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Los Hombres también son de Venus - Danyela Castillo

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Danyela Castillo

LOS HOMBRES TAMBIÉN SON DE VENUS

Ediciones de La Polla Literaria Santiago de Chile, marzo de 2011
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Los Hombres también son de Venus Primera Edición, Santiago de Chile Ediciones de la Polla Literaria, marzo 2011

Se autoriza la copia exacta y la distribución indiscriminada de este libro por cualquier medio, sin fines de lucro y citando claramente la fuente. Ediciones de La Polla Literaria www.lapollaliteraria.cl | contacto@lapollaliteraria.cl
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Danyela Castillo

LOS HOMBRES TAMBIÉN SON DE VENUS

Ediciones de La Polla Literaria Santiago de Chile, marzo de 2011
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miércoles 23 de mayo de 2001 He pensado que si yo hubiera nacido mujer todo sería diferente. Creo que mi madre piensa igual. Ella tenía treinta y ocho años cuando nací. Dicen que tenía cierta dificultad para embarazarse, mientras ella lloraba su frustración, mi padre gastaba fortunas en perfumes caros y finas corbatas que, finalmente, luciría con cualquiera menos con ella. En una de las tantas visitas al ginecólogo, mi madre se enteró que estaba embarazada. La noticia alegró a toda la familia y mi padre inflaba el pecho cuando supo que tendría un hijo. Aun así, las cosas no cambiaron entre ellos. En más de una oportunidad me he preguntado: ¿Por qué se casaron? Ella no estaba embarazada, no había nada que los obligara a estar juntos, sin embargo, creo que a ambos les convenía dicho matrimonio… Pues bien, cuando nací, mi madre estaba muy contenta, según dice, mas creo que ella esperaba una niña, quizás, pensando que la acompañaría en su vejez. Desde muy chico mi madre marcó casi con violencia su homofobia. Se molestaba mucho si me veía escudriñando en su ropa o si hacía preguntas que le recordaran que yo no fui mujer… Por su parte, mi padre repetía a menudo que yo era un macho como él. Golpeaba tontamente mis brazos y eructaba frente a mí esperando, quizás, que yo celebrara semejante actitud. Yo lo miraba con gesto infantil y neutro. Nunca me agradaron esas actitudes, aunque nunca se lo dije. viernes 25 de mayo de 2001 Recuerdo ahora mi primer día de clases. Todo se veía gigante, los niños y niñas se encontraban muy peinados, zapatos lustrados de tienda, un espejo de sus madres.
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Mi primera sorpresa: los niños y niñas debíamos hacer filas, eso no parecía raro, lo que me llamó la atención es que eran filas diferentes. Los niños y niñas eran separados por primera vez. Quise ir al baño, y la profesora responde: “El baño de niños es el de puerta celeste. Ese con puerta rosada es el de niñas ¡No debes entrar!” Me contestó con gesto serio. ¿Qué habrá ahí, que no debo ver? Me preguntaba sorprendido. Una tarde, aprovechando el descuido de algún adulto, me introduje como un delincuente a este lugar de puerta rosada que llaman “baño de niñas”, al que no debía entrar por nada del mundo, pero estaba ahí, feliz, mirándolo todo, buscando eso prohibido que no tenía que ver, todo me parecía muy normal. Si en el baño de niños orinábamos todos juntos ¿por qué no podía ver cómo las niñas orinaban? “Los adultos son muy extraños”, pensé... martes 29 de mayo de 2001 _¡Tienes el pelo muy largo!_ Dijo una mañana mi madre_ Pareces niña, tendremos que ir a la peluquería._ “Yo no quiero cortarme el pelo, me gusta largo. ¿Y qué hay de malo con parecer niña? Son lindas las niñas, yo no quiero cortarme el pelo.” “¡Los hombres no juegan con muñecas!”_ Gritó mi padre mientras yo terminaba de vestir la muñeca que olvidó una vez mi prima. No entiendo, ¿Los niños y niñas, tienen que odiarse? ¿Por qué no puedo jugar con muñecas? Una vez le pregunté a mi mamá “¿Por qué yo no fui niña?” y entonces abrió unos ojos tan grandes que no cabían en su cara desencajada. _No digas eso, niño_ Dijo muy despacio y mirando para todos lados, asegurándose que nadie me hubiese escuchado decir tal barbaridad aquella vez...
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lunes 4 de junio de 2001 En ese tiempo, algo le estaba pasando a mi cuerpo, notoriamente cambiaba. Recuerdo perfectamente el día que desperté con el pene muy grande y duro, casi me dolía. En aquella oportunidad, le conté lo sucedido a mi mamá y ella volvió a poner esa cara fea con ojos grandes. Me fui sin esperar su respuesta. No sabía lo que le estaba pasando a mi cuerpo, cada día lo veía distinto, incluso habían empezado a crecer los molestos pelos de mi pelvis. Aunque se suponía que era normal, según lo dicho por mis amigos, a mí no me gustaba, recuerdo, y mis axilas comenzaban a oler diferente y mi voz se distorsionaba. martes 5 de junio de 2001 Una vez entré al baño. Ahí estaba mi padre, con su cuerpo perfecto, tenía la toalla enrollada en las caderas y sus vellos se asomaban burlones. Lo miré mucho rato, imaginando mi cuerpo. _¿Qué te pasa?_ Dijo _Me quiero afeitar, como tú._ Entonces mi padre soltó una carcajada. _Pero Nacho, si no lo necesitas aún, mírate. Recién tienes doce años. _Es verdad, no lo necesito. Respondí y salí del baño. Mi padre siempre se supo un tipo guapo. Coqueteaba, descaradamente, con cuánta mujer pasaba frente a sus ojos… _Aprende cómo se hace, hijo, ya te tocará a ti._ Mi madre, en silencio, bajaba la mirada y jugaba a no darse cuenta, pero yo veía la pena en sus ojos. Pocas veces discutían, mi padre no tenía tiempo siquiera para discutir con mi madre.
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Una tarde los oí pelear… Mi madre lloraba. “Esto no tiene sentido”, decía él. Entiende que no nos hace bien ¡Nosotros no nos amamos! Cuando escuché esas palabras, un hielo bajó por mi espalda. Corrí hasta mi pieza y puse la música muy fuerte. El sonido agudo de la guitarra hacía vibrar las ventanas y lograba también silenciar mi llanto. Mi padre sacó su ropa y mi madre lloraba suplicándole que no la dejara. ¿¡Qué voy a hacer de mi vida…!? Gimoteaba. Sentí, esa vez, cerrarse la puerta fuerte. Al poco rato sonó el teléfono. Era mi padre: “Te amo, hijo, volveré a llamar para que hablemos.” Desde ese día mi madre jamás volvió a ser la misma y mi padre se demoró más de un año en llamarme para conversar… jueves 7 de junio de 2001 Un vez, después de la clase de educación física, me acuerdo que sentí cosas muy raras. En ese tiempo me llamaba mucho la atención el cuerpo de mis compañeros. Me gustaba mirarlos, incluso había veces en que miraba a niños de otros cursos, mayores que yo. Miguel y yo fuimos amigos desde muy pequeños, hasta hoy es mi mejor amigo. Un día, en las duchas, me quedé solo con él. En aquella oportunidad, comenzamos a jugar en el agua llenando nuestros cuerpos de espuma, desnudos, como es lógico. Mi pene volvió a ponerse duro y muy grande (Me había pasado ya varias veces, pero estando solo). Miguel me miró fijo, un silencio indescriptible llenó todo el lugar. Mi miembro inexperto seguía rígido, como todo mi cuerpo. Bajé la mirada y vi que entre sus piernas blancas se erguía su humanidad y sus ojos se volvían cada vez más brillantes. _Mira, el mío es más grande_ Dije con una risa nerviosa. Él sonrió y se acercó a mí…
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_¿Puedo ver si es más duro también?_ dijo. _Claro, tócalo_ Respondí con total naturalidad. Sentí su mano fría que lo envolvió con una suave presión. _Te gano, el mío es más duro, ¡Mira!_ Dijo ofreciendo su trofeo a mis manos. No mentía, su pene estaba más duro que el mío. Pero en el momento de comprobarlo, pude sentir que mi afilada lanza se erectaba aún más. Creo que él se acercó un poco más, su cuerpo húmedo rozaba el mío. Justo cuando cerré los ojos sonó el timbre que anunciaba la entrada a clases. En silencio, luego salimos del agua y nos vestimos como si nada hubiese pasado… domingo 10 de junio de 2001 Durante mucho tiempo sentía envidia por la vida de Miguel. Él es el menor de dos hermanos. Rodrigo, el mayor, vive hace tres años en Estados Unidos, según él, fue a estudiar, según Miguel, vive carreteando y cuando se queda sin plata, llama a su viejo y éste le manda dinero para sus “estudios”. Mi amigo ha crecido al lado de la tía Gloria, su nana, una señora de campo, que a pesar de quererlo mucho, no ha podido reemplazar la presencia de sus padres, que se lo pasan viajando. Recuerdo que una vez Miguel me dijo que le gustaría tener una mamá como la mía. _¡¿Cómo se te ocurre?! ¡Nadie puede querer tener una mamá como la mía...!_ _Nacho, tu vieja puede ser un poco pesada, pero al menos está presente. Hay veces en que quisiera que me reten como lo hace tu mamá…_ Dijo esa vez. suspirando. sábado 16 de junio de 2001 Se supone que a los hombres les deberían gustar las mujeres. En mi curso siempre ha habido varias niñas muy lindas
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y estoy seguro que más de una se muere por mí. Pero yo sólo las encuentro “lindas”. No me dan aquellas “cosquillitas” cuando se acercan. En cambio, con Miguel, es como si un huracán azotara todo mi cuerpo. Él siempre me sorprendía mirándolo y sonreía con un gesto tierno. Después mostraba su lengua y volvía a sonreír. Una mañana, entrando a la sala, la inspectora dijo: _Alumnos, el profesor de química está con licencia, por lo tanto, les voy a pedir que hablen en voz baja y no se levanten de los asientos._ Las miradas corrían de un lado para el otro de la sala, evidenciando cierta agitación entre mis compañeros. El salir de la inspectora fue el botón de partida. Rápidamente, comenzaron a ponerse de pie, en medio de las risitas, y alguien sacó una botella vacía. _Aquí todos juegan._ Miguel y yo nos miramos desconcertados. _No, yo no juego, no me gusta esa weá._ Me senté al fondo de la sala, con los ojos clavados en Miguel. _Yo sí, es divertido._ Dijo él desafiando mi mirada. Ahí estaban, sentados en círculo, mientras la botella giraba al centro, apuntando cada uno de los rostros expectantes y ansiosos por besar los labios deseados. Primera pareja... El beso fue corto y sin ganas, la botella vuelve a girar y Miguel juega coqueto con el pelo de una compañera. Sin embargo, cada cierto rato me miraba mostrando su estilizada lengua. En realidad, a mí no me gustaban esos juegos, nunca les encontré sentido a besarse con cualquiera, si yo voy a dar un beso es porque la persona de verdad me gusta... Es el turno de Miguel, yo lo miro atento, las bocas se juntan despacio, ella cierra los ojos. Miguel vuelve a mirarme,
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sin dar mayor importancia a la entrega de su “pareja”, el beso se prolonga… Me molestó tanto que haya besado a esa niña, aunque en verdad, era normal que lo hiciera, todos lo hacían. jueves 21 de junio de 2001 Voy a cumplir quince años y nunca he besado a alguien. No por falta de oportunidad, sino porque aún no encuentro a la persona indicada, motivo por el que he recibido burlas por parte de mis compañeros. Hay veces en que me siento muy distinto a ellos. Por más que intento seguir sus conversaciones, no me parecen en nada interesantes ni graciosas, y, como es lógico, para ellos soy extraño. Sé que muchos hablan de mí, que se ríen al decirme poeta, sin saber que, en realidad, soy yo quien se ríe de ellos. Aun así, no siempre me gusta ser distinto. En el recreo alguien me dijo que Miguel me estaba buscando, yo no quería verlo, no sé bien por qué, después de ver como se besó con esa compañera, un sentimiento muy extraño se aloja en todo mi cuerpo. Él me encontró al final del patio. Yo traté de esconderme tras los versos de Girondo, pero Miguel quitó el libro que me ocultaba… _Estás celoso_ Me dijo mirándome a los ojos. _No seas weón, ¿Cómo voy a estar celoso? Es que me dio lata_ _Besa suavecito…_ Detalló. _¡No me interesa saber cómo besa!_ Le respondí molesto. Hubo un silencio que sólo se vio interrumpido por la voz de la inspectora. ¡Se acabó el recreo, niños, a la sala! _¿Te gusta, verdad?
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_¿Quién? _La Carola, te gusta la Carola, por eso estás enojado conmigo. _Mira, Miguel, lo que tú hagas o dejes de hacer con la Carola, o con quién quieras, me da lo mismo. Caminé hasta la sala y me senté en un lugar que no es el mío, buscando estar lo más lejos posible de Miguel. viernes 22 de junio de 2001 Es viernes, mi cuerpo descansa inerte sobre la cama y una música estridente hace retumbar los vidrios de mi pieza. La pantalla de mi celular titila sin descanso. Nueve llamadas perdidas de Miguel. _Puta, te he llamado mil veces ¿Por qué no contestas? _Estaba durmiendo, no lo escuché_ Mentí. _Ya sé cuál es tu problema, voy para allá._ ¿Cómo sabe cuál es mi problema, si ni yo mismo lo sé? No quiero verlo, no quiero que sea justamente él quién lo descubra y menos que me lo diga. Al poco rato entró en mi casa sin parar de hablar, su voz hacía zigzag en mis oídos. Hablaba sin parar. _Tu problema es que todavía no has besado a alguien, por eso nunca juegas a la botella. Te da vergüenza_ sentenció. _¿Te enseño, es fácil?_ Su propuesta hizo que se me erizaran los pelos y que mi pene comenzara otra vez su transformación mágica, levantando evidentemente el pantalón. Creo que Miguel se dio cuenta de eso, porque lo miró y sonrió como a veces lo hace. _Pero tú eres hombre, los hombres no se besan entre ellos._ Dije asustado. _Sí, lo sé, pero somos los mejores amigos, así no es malo.
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Además nadie va a saber._ Me tranquilizó. Miguel se acercó un poco a mí y dijo casi susurrando, _Te va a gustar, no seas tonto._ Cerré los ojos, sentí su respiración rebotando en mi nariz. Mi lanza amenazaba con salir de su escondite. El pánico me invadió cuando sus labios se posaron en los míos. No sé cuánto rato estuvimos así, pero me sentía muy bien… _Abre la boca_ Me dijo. Sentí su lengua suave y tibia juntándose con la mía, el universo entero sacudió mis sentidos. Él tomó mi mano y la guió experto hacia su entrepierna. Estaba duro, una gigante roca se refugiaba en su pantalón. Su mano voló hasta mi cuerpo con movimientos casi imperceptibles. Nuestros cuerpos seguían pegados, un rito de lenguas danzando ocultas del mundo. Pensé: “Los hombres no se besan entre ellos” Si es así, entonces, ¿Por qué me siento tan bien? _Viste que es fácil_ Dijo separándose bruscamente de mí, caminando hacia la puerta. _¡Ya, anda a ducharte, te espero abajo! Besas muy rico_ Sonrió y salió de la pieza. Me vi solo, con los labios aún húmedos de su saliva sin saber qué pensar, ni qué sentir. “Los hombres no se besan entre ellos”, me repetía una y otra vez, pero cerraba los ojos y volvía a sentir un cosquilleo al final de mi espalda. sábado 23 de junio de 2001 Quiero entender lo que me está pasando, nunca había sentido algo parecido por nadie, ni por la niña más linda del colegio. Ni siquiera cuando vemos esas revistas que llevan, a veces, mis compañeros. Después de mi primer besó, salimos en bicicleta. Miguel actuaba en forma muy natural, en cambio, yo, ya no era el
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mismo. Había dado mi primer beso ¡Me he besado con mi mejor amigo y me gustó! Escuchaba como las voces giraban en todas direcciones y yo no podía cambiar mis pensamientos. Su aliento tan cerca de mí, su estilizada lengua que, cada cierto rato, me mostraba feliz. _Esta noche voy a estar solo en la casa. ¡Hagamos un carrete!_ Dijo Miguel en un momento. Sus palabras provocaron espasmos en mi estómago. Por la noche llegaron casi todos juntos. La música electrónica sonaba fuerte y alguien sacó una botella de ron, lo que provoco la euforia de varios de los presentes. Una atmósfera desconocida para mí me envolvía poco a poco. Me sentía muy bien, mi cabeza se desprendía del cuello y las piernas se me movían como las de un experto bailarín. Entonces, Miguel se acercó y casi en el oído me dijo: _¿Ahora quieres jugar a la botella? La amiga de la Carola quiere contigo_ Aseguró. _Podemos terminar el carrete y nos quedamos los cuatro... No es mala idea_ Recalcó riendo. Otra vez la botella giraba al centro del círculo que ahora me hacía parte del juego. Era la primera vez que jugaba con los demás. La botella paró, premeditadamente, frente a mí. Los ojos se me hicieron gigantes y Miguel me miró feliz, haciendo un gesto de aprobación. La niña seleccionada para compartir mi beso fue una compañera de curso, es muy linda y por lo que dicen, le gusto mucho. Nos acercamos despacio, posé mis labios sobre los de ella sin cerrar los ojos. Mi compañera, en cambio, sí lo hizo, esperando que fuera yo quién dirigiera la sensual operación. Miguel no paraba de hablar y eso hacía que me pusiera aún más nervioso. Preferí, entonces, cerrar los ojos e imaginar que eran de Miguel los labios que estaban del otro lado. El beso fue largo, abrí la boca y mi lengua se resbaló casi
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instintivamente entre sus dientes. _Aprendiste rápido_ Me dijo Miguel cuando nos encontramos en la cocina. No lo miré, seguí llenando mi vaso con ese brebaje amargo que hacía que mi cabeza diera mil vueltas. _Pensé que eras tú_ Le lancé antes de salir del lugar. No hubo respuesta de Miguel. _¿Quién más se queda?_ Pregunté ansioso. Nuevamente, no tuve respuesta. Comencé a recoger los vasos abandonados entre las plantas y sillones. Miguel se veía distinto, sus ojos brillaban más que de costumbre. Estábamos solos y mi miedo subía fuerte por mis pies. ¡¿Qué me está pasando, qué cresta me está pasando?! _ Tú me gustas en serio_ Dijo Miguel cuando entró a la pieza, sentí pánico porque yo sentía lo mismo. _¿Te gustó?_ _¿Qué?_ _¿Te gustó besarla?_ _No lo sé, fue raro_ _Dijiste que pensabas que era yo_ _Sí, pero no debí habértelo dicho, no sé qué me pasa Miguel_ _Nacho, weón, yo tampoco sé lo que me pasa contigo, pero te juro que odié que besaras a esa mina, sobre todo con las ganas que lo hiciste_ Al mirarlo veía sólo una silueta y sus palabras llegaban como el canto de pájaros a mis oídos. No sabía qué nos estaba pasando, pero estábamos ahí, solos en su pieza, sintiendo cosas tan extrañas como mágicas. Sin aviso, una de sus manos comenzó a deslizarse por mi pantalón, mientras sus labios succionaban suavemente mi cuello, provocando la metamorfosis de todo mi cuerpo.
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_Miguel, esta weá no está bien_ Le dije antes que desabrochara mi pantalón. _¿Y por qué no, si los dos queremos? ¿O no?_ Tenía razón: “¿Qué tiene de malo si los dos queremos?” Yo lo besaba sin pudor y al parecer mi poca experiencia en las artes amatorias no fue impedimento para que sintiera con su cuerpo todo lo que yo sentía. Él me gusta mucho y es algo que no puedo evitar, más aún porque él siente lo mismo y me lo recuerda todo el tiempo. Entonces, cerré los ojos y dejé que las cosas pasaran sin pensar. Sentí sus labios, sus suaves y tibios labios, sobre los míos. Quise fundirme en sus brazos como la más dulce niña. Perderme en sus sábanas como tantas veces lo imaginé. Sus manos acariciaban mi espalda y mis glúteos, sentía su saliva resbalando por cada una de mis vértebras. El pánico había desaparecido, mutando en un placer indescriptible. “Mi aire se acaba como agua en el desierto, Mi vida se acorta porque no te llevo dentro, Mi esperanza de vivir eres tú, y no estoy allí…” _Nacho, Nacho…_ Lo oí decir Sus manos giraron mi cuerpo entregado a él. Ahora su lengua bajaba por mi ombligo haciendo que cientos, miles, millones de agujas atravesaran todo mi cuerpo. Sus labios atraparon mi lanza erecta, masajeando con su estilizada lengua las líneas que ni yo mismo conocía de mi propio miembro. Jugaba con mis piernas, con mis labios, con mi cuello.... De pronto, su tierno puñal me atravesó con la dureza del metal y la ternura de sus ojos. En un momento, dolor y placer fueron lo mismo. Su bella daga entraba y salía por mi cuerpo como danza ritual. Los ojos desorbitados, mis gemidos y su garganta rugiendo a mi lado como la más salvaje de las bestias.
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Quise llorar. No de pena, tampoco de felicidad...Un sentimiento sin precedentes apareció en mi alma, sentí que lo amaba. Sus manos fueron el paraíso ¡¿Qué estoy haciendo…!? Ya nada podría separarnos nunca. Después de esto, no... Nos dormimos desnudos y exhaustos… Cuando nos levantamos, ninguno de los dos se refirió a lo sucedido. (Quizás debimos hacerlo) _Puta los weones desordenados, dejaron la cagá anoche_ Reclamaba Miguel sin mirarme. _Ya, pero si tampoco es tanto, un rato y queda todo igual como estaba_ _Si mis viejos saben que hice un carrete me matan_ _Oye, no seas perseguido, nadie va a saber_ Cuando terminamos de ordenar, tomé mis cosas. _ ¡Nos vemos!_ Le grité desde la puerta. _Espera, Nacho_ Cerré la puerta haciendo suficiente ruido... ¡”Puta, Nacho”! fue lo último que escuché sábado 7 de julio de 2001 Han pasado los días y no logro olvidar sus manos en mi espalda, aunque casi no hemos hablado ni nos hemos vistos más que en el colegio. Se siente extraña esta lejanía... _¿Es verdad?_ Me preguntó Miguel con los ojos duros y redondos (Como los de mi madre cuando yo preguntaba algo que no debía, ya no pregunto). _¿Qué cosa?_ _¿Es verdad que estás pololeando con la Kari?_ _Sí_ Articulé sin moverme. Después de lo que pasó con Miguel decidí que no debía
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volver a ocurrir lo mismo, y para evitar cualquier contacto con él me puse a pololear con la Kari, ella es del otro curso, es muy linda e inteligente. Lo paso bien con ella. miércoles 11 de julio de 2001 “¡A mí no me gustan los hombres!”, me autorecordaba cada vez que podía, cada vez que sentía la presencia de Miguel y mis pelos se erizaban. Paso mucho tiempo solo o con la Kari. Hace un tiempo que no salgo con mis amigos. Miguel me llama siempre, me invita a carretes a los que me encantaría ir, pero estar con él haría que mis pensamientos se enredaran todavía más. _No puedo, voy a salir con la Kari_ _Puta weón, ya ni nos vemos_ Criticaba Miguel cada vez. _Sorry hermano, así es la vida._ _¿Es por lo que pasó, verdad?_ Me preguntó una vez. _No, nada que ver, es que no tengo tiempo, nada más._ Respondí con el estómago apretado. _Yo creo que sí es por lo que pasó_ Dijo y colgó molesto el teléfono. Después de esa conversación, no volvimos a hablar en varios días. Y yo, como un idiota, esperando que mi celular sonara, para decirle: “No puedo...” “A mí no me gustan los hombres” volvía a gritarme, mientras el agua caliente de la ducha laceraba mi espalda y mi mano simulaba ser su cuerpo, haciéndome volar. Se acercan las vacaciones de invierno y mi cumpleaños número quince. _Mañana vas a estar de cumpleaños, ¿Puedo ir a saludarte, verdad?_ Lo miré queriendo lanzarme a sus brazos.
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_Claro, somos amigos, puedes ir a mi casa cuando quieras._ Mis palabras hicieron que sus ojos se iluminaran mirándome como a veces lo hace. jueves 12 de julio de 2001 Mi celular sonó justo a las doce. _Feliz cumpleaños, Nacho._ No supe qué decir, el corazón parecía salirse de mi pecho. _Gracias, ¿Vas a venir?_ Pregunté despacio. - ¿Quieres que vaya?_ _Sí_ Respondí sin titubear, sintiendo una especie de espasmo. _Nacho, te echo de menos, weón, en serio, ¿Por qué no conversamos?_ _¿A qué hora vienes?_ _No sé, en la tarde._ Dijo serio. La primera llamada de la mañana fue de la Kari. Ella es muy buena y me quiere mucho. Por lo mismo nunca puede enterarse de lo que pasó con Miguel. En realidad, nadie tiene por qué saberlo, fue una tontera. “A mí no me gustan los hombres”. Durante el día, la clásica. Las tías que llegan a saludarte y te regalan calcetines, la comida favorita preparada por la mamá... Lo de siempre. Al medio día, recibí una llamada de mi padre. Como en los últimos tres años, se excusó por no venir a saludarme, a cambio de esto, depositó una cantidad de dinero en una cuenta que abrió a mi nombre hace algún tiempo. “Ya eres todo un hombre”, dijo fanfarrón. Yo contesté con una risa burlona. Al acercarse la noche estaba nervioso, sentía una ansiedad que no me dejaba tranquilo. La hora de enfrentar a Miguel se acercaba.
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_Te compré dos cervezas_ Me dijo orgullosa mi mamá cuando entré a la cocina. “¿Dos cervezas?” Pensé, no podía preocuparme por dos cervezas. _Nacho, te buscan afuera_ Dijo la Kari. _¿Quién es?_ _Miguel_ A ella nunca le ha caído bien Miguel, quizás sea instinto femenino, a lo mejor la Kari sospecha algo. Inevitablemente, el calor subió por mis pies y mi pecho comenzó a dar saltos. _¿Y por qué no entra ese weón? Dije tratando de ocultar mi emoción. _No sé, dice que quiere hablar contigo._ _Qué raro_ Comenté. _Nacho, tu amiguito siempre ha sido raro_ Me dejó solo y yo aún con unas ganas irrefrenables de correr a los brazos de Miguel, pero no lo hice, en cambio, salí despacio, con la mayor calma que pude. Él estaba ahí, perfecto, esperando por mí. _Sabía que ibas a venir._ Dijo mientras se ponía de pie. _Ven para acá, weón_ Abrió sus brazos, juro que evite caer en ellos, pero fue imposible, un imán me atrajo y de pronto me vi acurrucado en su hombro, sintiendo sus manos en mi espalda como aquella vez. _Feliz cumpleaños, amigo_ Y besó fuerte mi mejilla. _Toma, me dijiste que no lo habías encontrado y lo querías mucho._ Dijo pasándome “Hours” de Bowie, lo miré y sonreí inconsciente. _¿Por qué te ríes, ya lo tienes?_ _No, de verdad lo quería, gracias._

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_¿Por qué te reíste?_ Preguntó mientras caminábamos hacia el living. _Porque tú siempre sabes lo que quiero._ _No siempre, ahora no sé lo que quieres_ Me limité a mirarlo, asumiendo que a veces no es necesario decir las cosas. Él sabe lo que quiero, y yo también lo sé. Pero de esa misma forma, con la misma claridad que sé cuánto lo extraño, sé que no puede ser, que estamos confundiendo las cosas. Los dos somos hombres. “A mí no me gustan los hombres”. _¿Cómo es posible que una señorita se mueva así? Parecen bailarinas de topless._ Cacareó mi madre escandalizada por la forma en que bailan algunas de mis amigas.. _Ay, mamá ¿Y tú, conoces muchos topless?_ Le pregunté riendo. Otra vez puso los ojos redondos. Esta vez no me provoco miedo, sino que me llevó a soltar una carcajada que ella no comprendió. _¡¿De qué te ríes?!_ Gritó, entonces, ignorándola, salí del lugar. _¿Dónde estabas? Escuché. _Karina, yo estaba en la cocina con mi vieja, no me controles._ Dije con tono de reproche. Sé que ella no merece que la trate así, pero tampoco quiero que se haga muchas ilusiones conmigo. No quiero que sufra por mi culpa. _Ya, pero no te enojes. ¿Y Miguel, dónde está?_ _¿Y por qué tendría que saber yo donde está Miguel?_ _Porque es tu cumpleaños y es tu mejor amigo..._ _Sí, pero no sé dónde está, no lo he visto hace rato, a lo mejor se fue._ Contesté sin mirarla. _¿Qué cresta te pasa? ¿Por qué te pones así cada vez que te nombro a Miguel?_
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Me sorprendió la pregunta. ¿Se habrá dado cuenta de algo? ¿Cómo podría saber ella lo que pasó con Miguel? _Nada, no me pasa nada. Ya, vamos a bailar, no seas enojona..._ La besé en los labios con cariño. Miguel estaba ahí, sentado, tomando más de la cuenta. _Ahí está Miguel_ Le dije a la Kari para disimular que hace ya algún tiempo que vengo evitándolo. Conversamos un rato los tres, nos reímos recordando a algunos amigos que ya no vemos. Los ojos de Miguel se cruzaban con los míos de vez en cuando. “Quiero besarlo, quiero que me bese como la otra vez...” La fiesta llegó a su fin, los invitados y auto-invitados ya se retiraban. _Nacho, llego mi radiotaxi ¿Me acompañas a la puerta?_ Me preguntó la Kari. Le pedí a Miguel que me esperara. _Quédate en mi casa_ Me dijo Miguel cuando regresé_ Y te doy mi regalo de cumpleaños_ Rió algo borracho. _Mamá, ¿Puedo quedarme en la casa de Miguel?_ Le grité desde la escalera. _¿Ya se fueron todos?_ _Sí, estamos solos._ Frase que hizo brillar sus ojos. _Bueno, llega temprano mañana que vamos donde la abuela._ Dijo mi madre y yo cerré la puerta. _¿Están tus viejos?_ Pregunté con algo de temor mientras caminábamos hasta su casa. _No, están en Buenos Aires._ Otra vez estoy solo con Miguel, sintiendo pánico, queriendo cerrar los ojos y despertar mañana, sin enterarme de nada. _Tengo unas cervezas ¿Quieres una?_
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_Bueno_ Quería cualquier cosa, lo que fuera que me sirviera para distraer mi mente de todos mis pensamientos. _Vamos a mi pieza_ Ordenó pasándome la botella pequeña y fría. _Mejor estemos aquí._ _¿Estás asustado?_ _No_ Mentí. Sentía un miedo atroz. Quería salir arrancando, pero algo me retenía ahí, junto a él. Miguel me incita, hay algo en su voz, en sus ojos, en su forma de moverse que me hace sentir hipnotizado. “A mí no me gustan los hombres”, me repetía mil veces mientras su mano comenzaba la travesía por el mar de mi cuerpo. “A mí no me gustan los hombres” quise gritar, en cambio, me entregué, sumiso. _Te amo_ Dijo mirándome a los ojos._ Yo sé que no está bien, que uno no puede enamorarse de otro hombre._ Siguió_ Que eres mi mejor amigo. Puta, Nacho, me pasan demasiadas cosas contigo y no sé qué hacer para no sentir lo que siento. Yo lo miraba atónito ante tal declaración de amor. _Miguel..._ Intenté hablar, pero sus labios enmudecieron mis palabras. Sentí la piel suave de su pecho rozando el mío. “¿Qué estamos haciendo...?” Quise preguntar mientras él delineaba mis labios con su lengua. _Te amo, te amo, te amo..._ Repetía Miguel sin dejar de besarme. Mi cuerpo parecía suspendido en el aire. “A mí no me gustan los hombres”

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Y a Miguel lo amaba como nunca creí que fuera posible. ¡¿Qué me pasa!? ¡¡A mí no me gustan los hombres!! Otra vez sus manos, sus labios y mi firme balano como un mástil de lucha, listo para atacar en el momento preciso. Una daga de fuego me atravesaba el alma y llevaba mi cuerpo al cielo, mientas sentía la presión entre los glúteos. Sentía su lengua dibujando en mi espalda, al tiempo que sus manos me acariciaban completo. “Esto me gusta mucho”, pensaba sintiendo cómo Miguel se hacía dueño de mi cuerpo. Ya no supe diferenciar entre lo mucho que me gustaba sentir cómo mi amigo me penetraba de manera sutil, y el placer inverosímil que me provocaban sus fuertes golpes contra los glúteos. Miguel tomaba mis caderas con maestría, taladraba mi cuerpo y yo contenía lágrimas de felicidad. De pronto, sin aviso, separé mi cuerpo del suyo y me giré para mirarlo… _Quiero hacerte mío_ Le dije. Él sonrió_ Ya soy tuyo…_ Respondió mientras me dejaba ver su espalda. Mis manos acariciaron su cuerpo cadenciosamente y él suspiraba sin miedo. Entré en su cuerpo abriéndome paso al universo estrecho de su sexo. Y mi alma salía de toda órbita. Algo se transformó para ambos, mi cuerpo y el suyo fueron uno. Él estaba quieto mientras mi pelvis se contorneaba sobre sus nalgas. Lo sentí profundo y tibio… No fui capaz de seguir. Me tendí a su lado, tomé su mano y la besé. Miguel permanecía en silencio, me miraba ensimismado. Luego se abalanzó de lleno a mis labios. Su saliva me mojaba las mejillas y el cuello. Después, volvió a entrar en mí con más fuerza todavía. Entonces, justo cuando llegó a lo más profundo de mi cuerpo, explotó con un gemido cayendo sobre mi espalda, derrumbado. Toda mi energía pareció concentrarse y crear una erupción mágica que regó de semen la cama. _A mí no me gustan los hombres._ Le dije a Miguel mientras él, a mi lado, prendía un cigarro.
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_A mí tampoco._ Lo miré extrañado._ A mí tampoco, sólo me gustas tú, Nacho._ Mordí mis labios casi hasta sangrar. No entiendo, no sé por qué siento estas cosas por él. He tratado de alejarme y no puedo, es algo más fuerte que yo. _El domingo me voy a la playa con mi vieja._ Me miró quieto. _¿Cuándo vuelves?_ _En dos semanas_ _Te voy a extrañar._ _Y yo a ti._ domingo 15 de julio de 2001 El viaje fue tranquilo. Mi madre le contaba horrorizada a su hermana lo terrible que fue “ver a unas niñitas moviéndose como verdaderas bataclanas”, mi tía la tranquilizó riendo: _¡Ay, Mujer! acuérdate como bailábamos nosotras y la mamá casi se moría al vernos._ _Es que tú no las viste, si parecía que estuvieran..._ _Follando_ Dije fuerte y claro, esperando ver los ojos gigantes de mi madre. _¡Nacho, no digas eso ¿Qué va a pensar tu tía?!_ _Nada, pues madre._ Yo sabía que a ella le molestaba mucho que le diga “madre”. _¿Qué puede pensar...?¿Te molesta que diga “follar”, tía?_ _No seas pesado con tu mamá, Nachito._ Me pidió, como un favor. Sin duda es bastante más evolucionada que mi madre. _¿Ves lo que te digo?_ Lloriqueó ella _Siempre es así, ya no puedo hablar con él._
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Qué desagradable, mejor cierro los ojos y me desconecto un rato. Encendí mi discman y lo puse al máximo de volumen. Mis oídos latían bajo los pequeños parlantes. Me divertía ver como los demás hablaban y yo sólo veía como movían sus labios, imaginando las palabras que podían salir de cada uno de ellos. _¡Nacho, despierta!_ Chilló mi madre_ Ayúdanos a bajar las cosas._ insistía, y yo aún no podía abrir los ojos. Siempre me gustó ir a la casa de la playa, cuando chico me arrancaba al bosque y caminaba durante horas, sin importarme si me buscaban o no (Aunque creo que nunca sintieron mi ausencia. Nunca me dijeron nada) _Voy a salir un rato_ _Vuelve luego, tu abuela y la Vale van a llegar para almorzar._ Dijo mi madre. _¡Ya!_ Grité antes de desaparecer. Mi cabeza daba vueltas, no podía dejar de pensar en Miguel, ¿Qué vamos a hacer ahora? ¿Qué mierda vamos a hacer ahora? No quiero imaginar que pasaría si mi madre supiera mi verdad. “Madre, debo comunicarle que soy homosexual. Que mi primer beso y mi primera relación sexual fueron con mi mejor amigo, y estoy enamorado de él”. En realidad, ni siquiera puedo imaginarlo. Mi celular comenzó a vibrar en el bolsillo. “Llamada entrante de Miguel”, dudé si contestar y en esa duda dejó de sonar. Me senté en el bosque que me cobijaba siempre que necesitaba estar solo. El teléfono volvió a sonar, nuevamente era él, esta vez contesté de inmediato. _¿Qué onda, Nacho, otra vez te vas a esconder de mí?_ _No weón, es que no alcancé a contestar_ _Te fuiste sin decir ni chao._ _No quise despertarte, dormías como guagua._ Dije con algo de ternura.
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_Gracias, ¿Cómo estás?_ Preguntó. _Bien ¿Y tú?_ _Bien_ Se produjo un breve silencio. _Nacho, no quiero que lo que pasó sirva para que te alejes de mí._ No le conteste... _Weón, el día está genial, hace un poco de calor, incluso. _Dije cambiando el tema. _Me gustaría estar ahí, contigo._ _Ya, buena, hablamos en Santiago._ _Bueno, cuídate..._ _Miguel espera_ Me apuré en decir, pero ya había cortado. “Miguel, a mí también me gustaría que estés aquí ahora” decía el mensaje de texto que le envié; el mismo que no tuvo respuesta. (Odié haberlo mandado.) Al regresar me senté a almorzar junto a mi familia. A mi lado está mi prima, la Vale, tiene casi mi edad. Recuerdo que cuando éramos chicos jugábamos mucho, ahora nos vemos en el colegio, no hablamos mucho, pero tenemos buena onda. Ella, a pesar de ser menor que yo por varios meses, se ve muchísimo más grande _Oye, Nacho ¿Y cómo está tu polola?_ Dijo la Vale en un momento de silencio general. _A mí nadie me dijo que estás pololeando_ Criticó mi abuela con ese tono insoportable que usa a veces. _Es una niña muy linda, yo la conozco_ Siguió mi prima _Se llama Kari, va en el colegio._ La cara de mi madre se transformaba de a poco, yo preferí
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dejar que sea mi prima quien fuera la intérprete, entonces llené mi boca con el espumoso postre de limón. _¿Kari? ¿Cómo alguien se puede llamar “Kari”?_ Mi abuela volvía a la carga con sus odiosidades. _Karina, se llama Karina, abuela._ _¡Peor! Ese es nombre de bailarina de cabaret._ Era un comentario que ya veía venir. Quise escupirle la espuma de limón en la cara, pero creo que mi respuesta fue más fuerte que eso. _Miren, mi madre frecuenta los topless, mi abuela los cabaret... ¿Y tú tía, vas a los femeninos?_ Dije sin mirar a nadie, esperando los gritos de mi madre que no se demoraron más de tres segundos en llegar. _¡Ignacio! ¡¿Cómo se te ocurre decir algo así?! ¡Quiero que salgas de aquí ¡_ Gritó furiosa. Es lo que debí haber hecho hace rato. Tomé mi pocillo con la espuma de limón y salí despacio, sólo por molestar. _Nacho, espera..._ Dijo la Vale levantándose de su silla. _Valentina, siéntate._ Ordenó la abuela y mi prima obedeció en el acto. Salí de la casa con paso seguro y caminé hasta el bosque con el pocillo de espuma aún en mi mano. Lo comí con una calma que ni yo mismo podía entender. Después de un rato de silencio absoluto, sentí unos pasos cerca de mí. Era la Vale. _¿La tía sabe que fumas?_ Dijo mientras se acercaba a mí. _¿Y tú, por qué no te vas a la mierda?_ Respondí. _Nacho, yo no quiero pelear contigo_ _Yo tampoco, así que es mejor que te vayas..._ _Nacho, ¿Qué te pasa?_ _¿Quieres saber lo que me pasa? Me pasa que estoy aburrido que se metan en mis weás, que si tú no hubieras
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abierto tu bocota, me habría ahorrado todo este show._ Le dije casi gritando. _No lo digo por lo de hoy. Desde la fiesta de Miguel que andas raro, ¿Qué paso en esa fiesta, primo?_ Interrogó mi prima. Sentí pánico, pero a la vez unas ganas locas de contarle todo, decirle que estoy enamorado de mi mejor amigo y que tuve sexo con él... (No lo hice.) _Nada, ¿Qué podría haber pasado?_ _No lo sé, dímelo tú. Nacho ¿Qué onda tú con Miguel?_ Quise desaparecer del planeta. _¡Qué mierda estás pensando! ¿Acaso crees que soy maricón?_ Le grité furioso. _No me grites a mí, es que en el colegio hay muchos rumores de que tú y Miguel tienen onda. Y como tú igual has estado extraño, preferí preguntarte de frente._ _Mira Vale, tú me conoces ¿Crees que yo puedo ser maraco?_ _No, pero..._ _Pero nada, mira la estupidez que se les ocurrió a los weones. Decir que Miguel y yo tenemos onda. Yo pensé que tú me conocías, Vale, te juro que me da mucha lata que me digas esa weá._ Ella me miraba en silencio. Prendí otro cigarro y comencé a caminar, dejándola sola en el bosque. El teléfono sonó en mi bolsillo,” llamada entrante: Kari.” Respondí sin mucho ánimo. _Hola feo_ Dijo jugando. _Hola linda_ Seguí su juego. _¿Cómo estás?_ _Bien._
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_¿Qué te pasa?_ _Mierda, otra más que me pregunta la misma weá..._ Dije muy alterado. _Disculpa, pero no tienes por qué gritarme._ _Sí, perdona, no quise hacerlo, pero ya estoy cansado de que todos me pregunten “¿Qué te pasa?”. No me pasa nada._ _Yo creo que sí te pasa algo. ¿Te peleaste con Miguel, verdad? Por eso estás así_ Dijo demasiado tranquila. No sé lo que te pasa, pero lo que sea, no tengo yo la culpa. _No, no me he peleado con él. No estoy así por Miguel._ _Nacho, no seas desagradable conmigo. No sé lo que te pasa, pero lo que sea, yo no tengo la culpa._ Sus palabras me dieron pena; pobre Kari, es tan buena conmigo, no se merece que le haga daño. _Kari, yo creo que es mejor que terminemos._ Dije de pronto y sin mucho tino. _¿Estás seguro...?_ _Sí, mira, yo no estoy bien y de verdad te quiero mucho, pero..._ _Nacho, no tienes que darme explicaciones, hace un tiempo que te sentía distinto. Y yo también había pensado lo mismo, así, no dañamos una buena amistad._ _¿Ves? Por eso te quiero tanto Kari, gracias._ Quise besarla fuerte y sonoro en la mejilla. _Ya, nos vemos en el colegio, entonces..._ Me respondió tranquila. Yo no quiero que la Kari lo pase mal por mi culpa, pero no puedo seguir con ella si siento cosas tan fuertes por otra persona. Sobre todo si esa otra persona es Miguel. Afortunadamente, no me equivoqué con ella, es muy madura, mucho más que yo (creo).
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viernes 20 de julio de 2001 Hoy pasé casi toda la tarde en la playa, a pesar del frío propio de esta época. El cielo estaba completamente azul. Escuchaba el sonido de las olas que explotaban cerca de mis pies desnudos. “A mí no me gustan los hombres”. Me repetía una y otra vez “A mí no me gustan los hombres”. Tomé mi celular y le envié un mensaje a Miguel: “Puedo dibujar tus labios de memoria. Puedo delinear tu sombra como si fuera mía. Nacho” Después de enviarlo sentí en mi pecho un miedo tan grande que congeló mis venas paralizándome. _¡¿Qué ha pasado en mí, qué ha pasado en mí!?¡No puedo amarlo, no puedo!_ Grité con todas mis fuerzas inundando mi piel con ácidas lágrimas. He intentado que mi tiempo en la playa se parezca lo más posible a un “Retiro espiritual”. He pasado tardes enteras en el bosque, solo. He dejado que el sol se interne en mi piel suave y dulce…He pensado en Miguel, y en mí. sábado 21 de julio de 2001 _¿Mami, puedo ir a andar a caballo?_ Preguntó la Vale esta tarde, entrando en la terraza. _¿Tú vas, Nacho?_ Dijo mi tía, la Vale me miró urgida. _Sí, sí voy, pero no tengo ni un peso, tú me vas a tener que invitar, Vale._ Respondí tranquilo. _¡¿Cómo se te ocurre, Ignacio?!_ Saltó mi madre con los ojos redondos_ Tu prima no puede pagar, tráeme la cartera._ Dijo furiosa. _¿Cuándo se ha visto que pague una niñita?_ La escuché refunfuñar mientras me acercaba a la puerta.
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_Invítame más seguido frente a mi vieja_ Le dije riendo a mi prima. _Cuando quieras, Nachito, pero ¿qué me das tú a cambio?_ Siguió mi prima con tono insinuante. Yo me puse algo nervioso y decidí cambiar drásticamente de tema. _¿Y tú, por qué tienes tanto interés en arrendar caballos?_ _¡Ay primo, júrame que no le vas a contar a nadie...!_ _Ya, pero cuéntame_ La apuré. _No, primero júramelo, porque si alguien se entera de esto..._ _Ya, te lo juro, no le voy a contar a nadie_ la interrumpí. _¿Has visto al tipo que arrienda los caballos?_ Me dijo sin esperar respuesta. _Me encanta. Y hoy me encontré con él en la playa, quedamos de vernos aquí._ La verdad es que sí lo había visto y al igual que ella, creo que es muy… guapo. Aun así, dije lo socialmente correcto. _Pero Valentina, ese tipo es mucho mayor que tú_ Le reproché. _Sí, lo sé, pero me encanta._ Se me lanzó a los brazos apretándose contra el pecho. Sentía sus pezones hundirse en mi cuerpo. Mi pantalón comenzó a abultarse (me incomodó la situación) _Ya, si no es para tanto_ La tomé de los hombros alejándola de mí. _¿Qué pasa, Nachito, me tienes miedo? Dijo acercándose tanto que podía sentir su respiración en mi cara. _ Vale, córtala...__ _¿Por qué, acaso no te gusta?_ _No, o sea sí, o sea no sé..._
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Mierda, no sé qué hacer ¿Por qué estoy sintiendo esto? Su lengua humedecía mi cuello y yo creía morir... _Valentina para..._ Le dije desesperado. _¿Por qué, si tú también quieres?_ Contestó mientras deslizaba su mano. Luego bajó por mi ombligo y con un vaivén de sus dedos hizo crecer mi miembro. _ ¿Ves que quieres?_ Se apretó aún más contra mi cuerpo. _Pero Vale, nosotros somos primos..._Supliqué. _¿Y qué importa? Si ninguno de los dos dice nada, nadie se tiene que enterar. Sus labios rozaron los míos y me vi sumergido en un mar de dudas. No puedo dejar de pensar en Miguel, imagino que son sus manos. Como esa noche en su casa. ¿Qué me está pasando? ¿Por qué me gusta tanto lo que hace la Vale? ¿Y por qué pienso en Miguel? Sus labios se sentían agradables, recorrí con mis manos su cuerpo. Me entregué a ella y no quise seguir pensando. _¿Vamos al bosque, te imaginas si nos ve alguien...?_ Dijo riendo. No sé qué pasó en ese minuto por mi cabeza. Estaba ahí, besando a mi prima, tocándola, dejando que ella me toque. Por un momento, creí que explotaría, sus manos se movían expertas. “No puedo hacerle esto a Miguel” pensé, mientras besaba sus grandes pechos, sus grandes y redondos pechos. De pronto su mano tibia entró en contacto con mi piel, conociendo muy bien su meta final. Sus diestros movimientos lograban en mí un éxtasis innombrable, cerré los ojos cuando bajó con su lengua por mi pelvis. El timbre de mensaje de mi celular detuvo por unos segundos su recorrido. _No vas a verlo ahora, supongo._ Dijo seria. _No, filo con el celular ¿En qué estábamos?_ Susurré en su oído.
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_Así me gusta, primito_ Dijo mientras volvía a la carga con su lengua que me estaba volviendo loco. Creo que, en un momento, ya no pensé más en Miguel. Ella hizo desaparecer mi lanza en su boca y yo salí de toda conciencia. Su lengua recorría una y otra vez mi pene erecto. Ya no era capaz de pensar... Me aferré a sus caderas y tal como Miguel lo hiciera conmigo, la penetré haciéndola gemir. Atravesé su cuerpo casi con violencia. Ella apoyó las manos en un gran árbol, dándome la espalda. Tenía un cuerpo hermoso, con suaves y blancas curvas. Escurrí mis dedos en su selva talada. Miraba sus nalgas, recorría sus vértebras con mis dedos húmedos por sus fluidos. Volví a penetrarla, lo hice con fuerza, el choque de nuestros cuerpos retumbó en los árboles. Veía entrar y salir el puñal que no la hería a ella. Fui yo quien creyó morir al penetrarla. Una energía me subía por los pies pasando por todo mi cuerpo. Me separé bruscamente de mi prima y una vertiente de semen se derramó entre las hojas secas del bosque. _No sabía que eras tan experto._ Dijo la Vale mientras se subía el calzoncito con flores. No le contesté, otra vez Miguel volvía a mi cabeza. “Miguel me va a odiar por esto”, pensé. _No le cuentes a nadie, Vale, por favor_ _¿A ver, Nacho, parece que no me conoces? Revisa tu celular mejor._ A mí se me había olvidado, pero me apuré para ver quién había mandado el mensaje. “Nacho, ¿Cuándo vuelves? Te extraño. Miguel”. Me puse muy nervioso. _¿Es la Kari?_ Preguntó. _Sí_ Mentí. sábado 28 de julio de 2001 Mañana volvemos a Santiago. Con la Vale casi no hemos hablado después de lo que pasó en el bosque, no creo que sea mala onda, pero igual es mejor así, de lo contrario, podría volver a pasar.
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“Llego mañana en la tarde ¿Veámonos?” Decía el mensaje que le envié a Miguel. domingo 29 de julio de 2001 El viaje de regreso fue más desagradable que el de ida, mi madre repletó el auto de cosas inútiles y la Vale, tan cerca de mí, provocaba algo de tensión. _Cuidado con las manos por ahí..._ Dijo mi tía en broma. _¡Ay, mamá! Si somos como hermanos._ Contestó la Vale mirándome fijo_ ¿Verdad, Nachito?_ Preguntó. _Sí_ Respondí nervioso, sintiéndome culpable de algún delito. _No digan tonteras_ Acotó mi abuela desde el otro asiento del auto. Por lo menos, sirvió para cambiar el tema que ya me tenía bastante incómodo. Pasamos frente a la casa de Miguel. A los pocos minutos, cuando llegamos a la mía, sonó mi teléfono, era él. _Hola ¿Cómo estás? Escuché su voz del otro lado. _Bien_ No supe qué más decir. _¿Qué te pasa? Te noto raro. _Nada, estoy cansado_ _¿Y cómo lo pasaste, weón?_ Su tono cambió por completo. Dejó de ser cariñoso y me habló como a cualquier amigo. _Bien, tiempo de meditación, de relajarme, pensé muchas cosas, reflexioné de muchas otras..._ _¿Y pensaste en mí?_ Me interrumpió. Quise decirle que sí, que no había momento en el día en que no pensara en él y que había tenido sexo con mi prima, pero pensando en él.
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_¿Por qué me lo preguntas?_ _Porque yo sí pensé mucho en ti._ _Miguel, tenemos que hablar_ Sé que no es necesario contarle lo que pasó con la Vale, no puedo quedarme callado, no soy capaz de actuar como si nada pasara. _¿Qué pasa, Nacho?_ _Nada grave, es que pasó algo en la playa y quiero contarte. Nada más._ _Ya. ¿A qué hora nos vemos?_ _Yo voy a tu casa en una hora._ Terminé diciendo. _Voy a salir mamá._ _Pero, Ignacio, recién estamos llegando. Ayúdame a desarmar los bolsos, al menos_ Reclamó mi madre. _Lo siento, es importante, tengo que salir_ Dije cerrando la puerta. Me paré frente a la puerta de Miguel, dudé si tocar el timbre, pero la puerta se abrió y me encontré con las manos atrás, frente a sus ojos. Miguel me abrazó fuerte. _Te eché mucho de menos, Nacho_ Dijo mientras me trituraba con sus brazos. _Ya, weón, si fueron sólo unos días._ Contesté nervioso, liberándome de su entusiasmo _¿Vamos a la plaza?_ Me invitó como si yo fuera una niña, poco le faltó para tomar mi mano. Me sentí extraño, tengo que contarle lo que pasó con la Vale y no sé cómo empezar. _Nacho, me dijiste que teníamos que hablar_ Afortunadamente, fue él quien comenzó la conversación. _Sí, Miguel, es que pasó algo en la playa..._ _¿Conociste a alguien?_ Me interrumpió. _No, o sea, no conocí a nadie. Miguel, estuve con la Vale..._ Le dije cerrando los ojos.
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_¡¿Tu prima?!_ _Puta Miguel, te juro que yo no busqué lo que pasó._ Mi voz salía casi cortada, quería enterrarme y desaparecer. _A ver, Nacho, ¿Me estás diciendo que estuviste con tu prima, o que te comiste a tu prima?_ Preguntó con los ojos grandes. _Miguel, yo no sé por qué lo hice..._ _¿Te la comiste, verdad?_ _Sí_ Respondí avergonzado. _¿Y, te gustó?_ _¡No!_ Me apuré en contestar_ Miguel, no dejé de pensar en ti. _¡Pero te la comiste igual!_ Ya no me miraba, jugaba con un palo en la tierra. Yo veía las formas que se dibujaban. “Te amo”, escribió. Una corriente subió por mis pies, lo miré confundido. _Miguel, tú sabes..._ _Mira, weón, si yo pudiera no sentir lo que siento, te juro que todo sería mucho más fácil. Nacho, yo tampoco lo estoy pasando bien._ Sus ojos se humedecieron. Me quedé inmóvil, él se acercó a mí, preferí cerrar los ojos y nuevamente fue como elevarme por el aire. Nos besamos sin pudor, como si fuera lo más normal. Ni siquiera pensé si alguien nos veía. Me fundí en sus labios, sentí su lengua tibia revolver mi saliva. _Miguel ¡Para...! Esta weá no está bien y los dos lo sabemos._ _Pero ¿por qué? Nacho, yo te amo, ¿Cómo no entiendes esa weá?_ Dijo con angustia. _Yo también te amo, pero es imposible, los dos somos hombres
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¿Quieres que llegue a mi casa y diga: “Madre, te presento a mi pololo Miguel”._ _No seas irónico, Nacho_ Dijo alejándose con rabia. _¿Es por tu prima, verdad?_ _No, no es por ella, Miguel lo que pasó con la Vale no tiene ninguna importancia. El tema es mucho más complicado_ Le expliqué. _En el colegio hay comentarios de que entre nosotros hay onda._ _¿Y no la hay?_ _Puta Miguel, esta weá nos va a hacer mal a los dos._ _Nacho, estoy solo en mi casa, ¿Quieres que vayamos para allá? Ahí estamos más tranquilos._ (Me miró como a veces lo hace.) Fui aun sabiendo lo que pasaría. Había cambiado algunas cosas de su pieza, se veía más grande. _Te quedó genial la pieza así_ Comenté sentándome frente a su computador._ ¿Estás conectado?_ _Sí..._ Gritó desde la cocina. Mientras yo hurgueteaba en sus archivos buscando nada, entró en la pieza con dos vasos de bebida. Se sentó al lado mío poniendo su mano fría en mi rodilla, acto que provocó un estertor en mi cuerpo. _¿Te dio frío...?_ Dijo acercándose a mí, riendo. _Ya Miguel, no empieces..._ _Mírame a los ojos y dime que tú no quieres._ Me desafió. _Puta, weón..._ Sólo eso alcancé a decir, los labios de Miguel se pegaron a los míos como un imán. Traté de evitar mi erección, pero no pude. Sus manos conocen muy bien el camino que deben recorrer para llevarme al cielo. ¡A mí no me gustan los hombres!, pensaba queriendo
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convencerme mientras sacaba la ropa de Miguel, sintiendo cada movimiento, aprovechando cada segundo como si fuera el último. Quise evitarlo, de verdad quise evitarlo, pero me vi ahí, desnudo junto a mi mejor amigo. ¿Qué estoy haciendo? Me pregunté mil veces antes que mi cuerpo fuera traspasado por su tierno puñal. Cogía mis caderas con fuerza, causándome un dolor suave y agradable. _Te amo_ Repetía de vez en cuando. Yo me limitaba a apretar sus manos y entregarme como una niña. Una sensación indescriptible se apoderó por completo de mí. Sus labios aromáticos y dulces no tenían comparación. Nuestras lenguas se juntaban, generando un deleite de su sabor embriagante. Nos acariciamos incansables. Miraba sus ojos brillantes… ¡Qué bello era! De pronto un fuerte gemido de Miguel me hizo explotar derramándome en su cama. _¿Quieres un cigarro?_ Dijo tendiéndose exhausto a mi lado. _¿Como pololos?_ Contesté riendo. _Ya, dame uno..._ _¿Te gustó?_ _Sí_ Respondí. _Te amo_ Dijo besando mi mejilla. “¿Qué estoy haciendo? Esto no está bien ¿Por qué no podía enamorarme de cualquier compañera como los hombres normales...?” Me preguntaba mientras caminaba despacio hasta mi casa. lunes 23 de julio de 2001 Anoche casi no dormí, cerraba los ojos, veía a Miguel e imaginaba la cara de mi vieja si se llegase a enterar. “A mí no me gustan los hombres” Me repetí hasta el cansancio. No sé en qué momento me quedé dormido. De vuelta al colegio intenté evitarlo, a él y a la Kari; en realidad evité a casi todo el mundo.
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No quería que nadie me hablara, para no volver a pensar... Me refugié en mis libros. Leí innumerables autores, comencé a derramar mi alma en hojas que muchas veces terminaban como puzzles en la basura. Le escribí a Miguel infinitas letras sabiendo que él jamás las leería… “Imposibles tus labios, amado ser prohibido. Imposible corazón, latiente, doliente. Mi cuerpo se desgarra El alma desmembrada sin tu piel ¡Oh, Amor mío…! ¿Cuándo podré amarte? ¿Cuándo podré besar tus labios tibios y no morir en tus ojos?” En el recreo, Miguel me encontró solo. Casi salgo arrancando, no quería verlo, pero me quedé ahí. _Nacho ¿Qué onda?_ Preguntó. _Nada, todo bien ¿Y tú?_ _Bien, ¿Y por qué tan solo?_ _Nada, todo bien..._ Respondí, pero sé que no me creyó, me conoce demasiado. _¿Quieres hablar?_ _¿Y de qué quieres hablar?_ _Nacho, estás muy desagradable._ Yo lo prefería así, quizás de esa forma pueda alejarlo y no seguir con esto que no debe volver a pasar (Aunque los dos queramos) No puedo estar enamorado de mi mejor amigo, “A mí no me gustan los hombres”. _Sí, estoy muy desagradable_ Dije sin mirarlo. _Ya, chao entonces_ Contestó molesto y se fue.

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sábado 5 de agosto de 2001 Los últimos días han sido un constante evitarlo. No respondía sus mensajes, en el colegio hablábamos sólo lo necesario. _¿Qué onda, weón?_ Un compañero interrumpió mi silencio. _Nada ¿Por qué?_ _No sé, desde que volvimos de vacaciones que estás raro ¿Qué onda, te peleaste con Miguel?_ _No, para nada_ Con Claudio somos compañeros de curso hace cinco años. Es un tipo simpático, a veces lo encuentro un poco pendejo, pero cae bien, es fácil de tratar. _Mira, Claudito..._ Le dije muy serio._ Tú sabes que la gente cambia, crece._ Le expliqué arrogante. _¿Te comiste a una mina...?_ Interrogó ansioso de escuchar alguna historia erótica. _¡Eres muy caliente, weón...!_ Contesté riendo. No le di en el gusto. Sé que todos comentan de mí, que estoy raro. Y la verdad, no es mucho lo que me importa. El otro día se acercó a mí la Kari. No habíamos hablado desde esa vez en la playa, cuando terminamos nuestro pololeo por teléfono. _Hola, Nacho_ Dijo con total naturalidad_ ¿Me puedo sentar contigo?_ _Sí, dale..._Acepté. _¿Y cómo has estado?_ _Bien ¿Y tú?_ La conversación no tenía sentido. _¿Sabes? Me tengo que ir_ Dije tomando mi cuaderno.

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_¿Qué onda, Nacho, que weá te pasa?_ _Kari_ Volví con mi tono serio_ Yo siento mucho cariño por ti y de verdad no quiero ser desagradable._ _¿Y por qué vas a ser desagradable?_ _Porque estoy hasta las pelotas que me pregunten qué mierda me pasa. No me pasa nada... ¿Qué les pasa a ustedes? Todos pendientes de mí ¿Es que no tienen nada más que hacer que estar preocupados por lo que hago o dejo de hacer?_ Dije alterándome. _Nacho, yo te quiero mucho y los que somos tus amigos estamos preocupados porque estás muy raro. No hablas con nadie, pasas los recreos aquí, solo. Ya ni siquiera te juntas con Miguel que siempre ha sido tu mejor amigo, él también está preocupado por ti._ Explicó serena. _¡Ay, Kari! no me pasa nada, estoy en un tiempo de introspección, contacto con mi “Yo” interno. Ninguna mala onda con nadie, de verdad._ Le aclaré. Sonrió con ternura, besó mi mejilla y se fue. La Kari siempre ha sido tan buena conmigo. No me gustaría hacerle daño. “Voy a celebrar mi cumpleaños, me gustaría que vayas. Miguel.” Eso decía el mensaje que recibí. lunes 6 de agosto de 2001 Nunca he hablado de esto con nadie, mis piernas temblaban y sentía un extraño sudor en mis manos. Tuve pánico, estaba a punto de revelar mi secreto más profundo, ese que juré que no revelaría a nadie, pero necesito conversar de lo que siento con alguien que pueda sentir como yo y que no sea Miguel, quizás, alguien mayor, como José Luis. Él está en cuarto medio y es extrovertidamente gay, de hecho tiene una pareja que a veces lo viene a buscar al colegio. En un principio, cuando recién llegó, fue víctima de muchas burlas, creo que hasta yo mismo dije alguna vez algo
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burlándome de él, pero nunca se dejó intimidar por nadie. Una vez le dijo a un compañero que hacía mofa de él: “Mira, weón. El ser hombre no pasa por si te gustan las minas o los hombres. Ni si te gusta meterlo o que te lo metan. El verdadero hombre es el que respeta a los demás, que vive en paz consigo mismo. De qué sirve un “Súper macho”, si se es un hijo de puta. Si no respetas a la gente, no te respetas a ti mismo. ¿Qué importa lo que hagas con tu culo?”. Cuando supe eso, algo quedó dándome vueltas en la cabeza. Le encontré tanta razón. Creo que es por eso que me atrevo a hablar con él. jueves 9 de agosto de 2001 En la mañana cuando llegué al colegio escuché: _¿Miren quién viene ahí, que no es el chico más guapo del colegio...?_ Dijo irónico. _No me wevees..._ _¡Uf, qué rudo...!_ Rió acercándose a mí_ Hola, Nachito ¿Cómo anda?_ _Aquí... José Luis, necesito hablar contigo_ _No me asustes, estás pálido_ _¿Podemos juntarnos a la salida? Tú dices…_ Le dije casi suplicante. _Bueno, si me lo pides así... ¿Estás bien?_ _Sí, no, es decir, no sé. Por eso quiero hablar contigo._ _Ignacio, no sé lo que te pasa, pero me estás asustando niñito..._ Casi nadie me dice “Ignacio”, me sonó muy raro. Aun así lo sentí extrañamente “maternal” y una agradable sensación de tranquilidad llenó mis pulmones. _¿Te parece que nos juntemos en la plaza a la salida?_ Pregunté.
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_OK. Pero, ¿por qué tanto misterio? Ya sé..._ Se apuró en decir._ Lo que pasa es que no quieres que te vean conmigo porque van a pensar que eres gay._ _No seas weón, me da lo mismo lo que piense la gente. Es porque quiero que estemos solos para hablar tranquilos._ Le aclaré enfático. _Eso me da más miedo..._ Respondió entre risas e insinuaciones_ Nos vemos a la salida, entonces, en la plaza_ Recalcó cerrándome un ojo coqueto. Siento una ansiedad incontrolable. Miro el reloj que cuelga en una pared de la sala. La hora no avanza. Siento la cabeza abombada, vuelvo a mirar el reloj, nada, aún faltan dos horas que se me hacen eternas. _¿Qué te pasa?_ Preguntó Miguel_ Te ves pálido y estás sudando_ Dijo pasando su mano por mi frente. _No me siento bien_ Hablé apenas. Miguel se paró para tomar mi mano, vi sus ojos clavados en los míos. Quise besarlo ahí frente a todos y gritarle de una puta vez al mundo que estoy enamorado de él, mi mejor amigo, pero no lo hice. _Estoy bien, weón ¡Suéltame, pareces maraco!_ _¿Qué te pasa, Nacho? ¿Por qué estás así conmigo?_ _¿Así cómo?_ Sé que siempre ha odiado que le respondan con una pregunta. _¿Qué hice mal, Nacho?_ Entonces, tomó mi hombro y quedamos peligrosamente juntos, en medio del patio del colegio. Mis piernas se debilitaban, sentí que me desmayaría en cualquier momento. Miguel me aferró a su cuerpo afirmándome con fuerza. _Me siento mal, Miguel_ Le dije mirándolo fijo. _Tranquilo, yo estoy contigo. Ya va a pasar._ Sus palabras conseguían aquietar mi sensación de muerte.
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Cuando volví a abrir los ojos, estaba tendido en la camilla de la enfermería. Miguel había traído mi mochila y me miraba en silencio. _Amigos como ustedes ya casi no existen_ Sonó la voz de la inspectora que hacía el papel de mi retiro._ Ojalá que no cambien nunca_ Agregó con ternura. Miguel y yo nos miramos y sonreímos cómplices. _Miguel, necesito pedirte un favor_ _Lo que quieras “Amigo”_ _¿Puedes decirle a José Luis, del cuarto “B”, que no voy a poder juntarme con él?_ Miguel me miró con tristeza, sus ojos penetraban dolorosos. _¿Es por eso que estás raro conmigo, tienes onda con José Luis, verdad?_ _¿Cómo se te ocurre decir una estupidez así...?_ Casi le grité. _¿Y qué tendría de raro...?_ Preguntó intentando parecer tranquilo. _Mira, Miguel, que tú y yo en algún minuto hayamos hecho algo, no significa nada. “A mí no me gustan los hombres”. Salí del colegio con mi madre que escandalizaba como si mi condición médica fuera terminal. Después agradeció a Miguel por haberme ayudado. Al fin, cuando llegué me puse a dormir, eso era todo. viernes 10 de agosto de 2001 En la mañana me vio un doctor, diagnóstico: “Stress”. Llegó un mensaje a mi celular mientras el doctor escuchaba mis pulmones y ponía mi piel de gallina al pasar su herramienta fría sobre mi pecho.
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_Vieja, ¿Me pasas el celular...?_ Le pedí mientras ella recibía las instrucciones del médico. “No te preocupes, Nacho, cuídate. Cuando quieras hablamos”. Era José Luis, el siempre tan... “Delicado”. _Vas a tener que descansar_ Sentenció mi madre. Era la excusa perfecta para no ver a Miguel. Pero tampoco podría hablar con José Luis. Le respondí su mensaje: “Me dieron unos días de reposo. ¿Puedes venir tú a mi casa? “ Cerré los ojos y tapé mi cara con la almohada, intenté dejar de respirar el mayor tiempo posible. Sentía como si la sangre bombeaba en mi cabeza. El sonido de mi celular me sacó de ese estado casi suicida. “A las 18 hrs. ¿Te parece? Nos vemos.” Decía el mensaje de José Luis. Aún falta más de una hora, volví a cerrar los ojos. Dibujé en mi mente letras, números, formas, símbolos, uniéndolos entre sí, creando imágenes perfectas. Golpean mi puerta, intenté parecer profundamente dormido... _Nacho ¿Puedo entrar?_ Es Miguel, su voz la reconozco a kilómetros de distancia. Mi corazón comenzó a latir tan rápido que temí que explotara. _No, respondí, y seguí con mi juego del dormido. No quería ver a nadie, menos a Miguel. _Nacho, sé que no estás durmiendo, te conozco, weón. Puedes engañar a quién quieras, pero no a mí._ Yo lo escuchaba quieto, tratando de contener mis latidos. _¿Sabes?_ Me dijo sentándose en mi cama_ Yo sé que a ti te complica más de la cuenta la onda que tenemos, porque quieras o no, entre nosotros hay algo más que una buena amistad. ¿O tú crees que yo ando teniendo sexo con cualquier amigo? Nacho, quiero que sepas que tú has sido la única persona que con la que he estado. Te lo digo para que te des cuenta lo importante que eres para mí._
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Yo seguía sin moverme. _Nacho, tú eres la única persona con la que he tenido sexo._ Mi cuerpo se estremeció entre las sábanas y me giré para mirarlo. _Sabía, weón, que no estabas durmiendo_ Dijo intentando sonreír. _Mentiroso, eres un mentiroso de mierda..._ Mis ojos eran fuego que derretía su piel. _Jamás te he mentido, Nacho_ _Acabas de decir que yo soy la única persona con la que has tenido sexo, y eso es mentira..._ Tenía mucha rabia. Juro que en ese momento le habría pegado hasta cansarme. _No, Nacho, es verdad. Una vez te dije que había estado con otra persona, pero no es así, lo hice de tonto, para parecer con más experiencia. Fui un idiota._ _¿Y para qué hiciste eso?_ _No lo sé, Nacho, pero tienes que creerme, ¿Con qué objeto te podría mentir en algo así?_ No supe qué pensar, es cierto, no tiene motivos para mentirme, yo estuve con mi prima y se lo dije. Los amigos no se mienten. _Nacho, yo tampoco sé qué cresta es lo que me pasa contigo y estoy igual de asustado que tú. Weón, yo nunca, y entiende bien lo que te voy a decir, nunca he mirado a nadie más que a ti. Ni hombre, ni mujer. ¿Y sabes por qué?_ Yo lo miraba atónito, dejando que sus palabras se quedaran en mis oídos como canción, como poema, tierno verso de los amantes que jamás debieron ser. _Nacho, lo que siento por ti es muy fuerte... Muy fuerte, weón._
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Casi sin darme cuenta, estaba frente a sus labios, sintiendo su respiración. Cerré los ojos y me entregué a él... otra vez. Sus labios seguían siendo tan suaves... Una sensación de placer y calma me repletaba. Estaba en sus brazos, otra vez en sus brazos. La serpiente de su boca devoraba mi saliva bebiéndola a sorbos, que eran caricias con sabor a miel. Sin embargo, unos pasos detrás de mi puerta hicieron desaparecer la magia, de golpe. _Nacho, te busca un compañero, José Luis. Es un poco raro..._ Dijo con tono intrigante. _Ay, madre, usted siempre tan... Ya, no importa, dígale que pase._ Miguel me miró desconcertado, yo me limité a sonreír y hacer un gesto de calma. _¡Uy...! Se reconciliaron los pololos, qué lindo._ Miguel y yo nos mirábamos nerviosos. _A ver, niños_ Comenzó José Luis sentándose en mi cama_ Creo saber lo que pasa..._ Parecía un profesor: profesor de sexualidad, pensé. _La verdad es que no sabía que Miguel estaría aquí._ _Yo tampoco._ Dije sin pensar, Miguel me miró serio_ No digo que me moleste_ Aclaré. _Bueno, por lo que me doy cuenta, los del “problema” son los dos. En realidad, yo no lo veo como un problema, al contrario, para mí es una suerte poder demostrar amor sin miedo a lo que puedan decir los demás. _Nacho, Miguel. Mírense, se nota que se quieren ¿Por qué luchar contra lo que sienten?_ Miguel y yo nos mirábamos con ternura, era innegable que entre nosotros había bastante más que una amistad. _Sé que no es fácil reconocerse ante el mundo como gay, para mí tampoco lo fue..._
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_¡Yo no soy maricón!_ Dije con fuerza ¡A mí no me gustan los hombres!_ _No seas tonto, Nachito, con lo que dices vas a ofender a Miguel y él ha sido muy paciente contigo._ _¿Y qué sabes tú que tan paciente ha sido Miguel conmigo?_ Pregunté sin entender. _Ignacio, Miguel y yo somos amigos hace algún tiempo..._ _No me habías dicho nada, Miguel..._ _Sí, lo sé, tú tampoco me habías dicho que te juntarías con él...Estamos a mano._ Dijo riendo. _Miren el par de weones, ninguno de los dos quiere que los demás piensen que son maricones. Si la homosexualidad no se contagia. No porque hables con una lesbiana o un gay serás igual. ¡Qué ignorancia! Por eso es que este país es tan homofóbico, por ignorancia. El amor es hermoso, en todas sus expresiones._ Sentí como mi estómago se apretaba al escuchar sus palabras. Nacho, lo que sientes por Miguel te complica tanto que terminaste por enfermarte, mírate. ¿Qué es ser maricón? ¿Dañan ustedes a alguien al amarse...? José Luis hablaba fluido y seguro, nos miraba con el rostro excitado. Esa tarde conversamos mucho los tres. Él compartió con nosotros su primera experiencia sexual, que fue cuando estaba en primero medio (Como nosotros). Fue con un hombre mayor que él, amigo de su mamá. Ella tiene muchos amigos gay, quizás por eso no se extrañó cuando José Luis le presentó a su “pololo”. Estaban fuera de la ciudad, con su mamá y varios amigos de ella. José Luis se sentía atraído por todo el ambiente que se generaba, pero al mismo tiempo le provocaba cierto recelo. Una noche salió a fumar un cigarro y se encontró con Andrés, un tipo, que según él mismo dice era muy atractivo, un hippie bien cuidado: pelo largo, semicano, siempre perfumado con los carísimos champús que traía importados desde no sé dónde y que olían a pachulí o sándalo.
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Según José Luis, “Un caballero no tiene memoria”. Yo opino igual, por lo mismo, no dio detalles porque no fue necesario. _Miguel, ¿Tú te sientes mal por amar al Nachito?_ _De ninguna manera_ Respondió seguro. No sé por qué mis mejillas se pusieron color manzana, intenté disimular, pero creo que no funcionó mucho. _José Luis_ Siguió Miguel_ A mí no me complica lo que siento, yo amo al Nacho, tú lo sabes_ Dijo mirándome con los ojos sonrientes._ El tema es que al Nacho le complica más de la cuenta. _Yo les agradezco su confianza y espero que entiendan que nada tiene de malo amar. Dios no castiga el amor, es el ser humano el que pinta de negro y rechaza nuestra forma de amor... _¿Y tú, Ignacio, qué dices?_ Era el turno de mis confesiones. Mis manos sudaban, sentía el pecho apretado. Miguel tomó mi mano y la acarició suave dándome cierta tranquilidad. _Es verdad, me complica porque yo no quiero ser maricón..._ _Nacho, ¿y tú crees que los heterosexuales un día despertaron y decidieron serlo? Nacho, entiende que los sentimientos no se eligen. ¿Acaso prefieres pasar tu vida de manera infeliz, sólo porque no quieres ser “maricón”?_ El tono de su voz se elevaba, peligrosamente. _Claro que no_ Respondí algo confundido. La mano de Miguel seguía masajeando mis dedos. _José Luis, yo siento cosas muy extrañas por Miguel, cosas que no he sentido por nadie._ _A ver, Nacho, te voy a hacer una pregunta: ¿Has estado con una mujer? Me refiero a si has tenido sexo con una mujer._
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_Sí_ se apuró en responder Miguel_ _¿Y te gustó?_ _No lo sé, igual fue algo muy confuso, sensaciones muy contradictorias..._ _Pero, ¿te gustó?_ Insistió el experto. _No del todo, quizás en lo físico, sí, pero internamente sentí que me traicionaba, como si traicionara mi esencia, mi naturaleza. _¿Te das cuenta? ¿Y tú, Miguel?_ _¿Yo, qué?_ Preguntó ingenuo. _Te pregunto si has estado con una mina._ _No, sólo he tenido sexo con el Nacho._ Todo esto me parecía muy extraño, jamás pensé que tendría ésta conversación. Pero supongo que así debió ser. Quizás así logre entender y entenderme. _Nacho, estás en otro lado..._ Me interrumpió José Luis de pronto, mi pensamiento cambió abruptamente. _Chicos, ser homosexual no es un defecto, ni una enfermedad. ¡Es hermoso! Mírenme_ Dijo haciendo algo así como un baile “sensual” _¿Acaso les parezco diferente a cualquier persona...? Lo único que me hace distinto a mucha gente, es que estoy libre de esos prejuicios. Seamos libres, es lo que más nos acerca a la felicidad..._ lunes 13 de agosto de 2001 _¿Dónde crees que vas, Ignacio?_ Preguntó mi madre cuando entró a la cocina. _Al colegio ¿Dónde más puedo ir a esta hora y con uniforme?_ (Los ojos de mi madre se pusieron redondos)
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_Tienes que descansar, Nachito_ Dijo cambiando el tono de su voz en forma profesional. _Ya me siento bien mamá, en serio. Además tengo prueba de... Química_ Improvisé. _Pero el doctor dijo que tenías que descansar unos días._ Le obedecí y volví a la cama. Quizás era mejor. Pasé la mañana durmiendo como nunca. Aproveché de revisar mi correo electrónico, también de entretenerme un poco con algunos juegos que ya creía olvidados (Los sigo manejando a la perfección). Después de saltar entre mil canales de televisión, creo que me dormí. Al abrir los ojos vi su silueta perfecta que se dibujaba tras el sol de mi ventana. Movía una revista en sus manos con pocas ganas. Yo me regalé unos segundos para mirarlo antes de mover mis pies. _Despertó el bello durmiente..._ Pronunció Miguel. _No me wevees_ Respondí sin ser pesado. _¿Y cómo amaneció el enfermito?_ _Ya, weón, si no estoy enfermo._ _¿Cómo que no, parece que se te olvidó que “te desmayaste en mis brazos”?_ Dijo y besó suavemente mis labios. Me sentí muy extraño, por una parte era tan perfecto, me sentía tan bien con él. Pero cuando me pongo a pensar y dimensiono el peso de reconocer nuestra “relación” como algo real, me aterra. _Miguel, te amo..._ Le revelé de pronto. Sus ojos parecían salirse de órbita. Tomó mi mano y la puso sobre su pecho... _¿Sientes?_ Preguntó casi sin moverse. Yo moví la cabeza afirmativamente. _Yo también te amo, weón._ _¿Por qué no pones el seguro a la puerta?_ Le propuse feliz.
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_Eres muy fresco..._ Me dijo con una carcajada mientras se paraba complaciendo mis deseos. El aire se pintó de magia. Sus labios aproximándose a mi ansiedad. Mi corazón rebotando en las paredes. _Me encanta tu espalda_ Me dijo mientras la acariciaba con una calma única y su lengua estilizada paseaba por mi cuello. _¿Estás seguro?_ Me preguntó antes de consumar mis sueños. ¿Y cómo no estar seguro si, de un tiempo a esta parte, mi cabeza no hace más que pensar en él? Lo besé muy fuerte, lo besé con el deseo que tanto tiempo vivió preso de los prejuicios, de las miradas acusadoras. Ahora siento sus manos danzar en mi cuerpo y juro que olvido que detrás de esas paredes existe un planeta que juega a la tolerancia y condena a quienes aman diferente a la mayoría. _¿Puedo tomar eso como un sí?_ Preguntó sin mirarme. No alcancé a responder, su cuerpo se aproximó al mío. Sentía sus dedos jugando con mi pelo. Con los ojos cerrados me dejaba seducir por ese amor prohibido. Sus manos aferraron mis caderas, sentí esas cosquillas que se sienten cuando uno baja por la montaña rusa. Las manos de Miguel se paseaban por mi piel que se erizaba. Él y yo nos besamos con tantas ganas, con pasión, con amor... Lentamente, giré su cuerpo, y sin dejar de acariciarme me penetró con dulzura. Percibía cada movimiento, cada golpe de su pelvis contra mis glúteos elevados. Miguel balbuceaba palabras en mi oído que hacían subir más aún mi excitación. _Quiero quedarme en ti para siempre...- Me dijo. Comprendí en ese momento que él y yo estaríamos para siempre unidos. Pase lo que pase. _ Hazlo_ Respondí sin pensarlo. Me preparé como en un santo ritual. Mi cuerpo fue suyo, y mi corazón también. Cada gota de mi sangre poseía un poquito de Miguel y viceversa.
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_ ¿Te das cuenta? Ya no hay vuelta atrás._ _ Lo sé, te amo..._ Respondí entre gemidos. De pronto, un golpe en la puerta hizo que saltáramos muy lejos uno del otro. _¿Qué pasa?_ Pregunté nervioso mientras nos poníamos los pantalones y ordenábamos la cama. _¿Con quién estás?_ Era mi mamá. _Con Miguel_ Respondí apurado. _Mira Nacho, no quiero saber si están viendo esas revistas para adultos. Sabes que no acepto esas cosas..._ _No te preocupes, mamá, no estamos haciendo nada malo._ _Mucho cuidado, niñitos ¡Que los pille yo haciendo alguna tontera!_ Miguel y yo nos abrazamos riendo. domingo 7 de abril de 2002 Durante un tiempo, la “relación” entre nosotros se hizo más cercana. Compartíamos en el colegio y a veces en las tardes nos juntábamos a “estudiar”. Disimulábamos a la perfección las miradas que nadie más veía... Tuvimos, cada uno, algunas pololas, sin embargo, nuestro “Pacto de Amor” seguía intacto. Pasamos los dos últimos veranos del colegio juntos, en la casa de la playa. Crecimos. Es un tiempo que no dejo de recordar... ¿Y cómo podría olvidarme de quien fuera “mi primer amor”? Pero nada es para siempre y las cosas, a medida que crecimos, cambiaron de un modo que no me hacía sentir muy bien. Al terminar el colegio decidí tomar un año para preparar la PSU. Miguel, en cambio, entró a la universidad, estudia ingeniería.

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lunes 29 de julio de 2002 Siempre lo llamo, pero no tiene tiempo, dice que no le queda tiempo para carretear. Yo, lo que más tengo, es tiempo. Trabajo en un Pub en el “Barrio Brasil”. El trabajo de garzón me permite conocer mucha gente, tengo un espectro muy amplio de amigos. Al que Miguel no ha querido integrarse. La última vez que estuvimos juntos lo sentí extraño. Sus manos ya no se deslizaban por mi espalda como antes. _¿Qué te pasa?_ Le pregunté incorporándome en la cama. _Nada..._ Lo conozco demasiado y no creí su respuesta. _A ti te pasa algo..._ Aseguré. Miguel se sentó a mi lado y tomó mi mano. _Nacho, tú sabes cuánto te quiero, ¿Verdad?_ _¿A ver Miguel...? Sin evasivas ¿Qué mierda pasa?_ Dije levantando la voz. Sus ojos miraban el suelo, despacio levanté su cabeza mirándolo fijo. _Nacho, ya no somos niños. Nuestras vidas ahora son muy diferentes..._ _¿Conociste a alguien?_ Lo interrumpí nervioso. No me contestó, me besó en los labios y se fue. En tardes de soledad y nostalgia, frecuento nuestros lugares. Me interno en mí mismo y veo que todo parece como si fuera una película ¡Tantos años nos unieron...! ¡Y tan poco tiempo bastó para que se terminara...!

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sábado 26 de agosto de 2006 Hoy encontré mi diario, y leyéndolo me he dado cuenta que han pasado cuatro años desde que no veo a Miguel. Yo estudio “arte” y aún conservo mi trabajo de garzón. Hace unos meses me fui de casa. Mi madre ni sospecha que el hombre con quién vivo es mi pareja. Él es mayor que yo, es más, fue profesor mío el primer año de universidad. En la universidad es vox populi lo de nuestra relación. Muchos no la ven con muy buenos ojos, aun así, somos felices juntos. Gustavo es un hombre muy inteligente y un gran artista. Pero más que eso, me quiere como nadie y me hace eternamente feliz. Yo paso mis días en la universidad. Soy conocido por todos ya que recito mis poemas en cada oportunidad que se presenta. Gustavo, orgulloso de mí, aplaude a rabiar. De vez en cuando pienso en Miguel ¿Qué será de su vida...? ¿Aún pensará en mí? sábado 2 de agosto de 2006 Anoche fuimos juntos a una comida familiar organizada por mi madre, donde estarían todas las viejas tías, mis primos y primas. Mi madre nos recibió en la puerta con una sonrisa que a kilómetros se veía fingida. Gustavo toco mi espalda demostrando su incomodidad. La Valentina fue la primera en acercarse a nosotros. _Hola, primito, tanto tiempo sin verte_ Dijo mientras se colgaba de mi cuello. Tomé sus manos para tranquilizarla. _Vale, te presento a Gustavo._ Él hizo un gesto con la cabeza. _¿De verdad te quieres quedar?_ Me preguntó Gustavo antes de entrar a la terraza, dónde aguardaban todos los buitres para devorarnos los ojos sin piedad.
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_Sí, Gustavo. Ya lo conversamos tú y yo._ Tomé su mano y la apreté fuerte. Mi corazón latía muy rápido, sentía cómo el nerviosismo se apoderaba de mí por completo. Las viejas saludaban a Gustavo con la mirada de quién no ha tenido sexo en años. Nos sentamos. Mi madre entró con una bandeja repleta de picadillos salados y servilletas aburridamente ordenadas queriendo demostrar cierto estilo. _Madre, ¡Qué bueno que llegó! Ahora que estamos todos juntos, quiero que tomemos nuestras copas para hacer un brindis... Los ojos de mi madre comenzaban a cambiar de forma. Mi padre, el gran ausente desde el día en que decidió irse de la casa para seguir a una exitosa empresaria Canadiense y dejar a la histérica de mi madre más histérica y más sola, si estuviera, sólo podría confirmar lo que estoy seguro ha sospechado hace tiempo. Mis primos y tíos, por su parte, tomaban sus copas y vasos respectivos. _Pongamos atención al Nachito que quiere hablar._ Pidió una tía. El silencio no se hizo esperar. Veía los ojos de cada uno, mi madre intentando mantenerlos dentro de sus cuencas. La Vale con mirada ansiosa y en cierta forma un poco cómplice. Mis tías y tíos esperaban con sus copas en la mano, a que yo declamara mi gran discurso, acostumbrados a escucharme declamar poesía. Gustavo, por su parte, en completo mutismo, esperaba paciente a que la ceremonia de presentación comenzara. _Madre, tías, tíos, primas y primos; Qué bien que estemos todos juntos para presentarles a Gustavo._ Me miraban extrañados, todos sabían de la existencia de él, incluso que vivimos juntos. _Familia, Gustavo y yo somos pareja desde hace algún tiempo y nos amamos profundamente._ Dije fuerte y de corrido, mientras los rostros se deformaban, y las risitas de los más chicos se escuchaban solapadas.
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Mi madre se paró furiosa. _¡Para de decir estupideces, Ignacio, por favor!_ Gritó hinchada de rabia. _No asustes a tu mamá, Nachito, que la pones nerviosa_ Replicó su hermana. _Lamento su malestar, madre_ Dije serio_ Pero no es un juego, no es una broma. Soy homosexual, Gustavo es mi pareja. Y si les digo a todos juntos, es porque no quiero que después estén hablando a mis espaldas, si alguien tiene algo que decirme, adelante, pero siempre de frente, sin mentiras. Uno de mis primos chicos levantó la mano y preguntó como en el colegio: _¿Nacho, qué es ser homosexual?_ Una carcajada de los más jóvenes surgió espontánea. _Qué a mí me gustan los hombres, no las mujeres..._ Respondí seguro. Gustavo me seguía con la vista, jamás agachó la cabeza, ni yo lo hice. _Ya, madre, para qué llora si no ha muerto nadie_ Dije con tono sarcástico. _Tú no eres mi hijo..._ Lloriqueaba. Se acercó a mí la Vale, con los ojos fijos y sin sonrisa. _¿Por qué no me lo habías contado?_ Preguntó como si fuera un reproche. _Yo creí que confiabas en mí, no entiendo por qué nunca me dijiste nada._ Su voz, más que de espanto, era de pena, quizás debí haberle contado a ella primero, más que mal fue “mi primera mujer” (Y la única). _Ya vamos a conversar los dos... Sé que tengo mucho que explicarte_ Respondí.
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Ella me regaló un fuerte abrazo, en el que arrastró a Gustavo quién estuvo todo el tiempo a mi lado. _Vengan para acá, par de maricones..._ Sus brazos nos cubrieron amistosos. _ ¿Y dónde seguimos el carrete? ¿O quieren quedarse aquí...?_ _Ni cagando_ Aseguró Gustavo sonriendo. Salimos entre risas y bromas de mi prima. Ella fue la única que nos apoyó. Todos los demás quedaron, seguramente, horrorizados por mi declaración pública de homosexual, consolando a mi madre que lloraba con hipo, como si mi condición sexual fuera una sentencia de muerte. A partir de ese episodio, nunca más me invitaron a las reuniones familiares. Mi “pobre madre” asegura haber perdido un hijo. Y mi papá no hizo ningún comentario cuando lo llamaron para contarle la desgracia. (Eso enojó aún más a mi madre) Yo me siento feliz. Ahora todo es diferente. sábado 9 de septiembre de 2006 Aún siento mi cabeza como dentro de una escafandra. Anoche viví una de las experiencias más extrañas y alucinantes de mi vida. Estaba trabajando en el pub, cuando vi llegar a un grupo de hombres, para ser más exacto, eran cuatro personas que se veían, por decir lo menos, exóticos. Me acerqué a su mesa y de inmediato uno de ellos clavó sus ojos en mi bragueta. Yo, que disfruto haciendo alarde de mi piropeado físico, tomé su pedido con especial cordialidad, casi coqueto. Desaparecí y volví a escena con los pequeños vasos ordenados sobre la bandeja decorada con redondos limoncitos y la infaltable sal. Distribuí los accesorios y al centro instalé la botella de tequila, con gorrito mexicano y todo.
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Los hombres reían, golpeaban sus vasos. Yo los miraba desde la barra. El tipo, que me desnudó con sus ojos desde el inicio, lamía un trozo de limón mostrándome su lengua color sangre. Reconozco que logró ponerme bastante nervioso. Cuando me acerqué para cambiar los ceniceros el tipo tomó mi mano con delicadeza femenina... _ ¿A qué hora sales?_ Preguntó mirándome fijo a los ojos. Él era muy atractivo y se insinuaba con maestría. Rápidamente, comenzaron las cosquillitas en mi entrepierna. Miré la hora en el celular... _ En veinte minutos ¿Por qué?_ Sus amigos se preparaban para partir, pero él, seguía perfectamente sentado. _Vayan ustedes, yo me voy a quedar un rato más. _ Dijo guiñándome un ojo. Uno de los hombres dijo algo que no alcancé a escuchar, pero todos rieron y él se tapó la cara con las manos. Yo sabía que hablaban de mí, y eso me gustó mucho. Simulaba estar limpiando las otras mesas y lo miraba chocando siempre con su mirada. _Hola otra vez..._ Escuché decir cerca de mi oído_ ¿Qué vas a hacer ahora? _ Quiso saber. Algo me decía que la noche sería más movida que de costumbre. No suelo aceptar invitaciones así, pero ésta vez, sentí un extraño deseo de adrenalina y distorsión. _Si quieres, podemos ir a otro lado, no sé, a bailar ¿Te gusta bailar?_ Me propuso. Sus labios eran hermosos, perfectamente delineados y su color rojo copihue me trastornaron los sentidos. “¿Qué tiene de malo?” me pregunté a mí mismo. Sin contestarle, saqué mi teléfono y llamé a Gustavo para avisarle que llegaría tarde, con la mirada puesta en mi “nuevo amigo”. El tipo sonrió y comenzó a avanzar. Terminé la conversación y me subí a su auto, con algo de miedo y ansiedad.
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_ ¿Cómo te llamas? _Dijo él de pronto. _ Ignacio, Nacho ¿Y tú?_ _ Yo me llamo Erick._ _ Mucho gusto, Erick._ Respondí extendiéndole la mano, él se acercó a mí y besó sonoramente mi mejilla. Después de la presentación, mi amigo sacó desde abajo de un asiento un pack de cervezas y me pasó una... _ ¡Salud! _ _ ¡Salud!_ Repetí chocando las latas y disponiéndome a la aventura. Llegamos a la “Blondie”, yo había ido un par de veces antes con Gustavo y unos amigos, pero ésta vez era diferente, sentí como si fuera mi primera vez. _ ¿Vamos muñeco...? _ Dijo tomándome la mano. Sonreí y apreté un poco en señal de aceptación. Dentro del lugar, todo era oscuridad, apenas podía distinguir las siluetas que se movían con la voz y las imágenes sensuales de “Madonna” proyectadas en una gran pantalla al fondo. Hacía mucho calor y la mano que Erick aún me sostenía comenzaba a sudar. _ ¿Eres un chico muy ardiente? _ Me preguntó mientras caminábamos hacia la barra. Yo me reí tontamente, no entendí bien por qué me decía eso, él se dio cuenta. _ Tu mano está sudando, por eso te lo digo_ Me aclaró. Me sentí un idiota, no le respondí. El barman, rápidamente, puso frente a cada uno un vaso con suficiente ron para comenzar a encender la noche. Erick se acercó a él, hablaron al oído y luego me pidió que lo esperara ahí mismo, que volvería enseguida. Al estar solo aproveché de mirar el entorno y coquetear con uno que otro mariconcito que pasaba frente a mí. De pronto, Erick tocó mi hombro, tomamos
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los vasos y nos instalamos en la pista de baile. Yo me movía como hipnotizado, no sé si fue el ron o la música en mis oídos, pero me sentía en otro planeta. _ Vamos..._ Me dijo Erick y me tomó la mano. _ ¿Dónde vamos?_ _ Al baño, acompáñame al baño. _ Lo seguí. Al momento de entrar recordé que ese lugar se usaba no sólo para mear. Me encerré en una caseta con pestillo. Mientras el líquido amarillo y caliente salía de mi cuerpo, escuché unos gemidos que brotaban desde el lado. Quise asomarme para mirar, pero no lo hice. Sacudí mi instrumento y lo guardé antes de abrir la puerta. Erick me estaba esperando con una gran sonrisa y polvo blanco aun en la punta de la nariz. Los latidos se apuraron en mi pecho, nunca había probado la cocaína y supe que éste sería el momento de hacerlo. Él tenía una raya lista para mí. Introduje en mi nariz el tubito e inhalé hasta que la amargura llegó a mi cerebro. Erick hizo dos rayas más, una para él y otra para mí. _Quiero que me lo chupes..._ Susurró antes de hacer desaparecer el polvo de un solo respiro. Yo lo imité inhalando profundo hasta que de un tirón todo dejó de ser real. Me paré frente a él y lamí el polvo blanco que se había quedado en su nariz, anestesiando la punta de mi lengua, Erick comenzó a reír y a besarme con sus labios amargos y dulces. Desabroché despacio su pantalón y metí la mano, saqué su verga y comencé a masturbarlo. Él cerró los ojos y se entregó... Le corrí la paja mientras se lo chupaba, él gemía y me pedía más. No me importaron las miradas que se posaban sobre nosotros, yo ya no pertenecía a este mundo. Abrí más su pantalón y mientras lamía su hongo, le acariciaba entre las piernas rozando su ano con mi dedo, provocándole un temblor que me excitaba aún más. Erick me levantó del pelo y me besó casi violento, metiendo su lengua hasta el fondo de mi
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garganta. Nos reímos mucho, me abrazó empujándome hacia atrás y cerró la puerta. Se bajó los pantalones hasta las rodillas y se puso un poquito de coca en la punta del pene... _¡Chúpalo ahora!_ Me ordenó. Yo, obediente pasé mi lengua y saqué el polvo que cubría el enorme y rosado glande. Mi lengua perdía sensibilidad, pero aumentaba mi calentura. La saliva corría por mi cuello, me tenía loco. Erick se movía despacio, disfrutando de aquel festín de lamidas. Cuando estuvo a punto de acabar en mi boca, me alejó de golpe... _ ¡Para! Vamos por unos tragos, me dio mucha sed_ Dijo con la voz entrecortada. Me alejé y me puse de pie. Él se sacó el pañuelo que tenía en el cuello y me secó la saliva. Se subió los pantalones y sacando una bolsita de su billetera, me ofreció otra raya. La acepté sin pensarlo. Ya a esas alturas todo daba lo mismo, incluso las miles de llamadas de Gustavo perdidas en mi celular. Avanzamos hasta la barra, pedimos dos rones y sólo una bebida. El líquido frío apagaba, en parte, el fuego que se había apoderado de mí. Mi amante me tocaba por dentro del pantalón sin disimular. _ Chúpamelo tú, ahora_ Le pedí. _ ¿Ya, pero vamos a otro lado mejor?_ Me propuso. _ Donde tú quieras..._ Respondí y me tomé el trago al seco. Salimos de la disco y cuando nos subíamos al auto, volvió a sonar el celular. _ ¿No vas a contestar?_ Interrogó. _ No, lo voy a apagar. No quiero que me llame nadie en este momento, quiero estar solo contigo..._ Pronuncié con la lengua traposa. En el auto se lo volví a chupar mientras él manejaba con un poco de dificultad. Entramos a un motel sin nombre. Por el citófono la encargada nos indicó que nos estacionáramos
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junto a la cabaña siete. Erick me besó antes de bajarse del auto. Entramos y por una pequeña ventanita en la puerta Erick pagó la habitación. Me tiré en la cama. Erick gateó sobre mi cuerpo, restregándose como gata en celo. Unos golpes en la puerta detuvieron su pasión por un momento. Cuando le devolvieron la tarjeta de crédito se acercó a mí, y nos besamos tocándonos desquiciadamente. Erick me desnudó y quedé ahí, en la cama, con mi cuerpo completamente borracho. Él también se sacó toda la ropa, tenía la piel tan suave y perfumada, tocarlo era como tocar a una mujer. De pronto se levantó y fue al baño, largó el agua de la ducha y volvió a la pieza. Sacó, entonces, otra vez la bolsita de “polvos mágicos” que guardaba en la billetera. Esparció un poco sobre mi vientre y acercó su nariz para inhalar de mi piel. Yo también volví a llenarme la nariz con la “Diosa blanca” y nos fuimos a la ducha... Ahí lamí su culo como si fuera mi última oportunidad de la vida para hacerlo, metí mi lengua en su ano, que sabía a fruta fresca. Él gemía y el agua caía sobre nosotros. ¡No puedo creerlo! ¡Qué rico era el sabor de su cuerpo! _ Métemelo, Nacho, métemelo _ lo oí musitar bajo el agua. Mi pene se hizo gigante al escuchar su petición. Me puse el condón que había dejado sobre el lavamanos. Se lo metí con furia, vi como mi pico se embetunaba al entrar y salir de su cuerpo. Erick gritaba de placer y yo, sin poder aguantar más, acabé dentro de su culo. Él me acarició despacio mientras yo hervía por dentro y por fuera. Volvimos con los cuerpos aún húmedos a la cama y nos dormimos. Desperté en la mañana, con un dolor de cabeza indescriptible, estaba tan confundido, no sabía qué mierda estaba haciendo en ese lugar. Mi improvisado amante dormía a un lado con expresión de total plenitud. Me levanté de la cama, recogí mi ropa que estaba esparcida por toda la pieza y me
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metí al baño. Así, estando ya bajo el agua, intentaba ordenar las ideas, los hechos. Trataba de dar coherencia a esta noche extrema. Al salir del baño, Erick seguía durmiendo. Saqué, entonces, una hoja de mi croquera y le escribí una nota: “Erick, fue una noche que jamás olvidaré, gracias por todo. Nacho.” La dejé sobre la almohada y me fui... Ahora, no sé qué le voy a decir a Gustavo. Ahora, vienen las culpas, los remordimientos. En realidad y para ser muy honesto, no me arrepiento de nada. Lo único que necesito en este momento es una tortilla de analgésicos. (No soporto el dolor de cabeza). martes 19 de agosto de 2006 Hace algunas noches vi entrar a Miguel al Pub donde trabajo. No lo veía desde aquella vez que discutimos y él se fue sin responder a mi pregunta. Me acerqué como a cualquier cliente... _¿Cómo estás?_ Preguntó mientras soltaba la mano de una hermosa mujer que lo acompañaba. _Bien_ Contesté desconcertado. Siempre pensé que Miguel, al igual que yo, había definido su sexualidad como lo que realmente era, homosexual. Pero una vez más me equivoqué. _Adelante..._ Les dije ceremonioso. Ellos se acomodaron en las sillas altas del Pub se notaba que eran más que amigos. (Aunque Miguel intentaba disimular) _Hace mucho que no te veía, Nacho, estás... distinto_ _Claro, han pasado cuatro años, tú también te ves... distinto_
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Estoy seguro que Miguel supo leer entre líneas. Tomé su pedido y desaparecí. Al volver con los tragos, Miguel me miró fijo. _Vengo luego..._ Le dijo a su compañera, siguiéndome hasta la barra. _¿Podríamos juntarnos? Creo que tenemos que hablar_ _Cuándo quieras, yo tengo el mismo número de celular..._ Respondí intentando parecer desinteresado. ¿Cómo era posible que después de tanto tiempo haya podido provocarme tantas cosas? Las mismas que sentía cuando éramos unos niños. Sentí pánico de sus ojos. sábado 23 de agosto de 2006 Hoy sonó mi celular muy temprano. _Hola, ¿Te desperté?_ _¡Miguel!_ Dije muy fuerte incorporándome en la cama. Por suerte a esa hora Gustavo ya no está en la casa y no pudo ver mi entusiasmo. _¡¡¡Uf, qué acogida!!!_ Comentó riendo al otro lado del teléfono._ Si hasta parece que un fantasma te asustó_ _No digas wevadas_ Respondí serio. _Dijiste que podía llamarte cuando quiera... Necesito verte, tenemos que hablar._ Mi cabeza se confundía con sus palabras, como si un tornado mezclara todos mis pensamientos. _Miguel, ¿De verdad quieres que hablemos?_ _Ha pasado mucho tiempo y creo que te debo una explicación_ _Bueno, juntémonos hoy, tengo todo el día libre_ Dije casi inexpresivo.

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_¿A las nueve, en el bar de antes? _Preferiría un lugar neutro, sin recuerdos..._ _Nacho, ¿Qué pasa? Sólo quiero hablar_ Acusó recibo de mi comentario _ Dime tú dónde, entonces._ _Juntémonos frente al museo, hay cerca un lugar muy tranquilo…_ Mi día pasó agitado, todo lo que hice fue con la ansiedad que me provoca juntarme con Miguel. Llegué al lugar un poco antes de lo acordado. De pronto lo vi acercarse buscándome con los ojos... Caminamos despacio hasta un bar cercano. _¿Y a qué te dedicas ahora?_ Pregunté sin mucho interés, la verdad es que en ese momento no era capaz de hilar una conversación. Estaba muy nervioso. _Todavía me quedan dos años de carrera, estudio ingeniería..._ _Verdad, se me había olvidado, como hace tanto que nos vemos_ Dije interrumpiendo su respuesta. _No seas desagradable, Nacho_ Tomó su vaso repleto de ron y muy poca bebida. _No sabía que te gustaban las cosas tan fuertes, o sea si lo sabía, pero lo había olvidado._ _¿Qué te pasa, Nacho?, ¿Por qué tan odioso?_ _¿De verdad quieres saber por qué estoy tan odioso, en serio quieres saber?_ Respondí acomodándome en la silla plástica. _Miguel, te fuiste sin decirme nada. Te das cuenta: Un día, sin un por qué, desapareciste de mi vida ¿Y ahora vienes y me preguntas “qué te pasa”?_ Mi voz se elevaba y sus ojos crecían volviéndose redondos.
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_Déjame explicarte, Nacho, por favor..._ Me pidió suplicante... _Yo estaba pasando por un tiempo muy extraño. La entrada a la universidad, mi vida cambió mucho..._ _¿Y por eso decidiste que yo no calzaba en tu vida y te fuiste? Eres muy cobarde. Podrías haber sido más honesto, Miguel. Si descubriste que tu onda iba por el lado de las minas, bien, yo lo habría entendido. Miguel, tiramos y ese mismo día desapareciste. Pasaron tres años. Ahora, por casualidad nos encontramos y me preguntas ¿Qué te pasa?_ Por primera vez, me atrevía a decir lo que realmente estaba sintiendo, sin embargo, una asquerosa sensación de estar haciendo todo mal no me dejaba tranquilo. El rostro de Miguel cambiaba, constantemente, de color, de rojo sangre a pálido cadavérico. “¿Por qué estoy haciendo esto. ¿Qué sentido tiene ahora?” Sus ojos seguían rígidos, sin una mínima expresión de nada. Mientras los pensamientos bombardeaban mi cabeza, Miguel tomó mi mano besándola despacio y con ternura. _Miguel, nos están mirando..._ Dije sintiéndome expuesto. _Que miren_ Respondió acercándose hasta que nuestros labios se juntaron. Quise congelar el segundo, en vez de eso, me alejé. _Miguel, yo ahora tengo una pareja..._Él me miró serio, sentí que sus ojos se clavaban como dardos en los míos. _¿Hombre, verdad?_ _Sí, es hombre._ De pronto me percaté que el silencio era el protagonista de la escena. Todas las miradas estaban dirigidas hacia nosotros. Como si todos esos imbéciles estuvieran viendo una puta teleserie. O peor que eso, como si Miguel y yo fuéramos uno de esos pelotudos que con tal de figurar, venderían su alma al diablo. Y otros más weones todavía, gastan su tiempo
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en mirarlos y opinar sobre vidas que no les pertenecen. Lo que ellos no sabían, era que esto no es un reality, que la vida real es bastante más seria que eso. _Miguel, ¿Por qué no vamos a otro lado?_ Le propuse. _Cómo quieras, podemos ir a mi departamento..._ Volví a sentir el mismo pánico que aquella primera noche en su pieza. _¿Lo conozco?_ Preguntó mientras caminábamos hasta mi moto, que nos llevaría directo a mi más grande debilidad, a estar solo con Miguel... Otra vez. _No creo, fue profesor mío en el primer año de la U_ _¿Andas con un viejo?_ _Él me quiere mucho..._ Mi voz se perdía dentro del casco. _¿Y tú?..._ Simulé poca audición. _ Afírmate de mi cintura_ Le ordené casi gritando. _¿Nacho, tú también lo quieres?_ _Si no fuera así, te aseguro que no estaría con él_ Respondí en la luz roja. El resto del viaje hasta su departamento fue en silencio. Al llegar, Miguel abrió la puerta y todo un mundo de recuerdos se presentó ante mis ojos. _Pasa, estás en tu casa..._ Me dijo afirmándome de la espalda, como si con eso evitara de alguna forma mi huida. Avancé despacio, mirando todo a mi alrededor. Una de las paredes estaba repleta de fotos. Muchas imágenes de amigos que no conozco y paseos familiares. Entre todas y muy destacada, había una foto en la que aparecemos los dos, muy pendejos, como de diez años, abrazados y felices. Miguel se acercó a mí apoyando su cabeza en mi hombro.

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_¡Qué tiempos! ¿Verdad?_ Tuve ganas de llorar. _¿Por qué te fuiste, weón? Aún no lo entiendo..._ _Nacho, siempre te he querido mucho, pero en algún momento entendí que tu camino y el mío eran diferentes. Y sentí miedo, yo creo que esa fue la causa de que me alejara de ti_ Yo seguía mirando las fotos mientras escuchaba su voz que sonaba armónica. _Miguel_ Me giré para mirarlo_ Yo te amaba, podríamos haberlo conversado. Recuerda, fuiste tú quién comenzó con el juego..._Dije melancólico. _Cuándo te enseñé a dar besos..._ Respondió. Vi su rostro iluminarse. Quise mandar todo a la mierda. No podía seguir engañándome. Aún estaba enamorado de Miguel y trataba de ocultarlo, hasta de mí mismo. _¿Quieres tomar algo?_ _Sí, cerveza, gracias_ Su silueta se deslizaba por el pasillo, mis ojos se perdían en su espalda. Decidí avanzar tras de él, pero deserté a mitad de camino y me refugié en el baño entero de azul. La decoración era casi femenina. Observaba todo intentando encontrar a Miguel, a “Mi” Miguel. _Lindo baño_ Dije mientras volvía al living e intentaba parecer gracioso. Ahí estaba él, acercándose con dos botellas de cerveza. Sentí como las tripas se hacían nudos en mi estómago. Estoy seguro que Miguel percibió eso, sus ojos me miraron como a veces lo hacían. _¿Te gusta? Lo decoré yo_ Parecía orgulloso y eso me causó una risa inevitable.
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_¿De qué te ríes, weón, acaso no te gusta mi baño?_ _Me encanta tu baño_ Tomé su cara con ambas manos y besé sus labios que seguían siendo suaves y tibios. No pude evitarlo. _¿Qué quieres escuchar?_ Dijo con admirable naturalidad. Mis músculos estaban tensos, no era capaz de articular palabra. Otra vez estaba con Miguel, otra vez estaba sintiendo como mi falo se transformaba y sus ojos me miraban fijos y tiernos. La voz gastada de Bosé decoraba la escena intentando quizás retroceder unos cuántos años. _¿Te acuerdas cuándo escuchábamos a Bosé...?_ Preguntó. Miguel trajo a mi memoria recuerdos que creía ya olvidados. _Cómo no recordarlo, cuántas veces hicimos el amor escuchándolo..._ _Siempre te amé, Nacho, siempre_ _¿Por qué me lo dices ahora, de qué mierda sirve que me lo digas ahora?_ Su rostro se volvía muy rojo, las lágrimas bañaron sus mejillas, mientras sus labios chorreantes impregnaban los míos _¿Estás seguro?_ Preguntó como aquella vez, en su pieza, mientras yo disimulaba mi pánico y él su alegría. No le contesté, a cambio de eso, lo abracé muy fuerte, mucho rato. Desde ese momento ya no hablamos más, fue como si presionara la tecla de “mute” y sólo se vieran los movimientos, las expresiones. Igual que las películas mudas. Hasta mis gemidos fueron silenciosos. Sus besos en mi espalda no emitían el más mínimo sonido, ni el roce de su cuerpo sobre el mío provocaba alguna erótica melodía. Derramé sobre él toda mi nueva experiencia. Sentí bajo mis manos el cuerpo más suave que jamás ha existido.
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Mi alma retornó al cielo, el tiempo no existió, volví a saborear el dulce de sus besos, a reflejarme en sus ojos de niño. Podía sentirlo, profundo, casi doloroso dentro de mí. Con el amor más sincero, más prohibido, imposible. Esa vez Miguel besó mi cuerpo con ansiedad. Tomaba mi espada de lucha entre sus manos y como un guerrero se enfrentaba a su propia batalla, que era el amor que sentía por mí. En aquel reencuentro creo que sentí dolor, su miembro entraba en mi cuerpo con tal adustez, que cada fibra mía se remecía sobre la cama. _¡Perdóname...! Pidió llorando sin dejar de penetrarme. Yo, muriendo otra vez sobre sus sábanas, oía el llanto de Miguel que era también mi llanto. Con sus sollozos, en mi cabeza se mezclaban las imágenes. Sentía fuego dentro de mí, fuego que dolía porque cada vez que Miguel entraba en mí, cada beso suyo me hería de muerte... _¡Te amo!_ Le grité de pronto._ ¡Te amo, weón, te amo!_ Sus manos se aferraron a mi cuerpo. Su lengua corría humedeciendo cada rincón de mí. Lo odié, lo odié tanto “¿Por qué no desapareció para siempre? ¡No debió haberme llamado, no ahora! ¿¡Por qué, por qué!?” Volvió a penetrar mi cuerpo, volvió a penetrar mi alma. _¿Ya te vas?_ _Sí, tengo que juntarme con Gustavo_ Respondí mientras ordenaba mi pelo frente al espejo. _¿Te puedo llamar?_ _¿Quieres hacerlo?_ _Quiero verte de nuevo, Nacho..._ _¿Por qué?_ Quizás no debí preguntar eso. Por supuesto que yo también quería verlo otra vez. Miguel me miró con ojos predecibles.
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_¿Es necesario un por qué?_ Musitó en un momento. Yo, parado aún frente al espejo observaba las imágenes que en este se reflejaban, escuchando su voz de ultratumba. - ¡No!_ Respondí seco. En ese momento una luz inexplicable inundó el espacio. Pese a la oscuridad de la noche, las cosas tenían luz propia y cobraban una extraña vida. Me aproximé a la cama donde Miguel se mantenía desnudo, desnudo y bello. _Eres tan bello..._ Le dije sin aviso, su cuerpo tembló, ligeramente. Acaricié su rostro, sentí su pelo suave y perfumado. Mis manos comenzaron a recorrer su cuerpo quieto, observando su lenta metamorfosis. Con los ojos fijos en nada, Miguel emitía casi imperceptibles gemidos mientras mis labios rodeaban su miembro apenas erecto y lo hacían desaparecer entre la lengua y el paladar con suaves presiones. Otra vez, como muchas a lo largo de “Nuestra historia”, el sonido del celular interrumpió el cuadro plástico que eran nuestros cuerpos formando una maraña de piel. _Contesta..._ Dijo Miguel casi como una orden. Al mirar la pantalla titilante, vi las letras ordenadas terroríficamente... “Gustavo”. Contesté inventando normalidad. _Hola, ¿Qué onda?_ Pregunté _¿Qué onda tú, Nacho? Te estoy esperando hace casi media hora, ¿Dónde estás?_ Reclamó Gustavo. Mi mente se vio confundida, no supe qué decirle, sólo ideas tontas pasaron por mi cabeza, como inventar que estaba solo en el cine (Jamás me creería). _Sorry Gus, es que estoy con un viejo amigo y se nos pasó la hora conversando..._ Mentí a medias. _Ah... Un viejo amigo, ¿Y quién sería?_
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_Es un compañero de colegio, no nos veíamos hace muchos años..._Dudé unos segundos si decir o no la verdad, al mirar a Miguel, un impulso me hizo responder con una mentira. _¿Es Miguel...?_Volvió a preguntar. Miré hacia la cama y sin alejar mi vista de su cuerpo. _No, no es Miguel..._ _¿Vas a venir o te quedas con tu “amiguito”?_ Dijo al final Gustavo molesto. _Sí... Espérame, voy para allá._ Miguel, por su lado, comenzaba a vestirse y me miraba en silencio. Al voltearme hacia él dijo sin expresión alguna en su rostro: _¿Por qué le mentiste? Le dijiste que no estabas conmigo..._ _No lo sé._ _¿Será que aún sientes algo?_ _Miguel, por favor, no me confundas más..._ _Nacho, para mí el volver a verte, el estar contigo, también hizo que todo lo que creía ordenado en mí vida se fuera a la mierda._ _¿Como lo que tienes con esa mina?_ _Sí, como eso._ _¿Y tú crees que para mí las cosas son simples? Miguel, yo tengo una pareja, vivo con él; Gustavo es mucho más que un “pololito”, Gustavo es mi compañero._ El silencio nublaba reiterativo de la habitación. El tiempo parecía estancado, los segundos no avanzaban, a mi favor, por cierto. _¿Y yo, qué mierda soy...?_ Preguntó Miguel enojado_ ¿Soy un “pololito” más?_ _¡No...Claro que no!_
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_Ignacio, apúrate, te están esperando..._ _No me digas así, sabes que no me gusta._ _Ese es tu nombre, Ignacio._ Volvió a decir aún más molesto. Tomé el casco y la chaqueta acercándome a la puerta. Cuando lo mire esperando que estuviera detrás de mí vi que no se había movido. Yo esperaba una despedida diferente, pero lo entendí. _¿Me vas a llamar?_Pregunté. _Quizás lo haga, ándate, es tarde..._ Salí del lugar con sentimientos tan confusos que dudé de muchas cosas. Dudé del amor que siento por Gustavo. Dudé de lo que he sentido desde que Miguel se fue hace tres años. Todo lo que creí haber construido, se derrumbó al chocar con sus ojos. domingo 24 de agosto de 2006 _¿Quién es ese amigo con el que te juntaste?_ Me interrogó Gustavo sacándose la ropa al otro lado de la cama. _Se llama Claudio_ Mentí descaradamente, sin dar importancia a su pregunta. _¿Y son tan amigos que se te olvido que te ibas a juntar conmigo?_ _Ya, no te pongas celoso. Sólo es un amigo, no tiene ninguna importancia._ Revolví su pelo semicano y sonreí besando su cuello. _No respondiste lo que te pregunté._ Dijo alejándome serio. _A ver, Gustavo, entre tú yo no nunca han existido secretos. ¿Tú crees que hubiera sido mejor mentirte, decirte cualquier cosa no cierta sólo para no provocarte celos? Sí, me junté con un amigo, se me pasó la hora, pero eso no significa nada. Yo te amo a ti, Gustavo, más que a nadie en el mundo..._
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Al explotar mis palabras, un nudo paseaba por mis tripas doloroso. No debí mentirle así; pero no puedo decirle que estuve con Miguel, que hicimos el amor como antes, y que ahora no sé lo que siento ni por él, ni por Miguel, ni por nadie.. Los días siguientes fueron algo tensos entre Gustavo y yo. Algo me decía que él podía percibir ese sentimiento en mí y lo hacía notar con comentarios desagradables. _Hace días que estás raro, ¿Qué te pasa?_ Le pregunté. Él me miraba interrogando con sus pupilas verdemar. ¿Acaso yo debía saberlo? ¿Estaría así por lo del otro día? El sentimiento de culpa me presionaba el pecho. Intentaba abrazarme a su cintura cada noche, como siempre lo hice. Pero inevitablemente llegaba a mi mente la imagen de Miguel. Yo creo que Gustavo podía sentir mi lejanía. Nuevamente, creí estar haciendo todo mal, supe que todo el tiempo con Gustavo se iría a la misma mierda. Miguel ocupaba mi cabeza demasiadas horas al día. viernes 13 de octubre de 2006 Una mañana sonó mi celular, la voz de Miguel se pintaba del otro lado casi infantil. _Hola, ¿Cómo estás?_ Preguntó. _Bien..._ No sé si hablar con Miguel en este momento sea lo más acertado, pero sigo la conversación. _Me gustaría verte..._ Dijo. _¿Cuándo?_ _Podría ser hoy_ Sin pensar en las consecuencias que traería juntarme con Miguel, acepté su invitación. _¿Juntémonos frente al museo? Como siempre_ Me propuso._ A las seis..._ _Bueno, nos vemos en la tarde_
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domingo 15 de octubre de 2006 De verdad no sé lo que estoy haciendo, Gustavo no se merece que le mienta así. Es tan extraño, después de hablar con Miguel, quedé con una sensación de ansiedad muy similar a la que sentí la primera vez que estuvimos juntos. Tomé el celular y llamé a Gustavo... _Hola..._ _Qué raro que me llames a esta hora._ Dijo Gustavo al contestar el teléfono._ ¿Pasa algo?_ _No, te llamaba para avisarte que quizás llegue un poco tarde._ _¿Me estás pidiendo permiso?_ _No, quería avisarte, sólo eso..._ _Bueno_ Cortó el teléfono molesto. Me sentí como una niña, busqué minuciosamente la ropa que usaría para el encuentro. Estaba nervioso y la culpa por mentirle a Gustavo no me dejaba tranquilo, a tal punto que casi llamo a Miguel para cancelar la cita. Pero seguí adelante. jueves 19 de octubre de 2006 Hoy lo vi acercarse, bello y radiante. Hasta ese momento sentí dudas si seguir con este juego. _¡Nacho, llegaste!_ Dijo tan eufórico que lo único que pude hacer fue respirar hondo y acercarme a él... _Hola, ¿Cómo estás?_ Respondí estirando mi mano derecha. _Uy, que andas machito hoy..._ _No seas pelotudo._ Lo miré sin que su broma me causara la menor gracia. _¿Y, no me vas a dar un besito?_ Siguió él.
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_Miguel, no me wevees, vamos mejor..._ Llegamos al Pub que suelo ir cuando quiero estar solo. Una hermosa mujer nos indicó la mesa, Miguel se mantenía de pie, esperando seguir mis pasos. Al ver que yo me sentaba un tanto “alejado” de él. Acercó su silla y la puso prácticamente pegada a la mía. _¿Para qué querías verme?_ Le pregunté. _¿Ahora necesito motivos para querer verte?_ _Mira, Miguel, ya somos grandes, no trates de jugar con las palabras. Dime qué onda y ya._ Respondí serio. _Nacho, no pasa nada, sólo quería verte, conversar... Eso, ¿Por qué te pones a la defensiva? Yo no soy tu enemigo._ Nos quedamos callados, el aire se podía cortar con cuchillo. Al fin la garzona apareció entre las sombras con dos copas de licor dorado y hielo. Miguel la miró haciendo un guiño coqueto... _Tú no cambias._ Le dije _¿Y tú, sí?_ _Claro que he cambiado, y mucho..._ Contesté mirando hacia la ventana. La situación era absurda y se lo hice saber. _Miguel, creo que mejor me voy, esto no tiene sentido._ _No te vayas, tenemos que hablar, Nacho_ _¿Y para qué, Miguel? Nada volverá a ser como antes..._ _Ignacio, yo aún te amo..._Dijo interrumpiéndome _Nacho, estos días no he dejado de pensar en ti._ Mis ojos se mantenían fijos en la ventana, queriendo salir volando por ella. Escuchaba sus palabras y no sabía qué sentir. Todo era tan confuso: la imagen de Gustavo, las manos de Miguel... ¡Ya no aguanto más...!

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_Miguel, no juegues conmigo de nuevo_ Dije apretando su mano y mirándolo de frente. _No estoy jugando._ Replicó serio._ Jamás jugaría con algo así._ Por un momento tuve el impulso de decirle que yo también lo amaba, que siempre lo he amado. Todo esto era muy raro, estar ahí con Miguel, escuchar otra vez su declaración de amor. Un silencio gigante nos rodeaba paralizando el tiempo. Cubrió mis ojos de cristal y saqué un papel doblado: _Quiero que escuches algo, por favor no me interrumpas mientras hablo, ¿Puede ser?_ _Claro..._ Aseguró sin entender mucho. _Esto lo escribí hace tiempo, lo hice una tarde en la universidad. Pensando en ti..._ Él se mantenía en un obediente silencio. “He conocido la felicidad absoluta, vi una luz mágica delineando tu cuerpo... Mis brazos abiertos recibieron tu mayor orgasmo. Supe de ti y de mí como un todo inseparable, sostuve tu reflejo danzando sobre mi sombra, fuimos uno. ¡¡¡Juramos serlo...!!!!! Hoy te encuentro en el fondo del sol y dejas ciegos mis ojos, que son tuyos... Ya no estás, ya no estás, ya no estás... Caen mis parpados y espero hasta que extiendas tus alas y decidas volver...” Cada palabra que pronuncié fue una aguja tatuando mi alma con tintas indelebles. Casi no me salía la voz, no podía pensar. Pasando sobre la mesa, afirmé su cabeza con ambas manos y bese sus labios con fuerza, con rabia, con dolor, con amor.
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Una pareja que hace rato nos observaba hizo un sonido de evidente malestar. _¡Te Aaaaaamooo!_ Le grité muy fuerte. Todas las miradas, todos los murmullos, todas las risas, y, además, el desagrado de los que estaban ahí apuntaban hacia nosotros. Sin importar lo que se escuchaba decir, Miguel y yo nos abrazamos felices, rodeándonos los dos con la alegría que tienen los niños al recibir un regalo. _Te amo, Miguel..._ Volví a decir ahora casi como un susurro en su oído. _Y yo a ti_ Dijo. Salimos del bar de la mano. Los ojos ajenos y castigadores ya no eran tema. Había sólo una cosa que no me dejaba ser totalmente feliz... Gustavo, ¡cresta! ¿Qué voy a hacer con Gustavo? ¿Qué mierda le voy a decir...? _Nacho, ¿Cuándo vas a hablar con Gustavo?_ Lo escuche decir como si leyera mis pensamientos. _No lo sé, es muy difícil. No quiero hacerle daño._ _Sí, te entiendo, pero más daño le harías si se entera de otra fuente que tú y yo estamos juntos de nuevo..._ Sentí miedo, los latidos se detuvieron en mi pecho por unos breves segundos. Cuando volví de esa tan extraña arritmia, me colgué de su cuello y lloré, lloré como un niño... domingo 22 de octubre de 2006 He triturado mis neuronas de tanto pensar. No puedo mirar a Gustavo como antes y él lo ha percibido. _¿Qué pasa, Ignacio?_ Interrogó serio mientras comíamos. _Nada_ Respondí sin mirarlo. Mis ojos se llenaron de lágrimas inconsolables. Volví a llorar, lloré con pena, con dolor, con una puta culpa que me estaba matando.
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_Gustavo, tenemos que hablar..._ _No creo que sea necesario._ Alegó. _Sí, Gustavo, tenemos que hablar, es necesario que me escuches._ Le dije entre hipos y lágrimas que me quemaban como ácido. Gustavo se paró de pronto y vi su rostro como el de mi madre. Sentí miedo y mi llanto se volvió histérico. _¡Cálmate...!_ Gritó. Se sentó en la cama y se puso los zapatos, mudo. _¿No me vas a preguntar nada?_ No, respondió, vació su copa de vino y salió de la pieza. Quedé solo con el llanto atrapado en mi pecho. El cuerpo, que parecía muerto, cayó tendido sobre la cama. No quise escuchar las estúpidas voces que brotaban desde el televisor, sin embargo, no era capaz de mover la mano y tomar el maldito control remoto que reposaba sobre la cama. No quería sentir en ese momento. Recogido como un feto me hundí entre las sábanas y me dormí. A la mañana siguiente, mis ojos olían a llanto y la saliva espesa colmaba mi boca casi exigiéndome un poco de agua. Tomé el vaso que cada noche Gustavo deja en su velador y lo bebí sintiendo en mi lengua las burbujas que se desprendían del cristal. Decidí, entonces, meterme a la ducha. Otra vez el agua, casi hirviendo, laceraba mi espalda y volvían las imágenes... Toqué mi cuerpo, lo recorrí durante mucho rato, ahí, bajo el agua. Toqué mis pechos, mis muslos... Acaricié con amor mis pies sumergidos. Cuando llegué hasta mi pene que, fláccido colgaba entre mis piernas, lo tiré muy fuerte y quise arrancarlo desde su raíz... ¡¡Por qué, por qué, por qué!!_ Bramé ahogándome bajo la ducha.
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En ese momento volví a llorar, lloré hasta agotar mis lágrimas. Salí de la ducha con el cuerpo hinchado y rojo. En el espejo pude verme de frente. Pude mirarme desnudo, descubrirme débil, entenderme frágil. Tuve pena de mí. Algo me invadió por dentro y corrí hasta la pieza y con el cuerpo aún mojado y humeante me tiré a la cama y llamé a Miguel. _Hola ¿Y esta sorpresa?_ _Miguel, te amo._ Dije tan seguro como de mi nombre. _¿Qué?_ _Tengo que verte ahora. Te necesito Miguel, por favor._ Le supliqué. Cuando lo vi aparecer, corrí hacia él y me aferré a su cuello intentando retrasar por unos instantes mi desconsuelo. Miguel cogió mi cara y me besó suave la frente. _¿Qué pasa, amor? ¿Quién te hizo daño?_ Preguntó mientras sostenía mi nuca y con ella... Mi alma. No podría decir, exactamente, cuánto tiempo fue que me mantuve colgado de su cuello... De pronto, me vi entrando de su mano en un motel. Ésta vez aislé mi sentido de la razón y me deslicé como una sombra en ese lugar clandestino de luces bajas y secretos infinitos e incontables... Al entrar a la pieza alquilada por horas, la sangre dejó de correr por mis venas, sentía una espesa sensación. Observaba todo, con los ojos muy abiertos. De la misma forma que miré la sala en mi primer día de clases. Miguel estaba ausente y yo no quería estar solo... _¿Quieres tomar algo?_ Pregunté rompiendo el silencio. _Sí, gracias._ No era necesaria tanta formalidad. Pero seguí su juego.
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_Yo voy a tomar cerveza, ¿Qué quieres tú?_ _Lo mismo..._ Con las dos botellas frías en la mano me acerqué a Miguel. Él en tanto me miraba desconcertado, seguía de pie frente a mí, o lo que quedaba de mí. _Estás muy raro. Nacho, ¿Tomaste algo?_ _No ..._ _Te conozco desde siempre y no puedes decirme que no te pasa nada_ _Necesitaba estar contigo, sólo eso..._ Un poder superior se apoderó de mí y de mi alma. La electricidad volvía a subir por mis pies atravesando mi cuerpo justo por su centro. Avancé hasta estar tan cerca de Miguel que logré ponerlo nervioso, trató de sonreír, pero no pudo engañarme, sé que en ese momento se sintió extraño, quizás algo cohibido por mi atrevimiento. Saqué la botella de sus manos con mucha delicadeza, dejándola junto a la mía, acercándome cada vez más, acariciando su pecho tibio. Él entendió que no podía resistirse a este amor prohibido. Besó mis labios. Muchos años retrocedieron en mi cabeza. Pude vernos a los dos, teniendo quince años. Tocando nuestros cuerpos como hoy, como siempre. Miguel abrió la boca y deslizó su suave lengua como aquella primera vez, como ese primer y maravilloso beso. _Te amo tanto..._ Le susurré mientras él lamía mi espalda. _No existirá nadie en el mundo que te ame como yo lo hago Miguel, nadie..._ _Lo sé, lo sé..._ _Miguel_ Le dije _Cuando yo me vaya, cuando no vuelvas a verme, quiero que sepas que siempre te amé desde que éramos unos niños, que cuando estuve con la Vale, weón, estaba pensando en ti, en ti porque ya te amaba..._
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Miguel penetraba mi cuerpo al ritmo de mis palabras. Su miembro entraba y salía con la suavidad de la seda. _Te adoro..._ Me decía cada cierto rato, y yo me veía en el paraíso. De pronto las lágrimas comenzaron a asomarse por mis ojos, sabía que era nuestra última noche, que al abrir los ojos todo habría terminado. Lloré en silencio, con mi llanto silenciado por la almohada y mi espalda cubierta por su cuerpo. Una sensación sublime comenzó a brotar por mis poros, por mi piel, sentí que entraba en una extraña hipnosis. Los gemidos de Miguel en mi oído prendían mi pasión. Yo danzaba bajo su pelvis, sintiendo el roce de sus vellos crespos en mis glúteos, abriendo cada vez más mi cuerpo entregado a él. Aferró sus manos a mis pechos y presionó tan fuerte que sufrí un dolor mágico. Levanté un poco más mi coxis... _¡Te amo!_ Grité al mismo tiempo en que él propaló un gemido que hizo temblar las paredes, mientras yo me derramaba sobre las sábanas negras, el vertía toda su esencia dentro de mí... Besó mi nuca y se tendió a mi lado. Nos miramos y comenzamos a reír. Reímos, nos abrazamos y lloramos. Siempre he pensado que Miguel, al igual que yo, sabía que era nuestra última noche. Habíamos tenido sexo muchas veces, sin embargo, jamás habíamos hecho el amor de aquella forma, entre risas de reencuentro y llantos de despedida. No recuerdo ninguna frase dicha por ninguno de los dos en ese momento. Tan solo aromas, formas y sonidos vienen a mi mente al recordar aquella última noche. Salí de la cama despacio, antes de ver salir el sol. Miguel dormía con rostro de paz. No pude dejar de ocupar algunos segundos para mirarlo ¡Era tan bello, tan perfecto! Me acerqué y besé su frente. _ Te amo, Miguel..._ Le dije Miguel pareció moverse y yo me aleje.
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Sin hacer ruido, me vestí en el baño y desaparecí para siempre. Recuerdo que caminé mucho, podría haber tomado un taxi y así llegar rápido a mi destino. En cambio, caminé. Las calles estaban vacías, uno que otro auto pasaba sin advertir mi presencia. _¿Tienes un cigarro...?_ escuché decir a mi espalda. Me giré a la defensiva. _¿Qué?_ _Que si tienes un cigarro, quiero fumar._ Me dijo la voz gastada de un anciano mendigo. _No, no fumo._ Mentí y seguí mi camino. _¿Dónde vas tan temprano? ¿O de dónde vienes?_ Quise no escucharlo y apuré mis pasos, pero el anciano avanzaba a mi ritmo, siempre detrás de mí y no paraba de hablar cerca de mi oído, haciéndome oler a la fuerza su corpóreo y desagradable “perfume”. _¡¿Qué mierda quiere, señor?!_ Grité de pronto deteniéndome sin aviso. El rostro del hombre daba la sensación de no alterarse con mis gritos, seguía mirándome con los ojos fijos. _No sé de qué me está hablando, señor._ _Sí que lo sabes..._ Usaba un tono sarcástico que me irritaba. La presencia de aquel hombre me produjo pánico. Su aspecto y fétido olor me perturbaban enormemente. Corrí muy rápido sin mirar para atrás. En mi mente aparecía Miguel y Gustavo. Todo se me fue a la mierda ¡Aún sigo amando a Miguel ¡ Una triste calma llego a mí de pronto...
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Al fin llegué a mi departamento, a la paz de mi espacio. Sobre la mesa de comedor vi un papel : “ Ignacio: He preferido escribirte, porque no creo que sea capaz de mirarte otra vez a la cara. Quizás el error fue mío, siempre supe que si volvía Miguel, tú me dejarías por él. En realidad, dejarías a cualquiera por él. Siempre lo amaste. Nacho, no creas que te odio, no podría hacerlo jamás, los momentos en que tú y yo estuvimos juntos son lo más hermoso que he vivido. No te sientas culpable. Yo, en tu lugar, habría hecho lo mismo. Siempre tuyo, Gustavo.” Tome la nota y la rompí en mil pedazos. Sentía rabia, él no debía amarme, nadie debía amarme. De pronto, me surgió un impulso por mirar fotos de mi madre, de mi padre, de la Vale, de la abuela... Toda mi vida parecía recuerdo. Lloré con hipo, tranquilo, histérico, doloroso, lloré mil formas de llanto. Todo se había terminado. Gustavo había sacado toda su ropa y cosas personales. Comencé a recorrer el departamento y en la paredes había demasiados espacios vacíos. Gustavo sacó sus cuadros, sus libros, su música... Entré a la pieza y me senté en la cama, sobre ella había un paquete de regalo. Lo tomé como si su contenido se rompiera con cualquier mal movimiento. Dentro encontré un disco de Miguel Bosé y dos varas de incienso. Junto con eso, una nota: “Ignacio, te dejo este disco, sé que te llena de recuerdos. Los inciensos son para que los prendas cuando me extrañes. Tienes permiso para extrañarme tan solo dos veces en tu vida... Que seas muy feliz. Gus.”
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Toda la escena era irreal. Caminé hasta el living, puse en la radio el disco recién obsequiado. Llené casi completa una copa de vino que perfumó la habitación con dulce aroma a frutilla. Me senté en el suelo con la copa en la mano mientras en mis oídos entraba la incitante voz de Bosé. Bebí el vino. No podía quedarme ahí, en cada rincón de ese departamento había algo de Gustavo y de mí. No sería capaz de irme, tenía tantos recuerdos dando vueltas. Encendí las varas de incienso juntas, no quería volver a pensar en Gustavo, ni en nadie. La música seguía sonando. El tiempo avanzaba y el sol se colaba por el gran ventanal que entregaba una vista privilegiada de la imponente cordillera. El celular comenzó a sonar en alguna parte, esperé un rato y con las piernas cansadas avancé hasta tenerlo en mis manos. Ya no sonaba... “Llamada perdida de Miguel” anunciaba la pequeña pantalla. Pude haber devuelto la llamada, pero no lo hice. Volví a beber de la copa frutal e instalé el celular frente a mis ojos, sabía que Miguel insistiría hasta que yo le contestara el teléfono. Recién comenzaba a sonar el tema que nos pertenecía a Miguel y a mí cuando la luz se encendió titilante y la melodía de Led Zeppelín que caracterizaba a mi móvil sonó cada vez más fuerte. Lo conozco desde siempre, sabía que no se rendiría y él sabía que yo no respondería, por lo mismo me envió un mensaje “Tomate todo el tiempo que necesites... Te amo...” Mi rostro se sonrojó inconsciente, incluso, creo que mis labios esbozaron una sonrisa. martes 24 de octubre de 2006 Hoy, durante el día estuve oculto del mundo como dentro de una burbuja... Escuche mil veces el disco que Gustavo me había dejado de regalo antes de irse para siempre. Sabiendo que los recuerdos que me evocaba, eran, precisamente, de quien me había separado de su lado. Había tomado algo más de dos botellas de vino cuando con el sol del ocaso me venció el sueño, la borrachera, el cansancio... Y me dormí acurrucado como feto sobre la alfombra.
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Desperté con el canto de mi celular, apenas abrí los ojos para ver la pantalla colorida, Miguel volvía a insistir. No me pareció apropiado responder su llamada. Ya bastante daño le había causado a Gustavo como para celebrar su muerte corriendo a los brazos de Miguel. Me paré de golpe y encendí todas las luces del lugar, volví a hacer sonar el disco de Bosé y aumenté su volumen. Sin cuidado saque la ropa que aún quedaba en el clóset que compartí con Gustavo. Puse la ropa dentro de una mochila, algunos libros y mi compu, repleté los rincones con el máximo de cosas que creí que podría necesitar o bien conservar conmigo. En tanto, sobre la mesa se prendía cada cierto rato la música de mi celular, siempre era Miguel. No contesté ninguna de sus llamadas. Recorrí por última vez el departamento, tomé una chaqueta gruesa y luego de abrigarme más de lo necesario, colgué de mis hombros la gran mochila, crucé un bolso en mi cuello guardando en el otra botella de vino (previamente abierta) Detuve el disco de golpe, miré hacia atrás por última vez y salí cerrando la puerta con llave. Me sentía ebrio, caminé por el corredor en silencio viendo todo como por primera vez. Antes de subir al ascensor escuché, nuevamente, sonar mi teléfono, decidí responder... _¡¿Nacho, dónde estás?!_ La voz de Miguel sonaba agitada. _En mi casa..._ Respondí con la lengua traposa. _Necesito verte ¿Qué pasa ahora, Nacho?_ Miguel, voy saliendo, hablamos después_ Le dije y subí al ascensor. El teléfono sonaba incesante y “Escalera al Cielo” colmaba el edificio en el silencio de la noche. Caminé desorientado, las calles se me hacían eternas y desconocidas. Avance por el Forestal que a esa hora era algo completamente surrealista. De pronto, sin darme cuenta, un ser de género indefinido se acercó a mí para ofrecerme sus “servicios”. Lo miré directo a los ojos y pese al falso colorido que ostentaba, vi en ellos algo especial.
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_No, gracias_ Contesté e intenté seguir mi errante camino. _Lolo, espera... Dijo su voz y los tacones que golpeaban el suelo se acercaban apurados. _No quiero sexo, lo siento._ Le expliqué mientras me sentaba en una banca del parque. _No quiero sexo nunca más en mi vida_ Le dije y me puse a llorar. El travesti se conmovió con mis lágrimas y tomando mi mano se sentó a mi lado... “ Por tirar cobro, por escuchar, no...” Dijo. Lo abracé como a mi madre y llore en su hombro, desconsolado. De su cartera sacó un “pañuelito desechable” y me limpió los mocos y lágrimas que chorreaban por mi nariz. _Yo lo amo..._ Confesé entre gimoteos dolientes_ Siempre lo he amado. _¿Quieres vino?_ Le ofrecí, tomé la botella y mi improvisada “amiga” soltó una carcajada cuando vio que el vino ofrecido era caro. “Los ricos también lloran” me dijo antes del primer sorbo. Me ofreció un cigarro que acepté ansioso. _¿Sabes lo que pasa?_ Comencé a decir completamente ebrio. _Yo siempre estuve enamorado de Miguel...Desde niño_ Recalqué. _Pero él no te ama ¿Verdad?_ _¡Sí!_ Grité. _Sí, me ama..._ Mi llanto era cada vez más intenso y con mis dedos apretaba la mano del travesti que también lloró mi dolor. _Y si los dos se aman, ¿Cuál es el problema?_ Quiso saber.

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_El problema es que nunca podremos estar juntos ¡Soy un idiota! Mis bramidos despertaron al perro que dormía bajo la banca del parque. _No te culpes, lindo ”El tango se baila de a dos”. Seguro que no todo es culpa tuya._ En su voz percibía también dolor. Hablé con él durante mucho rato, le confesé mi infidelidad con Gustavo. La pena que me provocaba mi madre, le hablé de mi padre, siempre ausente. Mi “nueva amiga” me escuchaba con los ojos falsos y fijos. Nos bebimos el vino y fumé más que de costumbre. Nuevamente, el sol tibio de primavera colmaba las copas multicolores de los árboles. _Debo irme_ Le avisé _Gracias por escucharme._ _¿Te puedo dar un consejo?_ Dijo con sus toscos labios ya sin pintura. _Llámalo, hablen. Mira, precioso, si se aman, si lo amas de verdad, nada ni nadie podrá separarlos. Es como una ley “El amor nos fortalece...”_ Justo en ese momento sonó mi celular que ya anunciaba “batería baja” _Respóndele_ Ordenó mi “amiga”. Con el aparato vibrando en mi mano la mire y presioné la tecla verde. _Aló..._ Contesté despacio. _¡¿Ignacio, por la cresta, qué te pasa?!_ Oí fuerte del otro lado. La voz no me salía, no supe qué decir y corté. Me abracé a mi fugaz “amiga” y besé su mejilla. _Gracias de nuevo, por todo..._ _No te preocupes, las putas no sólo servimos para follar ¿Nunca has oído eso de que las putas son las mejores sicólogas?
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Anda hermoso, gana la pelea, dile que lo amas..._ En mis labios se pintó una sonrisa. Abrí la mochila y saqué un libro de Gonzalo Rojas, “La Miseria del Hombre”. Durante un rato me quedé mirándolo. _¿Te gusta la poesía?_ _Claro, me gusta mucho._ Abrí el libro, busqué “Perdí mi Juventud” y se lo leí. Cuando terminé de leer lo cerré. _Toma_, dije extendiendo mi obsequio, _esto es para ti. Cada vez que abras estas páginas y vueles con la poesía, acuérdate de esta noche._ _Gracias, así lo haré..._ Besó suavemente mis labios y yo comencé mi marcha. _ Cualquier cosa, estoy siempre aquí, ¡Pregunta por Afrodita!_ Gritó. Yo levanté mi mano sin volverme para mirarla. Subí a una micro y viendo por la ventana alejarse el paisaje tomé mi teléfono y lo llamé... _Miguel, escúchame_ Dije antes de que él pudiera hablar. _Miguel, ahora voy a tomar un bus, me voy a la playa..._ _Nacho, amor..._ _Ahí voy a estar un tiempo_ Seguí interrumpiendo su frase. _Te amo, Miguel._ Terminé sin querer oírlo.

miércoles 25 de octubre de 2006 El viaje se me fue en el sueño. De pronto el auxiliar tocó mi hombro sobresaltándome. _Llegamos joven_ Dijo. Me colgué la mochila en la espalda y caminé despacio sintiendo la fresca brisa marina sobre mis ojos hinchados.
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domingo 29 de octubre de 2006 Hoy me he sentido extraño todo el día, me cuesta a veces entender por qué soy como soy. Tantas veces he cuestionado mi sexualidad. Me parece insólito que viviendo en un país que se dice “desarrollado”, aún sigan existiendo prejuicios en contra de los homosexuales. Me acordé de aquella conversación que tuvimos con José Luís hace tanto tiempo atrás. ¡Qué ganas de ser tan libre como él! Cada cierto tiempo me da vueltas en la cabeza la idea de que si yo hubiera sido heterosexual, como esperaban todos, quizás las cosas serían más fáciles, pero no puedo ser quien no soy… La verdad es que extraño a mi madre, a mis primos, incluso, a la odiosa de mi abuela. ¿Por qué no querrán entender que mi opción sexual no tiene nada que ver con ellos, que soy un tipo normal, que trabajo, estudio… que soy capaz de amar como lo hace cualquier persona? Pero ni mi madre, ni mi abuela, quieren entenderlo. Creen que soy gay solo por molestarlas. Incluso mis tías evitan que tenga contacto con mis primos chicos, como si se fueran a contagiar de algo. ¡Me da mucha rabia…mucha pena! ¿Por qué no me amarán como soy..? jueves 2 de noviembre de 2006 La casa de la playa nunca ha cambiado, los mismos muebles, los mismos cuadros, el mismo aroma. Puse a sonar el disco que me regalara Gustavo. Mi cuerpo cayó agotado sobre el sillón y derritiéndome con el calor de la música me dormí. Al despertar, sentí como si toda la vida fuera otra. Lavé mi rostro, me mire al espejo largo rato, acomodé mi pelo, llené una taza de oloroso café y con la taza en la mano salí a caminar. La arena de la playa abrazaba mis pies, a lo lejos, una pareja se amaba sin pudor.
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Saqué, mi cuaderno y mi lápiz (Siempre verde, como mis ojos) Intenté escribir algo sobre aquella pareja que gemía bajo el ocaso. No pude, me quedé con el lápiz en la mano, inmóvil. El sonido del mar y su canto amatorio... ¡Oh, qué trágicamente bello es el amor! Busqué dentro de mi billetera un pito que guardaba para una ocasión especial. Lo encendí con dificultad a causa del viento. Finalmente, el humo entraba en mis pulmones y subía hasta mi cabeza como el ascensor en un edificio moderno. De pronto la arena subió por mis piernas, como diminutos insectos, me llevaron hasta la orilla del mar interminable y fue, en ese momento, que logré comprenderlo todo... Mil cantos de sirenas, que eran yo mismo, me acunaban en un pensamiento repetitivo, como lo son todas las cosas. ¡Él volverá, él volverá! ¡Así lo han decidido los dioses! El agua revuelve cada una de mis neuronas, habitadas por seres que no son yo... Con los ojos cerrados voy viendo mil rostros que me muestran todas las caras del verdadero retorno, el definitivo. Siento en mí una transformación celestial, mágica, que me lleva a comprender todo lo que antes creí imposible, las olas mecen mi cuerpo inerte, casi infantil, que se entrega al movimiento armónico del océano, de sus recuerdos intactos y tan perfectamente reales como lo que jamás ha de existir. Sólo así, me tumbé en la arena aún tibia. Perdí la noción del tiempo hasta que una sombra oscureció mi rostro. Era Miguel. Restregué mis ojos como para salir de un sueño. Traía en sus manos un paquete con una gran cinta de regalo color turquesa. _Esto es para ti_ Me lo pasó besándome despacio. Yo no podía hablar, me limité a mirarlo con grandes ojos. _Nacho, esto es para siempre. Te amo._
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Escudriñé en silencio la bolsa de papel que dentro tenía un libro. Antes de sacarlo volví a mirar sus ojos y él sonrió “como a veces lo hacía”. La luz anaranjada del crepúsculo cubría a la pareja que suspiraba con sonrisa post coital. Era un libro pequeño. Quedé sin palabras mientras miraba el ánfora que decoraba la portada y Miguel se sentaba a mi lado... _“Los hombres también son de Venus”_ Leyó. Me colgué de sus ojos quietos. _¿Sabes algo, Miguel? A mí sí me gustan los hombres..._ Nos besamos hasta desaparecer sumergidos en el mar de nuestro amor, porque… LOS HOMBRES TAMBIEN SON DE VENUS.

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Danyela Castillo Murillo

Actriz y escritora autodidacta. Nace el 4 de enero de 1976, en Chile. Como hija y nieta de prestigiosos escultores chilenos, desde muy pequeña se ve ligada al mundo del arte. A los 11 años comienza a escribir y gana su primer concurso literario. El año 1999, publica ¿Dónde están nuestros derechos?, libro de línea educativa infantil, con más de cinco mil ejemplares distribuidos a lo largo del país.

El 2006, publica Fabricación en serie (cuentos cortos) y en 2009 escribe sus primeros poemas, los que agrupa con el nombre de Descubrimientos de iniciación, los mismos que declama en espacios públicos. Ese mismo año descubre su interés por el erotismo en la literatura e incursiona en este ámbito dando vida a Los hombres también son de Venus.

+info de danyela : www.lapollaliteraria.cl/danyelacastillo

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Libros Publicados por La Polla Literaria o de Pronta Aparición: Al Revés de los Cristianos, Poemas, de Marcelo Valdés La Puta Gana, Novela, de Gustavo Bernal Relatos Biolentos, Bolumen 1, Cuentos, de Adrián Barahona Dolores de Cabezas, Relato, de Pepe Calderón Radio Manini Remixes 2009, Antología, de Varios Autores Obscena, Literatura fuera de Escena, de Nikanor Molinares Los Hombres también son de Venus, Novela, de Danyela Castillo El Asco, Relatos, de Bruno Genovesio Ron al Seco, Fotografía, de Rufino Haag El Libro del Camino Eficaz. Tao, Poemas, de Miguel Edwards Rabiosa, Novela, de Gustavo Bernal Antología del Realismo Cuático, Relatos, Varios Autores Radio Manini Remixes 2010, Antologia, de Varios Autores

La Polla Literaria es un proyecto editorial autogestivo e independiente que surge en marzo de 2009 a partir de algunas delirantes conversaciones entre no menos deliriosos escritores. Era necesario editar, editar y seguir editando porque el fin de un texto no es otro sino ser leído. ¿Y cómo pasar por encima de la industria editorial? Después de horas de infructuosa ingesta alcohólica la respuesta descendió sobre nosotros. Era fácil. Asociándose con otro puñado de escritores y armando una Polla, La Polla Literaria.

Contáctanos : www.lapollaliteraria.cl

Consejo Editorial de la Polla Literaria (contacto@lapollaliteraria.cl): Adrián Barahona, Gustavo Bernal, Marcelo Valdés, Pepe Calderón. Asistente de Edición: Pablo Véliz. Diseño Gráfico, Diagramación y Web: www.visualhost. cl. Impresión: Carlos Fuentes Morgado, Hugo Fuenzalida, Denisse Gutiérrez Valdebenito. Encuadernación: Liliana Quevedo. Difusión y Ventas (ventas@ lapollaliteraria.cl): Rufino Haag, Pedro de Piedra, Radio Manini, Librería Ciudad Letrada, Librería Comuna Literaria.

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