P. 1
Tim Burton

Tim Burton

|Views: 6.155|Likes:

More info:

Published by: Miguel Lopez Aguilar on Apr 26, 2011
Copyright:Attribution Non-commercial

Availability:

Read on Scribd mobile: iPhone, iPad and Android.
download as PDF, TXT or read online from Scribd
See more
See less

04/03/2014

pdf

text

original

Hemos podido comprobar que Eduardo Manostijeras funciona a diferentes
niveles. Los comentarios van desde quienes ven una afectuosa burla de la cultura
americana hasta quienes perciben que alimenta una mayor comprensión hacia las
personas afectadas por algún tipo de minusvalía. Estamos hablando de fantasía
cargada de significado. Como observaba el propio director, los cuentos de hadas
ofrecen un campo privilegiado para el desarrollo de todo tipo de ideas y
sentimientos, de observaciones psicológicas, reflexiones culturales o apuntes
sociales.

Cuando Edward llega al barrio residencial es visto primeramente como un
discapacitado y no será hasta más tarde cuando se convierte en un “monstruo”. A
lo largo de la película escuchamos a varias personas comentarle a Edward que
saben de un médico que podría ayudarlo. El muchacho afirma que le gustaría
conocerlo, deseoso de integrarse y ser como los demás, aunque ese encuentro
nunca llega a producirse. Durante la barbacoa en el jardín de los Boggs, un anciano
con una pierna ortopédica le recomienda que jamás permita que le llamen
minusválido, mientras Joyce se apresura a remarcar que no es un minusválido,
sino “excepcional”. En el banco, el director deja bien claro que no forma parte de la
sociedad: se trata de una persona sin historial de empleos previos, sin ahorros,
inversiones, número de la seguridad social ni solvencia. Lo mejor que puede hacer,
le aconseja, es conseguir una tarjeta de minusválido para poder aparcar en todas
partes. También las palabras del psicólogo que lo trata en la comisaría (Edward no
sabe discernir entre el bien y el mal y su concepto de realidad está radicalmente
subdesarrollado) revelan su condición de minusválido no sólo físico, sino también
mental. Conforme trascurre la película, Edward pasa de ser un ser excepcional a
ser considerado un minusválido y luego un monstruo que no puede tocar nada sin
destruirlo. Únicamente en el aislamiento de su castillo puede seguir siendo tan
sólo, en el mejor sentido de la palabra, extraordinario.
A continuación examinaremos el retrato cinematográfico de personas con
minusvalías, que completaremos con el estudio del tema de la monstruosidad y la
otredad en relación a Pesadilla antes de Navidad.

518

Los retratos y representaciones de personas que viven con discapacidades en
cine han cambiado a lo largo del tiempo, algunas veces reflejando, y otras veces
influenciando, las actitudes y creencias sociales. Sin embargo, la discapacidad
misma no es una forma fácilmente reconocible. Cuando se aísla de la existencia
humana corriente mediante representaciones artísticas, el individuo discapacitado
es transformado en un objeto de fascinación cultural, un fragmento de humanidad,
el otro. La experiencia de la minusvalía, definida solamente en relación a una
percibida carencia de potencial humano, se vuelve significativa como una imagen
en el espejo distorsionada de lo que tomamos por “humano” y por lo tanto revela las
nociones de normalidad preconcebidas de nuestra cultura.
Paul K. Longmore67 señala el gran número de discapacitados que aparecen en
cine y televisión (monstruos del género de terror, criminales lisiados, veteranos de
guerra, víctimas de villanos, personajes de series de televisión temporalmente
inválidos, personajes animados como el tartamudo cerdito Porky,...) y se pregunta
por qué la mayor parte del tiempo los pasamos por alto. El autor asume que todas
las películas son un reflejo de la realidad en un modo u otro.
Las películas de cine y los programas de televisión tocan áreas que nos
preocupan sin explicitarlas o sin explorarlas. Otras veces, como se puede observar
en los dramas sobre problemas sociales propios de los años setenta y ochenta,
nuestras preocupaciones son abordadas, pero sin un examen profundo. En estos
casos, la televisión y el cine proveen soluciones simples y rápidas. Nos dicen que el
problema no es tan doloroso o agobiante como nos tememos, que es manejable, o
que no es realmente nuestro problema, sino el de algún otro.
La discapacidad nos rodea más de lo que generalmente reconocemos o nos
molestamos en notar y contenemos miedos no expresados sobre la posibilidad de
sufrir una minusvalía. Solemos estigmatizar, rechazar e incluso destruir aquello
que tememos. El entretenimiento popular que retrata personajes discapacitados
alude a estos miedos y prejuicios, o los aborda oblicua o fragmentariamente,
buscando reafirmarnos sobre nosotros mismos.
Martin F. Norden68 observa que los minusválidos que conoce tienen muy poco
que ver con los personajes discapacitados que se ven en la pantalla. Según este
autor, la sociedad convencional no extrae normalmente sus ideas sobre la

67

LONGMORE, Paul K.: “Screening Stereotypes: Images of Disabled People” en ENNS, Anthony y SMIT,
Christopher R. (ed.): Screening Disability: Essays on Cinema and Disability. University Press of America.
Lanham, 2001, p. 1.

68

NORDEN, Martin F.: “The Hollywood Discourse on Disability: Some Personal Reflections” en ENNS,
Anthony y SMIT, Christopher R. (ed.): Op. cit., p. 20.

519

discapacidad de los propios discapacitados. Las personas no discapacitadas tienden
a evitar la interacción con personas con minusvalías, en parte porque no están
seguros de cómo comportarse en su presencia. Además, a los no discapacitados no
les gusta que les recuerden su propia fragilidad y mortalidad. Para Norden, las
actitudes hacia la discapacidad se derivan fundamentalmente de las películas y de
otras formas de entretenimiento popular que nos rodean. Esta es una idea
inquietante, pues para muchas personas los films no sólo reflejan la realidad, sino
que son la realidad. Las películas desempeñan un papel importante a la hora de
formar el modo en que la sociedad piensa sobre su mundo y, especialmente, sobre
aquellos aspectos de la vida de los que tiene escaso conocimiento de primera mano.
Norden dividide la historia de la representación cinematográfica de la
discapacidad en tres periodos:
1. Desde finales de la década de 1890 hasta finales de los años treinta: las
películas de este primer periodo tendieron a presentar retratos altamente
explotadores, con mujeres y niños retratados como “inocentes dulces”, seres puros,
buenos y dóciles que eran finalmente recompensados con una cura milagrosa, y
con hombres como “vengadores obsesivos”: hombres del tipo del Capitán Ahab que
buscaban venganza implacablemente. Los inocentes dulces los podemos encontrar
en películas como Las dos huérfanas (Orphans of the Storm, D.W. Griffith, 1921),
Luces de la ciudad (City Lights, Charles Chaplin, 1931) y las diversas versiones de
Un cuento de Navidad, mientras Tod Browning y Lon Chaney, separadamente o en
colaboración, dieron forma al vengador obsesivo en muchos films, como El jorobado
de Notre Dame
(The Hunchback of Notre Dame, Wallace Worsley, 1923) con Chaney
como protagonista, y las dirigidas por Browning Garras humanas (The Unkown,
1927), La parada de los monstruos y Muñecos infernales (The Devil-Doll, 1936).
2. Desde los años de la Segunda Guerra Mundial hasta la década de los
setenta: los cineastas comenzaron a ofrecer retratos más sensibles e informativos
(sobre los veteranos con minusvalía sobre todo) y las películas siguieron un camino
más exploratorio. La discapacidad, que durante el primer periodo había sido usada
principalmente para telegrafiar a la audiencia las cualidades interiores de un
personaje o simplemente para impulsar la trama, era ahora tratada como un
asunto principal que explorar y superar. Estas películas presentaban a menudo
personajes discapacitados exagerados y situaban la carga de la “superación”
exclusivamente sobre sus hombros, ignorando los problemas de prejuicios, pero
aún así, supusieron un paso adelante. Podemos destacar Pride of the Marines

520

(Delmer Daves, 1945), Los mejores años de nuestra vida (The Best Years of Our
Lives
, William Wyler, 1945) y Hombres (The Men, Fred Zinnemann, 1950).
3. Desde los años setenta hasta hoy en día: este periodo se inició con películas
que trataban la discapacidad de un modo secundario. La lucha por la
rehabilitación, central en el segundo periodo, comenzó a dejar paso a otras
preocupaciones: esforzarse por conseguir una carrera, luchar por la justicia social,
la propia expresión sexual o simplemente continuar con la vida diaria. Los
cineastas empezaron a mostrar personajes que daba la casualidad de que eran
discapacitados y que tenían una gama de problemas tan amplia como la de
cualquiera. Aunque todavía había personajes planos, en esta época comenzó a
desarrollarse la caracterización de personajes tridimensionales. Cabe destacar
películas como Max's bar (Inside Moves, Richard Donner, 1981) o Passion Fish
(John Sayles, 1992), así como aquellas que examinaban las vidas de veteranos de
Vietnam discapacitados, como Nacido el cuatro de julio (Born on the Fourth of July,
Oliver Stone, 1989). Los horrores de la guerra fueron retratados de modo
escalofriante por Dalton Trumbo, también autor de la novela, en Johnny cogió su
fusil
(Johnny Got His Gun, 1971). Aquí, un joven soldado americano de la I Guerra
Mundial permanece tendido en la cama de un hospital, consciente, pero privado de
piernas, brazos, vista, habla, oído y olfato.
Aunque el movimiento general desde la explotación a la exploración y al
tratamiento secundario de la minusvalía podría sugerir un desarrollo en los
asuntos acerca de la discapacidad, es importante notar que esta historia general ha
estado marcada por frecuentes vueltas a los viejos estereotipos. Por ejemplo,
películas de los noventa como Hook (Steven Spielberg, 1991), Speed (Jan de Bont,
1994) y Wild Wild West (Barry Sonnenfeld, 1999) presentan variaciones del viejo y
odioso vengador obsesivo. En realidad, la pantalla continúa llena de imágenes
negativas de las personas con discapacidades.
Las mujeres discapacitadas, tratadas como dulces inocentes, han sido
ampliamente explotadas por el melodrama en películas como Belinda (Johnny
Belinda
, Jean Negulesco, 1948), en la que Jane Wyman encarna a chica
sordomuda, o en Obsesión (Magnificent Obsession, Douglas Sirk, 1954), donde la
misma actriz interpreta a una mujer ciega. En La escalera de caracol (The Spiral
Staircase
, Robert Siodmak, 1946) las mujeres con minusvalías de una pequeña
ciudad se convierten en víctimas de un asesino en serie y Dorothy McGuire da vida
a la hermosa muchacha muda que trata de escapar del psicópata. También veíamos
a una ciega y aterrorizada Audrey Hepburn tratando de defenderse de un asesino

521

en Sola en la oscuridad (Wait Until Dark, Terence Young, 1967). Igualmente
recordada es El milagro de Anna Sullivan (The Miracle Worker, Arthur Penn, 1962),
en la que Anne Bancroft enseñaba a comunicarse a una niña ciega y sordomuda.
George Henderson y Willie Bryan sugieren que “a lo largo de la historia, las
personas sin minusvalías han sentido una paradójica repulsión-atracción hacia
aquellos con discapacidades”69 y los empresarios siempre han estado ahí,
explotando esta repulsión-atracción, siendo el caso más notorio el del freak show.
Norden observa: “En muchos aspectos, los cineastas –particularmente los
anteriores a la Segunda Guerra Mundial- continuaron donde los propietarios de los
freak show lo habían dejado.”70
Norden cita la obra de Roland Barthes Mitologías71, donde el autor francés
sugiere que el Otro inquieta profundamente a la sociedad dominante y ésta
usualmente trata de neutralizarlo de dos modos: curarlo o deshacerse de él. Así, la
otredad se reduce a la igualdad, porque el Otro es una vergüenza que amenaza a la
sociedad.

Según Norden, esta dicotomía encuentra frecuente expresión en las películas
que tratan la discapacidad. Los personajes minusválidos codificados como “buenos”
son a menudo recompensados con una cura milagrosa y son por lo tanto
reabsorbidos por la sociedad dominante (y curiosamente, apenas son afectados por
sus experiencias como personas discapacitadas). Por otra parte, los personajes
discapacitados “malos”, suelen morir al final de la película (vía suicidio, homicidio u
“oportuno” accidente) o bien desaparecen de la narración de algún otro modo. De
acuerdo con el autor, esta segunda opción es, hasta cierto punto, paralela con el
tratamiento de nuestra sociedad hacia las personas con discapacidades: si la
sociedad no puede salvarlos a través de una cura, los rechaza en modos que van
desde la simple ignorancia a la institucionalización (haciéndolos desaparecer por lo
tanto de la esfera pública) y hasta el asesinato abierto.
Norden añade que la clase dominante ha tenido necesidad de crear una
subclase sujeta a la caridad. En la tradición bíblica, se da limosnas a los
minusválidos, pero no se los acepta como iguales. Esta tradición permite que los
miembros de la sociedad dominante se “sientan bien” sobre ellos mismos, pues les
ayuda a mantener un sentido de superioridad y control sobre las personas con

69

HENDERSON, George y BRYAN, Willie: Psychosocial Aspects of Disability. Thomas. Springfield, 1984, p.
3. “throughout history, people without disabilities have had a paradoxical repulsion-attraction for those with
disabilities.”

70

NORDEN, Martin F.: Op. cit., p. 24. “In many respects, filmmakers –particularly ones before World War II-
picked up where the freak show proprietors left off.”

71

BARTHES, Roland: Mitologías. Siglo Veintiuno. Madrid, 1980.

522

discapacidades. Por otra parte, la sociedad dominante necesita demonizar al otro,
adscribir maldad y peligros intangibles a las personas consideradas diferentes, para
ayudar a mantener la cohesión. La agorera Esmeralda recibe a Edward desde el
principio como un enviado de Satán, pero nadie le presta la menor atención hasta
que Edward amenaza claramente con romper la cohesión de la comunidad y su
falsa sensación de orden y seguridad.

You're Reading a Free Preview

Descarga
scribd
/*********** DO NOT ALTER ANYTHING BELOW THIS LINE ! ************/ var s_code=s.t();if(s_code)document.write(s_code)//-->