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¿Quienes eran los Masoretas?

Eran eruditos judíos que hasta el siglo VI de la era cristiana dividieron la Biblia en
párrafos, grandes y pequeños, tal como los encuentramos hoy en los textos de la
bíblicos hebreos.
Los masoretas también introdujeron muchas marcas diacríticas para señalar la
ubicación de pasajes difíciles. No existen manuscritos de la Biblia de ese período.
Aproximadamente desde el año 500 D.C., los eruditos judíos que perpetuaron la
tradición del texto del Antiguo Testamento han sido llamados masoretas, de
Masora, el término hebreo para la “tradición" en cuanto a la forma correcta del
texto de las Escrituras”. Estos hombres se esforzaron por asegurar la transmisión
exacta del texto a las generaciones futuras y consignaron los resultados de sus
labores en monografías y en anotaciones hechas a la Biblia.Puesto que el hebreo
había sido una lengua muerta durante siglos - reemplazada completamente por el
arameo como lengua viva - existía el peligro de que su pronunciación se perdiera
enteramente con el correr del tiempo. Por esa razón los masoretas inventaron un
sistema de signos vocálicos que se añadieron a las consonantes hebreas. Así se
simplificó la lectura de la Biblia hebrea y se garantizó la conservación de la
pronunciación que existía entonces. Sin embargo, no debiera pasarse por alto que
la pronunciación conocida a través del texto común de la Biblia hebrea es la de los
masoretas del siglo VII de la era cristiana que, como lo sabemos ahora, varía algo
de la del período del Antiguo Testamento.Los masoretas también inventaron dos
complicados sistemas de acentos, uno para los libros en prosa y otro para los
Salmos y Job. Los acentos consisten en mucho signos diferentes añadidos al texto
con el propósito de indicar los diversos matices de pronunciación y énfasis.Cada
vez que los masoretas creyeron que algo debía leerse en forma diferente de la
que estaba escrita en el texto, colocaron en el margen los cambios sugeridos, pero
no cambiaron el texto mismo.Los masoretas establecieron, además, reglas
detalladas y exactas que debían aplicarse en la producción de nuevas copias de la
Biblia. Nada se dejó a la decisión de lo escribas, ni el largo de las líneas y
columnas, ni el color de la tinta a emplearse. Se contaban las palabras de cada
libro y se fijaba la palabra que quedaba a la mitad a fin de poder comprobar la
exactitud de las nuevas copias. Al final de cada libro se añadía una nota que daba
la cantidad total de palabras contenida en el libro, que decía cuál era la palabra
que estaba en la mitad y que además daba otras informaciones estadísticas.
Codise vaticano

"fantástica" cronología que refirieron los cronistas e investigadores como


Alexander Humbolt y Manuel Orozco y Berra sobre el Códice Vaticano (copia
hispana de un códice tenochca desaparecido) es reveladora y coherente con los
datos que se tienen sobre la reciente historia geológica del continente americano y
las tradiciones de la Grecia antigua sobre la inundación marina de un continente,
la Atlántida.

Uno de los primeros investigadores que pusieron en duda dicha cronología fue
Don Alfredo Chavero, porque exedía la cronología bíblica que aún era tomada en
cuenta por los hombres de ciencia del siglo XIX. Dicha cronología tampoco es
tomada en serio por los actuales investigadores porque la Arqueología no había
podido comprobar la pasada existencia de civilizaciones en tiempos anteriores al
Holoceno, pero hoy en día existen investigaciones arqueológicas que lo
están comprobando.

La Historia de los Soles del Códice Vaticano nos habla de cuatro épocas o
soles por los que ha pasado la población americana. El primer sol, Atonátiuh o sol
de agua, terminó con una inundación generalizada del continente por las aguas
del mar, según lo muestran los símbolos del códice con un fondo azul como el
océano. Nos refiere Alfredo Chavero en su Historia Antigua y de la Conquista, que
aparece en la parte central superior la Señora del agua, Chalchiutlicue, la de la
falda azul.

El códice alejandrino

El códice alejandrino está datado en el siglo . Se considera que fue escrito en


Egipto.

El códice Alejandrino fue durante siglos el único manuscrito bíblico antiguo


ampliamente conocido en Europa. Cirilo Lucar lo llevó en 1621 de Alejandría a
Constantinopla cuando fue nombrado patriarca de esta ciudad. Siete años más
tarde lo obsequió al rey Carlos I de Inglaterra. En 1757 Jorge II lo depositó en el
Museo Británico. Su texto del Nuevo Testamento fue impreso por primera vez en
1786. En 1879 fue reproducido fotográficamente, y en 1909 apareció una segunda
edición en escala reducida.

El manuscrito tiene 773 hojas, de las cuales 144 corresponden al Nuevo


Testamento. Las hojas miden unos 32 por 27 centímetros, escritas en dos
columnas de 50 líneas cada una. La escritura es gruesa y grande. En este
manuscrito faltan los capítulos 1-24 de Mateo, dos hojas de Juan y tres hojas de 2
Corintios. Además de los libros canónicos del Nuevo Testamento, también están
en el Alejandrino las dos epístolas de Clemente Romano
Códice sinaitico

Datado en el siglo IV (alrededor del año 350).

Fue descubierto en 1848 por un joven alemán llamado Tischendorf en el


convento Santa Catalina del monte Sinaí.

Convento Santa Catalina

En 1844, cuando aún Tischendorf no tenía 30 años y era ya catedrático de la


Universidad de Leipzig, comenzó un viaje por el Cercano Oriente en
busca de manuscritos bíblicos. Mientras visitaba el monasterio de Santa
Catalina en el monte Sinaí, tuvo oportunidad de observar una cesta de
basura que contenía algunas hojas de pergamino, la cual iba a ser usada
para alimentar el fuego de la estufa.
Tischendorf

Al examinarlas, comprobó que se trataba de una copia de la Versión Septuaginta


del Antiguo Testamento. Tischendorf logró retirar de la cesta no menos de
43 hojas, mientras los monjes casualmente le comentaban que … ¡dos
cestas iguales acababan de ser quemadas en la chimenea! Momentos
más tarde, cuando le mostraron otras porciones del mismo códice
(contenía todo Isaías y el libro cuarto de Macabeos), él advirtió a los
monjes que tales cosas eran demasiado valiosas para alimentar el fuego.
Con las 43 hojas que se le permitió retener, las cuales contenían
porciones del Primer Libro de Crónicas, Jeremías, Nehemías y Esther,
hizo una publicación en 1846, nombrando tales documentos como el
códice Federico Augustanus.

Detalle
En 1853, Tischendorf volvió a visitar el monasterio con la esperanza de hallar
otras porciones del mismo manuscrito. No obstante, la alegría demostrada
con el hallazgo anterior había hecho a los monjes más cautelosos, y no
pudo conseguir nada adicional al manuscrito. En el año de 1859, los viajes
llevaron a Tischendorf nuevamente al Monte Sinaí, esta vez bajo los
auspicios del Zar de Rusia, Alejandro II. El día anterior a su partida,
Tischendorf presentó al abad del monasterio una copia de la edición de la
Septuaginta que recientemente había publicado en Leipzig. Fue entonces
cuando el abad le comentó que él también poseía una copia similar; y acto
seguido, sacó de su armario un manuscrito envuelto en una tela roja. Allí,
ante los ojos atónitos del erudito, reposaba el tesoro que por tanto tiempo
había deseado encontrar. Tratando de controlar sus emociones y
aparentando normalidad, Tischendorf solicitó hojear someramente el
códice, y luego de retirarse a su aposento, pasó toda la noche en el
indescriptible gozo de estudiar el manuscrito, como declara su diario en
latín "quippe dormire nefas videbatur" Verdaderamente hubiera sido un
sacrilegio dormir. Durante esa noche, pudo comprobar que el documento
contenía más de lo que hubiera esperado, pues no sólo estaba la mayor
parte del Antiguo Testamento, sino que el Nuevo Testamento se
encontraba completo, intacto y en excelente estado de preservación, con
la adición de dos trabajos cristianos del siglo II: La Epístola de Bernabé y
una extensa porción del Pastor de Hermas, conocido hasta entonces sólo
por su título.

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