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Tema 1:

Sistema Penal y Control Social.

Tema 2:

Análisis de los principales tipos penales


relacionados con la exclusión y sus
principales causas.
EL SISTEMA PENAL COMO INSTRUMENTO DEL CONTROL SOCIAL

El sistema penal es constitutivo de representaciones y relaciones sociales, de políticas


públicas, de discursos de poder, e incluso de su propia configuración lingüística, la ley penal; en
suma representa lo cotidiano de las sociedades actuales. Por ello resulta necesario evaluar el
estado del sistema penal y el papel que juega en la democratización del poder punitivo. Más aún
si en materia penal continua el criterio de los últimos años: aumentar las penas; en realidad, ésta
es prácticamente la única política criminal en la lucha contra el delito, puesto que
equivocadamente se piensa que el endurecimiento de las penas tiene un importante efecto
preventivo; cuando ello no es así, pues son los factores que concurren en la criminalidad los que
determinan la delincuencia de un país.

El orden social como propuesta con capacidad pacificadora de las relaciones sociales
siempre estuvo y estará ligado a las relaciones de fuerza existente en una sociedad y a la
amenaza o el ejercicio de la violencia para hacer cumplir las leyes que emergen del propio
orden social. En ese sentido, el derecho y la paz, como aspiración o componentes de tal orden
conviven en situación inestable con las violaciones al derecho y con la violencia para
imponerlo.

Frente a esta situación inestable se hace necesaria la administración y distribución del


poder, con sus desigualdades y jerarquías, la administración de premios y castigos. Tal
administración no es otra que el control social que implica uno de los problemas mas
inquietantes en el ámbito intelectual ya que su ejercicio produce efectos o consecuencias
sociales, abarcando a la sociedad en su conjunto .

El concepto de control social ha sido objeto de consideraciones diversas. Fue la


sociología norteamericana de las dos primeras décadas del siglo XX la que utilizó el concepto
como sinónimo de conductas acorde con el interés común y de un control sobre uno mismo y
conjuntamente como el control que los ciudadanos ejercían entre sí y sobre los órganos de
gobierno que creaban . Esta idea de control social “de abajo hacia arriba” no ha dejado de estar
presente en la perspectiva de la lucha política y mantiene intacto su convocatoria a la ciudadanía
a participar en tal control .

En una acepción amplia, el control social responde a la pregunta de cuáles son los
elementos, positivos y negativos, que mantienen una sociedad. En su acepción estricta, supone
la definición de la desviación y la reacción a la misma .
El control social es el ejercido en la sociedad política por el aparato institucional del
poder público: sobre el común de los ciudadanos, de manera global, y sobre determinados
grupos, frecuentemente marginados o resistentes, de una manera particular . El concepto de
control social remite, así, a la relación del poder con los ciudadanos.

Para obtener la conformidad o adaptación del individuo a sus postulados normativos la


comunidad se sirve de dos clases de instancias o portadores del control social: instancias
formales e instancias informales.

Instancias informales del control social son, por ejemplo, la familia, la escuela, la
profesión, etc.; mientras que agencias formales del control penal son: la policía, los fiscales, los
jueces, los procuradores, sistemas penitenciarios; quienes actúan usando un conjunto de normas:
Código Penal, Código Procesal Penal, Código de Procedimientos Penales, Código de Ejecución
Penal, etc., que se relacionan en un complejo dinámico de funciones cuyas sanciones a
diferencia de las del control social informal nunca son neutras sino negativas y estigmatizantes,
encontrándose por este motivo, sometidas a normas que tratan de asegurarle objetividad y
respeto de las garantías de las personas involucradas en el conflicto social .

Cuando las instancias informales del control social fracasan o el comportamiento del
individuo reviste una particular relevancia social o gravedad, la sociedad se ve obligada a
recurrir al mecanismo artificial del sistema penal a fin de controlar lo que los medios naturales
no pueden.

El sistema penal es el control social punitivo institucionalizado . Este sistema emerge como
medio de socialización sustitutivo sólo cuando los mecanismos primarios del control social
informal fracasan.

El sistema penal es el conjunto de relaciones y procesos derivados del ejercicio de la


facultad punitiva del Estado. Lo que permite tomar en cuenta relaciones "del control penal" que
no estén dentro de los límites jurídicos "fuera del límite", con lo que cabe más allá del control
formalizado tener en cuenta al control punitivo no formalizado , al que opera bajo el sistema
penal subterráneo, es decir, aquel que implica una punición (restricción o supresión relevante de
derechos humanos) .

La asunción de esta noción de sistema permite evidenciar la relevancia política de la


relación de regulación del Derecho (Iimitador y delimitador) sobre el poder punitivo,
contextualizando en el escenario social la intervención punitiva. Ello permite resaltar que el
objeto de regulación del Derecho (el control penal) se mueve en la trama social expresándose de
diversas formas ; por ejemplo, con el ejercicio de la función policial, que por tal no sólo será un
ámbito de regulación del Derecho Administrativo, sino también del Derecho Penal - y Procesal
Penal – y por supuesto del Constitucional; al igual que se plantea con el Derecho Penitenciario,
pues en ambos campos el eje no es sólo la prestación de un servicio público, sino el ejercicio del
poder penal.

Así, el control penal se manifestara en la actuación de los órganos del sistema, en los
procesos de formulación legislativa y hasta en las desviaciones en que incurra el poder punitivo.
Siendo lo primordial el conjunto de las relaciones vinculadas al ejercicio de la facultad punitiva
del Estado o al ejercicio del control penal y cómo tales relaciones se integran en el devenir
social.

Desde otra perspectiva, la de la persona y su libertad, en tanto que control social


formalizado, cabe considerar el sistema penal como un sistema garantista. Un sistema penal
como sistema de garantías es consecuencia de una política criminal en un Estado social y
democrático de derecho. En tal sentido, presenta ventajas que no tienen los controles
informales. Desde luego, la reacción penal garantiza que otro tipo de reacciones sociales
informales, espontáneas, incontroladas de otras fuerzas sociales quede neutralizada, impidiendo
la venganza.

Según el Dr. Luigi Ferrajoli, el sistema penal se caracteriza porque el Estado ha legalizado o
institucionalizado la violencia. El primer presupuesto de la función garantista del derecho y del
proceso penal es el monopolio legal y judicial de la violencia represiva. El derecho y el proceso,
en efecto, garantizan contra la arbitrariedad en cuanto representan técnicas exclusivas y
exhaustivas del uso de la fuerza con fines de defensa social .

Las relaciones sociales y los fenómenos que se generan en nuestro país, cada día son
más complejos, muchos de estos fenómenos provocan daño social, o crean intereses o demandas
que necesitan de una protección eficaz y oportuna, transformándose en bienes jurídicos que
necesitan ser protegidos o tutelados a través de la punibilidad, lo cual nos conduce a la
configuración de figuras delictivas creadas por la Ley penal, cuyas consecuencias alcanzan a
aquellas personas que causan daño social mediante la aplicación de sanciones penales.

Este complejo de momentos e instancias de aplicación del poder punitivo estatal surge
al amparo de la Construcción del Estado Moderno, es lo que se denomina Sistema Penal, el Dr.
Roberto Bergalli lo define de la siguiente manera:

“El sistema penal de las sociedades modernas está previsto como conjunto de medios o
instrumentos para llevar a cabo un efectivo control social formalizado de la criminalidad que se
manifiesta en esas sociedades. Por tanto, describiendo y analizando el funcionamiento de las
instancias que conforman es posible entender que tipo de estrategia de control social se pretende
dibujar desde el Estado. Sin embargo, el control social estatal no es todo control ni el mejor de
los controles que tiene lugar en las sociedades avanzadas que han entrado en el posfordismo.

El sistema penal está configurado, entonces, mediante procesos de creación de un ordenamiento


jurídico específico, constituido por leyes de fondo (penales) y de forma (procesales). Pero,
asimismo, deben necesariamente existir unas instancias de aplicación de ese aparato legislativo,
con la misión de concretar en situaciones, comportamientos y actores cuándo se comete un
delito y cómo este se controla.

De este modo, el Dr. Roberto Bergalli analiza el panorama del sistema penal,
diferenciándolo en estático o abstracto, y dinámico o concreto.

El sistema penal estático o abstracto designa aquel nivel de los sistemas penales que
únicamente se ocupan (por parte de los juristas) de la producción y estudio del sistema de
preceptos, reglas o normas que definen los conceptos de delito y pena.

El sistema penal dinámico o concreto, en cambio, alude a las actividades de aquellas


instancias o agencias de aplicación del control punitivo , como la policía, los fiscales, los jueces,
etc.

La descripción de tipos delictivos por el Código Penal y la manera en que tendrán lugar
los procesos penales o la determinación de las formas de actuar que se prevé para las instancias
de aplicación del control penal (policía, jueces, Ministerio Público y cárcel) en las respectivas
leyes orgánicas no se llenan de contenido hasta que efectivamente una persona o varias son
imputadas, incriminadas o acusadas de una conducta punible. Esto último es lo que pone en
funcionamiento las instancias de aplicación del sistema penal y el producto de sus actividades
no necesariamente coincide siempre con las previsiones abstractas del ordenamiento jurídico. Es
decir, que esas actividades producen realidad que habitualmente difiere de la prevista.

CONTROL SOCIAL

El control social es el conjunto de prácticas, actitudes y valores destinados a mantener el orden


establecido en las sociedades.1 Aunque a veces el control social se realiza por medios coactivos
o violentos, el control social también incluye formas no específicamente coactivas, como los
prejuicios, los valores y las creencias.
Entre los medios de control social están las normas sociales, las instituciones, la religión, las
leyes, las jerarquías, los medios de represión, la indoctrinación (los medios de comunicación y
la propaganda),2 3
los comportamientos generalmente aceptados, y los usos y costumbres
(sistema informal, que puede incluir prejuicios) y leyes (sistema formal, que incluye
sanciones).1

Introducción

El control social aparece en todas las sociedades como un medio de fortalecimiento y


supervivencia del grupo y sus normas. Las normas menores y las leyes son las que conforman
los grupos. La implantación de una moral social (por las influencias sociales que genera) y la
crítica liberal como autodefensa y como interpretación de sucesos e intereses, es el camino hacia
el cambio social. Actúa sobre la desviación social (leyes) y anomia (normas).

La cognición social o perspectiva del comportamiento desviado de forma correcta —cierta—,


tiene un esquema de estereotipos y juicios de valor en su versión no científica, y es posible y
habitual como conocimiento científico —profesional—; es de hecho imposible una sociedad sin
normas (Estado de Derecho) y la cuestión es su precisa naturaleza y los mecanismos para el
caso, sin cargar con más problemas adicionales, solamente el bien común con una normativa
funcional para el orden social. Como el control es importante, a su vez tiene que haber control
sobre los controladores con un consenso en la normativa para un equilibro de poderes y
controles, que no sea represivo en su actitud.

El control social persuasivo para el logro de la conformidad funciona principalmente con ideas
y valores, que se traducen en actitudes respetuosas de las normas. Se tiende a una moral libre,
opcional, personalizada, menos reglas y con menos control.

MEDIOS DE CONTROL SOCIAL

Medios informales

Las medidas informales, son aquellas que no están institucionalizadas, como los medios de
comunicación, la educación, las normas morales, etc, las cuales no tiene una formalización a
través de normas o leyes escritas. Son más importantes que los formales porque transmiten
hábitos, normas y valores determinados. La instancia policial es un ejemplo: es un mecanismo
de control social informal que se deriva del Estado. Se inició tras la Revolución Francesa
controlando a nivel legislativo. Sus competencias garantizan el poder desmesurado del Estado,
pero es una instancia estatal con capacidad de castigo y represión contra el ciudadano puesto
que los que controlan o tienen poder someten al resto. Su función principal es el mantenimiento
de leyes y del orden público. A partir de los años 80 (siglo XX), aparece la seguridad ciudadana.
Como hecho político, se añade una función de vigilancia (represor contra las incidencias) que
desemboca en el Estado intervencionista. Se vincula a la transformación urbana de las ciudades
(las grandes avenidas permiten el paso del ejército con los caballos). A esta función de represión
se le añade la salvaguarda: prevención en primer lugar y función asistencial de la población. La
paradoja fundamental de la policía es que simultáneamente es preventiva y represora, ya que "el
policía que está para ayudar también te puede detener".

Medios formales

Las medidas formales de control social son las que se implementan a través de estatutos, leyes y
regulaciones contra las conductas no deseadas. Dichas medidas son respaldadas por el gobierno
y otras instituciones por medios explícitamente coactivos, que van desde las sanciones hasta el
encarcelamiento o el confinamiento. En los estados de derecho los objetivos y mecanismos de
control social están recogidos en la legislación explícita.

SUBSISTEMA POLICIAL

Constituye un conjunto de supuestos y principios sobre la organización deseable de la


policía como agencia de seguridad ciudadana. Los principios del modelo son las coordenadas
institucionales a través de los cuales se articula todo el ejercicio y funcionamiento de la
organización.

El modelo policial se concibe como un modelo complejo en tanto que responde a la


correlación de poderes públicos de los ámbitos político territoriales nacional, estadal y
municipal que concurren equilibradamente dentro del Sistema Integrado de Policía para el
cumplimiento de la función policial destinada a la satisfacción de la garantía de la seguridad
ciudadana.

Abarca supuestos y principios intrainstitucionales, que tienen que ver con la


organización, gestión, desempeño y evaluación comunes para los cuerpos de policía, y que
deben ser aplicados dentro de cada uno de ellos, y supuestos y principios interinstitucionales,
que tienen que ver con la coordinación, cooperación, sinergia y acoplamiento de los diversos
cuerpos policiales dentro del marco de una acción convergente para la realización de las
políticas públicas de seguridad ciudadana que corresponden a la policía.

1. PRINCIPIOS GENERALES

La Policía es una institución pública, de función indelegable, civil, que opera dentro del
marco de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela y de los tratados y
principios internacionales sobre protección de los derechos humanos, orientada por los
principios de permanencia, eficacia, eficiencia, universalidad, democracia y participación,
control de desempeño y evaluación de acuerdo con procesos y estándares definidos y sometida a
un proceso de planificación y desarrollo conforme a las necesidades dentro de los ámbitos
político territoriales en el ámbito nacional, estadal y municipal.

De carácter público y de función indelegable: La policía se entiende como una instancia de


prestación estatal que debe contribuir significativamente a garantizar la seguridad ciudadana sin
que su intervención pueda ser sustituida por instancias de carácter privado en lo que se refiere a
la protección de los derechos humanos y al arbitraje del uso de la fuerza legalmente autorizada.

Civil: La policía es una institución para el mantenimiento de la convivencia pacífica dentro de


la sociedad caracterizada por el libre ejercicio de los derechos, la adopción de decisiones
políticas construidas sobre la base de consensos y el uso de la fuerza en la medida estrictamente
necesaria para cada situación. El carácter civil se manifiesta orgánica y funcionalmente en su
mando, dirección, estructura, cultura organizacional, tácticas, equipos, estrategias y en el
personal.

Dentro del marco constitucional y de los derechos humanos: La Policía es una institución
encargada de contribuir significativamente a garantizar la seguridad ciudadana con estricto
apego a los principios constitucionales, y a los derechos humanos garantizados por la
Constitución y por el sistema internacional de protección.

Permanente: La Policía constituye la prestación continua de medidas para contribuir


significativamente a garantizar la seguridad ciudadana y no puede estar sometida a vaivenes que
impliquen la interrupción de la prestación.

Eficaz y eficiente: La policía debe orientarse a la satisfacción de la garantía de seguridad


ciudadana, de manera tal que optimice los recursos disponibles para la consecución de los
resultados previstos.
Universal: La policía debe cubrir todos los estratos de la población de forma amplia, sin
distinción ni discriminación alguna de origen nacional o social, posición económica raza, etnia,
sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra condición o índole.

Democrática y participativa: La policía debe ser una institución abierta al escrutinio de los
ciudadanos, facilitando la intervención de los mismos en la planificación del servicio, el control
y evaluación, gestión conforme a parámetros predefinidos y suficientemente conocidos, que
faciliten su mejoramiento y corrección.

Sujeta a planificación: La policía es una institución programable en función de estrategias,


metas y objetivos compatibles con las políticas públicas de seguridad ciudadana.

Necesaria y pertinente: La policía debe responder a los requerimientos de seguridad


ciudadana, en los ámbitos político territoriales municipal, estadal y nacional, según sea preciso
para garantizarla en cada uno de los ámbitos político territoriales.

2. LA FUNCIÓN POLICIAL

¿Qué debe hacer la policía?

La seguridad ciudadana es una garantía constitucional (artículo 55) cuyo cumplimiento


lo asigna el Estado a los órganos de seguridad ciudadana (artículo 332) como una competencia
concurrente entre los ámbitos político territoriales nacional, estadal y municipal (artículo 332,
último aparte). La principal función de seguridad ciudadana es la policial que consiste en la
protección que el Estado debe garantizar a las personas y a la colectividad frente a agresiones
(por acción u omisión) o peligros que amenacen o lesionen los derechos humanos a la vida, la
integridad, las libertades y el patrimonio (público y privado), al incumplimiento de los actos
emanados de la autoridad competente o, menoscabo del funcionamiento institucional.

La función principal de las policías, de acuerdo a este mandato se expresa en las


siguientes acciones:

a) Garantizar el libre ejercicio de los derechos humanos y las libertades públicas.

b) Prevenir la comisión de delitos.

c) Apoyar el cumplimiento de las decisiones de la autoridad competente.


d) Garantizar el control y la vigilancia de la circulación y el tránsito terrestre.

e) Facilitar la resolución de conflictos mediante el diálogo, la mediación y la conciliación.

Estas acciones definen el marco de la función policial general, que por mandato
constitucional, es concurrente entre los tres ámbitos político territorial del poder público
nacional, estadal y municipal. Por lo cual son competentes para ejercerlas, la policía nacional y
las policías estadales y municipales. Para el cumplimiento de esta garantía, el Estado cuenta con
los órganos de seguridad ciudadana, entre los cuales está la policía.

Tránsito terrestre: Dado que la función de preservación, mantenimiento y aprovechamiento de


vías terrestres es reconocida por la Constitución como un ámbito de competencia concurrente
entre el poder nacional, estadal y municipal, por los artículos 156, n. 27, 164, n. 9 y 178, n. 2 de
la Constitución, las policías de estos niveles tienen funciones de control y ordenación de la
circulación y el tránsito de vehículos, así como de seguridad vial en general. Por estas razones,
no se justifica un cuerpo nacional exclusivo de Vigilancia y Tránsito Terrestre.

La investigación penal como manifestación de la seguridad ciudadana comporta las


acciones, técnicas, medios y procedimientos para investigar la comisión de delitos e
identificación de los autores, como actividad de auxilio al Ministerio Público en la investigación
penal. En cuanto a la función especial de investigación penal, el artículo 332 ordena que en el
ámbito nacional, el Ejecutivo Nacional organizará un Cuerpo de Investigación Penales, pero
como además la función de investigación penal es una función policial especial que forma parte
de la seguridad ciudadana (Constitución, 332,2°) y ésta última es concurrente entre los tres
ámbitos políticos territoriales (artículo 332, último aparte), los órganos policiales de estos tres
ámbitos deben cumplir también esta función, tal y como lo determina la legislación
correspondiente (COPP; LOMP y DLCICPC-COPP) bajo la dirección del Ministerio Público en
desarrollo del mandato constitucional (artículo 285,3°).

Los servicios de policía especializada, que correspondan a extranjería, identificación,


sistema financiero, impositivo y aduanero, navegación, sanidad, ambiente y recursos naturales,
recursos hidráulicos, ordenación territorial, fronteras, minería, puertos y aeropuertos,
ferrocarriles y telecomunicaciones, de conformidad con lo previsto en los numerales 4, 5, 6, 11,
15, 16, 23, 25, 26, 27, 28 y 30 del art. 156 de la Constitución, corresponden al Poder Público
Nacional. Dado que algunas de estas competencias han sido atribuidas a la Guardia Nacional
por la Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional, y que, de acuerdo al artículo 332 de la
Constitución, la Guardia Nacional no es un órgano de seguridad ciudadana, ella no debe cumplir
funciones de policía general.
SISTEMA PENAL Y EXCLUSIÓN SOCIAL

Roberto Bergalli

(Universitat de Barcelona)

Algunas aclaraciones semánticas

Explicar los términos que conforman el título dado a este intervención podría ser una
tarea sencilla, toda vez que ambos pueden ser comprendidos sin mayores aclaraciones, aunque
los lenguajes jurídico-penal y sociológico no sean de divulgación amplia. Sin embargo, según la
tradición en la cual primero se acuñó la expresión sistema penal para luego, muy
posteriormente, quedar inscripta en el glosario y los principios del constitucionalismo social,
parecería un contrasentido ligarla con el segundo término del título elegido. Me explicaré, por
partes.

1) El sistema penal del que hablan los juristas está limitado al campo de los
ordenamientos jurídico penales, procesales, policiales y penitenciarios. De esta manera, los
fundamentos, los límites, los objetos de conocimiento y los métodos para llegar a describir a
estos, quedan circunscriptos al análisis del universo normativo dentro del que queda encerrado
el debate jurídico-penal y así entonces queda determinada la epistemología jurídica, al menos en
la tradición continental-europea. Semejante debate tiene lugar sobre los mayores o menores
espacios de libertad dentro de los cuales tanto la responsabilidad criminal (culpabilidad) del
autor de un delito, como la determinación de las consecuencias jurídicas a esa acción punible
deben decidirse jurisdiccionalmente. Tal concepción arranca de un origen liberal iluminista el
cual, por su propio surgimiento e instalación en la Modernidad, reinvindicó su origen humanista
y humanizador. Pero, el sistema penal del que en propiedad nuestras actuales sociedades son
herederas es aquel que, a partir del constitucionalismo social de la Segunda Post-Guerra
mundial, ha guiado las orientaciones de la intervención punitiva posterior y es uno dentro del
cual han de tenerse en cuenta otros fundamentos, otros límites, otros objetos de conocimiento y
otras metodologías. Lo que estoy queriendo decir, en definitiva, es que hemos de hablar y
plantear el cambio epistemológico ocurrido en el campo del conocimiento criminológico, del
cual poco se habla. Ello así, pues este segundo concepto ampliado de sistema penal que heredó
del primero sus fundamentos humanistas, se vio exigido a expandir su campo de conocimiento
con el fin de poder aplicar y desarrollar los principios del constitucionalismo social; es decir,
con el fin de incorporar a la actividad de las instancias o agencias de aplicación del control
punitivo-estatal los nuevos objetivos o fines que las constituciones atribuyeron a la pena y a
toda la actividad complementaria de las policías, las jurisdicciones penales y las cárceles o
instituciones penitenciarias para la aplicación concreta de las penas.

En consecuencia hablamos, por un lado, de sistema penal estático o abstracto, para


designar aquel nivel de los sistemas penales que únicamente se ocupan (por parte de los juristas)
de la producción y estudio del sistema de preceptos-reglas o normas que definen los conceptos
de delito y pena; mientras, por el otro lado, aludimos al sistema penal dinámico o concreto para
referir las actividades de aquellas instancias o agencias de aplicación del control punitivo (cfr.
Bergalli 1996: VIII-XII; 2003: 41-67). Los objetivos de semejante sistema penal, así
diferenciado, aunque siempre se haya intentado que ambos niveles actúen en la misma
dirección, fueron propuestos, y así se intentaba alcanzarlos, desde un concepto de bienestar
(Welfare) amplio, hasta tal punto que se otorgaba al sistema penal unas tareas para facilitar la
reintegración social o la resocialización de las personas sometidas por un período a la reclusión
penal la que, por cierto, siempre ha sido considerada también como una forma de exclusión
temporaria de la vida ciudadana, a la cual tales personas debían reintegrarse.

2) En lo que atañe al segundo término del título -exclusión social-, éste requiere una
aclaración relacionada con las transformaciones que han estado y siguen provocando en los
tejidos sociales las consecuencias de una globalización económica con efectos dañinos sobre lo
social, lo cultural y, obviamente, lo político. En efecto, en todos estos planos de la vida de los
pueblos –tanto en Occidente como Oriente, aunque con variadas gradaciones, como es
comprensible- aquellas consecuencias se están demostrando como perniciosas y destructivas de
unas formas de relaciones e intercambios entre los humanos, establecidas y fijadas a lo largo de
los últimos períodos de la Modernidad. Muchos estudios se han difundido acerca de dichas
consecuencias, pero quizá uno de ellos sea el más claro y cercano a ellas (cfr. Baumann 1998).
Aquí es donde este tipo de apreciaciones se entrecruza con el ya difundido debate acerca del
surgimiento y vigencia de una post-Modernidad. La superación del s. XX, con todas las
contradicciones y las ambigüedades que había heredado de la Modernidad, ha puesto en
evidencia que se ha abierto un período posterior para la Humanidad y, en especial, para aquella
parte suya que habita en el Occidente del mundo (cfr. Guarracino, 2000). Muchos fenómenos
que siempre se han manifestado en la existencia de las sociedades humanas, tales como el delito
y la inmigración, por citar los más representativos del malestar que atraviesan nuestras vidas
contemporáneas, son últimamente objetos de análisis y tratamientos jurídico-penales,
presentándose ambos como expresiones típicas de exclusión social . No obstante, conviene
desde ya aclarar que también el delito y la inmigración nunca fueron expresiones propias de
inclusión pese a que, con matices, en diferentes períodos de la industrialización occidental y de
la incorporación de áreas de ese sector del planeta al comercio mundial, sí constituyeron
situaciones o procesos a través de los cuales sus actores pudieron integrarse a la vida productiva
y activa de determinadas sociedades (cfr. en particular respecto a la emigración italiana, la vasta
obra coordinada por Bevilacqua; De Clementi; Franzina 2001 y, en relación a la inmigración en
Argentina, Devoto 2003) . En algunos casos, los delincuentes condenados y los inmigrantes se
convirtieron en los agentes de crecimiento y desarrollo de países que en los tiempos presentes
son modelos de desarrollo (Australia, Nueva Zelanda)1, aunque es mucho más común el ejemplo
de los países que se han afirmado, incluso como casos paradigmáticos, sobre el principal
componente inmigratorio de sus poblaciones (Estados Unidos de Norteamérica y Argentina). La
misma voz exclusión social, ha sido considerada en las disciplinas sociales de ámbito castellano
hablante como proceso social de separación de un individuo o grupo respecto a las
posibilidades laborales, económicas, políticas y culturales a las que otros sí tienen acceso, y
suele concebirse como opuesto a inclusión social, aunque también a integración social (v.
Giménez 1998: 285). Este último, el de integración social, como noción central en el
estructural-funcionalismo parsoniano, o sea tendente a querer demostrar que las sociedades
pueden ser modelos de participación común sobre valores y creencias, es sabido que se opone a
los modelos de sociedades asentadas sobre el conflicto, las cuales no han sido analizadas
únicamente desde esta perspectiva por la originaria versión del conflicto marxiano de clases
(cfr. Marx; Engels 1975, vol. 2), sino también por toda la sociología del conflicto ulterior, no
necesariamente marxista (un sintético pero preciso panorama de ésta puede encontrarse en Rex
1981). Ambos modelos han sido propios del desarrollo de la civilización industrial. Mas, en las
últimas décadas, el concepto de la integración social ha quedado desnudo en toda su
esencialidad ideológica por efecto de los dos más grandes sucesos que han sacudido a las
sociedades occidentales, uno de naturaleza política y otro de raíz científico-tecnológica cuales
han sido, por un lado la desaparición de uno de los dos polos que controlaban la vida mundial
después del acuerdo de Yalta mientras, por el otro, el avance de la post-industrialización en la
cual, como se ha insinuado, ha influido decisivamente el cambio tecnológico, a partir de la
segunda Post-guerra mundial y los fenómenos agregados a ella, tales como la automatización.
De aquí en más, se ha producido lo que quizá es una verdadera hecatombe social con profundas
repercusiones económicas, aún cuando de lo que se habla es de una decisiva transformación
cultural ya que se alude al nacimiento de una nueva era caracterizada por el fin del trabajo
humano y el extravío del mayor sujeto histórico construido durante el fordismo, o sea el obrero
y sus organizaciones laborales (cfr. Rifkin 1997: 219-236; Gorz 1997). Por tanto, quien no se
integra o no puede incorporarse a la sociedad, sea la de las mayorías obedientes en el caso del
delito, sea la de acogida en el caso de la inmigración, puede resultar excluido. Pero, el camino
más veloz hacia la exclusión se ha construido en los últimos tiempos mediante la pérdida del
1
El empleo del banishment (destierro o deportación) como política para el uso de la mano de obra cautiva y, a la vez,
como colonización fue un instrumento de política criminal en el Reino Unido, a lo largo del s. XVIII (cfr. Ignatief
1978; Spierenburg 1991)
modelo social fordista, asentado –tal como he adelantado- en la cultura del trabajo industrial,
explotado y dependiente, pero gestor de un sistema de relaciones a través de las cuales se
obtenía respuesta a las fuertes demandas sociales (keynesianismo). Así fue que la economía de
mercado que emergió con el postfordismo incluyó un salto cualitativo en los niveles de
exclusión. El redimensionamiento de la economía ha supuesto tanto la reducción del mercado
laboral primario, como la expansión del mercado secundario o irregular y, asimismo, la creación
de una clase subalterna con un desempleo estructural (cfr. Young 2003: 21). Es de estos modos
como las sociedades post-industriales generan exclusión social.

3) Pero, el gran fenómeno globalizador está impulsado y sostenido fundamentalmente


por una ideología que se conoce como neo-liberal, uno de cuyos mayores epígonos ha sido
Friedrich A. Hayek (1973), mientras sus dos mayores difusores fueron Milton Friedman y Rose
Friedman (1980). Esta ideología ha auspiciado la substitución de las normas del Estado por las
reglas del mercado, favorecida por la ineficacia del keynesianismo a causa de las gemelas
influencias de la intensificada globalización y la transformación de la vida cotidiana. Las
sociedades occidentales han constatado, a partir de esta imposición neo-liberal lo que se
denomina como la desaparición de la civilización del trabajo (Revelli 1997: 9-20). De este
modo se provocó un avance descomunal de lo que se conoce como la privatización en el campo
de la producción y de los servicios, al tiempo que en ese espacio del mercado se ha favorecido
la concentración de sus actores, obviamente los más poderosos, facilitándose así la
monopolización u oligopolización. Fue en estos dos ámbitos donde la intervención pública
había impulsado la noción de bienestar, en beneficio de una procurada elevación de los niveles
de respuesta a las demandas sociales en campos como el ya mencionado del trabajo, la
educación, la salud, la vivienda, el crédito, la infancia, la juventud, la vejez. Esa capacidad de
respuesta se asentaba en una más justa redistribución de los recursos públicos y de los ingresos
que los Estados registraban por sus participaciones en los terrenos de la producción y la
circulación de bienes o en la recaudación de impuestos. Al perder protagonismo las
intervenciones estatales y ser substituidas por las privadas en aquel nivel de respuesta, se han
producido situaciones tales como la desaparición o debilitamiento de las políticas sociales, las
cuales han pasado a estar desreguladas o sometidas a la regla del beneficio del gestor o dador
privado del servicio subcontratado.

El neo-liberalismo coincide con las ideas de la nueva derecha antes que con el
neoconservadurismo; así lo ha afirmado y demostrado Anthony Giddens (1994: 37-45) desde
que los mercados económicos juegan un papel tan destacado en aquellas. Para los neoliberales,
la empresa capitalista no es más vista como la fuente de los problemas de la civilización
moderna. Por el contrario, ella es el centro de todo lo bueno que se produce en su entorno. Un
sistema de mercado competitivo no maximiza únicamente la eficiencia económica, antes bien se
presenta como el principal garante de la libertad individual y la solidaridad social.

Así las cosas, las señas de identidad del sistema económico presente son, por una parte,
la concentración de la riqueza en pocas manos y, por la otra, la difusión de la miseria en las más
vastas mayorías que han pasado a conformarse con los nuevos excluidos sociales. En unas pocas
palabras, la globalización económica, impuesta desde ese proceso de concentración manifiesta,
ha generado una estratificación de las desigualdades que crecen hasta el punto de generar este
fenómeno de exclusión social (cfr. Gallino 2000: 51-96), al cual se pretende replicar con más
uso del sistema penal.

Pues bien, de todo esto pienso ocuparme en lo que sigue, o sea de cómo los sistemas
penales contemporáneos han dejado de ser un control punitivo-estatal con fines de
resocialización o reintegración social para sus clientes, para pasar a constituirse en formidables
agentes profundizadores de la exclusión social, ésta como rasgo esencial de los modelos de
sociedad implantados por las reglas del mercado y la desaparición de aquellos modelos que se
regían esencialmente por las normas del Estado.

4) El residuo o resultado de semejante transformación es el de una perversa y obscena


utilización del sistema penal como el ámbito de mayor violación de los derechos humanos. Por
lo tanto, el avance de la sociedad de mercado promueve el delito, y así ha sido demostrado
como acontece para los Estados Unidos mediante cinco procedimientos (Currie 1998 130-142)
los cuales parecen coincidir para el Reino Unido (Taylor 1998: 234-235). Estos son:

- La “sociedad de mercado” promueve el delito de los poderosos produciendo un


significativo crecimiento de la desigualdad mediante el proceso de generar concentraciones
bastante destructivas de manifiesta privación económica;

- la “sociedad de mercado” ha estado erosionando la capacidad de las comunidades


locales para suministrar apoyo a la gente sobre bases informales, mediante recursos cívicos y
municipales. La destrucción de los recursos locales ha sido uno de los elementos centrales,
causantes de la inhabilidad de las comunidades locales para facilitar la socialización y la
supervisión de la gente joven, la que actualmente se reúne en las esquinas de las ciudades y los
estacionamientos suburbanos, amenazando dificultades y provocando miedos o ansiedades;

- en términos de los efectos sobre el mercado laboral y sobre los recursos para la
atención de los niños, el progreso de la “sociedad de mercado” ha constituido un elemento clave
en las tensiones y presiones que ha debido soportar la “unidad familiar”. Los problemas de la
fragmentación familiar, ampliamente informados, incluyendo la rápida aparición de la familia
monoparental como un “problema social”, fueron claramente conectados con el impacto que
tuvo el desencadenamiento de las fuerzas del mercado sobre los modelos de vida de los
norteamericanos de clase baja y las comunidades étnicas establecidas

- el desarrollo de la “sociedad de mercado “ en los Estados Unidos (p.ej., en la presión


ejercida para privatizar los servicios sociales en muchas ciudades norteamericanas) se ha
mantenido mediante el rechazo a cualquier clase de prestaciones estatales o públicas para
aquellos que han perdido su puesto de trabajo como resultado del avance de las fuerzas del
mercado; y,

- la “sociedad de mercado” en los Estados Unidos favoreció la institucionalización de


lo que Currie llama una “cultura de la competencia darwinista” por el status y los recursos, en
particular por su constante aliento de un nivel de consumo que la economía de mercado ha sido
incapaz de proporcionar a todos los ciudadanos, al menos por canales legítimos.

Véase, ahora, en concreto, lo acontecido con los sistemas penales contemporáneos.

5) La gestación de los sistemas penales modernos, a comienzos de la Modernidad, llevó


consigo un claro designio secularizador y de tratamiento igualitario a quienes eran objeto de
control punitivo. Sus fines más evidentes fueron el de eliminar la venganza privada y establecer
precisos límites a la intervención punitiva de los Estados modernos. Sus propuestas, como
provenientes del Estado laico, fueron las de producir una neta distinción entre delito y pecado,
como también entre pena y penitencia. Los dos primeros conceptos -delito y pena-,
respondiendo al principio de legalidad, podían únicamente ser empleados una vez que el
ordenamiento jurídico-penal los hubiera establecido de forma abstracta.

Estos principios rectores, pisoteados por el derecho penal autoritario de los Estados
totalitarios de entre guerras, fueron restablecidos por el constitucionalismo social y
constituyeron las bases de un nuevo sistema penal orientado a una pena-fin, mediante la cual,
además de cumplir con su naturaleza retributiva, también debía servir para alcanzar el objetivo
rehabilitador o resocializador. De esta manera, la intervención punitiva estatal debía recoger las
propuestas del modelo integral de ciencia penal (Gesamtestrafrechtswissenschaft) de principios
del s. XX, agregando todavía los aportes que las disciplinas de la conducta podían suministrar
para hacer comprender a los condenados a penas privativas de libertad la necesidad de corregir
sus comportamientos y así poder llevar, después de su liberaciones, un vida sin delitos. Estas
fueron las propuestas que, inscriptas en las constituciones de los Estados democráticos y de
derecho, recogieron los ordenamientos jurídico-penales de Europa continental.

De modo contemporáneo a la reconstrucción de los aparatos productivos, el progreso


industrial y el desarrollo económico exigieron que los Estados fijaran las reglas con las cuales se
pudiesen regular las relaciones entre los actores de tales procesos. Además, las iniciativas
privadas fueron complementadas por las públicas, de modo que los Estados también fueron
partícipes de actividades en los campos de la producción y circulación de bienes, todo lo cual, a
su vez, generó unos recursos que, de manera participativa, se pudieron aplicar a las políticas
sociales. La recomposición de los mercados de trabajo y el avance de una legislación laboral
progresiva produjo un enorme salto de cualidad en los niveles de vida. De tales formas es como
la idea del bienestar se convirtió en una meta a cumplir por los Estados democráticos.

Este sintético cuadro de la situación europea posibilitó que los sistemas penales
pretendieran alcanzar los objetivos resocializadores que fueron atribuidos a la ejecución del
encierro carcelario, algo absolutamente imposible de cumplir mediante el aislamiento o
secuestro institucional. Este aspecto es el que muestra con más evidencia hasta cuál punto la
ideología resocializadora estaba ligada a un modelo de sociedad de bienestar, aunque al mismo
tiempo también lo estaba a una orientación correccionalista.

6) Los fenómenos consecuentes a la globalización, como se ha anunciado, comportan


desigualdades mucho más profundas que aquellas que siempre han existido en todo tipo de
sociedad industrial realizada. Pero, a su vez, dan lugar a formas de criminalización todavía más
rígidas y excluyentes a las que siempre han tendido los sistemas penales, sean los propios a las
sociedades liberales del s. XIX, sean aquellos relativos a los de las sociedades del bienestar.
Aludo aquí a los dos tipos de criminalización conocidos: criminalización primaria y secundaria,
es decir a aquellos relativos a la creación del derecho penal material, con el cual se amplían los
márgenes de actuación de los sistemas penales, como asimismo a los que se constatan con la
intervención de las policías, las jurisdicciones penales y las instituciones carcelarias.

Mas, esta orientación que ya los sistemas penales contemporáneos habían revelado
desde por lo menos hacía unas décadas, sufrió una agudización extrema a partir de lo que ya se
conocen como las consecuencias penales de los sucesos del 11. septiembre de 2011, al ser
atacadas las Twin Towers de New York. Si el nuevo imperialismo desarrollado hasta entonces
desde los centros del poder mundial, instalado en el seno de las empresas multinacionales y de
las instituciones militares de los Estados Unidos, había dado muestras de total menosprecio por
un número de países cuyas dependencias de las actividades económicas y bélicas
norteamericanas cuyos intervencionismos eran patentes, después de aquellos luctuosos sucesos
esta capacidad se convirtió en el eje del un impulso agresor. Afhganistan y últimamente Irak lo
muestran con toda evidencia.

Pero, junto a tal agresividad, el comportamiento que se exhibe desde la White House y,
en especial desde otras instituciones y centros de poder que actúan en su entorno como actividad
satelitaria para la difusión de la ideología bélica, están influyendo de una manera decisiva en las
filosofías punitivas de los Estados.
Una primera expresión de tal agudización, siguiendo la distinción hecha en relación a
los dos niveles de los sistemas penales modernos (abstracto o estático y concreto o dinámico),
se ha verificado en el terreno del derecho penal material. Esta expresión tuvo, sin embargo,
precedencia a los sucesos del 11. septiembre de 2001 y comenzó a verificarse con las
transformaciones propias a la globalización. La reclamada ineficacia del derecho penal para
controlar el aumento de la criminalidad comenzó a verificarse mucho antes de esos hechos. Ello
tuvo lugar a partir que los efectos de la globalización se hicieron sentir sobre la existencia y
alcance del concepto de derecho, en particular en lo que atañe a su producción y aplicación. En
efecto, desde el momento que el desarrollo de la economía globalizada impuso la necesidad de
que las reglas jurídicas alteraran su racionalidad, en el sentido que no sólo debían concretarse a
amparar relaciones limitadas al ámbito de los Estados nacionales y extender su alcance a
aquellas que iban más allá de las fronteras estatales, las nociones clásicas de la cultura jurídica,
en cuanto a espacio y tiempo, se demostraron insuficientes. Esto ocurrió, primero en el campo
del derecho privado, en lo que se refiere a la regulación de contratos y obligaciones. Mas, de
inmediato también el derecho público reveló su inadecuación para limitar situaciones que
siempre habían caído bajo el control estatal. Por otra parte, los cambios de la tecnología
facilitaron movimientos de bienes y servicios muy difíciles de vigilar, como asimismo
facilitaron recursos que usados de manera imprudente o irresponsable generan daños a personas,
grupos humanos o bienes colectivos.

TIPOS PENALES

Una característica del derecho penal es la sanción de figuras delictivas, cuyas conductas
son descriptas por el legislador del modo más preciso posible, y a ellas debe adecuarse el caso
concreto, en su acción o inacción, sometido a juzgamiento, para ser punible. La necesidad de
seguridad jurídica hizo que existiera una protección constitucional para que nadie pueda ser
condenado si no existiera una ley que califique su conducta como antijurídica y punible,
debiendo ser esta ley anterior al hecho. Las leyes penales no poseen efecto retroactivo.

La norma no podría decir por ejemplo “el que cometa un hurto” sin señalar que
características definen el delito de hurto. Así el Código Penal argentino en lugar de decir al que
cometiera un hurto, expresa en su artículo 162: “…el que se apoderara ilegítimamente de una
cosa mueble, total o parcialmente ajena”.

El tipo penal está compuesto por los siguientes elementos:


1. Subjetivos: El elemento subjetivo general es la culpabilidad. A veces se añade la
exigencia del dolo, en otros se excluye el dolo eventual, en otras se exige el conocimiento de
ciertas circunstancias, como en los delitos contra el estado civil, que para que se configure la
conducta tipificada en el artículo 134, los cónyuges deben conocer que poseen el impedimento
que causa la nulidad absoluta del matrimonio, o la exigencia de ciertos vínculos de parentesco, o
de lazos de protección, o cuando se valora la capacidad y estabilidad psíquica de quien comete
el delito, por ejemplo, en el caso de homicidio cometido en estado de emoción violenta,
etcétera.

2. Objetivos: Se refiere a todas las acciones percibidas por los sentidos que configuran
la conducta delictiva punible. Por ejemplo, art. 140 del Código Penal argentino “El que redujere
a una persona a servidumbre”, es una acción totalmente comprobable, que nos da idea del
accionar que se quiere reprimir.

3. Normativos: Es la referencia a otras disposiciones del orden jurídico que


complementan los elementos objetivos, y dan significado a algunas expresiones usadas en el
tipo penal, por ejemplo “cosa mueble ajena” requerida para configurar el delito de hurto.

En la ilustración se ve claramente la tipificación del delito de hurto. Es un


apoderamiento ilegítimo, es una cosa mueble y es evidentemente ajena.

ANÁLISIS DE LOS PRINCIPALES TIPOS PENALES RELACIONADOS CON


LA EXCLUSIÓN Y SUS PRINCIPALES CAUSAS.

A continuación se presentan algunas conductas y tipos penales para iniciar el análisis.

Principales tipos penales relacionados con la exclusión y sus principales causas.


A continuación se presentan algunas conductas y tipos penales para iniciar el análisis.

La exclusión social como principal causante de conductas que transgreden la ley La


exclusión e inclusión sociales son procesos complejos y dinámicos que abarcan todos los
ámbitos de la vida. La exclusión en una esfera, por ejemplo, la falta de documentos de identidad
conduce a la exclusión en muchas otras, por ejemplo, la apertura de cuentas de ahorro o el voto
en las elecciones etc. La exclusión social se manifiesta en forma de múltiples males sociales
(pobreza, empleo informal, inquietud política, delincuencia y falta de acceso a salud y
educación, para citar sólo algunos), todo lo cual limita la capacidad de grandes sectores de la
población de participar eficazmente en una economía de mercado y, por lo tanto, disminuye su
bienestar.

Delitos relacionados con la exclusión social

Delitos Contra las Buenas Costumbres Y el Buen Orden de la Familia su base


fundamental esta en los valores ya que se trata del buen funcionamiento de la familia.

El Aborto Provocado se relaciona a la educación, pero su base principal es el respeto


a la vida

Prostitución Forzada su raíz comienza con los valores principales, pero su causas es
principalmente por múltiples necesidades.

Delitos contra la Propiedad. Esta se encuentra más hacia la necesidad causa principal
de la exclusión

El hurto famélico: (eminentemente justificada por la necesidad.

Delitos contra las personas este delito es el que reúne todas las causas de la
exclusión.

Contrabando de combustible por sus particularidades este delito se caracteriza por el


deseo material de las cosas.

Ahora bien, resumiendo todos esos delitos ya mencionado y que son las causas
fundamentales de la exclusión social, y que sus factores principales son: la educación, el
trabajo, la salud, alimentación hábitat y vivienda, y que por múltiples razones les son negados
dentro de una sociedad, sobre todo “la capitalista”, en donde la riqueza y las prosperidades están
en manos de un pequeño grupo social y el resto entre una población sin capacidad de responder
por carecer de herramientas necesarias para su bienestar social.

Además que, la exclusión amplía la pobreza, al no considerar únicamente la dimensión


económica del problema, sino también la pérdida del vínculo social.

LAS CONDUCTAS Y TIPOS PENALES QUE REPRESENTAN EL DELITO Y


LA EXCLUSIÓN SOCIAL
Conductas y tipos penales

Delitos Contra las Buenas Costumbres Y el Buen Orden de la Familia, contemplados


en nuestro Código Penal en el Titulo VIII, Capitulo I en los articulo 375 al 383 tipificado como
los delitos contra las buenas costumbres y el buen orden de las familias.

Revisemos la Doctrina, según Maggiore, Buenas costumbres son aquellas partes de la


moralidad pública que se refiere como criterio de apreciación a las relaciones sexuales. Las
costumbres se distinguen a la moralidad en cuanto a más a la actividad externa que a la
intimidad del querer y del sentir. Son el uso recto de las relaciones carnales opuesto a toda
práctica viciosa malas costumbres, desvergüenza. Consiguiente, de los agrupados en este Titulo,
son delitos contra las buenas costumbres:

La violación, la seducción, la prostitución y corrupción de menores, los actos


lascivos violentos, los ultrajes al pudor, el rapto y los delitos de los corruptores inducción a la
prostitución y la facilitación y favorecimientos de la misma; y contra el buen orden de las
familias, el incesto, el adulterio, la bigamia y la supresión y supresión y suposición del estado.
Los hechos punibles del primer grupo son todos atentados contra la corrección o licitud de las
relaciones sexuales; y los del grupo primario y cédula fundamental de la sociedad.

Cuestión que nadie discute, sino que es la opinión de la comunidad de los tratadistas
que han estudiado los problemas sexuales, es la de que el origen de los delitos de esta índole se
encuentra, con mayor frecuencia de la que podría imaginarse, en las aberraciones del instinto
genésico, como que ellas determinan en gran parte la perpetración de los delitos antes
mencionados.

El Aborto Provocado. Consideraremos en esta oportunidad el aborto provocado, el


delito de prostitución forzada.

Hasta hace muy pocos años, por la circunstancia de que los problemas sexuales se
hayan tratado siempre en privado, como hechos inmorales en todos los casos, se mantenía a los
niños en estado de absoluta ignorancia de todo lo relacionado con el sexo, por lo que aquellos
debían arriesgarse a la propia experiencia de esas condiciones, con la consecuencia lamentable
de no pocos traumas psíquicos que desembocan en verdaderas aberraciones.
En este punto se trata de ofrecer el tratamiento legal y consideración social a un tema
controversial como es el aborto provocado. Donde el ordenamiento jurídico ha venido
regulando desde la antigüedad.
En la Grecia y la Roma antiguas el aborto, así como el infanticidio, estaban
generalmente permitidos y socialmente aceptados. Desde que el Derecho se humanizó por
influencia del cristianismo, el aborto se ha castigado siempre como un crimen.

En el siglo XX se han producido varias modificaciones en cuanto al aborto provocado


con más o menos restricciones, según los países, aunque en muchas naciones sigue respetándose
y protegiéndose el derecho a la vida del no nacido.

El Derecho Canónico, considera aborto la muerte del feto mediante su destrucción


mientras depende del claustro materno o por su expulsión prematuramente provocada para que
muera, tanto si no es viable como si lo es.

El código penal declara punible el aborto provocado en circunstancias ajenas a salvar la


vida de la parturienta (Art. 435 últ. Párrafo). Pero a partir del artículos 432 al 436 se tipifica el
aborto provocado

El problema del aborto no es un tema impropio del Estado venezolano no es un


problema de conciencia individual de la madre o el padre, pues afecta a alguien distinto a ellos;
el ser ya concebido y todavía no nacido.

El poder público interviene positivamente en la defensa de la vida y la dignidad del


hombre, en todos los períodos de su existencia, con independencia de las circunstancias de cada
cual, aunque este principio, patrimonio común de todos los ordenamientos desde el cristianismo,
sea hoy puesto en cuestión por algunos. Es un asunto que afecta directamente a la solidaridad
natural de la especie humana, y todo ser humano debe sentirse interpelado ante la comisión de
cualquier aborto.

La autonomía de la conciencia individual debe respetarse en función de la persona


humana, pero precisamente por esta convicción los Estados tienen la exigencia ética de proteger
la vida y la integridad de los individuos, y despreciarían gravemente esta exigencia si se
inhibieran en el caso del aborto provocado, la tipificación penal del aborto como delito es la
medida jurídica proporcionada a la gravedad del atentado que supone contra la vida humana.

La ley penal no sólo tiene como fin la persecución del delito, sino también ayudar a
conformar la conciencia social sobre los valores básicos de la convivencia, estimulando a los
ciudadanos a no cometer lo que se penaliza.

Prostitución Forzada: Lo mismo se puede decir del delito de prostitución forzada:


“Se entiende por prostitución forzada la acción de obligar a una mujer a realizar uno o más actos
de naturaleza sexual por la fuerza o mediante la amenaza, o coacción como la causada por el
temor a la violencia, la intimidación, la opresión psicológica o el abuso del poder, esperando
obtener ventajas o beneficios pecuniarios o de otro tipo, a cambio de los actos de naturaleza
sexual de la mujer”. (Art. 15, 8º Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre
de Violencia)

Quien mediante el uso de la fuerza física, la amenaza de violencia, la coacción


psicológica o el abuso de poder, obligue a una mujer a realizar uno o más actos de naturaleza
sexual con el objeto de obtener a cambio ventajas de carácter pecuniario o de otra índole, en
beneficio propio o de un tercero, será sancionado con pena de diez a quince años de prisión”
(artículo 46 de la Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una vida Libre de Violencia).

• Delitos contra la Propiedad. El delito de invasión es una de las acciones ilícitas que
está bajo la lupa criminal de las autoridades. 10 años de cárcel y el pago de 200 Unidades
Tributarias es la máxima pena para los implicados en el hecho punible. El Código Penal
Venezolano sanciona la invasión. La Constitución Nacional garantiza el derecho a la propiedad
y la Ley del Régimen Prestacional de Vivienda y Hábitat prohíbe ese delito, y establece que
aquella persona que incurra en la acción irregular pierde las garantías de acceder una vivienda.

El Código Penal Venezolano no perdona al promotor, organizador o director de la


invasión. El cabecilla del flagelo será castigado con un máximo de 15 años de prisión y el pago
de 300 Unidades Tributarias. Constitución Nacional Artículo 115 Se garantiza el derecho de
propiedad. Toda persona tiene derecho al uso, goce, disfrute y disposición de sus bienes”.
Código Penal Artículo 471, A Quien con el propósito de obtener para sí o para un tercero
provecho ilícito, invada terreno, inmueble o bienhechuría, ajenas, incurrirá en prisión de 5 a 10
años y multa de 50 unidades tributarias a 200 unidades tributarias. La pena establecida en el
inciso anterior se aplicará aumentada hasta la mitad para el promotor, organizador o director.

Ley del Régimen Prestacional de Vivienda y Hábitat: Artículo 155: Se prohíbe las
invasiones u ocupaciones ilegales de terrenos públicos o privados por parte de personas
naturales o jurídicas, en atención a lo establecido en el Artículo 115 de la Carta Magna.

El Estado no dará beneficio o garantía alguna a las personas naturales o jurídicas que
realicen invasiones u ocupaciones ilegales de tierras, en contravención con lo establecido en la
presente Ley y su Reglamento.

En la lucha por el trabajo y la vivienda, las invasiones de tierras y de inmuebles urbanos


han estado presentes en todas las sociedades durante siglos. El inicio del capitalismo en
Inglaterra se caracterizó por el despojo violento de los campesinos de sus tierras, lo que los
convirtió en vagabundos desposeídos que luego fueron “entrenados” en la disciplina del trabajo
asalariado. Se entiende que en esas circunstancias de privaciones y explotación se produzcan
luchas campesinas por el disfrute laboral de la tierra. Otro tanto ocurre en las grandes ciudades,
donde los “sin techo” tratan de procurarse una vivienda que los cobije, sobre todo cuando
existen centenares de viviendas no utilizadas, cuya presencia es una afrenta a las necesidades no
cubiertas de un sector importante de la población.

En un proceso popular y revolucionario, sin embargo, las invasiones son inexplicables,


pues se supone que dicho gobierno está precisamente al servicio de los más pobres y de
satisfacer prioritariamente las necesidades de tierra de los campesinos y de viviendas del pueblo
urbano, para lo cual aprueba leyes y financia proyectos y programas. El nuevo Estado asume, de
esa manera, el compromiso ineludible de saldar una deuda, diferida por años, con los más
pobres. Estas razones hacen innecesaria e inconveniente la práctica de las invasiones durante la
vigencia de todo proceso revolucionario, a menos que con ellas se persigan otros objetivos.

Las invasiones o la amenaza permanente de su ocurrencia constituyen un factor


entorpecedor de las actividades programadas para satisfacer las necesidades de tierra y de
viviendas. Los proyectos respectivos se ven interferidos por una práctica nociva, que pretende
lograr la satisfacción de un grupo de individualidades, por encima de las prioridades del
colectivo establecidas por el Estado, el cual toma en cuenta muchos otros factores adicionales a
las peticiones de los afectados. Se convierten también en focos de corrupción, pues permiten la
presencia protagónica de profesionales de estas acciones quienes, aprovechando las necesidades
de la gente, terminan enriqueciéndose con el control directo de los inmuebles y su utilización en
funciones totalmente diferentes de las inicialmente esgrimidas. Este tipo de conductas delictivas
son también desestabilizadoras de la economía y del ambiente político.

Es importante que los sectores sociales y económicos alcancen un grado suficiente de


sensibilidad social.

El hurto famélico: es aquel que es justificado por un estado de necesidad. Nuestro


Código Penal no lo tipifica específicamente, nuestros tribunales lo toman del artículo 451
primer aparte.

Características para su procedencia:

Necesidad extraordinaria.

No deben existir otros medios para satisfacer esa necesidad.

El objeto debe ser comestible.


También podemos agregar que el hurto famélico, es el que se comete para resolver una
situación de hambre irresistible y que por falta de medios económicos no puede ser satisfecha de
otro modo. Constituye, según algunos autores, una causa de justificación, conocida como estado
de necesidad.

Delitos contra las personas: La designación adoptada por la ley en este caso difiere
de las que se emplea en la mayor parte de los títulos del código, pues generalmente éste toma de
base, como principio clasificatorio, el bien jurídico tutelado por las incriminaciones
correspondientes. En este caso, sin embargo, agrupa bajo la designación “delitos contra las
personas” a los delitos contra la vida homicidio, aborto y la salud lesiones ya sea en figuras que
se orientan en general, hacia la represión del daño consumado o en figuras que tienden al
castigo de acciones que crean riesgos considerables para la vida o la salud duelo, abuso de
armas, abandono.

Por su importancia en los delitos contra las personas, señalaremos los comprendidos en
el titulo IX, Capitulo I y II del Código Penal, desde los artículo 405 hasta el 420 y podemos
mencionar los siguientes: homicidio, rapto, secuestro, lesiones personales, entre otros

Delitos relacionas con sustancias Estupefacientes, Psicotrópicas, previstas en la Ley


Orgánica Contra el Tráfico Ilícito y el Consumo de Sustancias Estupefacientes y Psicotrópicas
Podemos señalar algunos delitos comunes:

Delitos Comunes

Artículo 34: Posesión Ilícita.

Artículo 35: Transacciones Ilícitas de Sustancias Químicas Controladas

Artículo 44: Incitación o Inducción al Consumo

Artículo 47: Inducción al Consumo

Artículo 49: Incitación o Inducción al Consumo en Actividades Deportivas

Contrabando de combustible Este tipo de delito esta tipificado en la “Ley sobre el


Delito de Contrabando” específicamente aclarado en su artículo 1. Objeto y ámbito de
aplicación. “La presente Ley tiene por objeto tipificar y sancionar el delito de contrabando que
se cometa en el territorio y demás espacios geográficos de la República Bolivariana de
Venezuela, independientemente del lugar donde se hubieren realizado los actos preparatorios
del delito. El robo de combustibles a un promedio de 305.000 galones diarios y el contrabando
de gasolina proveniente de Venezuela a un promedio de 500.000 galones al día, se han
convertido en los principales flagelos para la industria de hidrocarburos.
Los autores del robo sistemático de combustible ``son principalmente grupos armados al
margen de la ley --paramilitares y guerrilleros--, que tienen un negocio ilegal organizado''

Ley Orgánica de Aduana Titulo VI del Ilícito Aduanero

Capitulo I del contrabando

Artículo 104: Incurre en contrabando y será penado con prisión de dos a cuatro años
quien, mediante actos u omisiones, eluda o intente eludir la intervención de las autoridades
aduaneras en la introducción de mercancías al territorio nacional o en la extracción de las
mismas de dicho territorio. Igual pena se aplicará en los supuestos siguientes: La conducción,
tenencia, depósito o circulación de mercancías extranjeras, si no se comprueba su legal
introducción o su adquisición mediante lícito comercio en el país. El ocultamiento de las
mercancías en cualquier forma que dificulte o impida el descubrimiento de los bienes en el
reconocimiento. El transporte o permanencia de mercancías extranjeras en vehículos de
cabotaje no autorizados para el tráfico mixto y la de mercancías nacionales o nacionalizadas en
el mismo tipo de vehículos, sin haberse cumplido los requisitos legales del caso. La circulación
por rutas o lugares distintos de los autorizados, de mercancías extranjeras no nacionalizadas,
salvo caso fortuito o fuerza mayor. La rotura no autorizada de precintos, sellos, marcas,
puertas, envases y otros medios de seguridad de mercancías cuyos trámites aduaneros no hayan
sido perfeccionados, o que no estén destinados al país, salvo caso fortuito o fuerza mayor. El
despacho o entrega de mercancías sin autorización de la aduana, en contravención a lo dispuesto
en el artículo 26 de esta Ley. La descarga o embarque de mercancías en general, de
suministros, repuestos, provisiones de a bordo, combustible, lubricantes y otras destinadas al
uso o consumo a bordo de los vehículos de transporte, sin el cumplimiento de las formalidades
legales. El trasbordo de mercancías extranjeras efectuado sin el cumplimiento de las
formalidades legales. El abandono de las mercancías en lugares contiguos o cercanos a las
fronteras, al mar territorial o en dependencias federales, salvo caso fortuito o fuerza mayor.
La Violencia Intrafamiliar La definición jurídica de este tipo penal tiene una
génesis netamente internacional. En la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y
Erradicar la Violencia Contra la Mujer, Convención de Belem Do Pará, se define a esta
violencia como toda acción o conducta contra la mujer basada en su género, que le cause
muerte, daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico, tanto en el ámbito público como el
privado,” y se reconoce que la intrafamiliar es una de sus formas.

El movimiento de mujeres venezolano solicita incluir en el Código Penal, un Capítulo


referido a los delitos descritos y penalizados en la Ley Sobre la Violencia Contra la Mujer y la
Familia. En este sentido recomendamos incorporarlos tal y como se encuentran definidos en la
mencionada ley. Si bien es cierto que el anteproyecto Angulo Fontiveros contempla un Capítulo
relativo a la violencia intrafamiliar, las definiciones del mismo desconocen el enfoque de
género. En consecuencia los artículos que sugerimos incorporar al Capítulo Delitos Relativos a
la Violencia Intrafamiliar son los siguientes:

Violencia contra la mujer y la familia.

Violencia física y Psicológica

Violencia sexual. Art. 15, 8º Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida
Libre de Violencia. Artículo 46 de la Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una vida
Libre de Violencia.

Obrar con superioridad física o mental, sobre cualquier integrante del grupo familiar.

Violación entre cónyuges. Entre otros.

DELITOS DE VIOLENCIA INTRAFAMILIAR

La violencia doméstica, violencia familiar o violencia intrafamiliar comprende todos


aquellos actos violentos, desde el empleo de la fuerza física hasta el matonaje, acoso o la
intimidación, que se producen en el seno de un hogar y que perpetra al menos un miembro de la
familia contra otro u otros.
El término violencia de género, es un término muy basto frecuentemente utilizado.
Sería una expresión menos concreta y que en cierto modo suaviza la verdadera naturaleza de la
violencia contra la mujer. Menos concreta porque se referiría a la violencia practicada desde
ambos sexos; y, en cierto modo, edulcorada, ya que obvia un factor que no es simétrico, que
únicamente es causa en la violencia del hombre contra la mujer: el sentimiento de superioridad
y dominación de éste sobre ella y, más extensamente, el machismo. Otro tanto ocurriría con los
términos violencia sexista y violencia de pareja.

No fue hasta 1960, que se reconoció que la violencia y el maltrato en el ámbito familiar
eran un problema social. Antes de esta fecha, la violencia contra la mujer se consideraba como
algo anormal y se les atribuía a personas con trastornos psicopatológicos o problemas mentales.

La existencia de este tipo de violencia indica retraso cultural en cuanto a los valores que
son tan importantes como la consideración, tolerancia, empatía y el respeto por las demás
personas; independientemente de su sexo. Este tipo de violencia no es precisamente un mal de
la actualidad, pero si es más común que se vea.

El maltrato doméstico se refiere a las agresiones físicas, psicológicas o sexuales


llevadas a cabo en el hogar por parte de un familiar que hacen vulnerable la libertad de otra
persona y que causan daño físico o psicológico.

Encontramos La violencia psicológica, que también se conoce como violencia


emocional; es una forma de maltrato por lo que se encuentra en una de las categorías dentro de
la violencia doméstica. La intensión que trae consigo la violencia psicológica es la de humillar,
hacer sentir mal e insegura a una persona, deteriorando su propio valor. Difiere del maltrato
físico ya que éste es sutil y es mucho más difícil de percibirlo o detectarlo.

Se manifiesta A través de palabras hirientes, descalificaciones, humillaciones, gritos e


insultos. Si se desvaloriza, se ignora y se atemoriza a una persona a través de actitudes o
palabras, esto es maltrato o violencia psicológica. También se convierte en “violencia pasiva”
cuando el individuo desde pequeño no recibió amor y protección por parte de sus padres o quien
lo haya criado o atendido en su etapa de niñez; éste comienza a hacer alguno o todos estos tipos
de manifestaciones de violencia antes mencionadas.

Las consecuencias de éste y de cualquier otro tipo de maltrato son que la autoestima de
la persona disminuye y afecta el desarrollo emocional. En la mayoría de los casos la persona
termina en drogas y alcohol y hasta en delincuencia; también si no se recupera a tiempo suele
repetir este patrón de maltrato. La baja autoestima se manifiesta en todas las personas que
sufren de algún tipo de maltrato y se refleja mucho en el ámbito escolar, se tiene problemas de
identidad y mucha dificultad en cuanto al manejo de la agresividad. Se le hace difícil construir
relaciones afectivas por la desconfianza, ya que el maltrato psicológico tarda mucho en
convertirse en maltrato físico. Una vez se vuelve en maltrato físico ya se ha destruido la
confianza en sí mismo del individuo afectado y el resentimiento ha ido en aumento.

La expresión violencia de género es la traducción del inglés gender-based violence o


gender violence, expresión difundida a raíz del Congreso sobre la Mujer celebrado en Pekín en
1995 bajo los auspicios de la ONU. En el inglés se documenta desde antiguo un uso translaticio
de gender como sinónimo de sex, sin duda nacido del empeño puritano en evitar este vocablo.
Con el auge de los estudios feministas, en los años sesenta del siglo xx se comenzó a utilizar en
el mundo anglosajón el término gender con el sentido de "sexo de un ser humano" desde el
punto de vista específico de las diferencias sociales y culturales, en oposición a las biológicas,
existentes entre hombres y mujeres. En español las palabras tienen género, mientras que los
seres vivos tienen sexo. En español no existía tradición de uso de la palabra género como
sinónimo de sexo. Mientras que con la voz sexo se designaba una categoría meramente
orgánica, biológica, con el término género se ha venido aludiendo a una categoría sociocultural
que implica diferencias o desigualdades de índole social, económica, política, laboral, etc. En
esa línea se habla de estudios de género, discriminación de género, violencia de género, etc. Y
sobre esa base se ha llegado a extender el uso del término género hasta su equivalencia con
sexo.

Los términos violencia familiar o violencia intrafamiliar, en sí comprenden la violencia


entre todos los miembros de la familia. Con una importante presencia en Sudamérica, se vienen
utilizando desde 1988 y 1993 para referirse a la violencia ejercida contra la mujer en el ámbito
de la familia, y más concretamente de la pareja, debido a que frecuentemente la violencia
ejercida en este ámbito va dirigida contra la mujer. Sería específica de estos casos, y referida a
sucesos de violencia contra la mujer en este ámbito no debería ofrecer dudas. De igual modo,
desde 1983 también se utiliza violencia doméstica ya que resulta común que la violencia contra
la mujer aparezca en el ámbito doméstico.

En todo caso, existen controversias sobre la terminología a usar en los marcos


legislativo y penal.

La violencia familiar incluye toda violencia ejercida por uno o varios miembros de la
familia contra otro u otros miembros de la familia. La violencia contra la infancia, la violencia
contra la mujer y la violencia contra las personas dependientes y los ancianos son las violencias
más frecuentes en el ámbito de la familia. No siempre se ejerce por el más fuerte física o
económicamente dentro de la familia, siendo en ocasiones razones psicológicas las que impiden
a la víctima defenderse.

Las manifestaciones de la violencia íntima también denominadas violencia intrafamiliar


o violencia domestica, incluyen la violencia física, Psicológica y Sexual. Según estudios
realizados en América Latina, entre un cuarto y la mitad de las mujeres informan haber sido
abusadas por sus parejas.

La prevalencia significativa de la incidencia intrafamiliar, constituye un serio problema


de salud, un obstáculo oculto para el desarrollo socioeconómico y una violencia flagrante a los
seres humanos. La violencia intrafamiliar hacia la mujer tiene un alto costo económico y social
para el estado y la sociedad y puede transformarse en una barrera para el desarrollo económico.
Violencia intrafamiliar, toda acción u omisión cometida por algún miembro de la familia en
relación de poder, sin importar el espacio físico donde ocurra.

Hay Diferentes Formas De La Violencia Intrafamiliar

. Física: Golpes, mordidas, patadas, empujones.

Sexual: Relaciones Forzadas, amenazas con intimidación.

Psicológicas: Eres tonta, gorda, no sirve, bruta.

. Patrimoniales: Destrucción de los muebles, ropas, etc.

La violencia contra la mujer por parte de su pareja o ex-pareja está generalizada en el


mundo dándose en todos los grupos sociales independientemente de su nivel económico,
cultural o cualquier otra consideración. Aun siendo de difícil cuantificación, dado que no todos
los casos trascienden más allá del ámbito de la pareja, se supone que un elevado número de
mujeres sufren o han sufrido este tipo de violencia.

Es un hecho que en una relación de pareja la interacción entre sus miembros adopta
formas agresivas. En todas las relaciones humanas surgen conflictos y en las relaciones de
pareja también. Las discusiones, incluso discusiones acaloradas, pueden formar parte de la
relación de pareja. En relaciones de pareja conflictivas pueden surgir peleas y llegar a la
agresión física entre ambos. Esto, que podría alcanzar cotas de violencia que serían censurables
y perseguibles, formaría parte de las dificultades a las que se enfrentan las parejas. El maltrato
nada tiene que ver con esto; en el maltrato el agresor siempre es el mismo: Por definición, el
conflicto es una modalidad relacional que implica reciprocidad y es susceptible de provocar un
cambio. Por el contrario, el maltrato, aunque adopte las mismas formas –agresiones verbales y
físicas-, es unilateral, siempre es la misma persona la que recibe los golpes.

En la pareja el maltrato es mayoritariamente ejercido por él contra ella. Tiene unas


causas específicas: los intentos del hombre por dominar a la mujer, la baja estima que
determinados hombres tienen de las mujeres; causas que persiguen instaurar una relación de
dominio mediante desprecios, amenazas y golpes.

Los rasgos más visibles del maltrato son las palizas y los asesinatos, son los que
trascienden del ámbito de la pareja; sin embargo, los maltratos de baja intensidad, los maltratos
psíquicos que mantenidos en el tiempo socavan la autoestima de la mujer, son los que
mayoritariamente se dan. Cuando trasciende un caso de maltratos, la mujer puede llevar años
sufriéndolos. Y si los maltratos pueden producirse en cualquier etapa de la historia de la pareja,
es en el momento de la ruptura y tras esta, si se produce, cuando llegan a exacerbarse.

Es frecuente tratar el tema de los maltratos como casos individuales, los maltratadores
sufrirían una suerte de trastornos que les conducirían a maltratar a la mujer y a ésta, en su
fragilidad, a recibir esos maltratos. Esta sería una visión del problema tranquilizadora que no
pondría en cuestión el modelo patriarcal.

Las consecuencias últimas de la violencia contra la mujer en la pareja son la de decenas


o cientos de mujeres muertas cada año, en los diferentes países, a manos de sus parejas o ex-
parejas. Y en muchos casos, esta violencia a manos de sus parejas o ex-parejas contra la mujer
quien es madre además del estrés post traumatico que puede seguir produzcan efectos muy
negativos para el desarrollo psicológico de los niños en el hogar.

La mujer maltratada es aquella mujer que permanece en una relación donde su pareja la
agrede sistemáticamente. El ciclo de la violencia tiene tres etapas sucesivas primordiales. En la
primera etapa se incrementa la tensión y la victima intenta progresivamente tratar agradar al
abusador para que suceda la violencia. Si la violencia sigue este ciclo, la victima puede
enfrentarse con la pareja porque ha visto que la violencia es inevitable. Al hacer esto la tensión
cada vez se vuelve mayor. La segunda etapa es donde se inicia la violencia de cualquier forma y
siempre es dolorosa. Finalizando el ciclo, el abusador pide perdón a la victima, su pareja, por el
remordimiento y probablemente dice que jamás sucederá por la realización de un
comportamiento positivo. La victima puede sentirse recompensada y lo perdona, creyendo que
no va a suceder la violencia de nuevo.
Cualquier persona sana piensa que la mejor decisión seria abandonar la relación ya que
hay amenaza de violencia, pero no se descarta tan ligeramente. Cinco razones por cual la
terminación de la relación es cuidadosa son las siguientes. La victima teme por su seguridad
personal u otros miembros de la familia tanto como el capital económico y de vivienda del
mismo. Otra razón por cual no se deshecha la relación es la esperanza de cambio en el
perpetrador. Creencias personales que la victima no esta dispuesta a cambiar. Una de las
razones más persuasivas a veces es la misma familia quien dice que no terminen la relación. La
presión de vida en general a veces no deja que uno tome la decisión correcta.

Según Estudios recientes se encontraron que en hogares donde existe maltrato o


violencia psicológica o cualquier otro tipo de violencia, los hijos son quince (15) veces más
propensos a manifestar algún tipo de maltrato en su etapa adulta. Los procesos que viven las
afectadas representan un gran reto para quienes actúan desde fuera. La violencia psicológica es
la forma de agresión en la que la mayoría de los países las afectadas van a quejarse y casi nunca
toman acción en cuanto a dicho tipo de violencia, ya que en este caso se unen la falta de
opciones legales de denuncia y protección frente a esta forma de violencia. La señal o señales de
violencia son más fáciles de ocultar si es emocional, pues las mujeres no aceptan el maltrato de
forma “pasiva” según estudios recientes dijeron que la mayoría de las mujeres maltratadas no lo
aceptaron y que se resistieron a él. Estas acciones de defensa hicieron que la violencia
psicológica se viera como una agresión mutua y algunas instituciones la catalogaron como un
conflicto de pareja.