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Apunte sobre la situación de la AOD

Eduardo Ballón1

1. Las nuevas definiciones y tendencias de la cooperación internacional al
desarrollo

El proceso de cambios acelerados en las políticas de cooperación al desarrollo, como
todos sabemos, se inició en la década pasada con la aprobación de los Objetivos de
Desarrollo del Milenio (ODM), incipiente “agenda social” de la globalización que
enfatizaba en la reducción de la pobreza y el desarrollo social. Desde entonces, es
posible observar algunos procesos que conviene considerar.

El primero de ellos, tiene que ver con los atentados del 11 de setiembre y la guerra
declarada contra el terrorismo que marcaron significativamente la agenda internacional
y resituaron los problemas de seguridad en el centro de la cooperación, instalando una
tendencia a su “securitización”2, lo que implica que las motivaciones y destinos de la
ayuda, se vieran crecientemente orientados por la prioridad de los donantes en la
lucha contra el terrorismo. Especialmente Estados Unidos, construyó un discurso
maniqueo vinculando pobreza y atraso con terrorismo, lo que explica, por ejemplo,
porqué Colombia es el país de América Latina que percibe más AOD desde el 2005,
mostrando como estos criterios, eminentemente políticos, priman sobre los declarados
en los ODM.

El segundo proceso, se deriva de la Conferencia sobre Financiación al Desarrollo de
Monterrey, ligado a la movilización de recursos para cumplir con los ODM, que aunque
no se alejó de los postulados liberales que rigieron el financiamiento al desarrollo
desde sus inicios, dio origen al Foro de Alto Nivel sobre Eficacia de la Ayuda, que dio
origen a tres documentos programáticos: la Declaración de Roma sobre Armonización
(2oo3), la Declaración de París sobre Eficacia de la Ayuda (2005) y el Programa de
Acción de Accra, dando origen a la llamada Agenda de París.

La Declaración de París es particularmente significativa porque establece un nuevo
paradigma en la relación entre donantes y receptores (denominados países socios a
partir del principio de corresponsabilidad), buscando superar los vínculos basados en
condicionalidades y enfrentar los problemas derivados de la proliferación de donantes
y la fragmentación de la ayuda, afirmando los principios de apropiación, alineamiento,
armonización, corresponsabilidad y gestión por resultados3. La posterior Agenda de
París motivó un proceso de adaptación de las políticas de ayuda de los donantes en
medio de grandes expectativas y fundados temores. La Declaración refleja la opción
por la “efectividad-selectividad” de la ayuda e instituye la noción de “buen gobierno”
como marco de condicionalidad, poniendo en el centro de la responsabilidad al Estado
y comprometiendo a los donantes con el fortalecimiento de las instituciones de los
países, donde éstas sean débiles o no respondan al “buen gobierno”.

1
Investigador principal de DESCO, miembro del Grupo Propuesta Ciudadana
2
Sobre el particular ver, Sanahuja, José Antonio: La securitización de la ayuda tras el 11-S: ni
seguridad, ni desarrollo, en http://www.mundubat.org/MT/Publicaciones/Prensa/Sanahuja.htm .
Ver también Spillane, Shennia: Aid and Terrorism. What about the Poor?, en: ROA-The Asia-
Pacific Network (editor), Reality Check 2004, ROA, Manila, 2004.
3
Sobre este instrumento, ver Martínez, Ignacio y José Antonio Sanahuja: La agenda
internacional de eficacia de la ayuda y la cooperación descentralizada en España,
Fundación Carolina-CeALCI, Madrid, 2009.
A pesar de importantes elementos progresivos en su contenido, la Declaración
expresa una visión limitada del desarrollo y la democracia, se encamina nuevamente
al Estado desarrollista y se limita a las relaciones entre actores estatales y más
precisamente entre los gobiernos centrales, limitando significativamente el espacio de
la sociedad civil que se ve privada de interlocución y recursos, reduciéndola a la
condición de posible subcontratista de programas públicos, sin participación en el
diseño de las políticas y sin capacidad de control ciudadano, desconociendo su rol en
la construcción de la democracia y el desarrollo.

Erróneamente, la Declaración asume que la falta de políticas eficaces en la lucha
contra la pobreza y la existencia de políticas que mantienen y amplían la exclusión en
los países receptores, obvian los intereses atrás de ellas y explican esa realidad como
resultado del mal funcionamiento estatal, que se resolvería con recetas técnicas,
obviando atender la tensión “entre el fortalecimiento del Estado y el apoyo a las
demandas de los grupos excluidos, que sigue siendo parte de la agenda de desarrollo
sólo puede resolverse con una agenda en la que el alineamiento no se limite a
políticas estatales definidas a partir de los intereses de las élites…”4. A pesar de que el
discurso de la Declaración pretende dejar la condicionalidad y reemplazarla por la
corresponsabilidad y la rendición de cuentas mutua (donantes y receptores
asociados), en realidad amplía la que se venía aplicando por medio de las estrategias
de reducción de la pobreza en el marco de las iniciativas de condonación de la deuda
externa5 y se olvida de la relación, por definición asimétrica, entre donantes y
receptores, en la que se inscriben tanto la idea misma de rendición de cuentas, cuanto
la propia condicionalidad de la ayuda.

Quizá más importante aún, la Declaración obvia políticas más importantes que la AOD
como el comercio, la inversión extranjera y el acceso a la tecnología, entre otras, que
tienen una influencia decisiva en la eficacia de la ayuda, pero especialmente en la
agenda del desarrollo, al que se quiere contribuir.

A la luz de la experiencia y de las críticas desplegadas, el Programa de Acción de
Accra buscó incorporar limitadamente a la sociedad civil y a algunos actores locales.
El foro paralelo que se organizó, buscó consensuar un posicionamiento de distintas
organizaciones de la sociedad civil de decenas de países (más de 700 personas) de
cara al foro oficial, que finalmente reconoció la importancia de trabajar con la sociedad
civil, afirmando que los donantes respaldarán las iniciativas para incrementar las
capacidades de los distintos actores involucrados en las políticas de desarrollo,
reconociendo así, por lo menos retóricamente6, a las organizaciones de la sociedad
civil y a los gobiernos descentralizados como actores de desarrollo y del sistema de
cooperación internacional para el desarrollo.

El tercer proceso está ligado a la discusión relativa a los llamados países de renta
media. La clasificación propuesta por el Banco Mundial, adoptada posteriormente
como criterio de selección para la AOD, destinada centralmente a los países de renta
baja, supuso equiparar el concepto de desarrollo de un país, con su PBI per cápita. En
base a esta caracterización, la mayoría de los países de América Latina (33 de 48
países incluidos en la categoría), asistieron a una disminución significativa de los
recursos de cooperación (públicos y privados) y a la pérdida de centralidad de la

4
Martínez Ignacio y José Antonio Sanahuja, Ibíd.; pp.10-11
5
Tomlinson, Brian: The Paris Declaration on Aid-Effectiveness: Donor Commitments and Civil
Society Critiques, en The Reality of Aid: The Paris Declaration: Towards Enhanced Aid
Effectiveness?, ROA, Quezon City, 2007.
6
Decimos que retóricamente porque se mantienen la agenda y los indicadores de la
Declaración de París, lo que deja todo librado a la voluntad de los donantes.

2
región como parte de los países “en vías de desarrollo”. En el debate sobre el tema, se
identifican dos cuestiones neurálgicas: el reclamo de muchos de nuestros países como
destinatarios de la cooperación y la responsabilidad que se les atribuye como nuevos
donantes y por tanto su rol en la cooperación sur-sur y en la cooperación triangular7.

En simultáneo con estos cambios, los flujos de la AOD lejos de incrementarse, como
se desprendía de los compromisos de los ODM, prácticamente se estancaron a partir
del 2004 en dólares constantes. Ya desde el 2007 se observa un descenso del
porcentaje del PIB destinado por los donantes a este fin a pesar que ese año sólo 5
países de la OCDE habían cumplido con su compromiso, mientras que la mayoría de
países disminuyeron ese porcentaje en vez de incrementarlo, siendo particularmente
significativos los casos del Reino Unido que disminuyó en 29% sus recursos y de
Estados Unidos, que apenas dedica el 0.16% de su PIB a este fin. Desde el 2003,
menos de una tercera parte de la AOD de todos los donantes bilaterales ha estado
disponible para programas cuya prioridad pueda ser definida por los países en
desarrollo, mientras Afganistán e Irak concentran cerca de dos terceras partes del
apoyo a países severamente afectados por conflictos, como parte de las
perversidades de la “securitización”.

Simultáneamente, muchas de las multilaterales, teóricamente comprometidas con los
procesos descritos, se resisten a los mismos. Así, por ejemplo, el FMI no disminuyó
significativamente el número de condicionalidades estructurales al desarrollo en sus
préstamos. 25% de todas ellas en sus préstamos, algunos destinados a nuestra
región, siguen conteniendo reformas de privatización o liberalización, que son
altamente sensibles, además de haberse demostrado ineficientes para los fines
perseguidos. Como ha sido reiterado muchas veces, ello evidencia como el principio
de armonización aumenta en el escenario actual, la capacidad de las IFI para controlar
las políticas de los países de desarrollo8.

Como no podía ser de otra manera, América Latina se ve particularmente afectada por
estos procesos. Entre 1997-1998 y 2007-2008. la proporción de la ayuda destinada a
ALC descendió del 12.3% al 7.9% de la AOD bilateral total, mientras que la que se
dirigió a las regiones donde se concentra la pobreza mundial, aumentó del 23.5% al
26.3% en el África subsahariana y del 10.6% al 12.4% en Asia Central y merdional. Si
se considera la AOD total, el descenso es mayor: en 1998, AL recibió el 10% de la
ayuda mundial, pero entre 2001 y 2008, esa tasa se situó ligeramente por encima del
4%. El año 2008, los recursos destinados a ella representaron apenas ya el 4.8% del
total destinado a los países en desarrollo y a algunos de los países de la región que
reciben más ayuda, les ingresaron 4 veces menos recursos que a sus pares
africanos9. Los elementos dominantes en el escenario de la AOD internacional –
seguridad, disminución de la extrema pobreza y bienes públicos globales- y su
condición mayoritaria de países de renta media (Haití es la excepción) han repercutido
en los flujos de cooperación, en donde América Latina no es vista como prioritaria en

7
Sobre el particular ver: Centro de Investigación en Cooperación Internacional y Desarrollo de
la Universidad Nacional San Martín: Escenarios y desafíos de la cooperación Sur-Sur a 30
años de la declaración de Buenos Aires, Documentos de Trabajo, No.1, CICI+D de la
Universidad Nacional de San Martín, Buenos Aires, octubre 2009. Ver también, Secretaría
General Iberoamericana: II Informe de la Cooperación Sur-Sur en Iberoamérica, SEGIB,
Madrid, 2008.
8
Sobre el punto ver The IMF maintains its grip on low income governments, en
http:www.eurodad.org/uploadedFiles/Whats_New/Reports/Critical-conditions.pdf
9
Para mayores detalles sobre estas tendencias ver, Fernández, Rubén: Tendencias de la
cooperación internacional al desarrollo con América Latina, en ALOP-The Reality of Aid: Mito y
realidad de la ayuda. América Latina al 2009, ALOP, México D.F., setiembre 2009.

3
esa agenda. Pero también ha influido la incapacidad de nuestros gobiernos para
definir un posicionamiento y una acción conjunta en los procesos antes descritos.

Aunque resulte una obviedad, hay que recordar que en el actual contexto de crisis
internacional de larga duración, el panorama, lejos de mejorar, se hará seguramente
más difícil los próximos años lo que nos plantea a muchas ONG latinoamericanas y
europeas, el imperativo de avanzar sostenidamente en una agenda, que más allá de
nuestras limitaciones, dificultades e incertidumbres10 –que no han cambiado
sustantivamente en los últimos años- logren poner en el centro del debate los temas
referidos a la democracia y el desarrollo, desde un enfoque de derechos sociales,
económicos, culturales y ambientales, que supone como partida reconocer que el
propio desarrollo está en el centro de los derechos humanos.

Los cuadros siguientes muestran algunos aspectos de la evolución de la AOD en ALC
en el período 2006-2008:

Cuadro No.1
Diez principales receptores de AOD en ALC 2006-2008
(miles de millones de dólares de AOD neta recibida de los donantes del CAD)
País 2006 2007 2008 Promedio % de AOD
recibida ALC
Colombia 1,005 723 972 900 11%
Nicaragua 735 840 741 772 10%
Haití 580 702 912 731 9%
Bolivia 843 477 628 649 8%
Honduras 590 464 564 540 7%
Guatemala 484 454 536 492 6%
Perú 463 260 466 396 5%
Brasil 113 321 460 298 4%
Ecuador 188 217 231 212 3%
México 270 113 149 177 2%
Otros países 2,035 2,382 3,603 2,674 34%
AOD/ALC 7,308 6,954 9,262 7,841 100%
Fuente: CAD/OCDE

Cuadro No.2
AOD total y Remesas como porcentaje del PBI en AL 2008
País AOD total AOD como AOD como
(millones dólares) porcentaje PIB porcentaje remesas
Guyana 166 14.5% --
Haití 912 13.1% 20.3%
Nicaragua 741 11.5% 12.9%
Dominica 22 6.3% --
Honduras 564 4.1% 20.9%
Bolivia 628 3.9% 6.6%
Surinam 102 3.7% 25.9%
Guatemala 536 1.4% 7.4%
El Salvador 233 1.1% 18.1%
Paraguay 134 0.8% 2.9%
Jamaica 79 0.6% 17.4%
Ecuador 231 0.5% 6.7%
Colombia 972 0.4% 2.2%

10
Sobre el particular ver Ballón, Eduardo y Mariano Valderrama, 2004, Ibíd..

4
Perú 466 0.4% 2.0%
República 153 0.3% 7.4%
Dominicana
Costa Rica 66 0.2% 2.3%
Panamá 29 0.1% 0.9%
Uruguay 33 0.1% 0.4%
Argentina 131 0 0.2%
Brasil 460 0 0.3%
Chile 73 0 0
Cuba 127 -- --
México 149 0 2.5%
Venezuela 59 0 0.1%
Trinidad y Tobago 12 0 0.6%
Fuente: OCDE

Cuadro No. 3
AOD A ALC según principales donantes del CAD 1970-2008
(en millones de dólares, a precios y tipos de cambio 2007, como promedio anual
de desembolsos netos)
País 1970-79 1980-89 1990-99 2000-08 Relación 1990-
99/2000-08
USA 1,126 1,754 1,565 1,740 175
España 55 584 975 391
Japón 137 448 704 439 -265
Alemania 479 704 697 580 -117
Canadá 142 255 251 330 79
Francia 132 338 332 282 -50
Países Bajos 467 566 595 292 -303
Suecia 30 93 174 298 34
Noruega 9 51 130 133 3
Reino Unido 371 204 263 121 -142
Italia 1 261 318 66 -252
Suiza 28 79 105 109 4
Dinamarca 13 16 82 112 30
Total -419
Fuente: CAD/OCDE

Cuadro No.4
Ranking de donantes en la cooperación con América Latina 2007
(AOD neta bilateral y de la Comisión Europea)
País Millones de US$ País % de AOD
destinada a AL
USA 1,916 España 20.8%
España 1,071 Canadá 10.2%
Comisión 988 Japón 9.5%
Europea
Japón 731 USA 8.8%
Alemania 592 Luxemburgo 8.2%
Canadá 418 Suiza 6.4%
Francia 410 Alemania 4.9%
Países Bajos 230 Bélgica 4.5%
Suecia 195 Suecia 4.5%
Noruega 169 Noruega 4.3%

5
Reino Unido 153 Finlandia 4.2%
Italia 125 Francia 4.1%
Suiza 108 Dinamarca 3.8%
Dinamarca 97 Países Bajos 3.7%

Cuadro No.5
Ranking de donantes en la cooperación con América Latina 2008
(AOD neta bilateral y de la Comisión Europea)
País Millones de US$ País % de AOD
destinada a AL
España 1,976 España 28.1%
USA 1,871 Canadá 10.2%
Comisión 1,108 Luxemburgo 9.7%
Europea
Alemania 818 Japón 8.3%
Canadá 482 USA 6.9%
BID 310 Suiza 6.1%
Japón 269 Alemania 5.9%
Países Bajos 230 Noruega 4.9%
Francia 213 Bélgica 4.7%
Suecia 200 Suecia 4.4%
Italia 156 Dinamarca 4%
Reino Unido 127 Países Bajos 3.9%
Suiza 111 Francia 3.5%
Dinamarca 103 Italia 3.5%

Cuadro No.6
Los 10 principales donantes multilaterales de AML
(millones de dólares; desembolsos netos)
Organismo 2006 2007 2008 Promedio % ayuda
multilateral
Instituciones de la UE 826 1,064 1,108 999 47%
Fondo Operaciones Especiales BID 216 257 310 261 12%
Fondo Medio Ambiente Mundial 183 154 118 152 7%
Banco Mundial 160 147 123 143 7%
Fondo Global contra el sida, malaria 110 130 173 138 6%
y tuberculosis
FMI (fondos concesionales) 278 30 88 132 6%
UN (asistencia técnica) 60 65 68 65 3%
Banco de Desarrollo del Caribe 32 41 64 46 2%
Fondo de la OPEP 22 54 25 34 2%
UNICEF 26 32 28 28 1%
Otros organismos multilaterales 120 135 159 138 6%
Total multilateral 2,032 2,109 2,264 2,135 100%

De la lectura de los cuadros, algunos comentarios rápidos:

 El peso de los ODM y de la securitización de la ayuda, tienen efectos visibles en el
mapa de distribución de ayuda en la región. Pierden peso los países de renta
media alta para los cuales la ayuda es irrelevante y lo ganan los países más
pobres, aunque no hay una correlación clara aún entre ayuda y nivel de renta e
indicadores de pobreza y distribución de la ayuda, como ocurre en otras regiones.
Entre los países de renta media baja, el aumento o disminución de la ayuda se

6
relaciona con variables de tipo político y de securitización (el fuerte peso de
Colombia, cuya ayuda se multiplicó 2.5 veces entre el 2000 y el 2008, pero
también de Perú y Bolivia por la importancia asignada al narcotráfico)11.

 La clara reducción de la ayuda de donantes como Estados Unidos, Canadá y
Japón o de los Países Bajos e Italia, coincide con el retiro gradual de distintos
donantes europeos. El Reino Unido cerró sus actividades en la región y Suecia y
Dinamarca están en el mismo camino.

 El que España sea el principal donante hasta el 2009, puede ser efímero, al
tratarse de uno de los países más fuerte y profundamente afectados por la crisis
internacional. Los recortes de la ayuda de esa cooperación el 2010, adelantan
recortes más significativos aún, de los que AL puede salir peor parada que otras
regiones, dado que es una región de renta media que a pesar de la crisis, en
conjunto registra tasas de crecimiento positivas y en las que algunas economías
emergentes están atrayendo importantes corrientes de inversión privada12. En el
ejercicio 2010-2011, el presupuesto español de AOD sufrió un recorte de 1,218
millones de dólares (23%); al final de este año, la AOD estará en 0.36% del PIB
español, versus el 0.46 en que se encontraba el 2009.

 En lo que se refiere a los donantes multilaterales, en especial PNUD y Programa
Mundial de Alimentos, pero también las “ventanillas blandas” de los bancos de
desarrollo, también se observa una tendencia a la disminución de la ayuda,
mientras que el apoyo de la Comunidad Europea se hace cada vez más visible, en
términos absolutos y relativos, habiéndose multiplicado por cuatro la ayuda
comunitaria, entre los ochenta y el año 2008, representando el 15% de la AOD
total que se dirige a la región.

2. Una nota sobre la cooperación privada al desarrollo

En este escenario difícil de una crisis económica y financiera internacional que se
profundiza y que es parte de una mayor, eventualmente de carácter civilizatorio,
porque en ella confluyen distintas crisis (alimentaria, ambiental y climática, energética),
la cooperación privada al desarrollo, en el Norte y en el Sur, vive sus propias
dificultades, que no son nuevas13 y que se tornan cada vez más complejas,
interpelando ya no solo sus relaciones y su rol, sino también su propio sentido.
Atrapadas desde fines de la década pasada en sus dificultades para responder a los
desafíos que suponía la cooperación y los cambios que ya se observaban en el mundo
de la ayuda para el desarrollo, claramente organizado como mercado e incapaces de ir
más allá de una lógica puramente defensiva, tienen que hacer hoy día frente a los
recortes sustantivos de la ayuda que las afectan en su capacidad de acción y les
dificultan la construcción de una indispensable perspectiva común.

11
Sobre el particular ver, Tezanos, Sergio y Aitor Martínez de la Cueva: América Latina y el
Caribe: Ayuda Oficial al Desarrollo en el punto de inflexión del milenio, en Problemas del
Desarrollo, Revista Latinoamericana de Economía No.162, Universidad Autónoma de
México, México DF, julio-setiembre 2010.
12
Sanahuja, José Antonio: La política de desarrollo de la UE y América Latina: estrategias
e instrumentos de cooperación para la asociación birregional, Fundación Carolina CeALCI,
Madrid, 2008.
13
Sobre el particular ver Ballón, Eduardo y Mariano Valderrama: Las relaciones de las ONG de
América Latina y las agencias privadas de cooperación internacional europeas en el contexto
de la Globalización, en Grupo de Trabajo de Cooperación Internacional de ALOP (editores):
Mito y realidad de la ayuda externa. América Latina al 2004, Lima, 2005.

7
Como resultado de los procesos en curso, los sectores “históricos” de estas agencias,
aquellas que nacieron amparadas por un discurso compartido sobre el desarrollo y el
cambio social en el Norte y el Sur, viven una pérdida creciente de espacio e incluso de
posibilidades de acción, en un período en el que, hay que decirlo, carecen de un
discurso común y propio.

En ese escenario, diariamente nos enteramos de las dificultades crecientes de las
ONG del Norte. Acompañando sus procesos internos de reorganización, las más de
las veces reducción de personal y ajuste, (ha sido el caso de las principales fuentes
privadas holandesas, particularmente comprometidas con América Latina, por
ejemplo), paulatinamente se han ido retirando de países y regiones del mundo, así
como han ido abandonando campos temáticos, fuertemente condicionadas por la
agenda global oficial. En los últimos años, como no podía ser de otra manera, la crisis
de sus economías nacionales las arrastra y dinámicas como la que hoy vive Intermon,
por ejemplo, -ha presentado un Expediente de Regulación de Empleo para reducir el
18% de su planilla, no obstante que a partir del 2007 redujeron ya el 15% de sus
gastos operativos-, se van generalizando.

Más frágiles que ellas, sus contrapartes del Sur, particularmente las de América
Latina, también se reducen y tratan de adaptarse pero muchas de ellas desaparecen o
corren el serio riesgo de hacerlo. Es evidente, y hay que aceptarlo, todo indica que
estamos al final de un ciclo, en condiciones absolutamente desfavorables. Se trata, en
consecuencia, de actuar conjuntamente y de construir un escenario distinto a partir de
los instrumentos que tenemos.

3. Elementos para una agenda de diálogo entre privados

Proponer elementos para una agenda de diálogo entre ONG latinoamericanas y las
ACI del Norte, es una tarea difícil, más aún en la coyuntura actual, por las distintas
dimensiones involucradas inexorablemente en el esfuerzo. No por difícil y por no estar
centrada en el flujo de recursos, deja de ser importante –y desde mi punto de vista-
prioritaria para las ONG, espacio desde el que hablo.

En principio, las ONG latinoamericanas, no hemos resuelto cabalmente el desafío de
los temas prioritarios en nuestra acción y reflexión, en la indispensable interacción con
los movimientos sociales populares, con los movimientos sociales en general y con
otros sectores de la sociedad civil. En los temas que son centrales en esa perspectiva,
hay algunos que permanecen y otros que son nuevos, destacando por lo menos seis
de ellos:

 La relación entre globalización, soberanía y ciudadanía en el contexto de la disputa
que se profundiza sobre el sentido del surgimiento de ciudadanía y sociedades
civiles globales, cuestión ésta que viene desde fines del siglo pasado y que tiene
en el Foro Social, devenido cada vez más en un espacio expresivo, un hito
neurálgico. Relación ésta, que tiene que verse en la complejidad actual en el que
identidades como la indígena, se visibilizan con toda su fuerza y complejidad en
muchas de nuestras sociedades.

 Los desafíos y alcances de nuevos enfoques de desarrollo donde la propuesta del
“bien vivir”, más allá de su consagración en dos Constituciones y de la capacidad
movilizadora que muestra14, está aún lejos de estar claramente definida, pero

14
Dicho enfoque, en términos generales, implica una mirada respetuosa a la naturaleza,
cuidadosa de los recursos, fraternal de los otros seres humanos, valorativa de los bienes

8
aparece como una respuesta posible que guarda vínculos con algunas miradas
innovadoras al tema, como la teoría del decrecimiento15 del economista
Georgescu-Rogen.

 Los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales como ampliación de
los derechos humanos.

 En el plano económico y social, la definición del rol del Estado como dirigente del
proceso de desarrollo y agente principal para la inserción en la globalización, la
superación de las desigualdades y una transformación productiva que signifique la
incorporación efectiva de América Latina a la sociedad del conocimiento y a la
generación de empleos decentes.

 Los sentidos y características de la recomposición de la sociedad y la nación que
vive la región, en todas sus dimensiones, desde la local hasta la supranacional,
atendiendo el significado de los procesos de integración regional que no pueden
limitarse a los mercados y las empresas, como estrategia de integración de
sociedades plurales, de construcción de identidades compartidas y de horizontes
comunes.

 La necesidad y las características de una nueva arquitectura financiera
internacional y del ordenamiento del comercio mundial, como el marco que le da
un sentido específico al debate sobre la cooperación al desarrollo.

Desde esos temas es que debemos buscar avanzar en el diálogo, asumiendo, en
principio que en materia del sistema internacional de la ayuda, el problema
fundamental antes que en la cuestión de los recursos, radica en las instituciones,
como lo han subrayado certeramente Ignacio Martínez y José Antonio Sanahuja16. Por
lo tanto, éste es evidentemente un primer campo dado que los instrumentos
desarrollados hasta la fecha para resolver la efectividad de la ayuda, muestran límites
y sesgos muy claros.

En esta perspectiva hay que discutir como establecer una nueva arquitectura
financiera internacional, “favorable al desarrollo, que incorpore plenamente a los
países emergentes y que incluya una regulación y supervisión integral del conjunto de
mercados financieros, una profunda reforma del financiamiento oficial contracíclico a
las economías perjudicadas por shocks financieros y comerciales negativos, el
combate a la evasión tributaria y estímulos efectivos al calentamiento global”17. Se
trata de presionar conjuntamente por la reforma de las instituciones de Bretón Woods
bajo el sistema de la ONU, a partir del principio de un miembro, un voto, buscando
asegurar el reconocimiento de las asimetrías en los procesos de desarrollo y
discutiendo medidas que las equilibren –especialmente en el comercio y el sistema
financiero internacional- como compromisos concretos sobre montos y contenidos de
la AOD, terminando así con las “ayudas amarradas”.

En esa perspectiva, y en el corto plazo, se trata de discutir el papel de las instituciones
financieras internacionales que tienen una responsabilidad significativa en la falta de

compartidos, crítica al extractivismo y a la producción sin responsabilidad y con una
perspectiva comunitaria que da sentido y límite a las pretensiones individuales.
15
Sobre el tema ver, Mosangini, Giorgio: Decreciomiento y cooperación internacional en el
portal web Debates sobre el desarrollo, gestionado por el Col-lectiu d’Estudis sobre
Cooperació i Desenvolupament.
16
Ibíd..
17
French-Davis, Ricardo; Ibíd..

9
cambios y que cumplen un rol de “garantes de la ayuda”, lo que supone una fuente de
poder que limita la posibilidad de los países receptores de rechazar sus “recetas”,
anulando cualquier tendencia favorable entre los donantes bilaterales para cambiar las
condicionalidades.

En segundo término, de cara a la Declaración de París, como lo propone La Realidad
de la Ayuda, se trata de ir más allá de su dimensión tecnocrática, reconociendo los
derechos humanos y la apropiación democrática en el centro de la política de
desarrollo, haciendo que donantes y gobiernos promuevan la participación activa de
parlamentos, organizaciones de la sociedad civil, movimientos sociales y ciudadanos
en la definición de agendas y políticas. En aras a una efectiva rendición de cuentas y
transparencia, se debiera discutir la creación de un órgano multilateral, distinto a la
OCDE, que vigile el sistema internacional de ayuda, asegurando un énfasis en
derechos humanos y desarrollo sostenible. En la misma dirección, los donantes y las
IFI debieran ser comprometidos a eliminar todo tipo de condicionalidades de política
impuestas, porque éstas invalidan cualquier posibilidad de gobernabilidad
democrática.

En tercer lugar, se trata de incorporar a la discusión, varias de las problemáticas del
desarrollo que le interesan a la región y que pueden trabajarse en el propio marco de
la Declaración de París: i)las restricciones comerciales sin compensación; ii)la
regulación multilateral de las trasnacionales; iii)la asimetría en el comercio mundial;
iv)la baja fiscalidad de la mayoría de la región, como expresión de los intereses de los
sectores hegemónicos; v)ampliación de la democracia y derechos humanos; vi)cambio
climático

Finalmente, unas líneas ya planteadas antes sobre las condiciones y los contenidos de
una agenda para el diálogo entre el Norte y América Latina. En relación a las
condiciones, en principio, se trata del resistido reconocimiento que debe hacer el Norte
de la vinculación que existe entre temas como el comercio, las finanzas y las
inversiones y la ayuda oficial al desarrollo; sin claridad en tales relaciones será
imposible discutir la coherencia de políticas que afectan directamente las posibilidades
del desarrollo y la democracia en América Latina. En segundo lugar, desde América
Latina, la necesidad de reconocer en la práctica, la importancia de la cohesión social
como condición y resultado de sus políticas de desarrollo y de los términos de su
construcción de ciudadanía. Finalmente, desde ambas partes, entender que para ser
tal, el diálogo debe incorporar a las sociedades civiles y los movimientos sociales de
ambas regiones, así como el reconocimiento de su naturaleza conflictiva y por lo tanto
larga.

Resueltas esas tres condiciones, la utilidad del diálogo, en este caso con los europeos,
se garantizaría si se logran algunas cuestiones básicas18:

 Impulsar el tema en la agenda internacional más allá de la discusión de los
Objetivos del Milenio, concentrándose en los efectos de la globalización en la
desigualdad y las asimetrías que profundiza, así como en la vigencia y exigibilidad
de los DESCA; siendo claros que ello no supone, ni mucho menos, olvidar el
cumplimiento de los ODM.

18
Esta mirada busca dialogar con la reflexión que hacen distintos sectores desde Europa y que
expresara Sanahuja: La cohesión social en las relaciones Unión Europea-América Latina:
visiones y perspectivas desde Europa, ponencia presentada al taller “Exclusión y fragmentación
social en América Latina: una visión desde Europa. Informe de Progreso Económico y Social
2008”, organizado por la Oficina Europea del Banco Interamericano de Desarrollo, Madrid,
2007.

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 Incorporar efectivamente el tema en el diálogo ente ambas partes, asumiendo
compromisos que tengan implicancias políticas y financieras, que lo vinculen con el
comercio, las finanzas y las inversiones, que supongan la participación de
organizaciones y movimientos sociales y presten atención particular a temas como
el trabajo decente y los flujos migratorios entre ambas partes;
 Darle nuevo contenido a la AOD asumiendo que la ayuda es un elemento
catalizador de otras políticas nacionales que pueden promover el crecimiento de
los países pobres al fortalecer sus bases económicas y las capacidades
institucionales de su sector público, entendiendo además que la cooperación
internacional tiene un gran reto por delante en el perfeccionamiento de sus
procedimientos e instrumentos en contextos de Estados frágiles, a la par que
aceptando que la forma en la que se gestiona la ayuda es tan importante como su
volumen.

En este marco, entendemos que es indispensable desarrollar una agenda de diálogo
alrededor de cuatro grandes campos, que necesariamente debían desagregarse:
i)desarrollo humano, trabajo decente, distribución de la riqueza y justicia, que supone
la vigencia de los DESCA y que debe incorporar la manera en la que se integra la
región al mundo, basándose en la equidad y la justicia19; ii)democratización de la
democracia, ciudadanía y participación; iii)la redefinición del rol del Estado y sus
responsabilidades, políticas públicas y protección social; iv)la sostenibilidad ambiental
y el cambio climático.

Atender esta agenda y sus eventuales implicancias en términos de investigación,
debate e incidencia, supone replantear el trabajo conjunto y construir una alianza
política así como relaciones de cooperación más amplias. No avanzar en este camino,
que me parece urgente, puede suponer que en cinco años más, la presencia de
muchas de las ONG del Norte en América Latina, las que hoy conocemos, sea
totalmente marginal y puramente simbólica. Pero puede suponer también, la
desaparición de muchas más ONG latinoamericanas, por ausencia de recursos y lo
que es peor aún, por pérdida de sentido y falta de posicionamiento. Oportunidades aún
hay. Posibilidades también. Convencidos de su prioridad, de lo que se trata es de
establecer un proceso y acotar una agenda, estableciendo mecanismos y formas
ágiles de trabajo e intercambio en los distintos campos.

4. Unas palabras sobre la crisis mundial y sus efectos sobre la cooperación

Como se sostiene en un artículo reciente, “si la crisis permanente que viven las
políticas de cooperación al desarrollo fuesen imputables a la crisis financiera que ha
conmocionado a los bancos, las bolsas, los gobiernos y las economías del primer
mundo, el dato sería esperanzador porque en un par de años volveríamos al buen
camino de una cooperación generosa para el desarrollo. Desgraciadamente, ésta
apenas está incidiendo sobre las cantidades globales y las políticas de cooperación
por la sencilla razón de que éstas se hallan en una crisis endémica permanente por
causas estructurales profundas, de modo que la actual crisis apenas puede servir
como coartada…”20.

19
Sobre este proceso, que es neurálgico, distintas redes de movimientos latinoamericanos
tienen un posicionamiento muy claro que compartimos: ¿Cómo se integra América Latina en el
mundo de hoy?, en www.alop.or.cr
20
Hidalgo, Alberto: Repercusiones de la crisis mundial sobre las políticas de cooperación, en
Eikasia Revista de Filosofía, Año V, 30, 2009. http:www.revistadefilosofia.org

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Es evidente que la actual crisis del sistema económico financiero internacional agrava
la situación, entre otras cosas porque lo peor de la crisis monetaria no son sus
consecuencias económicas sino la emergencia humanitaria que alienta, dado que los
más afectados, como siempre serán los más vulnerables. Más allá de este dato, es
claro que la crisis evidencia algunos de los límites neurálgicos del sistema
internacional, como lo reconocen distintas resoluciones del propio Parlamento Europeo
(8 de octubre del 2008 y marzo del 2010), cuando señala la necesidad de incrementar
la transparencia de los mercados, vigilar el funcionamiento de las instituciones
financieras y controlar los paraísos fiscales, en un marco en el que reconoce la
inoperancia de las instituciones de Bretón Woods y la necesidad de producir su
reforma radical; por cierto, ello además de reclamar mayor coherencia entre las
políticas comercial, presupuestaria, de cambio climático y de desarrollo de la propia
UE.

La actual crisis puede ser una “oportunidad” para discutir el actual sistema de
cooperación en el marco de la indispensable reforma de las instituciones financieras
del desarrollo, a condición de insistir en su posible carácter catalizador de un conjunto
de políticas nacionales, en un contexto en el que distintos temas que interesan en la
región –el debate sobre los países de renta media, por ejemplo- y otros que son más
globales, como la cooperación sur-sur, adquieran un sentido distinto y más complejo
que el que muestran hoy.

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