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INSTRUCCIÓN “DONUM VITAE” COMENTARIO GENERAL DEL DOCUMENTO

La Congregación para la Doctrina de la Fe, en conjunto con los jerarcas de la Iglesia cuestionan
a la comunidad de la ciencia médica, acerca de que, si las técnicas biomédicas que interfieren en la fase
inicial de la vida del ser humano y aun en el mismo proceso pro-creativo están realizándose conforme a los
principios de la moral católica. Por ello esta instrucción en un primer momento tratará aspectos con
respecto al ser humano desde el primer momento de su existencia; luego afrontará aquello que compete al
respeto que se debe al ser humano en razón de las intervenciones técnicas sobre la procreación humana.
Finalmente señalará algunas orientaciones sobre la relación existente entre la ley moral y la ley civil debida
a los embriones y fetos humanos.

Dios, que es Padre y Creador ha confiado al hombre la vida, que es un don. Por ello se la confía
al hombre, exigiéndole plena conciencia del inestimable valor que pone en sus manos. Así con todos los
avances del progreso biomédico y los diversos procesos que se han desarrollado se da la posibilidad de
intervenir en los mecanismos de la procreación y se debe cuidar de no pasar los límites de un razonable
dominio de la naturaleza. Así el Magisterio de la Iglesia no interviene en nombre de una particular
competencia. Al contrario desea proponer una doctrina moral conforme a la dignidad de la persona, dando
criterios para la valoración moral acerca de las aplicaciones de la investigación.

El hombre es una realidad <<Antropológica>> ya que cualquier intervención sobre el cuerpo


humano no alcanza únicamente los tejidos, órganos y funciones sino niveles que atañen a toda la
persona. Por tanto esta vida, se propaga en el seno de una familia, de manera especial dentro del
matrimonio. Por lo tanto, toda vida del ser humano ha de ser respetada de modo absoluto desde la
concepción, y presume la colaboración responsable de los esposos con el amor fecundo de Dios.
Inmediatamente con la fecundación y de forma instantánea se inaugura una nueva vida, no es del padre ni
de la madre sino una nueva vida que se desarrolla por sí misma.

Todo tipo de intervenciones o diagnósticos prenatales deben respetar la vida e integridad del
embrión o feto humano. Nada de esto debe equivaler a una sentencia de muerte aun con amenaza de
malformación o enfermedad hereditaria. Los investigadores médicos están obligados a renunciar a
cualquier intervención sobre embriones vivos, salvo el caso en que se tenga la certeza de que no se
causará daño a la vida o integridad del embrión y la madre, y sólo con el consentimiento libre e informado
de los padres. Los embriones humanos gozan los derechos que la misma persona, pues ellos también lo
son, por ello es ilícito experimentar con ellos como si fueran “material biológico” ni con una finalidad noble
salvar la vida de otro ser humano, ya que esto moralmente es inadmisible.

Queda reprobada vehementemente cualquier manipulación anteriormente dicha y las que de


manera antinatural se pretenden como la fecundación entre gametos humanos y animales, o la gestación
de embriones humanos en útero de animales.

Con los métodos de la FIVET y de la inseminación artificial heteróloga u homologa se


contradice la unidad y naturaleza del matrimonio, por lo tanto se lesionan los derechos del hijo y le privan
de la relación filial con sus orígenes paternos. No se puede ignorar las legítimas aspiraciones de los
esposos estériles. Pero el deseo de un hijo, aun siendo un noble anhelo antes es un don que solo Dios
otorga. Luego el deseo de la descendencia es natural pues expresa la vocación a la maternidad y a la
paternidad inscrita en el amor conyugal, sin embargo el matrimonio no confiere derecho alguno a tener un
hijo sino el derecho a realizar los actos naturales que se ordenan a la procreación, de no conseguirlo la
vida conyugal jamás perderá su valor, en cambio participan particularmente en la cruz del Señor, fuente de
fecundidad espiritual. Finalmente el Estado y su legislación le compete garantizar que no se viole el
derecho inalienable a la vida de todo individuo aún en la etapa embrionaria.

MORAL DE LA PERSONA II II° TEOLOGÍA _ 2° SEMESTRE

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