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Interest Dipecho7 Rep a

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La experiencia demuestra que la relación entre el tipo y magnitud del evento natural y los
impactos ambientales resultantes, depende en gran medida de la vulnerabilidad ambiental
y no siempre esta relacionada con la magnitud del evento natural. En la mayoría de los
casos la mayor parte de la población afectada, es la que se encuentra asentada en zonas
de riesgo natural, como lechos de ríos, zonas de pendientes altas, de suelos frágiles o
marginales, en las que no existe o no se aplica una normativa para regular el uso del
suelo acorde a su capacidad o fragilidad.

Lo anterior, combinado con prácticas inadecuadas de uso y manejo de los recursos
naturales, que exceden la capacidad de carga de los ecosistemas en general, produce un

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deterioro y degradación del medio físico y biológico, que hace muy vulnerables estos
espacios territoriales o unidades geofísicas y a quienes las habitan, a los efectos de
eventos hidrometeorológicos, especialmente huracanes, ciclones tropicales, y sus efectos
secundarios, como deslizamientos de laderas, inundaciones o avalanchas de barro, entre
otros. Las poblaciones afectadas, son en general las de menos recursos, lo que conlleva
a un círculo vicioso, en el cual no se puede escapar a la marginalidad si no se toman
medidas integrales por parte de todos los actores involucrados.

De igual manera, la vulnerabilidad ambiental se ve aumentada por una urbanización
inapropiada y una concentración poblacional en áreas de alta exposición a fenómenos
naturales, tal y como es el caso de numerosas ciudades de la República Dominicana,
donde se ha dado un fenómeno de rápido crecimiento sin una planificación ni
ordenamiento territorial previos, lo que ha repercutido en un aumento de edificaciones mal
construidas ó con una manutención inapropiada, en la falta de infraestructura básica
(agua, alcantarillado, evacuación de residuos, etc.), así como en la ocupación de áreas de
drenaje natural. Estos elementos, entre otros, se constituyen como amenazas adicionales
en el caso de los desastres.

Las principales ciudades de la República Dominicana, sobre todo su capital, Santo
Domingo, pasó en la ultima década, de ser una ciudad de cerca de 1 millón de habitantes
a ser una urbe con más de 2.5 millones, entre dominicanos e inmigrantes,
mayoritariamente haitianos; un proceso similar pero a una menor escala sucede en
Santiago de los Caballeros, la segunda ciudad del país, todo ello sin la realización de
inversiones en infraestructuras urbanas (a excepción de los viales) y sin un ordenamiento
territorial o planificación urbana.

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