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GUÍAS PARA MANEJO DE URGENCIAS TOMO III

GUÍAS PARA MANEJO DE URGENCIAS TOMO III

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Clara Inés Durán Rojas
Magíster en Enfermería Clínica
Enfermera Departamento de Urgencias
Hospital Universitario de la Fundación Santa Fe de Bogotá.

Esta guía utiliza la taxonomía de diagnósticos de enfermería de la NANDA (Nor-
th American Nursing Diagnosis) y los modelos de interrelaciones NANDA, NIC
(Nursing Interventions Classification) y NOC (Nursing Outcomes Classification).

OBJETIVO

Ofrecer a los profesionales de enfermería

algunos lineamientos para que además
de habilidades de pensamiento científi-
co, desarrollen actitudes, comportamientos y sen-
timientos con un nivel ético que les permita brin-
dar cuidado humanizado al paciente que acude a
los servicios de Urgencias.

INTRODUCCIÓN

El permanente desarrollo científico y tecnológico
en el ámbito de la salud ha hecho que los profe-
sionales de esta área se planteen retos para forta-
lecer los actos de curar y cuidar, ya que en ellos,
en pro de la ciencia, se tiende a desplazar el com-
ponente humano en la triada de atención (profe-
sionales, paciente, familia); pareciera que el valor
del uso de la tecnología, redujera a un simple pro-
blema biológico las múltiples facetas del sentido
del hombre, que ante un evento de pérdida de la
salud, desarrolla toda una serie de procesos para
luchar contra las adversidades de la vida, como la
enfermedad.

Estandarizar la humanización del cuidado resulta
difícil y complejo; sin embargo, esta guía busca
que el profesional de enfermería tenga en cuenta
que considerar las facetas humanas del cuidado,
es responder a la totalidad de las necesidades del
ser humano en relación con la vida, la salud y la
enfermedad.

HUMANIZACIÓN DEL CUIDADO

Hablar de humanización en el área de la salud es
una responsabilidad profesional ineludible, implí-
cita en el quehacer asistencial y vital para la ética
profesional.

La humanización del cuidado exige que la rela-
ción enfermera paciente sea dirigida al enfermo,
como ser único, con su historia personal; por
esto, el cuidado no puede estar desvinculado de
la multidimensionalidad del ser humano. Profun-
dizar en este tema significa hacer referencia al ser
humano como un todo, es decir, un ser racional,
biológico, emocional, espiritual y social, para fo-
mentar y proteger la salud, cuidar la enfermedad
y asegurar un ambiente cálido y seguro.

Guía para Manejo de urGencias

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La atención humanizada requiere la interacción
entre los conocimientos de la ciencia y los valo-
res del ser humano para poder establecer una
asistencia con calidad. Con este objetivo, las en-
fermeras deben preocuparse cada vez más, por
ser sensibles al sufrimiento, al dolor, la tristeza, la
desesperanza y a las diversas expresiones del ser
humano, así como, adquirir habilidades y destre-
zas para establecer una relación terapéutica con
el paciente, de la misma forma que el desarrollo
científico y tecnológico lo exige para intervenir en
el cuidado de la salud y la vida de las personas,
particularmente en sus eventos de enfermedad.

Para Collier, cuidar es la esencia de la enferme-
ría, es un acto de respeto y ayuda por la vida de
quien lo necesita y se define como el conjunto
de acciones para mantener la vida, asegurando
la satisfacción de las necesidades indispensables
para la misma, pero que son diversas en su mani-
festación.

Aunque cuidar, es una actividad constitutiva del
ser humano para protegerse o lograr cierto grado
de bienestar, cuando se abre a la perspectiva del
otro, se convierte en una práctica profesional tras-
cendente de acompañamiento en las dificultades
y crisis de la vida.

Cuidar es un acto sensible y dinámico que invo-
lucra conocimientos, valores, habilidades, sen-
timientos y actitudes con el fin de favorecer las
potencialidades de las personas para mantener
o mejorar la condición humana en el proceso de
vivir y morir.

Para la enfermera, cuidar adquiere significado
cuando se integran los elementos que se le atribu-
yen a la ciencia, la tecnología, el conocimiento de
la persona enferma y la organización sistemática
de la información, para planear, ejecutar y evaluar
las intervenciones de enfermería, con elementos
de una relación dialógica, tales como el respeto,
la comprensión, la ternura y el afecto.

RESPUESTAS DEL PACIENTE ANTE LA ENFERME-
DAD

La salud y la enfermedad no son valores absolu-

tos para conseguir o combatir en la vida, son las
formas a través de las cuales una persona da cur-
so a su existencia. En el momento de vivir la en-
fermedad, es decir, en el de sufrir una alteración
en su entorno interno (genético, fisiológico, psi-
cológico, etc.) o su entorno externo (emocional,
social, cultural, económico, etc.) la persona sufre
una reducción de sus capacidades de expresión,
movimiento y comunicación que amerita especial
atención.

La enfermedad se manifiesta de tres formas simul-
táneas: orgánica, emocional y social. La orgánica,
representa la enfermedad como tal y se describe
desde la anatomofisiopatología; la emocional,
está determinada por el estrés psicológico causa-
do por la enfermedad y la social se manifiesta a
través del significado atribuido a la enfermedad y
su entorno alterando sus relaciones sociales.

En muchas ocasiones, la enfermedad se acompa-
ña de una conmoción somática. Según AJ Jovell
“ocurre una activación del eje hipotálamo-hipofi-
siario-suprarrenal que produce un estado de aler-
ta reactiva, lo que se expresa en forma de miedo
a la incertidumbre. Esta situación de hiperreacti-
vidad emocional promueve la liberación de cor-
tisol y de hormonas adrenérgicas. Es importante
destacar que la activación o inhibición del deno-
minado eje adrenérgico puede estar influida en
la percepción subjetiva que tienen los enfermos
de su salud y del estado en que se encuentran y
por la capacidad de confrontación a situaciones
adversas. Todo esto hace que la persona enferma
presente dificultad en la adopción de estrategias
de confrontación, ante la amenaza atribuida a la
enfermedad y la adaptación a la nueva condición
del enfermo”.

La enfermedad se puede definir como una limita-
ción concreta del ser humano que se manifiesta
o se interpreta dependiendo de las características
propias del individuo, de los valores y de su en-
torno. Generalmente, la enfermedad se acompa-
ña de una fragilidad emocional que es innata en
cada persona y se puede expresar de diferentes
maneras, entre ellas encontramos:

Guía para Manejo de urGencias

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Angustia: es un estado afectivo de carácter pe-
noso y desagradable que aparece como reacción
ante un peligro desconocido o impreciso. Suele
estar acompañado por intenso displacer psíquico
y por pequeñas alteraciones en el organismo.

Ansiedad: vaga sensación de malestar o amena-
za acompañada de una respuesta autonómica,
cuyo origen es desconocido para el individuo;
sentimiento de aprensión causado por la antici-
pación de un peligro. Es una señal de alerta que
advierte de un peligro inminente y permite al indi-
viduo tomar medidas para afrontarlo.

Desesperanza: estado subjetivo en que la perso-
na percibe pocas o ninguna opción o alternativas
personales y es incapaz de movilizar su energía
en su propio provecho.

Estrés: es la respuesta automática y natural del
cuerpo a condiciones externas que perturban el
equilibrio emocional de la persona.

Temor: respuesta a la percepción de una amena-
za que se reconoce conscientemente como un
peligro.

Irritación o agresividad: hace referencia a un
conjunto de patrones de actividad que puede ma-
nifestarse con intensidad variable, desde la pelea
física hasta los gestos o expresiones verbales que
aparecen en el curso de cualquier negociación,
producida por la frustración e impotencia que le
produce no poder hacer nada por sí mismo, la
pérdida de control de la situación y los conflictos
internos generados por la enfermedad, como for-
ma de enfrentar la ansiedad.

Sufrimiento - aflicción: se presenta cuando el
origen de la enfermedad es desconocido, cuan-
do se cree que no puede ser aliviado, se han per-
dido las esperanzas o cuando el pronóstico de
su enfermedad es funesto. El sufrimiento, como
cualquier otra sensación, puede ser consciente
o inconsciente. Cuando se manifiesta de forma
consciente lo hace en forma de dolor, cuando es
inconsciente se traduce en agotamiento o can-
sancio.

CARACTERÍSTICAS DEL AMBIENTE HOSPITALA-
RIO

Los servicios de urgencias se caracterizan por
atender al paciente en forma rápida, oportuna y
eficaz, con el fin de identificar y tratar la enferme-
dad, aliviar el dolor y evitar complicaciones, de-
jando muchas veces de percibir otras necesidades
que experimenta el paciente, la incertidumbre, el
sufrimiento, el miedo, la ansiedad y la incomodi-
dad, frente a la enfermedad.

Con frecuencia y debido a la dinámica de los ser-
vicios de urgencias el paciente se relaciona con
diferentes individuos que conforman el equipo
de salud lo que dificulta lograr una comunicación
interpersonal estrecha, efectiva y fluida, y brindar
una atención donde se proyecte calidez, seguri-
dad y tranquilidad al enfermo.

En la atención del paciente en el servicio de ur-
gencias, independiente del nivel de complejidad
de la consulta, participan tres componentes; el
paciente, quien es el actor principal, el acompa-
ñante, generalmente un familiar o un amigo, y el
profesional de salud que lo atiende. Para lograr
una atención integral con calidad debe ocurrir
una interacción continua entre los tres, de tal
forma que el profesional proporcione sus conoci-
mientos, habilidades y calidad humana, el pacien-
te exprese sus sentimientos y valores y la familia
se haga partícipe del proceso de recuperación del
paciente.

ATENCIÓN DE ENFERMERÍA

Se refiere al conjunto de actividades objetivas y
subjetivas que componen el proceso de atención
de enfermería (PAE), prioriza los cuidados dando
respuesta a las necesidades humanas que se iden-
tifican a través de una valoración individualizada,
el cual favorece la organización de las actividades,
aumenta la efectividad de los cuidados al prescri-
bir acciones específicas orientadas a la resolución
o control de problemas, permite identificar las res-
puestas de las personas ante distintas situaciones
de salud, delimita la responsabilidad profesional y
facilita la comunicación inter e intradisciplinaria.

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VALORACIÓN DE ENFERMERÍA

Permite la obtención de información objetiva del
paciente y de su estado actual, edad, sexo, signos
vitales, signos y síntomas de la enfermedad, tiem-
po de evolución; antecedentes médicos, farma-
cológicos, tóxicos, relevantes (que puedan afec-
tar el estado de conciencia o causar alteraciones
mentales, emocionales y de comportamiento) e
información subjetiva como postura, apariencia,
facies, sentimientos, percepciones y actitudes.
Para obtener la información subjetiva se deben
considerar las siguientes actividades:

1 Indagar brevemente sobre la historia perso-
nal, familiar, social y cultural, inclusive hábi-
tos, estilos de vida, costumbres, a fin de iden-
tificar fortalezas y debilidades del paciente
que sean determinantes en el proceso de
aceptación y adopción de los cuidados de
enfermería e identificar la(s) persona(s) clave
que puedan ayudar en el proceso de recupe-
ración.

2 Interrogar al paciente y descubrir todo aque-
llo que lo hace sentir seguro, cómodo y prote-
gido, con el fin de que la enfermera cuide de
esos pequeños detalles que significan tanto
para el paciente y se permita cierto grado de
flexibilidad en los procesos de atención, sin
interferir en el tratamiento.

3 Identificar gestos, expresiones indicativas de
dolor, sufrimiento, culpa, negación, desespe-
ranza, confusión, para conocer sus necesida-
des actuales.

4 Identificar signos clínicos de alteración emo-
cional o de estrés como: el mutismo, voz
temblorosa, estremecimiento, inquietud, ta-
quicardia, polipnea, diaforesis, palidez gene-
ralizada, agresividad, tensión muscular.

5 Identificar síntomas como: náuseas, vómito,
diarrea, cefalea, cansancio, hormigueo, falta
de apetito, aumento de las quejas físicas, que
pueden ser manifestaciones de compromiso
emocional.

6 Explorar con atención la expresión de senti-
mientos de miedo, angustia, tristeza, confu-
sión, desencanto y escuchar con atención,
dando importancia a los mensajes verbales
y no verbales del paciente, tales como mu-
tismo, falta de contacto visual, indiferencia y
suspiros.
7 Comprender la información que el paciente
transmite e interpretar los significados atribui-
dos por el mismo a las diferentes situaciones,
de manera que la enfermera pueda recono-
cer los problemas potenciales del estado de
salud del paciente.
8 Identificar estímulos que son interpretados
como amenaza y que son generadores de
miedo, angustia e incertidumbre.
9 Identificar factores de riesgo y cambios tem-
pranos en la evolución clínica significativos
para la toma de decisiones y conductas tera-
péuticas rápidas con el fin de favorecer una
menor estancia del paciente en urgencias.

DIAGNÓSTICO DE ENFERMERÍA

1. Deterioro de la adaptación relacionado con
estado emocional intenso, las actitudes ne-
gativas hacia la conducta de salud, múltiples
factores estresantes, falta de apoyo social
para el cambio de ideas y prácticas saludables
y la falta de motivación para cambiar conduc-
tas.
2. Aflicción crónica relacionada con la muerte
de un ser querido, acontecimientos desen-
cadenantes como crisis en el manejo de la
enfermedad.
3. Afrontamiento inefectivo relacionado con
las diferencias de género en las estrategias
de afrontamiento, falta de confianza para
afrontar la situación, incertidumbre, inade-
cuado apoyo social por las características de
las relaciones.
4. Aislamiento social relacionado con la altera-
ción del estado mental, la incapacidad para
establecer relaciones personales satisfacto-
rias, conductas socialmente no aceptadas.

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5. Ansiedad relacionada con el conflicto incons-
ciente sobre los valores y metas esenciales de
la vida y las necesidades no satisfechas.
6. Ansiedad ante la muerte relacionada con la
negación y el miedo a la muerte y a la inmi-
nencia de la misma.
7. Conflicto de decisiones relacionado con la
percepción de amenaza a los valores perso-
nales, fuentes de información múltiples o di-
vergentes.
8. Conocimientos deficientes relacionados
con mala interpretación de la información,
limitación cognitiva y la falta de interés en el
aprendizaje.
9. Desesperanza relacionada con el abando-
no, la restricción de la actividad que crea ais-
lamiento, la pérdida de la fe en los valores
trascendentales, estrés prolongado y el dete-
rioro del estado fisiológico.
10. Deterioro de la comunicación verbal rela-
cionado con diferencias culturales, falta de
información, estrés y las condiciones fisioló-
gicas y emocionales.
11. Duelo anticipado relacionado con pérdida
de una persona u objeto significativo, la al-
teración en los hábitos de vida y la negación
del significado de la pérdida.
12. Síndrome de estrés del traslado relaciona-
do con aislamiento de los familiares, senti-
mientos de impotencia, barreras lingüísticas
y el deterioro de la salud psicosocial.
13. Negación ineficaz relacionada con la incapa-
cidad para admitir el impacto de la enferme-
dad y la falta de percepción de los síntomas o
peligros.
14. Deterioro de la religiosidad relacionado con
la enfermedad misma, la falta de seguridad,
ansiedad, miedo a la muerte y el afronta-
miento inefectivo de la enfermedad.
15. Sufrimiento espiritual relacionado con la so-
ledad, ansiedad, muerte y agonía propia o de
otros, cambios vitales en su vida y dolor.

16. Temor relacionado con la separación del sis-
tema de soporte en una situación potencial-
mente estresante como la hospitalización,
procedimientos hospitalarios, falta de familia-
ridad con el ambiente hospitalario y estímu-
los fóbicos.
17. Perturbación del campo de energía.

INTERVENCIÓN DE ENFERMERÍA

Acciones encaminadas a satisfacer las necesida-
des reales y potenciales del paciente:

1. Presentarse y saludar al paciente, preguntar-
le el nombre completo y la ocupación, de
tal manera que mostremos respeto por él al
tiempo que pueda identificar al profesional
que lo va a cuidar. De esta manera se inicia
una relación de empatía que favorecerá la co-
municación.
2. Llamarlo por el nombre (evitar utilizar nomi-
naciones por número de cama, tipo de pato-
logía, apelativos); la identificación de la per-
sona crea relaciones cercanas y disminuye el
riesgo de errores médicos.
3. Proporcionarle comodidad física y privacidad
durante la valoración y su permanencia en el
servicio; cubrirlo para guardar su intimidad y
pudor.
4. Respetar la individualidad; lo cual significa
que cada persona debe ser tratada como un
individuo único, con su propia historia perso-
nal, con sus atributos, necesidades, costum-
bres y deseos propios.
5. Mantenerlo informado y a la familia. Utilizar
un lenguaje coloquial, frases sencillas, com-
prensibles, acordes con cada persona y con
veracidad (el uso inadecuado de terminolo-
gía técnica conduce a malas interpretaciones
y aumenta la confusión del paciente).
6. Facilitarle el aprendizaje de la situación, ex-
plicarle cada procedimiento a realizar (cómo
y dónde se va a realizar, qué puede suceder
durante el procedimiento) y resolver las du-
das. Verificar el nivel de comprensión sobre la
información brindada, con el fin de disminuir

Guía para Manejo de urGencias

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los miedos, aclarar confusiones y brindarle
mayor seguridad. La prudencia es fundamen-
tal en los comentarios que se hacen frente a
la persona enferma.
7. Solicitar el consentimiento informado para
los procedimientos de enfermería.
8. Facilitar la comunicación a través de palabras,
gestos o silencios. Permitir la libre expresión
de sentimientos y reflexiones como el mie-
do, la ira, la culpa y la tristeza. Mantener una
actitud abierta y disposición para escuchar
todo cuanto el paciente quiera manifestar sin
inquietarlo, interpretarlo o juzgarlo, sin inte-
rrumpir ni dirigir la conversación, respetando
los silencios y las emociones que expresa.
9. Ser un puente de comunicación entre los
miembros del equipo de salud y la familia.
Establecer comunicación constante con el
paciente, para disminuir los sentimientos
contradictorios y las presiones psicológicas,
emocionales y sociales resultantes del even-
to.
10. Ofrecer un trato cortés, amable y alegre. Estos
comportamientos favorecen el acercamiento,
la confianza y la seguridad del paciente en la
enfermera.
11. Expresar solidaridad a través del contacto físi-
co afectuoso (caricia), palabras de aliento y el
diálogo; en otras palabras, mirar con calidez.
Estas actitudes muestran el afecto del profe-
sional hacia el paciente.
13. Dar apoyo emocional. Brindarle afecto since-
ro, palabras de ánimo y una sonrisa oportuna
le ayudan a aliviar las preocupaciones y a so-
brellevar la incertidumbre de la enfermedad.
14. Facilitar el duelo, potencializar la autoestima y
permitir el acompañamiento familiar cuando
el paciente lo necesite, por ejemplo, el pa-
ciente en estado terminal o el enfermo que
acaba de fallecer en el servicio de urgencias.
Buscar espacios privados dónde expresar
libremente sus sentimientos, emociones y
pensamientos.

15. El contacto físico, cálido y afectuoso, es decir,
tomarlo del brazo o la mano, compartir una
palabra, dan seguridad ayudan a tranquilizar
el paciente ansioso o deprimido.
16. La risa es la mejor medicina, reduce las con-
centraciones de adrenalina, mejorando el
estrés; activa el sistema inmune, incrementa
el umbral del dolor y es una forma de ejerci-
cio cardiovascular que mejora la circulación
y favorece la respiración. El humor favorece
que el paciente perciba, valore y exprese lo
que es divertido al punto de aliviar tensiones,
liberar sentimientos, facilitar el proceso en-
señanza - aprendizaje para enfrentarse a las
adversidades de la enfermedad y el ambiente
hospitalario.
17. Reforzar positivamente los cuidados y elogiar
los logros alcanzados para aumentar la au-
toestima.
18. Estimular el acompañamiento permanente
de la familia e involucrarla en el cuidado du-
rante la estancia en urgencias sin evadir las
responsabilidades propias de la profesión.
19. Ofrecer apoyo espiritual, reafirmar los valores
y respetar sus creencias religiosas.
20. Disminuir la ansiedad provocada por mitos y
creencias erróneas explicando con claridad y
sencillez los procedimientos.
21. Proteger los derechos del paciente.
22. Respetar los hábitos y costumbres, concilian-
do límites y cuidados, de tal manera que no
se ocasionen cambios radicales y no se im-
pongan cuidados y, sin embargo, se llegue a
acuerdos que favorezcan la salud.
23. Respetar los ciclos circadianos; en el día faci-
litar el descanso mediante la adecuación de
la luz y disminución del ruido. En las horas
de la noche crear un ambiente para dormir
(oscuridad y silencio), evitar actividades que
interrumpan el descanso, como limpieza del
área y toma de signos vitales.
24. Controlar algunos factores ambientales para
favorecer el descanso y la tranquilidad: tendi-

Guía para Manejo de urGencias

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do de cama; cambio de las sábanas cuando
estas estén húmedas o sucias; cambios de
posición; temperatura ambiente adecuada
(cobijas, calentadores de ambiente, evitar
exposición innecesaria a corrientes de frío o
calor) y evitar el exceso de ruido.
25. Realizar un seguimiento periódico de los pa-
cientes que se encuentran en la sala de es-
pera e informarles el tiempo de espera para
la valoración médica de acuerdo con la can-
tidad de pacientes y la situación del servicio.
Valorar de nuevo el paciente para identificar
de manera oportuna los cambios en su esta-
do clínico y tomar la decisión más indicada
para el bienestar del mismo.
26. Quitar o aliviar el dolor, escuchar y atender la
necesidad manifiesta; valorar las característi-
cas del dolor, los factores que lo aumentan
o lo disminuyen y administrar el analgésico
prescrito; no esperar a que el dolor se agudi-
ce para la administración de analgésicos.
27. Complementar los tratamientos con técnicas
no farmacológicas como la distracción, la re-
lajación, la lectura y la adopción de posturas
cómodas, entre otras.
28. Aplicar las medidas de prevención de caídas:
conservar las barandas elevadas, dejar el tim-
bre cerca, identificar tempranamente la ne-
cesidad de inmovilizar el paciente agitado,
utilizar los implementos de ayuda como es-
calerillas (facilitar el ascenso y el descenso de
la camilla), ofrecer la silla de ruedas.
29. Velar por la prestación de los servicios de
salud de manera adecuada y oportuna, más
allá de las limitaciones administrativas.
30. La humanización del cuidado va acompañada
de la valoración física, la realización de proce-
dimientos y el inicio de los tratamientos in-
dispensables para el alivio de la enfermedad
orgánica, por ende además de la valoración y
las intervenciones de enfermería menciona-
das es fundamental aplicar el conocimiento
científico en la planeación y ejecución de los
cuidados que requiere la persona enferma.

RESULTADO

1. Aceptación del estado de salud, afrontamien-
to de problemas, modificación psicosocial,
cambio de estilo de vida y motivación.
2. Autocontrol de la depresión, equilibrio emo-
cional, esperanza y resolución de la aflic-
ción.
3. Autocontrol de los impulsos y toma de deci-
siones.
4. Bienestar personal, habilidades de interac-
ción social, participación en actividades de
ocio y juegos.
5. Autocontrol de la ansiedad y el miedo.
6. Conocimiento de la actividad prescrita, cono-
cimiento de la enfermedad, tratamiento y sus
cuidados.
7. Autocontrol de la depresión, calidad de vida,
deseo de vivir, esperanza.
8. Resolución de la aflicción.
9. Adaptación a la hospitalización y preparación
para el alta.
10. Control de síntomas y percepción de amena-
za para la salud.
11. Salud espiritual.
12. Esperanza.
“Ser enfermera implica utilizar los conocimientos,
habilidades y actitudes para emitir juicios clínicos,
solucionar problemas y realizar tareas en bene-
ficio de los pacientes, en otras palabras, es, ser
científicamente conocedora, técnicamente com-
petente, prácticamente responsable y emocional-
mente capaz de afrontar las situaciones de crisis
en el proceso de cuidar. Por esto la enfermera
siempre debe mantener una actitud de toleran-
cia, sensibilidad, respeto y amor hacia el paciente”
(Zabalegui, 2003).

LECTURAS RECOMENDADAS

1. Aguarón M. Intervención de enfermería en
la persona en coma y su familia. Rev Rol Enf.
2000; 23: 688-694.

Guía para Manejo de urGencias

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2. Armelin M. Apoio emocional as pessoas hos-
pitalizadas. Escola de Enfermagem de Ribei-
rao Preto - Sao Paulo. Tese. 2000.
3. Bettinelli LA, Waskievich J, Ermandd AL. Hu-
manizacao no ambiente hospitalar. O mundo
da saude 2003; 27:2.
4. Collier MF. Promover la vida. De la práctica
de las mujeres cuidadoras a los cuidados de
enfermería. Editorial Interamericana McGraw-
Hill. Madrid, 1993.
5. Da Silva L. Cuidados de enfermería: el senti-
do para enfermeras y pacientes. Revista de
Enfermería de Chile. Universidad de Concep-
ción, 2002.
6. Davis A. Las dimensiones éticas del cuidar de
enfermería. Enfermería Clínica 2001; 9:21-34.
7. Durán M. La condición humana en el cuida-
do. Rev Rol Enf 2007; 30(4) 283 -288.
8. Jovell AJ. Enfermería basada en la afectividad.
Rev Rol Enf 2007; 30(5): 332-338.

9. Redrado JL. Humanización en salud. Editorial
Pastoral de Salud. Sao Pablo, 2003.

10. Sadala M. Oferecimento de apoio ao pacien-
te submetido a cirugía cardiaca: abordagem
humanizada do cuidar. Rev Soc Card. 2000;
5:1 - 5.

11. Sánchez Y, De la Fuente A. El arte de enseñar
a cuidar, esencia en enfermería. Med Pal Ma-
drid 2000; 7:157-160.

12. Tobo N. Fundamentos y técnicas para el cui-
dado de Enfermería. En L Barrera, N Pinto y
B Sánchez. El arte y la ciencia del cuidado.
Editorial Universidad Nacional de Colombia.
Unibiblos. Bogotá, 2002.

13. Yacente A. El humor como parte de los cui-
dados: ¿falta de respeto o algo maravilloso?
Nursing 2007; 25(5):34-35.

14. Zabalegui A El rol del profesional de enferme-
ría. Rev Aquichan 2003; 3(3):16 – 20.

DECIMOCUARTA PARTE

ASPECTOS ÉTICOS
Y MEDICOLEGALES

587

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