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César Vallejo

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César Vallejo

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César Abraham Vallejo Mendoza

César Vallejo en el Parque de Versalles. Verano de 1929. Nacimiento: 16 de marzo de 1892. lugar_de_nacimiento = Santiago de Chuco La Libertad Perú Lugar desconocido Fallecimiento: 15 de abril de 1938 París Francia Ocupación: Cónyuge(s): Poeta, Periodista y Educador Georgette Marie Philippart Travers

César Abraham Vallejo Mendoza (Santiago de Chuco, 16 de marzo de 1892 - París, 15 de abril de 1938), poeta peruano considerado entre los más grandes innovadores de la poesía del siglo XX. Fue, en opinión del crítico Thomas Merton, "El más grande poeta universal después de Dante", halago que no hace más que confirmar el enorme legado del poeta del "dolor humano"; quien revolucionó la forma y el fondo de sentir y escribir poéticamente. En Trujillo se le asocia con el grupo “El Norte”, conformado por Antenor Orrego, José Eulogio Garrido, Víctor Raúl Haya de la Torre, Alcides Spelucín y Juan Espejo Asturrizaga; mientras que en Lima se le vincula con intelectuales como

José Carlos Mariátegui, Abraham Valdelomar, Luis Alberto Sánchez, Manuel González Prada, José María Eguren, y Juan Parra del Riego.

Contenido
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1 Biografía 2 Lírica o 2.1 Narrativa o 2.2 Teatro 3 Véase también 4 Referencias 5 Enlaces externos

Biografía [editar]
César Abraham Vallejo Mendoza nació en Santiago de Chuco, un 16 de marzo de 1892, pueblo en una zona alta del departamento de La Libertad. Sus padres fueron Francisco de Paula Vallejo Benítez y María de los Santos Mendoza Gurrionero. César fue el menor de once hermanos. Su apariencia mestiza se debe que sus abuelas fueron indias y sus abuelos sacerdotes gallegos. Era “hombre muy moreno, con nariz de boxeador y gomina en el pelo”, según recuerda César González Ruano. Sus padres querían dedicarlo al sacerdocio, lo que él en su primera infancia aceptó de muy buena gana; de ahí que existan tantas referencias bíblicas y litúrgicas en sus primeros poemas. Sus estudios primarios los realiza en el mismo Santiago de Chuco, pero desde abril de 1905 hasta 1909 estudia la secundaria en el colegio San Nicolás de Huamachuco. En 1910 se matricula en la Facultad de Letras de la Universidad Nacional de Trujillo pero se retira por carencias económicas. Apoya a su padre en sus tareas de gobernador y abogado y participa con los trabajadores de las minas de Quiruvilca, lo que recuerda más adelante en su novela El tungsteno. Trabaja en la hacienda azucarera Roma, en el valle de Chicama. Al año siguiente retorna a Trujillo a retomar sus estudios universitarios. Trabaja como profesor a fin de costearse sus estudios. Siendo profesor de primaria tuvo como pequeño alumno al novelista Ciro Alegría. En 1915 culmina su carrera de Letras y el 22 de septiembre expone su tesis de bachiller, "El romanticismo en la poesía castellana". Fue a la vez un vanguardista. En 1916 frecuenta con la juventud intelectual de la época agrupada en la "bohemia trujillana" (también conocido como el "Grupo Norte") y se enamora de María Rosa Sandoval. En 1917 conoce a “Mirto” (Zoila Rosa Cuadra), su segunda pareja, pero el romance duró poco y al parecer César intentó suicidarse a causa del desengaño. Como fuera, luego se embarcó en el vapor Ucayali con rumbo a Lima. En la capital encuentra en Clemente Palma a un detractor de su obra (había calificado de mamarracho el poema “El poeta a su amada”). Sin embargo, es este el periodo en que Vallejo conoce a lo más selecto de la intelectualidad limeña. Llegó a entrevistarse con José María Eguren y con Manuel González Prada, a quien los más jóvenes consideraban entonces un maestro y guía. Asimismo, publica algunos de sus poemas en la Revista "Suramérica".

En 1918 entra a trabajar al colegio Barros. Cuando, en septiembre muere el director y fundador del citado colegio, Vallejo consigue la plaza de director del plantel. Luego, en 1919 es profesor en el Colegio Guadalupe. Ese año ven la luz los poemas de Los Heraldos Negros, que muestran huellas del modernismo en su estructura. El poeta toca la angustia existencial, la culpa personal y el dolor, como, por ejemplo, en los conocidos versos "Hay golpes en la vida tan fuertes... ¡Yo no sé!" o "Yo nací un día / que Dios estuvo enfermo". Se vendieron relativamente pocos ejemplares, pero el libro fue bien recibido por la crítica. Su madre murió en 1920 y al volver a Santiago de Chuco es encarcelado injustamente durante 105 días, acusado de haber participado en el incendio y saqueo de una casa. En la cárcel escribe la mayoría de los poemas de Trilce. En 1921 sale en libertad condicional y se dirige nuevamente a Lima, pues su cuento “Más allá de la vida y de la muerte” es premiado. En 1922 Antenor Orrego, líder del "Grupo Norte", publica los poemas que Vallejo escribió durante su reclusión con el título "Trilce", pero es recibido tibiamente por la crítica, que no alcanzaba a comprender la vanguardia. Salvo por el propio Antenor Orrego, quien dijo de Vallejo que "a partir de este sembrador se inicia una nueva época de la libertad, de la autonomía poética, de la vernácula articulación verbal". "Trilce" anticipó gran parte del vanguardismo que se desarrollaría en los años 1920 y '30. En este libro Vallejo lleva la lengua española a límites insospechados: inventa palabras, fuerza la sintaxis, emplea la escritura automática y otras técnicas utilizadas por los movimientos "dadá" y "superrealista", tal como el relato onírico Finnegans Wake de James Joyce. Es admitido nuevamente en el Colegio Guadalupe. Con el dinero que le adeudaba el Ministerio de Educación, se embarca con rumbo a Europa, de donde no regresará. Viaja en el vapor Oroya el 17 de junio de 1923, con una moneda de quinientos soles. Arriba a París el 13 de julio. Sus ingresos siempre fueron insuficientes y provenían del periodismo, si bien también había fungido de traductor. Escribía para Variedades y Mundial. Inicia su amistad con Juan Larrea y con Vicente Huidobro; traba contacto con importantes intelectuales como Pablo Neruda y Tristán Tzara. En 1926 conoce a su primera compañera francesa, Henriette Maisse, con quien convivirá hasta octubre de 1928. Con el poeta español Juan Larrea funda una revista, pero sigue escribiendo para Variedades y Amauta, la revista de José Carlos Mariátegui. Profundiza sus estudios sobre el marxismo. En 1927 conoce a Georgette Marie Philippart Travers. Ese año viaja a Rusia. Hacia 1929 sigue colaborando con Variedades, Mundial y el diario El Comercio, como corresponsal oficial. En 1930 el gobierno español le concede una modesta beca para escritores. Retorna a París y después parte a Rusia para participar en el Congreso Internacional de Escritores Solidarios con el Régimen Soviético. Nuevamente regresa a París y se casa con Georgette Philippart en 1934. Se adhiere al Partido Comunista del Perú fundado por Mariátegui. En 1937 Vallejo y Neruda fundan en España el “Grupo Hispanoamericano de Ayuda a España” en el contexto de la Guerra Civil.

César Vallejo frente a la Puerta de Brandeburgo, en Berlín En 1938 es profesor de Lengua y Literatura, pero en marzo sufre de agotamiento físico. El 24 es internado por una enfermedad desconocida, que entra en crisis el 7 y el 8 de abril. Fallece el 15 de abril del '38, un viernes santo con llovizna en París, pero no un jueves, como escribió en un poema famoso. Se le realiza un embalsamiento. Su elogio fúnebre estuvo a cargo de Louis Aragon. El 19 de abril sus restos son trasladados a la Mansión de la Cultura y más tarde al cementerio de Montrouge. El 3 de abril de 1970, Georgette Philippart, cumple uno de los sueños más caro del poeta y traslada sus restos al cementerio de Montparnasse y escribe en su epitafio: “He nevado tanto, para que duermas”.

Lírica [editar]
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Es comúnmente aceptado que la lírica es en donde Vallejo alcanza su verdadera expresión y sus más altas cotas. Veámosla por orden de aparición: Los heraldos negros Poesías de filiación modernista, la primera de la serie da título al libro y se refiere a los momentos en que la muerte, o el simple paso del tiempo, nos dan una señal angustiosa, cual sacudida. "...son las crepitaciones de algún pan que en la puerta del horno se nos quema." Esta imagen, en realidad tan fundada como innovadora, fue objeto de burla de

Unamuno, ya que el anquilosamiento retórico en que se hallaba la poesía y la literatura españolas por aquellos tiempos, aún no podía permitir entender que se pudiera extraer lo profundo de lo cotidiano, incluso de lo doméstico. 'Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé! Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos, la resaca de todo lo sufrido se empozara en el alma... Yo no sé! Son pocos; pero son... Abren zanjas oscuras en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte. Serán tal vez los potros de bárbaros atilas; o los heraldos negros que nos manda la Muerte. Son las caídas hondas de los Cristos del alma, de alguna fe adorable que el Destino blasfema. Esos golpes sangrientos son las crepitaciones de algún pan que en la puerta del horno se nos quema. Y el hombre... Pobre...pobre! Vuelve los ojos, como cuando por sobre el hombro nos llama una palmada; vuelve los ojos locos, y todo lo vivido se empoza, como charco de culpa, en la mirada. Hay golpes en la vida, tan fuertes... Yo no sé! Trilce El mayor desafío y el mayor logro no sólo de Vallejo, sino probablemente de toda la poesía en español del siglo XX. Formalmente vanguardista, pero de un vanguardismo extirpado del dolor más profundo y personal, nada de juego si no es con las tripas. Escrito en la cárcel, según sus propias palabras "El libro ha nacido en el mayor vacío. Soy responsable de él. Asumo toda la responsabilidad de su estética. Hoy, y más que nunca quizás, siento gravitar sobre mí, una hasta ahora desconocida obligación sacratísima, de hombre y de artista: ¡la de ser libre! Si no he de ser hoy libre, no lo seré jamás (...) ¡Dios sabe cuánto he sufrido para que el ritmo no traspasara esa libertad y cayera en libertinaje! ¡Dios sabe hasta qué bordes espeluznantes me he asomado, colmado de miedo, temeroso de que todo se vaya a morir a fondo para que mi pobre ánima viva!" Poema III Las personas mayores ¿a qué hora volverán? Da las seis el ciego Santiago, y ya está muy oscuro Madre dijo que no demoraría. Aguedita, Nativa, Miguel, cuidado con ir por ahí, por donde acaban de pasar gangueando sus memorias dobladoras penas, hacia el silencioso corral, y por donde las gallinas que se están acostando todavía, se han espantado tanto. Mejor estemos aquí no más. Madre dijo que no demoraría.

Ya no tengamos pena. Vamos viendo los barcos ¡el mío es más bonito de todos! con los cuales jugamos todo el santo día, sin pelearnos, como debe de ser: han quedado en el pozo de agua, listos, fletados de dulces para mañana. Aguardemos así, obedientes y sin más remedio, la vuelta, el desagravio de los mayores siempre delanteros dejándonos en casa a los pequeños, como si también nosotros no pudiésemos partir Aguedita, Nativa Miguel? Llamo, busco al tanteo en la oscuridad. No me vayan a haber dejado solo, y el único recluso sea yo.

Poemas en prosa. Poemas humanos Publicado por la esposa del poeta después de la muerte de Vallejo, obra titulada Poemas Humanos en el año 1939. Es una obra de poesía social, con esporádicas tomas de posición ideológicas profundamente humana. Casi todos los poemas de este libro son póstumos, aunque unos pocos fueron publicados por Vallejo en revistas. El poeta nunca indicó un título con el cual agruparlos, pero al revisar entre sus escritos se encontró que tenía planificado un libro de "poemas humanos", razón por la que sus editores eligieron titular así sus trabajos en verso y en prosa. España, aparta de mí este cáliz Obra póstuma de César Vallejo, que sin duda compendia los versos más intensos y hondos que escritor alguno llevó a cabo sobre la Guerra Civil Española. Véase una prueba premonitoria de su amor por España y su miedo por la derrota de la justicia. Obligatoria su puesta en relación con el poema III de Trilce, reportado más arriba, ya que enlugar de decir a los niños -en Trilce sus hermanos- 'no salgais de casa', aquí les conmina a salir a buscar a la madre España. Niños del mundo, si cae España -digo, es un decir- si cae del cielo abajo su antebrazo que asen, en cabestro, dos láminas terrestres; niños, ¡qué edad la de las sienes cóncavas! ¡qué temprano en el sol lo que os decía! ¡qué pronto en vuestro pecho el ruido anciano! ¡qué viejo vuestro 2 en el cuaderno! ¡Niños del mundo, está la madre España con su vientre a cuestas; está nuestra madre con sus férulas, está madre y maestra, cruz y madera, porque os dio la altura, vértigo y división y suma, niños; está con ella, padres procesales! Si cae -digo, es un decir- si cae España, de la tierra para abajo, niños ¡cómo vais a cesar de crecer! ¡cómo va a castigar el año al mes! ¡cómo van a quedarse en diez los dientes, en palote el diptongo, la medalla en llanto! ¡Cómo va el corderillo a continuar atado por la pata al gran tintero! ¡Cómo vais a bajar las gradas del alfabeto hasta la letra en que nació la pena! Niños, hijos de los guerreros, entre tanto, bajad la voz, que España está ahora mismo repartiendo la energía entre el reino animal, las florecillas, los cometas y los hombres. ¡Bajad la voz, que está en su rigor, que es grande, sin saber qué hacer, y está en su mano la calavera hablando y habla y habla, la calavera, aquella de la trenza, la calavera, aquella de la vida!

¡Bajad la voz, os digo; bajad la voz, el canto de las sílabas, el llanto de la materia y el rumor menor de las pirámides, y aún el de las sienes que andan con dos piedras! ¡Bajad el aliento, y si el antebrazo baja, si las férulas suenan, si es la noche, si el cielo cabe en dos limbos terrestres, si hay ruido en el sonido de las puertas, si tardo, si no veis a nadie, si os asustan los lápices sin punta, si la madre España cae -digo, es un decir- salid, niños del mundo; id a buscarla!...

Narrativa [editar]
En la narrativa de Vallejo también se aprecia su progresión ideológica. Escalas melografiadas (1923) es un libro de cuentos en los que se halla muy presente la poesía del autor. Algunos cuentos son de un sorprendente vanguardismo, poco cultivado entonces. Destaca "Paco Yunque", un tierno cuento de denuncia social que fue rechazado por muchos editores en 1931. Ahora en el Perú, "Paco Yunque" es lectura obligatoria durante la enseñanza primaria. Fabla Salvaje (1924) es una novela corta de carácter psicológico que aborda la locura de un campesino de los Andes. Hacia el reino de los Sciris (1928) es una nouvelle histórica de tema incaico. El Tungsteno (1931) es una novela desigual sobre un conflicto en una mina de los Andes.

Teatro [editar]
Vallejo escribió cinco obras de teatro, ninguna de las cuales fue estrenada o publicada durante su vida.[cita requerida].

Mampar es el tema de una carta crítica del productor Louis Jouvet. El texto no se conserva; suponen que lo destruyó Vallejo. Les taupes (1929, escrita en francés) trata del conflicto de un esposo con su suegra. Lock-Out (1930, escrita en francés; el propio Vallejo hizo una traducción al castellano que no se conserva) trata de un conflicto obrero en una fábrica metalúrgica. Entre las dos orillas corre el río (años 1930) fue el producto de un largo y difícil proceso. Entre los títulos de versiones anteriores se encuentran Varona Polianova, Moscú contra Moscú, El juego del amor, del odio y de la muerte y varias permutaciones de este último. Colacho hermanos o Presidentes de América (1934). Una sátira que expone la democracia peruana como farsa burguesa bajo presiones diplomáticas y de empresas transnacionales. La piedra cansada (1937), obra de tono poético ambientada en la época incaica e influida por las tragedias griegas.

César Abraham Vallejo nació el 16 de marzo de 1892 en la ciudad andina de Santiago de Chuco del norte del Perú . Por extraña coincidencia sus abuelas habían provenido de la cultura Chimú y sus abuelos habían sido curas españoles. Vallejo fue el menor de once hermanos y creció en medio de una gran devoción cristiana la cual provocó el deseo de su familia para que él se convirtiera en cura (1). A pesar de ello, él completó su escuela secundaria en la ciudad de Huamachuco en 1908 y obtuvo su bachillerato de letras en la universidad de Trujillo en 1916 escribiendo dos años más tarde su primer libro de Poesía llamado "Los Heraldos Negros" (2). En 1922, Vallejo escribió otro libro titulado "Trilce" y vivió enseñando en Lima hasta su destitución en 1923. Fue en ese entonces que él decidió partir a Francia. Sus primeros años en Francia no fueron muy felices. En 1923 y 1924, Vallejo vivió entre la miseria llegando a padecer de hambre (3). Felizmente, él pudo encontrar su primer trabajo estable el siguiente año con una nueva agencia de prensa llamada "Les Grands Journaux Ibéro-Américains" contribuyendo con sus artículos a los semanales "Mundial" y "Variedades" (4). En ese mismo año Vallejo obtuvo una beca menor en la universidad de Madrid en España donde continuó brevemente sus estudios de leyes que fueron una vez interrumpidos. A su regreso de España en 1926, Vallejo se alojó en el Hotel Richelieu de París. Fue en este mismo hotel a través de la ventana de su habitación que él conoció a una joven llamada Gorgette con la que obtuvo matrimonio en enero de 1929 (5). Sus últimos tres libros se realizaron durante su permanencia en Europa. El primero de ellos titulado "Nómina de Huesos” contiene 41 poemas y prosas los cuales fueron escritos durante los años 1923 y 1936. Durante los años siguientes Vallejo escribió un libro de 51 poemas titulado "Sermón de la Barbarie" para finalizar en 1938 con su famoso libro de 15 poemas titulado "España aparta de mí esta Cáliz"(6). Vallejo murió el 15 de Abril de ese mismo año (1938) con ningún diagnostico de su enfermedad establecido. Como él había profetizado en uno de sus poesías, él murió un jueves "en París con aguacero" (7).

Vallejo y el entorno intelectual de su época
César Vallejo comenzó a relacionarse tempranamente -como Bachiller en Letras de la Universidad de Trujillo (1915)- con destacados artistas e intelectuales: Víctor Raúl Haya de la Torre, José Eulogio Garrido, Alcídes Spelucín, Macedonio de la Torre, entre otros, integrantes de "Norte", grupo liderado por Antenor Orrego. A aquella época febril, sacudida por cambios sociales, políticos (mayor influencia de las Fuerzas Armadas y progresivo deterioro de la oligarquía) e ideológicos (irrupción de la filosofía marxista y del psicoanálisis), corresponden sus primeros versos publicados (2). Ya en Lima hizo amistad con Manuel Gonzáles Prada y Abraham Valdelomar, e integró el grupo "Colonida", gracias a éste último, enriqueciendo su visión del mundo a través del contacto con nuevas corrientes europeas. A Gonzáles Prada -cuya muerte le afectó profundamente- le dedicó el poema "Los dados eternos": Para Manuel Gonzáles Prada

esta emoción bravía y selecta, una de las que, con más entusiasmo, me ha aplaudido el gran maestro. El Vallejo que comenzaba a beber ávidamente de las fuentes del marxismo, pronto comenzó a sentirse encerrado en ese círculo elitista que lo alejaba de las muchedumbres, lo aislaba de sus emociones (Mariátegui). "Colonida" no fue más que otra etapa, no menos importante que las que vendrían, que ahondó -luego de la muerte de su maestro Gonzáles Prada- la íntima desesperación y crisis permanente en que ya se encontraba inmerso el poeta (3).

Vallejo en Europa
A fines de 1923, el "cholo" viajó a Francia, donde llevó la difícil existencia del intelectual con los bolsillos vacíos. Para poder sobrevivir tuvo que dedicarse al periodismo y su producción poética se redujo sustancialmente. Entonces, luego de algunas otras relaciones (entre ellas Henriette, una hermosa costurera con "lenguaje de cocotte"), apareció Georgette, quien vivía frente a la oscura pensión de Vallejo en la Rue Molière. Ernesto More, íntimo amigo del poeta en París, (...) el que vivió con él compartiendo mendrugos (...) (9) fue testigo del luminoso amor del sudamericano pobre y la francesita venida a menos. Pero el romance no duró mucho luego del matrimonio (1934). Comenzó a transformarse rápidamente frente a las penurias económicas, agravadas poco después al decaer la salud del poeta. Por aquella época, la mujer que compartió los últimos cuatro años de ese hombre enfermo y atormentado llegó a confiarle a More: Yo siempre estoy sola, con Vallejo o sin Vallejo (10). Se diría que Vallejo vivió tan cerca a la muerte que ésta pasó a ser -quien sabe en medio de la resaca de alguna madrugada parisina, cuando el dolor se junta con las ganas de abandonarlo todo, hasta la vida- su confidente. Tal vez fue ella quien le dictó este poema, inexplicablemente premonitorio: Me moriré en París con aguacero un día del cual tengo ya el recuerdo. Me moriré en París - y no me corro tal vez un jueves, como es hoy, de otoño. (11) Vallejo, tan humanamente cercano en su poesía y tan desaprensivo con los seres que lo amaron, murió el 15 de abril de 1938, en una lluviosa tarde parisina.

César Vallejo y el dolor como  experiencia de la objetividad
Mónica Saldías
Hay golpes en la vida, tan fuertes... Yo no sé! Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos, la resaca de todo lo sufrido se empozara en el alma... Yo no sé! Son pocos; pero son... Abren zanjas oscuras en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte Serán tal vez los potros de bárbaros atilas; o los heraldos negros que nos manda la Muerte. Son las caídas hondas de los Cristos del alma, de alguna fe adorable que el Destino blasfema. Esos golpes sangrientos son las crepitaciones de algún pan que en la puerta del horno se nos quema. Y el hombre...Pobre... pobre! Vuelve los ojos, como cuando por sobre el hombro nos llama una palmada; vuelve los ojos locos, y todo lo vivido se empoza, como charco de culpa, en la mirada. Hay golpes en la vida, tan fuertes... Yo no sé!
[de Los Heraldos Negros (1918)]

César Abraham Vallejo nace el 16 de marzo de 1892 en Santiago de Chuco, un pueblito 

aislado en la cordillera de los Andes, en el norte del Perú, siendo el más pequeño de once  hermanos. Sus dos abuelos eran sacerdotes y sus dos abuelas, indígenas, un mestizaje  simétrico. En un artículo titulado "El César Vallejo que yo conocí", el escritor peruano Ciro  Alegría describe lo que siente al pasar por la tierra natal del poeta: En el alma de quien cruce  los Andes o viva allí, persistirá siempre la impresión que es como una herida del paisaje  abrupto hecho de elevadas mesetas, donde apenas crecen pajonales amarillentos, y de  roquedades clamantes. Hay tristeza, y sobre todo, una angustia permanente y callada. Los  habitantes de ese vasto drama geológico, casi todos ellos indios o mestizos de indio y español,  son silenciosos y duros y se parecen a los Andes. Aún los de pura ascendencia hispánica o los  foráneos recién llegados, acaban por mostrar el sello de las influencias telúricas. Azotados por  las inclemencias de la naturaleza y las inclemencias sociales sufren un dolor que tiene una  dimensión de siglos y parece confundirse con la eternidad... Entre 1905 y 1912, Vallejo cursa estudios secundarios en Huamachuco; entre 1910 y 1912  ocupa varios empleos, probablemente en un centro minero, en una hacienda azucarera como  contable, etc. En la misma época piensa en la posibilidad de estudiar medicina en Lima. Entre  1913 y 1915 estudia Letras en la Universidad de Trujillo, graduándose de Bachiller. Colabora en 

la revista Cultura Infantil, editada por un Centro Escolar en el que trabajó. Entre 1915 y 1917 se  une al grupo literario artístico que encabeza Antenor Orrego, junto con José Eulogio Garrido, y  es durante este período cuando escribe muchos de los poemas que integrarán luego Los   Heraldos Negros, publicando algunos en La Industria y La Reforma de Trujillo. En 1918 se traslada a Lima y traba amistad con Abraham Valdelomar. Completa su primer libro,  Los Heraldos Negros, y allí lo publica. Colabora en la Revista Nueva Época, dirigida por José  Carlos Mariátegui. En agosto de ese mismo año muere su madre en Santiago de Chuco. El  poeta cae en una profunda crisis anímica y económica. En 1919, publica en La Prensa,  Palabras sobre Abraham Valdelomar, a raíz de su muerte. A mediados de ese mismo año lanza  Los Heraldos Negros y escribe las primeras versiones de muchos poemas de Trilce. En julio de 1920, estando en Santiago de Chuco, se involucra en incidentes violentos. Se oculta  un tiempo, pero en noviembre cae preso y queda detenido en la cárcel de Trujillo. Esta  experiencia, junto con la muerte de su madre, lo marcará para el resto de su vida. En febrero de 1921 sale de la cárcel y vuelve a Lima. Gana el primer premio en un concurso  literario con un cuento llamado Más allá de la vida y de la muerte. En octubre de 1922 publica  Trilce, con prólogo de Antenor Orrego. En marzo de 1923, Escalas Melografiadas, y en mayo  del mismo año, Fabla Salvaje. En junio parte hacia Francia de donde no regresará jamás. En 1924 pasa meses de miseria, y su padre muere en Santiago de Chuco. Escribe algunos de  los poemas de Poemas en Prosa; conoce a Vicente Huidobro, Juan Gris, De Cruft y entabla  profunda amistad con Juan Larrea. En 1925 trabaja para "Le bureau des grands journaux  iberoamericains". Inicia su colaboración en "Mundial" de Lima. En este mismo año viaja por  primera vez a España, para cobrar el monto de una beca.  En 1926 junto con Juan Larrea, edita dos números de "Favorables París Poemas 1926" (1 de  julio­11 de octubre). Vive con Henriette Maisse. Colabora en "Variedades", iniciando sus  primeras crónicas. Conoce a Artaud, W. Frank, JL Barrault. Escribe la novela Hacia el reino de   los Seiris. En 1927 renuncia a su puesto en los "Grandes Periódicos Iberoamericanos". Conoce a  Georgette Philippart. Escribe el poema Lomo de las Sagradas Escrituras, publicado en  "Mundial", por Luis Alberto Sánchez. En 1928 se encuentra seriamente abatido y enfermo por lo  que se retira a pasar el verano al campo en compañía de Henriette. Estudia los fenómenos sociales y políticos de la época,desde un punto de vista marxista y en el  mes de octubre realiza su primer viaje a la URSS con la intención de quedarse allí  definitivamente. Pero en noviembre se encuentra nuevamente en París, rompe relaciones con  el APRA. En 1929 empieza a convivir con Georgette y viaja con ella a Bretagne y en setiembre  del mismo año, nuevamente a la URSS, donde tiene una entrevista con Majakovski. En 1930  publica Un reportaje en Rusia, en la revista madrileña "Bolívar". En julio, en Madrid, sus amigos  concretan una reedición de Trilce, con prólogo de José Bergamín y poema liminar de Gerardo  Diego.

César Vallejo comienza a escribir teatro y destruirá su primera obra: Mampar. No sucede lo  mismo con la segunda, llamada primero Moscú contra Moscú y luego Entre las dos orillas corre   el río. Hacia fines de diciembre Vallejo, sindicado como comunista, recibe orden de abandonar el  territorio francés. Se va a España junto con Georgette. Abandona toda colaboración en los  periódicos limeños. Y en el mes de abril de 1931 Vallejo presencia el nacimiento de la  República e ingresa en el Partido Comunista de España. Escribe para la Editorial Cenit una  novela de denuncia social: El Tungsteno, en la que incluye Sabidurías, aunque con ciertas  modificaciones. El reportaje Rusia en 1931, editado por la Editorial Ulises, tiene un gran éxito, pero no logra  publicar su cuento infantil Paco Yunque. En octubre de ese mismo año realiza su tercer y último  viaje a la URSS: allí compone versos que más tarde serán "Dulzura por dulzura corazona!".  Nuevamente en Madrid comienza otra obra teatral: Lock out. En enero de 1932, le escribe a Juan Larrea: Comparto mi vida entre inquietud política y   personal y mi inquietud introspectiva y personal y mía, para adentro. En febrero del mismo año regresa a Francia clandestinamente, donde no pasa mucho tiempo  antes de que consiga permiso para quedarse. En 1933 colabora en la Revista Germinal de  París con artículos sobre el tema Qué pasa en el Perú?. En octubre Georgette vende el  apartamento de la rue Moliere que había heredado de su madre. Desde ese momento vivirán  en hoteles y cuartos amueblados hasta que, en 1936 se instalan en el Hotel du Maine, que será  la última residencia de César Vallejo antes de la clínica donde fue a morir. En 1934 Vallejo, como autor de Trilce, es incluido por Federico de Onís en su Antología de la  Poesía Española e Hispanoamericana. En octubre del mismo año se casa con Georgette.  Prepara dos volúmenes críticos: El arte y la revolución y Contra el secreto profesional. El año 1935 se presenta como un año oscuro, consecuencia de intentos frustrados por editar  un volumen que reuniera las prosas poéticas y los poemas escritos en 1923. En 1936 Vallejo  colabora en la ayuda al pueblo español, y con la causa republicana, estremecido por la tragedia  que vive España. Escribe el poema París, octubre 1936. En diciembre viaja a Barcelona y a  Madrid. Redacta artículos de los primeros meses de la guerra española, hecho que supera a  las revoluciones rusa y francesa, y es una epopeya única en la historia. En 1937 César Vallejo va a Valencia al Congreso de Escritores Antifascistas. Y entre setiembre  y diciembre del mismo año revisa algunos de sus últimos versos y agrega la mayor parte de los  textos que formarán Poemas Humanos y España, aparta de mi este cáliz, ambas obras  publicadas después de su muerte. En marzo de 1938 Vallejo enferma: Cualquiera sea la causa que tenga que defender ante Dios,   más allá de la muerte, tengo un defensor: Dios. En la mañana del Viernes Santo 15 de abril  muere pocas horas después de que las tropas franquistas alcanzaran el Mediterráneo, al norte  de Valencia, dividiendo en dos lo que quedaba del territorio republicano. La obsesión de Vallejo  por la guerra civil española estuvo presente hasta sus últimos días. Al respecto André Coyné 

dirá: ...en la mañana del Viernes Santo de 1938, día 15 de abril, Vallejo muere en París; al  amanecer ha llamado a su madre, además ha gritado "España, me voy a España" y luego,  nada. César Vallejo y las vanguardias Vallejo nace cuando cierta forma de poesía está en proceso de decadencia, poesía que tiene  sus últimas manifestaciones en el simbolismo en Francia, y en el modernismo, en el mundo  hispánico. Si bien el poeta no va a inscribirse a ninguna escuela o corriente literaria de su  época, no permanece ajeno a ellas. Entre 1892, año en que nace el poeta, y el fin de la primera  Guerra Mundial ­cuando aparecen Los Heraldos Negros­ abundan las escuelas y movimientos  que buscan una transformación tanto en la poesía como en el arte en general: ultraísmo,  futurismo, dadaísmo, surrealismo, creacionismo. Hasta 1915 la obra de Vallejo presenta en la  expresión y en su temática signos de cierto romanticismo. Hacia fines de ese mismo año,  cuando tiene sus primeros contactos con el grupo de escritores jóvenes de Trujillo, su  producción comienza a tener claras marcas modernistas, que luego van desapareciendo para  dar paso a su propia forma. El contacto con este grupo de escritores de Trujillo, cuyo promotor  intelectual era Antenor Orrego, va a ser decisivo en cuanto a su camino literario. El Modernismo llega al Perú una generación después con el movimiento colonida y José María  Eguren. Un poema de César Vallejo titulado Campanas Muertas, publicado por La Reforma de  Trujillo el 13 de noviembre de 1915 es representativo de las marcas modernistas, y más  concretamente herrerianas: Tristes campanas muertas sepultadas en el féretro gris del campanario, son como almas de bardos, olvidadas en un trágico sueño solitario. Abstraídas, silentes, enlutadas, cual sombras de un martirio visionario, por los rayos del níspero doradas son lágrimas que llora el campanario. En los tibios crepúsculos de estío parece que surgieran suspendidas del muro en ruinas de mi pecho frío. Junto a mi corazón que mudo y yerto sangrando el carmesí de sus heridas como esos triste bronces, yace muerto! El dolor como experiencia del mundo objetivo Parece que la vida sigue empecinada a herirme. Esta carta la escribo desde el Hospital de la   Charita Sala Boyer, cama 22, desde donde acabo de ser operado de una hemorragia intestinal.   He sufrido veinte días horribles de dolores físicos y abatimientos espirituales increíbles. Hay,   Pablo, en la vida horas amargas, de una negrura negra y cerrada a todo consuelo. Hay horas   más, acaso, mucho más siniestras y tremendas que la propia tumba. Yo no las he conocido  

antes. Este hospital me las ha presentado y no las olvidaré. (carta de César Vallejo a Pablo  Abril ­ octubre 19 de 1924). El dolor es en César Vallejo una apertura a la existencia, una forma de conocimiento, que en  vez de provocar un repliegue del sujeto sobre si mismo, una vuelta sobre su universo personal,  crea la apertura, es experiencia de la objetividad pero que tiene su base en el cuerpo humano.  El hombre vallejiano se define por su capacidad de sufrir, y es a través del cuerpo y por el  sufrimiento que el hombre tiene una revelación de su materialidad esencial. El cuerpo es en  Vallejo fundamento de la conciencia humana. Es importante tener en cuenta que en Vallejo hay  una particular relación con la dialéctica, que tiene de la misma manera como consecuencia una  particular relación con el lenguaje. La dialéctica vuelve lúcida la angustia: al tiempo que  descubre en la dinámica de los contrarios una ley que le permite entender el mundo, el poeta  encuentra otra que lo borra del mundo. Pensar por el mundo en sus contradicciones no solo es  difícil sino tremendamente doloroso en la medida en que para Vallejo pensar dialecticamente es  antes que nada, "vivir de su propia muerte", más allá de la experiencia personal. Invierte el sufrimiento posiciones, da función en que el humor acuoso es vertical al pavimento, el ojo es visto y esta oreja oída… dice Vallejo en "Los Nueve Monstruos", y efectivamente el dolor y el sufrimiento, invierte las  relaciones entre la conciencia y la materia, entre el alma y el cuerpo; no hay conciencia posible  fuera de este dolor siendo así el sufrimiento una manera de conocer la realidad. Así es que la experiencia del dolor es en Vallejo uno de los elementos que fundan en él la  inversión materialista. Y en este sentido encontramos encontramos interesantes huellas en  algunos de sus "Poemas en Prosa", como por ejemplo en "No vive ya nadie en la casa". Aquí y  a primera vista podríamos pensar que estamos fundamentalmente ante una poesía intimista  referida a aquella casa de Santiago de Chuco donde han muerto su madre en 1918 y su padre  en 1924. Sin embargo, estamos ante todo frente a la dialéctica del quedar y del partir, que en  Vallejo hace referencia al doble movimiento hacia la vida y hacia la muerte: Y yo te digo: cuando alguien se va alguien queda… Todos han partido de la casa en realidad, pero todos se han quedado en verdad. Y luego de encerrar al lector en la contradicción del quedad y del partir, Vallejo introduce otro  verbo que constituiría la superación en si mismo, continuar: Y no es tampoco que ellos queden en la casa sino que continúan en la casa. Las funciones y los actos se van de la casa en tren o en avión o en caballo o a pie o arrastrándose.

Lo que continúa en la casa es el órgano, el agente en gerundio o en círculo. Los pasos se han ido, los besos, los perdones, los crímenes. Lo que continúa en la casa es el pie, los labios, los ojos, el corazón. Las negaciones y las afirmaciones, el bien y el mal, se han dispersado. Lo que continúa en la casa es el sujeto del acto. El hombre vallejiano no puede pensar el mundo a partir de otra cosa que el mundo mismo, y  para Vallejo el mundo antes que nada, es el cuerpo: El cuerpo solidario, la cosa cosa, la cosa   tremebunda. Esa conciencia material, este conocimiento extrapoético se inserta en una estructura verbal  específica y sujeto a una funcionalidad poética. La materialidad del ser, la conciencia de lo  corpóreo a través del sufrimiento, cobra fuerza en Vallejo por medio de la repetición de  términos. El procedimiento anafórico que surge de la obsesión del hombre que sufre, juega un  papel unificador que se intensifica a lo largo de toda su obra, siendo la anáfora uno de los ejes  fundamentales de su poesía. Procedimiento ya presente en Trilce y en algunos poemas de  Poemas en Prosa, se generaliza y se intensifica en Poemas Humanos. Y, desgraciadamente, el dolor crece en el mundo a cada rato, crece a treinta minutos por segundo, paso a paso, y la naturaleza del dolor, es el dolor dos veces y la condición del maritirio, carnívora, voraz es el dolor dos veces y la función de la yerba purísima, el dolor dos veces,

CÉSAR VALLEJO Y EL H_U_M_O_R
César Ángeles L.*
amacord@hotmail.com

N O TA P R E LI M I NAR CON ESTE TRABAJO, SE MANIFIESTA LA VOLUNTAD de acercarse al arte y a la literatura desde sus raíces ideológicas. Uno de los objetivos centrales ha sido lavar la cara de esa agobiante melancolía y tragedia que suele encajársele a la poesía, en general, y a la poesía de este escritor peruano en particular, que es una de las cumbres más altas de la literatura contemporánea. Como corresponde en el análisis científico de toda realidad, es esencial reparar en los matices. Con César Vallejo (1892-1938) es prioritario -hoy más que nunca: tiempos de cambios históricos en el Perú y en el mundo- destacar y asumir el flanco iluminado, positivo y revolucionario de su actitud, su práctica y su obra literaria. Maguer lo que pudiera sugerir el título del presente ensayo, obviamente no se quiere decir con él que leyendo a Vallejo estemos leyendo a un humorista ni que con su literatura nos desternillemos de risa. Sino que comprendiendo la naturaleza del humor, podemos concluir que el autor peruano lo tuvo en grado superlativo y que ello fue un factor importante en su vida y en su obra. Si la referencia recae en Poemas Humanos (libro póstumo publicado por su esposa Georgette) es porque este volumen nos ofrece mejores argumentos para probar lo afirmado. Por lo demás, no perdamos de vista que Humor, Comicidad e Ironía suelen confundirse como un mismo fenómeno. Sin embargo, si existen tres nombres diferentes, es justo sospechar que, asimismo, se refieren a tres cosas si no opuestas entre sí, al menos disímiles. Basándonos en algunos textos sobre estos

temas (de Bergson, Croce, Freud, Pirandello...) se llega a algunas conclusiones, como entender que el humor es una operación superior y más compleja que la de la sátira, la ironía o la pura comicidad que son más bien liquidadoras. De esto dan cuenta las primeras líneas del ensayo; aunque el grueso esté dedicado, como se ha dicho, a potenciar otra imagen de Vallejo. De las fuentes bibliográficas consultadas, sólo se anotan referencias explícitas a Luis Monguió -crítico e historiador literario-, a Pirandello -dramaturgo y ensayista italiano- y a José Carlos Mariátegui -político y ensayista peruano de principios de siglo, fundador del Partido Comunista del Perú-. Asimismo, para los apuntes biográficos que aparecen al final, se ha consignado principalmente la información proporcionada por Georgette Philipart de Vallejo en su recomendable libro testimonial: Vallejo: allá ellos, allá ellos, allá ellos! (Lima, 1978) (1). Todos los subrayados son míos; y se citan los poemas según la edición crítica coordinada por Américo Ferrari: César Vallejo / Obra Poética (Madrid, 1988). I. CÉSAR VALLEJO explaya su humor sobre todo en su libro Poemas Humanos (1923-1938). La actitud de cáustica ironía hacia ciertas condiciones del ser humano va aunada con un abrazo fraternal en excelentes poemas: «Considerando/ que el hombre procede suavemente del trabajo/y repercute jefe, suena subordinado;/ (...)/ Comprendiendo sin esfuerzo/ que el hombre se queda, a veces, pensando,/como queriendo llorar,/y, sujeto a tenderse como objeto,/se hace buen carpintero, suda, mata/y luego canta, almuerza, se abotona.../Considerando también/que el hombre es en verdad un animal/y, no obstante, al voltear, me da con su tristeza en la cabeza.../(...)Comprendiendo/ que él sabe que le quiero,/que le odio con afecto y me es, en suma, indiferente.../Considerando sus documentos generales/y mirando con lentes aquel certificado/que prueba que nació muy pequeñito.../le hago una seña,/viene/, y le doy un abrazo, emocionado./¡Qué más da! Emocionado... Emocionado...» (de «Considerando en frío, imparcialmente...»). Como puede comprobarse leyendo los versos anteriores, el sentimiento de lo contrario, típico rasgo del humor, no pudo ser mejor expresado.

II. ¿QUÉ ES EL HUMOR? El humor supone el cruce dialéctico entre lo trágico y lo cómico. De ahí que tenga sentido esa sentencia popular de que «el humor es cosa seria». Por otra parte, el humor no supone necesariamente la risa. Es una filosofía y praxis de la vida; realiza una compleja operación de remoción crítica pero no colocándose absolutamente de modo opuesto al sujeto en cuestión (ya se trate de uno mismo, de otro individuo, de un grupo, una institución...), sino que dialécticamentese ejecuta una confrontación recuperando a dicho sujeto: casi diríamos desde él y contra él.

En su extenso ensayo «El humorismo», el dramaturgo italiano L.Pirandello lo define así: «Veremos que en la concepción de toda obra humorística, la reflexión no se esconde, no permanece invisible; (...) sino que se pone ante (la emoción inicial) como un juez, la analiza, desapasionadamente, y descompone su imagen. Sin embargo, de este análisis, de esta descomposición, surge o emana otro sentimiento, aquél que podría denominarse, y yo lo llamo así, el sentimiento de lo contrario». Es decir, no sólo sorprender una contradicción, por ejemplo entre lo que se busca y lo que se obtiene; reírse por ello, como hacen -de diverso modo- la comicidad y la ironía, sino que se trata de «sentir» simultánea y dialécticamente cada uno de los elementos de esta contradicción, y hacerse cargo de ellos. Pirandello se remite a un personaje y a una novela emblemáticos del humor: las aventuras de Don Quijote. «Nosotros quisiéramos reírnos de todo lo que hay de cómico en la representación de ese pobre loco que disfraza con su locura a sí mismo, a los demás y a todas las cosas; quisiéramos reírnos, pero la risa no acude a nuestros labios pura y fácil; sentimos que hay algo que nos la turba y obstaculiza; es una sensación de pena, de conmiseración e incluso de admiración, sí, porque si bien las heroicas aventuras de ese pobre hidalgo son ridiculísimas, no hay duda, sin embargo, de que él en su ridiculez, es verdaderamente heroico (...) A través de lo cómico, tenemos en este caso el sentimiento de lo contrario». Y refiriéndose al factor de «la reflexión» que enunció como consustancial al humor, nos recuerda que el famoso autor de esta historia: don Miguel de Cervantes, estuvo preso por malentendidos económicos en las cárceles de su amado Rey, a quien había servido en Lepanto. Cervantes, dice Pirandello, tuvo que desembarazarse de aquel sentimiento inicial «que le había armado caballero de la fe, en Lepanto, (...) y poniéndose en contra de él (de ese sentimiento), como juez, en la oscura cárcel de La Mancha, y analizándolo con amarga frialdad, la reflexión ya había despertado en el poeta el sentimiento de lo contrario, fruto del cual es precisamente el Quijote, el cual es este sentimiento de lo contrario objetivado». Es decir, sintiendo profundamente el desencanto y el dolor, Cervantes encausó todo ello hacia un personaje cómico, que siendo su alter ego era trágico y cómico a la vez, es decir, humorístico. Estos pasajes se nos aparecen como claves y suficientemente claros como para obviar mayores desarrollos teóricos sobre el tema. Más bien vayámonos acercando a la poesía de Vallejo; viendo, antes, el caso de otro clásico del humor aunque ya contemporáneo: Chaplin. Él construye el personaje de Charlot, protagonista de sus films, quien es un vagabundo de la urbe moderna, que por ser tal y carecer de riquezas y hasta predisposición para conseguirlas (aunque en La quimera del oro hay una extraña variante) vive inadecuado respecto de una realidad social que lo excluye, lo margina. Pero estos problemas no se presentan mediante el dolor que debe haber sido «el sentimiento inicial», sino que más bien propician una historia que provoca hilaridad. Aunque es verdad que se trata de una «risa que no acude a nuestros labios pura y fácil». Y ello es porque «la reflexión» de Chaplin atrapó ese dolor inicial y muy concreto y, sin desecharlo, lo transformó en su contrario: una protesta mediante la comedia, burlando a sus causantes o por lo menos a quienes representan el Poder, el sistema abusivo... principal causa del sufrimiento. «Los filmes cómicos han tenido un éxito inmediato porque la mayor parte de ellos presentaban a agentes de policía que caían en

alcantarillas, tropezaban en los cubos de yeso y sufrían mil contratiempos. Son las personas que representan la dignidad del poder, frecuentemente imbuidas de tal idea; la visión de sus desventuras provoca mayores deseos de reír en el público que si se tratase de simples ciudadanos.» (Charles Chaplin). De ese modo, entonces, Chaplin demostró su genial capacidad para apropiarse con humor de esos dos elementos de la contradicción; y a la vez que nos hace reír, nos azuza la compasión (co-pasión) por ese vagabundo y sus desventuras. Pero es que en Charlot habla la humanidad dolida y maltratada por este sistema; y entonces la comedia encierra nobleza y un elevado sentimiento solidario de identificación con las mayorías del mundo. El público aprecia y recrea, entrañablemente, esa misma contradicción. Las caídas no angustian al vagabundo; está seguro de que finalmente saldrá adelante y todo terminará componiéndose a su favor. Y esta fe, nacida increíblemente de un desencanto y malestar iniciales, es una misma fe en el positivo destino de todos nosotros; o, al menos, de casi todos. Ya Mariátegui había percibido ello, con su habitual lucidez: «La imagen de este bohemio trágicamente cómico, es un cotidiano viático de alegría para los cinco continentes (...) Chaplin alivia con su sonrisa y su traza dolida, la tristeza del mundo. Y concurre a la miserable felicidad de los hombres, más que ninguno de sus estadistas, filósofos, industriales y artistas» ( en El Alma Matinal). Por todo ello, el humor es una operación superior y más compleja que la de la sátira, la ironía o la pura comicidad que son más bien liquidadoras.

III. EN LA ANTERIOR CITA de Vallejo, la adhesión-crítica se despliega en imágenes desalienantes; dijimos que a través de la ironía utilizada contra el trabajo servil, la rutina, la cosificación del individuo. Y todo ello se corresponde con la confesión del odio/amor que el poeta expresa a propósito del ser humano: «le odio con afecto», así como con el testimonio de su estado, invulnerable por irónicamente distanciado: «y me es, en suma, indiferente». Es el mismo sentimiento aunado de los contrarios, el que nos permite sorprender en Poemas Humanos pasajes tan diferentes como: a. «César Vallejo ha muerto, le pegaban/todos sin que él les haga nada;/le daban duro con un palo y duro/también con una soga» (de «Piedra negra sobre una piedra blanca») y b. «¡Cuestas infraganti!/¡Auquénidos llorosos, almas mías!/¡Sierra de mi Perú, Perú del mundo,/y Perú al pie del orbe; yo me adhiero!» (de «Telúrica y magnética»). ¿Qué hizo que César Vallejo expresara esta honda adhesión no sólo hacia el ser humano sino, específicamente, hacia el Perú; y a pesar del maltrato desde el Poder (políticocultural) a su arte revolucionario, que se inició desde cuando Clemente Palma

-prestigiado crítico de la época- rechazara a Los Heraldos Negros, tal y como hicieron varios intelectuales coterráneos de Vallejo en Trujillo? ¿Quizá permitió esto la distancia que significó su definitiva estadía en Europa? La hipótesis de Luis Monguió resulta más real y científica: la adhesión al marxismo entre 1928-1929 y, en consecuencia, a la esperanza, al futuro: «Esa adhesión me parece basada, aparte de la convicción intelectual, en una lógica emocional que, partiendo de su sentimiento de solidaridad ante el dolor (...) le condujo a las esperanzas -tras su desesperanza trílcica- que de poner fin a ese dolor sobre esta tierra tal filosofía (el marxismo) le aparejaba» (2). Encarnándolo, Vallejo pudo ver con mayor claridad con cuál Perú iba a favor y con cuál, en contra (3). Y desde este terreno sólido, cada vez le fue menos difícil procesar con la cabeza fría (y el corazón caliente, siempre) la inicial pasión de odio que le generaban cosas como dicho maltrato. Entonces, se hizo cargo con optimismo, serenidad y firmeza del sufrimiento propio y ajeno. Y ese mínimo equilibrio de ánimo es otro factor importante del humor, el cual precisa contar con un suelo firme que simultáneamente permita cierto distanciamiento respecto del dolor, así como la imbatible resurrección desde la agonía; tal un Ave Fénix: muerte/vida, odio/amor: «Tú sufres de una glándula endocrina, se ve,/o, quizá,/ sufres de mí, de mi sagacidad escueta, tácita»; «Tú sufres, tú padeces y tú vuelves a sufrir horriblemente,/desgraciado mono,/jovencito de Darwin,/alguacil que me atisbas, atrocísimo microbio»; «Amigo mío, estás completamente,/hasta el pelo, en el año treinta y ocho,/nicolás o santiago, tal o cual/(...)/Pero si tú calculas en tus dedos hasta dos,/es peor; no lo niegues, hermanito./¿Que no? ¿Que sí, pero que nó?/ ¡Pobre mono...!. ¡Dame la pata...! No. La mano, he dicho./¡Salud! ¡Y sufre!» (de «El alma que sufrió de ser su cuerpo»).

IV. LA CRITICA LITERARIA MÁS ACADÉMICA Y CONSERVADORA ha perfilado la imagen de un César Vallejo oscuro, serio, trágico. Es decir, que este poeta habría descompuesto la realidad social, la cotidianeidad del ser humano, para ahondar e incidir en su tragedia, en una larga derrota sin fin, en una condena fatal con cadenas agobiantes. Un alma negra, en suma (4). Pongamos de cabeza esta interpretación y delineamiento metafísicos de su obra y personalidad. Y afirmemos aquí sin sombra de dudas ni temor que el gran escritor peruano, más bien, con su aguda sensibilidad e inteligencia, sí desmontó con su análisis la realidad social; pero para descomponer ese velo de tragedia y derrota que, como neblina, le ocasiona el dolor que el capitalismo incrusta en las mayorías del mundo. Claro, Vallejo no fue indiferente a esto. Practicó la compasión, la pasión con el otro, la solidaridad en acto con ese dolor popular. Pero si se enfrentó a todo ello fue para ir más lejos y taladrarlo, en suerte de operación cultural, y poner urgentemente el dedo sobre la esperanza, el optimismo y la fe. Porque asumió que si el dolor era real en este mundo, el alba -«el sol»- alumbraba el cielo, el futuro; y en esta dialéctica entre el pesimismo del presente pero optimismo del mañana, enfatizó esto último.

V. LA POESÍA AUMENTATIVA DE VALLEJO anhela permanentemente la exageración de la hipérbole. Con este apoyo retórico, entre otros, logra brasas de humor al promover la toma de conciencia respecto del sobredimensionamiento que solemos hacer de nuestros dolores humanos. Además, mediante su osadía al incorporar en su lenguaje expresiones «no cultas», «coloquiales», o también desplegando una habilidad innata para el juego, fónico y semántico, da un nuevo giro al tono grave presente en muchos poemas. Observemos la siguiente oda con elementos tan populares como animales de la sierra del Perú que, por esto, pareciera más bien parodia de las clásicas odas con elementos prestigiados de la cultura occidental (5). Nuevamente el tono grave se expresa a través de imágenes llanas y hasta sorprendentes en sus motivos ciertamente novedosos en dicha tradición: «¡Oh campos humanos!/(...)/ ¡Oh campo intelectual de cordillera,/con religión, con campo, con patitos!/ ¡Paquidermos en prosa cuando pasan/ y en verso cuando páranse!/ ¡Roedores que miran con sentimiento judicial en torno!/ ¡Oh patrióticos asnos de mi vida!/ ¡Vicuña, descendiente nacional y graciosa de mi mono!/ (...)/ ¡Ángeles de corral,/ aves por un descuido de la cresta!/ ¡Cuya o cuy para comerlos fritos/ con el bravo rocoto de los templos!/ (¿Cóndores? ¡Me friegan los cóndores!)/ (...)/ ¡Lo entiendo todo en dos flautas/y me doy a entender en una quena! ¡Y lo demás, me las pelan...!» (de «Telúrica y magnética»). Al término de este poema casi podríamos preguntar: y del caramillo ¿qué se hizo?.

VI. TODO LO DICHO HASTA AQUÍ viene redondeando nuestra interpretación de la poesía de Vallejo. A ello también contribuye percibir la antiheroicidad del poeta en Poemas Humanos, y su solidaridad con quien descubre en la derrota, con el sujeto anónimo de la historia cotidiana: «(...) da ganas de besarle/la bufanda al cantor/ y al que sufre, besarle en su sartén,/ (...)/ al que me da lo que olvidé en mi seno,/ en su Dante, en su Chaplin, en sus hombros» (de «Me viene, hay días, una gana ubérrima, política...») o «¡Amado sea aquél que tiene chinches,/ el que lleva zapato roto bajo la lluvia,/ el que vela el cadáver de un pan con dos cerillas,/ el que se coge un dedo en una puerta,/ el que no tiene cumpleaños,/ el que perdió su sombra en un incendio,/ el animal, el que parece un loro,/ el que parece un hombre, el pobre rico,/ el puro miserable, el pobre, pobre!» (de «Traspié entre dos estrellas»). El poeta se halla confundido con la masa. Y lo de «antiheroricidad» viene exacto si por «héroe» entendemos al individuo que se erige sobre su colectividad; específicamente estamos aludiendo, y rebatiendo, al súmmum de la filosofía capitalista: el hombre de empresa exitoso no es sino una versión contemporánea de Ulises, que ante los embates de la vida (o el mar, el destino, los dioses) triunfa, solito-su-alma, individualismo a tope. En Poemas Humanos, la voz del poeta parte desde las mayorías; es decir, de quienes no han triunfado en este sistema. Más bien es una voz solidaria con esa ancha base que

conforman los de abajo, es decir, los explotados: «Vamos a ver, hombre;/ cuéntame lo que me pasa» (de «Otro poco de calma, camarada...»). No se trata, entonces, de «héroes» según la interpretación individualista y simplemente burguesa del término; sino de «antihéroes», de aquéllos que han perdido, que carecen de poder y hasta de palabra en la historiografía tradicional. Pero el marxismo asentó en César Vallejo la convicción científica de que si su presente tenía esas dramáticas características, el futuro les pertenecía y les pertenece. De ahí que si estamos alertas cuando leemos textos como los de Poemas Humanos, concluiremos que, en realidad, nos hallamos ante el encarnamiento y la postulación de otro tipo de épica: esa subversiva e insurgente que da la heroicidad cotidiana y, a la postre, triunfante, de las mayorías explotadas. En Vallejo la heroicidad es colectiva, popular; en suma, auténticamente democrática. Tal cosa es aún más directamente expresada en España, aparta de mí este cáliz -y el tono predominante es más severo y más grave también. VII. LA SONRISA DE VALLEJO no conduce hacia la nada, hacia el vacío del absurdo. Su poesía hace adivinar un mito, una utopía (6), que mimetizándose con el paisaje campestre y urbano expresan la posición comunista; incorporando al individuo común, a los marginados, a la comunidad y al obrero como materia esencial de su poética. Es así que esta trayectoria poética no es oscura ni angustiada como varios críticos miopes, amén de algunos lectores superficiales, han pretendido. Es cierto el dolor en su vida y en su obra. Pero no es cierto que quede sepultado en él. Su poesía muestra más bien imperativamente lo contrario. Ella está del lado de la luz para quien se le acerque sin los prejuicios ianmovibles de tono gris: «Otro poco de calma, camarada/ (...)/ eres de acero,/ a condición que no seas/ tonto y rehuses/ a entusiasmarte por la muerte tanto/ y por la vida, con tu sola tumba./ Necesario es que sepas/ contener tu volumen sin correr, sin afligirte/ (...)/ Anda, no más; resuelve,/ considera tu crisis, suma, sigue,/ tájala, bájala, ájala/ (...)/ Es idiota/ ese método de padecimiento,/ esa luz modulada y virulenta,/ si con sólo la calma haces señales/ serias, características, fatales./ Vamos a ver, hombre; / cuéntame lo que me pasa,/ que yo, aunque grite, estoy siempre a tus órdenes» (de «Otro poco de calma, camarada...»). En igual sentido puede uno aproximarse a varios otros poemas, como «Oye a tu masa, a tu cometa, escúchalos; no gimas...»: «Relátate agarrándote/ de la cola del fuego y a los cuernos/ en que acaba la crin su atroz carrera;/ rómpete, pero en círculos;/ fórmate, pero en columnas combas». O también a este otro: «(...) no tengas pena, que no es de pobres/ la pena, el sollozar junto a su tumba;/ remiéndate, recuerda,/ confía en tu hilo blanco, fuma, pasa lista/ a tu cadena (...)/ Ya va a venir el día, ponte el alma»; «Ya va a venir el día;/ la mañana, la mar, el meteoro, van/ en pos de tu cansancio, con banderas/ (...)/ la panadera piensa en ti,/ el carnicero piensa en ti, palpando/ el hacha en que están presos/ el acero y el hierro y el metal; jamás olvides/ que durante la misa no hay amigos./ Ya va a venir el día, ponte el sol.» (de «Los desgraciados»).

VIII. LA COMPRENSIÓN DIALÉCTICA de amor / odio, grandeza / pequeñez, alegría / tristeza y bondad / maldad es expresada con tanta luz y solidaridad en este poema, y varios otros ya vistos en Poemas Humanos, que resulta increíble por injusto cómo la intelectualidad reaccionaria ha ido encasillando a Vallejo en su actual esquina de derrota y hermético lamento: «Me viene, hay días, una gana ubérrima, política,/ de querer (...)/ amar, de grado o fuerza,/ al que me odia, al que rasga su papel, al muchachito»; «Y quiero, por lo tanto, acomodarle/ al que me habla, su trenza; sus cabellos, al soldado;/ su luz, al grande; su grandeza, al chico»; «Quiero (...)/ cuando estoy triste o me duele la dicha,/ remendar a los niños y a los genios» «Quiero ayudar al bueno a ser su poquillo de malo» (de «Me viene, hay días, una gana ubérrima, política...»). Como vemos en el último verso citado, en esta poética hay también cierta dosis de irónica y cáustica malignidad (quizá inspirada en el radicalismo neorromántico de Nietzsche). Así, en otro poema leemos: «¡Lloved, solead, (...)/ dad de comer a los novios,/ dad de beber al diablo en vuestras manos!"» (de «¡Ande desnudo, en pelo, el millonario!»). Y ello es, revolucionariamente, para «ayudar a reír al que sonríe» (de «Me viene, hay días...»). La poesía de César Vallejo es una poesía vigorosa, rebelde, dinámica y fraterna. La obra en su conjunto, de este genial escritor, transmite toda esta voluntad y es brillante testimonio de la vida de un hombre, de un intelectual nuevo, que amó honda y sinceramente a las masas y creyó y luchó por hacer realidad su destino. Aquel ícono emblemático del Vallejo contemplativo / pasivo, sentado muy serio y con el mentón apoyado en su mano abierta, condensa y masifica convenientemente, para la burguesía, su pretendida fosilización (7); la cual corresponde, a todas luces, más bien al corazón de esta clase, antes que a los versos del poeta. Qué duda cabe que su humor entrañable y solar, del que aquí se han dado hartas pruebas, echa raíz en lo expresado en párrafos anteriores; sobre todo, en el encarnamiento hondo, y consecuentemente creativo, de la praxis y la ciencia marxistas.

NOTAS:

1. Se trata de un libro polémico, donde a fin de cuentas su autora expresa la difícil voluntad que fue parte esencial de su vida desde que, a la muerte de Vallejo, se hiciese cargo de su copiosa obra inédita (poesía, teatro, prosa): es decir, contestar esa línea de

historia biográfica y crítica literaria que generalmente ha auroleado de sombras -por lástima, con éxito- al célebre escritor. Ganándose, así, muchos adversarios, y desde su definitiva residencia en el Perú -1951-, Georgette impulsó con su actitud y sus apuntes biográficos otra visión, renovadora, de César Vallejo. 2. Monguió, L.: La Poesía Postmodernista Peruana (México, 1954), p.139. Consúltese también pp.136 y 141. 3. Conviene no perder de vista que en su proceso de decantación político y artístico, es cierto que el poeta peruano en todo momento -incluido el de su primera poesía- se encarga de especificar su parcialidad, enrolándose en «la causa de los pobres». Dice en Los Heraldos Negros: «y llorando quedos/dar pedacitos de pan fresco a todos./Y saquear a los ricos sus viñedos». 4. Sirva como ejemplo paradigmático, por lo patético y grotesco, esta opinión de un periodista peruano: «Es muy probable que Vallejo no esté vigente hoy (...) El mestizo triunfante de ahora, semejante en su origen y en lo físico a Vallejo, ha arrebatado espacios que antes no le pertenecían y exige lo suyo. ¿Cómo podría reconocerse en el verso abatido de César Vallejo? (...) Esta es la pena que le faltaba al poeta de la tristeza en el centenario de su nacimiento» (Umberto Jara, ex-editor de El Suplemento, dominical del diario Expreso, marzo 1992). La chatura de la burguesía peruana no pudo ser mejor expresada. En la prensa peruana empiezan a aparecer, a fines de esta década, algunos artículos o comentarios sobre que Vallejo también se reía. Es hasta chistoso, o simplemente revelador de cómo la historiografía oficial suele ocultar los lados más inquietantes de los sujetos, que a estas alturas aún haya que escribir sobre este asunto. Así, en la conocida revista Caretas, Luis Aguirre publicó su artículo «Vallejo sabía reír» (8/4/99); el que, luego de una acertada introducción, decae hacia perfilar un Vallejo tan cómico como un payaso borrachín de circo pobre. Maguer su apariencia renovadora, dicho texto redunda en la construcción de un personaje hecho para escamotear la poderosa significación e incómoda actualidad -para el orden establecido de las cosas- de la posición y la poética de César Vallejo, su risa incluida. 5. La ODA es una composición poética que desde la antigüedad clásica Occidental (Grecia-Roma) fue utilizada para ensalzar las hazañas de los héroes, los dioses y los monarcas de esas sociedades. 6. Se utiliza estos términos en el sentido positivo que ya sentara Mariátegui en El Alma Matinal, resaltando su aspecto movilizador en tanto sintetizan lo posible y, principalmente, lo impostergable de ser realizado en la historia. 7. Aquí la referencia es a la bella y famosa foto (Versalles, 1929), tomada por Juan Domingo Córdoba. La crítica va dirigida, sin embargo, a la instrumentalización que comúnmente se ha hecho de ella.

BIO -BIBLIOGRAFÍA 1892: Nace César Abraham Vallejo Mendoza el 16 de marzo, en Santiago de Chuco: gran aldea, a 3115 metros de altitud, del departamento de La Libertad, en la sierra norte del Perú. Fueron doce hermanos. 1905-1908: Cursa estudios secundarios en Huamachuco. 1910-1912: Ocupa varios empleos administrativos: en un centro minero, en una hacienda azucarera... Piensa estudiar medicina. 1913-1915: Estudia Letras en la Universidad de Trujillo, graduándose de bachiller con su tesis El Romanticismo en la Poesía Castellana, publicada en 1915. Colabora en Cultura Infantil, revista editada por un centro escolar donde trabajó, antes de ingresar al Colegio Nacional de San Juan. 1915-1917: Se une al grupo literario y artístico «Norte», que encabezan Antenor Orrego y Eulogio Garrido. Escribe muchos de los poemas que integrarán Los Heraldos Negros, publicando algunos en los periódicos La Industria y La Reforma, de Trujillo. 1918: No bien llega a Lima, entabla amistad con el célebre narrador y periodista Abraham Valdelomar. Completa Los Heraldos Negros. En agosto muere su madre. Honda crisis anímica y económica. 1919: Trabaja en el Colegio Nacional Guadalupe. A mitad de año lanza Los Heraldos Negros. Escribe las primeras versiones de muchos poemas de Trilce. 1920: En julio está en Santiago de Chuco, donde resulta envuelto en violentos incidentes que oponen a los dos bandos que dominan la ciudad. Se oculta un tiempo, pero en noviembre cae preso y queda detenido en la cárcel de Trujillo. 1921: Sale libre en febrero. Vuelve a Lima. Su cuento «Más allá de la vida y de la muerte» le vale un premio literario. 1922: En octubre publica Trilce, con un visionario y memorable prólogo de Antenor Orrego.

1923: En marzo publica Escalas Melografiadas; en mayo, Fabla Salvaje. En junio se embarca para Francia; llega a París el 13 de julio. 1924: Pasa meses muy difíciles. Su padre muere en Santiago. El sufre una dolorosa operación. Escribe varios de los poemas en prosa que figuran al final de Poemas Humanos y escribe la novela Hacia el reino de los Sciris (1924-1928).. Conoce a Vicente Huidobro. 1925: Trabaja para los Grandes Periódicos Iberoamericanos. Inicia su colaboración en Mundial, de Lima.Viaja por primera vez a España, a cobrar el monto de una beca. En realidad, Vallejo no frecuenta la universidad para estudiar Derecho -como suponía la beca-, y dos años después renuncia a ella por antagonizar con la política de la dictadura del general Primo de Rivera. 1926: Con Juan Larrea edita dos números de Favorables París Poemas. Vive con Henriette Maisse. Manda sus primeras crónicas a Variedades, en Lima. Borges, Huidobro e Hidalgo lo incluyen en su Indice de la Nueva Poesía Americana. 1927: Publica en la revista peruana Amauta, «Sabiduría», capítulo de una novela que nunca continuará. Renuncia a su puesto en los Grandes Periódicos Iberoamericanos. Conoce a Georgette Philippart. 1928: Cae enfermo, y va a pasar el verano al campo en compañía de Henriette. Se ha puesto a estudiar a la luz del marxismo los fenómenos sociales y políticos de la época. En octubre, con el monto de uno de los pasajes que solicitó de su embajada para regresar al Perú, realiza su primer viaje a la Unión Soviética. Vuelve en noviembre a París. 1929: Empieza a convivir con Georgette. Viajan a Bretagne y, en setiembre, nuevamente a la Unión Soviética. Colabora en El Comercio, de Lima. 1930: Publica «Un Reportaje en Rusia», en la revista madrileña Bolívar. En julio sus amigos concretan, también en Madrid, una reedición de Trilce, con prólogo de José Bergamín y poema liminar de Gerardo Diego. Vallejo se pone a escribir para el teatro: destruirá su primera obra Mampar; en cambio, trabajará con ahínco en su segunda, llamada primero Moscú contra Moscú, y luego Entre las dos orillas corre el río. A fines de diciembre, sindicado como comunista, recibe orden de abandonar el territorio francés; pasa a España con Georgette. Cesa toda colaboración en los periódicos limeños. 1931: En Madrid, Vallejo presencia el nacimiento de la República -abril-. Ingresa en el Partido Comunista de España. Escribe para la editorial Cenit una novela proletaria -El Tungsteno-, en la cual incluye, con ligeras modificaciones, el texto «Sabiduría». No logra publicar su cuento para niños Paco Yunque; pero su reportaje Rusia en 1931 / Reflexiones al pie del Kremlin publicado por la editorial Ulises conoce un éxito rotundo. En octubre viaja, por tercera y última vez, a la Unión Soviética. De nuevo en Madrid, empieza otra obra teatral: Lock Out. 1932: En enero escribe a Larrea: «Comparto mi vida entre mi inquietud política y social y mi inquietud introspectiva y personal y mía, para adentro». En febrero, vuelve

clandestinamente a Francia, donde no tarda en conseguir permiso para quedarse. Revisa Rusia ante el segundo Plan Quinquenal, que ninguna editorial acepta. 1933: Colabora en Germinal, de París, con una serie de artículos sobre el tema «¿Qué pasa en el Perú?». 1934: Federico de Onís incluye al autor de Trilce en su Antología de la Poesía Española e Hispanoamericana. En octubre, Vallejo se casa con Georgette. Escribe el drama Colacho Hermanos. Prepara dos volúmenes críticos: El Arte y la Revolución y Contra el Secreto Profesional. 1935: Año negro, en que se cierran todas las puertas. Vanos intentos para publicar un volumen que reuniera las prosas poéticas y los poemas, escritos desde 1923. 1936: Estremecido por la tragedia que estalla en España, Vallejo colabora denodadamente en la ayuda al pueblo y a la causa republicana. En diciembre viaja a Barcelona y a Madrid. Redacta artículos en los que subraya «el desorden genial de gesta antigua» de los primeros meses de la guerra civil española; un hecho que constituye «una epopeya única en la historia». 1937: En julio, asiste en Valencia al Congreso de Escritores Antifascistas. Comprueba la vanidad y cobardía de muchos delegados. Visita el frente Madrid. De regreso en París, colabora en la fundación del Comité Iberoamericano para la Defensa de la República Española; pero se retira cuando el boletín Nuestra España pasa a ser controlado por Neruda, cuyas actividades siempre le parecieron interesadas y demagógicas. Entre setiembre y diciembre, revisa algunos versos de los últimos quince años, y.completa lo que luego será Poemas Humanos; e igualmente escribe España, aparta de mí este cáliz. 1938: En marzo, Vallejo cae en cama. Lo transportan a la Clínica Arago, de París, donde nadie llega a determinar cuál es el mal físico que lo consume. El 29 de marzo le dicta a Georgette: «Cualquiera que sea la causa que tenga que defender ante Dios, más allá de la muerte, tengo un defensor: Dios». Muere en la mañana del 15 de abril, Viernes Santo, pocas horas después de que las tropas franquistas han alcanzado el Mediterráneo al norte de Valencia, cortando en dos lo que quedaba del territorio republicano. Sus restos se hallan en el Cementerio de Montparnasse de París (12ª división -4ª ligne du Nord- Nº 7). 1939: En enero, los soldados republicanos del ejército del Este publican en España la edición príncipe de España, aparta de mí este cáliz (varios ejemplares de la misma fueron hallados en la biblioteca del monasterio de Montserrat -Catalunya-, en 1983, luego de un largo período en que se la consideró perdida o destruida por los franquistas). En julio, aparece en París, como homenaje póstumo, la edición de Poemas Humanos hecha por Raúl Porras Barrenechea y Georgette de Vallejo.

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