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Bate Man

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“Para tomarse el poder hay que ganar la guerra. Y para ganar la guerra hay que llevarla
a donde más les duela… Eso no me lo inventé yo. Lo dijo, en 1968, Manuel Marulanda
Vélez, un campesino a quien aprecio mucho y quien, sin haber tenido acceso a la cultura,
ha adquirido un grado elevadísimo de conciencia política y ha comprendido, realmente lo
que es Colombia. Marulanda es un verdadero líder popular…”

Jaime Bateman Cayón

Movimiento 19 de abril, M-19
Movimiento Jaime Bateman Cayón

“LO BUSQUÉ MUCHO CUANDO FUI JEFE DEL DAS”

Joaquín Matallana (General de la República (r), jefe del DAS en
1976, miembro de la comisión de diálogo con el M-19)

Nunca tuve oportunidad de tener un contacto directo con Bateman. Lo busqué mucho
cuando fui jefe del DAS, porque me correspondió la etapa bastante difícil sobre las
actuaciones del Estado a raíz del secuestro y la muerte de José Raquel Mercado.

Sabíamos muy poco del M-19 en ese momento; sólo conocíamos lo que se especulaba en
la prensa y algunas entrevistas que para esa época Bateman daba a los medios de
comunicación en forma clandestina. Ahí pude darme cuenta de la capacidad intelectual y
los afanes nacionalistas que inspiraban su lucha. El M-19 siempre actuó de manera
desconcertante. Yo decía en alguna ocasión que además de un claro afán publicitario y de
motivación a todos los sectores de la sociedad, el M-19 tuvo acciones demasiado audaces
en relación a la capacidad militar que tenía. Cuando no se tiene una conciencia clara de
qué es, cómo se maneja y cómo opera el poder militar, sino sólo el afán de actuar y hacer
la revolución, se hacen cosas temerarias...

Como decía, era muy poco lo que se sabía del M-19 en esa época. Hablamos del año 76,
cuando efectuaron el secuestro de José Raquel Mercado. El país quedó desconcertado y a
mí me tocó, como jefe del DAS, asumir la investigación por encargo del presidente López
y, además, porque era mi deber.

Solamente tentarnos el robo de la espada y un comunicado

Lo primero que se nos ocurrió fue reunir lo poco que sabíamos del M-19 y escoger a los
mejores interrogadores que tenía la policía, el DAS y el Ejército, y con esa información
hacer unos cursos intensivos, hasta avanzadas horas de la noche. Solamente teníamos el
robo de la espada y un comunicado, pero ya el M-19 demostraba su capacidad de
conmoción con el secuestro de Mercado. Abrimos 17 frentes de investigación porque al
comienzo había un misterio total. ¿Quién tenía a Mercado? ¿Qué tan ciertas eran las
versiones? No se sabía nada. Lo más lógico era que se trataba de algún problema laboral
o de alguna pugna entre las centrales obreras, o que parlamentarios como Toledo Plata,
que tenía elementos de extrema derecha convertidos al movimiento revolucionario,
estuvieran involucrados. Había que investigar también todas las instituciones capaces de
embarcarse en un secuestro de este tipo; a los partidos políticos, a los grupos
económicos, incluso a ciertos gobiernos extranjeros que podían estar interesados en
crearnos problemas.

Abrimos 17 frentes, y en cada uno de ellos pusimos a la persona más capaz. Hacíamos
una evaluación diaria de lo que se había logrado. Estábamos contra el tiempo porque
antes del 19 de abril de ese año, el caso Mercado iba a tener algún desenlace y lo
importante era impedir que fuera eliminado y rescatarlo antes del 19. El presidente López
encontró muy bien concebida la investigación y le dio todo su apoyo. Estábamos con un
entusiasmo pocas veces visto. Había otro aspecto a nuestro favor y era que en ese tiempo

Movimiento 19 de abril, M-19
Movimiento Jaime Bateman Cayón

jurídicamente la investigación penal la asumía la justicia penal militar. Estaba el general
Landazábal al frente de la brigada, con su equipo de jueces militares.

Yo no tenía sino 72 horas

Concluimos que Jaime Bateman estaba a la cabeza y estaba Pizarro y estaban todos. La
cosa fue tan exitosa, que en menos de 50 días que duró el viacrucis de José Raquel
Mercado, 96 miembros del M-19 fueron capturados. Jaime Bateman, estoy seguro, no
estaba en el país en ese momento, pero a los 96 hombres los interrogamos con la
máxima técnica que pudimos desarrollar en ese momento. Teníamos una especie de
batería, llamémoslo así, es decir, un paquete de preguntas comunes a todos. Al
desarrollarla, el investigado va dando bases para cruzar los hilos, y así van cayendo en
contradicciones. Me aprecio de haber hecho esa investigación con un absoluto respeto de
las normas procedimentales de ese momento. Yo no tenía sino 72 horas como DAS para
poder interrogar y poner a disposición, en ese caso, de un juez militar a la persona
interesada. Por ahí debo tener una carta de Toledo Plata reconociendo la gallardía con
que en todo momento él y todos los demás fueron tratados en el DAS. Yo entregaba esas
personas a las 72 horas. Solamente en dos ó tres casos, como el de Toledo Plata,
actuamos amparados en un parágrafo de la norma procedimental de ese entonces que
decía que cuando las personas sindicadas fueran más de... no sé cuántas, se podían
tener 24 ó 48 harás más. Nunca les faltó alojamiento, comida, tinto. Naturalmente,
estaban incomunicados.

El mejor equipo: de interrogadores

Me llamó mucho la atención el adoctrinamiento que habían desarrollado. Fue
supremamente difícil encontrar una contradicción, teniendo, como les digo, el mejor
equipo de interrogadores. A los jueces, a pesar de que eran militares, les faltó,
llamémoslo así, decisión para haberlos mantenido detenidos. Desde que un juez recibe un
probatorio de las diligencias preliminares que hace la policía judicial, en este caso el DAS
y el equipo mixto que formamos, era a criterio del juez mantenerlos, detenerlos o no. A la
mayoría se los liberó, en mi opinión, prematuramente. Vino después la muerte de
Mercado.

Donde menos lo van a dejar es en el monumento a Los Héroes

La víspera del 19 de abril se habían tomado las medidas de segundad necesarias.
Estábamos seguros de que a Mercado lo Iban a matar. Lo importante era interceptar en
dónde iba a aparecer. Hicimos un plan muy especial; un estudio minucioso de la ciudad
de Bogotá, de sus principales rutas, etc... Topos los servicios se desplegaron por la
ciudad. No quedó un solo hombre o una mujer del DAS ni de los servicios de inteligencia
que no estuviera de servicio en la calle desde el día anterior, escuchando, observando.
Todos tenían que llevar un radio, teníamos claves en conexión con algunas emisoras para
orientarlos por falta de radiocomunicación. En la última reunión de coordinación
hablamos de cómo interceptarlos si ese día, o esa noche sobre todo, aparecía el cadáver

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de Mercado o lo trasladaban vivo a alguna parte. Se discutió si en el monumento a Los
Héroes pondríamos vigilancia especial y yo dije: “Si estos señores van a asesinar a
Mercado porque es un traidor del pueblo, donde menos lo van a dejar es en el
monumento a Los Héroes”. Esa reunión fue muy grande, éramos unas 100 ó 200
personas, haciendo los últimos retoques del operativo. A lo mejor haya podido llegar
hasta el M-19 la información. El único sitio de la ciudad que no tenía seguridad especial
era precisamente el monumento de Los Héroes. Y de la forma más sencilla, ahí fue donde
lo dejaron...

Ese boletín dio la pista de quiénes eran

Hicimos un esfuerzo muy grande, pero el resultado no se vio en ese momento. Después de
mi retiro del Ejército, cuando vino lo de las armas del Cantón Norte, a alguien en el alto
mando se le ocurrió decir: “¿Dónde están las investigaciones del M-19?” Pues ahí estaba
todo; la vida de cada uno de los 90 y tantos individuos que capturamos en la época de
Mercado. Dónde nació, familiares y todo lo que a ustedes se les ocurra. No fue sino
recurrir a esa investigación y encontrarlos a todos de inmediato. Estaban libres, pero
estaban registrados. Por eso fue tan rápida la respuesta cuando lo de las armas. Además
de que el M-19, entre las cosas absurdas que hacía, dejó un reconocimiento al personaje
que había sido el gestor del robo de las armas y que se había matado ese día o el día
anterior en un accidente. El boletín decía: “Fulano de tal, artífice de la operación de las
armas, etc.”. Ese boletín dio la pista .de quiénes eran. No se había perdido al fin y al cabo
el trabajo. Aunque no logramos encontrar a Mercado ni impedir que fuera eliminado,
hicimos una historia del M-19, que hasta ese momento era un misterio en el país.

Concepción muy autoritaria

El planteamiento de la posibilidad de un diálogo fue negado. La impresión que se tenía y
que en parte se sigue teniendo hoy con los diálogos es que existe una concepción muy
autoritaria. En el Estado y en el gobierno primó el criterio de que conversar y dialogar
con los subversivos era claudicar ante ellos. Alfonso López tenía esa misma concepción,
por el tipo de gente que lo rodeaba; los ministros que lo rodeaban tenían una concepción
muy cerrada, enfrascada al interior del Estado, y no medían las consecuencias que un
mal manejo político de un problema de estos podía ocasionarle al país.

Por ejemplo, el caso Marquetalia militarmente fue una operación extraordinaria, con
menos de 200 hombres en un terreno al que solamente había acceso, y casi intransitable
a pie. El Batallón Colombia, a mi mando, tuvimos la suerte de tener éxito. En menos de 48
horas, con un ínfimo número de bajas. Pero miremos objetivamente qué fue Marquetalia y
qué eran las Repúblicas Independientes. Eran unos reductos insignificantes en lo más
profundo de la selva, al pie de los nevados. Marquetalia era un lugar donde no llegaba
nadie, donde unos tipos ya influenciados por las ideas marxistas habían resuelto hacer
una comunidad a su acomodo. Una zona del territorio donde un señor llamado Pedro
Antonio Marín o Manuel Marulanda Vélez, mandaba y tenía un grupo armado Defensa
Agraria, Autodefensa Campesina. La toma la hicimos muy bien, ¿Pero las consecuencias

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de eso cuáles fueron? Que desde ese día, 14 de junio de 1964, nació una cosa que no
existía: la guerrilla móvil que hoy se llama FARC. Esa fue la consecuencia política de la
toma y de las posiciones duras de los enemigos de los procesos de paz.

Ni siquiera sabíamos cómo se pronunciaba el apellido

Para ser franco, la primera vez que oí ese nombre, el de Jaime Bateman, fue a raíz de las
informaciones fragmentarias que comenzamos a recoger. Ni siquiera sabíamos cómo se
pronunciaba el apellido, ni cómo se escribía Bateman. La verdad es que había un
desconocimiento tan extendido en los propios organismos de seguridad sobre el M-19,
que todos esos nombres que fueron apareciendo, fue por las delaciones. Pero todos los
interrogados se cuidaban mucho de hacer alusión a Jaime Bateman, “¿Usted conoce o ha
oído nombrar a un señor Bateman?” “No tengo ni idea”. Se decía que había sido
funcionario del Ministerio de Obras Públicas; esa era la única información que teníamos.
Él comenzó a salir a la luz pública después de lo de José Raquel Mercado.

Era muy difícil prever lo que estaba haciendo

Un hombre admirable. Fue él, Bateman, quien le dio ese impulso, esa mentalidad lanzada
a la organización que orientaba. Le imprimió la gran iniciativa de golpear en distintos
frentes a la vez. Desarrolló una habilidad muy grande para moverse dentro y fuera del
territorio nacional y para improvisar cosas. Levantaba recursos de donde no existían.
Indudablemente era una persona con una convicción muy grande de lo que estaba
haciendo. Bateman era desconcertante. Se comprometía personalmente y salía siempre
adelante. Era muy difícil prever qué estaba haciendo.

Yo siempre vi al M-19 como un movimiento desconcertante. Cuando uno ya tiene
experiencia militar, piensa dos veces qué paso dar. Ellos siempre dieron pasos que los
podían conducir a su destrucción total. Sin embargo, tuvieron la suerte de que no fueran
destruidos. Hubo ocasiones en que el M-19 hubiera podido ser copado y no fue así,
naturalmente por el valor de sus elementos, como en el combate de Corinto. Allí se jugó
la suerte de todo el movimiento porque estaban concentrados todos allí, y la fuerza
pública preparó una operación muy grande que no fue exitosa. El M-19, en mi opinión, se
jugó su suerte en casi todas las actuaciones importantes que tuvo. Tuvo mucha suerte.

Si no hubiera muerto Bateman, seguramente hubiera llevado el proceso de paz, en mi
opinión, a muy buenos destinos. Él hizo un aporte muy grande para que el país
comenzara a pensar de que quienes se alzan en armas, como el caso del M-19, con
sentimientos románticos, con sentimientos patrióticos, con sentimientos nacionalistas,
deben ser escuchados. Las cosas que dijo al país en los reportajes que la nación conoció
marcaban un paso sin antecedentes, al menos en las últimas décadas. Mostró que era
necesario dialogar con quienes políticamente se alzan contra el Estado.

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