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Socialización y Aprendizaje Social. Santiago Yubero(GUIA).

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Socialización y Aprendizaje Social

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Santiago Yubero El ser humano desde que nace es un ser social, que se va construyendo en la interacción con los otros, a través de la socialización que es un proceso de aprendizaje de: a) Las conductas sociales consideradas adecuadas dentro del contexto donde se encuentra el individuo en desarrollo, junto con… b) Las normas y valores que rigen esos patrones conductuales. A medida que los niños maduran física, cognoscitiva y emocionalmente, buscan su independencia de los adultos para pasar del control externo al autocontrol, lo que hace necesario la interiorización de normas y valores característicos de la cultura donde deben insertarse. El proceso de socialización también puede concebirse como un continuo que está en permanente desarrollo. Progresa y evoluciona durante todo el ciclo vital. Exige adoptar patrones sociales determinados como propios, para conseguir la necesaria autorregulación que permite independencia para adaptarse a las expectativas de la sociedad. Así la autorregulación sería el fundamento de la socialización, la cual requiere consciencia cognoscitiva y control emocional. Los agentes de socialización (personas o instituciones que hacen posible la efectividad de la interiorización de la estructura y procesos sociales) se van diversificando a medida que se incrementan los contextos sociales de acción del individuo. Aunque la familia es el centro de su socialización, posteriormente el grupo de pares se hace relevante (especialmente en la adolescencia). Esto permite al niño/a la construcción de su propio mundo social, en el que reproducen características del mundo adulto y adquieren conocimiento social. Los niños y niñas, en interacción con sus compañeros/as, desarrollan las destrezas necesarias para su socialización y para el logro de su independencia social. Para formar parte de un grupo el/la niño/a tiene que aceptar los valores y normas que existen en él y que en muchas ocasiones no coinciden con los de la familia. Dichas normas y valores pueden potenciar la socialización familiar o actuar diferenciándolas, lo que en la adolescencia puede implicar cierta rebeldía hacia los valores impuestos por la familia. Buscan entonces apoyo en los amigos, los que se constituyen en fuente de afecto y orientación social, frente al modelo que ofrecen sus padres. Los amigos les permiten socializarse sin crítica ni dirección externa. En esta etapa, la influencia de la relación paterno – filial anterior a la adolescencia juega un papel decisivo, y por ellos los esfuerzos en la socialización deben iniciarse desde la niñez. Los patrones familiares de éxito en la socialización incluyen: - Seguridad en el vínculo afectivo. - Aprendizaje por observación del comportamiento de los padres. - Capacidad de respuesta mutua entre padres e hijos.

En un estudio en que se analizó la relación entre los estilos de socialización familiar y los valores en la adolescencia (Lila, Musitu y Pinazo; 1995) se encontró que la dimensión que más influye en la socialización de valores es el apoyo parental entendido como “la conducta exhibida o manifestada por el padre/madre hacia su hijo/a que hace que éste se sienta cómodo/a en presencia de uno o ambos padres, confirmándole que se le acepta y aprueba como persona” (Musitu y Molpeceres, 1992). Mediante el proceso de socialización se transmiten las pautas culturales que permiten que unas personas ajusten su comportamiento a otras, construyendo un esquema sobre lo que se puede esperar de los demás y sobre sus expectativas de relación. Los aportes del proceso de socialización, se dirigen en dos direcciones: 1. Facilitan los medios para hacer efectiva la participación social del individuo. 2. Posibilitan el mantenimiento de la sociedad de la que el individuo socializado forma parte. Es entonces, un proceso de interés mutuo tanto para el individuo (para insertarse en el mundo social) como para la sociedad (para su sobrevivencia). Y los agentes socializadores desarrollan la labor para su consecución. Los agentes de socialización pueden clasificarse como: - Personales. - Impersonales. - Grupales. - Institucionales. Los personales y microgrupales resultan claves en las primeras etapas de la socialización. Los impersonales e institucionales, influyen mayormente en posteriores procesos evolutivos. “Cada una de las personas con las que interactuamos en nuestra vida cotidiana es un agente socializador, alguien que posee la capacidad de influir en nuestro comportamiento (…). La socialización es un proceso de interacción, donde los protagonistas poseen distintas posibilidades de influencia social, durante un periodo variable y en segmentos específicos de la relación” (Yubero, 2002). A lo largo del ciclo vital, pueden comenzar nuevas fases de nuestra socialización (ej.: primer empleo, jubilación). Perspectivas teóricas y proceso de socialización: 1. Perspectiva biológica: La herencia biológica nos proporciona los mecanismos necesarios para adaptarnos a la sociedad, de manera que al nacer, ya venimos preparados para el proceso de socialización. Considera que la persona está dotada a nivel genético y biológico de influencias que le permiten interactuar con los demás (signos sociales como la sonrisa y el llanto son instrumentos biológicos que facilitan la interacción con el entorno).

Así, las variaciones biológicas producirán diferencias en la socialización. 2. Perspectiva cognitiva: se refiere a las formas de procesamiento de la información en situaciones de socialización, tratando de considerar cómo los individuos interpretamos, categorizamos, recordamos y transformamos los acontecimientos propios del proceso de socialización. Al igual que como realizamos una tarea cognitiva de análisis, comprensión, predicción y copia de algunos aspectos de los procesos de interacción, se entiende que esto no es solo una reproducción del contenido de dicha socialización, sino que también se dan procesos de evaluación que nos permiten tener iniciativa y creatividad en la elección de alternativas y opciones. La cognición adopta el papel de organizador, preocupándose por los procesos de mediación que operan en las variables de entrada y salida de información. Así, hay dos niveles de procesamiento: a) Las cogniciones se entenderían como organizadoras de las experiencias vividas en las situaciones de socialización, sirviendo como marco de referencia de las respuestas provocadas por dichas situaciones. b) Los procesos cognitivos permitirían incorporar información del contexto, para adaptar las respuestas a las nuevas situaciones. Desde esta perspectiva la socialización se entiende como un proceso que es establecido por los miembros de una comunidad y que, siendo compartido, es generador tanto de modelos internos de procesamiento de respuestas como de representaciones del comportamiento social que influirán en las relaciones posteriores que establezca la persona. 3. Perspectiva sociocultural: Considera la importancia que tienen los grupos que rodean a la persona en su proceso de socialización. Uno de sus principales propósitos es que el individuo forme parte de los grupos sociales. La socialización se desarrolla como un proceso de adaptación que además de aceptar pautas culturales de un grupo, conlleva el desarrollo de novedades y cambios para adaptarse mejor a las nuevas circunstancias. La base del proceso es la entrada y adaptación de la persona a la comunidad, y para ellos es necesario que aprenda tanto los significados como las costumbres del grupo al que pertenece, aceptando su modelo cultural. Fases para llegar a ser miembro aceptado de un grupo (Moreland y Levine; 1989, Moreland y Levine y Wingert, 1996): 1° Consecución de un compromiso satisfactorio entre el individuo y el grupo, a partir de la evaluación positiva, por ambas partes, de las alternativas disponibles. 2 ° Si el individuo es un miembro del grupo, funcionan la acomodación y asimilación, con los que recién llegado realizará su adaptación a las normas grupales. 3° Una vez que es aceptado como miembro con plenos derechos, tienen lugar el mantenimiento y compromiso por parte de los miembros del grupo.

Si no se adapta al grupo, se convierte en un miembro marginal dentro del mismo. En este caso, el grupo puede acercarse para un proceso de resocialización o reforzar su marginación. Mediante el proceso de socialización, el individuo se afilia al grupo, desarrolla una identidad y se encuadra en categorías sociales. La interacción social es el aspecto central de la socialización, que se puede considerar como un proceso de relaciones a través del cual se desarrollan determinadas formas de pensar, sentir y actuar que son características de un grupo. Esto produce cambios en el individuo y en el sistema de relaciones que establezca, modificándose y adaptándose a sus propias normas de relación. Desde esta perspectiva la socialización es un modelado cultural: somos socializados a través del aprendizaje de las prácticas culturales que realizan los miembros de nuestro grupo y que nos enseñan tanto los modos de actuar y de expresar emociones, como las formas de reaccionar ante determinadas situaciones, así como el establecimiento de esquemas de relaciones. La socialización como producto: La socialización conlleva la adquisición del “estilo de vida” (característico de la sociedad en que se vive. Se entiende “estilo de vida” como las formas diferentes de vivir que incluyen pautas de comportamientos basadas en valores y actitudes sociales. Son el conjunto de pautas de conducta y hábitos cotidianos, determinado en gran medida por las condiciones socioculturales del entorno en que se inserta. También se basa en las diferencias de necesidades del individuo, que quedan reflejadas en el conjunto de sus valores sociales (los comportamientos pueden definir estilo de vida, pero no al revés). Se crean las actitudes y se construyen las representaciones sociales, que explican subjetivamente la interacción de la persona con su contexto, pudiéndose llegar a seleccionar aquellos valores que justifiquen determinadas pautas de comportamiento. En el proceso de socialización intervienen diferentes agentes sociales que potencian, modulan y modifican la socialización primaria o familiar. Por otra parte, lo cambiante de nuestra sociedad en cuando a sus patrones conductuales, valores y creencias entre generaciones, afectan directamente la vida cotidiana de las personas en todos los ámbitos (personal, familiar, laboral y social), produciendo estilos de vida diferentes para diferentes ámbitos de actuación. Factores que determinan la dinámica de cambio social: transformaciones políticas, transformaciones sociales (aumento esperanza de vida, descenso natalidad, envejecimiento de la población, migración, modificación de la estructura familiar), transformaciones económicas, nuevas formas de producción, exclusión social, creciente pobreza, etc.

Dos temas vinculados preocupantes:

al

proceso

de

socialización

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más

a) Conflicto, violencia y maltrato: Es competencia de todos los agentes de socialización. b) Atención a la multiculturalidad: Exige pensar y explicitar valores de tolerancia en procesos de socialización que ya están consolidados o desarrollándose. El problema está en la subordinación que genera el grupo mayoritario sobre el minoritario. Los problemas de socialización en un individuo o grupo no se reducen a la eliminación de las conductas no deseadas socialmente, ya que estos implican valores que también han sido construidos socialmente. El fatalismo como proceso de socialización y/o proceso de socialización: Fatalismo = predicción, destino inevitable. Actitud resignada de la persona que percibe que no puede cambiar un futuro, probablemente desgraciado. Conllevar entender que la vida está predeterminada y que no queda otra opción que someterse a la suerte que a uno le ha tocado. La comprensión fatalista de la existencia es el resultado de un proceso de socialización que producirá sentimientos conformistas y conductas resignadas ante las circunstancias, muchas de ellas negativas. El conformismo tiene como resultado una forma de platearse la vida, que puede entenderse como una actitud básica frente a ésta. Martín Baró (1983) describe el síndrome fatalista del pueblo latinoamericano como el típico síndrome de culturas colectivistas, de alta distancia jerárquica y de sociedades con recursos escasos y desajustados. Las ideas básicas serían: 1. El destino forma parte de nosotros mismos desde el momento del nacimiento. Nuestro proyecto de vida está predeterminado. 2. Las personas no pueden hacer nada por cambiar su destino, que se escapa al control propio. La vida está regida por fuerzas superiores ajenas a uno mismo. 3. Con una referencia de carácter religioso, el destino es atribuido a un Dios al que no sirve de nada oponerse, pues su sabiduría y poder no pueden ser cuestionados. Los tres elementos emocionales que aparecen con más frecuencia en el pueblo latinoamericano son: 1. La aceptación sin resentimientos y con resignación del destino. La rebeldía no sirve. 2. La disminución de la importancia que tienen los hechos que acontecen en la vida. Si estos hechos son inevitables no existe ninguna razón para alterar el estado de las emociones, dejarse llevar por la alegría o la tristeza. 3. Si entendemos que, de alguna manera se nace para sufrir, se terminan identificando destino y sufrimiento. Las tendencias de comportamiento específicas del fatalismo son:

1. Tendencia al conformismo. La aceptación de la propia suerte conlleva conductas adaptadas a las exigencias del destino. 2. Si nada puede hacerse para variar el futuro, es inútil realizar esfuerzo para cambiar lo que está predeterminado. La pasividad es la forma más sencilla y cómoda de adaptarse a ese destino fatal. 3. Resulta inútil planificar el futuro, reduciéndose la existencia sólo al presente. Este análisis nos permite reconocer: - Una forma particular de estar situado frente a la vida, lo que tiene implicancias en la relación con los demás y consigo mismo, en un contexto y circunstancias determinadas. - Una imagen estereotipada atribuida al pueblo latinoamericano por sobre distinciones de naciones, grupos y socioculturales, constituyendo un sistema de referencia en que se integran las pautas culturales de dichos países. Ej.: latinoamericano religioso, pero perezoso, juerguista e irresponsable. - Desde lo psicosocial confirma la negación del esfuerzo del individuo por mejorar su posición y la relación con su contexto provocando como profecía autocumplida la incapacidad para controlar las circunstancias y cambiar los hechos negativos de la vida. Es importante analizar en qué casos el fatalismo responde a una actitud real o es un estereotipo, con el fin de promover procesos de socialización adaptativos que favorezcan transformaciones sociales e individuales. Dentro de las causas que puedan explicar la actitud fatalista ante la vida, de determinados grupos, se encuentra, la cultura de la pobreza, entendida como un estilo de vida que florece en un determinado contexto social. Constituye una adaptación y una reacción de los pobres hacia su posición marginal en una sociedad estratificada en clases, muy individualista y capitalista. Representa un esfuerzo para manejar los sentimientos de impotencia y desesperación que se desarrollan ante la comprobación de que es improbable tener éxito siguiendo los valores y fines de la sociedad más amplia (Lewis, 1959; 1969). El fatalismo constituiría posiblemente, la única posibilidad de adaptación que permita la supervivencia de las personas de sectores marginados y una vez establecida resulta más difícil de eliminar que la propia pobreza. Si se establece como estilo de vida, es posible que adquiera autonomía funcional llegando a mantenerlo y reproducirlo, aunque las condiciones sociales cambien en parte. Se comprende así, la gran dificultad de eliminar la cultura de la pobreza si no se consiguen eliminar la propia pobreza y las estructuras socio – económicas que ayudan a perpetuarla. El fatalismo, antes de convertirse en una actitud personal, interna y subjetiva es una realidad social externa y objetiva. Es una socialización negativa que un característico orden social propicia en unos determinados estratos de la población. Socialización como proceso educativo:

Acción ejercida por los adultos a las generaciones jóvenes, con el objetivo de suscitar y desarrollar en el niño estados físicos, intelectuales y morales que requieran en él la sociedad política como el ambiente particular al que está destinado de manera específica. Al someter a un niño a la socialización, estamos convirtiendo un organismo biológico en un ser social, a través de las interacciones que éste realiza en su contexto social. (Durkheim, (1976). La socialización supone un proceso de adaptación a la sociedad que necesariamente es educativo, ya que implica el aprendizaje de una serie de contenidos que la sociedad ha preparado para tal fin. La educación es la principal responsable de a continuidad social y gracias a ella es posible el mantenimiento de la sociedad. La socialización es el proceso que explica los diversos modos de acceso, integración y permanencia de un sujeto en un grupo social, para captar lo característico de su grupo y de quienes lo componen, y el dominio de las normas, las formas de expresión, los modos de comunicación y el control de los vínculos afectivos. El proceso de socialización evoluciona conjunta e interactivamente con el desarrollo cognitivo del individuo, considerando que estamos inmersos en un entorno cultural que marca las pautas para la adaptación social. Por otra parte, la transmisión de cultura se produce a través de tres momentos distintos, que se producen en forma secuencial y lleva a introducir al individuo en su cultura: Enculturación, aculturación y transculturación (Quintana, 1988). Socialización primaria, socialización secundaria, socialización terciaria (Petrus, 1998).

1. Socialización primaria o enculturación: Se realiza en la familia (carácter más afectivo). Inicia el proceso de socialización para que los niños asimilen las manifestaciones básicas de la vida cultural del grupo, proceso que se amplia y completa en la escuela. 2. Socialización secundaria o aculturación: Prolongación de la primera fase. Completa el proceso a través del fortalecimiento de los hábitos y conocimientos adquiridos en la familia y en la escuela. Se realiza en los grupos secundarios (carácter menos afectivo): amigos, instituciones no escolares, medios de comunicación, asociaciones, grupos de ocio, comunidades religiosas, etc. El individuo se introduce en un nuevo aspecto de la cultura a través de los contactos que establece con la sociedad. 3. Socialización terciaria: descrita con dos procesos distintos, según distintos autores. a. Transculturación: encuentro entre dos culturas diferentes, tendiendo al desplazamiento de una sobre la otra. b. Resocialización: aquel que se dirige a individuos dis – socializados para conseguir su incorporación a la sociedad. La educación en la socialización no se agotaría con la escolarización, sino que pueden encontrarse prácticas educativas en los grupos de amigos, la familia, medios de comunicación, etc.

Trilla (1993) integra los sectores educativos y establece tres categorías, diferenciadas por la intencionalidad del agente educativo y el carácter sistemático o no del proceso: Educación formal, educación no formal, educación informal.

1. Educación formal: Realizada en la escuela, bajo un sistema normativo y con procesos intencionados para conseguir objetivos específicos de instrucción. Se orienta a la obtención de títulos de prestigio social. 2. Educación no formal: Acciones educativas sistematizadas, pero fuera del marco escolar. Se produce a través de la creación de recursos complementarios y de medios y entorno educativos externos a la escuela. 3. Educación informal: Carecen de entorno educativo definido. Uno potente y eficaz es la televisión, que es socializador porque transmite una cultura determinada que incluye valores, creencias y comportamientos concretos vinculados a los intereses de los grupos dominantes de la sociedad. Actualmente, las instituciones encargadas de los procesos de socialización están siendo sustituidas por los medios de comunicación de masas audiovisuales e informáticos, que muestran nuevas formas de comunicación e interpretación de la realidad. (Ferrés, 2000). Educación y socialización son dos conceptos que caminan juntos. Si bien la socialización consiste en adaptarse a la sociedad, también implica ser crítico con las normas y creencias que no sean válidas, tratando de analizarlas y transformarlas positivamente. La socialización debe potenciar el inconformismo para que no se mantengan estructuras socialmente injustas y los miembros de una sociedad puedan intervenir para mejorarla. Agentes de socialización: Personas e instituciones que se ocupan de que la interiorización de la estructura social se haga efectiva. Los agentes poseen distintas posibilidades de influencia, acotadas en el tiempo y en función de las estructuras establecidas. Utilizan una amplia gama de reforzadores con la intención de modificar y adaptar la conducta a la dirección preestablecida socialmente. También las personas socializadas mantienen un poder potencial sobre los agentes de socialización que mantiene un margen de indeterminación sobre el producto final de esa relación (Ej.: disminución de la influencia socializadora padres – hijos). Principales agentes de socialización: - Familia. - Escuela. - Grupo de iguales. - Medios de comunicación. - Televisión. - Internet.

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