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La Institucion de la Ley Biblica, Tomo 1

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Rushdoony's Institutes of Biblical Law, Volume 1 in Spanish
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06/10/2015

Una ley importante, citada en Deuteronomio 19:14, tiene referencia básica-
mente al octavo mandamiento: «No hurtarás». Esto es evidente en el pasaje tanto
como en referencias posteriores a la ley:

En la heredad que poseas en la tierra que Jehová tu Dios te da, no reduci-
rás los límites de la propiedad de tu prójimo, que fjaron los antiguos (Dt
19:14).

Maldito el que redujere el límite de su prójimo. Y dirá todo el pueblo: Amén
(Dt 27:17).

Traspasan los linderos, roban los ganados, y los apacientan (Job 24:2).

No traspases los linderos antiguos que pusieron tus padres (Pr 22:28).

No traspases el lindero antiguo, ni entres en la heredad de los huérfanos;

Porque el defensor de ellos es el Fuerte, el cual juzgará la causa de ellos contra
ti (Pr 23:10, 11).

La referencia a la propiedad es obvia, pero también hay una referencia a la conserva-
ción de la herencia. Hay que preservar la herencia, una herencia de tierra. Pero, con
razón, estas referencias en Deuteronomio y Proverbios se han tomado cómo que se
referen a un hecho más amplio, un respeto por los hitos morales, espirituales y so-
ciales de nuestra herencia en el pacto de Dios. W. F. Adeney vio en Proverbios 22:28
una referencia a los títulos de propiedad, de historia, de doctrina y de moral1

. Hay
base bíblica para esto en que Oseas 5:10, al citar la apostasía religiosa y moral de la
nación y la corrupción de sus dirigentes, dice, «Los príncipes de Judá fueron como
los que traspasan los linderos; derramaré sobre ellos como agua mi ira». De este ver-
sículo Reynolds y Whitehouse observaron: «Ellos (los príncipes de Judá) derribaron
la barrera entre el bien del mal, entre la verdad y la falsedad, entre Jehová y Baalim»2

.
Esta es la importancia de esta ley con referencia a la sexta palabra-ley: «No matarás».
Destruir la barrera entre el bien y el mal, entre la verdad y la falsedad, y entre Dios y
los falsos dioses, es asesinar a la sociedad y matar su herencia más básica.
La remoción de los hitos ha sido una tarea principal de la educación y la polí-
tica en años recientes. De la educación, Black, al hacer un análisis de la educación
de Estados Unidos de América en el siglo XIX, escribió:

Al mirar hacia atrás a esos años, podemos ver que los libros de texto y las
escuelas mismas sostenían la ética puritana como su principio moral básico.

1

W. F. Adeney, en H. D. M. Spence y Joseph S. Exell, The Pulpit Commentary: Proverbs (Anson
D. F. Randolph, Nueva York, n.f.), p. 431.
2

H. R. Reynolds y The Rev. Prof. Whitehouse, «Hosea» [«Oseas»], en Ellicott, V, 421.

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Fue esta ética lo que forjó y unifcó a la nación. «El juicio de valor», escribe
Ruth Miller Elson, «es su más valioso inventario: amor al país, amor a Dios,
obligación con los padres, y la necesidad de cultivar hábitos de frugalidad,
honestidad y trabajo arduo a fn de acumular propiedad, la certeza de pro-
greso, la perfección de los Estados Unidos. Estas cosas no hay que cuestionar.
Tampoco en todo este siglo de gran cambio externo hay alguna desviación de
estos valores básicos. En arreglos pedagógicos el libro de texto de la década
de 1790 es ampliamente diferente del de 1890, pero el continuo de valor es
ininterrumpido. […] El niño debe aprender ética al aprender información
en cuanto a su mundo, incuestionablemente, de memoria. Su conducta no
debe ser dirigida desde adentro, ni dirigida por otros, sino dictada por la
autoridad y aceptada pasivamente».
Así entramos al siglo XX3
.

Esta descripción de los libros de texto del siglo XIX no es justo en algo de su
terminología, pero es acertado al describir la diferencia entre los libros de texto y
escuelas de entonces y las del presente siglo. En lugar de una moralidad cristiana,
se enseña una ética relativista; en lugar de un respeto por los hitos de la sociedad
cristiana (nunca vistos como «perfección» sino como un intento de hacer realidad
el orden santo), se enseña un desprecio por el pasado. Esto se ha hecho en el nom-
bre de la democracia aunque en desprecio de las creencias y deseos populares.
Se han negado los antiguos hitos a favor de nuevos hitos. En lugar de afrmar
la soberanía de Dios, los educadores e intelectuales ahora afrman la soberanía del
azar. Charlotte Willard declara: «El azar es la única certidumbre del universo»4

.
Cada nueva fe quiere decir un nuevo aspecto de posibilidad incluso mientras cie-
rra la puerta a otros aspectos. Para Willard, la soberanía de Dios, una moralidad
absoluta, el movimiento de la historia en términos del decreto de Dios a la victoria
ineludible, y el destino del hombre bajo Dios, son todos imposible. Pero nuevos
aspectos de posibilidad se abren por un mundo de azar en el cual el hombre asume
el papel de dios y creador. Willard, revisando Beyond Modern Sculpture: The Effect of
Science and Technology on the Sculpture of This Century, de Jack Burnham escribe:

El Sr. Burnham lleva al clímax su tesis citando de Intelligence in the Univer-
se de Roger MacGowan y Frederick Ordway; el primero, jefe de la Rama
Científca Digital, Centro de Comando de Computación de Proyectiles del
Ejército, Hunstville, Alabama, y el último presidente de la Corporación de
Investigación Astronáutica General, Londres. Estas profetizan que la vida

3

Hillel Black, The American Schoolbook (William Morrow & Company, Nueva York, 1967), p.
90. La cita de Black es de Ruth Miller Elson, Guardians of Truth.
4

Charlotte Willard, «Presaging the Triumph of Egghead Automata» [«Presagiando el triunfo
del autómata cabeza de huevo»], en Saturday Review (8 febrero 1969), p. 20.

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La institución de la ley bíblica

inteligente que podamos encontrar en el espacio estelar probablemente será
el producto de la evolución biológica pero será vida inteligente inorgáni-
ca construida artifcialmente. Los líderes políticos aquí en la tierra pronto
aprenderán que se puede construir un autómata artifcial inteligente con ca-
pacidades intelectuales sobrehumanas. Creen que este autómata se apoderará
de la tierra. El hombre, en otras palabras, producirá su propia transforma-
ción de una creación biológica a una concentración inorgánica de energía
que procesa información. El Sr. Burnham concluye triunfalmente que «los
límites físicos que separan al escultor de los resultados de sus esfuerzos tal vez
desaparezcan». La ilustración fnal en el libro es un arreglo de tubos torcidos
y erecto que se rotula Dios5
.

La reacción de Charlotte Willard a esto no es alegre, pero no tiene base real para
la oposición. Negar a Dios en última instancia signifca negar al hombre; esta es
la consecuencia de eliminar los hitos antiguos. Una flosofía de la muerte de Dios
en realidad deletrea la muerte del hombre. Al hombre como creación de Dios se
elimina a favor del autómata que es creación del hombre. En otras palabras, el
hombre hace de Dios suicidándose, punto que hace Dostoievski en El poseído.
A los viejos hitos de la ley se ha reemplazado con nuevos hitos relativistas. La
Corte Suprema de los Estados Unidos extensivamente ha reemplazado la ley históri-
ca estadounidense, con su orientación bíblica, con una ley humanista. Se han usado
nuevos hitos legales para modifcar antiguas leyes y subvertir el orden social.
Pero un hito relativista, humanista, no es hito. El relativismo solo da una cinta
elástica para medir, que mide de manera diferente para todo hombre, según su
medida y propósito personal. Como resultado, el hombre puede vivir en una crisis
y no reconocerla. Por esto, aunque el delito subió agudamente entre 1967 y 1969,
el público estadounidense se acostumbró más en esos años a vivir en un mundo
de delito y violencia. Al no tener un estándar objetivo, sus juicios refejan sus pro-
pias reacciones antes que un hecho objetivo. La encuesta Harris mostró que «una
mayoría sustancial de los estadounidenses, el 59%, no piensan que el delito esté
aumentando en sus propias comunidades, aunque apenas un poco más de uno en
cada tres todavía cree que el delito está aumentando. Estos resultados marcan una
reducción aguda en la aprehensión pública respecto al delito, comparado con una
encuesta similar tomada en 1967»6

. Sin que sea sorpresa, en Los ángeles, el 27
de mayo de 1969, un gran número de votantes votó aprobando a Tomás Bradley,
candidato de color, porque hacer eso era «lo de moda».
Hacer guerra contra los hitos es hacer guerra contra el progreso. Cuando la an-
tigua China se volvió relativista en flosofía, la consecuencia fue el estancamiento.

5

Ibid.

6

Louis Harris, «Alarm Over Crime Abated Since 1967» [«Alarma por crimen se reduce desde
1967»], The Register, Santa Ana, California, lunes (m), 12 mayo 1969, p. C 8.

El sexto mandamiento

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Cualquier progreso que China experimentó en siglos se debió a fuerzas ajenas a
su flosofía básica. Hoy, flósofos educativos y maestros cada vez más están di-
ciendo en sus clases que es imposible fjar metas en la educación. En un mundo
de cambio, ¿cómo puede un hombre saber el futuro y educar en términos de lo
desconocido? Puesto que vivimos en un mundo de cambio, lo único que se puede
enseñar de manera válida es la certeza del cambio. Los educadores, pues, concuer-
dan con Willard en que «la casualidad es la única certeza en el universo». Así, en
lugar de moralidad, se debe enseñar el amoralismo; en lugar de ciertos hechos bá-
sicos en cuanto al hombre y la sociedad, más bien se enseña la certeza del cambio.
Como resultado, los estudiantes lógicamente demandan cambio continuo o rebe-
lión como la necesidad moral en un universo amoral. Con tal flosofía educativa,
la educación para la rebelión es ineludible, y solo una educación rigurosamente
cristiana puede contrarrestarla. Otras flosofías de educación, o sea, aparte de la
humanista y cristiana, son esencialmente nostálgicas; tratan de retener un orden
deseado pero sin causa válida.
En un mundo sin hitos, toda ley o hito es un delito. Por eso, la premisa
moral del Marqués de Sade era que «En una sociedad transgresora uno debe ser
transgresor»7

. Esto quiere decir guerra total contra todo lo establecido, contra
todo orden social. También signifca aislamiento, y todo hombre es una isla en
sí mismo. Como dijo Sade: «Mi prójimo no es nada mío; no hay ni la más ligera
relación entre él y yo»8

. Como resultado, Sade estaba en guerra contra la idea de
tener leyes y cortes; la única «justicia» que aprobaría era la de la vendetta, el acto
personal de asesinato. En un mundo de anarquismo, sin hitos obligatorios para
todos, los actos de todo hombre tienen validez total porque la licencia total es la
única ley posible. Como Simone de Beauvoir resumió:

Simpatizar con Sade demasiado fácilmente es traicionarlo. Porque es nuestra
desdicha, sujeción y muerte lo que él desea; y cada vez que nos ponemos de
lado de un niño degollado por un maníaco sexual, tomamos una posición en
su contra. Él tampoco nos prohíbe defendernos. Permite que un padre pueda
vengarse o prevenir, incluso mediante el asesinato, la violación sexual de su
hijo. Lo que demanda es que, en la lucha entre existencias irreconciliables,
cada uno se esfuerce concretamente en el nombre de su propia existencia.
Aprueba la vendetta, pero no las cortes. Podemos matar, pero no podemos
juzgar. Las pretensiones del juez son más arrogantes que las del tirano; por-
que el tirano se confna a ser él mismo, en tanto que el juez trata de erigir
sus opiniones como leyes universales. Su esfuerzo se basa en una mentira.

7

Simone de Beauvoir, «Must We Burn Sade?» [«¿Debemos quemar a Sade»] en Austryn Wain-
house y Richard Seaver, The Marquis de Sade: The 120 Days of Sodom and other writings (Grove
Press, Nueva York, 1966), p. 58.
8

Ibid.

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La institución de la ley bíblica

Porque toda persona está prisionera en su propia piel y no puede convertirse
en mediadora entre personas separadas de quienes ella misma está separada.
El hecho de que un gran número de estos individuos se unan y se alienen en
instituciones, de las cuales ya no son amos, no les da derecho adicional. Su
número no tiene nada que ver con el asunto1
.

Si los deseos de un hombre son los únicos hitos, en un mundo sin signifcado
el hombre mismo se vuelve carente de sentido. Para Sade, el único contacto posible
con otros era la agresión, y el único signifcado posible era el delito. En las propias
palabras de Sade: «Ah, ¡cuántas veces, por Dios, no he anhelado poder asaltar al
sol, arrebatarlo del universo, hacer una oscuridad general, o usar al sol para incine-
rar al mundo! Ah, eso sería un delito… »2

. La única realidad, entonces, es la agre-
sión. Pero, ¿qué si el hombre y su agresión son solo «parte» de la nada universal?
La conclusión del relativismo chino, y, crecientemente en las formas occidentales
de la misma fe, es en verdad que la casualidad es la única certeza y la nada es el
destino y realidad universales. Wang Wei (701-761 d.C.), al avanzar más allá de
las «ilusiones» del bien y mal, escribió: «No cuentes con el bien o el mal; solo
desperdiciarás tu tiempo. […] ¿Quién sabe sino que todos vivimos la vida en un
laberinto de un sueño?»3

. Según Wang Wei, la cura de la soledad y el aislamiento
del hombre en un mundo de relativismo es «la doctrina del no ser; ahí está el úni-
co remedio»4

. Niega todo signifcado como cura de la falta de signifcado. En un
mundo en donde se destruyen los hitos, se niega la posibilidad de hitos. En breve,
decirle al hombre que se muere de hambre que el hambre es un mito. Esta es la
conclusión del relativismo.
Si es un delito alterar los hitos de la propiedad para quitarle terreno a un veci-
no, ¿qué delito mucho mayor es alterar los hitos sociales, los cimientos bíblicos de
la ley y la sociedad, y por consiguiente acarrear la muerte a ese orden social? Si es
un delito robar bancos, es un delito robar y asesinar a un orden social.

1

Ibid., p. 61.

2

Ibid., p. 32.

3

Chan Yin-nan y Lewis C. Walmsby, traductores, Poems by Wang Wei (Charles E. Tuttle Co.,
Rutland, Vermont, 1958, 1965), p. 84.
4

Ibid., p. 113.

VII

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