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04Aquelarre Apócrifo

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Etimologías Curiosas

Por Chris, Ricard Ibáñez y Aram Bonmati

Incordio

Es un tumor o seca que salía en las ingles
a causa del mal francés y se llamaba encordio
por nacer en un lugar lleno de cuerdas o
tendones; la expresión actual de incordiar debe
nacer de la dificultad para andar que tenía el
afectado por un encordio.

Irse por los cerros de Úbeda

El maestro Gonzalo Correas, en el

Vocabulario de refranes y frases proverbiales y
otras fórmulas define así la expresión: "Cuando
uno en lo que dice va muy remoto de lo
ordinario, y cuando se excusa con razones
extraordinarias, o el que se pierde en la lición de
oposición o sermón, o va muy lejos del tema".
El origen de la frase se remonta a un
relato de la época de la Reconquista, que narra
la espera de Fernando III el Santo por uno de sus
nobles caballeros, de los muchos que tenían que
asistirle en la toma de Úbeda hacia el año 1234.
Parece ser que dicho noble no tenía especial
interés en participar en la batalla, por lo que
hizo su aparición después de efectuada la toma
de la villa. Al preguntarle el rey dónde había
estado, puso como disculpa que se había perdido
por los cerros de Úbeda. Pérdida normal, pues
según cuenta José Maria Sbarbi sobre dichos
cerros, "su disparatada determinación hiciera
más largo y penoso su camino".

Zarandajas

El acompañamiento (normalmente
verdura) del plato principal en los figones del
Siglo de Oro. Cosas sin demasiada importancia.

Etimología de Algunos Apellidos

Por Maercs y Manuel Jim

Ibáñez

Se trata de un ilustre y noble apellido de
abolengo muy antiguo, de origen, sin duda de
clase alguna, castellano, y radicado originaria y
concretamente en las montañas de Santander.
Gonzalo Ibáñez, descendiente del ilustre Conde
don Gómez y maestre de la Orden de Caballería
de Calatrava, fundó su casa solariega en la
Merindad de Trasmiera, Santander. Por tanto,
inequívocamente, el punto de partida,

originario, del apellido Ibáñez puede fijarse en la
provincia de Santander, aunque, con
posterioridad se fue extendiendo por toda la
Península Ibérica, así como, en muchos ilustres
componentes, en toda la América Hispana, donde
hubo ilustres personajes de este apellido de
rancia nobleza e hidalguía. El apellido Ibáñez
probó sobradamente su nobleza para que varios
de sus miembros ingresaran en las Ordenes
Militares de Calatrava y Santiago.
El primer Conde de Ibáñez fue el
ilustrísimo señor don Francisco Feliciano Ibáñez
en el año 1.881. El apellido Ibáñez, con desusada
frecuencia, se complementa con otros ilustres
apellidos, formando uno sólo, que se entiende
por apellido compuesto y que normalmente, si la
figura del apellidado es notoria, se sigue usando
compuesto por sus descendientes, costumbre
muy extendida en la nobleza e hidalguía de
España y de Europa. Ejemplos: Carlos Ibáñez de
Ibero, marqués de Mulhacén, prestigioso militar
del arma de Ingenieros, al que se considera con
toda justicia fundador de la moderna geodesia
española; José Augusto Ibáñez de la Rentería,
destacado político y escritor, nacido en el País
Vasco; Antonio Ibáñez de la Riva, de relevante
prestigio en su apostolado, alcanzó el
arzobispado de Zaragoza; Carlos Ibáñez del
Campo, prestigioso militar y hábil político,
destacadísimo en su país, Chile, de origen
español; Francisco Ibáñez de Peralta, militar
español gobernador de Chile; Gaspar Ibáñez de
Segovia, marqués de Mondejar, Vallehermoso y
Agrópoli, erudito español.
Armas: Escudo partido. Primer campo en
gules con dos bastones de oro cargados de
armiño de sable. Segundo campo en plata con un
castillo de piedra, sobre ondas de azur y plata.
Bordura de plata con diez aspas de gules.

Jiménez

Es un apellido de los denominados
patronímicos, o sea de aquellos que se derivan
de un nombre propio. Muy pronto se extendió por
toda la Península y puede encontrarse en
América desde los primeros momentos de su
descubrimiento y conquista. Su procedencia,
como ha quedado expuesto, tiene su origen en el
nombre propio de Jimeno, o Ximeno.
Que este apellido es uno de los más
nobles y cualificados de España, lo sostiene,
entre otros, el cronista Baños de Velasco en su
Becerro de la Nobleza de Andalucía. Por cierto,
conviene advertir que esta palabra "becerro" se
refiere a la piel con la que estaba encuadernado
el libro de referencia.

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Dicho esto, volvemos a Baños de Velasco
quien, con varios cronistas más, llega a afirmar
que el apellido Jiménez no sólo es de los más
antiguos de Castilla, León y Navarra, sino que
elevan su tronco hasta el patriarca Tubal, como
se sabe, considerado como uno de los primeros
pobladores de España.

Al apellido Jiménez han pertenecido muy
destacados personajes de la historia, como doña
Numilo Ximénez, mujer que fue del rey Fruela II
de León; don Diego Ximénez, confirmador que
fue de privilegios en tiempos del conde Fernán
González; Tello Ximénez y García Ximénez,
asimismo confirmadores de privilegios durante el
reinado de Alfonso VI de Castilla.
Pero no sólo los Ximénez fueron
ricoshombres. Uno hubo, don Fortún Jiménez que
fue Conde de Aragón y del que se asegura que
derivaron algunos reyes. Muchos de este linaje
fueron Señores de villas y castillos, entre ellos, y
que se cite en las crónicas, don Fernán Jiménez,
Señor y Alcalde del castillo de Segobe, en
Castellón, allá por el año 1.412.
Rey de Navarra fue don García Ximénez
(primer rey de Navarra y el dato es interesante)
Señor de Armesura y Abarzuza y así lo consigna
don Pedro Salazar de Mendoza en su obra La
Monarquía Española escrita en el año 1.618. Don
Iñigo Ximénez fue el hijo y sucesor del V rey de
este apellido y si nos remontamos años antes,
Fortún Ximénez desempeñó el cargo de Copero
del rey García Sánchez por los años 926.
Insistimos en que, ya en la antigüedad se escribía
indistintamente

Ximénez

o

Jiménez.
En el año 1.209 fue arzobispo de Toledo don
Rodrigo Jiménez de Rada, al que llamaron "el
Toledano", que antes fue obispo de Osma y
mantuvo la actividad de historiador, escribiendo
la Crónica de España hasta el rey Fernando III, al
que se la dedicó. Su carácter eclesiástico no le
privó de ciertas aficiones guerreras hasta el
punto que participó en la batalla de las Navas de
Tolosa

y

también

en

numerosas
expediciones militares del rey Fernando III. Una
vez conquistada Valencia, reclamó dicha sede
para el arzobispado de Toledo. Ignoramos en que
términos lo haría pero el caso fue que la cuestión
le valió ser excomulgado por el Sínodo de
Tarragona de 1.241.

El Papa Gregorio IX anuló dicha
excomunión. Su obra más interesante es la citada
Historia de España, en la que llega a afirmar que
los hispanos deben ser identificados con los
godos, sirviéndose de los escritos de San Isidoro y
de diversas crónicas.

A esta ilustre familia perteneció también
el cardenal Jiménez de Cisneros, fundador de la
célebre Universidad de Alcalá de Henares, nacido
en Torrelaguna y que tuvo un destacado papel
durante el reinado de los Reyes Católicos.
Fueron bastantes las ramas del apellido
Jiménez que pasaron a establecerse en

Andalucía, lo que explica la gran difusión del
mismo en aquella parte de la Península. Por
regla general, los Jiménez andaluces descienden
del linaje navarro. Desde los primemos
momentos, los Jiménez pasaron al Nuevo Mundo,
destacándose sobremanera.
Gonzalo Jiménez de Quesada, que en los
días de la conquista estuvo a las órdenes de
Pedro Fernández de Lugo, ostentando el cargo de
Justicia Mayor. Capitaneó la expedición que
exploró el Valle de Santa Marta. El grupo de
conquistadores sufrieron penalidades sin cuento
en lucha constante con los nativos hasta alcanzar
las tierras de Cundinamarca poblada por los
Chisbchas. Jiménez de Quesada consiguió vencer
a todos los caciques haciendo una primera
fundación de Santa Fe de Bogotá (año 1.538)
pero a los pocos días llegaron otras dos
expediciones, encabezadas por Belalcázar que
venía de Quito y el alemán Federmann, que
llegaba de Venezuela.

En abril, Jiménez de Quesada fundó
oficialmente Bogotá y antes de entrar en
combate los tres conquistadores para ver a quien
correspondía el dominio de aquellas tierras
decidieron embarcar para España y que fuera el
rey quien resolviera tan delicada cuestión. La
verdad es que la Corona no se decantó por
ninguno de los tres, de modo que Jiménez de
Quesada regresó a Santa Fe en el 1.550. Los
últimos años de su vida los pasó escribiendo las
crónicas de sus viajes y aventuras. Del tiempo de
los conquistadores, merece hacer mención a
Ortún Jiménez, un navegante que fue piloto
mayor de la nave que mandaba Diego Becerra de
Mendoza, en la expedición de Hernando de
Grijalba, y que envió Hernán Cortés a explorar el
océano Pacífico (l.533).

Este Ortún Jiménez, por motivos un tanto
oscuros (sentimos no haber encontrado en que
consistieron sus quejas contra el capitán de su
nave), encabezó una rebelión contra este en la
que Becerra resultó muerto, quedando como jefe
Jiménez quien continuó la exploración,
descubriendo la bahía y el territorio de Santa
Cruz, la actual California. Pero en aquella época
de violencia, quizás nunca fuera más cierto
aquello de que "el que a hierro mata, a hierro
muere" y Ortún Jiménez resultó muerto en un
combate que sostuvo contra los nativos.
Los Jiménez probaron repetidas veces su
nobleza ante las Ordenes Militares de Santiago,
Calatrava, Alcántara y Montesa, así como en las
de San Juan de Jerusalén y Carlos III.
Citando a los conquistadores de Nueva
España, hay que mencionar a Alonso Jiménez,
pacificador de Nueva Galicia. Gonzalo Jiménez,
natural de Trujillo (Cáceres) que acompañó a
Cortés en la conquista de Méjico, y se estableció
en Oaxaca. Juan Jiménez, nació en Puertollano
(Ciudad Real) conquistador de Jalisco y Jiménez
de Rivera, natural de la Montaña de Santander,

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compañero asimismo de Hernán Cortés y don
Rodrigo Jiménez, nacido en Mairena (Sevilla)
conquistador de Pamuco y Zapotecas, a quien el
cabildo de la Ciudad de Méjico donó un solar en
1.528.

El linaje Jiménez ostenta los siguientes
títulos: Don Diego Bernardo Jiménez, de Lima
(Perú) fue creado Marqués de Santa Ecsa en
1.733. Don Nicolás Jiménez de Lobatón, también
de Perú, Marqués de Rocafuerte, en 1.746. Don
José María Jiménez de Vargas, vecino de Villa del
Río (Córdoba), Conde de Monte Real el 5 de
septiembre de 1.870 y don Carlos Jiménez
Gotall, Marqués de Casa Jiménez y Vizconde de
Torre Almirante, en 1.876.
Armas: Las armas de los Jiménez de
Navarra, origen del linaje, son: Escudo partido,
1º en azur, tres veneras de plata y 2º en oro, dos
fajas de gules.

El Ladino

Por Lord Byron

El ladino (más conocido como sefardí) no
era una lengua semítica/judía, sino una variante
arcaica del romance hablado en la Península. El
sefardí aún se habla hoy día (muy poco) y no es
extremadamente difícil de entender; por eso,
supongo que un peninsular no judío entendería el
ladino sin muchos problemas (por cierto, el
nombre "ladino" no es más que una variante de
"latín", y "sefardí" significa "de España", por
entonces término geográfico...).
¿Su origen? De la Breve historia de la
literatura española (Alvar - Mainer - Navarro):
"Aquel idioma [el castellano] se convirtió muy
pronto en la lingua franca de una encrucijada
dialectal y esto, tanto como la expansión política
de Castilla aseguró su éxito. Se sobrepuso,
primero, al uso del árabe y del hebreo, lenguas
propias de sendas comunidades hispanas (...). Y
si la tardía adopción del castellano por la España
islámica dio el curioso fenómeno de la literatura
aljamiada (escrita en romance con grafía árabe),
el mismo y precoz hecho entre los hebreos
originó —después de la expulsión de 1492— el
judeoespañol, todavía en uso".
El hebreo, en cambio, es una lengua muy
particular... Desde (casi) siempre, ha tenido la
consideración de "lengua sagrada", y lo es incluso
formalmente; por ejemplo, el número 15 está
prohibido porque las letras (los números hebreos,
como los griegos y romanos, se escriben con
letras) recuerdan el Nombre de Dios, Bendito
sea... Así que el hecho que sea lengua litúrgica,
como el latín, no quiere decir que tuviera el
mismo uso que el latín: el del hebreo estaba
mucho más extendido entre los judíos que el
latín entre los cristianos (quizá por la diferente

filosofía y etología de rabinos y clérigos). La
gente entendía más aunque fueran palabras
sueltas, tenía un mayor conocimiento de los ritos
y en general "era más culta"; era más normal que
un judío de estatus medio supiera leer y escribir
(como curiosidad: ¿sabían que la primera
imprenta que llegó a la Península se fue a
Galicia... y tenía tipos “hebreos”?). No es
anormal que, por ejemplo, Sem Tob de Carrión
(final siglo XII — circa 1370+), rabino y erudito,
escribiera libros tanto en castellano como
hebreo, pero el público de los primeros era toda
la comunidad castellana, no sólo los judíos. Y los
segundos, en cambio, tenían un público más
amplio que el rabínico.

Y bueno, para el frikipillao de las lenguas
(o sea... yo y... ¿quién más?) que tenga
curiosidad por ver cómo es, aquí dejo de muestra
un par de poemitas de Juan Gelman (n. 1931),
judío askenazi (sí, no sefardí). De Dibaxu (1993),
en Salarios del impío y otros poemas, 1998. Ojo,
es (valga la paradoja) "sefardí moderno"...

II

¿Ondi sta la yave di tu curasón?
il páxaru qui pasara es malu
a mí no dixera nada
a mí dexara timblandu

(¿Dónde está la llave de tu corazón?
El pájaro que pasó es malo
A mi no me dijo nada
A mí me dejó temblando.)

¿Ondi sta tu curasón agora?
un árvuli di spantu balia
no más tengu ojus cun fanbre
y un djaru sin agua

(¿Dónde está tu corazón ahora?
Un árbol de espanto baila
No tengo más que ojos con hambre
Y un jarro sin agua.)

dibaxu dil cantu sta la voz
dibaxu di la voz sta la folya
qu'il arvuli dexara
cayer di mi boca.

(Debajo del camino está la voz
debajo de la voz está la hoja
que el árbol dejó
caer de mi boca.)

V

Qué lindus tus ojus
il mirar di tus ojus más
y más il airi di tu mirar londji
nil airi stuve buscandu:

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(Qué lindos tus ojos
y más la mirada de tus ojos

y más el aire de tus ojos cuando miras lejos

en el aire estuve buscando).

la lampa di tu sangri
sangri di tu solombra
tu solombra

sovri mi curasón.

(La lámpara de tu sangre
sangre de tu sombra
tu sombra
sobre mi corazón).

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