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RESILIENCIA, LA SABIDURÍA TERAPÉUTICA DEL CORAZÓN

“En esto conoceremos que somos de la verdad,


y tranquilizaremos nuestro corazón ante Él.
Pues si nuestro corazón nos condena,
mayor es Dios que nuestro corazón,
y él sabe todas las cosas.
Amados, si nuestro corazón no nos condena,
tenemos plena confianza ante Dios. (1 Juan 3,19-20)

¿Cómo explicar en algunas personas que sufren crisis, conflictos, situaciones o condiciones severas de
cualquier tipo, ya sea situaciones de indigencia extrema, pobreza, traumas, heridas psicológicas,
situaciones límites, guerras, violencia, maltrato, desastres naturales, que algunos logren asumir,
superar y transformar lo adverso en un estimulo de desarrollo y transformación personal mientras
tanto otros sucumben? El termino resiliencia ayuda a dar una respuesta a ésta pregunta.

La palabra en ingles es resilience que no tiene una traducción exacta en español, pero significa
capacidad de rebote ( bouncing back, pararse otra vez), una cualidad muy particular para resistir que
evidencian los seres humanos sobrevivientes de crisis severas.

Del latín resalire -volver a saltar- define la posibilidad de empezar de nuevo, basándose en la
creatividad de la persona, en su capacidad de autoprotegerse. "Se puede hablar de resiliencia cuando
hay una herida en el alma. Es decir, cuando el niño, que después será adulto, ha atravesado un grave
trauma que puede ser tanto físico como psíquico”.

Se comprende la Resiliencia como la capacidad, la aptitud o el impulso vital innato del ser humano,
a nivel somático, psicológico, emocional, cognitivo y sociocultural de las personas y/o grupos, que
permite:

 Reaccionar, reconocer, asumir, enfrentar, superar y transformar constructivamente situaciones


causantes de sufrimiento y/o daño, que amenazan su desarrollo.
 Recuperarse ante las adversidades, lo que implica un conjunto de cualidades que fomentan un
proceso de adaptación y de transformación, a pesar de los riesgos y de la propia adversidad.
 Minimizar o sobreponerse a los efectos nocivos de la adversidad, lo que puede transformar o
fortalecer la vida de las personas.
 Soportar las crisis y adversidades en forma positiva, recobrando la fortaleza o resistencia para
salir airosos de las pruebas. Implica el enfrentar los problemas que producen estrés advirtiendo
posibilidades de superarlos y, sobre todo, de recuperarse y fortalecerse con la experiencia.
 Reconstruir sobre circunstancias o factores adversos, impulsando cambios en las causas de los
problemas y fortaleciendo las defensas ante la reaparición de los mismos.
 Lidiar con el sufrimiento y para trascender más allá. Puede ser por causa de una guerra, una
situación de pobreza, violencia familiar, la muerte de un ser querido, la pérdida del empleo o un
divorcio.
 Resistir y tolerar la presión o los obstáculos y pese a ello hacer las cosas correctas, bien hechas,
cuando todo parece actuar en nuestra contra.

La resiliencia Involucra al ser humano por completo; es decir su cuerpo, su espiritualidad, sus
sentimientos, sus experiencias y su formación intelectual.
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Hay que tener en cuenta el contexto socio cultural como factores de riesgo o de protección, es decir,
factores “externos” a la persona que favorecen o impiden los procesos de resiliencia.

La resiliencia distingue dos componentes vitales: la firmeza frente a las situaciones de destrucción, la
capacidad de proteger la propia integridad bajo la adversidad. Por otra parte la capacidad para
“construir” pese a circunstancias difíciles

En el lenguaje bíblico está capacidad de recuperarse se ubica en el corazón. El corazón en el lenguaje


bíblico simboliza nuestro interior, lo que está oculto (lo que hoy llamaríamos inconsciente). Y puede
referirse tanto al “interior” a la persona como al de la sociedad. Y se reconoce como un misterio,
aún para nosotros mismos. Sólo Dios conoce nuestro corazón. Y no podemos explicar todos los
atolladeros o entresijos que hay en nuestros corazones y que nos llevan a tomar decisiones. Porque
son realidades muy profundas y complejas, incomprensibles y hasta ilógicas. Hay dos fuerzas, una
positiva y otra negativa, que luchan permanentemente en nuestro corazón. Una favorece la vida y
todos aquellos valores que la afirman (la bondad, el perdón, la solidaridad, el amor, la paz, lo que
nos ayuda a crecer como personas). La otra fuerza favorece valores que tienden a la destrucción y a
la muerte. Pero también se reconoce que esta fuerza positiva tiene una enorme capacidad terapéutica
(fe), para ayudarnos a salir adelante aún en las circunstancias más adversas, para sanar nuestras
propias heridas personales como sociales.

Yo me imagino que cuando Dios nos creó, con toda su sabiduría, nos dotó de todas las capacidades
innatas para superar cualquier problema, y para sanar cualquiera de las heridas del cuerpo, del
corazón y de la convivencia social. Tenemos dentro de nosotros mismos, como personas y como
grupos sociales, las fuerzas y los medios necesarios para sanar de cualquier herida. Nos hizo entonces
con un corazón sabio.

Nos dotó de un corazón para poder afrontar con sabiduría las limitaciones propias de nuestra propia
condición humana. Precisamente hoy podemos recurrir a la sabiduría terapéutica de este corazón.

 La capacidad del corazón para conmoverse, para expresar emociones, para alegrarse pero
también para llorar. Para sentir y expresar dolor, enojo, indignación; pero también sosiego,
placer, consuelo, felicidad, tranquilidad, desenfado, serenidad.
 La capacidad del corazón para perdonar a los demás a y mi mismo (Mt 18,35; ), para sanar las
heridas, para reconstruir las relaciones rotas, etc.
 La capacidad del corazón de amar desinteresadamente (Mt 22,37), aún a los enemigos.
 La capacidad del corazón para tener fe en Dios (que nos ama y, por tanto, nos perdona), en
nosotros mismos (creer en nuestras fortalezas, capacidades), en los semejantes, (Rm 10,10)
 La capacidad del corazón para cambiar (conversión)
 La capacidad del corazón para discernir (Lc 2,19) entre lo bueno y lo malo; entre lo que ahonda
nuestras heridas o las sana, entre lo que potencia nuestro manantial o lo seca.
 La capacidad del corazón para compartir y solidarizarse.
 La capacidad del corazón para acoger la bondad
 La capacidad del corazón de sentir compasión.
 La capacidad del corazón de indignarse ante lo injusto, en la medida justa y en el momento
justo.
 La capacidad del corazón a admirar y respetar la belleza de la creación.
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 La capacidad del corazón de imaginar y crear mundos nuevos, cielos nuevos.

“El corazón tiene la capacidad y la sabiduría suficiente para sanar nuestras heridas, para asumirlas,
para aprender de ellas y superarlas. Démosle el tiempo necesario para que haga su trabajo”. O Como
dice San Juan, “si nuestro corazón no nos condena, tenemos plena confianza ante Dios”. (1 Juan
3,20)

Todos nacemos con una resiliencia innata, y con capacidad para desarrollar rasgos o cualidades que
nos permiten ser resilientes, tales como la adaptación social (flexibilidad, empatía, afecto, habilidad
para comunicarse, sentido del humor y capacidad de respuesta); habilidad para resolver problemas
(elaborar estrategias, solicitar ayuda, creatividad y criticidad); autonomía (sentido de identidad,
autosuficiencia, conocimiento propio, competencia y capacidad para distanciarse de mensajes y
condiciones negativas); propósitos y expectativas de un futuro prometedor (metas, aspiraciones
educativas, optimismo, fe y espiritualidad) (Benard, 1991).

Según el experto, un trauma infantil, del tipo que sea -desde una experiencia trágica como la suya
propia hasta un caso de maltrato o abandono- se presenta en dos fases: cuando se produce y cuando
se recuerda. Y es este recuerdo, esta representación, sobre la que hay que trabajar, con dos tipos de
tareas.

La primera consiste en rememorar lo real: el frío, el hambre, la pérdida, la tristeza. La segunda tarea
trata de llevar todo eso a las palabras: al verbalizar el trauma la persona se da cuenta de que no es él
quien ha fracasado, sino que es una víctima, y debe asumirlo.

Una persona, por tanto, puede luchar contra sus traumas, pero no está sola, también se enfrenta al
resto de la sociedad: "Si alguien dice que ha sido violado, que ha sufrido abusos o que ha sido objeto
de incesto, por lo general obtiene rechazo. Esto, unido a la hipersensibilidad de la víctima, resulta
desastroso, y es una herida más dentro de una larga lista que puede minar la personalidad", explica
Cyrulnik.

La resiliencia tiene tres pilares fundamentales que son igualmente validos en los casos de
enfermedades terminales, crisis sociales, en las olimpiadas y en las organizaciones. Las tres cualidades
medulares de la resiliencia son:
1) Una fría comprensión y aceptación de la realidad;
2) Una profunda creencia en que la vida sí tiene significado, apalancada en valores muy sólidos; y
3) Una extraña y misteriosa habilidad para improvisar, para “inventarse una” en medio de la
adversidad.

Ahora bien, ¿cuáles son los elementos, aptitudes necesarias para poder contar con una buena
capacidad de resiliencia? ¿Con qué se adquiere fortaleza para superar las adversidades?

 Con buena autoestima, buena auto imagen de sí mismo.


 Con conocimiento de sus fortalezas y sus debilidades.
 Cultivando sus aficiones. Potencialidades
 Incentivando la expresión de sus sentimientos y sus necesidades.
 Tomando los errores como lecciones y no como fallas o fracasos.
 Siendo creativos, flexibles, proactivos.
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 Teniendo buenas relaciones emocionales.


 Enseñando a saber pedir ayuda cuando se necesita.
 Reflexionando antes de actuar, teniendo buen auto control.
 Viendo la vida con optimismo, con sentido del humor.

FUENTES DE LA RESILIENCIA

Para lograr que un niño sea resiliente es necesario que cuente con algunas características que surgen
de distintas fuentes. Como fuentes de la resiliencia se entenderán "el (los) lugar(es)" donde radican las
características de los niños que son resilientes. Conocer estas fuentes es muy importante, ya que
indican dónde hay que trabajar para lograr que surja esta característica en las personas.

Kotliarenco, Cáceres, Álvarez (1996) plantean que existirían cuatro fuentes de resiliencia en los niños;
cada una de éstas, involucra a cierto número de características. Para que un niño sea resiliente no es
necesario que cuente con todas las características que se mencionarán, pero sí es necesario que se
presente más de una para lograr esta cualidad en los niños.

Las cuatro fuentes de resiliencia se proponen con relación al niño; es decir, con lo que el niño tiene
(yo tengo) o factores de soporte externo; con lo que el niño es (yo soy) o fuerzas internas
personales; con lo que puede hacer (yo puedo) o habilidades sociales y finalmente con lo que el niño
está dispuesto a hacer (yo estoy).

Primera fuente: Yo tengo. Se encuentran clasificados los siguientes factores:

 Relaciones confiables.
 Acceso a la salud, educación, servicios sociales, etc.
 Soporte emocional fuera de la familia.
 Un hogar estructurado y con reglas.
 Padres que fomentan la autonomía.
 Ambiente escolar estable.
 Ambiente familiar estable.
 Modelos a seguir.
 Organizaciones religiosas o morales a mi disposición.
 Personas que me van a ayudar ante cualquier circunstancia.

Segunda fuente: "Yo soy". Se encuentran las siguientes características:


 Alguien a quien los otros aprecian y quieren.
 Alguien al que le gusta ayudar y demostrar mi afecto.
 Respetuoso.
 Autónomo.
 Buen temperamento.
 Orientado al logro.
 Buena autoestima.
 Esperanza y fe en el futuro.
 Creyente en Dios o en principios morales,
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 Altruismo.
 Locus de control interno.

Tercera fuente: "Yo puedo". Se encuentran los siguientes factores:


 Ser creativo.
 Ser persistente.
 Tener buen humor.
 Comunicarme adecuadamente.
 Resolver problemas de manera efectiva.
 Controlar mis impulsos.
 Buscar relaciones confiables.
 Hablar cuando sea apropiado.
 Encontrar a alguien que me ayude.

Cuarta fuente: "Yo estoy". Se encuentran las siguientes características:


 Dispuesto a responsabilizarme de mis actos.
 Seguro de que todo va a salir bien.

Hay autores que desarrollan la noción de "siete resiliencias": introspección, independencia,


interacción, iniciativa, creatividad, ideología personal y sentido del humor.

1. Introspección. Entendida como la capacidad de examinarse internamente, plantearse difíciles y


darse respuestas honestas.

Durante la niñez, la introspección se manifestará como la capacidad de intuir que alguien o algo no
está bien en su familia, los niños resilientes son capaces de contrarrestar la reflexión distorsionada de
la familia, situar el problema donde corresponde, reduciendo la ansiedad y la culpa.

Durante la adolescencia, la introspección corresponde a la capacidad de conocer, de saber lo que


pasa a su alrededor y es fundamental para comprender las situaciones y adaptarse a ellas.

En la adultez, la introspección se manifiesta como la sabiduría, la comprensión de sí mismo y de otras


personas, con aceptación de las dificultades, sin culpar a los demás.

2. Independencia. Se refiere a la capacidad de establecer límites entre uno mismo y ambientes


adversos. En la niñez, esta capacidad se expresa manteniéndose alejado de las situaciones
conflictivas. En la adolescencia, la independencia se manifiesta en conductas como no involucrarse en
situaciones conflictivas. En la adultez, esta capacidad se expresa en la aptitud para vivir en forma
autónoma y de tomar decisiones por sí mismo.

3. Capacidad de interacción. Se refiere a la capacidad de establecer lazos íntimos y satisfactorios


con otras personas. En los niños, se expresa como una facilidad para conectarse, ser querido o
adorado. En los adolescentes, se manifiesta en la habilidad para reclutar pares y de establecer redes
sociales de apoyo.
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En los adultos, esta capacidad se manifiesta en la valoración hacia las relaciones interpersonales, la
intimidad y los rituales.

4. Capacidad de iniciativa. Se refiere a la capacidad de hacerse cargo de los problemas y de


ejercer control sobre ellos.

En los niños esto se refleja en las conductas de exploración y actividades constructivas.


En la adolescencia, aparece la inclinación al estudio, práctica de deportes y actividades extraescolares
como hobbies y trabajos voluntarios.

En los adultos, se habla de generatividad, que alude a la participación de proyectos comunitarios,


sentimientos de autorrealización, capacidad de liderazgo y enfrentamiento a desafíos.

5. Creatividad. Corresponde a la capacidad de imponer orden, belleza y un propósito a las


situaciones de dificultad o caos.

Durante la niñez, esta capacidad se expresa en la creación y los juegos que permiten revertir la
soledad, el miedo, la rabia y la desesperanza.
En la adolescencia, se refleja un desarrollo de habilidades artísticas como escribir, pintar, bailar,
producir artes.

Los adultos creativos son aquellos capaces de componer y reconstruir.

6. Ideología personal. También se entiende como conciencia moral.

En los niños, esto se manifiesta en que son capaces de hacer juicios morales desde muy temprana
edad, de discriminar entre lo bueno y lo malo. En la adolescencia, se caracteriza por el desarrollo de
valores propios y establecer juicios en forma independiente de los padres. Además se desarrolla el
sentido de la lealtad y la compasión.

En la adultez, se manifiesta como la capacidad de servicio y de entrega hacia los demás.

7. Sentido del humor. Se refiere a la disposición del espíritu a la alegría, permite alejarse del foco
de tensión, relativizar, positivizar, elaborar de un modo lúdico, encontrar lo cómico entre la
tragedia.

En la niñez, se desarrolla a través del juego. En la adolescencia, se desarrolla por su capacidad de reír,
de moldearse y de jugar. En el adulto, reconoce el aspecto divertido, alegre y juega.

Se mencionan también siete pasos de la resiliencia:

Habilidad: Interiorice que usted tiene la fortaleza para salir de la dificultad

Fe: Crea que puede haber un futuro mejor

Ayuda: Establezca una red de apoyo entre familiares, amigos y colegas que confien en usted.
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Metas: Establezca con claridad a donde pretende llegar

Confianza: Crea en usted y que va lograr lo que se proponga

Fortalezas: Reconozca sus puntos a favor y úselos.

Estratega: Créase un estratega que tiene control sobre su vida

La personalidad de un resiliente:

Una de las condiciones que marca la personalidad de un resiliente es su capacidad de ser


introspectivos. "Uno puede reconocerlos porque son comprensivos, empáticos y cuentan con una
clara inteligencia emocional. También son intuitivos y logran filtrar la información, es decir,
frente a una situación difícil saben reconocer lo abordable y aquello en lo que lo más sano es por el
momento lateralizarlo".

Así mismo, los resilientes viven con un sentido de propósito y futuro. Ello implica que están
conscientes de que existen "por" y "para" algo. "Son optimistas frente a la vida a pesar de sus malas
experiencias y aunque tienen o tuvieron cientos de oportunidades para decir 'no estoy ni ahí', su
sentido del humor y creatividad les ayuda a rescatar lo positivo del dolor y seguir adelante".

Respecto a la autoestima, estas personas poseen una gran confianza en sí mismos y aceptan sus
fortalezas y limitaciones mucho mejor que el promedio. "La mayoría de los jóvenes piensa que son
invulnerables, que lo saben todo y por eso tienden a no evaluar correctamente los riesgos de sus
acciones. En cambio, los resilientes tienen una mejor valoración de la realidad". Su alta autoestima es
lo que les permite ser disidentes a pesar de las presiones del grupo. Otra característica de los
resilientes es su gran iniciativa, su aceptación de los desafíos y de situaciones complicadas. "Son
personas muy curiosas que se plantean interrogantes frecuentemente, siempre están dispuestos a
ayudar y a comprometerse”.

Lo fundamental es estimular rasgos resilientes que toda persona posee para formar líderes positivos y
gente que asuma lo mejor posible las situaciones adversas. Por ejemplo "Tenemos que aprender a
felicitar a las personas cuando hacen algo bien o cuando se esfuerzan por hacerlo porque así estamos
reforzando su autoestima. De igual manera es fundamental reconocer las cualidades del otro, sus
potencialidades e iniciativas positivas, aunque esto sea mal visto en nuestra sociedad que tontamente
nos califica de chupamedias cuando lo hacemos".

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