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  • Perspectiva histórica de la violencia y del maltrato infantil
  • Algunas conceptualizaciones acerca del maltrato infantil
  • Análisis del maltrato infantil desde el modelo ecológico
  • Premisas básicas para el abordaje del maltrato infantil

MODELO ECOLOGICO:

Para analizar el tema de la violencia familiar y específicamente del maltrato infantil,
tomaremos como marco referencial el enfoque ecológico de desarrollo humano de U.
Bronfenbrenner (1979), quien estudia científicamente el modo en que los individuos
nos desarrollamos en interacción con nuestro medio social, al que define como una red
de sistemas en diferentes niveles e interrelacionados entre sí, cuyas influencias son
mutuas y circulares. Este modelo de análisis es sumamente consistente y abarcativo,
ya que permite entender las múltiples causas que generan el maltrato dentro del
ámbito familiar. Para explicar este complejo fenómeno social ha sido usado también
por otros autores como J. Garbarino (1999) en Estados Unidos y J. Corsi (1994) en
Argentina por citar solo algunos de ellos.

El enfoque de Bronfenbrenner nos muestra la interdependencia de los individuos, la
familia y la sociedad, como se influyen entre sí y reaccionan de acuerdo a como sean
sus contextos (contenedores, moderadores o de riesgo) pudiendo éstos propiciar y
avalar la manifestación de conductas violentas y/o maltratos. El desarrollo del niño
está afectado entonces por la existencia de cuatro diferentes tipos de sistemas: a)
Macrosistema, b) Microsistema, c) Exosistema y d) Mesosistema. El orden en que se
enumeran aquí responde a la utilización que le daremos para analizar las causas de la
violencia hacia niños/as dentro del ámbito familiar y la necesidad del abordaje en red
tanto para la detección como para el tratamiento de estas situaciones.

Además en este capítulo, identificaremos aquellos factores de riesgo y protectores
que aparecen en cada uno de los cuatro sistemas que intervienen en el desarrollo de los
individuos. Los factores de riesgo son aquellos que pueden incidir para que sé de o para
agravar una situación de maltrato infantil. Los factores protectores son aquellos que
existiendo o no el maltrato, inciden para lograr tanto evitar la aparición como
minimizar el daño producido por una situación abusiva.

a) MACROSISTEMAS:

Representan los valores culturales construidos históricamente, manifestados en
amplios esquemas ideológicos e institucionales que comparten y avalan simbólicamente
el conjunto de una sociedad en determinado momento temporo-espacial.

Estas valoraciones, en nuestra sociedad actual, parten de un modelo que jerarquiza a lo
masculino, occidental, adulto, blanco, heterosexual, patrón y que desde allí lo diferente

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a este modelo, es considerado inferior, no completo, de menor jerarquía. La
persistencia de este modelo patriarcal que hemos heredado, en su lógica de superior e
inferior, de dominador y dominado, donde lo diferente es valorizado como inferior,
deja fuera y en condiciones de ser sometidos a aquellos grupos de personas sub-
valorados socialmente como: mujeres, niños/as, personas de la tercera edad,
discapacitados, personas pertenecientes a minorías étnicas y personas pertenecientes
a sectores sociales de pobreza. Es así como podemos observar aquellas construcciones
sociales que sustentan ideológicamente la violencia simbólica ejercida sobre niños y
niñas, aunque paradójicamente, se contrapongan a la sensibilidad de nuestra sociedad
posmoderna que rechaza toda manifestación de crueldad.

La violencia se presenta así como una manifestación de dominio de unos en detrimento
de otros, es decir, por un mal uso o abuso de poder. Una desigualdad de posiciones
donde, unos arremeten contra los derechos de otros, percibidos como de menor
jerarquía. En donde el concepto de poder es asimilado no como poder de sino como
poder sobre el otro, como forma de dominación. Percibiéndose la concepción de un
arriba y un abajo en las relaciones sociales humanas, avalada por la existencia
tácitamente consensuada y pocas veces explicitada, de un determinado modelo de
persona. Es un problema también de Derechos Humanos que involucra a los marcos
jurídicos normativos de la convivencia humana, los cuales muchas veces responden a
estos supuestos ideológicos. No olvidemos que el pacto social inaugurado con la
modernidad contradictoriamente a su proyecto de universalidad, se trato de un pacto
entre una minoría de iguales, del cual se ven excluidos niños y niñas. (Baratta, 1995)

Podemos inferir que no es casual el hecho que, en nuestro país, a pesar de haberse
ratificado CDN, la cual recoge como ya hemos mencionado en otro capítulo la doctrina
de la protección integral del niño como sujeto de derechos, nuestro Código del Niño
vigente data del año 1934, sustentado en la vieja doctrina tutelar de la situación
irregular.

La relación niño/a–adulto es naturalmente asimétrica, encontrándose en el maltrato
infantil la supremacía del adulto sobre el niño o la niña, en el sentido de que uno domina
y el otro es dominado, es decir que debe obedecer. En éstas situaciones el énfasis por
parte del adulto esta puesto en el sometimiento de la voluntad del niño o la niña y en
ocasiones llegan al extremo de anularla.

En nuestra cultura, las relaciones humanas atravesadas por estas asimetrías de poder
son reproducidas acríticamente de generación en generación en la vida cotidiana a
través de creencias, mitos y expectativas de como se debe criar a un/a niño/a. (A.
Heller, 1987) Generalmente quienes trabajamos con la infancia y sus familias

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escuchamos frases elocuentes expresadas como verdades absolutas en lo referente a
educación, autoridad y disciplina:

“Le hace falta una buena paliza” / “Cuando venga tu padre vas a ver” / “Los trapos
sucios se lavan en casa” / “Lo hice por tu bien... ¡ya me los vas a agradecer cuando seas
grande!” / “Yo soy tu padre (madre) y tenés que obedecerme” / “El castigo endurece el
carácter” / “Vos no sos mi padre (madre) para pegarme” / “Me pegó porque me lo
merecía” / “La letra con sangre entra” / “En la Biblia autorizan a darle una paliza
cuando se lo merece”

La violencia hacia la infancia por la simple diferencia de edad se sustenta en las
creencias y supuestos ideológicos que aún persisten sobre niños y niñas, siempre en
relación al adulto y no a sí mismo, situándolo/a en un lugar de desvalorización además
de en riesgo social. Tenemos pendiente aún, desde los adultos, construir una visión
particular del niño que contemple sus distintos momentos evolutivos. La propia CDN en
su artículo 1. es muy imprecisa en este aspecto identificando niño/a a todo ser humano
menor de 18 años. No es lo mismo un bebé, un preescolar, un escolar o un adolescente.
Puede parecer obvio, pero muy frecuentemente se cae en generalizaciones tratando a
un adolescente como si fuera un preescolar y a un bebe como si fuera un escolar. Esta
visión generalizante del niño no favorece el desarrollo progresivo de su autonomía, ya
que asociada a la conocida y totalitaria frase: “Los niños son propiedad de sus padres y
estos tienen derecho a criarlos como quieran”, conspiran para que el adulto paute la
educación de su hijo o su hija en forma violenta y autoritaria, sin tener en cuenta las
necesidades del niño o la niña en cada fase de su desarrollo. Nuestro Código Civil
vigente expresa textualmente en su artículo 261: “Los padres tienen la facultad de
corregir moderadamente a sus hijos, y cuando esto no bastare, podrán ocurrir al Juez
para que les imponga la pena de detención hasta por un mes en un establecimiento
correccional”. La cursiva es nuestra ya que lo moderado queda a juicio del observador
del hecho.

La violencia se manifiesta también en la no aceptación de la diversidad. En la
intolerancia frente a lo que contradice el modelo hegemónico de ser y estar en el
mundo. En nuestra cotidianeidad, podemos observar los rasgos que se le atribuyen a
hombres y mujeres según estereotipos de género.

Varón

Mujer

Duros, poco emotivos, no lloran, no
susceptibles,

firmes,

agresivos,
reflexivos, independientes, valientes,
rebeldes, aptos para dirigir, callados,
inteligentes y realistas.

Frágiles, emotivas, lloronas, muy
susceptibles, inseguras, maternales,
irreflexivas, dependientes, temerosas,
obedientes, no aptas para dirigir,
conversadoras, intuitivas e idealistas.

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Estas construcciones nos hablan de los lugares que se espera que ocupen hombres y
mujeres dentro de una categorización de las relaciones, de lo esperable y lo aceptable
en lo que a genero se refiere, transmitiéndosele a la infancia como un deber ser.
Comienza así desde el nacimiento un proceso de fragilización en las niñas, por
pertenecer a un género devaluado social e históricamente. Las niñas son socializadas
para seducir, educar (juego de muñecas, a la maestra), cumplir con las tareas
hogareñas y cuidar de los demás, distribuyendo afecto y promoviendo el desarrollo de
los demás a costa de su propio desarrollo (tareas maternales o de extensión del rol
maternal). Y para los varones comienza un proceso de endurecimiento del carácter, el
valor de sus compromisos (“palabra de hombre”), con énfasis en la fuerza, la
inteligencia y el éxito económico, además de proveedor económico de otros y protector
o defensor, aún sin la necesidad de visualizar las reales necesidades sentidas por los
demás, ya que lo que vale es solo su propia percepción.

Afortunadamente en los últimos años se han acentuado transformaciones sociales que
posibilitan a niños y niñas alternativas frente a estos estereotipos; pero aún nos
sorprende la gran aceptación social que aún tiene la diferenciación de colores para
nenas y nenes, a que se puede o no jugar según el sexo, mayor tolerancia a los varones
para las malas palabras y para las conductas violentas, la estimulación de la homofobia
y la propia respuesta despreciativa entre niños y niñas cuando no cumplen con lo que se
espera por ser varón o mujer.

Por otro lado, como ya hemos visto también en la retrospectiva histórica (Cáp. 1.),
pertenecemos a una cultura que desde las sociedades primitivas ha legitimado y
legitima aún la crueldad y la violencia, no siempre justificada por la lucha de la
sobrevivencia de la especie o de determinado grupo social. En el caso de esta última (la
lucha por la sobrevivencia), ha dado paso en las sociedades modernas a la violencia
social, materializada hoy día en modelos y políticas económicas, sustentadas en
ideologías que no logran cumplir la promesa de resolver la situación de grandes masas
de seres humanos que viven en condiciones de pobreza extrema a lo largo y ancho del
planeta. En nuestras sociedades latinoamericanas podemos ver como: “... la falta de
humanidad de los ajustes y de las ‘reingenierías’, la exclusión y la prescindibilidad, la
precarización del empleo, las privatizaciones que nos privan de los servicios sociales, el
debilitamiento de los sindicatos como órganos de defensa de los trabajadores, la
economía del apartheid emergente de las diferencias abismales de remuneración que
existen entre quienes están en la cima y en la base de la pirámide organizacional...”
(Schvarstein, 1998), viene siendo parte de un modelo de desarrollo que más que
soluciones, ha dado como resultado que valores como el individualismo, la ambición, la
competencia desleal, el consumismo exacerbado y el egoísmo emerjan imperantes

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sobre otros valores como la solidaridad, el respeto, la equidad y la ternura en las
relaciones humanas.

La violencia social producto de la inseguridad social que mencionamos en el párrafo
anterior irrumpe en las familias y las instituciones quedando el/la niño/a por su
condición de vulnerabilidad en situación de riesgo. Es decir que el riesgo que atañe a
los macrosistemas es: “...una política económica nacional que tolere y hasta estimule el
disloque económico y la pobreza de las familias con niños pequeños. ...Es un esquema
que no brinde apoyo a los padres, tolerando o aún aceptando expresamente los
conflictos que se plantean entre el papel de progenitor y el de trabajador. ...En
general, es riesgoso cualquier esquema o fenómeno social que menoscabe la capacidad y
disposición de los adultos para cuidar a los hijos, y de los hijos para aprender de los
adultos.” (Garbarino, 1999)

Factores de riesgo en los Macrosistemas:

◊ Políticas económicas y sociales desfavorables para el desarrollo del individuo y la

familia.

◊ Sistemas de ideas y construcciones sociales que favorecen asimetrías de poder
vinculadas al género, edad, estatus económico, etnia o capacidad diferente.
◊ Modelos de socialización en los que se naturaliza y legitima el aprendizaje de
conductas violentas, como el concepto de relacionamiento igual a sometimiento del
más débil.

Factores protectores en los Macrosistemas:

◊ La prosperidad económica, pleno empleo.
◊ Normas culturales opuestas al uso de la violencia y que legitimen el protagonismo
infantil, campañas de concientización, celebración de fechas alusivas.
◊ Cumplimiento de acuerdos nacionales e internacionales acordados en relación a la
infancia y la problemática en cuestión.
◊ Reformas jurídicas que regulen el castigo físico y emocional.
◊ Elaboración y ejecución de políticas sociales destinadas a grupos vulnerables y en
riesgo que incluyan la atención de las familias dentro de sus contextos y que
aseguren la participación ciudadana de niños, niñas y adolescentes.

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b) MICROSISTEMAS:

Para el modelo ecológico de Bronfenbrenner, el microsistema que afecta al individuo en
desarrollo, tal como se infiere del propio término sería el sistema más inmediato a él.
Para el caso de un niño o una niña representa el medio a través del cual experimenta y
recrea la realidad y está dado al principio por aquellas relaciones con otros seres
humanos desde el momento de su nacimiento, al principio de a uno por vez. Y que
paulatinamente a medida que crece va a aumentar el número de relacionamientos que
componen su microsistema, tanto mediante el relacionamiento simultáneo con más de
una persona, observando relacionamientos entre dos o más personas, como también
relacionándose con personas fuera de su hogar (familia ampliada, amigos de la familia).
De esta forma su microsistema va tornándose cada vez más complejo, intensificándose
aún más con su futura concurrencia a ámbitos de socialización secundaria como la
escuela, el centro infantil, el club, donde construirá nuevos relacionamientos afectivos
y duraderos.

Desde las primeras interacciones el niño o la niña construye el conocimiento de sí
mismo/a, aprende su propio valor, obtendrá su seguridad emocional, su capacidad
afectiva y empática, un saludable desarrollo sexual, del lenguaje, la apropiación de
normas y valores, la base de su propia sociabilidad, es decir iniciará el aprendizaje de
determinadas competencias sociales, intelectuales y emocionales que le deberían
permitir apropiarse paulatina y autónomamente de la cultura de su tiempo en pleno
ejercicio de sus derechos como ser humano.

De ahí la importancia en como se da la construcción del microsistema en cada niño/a.
La familia o la institución que vive como su primer lugar de socialización, donde inicia
su aprendizaje afectivo y relacional, se encuentra inmersa en determinada situación
económica, histórica, política, y social (macrosistema). Pudiendo entonces el
microsistema del/a niño/a verse condicionado desfavorablemente por determinados
factores de riesgo dados por el macrosistema, es decir que el grado de afectación que
el macrosistema tiene en los adultos y niños/as que integran su microsistema va a
incidir en forma positiva o negativa en su desarrollo. Incidiendo también en las
condiciones ambientales en que éste se da, por ejemplo cuando existen situaciones de
familias que presentan desempleo, subempleo, multiempleo y/o exclusión social. En
este sentido tanto la historia de vida de los adultos, sus convicciones en cuanto a
patrones de relacionamiento y educación, las características de otros/as niños/as con
quienes sé interactúa, como las condiciones materiales en que se vive, incidirán en la
riqueza del microsistema de un niño o una niña.

Del mismo modo, la familia (o el internado), como institución que reproduce y re-crea
las pautas culturales propias de cada contexto social histórico (macrosistema), porta

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en sí misma una determinada carga ideológica, explícita o no, del modelo de familia
nuclear patriarcal, en donde el pater pautaba jerárquicamente las expectativas y
conductas apropiadas para cada miembro; lo deseado y lo temido, lo inamovible y lo
negociable, los amores y los odios, las palabras y los silencios, incluso por aquella época
decidía sobre la vida, la muerte o el abandono de los miembros de la familia.

El sostén que el microsistema reciba frente a estos factores de riesgo sociales va ser
decisivo para el desarrollo ulterior del/a niño/a y para evitar situaciones de maltrato
infantil.

Factores de riesgo en los microsistemas:

Como ya hemos visto en la familia como primer y más importante grupo al cual
pertenecemos los seres humanos, dentro de la cual tenemos contacto con las primeras
personas que conformarán nuestro microsistema, donde cada uno establece contacto
con gran variedad de expresiones y valores que van conformando su subjetividad,
idealmente tiene como función primordial cuidar de todos sus miembros, asegurar a
sus personas menores de edad el pleno goce y desarrollo de sus facultades psíquicas e
intelectuales, guiarles con afecto de un estado natural, de dependencia e inmadurez, a
uno de progresiva independencia, madurez social y emocional.

Estos factores de riesgo constituyen lo que adultos y niños traen al sistema. Cabe
aclarar que por sí mismos no determinan el maltrato, siendo que aún en presencia de
varios de ellos asociados el maltrato puede no darse.

En los adultos:

Historia de malos tratos y/o desatención
severa.

Inmadurez.

Rechazo emocional.

Carencias afectivas en la infancia.

Haber sido víctima de abandono.

Ser madre/padre joven y sola/o.

Ignorancia sobre las características y
necesidades evolutivas del niño.

Ausencia de experiencias en el cuidado
de niños/as.

Estrés socio-económico.

Estar en situación de aislamiento social.

Historia de desarmonía y ruptura
familiar.

Escasa capacidad empática.

Baja tolerancia al estrés.

Síntomas depresivos.

Alteraciones de personalidad.

Abuso de drogas legales e ilegales.

Enfermedades mentales.

Padres/madres que sienten rechazo y les
cuesta comunicarse.

Retardo mental.

Antecedentes de delincuencia.

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Como factores de riesgo en los adultos para que particularmente pueda ocurrir un
abuso sexual a un/a niño/a agregaríamos a los anteriores:

Malas relaciones con sus parejas.

Madres ausentes o enfermas.

El o la concubino/a no es el padre/madre
biológico del/la niño/a.

Alejados/as o poco protectores.

Con mecanismos fallidos de inhibición de
dinámicas incestuosas

Dominados/as, abusados/as por sus
concubinos/as.

En los/as niños/as:

Ser hijo/a no deseado/a.

Ser prematuro/a.

Ser hijo/a de una unión anterior.

Tener capacidades diferentes.

Ser hijo/a ilegítimo.

Ser el primogénito.

Estar en el primer año de vida.

Ser hiperactivo.

Ser sumamente demandante.

Ser adoptado.
Estar en una fase del desarrollo particularmente problemática, por ejemplo el
lactante que presenta “llanto del bebé”, cuando comienzan a caminar, cuando
presentan dificultades en el logro del control de esfínteres, etc.
No estar en condiciones de satisfacer las expectativas de los padres.

Como factores de riesgo para ser particularmente víctima de abuso sexual
agregaríamos a los anteriores:

Ser menor de 5 años.

Ser víctimas de abuso anterior.

Haber sido separado/a temprana y
prolongadamente de su madre.

Estar en hogares o familias sustitutas.

Estar institucionalizados/as.

Niños/as en situación de calle.

Estar desinformados/as.

Inseguros/as o con baja autoestima.

Factores protectores en los microsistemas:

Desde los adultos:

Elaboración de experiencias de maltrato
en la infancia

Paternidad y maternidad elegida.

Historia de relaciones positivas con una Habilidades interpersonales adecuadas,

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figura parental.

fluidez en la comunicación.

Como pareja adultos se relacionan de
forma amorosa, respetuosa y se
complementan en sus responsabilidades
familiares.

Mantienen relacionamiento fluido con
amigos/as, con el resto de la familia y/o
con la comunidad barrial.

Capacidad de autosostén familiar,
necesidades básicas satisfechas,
seguridad económica y laboral.

Roles familiares claros, flexibles y
establecidos democráticamente.

Desde los niños/as:

Experiencias gratificantes con otros adultos que funcionan como apoyo, sintiéndose
amado/a sin condiciones.
Desarrollo de la capacidad de superar la adversidad del/la niño/a que le permite
tolerar situaciones traumatizantes y recuperarse creativamente.
Tener amigos y amigas que representan un relacionamiento estimulante y positivo.
Niños/as que al adulto le reviven experiencias con adultos significativamente positivos
para ellos en su propia infancia.
Mantener relacionamiento fluido con el resto de la familia.
Estar informados, con buena autoestima y seguros/as de sí mismos/as.
Estar escolarizado y/o participar en alguna institución deportiva, recreativa, cultural,
religiosa, etc.

c) EXOSISTEMAS:

Los exosistemas comprenden aquellos ámbitos donde se dan procesos mediadores
entre los macrosistemas y el microsistema del individuo (en este caso el niño o la niña).
Estos corresponden a espacios donde se dan sucesos en los cuales el niño o la niña en
general no tiene una incidencia directa, aunque si van a incidir en él o ella a través de
adultos que forman parte de estos exosistemas y con quienes sí interactúa al
incorporarlos a su microsistema de desarrollo.

Los exosistemas va a incidir en todos aquellos espacios de socialización secundaria
como la escuela, el club de baby-fútbol, el centro infantil, el merendero, la policlínica
de salud, el centro comunal zonal, la plaza de deportes a través de decisiones políticas,
administrativas, de gestión y funcionamiento que afectarán el desenvolvimiento de la
dinámica de dichos espacios.

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Pero también inciden en otros ámbitos en los cuales el/la niño/a no interactúa
directamente, pero si lo pueden influir a través de sus padres como por ejemplo el
ambiente de trabajo de éstos.

La importancia de estos exosistemas radica en las decisiones y modelos que se
imparten desde ellos, o que actúan sobre ellos, ya que suelen estar impregnados de la
ideología dominante adultocentrista (macrosistema) y que efectivamente van a afectar
directamente el desarrollo del/a niño/a. Por tomar un ejemplo, la escuela supone una
serie de procesos que en distintos niveles, van desde la política educativa que se
resuelve a nivel de autoridades (exosistema), la cual atraviesa los cuerpos de
inspectores que dan determinadas directrices (exosistema), las que a su vez son
discutidas y puestas en práctica por la dirección de la escuela y la coordinación
(cuando la hay) de los docentes (exosistema) y que finalmente supone reorganizar el
funcionamiento de la escuela y el aula. En todo este proceso tal vez el único espacio de
incidencia que pueda tener el niño ó la niña sea en la interacción con su docente
(microsistema) y no tenga posibilidad de incidir en los demás niveles.

Asimismo, las diferentes instituciones vinculadas a la niñez como ámbitos de
socialización secundaria son testigos de las pautas de relacionamiento violento que
niños y niñas han aprendido en el ámbito familiar; éstas se manifiestan en conductas,
juegos con sus pares y la relación que establecen con el lugar y otros adultos. La forma
en que en estas instituciones se administre la justicia y el poder, se resuelvan
conflictos y se construya la autoridad, reforzarán o no los patrones de relacionamiento
violento y autoritario que trae el niño o la niña.

También los medios masivos de comunicación se encuentran comprendidos dentro de
los exosistemas. La creciente importancia en los procesos de socialización que han
adquirido en los últimos años producto del desarrollo tecnológico y la falta de
regulación de los mensajes que emiten los tornan muchas veces más riesgosos que
provechosos para la infancia. La publicidad y los programas (incluidos los que son
dirigidos a niños/as) naturalizan conductas violentas, pautan determinada forma de
vestirnos, relacionarnos y de vivir, construyendo y hegemonizando modelos que no se
corresponden con la verdadera diversidad de nuestro mundo, desvalorizando y
subestimando lo diferente. Vemos también como en publicidad se erotiza el cuerpo
desnudo del niño/a y se explota la sensualidad de las adolescentes como si fuesen
mujeres adultas, aceptado y validado todo esto por una doble moralidad de la sociedad.
Desde los medios de comunicación (principalmente la televisión) se forman también
potenciales y futuros o actuales consumidores (niños y niñas presionan sobre los
adultos para adquirir ciertos bienes de consumo), generando necesidades donde no las
hay y provocando una sensación de permanente insatisfacción.

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Uno de los riesgos que radica en los exosistemas es justamente la falta de
participación de la infancia en la toma de las decisiones que surgen en estos ámbitos.
Si bien los discursos políticos actuales sobre infancia sostienen que la participación
infantil es parte fundamental del proceso de construcción de la ciudadanía y de la
consolidación de nuestras democracias, en este sentido A. Cussianovich (2002) insiste
en que: “Es preciso contribuir a la vigencia del respeto al derecho a una imagen positiva
de la infancia en la opinión pública, en el imaginario social. Todo lo que refuerce
visiones que consideran al niño incapaz, víctima, sin criterio, etcétera, no abonan a
favor de su derecho a participar con personalidad propia, a que su opinión tenga peso
social, a ser escuchado”. Sigue siendo un déficit muy importante en los distintos
exosistemas que inciden en la vida de niños y niñas la generación de verdaderos
espacios para la participación, no solo escuchándolos, también tomando en cuenta sus
opiniones en todos los temas que les afecten y actuando en consecuencia. (Art. 12 de la
CDN)

Dentro del modelo ecológico se sitúan también como exosistemas el Sistema Policial y
Judicial que en sí mismos conllevan prácticas institucionales que responden a modelos
normativos de tutelaje de larga tradición, dejando en evidencia muchas veces
prácticas y resoluciones más respetuosas de los derechos de los padres (y madres) que
el de hijos e hijas.

Factores de riesgo en los exosistemas:

Principalmente el riesgo en los exosistemas son el grado de permeabilidad que tienen
para con los factores de riesgo de los macrosistemas (ya contemplados más arriba). Es
decir que en la mayor o menor medida que estos factores de riesgo en los
macrosistemas afecten o condicionen la forma en que se desarrollan y desenvuelven los
exosistemas, siguiendo la lógica del modelo ecológico, incidirán positiva o
negativamente en la emergencia y perpetuación de situaciones de maltrato a la
infancia. Ya mencionamos pero es preciso destacar el riesgo que implica la falta de
participación ciudadana de niños y niñas en los exosistemas de manera de ejercer su
derecho a opinar en aquellos asuntos que les afecten y a que sea respetada su opinión.

Factores protectores en los exosistemas:

Del mismo modo, en la medida que se den los factores de protección en los
macrosistemas, los exosistemas que inciden en el desarrollo de cada niño o niña
mejorarán su capacidad protectora ante el maltrato. Lo mismo ocurre con relación a la
evolución y consolidación del protagonismo infantil (Cussianovich, 2003); en la medida

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que la infancia logre acceder con poder de decisión a los exosistemas que inciden
directamente sobre él o ella, dichos exosistemas mejorarán su rol protector.

d) MESOSISTEMAS:

Los mesosistemas estarían dados por aquellas conexiones existentes entre los
distintos ámbitos donde niños y niñas transitan su vida cotidiana. El modelo de
Bronfenbrenner sostiene que los mesosistemas son básicos para el desarrollo del/a
niño/a. Deben tomarse conjuntamente el número de conexiones que existen en
cantidad y en calidad, y es a partir de esta evaluación que se mide la riqueza de estos
mesositemas.

El ejemplo que el citado autor da, es referente a la conexión entre los padres y la
escuela. Que el/la niño/a vaya siempre solo/a (aún el primer día), que los padres no
asistan a reuniones en la escuela, que no vayan a las celebraciones, o al revés que desde
la escuela no se tome la iniciativa de convocar a los padres, de involucrarlos en
actividades de la escuela, e incluso de visitar el hogar del/a niño/a en determinadas
situaciones particulares, dan como resultado un mesosistema pobre que va a incidir
desfavorablemente en el desarrollo de ese niño o esa niña.

La calidad de estos mesositemas, es decir la calidad de los vínculos entre los distintos
espacios cotidianos del/a niño/a, actúa tanto como factor de riesgo si es mala como
factor protector si es buena frente al maltrato infantil.

A la unión interactiva de estos mesosistemas la denominamos red social. La cual
constituye entonces, un entramado de mesosistemas que vinculan al niño/a y a su
microsistema fundamental (relaciones dentro de su núcleo de convivencia), con el
entorno que los rodea. La importancia de la red social radica principalmente en la
influencia que ejerce sobre los individuos y los vínculos que establecen entre sí,
pudiendo potenciar o reducir el impacto del trabajo social. El modelo ecológico de
desarrollo humano que estamos utilizando justamente presenta al individuo y su medio
como partes de un sistema de red, cuyas influencias son mutuas y circulares.
Mesosistemas fluidos en un/a niño/a mejoran las posibilidades de detectar e
intervenir frente a situaciones de violencia familiar y/o maltrato infantil e incluso
frenarlas o prevenirlas. El apoyo coordinado por los miembros de una red disminuye el
estrés y para una persona solicitar y recibir ayuda de su red cuando la movilidad
individual no es suficiente, resulta ser un gran alivio. Sentirse parte de un tejido social
da una gran seguridad en tiempos de crisis. En caso contrario, cuando no existen
mesosistemas o presentan baja calidad, la activación de la red social es imprescindible
para una intervención adecuada frente a una situación de malos tratos. Haremos

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referencia a este tema con mayor profundidad enseguida cuando describamos los
factores protectores dentro de los mesosistemas.

Factores de riesgo en los mesosistemas:

♦ Inexistencia de ámbitos socialización extra familiares en determinada comunidad o

barrio.

♦ Baja o nula participación del niño o la niña en ámbitos extra familiares.

♦ Escasa o nula conexión entre los distintos ámbitos cotidianos del niño o de la niña.

Factores protectores en los mesosistemas:

Situamos aquí al apoyo social efectivo, que pueda brindar a la familia la red social de
servicios en caso de existir en el barrio o comunidad, en el nicho ecológico, como se le
denomina desde la ecología al ambiente en el que se desarrollan los individuos.
Brindando apoyo no solo frente a acontecimientos vitales estresantes como podría ser
una situación misma de maltrato, sino también como recursos eficaces que contribuyan
a la apropiación de los bienes materiales y culturales de su tiempo. La satisfacción
plena de las necesidades básicas es un factor altísimo de prevención del maltrato
infantil.

El enriquecimiento de los mesosistemas de un niño o una niña dado por el fomento de la
circulación de los adultos o pares por todos aquellos espacios donde se da la vida
cotidiana del niño o la niña, construye y potencia en él o ella el sentimiento de
pertenencia al lugar y al conjunto de la sociedad, generándole confianza en sí mismo/a
y alta autoestima que le facilita el pedir ayuda, a la vez que brindan un marco de
regulación y seguridad para evitar el maltrato o garantizar una intervención exitosa en
caso de darse. (Garbarino y Bronfenbrenner, 1976)

Las instituciones educativas, deportivas, culturales, de salud, recreativas vinculadas a
la infancia están llamadas a cumplir un rol protagónico como factores de protección en
materia de prevención primaria y secundaria lo cual desarrollaremos en el siguiente
capítulo.

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