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Promociòn de Resiliencia en Profesores de Educ. Primaria_Victor Gutierrez

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Ante ambientes de riesgo psicosocial y alumnos en vulnerabilidad, aparece la resiliencia como una teoria que posibilita al profesor para hacer algo mas que enseñar: un profesor resiliente ante el alumno en riesgo
Ante ambientes de riesgo psicosocial y alumnos en vulnerabilidad, aparece la resiliencia como una teoria que posibilita al profesor para hacer algo mas que enseñar: un profesor resiliente ante el alumno en riesgo

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Published by: Victor Manuel Gutierrez Jimenez on Apr 20, 2011
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La niñez intermedia es el periodo comprendido entre los 6 y 11 años de edad

aproximadamente, a menudo se denominan años escolares en el cual se

presentan cambios físicos, cognitivos y psicosociales. La escuela es la experiencia

fundamental durante este tiempo donde las diferencias individuales se tornan más

evidentes y las necesidades especiales más esenciales, pues las competencias

afectan el éxito escolar (Papalia y otros, 2001).

2.1.1 Desarrollo físico en la niñez intermedia

El crecimiento físico normal durante la niñez intermedia es un proceso muy

regular. La altura se incrementa suave y regularmente, pero el ritmo de

crecimiento se desacelera (en comparación con el niño preescolar). Papalia

(2001) dice que en promedio los niños de edad escolar crecen

aproximadamente 3 a 8 cm. cada año y aumentan 2 y 3 ó incluso más

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kilogramos, duplicando su peso corporal aunque los cambios que ocurren día a

día, pueden no resultar obvios, ellos se suman para establecer la diferencia

entre los niños de 6 años que aún son pequeños y los de 11, muchos de los

cuales comienzan a parecerse a los adultos.

En el desarrollo de las estructuras del sistema nervioso central ya se ha

completado, lo particular en este periodo es el despliegue y macado desarrollo de

distintas funciones en las habilidades motrices, sensoperceptivas y del lenguaje.

A medida que se despliegan los patrones de crecimiento y la maduración, los

niños se vuelven más capaces de ejecutar movimientos más finos y precisos. Con

el progreso en la maduración y en la práctica, se da una mayor diferenciación: se

adquiere un mayor control de los grupos musculares, de modo que el niño logra

una motricidad más fina, que le permite trepar mejor, arrojar objetos con mayor

precisión y escribir entre otros logros.

Las diferencias en las capacidades motrices de niños aumentan a medida que

se acerca la pubertad, en parte, debido a que la fuerza de los varones es mayor y,

en parte, debido a las expectativas y a la experiencia cultural (Pizzo, 2000).

2.1.2 Desarrollo cognitivo

a)

Cambios cognitivos en la niñez intermedia. En los años escolares, las

posibilidades brindadas por el progreso intelectual y la cooperación entre los niños

dan lugar a un pasaje de la indiferenciación entre el punto de vista propio y el de

los otros, a la coordinación de los puntos de vista, con el concomitante progreso

en la socialización.

b)

Etapa de las operaciones concretas. Según Piaget, aproximadamente de

los 7 años de edad los niños ingresan a la etapa de las operaciones concretas,

cuando pueden utilizar las reflexiones mentales para solucionar problemas

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concretos (reales). Los niños pueden pensar ahora lógicamente puesto que

pueden tomar en cuenta múltiples aspectos de una situación. Sin embargo aún

están limitados a pensar acerca de las situaciones reales en el aquí y el ahora

(Papalia y otros, 2001).

El tipo de organización que el niño logra en este estadio le permite entender

mejor las transformaciones, y el modo en que cada estado de las situaciones

queda sometido a aquellas.

Lo anterior resultar altamente relevante, ya que para llegar a comprender la

realidad es necesario que el sujeto construya representaciones adecuadas de ella,

alejándose cada vez mas de los datos que recibe a través de la percepción, que

en muchos casos resulta engañoso. En este marco es interesante explicar el

proceso para alcanzar el entendimiento de las transformaciones que se producen

en la realidad, como continuación del desarrollo cognoscitivo. Para el

entendimiento de las transformaciones es necesaria la comprensión de aquellos

aspectos que se conservan, así como de los que se modifican durante la misma

(Gómez Palacios y otros, 1995).

c)

Avances cognitivos. Los niños en la etapa de las operaciones concretas

pueden realizar muchas tareas a un nivel muy superior del correspondiente a la

etapa preoperacional. Poseen una mejor comprensión de los conceptos

espaciales, de la causalidad, de la categorización, de la conservación y del

número:

I.

Razonamiento espacial: los niños en la etapa de las operaciones concretas

pueden comprender mejor las relaciones espaciales. Ellos tiene una idea mas

clara de la distancia entre un lugar y otro y cuanto tardaran en llegar allí, y pueden

recordar con mayor facilidad la ruta y las señales a lo largo del camino. La

experiencia juega un papel en este desarrollo. Tanto la capacidad para utilizar los

mapas y modelos como transmitir la información espacial mejoran con la edad

(Gauvain, 1993).

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II.

Causalidad: el juicio acerca de la causa y el efecto mejora durante la niñez

intermedia. Logran pronosticar.

III. Categorización: la categorización incluye ahora capacidades tan

sofisticadas como la seriación, la inferencia transitiva y la inclusión de clase. Los

niños demuestran que comprenden la seriación cuando logran organizar los

objetos según una dimensión de los mismos. La inferencia transitiva es la

capacidad de reconocer la relación entre cada uno de ellos y un tercero. La

inclusión de clase es la capacidad para observar la relación entre un todo y sus

partes. La capacidad para categorizar ayuda a los niños a pensar lógicamente.

IV. Conservación: al solucionar diversos tipos de problemas de conservación,

los niños en etapas de operaciones concretas pueden elaborar mentalmente sus

respuestas. Aparecen los principios de la identidad y de la reversibilidad. El niño

logra descentrar, es decir puede enfocarse tanto en la longitud como en el

espesor. El pensamiento de los niños en esta etapa es tan concreto, esta tan

estrechamente ligado a una situación particular, que ellos no pueden transferir en

forma rápida lo que han aprendido respecto a un tipo de conservación hacia otro,

incluso aunque los principios subyacentes sean los mismos.

V.

Número y matemáticas: los niños inventan intuitivamente estrategias para

sumar, ya pueden contar mentalmente, también aprenden a contar partiendo de

una base, así como invertir los números. La capacidad para sumar se desarrolla

de modo casi universal y a menudo intuitivamente a través de la experiencia

concreta en un contexto cultural (Papalia y otros, 2001).

Estos procesos propician que los niños vayan descubriendo que las acciones

se pueden combinar entre si y que la aplicación de dos acciones sucesivas da

lugar a otra acción; que existen acciones que invierten el resultado obtenido, y que

son acciones inversas o reciprocas y que hay acciones que no cambian el

resultado, que se pueden considerar como nulas. (Gómez Palacios y otros, 1995).

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d) Razonamiento moral. De acuerdo con Piaget, el desarrollo moral está ligado

al crecimiento cognitivo. El sostuvo que los niños efectúan juicios morales más

firmes cuando pueden observar las cosas desde más de una perspectiva. Así

mismo, planteó que el razonamiento moral se desarrolla en dos etapas.

En la primera de ellas, la etapa de la moral de sumisión (hasta

aproximadamente los 7 años de edad, que corresponde a la edad preoperacional),

el niño menor piensa rígidamente respecto a los conceptos morales. En esta etapa

los niños son bastante egocéntricos; no pueden imaginar más de una forma de

considerar un aspecto moral. Creen que las reglas no pueden violarse o

cambiarse, que el comportamiento es correcto o incorrecto y que cualquier ofensa

merece castigo, independientemente de su intensión.

La segunda de ellas, la etapa de la moral de cooperación que corresponde a

las etapas de operaciones concretas y formales. Esta caracterizada por la

flexibilidad. A medida que los niños maduran, interactúan con más personas y

entran en contacto con una mayor variedad de puntos de vista. Descartan la idea

de la existencia de un estándar único y absoluto sobre lo correcto e incorrecto y

comienzan a formular su propio código moral.

De acuerdo con Piaget (1932) la creciente popularidad de los juegos con reglas

en la niñez intermedia se relaciona con el desarrollo del razonamiento moral. El

observo que solo cuando los niños ingresan en la etapa de la moral de

cooperación (la cual comienza entre los 7 u 8 años) ven la necesidad de un

acuerdo mutuo respecto a las reglas y las consecuencias de romperlas. Los juicios

morales inmaduros, concluyo Piaget, se centran únicamente en el grado de la

ofensa; los juicios más maduros tienen en cuenta la intensión. (Papalia y otros,

2001).

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2.1.3 Desarrollo psicosocial

La “industria frente a la inferioridad” de Erik Erikson se refiere a la niñez
media, desde los seis hasta los once años, etapa que corresponde a la freudiana

de latencia. En ella las fantasías e ideas mágicas de la infancia ceden el paso a la

tarea de prepararse para papeles aceptables en la sociedad. El niño se familiariza

con el mundo de las "herramientas" en el hogar y la escuela. En esta etapa se

espera el trabajo productivo y los logros reales, aunque el juego aún continúa. Es

preciso que adquiera habilidades y conocimientos. El pequeño es un aprendiz que

debe aprender las tareas de la edad adulta. Se sabe que esto no es fácil, es un

periodo de adiestramiento prolongado porque se espera demasiado de cada

individuo. Para Erikson la escolaridad anula la creatividad del pequeño ya que lo

obliga a entrar en un molde.

Los niños desean ser como los adultos y si no se reprimen sus esfuerzos,

satisfacen las demandas que se les hace. Pero si las demandas son contrarias a

sus tendencias naturales (como sucede con la educación formal, donde se espera,

por ejemplo, que el niño permanezca sentado y preste atención por largo tiempo),

se rebelan. Por lo tanto, el peligro de esta etapa es el sentido de insuficiencia e

inferioridad. Si se desespera de sus herramientas o de su posición entre sus

compañeros que utilizan herramientas similares, puede desanimarse respecto a su

identificación con ellos y con un segmento del mundo que utiliza las herramientas.

La ritualización de la formalidad ocurre durante la edad escolar cuando el niño

aprende maneras eficaces de hacer las cosas, es decir, habilidades apropiadas,

métodos diferentes y patrones de perfección. El juego se transforma en trabajo.

La formalidad puede expresarse en formalismo, es decir, en perfeccionismo, por

ejemplo, cuando los estudiantes sólo se interesan por las calificaciones. Son

personas que se sienten inferiores y recurren al ritualismo del formalismo: el

fingimiento de ser competentes. (Mangrulkar, 2001)

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El niño entra en una etapa de perfeccionismo y absolutismo. Nada es relativo: todo

es bueno o malo, querido o detestable, amigo o enemigo. No hay términos

medios. Si logra pasar la crisis adecuadamente, sabrá competir por competir,

aceptara perder o ganar sin sentir que pierde la seguridad. En sí el niño debe

aprender las habilidades de la cultura o afrontar sentimientos de incompetencia.

Aquí el club, el colegio, los grupos son muy importantes, ya que forman parte

de la preparación para la adolescencia. Puede ser una época muy feliz y

agradable para el niño si logramos apoyarlo y comprenderlo (Gómez Palacios y

otros, 1995).

a. La autoestima. De acuerdo con Erikson (1982), un determinismo

fundamental de la autoestima es la visión que tiene los niños de su capacidad para

el trabajo productivo. El punto que debe ser resuelto en la crisis de la niñez

intermedia es la suficiencia frente a inferioridad. La virtud que se desarrolla con la

exitosa solución de esta crisis es la competencia, la visión de si mismo como

alguien capaz de dominar las habilidades y realizar las tareas. Los niños deben

aprender habilidades valoradas por su sociedad. Ellos comparan sus capacidades

con las de sus pares; si se sienten incómodos, pueden refugiarse bajo el brazo

protector de la familia.

Si por el contrario se tornan demasiado suficientes, pueden descuidar las

relaciones sociales y convertirse en adictos al trabajo. Un importante contribuyente

a la autoestima es el respaldo social, inicialmente de sus progenitores y

compañeros de clase y posteriormente de amigos y profesores.

Los niños que son socialmente reservados o aislados pueden preocuparse

demasiado por su desempeño en las situaciones sociales. Alrededor de los 7 u 8

años de edad se desarrolla continuamente el concepto de si mismo o

autoconcepto, los niños pueden formar los sistemas representacionales, que se

refiere a una etapa neopiagetiana del desarrollo de autoconceptos amplios e

integrados que incluyen diferentes características de sí mismos. En esta etapa los

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niños pueden comparar el yo real con el yo ideal y pueden juzgar su ajuste a

patrones sociales, de forma más clara, completa y realista (Papalia y Otros, 2001).

b. Crecimiento emocional. A los 7 u 8 años los niños en edad escolar han

interiorizado la vergüenza y el orgullo, y pueden entender y controlar mejor sus

emociones. Estas emociones que dependen del conocimiento de las implicaciones

de sus acciones y de la clase de socialización recibida por los niños afectan su

opinión respecto a sí mismos. Los niños también son capaces de expresar

emociones conflictivas. A medida que crecen, los niños son más consientes de

sus propios sentimientos y de los demás personas. Pueden controlar mejor su

expresión emocional en las situaciones sociales y responder a la ansiedad

emocional de los otros.

Un aspecto del crecimiento emocional consiste en el control de las emociones

negativas. Los niños descubren lo que les produce enfado, miedo o tristeza y

como otras personas reaccionan ante la presión de estas emociones y aprenden a

modificar su comportamiento en consecuencia. Ellos asimilan la diferencia entre

sentir una emoción y expresarla. La expresividad emocional tiende a estar

conectada con la empatía y el comportamiento prosocial. Es necesario considerar

que el desarrollo emocional contribuye a la autoestima (Papalia, y Otros 2001).

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