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Buenos Aires, Argentina, principios de los 60, con mas exactitud 1962.

Una triste madrugada, un lunes donde


casi todos los trabajadores estaban durmiendo, en las visperas de la semana venidera. Ya habian pasado dos
horas desde la media noche, y tres desde que el alcohol habia empezado a hacer efecto sobre aquel hombre de
unos 39 años, que miraba apenado al vacio. En un viejo y destartalado edificio solo una luz seguia encendida
a esas horas, era la de un primer piso, una habitación pequeña, no muy lujosa, mas bien austera.
Ahí viva el hombre desolado, cuya conciencia y sensatez se hallaban completamente anestesiadas. Las habia
anestesiado con la bebida, buscando cubrir sus penas. Sin embargo, se sentia como la miseria misma. No solo
eso, se sentia confundido, no llegaba a comprender. Era un hombre que jamás habia sido visto junto a una
mujer. Tampoco junto a un amigo. Es mas, no parecia tener ninguno. Tampoco parecia importarle, era un
hombre frio. Solo habia una cosa que valoraba mas que su brillante intelecto, su carrera. Mejor dicho, su
trabajo. Ahora ya no lo tenia, lo habia perdido. No, penso. Se lo habian arrebatado.
Se lo veia sentado con la cabeza gacha, al borde de quedarse dormido, queriendo quedarse dormido. Pero
habia algo que se lo impedia, no podia dejar de pensar en Lesky. Maldito bastardo, se dijo a si mismo, con la
mirada ahora fija en la botella de whisky escoces, casi vacia que tenia en su mano izquierda. Levanto la
mirada, se dio cuenta de que habia bebido otras dos botellas de esa noche.
Repentinamente se acordo, o mas bien sintio, lo que tenia en la otra mano. Un rebolver. Un rebolver calibre 9.
Una pequeña y linda arma. No recordaba como habia llegado alli. No recordaba prácticamente nada desde que
recibiera esa llamada, en realidad. Esa llamada. Esa maldita llamada. Habia significado el fin de su carrera, el
fin de sus ganas de vivir, mas bien. EL fin de todo lo que tenia. Despedido. No lo podia creer, seguia muy
confundido. Ráfagas de odio corrian por su cuerpo. No lo podia entender. ¿Que habia hecho mal, en que se
habia equivocado? ¿Cómo podia ser que Lesky lo hubiera despedido? Ni siquiera habia tenido el valor de
decirselo el mismo. Se lo habia dicho su asistente, por telefono. Esa maldita llamada. Vio el revolver. ¿Para
que lo habia tomado? ¿Cual era su intencion? ¿Acaso pensaba en liquidar al jefe del banco?¿Acabar con la
vida de Carlos Lesky, que habia acabado con su carrera?¿O acaso habia pensado usarla sobre si mismo, para
terminar con su profundo sufrimiento? Se quedo pensando. Cada tanto mencionaba una que otra palabra sin
sentido alguno y maldecia en contra de su ex jefe.
Abrio el revolver. Tenía una bala. Sonrio. Luego dejo escapar una risa tonta, producto del alcochol. Volvio a
sonreir, mientras una lagrima caia por su mejilla. Le parecio degustar el sabor de la muerte cuando esta llego a
sus labios. Ese gusto salado y amargo, que esta vez le parecio tan dulce. Giro el tambor, que contaba con seis
cavidades, donde colocar las balas, dejando su vida a la suerte misma. Intuia que iba a tener suerte. Lo sentia,
a pesar de que tenia solo un 0,16% de lograr su cometido. De todas maneras, si fallaba podia intentar de
nuevo, penso. Eso es, tres intentos. Lo conforto ese último pensamiento. Ahora tenía la mitad de
probabilidades.
Coloco el revolver entre sus labios. No pudo evitar estremecerse ante lo frio que estaba. Mas lagrimas
cubrieron su rostro. Su mirada estaba fija en la ventana, en la oscuridad de la noche. Apreto el gatillo. No
paso nada. Volvio a intentar, convencido de que era lo mejor, y por ende, Dios lo iba a apoyar. Otra vez
silencio. Le quedaba una sola oportunidad para atravesar la barrera que separa la vida de la muerte. Jalo el
gatillo por tercera vez. Pensaba que se sentiria aliviado si sucedia lo que finalmente sucedió pero no fue asi.
Realmente queria morir. O al menos eso pensaba en aquel momento, estando completamente borracho y
cansado. Una terrible furia lo cubrio. Quiero morir, grito, mientras arrojaba la pistola contra la pared.
Se dio cuenta de que podia intentar todas las veces que quisiera si eso era lo que queria. Definitivamente era
lo que queria. Intento levantarse del comodo sillon donde habia estado sentado las desde las 11 de la noche,
apenas hubo recibido aquella llamada, pero perdio el equilibrio y callo al piso. Se acerco gateando,
arrastrandose sobre el sucio suelo, hasta donde estaba el arma. La tomo. Esta vez la apoyo contra su sien.
Estaba apunto de apretar el gatillo cuando se quedo dormido.

Ramirez escucho fuerte golpeteo en la puerta. Abrio los ojos, pero no vio nada. Su dolor de cabeza lo estaba
matando. Volvio a escuchaar los golpes. Miro el arma y recordo, aunque no del todo, los eventos de la noche
anterior. Tambien lo recordo la llamada. Sintio odio, deseo de vengarse. Otra vez el ruido de golpes en la
puerta. Se levanto y como pudo se arreglo. Miro el reloj, eran las seis de la mañana. ¿Quien carajo sera a esta
hora? Se pregunto. Escucho voces del otro lado, voces de hombre, pero no llego a entender que dicen. Miro
por la rendija y descubrio que habia dos policias. Cayó en la cuenta de que tenia botellas de whisky vacias y
un arma cargada en la habitación. El miedo recorrio su cuerpo, al margen de que no habia hecho nada. O al
menos eso creia el. Habia estado borracho la ultima noche, podria haber hecho cualquier cosa.
Al abrir la puerta vio a los dos oficiales, uno bastante alto y un tanto robusto. Bastante robusto en realidad,
penso Ramirez con un dejo de envidia al ver sus fuertes brazos. Sin embargo, la cara del hombre denotaba que
habia vivido una vida bastante miserable. Tenía el rostro de alguien cuya conciencia estaba sucia, de alguien
que debe guardar secretos horrendos, que ha visto cosas horrendas, y que no puede contar. Ramirez recordo
haber querido ser policia de niño, y se sintio aliviado de no haber seguido ese camino. El otro, cuyo cuerpo
flasido y debil no tenia un solo musculo, parecia un hombre mucho mas inocente. Es mas, este muchacho aun
tiene cara de niño, dijo Ramirez para sus adentros. Ninguno de los dos se presento ante el ex gerente del
banco. Simplemente le dieron el porque de su tan temprana visita. Ramirez no lo podia creer. Lesky habia
muerto. No, lo habian asesiando. Habia muerto de un balazo aproximadamente a la una de la mañana. Unas
horas después de que su asistente lo despidiera. Recien entonces comprendio la gravedad de la situación. El
policia parecio leerle la mente e inmediatamente se lo confirmo. Lorenzo Ramirez, era el principal sospechoso
del asesinato de Carlos Lesky.
-Cualquiera lo podria haber matado- explico el acusado- ese hombre era un mafioso.
En sus profundos ojos grises se veia la desesperación propia de quien sabe que su suerte esta echada.
-Tenemos un testigo- Respondio con una sonrisa un tanto burlona el policia robusto, corriendose para dar
paso a un misterioso hombre- ¿Es cierto que usted vio a Lorenzo Ramirez saliendo de la casa donde Lesky
vivia?-
- ¡Que! ¡Eso es imposible, estuve toda la noche aquí!- Grito Ramirez.
El hombre asintio suave y lentamente. Esbozo una sonrisa. A pesar de que llevaba una gorra que sumia en las
sombras sus ojos, se notaba que era particularmente atractivo. Su nariz era muy recta, su sonrisa blanca, tenía
el menton firme y un extraño tatuaje en el cuello, una especie de símbolo.
-Como ya se habra dado cuenta, señor Ramirez, el chofer del muerto lo ha visto alejarse del lugar de los
hechos minutos después del crimen. Ademas, nos ha confiado que usted tenia un motivo de odio hacia Lesky,
ya que lo habia despedido. Por ende, es mi deber arrestarlo.
En ese momento aparecio el otro oficial, que habia entrado al departamento en busca de pruebas. Sostenia el
robolber en la mano. Ramirez estaba perdido. Iba a ir a la carcel y lo sabia. Un repentino impulso se apodero
de el. Le quito el arma al joven policia, lo empujo haciendolo caer por las escaleras a su izquierda, cruzo en
dos sancadas la habitación donde vivia y salto rapidamente por la ventana.
Para su enorme fortuna se encontraba ileso, pero ahora tenía que escapar de la justicia para buscar la verdad y
eliminar toda sospecha contra su persona. Miro a su alrededor. No habia un alma en la calle. Perfecto.
Empezo a correr, por la avenida 9 de Julio. Corrio y corrio durante mas de dos horas, doblando de vez en
cuando para evitar ser encontrado, hasta que estuvo seguro de que no lo seguian.
Llamo al primer taxi que encontro. El conductor habia estado fumando por lo que sabia que el viaje no seria
muy agradable, pero estaba demasiado cansado como para seguir a pie. Le dio la direccion y se acomodo en
su asiento, procurando no dormirse. Estaba asustado, todo habia pasado tan rapido. Parecia que habian pasado
siglos desde que recibiera aquella llamada. Todo empezo por aquella llamada, y ahora estaba escapando de la
justicia por un crimen que no habia cometido. Peor aun, que sabia quien habia cometido. Todo estaba tan
claro.¿Creyo que no me daria cuenta?¿acaso soy estupido?, se pregunto Ramirez. El problema era que era
difícil de probar. Tenia un plan, pero no sabia si funcionaria. Lo habia pensado mientras corria y ahora lo
estaba perfeccionando. Era riesgoso, pero no tenia otra altenativa. Preferia morir antes que ir a la carcel.
-Llegamos. Son nueve pesos con veinticuatro centavos- Musito el taxista.
Ramirez no habia recalado en el hecho de que no tenia dinero encima.
-No tengo plata, pero te puedo dar mi reloj- Dijo el fugitivo buscando llegar a un acuerdo. El taxista lo miro
con cara de pocos amigos y asintio. Ramirez sonrio ante su fortuna, a pesar de que le dolia separarse de su
unica posecion de valor y se bajo del taxi. El reloj había sido de su padre, pero entregarlo era lo uncio que
podia hacer.
Ahora se encontraba enfrente de una vieja casa. No podia entrar por la puerta, asi que busco otra forma de
ingresar al pequeño edificio. Tras unos cinco minutos de búsqueda encontró una ventana que le serviría. Era
un poco alta y estrecha, pero a Ramirez no le importo. Era flaco asi que no tuvo que esforzarse mucho para
pasar por la pequeña apertura.
Una vez adentro, se dirigio a la habitación principal. Necesitaba encontrar una pista. Busco en todos lados, en
los armarios, debajo de la cama, en los estantes, en cualquier lugar donde pudiera encontrar algo. Busca un
arma, unas balas, algun numero de telefono cualquier cosa que le pudiera dar apoyo a su teoria.
Cuando estaba por rendirse, escucho un ruido. Provenia de la puerta principal. Alguien estaba entrando.
Ramirez se detuvo para escuchar mejor y cuando se convecio de que era Leonardo (cambiale el nombre si
queres) fue a su encuentro, no sin antes sacar el arma del bolsillo.
Leonardo Macerati entro con un aire orgulloso a su horrible casa. A Ramirez le parecio una persona
desagradable. Quiza era por el odio que le habia tomado a este joven hombre en las ultimas horas. A este
joven hombre a quien antes habia querido casi como un hermano. Reconocio por segunda vez en veinticuatro
horas el tatuaje que llevaba en el cuello. Aquel extraño símbolo de poder, según el siempre solia decir.
Al verlo, Leonardo sonrio. Era muy inteligente, sin embargo, por su falta de esfuerzo y arrogancia, no habia
podido lograr nada en su vida. Al ver el arma, las comisuras de su boca formaron una mueca de asco, y miro a
Ramirez con un aire despectivo.
-¿Qué vas a hacer? ¿Matarme? No le tengo temor a la muerte, nunca lo he tenido, no me molestaria. En
cambio, tu… tu iras preso, pasaras el resto de tu vida en la carcel-
-Despues de tanto tiempo- Dijo Ramirez apenado.
-¡Despues de tanto tiempo desde que me quitaste a mi familia!
-Yo no te quite a tu familia ¡Que esperabas que haga! Tenia que despedirte. No podia dejar pasar lo que
hiciste.
-Tenía deudas y lo sabias. Pero no, el gerente hace cumplir las reglas. Necesitaba ese dinero. La mafia acabo
con toda mi familia. Desde mis padres hasta mis hijos hasta mis tíos y primos mas lejanos. ¡Todo por tu culpa
maldito seas!- Leonardo agarro un vaso que estaba sobre la sucia mesa y se lo arrojo a su viejo amigo- Si tan
solo no hubieras sido tan cobarde, o tan desleal. A mi me habian ofrecido el puesto de gerente, pero como tu
carrera era lo unico que tenias en la vida no lo acepte. En cambio tu me traicionaste y acabaste conmigo.
- Tu te metiste en lios con la mafia, y tu quisiste robar dinero de un banco. Sabes que no fue mi culpa- Grito
Ramirez, con lagrimas en los ojos- No era mi intencion que pierdas a tu familia. Te ofreci prestarte plata pero
eras demasiado orgulloso para que alguien menos inteligente que vos te salve el pellejo.
-Eso ya no importa, te vas a pudrir en la carcel. Nunca pudiste con mi inteligencia.
-Admito que fue muy astuto, primero, forzas a alguien a llamarme de parte de Lesky para despedirme y asi
darme un motivo para odiarlo. Minutos mas tarde, vas y lo matas vos mismo. Nunca te importo si algo esta
bien o no ¿Verdad?. Y después, le decis a la policia que to fui el culpable. Pero ya esta te descubri.
-Me dscubriste es cierto pero quien se va a enterar, la policia no te va a creer jamas. Borre toda evidencia.
Ademas, para ellos, al escaparte aceptaste tu culpa.
-Sos muy habil Leonardo, pero siempre subestimaste a los demas, especialmente a mi- Dijo Ramirez con una
sonrisa sacando un grabador de su bolsillo.
-¡Te odio Lorenzo, te odio!-Grito Leonardo, con una voz que no parecia humana. Tomo un cuhillo de su
chaleco y se lo clavo en el corazon.
Ramirez lo miro a los ojos por ultima vez y el cariño que le habia tenido a su amigo renacio, a pesar de lo
sucedido. Se quedo con el, atonito, durante aproximadamente una hora. Recordo como habia sido su vida
antes de aquel incidente. Se regaño por no haber podido nunca ayudar a su amigo a mejorar como persona.
Por no poder enseñarle a perdonar, a no subestimar y muchas otras cosas mas. Se sintio terriblemente
culpable. Una lagrima corrio por su rostro. Todo estaba terminado para Leonardo. Llamo a la policia y
mientras los esperaba con el grabador, saco el cuchillo del pecho de su amigo.

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