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Psicología Evolutiva Adolescencia (Grassi)

Resumen 1er parcial

FREUD: Tres ensayos – “Metamorfosis de la pubertad” (1905)

Con la pubertad, se producen cambios que llevan la vida sexual infantil a su


conformación normal. La pulsión sexual, ahora va a hallar su objeto. Va a ser dada una nueva
meta sexual, y para alcanzarla, todas las pulsiones parciales van a cooperar y las zonas
erógenas se van a subordinar al primado de la zona genital. La nueva meta sexual en el varón
va a ser la descarga de los productos genésicos.

EL PRIMADO DE LAS ZONAS GENITALES Y EL PLACER PREVIO

En la pubertad, los genitales externos crecen notablemente. Además, pueden ofrecer (o


recibir) productos genésicos para la gestación de un nuevo ser. Este aparato se pone en
marcha mediante estímulos, los cuales pueden derivar del mundo exterior (por excitación de las
zonas erógenas), desde el interior del organismo, o desde la vida anímica. Por cualquiera de
los 3 caminos se va a provocar excitación sexual, la cual se da a conocer por signos anímicos
(sentimiento de tensión) y somáticos (alteraciones en los genitales: erección y humectación). El
estado de excitación sexual presenta el carácter de una tensión, el cual suponemos que
conlleva displacer.

De las zonas erógenas parte un cierto monto de placer, a partir de él, nace un
incremento de la tensión, la cual a su vez, tiene que ofrecer la energía motriz necesaria para
llevar a su término el acto sexual. El placer máximo será el otorgado por la descarga, y con él
se eliminará la tensión de la libido. Así podemos decir que es distinto el placer provocado por la
excitación de las zonas erógenas, que el provocado por el vaciamiento. El primero es el placer
previo, el segundo es el placer final, el cual es nuevo, y depende de condiciones que solo se
pueden percibir desde la pubertad.

El malogro de la función del mecanismo sexual por culpa del placer previo se evita
cuando en la vida infantil se prefigura de algún modo, el primado de las zonas genitales. En
esta época ya puede destacarse la erogeneidad de éstas zonas.

EL PROBLEMA DE LA EXCITACIÓN SEXUAL

Normalmente sólo la descarga de las sustancias sexuales pone fin a la excitación


sexual. Cuando la reserva de semen está vacía es imposible la ejecución del acto sexual,
además, fracasa también la estimulabilidad de las zonas erógenas, cuya excitación ya no es
capaz de provocar placer alguno. La acumulación de estas sustancias es lo que crea y sostiene
a la tensión sexual; esto se debe tal vez a la presión que estos productos ejercen sobre la
pared de sus receptáculos.

Por otra parte, se pudo demostrar por una serie de observaciones que la excitación
sexual es independiente de la producción de sustancias genésicas. Enfermedades que
aniquilaron la producción de células genésicas masculinas dejaron intactas la libido y la
potencia del individuo (ahora estéril)
LA TEORÍA DE LA LIBIDO

La libido podría medir procesos en el ámbito de la excitación sexual. Tiene un carácter


cualitativo y cuantitativo. La excitación sexual puede ser brindada por todos los órganos del
cuerpo. La libido narcisista o yoica se aparece como el reservorio desde el cual son emitidas
las investiduras de objeto. Sólo se vuelve accesible al estudio cuando ha ubicado su investidura
en objetos sexuales, o sea, cuando se ha convertido en libido de objeto. Podemos reconocer
además que esta libido de objeto va a tener como destino quitarse de los mismos, mantenerse
fluctuante en particulares estados de tensión y luego volver a ser recogida en el interior del yo,
con lo cual se convierte nuevamente en libido yoica (o libido narcisista).

DIFERENCIACIÓN ENTRE EL HOMBRE Y LA MUJER

Con la pubertad se establece la separación tajante entre lo masculino y lo femenino.


Aunque ya había algunos indicios desde la niñez. Por ejemplo, el desarrollo de las inhibiciones
de la sexualidad (vergüenza, asco) se cumple en la niña antes y con menores resistencias que
en el varón. La sexualidad de la niña tiene un carácter enteramente masculino. La activación
autoerótica va a ser la misma en ambos sexos.

En la niña la zona erógena se sitúa en el clítoris. Las descargas espontáneas del estado
de excitación sexual se exteriorizan en contracciones del clítoris. La pubertad produce en la
muchacha una nueva represión, que afecta a la sexualidad del clítoris. El refuerzo de las
inhibiciones sexuales proporciona después un estimulo a la libido del hombre. Cuando por fin el
acto sexual es permitido, el clítoris es excitado y sobre él recae el papel de retransmitir esa
excitación a las partes femeninas vecinas. Pero para que suceda esto, pasó un largo lapso
donde la joven se mantiene anestésica. La anestesia de las mujeres es a menudo local, esto
quiere decir, son anestésicas en la vagina, pero en modo alguno son inexcitables desde el
clítoris o aun desde otras zonas. A esta anestesia viene a sumársele ocasiones psíquicas.
La mujer ha mudado su zona rectora, mientras que el hombre la conserva desde la
infancia. En este cambio residen las principales condiciones en la mujer en ser proclive a las
neurosis, especialmente, la histeria.

EL HALLAZGO DE OBJETO

De los primeros vínculos sexuales resta una parte que ayuda a preparar la elección de
objeto, y así restaurar aquella pérdida. A lo largo del periodo de latencia el niño aprenderá a
amar a otras personas que remedien su desvalimiento. El trato del niño con la persona que lo
cuida es una fuente continua de excitación. Un exceso de ternura de parte de los padres,
puede provocar un daño porque apresura la maduración sexual. La angustia de los niños es la
expresión de su añoranza de la persona amada. El niño tan pronto como no pueda satisfacer
su libido, la muda en angustia.

La elección del objeto se consuma primero en la esfera de la representación, y es difícil


que la vida sexual del joven que madura pueda desplegarse en otro espacio de juego que el de
la fantasía. A raíz de las fantasías vuelven a emerger las inclinaciones infantiles; además se
logra el desasimiento respecto de la autoridad de los progenitores. En los psiconeuróticos una
parte de la actividad psicosexual para el hallazgo de objeto permanece en el inconsciente. Para
las muchachas pasa a ser una tentación, realizar en la vida el ideal del amor asexual, y así
ocultar su libido detrás de una ternura.

El primer enamoramiento es frecuente que se dirija a una persona mayor, esto sucede
porque puede revivirle al joven la imagen del padre y de la madre. El varón sobretodo, persigue
la imagen mnémica de la madre. Por otra parte, podemos ver en la adolescencia una
inclinación hacia la inversión: se ven amistades apasionadas entre personas del mismo sexo.
La disposición a la perversión es originaria de la pulsión sexual, y a partir de ella se desarrolla
la conducta sexual normal. Así, a expensas de las mociones sexuales perversas y con ayuda
de la educación, se edifican en la infancia los poderes destinados a mantener la pulsión sexual
dentro de ciertas vías. Otra parte de estas mociones escapa y puede exteriorizarse como
práctica sexual.

CORDIÉ: Crisis de adolescencia y escolaridad: “El malestar en el adolescente”

LA CRISIS

Cierto equilibrio se instala tras la crisis edípica de los 6-8 años, en este momento, el
niño ingresa a una etapa de latencia, de calma. Cierta represión va a cubrir los conflictos
edípicos, pero estos pueden resurgir fuertemente en la adolescencia. Lo más problemático es
el trabajo de separación con la madre: cuando el vínculo es demasiado fuerte, el deseo de
aprender se puede desvanecer (se le llama inhibición intelectual, que es una falla en la
subjetivización). Para que el sujeto se amolde a su nueva condición es necesario que la
problemática fálica esté instalada, y que la primera crisis edípica se haya resuelto. El
adolescente reaccionará con conductas desordenadas y desconsideradas, no se comunicará,
habrá incomprensión, etc.

LOS IMPERATIVOS SOCIALES PARADÓJICOS

La sociedad hace presión para que los niños se responsabilicen desde muy pequeños,
incluso la escuela demanda decisiones que afectarán el futuro del niño. A esta exigencia,
corresponde una profunda incertidumbre (porque la competencia es feroz, se ve dificultades
para alojarse fuera de la casa, buscar empleo, etc.). Las madres van a expresar sufrimiento al
separarse de su hijo, luego van a expresar con orgullo ver a su hijo “convertirse en hombre”.
Esto comprende algunas fases:
a) Separación: los adolescentes separados de su medio habitual, comienzan a relacionarse
con el resto de la comunidad. Surgen allí diversas pruebas, siendo la más simbólica, el
marcado de su pertenencia sexuada en el cuerpo.
b) Aprendizaje: Se los inicia en algunas técnicas, cada sociedad tiene las suyas. Los rituales
de pasaje tienen un impacto muy fuerte en las sociedades tradicionales.

La sociedad occidental es proclive a borrar cada vez más la diferencia sexual, este es uno de
los motivos por los cuales el adolescente le resulta difícil encontrar modelos identitarios. Las
diferencias generacionales tienden también a confundirse. Aquí tienen que afrontar una
paradoja: se les demanda asumirse maduros, mientras que muchos adultos se identifican con
ellos. Suele suceder que celos y rivalidad se trasladen ahora sobre los hijos.

LAS PARADOJAS EDÍPICAS

Los conflictos se dan fundamentalmente en una relación con las figuras parentales, pero
por extensión, también con los adultos investidos afectivamente. El adolescente impugna
ciertos valores para afirmar su personalidad; quisiera realizar esta ruptura sin perder el amor de
sus padres. El conflicto puede exteriorizarse ruidosamente: revuelta, desafío. Los padres no
saben cómo conducirse. Si se muestran demasiado permisivos, se los tachará de indiferentes,
de ahí el refuerzo de la provocación.
LAS PARADOJAS DE LA COMUNICACIÓN

Los adolescentes dicen de sus padres “no me comprenden”. Los padres reprochan a
sus hijos no confiar más en ellos.
El padre idealizado ha caído del pedestal, y el muchacho discute por el poder. El adolescente
necesita un adulto capaz de soportar el choque, donde encuentre rasgos con los que se va a
identificar o no.
La revuelta edípica robustece a causa de la madurez sexual. Puede vivirse un enfrentamiento
real con agresión y rebeldía pero también puede ser interiorizado y hallar su expresión en un
síntoma neurótico.
En cuanto a la niña, va a provocar al padre en sentido de la seducción o la agresión (temiendo
al mismo tiempo que suceda). El padre tiene como tarea significar de nuevo la prohibición del
incesto. Muchos padres pueden ponerse celosos o agresivos ante la naciente femineidad de
sus hijas.
En cuanto al niño, la madre es mirada como una mujer deseable. Cualquier demostración de
cariño muy enfática se vuelve peligrosa. El adolescente necesita sentir cerca de adultos pero
no intrusivos.
Lo que los adolescentes esperan de los adultos es que los escuchen y respeten en sus
decisiones. Que no los juzguen, que les den confianza.

LAS PARADOJAS PUBERALES: EL CUERPO

Estos cambios toman al sujeto por sorpresa y lo obligan a definirse sexualmente. La


metamorfosis en algunos casos puede efectuarse con alegría y encanto. El adolescente en sus
contradicciones puede pasar de un extremo al otro, explicándose así conductas desordenadas.
Se va a complacer de descalificar al otro sexo.
La pulsión sexual puede tomar al sujeto por sorpresa y así causar una intensa angustia, casi
siempre asociada con la idea de la suciedad y la culpa. Para defenderse, utilizará maniobras de
la represión: la religión, conductas alimentarias, etc. La sobreinvestidura de la actividad
intelectual puede ser una defensa contra la emergencia pulsional.
En todas estas modalidades encontramos un denominador común: el adolescente busca
conquistar su autonomía, construir su libertad. La investidura excesiva de un nuevo amor es
temida porque teme volver a exponerse a una dependencia afectiva.

MANIFESTACIONES DE LA CRISIS

1) LA DEPRESIÓN: Va desde la taciturnidad, del sentimiento de tedio, asco por la vida, y


puede culminar en una tentativa de suicidio. Suele ocultarse tras quejas somáticas
(dificultades escolares, enojos, inestabilidad). El adolescente no va a expresar
directamente su desasosiego, le faltan palabras, no conoce el sentido de su malestar.
Es importante responder a esta queja.
Las tentativas de suicidio son frecuentes. Cuando tratan de explicar su acción
mencionan angustia respecto a un cuerpo vivido como extraño. Dicen “quiero matar mi
cuerpo” y no “quiero matarme”. Aparece como un deseo de ruptura más que como una
búsqueda de muerte. Ciertas tentativas parecen tener para ellos un efecto liberador (en
estos casos generalmente no hay patología grave), pero es preciso que pueda hablar
de su acto inmediatamente.
2) CONSUMO DE DROGAS: Muchos toman drogas suaves en forma intermitente para
apaciguar tensiones internas y dar un “plus” de sociabilidad. El paso a las drogas duras
es una renuncia a luchar por la vida, un desasosiego insuperable, y suele marcar la
entrada en una psicosis.
3) LAS CONDUCTAS DE RIESGO: Por ejemplo, relaciones sexuales no protegidas,
desafío a la muerte. Salir vencedor en este enfrentamiento da derecho a vivir y refuerza
al narcisismo.
4) LA VIOLENCIA: Puede ser física o verbal y va a envenenar la vida escolar y familiar.
Cuando el adulto siente la agresión como personal va a recurrir también a la violencia y
se va a generar un enfrentamiento en el que cada uno intenta dominar al otro. Ambos
se colocan en un pie de igualdad y la relación pedagógica se desvirtúa, no se puede
hablar de autoridad.
5) LA CRISIS EXISTENCIAL: El joven vive en una situación de urgencia. Quiere hallar
una nueva manera de ser sin separarse del que fue hasta entonces. Si no puede
encontrar su base, buscará escapatorias como drogas, riesgos, etc. Hay algunos que
viven este periodo con alegría, para ellos la ruptura y los cambios se cumplen a partir de
bases sólidas. Adquieren una capacidad de simbolización y de sublimación que les
permite integrar nuevas elecciones identificatorias. Será un sujeto bien constituido.
6) EL ACTUAR: El joven padece las transformaciones de su cuerpo como una ardorosa
excitación sexual. Puede mitigar esto a través de la acción, lo cual implica una actividad
física carente de significación personal. En el pasaje al acto el sujeto siempre quiere
decir algo. La acción esta representada por actividades deportivas por ejemplo, las
cuales son fuente de intenso placer y aplacan la tensión.
El pasaje al acto es una actitud impulsiva con agresión sobre el propio cuerpo o sobre el
de otro: se lastiman con hojas de afeitar por ejemplo. Esa herida los calma, sobretodo a
las mujeres.
El pasaje al acto sea cual fuere es un medio para anular la castración.

LA RUPTURA ESCOLAR

La falta de interés en los estudios puede desembocar en un fracaso real. Preso del
malestar, el joven suele descuidar el trabajo intelectual. Absorbido por sus transformaciones
corporales, amores y conflictos, las enseñanzas pueden parecerle insignificantes. Han
surgido nuevos intereses: grupos musicales, vestimenta, etc.
El deseo de saber, las ganas de aprender, implican el renunciamiento a la satisfacción
inmediata, la meta pulsional se desplaza: se sublima. Este proceso puede verse impedido
por una falla simbólica en la estructuración del sujeto, o por el predominio de la pulsión
durante la crisis. Una vez pasada la crisis, el joven recupera el equilibrio.

Descompensación psicótica: Puede existir sin que se note. Lo que hace ver es una
construcción yoica que pueda ser una copia exacta del modelo parental. Cuando se
derrumban las identificaciones imaginarias de la infancia, el sujeto puede estar ausente, ahí
sobreviene la angustia, la despersonalización y el hundimiento psíquico.
El fracaso-síntoma en la adolescencia: el fracaso es debido a una inhibición neurótica
que llamamos fracaso-síntoma. El síntoma es una formación del ICC, la expresión de un
conflicto psíquico que el sujeto ignora (la inhibición intelectual es una de sus formas). Freud
indica 3 causas de la inhibición: evitar el conflicto con el ello (las pulsiones), el auto castigo
(superyó) y la patología de duelo. En los adolescentes predominan los conflictos
superyoicos. La inhibición del adolescente está ligada a la problemática fálica y a la manera
en que el sujeto va a abordar las identificaciones. El éxito escolar puede ser interceptado
por una culpabilidad edípica insuperable. La rivalidad edifica y la competencia con el padre
pueden volverse inhibitorias.
Ciertos padres depositan en el éxito de sus hijos la esperanza en una revancha sobre el
fracaso de sus propias vidas. Puede provocar esto en el joven una ruptura y desinterés total
por el estudio. Esto sucede por que una satisfacción muy grande dada al genitor puede
cobrar el sentido de incesto.
El desafío: Puede parecerse a un pasaje al acto. Se trata generalmente de agresiones
físicas o verbales, falta de respeto, groserías, etc. Los docentes rara vez encuentran forma
de ponerles cato y quedan sumamente afetados. En ciertos ámbitos los adolescentes no
conocen las reglas del saber vivir, las reglas de la vida en sociedad le son extrañas.
Entonces la represión les parece injusta, y responden aumentando agresividad.
La transferencia: es la reactualización de un vínculo inscripto en lo ICC. Es un
desplazamiento de un lazo afectivo y sustitución de una persona por otra. Algo de la
relación padre-hijo va a repetirse. Hay sin duda disparidad en los dos protagonistas: uno
ocupa el lugar de maestro. El adolescente desplazará sobre la figura del docente algo de su
problemática edípica; su ambivalencia se trasladará a profesores.

PAPEL DE LOS ADULTOS EN LA CRISIS DE LA ADOLESCENCIA

1) LOS PADRES: la sexualidad naciente de los chicos crea una especie de despertar en
los padres, a los que suceden en ocasiones relaciones extraconyugales con partenaires
más jóvenes. Ciertas madres se sienten frustradas y se deprimen ante lo que viven
como un abandono. Los abuelos toman partido, y los padres se ven tironeados en su
posición. Con los abuelos surge una tierna complicidad que resulta positiva para la
resolución de la crisis. Las manifestaciones sintomáticas actúan como reveladoras de la
posición ICC.
2) LOS DOCENTES: deben afrontar la crisis de sus hijos y la de sus alumnos. Es
importante esta figura para el joven porque se apoya en ella para emanciparse, también
como modelo identificatorio. Su influencia se manifiesta en la manera de transmitir su
saber, pero también en sus cualidades personales.
3) LOS OTROS: el médico por ejemplo.

DOLTO: El concepto de la adolescencia: puntos de referencia y puntos de ruptura

La adolescencia es una fase de mutación. La sociedad quiere que el adolescente no


pierda el tiempo, pero esto lleva a estimular demasiado a un niño. Si bien no hay que dormirse,
tampoco hay que precipitar las cosas.
Los padres van a dejar de ser su valor de referencia. El joven va a ser vulnerable a las
observaciones de otros adultos que tienen papel de mandar a los jóvenes. En esta etapa de
“mutación” se produce la fragilidad del bebé que nace, todos los juicios surten efecto. El papel
de las personas ajenas a la familia es muy importante.

Se hace analogía con el estado de inopia, la época donde las langostas pierden su
concha y se ocultan, y si reciben golpes quedan heridos para siempre. En este momento de
extrema fragilidad los jóvenes se van a defender mediante depresión o un estado de
negativismo que agrava aún más su debilidad. Hoy muchos jóvenes a partir de los 11 años
conocen estados depresivos y paranoicos. En estas crisis se va a oponer a todas las leyes,
porque le parece que alguien que representa la ley no le permitía ser ni vivir.

La sexualidad podría ser un recurso para ellos. Aún no tienen vida sexual sino es a
través de la imaginación: la masturbación. Los muchachos están decididos a excitar la zona
que les dará fuerzas y valor, y de ese modo la masturbación que puede ser remedio de su
depresión, se vuelve una trampa. Trampa porque así se descargan nerviosamente y tienen
mayor dificultad para afrontar la realidad.

Cuando un joven comienza a tener ideas propias, algunos lo desalientan cuando


deberían darle una palabra. Puede ser que el padre no quiera que su hijo empiece a ser
escuchado, porque así perdería su supremacía. No quieren que al muchacho se le preste la
misma atención que a ellos. En este momento los chicos tienen la necesidad se ser
fortalecidos, aquí cumplen un papel importante los educadores, los cuales van a pedir la voz al
niño, buscando su opinión. Se trata de una edad frágil pero maravillosa porque ellos ven todo lo
positivo que se hace, aunque no lo manifiesten, esta persona se convierte e muy importante
para ellos.

La época difícil es el momento de la preparación para la primera experiencia amorosa.


El joven siente que hay en ello un riesgo, lo desea y lo teme al mismo tiempo. El riesgo es
experimentado como la muerte de la infancia.

El hecho trascendental es la posibilidad de disociar la vida imaginaria de la realidad, en


relación con la situación edípica. A los 11 años se manifiestan los primeros indicios de una
sexualidad que se anuncia con un componente imaginario: esto corresponde en el muchacho a
las primeras emisiones involuntarias de esperma, y en las mujeres a las primeras reglas.
Estallará a esta edad el problema latente: es su segunda vida imaginaria, y siguen teniendo a
los padres como referencia. Van a contar con la familia como un valor-refugio pero ya no
necesitará de sus modelos. Pondrá su empeño en triunfar socialmente, le atraerán bandas de
jóvenes más grandes que el.

Según este autor, el final de la adolescencia se relaciona con la osificación de la


clavícula, a los 25 años. En realidad, un individuo joven va a salir de la adolescencia cuando la
angustia de sus padres no le produce ningún efecto inhibidor. Los hijos han alcanzado el
estado adulto cuando son capaces de liberarse de la influencia paterna.

En nuestra época la edad adulta está relacionada con la independencia económica.


Dejar de recibir dinero de los padres no resuelve el problema, si lo sigue recibiendo igualmente
de otro adulto. Esto va a culpabilizar mucho más, ya que esta donación no será devuelta. La
fidelidad hacia esta persona externa a la familia que nos subvenciona es mucho mayor,
naturalmente, a la familia se le es infiel, esa es la ley.

RASSIAL: El pasaje adolescente: “Los padres del adolescente”

Hay una diferencia de valor entre el vínculo paterno y materno: el vínculo de la madre
con el hijo es primero real, mientras que el vínculo con el padre es primero simbólico. Aún así,
el adolescente tendrá a menudo tendencia a evocar a los padres como un todo.

En alguna medida, el adolescente se encuentra retroactivamente ante la primera prueba


de Edipo. En el trabajo de duelo de su propia posición infantil y de las figuras parentales, niños
y niñas tienen el mismo trabajo psíquico que hacer.

La adolescencia de los hijos será también crisis para la organización familiar, obligando
a los padres a reinventar sus lugares. Los padres deben efectuar también un trabajo de duelo.
Psíquicamente, los padres están divididos entre los padres de la realidad (CC) y los
fantaseados (ICC) que han permitido la estructuraciín psíquica del sujeto. El adolescente se ve
confrontado a la separación entre la realidad de sus padres, que él comienza a percibir como
sujetos cualquiera, y los padres idealizados en la infancia. En resolverá ese hiato por medio de
la invención de una novela familiar. Los padres, a causa de que su hijo proyecta en ellos, son
conducidos a interrogar a sus propios padres fantaseados, a cuestionar la idea misma de lo
que es ser padre.
LO QUE SON LOS PADRES PARA EL ADOLESCENTE

El primer efecto de la pubertad es que el cuerpo del niño se transforma en un cuerpo de


adulto. Los signos secundarios (cambio de voz, pilosidad, senos, etc.) son tanto o más
importantes que la madurez de los órganos genitales. El adolescente debe efectuar un trabajo
de apropiación de la imagen de ese cuerpo. Lo que garantiza esta imagen es lo que verán y
dirán los semejantes, y sobre todo, las eventuales parejas del otro sexo.
En algunos casos, “convertirse en más grande que los padres” tiene un efecto catastrófico.

En un primer momento la pubertad puede ser vivida como una falta, cuyos signos serían
las primeras reglas y las poluciones nocturnas espontáneas. Además, será vivida como una
competencia con los padres: cuando el adolescente se apropia de los atributos de un adulto,
sus padres ya no ocupan ese lugar de autoridad. Por otra parte, al darse cuenta que sus
padres están hechos “de lo mismo que ellos”, los sacan de su lugar privilegiado, lo cual tendrá
2 consecuencias: modificará la relación misma (alcance y estilo de sus demandas, quejas, etc.)
y además volverán a plantear la cuestión de otro como referente último, que esta vez sea
infalible y pueda garantizar al adolescente su identidad; lo que implicará la búsqueda de una
religiosidad, un nuevo amor, etc.

Otra consecuencia del adolescente es que da cuenta que puede convertirse en padre o
madre. Van a descubrir que la cadena genealógica puede continuarse después de él, y con ello
descubre una nueva responsabilidad.

Los padres van a afirmar 2 cosas sobre sus hijos: son insolentes y responden. Son
insolentes en una sociedad que no reconoce más que menores y mayores, estar en la
adolescencia es en sí una insolencia. Ese malestar se proyecta hacia el exterior (“si me siento
mal, es por tu culpa”). Esta insolencia es uno de los motores mismos de la adolescencia. En
cuanto al adolescente que responde, es aquel que en lugar de obedecer, pronuncia una
palabra. Eso es insoportable porque se pone de manifiesto que hay otros discursos posibles al
parental, el cual pierde entonces su valor y se revela frágil. En ese diálogo, ambas partes se
sienten desbordadas.

Van a ser características frente a los padres, 3 acciones:


- Demandar: solicitaciones repetidas para recibir de sus padres tal objeto o autorización.
Lo que en realidad busca con su demanda, es ser reconocido como legítimo. Va en
sentido del trabajo de apropiación de sí mismo y del mundo que constituye.
- Contradecir: Corresponde a su exigencia ilusoria de un discurso sin contradicción. Él
va a subrayar las contradicciones internas del discurso de los padres, lo que ellos dicen
y hacen.
- Imitar: Rige las relaciones filiales. Hay una estrecha relación entre el adolescente y lo
que fueron sus padres en la adolescencia. A veces no es raro encontrar en el joven
alguna huella de una depresión antigua de la madre, por ejemplo.

QUÉ VIVEN LOS PADRES DEL ADOLESCENTE

Con frecuencia sufren. La adolescencia de sus hijos es una prueba para ellos. La
dificultad radica en la impresión de que cada uno de los miembros funciona bajo un modo
depresivo o maníaco (cuando vana terapia). Suele pasar que han renunciado a su posición
masculina y femenina en beneficio de la posición provisoria de padres. Lo más frecuente es por
suerte menos catastrófico.

Los padres pierden las referencias de su propio yo. Ese lugar protegido, el hogar
familiar, se va a ver amenazado. El niño en vía de salir del domicilio familiar va a trastornar la
identificación materna: aquella de la madre “suficientemente buena” que hablaba Winnicott, la
cual permitía a su hijo la conquista de su individualidad pero bajo una cierta protección.
Del lado del padre (en posición de fundador), el adolescente puede replicarle y reprocharle. Lo
primero que atacarán será el estatuto social. Los padres, pueden estar pasando un momento
débil (menopausia en la madre por ejemplo, y mal momento económico para el padre) lo que
va a requerir que ellos comiencen un trabajo psíquico de reconstrucción de su yo.
Los padres van a ser remitidos a su propia adolescencia. Allí pueden reencontrar sus
sueños, ambiciones, deseos. Sin embargo, interrogados desde sus funciones, no pueden dejar
de verse confrontados nuevamente, a la relación con sus propios padres; y reevalúan sus
juicios hacia ellos.

La mayoría de las veces se trata de una crisis normal y estructurante para el


adolescente. Va a marcar la exigencia psíquica de experimentar su nueva existencia en el
mundo. El gusto por el riesgo, sus intentos de pasar prohibiciones, etc. son un pasaje obligado
y útil hacia elecciones de vida que deben efectuar. Para los padres, encontrar un equilibrio
psíquico entre el “soltar” al hijo y al mismo tiempo no dejar de protegerlo será el punto mas
difícil.

WINNICOTT: “Realidad y Juego” – Cap. 11

La dinámica es el proceso de crecimiento que cada individuo hereda. Se da por sentado


un ambiente facilitador. Hay genes que van a determinar pautas pero nada se produce si no es
en relación con un ambiente, que tiene que ser lo suficientemente bueno.

¿ENFERMEDAD O SALUD?

La sociedad abarca a todos sus miembros (cuando están psiquiátricamente sanos),


pero la sociedad también debe contener a aquellos que se encuentran enfermos como:
- Los inmaduros (en edad)
- Los psicopáticos (producto final de privaciones)
- Los neuróticos (acosados por una motivación y ambivalencia ICC)
- Los melancólicos (que vacilan entre el suicidio y otras alternativas)
- Los esquizoides (que ya tienen fijada la tarea de toda su vida: el establecimiento de sí
mismos)
- Los esquizofrénicos (que no pueden sentirse reales)
- Los paranoides (dominados por un sistema de pensamiento)

Winnicott estudiará la sociedad como si estuviese compuesta por personas sanas en el


plano psiquiátrico. Puesto que no existe sociedad a no ser reconstruida a cada rato por los
individuos, no hay realización personal sin sociedad, ni sociedad fuera de los individuos.
Los individuos sanos para su realización personal, necesitan de su lealtad a una zona
delimitada de la sociedad.

LA TESIS PRINCIPAL

En la teoría del cuidado del niño, la continuidad de dicho cuidado ha llegado a ser un
rasgo central del concepto de ambiente facilitador. Gracias a eso el nuevo bebé puede
gozar de continuidad en la línea de su vida. Si los hijos llegan a encontrarse a sí mismos,
buscarán la totalidad: ello incluirá también agresión y elementos destructivos.
Las recompensas que los padres obtengan vendrán en la riqueza del potencial personal
de cada joven. Si tienen éxito, podrán sentir celos. Las recompensas llegan de modo
indirecto, por supuesto, no recibirán agradecimieno.

MUERTE Y ASESINATO EN EL PROCESO ADOLESCENTE

Los niños salen en forma torpe de la infancia para entrar en la nueva etapa. Se van
alejando de aquella dependencia. Todavía se puede usar a la familia, pero en otro sentido.
Los mismos problemas que aparecían en las primeras etapas, van a renacer en la
pubertad. Si en la fantasía del primer crecimiento hay un contenido de muerte, en la
adolescencia será de asesinato. Crecer, significa ocupar el lugar del padre. En la fantasía
ICC el crecimiento es un acto agresivo.
Se puede observar el juego de “soy el rey del castillo”. La rebelión va a corresponder a la
libertad que se le ha otorgado al hijo. La muerte y el triunfo personal aparecen como algo
del proceso de maduración y de la adquisición de la categoría de adulto. El tema ICC puede
hacerse manifiesto como la experiencia de un impulso suicida (o suicidio real). Los padres
están en condiciones de ofrecer poca ayuda, lo mejor que pueden hacer, es sobrevivir.

Es posible que pronto un niño necesite hacerse responsable. Éste será prematuramente
viejo y perderá espontaneidad y juegos, y su alegre impulso creador. Quizá deba cuidar
hermanos menores o criarlos. Caso distinto es cuando los adultos delegan tal
responsabilidad, hacer esto es una forma de traicionar a los hijos: la rebelión ya no tiene
sentido, el adolescente triunfa demasiado temprano, preso de su propia trampa; y así “tiene
que convertirse en dictador, para esperar ser muerto, ahora, por sus hermanos”. Si los
adultos abdican, el adolescente se convierte en un adulto en forma prematura por un
proceso de falsa madurez.

NATURALEZA DE LA INMADUREZ

Los cambios de la pubertad suceden a distintas edades. La espera supone una gran
tensión, en especial a los de desarrollo tardío. Con el pasar del tiempo solamente puede un
joven ir aceptando poco a poco la responsabilidad.
La tensión corresponde a la fantasía ICC del sexo, y a la rivalidad vinculada con la elección
del objeto sexual. El adolescente, no puede hacerse cargo aún de la responsabilidad por la
crueldad y el sufrimiento. El sentimiento de culpa es enorme. La madurez corresponde a un
periodo posterior y no es posible esperar que el adolescente vaya más allá.

Una de las cosas más estimulantes de los adolescentes es que todavía no se han
hundido en la desilusión, por ello tienen un gran idealismo. Tienen libertad de ideas y
suelen actuar por impulso.

GRASSI: Lo originario – “Un aporte a la conceptualización de integración


psicomsomática y subjetividad”

REPRESENTAR – METABOLIZAR

Una función fundamental que tiene el aparto psíquico es la actividad de representación.


Representar es metabolizar. Igual que en la respiración por ejemplo, el organismo incorpora
elementos heterogéneos a sí, los incorpora, los transforma a su propia estructura, a la vez
que él mismo se modifica por este proceso. Además, produce un desecho, expulsando lo
que no le sirve de aquellos elementos incorporados. Lo “heterogéneo” debe ser incorporado
y transfmado en un materia “homogéneo”. El aparato psíquico va a tener que metabolizar el
efecto de un doble encuentro: del bebé con la madre, y de este naciente aparato psíquico
con su propia corporeidad.

METABOLIZAR LA MADRE – METABOLIZAR EL HIJO/A

En los primeros encuentros del bebé con la madre hay un predominio de los contactos
cuerpo a cuerpo, por medio de la alimentación, los cuidados corporales. Esto es
acompañado de palabras, susurros, cantos, etc. que conforman los primeros significantes.
Los primeros contactos que se dan con el cuerpo materno, en verdad lo son con los
procesos psicosomáticos despertados en ella a partir de la presencia en su psiquismo de la
representación “hijo”. El encuentro del aparato psíquico naciente, es con los procesos
psicosomáticos que se han despertado en la madre a partir del estado de afecto (presencia
o ausencia) en su psiquismo de esta representación. Para el deseo materno, el naciente es
un elemento heterogéneo a sí, que tendrá que metabolizar.
El encuentro del bebé con la madre es un encuentro con los procesos psicosomáticos
maternos a partir del trabajo de metabolización. El concepto de cuerpo imaginado es el que
da cuenta de cómo se inicia en la madre este proceso representación-hijo. Ésta es un
elemento a metabolizar por el niño.

METABOLIZAR EL CUERPO PROPIO

El otro elemento a metabolizar es el propio cuerpo, lo que se hará mediante las


sensaciones corporales. Freud intentó explicar esto por medio del término “anáclisis, apoyo
o apuntalamiento”. Planteó que la vida psíquica nace apoyada en la satisfacción de una
necesidad: el hambre. La pulsión entonces nace apoyada en la satisfacción de una
necesidad biológica. El cuerpo se va a ir erogenizando con el desarrollo de la libido, que
evoluciona lineal y mecánicamente siguiendo el ritmo de la maduración biológica de lo oral
hacia lo genital.

DE LO SIMPLE A LA COMPLEJIDAD

El acto alimentario y los cuidados permite destacar recorridos que más que lineales
están entrelazados, porque:
1) Intervienen del lado del niño una multiplicidad de sentidos. Por medio de las
sensaciones corporales el naciente psiquismo va a incorporar el alimento, le pecho, la
madre, en un entramado que se parece más a una red que una línea.
2) La experiencia alimentaria y los cuidados no tiene una sola dirección, es de mutualidad,
es una experiencia envolvente. Recorre de un lado y otro, va y viene, inscribiendo
cuerpos y subjetividad.
3) Con los resultado de distintos tratamientos pudo investigarse la importancia que tiene la
representación “cuerpo imaginado”, primeras representaciones psíquicas del hijo en el
cuerpo materno.

EL PRINCIPIO DEL PLACER

Para el psiquismo naciente es vital el contacto sensorial con la madre. Es una


información libidinal, que muestra la presencia o ausencia del principio del placer en el
encuentro del aparato psíquico naciente y el aparato psíquico materno. La presencia/ausencia
es fundamento de la puesta en marcha del proceso de representación, esto quiere decir, que el
principio de placer es una condición de inicio y ha de estar presente en ambos cuerpos (niño-
madre). Para lo originario, las primeras representaciones de lo corporal se denominan
pictogramas, que son las marcas del principio del placer en el cuerpo.
INTEGRACIÓN PSIQUESOMA: EL ENRAIZAMIENTO

La idea de apoyo implica que 2 entidades se contactan entre sí. Una ya constituida (el
cuerpo) sirve de apoyo para que la otra (lo psíquico) se constituya. “El cuerpo biológico ES, lo
psíquico DEVENDRÁ. Con el concepto de lo originario y el pictograma, ya no se plantean dos
entidades bien delimitadas. Esto propone un modelo por el cual no se podría decir que lo
psíquico se apoye en el cuerpo, esto porque:
1) Lo psíquico más que apoyado está enraizado en lo somático. No va a ser fácil la
delimitación de las 2 entidades, porque las raíces (psíquicas de la subjetividad)
penetran y se hunden, se expanden y bifurcan cada vez más arraigados en el soma.
2) Diferencia soma-cuerpo. Al nacer un bebé nace un soma; éste no es aún un cuerpo.
Devendrá cuerpo libidinizado, erogenizado. No hay un cuerpo antes que se preste a
lo psíquico. Las representaciones pictogramáticas constituyen entrelazadamente lo
psicosomático. Se dirá que el proceso originario es pasaje del soma al territorio, al
estado de lo psíquico.
3) El proceso originario y su forma de representación (pictograma) produce un psaje del
soma al estado de cuerpo erógeno; y así comienza la integración psicosomática. La
presencia del principio del placer es la condición para que el soma, el recién nacido,
pase a otro territorio, y quede inscripto como cuerpo erógeno.

EL PICTOGRAMA

La representación correspondiente al trabajo de representación de lo originario cuando


está regulada por el principio de placer es el pictograma de fusión. Fusiona:
- Lo somático y lo psíquico, su efecto es la integración psicosomática. La subjetividad es
esta integración.
- Objeto y zona. El pecho forma parte de la boca para el proceso originario, para el
pictograma de fusión la boca y el pecho están fundidas.
- Representación y afecto. Para lo originario la representación es el afecto y el afecto es
la representación. El cuerpo erógeno lleva inscriptas las marcas de su pasaje por el
principio de placer.

CÓRDOVA: “La primavera del significante”

RELACIÓN SIGNIFICANTE/ADOLESCENCIA: ETIMOLOGÍA E HISTORIA

El significante adolescencia arriba a la actualidad con una notable eficacia simbólica,


esto es, la capacidad potencial de producir nuevos efectos de sentido. En los últimos 2 siglos
se fue extendiendo y adquiriendo vigorosa presencia.

LO ADOLESCENTE Y LAS INQUIETANTES FIGURAS DE LA ALTERIDAD

Crecer es un proceso de subjetivación que conlleva una fantasía ICC agresiva. El


significante adolescencia connota para el mundo adulto el aenazante sentido de anunciar el
advenimiento del recambio generacional. Los adolescentes al crecer, agitan los espectros de
las 3 figuras de alteridad en su versión más rdical: el extranjero, la muerte y la sexualidad.

UNA SUSTRACCIÓN DE SENTIDO: ADOLECER

La palabra adolescencia ha sido objeto de manipulaciones lingüísticas. Generaron una


falsa relación de adolescencia con adolecer.
ADOLESCENCIA: PRIMAVERA DEL SIGNIFICANTE

La adolescencia es la novedad radical que arriba al contexto familiar y social en una


oleada generacional. Los procesos puberal y adolescente se ponen en juego en lo que se
denomina el “entretiempo de la sexuación”. La adolescencia es la urgencia de transformar y
crear, es puesta en desorden del cuerpo, de la identidad infantil, del orden familiar y la posición
generacional. Se puede verificar esto también en el lenguaje: los adolescentes desordenan el
mismo, necesitan recurrir a significantes propios, a veces inéditos, para apalabrar este
acontecimiento y subjetivarlo. Debe recurrir así a su creatividad para transgredir los códigos
preestablecidos. Durante el entretiempo de sexuación se ponen de manifiesto formas de
expresión grupal, que le sirven para expresar ciertos estados emocionales. Una operación
característica es la manipulación de sílabas y fonemas que configuran metaplasmos:
alteraciones de la escritura o pronunciación sin modificación de significado: “Na, bolú”. Además,
la adjudicación de nuevas significaciones a los viejos términos, la utilización de neologismos,
etc. Este será un modo de transcribir en lo simbólico la experiencia con lo real de un cuerpo
cuya imagen es alterada. El fruto de todo esto será cavado en un lugar propio en el órden
simbólico, habiendo previamente jugado con él y desafiando sus leyes. Apropiarse del lenguaje
permitirá materializar sus deseos y decir algo en nombre propio.

GRASSI: “Nuevos paradigmas, sus nombres y escritura”

SUJETO Y PSICOANÁLISIS

Desde una tópica prefreudiana el yo piensa y no duda de su propia existencia pro la


conciencia del pensar. Yo toma existencia, y en ese nivel se ubica el sujeto. Con Freud, el
sujeto queda del lado del pensamiento inconsciente. El ICC es más bien algo vivo, susceptible
de desarrollo, y mantiene con el PRCC toda una serie de relaciones. El ICC se continúa en los
llamados retoños. Esta idea de movilidad acompaña al concepto de sujeto. Sujeto psíquico es
actividad de intercambios entre los sistemas de la organización del aparato psíquico, pero
también, intercambio con el medio, con la cultura.

SUJETO E HISTORIZACIÓN

Lacan traza diferencias entre sujeto y yo. El yo forma parte del orden imaginario, el
sujeto es parte del orden simbólico.
Aulagnier propone un modelo de aparato psíquico complejizado y otorga nuevas
funciones al yo, entre las cuales destaca la de historización. La función del yo como constructor
de una historia libidinal de la que extrae causas que le hacen parecer cohabitar el mundo
exterior, y ese mundo psíquico que permanece ignoto para él. Es una necesidad de su
funcionamiento anclar una historia que sustituye un tiempo vivido y perdido.
Winnicott destaca, con relación a la inmadurez adolescente, que lo único que la cura es
el paso del tiempo. El yo requiere de inscribir y dar continuidad a su existencia a través del
paso del tiempo. Ahí la subjetividad trabaja, inscribiendo tiempo e hilando entre pasado,
genealogía y proyecto identificatorio. Subjetividad e historización en varios sentidos:
- En la medida en que produce la categoría del tiempo.
- Produce con la historia, la genealogía y el devenir como proyecto.
- Produce en y con el contexto histórico y la cultura contemporánea.
SUJETO ES FUNCIÓN PSÍQUICA, ENTIDAD NO CORPÓREA

Según Freud, el yo deriva en última instancia de sensaciones corporales. Cabe


considerarlo como la proyección psíquica de la superficie del cuerpo. Teniendo en cuenta que
el desarrollo corporal es una transformación constante, le impone al psiquismo un trabajo.
Hablar de cuerpo erógeno en psicoanálisis implica hablar de cuerpo erógeno, del yo y de su
imagen. Entonces, la función del sujeto es trabajo de integración. Integración de:
- Un trabajo de integración psicosomática. El crecimiento corporal impone al psiquismo
una ligazón constante entre la proyección de la imagen del cuerpo, la propia mirada, las
sensaciones corporales y la mirada del otro.
- Un trabajo de integración en relación a la fantasía correlativa del crecimiento. Amor-odio
por la destructividad implica crecer.
- Un trabajo de integración del aparato en cuanto a la fantasía ICC.

El cuerpo respeta una cronología y depende del medio para que esto se posibilite y
estimule. La maduración neurológica y endocrinológica, de la motricidad, etc requiere para
su funcionamiento normal, años de maduración. Además requieren de intercambios e
intervenciones parentales. Así cuerpo erógeno y psiquismo se van constituyendo
entrelazados. Constitución del aparato psíquico:
1) Proceso originario, que pone en marcha la actividad psíquica en relación con las
primeras inscripciones corporales (pictogramas).
2) Luego, el proceso primario con la constitución de lo ICC. Poco tiempo después se pone
en funcionamiento el proceso secundario y la constitución del yo.
3) El estadio del espejo y la constitución del yo como funciones que comienzan a
instalarse entre el 8vo mes y el 1er año de vida, y por lo cual se vuelve a pasar con las
transformaciones de la pubertad.
4) El superyó con sus imperativos que son herencia del complejo de Edipo (3-4 años)
hasta su sepultamiento (7-9 años). Su revisita con el nuevo cuerpo puberal, la
exploración de un período homosexual, en adelante, ampliando diferencias genitales.
5) Las transformaciones del yo ideal en ideal del yo propias del adolescente.

SUBJETIVIDAD Y ADOLESCENCIA

La adolescencia implica una crisis de identidad. Lo propio del sujeto en la adolescencia


es crear sentidos que enriquzcan al yo, en un juego de identificaciones-desidentificaciones.
Cuando este juego es obstaculizado, vemos el alto precio pagado.

EL YO NO ES EL SUJETO, AUNQUE SE PRODUCE Y ANIDA EN EL YO

Producir subjetividad es la acción de dar sentido, de significar y poner una marca de


origen; dar un “sentido personal”. La subjetividad es materia psíquica viviente que se
produce en el intercambio entre otros sistemas (intrapsíquico), por el intercambio con los
otros (intersubjetivo) y por el intercambio con el medio (transubjetivo). El devenir yo es
trabajo psíquico, es producción subjetiva. El yo se entiende en movimiento, en intercambio
con el ello, el mundo exterior, con los otros, con la cultura.

Sujeto es autoafirmación, autoorganización, autonomía, pero en red. La producción de


subjetividad está enredada con el cuerpo, la historia, el medio.
GRASSI: Metamorfosis de la pubertad: “El “hallazgo” de objeto”

LO PUBERAL, LO ADOLESCENTE ANTES DEL HALLAZGO DE OBJETO

Se produce en la pubertad “el hallazgo de objeto” en relación con las transformaciones


de la pulsión. El hallazgo, la reunificación de las pulsiones parciales, su subordinación a la
genitalidad y orientación hacia una nueva meta, la reproducción, no acaecen automáticamente
por maduración del cuerpo. Las transformaciones de lo pregenital implican una exigencia de
trabajo psíquico, y su resultado final es incierto.

Se abren con la llegada de la pubertad, a posteriori de la latencia pero antes del


hallazgo de objeto, años de turbulencias y masturbaciones que transcurren entre la sexualidad
infantil y la conformación normal definitiva, entre el despertar genital y que la pulsión devenga
altruista. Son los años que Gras llama “de entretiempo de la sexuación”, donde se especifican
los procesos y trabajos psíquicos de lo puberal-adolescente.

Existen dos caminos para el hallazgo de objeto: el que se realiza por apuntalamiento en
los modelos de la temprana infancia, y en segundo lugar el narcisista. Todo ser humano tiene
abiertos ambos caminos ante sí, pudiendo elegir uno u otro. Gras agrega un tercero: por
alteridad del objeto, por su amenidad y extrañeza, extraño por lo que conlleve de no conocido.
La combinatoria en la elección es lo que le da sutileza al hallazgo. Freud dice respecto a esto:
“La pulsión tenía un objeto por fuera del cuerpo propio: el pecho materno. Lo perdió sólo más
tarde, justo en la época donde el niño pudo formarse la representación global de la persona a
quien le pertenecía. Después la pulsión sexual pasa a ser regularmente autoerótica y solo
luego de superado el periodo de latencia se reestablece la relación originaria. El hallazgo
entonces de objeto, es en realidad, un reencuentro”.

HALLAZGO NO ES ENCUENTRO

El término hallazgo implica la actividad que hace aparecer un objeto mediatizado por la
creatividad del sujeto, por su captación de lo imprevisto. Hallazo es descubrir con ingenio algo
hasta entonces no conocido. Este objeto es un hallazgo de sujeto. La actividad espontánea
creativa propia del sujeto no podría estar ausente, como tampoco la actividad intersubjetiva de
mutuo intercambio con el mismo.

HALLAZGO Y REENCUENTRO

El bebé se encuentra con un objeto exterior a sí, aunque él no experimente nada aún de
la exterioridad. En los comienzos, esa amenidad está al servicio del bebé y de la ilusión de
objeto propio. Se reduce, sin que se pierda, la exterioridad del objeto; y pictograma de fusión
mediante, la pulsión pasa a ser regularmente autoerótica, el objeto tomará cuerpo en el niño.
Una vez que alcanza la representación del objeto por fuera de la propia corporeidad, se
producirá la elección infantil de objeto. Esto requiere de actividad agresiva por parte del bebé,
las cuales permiten diferenciar el yo de lo no-yo. Luego pasan los años y la pulsión (ahora
genital) se dirige nuevamente hacia un objeto exterior.

EL CUERPO PUBERAL

Llegada la pubertad, una vez instalada la prohibición del incesto y los diques morales, al
psiquismo le urgen trabajos específicos. El cuerpo puberal requiere de nuevas inscripciones y
nuevos circuitos pulsionales. El objeto, para terminr de constituirse como tal (exterior) requiere
de tiempos y espacios donde hacerlo. Le urge el hallazgo-creatividad-encuentro de objeto
exterior a sí, que inscriba como acontecimiento que diferencie lo que está investido por el niño
y la familia de lo que deviene nuevo y que está invistiendo como obra propia. Le urge la
creación, la recreación, la representación de objeto y espacio transicional. Se reencontrarán en
el objeto rasgos de aquellos bocetos de la infancia, pero hallazgo va a ser fundamentalmente
una nueva inscripción, creatividad propia. El cuerpo requiere nuevas inscripciones con el objeto
que es reinventado en la alteridad.

PARADOJA Y CUERPO

Los cambios corporales son posibilitados en la pubertad por nuevos fenómenos


endocrinos: producción de hormonas sexuales, maduración de órganos genitales, desarrollo de
caracteres sexuales secundarios, etc. El sentimiento de extrañeza que siente el adolescente
ante su nuevo cuerpo, lo llevan a tratarlo como un objeto externo, extraño. Trae resonancias
en dirección de la auto destructividad y el masoquismo. El cuerpo ha sido señalado como el
lugar donde dirigir mociones pulsionales con sentimientos de odio y agresividad, lo que libera a
las representaciones psíquicas del objeto, los padres aún idealizados. Este trato paradojal del
cuerpo trae procesos de identificaciones-desidentificaciones.

Los cambios corporales toman importancia con relación al hallazgo de objeto porque las
reestructuraciones objetales y narcisistas encuentran su origen en las capas más profundas del
ICC inscriptas en la máxima proximidad de lo somático. Son los pictogramas.
Por el trabajo de lo originario puberal, la pulsión busca el objeto (complementario) inscripto en
el propio cuerpo erógeno. Este es uno de los caminos que Freud nos advierte como desviación
o perversión de la pulsión.

La elaboración psíquica de lo originario puberal transforma la búsqueda de objeto


acoplado al cuerpo propio. Trabaja el autoerotismo produciendo la excorporación del objeto. El
objeto parcial-complementario se reordena hacia el objeto exterior. Lo original puberal insiste
en repetir los modelos vividos ya conocidos, investidos a lo largo de la historia de las
identificaciones corporales, incestuosas familiares. Una condición para el hallazgo de objeto es
la creación de la “especialidad exterior” al propio cuerpo, y “especialidad extrafamiliar”.

BLEICHMAR: “La difícil tarea de ser joven. Dolor país”

Toda sociedad crea significaciones específicas que estructuran las representaciones del
mundo. Es inevitable que una sociedad inestable no pueda determinar el marco
representacional en el cual se inserten las generaciones que acceden a la historia. La juventud
alude inevitablemente a la posibilidad de goce y futuro. Pero, reducidos a la inmediatez de la
búsqueda de trabajo o universidad cada vez más costosa, nada garantiza que el tiempo
permita devenir de algo que avance: hay vacío.

El proceso de desidentificación se acelera, y los sentimientos de pérdida de referentes


abarca a todos los grupos. Lo brutal de los procesos salvajes de deshumanización consiste en
el intento de hacer que quienes los padezcan no sólo pierdan las condiciones de existencia,
sino también toda referencia mutua, toda sensación de pertenencia que garantice no sucumbir
a la soledad y la indefensión. Y es allí donde se expresa la crisis de una cultura y la ausencia
de un lugar para los jóvenes.

Conocemos los dos grandes peligros que acechan al psiquismo en situaciones como la
presnete: la pérdida de investimientos ligadores al semejante, que dejan al sujeto sometido al
vacío y lo sumen en la desesperanza, la desidentificación de sus propios ideales.
CÓRDOVA: “Del pictograma al pentagrama”

El rock expresa poéticamente las vivencias adolescentes. Estalla en la década de los 50


como una nueva expresión de la juventud (generaciones de posguerra). El rock les otorga
cierta consistencia identitaria, comienzan a crear sus propias manifestaciones artísticas
colectivas. Lo puberal somet al sujeto adolescente al ardor, es el exceso de sensualidad que se
derrama creando representaciones incestuosas que dan sustento a una intensa actividad
autoerótica. Lo puberal genera el exceso de sensualidad que infiltra al adolescente, mientras
que lo adolescente enternece ese plus. Lo puberal activa el Edipo genital, lo adolescente
permite su elaboración. Lo puberal permanece cercano al yo ideal como anhelo narcisista de
retorno; lo adolescente crea las condiciones para la primacía del ideal del yo, como proyecto
identificatorio.

LO ORIGINARIO PUBERAL EN SU EXPRESIÓN MÁS TAJANTE

Durante los procesos de la pubertad se afirma el primado de las zonas genitales, y en el


varón, el ímpetu del miembro erecto remite imperiosamente a la nueva meta sexual: penetrar
una cavidad del cuerpo que excite la zona genital. Al mismo tiempo, desde el lado psíquico, se
consuma el hallazgo de objeto, preparado desde la más temprana infancia. Freud afirma que
solo luego del periodo de latencia, se reestablece la relación originaria. El hallazgo de objeto
por eso, es propiamente un reencuentro.

Recordaremos que lo puberal es saturación sexual genital incestuosa. Pulsa por el


retorno a la unidad narcisista originaria (puberal). Tanto el objeto como la pulsión deberían ser
excorporizados, pero el objeto permanece demasiado cerca de la mano de la pulsión, o sea, en
una zona lindante con el autoerotismo. Es preciso que la figura parental no se presente
seductora, porque en este caso dificultaría el desasimiento y la exploración de un afuera.
Especialmente durante el entretiempo adolescente de la sexuación, una relación genital puede
no ser más que una experiencia narcisista de goce autoerótico vivida por dos, muy limitada al
encuentro y descarga de ambas zonas-objetos complementarios.

El amor adolescente tendrá luego una función estructurante e integradora, esencial en


la subjetivación del sí mismo y del otro como alteridad. Requiere de cierta coalición de la
terminar y la sensualidad en un mismo objeto.

GRASSI: “La creación del cuerpo adolescente”

Con la pubertad se producen transformaciones, que serán tramitadas e integradas en el


entretiempo de la sexuación. El encuentro de la psique con el nuevo cuerpo y la genitalidad
produce un trabajo de inscripción. En cierto modo, el cuerpo infantil deviene parcialmente
soma. Para adueñarse activamente de este cuerpo ahora genital, el adolescente deberá crearlo
como tal, en un trabajo de apropiación subjetiva, propiciado por el encuentro intersubjetivo con
el otro no familiar.

EL NACIMIENTO DEL CUERPO EN LOS ALBORES DE LO ORIGINARIO

La constitución del cuerpo psíquico-erógeno, que denominaremos corpsi, es el objeto de


indagación. El cuerpo en sus inicios es un soma. Al soma del infante se lo designa con un
nombre, se lo sueña, se lo dota de atributos imaginarios. Antes de nacer el naciente anidará en
el psiquismo materno, en un tejido representacional. Luego la madre va trazando sobre ese
cuerpo y va activando libidinalmente la superficie. La madre sexualiza, la pulsión es convocada
por la sexualidad ICC de la madre. En estos “albores de lo originario” el corpsi se va
constituyendo en un doble encuentro: con el propio cuerpo y con los procesos psicosomáticos
maternos. Las representaciones de lo originario se materializan por medio de pictogramas, que
van a inscribir la zona con el objeto complementario, ambos fusionados, unidos. Esa escritura
crea el cuerpo y el psiquismo enraizados.

El cuerpo es inicialmente vivenciado por el infante como fragmentado. La


representación narcisista unificada del cuerpo y del yo se construirá en un movimiento
anticipatorio, a partir de la identificación a la imagen especular del otro en el estadio del espejo.
Devendrán las identificaciones originantes del yo ideal (identificación imaginaria) y el ideal del
yo (identificación simbólica).

El diferimiento del orgasmo genital hasta la pubertad hace del cuerpo infantil un cuerpo
expuesto a goces parciales y fragmentados. Sin embargo, la sexualidad se inicia
(sexualización) describiendo singulares trazados erógenos. Se van configurando asi la
superficie y límites del cuerpo erógeno, marcado por el significante.

LA CREACIÓN ADOLESCENTE DEL CUERPO GENITAL

Con la llegada de la pubertad, el cuerpo infantil se transforma en un territorio invadido y


gobernado por la sexualidad genital. El cuerpo se transforma en un extraño heterogéneo para
la psique. El resultado de esta mutación es un cuerpo-soma, de bordes cambiantes, un
territorio a explorar. En este proceso crítico existe el riesgo de ruptura del sentimiento de
continuidad existencial al yo.

El espejo permitirá una nueva asunción del yo en el orden imaginario de las


transformaciones operadas en el cuerpo. Llegada la pubertad, el grupo familiar debe ceder su
supremacía y dar lugar a la creación de otros grupos y otros espejos. La exuberante sexualidad
genital puberal y las extrañas distorsiones bordearán el territorio de lo siniestro. La función del
espejo generacional adquiere entonces una importancia decisiva. Va configurando una imagen
reunificada del cuerpo por medio de contactos corporales, miradas, gestos. Estos encuentros
significantes con los otros tienen también la función de posibilitar el trazado de un circuito
pulsional intersubjetivo, cuyo recorrido excede el propio cuerpo y el familiar. Este circuito va a
facilitar la operación de desinvertir genitalmente el cuerpo incestuoso parental.

El cuerpo propio genital, se irá creando en la adolescencia, mediante las inscripciones e


identificaciones resultantes de los encuentros con el otro cuerpo (el nuevo) y con el cuerpo
genital de los otros (en su dimensión erótica). La apropiación del cuerpo se da a partir del
encuentro con nuevos cuerpos. El cuerpo-psíquico se constituirá mediante la escritura del
cuerpo en otros cuerpos y por otros cuerpos. El adolescente con sus ropas por ejemplo, añade
una impronta personal y social a la superficie del cuerpo en proceso de apropiación.

Hay muchas estrategias para construir la identidad adolescente en la grupalidad y que


finalmente conducen a la asunción imaginaria y simbólica del nuevo cuerpo genital. El
adolescente irá creando de acuerdo a sus recursos, estilos de expresión sexual y modos
singulares de encuentro erótico genital y para-genital con el otro.

LENGUAJES Y ESCRITURAS DEL CUERPO

Durante el entretiempo de sexuación, en el que se pone en juego la creación-


apropiación del cuerpo, se expresa de diversos modos:
1) CONVERSIONES
- Significante que alude a las transformaciones corporales propias de la adolescencia
- Proceso de histerización, que crea síntomas conversivos transitorios, escenas de
seducción ofrecidas a la mirada del otro, en un juego seductor-seducido. Son formaciones del
ICC que dan cuenta de un adecuado proceso adolescente.

2) SOMATIZACIONES
- El cuerpo de la niñez se transforma en un nuevo soma, en una superficie discontinua,
heterogénea, aún sin historia. El soma es un espacio no inscripto y por lo tanto, no
representado por el psiquismo.
- El cuerpo es sede de trastornos corporales transitorios, sensaciones dolorosas,
temores hipocondríacos, diversas somatizaciones propias del crecimiento.
- Desencadenamiento de graves trastornos corporales que dan cuenta de un proceso
patológico.

Los cuerpos escriben lo que no pueden decir. El cuerpo erógeno es el topos del sujeto
psíquico. El soma es solamente el lugar de nacimiento y enraizamiento de lo psíquico, que al
representar el encuentro con el otro materno, se engendra como cuerpo erógeno. El corpsi es
erógeno, psíquico, histórico y genealógico. El soma es en cambio, sustancia sin representación
y ahistórico.

CREACIÓN DEL CUERPO PROPIO, ALTERACIONES Y ALTERIDAD

Experimentar la alteridad no siempre es posible y tolerable, porque en ciertos


adolescentes no se ha constituido adecuadamente tal categoría y los cambios del cuerpo
genital puber no llegan a ser metabolizados. En consecuencia, el yo no los incorpora.
Cuando fracasan se producen importantes alteraciones, el cuerpo genital o sectores del mismo
son rechazados y mudan a la condición de cuerpo extraño. El cuerpo se torna
inesperadamente seductor, perturbador.

La estrategia del sujeto adolescente frente a esas perturbaciones se verificará en


intentos de atacar, suprimir o controlar el cuerpo mediante ciertas mutilaciones, accidentes,
ingesta de tóxicos.

La construcción de la categoría subjetiva y ética de la alteridad es una adquisición


compleja que implica poder sostener la condición de sujeto deseante ante otro sujeto deseante,
sin que este encuentro suponga destrucción. Convivir como otro y con el otro equivale a
convivir con el “propio cuerpo” como alteridad y convivir con la alteridad de los “otros cuerpos”.

DUEK: “Salud y transicionalidad”

SOBRE LA SALUD

Winnicott dice que el individuo sano es aquel que se encuentra en el momento


adecuado de su desarrollo madurativo acorde a lo que se espera de su edad. También del
logro, de la realización personal, basado en el desarrollo emocional.
La salud consiste en la capacidad del individuo que en un medio moderadamente adecuado y
estable, puede desarrollar un estilo personal de vivir. Salud es el psiquismo abierto a las
transformaciones internas, en interacción con el ambiente. Su epicentro es lo emocional-
madurativo. Así, plantea que en el estado de necesidad primaria, la dependencia es absoluta y
salud implica adaptación activa de la madre y del medio ambiente. El niño y la madre
conforman una zona común, intersubjetividad constitutiva y constituyente del psiquismo del
infante.

El individuo sano es capaz de desplegar sus potencialidades, apto de sentir la


continuidad de su sentimiento de si, alcanzar la madurez y la autonomía. La tendencia a la
maduración forma parte de lo heredado, pero solo es desplegada gracias al medio
suficientemente bueno. El concepto de madurez evoca en Winnicott al concepto de devenir.
Tanto el sentido de ser como la identidad se construyen en el devenir humano. Se relaciona la
madurez con el gradual pasaje desde la dependencia absoluta hacia la instalación des
desarrollo emocional primitivo, el logro de la dependencia relativa y el establecimiento gradual
de la independencia. La inmadurez corresponde al estadio de la pubertad y adolescencia
saludables.

Las invariables de la salud están ligadas a ciertas claves:


- La INTEGRACIÓN, la experiencia emocional inicial se presenta fragmentada, y amenaza con
la potencial desintegración. La integración se produce por los cuidados infantiles que tienden a
reunir a la persona como un todo.
- La PERSONALIZACIÓN, significa que la persona de uno se encuentra en el propio cuerpo.
Originariamente la psique habita el soma, y se adquiere el esquema corporal personal,
entonces podemos hablar de integración psique-soma.
- La APRECIACIÓN DEL TIEMPO Y EL ESPACIO, junto con las dos primeras tendrá como
resultado la organización del yo; el yo va a ser resultado de experiencias subjetivas del niño en
relación al medio, encarnado en primer momento por la madre.

El trauma, significa una ruptura en la continuidad de la existencia del individuo, y


representa la falla materna. Cuando el bebé es recién nacido no es capaz de adaptarse, la
continuidad debe ser dada por el medio ambiente perfecto. Si existen fallas, la actividad de la
mente puede complejizarse y formar un sistema cerrado. Este sistema va a esconder al yo del
encuentro espontáneo con el ambiente.

El periodo que va de la pubertad a la adolescencia envuelve una fuerte amenaza para el


sentimiento de personalización y conlleva la puesta a prueba de la capacidad para sostener la
continuidad del yo, impedir la ruptura traumática. Para Winnicott un individuo sano logra
identificarse con la sociedad sin que haya una pérdida demasiado grande de sus pulsiones
individuales. En algunos casos, esa identificación puede tomar la forma de acatamiento y ahí
se produce el “falso self”, una patología que se da como resultado de traumas en el proceso de
integración inicial.

La salud se refiere a vida interior y exterior integradas; el proceso patológico implica la


falsa madurez, el apartamiento de la vida interior, y la dificultad para recrearse en interacción
con el ambiente externo. En tanto se logra la integración, se organiza el yo (self) y se
comienzan a registrar experiencias no-yo.

El pasaje del principio de placer al principio de realidad es un factor decisivo para la


adquisición de la salud. Queda precisado como el pasaje de la relación de objeto al uso del
objeto. Este logro implica una fase intermedia en la cual el niño intenta destruir el objeto. Este
intento va a ubicar al mismo objeto fuera de sí y va a adquirir entonces, el valor de uso.

El área de la intimidad (capacidad para estar solos, jugar, usar la ilusión), la relación con
el mundo externo (capacidad de usar el objeto e integrar con la anterioridad) y la experiencia
cultural (el jugar y el arte) constituyen las 3 vidas de un individuo sano.
LA TRANSICIONALIDAD

El estado primitivo es anobjetal; muy progresivamente se establece la relación de


objeto, con el “objeto subjetivo”. Tal instalación, se da en el periodo de dependencia absoluta
con el ambiente facilitador. Ser uno incluye, paradójicamente, a la madre.

En la salud hay un “fenómeno de ilusión”, un momento donde el bebé crea el objeto a


medida de la satisfacción de su necesidad. Pero ese objeto debe ser presentado (objeto
subjetivo). Es decir, el objeto paradójicamente estaba ahí por la creatividad del niño.
Una madre suficientemente buena está dispuesta a recibir la excitación de su hijo. El niño
acude al pecho cuando está excitado, cuando está dispuesto a alucinar algo que puede ser
atacado. Cuando cesa la satisfacción de la necesidad, cesa la existencia del objeto: el objeto
subjetivo es inestable.

La madre-objeto y la madre-ambiente proveedora aporta la adaptación del objeto a la


necesidad. Esta experiencia solo tiene lugar en el periodo de dependencia absoluta. Ella
provee al bebe la capacidad de la ilusión de que el pecho es suyo. La fantasía primaria va a
ceder ante la adquisición de la realidad del objeto y las experiencias no-yo.
En el pasaje del objeto subjetivo al objeto objetivo, la exterioridad y la interioridad se organizan
y comienza a haber un territorio que es yo y otro que es no-yo. El niño comienza a soportar la
desilusión gracias a que la madre comienza a fallar y se abre, es una zona de fenómenos
transicionales.

Los fenómenos transicionales, por ejemplo, la experiencia de chuparse el pulgar,


sostener y chupar la sábana, hacer sonidos con la boca. Estas experiencias se enlazan con
pensamientos o fantasías y a partir de ellas adquiere gran importancia un objeto. Un objeto
amado y atacado, que no debe cambiar, que parece tener vida propia; luego con el tiempo es
olvidado y va perdiendo significado. Es la primera posesión del niño, es el objeto transicional.
La apertura de la zona transicional implica la pérdida de la omnipotencia de la creación pura.
En esa zona encuentra un objeto que es sostenido por un objeto interno, y que pre-simboliza el
objeto externo deseado, es decir, la madre. La existencia del objeto transicional le permite
tolerar mejor la desilusión y facilita el desasimiento.

Nadie está libre de la tensión que ocasiona relacionar la realidad interior con la exterior.
El alivio lo va a aportar una zona intermedia de experiencias (arte, religión, juegos). La
psicoterapia es un espacio que abarca dos zonas de juego, la del paciente y la del
psicoterapeuta. Cuando ambos construyan la zona intermedia, podrá ser aceptada la
interpretación del analista. Análogamente, el trabajo del hallazgo-construcción del objeto en la
adolescencia requiere de tal capacidad de juego. Habitar esta transicionalidad posibilita habitar
psíquicamente el cuerpo que cambia. El sujeto puede metabolizar lo desconocido del propio yo.
El desasimiento de los padres se encontrará con el apuntalamiento en la adquisición del objeto
transicional, que colaborará para crear el relevo de la función materna y paterna.

SOLER: “El otro porvenir”

Antes de nacer, el grupo familiar imagina y simboliza al bebé. El bebé es el soporte


narcisista del grupo; y la función de la familia es dar un lugar al nuevo integrante filiándolo a la
cadena generacional, proyectándole ideales y valores, etc.
Si el espacio intersubjetivo está regido por la violencia secundaria, el niño es candidato a ser
tomado como objeto de proyección de los otros, y el espacio intersubjetivo deviene relación de
objeto. La subjetividad que vendrá, quedaría reducida a repetir un cuadro ya pincelado por las
generaciones anteriores. Por el contrario si la violencia primaria es la que rige el contrato,
además de ser objeto de proyecciones de figuras ya pintadas; el grupo va a transmitir también
la potencialidad vinculante inherente a todo vínculo.

El espacio intersubjetivo entre un hijo y quienes sostienen las funciones parentales


puede advenir relación de objeto o vínculo. El primero ocupa un lugar de objeto de
proyecciones de los otros; mientras que el vínculo deviene cuando aún cumpliendo el grupo
con la función de transmisión, aloja a la subjetividad naciente como un sistema abierto.

Al portar el grupo la función de la potencialidad vinculante, también transmite algo de la


esencialidad del sujeto: su falta. La transmisión de la potencialidad vinculante conlleva la
transmisión esencial de la falta inherente a todo sujeto, que habilita el movimiento deseante de
búsqueda y construcción. Toda producción subjetiva está destinada a bordear la alteridad de sí
mismo y del otro.

Para apropiarse de la potencialidad vinculante transmitida por los padres, el hijo tiene
que realizar muchos trabajos psíquicos durante la infancia y la adolescencia, para construir y
conquistar las categorías de vínculo y de alteridad.
Que un sujeto construya la categoría de alteridad implica que pueda considerar al otro en su
diferencia: con un cuerpo separado y deseo diferente. Implica asumir la diferencia del otro y la
propia, la amenidad y la extrañeza.

La primer experiencia que tiene el infante del otro se juega en un registro


pictogramático, de sensaciones corporales. En el encuentro originario intervienen la percepción
de la posición del cuerpo, movimientos, esquema postural. El esquema postural prepara al
esquema corporal. Es función del otro sostener la presencia y también la diferencia. En la
continuidad del vínculo de apego es imprescindible que se ponga en juego la diferencia, la
ausencia. Esto posibilita la creación de la fantasía y el deseo. Allí reside el primer registro de la
alteridad, al modo de una diferencia sensorial.

LO EXTRAÑO

La constitución de la categoría del extraño implicaría una primera simbolización de la


diferencia, de la alteridad del sujeto. Se conceptualizan 3 momentos:
1) El primer tiempo del proceso de reconocimiento de uno mismo es el de no tener rostro.
La falta implica todo el vacío de constitución.
2) El segundo tiempo es el de tener el rostro de la madre. Este momento está fundado en
inclusiones recíprocas. El sujeto es lo que percibe. No hay distancia ni diferencia entre
el sujeto y el otro (la madre).
3) El tercer tiempo se define por la percepción del rostro del otro como otro. Ya se percibe
y registra la diferencia. Esto inaugura la posibilidad de ser diferente de la madre.

ESTADÍO DEL ESPEJO

Cuando el sujeto llega a reconocerse en la imagen especular, ya porta con la


experiencia de la teoría del rostro, con la constitución de la categoría de lo extraño. Esta
imagen no crea la alteridad, sino que confirma al sujeto en su alteridad primordial. A través de
ésta vuelve a convertirse en el otro que fue antes y que nunca dejó de ser.

LA ALTERIDAD DEL PROPIO CUERPO EN EL ENTRETIEMPO PUBER-ADOLESCENTE

El cuerpo erógeno de la infancia empieza a constituirse desde el deseo de los padres,


de los otros. El trabajo puberal-adolescente desordena lo infantil y da lugar a lo nuevo. El
cuerpo sexuado interrumpe como algo extraño. El adolescente podrá investir su cuerpo,
tatuarlo, pintarlo y vivenciarlo con placer. Podrá contar con el grupo de pares como soporte de
la función del espejo: otros en quienes reconocerse e identificarse.

Cuando en la subjetividad predominan procesos de metamorfosis, se vivencia como la


emergencia de algo monstruoso que aterra. Esto daría cuenta de un fracaso en la constitución
de la categoría de lo extraño. Cuando predominan los procesos de transformación los cambios
de vivencian con inquietud y extrañeza, pero sin perder la mismidad del sujeto. Dolto ilustra
este proceso con la metáfora de la inopia.

La iniciación sexual en la adolescencia marca un antes y un después en la subjetividad.


Con el otro se escribe el cuerpo genital, donde la vivencia de satisfacción se transforma en
vivencia del orgasmo, y se escribe la alteridad del otro. El otro se construye en su alteridad
como sujeto de deseo. Esto requiere una conquista y un pasaje donde los encuentros con el
otro dejan de ser relaciones de objeto y devienen vínculo.

En un proceso saludable se construye la categoría de cuerpo sexuado vincular cuando


el encuentro intersubjetivo con el otro deviene vínculo, y esto sólo es posible si ambas
subjetividades inscriben algo de la falta que los define como sujetos. Esto no se produce sin
angustia; pero es un pasaje necesario para acceder al deseo y a la dimensión ética.

El sepultamiento del complejo de Edipo (1924)

El complejo de Edipo sucumbe a la represión y es seguido por el período de latencia. Se


viene a pique a raíz de las dolorosas desilusiones acontecidas. La niña quiere ser objeto de
amor del padre, pero vivirá una reprimenda por parte de él. El varón considera a la madre su
propiedad, pero experimenta como la madre le quita amor y cuidados para dárselos a un recién
nacido. Estos acontecimientos, la falta de satisfacción esperada, son inevitables. Así, el
Complejo de Edipo caería a causa de una imposibilidad interna (desde un punto de vista
ontogenético).
También cae por llegado el tiempo de su disolución. Es un fenómeno heredado y tiene que
desvanecerse cuando llega la fase evolutiva siguiente (desde el punto de vista filogenético)
La fase fálica, contemporánea al Complejo de Edipo, no prosigue su desarrollo hasta la
organización genital definitiva, sino que es relevada por el período de latencia. Cuando el niño
vuelca su interés sobre el miembro genital masculino, lo deja translucir por su vasta ocupación
manual en ellos, pero hace la experiencia de que los adultos no están de acuerdo con ese
obrar. Sobreviene la amenaza de que se le arrebatará. Primero el niño no presta obediencia a
la amenaza; hay dos experiencias por las que se prepara para la pérdida de partes muy
apreciadas de su cuerpo: el retiro del pecho materno y la separación del contenido del intestino.
Solo tras hacer una nueva experiencia empieza el niño a contar con la posibilidad de la
castración: la observación de los genitales femeninos. La falta de pene ha vuelto representable
la pérdida de propio pene y la amenaza de castración posteriormente.
La sexualidad del niño se puede ver en la actitud edípica hacia sus progenitores; la
masturbación es sólo la descarga genital de la excitación sexual perteneciente al complejo. El
complejo de Edipo ofrece dos posibilidades de satisfacción: una activa, situándose en el lugar
del padre (a raíz de lo cual es sentido como un obstáculo); y una pasiva: sustituir a la madre y
hacerse amar por el padre. La intelección de que la mujer es castrada puso fin a las dos
posibilidades de satisfacción derivadas del complejo. Ambas conllevan a la pérdida del pene: la
masculina en calidad de castigo, y la femenina como premisa. Si la satisfacción amorosa
cuesta el pene, estallará un conflicto entre el interés narcisista y la investidura libidinosa de los
objetos parentales. El Yo del niño entonces, se extraña del Complejo de Edipo. Las
investiduras de objeto son resignadas y sustituidas por identificación. La autoridad del padre,
introyectada en el Yo, forma el núcleo del Superyo, que toma prestada su severidad, perpetúa
la prohibición del incesto y asegura al Yo contra el retorno de la investidura libidinosa de objeto.
Las aspiraciones libidinosas son desexualizadas y sublimadas, son inhibidas en su meta y
mudadas en mociones tiernas. Se inicia el período de latencia que interrumpe el desarrollo
sexual del niño. El extrañamiento del Yo respecto del Complejo de Edipo es producto de la
represión, pero equivale a la destrucción del complejo. Si esto último no se logra, el complejo
subsistirá en el inconsciente y más tarde exteriorizará su efecto patógeno.
En la niña el clítoris se comporta como un pene, pero es demasiado corto y se siente inferior.
Tiene la esperanza de que crezca. La niña no comprende su falta sino que lo explica mediante
el supuesto de que poseyó un miembro igualmente grande y lo perdió por castración. La niña
acepta su castración, como un hecho consumado, mientras que el niño tiene miedo frente a la
posibilidad de su consumación. La muchacha se desliza a lo largo de la ecuación simbólica, del
pene al hijo. Su Complejo de Edipo culmina con el deseo de recibir como regalo un hijo del
padre. Ambos deseos, de poseer un pene y recibir un hijo, permanecen en el Icc, donde se
conservan con fuerte investidura y preparan la posterior sexualidad.

FREUD: Conferencia 31 – “La descomposición de la personalidad psíquica”