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DÍA DE MUERTOS TRADICION QUE RONDA ENTRE LOS VIVOS

Por. Rehill García

Para los antiguos mexicanos la oposición entre muerte y vida no era tan absoluta como para
nosotros. La vida se prolongaba en la muerte. Y a la inversa. La muerte no era el fin natural de
la vida, sino fase de un ciclo infinito. Vida, muerte y resurrección eran estadios de un proceso
cósmico, que se repetía insaciable. La vida no tenía función más alta que desembocar en la
muerte, su contrario y complemento; y la muerte, a su vez, no era un fin en sí; el hombre
alimentaba con su muerte la voracidad de la vida, siempre insatisfecha. El sacrificio poseía un
doble objeto: por una parte, el hombre accedía al proceso creador (pagando a los dioses,
simultáneamente, la deuda contraída por la especie); por la otra, alimentaba la vida cósmica y
la social, que se nutría de la primera.

Octavio Paz

Una de nuestras tradiciones más antiguas es la celebración del día de muertos, es sin
lugar a duda una de las fiestas más importantes entre indígenas y mestizos. Es una
fusión de dos tradiciones: La indígena y la española y pese a que se celebran de
acuerdo al calendario católico los días 1 y 2 de noviembre, muchos pueblos
comienzan la conmemoración de sus “muertitos” desde el día 28 de

Como ya se menciono, esta festividad tiene dos raíces, la prehispánica y la española y


para tener claro los elementos de una y otra cultura que a la fecha se presentan en las
celebraciones hechas a los muertos en diversas regiones del país, es conveniente
hablar un poco de las tradiciones prehispánicas dedicadas al culto a los muertos y de
la influencia española que estas recibieron a raíz de la Conquista.

El culto a la muerte es uno de los elementos principales de la religión de los antiguos


mexicanos. Creían que la muerte y la vida constituyen una unidad. Para los pueblos
prehispánicos la muerte no es el fin de la existencia, es un camino de transición hacia
algo mejor.
Esto salta a la vista en los símbolos que encontramos en su arquitectura, escultura y
cerámicas, así como en los cantos poéticos donde se evidencia el dolor y la angustia
que provoca el paso a la muerte, al Mictlán, lugar de los muertos o como destino más
benigno los paraísos del Tlalocan.

Somos mortales, todos habremos de irnos, todos habremos de morir en la tierra… /


Como una pintura, todos iremos borrando. Como una flor, nos iremos secando, aquí
sobre la tierra…Meditadlo, señores águilas y tigres, aunque fuerais de jade, aunque
fuerais de oro, también allá iréis al lugar de los descansos. Tendremos que despertar,
nadie habrá de quedar.

Rey y poeta Netzahualcóyotl (1391-1472)

El Mictlan o lugar de los muertos era la morada de Mictlantecuhtli (el dios de los
infiernos y la oscuridad) y de Mictecacihuatl. Este sitio se asociaba con el lado norte y
contaba con una serie de inframundos dispuestos en nueve niveles; en el más bajo
residen los dioses del infierno y los muertos. A este sitio iban los difuntos por muerte
natural, ya sea por vejez o por enfermedades ordinarias.
En la actualidad el día de muertos se sigue celebrando, quizás no como nuestros
antepasados, pero sigue siendo una tradición viva, en donde, las ofrendas se pueden
encontrar en casi todos los lugares de México. El festejo inicia el día 28, con veladoras
para aquellos que murieron por accidente o en forma violenta, si bien, según las
maneras indígenas, a aquellos muertos ahorcados, solo se les dedica un vaso con
agua, en creencia de que en el más allá, siguen colgados de un árbol y no pueden
venir a celebrar. El día 30 se colocan velas, agua y sal para aquellos niños no natos o
que murieron sin ser bautizados, mientras que las almas de los niños esperados llegan
del 31 de octubre hasta el medio día del 1 de noviembre, tiempo en que se esperan a
los “muertos grandes”….

Si bien en cada estado de la república varía, las ofrendas contienen elementos


parecidos: Papel picado, fotografías de los que ya se han ido, cigarrillos, platillos
tradicionales, vinos y bebidas para los muertos adultos; leche, golosinas y juguetes
para los muertos niños. Agua para las almas sedientas, pan de muerto, flores blancas
para los niños, flores de cempazúchitl de color amarillo -que, según la leyenda
prehispánica, representan las alas de los guerreros caídos en combate, convertidos en
mariposas- o bien, de color púrpura intenso, representando la pasión de cristo, según
la tradición católica, con estas flores se marca el camino desde la puerta hacia el altar,
para que las almas puedan guiarse además de pequeños perritos de madera llamados
Xoloescunitles, que cuidaran el camino de regreso al inframundo, en fin, los mexicanos
pensamos en todo para nuestros difuntos y así con más de 300 años de tradición la
celebración del Día de Muertos sigue siendo sorprendente para otras culturas que
visitan nuestro país sólo para ver como rendimos culto a nuestros seres que ya no
están con nosotros.

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