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UNA BUENA HERENCIA

Carlos Iván y la antipolítica


Por: Fernando Vivas Periodista

Martes 24 de Mayo del 2011


Mi libro favorito del gran Carlos Iván Degregori, que en paz
descanse, es “La década de la antipolítica: auge y huida de
Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos” (IEP, 2000),
porque ataca un mal que nos corroyó el alma durante los
90 y hoy amenaza con una recaída: la desconfianza en la
democracia generada deliberadamente por actores
políticos que buscan afirmarse en el poder gracias a una
relación clientelista con el pueblo. El fujimorismo, por
ejemplo, disolvió el Congreso y el Tribunal Constitucional,
golpeó el sindicalismo, exacerbó la desconfianza en los
partidos tradicionales y reemplazó el tremendo vacío de
poder resultante con clientelismo, yuca y televisión.
Pero, ojo, esta reflexión que heredamos de Carlos Iván no
hay que aplicarla solo a Keiko cuando reivindica el régimen
de su padre, sino también a Ollanta cuando reivindica a
Hugo Chávez. La antipolítica no es ni de izquierda ni de
derecha, es un recurso de cualquier proyecto autoritario y
nuestro entero sistema político, del cual el humalismo es
parte desde hace un lustro, es portador del virus autoritario.
En su mala esencia, la antipolítica es la generación de
desconfianza entre un poder y otro, entre una institución y
otra: ¿No es eso, acaso, lo que hacemos los periodistas
cuando chancamos a los candidatos sin misericordia y
generalizamos a todos los congresistas como otorongos?
¿No es antipolítica lo que hacen los políticos cuando nos
meten a todos los periodistas en un mismo saco de
mentiras e infamias? ¿No es un cotidiano gesto antipolítico
el del ciudadano X que en cualquier esquina, reunión o bar
dice “aj, la política me da asco”?
La respuesta es sí. Lo peor es que la campaña presenta,
mucho más del lado de Keiko que de Ollanta, alarmantes
señales antipolíticas: promocionados brujos que profetizan
quién ganará, Jaime Bayly convirtiendo en espectáculo la
diatriba contra un solo candidato, señoras que arman
canastas de víveres para alentar a votar por Keiko. Del lado
humalista, no veo señales equivalentes pero tampoco
encuentro en Ollanta a un líder de partido llamando a
renovar la confianza en todas las instituciones.
La antipolítica es más fuerte cuanto más vicioso es el
círculo de la desconfianza. Si el ataque es insolente, la
réplica es feroz y los testigos de una bronca de poderes
(sea entre un candidato y otro, o de estos contra la prensa,
o de un congresista contra el Gobierno), estamos prestos a
suscribir cualquier engañosa proclama antipolítica.