Está en la página 1de 8

La migraña

Igrayne, seducida por los espejismos de Merlín y su campeón Uther, da su cuerpo en préstamo
para la gestación de un ser que no podía nacer de otra manera.
A los nueve meses se asoma Arturo a un mundo extraño, hijo de una madre que lo sabe ajeno, un
padre más muerto que vivo y medio hermano de la invernal Morgana.
Apenas probada la dulzura de la leche materna, regresa Merlín como un águila que no respeta
nidos, a llevarse a Arturo hacia los brazos abiertos, no ya de su madre, sino de su Destino.

Gracias a la Nueva medicina y las investigaciones del Dr. Hamer se han llegado a conocer las
causas y mecanismos de acción de la mayoría de las enfermedades que achacan al hombre, a los
animales e incluso se puede extender este conocimiento hasta las plantas. Dentro de estos
mecanismos de acción de la “enfermedad”, (llamada Programa Especial Biológico Sensato por la
NMG), se descubre el carácter ondulante, bifásico y de perfecto sentido con que la naturaleza
soluciona obstáculos en su largo camino de búsqueda de mayor conciencia.
Es esta la “segunda ley de Hamer”, que describe con lógica precisa el proceder de la inseparable
dupla enfermedad-sanación.
En este proceder existe un punto crítico llamado crisis epileptoide, donde se recrudecen los filos del
conflicto, pero al mismo tiempo se abre paso la solución definitiva de este. Como una curva cerrada
- con precipicio- justo antes de la recta final.
Esta crisis, bien documentada, comprendida y asociada a conflictos específicos (como por ejemplo
el infarto lo es de un conflicto de territorio), no se explica aun en el caso de uno de los males más
comunes actualmente, la migraña. Tan solo se sabe que es una crisis epileptoide. Pero, ¿de que
conflicto? ¿Como se caracteriza la fase activa?
Este texto pretende documentar las causas físicas y simbólicas que producen un cuadro tan
obstinado – por lo incisivo y recidivante- como es la migraña y las cefaleas similares.
Estas son un “mal” que si bien no mata a nadie, es una fuente de tortura constante para millones de
seres humanos. La terapéutica que se extrae del conocimiento de sus causas precisas es tanto más
poderosa cuando se piensa en la mina de oro que representa esta franja para la industria
farmacéutica, quien vende al día millones de comprimidos que a veces quitan el dolor, pero también
se llevan la esperanza de una sanación completa.

La migraña es la crisis epileptoide de un conflicto de visión, particularmente un conflicto que


Hamer llama “querer o no ser visto”. Buscamos detrás de las personas que padecen ataques
constantes de migraña o cefaleas fuertes y vamos a encontrar un elemento común en sus infancias:
el sentirse observados, vigilados o controlados la mayor parte del el tiempo.
¿que tiene que ver esto con la migraña? Examinemos las causas conocidas, las más comunes, que
desencadenan los ataques:

• problemas de la vista, cansancio de los ojos, etc.


• consumo de alimentos dulces, particularmente chocolate
• consumo de licores, particularmente vino tinto
• consumo de grasas, particularmente quesos maduros y lácteos grasos.

Para explicar el primer punto, conociendo las leyes de Hamer, buscaríamos un conflicto de visión:
perder al otro de vista, querer ser visto y no lograrlo, o querer dejar de ser visto y no lograrlo.
Este último es que el que mejor encaja con los cuadros migrañosos, donde las crisis agudas son
acompañadas a menudo de fotofobia, como una metáfora para decir “deje de mirar”. El afectado
busca oscuridad, soledad, silencio....precisamente privacidad.
Entonces, se suele achacar a problemas de la vista el desencadenamiento de las crisis, como si todo
fuera un asunto de agotamiento de los nervios. Pero, yendo más allá, gracias a la nueva medicina se
conocen ya las causas directas de los problemas de vista y no son causas mecánicas sino conflictos
biológicos activos. Ahora bien, la migraña causada por problemas de visión se explica por los
mismos conflictos que ocasionan estas deficiencias visuales.... tan simple como la crisis epileptoide
de cualquier conflicto en solución, solamente que aquí tenemos un conflicto recidivante, que
constantemente se reactiva y se soluciona temporalmente, y en esta fase de solución viene la crisis
de migraña.

Pero la mayor parte de las veces, incluso en personas que no sufren de problemas de visión, se
reconoce un componente alimenticio o digestivo como principal desencadenante de las crisis.
La migraña suele tener un “aura” (curioso paralelo con los ataques epilépticos, que también son
crisis epileptoides de constelaciones conflictivas), donde la persona reconoce lo que se le viene
encima por señales como tensión en la espalda, el cuello tieso y como “engranado”, calor en la
cabeza y otros síntomas.
Este componente alimenticio apunta directamente sobre una causa remota por lo lejana pero
absolutamente efectiva: los primeros referentes de alimentación, es decir, la madre y el periodo de
lactancia.

Un paciente relata con detalle cómo se desarrolla una crisis de migraña para el:

“primero está la propensión del día...hay días en que uno sabe que es vulnerable, y otros días en que
sabe que es inevitable. El desayuno pasa a ser fundamental, pues sé que si como algo dulce se
desencadena inmediatamente el dolor, así que opto por algo de sal, pero curiosamente, he notado,
suelo buscar algún queso o lácteo grasoso justo en los días donde me siento más expuesto a la
jaqueca, incluso si estos alimentos (queso crema, mantequilla o crema de leche) no forman parte
habitual de mi dieta.
Después del desayuno (también sé que si no desayuno, el dolor viene más rápido), siento cómo se
pierde por un momento aquella sensación de “aura”, pero ésta retorna a la hora del almuerzo.
Cuando empiezo a almorzar, incluso si en el plato no hay nada dulce, ya sé que el dolor se está
desencadenando y en ese momento sé qué tan fuerte va a ser, o si simplemente va a estar como
agazapado detrás de la cabeza el resto del día, sin desplegarse.
Después del almuerzo, el café alivia un poco, o mejor dicho aminora la marcha del dolor, que se
siente como una pulsación in crescendo que sube por detrás de la cabeza.
Si el dolor se despliega completamente y no tomo ningún medicamento, con certeza sé que va a
durar el resto del día- haga lo que haga- e incluso es posible que continúe al día siguiente, después
de una noche difícil, incómoda, donde me atacan constantes erecciones que no aflojan.”

Para esta persona, como para muchas, todo empieza en la mañana que es como un fractal o espejo
del comienzo de la vida. El desayuno es aquel primer bocado de alimento que recibimos, que al
igual que el primer alimento del bebé, suele llevar lácteos y dulce.
Aquí tendríamos el primer “riel o pista conflictual”, donde se va a vincular el dulce y/o la grasa de
la leche a esa primera exposición a la madre, que va a representar desde allí “aquel ojo que todo el
tiempo observa”. Esta situación se corresponde con el arquetipo de la madre devoradora.

Pero, y el vino? Aparentemente nada más alejado de “lo materno” que esta bebida oscura, nocturna,
dionisíaca por excelencia. El puente que une estas dos cosas es precisamente uno invisible pero
persistente: la sexualidad. El primer encuentro que el niño hace con el mundo es a través de la
madre, más concretamente a través de su boca y los pechos de la madre. En esta relación íntima,
donde el bebé apaga todas sus angustias y necesidades biológicas, confluyen al mismo tiempo la
saciedad emocional, la de alimento y por supuesto, la saciedad sexual (no solo del bebé, también de
la madre, quien vive la experiencia como de auténtico erotismo).
Así, el primer órgano sexual del bebé es la boca y va a quedar siendo la boca por el resto de su vida.
El vino, el chocolate, el café, de colores opuestos al blanco maternal y lactante, son sustancias
activas, drogas se podría decir, que estimulan en el cerebro y en la psique las mismas áreas que
estimula el sexo, y que por tanto son abrebocas o puentes hacia la sensualidad y el erotismo.
Es así como todos los alimentos, pero en especial aquellos que recuerden la lactancia, bien sea por
afinidad de sabor, como el dulce y la leche, bien sea por afinidad de emoción, como el vino, el
chocolate, etc, suelen ser los “rieles o pistas” más efectivos y más comunes para desencadenar un
viejo conflicto, nunca resuelto, de no tener intimidad. Pues un ojo que nunca parpadea y nos
observa día y noche, eventualmente (precisamente en la efervescencia sexual de la adolescencia), va
a crear un conflicto de “no querer ser visto”.
En esto se ve de nuevo el arquetipo de la madre devoradora y omnisciente, quien redobla sus
esfuerzos de vigilancia – consciente o inconscientemente- en la época en que sabe que puede perder
ese vínculo estrecho que hasta ahora solo ella ha tenido con su cría.
El cuadro que permite tal relación entre una madre y su cría se va a ir aclarando a medida que
veamos entrar en juego los demás ingredientes para esta receta.

También de lo anterior se aclara la relación, bien conocida, que se ha observado entre la migraña y
la sexualidad. En “La enfermedad como camino” los autores Dethlefsen y Thorwald metaforizan los
ataques de migraña como una especie de orgasmo que ocurre en la cabeza, y con toda razón, pues
los procesos fisiológicos se asemejan bastante a los de una erección del pene, donde la sangre se
queda atrapada y su pulsación presiona los tejidos alrededor. La erección a menudo concluye en una
eyaculación. La migraña, por burda que suena la analogía, suele ir acompañada de vómitos.
La autora Louis H Hay propone como alivio para una crisis de migraña la práctica de la
masturbación, práctica cuya eficacia se ha visto comprobada tan solo en mujeres. En los hombres,
como lo vemos en el relato del paciente, las crisis suelen ir acompañadas de erecciones pertinaces
que recuerdan ataques de priapismo. Aquí se comienza a ver una división entre las migrañas de los
hombres y las de las mujeres. Cabe preguntar, ¿son crisis epileptoides del mismo conflicto o de
conflictos diferentes? Hasta ahora todo lo expuesto se ciñe a la experiencia de pacientes masculinos,
pero ¿qué observamos en las mujeres que padecen migrañas?

La diferencia más evidente con los hombre es una fundamental: todo hombre es amamantado por
una mujer, un elemento extraño, del sexo opuesto. Toda mujer, que de igual manera es amamantada
por una mujer, desarrolla lazos distintos en este proceso pues lo hace de la mano de alguien del
mismo sexo. Cuando más adelante, la mujer comience a reconocer en ella misma toda aquella
“estructura que permite la vida”, aun habiendo sido víctima de una madre “migrañógena”, va a
vivir sus conflictos de manera distinta a como los vive el hombre, como veremos más adelante.

Volviendo al conflicto de “no querer ser visto” (conflicto que no es posible sin una estructura
moralista castigadora – un super yo fuerte), reconocemos que en una cultura judeo-cristiana la
sexualidad es el principal motivo de ocultamiento, aquello en lo cual “no se quiere ser visto”.
Este es otro eslabón que va a contribuir fuertemente a que se active el conflicto en cuestión, pues el
ser humano es atizado constantemente -por los medios de comunicación y la publicidad- a sostener
un estado de ansiedad sexual permanente. Ansiedad que naturalmente busca desfogarse con lo
primero que encuentra a mano: la comida y bebida (lo mas “bien visto”, en oposición a la tácita
prohibición que gravita sobre el sexo).
Y esa misma comida o bebida, que al contrario de apagar la ansiedad van a generar más, es un riel
perfecto que el organismo utiliza para llamar la atención sobre una situación delicada, y a partir de
ese momento, esa “llamada de alerta ante una situación peligrosa”, se desencadena el dolor. Un
dolor que dice: pare de hacer lo que está haciendo, cierre los ojos, busque un lugar privado y
tranquilo, no coma nada o será expulsado, no hable con nadie...
Sobretodo, el riel es efectivo si en tal acto de comer o beber nos llegamos a sentir criticados por la
mirada de alguien.
Situaciones de vigilancia en general, con un componente de crítica implícita o explícita por aquello
que se está realizando, van a ser los detonantes por excelencia de las migrañas.
El hecho de que la comida esté presente en todas estas detonaciones ( incluso cuando hay otros
componentes como cansancio de la vista o una resaca) nos da noticias de una vocecilla en el fondo
de la vida que alguna vez dejó un claro mensaje escrito en el aparato digestivo, un mensaje que
reza: “no te alimentarás de otra fuente que no sea mi pecho”...

Ahora bien, cual es el hilo conductor entre los ojos (la visión) – una de las piezas fundamentales de
este “rompecabezas”- y la alimentación?
Una vez más, la visión superior de la medicina tradicional china encuentra un puente allí donde
occidente no ve nada. En esta medicina tradicional el hígado y la vesícula biliar, respectivos órgano
y entraña del reino mutante de la Madera, son los responsables de la mayoría de migrañas.
Y aquí las relaciones anteriormente descritas se vuelven nítidas, pues esta visión del cuerpo humano
va a integrar todos aquellos cabos sueltos de nuestra observación de este fenómeno.
Según la MTC, los ataques de ira son el principal desencadenante de cefaleas. La ira es la emoción
asociada al estado disfuncional de la madera, y tiene la potestad de sacar de balance tanto al hígado
y la vesícula biliar, como a todos aquellos órganos y sistemas dependientes de las funciones de
estos. Por eso la migraña es un proceso químico tan violento, que involucra tanto cansancio y
produce tanta hambre después de la tormenta.
Los ojos, dentro de esta visión profunda del cuerpo humano, son las ventanas del hígado: en estos
se puede leer el estado del órgano, y las afecciones de la vista tienen pues su origen en afecciones
del hígado.
Dentro de los descubrimientos del Dr. Hamer se ha comprobado que el hígado se ve afectado por
dos clases de conflictos, uno de ellos es un conflicto de rencor (una forma enraizada y duradera de
la Ira), el otro es un “conflicto de morir de hambre”.
Ahora, se sabe también que es el hígado quien procesa las grasas del organismo, está implicado en
el procesamiento de los azúcares, y es a quien las bebidas alcohólicas más afectan.
Dentro de la MTC se considera que un exceso del sabor dulce (dulce-insípido como la leche
materna, el sabor propio del reino de la Tierra) daña los riñones produciendo un funcionamiento
deficiente del reino del agua, a lo cual tiene que responder el reino de la madera (hígado-vesícula
biliar) con mayores esfuerzos para equilibrar.
Hasta ahora las piezas cuadran con precisión quirúrgica: la relación entre los ojos y la alimentación.
Pero es preciso recurrir en parte a los conocimientos misteriosos, que apenas ahora poco a poco se
van “comprobando”, de la medicina tradicional china. En esta, para colmo de precisión, se
considera al hígado como “la madre”, en oposición al corazón que es el padre.

La MTC no viene a complicar nuestra visión del organismo simple y desconectado que tenemos en
occidente, donde cada órgano y sistema funcionan como un espejo de la sociedad industrial:
producen, consumen, obtienen ganancias, a veces entran en recesión, etc.
No, la MTC viene aquí como elemento de sanación para esta enfermedad que es el estar obstinados
en vernos -adentro, nuestro interior- comparativamente con una sociedad que está agudamente
enferma.

Así, buscando tender un puente entre los conocimientos ancestrales y los padecimientos actuales,
vemos cómo un elemento más va a entrar en juego a la hora de explicar las migrañas y sus
diferencias entre hombre y mujeres. Esta pieza clave es la vesícula biliar, que es la contraparte y
aliada del hígado en el reino que los chinos han llamado Madera.
Se dice que la vesícula biliar es “el juez” del organismo, en cuyos hombros recaen las decisiones
fundamentales que el ser va a tomar a lo largo de su vida. Este papel de juez se ajusta a su
naturaleza yang, mientras que el hígado, de naturaleza yin, cumple el rol de la ira-coraje.

En las madres que hemos llamado “devoradoras”, que lo son en mayor o menor medida según
usufructúen el yang de sus hijos, el mecanismo de su obrar se puede ver con claridad a través de las
funciones de la vesícula biliar. Pues si una madre “invade” el campo energético de su cría, lo hará a
través del reino de la madera, y a partir de ello se erige como administradora de la capacidad de
juzgar de su hijo (el yang de este reino), dejándole solamente el territorio de la ira (el yin) donde
morar.
Así, tendremos madres controladoras, a menudo justicieras y fiscalizadoras, que “velan” por hijos
iracundos – muy a menudo presas de unas iras tan secretas e innombrables como destructivas – que
se sienten amarrados por lazos invisibles al nido, pues su fuerza de voluntad no pudo desarrollarse
adecuadamente.
La relación entre la ira y las crisis de migraña aparece evidente en el estudio de muchos casos, pero
a veces no lo es tanto en cada caso particular, pues esta ira no es una fácil de aceptar ni de
reconocer, y a menudo está en lo más profundo de la sombra... para desactivar la migraña, para
curarla realmente es preciso solucionar el conflicto de fondo y por tanto en algún punto del
tratamiento debe enfrentarse.

Entre las pacientes mujeres que padecen de migraña, sobresalen tres tipos que pueden servir de
ejemplo para ilustrar, más que de clasificación psicológica. Son:

La esposa ama de casa, que tiene las crisis en el momento de la llegada de su esposo a la casa. El
dolor se constituye aquí en una excusa perfecta para evadirse de los “deberes conyugales” en la
cama.
La solterona o monja, mujer de sexualidad compleja, con harto tiempo libre para pensar y una vida
a menudo solitaria.
La intelectual, tanto más compleja que la anterior debido a su constitución altamente cerebral y su
postura de moral aprentemente relajada frente a la sexualidad.
Las tres tienen en común el hilo conductor de la sexualidad, como una presencia indiscutible en la
vida, que sin embargo proyecta largas sombras, dudas y a menudo angustias.

La propuesta de alivio de la Dra. Louis Hay – masturbación durante las crisis- funciona con
comprobado éxito en las mujeres que padecen ataques de migraña: el dolor se reduce a medida que
crece el placer erótico, y termina por desaparecer completamente después del orgasmo.
Para analizar el porqué de este fenómeno -que nos acerca al concepto platónico de que hombres y
mujeres son dos reinos aparte, como el reino vegetal del mineral- debemos mirar de cerca las
sexualidades femenina y masculina.
Y lo primero a observar es esa diferencia fundamental citada anteriormente, de que tanto bebés
masculinos como femeninos son amamantados siempre por una mujer. Para los varones es un ser
desconocido, de otra naturaleza. Para ellas es un par y espejo. Y recordemos que es allí que se
establecen los fundamentos de la vida sexual.
Así que cuando una mujer se masturba está teniendo una relación estrictamente lésbica.
Cuando un hombre lo hace, de igual manera está una relación homosexual (nunca mejor dicho), es
decir, consigo mismo, que es hombre.
La primera practica sobre un terreno permitido, completamente natural a la mujer por su cercanía
desde el primer instante de vida con otro ser del mismo sexo, la madre.
El hombre, sin embargo, invade aquí uno de los campos más sensibles, sobre el que penden más
programaciones y bretes biológicos: la homosexualidad. La cual además es un punto neurálgico
para el tipo de madres que nos ocupa, quienes suelen tener tanto peso en la balanza vital de sus
críos, y una relación tan “íntima” con ellos, que es posiblemente la salida más a mano para un
hombre que siente -inconscientemente- que traiciona a su madre si establece relaciones con otras
mujeres. Este hombre va a vivir la práctica y el fantaseo de su sexualidad desde un ángulo
mayormente homosexual, incluso cuando sus elecciones de objeto pasen por heterosexuales.
Al pisar el terreno del auto-erotismo se pone de manifiesto, para estos hombres, los limites precisos
con que su sexualidad ha sido cuidadosamente moldeada, y esto es un conflicto en sí mismo, que no
va a ayudar a solucionar la crisis de migraña.
La sanación de nuevo pasa por liberar la esfera sexual de la presencia -omnipresencia- de la madre.
Aquí cabe también hablar de la “madre iglesia” y demás estructuras controladoras.

Puntos de contraste como este dan lugar a investigaciones profundas, sobretodo en el


desconocidísimo campo de la sexología. También cabe revisar a fondo los millones de matices
culturales que convierten los simples conflictos biológicos que vive el ser humano en intrincadas
marañas psicológicas.

Volviendo al tema alimento, es preciso mirar qué pasó en esos primeros meses de vida que dio lugar
a una relación tan compleja, paradójica incluso, con la comida. La paradoja reside en que la fuente
de alimentación es al mismo tiempo la fuente de tormento.
Imaginemos al bebe llorando desesperado por el hambre que él siente como la agonía última. La
tensión sube y sube en su cabeza, hace tanta fuerza que se brotan sus venas, puede incluso llegar a
herniarse. Es como si tuviéramos aquí el prototipo de un ataque de migraña, donde no se logra hacer
que la tensión libere la cabeza, y ninguna forma de alivio llega al cuerpo.
¿Como logra una madre este proceso delicado, esta programación sutil en su cría?
Hay indicios que lo hace a través de la nutrición que ella misma proporciona. Se sabe que la calidad
de la leche materna está sujeta a muchas ondulaciones, variables según la alimentación de la madre.
Se intuye también que factores más poderosos como las emociones pueden modificar tanto más la
leche.
Pienso que allí, en este punto sensible de la vida, la investigación comprobará un día cómo afecta al
lactante la calidad de la leche y la calidad de las emociones que la madre le proporciona. La calidad
de la nutrición en general, que no es ésta solamente alimento, sino un espectro amplio: desde el aire
que respira el bebé, las texturas que lo abordan, los colores, hasta incluso, y sobretodo, los
pensamientos y sentimientos hacia él.
También entra en juego el factor importantísimo de las esperas, el tiempo que se tarde para la
satisfacción de los reclamos del bebé.

La migraña es la solución (temporal) de un conflicto de falta de privacidad sexual y sensual, que


deriva en una falta de libertad sexual y sensual, con todos los achaques de contrariedad que esto
provoca en una persona. Lo sensual se refiere a todos los campos de disfrute con el cuerpo y los
sentidos: comer, beber, jugar, etc.
Esta falta de privacidad tiene raíces en una madre o acudiente con un ojo fiscalizador y atento, un
ojo temeroso que dice proteger a su cría, pero que en realidad lo que protege es su propio bienestar,
pues su cría es su proyecto de compañero para el resto de la vida. Por eso, vemos que este tipo de
madres “cortan las alas” de sus crías (muy a menudo la ultima cría de la manada), en un mecanismo
puramente biológico que busca asegurar compañía y protección para ellas mismas en sus años de
vejez.
Finalmente, el conflicto detrás de las crisis de migraña no es solamente de sentirse observado, sino
más aun de saberse presa de un plan biológico hilado por la madre para mantener a la persona atada
al nido y con una sexualidad controlada. Pues la sexualidad no solo es fuente de libertad (controlad
esta y se tendrá control sobre la persona), sino que es potencial fuente de nuevos nidos:otra pareja,
nuevas crías, etc.

Aquello de que la crisis de migraña es como “un orgasmo, pero en la cabeza” es una frase muy
atinada, pues la cabeza, el mundo de las ideas, es el campo al que queda reducido el paciente, solo
allí puede ser y hacer sin ser observado. Sin embargo es un orgasmo que no trae placer sino dolor:
el dolor de quien es energéticamente partido en dos (hemi-cranea)... dos hemisferios, sin acceso al
del placer, solo al de la lógica y el análisis. O más aún escindido: la cabeza es suya, pero el cuerpo y
toda la sensualidad, la fuerza, la potencia, todo aquello del cuello para abajo no le pertenece.

El “tema” de sentirse observado se puede extender a cualquier área de la vida, no se restringe a lo


sexual. Así, las personas pueden sentirse vigiladas- por ejemplo- cada vez que ponen un pie en la
cocina para prepararse un bocado, pues la cocina es el campo arquetípico de la madre dentro del
hogar (su territorio). Y cuánto más aun se sentirá culposo el sujeto que busca darse la satisfacción
casi erótica de un dulce, o de una copa de vino... O de una sensual barra de chocolate?

Todo lo anterior aplica para la mayoría de los casos, y apunta hacia una solución definitiva del
conflicto temprano, sin embargo nada de lo mencionado sobre la madre, los primeros años de vida,
la nutrición y la sexualidad resulta ser una condición imprescindible para que se produzca el cuadro
migrañoso: éste bien puede ser resultado de la vivencia de los mencionados conflictos biológicos en
cualquier momento y circunstancias de la vida.

Ahora, con respecto a la pregunta sobre la fase activa de este conflicto (pues la migraña aparece en
la fase de solución) se ha observado que muy a menudo, tal vez por el hecho de ser un conflicto tan
antiguo y no requerir de un despliegue de todo el ciclo de la segunda ley para cumplir su función
biológica, en las crisis incluida el aura o pre-crisis y la solución, se resume todo el espectro bifásico
del programa biológico, de la siguiente manera: los síntomas acechan en la fase del “aura”, pero
aun no deciden a desplegarse. La visión se ve ya debilitada y la luz comienza a fastidiar. La nuca
duele y se entiesa. Tendríamos aquí un “fractal” de la fase activa.
Luego, por un momento más o menos largo, se siente (como en la versión de nuestro paciente) que
el dolor frena su marcha (Conflictolisis A). De repente, suele ser luego de hacer deposiciones o
durante, el dolor aparece con nitidez y se despliega rápida e intensamente (la crisis epileptoide
propiamente dicha).
Al final, se reduce el dolor y se abre el apetito (CL B y luego normotonía)
Es el caso pues de una recidiva en que la crisis epileptoide en sí misma es mas larga y notoria que
las otras fases, lo cual está en concordacnia con el modus operandi de todos los cuadro recidivantes,
que se supone se activan al resolver un eco, un “recoderis” del viejo conflicto. Lo que no se
suponía era que en si mismas – lo demuestra el curso de las crisis de migraña- las recidivas resumen
brevemente no solo la fase de solución de un conflicto sino todo el curso de este.

Como en tantos casos de conflictos recidivantes – como la artrosis por ejemplo – lo que salta a la
vista del proceso no es precisamente la fase de conflicto activo, sino la fase de solución con su
crisis, pues la naturaleza de estos conflictos es que siempre están activos en estado de latencia, y
solo se hacen evidentes con el dolor y el llamado de atención que supone la crisis epileptoide.
La fase activa de este conflicto, larga y difusa, se extiende desde el comienzo de la lactancia hasta el
día en que se solucione realmente, y a lo largo de este trayecto presenta ocasionales molestias,
principalmente en la visión y en la digestión de quien lo padece. Se hace tan solo evidente con
vehemencia en el momento de la crisis epileptoide (la migraña).

¿Por que no plantear directamente el conflicto de nutrición – no el de visión – como responsable de


las crisis de migraña? Para la NMG, son dos conflictos completamente distintos, pero si nos
inclinamos por la visión integradora de la medicina tradicional china, vemos que ambos encuentran
su núcleo en el hígado, quien controla la visión pero también es quien sufre cuando se presenta el
conocido conflicto de “miedo a morir de hambre”.
Si la nueva medicina pretende eclosionar realmente hacia una terapéutica a la altura de sus leyes
biológicas – una altura universal- debe abandonar en algún punto los restos de la vieja medicina que
aun tiene pegados, como por ejemplo, la creencia e insistencia en que los diversos conflictos son
aislados y afectan partes del cuerpo aisladamente. El caso de la migraña nos abre la puerta para
asumir esa complejidad que tiñe cada evento de la vida, más aun un evento que se vive lleno de
contradicciones y ambigüedades, como lo son los eventos traumáticos (los conflictos).
Se puede ser científico sin participar de los absurdos de la ciencia actual, simplemente dejando que
otros saberes -que acaso estemos lejísimos de comprender- permeen y complementen lo que ya está
demostrado a la manera occidental.
Entonces sí estaríamos ante las puertas de una Nueva Medicina.

Cuenta el mito que Athenea, la Sabiduría, no nace de madre alguna, sino a través de la frente de su
padre Zeus, quien se veía acosado por un terrible dolor que partía en dos su cabeza.
Es la diosa virgen y sabia quien nace de aquí, parida de la cabeza misma del creador. Esta diosa se
opone, con el orgullo de su altura y completitud, a diosas mas parciales como afrodita, diosas de
otros planos... diosas que alimentan la pugna entre el intelecto y la pasión sensual.

“la medicina del futuro no va a consistir en la aplicación de tecnologías sofisticadas, altamente


ajenas al hombre, sino en la profundización en aquella tecnología inexplorada y cercana que es la
mente”