CARTA-DEDICATORIA

Noviembre 30 de 1912. Querido Jorge Gustavo: No habrás olvidado que este libro debió llevar nuestras dos firmas. Yo te envié de Buenos Aires los borradores, confiado en que tú tendrías tiempo, ya que la voluntad es una de tus grandes virtudes, para completar la obra. Era como si te hubiese enviado el mármol a medio desbastar, la creación en germen, para que con el vigoroso cincel de tu estilo le dieses firma y vida bella. No pudo ser; pero como tampoco puedo conformarme con el fracaso total de ese propósito fraterno, estampo tu nombre en la primera página de esta GOLONDRINA DE INVIERNO que, ironía de las ironías, se echa a volar desde mi alero de Ñuñoa en pleno reinado de la primavera. ¿Recuerdas cuando soñábamos ambos nuestra primera novela? Las playas amadas de ese lugarejo coquimbano, las brisas salobres que en las tardes de paz oreaban nuestros cabellos de muchachos soñadores, mientras en voz alta leíamos o recitábamos nuestros autores favoritos, no conservan ya las huellas de nuestros pasos, ni el eco de nuestras voces infantiles; pero ¿al5

gún recuerdo nuestro no irá a golpear de cuando en cuando la puerta y la memoria de aquellos viejos pescadores a quienes veíamos tejer sus redes bajo el sol amoroso, junto al quiltro familiar que nos adulaba, y entre el color radioso de pelargonias y geranios? ¡Ah!, los años han pasado y no en vano. Nuestros proyectos de colaboración, incesantemente renovados, duermen no el sueño de la pereza y el olvido, sino el de la tregua. El hogar paterno se deshizo. La emigración, el primer paso de la lucha nos empujó lejos del caserón desolado. La peste blanca ha diezmado la alegre parvada que partió una buena mañana, rumbo a lo desconocido del porvenir, confiada en el vigor de sus alas. El piano familiar ha callado. A veces un acorde de organillo, oído al pasar, nos pone tristes, porque nos reproduce instantáneamente la escena de esos interiores apacibles del hogar provinciano. La risa ha huido de nuestro lado; preocupaciones graves han ensombrecido el gesto, otrora diáfano, de nuestros semblantes; el hogar, el terruño natal, son imágenes lejanas que se nos vuelven borrosas a través del tráfago de la lucha cotidiana. La tierra piadosa guarda los despojos de muchos de los seres que nos fueron más queridos: padres, maestros, viejos amigos de quienes conservamos con mayor fidelidad la fisonomía que el nombre, ya no existen; sólo existe la vida, la vida incomprensible y omnipotente a la cual nos hemos entregado con un ansia infinita de vencerla... y con la absoluta certeza de que acabará por vencernos. Una oleada de esa vida que dispone de nosotros es la que ha desviado nuestras rutas. Sólo la comunicación espiritual persiste. Tú, que en los tiempos difíciles has sabido siempre ser la Mamá Jacobo de este Petit-Chose, no me negarás el derecho de referirme en público a todo ese pasado dulce y dramático que ya no nos pertenece. Al dedicarte esta novela que, como tantas otras aún en gestación, debimos escribir juntos, la palabra deber me suena a seco, a poco fraternal. Después de todo, aunque no 6

hayas trazado una sola de las frases de este libro, GOLONDRINA DE INVIERNO tiene mucho de ti; sus páginas son de amor, de ternura, de emoción sencilla, de poesía, y tú no lo ignoras, no de otra cosa estaba hecha esa vida que he venido recordando, como quien hojea un álbum de familia... Publicada primero en folletines, esta novela ha tenido la suerte de ir penetrando, día a día, en muchos hogares y en muchos corazones. Algo me dice que de ninguna parte han de proscribirla. Nunca viene mal un rayo de sol, el canto de un pájaro o el perfume de una flor que se abre. Pero mi mayor orgullo sería que ocupara perpetuamente un lugarcito en tu biblioteca de hombre estudioso para que te sirva hoy de descanso en medio de tus laboriosas especulaciones, y mañana llegue a ser la preferida de tus hijas, a las que he visto emocionado en la gloria de su primera infancia y para las cuales no deseo otra herencia que la de tu bondad inmarcesible.

Víctor Domingo. .

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sentada cerca de él. El sol. al moverse. y el viento era tan suave. -¿Dice algo el diario? -preguntó Anita. Entre los pámpanos del parrón envejecido. José Antonio hojeaba los diarios llegados por el último correo y Anita. y los dos hermanos habían salido a tomar el fresco al corredor que daba al patio. Acababa de terminarse el almuerzo. había un gran silencio. en apretados racimos. Ya no cantaban las chicharras. muy de tarde en tarde. con ese tono de curio9 . dos jilgueros dejaban oír.PRIMERA PARTE DE VERANEO I En la vieja casa de campo. que las hojas de los árboles. las uvas ya maduras. con la apacible familiaridad de costumbre. Del rosal traía el viento un olor tan penetrante. como cuando en un aposento se derrama un pomo de perfumes. miraba fijamente a un punto lejano. y volver en seguida a su inmovilidad. En su jaula de caña. -¿Sabes? -dijo de pronto José Antonio. una pierna sobre la otra y las manos cruzadas sobre las rodillas. Era un poco más de mediodía. sus gorjeos agudos y vibrantes.Joaquín tiene visitas. un sol radiante de febrero. totalmente echado sobre el piso. apenas hacían ruido. dormitaba. refaccionada cada año y embellecida por el cariño de su dueño. en actitud meditativa. veíase brillar. caía como una gloria sobre el paisaje. el galgo zorrero. levantando a menudo la cabeza para espantar las moscas. Dardo.

El calor se hacía enervante. Se puso de pie y golpeó las manos. dejando ver la nuca de un blanco mate limitado por el negro severo de la blusa de luto. -Ya está listo el manco. mientras él se acercaba a una silla en que se veían las espuelas.. como es natural suponerlo.. Dardo se había incorporado también y miraba a su amo. con sus pasos torpes. los gorjeos de los pajarillos en su jaula. Días peores he resistido.sidad inmediata que tienen todas las mujeres para inquirir asuntos de sociedad. y. al pasar entre las manos de José Antonio. de cuando en cuando. y. bostezando largamente. Las enredaderas de los pilares parecían mustias de fiebre. -No vaya a hacerte mal el calor -objetó Anita. -Trabajo para Rosario -dijo. pensando. Anita había corrido a traer el sombrero de anchas alas y la manta de colores que usaba José Antonio en sus faenas de campo. en efecto. Como obedeciendo a una consigna. a pasar la temporada de verano. había llegado desde la capital. la noticia de vida social. Su hermosa cabeza rubia se inclinaba hacia adelante. Anita había vuelto a su ensimismamiento soñador. -Me voy -dijo José Antonio-. se diría que hasta de los guijarros se escapaban chispas. en el suelo. Sus ojos se clavaban en una lejanía indecisa y plegábanse sus labios como en un recogimiento de oración.. Al vecino fundo de Painahuén. ¿Quieres ver? Y le pasó el diario. A ésos no se les puede dejar solos mucho rato. Anita se volvía también. la familia del senador Ocampo. campanear las rodajas. -¿A mí? Parece que no me conocieras. haciendo. en la dueña de casa. y José Antonio terminaba de calzarse 10 . de propiedad de don Joaquín Paredes. No se oía más que el crujido de los diarios. patrón. y se llevó las manos a la altura del guarapón.. -Sí. Siguió un largo silencio. Anita leyó. Por un lado del corredor apareció un huaso.

que el calor hacía más hostigosas. los mejores de su vida. en ellos. que le bastaban para reponerse. que hasta entonces había sido algo monótona en su misma regularidad. sin ir a la hacienda. Transcurrieron sus primeros años en casa de unas tías viejas y regañonas. cuando. Era sencillamente delicada. al fin. Dos años antes. Allí esperaba el Mulato. en un recodo del camino. de profesar. atado al poste rabiando y pateando. Es que voy a aburrirme de lo lindo. -Hasta luego. y Anita volvió al interior. con su tino de hombre prác11 . habían decidido dejarla vivir en el fundo. como lo fue siempre su madre. en su libre contacto con la naturaleza. José Antonio. de quien había heredado la fina complexión y la pureza correcta y aristocrática de las líneas. ya anciano. tendiendo a su hermana las manos gruesas y ásperas. Fue ése el primer dolor de su vida. murió su padre. en la capital de la provincia. que ella estrechó en las suyas. aunque en la plenitud de su vigor. No había conocido a su madre. apenas cumplidos los diez. y su vida había sido siempre un poco melancólica. Quiso siempre mucho a su padre y a su hermano. José Antonio montó y partió al galope. No era fuerte. Tenía ella veinte años y era cinco menor que su hermano. después de verlo perderse entre la polvareda. que perdió al nacer. hacia el lado de la carretera. Allí había permanecido siete años. Lloró mucho. molestado por las moscas. pero tampoco tenía mala salud. ñata -dijo. -¿Te sientes mal? -No. -Hasta luego. y. lloró desesperadamente. puso todo el cariño de su infancia y de su adolescencia. Tuvo pensamientos de enclaustrarse para siempre. sino durante dos o tres meses del período de vacaciones. y vuelve cuanto antes. de las asperezas de la vida claustral. pusiéronla interna en el colegio del convento. que la idolatraban a su vez.las espuelas y las polainas. Salieron ambos por el pasadizo. a donde daba el frente de la casa. seguido de Dardo. de una delicadeza de lirios. Una apoplejía violenta se lo llevó en un cuarto de hora.

Pero ¿qué podía hacer? De buena gana la hubiera llevado a la ciudad. la fue sobrecogiendo. entre los cuadros y los muebles familiares.tico. la acompañaba a menudo allí. Anita se dirigió al salón y abrió el piano. mas se lo impedía la atención necesaria de sus trabajos agrícolas. aquel gran dolor se había amortiguado. de las cuales conservaba un recuerdo muy poco agradable. Acosábanla crisis de llanto inmotivado. traídas del convento. en la silenciosa soledad del salón. La poderosa virtud evocativa de los sonidos obró en su espíritu. el encanto grave de aquella música. ni mucho menos ir a vivir con sus tías. hasta el momento fatal en que quedara huérfana. Varias veces. en el curso del almuerzo. mudo desde el terrible día en que el padre cerrara los ojos para siempre. la sorprendía a menudo rezando o besando. se lo impidió. II 12 . estampas benditas. Ella no quería tampoco moverse. que la espiaba con cariñoso interés. y en un minuto pasaron por su imaginación. Durante todo aquel día había estado más soñadora que nunca. que lo sabía. todas las horas de su vida. en vertiginoso desfile. de cuando en cuando algunas horas. entre lágrimas. José Antonio había tenido que llamarle la atención para que no dejara enfriarse los bocados. Poco a poco. Donde le gustaba más pasar. dejó de tocar y rompió en un sollozo inacabable. y José Antonio. Joaquín y Rosario eran dos excelentes amigos y hacía tiempo que ésta venía instando a los hermanos a que fuesen a pasar una temporada con ellos. Quedábale sólo una secreta melancolía. Sola ya. José Antonio comprendía demasiado bien que aquella soledad y aquel retiro no eran lo más apropiado para combatir semejante estado de ánimo. que en ocasiones llegaba hasta a inquietar a José Antonio. Ahora. en que llevase luto por tiempo indefinido. Sus dedos torpes insinuaron los primeros compases del Ave María de Gounod. era en Painahuén. consintiendo solamente. y su hermano. Y de pronto. reclinándola frente en el piano. como compensación.

cuatro. En torno oleaba la alfalfa. -Es alguien a caballo -pensó. -Veraneantes -dedujo el joven. de un verde alegre y vivaz. su apego a las novedades útiles. Tendió la vista hacia la carretera y vio 13 . Y siguió. sobre su caballo marchador. interesado en la faena que hacía ya buen rato le tenía en mitad del potrero. con la huasca en alto estimulaban a las bestias en sus briosos galopes. En efecto. tenía el entusiasmo tenaz para el trabajo. algo como la sombra de un rumor. minutos después desembocaba en la carretera surgiendo de entre los cercos de zarzamoras. Acababa de sentir. barnizado por el tornasol de la siesta. con ese instinto de hombre de campo que parece adivinar la presencia de ruidos extraños. seis mujeres que. ahora el súbito silencia le llamó la atención. contaba con la paciencia práctica con que le habían favorecido las aulas. Solo y libre al frente de sus vastas propiedades se consagró desde luego a innovar un poco en los anticuados sistemas de explotación agrícola hasta entonces empleados en ella. De los viejos campesinos. sin cuidarse del viento que les hacía flamear las faldas y el sombrero. Un grupo de jinetes no era cosa que le obligase a distraerse. sus abuelos.a los carreteros perplejos delante del vehículo atollado. estudió en el Instituto hasta obtener su título de ingeniero agrónomo. ni de los torbellinos de polvo que se levantaban a su paso. con éxito creciente. propio suyo. hacia la derecha. una ruidosa cabalgata: tres.José Antonio volvió la cabeza. Y de él. a las que siempre resistieran sus antepasados. su aspiración al progreso en materia de industrias. Resuelto a hacerse un agricultor a la moderna. José Antonio trabajaba la tierra desde hacía unos cuatro años. Hijo y nieto de hacendados. ese empuje decidido que hacía a nuestros antiguos patrones de campo apearse del caballo y ayudar personalmente -poniendo el hombro si era necesario. Como el ruido le había antes preocupado.

Habían encontrado el camino obstruido por una puerta de potrero. Había tal silencio. La que había hablado. volvió bridas. a las que desde esa distancia veía hermosas y atrayentes. Pero ¿a quién? ¿Al señor administrador? Por un sentimiento de coquetería que no supo explicarse. José Antonio ocultó su verdadera personalidad. había sido aprender muy bien lo 14 . y de un violento galope alcanzó a sus compañeras. juzgó oportuno mostrarse agradecida. pero con cortesía. cuya única ambición..que la cabalgata se había detenido. -Entonces. y el tintineo de las rodajas campesinas. doradas por el sol. aunque de inteligencia despejada. -Sí. Las mujeres. Cerró de nuevo la puerta. para preguntarles. y adelantó sola al paso de su cabalgadura. no! De ningún modo. Ella le envió una sonrisa que le permitió lucir su dentadura. que se alcanzaba a percibir distintamente el crujir de la montura. El administrador. para servir. El joven hacendado la siguió con la vista como a una sombra. y no sabían si franquear el obstáculo o volverse para tomar otro camino. de grandes varas sin labrar. y naturalmente despierta. si José Antonio no se hubiese apresurado a dirigirse hacia ellas.. acercándose más. -Es fácil allanarlo -observó él. debo darle las gracias. El comprendió luego de qué se trataba. señorita -dijo-. que parecía la más resuelta. Impetuosamente se introdujo por allí el grupo. -¡Oh. José Antonio no había sabido jamás lo que era estar enamorado. No sospechábamos dar con este inconveniente. Tal vez habrían optado por lo último. montó.. hasta entonces. Se bajó.. -Sí -contestó una de las jóvenes. y echó a andar pasito a pasito por el potrero verdegueante. sin gran ceremonia. parecían deliberar. si deseaban pasar. De temperamento apacible. -¿No está prohibido el paso por aquí? -preguntó. Las nubadas de polvo se desvanecían. Era un buen muchacho. corrió los palos y la puerta quedó libre.

. la suerte responde a mi trabajo. Mis campos prosperan. El problema del matrimonio. pero se podía jurar que nunca le había entusiasmado más la primera tiple que el tenor cómico. El caballo. hundido en uno de esos cálculos que hacen siempre sonreír al hombre de negocios. con su excelente voz de barítono. Estuvo de vuelta casi al caer la tarde y encontró muy triste a 15 . y él mismo había llegado a convencerse de eso. Arrastrado por algunos de ellos. A menudo. una voz de timbre grato y vibrador le halagaba el oído.que le enseñaban los profesores. sin que la menor inquietud pasional le perturbara jamás. había quedado de tratar la venta de su cosecha de pasto con un comerciante de las cercanías y tomó al punto la dirección conveniente. ¿Y para qué? ¿Para quién? ¿Anita? Anita de un día a otro se casará. más que por aquellas divagaciones por la perplejidad en que le sumía el no poder atinar con su origen. entre ellos Joaquín Paredes. antes o después de los veinticinco años. que se nos presenta fatalmente. pasar una cabalgadura adorable. casi veintiséis -pensaba. volvía él a encantarse ante una sonrisa de suavidad desconocida y dos filas de dientes bonitísimos. se le ocurrió a José Antonio pensar en que sus afanes carecían de objetivo. Aquella tarde. Turbado. dos ojos grandes se fijaban en él. Él cerraba los ojos y veía.. días atrás. Fuerte y ágil. Los amigos de las haciendas vecinas. No sabía lo que eran enredos amorosos. voy en camino de ser un hombre de fortuna. -Tengo veinticinco años. Recordó que. decían de él que era madera de solterón. por la primera vez en su vida. su noble y dócil Mulato. le tenía sin cuidado. había frecuentado en la capital los teatros de tandas. su único orgullo. durante algún tiempo. su juventud se había deslizado como el caudal de una vertiente desconocida. se conquistó entre sus camaradas la fama de un pequeño atleta que fue. iba a la marcha potrero arriba. salía tarareando los aires menos vulgares de la música zarzuela. en su imaginación. puso su caballo al galope y se entregó a pensamientos más positivos.

le dijo: -¿Cómo no he de estar contento con el encuentro que he tenido? -¿Sí? -Dicen que es de buen agüero toparse en el camino con un curcuncho. Y él. Y además. a quien por fin se le había despertado la curiosidad. el viejo mayordomo. En efecto. contó las incidencias del día.Anita. A José Antonio. -Probablemente. ¿Por qué. sus gustos modestos le hacían preferir las ropas menos llamativas. Recordó la pregunta que le dirigiera la hermosa desconocida. y por qué se alegró cuando Marcos. pero yo creo que es mejor encontrarse con un puñado de buenas mozas. además. pues al día siguiente. que se encontraba flamante. a las que había abierto la puerta del potrero en la tarde de la víspera. -¿Serán las visitas de Joaquín? -insinuó Anita. la indumentaria que llevo está lejos de corresponder a lo que realmente soy". acababa de visitar José Antonio las insta16 . e hizo hincapié en la naturalidad con que había disimulado la verdad.. chaqueta corta.. respecto a su empleo en el fundo. le dijo que las señoritas. Y a instancias de Anita. y grandes polainas con correones que le cubrían hasta más arriba de las rodillas. se hallaban veraneando en el fundo de su vecino? III Dos días después. Desde su definitivo alejamiento de la capital. siguiendo la broma.. "Sin duda me ha encontrado demasiado joven para propietario -se dijo-. y a gastar una locuacidad poco habitual en él. vestía a la usanza del campo: manta de colores. Esto lo decidió a mostrarse alegre y vivaracho. le latió violentamente el corazón. -Entonces las conoceremos. cuidó de vestir su traje de los días festivos. sin saber él mismo por qué. pantalones de borlón. Anita le desconoció.

que hizo rematar su caballo junto a él. y José Antonio. en la que su amigo.. El patrón me mandaba a dejarle una carta a su mercé.de no haber contestado verbalmente por intermedio de Fermín. -No. y la otra a máquina.laciones para la próxima primera trilla y marchaba al trote de su Mulato por el camino real. No era hombre que pusiera mal cariz a una recepción en sus dominios. sino que tu fundo es de lo poco que hay que ver por estos lados." José Antonio dobló el papel con aire preocupado. pero expresiva. Le rogaba. le anunciaba un "malón" de un día para otro. a su amigo Joaquín. Fermín era el mozo de su vecino. Volvió la cabeza. sí. -Perdone.. La hospitalidad es una virtud tradicional en los campos de Chile. leyó la carta. caminando al paso. Celebrando íntimamente la oportunidad que se le ofrecía de conocer y servir a la bella desconocida de la otra tarde. El mozo torció brida. que no ponderara mucho los adelantos de la propiedad que iban a visitar a fin de evitar posibles desen17 . una parte con yeguas. El domingo próximo se trillaría el trigo. "No es que yo quiera abusar -terminaba la carta-. con una esquela breve. señor. La ocasión no podía. llevándose respetuosamente la mano al sombrero-. y se lo guardó. -¿Sí? -preguntó José Antonio. Fermín! -le dijo. su mercé -respondió Fermín. cuando le alcanzó un jinete. ser más favorable. -Entonces. y se arrepintió hombre poco ducho en letras. Lo que le llevaba como distraído era la redacción de la respuesta que acababa de prometer. y reconociendo al recién llegado: -¡Hola. -¿Te dijo que esperaras la respuesta? -prosiguió mientras rompía el sobre. pues. junto con comunicarle la noticia de hallarse favorecido con la presencia de numerosos huéspedes santiaguinos. no tardó media hora en despachar a un sirviente. le vas a decir a Joaquín que luego irá la respuesta. sin poder dominar un ímpetu de secreta alegría.

¡a gente de la capital! Nada se le ocultaba de la importancia de este acto y experimentaba las mismas sensaciones de miedo y de placer que la invadieron. Escarbó el baúl. sonriendo. como a todos los que esperan. porque Francisca era una admirable artista en culinaria criolla: por su parte. lo mismo que las bodegas en donde reposaban noblemente. cuando se impuso del contenido de la carta. Por primera vez iba a recibir en su calidad de dueña de casa a personas desconocidas. que no le permitía salirse de cierta severa sencillez. Francisca. los lagares. el luto. Por los demás. la vieja cocinera. se ejercitó dos horas todas las tardes. José Antonio. tan activa. -Hay que salir airoso -agregó José Antonio. Desde la 18 . la gran debilidad del papá. las segadoras.gaños. aunque bastaba ella sola para el servicio de la casa. Anita resplandecía en sus tareas directivas. una angustia. que constituyeron. tuvo que admitir el auxilio de dos mujeres que el patrón hizo venir del pueblo. bruñir sus espuelas. el molino. todas las maquinarias fueron recorridas y aseadas. empleándolos febrilmente en preparar su fundo para recibir dignamente a las visitas. a la que le costaba sobreponerse. se dispuso bien. Los detalles de cocina casi no la inquietaban. había aprendido con las monjas a preparar manjares exquisitos. ¡Tener de visitas a santiaguinos! A cada rato. los vinos de auténtica cepa francesa. en anchos toneles. a quién el tiempo se hacía interminable. acortó los días. rasquetear cuidadosamente cada mañana sus caballos de montar. La casa entera fue revuelta y sacudida. Comprendiendo que no le iba a ser posible negarse a tocar el piano. cuando menos se lo esperaba. la hacía palidecer. durante algunos años. hizo blanquear su sombrero. en las vísperas de su primera comunión. prestaba singular realce a su persona y ella podía estar segura de resistir victoriosamente a las comparaciones. -Valiente compromiso -dijo Anita. El estanque. años atrás. Era jueves aún. asimismo. y el joven hacendado.

para que nos alcancen los rezagados. Saldré a esperarles -respondió José Antonio. Él comprendió que le había reconocido. pues. apenas humedecida de rocío. por el que se supo que se hallaría allí con su comitiva en las primeras horas de la mañana. una verdadera mañana de estío. Hacía ya una hora larga que les esperaba.. en mitad del camino. como si hubiera sabido el papel simpático que habría de tocarles desempeñar. al frente de un grupo de jinetes. firme en su montura.. El viento le hacía ondear el sombrero de anchas alas. Anita se quedó. cuyos extremos flotaban también como banderolas. La tierra. cuando la oyó gritar. Por todas partes no se veían más que flores. atareadísima siempre. murmuró sintiendo un estremecimiento interior que no pudo reprimir. las atenciones que días atrás había recibido de parte del señor administrador. ultimando los preparativos. sobre la marcha. con la manta terciada sobre el hombro. José Antonio.víspera se olía a fiesta en el fundo.. Sí. amanecieron cuajados. -Iremos al paso -dijo enseguida-.. en voz alta. a la sombra de unos álamos. a unos cuantos pasos ya: -¡Siempre galante el señor administrador! Vamos a saludarlo. -¡Allí vienen! -grito el joven hacendado. contando al punto. muchas flores. extrañado de no ver en 19 . como un general en jefe. Los rosales. hacia las charcas doradas por los primeros rayos. -Esta bien. Joaquín había vuelto a enviar recado. La cabalgata hizo alto y "ella" los presentó a todos. anudado a la cara con un lazo de gasa blanca. "¡Es ella!". -¿Y Joaquín? -preguntó José Antonio.. sin poder contenerse. La mañana estaba hermosa. sentía que jamás había estado tan de acuerdo su corazón y el campo.. enviaba a la atmósfera su generoso vaho de verdura. La polvareda de la cabalgata les anunció desde lejos. Se sonrojó. Al alba se había levantado y hecho ensillar su Mulato. era "ella".

en realidad.. El sol pica. se presentaba llena aún de juventud y de viveza. -¡Mi querido José Antonio! -¡Hola.! -Pero no pasa un día sobre ustedes -dijo el joven. a pesar de su naciente obesidad.. Joaquín. -No vengas con galanterías -replicó Joaquín-. Apenas la divisaron. a nuestro anfitrión.el grupo a su vecino.. ¿lo ves? adelante. Tú sí que eres joven. con la gente joven! Y dirigiéndose al grupo de los de a caballo. entretanto. "Ella" se destacó entonces del grupo y se acercó a los carruajes del "Estado Mayor". y José Antonio se adelantó a saludar al "Estado Mayor". -¡Pero si él es jefe de la retaguardia! -¿Estamos muy lejos aún? -preguntó unos de los jóvenes de la comitiva-. -¿Es usted? -preguntó. surgió entre todos la idea de ir a su encuentro. Pero ya habrá algo para pasar el calor. refiriéndose a su vecino y a la esposa de su vecino que. con los viejos. ¿qué significa esto? ¿Han olvidado ustedes las leyes de la cortesía? Aquí tienen ustedes al dueño de casa. y momentos después se confundían vanguardia y retaguardia en un solo pelotón... No le perdonaré nunca la broma que nos ha jugado. que venían en otro.! Los dos amigos cambiaron un rápido y efusivo apretón de manos. Y a propósito. Resonó el camino.. gritó: -Pero.. le gritaron: -¡Viva José Antonio. fruto al parecer de una maternidad regular e infatigable. Los niños de Joaquín. ¿qué haces aquí? Tu terreno está allá. bajo el tumulto de la cabalgata que daba una brusca media vuelta.. que ocupaba un carruaje. Joaquín. -Cuestión de unas cuantas cuadras -respondió José Antonio-. ganaba terreno.. La retaguardia. que ha venido haciéndose pasar por el administrador de su 20 . por decir algo. no sin cierta malicia-. ¡Figúrese usted.

la única que. -Como quieras. ¿No es verdad. Sus ojos azules. toda la bandada se había lanzado casi a escape y atronaba el camino con el estruendo de los cascos. clavando las espuelas. luego diplomático.hacienda! Joaquín rió de muy buena gana. y ha preferido esperarnos allá. Joaquín? -Sí -respondió el interpelado-. es la verdad. vamos con José Antonio. -Papá.. era de un atractivo indiscutible.. yo soy el administrador. Había sido militar. azotó a su caballo y adelantó al galope. Es que le ha dado todo su carácter a su papel de dueña de casa.. -Y en realidad. y era en la actualidad político de fila. En todo caso. Traía entra las manos un bastón con puño de oro. señorita -insistió José Antonio-... no había siquiera visitado. José Antonio. sino que se lo agradezco repuso él. encuadrada en hermosa barba de un gris casi blanco. nosotros vamos a galopar -le gritó "ella"-. y su fisonomía. -José Antonio -dijo Rosario-. La atmósfera se llenaba de gritos.. -Qué me va a ocurrir. -Al pie del cañón -observó gravemente un caballero de atildada figura que venía sentado junto a Rosario.. casualmente. le dio alcance.. Los vamos a dejar atrás. Aquella cabalgata ciudadana era un mensa21 . dirigiéndose a su acompañante-. Un minuto después. hablaban de una larga historia de aventuras donjuanescas. vivos todavía. está mejor que nunca. Eso lo sabe todo el mundo. -Y yo no sólo se lo dispenso. -¿Galopemos? Y sin esperar respuesta. Desde que no hay nadie que administre el fundo como tú. ¿y por qué no vino usted con Anita? ¿No está bien acaso? -No... Dispénseme que le trate así -agregó en voz más baja. Yo trato de ganarme su confianza porque creo que vamos a ser buenos amigos. con tal que no te ocurra nada. hija. Representaba en el senado a una de las provincias del extremo sur.

se cortaba a menudo delante de las mujeres. La tierra entera parecía participar de aquel júbilo vibrante. Sin saber cómo. Ella hablaba del campo con esa efusión admirativa propia de la gente que se ha habituado a la vida artificial de las ciudades. y de ambos lados del camino se escapaban volando. pusieron los caballos al paso. feliz de que le tocara un tema que le permitiese hablar con menos vacilación. no es admisible más que por los meses de verano. José Antonio y "ella" formaron pareja y fueron adelantándose al grupo general. Nos gustó tanto su fundo. Los caballos espumajeaban. Y adelante de esa mujer. y conversaron.. -¿Una ligereza? -Sí. aunque inteligente. según la frase de "ella". eran unas amigas de Santiago que veranean cerca de Painahuén. como buenos amigos. -Sí. y para quien la tierra. la manera de averiguarlo. a presentarnos solas! -¿Y por qué no lo hicieron? -No habría sido propio. Algo como una inmensa risa retozaba en los aires. Cuando vieron que los separaba una distancia demasiado grande. -Creo recordar que la otra tarde andaba usted con más compañía -había dicho José Antonio.. despavoridas. una reconciliación entre los artificios mundanos y la libre vida de la naturaleza. Pero le entusiasma a una tanto. no dando nunca con la frase apropiada. ¿no? que estuvimos tentadas de cometer una ligereza. lo que le hacía interrumpirse a sí mismo. Ahora lo veo bien. Porque. la vida rural.. bandadas de diucas y chincoles. ¡Casi nos detuvimos a la puerta de la casa. -Es cierto -decía él. temiendo siempre salir con algo inoportuno. ni hallaba..je de la ciudad a los campos. con el agregado de que fui yo la de la ocurrencia. De los ranchos próximos salía uno que otro perro flaco a ladrar rabiosamente a la comitiva.... cuya sola presencia le 22 .. tampoco. La falta de todo roce mundano le quitaba desenvoltura a su lenguaje. Lo curioso era que él no conocía su nombre. ¿Cómo se llama? Los Rosales. que cualquier locura es de explicarse.

Anita. Un jinete de los del grupo venía hacia ellos. José Antonio enrojeció. -Sí -dijo José Antonio. -Ya estamos. con viveza. por lo menos. E iba a hacer las presentaciones de acuerdo con las fórmulas usuales. Los mozos habían acudido y amarraron las cabalgaduras al poste... -Se ha adelantado usted mucho. José Antonio lo miró con fijeza. -¿Sí? -replicó ella-. un ruido de galope les hizo volverse. El silencio habría llegado a hacerse embarazoso. pie a tierra -dijo José Antonio. Alguien que no era Carlos ni Chela repetía mentalmente este gracioso diminutivo: ¡Chela! Precioso nombre. un joven montado perfectamente a la inglesa. ¿no le parece? -preguntó ella. -Los esperamos. El tono de su voz revelaba indiferencia. su actitud tenía algo impertinente. Carlos -dijo ella. Pensó que aquel debía ser el novio. apareció en aquel momento en la puerta. si no se hubieran hallado a un paso de las casas del fundo. -Sin duda. Sin embargo. no? Los dos hermanos se vieron confusos ante aquel cordial arranque. Chela -dijo. -¿Por qué? De ningún modo. De pronto. cuando Graciela la tomó de las manos y exclamó: -¡Qué linda es! ¿Vamos a ser muy amigas. -¿Es su hermana? -preguntó Graciela. el "pololo" oficial de su pareja. o. ciertamente. -¿Molesto? -preguntó el recién llegado. hacía vanos esfuerzos por hablar. acercándose a ella. cuando les alcanzó. sin que se le notara el temblor de la voz. tan hermoso en una mujer como Graciela. con la faz radiante.turbaba. que llegaba 23 . Y se apresuró a ayudar a desmontar a su compañera. Todos callaron. de cara rapada y diminuto jipijapa echado atrás. Eso quiere decir que nos entendemos muy bien con este caballero.

y se formó junto a la casa de Los Rosales. 24 . -Es justiciera -rectificó Carlos. el grato bullicio de una reunión que se iniciaba en la mayor armonía. sí -dijo Anita-. -Mi primo -explicó Graciela. -Que desensillen y pongan los caballos a la sombra. Aquí hace mucho sol. que apareció en esos momentos. porque Anita es una monada. ¡Me hacía mucha falta! -¿No es usted celoso.. -¡Qué rico olor a rosas! -se oía decir. Todos se hacían lenguas de la belleza de Anita.allí con toda la terrible aureola de su mundanismo aristocrático. -Tanto gusto. y Joaquín. a la sazón. Un vientecillo mañanero traía hasta ellos las fragancias del jardín y del huerto y entre todas. Entraron todos bulliciosamente y él se quedó para dar las órdenes a Marcos.. como la nota dominante de una orquesta. señor hermano? -Eso. -Amigas. José Antonio entró. -Tiene razón para serlo -agregó Chela-. las del rosal que circundaba el patio con una doble hilera de verde coronada de rojos pomposos infinitamente variados. y los halló a todos cómodamente instalados en el corredor. gran bromista y casamentero a ultranza. Llegaba. un servidor y amigo. IV -¡Adelante! ¡Adelante! -gritó José Antonio-. -Rosario es demasiado amable. adelantándose con galantería y tendiendo la mano a tiempo que decía: -Carlos Larraeta. de ordinario tan quieta y silenciosa. el grueso de la cabalgata: luego se vio venir también a los carruajes. según -respondió sonriendo el joven hacendado. Le sobraba razón a Rosario para alabarla tanto. a su vez. pronosticó desde luego que más de alguno de los presentes habría de quedar engarzado en los hermosos ojos de la dueña de casa.

y recibiendo a veces verdaderas granizadas de bromas que le hacían huir apabullado. Habíanse formado. Joaquín -dijo el joven. señor. como era natural. llena de discreteos. que había alcanzado a oír la última frase-. El joven hacendado encontró que era aquél un rasgo encantador. sin atinar decididamente con la réplica. diversos grupos y en todos ellos imperaba idéntico entusiasmo. inclinándose para evitar que el zumbo les manchara la pechera de la amazona. era ducho en el arte de conquistarse simpatías. pero yo la quiero mucho. señorita. si alguna vez llegara a casarme. y la cuido como cuidaría a mi mujer. tentando chistes y lanzando pullas intencionadas. aleccionadas por Chela. -Defiéndame. José Antonio. -¡No volveré a buscarte otra vez para abogado! Y encarándose con la situación. él estaba contentísimo de que se hubiera salvado tan sin sentir esa distancia de frialdad y embarazo que suele producirse al comienzo de toda reunión social. que revelan la desazón de los ánimos. -¿Qué quieres que diga yo? Fuiste cariñoso como hijo. interviniendo desde lejos. -¡Bravo! Así me gustan los hombres -exclamó Chela. -Es muy vieja. La conversación siguió animada. El primo Carlos iba de uno a otro.-¡Qué preciosidad! -dijo Graciela con un gesto acariciador. Los hombres apuraban vasos de espumante cerveza y ellas. -Todos piensan lo mismo. mordían uvas.. como buen político. tiene usted cara de marido cariñoso. vivaz. -Muy dije su casita.. antes de las indispensables bendiciones. lo eres como hermano y como amigo: lo más probable es que lo seas también como marido.. sin una sola de esas pausas desconcertantes.. mi amiguito -repuso ella-. Tenía Carlos la inso25 . En realidad.. amigo mío -opinó don Javier que. yo considero que no se puede tratar sino con cariño a la mujer que es nuestra compañera. -¡Pero otra cosa es con guitarra! -exclamó Carlos.. José Antonio agregó: -En realidad. La verdad.

dignísima señora muy pagada de sus abolengos. Sufría de la debilidad de querer ser malo. La política constituía para él un nobilísimo deporte. de ese partido que ha dado tantos supremos magistrados a la República. Destacábase en el grupo juvenil un muchacho de fisonomía un poco grave. mamá de Carlos. todo el movimiento demográfico de la buena sociedad del país. Pertenecía a las filas del partido liberal histórico. si se observa que el mayor de ellos era José Antonio. matrimonios. -Algo adelanta. la "me26 . aprovechando un segundo de relativo silencio. venía interesándose por saber qué fuerza electoral representaban Los Rosales y Painahuén. Rosario y la señora Irene. El campo me pone perezoso. viajes. Anita. encantada de Chela. Y más lejos. Don Javier seguía con Joaquín deshilvanando su eterna madeja de combinaciones políticas. nada le llamaba aparentemente la atención. Cultivaba la ironía. conversaban asuntos propios de su edad y de su estado: enfermedades. Se llamaba Félix.. Félix estaba por "recibirse". los que habían sido la vanguardia de la caballería. y. y. gozaba de excelente salud. un ejercicio que ponía en actividad todas sus facultades. y preparaba. Don Javier era viudo y. fallecimientos. se entregaban a la charla con una prodigalidad fácilmente explicable. con sus cincuenta años. a la sazón. aún en pleno vigor. y era estudiante de medicina. ha recibido de prestado una segunda modalidad. aunque en el fondo era piadoso. de cabello largo y ondulado. de ojos grandes y oscuros. aceptar la candidatura a senador por la provincia.. apartándose para ello hacia el lado del patio. -¿Cómo va esa "memoria"? -le preguntó Chela. Quizás le conviniera. no la abandonaba más que para preocuparse de ciertos pormenores domésticos. para el próximo período.lencia decorativa e inocente de un mozo que. Los niños habían desaparecido y probablemente saqueaban la arboleda. poseyendo excelente natural. al efecto. como buen dandy. pero no tanto como yo quisiera -constestó él-. los jóvenes. que hablaba poco y fumaba incesantemente.

Tema tan vasto y complejo le traía verdaderamente preocupado. no tomó la cosa en broma. -¿Y sabe -dijo. -Bueno. en conformidad a su carácter... pero el cigarro es necesario. a veces. La "memoria" podía titularse. había tenido ocasión de tratar personalmente a varios escritores y artistas atacados de diversas neurosis. y es que también fumamos mucho los que hemos dejado ya de ser estudiantes. comprendiendo el alcance de la alusión. un capítulo de mi "memoria".. pues: iba a decirle que. en vez de tratar de la degeneración entre los intelectuales." -Le veo un solo inconveniente -observó Carlos. -¿Cuándo? -inquirió el estudiante. -¿Un inconveniente? -Sí..que puede usted tener razón? Todos los estudiante somos. Será. que nadie celebró.. el abuso del tabaco no viene siendo más que una forma de degeneración. Y se fue satisfecho de su salida. pero ahora iba tomándole el peso.¿No se enoja? -Es la primera condición del médico.moria" reglamentaria. -¿Quiere que le diga una cosa? -insistió Chela. Como interno del Manicomio.. 27 . Chela: no saber enojarse. -¿Usted no fuma.. aquel primo tan dueño de sí mismo que se metía en todos los grupos. que llegaba precisamente a tiempo para imponerse del asunto. Todos rieron. -Después de todo -dijo Félix. José Antonio? -preguntó Chela. muy fumadores. A José Antonio había llegado a molestarle un poco aquel mozo eternamente zumbón. -¿Por ejemplo? -De la influencia del tabaco en los estudios superiores. podía usted ocuparse de un tema más entretenido. "De las relaciones entre la nicotina y la Universidad. sin formar parte de ninguno. interesado de veras. como para terminar-. Esto le había sugerido la idea de su tesis. en general. -Muy poco. la cual habría de versar sobre la degeneración entre los intelectuales. pues. pero.. Félix sonrió.

vecino! -exclamó alegremente Joaquín. Eso queda para la ciudad. Todos se dispusieron a escuchar. de un verde magnífico. donde la anemia y los negocios acaban con el 28 . Tocó en el brazo a José Antonio. Y Félix recitó: "Dices que tus penas sanas con el cigarro. -Las penas no le faltan a nadie -dijo Anita-. y se puso de pie. y presumo que son penas muy livianas cuando se van con el humo. El joven se incorporó también y gritó con voz entera: -¡Señores. preocupado.. la mancha tentadora de los racimos. amigo mío! -observó don Javier-. pero éste ha dicho la verdad. pero nosotras no nos desahogamos con el humo. -¡Qué aperitivo. -A propósito -saltó Félix-. a la mesa! -¡Ya era tiempo. y echamos mano al cigarrillo. Los dueños de casa habían tenido la espléndida idea de disponer la mesa bajo el emparrado. y todos cumplieron rápidamente con los deberes del tocador.. recuerdo un epigrama que dice. de trecho en trecho.. Francisca apareció en ese momento en el patio y Anita comprendió que había llegado la hora suprema del almuerzo.. -Pregúnteselo usted a Anita. Anita hizo traer jofainas llenas de agua fresca. -¿Un aperitivo? -ofreció José Antonio. que dejaba asomar." -¡Muy bien! ¡Muy Bien! -Los poetas tienen fama de embusteros -apuntó Chela-. -¿Ven ustedes como tengo razón? Hay veces que. sentimos una ansiedad inmotivada.-Cuando estoy triste.. parece que algo nos falta. armando al efecto una carpa que tenía por techo el frondoso follaje. sin saber uno por qué. señor hacendado? Creí que no las había por aquí. -¿Pero también tiene usted penas..

Anita se había ruborizado.. aparentemente. Pero apenas empezaron las sirvientas a pasar los hermosos platos de cazuela de ave. sonriendo. Pero Félix. como el más caracterizado. a nuestra gentil dueña de casa? Protesto. -¡Yo! -exclamó Carlos. se hizo a los niños ocupar la mesa del pellejo. enérgicamente. Todos estuvieron. y se hizo servir disimuladamente una copita. -¡No. Para que se sirviesen más a sus anchas y no estorbasen a los grandes. Miguel. y. bajo el parrón vetusto! Se concedió a don Javier la presidencia de la mesa.. Pero aquí. 29 . a razón de un hombre por cada mujer. V -¡Qué almuerzo campesino aquél.. de acuerdo con esa doctrina. asintió con su opinión. No faltó. en la mesa del pellejo. a quién su condición de dueña de casa obligada a menudo a dejar vacío su sitio. un muchacho gordo y risueño. señora que cuidase de contar si había trece alrededor de la mesa y suspirase con gran alivio al darse cuanta de que no. y si no hay ningún caballero bastante cortés para hacerle compañía. don Javier exigió un poco de atención. Pero Carlos dijo por lo bajo a José Antonio que él echaba de menos su combinación cotidiana de vermouth y bitter. sin atinar con la frase que la salvará del apuro. y después se fueron matizando los asientos. -¿Es posible -dijo.que dejemos sola con los niños.apetito. según la tradicional costumbre. ciertamente. sin decir palabra. miraba a todos lados. -Me río yo del sol y del aire libre.. tomó su plato y su cubierto y fue hacerse un sitio entre los niños. yo declino el honor de la presidencia y me voy allá.. aquí no hay mejor aperitivo que el sol y el aire. Y se oyeron unos cuantos gritos más que reclamaban para sí tan agradable sacrificio. yo! -gritó Joaquín. y se estaría con ellos Anita. protesto.

sin asomo de atrevimiento.. comía vorazmente. porque 30 . mostrándoles con un gesto rápido e indicando también la bella pareja que hacían Anita y Félix. con verdadera glotonería. que en la ciudad andaba perpetuamente quejándose de dolencias graves al estómago. Tengo yo una mano.-¡Bravo! ¡Viva la medicina. -¡Hay que venir a Los Rosales! -rectificó Joaquín... Don Javier. valiéndose de sus muñecas y de los chicos de la servidumbre. -¿Molestia? -replicó él-. Anita no había alcanzado a oír el cumplido y José Antonio le llamó la atención.. Casualmente. En el fondo estaba encantada de aquella feliz e inesperada combinación del azar. -¡Muchachos! A estarse muy quietos -gritó él al infantil concurso-. -Esto está delicioso -repetía entre un bocado y otro-. Decididamente. para comer la clásica cazuela hay que venir al campo... había jugado a papá y mamá con José Antonio. A ver cómo hacemos entender a estas criaturas. cuyo papel se reducía a reír ruidosamente por todo lo que se dijera. guiñaba a su mujer el ojo. no tenía tampoco por qué ser desagradable para Félix. una morenucha insignificante. ¿Cree usted realmente que será para mí una molestia? Ella no contestó. Naturalmente. -¡Ah! Gracias. Anita celebró la ocurrencia recordando que más de una vez.. Carlos se esforzaba en hacer chistes de dudoso resultado. Le pasaremos el elogio a Francisca.! -¡Bien por la gente lista! -¿Por qué se ha molestado usted? -preguntó Anita al estudiante.le dijo. -Te alaban la cocina.. -Haremos cuenta -dijo el estudiante. su hermana menor. Joaquín.. clavaba sus ojos efusivos alternativamente en José Antonio. José Antonio y Chela habían quedado juntos.. por la época de vacaciones..de que somos papá y mamá. en Félix o en Miguel. y Rebeca..

Pero en aquel preciso instante. a Félix.. Joaquín? ¿Ha visto que placer el de amargarle a uno. tenemos el doctor a la mano -le replicó Joaquín. Semejante observación no pudo menos de producir un escalofrío. en lo mejor.. y buena prueba estoy dando de mis conocimientos anatómicos. puesto que se las han quitado. -le objetó Chela. -Papá.. Pero Carlos. -Sí. siguió sonriendo.. lejos de comprender que había estado torpe. sin temor. médico cirujano -dijo él entonces-. -¿Ha visto. Se refería.. que en esos instantes se hallaba atareado en la quirúrgica operación de trinchar el pavo asado. -A usted aluden -le dijo Anita. el bocado? ¡Qué dispepsia ni qué nada! -En todo caso. -Plumas ajenas serían las de las gallinas -dijo Carlos-.. y Anita lo interrumpió hábilmente. sinceramente satisfecho de la impresión deplorable que leía en todos los semblantes. -¿Qué? ¿Acaso pretendes venir aquí con remilgos ciudadanos? -No es eso. a puro dedo. como se comprende.no me gusta vestirme con plumas ajenas... don Javier.. Se hizo un breve silencio. papá -dijo ella-. sino que como te veo engullir tan sin cuidado. dio la voz de orden. -¿Qué dicen? -Que hay aquí un doctor y que lo tenemos a la mano. -Félix -apuntó Carlos. fuera de sí ante el magnífico cuadril que veía ante su plato. ordenando servir las empana31 . con tanta majestad como en años atrás lo hiciera tal vez en las revistas militares de septiembre: -Muchachos. Y dio el ejemplo.. me acuerdo de tu dispepsia. con un empuje igual al que podría emplearse en atacar una trinchera a bayoneta calada.hace cuenta ahora de que se halla en clase y efectúa la disección de un cadáver. Y esperó que celebraran la ocurrencia.

Sin embargo. una docena. que ya creía sentir crujir entre sus dientes de viejo lobo político. José Antonio se levantó y tomó de un rincón una botella. y que en su juventud él se había soplado. ninguno. vióse aparecer un plato que tuvo el honor de ser saludado con triples y estruendosos hurras: la fuente de humitas. Después de la sabrosa ave de corral. de una sentada. hasta sintió la frente humedecida. que se mostraban confundidos de la pobreza del menú. -Tanto trabajo -le dijo Anita. desde los azafates en que las traían las sirvientas. y se sorprendió el mismo ante el temblor de su mano.das que. Realmente las humitas estaban deliciosas. lo mejor de su seno. -¡Admirable! -repitieron todos..? 32 . que todos celebraron. El fragante olor del maíz cocido y preparado con arte habilidoso por Francisca era como vaho purificador de la tierra cariñosa que quería ofrecer a aquellos hijos de la ciudad. esparcían su suave y apetitoso olor. declarando que aquéllas no podían sentarles mal ni a los ángeles del cielo. y se repitió la ración. no había dejado de fatigarle un poco. De repente. que arrancó al cristal un ruido entrecortado. Y se bebió una copa general por los dueños de casa. -No. Estaba congestionado y como hacía un gran calor. no faltó quien aceptara algunas frutas y hasta un trozo de torta dulce. echando largas miradas de ansiedad a la rubicunda superficie de las empanadas. a instancias de Anita y de José Antonio. -¡Bravo! ¡Admirable! -gritó don Javier. loco. Félix terminaba en ese momento el trinchado del pavo. Sonó un estampido y un tapón voló a perderse entre los pámpanos. sus renegados. José Antonio chocó con su vecina de mesa. Don Javier agotó el vocabulario de sus ditirambos. Todos confesaron a una que no podrían servirse nada más y que aunque les trajeran sesos de ruiseñores no los probarían. Por fácil que hubiera parecido la tarea para él.. Joaquín dijo: -¿Pero has destapado champaña.

más fuerte. ¡Es usted un pionner! Y le golpeaba amistosamente el hombro. avivada seguramente por el dulce vapor de la chicha embotellada. y hasta sugirió la idea de una fabricación en grande escala. es chicha embotellada. golpeando las manos-. y hacia el lado donde quedaban las habitaciones se percibían risas agudas y frases reticentes que envolvían acaso un comentario picaresco. Porque. -¡Apurarse! ¡Apurarse! -dijo en medio del corredor. dueña siempre de sí misma. Pues. Usted hace bien. estimulemos la producción. ausentes las mujeres. de pelo oscuro y rasgos acentuados. Anita. Los hombres lo paladearon detenidamente y con fruición. de aire sosegado y melancólico. José Antonio. Tenemos los vinos mejores de la América. y el comedor se hallaba en ese período que. José Antonio les dejó un momento para dar algunas órdenes. José Antonio lo pensó. No hay que perder el tiempo. Quiero festejarlos con un producto legítimo del fundo. listas ya. Ya eran las dos de la tarde y se acercaba el momento de partir. -Somos un país vinícola -decía-. en practicar estos ensayos. ya todos se habían puesto de pie. Don Javier manifestó que era una cosa exquisita. con la protección. por el solo prestigio de su juventud 33 . superfluo parece decirlo. pertenece por completo a la charla de los hombres solos. Eran dos de las gracias clásicas: al verlas. rubia. de aspecto lilial. pero se guardó bien de decirlo. Chela y Anita aparecieron en el pasadizo enlazadas por los hombros. de los poderes públicos. por supuesto. que era más alta. Y empezó a vaciar en las copas un líquido espumoso y transparente como el champaña. El contraste entre las dos bellezas le hizo observar una vez más cuán bonita y seductora era la gentil amazona de la otra tarde. completaba el encanto poderoso de su nueva amiga. Chela era la mujer moderna. Del lado del parrón.-No -respondió el joven-. ágil de espíritu y de cuerpo. deportista. que nada podía envidiar a los productos franceses. llegaba el murmullo de la conversación de sobremesa. que se impone siempre sin hacerlo pesar demasiado. favorezcámosla.

. pero vamos. Una era la flor del campo cultivada en la paz espiritual del convento. abarcando el rosal con un gesto amplio de sus brazos divinos..y la de la otra tenía mucho de imperativo y victorioso. pero por nada del mundo se habría atrevido a decirlo. Ninguna de las dos había amado todavía.. prolongándose más allá de la adolescencia. -¿Y para usted no? -Fue lo que quise decir.. Anita volvía ya. Limpia ya de las espinas. Una igual no he visto nunca. -Me las llevaría todas. pero mientras Anita soñaba. -Esta.y de su sexo.. acaso un poco románticamente.. bella por sí y más bella por todos los refinamientos de la cultura selectiva. Y miraba a la flor. Y José Antonio cortó una rosa de magnífico granate. -le dijo Anita. vibrante sobre la tela gris de la 34 . mientras vuelvo con las tijeras. y Graciela no se había decidido por ninguna. cuyos pétalos abigarrados estuviesen veteados de amarillo. quedó prendida sobre el pecho de Graciela. Los ojos de aquélla proponían o rogaban. Graciela quiere recorrer el jardín. elija -agregó Anita-. -¡Sus rosas tienen una fama! -agregó ella. -Elija.. los de ésta resolvían y ordenaban. "Las demás se morían de envidia" -pensó José Antonio-. esponjosa.. encendida. La que más le guste. todas -exclamó Graciela. -José Antonio... -La felicidad sería para ellas.. -No valen nada. -¡Esto es una maravilla.. -Sí. En la belleza de la una había algo de soñador y de místico -acaso la orfandad. semejante a una dalia. Gracias. la otra era la flor de la metrópoli. opulenta. Chela se contentaba con discretear y con reír. Al fin dijo. Y corrió hacia las habitaciones. José Antonio! ¡Qué cosa tan linda! -¿Aceptaría usted una? -No se vaya a clavar.

y quedó luego en el silencio más profundo. cayó lejos sobre un mullido colchón de la parva. VI Aquel día fue todo de triunfos para José Antonio. hizo que el joven hacendado. Fue en vano que José Antonio les hiciera ver la economía de tiempo y de dinero que significaba el funcionamiento de las gigantescas trilladoras. La verdad es. los más valientes. no se escatimaron. estuvo a punto de ser víctima de su imprudencia. con el pre35 . Todos. a pesar de su modestia. Félix le declaró que lamentaba su buena suerte. ellas especialmente se declararon por el sistema antiguo. y todo no pasó de un susto. en forma práctica. pues habría deseado hacer conocer a los presentes. y en cambio se dieron. El ansia de ver y de curiosear que caracteriza a los forasteros. no se dejó rincón del fundo sin visitar. Afortunadamente para él. que en éstas no pudieron meter manos. Carlos. La trilla tuvo un éxito colosal. El fundo entero estaba de fiesta. Se paralizó momentáneamente la faena y el mozo se levantó revolcado y cubierto de paja. De las propiedades cercanas y hasta del próximo poblado habían acudido familias. meciéndose como con voluptuosidad al compás de la respiración de aquella que la había condenado a muerte. se viese obligado a entregar su propiedad por aquel día a los ojos extraños y aceptar los elogios que.pechera. el placer de corretear un rato a las yeguas por dentro de la era. por otra parte. La casa tronó por un momento al estrépito de la cabalgata que se ponía en movimiento. A Carlos no le hizo mucha gracia la broma de su amigo. que sabía vendar una herida y entablillar un pie luxado. por cierto. que se las daba de gran jinete. Se admiró la disposición de sus instalaciones.

de las inquie36 . interjecciones. en torno de la faena de la trilla. dorado de sol. pasaba pregonando sus monitos de dulce o gritando ante los grupos de aldeanos endomingados. le dijo. o algún humilde hijo de Mercurio. Y. recordando él las obligaciones que le imponía su condición de festejante. Y él naturalmente. Todo el campo. merodeaba por allí. Pero Joaquín. Había polvo. De lo demás me encargo yo. juar. niños. ruido de caballos. y cubrir las pintas! Como en la mañana. la dejaba por momentos sola para estar con las personas graves de los coches. Al principio. su vida solitaria y sin accidentes. Anita le contó con entera sencillez. el diablillo del alcohol. llevado con alegría de mano en mano. gritos. -¡Juar. sigilosamente. El le habló a su vez de sus estudios. presentaba un aspecto de vibrante animación. pero sin otro objeto que divertirse bebiendo. al lado de un quiltro flaco que se lamía el hocico. se habían constituido alrededor de un mantel muy bien provisto y engullían fiambres. Félix acompañaba a Anita. No faltaban -¡qué habían de faltar!guitarras ni acordeones. se había dejado convencer. música popular. Por todas partes se veían grupos de tres. empedernido mercachifle. aprovechando de la sombra de algún sauce. pero con firmeza: -No te preocupes más que de ti. de sus proyectos. embriagado con el olor de la grasa. cuatro o diez personas que. José Antonio era el caballero de Graciela. cantando y bailoteando. y los aires briosos de la cueca o el son decidor de las tonadas erraban por la atmósfera como risotadas o como requiebros. por lo bajo. Por allá una vieja freía empanadas. Fue como una prolongación natural de su comunidad en la mesa del pellejo. llameante color de ropas charras sobre la mancha verde y amarilla del suelo. Estos eran los momentos que aprovechaban para conversar. vasos de mote y hasta cazuela de ave y mate en leche. chispeando en la cerveza y en el vino. que ya se hacía ciertos maliciosos cálculos para el provenir.texto de la trilla. a grandes rasgos. A ella le gustaba mucho galopar y a menudo tenían que poner los caballos al paso para dejar que les alcanzase el grueso de la reunión. en tono amistoso.

El que ya iba a obtener su título de médico después de brillantísimos estudios. lo que en las novelas se llama amor. Era un ser algo extraño este estudiante. Permaneció silencio. agregó: -Un desencantado intelectual.. y eso me tiene sin cuidado.por innata repulsión de mi carácter. El sabía más bien que nadie que la palabra neurastenia no significaba nada.. con un sicólogo. ¿Ve usted qué cosa rara? -¿No ha querido usted. Anita aguardaba. realmente. Yo no soy rico. pues. Félix hubiera llegado a espontanearse. ¿no va usted a titularse de un momento a otro? -No son inquietudes económicas -le dijo él-. Nunca tuve preferencia por ninguna amiga. realmente..tudes que solían invadirle respecto de su porvenir. No he sabido jamás lo que es querer. Y temeroso de que ella fuera a tomarle por alguna víctima de traiciones amorosas. -Tal vez -respondió Félix. a su compañero le parecía absurda la sola idea de que se creyera que había estado alguna vez enamorado. señorita. porque ninguno llega a satisfacerle. explicar de qué ni por qué sufría. no habría sabido. Hubo una pausa. con los ojos fijos en un punto lejano del camino.. con algún profundo experimentador de almas. un desengañado de los libros y de la ciencia. -Siempre fui enemigo del pololeo -explicó él. no sabría explicarme. pero ¿qué podía decirle a aquella niña que no había conocido de la vida más que su casa rural y su celda del claustro? ¿Para qué desnudar su alma ante aquellos ojos ingenuos? -¿Será usted lo que llaman un desencantado? -preguntó ella. Acaso con un sabio. -Pero. un sediento de ideal que no puede aceptar ideal ninguno. nunca? -¿Yo? Lo dijo con un tono de tan sincero asombro que Anita se convenció de que. Es otra cosa. Y ahora. para inquirir el origen secreto de su mal. pero si mi familia. 37 .

-¡Quisiera creer. se vio invadida por una profunda y compasiva ternura por aquel mozo que era indudablemente bueno y que acaso no merecía el castigo que pesaba sobre él. A mí. E. de salvarlo.. la fe en Dios y en su divina Providencia. -¿No cree usted? -preguntó-. ¿Por qué. Le parecía empresa digna de ella.. ¡Debe ser tan hermoso desdoblarse en otro ser. como se lo insinuaran las Hermanas. Félix no sonrió. como quisiera amar! -dijo. Calló advirtiendo que se metía por el delicado sendero de las confidencias y temiendo acaso que su compañera juzgara hijas de estudiada afectación tales palabras. Ahora sí que lo creo a usted verdaderamente desgraciado. sin que pudiera tomarlo muy en serio: Félix debería ser uno de esos enfermos. que salía a los labios del joven estudiante con un ardor cordial. 38 . Hay miles de personas que no sienten amor.desearía amar. se formó la resolución de convertirlo. -¿Por qué todo me inquieta y nada me satisface? -pensaba élConozco muchos que han perdido la fe y están perfectamente tranquilos. -No sé cómo se puede vivir con el alma completamente vacía -comentó ella-. -Sí. de empapar de nuevo aquella alma árida en los divinos jugos de la fe.. porque la sinceridad de Anita era tan honda que la más leve sonrisa habría equivalido a una blasfemia. en cambio. inmediatamente. todo tiene el prurito de preocuparme.. que se vería enaltecida a los ojos del señor. Anita pensó que era cierto que existan ciertas enfermedades del alma. Pero ella era demasiado campesina para no estimar sincera semejante confesión. ni siquiera afecto por nadie ni por nada y viven sin mayores cuidados. Pero en lugar de sentir temor por la proximidad de un incrédulo.-Ahora -terminó Félix. de las cuales algo había oído y leído ella. obedeciendo a uno de esos impulsos repentinos de las naturalezas vehementes. todo es lo que nos pintan los autores! Créame que a veces pienso que soy un alma vieja metida en un cuerpo joven. ¿No tiene fe? -¿La fe religiosa? -replicó. sentir de veras y hondamente.

durante la trilla. al lado suyo.? Hace dos mil años que Jesucristo predicó su evangelio y siguen habiendo sobre la tierra las mismas injusticias y los mismos dolores. Y esto no es incurrir en el desliz de galantearla.. -Es posible -respondió él-. -Papá dice que. es bien poco lo que dan. -¿Es cierto que entonces los estudios quitan la fe? -preguntó Anita. Y en cambio. -¿Quieren que galopemos? -propuso Chela..que ni en el campo puedo desprenderme de la manía de hacer análisis sicológicos. he recordado mi iniciación en ciertas doctrinas humanitarias? ¿Por qué he pensado que no debí abandonarlas. que no sé conversar más que filosofías! -Poco honor me hace. -¡Ah. si cree que yo preferiría que me dijese usted galanterías. -¿Por qué tan callados? -les dijo una voz femenina. incorregible Félix! Estoy por darle razón a mi papá. que su imaginación giraba alrededor de unas mismas ideas. Era Graciela que. Se dijera que conversaban mentalmente. -Casi empezaba usted a parecerse a los demás. 39 .. Félix. después de una pausa agregó-: Pero. -¿Por qué? -preguntó Anita. -Pues es usted muy distinta de cuantas mujeres he conocido. les habían alcanzado de un galope.. lo cual constituye un motivo más para que yo la admire. junto con José Antonio. Pero el silencio entre ellos no tenía nada de embarazoso.. ¡qué pésimo compañero le ha tocado! ¡Qué va a pensar usted de mí. que había seguido el curso de sus pensamientos. -y. Callaron. -Quitándole lo absoluto a esa afirmación -dijo Félix con toda seriedad-. es la verdad pura. -La culpa es mía -dijo Félix. del tercer año arriba.. todos los estudiantes de medicina andan destornillados... Ambos sabían que uno y otro pensaban en lo mismo.

observaba a ese desarrapado que monologaba llorante ante la botella vacía. -Me ha hecho acordarme esto. -¿Quiénes? -preguntó Chela.. pero ya no se divierte. en carretela. desinteresándose en general del espectáculo.. lloraba lastimosamente. al fin de un 19 de septiembre en el Parque Cousiño.. ¿no ven ustedes allí amarrados los caballos de Carlos y Miguel? -En efecto. 40 . algunos en coche. ése es más lógico -murmuró al oído de su compañera-. con la botella en la mano. yendo ella al centro. Producíase un imperceptible apagamiento en los ruidos de la fiesta rural del día. La tarde caía ya y el campo empezaba a llenarse de esa placidez que precede a la llegada de la noche. y el tinte vibrante de los pastizales y las sementeras iba suavizando sus tonos. -En pequeño.-Galopemos. En algunos vehículos se cantaba al son de los acordeones. sí -dijo José Antonio. -Al fin. un roto." El camino se veía invadido por la gente que regresaba ya. El aire olía a chacra y a jardín. Y en la fila cuatro. VII -¡Pero qué pícaros! -exclamó de pronto José Antonio con alegre sorpresa. -Nada. Junto a una pirca. y otros sencillamente a pie. a caballo. Félix. Se ha divertido. que tenía la mona filosófica. avanzaron a galope tendido. Llegaban distintamente a los oídos los sones del canturreo en alguna ramada no lejana: "La mujer es estopa y el hombre es fuego..

Los dos jóvenes. una huasita nada mal parecida. pasando el vaso. se había preocupado de su ausencia. y ya parecía que iba a balbucir alguna explicación. tomándole el peso a la situación que se creaba. Nadie. Carlos. entusiasmado. sembrando el aire con interjecciones robustas. cuando observó. en los precisos momentos en que Miguel se levantaba con un gran vaso en la mano gritando: ¡aro!. saludó con campechana cordialidad a los dueños de casa: -¡Qué hubo. y fastidiado el otro del asedio infatigable de la tierna y feúcha Rebeca. y Carlos le dibujaba admirables guaras a su pareja. Tocábase una cueca en arpa y guitarra y era aquél el pasaje culminante de la picaresca danza popular. Dos huasos achispados tamboreaban en la caja de los instrumentos y otros palmoteaban con furor. -¡Quién dijo miedo! -gritaba Miguel. patrón. -¿Que les vayamos a ver? -¡Eso! Torciendo bridas y se detuvieron junto a la ramada. no dejó de cortarse. Chillonas voces de viejas seguían con los versos por todo lo alto. A pesar de su s'en fichisme de dandy. -¡Qué ocurrencia han tenido! -exclamó Félix. pero la letra se perdía entre el barullo estrepitoso del acompañamiento. cuando José Antonio. la presencia de sus amigos. Aquí los caballeritos han querío acompañarlos. separándose del resto de la comitiva. -¡Yo acabo de tener otra mejor! -agregó. de su cinismo de buen tono. al punto. Carlos iba a tomarlo. habían optado por divertirse de su cuenta y riesgo. Y ahora sus caballos aparecían atados a los horcones de una ramada. pasaba cariñosamente el pañuelo por el cuello de su compañera de bailes y ella. por lo demás. por el silencio que súbitamente se produjo. Graciela.. que atronaba la ramada. viejo Ramón! ¿Se divierten? -Se hace lo que se puée. 41 . bajaba los ojos ruborosa.. aburridos el primero de andar en grupo sin objetivo fijo.

Todos. 42 .. lejos de agradarle aquel espectáculo. y la remolienda continuó sin mayores incidentes.-¡Bravo! Así me gusta. se afirmó en los pechos del caballo que montaba Anita y le brindó. entretanto.. extrañada hasta lo indecible. Todos tuvieron que imitarla. Era el mejor partido que podía tomar. con exagerado acento de borracho: -¡Hágame la gracia. Siempre le puso triste la alegría popular. Le gustará mucho a esta gente. le había hecho una impresión penosa. comentaban la incidencia con frases regocijadas. porque a él. se lo diré más tarde. se había repuesto. -Carlos. No podía soportar con serenidad que el pueblo riera su miseria. Como José Antonio y Chela adelantasen. El socialismo evangélico de sus años veintenarios se sublevaba en él.. Los paseantes reanudaron la marcha en medio de entusiastas aclamaciones de despedida.. Anita tomó el enorme vaso con las dos manos y apuró un sorbo con el mismo gesto del que se sirve una droga. y la ramada volvió a crujir entre el barullo de una cueca con tamboreo y huifa. Me parece un sarcasmo que esa gente se alegre de tal modo. se acercó a los jinetes y. con excepción de Félix. -¡Bravo la patroncita! -dijeron varias voces. parodiando a los huasos. -¿Por qué? -replicó ella. Anita se turbó y no sabía si tomar el vaso o reírse de la travesura de Carlos. Sin dejar el vaso. patroncita! Acéptele a un pobre un trago que le quiere ofrecer. Anita aprovechó la ocasión para preguntarle: -¿Se ha puesto usted triste? -¿Qué quiere que le diga? -respondió él-. -¿Por qué? No sabría explicárselo en pocas palabras. -Pero los pobres también tienen que alegrarse -insinuó ella. José Antonio le dijo por lo bajo: -Prueba.. Como creo que seremos muy amigos y que alguna vez hemos de volver a conversar.... El estudiante guardaba silencio. -¡Güeno el futre diablo! -murmuró uno de los concurrentes. bailada por un futre santiaguino y una huasa de los campos del sur.

temeroso de hacer un mal papel. se empeñaba en llevar la conversación por el terreno de lo fácil y seguro. -Su fórmula es "pasarlo bien".. -Siempre los ha habido. Y pensó también que si pesaba sobre el estudiante la desgracia o el pecado de su incredulidad. ni la madre superior ni el padre confesor ni su hermano José Antonio.... 43 . Fueron los predilectos de Cristo. con algo del rumor de los grandes árboles del camino. José Antonio y Chela hablaban cosas más frívolas y menos trascendentales. Tenía razón su amigo Félix: no debería haber pobres sobre la tierra. Nadie. y acaso siempre los habrá.y hay poca gente en ella. bajo el cielo que empezaba a estrellarse. la turbaba aquella voz y habría deseado estar siempre escuchándola. -Su primo parece un mozo divertido. en cambio. Pero esta frase. la virtud de ser compasivo. -¡Oh! a él no le da nada de nada. habían tenido como aquel muchacho el don de hacerla sentir. por haberlos preferido fue crucificado aquel dulce filósofo. sin revelar el menor esfuerzo ni la más leve intención.-Es que no debería haber pobres. En la quietud del momento. pero la conmovía a ella. Precisamente. -La tierra es tan grande -pensó. la hacía estremecer y la desconcertaba. en el recogimiento cada vez más grave de la tarde. -Siempre los ha habido -dijo-. ¿Qué tenían de extraño para Anita las palabras de Félix? En el fondo era muy sencillo todo lo que decía. ella percibía sus frases nítidas. Es un filósofo práctico. o del arroyo que cantaba entre las piedras a lo lejos. Anita no halló qué replicar. quedó resonando en su interior. que solían disertar con mucho juicio. El hubiera deseado no decir una palabra. Pero. armoniosas. claras. satisfecho con la gloria de ir a su lado. -Hermosa manera de vivir. tenía. que lo que produce debería bastar de sobra para todos.

y dijo 44 . por lo menos. demasiado habituada a dominarse.. no.. poco experto en discreteos. se viene donde su prima Chela y le dice cuatro galanterías. de las tristezas que solían acometerle en la soledad y el retiro en que vegetaba. Y si llegara a aburrirse... a propósito de esto.. Pasaron ya esos tiempos. Pero ¿Cómo atreverse? La conversación no salió de ese tono. Es pura "pose".. En vano la tarde se ponía triste. se hallaba en un error pues él. es que. precisamente. ya muy entrada la noche. él habló un poco de su vida. girando alrededor de unos mismos triviales asuntos. ¡Qué trabajo! Pero. Le han dicho a usted que a nosotras las santiaguinas no nos falta nunca un perrillo faldero ni un novio de pantalla. -No le crea usted. prefería los suyos. pasaba volando por encima de su cabeza. ahora que ha conocido usted un poco a mi primo Carlos. E iba a decirle que si creía realmente esto. ciertamente. José Antonio se interrumpió. Pero está creído de que las tomo muy en serio y le basta para su gloria el que le tengan por mi pololo oficial. -¡Ah! yo creí. -¿Homenajes? No. Carlos es de los que se divierten de veras con cualquier cosa nueva. Chela divagó. buscando en vano la frase que interpretara su pensamiento en una forma que no fuera grosera. se dejaran arrastrar más allá de los límites de lo cortés y de lo atento. sugestionado por una pregunta discreta. Pero a la vuelta. El murmullo de los árboles. Ella lo adivinó y le dijo: -Sí.. -No. En vano lucían los campos su decoración prodigiosa de las horas crepusculares. -Pero eso no tendrá nada de nuevo para él. -Eso.. en la paz de los caminos.-Sin embargo. sin que ni él. ni ella... ¿se imagina que yo pueda tomarlo en serio? -No. -Habrá creído usted lo que cree todo el mundo. estaba dispuesto a ser su esclavo. a menudo parece aburrido. entre todos los homenajes que deben rendirle. Pero creí que usted. ya sé. y a su afectuosa insinuación nada respondía en ellos.

. Pero.. 45 ... -Es una chiquilla muy buena. y yo voy a quererla mucho. -¡Quién sabe! Cualquier día. de tal o cual magazine y de algunos folletos agrícolas de aplicación práctica. y lo más a menudo. -Además tiene usted que llevarme a Anita. puesto que cada vez leía menos. Y muy inteligente.. cuya expresión no requiriera un esfuerzo del cual él se sentía incapaz. ¿Sentiría "ella" lo mismo? ¡Ah! no tener el corazón un lenguaje sin palabras.. Se sintió. -¡Oh! sólo el que no quiere no se casa. -¿Neurasténico? -preguntó José Antonio. al hojeo de los diarios y las revistas ilustradas.. Callaba. -Demasiado. por entonces. así es siempre. El callaba. -¿Se ha fijado usted cómo ha simpatizado con Félix? -Parece un buen muchacho. ¿no? -¿Como usted lo ve. Desde luego. asustándose de su propia audacia-.. al oír esto. Se dejaba acariciar. El dice siempre que no sabe cómo se ha metido una biblioteca en la cabeza. Es muy dije. Parece que en cuanto se reciba. Quiero decir -rectificó-... ¿cuándo tendré el placer de volver a verles por mi casa?. José Antonio pensó. que él debía de haberse vuelto un redomado huaso.algunas de esas vulgaridades que resultan preciosas en boca de las mujeres.. hubiera deseado que nunca se interrumpiera el suave torrente de sus frases. dulcemente emocionado por aquella voz que llegaba a él en medio del silencio de los campos. -¿Cuándo volveremos a vernos? -dijo de pronto. pues. Su alimento intelectual se reducía. No hay un hombre que viva solo porque no ha encontrado compañera. un poco disculpado cuando ella agregó este comentario: -Creo que Félix está un poco perturbado por su exceso de estudio. -Debe ser estudioso. ¿por qué no va usted donde Joaquín? ¡Son tan amigos! -Es cierto. es un neurasténico terrible. el Gobierno va a mandarlo a Europa..

.. Anita. pero eran nubes de verano que se pasaban en seguida. Solían... como a su padre. de su alegría y de su miedo. Graciela sonreía. a veces.. golpeando suavemente el cuello del animal con su junquillo. lo mismo que usted. No se trata de mí. -Bueno.. Como habían andado mucho rato al paso.. eso le hace parecer. Pero. una persona que sería feliz con llegar a ser su ideal. señorita. los dos coches les habían alcanzado y aquel dulce diálogo que tan suavemente iba hacién46 . -¿A él y a ella? -No disimule usted. no había podido sino pronunciar esa palabra pobre. ¿No cree usted que Anita tiene derecho.. De complexión sanguínea. -¡Oh. ¡Qué gracia! -Me ha comprendido mal. pero cordial expresión de su asombro. Decía si era usted la que conocía a esa persona. no. -Es una hipótesis. a sentir esas tristezas de que venía hablándome? -¡Ah!. Ya lo creo que sí. estremecido hasta lo más hondo. no se alarme usted. -¿A mí también? -Sí.. yo me encargo de curarles a los dos. -¡Ah! Ha sido un quid pro quo. -¿Usted? -No. -¿Qué? -Anita tendría en él un compañero magnífico. ¿si yo le dijese que era yo? -¡Señorita!. sus nervios le habían dejado en paz... -Sí. Lo decía para ver el efecto.. ni se lo sueñan ellos... Pero es un excelente muchacho. José Antonio. yo conozco una persona. Pues...El no sabía precisamente en qué consistía esta enfermedad. A ella y a usted. un poco raro. acometerle algunas rabietas por incidentes del trabajo.. Nunca pude atreverme a tanto... sí. querido amigo. de la cual tanto oía hablar. pero es adelantarse demasiado! Seguramente.

mientras afuera. oloroso a vegetación. Viene de allá. pero no aparecieron. Y. -Y lindo día. Llegaron todos juntos a la casa entre la algazara de los niños que cantaban canciones escolares. los dos hermanos conversan quedamente. antiguo presidente de la Cámara. ¡lindo día! 47 . Don Javier sonrió discretamente. VIII La casa está de nuevo silenciosa. que en un silencio lleno de emoción parecían gozar de la dulzura del crepúsculo. Ya. -¡Ah!. un viento levísimo. Las visitas se han ido. muy vieja: "Cómo se han ido volando ingratas las raudas horas del tiempo cruel." Anita se ha apoyado en el marco de la ventana y miraba hacia el camino que blanquea bajo la luna como un largo trozo de lienzo. Rasguea la guitarra y entona a la sordina una canción melancólica. sin baile. ¡Qué paz! ¡Qué frescura! -Linda noche. la servidumbre pone un poco de orden en la vajilla. José Antonio -dice ella. sentados a la mesa. después de haberse hecho en el salón un poco de música. en atención a que aún llevaba luto la dueña de casa. niños. se supo que Miguel y Carlos habían llegado también.dose confidencial.. evocando juveniles aventuras. Desde las vegas llega la letanía dulce de las ranas. encontró la comitiva a Anita y Félix. Anita. de los potreros y las chacras. José Antonio ha abierto la ventana que da al camino y por ella entra al aposento la suave claridad de la luna estival. Parados en mitad del camino.. bajo la estrella tutelar de los idilios.. -Sí. deshecho por la conversación general que dirigía don Javier. niños. quedó interrumpido. en el patio. La noche está tibia..

una nariz recta. Bañados de luna. Una frase. no. José Antonio. los campos parecen entregarse a la oración y el éxtasis. esa palabra no suena. ¿no es cierto.. cálida. 48 . Ambos piensan en lo mismo. ciega. al moverse y susurrar están bendiciendo a la vida y el viento es como un duendecillo invisible que pasara soplándole como un abanico perfumado. la caricia extraña de una mirada melancólica y el lento y suave divagar filosófico de un alma que. mira de soslayo a su hermana. bajo el plenilunio soñador. efusiva. Y uno piensa ¡Graciela! y ve un rostro de divinos lineamientos. una palabra. voltejeando locamente. una boca imperativa. quemante como una chispa: "¿Y si yo le dijese que soy yo?" Mientras la otra piensa: ¡Félix! y siente en sí misma. ese gesto no se hace. ha extraviado sus pasos de la cual ella ha de llevar de la mano por el buen camino. un gesto bastarían para que el silencio se cambiase en una recíproca confidencia. trémulas y transparentes dos lágrimas enormes. unos ojos espléndidos y enormes y oye la pregunta terrible. adonde se perdió la cabalgata. Por sus mentes desfilan.José Antonio deja la guitarra y va también a la ventana. -No es mala la vida. suele ser buena. en su corazón. sin tocarse.. un temor infantil. Anita? -No. Pero un instintivo pudor. con la intención de enjugárselos disimuladamente. ¡Qué dulce resuena a lo lejos el gorgorear de las ranas! José Antonio. pero advierte que por las pálidas mejillas de Anita corren. todo puro. por sobre la vasta quietud de los campos. les sella los labios. Todo es bello. Vuelven a callar. las mismas o parecidas visiones. tierna. Ambos miran hacia allá. y durante largo rato aquellas dos almas vuelan juntas. sintiendo los ojos húmedos. Los árboles. Pero esa frase no se pronuncia.

es mujer. en cumplimiento de su palabra. venían a pasar a Painahuén algunas horas. son ellos! exclamó Joaquín.SEGUNDA PARTE LAS GOLONDRINAS I Joaquín y Rosario. en efecto. por lo menos. gran novedad! -gritó Rosario hacia el interior. entreteníanse una mañana en ver corretear a sus hijos. ¡Sí. divisaron dos jinetes que se acercaban. Una. sentados al lado afuera de su casa. mirando a lo lejos. reconociéndoles. cuando de pronto. ¿serán ellos? ¡Mira! -Sí. parecen ellos -dijo Rosario-. a galope tendido. -Rosario. hacia el camino. José Antonio y Anita que... entre gran polvareda. Y se adelantó con su marido a recibir a los visitantes que ya 49 . Eran. -¡Javier.

Ya sé que si no has venido antes es porque te ha sido imposible.. José Antonio se disculpaba diciendo que apenas estaban a miércoles: es decir.. la trilla había terminado sólo la víspera por la tarde.. un pequeñín de largos rulos y muy parlador. no sin alguna intención. -¡Si no hay aquí perros bravos! -agregó Rosario.. Don Javier apareció a la sazón en la puerta. en correcto traje de estación.. Ya íbamos hacerles traer con la policía. sin acertar con lo que veía de nuevo en ella. a instancias de José Antonio. amigo José Antonio. La señora Irene se había acercado también y sonreía con dignidad. -No pesa usted una pluma.. lo levantó en alto y le preguntó: -A ver.. hombre..estaban a veinte pasos de la casa. Él tomó en brazos a su predilecto. viene usted más linda que nunca. no debe admirarse de ninguna belleza.. -Está bien. se había decidido a abandonar el luto riguroso. con un gran sombrero en la cabeza y un diario entre las manos. chico -respondió José Antonio con aplomo. -¡Al fin se acordaron. como lo hacían siempre. -Tanto gusto. El que tiene una hija como Chela. Rosario abrazó efusivamente a la linda niña.. -¿Parece que Chela ha conquistado entonces a toda la familia? -preguntó Joaquín a José Antonio. Y don Javier. que apenas habían pasado tres días desde la fecha en que él hizo la promesa. Y se llegó al caballo de Anita para ayudarla a desmontarse. sonriendo entre sus graves patillas de un melancólico ceniza. Y era que Anita. Los niños. está bien. advirtió: 50 . mirándola con cariñoso interés.. -Don Javier.. -A toda la hacienda. ingratos! -les dijo Joaquín. parándose en mitad del camino. entusiasmados con el arribo de dos personas que les eran tan familiares. Señorita. ¿quién es el más buen mozo de tus amigos? -¡Joché Toño! -dijo el chico. Luego. habían rodeado a Anita y José Antonio.

Anita? -dijo Rosario. -Va a ver usted una maravilla. -¡Para qué fue a molestarse. en los dormitorios. -No. -¡Qué lindura! ¡Pero qué lindura! -exclamaba Rosario. -Y Chela. José Antonio! -Molestia no ha sido ninguna. Por eso las 51 . El alma de los rosales inundó las casas de Painahuén. Rosario adivinó al punto de qué se trataba. ¿volverán pronto? -¡Ah! sí. por el contrario. ayudan a alegrar la vida. Javier. ya habría merecido bien de la patria. y aquel día en la casa de Joaquín se desbordó una catarata de rosas. los viajeros volvían la cabeza sorprendidos por las oleadas de aquella fragancia deliciosa. Don Javier se había acercado. ¿por qué no la veo? -preguntó Anita. vuelven a almorzar. Hartos de sol y de polvo. la gente joven anda sublevada. en el comedor. -No sabría escoger -decía la señora Irene. tanto como eso.. Momentos más tarde llegó Marcos con un gran canasto. -Es un delicado gusto el de las flores -dijo con persuasivo acento el senador. amigo José Antonio -observó don Javier-. no. Ha sido un placer. con un gesto gustador. Era en verdad una maravilla. -Son como la música. -Pero. ustedes no -dijo Joaquín. Por todas partes no se olía sino a rosas.. -Aunque no hubiera hecho otra cosa que cultivar sus flores. señor. -¡Oh!. -¿Quiere ayudarme. Las hubo en el salón. Entre todos se llevaron el canasto al interior.-Los niños y los locos dicen la verdad. como si estuviese aprisionado allí todo un jardín. El aire trascendió luego a rosas. Joaquín retiró el blanco mantel que cubría el canasto y apareció a la vista de todos un montón de rosas de los matices más variados.. -¡Ah! -respondió Joaquín-.. Se han levantado al alba y se han ido al pueblo vecino para juntarse con no sé qué amigos.

el viejo zorro político! -exclamó Joaquín.. a la arboleda con la gente menuda.. Naturalmente. para recibir libremente el aire de la mañana. que en un tiempo fue calaverón y despilfarrador y que. digo la verdad -afirmaba don Javier muy serio. ¡Ese sí que es un floricultor eximio! -¿Tiene rosas? -Sí. -No. entretanto. El primer rosal de la casa fue plantado y cultivado por ella.quiero yo tanto. de las amarguras que cuesta un fracaso cien veces repetido. -¡Ah!.. No quiere quedar mal con nadie. -Y todo lo que contribuya a la alegría de la vida merece nuestro respeto y nuestro afecto. aunque no el gusto. se dedicaba a trabajar el último pedazo de tierra que le había permitido conservar su loca juventud. a cabeza descubierta. después he podido y debido mejorar el cultivo. son cosas a que no se les toma el gusto más que cuando se llega a ser apasionado como yo. muchas. pero no podría imitarla. y los tres hombres. las rosas eran las flores predilectas de mi madre. diputado al Congreso. el día que conozca usted a un amigo mío. Don Javier no dejaba de pensar que tanto Joaquín como José Antonio serían una buena base de elementos para el caso posible de una candidatura senatorial por la provincia. Yo. no.. Las señoras y Anita se habían ido. -Además. Joaquín. Usted tiene variedades que no había visto antes en ninguna parte. le ayudábamos en su tarea.. y también Anita. estaban solos en el corredor.. -Admiro tu afición -expresó Joaquín-. pero no quiero dar la lata. ideal casa52 . ahora casado y con un simpático principio de calvicie. son su especialidad. Pero no creo que en esto le supere a usted. muchas veces. palmoteando el hombro a don Javier-. -¡Ah. Podría estar días y días hablando de las flores y de los cuidados exquisitos que requieren. Me falta la paciencia.. -exclamó don Javier-. -Has dicho la palabra: paciencia. acariciaba nuevamente el doble proyecto matrimonial de que ya había hablado con Rosario.

mentera también. ¿no es así? -Sí. como que su verdadero propósito había sido el de encontrarse a solas con los dos hermanos. A ver qué dicen usted y Rosario. Rosario. poniendo la conversación en el tono amigable en que pocas confidencia son negadas. -¿Es usted hombre de humor. Y hablando siempre indirectamente. ¡Cuando le digo que todavía sufro las consecuencias del domingo! ¡Qué paseíto... -Vayan ustedes. a fin de sondear sus pensamientos y hacerles algunas recomendaciones pertinentes. -Yo me apego al Estado Mayor. ¿Y José Antonio? A pesar del evidente interés de una conversación sobre las flores. Habilidosamente fue. generalizando. de improviso. Vamos a encontrar a los paseantes que ya han de venir de regreso. pues. Carlos.! Apareció Rosario.. -Vamos al encuentro de los paseantes. Javier se queda. que son los más remolones. Anda tú con José Antonio y con Anita. según. Rebeca. pocas bromas. -¡Qué le vamos a hacer! Joaquín hizo ensillar y diez minutos después habían puesto en práctica la idea de dar un galopazo en busca de Chela. don Javier? -preguntó Joaquín.. como si refiriera a una tercera persona. Félix y Miguel. -Eso. sufría la decepción de no haber encontrado a quien con más ansias esperaba ver y más de una vez se habría puesto de pie para salir a mirar el camino si no le hubiera detenido el temor a las bromas de su amigo. Con el solcito éste. Tú vas en coche con Irene y con tus niños... que sólo Dios sabía dónde andaban metidos. La humorada del hacendado no lo era sino en cierto modo... Ustedes van en coche y yo bajo a hacer ensillar mi caballo. Yo me quedo. trazó a sus dos jóvenes amigos un plan de con53 . -Tengo un proyecto. ¿Qué te parece? -Que es una locura. seguida de los demás... amigo! Se oyó la voz de un chico en el fondo del patio: -¡Papá la llama...

sus amigos. Y contó cómo Chela y Félix estaban siempre recordándolos y cómo ambos.. ¡Si tengo yo un olfato! Y entonces afirmó. -No.ducta que seguramente les llevaría a buen fin. por indicar a Joaquín que a qué venía todo aquello. -¿Para todo? ¡Pero si no hay nada! -saltó al fin. Ellos.. Pero sí mucho adelantado. les desnudaba su secreto. -Yo les confieso sinceramente que me complacería infinito que esto tomara un viso serio. Trató de las diferencias entre la vida de la ciudad y la de los campos.. y sin pizca de travesura. suavemente. no podrían haber tenido más acierto en la elección. Así la operación se hará menos demorosa. que habían tenido el pudor de no contarse nada creyendo que eran sólo cosas por ellos soñadas en lo íntimo de su alma. no.y es mejor que se haya producido simultáneamente. Cuenten conmigo para todo.. diciéndoles: "Ya ustedes no son libres y yo voy a ayudarles a que la esclavitud no les pese". nada oficial.. pues ella se burlaba sin disimulo de los sentimentalismos filosóficos del estudiante. convenido. serio ya. que te dejas llevar demasiado lejos por tu debilidad. pero no osaban mirarse a la cara. de sus costumbres e índole tan opuestas. No siempre los idilios se inician en 54 . Joaquín. Ambos estuvieron más de una vez por protestar. pero ninguno se sentía capaz de disimular. y aquel hombre que de pronto. se apartaban ahora a menudo para conversar de los nuevos amigos de Los Rosales. que no siempre habían hecho muy buenas migas.. -Sí. sin violencia. fue particularizando para acabar en que ellos. José Antonio. en mitad del camino. a reponerse de los agotamientos en que los sume el invierno y. del espíritu a menudo despectivo con que los santiaguinos juzgaban a esas provincias a donde vienen en la mejor época del año. -Creo. que él y Rosario estaban convencidos de que aquella naciente simpatía.. -Esto tenía que pasar alguna vez -dijo Joaquín. de cuya existencia no se podía dudar. era recíproca. Los dos hermanos oían todo esto con temor y con gusto. a la luz del día..

II Regresaban ya. y calló. como acababa de adivinar la proximidad de los seres predilectos en la lejana humareda de polvo que doraba el sol.. -¿A que son ellos? Démosle huasca -propuso Joaquín. pero le cohibía la presencia de su hermana.. les hablo en este tono. Rosario y yo pondremos de nuestra parte todo lo que podamos. por esta vez. sin gran prisa. José Antonio le habría preguntado a su amigo si creía él de veras en la posibilidad de que Chela llegara a corresponderle alguna vez." -Viene el diablo y sopla.. por su parte. cuando el característico ruido de un automóvil en marcha les hizo 55 . confundidos en un solo grupo.. los dos hermanos. ¡Yo estoy dispuesto. Y los caballos. azuzados por el azote. ¡Cómo gozaban de aquel suave vértigo. habría deseado objetar que Félix parecía un alma desencantada. tan fuera de mi carácter. A ustedes les toca proceder con la discreción necesaria. delante de su hermano. en la mañana plácida y tibia. incapaz de amar y de creer: pero. no se atrevería jamás a hablar de tales cosas. Bueno.. -Como estamos solos -terminó Joaquín-.... bajo la presión de sus vagos pensamientos de amor. Anita. a ser el diablo! -¡Confiesa que es un papelito que te gusta! Rieron de buenas ganas y divisaron a lo lejos una gran polvareda. ¿Recuerdan ustedes los versos de la cueca de la otra tarde? Carlos los repite a menudo: "La mujer es estopa y el hombre es fuego.circunstancias tan favorables.. partieron en un violento galope. sorprendidos por la experiencia de su amigo! Y este amigo no se había equivocado.. este amigo había leído en sus corazones juveniles.

Anita. Prefiero el caballo. Ya ve usted ahora: casi nos atropella... el coche. -Que me den a mí todos los progresos -arguyó Anita. -No. -La culpa a usted de que en Los Rosales no haya todavía un automóvil -respondió Chela. -Me extraña una cosa. muy útil.volver la cabeza. ¿Verdad.. guarda con el toro. arrimándose a ambas pircas para dar paso al carruaje que avanzaba con una velocidad tremenda. -¿Qué será.. Parece que eligen la hora de mayor tránsito para dar toda la velocidad a la máquina. defendiéndose-. a lo lejos. nada más. y casi enseguida tuvieron que abrirse. señorita? -Chela. -Ve usted. gracias. largos gritos de alarma. Joaquín? Iba Joaquín a contestar cuando resonaron atrás. además. -¡Qué bárbaros! -dijo Joaquín.. y en último caso. -Ni falta que hace. José Antonio -habló Chela cuando de nuevo se hubo juntado a él. El aire quedó lleno de polvo e impregnado de olor a nafta quemada. Atrévase. El automóvil no ofrece el menor peligro cuando se le maneja con prudencia. un automóvil es una cosa muy linda y. -¿Qué dices de mí? -preguntó ella. No sólo lo autorizo. Sonó cómicamente la bocina. ¿qué será? -Que siendo usted tan amigo de las innovaciones. es un carruaje muy antipático. Pero. -Está usted en un error Anita.! 56 . sino que se lo exijo. no tenga un automóvil. mostrando con el gesto a su hermana que cabalgaba junto a Félix.. -Pero. Mi hermana sí que es completamente retrógrada. -Esa no es gente de aquí. -Bueno. menos los que ponen la vida demasiado en peligro. -¡Guarda. -¡Ah! culpe usted a esa bella y tímida señorita -exclamó el joven hacendado.

que temía al automóvil. con un acento cuyo temblor no denotaba precisamente gran seguridad de ánimo. seguía con la vista. Y todos pusieron los caballos al galope. detrás de su amo. se largó también en persecución de la bestia que corría campo arriba. y José Antonio. a quien nadie había visto apercibirse. pero. presenciaba sin inmutarse la persecución de un toro enfurecido. hasta los menores detalles de la lucha. con excepción de Joaquín y de Anita. todos. "remató". Dardo se había lanzado. muy tranquila. apenas lo vio adelantar unos cuantos metros. José Antonio. Abrióse el grupo de nuevo y un hermoso toro de gran alzada y astas cortas pasó entre los jinetes con la rapidez de un proyectil furiosamente acosado por una jauría. le arrojó el lazo a las patas delanteras. Un huaso. -Esto sí que está bueno -exclamó Carlos. preparando la lazada. detuvo instantáneamente su cabalgadura. y esperó. A escape pasaron enseguida algunos huasos. y moviendo la poderosa cabeza. José Antonio dejó pasar al fugitivo. "le tiró un pial". a su vez. ayudado de los perros. a que el toro pasara junto a él. -¡Por Dios. Acababa de reconocer al vaquero del fundo de un amigo y a un inquilino. -Avancemos -dijo Joaquín. prevenido y experto.Al mismo tiempo se oyeron ruidos de cascos y pezuñas en el camino. borneando el lazo. qué va a hacer José Antonio! -gritó Chela no sin ninguna alarma. temían por la suerte y seguían ansiosamente. la escena que empezaba a desarrollarse ante sus ojos. y no pudo resistir a la tentación de participar de una tarea que le era familiar. Había desenrollado el lazo y comenzó a bornearlo sobre su cabeza. Y miró a Anita creyendo verla palidecer. Aquella hija de los campos. estirando el largo hocico. dio media vuelta y partió en una violenta fuga en sentido inverso. En el grupo de los suyos. Pero Anita. El 57 . con los ojos muy inquietos. Pero el animal perseguido se echó bruscamente atrás. había logrado sobrepasar al rumiante en su carrera y arrimándole el caballo lo estrechaba contra una de las pircas. sonriendo levemente.

Y vio en José Antonio uno de esos seres enérgicos y nobles. soñando en una vida enteramente salvaje. y de pronto se le vio inclinarse. Ya sabía lo que es su hermano como hombre de a caballo. ¡qué asco!". Chela le observaba con admiración. pensaba. Los huasos estuvieron un segundo después junto a su presa. completamente entregado a placeres más positivos que los del pololeo. Rebeca seguía poniendo los ojos blancos a Miguel que. pensó. doblarse... Que vencida y doblemente enlazada por las astas fue llevada a los corrales de donde se había escapado. Les juro que no lo he hecho por lucirme. El viaje continuó sin mayores incidentes. "Los periódicos. se desentendía en absoluto de su constante asedio. que sólo esperaban eso para declararlo por unanimidad un gran campeón del lazo.. sin querer. mas el látigo trenzado le había aprisionado hábilmente. por difíciles que sean. Al verle tan bien plantado en su montura redonda. en un rincón desconocido del campo. tan sencillo en su valor. orgullosa en el fondo de saberse protegida por un hombre como José Antonio. el fruto humano no bastardeado por ingestiones artificiales y divagaba. Son cosas de todos los días. bebiendo sólo agua y no leyendo ni siquiera un periódico. por su parte. sus grandes polainas. Miguel era un muchacho de 58 . a quienes desde el primer momento nos imaginamos capaces de realizar las empresas que se proponen. llevando con gallardía y soltura sus prendas de campo. en que sería feliz la mujer que se sintiera amada de veras por él. Félix..toro siguió corriendo. confuso con la ovación de que se le había hecho objeto. Un hurra estruendoso resonó a lo lejos. se restituyó a sus amigos.. tan sereno en su fuerza. pensaba que había en él un hombre. -Con razón estaba tan tranquila -dijo a Anita-. que José Antonio era el hijo legítimo de la naturaleza. José Antonio. comiendo manjares rústicos. su ancho sombrero y sus espuelas tintineantes. hundir el espumoso hocico en la tierra del camino y quedar luego tendido de costado. -No me avergüencen -dijo-..

Chela había acabado de adivinar el objeto de los viajes y la causa de las inquietudes de su prima. Sin embargo. de las esquinas de las calles céntricas. se aburría cada vez más. Cuando estaba entre hombres solos hablaba de no sé qué "panizo" admirable que habían descubierto: tres muchachas solteras que atendían un despachito de su propiedad. divirtiéndose mucho. tenía la cara llena de espinillas y la voz ronca. en busca de un pomo de éter para beber algunas gotas en un vaso de agua. le importaba menos aún que la señorita Rebeca. se le veía como ninguno disfrutar a sus anchas de cuanto el campo le podía brindar. de Camino y del Club de la Unión. y volvía horas más tarde a Painahuén. demasiado feliz con verse libre de las elocuentes manifestaciones de ternura que -con esa obstinación de las que se saben no ser amadas fácilmentehabía dado en prodigarle Rebeca. sin gran pena. Pero se hubiera dicho que ese elevado cargo. Rebeca solía salir también a caballo e irse por los caminos. abstraída y nerviosa. pues Carlos le declaraba con brutal franqueza que ellos no querían estorbos. sola. de Gage. Jenaro. Carlos se iba por los fundos y lugares vecinos y pasaba ausente tardes enteras. que se dejaba crecer el pelo y escribía versos. declaró a Chela 59 . y de las cuales las dos menores eran cada una. hijo del administrador y estudiante de humanidades. pero la mísera Rebeca lo encontraba adorable y un día. Jenaro era feo. que se dejaba llevar. una preciosidad. Carlos. y la mayor.cortos alcances. cantaba aires muy entonados acompañándose de la guitarra. Declaraba no poder acostumbrarse a vivir lejos de los portales. Descendiente directo de no sé qué prócer de la Independencia. ya madura. y la curiosidad natural de las mujeres la hizo observar sus andanzas hasta descubrir que se trataba de un muchacho de una de las haciendas vecinas. Maldecía del campo y de su monotonía. Ella los dejaba. Y eso se evidenciaba en el hecho de que sólo muy a lo lejos se acercaba a Graciela para hacer con ella la simulación del pololeo. que tantos ambicionaban. paliducho. el partido a que habían pertenecido todos sus mayores le tenía designado para colgarle una diputación. no pudiendo más. Con Miguel.

-¿Es algo malo? -No.. -Ya sabes que quedaron de esperarnos..que había dado al fin con "su ideal" y que no importaba que él fuese socialmente inferior. no diga nada. más que nadie.. providencial siempre. del poeta y de la musa. delicada flor de los vergeles santiaguinos". decía. que les llamara la atención y abriera en sus almas sencillas. dedicados "a la señorita R***. Las muchachas estaban encantadas de recibir todos los días las visitas de los jóvenes santiaguinos. por Dios. pero no sabía que hubiesen visto la luz. -¿Tiene usted el diario? -Debe estar en casa.. "La pasión nivela todo". con un ímpetu romántico que resultaba desgraciado en su cara absolutamente desprovista de atractivos. acompañaba a Rebeca y le daba conversación embromándola con el poeta. que ciertamente dentro de sus terribles prejuicios de abolengo no habría de tomar la cosa con mucha filosofía.! -Joaquín. -En cuanto merme un poco el sol. Pero. por me60 . -Yo no diré nada. temía a la señora Irene. Se referían al "panizo" y ambos acariciaban mentalmente una perspectiva sonriente.. Mire que si llega Carlos a saber. nos lanzamos -decía Carlos a Miguel. Ya sabe lo majadero que es.. Pero ya ve cómo su mismo poeta se encarga de divulgar el secreto.. Por él lo he venido a saber yo.. ella tenía esos versos muy guardados en su secreter. ¿Para qué decir que se habían formado sin esfuerzos las parejas? Joaquín.. del que se habían publicado unos versos en un periódico de la capital de la provincia. Ya Carlos reflexionaba acerca de lo que podría obsequiárseles. algo delicado y útil a la vez. ¡Ah.. pero no me dejará vivir en paz. que las trataban con grandes miramientos y hasta les insinuaban la posibilidad de casarse con ellas. Todo el camino fue la pobre muy inquieta con el temor de que Carlos o Miguel fuesen a ver los versos y hacer chacota de ellos.

Al fin. -¿Por qué menor? -Por la delicadeza.. Anita.. -No diga usted eso. en realidad. camino hacia el afecto.. Confesaba a Anita tener un gusto especial en estar y conversar con ella. muy distinta a todas las mujeres que había conocido y tratado.. le he hablado de cosas íntimas. divagaba. un hermano menor que no había visto antes.. me he espontaneado con usted. -¿Qué? Hable usted. -Sí.. -Que quede entre los dos. Y así. ¿Y. Félix.. ése será el que encargue. por la dulzura. -Será lindo. si usted vuelve. Desde el primer momento.. andaremos en automóvil. no. vacilaciones de enamorado campesino.. gravemente.. Chela -decía José Antonio. a costa de esfuerzos heroicos. ¿Qué más natural que lo haga al gusto de usted. -Créame. -Franqueza por franqueza. de las que a mis amigos de varios años no les he 61 .. para el otro verano. después de vencer. -Es una proposición. Como tantas veces he estado por comprarme un automóvil. tengo allí infinidad de catálogos.. a pesar de la oposición tenaz de mi hermana. La encontraba. -¿Encuentra usted algo de particular. -Pero.dio de la gratitud. ¿no le parece? -Haré cuenta que no me ha dicho ninguna palabra. que fue la primera en advertir la falta que me hacía? -Convenido. pero tenía ahora su voz un tono claro cálido y como tembloroso que le faltaba antes.... Es que me parece demasiado honor para mí. yo habría acabado por salir con mi idea. por Dios. -Gracias. Se me imagina usted un amigo.. al contrario. José Antonio. y a pesar mío. de inconveniente? -No..? -¿Quiere usted elegir? El que más le guste a usted. José Antonio.

Hay que ir a ver eso.. apenas la vio en tierra..dicho una palabra. porque usted en ningún momento me ha parecido cansada de escucharme. o yo no me hubiera ocupado de buscar su compañía. La voz del senador repercutió sonora bajo el corredor y fue a desvanecerse entre el ramaje de los álamos. sonrió.. El joven se estremeció con un gozo infantil. -¡Lo malo no se muere! -le objetó su hermano. -¿Cansada? -Si fuera usted como las demás.. me parecería que le haría una ofensa si se lo dijera con ánimo de conquistador. -¡Qué rico olor! Moriría con gusto en un lecho de rosas. ésta es atención de José Antonio.. Es usted más bonita que muchas de cuantas he conocido y. o simplemente me hubiera limitado a verter en su oído la miel envenenada de las galanterías. Joaquín. -¡Ah! ¿Sabe usted que los filósofos tienen también su manera de galantear? Por eso. Chela fue la primera en advertir el penetrante olor de las rosas que invadía la casa. Rebeca tembló. -No me las dé usted. 62 . ven! -le dijo la señora Irene. se la perdono. -Gracias.. que el viento hacía susurrar. o que es José Antonio quien se lo dice. aun pecando de descortés. por la habilidad. -Gracias. sin embargo.. En la mirada de la digna señora resplandecía una cólera de reina ofendida. comprendiendo lo que había ocurrido y adivinado la escena que iba a realizarse.. -¡Ah! -dijo-.. -¿Cómo? -Tómelo en serio: haga cuenta de que está delante del espejo. -¡Al fin llegaron! Tengo un apetito feroz.. Yo soy quien debe darlas. Y no es que no sea usted bonita. -exclamó Rebeca. como cuando de niños nos dice el maestro que hemos sabido la lección o nos elogian el traje que estrenamos.. -¡Rebeca..

Irene. pero no convengo en que se atropellen las distancias. Rosario. no podía ver con agrado que su hermana estuviese sirviendo de motivo de diversión. Javier. -Ya sé lo que hay -dijo.. a quien culpó de abandonar a su hermana. José Antonio. dirigiéndose especialmente a Carlos. Tiene que consolarse.. declaró solemnemente que rebanaría las melenas al desalmado. Pero. Yo no digo que sea malo que las chiquillas pololeen. 63 .. a no ser contenidos por la presencia de la señora y de Carlos que. Carlos no podía sofocar la risa. Don Javier. y se acercó a su mujer. Joaquín. y la señora Irene... indudablemente. por muy cínico que fuese. interrogada acerca del malestar que demostraba.. -Pero de las que se impone el público. encantado en el fondo de que una sobrina tan fea. hija. -¿Y que te parece? -¡Pobre niña! Es tan fea. lo mismo que Miguel. atusándose las graves patillas. Rebeca no acudió a la mesa a la hora del almuerzo.. Miguel celebró el chiste con risotadas campesinas. -Pero fíjate que es el hijo del administrador. Ella creía que andaban todos juntos y ahora resultaba que la señorita se iba a coquetear con los hijos de los administradores y a exponerse a la irrisión de sus relaciones. Al fin. Anita. manifestó lo que había con palabras llenas de indignación y de vergüenza. -Pero hay clases. -Eso no tiene importancia. valiéndose de una tijeras de tusar o de unas podaderas. pero a fin de cortar el chorro a la excelente señora. sonreía.mientras apartaba a los chicos que se le colgaban de las piernas. -Son cosas inocentes. encontrase en un rincón de Chile provinciano un trovador que cantase sus gracias. que parecieron innobles a la hermana del senador. es una muchacha.. un chinito cualquiera. al fin. todos habrían reído sin reparo. Chela. todos encontraban cómico el caso y se preparaban para comentarlo a su debido tiempo.

Por ningún lado recibía directamente la resolana. Las muchachas reían sin reparo. pero Joaquín. pero se comprendía que sus debilidades nobiliarias acababan de sufrir un nuevo y terrible golpe. que habían sido cogidas sólo en la mañana y puestas inmediatamente en agua. se amustiaban en los floreros. Nunca las hubiera pedido. a pesar de sus evidentes esfuerzos para disimular.. yo? ¿Por qué? No lo necesito.. no lo he necesitado nunca. como si se refiriera a asuntos ajenos a aquellos de que se trataba. tenía una ventana abierta hacia el corredor del patio. clavó en el rostro de Carlos sus ojos todavía ardientes de indignación. Carlos estaba radiante. Rodeado de aposentos. y miró a Miguel. que era un fumista acérrimo. El comedor era vasto y fresco. III Hacía un gran calor. Carlos se turbó. de cosas triviales. cuyas enredaderas le daban sombra y fragancia. un gran gozador. no regaño directamente a su hijo. Por no llevar la cosa más lejos. lo mismo que Rosario. No así doña Irene que. habló de lo simpáticas que eran unas niñas Morales.El almuerzo terminó alegremente. Las rosas. Joaquín sonreía y don Javier también. le insinuó que tenía el consuelo demasiado fácil. se murmuró un poco y se cambiaron íntimas indirectas acerca de las preferencias de cada cual. Esta doble sonrisa acabó por desconcertar al mozo y con aire formal exigió explicaciones. El romántico idilio de la señorita Rebeca dejó de interesar y se charló en broma. dándose cuenta del alcance de las palabras de Joaquín. sencillamente. Joaquín. a quien casualmente se le había caído la servilleta y se bajaba a recogerla. porque podía gastar bromas y a él nadie se las dirigía. que poseían un despachito en el camino del pueblo. 64 . Pero la temperatura llegó a hacerse tan alta que todos sintieron la necesidad de salir. -¿Consuelo.

discretamente. a prodigarles palabras bondadosas. Al joven hacendado le agradaba ese estudiante de carácter serio. entornando los ojos. No habían simpatizado mucho. donde ambos solían pasar las horas de la siesta fumando.. José Antonio y Félix. Desde que supo la catástrofe sentimental de Rebeca. -Lata política tenemos -dijo Carlos al oído de Miguel. pero Anita se sentía dispuesta a sacrificar por ella -tanta pena le daba.. Joaquín -dijo don Javier. -Me ha fatigado la sandía. sintiendo verdadera ansiedad de correr a hacerle compañía. veteada de amarillo. del caso José Antonio pregun65 . -¿Sabes. pasándose por sobre el abdomen de discreta redondez la mano derecha tersa y suave como de hombre que va siempre enguantado y. pues.. -Me parece muy bien.. Sus conversaciones limitáronse siempre a los saludos de fórmula cariñosamente cambiados. con un bostezo-: ¿Sería pecado? -¿Una siestecita? Nada es pecado en el campo. Desapareció don Javier y quedaron solos.Chela y Anita se habían prendido una en el pelo y. Creyó. de espaldas en cómodas hamacas importadas del trópico. con el movimiento del andar. Anita se había acercado a Chela y ambas.sus más dulces horas. se iban deshojando. pero nunca había tenido ocasión de cambiar ideas con él. Y resbalaron con dirección a la arboleda. Rosario y la señora Irene también se levantaron y hubo un momento en que el concurso fue de hombres solos. Delicadamente.. aunque un tanto divagador. la hermana de José Antonio había estado inquieta. Rosario? Podríamos ir a hacer las once a la aguada de los sauces. momento que aprovechó con toda oportunidad don Javier para obtener de José Antonio datos precisos acerca de la población electoral de Los Rosales y otros fundos ubicados en la comarca. José Antonio había puesto entre todas una de profundo color granate. habían desaparecido.. Joaquín. por consiguiente. Ni siquiera eso les faltaba a huéspedes que eran tan regalones como descontentadizos.

¡A ver si seguía desvariando con la vida salvaje! -¡Ya sé que es imposible. -Siempre con sus quimeras.. Lo que sé es que pasaron una noche al raso y que el sereno y el frío pudieron en su ánimo más que todas las advertencias y los consejos recibidos antes de la partida. el verdadero campo. Faltaba entre ellos el espíritu organizador. viendo la curiosidad pintada en los ojos de sus interlocutores-. -Pero. y por eso no lo intento -replicó el estudiante. -Siento que no sea más campo -respondió Félix-.tarle ahora por su impresión acerca de la vida del campo. distinto y alejado de la ciudad. Habían leído a Proudhon. a la orilla de algún lago apacible y entre el vuelo de los cisnes que emigran al escuchar el ruido de las aserradoras. es decir.. a Marx. Las haciendas son el campo civilizado y lo que yo desearía es el campo salvaje. Los flamantes colonos no contaban más que con el santo calor de su entusiasmo doctrinario de los veinte años. Pero los sueños para que sean hermosos han de ser imposibles. entre leones. y llegaron a creer que les bastaría para fundar la ciudad blanca en un rincón de la tierra.. y. la primera dificultad ofrecida por la naturaleza les hizo ver todo lo absurdo de sus planes y los amedrentó. amigos suyos algunos de ellos. a la sombra de los coigües y los ulmos.. Faure y sobre todo a Tolstoi.. que de la capital habían partido llenos de entusiasmo a la Frontera araucana con el objeto de fundar una colonia comunista. -Fue una aventura descabellada y loca -agregó. en medio de las tierras vírgenes.. naturalmente. -Es un caso curioso. Y recordó la intentona de un grupo de muchachos. a Grave. Félix -observó Joaquín-: Yo quisiera verlo en el corazón de África. tigres y serpientes. Volvieron a Santiago con una gran ilusión menos y la colonia se disolvió para siempre. el hombre de sentido práctico. ¿alcanzaron entonces a llegar a la Frontera? -No sé del todo bien. 66 .

... y por las niñas Morales del despacho se sabía que entre los caballeros de Santiago que se hospedaban en Painahúen había uno que era doctor. -Sí.. Explicó de qué se trataba. patrón... Eudocia -dijo Joaquín.. flaca.. tomando muy en serio las circunstancias de su papel de médico. hay que ir. desde el arado y la yunta hasta el grano de trigo y el cobertor del lecho. una viejecita octogenaria. patrón. Eudocia. esmirriada. -Vete tranquila. y quizás le haya llegado la hora.. dijo que estaba a la puerta Eudocia... Yo soy baqueano de estos campos. -Eudocia no se movía y en su gesto dejaba adivinar que algo le faltaba a su comisión para quedar tranquila. extrañado. mi querido amigo? -preguntó Félix a José Antonio. Su madre. -decía Félix.. No le habían hecho nada los medicamentos de ña Chepa la Moñuda. -¿Quiere acompañarme. -Eso el Señor no más lo sabe. usted sabe. Era una pobre mujer. -¡Ah! Joaquín ordenó que hicieran entrar a la portadora del recado. -Hay que ir. El mayordomo de Joaquín se presentó en ese momento y. se estaba muriendo... Ahora mismo va el doctor. Pero todo en común. que la estaba asistiendo. -Está muy viejecita tu madre. 67 . dando vueltas en la mano el sombrero. que preguntaba por el patrón don Félix. señor. ¿qué es lo que pretendían? ¿Cómo querían vivir? ¿De qué? -¡Ah! lo que yo mismo he pensado tantas veces: labrar. y sembrar la tierra y sustentarse de sus frutos. la mujer de un inquilino. -¿Se le ofrece algo más? -Es que estamos muy pobres. -¿Por mí? -dijo él. Parece que hay un enfermo que lo busca a su mercé pa'que le dé remedios. -Tendré mucho gusto. después de ordenar que ensillasen-.-Dígame. de cara de angustia y palabra difícil.

pero sólo daba con el de la costumbre. batallando contra los elementos como contra enemigos implacables. junto con los títulos nobiliarios. gracias al trabajo oscuro y rudo de los que en el fondo de las provincias consagraban todas sus energías a la tierra. y minutos más tarde. y se debe mejorar la situación moral y material del campesino. No tengan cuidado. Él. pero que recibían lo mejor de sus rendimientos de cada año. dada la condición actual de la sociedad. 68 . El no ignoraba que había en la capital muchísimos señores que se daban una vida magnífica. que no siempre la explotaban. Como pensaban regresar enseguida algo les llamaba a ellos a la Casa de Painahuén. el de hecho sancionado por siglos de práctica inveterada. no se podrá establecer el comunismo en nuestros campos.no cuidaron de despedirse. -El inquilinaje me parece algo anacrónico -continuaba Félix-. José Antonio y Félix seguían el camino. ¿No le parece a usted lo mismo? ¿No le parece a usted que en los campos no debería existir la miseria? -Indudablemente -asentía José Antonio. Pusieron los caballos al galope. nunca se había detenido a preguntarse en virtud de qué ley superior la tierra estaba repartida entre unos pocos. -Eso era una locura. Pero estoy convencido de que en toda locura hay algo de sensato. piadoso y justiciero en el fondo. algo indigno de los tiempos modernos. Partió contenta la mujer. pero pronto. deseosos de comunicarse sus pensamientos.. acortaron la marcha y continuaron la conversación que la presencia de Eudocia había interrumpido. José Antonio buscaba argumentos que oponer a su interlocutor. mi querido amigo. Es un régimen que perpetúa de hecho la servidumbre agraria de la Edad Media y debió en Chile ser suprimido a la fecha de la proclamación de la República. de los vientos y las heladas.. pero sí se puede. de los insectos. a quien todas aquellas cosas le sabían a nuevo. Claro está que.... si yo no pediré nada. -Sumanente interesante eso de la colonia -dijo José Antonio.-¡Ah!. pendiente de la temperatura.

señores! -gritó Chela-. con la condición de que acompañen toda la tarde a las personas de cuya presencia pretendieron verse libres. tuvo que ceder. Podrían siquiera haberse despedido. -¡Oh. muy alta en su silla. declarando que ellas andaban por su cuenta y que no necesitaban que se hubiesen molestado en esperarlas al paso.. Félix y José Antonio se disculparon con lo urgente del viaje y la prontitud con que deberían regresar. ellas habían sido las primeras en dejarlos solos.Chela y Anita venían en seguimiento suyo. Eso sí. -¡Muy bien. e invitando a ésta a adelantarse con él. Eso se llama en buen chileno sacar el cuerpo.que la tierra debe pertenecer al que la trabaja". Los dos amigos volvieron la vista y -¡oh. y. Ruido de galope interrumpió sus reflexiones. con 69 . -¡Ideal! -gritó Félix.. -No hay excusa -arguyó Chela. cómo han de ser inexorables! Chela quiso resistir aún.. ¿Verdad. que aseguró hacer uso. Además. acusados del delito de lesa amistad. de su autoridad de hermano mayor. Alguien se les acercaba. -¿Está usted satisfecho? -preguntó Chela a José Antonio. han comprobado absoluta falta de intención de causar daño y prometido formalmente no reincidir. con un gesto de juez que dicta una sentencia.. Ella ni en broma se atrevería a negar un perdón que era tan dulce conceder. detuvieron a un tiempo las cabalgaduras y volvieron bridas. se les absuelve de culpa y cargo. Pero ante la objeción de José Antonio. pero no se atrevieron a espontanearse. pronunció la frase absolutoria que ya se traía muy pensada: -Vistos y considerando que los reos Félix y José Antonio. sin consultarse. Anita? Anita no respondió. poniendo su caballo junto al de Anita. sintiendo que el corazón les daba un vuelco. en caso oportuno. inesperado descubrimiento!.. Ambos experimentaron idéntica alegría. muy bien.."La verdad es -pensó.

así que quedaron solos. pero no con la pena. y fue al pasar frente al negocio de las niñas Morales. la viejecita tiritaba. Todo el campo parecía alegrarse con aquella risueña juventud que llenaba el camino. la adoraba ya? ¡Qué hermosa era. qué distinguida! ¡Cuánto de superior. de un blanco amarillento. La enferma no lo estaba sino de vejez. Lesión interna no existía ninguna. Fue lo que pensó Félix después de examinarla con todo detenimiento. largo trecho del trayecto. ¿Cómo era posible que él estuviera al lado de ella. No tenía nada y lo tenía todo. y qué delicada. Encogida en su mísero lecho. Su organismo estaba intacto.una sonrisa juguetona. se me condena a hacerle compañía por toda una tarde. en la vasta soledad casi cómplice de un camino rural.. Los ojos pequeñitos y hundidos guardaban apenas un vestigio de luz.. a un paso. puesto en la posibilidad de decirle. cuánto y de qué modo la amaba. seguro de no saber nunca cómo hacerse amar de la gentil criatura. en el más leve de sus movimientos y de sus observaciones! El joven hacendado se veía tan ínfimo junto a ella. -¿Por qué? -Porque estimula a la reincidencia. había en su actitud. de cuyo interior se escapaban hacia el camino ruido de conversaciones y de música popular. Una sola vez dejaron de pensar en sí mismos. hecha una pasa. A José Antonio le parecía un sueño su felicidad. raleaban hacia el occipucio. en su charla.? -Naturalmente: si por un instante que la dejo sola. pero ningún órgano funcionaba bien. dando la sensación anticipada de una calavera. Ni él ni Félix se acordaron ya del objeto preciso de aquel viaje. ¡Imagínese usted! Ganaron en este dulce discreteo. que inclinaba la cabeza. Las figuras de Carlos y Miguel surgieron en su imaginación. si se atreviera. sus cabellos.. de aristocrático. -¿Sí. -Con la sentencia sí. Todo se reducía al hecho de una longevidad excesiva. 70 . pero en ruinas..

que la vienen a ver. no había más expresión que la de una angustia que parecía de siglos. 71 . Eudocia entró detrás de ellos y se acercó a la cabecera del lecho. -Déjela. Chela y Anita.. mamita? -seguía la mujer-. medio por curiosidad. Había comprendido que la vida abandonaba a aquel humilde ser y desde el fondo su alma rogaba a Dios y a la Virgen que le abrieran de par en par las puertas de su reino. -Las señoritas disculparán las pobrezas. ciertamente. en nada de cuanto ordena la Iglesia.. Anita se había puesto a rezar. se sintió de veras conmovido. En su rostro tostado.está en lo de don Joaquín. El caballero es doctor. en su chochez. y ellos. comenzó a hablarle en voz alta y estridente.. pero sin entenderlas. cuando van a morir. mamita. No la moleste -dijo Félix. Su boca sin dientes no era sino una arruga más cruel y aflictiva en aquella cara seca e inmóvil como la de una momia: -La señorita -agregó la mujer. también están ciegos y sordos.. convencido de que no le quedaba nada que hacer ante la muerte inevitable. no ven ni oyen nada.. pero esto no quitaba un ápice de belleza a la tierna actitud de Anita. oyendo acaso. Félix. La señorita es de Santiago. -¿No oye. Murmuraba ya unas cuantas frases de consuelo. Nada conmovía ni interesaba siquiera a la moribunda. medio por compasión.. La hija de la enferma les había rogado con insistencia que se apearan.Félix movió con pena la cabeza. Y dirigiéndose a la enferma. cuando entraron al rancho José Antonio.. El no creía. señalando a Chela. que se habían quedado aguardándole afuera. aquellas palabras que le llegarían ya de muy lejos.. explicándole la presencia de tantos extraños junto a ella. La viejecita miraba sin ver. accedieron. los viejos. -Son los patrones de Painahuén. Son los patrones. Los niños cuando nacen. que la sintió musitar su plegaria. cuadriculado de arrugas profundas.

. cuando llegó a sus oídos el llanto de un párvulo.. Pero que no coma nada fuerte. dicha con voz desfallecida: -Bueno.. Se diría un animal manso y triste.. pero en su interior cantaban con incidente ritmo.. bajo el sol que declinaba. los tenía absolutamente sin cuidado. Afuera. Es un árbol que se cae de viejo -agregó al oído de José Antonio. No hablaban. La mujer lloró. Los jóvenes ayudaron a sus compañeras a montar y luego partieron todos.. Sus ojos se cerraron y siguió tiritando.tres veces al día. a tiempo que José Antonio echaba mano al bolsillo para poner en práctica el mismo pensamiento.. Eudocia corrió a hacerle callar. -¿Qué me dice.. bajo la ramada varios rapazuelos se atosigaban de golosinas... la vida. desde la cuna. Félix había escrito cuatro letras en una hoja de su cartera. -Dele gusto en todo -continuó Félix-. un perro casero atacado por un mal senil. que se casen pronto.. situada en un rincón. Su voz parecía aletear en el recinto oscuro y malsano: -Bueno. -Le va a dar esto -dijo.. -Es la vida. -murmuró Félix. que pronto sería pasto de gusanos. Empezaban a vivir y el desaparecimiento de la vieja abuela.. al compás del galope. Sus caras redondas y sucias resplandecían. Es un tónico. para que alivie un poco. Salían silenciosos y recogidos. No parecía un ser humano.. y de sus labios comprimidos se escapó esta frase.. que se casen pronto. Y salieron. por los cuales pasó una chispa fugaz. señor? -preguntó a Félix la mujer con gesto de consulta. tal vez profética de la mori72 ... a galope tendido.. Anita iba a decir a su hermano que diera a la campesina algún dinero. Félix imitó su ejemplo.Fijó el fin la enferma en el grupo de visitantes sus cansados e inertes ojillos. En su garganta se ahogaba un estertor ronco y prolongado. la extraña frase. Pero sanar. me parece difícil.

reina y señora en Los Rosales y todos sus dominios campesinos! Y tendía la vista hacia los cerros de la montaña lejana. ¡Por dos veces. Soplaba una brisa fresca. límite de su feudo agrario.. envuelto en el fluido milagroso de su triunfante juventud. ¡Ah. como se borra la huella del camino. reservado. Al eco de aquella frase. considerándose feliz. hasta el último rastro de todo pensamiento triste. No dudaba que el encuentro fortuito de la otra tarde tendría consecuencias decisivas para su porvenir. volvió José Antonio a recordar las palabras de su amigo Joaquín. en cierto modo sibilina. ¡A no ser que quepan juntas la felicidad y la tristeza! -¿Galanterías? -Si supiera emplearlas. si la adorable amiga se decidiese a quedarse imperando.bunda: "Que se casen pronto. junto a ella. pero ¿cuáles serían esas consecuencias? Latíale el corazón a lo mejor. José Antonio. y era que una visión loca atravesaba por su imaginación. -¿Triste? No. Y como cantaban alegre y despreocupados los pájaros y la tierra entera parecía reír. Lo 73 . no estaría casi siempre callado.. que en esos mismos campos y bajo ese cielo había amado y sufrido. El se irguió sobre su montura. sacudiendo sus pensamientos con un gesto brusco. por Dios. era todo eso un colmo de audacia y de fortuna. habían resonado expresiones terminantes respecto a aquel dulce misterio. oliente a chacra y a potrero. en el mismo día y con el solo intervalo de unas cuantas horas.. seguramente. con que ella dijese alguna vez: "¡Los quiero para mí!" -Parece usted triste. pero advertía también que ahora. en cuya revelación él no se atrevía siquiera a pensar! Advertía que la persuasión de su amigo había logrado sugestionarle. feliz por sobre todas las cosas.. que no le estaba.. bien pronto se borró en el ánimo de los jóvenes. atravesando por todas las edades de la vida.." Entre los cuatro no sumaban los años que se llevaría a la tumba aquella humilde provecta. no. y soñado.

José Antonio no contestó. por lo menos.que le diga. aquella mujer se le aparecía siempre superior. tómelo. Chela. ¡Qué candidez la de Joaquín suponer que habría de consentir alguna vez en ser su esposa. ingenuamente. tomadas de la mano. que les llevaban la delantera por algunos pasos. la complicidad inocente de la naturaleza que vaciaba a su paso. Tuvo valor para agregar todavía: -Cuando no se sabe mentir se corren dos riesgos. que Chela se arrepintió del juego que iniciaba. ¿no es cierto? El de parecer galante y el de parecer grosero. ¡Campos de Chile. valles. mística la otra. por encima de todos envolviéndolos en su hábito patriarcal. Félix y Anita. sin tiempo para mirarse a sí mismas ante el espectáculo maravilloso de la vida que los absorbía. con tal decisión en su actitud de hombre primitivo. Bajo la manta su mano temblorosa señalaba el corazón. alzábase la vasta paz de los campos. en compartir la vida con la suya! -¿Ve usted qué contentos van? -preguntó Chela al cabo de unos instantes señalando con el gesto a Anita y Félix. enredábanse en sus amables divagaciones. con una expresión tal de pasión y de ternura en los grandes ojos. inalcanzable. cómo aparecíais embellecidos a sus ojos! 74 . pero miró a su amiga de tal modo. -Lo segundo. tal como sale de aquí. colinas y matorrales vibrantes bajo el cielo estival. no hallando qué decir. su ánfora mágica de aromas y de ruidos. en usted. Sus almas. -¿Por qué? -¿Le parece a usted que las mujeres no sabemos distinguir cuando se habla con el corazón o con los labios? José Antonio reprimió un suspiro. Hablando o en silencio. caminaban juntas. pensando en que era peligrosa en ciertas circunstancias la comedia del flirt. llevados de sus simpatías instintivas. Y en torno de ellos. nunca. escépticas la una. en loor suyo.

buscando un gesto cómplice de aprobación de parte de los jóvenes. que cuando llegaron estaba ya muy avanzada la tarde. haciendo el ademán con que las madres encolerizadas anuncian una zurra a sus hijos desobedientes-.. ¡Quiá! -insistió el incansable Joaquín-. y una vieja sirvienta les impuso de que todos se hallaban ya a aquella hora en la aguada de los sauces. querían ustedes dejarnos morir de hambre. porque a ustedes también debe estar apretándoles el estómago. repercutiendo en la hondonada con sonoridades de aclamación teatral.. -Reventando cinchas -agregó José Antonio. que estaba pendiente de su llegada. -murmuró don Javier-. -Lo creo. El cuadro era encantador. ¡Van a ser las cinco! -Nos hemos venido a todo galope. Sin apearse. Encontraron la casa vacía.. El primero en verlos fue Joaquín. volvieron a emprender camino. Los niños dejaron bruscamente su sitio para salir a recibirlos y ofrecer a cada uno un puesto al lado suyo. y un hurra estruendoso perturbó por un segundo la paz inalterable de los campos.. lo creo. ¿no es verdad? -replicó Chela. ¡Juraría que ese poeta inédito que es Félix. les ha contagiado a todos y les ha hecho venirse admirando el paisaje! Acudió un mozo a tomar los caballos. picarones! -les gritó.. Unánimemente declararon que. sentada en torno al clásico mantel. ¡Ah. en cumplimiento del programa que se trazó por la mañana.. Habló por lo bajo a la concurrencia. como muchachos de escuela que se han retardado mucho y que aguardaban la reprimenda de familia. Se miraban a las caras con cierta malicia. así que los paseantes se desmontaron.IV Tan al paso habían hecho el viaje de regreso. a los relojes habían adelantado o que el sol había andado con excesiva rapidez. Bajo las patriarcales ramas de los sau75 . Si los caballos parecen recién ensillados.

Y pensó que. sobre el fogón rústico. pero todavía podían observarse en su cara desencantada las huellas de la tormenta moral que la había sacudido. la puso más triste aún. en la ramada del patio.ces. Bajo una carreta divisábanse dignas baterías de botellas de vino y de cerveza y más lejos. que tenía por objeto molestar a la señora Irene. mientras las cabalgaduras comían freno amarradas a algún horcón. hervía la paila de choclos y de humitas. bajo la mirada inteligente de la cocinera. sus dulces. cuando pasaron de vuelta frente a las Morales. Joaquín creyó de su deber explicar que no se trataba de sino de una 76 . para quien no eran ya un secreto los trapicheos de los mozos. viendo que los comensales habían hecho magníficamente los honores a todos los platos. -No los hemos visto -dijo sonriendo José Antonio. el amplio mantel se ofrecía a la contemplación y el apetito con sus fiambres. haciendo un poco de gasto y oyendo tonadillas de la tierra. a quien entusiasmaban con un ardor de neófito todas las manifestaciones del modo de vivir campesino-¡Me río yo de los menús en francés que nos ofrecen en Santiago! Carlos y Miguel eran los únicos que faltaban. a despecho de la oposición materna y de todos los prejuicios de casta que acababan de salirle al paso. La sana felicidad que resplandecía en el rostro y en la voz de los recién llegados. sus frutas. poniendo en esta frase una intención maliciosa. Al final de la merienda. ¿no los divisaron por ahí? -preguntó Joaquín. junto al tronco enorme y nudoso. -¡Formidable! -gritó Félix. ejemplares todos de la vasta producción culinaria de los campos de Chile. estarían allí los caballeros de Santiago. ensartado en el asador y abierto en cruz todo un señor cordero. y José Antonio lo hizo notar. Rebeca estaba ya de mejor ánimo. y es probable que en su interior estuviese formándose el propósito de mantener el fuego de su campestre idilio. -Pero. y se doraba. probablemente.

la fiesta de esta tarde. -¡Papá.humorada. se comprende. Es más de lo que creíamos tener derecho a esperar. Se puso de pie. a la criolla pura. se puede ser agricultor y hombre público a la vez. ciudadanos santiaguinos. ni mucho menos. que no por otros merecimientos-. una impresión de la vida campesina. reprimiendo la risa-. realizado en la forma más primitiva. una brillante prueba de lo cual es. gravemente. Don Javier. no tenía necesidad de las explicaciones con que ha querido honrarnos. sino por hacerles gustar a ellos.. encantadora en su sencillez. y que nunca olvidare77 . en su nombre y en el de su dignísima esposa. como Cincinato. por Dios! -le gritó Chela. tan gentil siempre. Ellos conservan intactas las virtudes tradicionales de la familia chilena. Nosotros somos los que estamos obligados para con ellos. y que aquel paseo al aire libre...! -Están prohibidas las interrupciones -continuó el viejo político. sin desconcertarse. lo ofrecía a sus huéspedes como un número extraordinario. como si tratara de meter baza en algún trascendental debate en la Cámara. pronunció con entera fluidez este brindis: -En el nombre de todos los presentes. -Como ustedes han visto -terminó-. paso a contestar las amables y halagadoras palabras del amigo Joaquín. Brindó con la copa en alto y nadie se quedó sin empinar el codo. entre muchas. creyéndome el más autorizado -por la edad. que acaba de dar pruebas manifiestas de que. Pero Rosario y yo vemos con satisfacción que ustedes no están descontentos. que se desviven por hacernos grata nuestra permanencia bajo su hospitalario techo. con el pulgar en el bolsillo del chaleco -gesto característico-. se atusó la barba y. ha sido una cosa improvisada.. y redondeó un párrafo enternecedor-. carraspeó. Debemos confesar que el amigo Joaquín. no con la intención de deslumbrarlos. ¡Que estamos bajo un sauce. aprovechó el silencio que se siguió naturalmente a las palabras del anfitrión y dijo: -Con permiso.

replicó: -¡Hip! ¡Hip! ¡Hurra.. que él pronunció sin pensar. Son ustedes como las golondrinas: las asusta el invierno. y afirmándose una vez más en su opinión de que la agricultura podía ser la base de una sólida prosperidad para el país.. ¡Irene. -La vida se pasaría sin sentir -apuntó la señora Irene..! La servidumbre toda se había aproximado a la reunión. El éxito del orador había sido completo... Como ya el sol había descendido bastante y el calor era soportable. -repuso José Antonio.! La concurrencia de pie. -Sí -dijo ella-. no crea. un salto de agua que Rosario y Joaquín conocían mucho. Esta frase. -¿Oye usted? -preguntó Anita a Chela. tuvo éxito. Pasó por bajo el añoso sauce una oleada de entusiasmo. -De pie todos -dijo Chela-. De aquí en adelante le exigiré que me lla78 . y terminó refiriéndose a la tranquila y fecunda vida del campo. Saboreó por un segundo la buena impresión producida en el auditorio. ya había pensado en eso. deberes que son inalienables. Anita.. y que estaba situado a corta distancia de los sauces.. soy un veterano. Chela dijo: -Papá. arriba! Un hurra triple por los dueños de casa. José Antonio. Félix. no serán más que un recuerdo para todos.mos. observó: -Hay deberes.. has estado delicado. Rebeca. Joaquín y Rosario se abrazaron. ¡Qué pena tan grande tener que irse! -¡Ah! de veras. ¡Hip! ¡Hip! ¡Hurra. que escuchaba-.. -Hija. -Ya nos puso sobrenombre José Antonio -dijo Chela-. se pensó en levantar sitio e ir a visitar un rincón muy pintoresco. con la copa en alto. -¡Ah. Pero no me disgusta. grave siempre.. si fuera posible estar siempre tan contentos! -exclamó Rosario. cordialmente emocionados. A lo que don Javier. Ya muy pronto estos días de campo tan hermosos.

Bajaba el agua a borbollones desde una altura de tres metros. nada de senderos enarenados ni de fuentes de imitación hechas con argamasa. ruborosa. -le replicó Anita. con Anita! -exclamó sonriendo Joaquín. entre manchas profusas de hierbabuena. Una que otra golondrina pasaba chirriando. Anita? -Sí. como si la obsesionase su constante y monótono murmullo. -Sí -observó Félix-.. Para gozar del sol habrían tenido que trepar la ladera. Estaban ya en la sombra. ¿Conque tan pesimista era respecto de la fidelidad del sexo feo? Pasaron junto a la cascada una media hora. que ya se había incorporado al grupo-. -Aún no se habrá ido la última de éstas -dijo pensativo José Antonio. completamente al desnudo: nada de glorietas. "¡Y yo le construiré un alero para que se quede!" -pensó él. Chela no contestó. eso está bien. -murmuró don Javier.. ¿Era eso.y ya usted no estará aquí. -Sí -dijo-. Pero nosotros. tratándose de ellas. con rapidísimo vuelo. Sus grandes ojos oscuros fijábanse con obstinación en la caída de agua.. pero no se atrevió a pronunciar una palabra.. se arrepentía ya de haber dejado escapar aquella frase. eso. Era realmente aquél un rinconcito rústico de belleza natural. Hubo un momento en que pudieron contemplar los fugaces arco iris que se formaban entre las breñas con el rocío de la espuma que hacía el agua al despeñarse. los hombres tienen desde mucho tiempo atrás un calificativo que les viene muy bien: picaflores.me así: La Golondrina. cuando Chela acudió en su auxilio. -¡Vaya. ¿qué somos? -¡Ah! eso ya se sabe. vaya. -La Golondrina. y mojaba la punta de las alas en el agua espumosa. Se hubiera dicho que todo en la naturaleza estaba acordado a aquel ruido in79 . Cortada. por sobre lamidos guijarros y corría enseguida mansamente por el fondo de la quebrada. Pero tampoco se atrevió a decir más.

Los mismos gritos de los niños que se perseguían. Don Javier saludaba a lo lejos a sus hermosos sueños de grandeza política. ¡Plácido momento aquél! Ninguna inquietud había en sus almas. instados por la quietud creciente de los campos. tomaba por un camino. se sentía poeta. escondiéndose entre las matas de ribazo. lo que podía leerse en el rostro pensativo de Félix. apaciblemente. para quien aquel día había sido chubasco. se veía el sol. saltaba por sobre la cerca y los matorrales. cuya mejor y más íntima expresión era la música del agua florecida de espuma.terminable del agua que caía y pasaba. en el total desvanecimiento que la proximidad del ser amado provoca en los corazones aún vírgenes de la dulce pasión. José Antonio y Anita se olvidaban de sí mismos. entre las voces de los niños que. galopaba a través de los potreros. con una varilla de mimbre cortada por los niños. tronchando las flores del camino. con la sonrisa patriarcal de un pastor que mira pasar un rebaño innumerable. llegaba a una arboleda y oía. enredado con "ella" en conversaciones muy serias. temblando. los versos de un muchacho oscuro que. en efecto.. delante de ella. que iba. tomaban algo de la gravedad del sitio y de la hora.propuso Joaquín. Joaquín decía a las señoras. distraídamente.. o en la sonrisa de Chela. 80 . que arrastraban pasos algo lánguidos." Lindo. qué tal? Y el alma enamorada y huérfana de la pobre fea. Porque no era inquietud. Y volvieron. muy cerca ya de las crestas de las montañas que debían ocultarlo hacia el lado de la costa. señalando a las jóvenes parejas: -¿Eh. -¿Volvamos?. es el lindo sol. precisamente. se pusieron a recordar los cantos aprendidos en la escuela: "Lindo sol lindo sol. enrojecido globo de fuego.

Ocurríale a él con la tierra lo que a algunos hombres con su mujer: que no reparan en sus encantos hasta que en circunstancias extrañas se los hacen notar.. más bello aun en aquella reproducción prodigiosa. José Antonio amaba el campo más por su utilidad que por su belleza. Alargábase el crepúsculo en una cantinela de follajes y de aguas que parecía acordado al lento descender.. José Antonio vio también la estrella que palpitaba en la lejanía remota: luego Félix y Chela. La primera estrella despertó en el celeste vacío. cómo se sentía invadido de la profunda armonía de las cosas! Caía la tarde mansamente. las perspectivas verdes. -¿Se puede saber en qué piensa. pura como una promesa o como una esperanza. delante de esa mujer. y no recordaba que le hubiese nunca detenido ante ellos un sentimiento de admiración..Campesinos de raza. que copiaba en su espejo inalterable el remanso de la aguada.. Más. -Atrévase. eran para él lo habitual. Anita fue la primera en divisarla. chirridos interminables. ruidos de aleteos. ¡Pienso que instantes como éste deberían eternizarse! -Se aburriría usted.. cinco. y Joaquín y todos. -¡Nunca! 81 . al lánguido desvanecerse de la luz. Los horizontes rurales... lo cotidiano. extendidas bajo la benignidad del azul. ¿es algo malo? -No... ahora.. veinte estrellas sembradas como granos luminosos en el cielo que se ensombrecía. Sombras fugaces atravesaban la atmósfera transparente.. ¡cuán adentro penetraba en su alma la belleza del mundo. cuya presencia lo transformaba todo. Hacia el oriente diluíase en tonos rosas y violetas y una vasta pincelada de acuarela. Era la despedida de la luz.. ¡En su vida solitaria había conversado tantas veces con el cielo! -¿No la ven? ¿No la ven? Allá. Y luego se vieron tres. haciendo vivir en su fondo cristalino todo el paisaje. José Antonio? -No me atrevo a decirlo.

¡Para qué fuiste a tomarte ese trabajo! -¿Entonces. -Sí. -Y usted.Lo dijo con tal firmeza. Ambos querían hablarse. Se sabía amada. -¿Estás rendida de veras? -preguntó José Antonio.. no? -Sí. Hemos comido demasiado. acabaron por simular el 82 . ¿no quiere una tacita de té? -Estoy rendida. que me caigo de sueño. no -dijo José Antonio-.. Aquel instante de su vida era bello. Joaquín y Rosario son dos amigos ideales. y ante la delicia de égloga que emanaba de la tierra olorosa y florida. Anda a acostarte tu también. V Aunque ya era tarde cuando llegaron.. Con familiaridad de vieja sirvienta.. Francisca se dirigió a la cocina a apagar el fogón.. ¿Y tú? -¡Qué le hace el agua al pescado! -¿Qué buenos son. Pero no pasaron de los circunloquios. algo. tenían necesidad de comunicarse sus impresiones. llegar lentamente al punto confidencial que se les saltaba a la boca. les llamó calaverones y les dijo que no tenían consideración con sus canas.. -No te enojes.. Arrastrando sus gruesos zapatos. al menos. Hemos galopado tanto. Pancha. no se van a servir nada? Yo. nunca se atrevieron a encararse francamente con la parte que tenía para cada uno de ellos el interés más íntimo y convencidos al cabo de que no saldrían jamás del paso.. También ella se sentía invadida de una vaga y dulce emoción. y los hermanos quedaron solos en la vasta sala de media luz. habría deseado amar. poniendo tanto corazón en la voz. la digna Francisca les estaba esperando.. que ella no tuvo valor de replicarle.. sin duda alguna. patroncita.

Hasta mañana. -¡Que cante José Antonio! ¡Que cante! -gritaron muchas voces.. la excursión al salto de agua.. verdaderamente confundido." ¡Qué hermosa! ¡Qué adorable! Nunca. aquella turbadora pregunta de la otra tarde. José Antonio va a hacer la despedida con una canción. -No querrá -replicó ella. Todo... se está haciendo muy tarde. El canturreaba por entretener sus ocios. -Hasta mañana. Anita. las alentadoras confidencias de Joaquín. Hallaba que lo que le pedían era superior a sus fuerzas. que conservaba desde sus tiempos de estudiante. pero no cantaba.. -Tiene que querer. ¡Cómo suponer que en él. el almuerzo. el paseo a casa de la anciana enferma. Lo mejor era desistir. El se negaba. un provinciano. todos saben que cantas y que no lo haces nada mal. Hagamos la prueba -y en voz alta gritó-: Amigos.sueño y separarse. En vano habían recordado una y diez veces los mismos hechos y apuntado las mismas observaciones. la encantadora travesura con que le dijo: "Llámeme siempre así: la Golondrina. momentos antes de la despedida. fumando. pasó por su imaginación con rapidez y vivacidad inenarrables: la cabalgata. Se tumbó en su vieja silla de balance. 83 . Pausadamente se dirigió José Antonio a su habitación. iba a poner sus ojos ella. se acercó éste a su mujer y le dijo al oído: -Hay que hacer cantar a José Antonio. nunca llegaría a hacerse amar de ella. no preocuparse más. sus charlas. la visita a las instalaciones del fundo. sí. desde el día inolvidable del primer encuentro... -Bueno. que aun en el mundo bullicioso y brillante de la capital supo triunfar siempre! Evocó la escena en casa de Joaquín cuando. y la cabeza echada atrás.. sus frases intencionadas. -Pero. se entregó a una evocación minuciosa. -¿Yo? -Sí. siempre interrumpidas. entonces. un oscuro hacendado.

. -¿Las Golondrinas. Nunca se imaginó ella que Joaquín iba a jugarles esa mala pasada.. que comienza: "Volverán las oscuras golondrinas de tu balcón sus nidos a colgar.? -propuso él. Todos unieron sus insistencias a las de Graciela. y de rodillas como se adora a Dios ante su altar.. con insistente sonrisa. templando el instrumento. Acaso resonaba en su interior. -Vienen al pelo -observó Joaquín. con toda su desgarradora desesperación. como yo te he querido. después de pedir anticipadas excusas.! 84 . ideal de pureza y de quietud. las notas se esparcían serenas y sentidas y la última estrofa fue recibida con el estruendo de un solo formidable aplauso: -¡Bravo! ¡Muy bien! Los muchachos pedían bis. se decidió también. confusa. -¿Qué cantamos? -preguntó a su hermano. -No me consolaría nunca de haber tenido que decirle que no.. mirándole de frente. como en el teatro. absorto...-¿Y si se lo pidiera la Golondrina? -le preguntó Chela. Poco a poco." La emoción hacía trémulas las voces y esto prestaba un encanto más poderoso a la canción. así no te querrán. A pesar suyo. -Con tal que Anita me acompañe. se alzó la primera estrofa de aquella rima de Bécquer.. Y en el aire tibio de esa noche de verano. Chela se había puesto melancólica. la imprecación del poeta: "Pero mudo. ante el religioso silencio circundante. los jóvenes fueron tomando más seguridad. desengáñate. -¡Bravo! ¡Mucho mejor! Anita..

Se afiebraba en la pieza. José Antonio encaminaba sus pasos hacia allá. sin embargo. despertado al ruido. pero al mismo tiempo tan fugaz la temporada de verano. sentía en los párpados una gran pesadez. grande.Momentos más tarde se dio la voz de retirada. La luna acababa de asomar.. El porvenir era lo que le asustaba. El. reconoció a su amo y siguió durmiendo. Las sienes le latían y. ¿Qué tenía para él aquella niña que todo se transformaba a su presencia? ¿Qué rara virtud tenían sus ojos. -Soy yo. encontraba a la vida en sentido nuevo. La noche seguía tibia y clara. Dardo. ¿no te has acostado? -No podía dormirme y he salido a tomar el fresco. sentada junto a la ventana. la ventana no debía estar cerrada. Nunca había sido para él tan espléndida. al lado de Chela. pues no se veía en los vidrios el reflejo de la luna.! ¡Para que no se vaya! Era la misma frase que repetía mentalmente ahora. Los campos henchían el aire con su aroma. El patio estaba silencioso.. Hacía calor. Salieron luego al camino. bajo la luna que alumbraba ahora de lleno. acaba de sentir el ruido de pisadas. roja sobre las crestas de la cordillera y todo se veía en medio de una vaga penumbra. En el aposento de Anita no había luz y. ¡Cómo hacer para que se quede. el perfume que de ella se desprendía a cada movimiento? "¡Oh! -pensaba-. le dijo-: Pero. cuando le detuvo un grito ahogado y trémulo que se dejó oír en el silencio del patio: -¿Quién? Era la voz de Anita que. José Antonio lo comprendió todo. que no se sabía bien si era la naciente sombra de la noche o la suave claridad lunar. No te asustes -y acortando las distancias. sin tener sueño. Jamás había experimentado aquella sensación. Ven si quie85 . Se pasó la mano por la frente y decidió salir. el frufrú de los vestidos. su voz. Anita. Había anochecido casi completamente. en medio de la desolación de que se iba sintiendo invadido poco a poco.

-Luego qué. de qué modo sufría con aquel sentimiento desconocido hasta entonces para él. -Tú.. sí -dijo-. habló de sus temores de no ser jamás correspondido. -Para el amor no hay distancias que no se salven. tú eres feliz. Ninguno de los dos se atrevía a hacer alusión a lo que llenaba por completo su pensamiento.res y nos sentaremos en un escaño.. callaron. No hace frío.. -Sí... -Anita.. Luego. Yo soy muy poca cosa para ella. -¡Quién sabe! Puede ser una pequeña simpatía y nada más. José Antonio sintió su corazón desbordado. en Chela. José Antonio pensó que al fin iba a poder cambiarse con su hermana las confidencias tan adoradas y tan temidas.. ¿Por qué no te acostabas? -¿Y tú? -Yo pensaba. Tú a Chela tampoco le eres indiferente. en ella. -¿En qué? -Tú lo sabes como yo.. todo atropellándose. -¿Por qué José Antonio? No digas eso. -En él. -¿Lo crees tú. -Nunca me ha dicho nada. -¿Y en qué? -También lo sabes tú. Ella no es ni más ni menos que tú. Anita? ¿De veras? -¿No recuerdas lo que nos dijo Joaquín? -Joaquín es muy bueno y está haciéndose ilusiones. 86 . Y con lágrimas en los ojos.. -murmuró él por fin. porque él te quiere... -Pero se le conoce. confesó cuánto la amaba.. Pero apenas estuvieron juntos. tomándole una mano-... ¿no es cierto? -Y tú. Y tú también pensabas. como se me conoce a mí..... Y lo dijo todo. Ante ese dulce nombre que sonaba nítidamente en la placidez perfumada del jardín. tartamudeando.

¡Y Chela es adorable! 87 .. sin un sollozo. Félix también se marcharía. entre todas. Y ya más tranquilos ambos.. Además tenía para ella un sombrío significado la palabra separación. -Perdóname. Los malos presentimientos de su hermano habían acabado por hacer presa en su corazón.. me lo dice el corazón.. -¡Y qué te diré yo. lleno siempre de una infantil confianza en el porvenir.. Era necesario que nos entendiéramos -dijo él-.-Pero ella no me quiere. La que tú elijas. Unidos y de acuerdo. Era un riego suave. Lloró.... -¿Te parece bien? -Sí.. a que venga a pasar algunas horas con nosotros.. un baño de pureza que hacía florecer en medio de sus desolaciones de incomprendido.. al pensar en la inevitable separación que se acercaba-. Ya sabían lo que debían hacer. -¡Oh! -exclamó. en su mundo. Un día vas a ir tú sola a Painahuén para que converses lo más que puedas con ella. ¡no me querrá nunca! -Eso no lo sabes tú. José Antonio. Pero allá. ya no temían al siniestro interrogatorio que momentos antes habían visto suspendido sobre sus cabezas... esperanzas en que no quería creer.. será siempre mi hermana. -dijo José Antonio-. despejado y risueño. Confía y espera. La voz de Anita caía en el enardecido corazón del mozo como un fresco rocío de consolación.. discurrieron acerca de los medios de que podrían valerse para que el término ya próximo de la temporada veraniega no les hallara en situación tan insegura. La mala nube había pasado y el horizonte se les presentaba de improviso. Ella sonrió.. José Antonio! Anita inclinó la cabeza sobre el pecho. Soy un loco. José Antonio. Y los días que vinieran no pertenecían más que a la voluntad de Dios. Y yo invitaré otro día a Félix. halagada. Cómo hacer que se quede. siento algo como un vértigo. que todo lo dispone. Serénate. Vamos a combinar un plan.. Aquí sí que sería mía alguna vez. Te quito ánimos en vez de dártelos.

y desde ahora más que nunca. cuando ya la ausencia hubiese interpuesto entre ellos su helada y sombría muralla. como si tratara sólo de dejar escapar una cadena de suspiros. La arena del sendero crujió bajo sus pasos a tiempo que llegaba. Una mañana hallábase Anita atareada en los detalles del almuerzo. -Ahora sí que dormiremos. También las almas tienen su desnudez y esta desnudez. También pensaba lo mismo. -Bécquer murió de hambre y de soledad. pero vive y vivirá siempre en los corazones sensibles. VI Acercábase el Carnaval... ¿Dónde oiré yo otra vez Las Golondrinas. pálida Ofelia. no conocemos ni el nombre. pero no lo decía. tersas ahora y transparentes como dos espejos.Callaron de nuevo.. y las estrellas de lo alto del cielo límpido miraban a la tierra como sonrisas que se hubiesen hecho luz.. el canto de los gallos. la brisa hacía chirriar las hojas de las parras. Y el viento pasaba. ella abriría la ventana que da al camino y cantaría esos mismos versos. La medianoche era pasada. pues José Antonio no tardaría en 88 . José Antonio. Anita. la una ante la otra. en un lago incomparablemente azul. cuando no es pecaminosa. enaltece en vez de avergonzar. pero muy bajitos. que se parecían tanto. Se levantaron.. Las flores se vaciaban en perfumes sobre aquellas dos almas hermanas. turbadoras siempre para ellas.. acariciante siempre. por entre cuyos claros pasaban franjas de luz plateada. Más tarde. Anita repetía una vez más las palabras que había oído de Félix. La luna descendía ahora. -Sí. de muy lejos. Lo pensaba. Pero es nuestro amigo. ¿no es verdad? -Sí. que no le recuerde con gratitud y con amor? Del artista que escribió esa música tan sentida. Suave como una caricia. cuando ya no viesen.

necesariamente. -¿Sabes qué es lo que hay? -dijo a su hermano. Llamó a Fermín: -¿Hay fiesta? -le preguntó-. patrón.y no aceptamos excusas de ninguna especie. pendiente de sus gestos. como no podía responder inmediatamente. que irse a comer con ellos. "Hay grandes novedades -terminaba.. sintiendo ya haber jugado demasiado con la ansiedad del hermano.. Me parece que van a ir a la estación a jugar la chaya. -Lo supongo. Acabo de divisar allí la bestia de Fermín." Anita sospechó sin esfuerzo que su hermano no se negaría. -Una invitación. -Pero. ¿No sabes tú nada? -No.. -¿Qué? -Algún recado de Painahuén. les amenazamos con dejarnos caer todos por allá. con las manos hundidas en los bolsillos del delantal: -¿Te escribió ella? -De su puño y letra -respondió Anita. Pero no era propio resolver el punto de su cuenta y riesgo y decidió esperar a que estuviese José Antonio. Habría besado el bendito papel. y les resultaría peor. apenas le vio desmontarse. cuando recibió una esquela procedente de Painahuén. La firmaba Graciela y en ella le notificaban que en esa tarde tendrían.. si no fuese porque allí estaba Anita. -Algo más que eso. El leyó y volvió a leer. pasándole la carta. Llamó a Fermín para tomar noticias de Painahuén y para decirle que. se quedara a almorzar en Los Rosales. algo que la hechicera corresponsal hubiera puesto sólo para él. -¿Por qué lo dices? 89 .llegar. que le miraba picarescamente. Si el mensajero vuelve con respuesta negativa. ¿de quién? Brilláronle los ojos al joven y con voz trémula dijo a su hermana. como si quisiera sorprender algo entre líneas.

-Porque los patrones de Santiago llegaron ayer tarde con la tripulina de novedá... ¡güeno con los cristianos! El patrón don Carlos llegó calaíto, calaíto, como si li hubiera quéido un aguacero. -¡Ah, ya sé, ya sé...! -murmuró José Antonio, recordando haber oído hablar de que en el pueblo vecino se jugaba con furor la chaya. Forasteros e indígenas se daban para ello cita en la plaza y, sobre todo, en la estación del ferrocarril, desde cuyo andén acribillaban con serpentinas a los trenes de pasajeros del sur y del norte... -¿Qué resuelves? -preguntó Anita, así que Fermín se hubo alejado. -La notificación es perentoria y terminante. Habrá que ir... -Y aunque no lo fuera, creo que siempre iríamos... -Contéstale entonces y dile que nos pondremos en camino en cuanto baje un poco el sol. Durante el almuerzo, José Antonio tuvo dos ideas oportunas: mandar a comprar serpentinas, todas las que se hallasen a mano, y hacer una recolección de flores en la hacienda... También quería él sorprender a sus invitantes. Cuando menos se lo esperasen llegaría allá una carreta colmada de canastos de flores. -¡Espléndido! ¡Espléndido! -gritaba Anita, con sincero júbilo. Antes de despojar a los rosales de su fragante carga, José Antonio hizo armar un ramillete con ejemplares de las más delicadas especies y se lo entregó a Fermín, junto con la carta, a guisa de mensaje anticipado. Iba, entre tantas rosas, una exactamente igual a otra que cierta personita había celebrado mucho... Intencionalmente José Antonio había agregado al pie de la firma de su hermana esta frase, con sus iniciales: "V°B°. Irán pertrechos". Poníase término a la comida y ya iba Chela a explicar de qué novedades se trataba, cuando Fermín pidió permiso para entrar y avisó que acababa de llegar una carreta "de lo de don José Antonio". Todos se miraron a las caras, sorprendidos. Los dos her90

manos sonreían... -¡Ah, pícaros! -gritó Joaquín, divisando por la ventana, a la media luz del crepúsculo, las flores que venían desbordando-. Nos las han jugado... -Esa -observó Graciela- es la postdata de José Antonio que yo no podía comprender... Después que todos se hubieron dado cuenta de la presencia de aquel vehículo cargado de flores, se determinó que éste siguiera su marcha hasta la estación del pueblo vecino. -Pero, amigo -decía don Javier-. Usted ha dejado sin flores Los Rosales... -¡Si no fuera más que los rosales! -agregó Carlos-, si no ha dejado flor que no se ha traído! -Ha sido usted cruelmente generoso, José Antonio. -¿Para qué pueden servir sino para cuando estamos alegres? De todas maneras tenían que marchitarse. Félix alcanzó a oír y murmuró al oído de Anita: -También son nuestras amigas cuando estamos tristes... -¿Le gustan a usted? -¡Oh, tanto! En el jardín del Manicomio hay un cuadro de pensamientos que me han encargado de cuidar yo solo... -¿Son sus predilectos? -Sí y no. Estaban abandonados, nadie los quería, tal vez porque no tienen olor y a mí me dieron lástima... Después, cuando se pusieron hermosos otra vez, se me imaginaba que lo hacían por mí, que me sonreían agradecidos... Dispénseme usted que esté filosofando. -Esas son cosas más de poeta que de filósofo... -¡Poeta! Envidio a los que lo son de verdad... ¿Recuerda usted nuestra conversación de la otra noche? Anita contestó con la mirada, hallándose incapaz de pronunciar una sílaba. Luego, para disimular, preguntó: -¿Se ha olvidado usted de los pensamientos? -¡Ah! Los he querido como cosa mía, pero no a todos, no crea, sino a ésos del manicomio. Cuando era yo un chiquitín... 91

no, nada. -¿Qué iba usted a decir? ¿Por qué no sigue? -Encontré una vez, junto a una cerca, a un pobre quiltro, sucio, flaco y malherido lo llevé a casa y lo cuidé con tanto cariño que el pobre bruto no sólo curó pronto, sino que se embelleció todo lo que podía... Quedó manco, pero le aseguro a usted que su cojera le hacía gracia. Aquel quiltro vagabundo y sin nombre me enseñó lo que es la gratitud, y créame usted que yo hallé más de una vez, en los pensamientos algo de sus miradas afectuosas y enternecidas. ¡Con qué pena me separé de él! -¿Y por qué lo dejó? -Yo veraneaba entonces en la hacienda de un amigo de mi padre y terminadas las vacaciones tuve que regresar al colegio. Yo quería llevármelo conmigo, porque presentía que el bruto sufría tanto como yo..., pero mis padres se opusieron y ya no volví a saber más de aquel humilde amigo de los campos. Abstraídos en su tema, interesados en él como si se tratase de un asunto trascendental, Anita y Félix no habían reparado que estaban solos en el comedor. Por medio de gestos, Joaquín había obtenido la complicidad de los demás para hacerles esa broma y todos salieron, poco a poco, en silencio, sin ser advertidos. Anita fue la primera en darse cuenta de la situación y rió. Félix echó una mirada circular por la pieza desierta. -¡Qué traviesos son! Ese no puede ser sino Joaquín... Una carcajada vibrante resonó afuera y los jóvenes vieron en la ventana muchos rostros alegres que se fijaban en ellos. -¡Ya me las pagarán! -exclamó Félix, levantando cómicamente el puño. -¿Quién ha sido el de la idea de ir a la estación? -preguntó José Antonio. -¿Quién había de ser? -replicó don Javier, sonriendo y mirando bondadosamente a Chela. Hija única, el viejo hombre público sentía verdadera debilidad por esa niña y le hacía gracia todo cuanto pudiera imaginar su cabecita de veinte años. 92

A veces sus graves preocupaciones nublaron el entrecejo de aquel antiguo jefe de partido; pero jamás tormenta alguna ha sido tan fácil de alejar y desvanecer: una palabra, un gesto, un mimo de "la regalona", que le tuteaba descaradamente, bastante para que la sonrisa benévola y fina que le era habitual bajase a retozar entre la barba plateada. Chela no recordaba que su papaíto le hubiese dicho "no" dos veces consecutivas. -¿Le parece una idea desgraciada, José Antonio? -Por el contrario... ¡Felicísima! -¿Recuerda usted a esas amigas con quienes andaba yo la tarde en que lo vimos a usted por primera vez? -Sí, sí... ya recuerdo. -Nos encontramos esta mañana, por casualidad, y me hablaron de la chaya en la estación... ¡Me entusiasmé! -Cualquiera se entusiasma. Carlos y Miguel, impacientes ya, comenzaron a apurar la hora de la partida. -Hay que aprovechar los primeros momentos... El que pega primero pega dos veces. -¿Sabías tú -preguntó Joaquín a José Antonio- que se organiza un corso de flores? -¿Un corso? -Sí; la sociedad del pueblo, para festejar a los veraneantes... Habrá premios. -¿Y para cuándo? -Para el último día de carnaval. Hay que pensar en adornar los coches... -Y hay que pensar en irse, ¡caramba! -gritó Carlos sin poder contenerse. La estación ardía ya de animación de fiesta. Dejaron a la entrada, en los carruajes, el grueso del pertrecho de guerra y con paso triunfal se colocaron entre la concurrencia que hervía en el andén, bajo el techo de hierro. Había iluminación extraordinaria. El gas acetileno, en plena boga entonces, 93

se dio a cambiar con el ideal mancebo fugaces miradas de ternura. Creo que una es Doyen y las otras. otra Noemí y la 94 . para no obstruir el paso. José Antonio cedió su sitio a las recién venidas y aprovechó la ocasión para acercarse a Joaquín. los jóvenes venían animados del más grande entusiasmo.. Prudentemente.. despreciable.. De pronto sintió Chela que una voz femenina pronunciaba su nombre a sus espaldas. Volvióse y se encontró con las amigas que le habían hablado de esas noches de la estación.. la rubia. Jenaro. se había quedado en casa. no queriendo participar de aquella calaverada de los "chalilones". Bueno: una. se llama Lucila. que exhibía por allí sus mechas lacias y su cara granulosa. -¡Niña! ¿Has visto cuánta gente? ¿No te decíamos? Chela se apresuró a presentarles a José Antonio y a Anita.hacía desde diversos puntos derroches de su luz fría y perlada. Mezclábanse en aquella doble democratización del carnaval y del veraneo.. Con todo. Se habían franqueado la distancia de los convencionalismos mundanos y no era necesaria la presentación previa para iniciar el ataque y responderlo. dispuestos a agotar las municiones cuya provisión no era. con excepción de Joaquín. así a la ligera. Libre de las miradas inquisidoras de la señora Irene y segura de que su personal preocupación impediría a los otros fijarse demasiado en ella. a tiempo que se envolvían mutuamente en el lazo de una serpiente o que él lograba colocarle sobre un hombro una mariposa de papel. -Dime. Después. José Antonio se volvió también y las reconoció sin dificultad. como se ha visto. las familias del pueblo con las de afuera. desde lejos divisó a su "pololo" veraniego. y bien pronto los dos grupos se hicieron uno solo. En cambio. ¿quiénes son? ¿Cómo se llaman? -El apellido no lo recuerdo bien. ellas y ellos se apresuraron a saludar a las relaciones con que se iban topando y a desearse una noche feliz. El estado mayor. ¡la batalla de serpentinas y de flores! Dios es tan bondadoso que hasta Rebeca tuvo en aquella ocasión su momento de oro..

Sacaron a lucir sus municiones y ya nadie pensó en conversar. temía ya que ella se fastidiase y que este fastidio le alcanzase a él. sentía una vaga molestia.. -Y parece muy distinguido. y le llenó de no sé qué insidiosos presentimientos. El habría deseado que nadie. Se interrumpió o más bien le interrumpieron. cuando se habló del corso de flores en perspectiva... sino los de Painahuén y Los Rosales conociesen la amistad y el afecto que le acercaban a Graciela. ¡quién puede preocuparse de mí? 95 . -José Antonio -le dijo Chela-. Secreto instinto de enamorado le estaba revelando lo que ocurría.otra. y figurándose que las jóvenes no dejarían de hacer comentarios e insinuaciones.. José Antonio. Comprendía haber cumplido con su deber de gentileza al dejar a Chela en compañía de sus amigas de Santiago. ¿no le arden las orejas? -¿Me estaban pelando? Pero.. por lo menos. ¡Si tienes una suerte! Es simpático el mozo. Así pues. Ni tendría genio para pedírselas... entretanto. No se equivocaba el joven... -¿Yo? ¿Por qué? -Porque en Los Rosales están las más lindas flores que se puedan encontrar por aquí. -Pero tienen dueño. tan imprevisto que no les dio tiempo para defenderse. -No habrá necesidad de tanto. En ese instante los hombres. pero esta primera intromisión de los extraños en sus relaciones le pareció inoportuna. -Por lo mismo. que se habían ido separando poco a poco. Las amigas de Chela tenían ya noticias del continuo cambio de visitas entre Painahuén y Los Rosales. -Ni se ha tratado de eso. dijo Noemí: -Chela se tiene seguro el primer premio. Ya te las habrá ofrecido. venían a quedar muy próximos a ellas. porque cayó sobre ellos un fuego graneado de serpentinas..

pero no sé a qué viene.. En efecto. y luego se divisó el foco de luz de la locomotora agrandándose. Era un tren de 96 . Sonó de pronto una campana. Otra interrupción en las filas los separó de nuevo. ¡Chela: nos tienes que prestar tu anzuelo! -¡Oh! están ustedes desvariando. -Decían de usted que era muy simpático. Las manos dejaron de disparar y todos los ojos siguieron la dirección de la línea férrea. las serpentinas y a caer de todos lados una nevazón multicolor de pétalos. -Es todo un buenmozo -observó Lucila. no -replicó la aludida-. se acercaba más.. En este momento no más me decía que la hallaba a usted encantadora. Pero como pasara un segundo y otro. Alguien dijo: -Es el tren que sale de la próxima estación.. -¿A qué tanta reserva? Si todo acaba por saberse. le alabábamos su buen gusto. haciéndose más y más reverberante. hizo comprender a todos que el tren se acercaba por fin. volvieron a cruzar el aire. turbado. José Antonio enrojeció. seria ahora: -Te felicito. Noemí insistió..Al decir esto. -¡El tren! ¡El tren! Y se produjo un minuto de expectación. un estruendo de hierros crecientes cada vez. Afortunadamente. Joaquín había estado presente a la última parte del diálogo y acudió en su auxilio: -Sí. Chela. sombrío en la noche clara. tiene muy buen gusto José Antonio. Casi diría que te envidio.. El moscardoneo del charlar y del moverse empezó de nuevo a dejarse oír. pero a lo mejor.. Hablemos de otra cosa. rápidas y trémulas. Y la tercera agregó.. señorita -dijo-. se vio humo primero. -No. comprendiendo en todo su alcance la alusión y hallándose incapaz de salir del paso en una forma airosa.. con tono concluyente: -Tres millones de pesos y no sé cuántas leguas de terreno. Silbaron los neumáticos y el convoy se detuvo. -Gracias. y ni se sintiera rumor de tren ninguno.

por precaución. No pudo siquiera hablar y con un gesto desolado señaló la línea por donde acababa de desaparecer la ruidosa caravana de acero. Descendieron los empleados y una espesa granizada de serpentinas pasó del andén a todas las ventanillas. declarándose satisfechos. complacidos. armados de enormes jeringas de latón. de dispersar los malos pensamientos que había sembrado en su alma el paso de ese tren maldito que se llevaba ya a la capital magnífica y lejana. al volverse y encontrarse con él. y. Algunos. no pudo menos de llamarle la atención. agudo y vibrante. guardaron discretamente las armas 97 . Pero inmediatamente se supo todo y el caso provocó general hilaridad. Se oyeron dos palmadas. Se veía a los viajeros reír. Pero no pudo conseguirlo. espumantes chorros de agua. Tenía José Antonio. agudos. huían despavoridas a refugiarse en cualquier parte. blanco de tan inesperado como brusco ataque. Pero en aquel mismo instante un tumulto que se formaba les hizo retraerse. El silbato de la locomotora se alargó en la atmósfera como un alarido y el tren siguió su marcha. para cuidar de no ser arrollados y estrujados. una cara tan triste. acaso sin fijarse en ello.. No faltó quien rociara a la multitud con el agua perfumada de un pomo. José Antonio. que Chela.. Los asaltantes. tardes pasadas. las primeras golondrinas. -Pero. el pito del conductor.pasajeros que iba a la capital. los habían dejado "como sopa". ¿qué le pasa? Trató él de sacudirse interiormente. había cerrado la ventanilla y ya golpeaba los vidrios pronunciando familiarmente un nombre. Se pensó por un instante en algún accidente. acosado siempre por las serpentinas y las flores que volaban de cien manos.. -El verano se acaba -murmuró por fin. Las señoritas.. en represalia. Carlos y Miguel acababan de reconocer a las que. cuidando de que no le oyese sino ella. Se oyeron gritos de mujeres. les arrojaban a la cara. cuando sonó. se habían provisto de proyectiles de ocasión y respondían eficazmente al amable asalto. Chela reconoció a una amiga que. más previsores. nerviosos.

. Ellas se consultaron con un gesto. Pero el paso del expreso fue la primera señal de la retirada.prohibidas que acababan de usar. que opusieron como argumento. -¿Quisieran ustedes acompañarnos? -dijo Joaquín a las amigas de Chela-. pues pronto se apagaron las luces de la estación. Todos reían. Era el expreso. que llevaba carro salón y carro comedor. y en que se veía a muchos señores y señoras de aspecto opulento. Momentos más tarde.. Rebeca habría deseado no irse todavía. para quedarse aún. Su osadía pudo costarle cara. un tren grande y elegante. Uno más atrevido se bajó y se mezcló a la muchedumbre que llenaba el andén. pasó hacia el sur un tren de pasajeros y se repitieron las mismas escenas que había provocado el otro. -¡A la plaza! ¡A la plaza! -se oyó gritar a muchos. Y partieron todos. No es más que un momento y nos comprometemos a ir a dejarlas. -¡A la vuelta me las pagan! -gritó. Algunos jóvenes salieron a la plataforma a responder valientemente el ataque de los de tierra firme. ya en salvo. Joaquín. la linda luna que había y los buenos caballos que montaban. Chasco enorme fue el que se llevaron todos cuando se anunció la llegada de otro tren a Santiago y resultó un convoy de carga que conducía la animalada para el matadero. fumar o dormitar. consultó a sus amigos y la mayoría optó por regresar desde luego a la hacienda. pues ya el tren se había puesto en marcha y él no lo lograba salir del campo enemigo a donde temerariamente se metiera. sin embargo. Y el juego volvió a reanudarse en medio del mismo entusiasmo con que había empezado. recatándose románticamente en la sombra. Desde atrás de un coche. el poeta campesino le envió al verla 98 . De más está decir que la minoría estaba constituida por Carlos y Miguel. -¿Vamos? -Vamos. y bien sabía por qué. que se había divertido hasta el cansancio. leer. desde la plataforma del último vagón.

de su misma angustia. Apenas si me dejan tiempo para cumplir con ustedes el más elemental de los deberes: despedirme. en aquel mismo sitio. su más gentil saludo. las soñadas entrevistas. tuvieron por primera vez el presentimiento de que estaban delante del ser a quien debían consagrar su vida. desasosegados. don Javier. al despedirse de sus amigos. VII Aquella misma noche. Silenciosamente se guardó José Antonio aquel papel perfumado que en sus diez renglones mostraban toda el alma de la que lo había escrito. repartiendo mensajes. tan bella. Desgraciadamente.. Mañana caeremos por allá.. Muchos besos. sufriendo. como sufría. ¡Ni siquiera el corso de flores iba a tener el lucimiento que esperaban! No habían tenido aún tiempo de reponerse cuando recibieron de Chela cuatro frases muy nerviosas. en que ellos cifraban tantas esperanzas. Pero a los jóvenes no les parecía ya lo mismo. aunque parezca innecesario decirlo". llamado urgentemente de la capital por asuntos de alto interés político. porque apenas habían pasado dos días. como esa otra en que ambos.. José Antonio y Anita quedaron consternados. los dos hermanos lograron avanzar el primer paso en el cumplimiento del plan de campañas que habían acordado. etc. la inevitable postdata: "Nota: los besos son para Anita. dirigidas esta vez simultáneamente a los dos hermanos: -"Mis amigos -les decía-. abatidos por pensamientos que cada vez hacían más sombríos. bajo la firma. Durmieron mal. dio la voz de partida. Ya sabrán ustedes a qué obedece este viaje tan inopinado. haciendo locuras. Fue una desolación. Tampoco se atrevió Anita a decir nada. Gorjeaban como entonces los pájaros y el viento pasaba cantando jaculatorias. Estaban en el corredor. se va la Golondrina. felices con la perspectiva del 99 . no pudieron celebrarse." Y luego. La mañana era bella..alejarse camino de Pinahuén.

-¿Vendrán almorzar? -Tal vez. Algunos minutos bastaron para hallarse todos reunidos.. en medio de los rosales que habían vuelto a florecer magníficamente. -Tendrían que venir muy lejos los demás. Pero la glorieta era muy pequeña y José Antonio observó que apenas podría ponerse en su interior una mesa para cuatro... después de los saludos. Sonrieron contentos. -¡Y si fuéramos a encontrarles! -¿Y si nos damos un galopazo inútil? -No. Anita tuvo una ocurrencia que su hermano celebró: almorzar en la glorieta. tan impacientes como nosotros -dijo él... ellos dos.. -Que unos por un motivo. los de mejor voluntad son los que tienen que responder.. "Ellos" debían de haberlos reconocido también porque apuraron el paso. si ya deben venir. -¿Qué pasa? -preguntó Anita.. En el fondo estaban contentísimos. porque de no aprovechar el fresco de la mañana. dos. Al alba se levantaron y entre ambos se entregaron a la febril tarea de arreglar la casa. -Se habrán adelantado. -¿No vienen más que dos? -Sí. -Como siempre -agregó Chela-. Pero no atinaban a comprender el por qué no aparecía nadie más. afortunadamente.. -Y ella ha hablado de pasar el día con nosotros. Se decidieron por esta idea y.. ya no vendrían hasta la tarde. no habían andado media legua cuando una polvareda en el camino les anunció la proximidad de lo que esperaban... 100 .. nos han dejado a nosotros solos cumplir con las leyes de la cortesía. Mirándose sonrientes a la cara.. otros por otro -dijo Félix-.día siguiente y temerosos de los que vendrían después. No se ve a nadie en el camino.

un último disgusto a la señora y un nuevo motivo a Joaquín y a los jóvenes para divertirse a costa suya. Anita saltó: 101 . Rebeca confesó que los versos se los había pasado el muchacho por medio de una mariposa. se cantaban las gracias de la amada y se la invitaba a dejar la vida en un beso.Con fingido resentimiento. -¡Caramba con Jenarito! -Imagínese -dijo Chela... no. encantada de su infatigable concierto y agradeció vivamente a José Antonio la oferta que le hizo de que se los llevara a Santiago. se morirían allá.. Y por lo demás -terminó con una leve sonrisa. creyendo del caso dar algunas explicaciones. José Antonio observó: -Se conoce que es un deber pesado el de venir a Los Rosales. ¡Espléndido día pasado en el sosiego de la añosa casa solariega. Almorzaron en la glorieta en medio de una estupenda decoración de rosas. Entonces Chela. No se acostumbrarían.no hacía falta. la noche en que fuimos a la estación. Estuvo furiosa. Félix fue entonces el que habló para decir que la pobre había dado. como si no la hubiera visto ya! Nunca la había notado José Antonio. la víspera no más.. como si monologara. llevados a otro sitio por imperiosas atenciones.el efecto que estas cosas habrán hecho a tía Irene. tan inquieta y tan inquietante al mismo tiempo. en que con palabras tomadas de la mitología griega y del ritual cristiano. voluptuosos. versos ardientes.. Chela conversó un poco con los jilgueros. llegarían de tardecita. Le habían sorprendido otros versos del poeta rural. y junto a un arroyuelo de transparentes aguas.. -¿Y Rebeca? ¿Por qué no vino? -preguntó Anita. que Chela quiso recorrer toda. con ataque de nervios y Félix tuvo que utilizar sus conocimientos médicos para calmarla. al pie de los mirtos. -No.. dijo que la señora Irene y don Javier tenían demasiado con la preocupación de la partida y que Carlos y Miguel. Demasiado se comprende por qué Rebeca no ha podido hallarse aquí..

pues haga usted lo que Mahoma cuando la montaña no quiso ir hasta él: vaya usted a la montaña. -¿Palabra de honor? -Palabra de honor. -¿Qué? Anita miró a su hermano y él comprendió al punto. Se interrumpió... -¿Filosofa usted? -No. -¡Oh. -¿Ni a mí? 102 ..y agradezco a Anita el habérmelo advertido.. a cuyo borde Félix abstraído en la contemplación del agua que borbotaba al caer. que la oía ansioso. Félix. Anita: sueño. de esas que prefiere usted.. ella agregó: -Si la Golondrina no puede venir. Anita se había ido alejando hacia la fuente. permaneciera en silencio. caeré por Santiago. describiendo trémulos arcos en el aire... José Antonio quedó deslumbrado como si hubiera visto el cielo abierto ante sus pasos. -¿Qué? -Vaya usted a dejármelas.. Matas de rosas.. sí. Entonces Chela tuvo una salida oportuna: -Va usted a decir que estoy abusando de la bondad de ustedes. -Ya sé -dijo. pero se me ha ocurrido algo y no me lo guardo..-Aceptará entonces otra cosa. Viéndolos conversar. Anoche. pero también sueño dormida. Cuando usted menos se lo piense. -Iré.. -¿Despierto? -Sí. Como de la misma emoción. iré. le preguntó: -¿Por qué no lo dice usted? -No se puede. Habrá que esperar el invierno. ¿No le pasa a usted a menudo lo mismo? -Sí.. qué he hecho yo para merecer tanta atención! -Ahora no sería tiempo de llevarlas.

extraños.-A usted sí. -Ahora le toca a usted -dijo él. -¿Cuál? -Dígame primero lo que estaba pensando. adivinando la situación de ánimo de su amigo. que no puedo recordar sino con miedo. Pensaba en usted. sin ninguna ilusión respecto del campo.. ¿no es verdad? -Desgraciadamente. -Pues soñé eso. al lado de esta fuente. -¡Ah!. que hacen ustedes aquí. él especialmente. eso mismo. prefería rehuir los momentos de entrevistas frente a frente y buscaba el momento de generalizar la charla. -¿Es galantería? -No. -¿Con miedo. ambos soñamos en lo mismo. que ni usted ni Chela se volvían a Santiago. amiga curiosa.. A él le daba pena y vergüenza tener que echar mano siempre de esas trivialidades tan socorridas de los que no hallan qué decir y ella. lejos de aquella fiebre de la ciudad.. Chela y José Antonio se le habían acercado. -Esta visita es de despedida.. tan bonita.. sin sospechar siquiera de lo que habría de encontrar aquí. Ambos. en cuanto se encontraban solos. Pensaba en usted y en José Antonio. se sentían mal... -Pues bien. -¿Y se va usted? -¡Ah! ¡Dios sabe con cuánta pena! Me vine de la ciudad aburrido. y pensaba en que yo podría asimismo ser feliz en una antigua casa de campo como ésta. molestos. bajo este parrón. pero con una condición. dice usted? -Sí. es la verdad.. -¿De verás quiere saberlo? -Sí. y no sintiéndose con valor para ensayar en él las armas del discreteo galante. en su retiro rústico. 103 .. en la vida tan apacible. Ella no tuvo nada que replicar. entre estas flores. uno dormido y el otro despierto.

desde la vieja casa de los abuelos con su mirador y su rosal hasta la última brizna de los lejanos matorrales. se veían encendidas las mejillas de las dos jóvenes y este tinte francamente campesino sobre dos rostros de ordinario pálidos. la bodega. el cobertizo de la fragua. El iba pensando que todo eso que recorrían y miraban. no valdría nada a sus ojos cuando ya ella hubiera desaparecido. abrillantado por el sol y movido por la brisa. Y se hallaron de pronto al borde del viñedo que. -No -replicó Chela-. el ancho y sosegado estanque donde nadaba una pareja de cisnes. había la sombra y el fresco suficiente. Hacía un gran calor. los macizos de la gran cordillera. Lo dijo con tono perfectamente natural.. No obstante. surcada caprichosamente de senderos. como entonces. mientras José Antonio tartamudeaba excusas. Anita corrió a traer dos amplias chupallas. Visitaron. el galpón donde se guardaban las maquinarias. y todo lo que pudiera reunir en años de trabajo tenaz y fervoroso. semejaba un lago de magnífica esmeralda. Tomaron los cuatro el camino de la huerta. Es lo mismo que han visto el otro día. pero como el camino era estrecho y estaba orillado de grandes árboles. dominándolo todo. Anita y Félix fueron adelantándose poco a poco. se había establecido entre Chela y José Antonio un silencio que amenazaba hacerse embarazoso. los molinos de viento. Agotados los temas fáciles. tenía a los ojos de los mozos un encanto nuevo. Más allá del viñedo se alzaba la colina. -Ya no hay ninguna novedad.. la hacienda toda. pero a José Antonio le pareció que había en esta frase un dejo de melancolía.. el granero. y más allá. Se cubrió con una y pasó la otra a Graciela.. Habría dado la mitad de su vida por tener el valor de decírselo. las instalaciones mecánicas del fundo. es que las cosas que se ven por último vez toman otro aspecto.-Pues bien. 104 . ¿qué les parece que fuéramos recorriendo por última vez todos los rincones de la hacienda? -Espléndido -dijo Félix. el vasto y bullicioso corral de las aves.

Y llamó a Anita. Pero le juro a usted que ninguna mujer me ha impresionado tan vivamente como ella y que es ésta la primera vez en mi vida que. Pero esa mujer. Anita debe pasar conmigo todo un día y Félix con usted. Ella también pensaba. ¿podía ser ella? Demasiado sabía ya cuánto la amaba José Antonio. de prolongar la situación. José Antonio. Pensaba en que compartir tristezas y alegrías con aquel hombre noble y fuerte. continuaron andando.de hacerle eso sólo. aunque la disgustara. -¡Qué hermosas son! -ratificó el estudiante. Comprendió que. El la miró algo extrañado. habló seriamente a José Antonio de la creciente simpatía que le acercaba a Anita y de los pensamientos que acariciaba para el porvenir. lleno del mismo dulce sentimiento que a él le traía embargado. hasta qué punto le perturbaba su presencia. me he convencido de que mi felicidad estaría en tener una 105 . solo conmigo mismo. pero ahora ella delante. -Recuerde usted nuestro compromiso -explicó ella-.. Vamos a hacer el cambio. Y para destruir todo el mal efecto que pudiera producir aquella salida.. no habría cuidado de acordarse de nada. su compañero acabaría por hablar. por dar paso al grito que se sofocaba en su garganta. una vez que ejerciese su profesión y pudiese pensar en formar un hogar. -¡Que hermosa es! -dijo. que era bastante para su consuelo el hecho de que ella no partiera sin saber con cuánto dolor la vería alejarse. llegaría fatalmente al minuto en que a despecho de todo temor y de todo convencionalismo. -Esta Chela no se olvida de nada -dijo Félix a su amigo.. al mismo tiempo. José Antonio suspiró pensando que si aquel corazón estuviese como el suyo. Anita llegaba en ese instante junto a ellos y no le fue difícil comprender de qué se trataba por el mismo camino.. -Yo no le he dicho nada. pero le parecía. No quería pensar siquiera en la inminente separación... sería acaso un ideal de vida para una mujer. o por lo menos.

? -No. Acaso habrá esperado una palabra de usted. -Se equivoca usted. entretanto... Yo soy un campesino. Ella no lleva... José Antonio.. ¡Qué sé yo! -No. exigiéndole que le hablara con franqueza. Acaso no me querrá nunca. a su mundo. -¿La quiere usted de veras? ¿No será un entusiasmo de verano..compañera así. amigo mío. preguntándole si no sería una locura. Ellas. Yo no había sentido jamás lo que siento al lado suyo o recordándola. ¿Cómo cree usted que se resignaría ¡ella! a sepultarse en un rincón de provincia? No.. Ella es la Golondrina y no me queda otro recurso que esperar su regreso. amigo mío. se habría guardado muy bien de arrancarle esa promesa. Entonces se franqueó. su corazón no está libre. pero en su angustia quiso aprovechar de la ambigüedad de la frase.. -No me quiere... como Anita. se habían detenido y de nuevo se hallaron 106 . tampoco. -¿El mío? -preguntó el joven. -Gracias.. -Sí. -¿Qué? -Además. Ella pertenece a su ciudad... -Eso no lo sabe sino ella -dijo-.. Además..y terminó consultando al estudiante acerca de su situación. Su educación de gran mundo la habrá hecho tal vez aparecer a los ojos de usted fría e indiferente. Comprendía demasiado que Félix se había referido a él. no. -Es la alegría de la casa. que Félix se sintió conmovido. le aseguro que no. -Puede ser hoy. ¿Por qué la habré conocido? Era tan sincero su dolor. Félix pero yo no puedo oponerme. ¿No recuerda el compromiso que sellaron hace un rato? Si no le interesara usted. no. Confesó su amor -el primero de su vida también. no. temblando. pero no se me oculta que de ella para mí no ha habido más que el tibio interés de la amistad. el alma en los labios. amigo mío. Pero. ¿después?..... el suyo..

y por los campesinos.los cuatro juntos en mitad del camino. se hizo en la misma glorieta. A cada instante el cielo se venía cubierto de mayor número de estrellas. servida temprano para poder regresar a buena hora al fundo de Joaquín. ¡Dulce complicidad aquélla de los corazones felices que. Todos sentían que se acercaba la hora de la despedida.. Pero nadie se había portado por allí y la cena. de los ramajes y de los aleros. otros porque se quedan. No podríamos negar que hemos pasado contentos. -Por el campo. No hay entre nosotros quien no tenga su pena: unos porque se van. en el fondo. llegaban tenues chirridos de aves: en los nidos se empezaba a dormir. -Por primera vez en la vida -dijo Félix. lo siente usted por el campo. -La principal.. en la dulce intimidad de cuatro personas entre las cuales no había ninguna que estorbara. bajo el parrón. -Yo creo que sí.. pero ninguno quería ser el primero en advertirlo a los demás.. Fueron enseguida a sentarse en los escaños. Minuto delicioso. no creyendo pequeña la tierra y corta la vida para una 107 . y sin embargo. estamos tristes. Prudentemente. Félix y Anita se habían ido a ocupar un escaño algo lejano. todos. Regresaron con el crepúsculo.he visto hermanadas la alegría y la tristeza. también? -¿Por qué lo duda usted? ¡Se me han hecho tan breves estos días de campo! -¡Ah!. -¿Todos? -preguntó José Antonio. ya en menguante.. Habían comenzado a cantar los grillos y desde arriba. -¿Chela. en que hasta el silencio parecía un perfume más. -Gracias por la parte que me toca. La luna. agregado al mareante olor que arrastrado por el viento de la noche venía del jardín e inundaba los corredores y el patio. si me toca alguna. solapadamente.. no salía hasta muy tarde y la noche se venía llegando lentamente. casi seguros de encontrar a Carlos y Miguel en casa..

No. y muy aburrido. habría tenido que 108 . Acaso a esto debiera en parte el dominio de sí misma que la hacía temible a hombres y mujeres. porque comprendía demasiado lo que no se ocultaba tampoco a los ojos del joven: que ella no había nacido para que un día. tuviese más tarde que reprocharle el haberle tomado como un medio para llenar los ocios del verano. para quien vale lo mismo la impertinente galantería del compañero de baile que el cálido y tímido homenaje de un alma encendida en amores. un amor veraniego la recluyese para siempre en un rincón de los campos. si fuera verdad! -Es la verdad. además. muy pintoresco. habiendo deseado amarle. de sentirse libre de todo afecto tiránico hacia él. Lejos estaba ella de ser la encantadora muñeca de sociedad. Sólo su primo Carlos la resistía. pero muy oscuro. tan honrado en su cariño. sin embargo. No quería que aquel mozo. ¿qué quiere usted? Si no mañana. porque era su primo y se había hecho en la familiaridad de un trato inmemorial un broquel impenetrable. pasó ante sus ojos haciéndole sentir toda la melancolía de destierro que hay en la vida rural. en el momento de oro de una adorable juventud. Chela estimaba a José Antonio y. atareada siempre y prematuramente obesa. Pero... de un genio inquieto y perspicaz y había declarado guerra a muerte a los que. Su porvenir no era ése. Y comprendía cada vez más la necesidad de ser sincera.. tan ajeno a toda simulación. egoístamente. Sin contar los insignificantes pololeos de los tiempos del colegio. La imagen de Rosario. quisieran hacerla de todos a su rededor! -¡Ah. Después de su conversación con Anita. Nunca le he mentido.sola felicidad. José Antonio.. no logran disimular bajo los atavíos mundanos la longitud de las orejas. satisfechos con la inocente tontería de cambiarse una seña desde lejos. José Antonio. no. Chela no había sentido nunca su corazón interesado por afecto pasional alguno. Chela se había resuelto a encarar la situación. como solía decir. se alegraba. -Siento acaso tanto como usted esta separación. cargada de niños. Porque era.

..ser otro día más o menos próximo. ni tendría derecho.. Quiero. -Sí. lo comprendo. Había inclinado la cabeza. ¡Y perdón! -¿Perdón. ¿me comprende usted? -No quiere usted acabar con la última de mis esperanzas... -¿Quiere usted ponerme a prueba? Las resistiré todas. jugando con el sombrero. -¿No es ironía? -No. habían empezado a revolotear zumbando en torno de ellos. casi fuera de sí. Temía herir como el otro temía ser herido. con el crepúsculo. -Sí. Se detuvo. aunque sea. no sé siquiera lo que es eso. -No. vencido. no quiero eso. -¿Qué? Ella no se decidía a hablar. aguardaba. -Hable usted. es usted de los que ponen el corazón en las palabras. aunque sea para negármelo todo -murmuró-. trémulo. y se apretaba las sienes.. -¡Ni con la primera! José Antonio iba a replicar quizás qué cosa..... Y aunque supiera. obligada para con usted a echar mano de la misma franqueza. no la emplearía con usted. ésa es la verdad. cuando llegó de lejos la voz de Anita: -José Antonio. dice Félix que por qué no cantas.. más con el gesto que con las palabras que se hacían rebeldes en su garganta. amigo mío? -Ha sido una locura la mía. José Antonio. pues. Esperemos. José Antonio.. Estoy.. ¡Que quiere oír por última vez Las Golondrinas! 109 . Y no me toca sino repetirle que le doy las gracias porque en ese sentimiento suyo algo participo yo. por qué. como para espantar los zancudos que. La angustiosa pausa cesó por fin.. un entusiasmo. -Quiero que el porvenir nos siga perteneciendo. ¡Un atrevimiento que no me perdono yo mismo! -Una ilusión.

Las madreselvas del corredor prodigaban como abrazos cariñosos sus sarmientos prensiles. en voz alta. Y luego. Terminaba Chela de ejecutar al piano. Por una vez. -Franqueza por franqueza. que ya habían empezado a tararear briosamente. Las flores. dijo: -¡A cada rato nos hemos acordado de ustedes! -Por eso me han ardido tanto las orejas -exclamó Miguel. Al ruido de sus pasos se interrumpió el desconcierto de los grillos. cuando se oyó afuera un tumulto de pasos y de voces. Bien distinguían ellos entre todas aquellas que habían dado nombre y fama a Los Rosales. Luego se dirá: ¡palabra de hombre! Carlos declaró sin ceremonia: -Sabíamos que no haríamos falta. Anita. una de esas romanzas eslavas que nunca dejan de gustar. con la vida en los ojos y en los ademanes. acordándose de sus días adolescentes. a boca llena. atropellándose.. -¡Que tengamos que irnos! -suspiró Félix. después se escucharon enérgicos ¡chits! Carlos y Miguel se precipitaron en la sala. -¡Ah. VIII Ya había anochecido completamente y fue preciso pensar en la partida. riéndose él mismo de una ocurrencia que creía genial. en tono de reproche-.. perfumaban hasta embriagar. al salón. el silencio fue la mejor respuesta. Ladraron los perros. para suavizar la situación.-¡Oh cantar! -dijo el joven al oído de su compañera-. a tiempo que se echaba atrás en un sillón. es la verdad -les replicó Félix. añadió: Vamos. interrumpiéndose alternativamente. si quieren. -¡Muy bien! -agregó Chela. a las que la sombra tiene la propiedad de enardecer. y luego. conta110 . Un crepúsculo lleno de dulzura los envolvía. Llorar preferiría. los perdidos! ¡A buena hora! -les gritó José Antonio.

siempre que no haya oposición. Pero detrás de las cimas. le había dicho 111 . hombre. en el cielo sereno.. -¡Basta. Apretándose el estómago a dos manos. -respondió José Antonio-. -Pues bien. -No me parece mal. -Ni a mí. dirigiéndose a los dos hermanos. José Antonio ordenó que ensillaran. no es así? -preguntó Carlos. -¿Ustedes van a acompañarnos. pues le pareció estrecho el sillón para su personalidad dilatada y estremecida por carcajadas que llegaban hasta el llanto. que dicho sea de paso. Habiéndose encontrado con el poeta agrícola en casa de las niñas Morales. -De parte nuestra. No han respetado ustedes un ideal. sufrió un verdadero ataque de hilaridad. Aún no asomaba la luna. Pero el otro. sólo penaba uno: el de José Antonio. y continuaba riendo. la cabalgata llenaba el camino con su alegre bullicio. venía apenas oreado. había que ver la facha que tenía con la melena toda tijereteada. se arrojó en el sofá. de ordinario tan risueño. -Había que ver -dijo cuando pudo hablar-. porque Miguel. -Ni a mí tampoco. -¡Profanos! -les dijo Chela-. Entre tantos corazones dichosos o tranquilos.ron la estupenda hazaña que habían realizado. y luego con unas tijeras de esquilar le habían dejado la cabeza como un campo arado. lo habían embriagado.. basta! -le gritó Félix. le hacía señas con la mano de que le dejara en paz. -¿A ver? -Nos vamos hasta la estación a caballo y de allí seguimos en carritos a Painahuén. tengo una idea. ¿Ustedes no han viajado en la imperial? Es delicioso. "Esperar". Llegó un momento en que Carlos solo tuvo que seguir la narración hasta terminarla. -Sí. ninguna. y antes de mucho. haciéndole recitar versos. despuntaba su plácido albor.

Un mocetón moreno. de la intimidad del trato creado entre ellos. cantaban a lo lejos. verla ascender lenta y majestuosamente entre las altas araucarias de la estación. comprendiendo por los primeros acordes que acababa de oír. cosa rara en Chile entre la gente del pueblo. Si Chela no le amaba ya. pero pronto subieron otros pasajeros. -gruñó Carlos.ella. que aquel roto musicante era un artista a su manera... Porque allí estaba precisamente el peligro. Marcos llevó los caballos por el atajo y el grupo veraniego se encaramó en la imperial de un carrito que. La luna había salido por fin y ellos pudieron. ¡jamás. -¡Malhaya sea nunca! Orquesta tenemos. 112 . lo que no puso de muy buen humor a Carlos. que debía haberle llenado de un profundo júbilo. si a pesar de la misteriosa y tierna complicidad de los paisajes.. al trote de melancólica pareja de jamelgos. -¡Chits! -le dijo Félix. si a pesar de todo eso su corazón no se había alterado. Era un rústico barítono. preparó su acordeón y rompió a tocar a tiempo que el carrito las emprendía también crujiendo todo él en la vetustez de su armazón. mientras el vehículo se ponía en marcha. ¡Jamás!.. decían las hojas del camino. "La alegría y el dolor han llegado ayer aquí. "que no había contado con la huéspeda".. le hundía por el contrario en cavilaciones dolorosas.. ¡Jamás!. el mocetón tenía un agradable timbre de voz. Y las estrellas eran lágrimas arrancadas por amores incomprendidos y el viento que zumbaba en sus oídos era como un sollozo interminable. Y esa palabra. y de esa naturalidad en las maneras que es la amable característica de verano. En efecto. las ranas. monótonamente.! ¡Qué horrendo sentido de eternidad en el dolor tomaba esta palabra en su pensamiento. Hasta ese momento iban solos. cuya garganta no parecía estropeada aún por las bacanales de medianoche. acababa de llegar del "otro pueblo". ¡ah! ¡no le amaría jamás!. de acentuados rasgos mapuches.

vio a los dos jóvenes saludar con el sombrero en alto. intencionadamente sentida. -¡Ah.. le parecía sentirse envuelto en una sola onda de pasión con aquella vida adorable. que en su ingenuidad de cantar. ¡Que si la voz se comprase 113 . interpretaba tan bien el estado de su alma. cuando al pasar frente a cierta casa. Las niñas Morales estaban a la puerta. Ella iba a su lado. Hallábanse ya en pleno campo. golpeando distraída. pícaros! -les dijo Félix. porque el dolor es pa' mí! Chela no acertaba a comprender qué ocultas razones había tenido Carlos para proponerles aquel paseo.¡Pa' ella ha de ser la alegría. que antes de algunas horas vería desaparecer. se elevó entonces: "Llora tanto el que se quea como llora el que se va. pero tan contrario a las aficiones corrientes de su primo.. en señal de suprema despedida. por donde se escapaban torrentes de luz. Él sentía el aliento de su cuerpo. El artista vagabundo agregó aún otra copla a su tonada: "A toos los que me escuchan que me discurpen la voz. La explicación la tuvo luego. ¡Si el tiempo no fuera olvío el llanto formase un mar! José Antonio repitió mentalmente esta copla. tan hermoso. y desde allí agitaban sus pañuelos. La voz del acordeonista. José Antonio hubiera deseado que aquel viaje no terminara nunca. con su junquillo. A trechos pasaba el carrito junto a los árboles de la orilla del camino y el ramaje se había hecho tan frondoso que todos tenían que esquivar su azote. las barandas de hierro. veía hincharse su pecho a impulsos de la respiración.

. cada vez más distante." -Cántelas... Mirando a las estrellas que tembleteaban en un azul ideal. se bajó de la imperial más muerto que vivo. rompió a cantar." 114 .. oh.! Calló e hizo callar su instrumento. -Algo de la noche. oh. los trémulos sonidos del acordeón y la voz del roto que en mitad de la noche echaba al viento las quejas de su alma eternamente huérfana. ¿oye? -Sí. José Antonio.. -No las recuerdo. -y en voz muy baja. -En seco no se puede cantar. y cuando se reanudó la marcha. poco habituado a semejantes triunfos. Los jóvenes le prodigaron sus palmadas y el pobre hombre.también la comprase yo. noche entristecida. El carruaje se detuvo. Hace mucho tiempo que las aprendí. -Son Las Cadenas.. Otros pasajeros descendieron también.. noche solitaria. iban solos de nuevo y José Antonio se animó. Ni siquiera tuvo palabras para agradecer. agregó-: ¡Cuando no había para mí cadenas! -Cante otra cosa -dijo Félix. -respondió él. Salían a la sazón a campo raso y la claridad de la luna dio de lleno sobre el grupo.. primero a la sordina y luego con más seguridad y brío: "Bajo la sombra inmensa de tus oscuras alas cómo latir se siente la atmósfera del alma. Y tarareó: "Si las cadenas que a ti me ligan me fuera dado despedazar. José Antonio.. amigo José Antonio. confidencialmente.. se alcanzaron a oír de nuevo.

se llenaba de su misma tristeza: "El rayo de la estrella. Todo." Todos callaban también.. El torrente armonioso se quebró como si se hubiese roto una cuerda.. sobre los campos hundidos en la sombra. por engañar su soledad campesina. 115 .. -¿Cómo se llama. tuvieran otra patria! En ellas te diría. la brisa que nos habla con esa voz doliente de la última esperanza. no puedo. la queja de los vientos. Calló de repente José Antonio. y que eran ahora como un grito de su corazón herido.. Se hubiera dicho que se sentía aletear un alma en los espacios... la inmensidad callada... Chela se recogía en sí misma.. tuvieran otro asilo. ¡Perdonen! -¡Qué lástima! Es una romanza muy sentida.. El joven había comprendido que con los últimos versos asomarían a sus ojos las primeras lágrimas y prefirió hacer un fiasco a desnudar su dolor ante los demás.El viento se llevaba a lo lejos el enjambre dolorido de aquellas notas que él emitió otras veces por entretenimiento. José Antonio? -le preguntó Chela. si esas dulces notas del cielo despeñadas. -No puedo. bajo el cielo profundo. penetrada hasta lo íntimo por aquel dolor tan humano. como un ave moribunda. Y el clamor seguía: "Oh.. ¡Me he olvidado! -dijo con la voz temblorosa-.. llorado al dulce resplandor de las estrellas en mitad de los campos.

me obligarán a guardar silencio para toda la vida. aunque no dejaba de comprender que semejante actitud se debía a la escasa importancia de lo otro. con el esplendor de sus inviernos.. -¡La Cruz del Sur! -había dicho Anita. Complacíale su actitud indiferente y neutral ante sus asiduidades con Graciela. Y es que.. Es un vals muy antiguo.. de las cuales se sentía alejada. Prácticamente hubo de convencerse de que no tenía en él un rival temible y para pasarlo en definitiva le bastó. Aunque no hubiese ido José Antonio al lado suyo. José Antonio le encontró a la frase el sabor de un sarcasmo insoportable y tuvo que hacer un esfuerzo para no responder con alguna violencia.. 116 . a pesar de la enorme distancia que sentía entre su vida anterior y todas esas cosas de la provincia y del verano.-La sombra de la noche. Había acabado por simpatizar con aquel muchacho que en un principio se le atragantó. Perdíase en sus divagaciones. iba sintiéndose dominada por una fuerza misteriosa que no nacía de ella. lo abría adivinado.. Hacía tanto tiempo que no lo cantaba. -Con dos elogios como ése -dijo por fin. Esas eran otras gentes. siempre así. para quien los cuatro místicos clavos de la hermosa constelación austral eran familiares. -Usted obtendría un éxito con su voz en los salones de Santiago apuntó Carlos sin el menor viso de ironía. mientras sus compañeros se estremecían en señalar y contar las constelaciones vividas en el cielo puro. Y veía muy lejos a Santiago.. Desde el fondo de su tristeza. A Chela no había podido ocultársele la verdadera causa de la interrupción del canto. Acaso sería hermosa la vida así. con todo el estrépito y el fausto de su vida social. tomarlo como era.. envuelta en una atmósfera de suave y cálida ternura a que no estaba habituada. según indicación de Félix. que lo tenía olvidado.. a pesar de la natural prevención de su mundanismo por la cursilería de las canciones al claro de la luna y el anacronismo de los idilios románticos.

José Antonio. -¡Ay..Y resultó que los huéspedes santiaguinos.... -Aquí se puede repetir la famosa frase del diputado ante el Bío-Bío -dijo Carlos-. ¡Caso perdido! Joaquín palmoteó en el hombro a su amigo y se despidió. Las dulces quimeras volaron. Chela se apoyó. pensaba que allá en la gran capital no había siquiera tiempo para mirar el cielo. Marcos. se quedaron maravillados de los conocimientos de astronomía práctica de Anita. pero abrigaba grandes esperanzas en el viaje que harían juntos a la capital.... Después de la velada.. Pero llegaban ya a la larga avenida que conducía a las casas de la hacienda. el jardín. Acá.... entre cigarrillo y cigarrillo.. la luna. no está mal.. en el brazo que le tendía su amigo. esparcidas. que fue tibia y amable.. José Antonio había acabado por ceder. Joaquín. y deja los caballos. devanando la madeja.. -Yo me quedo un momento. Chela. cuyo índice iba de un punto a otro del firmamento. Yo no iré hasta mañana por allá. Y serena otra vez. realmente. bajó al patio. ¡Está la noche tan linda! -La noche. El joven movía la cabeza.. ojalá! -¿No vamos a dormir? -dijo Joaquín. y Carlos había hecho detenerse el vehículo. como si recorriesen las páginas de un libro abierto: -Allá. como vuelan las palomas desde un campanario. al verse solo. -Vete. Voy a pasear por el jardín. observando que la hora era ya muy avanzada. Instados por los dueños de casa a que se hospedasen aquella noche allí para partir todos juntos al siguiente día.. paseos.. las Tres Marías. Joaquín no dejaba de convenir con él en que.. tan repentina separación perjudicaba un poco sus planes.. 117 . tan ignorantes del espacio con el campo. Quería que nadie le viese. divagando siempre. Para ser éste un cielo de provincia. las Siete Cabrillas. con tu permiso. para descender.. tristemente. él y Joaquín se quedaron largo rato en el corredor.

pero no por tormentos de amor. José Antonio evocaba. Chela era la princesa encantada a quien habían robado en la cuna el corazón. para engañarle la pena que le produjo la muerte de su buena madre. a la luz de la luna. a pesar suyo. de monologar. que aparecía a sus propios ojos criminal la obsesión de un pensamiento que rondaba en torno suyo. Las reconoció enseguida. Recordó entonces los cuentos de hadas que leyera de muchacho o le contara Francisca...la humorada de escaparse por unos cuantos días. de divagar alrededor de esos extraños e insistentes pensamientos que son nuestro tormento y nuestra delicia cuando un dulce nombre femenino está siempre brotando en nuestros labios. divisó a Chela y Anita. bajo la luna que tamizaba entre el ramaje su fría luz de plata. acosándole como un bicho venenoso: la imagen de la amada desnudándose en el tibio misterio de su alcoba de virgen. Paso a paso por las veredas enarenadas. La casa se había sumido toda en un silencio propicio a la meditación y al sueño. estaba su pasión formada de tantas idealidades. Acaso en aquel momento durmiese. Era tan puro su amor. a la gran ciudad brillante.Sentía la necesidad de todos los enamorados.. Acaso leyese. y él el Príncipe Valiente.. que desafiaba todos los peligros hasta dar con la prenda perdida en el fondo de las montañas de nieve.. lleno de cólera.. sobre el fondo sombrío del follaje. ajena del todo a las angustias que le devoraban a él y una sonrisa -esa sonrisa triunfante y enloquecedora que él conocía tanto. sino por la ansiedad de su regreso a Santiago. Rumor de conversaciones perturbó el loco y dulce volar de sus quimeras. A la claridad lunar. arrullándolos en su pensamiento en nombre y la imagen adorados. de donde tuvo -mágica golondrina.. lo asaltaban.... Acaso. Y se perdió bajo los árboles. Hacia un extremo del jardín. Y el pobre muchacho se golpeó la frente con violencia para expulsar. las visiones pecaminosas que. Acaso estuviese también desvelada como él.. sentadas en un escaño.. se destacaban per118 . avergonzado.recogiese un poco su boca diminuta.

le daban más valor. Rebeca. lleno de un temor inconcebible. se percibían como hilachas de muselina. IX Faltaba aún media hora para la llegada del tren del sur. En el fondo. había sido fresco y agradable. y. Pero pensó inmediatamente que podría interpretarse su presencia allí como un espionaje indigno. corrió a echarse al escaño en que acababa de verlas y a cuyos pies brillaban. se complacía de aquellos obstáculos que. la ocasión decisiva. Las vio incorporarse y. que debía conducir las golondrinas a su residencia de invierno. sobre las faldas de la sierra. Quiso seguirlas. volviendo sobre sus pasos. que sabía ya. Comprendió que la oportunidad que le ofrecía de un modo providencial. el atropello de que había sido víctima su trovador. al entorpecer el curso de su idilio. hecho de mañana. Y las dejó pasar. El verano tocaba a su fin y el viaje desde Painahuén a la estación. que habían hecho una excursión furtiva durante la noche.fectamente sus siluetas. y que era aquél momento supremo. El corazón le latía violentamente. Más trágico habría sido. Y el Príncipe Valiente se detuvo. pero más digno. que no pudo percibir más que el murmullo. comprendió que no tenía derecho a seguir siendo tímido. Ellas pasaron. conversando en voz tan baja. muchas rosas deshojadas. jurando por todos los santos que llegarían a tiempo. ponía en sus sentimentalismos veraniegos la nota de un ridículo atroz. A lo lejos. Estaban todos. Avanzó un paso. y se detuvo. por los mismos autores. las primeras neblinas anunciadoras del otoño. aunque no dejaba tampoco de considerar que el detalle de las melenas cortadas con ignominiosas tijeras zootécnicas.. se desvió del sendero y se ocultó tras un árbol. con excepción de Carlos y Miguel. alcanzarlas. una 119 . a donde es de suponer y quisieron que se les dejase dormir un rato. conteniendo la respiración. con intermitencia de reloj que se destroza. al claro de la luna.. no abrigaba la menor esperanza de verle.

¿qué quiere usted? Me parece... haber pronunciado ya su última palabra.. ella. -¿Llorar? ¿Y por qué? -Lo sabe usted demasiado. aunque le disgustara.. en las primeras horas. cuando más se estaba acostumbrando a él. El joven había dormido sólo a intervalos.. y se sintió también más descorazonado que nunca. que se hablase así. que creía haberlo dicho todo. A José Antonio le parecía imposible. de la pena de dejar el campo. la noche víspera. Como viera que ella se volvía para mirarle a los ojos. la separación empezaba para él antes de la despedida. porque de otro modo acaso lloraría. y declaraba que guardaría por mucho tiempo el recuerdo de Los Rosales en donde había hecho tan bellas amistades. no tendría ella tiempo para hacérselo sentir. ¡adiós! Por su parte. Al fin era tan deliciosa 120 . el campo no va a ser lo mismo. Y suspiró. inclinó la vista y terminó la frase casi tartamudeando: -Me parece que cuando ya no esté usted aquí.. preparándose para aprovechar la primera oportunidad y decírselo todo. Hablaba en general. ya el insomnio hizo su presa en él y apenas clareó el día José Antonio dejó el lecho para darse un baño frío que tonificara sus nervios agitados y alejara la fiebre de sus venas.estocada o un pistoletazo. Ya Chela había observado en José Antonio la fisonomía fatigada y el gesto triste. José Antonio. Durante el trayecto a la estación. Así. ¡Ah!. -¿Suspira usted? -Es preferible. Y luego. después de lo ocurrido en el jardín.. al oírla. Se veía ahora más distanciado que nunca de aquella alma que aparecía tan ajena e indiferente a su dolor. -Así lo siento yo. Ella también se entristecía a su pesar. "¿Qué hacer?" -se dijo. no ofrecía al joven la oportunidad con que él soñaba. Pero a eso de las tres... ¡Hoy se va de Los Rosales la alegría! -¿Por qué? No diga eso. minutos antes de la partida. -Guardó silencio. habló muy poco..

como otros años. -Guárdela -le dijo-.. Temía pasar aburrida y sólo acabó por hacerla consentir la sinceridad con que don Javier le declaró que tenía necesidad de descansar de veras. con que lo diga usted.. pero no se olvide de las que tiene que llevarme. amigo mío! En este momento. pero con mucha pena' -Me basta. ¡cómo haría yo para que usted creyese que no me voy sino con mucha pena. ¿qué 121 . ¿Por qué dudarlo? ¿Por qué dudarlo? Pero. Chela observó cómo le temblaba al pobre mozo la mano con que había recibido la flor.... tan absoluto era el olvido en que había dejado su existencia anterior. y que ese reposo no podría encontrarlo en las playas a la moda. quién sabe hasta cuándo. por consejo médico. Al oír ahora a José Antonio.. a Viña del Mar o Cartagena. por lo menos. -¿Olvidarme? No he de pensar en otra cosa. y se la pasó. que a tiempo de separarse de aquellos lugares sentíase invadida de una emoción a la que le costaba no poco sobreponerse. lo que dure la rosa? -¡Chela! ¿Por qué me hace sufrir? -¡No sufre usted solo.la vida que había hecho. no volvería a ver. tan a sus anchas. para llevarlo a la estación. Chela. con movimiento rápido y nervioso. se arrancó una rosa. ¡pero que sea suyo! Del gran ramo de rosas que José Antonio había hecho cortar de madrugada. Recordaba cuánto le había costado decidirse a venir a Painahuén. Ahora la veía él abarcarlo todo con una amplia mirada circular y extender los brazos como si quisiese llevarse consigo aquello que le había sido tan grato y que ya. -¿Pero qué? -Desde hace días me persigue la idea de conservar algo suyo.... -¿Le durará el recuerdo. entusiasmada había extraído un ramillete y prendióselo al pecho. en vez de ir. Chela. algo que usted no aprecia por insignificante. -José Antonio..

¡Si usted viera! Con los remedios del "dotor" lo bien que se ha "sentío.. a la que se presumía ya a muchos pies bajo tierra. Anita reconoció de pronto a Eudocia en una mujer que ocupaba un asiento entre un grupo de campesinos y se detuvo a saludarla.. Anita había enmudecido de emoción.. mirando a Félix. -Pues si es tan "acertao" ahora. preguntándole con interés por la enferma. pidiéndole con el gesto 122 . Ya se sentaba sola en la cama. José Antonio se llevó a los labios la rosa.. ¡Cómo irá a ser después! Ingenuamente creía la campesina que el título otorgado por el Estado agregaría virtud curativa a los tratamientos profesionales del flamante doctor. fijaba la vista en un punto lejano. -Sí.que han sido más bien sus oraciones que mis medicamentos. mientras Chela. Félix resplandecía ante aquel hermoso pretexto que se le ofrecía. se le había pasado el ronquido del pecho y conocía a todos los que iban a verla. -¿El "dotor" se va? -preguntó Eudocia. -Félix debería quedarse un día más -dijo Chela con la mayor naturalidad. -¿Y para qué? -Quizás con una nueva visita y un cambio de tratamiento la enferma mejorase definitivamente.. asintiendo con la indicación de la señorita. para permanecer en el campo uno o dos días más.. Chela y José Antonio se habían aproximado a su vez a la campesina. que se extendió en detalles acerca de la mejoría creciente de la valetudinaria.quiere usted que le diga? Tengamos presente lo que nos hemos dicho. misiá Anita.. Eudocia.. porque todavía no soy recibido. Eudocia le miraba a los ojos. -¡Gracias! Y obedeciendo a un ímpetu inconsciente.. -Está más mejor. Tengo que irme para que me den mi título. -Yo creo -le dijo el estudiante.." Ella sonrió. sonriendo levemente.

cumplida su temporada veraniega. Era precisamente lo que ella pensaba... ya tardía. sin atreverse a decirlo en alta voz. Pero él. temiendo por la sonrisa maliciosa con que todos recibirían su resolución afirmativa. indigno de un hombre que estaba a punto de ser médico. e impuesto de lo que ocurría.. apostrofó a Félix por su egoísmo. y enlazó a ella por un brazo.y es el de visitar a esta enferma. Apenas los apuntes. Se formó el barullo de los embarcos. pero. -Para usted hay un solo deber ahora -le dijo.que dijera que sí. ¡Empezaron los abrazos. en aquella deliberación. Yo bien quisiera.. Ellos no eran los primeros. que en el fondo no deseaba otra cosa.. insistió en la denegatoria: -Marzo está encima -dijo. el regreso de los veraneantes. sintiendo ímpetu de apretar los puños-.. pero no eran tampoco los últimos. 123 . los adioses repetidos e inacabables! -¿Y esos muchachos? -preguntó la señora Irene. En todos los vagones se divisaban pasajeras y pasajeros. se dejó convencer. de Miguel y de Carlos. pues acaso de su bondad dependería una vida. ¿No podía hacer el borrador de la "memoria" aquí y acabar el trabajo a su llegada a Santiago? Anita había agradecido a su hermano tan oportuna intervención." Había empezado. José Antonio participó entonces.y no tengo ni la "memoria" hecha. Eso no admite duda.. en efecto. Y Chela miró a Anita... al que pronto se vio venir. notando la ausencia. el maldito va dejando los campos sin golondrinas. Por veinticuatro horas no va usted a perder su carrera. oportunamente. Joaquín se incorporaba al grupo. manchando con su humo la diafanidad matinal de la atmósfera y llenando con su estruendo el vasto silencio del paisaje. Se anunció en aquel instante el tren. que temblaba todavía. El estudiante. "¡Ah! -pensó José Antonio. arguyendo que también en el campo se podía trabajar. en cuya fisonomía y modales se podía observar fácilmente que eran también golondrinas que volvían. La mujer se había puesto triste. En ese instante.. con efusión de hermana.

Ruidosamente penetraron hasta el andén los retrasados. se quitó su sombrero. bajo la sugestión de aquella vida pura.. ansiosos de enviarse esa postrera despedida que se hace con la mano.. rompió a sollozar y sollozó largamente.! El conductor no habría tenido inconveniente en esperarlos.. Se irán mañana.. Solo.... 124 . Una mano salió fuera de la ventanilla. De pronto sintió un suave y tibio roce sobre la frente... No te desesperes. -Hombres -les dijo Joaquín-. José Antonio se entregó a sus melancólicas divagaciones. golondrinas.. Ella volverá.. Los viajeros habían subido ya y se asomaban por las ventanillas.. Ella volverá. -Tú lo dices -exclamó. pálido de angustia. Se sentía ¡tan triste!. Todos clavaban sus ojos en la ruidosa caravana de acero que se alejaba. no había felicidad posible sobre la tierra. ¡tan desgraciado! La vida no tenía encantos para él..-Yo se lo pronostiqué -respondió Joaquín-.. un pañuelo blanco se agitó en el aire. El conductor dio la señal y partió de nuevo el tren.y necesito creerlo. "¡Adiós. Y convencido más que nunca de serle indiferente a ella y de que jamás conseguiría ser amado. inconsolablemente. El mundo estaba desierto. José Antonio.. de nuevo en su silencioso dormitorio. ¡haber avisado.!" Se perdió en una revuelta de la vía el punto negro a que había quedado reducido el tren y las miradas profundamente tristes de José Antonio siguieron las locas volteretas de una humareda que cada vez se iba haciendo más y más desvanecida.. José Antonio.. como un niño en el regazo de su madre. Félix y Joaquín le imitaron. Anita se inclinaba junto a él: -¡Hermano! ¡Hermanito mío! No sufras así. de aquella juventud tierna y vibrante que llegaba hasta él en ese momento de honda desolación.. que se empequeñecía cada vez más. trémulo. a tiempo que una mano le atusaba los desgreñados cabellos. su porvenir estaba perdido. se sintió fortalecido. José Antonio. -Confía...

la noche estaba oscura y había una infinita paz sobre los campos sumidos en el sueño. en efecto. Quince días más tarde. les enviaré una postal a cada uno. a quien su hermano se brindó cariñoso a acompañar a la estación. TERCERA PARTE DOLOR SECRETO 125 . bajo el cielo acribillado de estrellas. gracias a que Joaquín. Se abría a la sazón el otoño. desbordante de frases de gratitud y buen recuerdo. el estudiante anunció que acababa de recibir el codiciado título. Y fue todo lo que de Santiago se supo en Los Rosales. a tiempo que Chela comunicaba que don Javier había logrado terminar con felicidad sus gestiones políticas.-Tú eres buena. Félix partió al día siguiente. La consoladora tarjeta llegó. Afuera. recibió de Félix esta promesa junto con el último apretón de manos: -En cuanto llegue a Santiago. Anita. cuidó de conducirles él mismo a su pieza y dejarles encerrados bajo llave. dos días después junto con la otra de Chela. Anita. previsor como hombre de experiencia que era. Carlos y Miguel lograron también llegar a tiempo a la estación. y Dios te prestará oídos.

Empezaba el invierno y el campo se ponía triste. a un compromiso solemnemente contraído: pero al mismo tiempo. de rehacer de la ruina cierta que había amenazado su porvenir y el de sus hijos. A ti tampoco te disgustaría oír unos cuantos gorjeos. cuando lo recordaba. había convencido a su amigo de la necesidad de instalar en Painahuén un aparato telefónico que los pudiera poner a cualquier hora en comunicación rápida e inmediata. Joaquín no era reacio a los adelantos de cualquier orden ni se asustaba de ver los campos llenos de maquinarias. La vieja e inalterable amistad que. como buen santiaguino. unía a Joaquín y José Antonio. se hacía más honda y firme ahora que algo de común había en sus recuerdos y en sus esperanzas. vibrando intensamente en el silencio de la sala. le hizo dar un salto. Porque lo deseaba vivamente. según su frase favorita. ardientemente.I Pasó el otoño. sin pecar de grosero. Era Joaquín que le llamaba para decirle que se hacía ya tiempo de cumplir la palabra empeñada con la Golondrina. sin peligro de quedarse en la calle. y además no podía faltar. experimentaba una sensación ex126 . No era un agricultor de raza como José Antonio. ¿Qué te parece? Más de una y cien veces había pensado José Antonio en este temido y deseado viaje a la capital. como decía. Sabes qué. El joven propietario de Los Rosales. que llegaron a Los Rosales como un eco tardío de los bullicios del verano. ni "sentía el campo". soy un gran lírico. a pesar de la diferencia de edades. Su sueño dorado era poder alguna vez irse a residir a Santiago. amigo siempre de los progresos de la vida moderna. cuando la campanilla del teléfono. sino que para él la agricultura importaba sólo un medio de "capear el temporal". Las últimas alegrías se fueron con las vendimias. -Ningún momento más oportuno que éste -le decía-. Se preparaba una mañana José Antonio para salir a recorrer sus campos. Habrás visto en los diarios que se ha iniciado ya la temporada de ópera.

Además. Y quedamos listos.. como todos. ¿Todo bien allí? -Sin cuidado. no había vuelto a escribir una palabra. Durante cuatro meses había asistido al drama silencioso de las penas de amor de su pobre hermano. para que se acompañe con Rosario.traña de angustia y de miedo. que aquel plazo. para quien Santiago era como la enorme boca de un monstruo que no devolvía jamás lo que tragaba. mañana. tenía que llegar a su término. junto con tres alumnos igualmente aventajados. No abría ahora los diarios y las revistas de la capital sin sentir sacudido el corazón por violentas palpitaciones: la sección de vida social era su derrotero y hasta una vez. Comprendiendo. -Espléndido. que soy un campesino de tomo y lomo. debía dirigirse a Europa a completar sus estudios. Ir a Santiago para mí. Por los diarios supo que el novel doctor. porque Félix. hasta mañana.. en vísperas de exámenes. Nada de concreto dijo a José Antonio al despedirlo.. -Entonces. y ya temía que su amigo partiese sin decirle adiós. Anita se llenó de júbilo cuando José Antonio le dio la noticia. empezaba a vacilar y quizás hasta dar razón a su hermano. para ocuparme hoy de los preparativos. pensionado por el gobierno. Magnífico. siquiera desde lejos y con el fácil saludo de una postal. ayer he recibido aviso de mi agente en Santiago respecto al automóvil que me resolví a encargar. ¿Y allí? -Perfectamente. vio a Graciela. y ella también tenía sus penas.. entre los grabados de una revista. en un acompañamiento de novios. como le ocurrió en sus años de colegio. Por firme que fuese el fondo de su carácter y por honda que estuviese en su ánimo la fe. es como ir a Roma. ingrato como todos los ausentes. sin embargo. contestó: -Me parece muy bien. así fuese el más puro e ideal de los afectos. -Hasta mañana. ¿Vienes ahora mismo? -No. ni le hizo 127 . Puede traer entonces a Anita.

perdida ya toda cortedad. iba sintiéndose menos dueño de sí mismo. con una insinuante sonrisa. apelaba a ciertos recursos sentimentales.la menor insinuación. a medida que se alejaba de los dominios familiares. Joaquín le charlaba de mil cosas.. Esto tranquilizó un tanto a José Antonio que. golpeándole el muslo. jugando. quedaban solos. -¿Qué? -Que este viaje se parece al de don Lucas Gómez.. Era la gran ciudad. Habían llegado. -Pero no dejarás tú de confesar que hay en las flores una poesía que no pueden tener las aves de corral. porque él la quería demasiado y estaba demasiado habituado a leer en su corazón para no comprender todas las esperanzas que Anita fundaba en aquel viaje a la capital. Y le decía: -"Yo también he pensado en usted". la fastuosa capital que 128 . -¿Sabes una cosa? -dijo José Antonio a Joaquín. Los viajeros movían sus equipajes y abrían las ventanillas para pasarlos a los encargados que. -Llegamos. ponía un gesto desolado al referirse a su retiro de Los Rosales y concluía. No tenía pensamiento más que para soñar. poniéndose al nivel de la conversación general. como si suspirara. De todos modos son ofrendas del campo a la ciudad. por hacer una declaración en forma. esperaban a la orilla del andén. Se imaginaba ya en casa del senador. como miraba sin ver los paisajes que iban desfilando a ambos lados de la línea. así que estuvieron instalados. sentado junto a ella que le atendía complacida. Y él. -¡Hombre! ¿Por qué? -Él llevaba gallinas y yo llevo estas matas de rosas. Toda su vida estaba en su alma. Y Chela. Chela inclinaba la cabeza. a narrarle hora por hora los días transcurridos desde que dejaron de verse. De pronto. hablaba un poco de todo. hombre -le gritó Joaquín. pero no tenía tampoco necesidad de ello. pero él escuchaba sin oír. le instaba a confesarse. Luego él hacía más íntima la conversación. con ojos ávidos. José Antonio se incorporó sobresaltado. en efecto. con una rosa de las que él llevara y levemente decía "sí".

tan tranquilo y apacible. indicando el nombre de sus propietarios. habría que inventar otro medio igualmente eficaz de reunir a lo más selecto y brillante de una sociedad culta. mientras se dirigían al Municipal-. el gran Santiago de la política. el ruido urbano. pensó que tal vez fuera oportuno hacerle desembalar desde luego y probarlo. se sentía a sus anchas. Decididamente -como decía Joaquín a su amigo. y especialmente aquéllos a cuya redacción estaba más vinculado Padovani. célebre cantante. habían hecho una propaganda ensordecedora. Todo Santiago. Sus ojos parecían agradecerle aquel paseo a lo largo de la Alameda. los carruajes. La expectativa era. casi insolentes. enorme y la sala del teatro estaba como pocas veces de hermosa. que no sabía aún si iría a prolongarse o no. por las calles de la capital. los tranvías. naturalmente. Venía del fondo de los campos y. por lo que pudiera ofrecérsele durante su permanencia en la capital. pero a él le parecía más bullicioso. a quien los diarios.sólo una vez había visitado después de la época estudiantil. de las letras y de la fortuna resplandecía esa noche allí. antes de llevárselo a la hacienda. Nada había variado en Santiago. el contraste de las sensaciones hacía que fuera más viva en él la más reciente. más inquieto que antes. la vasta colmena humana en incesante agitación.. y bajó del tren llevando personalmente los maceteros con las rosas que no quería exponer al maltrato de los cargadores. Aquella noche debutaba la Castelli. sonrió en su interior a la imagen de Anita que ahora estaría recordándole también. rápidos. La vista de algunos automóviles en la estación le había hecho recordar el suyo y ahora al mirarlos pasar en una y otra dirección. Joaquín. y José Antonio trató de interesarse. Comenzó a señalar los palacios.. ciertamente. casi con voluptuosidad. pues. José Antonio 129 . si no hubiera grandes músicos que escribieran para los grandes cantantes. Fugazmente evocó José Antonio la visión de Los Rosales. en cambio. Respiraba con fruición. Allí estaba el hervidero de gente. entre los árboles casi desnudos y los edificios cuyas fachadas le eran tan conocidas. de la aristocracia.

en compañía de algunos camaradas. hasta se puso locuaz. observó distraída el ademán. Cuando colegial. La vorágine de la capital lo tenía aturdido.quedó deslumbrado. Terminado el primer acto. ¿que no es Joaquín? -¿Quién? ¿El de los gemelos? Sí. después de los saludos de fórmula. En vano Joaquín le daba ánimos. con todo el esplendor de su atavío. agregó: 130 . que hiciera cuenta de hallarse en Los Rosales y que toda esa turba desocupada y flamante que pasaba por pasar no era sino un apacible piño de ganado. -Sí. como la de un sueño remoto y ahora le pareció que la sala entera.. hombre! -le decía Joaquín. creyendo reconocerle. Y Joaquín. sentado junto a ella: -Papá. Habían comido donde Gage. se le venía encima. Joaquín abandonó su asiento y se dirigió al palco del senador. clavó sus gemelos en uno determinado. En cada mujer hermosa y elegante. él mismo. Chela no lograba ver al joven hacendado. con campechano cinismo. -¿José Antonio? ¿Pero es usted? -no pudo menos de preguntarle. pero no era lo mismo. Chela. diciéndole. previsor siempre y sin olvidarse un punto de la misión de que venía investido. que estaba allí. se había encaramado a las alturas del paraíso. después de gandulear un poco por el centro. que venia tras los pasos de Joaquín. -¡Así me gustas. de esas que son la gloria vespertina de la calle Huérfanos. Se daba el “Fausto” de Gounod. a su amigo del verano. José Antonio creía de improviso ver a Graciela y no acertaba a saber si la desilusión lo ponía alegre o triste.. preguntó a don Javier. él mismo -respondió. ya a los postres. pero. Joaquín. Seguido de José Antonio. porque de aquellas noches conservaba una visión rara y desvanecida. que ya había recorrido con la vista detenidamente todos los palcos. en aquel mozo de figura poco distinguida. que. Disimuladamente Joaquín cargó la mano a su amigo. En la comida bebieron fuerte. tratando de recobrar un aplomo que acababa de perder en cuanto se levantó la cortinilla del palco.

el cuello muy grueso. Él. cohibido. sintiéndose náufrago en aquel sitio de lujo donde todo marchaba: la luz. a quien aprendió a admirar y de quien conservó. Chela sonrió. tan encogido y desairado! José Antonio. de cuentos de hadas. por algún tiempo. no acertaba a decir una palabra. tendiendo certeramente con su lazo a un toro bravío. Y luego. dirigiendo las faenas rurales.-Es él mismo. Aquí resultaba excesivamente provinciano. una era regalo suyo y la otra un recuerdo de su hermana. no sabía llevar el “smoking” ni los guantes.. a la luz magnífica de la sala. Aquel sobrenombre cariñoso. ¿hasta de eso se ha acordado usted? -Son de las preferidas por usted. faltábanle los modales cortesanos.cuándo podremos cumplir 131 . puede decirse por ella misma. allá en Los Rosales. estaba bien. Este era buen mozo. Y es que ella había olvidado ya todo. José Antonio le dijo entonces que de las dos matas de rosas que traía. las joyas.. junto a ella.. Tenía las espaldas demasiado anchas. no era ése José Antonio que ella conociera. ¡Y aparecía allí. se dio cuenta de la situación e intervino con toda oportunidad. que viene a ver a la Golondrina antes que ella vuelva.. ella le había estado examinando de pies a cabeza. plantado sobre su caballo.. inventado. Pero no era distinguido. llevado aparte por don Javier para contarle las últimas curiosas incidencias de la política. frente a la naturaleza. preguntó por ella. y los rasgos acentuados de su fisonomía acusaban nobleza. No.. -Pero. Cuidándolas hemos rivalizado por la primera vez... acordándose de Anita. le sonó sin embargo como una cosa extraña. ¿recuerda? Mientras hablaban. pero allá. los perfumes. pero que ahora le parecía de una belleza ideal. el matiz ardiente de los pechos escotados desvanecidos junto a aquella mujer a quien siempre halló hermosa. -¡Qué trabajo! -murmuró con un tono indiferente. un recuerdo lleno de simpatía. -Ya las verá usted. satisfecha. Joaquín. -Nosotros deseamos saber –dijo. como el otro. los trajes vaporosos.

pero sin poder disimular del todo su entusiasmo: -Es el vizconde de Arno. 132 . -¿Ustedes van a estar muchos días aquí? -Lo menos posible. pero que se traía conquistados a todos los muchachos de Santiago. ¿Será oportuno mañana? -Mañana se vienen ustedes a comer con nosotros -replicó don Javier. Estarán Joaquín y José Antonio... Vente mañana a comer con nosotros -le dijo don Javier-.respondió José Antonio-. Don Javier explicó a Joaquín que el joven vizconde de Arno era adicto a la legación de España. Carlos dijo. impertinente de puro cortés. -Como no.. volvió entonces la vista. -Es usted un agricultor hecho y derecho. Joaquín no había querido hospedarse nunca en casa del senador.No los invito a almorzar. he venido con un solo objeto. Yo al menos. Pero me permitirán llegar más tarde como un invitado.. que había ido desinteresándose. Entraba en ese momento al palco Carlos Larraeta. como con desgano.con nuestro encargo. ¡Muchacho más excelente! Hemos pasado juntos una tarde espléndida.. señor.. eso no. de la conversación para recorrer con sus gemelos a la concurrencia. véngase a casa. -No me será posible. -No. mil gracias. Siempre que vengo a la capital no lo hago por algunas horas y nunca regreso sino después de muchos días. Demasiado amigo de sus horas. Joaquín? -Yo ni sé todavía. -Gracias. poco a poco. -Pues. Saludó afablemente a Joaquín y tendió a José Antonio la mano enguantada. Chela. un mozo muy simpático que no tenía más renta que la que recibía de una tía vieja. Almuerzo con Su Excelencia.. porque tengo mi mañana comprometida. ¿Y usted. Sigamos respetando el compromiso. agregándole un “señor”. Y en cuanto lo cumpla. Y..

de esos que hacen pensar en el polo.hacia el palco de Graciela. se estuvo paseando con insensata obstinación de enamorado frente al edificio. pues se le imaginaba que todos se entretenían en espiarle. mientras Joaquín llamaba un coche. pero no de frío. Y durante una hora. El ruido de los aplausos y los crescendos de la orquesta lo retraían bruscamente al mundo y entonces se extrañaba de ver a su lado a Joaquín que palmoteaba enloquecido. Un pobre diablo.. en cuyos cristales se reflejaban hostilmente los rayos del alumbrado público. Su imaginación pegaba aletazos formidables y él perdía toda conciencia de la vida exterior. -Como gustes. Miraba hacia las ventanas silenciosas y quietas. -No. cierta extraña fiebre. acariciaba la loca esperanza de que ella le mirase a su vez! Pero no: los gemelos de Chela no se apartaron nunca de la escena. Pero él no lo sentía. Joaquín invitó a José Antonio a pasar un rato al club. Envuelto por aquella atmósfera suntuosa. Después de la velada lírica. Algunos transeúntes lo observaban con extrañeza. Temblaba. con todas las trazas de un cesante consuetudinario. se detuvo a su lado para pedirle un cigarrillo y una moneda. En el entreacto vio vacío el palco y se lo hizo notar a Joaquín: -Habrán salido al pasillo -le dijo éste. ¡Acaso. cuando vio alzarse el telón y los jóvenes abandonaron el palco. se transportaba. a la inversa. en el fondo. José Antonio sabía ya perfectamente cuál era y dónde estaba ubicado el palacete del senador. Sentía. -Te voy a dejar..desviando la conversación. un frío santiaguino.: ¿Vamos? Pero José Antonio no se movió de su asiento. José Antonio se sentía desaparecer. Durante el segundo acto. quiero irme a pie. Hacía frío. José Antonio no tuvo ojos sino para mirar -con disimulo ciertamente. Pero el joven pretextó cansancio y necesidad de dormir y habló de irse al hotel. El joven se los dio. 133 . iba a volver a su tema político en mala hora interrumpido. seguro de que en el club encontraría Joaquín entretenimientos hasta la madrugada.

. con golilla y jubón. Pero a lo mejor se cambiaban las figuras y él veía a través de la capa roja a un caballero vestido a la usanza del siglo XVIII. que entraba en ese instante. pensaba en ese vizconde de Arno. Después. en mitad del camino. ardientemente. que tenía la cara de Graciela. Y José Antonio. de vuelta del club. bastante alegrillo. le dijo: -¡Señor vizconde de Arno! ¡Sois un mal caballero. abominó de los cazadores de dotes -porque ese vizconde de Arno no podía venir a América. Y... 134 .. con todo su corazón. sin despertarse del todo. Veía pasar a Margarita. le detenía un señor de monóculo. Y presa de una obsesión tiránica. -¡Con la luz encendida! -gritó Joaquín. Se durmió y soñó un sueño largo y disparatado. envuelto en una capa roja. precisamente la de la alcoba de Margarita. disculpa.. lugares y figuras en un desconcierto monstruoso. a quien tan inoportunamente había aludido el primo Carlos. que una ráfaga de mala fortuna se llevara los millones de don Javier. acercándose. Le parecía que ese nombre no se había pronunciado en vano en aquel momento. El señor del monóculo se sonreía: era Mefistófeles.casi sin fijarse en él. se dijo que era un loco. en el que mezclaron fechas. Él estaba en Los Rosales y era Fausto. que él mismo calificaba de inexplicable y absurda.. y de repente al seguir tras ella. Me he dormido leyendo “Fausto” y estaba soñando tonterías. sino a captarse una heredera de la talla de Graciela-. -¿Estás loco o lo estoy yo? -le preguntó su amigo. -Hombre. deseó. que semejantes pensamientos no podían ser sino los de un animal. que ella empobreciera. más consolado ya se dirigió al hotel y se quedó dormido releyendo el libreto de Fausto.!. que tenía todo el prestigio de un título auténtico. Y temeroso de aquel rival desconocido. que nada le autorizaba para divagar de aquel modo. Estaban ambos frente al palacete y Mefistófeles le invitaba con diabólica sonrisa a escalar el muro y a abrir una de las ventanas. donde se veía brillar una luz.

Voy a dormirme. Corrió el champaña como en mis mejores tiempos. había dejado a otro alumno su puesto en el Manicomio y allí nadie conocía su domicilio. ¿por qué nombrabas al vizconde ése? -No lo conozco. a raíz de la adquisición del título. -Usa monóculo. -La verdad es que ya no la necesitamos para nada.Comenzaba a amanecer. que acababa de desvestirse. -¿Parece que te has divertido? -¡Ah -dijo Joaquín-. Y dime. el hombre expresó que era cosa fácil lo que pretendía y que para eso bastaba ponerse al habla con algún garaje acreditado. pero le tengo aquí respondió José Antonio... -Estaba en el club.. Carlos también estaba. Es un gran muchacho. José Antonio se vistió y salió a la calle. se volvió extrañado: -¿No dijiste que no le conocías? ¿Cómo sabes que usa monóculo? -Hombre... dejando encargado que si su amigo preguntaba por él le dijesen que estaría de vuelta antes de las cinco. II Félix. En efecto. porque en las novelas que he leído no hay vizconde que no lo lleve.. -Apaga la luz..! Más de tres mil quinientos. Los vidrios de la ventana se ponían levemente azules y se oía no lejos el sordo rodar de los primeros tranvías.. estuve con toda la leche. Gratamente sorprendido de tenerle delante.. El vizconde perdió qué sé yo cuánto. era de día. ¿no es cierto? -preguntó con alarma José Antonio Joaquín. -Yo creo que a las tres puede estar el carruaje listo. Entonces José Antonio se fue a ver al agente por cuyo intermedio había encargado el automóvil... donde us135 . Se había acordado de Félix y se propuso dar con él. llevándose una mano a la garganta. La ciudad despertaba.

ted lo necesite -dijo. -¿Y para enviarlo a Los Rosales? -Se envía armado, en un carro especial. Descuide usted. Entonces, convenido. José Antonio dio la dirección de su hotel y no hallando qué hacer en aquella inmensa ciudad, donde tan pocos amigos tenía, se fue a la Quinta Normal. ¡Cuántos buenos recuerdos conservaba de aquel sitio tan familiar para él en sus buenos años de estudiante! Lejos estaba él por aquel entonces, de saber lo que eran estas penas de amor que le devoraban ahora. Por ese tiempo, Graciela sería acaso una polluela insignificante, cuyo único ideal consistía en hacer rabiar a las Hermanas y dedicarse, desde lejos, sonrisas inocentes con algún precoz que seguía sus pasos de colegiala. Acaso él mismo la divisó alguna vez sin fijarse mayormente en ella. Mientras que ahora... Y evocaba José Antonio la visión magnifica de la noche anterior: el teatro desbordante de suntuosidad y de belleza, y en un palco, ella, triunfadora siempre, más, mucho más por encima de él, que lo que había estado en el campo, en medio de la vida rural y en la suave e inapreciable complicidad del ocio veraniego. Erró, solitario, por las avenidas. Se detuvo al borde de los estanques- presuntuosamente llamados lagos-, donde muchachos colegiales se divertían, como lo hiciera él entonces, gobernando un bote y luego, llevado siempre de sus evocaciones infantiles, ganó el campo raso y fue a dar a los terrenos de cultivo. Nada había variado. Todo lo veía lo mismo, sólo que ya no eran él y sus compañeros los que amasaban aquella tierra ni limpiaban esos viñedos. De todos, quizás a él sólo le había tocado volver. ¿Los otros? ¿Donde estarían los otros? Unos muertos, otros convertidos en funcionarios públicos, otros aventurados por países extranjeros, y otros, finalmente, como él, sepultados en el fondo de alguna provincia lejana, preparándose para dar a la tierra lo que sacaban anualmente de ella... Había sol, un sol pálido de invierno, que hacía brillar las cumbres de la cordillera de nieve. El suelo estaba húmedo y a lo lejos 136

se levantaba un vaporcito blanquecino como el vaho que dejan escapar por los poros, en las horas de frío, las bestias fatigadas. José Antonio sintió apetito. Su reloj marcaba las doce menos cuarto. El restaurante estaba a un paso. Pero se le hacía pesado almorzar solo, encontrando absurdamente irónico que en una ciudad de cuatrocientas mil almas no hubiese quien lo acompañase a la mesa. Sintió, con honda intensidad, acaso por la primera vez en su vida, el peso frío y aplastante de la soledad. Y franqueó la puerta de la escuela, sonando en dar con algún conocido, con cualquiera a quien saludar y estrechar la mano, cambiando recuerdo por recuerdo. -José Antonio... ¿Pero es posible? ¡Tanto gusto! Este grito de júbilo, salido de una mesa donde un hombre escribía, hizo pasar por la memoria del joven, con la fugacidad de un relámpago, una serie de imágenes simpáticas. El hombre, entretanto, se había puesto de pie y venía hacia él, con los brazos abiertos. Era don Zoilo, el inspector general, el mismo de aquellos años, ni más joven ni más viejo, igual, con su calva lustrosa y sus lentes de montura de carey. -¡Don Zoilo! ¡El gusto es para mí! Pero don Zoilo, esclavizado por sus deberes, no pudo moverse y José Antonio hubo de quedarse a almorzar con él, en compañía de dos inspectores más. -¿Y qué tal la vida? ¿Qué tal? -Así, así... se trabaja, se hace algo. -Sí, ya sé que es usted rico. -Tanto como eso no... Trabajo personalmente y me resulta. -¡Y luego dicen que ni el Instituto ni la escuela sirven para nada! Usted, José Antonio, es una prueba elocuente de lo contrario, un mentís solemne a cuantos han dado en denigrar a estos establecimientos. ¿Y qué le trae por acá? -Una diligencia rápida. He comprado un automóvil... La palabra automóvil hizo abrirse enormemente los ojos a todos los oyentes. Aquel señor era entonces un hombre acaudalado, un gran agricultor, puesto que se permitía el lujo de llevar un 137

automóvil a su hacienda... El mismo don Zoilo, bien penetrado de la consideración que se debe a la gente de dinero, comenzó a nombrar a su ex alumno con un “don” perfectamente respetuoso. Y José Antonio salió de allí encantado, pensando que todavía quedaban personas amables sobre la tierra. El vino de la Quinta era, por lo demás, de primer orden y él saboreando a sorbos, se acordó una vez más de Los Rosales. Al encontrarse de nuevo en plena calle, se dio cuenta José Antonio de que no tenía para dónde cortar. “He aquí -se dijo- un provinciano que no sabe qué hacer”. Tomó un tranvía que pasaba con dirección al centro, con el propósito de vagabundear por los portales, no porque estuviese esto dentro de sus aficiones, sino porque –pensando siempre en Félix– recordó aquel dicho, según el cual no se va a los alrededores de la Plaza de Armas sin dar con la persona que se busca. El día, entretanto, se había puesto francamente hermoso. Habíanse desvanecido los vapores de la atmósfera y la ciudad radiaba bajo un cielo cristalino. El tranvía pasó frente al Congreso y José Antonio tuvo tentaciones de bajarse a presenciar una sesión. ¡Sería hermoso ver cómo se conducía don Javier! Pero se arrepintió, prefiriendo disfrutar aún de las bellezas del día. ¿Y dónde saborearlas más bien que en el Santa Lucía, del cual conservaba un recuerdo tan dulce como una ilusión? “¡Heme aquí convertido en turista!” –pensaba, mientras ascendía las escalinatas. Tropezó con algunos colegiales divertidos que caló inmediatamente como cimarreros. Muchos escaños estaban ocupados: paseantes solitarios y meditabundos lectores, tal cual niñeras con su cochecito y su soldado, y hasta, en los sitios más discretos, algunas parejas sugestivas... “Pichones... Pichones...” -pensaba el joven, sonriendo. Parecióle el cerro inferior a la impresión viva y casi mágica que de él guardaba todavía. Muy bonito, muy bonito, pero nada de extraordinario. ¿Dónde estaban, qué se habían hecho todas esas maravillas 138

que le embelesaron de niño? Sin saber cómo, paso a paso, se encontró en la plazoleta de la cumbre. Trepó las escaleras de piedra y ganó el mirador, desde cuyos escaños dos obreritas de manto, pálidas y ojerosas, fijaron en él una mirada complacida. Una de ellas sufrió un acceso de tos y se llevó el pañuelo a la boca. La otra, que leía, cerró el libro y José Antonio pudo imponerse del título: “Malditas sean las mujeres...”. Después tendió la vista por el panorama. ¡Eso sí que era grandioso! De un lado la enorme cordillera, blanca de nieve, garrapateada su falda por largos trazos irregulares, luego la llanada verde en donde se destacaban numerosos caseríos, luego los suburbios y, por fin, la inmensa ciudad, el oleaje inmóvil de techumbres ardientes bajo el sol. Imaginósele hallarse en un islote florecido. A dondequiera que dirigiese la vista no percibía sino las mismas bruscas ondulaciones de las techumbres, a ratos interrumpidas por el borrón verde oscuro de las arboledas. Grande sabía a Santiago, pero no creyó nunca que fuese tanto como lo parecía, observado desde aquella atalaya. Al volver de un lado, dieron sus ojos con la imagen de la Virgen que corona el San Cristóbal y recordó la humilde esfinge que desde una colina no muy apartada de Los Rosales llamaba a la piedad a los campesinos y a donde Anita solía ir a dejar flores y encender luces. Se enterneció recordando su querido y viejo caserón, su hogar, tibio y apacible, presidido siempre por el encanto angelical de esa niña a quien después de Graciela amaba sobre todo en este mundo. “¡Graciela!” -dijo muy bajito. Y buscó en la inacabable sucesión de edificios aquél ante cuyo frontispicio se detuviera como un loco la noche víspera y a donde debería llegar ahora, esta noche misma, a conocer la sentencia definitiva sobre su destino. Se llenó de una angustia vaga pero invencible. Hubiera deseado tener a su lado a alguien, a algún amigo más experimentado que él es estos trances y nuevamente se acordó de Félix. ¿Cómo dar con él? ¡Ah! ¡Cómo sintió en ese momento José Antonio, cuán honda y fría penetró en él la 139

pues. Dio una brusca media vuelta y quiso seguir tras el otro carruaje. risas.. estuvieron a punto de chocar con otro automóvil que. de cuyo interior se escapaban risotadas y gritos de entusiasmo. Pensativo. podía convertirse en una máquina de carrera.. andarán errantes por las calles. se escapaban de todos los escaños. sin que su grito llegase siquiera a despertar la curiosidad de nadie!. Al doblar una avenida. Al salir vio de nuevo José Antonio a las dos obreritas de manto.. y exigió a José Antonio que fuese a dejarle al club a donde iría luego a buscarle para dirigirse juntos a casa de don Javier. él no era un hombre de adquirir una máquina que no supiese manejar. pero un modelo de los más modernos.. caminando lentamente por la acera del sol. El cerro se llenaba de alegría a medida que avanzaba la tarde. -Conoce usted a ésos? -preguntó al chofer. José Antonio lo había bautizado ya para sí mismo y sólo esperaba la autorización de ella para hacerle colocar una placa de bronce que dijese: Golondrina. que no tenían otro objeto que probar la máquina y ensayarse en el manejo. pero ya era tarde y tuvo que desistir de su persecución. Toda la tarde la dedicó a tomar lecciones de chofer. -respondió el hombre..soledad de las multitudes! ¡Cuántos como él. sin dar al asunto la menor importancia A las cinco en punto se detenía José Antonio en las puertas 140 . Joaquín no quiso acompañarle en esos paseos locos y desatentados. lleno de mujeres..P. como había recorrido la Quinta. -Son de la vida.. El automóvil era un espléndido 40 H. consultó su reloj y comenzó a descender.. cuchicheos. aligerado de ciertos pesos. Voces. que tenía deseos de visitar también. José Antonio divisó también entre ellas la silueta de un hombre y creyó reconocer a Félix. con capote de resorte. ávidos de encontrar un corazón con quien comunicarse.. tipo de paseo. parecía una canastilla de esas que se arman para los corsos de flores. El joven ordenó entonces al chofer que enderezase hacia el Parque Cousiño.

hará carrera.. ofreciendo ocasión a su amigo para ir desarrollando su programa de acción. Es un muchacho listo y cuando vuelva de Europa.y eso es lo quiere decir José Antonio. y Chela manifestó que hacía mucho tiempo que ni le divisaba siquiera. Aunque en realidad no valen sino por la buena intención. creyendo que aún estaría en 141 .. no. pero algo frío. La comida no tuvo otra característica que la de haberse hecho en ella muchas reminiscencias del último verano. -Cada cual da lo que puede -agregó Joaquín. -Y si poeta. después del castigo cruelísimo que le habían inferido Carlos y Miguel. que ya habrá perdido las rarezas que suele tener. -Por ellas. Dijo que se trataba de dos especies valiosísimas. y por su procedencia. -Yo fui a buscarle esta mañana. tú. y José Antonio contó que. que algo se le alcanzaba en materia de floricultura – las políticos tienen que entender de todo. papá. -No. Se recordó entonces a Jenaro.del club.. Chela agradecía con viveza a don Javier. el muchacho no había vuelto a publicar poesías. De haber sido pescador habría traído perlas. los dos maceteros de rosas traídos por José Antonio parecían echar en aquel comedor suntuoso. versos. Ya lo creo que la hará. perplejo todavía por el extraño encuentro que acababa de tener. toda el alma de los campos que las habían producido. Desde el aparador.. Chela. -Ese es un buen elemento para los principios liberales. el extraño enamorado de Rebeca. José Antonio volvió a acordarse de su encuentro de la tarde. -Será lo único bueno que esos niños habrían hecho en su vida dijo sonriendo don Javier. sólo por ellas -observó José Antonio-. deberías estar orgullosa de ellas. Después se habló de Félix. -Son una conquista de jardinería. Joaquín mantenía hábilmente la conversación en ese terreno.

habló ella por todos.. Un desconsuelo profundo le invadió. para eso falta mucho! ¿No es verdad. inquietante. insondable. enloquecedora. infinito. que quiso en dos o tres ocasiones echar su puntada a la hebra de su juego político.. A José Antonio le pareció aquello una sentencia de muerte. amores de verano. Qué locura haber puesto en ella sus miradas. Puso a cada 142 . al parecer. Me gustaría verle. tenía un modo tan particular de decirlo todo. Supongo que él no habrá apartado casa todavía. y prodigó bromas y no permitió a nadie que estuviese serio. inmenso. que todo en sus labios hacía gracia. -Amores de verano.el manicomio –dijo-. Anita y Félix simpatizaron. A don Javier. pudo saborear exquisitamente el triunfo de toda dueña de casa de ver alegres los rostros de sus huéspedes. pero allí nadie supo darme noticias de él. ¿qué habría de esperar él que apenas logró despertar en el ánimo del ídolo una vaga simpatía? Y vio ante sus ojos. -Ya sé a qué se refiere usted -respondió sin amostazarse. Al decir esto don Javier movía la cabeza de arriba abajo con gesto filosófico. sin embargo. José Antonio? Esa pregunta había salido de boca de Graciela y al joven hacendado no se le pudo escapar nada de la intención que traía. Estaba sentado frente a ella. -¡Oh.. Si habían sido amores de verano aquéllos de cuya verdad él podía hacerse responsable.. Y cuando llegó la sobremesa y ellos pasaron al salón de fumar. que yo sepa. y tuvo que hacer esfuerzos sobrehumanos para no dejarlos transparentar de los demás. el abismo que le separaba de ella. -Su familia vive en la calle Ahumada. lo hizo callar inapelablemente. A pesar suyo la veía. No se atrevía a mirarla. sinceramente. Y qué locura la suya y la de Joaquín suponer que podía conquistar alguna vez su corazón y hacerse pagar afecto por afecto. no han vuelto a cambiar comunicación. y la veía adorable. Hubo un momento en que. temerosa tal vez de que la tristeza que rondaba afuera penetrase hasta la sala. y no le era dable tener siempre desviada la vista. Pero al menos.

. -¿Como todas las mujeres? -Como todas las viejas. Hace un mes que la enterraron. llora y le envía bendiciones. pero le faltaron las fuerzas y cayó redonda al suelo. Se lo consintieron. Félix había tenido un acierto extraordinario. se desarmó casi entera. es necesario ser muy 143 . Imagínense ustedes. José Antonio dijo Chela –. pensando que pronto empezarían a llegar las visitas y que ya se acabaría esa suave intimidad que había presidido la mesa. qué fue de la enferma de Félix. preocupado. apoyada en muletas. diciéndoles: -Esto no es más que para mientras estén en casa.. asegurándoles que se casarían con ellas y que las traerían a Santiago. y donde alternarían con la aristocracia. como todas. -Una cosa. miraba furtivamente el reloj. donde vivirían en palacios.. y cada vez que lo recuerda. anduvo algunos pasos.uno en el ojal de la solapa una rosa. José Antonio. -¿Y las Morales? ¿qué es de ellas? Joaquín terció entonces en la conversación para contar que las pobres muchachas habían sufrido un desengaño terrible. Se rompió las dos piernas. hija? -¿Porque en la calle es siútico? -preguntó Joaquín. Pero Eudocia no se olvida del doctor. -Porque quiero conservarlas. en realidad.. -¡Pobre! -Y esta vez si que no pudo resistir. de la viejecita ésa. tan curiosa? -¡Ah!. servidos por lacayos con libreas.. -Lo que ustedes no saben es que esos muchachos les llenaron la cabeza de ilusiones. -¿Por qué. se descuartilló. Estaba ya muy bien. -¡Pero qué picaros! Por lo demás.. -¡Oh! ¿Qué hizo? -Se le antojó levantarse. una desgracia. cuando se convencieron de que el amor de los jóvenes santiaguinos era una cosa fantástica. Pero la viejecita.

arriesgándolo todo. y 144 . José Antonio tuvo un gesto sombrío. encantada. que hace todas esas travesuras.. El había hablado así. -¿Por qué? -Ha comprado un magnífico automóvil y todavía no lo dice. Quisiera bautizarlo. el que usted eligió. En ese preciso instante el criado. Usted es muy dueño. Me autoriza usted? No respondió ella inmediatamente. en la suntuosa residencia de un senador de la República. en un día de recepción. Hubiera dado un mundo por desdecirse. le sonaba mal ahora. el mismo de aquellas humildes campesinas. Aquel apodo. -Chela había puesto oído. ése.. ¿tiene ya nombre elegido? -Sí. Un descorazonamiento se apoderó de él. y Chela sintió un leve malestar.. pronunciaba dos nombres. todas las energías empezaron a faltar a José Antonio. ya desaparecida para siempre. Y no pensó ya más que en despedirse y en volver cuanto antes. con resolución de desesperado.. También a él la loca de la casa había hecho concebir imposibles. -¿Yo? -dijo al fin-. hija. le había metido en el tren y puesto en la capital y hecho ir al teatro en una noche de ópera..tontas para creer en todo eso.. por segunda vez una observación salida de los labios de aquel hombre respetable venía a herirle como una flecha en mitad del corazón. en fin. A partir de aquel momento. y penetraban a la sala Carlos Larraeta y el vizconde de Arno. al fin. Su voz era indiferente y José Antonio comprendió sin dificultad que la había disgustado. en labios de un extraño. Le parecía un lazo que la ligaba inútilmente a una época fugaz. Pero.. Su caso era. y estarse allí. -¿Es ése? -Sí. que tuvo su origen tan cariñoso. lo tengo -y después de una pausa-: Golondrina. -No es costumbre.. -José Antonio es un gran modesto -dijo de repente Joaquín. -La loca de la casa. de pie en la puerta. la loca de la casa.

para José Antonio. pequeño. Don Javier había logrado atraparse. dominando la situación. Carlos se acercó de pronto a él para preguntarle brutalmente por “las chinitas”. pero le tenía miedo. Se encontraba inerte. por fin. vámonos -dijo a Joaquín. le tenían apabullado con detalles del eterno maniobrar de ese mundo tan especial en donde se engendra el porvenir del Estado. de desaparecer. El vizconde. Se dio cuenta exacta de su situación respecto a aquella mujer adorable y adorada. el diálogo confidencial no se realizaría jamás. ¿para qué? Para que Chela. -Vámonos. -¿Ya no vuelven? 145 . La adoraba siempre. La soñada entrevista a solas.. refiriéndose a las Morales. estaba en su medio. José Antonio le entregó la rosa que llevaba en el ojal. al buen Joaquín y entre él y otro viejo político. le vio alejarse inopinadamente para dirigir una invectiva contra una señora de la cual se había empezado a murmurar en otro grupo. Ella tenía demasiado con la atención de las demás visitas y se había desentendido casi en absoluto de él. insinuante. por lo demás. hombre.a medida que la sala iba viéndose más concurrida. una Chela que él no conocía. Y luego. amable. Chela discreteaba a menudo con él. entre aquella gente que no hablaba nada con claridad ni dejaba jamás entender si decían las cosas en serio o en broma. más hondo se hacían sus deseos de alejarse.. Se prepararon a despedirse. a quien se debía rendir culto desde lejos. posible ministro en la próxima combinación. y envolviéndole de cuando en cuando en una frase sutil que el vizconde devolvía con toda la habilidad de un experto comediante de sociedad. sin prestarle demasiada atención. diciendo y haciendo con soltura envidiable. fácil.. y cuando él le creía más interesado en su relación. Aquél no era su mundo y allí no tenía nada que hacer él. mísero. recordando la advertencia de Graciela. le dijera con palabras lo que ya sabía él demasiado. cruel y fríamente. y sólo se ocupó en espiar la oportunidad de despedirse. -Me salvas -le dijo a su amigo al oído-. porque esta lata es espantosa. Era aquélla.

Un joven de nariz rubicunda.. -Feliz viaje. que le había visto ganar y derrochar. A las tres estaba casi ebrio y había reunido no sé qué fabulosa suma. señor. Joaquín preguntó: -¿Y a dónde vamos ahora? -A donde quiera. desesperadamente.respondió José Antonio con una voz en que Joaquín sorprendido un acento que no le conocía. -Eres un niño. aunque muy modesta. pero ¡cómo atreverse! Joaquín advirtió su turbación y acudió en su defensa: -Y ustedes volverán. Pagó un diluvio de champaña. en Los Rosales. sólo papá lo sabe. le tendió con impertinencia la suya. que recogieron todas aquellas ávidas gargantas. afirmándose el monóculo. Ganó locamente.le dijo José Antonio. Don Javier detuvo a Joaquín un segundo más: -¿Usted no se irá todavía? -No. También tiene usted la suya. Tenemos mucho que hablar. Vamos al club. yo me quedaré dos o tres días más. -Mil gracias. Eres un niño. señorita. Cariñosos saludos para Anita. 146 . fina como la de una dama.-No. al menos yo. me voy mañana temprano. -Tú eres mi único amigo. -Véngase a almorzar conmigo. Tiene aquí su casa y sus amigos. Iba a preguntarle si volvería ella a Painahuén para el próximo verano. salió tras él y se le pescó del brazo. dio suculentas propinas a quien quiso recibirlas y se despidió de Joaquín. Don Javier dijo.. José Antonio estaba en una de esas horas de locura en que somos capaces de todo. mi amigo. Se los daré. ¿no es cierto? -Eso. José Antonio habría deseado no dar la mano a ese cargante de vizconde que. -Mil gracias. Llegó al club ansioso de jugar y beber. grave y severamente: -Ya sabe. Ya en la calle. asegurándole que se iba a dormir. Se despidieron. Miró a su amigo y le encontró demudado.

No quiero nada contigo. Los cocheros ofrecían sus servicios.. Pero vamos a otra parte. El joven de la nariz rubicunda. -El champaña es la vida -gritó José Antonio. sin exigir el 147 . El improvisado amigo tomó un carruaje y habló al cochero al oído. volvió a tiempo para oír esta respuesta y se la aprovechó maravillosamente. no reconoció a nadie entre todas las personas. Pero. a su compañera de baile: -¡José Antonio! ¡José Antonio! ¡Usted aquí.El otro le pagó confianza por confianza. cuando les alcanzaron. Se había pedido a nombre de José Antonio una ponchera y había que pagarla. Félix. -¡Félix! Se abrazaron.. vamos. Salían ya. mucha alegría. -Yo quiero alegrarme.. -Vamos. -Bueno. donde resonaban los alegres compases del baile popular. Aquí no. tumbándose en el asiento. devolviéndole el tuteo: -¿A dónde quieres que vayamos? -Adonde haya alegría. el joven trató de reconocer al que le hablaba con tal efusión. Félix la insultó soezmente: -Déjame. con un gesto violento. de pronto.. vio venírsele a los brazos a un muchacho que acababa de rechazar lejos.! Desde el fondo de su embriaguez. hombre y mujeres que. Cuando con ojos un tanto deslumbrados recorrió José Antonio el vasto salón llameante de espejos. José Antonio. de pie y sentados. El joven comprendió que su improvisado “cicerone” no había perdido el tiempo y no tuvo más remedio que pasar un billete. cuando menos lo esperaba. La cueca rompía a la sazón y la compañera de Félix acudía a decirle que se había quedado en el primer pie y que era preciso continuar. aguardaban sólo que se iniciase el canto. que se había dirigido a la cantina. Búscate otro compañero.

.. quiero disipar. afirmó las manos en la cama y se sentó. José Antonio se desperezó. patrón. quiso recuperar la horizontal. -¡Diablos! -dijo-.. ni los únicos que ostentaban allí su flamante tenida de etiqueta. se sorprendió de encontrarle vestido sobre la cama.. patrón? -Bueno. ¡Qué bárbaro! Tengo una sed. pero no el sueño. diligente y discreto.. Sonrió. Yo también lo soy. con tal que haya alegría. -A mí me lo dices.. Adormilado. Félix y José Antonio no eran los únicos perdidos. Esta palabra penetró muy adentro en el durmiente. reconociendo a Félix. amigo! Los dos estaban borrachos y no les fue fácil enternecerse. a quien José Antonio había encargado le despertase a tiempo para alcanzar el tren de la mañana... amigo -dijo José Antonio. José Antonio.. La casa seguía resonando bajo el estruendo de una fiesta nocturna.. por ciertas callejuelas subrepticias. y aunó sus esfuerzos a los del sirviente: -¡Que te deja el tren! -e imitaba el silbido de la locomotora. le dijo: -¿Le llamo un coche. -¿Te vas al fin? -¡Ya lo creo que si! -Entonces no hay tiempo que perder. que se perdió. -Yo soy muy desgraciado. -Arriba. ¡Quiero olvidar. -¿Y a dónde vamos ahora? -No me importa a dónde. El mozo. guardián. Lloraron juntos... Se restregó los ojos.. con gesto de fastidio. Despertó Joaquín a los gritos y José Antonio no se movía.vuelto. pero Joaquín se puso a cantarle con voz solemne los deberes que le llamaban hacia Los Rosales. comprendiéndolo todo y recordando haber encontrado el lecho vacío a su llegada.. por fin.. Subieron al coche. no me desvestí. Ya es hora. abrazados.. Mucha alegría. 148 . Se le había espantado la mona. Un guardián solícito.

Cuando el tren se perdía. Cuando te vayas. Había estado soñando. mundo deslumbrador y magnífico. inquieto y atrayente. lo dejas embarcado. el inmenso y único amor de su vida. podía recorrerlos con los ojos vendados.. hacia la ciudad que le arrebataba su Golondrina y en donde se quedaba también sepultado acaso para siempre. muy indeciso. Rosario. Lo veía todo muy lejos. imbécil. Anita y los niños 149 . Evocó a la capital e hizo cuenta de que todo el viaje no era más que un solo sueño. y. Reconoció hasta las casas de una hacienda. Era otro mundo aquél. -¡All right! Media hora después ya iba José Antonio camino de su hacienda. Debía hallarse ya muy próximo a llegar. José Antonio había llegado. Lo Brito. la quebrada aquélla.. con algo de pesadilla. abominando de su debilidad. se tumbó en el asiento. aquellas lomas. esos llanos. Le asaltó la visión de las crudas escenas de juerga por que acababa de pasar. pero falso y despreciable. -De veras.. -¿Y? -Que te hagas cargo del automóvil. -Pones un telegrama y te vienen a esperar. -Con tal que no me pase para otra estación. sacó la cabeza por la ventanilla y echó una larga y triste mirada hacia la capital. con que exteriorizaba su arrepentimiento. Aquellos cerros. Al despertar miró hacia afuera y reconoció fácilmente el paisaje. Pero el sueño acabó por vencerle y se quedó dormido. sinceramente asqueado.-Qué malo tengo el cuerpo. nunca más! El tren se detuvo. -¿Se te ofrece algo? -Dos cosas: que no le hables a ella una palabra de mí. cercana a la suya. idiota. cuyo propietario había tenido en otro tiempo con su padre serios disgustos por cuestión del riego... -En el tren duermes.. ¡Ya no volvería más. Brotaban a sus labios las palabras estúpido.

-Pero. -Se van a la tarde. se hizo en torno un silencio profundo. Rosario le propuso que se fuesen todos a Painahuén. Los niños intervinieron a su vez.. a pesar de las excusas de José Antonio.. Pero no se adelantó más ni durante el viaje a Painahuén.estaban en el andén.. y descendió sonriendo: -¿Y Joaquín? -Se viene mañana o pasado. cariñosos. a fin de evitar el peligro que consistía para él en lo personal que había tenido su excursión a Santiago. Rosario volvía a insistir. casi con angustia. El regalón de José Antonio se le subió a las rodillas y le 150 . -Hace tres días que falto. parecer despreocupado. dirigiendo ávidas miradas a los vagones. Todos muy cariñosos. menos a él. que hablaba de atenciones impostergables. que trajera los caballos. qué tal? ¿Qué tal? -decía Rosario. Extendió la vista por los horizontes desiertos y aspiraba con delicia el aire oloroso que venía de los campos húmedos. Muchos saludos. a quien José Antonio había ordenado. por teléfono. en que José Antonio se esforzó por parecer alegre. ¡Qué bien se sentía ahora José Antonio. pero con extrañeza... le veía extenderse en detalles.. Lo detuvo don Javier. contando fantásticas cosas de ese Santiago que cada día se ponía más bonito. Anita esperaba por momentos oírle nombrar a Félix. esperándole. sin poder refrenar los impulsos de su curiosidad. -Muy bien. El joven procuró serenarse. Se entretenía adrede en todas estas frivolidades. Hasta relató su noche en la ópera. se lo exigió. enumerando las familias que Joaquín le había señalado y hasta reproduciendo el argumento del “Fausto” . citarles a todos. ¿me van a dejar sola? No se vayan hasta mañana. describiendo con los mayores detalles el aspecto de la sala. desapareció el tren. -¿Y. Acababan de comer cuando llegó Marcos. de nuevo en el ambiente plácido y callado de su rincón provinciano! Idos los pasajeros. ni en el curso de la tarde.

En el fondo era que presumía que los dos hermanos necesitaban hallarse sin testigos. -Buenas noches. -Entonces. habituada ya al régimen campesino. sosegada. Anita? -Lo que te parezca a ti. dijo que tenía sueño y que iba a recogerse. abandonando las futilezas de interés general. apacible. internándose hacia ciertas confidencias temidas y deseadas de ambos. desviando la mirada para ocultar las lágrimas que le invadían los ojos. pidiendo con el gesto a sus amigos que intercedieran en su favor. al grato calor del fuego y sorbiendo un poco de té. José Antonio? -Gracias. José Tono. No. las viejas canciones que tanto éxito tuvieron el último verano. Los dos hermanos quedaron solos por primera vez. Iban ya. De un galope estoy en Los Rosales. ¿No le parece. Rosario.. Se charló una media hora más.. -Bueno deja los caballos no más.. Ellos se resistieron. 151 . buenas noches. que había oído. agregó: -Si Marcos quiere quedarse. Rosario. -Nosotros también nos vamos en un momento más. -Se van mañana a primera hora. Rosario. Se hizo un poco de música. asomándose a la ventana... que se quede a alojar aquí. Rosario. La velada continuó. Como refrescara demasiado la temperatura. Pero fue inútil. José Antonio cantó. y por fin. cuando Rosario llegó de nuevo junto a ellos. ¡Qué apuro tienen! José Antonio se levantó para ir a hablar con el viejo mayordomo. -Haberlo resuelto antes. misiá Rosarito. Rosario era toda una mamá y los llevó ella misma al dormitorio.tomó la cadena del reloj: -No che va. dijo que la noche estaba muy fría y muy oscura. Rosario hizo encender la estufa y momentos después envió a los niños a la cama. ¿Qué dices tú. Marcos le tranquilizó diciéndole que en Los Rosales no había ninguna novedad..

-¡No me extraña ahora que se olviden de nosotros! Aquel plural. esforzándose por no sollozar para no afligir a aquella pobre alma confidente que tenía a su lado. en una noche de tormenta.. -Un poquito.. desesperadamente. entre tapicerías riquísimas y objetos de arte delicados. José Antonio. -Allá. ¡Vieras tú! Vieras tú cómo se vive allá. se miraron a la cara. todas las ventanas iluminadas y se veía él mismo llegar hasta el hall del palacete. con que José Antonio comprendía a los provincianos. Anita.. en la paz silenciosa de una casa de campo. Y habló él.Pasó largo rato antes que los jóvenes se atreviesen a cambiar una palabra. desconsoladamente.. las calles hirvientes de carruajes y transeúntes. hundiendo la frente entre las manos. 152 . con aflicción. -¿Tienes frío ? . El verano nos pertenece a nosotros los del campo. ¿en Santiago? ¡Oh! En Santiago el invierno es alegre. de cielo negro y viento aullador. la visión de la ciudad triunfante tenía algo de mágico. Ahora. que se había cubierto con un pañuelo de rebozo. Veía de nuevo la sala del teatro. -Tenemos tempestad. La lluvia se había descargado furiosa y el viento rechinaba en las arboledas despojadas de verdor. habla. -¿Y allá. le pareció a Anita solamente dual. Anita... pero el invierno es de ellos. se arrebujó en él.. Habló con tristeza. -Habla. De pronto. simultáneamente.. Creyó que su hermano se refería a ellos solamente. Habían sentido ruido de gotas en el techo.. pasará otro tanto? -observó ella. el caso particular suyo. y sintió en el corazón un frío más horrible que el de la noche. a los campesinos.le preguntó su hermano. algo de fantástico en su recuerdo. aquel “nosotros”.. ¡Somos muy desgraciados! -dijo él acercándose. Casi inmediatamente se oyó un trueno lejano y un relámpago cabrilleó en la ventana cuyos vidrios resonaron bajo el viento y el agua. -Anita. Y fue todo lo que hablaron.

su desencanto profundo. Efecto de la humedad del último aguacero.. Acabo de llegar. Ella no se atrevió a preguntarle por qué. no has tardado mucho... Pero más vale que no le hubiera visto.. -Oigo. y durante unos minutos no se oyó en la vasta y desierta sala más ruido que el de sus sollozos incontenidos. ¿Cómo está Anita? -Un poco resfriada. la más grande de todas. Lo mismo yo. pues? ¿Le viste. Presintió una desgracia muy grande. Y contó su visita a casa de Graciela. Pero no es cosa de cuidado. con él mismo.. entonces? -Sí. El viento pasaba chillando por los campos como una bestia enloquecida. -Y un maridazo.. y no pudo contener un grito que le salía del alma: -¡José Antonio! -¡Anita! Se abrazaron. el sitio. -Sin embargo. hasta su encuentro inesperado con Félix.-Fue una locura ir a Santiago. -Anita ¿está en cama? 153 . Me hacía falta un viajecito a Santiago. ¿Y tu gente? -Todos están muy bien. Afuera llovía brutalmente. Oye.. Mezcláronse sus lágrimas al juntarse sus rostros. su descorazonamiento. a rogarle que se explicara. Cárdenos relámpagos estriaban fugazmente el cielo envuelto en una sola inmensa nube. naturalmente.. -Eres un padrazo. -¡Qué quieres! Algo me llamaba aquí. IV -¡Aló! ¿José Antonio? -¡Aló! ¿Con Joaquín? -Sí... sin indicar. Yo me lo temía. Tronaba.. -¿Le viste.. En el cielo y en la tierra había tempestad. le vi.

. -José Antonio. Hasta luego... no seas remolón. no tanto la noticia como la delicadeza con que se la había dado. Ven tú.. que se ha venido conmigo. -Anita -le dijo-. ¿No supones quién es ese doctor? Ella no respondió.. -Anita. -Tienes razón. -¿Félix se ha venido? -Sí. El corazón le latió violentamente y la imagen de Félix pasó efímeramente ante sus ojos. va a venir el doctor. Hasta luego. José Antonio. atacada de una seria fluxión de pecho.. -¿Qué dices? -Sí.. -Yo no he llamado doctor. y sonrió. ya te contará el mismo. y él va a traer. El no pudo menos que sonreír también. Es que ha llegado uno a casa de Joaquín. José Antonio corrió a la alcoba de Anita. pero ninguno de los dos estábamos en condiciones de hablar nada. -Habla. con Félix. un notición! Ella palideció. -De modo que tú no podrás venir? -Imposible.. Soy un torpe. Iré con el doctor. -No me atormentes. -Saludos. pero agradeció con una mirada de inmensa ternura a su hermano. José Antonio tembló y el fono casi se le cayó de las manos.-Sí. eres muy bueno. -Espéranos entonces. -Adivina. -¿Qué dices? -Anita.. Ella conoció al punto que alguna novedad le traía su hermano. Dímelo pronto. Anita. Ya estoy serena.. ¿. ¿me prometes ser muy valiente? ¡Te traigo. hombre. que tosía. Pero dime: ¿qué hace Félix 154 . -¡Qué locura! ¿Para qué lo has llamado? Si esto no es nada.No te viste con él -Sí.

hermosa con su cabellera rubia y su rostro empalidecido. Para disimular. -¿Por qué? -¡Va a tener que mostrarme la lengua! Todos rieron. que traigan flores. Personalmente se ocupó de ello José Antonio. -No. Y cuando Joaquín y Félix llegaron. en donde cada objeto parecía tener algo del alma de la que la habitaba! Repuesto al cabo de unos segundos y viendo que se desvanecía de nuevo el rubor que había instantáneamente cubierto el rostro de Anita. la alcoba de Anita resplandecía de flores. hazme el favor... -Entonces.aquí? ¿Cómo ha venido? -Ni yo mismo lo sé. -La voy a poner en un apuro -dijo. -Voy a levantarme. ¡Cómo voy a recibirlo así! -Como reciben los enfermos a su médico. A ella le hizo gracia también la cosa y rió con franqueza. la de ella y la de él. el busto de la enferma. ¡No era al enamorado... pronunció. Félix pasó a Anita su termómetro para que se tomase la tem155 . El joven médico se descubrió con más respeto que si entrara en un templo en el momento de la consagración. -Aunque le hubieran pagado -dijo José Antonio-. con voz que quiso hacer segura. la pregunta inevitable: -¿A ver ese pulso? Y las dos manos. una hora más tarde. Félix observó su reloj y soltó al fin. temblaron visiblemente.. suavemente. no lo habría hecho. -Pero como. Ya estoy bien. entre las cuales se destacaba. aquella mano que hubiera querido retener hasta la eternidad entre las suyas. no Anita. Me lo ha dicho por teléfono Joaquín. Ha abierto usted la boca y basta. No harás esa locura. Que arreglen bien la pieza.. -Estamos salvados -agregó el joven doctor-. era al médico a quien se abría por primera vez la puerta de aquella alcoba de virgen.

para salir juntos y conversar largo y tendido.. Félix? – le había dicho ella. Sería imprudente. -De eso sí no me acuerdo. y. -Tengo una vaga idea. cosas muy serias! Ya te lo dirá él. -En el hotel.. auscultar a la enferma. creo que ahora andaré más acertado que en el caso de la anciana. Félix -le dijo Anita.peratura y muy grave exigió a José Antonio que le hiciera minuciosamente la historia de la enfermedad desde un comienzo. Joaquín se despidió alegremente también. Hay frío y humedad. 156 . Anita. mientras Félix prescribía el tratamiento. Hasta la hora de la comida estuvieron Félix y José Antonio junto a Anita. Es un deber de amigos no dejarme comer solo. -Se quedarán a hacerme compañía -dijo en voz alta José Antonio-. -¿De veras no puedo levantarme. y éste no se atrevió siquiera a insinuar la conveniencia del procedimiento! -Esto no será nada -dijo-.yo tengo forzosamente que irme. ¡Hace cinco días que falto de casa amigo! José Antonio cedió. En aquella casa había enfermos.. sin embargo. nada parecía explicar la inesperada presencia del joven doctor en Painahuén. pero el enamorado venció al médico. para mayor seguridad de su diagnóstico. Pero.. cuando fue a buscarte. y José Antonio. se encontró conmigo y yo vi tal sinceridad en el dolor con que se impuso de tu partida que me franqueé con él y le invité a venirse. a todo esto.. -Se quedará el doctor -replicó Joaquín. -Y que tú quedaste de esperarlo. él habría deseado. ¡Ah. -¿Qué piensa ahora? -¡Ah. la felicidad no era un huésped que estorbara. aludiendo a la ingenua observación de Eudocia. -Ahora tiene título. -De veras. hablaba de ello en voz baja y rápidamente con Joaquín: -Me ha dicho Félix que esa madrugada te fue a acompañar hasta el hotel.

. Cuando se hallaron solos los dos amigos ocupando Félix junto a la mesa familiar el sitio que Anita dejara vacante. aquella mañana. Oiga usted. consulté a algunos amigos de mi familia y vine así a imponerme de que 157 . sino que tendrá lástima de mi. no? -Una sorpresa. en el Manicomio.... No es raro que usted. las cosas más grandes de mi vida. me encontré en los libros de la administración un nombre. comprendía que ni la hora ni el sitio eran propicios para confidencias de ninguna especie. Al fin.-¿Y hasta cuándo? -Después que se tome mis remedios y yo vea su efecto se lo podré decir. Yo tenía muchas. comprendiendo que a él le correspondía iniciar las explicaciones.. Yo no conservé de ella más que un vago recuerdo. y. Tiene un poco de temperatura ahora. compulsé fechas.. en estos meses. Pero eso pasará en seguida. -¡Imagínese usted! Yo he sufrido mucho. en el fondo de mi estado. -Aquella mañana. -Ya me lo ha dicho Joaquín. pero. mezclado al de ciertas fiestas de iglesias a que solía llevarme. buscando datos auténticos para mi memoria de prueba. amigo mío.. Usted habrá sabido que mi madre murió cuando yo era muy niño todavía. después de dormirla. Sólo así puede explicarse mi silencio y la aparente indiferencia que me separaba de aquí. Han pasado por mí.. Suele ocurrir así cuando se piensa en una misma cosa.. Se encontró usted con que ya el pájaro había volado. Averigüé. -Eso es. se haya olvidado de su compromiso. y no sólo me disculpará. Nunca se me ocurrió preguntar de qué había muerto y nadie me lo dijo. no hallaron de pronto qué decirse. -Estábamos tan perdidos aquella noche. Félix. el nombre de mi madre.. Por eso le cité para el día siguiente. Pero un día. el doctor. preguntó: -¿Qué extraño les habrá parecido a ustedes mi venida de Santiago. pero muchas cosas que decirle. hice recuerdos.

Yo he estado dentro de un círculo vicioso. querido amigo. Padecía de neurastenia histérica y estuvo dos veces con la razón perdida. Félix. siendo tan buena.. empecé a sentir en mí.mi pobre madre había estado recluida en el establecimiento por dos períodos distintos.. -Félix calló. no debía compartir su vida conmigo.. en compañía de uste158 . Mi deber es lamentar su desgracia. Me examinaba perpetuamente a mí mismo. pensaba en Anita. -¡Un desastre! Pero. más honda cada vez. me permitieron compartir aquella idea. Y entonces.. hasta que tuve que ver a un especialista que ensayó en mí todos sus tratamientos. Yo pensaba en ustedes. en medio de los campos. que será todo lo absurda que usted quiera. con un candidato probable a la locura. que he sido neurasténico siempre. solía verme galopando por un camino. Al principio la actividad de mis trabajos. José Antonio. me di a beber. Despierto y dormido. créamelo usted. Mientras más me esforzaba por destruirla. pero que pronto se hizo fija. cuyo centro era forzosamente la camisa de fuerza. ¡He estado más enfermo y más en peligro de lo que usted puede suponer! -No tengo nada que perdonarle. Perdóneme. -Y yo. a descargarme de todo pensamiento entre el bullicio de las bacanales. la fiebre nerviosa de rendir la prueba final para recibir mi título. como si hacer aquellas revelaciones le fuera tan penoso como subir un camino de repecho.. de cuyo afecto no podía dudar y que. desesperado. que he tenido esas “rarezas” que suelen hacer hablar a los demás. Por que era una desgracia ésa. la obsesión de que había heredado aquella tacha y que estaba fatalmente condenado a ser un huésped de la Casa de Orates.. a divertirme. haciendo hincapié en detalles que antes me habían pasado inadvertidos y concluía siempre por considerarme un ser de esos que nacen viciados y para quienes la vida no reserva más que la oscuridad de la locura. nunca dejé de acordarme de Los Rosales. ¿Ha visto usted? Mis propios conocimientos acerca de las enfermedades mentales me hacían mal. me atormentaba analizando mis actos. más se arraigaba en mí.

Por mi parte. He reaccionado.des.. sólo que la obsesión era en mí tan tiránica que no me dejaba dar ningún valor a ese argumento.. hace tres meses que no hojeo un diario.. creo que tampoco se opondrá. José Antonio.. Usted sabe que el gobierno me ha pensionado para Europa.. José Antonio. -¿Lo cree usted de veras? ¿No la he hecho sufrir lo que para 159 . He vuelto a vivir desde que lo vi a usted. José Antonio. como antes. Yo no tengo necesidad de la pensión oficial. Eso lo sé desde la Escuela. José Antonio. no tengo por qué oponerme. porque lee.. Su presencia fue como un tónico eficaz para mi voluntad vacilante. y en cambio trabaja mucho. El hecho de que mi madre haya padecido periódicamente de enajenación no significa nada. -Ni ella.. perfectamente constituidas. Casarme.. enriquecerme. José Antonio. -¿Y ahora? -Usted ha sido médico... pero nada más que lo suficiente. son hijos de padres que han muerto locos. amigo... pues? -Sí. -¡Ha debido usted sufrir mucho. -¡Diablos! Y aquí viene lo más grave. Es usted feliz. -Por mi parte. Yo había ya nacido para aquella época. como siempre.. Quiero ser un hombre práctico... de nervios fuertes. y eso me ha servido también maravillosamente. -Gracias.. Me he sorprendido a mí mismo. estar uno o dos años por allá. trágicamente. tener muchos hijos. -¿Se siente bien. pensando cómo pude hacer una montaña de un grano de arena. y hasta se me ha quitado lo divagador. aunque la cosa parece un poco fuera de los usos corrientes. -¡Félix! -Quisiera irme con ella. Millones de millones de personas sanas. Sobre todo que yo pienso establecerme en Santiago. Yo no quisiera irme solo. pero comprendo que es necesario para ejercer con acierto la profesión aquí.. Félix! -¡Y tanto! La culpa la tienen los mismos libros..

. también.. Anita hasta que dejes la cama.. Félix mismo. -Suspendamos todo juicio. sí. que la salva siempre. No le parece a usted? -Me parece muy bien. -¡Oh. -Ya es muy tarde -dijo Félix.. -Acepto una flor de estas que nos vamos a llevar afuera.. -¡Ah! -exclamó José Antonio-. Pero eso es muy poco. Pero ahora digo la verdad. manifestó que a Anita le era preciso descansar. De otro modo. Félix eligió una violeta y se inclinó junto al lecho para que Anita cumpliera su deseo. la fiebre no se. Pero ella tiene el consuelo de su fe... -Como médico.. que se siente dictador. no crea usted que no. que ella agradeció sonriendo.para un médico del día. Después. -Ya sabe usted engañar. ¿Quiere que pasemos a verla? Habían terminado de comer y se dirigieron al dormitorio de la enferma. no son más que anticipos. Sería injusto condenar a Félix. no. Pregúntele usted a José Antonio. -Como médico y como amigo. Todavía estuvieron junto a la enferma una media hora. adorable criatura! -No le diremos nada hasta que se levante. doctor? -Desde luego. Y salieron ambos llevándose al comedor todos los jarros y maceteros de flores. en actitud de médico. -Elija y yo se la coloco en la solapa.. -No. Anita. doctor.ella ha debido ser una incalificable ingratitud? -Ha llorado su poco.. no llamándome por mi título sino por mi nombre.para que haya tantas flores adentro. estar recibiendo sus honorarios al contado. -Tiene que dormir. Hay que sacarlas. Félix le sirvió la poción que él mismo había recetado y le dijo algunas palabras alentadoras. -¿Con qué le puedo pagar tanta atención. -Bueno. -Es una deshonra –dijo. 160 . señorita.

-¿Cómo? -Hasta mañana. Recuerde que está enferma de verdad. adorado y temido.. -Hasta mañana. José Antonio. De nuevo en la sala. Francisca tenía una gracia especial para esos preparados caseros. Anita. se hicieron confidencias amigables.. Félix. Los contertulios se animaron. y cuando menos podían darse cuenta de ello. antes de salir. no sea malo. -Demasiado sé cuánto la quiere usted. como sintiera frío.. José Antonio calló. 161 . -¿No merece mi cariño? -Si. -Hasta mañana. Ante ese nombre. Ya tendrá tiempo de hacerle todas las bromas que quiera. Anita les despidió con una sonrisa. ha sido en ella una vaga simpatía. -Doctor. encendió la mariposa. a pesar de la pantalla. mañana voy a amanecer bien! -Hasta para enfermarte tienes suerte. -¿Quiere repetir lo de la otra noche? Una ponchera es demasiado.. para llevarse la lámpara que. Félix. Desgraciadamente. ¡A mí no me quita nadie de la cabeza que tú sabías que Félix estaba en viaje para acá! -¡José Antonio! -¿Cómo no se te había ocurrido enfermarte antes? -Vamos. José Antonio. lo que en usted es pasión profunda y acaso de por vida. animado por los fragantes vapores del ponche. humeante y olorosa. fue extendiéndose en observaciones que el otro sorbía con avidez de sediento. La ponchera vino.. se hallaban hablando de Graciela. Que duerma tranquila. daba una luz excesivamente fuerte. ésos son escrúpulos. sintiendo un interés verdaderamente cordial por aquel hombre que más que su amigo era ya su hermano. doctor..-¡Oh. José Antonio avivó el hogar de la chimenea y propuso a su amigo hacer preparar una ponchera. amigo mío.

-Si fuera usted sólo quien la estima así. -Es superior de todos modos.un tibio afecto de amiga accidental.. distinción. ¿Mala? No. El que está enamorado hace siempre un ídolo de la persona en quien ha puesto los ojos. Mimada siempre. -Tiene usted razón. Félix. pudiendo divertirse con usted. ya lo he pensado yo también. podría decirse una mujer superior. ¿Se fija usted? El homenaje de los hombres es para ella lo vulgar. Ha sido demasiado buena.. ¡Ah! no es con el homenaje. -No. belleza. sin embargo.. José Antonio había inclinado la cabeza y puéstose sombrío. Es una criatura inalcanzable. si la consideramos con el criterio usual. y. y nada más.. Chela no sabe lo que es sufrimiento.. Lo ha tenido y lo tiene todo: juventud. Quizá si soy cruel al decirle esto. cuando.. fortuna. Pero en el tren hemos venido hablando de esto mismo y Joaquín piensa como yo. Graciela es una mujer inteligente. pero sí fría. Lo que estaba oyendo no tenía ninguna novedad para él.. -¿Usted ha hablado con ella? -preguntó. el primer amor de mi vida. no ha conocido nunca el dolor. se hubiera dicho que tragaba ascuas. Ella ha sido la primera mujer cuya presencia me ha conmovido. Pero yo soy como soy. seguir la comedia. la sensación de ir rodando por un enorme precipicio. Félix -dijo-. es con la habilidad como habrá de conquistarse el corazón. pero ¿para qué habría yo de alimentar ilusiones que se que serán vanas? Lo estimo a usted demasiado para eso. Chela es inconscientemente orgullosa. ese orgullo no podrá ser vencido jamás sino por otro orgullo. ante esas palabras. Pero ella misma parece tener de sí esa idea y allí está el peligro. no importaría. talento. Yo soy un 162 . ha preferido la franqueza. triunfadora siempre. no la he visto desde hace mucho tiempo. La vida ha sido demasiado amable para con ella. Créame que él está arrepentido hasta cierto punto de la participación que le ha cabido. José Antonio tenía..

cuando de puro aburrida se ponga triste. penetró al de Anita. En la vida no ocurre nada porque sí. -¿Un pobre diablo. el verano pasado es ya toda su vida.... esa venida de ella a Painahuén ha de tener forzosamente consecuencias. creyéndola dormida. mientras que para ella. Ese accidente de que usted habla. Ella musitó levemente: -¿José Antonio? -¿No has dormido nada? 163 . Sonreirá complacida o no sonreirá. Mientras tanto. gracias. sí! para ella. -Ojalá no haya necesidad... no sé fingir y mi propio sentimiento me venció.. en el fondo de los campos. José Antonio? No hable así. hay que convencerse de que ambos...campesino. yo soy muy desgraciado y daría años de mi vida por arrancarme del corazón este amor inútil e insensato. -Y que corra el ponche. hay un muchacho que delira por ella. -Ni insensato ni inútil. Otros veranos ha ido a otra parte. ella y usted. esta vez le tocó encontrar en una hacienda vecina a un pobre diablo que se quedó prendado de ella. José Antonio. -Buenas noches.. Por lo pronto.. -Pueda ser que alguna vez. ¡Salud! -Salud. -¡Ah. De todos modos. para no hacer ruido. doctor. venir en verano a Painahuén ha sido un mero accidente sin importancia. para ella es el recuerdo amable y vago de unas cuantas escenas en que entonces participó con entusiasmo y que ahora deben parecerle de una cursilería aceptable sólo como pasatiempo. -Si a la enferma se le ofrece algo.. Nada más. Le dejó en su aposento y en puntillas.. ¡Y ahora es ya demasiado tarde! -¡Quién sabe! Quién sabe lo que reserva el porvenir. ¿Cuáles son ésas? ¡Quién puede saberlo! Dejemos que la vida corra.. -Hasta mañana temprano.. Apuraron el último sorbo y se levantaron. están colocados en muy distinta situación: para usted. recuerde vagamente mi nombre y piense que aquí.. no vacile en despertarme.

se extrañó de aquel ruido singular. Vencida por las insistencias de ambos jóvenes. Déjame besarte. Félix no la desamparó un momento. le dijo: -Está loco por ti. -Bueno -dijo ella-.. que no sabía nada.-¡Pero he soñado mucho! -Feliz tú. Joaquín y Rosario habían venido dos veces a verla. ¿te vas? -Si. diciendo para disculparse ante sus ojos. pero no creas que yo vaya a subir. ella se 164 . olvidado de su propio dolor ante la felicidad de aquélla a quien amaba tanto. -¿Qué dices? -Quiere casarse contigo antes de irse a Europa y llevarte en su compañía. Hizo sonar la bocina y ella.. Al día siguiente. -Ya le perderás el miedo. como continuara el tiempo apacible y la temperatura tibia. José Antonio esperaba sólo verla en pie para dar la noticia de la adquisición del automóvil. que había procedido de acuerdo con Graciela. Pero no fueron vanos los cuidados que se le prodigaron porque al fin. V Anita estaba muy mal. nenita. Duérmete. pegado al oído de su hermana. -Eres un ángel bueno. -¿Y no me dices nada? ¡Esperándote a ti no me he dormido! José Antonio se acercó al lecho y muy bajito. pudo levantarse y salir al comedor. -Y tú ¿qué dices? -Lo que digas tú. Lo besó en la frente y José Antonio salió radiante. -José Antonio.. Entonces él le confesó todo. La influenza la retuvo en cama casi una semana.. en un hermoso mediodía de sol. Hasta mañana. y a menudo estaban preguntando por ella. a condición de regresar temprano. decidieron ir a Painahuén.

. fijando sus ojos maliciosos en Anita que.resignó a ocupar un asiento en el automóvil y en seguida se familiarizó con él. no pudo disimular el rubor que la encendió. propicia a las largas y graves conversaciones. Ven acá. Fue después de la comida. Lo que ella quería era estar con la cara vuelta a la pared. -Es contigo. para disimular su nerviosidad tomó 165 . creyendo que la fuerza motriz residía en el mecánico que manejaba el vehículo. desde la primera palabra. para maniobrar con seguridad. -De un compañero. tanto que Joaquín tuvo que resolverse a dar con ellos un paseo en “ese coche que andaba sin caballos”. Venía un carta para Félix. Antes de quince días es la partida a Europa. Joaquín y Rosario preguntaron en broma si venían a dejar a Félix. -Tengo que irme. pálida como estaba todavía.. Anita -dijo José Antonio sonriendo-. no hizo falta más que saber que la carretera era ancha y sin baches demasiado profundos. El chofer venido de la capital era un excelente mecánico. El la leyó rápidamente y se la guardó. no? -preguntó la dueña de casa... -¿Qué fue. A la tarde. Los niños se volvieron locos con la máquina. en la hora tibia y suave de la sobremesa. sin poder disimular la emoción que le puso trémulos las manos y el acento. a quien. había adivinado a donde iba. -dijo. Anita que. llegó a Painahuén la correspondencia. Ella se sentó de nuevo y. Habían cerrado el toldo para evitar el frío producido por la velocidad y el viaje no tuvo más inconvenientes que el de su brevedad. en el momento de la despedida. dejó su asiento y se entregó a inverosímiles ocupaciones por el aparador. declaró a su papá que él quería ser chofer. Félix? -le preguntó Rosario. El mayor.. quien se apresuró a contestar que su deber de médico le obligaba a regresar a Los Rosales. encontrándolo muy agradable. -¿Conque su deber de médico. cuando Félix expuso sus propósitos..

no se quiere más que una vez en la vida y usted es mi primer amor. esa pregunta. Sin vacilar. Félix. Félix aguardó. -¡Oh. ¿puedo confiar en su cariño? Su voz era suave y su actitud casi solemne.. antes que él acababa de adivinar el origen de la actitud de Anita y a cuyos ojos pugnaban por asomar las lágrimas. gracias! -Le doy mi palabra al aguardar su regreso. a pedir explicaciones acerca de aquella prórroga que creía sin objeto y que destruía en cierto modo sus planes. por fin.. a pesar de la dulce emoción con que había oído las palabras de Félix. Todo lo contrario. ella había pensado ya muchas veces en ese momento que llegaba.”. no soy yo quien debe responder. Durante su enfermedad. entre le fiebre que le hacia latir las sienes y le ponía en la boca un sabor amargo. segura de sí misma. pues.. no quería abandonar a su hermano en circunstancias tan tristes.una flor del ramo que había sobre la mesa y se la llevó a los labios. -Anita. dejarle solo en los momentos en que más necesitaba de cariño y de ternura a su alrededor. -Entonces. Recordó su torpe conducta en los meses anteriores y convino en 166 . Con miedo y con alegría.. -Necesito hacérsela. -Es Anita. fue su resolución la misma que había adoptado la noche aquélla en que José Antonio penetraba confidencialmente a su alcoba para decirle: “Está loco por ti... Y siempre. -Anita. había meditado mucho acerca de la respuesta que debía dar. Félix. Pero se fijó en José Antonio que. Entonces comprendió que Anita a quien la felicidad no ponía egoísta. no. -¡Ah! ¿quiere usted probarme? ¿Desconfía usted de mí? -No. invariablemente. Félix iba a insistir. Terminada su exposición. Confío tanto que creo que un año de ausencia no hará variar absolutamente nuestros sentimientos. le doy mi palabra. dijo dirigiéndose a él: -Félix.

los jóvenes habían adivinado quién era el interlocutor y de qué se trataba. viéndose confusa. me resigno a ello. Félix! Callaron para no interrumpir la conversación a José Antonio. Y cortó la comunicación. -Sí.. José Antonio dijo a Félix: -¿Con que ya tenía usted todas sus medidas tomadas. ¡ -Ah. Esto le hace a usted más adorable todavía. -¿Qué te dijo? 167 .! Y volviéndose a la pareja. y aunque tenga que sentirlo. Anita. hasta la vuelta... -¡Oh.que no tenía derecho a exigir más.. Sonriéronse mutuamente y Félix tomó a Anita una mano. -¿Mañana? -Sí. mi querido señor? -y a Anita-: Dice Joaquín que Rosario quiere hablarte. Le juro que en un año no haré nada que no sea digno de usted y de su amor. casi balbuciente: -Es lo mismo. Anita dijo: -¡Pícara! Hasta mañana. que ella no retiró ya. obedeciendo a una consigna convenida de antemano. Sonó en ese instante la campanilla del teléfono y José Antonio acudió al aparato. -Ya -respondió José Antonio. Somos los padrinos de Félix. Acércate. que estaba pendiente del teléfono. aquí se hará el cambio de argollas.. -¿Ha comprendido usted? -preguntó Anita a su novio. -¡Mi enhorabuena y la de Rosario! -Gracias. -¿Será la cosa antes de la partida a Europa? -No. -Mañana se vienen a pasar el día aquí. -¿Ya? -preguntaba. Joaquín había llamado.. Inclinó la cabeza y dijo con voz entrecortada. Le pasó el fono. Por las respuestas de José Antonio. y quizás qué bromas fueron las que recibió de su amiga que.

declarándole que él ignoraba hasta ese momento sus siniestras intenciones y que si hubiera sospechado tal. Pasaron al salón.. Félix le siguió la broma. pidiéndole permiso para tutear a su novia. que habría sido una crueldad dejarlo solo. -Dígalos usted. -Dígalos. Sirvió té. -Yo sé que él va a tratar de hacerme desistir. si se cumplieran mis sueños! -Ya me supongo cuáles son. me aparezco aquí con mi revólver. como cuando pequeños ella y su hermano jugaban a las visitas con las muñecas. yo estoy de acuerdo con ella.. estuvo encantadora... Aunque su decisión me perjudique. ¿no les parece? -Este es un gran día y hay que celebrarlo. De aquí a un año. ¿eh? Pero si tardan más de cinco minutos.-Le preguntó su hermano. rememoró anécdotas del colegio. 168 .. tonadas de la tierra. ya se lo he dicho. José Antonio es tan bueno y le quiere a usted tanto. -Vamos a alegrarnos un poco.. -Manténgase usted en su resolución. habría cuidado muy bien de brindarle su casa y su amistad. hizo la dueña de casa.. ¿quién sabe lo que podrá ocurrir? -¡Ah. José Antonio fue el primero en salir. Volvió a su asiento y por algunos segundos permaneció abstraída. cantó zamacuecas parodiando la chillona voz de las mujeres del pueblo. -Félix. José Antonio parecía realmente contento. Sólo cuando el reloj dio las doce pensaron en recogerse. Contó chascarrillos. Hizo que su hermana tocara y él cantó cosas alegres. -Nada. Anita. amigo! -le respondió él. no sin decirles desde el umbral: -Soy un buen hermano. simuló enojo con su amigo Félix. Anita. -¡Nada más que para tutearla. travesuras. coplas dicharacheras. Se divirtieron hasta muy tarde. ¿no le parece a usted que he obrado bien? -Sí..

-¡Hasta mañana. Camino de la estación. El automóvil iba trazando en el camino.-Pero. Anita no podía disimular su pena.. Le comparó su situación con la de su hermano. se percibía confusamente la silueta de los árboles desnudos. a quien sus compañeros de viaje y de estudios esperaban ya con impaciencia. -¿La mano nada más? -dijo él. Y ya se abría para ambos corazones el abismo de una ausencia cuyo término se veía. no más. grata. Le asaltaban no sé qué extraños presentimientos. aunque fuesen cuatro letras. Pero Anita le dio valor. La tarde víspera. deseando aprovechar los últimos momentos: 169 . una fiesta íntima. Félix. a juzgar por los telegramas que habían empezado a menudear. levantándose y mirando el reloj. -Recuerda que la autorización no ha llegado más allá. en casa de Joaquín habían sido los esponsales.. tan borrosamente como aquellos campos que entristecía la niebla. que veía a Félix ensimismado. Anita.. al levantarse con sus ruedas la tierra humedecida. y le consoló con el compromiso solemne contraído de no dejar pasar día de correo sin escribirse.. Todos estaban tristes. el joven doctor. Entre la llovizna penetrante y mojadora. -¿Y tú? -¡Yo te adoro! -Hasta mañana. ese pobre José Antonio. habló a Anita de desistir de su viaje a Europa. ¿me quieres? -Ya lo sabes. -Dime tú. pero muy a lo lejos. sintiéndose vacilar. condenado a amar sin esperanza.. por fin. de quedarse para siempre en aquel amable rincón de la tierra que ella hacía más amable todavía.. entonces -dijo ella. le preguntó. tomando la que ella le tendía. dos largas paralelas. La mañana era fría y nebulosa. amor mío! Dos días más tarde partía. ¿por qué no hacemos uso de la autorización de José Antonio? ¿Por qué no nos tuteamos? -Dé usted el ejemplo. de efusión cordial en que nadie ni nada se veía de más.

confundía en uno solo el lenguaje del amor y del pecado.. sin disimulo posible ya. subió de un salto a la plataforma y Anita permaneció a su lado. y la besó en la frente. se pasearon de arriba abajo por el andén. Las niñas Morales. Félix se inclinó hacia su novia. Embozados todos. tomada de una de las barandas de hierro. José Antonio la tomó en sus brazos y el tren desapareció en la neblina. Los Rosales fueron el blanco de epigramas inmundos. casi desierto ahora. ¿en qué piensas? El. mala siempre.. el pitazo de la partida. Joaquín iba a recordar en voz alta las mañanas de las otras despedidas tan distintas de ésta: pero advirtiendo el aire cansado y melancólico de José Antonio. sin volver de su abstracción.. que lloraba ahora. que goteaban. estridente y cruel. respondió: -¡Qué cosas tan raras serían para nosotros las mujeres si no necesitásemos de ellas! Recibió ella con tal extrañeza esta salida. alarmado. Félix. Se oyó. se retuvo.. se habló mucho tiempo y con escándalo en el pueblo. iban escaseándole las fuerzas. que a ellas nadie las vio nunca cambiarse un beso con ninguno de sus pretendientes. Acaso el buen muchacho se hacía en su mente las mismas comparaciones.-Félix. que nunca habían conseguido que Félix llegara por su casa. después de los abrazos. el tren que se acercaba y se distinguió el foco ardiente de su reverbero. que el joven doctor. Anita se tomaba del brazo de su novio. dijeron. limpiándose la boca. sintiendo que a medida que se acercaba el momento fatal. -¡Adiós! -¡Adiós.. Cuando se oyó.! De aquel beso inocente. se dio cuenta de que acababa de sufrir una falla cerebral. La hipocresía. por fin. 170 . incendiando la atmósfera turbia en una gran extensión.. último y sentido adiós de un alma viajera a otra alma que se quedaba suspirando por ella.

. Había ingresado. Porque. Sólo cuando hacía muy mal tiempo se quedaba en casa. como rayos de sol. En esta tarea le ayudaba Anita. pero temerosa de ponerle triste. No había más novedad en Los Rosales. a pesar del tiempo transcurrido.. y entonces se entretenía en el cuidado de sus flores. arrancándole una nueva hoja. gracias a sus buenos antecedentes y a los empeños del ministro de Chile. su hermano no curaba de su mal de amores y ella. y algo de él se comunicaba a toda la casa. sintió es chirridos en lo alto. diariamente a recorrer los campos. para probar al ausente. José Antonio. José Antonio salía. las cartas de Europa. Anita. Una mañana. como de ordinario. y se contentaba con oír la interminable cháchara de 171 . la poda de los árboles. Era un dolor tranquilo el suyo. a atender personalmente las faenas. que le notaba transformado. y entre todas de sus predilectas. pero era un dolor. Pasado agosto. la limpia de los viñedos. Anita celebraba continuas entrevistas con el calendario colgado en la pared y era su gran placer el de ir. y confiaba que diez meses de trabajo persistente le bastarían para llenar el objetivo que lo llevó al Viejo Mundo. Y pensó llamar a José Antonio. hasta ponerse toda rosada y sudorosa. a la clínica de un famoso alienista de París.. no hallaba qué hacer para alegrarle. para alegrarle de veras. que ni un solo día había dejado de acordarse de él. con verdadero fervor. que nunca fue muy parlanchín.Vl Aquel invierno fue más bien benigno. para oírle con la risa franca y sanota de los buenos tiempos. -¡Las golondrinas -dijo.comienzan a volver. ya no volvió a llover y la primavera pareció anticiparse. Félix estudiaba con ahínco. en su debida oportunidad. se había puesto casi reconcentrado. Las coleccionaba todas en su secreter. a donde llegaban sólo de vez en cuando. prefirió callarse.. que estaba en el corredor limpiando la jaula de los jilgueros. cada mañana.

removiendo la tierra endurecida o echándole sus dosis de abono. echarse a la espalda el desengaño. en donde pasaban algunas horas muy agradables.. y José Antonio no pudo imponerse de la noticia. y rogó además a sus amigos de Painahuén que no dijesen nada. paz era la que había por entonces en Los Rosales. -Pero. complaciente. hacía venir el automóvil y la acompañaba a casa de Joaquín. y así llegó el verano.¡te vas a volver estatua! -Como tú hablas por dos. para poder responder si llegaba la ocasión. o pronunciar dis172 . con un gesto benévolo. -¿Tú no sabías nada? -preguntó a su hermana Ella no pudo mentir y le confesó que habían preferido ocultárselo. ¡Qué dirán. vertiendo polvos insecticidas en las ramas que veía sospechosas.¡ ¡Son tan buenos! José Antonio. No se hablaba de la Golondrina. destruyendo las limazas y los caracoles. hombre le decía ella . ni siquiera se aludía a ella. Félix le escribía a José Antonio que se había encontrado con ella en París. -le respondía él con seriedad cómica. un niño o un enfermo? Y se hizo más firme en él la resolución que adoptara a raíz de su conversación con Félix: sobreponerse a su dolor. Así pasó la primavera. al orgullo con el orgullo. en una fiesta ofrecida a la colonia chilena en la legación. siempre atenta a buscar a su hermano distracciones. Este detalle molestó a José Antonio. Quedábase a veces abstraído. Si en medio de la tristeza puede haber paz. Pero fue inútil... Y proseguía en su trabajo. Desde entonces.. a lo más. y su hermana le oía cantar coplas campesinas. le recordaba que hacía mucho tiempo no iban a Painahuén. porque dos meses más tarde. porque ella la ocultó. asintiendo. Un día leyó Anita en un diario de la capital que don Javier y su hija se habían dirigido a Europa.su hermana. pero se reponía pronto.. se le vio menos preocupado. pues. hiriéndolo en lo vivo de su dignidad de hombre. renovando los puntales que se habían podrido. ¿Era.. A veces Anita.

en la verdad. al volver del campo. La atención de las faenas rurales le tenía siempre sobre su caballo o su automóvil. a la comida lo notó un poco raro y distraído. Una tarde. Era orgulloso además y a la amargura de su desencanto uníase en él algo como un sentimiento de vergüenza ante la sola idea de haber hecho el ridículo. Instintivamente pensó en las muchachas del negocio adonde los jóvenes santiaguinos iban a matar los ocios veraniegos. con temor y con gusto. como había amado. Pero Anita. Sentíalo muy adentro morderle las entrañas y hubiera deseado sacudirse de él como de un bicho molesto. Después dijo. pero ahora desarrollaba una actividad febril. Preocupóse. encontró José Antonio el lenitivo que necesitaba. Dentro apareció una postal ilustrada en colores que representaba a un montón de calabazas.cursos políticos. o correr a rasguear la guitarra. Nada más terrible que esas tempestades morales en las naturalezas primitivas. Uno a uno fueron desapareciendo los tradicionales pero 173 . Al llegar el verano. que su hermano había olvidado ya a la ingrata y se preparaba para abrir su alero a otra golondrina que no lo fuera tanto. Anita. Una tarde llegó a casa contando no sé qué conquista veraniega hecha al pasar. se encontró con un sobre cerrado dirigido a él. ¡Bah!.. Era que la espina. Puede decirse que en el trabajo más que en cosa alguna. José Antonio no se analizaba. Nunca fue perezoso. José Antonio. al juzgar así por las apariencias? No. Anita empezó a creer. de innovar en el régimen de vida de los inquilinos. sin embargo. Sufría intensa y profundamente. José Antonio sufría. había penetrado muy hondo. se encogió de hombros y trató de disiparlo todo. por otra parte. clavada al descuido. no demenuzaba su dolor. despedazó la tarjeta. bajo una leyenda escrita con letra insegura y retorcida: “Recuerdos de la señorita Graciela”.. estaba tan cambiado de ánimo que se divirtió de veras. Intervenía en todo. Las revelaciones de Félix habían quedado grabadas como a fuego en su corazón.. ¿Estaba.. El rodeo de aquel año hizo resonar el nombre de Los Rosales por toda la región. Enrojeció de ira.

En estas tareas y en otras a que le obligaba su afán innovador. -Están cebadas. cuando el desaparecimiento de animales mayores. halagado con la perspectiva de poseer un haras que llevase lejos el nombre de Los Rosales. instaló un vivero. y hay que darles una batida. nadie se movió. cuando preocupaciones de otra índole le hicieron diferir este proyecto para mejor ocasión. ya está bueno. de asustado. envalentonado aún con el rendimiento creciente de sus tierras. para ceder su sitio a casitas de madera. se absorbía su ánimo. -¡A dónde vas a parar hombre! -le decía Joaquín a menudo en son de broma-. claras y alegres. Ya está bueno. poco tiempo atrás. patrón. patrón le decía Marcos-. En los corrales reinaba una alarma continua. El ganado menor sufría noche a noche pérdidas que no podían evitar los pastores ni los perros. Pero con asombro suyo. Marcos estaba. Sugestionado por la lectura de un artículo de una revista agrícola. A ciertas horas no era difícil oír el aullido estridente y fastidioso de las vulpejas. estimulado siempre. no se detenía. que no cabía en su pellejo: -Se van a “dir”. Se pensaba ya en organizar una batida. habría tenido un gesto de extrañeza si alguien le hubiese dicho que los huasos podían vivir menos miserablemente.. luego se dedicó a ensayar la crianza de aves en grande escala y pensaba ya en adquirir ejemplares de potrillos de raza.insalubres ranchos de barro y totora. La misma benignidad de los inviernos anteriores parecía haber favorecido la reproducción de los carnívoros.. Lo cual hacía sonreír al joven hacendado. Pero el joven no lo pensaba seguramente así y. los inquilinos. No se van a hacer en las casas nuevas. Asolaban por entonces la comarca las bestias carnívoras. recordándole que su padre se habría escandalizado de esas tentativas y que él mismo. junto con aumentar la alarma. fuerte con la confianza de su experiencia y de su capital. hizo brotar de todas las bocas la frase amenazante: –¡El león! 174 .

No menos de cincuenta galopaban y trotaban entre las patas de los caballos. Dardo entre ellos. de madrugada. Se dejó conducir a Painahuén y cuando Joaquín y José Antonio partieron seguidos de sus huasos y sus perros. un viejo leonero. sino de una familia entera. su cuchillo y su pareja de mastines. por lo menos. De pronto se hizo el matorral tan espeso.. -No seas tontita. Pero el la tranquilizó asegurándole que el león. nerviosos. que hubo necesidad de hacer alto.Era preciso proceder y se procedió. y parecía no andar equivocado. Se podía ver allí la afición tradicional de nuestros campesinos a criar perros. -Además. es un pobre diablo que no ataca nunca al hombre. Era el 175 . en que no participase en la aventura. de las cuales recordaba mil historias pintorescas que le gustaba contar. Un muchacho había divisado a la fiera la tarde anterior y no fue difícil percibir sus rastros en la tierra todavía húmeda. que se las había con “esas fieritas”. ¿no sería vergonzoso que yo. olfateaban el suelo y erizaban el lomo. pues los rastros acusaban garras de diversos tamaños. por consejo de don Romo. se vio ascender hacia la montaña una cabalgata formidable. lo confesaba. Anita había insistido con su hermano. Lo afirmaba con aplomo repitiendo argumentos de hombre conocedor. desapareciendo de tal modo los caminos. dando pequeños ladridos. Tenía miedo. en corro de compadres. Formaba en la comitiva don Romo. pudieron verla orar en compañía de Rosario. Antes de una semana ya se habían puesto de acuerdo todos los propietarios del entorno y un domingo. entre pitillo y pitillo. Tenía sesenta años y hacía cuarenta. Los perros quedaban encargados de dar la voz de alerta y tocar a reunión con sus ladridos. sólo me quedase en casa? Anita inclinó la cabeza y asintió con todo. Si esto no es más que una travesura.le dijo-. Se abrazó a su hermano y le inundó de lágrimas la manta campesina que José Antonio llevaba terciada sobre el hombro. no se trataba de un león. debiendo tenerse la precaución de ir siempre hacia adelante estrechando distancias. Dividióse la gente. como fiera.. A juicio suyo. Los perros. con su fusil.

que chillaban mostrando los nacientes caninos y meneando la cola. Estaba ya casi oscuro cuando descendieron al llano. espeluznados. miraba las estrellas. ladraban desde lejos. para llevarse a manera de trofeo su magnifica piel. ciego de ira. con las patas al aire. La fiera dio un salto de costado y quedó inmóvil. José Antonio. no sin dejar tendidos a zarpazos a muchos de esos enconados enemigos. entre sorbos. Pero él se contentó con ordenar que no se dejase abandonado el cadáver de su fiel Dardo y que se desollase allí mismo a la fiera muerta. fue sorprendida en su madriguera y acosada por los perros hasta que rindió la vida. apuntó certeramente al corazón y disparó. La leona. Estaba muerta. El. El regreso fue triunfal. porque era una hembra y sus cachorros los autores del daño. Las haciendas estaban de fiesta y aquella noche en muchos humildes hogares se debió comentar. haciendo servir de manpuesto a su propio caballo. ajenas a los dolores y a las alegrías de la tierra. VII Del nuevo calendario tenía ya Anita reunidas unas sesenta hojas. No supo explicarse por qué su prometido no le escribía también a ella y empezaba a creer en un extravío 176 . impaciente por la mala puntería de don Romo. Batalla que duró seis horas y quedó definitivamente resuelta a favor de los asaltantes. entretanto. Nadie osó disputar a José Antonio el honor de la victoria. repitiendo mentalmente un nombre entre todos adorado. la hazaña del patrón de Los Rosales.. Azuzado por su amo. le arrebató el fusil y.principio de la batalla. Algunos perros se lanzaron enfurecidos sobre su presa inerme ahora. Dardo anduvo desgraciado. impasibles en el cielo lejano. se puso demasiado al alcance de la fiera y una sola manotada lo dejó por tierra.. El lazo de los campesinos dio cuenta de los cachorros. mientras que otros. Cuando José Antonio y Joaquín recibieron de Félix sendas voluminosas cartas.

lloraba. pero la extraña actitud de su hermano que.. asustado. Anita. perplejo. se vio detenido por ella. Aún insistió con su hermano en que la dejase leer la carta. -Pero.. confuso. un extravío. Lloraba sin un sollozo.. después de leer la carta. la llenó de una inquietud inmensa. sin viento. que iba a entrar. ¿qué te dice?. Tú sabes que nunca ha tenido los nervios muy resistentes ese muchacho. medio exhausta. si no es el caso de afligirse. -Será un retardo –dijo-. Era una tarde plácida de fines de verano. de ningún modo.. -¿No me engañas... que le tomó de un brazo: -¡Hermano! ¿Por qué te vas? ¿Qué dice? ¿Está enfermo? -No. Si estuviera enfermo. en una distensión de todos sus nervios hechos vibrar por la angustia de momentos antes. afligido él mismo por aquel dolor que no podía evitar y que encontraba muy justificado. canturreaba con la lánguida voz de un solo chorro de agua. que le hostigaba. Y acosado por ella. pero él se negó. se ha ido al Mediodía. replicó vivamente: -No. arguyendo que cosas 177 . sin tierra. Ella entretanto. Estaban ambos en el corredor. La fuente del patio. no habría podido escribirme. Anita. se la guardó silencioso. José Antonio? ¿Dices la verdad? -Nunca te he mentido. Los estudios. ¿por qué no me ha escrito a mí? El. ¿sabes? Quería volver pronto. José Antonio.. acabó por confesar que Félix estaba realmente algo delicado de salud. -¿Qué es lo que tiene? ¿Me dirás al fin? -Neurastenia. nada más. casi sin rumores.. no atinaba con una respuesta medianamente satisfactoria.momentáneo del correo. ¿no puedo leerla yo? Él. pillado de sorpresa. -Es que hay veces en que mentir es un deber... Se había tranquilizado ya. Pero ahora descansa. pero que no era cosa de cuidado. -¿Ves? -le decía él-. afligida. -Y la tuya.

el alienista en cuya clínica trabajaba había conocido y tratado a su madre. nada más que lo que la propia Anita sabía ya: que Félix. Pero de pronto la pobre niña. y los dos amigos se quedaron conferenciando adentro. no pudiendo resistir más. con un gran sollozo: -Rosario. entretanto. Rosario se empeñó en tranquilizarla. se echó en sus brazos. Félix se sentía de nuevo presa de la obsesión terrible que le había empujado al alcoholismo. y de sus 178 . cuando la campanilla del teléfono. el café. Le aseguró formalmente que no sabía nada. víctima de cierto agotamiento nervioso. había tenido que interrumpir sus estudios para irse a pasar una temporada a la Costa Azul. José Antonio aceptó y Anita. Sería una velada agradable.. las revelaciones del ausente. Rosario invitó a Anita a estarse en el corredor.. -Precisamente para evitarme un sufrimiento. No decía más. Había luna. por más que ponía el oído.. ¿por qué tanto misterio? ¿Por qué se han quedado ellos solos allí adentro? ¡Ah!. Por primera vez desde hacia mucho tiempo. Anita. la comida fue una escena triste y casi penosa en Los Rosales. Por una circunstancia fatal. a raíz de la terminación de sus estudios en Santiago. si no fuera más que eso. poseída de presentimientos cuyo origen no atinaba a explicarse. Se servían. Llegaba hasta ellas el rumor de sus voces.. He sido yo la que la he invitado a salir. ¡Se lo pido por Dios! Usted lo sabe. a sorbos lentos. no alcanzaba a distinguir una sílaba. Los dos amigos conversaban. repercutiendo con son de alarma en sus nervios agitados.de hombre a hombre no debían conocerlas las mujeres.. -Entonces. Rosario procuraba distraerla. no pudo siquiera terminar su taza de café. pero Anita. les hizo saltar en sus asientos. haciéndola interesarse en la alegría de los chicos. comentando con la seriedad que el caso exigía. dígame lo que pasa. viendo jugar y correr a los niños. -Se equivoca.. Joaquín les invitaba a pasar la noche con ellos. bien pudieran haberlo hablado delante de nosotras. a la luz de la luna.

¿no es verdad? -Por nada del mundo. más valía estar en Europa. para que no le pierda de vista. esperando en 179 . Todos. -¿Qué se puede resolver? -decía José Antonio. -Esperar y nada más. pero que está fuera del alcance de nuestra previsión. donde había más elementos para combatirlo. -A Anita. bromeó a propósito de los niños. lo que había que ocultar forzosamente a Anita. Le escribiremos a Félix dándole valor. afortunadamente con síntomas pasivos. en ese caso.propios labios oyó él la historia completa de la enfermedad que tanto temía. si no fuera porque temía una reincidencia del mal y. Ellas. A eso de las doce oyó que Rosario le hablaba a través de la pared: -Anita. La apagó en efecto. todos dormían ya profundamente. Joaquín estaba en antecedentes. para acabar de desvanecer toda mala idea en el espíritu de Anita. mucha distracción y un completo descanso intelectual. -Y que su correspondencia con Anita se limite a unas cuantas postales llenas de buenas noticias. tranquilizándole.” Y hablaba de que él volvería sin tardanza. a acostarse! -les dijo Rosario. -Yo le escribiré a Javier. Joaquín. Pero lo delicado. ni una palabra. como si aún no hubieran jugado bastante. pero permaneció despierta. que entraban a la sazón. que se habían puesto a correr alrededor de la mesa. no pudieron sorprender nada de anormal en su actitud ni en su voz. que no había querido siquiera desvestirse. voy a apagar la luz. era que Félix había tenido ya un ataque de enajenación que se prolongó por más de un día. A las dos de la mañana. recomendándole. “En mi alma –decía– se ha hecho la noche por más de veinticuatro horas. ¿Qué se va a hacer? Es una desgracia muy grande. menos Anita. lo terrible. sobre todo. ¿ya está en cama? -Sí respondió-. -¿Qué hubo? ¿Se han divertido estos bribones? -¡A acostarse. que está ahora por allá.

mientras repetía su llamamiento de afligido: ¡Joaquín! ¡Rosario... Había concebido un proyecto y su propio valor le daba ánimos para ponerlo en práctica. Hundió en uno y otro bolsillo la mano temblorosa. Le vio sumido en un pesado sueño de campesino que se levantaba al alba.. temiendo quién sabe qué..la sombra. y extrajo la carta de Félix que José Antonio se había negado a mostrarle y comenzó a leer. gritándole desesperadamente: -¡Anita! ¡Hermana mía! ¿Qué has hecho? ¡Anita! Y como no la viera volver en sí. obstruida su claridad por los árboles del huerto. La luna alumbraba apenas.. Entonces empujó la puerta y.. con los ojos fijos en el lecho. pidió socorro: -¡Joaquín! ¡Rosario! ¡Vengan ustedes! ¡Joaquín. El le limpiaba el rostro con las sábanas.. Anita. con angustia de alaridos.! ¡Vengan aquí! ¡Les necesito. José Antonio se incorporó sobresaltado. conteniendo la respiración. que se había quedado con la luz encendida.. El ruido de un cuerpo que cae le había despertado y con mirada de espanto vio a su hermana tendida sobre la alfombra con la fatal carta en la mano y el rostro lleno de sangre. Se deslizó pegada a la pared y llegó frente a la ventana del cuarto de José Antonio. y fueron a perderse en la soledad de la alta noche.! VIII Inesperadamente llegó Carlos Larraeta a Painahuén y por él 180 . latiéndole los oídos con la sensación de estar cometiendo un crimen. Cuando calculó que sólo ella velaba. al caer como herida por un rayo había dado con la frente en el borde de la mesa de noche y la sangre seguía brotando incontenible. se dirigió hacia la silla en que su hermano había dejado su vestón y su chaleco.! Sus gritos desolados resonaron en el silencio de la casa dormida.. se quitó el calzado y salió al corredor. Saltó del lecho y la tomó en sus brazos. loco de dolor..

que escapaba a horcajadas en un jirón de su patrimonio. en aquel toletole formidable de papeles que representaban valores fabulosos. una actividad de tal modo extraordinaria que hasta los más sensatos llegaron a creer en el “resurgimiento” de que todo el mundo se puso a hablar casi en seguida. por uno u otro motivo. colocado a su pesar fuera de escenario. El golpe se pro181 . y ahora tenía que regresar. sólo los tontos podían quedarse en la luna. se había metido más allá de lo que la prudencia podía aconsejarle. sobrevino.se supieron muchas cosas que. con otros en el cementerio y que empujó a los restantes más allá de las fronteras De estos últimos era Carlos. que nunca tuvo desmedida afición al dinero pero que corrió siempre tras el azar de una carta o de un caballo se vio envuelto en la vorágine del agio y hubo momentos en que le pareció soñar viéndose convertido en uno de los potentados financieros del país. como un general que acude a reforzar un ala de su ejército en peligro. Pero. que aventó muchas fortunas que parecían sólidas. un desastre estupendo. Formábanse diariamente sociedades anónimas de todo género. En cada corredor había por lo menos un pichón de millonario y en aquel ir y venir. La Bolsa había tenido un movimiento colosal. de repente. salitreras. en pleno siglo veinte y en las dos más grandes ciudades de Chile. que viajaba por Europa ciertas melancolías de hombre público. había sufrido también quebrantos bien considerables. a ponerse al frente de sus negocios para salvar el resto de su hermosa fortuna. Había pasado por los mercados de Santiago y Valparaíso una racha de agio y de especulación como no se había visto nunca. y como lo dijeron algunos tímidos a quienes nadie hacía caso. que dio con algunos en la cárcel. Ilusionado por las noticias de su corresponsal y apoderado en Santiago. mísero tablón en que pensaba trasponer el Atlántico. Era la pesca milagrosa. y se improvisaban fortunas de la noche a la mañana. Aunque no lo confesara de plano Carlos venía fugitivo. Carlos. auríferas. como era natural. podían tener relación con Los Rosales. ganaderas. pescadoras. el crac. Don Javier. Fue el desastre.

a dos columnas. ¡Sabe Dios qué enredos había dejado tras de sí! ¡Aquí capeo el temporal! -dijo. Y como algunos diarios. casi clandestinamente. título auténtico español. evidentemente. tan inoportunamente desvanecidos. no podía tenerlas todas consigo. toda la distancia de un océano. Joaquín y Rosario se quedaban extrañados de verle en aquella actitud de gran señor. Demasiado se daba cuenta él de que había en Los Rosales mucha pena y de que no era oportuno acarrearles más. que en Europa como en Chile rondaba a su rededor. desapareció de Painahuén. terrible despertar de esa pesadilla de especulación que acababa de pasar por el centro del país. y enviando de vez en cuando displicentes bocanadas de humo a sus sueños de opulencia. Ya pasará todo. precisamente cuando ya se daba por cierto que Graciela se casaría con el vizconde de Arno.ducía en los primeros momentos para él. Y un día. empezaron a citar nombres. cual era su carácter. Anita había estado muy delicada. Todo esto lo contaba Carlos con volubilidad. en los que. 182 . Sufría. porque siempre estaba rogándole que la perdonara y que nunca más volvería a proceder como lo hizo. pongo entre mi persona y ciertos individuos a quienes no tengo ningún motivo para querer bien. Se vio bien que el vizconde no era lerdo. en seguida. se daba la campanada con la “debacle” bursátil. Estamos en el período crítico. cuando. después del accidente que su propia imprudencia le ocasionara. Y todas las mañanas se leía escrupulosamente los diarios. Joaquín repitió a su amigo lo que creyó conveniente de las informaciones traídas por el flamante corredor. y a fuer de diplomático había sabido muy bien salir airoso de tamaño trance. más sensacionalistas o más independientes. simulando un llamado urgente de su tía la marquesa..y. por el disgusto que había dado a José Antonio y en vano éste le repetía que no era nada. con grandes títulos llamativos. Carlos sonreía con una sonrisa nerviosa. dejándolo sumido en la ruina y en el desconcierto económico. se puso serio. sobre todo la pobre niña.. que no se preocupara de eso.

estaba desconocido. llegó a hablar de hacer llamar de la ciudad a alguna de las viejas tías. Esta vez venía también una dirigida a Anita. La alcoba de Anita trascendia a éter y a azahar y ella estaba en cama. Anita pasaba en el oratorio horas enteras. la enferma resistió. de la joven. Félix se había vuelto loco. errante por las habitaciones. lloraba mucho. pero ella. y encontró la casa revuelta y la servidumbre consternada.Finalizaba ya el otoño y no había vuelto a tener noticias del enfermo. pero José Antonio no quiso entregársela hasta no imponerse de la suya. Las velas ardían ante todas las imágenes de santos existentes en la casa. lo mismo que Joaquín. Afortunadamente. cuando pudo levantarse muy débil todavía y dar algunos pasos por la habitación. conversaban ambos en presencia de Rosario él había ido a Painahuén sin decir nada a su hermana-. El. Tres veces hizo llamar al confesor. pero sin contar con la huéspeda. de ordinario tan apacible y quieta. A toda velocidad de su automóvil regresó José Antonio. Había leído los diarios. ya delicado. Ella creyó morirse. Devota como había sido siempre se puso mística. Era una carta disparatada e incoherente. riéndose. Esto no hacía sino aumentar las inquietudes de sus amigos y de su prometida que. a hurtadillas de José Antonio. llevándose a sus amigos. José Antonio. A fines de junio llegaron las ansiadas cartas de la Costa Azul. que en la sección cablegráfica publicaban la noticia temida de todos. pensó que el pobre mozo marchaba decididamente hacia la locura. y desde el camino se olía a incienso y a cera bendita. reaccionó la naturaleza en ella y no había pasado un mes. a quien no podía ocultarse su aflicción. José Antonio. cuando desde Los Rosales llamaron por teléfono para decir alarmadísimos que la señorita estaba muy mal. Pusiéronse a estudiar el punto. El problema era ahora dárselo a entender a Anita sin que ello importase una catástrofe para el organismo. le contestó que el remedio seria peor que la enfermedad. Un inmenso dolor había entrado con el invierno a aquella residencia. Había hecho promesa a la Virgen y su 183 . con una gran fiebre.

atenderle.tu deber. Yo iré contigo. En Los Rosales se hablaba de “él” y ya se sabía demasiado quién era.primer cuidado fue hacer llamar a una costurera para que le ayudase con la labor.. Por consolarla. porque Félix no había muerto y aún podía curar. Rosario se ofreció espontáneamente a reemplazar a la obrera y Anita se lo agradeció. 184 . -Y además -agregó. por consiguiente. Permanecía recluido en la Salpetriere. como prometida suya. José Antonio le había observado una noche que velaba junto a ella. es estar a su lado. cuidarle. aparte de las noticias. encontrando que aquel sacrificio de parte de su amiga completaría la ofrenda de su corazón. Nunca se le nombraba. cuando yo te lo pida? -había preguntado ella. Nada más supieron de Félix. Bien es cierto que aquella enfermedad como lo observara el médico. -¿Tú me dejarás..era más del alma que del cuerpo y que ni el más sabio de los facultativos habría podido combatirla por otro medio que el que su cariño de hermano inspiró a José Antonio. Félix padecía de manía de persecución y delirio de grandeza. respondiendo a aquel llamamiento íntimo y persistente empezó a rehacerse. de los poderosos de la tierra. -Mi deber es el tuyo. por dos años no vestiría sino del color grato a la Señora del Carmelo.. mientras su familia disponía lo necesario para reembarcar con destino a Chile. recobrar la razón. Desde entonces Anita puso toda su voluntad en sanar y su organismo. -Cuando “él” llegue –decía-. partir. Anita.. Anita.. que los diarios registraron. Puede decirse que Anita debía su salvación a una frase. a guisa de ilustración durante algunos días. iré a encontrarlo a bordo. secas y terminantes. Yo no tendría derecho a prohibírtelo. pues. que no tenía derecho a pensar en morirse. se creía un nuevo redentor de la humanidad y víctima. ¿no? -Sí.. hacer menos penoso su tristísimo estado.

. se mudó. y los ojos le brillaron: 185 . Aunque ya. -Sí..? -Mañana llega la Golondrina. -Gracias por la noticia. aquella noche Joaquín llamó por teléfono para preguntar por la salud de Anita. ¡Hasta mañana! A través de la distancia envió Joaquín una franca risotada. pues se quedó sin saber. observando su perplejidad. le preguntó: -¿Que te pasa? -Ese loco de Joaquín que me ha dicho una cosa.. Las últimas golondrinas habían emigrado definitivamente hacia el norte y hacia la costa tras de climas más templados. -¿Sus pensamientos? -Sí. -¡Ah!. Yo me las llevaré. Mediaba ya el invierno..... voy a conocer sus pensamientos. si se trataba de una broma. -¿Cómo? ¿Qué. Después se enrojeció. sí. cuando su amigo le preguntó: -¿Te acuerdas tú de un refrán que dice: una golondrina no hace verano? -Sí. como sabes.. los que “él” cuidaba en el Manicomio. realmente. Que mañana habrá vuelto la Golondrina. Yo le ayudaré ahora a cuidarlos. Como siempre que no habían podido ir a Los Rosales. -¿Qué? -No vayas a reírte. hombre.O bien: -Estas eran las rosas que le gustaban a “él”. ¿Y qué hay con eso? -Que mañana vamos a ver cumplido ese refrán. -¡Eres un gran truhán! -Por mi honor.. Te lo advierto para que te prepares. que desconcertó a José Antonio. Anita se quedó seria. José Antonio creía que ya iba a despedirse y se preparaba para colgar el fono.. Anita. Anita. ¿no te parece? -Como no.

miró un instante hacia la ventana. Anita. interrumpió la labor. Pero dime. Después dijo.. De pronto ella. ¡La querré siempre! 186 . -Pregúntaselo a tu corazón. -Anita. -No sabría decírtelo -contestó.. José Antonio. ¿tú la quieres todavía? Hacía largo rato que no hablaban de Graciela. Pero lo que hay de cierto es que la velada de esa noche en Los Rosales fue mucho menos triste de cuantas venían sucediéndoles desde mucho tiempo atrás.. dímelo. Dime la verdad. encarándose con su hermano: -Dime. la quiero todavía. -Tú no me has mentido nunca. ¡Están pasando tales cosas desde hace algún tiempo! A José Antonio le habría sido difícil decir si la noticia le era agradable o no. pero él no tuvo que hacer el menor esfuerzo para adivinar a quién se refería su hermana. José Antonio. Con la aguja sobre el labio. que cosía sus vestidos de promesa. ¿la quieres todavía? Y después de una pausa en que José Antonio pareció realmente interrogarse a sí mismo. yo necesito saberlo. -¿Para qué? -¡Ah! cosas mías.-Debe ser cierto -dijo-. respondió con voz confidencial: -Sí..

y en obedecimiento al plan de conducta que ya se había trazado. pero rogó. pero esperaba. en cuanto estuviese a su lado. ciertamente. y que se obstinaría en cumplir hasta lo último. José Antonio pretextó una diligencia urgentísima. el ánimo para paseos. A mediodía volvió de su diligencia y permaneció en casa. él ya no volvería a ser dueño de sí mismo. que llegaba esta vez del otro lado de los mares. Anita no tenía. por su parte. Cuando escuchó venir el automóvil. que Graciela le diese detalles para ella desconocidos acerca de la enfermedad de Félix y había partido llevándose un gran ramo de violetas imperiales. ansioso de ver llegar a su hermana que le traería noticias. montó a caballo y se encaminó al pueblo vecino. El ardía en deseos de ver a Graciela.CUARTA PARTE CAUTIVA I Temprano preguntó Joaquín a Los Rosales si no querían acompañarles a la estación a recibir a la Golondrina. en cambio. Estaba seguro de que la encontraría más bella y seguro también de que. de una variedad nueva que sólo aquel año había logrado tener José Antonio en su jardín. Por eso. No fue. a Anita que fuese. el joven salió al camino y no fue poca su sorpresa al ver que venía completamen187 . encargando a Anita saludase respetuosamente a la recién llegada y dijese a Joaquín que haría lo posible por alcanzar hasta Painahuén esa misma tarde.

y saludaban.. Después de un rato de charla.... Graciela no dejó de observarlo y manifestó que todos parecían de acuerdo en la solución menos el dueño de casa. entonces -apuntó Rosario. A él le latía el corazón. aunque has pasado casi todo el día fuera podrás decir si hay sitio en la mesa para tres personas más. Si la humorada no era más que llegar aquí. señorita -replicó él. que se quede Graciela y nos vamos nosotros. -Usted no se digna ir a ver a las amigas que llegan. habían querido acompañar a Anita. -No puede ser. de ningún modo! -replicó Chela-. pero. ¿No es verdad Joaquín? -Hay que irse. -Sí es así. con un poderoso esfuerzo de voluntad aparecía sereno y sonriente. -Yo mando guardar el automóvil -insistía José Antonio. Joaquín y Rosario descendían también. y por eso proponemos esa transacción.. eso no puede ser. con franqueza. -¡No. -El que calla otorga. Todos a indicación de Graciela... José Antonio! -Señorita. -Anita -dijo el joven-. -Acabo de llegar -se apresuró a decir José Antonio-....te ocupado. Chela saltó del carruaje y tendió al joven la mano. -Una transacción. Si hubiera sido más temprano. de fijo que les encuentro en el camino. -¡Cómo está. -No se imagina usted cuánto he lamentado no poder ir. Ahora nos vamos. sin sombra de indecisión ni de jactancia. no. José Antonio se mantenía a la reserva.. Anita. -¿Y por qué no se quedan todos? -Eso no es posible.. Tienen ellas que venir a buscarle.afirmaba Anita.. Joaquín y Rosario se despidie188 .. efectivamente. -Ya sé -dijo su marido-.

y que acaso no pueda repetir jamás. en la casa de Joaquín. y que usted necesita saber todos los detalles de la enfermedad de Félix. Ella contó que había notado un poco raro a Félix. -Me habló de Los Rosales -agregó. Se habló sobre todo de Félix. sin levantar los ojos: -¿También pensará lo mismo su señor hermano? 189 . aquella tarde: -Usted va a escribirles. -Sí. su locura parecía tener por origen cierta debilidad de los centros nerviosos. aunque ya le había oído las mismas expresiones. mediante un régimen apropiado. como si pesara las palabras. y apenas la vio callar le reiteró una petición que ya le hiciera. distraída. una monada. -¡Graciela. Les diré que es usted un “dije”. La voy a poner a usted por las nubes. Golpeó el mantel con la servilleta. pero ellas saben que Félix es mi novio y que esperaba volver para presentarme a ellas. y dijo. porque ya le conocía tanto y nunca se vio de otra manera: un poco divagador y filosófico. qué buena es usted! Ella sonrió con cierta filosofía. como se merece. La imagen y el nombre de Félix ponían una atmósfera de intimidad y de efusión entre los tres.. la víspera de la partida a la capital. voy a escribirles enseguida.ron y los jóvenes pasaron al comedor..y me dijo unas cosas que no puedo repetir ahora. habían pasado horas tan hermosas y tan plácidas en aquella misma casa. y le tenían presente por el recuerdo. Anita. unas tías y unas hermanas que sentían una ternura casi idolátrica por él. Era el único que faltaba de los cuatro que. pero que no le llamó la atención este detalle. Anita. haciendo desaparecer el embarazo a que podía haber dado lugar lo repentino de la presencia de Graciela. ¿no? Yo no las conozco. Se refería a la familia a cuyo lado había vivido Félix hasta el día de su partida a Europa: la abuela. pues como la de su madre. la escuchaba de nuevo con avidez. Y terminó asegurando que en todos era opinión formada que Félix curaría.

-Es que ha sufrido mucho. ahora que eran. Anita y yo. José Antonio salió a hablar con el chofer y las dos jóvenes quedaron un instante solas. interrumpiéndose casi.. 190 . o acaso no la amaba ya? Cuando llegó el momento de partir. Ella. A ella le había chocado ya aquel tratamiento cortés. No. discreteó: -Anita me quiere. no era ése el José Antonio que ella había conocido. conocía el camino como el corredor de su casa.. -Y yo también. podía decirse. ese muchacho inteligente.. señorita respondió él. Había aprendido a hacer proezas en su máquina y. El. pero algo rudo. le añadió algún comentario.. el que no atinaba a hablar en su presencia y que en una noche de luna. viejos amigos.estamos jamás en desacuerdo. -¿Para bien o para mal? -No sabría decirle yo tampoco. con la sencillez con que se declara a un amigo que se le estima.. que le parecía anacrónico. Pero no se atrevió a llamarle la atención y se propuso ver cómo y en qué circunstancias volvía José Antonio a dirigírsele por su nombre o por el diminutivo de su nombre. No.. encontrando que había sonado demasiado seca aquella fase. que Graciela estuvo a punto de desconcertarse. ¿Habría aprendido José Antonio a hacer la comedia de la vida social. sin inmutarse. se había ido para dejar lugar a este mozo serio y discreto que le decía quererla. -¿Cómo lo encuentra a mi hermano? -No sabría decirle. bajo los árboles del jardín. No es el mismo. le confesó llorando que la amaba. Graciela le recordó con coquetería que aquella adquisición era obra suya. -En nada –dijo. por lo demás. con frialdad casi.-Exactamente lo mismo. Lo había dicho con tal naturalidad. José Antonio quiso darse el lujo de gobernar él mismo. Ya instalados.

Anita. zigzagueando por el camino.. Pero se sobreponía a su deseo y hasta se permitía manifestarse impaciente. Rosario y Graciela. él no deseaba otra cosa que permanecer allí. -Admirable. En su asiento las mujeres se estrechaban. -Si yo le decía. A aquella hora la carretera estaba desierta y José Antonio creyó oportuno imprimir una buena velocidad a la máquina. que con su fanal deslumbrador parecía un gigantesco monstruo que tuviera un solo ojo inmenso en mitad de la frente. en el fondo. ni a caballo. Preciso es decir que. -¿Qué tal la prueba? -preguntó José Antonio. señorita... gozosas de ir en medio de la noche. que era tan refractaria a los automóviles. se pusieron de acuerdo para hacerme la jugada.. que había pensado más de una vez en ello.-Sí -dijo Anita-. que es suyo. señorita! -Al menos automóviles.. Anita? -Es que he leído y he oído contar tantas desgracias que han pasado. ¿recuerda. cuando llegaron al fin. hoy ya no quiere andar en coche. usted sabe elegir. Ya ve usted. en aquel magnífico faetón de metal y de caucho. -¡Oh. -A eso me refería. -y acercándose a él mientras franqueaba la puerta. -Me alegro mucho. No tengo queja de él. Picarescamen191 .: Al fin no lo bautizó usted.. De más me parece decirle que está a su disposición. no a otra cosa. Argüía que Anita estaba delicada aún y que el aire demasiado fresco de la noche podía sentarle mal. Y él. -¡Vaya! Gracias... le inquirió. repuso con un tono de sinceridad insospechable: -¿Podrá usted creer que ha sido una distracción? Dos veces habló José Antonio de retirarse y las dos veces se opusieron a una Joaquín. contra la tierra y contra el viento. Este me ha resultado un aparato de primer orden. He tenido un acierto que ya quisiera tener para todo.

Ella ocupó el asiento delantero para poder conversar cómodamente. Ella es la única mujer por quien he llorado. no le digas nada de mí. Ya ves: yo soy atento con ella. -¿Qué te dijo? -Que te encontraba distinto. de llegar hasta el sacrificio a trueque de hacer comprender a aquel adorable ser que ya no era para él la misma persona y que si sentía el ansia del homenaje a su belleza. pero ahora se sentía capaz de ser un perfecto cómico. -Hoy me habló de tí. Váyase usted y que se quede Anita. quitándole lo poco que. según él.. bueno. Nunca había él disimulado sentimientos. pero nada más. que yo no te cuento nada. ¿eh? -Bueno. -Bueno. pero ésa es una lección que una vez aprendida ya no se vuelve a olvidar. él replicó: -Como le parezca a Anita. Sin pizca de emoción. -Por nada de este mundo le vas a decir que yo me preocupo de ella. dile que no sabes nada. A Anita le pareció que había que irse y se fueron. Mira. hazme el favor. levantándose ya como para despedirse.te. Anita.. Pero no quiero que vuelva a divertirse conmigo... José Antonio.. 192 . Anita. El dolor había afinado y afirmado la voluntad en aquella naturaleza viril. -José Antonio. le quedaba todavía “de niño”. lo que se puede ser. contéstale con evasivas. José Antonio.. bien podría ir a buscarlo a otro sitio. Que no sabía lo que pasaba por ti. Graciela objetó: -Bueno: transacción otra vez.. -Félix lo sabe.. -Dime. ¿Por qué estás así? ¿Cómo dijiste que la querías aún? -¿Que si la quiero? La adoro más que nunca. si me quieres y quieres verme alguna vez feliz.

Pero tampoco ignoraba que era aquélla para él una partida decisiva en la que. Confesó que. en efecto. -¿Quieres que venga mañana? -O pasado o cuando quieras.. -Pero. Fue.. su dignidad. ya se habría ido definitivamente de sus manos. le exigían adoptar ese procedimiento. -Te conozco el juego. batiéndose a la desesperada.. que no le fue difícil llevar la simulación un poquito más allá y clavar al fin la duda en el corazón de Graciela.. que en cuanto sospechase la falsedad de su actitud volvería a cobrar sus antiguas posiciones. sin embargo. José Antonio? -Haré lo posible. sino que las dejó en la sala con Rosario y. ¿A qué viene seguir la comedia si ya estamos entre bastidores? José Antonio no creyó prudente empecinarse y confesó. señorita. pero ahora no alternaba con ella. su mismo amor. porque no te entiendo. -¡El juego! -¡No te hagas el zorro rengo! Y no me parece mal la táctica que desarrollas. Ya sabes demasiado bien lo que pasó. se dirigió del brazo de Joaquín hacia el corredor. ¿usted no viene. como entonces. picaronazo -le dijo su amigo. Nada sería más grato para mí. tenía que jugar el todo por el todo: si no lograba entonces aprisionar a la vagabunda golondrina. No podía él ignorar que se las había con un adversario hábil.. –Casi estoy por decirte que eres un mal amigo. hablando de negocios. acompañando a su hermana. su porvenir. Pero no estoy seguro. en el momento de despedirlos.Hacía tantos meses que venía engañándolos a todos. -¿Cuando vuelven? -había dicho ella.. cuando guste. –Explícate. Si a la señorita Graciela le agrada tu compañía. -Anita. Yo era un niño en ma193 . Anita. palmoteándole el muslo. hasta a su propia hermana.

-En este momento te estás vendiendo. Graciela. -Y dime. El sonrió. a Joaquín y a su mujer. sí.. asediada por sus relaciones y deslumbrada acaso por los pergaminos. -La salud de Chela tampoco es buena ahora. ¿no? -Tanto como eso no.. que le ayudaran. -¡Bravo... -Además.. -Ya estaban comprometidos. La vi y me enamoré como en las novelas. eso si. aunque no consiguiera hacerse amar. que Graciela no se fuese riendo de él. Se hallaba capaz de todo y le pedía a ellos. desesperadamente... Hastiada de homenajes brillantes. sin más valor que su salvaje pureza? Mientras que ahora. locamente. José Antonio. ¿qué podía importarle el homenaje de un corazón de campesino. para engañar el dolor.. -Don Javier no quiere que Graciela se imponga de ciertos detalles dolorosos que podrían producirse. muchacho! Así me gusta. por lo menos..teria de amores. Te lo advierto para que nunca pongas esa cara cuando estés delante de ella. ¿No lo has notado tú? -Si. Porque. parecía dispuesta ya a llegar al compromiso.. ¿por qué ha venido en esta época al campo?. Y ocurrió lo que era justo que ocurriera. ¿a qué se debe su viaje? -¿Sabes de los quebrantos de fortuna de don Javier. -¿Te acuerdas -dijo. ha debido sufrir con lo de ese imbécil de vizconde. como sonreímos cuando nos escuece una herida.de la noche que tú llegaste al hotel y yo 194 . Aquí la haremos reponerse. que ha estado a punto de quedar en la calle? -Sí. José Antonio se calló y tuvo un gesto de represalia. -Sí. conseguiría. que es una mujer sin disputa inteligente. Pero ella. -Sí.

. háblale. aleccionada de antemano.. yo haré de Mefistófeles ahora. Anita. un anticipo cierto de la primavera.! Sólo un momento estuvo José Antonio en el salón y no habló sino de cosas triviales y sin interés particular para nadie.soñaba? -Sí. y los campesinos. II Era invierno y el campo estaba triste. me dijiste: “Señor vizconde de Arno. –Ya sabe usted. La tierra. señorita. era un rayo de sol hecho mujer. alzaban las manos con un gesto inconsciente de bendición: daban gracias a Dios. invitó a Graciela a Los Rosales para el día siguiente. –¿Qué dice el dueño de casa? -objetó ella. Los caminos estaban encharcados y sólo el cumplimiento de alguna obligación podía hacerlos transitables. pues. se pone fea en el período de la fecundación. de llovizna. ¡Imagínate! -Bueno. ve. ¡Anda. Nada sabían ellos del proceso íntimo de sus vinculaciones con Los Rosales. Mi hermana y yo. aquella dulce golondrina de la ciudad. Pero así que la vieron volver y pasar siempre 195 . Margarita. y ríndele a tus pies. al verla pasar triunfante en su belleza y en su lujo. aquella Graciela que aparecía por la provincia en pleno invierno con todo el prestigio de su juventud y de su casta. que aún no había proscrito de la vida la alegría. Graciela. Sucedíanse casi sin interrupción los días de tiempo acuoso. yo era Fausto. ¡sois un mal caballero!” -Soñaba con él. Florecían para ella los rosales. Así conseguía que ella fuera a Los Rosales. Al despedirse. de niebla. Mefistófeles. siempre de acuerdo. Pero aunque sea verdad que una golondrina no hace verano. como las mujeres. ni la negaba a sus miradas de adoración y de humildad. y él. sin que él apareciese teniendo en ello el menor interés.

había preparado unos buñuelos de almíbar. si el cielo se abría. El ruido de sus chancletas parecía poner un comentario irónico a las palabras que acababa de oír... Y como la veían buena y afable. en boda. No pocos comentarios rodaban entre el pobrerío de las haciendas. Anita había hecho encender la chimenea y Francisca. Cuando volvió José Antonio de sus faenas. se encaró un día con Anita para preguntarle por la fecha del matrimonio. si no hay nada de eso. repuso solamente: -El vulgo suele acertar. naturalmente. de una compañera así. ¿no sabes lo que es la gente? Yo misma me alegraría mucho si eso llegase a suceder. que era todo un hombre también y que necesitaba. idearon el idilio y lo hicieron rematar. como venía a aligerarles la visión penosa de sus horizontes campesinos siempre iguales.. munida de su autorización de vieja sirvienta. Pero esta vez lo veo difícil. Francisca se retiró moviendo filosóficamente la cabeza. señorita. 196 . que los jóvenes encontraron deliciosos. La buena vieja sonrió con incredulidad. se alegraban de la suerte del patrón. ella se excusó por el teléfono.. no les libraría de su odiosa presencia.por el camino que unía a los dos fundos y alternar siempre con la señorita Anita.. y el joven. Anita le contó su conversación con la sirvienta. Era ya más de mediodía y seguía el horizonte cerrado y cayendo sobre los campos una de esas lluvias finas. Su instinto les decía que aquel regreso de la Golondrina era buscando la pareja para formar nido. recordando sus buenos tiempos. -Mujer -le contestó ella-. Aquel día era el fijado por Graciela para hacerles una visita: pero como amaneciera el día muy lluvioso. mostrando las encías desiertas. grises siempre. espolvoreadas. que flotan y vuelan y contra las cuales no hay paraguas posible. pero te garantizo que todavía no hay nada. Si “too” el mundo lo “asigura”.. dijeron que era la novia del patrón. para completar su vida. diciéndoles que si el tiempo mejoraba. con una leve sonrisa bajo el bigotillo conquistador. -No “puee” ser. Francisca. -Pero.

Sus ojos melancólicos seguían la franja tortuosa del camino hasta donde la perspectiva lo cerraba. en la intimidad con aquel ser a quien no ocultó nunca sus pensamientos. -Todo el día hemos estado esperándola. no se daba el trabajo de disimular. cuando su hermano la llamó: -Anita. Y.-El tiempo me ha arruinado el programa -exclamó José Antonio. Anita: no es terquedad. Dirigiéndose al jardín... Ella se disculpaba con el estado de la atmósfera 197 . pero estaba todo tan húmedo que tuvieron que calarse los impermeables y los chanclos de goma. -Ya parece que Chela no vendrá -dijo-. bueno. Ya verás. mirando hacia afuera por la ventana y tamboreando en los vidrios con las yemas. ¿Enviémosle un mensaje? -Siempre que sea a tu nombre. ¿cuál sería ese mensaje? -Un ramo de violetas de esas imperiales que están tan lindas. pura en la desnudez de sus encantos. -¡Qué preciosidad! -¿Se la mandamos? -¿Y por qué no vamos nosotros a dejársela? -Eso no puede ser. Era ella.. y José Antonio acudió al aparato.. Lo sentía de veras y allí... Anita tenía ya formado un gran ramo de violetas de un azul levemente morado. ¡Su rosa! Parecía ofrecerse como se ofrece una estatua. ven. es diplomacia. En una estufa acababa de abrir una magnífica rosa granate veteada de crema.. ¿Por qué no? Anita tuvo un pensamiento feliz.. y el resto del viaje lo hacía su imaginación galopando bajo la llovizna menuda hasta la puerta de una casa de campo en donde se le estaría esperando.... -No me comprendes. Llegó en aquel instante a sus oídos el timbre trémulo y alarmante de la campanilla del teléfono.. -Qué terco eres. Ven a ver..

El vacilaba. Cosa de Anita. -¡Ah! -exclamó él. que en casa había abierto una magnifica rosa granate.. Este tiempo es una cosa horrenda. y lo demás lo dejas por mi cuenta. en los momentos de emprender la marcha. ¿por qué no vienen ustedes mismos a dejar ese mensaje? En el automóvil están aquí de un vuelo. -Gracias. José Antonio.. José Antonio. y no su hermano. Anita?” La dulce niña se apresuró a responder afirmativamente. delante de Graciela. Y el viaje quedó decidido. Ocurrió como él se lo había imaginado. se volvió para preguntarle: -¿Le interesaría a usted? -Lo decía por el juego que habría hecho el granate con el violeta. Decida.. 198 . -¿Por qué no llevas la rosa? -dijo Anita a su hermano. no pudo sofocar un leve suspiro. el principal interesado. En voz alta preguntó. -Anita querrá si quiere usted. para que “ella” oyera desde allá.. está bien allí. de una especie que no florece antes de fines de primavera.. La verdad. Anita contó. ¿Quiere hablar con ella? -Me es igualmente grato con usted.. como una novedad dentro de la estación. -Dígame. -Déjala. Pero si Anita quiere.. –¿Por qué lo preguntaba usted? ¿No se puede saber? -Porque nada sería más fácil que ir a traerla.. de esas que tanto le han llamado la atención a usted. -No teníamos la menor idea de salir.. Tú vas a referirte a ella.. ¿sabe usted? -¿Un mensaje? -Sí... “¿Vamos. como si ella fuera. con visible desahogo. un ramo de violetas dobles. Graciela. que con el oído alerto aguardaba ese momento.-En este momento nos preparábamos para enviarle un mensaje. que acababa de prenderse al pecho un ramillete de violetas. Pero aquí está Anita. yo no me atreví.

Graciela hizo también las suyas y expuso melancólicamente su vida. que su hermano ni imaginaba tal vez. -Dígale usted a su señor hermano que no sea ingrato -le dijo-. ni siquiera se daba cuenta de hallarse en una de esas situaciones que su cultura y su trato social la hicieron siempre considerar ridículas o por lo menos cursis.Hablaba sin afectación. No hablaron más de la rosa. un montón de flores secas. muy serio. -Sería demasiada molestia.que sus flores iban a ser guardadas como se guarda un tesoro. a su dolor. de la cosecha del último verano. Con emoción que ya no tenía ningún interés en ocultar. pasó a otra cosa y contó a Anita que la víspera había escrito.. a los días que no hay con qué llenar. -¡Ah. por fin. no queriendo tampoco dar al incidente una importancia excesiva. En cuanto a Graciela. contó su penita oculta y convenció a Anita de que no era oro todo lo que relucía en esas existencias brillantes que daban derecho a tantas para ponerse envidiosas.. tal vez. pudiendo haberse franqueado. lo abrió y poniendo ante los ojos maravillados de Anita. que prestara una atención cordial. descoloridas ya. Se refirió a las horas vacías. a quien creía tan enamorada de sí misma. entre otras reliquias... una larga carta a la familia de Félix.! Graciela cerró el secreter y respuesta ya.. Pero minutos después. Graciela tomó su secreter. no olvidó Anita las recomendaciones de José Antonio y. Ya por el camino de las confidencias. Y hablaron una vez más del pobre enfermo. Graciela y Anita salían de la sala de recibo en que se hallaban todos y se dirigían al dormitorio de la primera. a la sed de ideal de los corazones que 199 . pues la oportunidad era propicia. Encantada Anita de su amiga. Estas son todas las rosas. nada dijo que pudiera hacer sospechar a su amiga el verdadero estado de los sentimientos del joven. él no ha podido suponer jamás -dijo Anita. tan efusiva. Anita estaba tan conmovida como si fuera ella misma a quien se hacia objeto de esa referencia. como si realmente creyera que Graciela podía tomar a mal semejante distinción.. -Puedo asegurarle que ninguna. Con todo.

que exhibió ante todos. 200 . pero más deliciosa en aquel día frígido y húmedo. -Que Graciela se traiga la rosa que le teníamos destinada. radiosa como una llama que se hubiese cristalizado. usted a. voceaba: -Se prohíben los conciliábulos aquí. Era un hombre fino. sonrieron con malicia. hermana -le dijo José Antonio y miró a Rosario. opulenta. -¿No amaba..no encuentran delante de sí más que el sórdido interés sensual o material y que languidecen en un desencanto prematuro. Del aparador extrajo Rosario un vaso. junto al fuego del hogar.. hubiese llegado a casarme con él.? Anita no se atrevió a terminar la pregunta.. y tan falso terminó. Rosario se había puesto remolona como todas las mujeres que han sido muchas veces madres y han aprendido a apreciar el valor de la vida conyugal.. ¡Al chocolate! Mientras servían la espumante bebida. Se tiene a aquellas alturas un concepto tan especial de la vida. y para ella. Anita empezaba a desconcertarse. Todos siguieron con la vista sus movimientos. Joaquín.. hay un objeto -repuso Anita. Todos. que ya se levantaba. significaba una locura sin nombre. con excepción de ella y de Graciela. Había engordado demasiado. ante las lágrimas del cielo que corrían a lo largo de los vidrios. Tan especial. adivinando demasiado a quien iba a nombrar. por aburrimiento. Anita había tomado su partido y habló valientemente: -Vamos a ver. pero Graciela. deliciosa siempre. Puede ser que. resuelta a triunfar de todos los obstáculos. y en él aparecía. niña. -Desde luego. Gritos sonoros las llamaron desde el corredor. salir inopinadamente de casa. ¿Quién es capaz de acompañarnos a casa? -Pero... por otra parte. ¿con qué objeto? -replicó Rosario.. distinguido. pues. una humorada. le dijo: -Al vizconde de Arno. en son de dueño de casa. -Tarde piace.. -¿Cuál? Dilo.. irreprochable.

. no tardaba en asomar a sus labios.. su palabra. pero daremos una vuelta en automóvil y será lo mismo. Porque yo. -¿Insiste usted.. -¿Yo. -Insisto -dijo ella-. en otro tiempo. -Salud. voy con ellos. porque no está cumplido más que uno de los objetos del viaje. -Perdidas.le dijo Graciela. -¿Hay otros. Todo lo comprendieron entonces ellas. invadió el aposento. Anita. ¿No se opone usted? Y miró fijamente a José Antonio. -Esta Anita. No tiene precio para abogada de causas perdidas. -No les acompañaré hasta Los Rosales -agregó ella. con entusiasmo. responder en todo instante al llamamiento de su voluntad. -Cuáles. Cesó de espolvorear la llovizna. por ejemplo. Y el rayo de sol desapareció. por lo menos.. refractando gloriosamente en los vidrios todavía húmedos. no. ganadas -objetó Graciela-. de sol de tarde. pero todos sus esfuerzos en ese sentido fueron vanos. acaso a pesar suyo. oponerme? ¡Qué ocurrencia! Se hubiera dicho que el día no aguardaba más que oír esto para abrirse. en que la acompañemos? -le preguntó Joaquín. pues? -Sí. la gran rosa granate. sin desconcertarse-. -El más sencillo de todos: darnos a nosotros un gusto. En las alturas sopló un viento que hizo desgreñarse las nubes y un rayo de sol. Y es que ya su corazón no estaba libre y no podía. obstruido por alguna nube inoportuna. Iban ya a subir 201 . Temblábale la mano. cuando clavó la flor entre las violetas del ramillete que llevaba al pecho.. y Graciela pagó a José Antonio aquella gentileza con la más encantadora de sus sonrisas.. dar con la frase ligera y voluble que. Ella habría deseado inventar una salida ingeniosa. por consiguiente.deslumbradora. -Eso ya se sabía -exclamó Joaquín.

Y por eso persistía en mantenerse a la defensiva. quien. hablaba con toda la llaneza 202 . tres y hasta cuatro veces al día por teléfono.. en el sofá de la sala. se preparaban a disfrutar de un espectáculo que les parecía maravilloso. -¡Qué lindo! ¡Qué lindo! El automóvil avanzó como si pasara bajo un arco de triunfo. No podía ocultársele cuánto había ganado en el afecto de Graciela.. gozosos. José Antonio. Por las respuestas y las réplicas de Anita adivinaba él. nítido. a cuyo lado los niños. -¡El arco iris! -No se vayan todavía -les pidió Rosario. sin gran trabajo. Sentado. se negaba a menudo. III Siguiéronse varios días de lluvia continua y la comunicación entre Los Rosales y Painahuén se redujo a la que podía brindarles el teléfono. no tuviera las mismas penosas consecuencias de antes. miren! Hacia el lado de la cordillera. les ofreció el encanto de sus siete franjas de colores. encargando a Anita decir que estaba fuera. Aguardaron unos minutos más y el arco iris. la parte de conversación que correspondía a Graciela.al automóvil. un nuevo alejamiento de los dominios campesinos en que él era amo y señor. aunque no saliera de casa sino lo estrictamente necesario. distintamente trazado al ras del firmamento. asistía a los diálogos que sostenía su hermana. fumándose un cigarrillo. sin sospechar que él estaba a un paso del aparato. cuando desde la puerta Joaquín les llamó la atención con un grito: -¡Miren. manchaba el cielo un prisma gigantesco. preparándose contra cualquier evento. casi tendido. pero no estaba seguro todavía de que una nueva separación.

Dos veces la recorrió. -Si no ocurre ningún accidente. José Antonio. le entregó la carta. prometía un día encantador. 203 . Por fin. Tiene usted que destinar a la visita todo un día. Y si ya se ha embarcado. -¿Por qué? -Ya sabe usted que José Antonio me ha autorizado para ir a cuidarle. durante el trayecto. radiante como si gozara de poder atravesar con su luz una atmósfera transparente.acostumbrada siempre con su joven amiga de Los Rosales. llena de expresiones cariñosas para la prometida de ese pobre niño. como si quisiera dejársela grabada en la memoria. Si ella quiere. Su posición estratégica era envidiable y él se hallaba resuelto a sacar de ella todo el provecho posible. Chela anunció que tenía muchas y muy buenas cosas que contar y que enseguida se pondría en marcha para Los Rosales. Anita fue a buscar a su amiga a Painahuén. De regreso.. -Pero... una mañana el cielo se presentó claro y el sol. sin poder contener las lágrimas cada vez que daba con ciertas referencias demasiado tiernas para el enfermo. -Hoy será un día extraordinario. antes de mucho tiempo estará en Chile. le contó Graciela que la familia de Félix le había contestado una larga carta. Galantemente José Antonio le ofreció mandarle su automóvil y ella aceptó: -¿Será mucha exigencia pedirle que venga Anita? -Yo creo que no. suspirando: -Me queda poco tiempo en Los Rosales. una cosa. -¡Ah! de veras. Para evitarse palabras. Muy temprano comenzó a funcionar el teléfono.. a cumplir con un compromiso que sólo por motivos ajenos a su voluntad mantenía pendiente... y cierta de que Anita agradecería más una impresión directa. y al terminar dijo a su amiga. pero hoy tendrá que hacer una excepción.. Ya sé que se ha puesto usted muy salidor. que le gentil criatura leyó con emoción..

la molestaba. -Es mejor pecar de corto que de largo. señorita. Anita... José Antonio. ya cuenta usted con las simpatías de toda la familia.. Hizo el dueño de casa con cortesía. hacia lo intimo de cada una. la cordillera blanca de nieve. Ella había acabado por reparar en que él persistía en llamarla “señorita” y aquel tratamiento. -No sé por qué me dice el corazón que cuando me vea sanará. sino una simple delicada fineza de amigo. -José Antonio.. ambas divagaban. Las desinteresaba el espectáculo de la vida exterior y miraban hacia adentro. El inclinó la cabeza dando a entender que había procedido así en la seguridad en que estaba respecto al tratamiento que a ella le agradaría más.-Dios no ha de querer que ocurra. la sorpresa de la rosa. con afabilidad. el cielo azul. Graciela acabó por convenir en que el gesto de la otra tarde. José Antonio las aguardaba de pie en el umbral. tratándose de usted no es sacrificio. porque me obligará a llamarle a usted “señor”. El día estaba hermoso.. ojalá.. hundidas como iban en meditaciones que tenían mucho de recuerdo y mucho de ilusión. -No. Por lo pronto. -murmuró a tiempo que penetraba a la sala. Ambas pensaban. Ha hecho usted por mí el sacrificio de quedarse en casa. 204 . que pudo seguir desempeñando su papel... la mañana casi tibia. Pero a ninguna de las dos las atraía el paisaje.! ¡La ha querido a usted tanto! Guardaron silencio. Ni que nos hubiéramos conocido sólo ahora. tan cortés. pero nada en él revelaba otra cosa que una intención muy natural en una persona culta para con quien viene a honrarle con su visita. señoritas.. Se había impuesto tal voluntad de dominarse. -Buenos días. -No me diga “señorita”. -¡Ay.. no había sido un rasgo de enamorado.

.. señorita. Como siempre.–¿Y cuáles son esas noticias.. Y el de Anita está al lado de su enfermo. ¿no saben? Tenemos casamiento. el ministerio 205 . José Antonio.. le dijeron: “Es necesario que te cases”.... Son esas cosas que sólo pasan en Santiago. Graciela. Anita se había interesado en el caso. No dejó de comprender José Antonio cuánto sufría Anita con esos detalles y desvió el rumbo de la conversación.. respondió: “Bueno”. ¿Hay más? -Papá me ha escrito cuatro letras. es decir. -Pero -preguntó él-.. lo traen. -Buenas y malas. Pero el deber no es más que uno. Se irán a Europa a pasar la luna de miel y después.. -¡Ah!.. quién sabe lo que podrá pasar. Al muchacho que ya es diputado. “Cásate con Fulana”.. su familia ha recibido buenos informes. Si todavía me parece imposible. -¿Su prima? ¿Se casa su prima? -¿Con quén? – Adivinen ustedes.. -¿Quiénes? -Mi prima Rebeca...preguntó.. Y eso significa que tendrá usted que quedarse solo. Félix se viene ya para Chile. José Antonio dijo. Ya han pasado el período del delirio. El dijo: -Lo siento. ¿está mejor ese niño? ¿Dan esperanzas? -Sí. señor. Y él que no ha dado al matrimonio mayor importancia que a su diputación. digo Graciela? También los hombres tenemos derecho a ser curiosos. le agregaron.. como lo sentirá Anita. por decir algo como quien da paso a una humorada: -¡Con Miguel! -¡Usted lo sabía! -Le juro que no. -José Antonio.. inquiriendo otras noticias. -¿Con Miguel? .. A la una. Y él asintió. Anita miraba con dolorosa ternura a su hermano.. digo.. -Sabrosa está la crónica.. -Con él mismo.

está en el aire. agregó. de los teñidos. -No comprendo entonces. les hizo de pronto una proposición: -Voy a decirles una cosa. Ya está. Don Javier es de los liberales de buena cepa. Anita. -Si no es nada malo. -Pero.. 206 . en efecto. El caso es que ha formado una nueva combinación de la que forman parte qué sé yo qué partidos y en la que le ha correspondido a papá todo el manejo. ¿Hablemos de otra cosa? Hablaron. que no había sido nunca muy afecto a la política. -¿Pero yo iba a proponerles algo malo? Gracias. -Bueno. pero los dos tienen que comprometerse de antemano a decir que sí. que ardía en deseos de procurar un acercamiento entre aquellos dos corazones que no esperaban más que una palabra para empezar a entenderse. Pero. -¿Cómo? – dijo José Antonio. decidiéndose a todo. Anita.. pero a quien algo se le alcanzaba de las ideas imperantes ¿No está actualmente la Alianza en el Gobierno? -Creo que sí. éstas son pesadeces. -Aceptado. ustedes se van a pasear en automóvil -y sin darles tiempo para protestar.. mirando el reloj-: Tienen hora y media por delante.. -Perdona. en fin. Como el tiempo siguiera hermoso. Di que sí. ¿Qué ibas a proponer? -¿Aceptas de antemano? Hubo una pausa. Anita.. José Antonio. -Te has puesto mala. Se fueron. Anita insistió: -¿Acepta usted.. Graciela? -Sí -dijo ella. de muchas otras cosas menos insustanciales que la política al día... Mientras yo me ocupo del almuerzo. Pero esta vez parece que cae definitivamente y que papá será el encargado de organizar el nuevo gabinete. -Ya no hay manera de ser cobarde. -Yo no sé qué será papá.

o del paisaje que se presentaba admirable en la claridad de la mañana. No hacía frío. toda una vegetación subrepticia barrida por la corriente. Las aguas turbias de color de greda. Los árboles brillaban al sol. basta -contesta ella. iba paulatinamente aumentando aquélla. a ambos lados. Silenciosamente. haces de plantas acuáticas. los trozos de árboles. -¿Más ligero?. orillando el collado entre la línea férrea y el estero que venía hecho un brazo de mar. orgullo de su dueño. Soplaba una brisilla suave y el sol comunicaba a la tierra un bienestar como de convalecencia. -¿Seguimos? -preguntó José Antonio.. Magnífico 40 H.. por entre los potreros.-Hay que ser de palabra. atravesado de charcos. dejando caer por las puntas de las ramas gotas lentas y tardías. no. de cuando en cuando. que no veía la necesidad de ir muy a prisa. ¿más ligero? -había preguntado de cuando en cuando José Antonio. a propósito del día. sin que Chela lo observara.P. Pero él tenía el demonio de la velocidad en el cuerpo y.. -Mejor es que volvamos -dijo ella. locamente. respondía fielmente a las incitaciones de aquella mano que le era tan conocida. Bien pronto dejaron los dominios de la hacienda y se hallaron en el fondo mismo del valle. arrastraba el estero su caudal de aguas rojizas. Abríase el camino. El paisaje desfilaba. José Antonio. los cúmulos competían en limpieza con el azul del cielo. que estaba realmente delicioso. blancos también. Volvían ya y apenas cambiado una cuantas frases sueltas. -No. Al fondo. Una que otra vez hubo necesidad de apelar a la bocina. por el cajón del valle. más allá de la montaña blanca. Ella no veía ya nada y sintió la necesidad de apegarse al cuerpo de su compañero que. El automóvil volaba. espumajeaban dejando aparecer. muy húmedos todavía y lo peor. Como era temprano aún. parecía no advertirla ya. El camino seguía allá. con los ojos fijos en el camino. observando que ya no era 207 . pocos se aventuraban por la carretera y el tránsito no ofrecía peligro alguno.

José Antonio se decidió a volver y sólo entonces pudo darse cuenta de la enorme distancia recorrida.. y ya era tiempo. podía sentirse distintamente el rumor de la avenida. en dirección del estero. el agua cayó torrencialmente la lluvia se había formalizado. -La cuestión es llegar al puente -dijo él. -Esto no es nada -dijo él. clamores extraños de voces humanas llegaron vagamente a los oídos de la pareja. E hizo detenerse a la máquina para calarse los impermeables y la careta con los ojos de cristal. porque aunque las ruedas chirriaban en la tierra fangosa y se comprendía que el automóvil iba azotando el agua. -Volvamos. Comenzó a soplar el viento del norte y el cielo se cubrió en un instante de nubarrones oscuros. en efecto. Iba a reanudarse la lluvia. Ahora que el automóvil no funcionaba. dominando fugazmente el estruendo de la tempestad y la trepidación del automóvil. Se detuvieron para prestar atención.el mismo de antes el aspecto de la atmósfera. cambiaba. Desplegaron también el toldo. un rumor sordo. monótono. por fin. echaban miradas hacia atrás. Sonó un trueno lejano.. cogió la manivela y el automóvil partió de nuevo. se dispersaban. Sin decir palabra. De pronto gritos lejanos. se puede decir que no hay más que un paso a Los Rosales. luego otro. De allí. no se veía hacia adelante más que el camino solitario. uno tras otro. pero esta vez desatentado ya puesto en ese minuto supremo en que se 208 . subían. -decía Graciela. volvamos. los minutos al compás de su marcha. porque apenas habían partido. Pero el puente estaba lejos. en el faldeo opuesto. serpenteando paralelamente al estero y a la línea férrea abierta sobre el faldeo. Gruesos goterones repicaron en el automóvil. echando sobre el valle su carga de millones de metros cúbicos de agua con una violencia de veinte cataratas. -¡Que baja el estero! ¡Que se viene el estero! Al otro lado del valle. Ni ella ni él habían sentido pasar. El tiempo. sin duda. pero cada vez más penetrante: el estero que se desbordaba. gentes despavoridas corrían. José Antonio lo comprendió todo al momento.

hubiera deseado que el automóvil volara. los machones al aire. El estero. El éxito de la aventura estaba. veinte. como el rugido de una fiera gigantesca. Chela dio un grito de espanto. Entonces tuvo valor para mirar hacia adelante. José Antonio no disminuía la velocidad de la carrera. Sintió también que algo retumbaba bajo de ella. estrujando entre sus manos trémulas las violetas que le obsequiara Anita a la partida. destartalado. Por el contrario. Encogida. Había sentido un ruido formidable. se daba tiempo aún para admirar a su compañero. amenazante. Acababan de entrar al puente. Sin embargo. Le parecía aquélla una pesadilla de la cual iba a despertar de un momento a otro. quizás para destruirlo. que rodaba como nunca había rodado desde que saliera de la fábrica. Graciela comprendió también la situación. en llegar al puente y atravesarlo antes que el agua azotase contra él. Era la salvación. tan dueño de sí aún en aquella circunstancia trágica. un estruendo de catástrofe. Comprendió que no había tiempo para bajarse de la máquina y buscar la salvación en la fuga. ronco. Pero 209 . Pero el puente no se veía aún y Chela parecía sentir. no la sentía ya. el rumor de la avenida. Dio un suspiro de alivio.. y creyó que sería arrastrada en él. en el fondo de todo su terror. saltó de su asiento y cedió a la tentación de mirar hacia atrás por la ventanilla circular. inmóvil. en efecto. De pronto notó que el automóvil cambiaba bruscamente de rumbo. inclinado. lo había derribado y se lo llevaba consigo. dejándose caer contra el puente con su enorme volumen de aguas. no quería siquiera pensar. ella. tan sereno. porque siempre el agua avanzaría con mayor rapidez. pues. piedras y troncos. parecía querer impresionar con su aparato. No se atrevía a mirar. Y ahora no tenía miedo a la velocidad. El puente que terminaba al pie del cerro. más recio que el estrépito de la lluvia y el jadeo de la máquina. desembocaba en el camino y el camino subía en línea recta. tal vez cincuenta metros.juega la vida a la desesperada. diez. deshecho. como si fuera cosa de juguete..

Pues. José Antonio. Y del depósito de los repuestos. como si ellas se negasen a ser moduladas. no... José Antonio -dijo por fin-. Estaba pálido y sudoroso.. es de la máquina. amiga mía. -Ya no hay cuidado. el triunfador.. se había descubierto el rostro. muy cálido. ¡Ese era el hombre. -No. amiga mía -gritó él con un temblor nervioso en la voz–. temiendo que su compañera sufriese demasiado la violencia de las emociones por que acababan ambos de pasar. tal como ella le soñaba. -¿Se burla usted? -No. Ya estamos del otro lado. deteniendo la máquina. por Dios. Ella sintió impulsos de abrazarse a él. sacó José Antonio una placa de bronce. que en dobles mayúsculas decía: “GOLONDRINA”. Y vamos a premiarla ahora mismo. parecía dispuesto a proseguir la marcha. La tempestad seguía y José Antonio. estoy pensando con qué premiar su hazaña. No es cosa de burlarse ahora.. capaz de encarar el peligro y de vencerlo! El amor golpeaba desde hacía tiempo en aquel corazón y la admiración acababa de abrirle de par en par las puertas. -Es usted rencoroso. -Ahora sí. ¿Eran todavía los 210 . José Antonio. y esperaba. ¿volvemos? Había en la voz de Graciela un temblor extraño y cualquiera habría notado fácilmente que le costaba articular las palabras. rudo corcel mecánico. es que se me había ordenado que esperase. -¿Cómo? -Creo que se lo ha merecido. si hay alguna hazaña. en lo alto del camino. de besarle en la boca con un beso muy largo. El automóvil. -Estoy pensando. le propuso reanudar la marcha. Y abajo el estero era como un monstruo que rabiara de impotencia ante la presa que se le escapó de entre las garras. Ella se descubrió también..ellos estaban ya a salvo. en que pondría toda la gratitud de una mujer enamorada.

. -Ya me lo suponía. Ya se la daré. -Eso quiere decir que lo hemos pasado bien -observó el joven. tanto que el joven resolvió partir de nuevo. embriagador rocío. de angustia casi. Y callaron de nuevo. plenamente henchidos sus corazones con la delicia de ir muy juntos y muy solos. Hay que ir a 211 . No sé cómo estará esa pobre gente. ¿no le parece? preguntó José Antonio. al sentir tan cerca del suyo el cuerpo de su amigo y al verse sola con él en mitad de los campos desolados por el invierno. -Gracias. Entendía él en toda forma sus deberes de gran terrateniente: era el señor en sus dominios. sin dejar de mirar hacia adelante. Llovía siempre y la lluvia era. José Antonio llamó al chofer para decirle que tuviese el automóvil listo para lo que pudiese ofrecerse e hizo llamar a Marcos. Anita. -Los impermeables sí.efectos de su terror de un momento antes? Ni ella misma habría podido asegurarlo pero experimentaba ahora una sensación nueva de miedo. El viejo servidor le dio noticias alarmantes respecto de la catástrofe. sintiéndose satisfechos. llegado el caso. -Que me ensillen el Mulato. IV -¡Pero si vienen empapados! -fue la frase con que los recibió Anita. pero. demasiado. ¿Cuándo lo podríamos hacer? -Fije usted misma la fecha. penetrados el uno del otro. -Ya es tiempo de que lo bauticemos. de placer. al salpicarles el rostro. -¿Traerán mucho apetito? El permiso fue por hora y media y hace más de dos horas que andan fuera. pero nosotros no. -Sí. -¿Vas a salir? -Sí. tenía que ser también su providencia..

puede estar alguien muriéndose. -Gracias.. Pidió disculpas.. en circunstancias que llevaba el estómago 212 . preparado para los trabajos que acaso le tocaría desempeñar. porque el patrón lo mandaba muy apurado. patroncita. -¿Te esperamos? -Menos todavía.. Se despidió rápidamente diciendo “sí” a todas las advertencias que le hacía su hermana y a galope tendido tomaron él y Marcos el camino del estero. a campo raso. que no había querido participar en el diálogo.. Hay alguien que se opone a que pase en mi casa. se complacía en la actitud del joven y veía su figura rodeada de cierto prestigio de heroicidad. Yo lo haré cuando vuelva. Anita.. Está aquello que da pena verlo. Graciela.. -Lo único que siento es no acompañarlo. que se pusiera en marcha el automóvil y llevase algunos lazos. Ellas. Había que ser bueno y noble para lanzarse así. Almuercen ustedes no más. Graciela.. sin otra norma que la de un deber muy discutible. Anita sabía que su hermano no era un loco. que se habían ya sentado a la mesa. -El estero. Y dirigiéndose a Chela. pero sabía también que era valeroso y que por salvar la vida a un semejante.. que ha hecho las mil y una bellaquerías. bajo la inclemencia de los elementos.. de orden del patrón.. le dijo: -Ya ve. le exigieron detalles. Mientras yo me llevo una cucharada a la boca. Un cuarto de hora después volvía el mayordomo a decir. Aquel peligro puso una nota triste en el almuerzo. ¡Y en qué día! Pero me comprometo a regresar cuando antes. ya estaban listos los caballos. arriesgaría muchas veces la suya.ver. Cuando volvió de su pieza. y partió de nuevo. aún sintiendo mucho la ausencia de José Antonio en los momentos en que más vivamente deseaba tenerlo a su lado. -¿Almorzarás primero? -No.

Ausente y todo. confusa. Anita. considerando que había sido una escapada.. Aquel estero le daba miedo. No se habló sino de él o a propósito de él. por ejemplo. ¿por qué no lo quiere usted? Era tan a fondo el golpe y estaba dirigido por una mano tan blanca y tan fina. salieron a saludar el sol. Como mejorara el día. y decía a Anita que si José Antonio. Sí. La dejó hablar. En vez de tranquilizarla. se echó en sus brazos y la besó ruidosamente en las mejillas. 213 . y hubo un momento en que Chela. pensando no sin razón que si su amiga hacía el elogio de José Antonio. no existía más que para los tímidos. convenciéndola de que a un hombre así no podía ocurrirle nada. Miró a Anita al fondo de sus ojos y viendo un puntillo de malicia en ellos. pero debida sólo a la pericia y a la presencia de ánimo de José Antonio. que Graciela. se hubiera turbado y perdido el tino. decoraciones admirables. que pintaba ya sobre la tierra recién empapada. encantada. esta relación puso a Anita más inquieta todavía.. El peligro. no era tanto por infundirle valor a ella como por dar expansión a sentimientos que en su propio corazón despertaban vigorosos. José Antonio estaba presente en el pensamiento de las dos amigas. Graciela tuvo que entrar a obrar en su ánimo.vacío y que se ofrecía por delante la perspectiva de un día excepcional. Y volvía a recordarle la aventura del automóvil. y para alejar de ella el temor. a pesar de haberse resuelto lo contrario. Tan lejos llegó en su alegato que de repente Anita se puso a mirarla. Se ha puesto usted muy mala. no pudo seguir callando la aventura de la mañana y la narró a Anita con tono de admiración y gestos de entusiasmo. y aprovechó una pausa de Graciela para preguntarle con toda sencillez: -Y entonces. aquel estero que se había llevado como una pluma un puente por donde pasaba el tren. enrojeció como habría podido hacerlo una colegiala. la avenida les habría indefectiblemente arrastrado. -Anita. no halló mejor medio que el de exaltar las cualidades de José Antonio. sorprendida. según ella.

otras flores de esas que parecen reservar para el invierno el encanto de su vibrante colorido. desde el blanco puro hasta el rubí profundo..Estuvieron en la glorieta. -Chela. no hará usted eso. Chela habría tomado uno. cuando por fin abrieran todas. Aún estaban casi todas en botón. -¿Y si yo se lo repitiese a José Antonio? -No. inciensaban el aire. sacaban las corolas de entre la maraña de las hojas acorazonadas.. precoces siempre. melancólicos en su matiz suave y desleído. que observó su ademán. muy hermoso el jardín.. que ellas no pudieron menos de sonreír imaginándose cómo estaría de cuajado el rosal. pero las había en tal número. como si supieran cuánto se las amaba por aquellas que vengan a hacerles compañía. pasearon por entre los cuarteles del jardín.. porque los demás se morirían de celos.. en donde se veían como en exhibición las cosmias. Pero se contuvo y Anita. Desde su sitio. las fucsias.. amenazaban invadir todo un lado del jardín. Las rosas. pasando por todas las gradaciones y desviaciones del rosa y del amarillo! -Está hermoso.. -Bien sé lo que digo.. qué variedad incalificable de matices sobre el verde de las hojas. Y las violetas. ¡Qué milagro de color. Algunos maceteros de claveles estaban en plena floración.. ¿No ha dicho usted misma que es una cosa muy grave? Quede esto entre nosotras. le dijo: -Hace usted muy bien en dejarlo.. los lirios y los juncos.. -¿Le gusta de veras? -Creo que no me aburriría nunca de vivir aquí. prestas al dulce sacrificio de morir sobre un corpiño.. Al fin ¿qué interés podría tener para él? -¿Le parece a usted que no? 214 . las achiras. -¿Qué? -Eso que acaba de decir es una cosa muy grave. uno muy rojo y opulento que parecía no desear otra cosa.

-¿Qué? -¿Puede usted decir que José Antonio sea el mismo que yo conocí? Como Anita callara. Pero ya ve usted. Anita. Se interrumpió. se había acercado a ella buscándole los ojos con los ojos. Y como Graciela permaneciera cabizbaja.. Graciela agregó todavía: -Y. sin embargo. yo traía casi la seguridad de que no volvería a Santiago. al tomar el tren para venir ahora a Painahuén. -¿Y cuáles son? -¿No se enoja usted? -Anita. Estaban ya en el corredor.. -¿De mí? -Y de él.. Habían ido a coger flores. Chela no soy tan mala como creía usted! Serían las cuatro cuando llegó José Antonio. -Chela -dijo entonces. en la mano. yo no sé cuáles sean los pensamientos de mi hermano.. más que una violeta con la cual jugaba llevándosela a los labios. -Sino en la compañía de usted. inclinando la barba contra el pecho. lo que va usted a decirme. pero recordó las indicaciones de su hermano y temió con una indiscreción desbaratar todos sus proyectos. Había pronunciado estas palabras con voz apenas perceptible. -¡No soy tan mala. empapado. le tomó con las suyas ambas manos y le devolvió el beso de momentos antes. -Que yo sufriría mucho si tuviese que dejarle solo para irme al lado de mi enfermo y que. dejando caer las palabras con una lentitud soñadora-. Anita.. Y le dijo: -Ya sé.-Casi lo aseguraría... casi fuera de sí. Chela adivinó la frase que había quedado pendiente de sus labios. -¿Cómo? –interrumpió Anita. como abstraída.. demudada. em215 . todas las que pudieran y ella no tenía sin embargo. Sólo conozco los míos. con los ojos radiantes. Anita iba a hablar.

que hubo necesidad de encender lámparas. Había vuelto a descomponerse el tiempo. Sólo entonces se dieron ellas cuenta de que no se habían acordado para nada de los amigos de Painahuén. gozosas de verle engullir con apetito de fraile o de soldado. La luz se hacía tan débil. imposible de hambre y de cansancio. -No ha sonado el teléfono en toda la tarde.. ¡Ah! y antes que me olvide. se contaban entre las víctimas algunos ahogados. -Es raro. -No puedo más –dijo. Graciela oía. era de ese trigo que se llevaba ahora el estero embravecido junto con la esperanza de muchísimos hogares campesinos. Algo pesado se cernía en el aire. por desgracia. José Antonio.. -¡Pobres! -Se ha hecho lo que se ha podido. agregando que. Hay que vestir a mucha gente que ha quedado sin casa. sino esperar que las aguas bajen. Seguramente está interrumpida la línea. El pan. podía ser el precio de la vida de un hombre. penetrada intensamente acaso por primera vez en su vida. pero no llovía. y a quien la naturaleza castiga tan cruelmente. junta todo lo que tengamos en ropa y trapos. Anita. Ya no queda nada que hacer. del dolor de toda aquella mísera porción de humanidad que todo lo espera de la naturaleza. El trataba de quitarle toda importancia a la cuestión. ¡Cuán caras solían costar las alegrías que los ricos venían a buscar allí. -Como no. en los meses bullangueros del verano! La uva que coquetonamente aprieta una mujer entre sus labios.barrado. Y se dirigió a su pieza. Algún poste 216 . Mientras le acompañaban. Manifestó en pocas palabras lo mismo que había dicho el mayordomo. ellas exigieron a José Antonio una relación completa de lo ocurrido. que despreciamos a veces por una golosina. -¿No han hablado con Joaquín? -preguntó José Antonio. para gozar de su frescura. Ella no había pasado nunca un invierno en el campo y no se imaginaba que pudiera ser tan penoso.

. Era la primera vez. y el joven sintió un estremecimiento no fácil de reprimir.. De aquí a dos días se podrá pasar. era sólo por tener un pretexto para decirle esto: que tenía usted por cárcel Los Rosales. -Entonces la avenida del estero ha sido una cosa providencial.. Se dirigió al aparato y llamó. como el poeta.. José Antonio. apenas estuvieron instalados en el otro aposento. -Un five O’Clock tea.. -Al decirlo. -Y usted. -Está usted prisionera en Los Rosales.. pero a caballo. es seguro que el camino a Painahuén está destruido. pero ella estaba ya vuelta de otro lado y se dirigía al piano. con 217 . El sintió. Levemente. con un tono grave y triste. Graciela -dijo José Antonio. ¿se va ahora? -¿Le estorbo ya? -replicó ella. habría que esperar un día. -¿De modo.. -Siempre usted galante. pero inútilmente. frío en las entrañas. -Lo digo -explicó-. hasta que arreglaran la línea. como quien juega distraída. que extrañó a José Antonio.. después de aquel verano inolvidable. acaso dos. lo hacía por probarme? -No. -Cárcel cuyas paredes tendré que romper muy pronto. creí anticiparme a su deseo. Graciela.. que cuando usted me preguntaba si me iría hoy..caído. No le contestaron. no me parece mal. porque si el estero ha bajado. Graciela. Pero logró disimular y dijo en tono galante. -¿Por qué? -Papá me ha escrito ordenándome que apresure mi viaje. que ella hacía alusión a ese apodo tan dulce y amable en otro tiempo.. Graciela miró a Anita. los alambres rotos. -¿Por qué? Ya sabe usted que a las golondrinas no se las puede enjaular.. José Antonio había terminado su tardío almuerzo y Anita propuso que el té lo tomaran juntos en la sala.

feliz. pero al fin lo encontró. Graciela se olvidaba de todo. sigue siendo sentida: “Volverán las oscuras golondrinas de tu balcón sus nidos a colgar. -¿Que no podría? -Desde aquella fecha no he vuelto a cantar y todo se me ha ido olvidando. -Cante. aquellos versos en que el alma atormentada de un grande y doloroso poeta había expresado tan melancólicamente su desesperanza: 218 . José Antonio fue modulando todas las estrofas de esa rima que. pues. reconcentrada hasta entonces por un enorme esfuerzo de voluntad. empezó a tocar el acompañamiento de algunas canciones favoritas de su hermano.. Le dije que la Golondrina volvería y aquí la tiene usted..” Transportada. cuyos acordes atacaban en ese momento Anita con tanto sentimiento que el piano parecía tomar las inflexiones de la voz humana.. como si recitara y más vibrante y claro cada vez. Y suave primero. yo se lo ruego. -¿Por qué tardó tanto? -Es posible que haya equivocado el camino. -Cántelas usted. José Antonio. -¡Graciela! El joven había dejado escapar en este nombre toda su pasión.. la vista para disimular y se refirió a las golondrinas de Bécquer. a pesar de la cursilería de tantas generaciones. Desvió.las teclas. -¡Muy pronto olvida usted! -¿Y usted me lo dice? -Yo no he olvidado nada. -¿Para qué? No podría. Oía. siempre en tensión. como si hubiesen sido hechos para ella.

que ya en la mesa había hablado de tener mucho frío. Pero llegó el instante en que el 219 . -No sé. despertado en buena hora a la verdadera vida. Anita. no sé. Zumbábanle los oídos y poco a poco iba perdiendo la visión precisa del ambiente. que juntaba a menudo. en la recíproca comprensión que nace de la comunión de los afectos más íntimos. que le observaba con cuidado. José Antonio. ¡Cómo pudo pensar que era ridículo y fastidioso vivir así! ¡Qué dulzura en esa paz! ¡Qué poesía en la vasta noche poblada de ruido y de misterio! La gran ciudad quedaba perdida allá a lo lejos. estaban allí en el encanto de aquel rincón agreste.. como yo te he querido. Graciela intervino entonces para indicar a José Antonio la conveniencia de acostarse. El se negó y pudo. podía residir la paz que en vano buscaba su corazón. tan amable como las almas que lo habitaban y embellecían. con toda su inútil y peligrosa magnificencia. todo su porvenir. no. Le parecía tener brasas ardientes bajo los párpados. ¡Qué le importaba ya todo su pasado! ¡Qué valía la comedia del mundo!. la vida que concebía ahora. así no te querrán! Y comprendía al fin que sólo en el amor. -¿La mojada? Entonces él se vio obligado a confesar que había tenido que estar dos horas con el agua casi a la cintura... con evidente esfuerzo. desengáñate. le preguntó qué le pasaba. nunca. ¡Para qué servía toda esa falsedad distinguida en medio de la cual había vivido siempre y que no permite tomar en serio nada de lo que se está diciendo o escuchando! No. A medida que avanzaba la noche y la temperatura descendía.. iba sintiendo que se acentuaba el malestar de su organismo. Acaso la mojada en el estero me haya sentado mal..¡.. permanecer en la sala algunos momentos más. que no la envolvería ya nunca. No atinaba con el origen de ciertos escalofríos que le sobrevenían y de las oleadas de sangre que le encendían el rostro haciéndole latir las sienes.

-¿Se ha dormido? -No. y rendidas al cabo. Esto no será nada. con una fiebre muy alta. no pudo abandonar el lecho y Anita se apresuró a enviar a Marcos con la novedad a Painahuén. Pero José Antonio. la fiebre habrá cedido. Apenas se halló bajo las frazadas. pero no tiene escalofríos ya.desorden de su organismo se hizo superior a su voluntad y tuvo que ceder. Y en cuanto empiece a transpirar. se fueron a dormir. pero con la oración en los labios. ¿no? Tienes que transpirar. -No te inquietes hermana. pues los caminos se hallaban aún intransitables para coche. Como el servicio de teléfono continuara interrumpido. ordenándole que llevara además un buen caballo. V Desde el primer momento comprendió Joaquín que no se trataba de una indisposición ligera y que había necesidad de llamar médico. Joaquín tenía su médico de confianza a quien recurrir en todo apuro. Como todo jefe de familia. enfermo siempre. El temporal se había alejado definitivamente. mientras no lo vió relativamente tranquilo. El día siguiente amaneció claro. Y se durmieron.. pero que no parecía tratarse de nada muy grave. que no esperó que hablara para decirle que su hermano estaba delicado. Anita le hizo apurar dos tazas de infusión de violetas y tilo y le abrigó muy bien. le acometieron temblores tan fuertes que su recio catre de bronce crujía como una cuna. francamente primaveral. La cabeza le ardía. En la mirada de Graciela halló ella una pregunta tan ansiosa. negándose a salir de la pieza. Velaron ambas hasta muy tarde. -Con razón tuve miedo yo cuando le vi marchar hacia el estero.. temblándole las manos tenía la boca seca y amarga y los pies helados. despachó a Marcos a la ciudad. 220 . -Te vas a estar quietecito.

reprochándole el no quererla a ella puesto que se exponía así.. le exigió que las fuera tomando en la misma dosis indicada para ella. volvió en ese instante y mientras servía a su hermano la bebida se puso a regañarle amistosamente. creyendo reconocer en José Antonio síntomas iguales a los de su enfermedad. pues media hora después José Antonio se sentía más despejado y Joaquín advirtió que el pulso le latía con mucho menor celeridad. -Joaquín. más bien. que había ganado la puerta. amigo. al invencible. volvió a entrar con Graciela de la mano. Anita.. y me impide respirar. hasta este momento. -Siento una gran opresión al pecho y a ratos una puntada que se fija aquí al costado izquierdo. al valiente. -Temía disgustarte. Anita se acordó de que quedaban aún algunas obleas de las que había suministrado Félix y. -Pero. El febrífugo produjo su efecto.. que se ha estado dos horas en el agua. enormes cantidades de agua. Pero la puntada al costado se hacía más insistente y aguda cada vez. -Grave no. Pero me temo mucho que no se te pase la fiebre así no más. -Y Graciela. -Figúrese. -Anoche me he quedado dormido una que otra vez y siempre he soñado bebiendo agua. ¿por qué no entra? -preguntó Joaquín. -¿A mí? ¿Por qué? Joaquín. que había salido a preparar una limonada. -¿Y qué se le iba a hacer? Había que dar el ejemplo. explicó.. dirigiéndose al enfermo. Chela. ¿Sientes mal gusto en la boca? -Y una sed inmensa.. -Tienes la lengua sucia.. -Esta señorita debe tenerle miedo a la infección. Anita. Estás ardiendo. mientras llegaba el médico.. -Aquí tiene usted.. Joaquín..-¿Crees que sea algo muy grave? -le preguntó José Antonio mientras su amigo le tomaba el pulso. y el 221 .. -No hables.

mientras no se convencen de qué es más conveniente que quedarse inmóviles. -Vamos a hacerle acompañar. el efecto deseado se puso a escribir. Había advertido la dificultad con que el enfermo se incorporó para dejarse auscultar y su imposibilidad para respirar fuerte. A mediodía llegó el médico y. sobre el sitio preciso. le observó el interior de la boca y acabó por hacer un ¡hum! que lo mismo podía interpretarse favorable que desfavorablemente. -¿Habrá mostaza? Vamos. El doctor los aplicó al enfermo. traía una cuantas drogas de uso corriente. -¿Es de cuidado? 222 . examinó cuidadosamente a José Antonio. Se quedó a almorzar en Los Rosales. Graciela habló en voz baja con Anita y ambas. si necesitaban de sus servicios. haciéndose ojos de la belleza de aquel retiro rústico.. Quedaron solo los tres hombres en el dormitorio del paciente. por lo pronto. y se despidió recomendando que no tuviesen reparo en hacerte llamar. -Si les parece. recomendó que le diesen una igual cada dos horas. que era uno de esos hombres imperturbables que ven caer una casa y no echan a correr. Joaquín aprovechó aquel momento para preguntarle por su diagnóstico: -Pleuresía -dijo él. Se andaba ya en puntillas y se hablaba en voz baja. salieron al jardín.enfermo no podía ya moverse sin evitar una contracción de dolor en el rostro. Anita misma los preparó en un segundo. le auscultó. Hizo preparar una infusión sudorífica. a la que agregó porciones de diversas tinturas y sirviendo a José Antonio una cucharada.. El doctor. aunque fuese de noche. a aplicarle unos sinapismos. como ya por carta le hubiese dado Joaquín su parecer respecto a la naturaleza de la enfermedad. mientras Graciela seguía con ojos encantados el movimiento de sus manos de hada. doctor. al fin. y observando que surtían. rogando al doctor que se aguardase unos segundos.

decididamente. según prescripción del médico. Entraban ellas en ese instante. Hay que andar con mucho tiento. porque ya se había restablecido la comunicación telefónica. ¿son sus hermanas. verdad? -Una. Tomadas de la mano. -¡Qué hermosura! –dijo el médico. en mitad de la pieza. -¡Diablos! -exclamó el doctor.. La otra. Las señoritas. Ocurriósele a Joaquín anticipar acontecimientos que ya daba por realizados y. sin 223 . Marcos se las llevará. cuando logre poner fuera de cuidados a mi amigo. la más pequeña. trayendo cada una un gran ramo de flores. Por ahora es sencilla. con sus dedos senilmente trémulos. en el lecho del paciente. a quien. agregó: -La otra es su prometida. no afecta más que el lado izquierdo... traían ahora de Europa. hacerse doble. Pero pueden sobrevivir complicaciones. -Lo cuidarán ellas mismas. -El mozo es robusto y creo que resistirá. tan pronto bajaba como subía. delirante también. Imagínese usted si se habrá ganado gratitudes. clavaban los abiertos ojos. Llamó a Graciela. La temperatura del enfermo observada cada media hora. -Son para usted. no se nos muere... se sobrecogió de espanto... -Entonces. sin saber qué hacer.-Según. las corolas llameantes y olorosas. sepultado vivo.. con aire interrogativo.. ¡Con razón tienen tanta fama Los Rosales! Y al decir esto. muerto en vida. doctor. Se acordó instintivamente de su otro enfermo. cuántas gracias! ¡Qué contentos se van a poner en casa! Por allá están muy atrasadas las flores todavía. -¡Oh. de Félix. sin titubear. que tembló asimismo.. al oírle decir cosas incoherentes. el buen viejo acariciaba como un padre. Hasta la tarde no se fue Joaquín... A la noche la fiebre era tan alta que José Antonio comenzó a desvariar y Anita. algo más tranquilo.

fue fecundo. -Era el consuelo de ese pobre niño... se fueron a la alcoba de Anita y oraron ambas. Entonces fue cuando Anita pudo comprender hasta qué punto era hermosa el alma de su amiga y con qué crueldad habría procedido ella. La mañana en que anduvimos juntos. pidiendo a la Virgen intercediera ante el Señor para que alejara las desgracias que se habían dejado caer sobre Los Rosales. con todo el fervor de sus almas profundamente creyentes.atinar siquiera a llegarse hasta el teléfono para hablar con Joaquín. Graciela. Quizás no nací yo para la vida que llevaba. quién sabe si allá en el fondo de su corazón confiaba en el regreso de usted! -Así me lo ha dicho. sosegado al fin. se quedara hundido en un suave sopor. Sí. ¡Y quién sabe... VI El dolor. ¡No se imagina qué alegría me dio cuando lo supe! -Diga. comunicándoselo todo. meses atrás. ¿se acordó usted alguna vez de Los Rosales? -¡Tantas veces! No lo dude usted.. como siempre. -¿No ha notado usted algo cambiado el fundo? -le preguntó una vez en que velaban. No hubo ya consideración que detuviese las confidencias y ambas se hablaron largamente. aliviado de la fiebre que pasaba como un simún interior. -Sí. desde el primer momento. como tantas. con esa ansia que sentimos de hacer a un corazón amigo partícipe de las penas que nos están devorando.. Recuerdo que muchas veces. al pie del lecho del enfermo.. Pero José Antonio. viajando en tren 224 ... si se hubiese atrevido a condenarla.. Todo cuanto podía separar esas dos almas –la de Graciela y la de Anita– desapareció barrido por la ráfaga de angustia que revolvió el interior siempre apacible del viejo caserón de Los Rosales..

por las provincias francesas, en medio de esos campos tan cuidados, me asaltaba la visión de Los Rosales y hubiera deseado venirme, pero inmediatamente... La veía a usted, tan empeñosa y trabajadora, siempre, en medio de las flores, dándole de comer a sus pájaros... Y a él lo veía visitando sus posesiones, interesándose por todo. -No es un reproche, amiga mía -dijo Anita entonces interrumpiendo a su amiga-. Pero ¿nunca se le ocurrió enviarnos siquiera una postal? Chela se puso seria y suspiró: -Yo no ignoraba -dijo lentamente- lo que ocurría aquí... Sabía que sin querer, con la inconsciencia de niño que dispara un arma, había hecho un gran daño. Creí que ustedes... Creí que mi recuerdo no les era grato. -¿Supo usted lo que ocurrió con lo de Félix...? -Sí, lo supe también, por Joaquín, que escribió a papá. No sentí nunca un dolor más grande, mientras anduve por allá... Anita había inclinado la cabeza y permaneció pensativa. La imagen de Félix, vuelto loco, cuidado por manos mercenarias, inválido ya para el sentimiento y para la vida, surgió en su pensamiento. Y le pareció como que una fiera invisible le diera un zarpazo en pleno corazón. Habían conversado cuchicheando para no turbar el fatigoso sueño del enfermo. En ese instante, José Antonio, sin cambiar de postura, se llevaba las manos a la cabeza y dejaba ver en su semblante el gesto de un dolor horrible. Ellas se pusieron de pie. –Me golpean... Me golpean aquí... –murmuró él, fijos en la pared frontera del lecho los ojos agrandados por la fiebre. Anita humedeció sus labios con un trozo de hielo, que el enfermo sorbió con delicia, Graciela se apresuró a cambiarle la compresa con que el doctor había ordenado rodearle el cráneo. -¿No hablemos, mejor? -Callémonos. Eran las nueve de la noche. La casa hallábase sumida en el más profundo silencio. Hacía una media hora que Joaquín se 225

había marchado y el doctor, reconociendo en el enfermo síntomas favorables, dormitaba en su cuarto. La lamparilla nocturna derramaba por la habitación una claridad como de duelo. -Anita...-llamó Graciela. -¿Qué? -¿Por qué no quitamos esa piel de ahí? ¡Me da miedo! A los pies de la cama de José Antonio la piel de la leona que el joven había muerto la temporada anterior, tomaba en realidad un aspecto amenazante, con sus patas abiertas y su cabeza que mostraba toda la dentadura en son de ataque y los ojos de vidrio que chispeaban a la luz. Anita tuvo miedo también, un miedo supersticioso, superior a su voluntad y a su poder de reflexión. Entre ambas arrastraran fuera aquel trofeo glorioso, que había tenido el extraño influjo de llenarlas de presentimientos insensatos. -Era un animal muy dañino... Lo mató José Antonio de un balazo. -¿Sí? No lo sabía. -Fue una gran cacería... Se habló mucho de eso por aquí. Volvieron a callar. Anita concentró sus pensamientos en Félix, para quien ella no sería ya nada, ni nada representaría; mientras Chela, evocando su vida magnifica de los años últimos, veía en su imaginación a José Antonio como a un príncipe de leyendas, montaña arriba, seguido de sus Caballeros y sus perros, atacando a la fiera peligrosa y ultimándola del primer disparo. El reloj dio las diez. Sus campanadas vibrantes repercutieron en el vasto silencio. De muy lejos llegó el canto de un gallo. -Vaya a acostarse, Anita. -No, Graciela, ahora me toca a mí. Anoche se quedó usted, ¿recuerda? -La acompaño entonces hasta las doce... -Cuídese, Graciela, cuídese. -¿Por qué lo dice? -Mi hermano va a sanar pronto y es necesario que no la encuentre fea. 226

Graciela sonrió, agradeciendo la fineza ¡Horrible, horrible prefería quedar, a cambio de la salud de aquel que tanto había sufrido por amarla a ella! Pasaron siete días de verdadera y temible crisis para el organismo de José Antonio. Fue una ruda batalla entre la vida y la muerte. Pocas veces más hondas y mayores ansiedades han presidido las largas veladas junto a la cabecera de un enfermo. El automóvil prestó servicios inapreciables, porque, ya buenos los caminos, estuvo en un perpetuo ir y venir de los Rosales a Painahuén y a la ciudad. El doctor hubo de instalarse definitivamente en casa del enfermo, cuya fiebre se mantenía alta y sólo con leves intermitencias de descensos. ¡Qué desolación en aquella residencia, de ordinario tan apacible y riente! Anita y Graciela no tenían ya lágrimas. La vieja Francisca, como esos perros demasiado adhesivos, se obstinaba en permanecer lo más cerca posible del patroncito, “a quien había visto nacer con esos ojos que se comería la tierra”. Joaquín se fastidiaba, porque con su eterno y filosófico lloriquear, no hacía más que afligir a las jóvenes. -Vete, vete a la cocina, mujer. Ella se iba, limpiándose los párpados con la punta del delantal; pero, apenas pasaba un minuto, se la veía de nuevo asomar por la puerta, preguntando cómo seguía el patroncito. Marcos manifestaba su pena y su afecto, repitiendo a Anita que no tuviera cuidado por los intereses del patrón, que él se los sabría atender “mesmamente como si fueran propios”. Rosario, obligada a permanecer en casa para no dejar solos a los chicos – siempre “tragediosos”–, se desquitaba con el teléfono y Joaquín no se iba a Painahuén hasta muy tarde para regresar en las primeras horas de la mañana. En cuanto a Anita y Graciela, puestas en tiernas competencias, turnábanse para velar al enfermo y así, cuando él volvía de los desvaríos de su fiebre, encontraba los ojos de la una o de la otra fijos en los suyos y sonreía... Sonreía para volver a cerrarlos y soñar sabe Dios qué dulces sueños... 227

Una noche pareció ponerse tan grave, que Anita, apretándose el pecho, porque la angustia la ahogaba, habló a Chela de hacer llamar al confesor. Chela sintió que le invadía el cuerpo un frío desconocido y palideció terriblemente. ¿Era pues, el fin espantoso que llegaba? Comunicaron sus pensamientos a Joaquín y él, muy serio, aunque en materia de religión tenía una despreocupación de colegial, les replicó que había que esperar a que el enfermo recobrase el conocimiento. -¿Cómo se ha de confesar así? Ellas inclinaron la cabeza, resignadas, y musitaron levemente una plegaria, mientras Joaquín, impresionado a su vez, iba a preguntar al doctor si sería ya tiempo de celebrar junta de médicos. -Esperaremos hasta mañana, amigo. Todavía no me doy por vencido. Hizo bien en esperar, porque ya al día siguiente el enfermo mostraba síntomas evidentes de mejoría. El mal declinaba visiblemente. Amanecía. Por la ventana, venciendo trabajosamente el espesor de las cortinas, penetraba una leve claridad azulada, que se confundía en el aposento con el pálido resplandor de la lamparilla de noche. José Antonio que, por fin, había podido disfrutar de un sueño medianamente tranquilo, abrió los ojos y se extrañó él mismo de no sentir ningún molesto ardor bajo los párpados. Recorrió con la vista la habitación en penumbra y al pie del lecho, en un sillón, envuelta en pieles, advirtió la silueta de una mujer. ¿Quién sería? ¿Su hermana... o ella Aguardó a que se hiciese más fuerte y distinta la difusa claridad del cuarto, y poco a poco, empezó a reconocer a la que le estaba haciendo compañía. Era Graciela, sí, la distinguía bien ahora. Fatigada tal vez, había reclinado la cabeza sobre un hombro y dormía... ¡Cómo hubiera deseado José Antonio que penetrase a raudales la luz, que se hiciese de día, para poder contemplarla a su sabor, sin que ella lo viese! Se creyó con fuerza para encender la bujía que divisó sobre la cómoda, junto a la lamparilla, e hizo ademán de incorporarse. Bastó este ruido para que su adorable enfermera, cuyos oídos se habían afinado ya en el cumplimiento de su oficio, 228

en cálidas oleadas.. -¡Cómo iba a morirme yo. Dios ha querido oírnos. Se había hecho muy práctica en el manejo de los anafes y de todos esos utensilios caseros que hasta entonces no conoció más que de vista. -dijo el joven. entretanto. con tales enfermeras! murmuró José Antonio. -Sí. José Antonio? -Hoy he amanecido bien. en el acento de la voz. José Antonio.. hasta que venga el doctor. escondido el rostro en los cobertores. Sintió que subían desde el fondo de su alma. la gratitud y la ternura. -Graciela. que le brindaba la dicha de ser atendido en semejante forma. Se levantó vivamente. Lloró entonces sin reservas. y realizaba con tal facilidad todos esos pequeños menesteres para los cuales. ¿para qué se ha molestado usted? ¡Cuántas malas noches habrá pasado por mí! -No hable. los tiestos. en efecto.. se lo ruego. para quien la salud volvía de la mano con la felicidad. un poquito no más. Graciela. Está usted mejor. pasados algunos minutos. dominando secretos ímpetus de tomar aquellas manos divinas y de besarlas entre lágrimas–. que no era ya el enfermo de la víspera y le dio un vuelco el corazón. José Antonio. que fue un silencio profundo. y que a su influjo acudía el llanto a sus ojos. José Antonio.. Pero dígame.. los frascos. la veía ir y venir sin vacilaciones ni torpezas. Mil veces bendijo su enfermedad. pero en silencio. hay que haber nacido. -¿Qué? -¿Quiere pasarme un poco de agua? ¡Creo que me bebería la fuente del jardín! -Voy a entibiarla un poquito. había puesto la jarra a la llama del alcohol y. Graciela. El pobre muchacho encontraba otra Graciela en esa joven que silenciosa y quedamente tomaba los fósforos. aunque parezca mentira. ¡Tan bien! Ella le conoció. Hubo una pausa. pero no haga usted locuras.. se acercó 229 .despertase para dirigirse a él: -¿Qué hace.

Y el excelente sujeto. apenas pudo convencerse de que su amigo.al enfermo y le sirvió agua.. miró al doctor como quien rodando por un barranco. como no hay nada más contagioso que la alegría... había vuelto a aparecer en él. la tristeza y la pesadumbre volaron aquel mismo día de la casa de Los Rosales. A la tarde. ya estaban junto al enfermo -que empezaba a ser convaleciente. Ella sonrió enternecida. después de larga jornada. antes de ir a recogerse. mientras recibía el vaso: -¡Hoy ha vuelto la alegría a Los Rosales! Cuando llegó Joaquín. especialmente. repuso: 230 . Joaquín dijo a Chela. El eterno optimista que era Joaquín. Ella. Se había hecho de día y el aposento. el camino a Painahuén está espléndido.. no había de ser pasto de la tierra. cogida de sorpresa. Pero. Antes de apurar el primer sorbo: -¿Sabes? -le dijo-. no hubo ya lágrimas y las risas comenzaron a dejarse oír. Me acuerdo de la Samaritana.. se había acercado al teléfono para comunicar de viva voz la gran nueva a Painahuén..el doctor y Anita. dándose cuenta exacta de la situación y conociendo el valor de sus palabras. Graciela había tenido que ceder a sus ruegos y a los de José Antonio. no parecía el de un enfermo. se agarra a un hierbajo de los que brotan en las hendiduras de las piedras. claro y casi alegre. Nos podemos ir en automóvil. por aquella vez al menos. tratando de quitar a la frase hasta la menor entonación de malicia: -Graciela. Y. No sentía ya el malestar de la trasnochada y dijo a José Antonio. José Antonio podía ya disfrutar a sus anchas del espectáculo con que soñó al despertar. ¿No está más claro el cielo cuando la tempestad ha pasado? Hubo un momento en que desde el comedor se percibieron los cantos que tarareaba Francisca con su boca sin dientes. y dormía al fin. a tiempo de retirarse. con el sueño del viajero que encuentra el abrigo reparador. Marcos logró una audiencia para “tratar de intereses” y tuvo una larga conferencia con el patrón.

Era el tercer día que se levantaba José Antonio. Le pareció que había desaparecido el aire imperativo de su fisonomía. de las flores. Pero Graciela lo hallaba más interesante ahora. había hecho ya colocar la placa. Hallábase un poco débil todavía. grandes y oscuros. más blanco. de los árboles. Lo mejor es que él mismo les indique cuando esté fuera de peligro. Recordaba él sus pesarosas horas de delirio y. gran preocupación de José Antonio desde que dejó la cama. los ojos de José Antonio. sobre el radiador. recientemente atornillada.. de atraer. aprovechando la primavera que se venía definitivamente. otra manera. pues nada podía ya. 231 . tenían una expresión irresistible. retenerla en Los Rosales. VII Estaban los tres en el corredor. vagamente. era porque aquel día debía celebrarse el bautizo del automóvil. de juvenil. desde que la vio otra vez. El. -No puede ser -dijo Joaquín infatigable. con no sé qué de vagamente romántico en aquel rostro delgado que se volvía todo ojos. junto a ella y a su hermana. cediendo su puesto a un como cansancio melancólico que nacía en la curva de la frente para morir en el rictus de los labios. aparentemente. mirándose las manos muy pálidas que el sol hacía transparentes. halló en ella un encanto nuevo. de delicioso. Se corría el riesgo de que José Antonio se declarara enfermo para toda la vida. En la delantera de la máquina. cubriéndola con un lienzo blanco. se sentía renacer al compás de la vida que fluía del aire. más grave y más dulce.-No es tiempo todavía de que las enfermeras dejen al enfermo.. Septiembre llegaba y con él todo lo que la naturaleza tiene de alegre. y si ahora estaba allí. de la tierra toda. Graciela había vuelto a Painahuén. Sobre la palidez del cutis. La fiebre le había quemado mucha sangre y tendría que pasar algún tiempo antes que volviese a ser el José Antonio de otros días. El también.

en un rincón del campo. trémulo. ¿Quién le besaba? ¿Quién lloraba por él? ¿De quién era ese ambiente exquisito que ahora. ¿Por qué. lloroso. Estaba sola. que había nacido para sufrir. desde que vio a la salud gloriosa y coronada de luz penetrar al aposento de su hermano. ella se empeñó en partir? Y evocaba de un golpe la vida brillante. en el dulce retiro de Los Rosales. casi de rodillas. el roce de unos labios. dentro de su cristiano concepto de las cosas. sabiendo que José Antonio había de volver solo a Los Rosales. ya pensaba ella. veía deslizarse en la penumbra del aposento dos silenciosas siluetas de mujer. que estaba en los designios de la Providencia hacer probar a su alma todas las torturas. ya casi sano..como se evocan las cosas de los sueños. había vuelto todo su pensamiento hacia el amado ausente y su única pena era tener que irse. desde la pared de la sala. que. ¿Después? Después sentía el fresco contacto de dedos delicados que le acariciaban la frente y le alisaban los cabellos y hasta. bendiciendo tal vez su ingratitud. fastuosa. el resquemor de unas lágrimas y el perfume inconfundible de un cuerpo femenino. no lograba abatirla ni quebrantarla. mientras velaba al enfermo allá en las altas horas de la noche! Reinaba afuera una paz sombría y adentro no se oía más que el tictac del reloj.. iba contando los minutos. Las oía cuchichear. ¿la quería siempre José Antonio? 232 . cuando él. las miraba de pie junto a su lecho y separarse en seguida. por su parte. mientras acá. Anita. no había padecido menos. la terrible tormenta moral que la venía sacudiendo desde tanto tiempo atrás. que había hecho en Santiago y en las capitales europeas.. ¡Qué amargas lágrimas vertió. que antes que con nadie se había confesado consigo misma y que acababa de decir: “¡entra!” al amor que llegaba a su corazón batiendo palmas. con aquel ser amado que la muerte quería arrebatarle. Criatura de dolor y de piedad. Graciela. le perseguía aún como una obsesión? ¿Anita? ¿Graciela? ¡Quién podía saberlo! Las miraba a las dos.. Y ahora. si no era insensata creación de su fiebre. pero monótona. pero vacía. le pidió que se quedara. ese muchacho penaba de amor por ella.

que 233 . como un torreón. dibujando fugazmente en el fondo azul del cielo su manchita oscura.? -¡Ya han vuelto! -respondió Graciela. José Antonio preguntó: -¿Volverán.. su imaginación la llevaba al campo donde nos son permitidas todas las locuras. recorrieron con la vista el paisaje.. orar. Asaltada de siniestros presentimientos.. Llevaría luto por toda su vida. o sería que en realidad el amor se había hecho amistad en su corazón?. Y hasta pensaba en enclaustrarse y se decía que eso era lo mejor. De pronto se miraron los tres y pusieron el oído alerto.. -¿Subamos al mirador. Arriba seguía el revuelo y el trinar de las golondrinas. olvidarse del mundo. donde había amado y empollado en la primavera anterior. -¡Ya vuelven! -dijeron los tres casi al mismo tiempo. una golondrina llegó como un dardo a clavarse en la cornisa del corredor y se metió por una rendija. Graciela está transfigurada y es que ha sufrido. Una bandada de golondrinas pasó con rápido volar. Y pensaba que si llegase a morir -y un estremecimiento de angustia la sacudía– no volvería ya a abrir su corazón a un nuevo afecto. Viéndolas pensativas a su lado. meditar. con igual contento. Regresaba a su casita de paja.. Y como si hubiese adivinado la satisfacción que su presencia causaba. el pobre loco tenía razón -pensó-. -Ah. -Subamos. en aquella mañana tan clara y alegre.¿Sería un impulso de su orgullo de hombre el que lo hacía manifestar desapego. Sentíase allá arriba un loco batir de alas y un chirriar desenfrenado. al fin. no pensar sino en Dios y en él. José Antonio recordó las palabras que le había dicho Félix. en una noche memorable. Desde los corredores del mirador que daba hacia los cuatro vientos. Y se hizo un silencio para todos amable. es que ha conocido el dolor.. mensajeras de la bella estación. a ver si vienen? -propuso Anita.

¿ve usted ese potrero? Hay unos álamos carolinos allí. fijando la vista en un punto determinado del horizonte..decoraba el sol.. -Como quiera. Ninguno de los dos. -¿Qué? -¿Podría usted reconocer el punto donde tuve la suerte de verla por primera vez? -Donde los dos tuvimos la suerte de vernos. -¡También las pone usted! Se miraron a los ojos. se tuerce a la derecha.. -Esto no es Santiago. según. No se puede negar... Chela se había acercado y su brazo rozaba el de su amigo. -¿Me cree usted una santiaguina empedernida? Se equivoca. alcanza a verse... Se adivinaba el renacer primaveral en la profusión del verde.. -¿Pone usted condiciones? -Y dígame. -Mire en dirección de mi mano. Su índice extendido recorría la perspectiva como un mapa. El sintió en las mejillas el soplo cálido de su aliento y la leve caricia 234 . -¿Viviría usted allí? -Eso según.. en donde se veía brillar como rosadas islitas la mancha de durazneros florecidos. José Antonio. Allá va el camino.... sonriendo. -No lo distingo. ¿podría usted señalar ese sitio desde aquí? -¿Se ve? -Sí.. a pesar de que ambos tenían un mundo de cosas que decirse.. Pero. dirá usted.. -Es que es lindo Santiago. pronunció entonces el nombre de su amiga: -Graciela. pero también es bonito -dijo José Antonio. ¿usted viviría aquí? -Eso.. se atrevieron a decir una palabra más.

-Tuvo un duelo con un conde ruso por reyertas surgidas alrededor del tapete de Montecarlo y lo dejó mal herido. andan desesperados.. que reconoció. que se disipó como 235 . Lo curioso era que... Estas son las novedades de cerca... Joaquín traía las últimas novedades. y anda ahora de juerga.. niño loco! Y de él mismo. -No me hace falta -respondió ella. aunque Fermín estuviese lejos de ser un Adonis. Carlos.. Estaba convencida de que si Fermín había comenzado a frecuentar la casa. la otra hermana. la cabeza. que con los gemelos había estado escudriñando el camino. y el mismo Fermín. en efecto. -He recibido carta de Javier. había abandonado el hogar.. -¡Ah.. ¡Me basta con saber que usted ha vuelto a pasar más de una vez por allí pensando en la Golondrina! El la miró. avanzando a lo lejos por la carretera. Cualquier día llega por aquí a llevársela.. despechada. El vapor en que viene Félix ha salido ya de Buenos Aires. la menor. exclamó de pronto. Hay otras de más lejos. Anita. le había dado una sorpresa.. era por ella. -Eso ha aguado la fiesta de la boda –terminó Joaquín– que se anunciaba en grande. ¡Son ellos! Y pasó los gemelos a Graciela. -¿Ve? -dijo con la voz ahogada por la emoción. pero que no se acostumbra solo. con la mejorcita... casándose con una de las niñas Morales. al fondo de los ojos e inclinó la cabeza con el miedo cierto de desvanecerse. con el pensamiento en Félix. que se había ido a Europa. casi confidencialmente-. Y se sintió invadido de una vaga tristeza. -¿De dónde? -dijo Anita. -¿Asomó. dando un salto: -Allí vienen. agradecido. pensó José Antonio..? -preguntó Graciela..de sus cabellos. Y su mano se estremecía visiblemente.. Fermín.. a quien viera de algún tiempo a esta parte muy preocupado. La mayor de las Morales. el coche de la familia de Joaquín.. “Se va otra vez la Golondrina”. ¿qué dice papá? -Que está bien. al fin.

. El viejo doctor que había sido invitado especialmente. –Excúsenme. Era un mozo lleno de vida. sí. hijo del administrador de una de las haciendas vecinas. sitio.. Todos le exigieron detalles. llegó cuando ya todos estaban a la mesa.. en su calidad de médico legista: constatar la muerte de un suicida. al oír la última frase de Joaquín.. El trágico fin del poeta rústico. que ponía un desenlace tan inesperado a su idilio con la aristocrática santiaguina. Y explicó que había tenido que intervenir en un suceso trágico. El médico. -Se levantó de madrugada.una niebla. -¡Horror! -Allí le hallaron. mucho. ya cadáver. Chela se había puesto pensativa. -Pues parece que el muchacho estaba algo destornillado. y avisaron a la policía. algo extrañado de tamaña inquietud ante un caso tan vulgar. agregó con indiferencia: -Creo que se llamaba Jenaro. Después me tocó ir a mí para extender el certificado respectivo.. Todos se dieron cuenta del proceso que llevó a aquel desgraciado a los extremos del suicidio: lector de novelas. cuando vio que. excúsenme –dijo al ver que todos se preparaban para hacerle cargos por su tardanza. antecedentes. -Lo de siempre. respondiendo a la alarma que comenzó a agitar sus espíritus. de vista. tipo ultra romántico.? -dijeron varias voces. leyó acaso en los diarios la noticia del ma236 . Escribió una carta declarando que se mataba de su propia voluntad y pidiendo que no culparan a nadie de su muerte.. -¿Le conocían ustedes? -Sí. -¿Cómo. fue la nota triste del día. -¿Quién se mató? Un muchacho. se tendió bajo un sauce y se disparó un tiro en las sienes. hora. estudiante todavía.

inmediatamente. -Ya. pero no como para hacer mala sombra en un día tan hermoso.trimonio de Rebeca e. El caso era triste.. arrancado el lienzo que cubría la placa. Y a la hora convenida se inició la ceremonia del bautizo. Ya el automóvil se había empequeñecido en la distancia y aún se percibía el rumor de sus voces y sus palmadas de júbilo. con excepción de Graciela. replicó: -No hay lugar para mí. Se sirvió un lunch en el mismo carruaje. rompió sobre ella el cuello de una botella de champaña y fue derramando el espumoso líquido por toda la máquina. -Hasta luego. entre el olor de las flores que invadía la casa. cuando. los huéspedes. resolvió eliminarse.porque te has portado muy bien. -Bien te mereces este premio -decía. tuvo un éxito mayor que el esperado. No hubo discursos (no estaba don Javier) y el rasgo más bello fue el de Graciela.no podía ser moro ni siquiera el automóvil. y al caer la tarde. Al verse solos los tres. Los niños. señalando el automóvil. Me irán a dejar más tarde. invocando a Werther y a tantos otros gloriosos suicidas de la literatura. -¿Ya? -dijo la primera.. -En una casa tan cristiana -observó Joaquín.. bajo el garaje que José Antonio había hecho adornar con banderas y guirnaldas. felices de viajar en aquel coche tan extraño y tan ligero. entonces. La fiesta íntima y verdaderamente familiar. que iba totalmente ocupado. -Habrá que ver eso -exclamó Joaquín.. -¿Graciela se queda? -dijo Rosario. Anita y Graciela se miraron a los ojos. se prepararon a marcharse. -Hasta luego.. El doctor derramó sobre la mesa unas cuantas narigadas de su filosofía bonachonamente optimista y el espectro del suicida se desvaneció en la claridad radiante del mediodía. 237 . Habla tú. palmoteaban y gritaban. Y ella.

mañana mismo. Está mejor así.. gravemente. Y luego. se habían equivocado mutuamente. y cuanto antes. porque ella no era ya la misma Graciela. pequeña y terrestre constelación. yo tengo que acostarme en seguida.. tomó la palabra y señalando un montón de luces que habían empezado a arder. Separó la cortina de la ventana y una última pincelada de luz bañó los vidrios y se espolvoreó en la penumbra de la habitación. que no ignoraban ya ni podían ignorar lo que cada cual guardaba en su corazón... -¿Conque estaban endeudadas con el cielo? A pagar... desde aquí mismo a pie a dejarle flores a la Virgen. mientras Anita se abrazaba a su hermano.. José Antonio y Chela. ¿de que se trata? Graciela. -exclamó Graciela encantada. Durante aquella convalecencia. entonces. Estaba tan oscura la sala. Pero.. El no temía mostrarse 238 . comprendieron que había llegado el minuto supremo de las aclaraciones. Y entraron aliviados ya de toda preocupación. José Antonio volvía a ser el de la primera época. que la proximidad misma de la amada parecía hacer más rápida y decisiva. dijo: -Amigo mío: hemos hecho una promesa y usted va a ayudarnos a cumplirla. pero con una ventaja inmensa.Quiere decir que Anita tiene privilegios sobre mí .-¿Conque ya hay tuteo? -reparó no sin cierta alegría José Antonio.. no sabrían ellos mismos decir por qué. pero José Antonio le dijo: -Déjalo. Había en el ambiente un delicado aroma de lirios y violetas. -Tienes razón. en la cumbre de un cerro lejano. que Anita quiso encender la luz. -Flores y velas -corrigió Anita. ¿Cuál es ella? -Irnos los tres un día. pues. -¿Cuándo te parece? -¿Mañana mismo?. -Eso es.. Anita. -Con todo gusto.

muy bajito. Todavía no es hora. lo estaban escribiendo. -Anita -le dijo José Antonio.. -No te apures.. Pasó así un minuto y dos y cinco.. Se dirigió al piano. Le había visto decidido por fin y llegaba para ella la hora. como si la acariciaran. pues del piano comenzaron a salir notas y acordes muy conocidos de todos. A Anita no se le ocultaba nada de este mudo y delicioso poema. -¿Me oye usted? -insistió... a la luz de las estrellas. Pero. ya ves lo que dice Joaquín. porque aquellos ojos la turbaban hasta lo infinito. -El vapor salió ya de Buenos Aires y antes de quince días estará en Valparaíso. día a día.. en la imperial de un carro. distraídamente. y se puso como a jugar con las teclas. había intención en su juego. la hora suprema y única de rendir su corazón. él dijo. temiendo y esperando al mismo tiempo ese minuto delicioso en que él haría la eterna pregunta y ella le daría la respuesta eterna. Hay que irse preparando para partir. -Está usted muy lejos. Bajo la sombra inmensa de tus oscura alas cómo latir se siente 239 . José Antonio miraba a Graciela y ella tenía que volver la vista. La claridad se hacía más débil cada vez y ya sólo empezaba a distinguirse el contorno de las cosas. Ella se estremeció. cuya última estrofa pendía ya de los labios de quienes. adivinaba que ella no estaba en condiciones de apreciar el valor de las palabras. -Te digo que yo te avisaré cuando sea tiempo...balbuceante y torpe. hora a hora. a tiempo de sentarse-. Yo te avisaré... Y sonreía. Las notas sollozaban al acompañamiento de las estrofas que cantó José Antonio.. El acercó su silla. como de costumbre. Y ambos se eludían.. inclinándose hacia ella: -Graciela. Al fin. seguramente. sabiendo de antemano que acabarían por encontrarse.

-Hizo bien José Antonio. pero tampoco tenía para qué... Y el piano. plañideramente parecía decir: El rayo de la estrella... Bastábales con sentirse.... Son mi orgullo ahora.. -De invierno.. -¡Qué suavidad de manos! -No.!” -Graciela... -Pero. La brisa que nos habla Con esa voz doliente De la última esperanza. -Sí.. Le había tomado las manos y ella no pensó retirarlas ya. lentamente.. ni qué importa. José Antonio. porque ha venido cuando hacía más falta. si esas dulces notas del cielo despeñadas.. 240 . ¿no se irá ya más? ¿Se quedará aquí la Golondrina? -¿Para qué la pregunta? Demasiado lo sabe ya. mi Golondrina. -¡La última esperanza! Yo nunca la perdí. -Ha cumplido su promesa.la atmósfera del alma -¿Se acuerda usted de eso? -Nunca me he olvidado.. -¿Sí? -Sí.. no están suaves ya. Volvieron callar. -¡Y mi felicidad! Lloraba el piano: ¡”Oh. con traspasarse en la sombra el aliento de sus vidas encadenadas para siempre.

-Te va a hacer la misma broma que me hizo a mí. Entonces. Ella pasó el fono a Graciela. El piano no se oía ya. seguramente.. un amigo: era Joaquín que necesitaba ciertos datos. se estrecharon atraídos por no sé qué fuerza misteriosa. de esos que se dan.. respondió: -Ya -¿Está ahí Graciela? -Sí -Dígale que se acerque al teléfono que Rosario quiere hablarle.. pero no se sienten. por cuidarle a él se habían estropeado. gracias. tranquila. como en otro tiempo en el escaño de un jardín.-¿Sí? -Sí. realmente. ¡Ya no hago falta aquí! Graciela fue hacia ella y la abrazo con efusión Se oyó la campanilla del teléfono como la voz de un amigo que quiere participar de una fiesta. -Gracias. -Entonces. Salieron a buscarla y la hallaron de rodillas ante la imagen de la Virgen. y se unieron sus labios en un beso ardiente y casto... no.. -¿Graciela? A instancias de José Antonio. Era. -Ahora sí. ahora sí que ya puedo irme.. José Antonio. El se había inclinado y besaba de gratitud aquellas manos tan lindas que. instintivamente. radiante.. También ella se había inclinado y sus cabellos rozaron la frente del amado. Ella se volvió hacia su hermano. -¿Ya? Y Anita que había tomado el fono. José Antonio tomó el fono y se lo llevó al oído. Anita había desaparecido. -Anita. ella dijo “sí” junto a la bocina y 241 . -decía llorando.

hablaban del campo. riendo sin reparo.él se puso a escuchar. bueno. hablaban del infinito extendiéndose sobre los sueños de los hombres. humildes testigos de la deliciosa escena. miró a su novia que. El piano y el reloj fueron los gratos cómplices de aquella conspiración que tres bellos corazones tramaban contra la infelicidad de la vida. bajó la vista ante la llamarada de pasión. Hasta muy tarde ardió la chimenea en el salón. Pero José Antonio había cortado la comunicación. Pero las violetas y los lirios que. ¡Lo tendré muy presente! -¡Ah. y aunque alguien lo hubiese hecho. José Antonio se olvidó completamente de que había prometido recogerse temprano. replicó después. pícaro! -gritó allá Rosario. -Bueno. no habría llegado tampoco a nada práctico. Rosario. Y las estrellas innumerables que se veían parpadear a través de los vidrios en el cielo límpido y profundo. -Tontilla. Por prudencia no se abrieron las ventanas. Por lo demás. 242 . -Anita -le dijo-. Con su voz natural.le dijo Graciela. en la noche memorable de sus esponsales. nadie tuvo la precaución de recordárselo.. Al volverse vio a las dos jóvenes comentando el chasco que acababan de dar a la buena de Rosario. recordando la pregunta igual de Félix. respondió: -Bueno. de ternura y de deseo que sorprendió en los ojos del amado. de la tierra. vencida de nuevo y definitivamente. languidecían en sus vasos. ¿me das permiso para tutear a Graciela? Ella. Pero nada más que para tutearla.... de su bondad fecunda y generosa. que conservaba fresco aún en los labios el sabor del beso con que acababa de sellar su amoroso pacto de alianza. Y José Antonio.

EPILOGO Pasado algún tiempo. que son en Santiago una delicia. en una de esas lindas mañanitas de octubre. que calificaba de descabellada y dañosa a los intereses del país. que se había dirigido al Parque Cousiño a rumiar su discurso de interpelación al gobierno por su política salitrera. se encontró en una de las 243 . don Javier.

avenidas con el carruaje de la familia de Félix, a quien acompañaba Anita, ideal enfermera. El gran político se sintió enternecido por aquella escena, y mientras se dirigía a la pareja, divagaba acerca de la virtud de la mujer chilena, pensando ya en aprovechar este tópico en alguna ocasión. Félix estaba mejor. No era una cabeza fuerte, ciertamente, pero ya no deliraba y, paulatinamente, iba recobrando la noción nor- mal de la vida exterior perdida durante meses para él. Reconoció a don Javier y le dijo, mostrándole a Anita: -Ana Karenina. ¿No la conoce usted? Ella sonrió con tristeza. Aquel sobrenombre que Félix le dio desde el primer instante en que volviera a verla, en Valparaíso a bordo mismo del vapor que lo condujo a Chile, era el último resto de la perturbación mental de su novio. Don Javier conversó algunos minutos y se alejó, deseándoles felicidades, muchas felicidades. Había algo de melancolía en la figura de aquel hombre que llegaba, gloriosamente, a su crepúsculo. El casamiento de su hija le había dejado solo y él, incapaz de resistir la soledad, se había ido a vivir en casa de la señora Irene. Pocas cosas en la vida le habían sido tan penosas como separarse de la regalona. Pero, ¿cómo negarse a este último capricho de esa cabecita encantadora, cuando le dijo que se casaba sólo por verle a él si era capaz de ser un buen suegro? Por lo demás había en él un filósofo y no dejó de considerar que, al unirse a José Antonio, Graciela cumplía su destino. -¿Y Graciela? -le había preguntado Anita-. Ya sé que se esperaban novedades de un momento a otro... -Sí, sí, así he sabido. Parece que esos muchachos han resuelto su problema de la vida. ¿No se escriben? -Lo más a menudo. -¿Y no piensa usted ir por allá? -En cuanto se pueda, sí. Ella esperaba sólo que los médicos dieran su autorización para llevarse a Félix a Los Rosales, donde algo le insinuaba que la 244

mejoría del enfermo había de ser rápida y segura. Por lo pronto, Félix había dejado el Manicomio y se hallaba libre de toda odiosa reclusión. -¡Oh, el aire libre! -exclamó el gran político-. La vuelta a la naturaleza hace verdaderos milagros... Apenas se vio solo otra vez, don Javier volvió a sus preocupaciones habituales. Desde la fecha de su actuación como jefe de gabinete, se habían sucedidos diversos cambios de situación. El sistema de los ministerios rotativos seguía en auge. La coalición había sido rota, en víspera de la lucha electoral del año anterior, y don Javier con el grueso de su partido, con lo más granado y prestigioso, entró a figurar expectablemente en las filas de la Alianza, de cuyas manos habría de salir, forzosamente, el porvenir de la República. Aquel gesto tuvo repercusión en todo el país y don Javier, que a la sazón se hallaba fuera del Parlamento, quedó en magnificas condiciones para optar a una senaturía. Como hay hombres que hasta para morir son oportunos, vacó en esa precisa ocasión un cargo de consejero de Estado y él impuesto, podría decirse, por la opinión pública, fue el designado para ocuparlo. Por otra parte, con la habilidad y el tino que nadie podía desconocerle, había logrado reconstituir su fortuna, tan seriamente amenazada. Sus influencias en las altas esferas gubernativas le sirvieron a maravilla para evitar el naufragio de sus intereses, aunque no sin grave riesgo. Y, gracias en parte a la ayuda de Joaquín y de José Antonio, que desarrollaron una actividad fácil de explicarse, don Javier logró ver cumplidos los sueños que acariciaba vagamente durante las siestas de un verano inolvidable. Almorzó en el Club, a donde fueron a entrevistarle dos o tres periodistas, asegurándole que su discurso de interpelación era la nota del día. El gran hombre saboreaba anticipadamente el triunfo. Había mar de fondo en la política. Desaciertos ministeriales habían desprestigiado a la Alianza y se adivinaba en el aire una tormenta que haría cambiar de aspecto el horizonte. Don Javier, cuya hoja de servicios era limpia como una hostia consagrada, 245

rompía su fuego contra la inmoralidad y el desorden imperantes. “La más hermosa tradición de la República -decía- es la virtud de sus hombres de Estado: mantengamos esa honrosa tradición. Se acarició, pestañeando, las profusas patillas completamente blancas ya, cambió frases sueltas con algunos amigos que almorzaban también en el Club, bajó con pausa los escalones de mármol y dijo al lacayo, que se había apresurado a abrir la portezuela del coche: -Al Congreso. Sólo encontró en la antesala algunos colegas, un poco retrasados, como él, que le apretaron la mano con admirativa fruición. Recibió de manos del ujier un telegrama que abrió sin prisa. Era de Joaquín, atento siempre, y decía lo siguiente: “Es usted abuelo. Chela le ha dado un príncipe hermoso como un sol”. Sonrió el senador, visiblemente emocionado, con ternura paternal, y se dispuso a contestar. Pero no daba con la fórmula original, concisa y elocuente que llevara allá, al dulce retiro de Los Rosales, la expresión de su alegría. Venció en él el político y escribió, por fin: “Salud al futuro ciudadano”. Aquel vástago, sangre de su sangre, que brotaba a lo lejos, era el porvenir que se anunciaba. Había en él un símbolo, como que representaba la eterna y necesaria alianza entre la ciudad y el campo. De Graciela, su hija, tendría aquel niño las exquisiteces, la gracia espiritual, todos los refinamientos de la cultura aristocrática; de José Antonio, el temperamento, la salud, la energía, el carácter, todo lo que da la tierra en la libre espontaneidad de su renovación incontenible. Él, su raza, que tenía próceres y patricios en su árbol genealógico, y cuyo entroncamiento venía de los conquistadores, no moriría con él, porque aquel niño, que sería fuerte e inteligente, perpetuaría en lo porvenir su propia acción. Estaba satisfecho de su vida, que había sido fecunda y útil. Despachó el telegrama, carraspeó solemnemente, y con paso firme, seguro de su éxito, penetró al recinto de la Cámara -en donde a la luz artificial brillaban doctas calvas y graves espejuelos- a tiempo que el Presidente, agitando la campanilla, pronunciaba la frase sacramental: 246

En el nombre de Dios se abre la sesión.

FIN

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..................INDICE Carta -dedicatoria 5 ............ TERCERA PARTE: Dolor secreto ................................................... PRIMERA PARTE: De verano ......................................... SEGUNDA PARTE: Las golondrinas ......................................................... 248 7 45 118 ...

.......022 249 ..........................CUARTA PARTE: Cautiva . 177 230 Golondrina de Invierno Inscripción en el Registro de Propiedad Intelectual N° 94.............................................................................. EPÍLOGO ..

Hondamente conmovido por la violenta represión en una huelga de trabajadores marítimos. Diputado en 1915. por la agrupación de Copiapó. Profesor primario en Ovalle. Autor de cuentos. en 1903. novelas. Lo inspira la indignación. Madrid. poemas. Víctor Domingo Silva escribe uno de sus más famoso poemas: La Nue250 .VÍCTOR DOMINGO SILVA (1882-1960) Premio Nacional de Literatura 1954. Como escritor se le considera parte de la generación de 1900. República Dominicana y Haití. Periodista en los diarios El Tarapacá y La Provincia. la rebeldía y la esperanza frente a las injusticias sociales. obras de teatro. Freirina y Chañaral. Cónsul en Bariloche.

Teatro: El pago de una deuda. Más allá del honor. Pero también retrata el derroche y la fastuosidad de la burguesía santiaguina. aparece en 1912. Novelas. La más leída. Toda su obra está impregnada de sentido patriótico. El rey de la Araucanía. El mestizo Alejo. En su novela La Pampa Trágica (1921) describe con crudeza la dura vida de los trabajadores salitreros. de misticismo en la prédica social y profundamente vinculado a la idiosincrasia de nuestro pueblo. romántica y más popular de sus novelas. además de las mencionadas: Palomilla brava.va Marsellesa. Toque de diana. Sobre este telón de fondo se anidan bellos y tormentosos romances y en medio de maravillosos rosales va naciendo el amor. El derrotero. La criollita. Como una ráfaga. Golondrina de Invierno. Fuego y montaña. la pobreza y la sumisión de los trabajadores de la tierra. Retrata en sus páginas la alegre y apacible vida de los dueños de fundo. Los árboles no dejan ver el bosque. Nuestras víctimas. De su vasta producción literaria sólo mencionaremos algunos títulos: Poemas: Hacia allá. las fiestas campesinas. 251 . Aún no se ha puesto el sol. España y yo somos así. El cachorro.