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Misal Romano (español).

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Misal Romano en español.
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Misal Romano

Misal Ordinario de la Misa Leccionario

Misal
Propio del Tiempo Tiempo Ordinario Propio de Santos Comunes y diversas Propio de Navarra Prefacios

Ordo Missæ
Ordo Missæ Ordo Missæ cuius unus tantum minister participat Ordinario de la Misa[1] Bendiciones solemnes Oraciones sobre el pueblo

[1]

Según la versión de la Conferencia Episcopal Española, aprobada por la Sagrada Congregación para el Culto Divino el 16 de julio de 1987

Leccionario
Tiempo Ordinario: I II Ciclo: A B C Propio del Tiempo Solemnidades y fiestas Propio de Santos Difuntos Otras Misas

PROPIO DEL TIEMPO ADVIENTO NAVIDAD CUARESMA PASCUA

TIEMPO DE ADVIENTO
Dominus prope est Primera semana D-L-M-X-J-V-S Segunda semana D-L-M-X-J-V-S Tercera semana D-L-M-X-J-V Cuarta semana D Ferias 17-18-19-20-21-22-23-24

I DOMINGO DE ADVIENTO
Antífona de entrada Sal 24, 1-3

A ti, Señor levanto mi alma; Dios mío, en ti confío, no quede yo defraudado. Que no se burlen de mí mis enemigos; pues los que esperan en ti, no quedan defraudados.
No se dice Gloria.

Oración colecta Señor, despierta en nosotros el deseo de prepararnos a la venida de Cristo con la práctica de las obras de misericordia para que, puestos a su derecha el día del juicio, podamos entrar al Reino de los cielos. Por nuestro Señor Jesucristo.
Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, estas ofrendas que hemos tomado de tus mismos dones, y concédenos que esta Eucaristía que estamos celebrando, nos alcance la salvación eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Adviento I o III. Antífona de comunión Sal 84, 13

El Señor nos mostrará su misericordia y nuestra tierra producirá su fruto. Oración después de la comunión Por nuestra participación en esta Eucaristía, enséñanos, Señor, a no poner nuestro corazón en las cosas pasajeras, sino en los bienes eternos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Lunes de la I Semana
Antífona de entrada Cf. Jer 31, 10; Is 35, 4

Oíd, pueblos, la palabra del Señor y anunciadla en todos los rincones de la tierra: "He aquí que vendrá nuestro salvador, ya no tengáis miedo". Oración colecta Concédenos, Señor Dios nuestro

permanecer alerta a la venida de tu Hijo Jesucristo, para que cuando venga y llame, nos encuentre velando en oración y entonándole alabanzas. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, estas ofrendas que hemos tomado de tus mismos dones, y concédenos que esta Eucaristía que estamos celebrando, nos alcance la salvación eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Adviento I o III. Antífona de comunión Cf. Sal 105, 4-5; Is 38, 3

Ven Señor, a visitarnos con tu paz, para que nos alegremos delante de ti, de todo corazón. Oración después de la comunión Por nuestra participación en esta Eucaristía enséñanos, Señor, a no poner nuestro corazón en las cosas pasajeras, sino en los bienes eternos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Martes de la I Semana
Antífona de entrada Cf. Zac 14, 5. 7

Vendrá el Señor, mi Dios, y con él, todos sus santos; y brillará en aquel día una gran luz. Oración colecta Señor, Dios nuestro acoge favorablemente nuestras súplicas y concédenos tu ayuda en las tribulaciones para que, reanimados con la venida de tu Hijo, ya cercana, no volvamos a mancharnos con el pecado.

Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Que te sean agradables, Señor, nuestras humildes ofrendas y oraciones y que tu misericordia supla la extrema pobreza de nuestros méritos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Adviento I o III. Antífona de comunión 2 Tim 4, 8

El Señor, justo juez, dará la corona merecida, a todos los que esperan con amor su venida gloriosa. Oración después de la comunión Como fruto de nuestra participación en este sacramento de vida eterna, enséñanos, Señor, a no sobrevalorar las cosas terrenales y a estimar las del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Miércoles de la I Semana
Antífona de entrada Cf. Hab 2, 3; 1 Cor 4, 5

Ven, Señor, y no tardes, ilumina los secretos de las tinieblas y manifiéstate a todas las naciones. Oración colecta Que tu gracia, Señor, prepare nuestros corazones para que, cuando venga tu Hijo Jesucristo, nos encuentre dignos de sentarnos a su mesa y de recibir de sus propias manos el pan del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Te pedimos, Señor, que este sacrificio,

signo de nuestra total entrega a ti, te sea ofrecido siempre, para que realice la intención que tuviste al instituir este sacramento, y lleve a cabo plenamente en nosotros tu salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Adviento I o III. Antífona de comunión Is 40, 10; Cf. 35, 5

He aquí que el Señor vendrá con gran poder e iluminará los ojos de sus siervos. Oración después de la comunión Que esta Eucaristía nos purifique, Señor, de toda mancha y nos prepare así a celebrar dignamente la Navidad ya próxima. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Jueves de la I Semana
Antífona de entrada Cf. Sal 118, 151-152

Tú estás cerca, Señor, y todos tus caminos son derechos. Desde el principio comprendí que tu alianza la estableciste para siempre. Oración colecta Muestra, Señor, tu poder y ven en nuestra ayuda para que la abundancia de tu misericordia apresure el momento de la salvación que nuestros pecados han retardado. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, estas ofrendas que hemos tomado de tus mismos dones, y concédenos que esta Eucaristía que estamos celebrando, nos alcance la salvación eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Adviento I o III. Antífona de comunión Tit 2, 12-13

Vivamos en este mundo como hombres responsables, justos y que sirven a Dios, en espera de que se cumpla la feliz esperanza: la manifestación gloriosa de Jesucristo, nuestro Dios y salvador. Oración después de la comunión Por nuestra participación en esta Eucaristía, enséñanos, Señor, a no poner nuestro corazón en las cosas pasajeras, sino en los bienes eternos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Viernes de la I Semana
Antífona de entrada He aquí que el Señor vendrá con esplendor a visitar a su pueblo, para traerle la paz y la vida eterna. Oración colecta Muestra, Señor, tu poder y ven a nosotros, para que nos protejas y nos salves de los peligros que nos amenazan a causa de nuestros pecados. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios por los siglos de los siglos. Oración sobre las ofrendas Que te sean agradables, Señor, nuestras humildes ofrendas y oraciones, y que tu misericordia supla la extrema pobreza de nuestros méritos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Adviento I o III.

Antífona de comunión

Flp 3, 20-21

Esperamos como salvador a nuestro Señor Jesucristo, el cual transformará nuestro cuerpo frágil en cuerpo glorioso como el suyo. Oración después de la comunión Como fruto de nuestra participación en este sacramento de vida eterna, enséñanos, Señor, a no sobrevalorar las cosas terrenales y a estimar las del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Sábado de la I Semana
Antífona de entrada Sal 79, 4. 2

Ven, Señor, muéstranos tu rostro y nos salvaremos. Oración colecta Tu que para librarnos del pecado enviaste a este mundo a tu Hijo unigénito, concédenos, Señor, a cuantos esperamos sinceramente su venida, la gracia de tu misericordia y el don de la verdadera libertad. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Te pedimos Señor, que este sacrificio, signo de nuestra total entrega a ti, te sea ofrecido siempre para que realice la intención que tuviste al instituir este sacramento, y lleve a cabo plenamente en nosotros tu salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Adviento I o III. Antífona de comunión Ap 22, 12

Pronto vendré y traeré conmigo la recompensa, dice el Señor, y daré a

cada uno según sus obras. Oración después de la comunión Que esta Eucaristía nos purifique, Señor, de toda mancha y nos prepare así a celebrar dignamente la Navidad ya próxima. Por Jesucristo, nuestro Señor.

II DOMINGO DE ADVIENTO
Antífona de entrada Cf. Is 30, 19.30

Pueblo de Sión, mira que el Señor va a venir para salvar a todos los hombres y dejará oír la majestad de su voz para alegría de vuestro corazón.
No se dice Gloria.

Oración colecta Que nuestras responsabilidades terrenas no nos impidan, Señor, prepararnos a la venida de tu Hijo, y que la sabiduría que viene del cielo, nos disponga a recibirlo y a participar de su propia vida. Por nuestro Señor Jesucristo.
Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas Que te sean agradables, Señor, nuestras humildes ofrendas y oraciones, y que tu misericordia supla la extrema pobreza de nuestros méritos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Adviento I o III. Antífona de comunión Bar 5, 5; 4, 36

Levántate, Jerusalén, sube a lo alto, para que contemples la alegría que

te viene de Dios. Oración después de la comunión Como fruto de nuestra participación en este sacramento de vida eterna, enséñanos, Señor, a no sobrevalorar las cosas terrenales y a estimar las del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Lunes de la II Semana
Antífona de entrada Cf. Jer 31, 10; Is 35, 4

Oíd, pueblos, la palabra del Señor y anunciadla en todos los rincones de la tierra: "He aquí que vendrá nuestro salvador, ya no tengáis miedo". Oración colecta Escucha, Señor, nuestras plegarias y ayúdanos a prepararnos a celebrar con verdadera fe y pureza de corazón el gran misterio de la encarnación de tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, estas ofrendas que hemos tomado de tus mismos dones, y concédenos que esta Eucaristía que estamos celebrando, nos alcance la salvación eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Adviento I o III. Antífona de comunión Cf. Sal 105, 4-5; Is 38, 3

Ven Señor, a visitarnos con tu paz, para que nos alegremos delante de ti, de todo corazón. Oración después de la comunión

Por nuestra participación en esta Eucaristía, enséñanos, Señor, a no poner nuestro corazón en las cosas pasajeras, sino en los bienes eternos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Martes de la II Semana
Antífona de entrada Cf. Zac 14, 5. 7

Vendrá el Señor, mi Dios, y con él, todos sus santos; y brillará en aquel día una gran luz. Oración colecta Señor y Dios nuestro, que has hecho llegar a todos los rincones de la tierra la buena nueva de la venida del salvador, concédenos esperar con sincera alegría las fiestas con que celebramos el día de su nacimiento. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Que te sean agradables, Señor, nuestras humildes ofrendas y oraciones, y que tu misericordia supla la extrema pobreza de nuestros méritos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Adviento I o III. Antífona de comunión 2 Tim 4, 8

El Señor, justo juez, dará la corona merecida a todos los que esperan con amor su venida gloriosa. Oración después de la comunión Como fruto de nuestra participación en este sacramento de vida eterna, enséñanos, Señor,

a no sobrevalorar las cosas terrenales y a estimar las del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Miércoles de la II Semana
Antífona de entrada Cf. Hab 2, 3; 1 Cor 4, 5

Ven, Señor, y no tardes ilumina los secretos de las tinieblas y manifiéstate a todas las naciones. Oración colecta No permitas; Padre todopoderoso, que quienes esperamos la llegada consoladora de nuestro salvador desfallezcamos en la tarea, que tú nos has encomendado, de prepararnos a su venida. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Te pedimos, Señor, que este sacrificio, signo de nuestra total entrega a ti, te sea ofrecido siempre, para que realice la intención que tuviste al instituir este sacramento, y lleve a cabo plenamente en nosotros tu salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Adviento I o III. Antífona de comunión Is 40, 10; Cf. 35, 5

He aquí que el Señor vendrá con gran poder e iluminará los ojos de sus siervos. Oración después de la comunión Que esta Eucaristía nos purifique, Señor, de toda mancha y nos prepare así a celebrar dignamente la Navidad ya próxima.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Jueves de la II Semana
Antífona de entrada Cf. Sal 118, 151-152

Tú estás cerca, Señor, y todos tus caminos son derechos. Desde el principio comprendí que tu alianza la estableciste para siempre. Oración colecta Haz, Señor, que nos decidamos a preparar los caminos de tu Hijo y, por el misterio de su venida, podamos servirte con un corazón limpio. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, estas ofrendas que hemos tomado de tus mismos dones, y concédenos que esta Eucaristía que estamos celebrando, nos alcance la salvación eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Adviento I o III. Antífona de comunión Tit 2, 12-13

Vivamos en este mundo como hombres responsables, justos y que sirven a Dios, en espera de que se cumpla la feliz esperanza: la manifestación gloriosa de Jesucristo, nuestro Dios y salvador. Oración después de la comunión Por nuestra participación en esta Eucaristía, enséñanos, Señor, a no poner nuestro corazón en las cosas pasajeras, sino en los bienes eternos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Viernes de la II Semana

Antífona de entrada He aquí que el Señor vendrá con esplendor a visitar a su pueblo, para traerle la paz y la vida eterna. Oración colecta Concédenos, Padre todopoderoso, estar siempre preparados a la venida de tu Hijo para que, cuando él llegue, podamos salir a su encuentro, conforme a su palabra, con nuestras lámparas encendidas. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Que te sean agradables, Señor, nuestras humildes ofrendas y oraciones, y que tu misericordia supla la extrema pobreza de nuestros méritos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Adviento I o III. Antífona de comunión Flp 3, 20-21

Esperamos como salvador a nuestro Señor Jesucristo, el cual transformará nuestro cuerpo frágil en cuerpo glorioso como el suyo. Oración después de la comunión Como fruto de nuestra participación en este sacramento de vida eterna, enséñanos, Señor, a no sobrevalorar las cosas terrenales y a estimar las del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Sábado de la II Semana
Antífona de entrada Sal 79, 4. 2

Ven, Señor, muéstranos tu rostro, y nos salvaremos.

Oración colecta Concédenos, Padre todopoderoso, que Cristo, el resplandor de tu gloria, nazca en nuestros corazones, para que su venida disipe las tinieblas del pecado y ponga de manifiesto que somos hijos de la luz. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Te pedimos, Señor, que este sacrificio, signo de nuestra total entrega a ti, te sea ofrecido siempre para que realice la intención que tuviste al instituir este sacramento, y lleve a cabo plenamente en nosotros tu salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Adviento I o III. Antífona de comunión Ap 22, 12

Pronto vendré y traeré conmigo la recompensa, dice el Señor, y daré a cada uno según sus obras. Oración después de la comunión Que esta Eucaristía nos purifique, Señor, de toda mancha y nos prepare así a celebrar dignamente la Navidad ya próxima. Por Jesucristo, nuestro Señor.

III DOMINGO DE ADVIENTO
En esta dominica "Gaudete", en lugar del color morado, se puede usar el color rosa.

Antífona de entrada

Flp 4, 4. 5

Estad siempre alegres en el Señor, os lo repito, estad alegres. El Señor está cerca.

No se dice Gloria.

Oración colecta Mira, Señor, a tu pueblo que espera con fe la fiesta del nacimiento de tu Hijo, y concédele celebrar el gran misterio de nuestra salvación con un corazón nuevo y una inmensa alegría. Por nuestro Señor Jesucristo.
Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas Te pedimos, Señor, que este sacrificio, signo de nuestra total entrega a ti, te sea ofrecido siempre para que realice la intención que tuviste al instituir este sacramento, y lleve a cabo plenamente en nosotros tu salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Adviento I o III. Antífona de comunión Is 35, 4

He aquí que vendrá nuestro salvador, ya no tengáis miedo. Oración después de la comunión Que esta Eucaristía nos purifique, Señor, de toda mancha y nos prepare así a celebrar dignamente la Navidad ya próxima. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Lunes de la III Semana
Antífona de entrada Cf. Jer 31, 10; Is 35, 4

Oíd, pueblos, la palabra del Señor y anunciadla en todos los rincones de la tierra: "He aquí que vendrá nuestro salvador, ya no tengáis miedo".

Oración colecta Escucha, Señor, nuestras plegarias y con la luz de tu Hijo, que viene a visitarnos, ilumina las tinieblas de nuestro corazón. Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, estas ofrendas que hemos tomado de tus mismos dones y concédenos que esta Eucaristía que estamos celebrando, nos alcance la salvación eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Adviento I o III. Antífona de comunión Cf. Sal 105, 4-5; Is 38, 3

Ven, Señor, a visitarnos con tu paz, para que nos alegremos delante de ti, de todo corazón. Oración después de la comunión Por nuestra participación en esta Eucaristía, enséñanos, Señor, a no poner nuestro corazón en las cosas pasajeras, sino en los bienes eternos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Martes de la III Semana
Antífona de entrada Cf. Zac 14, 5.7

Vendrá el Señor, mi Dios, y con él, todos sus santos; y brillará en aquel día una gran luz. Oración colecta Dios nuestro, que por medio de tu Hijo

has hecho de nosotros una nueva creatura, míranos con amor y misericordia, y, por la venida del Redentor, borra en nosotros toda huella de pecado. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Que te sean agradables, Señor, nuestras humildes ofrendas y oraciones, y que tu misericordia supla la extrema pobreza de nuestros méritos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Adviento I o III. Antífona de comunión 2 Tim 4, 8

El Señor, justo juez, dará la corona merecida a todos los que esperan con amor su venida gloriosa. Oración después de la comunión Como fruto de nuestra participación en este sacramento de vida eterna, enséñanos, Señor, a no sobrevalorar las cosas terrenales y a estimar las del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Miércoles de la III Semana
Antífona de entrada Cf. Hab 2, 3; 1 Cor 4, 5

Ven, Señor, y no tardes; ilumina los secretos de las tinieblas y manifiéstate a todas las naciones. Oración colecta Concédenos, Dios todopoderoso, que la ya cercana solemnidad del nacimiento de tu Hijo, nos ayude en la vida presente y nos alcance la eterna felicidad.

Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Te pedimos, Señor, que este sacrificio,
signo de nuestra total entrega a ti,

te sea ofrecido siempre, para que realice la intención que tuviste al instituir este sacramento, y lleve a cabo plenamente en nosotros tu salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Adviento I o III. Antífona de comunión Is 40, 10; Cf. 35, 5

He aquí que el Señor vendrá con gran poder e iluminará los ojos de sus siervos. Oración después de la comunión Que esta Eucaristía
nos purifique, Señor, de toda mancha

y nos prepare así a celebrar dignamente la Navidad ya próxima. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Jueves de la III Semana
Si hoy es 17 de diciembre, se dice la misa propia de este día.

Antífona de entrada

Cf. Sal 118, 151-152

Tú estás cerca, Señor, y todos tus caminos son derechos. Desde el principio comprendí que tu alianza la estableciste para siempre. Oración colecta Con el nacimiento de tu Hijo, que viene a salvarnos, llena, Señor, de alegría nuestros corazones, entristecidos por haber pecado e indignos de tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, estas ofrendas que hemos tomado de tus mismos dones, y concédenos que esta Eucaristía que estamos celebrando, nos alcance la salvación eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Adviento I o III. Antífona de comunión Tit 2, 12-13

Vivamos en este mundo como hombres responsables, justos y que sirven a Dios, en espera de que se cumpla la feliz esperanza: la manifestación gloriosa de Jesucristo, nuestro Dios y salvador. Oración después de la comunión Por nuestra participación en esta Eucaristía, enséñanos, Señor, a no poner nuestro corazón en las cosas pasajeras, sino en los bienes eternos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Viernes de la III Semana
Si hoy es 17 de diciembre, se dice la misa propia de este día.

Antífona de entrada He aquí que el Señor vendrá con esplendor a visitar a su pueblo, para traerle la paz y la vida eterna. Oración colecta Que tu gracia, Señor, nos disponga y nos acompañe siempre a fin de que la venida de tu Hijo, que esperamos con ardiente deseo, nos ayude para la vida presente y la vida futura. Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas Que te sean agradables, Señor, nuestras humildes ofrendas y oraciones, y que tu misericordia supla la extrema pobreza de nuestros méritos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Adviento I o III. Antífona de comunión Flp 3, 20-21

Esperamos como salvador a nuestro Señor Jesucristo, el cual transformará nuestro cuerpo frágil en cuerpo glorioso como el suyo. Oración después de la comunión Como fruto de nuestra participación en este sacramento de vida eterna, enséñanos, Señor, a no sobrevalorar las cosas terrenales y a estimar las del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

IV DOMINGO DE ADVIENTO
Antífona de entrada Is 45, 8

Destilad, cielos, el rocío, y que las nubes lluevan al justo; que la tierra se abra y haga germinar al salvador.
No se dice Gloria.

Oración colecta Derrama, Señor, tu gracia sobre nosotros, que hemos conocido por el anuncio del ángel la encarnación de tu Hijo, para que lleguemos, por su pasión y su cruz, a la gloria de la resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo.
Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas Que el mismo Espíritu que cubrió con su sombra y fecundó con su poder el seno de la Virgen María, santifique, Señor, estas ofrendas que hemos depositado sobre tu altar. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Adviento II o IV. Antífona de comunión Is 7, 14

He aquí que la Virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel que quiere decir Dios-con-nosotros. Oración después de la comunión Tú que nos has dado en este sacramento la prenda de nuestra salvación, concédenos, Padre todopoderoso, prepararnos cada día con mayor fervor para celebrar dignamente el nacimiento de tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos.

17 de diciembre
Antífona de entrada Cf. Is 49, 13

Alégrense los cielos y regocíjese la tierra, porque vendrá el Señor y tendrá misericordia de sus pobres. Oración colecta Dios nuestro, creador y redentor de los hombres, que quisiste que tu Verbo eterno tomara carne en el seno de la siempre Virgen María, escucha nuestras súplicas y concédenos que tu Hijo, que ha tomado nuestra naturaleza humana, nos haga participantes de su naturaleza divina. Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas Santifica, Señor, los dones de tu Iglesia y concédenos en esta Eucaristía el pan del cielo que renueva nuestras fuerzas. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Adviento II o IV. Antífona de comunión Cf. Ag 2, 8

He aquí que vendrá el deseado de todas las naciones, y la casa del Señor se llenará de gloria. Oración después de la comunión T ú que nos has concedido participar en esta Eucaristía,

enciende, Señor, nuestros corazones con el fuego de tu Espíritu, a fin de que podamos brillar, por nuestras buenas obras, cuando venga Cristo, que vive y reina por los siglos de los siglos.

18 de diciembre
Antífona de entrada Vendrá Cristo, nuestro Rey, el Cordero cuya venida fue anunciada por Juan. Oración colecta Concédenos, Señor, vernos libres de la antigua esclavitud del pecado por el renovado misterio del nacimiento de tu Hijo que vamos a celebrar. El cual vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Oración sobre las ofrendas Señor, que el sacrificio que vamos a ofrecerte

nos haga menos indignos de ti, para que podamos participar de la vida eterna de tu Hijo, que, al hacerse mortal como nosotros, nos devolvió la inmortalidad. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Adviento II o IV. Antífona de comunión Mt 1, 23

Y le pondrán por nombre Emmanuel, que quiere decir: Dios-con-nosotros. Oración después de la comunión Que esta Eucaristía, en la que hemos tomado parte, nos ayude, Señor, a prepararnos con fe y con amor, a celebrar las fiestas ya cercanas, del nacimiento de tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos.

19 de diciembre
Antífona de entrada Cf. Heb 10, 37

El que ha de venir, vendrá sin tardanza, y ya no tendremos nada que temer, porque él es nuestro salvador. Oración colecta Dios nuestro, que te dignaste manifestar al mundo el esplendor de tu gloria por medio del parto de la santísima Virgen María, concédenos venerar con fe íntegra y celebrar con sincera piedad el gran misterio de la encarnación de tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Oración sobre las ofrendas

Mira, Señor, con bondad las ofrendas que te presentamos, para que tu poder consagre los dones de nuestra pobreza. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Adviento II o IV. Antífona de comunión Lc 1, 78-79

Vendrá a visitarnos de lo alto un sol naciente, Cristo el Señor, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz. Oración después de la comunión Te damos gracias, Señor, por los bienes que nos has dado, y te rogamos que enciendas en nosotros el deseo de lo que nos has prometido, para que, con un espíritu renovado, podamos celebrar dignamente el nacimiento de tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos.

20 de diciembre
Antífona de entrada Cf. Is 11, 1; 40, 5; Lc 3, 6

Un retoño brotará del tronco de Jesé, la gloria del Señor llenará la tierra y toda creatura verá la salvación de Dios. Oración colecta A ejemplo de la Virgen Inmaculada que, al aceptar tu voluntad, anunciada por el ángel, recibió en su seno a tu Hijo, fue llena de la gracia del Espíritu Santo y se convirtió en templo de la divinidad, concédenos, Padre todopoderoso, la gracia de aceptar tus designios con humildad de corazón. Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, el único sacrificio que puede agradarte y, por nuestra participación en este sacramento, concédenos los bienes que la fe nos invita a esperar. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Adviento II o IV. Antífona de comunión Lc 1, 31

Dijo el ángel a María: Has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir y a dar a luz un hijo, y será llamado Hijo del Altísimo. Oración después de la comunión Protege, Señor, con tu poder a cuantos has alimentado con esta Eucaristía, y haz que encuentren en este sacramento la fuente de la paz verdadera. Por Jesucristo, nuestro Señor.

21 de diciembre
Antífona de entrada Cf. Is 7, 14; 8, 10

Pronto llegará el Señor que domina los pueblos, y será llamado Emmanuel, es decir, Dios-con-nosotros. Oración colecta Escucha, Señor, las súplicas de tu pueblo, que se alegra por la venida de tu Hijo en nuestra carne mortal; y concédenos que, cuando vuelva él revestido de gloria y majestad, nos llenemos también de alegría al recibir de sus manos la recompensa de la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, de tu Iglesia

las ofrendas que tú mismo has puesto en nuestras manos y que tu poder convierte en sacramento de nuestra salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Adviento II o IV. Antífona de comunión Lc 1, 45

Dichosa, tú, que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor. Oración después de la comunión Que esta comunión, Señor, proteja siempre a tu pueblo a fin de que, entregados plenamente a tu servicio, alcancemos la salvación del alma y del cuerpo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

22 de diciembre
Antífona de entrada Sal 23, 7

Puertas, abríos de par en par; agrandaos portones eternos, porque va a entrar el rey de la gloria. Oración colecta Dios nuestro, que al ver al hombre caído y condenado a la muerte, quisiste rescatarlo con la venida de tu Hijo, concede a cuantos creemos en el misterio de su encarnación, participar algún día de su vida inmortal. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Confiados, Señor, en tu misericordia, venimos a tu altar con nuestros dones, a fin de que la celebración de esta Eucaristía nos purifique de nuestros pecados.

Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Adviento II o IV. Antífona de comunión Lc 1, 46-49

Proclama mi alma la grandeza del Señor, porque ha hecho en mí maravillas el todopoderoso. Oración después de la comunión Que la recepción de este sacramento nos dé fuerza, Señor, para prepararnos a la venida de nuestro salvador con la práctica de las buenas obras, y podamos así, alcanzar el premio de la felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

23 de diciembre
Antífona de entrada Cf. Is 9, 6; Sal 71, 17

Un niño nos nacerá y será llamado Dios todopoderoso, en él serán bendecidos todos los pueblos de la tierra. Oración colecta Al acercarse las fiestas de la Navidad, te rogamos, Dios eterno y todopoderoso, que tu Verbo, que se hizo carne en el seno de la Virgen María y habitó entre nosotros, nos haga sentir su amor y su misericordia. Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Oración sobre las ofrendas Que el sacrificio de tu Hijo, que es el acto de culto más perfecto que podemos ofrecerte, nos devuelva, Señor, tu amistad

para que podamos celebrar con un corazón puro el nacimiento de tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos. Prefacio de Adviento II o IV. Antífona de comunión Ap 3, 20

Mirad que estoy a la puerta y llamo: dice el Señor; si alguno oye mi voz y me abre, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo. Oración después de la comunión A quienes hemos participado de esta Eucaristía, concédenos, Señor, tu perdón y tu paz, para que estemos siempre preparados a recibir dignamente a tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos.

24 de diciembre
En la Misa matutina Antífona de entrada Cf. Ga 4, 4

He aquí que llega ya la plenitud de los tiempos, cuando Dios envió a su Hijo a la tierra. Oración colecta Apresúrate, Señor Jesús, no tardes ya, para que tu venida dé nuevas fuerzas y ánimo a quienes hemos puesto nuestra confianza en tu misericordia. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios por los siglos de los siglos. Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, con bondad estas ofrendas, a fin de que se conviertan en el alimento que nos libre de nuestros pecados

y prepare nuestros corazones a la venida gloriosa de tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos. Prefacio de Adviento II o IV. Antífona de comunión Lc 1, 68

Bendito sea el Señor Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo. Oración después de la comunión Tú que nos has renovado con esta Eucaristía concédenos Señor, que el nacimiento adorable de tu Hijo, que hemos anticipado en la fe, nos llene de gozo y nos haga partícipes de los bienes eternos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

TIEMPO DE NAVIDAD
Christus Natus Est Nobis. Venite, Adoremus 25 DE DICIEMBRE
Vigilia Medianoche Aurora Día

Octava de Navidad
SAGRADA FAMILIA 29 de diciembre 30 de diciembre 31 de diciembre SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS Ferias de Navidad (desde 2 enero) Lunes-Martes-Miércoles-Jueves-Viernes-Sábado

Epifanía
EPIFANÍA BAUTISMO DEL SEÑOR

25 de diciembre

LA NATIVIDAD DEL SEÑOR
Solemnidad

Misa vespertina de la vigilia
Esta misa se dice en la tarde del 24 de diciembre, antes o después de las primeras víspe-ras de la Navidad.

Antífona de entrada

Cf. Ex 16, 6-7

Esta noche sabréis que el Señor vendrá a salvarnos y por la mañana contemplaréis su gloria.
Se dice Gloria.

Oración colecta Dios nuestro, que cada año revives en nosotros la gozosa esperanza de la salvación, concédenos que, así como ahora acogemos a tu Hijo, llenos de júbilo, como a nuestro redentor, así también cuando venga como juez, podamos recibirlo llenos de confianza. Por nuestro Señor Jesucristo.
Se dice Credo. A las palabras: Y por obra... hay que arrodillarse.

Oración sobre las ofrendas Concédenos, Señor, iniciar la celebración de las fiestas de la Navidad con un fervor digno del misterio que es el principio de nuestra redención. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Navidad I – II – III.

Si se usa el Canon romano, se dice Reunidos en comunión propio:

Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar la no-che santa en que la Virgen María, conservando intac-ta su virginidad, dio a luz al Salvador del mundo, veneramos la memoria, ante todo, de esta gloriosa siempre Virgen María, Ma-dre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; *

Si se usa la plegaria eucarística II, se dice: Acuérdate... propio:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí en la noche santa en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo; *
Si se usa la plegaria eucarística III, se dice Atiende propio:

Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia en la noche santa en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo. †

Antífona de comunión

Cf. Is 40, 5

Se manifestará la gloria del Señor y todo el mundo verá la salvación que viene de nuestro Dios. Oración después de la comunión Concédenos, Señor,

sacar nuevas fuerzas de esta celebración anual del nacimiento de tu Hijo, que se ha hecho nuestro alimento y bebida en este sacramento de salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Misa de medianoche
Antífona de entrada Sal 2, 7

El Señor me dijo: Tú eres mi Hijo, hoy te engendré yo.
O bien:

Alegrémonos todos en el Señor, porque nuestro salvador ha nacido en el mundo. Del cielo ha descendido hoy para nosotros la paz verdadera.
Oración colecta Dios nuestro, que hiciste resplandecer esta noche santísima con el nacimiento de Cristo, verdadera luz del mundo, concédenos que, iluminados en la tierra por la luz de este misterio, podamos también disfrutar de la gloria de tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios

por los siglos de los siglos.
Se dice Credo. A las palabras: Y por obra... hay que arrodillarse.

Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, las ofrendas que te presentamos esta noche de Navidad, a fin de que, al recibirlas nosotros convertidas en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, nos transformes en él, en quien nuestra naturaleza está unida a la tuya. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Navidad I – II – III.

Si se usa el Canon romano, se dice Reunidos en comunión propio:

Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar la no-che santa en que la Virgen María, conservando intac-ta su virginidad, dio a luz al Salvador del mundo, veneramos la memoria, ante todo, de esta gloriosa siempre Virgen María, Ma-dre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; *
Si se usa la plegaria eucarística II, se dice: Acuérdate... propio:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí en la noche santa en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo; *
Si se usa la plegaria eucarística III, se dice Atiende propio:

Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia en la noche santa en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo. †

Antífona de comunión

Jn 1, 14

El Verbo se hizo hombre y hemos visto su gloria. Oración después de la comunión Tú, Señor, que nos has concedido el gozo de celebrar esta noche el nacimiento de tu Hijo, ayúdanos a vivir según su ejemplo para llegar a compartir algún día con él la gloria de su Reino. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Misa de la aurora

Antífona de entrada

Cf. Is 9, 2. 6; Lc 1, 33

Hoy brillará una luz sobre nosotros, porque nos ha nacido el Señor; se le llamará Admirable, Dios, Príncipe de la paz, Padre del mundo futuro, y su Reino no tendrá fin.
Se dice Gloria.

Oración colecta Señor, Dios todopoderoso, que has querido iluminarnos con la luz nueva de tu Verbo hecho carne, concédenos que nuestras obras concuerden siempre con la fe que ha iluminado nuestro espíritu. Por nuestro Señor Jesucristo.
Se dice Credo. A las palabras: Y por obra... hay que arrodillarse.

Oración sobre las ofrendas Que nuestras ofrendas, Señor, sean dignas del misterio de Navidad que estamos celebrando, para que tú, que nos has revelado a Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, nos hagas participar, por este pan y este vino, de su vida inmortal. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Navidad I – II – III.

Si se usa el Canon romano, se dice Reunidos en comunión propio:

Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar el día santo en que la Virgen María, conservando intac-ta su virginidad, dio a luz al Salvador del mundo, veneramos la memoria, ante todo, de esta gloriosa siempre Virgen María, Ma-dre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; *
Si se usa la plegaria eucarística II, se dice: Acuérdate... propio:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí en el día santo en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo; *
Si se usa la plegaria eucarística III, se dice Atiende propio:

Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia en el día santo en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo. †

Antífona de comunión

Cf. Zac 9, 9

¡Salta de alegría, hija de Sión! ¡Lanza gritos de gozo, hija de Jerusalén! He aquí que viene tu Rey, el Santo, el Salvador del mundo. Oración después de la comunión Dios nuestro, que nos has reunido para celebrar, llenos de júbilo, el nacimiento de tu Hijo, concédenos penetrar con fe profunda en este misterio y encontrar en él la fuente de un amor cada vez más generoso. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Misa del día
Antífona de entrada Is 9, 6

Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. La insignia del poder está sobre sus hombros y se le llamará Ángel del Gran Consejo.
Se dice Gloria.

Oración colecta Dios nuestro, que de modo admirable creaste al hombre a tu imagen y semejanza, y de modo más admirable lo elevaste con el nacimiento de tu Hijo, concédenos participar de la vida divina de aquél que ha querido participar de nuestra humanidad. Por nuestro Señor Jesucristo.
Se dice Credo. A las palabras: Y por obra... hay que arrodillarse.

Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, en la fiesta solemne de la Navidad, esta ofrenda que nos reconcilia contigo de un modo perfecto, y encierra en sí la plenitud del culto que los hombres podemos tributarte. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Navidad I – II – III.

Si se usa el Canon romano, se dice Reunidos en comunión propio:

Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar el día santo en que la Virgen María, conservando intac-ta su virginidad, dio a luz al Salvador del mundo, veneramos la memoria, ante todo, de esta gloriosa siempre Virgen María, Ma-dre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; *
Si se usa la plegaria eucarística II, se dice: Acuérdate... propio:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí en el día santo en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo; *
Si se usa la plegaria eucarística III, se dice Atiende propio:

Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia en el día santo en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo. †

Antífona de comunión

Sal 97, 3

Sobre toda la superficie de la tierra se ha contemplado la salvación que viene de nuestro Dios. Oración después de la comunión Concédenos, Dios misericordioso, que el salvador del mundo, que hoy nos ha nacido para comunicarnos su vida divina, nos dé también el don de su inmortalidad.. El cual vive y reina por los siglos de los siglos.

Domingo dentro de la octava de Navidad o, si no hay domingo dentro de la octava, el día 30 de diciembre.

LA SAGRADA FAMILIA: JESÚS, MARÍA Y JOSÉ
Fiesta Antífona de entrada Lc 2, 16

Fueron los pastores a toda prisa y encontraron a María y a José y, recostado en un pesebre, al niño.
Se dice Gloria.

Oración colecta Señor y Dios nuestro, tú que nos has dado en la Sagrada Familia de tu Hijo, el modelo perfecto para nuestras familias, concédenos practicar sus virtudes domésticas y estar unidos por los lazos de tu amor, para que podamos ir a gozar con ella eternamente de la alegría de tu casa. Por nuestro Señor Jesucristo.
Cuando esta fiesta se celebra en domingo, se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, este sacrificio de reconciliación y por intercesión de la Virgen Madre de Dios y de san José, concede a nuestras familias, vivir siempre en tu amistad y en tu paz. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Navidad I – II – III.

Si se usa el Canon romano, se dice Reunidos en comunión propio:

Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar el día santo en que la Virgen María, conservando intac-ta su virginidad, dio a luz al Salvador del mundo, veneramos la memoria, ante todo, de esta gloriosa siempre Virgen María, Ma-dre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; *
Si se usa la plegaria eucarística II, se dice: Acuérdate... propio:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí en el día santo en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo; *
Si se usa la plegaria eucarística III, se dice Atiende propio:

Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia en el día santo en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo. †

Antífona de comunión

Bar 3, 38

Nuestro Dios apareció en el mundo y convivió con los hombres.

Oración después de la comunión Padre lleno de amor, concede a los que acabamos de alimentarnos con este sacramento celestial, imitar siempre los ejemplos de la Sagrada Familia, para que, después de las pruebas de esta vida, podamos gozar eternamente con ellos en el cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Los formularios para las misas de los días 26, 28 y 28 de diciembre, que caen en la octava de Navidad, se toman del Propio de los santos.

29 de diciembre Quinto día dentro de la octava de Navidad
Antífona de entrada Jn 3, 16

Tanto amó Dios al mundo, que le dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él, no perezca, sino que tenga vida eterna.
Se dice Gloria.

Oración colecta Dios todopoderoso y eterno, que con la venida de tu Hijo, luz verdadera, has disipado las tinieblas del mundo, míranos con amor y ayúdanos a celebrar con cantos y alabanzas la gloria del nacimiento de tu Hijo, que vive y reina contigo.
No se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, las ofrendas que te presentamos para esta Eucaristía, en la que se realiza un glorioso intercambio, a fin de que, al ofrecerte tus propios dones,

podamos recibirte a ti mismo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Navidad I – II – III.

Si se usa el Canon romano, se dice Reunidos en comunión propio:

Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar el día santo en que la Virgen María, conservando intac-ta su virginidad, dio a luz al Salvador del mundo, veneramos la memoria, ante todo, de esta gloriosa siempre Virgen María, Ma-dre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; *
Si se usa la plegaria eucarística II, se dice: Acuérdate... propio:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí en el día santo en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo; *
Si se usa la plegaria eucarística III, se dice Atiende propio:

Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia en el día santo en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo. †

Antífona de comunión

Lc 1, 78

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos ha visitado Cristo, el Sol que nace de lo alto. Oración después de la comunión Concédenos, Dios todopoderoso que la gracia de estos sacramentos fortalezca cada día más nuestra vida cristiana. Por Jesucristo, nuestro Señor.

30 de diciembre Sexto día dentro de la octava de Navidad
Si no hay ningún domingo dentro de la octava de Navidad, este día se celebra la fiesta de la Sagrada Familia.

Antífona de entrada

Sb 18, 14-15

Cuando un profundo silencio envolvía todas las cosas y la noche estaba a la mitad de su camino, tu Palabra omnipotente, Señor, descendió de

los cielos, desde tu trono real.
Se dice Gloria.

Oración colecta Concédenos, Dios todopoderoso, que el nacimiento de tu Hijo en nuestra carne mortal, nos libre de la antigua esclavitud a la que nos sometió el pecado. Por nuestro Señor Jesucristo.
No se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas Recibe, Señor, con bondad las ofrendas de tu pueblo y concédenos que, las realidades que creemos por la fe, las consigamos por este sacramento celestial. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Navidad I – II – III.

Si se usa el Canon romano, se dice Reunidos en comunión propio:

Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar el día santo en que la Virgen María, conservando intac-ta su virginidad, dio a luz al Salvador del mundo, veneramos la memoria, ante todo, de esta gloriosa siempre Virgen María, Ma-dre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; *
Si se usa la plegaria eucarística II, se dice: Acuérdate... propio:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí en el día santo en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo; *
Si se usa la plegaria eucarística III, se dice Atiende propio:

Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia en el día santo en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo. †

Antífona de comunión De su plenitud hemos recibido todos, gracia por gracia. Oración después de la comunión Señor Dios, que nos unes a ti por la participación de este sacramento, concédenos obtener toda su eficacia para que así,

Jn 1, 16

la recepción de este don tuyo, nos haga más dignos de seguirlo recibiendo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

31 de diciembre Séptimo día dentro de la octava de Navidad
Antífona de entrada Is 9, 6

Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. La insignia del poder está sobre sus hombros y se le llamará Ángel del Gran Consejo.
Se dice Gloria.

Oración colecta Dios todopoderoso y eterno, que has querido que todo esfuerzo del hombre por ir a tu encuentro tenga su origen y su plenitud en el nacimiento de tu Hijo, concédenos contarnos siempre entre el número de los que siguen a Cristo, en quien está la salvación de todo el género humano. Por nuestro Señor Jesucristo.
No se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas Señor y Dios nuestro, que infundes en nosotros los sentimientos de la verdadera adoración y nos impulsas a vivir en plena concordia con nuestros prójimos, concédenos poder tributarte con estas ofrendas el culto que te es debido y estrechar los lazos de caridad con nuestros hermanos, por la participación en este sacramento. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Navidad I – II – III.

Si se usa el Canon romano, se dice Reunidos en comunión propio:

Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar el día santo en que la Virgen María, conservando intac-ta su virginidad, dio a luz al Salvador del mundo, veneramos la memoria, ante todo, de esta gloriosa siempre Virgen María, Ma-dre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; *

Si se usa la plegaria eucarística II, se dice: Acuérdate... propio:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí en el día santo en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo; *
Si se usa la plegaria eucarística III, se dice Atiende propio:

Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia en el día santo en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo. †

Antífona de comunión

1 Jn 4, 9

Dios envió al mundo a su Hijo único, para darnos vida por medio de él. Oración después de la comunión Que tu pueblo, Señor, al que jamás has dejado de tu mano, experimente tu ayuda presente y futura a fin de que, disfrutando de los bienes terrenos necesarios, pueda buscar con mayor confianza los bienes eternos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

1 de enero

Octava de Navidad

SOLEMNIDAD DE SANTA MARIA, MADRE DE DIOS
Antífona de entrada Sedulio Te aclamamos santa Madre de Dios, porque has dado a luz al rey que gobierna cielo y tierra por los siglos de los siglos.
O bien:

Cf. Is 9, 2. 6; Lc 1, 33

Hoy brillará una luz sobre nosotros, porque nos ha nacido el Señor y se le llamará Admirable, Dios, Príncipe de la paz, Padre del mundo futuro, y su Reino no tendrá fin. Oración colecta Señor Dios, que por la fecunda virginidad de María diste al género humano el don de la salvación eterna,

concédenos sentir la intercesión de aquélla por quien recibimos al autor de la vida, Jesucristo, Señor nuestro, que vive y reina contigo.
Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas Señor, tú que eres el origen de todos los bienes quien los lleva a su pleno desarrollo, concede a quienes celebramos en la Virgen María, Madre de Dios, las primicias de nuestra redención, alcanzar la plenitud de sus frutos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de santa María virgen I: en la solemnidad.

Si se usa el Canon romano, se dice Reunidos en comunión propio:

Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar el día santo en que la Virgen María, conservando intac-ta su virginidad, dio a luz al Salvador del mundo, veneramos la memoria, ante todo, de esta gloriosa siempre Virgen María, Ma-dre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; *
Si se usa la plegaria eucarística II, se dice: Acuérdate... propio:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí en el día santo en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo; *
Si se usa la plegaria eucarística III, se dice Atiende propio:

Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia en el día santo en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo. †

Antífona de comunión

Heb 13, 8

Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por todos los siglos. Oración después de la comunión Señor, que estos sacramentos celestiales que hemos recibido con alegría, sean fuente de vida eterna para nosotros, que nos gloriamos de proclamar a la siempre Virgen María como Madre de tu Hijo y Madre de la Iglesia.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

DOMINGO II DESPUÉS DE NAVIDAD
Esta misa no se celebra en el Perú, en su lugar se celebra la Epifanía del Señor

Antífona de entrada

Sb 18, 14-15

Cuando un profundo silencio envolvía todas las cosas y la noche estaba a la mitad de su camino, tu Palabra omnipotente Señor, descendió de los cielos, desde tu trono real. Oración colecta Dios todopoderoso y eterno, luz de los que creen en ti, dígnate llenar el mundo con tu gloria y manifestarte a todos los pueblos por el esplendor de tu verdad. Por nuestro Señor Jesucristo.
Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas Santifica, Señor, estas ofrendas, en virtud del nacimiento de tu Hijo, por el cual nos revelas el camino de la verdad y nos prometes la vida del Reino de los cielos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Navidad I – II – III. Antífona de comunión Jn 1, 12

A todos los que lo recibieron, les dio el poder para llegar a ser hijos de Dios Oración después de la comunión Señor, Dios nuestro, te pedimos humildemente que el sacramento que acabamos de recibir, nos purifique de nuestras faltas y haga que se realicen nuestros legítimos deseos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

6 de enero

LA EPIFANIA DEL SEÑOR
Solemnidad
Donde la Epifanía no es fiesta de precepto, se celebra el domingo comprendido entre el 2 y el 8 de enero.

Antífona de entrada

Cf. Mal 3, 1; 1 Cro 19, 12

Mirad que ya viene el Señor de los ejércitos; en su mano están el reino y la potestad y el imperio. Oración colecta Señor, Dios nuestro, que por medio de una estrella, diste a conocer en este día, a todos los pueblos el nacimiento de tu Hijo, concede a los que ya te conocemos por la fe, llegar a contemplar, cara a cara, la hermosura de tu inmensa gloria. Por nuestro Señor Jesucristo.
Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas Mira, Señor, con bondad los dones de tu Iglesia, que no consisten ya en oro, incienso y mirra, sino en tu mismo Hijo, Jesucristo, que, bajo las apariencias de pan y de vino, va a ofrecerse en sacrificio y a dársenos en alimento y que vive y reina por los siglos de los siglos. Prefacio de Epifanía.
Si se usa el Canon romano, se dice Reunidos en comunión propio:

Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar el día santo en que tu único Hijo, eterno como tú en la gloria, se manifestó en la verdad de nuestra carne, hecho hombre como nosotros, veneramos la memoria, ante todo, de esta gloriosa siempre Virgen María, Ma-dre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; *
Si se usa la plegaria eucarística II, se dice: Acuérdate... propio:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí en el día santo en tu único Hijo, eterno como tú en la gloria, se manifestó en la verdad de

nuestra carne; *
Si se usa la plegaria eucarística III, se dice Atiende propio:

Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia en el día santo en tu único Hijo, eterno como tú en la gloria, se manifestó en la verdad de nuestra carne. †

Antífona de comunión

Cf. Mt 2, 2

Hemos visto su estrella en el Oriente y venimos con regalos a adorar al Señor. Oración después de la comunión Que tu luz, Señor, nos guíe y nos acompañe siempre para que comprendamos cada día más este sacramento en el que hemos participado y podamos recibirlo con mayor amor. Por Jesucristo, nuestro Señor.

FERIAS DEL TIEMPO DE NAVIDAD
Desde el 2 de enero, hasta el sábado anterior a la fiesta del Bautismo del Señor
Estas misas se utilizan en los días asignados, cambiando la colecta según se indica.

Lunes
Antífona de entrada Un día sagrado ha amanecido para nosotros. Venid, pueblos, y adorad al Señor, porque una gran luz ha descendido sobre la tierra. Oración colecta
Antes de la solemnidad de Epifanía:

Concede, Señor, a tu pueblo creer y proclamar con fe inquebrantable que Cristo, verdadero Dios como tú, se hizo verdadero hombre como nosotros

en el seno de la Virgen María, a fin de que, por este misterio, nos veamos libres de los males de esta vida y alcancemos los gozos eternos. Por nuestro Señor Jesucristo.
Después de la solemnidad de Epifanía:

Que el esplendor de tu gloria ilumine, Señor, nuestros corazones para que, a través de las tinieblas de este mundo podamos llegar a la patria de la eterna claridad. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, las ofrendas que te presentamos para esta Eucaristía en la que se realiza un glorioso intercambio, a fin de que, al ofrecerte tus propios dones, podamos recibirte a ti mismo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Antes de Epifanía, Prefacio de Navidad. Después de Epifanía, prefacio propio, o de Epifanía, o de Navidad.

Antífona de comunión

Jn 1, 14

Hemos contemplado su gloria, gloria que le corresponde como a Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. Oración después de la comunión Concédenos, Dios todopoderoso, que la gracia de estos sacramentos fortalezca cada día más nuestra vida cristiana. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Martes
Antífona de entrada Sal 117, 26-27

Bendito el que viene en el nombre del Señor. El Señor es Dios, él nos ilumina.

Oración colecta
Antes de la solemnidad de Epifanía:

Padre celestial, tú que por el nacimiento virginal de tu Hijo quisiste que fuera semejante a nosotros en todo, menos en el pecado, concede a cuantos en Cristo hemos renacido a la vida nueva, vernos libres de nuestras antiguas miserias. Por nuestro Señor Jesucristo.
Después de la solemnidad de Epifanía:

Concédenos, Señor que tu Hijo, que quiso hacerse semejante a nosotros para manifestársenos, nos vaya haciendo, cada día, más semejantes a él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Oración sobre las ofrendas Recibe, Señor, con bondad las ofrendas de tu pueblo y concédenos que, las realidades que creemos por la fe, las consigamos por este sacramento celestial. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Antes de Epifanía, Prefacio de Navidad. Después de Epifanía, prefacio propio, o de Epifanía, o de Navidad.

Antífona de comunión

Ef 2, 4; Rom 8, 3

Por el gran amor con que nos amó, Dios envió a su propio Hijo a compartir nuestra condición humana en todo, menos en el pecado. Oración después de la comunión Señor Dios, que nos unes a ti por la participación de este sacramento, concédenos obtener toda su eficacia para que así, la recepción de este don tuyo nos haga más dignos de seguirlo recibiendo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Miércoles
Antífona de entrada Is 9, 2

El pueblo que caminaba en tinieblas, vio una luz intensa. Sobre los que vivían en tierra de sombras, brilló una luz. Oración colecta
Antes de la solemnidad de Epifanía:

Concédenos, Dios todopoderoso, que el salvador, venido del cielo como luz nueva para redimir al mundo, ilumine nuestros corazones y los renueve continuamente. Por nuestro Señor Jesucristo.
Después de la solemnidad de Epifanía:

Señor, Dios nuestro, luz del mundo, concede una paz estable a todos los pueblos de la tierra, y haz que aquella luz resplandeciente que condujo a los Magos al conocimiento de tu Hijo, ilumine también nuestros corazones. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Señor y Dios nuestro, que infundes en nosotros los sentimientos de la verdadera adoración y nos impulsas a vivir en plena concordia con nuestros prójimos, concédenos poder tributarte con estas ofrendas el culto que te es debido y estrechar los lazos de caridad con nuestros hermanos, por la participación en este sacramento. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Antes de Epifanía, Prefacio de Navidad. Después de Epifanía, prefacio propio, o de Epifanía, o de Navidad.

Antífona de comunión

1 Jn 1, 2

La Vida eterna, que estaba junto al Padre, se manifestó a nosotros y nosotros la hemos visto. Oración después de la comunión Que tu pueblo, Señor, al que jamás has dejado de tu mano, experimente tu ayuda presente y futura a fin de que, disfrutando de los bienes terrenos necesarios pueda buscar con mayor confianza los bienes eternos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Jueves
Antífona de entrada Cf. Jn 1, 1

En el principio y antes de todos los siglos, el que es la Palabra era Dios, el mismo que luego se dignó nacer como salvador del mundo. Oración colecta
Antes de la solemnidad de Epifanía:

Señor, Dios nuestro, que iniciaste admirablemente la obra de la redención con el nacimiento de tu Hijo, fortalece en nosotros la fe, para que siguiendo sus enseñanzas, podamos alcanzar la prometida recompensa de la gloria. Por nuestro Señor Jesucristo.
Después de la solemnidad de Epifanía:

Señor, Dios nuestro, que por medio de tu Hijo has hecho brillar la luz eterna de tu divinidad ante todas las naciones, haz que tu pueblo descubra plenamente el misterio de Cristo, su redentor, para que, en virtud de este misterio, pueda llegar a gozar de aquella luz que no tiene ocaso Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, las ofrendas, que te presentamos para esta Eucaristía, en la que se realiza un glorioso intercambio, a fin de que, al ofrecerte tus propios dones, podamos recibirte a ti mismo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Antes de Epifanía, Prefacio de Navidad. Después de Epifanía, prefacio propio, o de Epifanía, o de Navidad.

Antífona de comunión

Jn 3, 16

Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Oración después de la comunión Concédenos, Dios todopoderoso, que la gracia de estos sacramentos fortalezca cada día más nuestra vida cristiana. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Viernes
Antífona de entrada Sal 111, 4

Una luz se levanta en las tinieblas para los hombres de corazón recto: el Dios clemente, justo y compasivo. Oración colecta
Antes de la solemnidad de Epifanía:

Ilumina, Señor, a tus hijos, y haz arder nuestros corazones con el esplendor de tu gloria, para que conozcamos cada vez más a nuestro salvador y podamos amarlo e imitarlo. Por nuestro Señor Jesucristo.
Después de la solemnidad de Epifanía:

Concédenos, Dios todopoderoso, que el nacimiento del salvador del mundo, manifestado a los Magos por medio de una estrella, sea comprendido por nosotros cada vez con mayor profundidad. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Recibe, Señor, con bondad las ofrendas de tu pueblo y concédenos que, las realidades que creemos por la fe, las consigamos por este sacramento celestial. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Antes de Epifanía, Prefacio de Navidad. Después de Epifanía, prefacio propio, o de Epifanía, o de Navidad.

Antífona de comunión

1 Jn 4, 9

Dios envió al mundo a su Hijo único, para darnos vida por medio de él. Oración después de la comunión Señor Dios, que nos unes a ti por la participación de este sacramento, concédenos obtener toda su eficacia para que así, la recepción de este don tuyo nos haga más dignos de seguirlo recibiendo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Sábado
Antífona de entrada Gal 4, 4-5

Envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, para que recibiéramos la dignidad de hijos adoptivos. Oración colecta
Antes de la solemnidad de Epifanía:

Dios todopoderoso y eterno que con la venida de tu Hijo has hecho resplandecer sobre el mundo una luz nueva, concédenos, que así como Jesucristo,

al nacer de la Virgen María, ha querido compartir nuestra condición humana, así también nosotros lleguemos a compartir en su Reino la gloria de su divinidad. Por nuestro Señor Jesucristo.
Después de la solemnidad de Epifanía:

Dios todopoderoso y eterno, que, por medio de tu Hijo, nos has hecho renacer para ti, concédenos que tu gracia nos modele a imagen de Jesucristo en quien nuestra naturaleza humana está unida a la tuya. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Señor y Dios nuestro, que infundes en nosotros los sentimientos de la verdadera adoración y nos impulsas a vivir en plena concordia con nuestros prójimos, concédenos poder tributarte con estas ofrendas el culto que te es debido y estrechar los lazos de caridad con nuestros hermanos, por la participación en este sacramento. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Antes de Epifanía, Prefacio de Navidad. Después de Epifanía, prefacio propio, o de Epifanía, o de Navidad.

Antífona de comunión

Jn 1, 16

De su plenitud hemos recibido todos, gracia por gracia. Oración después de la comunión Que tu pueblo, Señor, al que jamás has dejado de tu mano, experimente tu ayuda presente y futura a fin de que, disfrutando de los bienes terrenos necesarios, pueda buscar con mayor confianza los bienes eternos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Domingo después del 6 de enero

EL BAUTISMO DEL SEÑOR
Fiesta
En aquellos lugares donde la solemnidad de la Epifanía del Señor se celebra el domingo que ocurre entre los días 2 y 8 de enero, si el domingo después del 6 de enero es el día 7 o el 8, en él se celebra la solemnidad de la Epifanía del Señor; en este caso, la fiesta del Bautismo del Señor se traslada al lunes siguiente.

Antífona de entrada

Cf. Mt 3, 16-17

Inmediatamente después de que Jesús se bautizó, se abrieron los cielos y el Espíritu Santo se posó sobre él en forma de paloma, y resonó la voz del Padre que decía: “Este es mi Hijo amado, en quien he puesto todo mi amor”. Oración colecta Dios todopoderoso y eterno, que proclamaste solemnemente que Cristo era tu Hijo amado cuando fue bautizado en el Jordán y descendió el Espíritu Santo sobre él, concede a tus hijos adoptivos, renacidos del agua y del Espíritu, perseverar siempre fieles en el cumplimiento de tu voluntad. Por nuestro Señor Jesucristo.
O bien:

Concédenos, Señor, que tu Hijo, que quiso hacerse semejante a nosotros para manifestársenos, nos vaya haciendo, cada día, más semejantes a él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, los dones que te presentamos al conmemorar el Bautismo y manifestación de tu Hijo amado, y conviértelos en aquel mismo sacrificio

con el que Cristo lavó misericordiosamente los pecados del mundo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio V. El Señor esté con vosotros. R. Y con tu espíritu. V. Levantemos el corazón. R. Lo tenemos levantado hacia el Señor. V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R. Es justo y necesario. En verdad es justo y necesario, nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Porque quisiste rodear el bautismo de tu Hijo en el Jordán de signos admirables para que, mediante aquella voz, venida del cielo, creyéramos que tu Verbo se encontraba presente entre los hombres y por el Espíritu, que descendió en forma de paloma, se manifestara que Cristo, tu Hijo, era ungido con el óleo de la alegría y enviado a evangelizar a los pobres. Por eso, a una con los espíritus celestes te alabamos constantemente en la tierra diciendo: Santo, Santo, Santo... Antífona de comunión Jn 1, 32. 34

Este es aquél de quien Juan decía: Yo lo he visto y doy testimonio de que es el Hijo de Dios. Oración después de la comunión A cuantos hemos participado del Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,

concédenos, Señor, escuchar con fe su palabra, para que así podamos llamarnos hijos tuyos y serlo de verdad. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Los días que van desde el lunes después de este domingo hasta el martes antes de co-menzar la Cuaresma, forman parte del tiempo ordinario. Estos días, tanto en las misas de domingo como en las de feria, se utilizan los textos que se proponen en el tiempo ordinario.

TIEMPO DE CUARESMA
Penitentia agite, appropinquavit regnum coelorum SEMANA DE CENIZA M-J-V-S PRIMERA SEMANA D-L-M-X-J-V-S SEGUNDA SEMANA D-L-M-X-J-V-S TERCERA SEMANA D-L-M-X-J-V-S CUARTA SEMANA D-L-M-X-J-V-S QUINTA SEMANA D-L-M-X-J-V-S

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MIÉRCOLES DE CENIZA
En la misa de este día se bendice y se impone la ceniza hecha de ramas de olivo o de otros árboles, bendecidas el Domingo de Ramos del año anterior.

Ritos iniciales y liturgia de la palabra

Antífona de entrada 24-25. 27

Sb 11,

Señor, tú tienes misericordia de todos y nunca odias a tus creaturas; borras los pecados de los hombres que se arrepienten y los perdonas, porque tú, Señor, eres nuestro Dios.
Se omite el acto penitencial, que es sustituido por el rito de la imposición de la ceniza.

Oración colecta Que el día de ayuno con el que iniciamos, Señor, esta Cuaresma, sea el principio de una verdadera conversión a ti, y que nuestros actos de penitencia nos ayuden a vencer el espíritu del mal. Por nuestro Señor Jesucristo.

Bendición e imposición de la ceniza
Después de la homilía, el sacerdote, de pie y con las manos juntas, dice:

Hermanos, pidamos humildemente a Dios Padre que bendiga con su gracia esta ceniza que, en señal de penitencia, vamos a imponer sobre nuestras cabezas.
Y después de un breve momento de oración en silencio, prosigue:

Señor Dios, que te apiadas de quienes se humillan y concedes tu paz a los que se arrepienten, escucha con bondad nuestras súplicas y derrama la gracia + de tu bendición sobre estos siervos tuyos que van a recibir la ceniza, para que, fieles a las prácticas cuaresmales puedan llegar, con un alma purificada, a celebrar la Pascua de tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos. R. Amén.
O bien:

Tú que no quieres la muerte del pecador, sino su arrepentimiento, escucha, Señor, con bondad nuestras súplicas y bendice + esta ceniza que vamos a imponer sobre nuestra cabeza en reconocimiento de que somos polvo y al polvo hemos de volver, a fin de que el ejercicio de la penitencia cuaresmal nos obtenga el perdón de los pecados y una vida nueva a imagen de tu Hijo resucitado. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén.

Y rocía la ceniza con agua bendita, sin decir nada. En seguida, el sacerdote impone la ceniza a todos los presentes que se acercan a él, y dice a cada uno:

Arrepiéntete y cree en el Evangelio.
O bien:

Mc 1, 15

Cf. Gen 3, 19

Acuérdate de que eres polvo y al polvo has de volver
Mientras tanto, se entona un canto apropiado o alguna de las antífonas.

Antífona Cf. Joel 2, 13 Renovemos nuestra vida con un espíritu de humildad y penitencia; ayunemos y lloremos delante del Señor, porque la misericordia de nuestro Dios está siempre dispuesta a perdonar nuestros pecados. Otra antífona Est 13, 17 Joel 2, 17;

Entre el atrio y el altar lloren los sacerdotes, ministros del Señor, y digan: Perdona, Señor, perdona a tu pueblo, y no cierres la boca de aquellos que te alaban. Otra antífona l 50, 3 Borra, Señor, mis pecados.
Esta antífona puede repetirse después de cada verso del Salmo 50, Misericordia, Dios mío.

Sa

Responsorio 2; Sal 78, 9

Cf. Bar 3,

Renovémonos y reparemos los males que por ignorancia hemos cometido; no sea que, sorprendidos por el día de la muerte, busquemos, sin poder encontrarlo, el tiempo de hacer penitencia. * Escúchanos, Señor, y ten piedad, porque hemos pecado contra ti. V. Ven en nuestra ayuda, Dios salvador nuestro; por el honor de tu

nombre, líbranos, Señor. * Escúchanos, Señor, y ten piedad, porque hemos pecado contra ti.
Puede cantarse también otro canto apropiado Terminada la imposición de la ceniza, el sacerdote se lava las manos. La ceremonia termina con la oración universal o de los fieles. No se dice Credo.

Liturgia eucarística
Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, este sacrificio con el que iniciamos solemnemente la Cuaresma, y concédenos que por medio de las obras de caridad y penitencia, venzamos nuestros vicios y, libres de pecado, podamos unirnos mejor a la pasión de tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos. Prefacio de Cuaresma III o IV. Antífona de comunión Sal 1, 2-3

El que medita la ley del Señor día y noche, dará fruto a su tiempo. Oración después de la comunión Que esta comunión abra, Señor, nuestro corazón a la justicia y a la caridad, para que observemos el único ayuno que tú quieres y que conduce a nuestra salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.
La bendición e imposición de la ceniza pueden hacerse también sin misa. En este caso, conviene celebrar antes la liturgia de la Palabra, usando el canto de entrada, la oración colecta y las lecturas con sus cánticos, como en la misa. Enseguida se tienen la homilía y la bendición e imposición de la ceniza. La ceremonia se termina con la oración uni-versal.

Jueves después de Ceniza

Antífona de entrada

Cf. Sal 54, 17-20. 23

Clamé al Señor, y escuchó mi voz y me libró de los que me atacaban. Encomienda a Dios tus afanes y él te sustentará. Oración colecta Inspira, Señor, nuestras acciones y dirígelas con tu gracia, para que todo cuanto emprendamos lo iniciemos en tu nombre y podamos llevarlo a término por tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, con bondad estas ofrendas que te presentamos, para que nos alcancen tu perdón, y den gloria a tu nombre. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Cuaresma I-V. Antífona de comunión Sal 50, 12

Señor, crea en mí un corazón puro, y renueva en mi interior un espíritu firme. Oración después de la comunión Señor, que el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, que hemos recibido en esta comunión, sean para nosotros fuente de perdón, de santidad y de salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Viernes después de Ceniza
Antífona de entrada Sal 29, 11

El Señor me escuchó, tuvo piedad de mí y ha venido en mi ayuda. Oración colecta

Concédenos, Señor, tu gracia durante estos días de penitencia cuaresmal, para que a nuestras prácticas externas corresponda una verdadera renovación del espíritu. Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas Señor, que el sacrificio que te ofrecemos en este tiempo de preparación para la Pascua nos haga agradables a tus ojos y más generosos en la práctica de la penitencia. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Cuaresma I-V. Antífona de comunión Sal 24, 4

Señor, enséñame tus caminos, dime cuáles son tus senderos.
Oración después de la comunión Que nuestra participación en este sacramento nos libre, Señor, de todas nuestras culpas y nos obtenga de tu misericordia la conversión de nuestro espíritu. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Sábado después de Ceniza
Antífona de entrada Sal 68, 17

Escúchanos, Señor, pues eres bueno y míranos conforme a tu bondad infinita. Oración colecta Dios eterno y todopoderoso, mira compasivo nuestra debilidad, 'y extiende tu mano para protegernos. Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas Que este sacrificio de reconciliación y de alabanza que vamos a ofrecerte, nos purifique, Señor y nos renueve, para que todos nuestros pensamientos y acciones se apeguen a tu voluntad. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Cuaresma I-V. Antífona de comunión Mt 9, 13

Misericordia quiero y no sacrificios, dice el Señor; no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores. Oración después de la comunión Señor, que este sacramento que hemos recibido, y que es fuente de vida para tu Iglesia, sea para nosotros prenda segura de salvación eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

I DOMINGO DE CUARESMA
Antífona de entrada Sal 90, 15-16 Me invocará y yo lo escucharé; lo libraré y lo glorificaré; prolongaré los días de su vida.
No se dice Gloria.

Oración colecta Concédenos, Dios todopoderoso, que las prácticas anuales propias de la Cuaresma nos ayuden a progresar en el conocimiento de Cristo y a llevar una vida más cristiana. Por nuestro Señor Jesucristo.

Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas Te pedimos, Señor, que estos dones que vamos a ofrecerte, nos dispongan convenientemente para el santo tiempo de la Cuaresma, que estamos iniciando. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio LAS TENTACIONES DEL SEÑOR V. El Señor esté con vosotros. R. Y con tu espíritu. V. Levantemos el corazón. R. Lo tenemos levantado hacia el Señor. V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R. Es justo y necesario. En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Por Cristo nuestro Señor. El cual, al abstenerse durante cuarenta días de tomar alimento, inauguró la práctica de nuestra penitencia cuaresmal y al rechazar las tentaciones del enemigo nos enseñó a sofocar la fuerza del pecado; de este modo, celebrando con sinceridad el misterio de esta Pascua, podremos pasar un día a la Pascua que no acaba. Por eso, con los ángeles y santos, te cantamos el himno de alabanza,

diciendo sin cesar: Santo, Santo, Santo... Antífona de comunión Mt 4, 4

No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que viene de Dios.
O bien:

Sal 90, 4

El Señor te cubrirá con su protección, bajo sus alas encontrarás refugio. Oración después de la comunión Que este pan celestial alimente, Señor, en nosotros la fe, aumente la esperanza, refuerce la caridad, y nos enseñe a sentir hambre de Cristo, que es el pan vivo y verdadero, y a vivir de toda palabra que proceda de tu boca. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Lunes de la I Semana
Antífona de entrada Sal 122, 2-3 Así como la esclava en su señora, tiene fijos los ojos, fijos en el Señor están los nuestros, hasta que Dios se apiade de nosotros. Ten piedad de nosotros, ten piedad. Oración colecta Conviértenos a ti, Dios salvador nuestro, y ayúdanos a progresar en el conocimiento de tu palabra para que esta Cuaresma nos sea provechosa. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Que estas ofrendas que te presentamos como signo de nuestra entrega a ti, santifiquen, Señor, con tu gracia, nuestra vida y nos obtengan el perdón de tu misericordia.

Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Cuaresma I-V. Antífona de comunión Mt 25, 40. 34

En verdad os digo que cuanto hicisteis con el más insignificante de mis hermanos, conmigo lo habéis hecho, dice el Señor. Venid, benditos de mi Padre, y tomad posesión del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Oración después de la comunión Concédenos, Señor, encontrar en esta comunión fuerza para el cuerpo y para el alma a fin de que, renovados completamente, podamos gloriamos de la plenitud de tu redención. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Martes de la I Semana
Antífona de entrada Sal 89, 1-2 Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación. Desde siempre y por siempre tú eres Dios. Oración colecta Mira, Señor, con misericordia a tu pueblo que en estos días de Cuaresma usa con moderación de los bienes del cuerpo y aviva en su espíritu el deseo de poseerte. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor y creador todopoderoso, los dones que hemos recibido de tu generosidad y convierte el pan y el vino que nos has dado para nuestra vida cotidiana en sacramento de salvación eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma I-V. Antífona de comunión Sal 4, 2

Tú, Dios, defensor mío, que me escuchaste cuando te invoqué y me consolaste en la tribulación, ten piedad de mí y escucha mi plegaria. Oración después de la comunión Que esta Eucaristía nos ayude, Señor, a moderar las pasiones y los deseos terrenos y a buscar tu justicia y tu Reino. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Miércoles de la I Semana
Antífona de entrada 24, 6. 3. 22 Sal

Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas y no permitas que nos derrote el enemigo. Sálvanos, Dios de Israel, de todas nuestras angustias. Oración colecta Mira, Señor, con bondad a tu pueblo, que con fervor desea entregarse más a ti y concédele que la práctica de las buenas obras renueve su alma, ya que con sus privaciones se esfuerza por dominar su cuerpo. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Te presentamos, Señor, este pan y este vino que tú mismo nos has dado para que te los ofreciéramos, a fin de que, al convertirlos tú en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, nos obtengan la salvación eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma I-V. Antífona de comunión Sal 5, 12

Que se alegren, Señor, cuantos en ti confían, que se regocijen eternamente porque tú estás con ellos. Oración después de la comunión Tú Señor, que no cesas de invitarnos a tu mesa, concédenos que la recepción de este sacramento sea para nosotros fuente de vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Jueves de la I Semana
Antífona de entrada Sal 5, 2-3 Señor, oye mis palabras, escucha mi lamento, haz caso de mi voz suplicante, Rey mío y Dios mío. Oración colecta Puesto que sin ti nada podemos, concédenos, Señor, luz para distinguir siempre el bien y valor para ponerlo en práctica, a fin de que podamos vivir según tu voluntad. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Acepta Señor, en tu bondad ofrendas y súplicas que te presentamos, y convierte a ti nuestros corazones. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Cuaresma I-V. Antífona de comunión Mt 7, 8

Todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que toca, se le abrirá.

Oración después de la comunión Concédenos, Señor Dios nuestro, que el sacramento que nos has dado como ayuda para nuestra salvación, nos sirva de auxilio tanto para esta vida como para la futura. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Viernes de la I Semana
Antífona de entrada 24, 17-18 Sal

Sálvame, Señor, de todas mis angustias. Mira mis trabajos y mis penas, y perdona todos mis pecados. Oración colecta Concede, Señor, a tus hijos prepararse interiormente a la celebración de la Pascua, para que la mortificación corporal, propia de este tiempo, dé en cada uno de nosotros frutos espirituales. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, estas ofrendas por medio de las cuales has querido misericordiosamente devolvernos tu amistad y darnos la salvación eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Cuaresma I-V. Antífona de comunión Ez 33, 11

Tan cierto como que vivo, dice el Señor, no quiero la muerte del pecador, sino que se convierta y viva.

Oración después de la comunión Que la recepción de tu sacramento nos renueve, Señor, y, purificados de toda maldad, nos haga participar de los bienes de la redención. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Sábado de la I Semana
Antífona de entrada Sal 18, 8

La ley del Señor es perfecta y reconforta el corazón; el testimonio del Señor es veraz y vuelve sabios a los sencillos.
Oración colecta Señor y Padre eterno,

haz que se conviertan a ti nuestros corazones a fin de que, viviendo consagrados enteramente a tu servicio, te busquemos siempre a ti y nos dediquemos a la práctica de las obras de misericordia. Por nuestro Señor Jesucristo.
Oración sobre las ofrendas Que la celebración de este sacramento nos purifique, Señor, de nuestras faltas

y nos haga dignos de participar de tu Eucaristía. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Prefacio de Cuaresma I-V. Antífona de comunión Mt 5, 48

Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto, dice el Señor. Oración después de la comunión Ayuda, Señor y reconforta siempre

a estos hijos tuyos,
a quienes has iluminado con tu palabra y alimentado con tu sacramento. Por Jesucristo, nuestro Señor.

II DOMINGO DE CUARESMA
Antífona de entrada Sal 26, 8-9 De ti mi corazón me habla diciendo: "Busca su rostro". Tu rostro estoy buscando, Señor; no me lo escondas.
O bien:

Sal 24, 6. 3. 22 Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas y no permitas que nos derrote el enemigo. Sálvanos, Dios de Israel, de todas nuestras angustias.
No se dice Gloria.

Oración colecta Señor, Padre santo, que nos mandaste escuchar a tu amado Hijo, alimenta nuestra fe con tu palabra y purifica los ojos de nuestro espíritu, para que podamos alegrarnos en la contemplación de tu gloria. Por nuestro Señor Jesucristo.
Se dice Credo.

Liturgia de la palabra Oración sobre las ofrendas Que esta ofrenda, Señor, nos obtenga el perdón de nuestros pecados y nos santifique en el cuerpo y en el alma para que podamos celebrar dignamente las festividades de la Pascua. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio

LA TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR V. El Señor esté con vosotros. R. Y con tu espíritu. V. Levantemos el corazón. R. Lo tenemos levantado hacia el Señor. V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R. Es justo y necesario. En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Por Cristo nuestro Señor. Quien, después de anunciar su muerte a los discípulos, les mostró en el monte santo el esplendor de su gloria, para testimoniar, de acuerdo con la ley y los profetas, que la pasión es el camino de la resurrección. Por eso, como los ángeles te cantan en el cielo, así nosotros en la tierra te aclamamos, diciendo sin cesar: Santo, Santo, Santo... Antífona de comunión Mt 17, 5

Este es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadlo. Oración después de la comunión Te damos gracias, Señor, porque al darnos en este sacramento el Cuerpo glorioso de tu Hijo, nos permites participar ya, desde este mundo, de los bienes eternos de tu Reino. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Lunes de la II Semana
Antífona de entrada Sal 25, 11-12

Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí. Mi pie se mantiene en el camino recto, en la asamblea bendeciré al Señor. Oración colecta Señor, tu que para nuestro progreso espiritual nos mandas dominar nuestro cuerpo mediante la austeridad, ayúdanos a huir también de todo pecado y a entregarnos, con amor filial, al cumplimiento de tus mandamientos. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Recibe, Señor, favorablemente nuestras oraciones, y tú que nos concedes participar en esta Eucaristía, líbranos de las seducciones del pecado. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Cuaresma I-V. Antífona de comunión Lc 6, 36

Sed misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso, dice el Señor. Oración después de la comunión Señor, que esta comunión nos purifique de toda culpa y nos haga partícipes de las alegrías del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Martes de la II Semana

Antífona de entrada

Sal 12,4-5

Da luz a mis ojos, Señor, para que no caiga en el sueño de la muerte; para que no diga el enemigo: He triunfado sobre él. Oración colecta Señor, vela con amor constante sobre tu Iglesia y ya que sin ti no puede sostenerse lo que se cimienta en la debilidad humana, protégela en los peligros y guíala a la salvación eterna. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Que este sacrificio que vamos a ofrecerte, Señor, nos santifique, nos cure de nuestro egoísmo y nos haga participes de los bienes eternos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Cuaresma I-V. Antífona de comunión Sal 9,2-3

Proclamaré, Señor, todas tus maravillas; me alegraré en ti y entonaré salmos a tu nombre, Dios Altísimo. Oración después de la comunión Señor, que esta comunión nos ayude a vivir más cristianamente y nos obtenga el auxilio continuo de tu misericordia. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Miércoles de la II Semana
Antífona de entrada Sal 37, 22-23

Señor, no me abandones, no te me alejes, Dios mío. Ven de prisa a socorrerme. Señor, mi salvador.

Oración colecta Conserva, Señor, a tu pueblo en el camino del bien que tú le has señalado, y ayúdalo en sus necesidades temporales para que, sin angustias, pueda buscar los bienes eternos. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Mira, Señor, con bondad las ofrendas que te presentamos y por este santo intercambio de dones, líbranos de la esclavitud del pecado. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Cuaresma I-V. Antífona de comunión Mt 20, 28

El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida para redención de todos. Oración después de la comunión Que este sacramento que nos has dado, Señor, como prenda de inmortalidad, sea para nosotros una firme ayuda para alcanzar la salvación eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Jueves de la II Semana
Antífona de entrada Sal 138, 23-24

Ponme a prueba, Dios mío, y conocerás mi corazón; mira si es que voy por mal camino y condúceme tú por el camino recto. Oración colecta Dios nuestro, que amas la inocencia y la devuelves a quienes la han perdido, orienta hacia ti nuestros corazones

y enciéndelos en el fuego de tu Espíritu, para que permanezcamos firmes en la fe y seamos diligentes en el amor fraterno. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Por este sacrificio eucarístico, santifica, Señor, nuestras privaciones cuaresmales, para que a las prácticas externas corresponda una verdadera conversión interior. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Cuaresma I-V. Antífona de comunión Sal 118, 1

Dichoso el que, con vida intachable, hace la voluntad del Señor. Oración después de la comunión Que la gracia que hemos recibido en este sacramento permanezca, Señor, en nosotros y aumente por nuestras buenas obras. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Viernes de la II Semana
Antífona de entrada Sal 30, 2. 5

En ti, Señor, he puesto mi confianza, que no quede yo defraudado eternamente; sácame de la trampa que me han puesto, pues tú eres mi protector. Oración colecta Por medio de nuestras privaciones cuaresmales, purifícanos, Señor todopoderoso, a fin de que podamos llegar con un espíritu nuevo a las próximas fiestas de la Pascua. Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas Que tu misericordia, Señor, a nos prepare a celebrar esta Eucaristía y vivirla con la fe y con las obras. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Cuaresma I-V. Antífona de comunión 1 Jn 4, 10

Dios nos amó y envió a su Hijo como víctima por nuestros pecados. Oración después de la comunión Que este sacramento que hemos recibido, prenda de la salvación eterna, nos dé fuerzas, Señor, para vivir según tus mandamientos y alcanzar la recompensa prometida. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Sábado de la II Semana
Antífona de entrada Sal 144, 8-9

El Señor es compasivo y misericordioso, lleno de paciencia y amor; el Señor es bueno con todos y su bondad se extiende a todas sus creaturas. Oración colecta Tú, Señor, que por medio de los sacramentos nos haces partícipes, ya desde este mundo, de los bienes celestiales, dirige nuestra vida y condúcenos a la luz donde habitas. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Por medio de este sacrificio que vamos a ofrecerte, comunícanos, Señor,

los frutos de la redención para que nunca se desvíe de ti nuestra vida y podamos alcanzar los bienes del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Cuaresma I-V. Antífona de comunión Lc 15, 32

Alégrate, hijo mío, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y lo hemos encontrado. Oración después de la comunión Que la gracia de este sacramento llegue a lo más íntimo de nuestro corazón os comunique su fuerza divina. Por Jesucristo, nuestro Señor.

III DOMINGO DE CUARESMA
Cuando en este domingo se tienen los escrutinios preparatorios para el bautismo de adul-tos, pueden utilizarse las oraciones rituales y las intercesiones propias.

Antífona de entrada

Sal 24, 15-16

Tengo los ojos puestos en el Señor, porque él me libra de todo peligro. Mírame, Dios mío y ten piedad de mí, que estoy solo y afligido.
O bien:

Ez 36, 23-26

Cuando manifieste en vosotros mi santidad, os reuniré de todos los países; derramaré sobre vosotros agua pura y quedaréis purificados de todas vuestras inmundicias y os infundiré un espíritu nuevo, dice el Señor.
No se dice Gloria.

Oración colecta Dios misericordioso, fuente de toda bondad, que nos has propuesto como remedio del pecado el ayuno, la oración y las obras de misericordia, mira con piedad

a quienes reconocemos nuestras miserias y estamos agobiados por nuestras culpas, y reconfórtanos con tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo.
Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas Que esta Eucaristía, Señor, nos obtenga a quienes imploramos tu perdón, la gracia de saber perdonar a nuestros hermanos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Cuando se ha leído el Evangelio de la samaritana, se dice el siguiente:

Prefacio LA SAMARITANA V. El Señor esté con vosotros. R. Y con tu espíritu. V. Levantemos el corazón. R. Lo tenemos levantado hacia el Señor. V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R. Es justo y necesario. En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo nuestro Señor. Quien, al pedir agua a la samaritana, ya había infundido en ella la gracia de la fe, y si quiso estar sediento de la fe de aquella mujer, fue para encender en ella el fuego del amor divino. Por eso, Señor, te damos gracias y proclamamos tu grandeza cantando con los ángeles.

Santo, Santo, Santo...
Cuando no se ha leído el Evangelio de la samaritana, se dice:

Prefacio de Cuaresma I o II. Antífona de comunión
Cuando se ha leído el Evangelio de la samaritana:

Jn 4, 13-14

El que beba del agua que yo le daré, dice el Señor, nunca más tendrá sed; el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en una fuente que salta hasta la vida eterna.
Cuando se ha leído otro Evangelio:

Sal 83, 4-5

El ave ha encontrado un refugio y la tórtola un nido donde poner a sus polluelos. Dichosos los que se acercan a tu altar, Señor. Dichosos los que viven en tu casa y pueden alabarte siempre, Rey mío y Dios mío. Oración después de la comunión Tú que nos has alimentado, ya desde esta vida, con el pan del cielo, prenda de nuestra salvación, concédenos, Señor, manifestar en todos nuestros actos el misterio de tu Eucaristía. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Lunes de la III Semana
Antífona de entrada Sal 83, 3 Mi alma desfallece y suspira por los atrios del Señor; mi corazón y todo mi ser se han regocijado en el Dios vivo. Oración colecta Señor, que tu continua misericordia purifique a tu Iglesia y la proteja; y ya que sin ti no puede encontrar la salvación, dirígela siempre con tu gracia. Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, esta ofrenda que te presentamos como signo de nuestra entrega a ti y conviértela en el sacramento que ha de darnos la salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Cuaresma I-V. Antífona de comunión Sal 116, 1-2

Alabad al Señor todas las naciones, aclamadlo todos los pueblos, porque grande es su amor hacia nosotros y su fidelidad dura por siempre. Oración después de la comunión Que el sacramento que hemos recibido nos purifique, Señor, y realice nuestra unidad. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Martes de la III Semana
Antífona de entrada Sal 16, 6. 8 Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío; atiéndeme y escucha mis palabras. Cuídame como a la niña de tus ojos y cúbreme bajo la sombra de tus alas. Oración colecta Que tu gracia, Señor, nos acompañe, para que nos impulse a entregarnos a tu servicio y nos obtenga siempre tu ayuda. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Que este sacrificio que vamos a ofrecerte nos purifique, Señor, de nuestros pecados

y nos obtenga la ayuda de tu poder. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Cuaresma I-V. Antífona de comunión Sal 14, 1-2

Señor ¿quién puede hospedarse en tu casa y descansar en tu monte santo? El que procede honradamente y practica la justicia. Oración después de la comunión Que nuestra participación en este misterio, renueve, Señor, toda nuestra vida y nos alcance tu perdón y tu ayuda. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Miércoles de la III Semana
Antífona de entrada Sal 118, 133

Haz, Señor, que siga con firmeza tu palabra, para que no se apodere de mí ningún pecado. Oración colecta Te pedimos, Señor, que purificados por las prácticas cuaresmales y alimentados con tu palabra, podamos entregarnos enteramente a tu servicio y perseverar unidos en la oración. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Acepta Señor, ofrendas y oraciones que te presentamos y protege de todo mal a quienes celebramos tu Eucaristía. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Cuaresma I-V. Antífona de comunión Sal 15, 11

Me has enseñado el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia. Oración después de la comunión Santifícanos, Señor, con el pan del cielo que acabamos de recibir para que, libres de nuestras faltas, podamos alcanzar tus promesas eternas. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Jueves de la III Semana
Antífona de entrada Yo soy la salvación de mi pueblo, dice el Señor. Los escucharé en cualquier tribulación en que me llamen y seré siempre su Dios. Oración colecta Te pedimos, Señor, humildemente, que conforme se acerca la fiesta de nuestra redención, crezca en nosotros el fervor para celebrar santamente la Pascua de tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Oración sobre las ofrendas Preserva, Señor, a tu pueblo de toda maldad para que sus ofrendas te sean agradables; no permitas que nos entreguemos a los falsos placeres, para que podamos alcanzar la recompensa prometida. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Cuaresma I-V. Antífona de comunión Sal 118, 4-5

Tu promulgas tus preceptos para que se observen con exactitud. Que mi conducta se ajuste siempre al cumplimiento de tu voluntad.

Oración después de la comunión Que la gracia de tu salvación, que hemos recibido en este sacramento, transforme, Señor, toda nuestra vida. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Viernes de la III Semana
Antífona de entrada Sal 85, 8. 10

Señor, no hay otro dios igual a ti, porque sólo tú eres grande y haces maravillas; porque sólo tú eres Dios. Oración colecta Infunde Señor, en nosotros tu gracia para que podamos dominar nuestras pasiones y permanecer fieles a tus palabras de vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Mira, Señor, con benevolencia los dones que te presentamos; que te sean agradables y se conviertan para nosotros en fuente de salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Cuaresma I-V. Antífona de comunión Cf. Mc 12, 33

Amar a Dios con todo el corazón y al prójimo como a uno mismo, vale más que todos los sacrificios. Oración después de la comunión Que la fuerza de tu Espíritu vigorice, Señor, todo nuestro ser para que podamos obtener plenamente la salvación, cuya prenda hemos recibido en esta Eucaristía.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Sábado de la III Semana
Antífona de entrada 102, 2-3 Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios: El perdona todas tus culpas. Oración colecta Concédenos, Señor, que celebrando con alegría esta Cuaresma, de tal modo penetremos el significado del misterio pascual, que obtengamos la plenitud de sus frutos. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Tú que nos purificas con tu gracia para que nos acerquemos dignamente a tu Eucaristía, concédenos, Señor, celebrarla de tal modo, que podamos rendirte una alabanza perfecta. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Cuaresma I-V. Antífona de comunión Lc 18, 13 Sal

El publicano, manteniéndose a distancia, se golpeaba el pecho y decía: Señor, ten piedad de mí porque soy un pecador. Oración después de la comunión Dios de misericordia, que no cesas de alimentarnos con tu santa Eucaristía, concédenos venerarla siempre con respeto y recibirla con fe profunda. Por Jesucristo, nuestro Señor.

IV DOMINGO DE CUARESMA
Cuando en este domingo se tienen los escrutinios preparatorios para el bautismo de adul-tos, pueden utilizarse las oraciones rituales y las intercesiones propias. Color litúrgico, morado o rosa.

Antífona de entrada

Cf. Is 66, 10-11

Alégrate, Jerusalén, y todos los que la amáis, reuníos. Regocijaos con ella todos los que participabais de su duelo y quedaréis saciados con la abundancia de sus consuelos.
No se dice Gloria.

Oración colecta Dios nuestro, que has reconciliado contigo a la humanidad entera por medio de tu Hijo, concede al pueblo cristiano prepararse con fe viva y entrega generosa a celebrar las fiestas de la Pascua. Por nuestro Señor Jesucristo.
Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas Te presentamos, Señor, llenos de alegría, estas ofrendas para el sacrificio y pedimos tu ayuda para celebrarlo con fe sincera y ofrecerlo dignamente por la salvación del mundo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Cuando se ha leído el Evangelio del ciego de nacimiento, se dice el siguiente:

Prefacio EL CIEGO DE NACIMIENTO V. El Señor esté con vosotros. R. Y con tu espíritu. V. Levantemos el corazón.

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor. V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R. Es justo y necesario. En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo nuestro Señor. Que se dignó hacerse hombre para conducir al género humano, peregrino en tinieblas, al esplendor de la fe; y a los que nacieron esclavos del pecado, los hizo renacer por el bautismo y los transformó en hijos adoptivos del Padre. Por eso, Señor, todas tus criaturas en el cielo y en la tierra te adoran cantando un cántico nuevo, y también nosotros, con los ángeles, te aclamamos por siempre diciendo: Santo, Santo, Santo...
Cuando no se ha leído el Evangelio del ciego de nacimiento, se dice:

Prefacio de Cuaresma I o II. Antífona de comunión
Cuando se ha leído el Evangelio del ciego de nacimiento:

Cf. Jn 9, 11

El Señor me puso lodo sobre los ojos; yo fui a lavarme. Ahora veo y creo en Dios.
Cuando se ha leído el Evangelio del hijo pródigo: Lc 15, 32

Deberías alegrarte, hijo mío, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido, estaba perdido y lo hemos encontrado.

Cuando se ha leído otro Evangelio:

Sal 121, 3-4

Jerusalén es una ciudad armónicamente construida. Allá suben las tribus, las tribus del Señor, según la costumbre de Israel, a celebrar el nombre del Señor. Oración después de la comunión Dios nuestro, luz que alumbra a todo hombre que viene a este mundo, ilumina nuestros corazones con el resplandor de tu gracia, para que nuestros pensamientos te sean agradables y te amemos con toda sinceridad. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Lunes de la IV Semana
Antífona de entrada Sal 30, 7-8 Yo tengo mi confianza en ti, Señor, yo gozaré y me alegraré porque has mirado con bondad mi desgracia y conoces mis angustias. Oración colecta Dios nuestro, que renuevas este mundo por medio de tus sacramentos, concede a tu Iglesia aprovechar estos signos misteriosos de tu presencia y asístela siempre en sus necesidades materiales. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Como fruto de este sacrificio que vamos a ofrecerte, líbranos, Señor, de la esclavitud de nuestros vicios y danos fortaleza para vivir de acuerdo con tu Evangelio. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma I-V. Antífona de comunión Ez 36, 27

Infundiré mi espíritu en vosotros para que viváis según mis mandamientos y cumpláis mi voluntad, dice el Señor. Oración después de la comunión Que esta santa comunión, Señor, renueve y santifique nuestra vida y nos ayude a alcanzar los bienes eternos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Martes de la IV Semana
Antífona de entrada Cf. Is 55, 1 Todos los que estáis sedientos, venid por agua, dice el Señor; aunque no tengáis dinero, venid a beber con alegría. Oración colecta Que los sacrificios y oraciones cuaresmales dispongan, Señor, a tus hijos para celebrar dignamente el misterio pascual y trasmitir al mundo el feliz anuncio de la salvación. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, los dones que tu providencia nos ha dado para sostén de nuestra vida mortal y conviértelos, para nosotros, en alimento que da la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Cuaresma I-V. Antífona de comunión Sal 22, 1-2

El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace

recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas. Oración después de la comunión Que este sacramento, Señor, purifique y renueve nuestro espíritu e inunda en nuestro cuerpo la fuerza necesaria para vivir y morir cristianamente. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Miércoles de la IV Semana
Antífona de entrada Sal 68, 14

Ahora, Señor, que estás dispuesto a escucharme, elevo a ti mi súplica: Respóndeme, Dios mío, según tu gran amor y tu fidelidad a las promesas. Oración colecta Señor, tú que recompensas al justo y perdonas al pecador que se arrepiente, ten piedad de nosotros, para que la humilde confesión de nuestras faltas nos obtenga tu perdón. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Que el poder de este sacrificio elimine en nosotros las consecuencias del pecado y nos haga crecer en santidad de vida. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Cuaresma I-V. Antífona de comunión Jn 3, 17

Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. Oración después de la comunión No permitas, Señor, que el sacramento que hemos recibido,

vaya a ser motivo de condenación, pues tu providencia lo ha instituido para salvación nuestra. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Jueves de la IV Semana
Antífona de entrada Sal 104, 3-4 Alégrese el corazón de los que buscan al Señor. Buscad la ayuda del Señor; buscad continuamente su presencia. Oración colecta Padre lleno de amor, que nos has concedido la gracia de purificarnos con el arrepentimiento y de santificarnos haciendo el bien a los demás, ayúdanos a permanecer fieles a tus mandamientos, para llegar bien dispuestos a las festividades pascuales. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Tú, que conoces nuestra fragilidad, concédenos, Señor, que el sacrificio que vamos a ofrecerte nos purifique de nuestros pecados y nos proteja de todo mal. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Cuaresma I-V. Antífona de comunión Jer 31, 33

Esto dice el Señor: Pondré mi ley en lo más profundo de su ser y la escribiré en sus corazones. Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Oración después de la comunión Señor, que esta comunión nos purifique de todas nuestras culpas y nos proteja del pecado, para que gocemos de la plenitud salvadora de tu don.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Viernes de la IV Semana
Antífona de entrada Sal 53, 3-4

Señor, sálvame por tu nombre y líbrame con tu poder. Señor, escucha mi plegaria, atiende a las palabras de mi boca. Oración colecta Dios nuestro, que has preparado en tus sacramentos el auxilio adecuado a nuestra debilidad, concédenos recibirlos llenos de gozo y renovar con ellos nuestra vida. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Que el poder salvador de este sacrificio que vamos a ofrecerte, nos libre, Señor, de nuestros pecados, para celebrar dignamente las fiestas pascuales, principio de nuestra salvación; Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Cuaresma I-V. Antífona de comunión Ef 1, 7

Por medio de su Sangre, Cristo nos ha obtenido la redención y el perdón de nuestros pecados. En esto se manifiesta la inmensidad de su gracia. Oración después de la comunión Por medio de este sacramento, que nos señala el paso de la antigua a la nueva alianza, concédenos, Señor, despojarnos de todo lo que es pecado y revestirnos de la santidad de Cristo, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Sábado de la IV Semana
Antífona de entrada Sal 17, 5-7 Oleaje de muerte me envolvía, torrentes destructores me aterraban; pero en mi angustia invoqué al Señor y él escuchó mi voz desde su templo. Oración colecta Que tu amor misericordioso dirija siempre, Señor, nuestros deseos y actividades, ya que sin tu ayuda no podemos agradarte. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, este sacrificio de reconciliación que vamos a ofrecerte y, con la fuerza de tu amor, doblega ante ti nuestras rebeldes voluntades. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Cuaresma I-V. Antífona de comunión 1 Pe 1, 19

Hemos sido rescatados con la Sangre preciosa de Cristo, el Cordero sin defecto y sin mancha. Oración después de la comunión Que tus sacramentos, Señor, nos purifiquen y nos hagan agradables a tus ojos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
La costumbre de cubrir las cruces y las imágenes puede conservarse a juicio de la Conferencia Episcopal. Las cruces permanecen cubiertas hasta después de la celebración de la pasión del Señor, el Viernes Santo, y las imágenes, hasta el comienzo de la Vigilia Pascual.

V DOMINGO DE CUARESMA

Cuando en este domingo se tienen lugar los escrutinios preparatorios para el bautismo de adultos, pueden utilizarse las oraciones rituales y las intercesiones propias.

Antífona de entrada Sal 42, 1-2 Señor, hazme justicia. Defiende mi causa contra gente sin piedad, sálvame del hombre injusto y malvado, tú que eres mi Dios y mi defensa.
No se dice Gloria.

Oración colecta Ven, Padre, en nuestra ayuda, para que podamos vivir y actuar siempre con aquel amor que impulsó a tu Hijo a entregarse por nosotros. Por nuestro Señor Jesucristo.
Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas Tú, que nos has iluminado con las enseñanzas de la fe, escucha, Señor, nuestra oración y purifícanos por medio de este sacrificio. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Cuando se ha leído el Evangelio de Lázaro, se dice el siguiente:

Prefacio LA RESURRECCIÓN DE LÁZARO V. El Señor esté con vosotros. R. Y con tu espíritu. V. Levantemos el corazón. R. Lo tenemos levantado hacia el Señor. V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R. Es justo y necesario. En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar,

Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, porque Cristo, nuestro Señor. El cual, hombre mortal como nosotros que lloró la muerte de su amigo Lázaro, y Dios y Señor de la vida que lo levantó del sepulcro, hoy extiende su compasión a todos los hombres y por medio de sus sacramentos los restaura a una vida nueva. Por él, los mismos ángeles te aclaman con júbilo eterno y nosotros nos unimos a sus voces cantando humildemente tu alabanza: Santo, Santo, Santo...
Cuando no se ha leído el Evangelio de Lázaro, se dice:

Prefacio de Cuaresma I o II. Antífona de comunión
Cuando se ha leído el Evangelio de Lázaro:

Jn 11, 26

El que está vivo y cree en mí, dice el Señor, no morirá para siempre.
Cuando se ha leído el Evangelio de la mujer adúltera: Jn 8, 10-11

Jesús le preguntó: Mujer, ¿nadie te ha condenado? Ella respondió: Nadie, Señor. El le dijo: Yo tampoco te condeno. Vete y ya no vuelvas a pecar.
Cuando se ha leído otro Evangelio: Jn 12, 24-25

En verdad os digo que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da fruto abundante. Oración después de la comunión Concédenos, Dios todopoderoso, a cuantos participamos

del Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, vivir siempre como miembros suyos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Lunes de la V Semana
Antífona de entrada Ten compasión de mí, Señor, porque me pisotean y acosan todo el día mis enemigos. Oración colecta Dios nuestro, que con el don de tu amor nos colmas de bendiciones, transfórmanos en una nueva creatura, para que estemos preparados a la Pascua gloriosa de tu Reino. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Concede, Señor, a tus hijos, reunidos para celebrar esta Eucaristía, ofrecerte como fruto de su penitencia, una conciencia limpia. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de la Pasión del Señor I. Antífona de comunión
Cuando se ha leído el Evangelio de la mujer adúltera: Jn 8, 10-11

Jesús le preguntó: Mujer, ¿nadie te ha condenado? Ella respondió: Nadie, Señor. El le dijo: Yo tampoco te condeno. Vete y ya no vuelvas a pecar.
Cuando se ha leído otro Evangelio: Jn 8, 12

Yo soy la luz del mundo, dice el Señor; el que me sigue, no caminará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.

Oración después de la comunión Que la fuerza de tus sacramentos nos libre, Señor, de nuestras malas inclinaciones y nos ayude a seguir a Cristo, para acercarnos cada vez más a ti. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Martes de la V Semana
Antífona de entrada Sal 26, 14

Espera en el Señor, sé valiente; ten ánimo, espera en el Señor. Oración colecta Concédenos, Señor, la gracia de perseverar en el fiel cumplimiento de tu voluntad, para que tu pueblo santo aumente en número y crezca en santidad. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, el sacrificio de reconciliación que vamos a ofrecerte, perdona nuestros pecados y orienta hacia ti nuestros corazones. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de la Pasión del Señor I. Antífona de comunión Jn 12, 32

Cuando yo sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí, dice el Señor. Oración después de la comunión Concédenos, Dios todopoderoso, que la asidua participación en tus sacramentos nos acerque cada vez más a ti,

que eres el único bien verdadero. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Miércoles de la V Semana
Antífona de entrada Sal 17, 48-49

Tú me libras, Señor, de la ira de mis enemigos, me haces triunfar sobre mis adversarios y me salvas del hombre malvado. Oración colecta Ilumina, Señor, el corazón de tus hijos, purificado por las penitencias cuaresmales y concédenos manifestar en nuestra vida el deseo de servirte que nos has inspirado. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, estos dones que tú has querido que te ofrezcamos para alabanza tuya y salvación nuestra. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de la Pasión del Señor I. Antífona de comunión Col 1, 13-14

Dios nos ha hecho entrar al Reino de su Hijo amado, por cuya sangre recibimos la redención y el perdón de los pecados. Oración después de la comunión Concédenos, Señor, que este sacramento que hemos recibido, nos purifique de todos nuestros vicios y nos confirme para siempre en tu amistad. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Jueves de la V Semana

Antífona de entrada

Heb 9, 15

Cristo es el mediador de la nueva alianza, porque mediante su muerte, aquellos que han sido llamados, reciben la herencia eterna que les había sido prometida. Oración colecta Asiste y protege siempre, Señor, a esta familia tuya, que ha puesto en ti toda su esperanza, a fin de que purificados de nuestros pecados, permanezcamos fieles a nuestro compromiso bautismal y obtengamos la herencia prometida. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Mira, Señor, con agrado el sacrificio que vamos a ofrecerte y concédenos por él la conversión de nuestra vida y la salvación del mundo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de la Pasión del Señor I. Antífona de comunión Rom 8, 32

Dios no escatimó la vida de su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros y con él nos ha dado todos los bienes. Oración después de la comunión Por medio de este sacramento que ya desde ahora nos comunica tu fuerza, concédenos, Padre misericordioso, participar de la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Viernes de la V Semana
Antífona de entrada Sal 30, 10. 16. 18

Ten piedad de mí, Señor, porqué estoy en peligro, líbrame de los enemigos que me persiguen; Señor, que no me decepcione yo de haberte invocado. Oración colecta Perdona, Señor, nuestras culpas y que tu amor y tu bondad nos libren del poder del pecado, al que nos ha sometido nuestra debilidad. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Que tu ayuda, Padre misericordioso, nos haga dignos de acercarnos a tu altar, a fin de que la asidua participación en este sacrificio nos obtenga la salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de la Pasión del Señor I. Antífona de comunión 1 Pe 2, 24

En su propio Cuerpo, Cristo subió nuestros pecados a la cruz para que, muertos a nuestros pecados, empecemos una vida santa. En esta forma,, por medio de sus heridas, hemos sido curados. Oración después de la comunión Que la fuerza de este sacramento que nos une a ti, Señor, no nos abandone nunca y a eje siempre de nosotros todo mal. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Sábado de la V Semana
Antífona de entrada Sal 21, 20. 7

Señor, no te quedes lejos; tú, que eres mi fuerza, ven aprisa en mi ayuda porque ya no soy un hombre, sino un gusano, despreciado por la gente y rechazado por el pueblo. Oración colecta

Señor, tú que nunca dejas de procurar nuestra salvación y en estos días de Cuaresma nos otorgas gracias más abundantes, mira con amor a esta familia tuya y concede tu auxilio protector a quienes se preparan para el bautismo y a quienes hemos renacido ya a una vida nueva. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Dios eterno y todopoderoso, que por medio del sacramento del bautismo haces renacer a quienes confiesan tu nombre, acepta nuestros dones y plegarias para que, cuantos en ti esperan, puedan ver realizados sus deseos y perdonadas sus culpas. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de la Pasión del Señor I. Antífona de comunión Jn 11, 52

Cristo fue entregado a la muerte para congregar en la unidad a los hijos de Dios, que estaban dispersos. Oración después de la comunión Señor, tú que nos has hecho partícipes del Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, concédenos participar también de su vida divina. Por Jesucristo, nuestro Señor.

SEMANA SANTA
Accipite et manducate… Accipite et bibite Et inclinato capite, tradidit spiritum DOMINGO DE RAMOS LUNES SANTO MARTES SANTO MIÉRCOLES SANTO JUEVES SANTO
Misa Crismal

TRIDUO PASCUAL PASCUA

DOMINGO DE RAMOS EN LA PASIÓN DEL SEÑOR
1. En este día la Iglesia recuerda la entrada de Cristo nuestro Señor en Jerusalén para consumar su misterio pascual. Por lo tanto, en todas las misas se conmemora esta entrada del Señor en la ciudad santa por medio de una procesión (2) o de una entrada solemne (12), antes de la misa principal, y por medio de una entrada sencilla (16), antes de las demás misas. Pero puede repetirse la entrada solemne (no la procesión), antes de algunas otras misas que se celebren con gran asistencia del pueblo.

Conmemoración de la entrada del Señor en Jerusalén
Primera forma: Procesión
2. A la hora señalada, los fieles se reúnen en una iglesia menor o en algún otro lugar adecuado, fuera del templo hacia el cual va a dirigirse la procesión. Los fieles llevan ramos en la mano. 3. El sacerdote y los ministros, revestidos con los ornamentos rojos requeridos pa-ra la misa, se acercan al lugar donde el pueblo está congregado. El sacerdote, en lugar de casulla, puede usar la capa pluvial, que dejará después de la procesión. 4. Entretanto se canta la siguiente antífona u otro cántico adecuado:

Antífona

Mt 21, 9

Hosanna al Hijo de David. Bendito el que viene en nombre del Señor, el Rey de Israel. Hosanna en el cielo.
5. Enseguida el sacerdote saluda al pueblo de la manera acostumbrada y hace una breve exhortación para invitar a los fieles a participar activa y conscientemente en la celebración de este día. Puede hacerlo con éstas o semejantes palabras.

Queridos hermanos: Después de habernos preparado desde el principio de la Cuaresma con nuestra penitencia y nuestras obras de caridad, hoy nos reunimos para iniciar, unidos con toda la Iglesia, la celebración anual de los misterios de la pasión y resurrección de nuestro Señor Jesu-cristo, misterios que empezaron con la entrada de Jesús en Jerusa-lén. Acompañemos con fe y devoción a nuestro salvador en su en-trada triunfal a la ciudad

santa, para que, participando ahora de su cruz, podamos participar un día, de su gloriosa resurrección y de su vida.
6. Después de esta exhortación, el sacerdote, teniendo juntas las manos, dice una de las dos oraciones siguientes:

Oremos: Dios todopoderoso y eterno, dígnate bendecir + estos ramos y concede a cuantos acompañamos ahora jubilosos a Cristo, nuestro rey y Señor, reunirnos con él en la Jerusalén del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén.
O bien:

Oremos: Aumenta, Señor, la fe de los que tenemos en ti nuestra esperanza y concede a quienes agitamos estas palmas en honor de Cristo victorioso, permanecer unidos a él para dar frutos de buenas obras. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén.
Y, en silencio, rocía los ramos con agua bendita. 7. Enseguida se dice el Evangelio de la entrada del Señor en Jerusalén, según algu-no de los cuatro evangelistas, como se indica en el Leccionario. Lo lee el diácono o, en su defecto, el sacerdote, de la manera acostumbrada.

Año A: + Lectura del santo Evangelio según san Mateo 21, 1-11 Cuando se aproximaban ya a Jerusalén, al llegar a Betfagé, jun-to al monte de los Olivos, envió Jesús a dos de sus discípulos, diciéndoles: — "Vayan al pueblo que ven allí enfrente; al entrar, encon-trarán amarrada una burra y un burrito con ella; desátenlos y trái-ganmelos. Si alguien les pregunta algo, díganle que el Señor los ne-cesita y enseguida los devolverá" Esto sucedió para que se cumplieran las palabras del profeta: Díganle a la hija de Sión: He aquí que tu rey viene a ti, apacible y montado en un burro, en un burrito, hijo de animal de yugo.

Fueron, pues, los discípulos e hicieron lo que Jesús les había encar-gado y trajeron consigo la burra y el burrito. Luego pusieron sobre ellos sus mantos y Jesús se sentó encima. La gente, muy numerosa, extendía sus mantos por el camino; algunos cortaban ramas de los árboles y las tendían a su paso. Los que iban delante de él y los que lo seguían gritaban: — "¡Hosanna! — ¡Viva el Hijo de David! — ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! — ¡Hosanna en el cielo!" Al entrar Jesús en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió. Unos de-cían: — "¿Quién es éste?" Y la gente respondía: — "Este es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea" Palabra del Señor. Año B: + Lectura del santo Evangelio según san Marcos 11, 1-10 Cuando Jesús y los suyos iban de camino a Jerusalén, al llegar a Betfagé y Betania, cerca del monte de los Olivos, les dijo a dos de sus discípulos: — "Vayan al pueblo que ven allí enfrente; al entrar, encontrarán amarrado un burro que nadie ha montado to-davía. Desátenlo y tráiganmelo. Si alguien les pregunta por qué lo hacen, contéstenle: 'El Señor lo necesita y lo devolverá pronto' ". Fueron y encontraron al burro en la calle, atado junto a una puer-ta, y lo desamarraron. Algunos de los que allí estaban les pregunta-ron: — "Por qué sueltan al burro? Ellos les contestaron lo que había dicho Jesús y ya nadie los molestó. Llevaron el burro, le echaron encima los mantos y Jesús montó en él. Muchos extendían su manto en el camino, y otros lo tapizaban con ramas cortadas en el campo. Los que iban delante de Jesús y los que lo seguían, iban gritando vivas: — ¡Hosanna! — ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! — ¡Bendito el reino que llega, el reino de nuestro padre David! — ¡ Hosanna en el cielo!" Palabra del Señor.

O bien:

+ Lectura del santo Evangelio según san Juan

12, 12-16

En aquel tiempo, al enterarse la gran muchedumbre que había llegado para la fiesta, de que Jesús se dirigía a Jerusalén, cor-taron hojas de palmera y salieron a su encuentro, gritando: —"¡Vi-va!, ¡Bendito el que viene en nombre del Señor, el rey de Israel!" Habiendo encontrado Jesús un burrito, lo montó, como está escri-to: No tengas temor, hija de Sión, mira que tu rey viene a ti monta-do en un burrito. Sus discípulos no entendieron estas cosas al principio, pero cuando Jesús fue glorificado, se acordaron de que habían sido escritas acerca de él y que ellos las habían cumplido. Palabra del Señor. Año C: + Lectura del santo Evangelio según san Lucas 19, 28-40 En aquel tiempo, Jesús, acompañado de sus discípulos, iba cami-no de Jerusalén, y al acercarse a Betfagé y a Betania, junto al monte llamado de los Olivos, envió a dos de sus discípulos, dicién-doles: — "Vayan al caserío que está frente a ustedes: al entrar, en-contrarán atado un burrito que nadie ha montado todavía. Desátenlo y tráiganlo aquí. Si alguien les pregunta por qué lo desatan, díganle: “El Señor lo necesita” Fueron y encontraron todo como el Señor les había tras desataban el burro, los dueños les preguntaron: — "¿Por qué desamarran?" Ellos contestaron: — "El Señor lo necesita". Se llevaron, pues, el burro, le echaron encima los mantos e hicieron que Jesús montara en él. Conforme iba avanzando, la gente tapizaba el camino con sus mantos, y cuando ya estaba cerca la bajada del monte de los Olivos, la multitud de discípulos, entusiasmados, se pusieron a alabar a Dios a gritos por todos los prodigios que habían visto, diciendo: — "¡Bendito el rey que viene en nombre del Señor! — ¡Paz en el cielo y gloria en las alturas!" Algunos fariseos que iban entre la gente, le dijeron: — "Maestro, reprende a tus discípulos". El les replicó:

— "Les aseguro que si se callan, gritarán las piedras". Palabra del Señor.
8. Después del Evangelio, si se cree oportuno, puede tenerse una breve homilía. Al iniciar la procesión, el celebrante u otro ministro idóneo puede hacer una exhortación con estas palabras u otras parecidas:

Queridos hermanos: Como la muchedumbre que aclamaba a Jesús, acompañemos también nosotros, con júbilo, al Señor.
9. Y se inicia la procesión hacia el templo donde va a celebrarse la misa. Si se usa el incienso, el turiferario va adelante con el incensario, en el cual habrá puesto incienso previamente; enseguida, un ministro con la cruz adornada y, a su lado, dos acólitos con velas encendidas. Sigue luego el sacerdote con los ministros y, detrás de ellos, los fieles con ramos en las manos. Al avanzar la procesión, el coro y el pueblo entonan los siguientes cánticos u otros apropiados.

Antífona I Los niños hebreos, llevando ramos de olivo, salieron al encuentro del Señor, aclamando: “Hosanna en el cielo”.
Esta antífona se puede repetir entre los versículos del Responsorio o bien del salmo 23.

Salmo 23 Del Señor es la tierra y cuanto lo llena, el orbe y todos sus habitantes: El la fundó sobre los mares, El la afianzó sobre los ríos. ¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en el recinto sacro? El hombre de manos inocentes y puro corazón, que no confía en los ídolos ni jura contra el prójimo en falso. Ese recibirá la bendición del Señor, le hará justicia el Dios de salvación. Este es el grupo que busca al Señor, que viene a tu presencia, Dios de Jacob. ¡Portones!, alzad los dinteles,

que se alcen las antiguas compuertas: va a entrar el Rey de la gloria. ¿Quién ese Rey de la gloria? El Señor, Dios de los ejércitos. El es el Rey de la gloria. Antífona II Los niños hebreos extendían mantos por el camino y aclamaban: “Hosanna al Hijo de David, bendito el que viene en nombre del Señor”. Salmo 46 Pueblos todos, batid palmas, aclamad a Dios con gritos de júbilo; porque el Señor es sublime y terrible, emperador de toda la tierra. El nos somete los pueblos y nos sojuzga las naciones; El nos escogió por heredad suya: gloria de Jacob, su amado. Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas: tocad para Dios, tocad, tocad para nuestro Rey, tocad. Porque Dios es el rey del mundo: tocad con maestría. Dios reina sobre las naciones, Dios se sienta en su trono sagrado. Los príncipes de los gentiles se reúnen con el pueblo del Dios de Abrahán; porque de Dios son los grandes de la tierra, y El es excelso.
O bien:

Himno a Cristo Rey
Pueblo:

¡Gloria, alabanza y honor! ¡Gritad Hosanna, y haceos como los niños hebreos al paso del Redentor! ¡Gloria y honor al que viene en el nombre del Señor!
Cantores:

1.

Como Jerusalén con su traje festivo, vestida de palmeras, coronada de olivos, viene la cristiandad en son de romería a inaugurar tu Pascua con himnos de alegría. Ibas como va el sol a un ocaso de gloria; cantaban ya tu muerte al cantar tu victoria. Pero tú eres el Rey, el Señor, el Dios Fuerte, la Vida que renace del fondo de la Muerte. Tú, que amas a Israel y bendices sus cantos, complácete en nosotros, el pueblo de los santos; Dios de toda bondad que acoges en tu seno cuanto hay entre los hombres sencillamente bueno.
Al entrar la procesión en la iglesia, se canta el siguiente responsorio u otro cán-tico alusivo a la entrada del Señor en Jerusalén:

2.

3.

10.

RESPONSORIO V. Al entrar el Señor en la ciudad santa, los niños hebreos, profetizaban la resurrección de Cristo, proclamando con palmas en las manos: Hosanna en el cielo. R. Hosanna en el cielo. V. Al enterarse de que Jesús llegaba a Jerusalén, el pueblo salió a su encuentro proclamando con palmas en las manos: Hosanna en el cielo. R. Hosanna en el cielo.
11. El sacerdote, al llegar al altar, hace la debida reverencia y, si lo juzga

oportu-no, lo inciensa. Luego se dirige a la sede (se quita la capa pluvial, si la usó, y se pone la casulla) y, omitida toda otra ceremonia, da fin a la procesión diciendo la oración colecta y prosigue la misa de la manera acostumbrada.

Segunda forma: Entrada solemne
12. Donde no se pueda hacer la procesión fuera de la iglesia, la entrada del Señor se celebra dentro del templo por medio de una entrada solemne, antes de la misa principal. 13. Los fieles se reúnen ante la puerta del templo, o bien, dentro del mismo tem-plo, llevando los ramos en la mano. El sacerdote, los ministros y algunos de los fieles, van a algún sitio adecuado del templo, fuera del presbiterio, en donde pueda ser vista fácilmente la ceremonia, al menos por la mayor parte de la asamblea. 14. Mientras el sacerdote se dirige al sitio indicado, se canta la antífona Hosanna al Hijo de David (n. 4), o algún otro cántico adecuado. Después se bendicen los ramos y se lee el Evangelio de la entrada del Señor en Jerusalén, como se indicó en los nn. 5-7. Después del Evangelio, el sacerdote va solemnemente hacia el presbiterio a través del templo, acompañado por los ministros y por algunos fieles, mientras se canta el responsorio “Al entrar el Señor” (n. 10), u otro cántico apropiado. 15. Al llegar al altar, el sacerdote hace la debida reverencia. Enseguida va a la sede y, omitida toda otra ceremonia, dice la colecta de la misa, que prosigue luego de la ma-nera acostumbrada.

Tercera forma: Entrada sencilla
16. En todas las demás misas de este domingo, en las que no se hace la entrada solemne, se recuerda la entrada del Señor en Jerusalén por medio de una entrada sencilla. 17. Mientras el sacerdote se dirige al altar, se canta la antífona de entrada con su salmo (n. 18), u otro cántico sobre el mismo tema. El sacerdote, al llegar al altar, hace la debida reverencia, va a la sede y saluda al pueblo. Luego sigue la misa de la manera acostumbrada. En las misas sin pueblo y en las misas en que no es posible cantar la antífona de entra-da, el sacerdote, después de llegar al altar y de haber hecho la debida reverencia, saluda al pueblo, lee la antífona de entrada y prosigue la misa de la manera acostumbrada. 18. Antífona de entrada

Seis días antes de la Pascua, cuando el Señor entró en Jerusalén, salieron los niños a su encuentro llevando en sus manos hojas de palmera y gritando:

¡Hosanna en el cielo! ¡Bendito tú, que vienes lleno de bondad y de misericordia!

Sal 23, 9-10 ¡Portones!, alzad los dinteles, que se alcen las antiguas compuertas: va a entrar el Rey de la gloria. ¿Quién ese Rey de la gloria? El Señor, Dios de los ejércitos. El es el Rey de la gloria. ¡Hosanna en el cielo! ¡Bendito tú, que vienes lleno de bondad y de misericordia!

La Misa
20. Después de la procesión o de la entrada solemne, el sacerdote comienza la misa con la oración colecta. 21.

Oración colecta

Dios todopoderoso y eterno, que has querido entregarnos como ejemplo de humildad a Cristo, nuestro salvador, hecho hombre y clavado en una cruz, concédenos vivir según las enseñanzas de su pasión, para participar con él, un día, de su gloriosa resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo. Liturgia de la palabra: – –
22. No se llevan velas ni incienso para la lectura de la Pasión del Señor, ni se hace al principio el saludo, ni se signa el libro. Proclama la lectura un diácono o, en su defecto, el sacerdote. Puede también ser hecha por lectores, aún laicos, reservando al sacerdote, si es posible, la parte correspondiente a Cristo. Solamente los diáconos piden la bendición del celebrante antes del canto de la

Pasión, como se hace antes del Evangelio. 23. Después de la lectura de la Pasión, puede tenerse, si se cree oportuno, una bre-ve homilía. Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas Que la pasión de tu Hijo, actualizada en este santo sacrificio que vamos a ofrecerte, nos alcance, Señor, de tu misericordia, el perdón que no podemos merecer por nuestras obras. Por Jesucristo, nuestro Señor.
24.

Prefacio LA PASIÓN DEL SEÑOR

V. El Señor esté con vosotros. R. y con tu espíritu. V. Levantemos el corazón. R. Lo tenemos levantado hacia el Señor. V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R. Es justo y necesario. En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo nuestro Señor. El cual siendo inocente, se dignó padecer por los pecadores y fue injustamente condenado por salvar a los culpables; con su muerte borró nuestros delitos y, resucitando, conquistó nuestra justificación. Por eso, te alabamos con todos los ángeles y te aclamamos con voces de júbilo,

diciendo sin cesar: Santo, Santo, Santo...
25.

Antífona de comunión Mt 26, 42

Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad.
26.

Oración después de la comunión

Tú que nos has alimentado con esta Eucaristía, y por medio de la muerte de tu Hijo nos das la esperanza de alcanzar lo que la fe nos promete, concédenos, Señor, llegar, por medio de su resurrección, a la meta de nuestras esperanzas. Por Jesucristo, nuestro Señor.

LUNES SANTO
Antífona de entrada Sal 34, 1-2; Sal 139, 8 Combate, Señor, a los que me combaten, ataca a los que me atacan; ponte la armadura, toma el escudo y ven en mi ayuda. Tú eres mi fortaleza y mi salvación. Oración colecta Concédenos, Señor, nueva fuerza para no sucumbir a nuestras humanas debilidades, por los méritos de la pasión de tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas Mira, Señor, con bondad, este sacrificio que tú instituiste misericordiosamente

para reparar el daño de nuestros pecados, y hazlo producir en nosotros abundantes frutos de vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de la Pasión del Señor II. Antífona de comunión Sal 101, 3

No te me ocultes, Señor, el día de mi desgracia. Escúchame con bondad, y, siempre que te invoque, respóndeme enseguida. Oración después de la comunión Quédate, Señor, con nosotros y protege con tu amor infatigable nuestros corazones santificados por esta Eucaristía, para que podamos conservar siempre las gracias que hemos recibido de tu misericordia. Por Jesucristo, nuestro Señor.

MARTES SANTO
Antífona de entrada Sal 26, 12 No me entregues, Señor, al odio de mis enemigos, pues han surgido contra mí testigos falsos, que respiran violencia. Oración colecta Dios todopoderoso y eterno, ayúdanos a celebrar los misterios de la pasión del Señor con tal fe y arrepentimiento, que podamos merecer tu perdón. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, con bondad este pan y este vino que te presentamos, y concede a cuantos quieres hacernos partícipes del Cuerpo y de la Sangre de tu Hijo, llega a poseerlo plenamente en tu Reino.

Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de la Pasión del Señor II. Antífona de comunión Rom 8, 32

Dios no escatimó la vida de su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, y con él nos ha dado todos los bienes. Oración después de la comunión Por medio de este sacramento, que ya desde ahora nos comunica tu fuerza, concédenos, Padre misericordioso, participar de la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

MIÉRCOLES SANTO
Antífona de entrada Flp 2, 10. 8. 11 Que al nombre de Jesús, todo ser viviente, en el cielo, en la tierra y en el abismo, caiga de rodillas, porque el Señor aceptó por obediencia hasta la misma muerte, y una muerte de cruz. Por esto confesamos, para gloria de Dios Padre, que Jesucristo es el Señor. Oración colecta Padre misericordioso que para librarnos del poder del enemigo, quisiste que tu Hijo sufriera por nosotros el suplicio de la cruz, concédenos alcanzar la gracia de la resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, los dones que te presentamos y concédenos la gracia de traducir en una vida de amor y de obediencia a tu voluntad, el misterio de la pasión de tu Hijo, que estamos celebrando. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de la Pasión del Señor II. Antífona de comunión Mt 20, 28

El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir, y a dar su vida para redención de todos. Oración después de la comunión Concédenos, Señor, Dios nuestro, creer profundamente que por la muerte de tu Hijo, padecida en el Calvario y anunciada en cada Eucaristía, tú nos has dado la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

JUEVES SANTO
Misa Crismal
La bendición del óleo de los enfermos, del óleo de los catecúmenos y la consagración del crisma, ordinariamente. la hace el obispo en este día, en la misa que se celebra por la mañana. Pero si la reunión del clero y el pueblo con el obispo resulta más difícil en este día, la bendición puede anticiparse a otro día, siempre cercano a la Pascua, en el que se utilizará también el formulario de esta misa. Esta misa, que el obispo concelebra con su presbiterio, debe manifestar la comunión de los presbíteros con su obispo. Es conveniente, por tanto, que todos los presbíteros, en cuanto sea posible, tomen parte en ella y reciban la comunión bajo las dos especies. Con el objeto de expresar la unidad del presbiterio de la diócesis, debe procurarse que los sacerdotes que concelebran con su obispo sean de las distintas regiones de la diócesis. En la homilía, el obispo debe exhortar a sus presbíteros a guardar la fidelidad en su ministerio e invitarlos a renovar públicamente sus promesas sacerdotales.

Ritos iniciales y liturgia de la palabra
Antífona de entrada Ap 1, 6 Jesucristo nos ha convertido en un reino, y hecho sacerdotes de Dios, su Padre. A él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.

Se dice Gloria.

Oración colecta Oh Dios, que por la unción del Espíritu Santo constituiste a tu Hijo Mesías y Señor, y a nosotros, miembros de su cuerpo, nos haces partícipes de su misma unción; ayúdanos a ser en el mundo testigos fieles de la redención que ofreces a todos los hombres. Por nuestro Señor Jesucristo.

Renovación de las promesas sacerdotales
Acabada la homilía, el obispo dialoga con los presbíteros con estas o semejantes palabras:

Obispo: Hijos amadísimos: En esta conmemoración anual del día en que Cristo confirió su sacerdocio a los apóstoles y a nosotros, ¿queréis renovar las promesas que hicisteis un día ante vuestro obispo y ante el pueblo santo de Dios?
Los presbíteros, conjuntamente, responden a la vez:

Sí, quiero. Obispo: ¿Queréis uniros más fuertemente a Cristo y configuraros con él, renunciando a vosotros mismos y reafirmando la promesa' de cumplir los sagrados deberes que, por amor a Cristo, aceptasteis gozosos el día de vuestra ordenación para el servicio de la Iglesia ? Presbíteros: Sí, quiero. Obispo: ¿Deseáis permanecer como fieles dispensadores de los misterios de Dios en la celebración eucarística y en las demás acciones litúrgicas, y desempeñar fielmente el ministerio de la predicación como seguidores de Cristo, cabeza y pastor, sin pretender los bienes temporales, sino movidos únicamente por el celo de las almas? Presbíteros:

Sí, quiero.
Seguidamente, dirigiéndose al pueblo, el obispo prosigue:

Y ahora vosotros, hijos muy queridos, orad por vuestros presbíteros, para que el Señor derrame abundantemente sobre ellos sus bendiciones: que sean ministros fieles de Cristo sumo sacerdote, y os conduzcan a él, única fuente de salvación. Pueblo: Cristo, óyenos. Cristo, escúchanos. Obispo: Y rezad también por mí, para que sea fiel al ministerio apostólico confiado a mi humilde persona y sea imagen, cada vez más viva y perfecta, de Cristo sacerdote, buen pastor, maestro y siervo de todos. Pueblo: Cristo, óyenos. Cristo, escúchanos. Obispo: El Señor nos guarde en su caridad y nos conduzca a todos, pastores y grey, a la vida eterna. Todos: Amén.
No se dice Credo ni oración de los fieles.

Liturgia eucarística
Oración sobre las ofrendas Te pedimos, Señor, que la eficacia de este sacrificio nos purifique del antiguo pecado, acreciente en nosotros la vida nueva y nos otorgue la plena salvación. Por Jesucristo nuestro Señor. Prefacio EL SACERDOCIO DE CRISTO Y EL MINISTERIO DE LOS SACERDOTES

V. El Señor esté con vosotros. R. Y con tu espíritu. V. Levantemos el corazón. R. Lo tenemos levantado hacia el Señor. V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R. Es justo y necesario. En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Que constituiste a tu único Hijo Pontífice de la Alianza nueva y eterna por la unción del Espíritu Santo, y determinaste, en tu designio salvífico, perpetuar en la Iglesia su único sacerdocio. Él no sólo confiere el honor del sacerdocio real a todo su pueblo santo, sino también, con amor de hermano, elige a hombres de este pueblo, para que, por la imposición de las manos, participen de su sagrada misión. Ellos renuevan en nombre de Cristo el sacrificio de la redención, preparan a tus hijos el banquete pascual, presiden a tu pueblo santo en el amor, lo alimentan con tu palabra y lo fortalecen con los sacramentos. Tus sacerdotes, Señor, al entregar su vida por ti y por la salvación de los hermanos, van configurándose a Cristo, y han de darte así testimonio constante de fidelidad y amor. Por eso, nosotros, Señor, con los ángeles y los santos cantamos tu gloria diciendo: Santo, Santo, Santo … Antífona de comunión Sal 88, 2

Cantaré eternamente las misericordias del Señor, anunciaré tu fidelidad por todas las edades.

Oración después de la comunión Concédenos, Dios todopoderoso, que quienes han participado en tus sacramentos sean en el mundo buen olor de Cristo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

SANTO TRIDUO PASCUAL
Jueves santo
Misa vespertina de la Cena del Señor

Viernes Santo
Celebración de la Pasión del Señor

Vigilia Pascual Tiempo pascual

Misa vespertina de la Cena del Señor
Según una antiquísima tradición de la Iglesia, en este día se prohíben todas las misas sin asistencia del pueblo. En la tarde, a la hora más oportuna, se celebra la misa de la Cena del Señor, con la participación de toda la comunidad local y con la intervención, según su propio oficio, de todos los sacerdotes y ministros. Los sacerdotes que hayan celebrado ya en la misa del Santo Crisma o por alguna razón pastoral, pueden concelebrar en la misa vespertina. Donde lo pida el bien de la comuni-dad, el Ordinario del lugar puede permitir que se celebre otra misa en la tarde en tem-plos u oratorios públicos o semipúblicos; y en caso de verdadera necesidad, aun en la mañana, pero solamente en favor de los fieles que de ninguna manera puedan asistir a la misa de la tarde. Téngase cuidado, sin embargo, de que estas celebraciones no se hagan en provecho de personas particulares y de que no sean en perjuicio de la asisten-cia a la misa vespertina principal. La sagrada comunión se puede distribuir a los fieles sólo dentro de la misa; pero a los enfermos se les puede llevar a cualquier hora del día. Los fieles que hayan comulgado en la mañana en la misa del Santo Crisma, pueden comulgar de nuevo en la misa de la tarde.

Ritos iniciales y liturgia de la palabra
1. El sagrario debe estar completamente vacío. Conságrense en esta misa suficien-tes hostias, de modo que alcancen para la comunión del clero y del pueblo, hoy y mañana.

2.

Antífona de entrada

Cf.. Gal 6, 14

Que nuestro único orgullo sea la cruz de nuestro Señor Jesucristo, porque en él tenemos la salvación, la vida y la resurrección, y por él hemos sido salvados y redimidos.
3. Se dice Gloria. Mientras se canta este himno, se tocan las campanas. Termina-do el canto, las campanas no vuelven a tocarse hasta la Vigilia Pascual, a no ser que la Conferencia Episcopal o el Ordinario dispongan otra cosa.

4. Oración colecta

Señor Dios nuestro, nos has convocado hoy (esta tarde) para celebrar aquella misma memorable Cena en la que tu Hijo, antes de entregarse a la muerte, confió a la Iglesia el banquete de su amor, el sacrificio nuevo de la alianza eterna; te pedimos que la celebración de estos santos misterios por la participación en este sacramento, nos lleve a alcanzar plenitud de amor y de vida. Por nuestro Señor Jesucristo.
5. En la homilía se exponen los grandes hechos que se recuerdan en esta misa, es decir la institución de la Sagrada Eucaristía y del Orden Sacerdotal y el mandato del Señor sobre la caridad fraterna. Después de la homilía, donde lo aconseje el bien pasto-ral, se lleva a cabo el lavatorio de los pies.

Lavatorio de los pies
6. Los varones designados para el rito van, acompañados por los ministros, a ocu-par los asientos preparados para ellos en un lugar visible. El sacerdote, quitada la casulla si es necesario, se acerca a cada una de las personas designadas y, con la ayuda de los ministros, les lava los pies y se los seca. 7. Mientras tanto, se canta alguna de las siguientes antífonas o algún otro canto apropiado.

Antífona primera

Cf. Jn 13, 4. 5. 15

El Señor se levantó de la mesa, echó agua en un recipiente y se puso a lavar los pies de sus discípulos para darles ejemplo. Antífona segunda Jn 13, 6. 7. 8

Señor, ¿pretendes tú lavarme a mí los pies? Jesús le respondió: Si no

te lavo los pies, no tendrás nada que ver conmigo. V. Fue Jesús hacia Simón Pedro y éste le dijo: —Señor, ¿pretendes tú lavarme a mí los pies?... V. Lo que yo estoy haciendo, tú no lo entiendes ahora; lo entenderás más tarde. —Señor, ¿pretendes tú lavarme a mí los pies?... Antífona tercera Cf. Jn 13, 14

Si yo, que soy el maestro y el Señor, os he lavado los pies, ¡con cuánta mayor razón vosotros debéis lavaros los pies unos a otros! Antífona cuarta Jn 13, 35

En esto reconocerán todos que sois mis discípulos: en que os améis los unos a los otros. V. Jesús dice a sus discípulos: —En esto reconocerán todos... Antífona quinta Jn 13, 34

Este nuevo mandamiento os doy: que os améis los unos a los otros, como yo os he amado, dice el Señor. Antífona sexta 1 Cor 13, 13

Que permanezcan en vosotros la fe, la esperanza y el amor; pero la mayor de estas tres virtudes es el amor. V. Ahora tenemos la fe, la esperanza y el amor; pero la mayor de estas tres virtudes es el amor. —Que permanezcan...
8. Inmediatamente después del lavatorio de los pies o, si éste no tuvo lugar, des-pués de la homilía, se hace la Oración universal. No se dice Credo.

Liturgia eucarística
9. Al comienzo de la Liturgia Eucarística, puede organizarse una procesión de los fieles, en la que se lleven dones para los pobres. Mientras tanto, se canta el Ubi cáritas est vera (A Dios siempre lo encontramos donde hay amor) u otro cántico apropiado.

Oración sobre las ofrendas Concédenos, Señor, participar dignamente en esta Eucaristía, porque cada vez que celebramos el memorial de la muerte de tu Hijo,

se realiza la obra de nuestra redención. Por Jesucristo, nuestro Señor.
10. Prefacio I de la Santísima Eucaristía

EL SACRIFICIO Y EL SACRAMENTO DE CRISTO V. El Señor esté con vosotros. R. Y con tu espíritu. V. Levantemos el corazón. R. Lo tenemos levantado hacia el Señor. V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R. Es justo y necesario. En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro, verdadero y único sacerdote. El cual, al instituir el sacrificio de la eterna alianza, se ofreció a sí mismo como víctima de salvación, y nos mandó perpetuar esta ofrenda en conmemoración suya. Su carne, inmolada por nosotros, es alimento que nos fortalece; su sangre, derramada por nosotros, es bebida que nos purifica. Por eso, con los ángeles y los arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo...
Cuando se utiliza el Canon romano, se dicen Reunidos en comunión, Acepta, Señor, en tu bondad, y El cual, la víspera de su pasión propios:

El sacerdote, con las manos extendidas, dice:

Padre misericordioso, te pedimos humildemente por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor,
Junta las manos y dice:

que aceptes y bendigas
traza una sola vez el signo de la cruz sobre el pan y el vino conjuntamente, diciendo:

estos dones, este sacrificio santo y puro que te ofrecemos,
con las manos extendidas prosigue:

ante todo, por tu Iglesia santa y católica, para que le concedas la paz, la protejas, la congregues en la unidad y la gobiernes en el mundo entero, con tu servidor el Papa N., con nuestro Obispo N. ,

El Obispo, cuando celebra en su diócesis, dice:

conmigo, indigno siervo tuyo,
Cuando celebra un Obispo que no es el ordinario diocesano, dice:

con mi hermano N., Obispo de esta Iglesia de N., conmigo, indigno siervo tuyo,

y todos los demás Obispos que, fieles a la verdad, promueven la fe católica y apostólica. Acuérdate, Señor, de tus hijos N. y N.
Puede decir los nombres de aquellos por quienes tiene intención de orar, o bien junta las manos y ora por ellos unos momentos. Después, con las manos extendidas, prosigue:

y de todos los aquí reunidos, cuya fe y entrega bien conoces;

por ellos y todos los suyos, por el perdón de sus pecados y la salvación que esperan, te ofrecemos, y ellos mismos te ofrecen, este sacrificio de alabanza, a ti, eterno Dios, vivo y verdadero. Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar el día santo en que nuestro Señor Jesucristo fue entregado por nosotros, veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; la de su esposo, san José; la de los santos apóstoles y mártires Pedro y Pablo, Andrés, [Santiago y Juan, Tomás, Santiago, Felipe, Bartolomé, Mateo, Simón y Tadeo: Lino, Cleto, Clemente, Sixto, Cornelio, Cipriano, Lorenzo, Crisógono, Juan y Pablo, Cosme y Damián,] y la de todos los santos; por sus méritos y oraciones concédenos en todo tu protección. [Por Cristo, nuestro Señor. Amén].
Con las manos extendidas, prosigue:

Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus siervos y de toda tu familia santa, que te presentamos en el día mismo en que nuestro Señor Jesucristo encomendó a sus discípulos la celebración del sacramento de su Cuerpo y de su Sangre; ordena en tu paz nuestros días, líbranos de la condenación eterna y cuéntanos entre tus elegidos.

Junta las manos.

[Por Cristo, nuestro Señor. Amén].
Extendiendo las manos sobre las ofrendas, dice:

Bendice y santifica, oh Padre, esta ofrenda, haciéndola perfecta, espiritual y digna de ti, de manera que sea para nosotros Cuerpo y Sangre de tu Hijo amado, Jesucristo, nuestro Señor.
Junta las manos. En las fórmulas que siguen, las palabras del Señor han de pronunciarse con claridad, como lo requiere la naturaleza de éstas.

El cual, hoy, la víspera de padecer por nuestra salvación y la de todos los hombres,
Toma el pan y sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:

tomó el pan en sus santas y venerables manos,
eleva los ojos

y, elevando los ojos al cielo, hacia ti, Dios Padre suyo todopoderoso, dando gracias, te bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:
se inclina un poco

TOMAD Y COMED TODOS DE ÉL, PORQUE ESTO ES MI CUERPO, QUE SERÁ ENTREGADO POR VOSOTROS.
Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora ha-ciendo genuflexión. Lo restante como en el Canon romano: Del mismo modo. 11. Antífona de comunión

1 Cor 11, 24. 25

Este es mi Cuerpo, que se da por vosotros. Este cáliz es la nueva alianza establecida por mi Sangre; cuantas veces lo bebiereis, hacedlo

en memoria mía, dice el Señor.
12. Después de distribuir la comunión, se deja sobre el altar un copón con hostias para la comunión del día siguiente, y se termina la misa con esta oración. 13. Oración después de la comunión

Señor, tú que nos permites disfrutar en esta vida de la Cena instituida por tu Hijo, concédenos participar también del banquete celestial en tu Reino. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Traslación del Santísimo Sacramento
14. Dicha la oración después de la Comunión, el sacerdote, de pie ante el altar, pone incienso en el incensario y, arrodillado, inciensa tres veces al Santísimo Sacramento. Enseguida recibe el paño de hombros, toma en sus manos el copón y lo cubre con las extremidades del paño. 15. Se forma entonces la procesión para llevar al Santísimo Sacramento a través del templo, hasta el sitio donde se le va a guardar. Va adelante un acólito con la cruz alta; otros acólitos acompañan al Santísimo Sacramento con ciriales e incienso. El lu-gar de depósito debe estar preparado en alguna capilla convenientemente adornada. Du-rante la procesión, se canta el himno Pange lengua, en castellano: Que la lengua humana (excepto las dos últimas estrofas) o algún otro canto eucarístico. 16. Al llegar la procesión al lugar donde va a depositarse el Santísimo Sacramen-to, el sacerdote deposita el copón y, poniendo de nuevo incienso en el incensario, lo inciensa arrodillado, mientras se canta la parte final del himno Tantum ergo, en castellano: Adorad, postrados. Ensegui-da se cierra el tabernáculo o la urna del depósito. 17. Después de unos momentos de adoración en silencio, el sacerdote y los minis-tros hacen genuflexión y vuelven a la sacristía. 18. Enseguida se desnuda el altar y, si es posible, se quitan del templo las cruces. Si algunas no se pueden quitar, es conveniente que queden cubiertas con un velo. 19. Quienes asistieron a la misa vespertina no están obligados a rezar Vísperas.

20. Exhórtese a los fieles, según las circunstancias y costumbres del lugar, a dedi-car alguna parte de su tiempo, en la noche, a la adoración delante del Santísimo Sacra-mento. Esta adoración, después de la media noche, hágase sin solemnidad.

VIERNES SANTO
Celebración de la Pasión del Señor
1. El día de hoy y el de mañana, por una antiquísima tradición, la Iglesia omite por completo la celebración del sacrificio eucarístico. 2. El altar debe estar desnudo por completo: sin cruz, sin candelabros y sin manteles. 3. Después del mediodía, alrededor de las tres de la tarde, a no ser que por razón pastoral se elija una hora más avanzada, se celebra la Pasión del Señor, que consta de tres partes: , Adoración de la Cruz y Sagrada Comunión. En este día la sagrada comunión se distribuye a los fieles únicamente dentro de la cele-bración de la Pasión del Señor; pero a los enfermos que no puedan tomar parte en esta celebración, se les puede llevar a cualquier hora del día. 4. El sacerdote y el diácono, revestidos de color rojo como para la misa, se dirigen al altar, y hecha la debida reverencia, se postran rostro en tierra o, si se juzga mejor, se arrodillan, y todos oran en silencio durante algún espacio de tiempo. 5. Después el sacerdote, con los ministros, se dirige a la sede, donde, vuelto hacia el pueblo, con las manos juntas, dice una de las siguientes oraciones:

Oración
No se dice: Oremos

Padre nuestro misericordioso, santifica y protege siempre a esta familia tuya, por cuya salvación derramó su Sangre y resucitó glorioso Jesucristo, tu Hijo. El cual vive y reina por los siglos de los siglos. R. Amén.
O bien:

Tú que con la Pasión de Cristo, Hijo tuyo y Señor nuestro, nos libraste de la muerte, que heredamos todos a consecuencia del primer pecado, concédenos, Señor, a cuantos por nacimiento somos pecadores, asemejarnos plenamente, por tu gracia, a Jesucristo, que vive y reina contigo por los siglos de los siglos.

R. Amén.

Primera parte: Liturgia de la palabra
6. Luego todos se sientan y se hace la primera lectura, tomada del profeta Isaías (52, 13-53, 12 ), con su salmo. 7. A continuación se hace la segunda lectura, tomada de la carta a los Hebreos (4, 14-16; 5, 7-9), con el canto antes del Evangelio. 8. Finalmente se lee la Pasión del Señor según san Juan (18, 1-19, 42), del mismo modo que el domingo precedente. 9. Después de la lectura de la Pasión, se tiene, si parece oportuno, una breve ho-milía, después de la cual el sacerdote puede exhortar a los fieles a orar durante un breve espacio de tiempo.

Oración universal
10. La Liturgia de la Palabra se termina con la Oración Universal, que se hace de esta manera: el diácono, junto al ambón, dice el invitatorio, en el cual se expresa la intención. Enseguida oran todos en silencio durante un breve espacio de tiempo y luego el sacerdote, de pie junto a la sede o ante el altar, dice la oración con las manos extendi-das. Los fieles pueden permanecer arrodillados o de pie durante todo el tiempo de las oraciones. 11. Las Conferencias Episcopales pueden aprobar algunas aclamaciones del pue-blo antes de cada oración del sacerdote o disponer que se conserve la invitación tradi-cional del diácono: Pongámonos de rodillas, Pueden levantarse y la costumbre de que los fieles se arrodillen en silencio durante la oración. 12. Cuando hay una grave necesidad pública, el Ordinario del lugar puede permi-tir o prescribir que se añada alguna intención especial. 13. De las oraciones que se presentan en el Misal, el sacerdote puede escoger las que sean más apropiadas para las circunstancias del lugar, cuidando, sin embargo, de que se conserve la serie de intenciones establecidas para la Oración Universal. (Cf. Instruc-ción General del Misal Romano, n. 46).

I. Por la santa Iglesia Oremos, hermanos, por la santa Iglesia de Dios, para que el Señor le conceda la paz y la unidad, la proteja en todo el mundo y nos conceda una vida serena, para alabar a Dios Padre todopoderoso.
Se ora un momento en silencio. Luego prosigue el sacerdote:

Dios todopoderoso y eterno, que en Cristo revelaste tu gloria a todas las naciones, conserva la obra de tu amor, para que tu Iglesia, extendida por todo el mundo, persevere con fe inquebrantable en la confesión de tu nombre. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén. II. Por el Papa Oremos también por nuestro santo padre el Papa N., para que Dios nuestro Señor, que lo eligió entre los obispos, lo asista y proteja para bien de su Iglesia, como guía y pastor del pueblo santo de Dios.
Se ora un momento en silencio. Luego prosigue el sacerdote:

Dios todopoderoso y eterno, cuya providencia gobierna todas las cosas, atiende a nuestras súplicas y protege con tu amor al Papa que nos has elegido, para que el pueblo cristiano, confiado por ti a su guía pastoral, progrese siempre en la fe. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén. III. Por el pueblo de Dios y sus ministros. Oremos también por nuestro obispo N., por todos los obispos, presbíteros, diáconos, por todos los que ejercen algún ministerio en la Iglesia y por todo el pueblo de Dios.
Se ora un momento en silencio. Luego prosigue el sacerdote:

Dios todopoderoso y eterno, que con tu Espíritu santificas y gobiernas a toda tu Iglesia, escucha nuestras súplicas

y concédenos tu gracia, para que todos, según nuestra vocación, podamos servirte con fidelidad. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén. IV. Por los catecúmenos. Oremos también por los (nuestros) catecúmenos, para que Dios nuestro Señor los ilumine interiormente y les comunique su amor; y para que, mediante el bautismo, se les perdonen todos sus pecados y queden incorporados a Cristo nuestro Señor.
Se ora un momento en silencio. Luego prosigue el sacerdote:

Luego prosigue el sacerdote: Dios todopoderoso y eterno, que sin cesar concedes nuevos hijos a tu Iglesia, aumenta en los (nuestros) catecúmenos el conocimiento de su fe, para que puedan renacer por el bautismo a la vida nueva de tus hijos de adopción. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén. V. Por la unidad de los cristianos. Oremos también por todos los hermanos que creen en Cristo, para que Dios nuestro Señor les conceda vivir sinceramente lo que profesan y se digne reunirlos para siempre en un solo rebaño, bajo un solo pastor.
Se ora un momento en silencio. Luego prosigue el sacerdote:

Dios todopoderoso y eterno, tú que reúnes a los que están dispersos y los mantienes en la unidad, mira con amor a todos los cristianos, a fin de que, cuantos están consagrados por un solo bautismo,

formen una sola familia, unida por el amor y la integridad de la fe. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén. VI. Por los judíos. Oremos también por el pueblo judío, al que Dios se dignó hablar por medio de los profetas, para que el Señor le conceda progresar continuamente en el amor a su nombre y en la fidelidad a su alianza.
Se ora un momento en silencio. Luego prosigue el sacerdote:

Dios todopoderoso y eterno, que prometiste llenar de bendiciones a Abraham y a su descendencia, escucha las súplicas de tu Iglesia, y concede al pueblo de la primitiva alianza alcanzar la plenitud de la redención. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén. VII. Por los que no creen en Cristo. Oremos también por los que no creen en Cristo, para que, iluminados por el Espíritu Santo, puedan encontrar el camino de la salvación.
Se ora un momento en silencio. Luego prosigue el sacerdote:

Dios todopoderoso y eterno, concede a quienes no creen en Cristo buscar sinceramente agradarte, para que encuentren la verdad; y a nosotros tus fieles, concédenos progresar en el amor fraterno y en el deseo de conocerte más, para dar al mundo un testimonio creíble de tu amor. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén.

VIII. Por los que no creen en Dios. Oremos también por los que no conocen a Dios, para que obren siempre con bondad y rectitud y puedan llegar así a conocer a Dios.
Se ora un momento en silencio. Luego prosigue el sacerdote:

Dios todopoderoso y eterno, que has hecho a los hombres en tal forma que en todo, aun sin saberlo, te busquen y sólo al encontrarte hallen descanso, concédenos que, en medio de las adversidades de este mundo, todos reconozcan las señales de tu amor y, estimulados por el testimonio de nuestra vida, tengan por fin la alegría de creer en ti, único Dios verdadero y Padre de todos los hombres. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén. IX. Por los gobernantes. Oremos también por los jefes de Estado y todos los responsables de los asuntos públicos, para que Dios nuestro Señor les inspire decisiones que promuevan el bien común, en un ambiente de paz y libertad.
Se ora un momento en silencio. Luego prosigue el sacerdote:

Dios todopoderoso y eterno, en cuya mano está mover el corazón de los hombres y defender los derechos de los pueblos, mira con bondad a nuestros gobernantes, para que, con tu ayuda, promuevan una paz duradera, un auténtico progreso social y una verdadera libertad religiosa. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén. X. Por los que se encuentran en alguna tribulación.

Oremos, hermanos, a Dios Padre todopoderoso, para que libre al mundo de todas sus miserias, dé salud a los enfermos y pan a los que tienen hambre, libere a los encarcelados y haga justicia a los oprimidos, conceda seguridad a los que viajan, un pronto retorno a los que se encuentran lejos del hogar y la vida eterna a los moribundos.
Se ora un momento en silencio. Luego prosigue el sacerdote:

Dios todopoderoso y eterno, consuelo de los afligidos y fortaleza de los que sufren, escucha a los que te invocan en su tribulación, para que experimenten todos la alegría de tu misericordia. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén.

Segunda parte: Adoración de la santa Cruz
14. Terminada la oración universal, se hace la adoración solemne de la santa Cruz. De las dos formas que se proponen a continuación para el descubrimiento de la cruz, elíjase la que se juzgue más apropiada pastoralmente, de acuerdo con las circunstancias.

Primera forma de mostrar la santa Cruz
15. Se lleva al altar la cruz, cubierta con un velo y acompañada por dos acólitos con velas encendidas. El sacerdote, de pie ante el altar, recibe la cruz, descubre un poco su extremo superior, la eleva y comienza a cantar el invitatorio Mirad el árbol de la Cruz, cuyo canto prosi-gue juntamente con los ministros sagrados, o, si es necesario, con el coro. Todos res-ponden: Venid a adorarlo. Terminado el canto, todos se arrodillan y adoran en silencio, durante algunos instan-tes, la cruz que el sacerdote, de pie, mantiene en alto. Enseguida el sacerdote descubre el brazo derecho de la cruz y, elevándola de nuevo, comienza a cantar (en el mismo tono que antes) el invitatorio Mirad el árbol de la Cruz, y se prosigue como la primera vez. Finalmente descubre por completo la cruz y, volviéndola a elevar, comienza por tercera vez el invitatorio Mirad el árbol de la Cruz, etc., como la primera vez. 16. Enseguida, acompañado por dos acólitos con velas encendidas, el sacerdote lleva la cruz a la entrada del presbiterio o a otro sitio adecuado y la coloca ahí, o la entrega a los ministros o acólitos para que la sostengan, y se colocan las dos velas en-cendidas a los lados de la cruz.

Se hace luego la adoración de la santa Cruz como se indica más abajo, en el número 18.

Segunda forma de mostrar la santa Cruz
17. El sacerdote, el diácono u otro ministro idóneo, va a la puerta del templo jun-tamente con los acólitos. Ahí recibe la cruz ya descubierta. Los acólitos toman los ciriales encendidos, y todos avanzan en forma de procesión hacia el presbiterio a través del templo. Cerca de la puerta del templo, el que lleva la cruz la levanta y canta el invitatorio Mirad el árbol de la Cruz. Todos responden Venid y adoremos y se arrodillan después de la respuesta, adorando un momento en silencio. Esto mismo se repite a la mitad de la igle-sia y a la entrada del presbiterio. (El invitatorio se canta las tres veces en el mismo tono). Después se coloca la cruz a la entrada del presbiterio y se ponen a sus lados los ciria-les, como se indica en el número 16.

Adoración de la santa Cruz
18. El sacerdote, el clero y los fieles se acercan procesionalmente y adoran la cruz, haciendo delante de ella una genuflexión simple o algún otro signo de veneración (co-mo el de besarla), según la costumbre de la región. Mientras tanto, se canta la antífona Tu Cruz adoramos, los Improperios, u otros cánti-cos apropiados. Todos, conforme van terminando de adorar la cruz, regresan a su lu-gar y se sientan. 19. Expóngase solamente una cruz a la adoración de los fieles. Si por el gran nú-mero de asistentes no todos pudieren acercarse, el sacerdote, después de que una parte de los fieles haya hecho la adoración, toma la cruz y, de pie ante el altar, invita a todo el pueblo, con breves palabras, a adorar la santa Cruz. Luego la levanta en alto por un momento, para que los fieles la adoren en silencio. 20. Terminada la adoración, la cruz es llevada al altar y puesta en su lugar. Los ciriales encendidos son colocados a los lados del altar o junto a la cruz.

Cantos para la adoración de la santa Cruz
Las partes que corresponden al primer coro se indican con el número 1; las que corresponden al segundo, con el número 2; las que deben cantar conjuntamente los dos coros se indican con los números 1 y 2.

Antífona 1 y 2. Antífona Tu cruz adoramos, Señor,

y tu santa resurrección alabamos y glorificamos. Por el madero ha venido la alegría al mundo entero. 1. Salmo 66, 2 El Señor tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros y tenga piedad. 1 y 2. Antífona Tu cruz adoramos, Señor, y tu santa resurrección alabamos y glorificamos. Por el madero ha venido la alegría al mundo entero. Improperios I 1 y 2. ¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho, en qué te he ofendido ? Respóndeme. 1. Yo te saqué de Egipto; tú preparaste una cruz para tu Salvador. 2. ¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho, en qué te he ofendido? Respóndeme. 1. Hágios o Theós. 2. Santo es Dios. 1. Hágios Ischyrós. 2. Santo y fuerte. 1. Hágios Athánatos, eléison himás. 2. Santo e inmortal, ten piedad de nosotros. 1 y 2. Yo te guié cuarenta años por el desierto,

te alimenté con el maná, te introduje en una tierra excelente; tú preparaste una cruz para tu Salvador. 1. Hágios o Theós. 2. Santo es Dios. 1. Hágios Ischyrós. 2. Santo y fuerte. 1. Hágios Athánatos, eléison himás. 2. Santo e inmortal, ten piedad de nosotros. 1 y 2. ¿Qué más pude hacer por ti? Yo te planté como viña mía, escogida y hermosa. ¡Qué amarga te has vuelto conmigo! Para mi sed me diste vinagre, con la lanza traspasaste el costado a tu Salvador. 1. Hágios o Theós. 2. Santo es Dios. 1. Hágios Ischyrós. 2. Santo y fuerte. 1. Hágios Athánatos, eléison himás. 2. Santo e inmortal, ten piedad de nosotros. II 1. Yo por ti azoté a Egipto y a sus primogénitos; tú me entregaste para que me azotaran. 2. ¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho, en qué te he ofendido? Respóndeme. 1. Yo te saqué de Egipto, sumergiendo al Faraón en el mar Rojo; tú me entregaste a los sumos sacerdotes. 2. ¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho,

en qué te he ofendido? Respóndeme. 1. Yo abrí el mar delante de ti; tú con la lanza abriste mi costado. 2. ¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho, en qué te he ofendido? Respóndeme. 1. Yo te guiaba con una columna de nubes; tú me guiaste al pretorio de Pilato. 2. ¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho, en qué te he ofendido? Respóndeme. 1. Yo te sustenté con maná en el desierto; tú me abofeteaste y me azotaste. 2. ¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho, en qué te he ofendido? Respóndeme. 1. Yo te di a beber el agua salvadora que brotó de la peña; tú me diste a beber hiel y vinagre. 2. ¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho, en qué te he ofendido? Respóndeme. 1. Yo por ti herí a los reyes cananeos; tú me heriste la cabeza con la caña. 2 .¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho, en qué te he ofendido? Respóndeme. 1. Yo te di un cetro real; tú me pusiste una corona de espinas. 2. ¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho,

en qué te he ofendido? Respóndeme. 1. Yo te levanté con gran poder; tú me colgaste del patíbulo de la cruz. 2. ¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho, en qué te he ofendido? Respóndeme. Himno 1 y 2. Antífona ¡Oh cruz fiel, árbol único en nobleza! Jamás el bosque dio mejor tributo en hoja, en flor y en fruto. ¡Dulces clavos! ¡Dulce árbol donde la Vida empieza con un peso tan dulce en su corteza! 1. Himno

Cantemos la nobleza de esta guerra, el triunfo de la sangre y del madero, y un Redentor, que en trance de Cordero, sacrificado en cruz, salvó la tierra. 2. ¡Oh cruz fiel, árbol único en nobleza! Jamás el bosque dio mejor tributo en hoja, en flor y en fruto. 1. Dolido mi Señor por el fracaso de Adán, que mordió muerte en la manzana, otro árbol señaló, de flor humana, que reparase el daño paso a paso. 2. ¡Dulces clavos! ¡Dulce árbol donde la Vida empieza con un peso tan dulce en su corteza! 1. Y así dijo el Señor: ¡Vuelva la Vida y que Amor redima la condena! La gracia está en el fondo de la pena y la salud naciendo de la herida. 2. ¡Oh cruz fiel, árbol único en nobleza!

Jamás el bosque dio mejor tributo en hoja, en flor y en fruto. 1. ¡Oh plenitud del tiempo consumado! Del seno de Dios Padre en que vivía, ved la Palabra entrando por María en el misterio mismo del pecado. 2. ¡Dulces clavos! ¡Dulce árbol donde la Vida empieza con un peso tan dulce en su corteza! 1. ¿Quién vio en más estrechez gloria más plena y a Dios como el menor de los humanos? Llorando en el pesebre, pies y manos le faja una doncella nazarena. 2. ¡Oh cruz fiel, árbol único en nobleza! Jamás el bosque dio mejor tributo en hoja, en flor y en fruto. 1. En plenitud de vida y de sendero, dio el paso hacia la muerte porque él quiso. Mirad de par en par el paraíso abierto por la fuerza de un Cordero. 2. ¡Dulces clavos! ¡Dulce árbol donde la Vida empieza con un peso tan dulce en su corteza! 1. Vinagre y sed la boca, apenas gime; y al golpe de los clavos y lanza, un mar de sangre fluye, inunda, avanza por tierra, mar y cielo y los redime. 2. ¡Oh cruz fiel, árbol único en nobleza! Jamás el bosque dio mejor tributo en hoja, en flor y en fruto. 1. Ablándate, madero, tronco abrupto de duro corazón y fibra inerte; doblégate a este peso y esta muerte que cuelga de tus ramas como un fruto. 2. ¡Dulces clavos! ¡Dulce árbol donde la Vida empieza

con un peso tan dulce en su corteza! 1. Tú sólo entre los árboles, crecido para tender a Cristo en tu regazo; tú el arca que nos salva, tú el abrazo de Dios con los verdugos del Ungido. 2. ¡Oh cruz fiel, árbol único en nobleza! Jamás el bosque dio mejor tributo en hoja, en flor y en fruto.
Esta conclusión no debe omitirse:

1 y 2. Al Dios de los designios de la historia, que es Padre, Hijo y Espíritu, alabanza; al que en cruz devuelve la esperanza de toda salvación, honor y gloria. Amén.

Tercera Parte: Sagrada comunión
21. Se extiende un mantel sobre el altar y se pone sobre él un corporal y el libro. Enseguida el diácono o, en su defecto, el mismo sacerdote, trae el Santísimo Sacramen-to del lugar del depósito directamente al altar, mientras todos permanecen de pie y en silencio. Dos acólitos, con candelabros encendidos, acompañan al Santísimo Sacramento y depositan luego los candelabros a los lados del altar o sobre él. 22. Después de que el diácono ha depositado el Santísimo Sacramento sobre el altar y ha descubierto el copón, se acerca el sacerdote y, previa genuflexión, sube al altar. Ahí, teniendo las manos juntas, dice con voz clara:

Fieles a la recomendación del Salvador, y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:
El sacerdote, con las manos extendidas, dice junto con el pueblo:

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación,

y líbranos del mal.
El sacerdote, con las manos extendidas, prosigue él solo en voz alta:

Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
Junta las manos. El pueblo concluye la oración, aclamando:

Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria por siempre, Señor.
23. A continuación el sacerdote, con las manos juntas, dice en secreto:

Señor Jesucristo, la comunión de tu Cuerpo no sea para mí un motivo de juicio y condenación, sino que, por tu piedad, me aproveche para defensa de alma y cuerpo y como remedio saludable.
24. Seguidamente hace genuflexión, toma una partícula, la mantiene un poco ele-vada sobre el pixis y dice en voz alta, de cara al pueblo:

Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.
Y, juntamente con el pueblo, añade una sola vez:

Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.
Luego, comulga reverentemente el Cuerpo de Cristo. 25. Después distribuye la comunión a los fieles. Durante la comunión se pueden entonar cantos apropiados. 26. Acabada la comunión, un ministro idóneo lleva el pixis a algún lugar especial-mente preparado fuera de la iglesia, o bien, silo exigen las circunstancias,

lo reserva en el sagrario. 27. Después el sacerdote, guardado si lo cree oportuno un breve silencio, dice la siguiente oración:

Oración después de la comunión Oremos. Dios todopoderoso y eterno, que nos has redimido con la gloriosa muerte y resurrección de Jesucristo, por medio de nuestra participación en este sacramento prosigue en nosotros la obra de tu amor y ayúdanos a vivir entregados siempre a tu servicio. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén.
28. Como despedida, el sacerdote, de pie y vuelto hacia el pueblo, extendiendo las manos sobre él, dice la siguiente oración:

Oración sobre el pueblo Envía Señor, tu bendición sobre estos fieles tuyos que han conmemorado la muerte de tu Hijo y esperan resucitar con él; concédeles tu perdón y tu consuelo, fortalece su fe y condúcelos a su eterna salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén.
Y todos se retiran en silencio. A su debido tiempo se desnuda el altar. 29. Los que asistieron a esta solemne acción litúrgica de la tarde, no están obliga-dos a rezar Vísperas.

TIEMPO PASCUAL
Vigilia Pascual Tiempo Pascual

DOMINGO DE PASCUA

DE LA RESURRECCION DEL SEÑOR
En la noche santa Vigilia pascual
1. Según una tradición muy antigua, ésta es una noche de vigilia en honor del Se-ñor (Ex 12, 42). Los fieles, llevando en la mano —según la exhortación evangélica (Lc 12, 35 ss)— lámparas encendidas, se asemejan a quienes esperan el regreso de su Señor para que, cuando él vuelva, los encuentre vigilantes y los haga sentar a su mesa. 2. La celebración de la Vigilia se desarrolla de la siguiente manera: después de la breve liturgia de la luz o "lucernario" (primera parte de la Vigilia), la santa Iglesia, llena de fe en las palabras y promesas del Señor, medita los portentos que él obró desde el principio en favor de su pueblo (segunda parte o liturgia de la palabra) y cuando el día de la resurrección está por llegar, encontrándose ya acompañada de sus nuevos hi-jos, renacidos en el bautismo (tercera parte), es invitada a la mesa que el Señor ha pre-parado para su pueblo, por medio de su muerte y resurrección (cuarta parte). 3. Toda la celebración de la Vigilia pascual se hace en la noche, de modo que no debe comenzar antes del principio de la noche del sábado, ni terminar después del alba del domingo. 4. La misa de la Vigilia, aunque se celebre antes de la medianoche, es ya la misa pascual del Domingo de Resurrección. Los fieles que participan en la misa de la Vigilia pueden comulgar también en la misa diurna de la Pascua. 5. El sacerdote que celebra o concelebra la misa de la Vigilia, puede también cele-brar o concelebrar la misa diurna de la Pascua. 6. El sacerdote y los ministros se revisten desde el principio con los ornamentos blancos de la misa. Prepárense suficientes velas para todos los fieles que participen en la Vigilia.

Primera parte: Lucernario o solemne comienzo de la Vigilia
Bendición del fuego y preparación del cirio
7. Se apagan todas las luces de la iglesia. En un lugar adecuado, fuera de la iglesia, se enciende el fuego.

Congregado allí el pue-blo, llega el sacerdote con los ministros. Uno de los ministros lleva el cirio pascual. Si las circunstancias no permiten encender el fuego fuera de la iglesia, todo este rito se desarrolla como se indica en el número 13. 8. El sacerdote saluda, como de costumbre, al pueblo congregado y le hace una breve exhortación, con estas palabras u otras semejantes:

Hermanos: En esta noche santa, en que nuestro Señor Jesucristo pasó de la muerte a la vida, la Iglesia invita a todos sus hijos, diseminados por el mundo, a que se reúnan para velar en oración. Conmemoremos, pues, juntos, la Pascua del Señor, escuchando su palabra y partici-pando en sus sacramentos, con la esperanza cierta de participar tam-bién en su triunfo sobre la muerte y de vivir con él para siempre en Dios.
9. Enseguida bendice el fuego.

Oremos. Dios nuestro, que por medio de tu Hijo has dado a tus fieles el fuego de tu luz, santifica +este fuego nuevo y concédenos que la celebración de estas fiestas pascuales encienda en nosotros deseos tan santos que podamos llegar con corazón limpio a las fiestas de la eterna luz. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén.
Del fuego nuevo se enciende el cirio pascual. 10. Si, por razones pastorales, parece oportuno hacer resaltar con algunos símbo-los la dignidad y la significación del cirio pascual, puede hacerse de este modo: una vez bendecido el fuego nuevo, un acólito o uno de los ministros lleva el cirio pascual ante el celebrante. Este, con un punzón, graba una cruz en el cirio. Después, traza so-bre él la letra griega Alfa y, debajo, la letra Omega; entre los brazos de la cruz traza los cuatro números del año en curso, mientras dice:

1. Cristo ayer y hoy,
(Graba el trazo vertical de la cruz.)

2. Principio y fin,
(Graba el trazo horizontal.)

3. Alfa
(Graba la letra Alfa sobre el trazo vertical.)

4. y Omega.
(Graba la letra Omega debajo del trazo vertical.)

5. Suyo es el tiempo
(Graba el primer número del año en curso en el ángulo superior izquierdo de la cruz.)

6. y la eternidad.
(Graba el segundo número del año en el ángulo superior derecho de la cruz.)

7. A él la gloria y el poder,
(Graba el tercer número del año en el ángulo inferior izquierdo de la cruz.)

8. por los siglos de los siglos. Amén.
(Graba el cuarto número del año en el ángulo inferior derecho de la cruz.)

O

11. Acabada la incisión la cruz y los demás signos, el sacerdote puede in-crustar en el cirio cinco granos de incienso, en forma de cruz, diciendo al mismo tiempo.

1. Por sus santas llagas 2. gloriosas, 3. nos proteja 4. y nos guarde 5. Jesucristo nuestro Señor. Amén.

1 4 2 3 5

12. El sacerdote enciende el cirio pascual con el fuego nuevo, diciendo:

Que la luz de Cristo, resucitado y glorioso, disipe las tinieblas del corazón y del espíritu.
Todos los ritos indicados en los nn. 10-12 puede realizarse total o parcialmente, según las circunstancias pastorales del ambiente y del lugar. Las Conferencias Episcopales pueden esta-blecer también otros ritos más acomodados a la idiosincrasia de cada pueblo en concreto.

13. Cuando por alguna razón no se puede encender el fuego fuera de la iglesia, el rito se acomoda a las circunstancias. Reunido, como de costumbre, el pueblo en la iglesia, el celebrante con los ministros, uno de los cuales lleva el cirio pascual, se dirige a la puerta de la iglesia. El pueblo, en cuanto sea posible, se vuelve hacia el celebrante. El sacerdote hace el saludo y la exhortación, como se indicó en el n. 8; después se bendice el fuego (n. 9) y, si se quiere, se prepara y enciende el cirio, como se indica en los nn. 10-12.

Procesión
14. A continuación el diácono o, en su defecto, el sacerdote, toma el cirio pascual y, manteniéndolo elevado, canta él solo:

V. Luz del Cristo.
Y todos responden:

R. Demos gracias a Dios.
Todos entran en la iglesia, precedidos por el diácono (o el sacerdote) que lleva el

cirio pascual. Si se emplea el incienso, el turiferario precederá al diácono. 15. En la puerta de la iglesia, el diácono se detiene y elevando el cirio, canta por segunda vez:

Cristo, luz del mundo.
Y todos responden:

Demos gracias a Dios.
En este momento todos encienden sus velas en la llama del cirio y avanzan de nuevo. 16. Al llegar ante el altar, el diácono, vuelto hacia el pueblo, canta por tercera vez:

Cristo, luz del mundo.
Y todos responden:

Demos gracias a Dios.
Entonces se encienden las luces del templo.

Pregón pascual
17. El sacerdote se dirige a la sede. El diácono pone el cirio pascual en el candelabro, que está preparado en medio del presbiterio o junto al ambón. Después de poner incienso en el incensario, si éste se ha utilizado, el diácono pide y recibe, como lo hace en la misa antes del Evangelio, la bendición del sacerdote, el cual dice en voz baja

El Señor esté en tu corazón y en tus labios, para que proclames dignamente su pregón pascual; en el nombre del Padre, y del Hijo + y del Espíritu Santo. R. Amén.
Esta bendición se omite si el pregón pascual es proclamado por otro que no sea el diácono. Si se usa el incienso, el diácono o, en su defecto, el sacerdote, inciensa el libro y el cirio. Luego proclama el pregón pascual desde el ambón o desde el púlpito. Todos permanecen de pie, teniendo en sus manos las velas encendidas. El pregón pascual puede ser proclamado, en caso de necesidad, por un cantor que no sea diácono. En este caso, el cantor omite desde las palabras Por eso, queridos hermanos, hasta el final del invitatorio El resplandor de su luz, así como el saludo El Señor esté con vosotros. El pregón puede cantarse también en su forma breve. Las Conferencias Episcopales pueden adaptar el pregón intercalando en él alguna aclamación del

pueblo.

Forma larga del pregón pascual Exulten por fin los coros de los ángeles, alégrense las jerarquías del cielo y, por la victoria de rey tan poderoso, que las trompetas anuncien la salvación. Goce también la tierra, inundada de tanta claridad, y que, radian con el fulgor del rey eterno, se sienta libre de la tiniebla que cubría el orbe entero. Alégrese también nuestra madre la Iglesia revestida de luz tan brillante; resuene este templo con las aclamaciones del pueblo. (Por eso, queridos hermanos, que asisten a la admirable claridad de esta luz santa, invoquen conmigo la misericordia de Dios omnipotente, para que aquel que, sin mérito mío, me agregó al, número de los diáconos, infundiendo el resplandor de su luz, me ayude a cantar las alabanzas de este cirio.) (V. El Señor esté con vosotros. R. Y con tu espíritu.) V.Levantemos el corazón. R. Lo tenemos levantado hacia el Señor. V.Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R. Es justo y necesario. En verdad es justo y necesario aclamar con nuestras voces y con todo el afecto del corazón a Dios invisible, el Padre todopoderoso, y a su único Hijo, nuestro Señor Jesucristo. Porque él ha pagado por nosotros al eterno Padre la deuda de Adán y, derramando su sangre,

canceló el recibo del antiguo pecado. Porque éstas son las fiestas de Pascua, en las que se inmola el verdadero Cordero, cuya sangre consagra las puertas de los fieles. Ésta es la noche en que sacaste de Egipto a los israelitas, nuestros padres, y los hiciste pasar a pie el mar Rojo. Ésta es la noche en que la columna de fuego esclareció las tinieblas del pecado. Esta es la noche en que, por toda la tierra, los que confiesan su fe en Cristo son arrancados de los vicios del mundo y de la oscuridad del pecado, son restituidos a la gracia y son agregados a los santos. Ésta es la noche en que, rotas las cadenas de la muerte, Cristo asciende victorioso del abismo. ¿De qué nos serviría haber nacido si no hubiéramos sido rescatados? ¡Que asombroso beneficio de tu amor por nosotros! ¡Qué incomparable ternura y caridad! ¡Para rescatar al esclavo entregaste al Hijo! Necesario fue el pecado de Adán, que ha sido borrado por la muerte de Cristo. ¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor! ¡Qué noche tan dichosa! Solo ella conoció el momento en que Cristo resucitó de entre los muertos. Esta es la noche de la que estaba escrito:

"Será la noche clara como el día, la noche iluminada por mi gozo". Y así, esta noche santa ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, la alegría a los tristes, expulsa el odio, trae la concordia, doblega a los poderosos. En esta noche de gracia, acepta, Padre santo, el sacrificio vespertino de alabanza, que la santa Iglesia te ofrece por medio de sus ministros en la solemne ofrenda de este cirio, hecho con cera de abejas. Sabemos ya lo que anuncia esta columna de fuego, ardiendo en llama viva para la gloria de Dios. Y aunque distribuye su luz, no mengua al repartirla, porque se alimenta de cera fundida, que elaboró la abeja fecunda para hacer esta lámpara preciosa. ¡Qué noche tan dichosa, en que se une el cielo con la tierra, lo humano con lo divino! Te rogamos, Señor, que este cirio, consagrado a tu nombre, arda sin apagarse para destruir la oscuridad de esta noche, y, como ofrenda agradable, se asocie a las lumbreras del cielo. Que el lucero matinal lo encuentre ardiendo, ese lucero que no conoce ocaso y es Cristo, tu Hijo resucitado, que al salir del sepulcro, brilla sereno para el linaje humano,

y vive y reina glorioso por los siglos de los siglos. R.Amén.

Forma breve del pregón pascual Exulten por fin los coros de los ángeles, alégrense las jerarquías del cielo y, por la victoria de rey tan poderoso, que las trompetas anuncien la salvación. Goce también la tierra, inundada de tanta claridad, y que, radian con el fulgor del rey eterno, se sienta libre de la tiniebla que cubría el orbe entero. Alégrese también nuestra madre la Iglesia revestida de luz tan brillante; resuene este templo con las aclamaciones del pueblo. (V. El Señor esté con vosotros. R. Y con tu espíritu.) V.Levantemos el corazón. R. Lo tenemos levantado hacia el Señor. V.Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R. Es justo y necesario. En verdad es justo y necesario aclamar con nuestras voces y con todo el afecto del corazón a Dios invisible, el Padre todopoderoso, y a su único Hijo, nuestro Señor Jesucristo. Porque él ha pagado por nosotros al eterno Padre la deuda de Adán y, derramando su sangre, canceló el recibo del antiguo pecado. Porque éstas son las fiestas de Pascua,

en las que se inmola el verdadero Cordero, cuya sangre consagra las puertas de los fieles. Ésta es la noche en que sacaste de Egipto a los israelitas, nuestros padres, y los hiciste pasar a pie el mar Rojo. Ésta es la noche en que la columna de fuego esclareció las tinieblas del pecado. Esta es la noche en que, por toda la tierra, los que confiesan su fe en Cristo son arrancados de los vicios del mundo y de la oscuridad del pecado, son restituidos a la gracia y son agregados a los santos. Ésta es la noche en que, rotas las cadenas de la muerte, Cristo asciende victorioso del abismo. ¡Que asombroso beneficio de tu amor por nosotros! ¡Qué incomparable ternura y caridad! ¡Para rescatar al esclavo entregaste al Hijo! Necesario fue el pecado de Adán, que ha sido borrado por la muerte de Cristo. ¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor! Y así, esta noche santa ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, la alegría a los tristes. ¡Qué noche tan dichosa, en que se une el cielo con la tierra, lo humano con lo divino! En esta noche de gracia,

acepta, Padre santo, el sacrificio vespertino de alabanza, que la santa Iglesia te ofrece por medio de sus ministros en la solemne ofrenda de este cirio, hecho con cera de abejas. Te rogamos, Señor, que este cirio, consagrado a tu nombre, arda sin apagarse para destruir la oscuridad de esta noche, y, como ofrenda agradable, se asocie a las lumbreras del cielo. Que el lucero matinal lo encuentre ardiendo, ese lucero que no conoce ocaso y es Cristo, tu Hijo resucitado, que al salir del sepulcro, brilla sereno para el linaje humano, y vive y reina glorioso por los siglos de los siglos. R. Amén.

Segunda parte: Liturgia de la palabra
20. En esta vigilia, "madre de todas las vigilias" (San Agustín, Serm. 219), se proponen nueve lecturas, siete del Antiguo Testamento y dos del Nuevo (la Epístola y el Evangelio). 21. Si las circunstancias pastorales lo piden, puede reducirse el número de lecturas del Antiguo Testamento; pero téngase siempre en cuenta que la lectura de la Palabra de Dios es parte fundamental de esta Vigilia de Pascua. Deben leerse, por lo menos, tres lecturas del Antiguo Testamento y, en casos muy urgentes, por lo menos dos. Pero nunca se omita la tercera lectura, tomada del capítulo 14 del Éxodo. 22. Terminado el pregón, todos apagan sus velas y se sientan. Antes de comenzar las lecturas, el sacerdote exhorta a la asamblea con estas palabras u otras semejantes.

Hermanos, con el pregón solemne de la Pascua, hemos entrado ya en la noche santa de la resurrección del Señor. Escuchemos con recogimiento la palabra de Dios. Meditemos como, en la antigua alianza, Dios salvó a su pueblo y en la plenitud de los tiempos, envió al

mundo a su Hijo para que nos redimiera. Oremos para que Dios, nuestro Padre, conduzca a su plenitud esta obra de salvación, iniciada con la muerte y resurrección de Jesucristo.
23. Siguen luego las lecturas. Un lector va al ambón y lee la primera lectura. Des-pués el salmista o cantor dice el salmo, alternando con las respuestas del pueblo. Ense-guida todos se levantan, el sacerdote dice Oremos y después de que todos han orado en silencio durante unos momentos dice la oración colecta. Lo mismo se hace en cada lectura. En lugar de decir el salmo responsorial, se puede guardar un breve espacio de silencio para hacer oración. En este caso, se omite la pausa después del Oremos. Para la Vigilia pascual se proponen nueve lecturas: siete del Antiguo Testamento y dos del Nuevo. Si lo exigen las circunstancias, y por causas particulares, se puede disminuir el número de las lecturas asignadas. Téngase al menos tres lecturas del antiguo Testamento y, en casos más urgentes, por lo menos dos, antes de la epístola y el evangelio. Nunca se omita la lectura del Éxodo sobre el paso del mar Rojo (tercera lectura)

PRIMERA LECTURA
Vio Dios lodo lo que había hecho; y era muy bueno

Lectura del libro del Génesis 1, 1-2, 2 Al principio creó Dios el cielo y la tierra. La tierra era un caos in-forme; sobre la faz del abismo, la tiniebla. Y el aliento de Dios se cernía sobre la faz de las aguas. Y dijo Dios: –«Que exista la luz.» Y la luz existió. Y vio Dios que la luz era buena. Y separó Dios la luz de la tiniebla; llamó Dios a la luz «Día»; a la tiniebla, «Noche». Pasó una tarde, pasó una mañana: el día primero. Y dijo Dios: –«Que exista una bóveda entre las aguas, que separe aguas de aguas. » E hizo Dios una bóveda y separó las aguas de debajo de la bóveda de las aguas de encima de la bóveda. Y así fue. Y llamó Dios a la bóveda «Cielo». Pasó una tarde, pasó una mañana: el día segundo. Y dijo Dios: –«Que se junten las aguas de debajo del cielo en un solo sitio, y que aparezcan los continentes.» Y así fue.

Y llamó Dios a los continentes «Tierra», y a la masa de las aguas la llamó «Mar». Y vio Dios que era bueno. Y dijo Dios: –«Verdee la tierra hierba verde que engendre semilla, y árboles frutales que den fruto según su especie y que lleven semilla sobre la tierra.» Y así fue. La tierra brotó hierba verde que engendraba semilla según su especie, y árboles que daban fruto y llevaban semilla según su especie. Y vio Dios que era bueno. Pasó una tarde, pasó una mañana: el día tercero. Y dijo Dios: –«Que existan lumbreras en la bóveda del cielo, para separar el día de la noche, para señalar las fiestas, los días y los años; y sirvan de lumbreras en la bóveda del cielo, para dar luz sobre la tierra. » Y así fue. E hizo Dios dos lumbreras grandes: la lumbrera mayor para regir el día, la lumbrera menor para regir la noche, y las estrellas. Y las puso Dios en la bóveda del cielo, para dar luz sobre la tierra; para regir el día y la noche, para separar la luz de la tiniebla. Y vio Dios que era bueno. Pasó una tarde, pasó una mañana: el día cuarto. Y dijo Dios: –«Pululen las aguas un pulular de vivientes, y pájaros vuelen sobre la tierra frente a la bóveda del cielo.» Y creó Dios los cetáceos y los vivientes que se deslizan y que el agua hizo pulular según sus especies, y las aves aladas según sus especies. Y vio Dios que era bueno. Y Dios los bendijo, diciendo: –«Creced, multiplicaos, llenad las aguas del mar; que las aves se multipliquen en la tierra.» Pasó una tarde, pasó una mañana: el día quinto. Y dijo Dios: –«Produzca la tierra vivientes según sus especies: animales domésticos, reptiles y fieras según sus especies.» Y así fue. E hizo Dios las fieras según sus especies, los animales domésticos según sus especies y los reptiles según sus especies. Y vio Dios que era bueno. Y dijo Dios: –«Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine

los peces del mar, las aves del cielo, los animales domésticos, los reptiles de la tierra.» Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; hom-bre y mujer los creó. Y los bendijo Dios y les dijo: –«Creced, multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad los peces del mar, las aves del cielo, los vivientes que se mueven sobre la tierra.» Y dijo Dios: –«Mirad, os entrego todas las hierbas que engendran semilla so-bre la faz de la tierra; y todos los árboles frutales que engendran se-milla os servirán de alimento; y a todas las fieras de la tierra, a todas las aves del cielo, a todos los reptiles de la tierra, a todo ser que respi-ra, la hierba verde les servirá de alimento. » Y así fue. Y vio Dios todo lo que había hecho; y era muy bueno. Pasó una tarde, pasó una mañana: el día sexto. Y quedaron concluidos el cielo, la tierra y sus ejércitos. Y concluyó Dios para el día séptimo todo el trabajo que había he-cho; y descansó el día séptimo de todo el trabajo que había hecho. Palabra de Dios. 24. DESPUÉS DE LA PRIMERA LECTURA: creación del mundo (Ge 1, 1-2, 2) o creación del hombre (1, 1. 26-31a) Oremos. Dios todopoderoso y eterno, que en todas las obras de tu amor te muestras admirable, concédenos comprender que la redención realizada por Cristo, nuestra Pascua, es una obra más maravillosa todavía que la misma creación del universo. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén.
O bien más breve:

Lectura del libro del Génesis 1, 1. 26-31a Al principio creó Dios el cielo y la tierra. Y dijo Dios: –«Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domi-ne los peces del mar, las aves del cielo, los animales domésticos, los reptiles

de la tierra.» Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; hom-bre y mujer los creó. Y los bendijo Dios y les dijo: –«Creced, multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad los peces del mar, las aves del cielo, los vivientes que se mueven sobre la tierra. » Y dijo Dios: –«Mirad, os entrego todas las hierbas, que engendran semilla so-bre la faz de la tierra; y todos los árboles frutales que engendran se-milla os servirán de alimento; y a todas las fieras de la tierra, a todas las aves del cielo, a todos los reptiles de la tierra, a todo ser que respi-ra, la hierba verde les servirá de alimento.» Y así fue. Y vio Dios todo lo que había hecho; y era muy bueno. Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 103, 1-2a. 5-6. 10 y 12. 13-14. 24 y 35c (R.: cf. 30) R. Envía tu espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra. Bendice, alma mía, al Señor; ¡Dios mío, qué grande eres! Te vistes de belleza y majestad, la luz te envuelve como un manto. R. Asentaste la tierra sobre sus cimientos, y no vacilará jamás; la cubriste con el manto del océano, y las aguas se posaron sobre las montañas. R. De los manantiales sacas los ríos, para que fluyan entre los montes; junto a ellos habitan las aves del cielo, y entre las frondas se oye su canto. R. Desde tu morada riegas los montes, y la tierra se sacia de tu acción fecunda; haces brotar hierba para los ganados, y forraje para los que sirven al hombre. R. Cuántas son tus obras, Señor, y todas las hiciste con sabiduría; la tierra está llena de tus criaturas. ¡Bendice, alma mía, al Señor! R.
O bien:

Sal 32, 4-5. 6-7. 12-13. 20 y 22 (R.: 5b) R. La misericordia del Señor llena la tierra. La palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales;

él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra. R. La palabra del Señor hizo el cielo; el aliento de su boca, sus ejércitos; encierra en un odre las aguas marinas, mete en un depósito el océano. R. Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo que él se escogió como heredad. El Señor mira desde el cielo, se fija en todos los hombres. R. Nosotros aguardamos al Señor: él es nuestro auxilio y escudo. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti. R.
si se hace la lectura breve: creación del hombre.

Oremos. Dios nuestro, que de un modo admirable nos creaste a tu imagen y semejanza y de un modo más admirable todavía nos redimiste, concédenos sabiduría de espíritu, para resistir los atractivos del pecado y poder llegar así a los gozos del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén.

SEGUNDA LECTURA
El sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe

Lectura del libro del Génesis 22, 1-18 En aquellos días, Dios puso a prueba a Abrahán, llamándole: –«¡Abrahán! » Él respondió: –«Aquí me tienes.» Dios le dijo: –«Toma a tu hijo único, al que quieres, a Isaac, y vete al país de Moria y ofrécemelo allí en sacrificio en uno de los montes que yo te indicaré. » Abrahán madrugó, aparejó el asno y se llevó consigo a dos criados y a su hijo Isaac; cortó leña para el sacrificio y se encaminó al lugar que le había indicado Dios. El tercer día levantó Abrahán los ojos y descubrió el sitio de lejos. Y

Abrahán dijo a sus criados: –«Quedaos aquí con el asno; yo con el muchacho iré hasta allá para adorar, y después volveremos con vosotros.» Abrahán tomó la leña para el sacrificio, se la cargó a su hijo Isaac, y él llevaba el fuego y el cuchillo. Los dos caminaban juntos. Isaac dijo a Abrahán, su padre: –«Padre.» El respondió: –«Aquí estoy, hijo mío.» El muchacho dijo: –«Tenernos fuego y leña, pero, ¿dónde está el cordero para el sacrificio?» Abrahán contestó: –«Dios proveerá el cordero para el sacrificio, hijo mío.» Y siguieron caminando juntos. Cuando llegaron al sitio que le habla dicho Dios, Abrahán levantó allí el altar y apiló la leña, luego ató a su hijo Isaac y lo puso sobre el altar, encima de la leña. Entonces Abrahán tomó el cuchillo para degollar a su hijo; pero el ángel del Señor le gritó desde el cielo: –«¡Abrahán, Abrahán!» Él contestó: –«Aquí me tienes.» El ángel le ordenó: –«No alargues la mano contra tu hijo ni le hagas nada. Ahora sé que temes a Dios, porque no te has reservado a tu hijo, tu único hijo.» Abrahán levantó los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en la maleza. Se acercó, tomó el carnero y lo ofreció en sacrificio en lugar de su hijo. Abrahán llamó aquel sitio «El Señor ve», por lo que se dice aún hoy «El monte del Señor ve». El ángel del Señor volvió a gritar a Abrahán desde el cielo: –«Juro por mí mismo –oráculo del Señor–: Por haber hecho esto, por no haberte reservado tu hijo único, te bendeciré, multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa. Tus descendientes conquistarán las puertas de las ciudades enemigas. Todos los pueblos del mundo se bendecirán con tu descendencia, porque me has obedecido.» Palabra de Dios.
O bien más breve:

Lectura del libro del Génesis 22, 1-2. 9a. 10-13. 15-18

En aquellos días, Dios puso a prueba a Abrahán, llamándole: –«¡Abrahán! » Él respondió: –«Aquí me tienes.» Dios le dijo: –«Torna a tu hijo único, al que quieres, a Isaac, y vete al país de Moria y ofrécemelo allí en sacrificio en uno de los montes que yo te indicaré. » Cuando llegaron al sitio que le había dicho Dios, Abrahán levantó allí el altar y tomó el cuchillo para degollar a su hijo; pero el ángel del Señor le gritó desde el cielo: –«¡Abrahán, Abrahán!» Él contestó: –«Aquí me tienes.» El ángel le ordenó: –«No alargues la mano contra tu hijo ni le hagas nada. Ahora sé que temes a Dios, porque no te has reservado, a tu hijo, tú único hijo. » Abrahán levantó los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en la maleza. Se acercó, tomó el carnero y lo ofreció en sacrificio en lugar de su hijo. El ángel del Señor volvió a gritar a Abrahán desde el cielo: –«Juro por mí mismo –oráculo del Señor–: Por haber hecho esto, por no haberte reservado tu hijo único, te bendeciré, multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa. Tus descendientes conquistarán las puertas de las ciudades enemigas. Todos los pueblos del mundo se bendecirán con tu des-cendencia, porque me has obedecido.» Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 15, 5 y 8. 9-10. 11 (R.: 1) R. Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti. El Señor es el lote de mi heredad y mi copa; mi suerte está en tu mano. Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré. R. Por eso se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas, y mi carne descansa serena. Porque no me entregarás a la muerte, ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. R. Me enseñarás el sendero de la vida, me saciaras de gozo en tu presencia,

de alegría perpetua a tu derecha. R. 25. DESPUÉS DE LA SEGUNDA LECTURA: sacrificio de Abraham (Ge. 22, 1-18; o 1-2. 9a. 10-13. 15-18). Oremos. Señor Dios, Padre de los creyentes, que por medio del sacramento pascual del bautismo sigues cumpliendo la promesa hecha a Abraham de multiplicar su descendencia por toda la tierra y de hacerlo el padre de todas las naciones, concede a tu pueblo responder dignamente a la gracia de tu llamado. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén. TERCERA LECTURA
Los israelitas en medio del mar a pie enjuto

Lectura del libro del Éxodo 14, 15-15, 1 En aquellos días, dijo el Señor a Moisés: –« ¿Por qué sigues clamando a mí? Di a los israelitas que se pon-gan en marcha. Y tú, alza tu cayado, extiende tu mano sobre el mar y divídelo, para que los israelitas entren en medio del mar a pie enju-to. Que yo voy a endurecer el corazón de los egipcios para que los persigan, y me cubriré de gloria a costa del Faraón y de todo su ejér-cito, de sus carros y de los guerreros. Sabrán los egipcios que yo soy el Señor, cuando me haya cubierto de gloria a costa del Faraón, de sus carros y de sus guerreros.» Se puso en marcha el ángel del Señor, que iba al frente del ejército de Israel, y pasó a retaguardia. También la columna de nube de de-lante se desplazó de allí y se colocó detrás, poniéndose entre el cam-pamento de los egipcios y el campamento de los israelitas. La nube era tenebrosa, y transcurrió toda la noche sin que los ejércitos pudie-ran trabar contacto. Moisés extendió su mano sobre el mar, y el Se-ñor hizo soplar –durante toda la noche un fuerte viento del este, que secó el mar, y se dividieron las aguas. Los israelitas entraron en me-dio del mar a pie enjuto, mientras que las aguas formaban muralla a derecha e izquierda. Los egipcios se lanzaron en su persecución, en-trando tras ellos, en medio del mar, todos los caballos del Faraón y los carros con sus guerreros. Mientras velaban al amanecer, miró el Señor al campamento egip-cio, desde la columna de fuego y nube, y sembró el pánico en el cam-pamento egipcio. Trabó las ruedas de sus carros y las hizo avanzar

pesadamente. Y dijo Egipto: –«Huyamos de Israel, porque el Señor lucha en su favor contra Egipto. » Dijo el Señor a Moisés: –«Extiende tu mano sobre el mar, y vuelvan las aguas sobre los egipcios, sus carros y sus jinetes.» Y extendió Moisés su mano sobre el mar; y al amanecer volvía el mar a su curso de siempre. Los egipcios, huyendo, iban a su encuen-tro, y el Señor derribó a los egipcios en medio del mar. Y volvieron las aguas y cubrieron los carros, los jinetes y todo el ejército del Faraón, que lo había seguido por el mar. Ni uno solo se salvó. Pero los hijos de Israel caminaban por lo seco en medio del mar; las aguas les hacían de muralla a derecha e izquierda. Aquel día salvó el Señor a Israel de las manos de Egipto. Israel vio a los egipcios muertos, en la orilla del mar. Israel vio la mano grande del Señor obrando contra los egipcios, y el pueblo temió al Señor, y creyó en el Señor y en Moisés, su siervo. Entonces Moisés y los hijos de Israel cantaron este canto al Señor: Salmo responsorial Ex 15, 1-2. 3-4. 5-6. 17-18 (R.: la) R. Cantaré al Señor, sublime es su victoria. Cantaré al Señor, sublime es su victoria, caballos y carros ha arrojado en el mar. Mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación. Él es mi Dios: yo lo alabaré; el Dios de mis padres: yo lo ensalzaré. R. El Señor es un guerrero, su nombre es «El Señor». Los carros del Faraón los lanzó al mar, ahogó en el mar Rojo a sus mejores capitanes. R. Las olas los cubrieron, bajaron hasta el fondo como piedras. Tu diestra, Señor, es fuerte y terrible, tu diestra, Señor, tritura al enemigo. R. Los introduces y los plantas en el monte de tu heredad, lugar del que hiciste tu trono, Señor; santuario, Señor, que fundaron tus manos. El Señor reina por siempre jamás. R. 26. DESPUÉS DE LA TERCERA LECTURA: paso del mar Rojo (Ex 14, 15-15,1)

Oremos. Tus antiguos prodigios se renuevan, Señor, también en nuestros tiempos, pues lo que tu poder hizo con las aguas para librar a un solo pueblo de la esclavitud del faraón, lo repites ahora, por medio del agua del bautismo, para salvar a todas las naciones. Concede a todos los hombres del mundo entero contarse entre los hijos de Abraham y participar de la dignidad del pueblo elegido. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén.
O bien:

Oremos. Señor, que con el Evangelio nos has hecho comprender el sentido profundo del Antiguo Testamento, dejándonos ver en el paso del mar Rojo una imagen del bautismo y en el pueblo liberado de la esclavitud, un símbolo del pueblo cristiano, haz que todos los hombres, mediante la fe, participen del privilegio del pueblo elegido y sean regenerados por la acción santificadora de tu Espíritu. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén. CUARTA LECTURA
Con misericordia eterna te quiere el Señor, tu redentor

Lectura del libro de Isaías 54, 5-14 El que te hizo te tomará por esposa; su nombre es Señor de los ejércitos. Tu redentor es el Santo de Israel, se llama Dios de toda la tierra. Como a mujer abandonada y abatida te vuelve a llamar el Señor; como a esposa de juventud, repudiada –dice tu Dios–. Por un instante te abandoné, pero con gran cariño te reuniré. En un arrebato de ira te escondí un instante mi rostro,

pero con misericordia eterna te quiero –dice el Señor, tu redentor–. Me sucede como en tiempo de Noé: juré que las aguas del diluvio no volverían a cubrir la tierra; así juro no airarme contra ti ni amenazarte. Aunque se retiren los montes y vacilen las colinas, no se retirará de ti mi misericordia, ni mi alianza de paz vacilará –dice el Señor, que te quiere–. ¡Oh afligida, zarandeada, desconsolada! Mira, yo mismo coloco tus piedras sobre azabaches, tus cimientos sobre zafiros; te pondré almenas de rubí, y puertas de esmeralda, y muralla de piedras preciosas. Tus hijos serán discípulos del Señor, tendrán gran paz tus hijos. Tendrás firme asiento en la justicia. Estarás lejos de la opresión, y no tendrás que temer; y lejos del terror, que no se te acercará. Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 29, 2 y 4. 5-6. 11 y 12a y 13b (R.: 2a) R. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado y no has dejado que mis enemigos se rían de mí. Señor, sacaste mi vida del abismo, y me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa. R. Tañed para el Señor, fieles suyos, dad gracias a su nombre santo; su cólera dura un instante; su bondad, de por vida; al atardecer nos visita el llanto; por la mañana, el júbilo. R. Escucha, Señor, y ten piedad de mí; Señor, socórreme. Cambiaste mi luto en danzas.

Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre. R. 27. DESPUÉS DE LA CUARTA LECTURA: la nueva Jerusalén (Is 54, 5-14). Oremos. Señor Dios, siempre fiel a tus promesas, aumenta, por medio del bautismo, el número de tus hijos y multiplica la descendencia prometida a la fe de los patriarcas, para que tu Iglesia vea que se va cumpliendo tu voluntad de salvar a todos los hombres, como los patriarcas lo creyeron y esperaron. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén.
La oración anterior puede substituirse por alguna de las que siguen, cuando sus lectu-ras correspondientes vayan a omitirse.

QUINTA LECTURA
Venid a mí, y viviréis; sellaré con vosotros alianza perpetua

Lectura del libro de Isaías 55, 1-11 Así dice el Señor: «Oíd, sedientos todos, acudid por agua, también los que no tenéis dinero: venid, comprad trigo, comed sin pagar vino y leche de balde. ¿Por qué gastáis dinero en lo que no alimenta, y el salario en lo que no da hartura? Escuchadme atentos, y comeréis bien, saborearéis platos sustanciosos. Inclinad el oído, venid a mí: escuchadme, y viviréis. Sellaré con vosotros alianza perpetua, la promesa que aseguré a David: a él lo hice mi testigo para los pueblos, caudillo y soberano de naciones; tú llamarás a un pueblo desconocido, un pueblo que no te conocía correrá hacia ti; por el Señor, tu Dios, por el Santo de Israel, que te honra. Buscad al Señor mientras se le encuentra, invocadlo mientras esté cerca; que el malvado abandone su camino, y el criminal sus planes;

que regrese al Señor, y él tendrá piedad, a nuestro Dios, que es rico en perdón. Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos –oráculo del Señor–. Como el cielo es más alto que la tierra, mis caminos son más altos que los vuestros, mis planes, que vuestros planes. Como bajan la lluvia y la nieve del cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será mi palabra, que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo.» Palabra de Dios. Salmo responsorial Is 12, 2-3. 4bcd. 5-6 (R.: 3) R. Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación. El Señor es mi Dios y Salvador: confiaré y no temeré, porque mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación. Y sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación. R. Dad gracias al Señor, invocad su nombre, contad a los pueblos sus hazañas, proclamad que su nombre es excelso. R. Tañed para el Señor, que hizo proezas, anunciadlas a toda la tierra; gritad jubilosos, habitantes de Sión: «Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel. » R. 28. DESPUÉS DE LA QUINTA LECTURA: la salvación que se ofrece gratuita-mente a todos (Is 55, 1-11). Oremos.

Dios todopoderoso y eterno, única esperanza del mundo, tú que anunciaste por la voz de tus profetas los misterios que estamos celebrando esta noche, infunde en nuestros corazones la gracia de tu Espíritu, para que podamos vivir una vida digna de tu redención. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén. SEXTA LECTURA
Caminad a la claridad del resplandor del Señor

Lectura del libro de Baruc 3, 9-15. 32-4, 4 Escucha, Israel, mandatos de vida; presta oídos para aprender prudencia. ¿A qué se debe, Israel, que estés aún en país enemigo, que envejezcas en tierra extranjera, que estés contaminado entre los muertos, y te cuenten con los habitantes del abismo? Es que abandonaste la fuente de la sabiduría. Si hubieras seguido el camino de Dios, habitarías en paz para siempre. Aprende dónde se encuentra la prudencia, el valor y la inteligencia; así aprenderás dónde se encuentra la vida larga, la luz de los ojos y la paz. ¿Quién encontró su puesto o entró en sus almacenes? El que todo lo sabe la conoce, la examina y la penetra. El que creó la tierra para siempre y la llenó de animales cuadrúpedos; el que manda a la luz, y ella va, la llama, y le obedece temblando; a los astros que velan gozosos en sus puestos de guardia, los llama, y responden: «Presentes», y brillan gozosos para su Creador. Él es nuestro Dios, y no hay otro frente a él; investigó el camino de la inteligencia

y se lo enseñó a su hijo, Jacob, a su amado, Israel. Después apareció en el mundo y vivió entre los hombres. Es el libro de los mandatos de Dios, la ley de validez eterna: los que la guarden vivirán; los que la abandonen morirán. Vuélvete, Jacob, a recibirla, camina a la claridad de su resplandor; no entregues a otros tu gloria, ni tu dignidad a un pueblo extranjero. ¡Dichosos nosotros, Israel, que conocemos lo que agrada al Señor! Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 18, 8. 9. 10. 11 (R.: Jn 6, 68) R. Señor, tú tienes palabras de vida eterna. La ley del Señor es perfecta y es descanso del alma; el precepto del Señor es fiel e instruye al ignorante. R. Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos. R. La voluntad del Señor es pura y eternamente estable; los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos. R. Más preciosos que el oro, más que el oro fino; más dulces que la miel de un panal que destila. R. 29. DESPUÉS DE LA SEXTA LECTURA: la fuente de la sabiduría (Bar 3,9-15. 32-4, 4). Oremos. Dios nuestro, que haces crecer continuamente a tu Iglesia con hijos llamados de todos los pueblos,

dígnate proteger siempre con tu gracia a quienes has hecho renacer en el bautismo. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén. SÉPTIMA LECTURA
Derramaré sobre vosotros un agua pura, y os daré un corazón nuevo

Lectura de la profecía de Ezequiel 36, 16-28 Me vino esta palabra del Señor: «Hijo de Adán, cuando la casa de Israel habitaba en su tierra, la profanó con su conducta, con sus acciones; como sangre inmunda fue su proceder ante mí. Entonces derramé mi cólera sobre ellos, por la sangre que habían derramado en el país, por haberlo profanado con sus idolatrías. Los esparcí entre las naciones, anduvieron dispersos por los países; según su proceder, según sus acciones los sentencié. Cuando llegaron a las naciones donde se fueron, profanaron mi santo nombre; decían de ellos: "Éstos son el pueblo del Señor, de su tierra han salido. Sentí lástima de mi santo nombre, profanado por la casa de Israel en las naciones a las que se fue. Por eso, di a la casa de Israel: Esto dice el Señor: "No lo hago por vosotros, casa de Israel, sino por mi santo nombre, profanado por vosotros, en las naciones a las que habéis ido. Mostraré la santidad de mi nombre grande, profanado entre los gentiles, que vosotros habéis profanado en medio de ellos; y conocerán los gentiles que yo soy el Señor –Oráculo del Señor–, cuando les haga ver mi santidad al castigaros. Os recogeré de entre las naciones, os reuniré de todos los países, y os llevaré a vuestra tierra.

Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará: de todas vuestras inmundicias e idolatrías os he de purificar. Y os daré un corazón nuevo, y os infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Os infundiré mi espíritu, y haré que caminéis según mis preceptos, y que guardéis y cumpláis mis mandatos. Y habitaréis en la tierra que di a vuestros padres. Vosotros seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios."» Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 41, 3. 5bcd; 42, 3. 4 (R.: 41, 2) R. Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío. Tiene sed de Dios, del Dios vivo: ¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios? R. Cómo marchaba a la cabeza del grupo, hacia la casa de Dios, entre cantos de júbilo y alabanza, en el bullicio de la fiesta. R. Envía tu luz y tu verdad; que ellas me guíen y me conduzcan hasta tu monte santo, hasta tu morada. R. Que yo me acerque al altar de Dios, al Dios de mi alegría; que te dé gracias al son de la cítara, Dios, Dios mío. R.
O bien, cuando se celebra el bautismo: Is 12, 2-3. 4bcd. 5-6, como después de la quinta lectura. O bien:

Sal 50, 12-13. 14-15. 18-19 (R.: 12a) R. Oh Dios, crea en mí un corazón puro. Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme; no me arrojes lejos de tu rostro,

no me quites tu santo espíritu. R. Devuélveme la alegría de tu salvación, afiánzame con espíritu generoso; enseñaré a los malvados tus caminos, los pecadores volverán a ti. R. Los sacrificios no te satisfacen; si te ofreciera un holocausto, no lo querrías. Mi sacrificio es un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias. R. 30. DESPUÉS DE LA SÉPTIMA LECTURA: el corazón nuevo y el espíritu nue-vo (Ez 36, 16-28). Oremos. Señor Dios nuestro, poder inmutable y luz sin ocaso, prosigue bondadoso a través de tu Iglesia, sacramento de salvación, la obra que tu amor dispuso desde la eternidad; que todo el mundo vea y reconozca que los caídos se levantan, que se renueva lo que había envejecido y que todo se integra en aquel que es el principio de todo, Jesucristo, nuestro Señor, que vive y reina contigo por los siglos de los siglos. R. Amén.
O esta oración:

Oremos. Señor Dios nuestro, que con las enseñanzas del Antiguo y del Nuevo Testamento nos has preparado a celebrar el misterio de la Pascua, haz que comprendamos tu amor, para que los dones que hoy recibimos confirmen en nosotros la esperanza de los bienes futuros. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén.
31. Terminada la oración de la última lectura del Antiguo Testamento, con el res-ponsorio y la oración correspondiente, se encienden las velas del altar. El sacerdote en-tona solemnemente el himno Gloria a Dios, que todos prosiguen. Se

tocan las campanas, de acuerdo con las costumbres de cada lugar. 32. Acabado el himno, el sacerdote dice la oración colecta, como de costumbre.

Oremos. Dios nuestro, que haces resplandecer esta noche santa con la gloria del Señor resucitado, aviva en tu Iglesia el espíritu filial, para que, renovados en cuerpo y alma, nos entreguemos plenamente a tu servicio. Por nuestro Señor Jesucristo.
33. Seguidamente un lector proclama la lectura del Apóstol.

EPÍSTOLA
Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 6, 3-11 Hermanos: Los que por el bautismo nos incorporamos a Cristo fuimos incorporados a su muerte. Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva. Porque, si nuestra existencia está unida a él en una muerte como la suya, lo estará también en una resurrección como la suya. Comprendamos que nuestra vieja condición ha sido crucificada con Cristo, quedando destruida nuestra personalidad de pecadores, y no-sotros libres de la esclavitud al pecado; porque el que muere ha que-dado absuelto del pecado. Por tanto, si hemos muerto con Cristo, creemos que también vivi-remos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Porque su morir fue un morir al pecado de una vez para siempre; y su vivir es un vivir para Dios. Lo mismo vosotros, consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús. Palabra de Dios.
34. Terminada la epístola todos se ponen de pie y el sacerdote entona solemne-mente el Aleluya, que todos repiten. Después el salmista o cantor proclama el salmo, y el pueblo intercala:

Aleluya, En cada una de las estrofas. Si hace falta, el mismo salmista canta el Aleluya.

Salmo responsorial Sal 117, 1-2. l6ab- 17. 22-23 R. Aleluya, aleluya, aleluya. Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia. Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia. R. La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es excelsa. No he de morir, viviré para contar las hazañas del Señor. R. La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente. R.
35. Para el Evangelio no se llevan cirios. Puede emplearse el incienso.

EVANGELIO
Ha resucitado y va por delante de vosotros a Galilea

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 28, 1-10
En la madrugada del sábado, al alborear el primer día de la sema-na, fueron María Magdalena y la otra María a ver el sepulcro. Y de pronto tembló fuertemente la tierra, pues un ángel del Señor, bajan-do del cielo y acercándose, corrió la piedra y se sentó encima. Su as-pecto era de relámpago y su vestido blanco como la nieve; los centi-nelas temblaron de miedo y quedaron como muertos. El ángel habló a las mujeres: –«Vosotras, no temáis; ya sé que buscáis a Jesús, el crucificado. No está aquí. Ha resucitado, como había dicho. Venid a ver el si-tio donde yacía e id aprisa a decir a sus discípulos: "Ha resucitado de entre los muertos y va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis." Mirad, os lo he anunciado.» Ellas se marcharon a toda prisa del sepulcro; impresionadas y lle-nas de alegría, corrieron a anunciarlo a los discípulos. De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: –«Alegraos.» Ellas se acercaron, se postraron ante él y le abrazaron los pies. Jesús les dijo: –«No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán.»

Palabra del Señor.
36. Inmediatamente después del Evangelio se hace la homilía. Después comienza la liturgia bautismal.

Tercera parte: Liturgia bautismal
37. El sacerdote con los ministros se dirige a la fuente bautismal, si es que ésta se encuentra a la vista de los fieles. De lo contrario, se pone un recipiente con agua en el presbiterio. Si hay catecúmenos adultos, son llamados por su nombre y presentados por los padri-nos o, si son niños, llevados por los padres y padrinos frente a toda la asamblea. 38. Después, el sacerdote exhorta a los presentes, con estas u otras palabras seme-jantes. Si están presentes los que se van a bautizar:

Hermanos, acompañemos con nuestra oración a estos catecúmenos que anhelan renacer a nueva vida en la fuente del bautismo, para que Dios, nuestro Padre, les otorgue su protección y su amor.
Si se bendice la fuente, pero no va a haber bautizos:

Hermanos, pidamos a Dios todopoderoso que con su poder santifi-que esta fuente bautismal, para que cuantos en el bautismo van a ser regenerados en Cristo, sean acogidos en la familia de Dios.
39. Dos cantores entonan las letanías, a las que todos responden estando en pie (por razón del tiempo pascual). Si la procesión hasta el baptisterio es larga, se cantan las letanías durante la procesión; en este caso se llama a los catecúmenos, antes de comenzar la procesión. Esta procesión se organiza de la siguiente manera: abre la procesión el diácono o un ministro con el cirio pascual; siguen los catecúmenos, con los pa-drinos; después, el sacerdote con los ministros. En este caso, la exhortación precedente se hace antes de la bendición del agua. 40. Si no hay bautizos ni bendición de la fuente, omitidas las letanías, se procede inmediatamente a la bendición del agua (número 45). 41. En las letanías se pueden añadir algunos nombres de santos, especialmente el del titular de la iglesia, el de los patronos del lugar y el de los que van a ser bautizados.

Señor, ten piedad. Señor, ten piedad.

Cristo, ten piedad. Cristo, ten piedad. Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. Santa María, Madre de Dios ruega (rogad) por nosotros San Miguel Santos Ángeles de Dios San Juan Bautista San José Santos Pedro y Pablo San Andrés San Juan Santa María Magdalena San Esteban San Ignacio de Antioquía San Lorenzo Santas Perpetua y Felicidad Santa Inés San Gregorio San Agustín San Atanasio San Basilio San Martín San Benito Santos Francisco San Francisco Javier San Juan María Vianney Santa Catalina de Siena Santa Teresa de Jesús Santos y Santas de Dios Muéstrate propicio líbranos, Señor De todo mal De todo pecado De la muerte eterna Por tu encarnación Por tu muerte y resurrección Por el don del Espíritu Santo Nosotros, que somos pecadores

te rogamos, óyenos

Si hay bautizos:

Para que regeneres a estos elegidos con la gracia del bautismo te rogamos, óyenos

Si no hay bautizos:

Para que santifiques esta agua en la que renacerán tus nuevos hijos te rogamos, óyenos Jesús, Hijo de Dios vivo. te rogamos, óyenos
Si hay bautizandos, el sacerdote, con las manos juntas, dice la siguiente oración:

Derrama, Señor, tu infinita bondad en este sacramento del bautismo y envía a tu santo Espíritu, para que haga renacer de la fuente bautismal a estos nuevos hijos tuyos, que van a ser santificados por tu gracia, mediante la colaboración de nuestro ministerio. Por Jesucristo, nuestro Señor. Bendición del agua bautismal
42. Enseguida el sacerdote bendice el agua bautismal, diciendo con las manos jun-tas, la siguiente oración:

Oh Dios, que realizas en tus sacramentos obras admirables con tu poder invisible y de diversos modos te has servido de tu criatura el agua para significar la gracia del bautismo. Oh Dios, cuyo espíritu en los orígenes del mundo, Se cernía sobre las aguas para que ya desde entonces

concibieran el poder de santificar. Oh Dios, que incluso en las aguas torrenciales del diluvio prefiguraste el nacimiento de la nueva humanidad, de modo que una misma agua pusiera fin al pecado y diera origen a la santidad. Oh Dios, que hiciste pasar a pie enjuto por el mar Rojo a los hijos de Abraham, a fin de que el pueblo liberado de la esclavitud del Faraón, fuera imagen de la familia de los bautizados. Oh Dios, cuyo Hijo, al ser bautizado por Juan en el agua del Jordán, fue ungido por el Espíritu Santo; colgado en la cruz, vertió de su costado agua, junto con la sangre; y después de su resurrección mandó a sus apóstoles: "Vayan y hagan discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo." Mira ahora a tu Iglesia en oración y abre para ella la fuente del bautismo. Que esta agua reciba, por la obra del Espíritu Santo, la gracia de tu Unigénito, para que el hombre, creado a tu imagen y limpio en el bautismo, muera al hombre viejo y renazca, como niño, a vida nueva por el agua y el Espíritu.
Si lo cree oportuno, introduce el cirio pascual en el agua una o tres veces, diciendo:

Te pedimos, Señor, que el poder del Espíritu Santo, por tu Hijo, descienda sobre el agua de esta fuente,
Y teniendo el cirio dentro del agua, prosigue:

para que todos los sepultados con Cristo en su muerte, por el bautismo, resuciten con él a la vida. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén.

43. Seguidamente saca el cirio del agua y el pueblo dice la siguiente aclamación o al-guna otra adecuada:

Manantiales, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos.
44. Cada catecúmeno hace la renuncia a Satanás y la profesión de fe, y recibe el bautismo. Si está presente el obispo, los catecúmenos adultos reciben inmediatamente la confir-mación; en caso contrario, el presbítero que ha administrado el bautismo puede tam-bién confirmar a los catecúmenos adultos (Cf. Ritual de la Iniciación Cristiana de Adul-tos, nn. 228 y 362).

Bendición del agua común
45. Si no hay bautizos, ni bendición de la fuente bautismal, el sacerdote bendice el agua diciendo:

Invoquemos, queridos hermanos, a Dios Padre todopoderoso, que ben-diga esta agua, con la cual seremos rociados en memoria de nuestro bautismo, y que nos renueve interiormente, para que permanezca-mos fieles al Espíritu que hemos recibido.
Y después de una breve oración en silencio, prosigue con las manos juntas.

Señor, Dios nuestro, mira con bondad a este pueblo tuyo, que vela en oración en esta noche santísima, recordando la obra admirable de nuestra creación y la obra más admirable todavía, de nuestra redención. Dígnate bendecir + esta agua, que tú creaste para dar fertilidad a la tierra, frescura y limpieza a nuestros cuerpos. Tu, además, has convertido el agua en un instrumento de tu misericordia: a través de las aguas del mar Rojo liberaste a tu pueblo de la esclavitud; en el desierto hiciste brotar un manantial para saciar su sed; con la imagen del agua viva los profetas anunciaron la nueva alianza que deseabas establecer con los hombres; finalmente, en el agua del Jordán,

santificada por Cristo, inauguraste el sacramento de una vida nueva, que nos libra de la corrupción del pecado. Que esta agua nos recuerde ahora nuestro bautismo y nos haga participar en la alegría de nuestros hermanos, que han sido bautizados en esta Pascua del Señor, el cual vive y reina por los siglos de los siglos. R. Amén.

Renovación de las promesas del bautismo
46. Terminada la ceremonia del bautismo (y de la confirmación) o, si no hubo bau-tizos, después de la bendición del agua, todos, de pie y teniendo en sus manos las velas encendidas hacen la renovación de las promesas del bautismo. El sacerdote se dirige a la comunidad con estas palabras u otras parecidas:

Hermanos, por medio del bautismo, hemos sido hechos participes del misterio pascual de Cristo; es decir, por medio del bautismo, hemos sido sepultados con él en su muerte para resucitar con él a una vida nueva. Por eso, al terminar el tiempo de preparación de la Cuaresma, es muy conveniente que renovemos las promesas de nuestro bautismo, con las cuales un día renunciamos a Satanás y a sus obras y nos comprometimos a servir a Dios, en la santa Iglesia católica. Así, pues: Para hacer la renuncia, se puede tomar una de las tres fórmulas que se proponen a con-tinuación: Primera fórmula: Sacerdote: ¿Renunciáis vosotros a Satanás? Todos: Sí, renuncio. Sacerdote: ¿Renunciáis a todas sus obras? Todos:

Sí, renuncio. Sacerdote: ¿Renunciáis a todas sus seducciones? Todos: Sí, renuncio.

Segunda fórmula: Sacerdote: ¿Renunciáis vosotros al pecado para vivir en la libertad de los hi-jos de Dios? Todos: Si, renuncio. Sacerdote: ¿Renunciáis a todas las seducciones del mal para que el pecado no los esclavice? Todos: Si, renuncio. Sacerdote: ¿Renunciáis a Satanás, padre y autor de todo pecado? Todos: Si, renuncio. Tercera fórmula: Sacerdote: ¿Renunciáis a Satanás, esto es, al pecado, como negación de Dios; al mal, como signo de pecado en el mundo; al error, como ofuscación de la verdad; a la violencia, como contraria a la caridad; al egoísmo, como falta de testimonio del amor? Todos: Si, renuncio.

Sacerdote: ¿Renunciáis a sus obras, que son: las envidias y los odios; la pereza e indiferencia; la cobardía y los complejos; las tristezas y desconfianzas; las injusticias y favoritismos; los materialismos y las sensualidades; las faltas fe, esperanza y caridad? Todos: Si, renuncio. Sacerdote: ¿Renunciáis a todas sus seducciones, como pueden ser: el creerse mejores que los demás; sentirse superiores; estar seguros de sí mismo; creer que no necesitan conversión; considerar solamente las cosas materiales, los instrumentos y las instituciones, los métodos y los reglamentos, y no llegar a Dios? Todos: Si, renuncio.

Prosigue el sacerdote:

¿Creéis vosotros en Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra? Todos: Si, creo. Sacerdote: ¿Creéis en Jesucristo, su Hijo único y Señor nuestro, que nació de la Virgen María, padeció y murió por nosotros, resucitó y está sentado a la derecha del Padre? Todos:

Sí, creo. Sacerdote: ¿Creéis en el Espíritu Santo, en la santa Iglesia católica, en la comunión de los santos, en el perdón de los pecados, en la resurrección de los muertos y en la vida eterna? Todos: Sí, creo. Y el sacerdote concluye: Que Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos liberó del pecado y nos ha hecho renacer por el agua y el Espíritu Santo, nos conserve con su gracia unidos a Jesucristo nuestro Señor, hasta la vida eterna. Todos: Amén.
47. El sacerdote asperja al pueblo con el agua bendita, mientras todos cantan la si-guiente antífona o algún otro canto bautismal:

Vi brotar agua del lado derecho del templo, aleluya. Vi que en todos aquellos que recibían el agua, surgía una vida nueva y cantaban con gozo: Aleluya, aleluya.
48. Mientras tanto los neófitos son conducidos a su lugar entre los fieles.

Si la bendición del agua bautismal se hizo en el presbiterio, los ministros llevan a la fuente, con toda reverencia, el recipiente del agua. Si no hubo bendición de la fuente, el agua bendita se coloca en un lugar apropiado. 49. Hecha la aspersión, el sacerdote vuelve a la sede, en donde dirige la Oración Universal, en la cual toman parte los neófitos por primera vez. No se dice Credo.

Cuarta parte: Liturgia eucarística
50. El sacerdote va al altar y comienza la Liturgia Eucarística, en la forma

acos-tumbrada. 51. Es conveniente que el pan y el vino sean presentados por los neófitos, si los hay.

Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, los dones que te presentamos y concédenos que el memorial de la muerte y resurrección de Jesucristo, que estamos celebrando, nos obtenga la fuerza para llegar a la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. 52. Prefacio pascual I: EL MISTERIO PASCUAL V. El Señor esté con vosotros. R. Y con tu espíritu. V. Levantemos el corazón. R. Lo tenemos levantado hacia el Señor. V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R. Es justo y necesario. En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, glorificarte siempre, Señor, pero más que nunca en esta noche en que Cristo, nuestra Pascua, fue inmolado. Porque él es el Cordero de Dios que quitó el pecado del mundo: muriendo, destruyó nuestra muerte, y resucitando, restauró la vida. Por eso, con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría y también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan sin cesar el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo...

Si se usa el Canon romano, se dice: Reunidos en comunión, y Acepta, Señor, propios.
Desde la misa de la vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar (la no-che santa) el día santo de la resurrección de nuestro Señor Jesu-cristo según la carne, veneramos la memoria, ante todo, de la glo-riosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; *
Desde la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus siervos y de toda tu familia santa, por aquellos que has hecho renacer del agua y del Espíritu santo perdonándoles todos sus pecados ordena en tu paz nuestros días, líbranos de la condenación eterna y cuéntanos entre tus elegidos.
Junta las manos

[Por Cristo nuestro Señor. Amén.] Si se usa la plegaria eucarística II, se dice: Acuérdate, Señor, propio y la intercesión particular, propia. Desde la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí (en la noche santísima) en el día santísimo de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo; * En las Misas de Pascua, de su octava y en el bautismo de adultos: Acuérdate también de nuestros hermanos [N. y N.,] que hoy, por medio del bautismo [y de la confirmación] han entrado a formar parte de tu familia; ayúdales a seguir a Cristo, tu Hijo, con ánimo generoso y ferviente. Si se usa la plegaria eucarística III, se dice Atiende los deseos, propio y la intercesión particular, propia. En las misas de Pascua y de su octava: * Confirma en la fidelidad cristiana a tus hijos [N. y N.] que hoy, por medio del bautismo: [y del don del Espíritu]has llamado a formar parte de tu pueblo y concédeles andar siempre en una vida nueva. Desde la misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

* (en la noche gloriosa) en el día glorioso de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo según la carne.

53.

Antífona de comunión

1 Cor 5, 7-8

Cristo, nuestro Cordero pascual, ha sido inmolado. Celebremos, pues, la Pascua, con una vida de rectitud y santidad. Aleluya. 54. Oración después de la comunión

Infúndenos, Señor, tu espíritu de caridad para que vivamos siempre unidos en tu amor los que hemos participado en este sacramento de la muerte y resurrección de Jesucristo, que vive y reina por los siglos de los siglos.
55. Para la despedida, el diácono o el mismo sacerdote dice:

Podéis ir en paz, aleluya, aleluya. R. Demos gracias a Dios, aleluya, aleluya.

TIEMPO PASCUAL
Surrexit Dominus Vere, Alleluia! Domingo de Resurrección
Vigilia pascual Misa del día

Octava de Pascua
L-M-X-J-V-S-D

Segunda Semana
L-M-M-J-V-S

Tercera Semana
D-L-M-M-J-V-S

Cuarta Semana
D-L-M-M-J-V-S

Quinta Semana
D-L-M-M-J-V-S

Sexta Semana
D-L-M-M-J-V-S

Séptima Semana
L-M-M-J-V-S

Solemnidades de Pascua
Ascensión Pentecostés

DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCION DEL SEÑOR
MISA DEL DÍA Antífona de entrada Sal 138, 18. 5-6

He resucitado y viviré siempre contigo; has puesto tu mano sobre mí, tu sabiduría ha sido maravillosa. Aleluya.
O bien:

Lc 24, 34; Cf. Ap 1, 6

El Señor ha resucitado. Aleluya. A él la gloria y el poder por toda la eternidad. Oración colecta Dios nuestro, que por medio de tu Hijo venciste a la muerte y nos has abierto las puertas de la vida eterna, concede a quienes celebramos hoy la Pascua de Resurrección, resucitar también a una nueva vida, renovados por la gracia del Espíritu Santo. Por nuestro Señor Jesucristo.
Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas Regocijados con la alegría de la Pascua, te ofrecemos, Señor, esta Eucaristía, mediante la cual tu Iglesia se renueva y alimenta de un modo admirable. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio EL MISTERIO PASCUAL V. El Señor esté con vosotros.

R. Y con tu espíritu. V. Levantemos el corazón. R. Lo tenemos levantado hacia el Señor. V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R. Es justo y necesario. En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación glorificarte siempre, Señor, pero más que nunca en este día, en que Cristo nuestra Pascua, fue inmolado. Porque Él es el Cordero de Dios que quitó el pecado del mundo: muriendo, destruyó nuestra muerte, y resucitando, restauró la vida. Por eso, con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría y también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan sin cesar el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo...

Si se usa el Canon romano, se dice: Reunidos en comunión, y Acepta, Señor. Desde la misa de la vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar (la no-che santa) el día santo de la resurrección de nuestro Señor Jesu-cristo según la carne, veneramos la memoria, ante todo, de la glo-riosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; * Desde la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus siervos y de toda tu familia santa, por aquellos que has hecho renacer del agua y del Espíritu santo perdonándoles todos sus pecados ordena en tu paz nuestros días,

líbranos de la condenación eterna y cuéntanos entre tus elegidos. Junta las manos [Por Cristo nuestro Señor. Amén.]

Si se usa la plegaria eucarística II:Acuérdate, Señor, y la intercesión particular. Desde la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí (en la noche santísima) en el día santísimo de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo; * En las Misas de Pascua y de su octava: Acuérdate también de nuestros hermanos [N. y N.,] que hoy, por medio del bautismo [y de la confirmación] han entrado a formar parte de tu familia; ayúdales a seguir a Cristo, tu Hijo, con ánimo generoso y ferviente.

Si se usa la plegaria eucarística III, se dicela intercesión particular y Atiende a los deseos. En las Misas de Pascua y de su octava: * Confirma en la fidelidad cristiana a tus hijos [N. y N.] que hoy, por medio del bautismo: [y del don del Espíritu]has llamado a formar parte de tu pueblo y concédeles andar siempre en una vida nueva. Desde la misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: * (en la noche gloriosa) en el día glorioso de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo según la carne.

Antífona de comunión

1 Cor 5, 7-8

Cristo, nuestro Cordero Pascual, ha sido inmolado: celebremos, pues la Pascua con una vida de rectitud y santidad. Aleluya. Oración después de la comunión Señor, protege siempre a tu Iglesia con amor paterno,

para que, renovada ya por los sacramentos de Pascua, pueda llegar a la gloria de la resurrección. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Para despedir al pueblo, durante toda la octava se dice:

Podéis ir en paz, aleluya, aleluya.
El pueblo responde:

R. Demos gracias a Dios, aleluya, aleluya.

Toda la Octava de Pascua se dice esta despedida

LUNES DE LA OCTAVA DE PASCUA
Antífona de entrada Ex 13, 5. 9

Que la alabanza del Señor esté siempre en nuestros labios, porque el Señor nos ha introducido en la tierra prometida, tierra que mana leche y miel. Aleluya.
O bien:

El Señor ha resucitado, como lo había predicho; llenémonos de gozo y de alegría, porque reina eternamente. Aleluya.
Se dice Gloria.

Oración colecta Dios nuestro, que por medio del bautismo das nuevos hijos a tu Iglesia y la haces crecer continuamente, concédenos vivir siempre de acuerdo con la fe que recibimos en el bautismo. Por nuestro Señor Jesucristo.
No se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas Recibe, Señor, con bondad, nuestras ofrendas, y tú, que nos llamaste a la fe

y nos has hecho renacer por el bautismo, guíanos a la felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Pascua I: (en este día).

Si se usa el Canon romano, se dice: Reunidos en comunión, y Acepta, Señor. Desde la misa de la vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar (la no-che santa) el día santo de la resurrección de nuestro Señor Jesu-cristo según la carne, veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; * Desde la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus siervos y de toda tu familia santa, por aquellos que has hecho renacer del agua y del Espíritu santo perdonándoles todos sus pecados ordena en tu paz nuestros días, líbranos de la condenación eterna y cuéntanos entre tus elegidos. Junta las manos [Por Cristo nuestro Señor. Amén.]

Si se usa la plegaria eucarística II:Acuérdate, Señor, y la intercesión particular. Desde la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí (en la noche santísima) en el día santísimo de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo; * En las Misas de Pascua y de su octava: Acuérdate también de nuestros hermanos [N. y N.,] que hoy, por medio del bautismo [y de la confirmación] han entrado a formar parte de tu familia; ayúdales a seguir a Cristo, tu Hijo, con ánimo generoso y ferviente.

Si se usa la plegaria eucarística III, se dicela intercesión particular y Atiende a los deseos. En las Misas de Pascua y de su octava: * Confirma en la fidelidad cristiana a tus hijos [N. y N.] que hoy, por medio del bautismo: [y del don del Espíritu]has llamado a formar parte de tu pueblo y concédeles andar siempre en una vida nueva. Desde la misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: * (en la noche gloriosa) en el día glorioso de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo según la carne.

Antífona de comunión

Rom 6, 9

Cristo resucitado, ya no puede morir; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Aleluya. Oración después de la comunión Que la gracia de este sacramento, memorial de la Pascua de tu Hijo, fructifique, Señor, en nuestros corazones para que podamos corresponder a los dones de tu amor, que nos abrió el camino de la salvación eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

MARTES DE LA OCTAVA DE PASCUA
Antífona de entrada Cf. Sir 15, 3-4 El Señor les dará a beber el agua de la sabiduría; se apoyarán en él y no vacilarán. El los llenará de gloria eternamente. Aleluya.
Se dice Gloria.

Oración colecta Señor, tú que nos has librado del pecado por medio de la muerte y resurrección de tu Hijo, prosigue en nosotros la obra liberadora de tu gracia y concédenos el gozo de celebrar la Pascua eterna, que ya desde ahora nos llena de esperanza y alegría.

Por nuestro Señor Jesucristo.
No se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, en tu bondad, los dones que te presentamos, y concédenos tu protección para conservar tu gracia y conseguir la felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Pascua I: (en este día).
Si se usa el Canon romano, se dice: Reunidos en comunión, y Acepta, Señor. Desde la misa de la vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar (la no-che santa) el día santo de la resurrección de nuestro Señor Jesu-cristo según la carne, veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; * Desde la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus siervos y de toda tu familia santa, por aquellos que has hecho renacer del agua y del Espíritu santo perdonándoles todos sus pecados ordena en tu paz nuestros días, líbranos de la condenación eterna y cuéntanos entre tus elegidos. Junta las manos [Por Cristo nuestro Señor. Amén.]

Si se usa la plegaria eucarística II:Acuérdate, Señor, y la intercesión particular. Desde la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí (en la noche santísima) en el día santísimo de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo; * En las Misas de Pascua y de su octava:

Acuérdate también de nuestros hermanos [N. y N.,] que hoy, por medio del bautismo [y de la confirmación] han entrado a formar parte de tu familia; ayúdales a seguir a Cristo, tu Hijo, con ánimo generoso y ferviente.

Si se usa la plegaria eucarística III, se dicela intercesión particular y Atiende a los deseos. En las Misas de Pascua y de su octava: * Confirma en la fidelidad cristiana a tus hijos [N. y N.] que hoy, por medio del bautismo: [y del don del Espíritu]has llamado a formar parte de tu pueblo y concédeles andar siempre en una vida nueva. Desde la misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: * (en la noche gloriosa) en el día glorioso e la resurrección de nuestro Señor Jesucristo según la carne.

Antífona de comunión

Col 3, 1-2

Puesto que habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas del cielo, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios; aficionaos a los bienes del cielo, no a los de la tierra. Aleluya. Oración después de la comunión Tú que nos has concedido la gracia inmerecida del bautismo, purifica, Señor, y fortalece nuestros corazones, para que podamos alcanzar un día la felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

MIÉRCOLES DE LA OCTAVA DE PASCUA
Antífona de entrada Mt 25, 34 Venid, benditos de mi Padre, tomad posesión del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Aleluya.
Se dice Gloria.

Oración colecta

Dios nuestro, que en la liturgia pascual nos concedes cada año la alegría de revivir la resurrección del Señor, haz que el júbilo de estos días alcance su plenitud en la Pascua del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo.
No se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, este sacrificio con el que has redimido a todos los hombres, y concédenos, por medio de él, la salvación del cuerpo y del espíritu. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Pascua I: (en este día).
Si se usa el Canon romano, se dice: Reunidos en comunión, y Acepta, Señor. Desde la misa de la vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar (la no-che santa) el día santo de la resurrección de nuestro Señor Jesu-cristo según la carne, veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; * Desde la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus siervos y de toda tu familia santa, por aquellos que has hecho renacer del agua y del Espíritu santo perdonándoles todos sus pecados ordena en tu paz nuestros días, líbranos de la condenación eterna y cuéntanos entre tus elegidos. Junta las manos [Por Cristo nuestro Señor. Amén.]

Si se usa la plegaria eucarística II:Acuérdate, Señor, y la intercesión particular. Desde la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí (en la noche santísima) en el día santísimo de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo; * En las Misas de Pascua y de su octava: Acuérdate también de nuestros hermanos [N. y N.,] que hoy, por medio del bautismo [y de la confirmación] han entrado a formar parte de tu familia; ayúdales a seguir a Cristo, tu Hijo, con ánimo generoso y ferviente.

Si se usa la plegaria eucarística III, se dicela intercesión particular y Atiende a los deseos. En las Misas de Pascua y de su octava: * Confirma en la fidelidad cristiana a tus hijos [N. y N.] que hoy, por medio del bautismo: [y del don del Espíritu]has llamado a formar parte de tu pueblo y concédeles andar siempre en una vida nueva. Desde la misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: * (en la noche gloriosa) en el día glorioso de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo según la carne.

Antífona de comunión Lc 24, 35 Al atardecer del día de la resurrección, los discípulos reconocieron al Señor cuando partió el pan. Aleluya. Oración después de la comunión Te rogamos, Señor, que, purificados ya de nuestras pasadas culpas, la participación en este sacramento de tu Hijo nos transforme en hombres nuevos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

JUEVES DE LA OCTAVA DE PASCUA
Antífona de entrada Sb 10, 20-21 Todos alabamos, Señor, tu poder y tu sabiduría, porque has abierto la boca de los mudos y has hecho elocuentes las lenguas de los niños. Aleluya.

Se dice Gloria.

Oración colecta Dios nuestro, que has reunido pueblos de toda la tierra para alabar tu nombre, concede a todos tus hijos, nacidos a una vida nueva por medio del bautismo, tener una misma fe y manifestarla en la vida con un mismo amor. Por nuestro Señor Jesucristo.
No se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas Recibe, Señor, con bondad, el sacrificio que vamos a ofrecerte, para darte gracias por los nuevos bautizados y pedirte para ellos tu constante ayuda. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Pascua I: (en este día).
Si se usa el Canon romano, se dice: Reunidos en comunión, y Acepta, Señor. Desde la misa de la vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar (la no-che santa) el día santo de la resurrección de nuestro Señor Jesu-cristo según la carne, veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; * Desde la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus siervos y de toda tu familia santa, por aquellos que has hecho renacer del agua y del Espíritu santo perdonándoles todos sus pecados ordena en tu paz nuestros días, líbranos de la condenación eterna y cuéntanos entre tus elegidos. Junta las manos [Por Cristo nuestro Señor. Amén.]

Si se usa la plegaria eucarística II:Acuérdate, Señor, y la intercesión particular. Desde la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí (en la noche santísima) en el día santísimo de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo; * En las Misas de Pascua y de su octava: Acuérdate también de nuestros hermanos [N. y N.,] que hoy, por medio del bautismo [y de la confirmación] han entrado a formar parte de tu familia; ayúdales a seguir a Cristo, tu Hijo, con ánimo generoso y ferviente.

Si se usa la plegaria eucarística III, se dicela intercesión particular y Atiende a los deseos. En las Misas de Pascua y de su octava: * Confirma en la fidelidad cristiana a tus hijos [N. y N.] que hoy, por medio del bautismo: [y del don del Espíritu]has llamado a formar parte de tu pueblo y concédeles andar siempre en una vida nueva. Desde la misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: * (en la noche gloriosa) en el día glorioso de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo según la carne.

Antífona de comunión

1 Pe 2, 9

Nosotros somos el pueblo redimido por Dios; anunciemos las maravillas del Señor, que nos ha llamado de las tinieblas a su luz admirable. Aleluya. Oración después de la comunión Que el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, precio de nuestra redención, nos ayuden, Señor, a cumplir tus mandamientos y a obtener, así, nuestra felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

VIERNES DE LA OCTAVA DE PASCUA
Antífona de entrada Sal 77, 53 El Señor liberó a su pueblo y lo llenó de esperanza, y a sus enemigos los sumergió en el mar. Aleluya.
Se dice Gloria.

Oración colecta Dios todopoderoso y eterno, que en el sacramento de la muerte y resurrección de tu Hijo ofreces a los hombres el pacto de la reconciliación y de la paz, concédenos realizar en nuestra vida este misterio que proclamamos con la fe. Por nuestro Señor Jesucristo.
No se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, estos dones que te presentamos, para que nos los conviertas en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo resucitado, y transfórmanos a nosotros, para que, de las alegrías y trabajos de la tierra, podamos elevarnos al deseo de ti. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Pascua I: (en este día).
Si se usa el Canon romano, se dice: Reunidos en comunión, y Acepta, Señor. Desde la misa de la vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar (la no-che santa) el día santo de la resurrección de nuestro Señor Jesu-cristo según la carne, veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; * Desde la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus siervos y de toda tu familia santa, por aquellos que has hecho renacer

del agua y del Espíritu santo perdonándoles todos sus pecados ordena en tu paz nuestros días, líbranos de la condenación eterna y cuéntanos entre tus elegidos. Junta las manos [Por Cristo nuestro Señor. Amén.] Si se usa la plegaria eucarística II:Acuérdate, Señor, y la intercesión particular. Desde la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí (en la noche santísima) en el día santísimo de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo; * En las Misas de Pascua y de su octava: Acuérdate también de nuestros hermanos [N. y N.,] que hoy, por medio del bautismo [y de la confirmación] han entrado a formar parte de tu familia; ayúdales a seguir a Cristo, tu Hijo, con ánimo generoso y ferviente.

Si se usa la plegaria eucarística III, se dicela intercesión particular y Atiende a los deseos. En las Misas de Pascua y de su octava: * Confirma en la fidelidad cristiana a tus hijos [N. y N.] que hoy, por medio del bautismo: [y del don del Espíritu]has llamado a formar parte de tu pueblo y concédeles andar siempre en una vida nueva. Desde la misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: * (en la noche gloriosa) en el día glorioso de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo según la carne.

Antífona de comunión 12-13

Cf. Jn 21,

Dijo Jesús a sus discípulos: Venid y comed. Y tomó un pan y lo repartió entre ellos. Aleluya. Oración después de la comunión Señor, que tu amor paterno proteja siempre a quienes has salvado por medio de la pasión de tu Hijo,

y que Cristo resucitado sea la fuente de todas nuestras alegrías. Por Jesucristo, nuestro Señor.

SÁBADO DE LA OCTAVA DE PASCUA
Antífona de entrada Sal 104, 43 El Señor liberó a su pueblo y lo llenó de alegría; al pueblo elegido lo colmó de júbilo. Aleluya.
Se dice Gloria.

Oración colecta Dios nuestro, que en tu bondad sin límites aumentas cada día el número de los que creen en ti, mira con amor a tus elegidos, que han nacido a una nueva vida por medio del bautismo y concédeles alcanzar la resurrección gloriosa. Por nuestro Señor Jesucristo.
No se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas Concédenos, Señor, que este sacrificio pascual que vamos a ofrecerte, nos llene siempre de alegría, prosiga en nosotros tu obra redentora y nos obtenga de ti la felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Pascua I: (en este día).
Si se usa el Canon romano, se dice: Reunidos en comunión, y Acepta, Señor. Desde la misa de la vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar (la no-che santa) el día santo de la resurrección de nuestro Señor Jesu-cristo según la carne, veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; * Desde la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: Acepta, Señor, en tu bondad,

esta ofrenda de tus siervos y de toda tu familia santa, por aquellos que has hecho renacer del agua y del Espíritu santo perdonándoles todos sus pecados ordena en tu paz nuestros días, líbranos de la condenación eterna y cuéntanos entre tus elegidos. Junta las manos [Por Cristo nuestro Señor. Amén.]

Si se usa la plegaria eucarística II:Acuérdate, Señor, y la intercesión particular. Desde la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí (en la noche santísima) en el día santísimo de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo; * En las Misas de Pascua y de su octava: Acuérdate también de nuestros hermanos [N. y N.,] que hoy, por medio del bautismo [y de la confirmación] han entrado a formar parte de tu familia; ayúdales a seguir a Cristo, tu Hijo, con ánimo generoso y ferviente.

Si se usa la plegaria eucarística III, se dicela intercesión particular y Atiende a los deseos. En las Misas de Pascua y de su octava: * Confirma en la fidelidad cristiana a tus hijos [N. y N.] que hoy, por medio del bautismo: [y del don del Espíritu]has llamado a formar parte de tu pueblo y concédeles andar siempre en una vida nueva. Desde la misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: * (en la noche gloriosa) en el día glorioso de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo según la carne.

Antífona de comunión

Gal 3, 27

Todos los que habéis sido bautizados en Cristo os habéis revestido

de Cristo. Aleluya.
Oración después de la comunión Mira, Señor, con bondad, a estos hijos tuyos que has renovado por medio de los sacramentos, y condúcelos al gozo eterno de la resurrección. Por Jesucristo, nuestro Señor.

II DOMINGO DE PASCUA
Antífona de entrada 1 Pe 2, 2 Como niños recién nacidos, desead una leche pura y espiritual que os haga crecer hacia la salvación. Aleluya.
O bien:

4 Edr 2, 36-37

Abrid vuestro corazón con alegría, y dad gracias a Dios, que os ha llamado al Reino de los cielos. Aleluya. Oración colecta Dios de eterna misericordia, que reavivas la fe de tu pueblo con la celebración anual de las fiestas pascuales, aumenta en nosotros tu gracia, para que comprendamos a fondo la inestimable riqueza del bautismo que nos ha purificado, del Espíritu que nos ha dado una vida nueva y de la Sangre que nos ha redimido. Por nuestro Señor Jesucristo.
Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas Recibe, Señor, las ofrendas que (junto con los recién bautizados) te presentamos; tú que nos llamaste a la fe y nos has hecho renacer por el bautismo, guíanos a la felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Pascua I: (en este día).
Si se usa el Canon romano, se dice: Reunidos en comunión, y Acepta, Señor.

Desde la misa de la vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar (la no-che santa) el día santo de la resurrección de nuestro Señor Jesu-cristo según la carne, veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; * Desde la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus siervos y de toda tu familia santa, por aquellos que has hecho renacer del agua y del Espíritu santo perdonándoles todos sus pecados ordena en tu paz nuestros días, líbranos de la condenación eterna y cuéntanos entre tus elegidos. Junta las manos [Por Cristo nuestro Señor. Amén.]

Si se usa la plegaria eucarística II:Acuérdate, Señor, y la intercesión particular. Desde la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí (en la noche santísima) en el día santísimo de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo; * En las Misas de Pascua y de su octava: Acuérdate también de nuestros hermanos [N. y N.,] que hoy, por medio del bautismo [y de la confirmación] han entrado a formar parte de tu familia; ayúdales a seguir a Cristo, tu Hijo, con ánimo generoso y ferviente.

Si se usa la plegaria eucarística III, se dicela intercesión particular y Atiende a los deseos. En las Misas de Pascua y de su octava: * Confirma en la fidelidad cristiana a tus hijos [N. y N.] que hoy, por medio del bautismo: [y del don del Espíritu]has llamado a formar parte de tu pueblo y concédeles andar siempre en una vida nueva. Desde la misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: * (en la noche gloriosa) en el día glorioso

de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo según la carne.

Antífona de comunión 27

Cf. Jn 20,

Jesús dijo a Tomás: acerca tu mano, toca las cicatrices dejadas por los clavos y no seas incrédulo, sino creyente. Aleluya. Oración después de la comunión Concédenos, Dios todopoderoso, que la gracia recibida en este sacramento nos impulse siempre a servirte mejor. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Lunes de la II Semana
Antífona de entrada Rom 6, 9

Cristo resucitado, ya no puede morir; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Aleluya. Oración colecta Dios todopoderoso y eterno, a quien confiadamente podemos llamar ya Padre nuestro, haz crecer en nuestros corazones el espíritu de hijos adoptivos tuyos, para que merezcamos gozar, un día, de la herencia que nos has prometido. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, los dones que te presentamos llenos de júbilo por la resurrección de tu Hijo, y concédenos participar con él, un día, de la felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Pascua I-V. Antífona de comunión Jn 20, 19

Jesús se presentó en medio de sus discípulos y les dijo: "La paz sea con vosotros". Aleluya. Oración después de la comunión Mira, Señor, con bondad, a estos hijos tuyos que has renovado por medio de los sacramentos, y condúcelos al gozo eterno de la resurrección. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Martes de la II Semana
Antífona de entrada Ap 19, 7. 6

Alegrémonos, regocijémonos y demos gracias, porque el Señor, nuestro Dios omnipotente, ha empezado a reinar. Aleluya. Oración colecta Haz, Señor, que nuestra vida toda sea testimonio vivo del poder de Cristo resucitado, que nos ha hecho morir con él al pecado, para que podamos resucitar con él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Oración sobre las ofrendas Concédenos, Señor, que este sacrificio pascual que vamos a ofrecerte, nos llene siempre de alegría, prosiga en nosotros tu obra redentora y nos obtenga de ti la felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Pascua I-V. Antífona de comunión Cf. Lc 24, 46. 26

Era necesario que Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos y así, entrara luego en su gloria. Aleluya.

Oración después de la comunión Que el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, precio de nuestra redención, nos ayuden, Señor, a cumplir tus mandamientos y a obtener, así, nuestra felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Miércoles de la II Semana
Antífona de entrada Sal 17, 50; 21, 23

Te alabaré, Señor, ante los hombres y hablaré a mis hermanos de tu poder y tu misericordia. Aleluya. Oración colecta Dios nuestro, que con la Pascua de tu Hijo has devuelto al hombre su dignidad perdida y le has dado la esperanza de la resurrección, concédenos agradecerte siempre, con amor, este misterio de fe que estamos celebrando. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Dios nuestro, que por medio de estos dones que vas a convertir en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, nos haces participar de tu misma vida divina, concédenos que nuestra conducta ponga de manifiesto las verdades que nos has revelado. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Pascua I-V. Antífona de comunión Cf. Jn 15, 16. 19

Soy yo quien os ha elegido del mundo, dice el Señor, y os ha destinado para que vayáis y produzcáis fruto, y vuestro fruto perdure. Aleluya. Oración después de la comunión Señor, tú que nos has concedido participar

en esta Eucaristía, míranos con bondad y ayúdanos a vencer nuestra fragilidad humana, para poder vivir como hijos tuyos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Jueves de la II Semana
Antífona de entrada Cf. Sal 67, 8-9. 20

Cuando saliste, Señor, al frente de tu pueblo, y le abriste camino a través del desierto, la tierra se estremeció y hasta los cielos se fundieron. Aleluya. Oración colecta Concédenos, Padre misericordioso, que veamos fructificar en nuestra vida las gracias recibidas durante esta Pascua. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, las ofrendas que te presentamos y purifica nuestros corazones, para que podamos participar dignamente en este sacramento de tu amor. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Pascua I-V. Antífona de comunión Mt 28, 20

Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Aleluya. Oración después de la comunión Dios todopoderoso y eterno, que en Cristo resucitado nos has hecho renacer a la vida eterna, haz que este misterio pascual, en el que acabamos de participar por medio de la Eucaristía, dé en nosotros abundantes frutos de salvación.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Viernes de la II Semana
Antífona de entrada Ap 5, 9-10

Señor, con tu sangre has rescatado a hombres de todas las razas, lenguas, pueblos y naciones y has hecho de nosotros un reino de sacerdotes para Dios. Aleluya. Oración colecta Padre misericordioso, que para librarnos del poder del enemigo quisiste que tu Hijo sufriera por nosotros el suplicio de la cruz, concédenos llegar con él a la gloria de la resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, con bondad, las ofrendas que te presentamos, y ayúdanos a conservar tu gracia para alcanzar un día la felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Pascua I-V. Antífona de comunión Rom 4, 25

Cristo fue condenado a muerte por nuestros pecados, y resucitó para nuestra justificación. Aleluya. Oración después de la comunión Señor, que tu amor paterno proteja siempre a quienes has salvado por medio de la pasión de tu Hijo, y que Cristo resucitado sea la fuente de todas nuestras alegrías. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Sábado de la II Semana

Antífona de entrada

1 Pe 2, 9

Nosotros somos el pueblo redimido por Dios; anunciemos las maravillas del Señor, que nos ha llamado de las tinieblas a su luz admirable. Aleluya. Oración colecta Señor, tú que te has dignado redimirnos y has querido hacernos hijos tuyos, míranos siempre con amor de Padre y haz que, cuantos creemos en Cristo, obtengamos la verdadera libertad y la herencia eterna. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, estos dones que hemos preparado para el sacrificio eucarístico y transforma toda nuestra vida en una continua ofrenda. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Pascua I-V. Antífona de comunión Jn 17, 24

Padre, quiero que donde yo esté, estén también conmigo los que tú me has dado, para que contemplen la gloria que me diste, dice el Señor. Aleluya. Oración después de la comunión Te suplicamos, Señor, que esta Eucaristía, que tu Hijo nos mandó celebrar en memoria suya y en la cual hemos participado, nos una cada vez más con el vinculo de tu amor. Por Jesucristo, nuestro Señor.

III DOMINGO DE PASCUA
Antífona de entrada Sal 65, 1-2

Aclamad al Señor, habitantes todos de la tierra, cantad un himno a su nombre, dadle gracias y alabadlo. Aleluya. Oración colecta Señor, tú que nos has renovado en el espíritu al devolvernos la dignidad de hijos tuyos, concédenos aguardar, llenos de júbilo y esperanza, el día glorioso de la resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo.
Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, los dones que te presentamos llenos de júbilo por la resurrección de tu Hijo, y concédenos participar con él, un día, de la felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Pascua I-V. Antífona de comunión Año A: Lc 24, 35 Al atardecer del día de la resurrección, los discípulos reconocieron al Señor cuando partió el pan. Aleluya. Año B: Lc 24, 46-47 Era necesario que Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día y que, en su nombre, se exhortara a todos los pueblos al arrepentimiento para el perdón de los pecados. Aleluya. Año C: Jn 21, 12-13 Cf.

Dijo Jesús a sus discípulos: Venid y comed. Y tomó un pan y lo repartió entre ellos. Aleluya. Oración después de la comunión Mira, Señor, con bondad a estos hijos tuyos que has renovado por medio de los sacramentos, y condúcelos al gozo eterna de la resurrección. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Lunes de la III Semana
Antífona de entrada Ha resucitado Jesús, el Buen Pastor, que dio la vida por sus ovejas y que se dignó morir para salvarnos. Aleluya. Oración colecta Señor, tú que iluminas a los extraviados con la luz de tu Evangelio para que vuelvan al camino de la verdad, concede a cuantos nos llamamos cristianos, imitar fielmente a Cristo y rechazar lo que pueda alejarnos de Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, las ofrendas que te presentamos, y purifica nuestros corazones, para que podamos participar dignamente en este sacramento de tu amor. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Pascua I-V. Antífona de comunión Jn 14, 27

La paz os dejo, mi paz os doy; pero yo no os la doy como la da el mundo, dice el Señor. Aleluya. Oración después de la comunión Dios todopoderoso y eterno, que en Cristo resucitado nos has hecho renacer a la vida eterna, haz que este misterio pascual, en el que acabamos de participar por medio de la Eucaristía, dé en nosotros abundantes frutos de salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Martes de la III Semana
Antífona de entrada Ap 19, 5; 12, 10

Alabemos a nuestro Dios todos cuantos lo tememos, pequeños y grandes, porque ha llegado ya la salvación, el poder y el reinado de su Cristo. Aleluya. Oración colecta Dios nuestro, que abres las puertas de tu Reino a quienes renacen del agua y del Espíritu Santo, haz fructificar en nosotros la gracia del bautismo para que, libres de toda culpa, podamos alcanzar la herencia que nos has prometido. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, los dones que te presentamos llenos de júbilo por la resurrección de tu Hijo, y concédenos participar con él, un día, de la felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Pascua I-V. Antífona de comunión Rom 6, 8

Si hemos muerto con Cristo, también viviremos con él; ésta es nuestra fe. Aleluya. Oración después de la comunión Mira, Señor, con bondad, a estos hijos tuyos que has renovado por medio de los sacramentos, y condúcelos al gozo eterno de la resurrección. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Miércoles de la III Semana

Antífona de entrada

Sal 70, 8. 23

Que mi boca, Señor, se llene de alabanzas para poder cantarte; entonces mis labios se estremecerán de júbilo. Aleluya. Oración colecta Ayuda, Señor, con generosidad, a estos hijos tuyos a quienes has concedido el don de la fe, para que puedan, un día, alcanzar la felicidad eterna con tu Hijo resucitado, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Oración sobre las ofrendas Concédenos, Señor, que este sacrificio pascual que vamos a ofrecerte, nos llene siempre de alegría, prosiga en nosotros tu obra redentora y nos obtenga de ti la felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Pascua I-V. Antífona de comunión El Señor que nos redimió con su sangre, ha resucitado y ha hecho resplandecer su luz sobre nosotros. Aleluya. Oración después de la comunión Que el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, precio de nuestra redención, nos ayuden, Señor, a cumplir tus mandamientos y a obtener, así, nuestra felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Jueves de la III Semana

Antífona de entrada

Ex 15, 1-2

Cantemos al Señor, pues su victoria es grande. Alabemos al Señor, porque él es nuestra fortaleza y salvación. Aleluya. Oración colecta Señor, muéstranos siempre ese amor que en estos días de Pascua nos has revelado con mayor claridad, y concédenos que, libres del error y del pecado, sigamos con fidelidad tus enseñanzas. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Dios nuestro, que por medio de estos dones, que vas a convertir en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, nos haces participar de tu misma vida divina, concédenos que nuestra conducta ponga de manifiesto las verdades que nos has revelado. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Pascua I-V. Antífona de comunión 2 Cor 5, 15

Cristo murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí mismos, sino para él, que murió y resucitó por ellos. Aleluya. Oración después de la comunión Señor, tú que nos has concedido participar en esta Eucaristía, míranos con bondad y ayúdanos a vencer nuestra fragilidad humana, para poder vivir como hijos tuyos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Viernes de la III Semana
Antífona de entrada Ap 5, 12

Digno es el Cordero que fue sacrificado, de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza y el honor. Aleluya. Oración colecta Dios todopoderoso, que nos has dado la gracia de conocer la resurrección de tu Hijo, haz que resucitemos a una vida nueva por medio de tu Espíritu de amor. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, estos dones que hemos preparado para el sacrificio eucarístico, y transforma toda nuestra vida en una continua ofrenda. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Pascua I-V. Antífona de comunión Cristo, que murió en la cruz, ha resucitado ya y nos ha redimido. Aleluya. Oración después de la comunión Te suplicamos, Señor, que esta Eucaristía que tu Hijo nos mandó celebrar en memoria suya y en la cual hemos participado, nos una cada vez mas con el vínculo de tu amor. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Sábado de la III Semana
Antífona de entrada Col 2, 12

Por el bautismo, habéis sido sepultados con Cristo y con él habéis sido resucitados, porque habéis creído en el poder de Dios, que lo resucitó de entre los muertos. Aleluya.

Oración colecta Dios nuestro, que por medio del bautismo haces participar de la vida de Cristo a los que creen en ti, protégenos de los engaños del enemigo, para que podamos conservar fielmente el don de tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, en tu bondad, los dones que te presentamos y concédenos tu protección para conservar tu gracia y conseguir la felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Pascua I-V. Antífona de comunión Jn 17, 20-21

Padre, te ruego por aquellos que creerán en mí, para que sean uno en nosotros y el mundo pueda creer que tú me has enviado, dice el Señor. Aleluya. Oración después de la comunión Señor, que tu amor paterno proteja siempre a quienes has salvado por medio de la pasión de tu Hijo, y que Cristo resucitado sea la fuente de todas nuestras alegrías. Por Jesucristo, nuestro Señor.

IV DOMINGO DE PASCUA
Antífona de entrada Sal 32, 5-6 Alabemos al Señor llenos de gozo, porque la tierra está llena de su amor y su palabra hizo los cielos. Aleluya. Oración colecta Dios omnipotente y misericordioso,

guíanos a la felicidad eterna de tu Reino, a fin de que el pequeño rebaño de tu Hijo pueda llegar seguro a donde ya está su Pastor, resucitado, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas Concédenos, Señor, que este sacrificio pascual que vamos a ofrecerte, nos llene siempre de alegría, prosiga en nosotros tu obra redentora y nos obtenga de ti la felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Pascua I-V. Antífona de comunión Ha resucitado Jesús, el Buen Pastor, que dio la vida por sus ovejas, y que se dignó morir para salvarnos. Aleluya. Oración después de la comunión Vela, Señor, con solicitud, por las ovejas que rescataste con la Sangre preciosa de tu Hijo, para que puedan alcanzar, un día, la felicidad eterna de tu Reino. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Lunes de la IV Semana
Antífona de entrada Rom 6, 9

Cristo resucitado, ya no puede morir; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Aleluya. Oración colecta Dios nuestro, que por medio de la muerte de tu Hijo

has redimido al mundo de la esclavitud del pecado, concédenos participar ahora de la santa alegría pascual y, después en el cielo, de la felicidad eterna. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, los dones que te presentamos llenos de júbilo por la resurrección de tu Hijo, y concédenos participar con él, un día, de la felicidad eterna. Por Cristo nuestro Señor. Prefacio de Pascua I-V. Antífona de comunión Jn 20,19

Jesús se presentó en medio de sus discípulos y les dijo: "La paz sea con vosotros". Aleluya. Oración después de la comunión Mira, Señor, con bondad, a estos hijos tuyos que has renovado por medio de los sacramentos, y condúcelos al gozo eterno de la resurrección. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Martes de la IV Semana
Antífona de entrada Ap 19, 7. 6

Alegrémonos, regocijémonos y demos gracias, porque el Señor, nuestro Dios omnipotente, ha empezado a reinar. Aleluya. Oración colecta Dios Padre todopoderoso, concede a quienes celebramos la resurrección de Cristo, vivir plenamente la alegría de nuestra salvación. Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas Concédenos, Señor, que este sacrificio pascual que vamos a ofrecerte, nos llene siempre de alegría, prosiga en nosotros tu obra redentora y nos obtenga de ti la felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Pascua I-V. Antífona de comunión Cf. Lc 24, 46. 26

Era necesario que Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos y así entrara luego en su gloria. Aleluya. Oración después de la comunión Que el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, precio de nuestra redención, nos ayuden, Señor, a cumplir tus mandamientos y a obtener, así, nuestra felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Miércoles de la IV Semana
Antífona de entrada Sal 17, 50; 12, 23

Te alabaré, Señor, ante los hombres y hablaré a mis hermanos de tu poder y tu misericordia. Aleluya. Oración colecta Dios nuestro, vida de los creyentes, gloria de los humildes, felicidad de los justos, escucha nuestras súplicas y sacia, con la abundancia de tus dones, la sed de quienes esperamos en tus promesas. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Dios nuestro, que por medio de estos dones

que vas a convertir en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, nos haces participar de tu misma vida divina, concédenos que nuestra conducta ponga de manifiesto las verdades que nos has revelado. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Pascua I-V. Antífona de comunión Cf. Jn 15, 16. 19

Soy yo quien os ha elegido del mundo, dice el Señor, y os ha destinado para que vayáis y produzcáis fruto, y vuestro fruto perdure. Aleluya. Oración después de la comunión Señor, tú que nos has concedido participar en esta Eucaristía, míranos con bondad y ayúdanos a vencer nuestra fragilidad humana, para poder vivir como hijos tuyos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Jueves de la IV Semana
Antífona de entrada Cf. Sal 67, 8-9. 20

Cuando saliste, Señor, al frente de tu pueblo y le abriste camino a través del desierto, la tierra se estremeció y hasta los cielos se fundieron. Aleluya. Oración colecta Dios de inefable misericordia, que, al redimir al hombre, le otorgaste una dignidad mayor que la que tuvo en sus orígenes, bendice a quienes te has dignado hacernos hijos tuyos por medio del bautismo, y conserva siempre en nosotros tu gracia. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, las ofrendas que te presentamos, y purifica nuestros corazones

para que podamos participar dignamente en este sacramento de tu amor. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Pascua I-V. Antífona de comunión Mt 28,20

Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Aleluya. Oración después de la comunión Dios todopoderoso y eterno, que, en Cristo resucitado nos has hecho renacer a la vida eterna, haz que este misterio pascual en el que acabamos de participar por medio de la Eucaristía, dé en nosotros abundantes frutos de salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Viernes de la IV Semana
Antífona de entrada Ap 5, 9-10

Señor, con tu sangre has rescatado a hombres de todas las razas, lenguas, pueblos y naciones y has hecho de nosotros un reino de sacerdotes para Dios. Aleluya. Oración colecta Señor nuestro, que nos has dado la libertad y la salvación por medio de la Sangre de tu Hijo, concédenos vivir siempre para ti y en ti encontrar la felicidad eterna. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, con bondad, las ofrendas que te presentamos, y ayúdanos a conservar tu gracia para alcanzar un día la felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I-V. Antífona de comunión Rom 4, 2

Cristo fue condenado a muerte por nuestros pecados, y resucitó para nuestra justificación. Aleluya. Oración después de la comunión Señor, que tu amor paterno proteja siempre a quienes has salvado por medio de la pasión de tu Hijo, y que Cristo resucitado sea la fuente de todas nuestras alegrías. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Sábado de la IV Semana
Antífona de entrada 1 Pe 2, 9

Nosotros somos el pueblo redimido por Dios; anunciemos las maravillas del Señor, que nos ha llamado de las tinieblas a su luz admirable. Aleluya. Oración colecta Señor, tú que nos has hecho partícipes de la muerte y resurrección de tu Hijo por medio del bautismo, concédenos vivir de tal manera nuestros compromisos bautismales, que demos frutos abundantes de vida cristiana y podamos llegar a la plenitud del gozo eterno. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, estos dones que hemos preparado para el sacrificio eucarístico, y transforma toda nuestra vida en una continua ofrenda. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I-V. Antífona de comunión Jn 17, 24

Padre, quiero que donde yo esté, estén también conmigo los que tú me has dado, para que contemplen la gloria que me diste, dice el Señor. Aleluya. Oración después de la comunión Te suplicamos, Señor, que esta Eucaristía que tu Hijo nos mandó celebrar en memoria suya y en la cual hemos participado, nos una cada vez más con el vínculo de tu amor. Por Jesucristo, nuestro Señor.

V DOMINGO DE PASCUA
Antífona de entrada Sal 97, 1-2 Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas y todos los pueblos han presenciado su victoria. Aleluya. Oración colecta Señor, tú que te has dignado redimirnos y has querido hacernos hijos tuyos, míranos siempre con amor de Padre y haz que cuantos creemos en Cristo obtengamos la verdadera libertad y la herencia eterna. Por nuestro Señor Jesucristo.
Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas Dios nuestro, que por medio de estos dones que vas a convertir en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, nos haces participar de tu misma vida divina, concédenos que nuestra conducta ponga de manifiesto las verdades que nos has revelado. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I-V. Antífona de comunión Jn 15, 1. 5

Yo soy la vid verdadera y vosotros los sarmientos, dice el Señor; si permanecéis en mí y yo en vosotros daréis fruto abundante. Aleluya. Oración después de la comunión Señor, tú que nos has concedido participar en esta Eucaristía, míranos con bondad y ayúdanos a vencer nuestra fragilidad humana, para poder vivir como hijos tuyos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Lunes de la V Semana
Antífona de entrada Ha resucitado Jesús, el Buen Pastor, que dio la vida por sus ovejas y que se dignó morir para salvarnos. Aleluya. Oración colecta Dios nuestro, tú que puedes darnos un mismo querer y un mismo sentir, concédenos a todos amar lo que nos mandas y anhelar lo que nos prometes, para que, en medio de las preocupaciones de esta vida, pueda encontrar nuestro corazón la felicidad verdadera. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, las ofrendas que te presentamos, y purifica nuestros corazones para que podamos participar dignamente en este sacramento de tu amor. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Pascua I-V.

Antífona de comunión

Jn 14, 27

La paz os dejo, mi paz os doy; pero yo no os la doy como la da el mundo, dice el Señor. Aleluya. Oración después de la comunión Dios todopoderoso y eterno, que, en Cristo resucitado, nos has hecho renacer a la vida eterna, haz que este misterio pascual en el que acabamos de participar por medio de la Eucaristía, dé en nosotros abundantes frutos de salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Martes de la V Semana
Antífona de entrada Ap 19, 5; 12, 10

Alabemos a nuestro Dios todos cuantos lo tememos, pequeños y grandes, porque ha llegado ya la salvación, el poder y el reinado de su Cristo. Aleluya. Oración colecta Dios nuestro, que por medio de la resurrección de tu Hijo nos has abierto las puertas de la vida eterna, concédenos creer fielmente en ti y esperar confiadamente el cumplimiento de tus promesas. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, los dones que te presentamos, llenos de júbilo por la resurrección de tu Hijo, y concédenos participar con él, un día, de la felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Pascua I-V.

Antífona de comunión

Rom 6, 8

Si hemos muerto con Cristo, también viviremos con él; ésta es nuestra fe. Aleluya.
Oración después de la comunión Mira, Señor, con bondad, a estos hijos tuyos que has renovado por medio de los sacramentos, y condúcelos al gozo eterno de la resurrección. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Miércoles de la V Semana
Antífona de entrada Sal 70, 8. 23

Que mi boca, Señor, se llene de alabanzas para poder cantarte; entonces mis labios se estremecerán de júbilo. Aleluya.
Oración colecta Dios nuestro misericordioso, que salvas al pecador y lo llamas a tu amistad, atrae hacia ti el corazón de tus hijos, libres ya de las tinieblas por el don de la fe, y no permitas que se aparten de ti, que eres la luz verdadera. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Concédenos, Señor, que este sacrificio pascual que vamos a ofrecerte, nos llene siempre de alegría, prosiga en nosotros tu obra redentora y nos obtenga de ti la felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Pascua I-V. Antífona de comunión El Señor, que nos redimió con su sangre, ha resucitado y ha hecho

resplandecer su luz sobre nosotros. Aleluya. Oración después de la comunión Que el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, precio de nuestra redención, nos ayuden, Señor, a cumplir tus mandamientos y a obtener, así, nuestra felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Jueves de la V Semana
Antífona de entrada Ex 15, 1-2 Cantemos al Señor, pues su victoria es grande. Alabemos al Señor, porque él es nuestra fortaleza y salvación. Aleluya. Oración colecta Dios de poder y de misericordia, cuya gracia convierte al pecador en justo y da felicidad al afligido, conserva en nosotros el don de tu amor, para que podamos perseverar con fortaleza en la fe que nos ha justificado. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Dios nuestro, que por medio de estos dones que vas a convertir en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, nos haces participar de tu misma vida divina, concédenos que nuestra conducta ponga de manifiesto las verdades que nos has revelado. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Pascua I-V. Antífona de comunión 2 Cor 5, 15

Cristo murió por todos, para que los que viven, ya no vivan para sí mismos, sino para él, que murió y resucitó por ellos. Aleluya. Oración después de la comunión

Señor, tú que nos has concedido participar en esta Eucaristía, míranos con bondad y ayúdanos a vencer nuestra fragilidad humana, para poder vivir como hijos tuyos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Viernes de la V Semana
Antífona de entrada Ap 5, 12

Digno es el Cordero que fue sacrificado, de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza y el honor. Aleluya. Oración colecta Concédenos, Señor, ajustar nuestra vida al misterio de la Pascua que celebramos llenos de gozo, a fin de que, alejados de veras del pecado y buscándote en todo a ti, el poder de Cristo resucitado nos proteja y nos salve. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, estos dones que hemos preparado para el sacrificio eucarístico, y transforma toda nuestra vida en una continua ofrenda. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Pascua I-V. Antífona de comunión Cristo, que murió en la cruz, ha resucitado ya y nos ha redimido. Aleluya. Oración después de la comunión Te suplicamos, Señor, que esta Eucaristía que tu Hijo nos mandó celebrar en memoria suya y en la cual hemos participado, nos una cada vez más con el vinculo de tu amor.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Sábado de la V Semana
Antífona de entrada Col 2, 12

Por el bautismo, habéis sido sepultados con Cristo y con él habéis sido resucitados, porque habéis creído en el poder de Dios, que lo resucitó de entre los muertos. Aleluya. Oración colecta Dios omnipotente y eterno, que en el bautismo nos has comunicado tu misma vida, haz que todos tus hijos, renacidos a la esperanza de la inmortalidad, alcancemos con tu ayuda la plenitud de la gloria. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, en tu bondad, los dones que te presentamos y concédenos tu protección para conservar tu gracia y conseguir la felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Pascua I-V. Antífona de comunión Jn 17, 20-21

Padre, te ruego por aquellos que creerán en mí, para que sean uno en nosotros y el mundo pueda creer que tú me has enviado, dice el Señor. Aleluya. Oración después de la comunión Señor, que tu amor paterno proteja siempre a quienes has salvado por medio de la pasión de tu Hijo, y que Cristo resucitado sea la fuente de todas nuestras alegrías. Por Jesucristo, nuestro Señor.

VI DOMINGO DE PASCUA
Antífona de entrada Cf. Is 48, 20 Con voz de júbilo, anunciadlo; que se oiga, que llegue a todos los rincones de la tierra: el Señor ha redimido a su pueblo. Aleluya. Oración colecta Concédenos, Dios todopoderoso, continuar celebrando con amor y alegría la victoria de Cristo resucitado, y que el misterio de su pascua transforme nuestra vida y se manifieste en nuestras obras. Por nuestro Señor Jesucristo.
Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, las ofrendas que te presentamos, y purifica nuestros corazones para que podamos participar dignamente en este sacramento de tu amor. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Pascua I-V. Antífona de comunión Jn 14, 15-16

Si me amáis, cumplid mis mandamientos, dice el Señor; y yo rogaré al Padre, y él os dará otro Abogado, que permanecerá con vosotros para siempre. Aleluya. Oración después de la comunión Dios todopoderoso y eterno, que, en Cristo resucitado, nos has hecho renacer a la vida eterna, haz que este misterio pascual en el que acabamos de participar por medio de la Eucaristía, dé en nosotros abundantes frutos de salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Lunes de la VI Semana
Antífona de entrada Rom 6, 9

Cristo resucitado, ya no puede morir; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Aleluya. Oración colecta Concédenos, Dios misericordioso, que la celebración del santo tiempo de la Pascua produzca siempre frutos abundantes en toda nuestra vida. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, los dones que te presentamos llenos de júbilo por la resurrección de tu Hijo, y concédenos participar con él, un día, de la felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Pascua I-V. Antífona de comunión Jn 20, 19

Jesús se presentó en medio de sus discípulos y les dijo:"La paz sea con vosotros". Aleluya. Oración después de la comunión Mira, Señor, con bondad, a estos hijos tuyos que has renovado por medio de los sacramentos, y condúcelos al gozo eterno de la resurrección. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Martes de la VI Semana

Antífona de entrada

Ap 19, 7. 6

Alegrémonos, regocijémonos y demos gracias, porque el Señor, nuestro Dios omnipotente, ha empezado a reinar. Aleluya. Oración colecta Señor, tú que nos has renovado en el espíritu al devolvernos la dignidad de hijos tuyos, concédenos aguardar, llenos de júbilo y esperanza, el día glorioso de nuestra resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Concédenos, Señor, que este sacrificio pascual que vamos a ofrecerte, nos llene siempre de alegría, prosiga en nosotros tu obra redentora y nos obtenga de ti la felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Pascua I-V. Antífona de comunión Cf. Lc 24, 46. 26

Era necesario que Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos y así entrara luego en su gloria. Aleluya. Oración después de la comunión Que el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, precio de nuestra redención, nos ayuden, Señor, a cumplir tus mandamientos y a obtener, así, nuestra felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Miércoles de la VI Semana
Antífona de entrada Sal 17, 50; 21, 23

Te alabaré, Señor, ante los hombres y hablaré a mis hermanos de tu poder y tu misericordia. Aleluya.

Oración colecta Concédenos, Señor, a cuantos celebramos ahora la resurrección de tu Hijo por medio de la fe, poderlo contemplar resucitado, llenos de alegría, cuando vuelva glorioso en medio de tus santos. Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Oración sobre las ofrendas Dios nuestro, que por medio de estos dones que vas a convertir en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, nos haces participar de tu misma vida divina, concédenos que nuestra conducta ponga de manifiesto las verdades que nos has revelado. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Pascua I-V. Antífona de comunión Cf. Jn 15, 16. 19

Soy yo quien os ha elegido del mundo, dice el Señor, y os ha destinado para que vayáis y produzcáis fruto, y vuestro fruto perdure. Aleluya. Oración después de la comunión Señor, tú que nos has concedido participar en esta Eucaristía, míranos con bondad y ayúdanos a vencer nuestra fragilidad humana, para poder vivir como hijos tuyos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Jueves de la VI Semana
El formulario siguiente se usa en aquellas regiones donde la solemnidad de la Ascen-sión se celebra el domingo siguiente. En cambio, en donde se celebre la solemnidad hoy, jueves, se dice la misa de la Ascen-sión del Señor.

Antífona de entrada

Cf. Sal 67, 8-9. 20

Cuando saliste, Señor, al frente de tu pueblo y le abriste camino a través del desierto, la tierra se estremeció y hasta los cielos se fundieron. Aleluya. Oración colecta Dios nuestro, que nos has hecho participes de los dones de la redención, concédenos vivir siempre la alegría de la resurrección de tu Hijo. Que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, las ofrendas que te presentamos, y purifica nuestros corazones para que podamos participar dignamente en este sacramento de tu amor. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Pascua I-V. Antífona de comunión Mt 28, 20

Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo, dice el Señor. Aleluya. Oración después de la comunión Dios todopoderoso y eterno, que en Cristo resucitado, nos has hecho renacer a la vida eterna, haz que este misterio pascual en el que acabamos de participar por medio de la Eucaristía, dé en nosotros abundantes frutos de salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Viernes de la VI Semana
Antífona de entrada Ap 5, 9-10

Señor, con tu sangre has rescatado a hombres de todas las razas, lenguas, pueblos y naciones y has hecho de nosotros un reino de sacerdotes para Dios. Aleluya.

Oración colecta
Cuando la solemnidad de la Ascensión se celebra el domingo siguiente, se dice esta colecta:

T e pedimos, Señor, que por medio de la predicación del Evangelio se extienda por todo el mundo la acción redentora de Cristo, y que todos los hombres formemos una sola familia, conforme a la voluntad de tu Hijo, que vive y reina contigo.
Cuando la solemnidad de la Ascensión se celebra en jueves, se dice esta colecta: Dios nuestro, que por la resurrección de Cristo nos has abierto las puertas de la vida eterna, concédenos imitarlo para que podamos compartir su gloria junto a ti, cuando vuelva con todo su poder y majestad. Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, con bondad, las ofrendas que te presentamos, yayúdanos a conservar tu gracia para alcanzar un día la felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Cuando la solemnidad de la Ascensión se celebra el domingo siguiente:

Prefacio de Pascua I-V.
Cuando la solemnidad de la Ascensión se celebra en jueves:

Prefacio de la Ascensión I o II. Antífona de comunión Rom 4, 25

Cristo fue condenado a muerte por nuestros pecados y resucitó para nuestra justificación. Aleluya. Oración después de la comunión Señor, que tu amor paterno proteja siempre a quienes has salvado

por medio de la pasión de tu Hijo, y que Cristo resucitado sea la fuente de todas nuestras alegrías. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Sábado de la VI Semana
Antífona de entrada 1 Pe 2, 9

Nosotros somos el pueblo redimido por Dios; anunciemos las maravillas del Señor, que nos ha llamado de las tinieblas a su luz admirable. Aleluya. Oración colecta
Cuando la solemnidad de la Ascensión se celebra el domingo siguiente, se dice esta colecta:

Señor, inclina nuestros corazones al bien a fin de que, en el continuo esfuerzo por elevarnos a ti, podamos vivir plenamente el misterio pascual. Por nuestro Señor Jesucristo.
Cuando la solemnidad de la Ascensión se celebra en jueves, se dice esta colecta: Señor, que el Espíritu Santo, prometido por tu Hijo antes de subir al cielo y que descendió sobre los Apóstoles para hacerles comprender toda la riqueza del Evangelio, nos ilumine también a nosotros y nos llene de sus dones. Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, estos dones

que hemos preparado para el sacrificio eucarístico, y transforma toda nuestra vida en una continua ofrenda. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Cuando la solemnidad de la Ascensión se celebra el domingo siguiente:

Prefacio de Pascua I-V.
Cuando la solemnidad de la Ascensión se celebra en jueves:

Prefacio de la Ascensión I o II. Antífona de comunión Jn 17, 24

Padre, quiero que donde yo esté, estén también conmigo los que tú me has dado, para que contemplen la gloria que me diste, dice el Señor. Aleluya. Oración después de la comunión Te suplicamos, Señor, que esta Eucaristía que tu Hijo nos mandó celebrar en memoria suya y en la cual hemos participado, nos una cada vez más con el vínculo de tu amor. Por Jesucristo, nuestro Señor.

VII Domingo de Pascua

LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR
Solemnidad Antífona de entrada Hch 1, 11

Hombres de Galilea, ¿qué hacéis allí parados mirando al cielo? Ese mismo Jesús, que os ha dejado para subir al cielo, volverá como lo habéis visto marcharse. Aleluya.
Se dice Gloria.

Oración colecta Llena, Señor, nuestro corazón de gratitud y de alegría por la gloriosa ascensión de tu Hijo, ya que su triunfo es también nuestra victoria, pues a donde llegó él, nuestra cabeza, tenemos la esperanza cierta de llegar nosotros, que somos su cuerpo. Por nuestro Señor Jesucristo.
Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, este sacrificio

que vamos a ofrecerte en acción de gracias por la ascensión de tu Hijo, y concédenos que esta Eucaristía eleve nuestro espíritu. a los bienes del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de la Ascensión I o II.

Si se usa el Canon romano, se dice Reunidos en comunión propio: Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar el día santo en que tu único Hijo, nuestro Señor Jesucristo, habiendo tomado nuestra débil condición humana, la exaltó a la derecha de tu gloria, veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siem-pre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; * Si se usa la plegaria eucarística II, se dice Acuérdate, propio: Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí en el día glorioso en que Cristo ha sido constituido Señor del cielo y de la tierra; * Si se usa la plegaria eucarística III, se dice Atiende, propio: Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia *

* en el día glorioso de la Ascensión, en el que Cristo ha sido constituido Señor del cielo y de la tierra.
Reúne en torno a ti, Padre misericordioso, a todos tus hijos dispersos por el mundo. A nuestros hermanos difuntos y a cuantos murieron en tu amistad recíbelos en tu reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria.
Junta las manos,

por Cristo, Señor nuestro, por quien concedes al mundo todos los bienes.

Antífona de comunión

Mt 28, 20

Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo. Aleluya. Oración después de la comunión Dios todopoderoso, que ya desde este mundo nos haces participar de tu vida divina, aviva en nosotros el deseo de la patria eterna,

donde nos aguarda Cristo, Hijo tuyo y hermano nuestro. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

VII DOMINGO DE PASCUA
El siguiente formulario se utiliza donde la solemnidad de la Ascensión se celebra el jue-ves de la VI semana de Pascua. La conservamos para que pueda ser utilizada en la meditación personal.

Antífona de entrada

Sal 26, 7-9

Escucha, Señor, mi voz y mis clamores. De ti mi corazón me habla, diciendo: "Busca su auxilio" y tu auxilio, Señor, estoy buscando; no me lo niegues. Aleluya. Oración colecta Concede, Señor, a quienes creemos firmemente que nuestro Salvador comparte ya tu gloria, sentir que él está también con nosotros, según su promesa, hasta el fin de los tiempos. Por nuestro Señor Jesucristo.
Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, nuestras ofrendas y concédenos que esta Eucaristía nos ayude a conseguir la gloria del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Pascua o de la Ascensión. Prefacio de Pascua I-V o de la Ascensión I o II. Antífona de comunión
Jn 17, 22

Padre, yo te pido que ellos sean uno, como tú y yo somos uno, dice el Señor. Aleluya. Oración después de la comunión Escúchanos, Señor,

y haz que nuestra comunión con Cristo glorificado nos afiance en la esperanza de que toda la Iglesia alcanzará, un día, la gloria del Señor resucitado, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Lunes de la VII Semana
Antífona de entrada Hch 1, 8

Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén y aun en los lugares más remotos del mundo, dice el Señor. Aleluya. Oración colecta Infunde, Señor, en nosotros, la fuerza del Espíritu Santo, para que podamos cumplir fielmente tu voluntad y demos testimonio de ti con nuestras obras. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Que este santo sacrificio nos purifique, Señor, y llene nuestras almas con la fuerza divina de tu gracia. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Pascua I-V o de la Ascensión I o II. Antífona de comunión Jn 14, 18; 16, 22

No os dejaré huérfanos, dice el Señor; vendré de nuevo a vosotros y se alegrarán vuestros corazones. Aleluya. Oración después de la comunión Señor, tú que nos has concedido participar en esta Eucaristía, míranos con bondad y ayúdanos a vencer nuestra fragilidad humana, para poder vivir como hijos tuyos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Martes de la VII Semana
Antífona de entrada Ap 1, 17-18 Yo soy el primero y el último, dice el Señor, yo soy el que vive; estuve muerto, pero ahora estoy vivo para siempre. Aleluya. Oración colecta Dios omnipotente y misericordioso envíanos al Espíritu Santo para que habite en nosotros y nos transforme en templos de su gloria. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, nuestras ofrendas y concédenos que esta Eucaristía nos ayude a conseguir la gloria del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Pascua I-V o de la Ascensión I o II. Antífona de comunión Jn 14, 26

El Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, dice el Señor, os instruirá en todo y os recordará lo que yo os he dicho. Aleluya. Oración después de la comunión Te suplicamos, Señor, que esta Eucaristía que tu Hijo nos mandó celebrar en memoria suya y en la cual hemos participado, nos una cada vez más con el vínculo de tu amor. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Miércoles de la VII Semana
Antífona de entrada Sal 46, 2

Pueblos todos, aplaudid y aclamad a Dios con clamores de júbilo. Aleluya. Oración colecta Dios misericordioso concede a tu Iglesia, congregada por el Espíritu Santo, entregarse plenamente a ti y vivir siempre unida en el amor. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, este sacrificio de alabanza que tú mismo nos has mandado celebrar, y dígnate, por esta Eucaristía, santificarnos y darnos tu salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Pascua I-V o de la Ascensión I o II. Antífona de comunión Jn 15, 26-27

Cuando venga el Consolador que yo os enviaré, el Espíritu de verdad que procede del Padre, dará testimonio de mí, dice el Señor, y también vosotros daréis testimonio. Aleluya. Oración después de la comunión Señor, que esta comunión aumente en nosotros tu gracia, nos purifique de nuestros pecados y nos disponga mejor a recibir tu dones. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Jueves de la VII Semana
Antífona de entrada Heb 4, 16

Acerquémonos confiadamente a Dios, fuente de bondad, a fin de alcanzar su misericordia y su gracia en el tiempo oportuno. Aleluya. Oración colecta

Señor, que el Espíritu Santo nos conceda abundantemente sus dones, para que podamos conocer tu voluntad y ajustemos a ella nuestra vida. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, estos dones que hemos preparado para el sacrificio eucarístico, y transforma toda nuestra vida en una continua ofrenda. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Pascua I-V o de la Ascensión I o II. Antífona de comunión Jn 16, 7

Yo os lo aseguro, dice el Señor: Os conviene que yo me vaya, porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Espíritu consolador. Aleluya. Oración después de la comunión Que esta Eucaristía, Señor, nos haga comprender tus designios y nos comunique tu misma vida divina, para que seamos dignos de recibir los dones de tu Espíritu. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Viernes de la VII Semana
Antífona de entrada Ap 1, 5-6

Cristo nos ama y nos ha purificado de nuestros pecados por medio de su sangre; él nos ha convertido en un reino y hecho sacerdotes para Dios su Padre. Aleluya. Oración colecta Dios nuestro, que por medio del triunfo glorioso de Cristo y de la gracia del Espíritu Santo nos has abierto las puertas del cielo, haz que comprendamos la grandeza de este don

para que podamos crecer en la fe y servirte con mayor empeño. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Mira, Señor, con bondad, las ofrendas de tu pueblo y haz que el Espíritu Santo nos purifique para que podamos presentarte un sacrificio agradable. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Pascua I-V o de la Ascensión I o II. Antífona de comunión Jn 16, 13

Cuando venga el Espíritu de verdad, dice el Señor, él os guiará hasta la verdad plena. Aleluya. Oración después de la comunión Señor, tu que nos purificas y fortaleces por medio de tus sacramentos, haz que nuestra participación en esta Eucaristía nos conduzca a la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Sábado de la VII Semana
Misa matutina
Antífona de entrada Hch 1, 14

Animados de un mismo espíritu, los discípulos perseveraban en la oración, en compañía de algunas mujeres, de María, la Madre de Jesús, y de los parientes de éste. Aleluya. Oración colecta Al concluir estas fiestas de Pascua concédenos, Señor, que la alegría de saber que hemos resucitado con tu Hijo, transforme toda nuestra vida. Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas Que el Espíritu Santo nos purifique, Señor, de nuestras culpas y nos prepare a celebrar dignamente tu santa Eucaristía. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Pascua I-V o de la Ascensión I o II. Antífona de comunión Jn 16, 14

El Espíritu Santo me glorificará, porque recibirá de mí, dice el Señor, lo que os irá comunicando. Aleluya. Oración después de la comunión Señor, que tu amor paterno proteja siempre a quienes has salvado por medio de la pasión de tu Hijo, y que Cristo resucitado sea la fuente de todas nuestras alegrías. Por Jesucristo, nuestro Señor.

DOMINGO DE PENTECOSTÉS
Misa vespertina de la vigilia
Esta misa se utiliza en la tarde del sábado, antes o después de las primeras Vísperas del domingo de Pentecostés.

Antífona de entrada

Rom 5, 5; 8, 11

El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que habita en nosotros. Aleluya.
Se dice Gloria.

Oración colecta Dios todopoderoso y eterno, que has querido que celebráramos el misterio pascual durante cincuenta días, renueva entre nosotros el prodigio de Pentecostés, para que los pueblos divididos por el odio y el pecado

se congreguen por medio de tu Espíritu y, reunidos, confiesen tu nombre en la diversidad de sus lenguas. Por nuestro Señor Jesucristo.
O bien:

Dios todopoderoso, brille sobre nosotros el esplendor de tu gloria y que el Espíritu Santo, luz de tu luz, fortalezca los corazones de los regenerados por tu gracia. Por nuestro Señor Jesucristo. Liturgia de la palabra se escoge de entre las lecturas de la vigilia
Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas Derrama, Señor, la bendición de tu Espíritu sobre estos dones que te presentamos, para que, al participar en ellos, tu Iglesia quede inundada de tu amor y sea ante todo el mundo signo visible de la salvación. Por Jesucristo nuestro Señor. Prefacio de Pentecostés, como en la misa del día.

Cuando se utiliza el Canon romano, se dice Reunidos en comunión propio:

Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar el día de Pentecostés, en que el Espíritu Santo se manifestó a los após-toles en lenguas de fuego, veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; *
Cuando se utiliza la Plegaria eucarística II, se dice Acuérdate, Señor propio:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí en el día en que la efusión de tu Espíritu ha hecho de ella sacramento de unidad para todos los pueblos; *
Cuando se utiliza la Plegaria eucarística III, se dice Acuérdate, Señor propio:

Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia *

* en el día en que la efusión de tu Espíritu ha hecho de ella sacramento de unidad para todos los pueblos.
Reúne en torno a ti, Padre misericordioso, a todos tus hijos dispersos por el mundo. A nuestros hermanos difuntos y a cuantos murieron en tu amistad recíbelos en tu reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria.
Junta las manos,

por Cristo, Señor nuestro, por quien concedes al mundo todos los bienes.

Antífona de comunión Jn 7, 37 El último día de las fiestas, Jesús en pie gritaba: El que tenga sed, que venga a mí y que beba. Aleluya. Oración después de la comunión La comunión que acabamos de recibir, Señor, nos comunique el mismo ardor del Espíritu Santo que tan maravillosamente inflamó a los apóstoles de tu Hijo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

*

*

*

En las iglesias donde se celebra la misa de la vigilia de forma más extensa, esta misa se puede celebrar del modo siguiente:

Primera forma
Si las I Vísperas, rezadas en el coro o en comunidad, preceden inmediatamente a la misa, la celebración puede comenzar por el versículo introductorio y el himno Ven, Espíritu divino, o bien por el canto de entrada (El amor de Dios) con la procesión de entrada y el saludo del celebrante, omitiendo en uno y otro caso el rito penitencial (cf. Ordenación general de la Liturgia de las Horas, núms. 94 y 96).

V. Dios mío, ven en mi auxilio. R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre. Como era. Aleluya. HIMNO

Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo. Padre amoroso del pobre; don, en tus dones espléndido; luz que penetra las almas; fuente del mayor consuelo. Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo, tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos. Entra hasta el fondo del alma, divina luz, y enriquécenos. Mira el vacío del hombre, si tú le faltas por dentro; mira el poder del pecado, cuando no envías tu aliento. Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero. Reparte tus siete dones, según la fe de tus siervos; por tu bondad y gracia, dale al esfuerzo su mérito; salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén.
O bien:

Ven, Creador, Espíritu amoroso, ven y visita el alma que a ti clama y con tu soberana gracia inflama los pechos que criaste poderoso. Tú que abogado fiel eres llamado, del Altísimo don, perenne fuente

de vida eterna, caridad ferviente, espiritual unción, fuego sagrado. Tú te infundes al alma en siete dones, fiel promesa del Padre soberano; tú eres el dedo de su diestra mano, tú nos dictas palabras y razones. Ilustra con tu luz nuestros sentidos, del corazón ahuyenta la tibieza, haznos vencer la corporal flaqueza, con tu eterna virtud fortalecidos. Por ti, nuestro enemigo desterrado, gocemos de paz santa duradera, y, siendo nuestro guía en la carrera, todo daño evitemos y pecado. Por ti al eterno Padre conozcamos, y al Hijo, soberano omnipotente, y a ti, Espíritu, de ambos procedente, con viva fe y amor siempre creamos. Amén.
Luego sigue la salmodia de Vísperas hasta la lectura breve exclusive.

SALMODIA Ant. 1. Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar. Aleluya. Salmo 112 ALABADO SEA EL NOMBRE DE DIOS Alabad, siervos del Señor, alabad el nombre del Señor. Bendito sea el nombre del Señor, ahora y por siempre: de la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor. El Señor se eleva sobre todos los pueblos, su gloria sobre los cielos. ¿Quién como el Señor, Dios nuestro, que se eleva en su trono

y se abaja para mirar al cielo y a la tierra? Levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre, para sentarlo con los príncipes, los príncipes de su pueblo; a la estéril le da un puesto en la casa, como madre feliz de hijos. Ant. Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar. Aleluya. Ant. 2. Aparecieron sobre los apóstoles unas como lenguas de fuego, y se posó sobre cada uno de ellos el Espíritu Santo. Aleluya. Salmo 146 PODER Y BONDAD DE DIOS Alabad al Señor, que la música es buena; nuestro Dios merece una alabanza armoniosa. El Señor reconstruye Jerusalén, reúne a los deportados de Israel; él sana los corazones destrozados, venda sus heridas. Cuenta el número de las estrellas, a cada una la llama por su nombre. Nuestro Señor es grande y poderoso, su sabiduría no tiene medida. El Señor sostiene a los humildes, humilla hasta el polvo a los malvados. Entonad la acción de gracias al Señor, tocad la cítara para nuestro Dios, que cubre el cielo de nubes, preparando la lluvia para la tierra; que hace brotar hierba en los montes, para los que sirven al hombre; que da su alimento al ganado y a las crías de cuervo que graznan. No aprecia el vigor de los caballos,

no estima los jarretes del hombre: el Señor aprecia a sus fieles, que confían en su misericordia. Ant. Aparecieron sobre los apóstoles unas como lenguas de fuego, y se posó sobre cada uno de ellos el Espíritu Santo. Aleluya. Ant. 3. El Espíritu que procede del Padre, él me glorificará. Aleluya. Cántico Ap 15, 3-4 CANTO DE LOS VENCEDORES

Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios omnipotente, justos y verdaderos tus caminos, ¡oh Rey de los siglos! ¿Quién no temerá, Señor, y glorificará tu nombre? Porque tú solo eres santo, porque vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, porque tus juicios se hicieron manifiestos. Ant. El Espíritu que procede del Padre, él me glorificará. Aleluya.
Después de la salmodia, omitido el acto penitencial y, según las circunstancias, el Señor, ten piedad, el sacerdote dice la segunda oración de la misa de la vigilia:

Dios todopoderoso, brille sobre nosotros el esplendor de tu gloria y que el Espíritu Santo, luz de tu luz, fortalezca los corazones de los regenerados por tu gracia. Por nuestro Señor Jesucristo.

Segunda forma
Si la misa empieza del modo acostumbrado, es decir, sin I vísperas, después del Señor, ten piedad el sacerdote dice la oración segunda de la misa de la vigilia:

Dios todopoderoso.
A continuación el sacerdote puede exhortar al pueblo con estas palabras u otras semejantes:

Hemos empezado ya, queridos hermanos, la vigilia de Pentecostés; imitando a los apóstoles y discípulos, que, con María, la madre de

Jesús, se dedicaban a la oración, esperando el Espíritu prometido por el Señor, escuchemos ahora, con atención y reposadamente, la palabra de Dios. Meditemos los prodigios que hizo Dios en favor de su pueblo y pidamos que el Espíritu Santo, que el Padre envió como primicia para los creyentes, lleve a plenitud su obra en el mundo.
Luego siguen las lecturas propuestas por el Leccionario como de libre elección, de la manera siguiente:

PRIMERA LECTURA
Se llama Babel, porque allí confundió el Señor la lengua de toda la tierra

Lectura del libro del Génesis 11, 1-9 Toda la tierra hablaba la misma lengua con las mismas palabras. Al emigrar (el hombre) de oriente, encontraron una llanura en el país de Sentar y se establecieron allí. Y se dijeron unos a otros: –«Vamos a preparar ladrillos y a cocerlos.» Emplearon ladrillos en vez de piedras, y alquitrán en vez de cemento. Y dijeron: –«Vamos a construir una ciudad y una torre que alcance al cielo, para hacernos famosos, y para no dispersarnos por la superficie de la tierra. » El Señor bajó a ver la ciudad y la torre que estaban construyendo los hombres; y se dijo: –«Son un solo pueblo con una sola lengua. Si esto no es más que el comienzo de su actividad, nada de lo que decidan hacer les resultará imposible. Voy a bajar y a confundir su lengua, de modo que uno no entienda la lengua del prójimo.» El Señor los dispersó por la superficie de la tierra y cesaron de construir la ciudad. Por eso se llama Babel, porque allí confundió el Señor la lengua de toda la tierra, y desde allí los dispersó por la superficie de la tierra. Palabra de Dios.
Después de la primera lectura:

Salmo responsorial

Sal 32, 10-11. 12-13. 14-15 (R. 12b)

R. Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad. El Señor deshace los planes de las naciones, frustra los proyectos de los pueblos; pero el plan del Señor subsiste por siempre,

los proyectos de su corazón, de edad en edad. R. Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo que El se escogió como heredad. R. El Señor mira desde el cielo, se fija en todos los hombres; Desde su morada observa a todos los habitantes de la tierra: El modeló cada corazón, y comprende todas sus acciones. R.
Acabado el salmo el sacerdote dice la oración siguiente:

Oración Dios todopoderoso, haz que tu Iglesia sea siempre una familia santa, congregada en la unión del Padre, del Hijo y del Espíritu, que manifieste al mundo el misterio de tu unidad y de tu santidad y lo conduzca a la perfección de tu amor. Por Jesucristo nuestro Señor. SEGUNDA LECTURA
El Señor bajó al monte Sinaí a la vista del pueblo

Lectura del libro del Éxodo 19, 3-8a. 16-20b En aquellos días, Moisés subió hacia Dios. El Señor lo llamó desde el monte, diciendo: –«Así dirás a la casa de Jacob, y esto anunciarás a los israelitas: "Ya habéis visto lo que he hecho con los egipcios, y cómo a vosotros os he llevado sobre alas de águila y os he traído a mí. Ahora, pues, si de veras escucháis mi voz y guardáis mi alianza, vosotros seréis mi propiedad personal entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra; seréis para mi un reino de sacerdotes y una nación santa." Éstas son las palabras que has de decir a los israelitas.» Moisés convocó a los ancianos del pueblo y les expuso todo lo que el Señor le había mandado. Todo el pueblo, a una, respondió: –«Haremos todo cuanto ha dicho el Señor.» Al tercer día, al rayar el alba, hubo truenos y relámpagos y una densa

nube sobre el monte y un poderoso resonar de trompeta; y todo el pueblo que estaba en el campamento se echó a temblar. Moisés hizo salir al pueblo del campamento para ir al encuentro de Dios y se detuvieron al pie del monte. Todo el Sinaí humeaba, porque el Señor había descendido sobre él en forma de fuego. Subía humo como de un horno, y todo el monte retemblaba con violencia. El sonar de la trompeta se hacía cada vez más fuerte; Moisés hablaba, y Dios le respondía con el trueno. El Señor bajó al monte Sinaí, a la cumbre del monte, y llamó a Moisés a la cima de la montaña. Palabra de Dios.
Después de la segunda lectura:

Cántico Dn 3, 52. 53. 54. 55. 56 (R. 52b) R. A ti gloria y alabanza por los siglos.
O bien:

Salmo responsorial Sal 18, 8. 9. 10. 11 (R. Jn 6, 68c) R. Señor, tú tienes palabras de vida eterna. La ley del Señor es perfecta y es descanso del alma; el precepto del Señor es fiel e instruye al ignorante; R. los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos; R. la voluntad del Señor es pura y eternamente estable; los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos; R. más preciosos que el oro, más que el oro fino; más dulces que la miel de un panal que destila. R.
Acabado el salmo el sacerdote dice la oración siguiente:

Oración Oh Dios, que en el monte Sinaí,

en medio del resplandor del fuego, diste a Moisés la ley antigua, y que en el día de hoy, con el fuego del Espíritu Santo, manifestaste la nueva Alianza, haz que nuestros corazones ardan en aquel Espíritu que infundiste de modo admirable en los apóstoles, y que el nuevo Israel, reunido de entre todos los pueblos, reciba con alegría el mandamiento eterno de tu amor. Por Jesucristo nuestro Señor.

TERCERA LECTURA
Huesos secos, traeré sobre vosotros espíritu, y viviréis

Lectura de la profecía de Ezequiel 37, 1-14 En aquellos días, la mano del Señor se posó sobre mi y, con su Espíritu, el Señor me sacó y me colocó en medio de un valle todo lleno de huesos. Me hizo dar vueltas y vueltas en torno a ellos: eran innumerables sobre la superficie del valle y estaban completamente secos. Me preguntó: –«Hijo de Adán, ¿podrán revivir estos huesos?» Yo respondí: –«Señor, tú lo sabes.» Él me dijo: –«Pronuncia un oráculo sobre estos huesos y diles: "¡Huesos secos, escuchad la palabra del Señor! Así dice el Señor a estos huesos: Yo mismo traeré sobre vosotros espíritu, y viviréis. Pondré sobre vosotros tendones, haré crecer sobre vosotros carne, extenderé sobre vosotros piel, os infundiré espíritu, y viviréis. Y sabréis que yo soy el Señor. " » Y profeticé como me había ordenado y, a la voz de mi oráculo, hubo un estrépito, y los huesos se juntaron hueso con hueso. Me fijé en ellos: tenían encima tendones, la carne había crecido, y la piel los recubría; pero no tenían espíritu. Entonces me dijo: –«Conjura al espíritu, conjura, hijo de Adán, y di al espíritu: "Así dice el Señor: De los cuatro vientos ven, espíritu, y sopla sobre estos muertos para que vivan.7» Yo profeticé como me había ordenado; vino sobre ellos el espíritu, y

revivieron y se pusieron en pie. Era una multitud innumerable. Y me dijo: –«Hijo de Adán, estos huesos son la entera casa de Israel, que dice: "Nuestros huesos están secos, nuestra esperanza ha perecido, estamos destrozados." Por eso, profetiza y diles: "Así dice el Señor: Yo mismo abriré vuestros sepulcros, y os haré salir de vuestros sepulcros, pueblo mío, y os traeré a la tierra de Israel. Y, cuando abra vuestros sepulcros y os saque de vuestros sepulcros, pueblo mío, sabréis que soy el Señor. Os infundiré mi espíritu, y viviréis; os colocaré en vuestra tierra y sabréis que yo, el Señor, lo digo y lo hago."» Oráculo del Señor. Palabra de Dios.
Después de la tercera lectura:

Salmo responsorial Sal 106, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9 (R. 1) R. Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia.
O bien:

Aleluya.

Que lo confiesen los redimidos por el Señor, los que él rescató de la mano del enemigo, los que reunió de todos los países: norte y sur, oriente y occidente. R. Erraban por un desierto solitario, no encontraban el camino de ciudad habitada; pasaban hambre y sed, se les iba agotando la vida; pero gritaron al Señor en su angustia, y los arrancó de la tribulación. R. Los guió por un camino derecho, para que llegaran a una ciudad habitada. Den gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace con los hombres. Calmó el ansia de los sedientos, y a los hambrientos los colmó de bienes. R.
Acabado el salmo el sacerdote dice la oración siguiente:

Oración

Señor, Dios todopoderoso, que restauras al hombre caído y, una vez restaurado, lo conservas, aumenta el número de los que se renuevan por tu acción santificadora y haz que todos los que reciben la purificación bautismal sean guiados siempre por tu inspiración. Por Jesucristo nuestro Señor.
O bien:

Oh Dios, que por tu palabra de vida nos has engendrado para una vida nueva, derrama sobre nosotros tu Espíritu Santo, para que, viviendo unidos en una misma fe, lleguemos, por la resurrección, a la gloria de una vida incorruptible. Por Jesucristo nuestro Señor.
O bien:

Que tu pueblo, Señor, exulte siempre al verse renovado y rejuvenecido en el espíritu por la acción de tu Espíritu Santo, y que la alegría de haber recobrado la adopción filial afiance su esperanza de resucitar gloriosamente. Por Jesucristo nuestro Señor. CUARTA LECTURA
Sobre mis siervos y siervas derramaré mi Espíritu

Lectura de la profecía de Joel 3, 1-5 Así dice el Señor: –«Derramaré mi Espíritu sobre toda carne: profetizarán vuestros hijos e hijas, vuestros ancianos soñarán sueños, vuestros jóvenes verán visiones. También sobre mis siervos y siervas derramaré mi Espíritu aquel día. Haré prodigios en cielo y tierra: sangre, fuego, columnas de humo. El sol se entenebrecerá, la luna se pondrá como sangre, antes de que llegue el día del Señor, grande y terrible.

Cuantos invoquen el nombre del Señor se salvarán. Porque en el monte de Sión y en Jerusalén quedará un resto; como lo ha prometido el Señor a los supervivientes que él llamó.» Palabra de Dios.
Después de la cuarta lectura:

Salmo responsorial Sal 103, 1-2a. 24. 27-28. 29bc-30 (R.: cf. 30) R. Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.
O bien:

Aleluya. Bendice, alma mía, al Señor: ¡Dios mío, qué grande eres! Te vistes de belleza y majestad, la luz te envuelve como un manto. R. Cuántas son tus obras, Señor, y todas las hiciste con sabiduría; la tierra está llena de tus criaturas. R. Todos ellos aguardan a que les eches comida a su tiempo; se la echas, y la atrapan; abres tu mano, y se sacian de bienes. R. Les retiras el aliento, y expiran y vuelven a ser polvo; envías tu aliento, y los creas, y repueblas la faz de la tierra. R.
Acabado el salmo el sacerdote dice la oración siguiente:

Oración Cumple, Señor, en nosotros tu promesa: derrama tu Espíritu Santo para que nos haga ante el mundo testigos valientes del Evangelio de Jesucristo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Luego el sacerdote entona el himno Gloria a Dios. Terminado el himno, el sacerdote dice la oración colecta de la primera misa de la vigilia:

Dios todopoderoso y eterno, que has querido que celebráramos el misterio pascual durante cincuenta días, renueva entre nosotros el prodigio de Pentecostés, para que los pueblos divididos por el odio y el pecado se congreguen por medio de tu Espíritu y, reunidos, confiesen tu nombre en la diversidad de sus lenguas. Por nuestro Señor Jesucristo.
Luego el lector proclama la lectura del Apóstol (Rm 8, 22-27),

EPÍSTOLA
El Espíritu intercede con gemidos inefables

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 22-27 Hermanos: Sabemos que hasta hoy la creación entera está gimiendo toda ella con dolores de parto. Y no sólo eso; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior, aguardando la hora de ser hi-jos de Dios, la redención de nuestro cuerpo. Porque en esperanza fuimos salvados. Y una esperanza que se ve ya no es esperanza. ¿Cómo seguirá esperando uno aquello que ve? Cuando esperamos lo que no vemos, aguardamos con perseverancia. Pero además el Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, por-que nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables. Y el que escudriña los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios. Palabra de Dios. Aleluya Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos la llama de tu amor.
El diácono o el mismo sacerdote proclama el Evangelio:

EVANGELIO
Manarán torrentes de agua viva

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 7, 37-39
El último día, el más solemne de las fiestas, Jesús, en pie, gritaba: –«El que tenga sed, que venga a mí; el que cree en mí, que beba. Como dice la Escritura: de sus entrañas manarán torrentes de agua

viva. » Decía esto refiriéndose al Espíritu que habían de recibir los que cre-yeran en él. Todavía no se había dado el Espíritu, porque Jesús no había sido glorificado. Palabra del Señor.
Dicha la homilía, se dice Credo, y seguidamente la oración de los fieles.

ORACIÓN DE LOS FIELES O INTERCESIONES
Si todavía es una hora temprana:

Celebremos la gloria de Dios, quien, al llegar a su término en Pentecostés los cincuenta días de Pascua, llenó a los apóstoles del Espíritu Santo, y supliquemos con ánimo gozoso y confiado, diciendo: Envía tu Espíritu, Señor, y renueva la faz de la tierra. Tú que, al comienzo de los tiempos, creaste el cielo y la tierra y, al llegar la etapa final de la historia, quisiste que Cristo fuera cabeza de toda la creación, —por tu Espíritu renueva la faz de la tierra y conduce a los hombres a la salvación. Tú que infundiste el aliento de vida en el rostro de Adán, —envía ahora tu Espíritu a la Iglesia, para que, vivificada y rejuvenecida, comunique tu vida al mundo. Ilumina a todos los hombres con la luz de tu Espíritu y disipa las tinieblas de nuestro mundo, —para que el odio se convierta en amor, el sufrimiento en gozo y la guerra en paz. Fecundiza el mundo con tu Espíritu, agua viva que mana del costado de Cristo, —para que la tierra entera se vea libre de todo mal.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Tú que, por obra del Espíritu Santo, conduces sin cesar a los hombres a la vida eterna, —dígnate llevar, por este mismo Espíritu, a los difuntos al gozo eterno de tu presencia
Si ya es en torno a la medianoche:

Oremos a Cristo, el Señor; que ha congregado a su Iglesia por el Espíritu Santo, y digámosle con fe: Renueva, Señor, la faz de la tierra. Señor Jesús, que, exaltado en la cruz, hiciste que brotaran torrentes de agua viva de tu costado, —envíanos a tu Espíritu Santo, fuente de vida.

Tú que, glorificado a la derecha de Dios, derramaste sobre tus discípulos el Espíritu Santo, —envía este mismo Espíritu al mundo, para que renueve la faz de la tierra. Tú que, por el Espíritu Santo, diste a los apóstoles el poder de perdonar los pecados y el poder de retenerlos, —destruye el pecado del mundo. Tú que prometiste darnos el Espíritu Santo, para que nos lo enseñara todo y nos fuera recordando lo que nos habías dicho, —envíanos este Espíritu, para que ilumine nuestra fe. Tú que prometiste enviarnos el Espíritu de verdad, para que diéramos testimonio de ti, —envíanos este Espíritu, para que nos haga tus testigos fieles.
Se pueden añadir algunas intenciones libres. La misa continúa del modo acostumbrado. Si se celebran unidas las Vísperas y la misa, después de la comunión con la antífona El último día de las fiestas, se canta el Magníficat con su antífona de las Vísperas Ven, Espíritu Santo.

Antífona de comunión Jn 7, 37 El último día de las fiestas, Jesús en pie gritaba: El que tenga sed, que venga a mí y que beba. Aleluya. CÁNTICO EVANGÉLICO Ant. Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor, tú que con diversidad de lenguas congregaste todos los pueblos en la confesión de una sola fe. Aleluya MAGNIFICAT Lc 1, 46-55 ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

@ Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. El hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia —como lo había prometido a nuestros padres— en favor de Abrahán y su descendencia por siempre. Ant. Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor, tú que con diversidad de lenguas congregaste todos los pueblos en la confesión de una sola fe. Aleluya
Luego se dice la oración después de la comunión:

Oración después de la comunión La comunión que acabamos de recibir, Señor, nos comunique el mismo ardor del Espíritu Santo que tan maravillosamente inflamó a los apóstoles de tu Hijo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Todo lo demás se hace del modo acostumbrado. Si se juzga oportuno, puede darse la bendición solemne, como en el Misal. Para despedir al pueblo, el diácono, o el mismo sacerdote, dice:

Podéis ir en paz, aleluya, aleluya. R. Demos gracias a Dios, aleluya, aleluya.

Misa del día
Antífona de entrada Sb 1, 7

El Espíritu del Señor llena la tierra y, como da consistencia al universo, no ignora ningún sonido. Aleluya.
O bien:

El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que habita en nosotros. Aleluya.

Oración colecta Oh Dios, que por el misterio de Pentecostés santificas a tu Iglesia, extendida por todas las naciones, derrama los dones de tu Espíritu sobre todos los confines de la tierra y no dejes de realizar hoy, en el corazón de tus fieles, aquellas mismas maravillas que obraste en los comienzos de la predicación evangélica Por nuestro Señor Jesucristo.
Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas Te pedimos, Señor, que, según la promesa de tu Hijo, el Espíritu Santo nos haga comprender la realidad misteriosa de este sacrificio y nos lleve al conocimiento pleno de toda la verdad revelada. Por Jesucristo nuestro Señor. Prefacio EL MISTERIO DE PENTECOSTÉS V. El Señor esté con vosotros. R. Y con tu espíritu. V. Levantemos el corazón. R. Lo tenemos levantado hacia el Señor. V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R. Es justo y necesario. En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Pues, para llevar a plenitud el misterio pascual,

enviaste hoy el Espíritu Santo sobre los que habías adoptado como hijos por su participación en Cristo. Aquel mismo Espíritu que, desde el comienzo, fue el alma de la Iglesia naciente; el Espíritu que infundió el conocimiento de Dios a todos los pueblos; el Espíritu que congregó en la confesión de una misma fe a los que el pecado había dividido en diversidad de lenguas. Por eso, con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría y también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan sin cesar el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo...

Cuando se utiliza el Canon romano, se dice Reunidos en comunión propio:

Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar el día de Pentecostés, en que el Espíritu Santo se manifestó a los após-toles en lenguas de fuego, veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor;
Cuando se utiliza la Plegaria eucarística II, se dice Acuérdate, Señor propio:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí en el día en que la efusión de tu Espíritu ha hecho de ella sacramento de unidad para todos los pueblos; *
Cuando se utiliza la Plegaria eucarística III, se dice Acuérdate, Señor propio:

Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia * * en el día en que la efusión de tu Espíritu ha hecho de ella sacramento de unidad para todos los pueblos. Reúne en torno a ti, Padre misericordioso, a todos tus hijos dispersos por el mundo. A nuestros hermanos difuntos y a cuantos murieron en tu amistad

recíbelos en tu reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria.
Junta las manos,

por Cristo, Señor nuestro, por quien concedes al mundo todos los bienes.

Antífona de comunión Hch 2, 411 Se llenaron todos de Espíritu Santo, y hablaban de las maravillas de Dios. Aleluya. Oración después de la comunión Oh Dios, que has comunicado a tu Iglesia los bienes del cielo, conserva los dones que le has dado, para que el Espíritu Santo sea siempre nuestra fuerza y la eucaristía que acabamos de recibir acreciente en nosotros la salvación. Por Jesucristo nuestro Señor.
Para despedir al pueblo, el diácono, o el mismo sacerdote, dice:

Podéis ir en paz, aleluya, aleluya. R. Demos gracias a Dios, aleluya, aleluya.
Acabado el tiempo de Pascua, se apaga el Cirio pascual que es conveniente colocar en un lugar digno del baptisterio, para que en la celebración del bautismo, se enciendan en su llama los cirios de los bautizados. Donde el lunes o también el martes después de Pentecostés son días en los que los fieles deben o suelen asistir a misa, puede utilizarse la misa del domingo de Pentecostés o decirse la misa del Espíritu Santo. En la despedida de la Misa ya no se dice el duplicado Aleluya.

TIEMPO ORDINARIO
Solemnidades I-II-III-IV-V-VI-VII-VIII IX-X-XI-XII-XIII-XIV XV-XVI-XVII-XVIII-XIX XX-XXI-XXII-XXIII-XXIV XXV-XXVI-XXVII-XXVIII XXIX-XXX-XXXI-XXXII XXXIII-XXXIV
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MISAS DOMINICALES Y COTIDIANAS

I SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO
En lugar del primer domingo del Tiempo Ordinario, se celebra la fiesta del Bautismo del Señor.

Antífona de entrada Vi al Señor sentado en un trono excelso; lo adoraban una multitud de ángeles que cantaban a una sola voz: "Este es aquél cuyo poder permanece eternamente" Oración colecta Escucha, Señor, con bondad, las súplicas de tu pueblo, y concédenos luz para conocer tu voluntad y fortaleza para cumplirla. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, el sacrificio que vamos a ofrecerte, y, por sus méritos, escucha nuestras filiales oraciones y santifica toda nuestra vida. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio dominical I-X Antífona de comunión Sal 35, 10 Señor, en ti está la fuente de la vida, y tu luz nos hace ver la luz. Jn 10, 10 Yo he venido, dice el Señor, para que tengan vida, y la tengan en abundancia.
O bien:

Oración después de la comunión A quienes has alimentado con tus sacramentos, concédeles, Dios todopoderoso, servirte con una vida que te sea agradable. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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II DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Antífona de entrada Sal 65, 4 Que se postre ante ti, Señor, la tierra entera; que todos canten himnos en tu honor y alabanzas a tu nombre. Oración colecta Dios todopoderoso y eterno, que con amor gobiernas los cielos y la tierra, escucha paternalmente las súplicas de tu pueblo y haz que los días de nuestra vida transcurran en tu paz. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración sobre las ofrendas Concédenos, Señor, participar dignamente en esta Eucaristía, porque cada vez que celebramos el memorial del sacrificio de tu Hijo, se lleva a cabo la obra de nuestra redención. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio dominical I-X Antífona de comunión Sal 22, 5 Para mí, Señor, has preparado la mesa y has llenado la copa hasta los bordes.

1 Jn 4, 16 Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él.
O bien:

Oración después de la comunión Infúndenos, Señor, el espíritu de tu caridad para que, alimentados del mismo pan del cielo, permanezcamos siempre unidos por el mismo amor. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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III DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Antífona de entrada Sal 95, 1. 6 Cantad al Señor un cántico nuevo, hombres de toda la tierra, cantad al Señor. Hay brillo y esplendor en su presencia y en su templo, belleza y majestad. Oración colecta Dios eterno y todopoderoso, conduce nuestra vida por el camino de tus mandamientos para que, unidos a tu Hijo amado, podamos producir frutos abundantes. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, con bondad, los dones que te presentamos y santifícalos por medio de tu Espíritu para que se nos conviertan en sacramento de salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio dominical I-X Antífona de comunión Sal 33, 6 Acudid al Señor, poned en él vuestra confianza y no quedaréis defraudados. Jn 8, 12 Yo soy la luz del mundo, dice el Señor; el que me sigue no caminará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.
O bien:

Oración después de la comunión Te damos gracias, Señor,

por habernos alimentado con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y te pedimos que este don tuyo sea para nosotros fuente inagotable de vida. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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IV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Antífona de entrada Sal 105, 47 Sálvanos, Señor y Dios nuestro; reúnenos de entre las naciones, para que podamos agradecer tu poder santo y sea nuestra gloria el alabarte. Oración colecta Concédenos, Señor, Dios nuestro, amarte con todo el corazón y, con el mismo amor, amar a nuestros prójimos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, estos dones que te presentamos en señal de sumisión a ti, y conviértelos en el sacramento de nuestra redención. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio dominical I-X Antífona de comunión Sal 30, 17-18 Ven, Señor, en ayuda de tu siervo y sálvame por tu misericordia. Que no me arrepienta nunca de haberte invocado. Mt 5, 3-4 Bienaventurados los pobres de espíritu, porque suyo es el Reino de los cielos. Bienaventurados los apacibles, porque poseerán la tierra, dice el Señor.
O bien:

Oración después de la comunión Que el sacramento del Cuerpo y la Sangre de tu Hijo que acabamos de recibir, nos ayude, Señor, a vivir más profundamente nuestra fe. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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V DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Antífona de entrada Sal 94, 6-7 Entremos y adoremos de rodillas al Señor, creador nuestro, porque él es nuestro Dios. Oración colecta Señor, que tu amor incansable cuide y proteja siempre a estos hijos tuyos, que han puesto en tu gracia toda su esperanza. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración sobre las ofrendas Señor, Dios nuestro, tú que nos has dado este pan y este vino para reparar nuestras fuerzas, conviértelos para nosotros en sacramento de vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio dominical I-X Antífona de comunión Sal 106, 8-9 Demos gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace por su pueblo; porque da de beber al que tiene sed y les da de comer a los hambrientos. Mt 5, 5-6 Bienaventurados los que lloran, porque serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
O bien:

Oración después de la comunión Señor, tú que has querido hacernos participar de un mismo pan y de un mismo cáliz, concédenos vivir de tal manera unidos en Cristo, que nuestro trabajo sea eficaz para la salvación del mundo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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VI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Antífona de entrada Sal 30, 3-4 Sírveme de defensa, Dios mío, de roca y fortaleza salvadoras; y pues eres mi baluarte y mi refugio, acompáñame y guíame. Oración colecta Señor nuestro, que prometiste venir y hacer tu morada en los corazones rectos y sinceros, concédenos la rectitud y sinceridad de vida que nos hagan dignos de esa presencia tuya. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración sobre las ofrendas Que este sacrificio, Señor, que vamos a ofrecerte, nos purifique y nos renueve y nos ayude a obtener la recompensa eterna, prometida a quienes cumplen tu voluntad. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio dominical I-X Antífona de comunión Sal 77, 29-30 El Señor colmó el deseo de su pueblo: comieron y quedaron satisfechos. Jn 3, 16 Tanto amó Dios al mundo, que le dio a su Hijo único para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna.
O bien:

Oración después de la comunión Señor, aviva cada vez más en nosotros el deseo de recibir este pan eucarístico, por medio del cual nos comunicas tú la vida verdadera. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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VII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Antífona de entrada Sal 12, 6 Confío, Señor, en tu misericordia; alegra mi corazón con tu auxilio.

Cantaré al Señor por el bien que me ha hecho. Oración colecta Concédenos, Señor, ser dóciles a las inspiraciones de tu Espíritu para que realicemos siempre en nuestra vida tu santa voluntad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración sobre las ofrendas Que este sacrificio de acción de gracias y de alabanza que vamos a ofrecerte, nos ayude, Señor, a conseguir nuestra salvación eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio dominical I-X Antífona de comunión Sal 9, 2-3 Proclamaré Señor, todas tus maravillas y me alegraré en ti y entonaré salmos a tu nombre, Dios Altísimo. Jn 11, 27 Señor, yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo, que ha venido a este mundo.
O bien:

Oración después de la comunión Que el Cuerpo y la Sangre de Cristo, que nos has dado, Señor, en este sacramento, sean para todos nosotros una prenda segura de vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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VIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Antífona de entrada Sal 17, 19-20 El Señor es mi protector; él me libró de las manos de mis enemigos y me salvó, porque me ama. Oración colecta Concédenos, Señor,

que el curso de los acontecimientos del mundo se desenvuelva, según tu voluntad, en la justicia y en la paz, y que tu Iglesia pueda servirte con tranquilidad y alegría. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración sobre las ofrendas Que este pan y este vino que tú mismo nos das para ofrecértelos nos ayuden, Señor, convertidos en el Cuerpo y Sangre de tu Hijo, a conseguir el premio de la felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio dominical I-X Antífona de comunión Sal 12, 6 Cantaré al Señor por el bien que me ha hecho; y entonaré un himno de alabanza al Dios Altísimo. Mt 28, 20 Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo, dice el Señor.
O bien:

Oración después de la comunión Te pedimos, Padre misericordioso, que por este sacramento con que ahora nos fortaleces, nos hagas algún día, participar de la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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IX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Antífona de entrada Sal 24, 16. 18 Tengo los ojos puestos en el Señor, porque él me libra de todo peligro. Mírame, Dios mío, y ten piedad de mi, que estoy solo y afligido. Oración colecta Nos acogemos, Señor, a tu providencia, que nunca se equivoca, y te pedimos humildemente que apartes de nosotros todo mal y nos concedas aquello que pueda contribuir a nuestro bien.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración sobre las ofrendas Confiados en tu misericordia, Señor, venimos a tu altar con nuestros dones a fin de que te dignes purificarnos por este memorial que estamos celebrando. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio dominical I-X Antífona de comunión Sal 16, 6 Yo te invoco, porque tú me respondes, Dios mío; inclina el oído y escucha mis palabras. Mc 11, 23-24 Yo os aseguro, dice el Señor, que todo cuanto pidáis en la oración, si tenéis fe en obtenerlo os será concedido.
O bien:

Oración después de la comunión Padre santo, tú que nos has alimentado con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, guíanos por medio de tu Espíritu a fin de que, no sólo con palabras, sino con toda nuestra vida podamos demostrarte nuestro amor y así merezcamos entrar al Reino de los cielos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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X DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Antífona de entrada Sal 26, 1-2 El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar? Cuando me asaltan mis enemigos, tropiezan y caen. Oración colecta Dios nuestro, de quien todo bien procede, inspíranos propósitos de justicia y santidad y concédenos tu ayuda para poder cumplirlos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración sobre las ofrendas Mira, Señor, con bondad, estos dones que te presentamos humildemente, para que sean gratos a tus ojos y nos hagan crecer en tu amor. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio dominical I-X Antífona de comunión Sal 17, 3 Señor, tú eres mi amor, mi fuerza y mi refugio, mi liberación y mi ayuda. Tú eres mi Dios. 1 Jn 4, 16 Dios es amor y el que permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él.
O bien:

Oración después de la comunión Que la fuerza redentora de esta Eucaristía nos proteja, Señor, de nuestras malas inclinaciones y nos guíe siempre por el camino de tus mandamientos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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XI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Antífona de entrada Sal 26, 7. 9 Escucha, Señor, mi voz y mis clamores y ven en mi ayuda; no me rechaces, ni me abandones, Dios, salvador mío. Oración colecta Dios nuestro, fuerza de todos los que en ti confían, ayúdanos con tu gracia, sin la cual nada puede nuestra humana debilidad, para que podamos serte fieles en la observancia de tus mandamientos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración sobre las ofrendas Dios nuestro,

que en estos dones que te presentamos has otorgado al hombre el pan que lo alimenta y el sacramento que le da nueva vida, haz que nunca llegue a faltarnos este sustento del cuerpo y del espíritu. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio dominical I-X Antífona de comunión Sal 26, 4 Una sola cosa he pedido al Señor y es lo único que busco: habitar en su casa todos los días de mi vida. Jn 17, 11 Padre santo, guarda en tu nombre a los que me has dado, para que, como nosotros, sean uno, dice el Señor.
O bien:

Oración después de la comunión Que nuestra participación en este sacramento

signo de la unión de los fieles en ti,
contribuya, Señor, a la unidad de tu Iglesia. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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XII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Antífona de entrada Sal 27, 8-9 Firmeza es el Señor para su pueblo, defensa y salvación para sus fieles. Sálvanos, Señor, vela sobre nosotros y guíanos siempre. Oración colecta Padre misericordioso, que nunca dejas de tu mano

a quienes has hecho arraigar en tu amistad, concédenos vivir siempre movidos por tu amor y un filial temor de ofenderte. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, este sacrificio de reconciliación y alabanza

que vamos a ofrecerte,

a fin de que purifique nuestros corazones y podamos corresponder a tu amor con nuestro amor. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Prefacio dominical I-X Antífona de comunión Sal 144, 15

Los ojos de todos los hombres te miran, Señor, llenos de esperanza, y tú das a cada uno su alimento.
O bien:

Jn 10, 11. 15

Yo soy el Buen Pastor y doy la vida por mis ovejas, dice el Señor.
Oración después de la comunión Señor, tú que nos has renovado con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,

concédenos que la participación en esta Eucaristía nos ayude a obtener la plenitud de la redención. Por Jesucristo, nuestro Señor. SUBIR

XIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Antífona de entrada Sal 46, 2 Pueblos todos, aplaudid; aclamad al Señor con gritos de júbilo. Oración colecta Padre de bondad, que por medio de tu gracia nos has hecho hijos de la luz, concédenos vivir fuera de las tinieblas del error y permanecer siempre en el esplendor de la verdad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración sobre las ofrendas Concédenos, Señor, participar dignamente en esta Eucaristía por medio de la cual tú te dignas hacernos participes de los frutos de la redención.

Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio dominical I-X Antífona de comunión Sal 102, 1 Alma mía, bendice al Señor y alaba de corazón su santo nombre. Jn 17, 20-21 Padre, te ruego por ellos, para que sean uno en nosotros, a fin de que el mundo crea que tú me has enviado, dice el Señor.
O bien:

Oración después de la comunión Que el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, que hemos ofrecido en sacrificio y recibido en comunión, sean para nosotros principio de vida nueva, a fin de que, unidos a ti por el amor, demos frutos que permanezcan para siempre. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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XIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Antífona de entrada Sal 47, 10-11 Recordaremos, Señor, los dones de tu amor, en medio de tu templo. Que todos los hombres de la tierra te conozcan y alaben, porque es infinita tu justicia. Oración colecta Dios nuestro, que por medio de la muerte de tu Hijo has redimido al mundo de la esclavitud del pecado, concédenos participar ahora de una santa alegría y, después en el cielo, de la felicidad eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración sobre las ofrendas Que el sacrificio que vamos a ofrecerte nos purifique, Señor, y nos ayude a conformar cada día más nuestra vida con los ejemplos de tu Hijo Jesucristo,

que vive y reina por los siglos de los siglos. Prefacio dominical I-X Antífona de comunión Sal 33, 9 Probad y ved qué bueno es el Señor; dichoso el que se acoge a él. Mt 11, 28 Venid a mi todos los que estáis agobiados y oprimidos y yo os auxiliaré, dice el Señor.
O bien:

Oración después de la comunión Dios omnipotente y eterno, que nos has alimentado con el sacramento de tu amor, concédenos vivir siempre en tu amistad y agradecer continuamente tu misericordia. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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XV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Antífona de entrada Sal 16, 15 Yo quiero acercarme a ti, Señor, y saciarme de gozo en tu presencia. Oración colecta Señor, tú que iluminas a los extraviados con la luz de tu Evangelio para que vuelvan al camino de la verdad, concede a cuantos nos llamamos cristianos imitar fielmente a Cristo y rechazar lo que pueda alejarnos de él. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración sobre las ofrendas Mira bondadosamente, Señor, las ofrendas de tu Iglesia suplicante, y conviértelas en alimento espiritual que ayude a crecer en santidad a todos tus fieles. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio dominical I-X
En el Ciclo C es recomendable decir el prefacio común VIII.

Antífona de comunión Sal 83, 4-5 Dichosos los que se acercan a tu altar, Señor. Dichosos los que viven en tu casa y pueden alabarte siempre, Rey mío y Dios mío. Jn 6, 56 El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mi y yo en él, dice el Señor.
O bien:

Oración después de la comunión Te suplicamos, Señor, que esta Eucaristía que hemos recibido, nos ayude a amarte más y a servirte mejor cada día. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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XVI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Antífona de entrada Sal 53, 6. 8 Señor Dios, tú eres mi auxilio y el único apoyo de mi vida; te ofreceré de corazón un sacrificio y te daré gracias, Señor, porque eres bueno. Oración colecta Míranos, Señor, con amor y multiplica en nosotros los dones de tu gracia para que, llenos de fe, esperanza y caridad, permanezcamos siempre fieles en el cumplimiento de tus mandatos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración sobre las ofrendas Dios nuestro, que con la muerte de tu Hijo llevaste a término y perfección los sacrificios de la antigua alianza, acepta y bendice estos dones, como aceptaste y bendijiste los de Abel, para que lo que cada uno te ofrece, sea de provecho para la salvación de todos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio dominical I-X Antífona de comunión Sal 110, 4-5 Para perpetuar su amor, el Señor nos ha dejado el memorial de sus prodigios, y ha dado a sus amigos el signo de un banquete que les recuerde para siempre su alianza. Ap 3, 20 Mirad que estoy a la puerta y llamo, dice el Señor: si alguno oye mi voz y me abre, entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo.
O bien:

Oración después de la comunión Señor, tú que nos has concedido participar en esta Eucaristía, míranos con bondad y ayúdanos a vencer nuestra fragilidad humana para poder vivir como hijos tuyos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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XVII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Antífona de entrada Sal 67, 6-7. 36 Adoremos a Dios en su santo templo. El nos hace habitar juntos en su casa. El es la fuerza y el poder de su pueblo. Oración colecta Padre santo y todopoderoso, protector de los que en ti confían, ten misericordia de nosotros y enséñanos a usar con sabiduría de los bienes de la tierra, a fin de que no nos impidan alcanzar los del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, estos dones que tu generosidad ha puesto en nuestras manos, y concédenos que este sacrificio santifique toda nuestra vida y nos conduzca a la felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio dominical I-X

Antífona de comunión Sal 102, 2 Bendice, alma mía, al Señor y no olvides sus muchos beneficios. Mt 5, 7-8 Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque verán a Dios, dice el Señor.
O bien:

Oración después de la comunión Señor, que esta Eucaristía, memorial de la muerte y resurrección de tu Hijo, nos ayude a corresponder al don inefable de su amor y a procurar cada día nuestra salvación eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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XVIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Antífona de entrada Sal 69, 2. 6 Dios mío, ven en mi ayuda; Señor, date prisa en socorrerme. Tú eres mi auxilio y mi salvación; Señor, no tardes. Oración colecta Señor, tú que eres nuestro creador

y quien amorosamente dispone toda nuestra vida, renuévanos conforme a la imagen de tu Hijo y ayúdanos a conservar siempre tu gracia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración sobre las ofrendas Santifica, Señor, estos dones

y por medio del sacrificio de tu Hijo, transforma toda nuestra vida en una continua ofrenda. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Prefacio dominical I-X Antífona de comunión Sb 16, 20

Nos has enviado, Señor, un pan del cielo que encierra en sí toda delicia y satisface todos los gustos. Jn 6, 35 Yo soy el pan de vida, dice el Señor; el que venga a mi, no tendrá hambre; y el que crea en mí, no tendrá sed.
O bien:

Oración después de la comunión Protege, Señor, continuamente a quienes renuevas y fortaleces con esta Eucaristía y hazlos dignos de alcanzar la salvación eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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XIX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Antífona de entrada Sal 73, 20. 19. 22. 23 Acuérdate, Señor de tu alianza; no olvides por más tiempo la suerte de tus pobres. Levántate, Señor, a defender tu causa; no olvides las voces de los que te buscan. Oración colecta Dios eterno y todopoderoso a quien confiadamente podemos llamar ya Padre nuestro, haz crecer en nuestros corazones el espíritu de hijos adoptivos tuyos, para que podamos gozar, después de esta vida, de la herencia que nos has prometido. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, con bondad, estos dones que has puesto en manos de tu Iglesia, y con tu poder conviértelos en el sacramento de nuestra salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio dominical I-X Antífona de comunión Sal 147, 12.14

Alaba, Jerusalén, al Señor, porque te alimenta con lo mejor de su trigo. Jn 6, 51 El pan que yo os daré, es mi carne para vida del mundo, dice el Señor.
O bien:

Oración después de la comunión Que la recepción de esta Eucaristía nos confirme, Señor, en tu amor y nos ayude a conseguir la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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XX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Antífona de entrada Sal 83, 10-11 Dios nuestro y protector nuestro, un solo día en tu casa es más valioso para tus elegidos, que mil días en cualquier otra parte. Oración colecta Enciende, Señor, nuestros corazones con el fuego de tu amor a fin de que, amándote en todo y sobre todo, podamos obtener aquellos bienes que no podemos nosotros ni siquiera imaginar y has prometido tú a los que te aman. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, los dones que te presentamos para esta Eucaristía a fin de que, a cambio de ofrecerte lo que tú nos has dado, podamos recibir de ti, tu misma vida. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio dominical I-X Antífona de comunión Sal 129, 7

Mi alma espera al Señor con más ansia que los centinelas el amanecer, porque con el Señor viene la misericordia y la abundancia de su gracia.
Jn 6, 51 Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo, dice el Señor; el que coma
O bien:

de este pan, vivirá eternamente. Oración después de la comunión Tú que nos hecho partícipes de la vida de Cristo en este sacramento, transfórmanos, Señor, a imagen de tu Hijo, para que participemos también de su gloria en el cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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XXI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Antífona de entrada Sal 85, 1-3 Escucha, Señor, y respóndeme; salva a tu siervo que confía en ti. Ten piedad de mí, Dios mío, pues sin cesar te invoco. Oración colecta Dios nuestro, tú que puedes darnos un mismo querer y un mismo sentir, concédenos a todos amar lo que nos mandas y anhelar lo que nos prometes para que, en medio de las preocupaciones de esta vida, pueda encontrar nuestro corazón la felicidad verdadera. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración sobre las ofrendas Dios nuestro, que por medio de un sacrificio único, el de Cristo en la Cruz, nos has adoptado como hijos tuyos,

concede siempre a tu Iglesia el don de la unidad y de la paz.
Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio dominical I-X Antífona de comunión Sal 103, 13-15 La tierra está llena, Señor, de dones tuyos, de ti proviene el pan y el vino que alegra el corazón humano. Jn 6, 54 El que come mi carne y bebe mi sangre, dice el Señor, tiene ya vida
O bien:

eterna y yo lo resucitaré en el último día. Oración después de la comunión Completa, Señor, en nosotros la obra redentora de tu amor

y danos la fortaleza y generosidad necesarias para que podamos cumplir en todo tu santa voluntad. Por Jesucristo, nuestro Señor. SUBIR

XXII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Antífona de entrada Sal85, 3. 5 Dios mío, ten piedad de mí, pues sin cesar te invoco. Tú eres bueno y clemente y no niegas tu amor al que te invoca. Oración colecta Dios misericordioso, de quien procede todo lo bueno, inflámanos con tu amor y acércanos más a ti a fin de que podamos crecer en tu gracia y perseveremos en ella. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, los dones que te presentamos y realiza en nosotros con el poder de tu Espíritu, la obra redentora que se actualiza en esta Eucaristía. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio dominical I-X Antífona de comunión Sal 30, 20 Qué grande es la delicadeza del amor que tienes reservada, Señor, para tus hijos. Mt 5, 9-10 Bienaventurados los que procuran la paz, porque serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque suyo es el Reino de los cielos, dice el Señor.
O bien:

Oración después de la comunión Te rogamos, Señor, que este sacramento con que nos has alimentado, nos haga crecer en tu amor y nos impulse a servirte en nuestros prójimos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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XXIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Antífona de entrada Sal 118, 137. 124 Eres justo, Señor, y rectos son tus mandamientos. Muéstrate bondadoso conmigo y ayúdame a cumplir tu voluntad. Oración colecta Señor, que te has dignado redimirnos y hacernos hijos tuyos, míranos siempre con amor de Padre y haz que cuantos creemos en Cristo, obtengamos la verdadera libertad y la herencia eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración sobre las ofrendas Dios nuestro, fuente de la paz y del amor sincero, concédenos glorificarte por estas ofrendas, y unirnos fielmente a ti por la participación en esta Eucaristía. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio dominical I-X Antífona de comunión Sal 41,2-3 Como la cierva busca el agua de los ríos, así, sedienta, mi alma te busca a ti, Dios mío. Jn 8, 12 Yo soy la luz del mundo, dice el Señor; el que me sigue no caminará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.
O bien:

Oración después de la comunión

Tú que nos has instruido con tu palabra y alimentado con tu Eucaristía, concédenos, Señor, aprovechar estos dones para que vivamos aquí unidos a tu Hijo y podamos, después, participar de su vida inmortal. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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XXIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Antífona de entrada Cf. Sir 36, 15-16 A los que esperan en ti Señor, concédeles tu paz, y cumple así las palabras de tus profetas; escúchame, Señor, y atiende a las plegarias de tu pueblo. Oración colecta Míranos, Señor, con ojos de misericordia y haz que experimentemos vivamente tu amor para que podamos servirte con todas nuestras fuerzas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, con bondad, los dones y plegarias de tu pueblo y haz que lo que cada uno ofrece en tu honor, ayude a la salvación de todos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio dominical I-X Antífona de comunión Sal 35, 8

Señor Dios, qué valioso es tu amor. Por eso los hombres se acogen a la sombra de tus alas.
Cf. 1 Cor 10, 16 El cáliz de bendición por el que damos gracias, es la unión de todos en la Sangre de Cristo; y el pan que partimos es la unión de todos en el Cuerpo de Cristo.
O bien:

Oración después de la comunión

Que la gracia de esta comunión nos transforme, Señor, tan plenamente, que no sea ya nuestro egoísmo, sino tu amor, el que impulse, de ahora en adelante, nuestra vida. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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XXV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Antífona de entrada Yo soy la salvación de mi pueblo, dice el Señor. Los escucharé en cualquier tribulación en que me llamen y seré siempre su Dios. Oración colecta Dios nuestro, que en el amor a ti y a nuestro prójimo has querido resumir toda tu ley, concédenos descubrirte y amarte en nuestros hermanos para que podamos alcanzar la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, los dones que te presentamos a fin de que, por medio de esta Eucaristía, podamos obtener las gracias de la redención. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio dominical I-X Antífona de comunión Sal 118, 4-5 Tú promulgas, Señor, tus preceptos para que se observen con exactitud. Que mi conducta se ajuste siempre, al cumplimiento de tu voluntad. Jn 10, 14 Yo soy el Buen Pastor y conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí, dice el Señor.
O bien:

Oración después de la comunión Concede siempre tu ayuda, Señor, a quienes has alimentado con la Eucaristía,

a fin de que la gracia recibida en este sacramento, transforme continuamente nuestra vida.

Por Jesucristo, nuestro Señor. SUBIR

XXVI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Antífona de entrada Cf. Dan 3, 31. 29. 30. 43. 42 Podrías hacer recaer sobre nosotros, Señor, todo el rigor de tu justicia, porque hemos pecado contra ti y hemos desobedecido tus mandatos; pero, haz honor a tu nombre y trátanos conforme a tu inmensa misericordia. Oración colecta Dios nuestro, que con tu perdón y tu misericordia, nos das la prueba más delicada de tu omnipotencia, apiádate de nosotros, pecadores, para que no desfallezcamos en la lucha por obtener el cielo que nos has prometido. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración sobre las ofrendas Acepta, Padre misericordioso, nuestros dones y conviértelos en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, fuente de toda bendición para tu Iglesia. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio dominical I-X Antífona de comunión Sal 118, 49-50 Recuerda, Señor, la promesa que le hiciste a tu siervo; en ella he puesto toda mi esperanza y ha sido ella mi consuelo en la aflicción. 1 Jn 3, 16 Hemos conocido lo que es el amor de Dios, en que dio su vida por nosotros. Por eso también nosotros debemos dar la vida por nuestros hermanos.
O bien:

Oración después de la comunión Que esta Eucaristía renueve, Señor, nuestro cuerpo y nuestro espíritu

a fin de que podamos participar de la herencia gloriosa de tu Hijo, cuya muerte hemos anunciado y compartido. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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XXVII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Antífona de entrada Est 13, 9. 10-11 Todo depende de tu voluntad, Señor, y nadie puede resistirse a ella. Tú has hecho los cielos y la tierra y las maravillas que contienen. Tú eres el Señor del universo. Oración colecta Padre lleno de amor, que nos concedes siempre más de lo que merecemos y deseamos, perdona misericordiosamente nuestras ofensas y otórganos aquellas gracias que no hemos sabido pedirte y tú sabes que necesitamos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, este sacrificio de alabanza que tú mismo instituiste, y realiza en nosotros la obra de santificación que con su muerte nos mereció tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos. Prefacio dominical I-X Antífona de comunión Lm 3, 25 Bueno es el Señor con los que en él confían, con aquellos que no cesan de buscarlo. Cf. 1 Cor 10, 17 Nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque todos participamos de un mismo pan y de un mismo cáliz.
O bien:

Oración después de la comunión Que esta comunión, Señor, sacie nuestra hambre y nuestra sed de ti

y nos transforme en tu Hijo, Jesucristo, que vive y reina por los siglos de los siglos.

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XXVIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Antífona de entrada Sal 129, 3-4 Si conservaras el recuerdo de nuestras faltas, ¿quién habría, Señor, que se salvara? Pero tú, Dios de Israel, eres Dios de perdón. Oración colecta Te pedimos, Señor, que tu gracia nos inspire y acompañe siempre para que podamos descubrirte en todos y amarte y servirte en cada uno. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, nuestras ofrendas y concédenos que esta Eucaristía nos ayude a conseguir la gloria del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio dominical I-X Antífona de comunión Sal 33, 11 Los que buscan riquezas, sufren pobreza y hambre; los que buscan al Señor, no carecen de nada. 1 Jn 3, 2 Ya sabemos que cuando el Señor se manifieste, vamos a ser semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.
O bien:

Oración después de la comunión Te pedimos, Señor, humildemente, que el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo que hemos recibido en alimento, nos comuniquen su misma vida. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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XXIX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Antífona de entrada Sal 16, 6. 8 Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío; atiéndeme y escucha mis palabras. Cuídame como a la niña de tus ojos y cúbreme bajo la sombra de tus alas. Oración colecta Dios todopoderoso y eterno, haz que nuestra voluntad sea siempre dócil a la tuya y que te sirvamos con un corazón sincero. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración sobre las ofrendas Santifica, Señor, estos dones tuyos que con sincera voluntad te presentamos, y por medio de esta Eucaristía, dígnate purificarnos y renovarnos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio dominical I-X Antífona de comunión Sal 32, 18-19 Los ojos del Señor están puestos en sus hijos, en los que esperan en su misericordia, para librarlos de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre. Mc 10, 45 El Hijo del hombre ha venido a dar su vida como rescate por la humanidad, dice el Señor.
O bien:

Oración después de la comunión Que esta celebración eucarística nos comunique, Señor, nuevas fuerzas para cumplir tu voluntad en esta vida y nos confirme en la esperanza de tu Reino. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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XXX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Antífona de entrada Sal 104, 3-4 Alégrese el corazón de los que buscan al Señor. Buscad la ayuda del Señor; buscad continuamente su presencia. Oración colecta Aumenta, Señor, en nosotros la fe, la esperanza y la caridad para que cumplamos con amor tus mandamientos y podamos conseguir, así, el cielo que nos tienes prometido. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración sobre las ofrendas Mira, Señor, con bondad, las ofrendas que te presentamos, a fin de que esta celebración eucarística sea para tu gloria y alabanza. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio dominical I-X Antífona de comunión Sal 19, 6 Llenos de júbilo porque nos ha salvado, alabemos la grandeza del Señor, nuestro Dios. Ef 5, 2 Cristo nos amó y se entregó a la muerte por nosotros, como ofrenda y víctima agradable a Dios.
O bien:

Oración después de la comunión Concédenos, Señor, que este memorial de la muerte y resurrección de tu Hijo nos haga morir de veras al pecado y renacer a una nueva vida. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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XXXI DOMINGO DEL TIEMPO

ORDINARIO
Antífona de entrada Sal 37, 22-23 Señor, no me abandones, no te me alejes, Dios mío. Ven de prisa a socorrerme, Señor, mi salvador. Oración colecta Dios omnipotente y misericordioso, de cuya mano proviene el don de servirte y de alabarte, ayúdanos a vencer en esta vida cuanto pueda separarnos de ti. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración sobre las ofrendas Que este sacrificio que vamos ofrecerte en comunión con toda tu Iglesia, te sea agradable, Señor, y nos obtenga la plenitud de tu misericordia. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio dominical I-X Antífona de comunión Sal 15, 11 Me has enseñado el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia. Jn 6, 58 En la misma forma en que yo vivo por el Padre, que me ha enviado y que es la vida, el que me come, vivirá por mí, dice el Señor.
O bien:

Oración después de la comunión Continúa, Señor, en nosotros tu obra de salvación por medio de esta Eucaristía para que, cada vez más unidos a Cristo en esta vida, merezcamos vivir con él eternamente. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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XXXII DOMINGO DEL TIEMPO

ORDINARIO
Antífona de entrada Sal 87, 3 Que llegue hasta ti mi súplica, Señor, y encuentren acogida mis plegarias. Oración colecta Ayúdanos, Señor, a dejar en tus manos paternales todas nuestras preocupaciones, a fin de que podamos entregarnos con mayor libertad a tu servicio. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración sobre las ofrendas Mira, Señor, con bondad

los dones que te presentamos,
a fin de que el sacramento de la muerte y resurrección de tu Hijo, nos alcance de ti la vida verdadera. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio dominical I-X Antífona de comunión Sal 22, 1-2 El Señor es mi pastor, nada me falta; en verdes praderas me hace

recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas para reparar mis fuerzas.
Lc 24, 35 Los discípulos reconocieron al Señor Jesús cuando partió el pan.
O bien:

Oración después de la comunión Te damos gracias, Señor, por habernos alimentado con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y te rogamos que la fuerza del Espíritu Santo, que nos has comunicado en este sacramento, permanezca en nosotros y transforme toda nuestra vida. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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XXXIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Antífona de entrada Jer 29, 11. 12. 14 Yo tengo designios de paz, no de aflicción, dice el Señor. Me invocaréis y yo os escucharé y os libraré de vuestra esclavitud donde quiera que os encontréis. Oración colecta Concédenos, Señor, tu ayuda para entregarnos fielmente a tu servicio porque sólo en el cumplimiento de tu voluntad podremos encontrar la felicidad verdadera. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración sobre las ofrendas Que estos dones traídos a tu altar nos obtengan de ti, Señor y Dios nuestro, la gracia de servirte con amor y la felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio dominical I-X Antífona de comunión Sal 72, 28 Mi felicidad consiste en estar cerca de Dios y en poner sólo en él mis esperanzas. Mc 11, 23-24 Yo os aseguro, dice el Señor, que todo cuanto pidáis en la oración, si tenéis fe en obtenerlo, os será concedido.
O bien:

Oración después de la comunión Señor, que nuestra participación en esta Eucaristía que tu Hijo nos mandó celebrar como memorial suyo, nos una siempre con el vínculo de tu amor. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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XXXIV SEMANA DEL TIEMPO

ORDINARIO
La solemnidad de nuestro Señor Jesucristo Rey del Universo ocupa el lugar de este domingo. Para los días de entre semana, se utilizan los textos siguientes.

Antífona de entrada Sal 84, 9 Dios anuncia la paz a su pueblo, a todos sus amigos y a cuantos se convierten a él de corazón. Oración colecta Mueve, Señor, nuestros corazones

para que correspondamos generosamente
a la acción de tu gracia y recibamos, así, con abundancia, los dones de tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, este santo sacrificio que nos has mandado ofrecer en tu alabanza y concédenos por él obedecer siempre tus mandatos para que seamos dignos de tu amor. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio dominical I-X Antífona de comunión Sal 116, 1-2 Alabad al Señor todas las naciones, aclamadlo todos los pueblos, porque grande es su amor hacia nosotros y su fidelidad dura por siempre. Mt 28, 20 Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo, dice el Señor.
O bien:

Oración después de la comunión Tú que nos has hecho participes de tu propia vida en este sacramento, no permitas, Señor, que nos separemos ya de ti, que eres la fuente de todo bien. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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SOLEMNIDADES DEL SEÑOR

DURANTE EL TIEMPO ORDINARIO
Santísima Trinidad Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo Sagrado Corazón de Jesús Jesucristo, Rey Universal

Domingo después de Pentecostés

LA SANTÍSIMA TRINIDAD
Solemnidad
Antífona de entrada Bendito sea Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, porque nos ha mostrado un amor inmenso. Oración colecta Dios Padre, que al enviar al mundo al Verbo de verdad y al Espíritu de santidad, revelaste a los hombres tu misterio admirable, concédenos que al profesar la fe verdadera, reconozcamos la gloria de la eterna Trinidad y adoremos la unidad de su majestad omnipotente. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Se dice Credo.

Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración sobre las ofrendas Por la invocación de tu nombre, santifica, Señor, estos dones que te presentamos y transfórmanos por ellos en una continua oblación a ti. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio: EL MISTERIO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD. V. El Señor esté con vosotros. R. Y con tu espíritu. V. Levantemos el corazón. R. Lo tenemos levantado hacia el Señor. V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Que con tu único Hijo y el Espíritu Santo, eres un solo Dios, un solo Señor, no en la sola persona, sino tres Personas en una sola naturaleza. Y lo que creemos de tu gloria, porque tú lo revelaste, lo afirmamos también de tu Hijo y también del Espíritu Santo, sin diferencia ni distinción. De modo que al proclamar nuestra fe en la verdadera y eterna Divinidad, adoramos a tres Personas distintas, de única naturaleza e iguales en su dignidad. A quien alaban los ángeles y los arcángeles, y todos los coros celestiales, que no cesan de aclamarte con una sola voz: Santo, Santo, Santo... Antífona de comunión Gal 4, 6 Porque sois hijos de Dios, Dios infundió en vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: Padre. Oración después de la comunión Al confesar nuestra fe en la Trinidad santa y eterna y en su Unidad indivisible, concédenos, Señor y Dios nuestro, encontrar salud del alma y del cuerpo en el sacramento que hemos recibido. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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Domingo después de la Santísima Trinidad

EL CUERPO Y LA SANGRE DE CRISTO
Solemnidad
Antífona de entrada Sal 80, 17 Alimentó a su pueblo con lo mejor del trigo y lo sació con miel sacada de la roca. Oración colecta Señor nuestro Jesucristo, que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu pasión, concédenos venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios por los siglos de los siglos.
Se dice Credo.

Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración sobre las ofrendas Señor, concede a tu Iglesia los dones de la unidad y de la paz, simbolizados en las ofrendas sacramentales que te presentamos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de la Sagrada Eucaristía I o II. Antífona de comunión Jn 6, 56 El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él, dice el Señor. Oración después de la comunión Concédenos, Señor, disfrutar eternamente del gozo de tu divinidad que ahora pregustamos, en la comunión de tu Cuerpo y de tu Sangre. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Viernes posterior al segundo domingo después de Pentecostés

Viernes después de la solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo

EL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
Solemnidad
Antífona de entrada Sal 32, 11. 19 Los proyectos de su corazón subsisten de edad en edad, para librar de la muerte la vida de sus fieles y reanimarlos en tiempo de hambre. Oración colecta Al celebrarse hoy la solemnidad del Corazón de Jesús, en la que recordamos el inmenso amor de tu Hijo hacia nosotros, te suplicamos, Padre todopoderoso, que nos concedas alcanzar de esa fuente inagotable la abundancia de tu gracia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
O bien:

Dios nuestro, que has depositado infinitos tesoros de misericordia en el corazón de tu amado Hijo, herido por nuestros pecados, concédenos que, al rendirle nuestro homenaje de amor, logremos también tributarle una debida reparación. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Se dice Credo.

Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración sobre las ofrendas Ten en cuenta, Señor, el inefable amor del corazón de tu Hijo, para que este don que te ofrecemos, sea agradable a tus ojos y sirva como expiación de nuestros pecados. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio: INMENSO AMOR DE CRISTO V. El Señor esté con vosotros. R. Y con tu espíritu. V. Levantemos el corazón. R. Lo tenemos levantado hacia el Señor. V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo nuestro Señor. El cual, con inmenso amor, se entregó por nosotros en la cruz e hizo salir sangre y agua de su costado herido, de donde habrían de brotar los sacramentos de la Iglesia, para que todos, atraídos hacia el corazón abierto del salvador, pudieran beber siempre, con gozo, de la fuente de la salvación. Por eso, con los ángeles y con todos lo santos te alabamos, diciendo sin cesar: Santo, Santo, Santo... Antífona de comunión Jn 7, 37-38 Dice el Señor: Si alguno tiene sed, que venga a mí y beba. De aquel que cree en mí, brotarán ríos de agua viva. Jn 19, 34 Uno de los soldados le abrió el costado con su lanza, y al punto salió sangre y agua.
O bien:

Oración después de la comunión Señor, que este sacramento de caridad nos haga arder en un santo amor que, atrayéndonos siempre hacia tu Hijo, nos enseñe a reconocerlo en cada uno de nuestros hermanos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Último domingo del tiempo ordinario

JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO
Solemnidad
Antífona de entrada Ap 5, 12; 1, 6

Digno es el Cordero que fue inmolado, de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza y el honor. A él la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Oración colecta Dios todopoderoso y eterno, que quisiste fundar todas las cosas en tu Hijo muy amado, Rey del universo, haz que toda creatura, liberada de la esclavitud, sirva a tu majestad y te alabe eternamente. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Se dice Credo.

Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración sobre las ofrendas Al ofrecerte el sacrificio de la reconciliación humana, te rogamos, Señor, que Jesucristo, tu Hijo, conceda a todos los pueblos los bienes de la unidad y de la paz. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio CRISTO, REY DEL UNIVERSO V. El Señor esté con vosotros. R. Y con tu espíritu. V. Levantemos el corazón. R. Lo tenemos levantado hacia el Señor. V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R. Es justo y necesario. En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Porque consagraste Sacerdote eterno y Rey del universo a tu Hijo unigénito, nuestro Señor Jesucristo, para que, ofreciéndose a si mismo como víctima perfecta y pacificadora en el altar de la cruz,

consumara el misterio de la redención humana; y sometiendo a su poder la creación entera, entregara a tu majestad infinita un Reino eterno y universal: Reino de la verdad y de la vida, Reino de la santidad y de la gracia, Reino de la justicia, del amor y de la paz. Por eso, con los ángeles y los arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria. Santo, Santo, Santo... Antífona de comunión Sal 28, 10-11 En su trono reinará el Señor para siempre y le dará a su pueblo la bendición de la paz. Oración después de la comunión Alimentados con el pan que da la vida eterna, te pedimos, Señor, que quienes nos gloriamos en obedecer aquí los mandatos de Cristo, Rey del universo, podamos vivir con él eternamente en el cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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LECIONARIO DOMINICAL DEL TIEMPO ORDINARIO B CICLO A C

Domingo después de Pentecostés

SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD
PRIMERA LECTURA
Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso

Lectura del libro del Éxodo 34, 4b-6. 8-9

En aquellos días, Moisés subió de madrugada al monte Sinaí, co-mo le había mandado el Señor, llevando en la mano las dos tablas de piedra. El Señor bajó en la nube y se quedó con él allí, y Moisés pronunció el nombre del Señor. El Señor pasó ante él, proclamando: –«Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad.» Moisés, al momento, se inclinó y se echó por tierra. Y le dijo: –«Si he obtenido tu favor, que mi Señor vaya con nosotros, aun-que ése es un pueblo de cerviz dura; perdona nuestras culpas y peca-dos y tómanos como heredad tuya.» Palabra de Dios. Salmo responsorial Dn 3, 52. 53. 54. 55. 56 Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres, bendito tu nombre santo y glorioso. R. A ti gloria y alabanza por los siglos. Bendito eres en el templo de tu santa gloria. R. A ti gloria y alabanza por los siglos Bendito eres sobre el trono de tu reino. R. A ti gloria y alabanza por los siglos. Bendito eres tú, que sentado sobre querubines sondeas los abismos. R. A ti gloria y alabanza por los siglos. Bendito eres en la bóveda del cielo. R. A ti gloria y alabanza por los siglos. SEGUNDA LECTURA
La gracia de Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 13, 11-13 Hermanos: Alegraos, enmendaos, animaos; tened un mismo sentir y vivid en paz. Y el Dios del amor y de la paz estará con vosotros. Saludaos mutuamente con el beso ritual. Os saludan todos los santos. La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo esté siempre con todos vosotros. Palabra de Dios.

Aleluya Ap 1, 8 Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, al Dios que es, que era y que viene. EVANGELIO
Dios mandó su Hijo para que el mundo se salve por él

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 3, 16-18
Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. Palabra del Señor.

Domingo después de la Santísima Trinidad

SOLEMNIDAD DEL SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO
PRIMERA LECTURA
Te alimentó con el maná, que tú no conocías ni conocieron tus padres

Lectura del libro del Deuteronomio 8, 2-3. 14b-16a Moisés habló al pueblo, diciendo: –«Recuerda el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer estos cuarenta años por el desierto; para afligirte, para ponerte a prue-ba y conocer tus intenciones: si guardas sus preceptos o no. Él te afligió, haciéndote pasar hambre, y después te alimentó con el maná, que tú no conocías ni conocieron tus padres, para enseñarte que no sólo vive el hombre de pan, sino de todo cuanto sale de la boca de Dios. No te olvides del Señor, tu Dios, que te sacó de Egipto, de la escla-vitud, que te hizo recorrer aquel desierto inmenso y terrible, con dra-gones y alacranes, un sequedal sin una gota de agua, que sacó agua para ti de una roca de pedernal; que te alimentó en el desierto con un maná que no conocían tus padres.» Palabra de Dios.

Salmo responsorial Sal 147, 12-13. 14-15. 19-20 (R.: 12a) R. Glorifica al Señor, Jerusalén. O bien: Aleluya. Glorifica al Señor, Jerusalén; alaba a tu Dios, Sión: que ha reforzado los cerrojos de tus puertas, y ha bendecido a tus hijos dentro de ti. R. Ha puesto paz en tus fronteras, te sacia con flor de harina. Él envía su mensaje a la tierra, y su palabra corre veloz. R. Anuncia su palabra a Jacob, sus decretos y mandatos a Israel; con ninguna nación obró así, ni les dio a conocer sus mandatos. R. SEGUNDA LECTURA
El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 10, 16-17 Hermanos: El cáliz de la bendición que bendecimos, ¿no es comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el cuer-po de Cristo? El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan. Palabra de Dios. Aleluya Jn 6, 51 Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo –dice el Señor–; el que coma de este pan vivirá para siempre. EVANGELIO
Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 51-58
En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: –«Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.» Disputaban los judíos entre sí: –«¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?» Entonces Jesús les dijo:

–«Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mi y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mis-mo modo, el que me come vivirá por mi. Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros pa-dres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre. » Palabra del Señor.

Viernes posterior al segundo domingo después de Pentecostés

SOLEMNIDAD DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
PRIMERA LECTURA
El Señor se enamoró de vosotros y os eligió

Lectura del libro del Deuteronomio 7, 6-11 En aquellos días, Moisés habló al pueblo, diciendo: –«Tú eres un pueblo santo para el Señor, tu Dios: él te eligió para que fueras, entre todos los pueblos de la tierra, el pueblo de su propiedad. Si el Señor se enamoró de vosotros y os eligió, no fue por ser voso-tros más numerosos que los demás, pues sois el pueblo más pequeño, sino que, por puro amor vuestro, por mantener el juramento que ha-bía hecho a vuestros padres, os sacó de Egipto con mano fuerte y os rescató de la esclavitud, del dominio del Faraón, rey de Egipto. Así sabrás que el Señor, tu Dios, es Dios: el Dios fiel que mantiene su alianza y su favor con los que lo aman y guardan sus preceptos, por mil generaciones. Pero paga en su persona a quien lo aborrece, acabando con él. No se hace esperar, paga a quien lo aborrece, en su persona. Pon por obra estos preceptos y los mandatos y decretos que te man-do hoy.» Palabra de Dios.

Salmo responsorial Sal 102, 1-2. 3-4. 6-7. 8 y 10(R.: 17) R. La misericordia del Señor dura siempre, para los que cumplen sus mandatos. Bendice, alma mía, al Señor, y todo mi ser a su santo nombre. Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios. R. Él perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades; él rescata tu vida de la fosa y te colma de gracia y de ternura. R. El Señor hace justicia y defiende a todos los oprimidos; enseñó sus caminos a Moisés y sus hazañas a los hijos de Israel. R. El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia. No nos trata como merecen nuestros pecados ni nos paga según nuestras culpas. R. SEGUNDA LECTURA
Dios nos amó

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 4, 7-16 Queridos hermanos: Amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conoci-do a Dios, porque Dios es amor. En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único, para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación para nuestros pecados. Queridos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debe-mos amarnos unos a otros. A Dios nadie lo ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud. En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y damos tes-timonio de que el Padre envió a su Hijo para ser Salvador del mundo. Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios. Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él.

Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios, y Dios en él. Palabra de Dios. Aleluya Mt 11, 29ab Cargad con mi yugo y aprended de mí –dice el Señor–, que soy manso y humilde de corazón. EVANGELIO
Soy manso y humilde de corazón

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 11, 25-30
En aquel tiempo, exclamó Jesús: –«Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has es-condido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quie-ra revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os ali-viaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y hu-milde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.» Palabra del Señor.

DOMINGO II DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Te hago luz de las naciones, para que seas mi salvación

Lectura del libro de Isaías 49, 3. 5-6 El Señor me dijo: «Tú eres mi siervo, de quien estoy orgulloso.» Y ahora habla el Señor, que desde el vientre me formó siervo suyo, para que le trajese a Jacob, para que le reuniese a Israel

–tanto me honró el Señor, y mi Dios fue mi fuerza–: «Es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob y conviertas a los supervivientes de Israel; te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra.» Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 39, 2 y 4ab. 7-8a. 8b-9. 10(R.: 8a y 9a) R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. Yo esperaba con ansia al Señor; él se inclinó y escuchó mi grito; me puso en la boca un cántico nuevo, un himno a nuestro Dios. R. Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído; no pides sacrificio expiatorio, entonces yo digo: «Aquí estoy.» R. Como está escrito en mi libro: «Para hacer tu voluntad.» Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas. R. He proclamado tu salvación ante la gran asamblea; no he cerrado los labios: Señor, tú lo sabes. R. SEGUNDA LECTURA
La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesús sean con vosotros

Comienzo de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1, 1-3 Yo, Pablo, llamado a ser apóstol de Cristo Jesús por designio de Dios, y Sóstenes, nuestro hermano, escribimos a la Iglesia de Dios en Corinto, a los consagrados por Cristo Jesús, a los santos que él llamó y a todos los demás que en cualquier lugar invocan el nombre de Jesucristo, Señor de ellos y nuestro. La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Je-sucristo sean con vosotros. Palabra de Dios.

Aleluya Jn 1, 14. 12b La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros. A cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios.
En lugar del versículo antes del evangelio propuesto para cada domingo, se puede escoger alguno de los que se hallan en. *

EVANGELIO
Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 1, 29-34
En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: –«Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. És-te es aquel de quien yo dije: "Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo." Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel.» Y Juan dio testimonio diciendo: –«He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una pa-loma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: "Aquél sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ése es el que ha de bautizar con Espíritu Santo. " Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.» Palabra del Señor.

DOMINGO III DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
En la Galilea de los gentiles el pueblo vio una luz grande

Lectura del libro de Isaías 8, 23b-9, 3 En otro tiempo el Señor humilló el país de Zabulón y el país de Neftalí; ahora ensalzará el camino del mar, al otro lado del Jordán, la Galilea de los gentiles. El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaban tierra de sombras, y una luz les brilló. Acreciste la alegría, aumentaste el gozo; se gozan en tu presencia, como gozan al segar, como se alegran al repartirse el botín.

Porque la vara del opresor, y el yugo de su carga, el bastón de su hombro, los quebrantaste como el día de Madián. Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 26, 1. 4. 13-14 (R.: la) R. El Señor es mi luz y mi salvación. El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar? R. Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de mi vida; gozar de la dulzura del Señor, contemplando su templo. R. Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida. Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor. R. SEGUNDA LECTURA
Poneos de acuerdo y no andéis divididos

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1, 10-13. 17 Os ruego, hermanos, en nombre de nuestro Señor Jesucristo: po-neos de acuerdo y no andéis divididos. Estad bien unidos con un mis-mo pensar y sentir. Hermanos, me he enterado por los de Cloe que hay discordias en-tre vosotros. Y por eso os hablo así, porque andáis divididos, dicien-do: «Yo soy de Pablo, yo soy de Apolo, yo soy de Pedro, yo soy de Cristo. » ¿Está dividido Cristo? ¿Ha muerto Pablo en la cruz por vosotros? ¿Habéis sido bautizados en nombre de Pablo? Porque no me envió Cristo a bautizar, sino a anunciar el Evange-lio, y no con sabiduría de palabras, para no hacer ineficaz la cruz de Cristo. Palabra de Dios. Aleluya Mt 4, 23 Jesús proclamaba el Evangelio del reino, curando las dolencias del

pueblo. * EVANGELIO
Se estableció en Cafarnaún. Así se cumplió lo que había dicho Isaías

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 4, 12-23
Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan, se retiró a Gali-lea. Dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaún, junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftalí. Así se cumplió lo que había dicho el profeta Isaías: «País de Zabulón y país de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló.» Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: –«Convertíos, porqi1e está cerca el reino de los cielos.» Pasando junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos, a Simón, al que llaman Pedro, y a Andrés, su hermano, que estaban echando el copo en el lago, pues eran pescadores. Les dijo: –«Venid y seguidme, y os, haré pescadores de hombres.» Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Y, pasando adelante, vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre. Jesús los llamó también. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron. Recorría toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo. Palabra del Señor. O bien más breve: + Lectura del santo evangelio según san Mateo 4, 12-17 Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan, se retiró a Gali-lea. Dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaún, junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftalí. Así se cumplió lo que había dicho el profeta Isaías: «País de Zabulón y país de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas

vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló.» Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: –«Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos.» Palabra de Dios.

DOMINGO IV DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Dejaré en medio de ti un pueblo pobre y humilde

Lectura de la profecía de Sofonías 2, 3; 3, 12-13 Buscad al Señor, los humildes, que cumplís sus mandamientos; buscad la justicia, buscad la moderación, quizá podáis ocultaros el día de la ira del Señor. «Dejaré en medio de ti un pueblo pobre y humilde, que confiará en el nombre del Señor. El resto de Israel no cometerá maldades, ni dirá mentiras, ni se hallará en su boca una lengua embustera; pastarán y se tenderán sin sobresaltos.» Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 145, 7. 8-9a. 9be-10 (R.: Mt 5, 3) R. Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. O bien: Aleluya. El Señor mantiene su fidelidad perpetuamente, él hace justicia a los oprimidos, él da pan a los hambrientos. El Señor liberta a los cautivos. R. El Señor abre los ojos al ciego, el Señor endereza a los que ya se doblan, el Señor ama a los justos, el Señor guarda a los peregrinos. R. Sustenta al huérfano y a la viuda

y trastorna el camino de los malvados. El Señor reina eternamente, tu Dios, Sión, de edad en edad. R. SEGUNDA LECTURA
Dios ha escogido lo débil del mundo

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 19, 26-31 Hermanos: Fijaos en vuestra asamblea, no hay en ella muchos sabios en lo hu-mano, ni muchos poderosos, ni muchos aristócratas; todo lo contra-rio, lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sa-bios, y lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar el poder. Aún más, ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta para anular a lo que cuenta, de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del Señor. Por él vosotros sois en Cristo Jesús, en este Cristo que Dios ha he-cho para nosotros sabiduría, justicia, santificación y redención. Y así –como dice la Escritura– «el que se gloríe, que se gloríe en el Señor». Palabra de Dios. Aleluya Mt 5, 12a Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. * EVANGELIO
Dichosos los pobres en el espíritu

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 1-12a
En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sen-tó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles: –«Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados. Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Dichosos los limpios de corazón,

porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Palabra del Señor.

DOMINGO V DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Romperá tu luz como la aurora

Lectura del libro de Isaías 58, 7-10 Así dice el Señor: «Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, viste al que ves desnudo, y no te cierres a tu propia carne. Entonces romperá tu luz como la aurora, en seguida te brotará la carne sana; te abrirá camino la justicia, detrás irá la gloria del Señor. Entonces clamarás al Señor, y te responderá; gritarás, y te dirá: «Aquí estoy. » Cuando destierres de ti la opresión, el gesto amenazador y la maledicencia, cuando partas tu pan con el hambriento y sacies el estómago del indigente, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía.» Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 111, 4-5. 6-7. 8a y 9 (R.: 4a) R. El justo brilla en las tinieblas como una luz. En las tinieblas brilla como una luz el que es justo, clemente y compasivo.

Dichoso el que se apiada y presta, y administra rectamente sus asuntos. R. El justo jamás vacilará, su recuerdo será perpetuo. No temerá las malas noticias, su corazón está firme en el Señor. R. Su corazón está seguro, sin temor. Reparte limosna a los pobres; su caridad es constante, sin falta, y alzará la frente con dignidad. R. SEGUNDA LECTURA
Os anuncié el misterio de Cristo crucificado

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 2, 1-5 Yo, hermanos, cuando vine a vosotros a anunciaros el misterio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría, pues nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y éste crucificado. Me presenté a vosotros débil y temblando de miedo; mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu, para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios. Palabra de Dios. Aleluya Jn 8, 12b Yo soy la luz del mundo –dice el Señor–; el que me sigue tendrá la luz de la vida. * EVANGELIO
Vosotros sois la luz del mundo

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 13-16
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: –«Vosotros sois la sal de la tierra. Pero sí la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del cele-mín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras bue-nas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.»

Palabra del Señor.

DOMINGO VI DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
No mandó pecar al hombre

Lectura del libro del Eclesiástico 15, 16-21 Si quieres, guardarás los mandatos del Señor, porque es prudencia cumplir su voluntad; ante ti están puestos fuego y agua: echa mano a lo que quieras; delante del hombre están muerte y vida: le darán lo que él escoja. Es inmensa la sabiduría del Señor, es grande su poder y lo ve todo; los ojos de Dios ven las acciones, él conoce todas las obras del hombre; no mandó pecar al hombre, ni deja impunes a los mentirosos. Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 118, 1-2. 4-5. 17-18. 33-34(R.: 1b) R. Dichoso el que camina en la voluntad del Señor. Dichoso el que, con vida intachable, camina en la voluntad del Señor; dichoso el que, guardando sus preceptos, lo busca de todo corazón. R. Tú promulgas tus decretos para que se observen exactamente. Ojalá esté firme mi camino, para cumplir tus consignas. R. Haz bien a tu siervo: viviré y cumpliré tus palabras; ábreme los ojos, y contemplaré las maravillas de tu voluntad. R. Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes, y lo seguiré puntualmente; enséñame a cumplir tu voluntad y a guardarla de todo corazón. R.

SEGUNDA LECTURA
Dios predestinó la sabiduría antes de los siglos para nuestra gloria

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 2, 6-10 Hermanos: Hablamos, entre los perfectos, una sabiduría que no es de este mun-do, ni de los príncipes de este mundo, que quedan desvanecidos, sino que enseñamos una sabiduría divina, misteriosa, escondida, predes-tinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria. Ninguno de los príncipes de este mundo la ha conocido; pues, si la hubiesen conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria. Sino, como está escrito: «Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hom-bre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que lo aman. » Y Dios nos lo ha revelado por el Espíritu. El Espíritu lo sondea todo, incluso lo profundo de Dios. Palabra de Dios.

Aleluya Cf. Mt 11, 25 Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has revelado los secretos del reino a la gente sencilla. * EVANGELIO
Se dijo a los antiguos, pero yo os digo

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 17-37
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: –«No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cum-plirse hasta la última letra o tilde de la Ley. El que se salte uno sólo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos. Os lo aseguro: Si no sois mejores que los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. Habéis oído que se dijo a los antiguos: "No matarás", y el que mate será procesado. Pero yo os digo: Todo el que esté peleado con su hermano será pro-cesado. Y si uno llama a su hermano "imbécil", tendrá que compa-recer ante el Sanedrín, y si lo llama "renegado", merece la condena del fuego.

Por tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuer-das allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Con el que te pone pleito, procura arreglarte en seguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último cuarto. Habéis oído el mandamiento "no cometerás adulterio". Pues yo os digo: El que mira a una mujer casada deseándola, ya ha sido adúl-tero con ella en su interior. Si tu ojo derecho te hace caer, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en el infierno. Si tu mano derecha te hace caer, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero al infierno. Está mandado: "El que se divorcie de su mujer, que le dé acta de repudio. " Pues yo os digo: El que se divorcie de su mujer, excepto en caso de impureza, la induce al adulterio, y el que se case con la divorciada comete adulterio. Habéis oído que se dijo a los antiguos: "No jurarás en falso" y "Cumplirás tus votos al Señor". Pues yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo pelo. A vosotros os basta decir "sí" o "no". Lo que pasa de ahí viene del Maligno.» Palabra del Señor. O bien más breve: Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 20-22a. 27-28. 33-34a. 37 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: –«Os lo aseguro: Si no sois mejores que los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. Habéis oído que se dijo a los antiguos: «No matarás», y el que ma-te será procesado. Pero yo os digo: Todo el que esté peleado con su hermano será procesado. Habéis oído el mandamiento "no cometerás adulterio". Pues yo os digo: El que mira a una mujer casada deseándola, ya ha sido adúl-tero con ella en su interior.

Habéis oído que se dijo a los antiguos: "No jurarás en falso" y "Cumplirás tus votos al Señor". Pues yo os digo que no juréis en absoluto. A vosotros os basta decir "sí" o "no". Lo que pasa de ahí viene del Maligno.» Palabra del Señor.

DOMINGO VII DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Amarás a tu prójimo como a ti mismo

Lectura del libro del Levítico 19, 1-2. 17-18 El Señor habló a Moisés: –«Habla a la asamblea de los hijos de Israel y diles: "Seréis santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo. No odiarás de corazón a tu hermano. Reprenderás a tu pariente, para que no cargues tú con su pecado. No te vengarás ni guardarás rencor a tus parientes, sino que ama-rás a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor."» Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 102, 1-2. 3-4. 8 y 10. 12-13(R.: 8a) R. El Señor es compasivo y misericordioso. Bendice, alma mía, al Señor, y todo mi ser a su santo nombre. Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios. R. Él perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades; él rescata tu vida de la fosa y te colma de gracia y de ternura. R. El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia; no nos trata como merecen nuestros pecados ni nos paga según nuestras culpas. R. Como dista el oriente del ocaso, así aleja de nosotros nuestros delitos. Como un padre siente ternura por sus hijos,

siente el Señor ternura por sus fieles. R. SEGUNDA LECTURA
Todo es vuestro, vosotros de Cristo, y Cristo de Dios

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 3, 16-23 Hermanos: ¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habi-ta en vosotros? Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él; por-que el templo de Dios es santo: ese templo sois vosotros. Que nadie se engañe. Si alguno de vosotros se cree sabio en este mundo, que se haga necio para llegar a ser sabio. Porque la sabiduría de este mundo es necedad ante Dios, como es-tá escrito: «Él caza a los sabios en su astucia.» Y también: «El Señor penetra los pensamientos de los sabios y conoce que son vanos.» Así, pues, que nadie se gloríe en los hombres, pues todo es vues-tro: Pablo, Apolo, Cefas, el mundo, la vida, la muerte, lo presente, lo futuro. Todo es vuestro, vosotros de Cristo, y Cristo de Dios. Palabra de Dios Aleluya 1 Jn 2, 5 Quien guarda la palabra de Cristo, ciertamente el amor de Dios ha llegado en él a su plenitud. * EVANGELIO
Amad a vuestros enemigos

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 38-48
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: –«Habéis oído que se dijo: "Ojo por ojo, diente por diente." Yo, en cambio, os digo: No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehuyas. Habéis oído que se dijo: "Amarás a tu prójimo" y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis sólo a vues-tros

hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.» Palabra del Señor.

DOMINGO VIII DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Yo no te olvidaré

Lectura del libro de Isaías 49, 14-15 Sión decía: «Me ha abandonado el Señor, mi dueño me ha olvidado.» ¿Es que puede una madre olvidarse de su criatura, no conmoverse por el hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré. Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 61, 2-3. 6-7. 8-9ab(R.: 6a) R. Descansa sólo en Dios, alma mía. Sólo en Dios descansa mi alma, porque de él viene mi salvación; sólo él es mi roca y mi salvación; mi alcázar: no vacilaré. R. Descansa sólo en Dios, alma mía, porque él es mi esperanza; sólo él es mi roca y mi salvación, mi alcázar: no vacilaré. R. De Dios viene mi salvación y mi gloria, él es mi roca firme, Dios es mi refugio. Pueblo suyo, confiad en él, desahogad ante él vuestro corazón. R. SEGUNDA LECTURA
El Señor pondrá al descubierto los designios del corazón

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 4, 1-5 Hermanos: Que la gente sólo vea en nosotros servidores de Cristo y adminis-tradores de los misterios de Dios. Ahora, en un administrador,

lo que se busca es que sea fiel. Para mí, lo de menos es que me pidáis cuen-tas vosotros o un tribunal humano; ni siquiera yo me pido cuentas. La conciencia, es verdad, no me remuerde; pero tampoco por eso que-do absuelto: mi juez es el Señor. Así, pues, no juzguéis antes de tiempo: dejad que venga el Señor. Él iluminará lo que esconden las tinieblas y pondrá al descubierto los designios del corazón; entonces cada uno recibirá la alabanza de Dios. Palabra de Dios. Aleluya Hb 4, 12 La palabra de Dios es viva y eficaz; juzga los deseos e intenciones del corazón. * EVANGELIO
No os agobiéis por el mañana

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 6, 24-34
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: –«Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero. Por eso os digo: No estéis agobiados por la vida, pensando qué vais a comer o beber, ni por el cuerpo, pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mi-rad a los pájaros: ni siembran, ni siegan, ni almacenan y, sin embar-go, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos? ¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida? ¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. Pues, si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se quema en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe? No andéis agobiados, pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los gentiles se afanan por esas cosas. Ya sabe vues-tro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso. Sobre todo buscad el reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, por-que el mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus disgustos.» Palabra del Señor.

DOMINGO IX DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Mirad: Os pongo delante bendición y maldición

Lectura del libro del Deuteronomio 11, 18. 26-28. 32 Moisés habló al pueblo, diciendo: –«Meteos estas palabras mías en el corazón y en el alma, atadlas a la muñeca como un signo, ponedlas de señal en vuestra frente. Mirad: Hoy os pongo delante bendición y maldición; la bendición, si escucháis los preceptos del Señor, vuestro Dios, que yo os mando hoy; la maldición, si no escucháis los preceptos del Señor, vuestro Dios, y os desviáis del camino que hoy os marco, yendo detrás de dioses extranjeros, que no habíais conocido. Pondréis por obra todos los mandatos y decretos que yo os pro-mulgo hoy.» Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 30, 2-3a. 3bc-4. 17 y 25(R.: 3b) R. Sé la roca de mi refugio, Señor. A ti, Señor, me acojo; no quede yo nunca defraudado; tú, que eres justo, ponme a salvo, inclina tu oído hacia mí; ven aprisa a librarme. R. Sé la roca de mi refugio, un baluarte donde me salve, tú que eres mi roca y mi baluarte; por tu nombre dirígeme y guíame. R. Haz brillar tu rostro sobre tu siervo, sálvame por tu misericordia. Sed fuertes y valientes de corazón, los que esperáis en el Señor. R. SEGUNDA LECTURA
El hombre es justificado por la fe, sin las obras de la Ley

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 28 Hermanos:

3, 21-25a.

Ahora, la justicia de Dios, atestiguada por la Ley y los profetas, se ha manifestado independientemente de la Ley. Por la fe en Jesucristo viene la justicia de Dios a todos los que creen, sin distinción alguna. Pues todos pecaron y todos están privados de la gloria de Dios, y son justificados gratuitamente por su gracia, me-diante la redención de Cristo Jesús, a quien Dios constituyó sacrifi-cio de propiciación mediante la fe en su sangre. Sostenemos, pues, que el hombre es justificado por la fe, sin las obras de la Ley. Palabra de Dios. Aleluya Jn 15, 5 Yo soy la vid, vosotros los sarmientos –dice el Señor–; el que permanece en mi y yo en él, ése da fruto abundante. * EVANGELIO
La casa edificada sobre roca y la casa edificada sobre arena

Lectura del santo evangelio según san Mateo 7, 21-27 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: –«No todo el que me dice "Señor, Señor" entrará en el reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Aquel día, muchos dirán: "Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre, y en tu nombre echado demonios, y no hemos hecho en tu nombre muchos milagros?" Yo entonces les declararé: "Nunca os he conocido. Alejaos de mí, malvados. El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la llu-via, se salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca. El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se pa-rece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se hundió totalmente.» Palabra del Señor.

DOMINGO X DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Quiero misericordia, y no sacrificios

Lectura de la profecía de Oseas 6, 3-6 Esforcémonos por conocer al Señor: su amanecer es como la aurora, y su sentencia surge como la luz. Bajará sobre nosotros como lluvia temprana, como lluvia tardía que empapa la tierra. «¿Qué haré de ti, Efraín? ¿Qué haré de ti, Judá? Vuestra piedad es como nube mañanera, como rocío de madrugada que se evapora. Por eso os herí por medio de los profetas, os condené con la palabra de mi boca. Quiero misericordia, y no sacrificios; conocimiento de Dios, más que holocaustos.» Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 49, 1 y 8. 12-13. 14-15(R.: 23 R. Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios. El Dios de los dioses, el Señor, habla: convoca la tierra de oriente a occidente. «No te reprocho tus sacrificios, pues siempre están tus holocaustos ante mí.» R. «Si tuviera hambre, no te lo diría; pues el orbe y cuanto lo llena es mío. ¿Comeré yo carne de toros, beberé sangre de cabritos?» R. «Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza, cumple tus votos al Altísimo e invócame el día del peligro: yo te libraré, y tú me darás gloria.» R. SEGUNDA LECTURA
Se hizo fuerte en la fe, dando con ello gloria a Dios

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 4, 18-25 Hermanos: Abrahán, apoyado en la esperanza, creyó, contra toda esperanza, que

llegaría a ser padre de muchas naciones, según lo que se le había dicho: Así será tu descendencia. No vaciló en la fe, aun dándose cuenta de que su cuerpo estaba medio muerto –tenía unos cien años–, y estéril el seno de Sara. Ante la promesa no fue incrédulo, sino que se hizo fuerte en la fe, dando con ello gloria a Dios, al persuadirse de que Dios es capaz de hacer lo que promete, por lo cual le valió la justificación. Y no sólo por él está escrito: «Le valió», sino también por noso-tros, a quienes nos valdrá si creemos en el que resucitó de entre los muertos a nuestro Señor Jesús, que fue entregado por nuestros peca-dos y resucitado para nuestra justificación. Palabra de Dios. Aleluya Lc 4, 18 El Señor me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad. * EVANGELIO
No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 9, 9-13
En aquel tiempo, vio Jesús al pasar a un hombre llamado Mateo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: _«Sígueme.» Él se levantó y lo siguió. Y, estando en la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pe-cadores, que habían acudido, se sentaron con Jesús y sus discípulos. Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos: –«¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores? » Jesús lo oyó y dijo: –«No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa "misericordia quiero y no sacrificios": que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.» Palabra del Señor.

DOMINGO XI DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa

Lectura del libro del Éxodo 19, 2-6a En aquellos días, los israelitas llegaron al desierto del Sinaí y acam-paron allí, frente al monte. Moisés subió hacia Dios. El Señor lo llamó desde el monte, diciendo: –«Así dirás a la casa de Jacob, y esto anunciarás a los israelitas: "Ya habéis visto lo que he hecho con los egipcios, y cómo a vosotros os he llevado sobre alas de águila y os he traído a mí. Ahora, pues, si de veras escucháis mi voz y guardáis mi alianza, vosotros seréis mi propiedad personal entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra; seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa."» Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 99, 2. 3. 5 (R.: 3c) R. Nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño. Aclama al Señor, tierra entera, servid al Señor con alegría, entrad en su presencia con vítores. R. Sabed que el Señor es Dios: que él nos hizo y somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño. R. El Señor es bueno, su misericordia es eterna, su fidelidad por todas las edades. R. SEGUNDA LECTURA
Si fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo,

¡con cuánta más razón seremos salvos por su vida! Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5, 6-11 Hermanos: Cuando nosotros todavía estábamos sin fuerza, en el tiempo seña-lado, Cristo murió por los impíos; en verdad, apenas habrá quien mue-ra por un justo; por un hombre de bien tal vez se atrevería uno a mo-rir; mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo noso-tros todavía pecadores, murió por nosotros. ¡Con cuánta más razón, pues, justificados ahora por su sangre, se-remos por él salvos del castigo! Si, cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más razón, estando ya reconcilia-dos, seremos salvos por su vida! Y no sólo eso, sino que también nos gloriamos en Dios, por nues-tro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido ahora la reconciliación.

Palabra de Dios. Aleluya Mc 1, 15 Está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio. * EVANGELIO
Llamando a sus doce discípulos, los envió

Lectura del santo evangelio según san Mateo 9, 36-10, 8 En aquel tiempo, al ver Jesús a las gentes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tie-nen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: –«La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies.». Y llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia. Éstos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el Zebedeo, y su her-mano Juan; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo, el publicano; San-tiago el Alfeo, y Tadeo; Simón el Celote, y Judas Iscariote, el que lo entregó. A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: –«No vayáis a tierra de gentiles, ni entréis en las ciudades de Sa-maria, sino id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca. Curad enfer-mos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios. Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis.» Palabra del Señor.

DOMINGO XII DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Libró la vida del pobre de manos de los impíos

Lectura del libro de Jeremías 20, 10-13 Dijo Jeremías: «Oía el cuchicheo de la gente: "Pavor en torno; delatadlo, vamos a delatarlo." Mis amigos acechaban mi traspié: "A ver si se deja seducir, y lo abatiremos, lo cogeremos y nos vengaremos de él."

Pero el Señor está conmigo, como fuerte soldado; mis enemigos tropezarán y no podrán conmigo. Se avergonzarán de su fracaso con sonrojo eterno que no se olvidará. Señor de los ejércitos, que examinas al justo y sondeas lo íntimo del corazón, que yo vea la venganza que tomas de ellos, porque a ti encomendé mi causa. Cantad al Señor, alabad al Señor, que libró la vida del pobre de manos de los impíos.» Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 68, 8-10. 14 y 17. 33-35 (R.: l4c) R. Que me escuche tu gran bondad, Señor. Por ti he aguantado afrentas, la vergüenza cubrió mi rostro. Soy un extraño para mis hermanos, un extranjero para los hijos de mi madre; porque me devora el celo de tu templo, y las afrentas con que te afrentan caen sobre mí. R. Pero mi oración se dirige a ti, Dios mío, el día de tu favor; que me escuche tu gran bondad, que tu fidelidad me ayude. Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia; por tu gran compasión, vuélvete hacia mí. R. Miradlo, los humildes, y alegraos, buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón. Que el Señor escucha a sus pobres, no desprecia a sus cautivos. Alábenlo el cielo y la tierra, las aguas y cuanto bulle en ellas. R. SEGUNDA LECTURA
No hay proporción entre el delito y el don

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5, 12-15 Hermanos: Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por' el pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, por-que todos pecaron. Porque, aunque antes de la Ley había pecado en el mundo, el pe-cado

no se imputaba porque no había Ley. A pesar de eso, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pe-cado con una transgresión como la de Adán, que era figura del que había de venir. Sin embargo, no hay proporción entre el delito y el don: si por la transgresión de uno murieron todos, mucho más, la gracia otorgada por Dios, el don de la gracia que correspondía a un solo hombre, Je-sucristo, sobro para la multitud. Palabra de Dios. Aleluya Jn 15, 26b. 27a El Espíritu de la verdad dará testimonio de mí también vosotros daréis testimonio. * EVANGELIO
No tengáis miedo a los que matan el cuerpo

–dice el Señor–; y

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 10, 26-33
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: –«No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse. Lo que os digo de noche decidlo en pleno día, y lo que escuchéis al oído pregonadlo desde la azotea. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No, temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo. ¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin em-bargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo; no hay comparación entre vosotros y los gorriones. Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pon-dré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo.» Palabra del Señor.

DOMINGO XIII DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Ese hombre de Dios es un santo, se quedará aquí

Lectura del segundo libro de los Reyes 4, 8-11. 14-16a

Un día pasaba Eliseo por Sunam, y una mujer rica lo invitó con insistencia a comer. Y, siempre que pasaba por allí, iba a comer a su casa. Ella dijo a su marido: –«Me consta que ese hombre de Dios es un santo; con frecuencia pasa por nuestra casa. Vamos a prepararle una habitación pequeña, cerrada, en el piso superior; le ponemos allí una cama, una mesa, una silla y un candil, y así, cuando venga a visitarnos, se quedará aquí. » Un día llegó allí, entró en la habitación y se acostó. Dijo a su criado Guejazi: –«¿Qué podríamos hacer por ella?» Guejazi comentó: –«Qué sé yo. No tiene hijos, y su marido es viejo.» Eliseo dijo: –«Llámala.» La llamó. Ella se quedó junto a la puerta, y Eliseo le dijo: –«El año que viene, por estas fechas, abrazarás a un hijo.» Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 88, 2-3. 16-17. 18-19 (R.: 2a) R. Cantaré eternamente las misericordias del Señor. Cantaré eternamente las misericordias del Señor, anunciaré tu fidelidad por todas las edades. Porque dije: «Tu misericordia es un edificio eterno, más que el cielo has afianzado tu fidelidad. R. Dichoso el pueblo que sabe aclamarte: camina, oh Señor, a la luz de tu rostro; tu nombre es su gozo cada día, tu justicia es su orgullo. R. Porque tú eres su honor y su fuerza, y con tu favor realzas nuestro poder. Porque el Señor es nuestro escudo, y el Santo de Israel nuestro rey. R. SEGUNDA LECTURA
Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que andemos en una vida nueva

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 6, 3-4. 8-11 Hermanos: Los que por el bautismo nos incorporamos a Cristo fuimos incor-porados a su muerte. Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva. Por tanto, si hemos muerto con Cristo, creemos que también vivi-remos

con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Porque su morir fue un morir al pecado de una vez para siempre; y su vivir es un vivir para Dios. Lo mismo vosotros, consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús. Palabra de Dios. Aleluya 1 P 2, 9 Vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada; proclamad las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa. * EVANGELIO
El que no coge su cruz no es digno de mí. El que os recibe a vosotros me recibe a mí

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 10, 37-42
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: –«El que quiere a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí; y el que no coge su cruz y me sigue no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí la encontrará. El que os recibe a vosotros me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta tendrá paga de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo tendrá paga de justo. El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pobrecillos, sólo porque es mi discípulo, no perderá su paga, os lo aseguro.» Palabra del Señor.

DOMINGO XIV DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Mira a tu rey que viene a ti modesto

Lectura de la profecía de Zacarías 9, 9-10

Así dice el Señor: «Alégrate, hija de Sión; canta, hija de Jerusalén; mira a tu rey que viene a ti justo y victorioso; modesto y cabalgando en un asno, en un pollino de borrica. Destruirá los carros de Efraín, los caballos de Jerusalén, romperá los arcos guerreros, dictará la paz a las naciones; dominará de mar a mar, del Gran Río al confín de la tierra. » Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 144, 1-2. 8-9. 10-11. l3cd-14(R.: cf. 1) R. Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey. Te ensalzaré, Dios mío, mi rey; bendeciré tu nombre por siempre jamás. Día tras día, te bendeciré y alabaré tu nombre por siempre jamás. R. El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas. R. Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fieles; que proclamen la gloria de tu reinado, que hablen de tus hazañas. R. El Señor es fiel a sus palabras, bondadoso en todas sus acciones. El Señor sostiene a los que van a caer, endereza a los que ya se doblan. R. SEGUNDA LECTURA
Si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 9. 11-13 Hermanos: Vosotros no estáis sujetos a la carne, sino al espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo. Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en

vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros. Así, pues, hermanos, estamos en deuda, pero no con la carne para vivir carnalmente. Pues si vivís según la carne, vais a la muerte; pero si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis. Palabra de Dios. Aleluya Cf. Mt 11, 25 Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has revelado los secretos del reino a la gente sencilla. * EVANGELIO
Soy manso y humilde de corazón

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 11, 25-30
En aquel tiempo, exclamó Jesús: –«Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mi, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.» Palabra del Señor.

DOMINGO XV DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
La lluvia hace germinar la tierra

Lectura del libro de Isaías 55, 10-11 Así dice el Señor: «Como bajan la lluvia y la nieve del cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come,

así será mi palabra, que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo.» Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 64, 10. 11. 12-13. 14 (R.: Lc 8, 8) R. La semilla cayó en tierra buena y dio fruto. Tú cuidas de la tierra, la riegas y la enriqueces sin medida; la acequia de Dios va llena de agua, preparas los trigales. R. Riegas los surcos, igualas los terrones, tu llovizna los deja mullidos, bendices sus brotes. R. Coronas el año con tus bienes, tus carriles rezuman abundancia; rezuman los pastos del páramo, y las colinas se orlan de alegría. R. Las praderas se cubren de rebaños, y los valles se visten de mieses, que aclaman y cantan. R. SEGUNDA LECTURA
La creación, expectante, está aguardando la plena manifestación de los hijos de Dios

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 18-23 Hermanos: Sostengo que los sufrimientos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá. Porque la creación, expectante, está aguardando la plena manifestación de los hijos de Dios; ella fue so-metida a la frustración, no por su voluntad, sino por uno que la so-metió; pero fue con la esperanza de que la creación misma se vería liberada de la esclavitud de la corrupción, para entrar en la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que hasta hoy la creación entera está gimiendo toda ella con dolores de parto. Y no sólo eso; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior, aguardando la hora de ser hi-jos de Dios, la redención de nuestro cuerpo. Palabra de Dios.

Aleluya La semilla es la palabra de Dios, el sembrador es Cristo; quien lo encuentra vive para siempre. *

EVANGELIO
Salió el sembrador a sembrar

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 1-23
Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. Y acudió a él tanta ente que tuvo que subirse a una barca; se sentó, y la gente 9 se quedó de pie en la orilla. Les habló mucho rato en parábolas: –«Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, un poco cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y, como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero, en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otro poco cayó entre zarzas, que crecieron y lo ahogaron. El resto cayó en tierra buena y dio grano: unos, ciento; otros, se-senta; otros, treinta. El que tenga oídos que oiga.» Se le acercaron los discípulos y le preguntaron: –«¿Por qué les hablas en parábolas?» El les contestó: –«A vosotros se os ha concedido conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no. Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni enten-der. Así se cumplirá en ellos la profecía de Isaías: "Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver; porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos; para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo los cure." ¡Dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen! Os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis vo-sotros y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron. Vosotros oíd lo que significa la parábola del sembrador: Si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Malig-no y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del

camino. Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que la escucha y la acepta en seguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y, en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, sucumbe. Lo sembrado entre zarzas significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas la ahogan y se que-da estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ése dará fruto y producirá ciento o sesenta o treinta por uno.» Palabra del Señor. O bien más breve: + Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 1-9 Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó, y la gente se quedó de pie en la orilla. Les habló mucho rato en parábolas: –«Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, un poco cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y, como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero, en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otro poco cayó entre zarzas, que crecieron y lo ahogaron. El resto cayó en tierra buena y dio grano: unos, ciento; otros, sesenta; otros, treinta. El que tenga oídos que oiga.» Palabra del Señor.

DOMINGO XVI DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
En el pecado, das lugar al arrepentimiento

Lectura del libro de la Sabiduría 12, 13. 16-19 Fuera de ti, no hay otro dios al cuidado de todo, ante quien tengas que justificar tu sentencia. Tu poder es el principio de la justicia,

y tu soberanía universal te hace perdonar a todos. Tú demuestras tu fuerza a los que dudan de tu poder total, y reprimes la audacia de los que no lo conocen. Tú, poderoso soberano, juzgas con moderación y nos gobiernas con gran indulgencia, porque puedes hacer cuanto quieres. Obrando así, enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser humano, y diste a tus hijos la dulce esperanza de que, en el pecado, das lugar al arrepentimiento. Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 85, 5-6. 9-10. 15-16a (R.: 5a) R. Tú, Señor, eres bueno y clemente. Tú, Señor, eres bueno y clemente, rico en misericordia con los que te invocan. Señor, escucha mi oración, atiende a la voz de mi súplica. R. Todos los pueblos vendrán a postrarse en tu presencia, Señor; bendecirán tu nombre: «Grande eres tú, y haces maravillas; tu eres el único Dios.» R. Pero tú, Señor, Dios clemente y misericordioso, lento a la cólera, rico en piedad y leal, mírame, ten compasión de mí. R. SEGUNDA LECTURA
El Espíritu intercede con gemidos inefables

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 26-27 Hermanos: El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene, pero el Espíritu mismo inter-cede por nosotros con gemidos inefables. Y el que escudriña los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios. Palabra de Dios. Aleluya Cf. Mt 11, 25 Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has revelado los

secretos del reino a la gente sencilla. * EVANGELIO
Dejadlos crecer juntos hasta la siega

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 24-43
En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente: –«El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras la gente dormía, su enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Enton-ces fueron los criados a decirle al amo: "Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sa-le la cizaña?" Él les dijo: "Un enemigo lo ha hecho." Los criados le preguntaron: "¿Quieres que vayamos a arrancarla?" Pero él les respondió: "No, que, al arrancar la cizaña, podríais arrancar también el tri-go. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y, cuando llegue la siega, diré a los segadores: 'Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero.'"» Les propuso esta otra parábola: –«El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su huerta; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es mas alta que las hortalizas; se hace un arbusto más alto que las hortalizas, y vienen los pájaros a anidar en sus ramas.» Les dijo otra parábola: –«El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la ama-sa con tres medidas de harina, y basta para que todo fermente.» Jesús expuso todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les exponía nada. Así se cumplió el oráculo del profeta: «Abriré mi boca diciendo parábolas, anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo.» Luego dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a decirle: –«Acláranos la parábola de la cizaña en el campo.» Él les contestó: –«El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la ci-zaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la

cosecha es el fin del tiempo, y los segadores los ángeles. Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema, así será al fin del tiempo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y arrancarán de su reino a todos los corruptores y malvados y los arrojarán al horno encendido; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga. » Palabra del Señor. O bien más breve: + Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 24-30 En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente: –«El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras la gente dormía, su enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo: "Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?" Él les dijo: "Un enemigo lo ha hecho." Los criados le preguntaron: "¿Quieres que vayamos a arrancarla?" Pero él les respondió: "No, que, al arrancar la cizaña, podríais arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y, cuando llegue la siega, diré a los segadores: 'Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero.'"» Palabra del Señor.

DOMINGO XVII DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Pediste discernimiento

Lectura del primer libro de los Reyes 3, 5. 7-12 En aquellos días, el Señor se apareció en sueños a Salomón y le dijo: –«Pídeme lo que quieras.»

Respondió Salomón: –«Señor, Dios mío, tú has hecho que tu siervo suceda a David, mi padre, en el trono, aunque yo soy un muchacho y no sé desenvol-verme. Tu siervo se encuentra en medio de tu pueblo, un pueblo in-menso, incontable, innumerable. Da a tu siervo un corazón dócil pa-ra gobernar a tu pueblo, para discernir el mal del bien, pues, ¿quién seria capaz de gobernar a este pueblo tan numeroso?» Al Señor le agradó que Salomón hubiera pedido aquello, y Dios le dijo: –«Por haber pedido esto y no haber pedido para ti vida larga ni riquezas ni la vida de tus enemigos, sino que pediste discernimiento para escuchar y gobernar, te cumplo tu petición: te doy un corazón sabio e inteligente, como no lo ha habido antes ni lo habrá después de ti.» Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 118, 57 y 72. 76-77. 127-128. 129-130 (R.: 97a) R. ¡Cuánto amo tu voluntad, Señor! Mi porción es el Señor; he resuelto guardar tus palabras. Más estimo yo los preceptos de tu boca que miles de monedas de oro y plata. R. Que tu bondad me consuele, según la promesa hecha a tu siervo; cuando me alcance tu compasión, viviré, y mis delicias serán tu voluntad. R. Yo amo tus mandatos más que el oro purísimo; por eso aprecio tus decretos y detesto el camino de la mentira. R. Tus preceptos son admirables, por eso los guarda mi alma; la explicación de tus palabras ilumina, da inteligencia a los ignorantes. R. SEGUNDA LECTURA
Nos predestinó a ser imagen de su Hijo

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 28-30 Hermanos: Sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien: a los que ha llamado conforme a su designio. A los que había escogido, Dios los predestinó a ser imagen de su Hijo, para que él fuera el primogénito de muchos hermanos.

A los que predestinó, los llamó; a los que llamó, los justificó; a los que justificó, los glorificó. Palabra de Dios. Aleluya Cf. Mt 11, 25 Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has revelado los secretos del reino a la gente sencilla. * EVANGELIO
Vende todo lo que tiene y compra el campo

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 44-52
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: –«El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el cam-po: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra. El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, sepa-raran a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Entendéis bien todo esto?» Ellos le contestaron: –«Sí.» El les dijo: –«Ya veis, un escriba que entiende del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo.», Palabra del Señor. O bien más breve: + Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 44-46 En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: –«El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el cam-po: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra. »

Palabra del Señor.

DOMINGO XVIII DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Venid y comed

Lectura del libro de Isaías 55, 1-3 Así dice el Señor– «Oíd, sedientos todos, acudid por agua, también los que no tenéis dinero: venid, comprad trigo, comed sin pagar vino y leche de balde. ¿Por qué gastáis dinero en lo que no alimenta, y el salario en lo que no da hartura? Escuchadme atentos, y comeréis bien, saborearéis platos sustanciosos. Inclinad el oído, venid a mí: escuchadme, y viviréis. Sellaré con vosotros alianza perpetua, la promesa que aseguré a David.» Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 144, 8-9. 15-16. 17-18(R.: cf. 16) R. Abres tú la mano, Señor, y nos sacias de favores. El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas. R. Los ojos de todos te están aguardando, tú les das la comida a su tiempo; abres tú la mano, y sacias de favores a todo viviente. R. El Señor es justo en todos sus caminos, es bondadoso en todas sus acciones; cerca está el Señor de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente. R. SEGUNDA LECTURA

Ninguna criatura podrá apartarnos del amor de Dios, manifestado en Cristo

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 35. 37-39 Hermanos: ¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo?: ¿la aflicción?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada? Pero en todo esto vencemos fácilmente por aquel que nos ha ama-do. Pues estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni pro-fundidad, ni criatura alguna podrá apartarnos del amor de Dios ma-nifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro. Palabra de Dios. Aleluya Mt 4, 4b No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. * EVANGELIO
Comieron todos hasta quedar satisfechos

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 14, 13-21
En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan, el Bautista, se marchó de allí en barca, a un sitio tranquilo y apartado. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Al desembarcar, vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: –«Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas, y se compren de comer.» Jesús les replicó: –«No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer.» Ellos le replicaron: –«Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces.» Les dijo: –«Traédmelos.» Mandó a la gente que se recostara en la hierba y, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños. Palabra del Señor.

DOMINGO XIX DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Ponte de pie en el monte ante el Señor

Lectura del primer libro de los Reyes 19, 9a. 11-13a En aquellos días, cuando Elías llegó al Horeb, el monte de Dios, se metió en una cueva donde pasó la noche. El Señor le dijo: –«Sal y ponte de pie en el monte ante el Señor. ¡El Señor va a pasar! » Vino un huracán tan violento que descuajaba los montes y hacía trizas las peñas delante del Señor; pero el Señor no estaba en el vien-to. Después del viento, vino un terremoto; pero el Señor no estaba en el terremoto. Después del terremoto, vino un fuego; pero el Señor no estaba en el fuego. Después del fuego, se oyó una brisa tenue; al sentirla, Elías se tapó el rostro con el manto, salió afuera y se puso en pie a la entrada de la cueva. Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 84, 9ab-10. 11-12. 13-14(R.: 8) R. Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación. Voy a escuchar lo que dice el Señor: «Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos.» La salvación está ya cerca de sus fieles, y la gloria habitará en nuestra tierra. R. La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan; la fidelidad brota de la tierra, y la justicia mira desde el cielo. R. El Señor nos dará la lluvia, y nuestra tierra dará su fruto. La justicia marchará ante él, la salvación seguirá sus pasos. R. SEGUNDA LECTURA
Quisiera ser un proscrito por el bien de mis hermanos

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 9, 1-5 Hermanos: Digo la verdad en Cristo; mi conciencia, iluminada por el Espíritu Santo, me asegura que no miento. Siento una gran pena y un dolor incesante,

en mi corazón, pues por el bien de mis hermanos, los de mi raza según la carne, quisiera incluso ser un proscrito lejos de Cristo. Ellos descienden de Israel, fueron adoptados como hijos, tienen la presencia de Dios, la alianza, la ley, el culto y las promesas. Suyos son los patriarcas, de quienes, según la carne, nació el Mesías, el que está por encima de todo: Dios bendito por los siglos. Amén. Palabra de Dios. Aleluya Cf. Sal 129, 5 Espero en el Señor, espero en su palabra. * EVANGELIO
Mándame ir hacia ti andando sobre el agua

Lectura del santo evangelio según san Mateo 14, 22-33 Después que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípu-los a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mien-tras él despedía a la gente. Y, después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo. Mientras tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. De madrugada se les acercó Jesús, andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma. Jesús les dijo en seguida: –«¡Animo, soy yo, no tengáis miedo!» Pedro le contestó: «Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua. » Él le dijo: –«Ven.» Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua, acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: –«Señor, sálvame.» En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: –«¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?» En cuanto subieron a la barca, amainó el viento. Los de la barca se postraron ante él, diciendo: –«Realmente eres Hijo de Dios.» Palabra del Señor.

DOMINGO XX DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
A los extranjeros los traeré a mi monte santo

Lectura del libro de Isaías 56, 1. 6-7 Así dice el Señor: «Guardad el derecho, practicad la justicia, que mi salvación está para llegar, y se va a revelar mi victoria. A los extranjeros que se han dado al Señor, para servirlo, para amar el nombre del Señor y ser sus servidores, que guardan el sábado sin profanarlo y perseveran en mi alianza, los traeré a mi monte santo, los alegraré en mi casa de oración, aceptaré sobre mi altar sus holocaustos y sacrificios; porque mi casa es casa de oración, y así la llamarán todos los pueblos.» Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 66, 2-3. 5. 6 y 8(R.: 4) R. Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben. El Señor tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros; conozca la tierra tus caminos, todos los pueblos tu salvación. R. Que canten de alegría las naciones, porque riges el mundo con justicia, riges los pueblos con rectitud y gobiernas las naciones de la tierra. R. Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben. Que Dios nos bendiga; que le teman hasta los confines del orbe. R. SEGUNDA LECTURA
Los dones y la llamada de Dios son irrevocables para Israel

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 11, 13-15. 29-32 Hermanos: Os digo a vosotros, los gentiles: Mientras sea vuestro apóstol, haré honor a mi ministerio, por ver si despierto emulación en los de mi raza y salvo a alguno de ellos. Si su reprobación es reconciliación del mundo, ¿qué será su reinte-gración sino un volver de la muerte a la vida? Pues los dones y la llamada de Dios son irrevocables. Vosotros, en otro tiempo, erais rebeldes a Dios; pero ahora, al re-belarse ellos, habéis obtenido misericordia. Así también ellos, que ahora son rebeldes, con ocasión de la mise-ricordia obtenida por vosotros, alcanzarán misericordia. Pues Dios nos encerró a todos en la rebeldía para tener misericor-dia de todos. Palabra de Dios. Aleluya Mt 4, 23 Jesús proclamaba el Evangelio del reino, curando las dolencias del pueblo. * EVANGELIO
Mujer, qué grande es tu fe

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 15, 21-28
En aquel tiempo, Jesús se marchó y se retiró al país de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: –«Ten compasión de mi, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo.» Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: –«Atiéndela, que viene detrás gritando. » Él les contestó: –«Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel.» Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió: –«Señor, socórreme.» Él le contestó: –«No está bien echar a los perros el pan de los hijos.» Pero ella repuso: –«Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las mi-gajas que caen de la mesa de los amos.» Jesús le respondió:

–«Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.» En aquel momento quedó curada su hija. Palabra del Señor.

DOMINGO XXI DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Colgaré de su hombro la llave del palacio de David

Lectura del libro de Isaías 22, 19-23 Así dice el Señor a Sobná, mayordomo de palacio: «Te echaré de tu puesto, te destituiré de tu cargo. Aquel día, llamaré a mi siervo, a Eliacín, hijo de Elcías: le vestiré tu túnica, le ceñiré tu banda, le daré tus poderes; será padre para los habitantes de Jerusalén, para el pueblo de Judá. Colgaré de su hombro la llave del palacio de David: lo que él abra nadie lo cerrará, lo que él cierre nadie lo abrirá. Lo hincaré como un clavo en sitio firme, dará un trono glorioso a la casa paterna.» Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 137, 1-2a. 2bc-3. 6 y 8bc(R.: 8bc) R. Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos. Te doy gracias, Señor, de todo corazón; delante de los ángeles tañeré para ti, me postraré hacia tu santuario, daré gracias a tu nombre. R. Por tu misericordia y tu lealtad, porque tu promesa supera a tu fama; cuando te invoqué, me escuchaste, acreciste el valor en mi alma. R. El Señor es sublime, se fija en el humilde,

y de lejos conoce al soberbio. Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos. R. SEGUNDA LECTURA
Él es el origen, guía y meta del universo

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 11, 33-36 ¡Qué abismo de generosidad, de sabiduría y de conocimiento, el de Dios! ¡Qué insondables sus decisiones y qué irrastreables sus caminos! ¿Quién conoció la mente del Señor? ¿Quién fue su consejero9 ¿Quién le ha dado primero, para que él le devuelva? Él es el origen, guía y meta del universo. A él la gloria por los si-glos. Amén. Palabra de Dios. Aleluya Mt 16, 18 Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. * EVANGELIO
Tu eres Pedro, y te daré las llaves del reino de los cielos

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 16, 13-20
En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a ' sus discípulos: –«¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?» Ellos contestaron: –«Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.» El les preguntó: –«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» Simón Pedro tomó la palabra y dijo: –«Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.» Jesús le respondió: –«¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha re-velado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre7esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desa-tado en el cielo. » Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el

Mesías. Palabra del Señor.

DOMINGO XXII DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
La palabra del Señor se volvió oprobio para mí

Lectura del libro de Jeremías 20, 7-9 Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir; me forzaste y me pudiste. Yo era el hazmerreír todo el día, todos se burlaban de mí. Siempre que hablo tengo que gritar: «Violencia», proclamando: «Destrucción.» La palabra del Señor se volvió para mí oprobio y desprecio todo el día. Me dije: «No me acordaré de él, no hablaré más en su nombre»; pero ella era en mis entrañas fuego ardiente, encerrado en los huesos; intentaba contenerlo, y no podía. Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 62, 2. 3-4. 5-6. 8-9 (R.: 2b) R. Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío. Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo, mi alma está sedienta de ti; mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua. R. ¡Cómo te contemplaba en el santuario viendo tu fuerza y tu gloria! Tu gracia vale más que la vida, te alabarán mis labios. R. Toda mi vida te bendeciré y alzaré las manos invocándote. Me saciaré como de enjundia y de manteca, y mis labios te alabarán jubilosos. R.

Porque fuiste mi auxilio, y a la sombra de tus alas canto con júbilo; mi alma está unida a ti, y tu diestra me sostiene. R. SEGUNDA LECTURA
Presentad vuestros cuerpos como hostia viva

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 12, 1-2 Os exhorto, hermanos, por la misericordia de Dios, a presentar vuestros cuerpos como hostia viva, santa, agradable a Dios; éste es vues-tro culto razonable. Y no os ajustéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto. Palabra de Dios. Aleluya Cf. Ef 1, 17-18 El Padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine los ojos de nuestro corazón, para que comprendamos cuál es la esperanza a la que nos llama. * EVANGELIO
El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 16, 21-27
En aquel tiempo, empezó Jesús a explicar a sus discípulos que te-nía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: –«¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte.» Jesús se volvió y dijo a Pedro: –«Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios.» Entonces dijo Jesús a sus discípulos: –«El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta.»

Palabra del Señor.

DOMINGO XXIII DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Si no hablas al malvado, te pediré cuenta de su sangre

Lectura de la profecía de Ezequiel 33, 7-9 Así dice el Señor«A ti, hijo de Adán, te he puesto de atalaya en la casa de Israel; cuando escuches palabra de mi boca, les darás la alarma de mi parte. Si yo digo al malvado: "¡Malvado, eres reo de muerte?", y tú no hablas, poniendo en guardia al malvado para que cambie de conducta, el malvado morirá por su culpa, pero a ti te pediré cuenta de su sangre; pero si tú pones en guardia al malvado para que cambie de conducta, si no cambia de conducta, él morirá por su culpa, pero tú has salvado la vida. » Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 94, 1-2. 6-7. 8-9 (R.: 8) R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón.» Venid, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva; entremos a su presencia dándole gracias, aclamándolo con cantos. R. Entrad, postrémonos por tierra, bendiciendo al Señor, creador nuestro. Porque él es nuestro Dios, y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía. R. Ojalá escuchéis hoy su voz:

«No endurezcáis el corazón como en Meribá, como el día de Masá en el desierto; cuando vuestros padres me pusieron a prueba y me tentaron, aunque habían visto mis obras.» R. SEGUNDA LECTURA
Amar es cumplir la ley entera

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 13, 8-10 Hermanos: A nadie le debáis nada, más que amor; porque el que ama a su pró-jimo tiene cumplido el resto de la ley. De hecho, el «no cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no envidiarás» y los demás man-damientos que haya, se resumen en esta frase: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo. » Uno que ama a su prójimo no le hace daño; por eso amar es cum-plir la ley entera. Palabra de Dios. Aleluya 2Co 5, 19 Dios estaba en Cristo, reconciliando al mundo consigo, y a nosotros nos ha confiado la palabra de la reconciliación. * EVANGELIO
Si te hace caso, has salvado a tu hermano

Lectura del santo evangelio según san Mateo 18, 15-20 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: –«Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un gentil o un publicano. Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo. Os aseguro, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. » Palabra del Señor.

DOMINGO XXIV

DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Perdona la ofensa a tu prójimo, y se te perdonarán los pecados cuando lo pidas

Lectura del libro del Eclesiástico 27, 33-28, 9 Furor y cólera son odiosos; el pecador los posee. Del vengativo se vengará el Señor y llevará estrecha cuenta de sus culpas. Perdona la ofensa a tu prójimo, y se te perdonarán los pecados cuando lo pidas. ¿Cómo puede un hombre guardar rencor a otro y pedir la salud al Señor? No tiene compasión de su semejante, ¿y pide perdón de sus pecados? Si él, que es carne, conserva la ira, ¿quién expiará por sus pecados? Piensa en tu fin, y cesa en tu enojo; en la muerte y corrupción, y guarda los mandamientos. Recuerda los mandamientos, y no te enojes con tu prójimo; la alianza del Señor, y perdona el error. Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 102, 1-2. 3-4. 9-10. 11-12 (R.: 8) R. El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia. Bendice, alma mía, al Señor, y todo mi ser a su santo nombre. Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios. R. Él perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades; él rescata tu vida de la fosa y te colma de gracia y de ternura. R. No está siempre acusando ni guarda rencor perpetuo; no nos trata como merecen nuestros pecados ni nos paga según nuestras culpas. R. Como se levanta el cielo sobre la tierra, se levanta su bondad sobre sus fieles; como dista el oriente del ocaso,

así aleja de nosotros nuestros delitos. R. SEGUNDA LECTURA
En la vida y en la muerte somos del Señor

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 14, 7-9 Hermanos: Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo. Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor; en la vida y en la muerte somos del Señor. Para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de vivos y muertos. Palabra de Dios. Aleluya Jn 13, 34 Os doy un mandamiento nuevo –dice el Señor–: -que os améis unos a otros, como yo os he amado. * EVANGELIO
No te digo que perdones hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 18, 21-35
En aquel tiempo, se adelantó Pedro y preguntó a Jesús: –«Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?» Jesús le contesta: –«No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Y a propósito de esto, el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustar-las, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: "Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo." El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo: "Págame lo que me debes." El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo: "Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré." Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fue-ron a

contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo lla-mó y le dijo: ¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?" Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.» Palabra del Señor.

DOMINGO XXV DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Mis planes no son vuestros planes

Lectura del libro de Isaías 55, 6-9 Buscad al Señor mientras se le encuentra, invocadlo mientras esté cerca; que el malvado abandone su camino, y el criminal sus planes; que regrese al Señor, y él tendrá piedad, a nuestro Dios, que es rico en perdón. Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos –oráculo del Señor–. Como el cielo es más alto que la tierra, mis caminos son más altos que los vuestros, mis planes, que vuestros planes. Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 144, 2-3. 8-9- 17-18 (R.: 18a) R. Cerca está el Señor de los que lo invocan. Día tras día, te bendeciré y alabaré tu nombre por siempre jamás. Grande es el Señor, merece toda alabanza, es incalculable su grandeza. R. El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos,

es cariñoso con todas sus criaturas. R. El Señor es justo en todos sus caminos, es bondadoso en todas sus acciones; cerca está el Señor de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente. R. SEGUNDA LECTURA
Para mí la vida es Cristo

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 1, 20c-24. 27a Hermanos: Cristo será glorificado abiertamente en mi cuerpo, sea por mi vida o por mi muerte. Para mí la vida es Cristo, y una ganancia el morir. Pero, si el vivir esta vida mortal me supone trabajo fructífero, no sé qué escoger. Me encuentro en ese dilema: por un lado, deseo partir para estar con Cristo, que es con mucho lo mejor; pero, por otro, quedarme en esta vida veo que es más necesario para vosotros. Lo importante es que vosotros llevéis una vida digna del Evangelio de Cristo. Palabra de Dios. Aleluya Cf. Hch 16, 14b Ábrenos el corazón, Señor, para que aceptemos las palabras de tu Hijo. * EVANGELIO
¿Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 20, 1-16
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: –«El reino de los cielos se parece a un propietario que al amane-cer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: "Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido." Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: ¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?' Le respondieron: "Nadie nos ha contratado." Él les dijo:

"Id también vosotros a mi viña." Cuando oscureció, el dueño de la viña dijo al capataz: "Llama a los jornaleros y págales el jornal, –empezando por los úl-timos y acabando por los primeros." Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: "Estos últimos han trabajado sólo una hora, y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno." Él replicó a uno de ellos: "Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asun-tos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?" Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.» Palabra del Señor.

DOMINGO XXVI DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Cuando el malvado se convierte de su maldad, salva su vida

Lectura de la profecía de Ezequiel 18, 25-28 Así dice el Señor: «Comentáis: "No es justo el proceder del Señor. Escuchad, casa de Israel: ¿es injusto mi proceder?, ¿o no es vuestro proceder el que es injusto? Cuando el justo se aparta de su justicia, comete la maldad y muere, muere por la maldad que cometió. Y cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo y practica el derecho y la justicia, él mismo salva su vida. Si recapacita y se convierte de los delitos cometidos, ciertamente vivirá y no morirá.» Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 24, 4bc-5. 6-7. 8-9 (R.: 6a) R. Recuerda, Señor, que tu misericordia es eterna. Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas: haz que camine con lealtad;

enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador, y todo el día te estoy esperando. R. Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas; no te acuerdes de los pecados ni de las maldades de mi juventud; acuérdate de mí con misericordia, por tu bondad, Señor. R. El Señor es bueno y es recto, y enseña el camino a los pecadores; hace caminar a los humildes con rectitud, enseña su camino a los humildes. R. SEGUNDA LECTURA
Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 2, 1-11 Hermanos: Si queréis darme el consuelo de Cristo y aliviarme con vuestro amor, si nos une el mismo Espíritu y tenéis entrañas compasivas, dadme es-ta gran alegría: manteneos unánimes y concordes con un mismo amor y un mismo sentir. No obréis por rivalidad ni por ostentación, dejaos guiar por la hu-mildad y considerad siempre superiores a los demás. No os encerréis en vuestros intereses, sino buscad todos el interés de los demás. Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús. Él, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre–sobre–todo–nombre»; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre. Palabra de Dios.

O bien más breve: Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 2, 1-5 Hermanos: Si queréis darme el consuelo de Cristo y aliviarme con vuestro amor, si nos une el mismo Espíritu y tenéis entrañas compasivas, dadme esta gran alegría: manteneos unánimes y concordes con un mismo amor y un mismo sentir. No obréis por rivalidad ni por ostentación, dejaos guiar por la humildad y considerad siempre superiores a los demás. No os encerréis en vuestros intereses, sino buscad todos el interés de los demás. Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús. Palabra de Dios. Aleluya Jn 10, 27 Mis ovejas escuchan mi voz –dice el Señor–, y yo las conozco, y ellas me siguen. *

EVANGELIO
Recapacitó y fue

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 21, 28-32
En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: –«¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: "Hijo, ve hoy a trabajar en la viña." Él le contestó: "No quiero." Pero después recapacitó y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: "Voy, señor. " Pero no fue. ¿Quién de los dos hizo lo que quería el padre?» Contestaron: –«El primero.» Jesús les dijo: –«Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la de-lantera en el camino del reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia, y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no recapacitasteis ni le creísteis.» Palabra del Señor.

DOMINGO XXVII DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
La viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel

Lectura del libro de Isaías 5, 1-7 Voy a cantar en nombre de mi amigo un canto de amor a su viña. Mi amigo tenía una viña en fértil collado. La entrecavó, la descantó, y plantó buenas cepas; construyó en medio una atalaya y cavó un lagar. Y esperó que diese uvas, pero dio agrazones. Pues ahora, habitantes de Jerusalén, hombres de Judá, por favor, sed jueces entre mí y mi viña. ¿Qué más cabía hacer por mi viña que yo no lo haya hecho? ¿Por qué, esperando que diera uvas, dio agrazones? Pues ahora os diré a vosotros lo que voy a hacer con mi viña: quitar su valla para que sirva de pasto, derruir su tapia ara que la pisoteen. La dejaré arrasada: no la podarán ni la escardarán, crecerán zarzas y cardos; prohibiré a las nubes que lluevan sobre ella. La viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel; son los hombres de Judá su plantel preferido. Esperó de ellos derecho, y ahí tenéis: asesinatos; esperó justicia,

y ahí tenéis: lamentos. Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 79, 9 y 12. 13-14. 15-16. 19-20 (R.: Is 5, 7a) R. La viña del Señor es la casa de Israel. Sacaste una vid de Egipto, expulsaste a los gentiles, y la trasplantaste. Extendió sus sarmientos hasta el mar, y sus brotes hasta el Gran Río. R. ¿Por qué has derribado su cerca para que la saqueen los viandantes, la pisoteen los jabalíes y se la coman las alimañas? R. Dios de los ejércitos, vuélvete: mira desde el cielo, fíjate, ven a visitar tu viña, la cepa que tu diestra plantó, y que tú hiciste vigorosa. R. No nos alejaremos de ti: danos vida, para que invoquemos tu nombre. Señor Dios de los ejércitos, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve. R. SEGUNDA LECTURA
Poned esto por obra, y el Dios de la paz estará con vosotros

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 4, 6-9 Hermanos: Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y sú-plica con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Finalmente, hermanos, todo lo que es verdadero, noble, justo, pu-ro, amable, laudable, todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta. Y lo que aprendisteis, recibisteis, oísteis, visteis en mi, ponedlo por obra. Y el Dios de la paz estará con vosotros. Palabra de Dios. Aleluya Cf. Jn 15, 16 Yo os he elegido del mundo, para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure –dice el Señor–.*

EVANGELIO
Arrendará la viña a otros labradores

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 21, 33-43
En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancia-nos del pueblo: –«Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labra-dores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labra-dores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último les mandó a su hijo, diciéndose: "Ten-drán respeto a mi hijo." Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: "Éste es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia." Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron. Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aque-llos labradores?» Le contestaron: –«Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la vi-ña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos.» Y Jesús les dice: –«¿No habéis leído nunca en la Escritura: "La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente"? Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.» Palabra del Señor.

DOMINGO XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
El Señor preparará un festín, y enjugará las lágrimas de todos los rostros

Lectura del libro de Isaías 25, 6-10a

Aquel día, el Señor de los ejércitos preparará para todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera; manjares enjundiosos, vinos generosos. Y arrancará en este monte el velo que cubre a todos los pueblos, el paño que tapa a todas las naciones. Aniquilará la muerte para siempre. El Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros, y el oprobio de su pueblo lo alejará de todo el país. –Lo ha dicho el Señor–. Aquel día se dirá: «Aquí está nuestro Dios, de quien esperábamos que nos salvara; celebremos y gocemos con su salvación. La mano del Señor se posará sobre este monte.» Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 22, 1-3a. 3b-4. 5. 6 (R.: 6cd) R. Habitaré en la casa del Señor por años sin término. El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas. R. Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan. R. Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa. R. Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término. R.

SEGUNDA LECTURA
Todo lo puedo en aquel que me conforta

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 4, 12-14. 19-20 Hermanos: Sé vivir en pobreza y abundancia. Estoy entrenado para todo y en todo: la hartura y el hambre, la abundancia y la privación. Todo lo puedo en aquel que me conforta. En todo caso, hicisteis bien en com-partir mi tribulación. En pago, mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades con mag-nificencia, conforme a su espléndida riqueza en Cristo Jesús. A Dios, nuestro Padre, la gloria por los siglos de los siglos. Amén. Palabra de Dios. Aleluya Cf. Ef 1, 17-18 El Padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine los ojos de nuestro corazón, para que comprendamos cuál es la esperanza a la que nos llama. * EVANGELIO
A todos los que encontréis, convidadlos a la boda

Lectura del santo evangelio según san Mateo 22, 1-14 En aquel tiempo, de nuevo tomó Jesús la palabra y habló en pará-bolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: –«El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran: "Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses ceba-das, y todo está a punto. Venid a la boda." Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás les echaron mano a los criados y los mal-trataron hasta matarlos. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aque-llos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: "La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda." Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que en-contraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comen-sales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: "Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?" El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros:

"Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí se-rá el llanto y el rechinar de dientes." Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.» Palabra del Señor. O bien más breve: + Lectura del santo evangelio según san Mateo 22, 1-10 En aquel tiempo, de nuevo tomó Jesús la palabra y habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: –«El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran: "Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses ceba-das, y todo está a punto. Venid a la boda." Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás les. echaron mano a los criados y los mal-trataron hasta matarlos. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aque-llos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: "La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda." Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que en-contraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. » Palabra del Señor.

DOMINGO XXIX DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Llevó de la mano a Ciro para doblegar ante él las naciones

Lectura del libro de Isaías 45, 1. 4-6 Así dice el Señor a su Ungido, a Ciro, a quien lleva de la mano: «Doblegaré ante él las naciones, desceñiré las cinturas de los reyes, abriré ante él las puertas, los batientes no se le cerrarán.

Por mi siervo Jacob, por mi escogido Israel, te llamé por tu nombre, te di un título, aunque no me conocías. Yo soy el Señor y no hay otro; fuera de mí, no hay dios. Te pongo la insignia, aunque no me conoces, para que sepan de Oriente a Occidente que no hay otro fuera de mí. Yo soy el Señor, y no hay otro. » Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 95, 1 y 3. 4-5. 7-8. 9-10a y c (R.: 7b) R. Aclamad la gloria y el poder del Señor. Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor, toda la tierra. Contad a los pueblos su gloria, sus maravillas a todas las naciones. R. Porque es grande el Señor, y muy digno de alabanza, más temible que todos los dioses. Pues los dioses de los gentiles son apariencia, mientras que el Señor ha hecho el cielo. R. Familias de los pueblos, aclamad al Señor, aclamad la gloria y el poder del Señor, aclamad la gloria del nombre del Señor, entrad en sus atrios trayéndole ofrendas. R. Postraos ante el Señor en el atrio sagrado, tiemble en su presencia la tierra toda; decid a los pueblos: «El Señor es rey, él gobierna a los pueblos rectamente.» R. SEGUNDA LECTURA
Recordamos vuestra fe, vuestro amor y vuestra esperanza

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 1, 1-5b Pablo, Silvano y Timoteo a la Iglesia de los tesalonicenses, en Dios Padre y en el Señor Jesucristo. A vosotros, gracia y paz. Siempre damos gracias a Dios por todos vosotros y os tenemos presentes en nuestras oraciones. Ante Dios, nuestro Padre, recordamos sin cesar la actividad de vuestra fe, el esfuerzo de vuestro amor y el aguante de vuestra esperanza en

Jesucristo, nuestro Señor. Bien sabemos, hermanos amados de Dios, que él os ha elegido y que, cuando se proclamó el Evangelio entre vosotros, no hubo sólo palabras, sino además fuerza del Espíritu Santo y convicción profunda. Palabra de Dios. Aleluya Flp 2, 15d. 16a Brilláis como lumbreras del mundo, mostrando una razón para vivir. * EVANGELIO
Pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 22, 15-21
En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron unos discípulos, con unos partidarios de Herodes, y le dijeron: –«Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad; sin que te importe nadie, porque no mi-ras lo que la gente sea. Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar im-puesto al César o no?» Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús: –«Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto. » Le presentaron un denario. Él les preguntó: –«¿De quién son esta cara y esta inscripción?» Le respondieron: –«Del César.» Entonces les replicó: –«Pues pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. » Palabra del Señor.

DOMINGO XXX DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Si explotáis a viudas y huérfanos, se encenderá mi ira contra vosotros

Lectura del libro del Éxodo 22, 20-26 Así dice el Señor! «No oprimirás ni vejarás al forastero, porque forasteros fuisteis vosotros

en Egipto. No explotarás a viudas ni a huérfanos, porque, si los explotas y ellos gritan a mí, yo los escucharé. Se encenderá mi ira y os haré mo-rir a espada, dejando a vuestras mujeres viudas y a vuestros hijos huérfanos. Si prestas dinero a uno de mi pueblo, a un pobre que habita conti-go, no serás con él un usurero, cargándole intereses. Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás antes de ponerse el sol, porque no tiene otro vestido para cubrir su cuerpo, ¿y dónde, si no, se va a acostar? Si grita a mí, yo lo escucharé, porque yo soy compasivo.» Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 17, 2-3a. 3bc-4. 47 y 51ab(R.: 2) R. Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza. Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza; Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador. R. Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío, mi fuerza salvadora, mi baluarte. Invoco al Señor de mi alabanza y quedo libre de mis enemigos. R. Viva el Señor, bendita sea mi Roca, Sea ensalzado mi Dios y Salvador. Tú diste gran victoria a tu rey, Tuviste misericordia de tu Ungido. R. SEGUNDA LECTURA
Abandonasteis los ídolos para servir a Dios y vivir aguardando la vuelta de su Hijo

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 1, 5c-10 Hermanos: Sabéis cuál fue nuestra actuación entre vosotros para vuestro bien. Y vosotros seguisteis nuestro ejemplo y el del Señor, acogiendo la pa-labra entre tanta lucha con la alegría del Espíritu Santo. Así llegas-teis a ser un modelo para todos los creyentes de Macedonia y de Acaya. Desde vuestra Iglesia, la palabra del Señor ha resonado no sólo en Macedonia y en Acaya, sino en todas partes. Vuestra fe en Dios ha-bía corrido de boca en boca, de modo que nosotros no teníamos ne-cesidad de explicar nada, ya que ellos mismos cuentan los detalles de la acogida que nos hicisteis: cómo, abandonando los ídolos, os vol-visteis a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, y vivir aguardan-do la vuelta

de su Hijo Jesús desde el cielo, a quien ha resucitado de entre los muertos y que nos libra del castigo futuro. Palabra de Dios. Aleluya Jn 14, 23 El que me ama guardará mi palabra –dice el Señor–, y mi Padre lo amará, y vendremos a él. * EVANGELIO
Amarás al Señor, tu Dios, y a tu prójimo como a ti mismo

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 22, 34-40
En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: –«Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?» Él le dijo: –« "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, ~ con toda tu alma, con todo tu ser. Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es seme-jante a él: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo." Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas.» Palabra del Señor.

DOMINGO XXXI DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Os apartasteis del camino y habéis hecho tropezar a muchos en la ley

Lectura de la profecía de Malaquías 1, l4b-2, 2b. 8-10 «Yo soy el Gran Rey, y mi nombre es respetado en las naciones –dice el Señor de los ejércitos–. Y ahora os toca a vosotros, sacerdotes. Si no obedecéis y no os proponéis dar gloria a mi nombre –dice el Señor de los ejércitos–, os enviaré mi maldición. Os apartasteis del camino, habéis hecho tropezar a muchos en la ley,

habéis invalidado mi alianza con Leví –dice el Señor de los ejércitos–. Pues yo os haré despreciables y viles ante el pueblo, por no haber guardado mis caminos, y porque os fijáis en las personas al aplicar la ley. ¿No tenemos todos un solo padre? ¿No nos creó el mismo Señor? ¿Por qué, pues, el hombre despoja a su prójimo, profanando la alianza de nuestros padres?» Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 130, 1. 2. 3 R. Guarda mi alma en la paz, junto a ti, Señor. Señor, mi corazón no es ambicioso, ni mis ojos altaneros; no pretendo grandezas que superan mi capacidad. R. Sino que acallo y modero mis deseos, como un niño en brazos de su madre. R. Espere Israel en el Señor ahora y por siempre. R. SEGUNDA LECTURA
Deseábamos entregaros no sólo el Evangelio de Dios, sino hasta nuestras propias personas

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 2, 7b-9. 13 Hermanos: Os tratamos con delicadeza, como una madre cuida de sus hijos. Os teníamos tanto cariño que deseábamos entregaros no sólo el Evangelio de Dios, sino hasta nuestras propias personas, porque os habíais ganado nuestro amor. Recordad si no, hermanos, nuestros esfuerzos y fatigas; trabajan-do día y noche para no serle gravoso a nadie, proclamamos entre vo-sotros el Evangelio de Dios. Ésa es la razón por la que no cesamos de dar gracias a Dios, por-que al recibir la palabra de Dios, que os predicamos, la acogisteis no como palabra de hombre, sino, cual es en verdad, como palabra de Dios, que permanece operante en vosotros los creyentes.

Palabra de Dios. Aleluya Mt 23, 9b. 10b Uno solo es vuestro Padre, el del cielo, y uno solo es vuestro consejero, Cristo. * EVANGELIO
No hacen lo que dicen

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 23, 1-12
En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a sus discípulos, diciendo: –«En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fari-seos: haced y cumplid lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen. Ellos lían fardos pesados e insoportables y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar. Todo lo que hacen es pira que los vea la gente: alargan las filacte-rias y ensanchan las franjas del manto; les gustan los primeros pues-tos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias por la calle y que la gente los llame maestros. Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar maestro, porque uno so-lo es vuestro maestro, y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo. No os dejéis llamar consejeros, porque uno solo es vuestro conse-jero, Cristo. El primero entre vosotros será vuestro servidor. El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido. » Palabra del Señor.

DOMINGO XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Encuentran la sabiduría los que la buscan

Lectura del libro de la Sabiduría 6, 12-16 La sabiduría es radiante e inmarcesible, la ven fácilmente los que la aman, y la encuentran los que la buscan; ella misma se da a conocer a los que la desean. Quien madruga por ella no se cansa:

la encuentra sentada a la puerta. Meditar en ella es prudencia consumada, el que vela por ella pronto se ve libre de preocupaciones; ella misma va de un lado a otro buscando a los que la merecen; los aborda benigna por los caminos y les sale al paso en cada pensamiento. Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 62, 2. 3-4. 5-6. 7-8 (R.: 2b) R. Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío. Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo, mi alma está sedienta de ti; mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua. R. ¡Cómo te contemplaba en el santuario viendo tu fuerza y tu gloria! Tu gracia vale más que la vida, te alabarán mis labios. R. Toda mi vida te bendeciré y alzaré las manos invocándote. Me saciaré como de enjundia y de manteca, y mis labios te alabarán jubilosos. R. En el lecho me acuerdo de ti y velando medito en ti, porque fuiste mi auxilio, y a la sombra de tus alas canto con júbilo. R. SEGUNDA LECTURA
A los que han muerto, Dios, por medio de Jesús, los llevará con él

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 45 13-17 Hermanos, no queremos que ignoréis la suerte de los difuntos pa-ra que no os aflijáis como los hombres sin esperanza. Pues si creemos que Jesús ha muerto y resucitado, del mismo mo-do, a los que han muerto, Dios, por medio de Jesús, los llevará con él. Esto es lo que os decimos como palabra del Señor: Nosotros, los que vivimos y quedamos para cuando venga el Se-ñor, no aventajaremos a los difuntos. Pues él mismo, el Señor, cuando se dé la orden, a la voz del arcán-gel y al son de la trompeta divina, descenderá del cielo, y los muertos en Cristo resucitarán en primer lugar.

Después nosotros, los que aún vivimos, seremos arrebatados con ellos en la nube, al encuentro del Señor, en el aire. Y así estaremos siempre con el Señor. Consolaos, pues, mutuamente con estas palabras. Palabra de Dios. Aleluya Mt 24, 42a. 44 Estad en vela y preparados, porque a la hora que menos pensáis viene el Hijo del hombre. * EVANGELIO
¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!

Lectura del santo evangelio según san Mateo 25, 1-13 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: –«Se parecerá el reino de los cielos a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: "¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!" Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas: "Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas." Pero las sensatas contestaron: "Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis." Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban pre-paradas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: "Señor, señor, ábrenos." Pero él respondió: "Os lo aseguro: no os conozco." Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora.» Palabra del Señor.

DOMINGO XXXIII DEL TIEMPO ORDINARIO

PRIMERA LECTURA
Trabaja con la destreza de sus manos

Lectura del libro de los Proverbios 31, 10-13. 19-20. 30-31 Una mujer hacendosa,. ¿quién la hallará? Vale mucho más que las perlas. Su marido se fía de ella, y no le faltan riquezas. Le trae ganancias y no pérdidas todos los idas de su vida. Adquiere lana y lino, los trabaja con la destreza de sus manos. Extiende la mano hacia el huso, y sostiene con la palma la rueca. Abre sus manos al necesitado y extiende el brazo al pobre. Engañosa es la gracia, fugaz la hermosura, la que teme al Señor merece alabanza. Cantadle por el éxito de su trabajo, que sus obras la alaben en la plaza. Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 127, 1-2. 3. 4-5(R.: la) R. Dichoso el que teme al Señor. Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos. Comerás del fruto de tu trabajo, serás dichoso, te irá bien. R. Tu mujer, como parra fecunda, en medio de tu casa; tus hijos, como renuevos de olivo, alrededor de tu mesa. R. Ésta es la bendición del hombre que teme al Señor. Que el Señor te bendiga desde Sión, que veas la prosperidad de Jerusalén todos los días de tu vida. R. SEGUNDA LECTURA
Que el día del Señor no os sorprenda como un ladrón

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 5, 1-6 En lo referente al tiempo y a las circunstancias no necesitáis,

her-manos, que os escriba. Sabéis perfectamente que el día del Señor llegará como un ladrón en la noche. Cuando estén diciendo: «Paz y seguridad», entonces, de improviso, les sobrevendrá la ruina, como los dolores de parto a la que está encinta, y no podrán escapar. Pero vosotros, hermanos, no vivís en tinieblas, para que ese día no os sorprenda como un ladrón, porque todos sois hijos de la luz e hijos del día; no lo sois de la noche ni de las tinieblas. Así, pues, no durmamos como los demás, sino estemos vigilantes y despejados. Palabra de Dios. Aleluya Jn 15, 4a. 5b Permaneced en mí, y yo en vosotros –dice el Señor–; el que permanece en mi da fruto abundante. * EVANGELIO
Has sido fiel en lo poco, pasa al banquete de tu Señor

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 25, 14-30
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: –«Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó. El que recibió cinco talentos fue en seguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor. Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar las cuentas con ellos. Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: "Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco." Su señor le dijo: "Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor. Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo: "Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos." Su señor le dijo: "Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor. Finalmente, se acercó el que habla recibido un talento y dijo: "Señor, sabia que eres exigente, que siegas donde no siembras y

recoges donde no esparces, tuve miedo y fui a esconder mi talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo." El señor le respondió: "Eres un empleado negligente y holgazán. ¿Con que sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber pues-to mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil echadle fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes."» Palabra del Señor. O bien más breve: Lectura del santo evangelio según san Mateo 25, 14-15. 19-20 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: –«Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó. Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar las cuentas con ellos. Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: "Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco."» Palabra del Señor.

Domingo XXXIV del tiempo ordinario

JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO
PRIMERA LECTURA
A vosotras, mis ovejas, voy a juzgar entre oveja y oveja

Lectura de la profecía de Ezequiel 34, 11-12. 15-17 Así dice el Señor Dios: «Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas, siguiendo su rastro. Como sigue el pastor el rastro de su rebaño, cuando las ovejas se le dispersan, así seguiré yo el rastro de mis ovejas y las libraré, sacándolas de todos los lugares por donde se desperdigaron

un día de oscuridad y nubarrones. Yo mismo apacentaré mis ovejas, yo mismo las haré sestear –oráculo del Señor Dios–. Buscaré las ovejas perdidas, recogeré a las descarriadas; vendaré a las heridas; curaré a las enfermas: a las gordas y fuertes las guardaré y las apacentaré como es debido. Y a vosotras, mis ovejas, así dice el Señor: Voy a juzgar entre oveja y oveja, entre carnero y macho cabrío.» Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 22, 1-2a. 2b-3. 5. 6 (R.: 1) R. El Señor es mi pastor, nada me falta. El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar. R. Me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas; me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. R. Preparas una mesa ante mi, enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa. R. Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término. R. SEGUNDA LECTURA
Devolverá a Dios Padre su reino, y así Dios lo será todo para todos

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15, 20-26. 28 Hermanos: Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos. Si por un hombre vino la muerte, por un hombre ha venido la re-surrección. Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida.

Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después, cuando él vuelva, todos los que son de Cristo; después los últi-mos, cuando Cristo devuelva a Dios Padre su reino, una vez aniqui-lado todo principado, poder y fuerza. Cristo tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estra-do de sus pies. El último enemigo aniquilado será la muerte. Y, cuando todo esté sometido, entonces también el Hijo se some-terá a Dios, al que se lo había sometido todo. Y así Dios lo será todo para todos. Palabra de Dios. Aleluya Mc 11, 9b-10a Bendito el que viene en nombre del Señor. Bendito el reino que llega, el de nuestro padre David. EVANGELIO
Se sentará en el trono de su gloria y separará a unos de otros

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 25, 31-46
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: –«Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los án-geles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. Entonces dirá el rey a los de su derecha: "Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino prepara-do para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me ves-tisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme." Entonces los justos le contestarán: "Señor, ¿cuando te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?» Y el rey les dirá: "Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis." Y entonces dirá a los de su izquierda: "Apartaos de mi, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y

no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis." Entonces también éstos contestarán: "Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o des-nudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?" Y él replicará: "Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo." Y éstos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.» Palabra del Señor.

A CICLO B C

Domingo después de Pentecostés

SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD
PRIMERA LECTURA
El Señor es el único Dios, allá arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra; no hay otro

Lectura del libro del Deuteronomio 4, 32-34. 39-40 Moisés habló al pueblo, diciendo: – «Pregunta, pregunta a los tiempos antiguos, que te han precedido, desde el día en que Dios creó al hombre sobre la tierra: ¿hubo jamás, desde un extremo al otro del cielo, palabra tan grande como ésta?; ¿se oyó cosa semejante?; ¿hay algún pueblo que haya oído, como tú has oído, la voz del Dios vivo, hablando desde el fuego, y haya sobrevivido?; ¿algún Dios in-tentó jamás venir a buscarse una nación entre las otras por me-dio de pruebas, signos, prodigios y guerra, con mano fuerte y brazo poderoso, por grandes terrores, como todo lo que el Se-ñor, vuestro Dios, hizo con vosotros en Egipto, ante vuestros ojos? Reconoce, pues, hoy y medita en tu corazón, que el Señor es el único Dios, allá arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra; no hay otro. Guarda los preceptos y mandamientos que te prescribo hoy, para que seas feliz, tú y tus hijos después ti, y prolongues tus días en el suelo que el Señor, tu Dios, te para siempre.»

Palabra de Dios Salmo responsorial 32, 4-5. 6 y 9. 18-19. 20 y 22 (R.: 12b) R. Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad. La palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales; él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra. R. La palabra del Señor hizo el cielo; el aliento de su boca, sus ejércitos, porque él lo dijo, y existió, él lo mandó, y surgió. R. Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, en los que esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre. R. Nosotros aguardamos al Señor: él es nuestro auxilio y escudo; que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti. R.

SEGUNDA LECTURA
Habéis recibido un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: «¡Abba!» (Padre)

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 14-17 Hermanos: Los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios. Habéis recibido, no un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: «¡Abba!» (Padre). Ese Espíritu y nuestro espíritu dan un testimonio concorde: que somos hijos de Dios; y, si somos hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, ya que sufrimos con él para ser también con él glorificados. Palabra de Dios. Aleluya Ap 1, 8 Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, al Dios que es, que era y que viene.

EVANGELIO
Bautizados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 28, 16-20 En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban. Acercándose a ellos, Jesús les dijo: – «Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y ense-ñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.» Palabra del Señor.

Domingo después de la Santísima Trinidad

SOLEMNIDAD DEL SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO
PRIMERA LECTURA
Ésta es la sangre de la alianza que hace el Señor con vosotros

Lectura del libro del Éxodo 24, 3-8 En aquellos días, Moisés bajó y contó al pueblo todo lo que había dicho el Señor y todos sus mandatos; y el pueblo contestó a una: – «Haremos todo lo que dice el Señor.» Moisés puso por escrito todas las palabras del Señor. Se le-vantó temprano y edificó un altar en la falda del monte, y doce estelas, por las doce tribus de Israel. Y mandó a algunos Jóvenes israelitas ofrecer al Señor holocaustos, y vacas como sacrifi-cio de comunión. Tomó la mitad de la sangre, y la puso en va-sijas, y la otra mitad la derramó sobre el altar. Después, tomó el documento de la alianza y se lo leyó en alta voz al pueblo, el cual respondió: – «Haremos todo lo que manda el Señor y lo obedecere-mos.» Tomó Moisés la sangre y roció al pueblo, diciendo: –«Ésta es la sangre de la alianza que hace el Señor con vosotros, sobre todos estos mandatos.» Palabra de Dios.

Salmo responsorial Sal 115, 12-13. 15 y 16bc. 17-18 (R.:13) R. Alzaré la copa de la salvación, invocando el nombre del Señor. O bien: Aleluya. ¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Alzaré la copa de la salvación, invocando su nombre. R. Mucho le cuesta al Señor la muerte de sus fieles. Señor, yo soy tu siervo, hijo de tu esclava; rompiste mis cadenas. R. Te ofreceré un sacrificio de alabanza, invocando tu nombre, Señor. Cumpliré al Señor mis votos en presencia de todo el pueblo. R.

SEGUNDA LECTURA
La sangre de Cristo podrá purificar nuestra conciencia

Lectura de la carta a los Hebreos 9, 11-15 Hermanos: Cristo ha venido como sumo sacerdote de los bienes defi-nitivos. Su tabernáculo es más grande y más perfecto: no hecho por manos de hombre, es decir, no de este mundo creado. No usa sangre de machos cabríos ni de becerros, sino la suya propia; y así ha entrado en el santuario una vez para siem-pre, consiguiendo la liberación eterna. Si la sangre de machos cabríos y de toros y el rociar con las cenizas de una becerra tienen el poder de consagrar a los profanos, devolviéndoles la pureza externa, cuánto más la san-gre de Cristo, que, en virtud del Espíritu eterno, se ha ofrecido a Dios como sacrificio sin mancha, podrá purificar nuestra conciencia de las obras muertas, llevándonos al culto del Dios vivo. Por esa razón, es mediador de una alianza nueva: en ella ha habido una muerte que ha redimido de los pecados cometidos durante la primera alianza; y así los llamados pueden recibir la promesa de la herencia eterna. Palabra de Dios. Aleluya Jn 6, 51 Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo –dice el Señor–; el que coma

de este pan vivirá para siempre.

EVANGELIO
Esto es mi cuerpo. Ésta es mi sangre

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 14, 12-16. 22-26 El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cor-dero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos: – «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?» Él envió a dos discípulos, diciéndoles: – «Id a la ciudad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo y, en la casa en que entre, decidle al dueño: "El Maestro pregunta: ¿Dónde esta la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos7' Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, arreglada con divanes. Preparadnos allí la cena.» Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encon-traron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua. Mientras comían, Jesús tomó un pan, pronunció la bendi-ción9 lo partió y se lo dio, diciendo: – «Tomad, esto es mi cuerpo.» Cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio, y todos bebieron. Y les dijo: – «Ésta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Os aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios.» Después de cantar el salmo, salieron para el monte de los Olivos. Palabra del Señor.

Viernes posterior al segundo domingo después de Pentecostés Viernes después de la Solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo

SOLEMNIDAD DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

PRIMERA LECTURA
Se me revuelve el corazón

Lectura de la profecía de Oseas 11, 1b. 3-4. 8c-9 Así dice el Señor: –«Cuando Israel era joven, lo amé, desde Egipto llamé a mi hijo. Yo enseñé a andar a Efraín, lo alzaba en brazos; y él no comprendía que yo lo curaba. Con cuerdas humanas, con correas de amor lo atraía; era para ellos como el que levanta el yugo de la cerviz, me inclinaba y le daba de comer. Se me revuelve el corazón, se me conmueven las entrañas. No cederé al ardor de mi cólera, no volveré a destruir a Efraín; que soy Dios, y no hombre; santo en medio de ti, y no enemigo a la puerta.» Palabra de Dios. Salmo responsorial Is 12, 2-3. 4bcd. 5-6 (R.: 3) R. Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación. El Señor es mi Dios y Salvador: confiaré y no temeré, porque mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación. Y sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación. R. Dad gracias al Señor, invocad su nombre, contad a los pueblos sus hazañas, proclamad que su nombre es excelso. R. Tañed para el Señor, que hizo proezas, anunciadlas a toda la tierra; gritad jubilosos, habitantes de Sión: «Qué grande es en medio de ti el santo de Israel.» R.

SEGUNDA LECTURA
Comprendiendo lo que trasciende toda filosofía: el amor cristiano

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 3, 8-12. 14-19 Hermanos: A mí, el más insignificante de todos los santos, se me ha dado esta gracia: anunciar a los gentiles la riqueza insondable que es Cristo, y aclarar a todos la realización del misterio, es-condido desde el principio de los siglos en Dios, creador de todo. Así, mediante la Iglesia, los Principados y Potestades en los cielos conocen ahora la multiforme sabiduría de Dios, según el designio eterno, realizado en Cristo Jesús, Señor nuestro, por quien tenemos libre y confiado acceso a Dios, por la fe en él. Por esta razón, doblo las rodillas ante el Padre, de quien toma nombre toda familia en el cielo y en la tierra, pidiéndole que de los tesoros de su gloria, os conceda por medio de su Espíritu robusteceros en lo profundo de vuestro ser, que Cristo habite por la fe en vuestros corazones, que el amor sea vuestra raíz y vuestro cimiento; y así, con todos los santos, lograréis abarcar lo ancho, lo largo, lo alto y lo profundo, comprendien-do lo que trasciende toda filosofía: el amor cristiano. Así llegaréis a vuestra plenitud, según la plenitud total de Dios. Palabra de Dios. Aleluya Mt 11. 29ab Cargad con mi yugo y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón.
O bien:

Aleluya Jn 4, 10b Dios nos ha amado y nos ha enviado a su Hijo, como propiciación por nuestros pecados,
O bien:

Aleluya Jn 10, 14 Yo soy el Buen Pastor, dice el Señor, conozco mis ovejas y ellas me conocen.

EVANGELIO
Le traspasó el costado, y salió sangre y agua

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 19, 31-37 En aquel tiempo, los judíos, como era el día de la Prepara-ción, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los solda-dos, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al

llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: «No le quebra-rán un hueso»; y en otro lugar la Escritura dice: «Mirarán al que atravesaron.» Palabra del Señor.

DOMINGO II DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Habla, Señor, que tu siervo te escucha

Lectura del primer libro de Samuel 3, 3b-10. 19 En aquellos días, Samuel estaba acostado en el templo del Señor, donde estaba el arca de Dios. El Señor llamó a Samuel, y él respondió: – «Aquí estoy.» Fue corriendo a donde estaba Elí y le dijo: – «Aquí estoy; vengo porque me has llamado.» Respondió Elí: – «No te he llamado; vuelve a acostarte.» Samuel volvió a acostarse. Volvió a llamar el Señor a Samuel. Él se levantó y fue a donde estaba Elí y le dijo: – «Aquí estoy; vengo porque me has llamado.» Respondió Elí: – «No te he llamado, hijo mío; vuelve a acostarte.» Aún no conocía Samuel al Señor, pues no le había sido revelada la palabra del Señor. Por tercera vez llamó el Señor a Samuel, y él se fue a donde estaba Elí y le dijo: – «Aquí estoy; vengo porque me has llamado.» Elí comprendió que era el Señor quien llamaba al muchacho, y dijo a Samuel: – «Anda, acuéstate; y si te llama alguien, responde: "Habla, Señor, que tu siervo te escucha."» Samuel fue y se acostó en su sitio. El Señor se presentó y le llamó

como antes: – «¡Samuel, Samuel!» Él respondió: – «Habla, Señor, que tu siervo te escucha.» Samuel crecía, y el Señor estaba con él; ninguna de sus pa-labras dejó de cumplirse. Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 39, 2 y 4ab. 1. 8-9. 10 (R.: 8a y 9a) R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. Yo esperaba con ansia al Señor; él se inclinó y escuchó mi grito; me puso en la boca un cántico nuevo, un himno a nuestro Dios. R. Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído; no pides sacrificio expiatorio. R. Entonces yo digo: «Aquí estoy –como está escrito en mi libro– para hacer tu voluntad.» Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas. R. He proclamado tu salvación ante la gran asamblea; no he cerrado los labios; Señor, tú lo sabes. R. SEGUNDA LECTURA
Vuestros cuerpos son miembros de Cristo

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 6, 13c-15a. 17-20 Hermanos: El cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor; y el Señor, para el cuerpo. Dios, con su poder, resucitó al Señor y nos resucitará tam-bién a nosotros. ¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? El que se une al Señor es un espíritu con él. Huid de la fornicación. Cualquier pecado que cometa el hombre queda fuera de su cuerpo. Pero el que fornica peca en su propio cuerpo. ¿0 es que no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo? El habita en vosotros porque lo ha-béis recibido de Dios.

No os poseéis en propiedad, porque os han comprado pa-gando un precio por vosotros. Por tanto, ¡glorificad a Dios con vuestro cuerpo! Palabra de Dios. Aleluya Jn 1, 41. 17b Hemos encontrado al Mesías, que es Cristo; la gracia y la verdad vinieron por medio de él. EVANGELIO
Vieron dónde vivía y se quedaron con él

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 1,35-42 En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice: – «Éste es el Cordero de Dios.» Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta: – «¿Qué buscáis?» Ellos le contestaron: – «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?» Él les dijo: – «Venid y lo veréis.» Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su her-mano Simón y le dice: – «Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo).» Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo: – «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro).» Palabra del Señor.

DOMINGO III DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Los ninivitas se convirtieron de su mala vida

Lectura de la profecía de Jonás 3, 1-5. 10

En aquellos días, vino la palabra del Señor sobre Jonás: – «Levántate y vete a Nínive, la gran ciudad, y predícale el mensaje que te digo.» Se levantó Jonás y fue a Nínive, como mandó el Señor. Nínive era una gran ciudad, tres días hacían falta para recorrerla. Comenzó Jonás a entrar por la ciudad y caminó durante un día, proclamando: – «¡Dentro de cuarenta días Nínive será destruida!» Creyeron en Dios los ninivitas; proclamaron el ayuno y se vistieron de saco, grandes y pequeños. Y vio Dios sus obras, su conversión de la mala vida; se compadeció y se arrepintió Dios de la catástrofe con que había amenazado a Nínive, y no la ejecutó. Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 24, 4-5ab. 6-7bc. 8-9 (R.: 4a) R. Señor, enséñame tus caminos. Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas: haz que camine con lealtad; enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. R. Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas; acuérdate de mí con misericordia, por tu bondad, Señor. R. El Señor es bueno y es recto, y enseña el camino a los pecadores; hace caminar a los humildes con rectitud, enseña su camino a los humildes. R. SEGUNDA LECTURA
La representación de este mundo se termina

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 7, 29-31 Digo esto, hermanos: que el momento es apremiante. Queda como solución que los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran; los que lloran, como si no lloraran; los que están alegres, como sí no lo estuvieran; los que compran, como si no poseyeran; los que negocian en el mundo, como si no dis-frutaran de él: porque la representación de este mundo se ter-mina. Palabra de Dios.

Aleluya Mc 1, 15 Está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio. EVANGELIO
Convertíos y creed en el Evangelio

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 1, 14-20 Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a pro-clamar el Evangelio de Dios. Decía: – «Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.» Pasando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su her-mano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago. Jesús les dijo: – «Venid conmigo y os haré pescadores de hombres.» Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jor-naleros y se marcharon con él. Palabra del Señor.

DOMINGO IV DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Suscitaré un profeta y pondré mis palabras en su boca

Lectura del libro del Deuteronomio 18, 15–20 Moisés habló al pueblo, diciendo: – «Un profeta, de entre los tuyos, de entre tus hermanos, como yo, te suscitará el Señor, tu Dios. A él lo escucharéis. Es lo que pediste al Señor, tu Dios, en el Horeb, el día de la asamblea: "No quiero volver a escuchar la voz del Señor, mi Dios5 ni quiero ver más ese terrible incendio; no quiero morir." El Señor me respondió: "Tienen razón; suscitaré un profeta de entre sus hermanos, como tú. Pondré mis palabras en su boca, y les dirá lo que yo le mande. A quien no escuche las pa-labras que pronuncie en mi nombre, yo le pediré cuentas. Y el profeta que tenga la arrogancia de decir en mi nombre lo que yo no le haya mandado, o hable en nombre de dioses extranje-ros, ese profeta morirá."»

Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 94, 1-2. 6-7. 8-9 (R.: 8) R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón.» Venid, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva; entremos a su presencia dándole gracias, aclamándolo con cantos. R. Entrad, postrémonos por tierra, bendiciendo al Señor, creador nuestro. Porque él es nuestro Dios, y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía. R. Ojalá escuchéis hoy su voz: «No endurezcáis el corazón como en Meribá, como el día de Masá en el desierto; cuando vuestros padres me pusieron a prueba y me tentaron, aunque habían visto mis obras.» R. SEGUNDA LECTURA
La soltera se preocupa de los asuntos del Señor, consagrándose a ellos

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 7, 32-35 Hermanos: Quiero que os ahorréis preocupaciones: el soltero se preo-cupa de los asuntos del Señor, buscando contentar al Señor; en cambio, el casado se preocupa de los asuntos del mundo, bus-cando contentar a su mujer, y anda dividido. Lo mismo, la mujer sin marido y la soltera se preocupan de los asuntos del Señor, consagrándose a ellos en cuerpo y alma; en cambio, la casada se preocupa de los asuntos del mundo, buscando contentar a su marido. Os digo todo esto para vuestro bien, no para poneros una trampa, sino para induciros a una cosa noble y al trato con el Señor sin preocupaciones. Palabra de Dios. Aleluya Mt 4, 16 El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló. EVANGELIO

Enseñaba con autoridad

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 1, 21-28 En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos entraron en Cafar-naún, y cuando el sábado siguiente fue a la sinagoga a enseñar, se quedaron asombrados de su doctrina, porque no enseñaba como los escribas, sino con autoridad. Estaba precisamente en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo, y se puso a gritar: – «¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios.» Jesús lo increpó: – «Cállate y sal de él.» El espíritu inmundo lo retorció y, dando un grito muy fuerte, salió. Todos se preguntaron estupefactos: – «¿Qué es esto? Este enseñar con autoridad es nuevo. Hasta a los espíritus inmundos les manda y le obedecen.» Su fama se extendió en seguida por todas partes, alcanzan-do la comarca entera de Galilea. Palabra del Señor.

DOMINGO V DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Mis días se consumen sin esperanza

Lectura del libro de Job 7, 1-4. 6-7 Habló Job, diciendo: –«El hombre está en la tierra cumpliendo un servicio, sus días son los de un jornalero; Como el esclavo, suspira por la sombra, como el jornalero, aguarda el salario. Mi herencia son meses baldíos, me asignan noches de fatiga; al acostarme pienso: ¿Cuándo me levantaré? Se alarga la noche y me harto de dar vueltas hasta el alba. Mis días corren más que la lanzadera, y se consumen sin esperanza. Recuerda que mi vida es un soplo, y que mis ojos no verán más la dicha.»

Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 146, 1 ~2. 3-4. 5-6 (R.: cf. 5a) R. Alabad al Señor, que sana los corazones destrozados. O bien: Aleluya. Alabad al Señor, que la música es buena; nuestro Dios merece una alabanza armoniosa. El Señor reconstruye Jerusalén, reúne a los deportados de Israel. R. Él sana los corazones destrozados, venda sus heridas. Cuenta el número de las estrellas, a cada una la llama por su nombre. R. Nuestro Señor es grande y poderoso, su sabiduría no tiene medida. El Señor sostiene a los humildes, humilla hasta el polvo a los malvados. R. SEGUNDA LECTURA
¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 9, 16-19. 22-23 Hermanos: El hecho de predicar no es para mí motivo de orgullo. No tengo más remedio y, ¡ay de mí si no anuncio el Evangelio! Si yo lo hiciera por mi propio gusto, eso mismo sería m paga. Pero, si lo hago a pesar mío, es que me han encargado este oficio. Entonces, ¿cuál es la paga? Precisamente dar a co-nocer el Evangelio, anunciándolo de balde, sin usar el derecho que me da la predicación del Evangelio. Porque, siendo libre como soy, me he hecho esclavo de to-dos para ganar a los más posibles. Me he hecho débil con los débiles, para ganar a los débiles; me he, hecho todo a todos, para ganar, sea como sea, a algunos. Y hago todo esto por el Evangelio, para participar yo tam-bién de sus bienes. Palabra de Dios. Aleluya Mt 8, 17 Cristo tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades.

EVANGELIO
Curó a muchos enfermos de diversos males

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 1, 29-39 En aquel tiempo, al salir Jesús y sus discípulos de la sina-goga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La pobla-ción entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los de-monios lo conocían, no les permitía hablar. Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron y, al encontrar-lo, le dijeron: – «Todo el mundo te busca.» Él les respondió: – «Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predi-car también allí; que para eso he salido.» Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y ex-pulsando los demonios. Palabra del Señor.

DOMINGO VI DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
El leproso tendrá su morada fuera del campamento

Lectura del libro del Levítico 13, 1-2. 44-46 El Señor dijo a Moisés y a Aarón: – «Cuando alguno tenga una inflamación, una erupción o una mancha en la piel, y se le produzca la lepra, será llevado ante Aarón, el sacerdote, o cualquiera de sus hijos sacerdotes. Se trata de un hombre con lepra: es impuro. El sacerdote lo de-clarará impuro de lepra en la cabeza. El que haya sido declarado enfermo de lepra andará hara-piento y despeinado, con la barba tapada y gritando: "impuro, impuro!" Mientras le dure la afección, seguirá impuro; vivirá solo y tendrá su morada fuera del campamento.» Palabra de Dios.

Salmo responsorial Sal 31, 1-2. 5. 11 (R.: cf. 7) R. Tú eres mi refugio, me rodeas de cantos de liberación. Dichoso el que está absuelto de su culpa, a quien le han sepultado su pecado; dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito. R. Había pecado, lo reconocí, no te encubrí mi delito; propuse: «Confesaré al Señor mi culpa», y tú perdonaste mi culpa y mi pecado. R. Alegraos, justos, y gozad con el Señor; aclamadlo, los de corazón sincero. R. SEGUNDA LECTURA
Seguid mi ejemplo, como yo sigo el de Cristo

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 10, 31-11, 1 Hermanos: Cuando comáis o bebáis o hagáis cualquier otra cosa, ha-cedlo todo para gloria de Dios. No deis motivo de escándalo a los judíos, ni a los griegos, ni a la Iglesia de Dios, como yo, por mi parte, procuro conten-tar en todo a todos, no buscando mi propio bien, sino el de la mayoría, para que se salven. Seguid mi ejemplo, como yo sigo el de Cristo. Palabra de Dios. Aleluya Lc 7, 16 Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo. EVANGELIO
La lepra se le quitó, y quedó limpio

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 1,40-45 En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: – «Si quieres, puedes limpiarme.» Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo: – «Quiero: queda limpio.» La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio. Él lo despidió, encargándole severamente: – «No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés.»

Pero, cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con gran-des ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera9 en descampa-do; y aun así acudían a él de todas partes. Palabra del Señor.

DOMINGO VII DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Por mi cuenta borraba tus crímenes

Lectura del libro de Isaías 43, 18-19. 21-22. 24b-25 Así dice el Señor: «No recordéis lo de antaño, no penséis en lo antiguo; mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis? Abriré un camino por el desierto, ríos en el yermo, para apagar la sed del pueblo que yo formé, para que proclamara mi alabanza. Pero tú no me invocabas, Jacob, ni te esforzabas por mí, Israel; me avasallabas con tus pecados y me cansabas con tus culpas. Yo, yo era quien por mi cuenta borraba tus crímenes y no me acordaba de tus pecados.» Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 40, 2-3. 4-5. 13-14 (R.: 5b) R. Sáname, Señor, porque he pecado contra ti. Dichoso el que cuida del pobre y desvalido; en el día aciago lo pondrá a salvo el Señor. El Señor lo guarda y lo conserva en vida, para que sea dichoso en la tierra, y no lo entrega a la saña de sus enemigos. R. El Señor lo sostendrá en el lecho del dolor, calmará los dolores de su enfermedad.

Yo dije: «Señor, ten misericordia, sáname, porque he pecado contra ti.» R. A mí, en cambio, me conservas la salud, me mantienes siempre en tu presencia. Bendito el Señor, Dios de Israel, ahora y por siempre. Amén. Amén. R. SEGUNDA LECTURA
Jesús no fue primero «sí» y luego «no»; en él todo se ha convertido en un «sí»

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15, 18-22 Hermanos: ¡Dios me es testigo! La palabra que os dirigimos no fue primero «sí» y luego «no». Cristo Jesús, el Hijo de Dios, el que Silvano, Timoteo y yo os hemos anunciado, no fue primero «sí» y luego «no»; en él todo se ha convertido en un «sí»; en él todas las promesas han recibido un «sí». Y por él podemos responder: «Amén» a Dios, para gloria suya. Dios es quien nos confirma en Cristo a nosotros junto con vosotros. Él nos ha ungido, él nos ha sellado, y ha puesto en nues-tros corazones, como prenda suya, el Espíritu. Palabra de Dios. Aleluya Lc 4, 18 El Señor me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad. EVANGELIO
El Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 2, 1-12 Cuando a los pocos días volvió Jesús a Cafarnaún, se supo que estaba en casa. Acudieron tantos que no quedaba sitio ni a la puerta. Él les proponía la palabra. Llegaron cuatro llevando un paralítico y, como no podían meterlo, por el gentío, levantaron unas tejas encima de donde estaba Jesús, abrieron un boquete y descolgaron la camilla con el paralítico. Viendo Jesús la fe que tenían, le dijo al paralítico: – «Hijo, tus pecados quedan perdonados.» Unos escribas, que estaban allí sentados, pensaban para sus adentros: – «¿Por qué habla éste así? Blasfema. ¿Quién puede perdo-nar pecados, fuera de Dios?»

Jesús se dio cuenta de lo que pensaban y les dijo: – «¿Por qué pensáis eso? ¿Qué es más fácil: decirle al para-lítico "tus pecados quedan perdonados" o decirle 1evántate, coge la camilla y echa a andar"? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados ... » Entonces le dijo al paralítico: – «Contigo hablo: Levántate, coge –tu camilla y vete a tu casa.» Se levantó inmediatamente, cogió la camilla y salió a la vis-ta de todos. Se quedaron atónitos y daban gloria a Dios, di-ciendo: – «Nunca hemos visto una cosa igual.» Palabra del Señor.

DOMINGO VIII DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Me casaré contigo en matrimonio perpetuo

Lectura de la profecía de Oseas 2, 16b. 17. 21-22 Así dice el Señor: –«Yo me la llevaré al desierto, le hablaré al corazón. Y me responderá allí como en los días de su juventud, como el día en que la saqué de Egipto. Me casaré contigo en matrimonio perpetuo, me casaré contigo en derecho y justicia, en misericordia y compasión, me casaré contigo en fidelidad, y te penetrarás del Señor.» Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 102, 1-2. 3-4. 8 y 10. 12-13 (R.: 8a) R. El Señor es compasivo y misericordioso. Bendice, alma mía, al Señor, y todo mi ser a su santo nombre. Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios. R.

Él perdona todas tus culpas, y cura todas tus enfermedades; él rescata tu vida de la fosa y te colma de gracia y de ternura. R. El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia. No nos trata como merecen nuestros pecados ni nos paga según nuestras culpas. R. Como dista el oriente del ocaso, así aleja de nosotros nuestros delitos. Como un padre siente ternura por sus hijos, siente el Señor ternura por sus fieles. R. SEGUNDA LECTURA
Sois una carta de Cristo redactada por nuestro ministerio

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 3,1b-6 Hermanos: ¿Necesitamos presentaros o pediros cartas de recomenda-ción? Vosotros sois nuestra carta, escrita en nuestros corazones, conocida y leída por todos los hombres. Sois una carta de Cris-to, redactada por nuestro ministerio, escrita no con tinta, sino con el Espíritu de Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en las tablas de carne del corazón. Esta confianza con Dios la tenemos por Cristo. No es que por nosotros mismos estemos capacitados para apuntarnos algo, como realización nuestra; nuestra capacidad nos viene de Dios, que nos ha capacitado para ser ministros de una alianza nueva: no de código escrito, sino de espíritu; por-que la ley escrita mata, el Espíritu da vida. Palabra de Dios. Aleluya St 1, 18 El Padre, por propia iniciativa, con la palabra de la verdad, nos engendró, para que seamos como la primicia de sus criaturas. EVANGELIO
El novio está con ellos

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 2, 18-22 En aquel tiempo, los discípulos de Juan y los fariseos esta-ban de ayuno. Vinieron unos y le preguntaron a Jesús: – «Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan. ¿Por qué los tuyos no?» Jesús les contestó:

– «¿Es que pueden ayunar los amigos del novio, mientras el novio está con ellos? Mientras tienen al novio con ellos, no pueden ayunar. Llegará un día en que se lleven al novio; aquel día sí que ayunarán. Nadie le echa un remiendo de paño sin remojar a un man-to pasado; porque la pieza tira del manto, lo nuevo de lo viejo, y deja un roto peor. Nadie echa vino nuevo en odres viejos; porque revientan los odres, y se pierden el vino y los odres; a vino nuevo, odres nuevos.» Palabra del Señor.

DOMINGO IX DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Recuerda que fuiste esclavo en Egipto

Lectura del libro del Deuteronomio 5, 12-15 Así dice el Señor: – «Guarda el día del sábado5 santificándolo, como el Señor5 tu Dios, te ha mandado. Durante seis días puedes trabajar y hacer tus tareas; pero el día séptimo es día de descanso, dedicado al Señor, tu Dios. No haréis trabajo alguno, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tu buey, ni tu asno, ni tu ganado, ni el foraste-ro que resida en tus ciudades, para que descansen como tú el esclavo y la esclava. Recuerda que fuiste esclavo en Egipto, y que te sacó de allí el Señor5 tu Dios, con mano fuerte y con brazo extendido. Por eso te manda el Señor, tu Dios, guardar el día del sábado.» Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 80, 3-4. 5-6ab. 6c-8a. 10- 11ab (R.: 2a) R. Aclamad a Dios, nuestra fuerza. Acompañad, tocad los panderos, las citaras templadas y las arpas; tocad la trompeta por la luna nueva, por la luna llena, que es nuestra fiesta. R. Porque es una ley de Israel, un precepto del Dios de Jacob, una norma establecida para José al salir de Egipto. R. Oigo un lenguaje desconocido:

«Retiré sus hombros de la carga, y sus manos dejaron la espuerta; clamaste en la aflicción, y te libré. R. No tendrás un dios extraño, no adorarás un dios extranjero; yo soy el Señor, Dios tuyo, que te saqué del país de Egipto. R. SEGUNDA LECTURA
La vida de Jesús se manifiesta en nuestro cuerpo

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 4, 6-11 Hermanos: El Dios que dijo: «Brille la luz del seno de la tiniebla» ha brillado en nuestros corazones, para que nosotros iluminemos, dando a conocer la gloria de Dios, reflejada en Cristo. Este tesoro lo llevamos en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros. Nos aprietan por todos lados, pero no nos aplastan; esta-mos apurados, pero no desesperados; acosados, pero no aban-donados; nos derriban, pero no nos rematan; en toda ocasión y por todas partes, llevamos en el cuerpo la muerte de Jesús; para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo. Mientras vivimos, continuamente nos están entregando a la muerte, por causa de Jesús; para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. Palabra de Dios. Aleluya Cf. Jn 17, 17b. a Tu palabra, Señor, es verdad; conságranos en la verdad. EVANGELIO
El Hijo del hombre es señor también del sábado

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 2, 23-3, 6 Un sábado, atravesaba el Señor un sembrado; mientras an-daban, los discípulos iban arrancando espigas. Los fariseos le dijeron: «Oye, ¿por qué hacen en sábado lo que no está permitido?» Él les respondió: – «¿No habéis leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus hombres se vieron faltos y con hambre? Entró en la casa de Dios, en tiempo del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes presentados, que sólo pueden comer los sacerdotes, y les dio también a sus compañeros.»

Y añadió: – «El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado; así que el Hijo del hombre es señor también del sá-bado.» Entró otra vez en la sinagoga, y había allí un hombre con parálisis en un brazo. Estaban al acecho, para ver si curaba en sábado y acusarlo. Jesús le dijo al que tenía la parálisis: – «Levántate y ponte ahí en medio.» Y a ellos les preguntó: – «¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?» Se quedaron callados. Echando en torno una mirada de ira, y dolido de su obsti-nación, le dijo al hombre: – «Extiende el brazo.» Lo extendió y quedó restablecido. En cuanto salieron de la sinagoga, los fariseos se pusieron a planear con los herodianos el modo de acabar con él. Palabra del Señor. O bien más breve: + Lectura del santo evangelio según san Marcos 2, 23-28 Un sábado, atravesaba el Señor un sembrado; mientras an-daban, los discípulos iban arrancando espigas. Los fariseos le dijeron: – «Oye, ¿por qué hacen en sábado lo que no está permi-tido?» Él les respondió: – «¿No habéis leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus hombres se vieron faltos y con hambre? Entró en la casa de Dios, en tiempo del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes presentados, que sólo pueden comer los sacerdotes, y les dio también a sus compañeros.» Y añadió: – «El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado; así que el Hijo del hombre es señor también del sá-bado.» Palabra del Señor

DOMINGO X DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA

Establezco hostilidades entre tu estirpe y la de la mujer

Lectura del libro del Génesis 3, 9-15 Después que Adán comió del árbol, el Señor llamó al hombre: – «¿Dónde estás?» Él contestó: – «Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo, y me escondí.» El Señor le replicó: – «¿Quién te informó de que estabas desnudo? ¿Es que has comido del árbol del que te prohibí comer?» Adán respondió: – «La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto, y comí.» El Señor dijo a la mujer: – «¿Qué es lo que has hecho?» Ella respondió: – «La serpiente me engañó, y comí.» El Señor Dios dijo a la serpiente: –«Por haber hecho eso, serás maldita entre todo el ganado y todas las fieras del campo; te arrastrarás sobre el vientre y comerás polvo toda tu vida; establezco hostilidades entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya; ella te herirá en la cabeza cuando tú la hieras en el talón.» Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 129, 1-2. 3-4. 5-6. 7-8 (R.: 7bc) R. Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa. Desde lo hondo a ti grito, Señor; Señor, escucha mi voz; estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica. R. Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir? Pero de ti procede el perdón, y así infundes respeto. R. Mi alma espera en el Señor, espera en su palabra; mi alma aguarda al Señor,

más que el centinela la aurora. R. Aguarde Israel al Señor, como el centinela la aurora; porque del Señor viene la misericordia, la redención copiosa; él redimirá a Israel e todos sus delitos. R. SEGUNDA LECTURA
Creemos y por eso hablamos

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 4, 13-5, 1 Hermanos: Teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: «Creí, por eso hablé», también nosotros creemos y por eso ha-blamos; sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús también con Jesús nos resucitará y nos hará estar con vosotros. Todo es para vuestro bien. Cuantos más reciban la gracia, mayor será el agradecimien-to, para gloria de Dios. Por eso, no nos desanimamos. Aunque nuestro hombre ex-terior se vaya deshaciendo, nuestro interior se renueva día a día. Y una tribulación pasajera y liviana produce un inmenso e incalculable tesoro de gloria. No nos fijamos en lo que se ve, sino en lo que no se ve. Lo que se ve es transitorio; lo que no se ve es eterno. Es cosa que ya sabemos: Si se destruye este nuestro taber-náculo terreno, tenemos un sólido edificio construido por Dios, una casa que no ha sido levantada por mano de hombre y que tiene una duración eterna en los cielos. Palabra de Dios. Aleluya Jn 12, 31b-32 Ahora el Príncipe de este mundo va a ser echado fuera –dice el Señor–. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra atraeré a todos hacia mí. EVANGELIO
Satanás está perdido

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 3, 20-35 En aquel tiempo, Jesús fue a casa con sus discípulos y se juntó de nuevo tanta gente que no los dejaban ni comer. Al enterarse su familia, vinieron a llevárselo, porque decían que no estaba en sus cabales.

También los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: – «Tiene dentro a Belzebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios.» Él los invitó a acercarse v les uso estas parábolas: – «¿Cómo va a echar Satanás a Satanás? Un reino en gue-rra civil no puede subsistir; una familia dividida no puede sub-sistir. Si Satanás se rebela contra sí mismo, para hacerse la gue-rra, no puede subsistir, está perdido. Nadie puede meterse en casa de un hombre forzudo para arramblar con su ajuar, si pri-mero no lo ata; entonces podrá arramblar con la casa. Creedme, todo se les podrá perdonar a los hombres: los pecados y cualquier blasfemia que digan; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre.» Se refería a los que decían que tenía dentro un espíritu inmundo. Llegaron su madre y sus hermanos y desde fuera lo man-daron llamar. La gente que tenía sentada alrededor le dijo: – «Mira, tu madre y tus hermanos están fuera y te buscan.» Les contestó: – «¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?» Y, Paseando la mirada por el corro, dijo: – «Estos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi ma-dre.» Palabra del Señor.

DOMINGO XI DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Ensalzo los árboles humildes

Lectura de la profecía de Ezequiel 17, 22-24 Así dice el Señor Dios: – «Arrancaré una rama del alto cedro y la plantaré. De sus ramas más altas arrancaré una tierna y la plantaré en la cima de un monte elevado; la plantaré en la montaña más alta de Israel, para que eche brotes y dé fruto y se haga un cedro noble. Anidarán en él aves de toda pluma, anidarán al abrigo de sus ramas. Y todos los árboles silvestres sabrán que yo soy el Señor,

que humilla los árboles altos y ensalza los árboles humildes, que seca los árboles lozanos y hace florecer los árboles secos. Yo, el Señor, lo he dicho y lo haré.» Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 91, 2-3. 13-14. 15-16 R. Es bueno darte gracias, Señor. Es bueno dar gracias al Señor y tocar para tu nombre, oh Altísimo, proclamar por la mañana tu misericordia y de noche tu fidelidad. R. El justo crecerá como una palmera, se alzará como un cedro del Líbano; plantado en la casa del Señor, crecerá en los atrios de nuestro Dios. R. En la vejez seguirá dando fruto y estará lozano y frondoso, para proclamar que el Señor es justo, que en mi Roca no existe la maldad. R. (R.: cf. 2a)

SEGUNDA LECTURA
En destierro o en patria, nos esforzarnos en agradar al Señor

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 5, 6-10 Hermanos: Siempre tenemos confianza, aunque sabemos que, mientras sea el cuerpo nuestro domicilio, estamos desterrados lejos del Señor. Caminamos sin verlo, guiados por la fe. Y es tal nuestra confianza, que preferimos desterrarnos del cuerpo y vivir junto al Señor. Por lo cual, en destierro o en patria, nos esforzamos en agradarle. Porque todos tendremos que comparecer ante el tribunal de Cristo para recibir premio o castigo por lo que hayamos he-cho mientras teníamos este cuerpo. Palabra de Dios. Aleluya La semilla es la palabra de Dios, el sembrador es Cristo; quien lo encuentra vive para siempre.

EVANGELIO
Era la semilla más pequeña, pero se hace más alta que las demás hortalizas

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 4, 26-34 En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: – «El reino de Dios se parece a un hombre que echa si-miente en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla ger-mina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produ-ciendo la cosecha ella sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega.» Dijo también: – «¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después brota, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros pueden cobijarse y anidar en ellas.» Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábo-las, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado. Palabra del Señor-.

DOMINGO XII DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Aquí se romperá la arrogancia de tus olas

Lectura del libro de Job 38, 1. 8-11 El Señor habló a Job desde la tormenta: – «¿Quién cerró el mar con una puerta, cuando salía impetuoso del seno materno, cuando le puse nubes por mantillas y nieblas por pañales, cuando le impuse un límite con puertas y cerrojos, y le dije: "Hasta aquí llegarás y no pasarás; aquí se romperá la arrogancia de tus olas"?» Palabra de Dios.

Salmo responsorial Sal 106, 23-24. 25-26. 28-29. 30-31 (R.: 1) R. Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia.
O bien:

Aleluya. Entraron en naves por el mar, comerciando por las aguas inmensas. Contemplaron las obras de Dios, sus maravillas en el océano. R. El habló y levantó un viento tormentoso, que alzaba las olas a lo alto; subían al cielo, bajaban al abismo, el estómago revuelto por el mareo. R. Pero gritaron al Señor en su angustia, y los arrancó de la tribulación. Apaciguó la tormenta en suave brisa, y enmudecieron las olas del mar. R. Se alegraron de aquella bonanza, y él los condujo al ansiado puerto. Den gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace con los hombres. R. SEGUNDA LECTURA
Lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 5, 14-17 Hermanos: Nos apremia el amor de Cristo, al considerar que, si uno murió por todos, todos murieron. Cristo murió por todos, para que los que viven ya no vi-van para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos. Por tanto, no valoramos a nadie según la carne. Si alguna vez juzgamos a Cristo según la carne, ahora ya no. El que es de Cristo es una criatura nueva. Lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado. Palabra de Dios. Aleluya Lc 7, 16 Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo. EVANGELIO
¿Quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 4, 35-40

Un día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos: – «Vamos a la otra orilla.» Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó un fuerte huracán, y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba a popa, dormido sobre un almohadón. Lo despertaron, diciéndole: – «Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?» Se puso en pie, increpó al viento y dijo al lago: – «¡Silencio, cállate!» El viento cesó y vino una gran calma. Él les dijo: – «¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?» Se quedaron espantados y se decían unos a otros: – «¿Pero quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!» Palabra del Señor.

DOMINGO XIII DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
La muerte entró en el mundo por la envidia del diablo

Lectura del libro de la Sabiduría 1, 13-15; 2, 23-24 Dios no hizo la muerte ni goza destruyendo a los vivientes. Todo lo creó para que subsistiera; las criaturas del mundo son saludables: no hay en ellas veneno de muerte, ni el abismo impera en la tierra. Porque la justicia es inmortal. Dios creó al hombre para la inmortalidad y lo hizo a imagen de su propio ser; pero la muerte entró en el mundo por la envidia del diablo, y los de su partido pasarán por ella. Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 29, 2 y 4. 5-6. 11 y 12a y 13b (R.: 2a) R. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.

Señor, sacaste mi vida del abismo, me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa. R. Tañed para el Señor, fieles suyos, dad gracias a su nombre santo; su cólera dura un instante; su bondad, de por vida; al atardecer nos visita el llanto; por la mañana, el júbilo. R. Escucha, Señor, y ten piedad de mí; Señor, socórreme. Cambiaste mi luto en danzas. Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre. R. SEGUNDA LECTURA
Vuestra abundancia remedia la falta que tienen los hermanos pobres

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 8, 7. 9. 13-15 Hermanos: Ya que sobresalís en todo: en la fe, en la palabra, en el co-nocimiento, en el empeño y en el cariño que nos tenéis, distin-guíos también ahora por vuestra generosidad. Porque ya sabéis lo generoso que fue nuestro Señor Jesucristo: siendo rico, se hizo pobre por vosotros para enriquece-ros con su pobreza. Pues no se trata de aliviar a otros, pasando vosotros estre-checes; se trata de igualar. En el momento actual, vuestra abundancia remedia la falta que ellos tienen; y un día, la abun-dancia de ellos remediará vuestra falta; así habrá igualdad. Es lo que dice la Escritura: «Al que recogía mucho no le sobraba; y al que recogía poco no le faltaba.» Palabra de Dios. Aleluya cf. 2Tm 1, 10 Nuestro Salvador Jesucristo destruyó la muerte y sacó a la luz la vida, por medio del Evangelio. EVANGELIO
Contigo hablo, niña, levántate

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 5, 21-43 En aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor, y se quedó junto al lago. Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies, rogándole con insistencia:

– «Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva.» Jesús se fue con él, acompañado de mucha gente que lo apretujaba. Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Muchos médicos la habían sometido a toda clase de tratamientos, y se había gastado en eso toda su fortuna; pero en vez e mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pen-sando que con sólo tocarle el vestido curaría. Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias, y notó que su cuerpo estaba curado. Jesús, notando que había sa-lido fuerza de él, se volvió en seguida, en medio de la gente, preguntando: – «¿Quién me ha tocado el manto?» Los discípulos le contestaron: – «Ves como te apretuja la gente y preguntas: "¿Quién me ha tocado?"» Él seguía mirando alrededor, para ver quién había sido. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado, se le echó a los pies y le confesó todo. El le dijo: –«Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud.» Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: se a muerto. para que molestar más al maestro?» Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: – «No temas; basta que tengas fe.» No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos. Entró y les dijo: – «¿Qué estrépito y qué lloros son éstos? La niña no está muerta, está dormida.» Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos y, con el pa-dre y la madre de la niña y sus acompañantes, entró donde es-taba la niña, la cogió de la mano y le dijo: – «Talitha qumi» (que significa: «Contigo hablo, niña, le-vántate»). La niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar; te-nía doce años. Y se quedaron viendo visiones. Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña. Palabra del Señor.
O bien más breve:

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 5, 21-24. 35b-43

En aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor, y se quedó junto al lago. Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies, rogándole con insistencia: – «Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella5 para que se cure y viva.» Jesús se fue con él, acompañado de mucha gente. Llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: – «Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maes-tro?» Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la si-nagoga: – «No temas; basta que tengas fe.» No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos. Entró y les dijo: – «¿Qué estrépito y qué lloros son éstos? La niña no está muerta, está dormida.» Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos y, con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes, entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le dijo: – «Talitha qumi» (que significa: «Contigo hablo, niña, le-vántate»). La niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar; te-nía doce años. Y se quedaron viendo visiones. Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña. Palabra del Señor.

DOMINGO XIV DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Son un pueblo rebelde, sabrán que hubo un profeta en medio de ellos

Lectura de la profecía de Ezequiel 2, 2-5 En aquellos días, el espíritu entró en mí, me puso en pie, y oí que me decía: – «Hijo de Adán, yo te envío a los israelitas, a un pueblo rebelde que se ha rebelado contra mí. Sus padres y ellos me han ofendido hasta el presente día. También los hijos son testa-rudos y obstinados; a ellos te envío para que les digas: "Esto dice el Señor." Ellos, te hagan caso o no te hagan caso, pues son un pueblo rebelde, sabrán que hubo un profeta

en medio de ellos.» Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 122, 1-2a. 2bcd. 3-4 R. Nuestros ojos están en el Señor, esperando su misericordia. A ti levanto mis ojos, a ti que habitas en el cielo. Como están los ojos de los esclavos fijos en las manos de sus señores. R. Como están los ojos de la esclava fijos en las manos de su señora, así están nuestros ojos en el Señor, Dios nuestro, esperando su misericordia. R. Misericordia, Señor, misericordia, que estamos saciados de desprecios; nuestra alma está saciada del sarcasmo de los satisfechos, del desprecio de los orgullosos. R. SEGUNDA LECTURA
Presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo

(R.: 2cd)

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12, 7b-10 Hermanos: Para que no tenga soberbia, me han metido una espina en la carne: un ángel de Satanás que me apalea, para que no sea soberbio. Tres veces he pedido al Señor verme libre de él; y me ha respondido: «Te basta mi gracia; la fuerza se realiza en la debilidad.» Por eso, muy a gusto presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo. Por eso, vivo contento en medio de mis debilidades, de los insultos, las privaciones, las persecuciones y las dificultades su-fridas por Cristo. Porque, cuando soy débil, entonces soy fuerte. Palabra de Dios. Aleluya Lc 4, 18 El Espíritu del Señor está sobre mí; me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres.

EVANGELIO
No desprecian a un profeta más que en su tierra

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 6, 1-6 En aquel tiempo, fue Jesús a su pueblo en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: –«¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y judas y Simón? Y sus hermanas ¿no vi-ven con nosotros aquí?» Y esto les resultaba escandaloso. Jesús les decía: – «No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa.» No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando. Palabra del Señor.

DOMINGO XV DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Ve y profetiza a mi pueblo

Lectura de la profecía de Amós 7, 12-15 En aquellos días, dijo Amasías, sacerdote de Casa–de–Dios, a Amós: – «Vidente, vete y refúgiate en tierra de Judá; come allí tu pan y profetiza allí. No vuelvas a profetizar en Casa–de–Dios, porque es el santuario real, el templo del país.» Respondió Amós: – «No soy profeta ni hijo de profeta, sino pastor y cultiva-dor de higos. El Señor me sacó de junto al rebaño y mE dijo: "Ve y pro-fetiza a mi pueblo de Israe1."» Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 84, 9ab-10. 11-12. 13-14 (R.: 8) R. Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación. Voy a escuchar lo que dice el Señor:

«Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos.» La salvación está ya cerca de sus fieles, y la gloria habitará en nuestra tierra. R. La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan; la fidelidad brota de la tierra, y la justicia mira desde el cielo. R. El Señor los dará lluvia, y nuestra tierra dará su fruto. La justicia marchará ante él, la salvación seguirá sus pasos. R. SEGUNDA LECTURA
Nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 1, 3-14 Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales. Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor. El nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya. Por este Hijo, por su sangre, hemos recibido la redención, el perdón de los pecados. El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia ha sido un derroche para con nosotros, dándonos a conocer el misterio de su voluntad. Éste es el plan que había proyectado realizar por Cristo cuando llegase el momento culminante: recapitular en Cristo todas las cosas del cielo y de la tierra. Por su medio hemos heredado también nosotros. A esto estábamos destinados por decisión del que hace todo según su voluntad. Y así, nosotros, los que ya esperábamos en Cristo, seremos alabanza de su gloria. Y también vosotros,

que habéis escuchado la palabra de verdad, el Evangelio de vuestra salvación, en el que creísteis, habéis sido marcados por Cristo con el Espíritu Santo prometido, el cual es prenda de nuestra herencia, para liberación de su propiedad, para alabanza de su gloria. Palabra de Dios.
O bien más breve:

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 1, 3-10 Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales. Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor. Él nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya. Por este Hijo, por su sangre, hemos recibido la redención, el perdón de los pecados. El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia ha sido un derroche para con nosotros, dándonos a conocer el misterio de su voluntad. Éste es el plan que había proyectado realizar por Cristo cuando llegase el momento culminante: recapitular en Cristo todas las cosas del cielo y de la tierra. Palabra de Dios. Aleluya cf. Ef 1, 17-18 El Padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine los ojos de nuestro corazón, para que comprendamos cuál es la esperanza a la que nos llama. EVANGELIO
Los fue enviando

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 6, 7-13

En aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce y los fue envian-do de dos en dos5 dándoles autoridad sobre los espíritus in-mundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto. Y añadió: – «Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sa-cudíos el polvo de los pies, para probar su culpa.» Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban. Palabra del Señor.

DOMINGO XVI DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Reuniré el resto de mis ovejas y les pondré pastores

Lectura del libro de Jeremías 23, 1-6 Ay de los pastores que dispersan y dejan perecer las ovejas de mi rebaño –oráculo del Señor–. Por eso, así dice el Señor, Dios de Israel: – «A los pastores que pastorean a mi pueblo: Vosotros dispersasteis mis ovejas, las expulsasteis, no las guardasteis; pues yo os tomaré cuentas, por la maldad de vuestras acciones – oráculo del Señor. Yo mismo reuniré el resto de mis ovejas de todos los países adonde las expulsé, y las volveré a traer a sus dehesas, para que crezcan y se multipliquen. Les pondré pastores que las pastoreen; ya no temerán ni se espantarán, y ninguna se perderá – oráculo del Señor– Mirad que llegan días – oráculo del Señor– -

en que suscitaré a David un vástago legitimo: reinará como rey prudente, hará justicia y derecho en la tierra. En sus días se salvará Judá, Israel habitará seguro. Y lo llamarán con este nombre: El–Señor–nuestra–justicia.» Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 22, 1-3a. 3b-4. 5. 6 (R.: 1) R. El Señor es mi pastor, nada me falta. El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas. R. Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan. R. Preparas una mesa ante mí, enfrente de. mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa. R. Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término. R. SEGUNDA LECTURA
Él es nuestra paz, él ha hecho de los dos pueblos una sola cosa

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 2, 13-18 Hermanos: Ahora estáis en Cristo Jesús. Ahora, por la sangre de Cristo, estáis cerca los que antes estabais lejos. Él es nuestra paz. Él ha hecho de los dos pueblos una sola cosa, derribando con su carne el muro que los separaba: el odio. Él ha abolido la Ley con sus mandamientos y reglas, hacien-do las paces para crear con los dos en él, un solo hombre nuevo. Reconcilió con Dios a los dos pueblos, uniéndolos en un solo cuerpo mediante la cruz, dando muerte, en él, al odio.

Vino y trajo la noticia de la paz: paz a vosotros los de lejos; paz también a los de cerca. Así, unos y otros, podemos acercarnos al Padre con un mismo Espíritu. Palabra de Dios. Aleluya Jn 10, 27 Mis ovejas escuchan mi voz – dice el Señor– , y yo las conozco, y ellas me siguen. EVANGELIO
Andaban como ovejas sin pastor

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 6, 30-34 En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. El les dijo: – «Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco.» Porque eran tantos los que iban y venían que no encontra-ban tiempo ni para comer. Se fueron en barca a un sitio tranquilo y apartado. Muchos los vieron marcharse y los reconocieron; entonces de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. Al desembarcar, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma. Palabra del Señor.

DOMINGO XVII DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Comerán y sobrará

Lectura del segundo libro de los Reyes 4, 42-44 En aquellos días, uno de Baal–Salisá vino a traer al profeta Eliseo el pan de las primicias, veinte panes de cebada y grano reciente en la alforja. Eliseo dijo: – «Dáselos a la gente, que coman.» El criado replicó: – «¿Qué hago yo con esto para cien personas?» Eliseo insistió: – «Dáselos a la gente, que coman. Porque así dice el Se-ñor: Comerán y sobrará.»

Entonces el criado se los sirvió9 comieron y sobró, como había dicho el Señor. Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 144, 10-11. 15-16. 17-18 (R.: cf. 16) R. Abres tú la mano, Señor, y nos sacias. Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fieles; que proclamen la gloria de tu reinado, que hablen de tus hazañas. R. Los ojos de todos te están aguardando, tú les das la comida a su tiempo; abres tú la mano, y sacias de favores a todo viviente. R. El Señor es justo en todos sus caminos, es bondadoso en todas sus acciones; cerca está el Señor de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente. R. SEGUNDA LECTURA
Un solo cuerpo, un Señor, una fe, un bautismo

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 4,1-6 Hermanos: Yo, el prisionero por el Señor, os ruego que andéis como pide la vocación a la que habéis sido convocados. Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobre-llevaos mutuamente con amor; esforzaos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todo, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo. Palabra de Dios. Aleluya Lc 7, 16 Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo. EVANGELIO
Repartió a los que estaban sentados todo lo que quisieron

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 1-15 En aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del lago de Galilea (o de Tiberíades). Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos

que hacía con los enfermos. Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús enton-ces levantó los ojos, y al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe: – «¿Con qué compraremos panes para que coman éstos?» Lo decía para tantearlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer. Felipe le contestó: – «Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo.» Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pe-dro, le dice: – «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y un par de peces; pero, ¿qué es eso para tantos?» Jesús dijo: – «Decid a la gente que se siente en el suelo.» Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; sólo los hombres eran unos cinco mil. Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repar-tió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisie-ron del pescado. Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: – «Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se des-perdicie.» Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos de los cinco panes de cebada, que sobraron a los que habían comi-do. La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía: – «Éste sí que es el Profeta que tenía que venir al mundo.» Jesús entonces, sabiendo que iban a llevárselo para procla-marlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo. Palabra del Señor.

DOMINGO XVIII DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Yo haré llover pan del cielo

Lectura del libro del Éxodo 16, 2-4. 12-15 En aquellos días, la comunidad de los israelitas protestó contra Moisés y Aarón en el desierto, diciendo:

– «¡Ojalá hubiéramos muerto a manos del Señor en Egip-to, cuando nos sentábamos junto a la olla de carne y comíamos pan hasta hartarnos! Nos habéis sacado a este desierto para ma-tar de hambre a toda esta comunidad.» El Señor dijo a Moisés: – «Yo haré llover pan del cielo: que el pueblo salga a reco-ger la ración de cada día; lo pondré a prueba a ver si guarda mi ley o no. He oído las murmuraciones de los israelitas. Diles: "Hacia el crepúsculo comeréis carne, por la mañana os saciaréis de pan; para que sepáis que yo soy el Señor, vuestro Dios."» Por la tarde, una banda de codornices cubrió todo el cam-pamento; por la mañana, había una capa de rocío alrededor del campamento. Cuando se evaporó la capa de rocío, apareció en la superficie del desierto un polvo fino, parecido a la escarcha. Al verlo, los israelitas se dijeron: – «¿Qué es esto?» Pues no sabían lo que era. Moisés les dijo: – «Es el pan que el Señor os da de comer.» Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 77, 3 y 4bc. 23-24. 25 y 54 (R.: 24b) R. El Señor les dio un trigo celeste. Lo que oímos y aprendimos, lo que nuestros padres nos contaron, lo contaremos a la futura generación: las alabanzas del Señor, su poder. R. Dio orden a las altas nubes, abrió las compuertas del cielo: hizo llover sobre ellos maná, les dio un trigo celeste. R. Y el hombre comió pan de ángeles, les mandó provisiones hasta la hartura. Los hizo entrar por las santas fronteras, hasta el monte que su diestra había adquirido. R. SEGUNDA LECTURA
Vestíos de la nueva condición humana, creada a imagen de Dios

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 4, 17. 20-24 Hermanos: Esto es lo que digo y aseguro en el Señor: que no andéis ya como los gentiles, que andan en la vaciedad de sus crite-rios. Vosotros, en cambio, no es así como habéis aprendido a Cristo, si es

que es él a quien habéis oído y en él fuisteis adoctri-nados, tal como es la verdad en Cristo Jesús; es decir, a abandonar el anterior modo de vivir, el hombre viejo co-rrompido por deseos seductores, a renovaros en la mente y en el espíritu y a vestiros de la nueva condición humana, creada a imagen de Dios: justicia y santidad verdaderas. Palabra de Dios. Aleluya Mt 4,4b No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. EVANGELIO
El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí no pasará sed

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 24-35 En aquel tiempo, cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le pre-guntaron: – «Maestro, ¿cuándo has venido aquí?» Jesús les contestó: – «Os lo aseguro, me buscáis, no porque habéis visto sig-nos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a éste lo ha sellado el Padre, Dios.» Ellos le preguntaron: – «Y, ¿qué obras tenemos que hacer para trabajar en lo que Dios quiere?» Respondió Jesús: – «La obra que Dios quiere es ésta: que creáis en el que él ha enviado.» Le replicaron: – «¿Y qué signo vemos que haces tú, para que creamos en ti? ¿Cuál es tu' obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: "Les dio a comer pan del cielo."» Jesús les replicó: – «Os aseguro que no fue Moisés quien os dio pan del cie-lo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cie-lo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo.» Entonces le dijeron: – «Señor, danos siempre de este pan.» Jesús les contestó: «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed.»

Palabra del Señor.

DOMINGO XIX DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Con la fuerza de aquel alimento, caminó hasta el monte de Dios

Lectura del primer libro de los Reyes 19, 4-8 En aquellos días, Elías continuó por el desierto una jorna-da de camino, y, al final, se sentó bajo una retama y se deseó la muerte: – «¡Basta, Señor! ¡Quítame la vida, que yo no valgo más que mis padres!» Se echó bajo la retama y se durmió. De pronto un ángel lo tocó y le dijo: – «¡Levántate, come!» Miró Elías, y vio a su cabecera un pan cocido sobre pie-dras y un jarro de agua. Comió, bebió y se volvió a echar. Pero el ángel del Señor le volvió a tocar y le dijo: _ «¡Levántate, come!, que el camino es superior a tus fuer-zas.» Elías se levantó, comió y bebió, y, con la fuerza de aquel alimento, caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta el Ho-reb, el monte de Dios. Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 33, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9 (R.: 9 a) R. Gustad y ved qué bueno es el Señor. Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca; mi alma se gloría en el Señor: que los humildes lo escuchen y se alegren. R. Proclamad conmigo la grandeza del Señor, ensalcemos juntos su nombre. Yo consulté al Señor, y me respondió, me libró de todas mis ansias. R. Contempladlo, y quedaréis radiantes, vuestro rostro no se avergonzará. Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha y lo salva de sus angustias. R. El ángel del Señor acampa en torno a sus fieles y los protege.

Gustad y ved qué bueno es el Señor, dichoso el que se acoge a él. R. SEGUNDA LECTURA
Vivid en el amor como Cristo

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 4, 30-5, 2 Hermanos: No pongáis triste al Espíritu Santo de Dios con que él os ha marcado para el día de la liberación final. Desterrad de vosotros la amargura, la ira, los enfados e in-sultos y toda la maldad. Sed buenos, comprensivos, perdonán-doos unos a otros como Dios os perdonó en Cristo. Sed imitadores de Dios, como hijos queridos, y vivid en el amor como Cristo os amó y se entregó por nosotros a Dios como oblación y víctima de suave olor. Palabra de Dios. Aleluya Jn 6, 51 Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo –dice el Señor–; el que coma de este pan vivirá para siempre. EVANGELIO
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 41-51 En aquel tiempo, los judíos criticaban a Jesús porque había dicho: «Yo soy el pan bajado del cielo», y decían: – «¿No es éste Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su, padre y a su madre? ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?» Jesús tomó la palabra y les dijo: – «No critiquéis. Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: "Serán todos discípulos de Dios." Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí. No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que procede de Dios: ése ha visto al Padre. Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre.

Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.» Palabra del Señor.

DOMINGO XX DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Comed de mi pan y bebed el vino que he mezclado

Lectura del libro de los Proverbios 9, 1-6 La Sabiduría se ha construido su casa plantando siete columnas, ha preparado el banquete, mezclado el vino y puesto la mesa; ha despachado a sus criados para que lo anuncien en los puntos que dominan la ciudad: «Los inexpertos que vengan aquí, quiero hablar a los faltos de juicio: "Venid a comer de mi pan y a beber el vino que he mezclado; dejad la inexperiencia y viviréis, seguid el camino de la prudencia."» Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 33, 2–3. 10–11. 12–13. 14–15 (R.:9a) R. Gustad y ved qué bueno es el Señor. Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca; mi alma se gloría en el Señor: que los humildes lo escuchen y se alegren. R. Todos sus santos, temed al Señor, porque nada les falta a los que le temen; los ricos empobrecen y pasan hambre, los que buscan al Señor no carecen de nada. R. Venid, hijos, escuchadme: os instruiré en el temor del Señor; ¿hay alguien que ame la vida y desee días de prosperidad? R. Guarda tu lengua del mal, tus labios de la falsedad;

apártate del mal, obra el bien, busca la paz y corre tras ella. R. SEGUNDA LECTURA
Daos cuenta de lo que el Señor quiere

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 51,15-20 Hermanos: Fijaos bien cómo andáis; no seáis insensatos, sino sensatos, aprovechando la ocasión, porque vienen días malos. Por eso, no estéis aturdidos, daos cuenta de lo que el Señor quiere. No os emborrachéis con vino, que lleva al libertinaje, sino dejaos llenar del Espíritu. Recitad, alternando, salmos, himnos y cánticos inspirados; cantad y tocad con toda el alma para el Señor. Dad siempre gracias a Dios Padre por todo, en nombre de nuestro Señor Jesucristo. Palabra de Dios. Aleluya Jn 6, 56 El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él –dice el Señor–. EVANGELIO
Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 51-58 En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: – «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.» Disputaban los judíos entre sí: – «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?» Entonces Jesús les dijo: – «Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hom-bre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resu-citaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera be-bida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mi. Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vues-tros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.» de este pan vivirá para siempre.»

Palabra del Señor.

DOMINGO XXI DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Nosotros serviremos al Señor: ¡es nuestro Dios!

Lectura del libro de Josué 24, 1-2a. 15-17. 18b En aquellos días, Josué reunió a las tribus de Israel en Si-quén. Convocó a los ancianos de Israel, a los cabezas de familia, jueces y alguaciles, y se presentaron ante el Señor. Josué habló al pueblo: – «Si no os parece bien servir al Señor, escoged hoy a quién queréis servir: a los dioses que sirvieron vuestros antepasados al este del Éufrates o a los dioses de los amorreos en cuyo país ha-bitáis; yo y mi casa serviremos al Señor.» El pueblo respondió: – «¡Lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a dio-ses extranjeros! El Señor es nuestro Dios; él nos sacó a nosotros y a nuestros padres de la esclavitud de Egipto; él hizo a nuestra vista grandes signos, nos protegió en el camino que recorrimos .y entre todos los pueblos por donde cruzamos. También noso-tros serviremos al Señor: ¡es nuestro Dios!» Palabra del Señor. Salmo responsorial Sal 33, 2-3. 16-17. 18-19. 20-21. 22-23 (R.: 9a) R. Gustad y ved qué bueno es el Señor. Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca; mi alma se gloría en el Señor: que los humildes lo escuchen y se alegren. R. Los ojos del Señor miran a los justos, sus oídos escuchan sus gritos; pero el Señor se enfrenta con los malhechores, para borrar de la tierra su memoria. R. Cuando uno grita, el Señor lo escucha y lo libra de sus angustias; el Señor está cerca de los atribulados, salva a los abatidos. R. Aunque el justo sufra muchos males,

de todos lo libra el Señor; él cuida de todos sus huesos, y ni uno solo se quebrará. R. La maldad da muerte al malvado, y los que odian al justo serán castigados. El Señor redime a sus siervos, no será castigado quien se acoge a él. R. SEGUNDA LECTURA
Es éste un gran misterio: y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 5,21-32 Hermanos: Sed sumisos unos a otros con respeto cristiano. Las mujeres, que se sometan a sus maridos como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabe-za de la Iglesia; él, que es el salvador del cuerpo. Pues como la Iglesia se somete a Cristo, así también las mujeres a sus maridos en todo. Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a su Iglesia. Él se entregó a sí mismo por ella, para consagrarla, purificán-dola con el baño del agua y la palabra, y para colocarla ante sí gloriosa, la Iglesia, sin mancha ni arruga ni nada semejante, sino santa e inmaculada. Así deben también los maridos amar a sus mujeres, como cuerpos suyos que son. Amar a su mujer es amarse a sí mismo. Pues nadie jamás ha odiado su propia carne, sino que le da alimento y calor, como Cristo hace con la Iglesia, porque somos miembros de su cuerpo. «Por eso abandonará. el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne.» Es éste un gran misterio: y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia. Palabra de Dios. Aleluya cf. Jn 6, 63c. 68c Tus palabras, Señor, son espíritu y vida; tú tienes palabras de vida eterna. EVANGELIO
¿A quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida. eterna

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 60-69 En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús, al oírlo, di-jeron: – «Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?» Adivinando Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo: – «¿Esto os hace vacilar?, ¿y si vierais al Hijo del hombre subir a donde

estaba antes? El espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y con todo, algunos de vosotros no creen.» Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar. Y dijo: – «Por eso os he dicho que nadie puede venir a mi, si el Pa-dre no se lo concede.» Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él. Entonces Jesús les dijo a los Doce: – «¿También vosotros queréis marcharos?» Simón Pedro le contestó: – «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios.» Palabra del Señor.

DOMINGO XXII DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
No añadáis nada a lo que os mando.... así cumpliréis los preceptos del Señor

Lectura del libro del Deuteronomio 4, 1-2. 6-8 Moisés habló al pueblo, diciendo: – «Ahora, Israel, escucha los mandatos y decretos que yo os mando cumplir. Así viviréis y entraréis a tomar posesión de la tierra que el Señor, Dios de vuestros padres, os va a dar. No añadáis nada a lo que os mando ni suprimáis nada; así cumpliréis los 'preceptos del Señor, vuestro Dios, que yo os mando hoy. Ponedlos por obra, que ellos son vuestra sabiduría y vuestra inteligencia a los ojos de los pueblos que, cuando tengan noticia de todos ellos, dirán: "Cierto que esta gran nación es un pueblo sabio e inteligente." Y, en efecto, ¿hay alguna nación tan grande que tenga los dioses tan cerca como lo está el Señor Dios de nosotros, siempre que lo invocamos? Y, ¿cuál es la gran nación, cuyos mandatos y decretos sean tan justos como toda esta ley que hoy os doy?»

Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 14, 2-3a. 3bc-4ab. 5 (R.: 1 a) R. Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda? El que procede honradamente y practica la justicia, el que tiene intenciones leales y no calumnia con su lengua. R. El que no hace mal a su prójimo ni difama al vecino, el que considera despreciable al impío y honra a los que temen al Señor. R. El que no presta dinero a usura ni acepta soborno contra el inocente. El que así obra nunca fallará. R. SEGUNDA LECTURA
Llevad a la práctica la palabra

Lectura de la carta del apóstol Santiago 1, 17-18. 21b-22. 27 Mis queridos hermanos: Todo beneficio y todo don perfecto viene de arriba, del Pa-dre de los astros, en el cual no hay fases ni períodos de sombra. Por propia iniciativa, con la palabra de la verdad, nos en-gendró, para que seamos como la primicia de sus criaturas. Aceptad dócilmente la palabra que ha sido plantada y es ca-paz de salvaros. Llevadla a la práctica y no os limitéis a escu-charla, engañándoos a vosotros mismos. La religión pura e intachable a los ojos de Dios Padre es ésta: visitar huérfanos y viudas en sus tribulaciones y no man-charse las manos con este mundo. Palabra de Dios. Aleluya St 1, 18 El Padre, por propia iniciativa, con la palabra de la verdad, nos engendró, para que seamos como la primicia de sus criaturas. EVANGELIO
Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 7, 1-8. 14-15. 21-23 En aquel tiempo, se acercó a Jesús un grupo de fariseos con algunos escribas de Jerusalén, y vieron que algunos discípulos comían con

manos impuras, es decir, sin lavarse las manos. (Los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y, al volver de la plaza, no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas.) Según eso, los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús: – «¿Por qué comen tus discípulos con manos impuras y no siguen la tradición de los mayores?» El les contestó: – «Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: "Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos." Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres.» Entonces llamó de nuevo a la gente y les dijo: – «Escuchad y entended todos: Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. Porque de dentro, del corazón del hom-bre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homici-dios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envi-dia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro.» Palabra del Señor.

DOMINGO XXIII DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Los oídos del sordo se abrirán, la lengua del mudo cantará

Lectura del libro de Isaías 35, 4-7a Decid a los cobardes de corazón: «Sed fuertes, no temáis. Mirad a vuestro Dios que trae el desquite, viene en persona, resarcirá y os salvará» Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará. Porque han brotado aguas en el desierto, torrentes en la estepa; el páramo será un estanque, lo reseco un manantial. Palabra de Dios.

Salmo responsorial Sal 145, 7. 8-9a. 9bc- 10 (R.: 1) R. Alabad, alma mía, al Señor.
O bien:

Aleluya. Que mantiene su fidelidad perpetuamente, que hace justicia a los oprimidos, que da pan a los hambrientos. El Señor liberta a los cautivos. R. El Señor abre los ojos al ciego, el Señor endereza a los que ya se doblan, el Señor ama a los justos, el Señor guarda a los peregrinos. R. Sustenta al huérfano y a la viuda y trastorna el camino de los malvados. El Señor reina eternamente, tu Dios, Sión, de edad en edad. R. SEGUNDA LECTURA
¿Acaso no ha elegido Dios a los pobres para hacerlos herederos del reino?

Lectura de la carta del apóstol Santiago 2, 1-5 Hermanos míos: No juntéis la fe en nuestro Señor Jesucristo glorioso con el favoritismo. Por ejemplo: llegan dos hombres a la reunión litúrgica. Uno va bien vestido y hasta con anillos en los dedos; el otro es un pobre andrajoso. Veis al bien vestido y le decís: «Por favor, siéntate aquí, en el puesto reservado.» Al pobre, en cambio: «Estate ahí de pie o siéntate en el suelo.» Si hacéis eso, ¿no sois inconsecuentes y juzgáis con crite-rios malos? Queridos hermanos, escuchad: ¿Acaso no ha elegido Dios a los pobres del mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del reino, que prometió a los que lo aman? Palabra de Dios. Aleluya Mt 4, 23 Jesús proclamaba el Evangelio del reino, curando las dolencias del pueblo. EVANGELIO
Hace oír a los sordos y hablar a los mudos

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 7, 31-37 En aquel tiempo, dejó Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo

que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos. Él, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo: – «Effetá», esto es: «Ábrete.» Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad. El les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían: –«Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos.» Palabra del Señor.

DOMINGO XXIV DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Ofrecí la espalda a los que me apaleaban

Lectura del libro de Isaías 50, 5-9a El Señor me abrió el oído; yo no resistí ni me eché atrás: ofrecí la espalda a los que me apaleaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos. El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado. Tengo cerca a mi defensor, ¿quién pleiteará contra mí? Comparezcamos juntos. ¿Quién tiene algo contra mí? Que se me acerque. Mirad, el Señor me ayuda, ¿quién me condenará? Palabra de Dios.

Salmo responsorial Sal 114, 1-2. 3-4. 5-6. 8-9 (R.: 9) R. Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida.
O bien:

Aleluya. Amo al Señor, porque escucha mi voz suplicante, porque inclina su oído hacia mí el día que lo invoco. R. Me envolvían redes de muerte, me alcanzaron los lazos del abismo, caí en tristeza y angustia. Invoqué el nombre del Señor: «Señor, salva mi vida.» R. El Señor es benigno y justo, nuestro Dios es compasivo; el Señor guarda a los sencillos: estando yo sin fuerzas, me salvó. R. Arrancó mi alma de la muerte, mis ojos de las lágrimas, mis pies de la caída. Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida. R. SEGUNDA LECTURA
La fe, si no tiene obras, está muerta

Lectura de la carta del apóstol Santiago 2, 14-18 ¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene si no tiene obras? ¿Es que esa fe lo podrá salvar? Supongamos que un hermano o una hermana andan sin ropa y faltos del alimento diario, y que uno de vosotros les dice: «Dios os ampare; abrigaos y llenaos el estómago», y no les dais lo necesario para el cuerpo; ¿de qué sirve? Esto pasa con la fe: si no tiene obras, por sí sola está muerta. Alguno dirá: «Tú tienes fe, y yo tengo obras. Enséñame tu fe sin obras, y yo, por las obras, te probaré mi fe.» Palabra de Dios. Aleluya Ga 6, 14 Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz del Señor, en la cual el mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo.

EVANGELIO
Tú eres el Mesías... El Hijo del hombre tiene que padecer mucho

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 8, 27-35 En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Felipe; por el camino, preguntó a sus dis-cípulos: – «¿Quién dice la gente que soy yo?» Ellos le contestaron: – «Unos, Juan Bautista; otros, Elías; y otros, uno de los profetas.» Él les preguntó: – «Y vosotros, ¿quién decís que soy?» Pedro le contestó: – «Tú eres el Mesías.» Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Y empezó a instruirlos: – «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser condenado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días.» Se lo explicaba con toda claridad. Entones, Pedro se lo lle-vó aparte y se puso a increparlo. Jesús se volvió y, de cara a los discípulos, increpó a Pedro: – «¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!» Después llamó a la gente y a sus discípulos, y les dijo: – «El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mis-mo, que cargue con su cruz y me siga. Mirad, el que quiera sal-var su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará.» Palabra del Señor.

DOMINGO XXV DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Lo condenaremos a muerte ignominiosa

Lectura del libro de la Sabiduría 2, 17-20 Se dijeron los impíos: «Acechemos al justo, veamos si sus palabras son verdaderas, comprobando el desenlace de su vida. Si es el justo hijo de Dios, lo auxiliará

y lo librará del poder de sus enemigos; lo someteremos a la prueba de la afrenta y la tortura, para comprobar su moderación y apreciar su paciencia; lo condenaremos a muerte ignominiosa, pues dice que hay quien se ocupa de él.» Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 53, 3-4. 5. 6 y 8 (R.: 6 b) R. El Señor sostiene mi vida. Oh Dios, sálvame por tu nombre, sal por mí con tu poder. Oh Dios, escucha mi súplica, atiende a mis palabras. R. Porque unos insolentes se alzan contra mí, y hombres violentos me persiguen a muerte, sin tener presente a Dios. R. Pero Dios es mi auxilio, el Señor sostiene mi vida. Te ofreceré un sacrificio voluntario, dando gracias a tu nombre, que es bueno. R. SEGUNDA LECTURA
Los que procuran la paz están sembrando la paz, y su fruto es la justicia

Lectura de la carta del apóstol Santiago 3, 16-4, 3 Queridos hermanos: Donde hay envidias y rivalidades, hay desorden y toda cla-se de males. La sabiduría que viene de arriba ante todo es pura y, ade-más, es amante de la paz, comprensiva, dócil, llena de miseri-cordia y buenas obras, constante, sincera. Los que procuran la paz están sembrando la paz, y su fruto es la justicia. ¿De dónde proceden las guerras y las contiendas entre vo-sotros? ¿No es de vuestras pasiones, que luchan en vuestros miembros? Codiciáis y no tenéis; matáis, ardéis en envidia y no alcanzáis nada; os combatís y os hacéis la guerra. No tenéis, porque no pedís. Pedís y no recibís, porque pe-dís mal, para dar satisfacción a vuestras pasiones. Palabra de Dios. Aleluya cf. 2Ts 2, 14

Dios nos llamó por medio del Evangelio, para que sea nuestra la gloria de nuestro Señor Jesucristo. EVANGELIO
El Hijo del hombre va a ser entregado. Quien quiera ser el primero, que sea el servidor de todos

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 9, 30-37 En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se marcharon de la montaña y atravesaron Galilea; no quería que nadie se entera-se, porque iba instruyendo a sus discípulos. Les decía: – «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y, después de muerto, a los tres días resucitará.» Pero no entendían aquello, y les daba miedo preguntarle. Llegaron a Cafarnaún, y, una vez en casa, les preguntó: –«¿De qué discutíais por el camino?» Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante. Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: –«Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos.» Y, acercando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: – «El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí no me acoge a mí, sino al que me ha enviado.» Palabra del Señor.

DOMINGO XXVI DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
¿Estás celoso de mi? ¡Ojalá todo el pueblo fuera profeta!

Lectura del libro de los Números 11, 25-29 En aquellos días, el Señor bajó en la nube, habló con Moi-sés y, apartando algo del espíritu que poseía, se lo pasó a los setenta ancianos. Al posarse sobre ellos el espíritu, se pusieron a profetizar en. seguida. Habían quedado en el campamento dos del grupo, llama-dos Eldad y Medad. Aunque estaban en la lista, no habían acudido a la tienda. Pero el espíritu se posó sobre ellos, y se pusie-ron a profetizar en el campamento. Un muchacho corrió a contárselo a Moisés: – «Eldad y Medad están profetizando en el campamento.» Josué, hijo de Nun, ayudante de Moisés desde joven, in-tervino:

– «Señor mío, Moisés, prohíbeselo.» Moisés le respondió: – «¿Estás celoso de mí? ¡Ojalá todo el pueblo del Señor fuera profeta y recibiera el espíritu del Señor!» Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 18, 8. 10. 12-13. 14 (R.: 9a) R. Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón. La ley del Señor es perfecta y es descanso del alma; el precepto del Señor es fiel e instruye al ignorante. R. La voluntad del Señor es pura y eternamente estable; los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos. R. Aunque tu siervo vigila para guardarlos con cuidado, ¿quién conoce sus faltas? Absuélveme de lo que se me oculta. R. Preserva a tu siervo de la arrogancia, para que no me domine: así quedaré libre e inocente del gran pecado. R. SEGUNDA LECTURA
Vuestra riqueza está corrompida

Lectura de la carta del apóstol Santiago 5, 1-6 Ahora, vosotros, los ricos, llorad y lamentaos por las desgracias que os han tocado. Vuestra riqueza está corrompida y vuestros vestidos están apolillados. Vuestro oro y vuestra plata están herrumbrados, y esa herrumbre será un testimonio contra vosotros y devorará vuestra carne como el fuego. ¡Habéis amontonado riqueza, precisamente ahora, en el tiempo final! El jornal defraudado a los obreros que han cosechado vuestros campos está clamando contra vosotros; y los gritos de los segadores han llegado hasta el oído del Señor de los ejér-citos. Habéis vivido en este mundo con lujo y entregados al pla-cer. Os habéis cebado para el día de la matanza. Condenasteis y matasteis al justo; él no os resiste. Palabra de Dios.

Aleluya cf. Jn 17, 17b. a Tu palabra, Señor, es verdad; conságranos en la verdad. EVANGELIO
El que no está contra nosotros está a favor nuestro. Si tu mano te hace caer, córtatela

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 9, 38-43. 45. 47-48 En aquel tiempo, dijo Juan a Jesús: – «Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir, porque no es de los nuestros.» Jesús respondió: _«No se lo impidáis, porque uno que hace milagros en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. El que no está con-tra nosotros está a favor nuestro. Y, además, el que os dé a beber un vaso de agua, porque seguís al Meslas5 os aseguro que no se quedará sin recompensa. El que escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar. Si tu mano te hace caer, córtatela: más te vale entrar manco en la vida, que ir con las dos manos al in-fierno, al fuego que no se apaga. Y, si tu pie te hace caer, córtatelo: más te vale entrar cojo en la vida, que ser echado con los dos pies al infierno. Y, si tu ojo te hace caer, sácatelo: más te vale entrar tuerto en el reino de Dios, que ser echado con los dos ojos al infier-no, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga.» Palabra del Señor.

DOMINGO XXVII DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Y serán los dos una sola carne

Lectura del libro del Génesis 2, 18-24 El Señor Dios se dijo: – «No está bien que el hombre esté solo; voy a hacerle al-guien como él que le ayude.» Entonces el Señor Dios modeló de arcilla todas las bestias del campo y todos los pájaros del cielo y se los presentó al hombre, para ver qué nombre les ponía. Y cada ser vivo lleva-ría el nombre que el hombre le

pusiera. Así, el hombre puso nombre a todos los animales domésti-cos, a los pájaros del cielo y a las bestias del campo; pero no encontraba ninguno como él que lo ayudase. Entonces el Señor Dios dejó caer sobre el hombre un letar-go, y el hombre se durmió. Le sacó una costilla y le cerró el sitio con carne. Y el Señor Dios trabajó la costilla que le había sacado al hombre, haciendo una mujer, y se la presentó al hombre. El hombre dijo: – «Ésta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne.» Su nombre será Mujer, porque ha salido del hombre. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne.» Palabra del Señor. Salmo responsorial Sal 127, 1-2. 3. 4-5. 6 (R.: cf. 5) R. Que el Señor nos bendiga todos los días de nuestra vida. Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos. Comerás del fruto de tu trabajo, serás dichoso, te irá bien. R. Tu mujer, como parra fecunda, en medio de tu casa; tus hijos, como renuevos de olivo, alrededor de tu mesa. R. Ésta es la bendición del hombre que teme al Señor. Que el Señor te bendiga desde Sión, que veas la prosperidad de Jerusalén todos los días de tu vida. R. Que veas a los hijos de tus hijos. ¡Paz a Israel! R. SEGUNDA LECTURA
El santificador y los santificados proceden todos del mismo

Lectura de la carta a los Hebreos 2, 9-11 Hermanos: Al que Dios había hecho un poco inferior a los ángeles, Jesús, lo vemos ahora coronado de gloria y honor por su pa-sión y muerte. Así, por la gracia de Dios, ha padecido la muerte para bien de todos. Dios, para quien y por quien existe todo, juzgó conveniente, para llevar

a una multitud de hijos a la gloria, perfeccionar y consagrar con sufrimientos al guía de su salvación. El santificador y los santificados proceden todos del mismo. Por eso no se avergüenza de llamarlos hermanos. Palabra de Dios. Aleluya 1Jn 4, 12 Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud. EVANGELIO
Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 10, 2-16 En aquel tiempo, se acercaron unos fariseos y le pregunta-ron a Jesús, para ponerlo a prueba: – «¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su mujer?» Él les replicó: – «¿Qué os ha mandado Moisés?» Contestaron: – «Moisés permitió divorciarse, dándole a la mujer un acta de repudio.» Jesús les dijo: –«Por vuestra terquedad dejó escrito Moisés este precep-to. Al principio de la creación Dios "los creó hombre y mujer. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se uni-rá a su mujer, y serán los dos una sola carne". De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.» En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo. Él les dijo: – «Si uno se divorcia de su mujer y se casa con otra, co-mete adulterio contra la primera. Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio.» Le acercaban niños para que los tocara, pero los discípulos les regañaban. Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo: – «Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis; de los que son como ellos es el reino de Dios. Os aseguro que el que no acepte el reino de Dios como un niño, no entra-rá en él.» Y los abrazaba y los bendecía imponiéndoles las manos. Palabra del Señor.
O bien más breve:

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 10,2-12 En aquel tiempo, se acercaron unos fariseos y le pregunta-ron a Jesús, para ponerlo a prueba: –«¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su mujer?» Él les replicó: – «¿Qué os ha mandado Moisés?» Contestaron: –«Moisés permitió divorciarse, dándole a la mujer un acta de repudio.» Jesús les dijo: –«Por vuestra terquedad dejó escrito Moisés este precep-to. Al principio de la creación Dios "los creó hombre y mujer. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se uni-rá a su mujer, y serán los dos una sola carne". De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.» En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo. Él les dijo: – «Si uno se divorcia de su mujer y se casa con otra, co-mete adulterio contra la primera. Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio.» Palabra del Señor.

DOMINGO XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
En comparación de la sabiduría, tuve en nada la riqueza

Lectura del libro de la Sabiduría 7, 7-11 Supliqué, y se me concedió la prudencia; invoqué, y vino a mí el espíritu de sabiduría. La preferí a cetros y tronos, y, en su comparación, tuve en nada la riqueza. No le equiparé la piedra más preciosa, porque todo el oro, a su lado, es un poco de arena, y, junto a ella, la plata vale lo que el barro. La quise más que la salud y la belleza, y me propuse tenerla por luz, porque su resplandor no tiene ocaso. Con ella me vinieron todos los bienes juntos, en sus manos había riquezas incontables. Palabra de Dios.

Salmo responsorial Sal 89, 12-13. 14-15. 16-17(R.: 14) R. Sácianos de tu misericordia, Señor, y toda nuestra vida será alegría. Enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato. Vuélvete, Señor, ¿hasta cuando? Ten compasión de tus siervos. R. Por la mañana sácianos de tu misericordia, y toda nuestra vida será alegría y júbilo. Danos alegría, por los días en que nos afligiste, por los años en que sufrimos desdichas. R. Que tus siervos vean tu acción, y sus hijos tu gloria. Baje a nosotros la bondad del Señor y haga prósperas las obras de nuestras manos. R. SEGUNDA LECTURA
La palabra de Dios juzga los deseos e intenciones del corazón

Lectura de la carta a los Hebreos 4, 12-13 La palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo, penetrante hasta el punto donde se dividen alma y espíritu, coyunturas y tuétanos. juzga los deseos e intencio-nes del corazón. No hay criatura que escape a su mirada. Todo está patente y descubierto a los ojos de aquel a quien hemos de rendir cuentas. Palabra de Dios. Aleluya Mt 5, 3 Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. EVANGELIO
Vende lo que tienes y sígueme

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 10, 17-30 En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó: – «Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?» Jesús le contestó: – «¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre.» Él replicó:

– «Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño.» Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo: – «Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el di-nero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme.» A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico. Dios!» Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: «¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el reino de Los discípulos se extrañaron de estas palabras. Jesús añadió: – «Hijos, ¡qué difícil les es entrar en el reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le es a un came-llo pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el rei-no de Dios.» Ellos se espantaron y comentaban: – «Entonces, ¿quién puede salvarse?» Jesús se les quedó mirando y les dijo: – «Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo.» Pedro se puso a decirle: – «Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.» Jesús dijo: –«Os aseguro que quien deje casa, o hermanos o herma-nas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evange-lio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más – casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecu-ciones–, y en la edad futura, vida eterna.» Palabra del Señor.
O bien más breve:

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 10, 17-27 En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó: – «Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?» Jesús le contestó: – «¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre.» Él replicó: – «Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño.» Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo: – «Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el di-nero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego sí-gueme.»

A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico. Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: – «¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el reino de Dios!» Los discípulos se extrañaron de estas palabras. Jesús añadió: – «Hijos, ¡qué difícil les es entrar en el reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le es a un came-llo pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el rei-no de Dios.» Ellos se espantaron y comentaban: – «Entonces,, ¿quién puede salvarse?» Jesús se les quedó mirando y les dijo: – «Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo.» Palabra del Señor.

DOMINGO XXIX DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Cuando entregue su vida como expiación, verá su descendencia, prolongará sus años

Lectura del libro de Isaías 53, 10-11 El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento, y entregar su vida como expiación: verá su descendencia, prolongará sus años, lo que el Señor quiere prosperará por su mano. Por los trabajos de su alma verá la luz, El justo se saciará de conocimiento. Mi siervo justificará a muchos, porque cargó con los crímenes de ellos. Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 32, 4-5. 18-19. 20 y 9-2 (R.:22) R. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti. Que la palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales; él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra. R. Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, en los que esperan en su misericordia,

para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre. R. Nosotros aguardamos al Señor: él es nuestro auxilio y escudo. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti. R. SEGUNDA LECTURA
Acerquémonos con seguridad al trono de la gracia

Lectura de la carta a los Hebreos 4, 14-16 Hermanos: Mantengamos la confesión de la fe, ya que tenemos un sumo sacerdote grande, que ha atravesado el cielo, Jesús, Hijo de Dios. No tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino que ha sido probado en todo exactamente como nosotros, menos en el pecado. Por eso, acerquémonos con seguridad al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y encontrar gracia que nos auxilie oportunamente. Palabra de Dios. Aleluya Mc 10, 45 El Hijo del hombre ha venido para servir y dar su vida en rescate por todos. EVANGELIO
El Hijo del hombre ha venido para dar su vida en rescate por todos

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 10,35–45 En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron: – «Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir.» Les preguntó: – «¿Qué queréis que haga por vosotros?» Contestaron: – «Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda.» Jesús replicó: – «No sabéis lo que pedís, ¿sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?» Contestaron: – «Lo somos.» Jesús les dijo: – «El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y os bautizaréis con el

bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; está ya reservado.» Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santia-go y Juan. Jesús, reuniéndolos, les dijo: – «Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. Vosotros, nada de eso: el que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sir-van, sino para servir y dar su vida en rescate por todos.» Palabra del Señor.
O bien más breve:

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 10,42-45 En aquel tiempo, Jesús, reuniendo a los Doce, les dijo: – «Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. Vosotros, nada de eso: el que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sir-van, sino para servir y dar su vida en rescate por todos.» Palabra del Señor.

DOMINGO XXX DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Guiaré entre consuelos a los ciegos y cojos

Lectura del libro de Jeremías 31, 7-9 Así dice el Señor: «Gritad de alegría por Jacob, regocijaos por el mejor de los pueblos; proclamad, alabad y decid: El Señor ha salvado a su pueblo, al resto de Israel. Mirad que yo os traeré del país del norte, os congregaré de los confines de la tierra. Entre ellos hay ciegos y cojos,

preñadas y paridas: una gran multitud retorna. Se marcharon llorando, los guiaré entre consuelos; los llevaré a torrentes de agua, por un camino llano en que no tropezarán. Seré un padre para Israel, Efraín será mi primogénito.» Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 125,1 1-2ab. 2cd-3. 4-5. 6 R. El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres. Cuando el Señor cambió la suerte de Sión, nos parecía soñar: la boca se nos llenaba de risas, la lengua de cantares. R. Hasta los gentiles decían: «El Señor ha estado grande con ellos.» El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres. R. Que el Señor cambie nuestra suerte, como los torrentes del Negueb. Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares. R. Al ir, iba llorando, llevando la semilla; al volver, vuelve cantando, trayendo sus gavillas. R. SEGUNDA LECTURA
Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec

(R.: 3)

Lectura de la carta a los Hebreos 5, 1-6 Hermanos: Todo sumo sacerdote, escogido entre los hombres, está puesto para representar a los hombres en el culto a Dios: para ofrecer dones y sacrificios por los pecados. El puede comprender a los ignorantes y extraviados, ya que él mismo está envuelto en debilidades. A causa de ellas, tiene que ofrecer sacrificios por sus propios pecados, como por los del pueblo. Nadie puede arrogarse este honor: Dios es quien llama, como en el

caso de Aarón. Tampoco Cristo se confirió a sí mis-mo la dignidad de sumo sacerdote, –sino aquel que le dijo: «Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy», o, como dice otro pasaje de la Escritura: «Tú eres sacerdote eterno, se-gún el rito de Melquisedec.» Palabra de Dios. Aleluya cf. 2Tm 1, 10 Nuestro Salvador Jesucristo destruyó la muerte y sacó a la luz la vida, por medio del Evangelio. EVANGELIO
Maestro, haz que pueda ver

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 10, 46-52 En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó con sus discípulos y bastante gente, el ciego Bartimeo, el hijo de Timeo, estaba sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar: – «Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí.» Muchos lo regañaban para que se callara. Pero él gritaba más: – «Hijo de David, ten compasión de mí.» Jesús se detuvo y dijo: – «Llamadlo.» Llamaron al ciego, diciéndole: – «Animo, levántate, que te llama.» Soltó el manto, dio un salto y se acercó Jesús le dijo: – «¿Qué quieres que haga por ti?» El ciego le contestó: – «Maestro, que pueda ver.» a Jesús. Jesús le dijo: – «Anda, tu fe te ha curado.» Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino. Palabra del Señor.

DOMINGO XXXI DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Escucha, Israel: Amarás al Señor con todo el corazón

Lectura del libro del Deuteronomio 6, 2-6 En aquellos días, habló Moisés al pueblo, diciendo: –«Teme al Señor, tu Dios, guardando todos sus mandatos y preceptos que te manda, tú, tus hijos y tus nietos, mientras viváis; así prolongarás tu vida. Escúchalo, Israel, y ponlo por obra, para que te vaya bien y crezcas en número. Ya te dijo el Señor, Dios de tus padres: "Es una tierra que mana leche y miel." Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es solamente uno. Amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas. Las palabras que hoy te digo quedarán en tu memoria.» Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 17, 2-3a. 3bc-4. 47 y 51ab (R.: 2) R. Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza. Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza; Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador. R. Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío, mi fuerza salvadora, mi baluarte. Invoco al Señor de mi alabanza y quedo libre de mis enemigos. R. Viva el Señor, bendita sea mi Roca, sea ensalzado mi Dios y Salvador. Tú diste gran victoria a tu rey, tuviste misericordia de tu Ungido. R. SEGUNDA LECTURA
Como permanece para siempre, tiene el sacerdocio que no pasa

Lectura de la carta a los Hebreos 7, 23-28 Hermanos: Ha habido multitud de sacerdotes del antiguo Tes-tamento, porque la muerte les impedía permanecer; como éste, en cambio, permanece para siempre, tiene el sacerdo-cio que no pasa. De ahí que puede salvar definitivamente a los que por medio de él se acercan a Dios, porque vive siempre para interceder en su favor. Y tal convenía que fuese nuestro sumo sacerdote: santo, ino-cente, sin mancha, separado de los pecadores y encumbra-do sobre el cielo. Él no necesita ofrecer sacrificios cada día –como los sumos sacerdotes, que ofrecían primero por los propios pecados, después por los del pueblo–, porque lo hizo de una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo. En efecto, la Ley hace a los hombres sumos sacerdotes llenos de debilidades. En cambio, las palabras del juramento, pos-terior a la Ley,

consagran al Hijo, perfecto para siempre. Palabra de Dios. Aleluya Jn 14, 23 El que Me ama guardará mi palabra –dice el Señor–, y mi Padre lo amará, y vendremos a él. EVANGELIO
No estás lejos del reino de Dios

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 12, 28b-34 En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: – «¿Qué mandamiento es el primero de todos?» Respondió Jesús: – «El primero es: "Escucha9 Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu cora-zón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser." El segundo es éste: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo." No hay mandamiento mayor que éstos.» El escriba replicó: – «Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo ~ no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los ho-locaustos y sacrificios.» Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo: – «No estás lejos del reino de Dios.» Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas. Palabra del Señor.

DOMINGO XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
La viuda hizo un panecillo y lo llevó a Elías

Lectura del primer libro de los Reyes 17, 10-16 En aquellos días, el profeta Elías se puso en camino hacia Sarepta, y, al llegar a la puerta de la ciudad, encontró allí una viuda que recogía leña. La llamó y le dijo: – «Por favor, tráeme un poco de agua en un jarro para que beba.» Mientras iba a buscarla, le gritó: –«Por favor, tráeme también en la mano un trozo de pan.»

Respondió ella: – «Te juro por el Señor, tu Dios, que no tengo ni pan; me queda sólo un puñado de harina en el cántaro y un poco de aceite en la alcuza. Ya ves que estaba recogiendo un poco de leña. Voy a hacer un pan para mí y para mi hijo; nos lo come-remos y luego moriremos.» Respondió Elías: – «No temas. Anda, prepáralo como has dicho, pero pri-mero hazme a mí un panecillo y tráemelo; para ti y para tu hijo lo harás después. Porque así dice el Señor, Dios de Israel: "La orza de harina no se vaciará, la alcuza de aceite no se agotará, hasta el día en que el Señor envíe la lluvia sobre la tierra."» Ella se fue, hizo lo que le había dicho Elías, y comieron él, ella y su hijo. Ni la orza de harina se vació, ni la alcuza de aceite se ago-tó, como lo había dicho el Señor por medio de Elías. Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 145, 7. 8-9a. 9bc- 10 R. Alaba, alma mía, al Señor.
O bien:

(R.: 1)

Aleluya. Que mantiene su fidelidad perpetuamente, que hace justicia a los oprimidos, que da pan a los hambrientos. El Señor liberta a los cautivos. R. El Señor abre los ojos al ciego, el Señor endereza a los que ya se doblan, el Señor ama a los justos, el Señor guarda a los peregrinos. R. Sustenta al huérfano y a la viuda y trastorna el camino de los malvados. El Señor reina eternamente, tu Dios, Sión, de edad en edad. R. SEGUNDA LECTURA
Cristo se ha ofrecido una sola vez para quitar los pecados de todos

Lectura de la carta a los Hebreos 9,24-28 Cristo ha entrado no en un santuario construido por hombres –imagen del auténtico–, sino en el mismo cielo, para ponerse ante Dios, intercediendo por nosotros. Tampoco se ofrece a sí mismo muchas veces –como el sumo

sacerdote, que entraba en el santuario todos los años y ofrecía sangre ajena; si hubiese sido así, tendría que haber padecido muchas veces, desde el principio del mundo–. De hecho5 él se ha manifestado una sola vez, al final de la historia, para destruir el pecado con el sacrificio de sí mismo. Por cuanto el destino de los hombres es morir una sola vez. Y después de la muerte, el juicio. De la misma manera, Cristo se ha ofrecido una sola vez para quitar los pecados de todos. La segunda vez aparecerá, sin ninguna relación al pecado, a los que lo esperan, para salvarlos. Palabra de Dios. Aleluya Mt 5, 3 Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. EVANGELIO
Esa pobre viuda ha echado más que nadie

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 12,38-44 En aquel tiempo, entre lo que enseñaba Jesús a la gente, dijo: – «¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas, con pre-texto de largos rezos. Éstos recibirán una sentencia más rigu-rosa.» Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales. Llamando a sus discípulos, les dijo: – «Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.» Palabra del Señor.
O bien más breve:

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 12,41-44 En aquel tiempo, estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales.

Llamando a sus discípulos, les dijo: – «Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.» Palabra del Señor.

DOMINGO XXXIII DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Por aquel tiempo se salvará tu pueblo

Lectura de la profecía de Daniel 12, 1-3 Por aquel tiempo se levantará Miguel, el arcángel que se ocupa de tu pueblo: serán tiempos difíciles, como no los ha habido desde que hubo naciones hasta ahora. Entonces se salvará tu pueblo: todos los inscritos en el libro. Muchos de los que duermen en el polvo despertarán: unos para vida eterna, otros para ignominia perpetua. Los sabios brillarán como el fulgor del firmamento, y los que enseñaron a muchos la justicia, como las estrellas, por toda la eternidad. Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 15, 5 y 8. 9–10. 11 (R.: 1) R. Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti. El Señor es el lote de mi heredad y mi copa; mi suerte está en tu mano. Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré. R. Por eso se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas, y mi carne descansa serena. Porque no me entregarás a la muerte, ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. R.

Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha. R. SEGUNDA LECTURA
Con una sola ofrenda ha perfeccionado para siempre a los que van siendo consagrados

Lectura de la carta a los Hebreos 10, 11-14. 18 Cualquier otro sacerdote ejerce su ministerio, diariamente, ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, porque de nin-gún modo pueden borrar los pecados. Pero Cristo ofreció por los pecados, para siempre jamás, un solo sacrificio; está sentado a la derecha de Dios y espera el tiempo que falta hasta que sus enemigos sean puestos como es-trado de sus pies. Con una sola ofrenda ha perfeccionado para siempre a los que van siendo consagrados. Donde hay perdón, no hay ofrenda por los pecados. Palabra de Dios. Aleluya Lc 21, 36 Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para manteneros en pie ante el Hijo del hombre. EVANGELIO
Reunirá a sus elegidos de los cuatro vientos

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 13, 24-32 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: – «En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán. Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad; enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro vientos, de horizonte a horizonte. Aprended de esta parábola de la higuera: Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; pues cuando veáis vosotros suceder esto, sabed que él está cerca, a la puerta. Os aseguro que no pasará esta genera-ción antes que todo se cumpla. El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán, aunque el día y la hora nadie lo sabe, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sólo el Padre.» Palabra del Señor.

Último domingo (XXXIV) del tiempo ordinario

JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO
PRIMERA LECTURA
Su dominio es eterno y no pasa

Lectura de la profecía de Daniel 7, 13-14 Mientras miraba, en la visión nocturna vi venir en las nu-bes del cielo como un hijo de hombre, que se acercó al anciano y se presentó ante él. Le dieron poder real y dominio; todos los pueblos, nacio-nes y lenguas lo respetarán. Su dominio es eterno y no pasa, su reino no tendrá fin. Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 92, 1ab. 1c–2. 5 (R.: 1a) R. El Señor reina, vestido de majestad. El Señor reina, vestido de majestad, el Señor, vestido y ceñido de poder. R. Así está firme el orbe y no vacila. Tu trono está firme desde siempre, y tú eres eterno. R. Tus mandatos son fieles y seguros; la santidad es el adorno de tu casa, Señor, por días sin término. R. SEGUNDA LECTURA
El príncipe de los reyes de la tierra nos ha convertido en un reino y hecho sacerdotes de Dios

Lectura del libro del Apocalipsis 1, 5-8 Jesucristo es el testigo fiel, el primogénito de entre los muertos, el príncipe de los reyes de la tierra. Aquel que nos amó, nos ha librado de nuestros pecados por su sangre, nos ha convertido en un reino y hecho sacerdo-tes de Dios, su Padre. A él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén. Mirad: El viene en las nubes. Todo ojo lo verá; también los que lo atravesaron. Todos los pueblos de la tierra se lamen-tarán por su causa. Sí. Amén. Dice el Señor Dios: «Yo soy el Alfa y la Omega, el que el que era y el que viene, el Todopoderoso.» Palabra de Dios.

Aleluya Mc 11, 9b-10a Bendito el que viene en nombre del Señor. Bendito el reino que llega, el de nuestro padre David. EVANGELIO
Tú lo dices: soy rey

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 18, 33b-37 En aquel tiempo, dijo Pilato a Jesús: – «¿Eres tú el rey de los judíos?» Jesús le contestó: – «¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?» Pilato replicó: – «¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?» Jesús le contestó: – «Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo5 mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí.» Pilato le dijo: – «Conque, ¿tú eres rey?» Jesús le contestó: – «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz.» Palabra del Señor. A CICLO C B

Domingo después de Pentecostés

SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD
PRIMERA LECTURA
Antes de comenzar la tierra, la Sabiduría ya había sido engendrada

Lectura del libro de los Proverbios 8, 22-31 Esto dice la Sabiduría de Dios: El Señor me estableció al principio de sus tareas al comienzo de sus obras antiquísimas.

En un tiempo remotísimo fui formada, antes de comenzar la tierra. Antes de los abismos fui engendrada, antes de los manantiales de las aguas. Todavía no estaban aplomados los montes, antes de las montañas fui engendrada. No había hecho aún la tierra y la hierba, ni los primeros terrones del orbe. Cuando colocaba los cielos, allí estaba yo; cuando trazaba la bóveda sobre la faz del Abismo; cuando sujetaba el cielo en la altura, y fijaba las fuentes abismales. Cuando ponía un límite al mar: y las aguas no traspasaban sus mandatos; cuando asentaba los cimientos de la tierra, yo estaba junto a él, como aprendiz, yo era su encanto cotidiano, todo el tiempo jugaba en su presencia: jugaba con la bola de la tierra, gozaba con los hijos de los hombres. Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 8, 4-5. 6-7. 8-9 R. ¡Señor, dueño nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra! Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado, ¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él, el ser humano, para darle poder? R. Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad, le diste el mando sobre las obras de tus manos. R. Todo lo sometiste bajo sus pies: rebaños de ovejas y toros, y hasta las bestias del campo, las aves del cielo, los peces del mar, que trazan sendas por el mar. R. SEGUNDA LECTURA
Caminamos hacia Dios, por medio de Cristo, en el amor derramado en nuestros corazones por el Espíritu

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Romanos 5, 1-5 Hermanos: Ya que hemos recibido la justificación por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo. Por él hemos obtenido con la fe el acceso a esta gracia en que estamos: y nos gloriamos apoyados en la esperanza de la gloria de los hijos de Dios. Más aún, hasta nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce constancia, la constancia, virtud probada, la virtud, esperanza, y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado. Palabra de Dios. Aleluya Ap 1, 8 Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Al Dios que es, que era y que vendrá. EVANGELIO
Todo lo que tiene el Padre es mío; el Espíritu recibirá de lo mío y os lo anunciará

+ Lectura del santo Evangelio según San Juan 16, 12-15 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: –Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora: cuando venga él, el Espíritu de la Verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir. El me glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que tomará de lo mío y os lo anunciará. Palabra del Señor.

Domingo después de la Santísima Trinidad

SOLEMNIDAD DEL SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO
PRIMERA LECTURA
Melquisedec ofreció pan y vino

Lectura del libro del Génesis 14, 18-20 En aquellos días, Melquisedec, rey de Salem, ofreció pan y vino. Era sacerdote del Dios Altísimo. Y bendijo a Abrahán diciendo: –Bendito sea Abrahán de parte del Dios Altísimo, que creó el cielo y la tierra. Y bendito sea el Dios Altísimo que ha entregado tus enemigos a tus manos. Y Abrahán le dio el diezmo de todo. Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 109, 1. 2. 3. 4 R. Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec. Oráculo del Señor a mi Señor: «Siéntate a mi derecha, y haré de tus enemigos estrado de tus pies.» R. Desde Sión extenderá el Señor el poder de tu cetro: somete en la batalla a tus enemigos. R. «Eres príncipe desde el día de tu nacimiento, entre esplendores sagrados; yo mismo te engendré, como rocío, antes de la aurora.» R. El Señor lo ha jurado y no se arrepiente: «Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec.» R. SEGUNDA LECTURA
Cada vez que coméis y bebéis, proclamáis la muerte del Señor

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 11, 23-26 Hermanos: Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os

he transmitido: Que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó un pan y pronunciando la Acción de Gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía.» Lo mismo hizo con la copa después de cenar, diciendo: «Esta copa es la nueva alianza sellada con mi sangre; haced esto cada vez que bebáis, en memoria mía.» Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis de la copa, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva. Palabra de Dios. Aleluya Jn 6, 51-52 Aleluya, aleluya. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo, dice el Señor; quien coma de este pan vivirá para siempre. EVANGELIO
Comieron todos y se saciaron

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 9, 11b- 17 En aquel tiempo, Jesús se puso a hablar a la gente del Reino de Dios, y curó a los que lo necesitaban. Caía la tarde y los Doce se le acercaron a decirle: –Despide a la gente que vayan a las aldeas y cortijos de alrededor a buscar alojamiento y comida; porque aquí estamos en descampado. El les contestó: –Dadles vosotros de comer. Ellos replicaron: –No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos a comprar de comer para todo este gentío. (Porque eran unos cinco mil hombres.) Jesús dijo a sus discípulos: –Decidles que se echen en grupos de unos cincuenta. Lo hicieron así, y todos se echaron. El, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Comieron todos y se saciaron, y cogieron las sobras: doce cestos. Palabra del Señor.

Viernes posterior al segundo domingo después de Pentecostés Viernes después de la solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo

SOLEMNIDAD DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
PRIMERA LECTURA
Yo mismo apacentaré mis ovejas y las haré sestear

Lectura del Profeta Ezequiel 34, 11 - 16 Así dice el Señor Dios: Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas, siguiendo su rastro. Como un pastor sigue el rastro de su rebaño cuando se encuentra las ovejas dispersas, así seguiré yo el rastro de mis ovejas; y las libraré, sacándolas de todos los lugares donde se desperdigaron, el día de los nubarrones y de la oscuridad. Las sacaré de entre los pueblos, las congregaré de los países, las traeré a la tierra, las apacentaré por los montes de Israel, por las cañadas y por los poblados del país. Las apacentaré en pastizales escogidos, tendrán sus dehesas en lo alto de los montes de Israel, se recostarán en fértiles dehesas, y pastarán pastos jugosos en la montaña de Israel. Yo mismo apacentaré mis ovejas, yo mismo las haré sestear –oráculo del Señor Dios–. Buscaré las ovejas perdidas, haré volver a las descarriadas, vendaré a las heridas, curaré a las enfermas; a las gordas y fuertes las guardaré, y las apacentaré debidamente. Palabra de Dios.

Salmo responsorial Sal 22, 1-3a. 3b-4. 5. 6 R. El Señor es mi pastor, nada me falta. El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas. R. Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan. R. Preparas una mesa ante mí enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa. R. Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término. R. SEGUNDA LECTURA
Dios nos da pruebas de su amor

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Romanos 5, 5–11 Hermanos: El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado. En efecto, cuando nosotros estábamos todavía sin fuerza, Cristo, en el tiempo fijado, murió por los impíos –difícilmente se encuentra uno que quiera morir por un justo; puede ser que se esté dispuesto a morir por un hombre bueno– pero la prueba del amor que Dios nos tiene nos la ha dado en esto: Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores. Y ya que ahora estamos justificados por su sangre, con más razón seremos salvados por él de la cólera. En efecto, si cuando éramos todavía enemigos de Dios fuimos reconciliados con él por la muerte de su Hijo, con más razón, reconciliados ya, seremos salvados por su vida. Más aún, ponemos nuestro orgullo en Dios por nuestro Señor Jesucristo por el que ahora hemos recibido la reconciliación. Palabra de Dios.

Aleluya Mt 11. 29ab Aleluya, aleluya. Cargad con mi yugo y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón.
O bien:

Aleluya Jn 4, 10b Aleluya, aleluya. Dios nos ha amado y nos ha enviado a su Hijo, como propiciación por nuestros pecados,
O bien:

Aleluya Jn 10, 14 Aleluya, aleluya. Yo soy el Buen Pastor, dice el Señor, conozco mis ovejas y ellas me conocen. EVANGELIO
¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 15, 3-7 En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos y letrados esta parábola: –Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles: –¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido. Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse. Palabra del Señor.

DOMINGO II DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
El marido se alegrará con su esposa

Lectura del Profeta Isaías 62, 1-5 Por amor de Sión no callaré, por amor de Jerusalén no descansaré, hasta que rompa la aurora de su justicia y su salvación llamee como antorcha. Los pueblos verán tu justicia,

y los reyes, tu gloria; te pondrán un nombre nuevo, pronunciado por la boca del Señor. Serás corona fúlgida en la mano del Señor y diadema real en la palma de tu Dios. Ya no te llamarán «abandonada», ni a tu tierra «devastada»; a ti te llamarán «Mi favorita», y a tu tierra «Desposada»; Porque el Señor te prefiere a ti y tu tierra tendrá marido. Como un joven se casa con su novia, así te desposa el que te construyó; la alegría que encuentra el marido con su esposa, la encontrará tu Dios contigo. Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 95, 1-2a. 2b-3. 7-8a. 9-10a y c R. Contad a todos los pueblos las maravillas del Señor. Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor, toda la tierra; cantad al Señor, bendecid su nombre. R. Proclamad día tras día su victoria, contad a los pueblos su gloria, sus maravillas a todas las naciones. R. Familias de los pueblos, aclamad al Señor, aclamad la gloria y el poder del Señor, aclamad la gloria del nombre del Señor. R. Postraos ante el Señor en el atrio sagrado, tiemble en su presencia la tierra toda. Decid a los pueblos: «El Señor es rey, él gobierna a los pueblos rectamente». R. SEGUNDA LECTURA
El mismo y único espíritu reparte a cada uno, como a él le parece

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 12,4-11 Hermanos: Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de servicios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos.

En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común. Y así uno recibe del Espíritu el hablar con sabiduría; otro, el hablar con inteligencia, según el mismo Espíritu. Hay quien, por el mismo Espíritu, recibe el don de la fe; y otro, por el mismo Espíritu, don de curar. A éste le han concedido hacer milagros; a aquél, profetizar. A otro, distinguir los buenos y malos espíritus. A uno, el lenguaje arcano; a otro, el don de interpretarlo. El mismo y único Espíritu obra todo esto, repartiendo a cada uno en particular como a él le parece. Palabra de Dios. Aleluya 2Ts 2, 14 Aleluya, aleluya. Dios nos llamó por el Evangelio, para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo. EVANGELIO
En Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos

+ Lectura del santo Evangelio según San Juan 2, 1-12 En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea y la madre de Jesús estaba allí; Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda. Faltó el vino y la madre de Jesús le dijo: –No les queda vino. Jesús le contestó: –Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora. Su madre dijo a los sirvientes: –Haced lo que él diga. Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dijo: –Llenad las tinajas de agua. Y las llenaron hasta arriba. Entonces les mandó: –Sacad ahora, y llevádselo al mayordomo. Ellos se lo llevaron. El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y

entonces llamó al novio y le dijo: –Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú en cambio has guardado el vino bueno hasta ahora. Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria y creció la fe de sus discípulos en él. Después bajó a Cafarnaúm con su madre y sus hermanos y sus discípulos, pero no se quedaron allí muchos días. Palabra del Señor.

DOMINGO III DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Leyeron el libro de la ley y todo el pueblo estaba atento

Lectura del Libro de Nehemías 8, 2-4a. 5-6. 8-10 En aquellos días, Esdras, el sacerdote, trajo el libro a la asamblea de hombres y mujeres y de todos los que podían comprender. Era el día primero del mes séptimo. Leyó el libro en la plaza que hay ante la puerta del agua, desde el amanecer hasta el mediodía, en presencia de hombres, mujeres y de los que podían comprender; y todo el pueblo estaba atento al libro de la ley. Esdras, el sacerdote, estaba de pie sobre un estrado de madera, que habían hecho para el caso. Esdras abrió el libro a vista del pueblo, pues los dominaba a todos, y cuando lo abrió, el pueblo entero se puso en pie. Esdras pronunció la bendición del Señor Dios grande, y el pueblo entero, alzando las manos, respondió: «Amén, Amén»; se inclinó y se postró rostro a tierra ante el Señor. Los levitas leían el libro de la ley de Dios con claridad y explicando el sentido, de forma que comprendieron la lectura. Nehemías, el Gobernador, Esdras, el sacerdote y letrado, y los levitas que enseñaban al pueblo decían al pueblo entero: –Hoy es un día consagrado a nuestro Dios: No hagáis duelo ni lloréis (porque el pueblo entero lloraba al escuchar las palabras de la ley). Y añadieron: –Andad, comed buenas tajadas, bebed vino dulce y enviad porciones a quien no tiene preparado, pues es un día consagrado a nuestro Dios. No estéis tristes, pues el gozo en el Señor es vuestra fortaleza.

Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 18, 8. 9. 10. 15 R. Tus palabras, Señor, son espíritu y vida. La ley del Señor es perfecta y es descanso del alma; el precepto del Señor es fiel e instruye al ignorante. R. Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos. R. La voluntad del Señor es pura y eternamente estable; los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos. R. Que te agraden las palabras de mi boca, y llegue a tu presencia el meditar de mi corazón, Señor, roca mía, redentor mío. R. SEGUNDA LECTURA
Vosotros sois el cuerpo de Cristo y cada uno es un miembro

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 12, 12-30 Hermanos: Lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo. Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu. El cuerpo tiene muchos miembros, no uno solo. Si el pie dijera: «no soy mano, luego no formo parte del cuerpo», ¿dejaría por eso de ser parte del cuerpo? Si el oído dijera: «no soy ojo, luego no formo parte del cuerpo», ¿dejaría por eso de ser parte del cuerpo? Si el cuerpo entero fuera ojo, ¿cómo oiría? Si el cuerpo entero fuera oído, ¿cómo olería? Pues bien, Dios distribuyó el cuerpo y cada uno de los miembros como él quiso. Si todos fueran un mismo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo? Los miembros son muchos, es verdad, pero el cuerpo es uno solo.

El ojo no puede decir a la mano: «no te necesito»; y la cabeza no puede decir a los pies: «no os necesito». Más aún, los miembros que parecen más débiles son más necesarios. Los que nos parecen despreciables, los apreciamos más. Los menos decentes, los tratamos con más decoro. Porque los miembros más decentes no lo necesitan. Ahora bien, Dios organizó los miembros del cuerpo dando mayor honor a los más necesitados. Así no hay divisiones en el cuerpo, porque todos los miembros por igual se preocupan unos de otros. Cuando un miembro sufre, todos sufren con él; cuando un miembro es honrado, todos le felicitan. Vosotros sois el cuerpo de Cristo y cada uno es un miembro. Y Dios os ha distribuido en la Iglesia: en el primer puesto los apóstoles, en el segundo los profetas, en el tercero los maestros, después vienen los milagros, luego el don de curar, la beneficencia, el gobierno, la diversidad de lenguas, el don de interpretarlas. ¿Acaso son todos apóstoles?, ¿o todos son profetas? ¿o todos maestros?, ¿o hacen todos milagros?, ¿tienen todos don para curar?, ¿hablan todos en lenguas o todos las interpretan? Palabra de Dios.
O bien más breve:

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 12, 12-14. 27 Hermanos: Lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo. Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu. El cuerpo tiene muchos miembros, no uno solo. Vosotros sois el cuerpo de Cristo y cada uno es un miembro. Palabra de Dios. Aleluya Lc 4, 18-19 Aleluya, aleluya.

El Señor me ha enviado a dar la Buena Noticia, a proclamar la liberación a los cautivos. EVANGELIO
Hoy se cumple esta Escritura

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 1,1-4; 4,14-21 Ilustre Teófilo: Muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han verificado entre nosotros, siguiendo las tradiciones transmitidas por los que primero fueron testigos oculares y luego predicadores de la Palabra. Yo también, después de comprobarlo todo exactamente desde el principio, he resuelto escribírtelos por su orden, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido. En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea, con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas y todos lo alababan. Fue Jesús a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el Libro del Profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor.» Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba, y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles: –Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír. Palabra del Señor.

DOMINGO IV DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA

Te nombré profeta de los gentiles

Lectura del Profeta Jeremías 1, 4-5. 17-19 En los días de Josías, recibí esta palabra del Señor: Antes de formarte en el vientre, te escogí, antes de que salieras del seno materno, te consagré: Te nombré profeta de los gentiles. Tú cíñete los lomos, ponte en pie y diles lo que yo te mando. No les tengas miedo, que si no, yo te meteré miedo de ellos. Mira: yo te convierto hoy en plaza fuerte, en columna de hierro, en muralla de bronce, frente a todo el país: Frente a los reyes y príncipes de Judá, frente a los sacerdotes y la gente del campo; lucharán contra ti, pero no te podrán, porque yo estoy contigo para librarte, –oráculo del Señor–. Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 70, 1-2. 3-4a. 5-6ab. 15ab y 17 R. Mi boca anunciará tu salvación. A ti, Señor, me acojo: no quede yo derrotado para siempre; tú que eres justo, líbrame y ponme a salvo, inclina a mí tu oído, y sálvame. R. Sé tú mi roca de refugio, el alcázar donde me salve, porque mi peña y mi alcázar eres tú, Dios mío, líbrame de la mano perversa. R. Porque tú, Dios mío, fuiste mi esperanza y mi confianza, Señor, desde mi juventud. En el vientre materno ya me apoyaba en ti, en el seno, tú me sostenías. R. Mi boca contará tu auxilio, y todo el día tu salvación. Dios mío, me instruiste desde mi juventud, y hasta hoy relato tus maravillas. R. SEGUNDA LECTURA
Quedan la fe, la esperanza, el amor; pero lo más grande es el amor

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 12, 31-13, 13

Hermanos: Ambicionad los carismas mejores. Y aún os voy a mostrar un camino mejor. Ya podría yo hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles; si no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o unos platillos que aturden. Ya podría tener el don de predicción y conocer todos los secretos y todo el saber; podría tener fe como para mover montañas; si no tengo amor, no soy nada. Podría repartir en limosnas todo lo que tengo y aun dejarme quemar vivo; si no tengo amor de nada me sirve. El amor es comprensivo, el amor es servicial y no tiene envidia; el amor no presume ni se engríe; no es mal educado ni egoísta; no se irrita, no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites. El amor no pasa nunca. ¿El don de predicar? –se acabará. ¿El don de lenguas? –enmudecerá. ¿El saber? –se acabará. Porque inmaduro es nuestro saber e inmaduro nuestro predicar; pero cuando venga la madurez, lo inmaduro se acabará. Cuando yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño. Cuando me hice un hombre, acabé con las cosas de niño. Ahora vemos como en un espejo de adivinar; entonces veremos cara a cara. Mi conocer es por ahora inmaduro, entonces podré conocer como Dios me conoce. En una palabra quedan la fe, la esperanza, el amor: estas tres. La más grande es el amor. Palabra de Dios.
O bien más breve:

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 13, 4-13 Hermanos: El amor es comprensivo, el amor es servicial y no tiene envidia; el amor no presume ni se engríe; no es mal educado ni egoísta; no se irrita, no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites. El amor no pasa nunca. ¿El don de predicar? –se acabará. ¿El don de lenguas? –enmudecerá. ¿El saber? –se acabará. Porque inmaduro es nuestro saber e inmaduro nuestro predicar; pero cuando venga la madurez, lo inmaduro se acabará. Cuando yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño. Cuando me hice un hombre, acabé con las cosas de niño. Ahora vemos como en un espejo de adivinar; entonces veremos cara a cara. Mi conocer es por ahora inmaduro, entonces podré conocer como Dios me conoce. En una palabra quedan la fe, la esperanza, el amor: estas tres. La más grande es el amor. Palabra de Dios. Aleluya Lc 4, 18-19 Aleluya, aleluya. Me ha enviado el Señor para evangelizar a los pobres, para anunciar a los cautivos la redención. EVANGELIO
Jesús, como Elías y Elíseo, no es enviado sólo a los judíos

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 4, 21-30 En aquel tiempo, comenzó Jesús a decir en la sinagoga:

–Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír. Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios. Y decían: –¿No es éste el hijo de José? Y Jesús les dijo: –Sin duda me recitaréis aquel refrán: «Médico, cúrate a ti mismo»: haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaúm. Y añadió: –Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del Profeta Eliseo, sin embargo, ninguno de ellos fue curado más que Naamán, el sirio. Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba. Palabra del Señor.

DOMINGO V DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Aquí estoy, mándame

Lectura del Profeta Isaías 6, 1-2a. 3-8 El año de la muerte del rey Ozías, vi al Señor sentado sobre un trono alto y excelso: la orla de su manto llenaba el templo. Y vi serafines en pie junto a él. Y se gritaban uno a otro diciendo: –¡Santo, santo, santo, el Señor de los Ejércitos, la tierra está llena de su gloria! Y temblaban las jambas de las puertas al clamor de su voz, y el templo estaba lleno de humo. Yo dije:

–¡Ay de mí, estoy perdido! Yo, hombre de labios impuros, que habito en medio de un pueblo de labios impuros, he visto con mis ojos al Rey y Señor de los Ejércitos. Y voló hacia mí uno de los serafines, con un ascua en la mano, que había cogido del altar con unas tenazas; la aplicó a mi boca y me dijo: –Mira: esto ha tocado tus labios, ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado. Entonces escuché la voz del Señor, que decía: –¿A quién mandaré? ¿Quién irá por mí? Contesté: –Aquí estoy, mándame. Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 137, 1-2a, 2bc-3. 4-5- 7c-8 R. Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor. Te doy gracias, Señor, de todo corazón; delante de los ángeles tañeré para ti, me postraré hacia tu santuario. R. Daré gracias a tu nombre por tu misericordia y tu lealtad. Cuando te invoqué, me escuchaste, acreciste el valor en mi alma. R. Que te den gracias, Señor, los reyes de la tierra, al escuchar el oráculo de tu boca; canten los caminos del Señor, porque la gloria del Señor es grande. R. Extiendes tu brazo y tu derecha me salva. El Señor completará sus favores conmigo: Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos. R. SEGUNDA LECTURA
Esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 15, 1-11 Hermanos: Os recuerdo el Evangelio que os proclamé y que vosotros aceptasteis,

y en el que estáis fundados, y que os está salvando, si es que conserváis el Evangelio que os proclamé; de lo contrario, se ha malogrado nuestra adhesión a la fe. Porque lo primero que yo os transmití, tal como lo había recibido, fue esto: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se le apareció a Cefas y más tarde a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos juntos, la mayoría de los cuales viven todavía, otros han muerto; después se le apareció a Santiago, después a todos los Apóstoles; por último, como a un aborto, se me apareció también a mí. Porque yo soy el menor de los Apóstoles, y no soy digno de llamarme apóstol, porque he perseguido a la Iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy y su gracia no se ha frustrado en mí. Antes bien, he trabajado más que todos ellos. Aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios conmigo. Pues bien; tanto ellos como yo esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído. Palabra de Dios.
O bien más breve:

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 15, 3-8. 11 Hermanos: Lo primero que yo os transmití, tal como lo había recibido, fue esto: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se le apareció a Cefas y más tarde a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos juntos, la mayoría de los cuales viven todavía, otros han muerto; después se le apareció a Santiago, después a todos los Apóstoles; por último, como a un aborto, se me apareció también a mí. Pues bien; tanto ellos como yo esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído. Palabra de Dios.

Aleluya Mt 4, 19 Aleluya, aleluya. Venid en pos de Mí, dice el Señor, y haré que vosotros seáis pescadores de hombres. EVANGELIO
Dejándolo todo, lo siguieron

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 5, 1-11 En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la Palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret; y vio dos barcas que estaban junto a la orilla: los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: –Rema mar adentro y echad las redes para pescar. Simón contestó: –Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes. Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande, que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús, diciendo: –Apártate de mí, Señor, que soy un pecador. Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: –No temas: desde ahora, serás pescador de hombres. Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron. Palabra del Señor.

DOMINGO VI DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Maldito quien confía en el hombre; bendito quien confía en el Señor

Lectura del Profeta Jeremías 17, 5-8 Así dice el Señor: Maldito quien confía en el hombre, y en la carne busca su fuerza, apartando su corazón del Señor. Será como un cardo en la estepa, no verá llegar el bien; habitará la aridez del desierto, tierra salobre e inhóspita. Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza: será un árbol plantado junto al agua, que junto a la corriente echa raíces; cuando llegue el estío no lo sentirá, su hoja estará verde; en año de sequía no se inquieta, no deja de dar fruto. Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 1, 1-2. 3. 4 y 6 R. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor. Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos; ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos, sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche. R. Será como un árbol plantado al borde de la acequia: da fruto en su sazón, y no se marchitan sus hojas; y cuanto emprende tiene buen fin. R. No así los impíos, no así: serán paja que arrebata el viento. Porque el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los impíos acaba mal. R. SEGUNDA LECTURA
Si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 15, 12. 16-20 Hermanos:

Si anunciamos que Cristo resucitó de entre los muertos, ¿cómo es que decía alguno que los muertos no resucitan? Si los muertos no resucitan, tampoco Cristo ha resucitado. Y si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido, seguís con vuestros pecados; y los que murieron con Cristo, se han perdido. Si nuestra esperanza en Cristo acaba con esta vida, somos los hombres más desgraciados. ¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos. Palabra de Dios. Aleluya Lc 6,23 Aleluya, aleluya. Gozaos y recocijaos: porque grande es vuestro galardón en el cielo. EVANGELIO
Dichosos los pobres; ¡ay de vosotros, los ricos!

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 6, 17. 20-26 En aquel tiempo, bajó Jesús del monte con los Doce y se paró en un llano con un grupo grande de discípulos y de pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón. El, levantando los ojos hacia sus discípulos, le dijo: –Dichosos los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios. –Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados. –Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis. –Dichosos vosotros cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del Hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo: porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas. Pero, ¡ay de vosotros, los ricos, porque ya tenéis vuestro consuelo! ¡Ay de vosotros, los que estáis saciados, porque tendréis hambre! ¡Ay de los que ahora reís, porque haréis duelo y lloraréis! ¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que hacían vuestros padres con los falsos profetas. Palabra del Señor.

DOMINGO VII

DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
El Señor te puso hoy en mis manos, pero yo no he querido atentar contra ti

Lectura del libro primero de Samuel 26, 2. 7-9. 12-13. 22-23 En aquellos días, Saúl se puso en camino con tres mil soldados israelitas y bajó al desierto de Zif, persiguiendo a David. David y Abisaí fueron de noche al campamento enemigo y encontraron a Saúl durmiendo, echado en el círculo de carros, la lanza hincada en tierra junto a la cabecera. Abner y la tropa dormían echados alrededor. Abisaí dijo a David: –Dios te pone al enemigo en la mano. Voy a clavarlo en tierra con la lanza de un solo golpe; no hará falta repetirlo. Pero David replicó: –No le mates. No se puede atentar impunemente contra el Ungido del Señor. Entonces David cogió la lanza y el jarro de agua de la cabecera de Saúl, y los dos se marcharon. Nadie los vio, ni se enteró, ni se despertó. Todos siguieron dormidos, porque el Señor les había enviado un sueño profundo. David volvió a cruzar el valle y se detuvo en lo alto de la montaña, a buena distancia de Saúl. Desde allí gritó: –¡Rey!, aquí está tu lanza, manda uno de tus criados a recogerla. El Señor recompensará a cada uno su justicia y su lealtad. El te puso hoy en mis manos, pero yo no he querido atentar contra el Ungido del Señor. Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 102, 1-2- 3-4. 8 y 10. 12-13 R. El Señor es compasivo y misericordioso. Bendice, alma mía, al Señor, y todo mi ser a su santo nombre. Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios. R. El perdona todas tus culpas, y cura todas tus enfermedades; él rescata tu vida de la fosa y te colma de gracia y de ternura. R. El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia; no nos trata como merecen nuestros pecados,

ni nos paga según nuestras culpas. R. Como dista el oriente del ocaso, así aleja de nosotros nuestros delitos; como un padre siente ternura por sus hijos, siente el Señor ternura por sus fieles. R. SEGUNDA LECTURA
Nosotros, que somos imagen del hombre terreno, seremos también imagen del hombre celestial

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 15, 45-49 Hermanos: El primer hombre, Adán, se convirtió en ser vivo. El último Adán, en espíritu que da vida. El espíritu no fue lo primero: primero vino la vida y después el espíritu. El primer hombre, hecho de tierra, era terreno; el segundo hombre es del cielo. Pues igual que el terreno son los hombres terrenos; igual que el celestial son los hombres celestiales. Nosotros, que somos imagen del hombre terreno, seremos también imagen del hombre celestial. Palabra de Dios. Aleluya Jn 13, 34 Aleluya, aleluya. Un mandamiento nuevo os doy, dice el Señor, que os améis los unos a los otros, así como Yo os he amado. EVANGELIO
Sed compasivos, como vuestro Padre es compasivo

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 6, 27-38 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: –A los que me escucháis os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os injurian. Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra,– al que te quite la capa, déjale también la túnica. A quien te pide, dale – al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames. Tratad a los demás como queréis que ellos os traten. Pues, si amáis sólo a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores

aman a los que los aman. Y si hacéis bien sólo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores lo hacen. Y si prestáis sólo cuando esperáis cobrar, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores con intención de cobrárselo. ¡No! Amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada: tendréis un gran premio y seréis hijos del Altísimo, que es bueno con los malvados y desagradecidos. Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo– no juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados– dad y se os dará: os verterán una medida' generosa, colmada, remecida, rebosante. La medida que uséis la usarán con vosotros. Palabra del Señor.

DOMINGO VIII DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
No alabes a nadie antes de que razone

Lectura del libro del Eclesiástico 27, 5-8 Se agita la criba y queda el desecho, así el desperdicio del hombre cuando es examinado; el horno prueba la vasija del alfarero, el hombre se prueba en su razonar; el fruto muestra el cultivo de un árbol, la palabra la mentalidad del hombre; no alabes a nadie antes de que razone, porque ésa es la prueba del hombre. Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 91, 2-3. 13-14. 15-16 R. Es bueno dar gracias al Señor. Es bueno dar gracias al Señor, y tañer para tu nombre, oh Altísimo; proclamar por la mañana tu misericordia y de noche tu fidelidad. R. El justo crecerá como palmera, se alzará como cedro del Líbano: plantado en la casa del Señor,

crecerá en los atrios de nuestro Dios. R. En la vejez seguirá dando fruto y estará lozano y frondoso; para proclamar que el Señor es justo, que en mi Roca no existe la maldad. R. SEGUNDA LECTURA
Nos da la victoria por Nuestro Señor Jesucristo

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 15, 54-58 Hermanos: Cuando esto corruptible se vista de incorrupción y esto mortal se vista de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra escrita: «La muerte ha sido absorbida en la victoria. ¿Dónde esta, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón?» El aguijón de la muerte es el pecado, y la fuerza del pecado es la ley. ¡Demos gracias a Dios, que nos da la victoria por nuestro Señor Jesucristo! Así, pues, hermanos míos queridos, manteneos firmes y constantes. Trabajad siempre por el Señor, sin reservas, convencidos de que el Señor no dejará sin recompensa vuestra fatiga. Palabra de Dios. Aleluya Flp 2, 15-16 Aleluya, aleluya. Resplandecéis como lumbreras en el mundo, reteniendo la palabra de vida. EVANGELIO
Lo que rebosa del corazón, lo habla la boca

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 6, 39-45 En aquel tiempo, ponía Jesús a sus discípulos esta comparación –¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo? Un discípulo no es más que su maestro, si bien cuando termine su aprendizaje, será como su maestro. ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: «hermano, déjame que te saque la mota del ojo», sin fijarte en la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano.

No hay árbol sano que dé fruto dañado, ni árbol dañado que dé fruto sano. Cada árbol se conoce por su fruto: porque no se cosechan higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos. El que es bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque lo que rebosa del corazón, lo habla la boca. Palabra del Señor.

DOMINGO IX DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Cuando venga un extranjero, escúchalo

Lectura del libro primero de los Reyes 8, 41-43 En aquellos días, Salomón oró en el templo diciendo: –Los extranjeros oirán hablar de tu nombre famoso, de tu mano poderosa, de tu brazo extendido. Cuando uno de ellos, no israelita, venga de un país extranjero, atraído por tu nombre, para rezar en este templo, escúchale tú desde el cielo, tu morada, y haz lo que te pide el extranjero. Así te conocerán y te temerán todos los pueblos de la tierra, lo mismo que tu pueblo Israel; y sabrán que este templo, que he construido, está dedicado a tu nombre. Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 116, 1. 2 R. Id al mundo entero y predicad el Evangelio
O bien:

Aleluya. Alabad al Señor todas las naciones, aclamadlo, todos los pueblos. R. Firme es su misericordia con nosotros, su fidelidad dura por siempre. R. SEGUNDA LECTURA
Si siguiera agradando a los hombres, no sería servidor de Cristo

Comienzo de la carta del Apóstol San Pablo a los Gálatas l, 1-2. 6-10 Yo, Pablo, enviado no de hombres,

nombrado Apóstol no por un hombre, sino por Jesucristo y por Dios Padre que lo resucitó, y conmigo todos los hermanos, escribimos a las Iglesias de Galacia. Me sorprende que tan pronto hayáis abandonado al que os llamó por amor a Cristo, y os hayáis pasado a otro evangelio. No es que haya otro evangelio, lo que pasa es que algunos os turban para volver del revés el evangelio de Cristo. Pues, bien, si alguien os predica un evangelio distinto del que os hemos predicado –seamos nosotros mismos o un ángel del cielo–, ¡sea maldito! Os lo dije antes y os lo repito ahora: Si alguien os predica un evangelio distinto del que habéis recibido, ¡sea maldito! Cuando digo esto, ¿busco la aprobación de los hombres o la de Dios? ¿trato de agradar a los hombres? Si siguiera agradando a los hombres, no sería servidor de Cristo. Palabra de Dios. Aleluya Jn 3, 16 De tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo Unigénito; todo aquel que cree en Él tiene vida eterna EVANGELIO
Ni en Israel he encontrado tanta fe

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 7, 1-10 En aquel tiempo, cuando terminó Jesús de hablar a la gente, entró en Cafarnaúm. Un centurión tenía enfermo, a punto de morir, a un criado a quien estimaba mucho. Al oír hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos, para rogarle que fuera a curar a su criado. Ellos, presentándose a Jesús, le rogaban encarecidamente: –Merece que se lo concedas, porque tiene afecto a nuestro pueblo y nos ha construido la sinagoga. Jesús se fue con ellos. No estaba lejos de la casa, cuando el centurión

le envió unos amigos a decirle: –Señor, no te molestes; no soy yo quién para que entres bajo mi techo; por eso tampoco me creí digno de venir personalmente. Dilo de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes, y le digo a uno: «ve», y va; al otro: «ven», y viene y a mi criado: «haz esto», y lo hace. Al oír esto, Jesús se admiró de él, y, volviéndose a la gente que lo seguía, dijo: –Os digo que ni en Israel he encontrado tanta fe. Y al volver a casa, los enviados encontraron al siervo sano. Palabra del Señor.

DOMINGO X DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Tu hijo está vivo

Lectura del libro primero de los Reyes 17, 17-24 En aquellos días, cayó enfermo el hijo de la señora de la casa. La enfermedad era tan grave que se quedó sin respiración. Entonces la mujer dijo a Elías: –¿Qué tienes tú que ver conmigo?, ¿has venido a mi casa para avivar el recuerdo de mis culpas y hacer morir a mi hijo? Elías respondió: –Dame a tu hijo. Y, tomándolo de su regazo, lo subió a la habitación donde él dormía y lo acostó en su cama. Luego invocó al Señor: –Señor, Dios mío, ¿también a esta viuda que me hospeda la vas a castigar haciendo morir a su hijo? Después se echó tres veces sobre el niño, invocando al Señor: –Señor, Dios mío, que vuelva al niño la respiración. El Señor escuchó la súplica de Elías: al niño le volvió la respiración y revivió. Elías tomó al niño, lo llevó al piso bajo y se lo entregó a su madre diciendo: –Mira, tu hijo está vivo. Entonces la mujer dijo a Elías: –Ahora reconozco que eres un hombre de Dios y que la palabra del Señor en tu boca es verdad.

Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 29, 2 y 4. 5-6. 11 y 12a y 13b R. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado. y no has dejado que mis enemigos se rían de mí. Señor, sacaste mi vida del abismo, me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa. R. Tañed para el Señor, fieles suyos, dad gracias a su nombre santo; su cólera dura un instante, su bondad, de por vida. R. Escucha, Señor, y ten piedad de mí, Señor, socórreme. Cambiaste mi luto en danzas. Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre. R. SEGUNDA LECTURA
Se dignó revelar a su Hijo en mí, para que yo lo anunciara a los gentiles

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Gálatas 1, 11-19 Hermanos: Os notifico que el evangelio anunciado por mí no es de origen humano; yo no lo he recibido ni aprendido de ningún hombre, sino por revelación de Jesucristo. Habéis oído hablar de mi conducta pasada en el judaísmo: con qué saña perseguía a la Iglesia de Dios y la asolaba, y me señalaba en el judaísmo más que muchos de mi edad y de mi raza, como partidario fanático de las tradiciones de mis antepasados. Pero cuando Aquel que me escogió desde el seno de mi madre y me llamó a su gracia, se dignó revelar a su Hijo en mí, para que yo lo anunciara a los gentiles, en seguida, sin consultar con hombres, sin subir a Jerusalén a ver a los Apóstoles anteriores a mi, me fui a Arabia, y después volví a Damasco. Más tarde, pasados tres años, subí a Jerusalén para conocer a Pedro, y me quedé quince días con él. Pero no vi a ningún otro Apóstol; vi solamente a Santiago, el pariente del Señor. Palabra de Dios.

Aleluya Lc 7, 16 Un gran profeta se ha levantado entre nosotros, y Dios ha visitado a su pueblo. EVANGELIO
¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 7, 11-17 En aquel tiempo, iba Jesús camino de una ciudad llamada Naín, e iban con él sus discípulos y mucho gentío. Cuando estaba cerca de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba. Al verla el Señor, le dio lástima y le dijo: –No llores. Se acercó al ataúd (los que lo llevaban se pararon) y dijo: –¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate! El muerto se incorporó y empezó a hablar y Jesús se lo entregó a su madre. Todos, sobrecogidos, daban gloria a Dios diciendo: –Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo. La noticia del hecho se divulgó por toda la comarca y por Judea entera. Palabra del Señor.

DOMINGO XI DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
El Señor perdona tu pecado. No morirás

Lectura del libro segundo de Samuel 12, 7-10. 13 En aquellos días, dijo Natán a David: –Así dice el Señor Dios de Israel: Yo te ungí rey de Israel, te libré de las manos de Saúl, te entregué la casa de tu señor, puse sus mujeres en tus brazos, te entregué la Casa de Israel y la de Judá, y por si fuera poco pienso darte otro tanto. ¿Por qué has despreciado tú la palabra del Señor, haciendo lo que a él le parece mal? Mataste a espada a Urías el hitita y te quedaste con su mujer. Pues, bien, la espada no se apartará nunca de tu casa; por haberme despreciado, quedándote con la mujer de Urías,

David respondió a Natán: –He pecado contra el Señor. Y Natán le dijo: –Pues el Señor perdona tu pecado. No morirás. Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 31, 1-2. 5. 7. 11 R. Perdona, Señor, mi culpa y mi pecado. Dichoso el que está absuelto de su culpa, a quien le han sepultado su pecado; dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito. R. Perdona, Señor, mi culpa y mi pecado. Había pecado, lo reconocí, no te encubrí mi delito; propuse: «Confesaré al Señor mi culpa», y tú perdonaste mi culpa y mi pecado. R. Tú eres mi refugio: me libras del peligro, me rodeas de cantos de liberación. R. Alegraos, justos, y gozad con el Señor, aclamadlo, los de corazón sincero. R. SEGUNDA LECTURA
No soy yo, es Cristo quien vive en mí

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Gálatas 2, 16. 19-21 Hermanos: Sabemos que el hombre no se justifica por cumplir la ley, sino por creer en Cristo Jesús. Por eso hemos creído en Cristo Jesús para ser justificados por la fe de Cristo y no por cumplir la ley. Porque el hombre no se justifica por cumplir la ley. Para la ley yo estoy muerto, porque la ley me ha dado muerte; pero así vivo para Dios. Estoy crucificado con Cristo: vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí. Y mientras vivo en esta carne, vivo de la fe en el Hijo de Dios, que me amó hasta entregarse por mí. Yo no anulo la gracia de Dios.

Pero si la justificación fuera efecto de la ley, la muerte de Cristo sería inútil. Palabra de Dios. Aleluya 1Jn 4, 10 Dios nos amó primero, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. EVANGELIO
Sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 7, 36-8, 3 En aquel tiempo, un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él. Jesús, entrando en casa del fariseo se recostó a la mesa. Y una mujer de la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino con un frasco de perfume, y, colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con sus lágrimas, se los enjugaba con sus cabellos, los cubría de besos y se los ungía con el perfume. Al ver esto, el fariseo que lo había invitado, se dijo: –Si éste fuera profeta, sabría quién es esta mujer que lo está tocando y lo que es: una pecadora. Jesús tomó la palabra y le dijo: –Simón, tengo algo que decirte. El respondió: –Dímelo, maestro. Jesús le dijo: –Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de los dos lo amará más? Simón contestó: –Supongo que aquel a quien le perdonó más. Jesús le dijo: –Has juzgado rectamente. Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón: –¿Ves a esta mujer? Cuando yo entré en tu casa, no me pusiste agua para los pies; ella en cambio me ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con su pelo. Tú no me besaste; ella en cambio desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella en cambio me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo, sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor: pero al que poco se le perdona, poco ama. Y a ella le dijo: –Tus pecados están perdonados.

Los demás convidados empezaron a decir entre sí: –¿Quién es éste, que hasta perdona pecados? Pero Jesús dijo a la mujer: –Tu fe te ha salvado, vete en paz. Más tarde iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo predicando la Buena Noticia del Reino de Dios; lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que él había curado de malos espíritus y enfermedades: María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Cusa, intendente de Herodes; Susana y otras muchas que le ayudaban con sus bienes. Palabra del Señor.
O bien más breve:

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 7, 36-50 En aquel tiempo, un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él. Jesús, entrando en casa del fariseo se recostó a la mesa. Y una mujer de la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino con un frasco de perfume, y, colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con sus lágrimas, se los enjugaba con sus cabellos, los cubría de besos y se los ungía con el perfume. Al ver esto, el fariseo que lo había invitado, se dijo: –Si éste fuera profeta, sabría quién es esta mujer que lo está tocando y lo que es: una pecadora. Jesús tomó la palabra y le dijo: –Simón, tengo algo que decirte. El respondió: –Dímelo, maestro. Jesús le dijo: –Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de los dos lo amará más? Simón contestó: –Supongo que aquel a quien le perdonó más. Jesús le dijo: –Has juzgado rectamente. Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón: –¿Ves a esta mujer? Cuando yo entré en tu casa, no me pusiste agua para los pies; ella en cambio me ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con su pelo. Tú no me besaste; ella en cambio desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella en cambio me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo, sus muchos pecados están perdonados,

porque tiene mucho amor: pero al que poco se le perdona, poco ama. Y a ella le dijo: –Tus pecados están perdonados. Los demás convidados empezaron a decir entre sí: –¿Quién es éste, que hasta perdona pecados? Pero Jesús dijo a la mujer: –Tu fe te ha salvado, vete en paz. Palabra del Señor.

DOMINGO XII DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Mirarán al que traspasaron

Lectura del Profeta Zacarías 12, 10–11 Esto dice el Señor: Derramaré sobre la dinastía de David y sobre los habitantes de Jerusalén un espíritu de gracia y de clemencia. Me mirarán a mí, a quien traspasaron, harán llanto como llanto por el hijo único, y llorarán como se llora al primogénito. Aquel día será grande el luto de Jerusalén, como el luto de Hadad–Rimón e n el valle de Meguido. Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 62. 2. 3-4- 5-6. 8-9 R. Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío. Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo, mi alma está sedienta de ti; mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua. R. ¡Cómo te contemplaba en el santuario viendo tu, fuerza y tu gloria!

Tu gracia vale más que la vida, te alabarán mis labios. R. Toda mi vida te bendeciré, y alzaré las manos invocándote. Me saciaré como de enjundia y de manteca, y mis labios te alabarán jubilosos. R. Porque fuiste mi auxilio, y a la sombra de tus alas canto con júbilo; mi alma está unida a ti y tu diestra me sostiene. R. SEGUNDA LECTURA
Los que habéis sido bautizados, os habéis revestido de Cristo

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Gálatas 3, 26-29 Hermanos: Todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús. Los que os habéis incorporado a Cristo por el bautismo, os habéis revestido de Cristo. Ya no hay distinción entre judíos y gentiles, esclavos y libres, hombres y mujeres, porque todos sois uno en Cristo Jesús. Y si sois de Cristo, sois descendencia de Abrahán, y herederos de la promesa. Palabra de Dios. Aleluya Jn 10, 27 Mis ovejas oyen mi voz, dice el Señor; y Yo las conozco, y me siguen. EVANGELIO
Tú eres el Mesías de Dios. El Hijo del Hombre tiene que padecer mucho

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 9, 18-24 Una vez que Jesús estaba orando solo, en presencia de sus discípulos, les preguntó: –¿Quién dice la gente que soy yo? Ellos contestaron: –Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros dicen que ha vuelto a la vida uno de los antiguos profetas. El les preguntó: –Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Pedro tomó la palabra y dijo:

–El Mesías de Dios. El les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Y añadió: –El Hijo del Hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y letrados, ser ejecutado y resucitar al tercer día. Y, dirigiéndose a todos, dijo: –El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá pero el que pierda su vida por mi causa, la salvará. Palabra del Señor.

DOMINGO XIII DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Eliseo se levantó y marchó tras Elías

Lectura del libro primero de los Reyes 19, 16b. 19-21 En aquellos días, el Señor dijo a Elías: –Unge como profeta sucesor a Eliseo, hijo de Safat, natural de Abel–Mejolá. Elías se marchó y encontró a Eliseo, hijo de Safat, arando, con doce yuntas en fila y él llevaba la última. Elías pasó a su lado y le echó encima su manto. Entonces Eliseo, dejando los bueyes, corrió tras Elías y le pidió: –Déjame decir adiós a mis padres; luego vuelvo y te sigo. Elías contestó: –Ve y vuelve, ¿quién te lo impide? Eliseo dio la vuelta, cogió la yunta de bueyes y los mató, hizo fuego con los aperos, asó' la carne y ofreció de comer a su gente. Luego se levantó, marchó tras Elías y se puso a sus órdenes. Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 15, 1-2a y 5. 7-8. 9-10. 11 R. El Señor es mi lote y mi heredad. Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti; yo digo al Señor: «Tú eres mi bien.» El Señor es el lote de mi heredad y mi copa, mi suerte está en tu mano. R. Bendeciré al Señor que me aconseja,

hasta de noche me instruye internamente. Tengo siempre presente, al Señor, con él a mi derecha no vacilaré. R. Por eso se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas, y mi carne descansa serena: porque no me entregarás a la muerte, ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. R. Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha. R. SEGUNDA LECTURA
Vuestra vocación es la libertad

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Gálatas 4, 31b-5, 1. 13-18 Hermanos: Para vivir en libertad, Cristo nos ha liberado. Por tanto, manteneos firmes, y no os sometáis de nuevo al yugo de la esclavitud. Hermanos, vuestra vocación es la libertad: no una libertad para que se aproveche el egoísmo; al contrario, sed esclavos unos de otros por amor. Porque toda la ley se concentra en esta frase: «amarás al prójimo como a ti mismo». Pero, atención: que si os mordéis y devoráis unos a otros, terminaréis por destruiros mutuamente. Yo os lo digo: andad según el Espíritu y realicéis los deseos de la carne; pues la carne desea contra el espíritu y el espíritu contra la carne. Hay entre ellos un antagonismo tal, que no hacéis lo que quisierais. Pero si os guía el Espíritu, no estáis bajo el dominio de la ley. Palabra de Dios. Aleluya 1S 3,9; Jn 6, 69 Habla, Señor, que tu siervo escucha; Tú tienes palabras de vida eterna. EVANGELIO

Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Te seguiré adonde vayas

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 9, 51-62 Cuando se iba cumpliendo el tiempo de ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros por delante. De camino entraron en una aldea de Samaría para prepararle alojamiento. Pero no lo recibieron, porque se dirigía a Jerusalén. Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le preguntaron: –Señor, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo que acabe con ellos? El se volvió y les regañó. Y se marcharon a otra aldea. Mientras iban de camino, le dijo uno: –Te seguiré adonde vayas. Jesús le respondió: –Las zorras tienen madriguera y los pájaros, nido, pero el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza. A otro le dijo: –Sígueme. El respondió: –Déjame primero ir a enterrar a mi padre. Le contestó: –Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios. Otro le dijo: –Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de mi familia. Jesús le contestó: –El que echa mano al arado y sigue mirando atrás, no vale para el Reino de Dios. Palabra del Señor.

DOMINGO XIV DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Yo haré derivar hacia ella, como un río, la paz

Lectura del Profeta Isaías 66, 10-14c Festejad a Jerusalén, gozad con ella, todos los que la amáis,

alegraos de su alegría, los que por ella llevasteis luto; mamaréis a sus pechos y os saciaréis de sus consuelos, y apuraréis las delicias de sus ubres abundantes. Porque así dice el Señor: Yo haré derivar hacia ella, como un río, la paz, como un torrente en crecida, las riquezas de las naciones. Llevarán en brazos a sus criaturas y sobre las rodillas las acariciarán; como a un niño a quien su madre consuela, así os consolaré yo; (en Jerusalén seréis consolados). Al verlo se alegrará vuestro corazón y vuestros huesos florecerán como un prado; la mano del Señor se manifestará a sus siervos. Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 65, 1-3a. 4-5. 6-7a. 16 y 20 R. Aclamad al Señor, tierra entera. Aclamad al Señor, tierra entera, tocad en honor de su nombre, cantad himnos a su gloria; decid a Dios: «Qué temibles son tus obras.» R. Que se postre ante ti la tierra entera, que toquen en tu honor, que toquen para tu nombre. Venid a ver las obras de Dios, sus temibles proezas en favor de los hombres. R. Transformó el mar en tierra firme, a pie atravesaron el río. Alegrémonos con Dios, que con su poder gobierna eternamente. R. Fieles de Dios, venid a escuchar, os contaré lo que ha hecho conmigo. Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica, ni me retiró su favor. R. SEGUNDA LECTURA
Yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Gálatas 6, 14-18

Hermanos: Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, en la cual el mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo. Pues lo que cuenta no es circuncisión o incircuncisión, sino criatura nueva. La paz y la misericordia de Dios vengan sobre todos los que se ajustan a esta norma; también sobre Israel. En adelante, que nadie me venga con molestias, porque yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús. La gracia de nuestro Señor Jesucristo está con vuestro espíritu, hermanos. Amén. Palabra de Dios. Aleluya Col 3, 15. 16 Triunfe en vuestros corazones la paz de Cristo; la palabra de Cristo more en vosotros abundantemente. EVANGELIO
Vuestra paz descansará sobre ellos

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 10, 1-12. 17-20 En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos, y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía: –La mies es abundante y los obreros pocos: rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino. Cuando entréis en una casa, decid primero: «Paz a esta casa.» Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan: porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: «está cerca de vosotros el Reino de Dios.» Cuando entréis en un pueblo y no os reciban, salid a la plaza y decid: «Hasta el polvo de vuestro pueblo, que se nos ha pegado a los pies,

nos lo sacudimos sobre vosotros.» «De todos modos, sabed que está cerca el Reino de Dios.» Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para ese pueblo. Los setenta y dos volvieron muy contentos y le dijeron: –Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre. El les contestó: –Veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado potestad para pisotear serpientes y escorpiones y todo el ejército del enemigo. Y no os hará daño alguno. Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo. Palabra del Señor.
O bien más breve:

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 10, 1-9 En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos, y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía: –La mies es abundante y los obreros pocos: rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino. Cuando entréis en una casa, decid primero: «Paz a esta casa.» Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan: porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: «está cerca de vosotros el Reino de Dios.» Palabra del Señor.

DOMINGO XV DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
El mandamiento está muy cerca de ti; cúmplelo

Lectura del libro del Deuteronomio 30, 10-14 Habló Moisés al pueblo diciendo: –Escucha la voz del Señor tu Dios, guardando sus preceptos y mandatos, lo que está escrito en el código de esta ley; conviértete al Señor tu Dios con todo el corazón y con toda el alma. Porque el precepto que yo te mando hoy no es cosa que te exceda ni inalcanzable; no está en el cielo, no vale decir: «¿quién de nosotros subirá al cielo y nos lo traerá y nos lo proclamará, para que lo cumplamos?» Ni está más allá del mar, no vale decir: «¿quién de nosotros cruzará el mar y nos lo traerá y nos lo proclamará, para que lo cumplamos?» El mandamiento está muy cerca de ti: en tu corazón y en tu boca. Cúmplelo. Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 68, 14 y 17. 30-31. 33-34. 36ab y 37 R. Buscad al Señor, y vivirá vuestro corazón. Mi oración se dirige a ti, Dios mío, el día de tu favor; que me escuche tu gran bondad, que tu fidelidad me ayude. Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia, por tu gran compasión vuélvete hacia mí. R. Yo soy un pobre malherido, Dios mío, tu salvación me levante. Alabaré el nombre de Dios con cantos, proclamaré su grandeza con acción de gracias. R. Miradlo, los humildes, y alegraos, buscad al Señor, y vivirá vuestro corazón. Que el Señor escucha a sus pobres, no desprecia a sus cautivos. R. El Señor salvará a Sión, reconstruirá las ciudades de Judá. La estirpe de sus siervos la heredará, los que aman su nombre vivirán en ella. R. SEGUNDA LECTURA
Todo fue creado por él y para él

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Colosenses 1, 15-20

Cristo Jesús es imagen de Dios invisible, primogénito de toda criatura; porque por medio de él fueron creadas todas las cosas: celestes y terrestres, visibles e invisibles. Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades; todo fue creado por él y para él. El es anterior a todo, y todo se mantiene en él. El es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia. El es el principio, el primogénito de entre los muertos, y así es el primero en todo. Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud. Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres: los del cielo y los de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz. Palabra de Dios. Aleluya Jn 6, 64. 69 Tus palabras, Señor, son espíritu y vida; Tú tienes palabras de vida eterna. EVANGELIO
¿Quién es mi prójimo?

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 10, 25-37 En aquel tiempo, se presentó un letrado y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: –Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna? El le dijo: –¿Qué está escrito en la Ley?, ¿qué lees en ella? El letrado contestó: –«Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo.» El le dijo: –Bien dicho. Haz esto y tendrás la vida. Pero el letrado, queriendo aparecer como justo, preguntó a Jesús: –¿Y quién es mi prójimo? Jesús dijo: –Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje, llegó a donde estaba él y, al verlo,

le dio lástima, se le acercó, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente sacó dos denarios y, dándoselos al posadero, le dijo: –Cuida de él y lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta. ¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos? El letrado contestó: –El que practicó la misericordia con él. Díjole Jesús: –Anda, haz tú lo mismo. Palabra del Señor.

DOMINGO XVI DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Señor, no pases de largo junto a tu siervo

Lectura del libro del Génesis 18, 1-10a En aquellos días, el Señor se apareció a Abrahán junto a la encina de Mambré, mientras él estaba sentado a la puerta de la tienda, porque hacía calor. Alzó la vista y vio tres hombres en pie frente a él. Al verlos, corrió a su encuentro desde la puerta de la tienda y se prosternó en tierra, diciendo: –Señor, si he alcanzado tu favor, no pases de largo junto a tu siervo. Haré que traigan agua para que os lavéis los pies y descanséis junto al árbol. Mientras, traeré un pedazo de pan para que cobréis fuerzas antes de seguir, ya que habéis pasado junto a vuestro siervo. Contestaron: –Bien, haz lo que dices. Abrahán entró corriendo en la tienda donde estaba Sara y le dijo: –Aprisa, tres cuartillos de flor de harina, amásalos y haz una hogaza. El corrió a la vacada, escogió un ternero hermoso y se lo dio a un criado para que lo guisase en seguida. Tomó también cuajada, leche, y el ternero guisado y se lo sirvió. Mientras él estaba en pie bajo el árbol, ellos comieron. Después le dijeron:

–¿Dónde está Sara tu mujer? Contestó: –Aquí, en la tienda. Añadió uno: –Cuando vuelva a verte, dentro del tiempo de costumbre, Sara habrá tenido un hijo. Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 14, 2-3ab. 3cd-4ab. 5 R. Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda? El que procede honradamente y practica la justicia, el que tiene intenciones leales y no calumnia con su lengua. R. El que no hace mal a su prójimo ni difama al vecino; el que considera despreciable al impío y honra a los que temen al Señor. R. El que no presta dinero a usura, ni acepta soborno contra el inocente. El que así obra, nunca fallará. R. SEGUNDA LECTURA
El misterio que Dios ha tenido escondido, lo ha revelado ahora a su pueblo santo

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Colosenses 1,24-28 Hermanos: Me alegro de sufrir por vosotros: así completo en mi carne los dolores de Cristo, sufriendo por su cuerpo que es la Iglesia. Dios me ha nombrado ministro de la Iglesia, asignándome la tarea de anunciaros a vosotros su mensaje completo: el misterio que Dios ha tenido escondido desde siglos y generaciones y que ahora ha revelado a su pueblo santo. Dios ha querido dar a conocer a los suyos la gloria y riqueza que este misterio encierra para los gentiles: es decir, que Cristo es para vosotros la esperanza de la gloria. Nosotros anunciamos a ese Cristo; amonestamos a todos, enseñamos a todos, con todos los recursos de la sabiduría,

para que todos lleguen a la madurez en su vida cristiana. Palabra de Dios. Aleluya Cf. Lc 8, 15 Bienaventurados los que con corazón bueno y sano retienen la palabra de Dios, y dan fruto con la paciencia. EVANGELIO
Marta lo recibió en su casa. María ha escogido la parte mejor

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 10, 38-42 En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Esta tenía una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Y Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo: –Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano. Pero el Señor le contestó: –Marta, Marta: andas inquieta y nerviosa con tantas cosas: sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán. Palabra del Señor.

DOMINGO XVII DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
No se enfade mi Señor, si sigo hablando

Lectura del libro del Génesis 18, 20-32 En aquellos días, el Señor dijo: –La acusación contra Sodoma y Gomorra es fuerte y su pecado es grave: voy a bajar, a ver si realmente sus acciones responden a la acusación; y si no, lo sabré. Los hombres se volvieron y se dirigieron a Sodoma, mientras el Señor seguía en compañía de Abrahán. Entonces Abrahán se acercó y dijo a Dios:, –¿Es que vas a destruir al inocente con el culpable? Si hay cincuenta inocentes en la ciudad, ¿los destruirás y no perdonarás al lugar por los

cincuenta inocentes que hay en él? ¡Lejos de ti tal cosa!, matar al inocente con el culpable, de modo que la suerte del inocente sea como la del culpable– ¡lejos de ti! El juez de todo el mundo ¿no hará justicia? El Señor contestó: –Si encuentro en la ciudad de Sodoma cincuenta inocentes, perdonaré a toda la ciudad en atención a ellos. Abrahán respondió: –Me he atrevido a hablar a mi Señor, yo que soy polvo y ceniza. Si faltan cinco para el número de cincuenta inocentes, ¿destruirás, por cinco, toda la ciudad? Respondió el Señor: –No la destruiré, si es que encuentro allí cuarenta y cinco. Abrahán insistió: –Quizá no se encuentren más que cuarenta. –En atención a los cuarenta, no lo haré. Abrahán siguió hablando: –Que no se enfade mi Señor si sigo hablando. ¿Y si se encuentran treinta ? –No lo haré, si encuentro allí treinta. Insistió Abrahán: –Me he atrevido a hablar a mi Señor, ¿y si se encuentran veinte? Respondió el Señor: –En atención a los veinte no la destruiré. Abrahán continuó: –Que no se enfade mi Señor si hablo una vez más. ¿Y si se encuentran diez? Contestó el Señor: En atención a los diez no la destruiré. Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 137, 1-2a. 2bc-3. 6-7ab. 7c-8 R. Cuando te invoqué, Señor, me escuchaste. Te doy gracias, Señor, de todo corazón; delante de los ángeles tañeré para ti, me postraré hacia tu santuario. R. Daré gracias a tu nombre, por tu misericordia y tu lealtad, porque tu promesa supera a tu fama. Cuando te invoqué, me escuchaste, acreciste el valor en mi alma. R. El Señor es sublime, se fija en el humilde, y de lejos conoce al soberbio.

Cuando camino entre peligros, me conservas la vida. R. Extiendes tu brazo contra la ira de mi enemigo y tu derecha me salva. El Señor completará sus favores conmigo: Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos. R. SEGUNDA LECTURA
Os dio vida en Cristo, perdonándoos todos los pecados

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Colosenses 2, 12- 14 Hermanos: Por el bautismo fuisteis sepultados con Cristo y habéis resucitado con él, porque habéis creído en la fuerza de Dios que lo resucitó. Estabais muertos por vuestros pecados, porque no estabais circuncidados; pero Dios os dio vida en Cristo, perdonándoos todos los pecados. Borró el protocolo que nos condenaba con sus cláusulas y era contrario a nosotros; lo quitó de en medio, clavándolo en la cruz. Palabra de Dios. Aleluya Rm 8, 15 Habéis recibido el Espíritu de adopción de hijos; en el que clamamos: Abba, Padre. EVANGELIO
Pedid y se os dará

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 11, 1-13 Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: –Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos. El les dijo: –Cuando oréis decid: «Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan del mañana, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo, y no nos dejes caer en la tentación.» Y les dijo: –Si alguno de vosotros tiene un amigo y viene durante la medianoche

para decirle: «Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle.» Y, desde dentro, el otro le responde: «No me molestes; la puerta está cerrada; mis niños y yo estamos acostados: no puedo levantarme para dártelos.» Si el otro insiste llamando, yo os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por la importunidad se levantará y le dará cuanto necesite. Pues así os digo a vosotros: Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide, recibe, quien busca, halla, y al que llama se le abre. ¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pez, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden? Palabra del Señor.

DOMINGO XVIII DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
¿Qué saca el hombre de todo su trabajo?

Lectura del libro del Eclesiastés 1, 2; 2, 21-23 Vaciedad sin sentido, dice el Predicador, vaciedad sin sentido; todo es vaciedad. Hay quien trabaja con destreza, con habilidad y acierto, y tiene que legarle su porción al que no la ha trabajado.

También esto es vaciedad y gran desgracia. ¿Qué saca el hombre de todo su trabajo y de los afanes con que trabaja bajo el sol? De día dolores, penas y fatigas; de noche no descansa el corazón. También esto es vaciedad. Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 94, 1-2. 6-7. 8-9 R. Escucharemos tu voz, Señor. Venid, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva; entremos a su presencia dándole gracias, vitoreándolo al son de instrumentos. R. Entrad, postrémonos por tierra, bendiciendo al Señor, creador nuestro. Porque él es nuestro Dios y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía. R. Ojalá escuchéis hoy su voz: «No, endurezcáis el corazón como en Meribá, como el día de Masá en el desierto, cuando vuestros padres me pusieron a prueba y me tentaron, aunque hablan visto mis obras.» R. SEGUNDA LECTURA
Buscad los bienes de arriba, donde está Cristo

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Colosenses 3, 1-5. 9-11 Hermanos: Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra. Porque habéis muerto; y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también vosotros apareceréis, juntamente con él, en gloria. Dad muerte a todo lo terreno que hay en vosotros: la fornicación, la impureza, la pasión, la codicia, y la avaricia, que es una idolatría. No sigáis engañándoos unos a otros. Despojaos de la vieja condición humana, con sus obras, y revestíos de la nueva condición, que se va renovando como imagen de su creador, hasta llegar a conocerlo. En este orden nuevo no hay distinción entre judíos y gentiles,

circuncisos e incircuncisos, bárbaros y escitas, esclavos y libres; porque Cristo es la síntesis de todo y está en todos. Palabra de Dios. Aleluya Mt 5, 3 Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos. EVANGELIO
Lo que has acumulado, ¿de quién será?

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 12, 13-21 En aquel tiempo, dijo uno del público a Jesús: –Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia. El le contestó: –Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre vosotros? Y dijo a la gente: –Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes. Y les propuso una parábola: –Un hombre rico tuvo una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos: ¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha. Y se dijo: Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el grano y el resto de mi cosecha. Y entonces me diré a mí mismo: «Hombre, tienes bienes acumulados para muchos años: túmbate, come, bebe, y date buena vida.» Pero Dios le dijo: «Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado ¿de quién será?» Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios. Palabra del Señor.

DOMINGO XIX DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Castigaste a los enemigos y nos honraste llamándonos a ti

Lectura del libro de la Sabiduría 18, 6-9

Aquella noche se les anunció de antemano a nuestros padres, para que tuvieran ánimo al conocer con certeza la promesa de que se fiaban. Tu pueblo esperaba ya la salvación de los inocentes y la perdición de los culpables. Pues con una misma acción castigabas a los enemigos y nos honrabas llamándonos a ti. Los hijos piadosos de un pueblo justo ofrecían sacrificios a escondidas y de común acuerdo se imponían esta ley sagrada: que todos los santos serían solidarios en los peligros y en los bienes; y empezaron a entonar los himnos tradicionales. Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 32, 1 y 12. 18-19. 20 y 22 R. Dichoso el pueblo a quien Dios escogió. Aclamad, justos, al Señor, que merece la alabanza de los buenos; dichosa la nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo que él se escogió como heredad. R. Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, en los que esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre. R. Nosotros aguardamos al Señor: él es nuestro auxilio y escudo; que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti. R. SEGUNDA LECTURA
Esperaba la ciudad cuyo arquitecto y constructor iba a ser Dios

Lectura de la carta a los Hebreos 11, 1-2. 8-19 Hermanos: La fe es seguridad de lo que se espera, y prueba de lo que no se ve. Por su fe son recordados los antiguos: por fe obedeció Abrahán a la llamada y salió hacia la tierra que iba a recibir en heredad. Salió sin saber adonde iba. Por fe vivió como extranjero en la tierra prometida, habitando en tiendas –y lo mismo Isaac y Jacob, herederos de la misma promesa– mientras esperaba la ciudad de sólidos cimientos cuyo arquitecto y constructor iba a ser Dios. Por fe también Sara, cuando ya le había pasado la edad,

obtuvo fuerza para fundar un linaje, porque se fió de la promesa. Y así, de una persona, y ésa estéril, nacieron hijos numerosos, como las estrellas del cielo y como la arena incontable de las playas. Con fe murieron todos éstos, sin haber recibido la tierra prometida; pero viéndola y saludándola de lejos, confesando que eran huéspedes y peregrinos en la tierra. Es claro que los que así hablan, están buscando una patria; pues si añoraban la patria de donde habían salido, estaban a tiempo para volver. Pero ellos ansiaban una patria mejor, la del cielo. Por eso Dios no tiene reparo en llamarse su Dios: porque les tenía preparada una ciudad. Por fe Abrahán, puesto a prueba, ofreció a Isaac: y era su hijo único lo que ofrecía, el destinatario de la promesa, del cual le había dicho Dios: «Isaac continuará tu descendencia.» Pero Abrahán pensó que Dios tiene poder hasta para resucitar muertos. Y así recobró a Isaac como figura del futuro. Palabra de Dios.
O bien más breve:

Lectura de la carta a los Hebreos 11, 1-2. 8-12 Hermanos: La fe es seguridad de lo que se espera, y prueba de lo que no se ve. Por su fe son recordados los antiguos: por fe obedeció Abrahán a la llamada y salió hacia la tierra que iba a recibir en heredad. Salió sin saber adonde iba. Por fe vivió como extranjero en la tierra prometida, habitando en tiendas –y lo mismo Isaac y Jacob, herederos de la misma promesa– mientras esperaba la ciudad de sólidos cimientos

cuyo arquitecto y constructor iba a ser Dios. Por fe también Sara, cuando ya le había pasado la edad, obtuvo fuerza para fundar un linaje, porque se fió de la promesa. Y así, de una persona, y ésa estéril, nacieron hijos numerosos, como las estrellas del cielo y como la arena incontable de las playas. Palabra de Dios. Aleluya Mt 24, 42.44 Velad y estad preparados, porque a la hora que menos penséis ha de venir el Hijo del hombre. EVANGELIO
Estad preparados

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 12, 32-48 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: No temas, pequeño rebaño; porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino. Vended vuestros bienes, y dad limosna; haceos talegas que no se echen a perder, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón. Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas: Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle, apenas venga y llame. Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela: os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo. Y si llega entrada la noche o de madrugada, y los encuentra así, dichosos ellos. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete. Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis, viene el Hijo del Hombre. Pedro le preguntó: –Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos? El Señor le respondió: –¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas ? Dichoso el criado a quien su amo al llegar lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes.

Pero si el empleado piensa: «Mi amo tarda en llegar», y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse; llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles. El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra, recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos. Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá. Palabra del Señor.
O bien más breve:

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 12, 35-40 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas: Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle, apenas venga y llame. Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela: os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo. Y si llega entrada la noche o de madrugada, y los encuentra así, dichosos ellos. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete. Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis, viene el Hijo del Hombre. Palabra del Señor.

DOMINGO XX DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Me engendraste hombre de pleitos para todo el país

Lectura del Profeta Jeremías 38, 4-6. 8-10 En aquellos días, los príncipes dijeron al rey: –Muera ese Jeremías, porque está desmoralizando a los soldados que quedan en la ciudad, y a todo el pueblo, con semejantes discursos. Ese hombre no busca el bien del pueblo, sino su desgracia. Respondió el rey Sedecías:

–Ahí lo tenéis, en vuestro poder: El rey no puede nada contra vosotros. Ellos cogieron a Jeremías y lo arrojaron en el aljibe de Melquías, príncipe real, en el patio de la guardia, descolgándolo con sogas. En el aljibe no había agua, sino lodo, y Jeremías se hundió en el lodo. Ebedmelek salió del palacio y habló al rey: –Mi rey y señor, esos hombres han tratado inicuamente al profeta Jeremías, arrojándolo al aljibe, donde morirá de hambre (porque no quedaba pan en la ciudad). Entonces el rey ordenó a Ebedmelek: –Toma tres hombres a tu mando, y sacad al profeta Jeremías del aljibe, antes de que muera. Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 39. 2. 3. 4. 18 R. Señor, date prisa en socorrerme. Yo esperaba con ansia al Señor; él se inclinó y escuchó mi grito. R. Me levantó de la fosa fatal, de la charca fangosa; afianzó mis pies sobre roca y aseguro mis pasos. R. Me puso en la boca un cántico nuevo, un himno a nuestro Dios. Muchos al verlo quedaron sobrecogidos y confiaron en el Señor. R. Yo soy pobre y desgraciado, pero el Señor se cuida de mí; tú eres mi auxilio y mi liberación, Dios mío, no tardes. R. SEGUNDA LECTURA
Corramos la carrera que nos toca, sin retirarnos

Lectura de la carta a los Hebreos 12, 1-4 Hermanos: Una nube ingente de espectadores nos rodea: por tanto, quitémonos lo que nos estorba y el pecado que nos ata, y corramos en la carrera que nos toca, sin retirarnos, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe: Jesús, que renunciando al gozo inmediato, soportó la cruz, sin miedo a la ignominia, y ahora está sentado a la derecha del Padre.

Recordad al que soportó la oposición de los pecadores, y no os canséis ni perdáis el ánimo. Todavía no habéis llegado a la sangre en vuestra pelea contra el pecado. Palabra de Dios. Aleluya Jn 10, 27 Mis ovejas oyen mi voz, dice el Señor; y Yo las conozco y me siguen. EVANGELIO
No he venido a traer paz, sino división

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 12, 49-53 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: He venido a prender fuego en el mundo: ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla! ¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división. En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos: el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra. Palabra del Señor.

DOMINGO XXI DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Traerán a todos vuestros hermanos de entre todas las naciones

Lectura del Profeta Isaías 66, 18-21 Esto dice el Señor: Yo vendré para reunir a las naciones de toda lengua: vendrán para ver mi gloria, les daré una señal, y de entre ellos despacharé supervivientes a las naciones: a Tarsis, Etiopía, Libia, Masac, Tubal y Grecia; a las costas lejanas que nunca oyeron mi fama

ni vieron mi gloria: y anunciarán mi gloria a las naciones. Y de todos los países, como ofrenda al Señor, traerán a todos vuestros hermanos a caballo y en carros y en literas, en mulos y dromedarios, hasta mi Monte Santo de Jerusalén –dice el Señor–, como los israelitas, en vasijas puras, traen ofrendas al templo del Señor. De entre ellos escogeré sacerdotes y levitas –dice el Señor–. Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 116, 1. 2 R. Id al mundo entero y predicad el Evangelio.
O bien:

Aleluya. Alabad al Señor todas las naciones, aclamadlo, todos los pueblos. R. Firme es su misericordia con nosotros, su fidelidad dura por siempre. R. SEGUNDA LECTURA
El Señor reprende a los que ama

Lectura de la carta a los Hebreos 12, 5-7. 11-13 Hermanos: Habéis olvidado. la exhortación paternal que os dieron: «Hijo mío, no rechaces el castigo del Señor, no te enfades por su reprensión; porque el Señor reprende a los que ama y castiga a sus hijos preferidos.» Aceptad la corrección, porque Dios os trata como a hijos, pues, ¿qué padre no corrige a sus hijos? Ningún castigo nos gusta cuando lo recibimos, sino que nos duele; pero después de pasar por él, nos da como fruto una vida honrada y en paz. Por eso, fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes, y caminad por una senda llana: así el pie cojo, en vez de retorcerse, se curará.

Palabra de Dios. Aleluya Jn 14, 5 Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida, dice el Señor; nadie viene al Padre, sino por Mí. EVANGELIO
Vendrán de Oriente y Occidente y se sentarán a la mesa en el Reino de Dios

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 13, 22-30 En aquel tiempo, Jesús, de camino hacia Jerusalén, recorría ciudades y aldeas enseñando. Uno le preguntó: –Señor, ¿serán pocos los que se salven? Jesús les dijo: –Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta diciendo: «Señor, ábrenos» y él os replicará: «No sé quiénes sois.» Entonces comenzaréis a decir: «Hemos comido y bebido contigo y tú has enseñado en nuestras plazas.» Pero él os replicará: «No sé quiénes sois. Alejaos de mí, malvados.» Entonces será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios y vosotros os veáis echados fuera. Y vendrán de Oriente y Occidente, del Norte y del Sur y se sentarán a la mesa en el Reino de Dios. Mirad: hay últimos que serán primeros y primeros que serán últimos. Palabra del Señor.

DOMINGO XXII DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Hazte pequeño y alcanzarás el favor de Dios

Lectura del libro del Eclesiástico 3, 19-21. 30-31 Hijo mío, en tus asuntos procede con humildad y te querrán más que al hombre generoso. Hazte pequeño en las grandezas humanas, y alcanzarás el favor de Dios; porque es grande la misericordia de Dios, y revela sus secretos a los humildes.

No corras a curar la herida del cínico, pues no tienen cura, es brote de mala planta. El sabio aprecia las sentencias de los sabios, l oído atento a la sabiduría se alegrará. Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 67, 4-5ac. 6-7ab. 10-11 R. Has preparado, Señor, tu casa a los desvalidos. Los justos se alegran, gozan en la presencia de Dios, rebosando de alegría. Cantad a Dios, tocad en su honor, alegraos en su presencia. R. Padre de huérfanos, protector de viudas, Dios vive en su santa morada. Dios prepara casa a los desvalidos, libera a los cautivos y los enriquece. R. Derramaste en tu heredad, oh Dios, una lluvia copiosa, aliviaste la tierra extenuada; y tu rebaño habitó en la tierra que tu bondad, oh Dios, preparó para los pobres. R. SEGUNDA LECTURA
Os habéis acercado al monte Sión, ciudad del Dios vivo

Lectura de la carta a los Hebreos 12, 18-19. 22-24a Hermanos: Vosotros no os habéis acercado a un monte tangible, a un fuego encendido, a densos nubarrones, a la tormenta, al sonido de la trompeta; ni habéis oído aquella voz que el pueblo, al oírla, pidió que no les siguiera hablando. Vosotros os habéis acercado al monte Sión, ciudad del Dios vivo, Jerusalén del cielo, a la asamblea de innumerables ángeles,

a la congregación de los primogénitos inscritos en el cielo, a Dios, juez de todos, a las almas de los justos que han llegado a su destino y al Mediador de la nueva alianza, Jesús. Palabra de Dios. Aleluya Mt 11, 29 Llevad mi yugo sobre vosotros, dice el Señor, y aprended de Mí que soy manso y humilde de corazón. EVANGELIO
Todo el que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 14, 1. 7-14 Entró Jesús un sábado en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando. Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les propuso este ejemplo: –Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y vendrá el que os convidó a ti y al otro, y te dirá: Cédele el puesto a éste. Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto. Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga: Amigo, sube más arriba. Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales. Porque todo el que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido. Y dijo al que lo había invitado: –Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos ni a tus hermanos ni a tus parientes ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote y quedarás pagado. Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; dichoso tú, porque no pueden pagarte; te pagarán cuando resuciten los justos. Palabra del Señor.

DOMINGO XXIII DEL TIEMPO ORDINARIO

PRIMERA LECTURA
¿Quién comprende lo que Dios quiere?

Lectura del libro de la Sabiduría 9, 13-19 ¿Qué hombre conoce el designio de Dios, quién comprende lo que Dios quiere? Los pensamientos de los mortales son mezquinos y nuestros razonamientos son falibles; porque el cuerpo mortal es lastre del alma y la tienda terrestre abruma la mente que medita. Apenas conocemos las cosas terrenas y con trabajo encontramos lo que está a mano: ¿Pues quién rastreará las cosas del cielo, quién conocerá tu designio, si tú no le das sabiduría enviando tu Santo Espíritu desde el cielo? Sólo así serán rectos los caminos de los terrestres, los hombres aprenderán lo que te agrada; y se salvarán con la sabiduría los que te agradan, Señor, desde el principio. Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 89, 3-4- 5-6. 12-13. 14 y 17 R. Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación. Tú reduces el hombre a polvo, diciendo: «Retornad, hijos de Adán.» Mil años en tu presencia son un ayer, que pasó, una vela nocturna. R. Los siembras año por año, como hierba que se renueva; que florece y se renueva por la mañana, y por la tarde la siegan y se seca. R. Enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato. Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo? Ten compasión de tus siervos. R. Por la mañana sácianos de tu misericordia, y toda nuestra vida será alegría y júbilo; baje a nosotros la bondad del Señor y haga prósperas las obras de nuestras manos. R.

SEGUNDA LECTURA
Recíbelo no como esclavo, sino como hermano querido

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a Filemón 9b-10. 12-17 Querido hermano: Yo, Pablo, anciano y prisionero por Cristo Jesús, te recomiendo a Onésimo, mi hijo, a quien he engendrado en la prisión; te lo envío como algo de mis entrañas. Me hubiera gustado retenerlo junto a mí, para que me sirviera en tu lugar en esta prisión que sufro por el Evangelio; pero no he querido retenerlo sin contar contigo: así me harás este favor no a la fuerza, sino con toda libertad. Quizá se apartó de ti para que le recobres ahora para siempre; y no como esclavo, sino mucho mejor: como hermano querido. Si yo lo quiero tanto, cuánto más lo has de querer tú, como hombre y como cristiano. Si me consideras compañero tuyo, recíbelo a él como a mí mismo. Palabra de Dios. Aleluya Sal 118, 135 Brille tu faz, Señor, sobre tu siervo, y enséñame tus leyes. EVANGELIO
El que no renuncia a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 14, 25-33 En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo: –Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no lleve su cruz detrás de mí, no puede ser discípulo mío. Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: «Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar.»

¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz. Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío. Palabra del Señor.

DOMINGO XXIV DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
El Señor se arrepintió de la amenaza que había pronunciado

Lectura del libro del Éxodo 32, 7-11. 13-14 En aquellos días dijo el Señor a Moisés: –Anda, baja del monte, que se ha pervertido tu pueblo, el que tú sacaste de Egipto. Pronto se han desviado del camino que yo les había señalado. Se han hecho un toro de metal, se postran ante él, le ofrecen sacrificios y proclaman: «Este es tu Dios, Israel, el que te sacó de Egipto.» Y el Señor añadió a Moisés: –Veo que este pueblo es un pueblo de dura cerviz. Por eso déjame: mi ira se va a encender contra ellos hasta consumirlos. Y de ti haré un gran pueblo. Entonces Moisés suplicó al Señor su Dios: –¿Por qué, Señor, se va a encender tu ira contra tu pueblo, que tú sacaste de Egipto con gran poder y mano robusta? Acuérdate de tus siervos, Abrahán, Isaac y Jacob a quienes juraste por ti mismo diciendo: «Multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo, y toda esta tierra de que he hablado se la daré a vuestra descendencia para que la posea por siempre.» Y el Señor se arrepintió de la amenaza que había pronunciado contra su pueblo. Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 50, 3-4. 12-13. 17 y 19 R. Me pondré en camino adonde está mi padre. Misericordia, Dios mío, por tu bondad,

por tu inmensa compasión borra mi culpa. Lava del todo mi delito, limpia mi pecado. R. Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme; no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu. R. Señor, me abrirás los labios, y mi boca proclamará tu alabanza. Mi sacrificio es un espíritu quebrantado, un corazón quebrantado y humillado tú no lo desprecias. R. SEGUNDA LECTURA
Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a Timoteo 1, 12-17 Doy gracias a Cristo Jesús nuestro Señor que me hizo capaz, se fió de mí y me confió este ministerio. Eso que yo antes era un blasfemo, un perseguidor y un violento. Pero Dios tuvo compasión de mí, porque yo no era creyente y no sabía lo que hacía. Dios derrochó su gracia en mí, dándome la fe y el amor cristiano. Podéis fiaros y aceptar sin reserva lo que os digo: Que Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, y yo soy el primero. Y por eso se compadeció de mí: para que en mí, el primero, mostrara Cristo toda su paciencia, y pudiera ser modelo de todos los que creerán en él y tendrán vida eterna. Al rey de los siglos, inmortal, invisible, único Dios, honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén. Palabra de Dios. Aleluya 2Co 5, 19 Dios estaba en Cristo reconciliando el mundo consigo, y puso en nosotros la palabra de la reconciliación.

EVANGELIO
Habrá alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 15, 1-32 En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los letrados murmuraban entre ellos: –Ese acoge a los pecadores y come con ellos. Jesús les dijo esta parábola: –Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles: –¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido. Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse. Y si una mujer tiene diez monedas y se le pierde una, ¿no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, reúne a las vecinas para decirles: –¡Felicitadme!, he encontrado la moneda que se me había perdido. Os digo que la misma alegría habrá entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta. También les dijo: Un hombre tenía dos hijos: el menor de ellos dijo a su padre: –Padre, dame la parte que me toca de la fortuna. El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país, que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer. Recapacitando entonces se dijo: –Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: «Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros.» Se puso en camino adonde estaba su padre: cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y echando a correr, se le echó al cuello, y se puso a besarlo. Su hijo le dijo:

–Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo. Pero el padre dijo a sus criados: –Sacad en seguida el mejor traje, y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado. Y empezaron el banquete. Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. Este le contestó: –Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud. El se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre: –Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado. El padre le dijo: –Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido, estaba perdido, y lo hemos encontrado. Palabra del Señor.
O bien más breve:

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 15, 1-10 En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los letrados murmuraban entre ellos: –Ese acoge a los pecadores y come con ellos. Jesús les dijo esta parábola: –Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles: –¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido. Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse.

Y si una mujer tiene diez monedas y se le pierde una, ¿no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, reúne a las vecinas para decirles: –¡Felicitadme!, he encontrado la moneda que se me había perdido. Os digo que la misma alegría habrá entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta. Palabra del Señor.

DOMINGO XXV DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Contra los que compran por dinero al pobre

Lectura del Profeta Amós 8, 4-7 Escuchad esto los que exprimís al pobre, despojáis a los miserables, diciendo: ¿cuándo pasará la luna nueva para vender el trigo, y el sábado para ofrecer el grano? Disminuís la medida, aumentáis el precio, usáis balanzas con trampa, compráis por dinero al pobre, al mísero por un par de sandalias, vendiendo hasta el salvado del trigo. jura el Señor por la Gloria de Jacob que no olvidará jamás vuestras acciones. Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 112, 1-2. 4-6. 7-8 R. Alabad al Señor, que ensalza al pobre.
O bien:

Aleluya. Alabad, siervos del Señor, alabad el nombre del Señor. Bendito sea el nombre del Señor, ahora y por siempre. R. El Señor se eleva sobre todos los pueblos, su gloria sobre el cielo; ¿quién como el Señor Dios nuestro

que se eleva en su trono y se abaja para mirar al cielo y a la tierra? R. Levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre, para sentarlo con los príncipes, los príncipes de su pueblo. R. SEGUNDA LECTURA
Pedid por todos los hombres a Dios, que quiere que todos se salven

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a Timoteo 2, 1-8 Te ruego, pues, lo primero de todo, que hagáis oraciones, plegarias, súplicas, acciones de gracias por todos los hombres, por los reyes y por todos los que están en el mando, para que podamos llevar una vida tranquila y apacible, con toda piedad y decoro. Eso es bueno y grato ante los ojos de nuestro Salvador, Dios, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. Pues Dios es uno, y uno solo es el mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús, que se entregó en rescate por todos: éste es el testimonio en el tiempo apropiado: para él estoy puesto como anunciador y apóstol –digo la verdad, no miento–, maestro de los paganos en fe y verdad. Encargo a los hombres que recen en cualquier lugar alzando las manos limpias de ira y divisiones. Palabra de Dios. Aleluya 2Co 8, 9 Jesucristo se hizo pobre siendo rico, a fin de que vosotros fueseis ricos por su pobreza. EVANGELIO
No podéis servir a Dios y al dinero

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 16, 1-13 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Un hombre rico tenía un administrador y le llegó la denuncia de que derrochaba sus bienes. Entonces lo llamó y le dijo: –¿Qué es eso que me cuentan de ti? Entrégame el balance de tu gestión, porque quedas despedido. El administrador se puso a echar sus cálculos: – ¿Qué voy a hacer ahora que mi amo me quita el empleo? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar, me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer

para que cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa. Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo, y dijo al primero: ¿Cuánto debes a mi amo? Este respondió: – Cien barriles de aceite. El le dijo: – Aquí está tu recibo: aprisa, siéntate y escribe «cincuenta». Luego dijo a otro: – Y tú, ¿cuánto debes? El contestó: – Cien fanegas de trigo. Le dijo: – Aquí está tu recibo: Escribe «ochenta». Y el amo felicitó al administrador injusto, por la astucia con que había procedido. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz. Y yo os digo: Ganaos amigos con el dinero injusto, para que cuando os falte, os reciban en las moradas eternas. El que es de fiar en lo menudo, también en lo importante es de fiar; el que no es honrado en lo menudo, tampoco en lo importante es honrado. Si no fuisteis de fiar en el vil dinero, ¿quién os confiará lo que vale de veras? Si no fuisteis de fiar en lo ajeno, ¿lo vuestro quién os lo dará ? Ningún siervo puede servir a dos amos: porque o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero. Palabra del Señor.
O bien más breve:

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 16, 10-13 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: El que es de fiar en lo menudo, también en lo importante es de fiar; el que no es honrado en lo menudo, tampoco en lo importante es honrado. Si no fuisteis de fiar en el vil dinero, ¿quién os confiará lo que vale de veras? Si no fuisteis de fiar en lo ajeno, ¿lo vuestro quién os lo dará ? Ningún siervo puede servir a dos amos: porque o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero. Palabra del Señor.

DOMINGO XXVI DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Los que lleváis una vida disoluta, iréis al destierro

Lectura del Profeta Amós 6, 1a. 4-7 Esto dice el Señor todopoderoso: Ay de los que se fían de Sión, confían en el monte de Samaría. Os acostáis en lechos de marfil, tumbados sobre las camas, coméis los carneros del rebaño y las terneras del establo; canturreáis al son del arpa, inventáis, como David, instrumentos musicales, bebéis vinos generosos, os ungís con los mejores perfumes, y no os doléis de los desastres de José. Por eso irán al destierro, a la cabeza de los cautivos. Se acabó la orgía de los disolutos. Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 145, 7. 8-9a. 9bc-10 R. Alaba, alma mía, al Señor. El hace justicia a los oprimidos, da pan a los hambrientos, liberta a los cautivos. R. El Señor abre los ojos al ciego, el Señor endereza a los que ya se doblan, el Señor ama a los justos, el Señor guarda a los peregrinos. R. Sustenta al huérfano y a la viuda, y trastorna el camino de los malvados. El Señor reina eternamente, tu Dios, Sión, de edad en edad. R. SEGUNDA LECTURA
Guarda el Mandamiento, hasta la venida del Señor

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a Timoteo 6, 11-16 Hermano, siervo de Dios: Practica la justicia, la religión, la fe, el amor, la paciencia, la delicadeza. Combate el buen combate de la fe. Conquista la vida eterna a la que fuiste llamado, y de la que hiciste noble profesión ante muchos testigos. Y ahora, en presencia de Dios que da la vida al universo y de Cristo Jesús que dio testimonio ante Poncio Pilato: te insisto en que guardes el Mandamiento sin mancha ni reproche, hasta la venida de Nuestro Señor Jesucristo, que en tiempo oportuno mostrará el bienaventurado y único Soberano, Rey de los reyes y Señor de los señores, el único poseedor de la inmortalidad, que habita en una luz inaccesible a quien ningún hombre ha visto ni puede ver. A él honor e imperio eterno. Amén. Palabra de Dios. Aleluya 2Co 8, 9 Jesucristo se hizo pobre siendo rico, a fin de que vosotros fueseis ricos por su pobreza. EVANGELIO
Tú recibiste bienes y Lázaro males; ahora él encuentra consuelo, mientras que tú padeces

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 16, 19-31 En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: –Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico, pero nadie se lo daba. Y hasta los perros se le acercaban a lamerle las llagas. Sucedió que se murió el mendigo y los ángeles lo llevaron al seno de Abrahán. Se murió también el rico y lo enterraron. Y estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantando los ojos, vio de lejos a Abrahán y a Lázaro en su seno, y gritó: –Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas. Pero Abrahán le contestó: –Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida y Lázaro a su vez males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces. Y además entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que no puedan cruzar, aunque quieran, desde aquí hacia vosotros, ni

puedan pasar de ahí hasta nosotros. El rico insistió: –Te ruego, entonces, padre, que mandes a Lázaro a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que, con su testimonio, evites que vengan también ellos a este lugar de tormento. Abrahán le dice: –Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen. El rico contestó: –No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a verlos, se arrepentirán. Abrahán le dijo: –Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto. Palabra del Señor.

DOMINGO XXVII DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
El justo vivirá por su fe

Lectura del Profeta Habacuc 1, 2-3; 2, 2-4 ¿Hasta cuándo clamaré, Señor, sin que me escuches? ¿Te gritaré «Violencia», sin que me salves ? ¿Por qué me haces ver desgracias, me muestras trabajos, violencias y catástrofes, surgen luchas, se alzan contiendas? El Señor me respondió así: Escribe la visión, grábala en tablillas, de modo que se lea de corrido. La visión espera su momento, se acerca su término y no fallará; si tarda, espera, porque ha de llegar sin retrasarse. El injusto tiene el alma hinchada, pero el justo vivirá por su fe. Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 94, 1-2. 6-7. 8-9

R. Escucharemos tu voz, Señor. Venid, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva; entremos a su presencia dándole gracias, vitoreándolo al son de instrumentos. R. Entrad, postrémonos por tierra, bendiciendo al Señor, creador nuestro. Porque él es nuestro Dios y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía. R. «No endurezcáis el corazón como en Meribá, como el día de Masá en el desierto, cuando vuestros padres me pusieron a prueba y me tentaron, aunque habían visto mis obras.» R. SEGUNDA LECTURA
No tengas miedo de dar la cara por nuestro Señor

Lectura de la segunda carta del Apóstol San Pablo a Timoteo 1, 6-8. 13-14 Querido hermano: Aviva el fuego de la gracia de Dios que recibiste cuando te impuse las manos; porque Dios no nos ha dado un espíritu cobarde, sino un espíritu de energía, amor y buen juicio. No tengas miedo de dar la cara por nuestro Señor y por mí, su prisionero. Toma parte en los duros trabajos del Evangelio según las fuerzas que Dios te dé. Ten delante la visión que yo te di con mis palabras sensatas, y vive con fe y amor cristiano. Guarda este tesoro con la ayuda del Espíritu Santo que habita en nosotros. Palabra de Dios. Aleluya 1P 1, 25 La palabra del Señor permanece para siempre: y ésta es la palabra que os ha sido evangelizada. EVANGELIO
¡Si tuvierais fe ... !

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 17, 5-10 En aquel tiempo, los Apóstoles dijeron al Señor:

–Auméntanos la fe. El Señor contestó: –Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: «Arráncate de raíz y plántate en el mar», y os obedecería. Suponed que un criado vuestro trabaja como labrador o como pastor, cuando vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice: «En seguida, ven y ponte a la mesa?» ¿No le diréis: «Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo; y después comerás y beberás tú?» ¿Tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: Cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid: «Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer.» Palabra del Señor.

DOMINGO XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Volvió Naamán a Eliseo, y alabó al Señor

Lectura del segundo libro de los Reyes 5, 14-17 En aquellos días, Naamán el sirio bajó y se bañó siete veces en el Jordán, como se lo había mandado Eliseo, el hombre de Dios, y su carne quedó limpia de la lepra, como la de un niño. Volvió con su comitiva al hombre de Dios y se le presentó diciendo: –Ahora reconozco que no hay dios en toda la tierra mas que el de Israel. Y tú acepta un presente de tu servidor. Contestó Eliseo: –Juro por Dios, a quien sirvo, que no aceptaré nada. Y aunque le insistía, lo rehusó. Naamán dijo: –Entonces, que entreguen a tu servidor una carga de tierra, que pueda llevar un par de mulas; porque en adelante tu servidor no ofrecerá holocaustos ni sacrificios de comunión a otro dios que no sea el Señor. Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 97. 1. 2-3ab. 3cd-4 R. El Señor revela a las naciones su justicia.

Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas. R. Su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo; el Señor da a conocer su victoria, revela a las naciones su justicia: se acordó de su misericordia y su fidelidad en favor de la casa de Israel. R. Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios. Aclama al Señor, tierra entera, gritad, vitoread, tocad. R. SEGUNDA LECTURA
Si perseveramos, reinaremos con Cristo

Lectura de la segunda carta del Apóstol San Pablo a Timoteo 2,8-13 Querido hermano: Haz memoria de Jesucristo el Señor, resucitado de entre los muertos, nacido del linaje de David. Este ha sido mi Evangelio, por el que sufro hasta llevar cadenas, como un malhechor. Pero la palabra de Dios no está encadenada. Por eso lo aguanto todo por los elegidos, para que ellos también alcancen la salvación, lograda por Cristo Jesús, con la gloria eterna. Es doctrina segura: Si morimos con él, viviremos con él. Si perseveramos, reinaremos con él. Si lo negamos, también él nos negará. Si somos infieles, él permanece fiel, porque no puede negarse a sí mismo. Palabra de Dios. Aleluya 1Ts 5, 18 Con todo dad gracias, porque ésta es la voluntad de Dios en Jesucristo para con todos vosotros. EVANGELIO
¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 17, 11-19

Yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaría y Galilea. Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: –Jesús, maestro, ten compasión de nosotros. Al verlos, les dijo: –Id a presentaros a los sacerdotes. Y mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos, y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias. Este era un samaritano. Jesús tomó la palabra y dijo: –¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios? Y le dijo: –Levántate, vete: tu fe te ha salvado. Palabra del Señor.

DOMINGO XXIX DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Mientras Moisés tenía en alto la mano, vencía Israel

Lectura del libro del Éxodo 17, 8-13 En aquellos días, Amalec vino y atacó a los israelitas en Rafidín. Moisés dijo a Josué: –Escoge unos cuantos hombres, haz una salida y ataca a Amalec. Mañana yo estaré en pie en la cima del monte con el bastón maravilloso en la mano. Hizo Josué lo que le decía Moisés y atacó a Amalec; Moisés, Aarón y Jur subieron a la cima del monte. Mientras Moisés tenía en alto la mano, vencía Israel; mientras la tenía bajada, vencía Amalec. Y como le pesaban las manos, sus compañeros cogieron una piedra y se la pusieron debajo para que se sentase,– Aarón y Jur le sostenían los brazos, uno a cada lado. Así sostuvo en alto las manos hasta la puesta del sol. Josué derrotó a Amalec y a su tropa, a filo de espada. Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 120, 1-2, 3-4, 5-6, 7-8

R. El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra. Levanto mis ojos a los montes: ¿de dónde me vendrá el auxilio?, el auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra. R. No permitirá que resbale tu pie, tu guardián no duerme; no duerme ni reposa el guardián de Israel. R. El Señor te guarda a su sombra, está a tu derecha; de día el sol no te hará daño, ni la luna de noche. R. El Señor te guarda de todo mal, él guarda tu alma; el Señor guarda tus entradas y salidas, ahora y por siempre. R. SEGUNDA LECTURA
El hombre de Dios estará perfectamente equipado para toda obra buena

Lectura de la segunda carta del Apóstol San Pablo a Timoteo 3, 14–4, 2 Querido hermano: Permanece en lo que has aprendido y se te ha confiado; sabiendo de quién lo aprendiste, y que de niño conoces la Sagrada Escritura: Ella puede darte la sabiduría que por la fe en Cristo Jesús conduce a la salvación. Toda Escritura inspirada por Dios es también útil para enseñar, para reprender, para corregir, para educar en la virtud: así el hombre de Dios estará perfectamente equipado para toda obra buena. Ante Dios y ante Cristo Jesús, que ha de juzgar a vivos y muertos, te conjuro por su venida en majestad: proclama la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, reprocha, exhorta, con toda comprensión y pedagogía.

Palabra de Dios. Aleluya Hb 4, 12 La palabra de Dios es viva y eficaz, y discierne los pensamientos e intenciones del corazón. EVANGELIO
Dios hará justicia a sus elegidos, que claman a él

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 18, 1-8 En aquel tiempo, Jesús, para explicar a los discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola: –Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres. En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle: «Hazme justicia frente a mi adversario»; por algún tiempo se negó, pero después se dijo: «Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esa viuda me está fastidiando, le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara». Y el Señor respondió: –Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche? ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra? Palabra del Señor.

DOMINGO XXX DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Los gritos del pobre atraviesan las nubes

Lectura del libro del Eclesiástico 35, 15b-17. 20-22a El Señor es un Dios justo que no puede ser parcial; no es parcial contra el pobre, escucha las súplicas del oprimido; no desoye los gritos del huérfano o de la viuda cuando repite su queja; sus penas consiguen su favor y su grito alcanza las nubes; los gritos del pobre atraviesan las nubes

y hasta alcanzar a Dios no descansa; no ceja hasta que Dios le atiende, y el juez justo le hace justicia. Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 33, 2-3- 17-18. 19 y 23 R. Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha. Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca, mi alma se gloría en el Señor: que los humildes lo escuchen y se alegren. R. El Señor se enfrenta con los malhechores, para borrar de la tierra su memoria. Cuando uno grita, el Señor lo escucha y lo libra de sus angustias. R. El Señor está cerca de los atribulados, salva a los abatidos. El Señor redime a sus siervos, no será castigado quien se acoge a él. R. SEGUNDA LECTURA
Ahora me aguarda la corona merecida

Lectura de la segunda carta del Apóstol San Pablo a Timoteo 4, 6-8. 16-18 Querido hermano: Yo estoy a punto de ser sacrificado y el momento de mi partida es inminente. He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe. Ahora me aguarda la corona merecida, con la que el Señor, juez justo, me premiará en aquel día; y no sólo a mí, sino a todos los que tienen amor a su venida. La primera vez que me defendí ante el tribunal, todos me abandonaron y nadie me asistió. –Que Dios los perdone–. Pero el Señor me ayudó y me dio fuerzas para anunciar íntegro el mensaje, de modo que lo oyeran todos los gentiles. El me libró de la boca del león.

El Señor seguirá librándome de todo mal, me salvará y me llevará a su reino del cielo. ¡A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén! Palabra de Dios. Aleluya 2Co 5, 19 Dios estaba en Cristo reconciliando el mundo consigo, y puso en nosotros la palabra de la reconciliación. EVANGELIO
El publicano bajó a su casa justificado; el fariseo, no

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 18, 9-14 En aquel tiempo, dijo Jesús esta parábola por algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos, y despreciaban a los demás: –Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era un fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: ¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo. El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: ¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador. Os digo que éste bajó a su casa justificado y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido. Palabra del Señor.

DOMINGO XXXI DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Te compadeces, Señor, de todos, porque amas todos los seres

Lectura del libro de la Sabiduría 11, 23-12, 2 Señor, el mundo entero es ante ti como un grano de arena en la balanza, como gota de rocío mañanero que cae sobre la tierra. Te compadeces de todos, porque todo lo puedes, cierras los ojos a los pecados de los hombres, para que se arrepientan.

Amas a todos los seres y no odias nada de lo que has hecho; si hubieras odiado alguna cosa, no la habrías creado. Y ¿cómo subsistirían las cosas si tú no lo hubieses querido? ¿Cómo conservarían su existencia, si tú no las hubieses llamado? Pero a todos perdonas, porque son tuyos, Señor, amigo de la vida. En todas las cosas está tu soplo incorruptible. Por eso corriges poco a poco a los que caen; a los que pecan les recuerdas su pecado, para que se conviertan y crean en ti, Señor. Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 144, 1-2. 8-9. 10-11. 13cd-14 R. Te ensalzaré, Dios mío, mi Rey. Te ensalzaré, Dios mío, mi Rey, bendeciré tu nombre por siempre jamás. Día tras día te bendeciré, y alabaré tu nombre por siempre jamás. R. El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad, el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas. R. Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fieles; que proclamen la gloria de tu reinado, que hablen de tus hazañas. R. El Señor es fiel a sus palabras, bondadoso en todas sus acciones. El Señor sostiene a los que van a caer, endereza a los que ya se doblan. R. SEGUNDA LECTURA
Que Jesús nuestro Señor sea vuestra gloria y vosotros seáis la gloria de él

Lectura de la segunda carta del Apóstol San Pablo a los Tesalonicenses 1, 11-2, 2 Hermanos: Siempre rezamos por vosotros, para que nuestro Dios os considere dignos de vuestra vocación; para que con su fuerza os permita cumplir buenos deseos y la tarea de la fe; y para que así Jesús nuestro Señor sea vuestra gloria y vosotros seáis la gloria de él, según la gracia de Dios y del Señor Jesucristo. Os rogamos a propósito de la última venida

de nuestro Señor Jesucristo y de nuestro encuentro con él, que no perdáis fácilmente la cabeza ni os alarméis por supuestas revelaciones, dichos o cartas nuestras: como si afirmásemos que el día del Señor está encima. Palabra de Dios. Aleluya Jn 3, 16 De tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo Unigénito; todo aquel que cree en Él tiene la vida eterna. EVANGELIO
El Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 19, 1-10 En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad. Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: –Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa. El bajó en seguida, y lo recibió muy contento. Al ver ésto, todos murmuraban diciendo: –Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador. Pero Zaqueo se puso en pie, y dijo al Señor: –Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más. Jesús le contestó: –Hoy ha sido la salvación de esta casa; también éste es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido. Palabra del Señor.

DOMINGO XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA

El rey del universo nos resucitará para una vida eterna

Lectura del segundo libro de los Macabeos 7, 1-2. 9-14 En aquellos días, arrestaron a siete hermanos con su madre. El rey los hizo azotar con látigos y nervios para forzarlos a comer carne de cerdo, prohibida por la ley. El mayor de ellos habló en nombre de los demás: –¿Qué pretendes sacar de nosotros? Estamos dispuestos a morir antes que quebrantar la ley de nuestros padres. El segundo, estando para morir, dijo: –Tú, malvado, nos arrancas la vida presente; pero, cuando hayamos muerto por su ley, el rey del universo nos resucitará para una vida eterna. Después se divertían con el tercero. Invitado a sacar la lengua, lo hizo en seguida y alargó las manos con gran valor. Y habló dignamente: –De Dios las recibí y por sus leyes las desprecio; espero recobrarlas del mismo Dios. El rey y su corte se asombraron del valor con que el joven despreciaba los tormentos. Cuando murió éste, torturaron de modo semejante al cuarto. Y cuando estaba a la muerte, dijo: –Vale la pena morir a manos de los hombres cuando se espera que Dios mismo nos resucitará. Tú en cambio no resucitarás para la vida. Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 16, 1. 5-6. 8b y 15 R. Al despertar me saciaré de tu semblante, Señor. Señor, escucha mi apelación, atiende a mis clamores, presta oído a mi súplica, que en mis labios no hay engaño. R. Mis pies estuvieron firmes en tus caminos, y no vacilaron mis pasos. Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío, inclina el oído y escucha mis palabras. R. A la sombra de tus alas escóndeme. Yo con mi apelación vengo a tu presencia, y al despertar me saciaré de tu semblante. R. SEGUNDA LECTURA
El Señor os dé fuerza para toda clase de palabras y de obras buenas

Lectura de la segunda carta del Apóstol San Pablo a los Tesalonicenses 2, 15-3, 5

Hermanos: Que Jesucristo nuestro Señor y Dios nuestro Padre –que nos ha amado tanto y nos ha regalado un consuelo permanente y una gran esperanza– os consuele internamente y os dé fuerza para toda clase de palabras y de obras buenas. Por lo demás, hermanos, rezad por nosotros, para que la palabra de Dios siga el avance glorioso que comenzó entre vosotros, y para que nos libre de los hombres perversos y malvados; porque la fe no es de todos. El Señor que es fiel os dará fuerzas y os librará del malo. Por el Señor, estamos seguros de que ya cumplís y seguiréis cumpliendo todo lo que os hemos enseñado. Que el Señor dirija vuestro corazón, para que améis a Dios y esperéis en Cristo. Palabra de Dios. Aleluya Ap 1, 5-6 Jesucristo es el primogénito de entre los muertos; a Él sea la gloria y el imperio en los siglos de los siglos. EVANGELIO
Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 20, 27-38 En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección y le preguntaron: Maestro, Moisés nos dejó escrito: «Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero sin hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano.» Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos. Y el segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete murieron sin dejar hijos. Por último murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete han estado casados con ella. Jesús les contestó: –En esta vida hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos, no se

casarán. Pues ya no pueden morir., son como ángeles; son hijos de Dios, porque participan en la resurrección. Y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor: «Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob.» No es Dios de muertos sino de vivos: porque para él todos están vivos. Palabra del Señor.
O bien más breve:

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 20, 27. 34-38 En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección. Jesús les contestó: –En esta vida hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos, no se casarán. Pues ya no pueden morir., son como ángeles; son hijos de Dios, porque participan en la resurrección. Y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor: «Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob.» No es Dios de muertos sino de vivos: porque para él todos están vivos. Palabra del Señor.

DOMINGO XXXIII DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Os iluminará un sol de justicia

Lectura del Profeta Malaquías 4, 1-2a Mirad que llega el día, ardiente como un horno: malvados y perversos serán la paja, y los quemaré el día que ha de venir –dice el Señor de las Huestes–, y no quedará de ellos ni rama ni raíz. Pero a los que honran mi nombre los iluminará un sol de justicia que lleva la salud en las alas. Palabra de Dios.

Salmo responsorial Sal 97, 5-6- 7-8. 9 R. El Señor llega para regir la tierra con justicia. Tocad la cítara para el Señor, suenen los instrumentos: con clarines y al son de trompetas, aclamad al Rey y Señor. R. Retumbe el mar y cuanto contiene, la tierra y cuantos la habitan, aplaudan los ríos, aclamen los montes, al Señor que llega para regir la tierra. R. Regirá el orbe con justicia, y los pueblos con rectitud. R. SEGUNDA LECTURA
El que no trabaja, que no coma

Lectura de la segunda carta del Apóstol San Pablo a los Tesalonicenses 3, 7-12 Hermanos: Ya sabéis cómo tenéis que imitar mi ejemplo: No viví entre vosotros sin trabajar, nadie me dio de balde el pan que comí, sino que trabajé y me cansé día y noche, a fin de no ser carga para nadie. No es que no tuviera derecho para hacerlo, pero quise daros un ejemplo que imitar. Cuando viví con vosotros os lo dije: el que no trabaja, que no coma. Porque me he enterado de que algunos viven sin trabajar, muy ocupados en no hacer nada. Pues a esos les digo y les recomiendo, por el Señor Jesucristo, que trabajen con tranquilidad para ganarse el pan. Palabra de Dios. Aleluya Lc 21, 28 Mirad y levantad vuestras cabezas, porque vuestra redención está cerca. EVANGELIO
Con vuestra perseverancia, salvaréis vuestras almas

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 21, 5-19

En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y los exvotos. Jesús les dijo: –Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido. Ellos le preguntaron: –Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder? El contestó: –Cuidado con que nadie os engañe. Porque muchos vendrán usando mi nombre diciendo: «Yo soy» o bien «el momento está cerca»; no vayáis tras ellos. Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque eso tiene que ocurrir primero, pero el final no vendrá en seguida. Luego les dijo: –Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países epidemias y hambre. Habrá también espantos y grandes signos en el cielo. Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a los tribunales y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores por causa de mi nombre: así tendréis ocasión de dar testimonio. Haced propósito de no preparar vuestra defensa: porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro. Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa de mi nombre. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá: con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas. Palabra del Señor.

JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO
PRIMERA LECTURA
Ungieron a David como rey de Israel

Lectura del libro segundo de Samuel 5, 1-3 En aquellos días, todas las tribus de Israel fueron a Hebrón a ver a David y le dijeron: Hueso y carne tuya somos; ya hace tiempo, cuando todavía Saúl era nuestro rey, eras tú quien dirigías las entradas y salidas de Israel. Además el Señor te ha prometido: «Tú serás el pastor de mi pueblo,

Israel, tu serás el jefe de Israel.» Todos los ancianos de Israel fueron a Hebrón a ver al rey, y el rey David hizo con ellos un pacto en Hebrón, en presencia del Señor, y ellos ungieron a David como rey de Israel. Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 121, 1-2. 3-4a. 4b-5 R. Qué alegría cuando me dijeron: «Vamos a la casa del Señor.» Qué alegría cuando me dijeron: «Vamos a la casa del Señor.» Ya están pisando nuestros pies tus umbrales, Jerusalén. R. Jerusalén está fundada como ciudad bien compacta. Allá suben las tribus, las tribus del Señor. R. Según la costumbre de Israel, a celebrar el nombre del Señor. En ella están los tribunales de justicia, en el palacio de David. R. SEGUNDA LECTURA
Nos ha trasladado al reino de su Hijo querido

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Colosenses 1, 12-20 Hermanos: Damos gracias a Dios Padre, que nos ha hecho capaces de compartir la herencia del pueblo santo en la luz. El nos ha sacado del dominio de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido, por cuya sangre hemos recibido la redención, el perdón de los pecados. El es imagen de Dios invisible, primogénito de toda criatura; porque por medio de él fueron creadas todas las cosas: celestes y terrestres, visibles e invisibles, Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades; todo fue creado por él y para él. El es anterior a todo, y todo se mantiene en él. El es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia. El es el principio, el primogénito de entre los muertos, y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud. Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres: los del cielo y los de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz. Palabra de Dios. Aleluya Mc 11, 10 Bendito el que viene en nombre del Señor: Bendito el reino que viene de nuestro padre David. EVANGELIO
Señor, acuérdate de mí, cuando llegues a tu reino

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 23, 35-43 En aquel tiempo, las autoridades y el pueblo hacían muecas a Jesús, diciendo: –A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido. Se burlaban de él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo: –Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo. Había encima un letrero en escritura griega, latina y hebrea: ESTE ES EL REY DE LOS JUDIOS. Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo: –¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros. Pero el otro lo increpaba: –¿Ni siquiera temes tú a Dios estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibimos el pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha faltado en nada. Y decía: –Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino. Jesús le respondió: –Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso. Palabra del Señor.

PROPIO DE LOS SANTOS
ENERO-FEBRERO MARZO-ABRIL MAYO-JUNIO JULIO-AGOSTO SEPTIEMBRE-OCTUBRE NOVIEMBRE-DICIEMBRE

Memoria Fiesta Solemnidad

ENERO
2-3-7-10-13-17-20-20b-21-22-24-25-26-27-28-31 2 de enero San Basilio Magno y san Gregorio Nacianceno, obispos y doctores de la Iglesia, Memoria Misa del común de pastores o doctores Oración colecta Señor Dios, que te dignaste instruir a tu Iglesia con la vida y doctrina de san Basilio Magno y san Gregorio Nacianceno, haz que busquemos humildemente tu verdad y la vivamos fielmente en el amor. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santos pastores. 3 de enero Santo Nombre de Jesús Antífona de entrada Flp 2, 10-11 Al nombre de Jesús doble la rodilla todo cuanto hay en el cielo, en la tierra y en los abismos, y toda lengua proclame para gloria de Dios Padre: Jesucristo es el Señor. Oración colecta Oh Dios que realizaste la salvación del género humano en la

encarnación de tu Verbo, concede a tu pueblo la misericordia que espera, a fin de que sepan todos que no existe otro Nombre que invocar, sino el de tu Hijo único, que vive y reino contigo. Oración sobre las ofrendas Al ofrecerte los dones de tu liberalidad, te rogamos, Señor, que, así como diste el nombre que salva a Cristo obediente hasta la muerte, así nos concedas ser protegidos por la virtud de ese Nombre. Por Jesucristo, nuestro Señor. Antífona de comunión Sal 8, 2 Señor, nuestro Dios, que admirable es tu nombre por toda la tierra Oración después de la comunión Habiendo recibido la Hostia que hemos ofrecido a tu majestad al honrar el Nombre de Cristo, te rogamos, Señor, infunde ampliamente en nosotros tu gracia y que podamos así alegrarnos de que nuestro nombre esté inscrito en los cielos. Por Jesucristo, nuestro Señor. 7 de enero San Raimundo de Peñafort, presbítero Misa del común de pastores Oración colecta Oh Dios, que diste a san Raimundo de Peñafort una entrañable misericordia para con los cautivos y los pecadores; concédenos por su intercesión que, rotas las cadenas del pecado, nos sintamos libres para cumplir tu divina voluntad. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santos pastores. 10 de enero Beata Ana de los Ángeles Monteagudo, virgen Memoria Misa del común de vírgenes Oración colecta Oh Dios, que, en tu bondad, otorgaste a la beata Ana de los Ángeles, virgen, los dones de la contemplación, el espíritu de penitencia

y el continuo servicio de amor al prójimo, concédenos, por su intercesión, que, imitándola, te adoremos con el sacrificio de alabanza, y, a través de los signos de nuestro tiempo, sepamos conocer, con diligencia, tu voluntad. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santas vírgenes y religiosos 13 de enero San Hilario, obispo y doctor de la Iglesia Misa del común de pastores o doctores Oración colecta Concédenos, Dios todopoderoso, progresar cada día en el conocimiento de la divinidad de tu Hijo y proclamarla con firmeza, como lo hizo, con celo infatigable, tu obispo y doctor san Hilario. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santos pastores. 17 de enero San Antonio, abad Memoria Antífona de entrada Sal 91, 13-14 Los justos crecerán como palmeras; se elevarán tan alto como los cedros del Líbano plantados en la casa del Señor; en medio de sus patios darán flores. Oración colecta Señor y Dios nuestro, que llamaste al desierto a san Antonio, abad, para que te sirviera con una vida santa, concédenos por su intercesión que sepamos negarnos a nosotros mismos para amarte a ti siempre sobre todas las cosas. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, las ofrendas que, en la conmemoración de san Antonio, abad, presentamos en tu altar, y concede a tu pueblo que, libre de los lazos que lo atan a la tierra,

se sienta siempre rico poseyéndote a ti. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de los santos I o II Antífona de comunión Mt 19, 21 Si quieres ser perfecto, dice el Señor, vende lo que posees, reparte el dinero entre los pobres y, después, ven y sígueme. Oración después de la comunión Señor, tú que otorgaste a san Antonio la gracia de salir vencedor de todas las tentaciones del demonio, concédenos a nosotros que, alimentados con tus sacramentos, salgamos siempre triunfantes de las asechanzas de nuestro enemigo. Por Jesucristo, nuestro Señor. 20 de enero San Fabián, papa y mártir Misa del común de mártires Oración colecta Dios todopoderoso, glorificador de tus sacerdotes, concédenos por intercesión de san Fabián, papa y mártir, progresar cada día en la comunión de su misma fe y en el deseo de servirte cada vez con mayor generosidad. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santos mártires El mismo día 20 de enero San Sebastián, mártir Misa del común de mártires Oración colecta Te rogamos, Señor, nos concedas el espíritu de fortaleza para que, alentados por el ejemplo glorioso de tu mártir san Sebastián, aprendamos a someternos a ti antes que a los hombres. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santos mártires 21 de enero Santa Inés, virgen y mártir

Memoria Misa del común de mártires Oración colecta Dios todopoderoso y eterno, que eliges a los débiles para confundir a los fuertes de este mundo; concédenos a cuantos celebramos el triunfo de tu mártir santa Inés, imitar la firmeza de su fe. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santos mártires 22 de enero San Vicente, diácono y mártir Antífona de entrada Este santo mártir derramó su sangre por el nombre de Cristo, no temió las amenazas de los jueces y así alcanzó el Reino de los cielos. Oración colecta Dios todopoderoso y eterno, derrama sobre nosotros tu Espíritu, para que nuestros corazones se abrasen en el amor intenso que ayudó a san Vicente a superar los tormentos. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Señor, te ofrecemos llenos de alegría este sacrificio de alabanza, con el que celebramos el triunfo de san Vicente, mártir, y nos gozamos al ofrecértelo de poder merecer su protección gloriosa. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de santos mártires Antífona de comunión Jn 12, 26 El que quiera servirme, que me siga, dice el Señor; y donde esté yo, allí también estará mi servidor. Oración después de la comunión Te suplicamos, Señor, que el celeste alimento que hemos recibido nos comunique la misma fortaleza de espíritu que hizo a san Vicente ministro fiel a tu servicio y vencedor valiente en el martirio.

Por Jesucristo, nuestro Señor. 24 de enero San Francisco de Sales, obispo y doctor de la Iglesia Memoria Misa del común de pastores o doctores Oración colecta Señor, Dios nuestro, tú has querido que el santo obispo Francisco de Sales se entregara a todos generosamente para salvación de los hombres; concédenos, a ejemplo suyo, manifestar la dulzura de tu amor en el servicio a nuestros hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Por este sacrificio de salvación que te ofrecemos, enciende, Señor, nuestros corazones en el fuego del Espíritu Santo, con que encendiste el alma, llena de ternura, de san Francisco de Sales. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de santos pastores. Oración después de la comunión Concédenos, Señor, por estos sacramentos que hemos celebrado, imitar en la tierra la mansedumbre y el amor de san Francisco de Sales, para que también podamos alcanzar la gloria del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor. 25 de enero La conversión de san Pablo Fiesta Antífona de entrada 2 Tm 1, 12; 4, 8 Sé de quién me he fiado y estoy firmemente persuadido de que tiene poder para asegurar hasta el último día, en que vendrá como juez justo, el encargo que me dio.
Se dice Gloria

Oración colecta

Señor, Dios nuestro, tú que has instruido a todos los pueblos con la predicación del apóstol san Pablo, concede a cuantos celebramos su Conversión caminar hacia ti, siguiendo su ejemplo, y ser ante el mundo testigos de tu verdad. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Al celebrar, Señor, este santo sacrificio, haz que nos ilumine el Espíritu Santo con la luz de la fe que impulsó siempre al apóstol san Pablo a la propagación de tu Evangelio. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio I de los Apóstoles Antífona de comunión Ga 2, 20 Vivo de la fe en el Hijo de Dios, que me amó hasta entregarse por mí. Oración después de la comunión Te pedimos, Señor, Dios nuestro, que los sacramentos que hemos recibido nos enciendan en el fuego de amor, que abrasaba el corazón de san Pablo y le impulsaba al servicio de todas las iglesias. Por Jesucristo, nuestro Señor. 26 de enero Santos Timoteo y Tito, obispos Memoria Misa del común de pastores Oración colecta Oh Dios, que hiciste brillar con virtudes apostólicas a los santos Timoteo y Tito; concédenos por su intercesión que, después de vivir en este mundo en justicia y santidad, merezcamos llegar al Reino de los cielos. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santos pastores. 27 de enero Santa Ángela de Mérici, virgen

Misa del común de vírgenes Oración colecta Señor, que no deje de encomendarnos a tu misericordia la santa virgen Ángela de Mérici, para que, siguiendo sus ejemplos de caridad y de prudencia, sepamos guardar tu doctrina y llevarla a la práctica en la vida. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santas vírgenes y religiosos 28 de enero Santo Tomás de Aquino, presbítero y doctor de la Iglesia Memoria Misa del común de pastores o doctores Oración colecta Oh Dios, que hiciste de santo Tomás de Aquino un varón preclaro por su anhelo de santidad y por su dedicación a las ciencias sagradas; concédenos entender lo que él enseñó e imitar el ejemplo que nos dejó en su vida. Por nuestro Señor Jesucristo Prefacio de santos pastores. 31 de enero San Juan Bosco, presbítero Memoria Misa del común de pastores Oración colecta Señor, tú que has suscitado en san Juan Bosco un padre y un maestro para la juventud, danos también a nosotros un celo infatigable y un amor ardiente, que nos impulse a entregarnos al bien de los hermanos y a servirte a ti en ellos con fidelidad. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santos pastores.

FEBRERO
enero – marzo – abril – mayo – junio – julio – agosto – septiembre – octubre – noviembre – diciembre

2-3-3b-5-6-8-10-11-14-17-21-22-23 2 de febrero La Presentación del Señor

Fiesta Bendición y procesión de las candelas Primera forma: Procesión
1. En la hora más oportuna se reúnen todos en una iglesia o en otro lugar conveniente, fuera de la iglesia hacia la que va a encaminarse la procesión. Los fieles tienen en sus manos las candelas, apagadas. 2. Llega el sacerdote con sus ministros, revestidos con vestiduras blancas como para la misa, si bien puede el sacerdote usar el pluvial hasta que termine la procesión. 3. Se encienden las candelas mientras se canta la Antífona:

El Señor llega con poder. Iluminará los ojos de sus siervos. Aleluya.
U otro cántico apropiado. 4. El sacerdote saluda como de costumbre al pueblo y hace luego una breve monición para invitar a los fieles a celebrar esta fiesta de manera activa y consciente. Puede servirse de esta monición o de otra semejante:

Hace hoy cuarenta días hemos celebrado, llenos de gozo, la fiesta del Nacimiento del Señor. Hoy es el día en que Jesús fue presentado en el templo para cumplir la ley, pero sobre todo para encontrarse con el pueblo creyente. Impulsados por el Espíritu Santo, llegaron al templo los santos ancianos Simeón y Ana que, iluminados por el mismo Espíritu, conocieron al Señor y lo proclamaron con alegría. De la misma manera nosotros, congregados en una sola familia por el Espíritu Santo, vayamos a la casa de Dios, al encuentro de Cristo. Lo encontraremos y lo conoceremos en la fracción del pan, hasta que vuelva revestido de gloria.
5. Después de la monición, el sacerdote bendice las candelas diciendo con las manos juntas:

Oremos. Oh Dios, fuente y origen de toda luz, que has mostrado hoy a Cristo, luz de las naciones, al justo Simeón: dígnate santificar con tu + bendición estos cirios; acepta los deseos de tu pueblo que, llevándolos encendidos en las manos, se ha reunido para cantar tus alabanzas, y concédenos caminar por la senda del bien, para que podamos llegar a la luz eterna. Por Jesucristo nuestro Señor.
O bien:

Oremos. Oh Dios, luz verdadera, autor y dador de la luz eterna, infunde en el corazón de los fieles la luz que no se extingue, para que, cuantos son iluminados en tu templo por la luz de estos cirios, puedan llegar felizmente al esplendor de tu gloria. Por Jesucristo nuestro Señor.
Y rocía las candelas con agua bendita, sin decir nada. 6. El sacerdote recibe su propia candela y comienza la procesión, después de decir: Marchemos en paz al encuentro del Señor. 7. Durante la procesión se canta la siguiente Antífona con el cántico indicado u otro semejante:

Ant. Luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel. Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Ant. Luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel. Porque mis ojos han visto a tu Salvador. Ant. Luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel. A quien has presentado ante todos los pueblos. Ant. Luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.
8. Al entrar la procesión en la iglesia se canta el introito de la misa. Llegado el sacerdote al altar, lo venera, y, si parece oportuno, lo inciensa. Va a la sede, se quita el pluvial, si es que lo ha usado en la procesión, y se pone la casulla; y, después del cántico del Gloria, dice la colecta. Y la misa prosigue como de costumbre.

Segunda forma: Entrada solemne
9. Los fieles, con las candelas en sus manos, se reúnen en la iglesia. El sacerdote, con vestiduras blancas, acompañado de los ministros y algunos fieles, va a un lugar adecuado, bien delante de la puerta de la iglesia, bien dentro del recinto sagrado, con tal de que los fieles puedan ver y participar cómodamente en el rito. 10. Una vez llegados al lugar elegido para la bendición, se encienden las candelas y se canta la Antífona: El Señor llega, o algún otro canto apropiado. 11. Tras el saludo y monición, el sacerdote bendice las candelas tal como se indica arriba en losnúms. 4-5; y se organiza la procesión hacia el altar, con cánticos (núms. 6-7). Para la misa se observa lo ya indicado en el núm. 8.

Misa Antífona de entrada Sal 47, 10-11 Oh Dios, hemos recibido tu misericordia en medio de tu templo. Como

tu renombre, oh Dios, tu alabanza llega al confín de la tierra; tu diestra esta llena de justicia.
Se dice Gloria.

Oración colecta Dios todopoderoso y eterno, mira a tus fieles reunidos hoy para celebrar la Presentación en el templo de tu Hijo Jesucristo, y concédenos que podamos presentarnos ante ti plenamente renovados en el espíritu. Por nuestro Señor Jesucristo.
Si coincide en domingo, se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas Que te sea agradable, Señor, el sacrificio de tu Hijo único, el Cordero sin mancha que tú quieres que la Iglesia te ofrezca por la salvación del mundo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio EL MISTERIO DE LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR V. El Señor esté con vosotros. R. Y con tu espíritu. V. Levantemos el corazón. R. Lo tenemos levantado hacia el Señor. V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R. Es justo y necesario. En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Porque hoy, tu Hijo es presentado en el templo y es proclamado por el Espíritu: Gloria de Israel y luz de las naciones Por eso, nosotros, llenos de alegría salimos al encuentro del Salvador, mientras te alabamos con los ángeles y los santos cantando sin cesar: Santo, Santo, Santo… Antífona de comunión Lc 2, 30-31 Mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos. Oración después de la comunión Señor, tú que colmaste las esperanzas del anciano Simeón de no morir antes de ver al Mesías; completa en nosotros la obra de tu gracia por

medio de esta comunión, para que sepamos buscar siempre a Cristo en esta vida y podamos llegar a contemplarlo en la eternidad. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. 3 de febrero San Blas, obispo y mártir Misa del común de mártires Oración colecta Escucha, Señor, las súplicas de tu pueblo, que hoy te invoca apoyado en la protección de tu mártir san Blas: concédenos, por sus méritos, la paz en esta vida y el premio de la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santos mártires El mismo día 3 de febrero San Óscar, obispo Misa del común de pastores Oración colecta Señor, Dios nuestro, que has querido enviar al obispo san Óscar a evangelizar numerosos pueblos; concédenos, por su intercesión, caminar siempre en la luz de tu verdad. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santos pastores. 5 de febrero Santa Águeda, virgen y mártir Memoria Misa del común de mártires Oración colecta Te rogamos, Señor, que la virgen santa Águeda nos alcance tu perdón, pues ella fue agradable a tus ojos por la fortaleza que mostró en su martirio y por el mérito de su castidad. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santos mártires 6 de febrero

San Pablo Miki y compañeros, mártires Misa del común de mártires Oración colecta Oh Dios, fortaleza de todos los santos, que has llamado a Pablo Miki y a sus compañeros a la vida eterna por medio de la cruz; concédenos, por su intercesión, mantener con vigor hasta la muerte la fe que profesamos. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santos mártires 8 de febrero San Jerónimo Emiliani, educador Misa del común de santos Oración colecta Señor, Dios de las misericordias, que hiciste a san Jerónimo Emiliani padre y protector de los huérfanos, concédenos, por su intercesión, la gracia de permanecer siempre fieles al espíritu de adopción que nos hace verdaderamente hijos tuyos. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de los santos I o II 10 de febrero Santa Escolástica, virgen
En tiempo de Cuaresma sólo conmemoración.

Misa del común de vírgenes Oración colecta Te rogamos, Señor, al celebrar la fiesta de santa Escolástica, virgen, que imitando su ejemplo te sirvamos con un corazón puro, y alcancemos así los saludables efectos de tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santas vírgenes y religiosos 11 de febrero Nuestra Señora de Lourdes

Misa del común de la Santísima Virgen
En tiempo de Cuaresma sólo conmemoración.

Oración colecta Dios de misericordia, remedia con el amparo del cielo nuestro desvalimiento, para que, cuantos celebramos la memoria de la inmaculada Virgen María, Madre de Dios, podamos, por su intercesión, vernos libres de nuestros pecados. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santa María Virgen I-V 14 de febrero San Cirilo, monje, y san Metodio, obispos Fiesta Antífona de entrada Estos son los hombres santos, amigos de Dios, insignes predicadores del Evangelio. Oración colecta Dios nuestro, que por medio de los santos Cirilo y Metodio iluminaste con la luz del Evangelio a los pueblos de Europa Oriental, abre nuestro corazón para que aceptemos tu palabra y ayúdanos a vivir de acuerdo con la fe que profesamos. Por Jesucristo nuestro Señor. Oración sobre las ofrendas Mira, Señor todopoderoso, el sacrificio que vamos a ofrecerte en honor de san Cirilo, monje, y san Metodio, obispo, y a cuantos celebramos los misterios de la pasión de tu Hijo, concédenos imitarlos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de santos pastores. Antífona de comunión Yo mismo apacentaré mis ovejas, dice el Señor; yo les buscaré un lugar para su descanso. Oración después de la comunión Por la gracia de este sacramento confirma, Señor, a tus hijos en la verdad de la fe, para que den testimonio de ella con las palabras y las obras, a ejemplo de san Cirilo, monje y san Metodio, obispo, que consagraron su vida a propagarla. Por Jesucristo, nuestro Señor. 17 de febrero Los siete fundadores de la Orden de los Siervos de la Virgen María
En tiempo de Cuaresma sólo conmemoración.

Misa del común de santos Oración colecta Infunde, Señor, en nosotros el espíritu de amor que llevó a estos santos hermanos a venerar con la mayor devoción a la Madre de Dios, y les impulsó a conducir a tu pueblo al conocimiento y al amor de tu nombre. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de los santos I o II 21 de febrero San Pedro Damiani, obispo y doctor de la Iglesia
En tiempo de Cuaresma sólo conmemoración.

Misa del común de pastores o doctores Oración colecta Dios todopoderoso, concédenos seguir con fidelidad los consejos y ejemplos de san Pedro Damiani, obispo, para que, amando a Cristo sobre todas las cosas, y dedicados siempre al servicio de tu Iglesia, merezcamos llegar a los gozos eternos. Prefacio de santos pastores. 22 de febrero La Cátedra del apóstol san Pedro Fiesta Antífona de entrada Lc 22, 32 El Señor dice a Simón Pedro: Yo he pedido por ti, para que tu fe no se apague. Y tú, cuando te recobres, da firmeza a tus hermanos. Oración colecta Dios todopoderoso, no permitas que seamos perturbados por ningún peligro, tú que nos has afianzado sobre la roca de la fe apostólica. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, las oraciones y ofrendas de tu Iglesia, para que bajo el pastoreo de san Pedro, de quien recibe la integridad de su fe, pueda llegar a la vida eterna. Por Jesucristo nuestro Señor. Prefacio I de los Apóstoles Antífona de comunión Mt 16, 16. 18 Pedro dijo a Jesús: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Jesús le respondió: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Oración después de la comunión Señor, Dios nuestro, que al celebrar la festividad de la Cátedra de san

Pedro nos has alimentado con el Cuerpo y la Sangre de Cristo; haz que este misterio de redención sea para nosotros sacramento de unidad y de paz. Por Jesucristo nuestro Señor. 23 de febrero San Policarpo, obispo y mártir
En tiempo de Cuaresma sólo conmemoración.

Misa del común de mártires Oración colecta Dios de todos las criaturas, que te has dignado agregar a san Policarpo, tu obispo, al número de los mártires; concédenos, por su intercesión, participar con él en la Pasión de Cristo, y resucitar a la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santos mártires

MARZO
enero – febrero – abril – mayo – junio – julio – agosto – septiembre – octubre – noviembre – diciembre

4-7-8-9-17-18-19-23-25-† 4 de marzo San Casimiro
En tiempo de Cuaresma sólo conmemoración.

Misa del común de santos Oración colecta Dios todopoderoso, sabemos que servirte es reinar; por eso te pedimos nos concedas por intercesión de san Casimiro, vivir sometidos a tu voluntad en santidad y justicia. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de los santos I o II 7 de marzo Santas Perpetua y Felicidad, mártires
En tiempo de Cuaresma sólo conmemoración.

Misa del común de mártires Oración colecta Señor, tus santas mártires Perpetua y Felicidad, a instancias de tu

amor, pudieron resistir al que las perseguía y superar el suplicio de la muerte; concédenos por su intercesión crecer constantemente en nuestro amor a ti. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santos mártires 8 de marzo San Juan de Dios, religioso
En tiempo de Cuaresma sólo conmemoración.

Misa del común de santos Oración colecta Señor, tú que infundiste en san Juan de Dios espíritu de misericordia, haz que nosotros, practicando las obras de caridad, merezcamos encontrarnos un día entre los elegidos de tu reino. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de los santos I o II 9 de marzo Santa Francisca Romana, religiosa
En tiempo de Cuaresma sólo conmemoración.

Misa del común de santos Oración colecta Oh Dios, que nos diste en santa Francisca Romana un modelo singular de vida matrimonial y monástica; concédenos vivir en tu servicio con tal perseverancia, que podamos descubrirte y seguirte en todas las circunstancias de la vida. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de los santos I o II 17 de marzo San Patricio, obispo
En tiempo de Cuaresma sólo conmemoración.

Misa del común de pastores Oración colecta Oh Dios, que elegiste a tu obispo san Patricio para que anunciara tu gloria a los pueblos de Irlanda; concede, por su intercesión y sus méritos, a cuantos se glorían de llamarse cristianos, la gracia de proclamar siempre tus maravillas delante de los hombres. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santos pastores. 18 de marzo

San Cirilo de Jerusalén, obispo y doctor de la Iglesia
En tiempo de Cuaresma sólo conmemoración.

Misa del común de pastores o doctores Oración colecta Señor, Dios nuestro, que has permitido a tu Iglesia penetrar con mayor profundidad en los sacramentos de la salvación, por la predicación de san Cirilo, obispo de Jerusalén; concédenos, por su intercesión, llegar a conocer de tal modo a tu Hijo que podamos participar con mayor abundancia de su vida divina. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santos pastores. 19 de marzo SAN JOSÉ, ESPOSO DE LA VIRGEN MARÍA Solemnidad
Si cae domingo se anticipa al sábado.

Antífona de entrada Lc 12, 42 Éste es el criado fiel y solícito a quien el Señor ha puesto al frente de su familia.
Se dice Gloria.

Oración colecta Dios todopoderoso, que confiaste los primeros misterios de la salvación de los hombres a la fiel custodia de san José; haz que, por su intercesión, la Iglesia los conserve fielmente y los lleve a plenitud en su misión salvadora. Por nuestro Señor Jesucristo.
Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas Concédenos, Señor, que podamos servirte en el altar con un corazón puro como san José, que se entregó por entero a servir a tu Hijo, nacido de la Virgen María. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio LA MISIÓN DE SAN JOSÉ V. El Señor esté con vosotros. R. Y con tu espíritu. V. Levantemos el corazón. R. Lo tenemos levantado hacia el Señor. V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Y alabar, bendecir y proclamar tu gloria en la solemnidad de san José. Porque él es el hombre justo que diste por esposo a la Virgen Madre de Dios; el servidor fiel y prudente que pusiste al frente de tu Familia para que, haciendo las veces de padre, cuidara a tu único Hijo, concebido por obra del Espíritu Santo, Jesucristo, Señor nuestro. Por él, los ángeles y los arcángeles y todos los coros celestiales celebran tu gloria, unidos en común alegría. Permítenos asociarnos a sus voces cantando humildemente tu alabanza: Santo, Santo, Santo... Antífona de comunión Siervo fiel y cumplidor, pasa al banquete de tu Señor. Oración después de la comunión Señor, protege sin cesar a esta familia tuya, que se alegra hoy al celebrar la festividad de san José, y conserva en ella la vida de la gracia que le has comunicado por medio de la Eucaristía. Por Jesucristo, nuestro Señor. 23 de marzo Santo Toribio de Mogrovejo, obispo
En algunos lugares se celebra el27 de abril. De allí se pueden tomar los textos de la Misa.

25 de marzo LA ANUNCIACIÓN DEL SEÑOR Solemnidad
Si cae domingo se anticipa al sábado, y si cae en Semana Santa se traslada al lunes después de la Octava de Pascua.

Antífona de entrada Hb 10, 5. 7 Cuando Jesús entró en el mundo dijo: Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad.
Se dice Gloria.

Oración colecta Señor, tú has querido que la Palabra se encarnase en el seno de la Virgen María; concédenos, en tu bondad, que cuantos confesamos a nuestro Redentor, como Dios y hombre verdadero, lleguemos a hacernos semejantes a él en su naturaleza divina. Por nuestro Señor

Jesucristo.
Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas Dígnate, Señor, aceptar los dones de tu Iglesia; y, pues reconoce que ha tenido su origen en la encarnación de tu Unigénito, y llénala del don de tu alegría al celebrar este sagrado misterio. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio EL MISTERIO DE LA ENCARNACIÓN V. El Señor esté con vosotros. R. Y con tu espíritu. V. Levantemos el corazón. R. Lo tenemos levantado hacia el Señor. V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R. Es justo y necesario. En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro. Porque la Virgen creyó el anuncio del ángel: que Cristo, por obra del Espíritu Santo, iba a hacerse hombre por salvar a los hombres; y lo llevó en sus purísimas entrañas con amor. Así Dios cumplió sus promesas al pueblo de Israel y colmó de manera insospechada la esperanza de otros pueblos. Por eso, los ángeles te cantan con júbilo eterno y nosotros nos unimos a sus voces cantando humildemente tu alabanza: Santo, Santo, Santo... Antífona de comunión Is 7, 14 Miren: la Virgen está encinta y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Dios-con-nosotros. Oración después de la comunión Confirma, Señor, en nosotros la verdadera fe, mediante los sacramentos que hemos recibido; para que cuantos confesamos al Hijo de la Virgen, como Dios y como hombre verdadero, podamos llegar a las alegrías del Reino por el poder de su santa resurrección. Por Jesucristo, nuestro Señor. Viernes de la V Semana de Cuaresma Nuestra Señora, la Virgen de los Dolores

Antífona de entrada Lc 2, 34-35 Simeón dijo a María: Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti una espada te traspasará el alma. Oración colecta Señor, tú has querido que la Madre compartiera los dolores de tu Hijo al pie de la cruz; haz que la Iglesia, asociándose con María a la pasión de Cristo, merezca participar de su resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Dios de misericordia, recibe los dones y oraciones que ofrecemos, a gloria de tu nombre, en esta fiesta de la Virgen María, a quien tú nos entregaste como madre amorosa cuando estaba junto a la cruz de tu Hijo, Jesucristo nuestro Señor. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. Prefacio I de santa María Virgen: en la Fiesta, o II-V. Antífona de comunión 1 Pe 4, 13 Estad alegres cuando compartís los padecimientos de Cristo para que cuando se manifieste su gloria reboséis de gozo. Oración después de la comunión Después de recibir el sacramento de la eterna redención, te pedimos, Señor, que, al recordar los dolores de la Virgen María, completemos en nosotros, en favor de la Iglesia, lo que falta a la pasión de Jesucristo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

ABRIL
enero – febrero – marzo – mayo – junio – julio – agosto – septiembre – octubre – noviembre – diciembre

2-5-7-11-13-21-23-23b-24-25-27-28-28b-29-30 2 de abril San Francisco de Paula, ermitaño
En tiempo de Cuaresma sólo conmemoración.

Misa del común de santos Oración colecta Señor, Dios nuestro, grandeza de los humildes, que has elevado a san Francisco de Paula a la gloria de tus santos; concédenos, por su

intercesión y a imitación suya, alcanzar de tu misericordia el premio prometido a los humildes. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de los santos I o II 5 de abril San Vicente Ferrer, presbítero
En tiempo de Cuaresma sólo conmemoración.

Misa del común de pastores Oración colecta Dios todopoderoso, tú que elegiste a san Vicente Ferrer ministro de la predicación evangélica, concédenos la gracia de ver glorioso en el cielo a nuestro Señor Jesucristo, cuya venida a este mundo, como juez, anunció san Vicente en su predicación. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santos pastores. 7 de abril San Juan Bautista de la Salle, presbítero Memoria
En tiempo de Cuaresma sólo conmemoración.

Misa del común de pastores Oración colecta Señor, tú que has elegido a san Juan Bautista de la Salle para educar a los jóvenes en la vida cristiana, suscita maestros en tu Iglesia que se entreguen con generosidad a la formación humana y cristiana de la juventud. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santos pastores. 11 de abril San Estanislao, obispo y mártir Memoria

En tiempo de Cuaresma sólo conmemoración.

Misa del común de mártires Oración colecta Dios omnipotente y misericordioso, que mantuviste firme en medio de los tormentos a tu santo mártir Estanislao, protege a quienes celebramos hoy su triunfo, para que no caigamos nunca en las tentaciones del enemigo. Por nuestro Señor Jesucristo.

Prefacio de santos mártires 13 de abril San Martín, Papa y mártir
En tiempo de Cuaresma sólo conmemoración.

Misa del común de pastores Oración colecta Dios todopoderoso, tú has querido que san Martín primero, papa y mártir, no fuera vencido ni por las amenazas, ni por los sufrimientos; concédenos, a nosotros, soportar con fortaleza de espíritu las adversidades de este mundo. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santos pastores. 21 de abril San Anselmo, obispo y Doctor de la Iglesia
En tiempo de Cuaresma sólo conmemoración.

Misa del común de pastores o doctores Oración colecta Señor Dios, que has concedido a tu obispo san Anselmo el don de investigar y enseñar las profundidades de tu sabiduría; haz que nuestra fe ayude de tal modo a nuestro entendimiento, que lleguen a ser dulces a nuestro corazón las cosas que nos mandas creer. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santos pastores. 23 de abril San Jorge, mártir
En tiempo de Cuaresma sólo conmemoración.

Misa del común de mártires Oración colecta Señor, alabamos tu poder y te rogamos que san Jorge, fiel imitador de la pasión de tu Hijo, sea para nosotros protector generoso en nuestra debilidad. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santos mártires El mismo día 23 de abril San Adalberto, obispo y mártir
En tiempo de Cuaresma sólo conmemoración.

Misa del común de mártires o de pastores Oración colecta Oh Dios, que concediste la corona del martirio a san Adalberto, obispo, encendido en el celo por la salvación de las almas, concédenos, por su intercesión, que nunca falte a los pastores la obediencia de su grey ni ésta carezca de la asistencia de los pastores. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santos mártires o de santos pastores 24 de abril San Fidel de Sigmaringa, presbítero y mártir
En tiempo de Cuaresma sólo conmemoración.

Misa del común de mártires o de pastores Oración colecta Señor Dios, que te has dignado conceder la palma del martirio a san Fidel de Sigmaringa cuando, abrasado en tu amor, se entregaba a la propagación de la fe; concédenos, te rogamos, que arraigados como él en el amor, lleguemos a conocer el poder de la resurrección de Jesucristo. Él, que vive y reina contigo. Prefacio de santos mártires o de santos pastores 25 de abril San Marcos, evangelista Fiesta Antífona de entrada Mc 16, 15 Vayan por todo el mundo, dice el Señor, y proclamen el Evangelio a todos los hombres.
Se dice Gloria.

Oración colecta Señor, Dios nuestro, que enalteciste a tu evangelista san Marcos con el ministerio de la predicación evangélica, concédenos aprovechar de tal modo sus enseñanzas que sigamos fielmente las huellas de Cristo. Él, que vive y reina contigo. Oración sobre las ofrendas Te ofrecemos, Señor, este sacrificio de alabanza, celebrando la gloria de tu evangelista san Marcos, y te pedimos humildemente, que tu Iglesia se mantenga siempre fiel a la misión de anunciar el Evangelio. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio II de los Apóstoles

Antífona de comunión Mt 28, 20 Sepan que yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo, dice el Señor. Aleluya. Oración después de la comunión Dios todopoderoso, que este sacramento nos santifique y nos otorgue la gracia de creer con firmeza el Evangelio que san Marcos nos ha transmitido. Por Jesucristo, nuestro Señor. 27 de abril Santo Toribio de Mogrovejo, obispo
En otros lugares se celebra el23 de marzo.

Antífona de entrada Ez 34, 11. 23-24 Buscaré a mis ovejas —dice el Señor— y suscitaré un pastor que las apaciente: yo, el Señor, seré su Dios. Oración colecta Señor, tú has querido fortalecer tu Iglesia en América mediante los trabajos apostólicos y el celo por la verdad de tu obispo santo Toribio; concede al pueblo a ti consagrado crecer constantemente en fe y dar auténticos frutos de santidad. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Señor, dirige tu mirada propicia sobre las ofrendas que te presentamos en la solemnidad de santo Toribio, y haz que tu Iglesia, sacramento de salvación, glorifique siempre tu piedad y tu nombre. Por Jesucristo nuestro Señor. Prefacio de santos pastores. Antífona de comunión Jn 15, 16 No sois vosotros los que me habéis elegido -dice el Señor-; soy yo quien os he elegido, y os he destinado para que vayáis y deis fruto y vuestro fruto dure. Oración después de la comunión Reanimados por estos sacramentos, te rogamos, Señor, que, a ejemplo de santo Toribio, nos esforcemos en dar testimonio de la fe que él profesó, y en llevar a la práctica todas sus enseñanzas. Por Jesucristo nuestro Señor. 28 de abril San Pedro Chanel, presbítero y mártir
En tiempo de Cuaresma sólo conmemoración.

Misa del común de mártires o de pastores Oración colecta Señor, tú que concediste a los pueblos infieles salir de las tinieblas a la luz de la verdad mediante la predicación de san Pedro Chanel; concédenos, por su intercesión, permanecer firmes en la fe y constantes en la esperanza evangélica que él anunció. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santos mártires o de santos pastores El mismo día 28 de abril San Luis María Grignon de Monfort
En tiempo de Cuaresma sólo conmemoración.

Misa del común de pastores Oración colecta Oh Dios, sabiduría eterna, que hiciste al presbítero San Luis María insigne testigo y maestro de la total consagración a Cristo, tu Hijo, por mano de su Madre, la bienaventurada Virgen María; concédenos que, siguiendo su mismo camino espiritual, podamos extender tu reino en el mundo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Prefacio de santos pastores. 29 de abril Santa Catalina de Siena, virgen y doctora de la Iglesia Memoria Antífona de entrada Esta es una virgen sabia y prudente, que salió a recibir a Cristo con la lámpara encendida. Oración colecta Señor Dios, que hiciste a santa Catalina de Siena arder de amor divino en la contemplación de la pasión de tu Hijo y en su entrega al servicio de la Iglesia; concédenos, por su intercesión, vivir asociados al misterio de Cristo para que podamos llenarnos de alegría con la manifestación de su gloria. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Recibe, Señor, el sacrificio de salvación que te ofrecemos en la fiesta de santa Catalina; que ella nos instruya con sus enseñanzas para que podamos darte gracias con mayor fervor. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de santas vírgenes y religiosos Antífona de comunión Si vivimos en la luz, lo mismo que Dios está en la luz, entonces estamos

unidos unos con otros y la sangre de su Hijo Jesús nos limpia los pecados. Aleluya. Oración después de la comunión Señor, el alimento del cielo que hemos recibido y que sustentó la vida temporal de santa Catalina, sea para nosotros prenda segura de gloria eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. 30 de abril San Pío V, papa Misa del común de pastores Oración colecta Señor, tú que has suscitado providencialmente en la Iglesia al Papa san Pío quinto, para proteger la fe y dignificar el culto, concédenos, por su intercesión, participar con fe viva y con amor fecundo en tus santos misterios. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santos pastores.

MAYO
enero – febrero – marzo – abril – junio – julio – agosto – septiembre – octubre – noviembre – diciembre

1-2-3-4-8-10-12-12b-14-15-18-20-24-25-25b-25t-26-26b-27-31-†-? 1 de mayo San José Obrero Antífona de entrada ¡Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos! Comerás el fruto de su trabajo, serás dichoso y te irá bien. Aleluya. Oración colecta Dios todopoderoso, creador del universo, que has querido que el hombre colabore con su trabajo al perfeccionamiento de tu obra y al bien de sus hermanos; concédenos que, por intercesión de san José y a ejemplo suyo, realicemos la misión que nos has encomendado y consigamos los premios que nos prometes. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Señor, Dios nuestro, fuente de misericordia, acepta nuestra ofrenda en la fiesta de san José, obrero, y haz que estos dones se transformen en fuente de gracia para los que te invocan. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de San José: en la conmemoración.

Antífona de comunión Todo lo que hagan de palabra o de obra, háganlo en el nombre de Jesús, el Señor, dando gracias por su medio a Dios Padre. Aleluya. Oración después de la comunión Señor, tú nos has alimentado con la Eucaristía; por ello te pedimos que, dando testimonio, como san José, del amor que infundes en nuestros corazones, podamos gozar continuamente de la paz verdadera. Por Jesucristo, nuestro Señor. 2 de mayo San Atanasio, obispo y doctor de la Iglesia Memoria Misa del común de pastores o doctores Oración colecta Dios todopoderoso y eterno, que le has dado un doctor a tu Iglesia en la figura de tu obispo san Atanasio; haz que todo cuanto él enseñó bajo el magisterio del Espíritu, arraigue para siempre en nuestros corazones; y el que, por gracia tuya, es nuestro protector, sea también nuestro abogado y atraiga sobre nosotros tu misericordia. Por nuestro, Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Mira, Señor, propiciamente los dones que presentamos en tu altar, y que la confesión de tu verdad conduzca a la salvación a cuantos profesamos la misma fe de tu obispo san Atanasio, cuya festividad estamos celebrando. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de santos pastores. Oración después de la comunión Dios todopoderoso, concede a los que confesamos, con san Atanasio que tu Hijo es verdaderamente Dios, que su divinidad nos otorgue, por esta comunión, la vida y la fuerza que necesitamos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

3 de mayo San Felipe y Santiago, apóstoles Fiesta Antífona de entrada Estos son los santos varones a quienes eligió el Señor amorosamente y les dio una gloria eterna. Aleluya.

Se dice Gloria.

Oración colecta Señor Dios nuestro, que nos alegras todos los años con la fiesta de los santos apóstoles Felipe y Santiago; concédenos, por su intercesión, participar en la muerte y resurrección de tu Hijo, para que merezcamos llegar a contemplar en el cielo el esplendor de tu gloria. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Recibe, Señor, las ofrendas que te presentamos en la fiesta de los santos apóstoles Felipe y Santiago, y concédenos vivir en la práctica una religión pura y sincera. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio I-II de los Apóstoles Antífona de comunión Jn 14, 8-9 Señor, muéstranos al Padre y nos basta. Felipe, quien me ha visto a mí, ha visto al Padre. Aleluya. Oración después de la comunión Señor, dígnate a purificar nuestros corazones por este sacramento que hemos recibido, haz que sepamos contemplarte en tu Hijo, como tus santos apóstoles Felipe y Santiago, para que merezcamos recibir la vida eterna. Por nuestro Señor, Jesucristo. 10 de mayo San Juan de Ávila, presbítero Misa del común de pastores 12 de mayo Santos Nereo y Aquiles, mártires Misa del común de mártires Oración colecta Dios todopoderoso, concédenos sentir la piadosa protección de los gloriosos mártires san Nereo y Aquiles, que nos han dado en su martirio un valeroso testimonio de fe. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santos mártires El mismo día 12 de mayo San Pancracio, mártir Misa del común de mártires Oración colecta

Señor, que se alegre tu Iglesia, confiada en la protección de san Pancracio, y que por los ruegos de tu mártir se mantenga fiel a ti y se consolide en la paz verdadera. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santos mártires 14 de mayo San Matías, apóstol Fiesta Antífona de entrada Jn 15, 16 No sois vosotros los que me han elegido, dice el Señor; soy yo quien los he elegido para que vayan y den fruto, y ese fruto dure. Aleluya. Se dice Gloria. Oración colecta Señor Dios, tú que llamaste a san Matías a formar parte del grupo de tus apóstoles; concédenos, por sus méritos, corresponder al don de tu amor para que podamos llegar a compartir la gloria de tus elegidos. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Dígnate, Señor, recibir las ofrendas que te presenta tu Iglesia en la festividad de san Matías, y confírmanos, por esta oblación, con el poder de tu gracia. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio I-II de los Apóstoles Antífona de comunión Jn 15, 12 Este es mi mandamiento: que se amen unos a otros como yo los he amado, —dice el Señor—. Aleluya. Oración después de la comunión No te canses, Señor, de colmar a tu familia con los dones del cielo, y por intercesión de san Matías dígnate recibirnos en la luz y en la heredad de tus santos. Por Jesucristo, nuestro Señor. 15 de mayo San Isidro, labrador Misa del común de santos 18 de mayo San Juan I, papa y mártir

Misa del común de mártires o de pastores Oración colecta Dios de poder y misericordia, que infundiste tu fuerza al papa san Juan primero para que pudiera soportar el dolor del martirio; concede, a los que hoy celebramos su victoria, vivir defendidos de los engaños del enemigo. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santos mártires 20 de mayo San Bernardino de Siena, presbítero Misa del común de pastores Oración colecta Señor Dios, que infundiste en el corazón de san Bernardino de Siena un amor admirable al nombre de Jesús; concédenos, por su intercesión y sus méritos, vivir siempre impulsados por el espíritu de tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santos pastores. 24 de mayo Santa María, auxilio de los cristianos Misa del común de la Santísima Virgen Oración colecta Oh Dios, que hiciste a la Virgen María madre y auxilio de los cristianos: fortalece a tu Iglesia con su intercesión, para que pueda soportar con amor las opresiones interiores y externas, y así manifestar abiertamente a los hombres el misterio de Cristo. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santa María Virgen I-V Día 25 de mayo San Beda el Venerable, presbítero y doctor de la Iglesia Misa del común de pastores o doctores Oración colecta Señor Dios, que has iluminado a tu Iglesia con la sabiduría de san Beda el Venerable, concede a tus siervos la gracia de ser constantemente orientados por las enseñanzas de tu santo presbítero y ayudados por sus méritos. Por nuestro, Señor Jesucristo. Prefacio de santos pastores. El mismo día 25 de mayo San Gregorio VII, papa Misa del común de pastores

Oración colecta Señor, concede a tu Iglesia el espíritu de fortaleza y la sed de justicia con que has esclarecido al papa san Gregorio séptimo, y haz que, por su intercesión, sepa tu Iglesia rechazar siempre el mal y ejercer con entera libertad su misión salvadora en el mundo. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santos pastores. El mismo día 25 de mayo Santa María Magdalena de Pazzi, virgen Misa del común de vírgenes Oración colecta Señor Dios, tú, que amas la virginidad, has enriquecido con dones celestiales a tu virgen santa María Magdalena de Pazzi, cuyo corazón se abrasaba en tu amor; concede a cuantos celebramos hoy su fiesta imitar los ejemplos de su caridad y su pureza. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santas vírgenes y religiosos 26 de mayo San Felipe Neri, presbítero Memoria Misa del común de pastores Oración colecta Señor, luz de tu pueblo y pastor de los hombres, que, dentro de la Iglesia, has confiado a san Felipe Neri la misión de apacentar a tu pueblo con su predicación y de iluminarlo con su vida y su ejemplo; concédenos, por su intercesión, guardar íntegro el don de la fe que nos legó su palabra y seguir el camino que nos marcó su ejemplo. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Al ofrecerte, Señor, este sacrificio de alabanza, te rogamos que, a ejemplo de san Felipe Neri, nos consagremos con gozo a glorificar tu nombre y a servir a nuestros hermanos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de santos pastores. Oración después de la comunión Señor, tú que nos has alimentado con el pan celestial, concédenos que, a imitación de san Felipe Neri, deseemos siempre beber en las fuentes de la verdadera vida. Por Jesucristo, nuestro Señor.

El mismo día 26 de mayo Santa Mariana de Jesús Paredes, virgen Misa del común de vírgenes Oración colecta Padre de bondad, que hiciste florecer también en tierra americana la gloria de la santidad en la virgen Santa Mariana de Jesús, concede a estos pueblos imitar su celo por el Evangelio, y dar vivo testimonio de fe. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Acepta, Padre Santo, las ofrendas y oraciones de tus hijos, para que esta liturgia celebrada con piedad, en la memoria de Santa Mariana de Jesús, nos conceda participar en la gloria de tus Santos. Por Jesucristo nuestro Señor. Prefacio de santas vírgenes y religiosos Oración después de la comunión Alimentados con el Cuerpo y Sangre de tu Hijo, Señor, vivamos unidos en caridad, a ejemplo de Santa Mariana de Jesús, cuya fiesta celebramos. Por Jesucristo nuestro Señor. 27 de mayo San Agustín de Cantorbery, obispo Misa del común de pastores Oración colecta Señor Dios, que por la predicación de tu obispo san Agustín de Cantorbery llevaste a los pueblos de Inglaterra la luz del Evangelio; concédenos que el fruto de su trabajo apostólico perdure en tu Iglesia con perenne fecundidad. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santos pastores. 30 de mayo San Fernando Misa del común de santos 31 de mayo La Visitación de la Virgen María Fiesta Antífona de entrada Sal 65, 16

Vosotros, los que aman y temen a Dios, vengan y escuchen: les contaré las maravillas que el Señor ha hecho por mí. (T. P. Aleluya.)
Se dice Gloria.

Oración colecta Dios todopoderoso, tú que inspiraste a la Virgen María, cuando llevaba ya en su seno a tu Hijo, el deseo de visitar a su prima Isabel, concédenos, te rogamos, que, dóciles al soplo del Espíritu, podamos, con María, cantar tus maravillas durante toda nuestra vida. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Señor, complácete en este sacrificio de salvación que te ofrecemos, como te has complacido en el gesto de amor de la Virgen María al visitar a su prima Isabel. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio II-V de santa María Virgen Antífona de comunión Me felicitarán todas las generaciones porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí; su nombre es Santo. (T. P. Aleluya.) Oración después de la comunión Que tu Iglesia te glorifique, Señor, por todas las maravillas que has hecho con tus hijos, y así como Juan Bautista exultó de alegría al presentir a Cristo en el seno de la Virgen, haz que tu Iglesia lo perciba siempre vivo en este sacramento. Por Jesucristo, nuestro Señor. Jueves después de Pentecostés Jesucristo sumo y eterno sacerdote Antífona de Entrada Cristo, Mediador de una Nueva Alianza, como permanece para siempre, tiene el sacerdocio que no pasa. Se dice «Gloria». Oración colecta ¡Oh Dios!, que para gloria tuya y salvación del género humano constituiste a tu Hijo único Sumo y Eterno Sacerdote; concede, a quienes él eligió para ministros y dispensadores de sus ministerios, la gracia de ser fieles en el cumplimiento del ministerio recibido. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. PRIMERA LECTURA
El fue traspasado por nuestros crímenes

Lectura del libro del profeta Isaías 52, 13-15; 53, 1-12 He aquí que mi siervo tendrá éxito, crecerá y llegará muy alto. Lo mismo que muchos se horrorizaban al verlo, porque estaba tan desfigurado que no parecía hombre ni tenía aspecto humano, así asombrará a muchas naciones. Los reyes se quedarán sin palabras al ver algo que nunca les habían contado y comprender algo que nunca habían oído. ¿Quién creyó nuestro anuncio? ¿A quién se manifestó el poder del Señor? Creció ante el Señor como un retoño, como raíz en tierra árida. No tenía gracia ni belleza para que nos fijáramos en él, tampoco aspecto atractivo para que lo admiráramos. Fue despreciado y rechazado por los hombres, abrumado de dolores y habituado al sufrimiento; como alguien a quien no se quiere mirar, lo despreciamos y lo estimamos en nada. Sin embargo, él llevaba nuestros sufrimientos, soportaba nuestros dolores. Nosotros lo creíamos castigado, herido por Dios y humillado, pero eran nuestras rebeldías las que lo traspasaban, y nuestras culpas las que lo trituraban. Sufrió el castigo para nuestro bien y con sus heridas nos sanó. Andábamos todos errantes como ovejas, cada uno por su camino, y el Señor cargó sobre él todas nuestras culpas. Cuando era maltratado, él se sometía, y no abría su boca; como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría su boca. Sin defensa ni juicio se lo llevaron, y ¿quién se preocupó de su suerte? Lo arrancaron de la tierra de los vivos, lo hirieron por los pecados de mi pueblo; lo enterraron con los malhechores, lo sepultaron con los malvados, aunque él no cometió ningún crimen ni hubo engaño en su boca. Pero el Señor quiso quebrantarlo con sufrimientos. Y si él entrega su vida como expiación, verá su descendencia, tendrá larga vida y por medio de él, prosperarán los planes del Señor. Después de una vida de amarguras verá la luz, comprenderá su destino. Mi siervo, el justo, traerá a muchos la salvación cargando con las culpas de ellos. Por eso, le daré un puesto de honor entre los grandes, y con los poderosos participará del triunfo, por haberse entregado a la muerte y haber compartido la suerte de los pecadores. Pues él cargó con los pecados de muchos e intercedió por los pecadores. Palabra de Dios. Salmo Responsorial 39, 6.10-11

Sal

R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. ¡Cuántas maravillas has hecho, Señor Dios mío! ¡Cuántos proyectos para nosotros! ¡No hay nadie como tú! Yo quisiera contarlos, publicarlos, pero son innumerables. R. He proclamado tu fidelidad en la gran asamblea; tú sabes, Señor, que no me he callado. No he ocultado tu fidelidad en el fondo de mi corazón, proclamé tu lealtad y tu salvación, no oculté tu amor en la gran asamblea. R. SEGUNDA LECTURA
Con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los que ha santificado

Lectura de la carta a los Hebreos 10, 12-23 Hermanos: Cristo no ofreció más que un sacrificio por el pecado, y se sentó para siempre a la derecha de Dios. Únicamente espera que Dios ponga a sus enemigos como estrado de sus pies. Con está única ofrenda ha hecho perfectos de una vez para siempre a quienes han sido consagrados a Dios. Es lo que también nos atestigua el Espíritu Santo, pues después de haber dicho: Esta es la alianza que yo haré con ellos después de aquellos días, dice el Señor: pondré mis leyes en sus corazones y las escribiré en sus mentes. Añade: Y no me acordaré más de sus pecados ni de sus iniquidades. Ahora bien, cuando los pecados han sido perdonados, ya no hay necesidad de ofrenda por el pecado. Así pues, hermanos, ya que tenemos libre entrada en el santuario gracias a la sangre de Jesús, el cual inauguró para nosotros un camino nuevo y vivo a través del velo, es decir, de su cuerpo, y ya que tenemos un gran sacerdote en la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, con plena confianza, purificando el corazón de todo mal de que tuviéramos conciencia, y lavado el cuerpo con agua pura. Mantengámonos firmes en la esperanza que profesamos, pues quien nos ha hecho la promesa es digno de confianza. Palabra de Dios. Aclamación antes del Evangelio Aleluya, aleluya.

He aquí mi siervo, en quien me apoyo, en el que se complace mi alma. He puesto mi espíritu sobre él, traerá la ley a las naciones. Aleluya. EVANGELIO
Haced esto en memoria mía

X Lectura del santo Evangelio según san Lucas 22, 14-20 Llegada la hora, Jesús se sentó a la mesa con sus discípulos. Y les dijo: «¡Cómo he deseado celebrar esta pascua con vosotros antes de morir! Porque les digo que no la volveré a celebrar hasta que tenga su cumplimiento en el reino de Dios». Tomó entonces un cáliz, dio gracias y dijo: «Tomen esto y repártanlo entre vosotros; pues les digo que ya no beberé del fruto de la vid hasta que llegue el reino de Dios». Después tomó pan, dio gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos diciendo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; hagan esto en memoria mía». Y después de la cena, hizo lo mismo con el cáliz diciendo: «Este es el cáliz de la nueva alianza sellada con mi sangre, que se derrama por vosotros». Palabra del Señor. Oración de los Fieles Acudamos hermanos y hermanas, a Cristo, a quien Dios ha puesto como instrumento de propiciación y ha constituido sacerdote y justificador de cuantos creen en él: R. Escúchanos, Señor. Para que el Hijo de Dios, Sumo y Eterno Sacerdote de la nueva alianza, conceda a los obispos y presbíteros ser predicadores humildes y valientes de la Palabra divina y administradores fieles de los sacramentos de la Iglesia, roguemos al Señor. R. Para que Cristo, constituido sacerdote de los hombres para en todo aquello que tiene referencia a Dios, con su intercesión conduzca a la humanidad al conocimiento y al amor del Padre, roguemos al Señor. R. Para que Cristo, sacerdote capaz de ser indulgente con los que pecan, pues él mismo experimentó nuestra debilidad, interceda por los pecadores y por los que yerran, roguemos al Señor. R. Para que los que han sido elegidos y consagrados para hacer visible y

presente a Cristo, cabeza de la Iglesia, realicen con fidelidad la misión recibida, y todos sepamos verlos como imagen de Cristo, sacerdote, maestro y pastor, roguemos al Señor. R. Señor Jesucristo, que has querido ser sacerdote en favor de la humanidad y has establecido que tu misión sacerdotal fuera ejercida por aquéllos que tú mismo has elegido y consagrado por la imposición de la manos, concede a los obispos y presbíteros realizar con fidelidad la misión que les has confiado; y haz que todos nosotros sepamos descubrir en su ministerio tu presencia santificadora y tu intercesión constante en favor de toda la humanidad. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Oración sobre las ofrendas Jesucristo, nuestro Mediador, te haga aceptables estos dones, Señor, y nos presente juntamente con él como ofrenda agradable a tus ojos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio JESUCRISTO, SUMO Y ETERNO SACERDOTE V. El Señor esté con vosotros. R. Y con tu espíritu. V. Levantemos el corazón. R. Lo tenemos levantado hacia el Señor. V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios R. Es justo y necesario. En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Que constituiste a tu único Hijo Pontífice de la Alianza nueva y eterna por la unción del Espíritu Santo, y determinaste, en tu designio salvífico, perpetuar en la Iglesia su único sacerdocio. El no sólo ha conferido el honor del sacerdocio real a todo su pueblo santo, sino también, con amor de hermano, elige hombres de este pueblo para que, por la imposición de las manos, participen de su sagrada misión. Ellos renuevan en nombre de Cristo el sacrificio de la redención, preparan a tus hijos el banquete pascual, presiden a tu pueblo santo en el amor, lo alimentan con tu palabra y lo fortalecen con tus sacramentos. Tus sacerdotes, Señor, al entregar su vida por ti y por la salvación de los hermanos, van configurándose a Cristo, y han de darle así testimonio constante de fidelidad y amor. Por eso, nosotros, Señor, con los ángeles y los santos, cantamos tu

gloria diciendo: Santo, Santo, Santo… Antífona de la Comunión Sepan que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo, dice el Señor. Oración después de la comunión La Eucaristía que hemos ofrecido y recibido nos dé la vida, Señor, para que, unidos a ti en caridad perpetua, demos frutos que siempre permanezcan. Por Jesucristo, nuestro Señor. Sábado posterior al segundo domingo después de Pentecostés El Inmaculado Corazón de la Virgen María Memoria Antífona de entrada Sal 12, 6 Alegra mi corazón con tu auxilio y cantaré al Señor por el bien que me ha hecho. Oración colecta Oh Dios, tú que has preparado en el Corazón de la Virgen María una digna morada al Espíritu Santo, haz que nosotros, por intercesión de la Virgen, lleguemos a ser templos dignos de tu gloria. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Acoge, Señor, la ofrenda y las súplicas que te presentamos en la fiesta de María, la Madre de Dios, haz que sean agradables a tus ojos y atraigan sobre el pueblo el auxilio de tu protección. Por Jesucristo nuestro Señor. Prefacio I de santa María Virgen: en la Fiesta, o II-V. Antífona de comunión Lc 2, 19 María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Oración después de la comunión Como partícipes de la redención eterna, te rogamos, Señor, que al celebrar la memoria de la Madre de tu Hijo nos gocemos en la abundancia de tu gracia y sintamos el aumento continuo de la salvación. Por Jesucristo nuestro Señor.

JUNIO
enero – febrero – marzo – abril – mayo – julio – agosto – septiembre – octubre – noviembre – diciembre

1-2-3-5-6-9-11-13-15-19-21-22-22b-24-26-27-28-29-30 1 de junio San Justino, mártir Memoria Antífona de entrada Cf. Sal 118, 85. 46 Me han cavado fosas los insolentes ignorando tu voluntad; comentaré tus preceptos ante los reyes y no me avergonzaré. Oración colecta Señor, tú que enseñaste a san Justino a encontrar en la locura de la cruz la incomparable sabiduría de Cristo, concédenos, por intercesión de tu mártir, la gracia de alejar los errores que nos cercan y de mantenernos firmes en la fe. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Concédenos, Señor, celebrar dignamente estos misterios que defendió con valentía tu mártir san Justino. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de santos mártires Antífona de comunión 1 Co 2, 2 Nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y éste crucificado. Oración después de la comunión Tú que nos has reconfortado con el pan del cielo, concédenos, Señor, que, siguiendo fielmente las enseñanzas del mártir san Justino, nos mantengamos en continua acción de gracias por los dones que de ti recibimos. Por Jesucristo, nuestro Señor. 2 de junio Santos Marcelino y Pedro, mártires Misa del común de mártires Oración colecta Señor, tú has hecho del glorioso testimonio de tus mártires san Marcelino y san Pedro nuestra protección y defensa, concédenos la gracia de seguir sus ejemplos y de vernos continuamente sostenidos por su intercesión. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santos mártires 3 de junio San Carlos Luanga y compañeros, mártires Memoria

Misa del común de mártires Oración colecta Señor, Dios nuestro, tú haces que la sangre de los mártires se convierta en semilla de nuevos cristianos; concédenos que el campo de tu Iglesia fecundo por la sangre de san Carlos Luanga y de sus compañeros, produzca continuamente, para gloria tuya, abundante cosecha de cristianos. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Te presentamos, Señor, nuestras ofrendas y te suplicamos humildemente que, así como tus mártires prefirieron morir antes que pecar, nosotros vivamos consagrados a ti, sobre todas las cosas y entregados a servirte en el altar. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de santos mártires Oración después de la comunión Recordando la victoria de san Carlos Luanga y de sus compañeros hemos recibido, Señor, los sacramentos que nos salvan; concédenos ahora que, así como tus mártires encontraron fortaleza en la Eucaristía para soportar los tormentos, encontremos nosotros en ella la fuerza necesaria para vivir en fe y en caridad en medio de las pruebas de este mundo. Por Jesucristo, nuestro Señor. 5 de junio San Bonifacio, obispo y mártir Memoria Misa del común de mártires o de pastores Oración colecta Concédenos, Señor, la intercesión de tu mártir san Bonifacio, para que podamos defender con valentía y confirmar con nuestras obras la fe que él enseño con su palabra y rubricó en el martirio con su sangre. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santos mártires 6 de junio San Norberto, obispo Misa del común de pastores Oración colecta Señor, tú que hiciste del obispo san Norberto un pastor admirable de tu Iglesia por su espíritu de oración y su celo apostólico; te rogamos que, por su intercesión, tu pueblo encuentre siempre pastores ejemplares que lo conduzcan a la salvación. Por nuestro Señor Jesucristo.

Prefacio de santos pastores. 9 de junio San Efrén, diácono y doctor de la Iglesia Misa del común de pastores o doctores Oración colecta Señor, infunde en nuestros corazones el Espíritu Santo que con su inspiración impulsaba a tu diácono san Efrén a cantar con alegría tus misterios y a consagrar su vida a tu servicio. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santos pastores. 11 de junio San Bernabé, apóstol Memoria Antífona de entrada Cf. Hch 11, 24 Dichoso este santo que mereció ser contado entre los apóstoles, pues era hombre de bien, lleno de Espíritu Santo y de fe. (T. P. Aleluya.) Oración colecta Señor, tú mandaste que san Bernabé, varón lleno de fe y de Espíritu Santo, fuera designado para llevar a las naciones tu mensaje de salvación; concédenos, te rogamos, que el Evangelio de Cristo, que él anunció con tanta firmeza, sea siempre proclamado en la Iglesia con fidelidad, de palabra y de obra. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Santifica, Señor, estas ofrendas y que ellas nos alcancen de tu gracia aquel amor ardiente, que impulsó a tu apóstol san Bernabé a llevar a las naciones la luz del Evangelio. Por Jesucristo nuestro Señor. Prefacio I-II de los Apóstoles Antífona de comunión Jn 15, 15 Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. (T. P. Aleluya.) Oración después de la comunión Después de recibir en esta eucaristía la prenda de la vida eterna, te suplicamos, Señor, que cuanto hoy realizamos en imagen, al celebrar la fiesta de san Bernabé, lo alcancemos un día como plena realidad en el cielo. Por Jesucristo nuestro Señor. 13 de junio San Antonio de Padua, presbítero y doctor de la Iglesia

Memoria Misa del común de pastores o doctores Oración colecta Dios todopoderoso y eterno, tú que has dado a tu pueblo en la persona de san Antonio de Padua un predicador insigne y un intercesor poderoso, concédenos seguir fielmente los principios de la vida cristiana, para que merezcamos tenerte como protector en todas las adversidades. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santos pastores. 19 de junio San Romualdo, abad Misa del común de santos Oración colecta Oh Dios, que has renovado en tu Iglesia la vida eremítica por medio del abad san Romualdo, haz que, negándonos a nosotros mismos para seguir a Cristo, merezcamos llegar felizmente al reino de los cielos. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de los santos I o II 21 de junio San Luis Gonzaga, religioso Memoria Antífona de entrada Cf. Sal 23, 4. 3 El hombre de manos inocentes y puro corazón, puede subir a la montaña del Señor y estar en el recinto santo. Oración colecta Señor Dios, dispensador de los dones celestiales, que has querido juntar en san Luis Gonzaga una admirable inocencia de vida y un austero espíritu de penitencia; concédenos, por su intercesión, que si no hemos sabido imitarle en su vida inocente sigamos fielmente sus ejemplos en la penitencia. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Señor, haz que nos acerquemos siempre a tu banquete con la vestidura nupcial, como san Luis Gonzaga, para que la participación en este misterio nos llene de las riquezas de tu gracia. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de los santos I o II o de santos religiosos Antífona de comunión Sal 77, 24-25 Les dio un trigo celeste; el hombre comió pan de ángeles.

Oración después de la comunión Tú que nos has alimentado, Señor, con el pan de los ángeles, concédenos servirte con una vida pura y haz que, siguiendo el ejemplo de san Luis Gonzaga, vivamos en continua acción de gracias. Por Jesucristo, nuestro Señor. 22 de junio San Paulino de Nola, obispo Misa del común de pastores Oración colecta Señor y Dios nuestro, tú has querido enaltecer a tu obispo san Paulino de Nola por su celo pastoral y su amor a la pobreza; concede a cuantos celebramos hoy sus méritos imitar los ejemplos de su vida de caridad. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santos pastores. El mismo día 22 de junio San Juan Fisher, obispo, y santo Tomás Moro, mártires Misa del común de mártires Oración colecta Señor, tú has querido que el testimonio del martirio sea perfecta expresión de la fe; concédenos, te rogamos, por la intercesión de tus santos Juan Fisher y Tomás Moro, ratificar con una vida santa la fe que profesamos de palabra. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santos mártires 24 de junio NATIVIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA Solemnidad Misa vespertina de la vigilia
Esta misa se utiliza en la tarde del día 23 de junio, antes o después de las primeras Vísperas de la Solemnidad.

Antífona de entrada Lc 1, 15. 14 Éste será grande a los ojos del Señor, se llenará de Espíritu Santo ya en el vientre materno, y muchos se alegrarán de su nacimiento.
Se dice Gloria.

Oración colecta Dios todopoderoso, concede a tu familia caminar por la senda de la salvación para que, siguiendo la voz de san Juan, el precursor, pueda llegar con alegría al Salvador que él anunciaba, nuestro Señor

Jesucristo. Él, que vive y reina contigo.
Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas Mira con bondad, Señor, la ofrenda que tu pueblo te presenta en la fiesta de san Juan Bautista, y concédenos realizar, mediante una vida entregada a tu servicio, el misterio que ahora celebramos. Por Jesucristo nuestro Señor. Prefacio propio, como en la misa siguiente. Antífona de comunión Lc 1, 68 Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo. Oración después de la comunión Señor, que la poderosa intercesión de san Juan Bautista acompañe siempre a los que has alimentado con el pan del cielo, y el que anunció al Cordero que había de quitar el pecado del mundo implore también para nosotros la misericordia de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Esta misa se puede utilizar también como votiva, con vestiduras de color rojo.

Misa del día Antífona de entrada Jn 1, 6-7; Lc 1, 17 Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía para dar testimonio de la luz y preparar para el Señor un pueblo dispuesto a recibirlo.
Se dice Gloria.

Oración colecta Oh Dios, que suscitaste a san Juan Bautista para que preparase a Cristo el Señor un pueblo bien dispuesto, concede a tu familia el don de la alegría espiritual y dirige la voluntad de tus hijos por el camino de la salvación y de la paz. Por nuestro Señor Jesucristo.
Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas Colmamos de ofrendas tus altares, Señor, para celebrar dignamente la natividad de san Juan Bautista; porque él proclamó que el Salvador del mundo ya estaba cerca y lo mostró, ya presente, entre los hombres. Por Jesucristo nuestro Señor. Prefacio LA MISIÓN DEL PRECURSOR

V. El Señor esté con vosotros. R. Y con tu espíritu. V. Levantemos el corazón. R. Lo tenemos levantado hacia el Señor. V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R. Es justo y necesario. En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro. Y al celebrar hoy la gloria de Juan el Bautista, precursor de tu Hijo y el mayor de los nacidos de mujer, proclamamos tu grandeza. Porque él saltó de alegría en el vientre de su madre, al llegar el Salvador de los hombres, y su nacimiento fue motivo de gozo para muchos. El fue escogido entre los profetas para mostrar a las gentes el Cordero que quita el pecado del mundo. El bautizó en el Jordán al autor del bautismo, y el agua viva tiene, desde entonces, poder de salvación para los hombres. Y él dio, por fin, su sangre como supremo testimonio por el nombre de Cristo. Por eso, como los ángeles te cantan en el cielo, te aclamamos nosotros en la tierra, diciendo sin cesar: Santo, Santo, Santo… Antífona de comunión Lc 1, 78 Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos ha visitado la luz que nace de lo alto. Oración después de la comunión Señor, tú que has restaurado nuestras fuerzas con el banquete del Cordero celestial, haz que tu Iglesia, llena de gozo por la natividad de san Juan Bautista, reconozca a su Redentor en aquél cuya venida inminente anunciaba el Precursor. Por Jesucristo, nuestro señor. 26 de junio San Josemaría Escrivá de Balaguer, presbítero Antífona de entrada Jr 3, 15 Os daré pastores conforme a mi corazón, que os apacienten con ciencia y experiencia. Oración colecta Oh Dios, que has suscitado en la Iglesia a san Josemaría, sacerdote, para proclamar la vocación universal a la santidad y al apostolado, concédenos, por su intercesión y su ejemplo, que en el ejercicio del

trabajo ordinario nos configuremos a tu Hijo Jesucristo y sirvamos con ardiente amor a la obra de la Redención. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Oración sobre las ofrendas Recibe, Padre Santo, estos dones, que te ofrecemos en la conmemoración de san Josemaría; para que, por el sacrificio de Cristo ofrecido en el ara de la Cruz, que se hace presente en el sacramento quieras santificar todas nuestras obras. Por Jesucristo nuestro Señor. Prefacio de santos pastores. Antífona de la comunión Mt 20, 28 El Hijo del Hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos. Oración después de la comunión Señor Dios nuestro, los sacramentos que hemos recibido en la celebración de san Josemaría, fortalezcan en nosotros el espíritu de hijos adoptivos para que, fielmente unidos a tu voluntad, recorramos con alegría el camino de la santidad. Por Jesucristo nuestro Señor. 27 de junio San Cirilo de Alejandría, obispo y doctor de la Iglesia Misa del común de pastores o doctores Oración colecta Señor, tú que hiciste de tu obispo san Cirilo de Alejandría un defensor invicto de la maternidad divina de la Virgen María, concédenos a cuantos la proclamamos verdadera Madre de Dios, llegar por la encarnación de tu Hijo a la salvación eterna. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santos pastores. 28 de junio San Ireneo, obispo y mártir Memoria Misa del común de mártires o de pastores Oración colecta Señor, Dios nuestro, que otorgaste a tu obispo san Ireneo la gracia de mantener incólume la doctrina y la paz de la Iglesia, concédenos, por su intercesión, renovarnos en fe y caridad y trabajar sin descanso por la concordia y la unidad entre los seres humanos. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas

Señor, que este sacrificio que ofrecemos con gozo en la fiesta de san Ireneo, glorifique tu nombre y nos impulse a nosotros a amar la verdad, para que mantengamos intacta la fe de la Iglesia y guardemos segura la unidad. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de santos mártires Oración después de la comunión Por estos misterios que hemos celebrado, ten piedad de nosotros, Señor, y aumenta nuestra fe, y tú que glorificas a tu obispo san Ireneo por haber profesado su fe hasta la muerte, haz que esa fe nos justifique también a nosotros viviéndola en toda su verdad. Por Jesucristo, nuestro Señor. 29 de junio SAN PEDRO Y SAN PABLO, APÓSTOLES Solemnidad Misa vespertina de la vigilia Antífona de entrada Pedro, el apóstol, y Pablo, el doctor de las gentes, nos enseñaron tu ley, Señor.
Se dice Gloria.

Oración colecta Señor, Dios nuestro, tú que entregaste a la Iglesia las primicias de tu obra de salvación mediante el ministerio apostólico de san Pedro y san Pablo, concédenos, por su intercesión y sus méritos, los auxilios necesarios para nuestra salvación. Por nuestro Señor Jesucristo.
Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas Señor, al celebrar con alegría la festividad de tus apóstoles san Pedro y san Pablo, traemos a tu altar nuestras ofrendas y te suplicamos que, al desconfiar de nuestros propios méritos, nos gloriemos de alcanzar la salvación como gracia de tu misericordia. Por Jesucristo nuestro Señor. Prefacio propio, como en la misa siguiente. Antífona de comunión Jn 21, 15. 17 Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos? Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero. Oración después de la comunión Te rogamos, Señor, que fortalezcas con estos sacramentos al pueblo a

quien has iluminado con la doctrina de tus santos apóstoles. Por Jesucristo nuestro Señor. Misa del día Antífona de entrada Estos son los que, mientras estuvieron en la tierra, con su sangre plantaron la Iglesia: bebieron el cáliz del Señor y lograron ser amigos de Dios.
Se dice Gloria.

Oración colecta Señor, tú que nos llenas de santa alegría en la celebración de la fiesta de los santos apóstoles Pedro y Pablo, haz que tu Iglesia se mantenga siempre fiel a las enseñanzas de aquellos que fueron fundamento de nuestra fe cristiana. Por nuestro Señor Jesucristo.
Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas Haz, Señor, que la oración de tus apóstoles acompañe esta ofrenda que te presentamos y nos vuelva agradables a ti, al celebrar este santo sacrificio. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio LA DOBLE MISIÓN DE SAN PEDRO Y SAN PABLO EN LA IGLESIA V. El Señor esté con vosotros. R. Y con tu espíritu. V. Levantemos el corazón. R. Lo tenemos levantado hacia el Señor. V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R. Es justo y necesario. En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno por Cristo, Señor nuestro. Porque en los apóstoles Pedro y Pablo has querido dar a tu Iglesia un motivo de alegría: Pedro fue el primero en confesar la fe; Pablo, el maestro insigne que la interpretó; Pedro fundó la primitiva Iglesia con los israelitas que creyeron; Pablo la extendió a todas las gentes. De esta forma, Señor, por caminos diversos, los dos congregaron la única Iglesia de Cristo, y a los dos, coronados por el martirio, celebra hoy tu pueblo con una misma veneración.

Por eso, con todos los ángeles y santos, te alabamos proclamando sin cesar: Santo, Santo, Santo... Antífona de comunión Dijo Pedro a Jesús: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo». Jesús le respondió: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia». Oración después de la comunión Concede, Señor, a los que has alimentado con este sacramento, la gracia de vivir de tal modo en tu Iglesia que, perseverando en la fracción del pan y en la doctrina de los apóstoles, tengamos un solo corazón y una sola alma, arraigados firmemente en tu amor. Por Jesucristo, nuestro Señor. 30 de junio Protomártires de Roma, mártires Oración colecta Señor, Dios nuestro, que santificaste los comienzos de la Iglesia Romana con la sangre abundante de los mártires, concédenos que su valentía en el combate nos infunda el espíritu de fortaleza y la santa alegría de la victoria. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santos mártires

JULIO
enero – febrero – marzo – abril – mayo – junio – agosto – septiembre – octubre – noviembre – diciembre

3-4-5-6-10-11-13-14-15-16-21-22-23-25-26-29-30-31 3 de julio Santo Tomás, Apóstol Fiesta Antífona de entrada Sal 117, 28 Te alabaré y te daré gracias siempre, porque tú eres mi salvador, Señor mío y Dios mío.
Se dice Gloria.

Oración colecta Dios todopoderoso, concédenos celebrar con alegría la fiesta de tu apóstol santo Tomás; que él nos ayude con su protección para que tengamos en nosotros vida abundante por la fe en Jesucristo, tu Hijo, a quien tu apóstol reconoció como su Señor y su Dios. Por nuestro Señor

Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Recibe, Señor, el tributo de nuestro servicio y guarda en nosotros el fruto de estos dones que, en la fiesta de santo Tomás, te ofrecemos como sacrificio de alabanza. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio I-II de los Apóstoles Antífona de comunión Cf. Jn 20, 27 Acerca tu mano, toca las cicatrices dejadas por los clavos, y no seas incrédulo, sino creyente. Oración después de la comunión Oh Dios, que nos has dado realmente en este sacramento el Cuerpo de tu Hijo, concédenos, te rogamos, que cuantos le hemos confesado por la fe nuestro Dios y Señor, como santo Tomás, le sigamos proclamando ante los hombres con nuestra vida y nuestras obras. Por Jesucristo, nuestro Señor. 4 de julio Santa Isabel de Portugal Misa del común de vírgenes Oración colecta Oh Dios, que creas la paz y amas la caridad, tú que otorgaste a santa Isabel de Portugal la gracia de conciliar a los hombres enfrentados, muévenos, por su intercesión, a poner nuestros esfuerzos al servicio de la paz para que merezcamos llamarnos hijos de Dios. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santas vírgenes y religiosos 5 de julio San Antonio María Zacarías, presbítero Misa del común de santos o de pastores Oración colecta Concédenos, Señor, crecer, según el espíritu de san Pablo, apóstol, en el conocimiento incomparable de tu Hijo Jesucristo, que impulsó a san Antonio María Zacarías a proclamar en tu Iglesia la palabra de salvación. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de los santos I o II 6 de julio Santa María Goretti, virgen y mártir Misa del común de mártires o de vírgenes Oración colecta

Señor, fuente de inocencia y amante de la castidad, que concediste a tu sierva María Goretti la gracia del martirio en plena adolescencia, concédenos a nosotros, por su intercesión, firmeza para cumplir tus mandamientos, ya que le diste a ella la corona del premio por su fortaleza en el martirio. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santos mártires o de santas vírgenes y religiosos 11 de julio San Benito, abad Fiesta Misa del común de religiosos Oración colecta Señor, Dios nuestro, que hiciste del abad san Benito un esclarecido maestro en la escuela del divino servicio, concédenos, por su intercesión, que, prefiriendo tu amor a todas las cosas, avancemos por la senda de tus mandamientos con libertad de corazón. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Mira con bondad, Señor, estas ofrendas que te presentamos en la fiesta de san Benito, y haz que nosotros, buscándote a ti solo, como él te buscó, merezcamos encontrar en tu servicio el don de la unidad y de la paz. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de santas vírgenes y religiosos Oración después de la comunión Después de recibir la eucaristía, prenda de vida eterna, concédenos, Señor, seguir las enseñanzas del abad san Benito, para que nos mantengamos fieles en tu servicio y amemos a nuestros hermanos con caridad ardiente. Por Jesucristo, nuestro Señor. 13 de julio San Enrique Misa del común de santos Oración colecta Proclamamos, Señor, que sólo tú eres santo, sólo tú eres bueno y nadie puede serlo sin tu gracia; por eso te pedimos que, mediante la intercesión de san Enrique, nos ayudes a vivir de tal forma en el mundo, que nunca nos veamos privados de tu gloria. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de los santos I o II 14 de julio

San Camilo de Lelis, presbítero Misa del común de pastores 15 de julio San Buenaventura, obispo y doctor de la Iglesia Memoria Misa del común de pastores o doctores Oración colecta Señor, tú que has querido contar en el número de los santos pastores a tu siervo san Buenaventura y los has hecho brillar por el fuego de la caridad y el poder de una fe que vence al mundo; haz que, por su intercesión, perseveremos en la fe y en el amor y merezcamos así participar de la gloria con que le coronaste. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santos pastores. 16 de julio Nuestra Señora del Carmen Memoria Misa del común de la Santísima Virgen Oración colecta Te suplicamos, Señor, que la poderosa intercesión de la Virgen María, en su advocación del Monte Carmelo, nos ayude y nos haga llegar hasta Cristo, monte de salvación. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio I de santa María Virgen 21 de julio San Lorenzo de Brindis, presbítero y doctor de la Iglesia Misa del común de pastores o doctores Oración colecta Dios todopoderoso y eterno, que pusiste al servicio de tu Iglesia como doctor en la fe a san Lorenzo de Brindis; concédenos que lo que él enseñó por inspiración del Espíritu Santo, arraigue con fuerza en nuestros corazones, y que aquél a quien, por gracia tuya, tenemos como protector, sea también nuestro abogado. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santos pastores. 22 de julio Santa María Magdalena

Memoria Antífona de entrada Jn 20, 17 Dijo el Señor a María Magdalena: «Anda, ve con mis hermanos y diles: Subo al Padre mío y Padre suyo, al Dios mío y Dios suyo». Oración colecta Señor, Dios nuestro, Cristo, tu Unigénito, confió, antes que a nadie, a María Magdalena la misión de anunciar a los suyos la alegría pascual; concédenos a nosotros, por intersección y el ejemplo de aquella cuya memoria celebramos, anunciar siempre a Cristo resucitado y verle un día glorioso en el Reino de los cielos. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Recibe, Señor, los dones que te presentamos en la fiesta de santa María Magdalena, cuya ofrenda de amor aceptó con tanta misericordia tu Hijo Jesucristo. Él, que vive y reina por los siglos de siglos. Prefacio de los santos I o II Antífona de comunión 2 Co 5, 14-15 Nos apremia el amor de Cristo, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos. Oración después de la comunión Que la participación en tus misterios, Señor, infunda en nosotros aquel amor que impulsó a santa María Magdalena a entregarse por siempre a Cristo, su Maestro. Él, que vive y reina por los siglos de siglos. 23 de julio Santa Brígida, religiosa Fiesta Misa del común de religiosos Oración colecta Oh Dios que guiaste a Santa Brígida por los diversos senderos de la vida y, mediante la contemplación de la Pasión de tu Hijo, le enseñaste de un modo admirable la sabiduría de la Cruz, concédenos que siguiendo fielmente tu llamada sepamos buscarte de todo corazón. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de los santos I o II Oración sobre las ofrendas Dios de bondad, que en Santa Brígida has querido destruir el hombre viejo y crear en ella un hombre nuevo, a tu imagen, concédenos, por sus méritos, ser renovados por ti, como ella lo fue, para que podamos

ofrecerte un sacrificio que te sea agradable. Por Jesucristo, nuestro Señor. Oración después de la comunión Te rogamos, Señor, que nosotros, tus siervos, fortalecidos por este sacramento, aprendamos a buscarte sobre todas las cosas a ejemplo de Santa Brígida, y a ser nosotros, mientras vivamos en el mundo, imagen del hombre nuevo. Por Jesucristo, nuestro Señor. 25 de julio Santiago, apóstol Fiesta Antífona de entrada Cf. Mt 4, 18. 21; Mc 3, 17 Caminando Jesús por la orilla del lago de Galilea, vio a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que estaban remendando sus redes, y los llamó.
Se dice Gloria.

Oración colecta Dios todopoderoso y eterno, que quisiste que Santiago fuera el primero de entre los apóstoles en derramar su sangre por el Evangelio; fortalece a tu Iglesia con el testimonio de su martirio y defiéndela con su valiosa protección. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, los dones que te presentamos y, por intercesión del apóstol Santiago, purifica nuestros corazones para que podamos participar dignamente del Cuerpo de Cristo, que vive y reina por los siglos de los siglos. Prefacio SANTIAGO, TESTIGO PREDILECTO V. El Señor esté con vosotros. R. Y con tu espíritu. V. Levantemos el corazón. R. Lo tenemos levantado hacia el Señor. V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R. Es justo y necesario. En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso, Pastor eterno. Porque Santiago, testigo predilecto, anunció el Reino que viene por la

muerte y resurrección de tu Hijo, y, el primero entre los apóstoles, que bebió el cáliz del Señor: con su guía y patrocinio se conserva y se dilata la fe por toda la tierra, mientras tu apóstol alienta a los que peregrinan finalmente a ti, por Cristo, Señor nuestro. Por eso, Señor, con todos los ángeles te alabamos ahora y por siempre, diciendo con humilde fe: Santo, Santo, Santo… Antífona de comunión Cf. Mt 20, 22-23 Quienes participan del cáliz del Señor, se convierten en amigos de Dios. Oración después de la comunión Por intercesión del apóstol Santiago, en cuya festividad hemos recibido con alegría tus santos sacramentos, concédenos, Señor, tu protección y ayuda. Por Jesucristo, nuestro Señor. 26 de julio San Joaquín y santa Ana, padres de la Virgen María Memoria Antífona de entrada Alabemos a Joaquín y a Ana por su hija; en ella les dio el Señor la bendición de todos los pueblos. Oración colecta Señor, Dios de nuestros padres, tú concediste a san Joaquín y a santa Ana la gracia de traer a este mundo a la Madre de tu Hijo; concédenos, por la plegaria de estos santos, la salvación que has prometido a tu pueblo. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Te rogamos, Señor, que recibas los dones que te presentamos para que nos hagas partícipes de aquella bendición que prometiste a Abrahán y su descendencia. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de los santos I o II Antífona de comunión Cf. Sal 23, 5 Recibieron la bendición del Señor, les hizo justicia el Dios de salvación. Oración después de la comunión Tú has querido, Señor, que tu Hijo unigénito naciera de los humanos, para que los hombres, en misterio admirable, renaciesen de ti; concédenos, por tu misericordia, que cuantos hemos sido alimentados con el pan de los hijos seamos también santificados por el espíritu de adopción. Por Jesucristo, nuestro Señor.

29 de julio Santa Marta Memoria Antífona de entrada Lc 10, 38 Entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Oración colecta Dios todopoderoso, tu Hijo aceptó la hospitalidad de santa Marta y se albergó en su casa; concédenos, por intercesión de esta santa mujer, servir fielmente a Cristo en nuestros hermanos y ser recibidos, como premio, en tu casa del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Señor, al proclamar las maravillas que has realizado en santa Marta, te rogamos que, así como aceptaste con agrado su solicitud caritativa, aceptes de igual modo el homenaje de nuestro servicio. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de los santos I o II Antífona de comunión Jn 11, 27 Marta dijo a Jesús: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo». Oración después de la comunión Te rogamos, Señor, que la participación en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo nos aparte de las cosas perecederas; concédenos que, a ejemplo de santa Marta, podamos servirte en la tierra con caridad sincera y gozar eternamente de tu vista en el cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor. 30 de julio San Pedro Crisólogo, obispo y doctor de la Iglesia Misa del común de pastores o doctores Oración colecta Señor y Dios nuestro, tú que concediste a tu obispo Pedro Crisólogo ser agregado al número de los santos pastores, por su ardiente caridad y su fe insigne; concédenos, por su intercesión, perseverar en el amor y en la fe, para poder así, participar del premio de tu gloria. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santos pastores. 31 de julio San Ignacio de Loyola, presbítero Memoria

Antífona de entrada Flp 2, 10-11 Al nombre de Jesús, toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre. Oración colecta Señor, Dios nuestro, que has suscitado en tu Iglesia a san Ignacio de Loyola para extender la gloria de tu nombre; concédenos que, después de combatir en la tierra bajo su protección y siguiendo su ejemplo, merezcamos compartir con él la gloria del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Acepta complacido, Señor, las ofrendas que te presentamos en la fiesta de san Ignacio de Loyola; y concédenos que estos sagrados misterios, fuente de toda santificación, nos santifiquen también en la verdad. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de los santos I o II Antífona de comunión Lc 12, 49 He venido a prender fuego en el mundo, dice el Señor. ¡Y ojalá estuviera ya ardiendo! Oración después de la comunión Señor, el sacrificio de alabanza que te hemos ofrecido para darte gracias, en la memoria de san Ignacio de Loyola, nos lleve a glorificar tu inmensa gloria por toda la eternidad. Por Jesucristo, nuestro Señor.

AGOSTO
enero – febrero – marzo – abril – mayo – junio – julio – septiembre – octubre – noviembre – diciembre

1-2-4-5-6-7-7b-8-9-10-11-13-14-15-16-18-19-20-21-22-23-24-25-25b26-27-28-29 1 de agosto San Alfonso María de Ligorio, obispo y doctor de la Iglesia Memoria Misa del común de pastores o doctores Oración colecta Oh Dios, que suscitas continuamente en tu Iglesia nuevos ejemplos de santidad, concédenos la gracia de imitar en el celo apostólico a tu obispo san Alfonso María de Ligorio, para que podamos compartir en el cielo su misma recompensa. Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas Abrasa nuestros corazones, Señor, en aquel fuego del Espíritu Santo con que san Alfonso María celebraba estos misterios y se ofrecía a sí mismo como hostia de alabanza. Por Jesucristo nuestro Señor. Prefacio de santos pastores. Oración después de la comunión Señor Dios, que hiciste a san Alfonso María predicador y ministro fiel de estos santos misterios, concédenos, por su intercesión, la gracia de celebrarlos con frecuencia y de alabarte siempre al recibirlos. Por Jesucristo nuestro Señor. 2 de agosto San Eusebio de Vercelli, obispo Misa del común de pastores Oración colecta Concédenos, Señor, Dios nuestro, imitar la fortaleza de tu obispo san Eusebio de Vercelli al proclamar su fe en la divinidad de tu Hijo, y haz que, perseverando en esa misma fe de la que fue maestro, merezcamos un día participar de la vida divina de Cristo. Él, que vive y reina contigo. Prefacio de santos pastores. 4 de agosto San Juan María Vianney, presbítero Memoria Misa del común de pastores Oración colecta Dios de poder y misericordia, que hiciste admirable a san Juan María Vianney por su celo pastoral, concédenos, por su intercesión y su ejemplo, ganar para Cristo a nuestros hermanos y alcanzar, juntamente con ellos, los premios de la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santos pastores. 5 de agosto La Dedicación de la basílica de Santa María Misa del común de la Santísima Virgen Oración colecta Perdona, Señor, los pecados de tus hijos, y ya que nuestras obras no pueden complacerte, concédenos la salvación por medio de la Madre de tu Hijo. Él, que vive y reina contigo..

Prefacio I de santa María Virgen 6 de agosto La Transfiguración del Señor Fiesta Antífona de entrada Cf. Mt 17, 5 En una nube luminosa se apareció el Espíritu Santo y se oyó la voz del Padre que decía: Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo.
Se dice Gloria

Oración colecta Oh Dios, que en la gloriosa Transfiguración de tu Unigénito confirmaste los misterios de la fe con el testimonio de los profetas, y prefiguraste maravillosamente nuestra perfecta adopción como hijos tuyos, concédenos, te rogamos, que, escuchando siempre la palabra de tu Hijo, el Predilecto, seamos un día coherederos de su gloria. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Santifica, Señor, nuestras ofrendas por la gloriosa Transfiguración de tu Unigénito y, con los resplandores de su luz, límpianos de las manchas de nuestros pecados. Por Jesucristo nuestro Señor. Prefacio EL MISTERIO DE LA TRANSFIGURACIÓN V. El Señor esté con vosotros. R. Y con tu espíritu. V. Levantemos el corazón. R. Lo tenemos levantado hacia el Señor. V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R. Es justo y necesario. En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Porque Cristo, nuestro Señor, manifestó su gloria a unos testigos predilectos, y les dio a conocer en su cuerpo, en todo semejante al nuestro, el resplandor de su divinidad. De esta forma, ante la proximidad de la pasión, fortaleció la fe de los apóstoles, para que sobrellevasen el escándalo de la cruz, y alentó la esperanza de la Iglesia, al revelar en sí mismo la claridad que brillará un día en todo el cuerpo que le reconoce como cabeza suya. Por eso ahora nosotros, llenos de alegría, te aclamamos con los

ángeles y los santos, diciendo: Santo, Santo, Santo... Antífona de comunión 1 Jn 3, 2 Cuando Cristo se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal cual es. Oración después de la comunión Los celestes alimentos que hemos recibido, Señor, nos transformen en imagen de tu Hijo, cuya gloria nos has manifestado en el misterio de su Transfiguración. Por Jesucristo nuestro Señor. 7 de agosto San Sixto II, papa, y compañeros, mártires Misa del común de mártires Oración colecta Dios todopoderoso, tú que has concedido al papa san Sixto segundo y a sus compañeros mártires la gracia de morir por tu palabra y por el testimonio de Jesús, concédenos que el Espíritu Santo nos haga dóciles en la fe y fuertes para confesarla ante los hombres. Por nuestro Señor Jesucristo, Prefacio de santos mártires El mismo día 7 de agosto San Cayetano, presbítero Misa del común de pastores Oración colecta Señor, Dios nuestro, que concediste a san Cayetano imitar el modo de vivir de los apóstoles, concédenos, por su intercesión y ejemplo, poner en ti nuestra confianza y buscar siempre el reino de los cielos. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santos pastores. 8 de agosto Santo Domingo de Guzmán, presbítero Memoria Misa del común de pastores Oración colecta Te pedimos, Señor, que santo Domingo de Guzmán, insigne predicador de tu palabra, ayude a tu Iglesia con sus enseñanzas y sus méritos, e interceda también con bondad por nosotros. Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, por intercesión de santo Domingo, las súplicas que te dirigirnos, y por la eficacia de este sacrificio fortalece con la ayuda de tu gracia a los defensores de la fe. Por Jesucristo nuestro Señor. Prefacio de santos pastores. Oración después de la comunión Que tu Iglesia, Señor, reciba en plenitud la eficacia salvadora de este sacramento con el que nos has alimentado en la fiesta de santo Domingo, y el que fue gloria de la Iglesia por su predicación, sea ahora su protector desde el cielo. Por Jesucristo nuestro Señor.

9 de agosto Santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein), mártir y religiosa Fiesta Misa del común de mártires Oración colecta Dios de nuestros padres, que guiaste a tu mártir Santa Teresa Benedicta (Edith) al conocimiento de tu Hijo crucificado y a su imitación hasta la muerte, concédenos por su intercesión que todos los hombres reconozcan en Cristo a su Salvador y, por medio de Él, puedan contemplarte para siempre. El, que vive y reina. Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, con bondad estos dones que te ofrecemos en la memoria de tu mártir Santa Teresa Benedicta (Edith), y, ya que has llevado a la perfección del sacrificio único los diferentes sacrificios de la Antigua Alianza, actualiza el mismo que tu Hijo te ofreció con su Sangre. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. Prefacio de santos mártires Oración después de la comunión Concede, Padre misericordioso, que los frutos celestiales del árbol de la Cruz fortalezcan los corazones de quienes veneramos la memoria de Santa Teresa Benedicta, para que unidos fielmente a Cristo en la tierra, merezcamos comer del árbol de la vida en el paraíso. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. 10 de agosto San Lorenzo, diácono y mártir

Fiesta Antífona de entrada Alegrémonos hoy con la festividad de san Lorenzo, quien se entregó al servicio de los pobres de la Iglesia, mereció sufrir el martirio y reina gloriosamente con Cristo.
Se dice Gloria.

Oración colecta Señor Dios nuestro, encendido en tu amor, san Lorenzo se mantuvo fiel a tu servicio y alcanzó la gloria en el martirio; concédenos, por su intercesión, amar lo que él amó y practicar sinceramente lo que nos enseñó. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Recibe, Señor, los dones que te presentamos con gozo en la fiesta de tu diácono san Lorenzo; que sean para nosotros prenda de salvación. Por Jesucristo nuestro Señor. Prefacio de santos mártires Antífona de comunión Jn 12, 26 El que quiera servirme, que me diga, —dice el Señor—, y donde yo estoy, allí estará mi servidor. Oración después de la comunión Alimentados con los dones sagrados, te suplicamos, Señor, que este sacrificio, humilde servicio de tu pueblo, aumente en nosotros los frutos de la salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.

11 de agosto Santa Clara, virgen Memoria Misa del común de vírgenes Oración colecta Oh Dios, que infundiste en santa Clara un profundo amor a la pobreza evangélica, concédenos por su intercesión, que, siguiendo a Cristo en la pobreza de espíritu, merezcamos llegar a contemplarte en tu reino. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santas vírgenes y religiosos 13 de agosto San Ponciano, papa, y san Hipólito, presbítero, mártires Misa del común de mártires

Oración colecta Dios todopoderoso y eterno, que concediste a los mártires san Ponciano y san Hipólito la gracia de morir por Cristo; ayúdanos en nuestra debilidad, para que, así como ellos no dudaron en morir por ti, así también nosotros nos mantengamos fuertes en la confesión de tu nombre. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santos mártires 14 de agosto San Maximiliano María Kolbe, presbítero y mártir Memoria Antífona de entrada Mt 25, 34. 40 Venid vosotros, benditos de mi Padre —dice el Señor—. Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis. Oración colecta Oh Dios, que al mártir san Maximiliano María Kolbe, apóstol de la Inmaculada, le llenaste de celo por las almas y de amor al prójimo, concédenos, por su intercesión, trabajar generosamente por tu gloria en el servicio de los hombres y tener el valor de asemejarnos a tu Hijo, incluso hasta en la muerte. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Te presentamos, Señor, nuestros dones, pidiéndote humildemente que, a ejemplo de san Maximiliano María, sepamos ofrecerte nuestra vida. Por Jesucristo nuestro Señor. Prefacio de santos mártires Antífona de comunión Jn 15, 13 Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos, dice el Señor. Oración después de la comunión Alimentados con tu Cuerpo y tu Sangre, te pedimos, Señor, encendernos con aquel fuego de amor que recibió de este banquete san Maximiliano María Kolbe. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

15 de agosto LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA

Solemnidad Misa vespertina de la vigilia Antífona de entrada ¡Qué pregón tan glorioso para ti, María! Hoy has sido elevada por encima de los ángeles y con Cristo triunfas para siempre.
Se dice Gloria.

Oración colecta Porque te has complacido, Señor, en la humildad de tu sierva, la Virgen María, has querido elevarla a la dignidad de Madre de tu Hijo y la has coronado en este día de gloria y esplendor; por su intercesión, te pedimos que a cuantos has salvado por el misterio de la redención nos concedas también el premio de tu gloria. Por nuestro Señor Jesucristo.
Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas Recibe, Señor, en la fiesta de la Asunción de la Virgen María, Madre de tu Hijo, este sacrificio de reconciliación y alabanza; que él nos obtenga el perdón de los pecados y nos ayude a vivir en continua acción de gracias. Por Jesucristo nuestro Señor. Prefacio propio, como en la misa siguiente. Antífona de comunión Cf. Lc 11, 27 Dichoso el vientre de María, la Virgen, que llevó al Hijo del eterno Padre. Oración después de la comunión Después de participar en tu banquete, Señor, imploramos de tu misericordia que cuantos celebramos la fiesta de la Asunción de la Virgen María, Madre de tu Hijo, vivamos siempre libres de todos los males. Por Jesucristo nuestro Señor. Misa del día Antífona de entrada Ap 12, 1 Apareció una figura portentosa en el cielo: una mujer vestida del sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas.
Se dice Gloria.

Oración colecta Dios todopoderoso y eterno, que has elevado en cuerpo y alma a los cielos a la inmaculada Virgen María, Madre de tu Hijo, concédenos, te

rogamos, que aspirando siempre a las realidades divinas lleguemos a participar con ella de su misma gloria en el cielo. Por nuestro Señor Jesucristo.
Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas Llegue a tu presencia, Señor, nuestra humilde oblación, y por la intercesión de la Santísima Virgen María, que ha subido a los cielos, haz que nuestros corazones, abrasados en tu amor, vivan siempre orientados hacia ti. Por Jesucristo nuestro Señor. Prefacio LA GLORIOSA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA V. El Señor esté con vosotros. R. Y con tu espíritu. V. Levantemos el corazón. R. Lo tenemos levantado hacia el Señor. V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R. Es justo y necesario. En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro. Porque hoy ha sido llevada al cielo la Virgen Madre de Dios; ella es figura y primicia de la Iglesia, que un día será glorificada; ella es consuelo y esperanza de tu pueblo, todavía peregrino en la tierra. Con razón no quisiste, Señor, que conociera la corrupción del sepulcro la mujer que, por obra del Espíritu, concibió en su seno al autor de la vida, Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro. Por eso, unidos a los ángeles, te aclamamos llenos de alegría: Santo, Santo, Santo… Antífona de comunión Lc 1, 48-49 Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones, porque ha hecho en mí grandes cosas el que todo lo puede. Santo es su nombre. Oración después de la comunión Después de recibir los sacramentos que nos salvan, te rogamos, Señor, que, por intercesión de la Virgen María, que ha subido a los cielos, lleguemos a la gloria de la resurrección. Por Jesucristo, nuestro Señor. 16 de agosto Esteban de Hungría

Misa del común de santos Oración colecta Proclamamos, Señor, que sólo tú eres santo, sólo tú eres bueno y nadie puede serlo sin tu gracia; por eso te pedimos que, mediante la intercesión de san Esteban de Hungría, nos ayudes a vivir de tal forma en el mundo, que nunca nos veamos privados tu gloria. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de los santos I o II 19 de agosto San Juan Eudes, presbítero Misa del común de pastores Oración colecta Señor, luz de tu pueblo y pastor de los hombres, que, dentro de la Iglesia, has confiado a san Juan Eudes la misión de apacentar a tu pueblo con su vida y su ejemplo; concédenos, por su intercesión, guardar íntegro el don de la fe que nos legó su palabra y seguir el camino que nos marcó su ejemplo. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santos pastores. 20 de agosto San Bernardo, abad y doctor de la Iglesia Memoria Misa del común de santos Oración colecta Dios todopoderoso y eterno, que le has dado un doctor a tu Iglesia en la figura de san Bernardo; haz que todo cuanto él enseñó bajo el magisterio del Espíritu, arraigue para siempre en nuestros corazones y el que, por gracia tuya, es nuestro protector, sea también nuestro abogado y atraiga sobre nosotros tu misericordia. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Sea agradable a tus ojos, Señor, el sacrificio que te ofrecemos con gozo en la fiesta de san Bernardo, abad, cuya vida y doctrina nos impulsan a alabarte con todo nuestro ser. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de los santos I o II Oración después de la comunión Señor, que cuantos hemos sido fortalecidos con Cristo, verdadero pan de vida y único maestro de los hombres, aprendamos en la fiesta de san Bernardo, abad, a conocer tu verdad y vivirla con amor. Por Jesucristo, nuestro Señor.

21 de agosto San Pío X, papa Memoria Misa del común de pastores Oración colecta Señor, Dios nuestro, que para defender la fe católica e instaurar todas las cosas en Cristo colmaste al papa san Pío décimo de sabiduría divina y fortaleza apostólica; concédenos que siguiendo su ejemplo y su doctrina, podamos alcanzar la recompensa eterna. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, nuestras ofrendas y concédenos que, dóciles a las enseñanzas del Papa Pío décimo, celebremos con dignidad estos santos misterios y los recibamos con fe. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de santos pastores. Oración después de la comunión Al celebrar la fiesta de san Pío décimo te rogamos, Señor, Dios nuestro, que por la eficacia de esta eucaristía seamos fuertes en la fe y vivamos la unidad en el amor. Por Jesucristo nuestro Señor. 22 de agosto Santa María Virgen, Reina Memoria Antífona de entrada Cf. Sal 44, 10. 14 María, nuestra Reina, está de pie, a la derecha de Cristo, enjoyada de oro, vestida de perlas y brocado. Oración colecta Dios todopoderoso, que nos has dado como Madre y como Reina a la Madre de tu Unigénito, concédenos que, protegidos pos u intercesión, alcancemos la gloria de tus hijos en el reino de los cielos. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre la ofrendas Te presentamos, Señor, nuestra ofrendas en conmemoración de la Virgen María, y te suplicamos la protección de Jesucristo, tu Hijo, que se ofreció a ti en la cruz como hostia inmaculada. Por Jesucristo nuestro Señor. Prefacio I de santa María Virgen: en la fiesta, o II-V Antífona de comunión Lc 1, 45

¡Dichosa tú, que has creído!, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá. Oración después de la comunión Después de recibir este sacramento celestial, te suplicamos, Señor, que cuantos hemos celebrado la memoria de la Santísima Virgen María lleguemos a participar en el banquete del cielo. Por Jesucristo nuestro Señor. 23 de agosto Santa Rosa de Lima
(En algunos lugares se celebra el 30 de agosto)

Antífona de entrada Cf. Mt 25, 4 Ésta es una virgen sabia y prudente, que salió a recibir a Cristo con la lámpara encendida. Oración colecta Señor, Dios nuestro, tú has querido que santa Rosa de Lima, encendida en tu amor, se consagrara a ti en la oración, la penitencia y la misericordia; concédenos, por su intercesión, que, siguiendo en la tierra el camino de la verdadera vida, lleguemos a gozar en el cielo de la abundancia de los goces eternos. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Señor, te proclamamos admirable en tu virgen santa Rosa de Lima, y humildemente rogamos a tu Divina Majestad que, así como te complaces en los méritos de esta virgen, aceptes igualmente el culto que tu pueblo te tributa. Por Jesucristo nuestro Señor. Prefacio de santas vírgenes y religiosos Antífona de comunión Mt 25, 6 Que llega el esposo, salid a recibir a Cristo, el Señor. Oración después de la comunión Señor, fortalecidos con esta eucaristía, te pedimos que, a ejemplo de santa Rosa de Lima, llevemos en nosotros las señales de la muerte de Cristo y nuestra vida sea un continuo esfuerzo por unirnos cada vez más a ti. Por Jesucristo nuestro Señor. 24 de agosto San Bartolomé, apóstol Fiesta Antífona de entrada Sal 95, 2-3 Anuncia, día tras día, que la salvación viene de Dios; proclama sus

maravillas a todas las naciones.
Se dice Gloria.

Oración colecta Afianza, Señor, en nosotros aquella fe con la que san Bartolomé, tu apóstol, se entregó sinceramente a Cristo, y haz que, por sus ruegos, tu Iglesia se presente ante el mundo como sacramento de salvación para todos los hombres. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Señor, que el sacrificio de alabanza que vamos a ofrecerte en la fiesta del apóstol san Bartolomé, nos obtenga, por su intercesión, la gracia de servirte con fidelidad. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio I-II de los Apóstoles Antífona de comunión Lc 22, 29-30 Yo os daré a vosotros el reino que mi Padre me tiene preparado, y en él comerán y beberán conmigo, dice el Señor. Oración después de la comunión Que la comunión que hemos recibido, al celebrar la fiesta de san Bartolomé, nos dé fuerza, Señor, para imitar a Cristo aquí en la tierra y alcanzar la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. 25 de agosto San Luis de Francia Misa del común de santos Oración colecta Oh Dios, que has trasladado a san Luis de Francia desde los afanes del gobierno temporal al reino de tu gloria, concédenos, por su intercesión, buscar ante todo tu reino en medio de nuestras ocupaciones temporales. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de los santos I o II El mismo día 25 de agosto San José Calasanz, presbítero Misa del común de pastores Oración colecta Señor, tú elegiste entre tus fieles a san José Calasanz, para que mostrara a sus hermanos el camino que conduce a ti; concédenos que su ejemplo nos ayude a seguir a Jesucristo, nuestro Maestro, para que un día logremos alcanzar, junto con nuestros hermanos, la gloria de tu reino. Por nuestro Señor Jesucristo.

Prefacio de santos pastores. 26 de agosto Santa Teresa de Jesús Jornet Ibars, virgen, patrona de la ancianidad Memoria Misa del común de vírgenes 27 de agosto Santa Mónica Memoria Misa del común de santos Oración colecta Oh Dios, consuelo de los que lloran, que acogiste piadosamente las lágrimas de santa Mónica impetrando la conversión de su hijo Agustín; concédenos, por intercesión de madre e hijo, la gracia de llorar nuestros pecados y alcanzar tu misericordia y tu perdón. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de los santos I o II 28 de agosto San Agustín, obispo y doctor de la Iglesia Memoria Antífona de entrada Sir 15, 5 Abre la boca en la asamblea, el Señor lo llena de espíritu de sabiduría e inteligencia, lo viste con un traje de honor
O bien:

Ez 11, 23-24 Buscaré a mis ovejas, —dice el Señor—, y suscitaré un pastor que las apaciente: yo, el Señor, seré su Dios. Oración colecta Renueva, Señor, en tu Iglesia el espíritu que infundiste en tu obispo san Agustín, para que, penetrados de ese mismo espíritu, tengamos sed de ti, fuente de la sabiduría, y te busquemos como el único amor verdadero. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Al celebrar el memorial de nuestra salvación, te pedimos, Dios nuestro, que este sacramento de amor sea para nosotros signo de unidad y vínculo de caridad. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de santos pastores.

Antífona de comunión Mt 23, 10. 8 Dice el Señor: Uno solo es vuestro Maestro, Cristo, y todos vosotros son hermanos.
O bien:

Jn 15, 16 No sois vosotros los que me habéis elegido, dice el Señor; soy yo quien os ha elegido, y os ha destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure. Oración después de la comunión Te rogamos, Señor, que nuestra participación en la mesa de tu Hijo nos santifique para que, como miembros de su Cuerpo, nos transformemos en el mismo Cristo a quien recibimos. Por Jesucristo, nuestro Señor. 29 de agosto Martirio de san Juan Bautista Memoria Antífona de entrada Sal 118, 46-47 Comentaré tus preceptos ante los reyes, Señor, y no me avergonzaré; serán mi delicia tus mandatos, que tanto amo. Oración colecta Señor, Dios nuestro, tú has querido que san Juan Bautista fuese el precursor del nacimiento y de la muerte de tu Hijo; concédenos, por tu intercesión, que, así como él murió mártir de la verdad y la justicia, luchemos nosotros valerosamente por la confesión de nuestra fe. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Por estos dones que te presentamos, concédenos, Señor, seguir tus caminos rectamente, como san Juan Bautista, voz que clama en el desierto, nos enseñó de palabra y selló con su sangre. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio LA MISIÓN DEL PRECURSOR V. El Señor esté con vosotros. R. Y con tu espíritu. V. Levantemos el corazón. R. Lo tenemos levantado hacia el Señor. V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro. Y al celebrar hoy la gloria de Juan el Bautista, precursor de tu Hijo y el mayor de los nacidos de mujer, proclamamos tu grandeza. Porque él saltó de alegría en el vientre de su madre al llegar el Salvador de los hombres, y su nacimiento fue motivo de gozo para muchos. El fue escogido entre todos los profetas para mostrar a las gentes el Cordero que quita el pecado del mundo. El bautizó en el Jordán al autor del Bautismo, y el agua viva tiene, desde entonces, poder de salvación para los hombres. Y él dio, por fin, su sangre como supremo testimonio por el nombre de Cristo. Por eso, como los ángeles te cantan en el cielo, te aclamamos nosotros en la tierra diciendo sin cesar: Santo, Santo, Santo… Antífona de comunión Jn 2, 27. 30 Contestó Juan: El tiene que crecer y yo tengo que menguar. Oración después de la comunión Concédenos, Señor, al celebrar el martirio de san Juan Bautista, comprender y venerar estos sacramentos que hemos recibido y percibir en nosotros su fruto abundante. Por Jesucristo, nuestro Señor.

SEPTIEMBRE
enero – febrero – marzo – abril – mayo – junio – julio – agosto – octubre – noviembre – diciembre

3-8-9-12-13-14-15-16-17-18-19-20-21-24-26-27-28-28b-29-30 3 de septiembre San Gregorio Magno, papa y doctor de la Iglesia Memoria Misa del común de pastores Oración colecta Dios todo poderoso y eterno, que pusiste al papa san Gregorio al frente de tu pueblo para que con su ejemplo y su palabra lo ayudara a crecer en santidad; protege, por su intercesión, a los pastores de la Iglesia y al rebaño que les has confiado, para que siempre caminen por las sendas de la salvación. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Asístenos con tu gracia, Señor, para que al celebrar la festividad de san

Gregorio, nos sirva de provecho esta ofrenda con cuya inmolación se perdonan los pecados del mundo. Por Jesucristo nuestro Señor. Prefacio de santos pastores. Oración después de la comunión Señor, que cuantos hemos sido fortalecidos con Cristo, verdadero pan de vida y único maestro de los hombres, aprendamos en la fiesta de san Gregorio a conocer tu verdad y vivirla con amor. Por Jesucristo nuestro Señor. 8 de septiembre La Natividad de la Virgen María Fiesta Antífona de entrada Celebremos con júbilo el nacimiento de la santísima Virgen María, de la cual nació Cristo, nuestro Dios y Salvador. Se dice Gloria. Oración colecta Concede, Señor, a tus hijos el don de tu gracia, para que, cuantos hemos recibido las primicias de la salvación por la maternidad de la Virgen María, consigamos aumento de paz en la fiesta de su Nacimiento. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas El amor y la gracia de tu Hijo, hecho hombre por nosotros, sea nuestro socorro, Señor, y el que al nacer de la Virgen no menoscabó la integridad de su Madre, sino que la santificó, nos libre del peso de nuestros pecados y vuelva así aceptable nuestra ofrenda delante de tus ojos. Por Jesucristo nuestro Señor. Prefacio I de santa María Virgen: en la natividad, o II-V Antífona de comunión Is 7, 14; Mt 1, 21 La Virgen dará a luz un hijo que cual salvará a su pueblo de los pecados. Oración después de la comunión Que se alegre tu Iglesia, Señor, fortalecida con estos sacramentos, y se goce en el nacimiento de la Virgen María, que fue para el mundo esperanza y aurora de salvación. Por Jesucristo nuestro Señor. 9 de septiembre San Pedro Claver, presbítero

Misa del común de pastores Oración colecta Oh Dios, que fortaleciste a San Pedro Claver con admirable caridad y paciencia para ser esclavo de los esclavos; concédenos por su intercesión buscar lo que es de Jesucristo amando a nuestros hermanos con obras y de verdad. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santos pastores. 12 de septiembre El santo Nombre de María Antífona de entrada Cf. Jdt 13,18,19 El Señor Dios excelso te ha bendecida, Virgen María, mas que todas las mujeres de la tierra; ha glorificado tu Nombre de tal modo que tu alabanza está siempre en la boca de todos. Oración colecta Concede, te rogamos Dios todopoderoso, que al celebrar el glorioso nombre de la bienaventurada Virgen María, ella misma nos obtenga los beneficios de tu misericordia. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Que la intercesión de la bienaventurada siempre virgen María acompañe nuestros dones, y, en la veneración de su nombre, nos haga aceptos a tu majestad. Por Jesucristo nuestro Señor. Prefacio I de santa María Virgen: en la fiesta, o II-V Antífona de comunión Lc 1, 48 Me felicitarán todas las generaciones, porque ha mirado la humillación de su esclava. Oración después de la comunión Que la intercesión de María Madre de Dios nos obtenga la gracia de tu bendición, Señor, a fin de que, al celebrar su venerable nombre, podamos recibir su auxilio en todas nuestras necesidades. Por Jesucristo nuestro Señor.

13 de septiembre San Juan Crisóstomo, obispo y doctor de la Iglesia Memoria Misa del común de pastores o doctores Oración colecta

Dios todopoderoso y eterno, que le has dado un doctor a tu Iglesia en la figura de tu obispo san Juan Crisóstomo; haz que todo cuanto él enseñó bajo el magisterio del Espíritu, arraigue para siempre en nuestros corazones; y el que, por gracia tuya, es nuestro protector, sea también nuestro abogado y atraiga sobre nosotros tu misericordia. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Sea agradable a tus ojos, Señor, el sacrificio que te ofrecemos con gozo en la fiesta de san Juan Crisóstomo, cuya vida y doctrina nos impulsan a alabarte con todo nuestro ser. Por nuestro, Señor Jesucristo. Prefacio de santos pastores. Oración después de la comunión Señor, que cuantos hemos sido fortalecidos con Cristo, verdadero pan de vida y único maestro de los hombres, aprendamos en la fiesta de san Juan Crisóstomo a conocer tu verdad y a vivirla con amor. Por Jesucristo, nuestro Señor. 14 de septiembre La Exaltación de la Santa Cruz Antífona de entrada Cf. Ga 6, 14 Nosotros hemos de gloriarnos en la cruz de nuestro Señor Jesucristo: en él está nuestra salvación, vida y resurrección; él nos ha salvado y libertado. Oración colecta Señor, Dios nuestro, que has querido realizar la salvación de todos los hombres por medio de tu Hijo, muerto en la cruz, concédenos, te rogamos, a quienes hemos conocido en la tierra este misterio alcanzar en el cielo los premios de la redención. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Señor, que nos limpie de toda culpa este sacrificio, el mismo que, ofrecido en el ara de la cruz, quitó el pecado del mundo. Por Jesucristo nuestro Señor. Prefacio LA VICTORIA DE LA CRUZ GLORIOSA V. El Señor esté con vosotros. R. Y con tu espíritu. V. Levantemos el corazón. R. Lo tenemos levantado hacia el Señor. V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario. En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, Porque has puesto la salvación del género humano en el árbol de la cruz, para que donde tuvo origen la muerte, de allí resurgiera la vida, y el que venció en un árbol, fuera en un árbol vencido, por Cristo, Señor nuestro. Por él, los ángeles y arcángeles, y todos los coros celestiales, celebran tu gloria unidos en común alegría. Permítenos asociarnos a sus voces cantando humildemente tu alabanza: Santo, Santo, Santo... Puede decirse también el Prefacio I de la Pasión del Señor. Antífona de comunión Jn 12, 32 Cuando yo sea elevado sobre la tierra atraeré a todos hacia mí -dice el Señor. Oración después de la comunión Fortalecidos con esta eucaristía, te pedimos, Señor Jesucristo, que lleves a la gloria de la resurrección a los que has redimido en el madero salvador de la cruz. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. 15 de septiembre Nuestra Señora, la Virgen de los Dolores Memoria Antífona de entrada Lc 2, 34-35 Simeón dijo a María: «Mira, este niño está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida; así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti una espada te atravesará el alma». Oración colecta Señor, tú que has querido que la Madre compartiera los dolores de tu Hijo al pie de la cruz; haz que la Iglesia, asociándose con María a la pasión de Cristo, merezca participar de su resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Dios de misericordia, recibe los dones y oraciones que ofrecemos, a gloria de tu nombre, en esta fiesta de la Virgen María, a quién tú nos entregaste como madre amorosa cuando estaba junto a la cruz de tu

Hijo, Jesucristo nuestro Señor. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. Prefacio I de santa María Virgen: o II-V Antífona de comunión 1 Pe 4, 13 Estén alegres cuando compartan los sufrimientos de Cristo, para que, cuando se manifieste su gloria, rebosen de gozo. Oración después de la comunión Después de recibir el sacramento de la eterna redención, te pedimos, Señor, que, al recordar los dolores de la Virgen María, completemos en nosotros, en favor de la Iglesia, lo que falta a la pasión de Jesucristo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. 16 de septiembre San Cornelio y san Cipriano, obispos y mártires Memoria Misa del común de mártires o de pastores Oración colecta Concédenos, Señor, que nuestras oraciones nos sirvan de alegría y ayuda, para que, al celebrar la fiesta anual de los santos mártires Cornelio y Cipriano, imitemos su constancia en la fe. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Recibe, Señor, las ofrendas que te presentamos en la fiesta de tus mártires Cornelio y Cipriano; y concédenos la gracia de permanecer siempre firmes en la confesión de tu nombre. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de santos mártires Oración después de la comunión Señor y Dios nuestro, que iluminaste el misterio de la cruz en la muerte gloriosa de tus mártires; escucha nuestra súplica y haz que, fortalecidos por este sacrificio, nos unamos a Cristo fielmente y trabajemos en la Iglesia por la salvación de todos los hombres. Por Jesucristo, Señor nuestro. 17 de septiembre San Roberto Belarmino, obispo y doctor de la Iglesia Misa del común de pastores o doctores Oración colecta Señor, tú que has querido contar en el número de los santos pastores a

san Roberto Belarmino, y lo has hecho brillar por el fuego de la caridad y el poder de una fe que vence al mundo; haz que, por su intercesión, perseveremos en la fe y en el amor y así merezcamos así participar de la gloria con que lo coronaste. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santos pastores. 18 de septiembre San Juan Macías Antífona de entrada Mt 25, 34. 35. 40 Venid vosotros, benditos de mi Padre —dice el Señor—; tuve hambre y me disteis de comer. Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis. Oración colecta Oh Dios, que amas y salvas a los hombres, concédenos participar constantemente del misterio de tu amor y dedicar, con toda alegría, nuestra vida y nuestros bienes al servicio de los hermanos, siguiendo el ejemplo de san Juan Macías, quien, por tu amor, se hizo todo para todos con el fin de salvarlos a todos. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Acoge nuestros dones, oh Padre, en el memorial del infinito amor de tu Hijo, y, por la intercesión de san Juan Macías, seamos confirmados en la generosa entrega a ti y a los hermanos. Por Jesucristo nuestro Señor. Prefacio de santas vírgenes y religiosos Antífona de comunión Sal 33, 9 Gustad y ved qué bueno es el Señor; dichoso el que se acoge a él. Oración después de la comunión Alimentados con el sacramento de la salvación, te rogamos, Dios de misericordia, que, imitando la caridad de san Juan Macías, seamos un día partícipes de su gloria. Por Jesucristo nuestro Señor. 19 de septiembre San Jenaro, obispo y mártir Misa del común de mártires o de pastores Oración colecta Dios de poder y misericordia, que infundiste tu fuerza san Jenaro para que pudiera soportar el dolor del martirio; concede a los que hoy celebramos su victoria vivir defendidos de los engaños del enemigo bajo tu protección amorosa. Por nuestro señor Jesucristo. Prefacio de santos mártires 20 de septiembre

San Andrés Kim Taegon, presbítero y san Pablo Chong Hasang y compañeros, mártires coreanos Memoria Antífona de entrada Sal 36, 39 El Señor es quien salva a los justos, él es su alcázar en el peligro. Oración colecta Oh Dios, creador y salvador de todos los hombres, que en Corea de modo admirable, llamaste a la fe católica a un pueblo de adopción y lo acrecentaste con la gloriosa profesión de fe de los santos mártires Andrés, Pablo y sus compañeros, concédenos, por su ejemplo e intercesión, perseverar también nosotros hasta la muerte en el cumplimiento de tus mandatos. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Dios todopoderoso, mira con benevolencia las ofrendas de tu pueblo y concédenos, por la intercesión de los santos mártires, convertirnos en sacrificio agradable a ti, para la salvación de todo el mundo. Por Jesucristo nuestro Señor. Prefacio de santos mártires Antífona de comunión Mt 10, 32 Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo —dice el Señor—. Oración después de la comunión Alimentados con el pan de los fuertes, en la celebración de los santos mártires, te pedimos humildemente, Señor, que unidos firmemente a Cristo, trabajemos en la Iglesia por la salvación de todos. Por Jesucristo nuestro Señor. 21 de septiembre San Mateo, Apóstol Fiesta Antífona de entrada Mt 28, 19-20 Vayan y prediquen a todos los pueblos, bautizándolos y enseñándoles a cumplir todo lo que les he mandado —dice el Señor—.
Se dice Gloria.

Oración colecta Oh Dios, que en tu infinita misericordia te dignaste elegir a san Mateo para convertirlo de publicano en apóstol, concédenos que, fortalecidos con su ejemplo y su intercesión, podamos seguirte siempre y permanecer unidos a ti con fidelidad. Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas Al venerar la memoria de san Mateo, te presentamos, Señor, nuestra oración y nuestra ofrenda, y te suplicamos que cuides con amor de tu Iglesia, cuya fe alimentaste con la predicación de los apóstoles. Por Jesucristo nuestro Señor. Prefacio I-II de los Apóstoles Antífona de comunión Mt 9, 13 No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores —dice el Señor. Oración después de la comunión Hemos participado, Señor, de la alegría saludable que experimentó tu apóstol san Mateo al tener de invitado en su casa al mismo Salvador; concédenos seguir alimentándonos siempre con el Cuerpo y la Sangre de Cristo, que no ha venido a salvar a los justos, sino a los pecadores. Por Jesucristo nuestro Señor. 24 de septiembre Nuestra Señora de la Merced Misa del común de la Santísima Virgen Oración colecta Padre misericordioso, que enviaste al mundo A tu Hijo Jesucristo, Redentor de los hombres Con la maternal cooperación de la Virgen María, Concede a cuantos la invocamos con el título de la Merced, Mantenernos en la verdadera libertad de hijos Que Cristo Señor nos mereció con su sacrificio, Y ofrecerla incansablemente a todos los hombres. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio V de santa María Virgen 26 de septiembre San Cosme y san Damián, mártires Misa del común de mártires Oración colecta Proclamamos, Señor, tu grandeza al celebrar la memoria de tus mártires Cosme y Damián, porque a ellos les diste el premio de la gloria y a nosotros nos proteges con tu maravillosa providencia. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Señor, guarda intacto tu don en nuestros corazones y lo que de tu mano

hemos recibido sea para nosotros prenda de salvación y de paz. Por Jesucristo nuestro Señor Prefacio de santos mártires Oración después de la comunión Señor, guarda intacto tu don en nuestros corazones, y lo que de tu mano hemos recibido en la festividad de tus santos Cosme y Damián, sea para nosotros prenda de salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor. 27 de septiembre San Vicente de Paúl, presbítero Memoria Misa del común de pastores Oración colecta Señor, Dios nuestro, que dotaste de virtudes apostólicas a tu presbítero san Vicente de Paúl para que entregara su vida al servicio de los pobres y a la formación del clero, concédenos, te rogamos, que, impulsados por su mismo espíritu, amemos cuanto él amó y practiquemos sus enseñanzas. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Señor, tú que concediste a san Vicente de Paúl la gracia de realizar en su vida lo que celebraba en estos santos misterios, concédenos, por la eficacia de está eucaristía, llegar a transformarnos en ofrenda agradable a tus ojos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de santos pastores. Antífona de comunión Sal 106, 8-9 Den gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace con los hombres. Colmó el ansia de los sedientos, y los hambrientos los colmó de bienes. Oración después de la comunión Señor, Dios nuestro, que los sacramentos recibidos fortalezcan en nosotros la fe que nos legó la predicación de los apóstoles, y conservó con su celo san Vicente de Paúl. Por Jesucristo, nuestro Señor. 28 de septiembre San Wenceslao, mártir Misa del común de mártires Oración colecta Dios de poder y misericordia, que infundiste tu fuerza a san Wenceslao

para que pudiera soportar el dolo del martirio; concede a los que hoy celebramos su victoria vivir defendidos de los engaños de enemigo bajo tu protección amorosa. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santos mártires El mismo día 28 de septiembre San Lorenzo Ruiz y compañeros, mártires Misa del común de mártires Oración colecta Concédenos, Señor y Dios nuestro, la constancia de ánimo de tus santos mártires Lorenzo Ruiz y compañeros para servirte a ti y al prójimo, ya que son felices en tu reino los que han sufrido persecución por causa de la justicia. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santos mártires 29 de septiembre Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael Fiesta Antífona de entrada Sal 102, 20 Bendecid al Señor, ángeles suyos, poderosos ejecutores de sus órdenes, prontos a la voz de su palabra. Oración colecta Oh Dios, que con admirable sabiduría distribuyes los ministerios de los ángeles y los hombres, te pedimos que nuestra vida esté siempre protegida en la tierra por aquellos que te asisten continuamente en el cielo. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Te ofrecemos, Señor, este sacrificio de alabanza y te suplicamos humildemente que, llevado a tu presencia por manos de los ángeles, lo recibas con bondad, y nos sirva para nuestra salvación. Por Jesucristo nuestro Señor. Prefacio de los santos ángeles Antífona de comunión Sal 137, 1 Te doy gracias, Señor, de todo corazón; delante de los ángeles tañeré para ti. Oración después de la comunión Que nos fortalezca, Señor, el pan celestial con que nos has alimentado, para que caminemos seguros por la senda de la salvación bajo la fiel custodia de tus ángeles. Por Jesucristo nuestro Señor.

30 de septiembre San Jerónimo, presbítero y doctor de la Iglesia Memoria Antífona de entrada Jos 1, 8 En tus labios estén las palabras de Dios; día y noche medita en ellas, cuida hacer todo lo que ellas dicen, así tu vida tendrá sentido y valor. Oración colecta Oh Dios, tú que concediste a san Jerónimo una estima tierna y viva por la Sagrada Escritura, haz que tu pueblo se alimente de tu palabra con mayor abundancia y encuentre en ella la fuente de la verdadera vida. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Concédenos, Señor, que, después de acoger con devoción tu palabra a ejemplo de san Jerónimo, nos dispongamos a ofrecerte con mayor fervor este sacrificio de salvación. Por Jesucristo nuestro Señor. Prefacio de santos pastores. Antífona de comunión Jr 15, 16 Cuando encontraba palabras tuyas las devoraba; tus palabras eran mi gozo y la alegría de mi corazón, porque tu nombre fue pronunciado sobre mí, Señor Dios. Oración después de la comunión Esta eucaristía que hemos celebrado, Señor, al venerar con gozo la memoria de san Jerónimo, mueva el corazón de tus fieles para que, atentos a la divina palabra, conozcan el camino que deben seguir y, siguiéndolo, lleguen a la vida eterna. Por Jesucristo nuestro Señor.

OCTUBRE
enero – febrero – marzo – abril – mayo – junio – julio – agosto – septiembre – noviembre – diciembre

1-2-3-4-5-6-7-9-9b-10-12-14-15-16-17-18-19-19b-23-23b-28 1 de octubre Santa Teresa del Niño Jesús, virgen Memoria Antífona de entrada Cf. Dt 32, 10-12 El Señor fijó su mirada en ella, la instruyó y la cuidó como a las niñas de sus ojos; como el águila extendió sus alas, la tomó y la llevó sobre sus plumas; el Señor solo la condujo.

Oración colecta Oh Dios, que has preparado tu reino para los humildes y los sencillos, concédenos la gracia de seguir confiadamente el camino de santa Teresa del Niño Jesús para que nos sea revelada, por su intercesión, tu gloria eterna. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, el sacrificio de alabanza que vamos a ofrecerte en esta festividad de santa Teresa del Niño Jesús, y concédenos que también nuestra vida sea agradable a tus ojos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de santas vírgenes y religiosos Antífona de comunión Mt 18, 3 A menos que cambien y se hagan tan sencillos como niños, no entrarán al Reino de los cielos, dice el Señor. Oración después de la comunión El sacramento que hemos recibido, Señor, encienda en nosotros aquel amor ardiente con el que santa Teresa del Niño Jesús se entregó a ti e impetró de tu misericordia el perdón de todos los hombres. Por Jesucristo, nuestro Señor. 2 de octubre Santos Ángeles Custodios Memoria Antífona de entrada Dn 3, 58 Ángeles del Señor, bendigan a Señor; alábenlo y glorifíquenlo eternamente. Oración colecta Oh Dios, que en tu providencia amorosa te has dignado enviar paria nuestra custodia a tus santos ángeles, concédenos, atento a nuestras súplicas, vernos siempre defendidos por su protección y gozar eternamente de su compañía. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Recibe, Señor, las ofrendas que te presentamos en la festividad de tus santos ángeles, y concédenos que su continua protección nos libre de los peligros presentes y nos guíe a la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de los santos ángeles Antífona de comunión Sal 137, 1 Delante de los ángeles tañeré para ti, Dios mío. Oración después de la comunión

A los que has alimentado, Señor, con estos sacramentos que llevan a la vida eterna, dirígelos bajo la tutela de tus ángeles por los caminos de la salvación y de la paz. Por Jesucristo nuestro Señor. 3 de octubre San Francisco de Borja, presbítero Misa del común de pastores Oración colecta Señor y Dios nuestro, que nos mandas valorar los bienes de este mundo, según el criterio de tu ley; al celebrar la fiesta de san Francisco de Borja, tu siervo fiel y cumplidor, enséñanos a comprender que nada hay en el mundo comparable a la alegría de gastar la vida en tu servicio. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santos pastores. 4 de octubre San Francisco de Asís Memoria Antífona de entrada Francisco de Asís dejó su casa, abandonó la herencia que le pertenecía y logró llegar a ser pobre y necesitado. Así, el Señor le tomó a su servicio. Oración colecta Dios todopoderoso, que otorgaste a san Francisco de Asís la gracia de asemejarse a Cristo por la humildad y la pobreza, concédenos caminar tras sus huellas para que podamos seguir a tu Hijo y entregarnos a ti con amor jubiloso. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Al presentarte, Señor, nuestras ofrendas, te rogamos nos dispongas para celebrar dignamente el misterio de la cruz, al que se consagró san Francisco de Asís con el corazón abrasado en tu amor. Por Jesucristo nuestro Señor. Prefacio de los santos I o II Antífona de comunión Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Oración después de la comunión Por este sacramento que hemos recibido, concédenos, Señor, imitar a san Francisco de Asís en su caridad y en su celo apostólico, para que gustemos los frutos de tu amor y nos entreguemos a la salvación de

nuestros hermanos. Por Jesucristo nuestro Señor. 5 de octubre Témporas de acción de gracias y de petición Feria mayor
En los lugares donde se celebran las Témporas de acción de gracias y de petición pueden tomarse del Apéndice I.

6 de octubre San Bruno, presbítero Misa del común de pastores Oración colecta Señor, Dios nuestro, tú que llamaste a san Bruno para que te sirviera en la soledad, concédenos, por su intercesión, que en medio de las vicisitudes de este mundo vivamos entregados siempre a ti. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santos pastores. 7 de octubre Nuestra Señora, la Virgen del Rosario Memoria Antífona de entrada Lc 1. 28. 42 Alégrate, María, la llena de gracia; el Señor está contigo. Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. Oración colecta Derrama, Señor, tu gracia sobre nosotros, que, por el anuncio del ángel, hemos conocido la encarnación de tu Hijo, para que lleguemos por su pasión y su cruz, y con la intercesión de la Virgen María, a la gloria de la resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Te rogamos, Señor, que tú mismo nos dispongas para celebrar dignamente este sacrificio, y por la meditación de los misterios de tu Unigénito concédenos ser dignos de alcanzar sus promesas. Por Jesucristo nuestro Señor. Prefacio I de santa María Virgen: en la Fiesta, o II-V Antífona de comunión Lc 1, 31 Concebirás y a darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús.

Oración después de la comunión Te rogamos, Señor, que cuantos hemos anunciado en este sacramento la muerte y resurrección de tu Hijo, asociados a los dolores de su pasión, podamos participar en el gozo de la gloria. Por Jesucristo, nuestro Señor. 9 de octubre San Dionisio, obispo, y compañeros mártires Misa del común de mártires Oración colecta Dios omnipotente y misericordioso, que mantuviste firme en medio de los tormentos a tu santo mártir san Dionisio, protege a quienes celebramos hoy su triunfo para que no caigamos nunca en las tentaciones del enemigo. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santos mártires El mismo día 9 de octubre San Juan Leonardi, presbítero Misa del común de pastores Oración colecta Señor y Dios nuestro, que en el amor a ti y al prójimo has querido resumir tus mandamientos, concédenos que, a ejemplo de san Juan Leonardi, no neguemos a nadie nuestra ayuda y merezcamos ser llamados con él a compartir el Reino de tu Hijo. Él, que vive y reina contigo. Prefacio de los santos I o II o de santos pastores 10 de octubre Santo Tomás de Villanueva, obispo Misa del común de pastores 11de octubre Santa Soledad Torres Acosta, virgen Misa del común de vírgenes 12 de octubre Nuestra Señora del Pilar Fiesta Antífona de entrada Cf. Sb 18, 3; Ex 13, 21-22

Tú permaneces como la columna que guiaba y sostenía día y noche al pueblo en el desierto. Oración colecta Dios todopoderoso y eterno, que en la gloriosa Madre de tu Hijo has concedido un amparo celestial a cuantos la invocan con la secular advocación del Pilar; concédenos, por su intercesión, fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Dios todopoderoso y eterno, que hiciste brillar sobre nosotros la luz de la fe, haz que los dones que ahora te presentamos y las súplicas que te dirigimos nos consigan, por intercesión de santa María del Pilar, permanecer firmes en la fe y generosos en el amor. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio LA GLORIA DE LA VIRGEN MARÍA V. El Señor esté con vosotros. R. Y con tu espíritu. V. Levantemos el corazón. R. Lo tenemos levantado hacia el Señor. V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R. Es justo y necesario. En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por todas las grandes maravillas que has realizado en la Virgen, Madre de tu Hijo. Ella, concebida sin pecado, no fue contaminada por la corrupción del sepulcro; pues, siendo intacta en su virginidad, gloriosa en su descendencia y triunfante en su asunción, fue Madre de Cristo, esposo de la Iglesia, luz de las gentes, esperanza de los fieles y gozo de todo nuestro pueblo. Por eso, al celebrar ahora la fiesta del Pilar, te alabamos con los ángeles y los arcángeles, y con todos los coros celestiales, cantando sin cesar el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo… Antífona de comunión Lc 1, 48 Me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí.

Oración después de la comunión Oh Dios, que de modo maravilloso multiplicas tu presencia en medio de nosotros; al darte gracias por este sacramento con que nos has alimentado, te rogamos nos concedas, por intercesión de santa María del Pilar, llegar a contemplarte eternamente en el cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor. 14 de octubre San Calixto I, papa y mártir Misa del común de mártires o de pastores Oración colecta Dios todopoderoso y eterno, que otorgaste a san Calixto, la gracia de luchar por la fe hasta el martirio; concédenos, por su intercesión, soportar por tu amor todas las adversidades y caminar incansablemente hacia ti, que eres nuestra vida. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santos mártires 15 de octubre Santa Teresa de Jesús, virgen y doctora de la Iglesia Memoria Antífona de entrada Sal 41, 2-3 Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío; tiene sed de Dios, del Dios vivo Oración colecta Señor Dios nuestro, que por tu Espíritu has suscitado a santa Teresa de Jesús, para mostrar a tu Iglesia el camino de la perfección, concédenos vivir de su doctrina y enciende en nosotros el deseo de la verdadera santidad. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Señor, sean aceptables a tu majestad los dones que te presentamos, como te fue grato el don de sí misma, que te ofreció santa Teresa de Jesús. Por Jesucristo nuestro Señor. Prefacio de santas vírgenes y religiosos Antífona de comunión Sal 88, 2 Cantaré eternamente las misericordias del Señor, anunciaré tu fidelidad por todas las edades. Oración después de la comunión Señor, Dios nuestro, concede a tu pueblo, alimentado con el pan celestial, cantar eternamente tus misericordias como santa Teresa de Jesús. Por Jesucristo, nuestro Señor.

16 de octubre Santa Eduvigis, religiosa Misa del común de santos o de religiosos Oración colecta Señor, tú que otorgaste a santa Eduvigis la gracia de imitar con fidelidad a Cristo pobre y humilde, ayúdanos a vivir fielmente nuestra vocación cristiana, para que reproduzcamos cada día mejor, en nosotros, la imagen de tu Hijo. Él, que vive y reina contigo. Prefacio de los santos I o II El mismo día 16 de octubre Santa Margarita María de Alacoque, virgen Misa del común de vírgenes Oración colecta Concédenos, Dios, salvador nuestro, que al conmemorar hoy a santa Margarita Alacoque, virgen, aprendamos, a ejemplo suyo, a servirte con amor y alegría. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santas vírgenes y religiosos 17 de octubre San Ignacio de Antioquía, obispo y mártir Memoria Antífona de entrada Ga 2, 19-20 Estoy clavado con Cristo en la cruz; ya no soy yo quien vive, sino que es Cristo quien vive en mí; vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó por mí. Oración colecta Dios eterno y todopoderoso, tú has querido que el testimonio de tus mártires glorificara a toda la Iglesia, Cuerpo de Cristo, concédenos que, así como el martirio que ahora conmemoramos fue para san Ignacio de Antioquía causa de gloria eterna, nos merezca también a nosotros su protección constante. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Señor, tú que aceptaste a san Ignacio de Antioquía, trigo de Cristo, como pan inmaculado en el martirio, acepta, igualmente complacido, la oblación que ahora te presentamos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de santos mártires Antífona de comunión Soy trigo de Cristo: seré triturado por los dientes de las fieras y transformado así en pan inmaculado.

Oración después de la comunión Señor, este pan del cielo que hemos recibido, en la fiesta de san Ignacio de Antioquia nos otorgue nuevas fuerzas y nos ayude a vivir como cristianos de palabra y de obra. Por Jesucristo, nuestro Señor. 18 de octubre San Lucas, evangelista Fiesta Antífona de entrada Is 52, 7 Qué hermoso es ver correr sobre los montes al mensajero que anuncia la paz, que trae buenas noticias, que anuncia la salvación.
Se dice Gloria.

Oración colecta Señor y Dios nuestro, que elegiste a san Lucas para que nos revelara con su predicación y sus escritos tu amor a los pobres, concede, a cuantos se glorían en Cristo, vivir con un mismo corazón y un mismo espíritu y atraer a todos los hombres a la salvación. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Purifica, Señor, nuestros corazones, a fin de que el sacrificio que vamos a ofrecerte en la festividad de san Lucas, evangelista, nos obtenga la salud del espíritu y la salvación eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio I-II de los Apóstoles Antífona de comunión Cf. Lc 10, 1. 9 El Señor envió a sus discípulos a anunciar por todas partes la llegada del Reino de Dios. Oración después de la comunión Concédenos, Dios todopoderoso que esta eucaristía, de la que hemos participado en tu altar, nos santifique y nos haga fuertes en la fe del Evangelio que san Lucas predicó. Por Jesucristo nuestro Señor. 19 de octubre San Juan de Breveuf y san Isaac Jogues, presbíteros, y compañeros mártires Misa del común de mártires Oración colecta Oh Dios, tú quisiste que los comienzos de tu Iglesia en América del Norte fueran santificados con la predicación y la sangre de san Juan y

san Isaac y sus compañeros mártires, haz que, por su intercesión, crezca de día en día, y en todas las partes del mundo, una abundante cosecha de nuevos cristianos. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santos mártires El mismo día 19 de octubre San Pablo de la Cruz, presbítero Antífona de entrada 1 Co 2, 2 Cuando estuve entre vosotros, nunca me precié de otra cosa que de conocer a Jesucristo crucificado. Oración colecta Concédenos, Señor, que san Pablo de la Cruz, cuyo único amor fue Cristo crucificado, nos alcance tu gracia para que, estimulados por su ejemplo, nos abracemos con fortaleza a la cruz de cada día. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Dios todopoderoso, mira complacido la ofrenda que te presentamos en la fiesta de san Pablo de la Cruz, y concede a cuantos celebramos este memorial de la pasión de tu Hijo hacerlo realidad en nuestra vida. Por Jesucristo nuestro Señor. Prefacio de santos pastores. Antífona de comunión 1 Co 1, 23-24 Nosotros predicamos a Jesucristo crucificado; él es poder y sabiduría de Dios. Oración después de la comunión Oh Dios, que ilustraste de modo admirable el misterio de la cruz en la vida de tu presbítero san Pablo; concédenos que, fortalecidos por este sacrificio, permanezcamos siempre fieles a Cristo y nos entreguemos a trabajar en la Iglesia por la salvación de todos los hombres. Por Jesucristo nuestro Señor. 23 de octubre San Juan de Capistrano, presbítero Misa del común de pastores Oración colecta Señor y Dios nuestro, tú que concediste a los pueblos infieles salir de las tinieblas a la luz de la verdad mediante la predicación de san Juan de Capistrano; concédenos, por su intercesión, permanecer firmes en la fe y constantes en la esperanza evangélica que él anunció. Por nuestro Señor Jesucristo.

Prefacio de santos pastores. El mismo día 23 de octubre San Antonio María Claret, obispo Misa del común de pastores Oración colecta Oh Dios, que concediste a tu obispo san Antonio María Claret ser agregado al número de los santos pastores por su ardiente caridad y su fe insigne; concédenos, por su intercesión, perseverar en el amor y en la fe, para poder así, participar del premio de tu gloria. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santos pastores. 28 de octubre San Simón y San Judas, apóstoles Fiesta Antífona de entrada Estos santos varones han sido escogidos por Dios en su infinito amor y han recibido de él la gloria eterna.
Se dice Gloria.

Oración colecta Señor Dios nuestro, que nos has dado a conocer a tu Hijo por la predicación de los apóstoles, te rogamos que, por intercesión de san Simón y san Judas, tu Iglesia siga siempre creciendo con la conversión incesante de los pueblos. Por Jesucristo nuestro Señor. Oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, los dones que te presentamos en la fiesta de tus santos apóstoles Simón y Judas; y reaviva nuestra fe para que podamos celebrar dignamente tu Eucaristía. Por Jesucristo, Señor nuestro. Prefacio I-II de los Apóstoles Antífona de comunión Jn 14, 23 Si alguno me ama, cumplirá mis mandamientos —dice el Señor—; mi Padre lo amará, vendremos a él y haremos en él nuestra morada. Oración después de la comunión Señor, después de participar en la eucaristía y movidos por el Espíritu Santo, te rogamos que este memorial de la pasión de tu Hijo, celebrado en honor de san Simón y san Judas, nos ayude a perseverar en tu amor. Por Jesucristo, nuestro Señor.

NOVIEMBRE

enero – febrero – marzo – abril – mayo – junio – julio – agosto – septiembre – octubre – diciembre

1-2-3-4-9-10-11-12-13-15-16-16b-17-18-21-22-23-23b-24-30 1 de noviembre TODOS LOS SANTOS Solemnidad Antífona de entrada Alegrémonos en el Señor al celebrar este día la solemnidad de Todos los Santos; por la cual se alegran los ángeles y alaban al Hijo de Dios.
Se dice Gloria.

Oración colecta Dios todopoderoso y eterno, que nos has otorgado celebrar en una misma fiesta los méritos de todos los Santos, concédenos, por es ya multitud de intercesores, la deseada abundancia de tu misericordia y tu perdón. Por nuestro Señor Jesucristo.
Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas Dígnate aceptar, Señor, las ofrendas que te presentamos en honor de todos los Santos, y haz que sintamos interceder por nuestra salvación a todos aquellos que ya gozan de la gloria de la inmortalidad. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio LA GLORIA DE LA IGLESIA, NUESTRA MADRE V. El Señor esté con vosotros. R. Y con tu espíritu. V. Levantemos el corazón. R. Lo tenemos levantado hacia el Señor. V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R. Es justo y necesario. En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro. Porque hoy nos concedes celebrar la gloria de tu ciudad santa, la Jerusalén celestial, que es nuestra madre, donde eternamente te alaba la asamblea festiva de todos los Santos, nuestros hermanos. Hacia ella, aunque peregrinos en país extraño, nos encaminamos alegres, guiados por la fe y gozosos por la gloria de los mejores hijos de la Iglesia; en ellos encontramos ejemplo y ayuda para nuestra debilidad.

Por eso, unidos a estos Santos y a los coros de los ángeles, te glorificamos y cantamos diciendo: Santo, Santo, Santo… Antífona de comunión Mt 5, 8-10 Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios; bienaventurados los que trabajan por la paz, porque se les llamará hijos de Dios; bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos. Oración después de la comunión Señor, te proclamamos admirable y el solo Santo entre todos tus Santos; por eso imploramos de tu misericordia que, realizando nuestra santidad por la participación en la plenitud de tu amor pasemos de esta mesa de la Iglesia peregrina al banquete del reino de los cielos. Por Jesucristo, nuestro Señor. 2 de noviembre Conmemoración de todos los fieles difuntos
Las siguientes misas pueden elegirse a gusto del celebrante. Cuando el 2 de noviembre cae en domingo se celebra la misa de la Conmemoración de todos los fieles difuntos.

n. 1 Prefacio de difuntos: I – II – III – IV – V. n. 2 Prefacio de difuntos: I – II – III – IV – V. n.3 Prefacio de difuntos: I – II – III – IV – V. 3 de noviembre San Martín de Porres, religioso Antífona de entrada Mt 25, 34. 36. 40 Venid vosotros, benditos de mi Padre —dice el Señor—; estuve enfermo y me visitasteis. Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis. Oración colecta Señor, Dios nuestro, que has querido conducir a san Martín de Porres, por el camino del servicio y la humildad, a la gloria del cielo, concédenos la gracia de seguir sus ejemplos, para que merezcamos ser

coronados con él en la gloria. Por Jesucristo, nuestro Señor. Oración sobre las ofrendas Recibe, Señor, los dones de tu pueblo, y concédenos que, al recordar las maravillas obradas en la vida de san Martín de Porres, nos reafirmemos en el amor a ti y al prójimo. Por Jesucristo nuestro Señor. Prefacio de santas vírgenes y religiosos Antífona de comunión Jn 15, 13 Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Oración después de la comunión Alimentados por estos sagrados misterios, te pedimos, Señor, nos ayudes a seguir los ejemplos de san Martín de Porres, que te rindió culto con ferviente devoción, y se entregó a tu pueblo en un constante servicio de amor. Por Jesucristo nuestro Señor. 4 de noviembre San Carlos Borromeo, obispo Memoria Misa del común de pastores Oración colecta Conserva, Señor, en tu pueblo el espíritu que infundiste en san Carlos Borromeo, para que tu Iglesia se renueve sin cesar y, transformada en imagen de Cristo, pueda presentar ante el mundo el verdadero rostro de tu Hijo. Él, que vive y reina contigo. Oración sobre las ofrendas Acoge, Señor, los dones que presentamos en tu altar en la fiesta de san Carlos Borromeo y concédenos, por la eficacia de este sacrificio, que así como a él le llenaste de gloria por su celo pastoral y sus virtudes nos hagas abundar a nosotros en frutos de buenas obras. Por Jesucristo nuestro Señor. Prefacio de santos pastores. Oración después de la comunión Que esta eucaristía, Señor, nos otorgue aquella fortaleza de espíritu que hizo de san Carlos Borromeo un ministro fiel a tu servicio y un apóstol de la caridad. Por Jesucristo nuestro Señor. 9 de noviembre La Dedicación de la Basílica de Letrán Fiesta

Misa del común de la dedicación de una iglesia 10 de noviembre San León Magno, papa y doctor de la Iglesia Memoria Misa del común de pastores o doctores Oración colecta Oh Dios, tú que no permites que el poder del infierno derrote a tu Iglesia, fundada sobre la firmeza de la roca apostólica, concédele, por los ruegos del papa san León Magno, permanecer siempre firme en la verdad para que goce de una paz duradera. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Por estas ofrendas que te presentamos te rogamos, Señor, que Ilumines a tu Iglesia, para que tu rebaño se multiplique en todo el mundo y sus pastores, conducidos por ti, actúen siempre según tu corazón. Por Jesucristo nuestro Señor. Prefacio de santos pastores. Oración después de la comunión Gobierna, Señor, a tu Iglesia a la que alimentas en esta mesa santa, para que, dirigida por tu mano poderosa, tenga cada vez mayor libertad y persevere firme al servicio de la fe. Por Jesucristo nuestro Señor. 11 de noviembre San Martín de Tours, obispo Memoria Antífona de entrada 1 Sam 2, 35 Yo me suscitaré un sacerdote fiel, que obre según mi corazón y mis deseos, —dice el Señor. Oración colecta Oh Dios, que fuiste glorificado con la vida y la muerte de tu obispo san Martín de Tours, renueva en nuestros corazones las maravillas de tu gracia, para que ni la vida ni la muerte puedan apartarnos de tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Santifica, Señor, los dones que te presentamos con gozo en la fiesta de san Martín; que ellos orienten nuestra vida en medio de los bienes y males de este mundo. Por Jesucristo nuestro Señor. Prefacio de santos pastores.

Antífona de comunión Mt 25, 40 Les aseguro que cada vez que lo hicieron con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicieron —dice el Señor. Oración después de la comunión Concede, Señor, a los que has alimentado con el sacramento de la unidad, la aceptación perfecta de tu voluntad en todas las cosas, para que, así como san Martín se entregó por entero a tu servicio, también nosotros vivamos el gozo de ser verdaderamente tuyos. Por Jesucristo nuestro Señor. 12 de noviembre San Josafat, obispo y mártir Memoria Misa del común de mártires Oración colecta Aviva, Señor, en tu Iglesia, el Espíritu que impulsó a san Josafat, obispo y mártir, a dar la vida por su rebaño, y concédenos, por su intercesión, que ese mismo Espíritu nos dé fuerza a nosotros para entregar la vida por nuestros hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Dios de misericordia, bendice estos dones y fortalece a tu pueblo en la fe, que confirmó san Josafat con el derramamiento de su sangre. Por Jesucristo nuestro Señor. Prefacio de santos mártires Oración después de la comunión Señor, que el banquete eucarístico nos llene de paz y fortaleza, para que, a ejemplo de san Josafat, gastemos generosamente nuestra vida por la extensión y la unidad de la Iglesia. Por Jesucristo nuestro Señor. 13 de noviembre San Leandro, obispo Misa del común de pastores 15 de noviembre San Alberto Magno, obispo y doctor de la Iglesia Misa del común de pastores Oración colecta Señor, tú que has hecho insigne al obispo san Alberto Magno porque

supo conciliar de modo admirable la ciencia divina con la sabiduría humana, concédenos a nosotros aceptar de tal forma su magisterio que, por medio del progreso de las ciencias, lleguemos a conocerte y a amarte mejor. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santos pastores. 16 de noviembre Santa Margarita de Escocia Misa del común de santos Oración colecta Señor Dios nuestro, que hiciste de santa Margarita de Escocia un modelo admirable de caridad para con los pobres, concédenos, por su intercesión, que, siguiendo su ejemplo, seamos nosotros fiel reflejo de tu bondad entre los hombres. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de los santos I o II El mismo día 16 de noviembre Santa Gertrudis, virgen Misa del común de vírgenes Oración colecta Oh Dios, que hiciste del corazón de tu virgen santa Gertrudis una gozosa morada para ti, por su oración y sus méritos, ilumina las tinieblas de nuestro corazón y concédenos experimentar con alegría tu presencia y tu acción entre nosotros. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santas vírgenes y religiosos 17 de noviembre Santa Isabel de Hungría, religiosa Memoria Misa del común de santos Oración colecta Oh Dios, que concediste a santa Isabel de Hungría la gracia de reconocer y venerar en los pobres a tu Hijo Jesucristo, concédenos, por su intercesión, servir con amor infatigable a los humildes y a los atribulados. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de los santos I o II 18 de noviembre La Dedicación de la basílica de los apóstoles San Pedro y San Pablo Antífona de entrada Cf. Sal 44, 17-18 A Pedro y Pablo los has nombrado príncipes por toda la tierra. Ellos han

hecho memorable tu nombre por generaciones y generaciones, y los pueblos te alabarán por los siglos de los siglos. Oración colecta Defiende a tu Iglesia, Señor, con la protección de los apóstoles, y pues ha recibido por ellos el primer anuncio del Evangelio, reciba también, por su intercesión, aumento de gracia hasta el fin de los tiempos. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Al ofrecerte, Señor, los dones con que te servimos, te suplicamos que guardes intacta en nuestros corazones la verdad que nos fue transmitida por el ministerio de tus apóstoles san Pedro y san Pablo. Por Jesucristo nuestro Señor. Prefacio I de los Apóstoles Antífona de comunión Jn 6. 69-70 Señor, tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos que tú eres el Santo consagrado por Dios. Oración después de la comunión Señor, haz que tu pueblo, alimentado con el pan celestial, se llene de alegría al conmemorar a tus santos apóstoles san Pedro y san Pablo, bajo cuya tutela has querido dirigirle. Por Jesucristo nuestro Señor. 21 de noviembre La Presentación de la Santísima Virgen Memoria Misa del común de la Santísima Virgen Oración colecta Te rogamos, Señor, que a cuantos hoy honramos la gloriosa memoria de la Santísima Virgen María, nos concedas, por su intercesión, participar, como ella, de la plenitud de tu gracia. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santa María Virgen I-V 22 de noviembre Santa Cecilia, virgen y mártir Memoria Misa del común de mártires Oración colecta Acoge nuestras súplicas, Señor, y, por intercesión de santa Cecilia, dígnate escucharnos con bondad. Por nuestro Señor Jesucristo.

Prefacio de santos mártires 23 de noviembre San Clemente I, papa y mártir Misa del común de mártires o de pastores Oración colecta Dios todopoderoso y eterno, que te muestras admirable en la gloria de tus santos, concédenos celebrar con alegría la fiesta de san Clemente primero, sacerdote y mártir de tu Hijo, que dio testimonio con su muerte de los misterios que celebraba y confirmó con el ejemplo lo que predicó con su palabra. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santos mártires El mismo día 23 de noviembre San Columbano, abad Misa del común de pastores Oración colecta Señor, Dios nuestro, que has unido de modo admirable en el abad san Columbano la tarea de la evangelización y el amor a la vida monástica, concédenos, por su intercesión y su ejemplo, que te busquemos a ti sobre todas las cosas y trabajemos por la propagación de tu reino. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santos pastores. 24 de noviembre San Andrés Dung-Lac, presbítero, y compañeros, mártires Antífona de entrada Cf. Ga 6, 14a; 1 Co 1, 18 Dios nos libre de gloriarnos si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, porque el mensaje de la cruz, para nosotros, que estamos en vías de salvación, es fuerza de Dios. Oración colecta Oh Dios, fuente y origen de toda paternidad, tú hiciste que los santos mártires Andrés y sus compañeros fueran fieles a la cruz de Cristo, con una fidelidad que llegó hasta el derramamiento de su sangre; concédenos, por su intercesión, que difundamos tu amor entre nuestros hermanos y que nos llamemos y seamos de verdad hijos tuyos. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Recibe, Padre santo, los dones que te ofrecemos en la veneración del martirio de los santos vietnamitas, para que, en medio de las dificultades de nuestra vida, permanezcamos siempre fieles a ti y hagamos de nosotros mismos un sacrificio agradable a tus ojos. Por

Jesucristo nuestro Señor. Prefacio de santos mártires Antífona de comunión Mt 5, 10 Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Oración después de la comunión Después de haber sido alimentados con un mismo y único pan, en la conmemoración de los santos mártires, te pedimos humildemente, Señor, que nos mantengamos unidos en tu amor y que, con nuestra constancia en las pruebas, alcancemos finalmente la recompensa eterna. Por Jesucristo nuestro Señor. 30 de noviembre San Andrés, apóstol Fiesta Antífona de entrada Cf. Mt 4, 18-19 El Señor, junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos, a Pedro y Andrés, y los llamó: «Vengan conmigo y los haré pescadores de hombres».
Se dice Gloria.

Oración colecta Protégenos, Señor, con la constante intercesión del apóstol san Andrés, a quien escogiste para ser predicador y pastor de tu Iglesia. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Dios todopoderoso, estos dones que te presentamos en la festividad de san Andrés, nos hagan agradables a ti y, al recibirlos, renueven nuestra vida. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio I-II de los Apóstoles Antífona de comunión Jn 1, 41-42 Dijo Andrés a su hermano Simón: «Hemos encontrado al Mesías». Y lo llevó a Jesús. Oración después de la comunión Te rogamos, Señor, que la participación en tus sacramentos nos dé fortaleza para que, compartiendo la muerte de Cristo, a ejemplo del apóstol san Andrés, merezcamos vivir con él en la gloria. Por Jesucristo, nuestro Señor.

DICIEMBRE

enero – febrero – marzo – abril – mayo – junio – julio – agosto – septiembre – octubre – noviembre

3-4-5-6-7-8-11-12-14-21-23-26-27-28-29-31 3 de diciembre San Francisco Javier, presbítero Memoria Misa del común de pastores Oración colecta Señor y Dios nuestro, tú has querido que numerosas naciones llegaran al conocimiento de tu nombre por la predicación de san Francisco Javier; infúndenos su celo generoso por la propagación de la fe, y haz que tu Iglesia encuentre su gozo en evangelizar a todos los pueblos. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Señor, recibe los dones que te presentamos en la festividad de san Francisco Javier, y si él partió a lejanos continentes, impulsado por el celo de la salvación de los hombres, concédenos a nosotros que, dando testimonio eficaz del Evangelio, sintamos la urgencia de llegar a ti en unión de todos los hermanos. Por Jesucristo nuestro Señor. Prefacio de santos pastores. Oración después de la comunión El sacramento que hemos recibido, Señor, despierte en nosotros el amor ardiente que inflamó a san Francisco Javier en el celo por la salvación de las almas, así, trabajando según las exigencias de nuestra vocación, conseguiremos el premio que tú has prometido a aquellos que te sirven con un corazón generoso. Por Jesucristo nuestro Señor. 4 de diciembre San Juan Damasceno, presbítero y doctor de la Iglesia Misa del común de pastores Oración colecta Te rogamos, Señor, que nos ayude en todo momento la intercesión de san Juan Damasceno, para que la fe verdadera que tan admirablemente enseñó sea siempre nuestra luz y nuestra fuerza. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santos pastores. 6 de diciembre San Nicolás, obispo Misa del común de pastores Oración colecta

Imploramos, Señor, tu misericordia y te suplicamos que, por la intercesión de tu obispo san Nicolás, nos protejas en todos los peligros para que podamos caminar seguros por la senda de la salvación. Por nuestro Señor Jesucristo. Prefacio de santos pastores. 7 de diciembre San Ambrosio, obispo y doctor de la Iglesia Memoria Misa del común de pastores o doctores Oración colecta Señor y Dios nuestro: tú que hiciste al obispo san Ambrosio doctor esclarecido de la fe católica y ejemplo admirable de fortaleza apostólica, suscita en medio de tu pueblo hombres que, según tu voluntad, gobiernen a tu Iglesia con sabiduría y fortaleza. Por nuestro Señor Jesucristo. Oración sobre las ofrendas Al celebrar estos santos misterios te pedimos, Señor, que el Espíritu Santo nos ilumine con la misma fe que infundió a san Ambrosio para propagar sin descanso tu gloría. Por Jesucristo nuestro Señor. Prefacio de santos pastores. Oración después de la comunión Ahora que nos has robustecido con la fuerza de este sacramento, concédenos, Señor, seguir las enseñanzas de tu obispo san Ambrosio, haz que siguiendo fielmente tus senderos vayamos preparándonos a participar en los gozos del banquete del reino. Por Jesucristo nuestro Señor. 8 de diciembre LA INMACULADA CONCE