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RELATIVAMENTE TÚ

- “Las cosas nunca están completamente bien” decía.

Ella, había comenzado a considerarse una relativista funcional; práctica y sin grandes problemas por
que todo podía explicarlo con un poco de ganas y mucho buen humor. Su cabello ondeado dejaba
entrever un poco de la palidez de esos labios rojos que insistía en pintar color piel y un par de ojos
negros sin maquillaje que describían tal brillo que no concordaba con el estilo discreto que intentaba
inventarse.

Habían pasado muchas cosas en muy poco tiempo y ella había avanzado palmo a palmo, permitiéndose
cambiar de idea sobre algunas cosas, creer en algunas otras y sobre todo dejar de creer. Había sido
un proceso extraño desde el tornasol de su habitación siempre monocroma que después de 16 años de
un rosa pastel había pasado por el blanco reluciente, al azul estrellado y luego al negro “arrojado”
como solía llamarlo por aquellas amorfas manchas de rojo que se veían en el techo y en las paredes.

Pero las cosas definitivamente iban más allá de sus lutos deliberados y su aversión repentina a las
veredas, los fines de semana y la socialización espontánea con la gente “de todos los días”

Conmigo no había dejado de hablar, creía que podía percibirla un poco más y no escandalizarme como
había pasado con todas sus amigas de club, de universidad y de vecindario, - si siempre estás aquí, me
veo obligada a no ignorarte, pero no esperes que vaya siempre contigo, me decía mientras hacía
equilibrio a un lado de la carretera mirando fijamente el par de zapatillas rojas que habían sido el
reemplazo absoluto de los cinco seis pares de zapatos que yo le conocía.

No se iba a destruir el mundo en los próximos tres segundos, como ella solía decir cada vez que yo
ponía cara de sorprendido por alguna cosa, pero yo empezaba a sentir extrañamente que de semana a
semana, me encontraba con una chica diferente, con una persona que pasaba cíclicamente de una
actitud esquiva a un debate conciente y sostenido sobre realidad actual, de los monosílabos
interminables a las anécdotas detalladas de tardes de clases desmedidas, cuando me convencía de que
no lograría sacarle más palabras me sorprendía con su natural y espectacular fluidez.

El humo del cigarrillo me despertó de golpe, ella siempre hacía eso cuando veía que no le estaba
prestando atención y decía a voz en cuello, - “carajo, deja de alucinar por un rato, que estoy tratando
de contarte algo” yo sonreía feliz de que por lo menos una cosa no hubiera cambiado en los tres años
que la conocía, era el mismo tono de voz peculiar, entre tierno y cómicamente disgustado.

- “Las cosas nunca están completamente bien”. Esta vez, lo dijo con tanta convicción que supe que a
pesar de que quería no confiar, no creer y no sentir plenamente, estaba anclando las bases de su
propia creación, su personalidad, su carácter, el sentido de su vida. Podía percibir sin miedo a
equivocarme, que había encontrado entre sus múltiples intentos y transformaciones una tranquilidad,
y una madurez que mucha gente con treinta abriles más envidiaría.

Me gustó encontrarla después de tanto tiempo, siempre con los labios rojos simulando estar
dormidos, los ojos que no lograban esconder nada y la actitud silente que acostumbraba, sonrió como
no la había visto sonreír nunca en público y me dio un fuerte abrazo.

- No te vuelvas a perder!! Hay cosas que realmente están bien ahora y quisiera contártelas, con un
cigarrillo y un camino largo.

Walter
18 de noviembre de 2007
7:19 PM

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