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Analisis Art. 10 Codigo Penal Chileno

Analisis Art. 10 Codigo Penal Chileno

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U N I V E R S I D A D D E C O N C E P C I O N

FACULTAD DE CIENCIAS JURIDICAS Y SOCIALES

Análisis Jurídico y Médico-Legal de la eximente de responsabilidad

Penal consagrada en el Articulo 10 N.o 1 del Código Penal Chileno

Memoria de prueba para optar al grado

de Licenciado en la Facultad de Ciencias

Jurídicas y Sociales.

MARIA PABLINA VEGA DEL RIO

1981

Introducción

En toda agrupación humana organizada se comenten actos delictuales que

guardan relación con las formas de vida de dicha sociedad. Estos delitos son

objeto de sanción, las cuales varían atendiendo a cada caso particular, y cuyo

objetivo es, entre otros, reprimir al autor del acto delictual.

No obstante lo anterior, hay casos de excepción en los cuales el agente

escapa a la sanción penal, quedando impune ante la ley por concurrir a su favor

una circunstancia de responsabilidad criminal.

Nuestra memoria de prueba tiene por finalidad dar una visión general, y en

lo posible clara, de la Eximente de Responsabilidad Criminal consagrada en el N°

1 del artículo 10, de nuestro Código Penal, o sea, de la circunstancia de

inimputabilidad basada en la falta de salud mental y en la privación total de razón

por causa independiente a la voluntad del sujeto.

No está demás recalcar la enorme importancia jurídica y médico legal que

reviste la eximente aludida, motivo que nos ha llevado a profundizar en tal

apasionante tema.

Han influido, en nuestra decisión de ahondar en estas materias, las siguientes

razones:

1.- Cuando concurre esta circunstancia eximente de responsabilidad en favor de

los elementos del delito, esto es, la culpabilidad; elemento que se excluye por

carecer de base sobre la cual asentar el juicio de reproche de la conducta del

sujeto; vale decir, cuando el autor de un hecho es inimputable carece de

capacidad penal sin la cual no puede cabérsele responsabilidad alguna.

2.- El gran aumento que ha experimentado en los últimos años la criminalidad en

relación con sujetos que padecen algún trastorno mental, teniendo presente que

es mayor la proporción de delitos cometidos por individuos que sufren de alguna

psicosis alcohólica.

3.- Si se pudiera determinar con precisión la enfermedad psíquica y su grado de

desarrollo e intensidad, a través de mecanismos adecuados, serviría de freno a

aquellos individuos que pretenden hacer uso de la eximente en estudio, basados

en que han ejecutado el acto ilícito en estado de locura o demencia, o privados

totalmente de razón por causas ajenas a su voluntad; lo que, a su vez, se traduce

en una posibilidad concreta de disminución de la delincuencia.

4.- Además, es de suma importancia para la adecuada aplicación de la ley, el

determinar con exactitud cuando el agente del hecho delictual es responsable

penalmente (en base a los antecedentes que existan en cada caso), ya que si no

hay certeza al respecto, bien podría sancionarse a un individuo que debiera estar

beneficiado por esta eximente, o por el contrario, eximir de responsabilidad a

quien engañosamente se ha amparado en ella.

5.- Por otra parte, es fundamental determinar con exactitud la enfermedad que

aqueja al sujeto, pues de esta forma el individuo tendría acceso a un tratamiento

psiquiátrico adecuado, que le permitiría reintegrarse a la sociedad sin representar

un peligro constante para esta.

6.- La necesidad de que existan medios idóneos para precisar cuando estamos

ante un individuo semiimputable, esto es, aquel que siendo un enfermo mental ha

obrado privado solo parcialmente de razón; lo que evitaría calificar erróneamente

la responsabilidad que le cabe al sujeto.

Ahora bien, para lograr el objetivo propuesto y deseado al iniciar nuestro trabajo,

hemos considerado necesario dividir el tema en dos partes:

a) La primera engloba el estudio jurídico de la eximente, previa precisión de los

conceptos de Imputabilidad y de Responsabilidad penal.

Dentro del estudio jurídico analizaremos el artículo 10 N° 1 de nuestro Código

Penal, separando dicha disposición en dos partes:

1.- Relativa a la calidad de loco o demente e intervalos lucidos, y

2.- Estudio concerniente a la privación total de razón por causa independiente de

la voluntad del sujeto, señalando los casos en que, según diversos autores,

existirían tal privación de razón capaz de eximir de responsabilidad.

b) En la segunda parte, nos referiremos al estudio psiquiátrico de la eximente,

tratando de precisar el concepto de enfermedad mental, las causas de estas y su

clasificación.

Luego, abordaremos los diferentes problemas medico legales que presentan los

diversos trastornos mentales, para lo cual es preciso indicar, en cada enfermedad,

la sintomatología, las características principales, la imputabilidad y la

jurisprudencia existente respecto de dichas enfermedades.

CAPITULO PRIMERO

Aspectos jurídicos de la eximente de responsabilidad del articulo 10 N° 1 del

Código Penal

Generalidades

El libro I, título I, Párrafo II de nuestro Código Penal se titula ³De las

circunstancias que eximen de responsabilidad criminal´.

Dicho párrafo en el articulo 10 consagra una variedad de supuestos o

causales, todas de una gran importancia y trascendencia jurídica.

El punto de conexión entre las diversas eximentes se encuentra en el efecto

que éstas producen al concurrir respecto de un determinado sujeto que ha

realizado un delito. El resultado es impedir el nacimiento de la responsabilidad

penal que le cabria al agente si no lo afectase dicha circunstancia.

La diferencia existente entre las llamadas circunstancias eximentes radica

en que estas no eximen de responsabilidad por los mismos motivos siendo, por

consiguiente, todos de naturaleza distinta. De manera que es necesario, para su

estudio, agruparlas según cual sea su causa de origen.

De la denominación de este párrafo pareciera deducirse que se trata de

hechos que impiden la aplicación de una pena a quien ha cometido un delito, lo

que es un grave error, pues lo que en verdad sucede cuando uno de estas

circunstancias concurren es que el delito no llega a configurarse por faltar, a éste,

uno de sus elementos constitutivos. Es por ello que se trata de causas de

exclusión del delito o de aspectos negativos de alguno de los elementos del delito

ya que, ³unas lo excluyen por el hecho de que cuando se dan queda eliminado en

el proceder del sujeto el concepto de acción, otras porque vienen a dar carácter

legitimo a una conducta que por regla general es plenamente ilícita, impidiendo

así, que pueda la acción ser calificada de típicamente antijurídica, y otras porque

patentizan la falta de culpabilidad en el agente´ (1).

De lo antes dicho podemos concluir que nuestro Código Penal, en su

artículo 10, se ocupa de la faz negativa del delito.

Para llegar a clasificar las circunstancias que eximen de responsabilidad

criminal, debemos tratar de definir al delito y, a la vez, dilucidar los diversos

aspectos que lo integran.

Definir el delito es un asunto muy delicado en el Derecho Penal, debido a

que cada tratadista intenta conceptuarlo según los principios imperantes en él.

De este hecho deriva la gran variedad de criterios existentes a este

respecto, siendo los más importantes la noción legislativa del delito, la noción

filosófica, la sociológica y, por último, la noción jurídica.

Sin desmerecer el valor de los otros criterios que definen al delito, solo

tomaremos la noción jurídica de este, ya que su estudio técnico jurídico es el de

mayor trascendencia en el campo del Derecho Penal, criterio que claramente

comprende los elementos que lo configuran.

Noción Jurídica del delito

El estudio técnico jurídico del delito nace en Alemania, y se sintetiza en la

llamada ³Teoría jurídica del delito´. Se señalan como autor precursor de dicha

teoría al penalista alemán Bohemero, quien construyó la teoría del delito con

bases netamente jurídicas. Pero el verdadero creador de esta es Ernesto

Binding, con su famosa ³Teoría de las normas´, por medio de la cual pretendió

llenar el vacío técnico jurídico que quedaba entre la noción filosófica y la

legislación positiva existente.

El profesor de la Universidad de Berlín, Franz Von Liszt define al delito

como aquella ³acción antijurídica y culpable castigada por una pena´. Definición

que incentiva a los estudiosos modernos a ocuparse de ella, y es a partir de

Beling, en el año 1906 que, en verdad, nace la denominada ³Teoría jurídica del

delito´, teoría que más tarde fue rectificada por Mayer y perfeccionado por

Edmundo Mezger en el año 1938.

Para Edmundo Mezger, el delito existe cuando ³una acción es típicamente

antijurídica, culpable y punible´ (2).

Conforme a la definición transcrita, los elementos constitutivos del delito

serian: acción, antijuricidad tipificada, culpabilidad y punibilidad.

Los factores excluyentes de alguno de estos elementos corresponden a las

llamadas circunstancias que eximen de responsabilidad criminal.

De lo anterior se deduce que las impropiamente llamadas circunstancias de

responsabilidad criminal pueden ser agrupadas de la siguiente manera:

1.- Causas de falta de acción

2.- Causas de justificación

3.- Causas de exclusión de la culpabilidad

Quedan fuera de dicha clasificación las denominadas Excusas Absolutorias,

ya que cuando concurren una de estas escusas absolutorias el delito existe y es

punible, pero el actor delictual no se castiga por razones de índole extrapenal que

corresponden a un verdadero perdón legal, de manera que el hecho escapa a la

sanción de la ley penal por expreso mandato suyo. Escapan a la clasificación,

porque dichas excusas absolutorias no excluyen al delito como sucede en las

circunstancias eximente, aun cuando se presentan las excusas absolutorias, vale

decir la punibilidad.

Al analizar brevemente casa una de las causas de exclusión del delito, y por

ende, de exención de responsabilidad penal, nos referimos someramente a los

elementos que constituyen su razón de ser.

Causas de Falta de Acción

La acción se define como ³la conducta voluntaria que consiste en hacer o

no hacer algo que produce alguna mutación en el mundo exterior (3). Mezger nos

dice que la acción ³no es otra cosa que la realización de una voluntad

jurídicamente relevante´ (4).

La acción como elemento del delito supone necesariamente la existencia de

un acto humano, activo (hacer) o pasivo (omitir), (de ahí que existen delitos de

acción, delitos de omisión y delitos de comisión por omisión). Es preciso que sea

un acto humano, porque solo el hacer o el no hacer del Hombre es punible. El

derecho es una relación de Hombre a Hombre, y todo aquello que importe una

violación al Derecho sólo por los Hombres puede ser realizado, por consiguiente,

los daños ocasionados por animales o por acontecimientos fortuitos ajenos al

actuar humano, no pueden constituir delito aun cuando fueren de bastante

gravedad.

Esta conducta humana debe reunir ciertos requisitos, a saber, que sea

externa, voluntaria y capaz de producir un resultado en el mundo externo.

Que la conducta sea externa, significa que ³las determinaciones puramente

internas aunque lleguen a la mayor intensidad, no tienen valor en el Derecho so no

se manifiestan´ (5). Si al pensamiento interno no se agrega un acto externo no

puede haber acontecimiento punible.

Que la conducta humana sea voluntaria significa que la acción requiere de

un querer del agente, de su autodeterminación. La acción debe ser ejecutada

libremente por el sujeto, y con conocimiento por parte de este de los que esta

ejecutando.

³Para que exista la manifestación de voluntad propia de la acción, basta que

el sujeto quiera su propio obrar, aunque no quiera el resultado del mismo´ (6).

No puede haber acción sin voluntad, de manera que quedan fuera de la

responsabilidad penal:

1.- Los llamados movimientos reflejos, esto es, ³los movimientos corporales

en los que la excitación de los nervios motores no está bajo un influjo anímico,

sino que es desatada inmediatamente por un estímulo fisiológico-corporal, en los

que un estímulo, subcortical mente y sin la intervención de la conciencia, pasa de

un centro sensorio a un centro motor y produce el movimiento´ (7). Sería el caso

de la persona que reacciona bruscamente cuando se le hace cosquillas, botando

con ello una lámpara a parafina y ocasionando un incendio. Dicha persona no

podrá responder de este delito, pues no ha actuado voluntariamente. Igual sucede

cuando se rompe una cosa ajena durante un ataque convulsivo sufrido por un

individuo.

También escapa a la responsabilidad penal el agente que en el momento

que debía realizar una acción determinada y esperada, carece de conciencia, lo

que ocurre por ejemplo, cuando el guarda líneas del tren sufre un desmayo que no

le permite desempeñar su labor y ocasiona por ello un accidente.

2.- Los movimientos realizados bajo la influencia de una fuerza irresistible,

es decir, ³movimientos corporales en los que una persona, a consecuencia de la

fuerza exterior que sobre él se ejerce, actúa como instrumento en manos de otro´

(8).

Quien hace u omite alguna cosa obligado por una fuerza irresistible o fuerza

absoluta queda fuera del concepto de acción, pues no ha actuado voluntariamente

sino que ha sido obligado a hacerlo, como sería el caso de obligar a un individuo a

firmar un documento tomándole la mano con fuerza.

Por último, que la acción sea capaz de producir un resultado en el mundo

externo, significa que la acción debe ocasionar una mutación en la realidad; por

efecto de la acción algo debe cambiar. Este cambio en el mundo externo es lo

que se ha denominado ³el resultado del delito´, que se define como ³la total

realización típica externa´ (9).

El resultado del delito puede ser:

a) de orden material, apreciándose por hechos, como por ejemplo, homicidios,

robos.

b) de orden jurídico: injurias, calumnias, etc.

De esto resultan el gran problema existente respecto de si hay delitos sin

resultado, problema muy discutido en la doctrina y que no es del caso analizar.

Por otra parte, el resultado debe atacar un bien jurídico, pero dicho ataque

puede consistir en un daño efectivo al mismo, o en un peligro de tal daño; de lo

que deriva de la clasificación de lesión y delitos de peligro.

Ahora bien, nuestro Código Penal en su artículo 1, inciso 1, señala

textualmente: ³Es delito toda acción u omisión voluntaria penada por la ley, que

puede ir dirigida a la realización de una acto positivo respecto del cual el individuo

estaba obligado a ejecutar (delitos de omisión).

En todo caso, sea acción u omisión, es necesario que exista una

manifestación de voluntad del autor; voluntad que sólo será relevante y de

trascendencia penal cuando se transforme en un movimiento corporal que

ocasione algún cambio en el mundo externo.

Toda acción u omisión, vale decir, todo movimiento corporal o toda

abstención realizada por un individuo que se encuentre privado totalmente de las

facultades cognoscitivas o volitivas, no puede considerarse como acción puesto

que le falta la base que es la voluntad.

El aspecto negativo de este primer elemento del delito es la falta de acción.

Existe falta de acción en los casos en que existe fuerza irresistible (art. 10 N° 9);

en los casos de sonambulismo y de sugestión hipnótica, ya que en ninguno de

estos estados está presente la manifestación de voluntad en lo que respecta a la

actuación misma del sujeto.

En estos tres casos, como ya hemos dicho, no hay manifestación de

voluntad, por consiguiente, falta el primer elemento del delito, esto es, la acción.

Más aún, si nuestro Código Penal no estableciera expresamente la exención de

responsabilidad criminal en el artículo 10, el delito igual no existiría, pues en el

mismo cuerpo de leyes, articulo 1, se establece un conjunto de delito al cual se

faltaría en estos casos que analizamos.

Respecto de la fuerza irresistible, articulo 10 N° 9, no hay duda alguna entre

los autores que si exime de responsabilidad criminal pues se ha consagrado

expresamente por el legislador, en tanto que respecto del sonambulismo, y de la

sugestión hipnótica el legislador no se refirió expresamente en el artículo 10, pero

se ha entendido que sí exime de responsabilidad criminal ya que en estos casos el

sujeto no manifiesta ninguna voluntad.

Causas de Justificación

Para llegar a precisar cuáles son las causas de justificación, consagradas

en nuestra legislación positiva, es necesario que, previamente, y de un modo

general, recordemos que el delito es una acción que solamente es punible cuando

es antijurídica.

³Una acción es antijurídica cuando contradice las normas objetivas del

Derecho´ (10). En el derecho Penal, las acciones son prohibidas o no prohibidas

y, por consiguiente, conforme o no al derecho. Si no es conforme a Derecho, esa

acción es antijurídica. No existe pues, en el Derecho Penal una zona intermedia, y

por lo tanto, si un determinado acto no tiene el carácter de injusto falta a la acción

la antijuricidad, y sin antijuricidad no puede haber ningún delito.

La idea anterior fue consagrada por Francisco Carrara al señalar: ³La idea

del delito no es sino una idea de relación, es a saber, la relación de contradicción

entre el hecho jurídico al cual se da el nombre de delito, u otro sinónimo. Es un

ente jurídico que para que exista tiene necesidad de ciertos elementos materiales

y de ciertos elementos morales, cuyo conjunto constituye su unidad. Pero lo que

completa su ser es la contradicción de esos antecedentes con la ley jurídica´ (11).

Por lo expuesto anteriormente, podemos concluir que, el acto humano debe

estar en oposición con una determinada norma jurídica que prohíba u ordene su

ejecución; oposición que importe una lesión o una puesta en peligro del bien

jurídicamente protegido.

El bien jurídico protegido corresponde al valor objetivo al cual la ley

concede su protección, ya que el legislador reconoce, en cada precepto penal, un

determinado fin.

Por otra parte, no toda acción antijurídica es delito, pues además, es

necesario que dicha acción éste descrita previamente en un tipo especial, vale

decir, tipificada o definida por la ley como delito, ³solo es punible el que actúa

típicamente´ (12).

La adecuación del hecho al tipo legal es el modo de manifestarse la

antijuricidad. El vocablo TOPO en sentido jurídico penal corresponde al ³injusto

descrito concretamente por la ley en sus diversos artículos, y a cuya realización va

ligada la sanción penal´ (13).

Si en el actuar de un individuo concurre una causa de exclusión de lo

injusto no puede considerarse que ha obrado antijurídicamente, y por ende, su

hecho no constituye delito.

Se llama causas de justificación a ³las circunstancias de un hecho que

borran su antijuricidad objetiva; o en otros términos, que tienen, como efecto, la

transformación de un delito en un no delito´ (14). Así pues, las causas de

justificación legitiman una conducta descrita por la ley como delito.

Cuando concurre una causas de justificación el sujeto obra con voluntad

consiente, pero su acción no es delictiva pues se ajusta totalmente a Derecho.

Dicho acto no es delito, y, por lo mismo, no puede nacer responsabilidad penal ni

civil en contra de su autor, pues quien obra conforme a Derecho no puede decirse

que lesione u ofenda un interés jurídico ajeno.

Estas circunstancias se han denominado por los alemanes ³Causas de

exclusión del injusto´; por los franceses ³Excusas´, y distinguen entre excusas

absolutorias y excusas atenuantes; por los autores italianos se les llama

³Discriminantes ideológicas´.

El fundamento de las causas de justificación se asienta en el llamado

³Principio del interés preponderante´.

El profesor Antonio Ferrer, lo explica del siguiente modo: ³Todo tipo penal

está establecido como tal en protección de un interés y precisamente para dotar al

mismo de la más fuerte tutela jurídica representada por la pena. Estando, pues, la

protección de estos intereses basada en la trascendencia de los mismos, de da el

caso de que cuando la acción objetivamente descrita por la ley como delito, si bien

lesiona el interés contemplado por el tipo, constituye al mismo tiempo la

salvaguarda de otro interés, de mayor importancia, deja de existir la razón de ser

de la punición. Esto es lo que ocurre en las causas que consideramos; en ella se

origina una lesión de interés típica, ente descritos, pero desaparece el concepto de

delito porque con la acción de tales casos se salva otros interés preponderante´

(15).

Conforme a este principio del interés preponderante, la justificación nace

cuando, frente al interés lesionado por la realización de una acción típica, aparece

un interés de más valor, de mayor importancia, interés que tiene la fuerza

necesaria para desplazar al primer interés protegido por la ley.

Las causales de justificación han sido taxativamente señaladas por el

legislador, y en nuestro Código Penal tienen tal carácter las señaladas en el

artículo 10 N°s 4, 5 y 6 que se refieren a la legitima defensa, propia, de parientes y

de extraños; el N° 7 corresponde al estado de necesidad y por último, el N° 10

relativas al cumplimiento de un deber y al ejercicio legítimo de un derecho, en

ciertos casos.

Causas de inculpabilidad

La culpabilidad corresponde al tercer elemento del delito; elemento

esencialmente subjetivo, pues valoriza el estado anímico del sujeto en el momento

de ejecutar el acto para saber si este le es o no reprochable.

Lo fundamental de la culpabilidad radica en el conjunto de

presupuestos que permiten reprochar una conducta típica y antijurídica a su autor,

de manera que éste debe ser autor material del hecho y autor moral del mismo,

pues necesariamente ha debido tener conciencia, o al menos, conocimiento del

acto realizado y de la antijuricidad de éste.

La culpabilidad se ha denominado, por Mezger, como ³el conjunto de

aquellos presupuestos de la pena que fundamentan frente al sujeto la

irreprochabilidad personal de una conducta antijurídica´ (196).

En el derecho penal moderno el principios ³sin pena no hay culpa´

constituye la base fundamental. Por consiguiente, no puede haber delito sin culpa,

y por lo mismo, nadie puede responder ante la ley penal si no ha mediado su

propia culpa. Se limita así la responsabilidad penal a lo hecho culpablemente.

Se entiende que una acción es culpable cuando ³a causa de la

relación psicológica existente entre ella y su autor puede ponerse a cargo de éste

y además serle reprochada´ (17).

Culpable ³es el que hallándose en las condiciones requeridas para

obedecer una ley, la quebranta consiente y voluntariamente. La determinación de

estas condiciones entre en el requisito de la imputabilidad´ (18).

De lo dicho concluimos que, para que exista delito no solo se

requiere la existencia de un acto humano externo y voluntario que ha ocasionado

un resultado descrito por la ley como delito, sino que además, es menester que

dicho acto se haya ejecutado culpablemente. ¿Por qué culpablemente?, porque

atreves del juicio de valor según el cual una acción es antijurídica, se caracteriza

solamente la fase externa del delito (el comportamiento corporal), como

contradictorio con el orden jurídico. En cambio, por medio del juicio valorativo se

analizará si el sujeto ha actuado culpablemente, fase interna de la acción, y es por

ello que se dice que la culpabilidad es la valoración subjetiva de la acción.

Se entiende que un individuo actúa culpablemente cuando es

imputable; cuando el acto lo ha ejecutado mediante dolo o culpa de su parte y, por

último, cuando la ley no declara expresamente la exclusión de su culpabilidad.

La imputabilidad es el elemento esencial de la culpabilidad, es el

supuesto de ésta. ³El hombre no podrá ser llamado culpable si ante no es

imputable, es decir, si no está en posesión de un mínimo de condiciones psíquicas

(y físicas) en virtud de las cuales pueda atribuírsele el delito´ (20).

Existen doctrinas que explican el fundamento de la imputabilidad,

pero al margen de éstas, y de un modo general, diremos que imputabilidad es

atribuibilidad; imputar seria atribuir algo a un sujeto.

La imputabilidad para el profesor Von Listz, es la facultad de

determinación normal, desde el punto de vista formal corresponde a la capacidad

de obra plenamente. Es imputable todo hombre con desarrollo mental y

mentalmente sano, cuya conciencia no se halle perturbada. El contenido normal y

la fuerza la esencia de la imputabilidad´ (21).

La regla general es la imputabilidad, pues en el Derecho Penal

se parte de la base de que todo ser humano tiene capacidad o constitución mental

normal. La excepción es la inimputabilidad, debiendo el legislador señalar

expresamente cuando desaparecen respecto de un individuo las condiciones

psíquicas, biológicas y morales exigidas por la ley para responder de actos

cometidos.

La inimputabilidad es causa de exclusión de la responsabilidad penal

en aquellas que carecen de una mente sana y madura.

Nuestro código penal establece como causas de inimputabilidad, las

consagradas en el artículo 10 N° 11 concerniente a la enajenación mental y las

señaladas en el artículo 10 N° 2 relativa a la menor de edad.

Cuando concurre una causa de inimputabilidad desaparece un

aspecto del delito, esto es, la culpabilidad. Este elemento se excluye por falta de

base sobre la que apoyar el juicio sobre la conducta del sujeto. Si el autor del

hecho delictivo es inimputable o carente de capacidad penal no sirve de nada

pronunciarse sobre si actuó dolosa o culpablemente, pues falta en estos casos lo

fundamental, vale decir, la imputabilidad del autor.

Por el contrario, cuando el hecho delictual se ejecuta por un sujeto

imputable es necesario pronunciarse acerca de si ha actuado culpablemente, esto

es, con dolo o con culpa.

El dolo y la culpa son las formas de manifestación cuyo fundamento

radica en la voluntad del agente. Así, el dolo denota la intención del autor, en

tanto que la culpa sólo importa negligentemente o imprudencia de su parte.

El dolo corresponde al grado más grave de la culpabilidad, y se ha

entendido que actúa dolosamente el sujeto que teniendo conocimiento de la

antijuricidad del acto que va a realizar, no hace nada por impedirlo, sino que, por

el contrario, ante la idea de cometerlo permanece indiferente.

Se define dolo como ³la intención más o menos perfecta de ejecutar

un acto que se sabe que es contrario a la ley´ (22).

La culpa corresponde a un grado menor de reprochabilidad de la

conducta humana; se actúa culposamente cuando el sujeto no toma con seriedad

la posibilidad de cometer un acto ilícito, o bien, cuando no estaba consiente de tal

posibilidad, pero que con un oportuno cuidado hubiese advertido dicha ilicitud, y

por ende, habría podido arrepentirse de su actuar.

Se ha definido la culpa como: ³la voluntaria omisión de diligencia en

calcular las consecuencias posibles y previsible del propio hecho´ (23).

Ahora bien, cuando al pronunciarse sobre la existencia de

culpabilidad (dolo o culpa) se concluye que faltan al hecho tales presupuestos, su

autor no podrá ser declarado culpable.

Son causas de inculpabilidad en sentido estricto, el caso fortuito y la

obediencia debida.

Análisis del articulo 10 N° 1 de nuestro código penal

Una de las circunstancias de inimputabilidad contenida en el artículo

10 N° 1 del Código Penal, es la enajenación mental, causal inimputabilidad basada

en las condiciones psíquicas del individuo. Esta causal constituye nuestra materia

de estudio, ya que pretendemos analizar, desde un punto de vista jurídico, los

diferentes problemas que ha suscitado la terminología de dicha disposición.

De un modo general, cabe precisar que, en principio todo ser

humano tiene razón y voluntad suficiente para poder ser sujeto de reproche, es

decir tener ³conciencia y voluntad en el grado necesario para que el agente pueda

responder de los propios actos´ (24). Sin embargo, hay casos en que por falta de

salud mental o de madurez mental no se reúnen estos presuntos (razón y

voluntad), circunstancia por la que el sujeto debe ser considerado inimputable,

esto es, falto de imputabilidad´.

De inmediato surde la interrogante, ¿Qué es la imputabilidad? La

imputabilidad constituye la base de todo el Derecho Penal, ya que sólo pueden ser

responsables ante la ley penal aquellas personas que son imputables, es decir,

que reúnen las condiciones psíquicas exigidas por la ley para que la acción

delictiva se les pueda imputar como suya propia. Sujeto imputable es aquel que

tiene aptitudes para responder de un hecho constitutivo de delito.

La imputabilidad en el campo del Derecho Penal puede ser

analizada desde dos líneas de razonamiento:

1.- Como materia central de Derecho Penal, es decir, imputabilidad

en el sentido de poder atribuir una sanción penal a quien ejecute un delito. Si falta

alguno de los requisitos del delito. Si falta alguno de los requisitos del delito no se

habrá dado el supuesto de la norma jurídica, y por consiguiente, no le será

imputable la consecuencia jurídica de dichos acto.

2.- Imputabilidad en el sentido de poder atribuir a una persona

determinada el hecho delictivo por él cometido. El delito es una conducta humana,

por lo que resulta necesario que dicha conducta sea imputada a un sujeto

determinado, que como consecuencia de ello se transforma en un sujeto pasivo de

la aplicación de una sanción normal.

Ahora bien, al Derecho Penal no le basta con la solo imputabilidad

física del hecho a una persona, sino que además de esta vinculación material, el

Derecho Penal requiere una vinculación total, no ya con el hombre como cosa,

sino que como sujeto de derecho.

Carrara enseña, ³la imputabilidad y la imputación morales no tienen

otra condición, excepto la de que el hombre que fue causa material de un hecho,

haya sido además causa moral del mismo´. Agrega el mismo autor, ³El juicio

mediante el cual el juez imputa civilmente una acción, que ya fue declarada por la

ley políticamente imputable, es el resultado de tres juicios diversos. El juez

encuentra en aquel individuo la causa material del acto, y le dice: tú lo hiciste:

imputación física. Halla que aquel individuo realizó ese acto con voluntad

inteligente, y le dice: tú lo hiciste voluntariamente: imputación moral. Encuentra

que aquel hecho estaba prohibido por la ley del Estado, y le dice: tú o imputación

legal. Y sólo después que tenga el resultado de estas tres proposiciones, podrá el

juez decir al ciudadano: te imputo este hecho como delito´ (25).

Imputabilidad y Capacidad

La imputabilidad se asimila a la noción de capacidad usada en el

Derecho Privado ³y del mismo modo como se habla de un capaz o incapaz para

realizar un negocio jurídico, puede hablarse de un capaz o incapaz para responder

penalmente de una acción delictiva; aunque fuere típicamente antijurídica´ (26),

criterio acogido por el Código Penal Italiano al disponer en su artículo 85:

³Imputable es quien posea la capacidad de comprender y de querer´; también es

la definición dada por Mezger, autor citado por Eduardo Novoa, al señalar:

³Imputable es la capacidad de cometer culpablemente hechos punibles´ (27).

Este criterio ha sido acogido por la mayoría de los tratadistas. Entre

otros, el profesor Jiménez de Asúa, define la imputabilidad como; ³la capacidad de

conocer y valorar el deber de respetar la norma y determinarse espontáneamente´

(28); para Eugenio Cuello Calón, es ³la capacidad de conocer y de querer´ (29);

para Beling, la imputabilidad es ³la capacidad de ser culpable´ (30).

De lo anterior podemos concluir que, la expresión Imputabilidad es el

termino técnico utilizado para denotar la capacidad en el campo del Derecho

Penal, pues la ³capacidad es una categoría jurídica universal. Entendiéndola

como posibilidad abstracta de recibir los efectos del ordenamiento jurídico (de ser

sujetos del Derecho, titulares de derechos y obligaciones), es común a todo el

Derecho Público y Privado, civil y penal. Coincide con la cualidad misma de

hombre´ (31). De manera que se concibe la imputabilidad como una capacidad

jurídica de obrar, análoga a la capacidad civil.

A diferencia de lo antes dicho, hay autores que no aceptan que se

hable de una capacidad para cometer delito, pues consideran que la capacidad del

Derecho Penal es el presupuesto de la imputabilidad.

Se atribuye esta distinción entre imputabilidad y capacidad de

derecho penal al profesor Manzini, para quien la imputabilidad es la persona

considerada como subjetividad genérica. La capacidad y la personalidad son

términos correlativos y equivalentes, ³en el sentido de que toda persona es

jurídicamente capaz para el ordenamiento jurídico general y que no hay capacidad

de derecho sin personalidad jurídica´ (32).

Para Manzini, la capacidad jurídica en el sentido del Derecho Penal,

presupone la idoneidad personal de actuar de acuerdo con la previsión de las

consecuencias penales.

Por consiguiente, la persona capaz en derecho penal es imputable

³cuando su capacidad de entender y querer se ha exteriorizado con una

manifestación actuada de voluntad consciente, contraria al Derecho´ (33).

De manera que la responsabilidad y la capacidad en Derecho Penal

constituyen el aspecto general del sujeto, en tanto que la imputabilidad

corresponde al aspecto particular del sujeto; se refiere al hecho punible concreto, y

por consiguiente, el sujeto no imputable puede ser una persona carente de

capacidad penal o una persona que goza de ésta.

A nuestro parecer creemos que, en verdad no cabe esta distinción

entre imputabilidad y capacidad de Derecho Penal, por los siguientes motivos:

1.- Porque la imputabilidad es un concepto jurídico general,

abstracto, ya que cuando la ley fija las condiciones mínimas para ser sujeto

imputable toma en consideración un hecho y un individuo idealmente

considerados.

2.- Porque la capacidad en cierto sentido también es específica,

cuando se trata de establecer si un individuo es capaz en Derecho Penal ante un

hecho punible determinado. Sólo cuando el hecho se ha cometido se pronunciará

acerca de si es o no capaz.

Eugenio Florian nos dice, acertadamente, que, ³en substancia, la

capacidad de Derecho Penal no sería más que la imputabilidad considerada en

abstracto; mientras que lo que él (Manzini) denomina imputabilidad no sería más

que la imputabilidad considerada en concreto´ (34).

Más aun, Maggiore señala, a este respecto que ³tanto el juicio de

capacidad como el de imputabilidad son juicios abstractos y concretos a la vez,

que se unen a condiciones posibles y a situaciones reales´ (35).

Ahora bien, la capacidad o aptitud que constituye la imputabilidad se

refiere a la capacidad de comprender y de querer.

Existen en la capacidad dos momentos diferentes:

1.- Cognoscitivo, que corresponde a la inteligencia o conciencia del sujeto, y

2.- Voluntario, que se refiere a la intención, al querer por parte del sujeto.

La capacidad de comprender debe ir dirigida a captar que su

conducta es contraria a derecho, que actuación es injusta, es decir, el individuo

debe ser capaz de comprender lo ilícito de su actuación, y no solo la aptitud de

éste para conocer lo que se desarrolla en el mundo que lo rodea.

La capacidad de querer significa la aptitud del sujeto para auto

determinarse, para realizar solamente aquello que se juzga que se puede hacer.

En todo caso, es necesario tener presente que la imputabilidad debe

existir al momento de ejercitarse el acto delictivo, no obstante que la capacidad es

genérica.

Concepto de Imputabilidad

La imputabilidad en sentido amplio, es la posibilidad de atribuir algo a

alguien, en tanto que para el Derecho Penal es la posibilidad de realizar hechos

culpables.

Para los clásicos, la imputabilidad se define como: ³el conjunto de

condiciones necesarias para que el hecho punible pueda ser atribuido a quien

voluntariamente ejecuta la acción, como a su causa eficiente y libre´ (36).

Para Maggiore, la imputabilidad es ³el conjunto de condiciones

psíquicas que requiere la ley para poner una acción a cargo del agente´(37).

Modernamente se la ha definido como ³la capacidad de conocer la

antijuricidad de la conducta y de autodeterminación conforme a ella´ (38).

Así concebida la imputabilidad, es imputable el individuo en el cual

concurren las condiciones psíquicas, biológicas y morales apropiadas, es decir,

edad, salud mental que le permitan ser sujeto de reproche.

La inimputabilidad existe, cuando el individuo carece de estas

condiciones mínimas, esto es, capacidad de comprender y de querer. Se

entienden que faltan a éstas en aquellos individuos que carecen de un desarrollo

intelectual suficiente que les permita comportarse de un modo normal, y también

en aquellos sujetos afectados por una enfermedad grave de la mente, o lo que es

igual, por una anomalía psíquica profunda.

Se supone que aquellas personas que poseen capacidad de

comprender (reconocer lo injusto), y capacidad de querer (obrar sólo conforme a

derecho), es una persona con facultades mentales sanas en su totalidad, y sólo

ante un sujeto completamente sano de mente puede nacer la llamada

RESPONSABILIDAD PENAL.

No podemos dejar de explicar ±a lo menos sucintamente- el

concepto de responsabilidad penal, aspecto que se encuentra ligado a la noción

de Imputabilidad de que nos ocupamos.

En principio, sólo pueden ser responsables penalmente, aquellos

individuos imputables, salvo que concurra a su favor una circunstancia eximente

de responsabilidad criminal diferente de la inimputabilidad.

Definir la responsabilidad penal es cuestión difícil, ya que hay autores

que consideran que los términos Imputabilidad y Responsabilidad Penal

denotan aspectos diferentes dentro del campo del Derecho Penal. Para quienes

piensan así, la imputabilidad es el presupuesto de la responsabilidad penal, y ésta

corresponde más bien a las condiciones personales que permiten ser sujeto de

derecho penal.

Así, para tratadistas como Romagnosi, Impallomeni, Manzini, entre

otros, la imputabilidad es el supuesto básico de la responsabilidad, y consiste en

las condiciones psíquicas y materiales exigidas por la ley para que una persona

pueda ser considerada causa eficiente de un delito. En cambio, consideran que la

responsabilidad ser refiere a la obligación de sufrir una pena como consecuencia

de un delito que se le ha imputado.

De este modo resulta que, la imputabilidad sería la capacidad de

cometer delito, y la responsabilidad la capacidad para asumir la pena.

Esta posición es criticada por Maggiore que, a este respecto, señala:

³Si la imputabilidad significa capacidad para la pena, no veo como las dos

nociones puedan considerarse distintas, ya que el delito es precisamente un

hecho punible. Cuando se dice delito, se dice pena; cuando se dice pena, se dice

delito; para opinar de otro modo habría que pensar en un delito no punible, lo cual

sería un absurdo´ (39)

Entre los autores que niegan esta distinción se encuentran Carrara,

Pessina, Alimena, Ortolán, Garud. Para dichos tratadistas, la expresión

Imputabilidad es un término técnico dentro del Derecho Penal, circunstancia por la

que debe elegirse para ser usada dentro del Derecho Penal. Señalan que los

hechos que se imputan a una persona es con el objeto preciso de que dicha

persona deba responder por tales hechos o viceversa, es decir, cuando se le dice

a un sujeto que es responsable por un determinado acto constitutivo de delito, se

le está diciendo imputable.

En la actualidad, la responsabilidad penal no es considerada como

una condición personal del individuo que le permita ser sujeto de Derecho Penal,

sino que se entiende que la responsabilidad, desde un punto de vista material es

³la valorización afirmativa del conjunto del autor y del delito, para ser el sujeto de

la reprensión, y desde el punto de vista del procedimiento, la declaración de que

debe ser sometido a una pena´ (40).

Se define la responsabilidad penal como ³el deber jurídico que

incumbe al individuo imputable de responder del hecho realizado y de sufrir sus

consecuencias jurídicas´ (41).

Entre los autores nacionales, Eduardo Novoa señala que la

responsabilidad penal ³designa la consecuencia de reunirse en un sujeto todas las

circunstancias que hacen de él un delincuente, lo que impone la necesidad de

soportar todas las sanciones que la ley tiene previstas para sus transgresiones.

La responsabilidad penal solamente se dan en el que realizó una conducta típica,

antijurídica y culpable (reprochable), esto es, en el individuo que ha cometido

delito, y ella trae consigo la imposición de una pena´ (42).

Pues bien, para que nazca la responsabilidad penal es necesario que

la acción del Hombre sea valorada tomando sólo en consideración su aspecto

interno en sentido amplio, vale decir, valorar sus facultades de conocimiento, de

inteligencia, la voluntad y la libertad que ha debido poseer el sujeto en el momento

de realizar el hecho incriminado de delito. Si estos elementos han estado

presentes al momento de la comisión del acto, el autor de dicho acto pasa a ser

responsable ante los ojos del Derecho Penal (43).

En consecuencia, ante nuestra legislación y la noción de

Responsabilidad Penal no coincidan: Nos explicamos este hecho de la siguiente

manera: la responsabilidad, como ya hemos dicho, sólo puede existir cuando en

un sujeto concurren todas las condiciones exigidas por la ley para ser imputable, y

cuando dicho sujeto ha cometido actos susceptibles de serles reprochados; pero

en ciertos casos, puede no caberle responsabilidad penal alguna como

consecuencia de haber actuado, por ejemplo, en legítima defensa o estado de

necesidad.

Antiguamente, en el derecho primaba la responsabilidad objetiva,

principio según el cual quien ejecutaba un acto ilícito debía responder de él en

todo caso, aun cuando su resultado no hubiese sido querido ni previsto por el

agente.

Sólo importaba la existencia del delito y del daño ocasionado por

este para que debiera su autor responder por él.

Existía este concepto de la responsabilidad objetiva, porque en

aquellos tiempos se ignoraba el elemento de la culpabilidad, elemento

esencialmente subjetivo del delito, existiendo por consiguiente, un

desconocimiento total del aspecto subjetivo que es fundamental para declarar o no

responsable a un sujeto.

Más tarde esta idea de la responsabilidad objetiva fue sustituida por

la noción de la responsabilidad moral. Este cambio se produjo en la Edad Media,

época en que nace el libre albedrio como punto central del Derecho Penal,

principio según el cual solo cuando el sujeto goza de libertad moral puede

responder de los hechos por él cometidos.

Durante este período toda consecuencia penal debe estar basado en

el elemento subjetivo del delito, vale decir, en la culpabilidad, consagrándose

como principio en el campo del Derecho Penal, la máxima ³nullumcrime sine

culpa´ (no hay crimen sin culpa personal).

Fundamento de la imputabilidad y de la responsabilidad penal

No existe unanimidad en cuanto al fundamento de la imputabilidad y

de la responsabilidad. Existen infinidad de doctrinas que intentan explicarlo,

siendo las de mayor importancia y trascendencia la llamada Escuela Clásica y la

Escuela Positiva.

Para la primera, que corresponde a la doctrina del libre albedrío y de

la imputabilidad moral del hombre, doctrina que dominó durante muchos años en

el Derecho Penal, ya que solamente en el siglo pasado surgió la llamada doctrina

Determinista, que corresponde al fundamento científico de la Escuela Positiva, el

individuo es imputable moralmente siempre que goce de libre voluntad o libertad

de querer ser. Se requiere:

1.- Que el sujeto tenga inteligencia y discernimiento al momento de realizar el

acto ilícito.

2.- Que el individuo goce de libertad de su voluntad, esto es. De libertad de

elección, para así poder elegir entre los diversos motivos de conducta que se le

presenten, y a la vez, de libertad para poder decidirse según se propia voluntad

respecto de una u otra conducta.

Solamente cuando concurran ambos requisitos podrá el sujeto ser

declarado imputable y, por ende, responsable; en caso contrario, en que el

individuo no haya podido determinarse libremente, o cuando ha desconocido el

alcance moral del hecho, no podrá ser imputable no tampoco responsable

jurídicamente.

El fundamento de la imputabilidad y de la responsabilidad radica en

la llamado libertad moral, en el autodeterminismo, ya que ³el hombre es un ser

inteligente y libre y por ello responsable de sus actos´ (44); y quienes carecen de

inteligencia y libertad no pueden ser culpables, no pueden ser sometidos a la

sanción penal.

Para la Teoría Determinista, representada especialmente por la

Escuela Positiva Italiana, cuyo principal expositor es Enrique Ferri, quien pretende

probar que la libertad moral es una mera ilusión en el sentido que tenía la doctrina

clásica. Motivo por el cual considera que debe renunciarse a ella. Esta teoría se

asienta en la negación del concepto de libre albedrio existente en la anterior.

Para esta Escuela, el fundamente de la imputabilidad y de la

responsabilidad deriva de la existencia de la sociedad: ³El hombre es imputable y

responsable por el hecho de vivir en sociedad´ (45) de manera que, mientras viva

el Hombre en comunidad será responsable de los actos ilícitos que ejecute, y lo

será, porque ha realizado una acción que la ley considera capaz de perjudicar las

condiciones de vida de los demás miembros de la sociedad.

Las consecuencias que deriva de la comisión de tales hechos es la

obligación de soportar la sanción penal.

Al negar esta Escuela la libertad moral, resulta innecesaria la

distinción entre sujetos imputables e inimputables, ya que todos son responsables

de los delitos por ellos cometidos por el solo hecho de vivir en sociedad,

sustituyéndose la responsabilidad moral por la llamada responsabilidad legal o

social.

Durante mucho tiempo se estimó que esta tesis resolvía los

problemas penales existentes en aquella época, pero la verdad es que ello no era

así, sino que, por el contrario, dicha tesis adolecía de errores básicos desde su

creación misma, de manera que mal podía resolverlos.

El error fundamental fue el establecimiento de la responsabilidad sin

culpa pues, como hemos dicho, basta que el individuo ejecute un hecho ilícito para

que esté obligado a responder ante la sociedad.

Teorías Eclécticas

Entre la Escuela Clásica y la Positivista existieron un gran número de

doctrinas intermedias, que sin pretender excluir totalmente la noción del libre

albedrío, intentan modificar los fundamentos de la Imputabilidad y de la

Responsabilidad moral.

Estas doctrinas pretenden dar un explicación de la responsabilidad

sin la intervención del libre albedrio o la libertad de voluntad, que corresponden a

los principios morales y teológicos, sino que fundamentarla solamente en atención

a los elementos psicológicos.

Dentro de este grupo encontramos el pensamiento de Prins, autor

que admite la existencia en el Derecho Penal de la libertad relativa, considerando

que el derecho penal es absolutamente independiente del concepto de libre

albedrio.

Para este pensador el individuo tiene dos elementos, a saber:

1.- La libertad representada en la posibilidad de querer el Hombre

algo, y de poder elegir entre los diversos motivos de conducta que se le presentan.

2.- Un elemento de necesidad, esto es, inevitable que en la elección

que el individuo haga se refleje en cierta medida las condiciones de vida, de

familia, de raza, económicas, etc.

Para Prins es imputable el Hombre capaz de conducirse

normalmente, y aun de dejarse influir de un modo normal por los motivos de

acción.

Al respecto, Franz Von Listz expresa que, la esencia de la

imputabilidad se encuentra en la facultad normal de determinarse el Hombre,

siendo por consiguiente imputable todo Hombre sano y madura cuya conciencia

no está perturbada.

Este autor considera que la libertad moral debe ser eliminada, y por

lo tanto, que solamente se valore la facultad de actuar normalmente, de lo que

resulta que no hay imputabilidad cuando se trata de una mente inmadura y cuando

existe un estado de enfermedad mental.

Por su parte Impallomeni y Alimena aceptan la doctrina de la

imputabilidad, doctrina que nace con Romagnosi y con Feuerbach, doctrina que

estima que el asunto de la responsabilidad consiste en fijar las condiciones

necesarias para aplicar la pena, y por consiguiente, de esta forma determinar

cuáles son las personas punibles.

La pena tiene por misión intimidar, y se entiende que la mayoría de

las personas son intimidarles, a excepción de los menores de edad y enfermos

mentales.

Todos los hombres tienen capacidad, o al menos posibilidad de sufrir

la coacción psicológica de la ley penal. Alimena señala a este respecto: ³la

penalidad es una forma de defensa social actuada mediante la coacción

psicológica´ (46).

Para el criminalista francés Gabriel Tarda, la responsabilidad penal

se fundamenta en la idoneidad personal y en la semejanza social. Así, para que

un acto sea imputable debe existir la idoneidad personal del autor consigo mismo,

antes y después del delito; y la similitud social con aquellos otros individuos que

viven en sociedad y por los cuales ha de ser juzgados.

De lo anterior se deduce que, un acto es imputable a una persona

porque dicho acto le pertenece, porque es suyo propio, es decir porque hay una

perfecta identidad entre esta persona y el que fuera causa del delito.

El hombre es responsable no sólo porque goza de libertad para

actuar, sino que además, porque es idéntico a si mismo e igual a los otros

miembros que viven en la sociedad.

En los últimos años se ha pretendido fundamentar la imputabilidad, y

por ende la responsabilidad penal, en la peligrosidad del individuo.

En un comienzo la noción del estado peligroso surgió con el nombre

de Temibilidad, noción formulada por Garófalo, y que designa ³la perversidad

constante y activa del delincuente y la cantidad posible de mal que había que

temer por parte del mismo delincuente´ (47).

Se distingue, por un lado, la llamada peligrosidad social, que

corresponde a los sujetos vagos, mendigos, prostitución, aspecto que escapa al

campo del Derecho Penal, pero respecto del cual deben tomarse ciertas medidas

de seguridad para evitar su existencia. Y, por el otro, la llamada peligrosidad

criminal que incumbe netamente al Derecho Penal y que corresponde a aquellas

personas que han cometido un delito o que han intentado hacerlo, derivándose de

tales hachos la aplicación de la respectiva sanción penal atendida su gravedad.

Toda persona que comete un delito o que ha intentado hacerlo, es un

individuo peligroso para la sociedad; ³la apreciación de sus condiciones

personales podrá revelarlo como más o menos peligroso, pero su peligrosidad se

ha manifestado ya de un modo evidente con el delito realizado o intentado´ (48).

Para que nazca la responsabilidad penal no puede apreciarse el

grado de peligrosidad del agente, pues de ser así quedaría burlado el principio de

la legalidad de los delitos y de las penas.

Se ha estimado que la peligrosidad del delincuente puede ser

considerada en la aplicación de medidas de seguridad, o como un elemento para

la determinación de la pena.

La imputabilidad en nuestra legislación positiva

Nuestro Código Penal parte de la base de que la naturaleza hace al

Hombre libre e inteligente, y de que en principio todos los seres humanos actúan

en tal forma, constituyendo casos de excepción aquellas situaciones en que están

ausentes estos presupuestos (libertad e inteligencia). Al respecto, el autor Pedro

Javier Fernández, citado por Alfredo Etcheberry, hace el siguiente comentario: ³si

el estado normal del hombre es ser libre, inteligente y reflexivo, es lógico suponer

que sus actos son conscientes. El trastorno o vicio de sus facultades es la

excepción; de aquí la necesidad de probar este estado anormal cuando se invoca

por el delincuente´ (49).

En nuestro Derecho Positivo la Imputabilidad es la regla general,

motivo por el cual se omite en nuestra legislación señalar los requisitos que deben

reunirse para ser sujeto imputable, consignándose solamente los casos de

excepción, de inimputabilidad, casos que pueden ser traducidos a la tradicional

fórmula ³falta de mente sana y maura´ (50).

Nuestro Código Penal, artículos 10, N° 1, 2 y 3 consagra las causales

de inimputabilidad: El N° 1 establece dos eximentes vinculadas entre sí, que se

refieren a una alteración de las condiciones mentales del individuo; uno, el relativo

a la enajenación mental, y el otro, el que se refiere a la privación de razón

transitoria. Los N°s 2 y 3 del citado artículo, señalan inimputabilidad por falta de

madurez en razón de menor edad; estudio que escapa a nuestra investigación.

La causal de inimputabilidad concerniente a la enajenación mental se

encuentra consagrada en nuestro Código Penal, en su libro I, Título I, Párrafo II,

titulado ³De las circunstancias que eximen de responsabilidad criminal´, El artículo

10 dispone: ³Están exentos de responsabilidad criminal: N° 1: ³El loco o demente,

a no ser que haya obrado en un intervalo lúcido, o el que, por cualquier causa

independiente de su voluntad se halla privado totalmente de razón´.

La simple lectura de la disposición transcrita nos revela su

imperfección científica; además, esta calificación de circunstancia que nuestro

Código da a la enajenación mental es equivoca, ya que como hemos indicado, las

causales de inimputabilidad hacen desaparecer el delito, pues a éste le falta uno

de sus elementos constitutivos que es la culpabilidad, y no se trata, como parece

deducirse de la simple lectura, de hechos extraños que rodean al delito

modificando la responsabilidad criminal del agente.

El problema de la inadecuada terminología empleada en la norma

citada es de bastante gravedad, ya que ocasiona controversias en la aplicación de

su contenido, porque según sea el modo que se interprete y el alcance que se dé

a las expresiones en discusión (loco o demente, intervalo lúcido y privación total

de razón por causa independiente de su voluntad), el enfermo mental quedará o

no afecto al beneficio de la exención de responsabilidad. De manera que este

beneficio queda entregado en definitiva a la decisión de los Magistrados de

Justicia, ya que ellos deben determinar si la enfermedad del procesado queda o

no comprendida en el artículo 10 N° 1 de Código Penal, lo que implica un peligro

para la adecuada administración de justicia.

Por los motivos indicados se ha señalado que, ³la imperfección del

texto legal debe ser suplida mediante una interpretación progresiva que permita

comprender en él toda forma de enajenación reconocida por la psiquiatría, que

destruya o perturbe gravemente la responsabilidad psíquica, aun cuando no afecte

propiamente a la razón, a la inteligencia, de modo que abarque las oligofrenias, los

estados demenciales y la psicosis, los tres grandes grupos de enfermedades

mentales´ (51).

Con objeto de lograr una mayor claridad y orden en el análisis del art.

10 N° 1 de nuestro Código Penal, hemos considerado necesario distinguir dos

aspectos del mismo; por un lado, la calidad de loco o demente y, por otra parte la

privación de razón por causa independiente de su voluntad.

I.- Calidad de loco o demente

La ley no ha dado un significado técnico preciso a los términos loco o

demente, de manera que, no podemos aplicar aquí la regala de interpretar las

palabras técnicas de una ciencia o arte en el sentido profesional, sino que han de

ser tomadas en el sentido natural y obvio según el uso general de las mismas

palabras. Se prefiere hablar de enajenado mental, término amplio que comprende

todas las enfermedades mentales propiamente tales, y todas las anomalías o

alteraciones psíquicas que priven de razón al sujeto y que son constitutivas de la

eximente, no obstante que el término ³demencia sólo constituye un sector de la

patología mental y la locura, es un vocablo de uso general, no psiquiátrico´ (52).

En consecuencia, las expresiones loco o demente utilizadas por

nuestro Código Penal comprenden a todo individuo que padece de una alteración

mental cuyos efectos le impiden valorar sus propios actos, no pudiendo, por lo

mismo, realizar actos voluntarios.

Los términos loco o demente aludidos, se deben en parte a la

pobreza existente en psiquiatría respecto de todo lo concerniente al estudio de la

psiquis y de sus diversas alteraciones al momento de la dictación de nuestro

Código Penal. Así, las palabras loco o demente designaban a las personas cuya

razón se encuentra alterada, o dicho en términos modernos, ³a las personas que

padecen una grave alteración mental, de carácter permanente y de índole

morbosa, bastante para impedirle la adaptación al ambiente social corriente´ (53).

Este idea se confirma en el artículo 81 inciso final del Código Penal, al señalar:

³En cualquier tiempo en que el loco o demente recobre el juicio«´, de lo que se

deduce que la locura o demencia equivalía a perdida de la razón o juicio.

Actualmente la Psiquiatría no da iguale significados a los términos

loco o demente. La palabra locura ³designa ciertos periodos agudos de algunas

enfermedades mentales, en los que el enfermo exterioriza gran agitación´ (54).

La palabra demencia significa ³un debilitamiento psíquico, profundo, global y

progresivo, que altera las funciones intelectuales basales y desintegra las

conductas sociales´ (55).

Por lo demás, hay en día en Psiquiatría se entiende que la

enfermedad mental afecta al conjunto de la vida psíquica del individuo y no solo al

juicio o razón, como en antaño se pensaba, de lo que se desprende que no puede

caberle culpabilidad al sujeto que se encuentra inhabilitado para realizar todo o

algunos de los procesados de la mente, aunque el trastorno no afecte a la razón o

juicio.

Pues bien, para precisar el concepto de loco o demente utilizado por

nuestro Código Penal, existen diversos fallos emanados de nuestros Tribunales de

Justicia. Por ejemplo, en un fallo del año 1965, la Corte de Concepción estableció:

³En las expresiones loco o demente que emplea el N° 1 del art. 10 del Código

Penal, que equivalen al más amplio de enajenación mental, han de considerarse

incluidos solamente los que padecen de graves perturbaciones psíquicas, esto es,

aquellas que alteran tan profundamente las funciones mentales de una persona

que le imposibilitan para adaptar una conducta a la vida social, con sujeción a las

exigencias del Derecho´. Luego agrega: ³No se comprenden en ellas las

psicopatías, que son anomalías que importan desviaciones cuantitativas del tipo

normal y que afectan primordialmente a la voluntad y a la vida afectiva. La

psicopatía es una degeneración del carácter, pero no puede ser considerada una

enfermedad mental específica´ (56).

La corte de Santiago, en el año 1968 reafirma lo anterior al expresar:

³No afirman con seguridad que el reo sea loco o demente, lo informes periciales

que expresa que se trataría de una personalidad con rasgos psicopáticos´ (57).

La corte de Temuco, en el año 1970, agrega al concepto señalado que, ³Un

mínimo de inteligencia excluye la locura o demencia´ (58). Por último, en un fallo

del año 1965, la Corte de Valparaíso precisa el concepto de loco o demente al

disponer: ³El Código Penal ha adoptado, para establecer la inimputabilidad de una

persona, el criterio psiquiátrico, toda vez que al referirse al loco o demente, vale

decir, al enajenado mental, exige que el estado psiquiátrico de esa persona sea

encasillable dentro de algunas de las entidades nosológicamente conocidas, que

esté afecto a una enfermedad mental especifica. Los psicópatas no son

enajenados mentales, ni, en consecuencia, locos o dementes´ (59).

De lo anterior se desprende que nuestro legislador, con las

expresiones loco o demente quiso referirse a todos los enajenados mentales, o

más precisamente, ³a todos aquellos individuos que por causa patológica

presentan una insuficiencia o alteración grave de la mente, en términos tales que

ha de estimárseles falto de razón o voluntad´ (60). Entendidos así dichos

términos, quedan incluidos en esta causal de inimputabilidad por falta de salud

mental, solamente aquellos casos más graves de enfermedades psíquicas, vale

decir, aquellas enfermedades que imposibilitan o perturban los procesos

biológicos de los individuos que la padecen, colocándolos en conflicto con el

medio ambiente, como ocurre en diversas psicosis y en la oligofrenia; las

psicopatías y demás anomalías psíquicas no deben ser estimadas como

enfermedades mentales, y por consiguiente, no pueden dar lugar a la exención de

responsabilidad.

Se ha entendido que los individuos que padecen de una enfermedad

mental están exentos de responsabilidad criminal, porque son incapaces de

comprender la maldad de su acto o de dirigir sus acciones, o que es igual, porque

se trata de sujetos que no pueden conocer el deber jurídico, y por ende, no

pueden ajustar a él su comportamiento, puesto que carecen de las aptitudes

psíquicas necesarias para ello. En consecuencia, esta exención que favorece al

loco demente no es en virtud de sufrir este una anomalía psíquica, sino que en

virtud de las consecuencias que esta acarrea, esto es, que le impida realizar actos

de carácter voluntario, y siendo la voluntad un requisito esencial para que se

configure el delito, no puede nacer responsabilidad al agente, ya que en estos

actos no ha habido la voluntad exigida por la ley.

Hoy en día, los términos enajenados y alienados son los más

utilizados para referirse a los sujetos inimputables, y desde el punto de vista

Psiquiátrico, las expresiones más corrientes que se refieren a los enfermos

mentales inimputables son:

1.- ³Demente: son aquellos que sufren un proceso de perdida de sus

facultades psíquicas, especialmente de la inteligencia, por causa sobrevenida

durante el curso de la vida.

2.- Oligofrénicos: qué son los que carecen de las mismas facultades

o ellas se encuentran en notable menoscabo, por causas congénitas. Se compara

a un oligofrénico con un demente, diciendo que el primero es un pobre de

nacimiento, y el segundo es un roco empobrecido.

3.- Locos: que son los enfermos mentales que se encuentran en un

periodo agudo de su mal o que presentan manifestaciones llamativas y ruidosas

de un cuadro crónico.

4.- Enajenados: que son los enfermos mentales que, por la gravedad

de sus reacciones patológicas, deben estimarse incapaces o inimputables. El

término viene del vocablo latino ³alienus´, que significa ajeno o extraño y denota la

particularidad de estos enfermos de ser extraños a sí mismos, y a veces, a los

demás. Dentro de su significado técnico, estricto, los enajenados no comprenden

a los oligofrénicos.

5.- Alienados: que según su formación etimológica igual al término

anterior, son los enfermos incapaces o inimputables. Nerio Rojas propicia el uso

de esta expresión como genérica, pero autores franceses opinan que este vocablo

debe reservarse para los enfermos mentales que por su peligrosidad deben ser

recluidos. Este último significado es el que debe dársele en nuestro país.

6.- Psicópatas: o sea, enfermedad de la psiquis, que son todos

aquellos que padecen de una enfermedad mental, cualquiera que sea su

gravedad, produzca o no incapacidad e inimputabilidad. Aunque es un término

genérico, en el lenguaje vulgar se reserva para aquellos que presentan

desviaciones en su personalidad de escasa gravedad.

7.- Psicóticos: que, a la inversa, de lo anterior, son los enfermos

mentales en que hay una profunda alteración de la personalidad, más o menos

prolongada, con peligrosidad y perjuicio, para ellos mismos o para la sociedad y

con ausencia de capacidad e imputabilidad. En cierto sentido los psicóticos

conceptualmente corresponden a los enajena y pueden usarse estos, términos

indistintamente´ (61).

Ahora bien, es preciso determinar que enfermedades mentales

caben dentro de las expresiones loco o demente utilizadas en nuestro Código

Penal, términos que debemos entender en su sentido amplio, vale decir, como

enajenación mental.

Es necesario en primer lugar, que se trate de una enfermedad

mental, y en segundo, que dicha enfermedad sea de cierta intensidad y profundad

para que pueda eximir de responsabilidad criminal al sujeto que ha realizado un

hecho incriminado de delito. Si el trastorno mental es de cierta permanencia pero

de escasa intensidad o profundidad, este podrá ser tomado como una

circunstancia atenuante según lo dispuesto en el art. 11 del código Penal en

relación al art. 10 N° 1 del mismo cuerpo de leyes, pero jamás como eximente de

responsabilidad. Si por el contrario se trata de una alteración psíquica profunda

pero de escasa permanencia, podrá ser considerada como privación transitoria de

razón atendiendo, por supuesto, a cada caso particular.

Dentro del término enajenación se comprenden las llamadas

oligofrenias, que corresponden a defectos del desarrollo psíquico que dicen

relación, especialmente, con la inteligencia del sujeto. Se distinguen tres grados

de oligofrenias, atendidos a las intensidades de esta enfermedad mental y no a la

permanencia de la misma, pues ésta es inmutable en estos enfermos.

Los grados de oligofrenia que se distinguen son: Idiotez, imbecilidad

y debilidad mental; solamente tienen significación penal los primeros, que

corresponden a los estados más profundos y graves de esta enfermedad que son

capaces de eximir a quien, padeciéndolos, comete un acto delictivo.

Casi unánimemente se ha resuelto que la debilidad mental no puede

eximir de responsabilidad criminal, a los más podría considerarse como una

circunstancia atenuante según los antecedentes que existan en cada caso

particular.

No quedan incluidas en el término enajenación las psicopatías, no

obstante de que se trata de anomalías permanentes del carácter y de la conducta

del individuo; ello porque no son alteraciones de una intensidad capaz de afectar

la psiquis del sujeto.

En general se señala que la expresión enajenación abarca algunas

formas de psicosis, entendiendo por tal ³irrupción de un trastorno mental que

ocurre desde dentro del sujeto o por motivos exógenos, prende en un sujeto hasta

entonces sano a casi y trastorno profundamente hasta las raíces de la persona, y

acarrea un defecto masivo que alcanza, por lo común, a las estructuras nerviosas

y a menudo al organismo entero´ (62). Quedan incluidos, por consiguiente, los

estados demenciales, la esquizofrenia, en aquellos casos que conduce a la

demencia, y a la epilepsia en ciertos casos.

En resumen, el termino enajenación mental no puede considerarse

sinónimo de la expresión demencia, pues de ser así quedarían fuera numerosos

cuadros clínicos capaces de eximir de responsabilidad y, por otro lado, porque no

todos los estados demenciales son excluyentes de responsabilidad, pues hay

algunos que no tienen la permanencia e intensidad suficiente para ello.

Concluimos además que, en cada caso particular se determinará el

grado de intensidad y de profundidad de la enfermedad mental en relación con las

funciones psíquicas más importantes del sujeto, esto es la inteligencia, la

afectividad, la voluntad y la conciencia; y además que, deberá tomarse en cuenta

el momento de ejecución del acto delictivo en relación con la enfermedad misma.

De aquí la gran importancia de los peritajes médicos en estas materias, ya que

necesariamente deberá hacerse un diagnostico acabado, profundo y completo de

la enfermedad especifica que aqueja al sujeto.

Entre los autores nacionales, por citar algunos, Novoa, Etcheberry,

Raimundo del Rio, se ha estimado que se comprenden dentro de los términos loco

o demente, las enfermedades mentales propiamente tales o también llamadas

psicosis; las deficiencias o anomalías mentales, también denominadas

oligofrenias; los trastornos psicosomáticos, siempre que sus afectos sean

suficientemente profundos, de modo que el sujeto no pueda dirigir su conducta de

acuerdo con las exigencias ordinarias del derecho. Se excluyen las oligofrenias al

nivel de debilidad o torpeza mental; las psicopatías; las neurosis y los trastornos

psicosomáticos que no tengan la intensidad necesaria para alterar profundamente

las funciones psíquicas. Respecto de lo que ha de entenderse por tales

expresiones, nos ocupamos de ello en el capítulo segundo, que se refiere al

estudio de las enfermedades mentales desde un punto de vista médico.

Intervalos lucidos

Dentro de este primer acápite del art. 10 N° 1 de nuestro Código

Penal, se hace mención a los llamados intervalos lucidos al disponer: ³« a no ser

que haya obrado en un intervalo lucido«´. Es decir, nuestro Código Penal no

extiende la eximente de responsabilidad criminal a lo obrado por el enajenado

durante los intervalos lucidos.

A la época de dictación de nuestro Código Penal, dado los escasos

adelantos psiquiátricos, se hizo mención a los intervalos lucidos en el sentido de

que es posible la desaparición total y completa de una enfermedad mental que

afecta a un individuo determinado, circunstancia por al cual, esta pasa a ser

imputable y, por ende, responsable de los actos que cometa.

Ya en el Derecho Romano se consagraba la imputabilidad de los

sujetos que ejecutaran actos durante los intervalos lucidos, ³intervalle sensu

saniora´, pues en tales casos el individuo posee conciencia y voluntad. Este

criterio fue seguido por numerosas legislaciones tratadistas. Así, Carrara

establece la responsabilidad del agente que ha actuado durante un intervalo

lucido, pero además considera que es una causa de atenuación que se justifica

³tanto por motivos humanitarios, como porque la anormalidad de las facultades

intelectivas siempre deja sospechar que la enfermedad haya podido ejercer algún

influjo sobre la determinación delictiva´ (63).

Lo conflictivo de estas materias radica en poder determinar en qué

consisten los intervalos lucidos, y en qué momentos estamos en presencia de un

enajenado en el que ha cesado los síntomas recobrando totalmente la salud

mental, y cuando ante un sujeto con ocultación de los síntomas exteriores de su

enfermedad, situaciones que resultan ser claves para determinar la

responsabilidad penal del sujeto, o la irresponsabilidad de este por los actos

cometidos durante los intervalos lucidos.

Para Pessina, el intervalo lucido es ³un momento fugaz, su brevedad

demuestra de una manera indudable la habitualidad de la enfermedad mental ya

que aparece en forma de intermitencias de un estado enfermizo, pero sin la

cesación del mismo, y sin que haya una plena resurrección de la inteligencia en

toda su fuerza y eficacia´ (64).

Se ha entendido que el intervalo lucido es aquel espacio de tiempo

durante el cual se suspenden, al parecer completamente, las manifestaciones

morbosas de la enfermedad mental, es decir, dejan de existir en el sujeto los

síntomas que denotaban la presencia de una determinada enfermedad mental.

Existen ciertas alteraciones mentales (psicosis maniaco depresivas)

que se ven interrumpidas por periodos durante los cuales el paciente recobra real

o aparentemente la normalidad psíquica, interrupciones que corresponden a dicho

intervalo lucidos definidos como ³los periodos de remisión aparente del trastorno

mental, en los que externamente el sujeto no da muestras de encontrarse loco, y

se comporta de un modo razonable´ (65).

Por su parte, el autor Frances Regis, citado por Labatut, los define

como ³la suspensión temporal y completa de los síntomas de la enfermedad

mental´ (66). Puig Peña los define del siguiente modo: ³se entienden por

intervalos lucidos aquellas fases de la enfermedad mental en las que están

latentes los síntomas de los desórdenes cerebrales, existiendo un aparente estado

de lucidez´ (67). Para Friedreich, intervalo lucido es ³aquel momento de la

demencia en que permanecen latentes los fenómenos de la alteración mental,

todavía perseverante´ (68).

Ahora bien, para la moderna psiquiatría no existen los intervalos

lucidos, pues consideran que no es posible la desaparición total de la enfermedad

mental, sino que simplemente hay una suspensión de las manifestaciones

externas de esta, quedando en consecuencia subsistente en el sujeto los síntomas

internos; vale decir que el trastorno mental queda latente en el desarrollo interno

del individuo, y aunque la persona esté aparentemente normal, la enfermedad

existe aún en él perturbado íntegramente su personalidad.

De estas ideas resulta que para la psiquiatría el sujeto os e cura

completamente y no es más un enfermo mental, o simplemente se encuentra en

una etapa de remisión o descenso de su enfermedad, continuando enfermo. Es

posible que desaparezcan totalmente la enfermedad pasando el individuo a ser

imputable, o que haya una ocultación de los síntomas externos de la enfermedad.

Es preciso que en cada caso particular se tome en consideración el

correspondiente peritaje médico legal, ya que solo un examen psiquiátrico

exhaustivo podrá, en definitiva, determinar si el individuo en el momento de

ejecutar el acto delictual se encontraba sano totalmente, o si por el contrario, se

trataba de una simple remisión de los síntomas externos de la enfermedad.

El autor Kraft-Ebing, citado por Rene Farías Rojo, respecto de la

valoración de los intervalos lúcidos expresa: ³Su valor se reduce notablemente por

el hecho de que la enfermedad no cesa más que exteriormente pero persiste en el

interior, y es difícil, por no decir imposible, separar con claridad el intervalo lúcido

de los últimos síntomas del periodo morboso que termina y los primeros del que

comienza; con frecuencia el estado lucido es puramente hipotético, pues el

enfermo oculta, disimula los síntomas morbosos´ (69).

Por su parte, Luis Cousiño Mac Iver, en su obra ³Manual de Medicina

Legal´, observa sobre este particular que, ³hay numerosas psicosis que se

caracterizan por la lucidez perfecta del enfermo, como por ejemplo, la paranoia,

entre otras, v,gr. Ciertas formas de psicosismaniacodepresivas (psicosis circular),

el paso de una fase maniaca a una melancólica se ve, a veces, interrumpido por

un corto período de tiempo en que el enfermo parece haber vuelto a la normalidad

psíquica; en otros casos de parálisis general, ciertas demencias, etc. El curso del

mal detiene momentáneamente su marcha y también hay apariencias de lucidez

del enfermo. En todos los ejemplos propuestos, la psiquiatría rechaza en absoluto

la suposición que puede haber cesado el estado de enajenación y solo admite que

hay una desaparición temporal de los síntomas´. A continuación, agrega: ³En

cambio, existen otros casos en que el psicótico recobra plenamente su lucidez,

aun cuando pueda creerse fundadamente que el acceso había de repetirse con

posterioridad; v.gr. en la epilepsia y la psicosis maniaco-depresivas cuándo hay

largas pausas. Pero en puridad, no existen aquí intervalos lucidos, sino estados

de salud mental; por esta razón la psiquiatría moderna rechaza en absoluto en

concepto de intervalo lucido, como momentos o periodos en que el enfermo está

en condiciones de normalidad psíquica que le permiten celebrar contratos o ser

imputable de delito; y en cuanto a la última situación analizada, resuelve que su

lucidez, no se debe a un intervalo de normalidad, sino a una remisión efectiva dell

mal´ (70).

El autor Weygandt, sobre los intervalos lucidos señala: ³los intervalos

lucidos, momentos pasajeros de apariencia normal dentro del curso de una

enfermedad metal, carecen de todo valor para la psiquiatría y la legislación

moderna´ (71).

Ahora bien, no obstante lo antes dicho, el sujeto que siendo

enajenado mental realiza un acto delictivo durante un intervalo lucido, es

imputable y jurídicamente responsable de su acto. Ello porque la ley vigente tiene

fuerza obligatoria, a pesar de las críticas que se le pueden formular, de manera

que, en estas materias el criterio aceptado en nuestra legislación es el de la

imputabilidad, ya que concurren en el individuo todas las condiciones psíquicas,

biológicas y morales necesarias para ello; en consecuencias, ³si el individuo está

en condiciones equivalentes a un hombre normal, cosa que establecerá el

correspondiente peritaje psiquiátrico, debe tenerse por capaz de responsabilidad

penal, aun cuando pueda sospecharse la subsistencia de un proceso morboso que

vuelva a aflorar más adelante´ (72).

De las actas de las Jornadas Internacionales de Derecho Penal se

advierte que este problema de los intervalos lucidos no tiene solución alguna,

quedando ³en verdad subsistente, derivándola a la existencia de salud o

enfermedad mental del sujeto, lo que es cosa muy diferente, pues, si este se

encuentra en un menoscabo en cuanto a sus facultades psíquicas superiores, en

condiciones equivalentes a las de un hombre normal o sano, sano está en eso

momento, aunque haya estado enfermo antes o torne a estarlo después´. Agrega

luego, ³el problema del intervalo lucido es otro y su misma noción implica la

persistencia real de la enfermedad, de tal manera que si ésta, por su naturaleza y

gravedad, priva de la imputabilidad, inimputable es el sujeto, cualesquiera que

sean sus apariencias, e incapaz efectivamente de culpabilidad. Por tanto, la ley

que en tal situación lo considera responsable y exige que se le pune, viola el

principio de la culpabilidad´ (73).

Este breve estudio de la primera parte del art. 10 N°1 de nuestro

Código Penal nos permite distinguir tres situaciones respecto a la inimputabilidad

de los individuos que menciona:

1.- El sujeto plenamente imputable, es decir, cuando goza de salud

mental, o cuando, siendo un enajenado mental, delinque durante un intervalo

lucido.

2.- El sujeto absolutamente inimputable, esto es, cuando padece de

una forma de enajenación mental capaz de destruir o perturbar gravemente las

facultades psíquicas de éste.

3.- El individuo que tiene imputabilidad disminuida, vale decir, aquel

sujeto que puede invocar una circunstancia atenuante a su favor, lo que ocurre

cuando tratándose de un enfermo mental el sujeto está privado solo parcialmente

de razón.

Fórmulas legales sobre inimputabilidad por falta de salud mental

Existen diversas fórmulas o métodos para precisar el concepto

de inimputabilidad:

1.- Formula Psiquiátrica o Biológica:

Según ésta, basta que el sujeto delincuente padezca de una forma

de anormalidad psíquica para se declare su inimputabilidad. O sea, basta la

existencia de una forma de enajenación mental contemplada en la disposición

legal que declare la irresponsabilidad del procesado, sin atender a la motivación

del delito; método adoptado en el Código Francés, art. 64., al disponer: ³No hay

crimen ni delito cuando el acusado se hallaba en estado de demencia al momento

de la acción´; también es el criterio aceptado en el Código Belga, art. 71; Código

Holandés y Código Penal Chileno, articulo 10 N° 1.

Este criterio psiquiátrico es muy sencillo, ya que la ley se limita a

señalar cuales anomalías psíquicas hacen al sujeto que las padece, inimputable.

Esta fórmula presenta ciertos inconvenientes debido a que ³la

psiquiatría es una ciencia que dista mucho de haber sentado principios

inamovibles, pues se halla en pleno desarrollo, con lo cual los términos pierden su

significación o pasan a designar cosas diferentes´ (74). Es pues imposible incluir

en esta fórmula legal de irresponsabilidad la gran variedad de psicosis y

fenómenos mentales que producen incapacidad psíquica en el individuo, motivo

por el cual se establece en términos generales, que se incluyen todas las formas

de trastornos mentales que merezcan este beneficio de la exención de

responsabilidad penal, lo que a su vez, presenta el inconveniente de interpretar el

alcance que se ha de dar a dichos términos, para así determinar en qué formas de

enfermedades mentales han de quedar incluidos ellos. Si los tomamos en sentido

amplio, cabrían toda la gama de enfermedades psíquicas estudiadas por la

psiquiatría, en tanto que, si es necesario restringirlo, quedan fuera de estos

términos todos los trastornos mentales no constitutivos de demencia.

Además, esta fórmula presenta el inconveniente de disminuir las

facultades del Juez, pues los peritajes psiquiátricos son los que en definitiva

deciden sobre la existencia de la enajenación mental, de manera que, la ³pericia

psiquiátrica tiende a asumir un papel preponderante que parece restar el

enjuiciamiento del juez, las facultades que solamente a éste competen´ (75).

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