analítica).
Un detalle, en apariencia menor, pero de importantes consecuencias,
que resulta importante señalar desde el inicio es la necesidad de dife-
renciar entre “interculturalidad” e “interculturalismo”. El sufijo “ismo”
designa una cierta orientación del pensamiento y/o la acción, y así “in-
terculturalismo” remite a un conjunto de políticas y prácticas (guber-
namentales o no) orientadas a construir cierto tipo de experiencias u
orden social. Si ponemos cuidado en realizar esta diferenciación, resul-
tará sencillo comprender que conceptualmente la idea de “intercultura-
lidad” es, de suyo, simplemente descriptiva y puede incluir tanto casos
de colaboración entre agentes que se perciben como “culturalmente”
diferentes, como casos de conflicto e, incluso, de confrontación. Sin
embargo, en Europa occidental, Estados Unidos y América Latina no
es frecuente diferenciar entre interculturalidad e interculturalismo. Más
aún, en ciertos contextos, mayormente en los asociados a la idea de
educación intercultural bilingüe, que es en los cuales estos términos se
usan más frecuentemente (en Europa occidental ocurre algo semejante
!30 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
con el área de programas sociales para inmigrantes), suele atribuirse
apriorísticamente rasgos positivos a ambas ideas. En contraposición con
esto, resulta interesante referir lo que me ocurrió unos años atrás, cuan-
do, en el marco de una conversación más amplia, pregunté un tanto
casualmente a tres colegas con quienes compartía una cena si la idea
de “interculturalidad” se usaba en sus respectivos países. Uno de estos
colegas venía de Benin, otro de Pakistán y el tercero de India. El primero
de ellos respondió que, vista desde Benin, esta idea remitía a relaciones
interétnicas y a enfrentamientos interétnicos, mientras que los colegas
de India y Pakistán respondieron que ellos asociaban la idea a conflic-
tos interreligiosos. Notablemente, en todos estos casos el énfasis estuvo
puesto en la idea de conflicto y no en la de políticas orientadas a lograr
la construcción de formas de armonía con la que suele asociarse la idea
en las regiones del mundo primeramente mencionadas.
En conexión con esas interpretaciones, resulta interesante considerar
que si bien en América Latina las interpretaciones más frecuentes de la
idea de interculturalidad suelen estar implícitamente asociadas a la de
“interculturalismo” y así investir apriorísticamente a la primera de los
atributos positivos característicos de dicha orientación ideológica, tam-
bién existen visiones críticas de la misma. Así, en entrevistas realizadas
he encontrado que algunos intelectuales y dirigentes indígenas suelen
enfatizar que la idea de “interculturalidad” también ha sido y/o es utili-
zada con propósitos de “aculturación”. En efecto, los primeros registros
escritos del término que he logrado identificar en lengua castellana se-
ñalan que esta idea proviene de los aportes de la antropología aplicada
estadounidense de la época a programas de “cooperación técnica” en
salud que desde 1951 se desarrollaron en Brasil, Colombia, México y
Perú, con fondos y asistencia técnica estadounidense. Estos programas
estuvieron orientados a lograr “la gradual sustitución de las creencias
tradicionales por ideas modernas sobre la salud y la prevención de las
enfermedades”; el incremento en la disposición de la gente de acudir al
médico para su tratamiento y la voluntad de reemplazar conocimientos
tradicionales por “ideas modernas” (Foster, 1955:28 [1951]). En línea
con esa orientación, con diferencias prácticas que no es posible comentar
Capítulo 1. Interculturalidad y comunicación intercultural …
!31 !
acá, y aportes teóricos al desarrollo de la idea de interculturalidad y sus
relaciones y diferencias con la de “aculturación”, que bien justificarían
un estudio específico, el antropólogo mexicano Gonzalo Aguirre Beltrán
publicó en la década de los cincuenta dos libros que tuvieron impor-
tante impacto no sólo en México, sino en otros países latinoamericanos
(Aguirre Beltrán, 1994 [1955], 1992 [1957]).
Aparentemente habría sido desde entonces que la idea de “intercultura-
lidad” fue interpretada y resignificada de diversas maneras, en diversos
contextos sociales, institucionales y disciplinarios, a lo largo y ancho
de la región. A partir de esas experiencias en el área de salud y otras de
orientación semejante en educación, la idea de interculturalidad ha sido
apropiada y reelaborada política, ética y teóricamente por intelectua-
les, dirigentes y organizaciones indígenas, quienes la han resignificado
para formular interpretaciones de sus experiencias de vida en el seno
de sociedades nacionales resistentes a reconocer y valorar las diferen-
cias culturales, así como para organizarse, orientar sus luchas dentro de
éstas y desarrollar elaboraciones teóricas. Adicionalmente, ese pasado
problemático de aplicaciones de la idea de interculturalidad y algunas
experiencias recientes que no se apartan suficientemente del mismo, ha
dado lugar a dos vertientes de usos y conceptualizaciones del término
que, pese a esas diferencias, parecen tener agendas convergentes. Por un
lado, existe un número creciente de dirigentes e intelectuales indígenas
y afrodescendientes, así como de antropólogos, educadores, sociólogos
y otros profesionales que sostienen relaciones de colaboración con ellos,
que suelen hablar en términos de interculturalidad con equidad. Por otro,
existe un número probablemente mayor que ignora, o decide pasar por
alto ese capítulo del pasado, y da por sobrentendido que la idea de
“interculturalidad” de suyo y sin adjetivos comporta valores de recono-
cimiento y respeto mutuo, o bien que hay que trabajar para investirla de
estos otros atributos (Bonfil Batalla, 1992, 1993; Dávalos, 2002, 2005;
Degregori, 1999; Fernández Salvador, 2000; Fuller, 2005; García Can-
clini, 2004; Macas, 2001, 2005; Mato, 2008a, 2008d; Rappaport, 2005;
Tubino, 2002).
De este modo, podemos ver que la idea de “interculturalidad” en prin-
cipio puede resultar útil para analizar relaciones entre agentes sociales
!32 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
que se perciben (o son percibidos) como diferentes en términos de sus
“visiones de mundo”, formas particulares de “sentido común”, o “racio-
nalidades”, con respecto a cualquier tipo de factor de referencia (no sólo
étnicos, linguísticos o nacionales) que para el caso resulten significati-
vos, sea que estas relaciones resulten de colaboración, conflicto y/o ne-
gociación. Sin embargo, como comentábamos anteriormente, sus usos
suelen ser limitados (y limitantes) y se la suele investir apriorísticamente
de atributos exclusivamente positivos. Por eso, para la investigación en
la comunidad de Las Casitas de La Vega resultó provechosa la profun-
dización de una revisión bibliográfica amplia sobre la idea de intercul-
turalidad que, a modo de “estado de la cuestión”, venía haciéndose en
paralelo para alimentar otras investigaciones en curso en el marco de la
línea de investigación del Programa CyTS. Esto permitió desde el inicio
superar algunas limitaciones asociadas a los ya mencionados usos más
frecuentes del término, así como situar este nuevo estudio en un campo
teórico amplio y elaborar algunas conclusiones y aprendizajes específi-
cos para orientar la investigación de campo, la cual a posteriori acabaría
enriqueciendo la elaboración teórica. Así, en las próximas páginas se
ofrece una presentación breve de ese estado de la cuestión sobre los
usos de la idea de interculturalidad, acompañada de algunas reflexiones
y apuntes específicamente relacionados con la investigación que se pre-
senta en este libro.
A modo de introducción, a este estado de la cuestión sobre la idea de
“interculturalidad”, cabe decir que es posible observar que en la actuali-
dad esta idea es aplicada a un universo más amplio que el antes referido,
y esto no sólo en investigación, sino también en las prácticas de diver-
sos tipos de actores sociales (por ejemplo, agencias gubernamentales,
organizaciones sociales y políticas, etcétera), en múltiples contextos,
para hacer referencia a diversos tipos de relaciones y articulaciones, in-
cluyendo formas de colaboración, conflicto y/o negociación, que esta-
blecen entre sí agentes sociales cuyas diferencias “culturales” resultan
significativas para los asuntos que son materia de sus relaciones.
Numerosas publicaciones académicas y para la formación profesional
y de organizaciones sociales y agencias gubernamentales e interguber-
Capítulo 1. Interculturalidad y comunicación intercultural …
!33 !
namentales, a algunas de las cuales se hará referencia en las próximas
páginas, permiten afirmar que en la actualidad la idea de “intercultura-
lidad” es utilizada de maneras explícitas, en ocasiones sobrepuestas con
otras categorías “vecinas” (en especial con las de “multiculturalidad” y
“pluriculturalidad”), como también de maneras implícitas, no sólo por
investigadores y autores de textos de formación profesional en varios
campos (antropología, sociología, comunicación, gerencia, negocios,
publicidad y mercadeo, turismo, salud, educación, desarrollo, traducto-
logía, ciencias políticas, relaciones internacionales, filosofía y derecho,
entre otros), sino también por agencias gubernamentales e interguber-
namentales (dedicadas a asuntos tales como salud, educación, justicia,
migraciones, ciudadanía, vivienda, desarrollo, turismo, “sector cultura”
e “industrias culturales”, entre otros); partidos políticos; empresas; or-
ganizaciones de pueblos indígenas y afrodescendientes; organizaciones
dedicadas a intereses específicos (derechos humanos, orientaciones
sexuales, etcétera); líderes religiosos y profesionales dedicados a prácti-
cas aplicadas en varias especialidades, entre otros.
El campo de los estudios, prácticas y políticas de salud ha sido des-
de hace tiempo ámbito privilegiado para el desarrollo de diversas con-
ceptualizaciones de la idea de interculturalidad. Anteriormente en este
mismo texto hemos mencionado la importancia de los programas de
cooperación técnica en el tema, así como, más allá de juicios y posicio-
nes al respecto, el impacto que parecen haber tenido las contribuciones
de Aguirre Beltrán en la circulación del término en América Latina. An-
tropólogos de la salud, biólogos e investigadores de medicina y farma-
cología, agencias de salud nacionales e internacionales han producido
bibliografía sobre encuentros, desencuentros, conflictos y experiencias
de colaboración entre distintos sistemas indígenas y de medicina oc-
cidental, así como entre el sistema médico y pacientes. Existen nume-
rosos posgrados dedicados al tema, sobre el cual además cada año se
celebran congresos, talleres y seminarios. Un amplio y diverso conjunto
de agentes viene dando lugar a experiencias de colaboración intercul-
tural en el tema, así como a un diverso corpus bibliográfico (Alarcón
y otros, 2003; Fernández Juárez, 2006; Menéndez, 2005; Mignone y
!34 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
otros, 2007). La Organización Panamericana de la Salud (OPS) sostiene
el Programa de Salud para Pueblos Indígenas, en cuyo marco se han
discutido y documentado numerosas iniciativas de este tipo y el cual
ha producido ya un buen número de publicaciones (PAHO, 2002). A
modo de ejemplo, puede señalarse el caso del Programa de Salud In-
tercultural impulsado por la Asociación Interétnica de Desarrollo de la
Selva Peruana (AIDESEP), que ha venido dando valiosos resultados e
incluye además un programa de formación de Técnicos en Enfermería
Intercultural con apoyo de la Agencia Nórdica de Cooperación y Desa-
rrollo (http://www.servindi.org/archivo/2008/3148 y http://www.aides-
ep.org.pe/index.php?id=20,155,0,0,1,0; visitados: 10/09/08). El caso
es que el campo de la salud ha operado también como uno de difusión
del uso del término, el que luego ha sido apropiado y resignificado por
actores sociales diversos, especialmente por las dirigencias de organiza-
ciones indígenas.
El de la educación es, junto con el de salud, el otro gran campo de prác-
ticas e investigación en el cual la idea de interculturalidad es amplia-
mente y diversamente aplicada. Los usos de la idea de interculturalidad
por parte no sólo de investigadores del área de educación, sino también
de agencias gubernamentales e intergubernamentales, organizaciones
indígenas y de profesionales, son cuantiosos y tiene ya una larga y signi-
ficativa trayectoria. Tanto en América Latina como en Canadá y Estados
Unidos estos usos han estado predominantemente asociados a las po-
líticas y programas de educación dirigidos a individuos, comunidades
y pueblos indígenas. Según varias fuentes (Hornberger, 2000; López,
2000), el enfoque intercultural para la educación bilingue aparente-
mente se habría iniciado, al menos en el caso de los países andinos, con
los aportes del antropólogo venezolano Esteban E. Mosonyi y colabo-
radores a comienzos de la década de los setenta (Mosonyi y González,
1974; Mosonyi y Rengifo, 1986).
En todo caso, desde entonces este enfoque parece haber tenido especial
desarrollo y consolidación en esa región, en cuyo contexto destaca la la-
bor formativa y de producción del Programa de Educación Intercultural
Capítulo 1. Interculturalidad y comunicación intercultural …
!35 !
Bilingüe –PROEIB (López, 2000). Es importante resaltar que, aparente-
mente, este campo habría operado de manera análoga al de salud, antes
comentado, como fuente de origen para la circulación, apropiaciones y
resignificaciones de la idea. Según varios autores y entrevistados para
esta investigación, habría sido a través de sus usos en este campo que
la idea de interculturalidad habría sido apropiada y resignificada por
organizaciones e intelectuales indígenas, inspirando incluso las plata-
formas pluri e interculturales de partidos políticos con importante pre-
sencia electoral (un ejemplo notable es el de Pachakutic en Ecuador) y
reformas constitucionales que reconocen el carácter plurinacional de los
Estados (Dávalos, 2002, 2005). Un capítulo relativamente reciente de
las iniciativas de educación intercultural en países latinoamericanos es
el de las universidades indígenas, algunas de las cuales explícitamente
se plantean como interculturales (en Bolivia, Ecuador y Colombia), así
como los de universidades y otras instituciones de educación superior
(IES) públicas y privadas, nacionales o regionales (subnacionales) ex-
plícitamente interculturales (en México y Nicaragua), o bien programas
creados al interior de universidades e IES más amplias (en no menos de
doce países de la región). En muchos de estos casos la idea de intercul-
turalidad no aplica sólo de manera general a relaciones entre visiones
de mundo, racionalidades, saberes y modos de producción de conoci-
miento “indígenas” y “occidental”, como es más usual, sino también de
diversos pueblos indígenas y afrodescendientes (Centro de las Culturas
Originarias Kawsay, 2005; Cunningham, 2004; CGEIB, 2006; Mato,
2008a,b; Pancho y otros, 2004; Rappaport, 2005; Universidad Autóno-
ma Indígena e Intercultural, 2007; Universidad Intercultural Amawtay
Wasi, 2004).
Las experiencias desarrolladas en este campo, los estudios sobre las
mismas y la experiencia propia de investigación en él, brindan algu-
nos elementos importantes para nuestra investigación en Las Casitas de
La Vega, particularmente en el sentido de llamar la atención sobre las
posibilidades que abre la colaboración intercultural en la producción
de conocimientos (Mato, 2008a); en el caso que nos ocupa, de tipo
práctico, para atender los asuntos relacionados con el suministro de
!36 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
agua y la provisión de servicios informáticos. En conexión con esto, en
publicaciones anteriores hemos argumentado acerca de la importancia
de valorar las consecuencias de reconocer que el ámbito académico no
es el único en el cual se producen conocimientos, en particular conoci-
mientos sobre lo social. El ámbito académico puede ser en todo caso el
contexto institucional del quehacer de las ciencias sociales, pero no es el
único en el cual se producen conocimientos sobre procesos y experien-
cias sociales. Los movimientos sociales y organizaciones de ciudadanos
son también ámbitos de formación de “identidades”, de “culturas” o
“visiones de mundo”, que a su vez enmarcan interpretaciones de las
experiencias vividas y, en consecuencia, abren interpretaciones propias
de experiencias y procesos sociales (Mato, 2002). De ahí las diferencias
y conflictos de interpretación que suelen experimentar en sus relacio-
nes con algunos actores sociales en particular, que también constituyen
marcos institucionales para la producción de conocimientos como, por
ejemplo, agencias gubernamentales, organismos financieros y, desde
luego, el ámbito de la investigación académica. Entonces, una conse-
cuencia práctica importante para quienes hacemos investigación social
desde el ámbito académico es que debemos tomar en cuenta esos otros
saberes y explorar vías que hagan posible la colaboración intercultural
en la producción de conocimientos (Mato, 2002, 2008a).
A diferencia de lo que acontece en América Latina, la bibliografía sobre
educación intercultural producida en España permite concluir que en
ese país los programas de esta índole han estado dirigidos principal-
mente a migrantes (en especial de América Latina y África del Norte) y
en menor medida a gitanos. Según estas fuentes, en España, a diferencia
de América, esta expresión no suele utilizarse para hacer referencia a
situaciones, políticas o programas que involucren a las diferentes nacio-
nalidades o autonomías que conforman el Estado español. No obstante
esa diferencia, en España parece estar ocurriendo algo semejante a lo ya
comentado respecto de algunos países de América Latina en el sentido
de que el uso de esta idea en el campo educativo ha dado lugar a críticas
por el carácter parcial de su aplicación (en este caso sólo a inmigrantes o
gitanos y no a la totalidad de la población) y por su sesgo integracionista
Capítulo 1. Interculturalidad y comunicación intercultural …
!37 !
(de los diferentes a la sociedad mayoritaria). También de manera seme-
jante a lo que ocurre en América Latina, en España la idea de intercul-
turalidad ha sido apropiada por intelectuales críticos, organizaciones de
migrantes, centros de investigación relacionados con la vida política na-
cional y algunas agencias de gobiernos locales (Conil, 2002; Fundación
Cidob, 2002) para extender su uso a otros ámbitos, particularmente al
de derechos de ciudadanía diferenciada y de relaciones interétnicas en
sentido amplio.
La filosofía intercultural, la ética intercultural y diálogo interreligioso
constituyen campos relativamente interrelacionados en los cuales tam-
bién la idea de interculturalidad ha sido objeto de importantes elabora-
ciones. Entre los autores que han contribuido al desarrollo de la idea, tal
vez los más conocidos sean Panikar (1996) y Fornet-Betancourt (2002),
pero hay muchos otros. Este campo parece tener especial importancia en
algunas universidades de Alemania y Europa oriental, con participación
de un número considerable de filósofos y teólogos latinoamericanos.
Incluso, existen dos sitios sobre el tema en Internet, en los cuales está
disponible un buen número de publicaciones de calidad. Uno de ellos
es el de la Red de Trabajo en Filosofía Intercultural: http://prof.polylog.
org/obj-es.htm (visitado 10-09-08) que es multilingüe, mientras que el
otro es de la Society for Intercultural Philosophy: http://www.int-gip.de/
(visitado 10-09-08) y trabaja exclusivamente en inglés. El aprendizaje
más importante para nuestra investigación que puede desprenderse de
la revisión de la bibliografía en este campo, remite al reconocimiento de
la existencia y validez epistemológica, ética y ontológica de “visiones de
mundo” muy diversas entre sí.
En la bibliografía de campos de estudio y práctica profesional, tales
como gerencia y negocios internacionales, existe abundante bibliografía
referida a relaciones interculturales, aunque la mayoría de estos textos
tiene una orientación pragmática, orientada a la formación profesional
(ver, por ejemplo, http://www.geert-hofstede.com/books.shtml, visita-
do 10-04-08). No obstante, existen también algunos valiosos trabajos
de carácter crítico dedicados al análisis de casos y procesos relacionados
!38 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
con culturas laborales, organizacionales y corporativas que muestran
la importancia de éstas en las relaciones entre empresas y trabajadores
(Lindsey y Braithwaite, 1996; Reygadas, 2002). Algunos estudios que
cabría encuadrar como propios de los campos de antropología y socio-
logía económica y del desarrollo han dado lugar a interesantes trabajos,
en los cuales también puede observarse interrelaciones entre actores
sociales (re)productores de ciertas culturas profesionales e instituciona-
les y otros de visiones de mundo étnicas y locales (Arce y Long, 1993;
Claverías Huerse y Benavente Benavente, 2006; Escobar, 1999; Fischer,
2001; García Canclini, 1998; Little, 2004; Lozano, 2002; Meish, 2002;
Ramírez, 2000; Rivera Cusicanqui, 1992; Rodríguez, 2000; Sotomayor,
1998; Uribe y Restrepo, 1997). Estos últimos textos, así como el de
Reygadas (2002) sobre culturas corporativas, o el de un equipo de an-
tropólogos de la Universidad Nacional de Educación a Distancia, de
España, que estudió las relaciones entre las racionalidades de diversas
instituciones (servicios de atención a la comunidad, bancarios, hospita-
larios y de transporte aéreo, entre otros) y los usuarios de sus servicios
(Velasco Maíllo et al., 2006), y otros que no se refieren acá por limita-
ciones de espacio, proveen múltiples ejemplos de encuentros, conflictos,
resistencias y negociaciones de sentido entre agencias gubernamentales
e intergubernamentales, empresas y ciudadanos y otros actores sociales
(según los casos, caracterizados como indígenas, afrodescendientes y/o
campesinos, o simplemente como usuarios o ciudadanos “genéricos”),
que resultan convergentes con las aplicaciones de las ideas de intercultu-
ralidad y comunicación intercultural que se hacen en esta investigación.
En el ámbito latinoamericano, un número importante de antropólo-
gos, sociólogos y juristas dedicados al estudio de la pluralidad jurídica,
tanto en países con minorías étnicas y pueblos autóctonos, como en
sociedades industrializadas, han creado la Red Latinoamericana de An-
tropología Jurídica (RELAJU), la cual desde 1997 ha organizado cinco
congresos, y sostiene un sitio en Internet (http://relaju.alertanet.org/;
visitado 10-04-08). Derechos constitucionales, civiles, humanos, de gé-
nero, territoriales y ambientales son los temas que más frecuentemente
se ven tratados en los trabajos presentados en estos congresos, así como
Capítulo 1. Interculturalidad y comunicación intercultural …
!39 !
en sus publicaciones, y aunque con menor frecuencia también se pre-
sentan trabajos sobre propiedad intelectual. La mayoría de estos traba-
jos están enfocados en casos relativos a individuos y pueblos indígenas
y en menor medida a afrodescendientes y migrantes no indígenas. Por
otra parte, en el marco del Foro Social Mundial, el intelectual portugués
Boaventura de Sousa Santos ha venido impulsando la investigación y
colaboración sobre el tema entre especialistas de todos los continentes
(Ardito Vega, 2001; Berraondo López, 1999; Etxeberría, 2001; Ghai,
2003; Gómez Valencia, 2000; Greaves, 1994; Krotz, 2002; Randeria,
2003; De Sousa Santos, 2003; Sarango, 2004; Sousa Filho, 2003).
En general, estos tipos de estudios permiten observar con bastante cla-
ridad que las normas jurídicas responden a las “visiones de mundo” de
los pueblos en cuestión, por cuanto éstas no sólo proveen una visión
general del mundo, la vida y las relaciones entre las personas y la na-
turaleza, sino que además enmarcan la interpretación de experiencias
concretas y las maneras de resolver conflictos. Así, es posible afirmar
que los sistemas normativos y de resolución de conflictos responden a
las “visiones de mundo” de los pueblos en cuestión, por cuanto no sólo
proveen una visión general del mundo, la vida y las relaciones entre
las personas y la naturaleza, sino que además enmarcan la interpreta-
ción de experiencias concretas y las maneras de resolver conflictos. Esta
observación tiene especial importancia para nuestra investigación, en
la cual, como se verá, se pone especial atención a las relaciones entre
las “visiones de mundo”, formas de “sentido común” o “racionalidades”
de los actores sociales involucrados y las diversas interpretaciones que
hacen de sus experiencias compartidas y en particular de los conflictos
que se presentan.
Aun cuando en el marco de RELAJU es posible encontrar trabajos sobre
ciudadanía, éstos resultan relativamente escasos en comparación con
los otros temas antes mencionados. En cambio, existen otras orienta-
ciones de estudio que han dado lugar a una abundante bibliografía so-
bre ciudadanía e interculturalidad, así como sobre “ciudadanía multi-
cultural”, que no es lo mismo, sino un concepto vecino con respecto
al cual existen zonas sobrepuestas (Benessaieh, 2004; Cortina, 2002;
!40 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
Fuller, 2005; Habermas, 1994; Harvey, 2000; Kymlicka, 1995; Martín
Díaz, 2003; Mato, 2004; Mijares, 2004; Morency et al., 2005; Rappa-
port, 2005). Aunque menos abundante, existe interesante bibliografía
sobre interculturalidad y movimientos sociales, la cual en algunos casos
examina la experiencia de coordinación de políticas entre movimientos
sociales tan diversos como el indígena, el de mujeres, el vecinal y el de
trabajadores (Buendía, 2000). Los estudios en ambas temáticas brindan
algunas referencias interesantes para nuestra investigación, en particu-
lar en lo relacionado con movimientos sociales y organizaciones de ciu-
dadanos como ámbitos de formación de “visiones de mundo” que, a su
vez, enmarcan sus interpretaciones de las experiencias que viven, y en
particular los conflictos de interpretación que suelen experimentar en
sus relaciones con otros tipos de actores sociales, como Estados, agen-
cias gubernamentales, organismos financieros, etcétera.
En el campo de las relaciones internacionales, la idea de “interculturali-
dad” no siempre aparece expresada de manera explícita, sino implícita.
Pero, en cualquier caso, es un campo en el cual la idea ha adquiri-
do especial relevancia. Una referencia importante en este sentido es el
uso de la expresión choque de civilizaciones, puesta en circulación por
Samuel Huntington en 1993 a través de un artículo publicado en la
revista Foreign Affaires, que luego dio lugar a su tan difundido libro
sobre el tema (1996). Como sabemos, esta idea ha acompañado desde
entonces la política exterior estadounidense y ha desatado intensos de-
bates. En contrapunto con esta expresión, en 2001, Muhammed Jatami,
para entonces presidente de la República Islámica de Irán, propuso la
de diálogo de civilizaciones, que fue adoptada por la ONU y dio lugar a la
creación de una comisión ad hoc. Más recientemente, Manuel Rodríguez
Zapatero, en tanto jefe del Gobierno español, planteó la idea de alianza
de civilizaciones en su presentación en la 59ª Asamblea General de la
ONU, en septiembre de 2004. En todo caso, lo que aquí nos interesa
al respecto es que todas estas formulaciones descansan en la idea de
la existencia de “visiones de mundo” diferentes. Por otro lado, existen
un conjunto importante de estudios que si bien no suelen autoencua-
drarse en el campo de las relaciones internacionales, sino en los de
Capítulo 1. Interculturalidad y comunicación intercultural …
!41 !
la antropología, la sociología y la ciencia política, se han ocupado de
estudiar los conflictos y negociaciones de sentido entre actores sociales
basados en diferentes Estados nacionales, en las cuales al menos uno
de ellos es un actor no gubernamental. Por esta razón suelen utilizar la
expresión “relaciones transnacionales”. En general estas investigaciones,
como representaciones de ciertas ideas sociales y políticas, son objeto
de las mencionadas apropiaciones y transformaciones de sentido por
parte de actores sociales en el marco de relaciones que son a la vez inter-
culturales y transnacionales. Así, existen estudios de casos en los cuales
las negociaciones y transformaciones de sentido giran en torno a ideas
y/o representaciones de identidades, ecología, desarrollo, ciudadanía,
sociedad civil, democracia, género, liberalismo económico, negocio, re-
cursos naturales y otras ideas sociopolíticamente significativas (Babb,
2003; Benessaieh, 2004; Bonfil Batalla, 1992; Brysk, 2000; Celiberti,
2003; Conklin y Graham, 1995; De Moura Carvalho, 2001; Escobar,
1995; Mato, 1998a, 2003, 2004, 2008c; Mijares, 2004; Ortiz, 2005;
Ribeiro, 2000; Villalobos, 2005).
Lo hasta aquí expuesto permite concluir que no existe un campo “ob-
jetivamente” delimitado de asuntos o relaciones “interculturales” y sería
arbitrario delimitarlo a priori. Su amplitud potencialmente depende de
los usos de la idea que hagan los agentes sociales involucrados, así como
otros que –de algún modo– acaban resultando significativos para el caso
como, por ejemplo, de investigadores, agencias formuladoras y/o apli-
cadoras de políticas u otros.
Es en contraste con esa amplitud que en el campo académico de la
llamada comunicación intercultural nos encontramos con la siguiente
situación. Por un lado tenemos que éste es uno de los campos más pro-
líficos en el uso de la idea de interculturalidad. La bibliografía en inglés
y español permite apreciar que se han desarrollado básicamente dos ti-
pos de estudios: unos centrados en las comunicaciones interpersonales
y otros enfocados en las comunicaciones mediadas. En ambos casos, en
general, los estudios se enfocan privilegiadamente en el estudio de casos
referidos a diferencias lingüísticas, étnicas y de nacionalidad, en diver-
sos tipos de espacios: ciudades, escuelas, turismo, empresas, fronteras,
!42 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
centros de salud, etcétera. Éste es un campo desde el cual además se han
desarrollado elaboraciones teóricas de interés en varias lenguas (Alsina,
1999; Baraldi, 2006; Grimson, 2000; Gudykunst y Mody, 2002; Kim y
Gudykunst, 1988).
Aun así, cabe observar que son relativamente escasos los estudios cen-
trados en lo que podríamos llamar comunicación y experiencias inter-
mediales, aun cuando debe señalarse que existen algunos que examinan
relaciones de articulación entre oralidad, escritura y medios audiovi-
suales (Mato, 1990; Ong, 1982) e incluso respecto de Internet (García
Canclini, 2004). Sin embargo, lo que más llama la atención respecto de
las perspectivas de investigación explícitamente encuadradas dentro del
campo de la “comunicación intercultural”, es que pese a la significativa
amplitud en los usos y aplicaciones del término “interculturalidad”, no
es frecuente encontrar estudios de “comunicación intercultural” que se
ocupen de examinar la comunicación a través de diferencias entre “cul-
turas” empresariales, institucionales, profesionales, ocupacionales, “de
clase”, etcétera. Estos tipos de estudios, que resultan de especial interés
para nuestra investigación, solemos encontrarlos en otros campos como
los de gerencia, sociología y antropología económica y del desarrollo,
antropología jurídica, ciudadanía, relaciones internacionales y otros co-
mentados en páginas anteriores.
En vista de lo hasta aquí expuesto, y a modo de cierre de la presen-
te sección de este capítulo, parece posible y necesario adelantar dos
conclusiones importantes tanto para esta propuesta teórica como para
el diseño de la investigación realizada en Las Casitas de La Vega. La
primera de ellas debe formularse en contraposición a lo que se observa
en los campos de investigación y políticas de la educación intercultural
bilingüe (especialmente, pero no sólo en América Latina) y de migracio-
nes (especialmente pero no sólo en España y otros países europeos), en
los cuales la idea de “interculturalidad” frecuentemente es utilizada ex-
clusivamente con una valoración “positiva”. En contraste con esos usos
que a priori asignan a la idea de “interculturalidad” valores “positivos”,
tenemos que los usos de la idea de interculturalidad en otros campos
Capítulo 1. Interculturalidad y comunicación intercultural …
!43 !
permite concluir que ésta puede facilitar el análisis de cualquier tipo
de relaciones entre agentes sociales que se perciben (o son percibidos)
como diferentes (sea en términos de sus respectivas “culturas”, “visiones
de mundo”, “racionalidades”, o “formas de sentido común”), o como
según el caso en cuestión suela ser nombrado por los actores sociales,
o a efectos de la investigación resulte fructífero nombrarlo, que según
los casos pueden estar asociados a cualquier tipo de factor de referencia
que para el caso resulte suficientemente significativo, sea que estas re-
laciones resulten de colaboración, conflicto, negociación o de cualquier
otra índole.
Esta conclusión se acompaña de dos corolarios. El primero es que en
consecuencia parece más apropiado designar como “interculturalismo”
e “interculturalistas” a las orientaciones de acción, discursos, prácticas
y programas que parten de asignar a priori una valoración positiva a la
idea de interculturalidad. El otro, que como ya se expuso, recoge las
propuestas de algunos intelectuales y dirigentes indígenas, es que si
se intenta hablar de interculturalidad con intenciones descolonizadoras
orientadas a superar los usos cuestionables del término es preferible
utilizar la expresión “interculturalidad con equidad”.
La otra conclusión que podemos desprender de lo expuesto y que re-
sulta importante para esta propuesta teórica y para el estudio de campo
cuyos resultados se exponen en los próximos capítulos es que, según
sean los tipos de encuentros y/o articulaciones entre actores sociales
que son o se perciben como “culturalmente” diferentes, es decir, las
relaciones interculturales, es posible que las diferencias entre ellos que
resultan significativas para el caso en cuestión estén asociadas a facto-
res de muy diversos tipos y no sólo a referentes étnicos, religiosos o
nacionales, como es común en algunas orientaciones de investigación.
La bibliografía antes comentada (y otra aun más amplia que por limita-
ciones de extensión no ha sido referida en estas páginas) lleva a concluir
que algunos factores de diferenciación “cultural” (de “visión de mun-
do”, “racionalidad”, “sentido común”, o lo que resulte importante según
el caso) particularmente significativos para las relaciones y formas de
!44 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
comunicación entre actores sociales suelen expresarse en términos no
sólo de etnicidad, nacionalidad, lengua y religión (como es más común
analizar), sino también de orientación política, ideológica y/o axiológi-
ca, localidad y/o contexto de socialización y/o de identificación y/o pro-
ducción identitaria, clase social o estrato socioecónómico, género, estilo
de vida, estilo de consumo, orientación sexual, generación, territorio,
profesión, ocupación y/o pertenencia institucional u organizacional.
Respecto de lo anterior cabe adelantar que el estudio de campo pre-
sentado en los próximos capítulos precisamente ilustra acerca de la im-
portancia de diferencias “culturales” (de “visiones de mundo”, de “ra-
cionalidades”, o de formas de “sentido común”) asociadas a referentes
institucionales y profesionales al interior de éstos, así como –de manera
simplificada– a referentes de localidad y de orientación ideológica y/o
axiológica al interior de éstos, que usualmente no son objeto de análisis
desde la “comunicación intercultural”. El estudio realizado, entre otras
cosas, ilustra precisamente cómo esas diversas “culturas”, “visiones de
mundo” o “racionalidades”, de carácter general y omniabarcante, se
expresan en las maneras en las cuales “se viven” (perciben e interpre-
tan de manera “automática” o compulsiva) los problemas y proyectos
particulares que son motivo de las relaciones entre los diversos actores
sociales involucrados en la gestión de servicios de agua e informáticos
en el sector B de Las Casitas de La Vega, y cómo la comunicación entre
estos actores se da a partir de esas diferencias; es a partir de ellas que
se “negocian” interpretaciones y sentido y que se emprenden acciones.
Es decir, estos casos ilustran de manera práctica cómo las diversas in-
terpretaciones de ciertos problemas particulares y las maneras en que
se procura encararlos responden a las también diversas “culturas”, “vi-
siones de mundo”, “racionalidades” o “formas de sentido común”, de
los actores que se vinculan entre sí precisamente a propósito de esos
asuntos, respecto de los cuales, así resulta, que cada uno tiene su pro-
pia interpretación. Así, cabría decir que estos actores establecen entre
sí formas de comunicación intercultural. Como veremos en los próxi-
mos capítulos, aunque ellos no usen esta expresión, en ocasiones son
conscientes de que los intercambios que se dan entre ellos responden a
lógicas o racionalidades diferentes.
Capítulo 1. Interculturalidad y comunicación intercultural …
!45 !
Llegados a este punto, viene al caso referir que el desarrollo del estudio
cuyos resultados se exponen en este libro se solapó temporalmente con
el de otro proyecto de investigación realizado a partir de la misma pro-
puesta teórica, en cuyo marco se elaboraron otros once casos de estudio,
a cargo de igual número de investigadores, en siete países. Este otro
conjunto de casos de estudio examina experiencias de comunicación
intercultural entre, por ejemplo, una organización ambientalista, edu-
cadores e individuos indígenas a propósito de usos de “recursos natu-
rales”, así como entre individuos indígenas y oficinas gubernamentales
respecto a la emisión de certificaciones de nacimiento, entre pobladores
previamente asentados e inmigrantes internacionales, entre una agencia
de parques nacionales y pobladores campesinos, entre una empresa de
ferrocarriles y pobladores urbanos que han de ser desplazados por el
ferrocarril, entre un servicio de cuidados intensivos en salud neonatal
y los familiares de los pacientes, entre sistemas de salud y pacientes
indígenas, entre estudiantes indígenas y educadores no indígenas, entre
organizaciones indígenas y una agencia estatal de forestación, y entre
diversos y enfrentados grupos de campesinos, sindicatos y una agencia
estatal. Estos otros casos de estudio también muestran cómo las diver-
sas interpretaciones de los asuntos concretos por los cuales los actores
participantes en cada una de ellas se vinculan entre sí responden a sus
respectivas “culturas”, “visiones de mundo” o “racionalidades”.
2
2 El libro resultante de ese otro proyecto está actualmente en proceso de evaluación editorial.
A la fecha, su título tentativo es Comunicación intercultural. Método de análisis. Trece casos de
estudio y orientaciones para capacitación,
!46 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
Comunicación intercultural en experiencias
de participación social en políticas,
programas y servicios públicos
A partir de la década de los sesenta en América Latina se desarrollaron
muy diversas iniciativas articuladas en torno a ideas de “participación”.
Entre éstas cabe mencionar tanto las de políticas y programas impulsa-
dos desde gobiernos y organismos intergubernamentales, financieros y
de cooperación asociadas, por ejemplo, a ideas y de desarrollo, salud,
educación, mejoramiento urbano, entre otras, así como otras que –se-
gún los casos– fueron subsidiarias o de carácter crítico o alternativo,
a las antes mencionadas, que fueron impulsadas por diversos tipos de
organizaciones sociales, las cuales en algunos casos contaron con parti-
cipación de sectores de la Iglesia católica, partidos políticos reformistas
de diversas orientaciones, sindicatos, organizaciones campesinas, indí-
genas, afrodescendientes, vecinales, de mujeres, etcétera.
En los tipos de experiencias antes mencionados, según los casos, solía
(y aún suele) hablarse de “participación comunitaria” y/o de “participa-
ción popular”. Posteriormente, particularmente a partir de la década de
los setenta, movimientos sociales también muy diversos, pero en gene-
ral orientados a desarrollar formas de democracia más participativas,
así como algunas organizaciones no gubernamentales que actuaban a
escalas regional o mundial, hicieron énfasis en ideas de “participación
ciudadana”, aunque también continuaron utilizando el término antes
mencionado, “participación popular”.
En las décadas de los ochenta y noventa, agencias gubernamentales,
intergubernamentales y bancos multilaterales, en el marco de la apli-
cación de políticas de reducción del gasto público y “achicamiento” de
los Estados, “descubrieron” por diversas vías que la efectividad de los
programas sociales mejoraba en la medida en que se pudiera asegurar
la “participación de la comunidad” a la que dirigían sus acciones y, más
en general, si podían lograr concertar la labor de diversos sectores del
aparato administrativo gubernamental. En estos casos muchas veces
Capítulo 1. Interculturalidad y comunicación intercultural …
!47 !
utilizaron formulaciones tales como “participación en el desarrollo” o
“para el desarrollo”.
Todos los tipos de actores antes mencionados pusieron vigorosamen-
te en circulación diversas representaciones de ideas de “participación”
que desde entonces han sido y continúan siendo objeto de apropia-
ciones, “préstamos”, “mestizajes” o “hibridaciones” y/o resignificaciones
por otros actores sociales, numerosos y disímiles, cada uno con su pro-
pia interpretación de la idea de “participación” (Bhatnagar y Williams,
1992; Cunill, 1991; Fadda, 1990; Green, 1986; Mato, 1998b, 2004;
Stiefel y Wolfe, 1994).
Suele aceptarse que, en general, las experiencias más participativas –es
decir, aquellas con participación democrática de más sectores y grupos
sociales en cada aspecto relevante de su gestación, ejecución y evalua-
ción– son generalmente más capaces de poner en movimiento los cono-
cimientos, habilidades, creatividad y esfuerzos de un mayor y más di-
verso número de interesados, y así lograr las metas trazadas de manera
más eficaz, e incluso de alcanzar metas más ambiciosas. Pero junto con
ello se reconoce también que semejante esfuerzo colectivo, involucran-
do a tanta gente con diversos intereses y no menos diversas “racionali-
dades”, “culturas”, o “visiones de mundo”, no es tarea sencilla, así como
que esto no sólo pone en movimiento conocimientos, creatividad y ca-
pacidad de ejecución, sino que también pone en evidencia diferencias
y eventualmente conflictos. En estos tipos de casos la manifestación de
conflictos parece ser inevitable, pero también es cierto que su mani-
festación en contextos de diálogo y negociación abre la posibilidad de
negociar nuevas formas de relación y acuerdos entre sectores sociales
y/o de Gobierno. La manifestación de diferencias de percepciones de las
circunstancias vividas (que responde a diferentes a visiones de mundo)
y de conflictos de intereses en contextos de diálogo y negociación abre
la posibilidad de transformar la realidad de manera negociada (Cerquei-
ra y Mato, 1998; Mato, 1998b).
Por lo antes expuesto, las experiencias de participación social resultan
provechosas para estudiar aspectos de diferencia y comunicación
!48 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
intercultural. También, por esto el análisis de esas diferencias y con-
flictos desde una perspectiva de “comunicación intercultural” amplia,
como la aplicada en esta investigación, puede proveer, tanto importan-
tes elementos de interpretación para mejorar la calidad de la participa-
ción en las experiencias en cuestión, así como para facilitar el desarrollo
de formas de colaboración intercultural, como en la comprensión de
situaciones y problemas (Mato, 2008a). No sólo eso, sino que potencial-
mente también puede aportar a lograr mejores resultados en los objeti-
vos que reúnen a los actores sociales involucrados en las mismas; en el
caso objeto de esta investigación, en la gestión de servicios públicos.
En esta línea de investigación la utilización de la idea de “participación
social” no se limita a los casos más convencionales que se encuadran en
modelos estructurados o institucionalizados de la misma. Refiere más
amplia y genéricamente a situaciones en las cuales dos o más actores
sociales “toman parte” en una misma experiencia social, en este caso
en experiencias de gestión de servicios de agua e informáticos. Así, en
este contexto la expresión “participación social” se utiliza de manera
amplia, tal que abarca pero no debe confundirse con esas otras antes
mencionadas como las de “participación comunitaria” y “participación
ciudadana”, de uso más difundido. El uso del término “participación
social” en la línea de investigación en la que se inscribe este libro, así
como en otras orientaciones de estudio afines, incluye esas modalidades
mencionadas, pero además está abierto a otras (Cerqueira y Mato, 1998;
Mato, 1998b), y esto es precisamente lo que ha permitido utilizarlo en
el estudio realizado en Las Casitas de La Vega de maneras provechosas,
es decir, tales que facilitaron y enriquecieron la observación de campo
y la producción de datos, así como la transferencia de aprendizajes a
los actores sociales que apoyaron esta investigación, al tiempo que se
avanzaba en la misma.
Parece necesario explicar que esta opción por una visión amplia e inclu-
siva de la idea de participación social y su particular aplicación en esta
investigación se puede justificar fácilmente, entre otras razones, porque
no existe una definición restringida de “participación” que sea univer-
salmente aceptada por todos los actores que proclaman practicarla,
Capítulo 1. Interculturalidad y comunicación intercultural …
!49 !
ni tampoco por un número significativo de investigadores en el tema.
Por el contrario, existen orientaciones y concepciones diversas sobre
el asunto (Bhatnagar and Williams, 1992; Cunill, 1991; Fadda, 1990;
Green, 1986; Mato, 1998b, 2004; Stiefel y Wolfe, 1994). Parece conve-
niente entonces evitar quedar atrapados en alguna de las formulaciones
particulares de actores específicos como los antes mencionados u otros,
así como utilizar una categoría analítica capaz de “ganar” para el análisis
experiencias de participación de carácter no estructurado y/o no insti-
tucionalizado, como las que frecuentemente se dan tanto al interior de
diversos sectores sociales concretos como en sus relaciones con otros
sectores y, particularmente, con agencias gubernamentales.
Modalidades de participación de carácter no estructurado y/o no ins-
titucionalizado frecuentemente pueden observarse en experiencias de
participación de carácter autoconvocado, las cuales además suelen ser
autogestionarias, es decir, experiencias en las cuales la convocatoria
proviene del interior del propio grupo de interesados y es gestionada
desde su interior. Aunque experiencias de este tipo pueden darse en
diversos ámbitos sociales, parecen ser especialmente frecuentes entre
grupos sociales que arriban a las grandes ciudades buscando asentarse
en ellas y/o de grupos sociales que se ven forzados a desplazarse dentro
de ellas. Éste suele ser el caso de migrantes provenientes de zonas rura-
les de los mismos países (en ocasiones indígenas y/o afrodescendientes),
o de ciudades más pequeñas y apartadas, como también el de grupos
de personas que se ven forzosamente desplazadas de sus asentamien-
tos anteriores, sea por situaciones de violencia, desempleo, catástrofes
calificadas de “naturales” –más allá de lo sabido respecto del factor hu-
mano en ellas– u otras. Estos grupos de personas crean asentamientos
nuevos, o ampliaciones de existentes, en grandes ciudades, en general
sin contar con suficiente infraestructura urbana y sanitaria previamente
desarrollada, así como en condiciones de posesión precaria del suelo.
Incidentalmente, como se verá en el próximo capítulo, ésta ha sido, en
cierto modo, la historia de los miembros de la comunidad de Las Casitas
de La Vega, estudiada en esta investigación.
!50 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
En estos tipos de circunstancias suelen darse formas de colaboración
entre los miembros del colectivo en cuestión poco comunes en otros
ámbitos. Estas formas ni siquiera suelen ser nombradas como “partici-
pación”, y en algunos casos representan actualizaciones de formas de
colaboración y trabajo colectivo que provienen de tradiciones indígenas
y afrodescendientes que han pasado por siglos, o al menos décadas,
de reelaboración en comunidades campesinas sin identificación étnica
explícita. Según los casos, estas experiencias suelen darse sin la partici-
pación de agencias gubernamentales o incluso contra su voluntad, y es
posteriormente cuando, a través de sus luchas, logran la provisión (pre-
caria o no, suficiente o no) de algunos servicios por parte de agencias
gubernamentales (educación, salud, agua, electricidad), lo cual suele
generar cambios en la dinámica y relaciones al interior de la comunidad
(Mato, 1998b).
De hecho, esto es precisamente lo que ocurrió con la provisión de ser-
vicios de agua en Las Casitas de La Vega, independientemente de que
el origen de este asentamiento haya sido decisión de un organismo gu-
bernamental. Partir de una conceptualización amplia de la categoría de
participación permite incluir en el campo de análisis experiencias de
estos tipos, las cuales frecuentemente ni siquiera son nombradas como
“participación”. Como se verá en los próximos capítulos de este libro,
esto puede tener consecuencias de interés, tanto para la investigación-
como para realizar aprendizajes útiles para las comunidades interesa-
das, y para las empresas y organismos del Estado que trabajan con estos
tipos de comunidades.
Sin idealizar este tipo de experiencias difíciles de asentamientos forza-
dos y en condiciones precarias, cabe afirmar que ellas pueden ser útiles
para entender que estos grupos sociales tienen sus propias formas de
participación, así como que son poseedores de saberes en la materia y
que podría resultar provechoso que las agencias gubernamentales que
trabajan con ellos, en lugar de dictarles pautas de cómo participar, trata-
ran de estudiar las dinámicas existentes en ellos para ver cómo pueden
trabajar a partir de ellas. Como se afirmaba anteriormente, no se trata de
Capítulo 1. Interculturalidad y comunicación intercultural …
!51 !
idealizar las experiencias de base al interior de comunidades populares,
puesto que en ellas también se dan situaciones que podrían calificarse
de no deseables, debido a que afectan la calidad democrática de la parti-
cipación, sea como efecto de posiciones vanguardistas de algunos de sus
miembros, conformistas de otros, egoístas de algunos otros que se be-
nefician de los esfuerzos de vanguardias y colectivos sin contribuir con
ellos, junto con situaciones de desventajas para participar de quienes
no pueden hacerlo por razones diversas. Estas circunstancias y proble-
mas varían de país a país, de comunidad a comunidad, asociadas, por
ejemplo, a factores de género, religión, etnicidad, condiciones físicas
particulares, localización, horarios de trabajo fuera de lo común (como,
por ejemplo, en el caso de vigilantes nocturnos, paramédicos, etcétera),
compromisos familiares y de trabajo mayores a los de la mayoría de los
miembros de la comunidad. Para entender esas dinámicas y relaciones
resulta provechoso estudiar la participación con un enfoque de comuni-
cación intercultural de concepción amplia como el aplicado en esta in-
vestigación, que procura comprender las diferencias y relaciones entre
grupos diversos al interior de la comunidad, así como la existencia de
una cierta cultura institucional al interior de la agencia en cuestión, en
cuyo contexto se relacionan entre sí (no sin conflictos) diversas culturas
“profesionales”.
Por estas razones, además de las de carácter conceptual expuestas en
secciones anteriores de este capítulo, en esta investigación el análisis de
los aspectos de “comunicación intercultural” no se limita a tratar de des-
cribir y/o analizar los “malos entendidos” que frecuentemente se presen-
tan en las relaciones entra actores sociales “culturalmente” diferentes,
debidos presuntamente “sólo” a las diferencias entre los léxicos que le
son propios. Por el contrario, la concepción que orienta esta investiga-
ción busca comprender los microprocesos de producción y negociación
de sentido que tienen lugar en experiencias concretas de participación.
Por esto el análisis no se aboca a analizar pormenorizadamente expre-
siones verbales particulares, ni tampoco se centra en analizar el papel de
dispositivos tecnológicos (medios de comunicación), que son los objetos
de análisis más frecuentes en el campo de los estudios de comunicación
!52 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
intercultural. Si bien se reconoce la conveniencia de estudiar esos ti-
pos de aspectos, se procura que la atención a ellos no sea excesiva, tal
que impida comprender fenómenos más amplios que se dan no sólo a
nivel verbal como, por ejemplo, los encuentros y desencuentros entre
las sensibilidades, memorias, sentimientos, valores, identificaciones y
producciones identitarias, prejuicios, usos y valoraciones del tiempo, y
otros aspectos aparentemente “intangibles” (excepto en algunos casos
por la vía de conversaciones y entrevistas no estructuradas realizadas en
el marco de relaciones de confianza), que hacen a las relaciones entre
los actores, y así las experiencias de producción y negociación de senti-
do que se dan entre los actores participantes.
A propósito de este tipo de fenómenos conviene pensar, por ejemplo,
en la importancia que ha tenido el uso tal vez demasiado frecuente del
vocablo “participación” por parte de agencias gubernamentales de di-
versos países en la propuesta de políticas y programas, así como las
frustraciones con éstos que repetidamente han experimentado ciertos
sectores sociales, como particularmente parece haber sido el caso de
grupos sociales urbanos de bajos ingresos, con escaso acceso a servicios
públicos, o en todo caso de calidad aceptable. Esto va más allá de países
y períodos gubernamentales en particular, de cuál sea el partido político
que gobierne y gestione esos programas; esto hace a las relaciones entre
organismos públicos y ciudadanos, entre Estado y ciudadanos.
En este sentido puede ser interesante tomar en cuenta, por ejemplo, que
ya a comienzos de la década de los noventa una evaluación de progra-
mas de control de malaria y mal de Chagas conducida en ocho países la-
tinoamericanos llevó a la conclusión de que si los organismos públicos
no aprendían ellos mismos a participar y a cumplir, podía ocurrir que
la gente llegara a concluir que su participación en programas guberna-
mentales no tenía ningún sentido (Winch et al., 1992:349). Notable-
mente, como podrá observarse en los próximos capítulos, algunas de
las personas entrevistadas para la presente investigación se preguntan si
deben acabar concluyendo precisamente eso. Es probable que este tipo
de experiencias y sentimientos favorezcan el desarrollo de resistencias a
Capítulo 1. Interculturalidad y comunicación intercultural …
!53 !
la idea de participación, así como de sentimientos de desconfianza a los
organismos públicos.
Reflexiones y consideraciones como las antes mencionadas deben ser
parte de la investigación en la materia. Es necesario crear condiciones
de investigación que permitan recoger estos tipos de “datos” no sólo
“malos entendidos”, al modo de las investigaciones más convencionales
en comunicación intercultural. De manera análoga, por otros factores
antes comentados, investigar sobre la participación desde una perspec-
tiva de comunicación intercultural debe incluir no sólo a quienes par-
ticipan, sino también a quienes no lo hacen, tratar de entender por qué
no lo hacen, o por qué lo hacen de maneras que tal vez no sean percibi-
das como “participativas” por otros actores.
Así, entonces, para estudiar las particularidades de cualquier experien-
cia de participación social es necesario comenzar por identificar quiénes
participan, y quiénes no lo hacen, y por qué, vale decir, qué obstaculiza
la participación de algunos y qué facilita la de otros. A este aspecto po-
demos llamarle amplitud o extensión de la participación. Un segundo
aspecto a analizar es en qué tipos de actividades participan aquellos que
lo hacen. A este aspecto podemos llamarle profundidad o intensidad
de la participación. Un tercer aspecto se relaciona con el análisis de las
maneras en que participan quienes lo hacen, es decir, cómo participan,
así como si quienes aparentemente no participan no es que, en realidad,
lo hacen de maneras particulares, o menos visibles, es decir “a su ma-
nera”, tal que otros no perciben que participan. A este aspecto podemos
llamarle modalidades de la participación (Cerqueira y Mato, 1998).
Resulta útil producir una suerte de etnografía de la participación, bus-
cando información acerca de cuáles son los espacios y los tiempos en
que particulares actividades de participación tienen lugar como, por
ejemplo, dónde y cuándo se realizan reuniones de intercambios de pun-
to de vista, generación de consensos, toma de decisiones, pues pue-
de que no ocurra en espacios y tiempos estructurados, explícitamente
convocados. Este tipo de aspectos no es en absoluto secundario, por el
contrario, muchas veces ellos condicionan quiénes participan y en qué,
!54 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
debido a que hay lugares u horarios que no son accesibles a todos los
actores potencialmente interesados, o debido a que las formas en que
circula la información y los “circuitos” a través de los cuales lo hace
no son igualmente accesibles a todos (Cerqueira y Mato, 1998; Urrutia
Ceruti, 1995).
Adicionalmente, para estudiar una experiencia de participación social
desde una perspectiva de comunicación intercultural (en el sentido am-
plio del término) es necesario observar a escala micro los procesos de
producción, circulación, apropiación, resignificación y/o transformacio-
nes, de formulaciones de sentido que ocurren en las relaciones entre
los actores sociales involucrados. Al respecto conviene enfatizar que lo
que interesa es estudiar procesos, no simplemente objetos de discurso,
de allí que la observación de campo resulte no sólo provechosa, sino
también necesaria. Es importante estudiar todo esto en las dinámicas
cotidianas, respecto de los asuntos concretos que son motivo de las rela-
ciones entre esos actores, buscando vincular, tanto las interpretaciones
que ellos hacen de esos asuntos particulares como los cursos de acción
que proponen, con sus respectivas “visiones de mundo”, “culturas”, o
“racionalidades” (según el caso en cuestión y los fines de su estudio
hagan aconsejable o provechoso conceptualizarlas) más ampliamente
comprensivas u omniabarcantes.
El estudio en Las Casitas de La Vega fue orientado por un doble interés.
Interesaba no sólo analizar la importancia y sentido de las “diferen-
cias culturales” (de “racionalidades”, o “visión de mundo”) entre actores
sociales en experiencias de comunicación intercultural, como un caso
particular que permitiera realizar una contribución de teoría y método a
este campo, sino también comprender cómo éstas pueden resultar tanto
una fuente de “problemas” como una fuente de “recursos” para buscar
construir respuestas a esos problemas y expresar esto de maneras que
pudieran resultar potencialmente útiles a los actores involucrados, es
decir, ensayar una forma de investigación aplicada.
Así las cosas, algunas de las preguntas clave que orientaron la investi-
gación fueron las siguientes: ¿Quiénes participan y en qué? ¿Quiénes
Capítulo 1. Interculturalidad y comunicación intercultural …
!55 !
no lo hacen y en qué? ¿Por qué lo hacen o no lo hacen? ¿Cómo partici-
pan quienes lo hacen? ¿Cómo participan quienes aparentemente no lo
hacen, de qué maneras particulares o menos visibles? ¿Cuáles son los
espacios y los tiempos en que particulares actividades de participación
tienen lugar? ¿Cuáles son las diferencias significativas entre los discur-
sos/visiones de esos actores? ¿Cómo se expresan esas diferencias? ¿Cuá-
les son las ideas “clave” que sostienen/movilizan los actores? ¿Cuándo,
cómo y dónde se expresan? ¿Cuáles son los espacios y las prácticas de
negociación/mediación de sentido en las experiencias de participación?
¿Cómo ocurren? ¿Quiénes los construyen, los sostienen y/o los modifi-
can? ¿Cuándo? ¿Cuáles son las apropiaciones, construcciones y/o resig-
nificaciones de sentido que ocurren en las experiencias de participación
social? ¿Qué entiende cada actor por participar y por no participar?
¿Cómo cada actor narra/interpreta la situación objeto de la experiencia
de participación social estudiada? ¿Cómo la siente o la vive? ¿Cómo
cada actor se ve a sí mismo en torno a la experiencia de participación
social estudiada? ¿Cómo ve a los otros? ¿Cuáles serían las diferencias
entre ese “nosotros” y los “otros”? ¿Cómo definen la situación que da
pie a la experiencia de participación social estudiada? ¿Cuáles son las
valoraciones que considera legítimas? ¿Qué es lo que considera correcto
y qué incorrecto?
Además, estas preguntas deben conjugarse con el punto de partida de
que las instituciones y grupos sociales no son homogéneos, que hay
diferencias en su interior, que a través de esas diferencias es que se
construye sentido y eventualmente se logran consensos, o bien surgen
conflictos de difícil solución. No había por qué presuponer que “la co-
munidad” del sector B de Las Casitas de La Vega habría de constituir un
todo homogéneo, al contrario, había que estar atentos a diferencias que
pudieran resultar significativas. De manera análoga, no había por qué
suponer a priori que todos los funcionarios al servicio de Hidrocapital
o del Centro Nacional de Tecnologías de Información (CNTI) habría de
ser “portadores” neutrales de una cierta “cultura institucional”, puesto
que también existen “culturas profesionales” e incluso posiciones axio-
lógicas e ideológicas dentro de éstas.
!56 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
Así, estas y otras interrogantes guiaron la investigación, algunos de cu-
yos resultados y aprendizajes se exponen en los siguientes capítulos,
otros fueron compartidos de maneras más o menos espontáneas o “na-
turales”, durante el proceso a los mismos actores con los que se trabajó
en esta investigación. Más aún, no todas estas transferencias han sido
de “datos”, algunas han sido precisamente de dudas o preguntas como,
por ejemplo, las antes expuestas u otras. Como muchos investigadores
lo saben por experiencia propia, no todos los resultados y aprendizajes
de una investigación son comunicables en el marco de una publicación
académica. El formato de estos tipos de publicaciones y otras exigencias
propias del marco institucional académico no siempre facilitan que los
actores sociales sobre cuyas prácticas y experiencias sociales se investi-
ga, tengan acceso y/o incluso interés en los datos generados sobre ellos
mismos. Éstos son temas de reflexión que consideramos de importan-
cia y valor para los investigadores, que hemos tratado en publicaciones
anteriores (Mato, 2000, 2002, 2008a), pero que pensamos que no ne-
cesariamente ha de resultar de interés para los lectores de este texto en
particular, por lo que no se repiten en estas páginas.
Capítulo 2. La comunidad que nos recibió: el sector “B” de Las Casitas de La Vega
!57 !
Hace ya más de tres años que realizamos nuestra primera visita a la
comunidad de Las Casitas de La Vega. Como si de un viaje se tratara,
las jornadas de extensas conversaciones, con café y grabador en mano,
las reuniones, las asambleas y los espacios comunes para compartir e
intercambiar han quedado como huellas imborrables en nuestras me-
morias. Aquello que en principio se presentaba como la posibilidad de
investigar en una de las comunidades de la ciudad más emblemáticas
por su pasado de organización y lucha, se fue convirtiendo, con el paso
del tiempo, en un fogón de aprendizajes e intercambios colectivos.
Las Casitas de La Vega es una urbanización popular ubicada en la parte
más alta de la parroquia La Vega
1
a, aproximadamente, 1.250 metros
sobre el nivel del mar, en la zona suroeste de la ciudad de Caracas,
Distrito Capital. Su establecimiento se remonta al año 1977, cuando
producto de las lluvias el desbordamiento del río Guaire arrasa y se
lleva consigo, entre otras comunidades, al barrio Valmore Rodríguez de
Caricuao, barrio que había sido fundado “a raíz del terremoto de 1967”,
Capí t ul o 2
La comunidad que nos recibió:
el sector “B” de Las Casitas de
La Vega
Enrique Rey Torres
y Alejandro Maldonado Fermín
1 Para más detalles sobre esta parroquia, puede revisarse El libro de La Vega (Villalba, 2007).
!58 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
y cuyos habitantes fueron trasladados a unas barracas en la parte alta
de La Vega en el sector hoy conocido como “Los Mangos” (Calzadilla et
al., 2000:199).
Si bien, como afirmábamos, su establecimiento ocurrió en 1977, año
que corresponde reconocer como el de su fundación real, oficialmente
fue fundada apenas en 1981, como un proyecto del Instituto Nacio-
nal de Vivienda (Inavi) destinado a dar solución habitacional a los/as
damnificados/as de 1977. Las Casitas de La Vega adquiere su nombre
en vista de que las condiciones de las “casitas” asignadas “no variaban
mucho con respecto a la vida en las barracas. El tamaño de las viviendas
le dio nombre al lugar” (Calzadilla et al., 2000:190).
Las Casitas de La Vega consta de cuatro sectores: “A”, “B”, “el 1” y “el
4”. El sector “B” está compuesto por cinco terrazas y una zona ubicada
al sur, al filo del barranco, que anteriormente se llamaba “La Cuchilla”
y ahora “Independencia”. 334 viviendas albergan a una población de,
aproximadamente, 1.600 personas (equivalente al 1,41% del total de la
población de la parroquia La Vega, que es de 112.785 habitantes, según
el Censo de 2001, es decir, aproximadamente 0,032% de la población
de la ciudad de Caracas). Con una extensión de 8,8 hectáreas (que re-
presentan, aproximadamente, 2% de la superficie total de la parroquia
La Vega, que es de 443 hectáreas), Las Casitas de La Vega colinda con
el cerro Itagua, una zona verde protegida que “al mismo tiempo que
los mantiene vinculados a la naturaleza les sirve de protección porque
les permite controlar las personas que circulan por el barrio y los se-
para de los barrios que se encuentran del otro lado del cerro” (Mateo,
2003:223).
A su vez, el cerro Itagua se presenta también como parte integrante de
la identidad del sector. Celestino López, en una conversación informal
que sostuvimos en una de nuestras jornadas de trabajo, comentaba que
el cerro Itagua formaba parte de las rutas de los caciques Guaicaipuro
y Toromaima (indígenas del período colonial, pertenecientes al grupo
étnico caribe, pobladores del valle de Caracas). En este sentido es que la
comunidad ha luchado para que esa gran extensión de montaña boscosa,
Capítulo 2. La comunidad que nos recibió: el sector “B” de Las Casitas de La Vega
!59 !
como zona verde protegida, se mantenga libre de intervenciones
y han pensado y elaborado proyectos para convertirla en parque
recreacional.
De esta manera, la comunidad de Las Casitas de La Vega ha sido reco-
nocida, desde su fundación, como una comunidad luchadora que ha
“peleado” siempre por la resolución de sus necesidades y la construc-
ción de proyectos que le permitan no sólo mejorar las condiciones de
vida en sus ámbitos cotidianos, sino también los de las comunidades
cercanas y la parroquia en general. Sus habitantes, en especial los/as lí-
deres, se reconocen como herederos/as de una corriente histórico-social
que se fragua al calor, como apuntan Calzadilla et al. (2000:198), de
“las corrientes políticas e ideológicas de finales de los sesenta y comien-
zos de los setenta: el amor y paz de los hippies; los grupos activistas
antiyanquis enfrentados a la guerra de Vietnam; la guerrilla que en esos
tiempos abandonaba la lucha armada en el país; los partidos políticos
de izquierda”.
De este modo, al momento de realizar el trabajo de campo en el ámbito
geográfico que compone Las Casitas de La Vega, se encontraba un tejido
organizativo bastante diverso compuesto por cinco Comités de Tierras
Urbanas (CTU), un Comité de Salud, un Comedor Popular, el equipo
promotor para la conformación del Consejo Comunal, el equipo de tra-
bajo del Infocentro (facilitadores), la Cooperativa Audiovisual Calle y
Media, la Radio Comunitaria Activa 92.5 FM, el equipo de facilitadores
de la Misión Ribas,
2
el Grupo Cultural Caribes Itagua, el periódico El
Mío, además de grupos de teatro y grupos deportivos.
2 Es un programa social implementado por el Gobierno nacional cuyo objetivo es reinsertar
dentro del sistema educativo y productivo a todas aquellas personas que no culminaron
sus estudios de la tercera etapa de educación media y diversificada, para que obtengan su
título de bachiller integral, avalado por el Ministerio de Educación y Deportes. La Misión
Ribas que se realiza en Las Casitas posee la particularidad de que tanto facilitadores como
estudiantes han innovado sobre los métodos propuestos por la misión para el proceso de
enseñanza-aprendizaje. Para más información sobre el Programa Misión Ribas, ver: http://
www.misionribas.gov.ve/
!60 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
A su vez, en el sector B de Las Casitas es posible encontrar una escuela
privada (Escuela Canaima),
3
un módulo de la Misión Barrio Adentro
I,
4
una sucursal de la red Mercal,
5
una “Sala de Rehabilitación Integral”
(SRI)
6
y, finalmente, un módulo de acceso a Internet (Infocentro). A ex-
cepción de la SRI, todo lo demás se encuentra ubicado en la 5ta. terraza
del sector, lugar en donde se ha encontrado el espacio disponible para
la construcción de dichas infraestructuras.
Dentro de este diverso tejido organizativo vale destacar la labor realiza-
da por la Escuela Canaima, el Grupo Cultural Caribes Itagua, la Radio
Comunitaria y la Cooperativa Audiovisual, siendo las dos primeras las
organizaciones más antiguas de la comunidad.
La Escuela Canaima surge casi a la par con el proceso de fundación de
Las Casitas de La Vega. Fundada el 16 de enero de 1982, la escuela se
origina “por iniciativa de un grupo de señoras, de carácter cristiano,
denominado ‘Promoción Educacional’” (Calzadilla et al., 1999:148).
Ubicada inicialmente en la conserjería del Bloque Uno de Los Mangos,
la escuela tenía como finalidad “atender exclusivamente a niños ‘que
nadie quería’, niños que estaban fuera del sistema educativo formal por
sus edades” (Calzadilla et al., 1999:148).
3 Para más información sobre la Escuela Canaima, ver el artículo “Escuela Canaima: cómo
mejorar la calidad de vida en un barrio de Caracas” (Castillo, 1999).
4 Proyecto gubernamental que tiene como objetivo proveer la atención médica primaria de
forma directa a las comunidades. Para más información, ver http://www.mci.gob.ve/socia-
les/20/10398/mision_barrio_adentro.html
5 Mercal es una red de abastecimiento que ofrece alimentos de la cesta básica a precios bajos
y sin intermediarios. El Mercal que se encuentra en el sector “B” Las Casitas, forma parte de
la estructura conocida como Módulo Mercal I, que se constituye como el primer eslabón
en toda la estructura de la red Mercal. Para más información, ver: www.gobiernoenlinea.ve/
misc-view/sharedfiles/Folleto_Mercal.pdf.
6 Las SRI forman parte de la Misión Barrio Adentro II y están destinadas a pacientes con
dificultades motoras, terapia ocupacional y gimnasio para niños y niñas.
Capítulo 2. La comunidad que nos recibió: el sector “B” de Las Casitas de La Vega
!61 !
Su anterior directora, Isabel Castellanos, llegó a la escuela en 1984
como producto de la invitación de un “amigo sacerdote para trabajar
en una ‘escuelita’ en La Vega” (Castillo, 1999:152). Reconocida por el
Ministerio de Educación en 1987, la Escuela Canaima se constituye,
desde sus orígenes, como una escuela en donde la relación con el en-
torno comunitario es una acción prioritaria. Su integración como un
actor más que participa en la dinámica de la comunidad, el Proyecto de
Huerto Escolar, la integración de los padres al entorno académico de la
escuela y la preocupación por la alimentación de los niños han creado
un contexto donde, en palabras de Anabel Castillo, “la comunidad es el
guardián y la escuela su sitio de encuentro” (Castillo, 1999:154).
Por su parte, el Grupo Cultural Caribes Itagua, al igual que la Escuela
Canaima, se constituye casi a la par de la fundación de Las Casitas de
La Vega. Fundado como parte de una red de grupos culturales que ha-
cían vida en la parroquia (Colectivo El Autóctono de La Vega, el Grupo
Independencia, por citar algunos), Caribes Itagua tiene sus orígenes en
la conformación de un grupo de teatro que desarrolló su labor dentro
de la comunidad y en el trabajo realizado por un grupo de catequistas
salesianos que reunió a niños y adolescentes en grupos de trabajo (Cal-
zadilla et al., 1999, 2000).
Con el objetivo de “formar política (no partidista) y éticamente a la
comunidad, a través de la trascendencia del quehacer cotidiano y del
quehacer cultural” (Calzadilla et al., 1999:164), Caribes Itagua ha desa-
rrollado un conjunto de actividades como las festividades de San Juan
y Santa Bárbara, velorios de Cruz de Mayo, jornadas de juegos tradi-
cionales, Quema de Judas, entre otras. Se configura así el itinerario de
este grupo cultural, según el cual surge como urgente y necesaria la
formación de “jóvenes de la comunidad, como ciudadanos y sujetos
protagonistas de su historia” (Mateo, 2003:224).
La Radio Comunitaria es fundada a mediados de la década de los noven-
ta por jóvenes que en su mayoría provenían del Grupo Caribes Itagua.
Pionera en las experiencias de radios libres, Activa 92.5 FM se ha con-
vertido también, dentro del contexto de Las Casitas y de la parroquia
!62 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
en general, en un espacio de expresión social, política y cultural para
jóvenes y demás habitantes de la parroquia. Sus emisiones iniciales se
realizaron desde un aula de la Escuela Canaima (Calzadilla et al., 1999).
Fundadora de la Asociación Nacional de Medios Comunitarios Libres
y Alternativos (ANMCLA), Activa 92.5 FM se encuentra, a casi quince
años de su fundación, negociando su habilitación como radio comuni-
taria con la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel).
La Cooperativa Audiovisual, con una data de creación más reciente,
ha desarrollado junto con el Grupo Caribes Itagua el Proyecto de la Es-
cuela Pachamerikana de Comunicación Popular y Resistencia Cultural
Semillas Rebeldes. Su labor se caracteriza, entre otros aspectos, por una
búsqueda en articular video, teatro, radio e Internet. Entre los trabajos
más relevantes de esta escuela cabe mencionar la realización de la serie
“Rostros de La Vega. Las memorias de mi barrio”, producción que busca
rescatar y reconstruir, desde el uso de la herramienta audiovisual, la
historia de Las Casitas y la parroquia.
Así, en el contexto de Las Casitas se conjugan planes estatales y mu-
nicipales que desde su interacción con las dinámicas organizativas de
la comunidad, van adquiriendo color propio desde su integración a
las formas como la comunidad interpreta y simboliza su experiencia
social.
Las diversas luchas de esta comunidad se han desplegado en distintos
espacios y tiempos: la lucha por el agua, por la tenencia de la tierra,
7

por la vialidad, por el transporte, por instalaciones deportivas y cultu-
rales, por nombrar algunos. Estas luchas tuvieron como eje primordial
las demandas por mejoras urbanas y comenzaron a realizarse con más
fuerza durante la segunda mitad de los años ochenta,
8
con el avance de
7 Para más información, ver el artículo “La lucha por el reconocimiento y la inclusión en los
barrios populares: la experiencia de los Comités de Tierras Urbanas” (Antillano, 2005).
8 Durante la década de los años setenta y la primera mitad de los años ochenta, las organi-
zaciones comunitarias de las comunidades populares de la ciudad de Caracas, en general,
Capítulo 2. La comunidad que nos recibió: el sector “B” de Las Casitas de La Vega
!63 !
las políticas de reducción del gasto público, la flexibilización del mer-
cado laboral, la liberalización de los controles de precios, entre otros, y
en especial luego del llamado “Caracazo”, acontecido el 27 de febrero
de 1989.
9

En 1991 se funda la llamada Asamblea de Barrios de Caracas (ABC),
10

en la cual algunos líderes comunitarios de La Vega, primordialmente
del sector Las Casitas, tuvieron una participación importante. Las ABC
se constituyeron como un espacio de reflexión alrededor de las luchas
de los barrios y sectores populares y durante su funcionamiento (hasta
1993) lograron reunir a dirigentes de más de doscientos barrios capita-
linos (Antillano, 2005). De las discusiones realizadas en las ABC surge
un conjunto de propuestas que, siguiendo a Antillano (2005), podemos
afirmar que contribuyeron a forjar y enunciar el itinerario de lucha de
los barrios caraqueños. Las propuestas eran diversas y algunas de ellas
fueron puestas en marcha, desde el año 2000, con el mandato del pre-
sidente Hugo Chávez Frías. Tal es el caso de los Comités de Tierras
Urbanas (CTU) y su lucha por la regularización de la tierra urbana, las
Mesas Técnicas de Agua y su lucha por la cogestión del servicio de agua
de la ciudad, los Consejos Comunales y la demanda por el autogobierno
local, etcétera.
se centraron más en el activismo cultural. Las demandas por las mejoras urbanas, para
esa época, se viabilizaban generalmente a través de organizaciones intermediarias vincula-
das a los gobiernos (partidos políticos y juntas de vecinos) (ver Antillano 2005; Arconada
2005).
9 Entre 1985 y 1990 se producen en la ciudad de Caracas y en las ciudades principales del
país violentas protestas, algunas de ellas relacionadas con las luchas reivindicativas por la
falta de agua, contra el aumento del pasaje, por el estado de las calles, por los derrumbes
de viviendas en los barrios producto de la lluvia, por los desalojos, etcétera (ver Antillano,
2005; Contreras, 2004).
10 Las ABC nace al calor de las discusiones y debates desplegados de la mesa de pobladores
del Primer Encuentro Internacional por la Rehabilitación de los Barrios del Tercer Mundo,
celebrado en noviembre de 1991 (ver Antillano, 2005; Ontiveros, 2002).
!64 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
Sobre esto, “El Flaco” Jiménez cuenta que “acá nada viene de cero. El
proceso venezolano no parte de cero ni aparece nada más cuando apa-
rece el compañero Chávez de los cuarteles. Nosotros [la comunidad]
somos luchadores desde hace muchos años, desde antes que llegara
Chávez […]. Somos luchadores sociales que creemos en este proceso.
Creemos que este proceso es nuestro y que Chávez es hijo de este pro-
ceso” (entrevista realizada el 10/09/07).
Las palabras de Celestino López
11
expresan con mayor énfasis lo rela-
tado por “El Flaco” Jiménez al contar que “el trabajo que se hace aquí
en Las Casitas tiene antecedentes. Esto no depende ni se activa con el
proceso revolucionario. Nosotros podemos decir con mucha humildad
que esto ha dado aportes al proceso, porque muchas cosas que tú ves
ahí [en las políticas de Gobierno] vienen de discusiones que datan de
hace mucho tiempo, incluso plasmadas en las Asambleas de Barrios”
(entrevista realizada el 04/08/07).
Sobre las ABC, “El Flaco” Jiménez comenta que “en la Asamblea de Ba-
rrio nos encontramos con mucha gente con la que comenzamos a traba-
jar, gente que tenía el conocimiento técnico en comunicación popular,
en video. Gente que le aporta [a] la comunidad, pero que deja, con
mucho respeto, que sea ella la que decida el perfil político” (entrevista
realizada el 10/09/07).
Este devenir histórico, de luchas constantes en el que la comunidad
del sector “B” de Las Casitas de La Vega ha sido protagonista y/o par-
tícipe, es motivo y foco de algunas formas propias de interpretación y
simbolización de los aspectos clave de la experiencia social que resul-
tan sociopolíticamente significativas (Mato, 2000). En este sentido, esta
11 Fundador y editor del periódico El Mío. Tiene 38 años y actualmente cursa el bachillerato
en la Misión Ribas y trabaja como promotor social para la Alcaldía de Caracas en un asenta-
miento de damnificados en los valles del Tuy.
Capítulo 2. La comunidad que nos recibió: el sector “B” de Las Casitas de La Vega
!65 !
comunidad, en especial, ha generado un campo de interlocución cuyo
carácter relacional permite, en primer lugar, definir un “nosotros comu-
nidad” y un “ellos institución”; y, en segunda instancia, generar formas
de identificación con otras comunidades desde la evocación y similitud
de las luchas y necesidades a resolver, tal como sucedió en el proceso
de las ABC.
El caso de los miembros de la comunidad del sector “B” de Las Casitas
de La Vega puede analizarse de manera provechosa, partiendo de la
idea de que las representaciones sociales son formas particulares de in-
terpretación y simbolización de la experiencia social que producen los
propios actores en el marco de dinámicas sociales particulares y que a
su vez orientan y otorgan sentido a las prácticas de los actores sociales,
organizándolas y construyendo maneras de ver al mundo. Las represen-
taciones sociales juegan un papel importante en la formulación de los
programas de acción de los actores sociales, y esto adquiere particular-
mente importancia cuando se trata de representaciones sociopolítica-
mente significativas (Mato, 2000).
En este sentido, cabe mencionar que la comunidad del sector “B” de Las
Casitas de La Vega en la década de los años noventa formuló lo que ellos
han denominado el “Proyecto Integral Comunitario”. Según Celestino
López, “el Proyecto Integral Comunitario vincula la salud, la educación,
la alimentación, etcétera; es un proyecto político que va mucho más allá
de la existencia de un Mercal, un Infocentro, de una escuela. El Proyecto
Integral Comunitario es lo que nosotros construimos a diario, el forta-
lecimiento de todas las misiones que se desarrollan en la comunidad y
que cuando no existían las misiones estaba fijado en torno a las reivin-
dicaciones sociales para las mejoras de una justa sociedad. Nosotros
creemos en el poder local, en el autogobierno de la gente y, por lo tanto,
todo lo que aquí venga obedece a este proyecto político” (entrevista
realizada el 04/08/07).
Compartimos la propuesta de Grimson, según la cual “un campo de
interlocución es un marco dentro del cual ciertos modos de identifi-
cación son posibles mientras otros quedan excluidos” (2005:41). En
este sentido, las formas de ver, organizar e interpretar el mundo, de los
!66 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
miembros de una comunidad en particular, generan unidades o nudos
de sentido que entran en juego a la hora de relacionarse con otros acto-
res. En el caso de nuestra investigación, resulta importante destacar que
así como lo hacen con todos los actores en general, también lo hacen
al relacionarse con representantes de las instituciones gubernamentales
y estatales, lo cual, como se verá en los próximos capítulos, adquiere
particular importancia en las experiencias que analizamos en esta inves-
tigación. No resulta demasiado sorprendente observar que estas formas
de relacionamiento se hacen aún más complejas en un contexto en el
cual el Gobierno plantea, por ejemplo, la “transición al socialismo del
siglo xxi”, como un elemento importante de su discurso de promoción
de la participación y el desarrollo del autogobierno local,
Tras esta breve caracterización de la comunidad en la que trabajamos
durante casi dos años (diciembre 2005-octubre 2007), es importante
ofrecer algunos detalles sobre el estar en el campo. Así, el trabajo de cam-
po consistió en la participación en y/o en la organización de una diversi-
dad de jornadas, entrevistas, asambleas, encuentros informales, en cuyo
marco se registraron las notas de campo y testimonios que componen el
itinerario de esta investigación.
Una primera fase de trabajo fue dedicada a identificar los sujetos clave
para nuestra investigación dentro del espacio comunitario, lo cual se
hizo a través de encuentros informales, asambleas y/o reuniones de la
comunidad. Ellas/os fueron quienes nos ayudaron a acceder al resto de
la comunidad, y también quienes nos ayudaron a comprender aspectos
clave de la historia y experiencia comunitarias.
Así, aunque apegándonos al precepto establecido en ciertas corrientes
de investigación social de no incluir los nombres reales de quienes en
campo nos ayudan no sólo a obtener información, sino a comprender
las dinámicas sociales que estudiamos, compartiendo con las/os inves-
tigadoras/es sus propios conocimientos e interpretaciones (a quienes
suele llamarse “informantes”, denominación que nos parece reduce la im-
portancia de su papel, por lo cual optamos por llamarlos “colaboradores”)
y, por tanto, asignándoles seudónimos ad hoc, cabe destacar los valiosos
Capítulo 2. La comunidad que nos recibió: el sector “B” de Las Casitas de La Vega
!67 !
aportes del conjunto de colaboradoras/es que se mencionan a continua-
ción, apuntando en cada caso algunos datos que permiten caracterizar
su inserción en la comunidad y/o en las experiencias particulares que
hemos estudiado:
1. Celestino López, integrante del grupo Caribes Itagua. Tiene,
aproximadamente, 33 años y actualmente edita el periódico co-
munitario El Mío.
2. “El Flaco” Jiménez es uno de los fundadores de Las Casitas; vino
junto a su esposa, Juana, en el grupo de damnificados del Valmore
Rodríguez. El Flaco tiene alrededor de 50 años y desde que vive en
Las Casitas se ha dedicado a “formar” a los jóvenes en actividades
culturales, bajo la premisa de que la cultura es política y nucleán-
dolos alrededor del Grupo Caribes de Itagua. A su vez, “El Fla-
co” Jimenez tuvo una participación bastante importante durante
el desarrollo del proceso de las ABC y del frente cultural “Aquiles
Nazoa”.
3. Javier, hijo de “El Flaco”, tiene, aproximadamente, 28 años. For-
ma parte del Grupo Caribes Itagua y del colectivo de la Radio
Comunitaria.
4. Farabundo tiene, aproximadamente, 33 años. Forma parte del
Grupo Caribes Itagua y actualmente es estudiante del Programa de
Medicina Integral de la Misión Sucre.
5. Josefina Valera tiene 45 años de edad y es madre de 3 hijas y 2 hi-
jos. Actualmente cursa estudios de bachillerato en la Misión Ribas.
Hasta hace poco trabajó en la panadería de la Escuela Canaima. Ha
sido nuestra colaboradora principal en toda esta fase. Esto no ha
sido azaroso, pues ella es una suerte de líder de la comunidad del
sector “B” de Las Casitas para todo lo relacionado con el problema
del agua.
6. Alba tiene, aproximadamente, 33 años y además de ser integrante
del Comité de Tierras Urbanas del sector, se desempeña como fa-
cilitadora del Infocentro.
!68 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
7. Ramona tiene, aproximadamente, 35 años y es integrante del Co-
mité de Tierras Urbanas del sector.
8. La señora Lourdes tiene alrededor de 65 años de edad. De origen
colombiano, llegó a Venezuela en 1971. Formó parte del grupo de
damnificados del barrio Valmore Rodríguez, reubicado en las ba-
rracas en el sector Los Mangos de La Vega. De vez en cuando asiste
junto con Josefina a las reuniones del CCA y ha estado presente en
las tres reuniones de la MTA del sector que se han llevado a cabo
en todo este tiempo.
En un segundo momento de la primera fase de trabajo identificamos los
sujetos clave de las instituciones implicadas que, dentro del contexto de
la investigación, se relacionaban con la comunidad. Ellos son:
1. Beatriz Ramírez es miembro de la Oficina de Comunicación y Re-
laciones Institucionales de la Fundación Infocentro. Beatriz, junto
a Javier Jiménez, ha jugado un papel importante en la reactivación
del Infocentro de Las Casitas.
2. María Zamora es directora de la Fundación Infocentros.
3. Sandra Torres, quien fue por varios años la promotora comunitaria
de Hidrocapital encargada de la parroquia La Vega, actualmente es
la coordinadora comunitaria del Sistema Litoral (estado Vargas) de
Hidrocapital. Tiene alrededor de 40 años de edad y su formación
es técnica profesional en Trabajo Social. Fue nuestro enlace con
toda las experiencias de las MTA y del CCA en La Vega; gracias a
ella conocimos a Josefina y a otros de los actores clave por parte de
Hidrocapital.
4. Miguel López, quien fue desde 1999 hasta la llegada de Sandra
Torres el promotor comunitario de la parroquia La Vega, pasando
a ser luego el Coordinador de Gestión Comunitaria del Sistema
Metropolitano de Hidrocapital (cargo que actualmente desempeña
Luis Chávez). Él vivió el proceso de nacimiento y consolidación
de las MTA y, luego, del CCA. Miguel tiene alrededor de 40 años
de edad y al momento de realizar esta investigación estaba por
Capítulo 2. La comunidad que nos recibió: el sector “B” de Las Casitas de La Vega
!69 !
entregar su trabajo final de grado para optar al título de Sociólogo.
Es un personaje muy querido por quienes participan regularmente
en el CCA de La Vega y, en especial, por la mayoría de nuestros
“informantes” del sector “B” de Las Casitas.
5. Luis Chávez, coordinador de Gestión Comunitaria del Sistema
Metropolitano de Hidrocapital (cargo que anteriormente desem-
peñó Miguel López).
6. El ingeniero Salazar tiene alrededor de 45 años de edad. Era el in-
geniero encargado de las labores de operaciones y mantenimiento
de la red de agua potable de la parroquia La Vega. Hasta septiembre
de 2007 asistió a las reuniones del CCA en calidad de represen-
tante de la “Operadora 4”. El ingeniero Salazar está actualmente
trabajando directamente con Hidrocapital, en el área de Ingeniería
del Sistema Metropolitano, tras más de 14 años de trabajo en la
“Operadora 4”.
En una segunda fase de la investigación comenzamos a involucrarnos
más en las dinámicas de la comunidad. Participamos en el grupo de
teatro de la comunidad, el cual trabaja bajo los presupuestos del tea-
tro popular de Augusto Boal. También comenzamos a integrarnos al
proceso organizativo de la Radio Comunitaria y la forma cómo ésta
se venía articulando con el Infocentro y la fundación que gestiona su
funcionamiento.
A partir de nuestra vinculación más orgánica con la comunidad, co-
menzamos a formar parte de un conjunto de presentaciones teatrales
dentro de la parroquia La Vega, además de algunas jornadas de talleres
de comunicación popular, entre los que cabe destacar, por un lado, el
realizado entre el 30 de junio y 1
o
de julio de 2007 en la Escuela Canai-
ma de Las Casitas de La Vega y, por el otro, el realizado a mediados de
octubre de 2007 en la comunidad de Pozo Verde en el estado Bolívar,
taller donde participamos junto con varios/as facilitadores/as de Info-
centros de la zona oriental y suroriental del país.
En una tercera fase de la investigación realizamos un conjunto de en-
trevistas a habitantes de la comunidad que, por una u otra razón, no
!70 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
participaban directamente de los procesos, reuniones y asambleas que
se realizaban en el sector.
A modo de resumen de nuestro trabajo de campo, tomando como pun-
to de partida tanto las entrevistas “formales” (las cuales, según los casos
y contextos, fueron estructuradas, semiestructuradas o no estructura-
das), como las entrevistas “informales” (aquellas que terminábamos rea-
lizando “sin quererlo”, o “sin planificarlo”, en el medio de una reunión,
fiesta, asamblea o celebración en o fuera de la comunidad), los encuen-
tros y talleres ya mencionados, así como algunas charlas alrededor de
un sancocho (expresión cultural rescatada por el Grupo Caribes Itagua,
que constituye un “elemento de enlace y articulación entre los habitan-
tes de la comunidad, propiciando encuentros para conversar y discutir”
(Calzadilla et al., 1999:140), podríamos afirmar lo siguiente:
1) Se realizaron más de cincuenta entrevistas a colaboradores clave
de la comunidad y de las instituciones relacionadas con los casos
estudiados. Cabe aclarar que, en muchos casos, una misma perso-
na fue entrevistada en más de una ocasión, pues en la medida en
que el trabajo de campo avanzaba, surgieron nuevas inquietudes
que pudimos ir aclarando mediante nuevas entrevistas. Por otra
parte, algunos testimonios y/o interpretaciones obtenidas no han
sido incluidos de manera explícita (mediante citas o paráfrasis) en
la presente publicación, aun cuando resultaron sumamente valio-
sos para aclararnos dudas y permitirnos avanzar en el campo. No
existió un plan de entrevistas y observaciones de campo rígida-
mente predefinido, sino que éste se fue “armando” a partir tanto
de nuestra interacción con los actores sociales de la comunidad y
de las instituciones como de las reuniones regulares del equipo de
investigación.
2) El trabajo de campo consistió en asistir a la comunidad periódica-
mente (como mínimo todos los fines de semana) durante casi dos
años, lo cual sumaría más de ochenta visitas a la comunidad. Sin
embargo, este número es mayor, pues en ocasiones fuimos también
durante días de semana. Asimismo, debería agregarse la cantidad
Capítulo 2. La comunidad que nos recibió: el sector “B” de Las Casitas de La Vega
!71 !
de visitas realizadas a las instituciones involucradas y, también, la
cantidad de asistencias a reuniones o encuentros en lugares distin-
tos a la comunidad o las instituciones, pero que eran “clave” para
comprender los procesos que estábamos estudiando.
Todo lo anterior es lo que ha hecho posible la producción de datos y
análisis que se presentan en los próximos capítulos de este libro.
Capítulo 3. Comunicación intercultural y participación social en la experiencia …
!73 !
En una ciudad un poco anárquica y desordenada como lo es Caracas,
resulta relativamente normal que haya distinciones importantes entre
sectores. Estas diferencias son no sólo de tipo topográfico, o de ubica-
ción geográfica, o de acceso, no son sólo de tipo físico-arquitectónicas
y de emplazamiento geográfico, sino que son también diferencias de
tipo sociocultural que se expresan, además, en contexto de inequidad
en la prestación de servicios públicos, de acceso a recursos, de atención
de los gobiernos locales, regionales y/o nacionales. En este sentido, el
análisis de este tipo de diferencias es potencialmente importante para
generar respuestas que puedan ser útiles tanto para los miembros de las
comunidades como para las funcionarias y los funcionarios de los entes
públicos que guarden relación con el asunto.
Este capítulo presenta un relato analítico de la experiencia de participa-
ción social en la Mesa Técnica de Agua del sector “B” de Las Casitas de
La Vega en Caracas, realizada desde la perspectiva de interculturalidad
y comunicación intercultural que orienta el proyecto de investigación,
cuyos resultados se exponen en este libro. El propósito fundamental de
las próximas páginas es identificar y analizar nudos de conflictos y pun-
tos de acuerdo en torno a la función de la Mesa Técnica de Agua (MTA)
del sector y del Consejo Comunitario del Agua de La Vega; los usos y
Capí t ul o 3
Comunicación intercultural y
participación social en la
experiencia de una Mesa Técnica
de Agua
Alejandro Maldonado Fermín
!74 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
apropiaciones del lenguaje y del tiempo; los problemas con el servicio,
sus soluciones y el rol de las instituciones; el ciclo del suministro de
agua potable y el pago del servicio; y la participación de las vecinas y
los vecinos.
A efectos de facilitar la interpretación del relato y análisis ofrecidos en
estas páginas y sus focos particulares de atención, parece conveniente
resumir brevemente algunos de los elementos más significativos de la
propuesta teórica y de método que han orientado su elaboración, los
cuales han sido expuestos y argumentados en el primer capítulo. Así,
por ejemplo, para poder producir los “datos” que nos permitieran iden-
tificar y analizar los conflictos y acuerdos en torno al problema del agua
por parte de los actores sociales, resultaba fundamental hacerse una se-
rie de preguntas, tales como: ¿Quiénes participan y por qué?, ¿quiénes
no participan y por qué dejan de hacerlo?, ¿cómo lo hacen?, ¿en cuáles
circunstancias y contextos?, ¿cuáles son las visiones de mundo que se
expresan en estos procesos?, ¿cómo se manifiestan las diferencias en las
experiencias de participación sociales? A partir de esta problematiza-
ción, las nociones de amplitud o extensión de la participación, profundidad
o intensidad de la participación y de modalidades de participación toman un
cariz distinto que nos plantea la necesidad de identificar los procesos
de participación social de quienes parece que no participan de la expe-
riencia acá referida para no conformarnos con la de quienes lo hacen de
maneras claramente visibles para la comunidad. También, estas nocio-
nes nos invitan a “mirar” con detalle los procesos de producción y cir-
culación de sentido/s, pues allí suelen radicar los acuerdos y/o disensos
entre las visiones de mundo de los actores sociales.
De manera análoga, producir una etnografía de la participación, al
modo propuesto en el primer capítulo, resulta imprescindible para dar
cuenta, precisamente, de cuáles son los espacios, tiempos, vocabularios,
puestas en escena, apropiaciones y resignificaciones de la participación
de los actores sociales involucrados en la experiencia acá relatada. Ade-
más, producir “datos” de esta manera contribuye a entender los pro-
cesos de amplitud o extensión de la participación, en la medida en
que intenta dar cuenta de una serie de elementos que no precisamente
Capítulo 3. Comunicación intercultural y participación social en la experiencia …
!75 !
tienen manifestaciones normales o típicamente estructuradas a partir de
parámetros convencionales del tipo, por ejemplo, manejado por insti-
tuciones del Estado o por las y los miembros de la comunidad menos
“comprometidos” con su sector.
Resulta entonces fundamental el análisis de estos procesos complejos en
una escala microsocial para poder dar cuenta de una serie de intercam-
bios, apropiaciones y resignificaciones de sentidos, los cuales son, en sí
mismos, densos. Así, dar cuenta de estas densidades implica el análisis
de las particularidades que en nuestro caso significó trabajar minuciosa-
mente en el caso del sector “B” de Las Casitas de La Vega.
Cómo llegamos a La Vega
Adicionalmente a lo expuesto sobre la comunidad de Las Casitas de
La Vega en el capítulo anterior, consideramos importante agregar una
breve referencia acerca de la manera como llegamos a esta comunidad,
específicamente al sector “B”, pues ello permitirá al lector tener una
idea más precisa de la elección del lugar para la realización del trabajo
de campo.
Al momento de plantear la investigación, sólo teníamos claro que que-
ríamos trabajar con alguna experiencia asociada a las Mesas Técnicas
de Agua, para lo cual iniciamos una serie de contactos de diverso tipo
con diferentes personas. Así fue cómo logramos entrevistarnos con Luis
Chávez (coordinador de Gestión Comunitaria del Sistema Metropolita-
no de Hidrocapital), en agosto de 2005, quien nos brindó información
“clave” sobre estas experiencias y nos puso en contacto con Sandra
Torres, funcionaria con larga experiencia en Hidrocapital.
1
Sandra
1 Fue por varios años la promotora comunitaria de Hidrocapital encargada de la parroquia
La Vega; actualmente es la coordinadora comunitaria del Sistema Litoral (estado Vargas)
de Hidrocapital. Tiene alrededor de 40 años de edad y su formación es técnica profesional
!76 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
inmediatamente se mostró dispuesta a “acompañarnos” en esta bús-
queda y nos recomendó asistir a una reunión que se llevaría a cabo en
La Vega el primer sábado de septiembre de 2005. Ésta fue una reunión
tipo asamblea denominada “Consejo Comunitario del Agua” (CCA) de
La Vega. Se efectuó en el sector Las Margaritas, en un salón amplio
anexo en la platabanda de la casa de la señora Aura de Flores (líder de
ese sector, alrededor de 65 años de edad, trabaja también en la así lla-
mada Oficina de Enlace Parlamentario de La Vega), miembro de la MTA
de su sector. La asistencia a esa reunión nos permitió tener un primer
acercamiento a la experiencia de las MTA, pues a ella asistieron repre-
sentantes de la contratista de Hidrocapital que se encarga de realizar las
maniobras y el mantenimiento del servicio de agua potable y cloacas de
la parroquia, además de los representantes de las MTA de varias loca-
lidades de La Vega. Adicionalmente, había representantes de otras ins-
tituciones como, por ejemplo, Fundacomun, Proyecto de Saneamiento
del Río Guaire
2
y el Ministerio del Ambiente.
en Trabajo Social. Fue nuestro enlace con todas las experiencias de las MTA y del CCA
en La Vega; gracias a ella conocimos a Josefina y a otros de los actores clave por parte de
Hidrocapital. Siempre se mostró consecuente con las comunidades de La Vega, intentando
servir de mediadora entre la empresa hidrológica y las demandas de la parroquia. En el caso
particular de Las Casitas, siempre estuvo dispuesta a reunirse y “dar la cara” para explicar
de qué manera avanzaban las peticiones o posibles soluciones a los problemas del sector.
Por parte de las y los líderes del sector “B” de Las Casitas es aún considerada una “aliada”.
2 Este proyecto se inicia en mayo de 2005 a partir de la firma de un convenio de financia-
miento entre el Ministerio del Ambiente y Petróleos de Venezuela (Pdvsa). El proyecto
contempla el saneamiento de todas las cuencas y subcuencas del río Guaire hasta 2013, año
en el cual la ciudad debería contar con el funcionamiento de toda la red de drenajes que
canalicen las aguas servidas y evitar que continúen descargando en el río, como lo hacen
ahora. Adicionalmente, este proyecto contempla la realización de varias obras de infraes-
tructura de alto impacto en zonas populares de la ciudad, entre las cuales se encuentra La
Vega y por ello es necesario que los encargados de llevar a cabo este proyecto trabajen en
sintonía con otras experiencias de organización y participación social de las comunidades,
entre ellas las Mesas Técnicas de Agua. De allí su participación en dicha reunión.
Capítulo 3. Comunicación intercultural y participación social en la experiencia …
!77 !
En esta reunión se tocaron diversos temas: el inicio del catastro del sec-
tor Las Margaritas para implementar el cobro del servicio de suministro
de agua potable, la presentación del por entonces incipiente Proyecto
de Saneamiento del Río Guaire, quejas y reclamos por parte de las y los
vecinos presentes respecto de la calidad del servicio de agua, invitación
a la conformación de los Consejos Comunales y a la participación en el
Foro Social Mundial a realizarse en Caracas en enero de 2006. Esto fue
lo tratado en mi primera reunión de CCA en La Vega.
Conversando luego con Sandra Torres, ella nos informó que las reunio-
nes del CCA solían ser siempre así, pero que esta vez habíamos tenido
la suerte de estar presentes en una muy buena reunión, pues permitió
el debate sobre problemáticas más amplias que aquellas únicamente
asociadas al servicio del agua. Adicionalmente, Sandra nos explicó los
roles que cumplía cada representante allí y manifestaba su alegría por
ver cómo el sector Las Margaritas había logrado concretar la sustitución
de las tuberías de agua potable y de aguas servidas, a la par del arreglo
y pavimentación de la calle principal de todo el sector. Todo esto fue
posible gracias al esfuerzo de la MTA del sector. Esto, tiempo después,
en otro CCA, nos lo comentó con mucho entusiasmo la señora Aura de
Flores.
Dos semanas después de ese primer contacto con La Vega en el mes
de septiembre de 2005, tuvimos nuestro primer acercamiento directo
con la comunidad del sector “B” de Las Casitas, pues asistimos a una
reunión de la MTA de esa localidad, invitados por Sandra Torres. Ya en
la reunión de Las Margaritas habíamos conocido a Josefina Valera, una
suerte de líder de la comunidad del sector “B” de Las Casitas para todo
lo relacionado con el problema del agua.
3
Ella estaba en esa reunión en
3 Hija de la señora Lourdes Torres, fundadora del sector, Josefina tiene 45 años de edad y es
madre de tres hijas y dos hijos. Actualmente cursa estudios de bachillerato en la Misión
Ribas. Hasta hace poco trabajó en la panadería de la Escuela Canaima. Ha sido nuestra in-
formante principal en toda esta fase. Esto no ha sido un capricho, pues ella es una suerte de
!78 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
Las Casitas, junto a alrededor de veinte vecinas y vecinos del sector. A
esta reunión asistieron, además, representantes de Hidrocapital: Sandra
y el ingeniero Hurtado;
4
el ingeniero Salazar
5
en representación de la
líder de la comunidad del sector “B” de Las Casitas para todo lo relacionado con el problema
del agua. Afirmamos esto porque lo hemos podido constatar en las actividades y reuniones
a las que hemos asistido. De hecho, las y los representantes de Hidrocapital y vecinas y
vecinos de otros sectores de La Vega reconocen en ella este rol. Adicionalmente, ella nos
ha presentado a los demás miembros de la comunidad que han tenido alguna vinculación
directa con la solución de los problemas del servicio de agua potable, así como también a
otras personas que no participan en la cuestión del agua.
Josefina asiste regularmente a las reuniones del Consejo Comunitario del Agua (CCA) de la
parroquia La Vega, además de ser promotora de las reuniones de la MTA del sector “B” de
Las Casitas de La Vega. En los casi dos años que llevamos asistiendo a las reuniones, han
sido más las reuniones del CCA que de la MTA, si se toma en cuenta que el primer espacio
abarca toda la parroquia y, casi siempre, Josefina es la única que asiste por Las Casitas (nos
referimos a toda la urbanización, no sólo el sector “B”).
Al momento de concluir el trabajo de campo de esta investigación, Josefina se desempeñaba
como promotora social del Proyecto de Saneamiento del Río Guaire para las parroquias La
Vega y San Juan.
4 El ingeniero Hurtado, para el momento de esta investigación, era el ingeniero jefe de Ins-
pección de Obras de Hidrocapital de la parroquia La Vega. Bajo su mando desempeña su
trabajo Raúl Bustamante, quien ha sido uno de nuestros entrevistados y del que ofrecemos
detalles más adelante. Actualmente, el ingeniero Hurtado dejó de trabajar para Hidrocapital
y se hizo cargo de los trabajos de la “Operadora 4”, en tanto contratista de la empresa hidro-
lógica que se encarga de los trabajos de mantenimiento de la red en la parroquia La Vega.
5 Era el ingeniero encargado de las labores de operaciones y mantenimiento de la red de agua
potable de la parroquia La Vega. Estas labores no son realizadas directamente por Hidroca-
pital, sino por una empresa contratista que trabaja para la empresa hidrológica y que mane-
ja toda la así denominada “Área 4” que comprende buena parte del suroeste de la ciudad;
de manera genérica a esta empresa se le conoce como “Operadora 4”. Salazar debe tener
alrededor de 45 años de edad. Hasta septiembre de 2007 asistió a las reuniones del CCA en
calidad de representante de la “Operadora 4”. Además, estuvo presente en dos reuniones de
la MTA del sector “B” de Las Casitas. Sus labores estaban relacionadas con la planificación
de las inspecciones de revisión y mantenimiento de la red de distribución de agua potable, y
la coordinación de los complejos esquemas de suministro y restricción del servicio de agua
potable (los llamados “ciclos”) en todos los sectores de la parroquia La Vega. El ingeniero
Salazar está actualmente trabajando directamente con Hidrocapital, en el área de Ingeniería
del Sistema Metropolitano, tras más de catorce años de trabajo en la “Operadora 4”.
Capítulo 3. Comunicación intercultural y participación social en la experiencia …
!79 !
contratista de la empresa que trabaja en La Vega; y representantes del
Proyecto de Saneamiento del Río Guaire. La intención era atender algu-
nas quejas de la comunidad de Las Casitas y presentarles el proyecto de
saneamiento. Las vecinas y los vecinos, por su parte, querían respuestas
a dos viejos proyectos: la sustitución de la red de cloacas y la instalación
del tanque de agua para asegurar un suministro más continuo. Adicio-
nalmente, querían saber qué sucedía con el ciclo de suministro de agua,
pues éste no se estaba cumpliendo de manera correcta.
Con esos participantes y con ese temario, esa reunión se llevó a cabo
en un aula de la Escuela Canaima. Sirvió para hacer presentaciones y
reclamos mutuos, así como para darme cuenta de que allí había algo
distinto a lo que sucedía, por ejemplo, en Las Margaritas. Acá, en Las
Casitas, era fácilmente palpable que la labor de la MTA se había visto
comprometida por algo y que esa situación era motivo de molestias,
frustraciones y reclamos por parte de las vecinas y los vecinos del sector.
Estas incidencias se manifestaban en las intervenciones de esas perso-
nas, quienes no podían entender el porqué el ciclo no funcionaba cual
lo acordado, a pesar de las múltiples explicaciones técnicas por parte
de las y los representantes de Hidrocapital. Pero tampoco comprendían
las razones por las cuales aún no sabían del estado de esos dos grandes
proyectos.
Esta primera impresión se repetiría luego en las únicas otras dos reunio-
nes de la MTA que se realizaron en el año 2006, aunque cada una con
sus matices. Lo que acá brevemente registramos nos permite abordar
algunos elementos clave para caracterizar y analizar las diferencias cul-
turales que se dan entre los actores sociales involucrados y las caracte-
rísticas de la comunicación, conflictos y negociaciones de sentido entre
ellos.
!80 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
Breves precisiones sobre Mesas Técnicas de
Agua y Consejos Comunitarios del Agua
Las Mesas Técnicas de Agua (MTA) son un espacio de diálogo y par-
ticipación entre las y los habitantes de una comunidad cualquiera y
el personal de una empresa hidrológica (para nuestro caso de estudio,
Hidrocapital), tanto del área de gestión comunitaria como del área téc-
nica. La función de estos espacios es la aplicación de políticas públicas
por parte de la empresa con el fin de viabilizar la solución de problemas
puntuales relacionados con los servicios de suministro de agua pota-
ble, recolección de aguas servidas, filtraciones o problemas de recauda-
ción del pago del servicio. Estos espacios están pensados para que en
ellos se expresen todas las personas e instituciones involucradas en la
“cuestión del agua”, procurando el trabajo mancomunado comunidad-
instituciones. Esta interacción intenta escuchar y respetar las opiniones
y los conocimientos de todas las personas involucradas, con el propó-
sito de alcanzar una solución que integre los conocimientos de las y los
habitantes de la comunidad con la asesoría técnica de la hidrológica. De
esta manera, las MTA pasan a ser los núcleos primarios de atención e
incidencia de Hidrocapital en las comunidades, en los que la empresa
propicia la realización por parte de las y los integrantes del sector de
tres actividades fundamentales: el censo, la elaboración del croquis de
la zona y un diagnóstico de los problemas. Para esto, la empresa les
provee de unas herramientas técnicas, permitiendo cierta autonomía de
trabajo en función de los datos que vaya aportando la realización de las
tres actividades antes descritas.
Un segundo espacio de relación entre Hidrocapital y las comunidades lo
constituye otra dinámica de participación social e intercambios de sabe-
res: los Consejos Comunitarios de Agua (CCA). Estos espacios de diálogo
y participación social agrupan a varias MTA de una misma localidad o
sector, funcionan en cualquier lugar de la comunidad (liceo, escuela,
dispensario, cancha deportiva, junta parroquial, iglesia, patio o plata-
banda de la casa de algún miembro de la comunidad, entre otros) con
una regularidad mensual, de acuerdo con un cronograma elaborado
Capítulo 3. Comunicación intercultural y participación social en la experiencia …
!81 !
de mutuo acuerdo con el personal de Gestión Comunitaria de Hidro-
capital. Es acá donde sistemáticamente se incentiva la organización co-
munitaria mediante la instalación de estos espacios para asegurarle a
la comunidad la solución de sus problemas, integrándola directamen-
te en las labores de planificación, priorización, diseño y aplicación de
las propuestas, incorporando en estos procesos la experticia técnica de
la empresa, en conjunción con los conocimientos de los miembros de
las comunidades. Así, tanto las MTA como los CCA son espacios de
deberes y derechos, en los que la cogestión y autogestión, la reflexión
conjunta y los intercambios de saberes son las bases para la búsqueda
de soluciones.
Las MTA nacen por iniciativa de Hidrocapital en la ciudad de Caracas
en el año 1999, partiendo de la base de una experiencia anterior de
organización de las comunidades iniciada por la Alcaldía de Caracas
durante la gestión de Aristóbulo Istúriz (1992-1995), denominada go-
biernos parroquiales. La experiencia de las MTA fue más allá y termi-
naron agrupándose en los CCA. Estas experiencias, particularmente las
MTA, transcendieron el ámbito de acción de Hidrocapital y han sido
replicadas por otras empresas hidrológicas en el resto del país. Tanto a
las MTA como a los CCA les fue concedido estatus legal, jurídico, al in-
corporárseles como mecanismo de gestión y control comunitario de los
servicios asociados al agua y la gestión de las empresas hidrológicas con
la aprobación en 2001 de la Ley Orgánica de Prestación de los Servicios
de Agua Potable y de Saneamiento (LOPSAPS). Según datos recientes,
en la actualidad hay alrededor de 2.500 MTA en todo el país, las cuales
proponen, diseñan y, en algunos casos, ejecutan proyectos.
6

6 Si se quiere profundizar sobre qué son y cómo han funcionado las MTA y los CCA, pueden
revisarse: Arconada (2003, 2005); Francisco (2005); Peralta (2003) y los números publi-
cados de Vertientes, la revista de Hidrocapital. Sobre las funciones de las MTA y los CCA
en el marco de la ciudad y el área metropolitana de Caracas, pueden revisarse: Cariola y
Lacabana (2005) y Lacabana y Cariola (2007). Sobre experiencias anteriores que pudieran
considerarse como antecedentes de las MTA y los CCA, pueden revisarse: Antillano (2005)
y Arconada (1996). Para los aspectos legales puede revisar la Ley Orgánica para la Presta-
ción de los Servicios de Agua Potable y de Saneamiento (2001).
!82 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
Sobre las luchas anteriores al surgimiento de
las Mesas Técnicas de Agua
Siguiendo con lo referido brevemente en páginas anteriores respecto
de las luchas iniciales de las vecinas y los vecinos del sector “B” de Las
Casitas, es posible afirmar que para ellas y ellos esos momentos son
más que anécdotas, son elementos que les han permitido ir constru-
yendo una identidad particular. Es decir, han constituido un conjunto
de identificaciones a partir de esas luchas y de las evocaciones de éstas,
lo que ha dado paso también a la constitución de un cierto campo de
interlocución, en el cual los actores sociales ocupan distintas posiciones
que les permiten ir construyendo categorías identitarias que luego son
incorporadas como sentido común. Los relatos de experiencias históri-
cas compartidas son a la vez expresión y recurso de las prácticas de pro-
ducción identitaria y de sentido común de los actores sociales, y suelen
formar parte de sus prácticas cotidianas (Mato, 1998, 2007).
Otro elemento importante de estas luchas y de sus evocaciones tiene
que ver con la manera como, en las interacciones, las vecinas y los veci-
nos y las y los representantes de las instituciones “perciben, significan,
construyen y usan el tiempo, el espacio, el medio ambiente, las relacio-
nes humanas, las tecnologías, de los modos más diversos” (Grimson,
2000:57). Resulta significativo que a las vecinas y los vecinos nos les
importara “perder” un día entero en la sede del antiguo INOS para con-
seguir un camión cisterna, como tampoco era problema, para aquellas y
aquellos que se quedaban en el sector, cuidar de las hijas y los hijos de
las vecinas y los vecinos que estaban “en la lucha”. Además, el hecho de
ir hasta allá –hasta la sede del INOS– y “tomar” ese espacio comunicaba
una identificación y una diferencia entre esas personas que llegaban
y ocupaban el lugar y las que allí se encontraban cumpliendo con su
trabajo.
Este testimonio de Antonia
7
es representativo de la afirmación anterior:
“Antes había más solidaridad entre nosotros, por ejemplo decíamos: ‘Yo te
7 Al igual que varios de nuestros “colaboradores”, es una de las fundadoras de Las Casitas,
Capítulo 3. Comunicación intercultural y participación social en la experiencia …
!83 !
cuido a los muchachos’ o ‘yo te doy mi pasaje’, o ‘yo estoy pendiente de
los pipotes, [recipientes de agua]” (entrevista realizada el 27.05.2006).
Es decir, mientras unos iban a “dar la lucha” por el agua, otros se encar-
gaban de las tareas cotidianas. La señora Lourdes
8
coincide con Antonia
cuando hace esa afirmación, pues las vecinas y los vecinos no escati-
maban esfuerzos por colaborar con aquellas y aquellos que no podían
dar la lucha porque estaban trabajando, bien sea cuidando a las niñas
y los niños o procurando que los recipientes de agua de esas vecinas y
vecinos ausentes fueran llenados.
Es importante destacar que en los discursos de la mayoría de nuestros
informantes de la comunidad coincide en afirmar que el INOS era una
especie de “enemigo”, que no consideraba las necesidades de los habi-
tantes de Las Casitas, pues no era capaz, entre otras cosas, de garantizar
un suministro efectivo de agua a través de los camiones cisterna y que
tenían que ser ellas y ellos los que sacrificaran un día de trabajo o de
estudio para buscar el agua.
vive en la 2da. terraza. Antonia es una de las más críticas respecto de la poca participación
de las vecinas y los vecinos, al punto que en nuestra conversación enumeró una serie de
causas que han desmotivado la participación, no sólo en la experiencia de las MTA, sino
también en otras instancias. No obstante, no ha participado en ninguno de los CCA ni en
ninguna de las reuniones de la MTA a las que hemos asistido, principalmente porque debe
atender su bodega. Según sus propias palabras, “participa” a través de otras/os, por ejemplo,
su hermana Mariluz, o de la propia Josefina.
8 Es la mamá de Josefina y una de las fundadoras de Las Casitas, al igual que la señora Er-
nestina, Antonia, “El Flaco” Jiménez y Juana, que aún viven en el sector. La señora Lourdes
tiene alrededor de 65 años de edad y tiene dos hijos, además de Josefina, que también vive
en el sector, y otros dos que viven en Colombia, de donde ella es originaria. Trabaja como
encargada de la limpieza de una empresa textil en el centro de Caracas. De origen colombia-
no, llegó a Venezuela en 1971. Formó parte del grupo de damnificados del barrio Valmore
Rodríguez reubicado en las barracas en el sector Los Mangos de La Vega. De vez en cuando
asiste junto con Josefina a las reuniones del CCA y ha estado presente en las tres reuniones
de la MTA del sector que se han llevado a cabo en todo este tiempo. La señora Lourdes es
una luchadora incansable, mantiene una participación activa en otras experiencias, por
ejemplo, el Comité de Salud.
!84 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
La toma de la estación de bombeo o el “secuestro”
9
del ingeniero inspec-
tor de la zona en el sector “B” han sido otras de las acciones más impac-
tantes que han sido llevadas a cabo por las y los líderes del sector y de
las cuales se enorgullecen, pues consideran que han sido gracias a ellas
que lograron algunas soluciones. Veamos este comentario de la señora
Miguelina Mata:
10
“He vivido las calamidades que han habido aquí por
esa agua siempre. Muchas veces, bastantes veces se ha tenido que ir allá
al tanque [en referencia a la Estación de Bombeo Panamericano-La Vega
que está muy cerca de Las Casitas] a pelear. Ahorita es que medio la po-
nen un poquito, pero sin embargo hay veces que el agua dura [en llegar]
porque se queman las bombas, entonces uno pasa trabajo con el agua”
(entrevista realizada el 30.06.2007). Incluso, según comentó Fernando
Corrado,
11
“algunos compañeros tuvieron que trancar calles, tomar la
sede de lo que es hoy se llama Hidrocapital […]. La lucha fue fuerte, al
punto que en algunas manifestaciones salían compañeros agredidos por
la policía” (entrevista realizada el 15.04.2007). Y esto refuerza la idea de
que la vía de la protesta activa contra las instituciones tiene sus ventajas.
Al respecto, “El Flaco” Jiménez
12
es enfático: “Ojalá nos quitaran el agua
9 Así se le conoce a una acción que llevaron a cabo algunas vecinas y algunos vecinos del
sector “B”, que consistió en retener por algunas horas en la 5ta. terraza al por entonces in-
geniero inspector de la zona. No fue una acción violenta, sino simplemente una medida de
presión hacia Hidrocapital para recibir una respuesta precisa sobre el problema de escasez
de agua en el sector. El mismo ingeniero comentó en alguna ocasión que un secuestro así sí
era bueno, pues lo trataban bien y le daban que comer y que tomar.
10 Vive en la zona “Independencia” del sector “B” de Las Casitas desde hace veinticinco años.
La señora Miguelina tiene, aproximadamente, 65 años de edad. Es dueña de una bodega
frente a la entrada de la 3ra. terraza del sector.
11 Vive en una casa ubicada en la zona “Independencia” del sector “B” de Las Casitas desde
hace veinte años, aproximadamente. Corrado, de aproximadamente 55 años de edad, ha
formado parte de la antigua Asociación de Vecinos de Las Casitas y se mantiene activo y
siempre dispuesto a participar en las actividades que ayudan a mejorar el sector. Es miem-
bro del CTU de la zona “Independencia”.
12 Es uno de los fundadores de Las Casitas, vino junto a su esposa, Juana, en el grupo de
damnificados del Valmore Rodríguez. “El Flaco” tiene alrededor de 55 años y desde que
vive en Las Casitas se ha dedicado a formar a los jóvenes en actividades culturales, bajo la
premisa de que la cultura es política y nucleándolos alrededor del Grupo Caribes de Itagua.
Capítulo 3. Comunicación intercultural y participación social en la experiencia …
!85 !
por seis meses pa’ que tú veas, así volvemos a armar peo [sic]” (interven-
ción en la Asamblea Comunal del sector del 15.04.2007).
Estas acciones son recordadas y comunicadas permanentemente por las
y los representantes de Hidrocapital cuando se refieren al sector “B” de
Las Casitas, quienes suelen tomar posturas que denotan cierta toleran-
cia al respecto, aunque algunos, principalmente de la parte técnica, las
rechazan por considerar que no beneficiaban a nadie. Por ejemplo, en
una reunión del CCA uno de los inspectores de Hidrocapital comentó:
“Si ustedes toman de nuevo la estación de bombeo no van a lograr nada,
sino más bien se van a perjudicar, porque van a dejar sin agua a todo
el mundo y nosotros no vamos a ir a arreglar la situación” (reunión del
CCA de La Vega, 31.03.2007). A lo que Josefina respondió: “Es que
ésta es la única manera de que los demás vecinos entiendan que ha-
bemos sectores que tenemos problemas de agua graves, así que somos
todos o ninguno” (intervención en la reunión del CCA de La Vega el
31.03.2007).
El siguiente testimonio de Arturo
13
está en sintonía con lo expresado por
Josefina: “Lamentablemente nuestras instituciones no han cambiado un
“El Flaco” es actualmente un personaje “ausente”, ya que no está viviendo en el sector, pero
mantiene fuertes vínculos con las personas que allí viven y ocasionalmente asiste a alguna
reunión. Es reconocido por la mayoría de las y los habitantes del sector como un referente
de la comunidad y, por parte de todos nuestros “informantes”, como un pilar fundamental
de todos los procesos de participación que han ocurrido allí. En honor a la verdad, no he-
mos podido hablar con él abiertamente sobre la experiencia de la MTA. Pero tampoco él ha
estado presente en alguna de las reuniones importantes, ni del CCA de la parroquia ni de la
MTA del sector.
13 Arturo Montero es un joven de 25 años de edad que vive desde hace unos pocos años en
la 5ta. terraza. Está involucrado en muchas de las actividades que ocurren en el sector
“B”. Pertenece a la Cooperativa de Producción Audiovisual “Calle y Media”, que ha sido la
encargada, entre otras actividades, de realizar una serie de documentales (Memorias de mi
barrio) que narren las historias de la fundación y consolidación de distintas comunidades
de la parroquia La Vega, empezando por Las Casitas. Él ha realizado otras producciones
audiovisuales. Actualmente trata de impulsar, junto con otras vecinas y otros vecinos, la
constitución del Consejo Comunal del sector, entre otras actividades en las que también
está involucrado activamente.
!86 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
carajo… todavía funcionan con presión” (intervención en la Asamblea
Comunal del sector el 20.05.2007). De manera semejante, Jocelyn Sil-
va
14
afirma que acciones de este tipo son necesarias para resolver los
problemas: “La comunidad cuando ve que pasa tanto tiempo sin llegar
el agua se une y se va hasta allá, hasta el tanque [en referencia a la Es-
tación de Bombeo Panamericano-La Vega que está muy cerca de Las
Casitas], forman su lío y comienzan a mandar el agua regularmente. [En
parte es correcto que] la comunidad se una y haga eso. Si la comunidad
no se une a reclamar eso nunca mandan el agua y nos convertimos en
camellos” (entrevista realizada el 30.06.2007).
Este punto es rebatido por la visión general que sobre el problema del
agua tiene, por ejemplo, Raúl Bustamante,
15
quien es uno de los ins-
pectores de Hidrocapital. Rafael comenta que: “Yo no soy político, yo
soy técnico y resuelvo los problemas con mucho gusto sin meterme a la
política. Si quieren cerrar la redoma, que lo hagan, pero así no van a so-
lucionar el problema, pues quien puede hacerlo soy yo, que soy el técni-
co” (intervención en la reunión del CCA de La Vega el 31.03.2007).
Roberto Salazar, quien se desempeñaba como el ingeniero de la con-
tratista de Hidrocapital que se encarga de la parte de mantenimiento y
supervisión de la red de suministro de agua potable de la parroquia La
Vega, relativiza un poco estas acciones y comenta: “No hay que tenerle
miedo… muchas veces se nos presentaban casos de [que una comuni-
dad iba a] trancar avenidas y teníamos que ir a explicarles la causa de la
14 Jocelyn tiene, aproximadamente, 30 años de edad y tiene un puesto de alquiler de teléfonos
que funciona en la entrada de la 2da. terraza del sector.
15 Es uno de los inspectores de obras de Hidrocapital, encargado de la parroquia La Vega. Sus
labores son supervisar los trabajos realizados por las cuadrillas que llevan a cabo alguna
obra (sustitución de tuberías principales de agua potable o de cloacas, construcción de
colectores de aguas servidas), así como hacer evaluaciones de los problemas in situ (inspec-
ciones) que puedan ameritar la planificación de una obra para su solución. Raúl debe tener
alrededor de 40 años de edad. Suele asistir con regularidad a las reuniones del CCA y ha
estado presente en una de las reuniones de la MTA del sector “B” de Las Casitas.
Capítulo 3. Comunicación intercultural y participación social en la experiencia …
!87 !
falta de agua, aunque eran reacios a comprender y teníamos que de in-
mediato solventarles el problema” (entrevista realizada el 07.05.2007).
Sin embargo, las y los representantes de Hidrocapital que trabajan en la
parte comunitaria, no en la parte técnica, suelen ser tolerantes ante esas
amenazas. Sandra Torres, mientras fue promotora comunitaria de la pa-
rroquia La Vega, mostró tolerancia hacia las personas que amenazaban
con realizar estas acciones, pues para ella no era descabellado que las
vecinas y los vecinos hicieran algún llamado de atención que trascen-
diera los espacios del CCA y de la MTA.
Al respecto, Miguel López,
16
antiguo promotor comunitario de La Vega,
comentaba que “la mayoría de las acciones combativas coincidieron con
las épocas de grandes sequías, particularmente la del período 1993-
1996, período anterior al establecimiento de las MTA como herramienta
de política pública de la empresa prestadora de servicio de agua pota-
ble” (entrevista realizada el 04.05.2007).
Al menos durante el período comprendido entre los años 2000-2007
las y los líderes del sector “B” de Las Casitas no han organizado nin-
guna acción de este tipo, pero se valen de las evocaciones de las ac-
ciones anteriormente realizadas para intentar presionar a Hidrocapital.
No obstante, nos atreveríamos a afirmar que tampoco lo hacen porque
actualmente no cuentan con la capacidad de movilizar a las vecinas y a
los vecinos que tenían en las épocas anteriores ya referidas. Un ejemplo
de ello es la escasa participación de las vecinas y los vecinos en las re-
uniones a las que hemos asistido que tratan la cuestión del agua. Otro
16 Fue desde 1999 hasta la llegada de Sandra Torres, el promotor comunitario de la parroquia
La Vega, pasando a ser luego el Coordinador de Gestión Comunitaria del Sistema Metropo-
litano de Hidrocapital (cargo que actualmente desempeña Luis Chávez). Él vivió el proceso
de nacimiento y consolidación de las MTA y, luego, del CCA. Miguel tiene alrededor de
40 años de edad y al momento de realizar esta investigación estaba por entregar su trabajo
final de grado para optar al título de sociólogo. Es un personaje muy querido por quienes
participan regularmente en el CCA de La Vega y, en especial, por la mayoría de nuestros
“colaboradores” del sector “B” de Las Casitas.
!88 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
ejemplo es que dada la mejora en el servicio de agua potable, muchas
vecinas y vecinos no creen oportuno volver a aquellas acciones anterio-
res. Si bien estos puntos son discutibles y no representan indicadores en
sí mismos, creemos que pueden ser ilustrativos de cierta apatía respecto
a este tema. Más adelante ofrecemos algunos testimonios que apoyan
nuestras afirmaciones. No obstante, creemos que este testimonio de
“El Flaco” Jiménez, en el cual él mismo se muestra crítico respecto de
esta situación, ofrece una guía para interpretarla: “Las pautas no deben
ponerlas ni las instituciones ni las contratistas, sino la comunidad y
más ahora que tenemos el respaldo jurídico que es la Constitución.
Debemos dejar la pasividad y asumir que en algunas cosas somos poco
vigilantes e irresponsables” (intervención en la Asamblea Comunal del
sector el 20.05.2007).
Sobre la función de la Mesa Técnica de
Agua y del Consejo Comunitario del Agua
De acuerdo con lo que hemos podido observar en las reuniones del
CCA o de la MTA, existen algunas diferencias en cuanto al sentido que
estos espacios tienen o han tenido para las y los habitantes del sector.
De alguna manera, de acuerdo con lo comentado por algunas y algunos
informantes, estos espacios han perdido su sentido original y se han
vuelto más una especie de lugar para quejarse y nada más. Por otra par-
te, hay quienes manifiestan que no son lugares efectivos para resolver
los problemas. Como se exponía en el primer capítulo, tanto las comu-
nidades como las instituciones no son homogéneas, sino heterogéneas;
así, las visiones de diferentes sectores de una comunidad respecto de
un mismo asunto pueden llegar a ser no sólo distintas, sino incluso
contrapuestas y fuentes de conflictos, como a su modo ocurre en la
comunidad del sector “B” de Las Casitas de La Vega.
Josefina, por ejemplo, es una fiel defensora de la idea de que tanto el
CCA como la MTA deben volver a ser los espacios que eran antes: unos
Capítulo 3. Comunicación intercultural y participación social en la experiencia …
!89 !
en los que la gente iba a debatir sobre sus problemas colectivos con las
instituciones para tratar de alcanzar soluciones que beneficien a todas y
todos. En su opinión, actualmente tanto el CCA como las MTA se han
convertido en una suerte de oficinas de quejas y reclamos en los que
las vecinas y los vecinos sólo asisten para poner su queja individual,
esperar la indicación de una posible visita de Hidrocapital para ver qué
ocurre y luego retirarse sin mostrar valoración por lo que pueda decir
el resto de las personas presentes y sin escuchar alguna información de
interés que se pueda dar. Al respecto, Josefina nos decía: “Es muy fácil
venir, decir qué ocurre en mi casa y luego irme y no escuchar a los de-
más. La gente viene y sólo le importa su problema… Antes no era así”
(conversación con Josefina el 03.02.2007).
Celestino
17
también se expresa en términos similares a los de Josefina,
pues cree que tanto el CCA como la MTA se han convertido en simples
espacios para que las vecinas y los vecinos formulen sus quejas y recla-
mos del servicio de manera individual, perdiéndose el sentido de debate
y búsqueda de soluciones colectivas a los problemas de la parroquia y
de la comunidad. Para muestra tomemos esta intervención de Celestino
en una reunión de la MTA de su sector: “Nosotros acá no hablamos
de un chorrito, de una cloaca […]. Cuando alguien viene y nos pide
que reclamemos por su cloaca le decimos que sea ella misma quien lo
reclame. Si seguimos reclamando por chorritos, por llaves, no llegamos
a nada” (intervención en reunión del CCA de La Vega realizada en el
sector “B” de Las Casitas, 06.10.2007).
17 Es hijo de la señora Ernestina, hermano de Antonio “Oriente”, tiene alrededor de 38 años
de edad. Actualmente cursa el bachillerato en la Misión Ribas y trabaja como promotor
social para la Alcaldía de Caracas. Tiene una participación importante en muchas de las
experiencias que ocurren en la comunidad, entre ellas la MTA. Ha colaborado ampliamente
con Josefina en “montar” las reuniones de la MTA en el sector y siempre está pendiente de
cómo se desenvuelven las reuniones, de darles seguimiento y ejercer presión para que los
acuerdos se cumplan. Ha participado en todas las reuniones de la MTA que se han llevado
a cabo en el último año.
!90 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
Antonio “Oriente”
18
coincide con ambos y comenta que el CCA como
las MTA han perdido su sentido de educación y participación para con-
vertirse en espacios para las quejas y los reclamos. Esta situación con-
duce a que la gente se desmotive y deje de participar. “Antes las Mesas
de Agua servían para educar, la gente se interesaba, [pero] ahora es sólo
para reclamos, para decir que se me rompió el tubo…” (intervención en
reunión del CCA de La Vega, 22.04.2006).
Sin embargo, otras vecinas y otros vecinos tienen visiones diferentes,
que no tiene que ver con el uso de esos espacios para sólo quejarse, sino
que exploran un poco sobre las razones de la ausencia en las reuniones
de las personas que viven en el sector.
Una posible causa tiene que ver con la aparente poca eficacia de las
reuniones de la MTA o del CCA. Al respecto, la señora Blanca Gonzá-
lez, habitante de la 4ta. terraza desde hace 26 años, hace la siguiente
reflexión: “Nos hemos achantado [abstenido de participar]. ¿Por qué es
ese ‘achantamiento’? Porque resulta ser que uno se cansa. Son reunio-
nes, reuniones, reuniones y reuniones y a veces no se ve nada. Es puro
esperar, esperar, esperar y, entonces, la gente no frecuenta mucho las
reuniones que hay de Mesas de Agua y esas cuestiones. Por causa de
eso, de tanto esperar: que no se le ve el queso a la tostada” (entrevista
realizada el 28.07.2007).
Otra posibilidad parece estar asociada a la falta de información opor-
tuna y al poco tiempo disponible para asistir a las reuniones. Al menos
es lo que se desprende del testimonio de la señora Gloria Hernández,
habitante de la 4ta. terraza, cuando le preguntamos acerca de la MTA: “Sí
sé que existe, pero no sé cuál es… yo he oído nombrar lo de las Mesas
18 Antonio López es su nombre. También es hijo de la señora Ernestina y es el compañero de
Josefina, tiene alrededor de 35 años de edad. Actualmente cursa estudios de bachillerato
en la Misión Ribas. Trabaja como albañil en obras de construcción. Ha asistido a alguna
reunión del CCA y a alguna de la MTA del sector. Si bien no tiene una participación des-
tacada en el tema del agua, siempre está pendiente de cómo se desarrollan las cosas y está
dispuesto a apoyar cualquier iniciativa que se pretenda llevar a cabo.
Capítulo 3. Comunicación intercultural y participación social en la experiencia …
!91 !
Técnicas para lo del agua, pero no he estado embocada. Pero no por
ellos, sino a lo mejor por mí, porque uno trabaja todo el día y uno viene
cansado y no va [a las reuniones]. Por ejemplo, yo siempre escucho que
en la [Escuela] Canaima hay reunión del agua y siempre están las ‘tres
pelagatas’ [las únicas personas] de siempre, que son la señora Lourdes,
la mamá de Josefina y ella” (entrevista realizada el 28.07.2007).
Por otra parte, coincidiendo con las preocupaciones de Josefina, Celes-
tino y Antonio “Oriente”, Sandra Torres, antigua promotora comunitaria
de La Vega, en las reuniones mostraba su interés permanente por intro-
ducir otras discusiones, más generales, de manera que fueran abordadas
por las y los asistentes al CCA, o bien procurar que las reuniones de la
MTA aportaran soluciones posibles y no únicamente quejas y reclamos.
De esto fuimos testigos cada vez que participamos en estas reuniones.
Sin embargo, también fuimos testigos del poco interés mostrado por
buena parte de la gente presente en dichas reuniones.
Andreína Ruiz,
19
promotora comunitaria de Hidrocapital que actual-
mente tiene a su cargo a la parroquia La Vega, hace la siguiente reflexión
que sirve para ilustrar la actual situación de estos espacios, al menos
en La Vega: “Para La Vega se tiene que tener un promotor sólo para La
Vega. Para yo poder atender a todos los sectores como Mesas Técnicas
de Agua debería estar dedicada nada más a La Vega todo el mes, y el
Consejo Comunitario se haría una vez al mes invitando a todas estas
Mesas Técnicas para que ellas hicieran sus propuestas a través de un
proyecto. Lamentablemente no es así y he tenido que dedicarme sola-
mente una vez al mes a un Consejo Comunitario y lo demás son ins-
pecciones. Se tendría que evaluar a lo interno de nosotros [en alusión a
la Coordinación de Gestión Comunitaria del Sistema Metropolitano de
Hidrocapital] la posibilidad de que cada promotor esté destinado a una
19 Andreína Ruiz es promotora comunitaria de Hidrocapital desde 1999. Su zona de atención
es Baruta y El Hatillo, pero ha debido encargarse también de la atención de la parroquia La
Vega desde enero de 2007.
!92 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
parroquia para poder tener una verdadera atención y para que funcione
el Consejo Comunitario como fue concebido: donde se llevan las pro-
puestas, donde la gente lleva sus posibles soluciones y no que sea un
departamento de quejas, que es en lo que se ha convertido” (entrevista
realizada el 18.06.2007).
Miguel López, antiguo funcionario de Hidrocapital y miembro del equi-
po de trabajo inicial de la Gerencia Comunitaria de esta empresa que
inició la experiencia de las MTA en la ciudad de Caracas, fue más explí-
cito sobre lo que las MTA y el CCA debían ser: “Nosotros teníamos en
mente que fueran un espacio público, abierto a todas y todos sin impor-
tar partido político, religión, orientación sexual. Que fueran espacios
periódicos, ya que sólo así puedes garantizar que circule la información,
que la gente aprenda de la hidrológica y que la hidrológica aprenda las
dinámicas de las comunidades. Que fueran permanentes, lo que está
asociado a lo anterior… que fueran una especie de escuela de formación
popular… que sirvieran para tomar conciencia de lo público y de su
apropiación. En definitiva, lograr lo que dice el artículo 184 de la Cons-
titución. No nos imaginábamos que servirían para una recuperación de
la identidad y de la historia local” (entrevista realizada el 04.05.2007).
No obstante, pareciera que los representantes de la parte técnica-ope-
rativa de Hidrocapital tienen otra manera de entender estos espacios,
que coincide con lo que hemos constatado en nuestras observaciones
de campo: que terminan siendo espacios para la queja y el reclamo,
pero no para lograr el deber ser que expresaba Miguel López. Por ejem-
plo, Salazar, ingeniero de la contratista de Hidrocapital (Operadora “4”),
quien durante varios años estuvo a cargo de la parroquia La Vega, hace
la siguiente reflexión: “En principio [la idea] era escuchar los problemas
y buscar soluciones inmediatas. No era cambiar toda la red de distribu-
ción de todo un sector, sino era solucionar los problemas momentánea-
mente mientras Hidrocapital se encargara de hacer los proyectos que
hacían falta para solventar la escasez de agua […]. Aunque esto después
cambió porque la gente de la comunidad ya no quería que le repararan
un tubo, sino que le cambiaran la red de distribución… ya se hizo más
complicado, pero se tomó en cuenta a la gente. Ya no fue una cuestión
de reparar una tubería, sino que tenías que hacerle su proyecto tanto de
Capítulo 3. Comunicación intercultural y participación social en la experiencia …
!93 !
agua potable, como de agua servida… cambió la costumbre” (entrevista
realizada el 07.05.2007).
En términos más o menos similares se expresa Raúl Bustamante, el ins-
pector de obras de Hidrocapital: “La experiencia que tengo es que [en
estos espacios] sí se resuelve bastante. Aparte de que sale la problemáti-
ca directamente de la comunidad: ellos mismos vienen y te exponen el
caso, lo único es que tienen muchos conceptos errados. Ellos piensan
que uno le va a reparar todo lo que no nos corresponde a nosotros. No-
sotros reparamos colectores y tuberías principales hasta donde llegue el
medidor” (entrevista realizada el 07.05.2007).
Si bien Salazar y Bustamante reconocen que tanto las MTA como el CCA
son espacios que han servido para resolver algunos problemas a través
del conocimiento de las problemáticas de boca de las propias comuni-
dades, no comentan sobre lo que a Josefina, Antonio “Oriente”, Celes-
tino o a la propia Sandra Torres les preocupaba: que sólo sirvieran para
eso, para escuchar quejas. No obstante, el ingeniero Ernesto Guevara,
con larga experiencia previa en el antiguo INOS y al momento de reali-
zar esta investigación presidente de la “Operadora 4”,
20
tiene una visión
muy particular que permite dar una explicación a esta situación: “El
problema que yo veo en esto es que siempre se crean expectativas que
generalmente rebasan la capacidad de respuesta [por parte de Hidroca-
pital]. ¿Cuál es el interés de la gente? Que le resuelvan sus problemas,
que le resuelvan su peo. A mí [haciendo el papel de un miembro de la
comunidad] no me importa el problema que tú [en alusión a Hidrocapi-
tal] tengas, a mí no me importa el problema de materiales que tú tengas,
a mí no me importa el problema de equipamiento, lo importante para
mí es que tú me resuelvas mi peo” (entrevista realizada el 10.05.2007).
20 Era el jefe del ingeniero Salazar y, hasta hace pocos meses, presidente de la contratista
“Operadora 4” que tenía a su cargo las labores de mantenimiento de la red de agua potable
de la así llamada “Área 4” (esta área quedó ahora a cargo del ingeniero Hurtado a través de
otra contratista). Tiene alrededor de 50 años de edad. Anteriormente llegó a ser el Gerente
de Mantenimiento del Acueducto Metropolitano del entonces Instituto Nacional de Obras
Sanitarias (INOS), hoy Hidrocapital.
!94 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
Sobre los usos y apropiaciones de lenguajes
y conocimientos y los usos del tiempo
alrededor de la experiencia de las MTA
y el CCA
Otros elementos importantes derivados de toda la experiencia de las
MTA y el CCA son precisamente, tanto los usos y apropiaciones diversas
que los actores sociales hacen de lenguajes y conocimientos como los
usos que hacen del tiempo. Sobre esto reflexionan abiertamente las y los
representantes de Hidrocapital, pues quizás para ellas y ellos han sido
representativos los cambios de sentido al respecto.
Por ejemplo, Raúl Bustamante, inspector de Hidrocapital, nos ofrece la
siguiente reflexión: “La gente se aprende más o menos lo que necesita
para formar un lío [un problema], o sea, se aprende algo para armar un
lío… pero sí hay gente que ha aprendido algo, que sabe qué es un tubo,
cómo se trabaja la tubería… hasta aprende la parte de operaciones:
cuando hay agua, cuando prende la bomba [de agua], si está trabajando
con una [bomba] o con las dos” (entrevista realizada el 07.05.2007).
El ingeniero Salazar, quien era el que tenía a su cargo las labores de su-
ministro y mantenimiento del área, tiene una visión similar expresada
en la siguiente reflexión: “Cambió la costumbre… la gente aprendió
a llamar al ‘agua blanca’ agua potable y al ‘agua negra’ agua servida,
adquirieron el conocimiento de la diferencia de cada cosa. [Por otra
parte] al principio también era difícil para la comunidad y para nosotros
comunicarnos. Porque nosotros hablábamos de succiones, de presiones
y caudales… y para explicarles a ellos era bastante difícil, por ejemplo,
qué caudal mandaba una estación de bombeo, qué eran niveles de ser-
vicio, las cotas… bueno, muchas cosas que se fueron enseñando a las
comunidades… Han aprendido unos términos no tan profundos, pero
se desenvuelven bastante bien” (entrevista realizada el 07.05.2007).
Sobre este asunto, Miguel López, el primer promotor comunitario de
Hidrocapital en La Vega, también fue enfático al afirmar que por parte
de las comunidades hubo una excelente experiencia de apropiación de
Capítulo 3. Comunicación intercultural y participación social en la experiencia …
!95 !
algunos términos característicos y de algunos conocimientos básicos de
la ingeniería y de la hidráulica, que además de conformarse en una
fuente importante de aprendizajes para sus miembros, también consti-
tuyó una fuente permanente de intercambios con esos “otros” (los inge-
nieros y técnicos de Hidrocapital, por ejemplo). Ambas facetas permi-
tieron otorgarles otros sentidos a las prácticas que en la MTA o el CCA
se desarrollaban.
De hecho, para “El Flaco” Jiménez el asunto del uso de cierto lenguaje,
bien sea técnico y/o académico, es un asunto fundamental, pues reco-
noce que puede convertirse en una barrera entre las partes. Para él, el
lenguaje debe ser sencillo para que todos los miembros de la comu-
nidad puedan comprender lo que se dice o, en su defecto, que se les
enseñe de qué manera hablar. Celestino, por su parte, también es un
defensor de la idea de que se hable en lenguajes de fácil comprensión,
pues de lo contrario se crearían distancias y se ejercerían resistencias
por falta de entendimiento. Celestino ha reflexionado mucho al respec-
to y cuando hace referencia a “lenguajes de fácil comprensión” incluye,
al igual que “El Flaco”, tanto al uso del vocabulario técnico propio de los
ingenieros y técnicos de Hidrocapital, en particular y de todas las otras
instituciones, en general, como al uso de vocabularios muy académicos,
poco “populares”, entendibles, por la mayoría de los profesionales de
las instituciones.
Por otro lado, a propósito de los usos del tiempo, Miguel López comentó
lo siguiente: “Hubo cosas que no salieron a la luz de la gente de las co-
munidades, pero al principio de la experiencia de las MTA en Hidroca-
pital hubo fricciones respecto del uso del tiempo. Eran problemas como
‘me vas a pagar horas extra’” (entrevista realizada el 04.05.2007).
Raúl Bustamante hace una reflexión muy interesante al respecto que
expresa elementos importantes a ser valorados con más detalle. Decía lo
siguiente: “Los sábados se lo tienen que respetar a cualquier trabajador
de cualquier parte del mundo… [pero] uno como buen trabajador va
los sábados a trabajar por los problemas que existen en las comunida-
des, pero a mí no me pagan ese sábado. Voy a trabajar de gratis para que
!96 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
me regañen de gratis. Yo voy para beneficiar, no porque me beneficia a
mí… A lo mejor ese sábado yo pudiera ir a una reunión que beneficie a
mi sector, pero como lo tengo ocupado no puedo ir… Aunque ya uno
lo asumió como parte de su trabajo, aunque no me lo paguen. Pero la
gente debe tener un poquito más de cordura para tratar a las personas
que vamos para allá [al CCA o a una reunión de MTA] a trabajar” (en-
trevista realizada el 07.05.2007).
Andreína Ruiz, sobre este particular, nos dijo lo siguiente: “Cuando no-
sotros comenzamos aquí no teníamos horario. Para nosotros está esta-
blecido que no hay horario de salida. Hay que atender a la comunidad
en el momento en que ella nos lo solicite. También esto fue un impacto
dentro de la empresa, bueno porque están acostumbrados a un entrar
y salir a las 8 de la mañana y a las 5 de la tarde. Sin embargo sí se in-
volucraron los técnicos en los espacios sábados, domingos, de lunes a
viernes. Que poco a poco lo hemos ido subiendo [en alusión a que ya
no hacen las reuniones tan tarde como antes], ha sido debido a la inse-
guridad, a muchos factores que pasan en el día a día y a que nos hemos
dado cuenta de que la gente que está en el espacio es la gente que ver-
daderamente tiene la necesidad y van a estar siempre en el horario que
tú los convoques” (entrevista realizada el 18.06.2007).
Sobre este punto, la gente de las comunidades tiene mucho que decir,
en especial las vecinas y los vecinos del sector “B” de Las Casitas. Por
ejemplo, el escoger una fecha y un horario para realizar una reunión es
motivo de varias consideraciones, que en ocasiones no están acordes
con los tiempos de las instituciones. No obstante, Antonia, habitante
de la 2da. terraza, expresa lo siguiente: “Estamos en el tiempo que ellos
[las instituciones] vengan a reunirse con nosotros, no que nosotros nos
vayamos a reunir allá con ellos” (intervención en la Asamblea Comunal
del sector del 20.05.2007). Esto implica no sólo un asunto territorial,
sino también que debe ser cuando las comunidades puedan, después
de haber cumplido con sus obligaciones (no sólo las que tienen que
ver con sus trabajos, sino también aquellas tales como hacer mercado,
hacer la comida, lavar, etcétera).
Capítulo 3. Comunicación intercultural y participación social en la experiencia …
!97 !
En este punto la breve reflexión de la señora Gloria Hernández referida
unas páginas atrás, permite cuestionar la afirmación tajante de Antonia.
Es decir, más allá de que sea el tiempo de que las instituciones vayan
a reunirse en las comunidades a los horarios que las y los habitantes
convengan, parecen seguir habiendo diferencias sobre el sentido del
tiempo, sobre para qué es legítimo usar el tiempo “libre”: ¿para reunirse
con las instituciones y resolver problemas o para descansar después de
una seguramente extenuante jornada de trabajo?
La señora Miguelina Mata, la dueña de la bodega que está en la zona
“Independencia” frente a la entrada de la 3ra. terraza, reflexiona al res-
pecto en los siguientes términos: “La verdad es que, como usted ve, yo
soy una mujer ocupada, que casi no puede estar yendo a reuniones ni
nada. A veces sí sé que hay reuniones, que vienen, que no sé qué…
hasta ahí. Pero a veces pregunto: ‘¿Qué pasó en la reunión?’. No le pue-
do decir en realidad tanto porque yo no asisto casi a las reuniones… a
veces el horario no me sirve y si no es por aquí [en el sector], por allá en
otro lado menos puedo ir” (entrevista realizada el 30.06.2007).
Sobre los problemas con el servicio de agua,
sus soluciones y el rol de las instituciones
Para la comunidad del sector “B” de Las Casitas de La Vega hay dos
problemas críticos relacionados con el agua: la falta de suministro con-
tinuo y permanente de agua potable y el deterioro de la red de cloacas.
Según nuestras y nuestros informantes, para ambos problemas hay sen-
dos proyectos que, de concretarse, serían las soluciones a los mismos.
De hecho, ha sido común escuchar tanto en reuniones (sean del CCA o
de la MTA) como de boca de gente de Hidrocapital y de la comunidad,
que estos proyectos tienen “años” esperando por su aprobación y con-
secuente ejecución.
Esto nos lleva a pensar en dos dimensiones de estos problemas. La pri-
mera asociada a las posibles soluciones que son imaginadas y su con-
frontación con lo técnico (sea una cuestión “ingenieril” o una cuestión
!98 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
administrativa), y la segunda asociada con el rol de las instituciones
frente a los problemas de la comunidad.
Respecto de la primera dimensión, la mayoría de las personas entrevis-
tadas coinciden en afirmar que la construcción de un gran tanque en la
5ta. terraza es la solución y no se detienen a observar si existe alguna li-
mitación técnica para ello. En algún sentido, esto también tiene que ver
con que desde hace cinco años Hidrocapital ha ofrecido el mencionado
tanque como la solución al problema de la escasez de agua potable. Sin
embargo, técnicamente no se asegura que así sea, pues está supeditado
a los resultados del así llamado “Estudio de los niveles del servicio de
agua potable de la parroquia La Vega”.
21
Por ejemplo, cuando le preguntamos a la señora Miguelina Mata sobre
el problema del agua en el sector, ella nos da su solución al mismo. Vea-
mos su testimonio: “[El problema del agua] se puede solucionar hacién-
donos el tanque allá arriba [en la 5ta. terraza]. Los de acá arriba pasamos
trabajo y no sería lo mismo si tuviéramos el tanque. […] ¡Que pongan
el tanque y cuanto antes mejor!” (entrevista realizada el 30.06.2007).
La señora Miguelina no es la única que piensa en esto como la solución
ideal. En varias reuniones en las que estuvimos presentes esta solución
es la que, por decirlo de alguna manera, más adeptos tiene. De hecho,
las únicas dos reuniones de la MTA del sector que se han llevado a cabo
desde septiembre de 2005 han sido para tratar este punto, al igual que
para conversar sobre el proyecto de sustitución de la red de cloacas
del sector. Para las vecinas y los vecinos las soluciones son ésas y, para
ellas y ellos ya están proyectadas, así que sólo falta que comiencen a
realizarse.
21 Este estudio fue contratado por Hidrocapital a una cooperativa de ingenieros llamada “Coo-
perativa Juan Manuel Cagigal”. De este proyecto se viene hablando en las reuniones del
CCA desde antes de que comenzáramos a asistir a ese espacio (septiembre de 2005), según
lo comentado por Sandra Torres. De hecho, las respuestas de este estudio deben arrojar
las soluciones a los problemas no sólo de Las Casitas, sino de muchos otros sectores de la
parroquia La Vega. Al punto que Hidrocapital no se atreve a diseñar ningún proyecto de
envergadura hasta que no tenga el informe final de la Cooperativa Cagigal.
Capítulo 3. Comunicación intercultural y participación social en la experiencia …
!99 !
Sin embargo, en ocasión de una de esas reuniones de la MTA a la que
asistieron dos ingenieros representantes de la Cooperativa Cagigal, las
vecinas y los vecinos quedaron contrariados cuando la ingeniera Ma-
nuela Zerpa, después de explicar de qué se trataba el “Estudio de los
niveles de servicio de agua potable de la parroquia La Vega”, dijo: “Va-
mos a comenzar la fase de propuestas [dentro del estudio general de la
parroquia] y el tanque es sólo una de las posibles propuestas. Apenas
ahora es que se comenzará a estudiar su factibilidad” (intervención en
la reunión de la MTA del 03.03.2006).
Creemos que el siguiente largo fragmento de una entrevista realizada a
la ingeniera Manuela Zerpa puede ser emblemático para mostrar lo que
hemos querido llamar el contraste entre las soluciones imaginadas y su
factibilidad técnica, a propósito de la posibilidad de construir el tanque
en el sector:
La idea del tanque surge del proyecto. Después sí supe que siempre han hablado
de un tanque. Pero el tanque sin un estudio que te diga que tú vas a sacar una
tubería del estanque Panamericano [-La Vega], que se va a independizar del
servicio a los bloques que están más abajo [los bloques de Los Mangos], que
te permita detectar que está trabajando mal el estanque, no haces nada. Tiene
que venir [acompañado] de un estudio serio, donde realmente te digan que
por desnivel y por las condiciones de trabajo hay no solamente que hacer un
tanque, es sacar la tubería que está en la propuesta para Las Casitas.
Los proyectos que se hagan, las propuestas que quiera desarrollar la comu-
nidad no pueden estar fuera de lo que es el “Plan Maestro”, porque no van a
tener efecto. Hay que involucrarlos dentro del plan para que sean viables. Tú
tienes que ser muy claro, más cuando tú estás haciendo un proyecto serio. Tú
construyes el tanque, ¿para qué? Si no existe la tubería de aducción que venga
desde el estanque Panamericano-La Vega, ¿para qué quieres tanque [en Las
Casitas]? Es así de sencillo, las cosas son sencillas, para qué complicarlas.
Por otra parte, no podemos tener una visión “corta” de la problemática, debe-
mos tener una visión de comunidad. No solamente voy a solventar un proble- ión de comunidad. No solamente voy a solventar un proble-
ma [puntual]. Se quiere solventar el problema en Las Casitas, pero hay otras
comunidades que tienen la [misma] problemática. Entonces tienes que tener
una visión de comunidad, no es solamente un sector. Las propuestas –por eso
se les dice “Plan Maestro”– engloban soluciones para varias comunidades cer- o”– engloban soluciones para varias comunidades cer-
canas que van a tener una solución con el desarrollo, con la construcción de
las propuestas.
!100 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
Cuando a uno le contratan un proyecto de éstos es netamente técnico. Integrar
la parte social es algo nuevo para todos nosotros. Lo está tratando de hacer no
solamente Hidrocapital a través de estas reuniones que hace con la comunidad,
otros organismos del Estado también. Creo que esto hace más viables todos
los proyectos. Para nosotros es bien interesante el aporte que da la comuni-
dad. La comunidad nos ha dado información, es su preocupación, y hemos
detectado problemas porque la comunidad nos los dice (entrevista realizada
el 29.08.2007).
Además del contraste entre las soluciones imaginadas y su factibilidad
técnica, acá es posible introducir el otro elemento que indicamos más
arriba: el rol de las instituciones frente a los problemas de la comuni-
dad. Por ejemplo, a partir de la intervención de la ingeniera Manuela
Zerpa, algunas vecinas y vecinos hicieron otras intervenciones que alu-
den precisamente a este punto.
Celestino, con tono de absoluta molestia y cara de frustración, decía:
“La falta de participación tiene una causa en la ausencia de respuestas
por parte de las instituciones… nos sentimos burlados, engañados por
Hidrocapital por todos estos años de peloteo, de no hablarnos claro”
(intervención en la reunión de la MTA del 03.03.2006).
Josefina, por otra parte, decía en esa misma reunión: “Ante la falta de
respuestas no hemos hecho bochinche para que no nos mal utilicen
como oposición [al Gobierno], pero estamos tirados en el piso por esto
que nos acaban de decir… quizás sea momento de hacerlo”
22
(interven-
ción en la reunión de la MTA del 03.03.2006).
22 Sobre este punto consideramos conveniente hacer algunas acotaciones. Cuando Josefina
hace esta afirmación, alude a que con la llegada del gobierno de Hugo Chávez a partir
de 1999 muchas de las luchas de los sectores populares se han visto favorecidas por las
acciones del Gobierno. El ejemplo más claro es la consolidación de las Mesas Técnicas de
Agua como herramienta de política pública. Ya no era necesario luchar contra el Gobierno,
sino más bien luchar con él para apuntalar los cambios necesarios. A partir de entonces, las
instituciones del Estado se convirtieron en “aliados” que no sólo se mostraban compren-
sivas frente a los reclamos de los sectores populares, sino que incluso daban la sensación
de querer buscar las soluciones en el menor tiempo y de la mejor manera posible. De allí
que sea una contrariedad pensar en tener que volver a tomar las medidas que se llevaban
Capítulo 3. Comunicación intercultural y participación social en la experiencia …
!101 !
Año y medio después, las intervenciones de las y los participantes de es-
tas reuniones no han cambiado de tono, pero parecen tonarse un poco
más críticas respecto del estado de las cosas. Josefina, por ejemplo, decía
lo siguiente: “Estamos buscando el cambio, todo el poder al pueblo…
pero el pueblo no lo quiere asumir y por eso es que no se dan las cosas.
Si se quiere el cambio hay que asumirlo” (intervención en reunión del
CCA de La Vega realizado en el sector “B” de Las Casitas, 06.10.2007).
La señora Lourdes, madre de Josefina y fundadora del sector “B” de Las
Casitas de La Vega, hace la siguiente reflexión: “Ocho años escuchando
las propuestas y nada que nos mejoran el servicio. Ahora vienen con el
cuento de que todo se lo encargan a los Consejos Comunales… hasta
las carnicerías quieren dárselas a los Consejos Comunales. Y yo me pre-
gunto: ¿y las instituciones? […] Además, nunca se habla del problema
de las aguas servidas. En cualquier momento se termina de romper esa
cloaca [en alusión al problema con la red de cloacas del sector] y a nadie
le importa. El problema con las instituciones es que todo lo que hacen
pa’ los pobres lo hacen mal… ¿De qué sirven las instituciones? La gente
que participa no lo hace más porque le trancan las cosas en las institu-
ciones. A la gente no le interesan los problemas. Ni siquiera a quien le
está corriendo el agua sucia por su casa se digna a ir a las reuniones a
reclamar” (intervención en reunión del CCA de La Vega realizado en el
sector “B” de Las Casitas, 06.10.2007).
Fuera del calor de las intervenciones en esas reuniones, hay otras re-
flexiones sobre el rol de las instituciones frente a los problemas de
a cabo antes de 1999, pues ello pudiera no sólo ser contraproducente para la comunidad,
sino que también podría ubicarlos como oposición al Gobierno. Esto último tiene que ver,
además, con una dinámica un tanto perversa que ha surgido en el ámbito político nacional
a partir del golpe de Estado de abril de 2002 y el posterior paro-saboteo petrolero nacional
de 62 días entre diciembre 2002 y febrero 2003, según la cual todo lo que suene a crítica
a las políticas del Gobierno que sean ventiladas a través de cualquier medio es considerada
“oposicionismo” y, por ende, relacionado con los sucesos de 2002 y 2003, sino con ser
funcionales y dirigidas por el “imperialismo yanqui”.
!102 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
la comunidad que resulta interesante poner sobre el tapete, pues dan
cuenta de posibles nudos de conflictos a ser tomados en cuenta tanto
por la comunidad como por Hidrocapital.
Un vecino del sector en la reunión de la MTA del 17.09.2005 decía lo
siguiente: “Hemos sido muy pasivos como comunidad por los proble-
mas políticos [en alusión a lo que comentamos en la nota al pie nº 22
de este texto]… no hay recursos, no hay materiales. Hidrocapital debe
asumirlo”. A lo que Josefina, en esa misma reunión, comentaba: “Yo no
puedo estar repitiendo lo que ellos [Hidrocapital] dicen… las institu-
ciones tienen que decirle directamente a la comunidad las cosas”. Pero
otro vecino sostenía: “Nosotros como comunidad ya le perdimos credi-
bilidad a las instituciones” (intervenciones en la reunión de la MTA del
17.09.2005).
El ingeniero Guevara, el para entonces presidente de la Operadora “4”
y quien fungía como jefe del ingeniero Salazar, hace una larga reflexión
que resulta útil transcribir in extenso:
El problema que yo veo en esto es que siempre se crean unas expectativas hacia
la gente y esas expectativas generalmente rebasan la capacidad de respuesta.
¿Cuál es el interés de la gente? Que les resuelvan sus problemas […].–A mí
[haciendo el papel de un miembro de la comunidad] no me importa el
problema que tú tengas, a mí no me importa el problema de materiales que tú
tengas, a mí no me importa el problema de equipamiento, lo importante para
mí es que tú me resuelvas mi peo. Dentro de la magnitud de las cosas que tú
manejas, le toca a la institución, a la gente que resuelve los problemas, decidir
priorizar qué resuelve. Y al priorizar tú vas dejando fuera un conjunto de co-
sas… Por supuesto, en lo que tú vas dejando creas un gran malestar. Entonces,
cuando la gente va a una reunión y plantea un problema… dentro de quince
días o un mes va otra vez a la reunión y él se para y vuelve a plantear el pro-
blema… llega un momento en el que él se arrecha y dice: “¡Coño, vale, tú lo que
eres es un farsante, un payaso”. Porque lamentablemente quien asiste siempre
a la reunión es él, eres tú, es el de [la Coordinación] Comunitaria que tengan
asignado a esa zona o el inspector [de Hidrocapital] que tengan asignado…
Pero lamentablemente la magnitud de las decisiones para poder atender algún
problema en algún momento escapa de las manos de ellos. ¿Por qué? Porque no
manejan recursos, no manejan decisiones de inversión [de recursos]. Enton-
ces, vamos arrastrando siempre una serie de problemas que no resolvemos. En
Capítulo 3. Comunicación intercultural y participación social en la experiencia …
!103 !
fin, creas muchas expectativas y no las aclaras. El otro problema es que aquí
no hay instituciones [hace alusión a las alcaldías o las juntas parroquiales,
por ejemplo] que asuman su responsabilidad y nosotros como institución [se
refiere a Hidrocapital] no hacemos que ellas las asuman. La responsabilidad
de los servicios públicos en una ciudad recae en las alcaldías (entrevista reali-
zada el 10.05.2007).
Por su parte, Andreína Ruiz, a propósito del rol de Hidrocapital y el
manejo de los recursos, comenta lo siguiente: “A nosotros nos dicen
que tenemos que enlazar la Mesa Técnica con el Consejo Comunal en
cuanto al servicio de agua potable y de aguas servidas. Sin embargo,
no descartamos darle atención a la gente [de las comunidades que aún
no tengan constituido su Consejo Comunal]. Igualito Hidrocapital les
va a elaborar su proyecto, porque eso es lo que nos toca a nosotros:
que la gente haga su diagnóstico e Hidrocapital hace el proyecto, que
se los entregará a ellos. Y hay otras vías de buscar recursos. Ahorita
hay otras vías para buscar recursos sin necesidad de estar conformados
como Consejos Comunales. Lo que es que Hidrocapital sí no los tiene
[los recursos], eso es lo único. La comunidad tiene que organizarse y
buscarlos por otras vías: está la LAEE [Ley de Asignaciones Económicas
Especiales], está el Fides [Fondo Intergubernamental para la Descentra-
lización], está la Alcaldía que a veces da recursos” (entrevista realizada
el 18.06.2007).
Sobre el ciclo de suministro de agua
potable, los usos del agua y el pago
del servicio
Esta sección está dedicada a explorar sobre tres temas que fueron emer-
giendo a lo largo de nuestra investigación y que están íntimamente re-
lacionados con la cuestión del agua en general. A primera vista no pa-
recen conflictos de sentido relativos a la comunicación intercultural en
la experiencia de participación en la MTA o el CCA que nos ocupa. Sin
embargo, como veremos en las próximas páginas, los testimonios de
nuestras y nuestros colaboradores resultan significativos al respecto.
!104 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
Sobre el ciclo de suministro
En el sector “B” de Las Casitas de La Vega hay diferencias importantes
entre las vecinas y los vecinos a propósito del así llamado ciclo de su-
ministro. Este ciclo consiste en que Hidrocapital envía agua potable al
sector durante cuatro días continuos para luego racionar el servicio por
otros cuatro días continuos, es decir, es un ciclo de cuatro días con agua
por cuatro días sin ella. Para algunas y algunos es suficiente el ciclo de
suministro actual, se muestran conformes y lo entienden como un logro
significativo de las luchas anteriores. El testimonio de Alba Verdú
23
es
elocuente: “El servicio ha mejorado mucho porque antes tenía que ir
Hidrocapital [al sector] con bombas [camiones cisterna] para que uno
pudiera llenar y recoger un poquito de agua y ahorita el servicio ha
mejorado ¡demasiado! Llega el agua bien, cada cuatro veces a la semana
todo el día”.
En línea similar se expresa el señor Raúl Tovar,
24
aunque no coincide en
que las mejoras del servicio se deban a las luchas anteriores, sino más
bien a que: “Realmente ahorita [el servicio] está decente, nos están man-
dando el agua cada cuatro días. Porque antes durábamos una semana
y hasta quince días sin enviarnos el agua. Ahorita se ha hecho más fre-
cuente. Por lo menos nos la mandan y nosotros estamos esperando que
llegue ese día y ese día llega. [Lo cual es] muy importante, porque uno
programa lo que tiene que hacer y lo que no tiene que hacer, la limpieza
de la casa y lo otro. Pero con relación a que debería ser más eficiente, sí
23 Vecina de la 1ra. terraza del sector, tiene alrededor de 27 años, de los cuales 24 los ha vivido
allí. Anteriormente tenía una participación más activa en las iniciativas que son para las
mejoras de la comunidad, aunque actualmente se ha dispuesto a retomar su participación.
A diferencia de las vecinas y los vecinos que viven en la 4ta. y 5ta. terrazas, ella, al igual que
el resto de las y los que viven en la 1ra. terraza, goza del suministro de agua potable a través
del “ciclo de servicio” cada 4 días.
24 Vive en la zona “Independencia” frente a la entrada de la 2da. terraza del sector “B”. Tiene 14
años viviendo en el sector. Tiene alrededor de 45 años de edad. Es técnico hidromecánico.
Capítulo 3. Comunicación intercultural y participación social en la experiencia …
!105 !
te digo que hace falta. […] Creo que es que el Gobierno ha tomado más
en serio las necesidades de la población. Yo pienso que la comunidad no
hizo nada para cambiar la situación. Aquí yo veo mucha ignominia de
parte de los que nosotros decimos que son nuestros dirigentes [comuni-
tarios], yo los conozco” (entrevista realizada el 30.06.2006).
En oposición a esa visión se muestran tanto Jocelyn Silva, quien tiene
su puesto de teléfonos justo al frente de la casa del señor Tovar, como
Josefina. Jocelyn sostiene lo siguiente: “El agua no ha mejorado, pero
está regular. Porque para mí mejorar sería que manden el agua al menos
un día sí y un día no. La mandan tres días y después duran una semana
sin mandarla […] ¿Hidrocapital? Los de Hidrocapital son una cuerda de
flojos… a veces es un problema: mandan el agua en la madrugada como
que si uno es un vampiro, uno tiene que hacer todo en la madrugada y
la quitan en la tarde, después no la mandan más. Ahorita [el servicio]
sí está más o menos, no te digo que mandan el agua todos los días”
(entrevista realizada el 30.06.2007). Mientras que Josefina es un poco
más crítica al sostener que “la gente se conforma con sus cuatro días de
agua… claro, a ellos sí les llega durante el día, en cambio a nosotros
nos llega si acaso de noche dos días. La gente es muy conformista y no
les importa que habemos vecinos en el sector que no contamos con el
servicio” (conversación sostenida el 14.04.2007).
Es importante detenernos acá para indicar un primer problema: el ciclo
no opera igual para todas y todos en el sector “B”, pues las terrazas 1,
2 y 3 suelen gozar de los días del ciclo a plenitud, mientras que las te-
rrazas 4 y 5 tienen que esperar hasta las noches de los días en que hay
agua para poder a gozar del servicio. Josefina hace alusión a esto cuando
dice “a ellos sí les llega durante el día, en cambio a nosotros nos llega
si acaso de noche dos días”. En esto coincide con ella la señora Blanca
González, de la 4ta. terraza, aunque difiera un poco de los tiempos
con agua: “Cuando nosotros llegamos aquí hace, aproximadamente, 26
años, nosotros recibíamos agua por cisterna. Para [lo que tenemos] aho-
rita, estamos bien. Claro está, no podemos conformarnos con que nos
llegue cada ocho-nueve días. [El servicio] mejoró por la comunidad.
!106 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
Eran reuniones que se hacían. Se unía la comunidad e iba [al entonces
INOS] y peleaba” (entrevista realizada el 28.07.2007).
La señora Miguelina, quien vive en la zona “Independencia” al frente
de la 3ra. terraza, es un poco más consciente de esta desigualdad y la
manifiesta en los siguientes términos: “Ahorita es que medio la ponen
un poquito, pero sin embargo hay veces que el agua dura [en llegar]
porque se queman las bombas, entonces uno pasa trabajo con el agua.
A veces el agua, como es subiendo, va poco a poco. A veces llega hasta
arriba [terrazas 4 y 5]. A veces allá… pelan [pasa el ciclo y nos les llega
el servicio]” (entrevista realizada el 30.06.2007).
Un segundo problema, asociado al primero, pero que también apunta a
otro nudo de conflictos de sentidos en torno al agua, lo plantea la mis-
ma Josefina al afirmar que muchas vecinas y muchos vecinos utilizan
inadecuadamente el agua en perjuicio de las otras vecinas y los otros
vecinos que, como ella, viven en la 5ta. terraza, principalmente lavando
los carros o las casas sin tomar precauciones para no malgastar el agua.
Es decir, estamos frente a un asunto que remite a cuáles serían los usos
“legítimos” del agua.
Sobre los usos del agua
Este asunto no sólo es tratado por Josefina, sino que también otras ve-
cinas y otros vecinos lo traen a colación en sus relatos, la mayoría de
ellas y ellos haciéndose solidarios con los problemas de suministro de
las vecinas y los vecinos de las 4ta. y 5ta. terrazas.
Daniela Azuaje
25
dice lo siguiente: “Estos de aquí [haciendo referencia a
una casa ubicada en la 1ra. terraza] siempre lavan los carros y la gente
que vive allá al frente lavan los pipotes y botan el agua y yo les digo
25 Vecina de la 1ra. terraza, en donde vive desde hace 24 años. Daniela tiene alrededor de 50
años de edad. Hasta hace muy poco tiempo formó parte del CTU de su terraza y, anterior-
mente, participó activamente de otras iniciativas que se daban en el sector “B”.
Capítulo 3. Comunicación intercultural y participación social en la experiencia …
!107 !
que no boten el agua, pero por un lado les entra y por el otro les sale.
Uno más bien sale regañada. No toman conciencia de las cosas. Antes
le explicaban a la gente que iba a las reuniones que agarrara un tobito
para que lavara su carro [y así] no hubiera ese desperdicio de agua y no
deberíamos llamarnos la atención porque somos adultos ya. Pero en ese
sentido no ha mejorado mucho la cuestión, la gente no toma concien-
cia” (entrevista realizada el 15.04.2007).
En palabras del señor Corrado, la cuestión del mal uso del agua se da
porque: “Hay gente fundadora que incurre en ese caso [en el mal uso
del agua] y uno le llama la atención y [hace] caso omiso. Yo conozco
gente que está en el CTU [Comité de Tierra Urbana] y dentro de su casa
tienen un tanque que tiene un flotante malo y eso rebosa el agua pa’ la
calle […]. Y hay vecinos que traen al amiguito que tiene la camioneta
y el carrito… bueno, acá mismo donde estamos ahora hay un vecinito
que tiene una casa sola y él saca una manguera [para que] vengan tres
y cuatro carros y los lavan como si esto fuera una autolavado. Y por ahí
nos vamos: hay casas que las griferías no las arreglan y eso es un cons-
tante bote de agua y eso afecta también la difusión [por distribución
del servicio en el sector]. Y como tú sabrás, ellos [por Hidrocapital]
también tienen un control del consumo que podemos tener nosotros
como habitantes de esta zona. Ellos se darán cuenta y ahí empezará el
racionamiento también”.
La señora Miguelina refleja esta situación de la siguiente manera: “La
gente cuando llega el agua la bota. Esa pelea ya la hemos tenido. Preci-
samente no tienen consideración, por ejemplo, con la gente de allá [en
alusión a la gente de la 5ta. terraza]. Por ejemplo, yo soy una persona
sola, pero cuando llega el agua, run run run, lleno mis pipotes y tranco.
Pero la gente no, si tiene un carro ese día lo lavan al derecho y al revés,
[lavan] la calle, [bañan] a los perros. Entonces están lavando el carro y
dejan el chorro abierto. Pero esa pelea… varias personas [les han dicho]:
‘miren, cierren el chorro porque arriba no sube el agua’. Pero como son
personas, no sé si serán más bravas, entonces le dicen a uno hasta del
mal del que se va a morir” (entrevista realizada el 30.06.2007).
!108 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
Jocelyn tiene una visión similar: “Ése es otro problema. Ellos no cola-
boran. A veces yo estoy aquí sentada [en la entrada de la 2da. terraza] y
veo cómo botan y botan agua, pero yo sola no puedo decirles ‘mira, no
estés botando el agua porque ése es el líquido vital para nosotros’. Ellos
lo que te pueden es mentar la madre. ‘No es problema tuyo’, es lo que
me pueden decir” (entrevista realizada el 30.06.2007).
Zoraida Requena,
26
la directora de la Escuela Canaima, en una postura
un poco menos “comprometida” también se expresa al respecto, inclu-
yendo la dimensión de la necesidad de crear conciencia entre las vecinas
y los vecinos: “Creo que es conciencia lo que todo el mundo debemos
tomar. A nosotros que vivimos en las últimas terrazas no nos llega el
servicio de agua sino hasta un día después que le llega a la gente de las
otras terrazas más abajo. Porque existe la dificultad de que ellos hasta
que no llenan todos sus utensilios, todas las cosas, hasta el vasito de
agua que tendrán en sus casas, [el servicio] no nos sube a nosotros.
Pero además de eso, hasta que no han lavado los carros… En muchas
oportunidades sé que la comunidad ha salido a defenderse [frente al
abuso de los vecinos que lavan sus carros], quizás yo he sido la menos
comprometida en este sentido, pero sé que la comunidad es muy orga-
nizada y sale inclusive a decirle: ‘mira, por qué estás botando el agua’.
Eso es conciencia” (entrevista realizada el 24.03.2007).
La señora Gloria Hernández, de la 4ta. terraza, plantea algo similar a
lo dicho por Zoraida Requena en torno a la falta de conciencia de al-
gunas vecinas y algunos vecinos: “La gente no tiene conciencia, eso es
otra cosa. Cuando llega el agua y tú te pones aquí abajo [las terrazas 1
y 2] y ves a la gente lavando carros, lavando motos. Incluso, en estos
26 Es la directora de la Escuela Canaima. Tiene alrededor de 28 años y cursa actualmente
estudios de posgrado en Educación en la Universidad Católica Andrés Bello. Vive en la 4ta.
terraza junto a su madre, hermanas y hermanos. Ni ella ni su familia forman parte del grupo
de fundadores del sector, tampoco forman parte del grupo de líderes que tienen bajo su
responsabilidad las distintas actividades que se desarrollan: MTA, CTU, Comité de Salud,
etcétera, y no tiene una participación en esas actividades.
Capítulo 3. Comunicación intercultural y participación social en la experiencia …
!109 !
días me puse a discutir con un señor porque estaba botando agua y le
dije que el agua no era para botarla, el agua era para que usara la que
necesitara y dejara [para los demás]. Porque ellos a veces la tienen allá
botando y a nosotros nos llega de último. Y el señor me dijo que eso no
era problema mío, que él hacía con el agua lo que le diera la gana. Yo
creo que ésa no era respuesta, porque me parecía injusto. Eso es falta
de conciencia y yo se lo dije al señor, que era un inconsciente, pero me
dijo que no era problema mío, que esa agua era de él, de su casa. Pero
imagínate, una gente tan grosera si cada vez que tú le vas a decir algo te
sale con esas respuestas, a ti se te enfría el guarapo” (entrevista realizada
el 28.07.2007).
La señora Blanca González, también de la 4ta. terraza, coincide con la
señora Gloria en los siguientes términos: “Lo peor es que ellos allá abajo
[en las terrazas 1 y 2] sí están conscientes [del mal uso que le dan el
agua en perjuicio de los que viven en las terrazas de más arriba]. De he-
cho yo, cuando vengo subiendo de mi trabajo, he tenido algunos inter-
cambios de palabras con algunos vecinos de la parte de abajo y les digo
que todavía allá arriba no nos ha llegado el agua y tú las estás botando.
Ellos responden que eso no es problema de ellos, que si no nos ha llega-
do, pues no nos ha llegado. Eso es falta de concientización” (entrevista
realizada el 28.07.2007). Y su esposo, el señor Juan Ortega, remata con
lo siguiente: “Es que la misma persona debe darse cuenta de eso: ¿cómo
va a dejar usar el agua en ciertas cosas antes de darle primero el uso para
los individuos, para todo lo de la casa? Y no es solamente en este sector.
Ya usted baja por la curva [hace alusión a la curva final de Los Mangos,
en el sector que llaman “La Isla”], hay un grupito que cada vez que viene
el agua, como tienen un tanque que hace como 5 años parece que se lo
construyó la Gobernación [se refiere a la Alcaldía Mayor Metropolitana
de Caracas], pues lavan carros” (entrevista realizada el 28.07.2007).
Para el señor Raúl, sin embargo, la cuestión del uso del agua tiene otra
dimensión, más asociada a la conciencia individual que el señor Ortega
insinuaba con la pregunta retórica que hizo. Para el señor Raúl la situa-
ción es la siguiente: “Mira, también es un poco de conciencia de parte
!110 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
de uno… tú por lo menos entras a mis baños y en ninguno de mis ba-
ños tú consigues una gota de agua [botándose], ¡en ninguno! Y cuando
hay una gotica de agua, coño, yo me preocupo y le formo peo hasta a los
hijos míos […]. Voy a serte claro, yo de repente no pienso tanto en los
demás, sino que me va a faltar el agua a mí y yo creo que ya es bastante
con eso. Porque yo sé que cuando hace falta el agua, es una necesidad
muy jodida. Entonces yo les digo a ellos [a sus hijos] que no desparra-
men el agua. Es que hasta para afeitarme: yo te lleno el lavamanos, pero
hay otros que dejan esa vaina [el chorro de agua] abierta […] Yo no, yo
cierro mi vaina. Tengo mucha conciencia de que el agua es vital” (entre-
vista realizada el 30.06.2007).
Desde un punto de vista más general, para Sandra Torres, la antigua
promotora comunitaria de La Vega, también era preocupante la falta
de conciencia por parte de algunas vecinas y algunos vecinos respecto
del uso adecuado del agua. En varias reuniones llegó a colocar sobre el
tapete el tema, logrando manifestaciones de repudio hacia el malgaste
de agua por parte de las personas presentes. Andreína Ruiz, la actual
promotora comunitaria de la parroquia, por su parte, hace la siguiente
reflexión: “[Que la gente derroche el agua se puede englobar en] una
sola palabra: eso es educación. Le gente misma lo ha dicho: el agua cae
del cielo y el agua es gratis. Pero hay que enseñarle a la gente que eso
no es así, que eso tiene un proceso, es un producto, es una empresa…
y parte de eso es decírselo a la gente en las Mesas Técnicas, pero por
lo que tú has visto, ¡ya no nos da tiempo de ni siquiera explicar eso en
los espacios! Ahí la gente se siente, es ávida de que no la has atendido,
cree que su problema es más importante que el otro, entonces echan el
cuento, se extienden y cuando vienes a ver se acabó la reunión y es que-
ja y queja, y nos has podido ni siquiera darles un mensaje de reflexión
del día. Pues debería ser más bien ahí [el espacio] en el que nosotros
influyéramos en los valores: el agua es un valor, la conciencia de las per-
sonas también, el sentir que el otro no tiene el agua y que ayuda a ser
sensibles. Esto sí ocurría antes, porque en un principio éramos pocos y
estaba empezando el espacio. Sí, sí daba tiempo [además de que funcio-
naba] el programa educativo” (entrevista realizada el 18.06.2007).
Capítulo 3. Comunicación intercultural y participación social en la experiencia …
!111 !
A propósito de ese programa educativo,
27
Andreína nos ofrece estos de-
talles: “El programa educativo inicia en las escuelas y con los niños
de la segunda etapa [de educación básica]: 4to., 5to. y 6to. grado. Les
llevábamos películas, les llevábamos libros, se hacían experimentos, los
llevábamos a la planta de tratamiento. Hoy en día el programa educati-
vo no está más con nosotros aquí en la gestión comunitaria. Ahora eso
está en otra gerencia, que es Imagen. O sea, nos desligaron: allá hacen
un trabajo y nosotros hacemos otro. […] Deberíamos ir en conjunto”
(entrevista realizada el 18.06.2007).
Obtuvimos más detalles de este programa a través de Susana Domín-
guez, coordinadora del Programa Educativo “El agua en nuestras vidas”
(que forma parte de la Gerencia Corporativa de Imagen de Hidrocapi-
tal), quien nos ofreció información sobre el programa y su funciona-
miento actual:
“El agua en nuestras vidas” es un programa para sensibilizar a la población
a hacer un uso responsable del agua potable a través de las escuelas. Estamos
trabajando desde el año 99. Hemos ido modificando las actividades de acuerdo
a las políticas de la educación [en referencia a las emanadas por el Ministe-
rio del Poder Popular para la Educación].
Tenemos tres actividades. Hacemos un festival [el Festival Cultural], que es
una actividad creativa de literatura y artística, tú ves cómo ellos a través de esas
actividades reflejan cuál es la realidad de la zona donde ellos viven. Tenemos el
Encuentro de Saberes [del Agua], que es el compartir de lo que ellos hacen en
sus escuelas a través de los proyectos de aprendizaje y los proyectos educativos
integrales comunitarios. Ellos hacen su trabajo en la escuela y después tenemos
una primera fase en la que ellos van a compartir con las demás escuelas de La
Vega, en este caso del Distrito Escolar Nº 3 […]. La tercera actividad es las
Mesas Técnicas Escolares del Agua (entrevista realizada el 03.10.2007).
Por otra parte, ofreció información sobre cómo funcionaba el progra-
ma desde su inicio hasta que comenzó la reforma del Currículo del
27 El nombre de este programa educativo es “El agua en nuestras vidas” y puede tenerse mayor
información revisando directamente: http://www.hidrocapital.com.ve/index.asp?spg_id=8.
!112 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
Subsistema de Educación Primaria Bolivariana (desde 2005) y la ma-
nera como las actividades se reconvirtieron de acuerdo con el cambio
curricular:
La Patrulla Escolar, ¿qué hacía? Tenía guardias dentro de su escuela, dictaba
charlas y los juramentaba [a los integrantes de la patrulla]. Al Plomerito lo
formábamos en el sitio. La Patrulla Escolar era por turno, cinco niños en la
mañana, cinco niños en la tarde. En ese momento estaba dirigido a niños de
4to., 5to. y 6to. grado. El Plomerito [consistía en que] se formaban tres niños
de cada escuela, pedíamos que se formara [también a] un representante y se
les daba un taller básico. A ellos les tocaba hacer reparaciones bien puntuales:
cambios de canillas, empacaduras. […] con el tallercito que tú le dabas, no le
podías pedir al niño que te hiciera una obra dentro de la escuela.
[En cambio] con las Mesas Técnicas Escolares del Agua nosotros pretendemos
que el trabajo de los niños no sólo se quede en la escuela, sino que haya una
vinculación con la comunidad. […] ¿Qué queremos ahora? Que esas Mesas
Técnicas [Escolares del Agua] salgan a la comunidad a hacer trabajo de con-
cientización. A lo mejor es la comunidad la que tiene que venir a la escuela.
En todo caso la escuela forma parte de la comunidad y por eso debe haber una
responsabilidad compartida.
Como el programa debe ajustarse a las políticas educativas ha habido algunos
cambios: antes nosotros hacíamos unas olimpiadas, ahora no podemos hacerlas
porque [de acuerdo con] las políticas de la Educación Bolivariana no se puede
fomentar la competencia. Lo cambiamos por un Encuentro de Saberes donde
se va a hacer y a compartir […]. [Para participar de este encuentro] las
escuelas deben realizar un proyecto de sensibilización… Hay escuelas que han
hecho proyectos de cambios de filtros [bebederos de agua potable]. Entonces
ellos comparten [en ese encuentro] cómo lo hicieron, cómo consiguieron los
recursos, cómo se apoyaron en Hidrocapital (si llegaron a apoyarse), cómo
participó la comunidad (entrevista realizada el 03.10.2007).
Sara Montilla, integrante del equipo del programa educativo, hizo refe-
rencia a otras de las tareas que buscan incidir activamente en las comu-
nidades: las charlas de sensibilización. “Vamos a cada escuela y atende-
mos a cada Mesa Técnica Escolar [del Agua] según su turno. La charla
es totalmente de sensibilización y hablamos del agua, qué es el agua,
cuál es el proceso de potabilización [lo explicamos a través de] un ex-
perimento. Es una charla bastante corta, no pasa de los 45 minutos. Se
buscaba que asistieran todos los miembros de la Mesa Técnica Escolar;
Capítulo 3. Comunicación intercultural y participación social en la experiencia …
!113 !
esto incluía a un representante, a un miembro de la Mesa Técnica del
Agua de la zona, de la comunidad, al director [o directora de la escue-
la], a un miembro del personal obrero, a los niños. Eran jornadas bien
interesantes, bien bonitas, porque a la gente le llama la atención el tema
y lo siente muy cercano, bien sea porque tienes el servicio o porque no
lo tienes, bien sea porque tengan problemas con las aguas servidas o no
los tengan. Para ellos es conocer un poco más, sobre todo lo que les pa-
rece más interesante es que sea la gente de Hidrocapital la que les lleve
el mensaje. Nosotros tratamos de fomentar que eso mismo que ven con
nosotros ellos lo puedan multiplicar a su comunidad. Pero siempre está
el que tiene que ser Hidrocapital y ellos dicen: –No, es que tienen que
ser ustedes. También para ellos es interesante que tú les digas qué son
los ciclos de suministro, por qué se tienen esos ciclos. Para ellos es una
información muy interesante (entrevista realizada el 03.10.2007).
Isaura Bolívar, otra integrante del equipo del programa educativo, re-
fuerza lo dicho por Sara en estos términos: “Y de qué Tuy [en alusión a
los cuatro grandes sistemas de suministro de agua potable para la ciu-
dad de Caracas que provienen desde los valles del Tuy] recibes [el agua],
si es Tuy I, Tuy II, Tuy III. Mientras la gente conozca y esté informada
te puedes conseguir con casos en el que te dicen por ejemplo: –Bueno,
pero yo recibo [el agua] una sola vez a la semana. O a lo mejor recibe
todos los días, las 24 horas del día. Si tú recibes todos los días puede ser
que tengas problemas de filtraciones en tu casa que afectan a la comuni-
dad y debes corregirlos porque también le están provocando problemas
a los de más arriba que no les está llegando el servicio de agua potable”
(entrevista realizada el 03.10.2007).
Sin embargo, esto no resuelve todavía lo expresado por Andreína Ruiz
respecto a que falta educación y de la importancia del programa edu-
cativo antes de que fuera separado de la gestión comunitaria. Susana
Domínguez lo plantea en estos términos: “Antes pertenecíamos a la Ge-
rencia Comunitaria en la que estaba el programa educativo y las Mesas
Técnicas. Antes trabajábamos muy cerca, ya no y lo otro es que no
hemos logrado la vinculación [de nuevo, entre el programa educativo
!114 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
y la labor de la gestión comunitaria a través de las MTA], pero tenemos
que ir hacia allá. Nuestro trabajo tiene que ir a trabajar junto con lo de
Comunitaria. Mira, ya hay algunas experiencias, mas no de La Vega, en
las que hay trabajo Mesa Técnica Escolar [del Agua] y Mesa Técnica [del
Agua]” (entrevista realizada el 03.10.2007). Sara, por su parte, va un
poco más allá al mencionar que “el espacio [para la vinculación] debe
ser el Consejo Comunitario [del Agua] y a lo mejor nuestra presencia
allí hace que la gente se comience a ver y no sólo a los de [gestión co-
munitaria], un poco es hacer otras relaciones allí” (entrevista realizada
el 03.10.2007).
La pregunta que surge entonces es: ¿Cuál es la eficiencia simbólica de
este programa educativo?, ¿realmente ha incidido en el cambio de men-
talidad en torno a la problemática del agua? Sobre esto Susana plantea
lo siguiente: “Estamos bien claras que es una debilidad que tenemos [la
de incidir en el hogar, en la comunidad, que sea efectiva como cam-
paña educativa] y que hemos hecho varios intentos. De hecho ahorita
logramos como cuatro intentos, pero tenemos que seguir trabajando,
es una de nuestras metas de este año escolar [2007-2008] […] Hasta
ahora no tenemos pensado ir más allá de nuestro trabajo en las escuelas.
Pensamos que podemos llegar a la comunidad si hay vinculación Mesas
Técnicas Escolares [del Agua]-Mesa Técnica de Agua, pero sí estamos
claros que esto va a ser un proceso lento, no va a ser tan rápido” (entre-
vista realizada el 03.10.2007).
Sara, por su parte, agrega:
Éste es nuestro segundo año llamándonos Mesas Técnicas [Escolares del
Agua], también hay que romper con lo que ya había, que se quedaba dentro de
la escuela: eran los patrulleros y los plomeros. Hoy en día sigues conversando
con los docentes y siguen con el mismo esquema, no te dicen Mesa Técnica
Escolar [del Agua] sino patrulleros y plomeros, ¿y la vinculación con la comu-
nidad? Nada de nada.
Fueron cinco años trabajando con patrulleros y plomeros y de repente la Mesa
Técnica [de Agua], pero es para los adultos. La gente asocia la Mesa Técnica
con los adultos, que se organizan para la comunidad. Entonces cuando ven a
los niños allí y que además hay una palabra extra: “Escolar”, bueno… no ha
sido…
Capítulo 3. Comunicación intercultural y participación social en la experiencia …
!115 !
Otra de las razones por las que la vinculación se ha hecho más difícil: por lo
general las escuelas buscan que se esté más tipo recluta: “esto es lo que hay que
hacer”. Entonces aquí, cuando tú le das la batuta y le dices: –Dime tú lo que
vas a hacer y yo participo en las actividades, yo te acompaño. Esto ya no gusta
tanto porque es un compromiso que se traslada [de Hidrocapital a la escuela]
(entrevista el 03.10.2007).
Quizás mucho de esto último planteado por Sara permita explicar la
no participación de la Escuela Canaima en el programa. Expresamen-
te Susana nos dijo: “Sí [participaron del programa educativo], pero la
participación de ellos era muy baja. En varias oportunidades conver-
samos. Nosotros salimos mucho con ellos [con las niñas y los niños
de las escuelas], entonces eso implica pagar una logística: transporte y
refrigerio. Entonces tú no puedes gastar en una escuela que no quiera
[que demuestre poco interés hacia el programa educativo], tienes que
invertir en las escuelas que quieran. Después de tres, cuatro, cinco invi-
taciones y nos dejaron embarcados… Esto es una decisión de la escuela
y nosotros no podemos interferir, pero insistimos e intentamos, además
hay unos materiales que se quedan allí… es como para no perder la in-
versión. Hay un punto en el que pierdes más, pues te dejan el autobús
parado, la comida…” (entrevista realizada el 03.10.2007).
Por otro lado, hay un elemento de suma importancia que ha sido ex-
presado por Raúl Bustamante, uno de los inspectores de obras de Hi-
drocapital para la parroquia La Vega: “Ellos [en alusión a la gente del
barrio] tienen una concepción muy errada: los ricos sí tienen agua y
botan el agua… pero también la pagan. [Además] Hidrocapital es una
empresa que se mantiene con lo que le pagan” (entrevista realizada el
07.05.2007). Esto para oponerse a la visión de la gente del barrio que
cuando tiene el agua, la malgasta, pero a diferencia de “los ricos”, no
pagan por ese servicio, con lo cual estarían no sólo derrochando el vital
líquido, sino también impidiendo que la empresa genere sus recursos
para el mantenimiento y mejoramiento del acueducto.
!116 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
Sobre el pago del servicio
El ingeniero Guevara es más enfático al momento de darle importancia
a la cuestión del pago del servicio, llegando incluso a hacer una clara di-
ferenciación entre “suscriptores-clientes” y “usuarios”. “Lo que nosotros
hacemos es operar el sistema [de agua potable] que tenemos, eso es lo
que nos toca. Somos responsables de garantizar el servicio de agua y de
recolección de aguas servidas a los suscriptores. ¿Por qué? Porque Hi-
drocapital es una empresa que se maneja con recursos propios. Y los re-
cursos propios, ¿dónde se generan? De que tú pagues el agua […]. Pero
también tienes que resolver el problema social que tú tienes, que es que
una gran parte de la población no es suscriptora, que no es cliente, sino
que son usuarios. Y lo que te da a ti más problemas es el usuario, pero
el usuario a ti no te paga el agua. Tu deber, tu responsabilidad mayor es
con el suscriptor, que es tu cliente: tienes que garantizarle un servicio
adecuado a tu cliente, a tu suscriptor. [Además] tienes que tratar de
captar a esa población restante, que no es suscriptora tuya, para que se
convierta en tu cliente de alguna manera. Aquí es donde se te presenta
el problema, porque qué es lo que te dice la gente que ocupa por lo
general nuestras zonas de clase más baja, de bajos recursos económicos:
–Si tú me mejoras el servicio, yo te pago el servicio. ¡Cosa que no es
cierta! La gente que no se acostumbra a pagar el servicio, no lo paga.
[… En definitiva] el usuario se siente insatisfecho porque su servicio
no le llega en forma adecuada; mientras que el cliente se siente burlado
porque sigue pensando que está pagando el servicio de otro que no lo
paga. Cosa que es incierta” (entrevista realizada el 10.05.2007).
La posición del ingeniero Guevara suele ser expresada a cada instante en
las reuniones tanto del CCA como de la MTA a las que hemos asistido.
Tanto Jacqueline Faría, ex ministra del Ambiente y ex presidenta de Hi-
drocapital, como Alejandro Hitcher, presidente de Hidrocapital, lo han
manifestado en esas reuniones: La idea es que todos los usuarios pasen a
ser suscriptores y, con ello, contribuir con la hidrológica para que pueda
continuar mejorando el servicio. De hecho, la idea es comenzar con el
pago de una “tarifa social”, única, sin importar cuánto se consuma, para
Capítulo 3. Comunicación intercultural y participación social en la experiencia …
!117 !
luego pasar al uso del medidor y que cada suscriptor pague por lo que
consuma.
Ana María Rey, trabajadora de Hidrocapital en el área de Gestión Co-
mercial, nos ofrece su explicación de cuál es la diferencia entre “cliente-
suscriptor” y “usuario”: “Cliente es todo aquel que haya sido registrado
de manera voluntaria o involuntaria (voluntaria, cuando vienen ellos
mismos a solicitar sean incluidos como clientes; involuntaria, cuando
los censa una cooperativa y los registra con sus datos en nuestro sistema
de gestión comercial). Usuario son todos aquellos beneficiarios de nues-
tro servicio que no están todavía en nuestro sistema, generalmente la
población informal. La manera en que se diferencian es que unos tienen
NIC [Número de Cliente] y otros no” (entrevista realizada por correo
electrónico el 14.08.2007).
Y sobre la política de la empresa de incorporar a los usuarios como
clientes, Ana María comenta: “Estamos haciéndolo por la vía de la Ac-
ción Comunitaria del Agua, con nuestros promotores y también con las
empresas contratistas que tenemos asignadas a cada oficina comercial.
Lo hacemos censando a la población e incorporamos a las comunida-
des para que participen activamente con nosotros. La ventaja es que
tendríamos una base de datos más actualizada que cuando éramos más
burocráticos, más de realidad. La desventaja que yo veo es que en las
zonas en las que no podemos hacer gestión comercial, la gente ni se
inmuta con el pago; ése es el gran problema a nivel comercial […]. La
concientización al pago ha sido lo más difícil para nosotros. No se tor-
na conflictivo porque la orden presidencial es no suspender servicios
a esos sectores, cosa que para nada beneficia a nuestro organismo, lo
cual debemos compensar con el otro lado de los clientes que sí se cor-
tan. A mi parecer, todo cliente debería pagar, ya que recibe un servicio
con características mejores que otros países. Las personas piensan que
nunca pagarán, pero existe un requisito fundamental para la venta de
un inmueble que es la Solvencia de Hidrocapital y luego es más pesado
cuando se acumulan muchos meses, eso no lo piensan” (entrevista rea-
lizada por correo electrónico el 14.08.2007).
!118 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
Es justamente en este punto que las vecinas y los vecinos suelen ex-
presar inconformidad, tal como bien lo expresó el ingeniero Guevara:
pagarían si contaran con un mejor servicio, pero no aceptarían que les
colocaran un medidor. En esto Josefina es bien enfática: “Claro que pa-
garíamos el agua, pero la tarifa plana [refiriéndose a la “tarifa social” que
tiene Hidrocapital para los sectores populares que no tienen instalados
medidores]. A nosotros que no nos coloquen medidores, no lo acep-
tamos… Además, no vamos a pagar por un servicio que no tenemos”
(intervención realizada en la reunión de la MTA del 03.03.2006).
Zoraida Requena tiene una visión similar a la de Josefina, aunque un
poco menos enfática: “Sí creo que en algún momento tenemos que lle-
gar a pagar por lo que [consumimos de agua]… esto, si me lo escucha
alguna gente de la comunidad, me va a decir ‘¡cómo es posible!’. Pero
creo que una forma de concientizar a la gente es que paguen una tarifa
por el agua que consumen. Esto creo que sucede en otros países, en
otros lugares de la zona [en referencia a la parroquia La Vega], incluso
en otros lugares de la ciudad capitalina. Esa gente tiene como un poco
más de conciencia. Mientras todo nos lo den regalado, creo que no va
a haber conciencia acerca de si lavo el carro o no lo lavo, si lo lavo con
el tobito o si lo lavo con la manguera y no me importa que el vecino
mío que está en la terraza más arriba [no recibe el agua]… Eso tiene
que llegar a ser en algún momento, aunque sea algo simbólico, pero
que realmente la gente se dé cuenta que no todo puede ser regalado y
creo que a partir de allí las instituciones pueden ir haciendo un papel”
(entrevista realizada el 24.03.2007).
En total oposición a Josefina se encuentra el señor Raúl, quien más bien
cree lo siguiente y parece estar más cercano a la visión del ingeniero
Guevara: “Siempre he tenido una idea. Una idea como revolucionaria.
Que pongan un medidor ahí en la cera, cóbrenme mi agua, pero que yo
tenga mi agua las 24 horas del día. Siempre lo he dicho. O sea, no me
regalen el agua, porque si yo tengo, de repente, para comprar una cer-
veza, para comprarme una botella [de alguna bebida alcohólica], tengo
para tener un carro, tengo para cubrir algunas necesidades y para pagar
Capítulo 3. Comunicación intercultural y participación social en la experiencia …
!119 !
la luz, yo también tengo que tener para pagar el agua. Porque éste es
un servicio que a veces nosotros no sabemos lo que realmente cuesta
al Estado mandarnos un litro de agua a cada una de las casas. Yo sí sé
porque yo trabajo con esa vaina [es técnico hidromecánico]. Entonces,
que pongan medidores en todas las casas, como se hace en todas partes
y que les cobren su consumo para que tú veas el cambio que va a haber
en la gente, en la mentalidad. Porque si a ti te cobran algo que tú estás
desparramando entonces empieza todo mundo a armar peo. El jefe de
casa: ‘¡Coño, no, mira, un momentico, vale, me llegó en 70 mil bolíva-
res de agua’. Ah, ahora sí. Pero si no te la cobran tú dejas las pocetas,
los lavamanos, las duchas, toda vaina [botándose]” (entrevista realizada
el 30.06.2007).
Sobre la participación
Hacia el período de culminación de nuestra exploración de campo (ini-
cios de 2008), pudimos observar la existencia de un panorama general
de desmotivación y poca participación en el sector “B” de Las Casitas,
que contrasta, tanto con los relatos sobre las luchas durante los pri-
meros años de haberse fundado esta urbanización como con la masiva
participación que reportan nuestros “informantes” que antes ocurría en
cualquier actividad que tuviera que ver con mejorar el sector. Esta situa-
ción es particularmente aguda en todo lo que respecta al tema del agua,
es decir, tanto la MTA como la participación en el CCA de La Vega.
A excepción de la constante asistencia y preocupación de Josefina, es
extraño contar con la presencia y participación de alguna otra persona
del sector. Es decir, este problema no es exclusivo de las terrazas 1, 3 y
4, sino que ocurre también en la 2 y la 5. Sin embargo, parece ser que
las y los habitantes de estas últimas dos terrazas están más motivados a
seguir participando en la experiencia de las MTA y en las otras, CTU o
Comité de Salud, por ejemplo.
Creemos que podemos esbozar al menos cuatro razones para intentar
comprender el escenario de desmotivación y poca participación. Estas
razones están presentes en los relatos de las vecinas y los vecinos del
!120 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
sector “B” de Las Casitas y las hemos escuchado en las reuniones de
la MTA y del CCA, pero también han surgido en los intercambios que
hemos sostenido con nuestros “informantes”. Son las siguientes:
a) La participación en la MTA mermó considerablemente al ir “con-
quistando”, a partir de 2000, algunas mejoras del servicio para el
sector: establecimiento de un ciclo estable de abastecimiento de
cuatro días corridos con agua por cuatro días sin ella, por mencio-
nar la más importante.
En esto coinciden los comentarios de Antonia, Celestino y Josefina.
De hecho, Josefina plantea lo siguiente: “La gente es muy conformis-
ta… se conforma con que el agua les llegue al menos cuatro días, sobre
todo los de las otras terrazas que no piensan que a nosotros, los de la
5ta. terraza, sólo tenemos agua si acaso dos días y en la madrugada…
pero claro, como a mi casa llega agua no me importan los demás, para
qué participar en la Mesa Técnica de Agua” (conversación sostenida el
14.04.2007).
En términos similares se expresa el señor Corrado y aduce como causas
para la poca participación: “El hecho que el servicio haya mejorado y
que la gente haya bajado la guardia… Sabes que a nosotros los vecinos
nos gusta la cuestión muy facilista [sic], como nos acostumbraron a una
ración de tantos días sí y tantos días no, pues ya la gente se acostumbró
que hay cierto ciclo de días para el agua, cuando lo normal debería ser
todos los días” (entrevista realizada el 15.04.2007).
Alba, por su parte, hace la siguiente reflexión: “La gente es dejada, es
abandonada. Ellos quieren que todo les llegue sin ellos mover la mano,
y las cosas no son así, tienen que buscarlas. Ellos quieren la papita
[las cosas fáciles] y no les interesan los problemas de los demás. Ya a
nosotros nos llega el agua, pero allá arriba, a Josefina, no llega el agua.
¿Qué les interesa a ellos el problema de allá arriba [en alusión a la 5ta.
terraza]? ¡Nada!” (entrevista realizada el 05.05.2007).
Zoraida Requena, quien confiesa que participa poco, aduce su situa-
ción a que: “Es muy cómodo que otros participen por uno… que sea
Capítulo 3. Comunicación intercultural y participación social en la experiencia …
!121 !
Josefina quien vaya, reclame y después nos cuente… además, uno se
conforma con el poquito de agua que llega y como a veces uno no tiene
mucho tiempo para hacer nada más, prefiere no participar, aunque sé
que debería y más como directora de la Escuela” (entrevista realizada el
24.03.2007).
Sandra Torres, con una visión más abarcadora no sólo enfocada en el
sector “B” de Las Casitas, también coincidía en esta causa de la poca
participación: “Cuando les solucionan sus problemas no asisten más,
no vienen más, se pierden… pero espérate que tengan algún problema
para que veas cómo son los primeros que están reclamando” (conversa-
ción sostenida el 18.03.2006).
b) También la participación se vio afectada porque las vecinas y los
vecinos comenzaron a participar más activamente en actividades
“extracomunidad” como, por ejemplo, asistir a las grandes mani-
festaciones políticas o el apoyo a experiencias de incidencia más
general para la parroquia.
Antonia y Josefina han manifestado su preocupación por esto de mane-
ra reiterada. Antonia decía: “En algún momento preferimos luchar por
lo que estaba pasando a nivel nacional y nos olvidamos de nuestra co-
munidad, claro, porque las cosas había mejorado un poco con el agua”
(entrevista realizada el 27.05.2006). Y Josefina, fue más clara al decir:
“La participación se cayó cuando preferimos movilizarnos por allá, en la
avenida Bolívar, para apoyar al Gobierno… esta semana era allí, la otra
por allá en Petare, la marcha por esto, por aquello… y nos olvidamos
de participar en los problemas de la comunidad, entre ellos el agua”
(conversación sostenida el 29.04.2006).
Para reforzar esto, las palabras de “El Flaco” Jiménez, ya citadas, son un
reflejo de cierta preocupación al respecto: “Debemos dejar la pasividad
y asumir que en algunas cosas somos poco vigilantes e irresponsables”
(intervención en la Asamblea Comunal del sector el 20.05.2007).
c) Por otro lado, en la medida en que se incentivaban otros procesos:
CTU, Comité de Salud, Consejo Comunal, las vecinas y los vecinos
!122 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
“olvidan” que existen otros procesos, más antiguos e inconclusos,
que merecen su atención, por ejemplo, la MTA.
Alba, por ejemplo, dice lo siguiente: “Debemos conformar Consejos
Comunales, que todos participemos, porque con una sola persona [en
alusión a Josefina] no vamos a echar pa’lante, ¡eso es mentira! Tiene que
haber un grupo de personas para que las cosas se puedan dar” (entre-
vista realizada el 05.05.2007).
d) Asociado a lo anterior, existe una percepción generalizada que pu-
diera denominarse “hastío” hacia las instituciones, hacia su buro-
cracia, su poca capacidad de respuesta, su poca eficiencia ante los
requerimientos y demandas de la comunidad, que se combina con
una especie de desunión entre las vecinas y los vecinos del sector.
Arturo es enfático al respecto: “La comunidad no está organizada, la res-
ponsabilidad de la Mesa Técnica de Agua recae sólo en Josefina y la se-
ñora Lourdes. Si la comunidad no toma las medidas, no tiene una agen-
da, no se solucionará nada, no podemos esperar por las instituciones.
La pelea tenemos que darla el barrio junto, no por sectores. Debemos
tratar de revivir la asamblea de la comunidad de todos los lunes, como
era antes” (intervención en la reunión de la MTA del 03.03.2006).
Celestino, por su parte, tiene una hipótesis al respecto: “La falta de par-
ticipación tiene una causa en la ausencia de respuestas por parte de las
instituciones… nos sentimos burlados, engañados por Hidrocapital por
todos estos años de peloteo, de no hablarnos claro” (intervención en la
reunión de la MTA del 03.03.2006).
Josefina, por otra parte, decía: “Ante la falta de respuestas [de las insti-
tuciones] no hemos hecho bochinche para que no nos malutilicen como
oposición [al Gobierno], quizás sea momento de hacerlo” (intervención
en la reunión de la MTA del 03.03.2006).
La señora Blanca González plantea al respecto: “Son reuniones, reunio-
nes, reuniones y reuniones y a veces no se ve nada. Es puro esperar,
esperar, esperar y, entonces, la gente no frecuenta mucho las reuniones
que hay de Mesas de Agua y esas cuestiones. Por causa de eso, de tanto
Capítulo 3. Comunicación intercultural y participación social en la experiencia …
!123 !
esperar: que no se le ve el queso a la tostada” (entrevista realizada el
28.07.2007). En términos similares se expresa la señora Gloria Her-
nández: “La gente como que se cansó y no quiere más reunirse. Yo creo
que fue que se les enfrió como el guarapo [es una expresión que alude
a que ya no había motivo para seguirse reuniendo]. Y esto quizás se
deba a que la gente ya no le ve futuro, que no le ven futuro a las cosas,
porque prometen y entonces tú bajas y bajas pero nunca…” (entrevista
realizada el 28.07.2007).
Probablemente, el ingeniero Guevara tenga razón cuando menciona que
el problema básico está dado por la creación de falsas expectativas que
luego no pueden ser cumplidas por parte de las instituciones.
e) Además de las anteriores razones de tipo más “macro”, también es
plausible indicar que muchas personas han dejado de participar
por conflictos internos con algunos de los líderes de la comuni-
dad. Esto obedece, por una parte, a ciertas molestias en torno al
manejo de las reuniones y la información, así como, por otra parte,
a la conducción de los destinos de la comunidad por parte de esos
líderes, derivando en un cuadro de apatía y desmovilización.
El señor Raúl se atreve a hablar al respecto y lo hace en los siguientes
términos: “Aquí yo veo mucha ignominia de parte de los que nosotros
decimos que son nuestros dirigentes [comunitarios], yo los conozco.
Y no es porque yo no me haya hecho presente. Me hecho presente en
algunas partes que me han llamado, pero como lo que yo veo que lo
que se habla es paja y paja y paja y paja y se vuelven es paja, yo digo
que es ir a perder mi tiempo en esa vaina. Yo fui a unas Mesas de Agua
allá arriba, que las hicieron en la 3ra. terraza, yo fui como dos o tres
veces… hasta puse mi carro a la orden para ir a Las Acacias [la sede de
la “Operadora 4”, que es la encargada del mantenimiento del servicio
de agua potable de la parroquia La Vega], adonde un ingeniero por allá
para ver si ponían el agua con más continuidad. Nunca me dijeron. Yo
le dije a “El Flaco” [Jiménez] que no iba más pa’esa vaina. No voy más
para esas reuniones. Son pura paja. Cuando yo veo que la gente echa
pa’lante, que está dispuesta a sacrificarse por los intereses nuestros, de
!124 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
la comunidad, entonces yo digo, bueno, vamos a echarle bolas. Esa
vaina es nuestro beneficio. […] Aquí lo que hace falta es dirigentes que
le echen bola. […] Aquí no hay comunicación. Aquí le hace falta a la
gente parlantes: ‘Señores, el día tal a la hora tal nos vamos a reunir con
estos fines de formar un Consejo Comunal para que nosotros podamos
obtener beneficios y hacer proyectos para nuestra comunidad, etc., etc.,
etc.’. Ir a la casa de fulano y decirle: ‘Te vamos a esperar allá’. Hay que
incentivar a la gente, pero si tú no incentivas a nadie, ¡¿quién coño va
a ir, chico, con esta apatía que [hay] ahorita en la población?! Yo creo
que la apatía que hay aquí [en el sector] es falta de dirigencia, porque la
gente aquí le echa bolas. Es falta de dirigencia, aquí los dirigentes no se
desgastan un coño” (entrevista realizada el 30.06.2007).
Sin embargo, “El Flaco” Jiménez rebate este punto de la siguiente mane-
ra: “Nosotros queremos que de lo que se haga se genere saldo… Para la
gente es muy fácil decir que esta vaina no sirve, pero yo le digo a ellos:
–El que no sirve eres tú. Siempre son cuatro güevones [sic] los que
participan en las vainas, ni siquiera salen a hacer bulto… Los vecinos
dicen que las reuniones son pura habladera de paja, pero cuando tienen
un peo sí vienen” (intervención en la Asamblea Comunal del sector el
15.04.2007).
Y Daniela Azuaje, en una actitud más crítica, comenta: “La gente siem-
pre fue apática, no digamos todas las terrazas porque la terraza de arriba
[en referencia a la 5ta. terraza] siempre ha sido una gente muy em-
prendedora. En lo que respecta a esta terraza [la 1ra.] ni siquiera hay
[representante a la] Mesa Técnica de Agua. La gente que está en eso está
pa’rriba” (entrevista realizada el 15.04.2007).
La señora Miguelina refuerza un poco lo anteriormente expresado por
Daniela Azuaje y por “El Flaco” y lo expresa de esta manera: “Aquí [en
la comunidad] cuando dicen reunión parece que les dijeran que va a
salir ‘El Diablo’ y nadie quiere ir, porque las van a raspar, como dicen
por ahí. No sé por qué, porque siempre se quejan. Cuando no hay agua
sí se quejan. No van a las reuniones, pero cuando no les llega el agua…
Vamos a poner, si hoy llega el agua y mañana todavía no ha llegado a
Capítulo 3. Comunicación intercultural y participación social en la experiencia …
!125 !
los dos días ya están, bueno, brincando y hablando de arriba pa’bajo
porque no hay agua. Claro que se quejan, pero se quejan solos porque
en realidad no van a las reuniones. Como le digo, yo también me meto
ahí” (entrevista realizada el 30.06.2007).
Jocelyn, en un ejercicio de autocrítica, dice lo siguiente: “Hay poca par-
ticipación. A veces no somos todos los que salimos, sino que es un pe-
queño grupo. Entonces yo creo que debe haber mayor comunicación.
Por lo menos yo soy una que no me meto en nada” (entrevista realizada
el 30.06.2007).
Y Zoraida Requena, en su reflexión, apunta a otra dimensión del asunto
que bien vale la pena poner también sobre el tapete: “Mi poca participa-
ción se debía quizás, yo no sé, a un poco de apatía… quizás uno se va
enrollando mucho con el tiempo y vive con el no, no tengo tiempo, no
tengo tiempo, pero creo que el tiempo siempre es importante sacarlo y,
bueno, es lo que he tratado de hacer. No sé qué ocurre con la comuni-
dad, yo que tengo tiempo conociendo al señor Jiménez, a gente que de
alguna manera tú sabes que son dentro de la comunidad personas cla-
ve: Ramón, Josefina, la misma señora Ernestina, la mamá de Josefina…
creo que siempre, de alguna manera, quienes estamos de este lado que
no participamos o que no participábamos mucho siempre esperábamos
que otros resolvieran por nosotros las situaciones que teníamos. […]
Esperamos a que otros hagan. Si lo haces bien, chévere; si lo haces mal,
pobrecito que te resbales porque entonces sí que te va a ir mal […]
Entonces creo que es no comprometerse con lo que los demás puedan
hacer” (entrevista realizada el 24.03.2007).
Por otra parte, en una postura un poco más de cara hacia el futuro,
Corrado hace la siguiente aseveración: “Creo que hay que abrir más la
información, hay que incentivar, hay que seguir insistiéndole a los ve-
cinos y hacerles entender que éste no es un problema de uno o de otro,
sino que es de todos. La gente está muy apática y también, creo, que es
el facilismo que se les ha dado: tres o cuatro personas salen a hacer la
diligencia, se logran los objetivos y ellos no saben. No hay un sentido de
pertenencia: no saben de dónde viene [la lucha], cómo se hace, cómo lo
!126 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
logran, lo poquito que se pudo haber hecho. Yo creo que hay que incen-
tivar a la gente para que participe” (entrevista realizada el 15.04.2007).
En el mismo tono que el señor Corrado, se expresa Celestino: “Para ha-
cer buenas convocatorias yo estoy convencido que si la gente que tiene
ascendencia en cada terraza baja la información y van [a las reunio-
nes] con por lo menos 10 personas por cada terraza se tendrían buenas
asambleas como era antes” (intervención en la Asamblea Comunal del
sector el 20.05.2007).
El testimonio de Sandra, una joven de la 3ra. terraza, en una reunión
confirma lo expresado por Corrado y por Celestino. Ella dijo: “Yo no he
participado porque hace falta información” (intervención en la Asam-
blea Comunal del sector el 20.05.2007).
* * *
A lo largo de este capítulo hemos presentado una serie de nudos de
conflicto y puntos de encuentro de representaciones en torno al pro-
blema del agua y la participación de las vecinas y los vecinos alrededor
de una experiencia de participación social: la Mesa Técnica de Agua. A
partir de ello es posible afirmar que la activación de una experiencia-
herramienta de política pública, tal como es pensada por Miguel López
(miembro del equipo de trabajo que inició en 1999 la implementación
de las MTA en la ciudad de Caracas) en torno a un problema concreto
en la gestión de un servicio público, se convirtió en la puerta de entrada
a mundos de vida y sentidos. Es decir, más allá de vehiculizar soluciones a
los problemas, la excusa de las Mesas Técnicas de Agua y todos los pro-
cesos asociados que se han incorporado a lo largo de estos años, se han
convertido, a nuestro juicio, en formas de construcción simbólica colectiva
alrededor de cómo debe ser la ciudad, el barrio, el Estado, la comuni-
dad, las empresas prestadoras de servicios públicos, los gobiernos, la
participación y las maneras de solucionar los problemas y gestionar los
servicios públicos.
Capítulo 3. Comunicación intercultural y participación social en la experiencia …
!127 !
En este sentido, lo expuesto en este capítulo ilustra las propuestas teó-
ricas expuestas en el primer capítulo respecto a que en las experiencias
de participación social como, más en general en los procesos sociales,
la producción colectiva de sentido no es sólo producto de acuerdos
entre actores sociales, sino también de disensos y conflictos. En nuestra
interpretación, esto ha contribuido a hacer que estos procesos sean más
sólidos y hayan generado algunas densidades en las maneras de actuar,
comunicarse y participar de los actores sociales involucrados, todo lo
cual permitiría afirmar que en torno a la gestión de los servicios públi-
cos, al menos la comunidad del sector “B” de Las Casitas de La Vega e
Hidrocapital, han aprendido muchas cosas sobre el otro, a la vez que
han generado aprendizajes colectivos que sirven para consolidar proce-
sos y sentidos, mundos de vida y acciones colectivas.
Capítulo 4. Comunicación intercultural y participación social en …
!129 !
Desde que en la década de los noventa la Internet dejó de ser una herra-
mienta de uso exclusivo de las comunidades militares y académicas del
llamado “mundo desarrollado”, ésta, sus usos y potencialidades se han
venido resignificando de formas distintas que, en cierta medida, rebasan
con facilidad las lógicas de su operatividad. Cantidad de usuarios conecta-
dos, democratización del acceso a la información y de la transferencia de
conocimiento, apropiación social de las tecnologías informáticas, inclu-
sión tecnológica, entre otras, son materia de inquietudes e interrogantes
constantemente presentes en la planificación de políticas y prácticas de
instituciones de Estado, académicos y organizaciones locales que ven la
Internet como una herramienta y una necesidad.
La proliferación de cibercafés, centros de conexiones, centros de comu-
nicación comunitarios, entre otros, son muestra de búsquedas incesan-
tes que resignifican el uso de la Internet. Comunicarse con familiares,
articularse con organizaciones amigas, enviar informes de trabajo a tra-
vés del correo electrónico, por citar sólo algunos ejemplos, son proce-
sos que trascienden las lógicas y dinámicas operativas de servidores,
routers, proxys y otras herramientas tecnológicas que hacen posible
dicha comunicación.
Sin embargo, estas búsquedas incesantes –sean comerciales o no– y
el uso de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación
Capí t ul o 4
Comunicación intercultural y
participación social en la
experiencia de un Infocentro
Enrique Rey Torres
!130 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
(Internet, teléfonos móviles, etcétera) están condicionadas por la posi-
bilidad de adquirir las herramientas que hagan factible su uso y acceso.
Frente a estos condicionamientos, impuestos por las lógicas del merca-
do y el consumo tecnológico, se han desarrollado y fortalecido durante
los últimos años propuestas estatales y alternativas que apuntan a la dis-
minución de la brecha digital, la inclusión tecnológica y la apropiación
de las tecnologías informáticas.
En el caso venezolano se han generado un conjunto de prácticas, proce-
sos y experiencias que se incluyen dentro de estas búsquedas, experien-
cias que se han venido dando a conocer recientemente, en la medida en
que las demandas por el uso de la Internet han aumentado
1
y el Estado
venezolano ha reconocido a ésta como un servicio de interés público.
Es así que el 10 de mayo de 2000 se realiza el lanzamiento del Decreto
N
O
825, el cual declara el acceso y el uso de Internet como política
prioritaria para el desarrollo cultural, económico, social y político. Es
en este contexto que, junto con los Centros Bolivarianos de Informática
y Telemática (CBIT),
2
nacen el Plan de Alfabetización Tecnológica,
3
la
Misión Ciencia
4
y el Programa de Infocentros.
1 “Según Datanálisis, Venezuela tenía para el segundo semestre de 1999, 207.000 usuarios
de Internet. Para el primer semestre de 2000 esa cifra subió a 526.000, y para el segundo
semestre de 2000 llegó a 817.000, lo cual representó un crecimiento de 300%. Para 2001,
1.200.000 personas eran usuarios de Internet (4,8% de la población)” (Genatios, 2002).
2 “Los CBIT son centros educativos dotados de recursos multimedia e informáticos orienta-
dos a la formación integral, continua y permanente de alumnos, docentes y de la comu-
nidad en general, mediante el uso de las tecnologías de la información y la comunicación
(TIC)”. (“Centros Bolivarianos de Informática y Telemática . Disponible en: < http://funda-
bit.me.gob.ve/index.php?option=com_content&task=view&id=74&Itemid=66> [Visitada
el 12-12-07]).
3 El Plan de Alfabetización Tecnológica forma parte de los planes gubernamentales desarrolla-
do a través de la Misión Ciencia. Este Plan tiene como objetivo proporcionar herramientas
tecnológicas que permitan el acceso a la información y la apropiación social del cono-
cimiento. Para más información, ver <http://www.misionciencia.gob.ve/view/s8ltoin_3.
php>.
4 “La Misión Ciencia es un programa desarrollado por el gobierno nacional que busca Pro-
mover y Coordinar el desarrollo y seguimiento de las acciones, dirigidas a la utilización del
Capítulo 4. Comunicación intercultural y participación social en …
!131 !
El caso que nos ocupa, el Infocentro de las Casitas de La Vega, se in-
augura el 19 de agosto de 2005. Sin embargo, desde mucho antes de
su inauguración, durante el proceso de presentación del proyecto a la
comunidad y el inicio y desarrollo de la construcción del local, tanto
la comunidad como la institución que gestiona el funcionamiento del
Infocentro, comenzaron a construir relaciones que, conflictivas o no,
dieron lugar a un conjunto de acciones colectivas que apuestan a hacer
de la Internet y del espacio del Infocentro una herramienta para el for-
talecimiento y la organización de la comunidad.
Este capítulo procura dar cuenta de algunos aspectos salientes de los
procesos de comunicación intercultural referidos al uso y potencialida-
des de la Internet que se producen entre la institución que gestiona el
funcionamiento de los Infocentros y los/as habitantes de la comunidad
de Las Casitas de La Vega que hacen uso del mismo. Como se argumen-
taba en el capítulo uno, las reflexiones y consideraciones que acá se pre-
sentan son parte de una dinámica investigativa que, sin centrarse sólo
en los “malos entendidos”, busca poner de manifiesto, haciendo énfasis
en los procesos y no simplemente en los objetos de discurso, los nudos
de producción, mediación, negociación y conflictos de sentido que se
dan en este ámbito de participación social. Para ello se muestran y ana-
lizan algunas diferencias y semejanzas significativas entre las visiones
de los diversos actores con respecto al funcionamiento del Infocentro,
la solución de los problemas de conectividad, los usos y apropiaciones
del lenguaje técnico y de la comunidad, la participación de los vecinos
y vecinas y el rol de las instituciones.
conocimiento científico tecnológico por parte de los actores sociales e institucionales, mo-
tivando su incorporación y articulación a través de redes económicas, sociales, académicas
y políticas, que permitan la producción y el uso intensivo y extensivo de ese conocimiento
en función del desarrollo endógeno, científico y tecnológico del país para mejorar las con-
diciones de vida de la población y satisfacer racionalmente sus necesidades fundamentales”
(“Misión Ciencia”. Disponible en: < http://www.misionciencia.gob.ve/> [Visitada el 12-12-
2007].
!132 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
Proceso de construcción del Infocentro del
Sector B de Las Casitas de La Vega
En 2002 el Ministerio de Ciencia y Tecnología (MCT) y el Centro Na-
cional de Tecnologías de Información (CNTI) presentan a la comunidad
el Proyecto de Infocentros. El mismo es presentado en conjunto con los
proyectos para construir un módulo de salud de la Misión Barrio Aden-
tro y un punto de la red de mercados comunitarios de Mercal.
En el marco de esta propuesta, la señora Juana, del colectivo Caribes
Itagua, junto con otros integrantes de la comunidad, convocan a una
asamblea para discutir el lugar y el uso de los espacios posibles para
la construcción de estos proyectos. Es en esta asamblea cuando ubican
un espacio particular dentro del sector B de Las Casitas de La Vega y
realizan la propuesta de que tanto el Módulo de Salud, el Mercal y el
Infocentro se integren dentro de un mismo edificio.
Esta propuesta no fue aceptada, debido a que, se arguyó, cada uno de
los proyectos estaba a cargo de un organismo del Estado en particular,
lo cual dificultaba la posibilidad de integrar a todos ellos en un único
edificio. Es así como se realiza nuevamente una asamblea en la comu-
nidad con el objetivo de informar la situación en torno a la realización
de los proyectos, es decir, la cantidad de espacio a usar, las formas de la
estructura, etcétera.
En esta asamblea, la comunidad decide aceptar la propuesta de construir
los espacios para cada uno de los proyectos de forma separada, a pesar
de que consideraran que sus voces y propuestas fueron rechazadas, no
tanto con base en las razones técnicas sobre la construcción (peso de
la estructura, inestabilidad del terreno, entre otros), sino con base en
la dificultad de tramitar en los ámbitos burocráticos su propuesta. Para
Aquiles, miembro del colectivo Caribes Itagua, la voz de la comunidad
no fue escuchada, pues “ellos [las instituciones] debieron haber cons-
truido todo en un mismo edificio, eso facilitaría mucho más las cosas
para el acceso, el espacio”.
Frente a esta situación, Celestino López nos cuenta que “cuando se con-
cibe un proyecto externo a la comunidad siempre tratan de traerlo ya
Capítulo 4. Comunicación intercultural y participación social en …
!133 !
listo, ya preparado. Ésa es un poco la visión de la institución. […]
Nosotros siempre teníamos algo que decir, pero el problema era que
ellos ya tenían cosas que hacer, tenían una definición de lo que querían
y como ya tenía una definición de los que ellos querían difícilmente
aceptaban lo que nosotros decíamos. Nosotros estuvimos proponiendo
que se hiciera un paquete para todo eso. ¡Tú te imaginas un edificio
múltiple allí! El problema no es que las cosas se centralicen, pero como
te traen el paquete, el diseño, las cosas como van a ir, […] entonces nos
restaron el espacio. Y no es un problema urbanístico, como lo decía
el capitán que estaba construyendo el Mercal: “Ah ustedes lo que les
interesa es el Mercal, que si lo ponemos aquí o lo ponemos allá, eso no
es lo importante, lo importante es que ustedes tengan el Mercal”. Él no
estaba viendo que esto es una comunidad, un barrio y que aquí hay una
armonía urbanística que la gente está cuidando, […] que no le tape la
visibilidad, que se puedan mantener ciertos espacios libres” (entrevista
realizada el 04/08/07).
En el caso del Infocentro, el retraso se debió a la discusión entre si se
realizaba la construcción con base en el diseño estructural del arquitec-
to Fruto Vivas o no.
5
Con respecto a este punto, Ramona, integrante del
Comité de Tierras Urbanas (CTU) del sector, nos cuenta que “la cons-
trucción no estuvo a tiempo y que hicieron cosas que no iban dentro de
la estructura” (entrevista realizada el 19/08/07).
El ya mencionado Celestino López enfatizó: “El problema es cuando se
diseña para el barrio. Es el problema de los expertos que dicen: ‘Estoy
diseñando pa el barrio y como estoy diseñando pa el barrio no cuido
detalles. Y cuando los compañeros preguntaron por el diseño, le dijeron:
5 Para este momento, la mayoría de los Infocentros existentes se encontraban ubicados en bi-
bliotecas, centros comunitarios o alcaldías. En este sentido, el Infocentro de Las Casitas fue
uno de los primeros infocentros que se construyeron directamente en el ámbito comunita-
rio. Es por ello que se da la discusión entre los diseños proyectados a construir. El diseño
de Fruto Vivas, arquitecto venezolano reconocido, se encontraba entre uno de los diseños
postulados.
!134 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
‘Ah, es que ése es un diseño de Fruto Vivas’. Nosotros para nada vamos
a descalificar la trayectoria que tiene este arquitecto, […] pero hay dos
elementos importantes. Uno, ¿Quién va a usar el Infocentro? es la co-
munidad la que va a usar el Infocentro, y dos, el problema de la consul-
ta, por qué no preguntas qué es lo que nosotros queremos” (entrevista
realizada el 04/08/07).
Con respecto a este mismo asunto, Farabundo, joven estudiante de Me-
dicina Integral en la Misión Sucre, sostuvo que esto forma parte de “la
cultura de marginar a los sectores populares en cuanto a la infraestruc-
tura de las cosas” (entrevista realizada el 18/08/07). En este sentido,
Arnaldo, un activista comunitario, trabaja en la Fundación Infocentro
y tiene, aproximadamente, la misma edad que Farabundo, reafirma lo
dicho por Celestino López y Farabundo sosteniendo que “la ingeniero
me decía que: ‘Nosotros no podemos hacer una discusión de eso [el
diseño del Infocentro] porque, acuérdate que nosotros somos los que
estamos construyendo y para algo estudiamos, sabemos por qué lo es-
tamos haciendo así’. Y yo le dije, ya va, explícame porque por lo menos
yo entiendo algo de construcción. Lo que pasa es que mucha gente se le
olvida […].que ellos son los ingenieros y arquitectos, pero los obreros
somos nosotros” (entrevista realizada el 18/08/07).
Como se exponía en el capítulo uno, suele ocurrir que del mismo modo
que la comunidad construye formas de interpretación y simbolización
de su experiencia social, los representantes de las instituciones guber-
namentales y estatales (en este caso los representantes a cargo de la
construcción del espacio del Infocentro) también tiene sus propias vi-
siones de mundo a partir de las cuales construyen sus propias inter-
pretaciones, que en cierta medida orientan sus maneras de actuar y de
relacionarse con la comunidad. Por eso, aquí encontramos un primer
nudo de conflicto de sentidos, es decir, un conflicto entre la visión, el
deber ser y las maneras de actuar de la comunidad y los representantes
de la institución.
Más allá de hacer referencia a las problemáticas acontecidas, lo impor-
tante para esta investigación es comprender la importancia de dichas
Capítulo 4. Comunicación intercultural y participación social en …
!135 !
problemáticas en los procesos de construcción, mediación, conflictos
y negociación de sentidos, cómo éstos se desarrollan a partir tanto de
las percepciones e interpretaciones de los habitantes de la comunidad
como de las instituciones y sus funcionarios. En esta investigación inte-
resa estudiar las dinámicas cotidianas, poniendo especial atención a las
orientaciones de sentido de las prácticas de los actores sociales involu-
crados, haciendo más visibles las formas en que, conscientemente o no,
sus interpretaciones y modalidades de acción en las dinámicas cotidia-
nas responden a sus visiones de mundo o culturas, en sentido amplio.
La Internet como herramienta para la
organización comunitaria. Las TIC dentro
del Proyecto Integral Comunitario
y el Programa de Infocentros
6
Pensar sobre los usos y potencialidades de la Internet en un contexto
de participación comunitaria en el cual intervienen, en distintos planos
y formas, tanto habitantes de la comunidad como representantes de
instituciones estatales, quienes generan, construyen, producen, me-
dian y negocian sentidos entre ellos/as, plantea un ámbito de análisis
complejo.
Cómo pensar, a partir del trabajo de campo, la Internet dentro de la
gama de problemáticas y necesidades de la comunidad tales como el
agua, la electricidad, la vialidad, etcétera. Sin lugar a dudas, la comu-
nicación es una necesidad para la comunidad, pero, ¿qué lugar ocupa
la Internet dentro de esta necesidad frente a otras herramientas como
la red de telefonía fija y móvil? ¿Estará la Internet incluida dentro
de las agendas de lucha cotidiana de las organizaciones sociales y
comunitarias?
6 Ver capítulo 2.
!136 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
El caso de la comunidad de Las Casitas de La Vega resulta interesante
al respecto, porque a partir de su propio Proyecto Integral Comunitario
ya en 1997 esta comunidad desarrolló un proyecto relacionado con el
uso de las TIC en la comunidad, es decir, lo hizo tres años antes del
lanzamiento del Decreto N
O
825. Luego de un diagnóstico, la comuni-
dad dentro de su conjunto de problemáticas y necesidades se planteó
la posibilidad de desplegar el uso de las TIC. A pesar de que las TIC
usualmente no se visualizan formando parte del entramado principal
de problemáticas que afectan a la comunidad, para las nuevas genera-
ciones éstas se constituyen en una herramienta que contribuye al forta-
lecimiento y potenciación del tejido y la organización comunitaria que
desde los años ochenta se venía desarrollando.
El proyecto fue elaborado colectivamente por algunos dirigentes y ha-
bitantes de la comunidad como el El Flaco” Jiménez
7
y Javier Jiménez,
8
contando con la importante colaboración de un grupo de jóvenes
con experiencia en la aplicación de nuevas tecnologías, como Isabel
Delgado,
9
Luis Gómez y Gavyman.
10
Según relata El Flaco Jiménez, este
grupo de personas que colaboraron en la elaboración del proyecto “es
una serie de gente que venía haciendo comunicación alternativa. Isabel
venía con nosotros desde la cuestión de los Cine-Club, desde la Escuela
de Audiovisuales, junto con Luis Gómez y Gavyman que se incorpora.
7 Es uno de los fundadores de Las Casitas, vino junto a su esposa, Juana, en el grupo de dam-
nificados del Valmore Rodríguez. El Flaco tiene alrededor de 50 años y desde que vive en
Las Casitas se ha dedicado a “formar” a los jóvenes en actividades culturales, bajo la premisa
de que la cultura es política y nucleándolos alrededor del Grupo Caribes de Itagua. A su
vez, “El Flaco” Jimenez tuvo una participación bastante importante durante el desarrollo del
proceso de las ABC y del frente cultural “Aquiles Nazoa”.
8 Javier es hijo de “El Flaco” y Juana. Tiene, aproximadamente, 28 años. Forma parte del
Grupo Caribes Itagua y del colectivo de la Radio Comunitaria. La Radio Comunitaria se en-
cuentra integrada a la Asociación Nacional de Medios Comunitarios Libres y Alternativos
(ANMCLA).
9 Es abogada, cineasta y fundadora de la Radio Alternativa de Caracas.
10 Actualmente es Presidente de la televisora metropolitana Ávila TV.
Capítulo 4. Comunicación intercultural y participación social en …
!137 !
Somos gente que está alrededor del trabajo comunitario. En ese mo-
mento Isabel estaba trabajando en el Fundacomun [ahora Fundacomu-
nal
11
] del Guarataro con un proyecto que atendía a varias comunidades.
Estábamos nosotros La Vega, el Cementerio […], Carapita, Antímano”
(entrevista realizada el 10/09/07).
El proyecto tenía como “intención montar un centro de información de
las comunidades integral que tuviera computadoras, Internet, telefonía,
la radio comunitaria, etcétera” (entrevista realizada a “El Flaco” Jiménez
el 10/09/07).
Para Celestino López, el proyecto puso sobre la mesa el uso de la Internet
como necesidad fundamental para la lucha de la comunidad. Para este
líder de la comunidad y comunicador popular, el proyecto tenía como
objetivo “que la gente tuviera la herramienta y manejara la tecnología.
No solamente que tuviera acceso a la tecnología, sino que manejara la
tecnología y la pusiese al servicio del proceso colectivo de su comuni-
dad. Un proyecto que integraba la radio, la televisora; era un proyecto
bastante ambicioso, que tuvo en el Infocentro la oportunidad de tener el
acceso real para su desarrollo” (entrevista realizada el 04/08/07).
Si la Internet, como afirma Laurencio Meza (s/f), es un objeto cultu-
ral que trascendiendo lo tecnológico genera una práctica cultural y un
movimiento de transformación que afecta las diferentes dimensiones
de una comunidad, grupo o sociedad y que aplicada de forma correcta
puede convertirse en una herramienta que contribuya al desarrollo so-
cial, se plantea el interrogante de: ¿Cómo pensar la Internet dentro de
las necesidades de comunicación e interconexión de una comunidad?
Respondiendo a esta pregunta, Farabundo afirma “que el Internet se
ha convertido en una herramienta con la que se puede combatir, con
la que se puede organizar, con la que se puede trabajar para el bien
colectivo, para el bien común y de eso se trata, de cómo la comunidad
se apropia […] de esta herramienta. El Internet hoy en día representa la
11 Fundación dedicada al fortalecimiento municipal y desarrollo de la comunidad.
!138 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
posibilidad de mayor organización, de que la gente resuelva problemas”
(entrevista realizada el 18/08/07).
Para Javier Jiménez, la realización del proyecto permitiría constituir un
centro de acopio y envío de información de la comunidad que, entre
otras cosas, abriría la oportunidad de diversificar la señal de la Radio
Comunitaria hacia otros ámbitos y espacios locales, regionales, naciona-
les e internacionales y, a su vez, la posibilidad de comunicar y socializar,
a través del uso de las páginas web y la señal de la radio, “experiencias
y prácticas que desde el ámbito comunitario proponen otras formas de
comunicación y de vivir la vida” (entrevista realizada el 05/08/07).
Asimismo el proyecto se comprendía como la posibilidad de crear una
alternativa a los tradicionales cibercafés, en donde los integrantes de la
comunidad, tanto niños y niñas como jóvenes y adultos, pudieran acce-
der a un computador con Internet y así tener la oportunidad de realizar
sus trabajos, comunicarse con parientes que habitan en otros lugares del
país (o de ser el caso del mundo) y/o sencillamente recrearse.
En conversaciones que sostuvimos con “El Flaco” Jiménez pudimos co-
nocer que “el proyecto se levanta y se le entrega al FUS [Fondo Único
Social
12
] recién electo Chávez [1998], pero viene la desgracia del año
99 de Vargas y todo el dinero que hay allí va para Vargas y eso [el pro-
yecto] fue engavetado” (entrevista realizada el 10/09/07).
Sin embargo, para la mayoría de los habitantes de la comunidad que
no hicieron parte de la elaboración del proyecto, o no sabían de la exis-
tencia del mismo, el uso de las TIC y en particular de la Internet no se
visualizaba aún como una herramienta que pudiera contribuir al desa-
rrollo y fortalecimiento de la organización comunitaria en sus distintos
ámbitos. Al respecto, cabe destacar que el estudio de campo permitió
12 “El Fondo Único Social es un instituto autónomo que tiene por objeto concentrar en un
solo ente la captación y administración de los recursos para lograr la optimización de las
políticas, planes y regulación de los programas sociales” (“¿Quiénes Somos”. Disponible en:
< http://www.fus.gob.ve/view/gc_a60ttn.php>. [Visitada el: 12-12-07]) .
Capítulo 4. Comunicación intercultural y participación social en …
!139 !
verificar, como se argumentó en el capítulo uno, la existencia de visio-
nes heterogéneas al interior de la comunidad, las cuales, como se verá
más adelante, se vinculan también con las modalidades de la partici-
pación y las formas a través de las cuales circula la información en la
comunidad.
Tanto para Nancy, estudiante de La Misión Ribas,
13
como para Josefina
Valera, estudiante de la misma Misión y además una dirigente impor-
tante en lo relacionado con el proceso de las Mesas Técnicas de Agua, la
Internet y el usar un computador antes de la instalación del Infocentro
era un proceso que “se veía lejos en sus vidas”, y que de alguna forma
fue con la instalación del Infocentro cuando comenzaron a relacionar el
uso de las computadoras y la Internet con procesos que contribuyen al
fortalecimiento de la formación tanto individual como colectiva.
Pese a estos importantes antecedentes, el Proyecto de Infocentros fue
presentado a la comunidad en el año 2002 por el Ministerio de Ciencia
y Tecnología (MCT) y el Centro Nacional de Tecnologías de Informa-
ción (CNTI)
14
que, sin escuchar y reconocer el proyecto de la comuni-
dad, le proponen a ésta sumarse a este programa.
El Proyecto de los Infocentros, en tanto política pública, nace en el año
2000 y es una iniciativa impulsada a escala nacional por el Ministerio
de Ciencia y Tecnología (MCT) y el Centro Nacional de Tecnologías de
Información (CNTI).
15
En sus inicios, este proyecto tenía como objeti-
vo la construcción y la apertura de espacios que ofrecieran servicios
gratuitos de acceso a Internet y similares a los que se ofrecen en los
13 Esta misión se encuentra articulada con el Infocentro en función de dar cursos básicos sobre
el manejo y usos de las computadoras y la Internet.
14 Para el año 2002 el CNTI era un organismo adscrito al MCT. En la actualidad esta institu-
ción se encuentra adscrita al Ministerio para el Poder Popular para las Telecomunicaciones
y la Informática.
15 Es preciso destacar que en la actualidad, con los cambios y nuevos ministerios creados en el
país por la actual gestión de gobierno, el Programa de Infocentros se constituye como una
fundación, la cual sigue estando adscrita al Ministerio de Ciencia y Tecnología.
!140 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
lugares conocidos como cibercafés o centros de navegación. La conduc-
ción, ejecución y control de estos proyectos se encontraban en manos
de instituciones estatales como alcaldías, gobernaciones, bibliotecas pú-
blicas, etcétera.
Al comienzo de este programa, para el CNTI los infocentros eran “salas
equipadas con computadoras personales conectadas a través de un en-
lace dedicado para brindar el libre acceso a INTERNET. Estas salas tam-
bién disponen de diversos periféricos, para permitir el almacenamiento
o impresión de información, según las necesidades del usuario. Se ins-
talan en diferentes áreas o espacios públicos o privados, como bibliote-
cas, gobernaciones, alcaldías, centros comunitarios, centros culturales,
asentamientos, centros gremiales, parroquias, fundaciones, entre otros.
La instalación de estos Infocentros lo hace el CNTI, conjuntamente con
cualquier organización pública o privada que demuestre capacidad para
su creación, desarrollo y mantenimiento, cumpliendo con el reglamento
para la utilización de los Infocentros” (disponible en: www.infocentros.
gov.ve/viewusuario/docs/c27/EspecificacionesInfocentros.doc)
Sin embargo, para el año 2004, en palabras de Beatriz Ramírez, fun-
cionaria de la Fundación Infocentro, adscrita al Ministerio de Ciencia y
Tecnología:
16
“El CNTI se replantea lo que es el programa y lanza el pro-
yecto de ‘gerencia de red social del conocimiento’. El programa lo que
busca es que el Infocentro no sea un centro donde la gente que vaya a
revisar correos o vaya a de repente revisar una página x o el diario, sino
que sean espacios de encuentro comunitario […] donde se fortalecen
los procesos que hay alrededor de los Infocentros, protagonizados o
impulsados por organizaciones sociales de diferentes tipos”.
Sobre este cambio o giro de visión que se da en el programa, Beatriz
Ramírez informa que el mismo“[se] generó [por] la misma dinámica
16 Beatriz Ramírez es miembro de la Oficina de Comunicación y Relaciones Institucionales de
la Fundación Infocentro. Beatriz, junto a Javier Jiménez, ha jugado un papel importante en
la reactivación del Infocentro de Las Casitas.
Capítulo 4. Comunicación intercultural y participación social en …
!141 !
que hay en las comunidades. Hay infocentros que son estáticos y que
no generan actividades comunitarias. Son los que están ubicados en bi-
bliotecas, museos […]. En cambio, hay Infocentros como, por ejemplo,
el del Guarataro […, que] está inserto en la comunidad [y] que generó
dinámicas importantes y que, bueno, llamaron a la reflexión […] y bue-
no, dijeron hasta aquí, esto da mucho más”.
En este orden de ideas, María Zamora, presidenta de la Fundación In-
focentros, explica que “nosotros vemos el Infocentro como un espacio
para articular y la tecnología como un medio. Es tratar que ese Infocen-
tro sea tomado por las comunidades que están a su alrededor, eso para
nosotros es muy importante. Es un espacio y una herramienta para la
organización comunitaria. Es eso lo que buscamos e intentamos” (entre-
vista realizada el 07/09/07).
Sin embargo, para “El Flaco” Jiménez, al igual que para Celestino López,
existe una línea que une el proyecto elaborado por la comunidad en
1997 y el Programa de Infocentros. Nos cuenta “El Flaco” que el pro-
yecto que otrora había sido engavetado en el FUS, es sacado por la gente
del Ministerio de Ciencia y Tecnología, ya que “la idea del proyecto nace
del movimiento popular. Ésa era una propuesta que nace de la historia
de lucha de la comunidad y cuando aparece esto [los Infocentros] resul-
ta que todo lo habían modificado. Agarran los datos de la comunidad
para hacer lo que ellos [los técnicos y los profesionales] quieren y eso
es algo que hay que denunciar en cualquier lado” (entrevista realizada
el 10/09/07).
Resulta interesante notar que, como se adelantó en el capítulo uno, fre-
cuentemente se puede verificar la existencia de conflictos de comunica-
ción referidos específicamente a la relación entre los/as actores y en par-
ticular los reclamos de los actores de base respecto a las formas como las
agencias del Estado tienden, frecuentemente, a irrespetar, ignorar y/o no
prestar suficiente atención a las visiones que las comunidades poseen
sobre ciertos asuntos. Este tipo de experiencias puede generar, como
veremos en los párrafos siguientes, formas de resistencia y desconfianza
hacia el relacionamiento con organismos públicos.
!142 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
Es así que el Infocentro de La Vega se inaugura el 19 de agosto de 2005,
luego de que los problemas de la construcción del mismo fueron supe-
rados. La inauguración contó con la presencia de la entonces ministra
de Ciencia y Tecnología, Yadira Córdova, y del presidente del CNTI,
Jorge Berrizbeitia.
Durante al acto de inauguración algunos integrantes de la comunidad,
entre ellos/as Juana y “El Flaco” Jiménez, lograron conversar y compar-
tir con la Ministra y el Presidente del CNTI la visión de la comunidad
acerca del uso y los tiempos del espacio del Infocentro. En este sentido,
“El Flaco” Jiménez, en la conversación que sostuvimos con él, nos contó
que el día de la inauguración fue una oportunidad para “explicarle [a la
Ministra] un poco de dónde salía la idea, la discusión y cuál era nuestra
visión de la cuestión [el Infocentro]”.
Para la comunidad y en especial para “El Flaco” Jiménez, “el papel, el
uso y la política del Infocentro no debe venir de la institución”. Para
este líder de la comunidad “la política de los Infocentros debe salir de
la dinámica de los distintos Infocentros y de las comunidades. Nosotros
creemos que el Infocentro debe redimensionarse mucho más. La polí-
tica del Infocentro debe ir mucho más allá, debe ser estimulada por la
comunidad. Si no lo vemos así, estamos mal. Cuando nosotros decimos
que no somos ningunos paracaidistas, es porque nosotros somos parte
de los creadores de ese programa. Nosotros fuimos los que metimos en
el FUS ese proyecto. Lo que pasa es que después aparece la institución
como que si ese proyecto fuera de ellos y esa ‘vaina’ no es así. Ese tipo
de cosas aquí se está acostumbrado. Ciertos profesionales irrespetan a la
gente y los proyectos de la gente los hacen suyos para tener prebendas
particulares y la comunidad queda relegada a un segundo plano” (en-
trevista realizada el 10/09/07).
Estas inquietudes fueron recogidas, en cierta medida, y posteriormente
expresadas por la entonces Ministra cuando de manera pública sostu-
vo que “el papel de los Infocentros, […] no es que se conviertan ex-
clusivamente en salas de navegación, sino en lugares de encuentro y
fortalecimiento humano y comunitario” (“inaugurado Infocentro en el
Capítulo 4. Comunicación intercultural y participación social en …
!143 !
Parque Caribes de Itagua sector Las Casitas de La Vega”. Noticia dis-
ponible en: http://www.infocentros.gov.ve/viewusuario/detalleNoticia.
php?id=2628&cc=0).
Asimismo, el entonces Presidente del CNTI reconocía la capacidad de
los habitantes del sector de ampliar el sentido inicial del Infocentro.
Así lo expresó durante el acto de inauguración: “[la] comunidad del
sector Las Casitas de La Vega, es protagonista de un modelo que re-
presenta una iniciativa para poder ampliar el sentido del Programa de
Infocentros, de convertirse no solamente en un centro de computación,
sino que permita que los programas, proyectos y misiones que tiene en
marcha el Gobierno nacional se integren a la tecnología” (“inaugurado
Infocentro en el Parque Caribes de Itagua sector Las Casitas de La Vega”.
Noticia disponible en: http://www.infocentros.gov.ve/viewusuario/deta-
lleNoticia.php?id=2628&cc=0).
Por otra parte, la entonces ministra Yadira Córdova se comprometió
con los integrantes de la cooperativa “Escuela Semillas Rebeldes”, del
periódico el Mío, de la Radio Comunitaria
17
y de la Escuela Canaima
a colocarles un servicio de Internet directo en sus lugares de trabajo.
Este compromiso, en palabras de Javier, integrante del colectivo de la
Radio Comunitaria, se hizo efectivo en poco menos de un año después
de la inauguración, luego de que los integrantes de la cooperativa de la
Escuela, la Radio y el periódico introdujeran periódicamente cartas de
solicitud para la concreción del mismo.
Consistentemente con lo expuesto en el primer capítulo, en los casos en
que altos representantes del Estado o sus agencias emiten expresiones
de reconocimiento a las potencialidades de una comunidad, conviene
examinar de qué maneras éste se expresa o no en las dinámicas coti-
dianas. Es decir, conviene analizar cómo son las formas de relaciona-
miento de aquellos representantes de las instituciones en cuestión que se
17 La Radio Comunitaria desde finales del año pasado se mudó a la zona de Los Mangos.
!144 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
encuentran cotidianamente con la comunidad, cuáles son sus formas de
ver e interpretar los asuntos cotidianos y qué relación guardan éstas con
sus “culturas” institucionales. Encontramos entonces acá un segundo
nudo de producción, conflicto y negociación de sentidos entre una ins-
titución que reconoce el potencial organizativo de la comunidad y una
comunidad que busca avanzar en los proyectos y agendas que tienen
trazadas.
El Infocentro, usos, problemáticas
y participación
Desde la inauguración del Infocentro, la comunidad ha tenido algunos
problemas con el funcionamiento, así como con las instituciones encar-
gadas de evaluar el Infocentro y los otros puntos de Internet.
Para comenzar es necesario relatar el contexto de participación social
desde el cual surgen, se movilizan, se construyen, median y negocian las
problemáticas y las visiones que sobre ellas poseen los/as actores partici-
pantes. En el sector de Las Casitas, específicamente, en la 5ta. terraza, se
despliega un contexto de participación social bastante amplio y diverso
donde se articulan los distintos ámbitos de trabajo que se desarrollan en
el sector, entre ellos, el Infocentro y quienes laboran y participan en él.
Sin embargo, como adelantábamos en el capítulo uno, investigar sobre
la participación desde una perspectiva de comunicación intercultural
debe incluir no sólo a quienes participan, sino también a quienes no lo
hacen, buscando producir información sobre la amplitud, intensidad y
modalidades de la participación y las formas y “circuitos” como circula
la información en la comunidad.
En lo que respecta a nuestra investigación, nos surge la necesidad de no
centrarnos de manera excluyente en el Infocentro como si éste fuera el
único espacio en el que se presentan formas de participación relaciona-
das con el uso de las TIC, pues, como dijimos anteriormente, existen
otros puntos de acceso a Internet, específicamente los ubicados en la
Capítulo 4. Comunicación intercultural y participación social en …
!145 !
Escuela Canaima y en los espacios donde se desarrollan los trabajos
relacionados con la Cooperativa Audiovisual, el periódico El Mío y lo
que antes era el local de la Radio Comunitaria, donde actualmente fun-
cionan de forma simultánea la Misión Ribas y el Comedor Popular del
sector. Asimismo, ámbitos de participación como la Misión Ribas hacen
uso del Infocentro para dictar talleres de acercamiento y socialización
de las TIC para los/as estudiantes de la misma.
Además de lo que pudiéramos denominar los/as actores que partici-
pan activamente en los procesos de organización comunitaria, el grupo
de usuarios cotidianos mayoritario está constituido por los/as niños/as,
adolescentes y jóvenes de la comunidad, quienes encuentran en el Info-
centro un espacio de recreación, en el cual también tienen la posibilidad
de realizar las tareas que se les asignan en la escuela, liceo o universidad.
Fernando Corrado, miembro del CTU de esta zona y uno de los propul-
sores del Consejo Comunal de Las Casitas, cuenta que “los muchachos
que trabajan en el Infocentro han hecho un buen trabajo más que todo
con los niños y alguno que otro adulto […] les enseñan a manejar las
computadoras y los trabajos de medios escolares”.
Asimismo, los procesos de participación que se generan alrededor del
Infocentro no sólo se circunscriben a las dinámicas internas del espacio
comunitario. Tanto la Radio Comunitaria como la Cooperativa Audio-
visual hacen uso de los puntos de acceso a Internet para comunicarse
y relacionarse con organizaciones y procesos afines en otros lugares del
mundo. Tal es el caso de la articulación con la plataforma Indymedia,
18

articulación mediante la cual se genera una dinámica de intercambio
informativo y comunicacional de noticias, sucesos y procesos organiza-
tivos que dan cuenta tanto de las prácticas cotidianas de la comunidad
18 Indymedia es una red mundial de medios independientes. Para más información sobre el
Indymedia Venezuela y el Indymedia en general, ver:
(http://venezuela.indymedia.org) (www.indymedia.org).
!146 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
como de la coyuntura nacional y las visiones que las organizaciones
citadas tienen sobre los procesos continentales y globales.
Retomando lo que se afirmaba anteriormente, cabe destacar que tanto
para los/as actores sociales que participan activamente en los proce-
sos de organización comunitaria como para el MCT, la Fundación In-
focentros y el CNTI, el Infocentro y el uso de las TIC, con sus distintos
matices, se constituye en una herramienta para el fortalecimiento y el
desarrollo comunitario.
En conexión con esto, “El Flaco Jiménez”, líder de la comunidad y par-
ticipante activo de los procesos que en ella se generan, “el Infocentro
de la Vega es un centro estratégico, porque ante la situación del país,
necesitábamos una sala situacional aquí arriba” (entrevista realizada el
10/09/07). En tanto que Farabundo, un joven de la comunidad que es
estudiante de Medicina Integral en la Misión Sucre, “En principio los
Infocentros son un espacio para que la gente haga sus trabajos, tenga
acceso al conocimiento que hay en Internet, etcétera. Pero viene la otra
parte que tiene que ver con la parte política […], que tiene que ver con
cómo aprovechar esa suma de herramientas y de elementos que están
allí, para hacer del Infocentro un espacio que permita la motivación de
la comunidad y su participación” (entrevista realizada el 18/08/07).
Entre los servicios que institucionalmente se encuentran definidos para
el Infocentro se encuentran: curso básico y avanzado de computación
en software libre, talleres de organización comunitaria, apoyo a todas
las misiones para realizar inscripciones y dictar cursos y talleres, espa-
cio para reuniones y asambleas comunitarias, manejo de Openoffice,
impresión, venta de disquetes y digitalización (Infocentro, s/f).
Según María Zamora “de lo que se trata es de que el Infocentro sea un
espacio en donde se puedan dar cursos de alfabetización tecnológica,
para que puedan hacer periódicos electrónicos sin ser especialistas ni
nada parecido, además de aprovecharlos como centros de búsquedas de
información, de comunicación. El compromiso nuestro es colocar las
herramientas para que la comunidad se organice” (entrevista realizada
el 07/09/07).
Capítulo 4. Comunicación intercultural y participación social en …
!147 !
Por su parte, para los habitantes de la comunidad que no participan
activamente en los procesos de la comunidad y el Infocentro, en pala-
bras de la señora Eduvigis, joven residente de la comunidad dedicada
al alquiler de teléfonos, éste se presenta como “un beneficio. Es un be-
neficio para los niños y la gente que estudia […] mi hijo de nueve años
se la pasa allá metío […] y me cuenta que está descubriendo la cuestión
de la computadora […] le encanta”. Por otra parte, para Fernando Co-
rrado, el Infocentro era “una red de conexión para unas computadoras
para el beneficio de la comunidad”. Para Ramona, “el Infocentro es para
la comunidad, para que todos los que quieren participar ahí, los que
necesitan hacer su trabajo y para que se hagan talleres para que la gente
aprenda a usar las computadoras”.
Conectados o desconectados: entre el software libre
y la falta de conectividad
Centrándonos en las problemáticas que afectan el desarrollo de las TIC
como herramienta para fortalecer y potenciar la organización comuni-
taria, nos encontramos con que la falta temporal de conexión a Internet
es una problemática general que afecta tanto al Infocentro como a los
otros puntos de acceso a Internet.
Con respecto al problema de la falta temporal de conexión a Internet,
Damira, integrante de la Cooperativa Escuela “Semillas Rebeldes” y del
grupo de teatro popular del sector, y Javier Jiménez, integrante del co-
lectivo de la Radio Comunitaria, manifiestan que la problemática genera
retrasos en las dinámicas del Infocentro y de cada uno de los proyectos
que hacen uso de la conexión a Internet como, por ejemplo, la señal de
la radio por Internet.
Por su parte, Juana dice que “[los reclamos por la conexión] los hace-
mos por teléfono. Siempre estamos llamando y peleando por la falta de
la conexión […] La conexión funciona bien mientras está aquí el mu-
chacho con su computadora, pero cuando se va […] se vuelve a caer”
(entrevista realizada el 10/03/07).
!148 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
Beatriz Ramírez, funcionaria de la Fundación Infocentro, refiere que esta
problemática se origina por la naturaleza de la conexión “La conexión
a Internet en el Infocentro de Las Casitas es inalámbrica y la suministra
Bantel
19
[…] para eso es malísimo, […]. Yo no soy técnico [pero] yo le
pregunté a una compañera de operaciones [Soporte Técnico] y me dijo
que sí, que efectivamente para eso Bantel era malísimo, [pero] ahorita
estamos tratando de cambiar”.
Y agrega: “Ahorita los nuevos Infocentros van a tener conectividad por
Cantv,
20
banda ancha, porque ellos ganaron la licitación ahorita. Con La
Vega [Las Casitas] yo que hice, lo metí como un Infocentro solicitando
banda ancha para ellos. Ellos [la] necesitan [la conexión], porque […]
han tenido múltiples problemas y allá no está conectado solamente el
Infocentro, sino que es la Radio, el Mercal, el Módulo [Barrio Adentro],
la Escuela, entonces es un punto importante de la zona que requiere
atención”.
Sin embargo, con respecto a este último punto, Javier Jiménez tiene sus
reservas. Este integrante del colectivo de la Radio Comunitaria explica
que “la licitación [para la nueva conexión a Internet] la ganó la Cantv
dos meses antes de que la nacionalizaran, entonces la Cantv se lleva el
dinero y todo se retrasa más. Hubiera sido mejor que esperaran e hicie-
ran un convenio interinstitucional”.
Asimismo, Javier informa que “cuando la conexión se cae, algunas veces
hacemos cursos y otras dinámicas para mantener entretenidos [a] los/as
chamos/as”. Sin embargo, este activista y comunicador popular cuenta
que desde que se realizó la migración de Windows al software libre, han
19 Telecomunicaciones Bantel es una empresa de telecomunicaciones que ofrece servicios rela-
cionados con el uso de las TIC a través de una plataforma satelital. Ver http://www.bantel.
com.ve
20 Cantv es la Compañía Anónima Nacional Teléfonos de Venezuela. Esta empresa fue priva-
tizada en 1996 durante el segundo mandato de Rafael Caldera. Actualmente la empresa
volvió a manos del Estado venezolano.
Capítulo 4. Comunicación intercultural y participación social en …
!149 !
tenido algunos problemas con los once computadores que componen el
Infocentro. Según Javier, el problema consiste en “que no podemos ins-
talar algunos de los programas que necesitamos para realizar los talleres,
las ediciones de la radio y para actualizar los programas del computa-
dor. Uno de los problemas es que las máquinas están bloqueadas con las
claves de usuario y esto es lo que no nos deja instalar los programas. La
gente de la Fundación nos dice que no nos pueden dar las claves porque
las computadoras se pueden dañar. Pero nosotros no vamos a compartir
las claves con todo el mundo, sólo las queremos para poder trabajar en
las cosas que necesitamos en la comunidad”.
En cuanto a la migración al software libre y la clave de usuario, Beatriz
Ramírez manifiesta que “este proceso ha sido complicado tanto para los
usuarios como para los facilitadores. Con la clave de usuarios hay un
detalle. Esta clave para instalar o desinstalar programas sólo la maneja
Soporte Técnico, entonces cómo se manejan esos casos. Una organiza-
ción x que necesite usar la máquina en un Infocentro para, por ejem-
plo, la diagramación de un periódico, hace la solicitud al facilitador y
el facilitador gestiona ante Soporte Técnico y ellos tienen la obligación
de ir, instalar el programa y después desinstalarlo cuando ellos [la or-
ganización] lo decida o cuando no lo vayan a usar más. Esa restricción
todavía existe porque aunque los Infocentros tienen más apertura a la
comunidad si esa posibilidad se deja abierta, entonces tú te imaginas
los programas instalados. Eso generaría en el área técnica como un caos,
eso es lo que me han explicado, o sea, que si la gente empieza a instalar
y desinstalar programa, entonces la máquina se pone más lenta y eso”
(entrevista realizada el 12/03/07).
La migración al software libre también ha traído problemas para los
usuarios cotidianos del Infocentro. Javier Jiménez cuenta que “muchas
veces la gente hace sus trabajos acá y luego no lo pueden abrir en otras
computadoras. Lo que pasa es que la gente guarda en OpenOffice y,
claro, luego tienen problemas con el formato y no lo pueden abrir”.
Alba, actual facilitadora del Infocentro, también apunta sobre esta situa-
ción con respecto a las dificultades en el uso del software libre, pues “la
!150 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
gente tiene muchas dificultades para manejar estos programas. Muchas
veces nos sugieren cambiarlos” (entrevista realizada el 20/08/07).
Con respecto a esta situación, Beatriz Ramírez, la ya mencionada fun-
cionaria de la Fundación Infocentro, cuenta que “ahorita estamos lo-
grando darle salida a este problema. Ahorita más bien estamos […] con
el Plan Nacional de Alfabetización Tecnológica (PNAT), que nos ha ayu-
dado muchísimo y la gente te dice, bueno, ‘yo no sé’ [usar el software
libre], pero yo voy a hacer mi taller PNAT y aprendo y entonces ha ido
apropiándose del software libre”. Con respecto a este último, Javier dice
que “todo es, más o menos, un desastre. La gente de la misión [Misión
Ciencia] cree que con un solo curso ya los chamos están preparados
para programar, hacer y enseñar el uso del software libre”. Beatriz Ra-
mírez manifiesta que “el PNAT se estaba desarrollando bastante lento y
era lógico no rindiera porque había solo un facilitador y bueno ahorita
está un poco paralizado”.
Ahora bien, frente a la debilidad que el PNAT ha tenido en la comuni-
dad, algunos integrantes de la comunidad, en especial Farabundo, han
venido desarrollando algunas dinámicas alternativas para que la gente
se apropie del lenguaje técnico. Para este activista comunitario, “mu-
chas veces caemos en el jueguito de que como eso [el Infocentro] es pa
chamos, dejamos nada más a los chamos a que naveguen en Internet.
Entonces muchas veces la gente ya adulta, adulta mayor, ve que esas
máquinas, esos aparatos [las computadoras] son simplemente para los
chamos y […] vamos cayendo en un analfabetismo tecnológico” (entre-
vista realizada el 18/08/07).
Esta preocupación de Farabundo enfatiza y hace hincapié sobre los re-
clamos que en su momento ha realizado la señora Lourdes, cuando en
una conversación nos comentaba que “muchas veces a nosotros [los
adultos mayores] no se nos toma en cuenta para esto de las computa-
doras, no nos enseñan”.
Según explica Farabundo, “el PNAT está orientado, primero a gente que
sepa leer y escribir y tenga algún conocimiento de computación. La forma
Capítulo 4. Comunicación intercultural y participación social en …
!151 !
como desarrollan el taller no toma en cuenta la posibilidad de que hay
un gran número de personas que nunca han tocado un computador y
no tienen forma de acceder a él. Yo parto de que para usar un computa-
dor, en una primera etapa, no es necesario saber leer y escribir, porque a
mí lo que me interesa es que la gente sepa qué es un computador, cuáles
son sus componentes, que le pierda el miedo al mouse” (entrevista rea-
lizada el 18/08/07).
Entonces es posible observar que frente a las dificultades existentes y las
carencias que pueda tener la institución, la comunidad va estableciendo
rutas alternativas para dar salidas y soluciones a dichas dificultades.
Encontramos entonces aquí un tercer nudo de producción, conflictos y
negociación de sentidos entre la comunidad y la institución, entre el qué
hacer cuando se tiene conectividad y qué hacer cuando no se tiene.
El rol de los facilitadores/as
La visión participativa sobre el funcionamiento de los Infocentros se
expresa también en el deber ser y el cómo se deben elegir las personas
que integrarán el equipo de trabajo en estos espacios. Para el funciona-
miento de los Infocentros es necesaria la presencia de los/as facilitado-
res/as que puedan orientar a los/as usuarios/as en el uso de los servicios
que este programa ofrece. En los Infocentros construidos en espacios
comunitarios, los/as facilitadores/as deben ser seleccionados a través de
un proceso asambleario mediante el cual la comunidad postula a los/as
posibles facilitadores/as. Posteriormente, el CNTI se encarga de evaluar
si éstas/os cumplen o no con los perfiles necesarios para la realización
de las labores cotidianas del Infocentro.
Con respecto a este punto, Beatriz Ramírez, la anteriormente menciona-
da funcionaria de la Fundación Infocentro, comenta que la construcción
de un perfil del facilitador es muy importante, “porque los facilitadores
tienen el deber de articular con la comunidad y muchas veces no lo
hacen. Es por eso que en algunos Infocentros funcionan como queremos
!152 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
y en otros no funciona, porque los facilitadores lo que sirven es de ta-
quilleros. La gente llega, les asignan una máquina y si no saben hacer
algo él va y te explica, pero hasta ahí llega, en estos casos, la actividad
de ellos” (entrevista 12/03/07).
Por su parte, Alba, actual facilitadora del Infocentro, comenta: “Yo entré
al Infocentro a través del trabajo comunitario. Cuando comenzamos
a hacer ese conjunto de asambleas para el rescate del Infocentro, para
darle un mejor trato al Infocentro. Entré más como trabajadora comuni-
taria que como facilitadora” (entrevista realizada el 20/08/07).
Celestino López, por su parte, coincide con los representantes de la
Fundación sobre la necesidad de que los/as facilitadores/as sean habi-
tantes de la comunidad elegidos en asamblea comunitaria. Sin embargo,
este líder comunitario profundiza aún más sobre este tema al decir que
“no es sólo que el Ministerio defina cuál es el perfil del facilitador, es
la comunidad la que tiene que definir cuál es el perfil. Nosotros siem-
pre le decimos a las facilitadoras que no se vean como trabajadoras del
Infocentro o del Ministerio, ellas son trabajadoras de la comunidad”
(entrevista realizada el 04/08/07).
Sobre este punto conversamos con Alba y ella explicó: “La Fundación
no es, prácticamente, la que está aquí [en la comunidad]. […] Yo que
trabajo ahí, me siento más trabajadora comunitaria que del Infocentro.
Ciertamente yo soy facilitadora de allí [del Infocentro], pero vengo de la
comunidad. ¡Soy facilitadora de la comunidad y estoy con la comuni-
dad!” (entrevista realizada el 20/08/07).
En tanto, Beatriz Ramírez sostiene que se busca que “el facilitador des-
empeñe también un trabajo político con las comunidades, un trabajo
que genere enlaces con la comunidad, que atienda los reclamos de la
gente, que genere actividades e impulse acciones, y en función de eso,
creamos los colectivos de intercambio de saberes, que están orientados
a la formación y el debate en la misma comunidad y entre los facilitado-
res” (entrevista realizada 07/08/07).
Por su parte, María Zamora, directora de la Fundación Infocentros,
cuenta que la Fundación busca que “los facilitadores se conviertan en
Capítulo 4. Comunicación intercultural y participación social en …
!153 !
tecnólogos populares, dentro del esquema de aprender haciendo”. En
este sentido “la comunidad elige al facilitador sobre cierto perfil y en ge-
neral lo que hacen es que proponen varios nombres, porque debe tener
cierto nivel de uso sobre esa tecnología, de conocimiento” (entrevista
realizada el 07/09/07).
Beatriz Ramírez apunta que ciertamente “lo que se busca es que desde el
trabajo que desempeña el facilitador, se genere un proceso de formación
en el área tecnológica; que ellos puedan salir de ahí con una validación
académica, que es un tema muy importante para ellos. Un plan de for-
mación que incluya lo social, que incluya lo tecnológico, lo pedagógico,
[…] algo integral” (entrevista realizada el 07/08/07).
En este sentido, Celestino López nos cuenta, con respecto al tema de los
facilitadores, que “hay dos grandes problemas allí. A las compañeras, el
Ministerio las ve como sus facilitadoras, como su personal, pero para
nosotros son las vecinas de la comunidad. ¡Fíjate la contradicción!” (en-
trevista realizada el 04-08-07).
Como se puede observar, tanto en los relatos de la comunidad como
en las afirmaciones de los representantes de la institución, con respecto
a los facilitadores, existe, en cierta medida, una dialéctica relacionada
con el sentido de pertenencia del facilitador, que se le plantea ésta/e en
términos de: formando parte de la comunidad y trabajando para ella,
respondo a las necesidades y exigencias de la Fundación Infocentros.
Si bien es cierto, como se observa en los relatos de los/as funciona-
rios/as, la Fundación busca generar procesos de apertura y articulación
con la comunidad, es necesario preguntar, desde la cotidianidad del
funcionamiento del Infocentro, quién y cómo se evalúa el trabajo de los
facilitadores.
Frente a esta pregunta, Beatriz Ramírez comenta que “nosotros tenemos
ahorita unos formatos de evaluación, la responsabilidad en el trabajo
comunitario, la puntualidad. Herramientas que tenemos, pero más allá
del formato y una evaluación en papel, digamos, cuadrada, más que
una evaluación cuantitativa lo que buscamos es realizar una evaluación
!154 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
cualitativa que evalúe las potencialidades del facilitador” (entrevista rea-
lizada el 07/08/07).
Para Celestino López “lo que pasa es que ellos [la institución] las eva-
lúan [a las facilitadoras], las supervisan, tienen todo el control normal
que tienen con su personal. Y se lo decía a las compañeras, creo que va
a haber problemas con el Ministerio […], porque cuando ellos intenten
incorporar su visión y su evaluación, va a haber problemas, porque
nosotros tenemos otra evaluación y otra visión porque no nos sentamos
juntos. Más seguimiento le hace la comunidad al Infocentro que los
supervisores” (entrevista realizada el 04-08-07).
Esta afirmación de Celestino López nos permite establecer un cuarto
nudo de producción e intercambios de sentido, relacionado con las vi-
siones de los diversos actores sobre el perfil y el rol de las/os facilitado-
ras/es. Esto, además, lleva a interrogarnos sobre quién y cómo le hace
seguimiento y evaluación al funcionamiento del Infocentro, cuándo y
cómo se reúnen, quiénes participan en esas reuniones, a qué hora se
reúnen y dónde se reúnen.
El tiempo y el espacio en el Infocentro
Es necesario destacar que en el ámbito comunitario los tiempos y los
espacios para reuniones son distintos a los que aparentemente se pre-
vén desde las instituciones del Estado, así como a los que caracterizan
las prácticas de estas instituciones. Al respecto es posible observar un
quinto nudo de producción, conflicto, negociación y mediación de sen-
tidos entre los habitantes de la comunidad y los representantes de la
Fundación Infocentros.
Como apuntábamos en el primer capítulo de este libro, los “circuitos” a
través de los cuales circula la información en la comunidad y las visio-
nes que tanto funcionarios como integrantes de la comunidad poseen
sobre el espacio y el tiempo en el que las actividades de participación
Capítulo 4. Comunicación intercultural y participación social en …
!155 !
deben realizarse, influyen en la amplitud, intensidad y modalidades de
la participación.
Este tipo de aspecto no es en absoluto secundario, pues mientras el
horario de trabajo de los funcionarios transcurre en “horario de oficina”
(usualmente, aproximadamente, entre 8 am y 5 pm), para la comuni-
dad, el horario para reunirse y discutir sus problemas debe ajustarse
a las dinámicas de cada una de las individualidades y colectivos, y así
usualmente las horas para reunirse se plantean a partir de las 6:00 pm,
que es cuando los integrantes de la comunidad salen de sus trabajos.
A su vez, el espacio para reunirse también es motivo de conflicto, ya que
muchas veces los funcionarios de las instituciones se niegan o no tienen
el tiempo suficiente para asistir a la comunidad, por lo cual deciden
convocar las reuniones en los espacios de la institución. Esta situación
es problemática para la comunidad, ya que para ellos es más sencillo
reunirse en sus espacios, ya que es allí donde habitan y es donde se
producen las problemáticas que junto con los funcionarios se plantean
resolver.
Para Juana, líder e integrante del Grupo Caribes Itagua, “el problema
con los funcionarios es que cuando deciden venir a la comunidad, no
toman en cuenta que la gente tiene que trabajar, estudiar. No toman en
cuenta que acá estamos ocupados. Entonces convocan una asamblea
para las dos de la tarde y, claro, no asiste nadie” (entrevista realizada el
10/03/07).
Por su parte, Alba, tocando el tema de la supervisión, nos cuenta que los
supervisores de la Fundación “no vienen casi nunca a la comunidad, lo
que hacen es llamar por teléfono. Muchas veces nos dicen: ‘Mira, vamos
tal día’, entonces montamos la reunión con la comunidad y ese día nos
llaman y nos dicen: no, está suspendida la reunión. Entonces nosotros
asumimos con la comunidad el compromiso. […] Uno convoca a la co-
munidad y ellos asisten, pero se molestan por eso que te cuento. A veces
hacemos una convocatoria para decir, por ejemplo, vamos a hacer un
taller y por ‘x’ motivo nos llaman del Ministerio. Mira, no vamos a poder
!156 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
dar el taller. Entonces el embarque defrauda a la gente y quedamos mal
nosotros, porque somos nosotros quienes estamos convocando” (entre-
vista realizada el 20/08/07).
Beatriz Ramírez apunta sobre esto que “ése es un problema típico de las
instituciones, [sin embargo] yo el viernes pasado [9 de marzo de 2007]
asistí a una asamblea en Las Casitas que terminó a las 10:00 pm y la
nueva supervisora asistió a una jornada de limpieza que se propuso en
la asamblea y que se iba a realizar el sábado siguiente a la misma. Sin
embargo, mucha de la gente que se postuló para la jornada no asistió.
Yo entiendo que eso pase y a mí eso no me desanima. Eso me hace en-
tender que es parte de un proceso y que ahí está el trabajo que tenemos
que hacer” (entrevista realizada el 12/03/07).
Frente a este punto, Alba apunta que “es necesario que los supervisores
vengan por lo menos una vez al mes, pues si ésta no fuera una comuni-
dad organizada, ¿qué fuera de este Infocentro?”
Con respecto al tiempo y el uso del espacio del Infocentro, Celestino Ló-
pez apunta que “afortunadamente por el lado del horario del Infocentro
y la posibilidad de usarlo a cualquier hora, no hemos tenido problema.
Porque ellos [la institución] están claros del nivel de organización de la
comunidad y están claros qué es lo que se busca con ese espacio. Ése es
un espacio para generar organización, para generar política. Para activar
no se tiene horario” (entrevista realizada el 04/08/07).
Entonces, es posible reconocer también aquí el desarrollo de procesos
de conflicto y negociación de sentidos, en la medida en que los re-
clamos manifestados por los habitantes de la comunidad despliegan la
visión que tiene la comunidad alrededor de los tiempos y los espacios
para la reunión. Siguiendo a Grimson (2005), esta problemática tiene
que ver con la forma como los actores sociales participantes “perciben,
significan, construyen y usan el tiempo, el espacio, el medio ambiente,
las relaciones humanas, las tecnologías, de los modos más diversos”
(Grimson, 2005:57).
En este sentido, tanto para Celestino López como para Alba, en una
conversación conjunta que sostuvimos con ellos/as, a pesar de las
Capítulo 4. Comunicación intercultural y participación social en …
!157 !
dificultades que se han tenido con la institución, existe, en cierta medi-
da, una buena articulación con los representantes de la misma, no tanto
por la dinámica de la institución misma, sino por quienes en un mo-
mento dado la representan frente a la comunidad. Alba nos dice que en
la actualidad “la institución respeta mucho la palabra de la comunidad;
para ellos la palabra de la comunidad es palabra santa”.
Es por ello que para Celestino López, “nosotros [la comunidad] sabe-
mos que en el caso de sugerencias, críticas, cambios en la gente que está
trabajando dentro del Infocentro, si viene de una asamblea sustentada
o avalada por la comunidad, es palabra santa para la Fundación. Eso se
da, porque la cabeza de la Fundación, María Zamora, está totalmente
convencida política y personalmente de que lo que diga la comunidad
es palabra santa”.
En este sentido, en la actualidad, tanto institución como comunidad
se encuentran desarrollando planes y agendas de trabajo para rescatar
y fortalecer las dinámicas del Infocentro, sobre todo en el tema rela-
cionado con la participación de los habitantes de la comunidad en el
mismo.
Sobre la participación en el Infocentro
En nuestras visitas continuas a la comunidad pudimos observar que
durante los últimos meses la participación de habitantes del sector que
no están ligados a los procesos organizativos de la comunidad ha dismi-
nuido considerablemente dentro del mismo.
Para Beatriz Ramírez, “al principio el Infocentro de La Vega [Las Casitas]
era un Infocentro modelo. Yo [Beatriz] nunca conocí el Infocentro de
La Vega, porque yo estaba en el Zulia y llegué aquí hace cinco meses,
[…] y cuando llegué te puedo decir que me acerqué hasta el espacio y vi
que, bueno, de repente no era lo que siempre pintan. Eso por dos cosas
fundamentales: uno, porque la comunidad un poco se alejó del espacio
y también por descuido de parte de la institución. El supervisor no iba
!158 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
[y] a los facilitadores tampoco se le daban las herramientas” (entrevista
realizada el 12/03/07).
Con respecto al descuido del Infocentro por parte de la institución, para
Juana, el centro del problema está en que los supervisores de la Fun-
dación “casi nunca vienen a la comunidad” y cuando lo hacen asisten
en función de “exigir reportes de avance sobre el Infocentro” (entrevista
realizada el 10/03/07).
Por otra parte, para Ramona “la visión del Infocentro entre la comuni-
dad y la institución ha chocado. A lo mejor la institución esperaba una
cosa y nosotros como comunidad esperamos otra. Entonces, la idea era
que se diera como un acuerdo entre la institución y la comunidad y
resulta como que no, porque de repente viene un representante de la
institución y aquí es una cosa y resulta que cuando tú vas allá es otra
cosa, entonces […], es como que un poco de contradicción ahí y que de
hecho eso [el Infocentro] está ahí, eso lo pone el Ministerio. Pero enton-
ces eso no es del Ministerio, es de la comunidad, porque si no es para la
comunidad y si la comunidad no tiene poder ahí, entonces qué hace ese
Infocentro ahí, no tiene sentido. Tenemos que tener sentido de propie-
dad de todo lo que tengamos aquí” (entrevista realizada 19/08/07).
Sobre este punto, “El Flaco” Jiménez enfatiza sobre la necesidad de
construir autonomía alrededor del Infocentro. Para este líder comunita-
rio, “uno de los grandes problemas del Infocentro es cómo mantenerlo,
porque a la final le terminan pagando a una gente ahí, pero tienen que
ver con la institución y no se desarrolla ningún programa. Falta política.
La política del Infocentro debe salir de la comunidad y debe manejarse
con autonomía” (entrevista realizada el 10/09/07).
En este orden de ideas, para Beatriz Ramírez el supervisor del Infocentro
no realizaba bien su trabajo, “el Infocentro estaba superdescuidado y el
responsable tenía meses sin ir, contando con que los supervisores, por
decirte así, tienen por contrato la obligación de visitar el Infocentro una
vez al mes. Ahora eso depende de la dinámica del Infocentro, pero no-
sotros en eso tenemos muchas debilidades. El supervisor además debe
hacer un seguimiento o darle apoyo a los facilitadores y por lo menos,
Capítulo 4. Comunicación intercultural y participación social en …
!159 !
suponte si no puede ir una vez al mes, debe llamar y estar pendiente”
(entrevista realizada el 12/03/07).
Como apuntábamos en el primer capítulo, interesa estudiar las diná-
micas cotidianas en relación con las “culturas” (visiones de mundo, o
racionalidades) de los/as actores involucrados y sus formas de actuar,
así como las formas como las instituciones y las comunidades, desde
sus heterogeneidades, generan procesos en los cuales ponen en común
cursos de acción para resolver dificultades y problemáticas que surgen
de la dinámica del encuentro.
En la actualidad, tanto comunidad como institución se han puesto de
acuerdo para resolver las principales problemáticas que afectan al In-
focentro, sobre todo en lo relacionado con el tema que nos ocupa, la
participación. Con respecto a esto, Javier Jiménez nos cuenta que “aho-
ra estamos convocando unas asambleas para resolver estas cosas [los
problemas de conexión, el problema de los facilitadores, etcétera]. Ya
hicimos una hace tres semanas y vinieron como treinta personas. En la
asamblea informamos a la gente sobre los procesos del Infocentro, pero
también conversamos sobre el tema de los facilitadores. Hubo mucha
gente que vino con el currículo en mano para ver si podía trabajar […]
Hicimos también una segunda asamblea el fin de semana pasado, pero
vino menos gente, como diez personas. Estamos tratando de retomar las
dinámicas de las asambleas (entrevista realizada el 09-03-07).
Por su parte, para Beatriz Ramírez, Javier Jiménez ha sido un gran aliado
y también nos cuenta que: “Ahorita estamos en un plan de rescate, por-
que ese Infocentro ha decaído bastante en participación. Javier nos está
colaborando para eso [el rescate del Infocentro] y yo particularmente
invité a Javier para que participara con nosotros en el programa e inclu-
so yo me salté ese requisito de realizar una asamblea para postular a los
facilitadores y le dije [a Javier] vente, ayúdame, porque La Vega es un
espacio comunitario importante […] las dinámicas que hay ahí arriba
[en Las Casitas] son muy valiosas, yo respeto mucho eso […] porque
es un espacio comunitario en donde tú ves que la gente hace cosas y se
organiza” (entrevista realizada el 12/03/07).
!160 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
Para Ramona “de un tiempo para acá el Infocentro estuvo cerrado o con
poca participación y la gente de otros sectores que venía para acá se
han quejado. Eso también pasó porque nosotros nos habíamos alejado
un poco del Infocentro. Ahorita nosotros hemos tratado de retomar el
Infocentro otra vez, y bueno, ahí vamos. Hemos hecho asambleas para
contarle a la comunidad lo que estaba pasando, y a cuenta de asamblea
en asamblea hemos podido rescatar el Infocentro. En eso estamos bas-
tante gente. Está Celestino López del periódico, está Farabundo, que es
hermano de Josefina Valera, y también está en el periódico y estudiante
de Medicina de aquí del sector. Está una muchacha que se llama Mili,
que vive en el sector, también es estudiante de Medicina, está Josefina.
Ahí un gentío, gente de las diferentes terrazas que ha puesto su granito
de arena, o sea, la comunidad en pleno. En pleno te digo porque ha
participado gente de todas las terrazas y entonces ha habido fuerza”.
Ahora bien, este proceso asambleario que se ha venido desarrollando en
la comunidad con miras a rescatar el Infocentro e incentivar la partici-
pación de los habitantes de la zona dentro de éste, ha generado también
una serie de debates y discusiones entre los líderes y activistas de la
comunidad. Sobre este punto Beatriz Ramírez nos comenta que “en el
afan de rescatar eso [el Infocentro] le dije a Javier vente, me ayudas, te
invito a participar cono nosotros en el programa. Eso, fíjate, generó un
ruido allí en la comunidad, sobre todo con un líder comunitario de allí
[Celestino López], cuyo trabajo es respetable. Él se sintió dentro de todo
ofendido por el cuento y llamó a una asamblea y la gente reclamó pues,
¿por qué se hizo eso?, ¿por qué se seleccionó a Javier de esa manera? y
todo el cuento. [Esto] fue una cosa que fue bastante valiosa para mí, […
porque] eso te dice, bueno, la gente puede estar apática pero tú llamas
y responde” (entrevista realizada el 12/03/07).
Sobre este punto Javier Jiménez relata que “en esta última asamblea
tuve algunos problemas, porque yo voy a asumir uno de los puestos de
facilitador. Eso trajo un rumor dentro de la comunidad, porque como
yo trabajo en la radio, le pedí a Jhon [otro integrante del colectivo de
la Radio Comunitaria] que nos compartiéramos el tiempo para que yo
Capítulo 4. Comunicación intercultural y participación social en …
!161 !
pudiera estar medio día en el Infocentro y medio día en la radio. Enton-
ces la gente interpretó mal la cosa y están pensando que yo voy a cobrar
y le voy a pagar a Jhon para que trabaje por mí en el Infocentro”.
A su vez, Celestino López cuenta que “el problema no es con Javier, el
compañero reúne el perfil para ser facilitador. Nosotros somos del mis-
mo colectivo e históricamente nos une la lucha común de aquí de Las
Casitas. Pero es como digo yo, así pongan a mi mamá, porque el proble-
ma no es la persona. Si la persona es la apta, ¡buenísimo! El problema
es que nosotros aquí hablamos del Poder Local, nosotros hablamos de
la asamblea comunitaria. Entonces lo mínimo que podemos hacer no-
sotros es que cualquier decisión que se vaya a tomar tenemos que con-
vocar a la gente, porque es parte de nuestros principios. En el momento
en que se da esa situación, es algo que se cocina en el Ministerio, porque
yo le hecho la culpa al Ministerio. Las postulaciones tienen que ser en
asambleas” (entrevista realizada el 04/08/07).
Para Beatriz Ramírez, “la asamblea estuvo muy buena y [la gente] sabía
que yo era parte de la institución. Uno llega ahí con todo el miedo del
mundo, porque tú sabes que la gente tiene la razón y uno tiene que ir
y bajar la cabeza y reconocer los errores. Me exigieron cosas, les aclaré
cosas y les hablé cosas. Yo traté de explicar porque me apoyo en Javier,
pero también traté de no hablar mucho de la cosa porque se iba a ver
como una defensa. Cuando yo llegué acá el contacto que me dieron de
La Vega fue Javier y yo recuerdo que Javier varias veces llamó ‘armando
un peo’, porque el Infocentro no lo visitaba nadie, porque estaba aban-
donado, por la conectividad. Y cuando lo conocí me di cuenta que el
chamo estaba metido y a mí me parece muy valioso su trabajo y eso fue
lo que yo traté de explicar. Y bueno en la asamblea pusimos el cargo de
Javier a la orden y que la gente legitimara si Javier se quedaba o se iba
y bueno la gente legitimó a Javier, que ahora está en período de prueba
por tres meses. La gente dijo si en esos tres meses Javier no funciona, se
va” (entrevista realizada el 12/03/07).
!162 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
El plan de rescate del Infocentro
Como comentábamos en párrafos anteriores, parte de los habitantes,
líderes y activistas de la comunidad se encuentran, junto con represen-
tantes de la Fundación Infocentros, avocados al rescate de este último.
Además de generar procesos que incentiven la participación en cuanto
al uso del Infocentro, la dinámica del plan de rescate viene desarro-
llando aquello que “El Flaco” Jiménez, Celestino López y Farabundo
indicaron en sus relatos. Esta dinámica no es más que el desarrollo de la
dimensión política del Infocentro.
Sobre este punto Beatriz Ramírez relata que: “Ahorita, como te dije, es-
tamos en un plan de rescate. Entonces el cuento es que ahorita estamos
tratando de hacer asambleas permanentes, organizar video foros en ese
espacio y tratar de retomar ese espacio, como un espacio de creación
para las diversas organizaciones. Por ejemplo, la gente del periódico
El Mío que funciona allá arriba, […] los de la Radio, la gente de Barrio
Adentro de ahí del Módulo y la gente de la Escuela. Javier tiene monta-
do ahí un plan y la idea es generar más dinámicas con la comunidad y
hacer seguimiento más cercano, pues, ya ahí un supervisor nuevo y yo
sé que sí va responder y va a ir al Infocentro, va a estar pendiente. Y yo
creo que no es que la institución es el papá y dice que ¡ah! si no estoy
yo el Infocentro no funciona, no es eso, yo creo que es un aprender
mutuo y que en algún momento la institución va a tener que desapare-
cer y eso se ha planteado” (entrevista realizada el 12/03/07).
En los últimos meses de nuestro trabajo de campo (finales de 2007 e
inicios de 2008) fue posible observar el desarrollo de nuevas articula-
ciones entre la institución y la comunidad. Por ejemplo, durante esos
meses se realizaron una serie de asambleas para discutir y reflexionar
sobre las problemáticas del Infocentro y sus posibles soluciones, usos
y proyectos a desarrollar en el mismo. Otro tanto cabe decir de algu-
nos talleres que ya se han realizado, como “el Taller de Comunicación
Capítulo 4. Comunicación intercultural y participación social en …
!163 !
Popular”,
21
así como de que se discutan aspectos previos para otros que
se piensan realizar.
Este taller se realizó del 30 de junio al 1
O
de julio de 2007 y contó con la
participación de un grupo de facilitadores y facilitadoras de Infocentros
de Distrito Capital, Celestino López, del periódico El Mío, y miembros
de la Radio Comunitaria, entre ellos, Javier. Durante el taller se reflexio-
nó alrededor de la comunicación comunitaria y sus procesos, tratando
de vincular a los mismos con los ámbitos de trabajo de los Infocentros,
de forma tal que unos y otros se pudieran fortalecer mutuamente.Tanto
para Javier como para Celestino López, este taller forma parte de los
esfuerzos cotidianos que cada uno de los participantes realiza para con-
cretar el desarrollo del Plan Integral Comunitario.
Por su parte, la señora Eduvigis apunta que “sobre el Infocentro me han
contado que ahora está funcionado bien y que la gente que está ahorita
ahí trabajando son chéveres, son de la misma comunidad, que es lo que
me agrada porque no son personas de otro lado”.
En cuanto a estos procesos de rescate y reactivación del Infocentro, Ra-
mona cree “que la comunidad en pleno debe estar pendiente del In-
focentro, todo el mundo debe tener su espacio dentro del Infocentro.
Tienen derecho a hacer sus tareas ahí, sean de las misiones que sea, de
las escuelas que sean, sean del sector que sean, porque ése es el único
Infocentro que queda en la parte alta de La Vega. Entonces yo creo que
toda la parte alta de La Vega tiene derecho y debe tener propiedad hacia
el Infocentro”.
Por su parte, Fernando Corrado opina que “la gente ha tenido mucho
interés. Como dice el dicho, nada comienza bien. Empieza a funcionar
bien a través de que la gente se va organizando y se van estableciendo
normas para el buen funcionamiento [del Infocentro]. Yo creo que ya
21 Para más detalles sobre este taller, ver: http://www.infocentros.gov.ve/viewusuario/detalle-
Noticia.php?id=3139 .
!164 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
llegó el momento en que ellos están funcionando a cabalidad, pues, con
pequeñitos errores, pero ahí van empujando”.
Si el relato de Fernando Corrado describe en pocas palabras el desa-
rrollo de un proceso iniciado en el año 1997 en la comunidad de Las
Casitas de La Vega, las acciones colectivas que se generaron alrededor del
Infocentro dan cuenta de las prácticas y formas como las visiones de
mundo se encuentran no sólo para el conflicto. Tal como se expone en
el capítulo 1, las visiones de mundo también se encuentran para crear
acción, para producir nuevos sentidos, para construir un común colec-
tivo y para significar y resignificar los espacios de la participación social
y sus herramientas.
Capítulo 5. Aprendizajes que se desprenden de la investigación realizada
!165 !
La investigación realizada estuvo orientada por la propuesta teórica y de
método expuesta en el primer capítulo. Con base en esa perspectiva, que
podemos describir sintéticamente como de análisis intercultural y de
comunicación intercultural, hemos estudiado aspectos de producción y
negociación de sentido que resultan significativos en las experiencias de
participación social en la gestión de servicios de agua e informáticos en
el sector B de Las Casitas de La Vega. De esto es posible derivar algunos
aprendizajes que se exponen en este capítulo; otros, más de proceso,
han sido compartidos durante la investigación de campo con aquellos
miembros de la comunidad y/o de las agencias gubernamentales invo-
lucradas en la prestación de estos servicios que han colaborado con esta
investigación.
Tal como se adelantó en el primer capítulo, la investigación estuvo espe-
cialmente orientada a mostrar algunos encuentros, desencuentros y ne-
gociaciones entre los diversos actores participantes en estas experiencias
que si bien se expresan en términos de diferencias en sus interpretacio-
nes de los asuntos concretos que les vinculan, responden a diferencias
en sus respectivas “culturas” (“racionalidades”, o “visiones de mundo”)
institucionales, profesionales, locales, de grupo social y/o de orienta-
ción ideológica, según los casos. Nuestra perspectiva teórica basada
Capí t ul o 5
Aprendizajes que se desprenden
de la investigación realizada
Daniel Mato,
Alejandro Maldonado Fermín
y Enrique Rey Torres
!166 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
en investigaciones anteriores propias y de otros autores nos llevaba a
suponer desde el inicio algo que luego se nos hizo palmariamente evi-
dente en la investigación de campo: lo que solemos llamar “culturas” o
“visiones de mundo” no son formulaciones meramente discursivas, sino
que involucran memorias, sensibilidades, sentimientos, valores, identi-
ficaciones, prejuicios, usos y valoraciones del tiempo y del espacio, y
otros aspectos aparentemente “intangibles”, que suelen resultar suma-
mente significativos en las relaciones entre los actores sociales y, por
tanto, también en las experiencias de producción y negociación de sen-
tido que son parte y condición de esas relaciones. En conexión con este
asunto de aparentes “intangibilidades”, viene al caso señalar que, como
se argumentó en el primer capítulo y se puso en práctica en los dos
estudios de campo, investigar sobre la participación demanda incluir
en el análisis no sólo a quienes participan, sino también a quienes no lo
hacen, tratar de entender por qué no lo hacen, o por qué lo hacen de
maneras que tal vez no sean percibidas como “participativas” por otros
actores, como en efecto hemos procurado hacer en esta investigación.
Así, entonces, como sosteníamos en el primer capítulo, en esta inves-
tigación nos propusimos identificar quiénes participan y quiénes no lo
hacen (o lo hacen de maneras que no son vistas como “participación”
por otros actores), qué obstaculiza la participación de algunos y qué
facilita la de otros, para luego examinar en qué participan y cómo lo
hacen. En este marco nos interesaba especialmente observar a escala
micro los procesos de producción, circulación, apropiación y/o trans-
formaciones, de formulaciones de sentido que ocurren en las relaciones
entre los actores sociales involucrados. Al respecto, nuestra orientación
teórica nos llevó apartir de que las instituciones y grupos sociales no
son homogéneos, que hay diferencias a su interior, que a través de esas
diferencias es que se construye sentido y eventualmente se logran con-
sensos, o bien surgen conflictos de difícil solución. Desde este punto
de vista, no había porqué presuponer que “la comunidad” del sector B
de Las Casitas de La Vega habría de constituir un todo homogéneo, y
en tal sentido “un único actor”. Al contrario, había que estar atentos a
diferencias que pudieran resultar significativas. De manera análoga, no
Capítulo 5. Aprendizajes que se desprenden de la investigación realizada
!167 !
había por qué suponer a priori que todos los funcionarios al servicio de
Hidrocapital o de la Fundación Infocentros habrían de ser “portadores”
neutrales de una cierta y misma “cultura institucional”, puesto que tam-
bién existen “culturas profesionales”, e incluso posiciones axiológicas e
ideológicas particulares dentro de éstas.
Esas y otras orientaciones derivadas de las propuestas teóricas y de
método expuestas en el primer capítulo guiaron nuestra investigación,
cuyos resultados prácticos se exponen con detalle en los dos capítulos
precedentes. Esos dos capítulos son ricos en datos producto de la inves-
tigación que no es posible sintetizar acá. Esta investigación no permite
grandes generalizaciones. No obstante, una de ellas sería que, como era
una de nuestras hipótesis de partida, las diferencias en las interpretacio-
nes que diversos actores hacen de experiencias compartidas, así como
las diferentes maneras de accionar en respuesta a ellas, están asociadas
a “diferencias culturales” (de “racionalidades”, o “visión de mundo”)
entre estos actores sociales. Otra generalización de amplio alcance que
esta investigación permite formular es que en experiencias de partici-
pación social, el conocimiento que se tenga de esas diferencias cultu-
rales y su importancia, así como el manejo que se haga de las mismas,
pueden hacer que esas diferencias operen, según los casos, como fuente
de “problemas” o como fuente de “recursos” para construir respuestas
provechosas.
Más allá de estas generalizaciones, que retomaremos brevemente al cie-
rre de este capítulo, no parece posible formular otras de tan amplio al-
cance. No obstante, parece provechoso comentar algunos aprendizajes
más particulares realizados en esta investigación que sirven tanto para
enriquecer esas generalizaciones amplias como para matizarlas. A conti-
nuación comentaremos brevemente sobre algunos de esos aprendizajes
más particulares que permitió esta investigación.
!168 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
Algunos aprendizajes del estudio del caso
de la Mesa Técnica de Agua
El estudio del caso de la Mesa Técnica de Agua (MTA) presentado en el
capítulo 3 permitió identificar la existencia de varios actores significati-
vos, como los promotores comunitarios de Hidrocapital, los ingenieros
e inspectores de Hidrocapital, los líderes del sector “B” de Las Casitas
de La Vega (grupo que coincide con el homónimo señalado para el caso
del Infocentro) y las vecinas y vecinos que participan poco en el tema
del agua (grupo que coincide en parte significativa con su análogo del
caso del Infocentro).
Resulta interesante ver cómo al interior de la empresa estatal Hidrocapi-
tal cobran significación algunas diferencias entre las –digamos– culturas
profesionales de, por un lado, los ingenieros e inspectores, y por el otro,
los promotores comunitarios de esa misma empresa. Así, tenemos que
para los ingenieros e inspectores lo técnico opera como una suerte de
principio organizador del mundo, por tanto, las soluciones deben to-
marse en los niveles que manejan los recursos y los conocimientos téc-
nicos, no en las comunidades. Este grupo suele considerar que las ins-
tituciones no deben crear expectativas que después no puedan cubrir,
que las comunidades han aprendido lo esencial para “defenderse” ante
las instituciones y que las MTA y los Consejos Comunitarios de Agua
(CCA) han servido para “acercar” la dimensión técnica a las comunida-
des. Este grupo suele tener conflictos con los líderes del sector, quienes
tienen una visión eminentemente política y reivindicativa alrededor del
problema del agua. Mientras tanto, los promotores comunitarios de Hi-
drocapital suelen partir de la necesidad de incentivar la participación
colectiva como base para solucionar los problemas de las comunidades.
En su opinión, las instituciones deben estar del lado de las comunida-
des, para apoyarlas y guiarlas; en particular piensan que Hidrocapital
debe continuar incentivando la participación mediante la potenciación
de las MTA en cada sector y los CCA en cada parroquia. Este grupo
profesional que trabaja en Hidrocapital suele plantear que la falta de
Capítulo 5. Aprendizajes que se desprenden de la investigación realizada
!169 !
participación se debe a la poca capacidad de respuesta de las institucio-
nes, pero también a que la gente se conforma cuando su problema se
ha solucionado, aunque sea parcialmente. Sostiene que la gente de las
comunidades debe involucrarse más activamente en las dinámicas de
las MTA y los CCA como forma de presión a Hidrocapital, además de
promover que representantes de otras instituciones participen para que
apoyen la búsqueda de las soluciones. En su opinión, las MTA han ser-
vido para recuperar la memoria y la historia de las comunidades y como
herramienta para la formulación de políticas públicas. Dada esta visión
de las cosas, este grupo suele tener conflictos con los ingenieros, porque
mientras los promotores tienen una visión más política del problema
del agua, los ingenieros suelen ver el problema como principalmente
técnico, no político. Por otra parte, las relaciones entre el grupo de pro-
motores comunitarios y los líderes del sector suelen estar marcadas por
una diferencia que, según los casos, da lugar a formas de colaboración
o de conflicto, porque mientras los promotores suelen tener visiones de
conjunto, más abarcadoras y con capacidad de jerarquizar, los líderes
del sector suelen tener una visión muy “localista” y, por tanto, pretenden
siempre presionar para que les resuelvan los problemas de inmediato.
Por otro lado, tenemos que para los líderes del sector “B” de Las Casi-
tas de La Vega lo comunitario está por encima de lo individual, que la
comunidad siempre tiene la razón, que la no solución de los proble-
mas se debe a la falta de “presión” de parte de las comunidades hacia
las instituciones, que las instituciones son burocráticas y que la par-
ticipación es una cuestión política. Para este grupo, el problema del
agua es un problema de toda la comunidad y no de un grupo. Conside-
ran que la gente debería tener más conciencia sobre el uso del recurso
para garantizar que todos gocen del servicio de forma más equitativa.
Como piensan que la participación es clave para presionar a Hidroca-
pital, sostienen que es necesario que las vecinas y los vecinos hagan
un esfuerzo por participar. Para este grupo, la MTA ha sido un espacio
para la negociación y para lograr algunos avances sin tener que llegar a
la confrontación, como típicamente lo hacían en años anteriores. Este
grupo suele quejarse de la falta de iniciativa propia de otros sectores de
!170 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
la comunidad para tratar de solventar los problemas de suministro de
agua. En tanto, esos otros sectores suelen ver el problema en sus propios
términos; en primer lugar, suelen enfocarlo en términos de “primero
mi familia” y además sienten un cierto desprecio hacia la política. Por
estas razones suelen mostrar poco interés por las luchas colectivas para
solucionar los problemas de la comunidad, así como, en general, una
cierta apatía hacia la participación en asuntos comunitarios. Dada su
localización en el sector, algunos de ellos confrontan menores proble-
mas de suministro de agua, por lo que suelen pensar que deben parti-
cipar quienes tienen mayores problemas. Otros participan a su modo,
cuidando el agua como recurso, evitando muy cuidadosamente botes,
pérdidas y usos prescindibles. Algunos de ellos sostienen que la apatía
se debe a la falta de liderazgo fuerte y de “dirigismo”, así como a la falta
de formas de comunicación efectiva al interior de la comunidad. Algu-
nos de ellos han participado más en las luchas por el agua en el pasado,
pero como ha habido mejoras en el ciclo de suministro, actualmente
se conforman con el ciclo que tienen. Algunos de ellos sostienen que
la Mesa Técnica de Agua les parece inoperante, que es puro reunirse y
hablar sin resolver nada.
La investigación de campo sobre comunicación intercultural en la ex-
periencia de participación en la Mesa Técnica de Agua permitió des-
prender diversos aprendizajes de interés, algunos han sido simplemente
una confirmación de algunas de nuestras hipótesis de trabajo y pueden
expresarse muy brevemente. Otros, aunque en línea con esas hipóte-
sis, han contribuido a enriquecer nuestra mirada con nuevos matices.
Por ejemplo, las constantes referencias de parte de los dirigentes de
la comunidad a las luchas del pasado para lograr mejores servicios de
agua básicamente tienden a confirmar lo ya observado en otras inves-
tigaciones respecto del papel de la memoria de luchas como elemento
constitutivo de identificaciones y representaciones de identidad. Estos
tipos de memoria también resultan importantes en las experiencias de
autoorganización para formas de participación no institucionalizadas;
en este caso hacen parte de los saberes acumulados de la comunidad.
En este sentido, el estudio provee un nuevo ejemplo al respecto, pero
Capítulo 5. Aprendizajes que se desprenden de la investigación realizada
!171 !
no agrega matices de importancia a lo que podemos afirmar ya se sabe
sobre el tema. Algo semejante puede decirse respecto de las disparida-
des entre el sentido atribuido por unos y otros actores a experiencias
concretas, en este caso las MTA, y/o bien los cambios en las atribuciones
de sentido que pueden observarse a lo largo del tiempo. En este caso, el
estudio no nos lleva a ninguna conclusión novedosa, ni amplía dema-
siado nuestra perspectiva. Aunque, como ya se expresó en el capítulo 3,
permite confirmar que existen algunas diferencias en cuanto al sentido
que las MTA y el CCA tienen o han tenido para las y los habitantes del
sector. De alguna manera, de acuerdo con lo comentado por algunas y
algunos informantes, estos espacios han perdido su sentido original y
se han vuelto más una especie de lugar para quejarse y nada más. Por
otra parte, hay quienes manifiestan que no son lugares efectivos para
resolver los problemas.
En cambio, si bien no era absolutamente inesperable, sí resultó relativa-
mente novedoso recoger el testimonio de una ingeniera que manifestó
que “Cuando a uno le contratan un proyecto de éstos es netamente téc-
nico. Integrar la parte social es algo nuevo para todos nosotros. Lo está
tratando de hacer no solamente Hidrocapital a través de estas reuniones
que hace con la comunidad, sino otros organismos del Estado también.
Creo que esto hace más viables todos los proyectos. Para nosotros es
bien interesante el aporte que da la comunidad. La comunidad nos ha
dado información, es su preocupación, y hemos detectado problemas
porque la comunidad nos los dice” (ingeniera Manuela Zerpa, de una
cooperativa contratada por Hidrocapital, entrevistada por Alejandro
Maldonado Fermín, 29.08.2007). De manera análoga, aunque no sea
inesperable, resulta de interés enterarse a través de un promotor comu-
nitario de Hidrocapital que, como se expuso en el capítulo 3, la MTA
entre otras cosas facilitó a las comunidades la posibilidad de apropiarse
de algunos términos técnicos y algunos conocimientos básicos de la in-
geniería y de la hidráulica, así como convertirse en fuente importante de
aprendizajes y posibilidad de intercambios con los ingenieros y técnicos
de Hidrocapital. Ambas facetas permitieron otorgarles otros sentidos a
las prácticas que en la MTA o el CCA se desarrollaban. Este punto de
!172 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
vista resulta de algún modo confirmado por la opinión de uno de los
dirigentes más destacados de la comunidad (“El Flaco” Jiménez), quien
expresó que el uso de cierto lenguaje, bien sea técnico y/o académico,
es un asunto fundamental, pues no manejarlo puede convertirse en una
barrera entre las partes. Para él, el lenguaje debe ser sencillo para que to-
dos los miembros de la comunidad puedan comprender lo que se dice o,
en su defecto, que se les enseñe de qué manera hablar (ver capítulo 3).
Por otra parte, si bien la investigación no arrojó resultados novedo-
sos respecto del tema de los usos y manejos del tiempo, consideramos
importante destacar que sí proporcionó algunos matices interesantes,
sobre todo en lo que respecta a los usos y manejo del tiempo por parte
de la empresa gubernamental y sectores de la comunidad y en particular
las reflexiones que esto ocasionó al interior de la empresa hidrológica.
En este sentido, viene al caso considerar las palabras del primer pro-
motor comunitario de La Vega, quien sostuvo “al principio de la ex-
periencia de las MTA en Hidrocapital hubo fricciones respecto del uso
del tiempo. Eran problemas como ‘me vas a pagar horas extra’” (Miguel
López, entrevistado por Alejandro Maldonado Fermín, 04.05.2007, ver
capítulo 3). En conexión con esto conviene considerar in extenso la re-
flexión sobre el tema que ofreció uno de los inspectores de Hidrocapi-
tal, quien sostuvo: “Los sábados se lo tienen que respetar a cualquier
trabajador de cualquier parte del mundo… [pero] uno como buen tra-
bajador va los sábados a trabajar por los problemas que existen en las
comunidades, pero a mí no me pagan ese sábado. Voy a trabajar de
gratis para que me regañen de gratis. Yo voy para beneficiar, no porque
me beneficia a mí… A lo mejor ese sábado yo pudiera ir a una reunión
que beneficie a mi sector, pero como lo tengo ocupado no puedo ir…
Aunque ya uno lo asumió como parte de su trabajo, aunque no me lo
paguen. Pero la gente debe tener un poquito más de cordura para tratar
a las personas que vamos para allá [al CCA o a una reunión de MTA] a
trabajar” (Raúl Bustamante, entrevistado por Alejandro Maldonado Fer-
mín, 07.05.2007, ver capítulo 3). En conjunción con lo anterior, debe
considerarse lo expresado por una promotora comunitaria de Hidroca-
pital, quien sostuvo: “Cuando nosotros comenzamos aquí no teníamos
Capítulo 5. Aprendizajes que se desprenden de la investigación realizada
!173 !
horario. Para nosotros está establecido que no hay horario de salida.
Hay que atender a la comunidad en el momento en que ella nos lo soli-
cite. También esto fue un impacto dentro de la empresa, bueno porque
están acostumbrados a un entrar y salir a las 8 de la mañana y a las 5
de la tarde. Sin embargo sí se involucraron los técnicos en los espacios
sábados, domingos, de lunes a viernes (Andreína Ruiz, entrevistada por
Alejandro Maldonado Fermín, 18.06.2007, ver capítulo 3).
Como puede observarse, la atención a las comunidades, particularmente
cuando se practica desde –cuanto menos– una intención de participa-
ción, ocasiona importantes impactos al interior de la agencia o empresa
que presta el servicio. Esto no necesariamente implica que la empresa
o agencia haga las cosas de manera tal que satisfaga a las comunidades,
puesto que en este sentido, a juzgar por los resultados de las indagacio-
nes realizadas durante el estudio de campo, estos esfuerzos del personal
de la empresa hidrológica parecen no haber sido suficientes para las
vecinas y los vecinos del sector “B” de Las Casitas (ver capítulo 3).
Otro asunto respecto del cual si bien este estudio de campo no arrojó
conclusiones inesperables, no obstante permitió ampliar las referencias
que teníamos sobre el tema, es el de los problemas que suelen confron-
tar las experiencias en las cuales organismos o empresas del Estado con-
vocan a la participación. Como se expuso en el primer capítulo, la expe-
riencia latinoamericana en la materia (es muy probable que también la
mundial, pero nuestro conocimiento por experiencia propia y lecturas
sobre el tema se limita a una docena de países latinoamericanos), el uso
demasiado frecuente del vocablo “participación” por parte de agencias
gubernamentales de diversos países en la propuesta de políticas y pro-
gramas, así como las frustraciones con éstos que repetidamente han ex-
perimentado ciertos sectores sociales (particularmente grupos sociales
urbanos de bajos ingresos, con escaso acceso a servicios públicos o, en
todo caso, de calidad aceptable), parecen ser una causa importante de
la desconfianza que estos sectores suelen expresar respecto a cualquier
propuesta de participación. Como también sosteníamos en el primer
capítulo, esto va más allá de países y períodos gubernamentales en
!174 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
particular; hace a las relaciones entre organismos públicos y ciudada-
nos, entre Estado y ciudadanos. En este sentido, mencionábamos que
una de las conclusiones de una evaluación de programas de control de
malaria y mal de Chagas conducida a comienzos de la década de los no-
venta en ocho países latinoamericanos llevó a la conclusión de que si los
organismos públicos no aprendían ellos mismos a participar y a cum-
plir, podía ocurrir que la gente llegara a concluir que su participación
en programas gubernamentales no tenía ningún sentido (Winch et al.,
1992:349). Como adelantábamos en ese primer capítulo, esta investiga-
ción lamentablemente tiende a reafirmar ese problema, tal como puede
observarse de manera explícita en algunas de las entrevistas transcritas
en el capítulo 3 sobre la experiencia de la comunidad con Hidrocapital
y de manera menos explícita y tal vez en menor medida en las entre-
vistas al respecto descritas en el capítulo 4 sobre la experiencia con el
CNTI y la Fundación Infocentro.
Esto fue expresado de manera bastante clara en una serie de intervencio-
nes de vecinas y vecinos de la comunidad en la reunión de la MTA del
03.03.2006. Allí, Celestino expresó: “La falta de participación tiene una
causa en la ausencia de respuestas por parte de las instituciones… nos
sentimos burlados, engañados por Hidrocapital por todos estos años
de peloteo, de no hablarnos claro”. A lo que otra dirigente, la señora
Lourdes agregó: “Ocho años escuchando las propuestas y nada que nos
mejoran el servicio. Ahora vienen con el cuento de que todo se lo encar-
gan a los Consejos Comunales… hasta las carnicerías quieren dárselas a
los Consejos Comunales. Y yo me pregunto: ¿y las instituciones? […] El
problema con las instituciones es que todo lo que hacen pa’ los pobres
lo hacen mal… ¿De qué sirven las instituciones? La gente que participa
no lo hace más porque le trancan las cosas en las instituciones. A la gen-
te no le interesan los problemas. Mientras que otro vecino sostuvo: “No-
sotros como comunidad ya le perdimos credibilidad a las instituciones”.
Y nuevamente Celestino comentó: “La falta de participación tiene una
causa en la ausencia de respuestas por parte de las instituciones… nos
sentimos burlados, engañados por Hidrocapital por todos estos años
de peloteo, de no hablarnos claro” (intervenciones en la reunión de la
Capítulo 5. Aprendizajes que se desprenden de la investigación realizada
!175 !
MTA del 03.03.2006, registradas por Alejandro Maldonado Fermín, ver
capítulo 3).
Desde luego, existen otras interpretaciones de asunto. Así, el ingeniero
Guevara, para entonces presidente de la Operadora “4”, ofreció una re-
flexión ya citada in extenso en el capítulo 3, pero que parece conveniente
reiterar acá:
El problema que yo veo en esto es que siempre se crean unas expectativas hacia
la gente y esas expectativas generalmente rebasan la capacidad de respuesta.
¿Cuál es el interés de la gente? Que les resuelvan sus problemas […].–A mí
[haciendo el papel de un miembro de la comunidad] no me importa el
problema que tú tengas, a mí no me importa el problema de materiales que tú
tengas, a mí no me importa el problema de equipamiento, lo importante para
mí es que tú me resuelvas mi peo. Dentro de la magnitud de las cosas que tú
manejas, le toca a la institución, a la gente que resuelve los problemas, decidir
priorizar qué resuelve. Y al priorizar tú vas dejando fuera un conjunto de co-
sas… Por supuesto, en lo que tú vas dejando creas un gran malestar. Entonces,
cuando la gente va a una reunión y plantea un problema… dentro de 15 días
o un mes va otra vez a la reunión y él se para y vuelve a plantear el proble-
ma… llega un momento en el que él se arrecha y dice: ‘¡Coño, vale, tú lo que
eres es un farsante, un payaso’. Porque lamentablemente quien asiste siempre
a la reunión es él, eres tú, es el de [la Coordinación] Comunitaria que tengan
asignado a esa zona o el inspector [de Hidrocapital] que tengan asignado…
Pero lamentablemente la magnitud de las decisiones para poder atender algún
problema en algún momento escapa de las manos de ellos. ¿Por qué? Porque no
manejan recursos, no manejan decisiones de inversión [de recursos]. Entonces
vamos arrastrando siempre una serie de problemas que no resolvemos. En fin,
creas muchas expectativas y no las aclaras. El otro problema es que aquí no
hay instituciones [hace alusión a las alcaldías, o las juntas parroquiales,
por ejemplo] que asuman su responsabilidad y nosotros como institución [se
refiere a Hidrocapital] no hacemos que ellas las asuman. La responsabilidad
de los servicios públicos en una ciudad recae en las alcaldías (entrevista reali-
zada el 10.05.2007).
En otras palabras, el ingeniero Guevara nos recuerda que la participa-
ción no es simplemente un asunto de buenas voluntades, que hay otros
tipos de factores en juego, de expectativas, desde luego, pero también
de capacidad de tomar decisiones de quienes participan en las reunio-
nes con las comunidades, es decir, se plantean también problemas de
!176 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
poder. Pero, bien vistas las cosas, este tipo de problemas no sólo se
plantea al interior de los organismos y empresas del Estado, sino tam-
bién al interior de las comunidades. Así, como ya se sostenía en el capí-
tulo 3, además de las razones de tipo más “macro”, es necesario indicar
que muchas personas han dejado de participar por conflictos internos
con algunos de los líderes de la comunidad. Esto obedece, por una
parte, a ciertas molestias en torno al manejo de las reuniones y la infor-
mación, así como, por otra parte, a la conducción de los destinos de la
comunidad por parte de esos líderes, derivando en un cuadro de apatía
y desmovilización. Estas cosas también suceden, como también sucede
que existen actitudes individualistas y de aprovechar las ventajas de las
luchas y esfuerzos ajenos.
Algunos aprendizajes del estudio del caso
del Infocentro
El estudio del caso del Infocentro presentado en el capítulo 4 también
nos llevó a identificar la existencia de diversos actores. Por un lado, fue
posible observar la participación de un grupo que en este caso y escala
de análisis aparece como único al que podríamos denominar “funciona-
rios y directivos de la Fundación Infocentros” (probablemente investi-
gaciones sobre otros casos y/o a otras escalas de análisis podrían llevar
a diferenciar), otro constituido por “los facilitadores del Infocentro”,
otro constituido por “los líderes de la comunidad”, y otro constituido
por otros sectores de la comunidad que registran poca participación
en los debates sobre el tema, así como relativamente escaso uso del
Infocentro.
Debe destacarse que el de “los facilitadores” es un grupo muy particular.
Sucede que en parte está constituido por lo que podríamos caracterizar
como el grupo de jóvenes de la comunidad más activos en lo que res-
pecta a este tema, pero que una vez nombrados facilitadores perciben
un honorario y deben rendir cuentas al organismo público del caso. Se-
gún la normativa prevista, los facilitadores son personas de la comunidad
Capítulo 5. Aprendizajes que se desprenden de la investigación realizada
!177 !
que a propuesta de ésta son nombradas como tales por el CNTI, quien
les asigna una remuneración. Esto crea una situación un tanto ambigua
y contradictoria que ha sido expresada de manera bastante clara por
uno de los dirigentes de la comunidad: “Hay dos grandes problemas
allí. A las compañeras, el Ministerio las ve como sus facilitadoras, como
su personal, pero para nosotros son las vecinas de la comunidad. ¡Fíjate
la contradicción!” […] “lo que pasa es que ellos [la institución] las eva-
lúan [a las facilitadoras], las supervisan, tienen todo el control normal
que tienen con su personal. Y se lo decía a las compañeras, creo que va
a haber problemas con el Ministerio […], porque cuando ellos intenten
incorporar su visión y su evaluación, va a haber problemas, porque
nosotros tenemos otra evaluación y otra visión porque no nos sentamos
juntos. Más seguimiento le hace la comunidad al Infocentro que los
supervisores” (Celestino López, entrevistado por Enrique Rey Torres,
04-08-07, ver capítulo 4). Más importante aún es que los facilitadores
entrevistados se han expresado en esos mismos términos respecto de
sus sentimientos de pertenencia.
El caso es que según el discurso genérico de los funcionarios y directi-
vos de la Fundación Infocentros, el Infocentro debería ser tomado por
las comunidades que están a su alrededor, para quienes sería un espacio
y una herramienta para la organización comunitaria. En línea con lo an-
terior, estos funcionarios y directivos suelen afirmar que las decisiones
deberían tomarse de forma colectiva con la comunidad y los funciona-
rios deberían respetar la palabra de ésta, así como que los supervisores
del Infocentro deberían ir constantemente a la comunidad para evaluar
en colectivo el funcionamiento del Infocentro. En el marco de este dis-
curso de amplio alcance, los funcionarios entrevistados al referirse al
Infocentro de Las Casitas de La Vega en general, consideraron que en su
momento había sido un Infocentro modelo, pero con el abandono de la
institución y con la falta de participación de la gente de la comunidad,
la dinámica del funcionamiento del mismo decayó. En su opinión, la
poca participación de la gente de la comunidad se debe a que la insti-
tución aún no ha podido resolver los problemas frecuentes que afectan
al Infocentro.
!178 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
El caso es que esta interpretación de los hechos y el discurso en que se
enmarca es objeto de diferencias e incluso conflicto con algunos de los
otros actores involucrados. Así tenemos que mientras los facilitadores
del Infocentro expresan un sentido de pertenencia hacia la comunidad,
los funcionarios de la Fundación los ven como su personal y, como tal,
se les exige su pertenencia a la institución. Por otro lado, tenemos
que los líderes de la comunidad en lo que hace a este tema sos-
tienen que mientras que la comunidad demanda más autonomía a la
hora de tomar decisiones y de definir la política del Infocentro, para los
funcionarios y directivos de la Fundación existe una buena relación de
articulación y de trabajo colectivo con la comunidad.
Mientras tanto tenemos que las entrevistas realizadas permiten afirmar
que los facilitadores del Infocentro de Las Casitas de La Vega se ven a sí
mismos como trabajadores comunitarios más que como representantes
de la institución frente a la comunidad. Suelen afirmar que vienen de
la comunidad, que son facilitadores de la comunidad y que están con la
comunidad. Consistentemente con lo anterior, suelen enfatizar que las
decisiones se toman colectivamente y que la institución debe respetar la
palabra de la comunidad. En este marco suelen apreciar que los super-
visores de la institución casi no visitan la comunidad y cuando lo hacen
es para exigir reportes.
Los supervisores a veces plantean reuniones y talleres con la comunidad
y algunas veces no cumplen. Esto hace que decaiga la participación de
la gente de la comunidad en el Infocentro. Este pequeño grupo suele
tener una relación fácil con los líderes del sector, basada en su sentido
de pertenencia y en que construyen articulación y trabajo conjunto con
ellos. En tanto su relación con las vecinas y los vecinos que participan
poco en este tema suelen tener una relación menos fluida, aparente-
mente, aunque se les invita a las reuniones y asambleas, éstos no asisten,
excepto para reclamar problemas de funcionamiento que se presentan.
Por otra parte, tenemos que los líderes del sector “B” de Las Casitas
de La Vega ven al Infocentro como un proyecto e idea que nace del
movimiento popular con la intención de que la gente de la comunidad
Capítulo 5. Aprendizajes que se desprenden de la investigación realizada
!179 !
maneje la tecnología, especialmente con fines de organización y acción.
Sostienen que la institución no puede seguir decidiendo a solas e im-
poniéndose sobre la comunidad y que las decisiones deben tomarse
colectivamente, respetando siempre la palabra de la comunidad. Según
ellos, la política del Infocentro debe salir de la comunidad y manejarse
con autonomía; el Infocentro es de la comunidad, la comunidad debe
apropiarse y tener capacidad de decisión en él.
Este sector suele tener problemas con los “funcionarios y directivos de
la Fundación Infocentros” porque éstos, si bien sostienen una retórica
de valoración por la supremacía de la palabra y decisiones de la comu-
nidad, en la práctica, frecuentemente, impondrían sus decisiones. En
tanto, el mencionado liderazgo suele experimentar una cierta brecha
comunicacional con otros sectores y habitantes de la comunidad, me-
nos vinculados con los procesos de organización y acción reivindicativa.
En apreciación de estos dirigentes comunitarios, ellos mismos no han
logrado que la gente comprenda la importancia del Internet. Se les in-
vita a las reuniones y no asisten. Se quejan de que un grupo monopo-
liza el espacio del Infocentro, pero no se preocupan por participar. En
cambio, este otro sector de vecinas y vecinos que poco participan suelen
sostener que no saben muy bien de qué se trata el Infocentro, saben
que es una sala con computadoras y que eso traería algunos beneficios
para la comunidad, pero no saben muy bien qué es lo que se hace ahí.
Algunos sostienen que se les hace difícil participar debido a sus horarios
de trabajo, otros piensan que el Infocentro es un espacio sólo para los
niños, para que hagan sus tareas y se recreen. Otros piensan que hay
otros problemas más importantes que el Infocentro y finalmente otros
se encuentran con la traba de que no saben usar un computador.
En este marco de interpretaciones, percepciones mutuas y relaciones
resulta interesante comentar brevemente acerca de un tema en el que
resultó evidente el conflicto entre visiones y propuestas. Se trata de la
construcción de uno o más edificios para las instalaciones de algunos
servicios públicos. Cuando este tema se planteó, actores de la comuni-
dad propusieron la construcción de un único edificio que incluyera el
!180 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
módulo de Salud, el Mercal y el Infocentro. Pero esta propuesta no fue
aceptada por los organismos gubernamentales, los cuales arguyeron que
debido a que cada uno de los proyectos estaba a cargo de un organismo
del Estado en particular, cada uno debía tener su propio edificio. Las ra-
zones presentadas no fueron “técnicas”, sino administrativas, y sectores
de la comunidad sintieron que su voz no fue escuchada.
Al respecto, actores de la comunidad expresaron, entre otras cosas, opi-
niones del tipo de las siguientes: “Cuando se concibe un proyecto exter-
no a la comunidad siempre tratan de traerlo ya listo, ya preparado. Ésa
es un poco la visión de la institución. […] Nosotros siempre teníamos
algo que decir, pero el problema era que ellos ya tenían cosas que hacer,
tenían una definición de lo que querían y como ya tenía una definición
de los que ellos querían difícilmente aceptaban lo que nosotros decía-
mos. Nosotros estuvimos proponiendo que se hiciera un paquete para
todo eso. ¡Tú te imaginas un edificio múltiple allí! El problema no es
que las cosas se centralicen, pero como te traen el paquete, el diseño, las
cosas como van a ir, […] entonces nos restaron el espacio. Y no es un
problema urbanístico, como lo decía el capitán que estaba construyendo
el Mercal: ‘Ah ustedes lo que les interesa es el Mercal, que si lo ponemos
aquí o lo ponemos allá, eso no es lo importante, lo importante es que
ustedes tengan el Mercal’. Él no estaba viendo que esto es una comuni-
dad, un barrio y que aquí hay una armonía urbanística que la gente está
cuidando, […] que no le tape la visibilidad, que se puedan mantener
ciertos espacios libres” (Celestino López, entrevistado por Enrique Rey
Torres, 04/08/07, ver capítulo 4). Y a propósito del mismo asunto: “La
ingeniero me decía que: ‘Nosotros no podemos hacer una discusión de
eso [el diseño del Infocentro] porque, acuérdate que nosotros somos
los que estamos construyendo y para algo estudiamos, sabemos porqué
lo estamos haciendo así’. Y yo le dije, ya va, explícame porque por lo
menos yo entiendo algo de construcción. Lo que pasa es que mucha
gente se le olvida […].que ellos son los ingenieros y arquitectos, pero
los obreros somos nosotros” (Arnaldo, entrevistado por Enrique Rey
Torres, 18/08/07, ver capítulo 4).
Capítulo 5. Aprendizajes que se desprenden de la investigación realizada
!181 !
En cambio, los significados y usos de Internet fueron un ámbito en el
que fue posible apreciar no sólo diferencias entre la agencia guberna-
mental del caso y “la comunidad”, sino también al interior de esta últi-
ma. Para un grupo de jóvenes de la comunidad que venían trabajando
en comunicación alternativa, Internet es una necesidad fundamental
para la lucha de la comunidad. Como vimos en el capítulo 4, ya en
1997, tres años antes que el Gobierno impulsara los Infocentros, este
grupo elaboró un proyecto ambicioso y pionero que integraba Internet,
radio y televisión. Para ellos Internet es una herramienta con la que se
puede organizar, luchar, trabajar para el bien colectivo, y por eso se
trata de que la comunidad se apropie de esta herramienta. Sin embargo,
para la mayoría de las y los habitantes de la comunidad que no hicieron
parte de la elaboración del proyecto, o no sabían de la existencia del
mismo, el uso de las TIC y en particular de la Internet no se visualizaba
aún como una herramienta que pudiera contribuir al desarrollo y forta-
lecimiento de la organización comunitaria en sus distintos ámbitos. Por
ejemplo, para las estudiantes de la Misión Ribas entrevistadas para esta
investigación, antes de la instalación del Infocentro, Internet y el uso
de un computador eran experiencias que veían “lejos en sus vidas”, y
fue con la instalación del Infocentro cuando comenzaron a relacionar el
uso de las computadoras y la Internet con procesos que contribuyen al
fortalecimiento de la formación tanto individual como colectiva.
Mientras tanto, en lo que hace al Estado, resulta interesante notar que el
Proyecto de los Infocentros es del año 2000 y responde a una iniciativa
del Ministerio de Ciencia y Tecnología (MCT) y el Centro Nacional de
Tecnologías de Información (CNTI). En contraste con la visión del pe-
queño grupo de jóvenes de Las Casitas de La Vega y de otros congéneres
suyos en otros ámbitos del país, en un sus inicios, el Proyecto de Info-
centros sólo tenía como objetivo la construcción y la apertura de espa-
cios que ofrecieran servicios gratuitos de acceso a Internet y similares a
los que se ofrecen en los lugares conocidos como cibercafés o centros de
navegación. Fue recién en el año 2004 que el CNTI se replanteó el sen-
tido de este programa y lanzó el proyecto de ‘gerencia de red social del
conocimiento’, según el cual se busca que los Infocentros sean espacios
!182 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
de encuentro comunitario. En vista de este desfase, un importante di-
rigente de la comunidad expresaba que reivindicaba que la comunidad
no era “paracaidista” en este tema, sino que formaba “parte de los crea-
dores de ese programa. Nosotros fuimos los que metimos en el FUS ese
proyecto. Lo que pasa es que después aparece la institución como que si
ese proyecto fuera de ellos y esa ‘vaina’ no es así. Ese tipo de cosas aquí
está acostumbrado. Ciertos profesionales irrespetan a la gente y los pro-
yectos de la gente los hacen suyos para tener prebendas particulares y
la comunidad queda relegada a un segundo plano” (“El Flaco” Jiménez,
entrevistado por Enrique Rey Torres, 10/09/07, ver capítulo 4). En estas
palabras podemos ver no sólo el debate respecto del Infocentro, sino la
reaparición del tema del conflicto entre “comunidad” y “organismos pú-
blicos”, basado en numerosas situaciones en las cuales la comunidad no
se sintió debidamente atendida por los organismos públicos, en lo que,
como hemos visto, el caso de los servicios de agua ha sido un tema des-
tacado, asunto en el cual el dirigente en cuestión también jugó un papel
importante. Pero el caso es que, como ya referíamos en el capítulo 4,
estas inquietudes fueron recogidas, en cierta medida, y posteriormente
expresadas por la entonces Ministra de Ciencia y Tecnología cuando de
manera pública sostuvo que “el papel de los Infocentros, […] no es que
se conviertan exclusivamente en salas de navegación, sino en lugares de
encuentro y fortalecimiento humano y comunitario” (“Inaugurado In-
focentro en el Parque Caribes de Itagua, sector Las Casitas de La Vega”.
Noticia disponible en: http://www.infocentros.gov.ve/viewusuario/de-
talleNoticia.php?id=2628&cc=0), así como por el entonces Presidente
del CNTI, a quienes reconocía la capacidad de los habitantes del sector
de ampliar el sentido inicial del Infocentro. En este sentido, la breve
referencia a esta situación ilustra acerca de cómo, incluso, cuando se
presenten conflictos de visiones y acciones es posible que uno de los
actores acabe adoptando la visión y propuestas del otro.
Capítulo 5. Aprendizajes que se desprenden de la investigación realizada
!183 !
Para concluir
Como se expuso en el primer capítulo, la investigación realizada en el
sector “B” de Las Casitas de La Vega estuvo orientada por un doble inte-
rés. Interesaba no sólo analizar la importancia y sentido de las “diferen-
cias culturales” (de “racionalidades” o “visión de mundo”) entre actores
sociales en experiencias de comunicación intercultural, como un caso
particular que permitiera realizar una contribución a las elaboraciones
teóricas en este campo, sino también comprender cómo éstas pueden
resultar tanto una fuente de “problemas” como una fuente de “recursos”
para construir respuestas a esos problemas y expresar esto de maneras
que pudieran resultar potencialmente útiles a los actores involucrados,
es decir, ensayar una forma de investigación aplicada.
Algunos aprendizajes respecto de ambos asuntos han sido expuestos en
párrafos y capítulos anteriores, otros fueron compartidos de maneras
más o menos espontáneas, durante el proceso con los mismos actores
con los que se trabajó en esta investigación. No todas estas transferen-
cias han sido de “datos”; algunas han sido precisamente de preguntas
que nos parecía que podían resultar potencialmente provechosas para
los actores, en el sentido de que podrían resultar útiles al participar en
experiencias del tipo de las aquí estudiadas. Algunas de estas pregun-
tas las hemos adelantado de manera explícita hacia el final del primer
capítulo, en tanto otras se han ido presentando en los relatos de las ob-
servaciones de campo presentados en los capítulos 3 y 4. No obstante,
más allá de esto, como muchos investigadores lo saben por experiencia
propia, no todos los resultados y aprendizajes de una investigación son
comunicables en el marco de una publicación académica. El formato de
estos tipos de publicaciones y otras exigencias propias del marco insti-
tucional académico no siempre facilitan que los actores sociales, sobre
cuyas prácticas y experiencias sociales se investiga, tengan acceso y/o
incluso interés en los datos generados sobre ellos mismos. Como ya lo
afirmáramos anteriormente, éstos son temas de reflexión que considera-
mos de importancia y valor para los investigadores, que hemos tratado
!184 !
Interculturalidad y comunicación intercultural
en publicaciones anteriores (Mato, 2002, 2008a) y que el desarrollo de
esta investigación nos permitió volver a confirmar.
En todo caso, de manera general podemos afirmar que la investigación
sobre comunicación intercultural en experiencias de participación so-
cial en la gestión de servicios de agua e informáticos en la comunidad
del sector “B” de Las Casitas de La Vega provee algunos ejemplos valio-
sos acerca de cómo y por qué las diferencias culturales (o de “visiones
de mundo”, o “racionalidades”) resultan importantes en experiencias
de participación social en la gestión de servicios públicos. Lo estudia-
do, en líneas generales, permite concluir que la escasa sensibilidad y/o
información para percibir la existencia e importancia de esos tipos de
diferencias frecuentemente es causa de obstáculos y fuente de conflic-
tos. Lo observado también permite apreciar que el reconocimiento de
las diferencias puede trocar obstáculos y conflictos en recursos prove-
chosos. Lograr tal cosa demanda otros esfuerzos no sólo en el manejo de
la comunicación intercultural, sino también el de la calidad “objetiva”
de la gestión pública. No obstante, parece posible afirmar que generar
conocimiento sobre este tipo de asuntos es como mínimo condición ne-
cesaria para lograr mejorar las formas de colaboración intercultural en
el análisis y comprensión de los problemas y diseño y puesta en práctica
de posibles soluciones.
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CAPÍTULO 1
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