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SEMINARIO DEL CAMPO FREUDIANO DE VALENCIA

CRUSO 2004-2005
GRUPO DE INVESTIGACIÓN
PEDAGOGÍA Y PSICOANALÍSIS
Lo imposible de educar

Reunión: 1-03-05
EL MALESTAR EN EL DOCENTE, SU POSICIÓN Y SU DESEO

Mª Dolores Camps

En mi trabajo de psicopedagoga en un centro escolar, hace ya algunos años, aquello con lo que me encuentro siempre
en primer plano tiene que ver con el malestar del docente. Esto me ha llevado a pensar acerca de este malestar e
intentar articularlo con la posición y el deseo del docente. Este trabajo es el inicio de una reflexión acerca de estos
aspectos.
Voy a comenzar con una pregunta: ¿de qué se quejan los docentes?, de falta de autoridad, desmotivación de los
alumnos, falta de respeto hacia ellos y entre los compañeros, cómo manejarse con diferentes niveles dentro del aula,
falta de colaboración con los padres, de que los padres siempre culpabilizan al docente del fracaso de su hijo, de que
no les enseñan realmente a enseñar, falta de recursos materiales, la soledad e incomprensión, etc.
En estas quejas todo parece venir del exterior, de los niños, de las circunstancias, de la institución, de la
sociedad. No se aprecia una subjetivación de la queja.
Sabemos desde Freud que educar está entre las profesiones imposibles, junto a gobernar y psicoanalizar,
precisamente porque existe algo en ellas que no se obtiene, por bien que se haga, por conocimientos que se tengan,
por buena voluntad que se ponga, el resultado nunca es completamente satisfactorio. Esa incompletud que
caracteriza al ser humano en general, afecta a lo educativo en particular. POR TANTO SE HA DE ACEPTAR QUE LA
EDUCACIÓN NO LO PUEDE TODO, PARA PENSAR QUÉ ES LO QUE SÍ PUEDE HACER. Esa incompletud genera malestar
en los educadores. El deseo de control total de la situación enseñante-enseñado, el ideal de un saber
totalizador no es algo posible. Reconocer debilidades y carencias nos lleva a entrever que cada uno de
nosotros está sometido a la castración. Lo normal en la educación es que las cosas no vayan bien.
Es importante diferenciar la imposibilidad en la educación de la impotencia que es del orden de lo subjetivo. La
relación docente-alumno implica un sacudimiento de posiciones subjetivas, ¿qué evocan los alumnos de uno mismo?
LA FORMACIÓN DEL DOCENTE LE HACE CREER EN LA POSIBILIDAD DE CONTROLAR TOTALMENTE LOS PROCESOS DE
APRENDIZAJE. Cree posible una transmisión neutral, sin implicación subjetiva. Sin embargo sólo preguntándonos las
motivaciones más o menos conscientes que les llevaron a tomar esta elección vemos la implicación de la subjetividad
(pe. identificarse a un rasgo paterno, satisfacer a la madre, etc). Anny Cordié dice: “ENSEÑAR NO CONSISTE EN
APLICAR RECETAS, UNO ENSEÑA CON LO QUE ES Y MUY POCO CON LO QUE SABE.” En cuanto a las relaciones
de los docentes entre si, los profesores no pueden contar con el éxito de sus alumnos para asentar su prestigio, e
incluso ven como peligroso el tener que descubrirse y tener que confrontar su experiencia pedagógica con la del
vecino. Teme que la expresión de sus miedos e impotencia fragilice su imagen.

NACIMIENTO DE UN SUJETO

Para que se produzca un acto educativo es necesario tener en cuenta a un sujeto en construcción, que es
el alumno. Me parece importante que un docente se pregunte y conozca cual es el proceso de nacimiento
de un sujeto y su relación con el deseo de aprender.
Cada uno de nosotros nace en medio de un discurso, fue esperado o no, se habló de este ser a venir, antes de que
estuviera allí, respondiendo a ciertas características sexuales. Aparece así un sujeto en relación con el deseo del
Otro, con el deseo que precedió su llegada al mundo, este deseo que nos precedió en nuestra llegada al mundo deja
una marca invisible pero indeleble en el cuerpo. TODO RECIÉN NACIDO APENAS LLEGA AL MUNDO SE VE OBLIGADO A
PONERSE A DESCIFRAR TODO LO QUE OCURRE A SU ALREDEDOR. Es llamativa la desproporción entre la inmadurez
del sistema motor y las capacidades perceptivas. Su impotencia motriz está acompañada de una total dependencia
vital respecto al Otro. Esta discordancia tendrá incidencia en su estructuración subjetiva.
El cuerpo biológico, material no subsiste como puro real sino que se abre al mundo a través de sus
orificios, que son desde el inicio lugares de mediación con el Otro. Los objetos que salen de estos
orificios y el cuerpo entero pierden, desde el primer instante de la vida su carácter biológico para
insertarse en una malla relacional. La boca, sede de satisfacción de la necesidad oral y de la emisión
vocal; el orificio anal, lugar de los cuidados maternos y de la demanda ulterior de aseo; la ranura de los
párpados con la vista y luego la mirada puesta sobre el mundo, y la voz, vehículo de los sonidos y las
palabras. Estos objetos que Lacan llama objetos “a minúscula” surgidos de los orificios corporales, van a
perder su carácter orgánico para insertarse en las complejidades del aparato psíquico.
NUESTRO CUERPO TENEMOS QUE CONSTRUIRLO EN LO IMAGINARIO Y EN LO SIMBÓLICO. Debemos habitarlo, hacerlo
nuestro. Ese niño que nace, curioso, con todos los sentidos despertando, sufre pasivamente las manipulaciones de un
adulto del que su vida depende. Él es para este Otro un objeto que vale como soporte de las pulsiones y fantasmas,
un objeto de goce. Esta experiencia de placer o displacer procedente del Otro lo marcará para siempre y quedará
impresa en su cuerpo y en su ser, y él buscará sus huellas durante toda la vida a través de sus experiencias eróticas y
sentimentales. Estas marcas están borradas, reprimidas, pero subsisten en lo inconsciente y son constitutivas de su
división (el sujeto está dividido por el objeto “a”).
Todo este proceso supone una ligazón con el Otro y separación posterior. La ligazón concierne al cuerpo (objeto “a”) y
al goce, y la separación tiene que ver con la inscripción del sujeto en lo simbólico, en la lengua.

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DE LA PULSIÓN AL DESEO DE SABER

Esa curiosidad primitiva del niño pequeño que asociamos a la pulsión de vida y a la necesidad de estructurarse (de
crecer) tiene su prolongamiento natural en interrogaciones más elaboradas. Las interrogaciones se centran
fundamentalmente en los orígenes: ¿por qué estamos aquí?, ¿de dónde vengo?, ¿por qué me han tenido? El niño se
pregunta acerca del deseo materno y paterno, ¿dónde está él en todo esto? El sexo, la muerte, su lugar en el linaje.
Luego el niño extiende estas preguntas estas preguntas fundamentales a los orígenes más lejanos, a los antecedentes
familiares, a las “historias familiares”.
Todo ello lleva a hablar de la PULSIÓN. LAS PULSIONES SON LOS REPRESENTANTES PSÍQUICOS DE
EXCITACIONES PROCEDENTES DEL CUERPO, ESTÁN ENTRE LO PSÍQUICO Y LO SOMÁTICO. La pulsión en
relación con el objeto “a”, parte del borde erógeno (boca, ojo, etc.), hace un trayecto alrededor del objeto para volver
al borde del que había partido. Lo fundamental es el trayecto de ida y vuelta en circuito. En cuanto al objeto, Lacan
señala su inconsistencia, dice lo siguiente: El objeto que con demasiada frecuencia confundimos con aquello sobre lo
cual se cierra la pulsión... no es otra cosa más que la presencia de un hueco, un vacio que según Freud, cualquier
objeto puede ocupar, y cuya instancia sólo conocemos en la forma del objeto “a” minúscula.
De esta forma el alimento no podrá colmar nunca a un sujeto, podría satisfacer una necesidad, pero más allá están la
demanda y el deseo.
La pulsión puede cumplir un papel patógeno en la relación madre-hijo. El niño puede ocupar el lugar de objeto “a”
para la madre. Si el Nombre del Padre no opera, si el niño no puede tener acceso a lo simbólico, su dependencia
vital del gran Otro materno induce a una satisfacción de índole pulsional, cercana a un goce perverso. Amar a un hijo
es renunciar a este influjo. CUANDO EL NIÑO NO PUEDE ZAFARSE DE ESTE LUGAR DE OBJETO, SU EVOLUCIÓN CORRE
PELIGRO. Todo lo que concierne al saber está anclado en lo pulsional. La pulsión de vida está ligada a la curiosidad del
niño, ir adquiriendo un saber sobre sí mismo y sobre el mundo para hacerse un lugar en el mundo. Cuando el niño
no encuentra en su camino un conflicto importante, la curiosidad primitiva (no) desemboca en un deseo
de aprender.
Como vemos el sujeto no nace como tal y necesita de la animación del Otro para poder vivir como sujeto y si no se
produce esta dimensión un bebé podría incluso morir. El Otro ha de velar por la socialización del niño, por la
transformación del viviente en sujeto. Las significaciones que da el Otro van a definir al sujeto.

EL DESEO DE SABER Y EL DESEO DEL OTRO

El deseo de saber y aprender está mediatizado por las relaciones del sujeto del Otro. Por ejemplo cuando
el niño no se ha separado de la madre, y sigue siendo el objeto que la completa, no puede sostener su
deseo de aprender porque aprender es un acto que se realiza solo. EL DESEO DE SABER Y APRENDER
IMPLICA UN RENUNCIAMIENTO A LA SATISFACCIÓN INMEDIATA.
El lugar que ocupa el éxito social y el saber en la relación padre-hijo también va a condicionar el deseo
de aprender. También influye la prohibición de saber que pesa sobre algunos niños, en relación a cierto secreto
familiar relativo sucesos que todos deben ignorar y callar. Por ejemplo un no dicho sobre los orígenes, una
falta grave en los ascendentes, una muerte ocultada, enfermedad mental de un progenitor, una
violación, asesinato, incesto, condena por algún delito. El malentendido del secreto contribuye a
engendrar el peso de la culpa y puede producir una inhibición en el deseo de saber y aprender.
Hemos dicho que las significaciones que el otro da definen el sujeto, pero un niño pequeño no es alguien pasivo sino
que tiene una capacidad de elección. La vida de un sujeto seria un camino trazado por sus elecciones. El
sujeto es la respuesta al deseo del Otro pero tiene una responsabilidad.
PARA QUE SE PRODUZCA EL ACTO EDUCATIVO ES NECESARIO EL CONSENTIMIENTO DEL SUJETO. El deseo de aprender
no puede ser ordenado, nadie puede obligar a otro a desear o a amar. Cuando el niño está apresado como objeto en
la problemática inconsciente del Otro parental, su propio deseo no puede salir a la luz.

LA POSICIÓN DEL DOCENTE

A veces se habla de que la escuela completa a la familia, pero es mejor, dice Hebe Tizio hablar de que la escuela
descompleta la familia en el sentido positivo, ya que da la posibilidad de encontrar otro que pueda dar
un lugar diferente al niño. La escuela como un lugar diferente puede ayudar a cambiar, a modificar ciertas
identificaciones que están fijadas en el sujeto.
La tarea del educador incluye saber algo de quién es ese niño al que como agente de la educación se dirige con su
acto. Entramos aquí en la dimensión de la posición y deseo del educador.
También si el educador sabe algo de sí mismo está un poco más advertido y no se identifica tanto con el niño, con los
problemas, con el padre, con la madre, etc. El profesional no es un mero observador, es un agente cuyo acto tiene
consecuencias.
En la relación maestro-alumno cada cual ocupa un lugar específico y los lugares no son intercambiables.
A través de la transferencia los alumnos desplazan sobre la figura del docente algo de su problemática
edípica. Los malos entendidos en la relación padres-hijos reaparecen en la relación docente-alumno. El borramiento
entre adulto y niño afecta al vínculo educativo. UNO HA DE SABER QUE LUGAR OCUPA Y CUAL ES SU
FUNCIÓN, Y LA FUNCIÓN DEL EDUCADOR NO ES HACER DE MADRE NI PADRE SINO INTRODUCIR AL NIÑO
EN EL GUSTO POR EL SABER. Se ha de ver que es lo que se puede hacer y lo que no, donde están los límites de la
intervención.
Para educar es necesario el reconocimiento de la dimensión de la responsabilidad de un sujeto. LA
FUNCIÓN EDUCATIVA IMPLICA SIEMPRE UNA RENUNCIA, UNA DISCIPLINA, UN LÍMITE. Pedir al niño un esfuerzo es
respetarlo, es confiar en sus posibilidades. El deseo de saber, de aprender implica un renunciamiento a la
satisfacción inmediata.
Para que se produzca el acto educativo es necesario el consentimiento del sujeto. El consentimiento depende de la
historia del sujeto en relación al Otro. El consentimiento nunca es total, esto es un límite del acto educativo. El
consentimiento del sujeto está ligado también a una oferta valiosa. LA OFERTA ES DEL ORDEN DE UN VÍNCULO
CON EL SABER. EL EDUCADOR SE HACE CARGO DE LA TRANSMISIÓN DE CONTENIDOS CULTURALES, TRATANDO DE
SUSCITAR EL INTERÉS DEL SUJETO. Al sujeto le corresponde la responsabilidad de la adquisición, si se le suponen unos
intereses particulares y una disposición al trabajo. Es importante que el alumno tenga frente así un adulto que
se interesa por ellos, los respeta y les da la palabra. Les considera como un sujeto. La escucha, la
atención, la creencia en las capacidades de su alumno, estimulan el deseo de aprender.

EL DESEO DEL DOCENTE

La educación ayuda al sujeto a encontrar un lugar propio para vincularse en lo social. El deseo del educador
en el acto educativo es un acto de generosidad, se espera algo del niño, pero no para él sino para que se dirija hacia
lo social. Si el educador no está ocupado en la cultura va a ocuparse de cosas que no le pertenecen.
El educador para educar supone al otro como un sujeto capaz de hacerse cargo de la cultura, del saber
sobre el mundo. Es importante la programación, el currículum, son herramientas de trabajo, pero lo que educa
realmente es el DESEO DEL EDUCADOR. Y está la responsabilidad de hacerse cargo del deseo de educar en cada
maestro. Todos nos acordamos de cierto profesor que nos hizo amar alguna asignatura. ¿Por qué tal o cual docente
influyó en el destino de tal o cual alumno? (carta de Albert Camus a su maestro).
A veces pensamos los límites de la acción educativa solamente desde criterios evolutivos o pedagógicos y no se tiene
en cuenta el deseo del propio niño lo que hace difícil entender “el fracaso escolar” si anulamos la dimensión de la
subjetividad. Seria interesante ver la manera en que el educador pone en juego al Otro del niño, desde donde ha de
responder a los dichos del niño, a sus comportamientos, de forma que no refuerce determinados
esquemas, que son del orden de la repetición, de la dificultad. A veces modificando la respuesta del Otro en
relación a lo que dice el niño, se modifica la posición del sujeto.
El deseo del educador es particular y hay que reconocerlo, teniendo en cuenta que en la escuela hay
unas normas, unos acuerdos para regular esta particularidad. El límite en la educación es que todo en el niño
no es educable, siempre hay un resto que nunca se negocia con la pulsión, con las modalidades particulares de
satisfacción de cada uno.
Del lado del educador ha de tolerar un cierto no saber, debe saber sobre su especialidad, pero no sabe sobre el sujeto,
sus intereses, ni sobre qué es lo que se transmite, ni sobre la apropiación que hará el sujeto y en qué términos.
Terminaré con una idea de lo que es educar que propone Anny Cordié:

“.....educar a un niño es estar ahí para guiarlo, para ayudarlo a crecer, es estimular su curiosidad, responder a
sus preguntas, dialogar permanentemente con él, hacerle descubrir el mundo. Es también decir la Ley, la ley de los
hombres, con sus prohibiciones capitales: el incesto, el asesinato. Es decir, la ley moral, el respeto del otro y de todas
las normas de la vida en sociedad.....”

Mª Dolores Camps
Febrero 2005

Propongo para comentar el artículo “una altra manera d´intervenir en els conflictes” de la carpeta d´experiències” de
la Revista Futura nº 2, de la Universidad de Valencia.

Bibliografía:
Anny Cordié, “Malestar en el docente. La educación confrontada con el psicoanálisis” Nueva Visión.
Hebe Tizio, “Reinventar el vínculo educativo: aportaciones de la Pedagogía Social y del Psicoanálisis” Gedisa
VVAA, “Les lleis de l´univers infantil.” Eolia