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43614873-Tratado-sobre-la-Sabiduria (1)

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Breves ejemplos de la sabiduría de la obra de Chuang Tzu tomados
del ya mencionado libro de Carmelo Elorduy, con algunos comentarios del
propio autor:

-La calma, la soledad, el vacío, la nada, la holganza de la inacción
son la paz (“nivelación”) del Cielo y de la Tierra y la esencia del
Tao y de su Virtud (Te).
-El varón santo está en reposo y su reposo es paz de las llanuras y
calma perfecta. En esta paz no pueden entrar la tristeza y la
desdicha, ni acometerle perniciosos humores. Ser siempre igual, sin

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Pedro Estudillo

mudarse, es la quietud más perfecta; no hallar oposición alguna es el
más perfecto vacío; no mezclarse con cosas es la pureza más
perfecta.
-El santo vive en quietud, no porque haya oído ser buena la quietud,
sino porque todos los seres no bastan para perturbar su corazón; por
eso está quieto. El agua quieta es diáfana y en ella se reflejan los
pelos de la barba y las pestañas de los ojos. Su nivelación sirve de
regla a los grandes artistas. Pues si el agua se hace diáfana con la
quietud, ¿cuánto más el espíritu? El corazón del santo, en su calma,
es el miradero en el que se miran el Cielo y la Tierra y el espejo de
todos los seres... Donde hay reposo hay vacío, en el vacío está la
verdad, la verdad es razón y ley... Vacío, quietud, serena placidez,
indiferencia, calma, silencio e inacción, son el origen de todos los
seres.

-Yo llamo bueno o caritativo no a la bondad y a la justicia. La bondad
está en la Virtud, y nada más; ... en seguir y conformarse a la propia
naturaleza y sólo a eso.
-Lo hecho por el hombre fácilmente está falseado, pero no lo hecho
por el Cielo.
-El Cielo y la Tierra tienen una gran belleza, pero nunca hablan de
ella... De la hermosura del Cielo y la Tierra comprende el santo la
razón de todos los seres... Los grandes santos no obran por sí
mismos, observan lo que el Cielo y la Tierra les dice.
-A un ciego no se le puede hacer ver la belleza de los colores... A
quien es capaz de ir contigo dale (enséñale) y condúcele hasta el
maravilloso Tao. A quien no es capaz de ir contigo y conocer el Tao,
cuida que no se lo des. Así no habrá en ti falta.
-Chuang Tzu distingue tres categorías de objetos cognoscibles: a) Lo
más grueso de las cosas. Puede ser conocido y expresado por
palabras. b) Lo sutil y fino de las cosas. Puede ser conocido por el
entendimiento, pero no puede ser expresado por palabras. c) Lo
incorporal, lo que los números o medidas no pueden dividir, lo que
no puede ser abarcado no agotado. Lo que las palabras no pueden
expresar y lo que el entendimiento no llega a comprender; cae fuera
de las dimensiones de la extensión («grueso y fino»). Esta última es
nuestra noción de espiritualidad. El taoísmo repite que el Tao, en su

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Tratado sobre la Sabiduría

espiritualidad, es incognoscible. «Se puede hablar de Él, se puede
pensar, pero, cuanto más hablas, estás más lejos de Él.»
-El que tú no llegues a percibirlo no obsta a su realidad.
-Cuando sueñan no saben que sueñan... sólo con un gran despertar se
puede comprender el gran sueño que vivimos... Ahora, si yo y tú
discutimos y tú me vences a mí, ¿acaso por eso será verdadero lo
tuyo y falso lo mío?... Tal vez será verdad, tal vez no será verdad...
Los hombres, en efecto, estamos metidos en esta oscuridad.
-La vida humana es así de oscura. ¿Acaso es oscuro sólo para mí y no
también para los demás? Cada uno sigue las aficiones de su corazón
y los toma como guías. ¿Quién es el hombre excepcional que no los
tome por guías?
-Los diez mil seres, con ser tan numerosos, su gobierno es único. Los
hombres, aunque son muchos, son gobernados por un solo rey. El
rey tiene su origen en la Virtud (del Tao) y su perfección depende
del Cielo. Por eso, se dice, que los reyes de las antiguas arcanas
edades gobernaban el mundo sin hacer nada.
-El rey Wen, del reino Chao, era tan aficionado a las luchas de los
gladiadores, que no piensa más que en ellos. Su hijo y heredero ve el
gran peligro de ruina que amenaza el Estado. Los principados
vecinos atisban la ocasión para destruirlo. Pregunta quién sería capaz
de hacerle desistir al rey de esos juegos. Le dicen que Chuang Tzu.
Como los únicos que logran audiencia son los gladiadores, Chuang
Tzu se viste de gladiador y es presentado al rey. Preguntado por el
rey, dice que él puede ir derribando un hombre a cada diez pasos a lo
largo de mil millas. El rey prepara sus combatientes. Llegado el día,
pregunta a Chuang Tzu qué espada prefiere, y Chuang Tzu le habla
de tres espadas: la imperial, la señorial y la plebeya. La imperial es
el Imperio. En blandiéndola, establece la rectitud del los Estados y el
mundo se le somete. La señorial son los principados. «Varones
probos y puros son su filo, guerreros valientes su empuñadura...
cuando se la blande todo retiembla como cuando truena.» La plebeya
son los gladiadores que se horadan inútilmente las tripas.
-Las gentes tienen su modo de vivir natural y constante. Tejen y se
visten, labran la tierra y se alimentan de sus frutos. Este

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Pedro Estudillo

comportamiento es común a todos. Ahora bien, lo que es común a
todos está dado por el Cielo.
-Yendo el emperador Huang Ti a consultar al ermitaño de la montaña
Chü Tzu, Ta Wei, se extravió con su comitiva. Tuvo que preguntar a
un jovencito que pastoreaba caballos. Admirado de la gran sabiduría
del pastorcito, insistió con él en que le diera un consejo para el
gobierno del Imperio. El pastorcito le respondió que para gobernar el
Imperio no había que hacer más que lo que él hacía con los caballos
que cuidaba: apartar cuanto les sea nocivo, nada más. Huang Ti le
hizo una gran reverencia, llamándole Maestro y Guía Celeste.
-Antiguamente Yao gobernó el mundo de modo que el mundo se
sintiera contento. Los súbditos se aficionaron a él y dejaron su
primitiva indiferencia. Chieh gobernó el mundo e hizo que el mundo
penara bajo su gobierno. Lo mismo la falta de indiferencia por el uno
que el descontento por el otro no son virtud y no pueden prolongarse
mucho tiempo (En este texto se ve claro el concepto taoísta de
gobierno. De parte del gobernante, libertad amplia. Cuidar sólo de
que esta libertad no se convierta en libertinaje y anarquía. De parte
del súbdito: absoluto desinterés por la política
).
-El gobierno de los esclarecidos reyes fue: «Cubrían con su
beneficencia el mundo entero, sin que nadie pudiera advertir que
eran ellos los que lo hacían. Mejoraban todos los seres y el pueblo
no se adhería a ellos. No pregonaban sus méritos para que las gentes
disfrutaran de sus logros como de méritos propios.»
-Chuang Tzu cuenta el caso del conde Ch´eng Tzu Kao, que,
habiendo servido de ministro a los emperadores Yao y Shun, cuando
comenzó a reinar Yü, fundador de la primera dinastía, disgustado de
él porque usaba de recompensas y castigos le dejó y se fue a labrar
sus tierras. El emperador fue a rogarle y preguntarle por qué le había
dejado. El conde le respondió: «Cuando Yao gobernaba el mundo no
usaba de recompensas y castigos y el pueblo, él mismo, se
estimulaba al bien y temía obrar mal. Ahora Su Majestad usa de
recompensas y castigos y el pueblo no es bueno.»
-El que estima y ama el Imperio, lo mismo que a su propia persona,
es idóneo para que se le recomiende el Imperio. Así pues, si un
soberano pudiera contener, sin desatarlos, sus sentimientos

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Tratado sobre la Sabiduría

interiores, pudiera, sin hacer uso de su inteligencia, estándose quieto
e inmóvil como cadáver, ostentarse (poderoso) como dragón y,
guardando silencio de abismales profundidades, retumbar como el
trueno, si pudiera hacer que el Cielo secundara sus movimientos de
hombre lleno del Espíritu, si estando ocioso y tranquilo, sin hacer
nada, pudiera movilizar las muchedumbres como el viento levanta la
polvareda, ¿qué necesidad tendríamos nosotros de preocuparnos del
gobierno del Imperio?
-Es santo quien hace partícipes de su virtud a los demás, y es sabio
quien los hace partícipes de sus riquezas. Quien, con su talento o
sabiduría, trata de imponerse, no conquista a nadie. Quien, a pesar de
su talento, se pone debajo de los demás, conquista indefectiblemente
los hombres.
-Cuando en un viaje los extraviados vencen en número, el grupo
difícilmente se orientará. Ahora que el mundo entero va extraviado,
inútil es empeñarse en orientarlo. Las grandes melodías no entran en
oídos aldeanos, las altas enseñanzas no posan en corazones vulgares.
-El varón santo aun lo necesario no lo toma como necesario; así
nunca guerrea. El vulgo aun lo no necesario lo toma como necesario,
por eso tiene tantas guerras.
-Cuenta que murió la mujer de Chuang Tzu y su amigo Hui Tzu fue a
verle y le encontró cantando. A su extrañeza, responde Chuang Tzu
que «al principio me afectó como todo hombre, pero luego me
pareció que seguir yo llorando y gimiendo y afligiéndome era
desconocer el ming (providencia o destino); por eso cesé.»
-La codicia de fama e intereses son las que deforman y corrompen la
pureza natural del hombre. Por eso, el slogan usado por Chuang Tzu
es: «Hacer cosas las cosas, sin hacerse cosa en las cosas.»
-La verdad es la suprema y pura objetividad. Si ella falta, no se puede
conmover a los hombres. El que llora forzadamente no aflige, no da
compasión. El que muestra ira forzadamente, sin sentirla, no impone.
El que forzadamente muestra cariño, aunque sonría, no concilia
simpatía. Cuando la tristeza es verdadera, aflige sin lamentaciones.
Cuando el cariño es verdadero, sin reírse, concilia simpatía. Cuando
en el interior hay verdad, mueve el exterior... Los ritos son obra del
mundo y la autenticidad está recibida del Cielo. Es espontánea y no

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Pedro Estudillo

es mudable. Por eso, los santos, que han tomado como norma al
Cielo, estiman la verdad y no están atados a las maneras del mundo.
-Chuang Tzu nos habla de la imperturbable paz que gozan los que él
llama hombres-verdad: «No les contaría la escasez, no les
enorgullecen los éxitos. No buscaban magistraturas, ni les
avergüenzan las faltas, ni les engríen los éxitos... Con su sabiduría
pueden remontarse a las alturas del Tao... No saben amar la vida, ni
aborrecer la muerte; salen a la vida sin alborozo y entran en la
muerte sin resistencia.»
-El afán de ver ha descompuesto los colores; el afán de oír ha
desconcertado los sonidos; el afán por adquirir la caridad ha
desarreglado la Virtud. Por el afán de equidad contradicen la razón.
El ritualismo ha fomentado la técnica ritual. El afán por la música ha
fomentado la lascivia. El afán por la doctrina de los santos ha
fomentado las artes. El afán de saber ha fomentado los vicios. En
realidad, si el mundo procediera según su naturaleza, lo mismo daba
que existieran o no estas cosas. Pero cuando el mundo no procede
según la naturaleza, estas ocho cosas, por una parte, le coartan y, por
otra, le impulsan.
-Chuang Tzu habla así del hombre-cumbre (otra denominación del
varón santo): «No se engaña en valorar las cosas y por eso no se deja
llevar por los intereses y riquezas. Llegó al fondo de la verdad de las
cosas y puede guardar su propio fundamento. Remontado más allá
del Cielo y de la Tierra, desprendido y desembarazado de todos los
seres, su espíritu no experimenta dificultades. Ha comprendido el
Tao, se ha unido a su Virtud y se ha retraído de practicar la caridad y
la justicia.
-Un santo, en su pobreza, hace que sus familiares olviden su pobreza
y, en su prosperidad, hace que reyes, duques y gobernadores olviden
sus dignidades y sus rentas y se hagan humildes. Disfrutan en tratar
con los seres y darse a ellos. Con los hombres gozan en
comunicarse, pero conservándose invariables en sí mismos. Sin decir
nada, induce la paz en los demás; transforma a los hombres con
quienes convive. Hace que padres e hijos se ajusten a ser lo que
deben ser y dispensa todo esto en la quietud de su ociosidad.

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Tratado sobre la Sabiduría

-Ha olvidado éxitos, intereses y habilidades. En esta libertad de
espíritu hacen siempre lo que quieren. Se acomodan a las cosas
externas dulcemente, sin resistencia alguna (Se acomoda al exterior
sin perder nada de su perfección interior. Sin ambición alguna)... No
se apega a las dignidades y honores; no se complace en la vida larga
ni se entristece con la muerte prematura; no se engríe en los triunfos
ni se avergüenza en los reveses.
-Los santos son como el gran océano que nunca deshecha los ríos que
fluyen al este y se acogen a él. El santo abraza Cielo y Tierra e
impregna de beneficios al mundo sin que nadie lo advierta.
-Los hombres virtuosos, en su reposo, viven sin preocupaciones; en
su actuación obran sin discurrir. En su corazón no se hallan las
distinciones del es y del no es, bueno y malo. Gozan con que todos
participen de los bienes comunes. Su tranquilidad está en ver a todos
bien provistos. Si las gentes los pierden, quedan despavoridas, como
huérfanos que han perdido a su madre, y desconcertados, como
viajantes extraviados. Cuando las gentes redundan en riquezas,
ignoran de dónde les vienen.
-Olvidar a todo el mundo puede ser fácil, pero que todo el mundo se
olvide de mí (siendo yo un santo) es difícil.
-Cuenta Chuang Tzu que Lieh Tzu partió para el reino Ch´i; pero
volvió sobre sus pasos desde medio camino. Preguntado por su
maestro Po Hun Mou por la causa del retorno, le responde que le ha
entrado miedo. En diez tabernas de bebidas le han servido antes que
a los demás huéspedes. «Sin duda que yo he exteriorizado –dice–
algo de mi virtud interior. Pues si así voy a la corte y me descubro de
esta manera ante el soberano, tengo peligro de ser requerido para el
gobierno». Su maestro le alaba el cuidado que tiene, pero le advierte
que si no se desprende de sí mismo y exterioriza su virtud
imprudentemente, le gente le acaparará y le absorberá.
-Yo juzgo verdadera felicidad a la de no hacer nada; a los del mundo
les parece esto el mayor sufrimiento. Vamos a probarlo. El Cielo es
puro en su inacción, la Tierra se mantiene quieta por su inacción. La
unión de estas dos inacciones produce los diez mil seres.
-La ira del que no se ha airado es ira que brota sin ira. La obra del que
obra sin obrar es obra que se realiza sin obrar.

145

Pedro Estudillo

-La inacción debe ser ley del soberano para que la acción sea ley del
súbdito. Porque no puede regir la misma ley arriba y abajo.
Desaparecería la diferencia de superior y súbdito que se consideraba
fundamental en una bien ordenada organización social.
-La dicha es leve como la pluma y no se llega a sentir. La desdicha es
pesada como la tierra y no sabes como huir de ella.
-Los peces andan en el agua, los hombres en el Tao. A los peces les
basta que tengan un pozo; allí tienen asegurado su sustento. Al que
vive en el Tao basta no hacer nada para tener asegurada su vida. Los
peces se olvidan unos de otros en sus ríos y lagos; los hombres se
olvidan unos de otros en la práctica del Tao.
-Cuando se conoce la inutilidad es cuando se puede comenzar a
hablar de la utilidad. La tierra es bien anchurosa, pero de toda su
anchura lo que sirve al hombre para andar es sólo lo que pisa de ella.
Pero si a los dos lados del pie se cavara hasta llegar a las fuentes
amarillas, ¿le sería útil lo que pisa? (Con esta comparación, Chuang
Tzu pretende demostrar la utilidad de lo inútil).
-Pretender restaurar la naturaleza con costumbres mundanas, querer
volverse al estado primitivo con la sabiduría humana y buscar la
iluminación en la barahúnda de las ambiciones es de gente obcecada.
-Basta que el mundo diga que es así para creer que tiene que ser
así...; de esta manera el mundo es más respetado que los propios
padres y el propio soberano... Las altas doctrinas no brillan; las
vencen y las sofocan los dichos vulgares.
-Quienes se pierden a sí mismos en las cosas y pierden su naturaleza
en seguir al mundo son gentes vueltas al revés.
-El varón sabio de ninguna manera debe empeñarse en ir a contrapelo
de las cosas; no debe violentarlas; debe acomodarse a ellas, seguir su
curso.

-Los cisnes no necesitan bañarse cada día para conservar su nívea
blancura, ni el cuervo teñirse sus plumas para conservarse negro. Lo
que la naturaleza ha hecho largo no sobra, y lo que ha hecho corto no
falta. Los pies de los patos son cortos, y si pretendes alargarlos, no
será sin dolor; los pies de las grullas son largos, pero acortarlos no
será sin sufrimiento.

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Tratado sobre la Sabiduría

-Los hombres vulgares sacrifican sus vidas por las ganancias, los
soldados por la gloria, los caballeros por sus familias, los santos por
el mundo. Los motivos son diferentes, pero el perjuicio que hacen a
la naturaleza, destruyendo sus vidas, es el mismo.
-El rey de Liang, Wen Hui, contemplaba maravillado la destreza de
su matarife en descuartizar las reses. «¡Portentoso!, –le dijo
felicitándole–. Tu habilidad ha llegado a la perfección.» El matarife
le contestó: «Un buen matarife necesita cambiar de cuchillo cada
año y uno ordinario lo tiene que cambiar cada mes. Yo llevo ya
diecinueve años sirviéndome de un mismo cuchillo; he
descuartizado varios millares de reses y su filo sigue tan afilado
como recién salido de la muela.» Antes ha dicho: «Ataco las
cavidades de las grandes articulaciones por sus vías naturales,
avanzo siguiendo las formaciones de los tejidos; nunca corto las
venas ni los tendones adheridos a los huesos... las articulaciones
tienen sus intersticios y el filo del cuchillo, que no es grueso, puede
avanzar por ellos.» «Muy bien –le contesta el rey–, tu conversación
me ha proporcionado una buena lección sobre la manera de
conservar la vida.»
-Cuando se olvida el pie, es que el calzado le está bien ajustado.
Cuando se olvida la cintura, es que el cinturón le está bien ajustado.
Cuando el entendimiento ha olvidado las diferencias del es y no es,
es que el corazón está bien centrado. Cuando nada perturba el
interior del hombre y su exterior se va tras las cosas, es que las cosas
se le ajustan bien. Cuando se comienza por estar bien y nunca deja
de estar bien, es cuando se olvida el bien de lo que está bien.
-Hacemos de nuestra propia persona lo esencial y queremos que los
demás se ajusten a nuestro compás... Los que para mí son útiles son
inteligentes, e idiotas los que no me sirven. Lo que para mí es viable
es honroso, e ignominioso lo que no es hacedero para mí.
Trasladamos la verdad a nuestras personales conveniencias.
-Viles son las cosas, pero no se puede menos de acomodarse a ellas.
Bajo y ruin es el pueblo, pero no se puede menos de adaptarse a él.
-Cuenta que el río Amarillo, crecido con las aguas otoñales, viajaba
lleno de arrogancia hacia el Este, creyéndose que, con su

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Pedro Estudillo

inmensidad, dominaba al mundo. Pero al ver al mar ilimitado, queda
espantado y se hace discípulo humilde del mar.
-El genio del río pregunta: «En las cosas, sea en su interior o en su
exterior, ¿dónde está el término o línea divisoria de lo precioso y de
lo vil, de lo pequeño y de lo grande?» El genio del mar le responde:
«Si se las ve desde el punto de vista del Tao, en las mismas cosas no
existe diferencia de lo precioso y de lo vil. Si se las mira desde el
punto de vista de las mismas cosas, cada cosa se tiene a sí por
preciosa y por viles a las demás... mirándolas según las diferencias
en ellas existentes, si se las considera grandes por la grandeza que
poseen, no hay ninguna que no sea grande; si se las considera
pequeñas por su pequeñez, no hay ninguna que no sea pequeña. De
esto se deduce que el Universo no es mayor que un grano de mijo y
que la punta de un pelo es grande como un monte. Si se las mira en
su valor, si se aprecia el valor que tiene, no hay ninguna cosa que no
tenga su valor, pero si se considera lo que les falta, no hay ninguna a
la que no falte algo. De aquí que Este y Oeste, siendo contrarios, no
se anulan el uno al otro.
-No se puede tomar regla permanente. Con una viga se puede batir la
puerta de una ciudad, pero no sirve para taponar un orificio.
-La actitud del asceta taoísta tiene, según Chuang Tzu, dos vertientes:
en su conducta exterior, conformarse a los seres, no corregir, no
violentar nada, no enfrentarse con nadie, seguir mansamente el
talante de cada cosa. En el interior, abrazarse fuertemente a la
Unidad del Tao, para no ser juguete de los seres, zarandeado por sus
atractivos seductores o por las aversiones caprichosas nacidas del
amor (o aversión) a los seres. Son las tempestades emocionales de
antipatías y simpatías las que perturban la paz y calma del espíritu y
deforman la autenticidad original recibida del Cielo. «El que ha
logrado entender esto no se ve retenido o embarazado por cosa
alguna. Se mantendrá sin desarreglarse en la madeja sin fin (de las
transformaciones).
-La palabra nunca puede adecuarse a su objeto. Quien habla con el
silencio está hablando toda su vida; nunca habla y nunca deja de
hablar.

148

Tratado sobre la Sabiduría

-Todo cuanto pueden expresar adecuadamente las palabras y alcanzar
el entendimiento son cosas y nada más. Los hombres que han
logrado la visión del Tao no se empeñan en seguir adelante hasta el
fin.

-El Tao no puede ser percibido, lo que se percibe no lo es; el Tao no
puede ser expresado, lo que es expresado no lo es. ¿Sabes que lo que
figura (las cosas) Él no es figurado? Quien, al ser preguntado sobre
el Tao, intenta responder ignora lo que es el Tao... El Tao no puede
ser preguntado y no puede ser respondido.
-Fácil es que lo obrado por los hombres esté falseado; lo hecho por el
Cielo difícilmente engaña.
-Quien posee el Tao posee la plenitud del Te, y quien posee la
plenitud del Te guarda entero su cuerpo. Quien guarda entero su
cuerpo conserva la plenitud de su espíritu. Esta es la sabiduría de los
santos.

-Lo que ha dado la existencia a los seres se llama Virtud... Cada cosa
tiene su propia naturaleza. Perfeccionando la naturaleza, se vuelve a
la Virtud. Lograr la Virtud en su grado supremo es identificarse con
el Origen.
-Cuando se posee al Tao, nada es imposible, y cuando falta, nada es
posible.
-Unifica tu voluntad. No oigas con los oídos, oye con el espíritu.
Cuando el oído cesa de oír y el corazón cesa de adherirse, vacío el
espíritu, espera las cosas. El Tao sólo posa en el vacío.
-Cuando no pienses en nada y nada razones es cuando comienzas a
entender el Tao. Cuando no haces asiento en nada, en nada te
ocupas, es cuando te asientas en el Tao. Cuando caminas sin camino
ni dirección alguna es cuando comienzas a posesionarte del Tao.
-Los bosques de los montes y las amplias llanuras me son deliciosos
y alegran mi corazón. Pero cuando aún el gozo no se ha acabado,
comienzo a sentir la tristeza que le sustituye. Pena y gozo me
invaden y yo no puedo contenerlas. Tampoco está en mí impedir que
marchen. ¡Triste cosa! El hombre no es otra cosa que una posada de
las cosas. Conoce a las que por él han pasado y no conoce a las que
aún no han pasado.

149

Pedro Estudillo

-Quien conoce la realidad de la vida no se ocupa en quehaceres que
nada tienen que ver con ella... Para prescindir de los cuidados
corporales lo mejor es dejar el mundo. Así se evitan penalidades y
sin penalidades se logra rectificarse y tranquilizarse. Esta rectitud
renueva la vida. En ella está la perfección. ¿Por qué basta
desentenderse de negocios y descuidarse de cuidados de la vida?
Desentendiéndose de los negocios, se evita al cuerpo fatigarse.
Descuidándose de los cuidados de la vida, el espíritu no sufre
menoscabo. Con el cuerpo entero, el espíritu vuelve a su origen,
haciéndose una misma cosa con el Cielo (naturaleza). El Cielo y la
Tierra son nuestros Padre y Madre. Uniéndose, hacen los cuerpos;
disociándose, vuelven a su origen.
-Un niño pequeño grita todo el día y su voz no enronquece, puede
tener todo el día asida una cosa sin que se le caiga, estarse mirando
sin pestañear ni desviársele la atención. Participa de la Virtud (del
Tao). Camina sin saber a dónde se dirige. Se detiene sin saber lo que
va a hacer. Su vivir es deslizarse con las cosas y mecerse al ritmo de
su oleaje. Este es el procedimiento de guardar bien la vida.
-La muerte y la vida son mandato o voluntad del Cielo, como la
sucesión regular del día y de la noche. Que no nos sea grato se debe
a nuestra afección por las cosas... La Gran Masa (el Universo
Cósmico) me ha cargado con la carga de mi cuerpo y me ha
agobiado con la vida; ahora me jubila con la vejez y me extingue con
la muerte. Buena al darme la vida, la debo tener también por buena
al darme la muerte.
-¿Cómo puedo saber yo que después de muerto no me he de
arrepentir de haber preferido la vida? Como la niña, hija del príncipe
Ai, apresada por el duque de Chin, Hsien, a los bárbaros Li. Al ser
apresada, lloró hasta mojar su vestido, pero luego, hecha esposa del
raptor y participar con el rey de su cama y de su mesa, se arrepintió
de haber llorado.
-Chuang Tzu habla de un hombre tan feo que ponía espanto. Sin
embargo, así los varones como las mujeres que le conocían se
aficionaban a él irremediablemente con gran amor. El duque Ai
pregunta a Confucio cuál podía ser la razón del enorme atractivo de
aquel hombre. Confucio le contesta contándole el caso, que vio él,

150

Tratado sobre la Sabiduría

de unos lechoncitos que mamaban en las tetas de su madre; hasta
que, de pronto, advierten que la madre no les miraba y huyen de ella
espantados. Dice Confucio: «Lo que amaban en su madre no era el
cuerpo, sino lo que animaba el cuerpo

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Pedro Estudillo

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