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Apuntes de Derecho penal I 2008 Prof. M. Magdalena Ossandón W.

, Pontifica Universidad
Católica de Valparaíso

CAPÍTULO VII

TEORIA DEL ITER CRIMINIS

I. LAS ETAPAS DE DESARROLLO DEL DELITO

La expresión iter criminis significa camino o curso del delito, y alude a los
diversos momentos por los que pasa la conducta hasta la total consumación del
delito.
Las descripciones típicas que contiene la ley penal se refieren, normalmente, a
delitos consumados, es decir, delitos en los que el sujeto activo ha realizado
completamente toda la conducta y se ha producido el resultado (si es que éste forma
parte de la descripción). Sin embargo, es posible que el delito no llegue a su etapa de
perfeccionamiento, que se quede en el camino. El castigo de las etapas anteriores a la
consumación constituye un problema de tipicidad, porque en esos casos no se dan
todos los requisitos que cada tipo exige. Por ello, la ley ha previsto fórmulas
genéricas que permiten ampliar las descripciones típicas, lo que da lugar a la
existencia de verdaderos tipos subordinados (por ejemplo, de tentativa y de
delito frustrado).
Dentro del camino del delito se puede distinguir una fase interna y otra
externa. La etapa interna se desarrolla en la psique del sujeto, y está compuesta
por todos aquellos procesos intelectuales que preceden la exteriorización de la
voluntad criminal: ideación, deliberación y resolución. En la medida en que estos
procesos no se manifiestan externamente son absolutamente impunes. No podrían
ser objeto de sanción porque todavía no hay conducta, requisito indispensable para
establecer una pena, según lo exige el artículo 19 Nº 3 inc. 8º de la Constitución1.
Dentro de la etapa externa, en que se exterioriza la voluntad delictiva, se
distinguen dos grandes momentos: la fase de actos preparatorios y la fase de
ejecución. Los actos preparatorios son hechos externamente apreciables, pero que
aún no implican el inicio de la ejecución de la conducta que el tipo respectivo exige.
Por ejemplo: pedir consejos, observar el lugar, adquirir los instrumentos necesarios,
estudiar las costumbres de la víctima, proporcionarse cómplices, etc. Estos actos, por
regla general, no son sancionados. Excepcionalmente se castigan la proposición, la
conspiración y algunos actos preparatorios especiales.
Los actos ejecutivos, en tanto, son los hechos que ya importan ejecución de
la conducta exigida por el tipo. Por regla general, siempre son castigados, aunque el
1
El pensamiento no puede ser constitutivo de delito —cogitationis poenam nemo patitur—, y sólo
excepcionalmente se sanciona el mero hecho de expresarlo, como sucede en los delitos de amenazas (arts.
296 a 298), injurias y calumnias (arts. 412 y ss.), falso testimonio (art. 206 y ss.), etc.

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delito no haya llegado a consumarse. Sólo excepcionalmente nuestra ley excluye el


castigo de algunos de estos actos, como en el caso de las faltas, respecto de las
cuales no se sanciona ni la tentativa ni el delito frustrado.
Todos los estados del delito anteriores a la consumación se conocen como
formas imperfectas de ejecución del delito. Por su menor contenido de injusto,
para ellas se establece una penalidad inferior a la del delito consumado.
Por último, se puede distinguir también una etapa de agotamiento
representada por aquellos actos dirigidos a que el delincuente obtenga lo que
perseguía con la perpetración del delito. Por ejemplo: vender la cosa hurtada; comprar
un objeto con los billetes previamente falsificados; etc. Estos actos, por regla general,
carecen de trascendencia penal, porque van más allá de lo que el tipo exige. Como no
representan una nueva clase de ilicitud o dañosidad no son punibles en forma
independiente, sino que quedan consumidos por el hecho precedente.
Excepcionalmente, pueden tener alguna importancia en la medida en que sirvan para
establecer si concurre alguna atenuante o agravante.

ETAPA EXTERNA
ACTOS
ACTOS EJECUTIVOS AGOTAMIENTO
PREPARATORIOS
ETAPA  PROPOSICION
INTERNA  CONSPIRACION  TENTATIVA

 ACTOS  DELITO FRUSTRADO  DELITO AGOTADO


PREPARATORIOS  DELITO CONSUMADO
ESPECIALES

SIEMPRE REGLA GENERAL: REGLA GENERAL: PENALMENTE


IMPUNE IMPUNES SANCIONADOS IRRELEVANTE

II. DISTINCION ENTRE ACTOS PREPARATORIOS Y ACTOS DE EJECUCION

Hemos visto que los actos preparatorios, a diferencia de los actos de ejecución,
son generalmente impunes. Por eso la distinción entre ambos reviste gran
importancia.
La doctrina se ha esforzado por elaborar las pautas que permitan diferenciar
unos de otros, pero no ha sido una tarea fácil. Así, aunque son muchos los criterios
esbozados, ninguno de ellos puede ser utilizado como pauta general para resolver
todos los casos, sino que la decisión normalmente debe basarse en la aplicación de
más de uno. Incluso hay quienes piensan que es imposible elaborar una fórmula
general para trazar la distinción —criterio escéptico— y, por tanto, entienden que el
asunto debe ser resuelto discrecionalmente por el juez en atención a las
características de cada caso concreto.

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1. Criterio subjetivo extremo: considera que la distinción es prácticamente


imposible y jurídicamente irrelevante, porque todo lo que importa es que se
manifieste o exteriorice una voluntad contraria al derecho y orientada a la
realización del tipo penal (desvalor de acción). Por lo tanto, todos los actos
deberían ser castigados. Este criterio debe descartarse en el ordenamiento
jurídico chileno, porque éste formula la distinción y establece un trato penal
diverso para los actos preparatorios y los actos de ejecución.
2. Criterio subjetivo: este criterio se basa en el concepto final de acción, es
decir, atiende a la finalidad de la acción para determinar si es ejecutiva o no, y
eso depende del plan del autor. Entonces, es ejecutivo el acto con el cual el
autor, según su plan delictivo, se pone en relación inmediata con la realización
del tipo, mientras que es preparatorio aquel con el que el sujeto sólo quiere
preparar, sin tener aún la voluntad final de ejecutar la conducta. En la práctica,
implica entregar la decisión al propio autor del hecho.
3. Criterio objetivo-formal: parte de la idea de que el principio de ejecución —a
que alude el inciso final del artículo 7º CP.—, se refiere a la conducta típica. En
consecuencia, son actos ejecutivos aquellos que están directamente
vinculados con el núcleo del tipo (verbo rector). Si un acto todavía no realiza la
acción descrita por el tipo, aunque se encuentre subjetivamente orientado a la
comisión del delito, debe ser considerado como preparatorio. El problema es
que, desde este punto de vista, la consumación pasa a ser prácticamente una
sola cosa con los actos de ejecución y, en definitiva, no se entregan criterios
para determinar el momento a partir del cual se ha dado inicio a la acción
típica.
4. Criterio objetivo-pragmático: distingue entre actos unívocos y equívocos.
Los primeros son aquellos que sólo pueden estar dirigidos a propositos
delictivos, a la ejecución de un delito. A ellos corresponden los actos de
ejecución. Mientras que son preparatorios los actos equívocos, es decir,
aquellos pueden estar encaminados tanto a la perpetración de un delito, como
a un acto lícito o jurídicamente irrelevante. La diferenciación entre actos
unívocos y equívocos debe realizarse tomando como referencia el punto de
vista de un observador objetivo. Se objeta a este criterio que no ofrece pautas
seguras para trazar la distinción: en muchos casos, un mismo acto es unívoco
en relación con un delito, pero es equívoco respecto de otro; en consecuencia,
los actos unívocos son poquísimos o, quizá, imposibles de encontrar.
5. Criterio objetivo-material: son actos de ejecución aquellos que importan, al
menos, un peligro para el bien jurídico. Mientras no exista peligro, el acto será
sólo preparatorio. Se critica esta fórmula, porque tampoco ofrece un criterio
seguro para determinar el momento a partir del cual puede estimarse que existe
peligro para el bien jurídico y porque confunde la ejecutividad de los actos con la
idoneidad o aptitud causal de los mismos.

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III. LOS ACTOS PREPARATORIOS

Aunque generalmente no son punibles, existen ciertos actos preparatorios


que son expresamente penados por el legislador, en general, porque
representan un mayor peligro para el bien jurídico en juego. Es lo que
ocurre, por ejemplo, con la participación de dos o más personas en la
planeación de un delito futuro.

1. Proposición
Conforme al art. 8º CP, “la proposición se verifica cuando el que ha resuelto
cometer un crimen o un simple delito propone su ejecución a otra u otras personas”.
Exige plantear a otro individuo la idea de que él ejecute un delito determinado, sin
que sea suficiente el simple intercambio de opiniones o el solo hecho de comunicar a
otra persona lo que uno ha resuelto. La proposición necesariamente debe ser
rechazada por las personas a quienes se dirige, pues de lo contrario se convertiría en
una conspiración. Esta conducta es castigada en los delitos contra la seguridad del
Estado.

2. Conspiración
Consiste en el acuerdo o concierto de dos o más personas para la ejecución del
delito (art. 8º CP). Implica algo más que el mero conversar sobre la posibilidad de un
delito o desear cometerlo, requiere una decisión seria de cometer un delito
determinado y un acuerdo sobre el modo de ejecutarlo. También es sancionada en los
delitos contra la seguridad del Estado.
Además, nuestra ley ha elevado a la categoría de delito autónomo una forma
más completa de concierto para delinquir: las asociaciones ilícitas (arts. 292 y ss. CP.,
art. 16 Ley Nº 20.000 sobre tráfico ilícito de estupefacientes). En estos casos se
requiere, además, que exista una organización con cierta estructura jerárquica y con
carácter permanente.
Tanto en el caso de la proposición como de la conspiración, el desistimiento
exime de pena, siempre que el o los delincuentes se denuncien y den a conocer el
plan a la autoridad, antes de que se haya iniciado procedimiento judicial en su contra.

3. Actos preparatorios especialmente penados


Se trata de hipótesis expresamente sancionadas de actos que preceden a la
ejecución de algún delito en particular. Por ejemplo: artículos 123, 445 y 481 CP.

IV. TENTATIVA

“Hay tentativa cuando el culpable da principio a la ejecución del crimen o


simple delito por hechos directos, pero faltan uno o más para su complemento” (art.
7º, inciso 3º, CP).

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La tentativa es una forma de aparición del delito al que le falta la parte final,
por lo que no es un tipo autónomo, no existe una tentativa en sí, sino tentativa de
homicidio, tentativa de hurto, etc.

1. Requisitos
Desde un punto de vista objetivo, para que haya tentativa se requiere:
a) Que el delincuente haya comenzado a ejecutar la conducta exigida por el tipo, o
alguna de ellas, si el tipo requiere más de una conducta. Tiene que existir un principio
de ejecución, cuya concurrencia ha de determinarse según los criterios de distinción
referidos anteriormente.
b) Que los actos ejecutados sean directos. Este requisito se ha interpretado como
una doble exigencia: que los hechos estén encaminados inmediatamente a la
consumación del delito y que sean aptos o idóneos para lograrlo.
c) Que falten otros actos para la consumación del delito, es decir, que todavía no se
hayan llevado a cabo todos los actos que objetivamente conducirían a la realización
del tipo. No está completa la ejecución de la conducta o de todas las conductas que el
tipo exige. En caso que la conducta sea una sola, esta exigencia supone que ella sea
fragmentable.
Desde un punto de vista subjetivo, la tentativa exige dolo. Ella supone,
precisamente, que el dolo del sujeto se dirige a lograr algo más que lo que
objetivamente llega a realizar, ha de querer la realización total y completa del hecho
delictivo (su consumación). Por lo tanto, no existe diferencia entre el dolo exigido para
la consumación y el requerido para que haya tentativa.
Se discute, sin embargo, si es posible admitir tentativa cuando sólo existe dolo
eventual. Con todo, la doctrina mayoritaria acepta que puede tratarse también de
esta forma de dolo, pues también en ese caso la voluntad del delincuente se orienta a
la realización total del hecho típico, aunque sea vista como mera probabilidad.
En cambio, es uniforme la doctrina que excluye la tentativa en los delitos
culposos, puesto que ella no es posible si no existe aceptación del hecho típico.

2. El desistimiento
Tanto la doctrina como la jurisprudencia mayoritarias entienden que el
desistimiento, esto es, el abandonar voluntariamente la ejecución de la(s) conducta(s)
exigida(s) por el tipo, exime de toda pena.
Sin embargo, se discute cuál es la naturaleza jurídica de esta figura (al igual
que del arrepentimiento que opera en relación con el delito frustrado). Algunos
sostienen que estamos en presencia de una causal de atipicidad, porque con el
desistimiento se interrumpe la voluntad de realización del hecho típico, es decir, se
impide el perfeccionamiento del dolo y se elimina la tipicidad (subjetiva) de la
conducta. En la tentativa punible, en cambio, sólo se ve interrumpido el tipo objetivo.
Otros postulan que el desistimiento es una excusa legal absolutoria (figura que

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estudiaremos más adelante), es decir, una causa personal por la que se elimina la
responsabilidad penal a pesar de estar configurado el delito.
Aunque en ambos casos se excluye la responsabilidad del sujeto por los hechos
que constituyen la tentativa, la adopción de uno u otro criterio es básica para
pronunciarse acerca de si cabe castigar a los terceros que han intervenido con él y
respecto de quienes no es posible afirmar que han abandonado voluntariamente la
ejecución del hecho. Si entendemos que son causales de atipicidad, tampoco es
posible sancionar a esos terceros. Si entendemos que son excusas legales
absolutorias, y en razón del carácter personal de estas últimas, los terceros tendrían
que ser sancionados.
Para que opere el desistimiento, el autor debe haber realizado actos
constitutivos de tentativa para luego abandonar la ejecución de la conducta. Esto
exige:
a) Desde el punto de vista objetivo, que el autor deje de actuar antes de la
ejecución total de la conducta: abandono oportuno.
b) Desde el punto de vista subjetivo, que exista la voluntad de abandonar la
ejecución del hecho típico, aun cuando el autor considere posible la
consumación de acuerdo con su representación. En otras palabras, la decisión
no debe estar impuesta por factores externos: abandono espontáneo. No hay
desistimiento cuando no existe posibilidad de elección; cuando, aunque
quisiera, ya no puede consumar el delito.
Además, algunos agregan que el abandono también debe ser definitivo, es
decir, que requiere que el sujeto haya desechado su plan, pues no bastaría que sólo
haya pospuesto su ejecución para otra oportunidad.

V. DELITO FRUSTRADO

“Hay crimen o simple delito frustrado cuando el delincuente pone de su parte


todo lo necesario para que el crimen o simple delito se consume y esto no se verifica
por causas independientes de su voluntad” (art. 7º, inciso 2º, CP).
En derecho comparado, generalmente ya no se distingue entre delito frustrado
y tentativa (considerada una distinción artificial), sino entre tentativa acabada o
inacabada. La frustración es estimada sólo como una especie de tentativa, que se
caracteriza por haber alcanzado un mayor grado de desarrollo.

1. Requisitos
En lo esencial, los elementos constitutivos del delito frustrado son los mismos
que los de la tentativa. La diferencia entre ambos radica sólo en el número de actos
de ejecución requeridos: mientras en la tentativa sólo se ha realizado parte de los
actos de ejecución, en la frustración ya se han ejecutado todos. El delito frustrado
requiere, por tanto, que el agente haya realizado todos los actos que abandonados
a su curso natural darían como resultado la consumación del delito, de manera que a

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su autor “ya no le quede nada por hacer”. En consecuencia, desde el punto de vista
de la acción, no hay diferencias entre un delito frustrado y uno consumado.
Como el inciso segundo del artículo 7º exige la realización total de la(s)
conducta(s), lo único que puede faltar es la producción del resultado (cuya verificación
no depende de su voluntad). De ahí, que la figura del delito frustrado sólo tenga
cabida en los delitos materiales o de resultado. En los delitos formales, la
realización de la conducta coincide con la consumación.
En orden a lo subjetivo, la figura de delito frustrado, al igual que la tentativa,
supone dolo, y éste debe orientarse a la ejecución total del hecho típico.
A pesar de que la definición de delito frustrado exige que el hecho no ha de
consumarse por razones independientes a la voluntad del sujeto (exigencia que no
aparece en la definición de tentativa) no es esto lo que marca la diferencia entre
delito frustrado y tentativa. La diferencia radica exclusivamente, como hemos dicho,
en la importancia de lo que el sujeto ha realizado.

2. El arrepentimiento o desistimiento activo.


El arrepentimiento consiste en impedir voluntariamente la consumación del
delito, después de haber ejecutado la(s) conducta(s) exigida(s) por el tipo.
Como en el delito frustrado el autor ya ha de su parte todo lo necesario para
que el tipo se consume, el arrepentimiento no puede consistir ya en un simple “dejar
de hacer”, sino que requiere una actuación positiva para impedir la producción del
resultado.
Para que podamos hablar de arrepentimiento eficaz, esa actuación positiva
debe ser:
a) Oportuna, en el sentido que ha de materializarse antes de la producción del
resultado.
b) Voluntaria, es el propio autor quien, pudiendo elegir no evitar el resultado,
realiza los esfuerzos necesarios para evitarlo.
c) Eficaz, es decir, determinante en la no producción del resultado.
Si a pesar de los esfuerzos del autor el resultado se produce, sólo podría
configurarse la atenuante del artículo 11 Nº 7 CP.
En todo caso se acepta que el autor evite el resultado por sí mismo; o bien, que
recurra a otra persona para lograrlo.
El fundamento normativo, tanto del arrepentimiento como del desistimiento,
radica en el propio artículo 7º, inciso segundo, CP., el cual dispone que, en el caso del
delito frustrado, la no consumación ha de ser por causa independiente de la voluntad
del hechor. Por el contrario debe entenderse que si ello obedece a la propia voluntad
del sujeto, no se da la figura del delito frustrado y aquél queda exento de pena.
Aunque no existe una disposición similar respecto de la tentativa, ha de concluirse
que si queda exento de sanción quien se arrepiente después de haber ejecutado

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toda(s) la(s) conducta(s), con mayor razón deberá quedar sin castigo quien se desiste
cuando sólo ha ejecutado una parte de ella(s).

VI. FUNDAMENTO DE LA PUNIBILIDAD DE LOS ACTOS ANTERIORES A LA


CONSUMACION2

Para justificar el castigo de la tentativa y del delito frustrado, a pesar de que en


ellos no se produce la lesión del bien jurídico protegido, existen tres teorías:
a) Teoría objetiva: sostiene que el castigo de las etapas anteriores a la
consumación se funda en el riesgo que se ha hecho correr al bien jurídico
protegido. Esta posición pone énfasis en el desvalor de resultado, y entre sus
consecuencias destaca que promueve la menor punición de la tentativa y el
delito frustrado en relación con el consumado, porque objetivamente es menos
grave la puesta en peligro que la lesión del bien jurídico.
b) Teoría subjetiva: el castigo de las etapas anteriores a la consumación se
funda en que el delincuente, aunque no haya consumado el hecho, de todos
modos ha manifestado una voluntad contraria al ordenamiento jurídico, es
decir, una voluntad de rebeldía frente a los valores que éste pretende
resguardar. Esta posición pone énfasis en el desvalor de acción. Implica una
tendencia a ampliar la esfera de los actos ejecutivos (punibles) en desmedro de
los actos preparatorios (impunes) porque en todos ellos se manifiesta la
voluntad criminal. Postula la igual punición de la tentativa y el delito frustrado
en relación con el consumado, porque en todos ellos existe la misma voluntad
delictiva.
c) Teorías mixtas: el castigo de las etapas previas a la consumación, al igual
que el criterio anterior, se funda en la manifestación de la voluntad de rebeldía
frente al Derecho. Pero se limita su sanción por exigencias objetivas: que los
actos realizados provoquen una conmoción en la sociedad, materializada en
una pérdida de confianza en la efectividad del ordenamiento jurídico. Esta
posición debería llevar a que se establezca una atenuación facultativa para la
tentativa o delito frustrado, la que dependería de la conmoción social que
produzcan.
Dado el tratamiento que nuestro ordenamiento jurídico confiere a la distinción
entre tentativa, delito frustrado y delito consumado, sólo cabe concluir que en Chile el
castigo de estas figuras se funda en un criterio objetivo, es decir, aquel que considera
el riesgo experimentado por el bien jurídico.

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Párrafo elaborado, fundamentalmente, a partir de MIR PUIG, Derecho penal. Parte general¸7ª
edición, BdeF, Montevideo-Buenos Aires, 2005.

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VII. LA TENTATIVA INIDONEA3

En términos generales, la tentativa inidónea puede definirse como el hecho de


dar comienzo a la ejecución de un delito cuya consumación no es materialmente
posible, atendidas las circunstancias que lo rodean.
La imposibilidad de obtener la consumación puede provenir de tres causas:
a) La inexistencia del bien jurídico que se pretende lesionar (por ejemplo, disparo
sobre el cuerpo de una persona muerta).
b) La circunstancia de no encontrarse el bien jurídico en situación de ser atacado (por
ejemplo, creyendo que la víctima duerme, disparo contra su cama, sin darme cuenta
de que ella acaba de levantarse y salir del lugar).
c) La falta de eficacia de los medios utilizados para lesionar el bien jurídico (tomo un
revólver y disparo en contra de la víctima, pero el arma está descargada).
En relación con el problema del castigo de la tentativa inídonea, la doctrina está
dividida:
Una primera posición sostiene que debe castigarse toda tentativa, tanto la
idónea como la inidónea, porque en ambos casos hay manifestación de una voluntad
de rebeldía en contra del ordenamiento jurídico. Esta corriente de opinión se basa en
los siguientes argumentos:
a) No puede sostenerse que la sanción de la tentativa se funde en la puesta en
peligro de un bien jurídico, porque el delito tentado se caracteriza por la imposibilidad
de hacer correr peligro alguno a ese bien. Toda tentativa es, por definición inidónea: si
los medios y el objeto fueran idóneos, la consumación habría sobrevenido fatalmente.
b) Si se acepta, conforme a la teoría de la equivalencia de las condiciones, que
todas las condiciones son causa del resultado que se produjo, también habrá que
aceptar que cuando el resultado no llegó a producirse, todas las condiciones que a su
causación tendían, fueron equivalentemente inidóneas para alcanzarlo. Así se
demuestra que, en realidad, ninguna tentativa puede ser consideradas inidónea.
Otro sector de la doctrina plantea que la tentativa inidónea no debe ser
sancionada. Esta posición se funda en que el castigo de la tentativa sólo puede
justificarse en el peligro a que se ve expuesto un bien jurídico. Como en el caso de la
tentativa inidónea no existe riesgo para dicho bien, faltaría el fundamento que hace
posible sancionar las etapas anteriores a la consumación.
Una tercera posición distingue entre tentativa inidónea absoluta y relativa.
La inidoneidad es absoluta cuando el bien jurídico no existe y también cuando los
medios utilizados son totalmente ineficaces para lograr la consumación. La
inidoneidad es relativa, en cambio, cuando el bien jurídico no está en situación de ser
lesionado y también cuando los medios utilizados, si bien son aptos para conseguir el
resultado, no lo son atendidas las circunstancias que rodean el caso concreto.

3
Párrafo extraído de RODRÍGUEZ COLLAO, Luis, Apuntes de Derecho penal, 2005, pp. 116-117.

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Los partidarios de esta posición, afirman que en el caso de la inidoneidad


absoluta el hecho sería atípico, por faltar uno de los elementos que integran el tipo
subordinado de tentativa: que lo hechos ejecutados sean directos (art. 7º CP.) (Esta
última exigencia supone que lo ejecutado por el hechor sea eficaz para lograr la
consumación). En el caso de la inidoneidad relativa, en cambio, se dan todos los
elementos exigidos por el tipo subordinado de tentativa: el objeto jurídico existe y los
medios utilizados son eficaces, luego los hechos que el individuo alcanzó a ejecutar
son directos. Por este motivo, se sostiene que la tentativa relativamente inidónea
debe ser castigada.
La jurisprudencia se inclina por la impunidad de la tentativa inidónea, aunque
suelen castigarse tentativas inducidas por un agente provocador, las cuales son
inhábiles para alcanzar la consumación del delito (por ejemplo, la policía, advertida de
que unos sujetos van a cometer un robo, acude al lugar y deja que éstos actúen para
apresarlos).
El tema de la tentativa inidónea está muy relacionado con las figuras que la
doctrina denomina delito putativo y delito imposible.
a) El delito putativo es un delito que sólo existe en la imaginación de un
individuo. El sujeto que actúa conoce todos los elementos del tipo, pero está
equivocado acerca de ilicitud de la conducta ejecutada: cree realizar algo ilícito,
cuando en realidad es lícito (error de prohibición al revés).
b) El delito imposible es otra denominación para designar lo que anteriormente
llamamos tentativa absolutamente inidónea. El sujeto, en este caso, se
equivoca respecto de un elemento del tipo, creyendo que concurre, cuando en
realidad no es así (error de tipo al revés).
La doctrina concuerda en que ambas figuras no son punibles.

VIII. SITUACIONES ESPECIALES

a) La tentativa y el delito frustrado no son punibles en el caso de las faltas, porque


las definiciones que ofrece el artículo 7º CP. se refieren únicamente a los
crímenes y simples delitos.
a) El autor de tentativa y de delito frustrado tiene asignada una pena inferior a la
que corresponde aplicar al autor de delito consumado: un grado menos en el
caso del delito frustrado y dos grados menos en el caso de la tentativa. Sin
embargo, excepcionalmente, la ley equipara las penas aplicables a la tentativa,
al delito frustrado y al delito consumado (artículo 450 inciso primero).
b) Las figuras de tentativa y delito frustrado no tienen cabida en los delitos de
omisión, porque el artículo 7º CP parte de la base de que hay un principio de
ejecución, exigencia que resulta incompatible con una actuación omisiva.
c) Cuando concurre el desistimiento o arrepentimiento no se dan los supuestos
para castigar a título de tentativa y de delito frustrado respectivamente. Ello,

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sin embargo, no es obstáculo para que se castiguen los hechos que el individuo
alcanzó a ejecutar, si éstos completan las exigencias de un tipo diverso.

EJERCICIOS

1. Inventa un supuesto de aborto en el que deberás distinguir las diversas etapas


o el “camino” por el que transcurre el desarrollo del delito.
2. Boris decide matar a Igor, para lo cual lo amenaza con un arma y lo conduce a
un lugar solitario. Analiza si esa conducta constituye un acto preparatorio o
ejecutivo según los diversos criterios elaborados por la doctrina para hacer la
distinción.
3. Boris invita a Igor a que asalten un banco esa misma tarde. Igor acepta
gustoso, pero mientras va hacia su casa a buscar un gorro pasamontañas para
cubrir su rostro en el atraco, sufre un accidente y no puede cometer el delito.
¿Existe alguna conducta punible en esta situación?
4. Igor quiere matar a Clemencia, para lo cual le dispara cinco veces. Clemencia
cae al suelo desplomada e Igor huye del lugar pensando que la ha matado. Sin
embargo, Clemencia no fue alcanzada por ninguna de las balas, sólo se
desmayó por la impresión que le causó ver a Igor disparándole. ¿Cómo calificas
el comportamiento de Igor?
5. Igor entra a robar en la casa de Clemencia. Pero, estando en su interior, se
encuentra con el padre de Clemencia que lo amenaza con llamar a la policía si
no sale inmediatamente del lugar. Igor arroja la mochila en la que había
alcanzado a guardar algunas cosas de Clemencia y huye. Califica la conducta
de Igor.
6. Esta vez Igor, estando dentro de la casa de Clemencia, descubre en una foto
que ella es miembro de la Policía. Asustado por las consecuencias que podría
tener su robo, decide dejar las cosas que ya había tomado en su lugar original y
salir sigilosamente de la casa. Califica la conducta de Igor.
7. Igor contrata a Boris para que mate a Antonia (su mujer) y a Roberto (amante
de Antonia). Sabiendo que ellos se reunirían al día siguiente, instruye a Boris
para que los mate al salir del hotel en que estarían. El día convenido, Igor se
arrepiente de lo que ha hecho y llama al celular de Boris para que suspenda el
“trabajo”. Sin embargo, Boris le informa que es demasiado tarde, porque ya
había disparado contra ambos; que Roberto está muerto pero Antonia
sobrevive. Igor le pide a Boris que traslade inmediatamente a Antonia a un
hospital. Esta es atendida oportunamente y sobrevive.

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8. En el mismo caso anterior, supongamos ahora que Boris recibe la llamada antes
de efectuar los disparos y que, bajo la promesa de que igualmente recibiría el
pago de la suma acordada, se retira del lugar sin cumplir su cometido.
9. Inventa una situación concreta de tentativa absolutamente inidónea y otra, de
tentativa relativamente inidónea.

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