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¿TIENE SENTIDO NUESTRA EXISTENCIA?

©. Hernan Rodriguez Nieto

Para el común de los seres humanos esta pregunta, podría ser intimidante;
pues con frecuencia nos encontramos ante congéneres nuestros –incluso
nosotros mismos- que vamos por la vida sencillamente asumiéndola como
venga y según lo que ella disponga; sin entender claramente que la vida
espera algo de nosotros, espera que le demos sentido y valor a la vida
misma y desde una perspectiva individual asumamos un papel significativo –
trascendente- en ella, marcado por las características propias del ser
humano; como son su capacidad de raciocinio, la libertad, la voluntad y la
capacidad de decidir amar.

En este mundo convulsionado y cada vez más centrado en antivalores; es


decir, todo aquello que nos esclaviza, que nos hace menos dignos como
seres humanos, pareciese que todo nos llevase a “llenar” nuestras vidas de
un vacío existencial, el cual se manifiesta de diversas formas y entre ellas la
cada vez más creciente apatía o indiferencia con los demás y con nosotros
mismos. Lo cual se refleja en una incapacidad para indignarnos ante el dolor
ajeno y a sentir que somos incapaces e impotentes para enfrentar los
desafíos que la vida misma nos plantea. En este escenario, cobra mayor
significado, el darle un sentido, un significado, una razón a nuestra
existencia; pero no cualquier sentido, sino aquel que nos llevará a sacar y dar
lo mejor de nosotros; es decir, a encaminarnos en la vía de los valores,
entendidos estos como aquellos que me hacen crecer como ser humano.
Esos valores de acción que me guían en la construcción humana, de vivencia
que me dan sentido de existencia a mí y finalmente de actitud, que me
permiten aceptar el sufrimiento con dignidad. Todos esos valores nos
llevaran a la autodeterminación y con ello a la autorealización.

En definitiva la vida nos pide acciones concretas para valorizarla, solo así
nuestra existencia tendrá sentido. Las circunstancias finalmente solo serán
condicionantes de la vida misma; pero el darle significado a la vida depende
fundamentalmente de nuestra actitud, frente a dichas circunstancias; por
tanto la actitud será determinante, para hacer de la vida, una existencia
plena y con sentido. En fin la existencia tiene sentido cuando asumimos la
responsabilidad que surge de la libertad que ella nos da de elegir y decidir
llenarla de vida misma, en el más amplio sentido de la existencia humana, de
amor.