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DE CERTBAJJ, MICHEIJ

"Labelleza de lo muerto: Nigardll

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I

I1
In
LL\. BELLEZA DEL lVIUEH.TO

Escrito cn colaboración con


Domilliquc Julia y Jacqucs Rcuel

Nnciic consicnte scr cnterrado ViVD,!:!


magniiJccncin dc ia tumb:l no h~¡¡'{\ en·
cO:1trar más pJaccntc.a su estanci;"
Charles J\Ji,.~m!

La «cultura populu.::-.• supone una opcració:1 que no se co¡¡f)es::L


Ha sido necesario censur:J.rla "¡)ara poder estudiada. Desde
ces, se ha convertido €:1 un objeto de imerés porque su
, .. sido eJiminado. El nacimiento de los estudios consagrados
literatura de cordel (el libro iniciador de Njs<lr¿ es de 18::1'1),
en efecto, ligado a b. ce:1sura sod,,] de 5U objeto. Ese nRCtmiod.o
desarrolla un o<!;:.J.bio diseño .. de la polida. Una n::prc¡;ió:1
se halla en el origen de unn curiosidnd científica: la climin w.:; Ón
los libros con!;idcmdos "subversivos» e .•inmorales"'. Es éSH': un
aspecto del probJcm3, pero p1apt.ea una cu!):sLjón generaL
¡

En el comienzo hay un muert.o


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I
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Los estudios cons:.1gTados desde entonces al esta literatura han
sido posibles por el gesto que la ha retiraqo al pueblo y \::1 ba
reservado a los letrado:! o a los aficionados. Dé este modo, no puede
sorprender que éstes la hayan juzgado «envías de desaparición,·,
,,., . que se atenga!). a preservar 12.sruinas, o que vean, con la cahn;:¡ de
un lugarmfi.s !1clÍ de 1:1 historia, el horizonte de un parnísopcrdioo.
En su búsqueda. de una literatura o de una cu1tura 'popular, 1n

"Vemos aquí el concepto d~ .cu1lura popular- dejando provisorillmcnlc de


¡••
do lodo el probJcmn de la lit.crnt.um orl1! (nI como cncsludind<1 <1ctuohm:níc
por los folkloriGt.¡¡s.

\, . 47
curiosidad científica ya no sabe que ella reiter;:¡ sus orígenes y que los trabajos mismos que inspiran hoy convÍl:c¡ur,es.
lo que busca do este modo 00 es cncontmr nI pucblo. del pasado. Ayer, eran conservat.lofns, con pasiÓn y
Sus rcsult.:.¡dos y sus métodos traicioonn, sin embargo, estos cia, como ocurra con Nisard. Desde 19GO, sobre todo,
orígenes, de los cuales la censurn de 1852 !la es, como se verá, más puesta 01 servicio de la cultura popular es de inspir;¡ciÓn ,
'1\H~ un caSo particular. Numerosos trabajos recientes nos dicen ta, o nI menos ",populista". Se inscribe a continuación de
mucho sobre este tema, incluso si ignomo lo que ha constituido el ••historia sociD.J~, en pleno ascenso desde nace treinta 'Ji1()~" Estu
lugar en el cual se sostienm sus discursos. El propio Nisard no 10 erudición diseña finalmente la utopía de'otra forme de relac.iÓn
ígnc¡-aba: se vanagloriaba incluso de este lugar, el de "sccretnrjo poJítica entre 111smasas y Ja cJite.J Pero ,Jél opcr(J(:.ióI1
!HJjunto" de la policía. ~Cuf.\ndo, afectado por In influencia desas- ¿obedece a otras Jeyes que 12.5 del pas~\do? P:lTcce, al C('
trosa que había ejercido hast.a entonces sobre todos los espíritus sometida todavía a los mecanismos muy rmtiguos de la cxcomu·
e;;;a cantidad de malos libros que vendían los buhoneros sin. nión. "La sociolof,'Ía de ];1 cultura· popnlar, decía ¡VI
obst(¡culo alguno en toda Francia, Charles de Maupas, ministro comienza con el lai c:ismo de los hen,jes,-." El mismo
de b poJjcjn genernl, concibió)' ejecutó eJ sabio designio de eliminación se prolonga. El suber siguc ligado íl un
es~abJccer una comisión permanente para el examen de esos nutoriza.
libros (30 de noviembre de 1852), tuvo In bondad de convocarme Lo que se encuentra en la causa no son ni bs ideoJcgf8s ni b5
a form<Jr parte de eHa, con ellítulo de secretario adjunto. Esto me opiniones, sino las relaciones que un objet.o y sus métodos cirTltí-
dio ln ocasión de reunir esws pequeños libros y de estudiarJos con ficos mantienen con la sociedad qne lOS Y si ¡os
",1 "smero más escrupuloso.,,1 mientas científicos no son inocentes, si sus objetivos
Esta deciaración venía después de le.sjornadas repubJicanas de una organi:tación poHtica, el discurso mismo de In ciencia dd;f:
fubrero y de junio de 1848, y después de 1852, fecha de la revelanma acción que le es encomendada por Jrr socicebd: [J':ulUn
rC3lauración del Imperio. De lo que se había sometido, se podía lo que pretende mostrar-. Esto significa que un mejor<!.miento de
hacer un ~objeto. científico ... " los métodos Duna inversión ddas convicciones no cambiu3]o ¡mc
Viejo ref1ejo, M.Soriano demuestra que ya había actuado en los la operación científica ha hecho de )a cultura pOpUJLlL Es nc,;c;;':1
tiempos de la Fronda, entre 1647 Y 1653, cuando el lenguaje de la '. ria una acción política.
.•cananan, minuciosamente introducido por los he!rrnanos Pe-' ' Un poco de historia nos -esciarecení, por otra parte, sobre sus
rrauit en sus poemas burlescos, se había convcrtido en objeto de reiteraciones actuales.
risa al mismo tiempo que permitía ridiculizar a los 4<c1ásicos~. Por
un lado, este caballo de,Troya les servía e!n la polémica contra ¡os
•.antiguos": querella de Jiteratos, C0l110la de nuestros díos entre
c1ásicos"y modernos. Pero, por otro 19do, estos sustmtos popula- Nacimiento de un exotismo
res, de momento ÚtiJes, se volvían temibles en la medida en que (Siglo XVJlI)
se des!'JTo1Jaban 105 levantamientos populares de la Fronda. De
este modo,: 105 Perrault van tomando más y más distnncia,
irónicos y hostiles, en la medida e!nqu~ se acercan a Mazarino. L! ¿Cómo nace este exotismo de lo interior, esta perspectiva que
.•comicidad- yla ~curiosidad ••de este ~ablarvan a la par, entre! los supone oprimida la realidad que objetiva y que idealiza? Dos
grandes burgueses amenazados, del :triunfo del orden obra del momentos privile!g1ados son reveladores de esta óptica: los finales
CardenaL La buda mide el fracaso del pueblo, cuya cultura es dd sig10 XVlI!, por una parte, y los años 1850-1890 por otra. Una
tanto más ~curiosa ••cuanto que menos se teme a sus sujetos.2 . suerte de entusiasmo por 10 «popular" agitaba a la aristocracj~l
Este sistema funciona todavía, aunque sobro otras modas y en liberal e ilustrada n finales de! siglo XVHI. Pero esta ~rusticofi¡ia"

I
.1. ChnrJes Nisard, lli~loire des ljures populcires; 2'. edición, 18G4, p. lo 3. Retornamos esto9 términos -elile-, ·mas:)-, -pueblo- clc.-l:ll y curno son
2,1Ilarc Sona:¡o .BudosQuo et langllge populairc de 1G.J7 a 1653: Sur deux empleados en b. Jilerntura sobre cste tema.
poémcs de jcuncssc d~s freres Perrault-, en·Annalcs ESe, lDG9, pp. 949-975. 4. W. Míihlmann, Messillnísmcs révolulÍonaires, GaJlimard, 19513, p. ~ lB.

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que se halla en las noveJas de louvct y Restif es tambi~n, :) 1a populares estuvieron en Lug:J -·Madame Poitrine r"vel" MoItIÍJn¡
jl\vorsn, un tC!l1or: eJ de la ciudad nmcnnz.nda }' corrupta porque se va a la gucrrn en 1781, en la corte de Luis XVI, a la t.:lí:l:
Jasjerarqufns tradicionnlc~ se van a pique. De a1!f, cste retorno a Beaumarchais debía poner, tres ai'ios :-n6.$ t.arde, en DO::,) de
esta pureza origiIl2.1 de las campiñ:¡s, símbolo de Jas, virtuc1é!s Querubfn- lo cunl constituye otro signo de esta confisc:1cion de:
conservadas desde 105 tiempos más remotos. Pero este salvaje de] tesoro perdido. El placer demostrado respecto del b:¡lo -PO)1uj¡¡f'"
interior que es-e] campesi~o francés -el espesor de la historia que recubre <:!slasmelodías -inocentes- c:,justamenLe el clerncn lO
reemplaza aquí i1 la distancia geogyáfica- presenta Jas\,,'entajas fundador de una concepción cJitista de la cul Lura. La emociÓn nace
de ser, al mismo tiempo, civilizado en St!S costumbres cristianas: de Jn distancia misma que scpara al oyente deJ supucsto compo·
Ja proximid:ld de Ja naturaleza ligada a siglos de moral cristiana sitor.
produce "estos sujetos Deles, dóci}es y laboriosos •.5 que 6e pucden Pero 1:1 actitud así expresada no C3 el únit:o acto de un;1
ver, por ejempJo, en 'Sabn:y, Picardía, donde cada año, el 8 de aristocracia méls o menos masoquista. Es también In cie los
junio, se corona un rosal. Con?tituyentes. La in\icstig:Jción que el abad Grégcire, cu¡-;"! ue
Embermesnil, inicia en agosto de 1790 sobre los palois de Fra Dcja
Salanc)', por sie"lprc favoredd:! del cieJo, si jam:\s se ha escrito le y que concluye can su famosa reJación de Pr;¡di:¡] del Ai'1o 11: Su:'
historia cie Ja virlud, lu fiesta será C6Jebre en sus f:.lstos. Aquí, se la nécessilé el les mo)"cns d'cr;écntir les patois el d'I!llit'cTsnllzcr
dirá, los s;¡bios y ¡os buenos ciucadanos viven en una simplicidad ['usagc de la langue frar.r;aisc -Sobre la :Ic-ccsidad de destruir d
digna de]a primera Ed:J¿. Aquí, ]ejos de ]as f:Jlsas neccsid:1des, 1:15 palois .J' de uniucrsdizar el llSO d.e la lengua [mnr;cs(:-.!' e~
manos bboriosas ;!]i:nent:m cuerpos vigorosos CO:1 una diet.n fru- re',reJadora de sus preocupaciones. 10 que cuenta aquí :;on mena;;
. pl.Aquí, bs castas esposas pintan de dicha los días de los honestos Jos informes -que el hist{)rj::ldor pucde y debe descch<\, póJI"a un
esposos. Aquí, un::ljoven :10 apor:.a otra dote a aquel que la requierc, ::m~lisis de Ja cultura popuJa.- que Ja intención m<:Jnifestada P:J!"
que su s::lbiduría, su duhura y Ja gloria de haber merecido In Rosa.
eJ investigador y sus informantes, Se trata a la vez de coleccio,jQr
En fin, bajo un Pa3tor sabio, u;). puebJo industrioso, sumiso 1\ sus
(•.¿Tenéis obrc.s en patois impresas o manuscritas, antigu<:J$ o
dulces leyes, cumpJe e;"1paz, todos los deberes del cristiano y del
modernas? ¿Será posible procurárseJ:ts f¿cilmente?~ )10 y de .wl¡¡-
. ciudadano ...
¡Fiesb de]a Rosa, instit'Jcióa cons;¡gTada por la s:¡biduria y por el cir (¿Cuál será la irl1port.:mcill religiosa y poW.ica de destruir
hOrloo! ¡Au¡;ust:\ solemnidad donde el premio deJ m:)s simple es enteramente cstepa.lois? ... ¿Los ha~iL-:ntcs de la campajla ti'2IHm
otorgado a Ja inocencia qc ]a más pura!C prejuicios y de qt:é género? ¿Son más esclarecidos desde hace
veinte años a la fecha?). L~ mayoria ee las respuestas (proceden-
La moda de las fiestas de Jos rosaJes :l paitir de los aílos 1770 tes en su mayor p:!rte de burgueses, ha:nbres de Jeyes o CUT;).S) se
es eJ regTeso n un pueblo al cual se ha despojado de la paJabr::l par::l Dronuncia a Ínyor de una elimin;:¡ción de los patois. Sin dud¡¡, 1:1
mejor domesticarlo.7 La ideaJización de lo "popul::lr" es tanto m¿s ~azór¡ más frecuenternente alegada para Ja uni\'~rs:JlizacióI1 (k
fúcil cuanto que se efectú:¡.bajo Ja forma del ¡nonÓJogo. Por otr.:J. la len¡p.Ja frances:! es la destrucción ue ln odiosa feud::lici:;d qtlC,
parte, si el puebJo 110 había, bien 'puede cant::lr. Las canciones como forma de rev:mchn, se segufa m~l1teniendo gyaci:1s :1 J;!
supervivencia de Jcs particularismos. Pero estos ciladinos iJustr;¡-
5.Rrlalion d~ la cé.-fl:1oniede Ic rose qui ,,'cs! (cite drws le uillage de Salar:c:! dos no tienen en .cuenta, en su ignor:;.ncia, la antorcha dc' la
le 8 juin 1766. La ccremonia fué presidid:. por e] inte;¡denle de P¡c:.ru~a Le campaña escolar conducida por J~ Iglesia de Ja R~forma cahí!ica:
PeIlelier de MorfQ:1tninc que estaba nco::lp:.ñado de la condcs~ de Genhs~ J:¡ la unidad nacional-del mismo modo que el retorno del herejt'- se
futura educador;¡ de Lu:s Felipe de Qrlcllns. ¿Es COSU;¡! que la hter;¡tur;¡ bien
pens:Jllle dcstin;¡da :. los obreros de LilIe durante el Segundo Imperio incJuyn
h::lrá por medio de la instrucción, es decir, p~r b eliminación de
La Rosicre de Sclar:cj' de Jeseph,Chantrel'0867, 120 p.)? Cf. pjerrc PieTT:1rd,
La Vic ouuricre iJ l.il/e so:!s le Se~ond Empíre, moud el G:JY, 1965, p. 274. 8. er. tod:1\"[:\ho)' Henri D:.venson,LC Liure dr3 cltn:¡~ons, Club UC5libr;lirC',:
6. Hisloirc de la rosícre de Sc7cncj' ou recueil de picces lc:::!en prose qu 'e11 de Fronee, 1958, p. 20.
IJcr.~ sllr In rosiere don! lJuellJuci.:ms ri'ont poinl cncor pam, París, Mengol, 9. Cr. Lcltre3 i: Grér.cire sur/es palois de Frr,:¡cc, 170-1794, public:Hbs por ,\.
1777, p. 83 .. - _. G:Jzier, P:.ris, 1580 (reimprcsión, Geneve, Sbtkinc. 1969).
7. En 13s muy numerosas re!aclones de fiest::ls de rosas del UrI del slglo).;"I, 10. L., bibiiotec:l de]a Socie¿:1d de I'ort-ROj·lll consen·a un colrcciún ,le piez:\:.
el puebJono figur;¡ más que:. tr;¡'''¿s de les ojos atenles de las cortesanos que nan \ impre5:'s en petois y cn,·jadas u Gre¡;oire.
venído D ver un vj;¡jc :. la Arc:1di, ..
:1 I
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16
unll rcsistencia dcbida n la ignorancia. Sin duda, algunos se do a los primeros como tir:mog y IJ ]05 segundos ':01110
lamentan de este hecho por la "pureza» de las costumbres rusli- excitando la envidia y el rencor de unos contra otros y
c~s; pcro, como not3. uno de los informantes, el palois ya eslá así en nuestra sociedad, que tanta necesidnd tiene de
condcnado: fraternidad, todos los elementos de una guerra civ{i.• 1J

Las costumbres de nuestros buenos abuelos eran simples como las De allí la crccción por el ministro de Policía general, el 30 de
ue los palois y eUas parecen hechas para adquirir simplicidad y noviembre de 1852, de una ~comisión de cxnmen de ¡os libros de
bonhomía. De alH {que podrín ser un error] que abandonarm: las corde]..; no alcanzaba conyigilnr a los buhoneros, f3Jt303 contro-
virtudes simples y naturales antes de que este funeslo CU!IJbl~ se lar, por el otorgamiento de est..ampiIJas, el contenido de las obrDS
haya operado; pero mantener la ignora;¡cia unida a la corrupcIón que se difundían, para ve:i!icar que no fueran conlr;:,,:j:::; ~o.¡
seria el peor de todos los males. Il orden, a la moral y a la religión". A]10ra bien, es a Charles Nis3rd,
secretario de esta comisión, como recordéuDOS más .:Juib2, a qujQn
La constntación se impone de nuevo: es en el momento en que debemos la primera Hisloire des liures populaires el de la littÚa..
una cultura ya no' tie~e los medios para defenderse cuando
ture de colportagc.l' En el prefacio de su primera edición, el autor
aparecen el etnólogo o el arque610go. Como lo dijo el propio confiesa sus intenciones con una inoccncia que conmueve:
Grcgoire en su informe a la Convención: ..
Estimé que si, en e] interés de personas fáciles de seducir, como son
El conoc:imientode ]05 dialectos puede echar luz sobre los monu- . los obreros y los habitantes de Jos campos, la Comisión no ddJla
mentos de la Edad Media. Casi todos los idiomas cuentan con obras 'dejar ue prohibir el cordel en I::tstres cuartas partes de sus lj!.no$,
-.. que les olorgan cierta reputación. Ya Ja Comisión de lI..rlcs, en su esta prohibición nosecxtcndía a 1:1spersonns n prueb" de ¡as m;¡J:¡~
instrucci :, ha recomendado Ulla colección ue esos monume;¡tos Jecturas, es decir a ¡es eruditos, ¡os bibJiófilos los coleccionistas y
impresos o manuscritos; es necesario buscar Jas pe;];¡s hasta en el aun a los simples curiosos de la literatura ~xcéntric.;1. Por f~s'ta
estiércol de Ennio.12 razón, creí h¡¡cer una cosa que seria agrndable a unos y ti otros al
reunir todos estos libros bajo un 6010 punto de "ista, y salvarlos en
. masa de! naufragio en que iuan a perecer aislados.,j

Charles Nisard (] 854) A.sí pues, el pueblo es unni/io, al cual conviene mantener en su

J
I pureza original, preservándolo de los malas lecturas. Pero los
aficionados esclarecidos puedcn preservar, en el estante eJe ~cu.
El periodo 1850-1890 definió una segunda ctdra de este culto riosos» de sus bibliotecas 109 colecciones de los folkJoristas como
c<!strador librado a un pueblo que queda cons(ituido, de a1lí en . :lntes los aristócratas hacían rcJeer los almanaques 11 S,JS sirvien-
más, como objeto de -ciencia». Todavía, es necesario interrogarse tes. E.l interés del coleccionista es correlativo de una represión que
sobre los postulados subyacentes del ••folkloriismo". Es en el exorClsa el peligTo revolucionario que en las jornadas de junio de
momento mismo en oue la literatura de cordel es perseguida con 1848 había mostrado que estaba siempre próximo y latente.
el mayor vigor que los bel10s espíritus se in~lin2n con delectación
-sobre los libros o lás argumentos populares. En una circular de
aplicación de la ley del 27 rle jnl\o de 1849 sobre la prensa, el •
ministro del Interior escribía a 'los prefectos:

El carácter más t;OmÚDde los escritos que se esfuerzan por cxtender


en este momentJ y a los cuales se dI) la forma más popular es que
dividen alR 50ci(:dllden dos cJases, los ricosylos pobres;pre5cntnn-
13. Circular del 4 de enero d!! 1851, Archivos nacionales F (18) 555.
11. Op. cil., p. lIB.
14. 1"edici6n, ]854, 2" edición, ]864, recdicjón, Maisonneu\'c ct Lnrose
196B..
12. Op.ál., pp. 300-.301.
15. Charles Nisnrd, op. cil., edici6n de 1854, p. IV.

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ocultarlo cunndo, en un un discurso solemne en b Sorbor.:l.
La bcllc époqllC dcl folklore definió al arte popular: "Todo lo que se produce o se conserV¿J en
(la Tcrcera Hcpública) el pueblo, lejos de 13 influencia de los centros urbanos.·I; L"
reivindicación de una restauración de 13 vida provinciana, sancio·
nada por un medievalismo de buena lcy, la exigencia de Hila
Veinticinco años más tllrde,la primern oleada folklórica es con· r;: renovación socinl que debía reencontrar al campesino en el obrero
temporánea de los comienzos de la Tercera República. Se nutrió y conocer las virtudes primitivas de lnlierrn.,15la voluntad eJe IIn
en un mundo rural qua las vías férreas, el servicio militar (menos regreso a lns fUent~ estéticas contra "el refinamienlo confuso y
todavía los medios de comunicación masiva), aÚn no habían el malentendido intelectual»: sun éstos ¡os temas Que anuncian J:¡
puesto en contacto con la ciudnd: un munno que se dislocará TIevolución nacional - Vichy, esa otra ednd de oro' de la tradición
~ápidamente después de la Primera Guerra Mundial. La preocu- y del folklorismo- y que, en lo i.nmedinto, mnnifiest.nn la exislp.n·
pación folklórica, sin embargo, no está exenta de dobJes pensa~ cia de un populismo de los poderosos, surgido a 1:1búsqucda de \11);}
mientas: quiere situar, integrar, garantizar. Su interés es cop1o la nueva alianza. Se encuentra un ec'o en este vuelo curiosamente
contracara de la censura: una integración razo:1:Jda. La cultur:l actual y, sin emb~rgo, enternmente teñido de Déroulcde:
popular se define así como un patrimonio, ~egún una oob].e gril!a
histórica (la interpolación Cf:: temas garant1za una comumdad de Sí, vnmos '3 los obreros y 3. los C3!11p~sinos; mejor, si los podemo~
hisloria) y geográfica (su ge¡:cralización en el espaci.o ~testi~ua la co;wertir en c3mpcsinos, ooreros, nosotros mismos, me~ciémfJnos
cohesión de)a misma). La genealogía y el comparatJvJsmo VJenen en sus fiestas, hagamos renacerloquc la i:1toJcrancia oei olvido h;¡n
así a reforzar la existencia de una unidv,d del repertorio francés cn matado, creémoslos nuevament~. le. '
el cual se expresa una mer..talickd francesa. Así empa~ado, el
. dominio popular deja de ser el munuo inquietante que NJsard se L3 Francia qurguesa ¿una inmensa kermesse? Un ben~ricio
esforzllbaen exorcizar}' recluir menos de un CU2rto de siglo antes. jamás se pierde. "
El folklore asegura la asimilacióncullural de un m.useo de aHí c!, Espontáneo, inocente, el pueblo es el ~iño una vez más. Ya no
más t.ranquilizador: "La audición de nuestras cancJOnes campCSJ- ese niño vagamente amenazantey.;.b::ut<il que se ha querido
Das ya no se hará sin provecho para los músicos y los poetas. Se mutiJar: el hijo pródigo viene de lejos y:'se nacrna con losatmdivos
darán cuenta mejor, escuchándolas, de que el secreto de c?nmover del exotismo. De su distancia también:1'ara G. Vi::;¡ire,' ~l;¡
y de encantar no consiste: en 111 búsqueda de sono~ldad?s y trndición, un mundo de sensaciones inéditas •• debe ensc:ñ3rnos
vocablos bizarros sino en lajusLeza del acento y en la smcendad " sobre ~el alma tan oscura, tan dificil de penetrar del camp1s¡I10~.~
.~,de la inspiración: ..". proclama la misma revista que niega todo· El pueblo es un Japón: es necesario devolverle el gnstp por el
~ - interés 11 la etnografía co16nialy, 11 fin de cuentas, proclama, ",ante canto; es un río, es ncccsnr10 calmar sus alteraciones.~¡ ¡Es, por
todo, quedémonos en Franc.ia.»16 ... cierto, una mujer que es necesario rcveJar a sí misma: ,¡
, " , I
Este interés es, por olra parte, ambiguo en otro senbdo. Las
connotaciones del término popular que se encuentran en las En suma, toda cre~ci6n del ~spjritu humano debe, par:¡ p1crfcccio.
revistas de la éDoca son esclarecedoras: lo popular esto. 3sociado narse, recorrertrcs estadios: en principio, concepción cua~i.cspon-
aquí a lo nalur;l, a 19verdadero, a lo ingenuo, a los espontáneo, t:'1nea de un ideal en el im:Jg1nario popular, es decir, Tr:tdición e
Jnconciencia; Juego, organización rezonnda de este io",,; eh J;¡obr:¡
a la infancia. A menudo, el celo folklórico se desdobla en preocu-
de un genio, es decir, Conciencia y Arte; por úJtimo, enci1n1:¡ciónde·
paciones federalistas en las que el sentido polí.tico es e.vide~te. No
es por ázar que, de allí en más, popplar sea.s1empr<: ld.ent\ficado
con campesino. La cultura dl~ las elites, las el1tes en SI mIsmas, son 17. Discurso dcl24 de marzo de 1895, en Le. Trnd/tion en PoilOIl el ('I1(1/'CIII,'
Pnris, 1896, p. VI. ' •
amenazadas desde otro frente: las clases trabajadoras Y peJigro-,
18. ¡bid., p. XIV (discurso de G. DoucJier).
sas de las ciudades, ante todo París, se muestran desde ahora 19. ¡bid., p. XVIII.
como una amenaza presenfe de otro :nodo. G. Paris no trató de . 20. G. Vícairc, -Nos ideécs sur le lradidionisme., en ¡¡Cl'Ur:: drs IradililJlI!'
populaircs, 1886, n"7, p.189 .. '
21. ¡bid., pp. 190-191.
16. La TraditioT1 '/lalionalc, oe: ubre 189G, pp. 4·5.

54
este idea! en la realidad es decir, Progreso Social... En un gran
hombre b:1y siempre, y debe haberlo, un incunsciente nervioso y cuentos escritos por 105 Pcrr:mlt, scguramente, y también ¡os
sentimental como ~na mujer· pero }¡;¡y tamhién, y debe haberlo almanaques (G. Bolleme lo ha demosirado)- tienen por...culorcs fl
sielnpre. otro elemento, una ciarividcntc y dominante virilidad ...:2 profesionales.2G Revela entonces la mentalidad de !os"liieraios.
Pero estos especialistas, ~stos letrados ¿no se habrían ildaptado
'Elogio de vuelo dialéctico? En todo caso, revela apenas a un . ellos mismos a los gustos de su público'? Dicho de otro modo:
tr:vesii de una violencia antigua que oscila ::Ibora entre el voyeu- ¿habrá que buscar lo "popular. del lado de los leclores? Es poco
ri:;me y la ped:lgogfa_ En este terreno, todo es po:;ib!e. Ellib:ra- probable, pese ala difusión de los almanaques durante el Anti~uo
li.5mo, un poco despre:iativo, de algunos grupos senala preclso- Régimen (72.000 del de Colombat, de 150.000 a 200.000 de los
mente que ·el espíritu nuevo no desprecin a nadie: en la natura- otros). En una Francia todavía analfabeta en un 60 por ciento
leza en la humanidad, nada le es indiferente ....ZI El pueblo es, en h:Jcia 1780 (80 por ciento en 1685),105 :1Jmanaques se encuentran
surn'a: el buen snlveje: en la reafirmación cultural pue?e aconte- a menudo en ¡as bibliotec'as de las cJases medias -Roger Chartier
cede 1:1 reserva o el museo. La perspectiva de los eruditos puede 10 ha notaclo,Z7 y muchos archivos lo cunfirman. Estos libritos del
quererse neutra y, P?r qu.é no, simp{¡tic~. Es la más s~crela siglo >""111 parecen haber ocupado la misma posición nue nueslra
violenci:l del primer folklonsmo lo que debió cnmuf1ar Sll vIOlen- litemtura de bolsillo: se dirigía a más lectores pero, al parecer, sin
cia. La misma-que nO$ conduce al presente. pasar la frontera de las cJases acomodadas y medias.:!
¿Dónde ubicar entonces 10 «aulénlieamente popular •.? Unos Jo
b.uscarán en el tesoro ocu1to de una tradición oral, fuente "primi-
tIva ••y "natural- que desemboca en la literatura escrita. Olros
El mi~o del origen perdido postularán una unidad de la cultun:, pero extendida. a Jo largo ne ..•
un movimiento que hará de la literatura de elite la anunciauora
de ias evoluciones globales. Hay'pues muchos sistemas de e~:pli-
¿Q.uées lopDp~lar?En:St.i eSludiosobre «popul~ry pueblo ••, !\'rarc:l cación. :
h-hlgct babla de la «imposibíJidad de definir- y de «aporías lóg¡- Para G. Bolieme, lalireratura de elite 'del A.ntigl1ORégimen 'se
cas-. Suma y multiplica los crit~rios que su crítica remite a otros, ~egra9ó en una cultura "'popuJar» elabornda por literatos especia-
indefinidamente, hasta el vértigo.2~ ¿Es la historia más nfortuna- . }¡st:lS, pero que tiene en sí la función trnnsitorin de hL!cer brotar en
aneuando se pone a indagar la literatura popular bajó el Anti~o el pueblo una necesidad de saber y de bienestar. Una vez cumplido
Hcgimen?Es posiblediIdarde eHo, pese a los esfuerzo¿ de estudIOs . ese papel, al fin del siglo >""V!I1, el almanaque ya no tuvo ,azón de
not:lbles como los Robert Mandrou, Genevieve BoJ)eme, Mare .ser: devbo "desusado, perimido", pues el pueblo se pone a hablar
Senano, ctc.::S En este flujo de libros eruditos, 14
literatura
ahora de la fiJo$ofía única «conjugnción de buen vivir de cicncin
popular no siempre di_:::esu nombre .. _. l. de indagación y de gusto por)a verdnd, de deseo de bi~nestar y d~
Comoolros , más Que
-
otros, M. Sonano dlstmgue en1 la hteratu- esfuerzo hacia la virtud».::9 Pero, para G. BolJeme, todo esto
ra asIUamada popular,los •.escritos al uso del pueblo.iy las ••obras
funciona porque c.=iste, en el pueblo, un "gusto-, el de saber, o el de
nuiénticamente popula.res ••.Sin embargo, los mismos, textos -los
«ser instruido_:W que los almanaques hicieron brotar eJe su somno-
j
.., liencia. Este «gusto-, equivalente a una •.necesidad •. o a una
22. Lo Trnr!iijon_. 1887, t. 1, pp. 3·4 .. naturaleza profunda, fue puesto a la luz Dar 111 excitación de los
I 23. lbici., p. 8. / .' • nlmanaques que, desde un principio, presentaron al puebJo corno
24.. En Jca:1 Ppi ••icr led.), Ethnologie 8énérale, Encj'clopédie de 1n P1éiade,
j 19GB, pp. 1219-13D4.
el lugardondehabita un Dios pobre en el cual la sabiduria jnterio:-
1 25. Hobcrt Mandrou,De la culture populaire en Fra 11 ce aux xvrf et XVI/f ,¡tele:>.
I
La Rib!W1hf1Juebleuede TrO)'es,Siock, 1954; Geneviévc Bollemc, ·Littéralure el 26. cr. por ejemplo G. I3olJeme, cLitlér;ture populnire-, pp. 66-67.

'!
I ]iL1t!r.1tun:dcco1portageauxvlII sieclc> cnLivre el Socil!lé dans la France dU:>.YUf
sii:rle, MDUloa, 1965, pp. 61-92; G. Holleme, LesAlmanachs populaires auxXVuf
sied=. Essoi d'hisloire so::iale, Moulon, 1969; Marc Soriano, Les Con/es de
l'crn:¡ull. ~!~un:_=vanle d lrac!itions populaires, Gallimard, 1968, etcéLera.
27. R. Chartier, en RCL'ue his/ariquc, 495 (1970), p. 193.197.
28. cr. por ejemplo ,!ean·Paul Scrtre, .Poinls ue \'Uf'; cultura de poche el
culLure di! mn55C-, en Lcs Temps modernes, n> 208, m/lya eJe WG5.
29. G. Do]Jcme, Les AlmclI(;chs/mpu/aires, pp.' J23. ¡2.1.
30. G. Dullimre; en Liure el Sacié/¿, pp. 75 Y 89 ..
~
j. 55

"
I 57
~
.~
se trans~ormaba n sí misma, Pero, finalmente, ¿no se debe concluir Lo que sorprende de estos ználisis no es, comodeda M. J\bget. bs
que el DIOsoculto no es otra cosa que est.e ~gusto» y esta ••necesidad" a~ poria$JO queresult:ln dela forma enqueseplant.ea el probl<::ma.sino
so) que las trompet.ns de los 1itcratos hicieron sa1ir de su noche? ' el alc.:lnce mismo del problema: encontrar los orígenes perdidof;.
En M. Soriano el esquema parece inverso. Pira él, esta 1it~m. Cualquicra sen su tratamiento cient.ifico, esta fascin¡¡ción of'1 objeto
tU:-1l popular es. en :í
misma ••muy anti[;lla~, arraigada en los
perdido adquiere Jos métodos en el vértigo de su c0l1tn-tdicci6n
interna. Es 10 que l~s preocupa en su imposibilidad,
ongenes de la. hlslorla y tr~nsmitidll por una tradición oral que
Antes que criticar el aporte, considernble como se sabe, de los
emerge en la hteratura clásica. Se transparentó poco a poco en la
estudios señnlndos, nuestro examen advierte la presió:l t::1si
obra ~e los let:ados',incluso.en la de aquellos que, como Permult, -
obsesiva que ejerce sobre ellos esta cuestión de los origene¡;, Est:l
cllrecum de «slmpatJas partlculares por las masas tmbajadorns"
cuestión va de suyo en el coneeptD mismo de ••cultura popHbr ..,
y.creían solamente servjrsede ellas, Contrariamente a la hjp6le~
¿De dónde procede esta sombra?,¿Cómo se constituye ('~t:l
SISde G. Bolleme, M. Sorian'o ve al movimiento remontarse desde
forma que no aparece él los investigadores más que como e\';1I1(,~'
las profundidades de la lr •.idici6n hasta la obras clásicas, y no
cente e inasible? En su beJ1a y sabia •.Introducción a la ci"1nción
descender desde una jitcnt.urn de elite para dar lugar a una
vulgarización simuladora ..... , popular francesa", se ha visto, Henri Marrou ya decía que. en
última instancia ••la canción folkJórica toma sus características
Este proceso de ascens.o sacó sus fuerzas de .•necesidades
dist.intivas del haJo popuJar que la recubre :l nuestros ojO$",;I~ De
fundamentales •• y de «aspiraciones profundas», La expresión
este fantasma que designa el origen ocultándolo, de csí/; ·hnJo·
~opula.r es la que. se manifiesta en primer lugar.J1 La historia
que muestra •.recubriendo", ¿cuál es el sentido?
!¡ternr:!!. encuentrn?Cluí su ',:odgen ••natural. En la perspectiva de
Una hipótesis se impone, aun cuando no dé cuenta de todo.
M. Sona~o, este uongen ••no es tot:llmcnte invisible ni reducido a
Estos estudios sobre la cultura popubr se dan por objeto Sil propio
Ja evocaciÓn de las aspiraciones populares. Tiene, más cerca de sí
origen. Persiguen en la superficie de 105 textos, delante (k::;í, 10
. que las obras de los letrados, UDa expresión "auténtica~ en cJ nrte
que en realidad es 'su condición de posibilidad: la eliminación
popular. La cuestión 'del origen pasa pues por unn búsqueda de
de una amenaza popuJar. No es sino 5~primiendo este objeto de
textos "primitivos ••, Un método textual, por otra parte muy
interés que toma la figura de un origen perdido: la ficción de una
not?ble, debe d.arpor sentado entonces que estos textos primitivos
realidad que debe encontrarse guarda el trazo de la acción poJflic:¡ I
están caractenzados por un ••estilo sobrio, vigoroso y eficaz". De
que la organizó. La liternturfl científica hace funcionar CDmO 'una!
esta suerte, se hace posiblejerarquizar las versiones de un mismo
representación mítica el gesto que está en su nacimiento, Enton-I
cuento y señalar ••10 autént"kamentc popular» en In literatura de
ces, no seria capaz de introducir en su discurso, como un objeto d
bs clites. La «sobriedad ••, lil versjóñ cort<1, el vigor: Lodos estos
un resultado de procedimientos rigurosos, el acto inici[lj quc h.:\;
rasgos, provistos por una genialidad fundamental, permi tcn decir
constituido una curiosidad suprirruendo una realidi1d, Y, sin:
dónde se encuentra lo ••primitivo». '
ninguna duda, no resolverá sus contradicciones internas en ianLo¡!
Por cierto, esta construcción reposa enteramente en lo que
este gesto no sea ••olvidado ••o negado ..
pretende probar. Supone qu"e la popularidad es el comienzo de la
lit.e.rlltura, y la ~nfancia de la cultura; que la pureza de un origen - '

socIa] está arraIgada en la historia; que una genialidad primitiva


está siempre comprometida por la literatura, y siempre la preser·,
Lecturas ilustr3dns do temns populares
va y la rce_n~ue_ntra; finalmepte, que la/tradición popular articu]a
las profundld~des de la naturaleza (las «aspiraciones profundas,,)
y Jas perfeccIones del arte (sobriedad, vivacidad, eficaci a del
Se encuentra, en el nivel del ,m'á1isis y de la intcrpret.ación de ]0$
relato). Con un poco de psicoanálisis se explicará fácilmente la
temas, la ambiguedad deJ objeto cultura popular que Y:J dej:'
in~ibición de este origen y d retorno del.rechazo en el lenguaje
surgir las formulaciones contrarias, y sin embargo so)idari;-¡::,
mIsmo de Ja represión. ~

31. M:lrc Soriano, ¡,es: Contes cÍ-!Perral/lt, pp. 48!J.


32. Hcnri Davcnson,l.é Uvrc Ilr$ chrlllsons. p, 21.-

58
¿a
. "'

.. Oo.

respecto dcl problema del origen. El pfimer mom'eólo es el del y siempre vigorosa" de la cultura de elite, podría muy bien signi-
invenLnrio. Es úi.ily necesario, lo que no quiere decir que ulcance. ficarque el dominio popular no existe nada más que porque somos
G. Bollmne y R.M~drouhnn constituido repertorios, por otra incapaces de hablar sin hacer que siga existiendo. R. Mandrou
parte abiertos, de temns esenciales que se encuentran en los escribe que las "incoherencias forman parte de esta visión del
alrnanaques o eri lo libritos de la BiblioLheC}lIe bleue: "Explorar los mundo que la Bibliotheque bleue expandió a 10 largo de eJos
Lemas mayores, ]aS.~senci8s y las ausencias en el interior del siglos_.36Son, paradójicamente,los mismostérn1inos de los censo-
repertorio dcla Bibliofheque bleue es llegar a abarcar, en buena res. Estas incoherencias son, si~ embargo, la conlrncara de
medida. los temaS mismos de la cultura popular francesa bajo el nueslra impotencia para encontrar ln coherencia de u"nntolalidad
Antiguo Régimcn ..••~ Muy bien. Pero he aquí que estos temas se cultural: he aquí n nuestros primitivos. De aquí resulta, yeso es
dan a si mismos cornO"pertinentes, y que las -unidades significn- más grave, unn descalificación del objeto así clasificado, re-
tivás- así inventáriJdiS 10son realmente. Aquí se encuentra una situado y, de aquí en más, pacificado.
vez más el problema~tante y clásico que plantea a los história-
dores, como a otros'plVestigadorcs de las ciencias humanas, la
modestiaagresivadttJosfolkloristas-de la clasificación de Aarne-
ThÓinpson alManual ¿e Van Gennep: sólidamente retraidos a un Lo popular en 1:1historia social
i . positiviSmo proclampiD, én el rech:izo de toda interpretación o
¡"
! cónclusión, ¿estos irtventarios no son unaúhima estratagema,
una especie de deSqui~ de la interpretación? Se sabe hoy que Pero hay m¿s. Los problemas de inventario remiten más profun.
ninguno está libre d~las opiniones de su autor. " damente a los de la interpretación de los temas y, más que n3d3,
Nace de allí un dob.Jcinterrogante: ¿desde dónde hablan los a .105 planteados por el status mismo de la interpretnción. ¿Qué
historiadores de]a culfura popular? ¿Y qué objeto constituyen en dIcen los textos puestos al dfa. qué pueden decir? 1.:1 temática de
"consecuencia? No,es indiferente destacar que todas las nociones la cultura popular se presenta en nuestras obras como]a manifes-
Que ban servidD Fa constituir su grma de inventario están tación de otra cosa que soportarin lo popular. Nada es más
~m8das de las .categorías del saber (en G. Bolleme) o, más esclarecedor,. desde esta perspectiva, que el capítulo sumario
genéricamente,dela'cultura ilustrada, a la que R. Manq.rou quiso consagrado por M. Soriano a las masas campesinas y al folklore
restituir UD doble pOpular,3t "un nivel cultural desconocido, olvi- a finales del siglo )'·VTI;37 cuestiona, haciendo más groseros 105
lo
d:uJo-: 10 fantástico, mara'uilloso, 10pagano, los"conocimientos problemas, la existencia misma de una historia social de la
científicos u ocUltos, definen menos el cont.enido de u,na cultura" cultura: una evocación rápida del "'sombrio siglo XVII", alguna
populnr que la perspectiva desde In cual parte el historiador. "La gcneraJidades sobre las tensiones sociales en el call1pesinndo
inflexión hacia 10 reihhacia 10actual, hacia lo humano" q~e G. francés (las revueltas) y sobre 1as derivaciones ideológicas su-
, BolJeme lee en los almanaques del siglo XVII! ¿cuán real es, para puestas Oa brujeria), las alusiones al mundo de la creencia y de la
cuál historiador ya qué tipo de hombre se refiere? El rechazo de superstición tomadas de 3utores recientes terminan por servir de
la duración en la que se ve, por otra parte, la característica de este " garantía histórica. o.1a investigación .••Es -dice Soriano- en este
trasfondo cultur.al35¿no es ante todo el reconocimiento, por parte contexto donde es necesario situar el folklore, es decir, e1conjunto
de la cultura ilustrada de nuestro tiempo, de su temporalidád de manifestaciones artísticas de estos campesinos: danzas, cere-
eSencia] }',al fin de cu~ntas, la confesión de una sorpresa frente monias, canciones y, naturalmente, cuentos.,,38Además de que In
a su otro? La incertidumbre reconocida sobre las fronteras del identidad entre 10 "artístico» y lo "'popular- no se anaJiza, se
dominiopopular,sobre"su homogenéidad ante la unidad profunda
\
L .
..
"í" . 36. R. M~ndrou, op. dt., p.150. Diferencia sin embnrgo fundarmml..al: Ja .
! 33. R. lfBndrou, op. cit., 'p. 21.
34. 1.:1 :1ÍiTlD8óón implici~ de una siroe.tria parece en sí misma muy
•JJ~coheren~¡¡l» de Ja cU::llhabbm esLas censuras comporLa un juicio moral y se
?ne~ ta h::lcla un dc:sorden mental; en R..:...11androu,designa -Jo que escllpo., Jo
1"C\--cI:ldora
de la c:ullura ilusLrada, quo quiere hacer olvidur y sin dudo olvida b l e.
ma!'1
su rel:Jtión represiva respecto de la culLura popul::lr. 37. M. Soriano, op."cit., 2" parte, cap. 1, pp. 88·98 .
. 35: C. 8oUemc, en LifITC.et S~iélé, 1965. 38. Ibid., p. 95.. ' "

60 61
aprecia nquf que la cultura popular no se define sino de manera
Además, G. Dollemc not..1 que ••el catolicismo es las pobres
lnuiológiC3: es •.popul:!r •. lo que ref1eja inmediatamente la situa-
gentes •.y que el Dios de los almanaques es el.Dios de 101; pobres ..;
ción histórica del pueblo bajo ·el Antiguo Régimen. El trabajo
tema evangéJico, lugar común de rico p:!s~do y de porvenir m:i¡;
consiste ahora en trner a In historia cultural los mismos tem:1S de
ric~ todavía, sin duda; podría ser tentador ver aqui ¡¡ un grupci
la historin socia1. Se cr.tra en un sistema sin fin de glosas y
social ocupado en hacer entender su verdad (es decir, <1 situar,!;!:' en
de referencias. La inventiva se cierra en el reconocimie ••to y el
la verdad desde el principio) a través de su participación alegórica
corpus se convierte en U:1 repertorio de citns. Ni el folklore ni ]a en 101; sufrimientos del Evangelio. Tan <!.síes que l<lautor¡¡ nota ¡;¡
historia parecen tenerse en cuenta.
importancia ap¡¡rentemente paradójica de un hmgunje reljgjo~o
¿Cómo funcionn la exp::-esión cultural en relación n su inserción (por otra parte sccularizatlo) en los almnÚaques del sjglox\'lI. ~I Se
social? ¿Ser¡'¡ verdad que.)o que denominamos cultura popuJar ha
podria ver aquf tanto cl índice de una religiosidad poplllnr en
penetrado todos los aspectos de la vida campesi ••a del siglo XVII y expansión corno el reflujo de 1:1 cultllr:: popular hncia el únicr)
ha organizado sus sueños y sus mitos?:19 Para. respo ••der a una lenguaje que todnvía le permitfa c:,presarse Írente al tri unfo tiC la
pregunta de E. Le Roy Ladurie, Soriano querría poder restituir]a raz6n que quiere negada. EJ lenguaje de ]a religión podría ser
grilla segú!l ]a cual Perrault hahría procedido con su repertorjo entonces el último recurso de una cultura que ya no puede
folklórico; se trata, en efecto de una de las claves de sus Con.les... <o expresarse y que debe callarse o mascuJlnr para poder h¡¡cer
¿Cómo puede entonces suponer. que el problema se resuelve por frente a un orden social diferente. Se encuentra aquí la raíz .
.. contarsóJocon el reperto;;o? Nosorprende que los temas, es decir, misma de nuestro probJcma: la cultllra popular no se preocupa
10 propiamente popu.1ar :Je los mismos, osciJen entre 1:1 descrip- más que por el modo de desaparecer, porque nuestro saber nos
ción social positivista (••el contenido soci:;¡l de Jos cuentos •.) y ]a impone, querámoslo o no, no poder entenderlo o no saber decido
nJusión a 10 incomprcnsib1c de un dominio falsamente evidente. )'3 de otro modo.
Dernanera muysintomática, Soriano se desvja del problema de la Finalmente, y más allá de los métodos y de los contenidos, m¿s
. coherencia y del funcionamiento de, 1a cultura popular hacia allá de loque se dice, una oh:-a sejuzga porloque cal1a. Ahora bien,
. la búsqueda gcnea16gica·del texto primitivo. La cultura popular es necesario constatarJo, los' estudios científicos -y sin duda ,
es mantenida aquí como supuesto n 10 largo de Ja marcha que también las obras que privilcgian- comportan extraiios y vastos ¡
procura observar. Pero resulta ser'siempre otra cosa; yal finaJ no
es nada.
piéla¡;os de silencio. Estos vacíos diseñan en negativo la sj]uetn dc' ¡
I
problemáticas instaladas negro sobre blanco en los libros eruditos.
Algunas notas, aquí y aJJá, dan sin embargo Jn idea de aJgo que
podría ser una análisis .temático. }'rabajando sobre un corpus
b:!stante cercano, R. Mandrou y G. 13olJeme, historiadores
atentos, notan que, en la representaci6n
más
rigida e impuesta desde
I
·1
Una geografía de 10 eUminndo
!o alto que brindan de la sociedad, libros y almanaques dejan
. aparecer una rendija: la función de] pastor, marginal so~ial ~r
uT'ofe,sión, sujeto y objeto de una naturnleza en la cual la slmphcl-
..
Para prq,curar un esbozo de esta geografía, tres regiones parece.n
dnd se regula sobre la evidencia evangélica, donde la inocenc;3., a ausentes de estos estudios, cualquiera sea la diferencia de sus
la vez que garantiza la fiesta; conlleva la violencia, podria revelar títulos: el niño, la sexualidad, la violencia.
muy bien, jncidentalmen~, la mirada lanzada por el otro sobre una'
'sociedad que se construyeisobrc el silencio y Ja exclusión del otro.
1. El niño
39. CC. Ins notas de Nico)e Dr.lmont, -Les Croynnccs populaires commc réciL~
mytho)ogiqucs-, en L'Hommc,abril.junio de 1~70, p. 9-1-108. ¿Ausencja del niño? Parece paradójico decirlo mientms estos tra-
40. M. Soriano .Tllblc rond!: sur ¡es contes de PeITnult. en Annolcs ESe, bajos tienen por lcitnw"tiu ]a asociación entre eJ njño y el ¡juchlo.
m¡wo-junio de 1970, p. 65. Sr.rín, en el oriéen, un ¡¡bordaje esencinl de I:!s
relácirmcs hislóricas entre una eulturn ilustrada y Jns l.odieionc5 IX'Pul¡¡rcs.
Cl. t.,mbién Annclcs ESe, ]9E9, pp. 9<19·975. 41. G. Bollcmc, en Liurc ct Sacié/é, p. 79.

62 2.2..
Pdr olra patL~, 't>~L1n a t11cnudo de la litl!trllura infantil n la . "natutaf. :ért 'ti1~"i1fñ'¡)sencuentra el discurso de los pl1cJrcs y ]0
literatura popular. Literatura para niños, literatura proveniente nprueba mucho más de 10 que lo amenaza. La espontaneidad
de la infancia y de los origen es del hombre, literatura pedagógica: infantiJ, SUpuf!$tnmente, escnpa a los.adultos, pero estn diferencia
todos ellos, temas que favorecen la asimilación entre el pueblo y es una garantía que les nsegurn mejor su sDber.
el niño y explican su sentido. Pero es todo esto 10 quc hace m:1S De este modo¡ los nutores de la litemturn iní;¡ntil-lo$ ••padres •.
sintomático lo que se dic/! del niño, figura que sirve de alegoría a de estos libritos .••al referirse a una "naturaleza. infantil, confir-
10 que se piensa del pueblo. man así sus cQnCl!pcionesYsus aspiraciones, las cuales es mejor
M. Soriano ha demostrado magistralmente que la figura de] que pasen por dtros para ser mejor reconocidas, Los niños,
padre es una de las claves de la obra de Perrnult. Sin duda, es entonces, ya. no tendrian ~mlÍs padres •.y ya no se encontrarinn
I necesnrio hecer de esta tesis una hipótesis mucho más general y
extenderla a un.número muy grande de cuentos y leyendas. Pero
otra vez ante la violencia del padre por la sencilla razón de que han
sido hechos a imagen y semejanza de In literatura qUe hnbJn ue
I ¿es seguro, como cree M. Soriano, que falta inlerpretar este hecho ellos. A partir de nlH, se hl.lbla de un poder cn elJo:;, a través de
I como el indicio de una .muerte~ o desaparición del padre? Ve la
prueba de ello en el hecho d~ que nace una generación privada de
ellos, sin que se 10 confiese como t.:11.Pronto, sin embnrgo, cuarrdo
la «nueva pedagogín ••pretenda conocer, como un objeto, la ••natu-
I padres y sin .m~yores-, librada de allí en más a su propia suerte, raleza ••del niño, adelantará los •.inst.intos••olas "necesidades- que
I educada solamente por los libros que le son propios. La. literatura querrá desnrrol1e.r.~(
infanti1sería una forma de sustitución de la presencia de los padres . ••Los niños, escribe M. Maget, son dcpositnrios de una cultura
I Muchos signo~ llevan a pensar lo contrano. Desde un principio, que se transmite nI margen de la cultura Lldulta, de la que puede
hay muy pocosniños en la literatura relevada. Los adultos se dan, representar una forma alterada ••.•s Aquí SO!1 los infantes los que
ante todo, en el4spejo de los relatos supuestamente destinados a ;:emodelan los estudios elnoJógicos. ~u cultura se presenta enton-
los niños, una in'aagen de sí mismos tal como la sueñan. Se ofrecen ces como alterada porque se presenta distinta de lade los adultos,
a si mismos su propia leyenda parla mediación de los adultos En otras palabras, ha sido necesario ••alte:-nrla •• para poder
presentados a los niños. Sin duda, es necesario preguntarse ajustarla n l~ imaginación de los ndultos y colocarJa bajo el signo
. también si no oéurría lo mismo para los miembros de las clases de .civi1izados ••(6 o de ••espejos de ]as virtudes~; se han borrado
medias que sc r~presentaban y se idealizaban en la imagen que para eso dos aspectos fundamentales: la sexualidad y Ja violencia.
pretendían :ofrecer de sí mismos al .buen pueblo». Sorprendena
menos, enesle :caso, 'que los nobles y los burgueses se hayan
aficionado tnnto'a leer esta literatura, que constituyeran la parte
más importantc' de su clientela. El adullo se comportaría de la ·· 2. La sexualidad"
.

misma manera cuando 'Ildqui~re ••para el placer de sus niños •• ¿No se ha hecho suficiente con el pueblo para conformarlo a la
cuenles concebidos para su propio placer. Una autosatisfacción imagen de si mismo que el exotismo etnográfico o ••populista»,
que eS,al mism~ tiempo, una tautología de adultos, que haría de · como todo exotismo, tiene por objeto proveer <lladulto, al hombre
los niños su pretexto, su medio y su garantía. o al burgués? No hay nada tan bello ••como la grosería y la Tud<l
Pero más aun: el niño, cuando aparece, tiene precisamente el · honestidad del artesano» escribe el periódico Le Frcn9ais en
sabery las virtudes de 105 adultos. El.pequeño brujo ••, el "pequeño agosto de 1868 a propósito de un librito: La Malice dc.::;grandes
mago", etc.U O ••el niño sabio .de tres años ••(3 que sabe tanto cemo fiLles. También "desgracia que turba la limpidez de sus ojos-oLa
105 grandes y m4s aún. ¿Es acaso contestatario? No, repite a sus • Comisión de censura será ••el angel guardián •• que protege al
predecesores, incluso va más' allá. Confirma que no hay dos inocente pueblo contra ••las fotografias impums •..
sabidurías,ni dps morales, sino que la de los padres seguirá Nisllrd, olra vez como San Juan BOC3 de oro de esta cicnci:J.,se
siendo la de lo:; niños, en el futuro y siempre. El trasfondo
41. Cf. CI:usde Rabant, .L'iIJusion pédn¡;o¡:ique-, en L'lncon.~cie¡¡l. n·,S. pp,
89-118 .
.: 42. Nisard, edici6J\ de 1864, lo 1, p. 184. 015. M. M4R~t en Jenn Poiricr (edJ. EIl:r.o!ogic 8énéra/c, p. 1283 .
. 43.1bid~ LII, p~ '15. - -, --, 46. Nisard, op. cil:, t; 11; PP:,381 ss, .

(i4
65
expresa cxtensame:1te sobre este tema. Así, a prop6sito de los Incluso sc olvida 10 que concic:-nc a las revueltas campesirl:1s.
conocimientos sexuales de los niños, se extasía con ¡as «neceda- las rciyindjc.:lciones re[,riona]jstas, ]05 connictos autonomistas, 1:1
des ••que encuentra en el'Catéc:hismc dcs amants, par dema.ndes violen6ia, en sume., Robert Mandrou ha subrayado cómo, en el
et répons!!s, ou
sont cnseignés les principalcs maxime:; de l'amour el siglo~I, la litcrntura popular dcsl)mpei16 el papel de una wurta-
le deuoirde u.nuéritable amant (TOUIS, 1838) cuando dice: ••la. edad da y funcion6 como un¡~ alienación del pueblo al cual ~distrBíu~ o
en la cual se puede comenzar!:!. hacer el amor, que es a los cntorce , «represenL"lba.T':> Lo mismo ocurre en el siglo XIX:di; !o<¡ c"!!'":')pesi.
años para los muchachos y de doce para las muchachaS»,~7 No sabía nos, los fol~loris¡¿5 bOrraIll2.s guerras: de ellas apenas queda un
dcmnsia.do sobre las costumbres infantiles y campesinas . .•alma'oscura». Las rebdioncs provinciales no dejan por traza, en
Pero el adulto tiene la necesidad de ••la inocencia- que otorga a la Sociedad de ¡os "Tradicionalistas", más que •.las reservas
los niños {y que han desmitificado, por ejemplo, ]os trabajos de profundas en Jas que duermen la snngTe y las lágrimas del pueblo-
Gaignebet sobre los ~stribj]]os de.losjuegos infantiJes).<.S Niega ]0 (1887). Las sublenciones populares c.mergen solamente, en b:;
que se opone Ii su ilusión. RCflejo característico del cual será invcstigaciones de 105 erudiLos, bajo la forma de un objet{) lastimo,
necesario ana)jzar n:ñ.s extensamente zu papel en la elinúnación so n.•.preservar»: "las tradiciones francesas abolidas o desfigura·
de la seA1.lalidnd y de'la violencia. Contentémonos con señalar Uin das •. ,
sólo esta dos regionés en blanco. ¿Se puede tcr oretón? preguntaba Morvan-Lebesque. No, nos
, De hecho, en los estudios citados, impresiona el silencio que se responde la literatura científica, si no es a título de objeto
extiende respecto de la sexualidad. M. Soriano nos relata ia ",abolido.. y nostálgico. Pero la hjst.oria demuestra que la vio]cncin
" extraña lllstoria QU~ sucedió en el cuentO de La. bella. dllrmúmlc hasido er;·;',dicadi.! de la lit€ratura porque ésta basido antes objeto
del Bosque: en él, "el hombre casado que era su amante es de una fonna de violencia. LDs datos 50:1elocuent.es. Las .\:;:lrJas ..
. sustituido por un prS;ncipe adolescente, y no es sino inconscierJte, -de Perr:mIt (1653) siguen ala represión de las frondas poJítica$ .
en el medio de un sueño mágico, que hacen el amor y que eHa da El interés de los informa:1tes do Grégoire por los patois 0790·
n luz.'9 ' ' .. , , .... 1792) acompaña y ~sW:me la supresión poJítiCll. de los regionalis-
¿Puede·varse en 'esta historia la alegoría de lo que pasa con mos ante el "pztriotism~. Los estuclios de Nisard sobre la ¡¡tern·
ciertos estudios ~n¡>agrados a la cultura,popular? Los conoci- tUTIlde cordci (1854) son posibles contragolpes para la derrota de
mientos o las relaciones amorosas caen dentro .dei campo del los"movimientos rcpublica.lOs y sociaHstas de 1848 y la instala-
I sueño mágico; Entra'n en el inconsciente de la Literatura ilustra- " ci6n del Imperió en 1852. Una violencia política explica la elimi-
I da. De Nisard a G.I?olJeme se trata casi de.la misma cuestión,
, salvo por el modo de, gritar las inverosimilitudes.
naci6n de la violencia en el estudio de los particularismos
-cultura •. popular. 10 que ha perm.itido ofrecer este paraíso
o de la

'. ' perdido ul c.;:.mpo de los letrados es, en cada ocasión, Wla victorin
del poder ..
3. La uiolencia Por otra parv.?, lampo,:o se podría reprochar a esta literatura el
,..... articularsc sobre la base de una violencia (dado que es siempre
IDe las .•cll1SespeligroSas ••; de las reivindicacio:1es amenazantes, no el caso), sino no haberla confesado.
'hay ninguna apmción en esta literatura. Para que ésl:..:1s sa hagan
presentes, por ejemplQ, M.Soriano debe abandonar "J terreno'litera-
rio y pllSar n la histonc (~obre todo en su artículo de Annales) para'
analizar la]ÍL11ción y ellugarsocin1 de esta literatura. La nrricwación
de los.textos con la h\'Stori~ política es, sin embargo, fundamental.
Ella sola e:-:plicacómo se constituye una perspectiva.

47. [bid.,t:1, p. 294.


50. Los pequeños Jibrng,¡¡;:de9 de TroJcs, dice, conslitu)'cD -un obst;\cuJo;:!
48. Clnudc Gnigncbet, El Folklore obscene des en{er.:s {rantyais, Maisonnue·
ve el LaTose, 1974. lo lomo de conciencia de Ins condiciones sociales y poilticns g Jor. ¡;U~ les csr..,ban
49. M. Soriano, op. cil., pp. 125·130. sometidos estos sectores popula;-es- (D~ le culture pcpuiairc, p. 163):

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Ciencia y poUticn: un interrogante óbjeto en eJ cual es constitutiva la dislallcia respecto de los olros
y no Ja inmediata similit.ud? El riesg-o no es, como el autor se
defiende, utilizar4al mismo tiempo métodos reputados inconci1ia-
- Donde q~jcra que se mire, se encuentran siempre Jos ~roblem~s bles.•, sino utilizarlos de la misma manera, sin extr::\Crnada de sus
que, desaeTrisles tropiq~s ¡de C. Lévi-StraussJ a JnreCIente Purx diferencias. En esta sentido,la enseñanza n',ns rica es todavía la
blan.che de R. Jnu1in, la etnología vuelve a encontrar en una arquitectura casi autobiográfica del libro en la cual se pu~de
práctica más inmediatamente concreta y .políti~a, más fá~i~ de intentar leer la manera en la que la investigación •.ha dirigido» a
descifr.ar que la de los historiadores. En 10 lnmedl!lto, se q~lIslera su D.utor.~ Y es que en última instancia nos informa menos sobre
ant.e todo extraer la lecdón de algunos de estcs libros reCIentes, la cultura popular qué sobre Jo que es, pnru un universitario
. importantes, demasiado fácilmente y demasiado exten~amente _progresista de nuestros días, hablar de Ja cultura popular. Esto
.criticados aquL Tienen el mérito, en absolutc d~:eclabll:, de nos remite a una pregunta quese encuentra por todas partes, y a
haberinventadoul1 tema tópico en su misma amblgucd~d. Tam- la cual es necesario intentar responder: ¿Desde dónde se habla,
bién de basarse soi>reun enorme trabnjo de desciframiento, que qué se puede decir? Pero también, al fin, ¿desde ¿ónde hablamos
.sugiere cierto número de pistas a estudiar; la más c1~si:-n,la.más nosotros? El problema se convierte en inmediatamente politico,
dificil a causa qui.8. de la rareza de doc~m~ntos slgm?cattvos, ya que pone en cuestión la función social -es decir, en principio
señalaviadeunasociologfa de la cu1tura,'desu prod)Jcclón, de su - represiva..., de la cultura letrada. ,_
difusión de su circclación: quizá seá,si así se lo quiere, el abordaje Va de suyo que a través de la critica de Soriano, es nuestro
externo de una cohereni:ia, necesaria y, sin embargo, jnsuñciente. propio lugar el que se nos impone definir. ¿En. dónde estamos
L~ otra via pasa por una critica interna de la misma c?h:rcncia: nosotros sino en la cultura ilustrada? O, si se prefiere de estemodo
ést:!. puede recuni~ a útilf75.ta'!1 dive~sos (pero ta~l~n tan ¿existe la cultura popuJarmás que en el acto queJa suprime? Está
. problemáticos) como el análisIs lingiiístico, la formahz8C16n.d7l claro, por 'otra parte" que nuestra agresividad postula, menas
l' re]alo reducido a csqúemas tipos,61el xn.élodo-textual, el análisIs inmediatamente quizá pero también con más seguridad que el
1 progresis':D0 confiado de nuestros autores, un tipo de relación
! de ]as representaciones conceptúales, ett. No son, sin e~baigo,
i, mas que ab.ordajes cny~ primera función es definir ?J1alIllI'ada, y política y social en la cual la relación de la cultUl'a popular con la
a través de ella, inVentar un objeto. - -- cultura ilustrada podría no ser una simple jernrquización, sino
, .PaT:1el hisloriador,-como para'el etn610go, la meta es nacer, ·-una sperte de d~moC!acia cultural en el cual la 'Utopin no es más
Tuncionanm conjunrocultural, hacer aparecer las leyes, entender que e~ contratipo de la'violencia que ejercemos. Si rechazamos la
los silencios. estructurar un paisaje que no debería ser un simple_ distinción elitc/puebloque nuestras obras admiten sin problemas
reDejo, so pena de no ser nada. Pero sería. eqwvoéa'do creer que comobase de sus investigaciones, no podemos ignorar que un acto
'estos útiles son neu'~osy su mirada inerte: nada está dado, todo escrit9 (el nuestro, por ejemplo), una mirada no podría suprimir
est:á por hacer, e induso la violencia de la interpretación puede Ja historia de una represión, ni pretender seriamente fundar un
aquí crcnr o suprimir. Lamás ambigua de nuestras obras,las más tipo riuevo de relación: es el último ardid de un saber que se
:ludaz, es también la-menos histórica y la que carece más segura- reserVa la profecía política. Por otra parle, ¿se puede pensar en
mented~ su objeto, desde el momento en que pretende someterlo \.tna nueva organización en el seno de una cultura que no fuera
al fuego cruzado de una serie de inlerrogantes (literarios, folkJó- solidaria con un cambio de relación de 1as fuerzas sociales?
-ricos, 1ingillsticos, históricos, psicoanalíticos, etc.). M,Soriano Es precisamente 10 que el histOriador -este es, después de todo.
dcd:u'a -asu.-mrvoluntar.amentc la p.liq·!?ta de! eclecticismo~.62 nuestro lugar- puede indicar a los análisis literarios de la cultura.
Pi:r.tJ ¿UD es un' eclecticismo de indiferelicin e ilusorio el que Por su función, aparlaa estos últimos de un status pretendido de
pre~de someter al1IÚsmoobjeto a tantos intcrrogantes, como si puros espectadores, poniendo de manifiesto en todas partes la
cada nnn de ellos constituyese, en,su especificidad, un nuevo presencia de mecanismos sociales de elección de critica de
represión. La historia es, en sí misma, aunque ~o sea más 'que
51. CUas Tecient.Cs lPlducciones de V. Propp.Murp}¡olocie du con/e, Le Scui!
y Callilnan!. 1970_ .
52 ...Artia110 citndo~.A1:nc.lc:S ESC .. 1970. pp. ,638 . 53. lbid .• p. 636.

58 2.s 59
"'

esto, un lugar pri\'ilegiado donde se inquietan las perspectivas.


Será vano, sin em;,argo, esperar de un cuestionnrniento político
una liberación de 1as culturas, un brote por fin Jiberndo, una (.'
espontaneidad 1iberada, como 10 deseaban ambiguamente 105 •
primeros folkloristas. LA historia de ]05 antiguos repartos nos
enseña que algunos de e]Jos no son indiferentes, que toda organi-
zación supone una represión. Simplel:1ent(:, :'.0 es seguro que 2,,:a
represión deba hacerse siempre según una distribución social
jerárquica de las c:1lturas. Quizá sea ésta la experiencia po1ítica
· viviente que tengErnos que aprender, si es que sabemos ¡eerla. No
es malo recordar e] momento en que se plantean las cuestiones
· acuciantes de unn política y de una acción culturales.
· :' Quedan pormar::ar los límites de la interrogación ITÚsmn.Todn
antropoJogie. articu.la cuJtura y naturaleza según un orden que es
eJ mayoritario y es~tico de Jo.perspectiva deJ saber. La invención
política puede plantear nuevas articulo.ciones 'que tengan en
cuenta una dinámica de Ja represión. No es cuestión de prever o
de querer este nueyo orden que es eJ acto po1itico inismo, algo así
como el revés de la historia. E1 acto político puede reivindicar toda
la cultura y cuestionar todos los ri?partos. Sin embargo, otra
cuJtura supondrá ~mbién una represión, aun si funda una nueva
participación política. EJ lenguaje está instaJado en esta ambigiie-
dad, entre lo que impJica y lo que anuncia. Del acontecimiento
político, la ciencia xÍlisma recoge sus objetos y su formn, pero no su
status, porque no e,s reductiblc a aquél. Sin duda, siempre hará
falta ud muerto Eara que haya tenido la palabra; PC¡:o ésta "
indicar~ Ja ausencia o la carencia, y no es posib1e explicar de eIJa
más quq Jo que ha hecho posible en talo cual momento. Apoyada
sobre 19 desaparec"ido donde ha dejado su traza, mirando II lo.
inexistepte que promete sin dar, permanece como eJ enigma de Ja
Esfinge.! Entre las ncciones que simboliza, mantiene aún el espa-
cio prob!emático de una interrogación.

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