Está en la página 1de 121

ROBERT LOUIS STEVENSON Nuevas noches árabes El Club de los Suicidas El diamante del Rajá El pabellón en las dunas

Cobijo por una noche - Una historia de Francois Villon La puerta del Señor de Maletroit La guitarra providencial

EL CLUB DE LOS SUICIDAS 1. Historia del joven de las tartas de crema Durante su residencia en Londres, el eminente príncipe Florizel de Bohemia se ganó el afecto de todas las clases sociales por la seducción de sus maneras y por una generosidad bien entendida. Era un hombre notable, por lo que se conocía de él, que no era en verdad sino una pequeña parte de lo que verdaderamente hizo. Aunque de temperamento sosegado en circunstancias normales, y habituado a tomarse la vida con tanta filosofía como un campesino, el príncipe de Bohemia no carecía de afición por maneras de vida más aventuradas y excéntricas que aquella a la que por nacimiento estaba destinado. En ocasiones, cuando estaba de ánimo bajo, cuando no había en los teatros de Londres ninguna comedia divertida o cuando las estaciones del año hacían impracticables los deportes en que vencía a todos sus competidores, mandaba llamar a su confidente y jefe de caballerías, el coronel Geraldine, y le ordenaba prepararse para una excursión nocturna. El jefe de caballerías era un oficial joven, de talante osado y hasta temerario, que recibía la orden con gusto y se apresuraba a prepararse. Una larga práctica y una variada experiencia en la vida le habían dado singular facilidad para disfrazarse; no sólo adaptaba su rostro y sus modales a los de personas de cualquier rango, carácter o país, sino hasta la voz e incluso sus mismos pensamientos, y de este modo desviaba la atención de la persona del príncipe y, a veces, conseuía la admisión de los dos en ambientes y sociedades extrañas. Las autoridades nunca habían tenido conocimiento de estas secretas aventuras; la inalterable audacia del uno y la rápida inventiva y devoción caballeresca del otro los habían salvado de no pocos trances peligrosos, y su confianza creció con el paso del tiempo. Una tarde de marzo, una lluvia de aguanieve los obligó a cobijarse en una taberna donde se comían ostras, en las inmediaciones de Leicester Square. El coronel Geraldine iba ataviado y caracterizado como un periodista en circunstancias apuradas, mientras que el príncipe, como era su costumbre, había transformado su aspecto por medio de unos bigotes falsos y unas gruesas cejas postizas. Estos adminículos le conferían un aire rudo y curtido, que era el mejor disfraz para una persona de su distinción. De este modo preparados, el jefe y su satélite sorbían su brandy con soda en absoluta seguridad. La taberna estaba llena de clientes, tanto hombres como mujeres, y aunque más de uno quiso entablar conversación con nuestros aventureros, ninguno de los que lo intentaron prometía resultar interesante en caso de conocerlo mejor. No había nada más que los normales bajos fondos de Londres y algunos bohemios de costumbre. El príncipe había comenzado a bostezar y empezaba a sentirse aburrido de la excursión, cuando los batientes de la puerta se abrieron con violencia y entró en el bar un hombre joven seguido de dos servidores. Cada uno de los criados transportaba una gran bandeja con tartas de crema debajo de una tapadera, que en seguida apartaron para dejarlas a la vista; entonces el hombre joven dio la vuelta por toda la taberna ofreciendo las tartas a todos los presentes con manifestaciones de exagerada cortesía. Unas veces le aceptaron su oferta entre risas, otras se la rechazaron con firmeza y, algunas, hasta con rudeza. En estos casos el recién llegado se comía siempre él la

tarta, entre algún comentario más o menos humorístico. Por último, se aproximó al príncipe Florizel. -Señor -le dijo, haciendo una profunda reverencia, mientras adelantaba la tarta hacia él sosteniéndola entre el pulgar y el índice-, ¿querría usted hacerle este honor a un completo desconocido? Puedo garantizarle la calidad de esta pastelería, pues me he comido veintisiete de estas tartas desde las cinco de la tarde. -Tengo la costumbre -replicó el príncipe- de no reparar tanto en la naturaleza del presente, como en la intención de quien me lo ofrece. -La intención, señor -devolvió el hombre joven con otra reverencia-, es de burla. -¿Burla? -repuso el príncipe-. ¿Y de quién se propone usted burlarse? -No estoy aquí para exponer mi filosofía -contestó el joven- sino para repartir estas tartas de crema. Si le aseguro que me incluyo sinceramente en el ridículo de esta situación, espero que considere usted satisfecho su honor y condescienda a aceptar mi ofrecimiento. Si no, me obligará usted a comerme el pastel número veintiocho, y le confieso que empiezo a sentirme harto del ejercicio. -Me ha convencido usted -aceptó el príncipe- y deseo, con la mejor voluntad del mundo, rescatarlo de su problema, pero con una condición. Si mi amigo y yo comemos sus tartas -que no nos apetecen en absoluto-, esperamos que en compensación acepte usted unirse a nosotros para cenar. El joven pareció reflexionar. -Todavía me quedan unas docenas en la mano -dijo, al fin- y tendré que visitar a la fuerza varias tabernas más para concluir mi gran empresa, en lo cual tardaré un tiempo. Si tienen ustedes mucho apetito... El príncipe le interrumpió con un cortés ademán. -Mi amigo y yo le acompañaremos –repuso- pues tenemos un profundo interés por su extraordinariamente agradable manera de pasar la tarde. Y ahora que ya se han sentado los preliminares de la paz, permítame que firme el tratado por los dos. Y el príncipe engulló la tarta con la mayor gracia imaginable. -Está deliciosa -dijo. - Veo que es usted un experto -replicó el joven. El coronel Geraldine hizo el honor al pastel del mismo modo, y como todos los presentes en la taberna habían ya aceptado o rechazado la pastelería, el joven encaminó sus pasos hacia otro establecimiento similar. Los dos servidores, que parecían sumamente acostumbrados a su absurdo trabajo, le siguieron inmediatamente, y el príncipe y el coronel, cogidos del brazo y sonriéndose entre sí, se unieron a la retaguardia. En este orden, el grupo visitó dos tabernas más, donde se sucedieron escenas de la misma naturaleza de la descrita: algunos rechazaban y otros aceptaban los favores de aquella vagabunda hospitalidad, y el hombre joven se comía las tartas que le eran rechazadas. Al salir del tercer bar, el joven hizo el recuento de sus existencias. Sólo quedaban nueve tartas, tres en una bandeja y seis en la otra. -Caballeros -dijo, dirigiéndose a sus dos nuevos Seguidores-, no deseo retrasar su cena. Estoy completamente seguro de que tienen ya hambre y siento que les debo una consideración especial. Y en este gran día para mí, en que estoy cerrando una carrera de locura con mi acción más claramente absurda, deseo comportarme lo más correctamente posible con todos aquellos que me ofrezcan su ayuda. Caballeros, no tendrán que aguardar más. Aunque mi constitución esta quebrantada por excesos anteriores, con riesgo de m vida liquidaré la condición pendiente. Con estas palabras, se embutió los siete pasteles restantes en la boca y los engullió uno a uno. Después se volvió a los servidores y les dio un par de soberanos. -Tengo que agradecerles su extraordinaria paciencia -dijo. Y les despidió con una inclinación. Durante unos segundos, miró el billetero del que acababa de pagar a sus criados, lo lanzó con una carcajada al medio de la calle y manifestó su disponibilidad para ir a cenar. Se dirigieron a un pequeño restaurante francés, del Soho, que durante algún tiempo había disfrutado de una notoria fama y ahora habla empezado a caer en el olvido. Allí los tres compañeros subieron dos tramos de escaleras y se acomodaron en un comedor privado. Cenaron exquisitamente y bebieron tres o cuatro botellas de champán, mientras hablaban de temas intrascendentes. El joven era alegre y buen conversador, aunque reía mucho más alto de lo que era natural en una persona de buena educación; le temblaban violentamente las manos y su voz tomaba matices repentinos y sorpredentes, que parecían escapar a su voluntad. Ya habían dado cuenta de los postres y habían encendido los tres hombres sus puros, cuando el príncipe se dirigió a él en los siguientes términos:

-Estoy seguro de que me perdonará mi curiosidad. Me agrada mucho lo que he visto de usted, pero me intriga más. Y aunque no deseo en absoluto ser indiscreto, debo decirle que mi amigo y yo somos personas muy preparadas para que se nos confíen secretos. Tenemos muchos secretos nuestros, que continuamente revelamos a oídos indiscretos. Y si, como supongo, su historia es una locura, no precisa usted andarse con rodeos pues se encuentra delante de los dos hombres más insensatos de Inglaterra. Mi nombre es Godall, Theophilus Godall, y mi amigo es el mayor Alfred Hammersmith o, al menos, ése es el nombre con el que ha elegido que se le conozca. Dedicamos nuestras vidas a la búsqueda de aventuras extravagantes, y no hay extravagancia alguna que no sea capaz de despertamos simpatía. -Me agrada usted, señor Godall -le contestó el joven-, me inspira usted una natural confianza; y tampoco tengo la más mínima objeción respecto a su amigo el mayor, a quien creo un noble disfrazado. Cuando menos, estoy seguro de que no es militar. El coronel sonrió a aquel halago a la perfección de su arte y el joven continuó hablando con más animación: -Existen todas las razones posibles para que yo no les cuente mi historia. Quizá sea ésa exactamente la razón por la que se la voy a contar. Parecen ustedes realmente tan bien preparados para escuchar un cuento descabellado que no tengo valor para decepcionarlos. Me reservaré mi nombre, a pesar de su ejemplo. Mi edad no es esencial para la narración. Desciendo de mis antepasados por generaciones normales y de ellos heredé un muy aceptable alojamiento, que todavía ocupo, y una renta de trescientas libras al año. Creo que también me dejaron un carácter atolondrado, al que he cedido siempre con indulgencia. Recibí una buena educación. Toco el violín, casi lo bastante bien como para ganarme la vida en la orquesta de algún teatrillo de variedades, pero no mucho más. Lo mismo se puede aplicar a la flauta y a la trompa de llaves. Aprendí lo bastante de whist como para perder cien libras al año en ese científico juego. Mi dominio del francés era suficiente para permitirme derrochar el dinero en París casi tan fácilmente como en Londres. Resumiendo, soy alguien auténticamente dotado de cualidades masculinas. He tenido todo tipo de aventuras, incluyendo un duelo sin ningún motivo. Hace sólo dos meses, conocí a una joven exactamente conforme a mis gustos en cuerpo y en alma. Sentí que se me deshacía el corazón. Comprendí que me había llegado mi destino y que iba a enamorarme. Pero cuando fui a calcular lo que me quedaba de mi capital, encontré que ascendía a algo menos de ¡cuatrocientas libras! Yo les pregunto, sinceramente, ¿puede un hombre que se respete a sí mismo enamorarse con cuatrocientas libras? Me respondo: ciertamente, no. Abandoné el contacto con mi hechicera y, acelerando ligeramente el ritmo normal de mis gastos, llegué esta mañana a mis últimas ochenta libras. Las dividí en dos partes iguales: reservé cuarenta para un propósito concreto y dejé las restantes cuarenta para gastarlas antes de la noche. He pasado un día muy entretenido y he hecho muchas bromas además de la de las tartas de crema que me ha procurado el placer de conocerles; porque estaba decidido, como les he contado, a llevar una vida de loco a un final todavía más loco; y, cuando me han visto ustedes lanzar mi cartera a la calle, las últimas cuarenta libras se habían acabado. Ahora me conocen ustedes tan bien como me conozco yo mismo: un loco, pero coherente con su locura, y, como les pido que crean, no un quejica ni un cobarde. Del tono de toda la exposición del joven se desprendía con certeza que albergaba una despreciativa y amarga opinión sobre sí mismo. Sus oyentes dedujeron que su asunto amoroso estaba más presente en su corazón de lo que él admitía y que tenía el propósito de quitarse la vida. La farsa de las tartas de crema empezaba a adquirir el aire de una tragedia disimulada. -¿No es extraño -empezó Geraldine, lanzando una mirada al príncipe Florizel- que tres compañeros se hayan encontrado por el más puro accidente en este desierto enorme que es Londres, y que se encuentren prácticamente en la misma situación? -¡Cómo! -exclamó el joven-. ¿También están ustedes arruinados? ¿Es esta cena una locura como mis tartas de crema? ¿Ha congregado el demonio a tres de los suyos para un último festejo? -El demonio, depende en qué ocasiones, puede comportarse en verdad como un caballero -repuso el príncipe Florizel-. Me siento tan impresionado por esta coincidencia, que, puesto que no nos encontramos exactamente en el mismo caso, voy a acabar con esta diferencia. Que sea mi ejemplo su heroico comportamiento con las últimas tartas de crema. Y, diciendo esto, el príncipe sacó su billetero y extrajo de él un pequeño manojo de billetes. -Vea, me encontraba una semana aproximadamente detrás de usted, pero deseo alcanzarle para llegar codo con codo a la meta. Esto -prosiguió, depositando uno de los

sí -repuso el otro con sospecha-. señor -dijo el príncipe-. Pero no soy tan tímido y puedo hablar llanamente en el inglés de la reina. -¡Afortunados seres! -exclamó el joven-. Tenemos intereses en distintos sitios y. sí -respondió el coronel. El joven pareció despertar. Puesto que le hemos encontrado a usted. por este motivo. -Un hombre arruinado. y su caso es más urgente. a su salud! -gritó. o también un millonario. -Sólo necesitaba cuarenta libras -contestó el joven con tristeza. También nosotros. ¿Quién. al punto en que sólo pueden concederse un último deseo? ¿Van ustedes -bajó la voz y continuó-. ¡Y buenas noches. -También por la mía -aseveró el príncipe-. Yo contesto afirmativamente a todas sus preguntas. ¿Por qué cuarenta libras. se inventaron los trenes. ¡Choquemos los cinco! -Tenía la mano fría y humeda-. ¡No saben bien en qué compañía inician el camino! ¡No saben bien en qué feliz momento para ustedes comieron mis tartas de crema! Soy sólo un soldado. Cuarenta libras cada uno. ¡Desgraciada vida. Miró con inquietud a uno y otro. los tres juntos. Cuarenta libras es el precio de la entrada en el Club de los Suicidas.. -¿Arruinados? -volvió a decir el joven-. van ustedes a darse ese deseo? ¿Quieren evitar las consecuencias de su locura por el único camino. ¿Qué demonios es eso? -Escuchen -dijo el joven-. solos o juntos. -¿Pueden ustedes reunir ochenta libras entre los dos? -les preguntó él.. -¡Aquí. y su rostro enrojeció. Lanzó los billetes a la chimenea. Tengo todavía una cartera bien provista y no necesito decir cuán dispuesto estoy a compartir mi riqueza con Godall. estamos hartos de la vida y hemos decidido morir. Conozco la puerta secreta de la Muerte. como usted. Pero debo conocer para qué fin. el rubor le adoró a las mejillas y sus ojos destellaron con una brillante luz. queremos ir en busca de la muerte y desafiarla donde se encuentre. -¡Desgraciado! -gritó-. mis queridos amigos arruinados! El coronel Geraldine le agarró del brazo cuando estaba a punto de levantarse. He dicho algo y no estoy acostumbrado a que se ponga mi palabra en duda. Geraldine consultó su billetero con ostentación y respondió afirmativamente. -¿No se burlan ustedes de mí? -preguntó-.. Los trenes nos separan.alcanzará para la cuenta. ¿Verdaderamente se encuentran tan arruinados como yo? -Por mi parte. tras una vida de molicie. Este trío sin un penique -gritó. tira sus billetes al fuego? La acción habla por sí misma. es preciso que nos explique usted a qué se refiere. -Basta. -No confía usted en nosotros -dijo. y por ello se inventaron los telégrafos para que pudiéramos comunicarnos rápidamente a grandes distancias. con extraordinaria alegría-. El joven intentó detener su brazo. en nombre del cielo? -¿Por qué no ochenta? -inquirió el coronel-. -¡Ustedes son los hombres que buscaba! -gritó. Le he dado a usted una prueba. El mismo príncipe se inquietó y miró a su confidente con una sombra de duda. inevitablemente. que sea esta noche -y en seguida. ¡No debía haberlo quemado todo! ¡Debía haber guardado cuarenta libras! -¡Cuarenta libras! -repitió el príncipe-. fácil e infalible? ¿Huirán del juicio de la conciencia por la única puerta que queda abierta? Súbitamente. sino un hombre arruinado.¡debe ir del brazo a los umbrales de Plutón. Ésta es la época de los servicios y tengo que hablarles de lo más perfecto que hay al respecto. pero los separaba la mesa y su gesto llegó demasiado tarde. Los otros le requirieron que se explicase. si lo desea.. y darse unos a otros apoyo entre las sombras! Geraldine había acertado exactamente en el tono y los modales que correspondían a la parte que representaba. Estoy seguro de que debía haber cien libras en esos billetes. Ahora bien. en la que no se puede ni morir sin dinero! El príncipe y el coronel intercambiaron una mirada. En cuanto al joven. pero formo par-te de un ejército. -Explíquese -dijo el último-. Y el resto.Sin ellas no hay admisión posible. ¿Arruinados como yo? ¿Han llegado. Incluso en los hoteles tenemos ahora ascensores para ahorrarnos la subida de unos cientos de escaleras. La regla es estricta. Soy uno de sus familiares y puedo mostrarles la eternidad sin ceremonias y sin escándalos. de nuestros amigos. y desaparecieron en el fuego en una llamarada.y.. -¿El Club de los Suicidas? -inquino el príncipe-.y se equivoca. Más tarde o más temprano.billetes sobre la mesa. se interrumpió e intentó reír. sabemos que la . levantando la copa y bebiendo-.

Para la gente como yo. el príncipe dejó todo el cambio al sorprendido camarero y partieron tras tomar un coche de alquiler. El príncipe mantenía su apariencia imperturbable y describió al joven suicida una comedia que había visto en el Palais Royal con buen humor y con entusiasmo. señor -pidió el príncipe-. las escaleras traseras a la libertad. con estas palabras. -Su serenidad me tranquiliza -contestó el guía-. no me hallo en liberta de comunicárselo. Quiero ver el final de todo esto. . No he visto nunca a nadie tan seguro en este trance. Si me lo permiten. el joven saludó con la mano a sus compañeros. Verdaderamente. Había un servicio más que faltaba a la comodidad moderna: una manera decente. diariamente y a lo largo de toda su vida se abstienen de la huida final por una o dos consideraciones. y de lo que sé sobre sus estatutos. Pero esto no es de su interés. No puedo ponerme una pistola en la cabeza y apretar el gatillo. fácil. Y. Le veo a usted muy agitado mientras que yo ya me he decidido tranquilamente. A un gran número de semejantes nuestros. la puerta secreta de la Muerte. Si de verdad están cansados de la vida. abrió una puerta y desapareció tras ella. sería mi desesperación. como he dicho hace un momento. No estaban lejos y no tardaron en apearse en la entrada de una callejuela oscura. No soy hombre que incumpla sus palabras. de recordar y respetar el honor de su palabra de caballero.vida es sólo un escenario para hacer el loco hasta tanto el papel nos divierta. no sólo para sus amigos sino para el interés público. Pagaron la cuenta del restaurante. ni que somos excepcionales. No supongan que estamos solos. debe usted traicionar el incógnito que he elegido adoptar. y. Y ahora -acabó-. mayor Hammersmith. Y lo mismo usted. era el único de los tres que guardaba la serenidad. Más de un amigo mío se me ha adelantado al lugar adonde no voy a tardar en seguirlos. están en el momento de decidir. palideciendo-. pero su rostro estaba muy pálido cuando llamó al joven de las tartas de crema y dio las instrucciones al camarero del restaurante. y sospecho que más apetitoso. -Quiero ver el final de esto -repitió el príncipe en su tono más firme-. Ahora son --consultó su reloj. Este loco ha dicho: «Si no es esta noche». Aguárdenme aquí sólo unos momentos. Algo más fuerte que yo mismo impide la acción. -Nada más justo -respondió el joven-. Volveré en cuanto haya arreglado las cosas para su presentación. -¿Para qué desea esta confabulación. y para todos los que desean salir de la espiral sin escándalo póstumo. Es algo más serio que una tarta de crema -añadió. si el asunto se hiciera público. que. ni qué ramificaciones puede tener en otros países. no tengo fuerza material suficiente para abrazar la muerte y acaba con todo. puedo ponerme a su servicio. a más tardar debemos salir de aquí. que se han cansado profundamente del papel que se esperaba que representaran. Geraldine pagó al cochero y el joven se volvió al príncipe Florizel y le dijo: -Todavía está usted a tiempo de escapar y retornar a la esclavitud. a otros les falta valor y retroceden ante las circunstancias de la muerte. en el muy razonable deseo que experimentamos. Algunos tienen familias. y tenga la amabilidad. se ha inaugurado el Club de los Suicidas.las once. coronel Geraldine. y hasta se sentirían culpadas. Bajo ninguna circunstancia. de manera que tienen ustedes media hora para considerar mi propuesta. permítame decírselo. Esto. con una sonrisa-. es lo que proporciona el Club de los Suicidas. mis dos rebeldes compañeros. ése es m caso. le pido que me permita hablar cinco minutos en privado con mi amigo el señor Godall. a y media. cuando menos en una semana serán ustedes 1iberados de su existencia con facilidad. ni sin mi especial autorización. aunque detesto la vida. señor Godall. le recuerdo. se dio la vuelta. le presentaré esta noche en una reunión. El coronel Geraldine se inclinó en un gesto de acatamiento. Mediten antes de seguir avanzando. Imagine el dolor y el perjuicio de un gran país. y si su corazón se niega. pero suponga que esta noche se abatiese sobre su Altísima persona un desastre irreparable. Evitó con diplomacia las miradas suplicantes del coronel y eligió otro puro con más cuidado del habitual. que ahora le reitero. de abandonar el escenario. me retiraré. y si no es esta noche. cuál es su historia. 0. sin duda -repuso el coronel Geraldine-. Hasta cierto punto. -Es usted muy amable -dijo el coronel. que se avergozarían. Sin embargo. -Muéstrenos el camino. permítame pedirle que considere la importancia de su vida. Éstas fueron mis órdenes. -Su Alteza -dijo el coronel. -Más serio. Geraldine? -inquirió el príncipe no bien quedaron solos-. y como lo es mucho más. No estoy informado de cómo se ha organizado. le ruego que pida la cuenta. y no es usted la primera persona que acompaño aquí.

a excepción de una campanilla de plata que estaba en el centro de una mesa redonda y de muchos abrigos y sombreros que colgaban de unos ganchos dispuestos en las paredes. el ruido del descorchar de una botella de champán. juzgaron que no se encontraban lejos de la estación de Charing Cross. Puedo disculpar que un caballero se achispe un poco pasándose con el licor. por la disposición de las luces que veían. -¿Qué es eso? -preguntó. -Estamos interesados.. Fumaba un gran puro. y con unos ojos grises y velados. mientras se marchaba. -Eso es lo que hemos venido a averiguar -repuso el príncipe-. la puerta plegable se entrabrió. Yo los he avalado. bruscamente. les llegaron claramente unas voces desde el despacho.-De todas nuestras locuras -dijo el coronel Geraldine en voz baja-. en ingresar en el Club de los Suicidas -dijo el coronel Geraldine. Por unas puertas plegables que había en un extremo del salón. ¿se ha solucionado ya nuestro recibimiento? -Síganme -fue la respuesta-. señor. -Buenas noches -dijo. con unas grandes patillas y una calva en la coronilla. No había grandes obstáculos que traspasar. la cosa puede hacerse muy divertida. después de cerrar la puerta a sus espaldas-. sin embargo. hasta que volvió el joven. y observó a los recién llegados con mirada fría y sagaz. seguido de un estallido de grandes risas. con orgullo-. ésta es la más salvaje y la más peligrosa. Me han dicho que desean ustedes hablar conmigo. con su imperturbable buen humor-. viendo que Geraldine iba a disculparse-. El presidente los recibirá en su despacho. -Ciertamente. destellaban de tanto en tanto. que me siento justificado para traspasar un poco la habitual confianza que su Alteza condesciende a permitirme en privado. con un movimiento de cabeza. Basta. -Estará aquí inmediatamente -dijo. Pero creo que usted es la persona más cualificada para darnos información sobre esto. un libro de actas. y no había nada que pudiera moverse. El príncipe y Geraldine se inclinaron para hablar entre ellos un momento. «Respáldeme en esto» dijo uno. Y déjenme advertirles que deben ser francos en sus respuestas. El presidente era un hombre de unos cincuenta años pasados. Una pequeña y única ventana se asomaba sobre el río y los muelles y. alto y expansivo en sus andares. De vez en cuando. pidió el otro. pues la indiscreción de uno solo de los miembros significaría la disolución de la sociedad para siempre. pero muy alto. quitándose el puro de la boca y mirando penetrantemente el rostro de su amigo. -Lo había supuesto asi -repuso el príncipe. mi temor no es personal -aseguró el coronel. Si esconden demonios de verdad. pero el club exige efectuar una investigación completa antes de proceder a una admisión. entreabierta. vamos. -Todavía tenemos un momento para nosotros -prosiguió el coronel-. y. sólo lo imprescindible para dar paso a una persona.. -¿Yo? -exclamó el presidente-. Déjeme insistir a su Alteza en que aprovechemos esta opotunidad y nos retiremos. una camisa a rayas con el cuello abierto. -¿Qué clase de guarida es ésta? -preguntó el coronel Geraldine. -Discúlpeme -repuso el coronel-. y el joven volvió a dejarlos solos. Justo en ese momento. Y continuó fumando plácidamente. -Estoy completamente de acuerdo -asintió el príncipe. mientras movía continuamente la boca arriba y abajo y de un lado a otro. «respáldeme usted en esto». basta -añadió. Y como ambos representaban con audacia el papel de gentes que conocían. eso es una broma del día de los Inocentes. debajo del brazo. apoyado contra una verja. El presidente dio unas vueltas al puro que llevaba en la boca. y. Había pocos muebles y estaban forrados con telas muy desgastadas. Es el de que su Alteza esté seguro. Llevaba un traje claro de tweed. Está usted excusado. -¿Debo entender que el coronel Geraldine está atemorizado? -inquirió su Alteza. -Bien -preguntó-. Las consecuencias de este paso son tan oscuras y puede. La puerta de la calle estaba abierta y la del despacho. que tan graves. pero acabe ya con esto. también. se pusieron de acuerdo en seguida y pronto estuvieron dispuestos a seguir a su guía hasta el despacho del presidente. pero no deseo recordarle la diferencia de nuestras posiciones. ¿Un Club de Suicidas? Vamos. . entró en el despacho el temible presidente del Club de los Suicidas. que. se introducía entre los murmullos de la conversación. entre el rumor más audible de las conversaciones. Entraron en un salón pequeño.

Entonces el presidente les cobró la cuota de ingreso y sin más dilación los introdujo en el salón de fumar del Club de los Suicidas. Lo cual. pero era mucho más grande. el príncipe y el coronel fueron sometidos a un largo y particular interrogatorio: el príncipe. abrió la puerta de un pequeño cuarto contiguo en el que introdujo al coronel. en privado. ¿Le importaría -prosiguió. y el coronel siguió su ejemplo con expresión muy deprimida. pero el príncipe soportó su examen con absoluta imperturbabilidad. Esto es una casa particular y debe usted abandonarla inmediatamente. como usted. creo que va usted a complacerme en el asunto del que sabe que hablamos o se arrepentirá amargamente de haber admitido en su antecámara. está usted en un error. Una holgazanería irredimible. y deseamos unirnos a ellos. El presidente dio vueltas al puro en la boca durante unos instantes. tras haber anotado en el registro algunos detalles particulares de cada caso. señor mío. señor. es tambien una vejación. Pero conozco el mundo. No podía concebirse nada más pasivo que la obediencia que se aseguraba ni términos más estrictos a los que se obligaba el juramentado. ¿Me permite preguntarle si también usted ha servido en el ejército? -Lo hice -fue la respuesta-.invitados por uno de sus amigos. prefiero saltarme los reglamentos que rechazarla. -Señor -replicó el presidente secamente-. El presidente se echó a reír con ganas. El príncipe y su acompañante contaron dieciocho personas. uno de nuestros socios se halla en el mismo caso y respondo de él. -La misma. -Usted me inspira confianza -se dirigió a Florizel. Es usted un hombre de verdad. que contribuye a llevar mi holgazanería a su punto máximo. Mientras hablaba. y he aprendido que las razones más frívolas para un suicidio acostumbran a ser las firmes. ¡por el amor de Dios! ». sin duda. . ---¿Qué motivos tiene para haberse cansado de la vida? -prosiguió el presidente. pero ¿está usted seguro de su amigo? -No tanto como de mí mismo. pero. Un gran fuego que ardía en la chimenea y varias lámparas de gas iluminaban la reunión. y reinaba un enfebrecida hilaridad que de tanto en tanto interrumpían unas súbitas y fúnebres pausas. El salón de fumar del Club de los Suicidas tenía la misma altura que el despacho con el que se comunicaba. que. pero cuando el coronel volvió la vista hacia él. y tenía las paredes cubiertas de arriba abajo por unos paneles que imitaban el roble. Le han ocurrido cosas suficientes para apartar de la vida al hombre más tenaz. pero era demasiado vago y lo dejé pronto. Tras esa puerta hay algunos compañeros con usted. Habitualmente soy un hombre tranquilo. no bien quedaron solos-. La mayoría fumaban y bebían champán. en lo que puedo distinguir -contestó el príncipe. no sin un estremecimiento. se quitó de la boca el habano que fumaba y empezó a hablar. Florizel firmó el documento. le ha informado de las intenciones con que me presento en su reunión. sin duda. como diciéndole: «Ahí tiene su respuesta. le importaría aguardar fuera unos minutos? Trataré el asunto primero con su compañero y algunas formalidades del club han de determinarse en privado. -Si no tuviera la gran experiencia que tengo -dijo por último el presidente-. El príncipe había permanecido en silencio en su asiento durante esta breve conversación. -Hemos venido aquí -dijo.-Llame a su Club como usted quiera -insistió el coronel-. y el presidente. El otro día le dieron de baja por hacer trampas en el juego. Uno tras otro. El resultado fue satisfactorio. -¡Caramba! Debe usted tener un motivo mejor. -Ésa es la manera de hablar. -Una buena razón. Ha sabido agradarme y podrá hacer conmigo lo que quiera. Permítame recordarle que una persona en mis circunstancias tiene poco ya por lo que contenerse y es muy probable que no tolere en absoluto la mala educación. clavando sus ojos en los de aquel extraño neófito. dirigiéndose a Geraldine-. El presidente dio un respingo. diría yo -asintió el presidente-. de modo que el presidente pudiera observar el semblante de uno mientras interrogaba en profundidad al otro. -Estoy arruinado -añdió Florizel-. pero Geraldine en presencia del príncipe. vámonos. sí. Cuando menos. aunque tiene razones de más peso que yo -respondió Florizel-. El hombre que traicionase una promesa tan terrible difícilmente encontraría el amparo del honor o los consuelos de la religión. les presentó un formulario de juramento que debían aceptar. no le aceptaría. Y cuando alguien me resulta simpático. pero sí lo bastante seguro como para traerlo aquí sin preocupación.

y miró por la habitación buscando a alguien que pudiera tranquilizarle. a veces fumaban con gran ansiedad y a veces dejaban consumirse los cigarros. pálido. sólo por pura tensión nerviosa. Pasó de una celda pequeña a otra más pequeña. visiblemente empapado en sudor. Acostumbrado a hacer de anfitrión en los círculos más selectos. apoyados en las mesas. es costumbre invitar a champán. -¿Es usted un miembro nuevo -dijo. dejénle hacerlo como un caballero. No era más que piel y huesos. y. cerca de la chimenea. Sólo que no hay algodón lo bastante grueso en este mundo. y en completo silencio. «No me parece un asunto para tanto alboroto -pensó-. -No puedo tolerar la idea de descender de un mono -afirmaba aquel curioso suicida. que entraba y salía de la habitación cumpliendo sus tareas. le encargo el champán a usted. Cuando se abría una nueva botella de champán. Pocos eran mayores de treinta años y bastantes acababan de cumplir los veinte. es uno de los pocos beneficios de la casa. Mientras se dirigía de unos a otros. Si el señor Malthus frecuentaba el lugar desde hacía dos años. en una silla situada junto a la ventana. Probablemente se acercaría a los cuarenta años. En este recorrido. Pero Geraldine . -¡A la eterna memoria del baron Trenck. pero le presentó al señor Malthus. si tenéis algo de dinero. el coronel Geraldine era presa de los más oscuros temores. además. algunos hablaban bien. el club y sus reglas eran todavía un misterio. para poder alcanzar al fin la libertad. El presidente le explicó que tal formalidad era innecesaria entre los miembros del club. por cierto. estaba parcialmente paralizado. sus ojos se posaron en el paralítico de los lentes gruesos y. mientras el resto atendía sin ninguna desaprobación. -Por mi parte -dijo un segundo-. era la única persona de la reunión que conservaba la compostura de la vida normal. Sólo dos hombres permanecían sentados. con aspecto de gran sensibilidad e inteligencia. algunos declaraban que no era más que oscuridad y cesación. Había un entendimiento tácito de rechazo de los juicios morales.y desea información? Ha venido a la fuente adecuada. era la viva representación de la ruina más profunda de cuerpo y alma. Estaban de pie. debía haber poco peligro para el príncipe en una sola noche. Un tercero quería averiguar los misterios de la vida futura y un cuarto aseguraba que nunca se hubiera unido al club si no le hubieran inducido a creer en Darwin. El príncipe se sintió decepcionado por el comportamiento y las conversaciones de los miembros del club. Contribuye a mantener alto el ánimo. Uno. El otro estaba sentado en un diván. El señor Malthus miró al coronel con curiosidad y le ofreció tomar asiento a su derecha. Exceptuando al príncipe y al presidente. ¡por Dios! Tanta charlatanería y tanta alharaca están fuera de lugar. observaba y escuchaba con atención y pronto se hizo una idea general de la clase de gente entre la que se encontraba. -Hammersmith -indicó Florizel-. buscó al presidente. y todo el que traspasaba las puertas del club disfrutaba ya de algunos de los privilegios de la tumba. ejemplo de suicidas! -gritó uno-. y movían nerviosamente los pies. había algo a la vez cordial y autoritario en sus modales y su extraordinaria serenidad y sangre fría le conferían otro rasgo de distinción en aquel grupo semienloquecido. cuyas consecuencias les habían inducido a buscar refugio en la muerte. -A medias -respondió el presidente-. Si un hombre ha decidido matarse. pero otros conversaban sin sentido ni propósito. sólo deseo una venda para los ojos y algodón para los oídos. Hace dos años que frecuento este club encantador. Florizel pensó que jamás había visto a un hombre de físico más horrendo ni más desfigurado por los estragos de la enfermedad y los vicios. El coronel recuperó la respiración. pronto sedujo y dominó a todos a quienes conocía. y llamaba la atención por una marcada diferencia respecto a todos los demás. Se dio la vuelta y empezó a introducirse entre los presentes. con la cabeza baja y las manos hundidas en los bolsillos del pantalón. pero parecía al menos diez años mayor. Explicaban y comparaban sus diferentes visiones de la muerte. » Entre tanto. Como en todas las reuniones. al verlo tan sereno. otros albergaban la esperanza de que esa misma noche estarían escalando las estrellas y conversando con los muertos más ilustres. Los miembros del club no parecían caracterizarse por la decencia. para pedirle que le presentara al caballero sentado en el diván. y llevaba unos lentes tan gruesos que los ojos se veían tras ellos inceíblemente enormes y deformados. predominaba una clase de gente: eran hombres muy jóvenes. pero con mínimas muestras de la fortaleza y las cualidades que conducen al éxito. aumentaba otra vez la animación.-¿Es una reunión muy concurrida? -inquirió el príncipe. Algunos presumían de acciones deshonrosas. Brindaban entre sí a la memoria de los otros y de los famosos suicidas del pasado.

Yo no he tenido esa impresión. sino algo así como un socio honorario. ¿con que finalidad? y usted me parece tan poco deseoso de morir como todo el mundo. si puedo preguntarlo sin ofenderle? -inquirió el coronel. Sin duda recordará usted el célebre caso.. ¡cuán sencillo y cuán seguro! -Me deja usted atónito -dijo el coronel-. es el verdadero espíritu del ingenio. Este hombre.. me atrevería a decir. es el tipo más divertido. puede. -¡Oh! No conoce usted al hombre -dijo el señor Malthus-.. es probablemente el pícaro más grande de la Cristiandad. tan beneficiosa y. que acude aquí en busca de la muerte como usted -explicó el paralítico-. envídieme. ¿verdad? Pues fue una de sus ideas menos ricas y menos osadas. y le aseguro. puedo yo. por lo que le confieso que no imagino qué es lo que le trae a usted aquí. por supuesto. Mi querido señor. señor -inquirió-. ¿Y también es permanente. -En absoluto -repuso con suavidad el señor Malthus-. del caballero que se enevenenó accidentalmente en una farmacia. ¿se matan unos a otros? -Los problemas del suicidio se solucionan de este modo -asintió Malthus. Él no juega nunca. todos sin excepción. sería difícil si consideramos lo exiguo (si puedo expresarme así) de la suscripción. señor -continuó. viene cada noche hasta que la suerte le favorece. mi querido señor Hammersmith. Entonces.continuaba asombrado y empezó a pensar que todo aquello era un misterio. que no hay ni uno que no se haya sobreestimado grotesca y falsamente. La gente juega al amor. pero se contuvo a tiempo. incluso artística. Personalmente. Recuerde que todavía no conozco muy bien las reglas del club.. nada de lujos... poniendo la mano sobre el hombro de Geraldine-. pero al final tendré que partir. opino que es un hombre con inspiración. como usted. mi amigo. Mi enfermedad y la amabilidad del presidente me han procurado estos pequeños privilegios por los que. Mi caso es peculiar. y no se ha levantado el menor murmullo de sospecha. que el señor Malthus no había hablado en absoluto con el tono del que está enamorado de la muerte. -¡Dios Misericordioso! -casi oró el coronel-. -En verdad no comprende usted nada -replicó el señor Malthus. -¿Cómo? -exclamó-. entre nosotros. Y además la compañía del presidente ya es en sí misma un regalo. -¡Santo Dios! -exclamó el coronel-. ocurrido hace seis meses.. He tenido una suerte extraordinaria.. y puedo decir que el club es mi último vicio. -estuvo a punto de decir «víctimas». cualquiera de nosotros ser elegido esta noche como asesino del cuerpo y el . que debo pedirle que sea más explícito.. además. Incluso. y se ocupa de solucionarlo todo. Lleva tres años desarrollando en Londres su vocación. puede estar seguro de que vendría con más frecuencia. Si mi delicada salud pudiera soportar esta excitación más a menudo. ¿Y puede usted. -¿De veras? -exclamó Geraldine-. señor -acabó con una risita-. bueno. ¡soy un cobarde! Geraldine apenas pudo reprimir un movimiento de repulsión ante aquel deplorable individuo. pero se contuvo con un esfuerzo y prosiguió con sus preguntas: -¿Y cómo. Yo he sido graciosamente apartado de momento. Los he probado todos.. ¡Qué anécdotas! ¡Qué cinismo! Es admirable lo que sabe de la vida y. sino a otro miembro del club. -Un socio normal. es con el miedo con lo que debe usted jugar si desea saborear las alegrías más intensas de la vida. veo que me han gastado una broma. ¡Que ese desgraciado caballero fuera una de las. este club es el templo de la embriaguez. No soy un suicida. pueden solicitar alojamiento y comida al presidente: algo muy agradable y limpio. con un movimiento de cabeza. es permanente es un sentido bastante diferente al mío -respondió el señor Malthus-.. -Me temo -dijo el coronel-. y añadió. Raramente vengo al club más de un par de veces cada dos meses. que será el instrumento en manos del club y el sumo sacerdote de la muerte en esa ocasión. se prolonga tanto tiempo esa excitación? ¿Dónde está el elemento de incertidumbre? -Voy a contarle cómo se elige a la víctima de cada noche -repuso el señor Malthus. yo niego que el amor sea una profunda pasión. El miedo es la pasión profunda. ¡Dos años! Yo creía. y no sólo a la víctima. apresuradamente: -Pero sigo en la más completa oscuridad. si están arruinados. los socios del club! En el mismo pensamiento le vino a la mente.. aunque. Debo recurrir al sentido del deber que me ha desarrollado la costumbre de la enfermedad y el régimen más estricto para evitar los excesos. Envídieme.. pago una cantidad suplementaría. según creo. Baraja parte y reparte para el club. hablando con propiedad. Pues bien. como un relámpago. -Sí. Habla usted de barajar y repartir cartas.. más animadamente-. bajo mi palabra de honor.

es de una extrema sencillez. temblorosos y cenicientos. y a veces los dedos de algún jugador tropezaban varias veces en la mesa antes de poder volver el terrible pedazo de cartulina. ¿por qué no? Y puesto que usted dice que el juego es interesante. alternativamente. Los paganos lo hacían bastante bien. que designa al oficial de la noche. movía la cabeza arriba y abajo sin darse cuenta y se llevaba las manos. -Es una baraja de cincuenta y dos cartas -susurró el señor Malthus-. a la que acababan de dejar. ¡sigo al club! El señor Malthus había disfrutado con el asombro y la indignación del coronel. que los había esperado. el joven de las tartas de crema dio la vuelta al as de bastos Quedó helado de horror. que no fue capaz de reprimir un sollozo de alivio. estoy paralizado. justo cuando el señor Malthus iniciaba su descripción. Geraldine recuperó su compostura en un momento. Los ojos le salían de las órbitas. vogue la galére. felices jóvenes! -añadió-. para cubrirse los labios. Y miró a su alrededor. -Al menos. con la carta todavía entre los dedos. por seria y alta que sea. de nuevo con aspecto de absoluta naturalidad. aunque decorada de modo diferente. pero ninguno estaba tan pálido como el señor Malthus. Estaba claro que el miembro honorífico gozaba de su condición de miembro de manera muy sorprendente. se abrió otra puerta plegable y todos los miembros del club pasaron a la habitación contigua. -Silencio -dijoMuéstreme que sabe usted jugar como un caballero cualquier apuesta. Era igual. Una baraja completa. pero se ha reservado a un país cristiano el alcanzar este extremo. he de ver las caras -explicó. -Ahora -dijo-. Tragó saliva con dificultad y miró en derredor como perplejo. esta quintaesencia. a Geraldine le enviaron el tres de espadas y la reina de corazones al señor Malthus. El príncipe notó un escalofrío mortal y una punzada en el corazón. -Después de todo -añadió-. el señor Malthus caminaba con tanta dificultad que todo el mundo estaba ya sentado antes de que los dos hombres. en todos los aspectos. Ocupaba el centro una larga mesa verde.alma inmortal de otro hombre? ¿Son posibles tales cosas en hombres nacidos de mujer? ¡Oh! ¡Infamia de infamias! Estaba a punto de levantarse en su horror. Y procedió a equiparse con un segundo par de gafas.. No había acudido allí a matar sino a ser mata do. Vigile el as de espadas. ¿Me prestaría usted su brazo? Por desgracia. Aun con el bastón del brazo del coronel. ¡Ay! Yo no distingo un as de una dama al otro lado de la mesa. en la generosa simpatía que sentía por el joven. El juego que practicamos -prosiguió. tienen ustedes buena vista y pueden seguir el juego. alguno había palidecido. -Atención.. El coronel informó rápidamente a su amigo de todo lo que había aprendido de aquel miembro honorario y de la terrible alternativa que se les presentaba. a pesar de que el corazón le latía con fuerza y un calor desagradable le inundaba el pecho. y el as de bastos. En consecuencia. Le miraba fijamente desde el otro extremo de la habitación frunciendo el ceño y con aire de enfado. cuando vio los ojos del príncipe. Todos los socios permanecían en silencio y atentos. tras su primer momento de sorpresa. Le cayó el nueve de bastos. ¡Ah.recto. se sentía por encima de tales emociones. y el príncipe.y aún estamos a tiempo de escapar. felices. Ya ve cómo se combinan la excitación de la mesa de juego. casi con asombro. En efecto. que es la carta de la muerte. Pero veo que va a usted a observar la cosa en di. estuvo a punto de olvidar el peligro que todavía se cernía sobre él y su . Casi a continuación. y el príncipe. cierto placer en aquellas sensaciones. pero había en él algo de la naturaleza del jugador y reconoció. admiro sinceramente el refinamiento de su mente. Pero la sugerencia hizo al príncipe recuperar el animo. está usted en situación de apreciar las delicias de nuestra sociedad. Y empezó a repartir las cartas lentamente por la mesa en dirección inversa. Cuando se acercaba el turno del príncipe. éste experimentó una creciente y sofocante excitación. este absoluto de la intensidad. Casi todos vacilaban. deteniéndose hasta que cada hombre había mostrado su carta. el duelo y el anfiteatro romano. caballeros -solicitó el presidente. a la cual se hallaba sentado el presidente barajando un mazo de cartas con gran parsimonia. en su absoluta corrupción. Ahora comprenderá qué insípidas resultan todas las diversiones para un hombre que se ha acostumbrado al sabor de ésta. los tres se sentaron juntos en el extremo último de la mesa. a la boca. -Una jugada arriesgada -murmuró el coronel. Tenía la vanidad de los perversos y le gustaba ver cómo otro hombre se dejaba llevar por un impulso generoso mientras él. no sin alguna precipitación. entraran en la habitación.

al regreso a su casa de una fiesta en casa de unos amigos.Esta pasada madrugada. y esta mañana tiene el alma teñida de sangre. y su pérdida será profundamente llorada. El infortunado caballero era bien conocido en los más respetables círculos. -Recibo las órdenes de su Alteza -repuso el coronel-. en grupos de dos o tres. El señor Malthus era paralítico y se cree que la caída pudo deberse a un síncope.. cayó del parapeto superior de Trafalgar Square. este comercio al por mayor de asesinatos! ¡Si me atreviera a romper mi juramento! -Eso es imposible para su Alteza -observó el coronel-. a quebrantar el mío. El príncipe y Geraldine escaparon sin perder un instante. el coronel Geraldine le trajo el periódico. El miembro honorario había jugado demasiado a menudo con su terror. Era el as de espadas. como el hombre que ha acabado su trabajo del día. ¿Puedo acaso desentenderme de la suerte del infeliz joven que cenó con nosotros hace unas horas? ¿Puedo dejar al presidente seguir su nefasta carrera sin impedimento? ¿Puedo iniciar una aventura tan fascinante y no continuarla hasta el final? No. residente en 16. sino que -y creo que le afectaría mucho más. Cuando pienso en el presidente. No sé cómo lo haré. -No intente usted volver allá -dijo-.y a mí mismo no me agrada mi decisión. El reparto empezaba a dar la vuelta otra vez y la carta de la Muerte todavía no había salido. El príncipe permaneció tanto rato sin responder que Geraldine empezó a alarmarse. Iremos esta noche a sentamos de nuevo a la mesa del Club de los Suicidas. el señor Bartholomew Malthus. como el de algo rompiéndose. -¡Ay! -exclamó el príncipe-.. E1 príncipe recibió otro basto. Chepstow Place. Pero confieso que me duele el corazón por nuestro joven amigo de las tartas de crema. mi corazón enferma dentro de mí. -Geraldine -dijo el príncipe. su horror por lo que habían presenciado se duplicó. Geraldine. Los deberes de su alta posición le prohíben arriesgarse al azar. El príncipe enterró el rostro entre las manos y guardó silencio. y puede que con decencia. Los jugadores contenían el aliento y respiraban en suaves jadeos. a quien acompañaba un amigo. se relajaron y empezaron a levantarse de la mesa y a volver. un ruido horrible. así como una pierna y un brazo. estaba en el momento del infortunado suceso buscando un coche de alquiler. -Casi estoy contento de que haya muerto -siguió hablando el coronel-. por el amor del cielo. -Geraldine --dijo el príncipe-. ¡Estar ligado por juramento a un asunto así! ¡Permitir que prosiga. una de oros.no me lo perdonaría a m mismo. cuyo honor es el honor de Bohemia. tan pronto como el príncipe se despertó. fracturándose el cráneo. sobre la mesa. Pero el señor Malthus continuaba sentado en su sitio. Pero yo sí me atrevo. con la cabeza entre las manos. Los jugadores abandonaron sus posturas rígidas. pero tendré a ese canalla en mis manos como hay Dios en el cielo. y trataré de olvidar en el sueño el recuerdo de esta noche desgraciada. Westbourne Grove. Geraldine. . ebrio e inmóvil. le salió de la boca. ese infeliz muchacho era anoche tan inocente como usted y como yo. A la mañana siguiente. El presidente estiró los brazos y bostezó. y se puso en pie y volvió a sentarse sin la menor señal de su parálisis. -Es muy cierto lo que dice -aseguró el príncipe Florizel. al salón de fumar. impunemente y con beneficios. pero cuando el señor Malthus volvió la suya. ¡Qué experiencia y qué lección fue ese juego de cartas! -No debe repetirse nunca -dijo el coronel. En el frío aire de la noche. pero es algo más fuerte que yo. hacia las dos. Ya ha sufrido y visto demasiados horrores. -Si alguna vez un alma ha ido directamente al infierno -dijo con solemnidad Geraldine. Geraldine. La muerte fue instantánea. Llame un simón.ha sido la del paralítico. más que un hombre? Nunca sentí mi debilidad más agudamente que ahora. una cosa hecha pedazos. El señor Malthus. ¿Nos vamos de este maldito lugar? -Sí -dijo el príncipe-. si su honor sufriera en cualquiera de las aventuras en que usted me sigue no sólo no le perdonaría nunca.compañero. demanda usted del príncipe más que lo puede dar el hombre. alzando el rostro-. Pero fue evidente que el príncipe leyó atentamente el nombre de la calle antes de alejarse. con la siguiente nota señalada: TRÁGICO ACCIDENTE. La conversación se reanudó casi al momento. ¡Ay! ¿Qué hay bajo las ropas de los poderosos.

El coronel Geraldine se puso de rodillas. -¿Quiere su Alteza tomar mi vida? -exclamó-. Tómela, pues es suya, pero no me pida que le apoye en una empresa con riesgo tan horrible. -Coronel Geraldine -respondió el príncipe con altivez-, su vida le pertenece sólo a usted. Lo único que pido es obediencia, y si se me ofrece a desgana, ya no la pediré. Añado sólo una palabras: su importunidad en esta cuestión ya ha sido suficiente. El caballerizo mayor se incorporó al momento. -Su Alteza -dijo-, ¿puedo quedar excusado de ni¡ servicio esta tarde? No me atrevo, como hombre honorable que soy, a aventurarme por segunda vez en esa casa fatídica hasta que haya puesto orden en mis Propios asuntos. Su Alteza no volverá a encontrar, yo se lo prometo, más oposición en el más devoto de sus servidores. -Mi querido Geraldine -dijo el príncipe Florizel-, siempre lamento que me obligue usted a recordarle mi rango. Disponga del día como lo considere más conveniente, pero esté aquí antes de las once con el mismo disfraz. El club no estaba tan concurrido en aquella segunda noche; cuando el príncipe y Geraldine llegaron, apenas había media docena de personas en la sala de fumar. Su Alteza llevó aparte al presidente y le felicitó calurosamente por el fallecimiento del señor Malthus. -Siempre me gusta -dijo- encontrar eficacia, y ciertamente hallo mucha en usted. Su profesión es de una naturaleza muy delicada, pero veo que está usted cualificado para conducirla con éxito y discreción. El presidente se sintió bastante afectado por los elogios de alguien tan distinguido como el príncipe y los aceptó casi con humildad. -¡Pobre Malthy! -dijo-. El club me resulta casi extraño sin él. La mayoría de mis clientes son muchachos, mi querido señor, poéticos muchachos, que no son compañía para mí. No es que Malthy no sintiera cierta poesía, también, pero era del tipo que yo podía comprender. -Entiendo perfectamente que sintiera usted simpatía por el señor Malthus -repuso el príncipe-. Me pareció un hombre con un carácter muy original. El joven de las tartas de crema estaba en el salón, pero profundamente deprimido y silencioso. Sus amigos lucharon en vano por entablar una conversación con él. -¡Cuán amargamente deseo que no les hubiera traído nunca a este infame lugar! -exclamó-. Marchen, mientras tengan limpias ahora las manos. ¡Si hubieran oído gritar al viejo cuando cayó y el ruido de sus huesos al chocar contra el pavimento! ¡Deséenme, si tienen compasión por un ser tan caído, deséenme el :,Os de espadas para esta noche! A medida que la noche avanzaba, llegaron al club ,Unos cuantos socios más, pero el club no había congregado más que a una docena cuando todos tomaron $siento ante la mesa. El príncipe experimentó otra vez Cierto gozo en sus sensaciones de temor, pero lo que le sorprendió fue ver a Geraldine mucho más dueño de sí mismo que la noche anterior. «Es extraordinario -pensó el príncipe- que el haber hecho o no testamento influya tanto en el ánimo de un hombre joven. » -¡Atención, caballeros! -pidió el presidente. Y empezó a repartir. Las cartas dieron la vuelta a la mesa tres veces y ninguno de los naipes señalados había caído todavía de las manos del presidente. La excitación era sobrecogedora cuando empezó la cuarta vuelta. Quedaban las cartas justas para dar una vuelta más a la mesa. El príncipe, que estaba sentado en segundo lugar a la izquierda del presidente, debía recibir, en el orden inverso que se practicaba en el club, la penúltima carta. El tercer jugador dio la vuelta a un as negro... el as de bastos. El siguiente recibió una carta de oros, el siguiente una de corazones, y todavía no había sido entregado el as de espadas. Al final, Geraldine, que se sentaba a la izquierda del príncipe, dio la vuelta a su carta era un as, pero el as de corazones. Cuando el príncipe vio su suerte delante, sobre la mesa, el corazón se le paró. Era un hombre valiente, pero el sudor le cubría el rostro. Tenía exactamente cincuenta posibilidades sobre cien de estar condenado. Volvió la carta: era el as de espadas. Un rugido sordo le llenó el cerebro y la mesa flotó ante sus ojos. Oyó al jugador sentado a su derecha romper en una carcajada que sonó entre la alegría y la decepción. Vio que el grupo se dispersaba rápidamente, pero su mente estaba sumida en otros pensamientos. Reconocía cúan loca y criminal había sido su conducta. En perfecto estado de salud y en los mejores años de su vida, el heredero de un trono se había jugado a las cartas su futuro y el de un país valiente y leal. -¡Dios mío! -exclamó- ¡Que Dios me perdone! Y con esto, la confusión de sus sentidos desapareció y recuperó el dominio de sí mismo.

Para su sorpresa, Geraldine había desaparecido. En el salón de cartas sólo estaba el carnicero designado que consultaba con el presidente, y el joven de las tartas de crema, que se deslizó hasta el príncipe y le susurró al oído: -Le daría un millón, si lo tuviera, por su suerte. Su Alteza no pudo evitar pensar, cuando el joven se alejó, que se la hubiera vendido por una suma mucho más moderada. La conferencia que se desarrollaba en susurros dio a su fin. El poseedor del as de bastos abandonó la sala con una mirada de inteligencia y el presidente se acercó al infortunado príncipe y le ofreció la mano. -Me ha encantado conocerle, señor -dijo-, y me ha encantado haber estado en situación de ofrecerle este pequeño servicio. Al menos, no podrá usted quejarse de tardanza. La segunda noche... ¡qué golpe de suerte! El príncipe se esforzó en vano por articular alguna respuesta, pero tenía la boca seca y la lengua parecía paralizada. -¿Se siente un poco indispuesto? -preguntó el presidente, con muestras de solicitud-. A la mayoría les ocurre. ¿Le apetece un poco de brandy? El príncipe señaló afirmativamente y el otro 1 len inmediatamente un vaso con un poco de licor. -¡Pobre viejo Malthy! -lamentó el presidente mientras el príncipe bebía del vaso-. Bebió casi un li tro y parece que no le hizo casi efecto. -Yo soy más susceptible al tratamiento -repuso príncipe, bastante reanimado-. Ya estoy otra vez sereno, como puede observar. Bueno, déjeme preguntarle, ¿cuáles son mis instrucciones? -Usted caminará por la acera de la izquierda del Strand en dirección a la City hasta que encuentre al caballero que acaba de salir. Él le dará las siguientes instrucciones y usted será tan gentil de obedecerle. La autoridad del club está investida en esa persona durante esta noche. Y ahora -finalizó el presidente-, le deseo un paseo muy agradable. Florizel contestó a la despedida bastante secámente y se marchó. Atravesó el salón de fumar, donde e grueso de los jugadores continuaba bebiendo champán de algunas botellas que él mismo había encargad y pagado; y se sorprendió maldiciéndolos desde el fondo de su alma. Se puso el sombrero y el abrigo en e despacho y recogió su paraguas de un rincón. La rutina de estos gestos y el pensamiento de que los hacía por última vez le llevó a soltar una carcajada que 1e sonó desagradable a sus propios oídos. Sentía renuencia a dejar el despacho y se volvió hacia la ventana. La luz de las farolas y la oscuridad de la calle le hicieron volver en sí. -Vamos, vamos, debo comportarme como u hombre -pensó- y salir fuera ahora mismo. En la esquina de Box Court, tres hombres cayeron sobre el príncipe Florizel y sin ninguna ceremonia 1o introdujeron en un carruaje, que arrancó y se alejó a instante. Dentro había ya un ocupante. -¿Me perdonará Su Alteza esta muestra de celo? -inquirió una voz muy familiar. El príncipe se lanzó al cuello del coronel con un apasionado alivio. -¿Cómo podré agradecérselo alguna vez? -exclamó-. ¿Y cómo se ha arreglado esto? Aunque había estado dispuesto a afrontar su suerte, estaba encantado de ceder a una amistosa violencia que le devolvía de nuevo la vida y la esperanza. -Puede agradecérmelo bastante -repuso el coronel- evitando todos estos peligros de ahora en adelante. Y en relación con su segunda pregunta, todo ha sido dispuesto por los medios más simples. Esta tarde me puse de acuerdo con un famoso detective. Se me ha garantizado el secreto y he pagado por ello. Los propios sirvientes de Su Alteza han sido los principales participantes en el asunto. La casa de Box Court está rodeada desde el atardecer y este coche, que es uno de los suyos, lleva aguardándole casi una hora. -¿Y la miserable criatura que iba a asesinarme.... qué hay de él? -preguntó el príncipe. -Le capturamos en cuanto salió del club -siguió explicando el coronel-, y ahora espera su sentencia en el Palacio, donde pronto van a ir a acompañarle sus cómplices. -Geraldine -dijo el príncipe-, me ha salvado usted en contra de mis órdenes, y ha hecho bien. No sólo le debo mi vida, sino también una lección. Y no sería merecedor de mi título y mi clase si no mostrara mi gratitud a mi maestro. Elija usted el modo de hacerlo. Se hizo una pausa, durante la cual el carruaje continuó corriendo velozmente por las calles, y los dos hombres se sumieron en sus propios pensamientos. El coronel Geraldine rompió el silencio. -Su Alteza -dijo- tiene en este momento un número elevado de prisioneros. Hay, al

menos, un criminal, de entre todos ellos, con el que se debe hacer justicia. Nuestro juramento nos prohíbe recurrir a la ley, y la discreción nos lo impediría igualmente, aunque se perdiera el juramento. ¿Puedo preguntar qué intenciones tiene Su Alteza? -Está decidido -contestó Florizel-. El presidente debe caer en duelo. Sólo queda elegir a su adversario. -Su Alteza me ha permitido solicitar mi recompensa -dijo el coronel-. ¿Me permite pedirle que nombre a mi hermano? Es una tarea honorable y me atrevo a asegurar a Su Alteza que el muchacho responderá con creces. -Me pide usted un ingrato favor -repuso el príncipe-, pero no debo negarle nada. El coronel le besó la mano con el mayor de los afectos. En ese momento, el carruaje pasó bajo los arcos de la espléndida residencia del príncipe. Una hora más tarde, Florizel, vestido con su traje de ceremonia y cubierto con las órdenes y condecoraciones de Bohemia, recibió a los miembros del Club de los Suicidas. -Hombres locos y malvados -empezó-, como muchos de ustedes han sido conducidos a este extremo por la falta de fortuna, recibirán trabajo y salario de mis oficiales. Los que sufran del sentimiento de la culpa deberán recurrir a un poderoso más alto y generoso que yo. Siento piedad por todos ustedes, mucho más profunda de lo que imaginan; mañana me contarán sus problemas y, cuanto más francamente me respondan, más dispuesto estaré a remediar sus infortunios. En cuanto a usted -se volvió un poco, dirigiéndose al presidente-, sólo ofendería a una persona de sus méritos ofreciéndole mi ayuda. Pero, en vez de eso, voy a proponerle un poco de diversión. Aquí -puso la mano en el hombro del hermano del coronel Geraldine-, está uno de mis oficiales, que desea realizar un pequeño viaje por Europa; y yo le pido el favor de acompañarle en esa excursión. ¿Sabe usted -siguió, cambiando el tono de voz-, sabe usted disparar bien a pistola? Porque puede que necesite usted este conocimiento. Cuando dos hombres viajan juntos, es conveniente estar preparado para todo. Déjeme añadir que, si por cualquier causa, perdiera usted al joven Geraldine por el camino, siempre tendré otro hombre de mi séquito para poner a su disposición. Y se me conoce, señor presidente, por tener tan buena vista como largo brazo. Con estas palabras, pronunciadas con gran severidad, el príncipe finalizó su discurso. A la mañana siguiente, fueron rescatados por su generosidad y el presidente emprendió su viaje, bajo la supervisión del joven Geraldine y de un par de fieles ayudas de cámara del príncipe, fieles y bien enseñados. No contento con esto, el príncipe dispuso que dos discretos agentes se instalaran en la casa de Box Court y él personalmente controló todas las cartas, visitantes y dirigentes del Club de los Suicidas. Aquí (dice mi autor árabe) acaba la HISTORIA DEL JOVEN DE LAS TARTAS DE CREMA, que ahora vive cómodamente en Wigmore Street, Cavendish Square. No ofrecemos el número por razones obvias. Los que deseen seguir las aventuras del príncipe Florizel y el presidente del Club de los Suicidas pueden leer a continuación la HISTORIA DEL MÉDICO Y EL BAÚL MUNDO. 2. Historia del médico y el baúl mundo El señor Silas O. Scuddamore era un joven norteamericano, de carácter sencillo y apacible, y elfo era meritorio, pues había nacido en Nueva Inglaterra, provincia del Nuevo Mundo, no precisamente conocida por estas cualidades. Aunque era inmensamente rico, llevaba siempre la relación de todos sus gastos en una pequeña libreta de notas, y había optado por estudiar las atracciones de París desde el séptimo piso de lo que se conoce como un «hotel amueblado», en el Barrio `Latino. Su austeridad se debía mucho a la fuerza de la costumbre, y su virtud, que destacaba mucho entre 'la gente con la que se relacionaba, estaba basada, sobre todo, en su juventud y su timidez. La habitación contigua a la suya la ocupaba una seflora, de aire muy atractivo y elegante en su indumentaria, a quien había tomado por una condesa cuando Regó. Con el tiempo, se enteró de que se la conocía con el nombre de señora Zéphyrine, y que no era una persona de título, cualquiera que fuese la posición que ocupara en la vida. La señora Zéphyrine, probablemente con la esperanza de atraer al joven americano, acostumbraba a inclinarse gentilmente cuando se cruzaban en las escaleras, diciendo alguna palabra amable o lanzando una mirada arrolladora con sus ojos negros, para desaparecer después entre un murmullo de sedas y el descubrimiento de un pie y un tobillo admirables. Pero estos intentos no estimulaban al señor Scuddamore sino, que por el contrario, le hundían más en los abismos de la depresión y la timidez. Había ido a verle varias veces para pedirle fuego o disculparse por las imaginarias molestias que le causaba su perrito. Pero la boca del joven quedaba muda en presencia de aquel ser

Al día siguiente. con la curiosidad cada vez más desarrollada a medida que se abandonaba a ella. al día siguiente. El doctor Noel. en un restaurante del otro lado de la calle. donde gozaba de una gran e importante clientela. hacia finales de marzo. a veces era todo virtud. pero lo único claro que pudo concluir. fue una frase que dijo en voz un poco más alta. se había visto obligado a abandonar Londres. Al joven de Nueva Inglaterra le pareció que. El señor Scudddamore se sintió terriblemente molesto y condenó sin piedad a la señora Zéphyrine. y lo utilizó para espiar la vida de su vecina. se culpó a sí mismo de lo ocurrido. con toda su escrupulosa atención. en lugar de cerrarlo. como quien se rinde ante una indiscutible autoridad. que se desarrolló en susurros. La señora Zéphyrine respondió a estas palabras con un suspiro e hizo un ademán de aparente resignación. Cuando había llevado una carta ajena al correo. darle vueltas y vueltas. Silas 0. Un día. y sólo podía mirarla fijamente y tartamudear hasta que ella se iba. muy frugalmente. La habitación del otro lado de la del americano -pues el hotel tenía tres habitaciones por planta. el señor Silas 0. Eran los días de carnaval y el salón estaba repleto y ruidoso. Las luces y la muchedumbre intimidaron bastante al principio a nuestro joven aventurero. cuando en el otro lado se colocó un armario ropero delante. de más de cincuenta años. y en los términos más sugestivos invitaba al joven americano a acudir a un lugar determinado del baile Bullier a las once de aquella noche. Pero cuando Silas estaba todavía lamentándose de este infortunio. y la vida. Estuvo haciendo muecas con la boca. lo agrandó y mejoró la abertura. que atribuía a una malévola sugerencia de aquel inglés. agrandó el agujero un poco más. Estaba escrita en francés. Se sentía dispuesto a enfrentarse al diablo. De sus debilidades. pero después se le subieron a la cabeza en una especie de embriaguez que le hizo sentirse en posesión de su más íntimo atrevimiento. de manera que pudiera ver otra esquina de la habitación. le habían visto sopesarla en la mano. como en respuesta a alguna resistencia u oposición: -He estudiado sus gustos con la mayor atención. con una ortografía no muy correcta. dedicado casi todo el tiempo al estudio. de un lado a otro. continuó aprovechándose de su descuido y satisfaciendo su vana curiosidad. le interesaba con pasión. Aquella tarde. aunque de naturaleza respetable y la elegancia no le impedía concedérselos de manera a veces un poco dudosa. a veces era todo ardor y osadía. Y cuando encontró un agujero en la pared que separaba su habitación de la de la señora Zéphyrine. más de una vez' el hombre señalaba con sus gestos hacia su habitación. su francés le abandonaba en el acto. y se aseguraba que aquel cambio de ambiente había sido promovido por la policía. El resultado final fue que.tan superior. cuando fue. a inspeccionar los movimientos de la señora Zéphyrine.estaba alquilada por un viejo médico inglés de reputación bastante dudosa. así como sus gruesas patillas. Era un hombre alto y desgarbado. . y estudiar las señas con la mayor atención. y todavía se sintió más avergonzado cuando el obstáculo fue súbitamente retirado y oyó una carcajada. pues ése era su nombre. el portero le trajo una carta escrita con letra de mujer. Su traje de tweed y su camisa de colores. Lo limitado de aquel intercambio no le impedía lanzar gloriosos comentarios sobre ella cuando estaba solo y seguro con algunos de sus amigos. Scuddamore se presentó impecablemente vestido en la puerta del salón de baile Bullier y pagó su entrada con una sensación de temeraria desenvoltura que no carecía de encanto. comprobó que ella no había tomado medidas para privarle de su entretenimiento favorito. la mayor era la curiosidad. el observatorio quedó clausurado definitivamente. la señora Zéphyrine recibió una larga visita. en especial aquellos aspectos en los que no tenía experiencia. que había sido casi un personaje honorable en los años anteriores de su vida. La curiosidad y la timidez libraron una larga batalla en su interior. Scuddamore tenía muchos vicios pequeños. y le digo y le repito que usted es una la única mujer de esa clase con la que puedo contar. vivía ahora en el Barrio Latino con gran sencillez y en soledad. Lo cierto era que aquel hombre. Era un preguntón incorregible e impertinente y planteaba sus preguntas con gran insistencia y total indiscreción. pero tenía unos ojos grises y opacos que infundieron en Silas una sensación de frialdad. como de costumbre. quedó asombrado al encontrar la abertura oscurecida de una extraña manera por el otro lado. Esa tarde. El señor Scuddamore había entablado conocimiento con él y los dos hombres cenaban juntos de tanto en tanto. durante toda la conversación. pero cuando. y de arriba abajo. a quien Silas no había visto nunca. Era chismoso de nacimiento. mucho antes de las diez. no llevaba firma. Un poco de yeso debía de haber revelado el secreto de su espionaje y su vecina le había devuelto el cumplimiento de la misma manera. indicaban que era inglés.

de gran apostura y aire majestuoso y cortés. bajo la galería. Silas recordó entonces dónde estaba y que estaba a punto de dar la hora en que debía encontrarse en el lugar que le habían indicado. -Le digo. Como si no hubiera docenas de bailes en París más merecedores de él que esta escandalera de estudiantes y comerciantes. -¡Bah! -replicó su compañero-. debería seguir una dieta rigurosa. le pregunto si éste es el lugar adecuado para pasar el rato. y tiene usted el deber de vigilar su conducta. Quizá por esta misma razón debería estar usted más dispuesto a aceptar mis consejos. seguramente peligrosos? Un aficionado podría haberle perdido por casualidad. -Aquél es el hombre -decía el inglés-. -De acuerdo -dijo la señora Zéphyrine-. menos le agradaba la idea y como en ese momento un empujón de la multitud empezó a llevarle en dirección a la puerta. pero confío al presidente a sus manos y en las de los dos sirvientes. sin la menor aprensión. El título de príncipe sonó agradablemente a los oídos republicanos de Silas y el aspecto de la persona a quien se aplicaba aquel título ejerció el habitual encanto sobre él. -Creo que ahora el asunto está entre mi hermano y yo -dijo Geraldine con cierto matiz de ofensa en la voz. que era claramente el objeto de aquella designación. Geraldine -decía el primero-. no pondría más objeciones que las que mi corazón me dictara. el que está hablando con la chica vesIda de verde. Silas identificó a un joven muy apuesto.y lo bastante bien como para no alarmarme. Si hubiera alguna mujer en medio. No puedo imaginar qué maldita casualidad le ha traído aquí esta noche. Ha consentido permanecer varios días en París. La corriente humana le dejó en una esquina. Usted mismo (y me complace recordarlo) eligió a su hermano para este arriesgado servicio. Y ahora. que estaban conferenciando detrás de una columna. localizó a la señora Zéphyirine. Pero basta ya. Esa chica de amarillo baila maravillosamente. varios años más joven. Sólo ha de decirle eso al portero y le permitirá pasar sin una palabra más. Mírele donde está sentado: parece más un emperador en su casa que un príncipe de vacaciones. se aproximó a la mesa que el príncipe y su confidente habían honrado con su elección. -Tengo un nombre que proteger -decía ella-. quizá no lo aseguraría tanto. -Me parece bien que sea asi. Pudo ver a un hombre de constitución fuerte. Es mucho más precavido de lo que usted imagina y tiene un valor extraordinario. abriéndose paso entre la multitud. cuando le faltan cuarenta y ocho horas para la partida. lo cual ya es una imprudencia considerando el carácter del hombre con el que trata. Respondo del resultado. pero si despistó a Rudolph y Jérome debe de haber sido con un propósito determinado y por un hombre con extraordinaria habilidad y con poderosos motivos. y a su hombre inglés. Dejó que la señora Zéphyrine y su inglés se cuidasen el uno al otro y. ¿Se cree ese chiquillo que estamos representando una comedia? La cosa es mortalmente seria. Aquél del pelo largo rubio. Haré todo lo que pueda. . se dejó llevar sin oponer resistencia. -Conozco al muchacho demasiado para entrometerme -dijo el coronel Geraldine. que esta actuación es una locura. sin vinos blancos ni brandy. Debería estar practicando en una galería de tiro. El espíritu felino de la curiosidad le dominó al momento y fué acercándose cada vez más a la pareja por detrás. pero no me siento del todo tranquilo. Silas tuvo otra vez suerte. cuando le quedan dos o tres días para la prueba decisiva. Geraldine. y allí le llegó inmediatamente a los oídos la voz de la señora Zéphyrine. sentado a una mesa con otro hombre joven también apuesto.y se paseó ostentosamente por el salón con toda la seguridad de un caballero. Y la conversación derivó a los temas acostumbrados de un salón de baile de París y de la época de carnaval. Esos sirvientes son espías muy bien adiestrados y ¿acaso no ha conseguido el bribón eludir su vigilancia en tres ocasiones y dedicar varias horas a asuntos suyos. Mientras efectuaba su recorrido. durmiendo las horas necesarias y haciendo un ejercicio moderado de paseos. Pero recuerde que hasta las mejores podemos fallar en estos asuntos. de baja estátura. Estaba hablando en francés con el joven de la melena rubia que le había señalado el extraño inglés media hora antes. pero tenga cuidado con el príncipe. -Me alegra enormemente oírlo -replicó el príncipe-. hasta que pudo escuchar lo que hablaban. Cuanto más reflexionaba sobre ello. coronel Geraldine -afirmó el príncipe Florizel-. Si no. que se dirigía 4 él con explícita deferencia. ¿No la he escogido de entre treinta? Vaya.

acarreará problemas gravísimos a una mujer cuya única falta es haberle visto y haberse enamorado de usted. La virtud y la cobardía se unían y se dirigió otra vez a la puerta. luchando contra el flujo del gentío que ahora se movía en dirección contraria. Me encontrará allí esperándole. ¿Suelen cerrar el portal a las diez? -A las once -contestó Silas. -A las once y cuarto -siguió la dama-. pues allí me acechan unos ojos celosos. sufriremos dos. pero ese temor era tan poderoso que se sobreponía a todas las otras razones. Quizá esta Prolongada resistencia le cansó o se hallaba en ese estado mental en que basta que una determinación se prolongue unos minutos para producir una decisión y un propósito diferentes al original. Ella pareció reflexionar unos minutos. así como por la manera súbita en que había caído sobre él. -¡Santo cielo! -exclamó ella-. ella logró no sólo inducirle a imaginarse enamorado sino incluso a que le declarase su pasión de manera vehemente. puede que una dama verdadera o una aristócrata. por grande que sea el placer que me producen sus palabras. Esto recordó a Silas su carta. salga de su casa. Hasta ahora. sólo le impedía escapar el absurdo temor de que se le creyera cobarde. No soy dueña de mis actos. aunque sólo sea en una. pero sin ninguna señal de seriedad en la mirada. No sé si no debería lamentar este momento. No me atrevo a pedirle que venga a visitarme a mi casa. ¿Cree usted que no conozco mi propio hotel? Y se alejó. quedaría limpio de cualquier sospecha de cobardía. pues eso lo estropearía todo. escrutó desde donde se encontraba y no vio a nadie en el lugar de la cita. -Veo que es usted un seductor muy seguro de sí mismo -dijo la dama-. le animaba a hacer bromas. haciendo un esfuerzo por pensar. Será usted fiel y obediente. aunque fuese tarde.. » Pero entonces recordó la ortografía y se sintió un poco descorazonado. sin duda su anónimo corresponsal se había cansado de esperar y había marchado. entonces -prosiguió ella con una sonrisa alentadora-. ahora por su -Propia decisión. . «Diez minutos más -pensó-.. Empezó a sospechar que le habían gastado una broma y se felicitó a sí mismo de su astucia al haber recelado de sus engañadores. El ánimo del joven Scuddamore empezó a serenarse. en adelante. se dio la vuelta por tercera vez y ya no se detuvo hasta que encontró un lugar donde ocultarse. despídalos en seguida con el primer pretexto que se le ocurra. -No veo la utilidad de todas estas instrucciones -opinó Silas. yo sufría sola. aunque sea mucho más débil. Confío en que seguirá mis advertencias punto a punto. pues Silas había sido educado devotamente. en muy poco tiempo. deja atrás todas las pequeñas consideraciones del orgullo. Llame para que le abran la puerta y. y esta cercanía le hizo latir el corazón con una rapidez desconocida y hasta cierto punto desagradable. y si bien confío en su valor y determinación. -Bueno -dijo. si vienen amigos a visitarle. Debe usted quedarse en casa toda la tarde. imaginó. el reloj señaló diez minutos más de la hora. -Pero ¿por qué esas palabras de una deuda? -objetó su acompañante. Cuando una mujer se olvida tanto de sí misma como para dar el primer paso. y puede que esté paseando con una mujer tan hermosa como ésta. «A lo mejor la ha escrito su doncella». Pero estaba decidida a encontrarme con usted. recuerde que si me falla. y. Pero ella pronto lo tranquilizó. alta. ¡Así de vanidosa es la mente de un muchacho! Armado con estas reflexiones. No sentía ahora deseo ninguno del encuentro. no había dado dos pasos. a pocos pasos del punto de la cita. sobre todo no se ponga a conversar con el portero.. -Mañana por la noche. aunque no le decidía a avanzar. mi pobre muchacho. Finalmente. Se volvió y se encontró con una dama. ¿no es verdad? Silas le aseguró ansiosamente su fidelidad. quizá hasta más elegante. Sólo faltaban ya unos minutos para la hora en el reloj. -¡Ay! -exclamó la dama-. y. entre esas atenciones y un uso abundante de un brandy caliente. colgada cariñosamente del brazo de su acompañante. que le aplaudía con entusiasmo. Por último. Se sintió tan audaz como antes se había sentido tímido. ¿Dónde vive usted? Él le respondió que se alojaba en un hotel amueblado y le dio el nombre de la calle y el número. Vaya directo a la esquina de los jardines de Luxemburgo con el Boulevard. soy más mayor que usted. Reflexionó con alivio que no estaba en absoluto obligado a comparecer. Silas se sintió sobrecogido por el tamaño y los atractivos de su acompañante.. cuando una mano le cogió por el brazo. avanzó valerosamente desde su rincón y. Le pareció que si acudía finalmente a la cita. Allí sufrió una verdadera agonía y varias veces rogó al Cielo que viniese en su ayuda. puesto que se hace esperar. le impedía echar a correr de una vez. de porte majestuoso y maneras señoriales. debo utilizar mi conocimiento del mundo y de la vida en provecho de los dos. Veamos -añadió-. Se conducía de manera gentil y afectuosa. finalmente-.

Durante todo el día siguiente. si rechaza usted tales trivialidades en nuestro primer encuentro? Silas se enredó en explicaciones y disculpas. dirigió sus pasos nuevamente de vuelta al hotel. Estaba Zonvencido. se despidió de él diciéndole adiós y desapareció entre la multitud. -Es usted un condenado pícaro -gritó Silas. -¿Se ha marchado él? -preguntó. Respiró hondo. Una mujer quiere que la obedezcan al principio. Guardaba las cerillas en la mesita de . y asaltado a la vez por unas alarmas inconscientes. sintiendo que había hecho el ridículo con su brusquedad. -Yo creo lo que creo -repuso el portero. ¡Ay! ¿Pobres mujeres. y a salvo. no hacen ustedes ningún caso de la reputación de una mujer. Finalmente. lo verá a su tiempo. Pero. esto también tiene su sentido. que ahora entiende muy necesarias -replicó ella-. ¿Y qué debo yo pensar de su afecto por mí. no quiere la luz? -gritó el portero. -¿Por qué? -inquirió él-. ¡Paciencia. sin nadie dentro. golpeándole suavemente en el brazo con el abanico-. o no respondo de nada. mirando los rostros de todos los que paseaban o deambulando por el derredor.casi media hora. ahogando un grito de sorpresa. _¿Entonces. De todas sus instrucciones. que combinó ampliamente con caricias y miradas de entrega. -Del hombre bajo. ahora que lo pienso -añadió. Esperó un momento para recobrar el aliento. Creo que es ése. recordó las palabras que había oído entre la señora Zéphyrine y el hombre de cabello rubio. no nos gusta tener inquilinos que no pueden cumplir con sus deudas. En esta casa. No había nadie.» Tocó el timbre. -¡Cielos! -exclamó-. paciencia! Todo llegará a su tiempo. -¿Él? ¿A quién se refiere? -inquirió a su vez Silas. porque en el panorama que se le presentaba había incluido el vanagloriarse delante de sus amigos. cuán esclavas somos! ¿Cuánto no he arriesgado ya por usted? Y. ¿De veras es tan tarde? No puedo perder un instante. por un sentimiento de gran importancia. como si resolviera de pronto alguna dificultadtengo un plan mejor para evitar cualquier visita inoportuna. tras repetirle sus instrucciones. -Sobre todo no hable con el portero al salir -insistió la mujer. por su disgusto por la cita. ¿Quién más podía ser si tenía órdenes suyas de no admitir a nadie más? -¡Por Dios! Por supuesto que no ha venido nadie. -Al principio dudó usted de la conveniencia de algunas de las otras. Conozco a los hombres._Me parece que ya empieza usted a tratarme como mi dueño -exclamó ella. de que la dama era una condesa y cuando cayó la tarde siguió minuciosamente todas sus indicaciones y se dirigió a los jardines de Luxemburgo a la hora acordada. asaltado por los peores presentimientos y casi temeroso de penetrar en la habitación. «Parece -pensó-. -¿De qué demonios está hablando? -preguntó Silas. Créame. Silas enrojeció y se sintió un poco avergonzado. muy malhumorado. en apariencia. con una nota de resentimiento en la voz. la puerta se abrió ante él y el portero apareció en pijama ofreciéndole una luz. pero a la mitad ella miró el reloj y dio una palmada. y hable con sentimiento. Aguardó durante . rubio. excepto a una persona que posiblemente acuda esa noche a cobrar una deuda. un poco secamente. -Creo que podría usted confiar en que sé protegerme solo de los intrusos -dijo él. Haga lo que le pido. Pero Silas se limitó a subir más deprisa y no se paró hasta que llegó al séptimo piso y a la puerta de su propia habitación. Fue a las esquinas próximas del Boulevard y dio la vuelta completa a las verjas de los jardines. de modo que se tome en serio sus palabras. En realidad. rudamente-. -Me gusta arreglar las cosas así -contestó ella con frialdad-. ésta me parece la menos importante. que vino a por la deuda -respondió el portero-. -No le he visto salir -siguió el portero-. se dio la vuelta y empezó a subir a toda prisa las escaleras. Silas se sintió embargado. Dígale al portero que no deje entrar a nadie a visitarle. No entiendo una palabra de toda esta cháchara. y aquélla iba a ser su última locura tan cierto como que había sido la primera. En el camino. Estaba otra vez en casa. pero no había ninguna hermosa condesa que se arrojara en sus brazos. ¡por el amor de Dios!. y éstas le provocaron un desasosiego infinito. ahora. pero espero que le haya pagado usted. sintió alivio al encontrarla a oscuras y. aunque después su placer es obedecer. componiendo una mueca burlona con la lengua en la mejilla. que todo el mundo tiene que decirle mentiras a nuestro portero. Cuando al final entró. como si le diera miedo la visita.

Corrió hacia la puerta. no hay nada en vida salvo el destino. En la llama prendió. -Está usted a oscuras -siguió el doctor. temiendo que no se encontrara usted bien. Transcurrieron unos segundos hasta que logró moverse. se preguntó. se dio la vuelta lentamente y miró hacia lo que temía ver. apartó de un tirón las sábanas y reconoció al joven del cabello rubio que había visto la noche anterior en el salón de baile Bullier. era lo peor que su imaginación había podido concebir. Una vez más. fue derecho a las cerillas y. entró mirando a uno y otro lado con la cabeza inclinada como un pájaro. Tardó unos segundos en recordar su situación y. pero no encontró voz suficiente para responder. el horror con que observa las acciones la ley ciega e injusta no se contagia a los ojos de los que le aprecian de verdad. la cerró apresuradamente y le echó doble llave. nada cambiaría en mi afecto. pero la tensión nerviosa del joven norteamericano era demasiado grande ya para aguantar más. volvió a sentirse inquieto. Silas lanzó un prolongado y trémulo gemido. Pero esta vez saltó medio metro atrás. que era claramente visible. La sobrecama estaba cuidadosamente estirada sobre las almohadas. que a menudo nos informa de cómo va el corazón. era ya demasiado tarde. Si viera a mi mejor amigo volver a mí envuelto en mares de sangre. no he dudado en permitirme esta intrusión. ¿Cuál de las dos cosas será? Déjeme tomarle el pulso. Silas dio un salto adelante. y. No es momento de llorar. -Creí oír un grito -empezó el doctor-. y se colocó en el medio de la habitación. guiado por el instinto. y cualesquiera sean las circunstancias en que se encuentre. dirigiéndose a Silas con voz estridente-.y no ha empezado siquiera a prepararse para descansar. temblando y paralizado de horror. tocado con un alto gorro de dormir y transportando una lámpara que iluminaba sus blancas facciones. pero modelaba la silueta de un cuerpo humano que permanecía inmóvil. pero no se percibía sonido alguno de respiración. Tenía los ojos abiertos pero sin lada. Silas se mantuvo entre el doctor y el lecho. que se retrocedió unos pasos. Escuchó con atención. la bondad y la maldad son una quimera. que habla dejado abierta. e intentó cogerle la muñeca.noche y avanzó a ciegas hacia allá. y cuando su pie alcanzó un obstáculo le satisfizo comprobar que no era nada más alarmante que una silla. se tiró al suelo y rompió a llorar a raudales. Avanzó hacia Silas. Silas retiró la mano y se quedó petrificado. Le despertó del atontamiento en que le había sumido su terrible descubrimiento un tenue golpeteo en la puerta. dejó 'Caer la vela y cayó de rodillas junto a la cama. Bajó la mano. Levántese -siguió-. Con seguridad. ¿Imagina usted que voy a hundirle? ¿Cree usted que este pedazo de carne muerta en sus almohadas altera de algún modo la simpatía que siempre me ha inspirado usted? Juventud crédula. de espaldas a la cama. cuando se precipitó a evitar que nadie entrara en la habitación. En su cama había álgo. Luego. Al final. con la cara roja y notando los latidos de terror de su corazón. El doctor Noel. empujó lentamente la puerta abierta. pero había algo. hay alguien a su lado. que le ayudará hasta el final. No sabía lo qué era. No me persuadirá usted fácilmente contra lo que veo con mis propios ojos y su rostro declara con la mayor elocuencia: usted necesita un médico o un amigo. y un fino reguero de sangre le corría desde la nariz. pero lo que tocó no fue sólo el cobertor era el cobertor con algo debajo que parecía la forma de una pierna humana. supo que estaba a los pies de la cama y que sólo tenía que seguir a tientas un poco mas para llegar a la mesita de noche. con un tremendo esfuerzo. Evitó al doctor con un movimiento enfebrecido. Mientras se movía. -¡Arriba! -gritó. el rostro hinchado y negro. ¿Qué ha hecho usted? ¿Cómo ha llegado este cuerpo a su habitación? Hable francamente a alguien que puede ayudarle. tocó las colgaduras del lecho. «¿Qué puede significar todo esto». Por la situación de la ventana. . tocó con la punta del dedo el lugar que había tocado antes. encendió una vela. En cuanto el doctor Noel percibió la forma del hombre muerto en el lecho se le oscureció la cara.

Cuando la sangre se enfría y se estanca. con voz quebrada y auxiliado por las preguntas del doctor. No. del que sospecho es el cerebro de toda la intriga? ¿Era joven o viejo? ¿Bajo o alto? Pero Silas. los bolsillos vacíos. para mí ya no es más que una ingeniosa pieza de maquinaria para ser investigada con el bisturí. -Desde que entré en esta habitación -dijo-. Cuando un reloj como éste deja de funcionar. el terror. Silas consiguió dominarse y. Acostúmbrese a mirarlo con calma. -¿Horror? -exclamó el doctor-. Mas omitió la conversación entre el príncipe y Geraldine. doctor. ¿De qué sirve tener vista y un lenguaje articulado. Sí. El baúl Saratoga no tardó en quedar vacío y su contenido desparramado por el suelo. que conozco a todos los gángsteres de Europa. podría haberle identificado y asi conseguir nuevas armas para defenderle. ¿Qué plan? Dígamelo ahora mismo. como había supuesto. cuando la carne está muerta ya no es esa carne que deseamos en nuestros amantes y respetamos en nuestros amigos. a pesar de toda su curiosidad no tenía ojos para ver. no he dejado sin trabajar a mis ojos. y sin embargo no desespero nunca. se sentó en una silla y se dirigió al joven americano sonriendo.Animado de esta manera. la atracción. el culpable. aunque he tenido muy ocupados los oídos y la lengua. Sin duda. Por lo que ya anticipo de la maquinación en que le han implicado. enfadado. -¿Su plan? -exclamó Silas-. -¡El futuro! -exclamó Silas-. si un hombre no es capaz de observar y reconocer los rasgos de su enenigo? Yo. que hacían imposible reconocer al hombre. Han hecho el trabajo con cuidado y a fondo. porque apenas me resta valor para continuar viviendo. Silas atendía a sus palabras con extrema ansiedad. Pero veo claramente algo: la finalidad de un baúl así es contener un cuerpo humano. qué abismo se le ha abierto por su simpleza! ¡A qué mortal peligro le han conducido sus inconscientes pies! ¿Podría usted describirme a ese hombre -preguntó-. es de baja estatura. Y también han cortado el nombre de la camisa. todo se ha desvanecido con el espíritu que los animaba. inevitablemente. -¡Pero mire eso! -insistió Silas. Y la primera cosa que debemos hacer. y no puedo explicarlo. y los problemas de un hombre parecen más negros de lo que son. Soy ya viejo. Mire ese cuerpo en mi cama. su caso es desesperado por ese lado. Hasta este momento no había sido nunca capaz de imaginarme la utilidad de esos muebles. mi pobre muchacho. mis palabras son absolutamente serias. desde luego -murmuró-. obedeciendo su autoridad. deja de ser sangre humana. que. Entonces. Hace un momento observé que tiene usted allí. -No he dicho eso -repuso el doctor Noel-. tendrá que vivir unos días en la proximidad de eso que ahora tan enormemente le horroriza. pero empiezo a hacerme una idea. Silas tomó el cadáver por los talones y el doctor por los hombros y lo sacaron de la cama. que sea la situación adecuada para bromas. 0 mucho me equivoco o ha caldo usted con toda inocencia en las manos más peligrosas de Europa. consiguió al final ponerle al corriente de los hechos. pues si mi plan puede llevarse a la práctica. excepto la horca? -La juventud es una edad cobarde -repuso el doctor-. ¡Pobre chico. finalizado su reconocimiento. es vaciar el cofre de todo su contenido. en el rincón. -Seguro que no -replicó el doctor-. El doctor Noel se volvió hacia el lecho sin responder y procedió a examinar el cuerpo. por último. pues no había comprendido su sentido y no creía que guardara relación alguna con su des -¡Ay! -exclamó el doctor Noel-. señalando el cuerpo-. puede serle de utilidad. -No me parece -exclamó Silas-. ese inglés a quien vio usted dos veces. -Muerto. fue incapaz de proporcionar más que neras generalidades. un baúl Saratoga. Tras algunas dificultades. Con un esfuerzo por parte de ambos. el doctor---. ni mirarlo sin horror. ¿Qué futuro hay para mí. los mismos infames conspiradores habrán preparado otros muchos detalles que se descubrirían en otra encuesta de la policía y sólo acentuarían más su culpabilidad que su inocencia. uno de esos artefactos monstruosos que sus compatriotas arrastran con ellos a todas partes del globo: en una palabra. lo doblaron y lo introdujeron por entero en el baúl vacío. -¿Puedo contarle una historia así a la policía? preguntó Silas. el doctor. Para las estrechas miras de las autoridades usted será. La gracia. Afortunadamente. forzaron la tapa y cerraron el baúl sobre aquel . Y recuerde que sólo conocemos una par-te del complot. pues soy un hombre prudente. -Aunque me exprese con cierto humor -replicó el doctor-. No me decidiría a afirmar si han servido para el comercio de esclavos o para evitar las consecuencias de un uso excesivo del puñal. entonces! -gritó Silas. mi joven amigo. -¡Pondría una asignatura obligatoria en todos los colegios! -gritó. Silas se puso a disposición del doctor Noel. ni hacerlo desaparecer. -¡Estoy perdido. Cultive este arte en el futuro.

el baúl será recogido como parte de su equipaje y usted mismo hará el viaje como miembro de su séquito. porque al príncipe le agrada con todas las clases sociales -asintió el doctor Una vez llegue usted a Londres -prosiguió-. y yo. ¡Ay! -exclamó Silas-. mientras. en el baile del Bullier. que nunca se olvidan por ambas partes. y. He recurrido al coronel Geraldine y he obtenido una respuesta afirmativa. El médico pareció dolorosamente impresionado. ¿Un asesino? ¿Alguien que comerciaba con el asesinato? ¿Voy a estrecharle la mano? ¿Cómo debo aceptar su ayuda? Viejo siniestro y asesino. r razones de cortesía. unidos todos por un temible juramento. pasó buena parte del tiempo llorando contritamente y rezando. Llegó a serle tan desagradable que al final se vio obligado a taponar él mismo el agujero por su lado. he recordado que ya he visto príncipe y al coronel Geraldine. pues se dio cuenta de que el observatorio había sido abierto otra vez y de que era continuamente observado desde la habitación de la señora Zéphyrine. pero ¿cree que puedo aceptar una solución tan improbable? Sea mas generoso. hace bastante tiempo. Incluso escuché. y. pero ahora le ofrezco elegir entre la compañía de un asesino o la de un asesinado. Mientras tanto. baste decir que sé que está dispuesto a servirme en lo que le sea posible. Mañana. debe usted descansar. es preciso que llegue usted a Londres sin que le abran el baúl. señor Scuddamore -dijo-. -Ahora -dijo el doctor-. el equipaje de una persona tan como el príncipe pasará sin ser examinado por los oficiales de aduanas. Silas guardó en el armario y la cómoda los objetos que habían sacado. bastante frecuentes en mi profesión. -Es usted difícil de complacer. sentándose en la mesa-. el príncipe Florizel de Bohemia regresa a Londres. uno de esos servicios. pero en la otra encontrará usted las señas de la casa adonde debe llevar la carta junto con el baúl. Pero sea. Sepa. De ahora en adelante. Tuve la fortuna. o incluso hoy. -Joven -contestó-. -Es muy probable. Se negó a ver a sus amigos y se sentó en un rincón con la vista fija en el baúl mundo. no sabe usted cuán difícil es lo que me pide. y permítame entender mejor lo que se propone. aprovechándose de mi juventud y mi desgracia? El doctor rió con amargura. cómo va a ser posible? Me abre usted una halagüeña perspectiva. ¿va usted a hacerme su cómplice. -Mientras hablaba. parte de su conversación la otra noche. haga lo que haga. Puede que las aduanas sean un obstáculo fatal. A última hora de la tarde. el que ahora le habla. Sus anteriores indiscreciones se volvían ahora en su contra. No debo explicarle la naturaleza de su compromiso para conmigo. será su trabajo eliminar las sospechas del portero. tras pasar unos días de diversión en el carnaval de París. pagándole todo lo que le debe. y el doctor le echó la llave y lo ató en varias vueltas con una cuerda. que aunque ahora ofrezco a una apariencia tan reposada. Si su conciencia es demasiado exquisita para aceptar mi ayuda. habrá finalizado prácticamente su tarea. pues. -¿Cómo? -gritó Silas-. mi verdadero poder residía en las relaciones más secretas. solitaria. en fúnebre contemplación. aunque en público era objeto de respeto y consideración. tan inocente en apariencia. A una de esas personas que entonces me obedecían es a quien ahora me dirijo para liberarle a usted de su carga. Ya estoy habituado a la humillación y no puedo negarle esto después de lo que ya he hecho por usted. Me gustaría creerle. que se quedará allí y no volverá a molestarlo. uno de los cuales era bastante grueso. era el jefe de tan despreciable banda. pero he pensado que. de pasada. cuando era más joven mi nombre era el grito de guerra de las almas más astutas y peligrosas de Londres. de prestar al coronel Geraldine. ha llegado el momento de que le explique el plan que he forjado para salvarle. ya hemos dado el primer paso hacia su salvación. dígalo e inmediatamente le dejaré.extraño equipaje. su caballerizo mayor. En este sobre grueso le entrego una carta a la que no me atrevo a poner dirección. que trabajaban para el mismo propósito. al hotel donde se aloja el príncipe. puede usted confiar en que dispondré todo lo necesario para que las cosas terminen bien. antes de las seis. mientras que el otro parecía vacío. el doctor Noel entró en la habitación llevando en la mano un par de sobres cerrados sin dirección. Eran hombres de diferentes naciones y poseedores de las más distintas habilidades. Ahora bien. terribles y criminales. El día siguiente fue el más largo de los que Silas recordaba. _Silas -empezó. Entre tanto. pues. Mañana por la mañana. cuando estuvo seguro de no ser observado. austera. de hombre sólo adicto al estudio. La finalidad de la asociación era el asesinato. acompáñeme a mi habitación y le daré un buen narcótico. a primera hora. Si va usted mañana. parecía que no acabaría nunca. puede usted encargarse de su baúl y de lo que contiene como mejor .

pues valoro su consideración menos que su inteligencia. Nunca se ha abusado con tanta injusticia de una persona más inocente. crea que yo opino. Después ordenó a los criados que pusieran uno de los coches a la disposición del joven y que cargaran de inmediato el baúl. pues ni el favor de un príncipe con un republicano puede descargar al espíritu abatido de sus ansiedades. A continuación. quizá. El viaje transcurrió sin incidentes significativos. Pareció que el lugar no le era del todo desconocido al hombre. por favor. Debería haber recordado con cuánta generosidad se ofreció usted a protegerme. pero su mente volvió pronto a entregarse a sus tristes meditaciones.convenga a su intachable conciencia. Quizá dedica su atención a estudios muy duros. -No le pediré que se confíe a mí -replicó el príncipe Florizel-. -Hay un joven -observó el príncipe-. de todo corazón. ¿no podría encargarse usted mismo del transporte del baúl y librarme de una cuestión tan odiosa? -Le doy mi palabra -le dijo el doctor. Allí. desde aquel momento. Silas atrajo la atención del príncipe por la actitud de melancolía con que miraba el montón de las maletas. pasó a hacerle algunas preguntas sobre cuestiones políticas de América. como siempre. dirigiéndose a Silas. pero observo que es demasiado serio para su edad. seguiré atendiendo sus consejos con gratitud. le habló con exquisita condescendencia: -Me ha encantado. Si no cree usted que ya me he metido bastante en sus intereses. y salió de la habitación sin dejar tiempo a Silas de responderle. Llegará el día. Se dieron órdenes especiales para tratar con el mayor cuidado las maletas del príncipe. Silas viajó en el coche con la servidumbre. -Me recuerda usted que no he sido bastante cortés con él -dijo el príncipe y. los funcionarios del Tesoro respetaron el equipaje del príncipe. con el resto del séquito. que Silas respondió con sensatez y conocimiento. pues el príncipe decidió viajar solo con su caballerizo mayor. lo contrario. -Al mismo tiempo -continuó el joven americano-. Silas entonces rompió el sello del sobre que contenía las señas y ordenó al criado que lo condujeran a Box Court. y me parece advertir que está usted empezando a aprender algunas de las lecciones de la experiencia. poder satisfacer el deseo que me hizo llegar a través del coronel Geraldine. sin embargo. Pero. si tiene usted la suerte de vivir muchos años con buena salud. El coronel le estrechó la mano y se excusó de despedirse. pues debía cumplir sus obligaciones en la casa del príncipe.que no encuentre usted dañada ninguna de sus porcelanas. sino posiblemente soy más capaz que muchos otros. el coronel Geraldine fue a saludarlo y le expresó su satisfacción por haber podido ser de utilidad a un amigo del médico. A la mañana siguiente. pues le miró con sorpresa y pidió que le repitieran la . y que no sólo estoy dispuesto. Recuerde. El tren llegó a Charing Cross. pues seguía sintiéndose presa de inquietudes por el futuro. que parece tener motivos de preocupación. incluso antes de que yo le convenciera de mi inocencia. Una vez a bordo del vapor. -Es usted un hombre joven todavía -dijo el príncipe-. tengo motivos para sentirme el más desgraciado de los hombres -respondió Silas-. Silas quedó encantado con la amabilidad del gran personaje. una calle que salía del Strand. el doctor se levantó de la silla. y las personas a las que me recomienda son sus antiguos amigos y asociados.de que le admiro cordialmente. para prestarle un servicio. joven señor. Con estas palabras. donde. -Es el americano para quien pedí permiso a Su Alteza para viajar con su séquito. a la residencia del príncipe. estoy siendo indiscreto y estoy tocando un tema doloroso. -Espero -añadió. -Eso está bien -repuso el doctor-. -En verdad. repitió sus instrucciones clara y sucintamente. de cualquier preocupación por el baúl y su tétrico contenido. que en cualquier momento me sentiré contento de prestarle un favor más importante. puesto que se confiesa usted mismo acostumbrado a estos trágicos asuntos. por quien sentía una extrema consideración. pero no olvide que la recomendación del coronel Geraldine es un salvoconducto infalible. Acepte o rechaze mis servicios como se los ofrezco y no me incomode con palabras de gratitud. Los coches más elegantes estaban aguardando y Silas fue conducido. Silas se presentó en el hotel. en que recordará todo esto de manera distinta y se sonrojará por su comportamiento de esta noche. -Confieso que me he equivocado -se disculpó Silas-. aunque el joven se estremeció más de una vez al escuchar a los marineros y mozos de estación del peso inusual del equipaje del príncipe. donde fue recibido muy educadamente por el coronel Geraldine y liberado.

es usted un hombre mucho más rico que yo. al número tres -contestó Silas.dirección. pidió a los criados que le condujesen a algún hotel tranquilo que estuviese cercano. -Por favor. Pesa tanto y es tan grande como una iglesia. dejar el baúl? -¡Naturalmente! -exclamó Silas. Solo. Sus dudas provocaron la burla de la gente que se había arremolinado y que le siguió al coche haciendo algunos comentarios despectivos. Pero apenas se había sentado cuando la sensación de peligro le alertó otra vez al ver al limpiabotas del hotel. y luego el baúl del mundo y otra vez el dinero de la mano. podía haberlo dejado en el vestíbulo -casi gruñó el hombre-. El cadáver había pasado casi dos días ya en el interior del baúl de Silas y en cuanto el infortunado joven americano se quedó solo. si la carta de presentación del doctor Noel no surtía efecto. Silas subió al lujoso automóvil con el corazón sobresaltado y así siguió mientras le conducían a su destino. hubieron de colaborar también el cochero y el hombre sentado en el poyo con grandes esfuerzos. Estaba allí. en el peor estilo artístico posible. dejándole solo con el personal del hotel. se levantó y fue a saludar cordialmente al cochero. se sentó en el borde de la cama para recuperarse de la agonía que había sufrido. no diga usted tonterías. quizá. Meditó patéticamente sobre sus ambiciosos proyectos de futuro. en cada uno de cuyos extremos había un poyo. con la cara entre las manos. No puedo imaginarme qué lleva usted dentro. que se había arrodillado junto al baúl y procedía a abrir oficiosamente sus complicados cerrojos. Silas se sentó en una silla junto al baúl. todo al descubierto. que prefería llevarse consigo el baúl a un hotel. no me importaría tomarme algo a la salud de su señoría. Cuando se encontró en su habitación. capitán -replicó el limpiabotas guiñando un ojo-. Un paso en falso. Los hombres del príncipe dejaron a Silas en el Craven Hotel. tembloroso y asustado. también podía olvidar las esperanzas de algún tiempo de ser elegido presidente de los Estados Unidos y dejar tras de sí una estatua.. sería definitivamente un joven americano perdido. y la mente sumida en las más profundas reflexiones. No necesitaré nada de dentro mientras esté aquí. reflexionaba. doblado dentro de un baúl mundo. -¡Déjelo! -exclamó Silas-. Al ver el coche. Bangor. y cuando le abrieron entregó el segundo sobre al sirviente que acudió a abrirle la puerta. un par de fornidos porteros transportaron el pesado baúl mundo. y que a cada vuelta se le salía el corazón del pecho. Yo soy tan seguro como el banco -añadió-. no había duda de que sería rápidamente descubierto. gruñendo con más fervor y mirando malhumoradamente el dinero que tenía en la mano y el baúl del mundo. y marcharon inmediatamente. entonces. Un hombre estaba sentado en uno de ellos. No es preciso mencionar que Silas les siguió pegado a sus talones durante la subida. sobre el pavimento del vestíbulo. Silas le tendió dos napoleones disculpándose de pagarle en moneda extranjera. pero si me deja usted la carta y vuelve mañana por la mañana. ¿Desea usted. -Entonces. que un grupo de personas se habían acercado a curiosear alrededor. repentinamente perturbado-. Intentó mantener la compostura antes de tirar de la campanilla. encadenado a un inglés muerto. -El señor se encuentra fuera -informó el criado-. en una ciudad extraña. mientras el sirviente abría la portezuela para que bajara Silas y le preguntaba si debían descargar el baúl y a qué número de la calle transportarlo. dijo. sin amigos ni cómplices. arrepintiéndose al momento de su precipitación. -A la orden. le informaré de cuándo le recibe. Silas advirtió con horror. Si alguien no le prestaba ayuda. ascender de cargo en cargo y de honor en honor. Pero hacía un tiempo frío y el baúl mundo todavía mantenía bien su pavoroso secreto. ¿Qué quiere decir con dinero? No tengo dinero. La única habitación vacante era una muy pequeña. pues se trataba de un sencillo sendero flanqueado por dos enrejados. ¡de quien debía librarse o tendría que renunciar a las crónicas de la gloria nacional! . consintió finalmente en retirarse. Maine. ya no se convertiría en el héroe y el portavoz de su ciudad de nacimiento. en Craven Street. a pesar de todo. se acercó y empezó a oler todas las rendijas y aberturas con gran atención. y el cajón podía caer sobre sus porteadores y lanzar su fatídico contenido. Si es dinero. situada en el cuarto piso y en la parte trasera. Ayudó al criado a bajar el baúl y. como había soñado. que adornara el Capitolio de Washington. pero como el cajón es pesado. Silas. La entrada de Box Court era demasiado estrecha para el paso de un coche. Entre infinitas quejas y dificultades. no podría. y excusándose de ello por su reciente llegada. Nadie tocará el dinero de su señoría. mientras se dirigía a la puerta de un casa. -¿Dinero? -repitió Silas. El hombre.

el durmiente apartó el brazo y abrió los ojos. . y Silas se encontró de nuevo cara a cara con el hombre de Box Court. -¿Es usted el caballero que acudió ayer a Box Court? -preguntó. -Entonces. medio de espaldas y el brazo derecho le cubría la cara impidiendo reconocerlo. presa de las más terribles fantasías.No osaría reproducir en esta crónica el lenguaje con que el joven se refirió al doctor. El baúl lo entraron delante de él varios fornidos sirvientes. ya tarde. Estaba escasamente alumbrado por una sola lámpara de gas y. -La verdad. no tuvo ánimos para negarse y fue conducido a un sótano negro. los ojos de los otros comensales parecían posarse sobre él con sospecha y su cabeza permanecía arriba. señor -dijo. que formaba. gentilmente. Silas abrió la puerta de su habitación y escudriñó el pasillo. Por un momento. Dos hombres muy serios jugaban al billar. y el retumbar del baúl cuando lo depositaron sobre las maderas del suelo era suficiente para llamar la atención del ocupante del salón. admitió que era él. -Buenas noches. de espaldas a la puerta. y volvió a su cuarto sin decir palabra. cuando. con los ojos mirando el suelo y un aspecto respetable y modesto. La sugerencia del limpiabotas de que su baúl estaba lleno de oro le inspiraba todo tipo de nuevos temores. En el acto supo que había visto antes aquella cara y. y no se detuvo hasta que hubo cerrado con llave y atrancado la puerta de su habitación. El ruido de tantas personas entrando y saliendo. con la cabeza apoyada en el baúl. pero el comedor amarillo le desanimó. Silas imaginó que aquéllos eran los únicos ocupantes del salón. De pronto. Cuando acabó la cena. y bajo un descarado disfraz. el salón de fumar del hotel Craven. aguardando. sencillamente. Hacía un rato que había sonado la medianoche. tuvo un sueño largo y profundo. Silas lo rasgó y encontró dentro escritas las siguientes palabras: «A las doce». dio media vuelta y echó a correr. y la presencia del hombre de Box Court en el salón de fumar. Fue puntual a la hora. agotado por sus aprensiones. a cierta distancia. Pero Silas estaba demasiado emocionado para encontrar una respuesta. y posiblemente sigue formando. a los criados del príncipe. A pesar de aquella posición tan forzada y de aquella almohada tan siniestra. Bajó a cenar hacia las siete de la noche. con gran severidad-. señor -saludó el hombre. iluminado con lámparas de gas. tenía los nervios tan a flor de piel que dio un respingo. apenas osaba entornar los ojos. y sólo le despertó. el camarero le ofreció mostrarle el salón de fumar. en el rincón opuesto. Le condujeron a un salón donde un hombre estaba sentado. Allí pasó una noche interminable. en una agonía de terror. y aunque hubiera preferido volver otra vez junto a su peligroso tesoro. excepto de mi mala suerte. impelido por sus sospechas. Quizá transcurrieron cinco minutos antes de que el hombre se volviera y revelara los rasgos del príncipe Florizel de Bohemia. observados por un apuntador triste y consumido. Hacia la madrugada. cuando el americano todavía estaba inclinado sobre él. vio a un hombre vestido con el un¡forme del hotel durmiendo en el suelo. comprendo muy bien que se sintiera avergonzado cuando ayer hablé con usted. Se une a personas de elevada condición con el único propósito de evitar las consecuencias de sus crímenes. le convencía de que otra vez era el centro de oscuras maquinaciones. Estaba tumbado medio de lado. calentándose frente al fuego. es que soy inocente de todo. una aguda llamada a la puerta. en una palabra. contemplando la caja fatal que guardaba el cuerpo muerto. con un estremecimiento. señor -dijo Silas-. Silas. a la señora Zéphyrine. esta nota es para usted -añadió el criado tendiéndole un sobre cerrado. cayó dormido en la silla. al hombre asesinado. Se apresuró a abrir y se encontró con el limpiabotas. y Silas permaneció de pie. a todos los que habían tenido la más remota conexión con aquella horrible circunstancia. reconoció al hombre que estaba sentado en un poyo a la entrada de Box Court y que le había ayudado a subir y bajar el baúl del coche. -De manera. a pesar de que había cambiado por completo de ropa. al limpiabotas del hotel. Silas. con el baúl mundo. estuvo a punto de caer de la silla y derramó el medio litro de cerveza que le quedaba sobre el mantel de la mesa. Silas se acercó al hombre de puntillas. que éste es el modo en que abusa usted de mi amabilidad. a que se dignara a reparar en su presencia. pero al volver la cabeza sus ojos se posaron sobre una persona que fumaba. Cuando el camarero se le acercó para ofrecerle queso.

con las manos a la espalda. y por servirme en unos asuntos ha perdido la vida a manos de un hombre violento y traidor. se acercó a él y le cogió la mano. Florizel! ¿Cuándo aprenderás la discreción que requiere esta vida mortal. y estalló en lágrimas. que fue un joven tan valiente y tan apuesto. Aquí (observa mi autor árabe) finaliza la HISTORIA DEL MÉDICO Y EL BAúL MUNDO. para cambiarlo de postura y descubrir el rostro. -En efecto. como si fuera para sí mismo-. Después de omitir algunas referencias al poder de la Providencia. con casi devoción. el infame presidente del Club de los Suicidas. Es usted una víctima y. Intentó murmurar algunas palabras de consuelo. Silas se sintió inmensamente emocionado. -Bueno -dijo el príncipe-. Éste es un Joven de mi propio séquito. y siento qué poca cosa es ser príncipe. el hermano de mi amigo de mayor confianza. ni más ni menos. debo creerlo así. señor Scuddamore. ¿Quién tiene menos poder? Miro a este muchacho. debería afectar más nuestros sentimientos que la de un hombre muerto. de la policía. atónito. la historia de sus calamidades. viendo que Silas titubeaba añadió: -No quiero dar otro nombre a mi petición. Abra su baúl en seguida y déjeme ver qué contiene. a visitar al coronel Henderson. se dispuso a desatar las correas y abrir los cerrojos del baúl del mundo. tanto físico como espiritual. qué regalo tan cruel me ha traído. Aunque republicano como era. o a los ojos de Dios. señor Scuddamore. el joven americano se quitó el sombrero ante el coche que pasaba. amor u odio. ¡Pobre. Serénese. Esta carta. El joven americano se reanimó como si despertara de un sueño y. sino que conténtese con su milagrosa huida y abandone esta casa al instante. que la Alta Providencia ha depositado de manera extraña en mis manos. debo añadir solamente que el señor Scuddamore ya ha empezado a ascender los peldaños de la fama en su carrera política. en todos sus pormenores. estaba dirigida. -Escríbame las señas del doctor Noel en este papel -dijo el príncipe llevándolo a la mesa-. El cadáver estaba helado y Silas tuvo que hacer un gran esfuerzo. en un espléndido coche. que está más allá de toda ayuda. pues si hubiera estado involucrado en el asesinato del joven Geraldine. Ahora -prosiguió-. Tengo cuestiones urgentes. La visión de un hombre enfermo. daño. muy adecuadas en el original. que al mismo criminal. pobre Geraldine! -siguió hablando. ¿no lo ha visto usted ya? Eso es una forma de sentimentalismo que hay que resistir. pero se quedó cerca de Box Court hasta que lo vio salir. El príncipe permanecía a su lado. a quien todavía podemos socorrer. observando impasible. y. con un estremecimiento de repugnancia. a quien he sacrificado. vamos al asunto. La aventura de los coches de punto El teniente Brackenbury Rich había destacado en una de las varias guerras que su país había desarrollado en las montañas de la India. El príncipe Florizel retrocedió un paso y dejó escapar una exclamación de dolor y asombro. no hubiera remitido el cadáver al propio asesino. Esa misma noche tomó el tren de regreso a París. puesto que no debo castigarlo. 3. Silas cambió de color. capturó con sus . Florizel. agradecido por su intención. El príncipe. -Domínese -dijo-. Ignora usted. -¡Ay! -exclamó-. y debo disponerlo todo en seguida respecto a este pobre muchacho. por los planes tan soberbios que le llevaron a esta muerte sangrienta e inhumana? ¡Ah. he de ayudarle. y permítame recomedarle que cuando retorne a París evite la compañía de este peligroso hombre. Silas le dio las gracias en silencio con una mirada de afecto. -Temo mirarlo -dijo. No intente saber más de estos asuntos tan tenebrosos. Los dos tenemos mucho que aprender y ambos seremos hombres mejores desde nuestro encuentro de hoy. señor Scuddamore -y. ¿Con qué palabras le explicaré a usted la suerte que ha corrido su hermano? ¿Cómo puedo excusarme a sus ojos. pero poco indicadas para nuestro gusto occidental. En este caso ha actuado generosamente. -Veo que estaba equivocado -dijo Su Alteza cuando Silas concluyó su relato-. y dejarás de obnubilarte con la imagen del poder de que dispones? ¡Poder! -dijo a gritos-.Y con voz atropellada narró al príncipe. es ahora sheriff de su ciudad natal. según los últimos informes. Silas se despidió con obediencia y agradecimiento del príncipe Florizel. En una estas batallas. -¡El propio asesino! -repitió Silas.

un momento después. y recibió sus vehementes felicitaciones. Había oscurecido. señor? -preguntó el cochero. y un laberinto de casas. ¿estaría volando en ese momento hacia el lugar donde iba a ser asesinado? No bien había pensado esto cuando el coche dobló una esquina y se paró ante el jardín de una casa situada en una amplia calle. Llegó por fin a Londres. Se había vestido de etiqueta con la intención de ir a un teatro. Una casualidad. súbitamente. Miraba las casas al pasar. aguardando a que la fama de sus triunfos se desvaneciera en su breve florecimiento y se olvidara. al menos. Sólo tenía unos parientes lejanos que vivían en provincias y habían muerto. herido por un grave sablazo y enfermo por una fiebre tropical. el teniente era de natural sinceramente modesto. sin duda. El cochero. De inmediato. maravillándose de lo que se vivía tras las ventanas tan bien iluminadas. pero la vorágine acabará por envolverme. Le sorprendió que el cochero se hubiese detenido delante de una casa donde se estaba celebrando una fiesta. -Adonde usted quiera -respondió Blackenbury. Empezaba a pensar que el cochero le tomaba el pelo dándole vueltas y vueltas alrededor del mismo sitio. Pero no conocía la gran ciudad. Paralelamente. y el ambiente era cálido aunque la lluvia amenazaba. ¿Dónde? -Usted me dijo que lo condujese donde yo deseara. adornadas con un jardín delantero. de interés desconocido. señor -respondió el cochero con una risa-. Estrechó la mano de unos cuantos viejos camaradas. y aquí le he traído. Se protegió debajo de unos árboles y entonces avistó un coche de punto. corriendo hacia un objetivo definido. sintió cierta preocupación por cuál podría ser la razón de tanta prisa. se admiró de que. por lo que se instaló casi como un extranjero en la capital del país por el que había luchado y vertido su sangre. imaginaba que le esperaban grandes placeres en aquel mundo por explorar y se echó a andar hacia el oeste enarbolando el bastón. La casa estaba brillantemente iluminada. le pareció que en la atmósfera excitante de aquella ciudad podía permanecer caminando eternamente. ya fuera vil o generoso. el amor a la aventura corría por sus venas y desdeñaba los halagos y la adulación. ponía los ojos en las caras de la gente que cruzaba. El cochero seguía una dirección concreta. «Todo llegará -pensó-. señor -dijo el cochero. y cada una le parecía mantener una expresión diferente. » Había avanzado la noche cuando. sentado en el pescante. Por ese motivo pasó unas temporadas en algunos balnearios extranjeros y en Argel. a comienzos de la temporada. el coche se introdujo con extraordinaria celeridad por entre la lluvia. tan similares que Blackenbury se sintió desconcertado y perdió en seguida todo sentido de la orientación. y al teniente le maravilló la pericia con que localizaba el camino adecuado en el inmenso laberinto de calles. no se le hubiera presentado ni una posibilidad de aventura. Todavía soy un extranjero y debo de tener un aire extraño. « Siempre se habla de la guerra -pensó-. -Ya hemos llegado. a la luz de los faroles. -¿Ya hemos llegado? -repitió Brackenbury-. se convirtió en un héroe reconocido por todos y. la sociedad entera se disponía a recibirle como a una celebridad. y tan inadvertido como podía desear. La voz era muy segura y cortés para un vulgar cochero. -¿Adónde desea ir. Su imaginación se alteró al ver la procesión de rostros que pasaban bajo la luz de los faroles. ¿Acaso el cochero pertenecía a alguna banda malvada y traidora? Él mismo. pero lo cierto era que avanzaban con velocidad tan delicada que se convenció de que no era así. Otro coche de punto partía en ese momento y Brackenbury observó que un caballero entraba por la puerta principal y le recibían unos criados con librea. pero estaban comprometidos aquella noche y el teniente pronto se vio solo y enfrentado a utilizar sus propios recursos. pensó. le indicó con un ademán que estaba libre. le pareció a . pero éste es el gran campo de batalla de la humanidad. El día siguiente a su llegada cenó en un club militar. a su regreso a Inglaterra. rodeado por el misterio de cuatro millones de vidas propias. para servir al imperio. Era una buena ocasión para escapar a la lluvia y Brackenbury levantó el bastón para llamarlo y. habiendo recorrido tan grandes y diferentes escenarios. y siguió fumando su cigarrillo sin alterarse hasta que oyó abrirse la portezuela del coche sobre su cabeza. » Más tarde. recorrían innumerables calles y plazas. En consecuencia. se acomodó en el asiento de un simón londinense. Había oído historias de extranjeros a quienes asaltaban y atacaban en Londres. todas prácticamente iguales.propias manos al jefe enemigo. se produjo un chaparrón helado que le sorprendió en la oscuridad. o eso. No obstante. Había pasado de una escuela de provincias a la academia militar y luego directamente al Oriente.

no obstante. ¿Es que pretende que salga a mojarme a la lluvia? Me parece. mientras el dueño de la casa le estrechaba la mano.Brackenbury. por muchos arbustos raros y preciosos. casi todos en la flor de la edad y de aspecto noble y desenvuelto. acompañando a Brackenbury. y volvió hacia él la vista de nuevo. El señor Morris le sorprendió más que la primera vez que le había visto. una corrección. -Haga el favor de explicarse -dijo el militar-. Alguien debió oírlo en la casa. Lo único que ha de hacer es presentarse y decir que viene invitado por el señor Morris. Se habían dividido en dos grupos. su bastón y un abrigo. Le vino a la cabeza la velocidad con que habían venido. El salón estaba luminado por cientos de velas de la más fina cera y perfumado. si puede ser. que soy yo quien decide aquí. » . Al entrar. Tenía una distinción natural en el porte. A un lado se veía una mesa llena de viandas más tentadoras. pero éste no le hizo caso y siguió su camino. Al fin y al cabo -reflexionó mientras bajaba del coche-. le pareció un hombre de virtudes y de categoría. Había unos quince invitados. -El coche está pagado -le dijo con voz muy cortés y subió los escalones hasta la puerta de entrada. No sé si el dueño es un extranjero en Londres o es un hombre de ideas raras. -¿Usted es el señor Morris? -preguntó Brackenbury. y un sirviente vino corriendo a su encuentro. Pero imagine que yo no acepto la invitación del señor Morris. Cuando se lo haya contado todo. Su fama. varios sirvientes más se hicieron cargo de su sombrero. y sólo entonces reparó en que el coche era de mucho más lujo de los que se utilizaban para el servicio público. dijo el señor Morris. «Éste es uno de los hombres más simpáticos que he visto en mi vida -pensaba el teniente-. Un hombre que ha vencido en buena lid a tantos enemigos bárbaros -añadió. Brackenbury llamó al cochero. por los matices de su conversación. El señor Morris es el dueño de la casa. Un hombre joven. uno en torno a una ruleta. El teniente se decidió en el acto al escuchar aquellas palabras. una cortesía y una valentía en sus rasgos que en absoluto eran los de alguien que el teniente imaginaba como el patrón de un garito y. Pero a mí me pagan para que traiga a la casa a caballeros solos. aunque un excéntrico puede permitirse algunos caprichos si no ofende a nadie. es una de las más agradables de Londres. ya no las quiero como huéspedes. Entonces le condujo a una mesa para que se sirviera algo de comer. Varios sirvientes iban y venían con bandejas de frutas y copas de champán. otro en una mesa en la que uno de ellos hacía de banca en una partida de bacará. y esta reunión. con ademán a un tiempo cortés y afectuoso. _No. no se resistía a la atracción amistosa de la persona y la calidad del señor Morris. -Por supuesto -contestó el cochero-. anunciando: «El teniente Brackenbury Rich». -No es una manera muy habitual de reunir invitados -dijo Brackenbury-. todos hombres. lo hizo pasar al salón de la casa. Consideraré no un honor. arrojando un haz de luz sobre el jardín. sino un verdadero placer para mí que olvide usted el extraño modo en que ha conocido mi casa. mejor oficiales del ejército. el coche dio media vuelta y desapareció por donde había venido como alma que lleva el diablo. se ve confirmada con su apariencia. Allí. y la verdad es que estoy contento de conocerle. con un paraguas abierto en la mano. «Entiendo -pensó Brackenbury-. aún pensando que era debilidad. señor -respondió el cochero-. esto es una casa de juego privada y los clientes vienen traídos por el cochero. amigo. un grave mayordomo le preguntó su nombre y. que daba al primer piso. Todos los que quiera. y seguir buscando caballeros hasta la medianoche. -Me han llegado muchas de sus hazañas. vestidos de etiqueta. esbelto y bien parecido se acercó a saludarlo. ¿Qué ocurre entonc -Mis instrucciones son llevarlo de vuelta al sitio donde lo recogí -explicó el cochero-. tengo delante la aventura que esperaba. En esta casa se celebra una reunión de señores. sin la menor duda. aunque sea importante. riéndose-. le dieron a cambio una contraseña con un número y lo invitaron a subir por una escalera. » No le había pasado por alto ningún detalle y se había formado ya una conclusión. adornada de plantas tropicales. no se asustará ante una falta de protocolo. sé lo que decidirá un caballero como usted. pues la puerta volvió a abrirse. A las personas a quienes no interese una aventura. como la escalera. » En cuanto bajó del coche y se metió la mano en el bolsillo. que le precede desde la India. Brackenbury sintió por él una simpatía instintiva y. teniente Rich -afirmó el señor Morris en voz baja-.

En ésas estaba cuando cayó en la cuenta de que los huéspedes eran sometidos a un examen detenido. con los deberes de la hospitalidad. Pero más entrada la noche las llegadas fueron espaciándose hasta que cesaron por completo. John -añadió. excitó la curiosidad de Brackenbury. pero Brackenbury perdió interés en los demás invitados. Un poco más abajo de la calle vive otra persona con el mismo nombre. reaparecía solo y el visitante en cuestión no volvía a aparecer. Me temo que usted se ha equivocado y ha honrado mi pobre casa inadvertidamente. Brackenbury le oyó lanzar un profundo suspiro. «El señor Morris no está ocioso en la habitación -pensó-. el señor Morris llamaba aparte a alguno de los visitantes y. parecía más una anfitriona que un anfitrión. Iba de grupo en grupo y de persona en persona repartiendo miradas de la más sincera simpatía y la más adecuada y agradable conversación. el señor Morris escoltó a su visitante hasta la puerta de la antesala. Los dos hombres se detuvieron delante de la ventana. donde hizo unas cuantas apuestas y. No conozco en persona al caballero. se detenía junto a las parejas absortas en la conversación: en una palabra. mientras el proceso de eliminación de invitados proseguía con imparable actividad. como si fuera preso de una gran ansiedad y tuviera los nervios agotados por la tarea a la que se dedicaba. Todo se parecía tanto a una inquisición privada que Brackenbury empezó a preguntarse si en realidad no se hallaba en un garito. la partida de bacará se interrumpió por falta de banca y más de una persona se despidió voluntariamente y partió sin protesta alguna por parte del anfitrión. los coches de alquiler continuaron llegando. observaba el comportamiento de quienes habían perdido mucho dinero. un espíritu tenso. tomaba nota del monto de las apuestas. si le parezco rudo. y la reunión mantenía el número de sus asistentes invariable. viendo que muchos de los presentes fumaban. pero estoy seguro de que me perdonará. y en sus maneras había un punto de coquetería femenina y condescendencia que seducía todos los corazones. Cuando el suceso se repitió varias veces. En un lugar tan grande como Londres continuamente suceden accidentes y nuestra esperanza es remediarlos con la menor tardanza posible. No tuvo que esperar mucho hasta escuchar el sonido de unos pasos y unas voces que se aproximaban a él desde la sala contigua. encendió uno de sus cigarros filipinos y se acercó a la ruleta. y no tengo duda de que algún policía podrá indicarle el número. Entre tanto. que encontró excelente y. Crea que me felicito del malentendido que me ha procurado el placer de su compañía durante tanto rato. vio al señor Morris escoltando a un personaje rudo y rubicundo. con aspecto de agente de viajes. como tras de una máscara. asistió sonriendo a la buena suerte de otros. por lo que Brackenbury no se perdió ni una palabra del siguiente parlamento: -Le pido mil perdones -empezó el señor Morris. » De tanto en tanto. con tal frecuencia que el señor Morris tenía que recibir a un invitado por cada uno al que despedía. El salón empezó a parecer vacío. Cuando pasó al lado de la ventana. . el señor Morris redoblaba sus atenciones a los que quedaban dentro. no había detalle en el que no reparase. Le anima algún profundo propósito y el mío va a ser averiguarlo. aunque el hombre guardaba siempre la sonrisa en los labios. tras un breve intercambio de palabras en la antesala. al volver para el salón. En el ínterin. -En verdad. En tomo suyo proseguían las risas y el juego. por nada del mundo le retendría más tiempo de estar con sus amigos. que había ido en aumento conforme oía las últimas palabras. con muestras de una gran confusión. y permítame expresarle la esperanza de que volvamos a encontrarnos otra vez de manera más normal. Durante casi una hora. al parecer. -¿El señor John o el señor James Morrris? -inquirió el anfitrión. donde encontró un gran ventanal cubierto por unos cortinajes verdes y precipitadamente se ocultó tras ellos.Probó el champán. no puedo decírselo -contestó el infortunado invitado-. ¿quiere usted ayudar a este caballero a encontrar su abrigo? Y con el ademán más gentil. Escrutando entre las cortinas. pero no había una sola persona en la reunión que escapase a sus miradas penetrantes. como tampoco lo conozco a usted. Planteemos el caso sin rodeos -entre caballeros honorables una palabra es suficiente-. sobre todo. le pareció advertir. levantando la voz-. Siguió los movimientos del señor Morris y. que había llamado la atención ya a Brackenbury por su risa ordinaria y por la vulgaridad de sus modales en la mesa. ¿bajo qué techo cree usted que se encuentra? -Bajo el del señor Morris -respondió el otro. con las maneras más conciliadoras-. ansioso. preocupado. quien decidió estar al corriente del más pequeño misterio en seguida. -Ya entiendo -dijo el señor Morris-. El señor Morris iba de un lado a otro cumpliendo. donde le dejó en compañía de un mayordomo. Se deslizó a la antesala.

peligroso porque pueden ustedes arriesgar sus vidas y delicado porque debo solicitarles una absoluta discreción sobre todo lo que ustedes vean u oigan. -Por el contrario -replicó el señor Morris-. Algunos del grupo se levantaron apresuradamente y. entonces. hablando sin rodeos. moreno. el papel de anfitrión en un apartado barrio del oeste de Londres? ¿Y por qué recogía a sus invitados al azar de las calles? Brackenbury recordó que se estaba demorando y se apresuró a reunirse con el grupo. Un hombre alto. es casi cómicamente extravagante. ahora. Algunas personas más se habían ido ya durante su ausencia y. el señor Morris? ¿Qué intenciones le animaban para representar. Parecía el final de un baile de pueblo donde todo se había contratado. caballeros. El oficial recordó con asombro el ambiente tan hospitalario. -Ustedes. Pero en cuanto atravesó el umbral de la antecámara. en verdad. He observado su comportamiento en compañía de extraños y en las circunstancias más . como si fuera algo ajeno a ellos e intercambiaron una mirada de inteligencia. Brackenbury tenía. Sólo dos se quedaron en su sitio. Recorrió habitación tras habitación y no vio en ninguna un solo mueble ni mucho menos un cuadro en las paredes. ¿Como los hongos de una sola noche. Sería imposible exagerar la gravedad de mi propuesta. El señor Morris le saludó sonriendo al verlo regresar al salón y se puso de inmediato en pie.de que les explique mis propósitos al privarles de sus distracciones de costumbre. aprovechando una oportunidad. los invitados. Por eso. Como digo. «¿Era toda la casa una farsa -se preguntó-. un poco cargado de espaldas. de gravedad y energía. se llevó un brusco sobresalto al descubrir algo en verdad sorprendente. ¿Quien era. Era lo que había supuesto. En primer lugar. pero le confieso que me inspira usted sospechas. Los arbustos de flores habían desaparecido de las escaleras. Hemos pasado una noche agradable. les pido que me presten un servicio delicado y peligroso. que cerró detrás de ellos. que a lo mejor tampoco eran verdaderos criados. por una sola noche. contando al teniente y su anfitrión. lujoso y acogedor que había visto a su llegada. Después se volvió con un gesto de alivio y resolución. pero mi objetivo no era entretener su ocio sino conseguir ayuda en un momento de apuro. me voy. Brackenbury subió a los pisos superiores de la casa. que al final no eran verdaderos invitados. Todos ustedes son caballeros -continuó-. caballeros -dijo a los presentes. y le deseo un buen descanso con toda la sinceridad del mundo. Soy perfectamente consciente de ello y por ello añado en seguida: si alguno de los presentes cree que ya ha escuchado demasiado. se prepararon para partir. señor -dijo. aquí está mi mano dispuesta. respondió de inmediato a estas palabras: -Le agradezco su franqueza. El señor Morris acompañó a los desertores hasta la puerta. tres grandes camiones de mudanzas estaban aparcados delante de la entrada del jardín. sino que estaba claro que nunca había sido habita da. iban marchándose. matena para pensar. que tenía la nariz muy roja.Cuando los huéspedes habían descendido ya bastante. Sólo con un prodigioso coste se podía montar una impostura a tan gran escala. habían sido despedidos. me voy. los sirvientes estaban recogiendo las cosas y desmantelando la casa por todas partes y algunos se habían puesto ya sus abrigos y se preparaban para marchar. y tal vez piense usted que no tengo derecho a añadir palabras a mi ejemplo. Aunque la casa había sido pintada y empapelada. no sólo no la habitaba nadie ahora. ¿qué opinan? -dijo el hombre dirigiéndose a los demás-. -He elegido a mis hombres. Brackenbury y un viejo mayor de caballería. Su aspecto agradó a mis cocheros y me encantó a mí. el teniente Rich se deslizó un momento al vestíbulo a tomar un poco de aire fresco. La petición. no había más de cinco personas en el salón. Confío en que no hayan encontrado la velada muy aburrida. los criados. su apariencia les hace justicia y no pido más garantía. como Josué en la Biblia -dijo-. con cierto aire de susto. si entre los reunidos hay alguien a quien no interesan las confidencias peligrosas ni los actos quijotescos hacia una persona desconocida. hasta hacía poco tan concurrido. Le agradezco lo que quiera decirnos. El conferenciante pronunció las últimas palabras con una entonación que les daba más fuerza y su rostro mostró una expresión singular. -Ya es hora. Los dos mantuvieron una actitud de aparente indiferencia respecto a lo que acababan de escuchar.y. Y estoy seguro de que he recogido lo mejor de Londres. por mi parte. y se dirigió a los dos oficiales. y. No me hago ninguna pregunta. por parte de un completo desconocido. ¿saldremos juntos para regresar a casa en completa tranquilidad? Mi sugerencia les parecerá acertada mañana por la mañana cuando vean salir el sol con inocencia y seguridad. que desaparecen antes de que amanezca? » Después.

ha caído en los mismos lazos fatales. Creo que puede usted felicitarse de haber encontrado a dos. Pero los criados que están en la puerta van a tener un curioso despertar cuando por la mañana encuentren la casa. por otra parte. Hace tres días. GODALL -Sólo por su sabiduría y su buen criterio. y a dos que no le dejaran en la estacada. no había el menor resplandor de luz en ninguna de las numerosas . -Son ya casi las dos de la madrugada -dijo-. si puedo contar con su ayuda. como parece probar esta nota: Mayor Hammersmith: El miércoles a las tres de la madrugada un hombre de mi absoluta confianza le hará pasar por los jardines de Rochester House. la persona de quien les hablo desapareció repentinamente de su domicilio y. ahora -preguntó el mayor O'Rooke-. que no he pasado nunca por los alrededores de Rochester House y que. En cuanto a los dos que han salido corriendo.y todos los hombres de mis filas respondieron a mi llamada. mi plan era original y no me arrepiento nada pues me ha procurado los servicios del mayor O'Rooke y el teniente Brackenbury Rich. Se imaginarán mi alarma cuando les diga que está envuelta en un asunto de justicia particular. los considero entre los más pobres diablos que me he encontrado nunca. últimamente he oído hablar mucho de usted y no tengo duda de que usted también habrá oído hablar de mí. Hasta lo más grave tiene su par-te cómica -acabó el coronel. -¿Quién no. al joven teniente. sin la ayuda de la ley. Teniente Rich -añadió. uno de ellos mi propio hermano.que no me llamen más señor Morris. tras beber un vaso o dos de vino. Hasta donde era posible ver desde la calle. en Regent's Park. también. Debo pedirles. han fallecido en el intento. Mi amigo mismo. que aceptó con demasiada ligereza. finalmente. El coronel consultó su reloj. como ustedes. No preciso decirles. en efecto? -dijo Brackenbury. deshabitada y en alquiler. T. -En toda mi vida he faltado a mi palabra -replicó e1 mayor O'Rooke. mucho me temo. Díganme. no he tenido conocimiento de su situación. Mi nombre no debe aparecer en este asunto. habría que cumplir las instrucciones de mi amigo. les he hecho una prueba con un anuncio desconcertante. El veterano m ilitar tendió la mano. si por desgracia no estoy equivocado. Le ruego que traiga mi juego de espadas y. llena la noche anterior de luces e invitados. cree imprescindible librar al mundo de un villano sanguinario e infame. cuando los otros hubieron satisfecho su curiosidad-. Cuando menos.y ni siquiera he cubierto una puesta con otra. Sujeta a un juramento desafortunado. Tan pronto recibí sus órdenes. que un duelo a muerte. en pocas horas. no tengo idea del trance en que se halla mi amigo. pensarán que no he podido proporcionarles mayor favor que el de haberles facilitado el conocerse. roja y temblorosa. si no tuviera otros títulos -dijo el coronel Geraldine. dirigiéndose a Brackenbury-. Le pido que no me falle ni en un segundo. esta casa donde nos encontramos asumió todo este aire de fiesta. Un duelo con enemigos desconocidos y peligrosos y. Ya dos amigos nuestros. Disponemos de una hora por delante y tenemos un buen coche a la puerta. Pero un salón de juego no es lo mismo que un regimiento en batalla. Debo pedirles -continuó. Pero por lo menos está vivo y conserva la esperanza. finalmente. hasta esta mañana. y ustedes lo han recibido como una invitación para comer. Semejaba el parc aux cerfs de un gran aristócrata o millonario. a dos caballeros prudentes y discretos que no me conozcan. el coronel les dio a cada uno un revólver cargado. sino Hammersmith. Rochester House era una magnífica residencia situada al borde del canal. los tres subieron al coche y se encaminaron a la dicción indicada. La gran extensión de sus jardines la aislaba de manera inusual de las molestias del vecindario.he sido durante años el pupilo y el compañero del poderoso más valiente y sabio de Europa! -En la batalla de Bunderchang pedí doce voluntarios -explicó el mayor. que no traten de descubrir por su cuenta mi verdadero nombre ni el de la persona a quien pronto voy a presentarles. ¿se trata de un duelo? -Un duelo en cierta forma -respondió el señor Morris-. me dirigí personalmente a una casa de alquiler de muebles y. -Cuando acabe este asuntillo que nos ocupa -dijo el señor Morris-. -Y. ¡No en vano -exclamó. Brackenbury manifestó su disponibilidad en los términos más adecuados y.inusuales: he estudiado cómo jugaban y cómo soportaban sus pérdidas. soy el mayor O'Rooke. si los encuentra. -Y pensemos que un final feliz -dijo Brackenbury.

junto a su codo. que cerraba la marcha en la subida de la escalera de caracol. había una copa llena de alguna bebida efervescente. el guía abrió una puerta e hizo pasar a los tres hombres al interior de una pequeña habitación iluminada por una lámpara humeante y por el resplandor de una modesta chimenea. De tanto en tanto se volvía y les indicaba con un gesto que guardaran cautela y silencio. Siguieron a su guía por unos senderos del jardín hasta la puerta de la cocina de la casa. poder ofrecerles un plan más divertido. como si hiciera tiempo que faltara el dueño de la casa. un rostro muy blanco se asomó al callejón y una mano indicó a los caballeros que avanzaran. se le hubiera perdonado la inquietud. A medida que se aproximaban. añadió con la más exquisita cortesía: -Desearía. como sobre muchos otros. A continuación conversó con los dos oficiales sobre el ejército indio y las tropas del país. Buscar en Londres a dos hombres que no conocieran al príncipe Florizel de Bohemia era pedir demasiado a la suerte. cuando lo hubieron hecho. con la caja de espadas bajo el brazo y una pistola en la otra mano. porque me permite darles las gracias con más autoridad. colocaremos encima un par de estacas. Despidieron el coche y los tres hombres no tardaron en descubrir la pequeña puerta de acceso. estoy seguro de ello. Los tres pasaron la puerta en un silencio mortal. Todavía faltaban diez o quince minutos para la hora señalada.ventanas de la mansión. distinguió algunas partes de su conversación. Casi inmediatamente. Cuando el grupo empezó a subir por una escalera de caracol. Desde hace bastante rato sospecho del señor Hammersmith. la puerta se abrió con gran sigilo. El primero rió y sus risas sonaron siniestras a los que escuchaban al otro lado. poseía una gran información y una acertada opinión. el lugar tan bien elegido para aquellos siniestros sucesos. que tenía un oído muy fino. que por el príncipe de Bohemia. Por el sonido de los pasos. haciendo una inclinación. pero no puedo ocultar lo que sé. tema sobre el cual. desprovista de cualquier mueble. que despedía un agradable olor por toda la habitación. pero de apariencia distinguida e imponente. de físico un poco grueso. Brackenbury. -No lamentaré perder mi incógnito -señaló el príncipe-. Y miró con toda atención los rasgos del famoso personaje que tenía ante él. pero éste quizá pueda hacer más por ustedes. -¡El príncipe Florizel! -exclamó Brackenbury. Estaba seguro de que podía contar con su puntualidad. A Brackenbury le latía el corazón con violencia. por el apresuramiento que demostraba el viejo. -Con mi fidelidad -repuso el coronel. -Sí -contestó el otro-. mientras hablaban en voz baja de la aventura que les aguardaba. perdone mi brusquedad. Era un viejo delgado y muy encorvado. Geraldine levantó el dedo en ademán de silencio y los tres escucharon con atención. Habrían hecho ustedes lo mismo por el señor Godall. pero con el señor Godall ya no hay ninguna duda. Tenía una expresión de serenidad imperturbable. se acercaba el momento de la acción. Llovía a cántaros y los tres aventureros se refugiaron debajo de una hiedra frondosa. atónito. tendiendo la mano al coronel Geraldine-. que hasta a un hombre mayor que Brackenbury. Su guía los precedía llevando una vela. el ruido del correr de unas ratas certificó de la manera más clara el estado de abandono de la casa. -Dentro de una hora -dijo. dedujeron que se habían separado y se encaminaban en direcciones opuestas. Al lado de la chimenea se sentaba un hombre en los mejores años de la madurez. y ésta se cerró inmediatamente detrás de ellos. pero todavía ágil de movimientos. Y el lugar tenía un aspecto de abandono. pero la fuerza de los hechos es más poderosa que las obligaciones de la cortesía. y para hombres de su talante bastará saber que están realizando un gran favor en una importante empresa. que estaba en un callejón. y fumaba un puro con deleite y placer. De súbito. Al final de la escalera. A través del sonido continuado de la lluvia. Comprendía que no habían llegado tarde y que. -Bienvenido -saludó. Sobre la mesa. Una sola vela ardía en una gran cocina enlosada. entre dos tapias del jardín. El coronel Geraldine le pisaba los talones. -¿Está cavada la tumba? -preguntó uno de los dos. Quien sale ganando soy yo -acabó con un ademán cortés. se oyeron los pasos y voces de dos hombres al otro lado de la tapia. No es precisamente cordial iniciar una relación con asuntos tan graves. detrás de los laureles. -Presénteme a sus amigos -pidió el hombre y. Y las circunstancias de la aventura eran tan oscuras y amenazadoras. Al terminar. Espero y creo que podrán ustedes perdornarme esta desagradable noche. . caballeros. -Su Alteza -dijo el mayor-.

éste es el hombre que durante mucho tiempo se me ha escapado. Alzó la cabeza y se dirigió al presidente del Club de los Suicidas. si cree usted en algo. una mano se posó sobre la puerta y descorrió el cerrojo con débil ruido. sufría un abatimiento físico que casi inspiraba compasión. Al cabo de ese tiempo. Arrodíllese y rece. Se produjo otra pausa. Se acerca el momento. traspasó el umbral. es su último baño en este mundo. pero si por el canal corriera sólo la sangre de sus víctimas. y conceder a este canalla el . Tenía la cabeza baja y miraba hoscamente el suelo. Se acercó a la puerta en una actitud de atención concentrada. gracias al doctor Noel.Había algo tan llamativo en la actitud de áquel hombre en un momento de tan mortal peligro que Brackenbury sintió la mayor admiración respetuosa. Incluso el doctor Noel quien estaba acostumbrado a las emociones del peligro. para ocultar su justo destino de la curiosidad de los hombres. apenas dos o tres minutos antes. este miserable estaría igual de empapado que como le ven. Y Brackenbury se dijo con entusiasmo que por aquel soberano cualquier hombre valiente daría con gusto la vida. incluso en medio de la tiniebla. los dientes le rechinaban y las articulaciones de los huesos crujían cada vez que cambiaba. Era alto y llevaba un cuchillo en la mano. lejos de traicionarme. El presidente no hizo el menor ademán ni pronunció palabra. le ha puesto en mis manos para que se haga justicia. tengo en mi poder. con su tono de voz habitual-. una puerta se abrió con un crujido y el ruido resonó con nitidez sorprendente en el silencio. pero a quien ahora. con la ayuda de la Divina Providencia. el despreocupado y gentil caballero. y. En cuanto la lámpara alumbró. el príncipe sujetaba ya al hombre por los hombros. pues le queda poco tiempo y Dios está hastiado de sus infamias. sino que parecían ennoblecer al afortunado mortal a quien se dirigían. como preparándose para un gran esfuerzo físico. para convertirse en el príncipe de Bohemia. Entonces la puerta se abrió. desarmado e impotente. tenga la amabilidad de encender la lámpara. -Caballeros -prosiguió el príncipe. en la que Brackenbury vio al príncipe encogerse en silencio. -Doctor Noel -dijo el príncipe-. pues se oía el ruido de las gotas cayendo de sus ropas al suelo. las entonaciones de la voz. todos vieron una inusitada severidad en las facciones del príncipe. y los dientes le brillaban. doctor Noel -repuso Florizel en voz baja. Había dejado de ser Florizel. Su antiguo cómplice. no sólo eran nobles en sí mismos. Alguien saltó. como un mastín a punto de atacar. En seguida oyeron que alguien subía las escaleras de la cocina con pasos lentos y cautelosos. Una débil luz grisácea. Jadeaba débilmente. llegaba hasta la ventana sin iluminar la habitación. se puso en pie y murmuró unas palabras al oído del príncipe. la figura de un hombre. una profunda inquietud embargó el ánimo de quienes escuchaban. sólo se oyó en Rochester House el ruido de las correrías de las ratas por los techos. -Tengan la amabilidad -dijo. Y la tumba que cavó usted para mí esta tarde va a servir. Ha nadado usted por el Regent's Canal. dejando entrar un poco más de la luz del amanecer y en el umbral apareció. inmóvil. Discúlpenme. que había permanecido sentado hasta entonces en un rincón. Los tres militares y el médico se apresuraron a obedecer y. Habían transcurrido ya algunos minutos cuando el hombre que les había introducido en la casa. el intruso parecía detenerse y escuchar. ha tendido usted su última trampa y usted mismo ha sido su presa. Cuando el príncipe se levantó. después se dirigió a los otros-. señor. Les nombro a ustedes jueces. Todos los gestos.de mantener el más absoluto silencio y de ocultarse en la parte más oscura. A continuación. no se distinguían sus facciones ni podía advertirse la naturaleza de la emoción que obviamente le afectaba cuando habló. antes de que el coronel Geraldine pudiera correr en su ayuda. durante casi diez minutos. El doctor Noel apagó la lámpara. anunciadora del amanecer. que les resultaban extraordinariamente largas. se oyó un grito ahogado y el ruido de un forcejeo. Empieza el día y ésta es su última mañana. Tenía la boca abierta. de postura. como recibiendo sobre sí la mirada austera y justiciera del príncipe. En cada peldaño. Tampoco dejaba de impresionarle el encanto de su conversación y la sorprendente afabilidad de sus modales. -Presidente -empezó-. pues esto es más una ejecución que un duelo. lleno de una justa indignación e impulsado por un propósito mortal. Pero hasta en un asunto de esta índole deseo conservar las formas del honor. El príncipe entregó a su prisionero a Geraldine y a Brackenbury. cruzó la habitación y se situó delante de la chimenea. nerviosamente. si debo dejarlos a oscuras. el doctor Noel. -De acuerdo. Por último. Contar la historia de sus miserias y sus crímenes nos llevaría más tiempo del que tenemos. Era evidente que acababa de salir del agua. y en esas pausas. señores. caballeros.

y creo poder prometerles. seguido de los demás. y ahora esa carrera forma parte del destino de la humanidad. ¿quién sabe qué puede pasar? Debo decidir que me parece muy generoso por parte de Su Alteza y que. -Su Alteza haría bien en no confiarse -aconsejó el coronel Geraldine. teniente Rich. Cuando Brackenbury y el mayor O'Rooke. y la pericia y el coraje pueden fallar ante el hombre más cobarde. ni el ruido del entrechocar de las espadas les llegaba. No deseo que ningún amigo mío participe en esta cuestión. el presidente dio unos pasos hacia la mesa y empezó. que no será de larga duración. Por primera vez desde que había sido capturado y desarmado. -Coronel Geraldine y doctor Noel -dijo-. Debía de haber pasado mucho rato. ¿sabe usted de alguna vez en que haya fallado en cuestiones de honor? Yo le debo a usted la muerte y la tendrá. esta misma casa era suya. Geraldine -añadió. Mayor O'Rooke. Y salió el primero de la habitación. El príncipe tomó una de las espadas al azar. señor. caballeros. ¡qué extraños somos los hombres! No han pasado cinco minutos de mi venganza y empiezo a preguntarme si la venganza puede alcanzarse en esta vida precaria. ¿Entre usted y yo? -Pienso hacerle ese honor -replicó el príncipe. Estaba muy contento. con atención. pues el día era más claro y los pájaros cantaban con más fuerza en el jardín. abriendo la caja de las espadas-. Fue todo lo que pudieron ver el coronel Geraldine y el médico. cuando el ruido de unos pasos que volvían les hizo clavar la vista en la puerta.derecho a elegir las armas sería llevar la educación demasiado lejos. -¿Un duelo? -preguntó-. ¿Quién podrá remediar el mal que hizo? En su carrera amasó una enorme fortuna. pero en el primer recodo el follaje los ocultó otra vez. resolver esta cuestión por la espada. -¡Oh. -¡Que Dios proteja al justo! -exclamó el coronel. sea usted tan amable de encargarse de mí: un joven siempre tiene algo que aprender de estas cosas. elija una hoja y no me haga esperar. sin embargo -siguió diciendo-. permítame recomendar al presidente a sus buenos oficios. el príncipe volvió a dirigirse al presidente: -Rápido. Liberado por los que le retenían. En un buen terreno. era casi de día y los pájaros piaban en los arbustos y en los frondosos árboles del jardín. Dios había protegido al justo. Los asistentes se alarmaron ante aquella seguridad tan grande e instaron al príncipe Florizel a reconsiderar su propósito. Siento que es una debilidad impropia de mi posición . vamos! -dijo el presidente-. y estoy seguro de que aprobará mi determinación. Es una visión que le agradará. He decidido. y como el jardín era tan grande y el lugar elegido para el duelo muy alejado de la casa. -Geraldine -replicó el príncipe-. La cercanía del peligro y el sentimiento del valor conferían hombría y hasta algún donaire al criminal. Y aguardaron los acontecimientos en silencio. aquí está la sangre del hombre que mató a su hermano. Los dos hombres que quedaron solos abrieron la ventana e intentaron. -Muy bien -dijo el príncipe Florizel-. si me ocurre lo peor. tengan la bondad de aguardarme en esta habitación. y bajaron las escaleras. La lluvia había cesado. pero la existencia en el mundo de ese perro infernal había empezado a dañarme como una enfermedad y su muerte me ha descansado más que una noche de reposo. Entró el príncipe seguido de los dos militares. Estoy impaciente por acabar con usted para siempre. el doctor temblando de miedo y el coronel bañado en sudor. espero demostrarles mi amistad en circunstancias más importantes. captar algún indicio de los trágicos acontecimientos que iban a producirse fuera. Mire. a elegir la espada. la bala de una pistola acierta a veces por las alas del azar. tirando la espada al suelo-. -Me avergüenzo de mi emoción -dijo el príncipe-. habré muerto a manos del mejor caballero de Europa. Podría estar repartiendo estocadas hasta el día del Juicio Final y el hermano de Geraldine no dejaría de estar muerto y otros mil inocentes corrompidos y . como si no albergara duda de salir victorioso del combate. con todos sus sentidos. -Es sólo comedia -les respondió-. No puedo permitirme el lujo de perder mi vida en un asunto así -continuó. Vieron un momento al príncipe y sus dos acompañantes cuando caminaban por un sendero entre dos macizos de flores. Y. El presidente se declaró finalmente satisfecho con una de las espadas y manifestó que estaba dispuesto con un gesto no desprovisto de cierta dignidad. usted es un hombre de edad y de probada reputación. a quienes se dirigían estas palabras manifestaron su conformidad. el presidente levantó la cabeza y se vio claramente que recobraba el ánimo. -Su Alteza -replicó Brackenbury-. -Lo ha llevado a la tumba -dijo el doctor Noel estremeciéndose. es un honor que le agradeceré siempre.

Dicho esto. Como secretario. *** EL DIAMANTE DEL RAJÁ 1. violento y dominante. Era rubio y rosado. ¡La existencia del hombre es tan poca cosa cuando se le da fin. doctor Noel! Usted y yo tenemos por delante mucho tiempo de trabajo honorable y arduo. y quizá. disfrutaba hablando de modas y nada le hacía más feliz que criticar el color de un lazo o llevar un encargo a la modista. y los encantos de lady Vandeleur y sus ropajes le llevaban con mucha frecuencia de la biblioteca al gabinete. Por alguna razón. y dejó de ser un militar vulgar y de pocos amigos para convertirse en una de las celebridades de Londres. Para mí. más o menos ambigua. Y éste (observa el sabio árabe) es el afortunado fin de la historia. Alteza. El obsequio convirtió al general. tenía un aire de agradable ternura melancólica y modales suaves y halagadores. Sir Thomas era un hombre de sesenta años. -¿Qué estaba diciendo yo? -exclarnó el principe-. fue bien recibido en los círculos más exclusivos y hasta encontró a una hermosa dama de buena familia dispuesta a considerar como suyo el diamante. aunque fuese más bien tímido. pueda usted haber pagado sus anteriores errores. su condición. que siempre había sido pobre. por un servicio cuyo carácter se contaba en voz baja y se negaba con reiteración. con saltones ojos de paloma y sonrisa simpática. Por temperamento y formación Harry fue siempre incapaz de toda empresa activa o industriosa. En suma. El príncipe. Manifestó entonces un notable desdén por el estudio y. Por desgracia. puesto que las cosas semejantes se atraen entre sí. que les dispensa con la gracia de su amistad en sus vidas privadas. de uno de aquellos gestos que muy rara vez se usan entre caballeros. gustaba mucho del ajedrez. ¡Ah. valiéndose. no olvidó a ninguno de los que le habían ayudado en tan gran empresa y hasta el día cuentan con el apoyo y la influencia del príncipe. Entonaba canciones románticas. varias autoridades respetables la colocaban entre las tres o cuatro mujeres mejor vestidas de Inglaterra. Tenía con las mujeres las maneras más delicadas. como el único de sus padres que aún vivía era persona débil e ignorante. a manera de explicación. es preciso reconocer que no se contaba entre los hombres que comandan ejércitos o presiden gobiernos. se levantó de su asiento presa de un violento ataque de cólera e informó a su secretario que en adelante no tendría necesidad de sus servicios. el rajá de Kashgar había regalado a sir Thomas el sexto diamante del mundo. la naturaleza le había enviado al mundo con un aspecto más que atractivo. e incluso de casarse con sir Thomas Vandeleur. no le faltaba gracia con las damas. La vida en casa del general era de su predilección. Reunir todos los extraños hechos en que el príncipe desempeñó el papel de la Providencia (sigue diciendo el autor) representaría llenar de libros el mundo entero. Un buen día el general. lady Vandeleur no sólo era una joya de muchos quilates. los deberes de Harry no eran particularmente irritantes. Dueño del Diamante del Rajá. en fin. le permitía alternar con la . -Entretanto -dijo el doctor-. Por entonces solía decirse que. Una ocasión favorable y algo de influencia hicieron que Harry consiguiera en su hora de desamparo el cargo de secretario privado del comandante general sir Thomas Vandeleur. acompañándose discretamente en el piano. una joya había atraído a otra. Dos años más tarde se encontró huérfano y casi mendigo. Se incorporó algo maltrecho y profundamente resentido.deshonrados. ¿Hay algo peor en la vida que obtener lo que se quiere? -Se ha cumplido la justicia divina -comentó el coronel-. la lección ha sido cruel y aguardo mi turno con temor. He infligido un castigo y a nuestro lado está el hombre que me ha ayudado a hacerlo. en adelante se le permitió dedicarse a actividades simplemente frívolas y elegantes. la correspondencia de sir Thomas sufrió un retraso lamentable y la dueña de casa tuvo una nueva criada. y una cosa tan grande cuando se usa para algo! ¡Ay! -se lamentó-. antes de que hayamos terminado. le disgustaba mancharse los dedos de tinta. sino que ostentaba un engaste muy lujoso. Historia de la sombrerera Harry Hartley había recibido la educación propia de un caballero hasta los dieciséis años. ruidoso. uno de los jefes militares más impacientes. Eso es lo que veo yo. la puerta estaba abierta y el señor Hartley rodó por las escaleras. primero en una escuela privada y luego en una de esas grandes instituciones que forjaron la fama de Inglaterra. huelga mencionarlo. permítame ir a dar sepultura a mi más viejo amigo. pero todo trabajo prolongado le inspiraba verdadera aversión. en un hombre rico.

que se burlaban de él y le despreciaban. cuando una mujer se permite ser precavida. que usted no hace nunca. Siempre fuiste más lista que yo. Clara». Sentiré mucho perderle pero. Pero la cosa es distinta. El señor Pendragon se puso en pie. -Sabe usted muy bien. -Señora -dijo-. y pasar los días con una mujer tan fina. Inmediatamente después de sufrir el ultraje inferido por el pie militar. -Pues hoy. pues le ahogaba la emoción. ocupado sobre todo de sus vestidos y alhajas. cogiendo la mano de su hermano entre las suyas-. ¿No es ésa la segunda parte? Eres el mejor de los hermanos y te quiero mucho. ese hombre debe morir -le dijo.. tengo un encargo para usted esta mañana. lucía delicadas flores en el ojal y atendía a todo visitante con tacto y buen humor. a cuya entrada no prestaron atención. rudos. Además. Al otro extremo de la habitación. le deseo buena suerte y le prometo que el general se arrepentirá de su comportamiento. como a un niño o a un criado-. me dirá usted. sin embargo. volviéndose a su secretario tan pronto como estuvieron solos-. que se sentía un poco arrepentido de su verborragia. con una mirada de orgullo semimaternal. escuchó sin querer lo que hablaban. os lleváis las manos a la cabeza. Su relación servil con una dama tan hermosa le llenaba de orgullo. Pero es un error. sabe de modas. Charlie Pendragon. así no se meterá en líos: es demasiado guapo para dejarle suelto en plaza. lady Vandeleur conversaba animadamente con su hermano. -Harry -dijo lady Vandeleur. mi querido Harry -le dijo lady Vandeleur. -Ahora o nunca -decía la señora-. como no puede quedarse donde le han insultado. Sois rapaces. y Harry fue transferido al área femenina. Tendrá que coger un coche.cree estar está enamorado de mí. El secretario privado. lo que le ordena el general. de una vez por todas. Siempre iba vestido de punta en blanco. Debe ser hoy. Lady Vandeleur le miró con una expresión curiosa. ¿Por qué no servirme de él? Tiene buena pasta. es servicial. si así debe ser -respondió su hermano con un suspiro-. se le cayeron las lágrimas y se quedó mirando a lady Vandeleur con un gesto de tenue reproche. -Es posible que tengas razón -admitió su hermano-. Charlie -respondió ella. que es malo para la piel. No se cansaba de pensar en su existencia. corrió al gabinete a contar sus penas. -Eso. no quiero que mi secretario camine con este sol. un grave error que nos pesará en el alma. recibía las órdenes de lady Vandeleur como muestras de favor. incapaces de la menor distinción y. despreciaríais en un banquero la estupidez que esperáis de nosotras. y se echó a llorar. en su condición de criada y modista masculino. Es un bicho muy miedoso y puede echarlo todo a perder. Lady Vandeleur miró a su hermano fijamente. ni por casualidad. un joven con una fuerte cojera a quien la vida disipada había envejecido antes de tiempo. Harry se sintió anonadado. Le lanzó un beso con la mano y su hermano se retiró. además. comía muy bien y en presencia de lady Vandeleur le invadía una vaga complacencia a la que en su propio corazón daba un nombre más enfático. Carezco de paciencia para soportar esas tonterías. era como vivir en una isla encantada en medio del proceloso mar de la vida. -Sí. el pobre . de manera algo extraña. al fin y al cabo. Y «antes que la familia. Ya sabes mi lema: «Ante todo la familia». -Mi querida Clara -dijo Pendragon-. Conozco tu lema mejor que tú. pasando por el gabinete y la escalera de servicio. confundido por tantos mimos fraternales. ¿qué es un insulto? Toda persona seria puede perdonarlos por docenas. eres la bribona más desalmada de Inglaterra. Pero abandonar a los amigos.» Esa noche habló con el general. gustaba de exhibirse ante otros hombres. «Este joven imbécil -pensaba. Una mujer puede hacerse perdonar un año entero de desobediencia con un solo acto de hábil sumisión. La maldad le parecía un atributo fundamentalmente viril. -Y vosotros los hombres sois tan groseros que no sabéis distinguir los matices -contestó ella-. Clara. trabajaba poco. romper los lazos del afecto.. Dijo estas palabras con énfasis. -Más vale que no me vean -dijo-. Tampoco yo. en el que su vida se hizo poco menos que celestial. que le llamaba por su nombre. Sé mi papel al pie de la letra y no perderé de vista al manso gatito. considerándola bajo un punto de vista moral. No pudo seguir.gente distinguida. -Te olvidas de que. no se acuesta con su secretario. Una mañana entró al salón y comenzó a arreglar unos partituras sobre el piano. sobre todo -respondió ella-.

Harry huyó del salón y. Trato de ser una madre para usted. creo que. -Y. llevando en la mano lo que parecía ser una larga y minuciosa cuenta de la modista. tal vez debo pedirle al señor Hartley que tome asiento. con una sonrisa-. a la izquierda. La sombrerera estaba donde le habían dicho. en el armario de roble. O. volviéndose a su mujer: ¿Cuál es la comisión de este joven? Permítame decirle que no confío en él más que en usted. Entonces Harry trotaba a toda clase de tiendas. debía recorrer una distancia considerable y recordó con desaliento que la brusca irrupción del general había impedido que lady Vandeleur le entregase dinero para un coche. mientras subía corriendo a los altos. -Señor Hartley -dijo lady Vandeleur-. Le ruego que vaya ahora mismo. y estoy dispuesto a ser tan indulgente como cualquier otro oficial pero. puesto que es el único hombre del mundo que lo ignora todo de las pasiones vergonzosas. -Si se empeña en que los criados sean testigos de estas humillantes discusiones -respondió lady Vandeleur-. de otra parte. las únicas extravagancias que él mismo se permitía eran con el sastre. señora? -exclamaba a gritos-. ¿Quiere usted tener la bondad de echar una mirada a esta factura? Sé muy bien que se casó usted conmigo por mi dinero. Harry la tranquilizó repitiendo sus instrucciones. Me trata como. los demás parecen todavía más desagradables. ¿Dónde le envía usted. Creo ser demasiado joven todavía. por favor. se arregló cuidadosamente para salir y dejó la casa. una caminata tan larga podía hacerle daño. una querida amiga. Estoy seguro de que habló de una comisión. sobre todo con la modista. hay que poner fin a este vergonzoso dispendio. ¡Usted es tan bueno y amable! Al menos. con tonos más declamatorios. -Habló usted de una comisión -insistió el general-. puede ser amigo de una mujer y. Encontrará usted. y la aguda voz de lady Vandeleur.Harry. Harry: ¿puede explicarme por qué son los hombres tan injustos y prepotentes? No. -¿Quiere usted ver esto. dirigiéndose a Harry-. ¡Qué admiración sentía Harry por la mujer! ¡Con qué habilidad sabía eludir una pregunta indiscreta! ¡Con qué descaro tan seguro de sí había repetido sus instrucciones ante las mismas barbas del enemigo! Y. No trate de engañarme en mi estado de ánimo.. contaba mentiras.. Harry sabía muy bien el terrible secreto que escondía la casa: la extravagancia sin fondo de la señora y sus deudas incalculables habían devorado hacía tiempo su fortuna y amenazaban día a día acabar con la del marido. rojo de ira. y lo que hace para ganarse su sueldo es un misterio general. creo que ha entendido usted la comisión. Digamos que una amiga. ¿Me entiende usted? Conteste. feliz. señora? ¿Y por qué tan de prisa? -Creí que quería decirme algo en privado -respondió la señora. en comparación. -Éste será otro de nuestros grandes secretos -siguió diciendo la señora-. En un día tan caluroso. -Es usted quien se porta amablemente conmigo -dijo Harry. pero no la entregue de ninguna manera hasta que no le hayan dado un recibo escrito por mí misma. se declaró encantado de servirla. antes de que se vaya usted. -Un momento -dijo el general. una sombrerera: está bajo el vestido color rosa que me puse el miércoles. y atravesar Londres con una caja de sombreros bajo el brazo . salvo mi secretario y yo. sé muy bien que no puede. junto a mi encaje de Malinas. Dos palabras. Harry. siempre galante-. -Como una madre -le interrumpió lady Vandeleur-. sino que su temperamento simpatizaba con el amor a la elegancia. que interponía respondía heladamente cada vez que se le presentaba la ocasión. casi una madre. y la señora iba a continuar cuando el general Vandeleur penetró atropelladamente al apartamento. ¡contésteme! Esto es de la mayor importancia y debo pedirle toda su atención.. ¡vive Dios!. Se interrumpió lo suficiente para que sus palabras hiciesen efecto en el sentimental joven. -Pero todo esto no viene al caso -siguió diciendo-.. Confío en que recuerde todo lo presenciado en esta habitación: puede serle útil. siguió oyendo la voz del general. Era una mañana de sol. Sir Thomas haría un escándalo: ¡si supiera usted lo que estoy me molestan sus escenas! Ah.. aunque no lo bastante como para darle tiempo a responder. Una o dos veces al año parecía que el escándalo y la ruina eran inminentes. nadie debe saberlo. señor Hartley. ¿sabe?. ¿No? Entonces puede irse. ¡cómo detestaba al marido! Nada había de extraño en lo ocurrido esa mañana. Si le quedase un mínimo de honradez no se habría marchado de esta casa. entregaba pequeños adelantos a cuenta. Harry se hallaba doblemente comprometido con uno de los dos bandos: no sólo adoraba a lady Vandeleur y aborrecía al marido. pues tenía por costumbre cumplir misiones secretas a lady Vandeleur. Llévela en el acto a esta dirección -y le dio un papel-. hasta que todo se arreglaba y la dama y su fiel secretario volvían a respirar. por lo menos -se corrigió.

-Señor. y ya estaba muy entrado en el parque de Kensington cuando. -¿Y se imagina usted. Harry. Entonces. y ya puede usted ser diez veces su marido: no permitiré que se limite su libertad. observando a los dos hombres que forcejeaban en feroz abrazo y luego. -Doy un paseo por el parque -contestó el joven. -Usted perdone. -Sir Thomas -dijo Harry-. evitando los senderos más frecuentados. -¿Cómo debo entender su actitud. idiota! Harry quedó petrificado durante un instante. Vengo a defenderla de un ultraje tan poco caballeresco. apurado y tembloroso. se adelantó y sujetó a su formidable adversario. -¡Corra. quiero ver ese sombrero de copa. -¿Con eso? -gritó-. en su ansiedad.era una humillación casi insoportable a un joven de su temperamento. corra! -gritaba-. y dio gracias a su buena estrella de que todavía fuese relativamente temprano. señor Hartley? -dijo el general-. Quería olvidar lo que había visto. -No haga usted eso. volviéndose a su nuevo antagonista-. pero es un asunto privado. señor? -dijo-. que porque mi hermana tuvo la desgracia de casarse con usted ha renunciado a todos los derechos y privilegios de una dama? Ese matrimonio. quien apareció entre los árboles. y vio al general por tierra. deseaba alejarse lo más posible del general Vandeleur. general -dijo-. ¡Rápido. sobre todo. ante mis ojos sigue siendo una Pendragon. aunque cojo. no es ni cortés ni valiente. El general golpeó la sombrerera con el bastón. me ha quitado las ganas de ver a los demás miembros de la familia. El espectáculo agregó alas a los pies del secretario. sir Thomas -dijo Harry. También él cree que lady Vandeleur tiene algo que ver con el sombrero de copa de su amigo. Se detuvo a pensar lo que debía hacer. Me ha bastado ver que usted abusa de su fuerza y maltrata a los inferiores. no lo niego. y además un criado que me inspira las más graves sospechas. -¿Cómo. señor? -preguntó el general. se topó cara a cara con el general. el parque parecía lleno de gente que corría de todas partes hacia el lugar de la pelea. tratando esfuerzos por incorporarse. y sabe muy bien que miente. que porque he tenido la desgracia de casarme con su hermana debo permitir que me persiga y me detenga un libertino arruinado y desacreditado como usted? Mi relación con lady Vandeleur. pero en ese momento el cielo le envió un defensor inesperado en la persona de Charlie Pendragon. señor Pendragon. Los sombreros me inspiran gran curiosidad -añadió torvamente-. -Le ruego que me perdone. Lo siento muchísimo. El general levantó otra vez el bastón y lanzó un golpe a la cabeza de Charlie quien. Parece que el señor Pendragon es de mi misma opinión. señor? -quiso saber el general. le hizo perder su posición pero. -¿Dónde va usted. Todavía lanzó una mirada por encima del hombro. para tomarme la libertad de intervenir. no pensó más en el lugar al que se dirigía y siguió para adelante. -¿Qué me dice usted. Miente usted. Harry se creía ya perdido. general Vandeleur -replicó Charlie-. que no disminuyó su carrera hasta llegar a Bayswater Road e internarse al azar en una callejuela poco frecuentada. Es usted mi criado. en ademán de lo más amenazador. sir Thomas -se disculpó Harry-. -¡Ah! -exclamó el general. no estoy acostumbrado a que se me trate de esa forma. El general le cogió bruscamente del brazo y levantó con una mano el bastón. Los Vandeleur vivían en Eaton Place y su destino se hallaba cerca de Notting Hill: debía cruzar el parque. Y mientras decía estas palabras le hacía señas a Harry. en un lugar solitario y entre árboles. Cuando se . señor. ni que se detenga por la violencia a sus mensajeros privados. dando media vuelta. dice usted? Yo no sospecho nada. ¿Cómo puedo saber que la sombrerera no está llena de mis cucharitas de té? -Es la caja del sombrero de copa de un amigo -dijo Harry. como usted quiera -respondió Pendragon. haciéndose a un lado cortésmente. y a Charlie que le había puesto la rodilla encima. pues el otro se había plantado en medio del camino. señor. se echó a correr. lo paró con el paraguas. ¿Que yo sospecho algo. pero éste era demasiado lento o estaba demasiado turbado para comprenderlas. Alegre de librarse de su íncubo. echó a caminar algo más rápido que de costumbre. La imagen de dos caballeros conocidos aporreándose brutalmente fue para Harry algo verdaderamente espantoso. y usted sabe muy bien que no me gusta andar con rodeos. -Muy bien -respondió el general Vandeleur-. Charlie comprendió que había cometido un error imperdonable y se apresuró a repararlo. ¡Señor Pendragon! ¿Supone usted. -No entiende usted su situación -dijo el general-.

Había avanzado cierta distancia absorto en estas meditaciones. y a Harry le admiraban sobre todo la falta de nombre y la formalidad del recibo. y amable. ¿Quiere usted dejar el paquete? -No puedo. ella en el umbral. tan pronto como divisó al delincuente secretario. -¡Yo soy el secretario. Preguntó por la dirección al primer policía que vio y supo que no se hallaba lejos de su destino. si no estaba en casa. Pero después de estas últimas palabras. Porque yo soy la criada y nada más. Y ahora le hago yo una pregunta: ¿conoce usted a lady Vandeleur? -Soy su secretario privado -dijo Harry. -Ya lo sé -respondió la muchacha-. urgencia e indignación. y pegó un . y empezó a moverse y a mirar. cuando un ligero choque con un transeúnte le recordó la sombrerera que llevaba bajo el brazo. -¿Es bonita. quitándose con especial cuidado el polvo de los zapatos. Hasta su propio puesto en casa del general se le antojaba menos agradable que de costumbre a la luz de hechos tan desagradables. hermosísima! Muy bonita. y en relación con otros detalles extraños. Harry se sintió escandalizado. las ventanas adornadas con macetas de flores y provistas de ricas cortinas que ocultaban el interior a las miradas curiosas. El general. -¡Caramba! -exclamó Harry-. empujando a la criada delante suyo. y se sentía más crítico por que ella no le había revelado sus secretos. él en la acera. Unos minutos de caminata le llevaron a una pequeña casa recién pintada y mantenida con el cuidado más escrupuloso. ganado por el ambiente. ¡Qué cosa más rara! Pero desde hace un tiempo voy de sorpresa en sorpresa. con la cabeza descubierta para estar más fresco y la caja bajo el brazo. con el fuego del orgullo contenido. agregó-: Ya sé que no lo dice con mala intención. -Traigo un paquete de lady Vandeleur -dijo Harry. estos señores! -añadió. Supongo que puedo permitírselo. con los del general Vandeleur. No obstante. pues unos manejos tan turbios eran indignos de una gran dama. Su deber y su interés coincidían en algo: su generosidad y sus temores. -¡Cielos! -exclamó-. El hombre. algo confuso. sentía profunda compasión por alguien con tan mala suerte en la vida.acordaba de que lady Vandeleur estaba casada con uno de los gladiadores y era hermana del otro. leyéndolo con sangre fría. Creo que puedo preguntarle algo sin ser indiscreto: ¿es el dueño de la casa? -Es un inquilino. Pero no me pregunte el nombre del caballero porque no se lo puedo decir. y le apuesto que vale por una docena de esas ladies Vandeleur. ¡Oh. pero no había nombres. -Bueno -dijo ella-. Enviar a un caballero de verdad como usted. Durante un segundo llegó a dudar de la propia lady Vandeleur. El lugar tenía un aire de reposo y de secreto. levantando la voz-. añadía la nota. debía entregarle un recibo de puño y letra de la propia señora. Aquello parecía muy misterioso. Harry no pudo soportar tantos elogios a quemarropa. para su indescriptible desaliento. con esa caja de sombreros. a derecha e izquierda. Me cae usted bien y su lady Vandeleur no me importa nada. Le ruego que permita que le espere. -Y luego. recorría las calles en busca de su cuñado pero. ante la evidente confusión de Harry. Al volver la cara hacia el extremo inferior de la calle. debía librarse con toda la rapidez posible de la sombrerera. Mientras conversaban habían mantenido en las posiciones de un comienzo. y desde hace unos ocho días -respondió la criada-. su cólera se encauzó por una nueva vía. cambió de propósito. se lo aseguro. golpeó la puerta con la mayor discreción. Una criada bastante atractiva le abrió la puerta y pareció observar al secretario con ojos llenos de simpatía. aguardar su regreso. la señora ejercía un dominio tan grande sobre su espíritu que desechó sus sospechas y hasta se reprochó amargamente haberlas abrigado durante un momento. y buena. Las instrucciones de Harry eran «preguntar por el caballero que esperaba un paquete de parte de lady Vandeleur» y. y Harry. nada más! -¿Lo dice por mí? -preguntó la joven-. No le había llamado la atención cuando lo escuchó pero. En él constaban las señas. ni la mirada incitadora que los acompañaba. y se precipitó a su encuentro con muecas y vociferaciones de lo más soeces. Estoy muy sola. sus ojos tropezaron. y usted no parece de esos tipos que devoran jovencitas. Tengo instrucciones de entregarlo sólo bajo cierta condición. y a pleno día. se convenció de que estaba metido en un lío muy peligroso. ¿Dónde tengo la cabeza? ¿Y dónde estoy? Y consultó el sobre que le había dado la señora. Harry entró de un salto en la casa. pero el caballero no se encuentra en casa. El llamador y la campanilla estaban relucientes. en un arrebato de calor. verdad? -¡Ah. -Usted también parece amable -dijo ella-.

abriendo la puerta. si el general era su enemigo. Aquel mandadero hizo que Charlie Pendragon tuviera una nueva idea y. -¿No se lo dije? -dijo la joven con un gesto de triunfo-. La sorpresa de este nuevo incidente fue tan súbita y profunda. yo soy buena amiga de la gente que me cae bien. y superadas las pruebas. sino porque es usted tan buena y tan bonita. y vio la figura de un chico de carnicero.portazo en las narices de su perseguidor. La Providencia. con muros de jardines cubiertos de hiedra a ambos lados. Pero -añadió. lo más de prisa que podía. y cada golpe hacía temblar al pobre secretario. y la puerta de servicio da a otra calle. también lo vería. que voy a dejar entrar al general. condujo a Harry a la cocina. Harry? -Por supuesto -respondió Harry. era claro que Charlie estaba enfurecido. Pero oiga esos golpes. Por su tono de voz y las imprecaciones que lanzaba contra el secretario. que se disponía a salir. ¿Quiere darme un besito. corría también. le preguntó: -¿Vendrá usted a verme? -¡Claro que sí! -dijo Harry-. ¡Una descarada. Dios me ayude. Quiere apoderarse de esta sombrerera. Harry apenas si reparó en su presencia y ya estaba unos pasos más lejos. Ya sabía yo que su lady Vandeleur no valía nada. cansada de la persecución. a la sombra de unos castaños. empezó a perder cada vez más terreno. tuvo fuerzas para levantar una vez más la voz: -¡Al ladrón! -gritó-. pues Harry se había puesto en pie de un salto al oír la buena noticia. Le sorprendió mucho que un caballero corriendo por la calle y lanzó detrás de sí gritos burlones. es un oficial del ejército de la India. Pero no había dado esos pasos y ya escuchaba una voz de hombre llamándole por su nombre entre maldiciones. ni una puerta abierta. debiera haber pensado que. podría volver junto a lady Vandeleur con honor y seguridad. Y le administró dos o tres cariños que fueron retribuidos en especie. será para mí una muerte segura. y si usted tuviera ojos en la cara. con una bandeja vacía. una falsa. empezó a lanzar puntapiés y puñetazos contra la puerta. Y no porque exista una puerta de servicio. qué le pasa? -dijo la criada-. pensaba. por supuesto. se lo digo yo! El general continuaba en sus ataques con el aldabón y. Luego Prudence le llevó hasta la puerta y. Charlie Pendragon sólo podía ser un aliado. le allanaba la ruta de escape. -Se altera demasiado -contestó Prudence-. ¡Ay! Cruzaba delante de un jardín cuando de pronto se abrió una puerta. -Yo me llamo Prudence. -¿Por qué. Su general puede dar golpes hasta que se harte. Harry sintió que renacían sus esperanzas. y el fugitivo no veía delante de sí ni una sola persona. No obstante. Ese hombre acabará por romper la puerta y. poniendo la mano en la llave. acordándose de su galantería-. furioso por que no le abrían. al volver la cabeza vio a Charlie Pendragon que agitaba los brazos. lejos de disminuir. poniéndole afectuosamente la mano en el hombro. haciéndole señas de regresar. pero se hallaba en desventaja. tal era la fiebre y alteración de su ánimo que no tuvo presentes estas consideraciones y continuó calle arriba como alma que lleva el diablo. ¿Cree usted que lo tendría aquí si no estuviese segura de salvarle? No. pero el muchacho tuvo tiempo de observarle. y se dedicó a huir con la mayor diligencia. aunque casi sin aliento. -¿Hay una tranca? ¿La puerta se cierra con llave? -preguntó. le hizo sentarse y se quedó junto a él. Me ha perseguido todo el día y lleva un estoque en el bastón. -Afortunadamente estoy sola en la casa -observó la muchacha-. mientras toda la casa resonaba con la salva de golpes que el general descargaba con el llamador. no hay nadie para abrirle. y a pesar de sus gritos y los golpes que daba con el pie cojo contra el pavimento. El estrépito de los aldabonazos. Déjele que golpee. pero muy solitaria. ¡Venga conmigo! Al decir esto. se lastimará las manos. -¿Cómo se llama usted? -preguntó la muchacha. La calle era estrecha y empinada. -Harry Hartley. el miedo le daba alas. que no se le ocurrió nada mejor que aumentar la velocidad de su fuga. se hacía atronador. Unos cuantos pasos.corra todo lo que pueda.no se la enseñaré si no me besa. -¡Qué manera de portarse! ¿Y cómo se llama? -Es el general para quien trabajo. ¿No le debo acaso la vida? -Ahora -dijo ella. ¿Le asusta ese señor? -Si me atrapa soy hombre muerto -contestó Harry en susurros-. ¿Le gusta mi nombre? -Es encantador -dijo Harry-. y Harry había llegado a tal punto de tensión nerviosa. la escena en el parque de Kensington. Tendría que haber recordado. ¡Al ladrón! . Harry no tenía necesidad del consejo.

Y el chico del carnicero. Esta fue una de esas situaciones para Harry Hartley. Era una casa grande e indudablemente habitada pero. -¿Pero qué es esto. su situación. y los que mejor le conocían hubieran sido los más asombrados ante su audacia. pues el muro estaba protegido por una gran cantidad de cascos de botella. pasó del otro lado y cayó de cabeza en el jardín. en Eaton Place.» No bien le había pasado esta idea por la cabeza. de repente. sería desesperada. repitiendo el grito. jovenzuelo -dijo el jardinero-. y esas botas! La mirada del hombre había ido bajando y. ¿No te da vergüenza ir tan bien aseado. ¿A qué has venido? Harry no lograba dar una sola palabra de explicación. y el ruido de sus pasos y sus gritos enronquecidos retumbaron en la calle. en una calle tan estrecha. saltó con gran agilidad y. más allá del jardín. Si quiere usted venir conmigo a casa de sir Thomas Vandeleur. Fue un momento amargo para el pobre secretario. Los muros del jardín la rodeaban por todas partes. sentado en medio de un arriate de rosales. detuvo sus comentarios ofensivos y se quedó con los ojos fijos en el suelo. contigo no voy sino a la comisaría de aquí al lado. pero no hizo nada y le permitió acercarse. cogerle del hombro y ponerle bruscamente de pie sin oponer. en contraste con el jardín. rufián! Entiendes inglés. cuando la calle dobló a un lado y sus adversarios le perdieron de vista. Hay momentos en los que el menos tenaz de los hombres aprende a portarse con energía y firmeza. «Debo hallar donde esconderme -pensó-. le garantizo que todo podrá aclararse. era de apariencia fea. Durante un momento se miraron lentamente a los ojos. Las preguntas habían hallado respuesta y el jardinero dirigió su mirada a Harry con una sonrisa odiosa. -Señor. dejando a la vista un gran tesoro de diamantes. como un caballero. la menor resistencia. ¿Quién eres tú que saltas mi muro y destrozas mi Gloire de Dijon? ¿Cuál es tu nombre? -agregó. dice! ¿Crees que no conozco a un caballero cuando le veo. Harry lo veía todo. Cuando volvió a hablar su voz se había alterado manera extraña. El miedo le hizo acelerar su carrera y ganar terreno sobre sus perseguidores. -¿Quién eres tú? -preguntó por fin-. de aspecto mezquino. en nombre del Señor? Harry siguió la mirada del jardinero y vio un cuadro que le dejó mudo de sorpresa y terror. vio la parte trasera de una casa. algo siniestra. pero su cabeza no conseguía registrar las cosas ni llegar a una conclusión racional. sacudiéndole-. supongo. que estaba maravillosamente ordenado y lleno de flores del perfume más agradable. El inspector irá a Eaton Place. por su parte. -¡Un ladrón! -dijo-. ¿O quieres que vayamos a ver al ministro? ¡Sir Thomas Vandeleur. ¡Miren esa camisa. puede fácilmente convertirse en un sospechoso. me doy cuenta ahora. esto es una equivocación -le contestó Harry-. se unió en el acto a la persecución. El hombre que acababa de llegar era un personaje robusto. ahora hundidos en la tierra o esparcidos por el suelo con abundancia majestuosa y espléndida. no le quitó al jardinero los ojos de encima. En ese instante Pendragon y el muchacho cruzaron corriendo al otro lado del muro. Frente a él. y que le voy a confundir con un bellaco como tú? Ya puedes vestirte como quieras. tosco. cuando tanta gente honrada no dispone de ropas así ni de segunda mano? ¡Habla. Harry se hallaba excesivamente aturdido por la caída para tener miedo. -Mira. y tiene que ser pronto o todo habrá terminado para mí en esta vida. sin saber si defenderse o huir. Oyó que alguien se aproximaba por el sendero y desvió la vista en esa dirección. que debe valer más que mi sombrero del domingo. Creo que te debes ganar bien la vida. vestido de jardinero y con una regadera en la mano izquierda. porque vas muy bien vestido. Vio una magnífica . con la ayuda de las manos. descuidada. Una persona más en sus cabales se habría alarmado al ver su enorme estatura y la feroz mirada de sus ojos negros. y tú y yo tenemos muchas cosas que hablar antes de que te lleve a la comisaría. sentía todo el cuerpo descoyuntado y una molesta sensación de mareo. pero sabía que pronto estaría agotado y. Le sangraban las manos y las rodillas que se había cortado al saltar. si se topaba con alguien que viniese en dirección opuesta. con expresión cruel y burlona. que se había partido en dos. Al caer había aplastado con el cuerpo la sombrerera. Harry fascinado y el hombre muy colérico. y esa chaqueta acabada de estrenar. lanzó la sombrerera por encima del muro. y tendrá mucho gusto en tomar el té con tus grandes amistades. La persona más respetable. y el más precavido olvida su prudencia y adopta una decisión temeraria. que a mí no me engañas. Se detuvo de repente. Recobró el sentido poco después.

-En cuanto a mí -contestó el reverendo señor Rolles-. acercándose al clérigo con aire sonriente y obsequioso. señor Rolles. abusando de su cortesía. E hizo entrar a Harry a la casa. Me llamo Thomlimson y soy amigo del señor Raeburn. -¡Ten valor. El parecido es asombroso. El señor Hartley. observar la cara de aquel hombre poseído por una emoción tan baja fue un nuevo golpe. el jardinero se arrodilló y se puso a recoger las joyas. el joven repitiera con voz quebrada: -¡Estoy perdido! El jardinero miraba en todas direcciones con aire culpable. Cerca de la puerta hallaron a un joven. Pero. además de los muchos que había recibido. su robusta figura se estremeció de pies a cabeza. que soy . caídos entre los rosales como gotas de rocío matinal. No es de sorprender que. y hasta diamantes sin engastar. con aire de reflexión y asombro. ni creo que los demás puedan oponerse en un asunto de tan intranscendente. le dijo: -Hermosa tarde tenemos. a coordinarlas como un todo y a reconocer la amarga situación en la que se hallaba involucrado. ninguno de nosotros debe olvidarlo. Debe usted saber. Me he tomado la libertad de traerle y no creo que ninguno de los inquilinos se oponga. moreno y muy bien plantado. hizo que Harry desaprovechara aquella oportunidad de recibir ayuda. Entre los dos hombres había por tierra un tesoro inmenso: un tesoro en su forma más atrayente. si ése es su nombre. En primer lugar bajó las persianas. bellísimo en sí mismo. pero no había nadie asomado a las ventanas y pareció tranquilizarse. perdiendo el ánimo. frotándose las manos en los muslos. a la curiosidad y quizá las dudas de alguien que le conocía. en lo que quieran sus amigos. -¿En verdad? -dijo el señor Rolles-. Nada más tocar los riquísimos cristales. y la intensión de retrasar en lo posible toda aclaración. Por fin. No puedes dar dos pasos con ese aspecto irrisorio. Lo peor ya ha pasado. que podía llevarse en un delantal. ¿Cómo no me dijiste que hay bastante para dos? ¿Para dos? ¡Para doscientos! Vámonos de aquí. señor -dijo. Miró alrededor tratando de encontrar ayuda. le brillaron los ojos de codicia. me parece. metiéndolas otra vez en la sombrerera. pero padecía sus penas en sus formas más agudas y crueles: el miedo al castigo. Y tendió la mano. que nos pueden ver. que había estado en ascuas durante toda la conversación. dirigiéndose a la casa. se viera envuelta de pronto en algo tan sórdido y criminal. ponte el sombrero y límpiate. y a veces de formas muy agradables. señor Hartley. pendientes y brazaletes. El jardinero pareció contrariado por el encuentro. El señor Raeburn. la sociedad y la contaminación con seres despreciables y brutales. pulcramente vestido como corresponde a su casta. y no porque nos haya permitido pasearnos por él tendremos la osadía de entrometernos. en un éxtasis de codicia. anillos y prendedores. ¡Estoy perdido! En ese momento su mente regresó al pasado con la velocidad incalculable del pensamiento y empezó a comprender sus aventuras del día. maciza y durable. El jardín es suyo. que por lo menos era un desconocido. cuando hubo colocado las joyas en dos montones casi idénticos y acercado uno de ellos a sí-. -¡Dios mío! -dijo Harry-. con los diamantes desparramados y junto a su terrible interlocutor. pero estaba solo en el jardín. Después vació la sombrerera rota sobre una mesa y se sentó ante el tesoro así desplegado. como que Dios es grande! Este joven es un buen amigo que ha venido a ver mis rosas. más aún. creyó oportuno ponerle punto final. hasta entonces tan pura y delicada. Para Harry. ocultó la caja entre sus ropas e hizo a Harry una señal de que le siguiera. no tenía el menor pecado que reprocharse.diadema que había admirado muchas veces en lady Vandeleur. no me opongo. si no me equivoco -añadió-. pero puso la mejor cara que pudo y. Le parecía increíble que su vida. Lamento ver que se ha caído usted. pareció demorar lujuriosamente su ocupación acariciando cada uno de los diamantes. En conciencia. Una dignidad excesivamente delicada. señor Raeburn. Sin pensarlo. sin duda un religioso. ¡Una hermosa tarde. todo se paga en este mundo. y por amor de Dios. Hubiera dado con gusto su vida por escapar de la habitación y de la compañía del señor Raeburn. la desconfianza en los buenos. en cuyo aspecto se combinaban debilidad y resolución. -Bien -dijo este último. pues el señor Rolles seguía donde le habían dejado. brillando a la luz del sol con mil destellos de todos los colores. la cara se le transfiguró. y no oía sino el rumor de las hojas y los rápidos latidos de su propio corazón. Harry hizo lo que el otro le decía. este caballero y yo nos conocemos. Negó su propia identidad y prefirió las bondades del jardinero. idiota! -dijo-. -Me temo que se trata de una equivocación -respondió-. -Le deseo a usted un buen paseo. era una habitación que daba sobre el jardín.

y luego por otra. ¿No quiere venir conmigo a Eaton Place? -No -dijo el hombre-. ¿Y no puede usted compartirlas con nadie? Pues bien. le propongo que las dividamos.. la mitad de las piedras que le quedaban después del asalto del señor Raeburn se le habían caído al rodar por tierra y ahora brillaban sobre el suelo. entonces quitaba una joya de la parte del secretario y la añadía a la suya. podría dar con la casa y obligarle a devolver el botín. La policía. Por primera vez el dolor y la cólera vencieron al desgraciado joven. el señor Raeburn había desaparecido. un poco repuesto tras beber el agua-. le arrojara al suelo de un puntapié atlético y bien dirigido. No es culpa mía. Al parecer la calle estaba desierta. piense en las cárceles coloniales y el día del Juicio Final! -Nada puedo hacer -decía Harry con voz quejumbrosa-. Cuando Harry hubo terminado. diciéndole «¡Largo de aquí!». ¡piense en el deshonor de sus pobres padres. eso es lo que yo llamo una pena. pero éste . pues de pronto agarró a Harry por la nuca y le hizo bajar la cabeza. entre villas y grandes jardines. -¡Señor. de modo que sólo podía ver el suelo y los escalones de entrada de las casas. pues no cabe duda de que en ese momento. se dirigieron a la puerta de calle. corrió dando gritos tras el ladrón. Quizás el pánico y el dolor avivaron su inteligencia. -Venga usted a la casa para asearse y arreglarse un poco -dijo la muchacha-. si se me antojara. cualquiera sea la proporción. porque no me queda más remedio que entregarle a la policía. poco después. Lo que ha hecho hoy le costará caro. un vivo destello encendía su codicia. De eso nada. por pura amabilidad. lo único razonable era aceptar el trato con el bribón. Quemaré la sombrerera con las basuras. Tan pronto como Harry se puso en pie. Al mismo tiempo se le acercó también un vago mal encarado que rondaba por esas calles de Dios. de vez en cuando. pensó que por mal que vayan las cosas siempre pueden ir peor. Pero me ha caído usted bien y la verdad es que no quisiera perjudicarle. Harry contó tres esquinas antes de que el bribón le soltara y. todavía medio aturdido y sangrando abundantemente por la nariz. Cuando pudo calmarse un poco. Ahora mismo podría embolsarme todas estas lindas piedrecitas. ¡Ay! No bien se inclinó a recoger sus tesoros. mi señora no lo tomará a mal. Y de pronto retorció con violencia la muñeca del joven. Éstas -continuó diciendo. tú recoge tus piedras y mételas en el bolsillo. pues algún curioso podría reconocerla. durante quizás un minuto y medio. libre ya de toda sospecha. tiene las ropas destrozadas! ¿Conoce usted al miserable que le hizo esto? -Sí que le conozco -respondió Harry. ¿Me permite preguntarle si tiene alguna objeción. piense -y cogió a Harry por la muñeca-. en circunstancias más favorables. mientras señalaba con un gesto los dos montonesme parecen partes justas y amistosas. -¡Pobre señor! -dijo la criada-. Mire usted. -Así me gusta -dijo con socarronería el jardinero-. Una vez que Harry se pudo incorporar. en un abrir y cerrar de ojos. se lo aseguro. sin duda mudos testigos de su infortunio. No se preocupe. ¡Pero si viene perdiendo diamantes por la calle! Así era. empujándole con violencia delante suyo por una calle. Raeburn le miraba hacer y.hombre de buen carácter y que esta generosidad fue mi condena toda la vida. y quisiera ver si se atreve usted a decirme algo. confiando en que.. Raeburn la abrió cautelosamente y se asomó para ver si venía alguien. Ya sabía yo que antepondrías tus intereses. ¡Dios del cielo! -gritó-. De modo que. y vio unas cuantas personas en las ventanas. ¡Cómo le han dejado! ¡Le sangran las rodillas. -De acuerdo -dijo. y recobrar unas cuantas joyas le pareció asunto tan importante como haber perdido las demás. Las joyas no son mías y no puedo dividirlas con nadie. el vago que le estaba mirando se abalanzó sobre él y la muchacha. Dio gracias a su buena suerte de que la criada las hubiera visto. y le encontraré a pesar de sus precauciones. miró a su alrededor y leyó los nombres de las calles donde le había abandonado el jardinero. que se echó a llorar a lágrima viva en medio de la calle. Harry obedeció. Estaba en un barrio poco frecuentado del oeste de Londres. en efecto. -¿No son suyas. una criada vino corriendo de una casa para ofrecerle un vaso de agua. entonces? -replicó Raeburn-. vio todo lo que sucedía con una luz muy distinta.. cogeré su sombrero. Vamos a repartirnos estos chismes aquí mismo. señor Hartley? No voy a discutir por un prendedor más o menos. me propone usted algo imposible! -respondió Harry-. recogió algunos diamantes con ambas manos y se perdió calle abajo con sorprendente agilidad. les derribó. Harry lanzó un grito de dolor y su cara se cubrió de sudor.

-¡Gracias a Dios! -exclamó lady Vandeleur-. Los criados estaban reunidos en el salón y no fueron capaces de contener la risa. que ésa es una de las cosas más agradables que he oído nunca. como si hubiera ocurrido una catástrofe. En cuanto a usted. mientras paseaba al azar por ese barrio de Londres. cabizbajo y sin decir palabra. Su ensayo Doctrina de los deberes morales le valió. y en círculos religiosos y eruditos se decía que preparaba ahora una obra considerable -un infolio. general Vandeleur -respondió la gran dama-. cuchicheando grave y ansiosamente de algo sin duda importante. Historia del joven eclesiástico El reverendo señor Simon Rolles se había destacado en ciencias morales y había realizado estudios avanzados de teología. el orgullo de Kashgar. y que todos se habían unido contra el peligro común. ¡Aquí está! ¡La sombrerera. podía usted haber empedrado la calle con sus baratijas. el jardinero de . Si desea cobrar su salario puede anotarse como acreedor en la quiebra de mi marido. ha demostrado de manera suficiente sus nefastas cualidades en esta casa. no volver a aparecer por aquí. Harry regresó profundamente abatido a la escena de su desgracia y la joven. haberme robado la diadema y el anillo de mi madre. todos sabemos que le falta valor. sus deseos de soledad y estudio. como lo llaman de forma poética los orientales-. -Mientras -dijo sir Thomas-. ante la desastrosa figura del secretario. Juro ante Dios que no fue culpa mía. Al llegar.sobre la autoridad de los Padres de la Iglesia. pues cuando el perseguidor llegó a la esquina no se veían rastros del fugitivo. cuando una tarde. pues vio al general. tal vez. la casa parecía en la mayor confusión. le decidieron a hospedarse en casa del señor Raeburn. Se le veía muy pálido. el aspecto tranquilo y bien cuidado del jardín. venga usted conmigo a visitar al inspector de policía más próximo. que le estaba esperando. -Esto es todo lo que queda -dijo-. haberse endeudado por una suma cincuenta veces mayor. levantando las manos. señor Hartley -dijo. Apenas si había comprendido Harry este discurso tan insultante y ya el general lo atacaba con otro. Harry le agradeció de todo corazón y. Pero ha cogido usted el Diamante del Rajá -el Ojo de la Luz. sensatez y respeto de sí mismo. Harry. en el momento de publicarse. no le aconsejaría a la última de mis criadas un matrimonio tan triste y desastroso. todo ha terminado entre nosotros! -Créame usted. le devolvió con cortesía su sombrero y las piedras recogidas del suelo. 2. y el bajo precio del alquiler. Puede usted entrar. -Señora -dijo el general-. Harry pasó delante de ellos con el aire más digno que podía y fue derecho al gabinete. casi podría felicitarme de un cambio que me libra de su compañía. Harry sacó un puñado de joyas del bolsillo. Comprendió en el acto que le quedaba muy poco por explicar. aunque quizá tampoco se esforzaron mucho. puesto que nos hemos arruinado. y dueño de un diamante más grande que su cabeza. a su mujer. cierta celebridad en la universidad de Oxford. en plena conspiración. ¡Me ha robado usted el Diamante del Rajá! -gritó. Permítame decirle ahora que es algo de lo que me arrepiento amargamente. aunque me temo que otras se han perdido para siempre. -¡Ay! -se quejó lady Vandeleur-. señora. fue a la estación más cercana y cogió un coche de alquiler para Eaton Place. Nos hemos quedado sin diamantes y yo debo noventa mil libras por mi guardarropa. puso los ojos en un espectáculo sorprendente y hasta amenazador. Me ha repetido infinidad de veces que me casé con usted por su dinero. Si aún fuese usted soltero. forzado por la naturaleza. así como del rotundo fracaso de la empresa. ¡Hable usted! ¿Dónde está la caja? Y los hombres repitieron la pregunta con gestos de amenaza.era muy rápido y debía conocer bien el barrio. Si tienen paciencia creo que podrán recobrarse algunas joyas. y todavía se hallaba a la espera del primer nombramiento. No obstante. como ya no estaba de humor para hacer economías. Cuando abrió la puerta. decían algunos. habría acabado por perdonarla.¡y todo ha acabado. la sombrerera! Pero Harry seguía plantado ante ellos. a ser posible. lo único que puede hacer es largarse en el acto y. era evidente que se había hecho confesión plenaria al general del fraude intentado contra su bolsa. y nada menos que a Charlie Pendragon. -¡Hable! -gritó lady Vandeleur-. los méritos y los proyectos tan codiciosos del joven señor Rolles no habían bastado para conseguirle un puesto. dirigiéndose al secretario-.

sus ojos se encontraron con los del señor Rolles. «No. Sucede. se inclinó a examinar el suelo. La piedra. muy distinto a su manera acostumbrada. empezó a dar una vuelta al jardín. dispuesto sobre el fondo de terciopelo verde. Este asunto se pone muy interesante. y aún más. con adornos y un broche dorados. La hermosura de la gema halagaba la vista del joven religioso. la casa con las ventanas cerradas. con paso firme y acelerado. como si le ardiese en la mano con mil fuegos interiores. Comprendió que tenía en la mano algo de mayor valor que muchos años de rentas arzobispales. brillaba un diamante de grandes dimensiones y de primerísima agua. Casi nada sabía el señor Rolles de piedras preciosas.» En ese instante distinguió un objeto casi enteramente hundido en el barro y se inclinó a recoger un precioso estuche de tafilete. pero el Diamante del Rajá era una maravilla que se explicaba a sí misma. Esos momentos solían ser los más productivos de la jornada. «Palabra de honor dijo para sus adentros-. Las decisiones más graves se toman a veces en un instante y sin intervención consciente de las partes racionales del hombre. «Todo eso puede no tener nada de malo -pensó el señor Rolles-. con asombro y casi con terror: ante sus ojos. Al llegar al lugar de la escalada de Harry. se identificaron las . los árboles de altas copas frondosas. sobre todo. El señor Rolles abrió el estuche y respiró profundamente. por pura casualidad. absolutamente nada de malo. logró a distinguir las huellas de dedos que habían escarbado en el barro para recoger algo caído.» El detective que todos tenemos dentro se despertó gritando en el pecho del señor Rolles quien. la simple curiosidad acabó por predominar sobre los Santos y los Padres de la Iglesia. la idea de su valor incalculable abrumaba su inteligencia. La cara del señor Raeburn apareció en una ventana baja. y. fuera de sí de terror. se detuvo ante el rosal destrozado y las huellas en el barro y. no me equivoco -se decía el señor Rolles-. sin embargo. cerca de la puerta y. que unas sinceras ganas de reflexión. El reverendo Simon Rolles había robado el Diamante del Rajá. sin el menor defecto. y rápidamente bajó las persianas. se lo metió en el bolsillo y ya se dirigía hacia su estudio con la rapidez de la culpa. cuando el primero de ellos negó su identidad con el mayor énfasis. Podía ver el sitio donde Harry había caído al dar su peligroso salto. silbando suavemente. El señor Rolles miró nerviosamente a su alrededor. en compañía del dueño de casa. en un segundo cerró el estuche. el señor Rolles acostumbraba pasear un rato entre los rosales. cuando el señor Rolles se cruzó con el secretario del señor Vandeleur. ese miedo a ser vistos: estoy convencido de que esos dos preparan un agravio. esas mentiras. El jardinero. vio las marcas en la pared de ladrillo y un pedazo del pantalón enganchado a un casco de botella. no vio sino el jardín de flores lleno de sol. podría seguir sus inclinaciones sin prisas ni inquietudes. era muy hermosa de forma. no siempre son suficientes para proteger al filósofo de los pequeños choques y contactos del mundo. cuando se dio cuenta de que ambos palidecían y evitaban sus preguntas. que con una piedra como ésta sería posible construir catedrales más majestuosas que las de Ely o Colonia. De este modo. y al recibir un rayo de sol brilló con un resplandor eléctrico. quien la poseyera se libraría para siempre de la maldición primordial. ¿Cómo es que se encuentra en este apuro? ¿Por qué me niega su nombre? ¿Y qué tiene en común con el granuja siniestro del dueño?» En ésas estaba cuando otro hecho curioso le llamó la atención. y hasta atemorizado. del tamaño de un huevo de pato. A primera hora de la tarde la policía llegó a la casa con Harry Hartley. y el interés por los más elevados problemas intelectuales. ensangrentado y con las ropas destrozadas. Ese muchacho es indudablemente el señor Hartley. observando de cerca. Una vez que había empleado siete u ocho horas del día a San Ambrosio o San Crisóstomo.Stockdove Lane. El señor Raeburn debía haberle pisado sin darse cuenta y luego había escapado a su búsqueda apresurada. un salvaje se habría prosternado para adorar un fetiche tan imponente. no tardó en devolver su botín. lo giró y otra vez despidió rayos fulgurantes que le atravesaron el corazón. El jardinero pareció alterado. Levantó el diamante. que se había hundido profundamente cuando levantó al secretario. Ese aire de sospecha y de alarma. como antes el señor Raeburn. un niño que lo encontrase en una aldea habría echado a correr dando gritos a la casa más cercana. alzando la mirada. ¡Por aquí había entrado el buen amigo del señor Raeburn! ¡De este modo era como el secretario del general Vandeleur venía a admirar las flores del jardín! El joven clérigo. pero confieso que no lo creo. reconoció el pie del señor Raeburn.

y no tengo la menor idea del modo de deshacerme de un diamante robado. -Diez fortunas. El funcionario admitió que en su profesión se aprendían muchas cosas extrañas y se despidió. -Cuanto más alto sea su precio. Esto me inspira una idea muy pobre de la formación universitaria. -Valdrá una fortuna -dijo el señor Rolles. no había en sus facciones el menor rasgo de preocupación o cansancio. sabe más que yo de asuntos peligrosos. Luego hizo un breve recuento de las joyas que faltaban y dio al joven eclesiástico algunos detalles sobre el Diamante del Rajá. algunos títulos para aspirar a esa distinción -dijo el desconocido. -Claro -dijo el oficial-. se encontró con un caballero más bien grueso. no tengo duda. por el contrario. más se convencía de que había encontrado a alguien que podía darle un buen consejo. es un autor sugestivo. en efecto. como no sea para distraerme cuando viajo en tren.» Derribó su estantería de un puntapié. y le explicó el segundo robo de que había sido víctima Harry. Cuando digo la vida. sino los actos criminales y las posibilidades secretas de nuestra sociedad. -De ningún modo -respondió el inspector de Scotland Yard. pero me parece que nada saben de la vida. tras agotarse en las muchas escaleras. y los principios de una conducta atinada en medio de hechos excepcionales. -Yo. vestido con elegante sencillez. cuando subió al salón de fumar. sacó uno a uno varios volúmenes de los Padres de la Iglesia y les echó un vistazo. que existen tratados muy precisos sobre la astronomía. soy un hombre solitario. no hay uno solo que sea capaz de ayudarme. pero si el hombre es inteligente. se puso el sombrero y se marchó al club del cual era miembro. los materiales reunidos para su gran obra nunca habían tenido tan poco interés. y lo mismo daría vender la Catedral de San Pablo. Cuanto más le miraba el joven eclesiástico. Aquí estoy. el uso de los globos. que sobre las regiones más ocultas de la vida no encontrará nada digno de confianza. -Considero que para ustedes el caso está cerrado -les dijo. un estudioso. por su parte. No sabe usted cómo me ha interesado su conversación. «Estos caballeros -pensó. espere usted -añadió-: ¿ha leído a Gaboriau? El señor Rolles reconoció que ni siquiera había oído ese nombre. sin embargo. vivo entre mis tinteros y mis infolios de los Padres de la Iglesia. Una piedra como ésa no puede disimularse. se dijo el señor Rolles. más difícil será venderlo -observó agudamente Simon-. perdone usted mi inoportunidad. luego pasó junto a tres periodistas y un autor de metafísica superior que jugaban al billar. muy leído por el príncipe Bismarck. pero observo por su aspecto que es usted lo que se llama un hombre de mundo. Estaba fumando un puro y leyendo la Fortnightly Review. -Señor -le dijo-. con suficientes conocimientos como para ser obispo. Por lo demás. veinte fortunas -respondió el oficial. no puedo llevarla a cabo. señor -siguió diciendo el clérigo-. -Tengo. la dividirá en tres o cuatro partes y aún tendrá lo bastante para hacerse rico. no me refiero a las novelas de Thackeray. poniendo de lado su revista con una mirada de sorpresa y curiosidad. escritores magníficos. donde encontró a varios clérigos de provincias y a un archidiácono. Finalmente. miró su biblioteca con ojos de menosprecio.joyas y se levantó un inventario en presencia del secretario. Algo que sucedió hace poco me ha hecho ver con claridad mi locura y ahora quisiera conocer la vida. se mostró de lo más servicial. El señor Rolles volvió a sus habitaciones. en el peor de los casos. En primer lugar entró a la sala de lectura. -En Gaboriau hallará unas cuantas ideas. no vio sino las caras vulgares y borrosas de la gente ordinaria que llena los clubes. la agricultura y el arte de fabricar flores de papel.son. Ninguno de los presentes. Le parecieron más pequeñas y frías que de costumbre. Soy un lector resignado: ¿esto puede aprenderse en los libros? -Usted me hace una pregunta complicada -respondió el caballero-. Me dicen. Aunque. Confieso que no tengo mucho trato con los libros. Me temo. algo en su aspecto invitaba a la confianza y exigía la sumisión. El señor Rolles. perderá usted el tiempo en buena compañía. -Muchas gracias -dijo el clérigo-. a la hora de la cena. con todos mis infolios. más tarde. pero en ninguno encontró lo que buscaba. declaró sinceramente lo que sabía y lamentó no poder hacer más para ayudar a los oficiales en el cumplimiento de sus obligaciones. En un lugar tan mundano creía poder hallar alguien de buen criterio y con gran experiencia de la vida. . Un simple policía me da una sugerencia y yo.

un tal B. Vaya al comedor -siguió diciendo-. -El general Vandeleur es un asno -replicó el otro-. solicite una mesa cerca de ellos y escuche atentamente. No había nada que no llevase a cabo con sus propias manos. descansado y de buen humor. y volvió a su club para pasar la tarde y cenar. Conocía el mundo como yo las Evidencias de Paley. si bien el autor había pensado mucho en sus temas. que le daría gustosamente la formación necesaria. con un gesto de amabilidad. Luego podría volver tranquilamente a sus investigaciones. el más grande aventurero. unos cuantos meses. encontrar la información esparcida entre muchas historias románticas. lo llevó a la estación de King's Cross. como si pidiera permiso. quien venía muy poco al club -del cual. ser un erudito rico y elegante. -Ya me ha pagado usted. le estoy enormemente agradecido por su gratitud -dijo el joven eclesiástico. toda su vacilación. imagínese a Ulises de setenta años. dice usted! ¡Les encontraría en medio de la multitud del Derby! Rolles dirigió apresuradamente al comedor. concluyó que. Acabó por dormirse y sus sueños estuvieron llenos de visiones doradas. Macculloch. su expresión arrogante. Rolles -le dijo un amigo-. No tenía el aspecto de un espadachín. .-Señor. De regreso a su casa el señor Rolles compró un libro sobre piedras preciosas y varias novelas de Gaboriau. En cambio no pudo contener su admiración ante el temperamento y los muchos méritos de Lecoq. sin escrúpulos. lo cual dio al señor Rolles un buena excusa para trasladarse. violento. añadían un toque de ferocidad a una cabeza ya de por sí notable y amenazadora. como en un manual. en la India. como de un ave de presa. y hasta he sido presentado al general Vandeleur. -Si come usted aquí. Este es su hermano John. Leyó con gran interés las novelas hasta una hora avanzada pero. no descubrió lo que debe hacerse con un diamante robado. ¡Reconocerlos. El viejo John Vandeleur era de una gran fortaleza y se le veía habituado a los más arduos ejercicios. el príncipe de Bohemia. de duro trabajo y tendría la habilidad para dividir el Diamante del Rajá y la astucia para venderlo con provecho. o la infamia. como de casi todos los demás. con la cara cruzada por un sablazo. -Con la novedad de sus preguntas -dijo el caballero y. Los demás comensales se habían retirado humildemente a las esquinas del salón. ¿Nunca ha oído hablar de su duelo con el duque de Val d'Orge? ¿De sus heroicidades y atrocidades cuando fue dictador del Paraguay? ¿De la habilidad con que recuperó las joyas de sir Samuel Levi? ¿O de sus servicios durante la rebelión. Su amigo estaba en lo cierto: imposible no reconocer a los dos personajes. pero algo había de todo eso en su persona. carecía por completo de método didáctico. todo su aspecto revelaba al hombre de acción decidido. despertó con el sol de la mañana.había estado esperando a John Vandeleur cuando Simon se dirigió a él la noche anterior. Preparó jovialmente su equipaje. y no expuesta con toda sobriedad. y el profundo sablazo que le marcaba la nariz y la sien. Le molestaba. de repente. Sin duda el príncipe Florizel. donde lo dejó en la consigna. ¡Cielos! -exclamó-. el señor Rolles tuvo la sorpresa de reconocer al caballero que le había aconsejado la lectura de Gaboriau. En su acompañante. la mayor autoridad en piedras preciosas y uno de los diplomáticos más ingeniosos de Europa. ni de un marino. ni de un hombre que se pasa la vida a caballo. a pesar de mil dificultades. prosiguió su análisis de la Fortnightly Review. -Pero ¿cómo reconocerles? -¡Reconocerles! El príncipe es el más cumplido caballero de Europa. era miembro honorario. además. si bien encontró muchas ideas nuevas. O mucho me equivoco o podrá oír una conversación interesante. y lo tendrá delante. -He oído hablar del príncipe -dijo el señor Rolles-. admirado y respetado por todos. Sus rasgos eran firmes y aquilinas. -Ese sí que era un hombre -se dijo-. o tal vez años. pues Jack Vandeleur tiene títulos prodigiosos para ambas cosas. y su abundante cabellera blanca. -¿Cómo? -quiso saber el señor Rolles. En cuanto a Jack Vandeleur. ¿No es ésa la lección? ¿Acaso debo aprender yo mismo a cortar diamantes? Tuvo la impresión de que había dejado atrás. Ese día la policía cerró la casa del señor Raeburn. servicios que el Gobierno aprovechó pero que no se atreve a reconocer? Me hace usted preguntarme qué es la fama. tendrá usted la oportunidad de ver a dos de los hombres más destacables de Inglaterra: el príncipe Florizel de Bohemia y el viejo Jack Vandeleur. Se acordó de que conocía en Edimburgo a un joyero. algo que era resultado y expresión de muchos hábitos y habilidades. la única persona del mundo que tiene aspecto de rey.

dejando a la distinguida pareja en cierto aislamiento. Tanto estudiar había alterado un poco los nervios del joven. Su Alteza podrá imaginar mi discrepancia. sino tan sólo para decir que el diamante es suyo durante uno o dos años. y uno al centro. como un dios. la mano abierta se cerraba en un puño para golpear la mesa. la voz sonaba fuerte y escandalosa. ni un amigo al que no traicionaría de buena gana. que tengo muchos deberes y privilegios propios. Thomas o John. Yo mismo. Efectivamente. un terreno común. -Hablo por motivos de interés público -siguió diciendo Florizel-. por el contrario. Respecto a usted. El dictador se permitía brutalidades en sus palabras y sus gestos. Las joyas tan valiosas debían estar reservadas a la colección de un príncipe o al tesoro de una gran nación. Dejarlas en manos de hombres vulgares es poner precio a la cabeza de la virtud. no creo que exista en el mundo un crimen que no estaría dispuesto a cometer. Una puerta corrediza separa el lavabo del resto de los compartimientos. Si el dictador decidía hacerle una visita durante la noche. Ahora. -Es verdad -dijo Vandeleur-. yo mismo. ni para disfrutar más o ser más respetado. No hay honradez lo bastante fuerte para esa prueba. seguido por varios mozos de estación. que acostumbraba a viajar de la manera más lujosa. he perseguido ballenas y tigres: el diamante es la primera de las presas. El príncipe. para los pasajeros. no sé si tiene familia. Uno de los Vandeleur. El señor Rolles miró el reloj y se dio cuenta de que también él debía irse. parecía un modelo de suave y dócil educación. todo el coche es. el menor de sus movimientos. ¿para qué? No para ser más rico. señor Vandeleur. tengo gran instinto y mucha experiencia. -Estará usted muy cómodo -le dijo el encargado al subir al tren-. pero como no está provista de llaves ni cerrojos. hubiese deseado ver a cualquier otra persona: era el viejo John Vandeleur. cuando vio al otro pasajero que subía al coche. al hombre que hablaba con tanto atrevimiento de sus propias aventuras y peligros. Los coches-cama de la línea del Norte están divididos en tres compartimientos. Acabaron por hablar de los recientes robos y del Diamante del Rajá.quería vengarse de los europeos. en todo caso. -Siendo yo un Vandeleur -respondió el dictador-. era con tal prudencia que pasaba inadvertida entre las demás cosas que decía. pues hubiera deseado no ver más al cazador de diamantes. desde hombres y mujeres hasta mosquitos. la conversación resultó nueva para sus oídos de estudioso. eran aún más interesantes que los propios hechos. digo que sacrificaría a sus hijos. En ese instante el camarero vino a avisarle al señor Vandeleur que el coche de alquiler que había solicitado esperaba en la puerta. El joven eclesiástico. -No entiendo lo que quiere usted decir -dijo el príncipe con cierto tono de desprecio. hasta su muerte. y el señor Rolles estaba enseñando su billete. las formas de cada uno correspondían a sus papeles en la conversación. apenas si podría tocar ese cristal aturdidor y sentirme seguro. el ex dictador. Si el rajá de Kashgar -entiendo que es un príncipe muy culto. si al actor temerario o al profundo conocedor de la vida. entró decididamente y fue a sentarse en la mesa de al lado. con lavabos y otros servicios. es la única recompensa suficiente para el ardor de la caza. todos somos apóstoles. si relataba una de sus experiencias personales. Dos formas de experiencia se ofrecían juntas al señor Rolles. en la práctica. -No lo creo así -respondió el dictador. la coincidencia le produjo una impresión viva y molesta. parecía conocerlo todo y no haber sufrido nada. y si la tiene. Pedro o Pablo. a quien no detenía ningún temor. he buceado en busca de coral. echándose a reír-. que no sabía a quién admirar más. -Ese diamante estaría mejor en el fondo del mar -observó el príncipe Florizel. conozco cada una de las mejores gemas de la colección de mi hermano como un pastor conoce sus ovejas. estoy sobre una pista. ¡que me caiga muerto si no recobro hasta la última piedra! -Sir Thomas Vandeleur tendrá muchas razones para agradecérselo -observó el príncipe. dos a los extremos. no le quedaba otra salida que . o al hombre que. le hubiera sido complicado encontrar un modo más eficaz que enviarnos esa manzana de la discordia. El señor Rolles estudió la situación y se dio cuenta de que se hallaba desvalido. El ex dictador del Paraguay contaba con experiencias en muchos lugares del mundo. y abrir de cuando en cuando la caja fuerte y mirarlo como se mira un cuadro. cazador de diamantes por gusto y por profesión. y el príncipe hacía comentarios que. ya lo supone Su Alteza. en esta ocasión había hecho una reserva en el coche-cama. Casi era la hora de partir. Tiene hermosura y valor. He cazado muchas cosas. No hay nadie más en el compartimiento y sólo un caballero de edad al otro extremo. la más leve inflexión de su voz pesaban más que todos los gestos y pantomimas de su compañero. para un hombre de pensamiento.

que impedía sus movimientos. a su vez. Despertó en la penumbra que atenuaba apenas la lamparilla de noche. en una mano tenía la manga de su abrigo de piel de foca y en la otra un cuchillo extraordinario. con el que acababa de cortar el forro de la manga. cualquiera fuese la postura que adoptara. Todo fue inútil: le acosaban media docena de ansiedades distintas. sino a observar. y por fin se abrió unas veinte pulgadas. escondió el diamante en el bolsillo más secreto de sus ropas y se encomendó con devoción al cuidado de la Providencia. y en ese caso. posiblemente. con que los enfermos experimentados atraen el sueño. no las tenía todas consigo. el tener los oídos tapados y el ruido del tren habían hecho que no le sintiera acercarse. John Vandeleur tenía puesta una gorra de viaje con las orejeras bajas. tardó unos segundos en recuperar el dominio de sí mismo y. El dictador no había venido a atacarle. era demasiado grande. La mayor parte de los diamantes eran pequeños y no se distinguían entre sí por la forma ni por el . La puerta corrediza que daba al lavabo se movió ligeramente. era tan vulnerable a un ataque como si estuviese en medio del campo. nada podía oír por encima del ruido del tren. Recordaba haber leído en alguna parte que existen personas peculiarmente dotadas para detectar la presencia de metales preciosos. Se puso el sombrero sobre la frente para escudarse de la luz y recurrió a los métodos habituales. Durante un rato intentó vencer su influencia. siguió absorto en su peculiar tarea. pues le habían atormentado sueños intranquilos. decidió acostarse un poco y cerrar los ojos. como contar hasta mil o tratar de no pensar en nada. desde la puerta. Había pasado del extremo de pánico a una audacia temeraria. con los ojos clavados en la puerta del lavabo y el cerebro poseído por una violenta agitación. Su último pensamiento fue para su aterrador vecino. antes de que el tren pasara por York. Se quedó clavado en el sitio. pero sentía cada vez más sueño y. entró al lavabo y se detuvo a escuchar. y aun a grandes distancias. se quedó despierto. El señor Rolles había leído de gentes que llevan dinero en el cinturón. Se dice que son capaces de sentir el oro a través de las paredes. El tren seguía su curso tan rápidamente como siempre y casi había alcanzado la mitad del camino cuando el sueño empezó a triunfar sobre la intranquilidad en el pecho del señor Rolles. aunque seguía viendo a su visitante. Pensó que el bullicio del tren sería suficiente para ahogar todos los ruidos y decidió. el joven eclesiástico vio caer uno tras otro varios diamantes relucientes en la caja. Se incorporó invadido por un gran pánico. sucediera lo que sucediera. el diamante que guardaba en el bolsillo se volvió una verdadera incomodidad física. su actitud no era la de un hombre que amenaza a otro. sin detenerse un instante. puso la mano en la puerta y la hizo correr con cuidado unas seis pulgadas. Ahora había puesto los ojos en algo todavía más extraño. una vez que se hubo asegurado. Se sintió un poco alarmado pensando en las palabras presuntuosas que oyera a su compañero de viaje en el comedor y en los actos de inmoralidad que el príncipe había aguantado con repugnancia. sino la de alguien que se siente amenazado. Apartó a un lado la manta. Mientras tomó todas las precauciones posibles. ¿quién podía poseer esa sensibilidad trascendental sino el hombre que se ufanaba con el título de Cazador de Diamantes? El señor Rolles sabía que de ese hombre podía temerlo todo y deseó ardientemente que llegara cuanto antes el día siguiente. se volvió en el acto a su compartimiento. Se dio cuenta de la mirada fija del dictador en la propia cara y el instinto de conservación le hizo contener la respiración. pero no se imaginaba cómo podían ser estos artefactos. pues John Vandeleur llevaba piedras preciosas en la manga del abrigo y.aceptarla. Se preguntó si no podía suceder lo mismo con las piedras preciosas. le quemaba. cuando volvió a acostarse. La lámpara del lavabo había quedado encendida. Se durmió inmediatamente. luego un poco más. la cabeza se retiró y la puerta del lavabo volvió a cerrarse. Pasado un momento. si el señor Rolles le tenía miedo. evitar el menor movimiento y entrecerrar los ojos. El clérigo se levantó de un salto. sin apartar la vista de la insólita escena. ya le fue imposible volver a dormir. no tenía ningún modo de hacerse fuerte. parecía que él. devolver la visita que había recibido. A sus pies había una caja de cartón. por el ruido y el movimiento se dio cuenta de que el tren mantenía su velocidad. Lo que vio hizo que no pudiera contener una exclamación de sorpresa. y el señor Rolles pudo ver asomarse la cabeza del señor Vandeleur y distinguir en ella un gesto de profunda atención. Como había pensado. Lo cierto es que no levantó la cabeza sino que. En ésas estaba cuando sucedió un curioso incidente. Debía haber venido para comprobar que su compañero de viaje dormía y. le lastimaba las costillas. el viejo al otro lado del coche asumía las formas más alarmantes y. durante fracciones infinitesimales de segundo estuvo varias veces a punto de lanzarlo por la ventana.

Durante medio minuto los dos hombres se miraron sin decir nada. probablemente sin mayor habilidad. pero que sea o no el último de los idiotas es algo que aún está por verse. le pediré que tenga la bondad de aclararme un detalle. y esto me dio la esperanza. Para comenzar. Por otro lado.brillo. Para alguien con sus conocimientos tan particulares. No fue mucho tiempo. Todo se explica por mi poca experiencia de la vida. -Fue una vez de su hermano -añadió. -He tenido el placer de observar -prosiguió el joven. -Usted perdone -dijo.que los dos tenemos piedras de la misma colección. ninguno de los dos podía denunciar al otro. era de esos hombres capaces de pensar rápido en las situaciones peligrosas. El dictador estaba tan involucrado en el asunto como él. -Me gustaría creerle -dijo Vandeleur. Creo. No volveré a decir mientras viva una sola palabra contra el clero. de que podría usted ser. Cubrió instintivamente la caja con el abrigo. -¿Qué quiere usted aquí? -Me intereso por los diamantes -respondió el señor Rolles con perfecta compostura-. Lo siento. pero fue el primero en romper el silencio. Los aficionados deben conocerse. perderé una cantidad que podría pagarle a usted por su generosa ayuda. que estoy en una situación nueva. pero sólo tras numerosas maniobras logró extraer de la manga una gran tiara de diamantes. abrió los ojos enormemente y dejó caer la mandíbula inferior con un pasmo que estaba al borde de la ira. -Muy sencillo -respondió el eclesiástico-. pues la reconoció como parte del tesoro que un vago había robado a Harry Hartley en medio de la calle. que depositó en la caja con las demás joyas. de la situación. -Lo siento -dijo Vandeleur-. El asunto es delicado de abordar y quizá me ha faltado tacto. su rostro se contrajo en un gesto de pasión siniestro y mortal. y por cierto que en los beneficios. y tomó al momento una decisión de lo más atrevida. y como por la angustia anterior se le había cerrado el pecho y secado la garganta. y con su gran experiencia. Empiezo a darme cuenta de que me hago viejo. Y diciendo esto sacó tranquilamente el estuche del bolsillo. mientras que para mí resulta imposible. un eclesiástico -contestó el señor Rolles. desde el momento en que lo encontró en el jardín de Raeburn hasta que subió en Londres al expreso de Escocia. Debo suponer que hay alguna razón para la extraordinaria imprudencia de lo que está haciendo. -Me halaga usted -dijo el señor Rolles. joven. en la cual no sé de qué forma comportarme. era igual que la descrita por el detective: había visto las estrellas de rubíes y la gran esmeralda al centro. efectivamente. Y el señor Rolles le relató entonces toda la historia de su relación con el Diamante del Rajá. La tiara fue para el señor Rolles un rayo de luz. El señor Rolles sintió un gran alivio. La alegría hizo que se le escapara un suspiro. confío en que no la juzgará infundada. Tengo aquí una pequeñez que tal vez sirva de presentación. que podría haberle casado o . Me permito recordarle. pienso que si corto el diamante. El dictador estaba abrumado de sorpresa. John Vandeleur seguía mirándole con aire casi doloroso de estupefacción. comprendió que ponía su vida en el tablero. No es usted un cobarde. El señor Vandeleur levantó la vista. después del suspiro se puso a toser. No podía equivocarse. la negociación del diamante no será nada difícil. El dictador se estremeció ligeramente y cuando pudo contestar la voz era ronca. Agregó un breve esbozo de sus ideas y sentimientos durante el viaje y terminó con estas palabras: -Al reconocer la tiara comprendí que nuestra actitud ante la sociedad era la misma. los crecientes entrelazados. De repente pareció que el dictador se encontró con una dificultad: empezó a utilizar ambas manos y pareció aumentar su concentración. sin embargo. y confieso mi curiosidad por conocerla. No estoy de ninguna manera preparado para pequeños contratiempos como éste. sin vanidad de mi parte. -¡Bueno! -exclamó el otro-. las dos piedras en forma de pera que colgaban a los lados y que daban un peculiar valor a la tiara de lady Vandeleur. -Mil perdones -dijo-. en cierto sentido. o es usted un clérigo? -Soy. Durante unos momentos permanecieron en silencio y sin moverse. Pero acláreme algo: ¿estoy equivocado. mi asociado en las dificultades. mostró el Diamante del Rajá al dictador durante un instante y volvió a guardarlo. pero el suficiente para el señor Rolles.

en Edimburgo. ¡Alégrese usted. Historia de la casa de las persianas verdes Un empleado del Banco de Escocia. Francis. deseaba pagarle a Francis una pensión anual de quinientas libras. que también debían permanecer anónimos. dos circunstancias poco habituales que le hicieron acceder a la petición con tanta mayor rapidez. -La primera condición -siguió diciendo. tocaba la flauta para distraer a su padre. pero cada uno tiene sus propias aptitudes y esta clase de negociación no es de las cosas que sé hacer bien. eso es todo. llamado Francis Scrymgeour. Lamento y condeno tales prácticas. Al mismo tiempo. nunca he conocido a nadie con tan poca vergüenza. que era de temperamento dócil y cariñoso. nuestro autor árabe detiene la «Historia del joven eclesiástico». y aunque yo me he encontrado con toda clase de pícaros en las distintas partes del mundo. pero creo que se halla usted muy bien dotado para la vida criminal. me olvidaba de decir. lo recordará usted. donde vivo. En ocasiones. -Son dos -respondió el abogado-. que hemos recibido sobre su persona. Tiene usted más aptitudes de lo que cree. le hizo estudiar en una escuela excelente y le inculcó en casa costumbres ordenadas y sobrias. Un día recibió una carta de una prestigiosa firma de abogados. pocos más serviciales y trabajadores que Francis Scrymgeour. todos los años. alguna cena familiar y. en contra de todos los cánones del corazón. La carta llevaba la inscripción «privada y confidencial» y le había sido enviada al banco y no a su propia casa. No tardó en lograr el favor de sus superiores y ganaba unas doscientas libras al año. 3. un viaje de quince días por las montañas de Escocia o por el continente. En este punto. las condiciones no son deshonrosas ni excesivas -dijo el abogado-. al final de su carrera. el caso es por completo ajeno a nuestra práctica usual y sin duda le hubiera rechazado. que por fin ha dado con la profesión que le conviene! Respecto a ayudarle. puede venir conmigo. me es imposible ocultarle que resultan de lo más insólitas. por las noches. donde encontrará el desenlace de las aventuras del señor Rolles. me pongo por completo a su disposición. -Como ya he aclarado en dos ocasiones. El miembro más antiguo del bufete. Se le pide que asista a la representación en el asiento que se le ha obsequiado. Pocos jóvenes más satisfechos. Una persona. pero debo seguir a mi original y remito al lector a la siguiente parte del relato. señor Rolles. por el interés que siento por usted en vista de los muchos informes favorables. hombre honrado y sensato. pero de quien tenía todas las razones para pensar bien -una persona. . sólo dos. le recibió gravemente y. -No quiero halagarle -respondió Vandeleur-. El dinero se hallaría bajo el control del estudio del abogado y de otros dos administradores. Debo ocuparme en Edimburgo de un pequeño asunto en relación con mi hermano. al día siguiente vuelvo a París. en suma. Creo que antes de terminar el mes podré dar a su pequeño asunto un final satisfactorio. -No se imagina usted mi inquietud ante esas condiciones -dijo. había llegado a los veinticinco años de una vida provechosa. de cierta posición-. a no ser por el buen nombre del caballero que nos lo encarga y. pasó a explicarle el asunto en cuestión con las expresiones escogidas de un viejo profesional. Francis quiso saber cuáles eran esas condiciones.es muy sencilla. Si usted quiere. Su madre falleció siendo él muy pequeño. acabado de leer el periódico. con probabilidades de llegar. se atrevía a pensar. Debe usted estar en París la tarde del domingo quince. señor Scrymgeour. pidiéndole que les hiciera una visita lo antes posible. cuyo nombre no podía desvelar. supo aprovechar esas oportunidades y luego se entregó por entero a su trabajo. Repitió estas últimas palabras con fuerza. la «Historia de la casa de las persianas verdes». tras invitarle a tomar asiento. La donación se hallaba sujeta a dos condiciones pero. cuyas cualidades le inspiraban gran respeto. es de quinientas libras al año. como si no quisiera comprometerse a nada más. permítame usted añadir.bautizado a usted de manera muy aceptable. y la suma. apacible y valiosa. En la taquilla de la Comedie Française le estará esperando una entrada comprada a su nombre. libre de impuestos. Más aún. libre de impuestos. Francis le rogó que fuese más claro. y no dudo que merecidos. Sus principales entretenimientos consistían en un paseo los sábados por la tarde. su nuevo cliente no encontraría en ellas nada de excesivo o deshonroso. pero su padre. hombre de costumbres muy severas. Y el abogado levantó las cejas con solemne satisfacción. al doble de esa suma.

El departamento de Scotland Street le pareció mediocre. para ello contrató a un maestro que le daría dos clases por semana. no puede adivinarlo. Si usted no lo sabe. la tarde del sábado. negra o blanca. que en realidad no es su padre. -No sé nada -dijo el abogado-..-Hubiera preferido un día de semana -dijo Francis-. empezó a despreciar los intereses estrechos y poco románticos de su vida anterior y. Ante esta duda me dirijo a usted para pedirle información. por una vez. Mi cliente. después de una noticia tan desconcertante. si usted quiere. ¿Debo casarme con cualquier mujer. El abogado elogió su sensatez y Francis. cojo ahora mismo mi sombrero y me vuelvo al banco por donde he venido. no me lo pensaría un momento. una vez que tomó su decisión. Creo que soy una persona exigente. Los dos rieron amablemente. tomaré nota ahora mismo y le contestaré en la primera oportunidad. desde un comienzo. entiende usted -repitió. el empleado sacó un sobre en el que aún estaba fresca la tinta de las señas. Mientras no vea más claro. Esta noche sabrá qué decisión he tomado. se hospedó en un hotel modesto frecuentado por ingleses e italianos y se dedicó a perfeccionar sus conocimientos de la lengua francesa. excusándose en el banco con cualquier pretexto. -Señor -dijo Francis-. Fue suficiente que dijera una palabra al abogado y recibió al momento un cheque por los dos últimos trimestres. pues la pensión corría a partir de principios de enero. Tengo que conocer el fondo del asunto. siguió caminando animado por una nueva sensación de fuerza y libertad. conozco hasta la última idea que le cruza por la cabeza y el último penique de su fortuna. mientras no sepa de un motivo concreto. el resultado no estuvo en duda. y tuvo la impresión de que borraba así el reproche de los años pasados. pero en un caso como éste. mi estimado señor -añadió el abogado en tono tranquilizador-. soltera o viuda. que se interesa mucho por su bienestar. Una sensación agradable de su propia importancia le hizo ser muy prudente pero. usted casi había cumplido un año y no hacía tres meses que se hallaba a su cuidado. No pudo sino confesarle al abogado su total confusión. personalmente creo que es quien hace los ofrecimientos que tengo encargo de transmitirle. piensa aconsejarle cuando llegue la hora de casarse y quiere que siga usted su consejo de una manera absoluta. es su padre y nadie más. -La otra condición es más importante -continuó el hombre de leyes-. fue a dar un largo paseo por el campo a fin de estudiar a fondo los diversos aspectos y posibilidades del caso. Todo su lado material tendía de manera irresistible a aceptar las quinientas libras y cumplir las extrañas peticiones exigidas. que hasta entonces nunca le había molestado. Cuando él y su esposa llegaron a Edimburgo. mientras le nacían en el pecho alegres esperanzas. aún está por comprobarse si todo este asunto no es el engaño más escandaloso. No me refiero al señor Scrymgeour. Al día siguiente. o no tiene autoridad para decírmelo. Mi padre es una persona responsable. pero esa es la verdad.. trabó conversación con gentes que se paseaban por los Champs Elysées y fue todas las noches al teatro. tratándose de ir a París. que me proponga esta persona invisible? -Tengo encargo de garantizarle que su benefactor velará por que la joven elegida sea de edad y posición social adecuadas -dijo el abogado-. Por fin. Absoluta. en fin. donde llegó antes de la fecha señalada. En esa ciudad. se descubrió en el corazón una repugnancia invencible por el nombre Scrymgeour. se me hará muy duro aceptar el trato. tiene usted que darme unas horas para pensarlo. El secreto estuvo bien oculto. pero puedo hacer una suposición que creo excelente. se dirigió a la taquilla del teatro en la rue de Riehelieu. estoy a punto de decir: increíbles. con el cheque en el bolsillo. la verdad es que no se me había ocurrido y no lo pregunté. En cuanto a la raza. -¡Mi padre! -exclamó Francis con tono del mayor desprecio-. por favor -contestó Francis-. Se trata de su boda. Regresó a pie a su casa. Su padre es una persona desconocida y le repito que. . por primera vez sus narices se rebelaron contra el olor de la cocina. Renovó su vestuario según la última moda y se acostumbró a hacerse peinar y afeitar cada mañana por el barbero de una calle vecina. se dirigió hacia París. -En París. que parece tan disparatado. pero. -Sea más concreto. Sería imposible exagerar el asombro de Francis Scrymgeour ante una revelación tan inesperada. observó pequeñas imperfecciones en los modales de su padre adoptivo que le llenaron de sorpresa y casi de repugnancia. Esto le dio cierto aire extranjero. -No entiende usted bien mis palabras. Con sólo decir su nombre. -Señor -le dijo-. El origen de este asunto. Los detalles son inexplicables.

Yo tampoco he venido a discutir la palabra exacta. Y si no quiere usted esperar. el viejo señor Scrymgeour.y me doy cuenta que tiene usted todas las razones para engañarme y ni una sola para portarse con honradez. Como lo había previsto. -Con lo que le adelanto. a la caza del diamante. usted quiere el diamante para sí: lo sabe muy bien y no se atreve a negarlo. mantuvo su presencia de ánimo y no perdió ni un minuto en seguir al dictador. por Dios. Pero la mía será definitiva. Sobre los muros. pues sin duda estaba a punto de escuchar la voz de su padre. Sin embargo. Imposible no reconocer a una persona así. con paso tan rápido y arrebatado que no se le ocurrió mirar atrás ni una sola vez hasta que llegó a la puerta de su casa. -No le van bien las amenazas -dijo Vandeleur-. Si continua molestándome. soy yo quien le organizará una pequeña sorpresa. Le aseguro que estoy haciendo todo lo que puedo. ni siquiera medio segundo. son demasiado turbios para darse esos aires. desapareció dentro de la casa. En el bulevar exterior dos hombres discutían acaloradamente. ¿Me entiende o quiere que se lo repita en hebreo? Todo tiene su límite y ha agotado usted mi paciencia. el otro correspondía hasta el último detalle a la descripción hecha por el empleado del teatro. El caballero se marchaba lleno de ira. ni un día ni una hora antes. decidió dar un paseo para calmar su nerviosismo. tras abrir la puerta. Vivía en lo alto de la rue Lepic. y antes o después se apoderará de él. Había a la vista más de un caballero de pelo blanco pero. No me ponga nervioso o le prometo una sorpresa. mientras su compañero se quedaba en el sitio. la delicadeza esperanzada con que se sentara en el banco no había tardado en volverse desprecio y desánimo. conversaban en inglés. señor Rolles. aunque no es usted nada para mí? ¿No vive usted a mi costa? -Con lo que usted me adelanta. y la policía está al corriente. Rolles -decía el de más edad-. con tantas jeremiadas. a todos les faltaba el sablazo en la cara. y buen viaje. Sus sentimientos habían sido heridos. con vista sobre París. señor Vandeleur -rectificó el otro. acaso. fuerte y bien plantado. Se lo digo seriamente: esto se tiene que acabar. -Empiezo a conocer el mundo -respondió Rolles. El martes a las siete. aunque le cueste la vida. no por buena voluntad.-La entrada la compraron hace un instante -dijo el empleado. puede irse al mismísimo infierno. vestido de paisano pero con un aire clerical imposible de ocultar. Confíe en mí o déjeme en paz y busque a otra persona. que ha utilizado mi nombre. fue a sentarse detrás de los dos caballeros. si prefiere. Todas las ventanas que daban a la calle estaban cerradas. por pura buena voluntad. con la cicatriz de un sablazo que le cruza la cara. que ha entrado a registrar mi habitación mientras yo me hallaba ausente? Comprendo perfectamente la razón de sus demoras: se mantiene usted alerta. La escena había sido para Francis el colmo de la sorpresa y el horror. -No puede haber ido muy lejos. No estamos aquí para discutir cuál es la palabra exacta. en París. ¿No es verdad. Por casualidad llegó a la rue Drouot y luego a la rue des Martyrs. Diciendo estas palabras el dictador se levantó del banco y se marchó en dirección de Montmartre. y el azar le valió más que toda la sensatez del mundo. en una casa de dos plantas con persianas y postigos verdes. sentados en un banco. moviendo la cabeza y agitando el bastón con gesto furioso. pues el hecho de haber estado a un paso de encontrarse con el hombre que. Los negocios son los negocios y los suyos. . pero acabemos de una vez. -¡Hombre! ¿Y se puede saber quién la compró? -Claro que sí. demasiado distraídos en su conversación para reparar en lo que ocurría a su alrededor. cuando se les acercó. -Sus sospechas comienzan a incomodarme. protegidos por hierros puntiagudos. Francis sintió que el corazón le golpeaba en el pecho. Es usted muy amable. asomaban sus copas los árboles del jardín. Durante casi media hora recorrió las calles vecinas hasta que. de pelo canoso. si usted lo dice -respondió Vandeleur en tono irritado-. Mi hermano está aquí. nadie dispone de millones en un abrir y cerrar de ojos. permítame que se lo recuerde. le había alterado mucho. dando un gran rodeo. No es usted el único que puede hacerlas. era el autor de sus días. Es fácil describir a su amigo: un hombre mayor. se decía. en actitud de profundo decaimiento. no lo dudaba. dándose cuenta de que era un disparate seguir buscando. ¿Acaso no le ayudado. en el aire puro de las alturas. y por interés. -Por supuesto -dijo Francis-. Uno de ellos era un joven moreno y bien parecido. Si se da usted prisa podrá alcanzarle. mientras pensaba estas cosas. era un padre mucho más digno y cordial que este intrigante peligroso y agresivo. El dictador se detuvo un instante mientras buscaba la llave en sus bolsillos y. Francis no se lo hizo repetir: salió corriendo del teatro y se paró en medio de la calle a mirar en todas direcciones.

aunque Francis lograba ver. por su expresión de preocupación. le parecía entregado a una meditación profunda y quizá difícil. como los que hay en las tiendas. que no se atrevía a levantar para no llamar la atención. Le pareció. Entró a preguntar y sucedió que. muy temprano (no tardó en despertarse después de una mala noche. Antes de que pasaran dos minutos había vuelto a entrar en la casa. se dirigió a la galería y se perdió de vista. descubrió muy poco que le permitiera adivinar el modo de ser de sus vecinos. acompañando a la casa a un individuo del más indigno y despreciable aspecto. pues no tenía silla ni mesa en la habitación. cuyas frondosas ramas daban sombra a dos mesas rústicas en las que se podía comer en pleno verano. No vaciló un momento: alquiló el cuarto. Se abrieron las persianas. comprobó que debía adoptar otra explicación. Sólo mucho más tarde sucedió algo que vino a recompensar su constante vigilancia. la pista que seguía podía o no ser el buena. Luego se repitió el ruido de cerrojos y trancas. ahora. cuando se abrió la puerta y una muchacha vino al jardín. El viejo de la cicatriz podía ser o no ser su padre. De vez en cuando se ponía de pie y echaba un vistazo a la casa de las persianas verdes. se enrollaron por un procedimiento parecido. donde estuvo un momento mirando a su alrededor. justamente. A partir de aquel momento los modales alarmantes y la . A la mañana siguiente. que todos los dormitorios debían estar del otro lado. sino que sus ánimos mejoraron en un grado aún más notable. que pasó acostado en el suelo). pero estaba seguro de haberse tropezado con un misterio fantástico y se prometió que no se detendría hasta resolverlo. Entre las nueve y las diez estaba medio dormido. por lo que podía ver. Todas las persianas. y Francis vio al dictador. Francis. vestido de una amplia bata de terciopelo negro y un gorro de lo mismo que salía de la galería y avanzaba lentamente hasta la puerta del jardín. sin embargo. El jardín era conventual. y dejaron a la vista unos postigos de acero. en el jardín. volvió a mirar.Francis miró a su alrededor: el barrio era solitario. Al pasar frente a la entrada principal observó un letrero anunciando que se alquilaban habitaciones sin amueblar por meses. dejando la luz en una de las mesas rústicas. un camino de grava que iba de la puerta del jardín a una galería. tras poner el libro sobre la maleta. una a una. entre las mesas y la casa. Al cabo de ese tiempo el señor Vandeleur. la casa tenía un aspecto de prisión. linterna en mano. pero Francis había visto bastante para convencerse de que era una persona con los más asombrosos encantos. y por su forma de fruncir los labios. estaban cerradas. Y tirando el cigarro. iluminado por el sol de la tarde. Casi había terminado el cigarro cuando se oyó la voz de una muchacha que le comunicaba la hora desde el interior de la casa -Ahora mismo -respondió John Vandeleur. terminó de fumar tranquilamente su cigarro bajo el castaño. que le divisaba entre las hojas. Media hora más tarde el visitante volvió a ser conducido a la calle y el señor Vandeleur. Francis se había comprado una versión francesa de la Geometría de Euclides. cuando le despertó el tintineo agudo de una campanilla. No sólo quedó su curiosidad muy avivada por el suceso. Fue a su observatorio a tiempo para oír el ruido de cerrojos que se descorrían y trancas que se retiraban. Para no estar sin hacer nada y dar un poco de color a los días que debía pasar en la ciudad. por medio de un mecanismo pulsado desde el interior. Una espesa vegetación tapaba casi completamente el suelo. que se dedicó a copiar y traducir. y luego estos postigos. a primera vista. y vio al señor Vandeleur. Debajo de la ventana había un castaño muy hermoso. con la espalda apoyada en la pared. la casa estaba aislada en medio del jardín. y vio que la casa de al lado tenía un tejado de dos aguas que daba sobre el jardín. y en el tejado una ventana. con sus propias manos. volvió a bajar los postigos y cerrar las persianas desde el interior. que su observación finalizaba aquí sin más remedio. pero las ventanas seguían completamente cerradas y el jardín solitario. la casa quedó en una completa oscuridad. se sentó a trabajar en el suelo. Sólo una modesta bocanada de humo de una única chimenea revelaba que había alguien en casa. pagó por adelantado y volvió al hotel para traer su equipaje. y ese poco sólo le hizo pensar en la reserva y el gusto por la soledad. recogió la linterna. se alquilaba el cuarto cuya ventana se abría encima del jardín del dictador. a su vez. le veía aspirar a fondo el humo o arrojar la ceniza al suelo. Francis no distinguía el más mínimo destello de luz detrás de las persianas y concluyó. con gran cordura. a la luz indecisa de la linterna. Todavía estaba admirándose Francis de tanta cautela. no había nadie. Oculto detrás de sus persianas. En cuanto cerró la puerta. y durante casi una hora las habitaciones quedaron abiertas al aire de la mañana. así como la puerta de la galería. Desde la ventana de su nuevo apartamento se veía todo el jardín de la casa de las persianas verdes.

Su horror se acrecentó cuando. sedas. quizá. La sangre le corrió por las arterias y las venas con rapidez insólita. dueño de una gran fortuna y muy excéntrico en sus gustos y costumbres. Lo normal era que siguiese su ejemplo y. a pesar de su desconocimiento. y es curioso cómo la hace trabajar. Con todas sus riquezas. Avanzaba con gran lentitud. o fingiendo atender a lo que sucedía en escena. si querían. -Me acabo de acordar -le dijo-. encogiéndose de hombros-. pero no tenía ninguna duda de que se trataba de un ángel en forma humana. ¿Cómo saberlo? La casa está más protegida que una guarnición. y el instinto le dijo que el palco a su derecha tenía relación. -Algo debe usted saber -insistió Francis-. y los gestos de los actores de lo más molestos y absurdos. le correspondía un papel. pues iba detrás de un anciano que se movía muy lentamente y respiraba afanosamente. Más aún. de blanco que era se volvió rojo en sus manos. le zumbaron los oídos. No seré yo quien se lo pueda decir. Vivían con él mademoiselle y una vieja sirvienta. la escena le pareció a una enorme distancia. El señor Vandeleur ha viajado por todo el mundo. mientras dudaba entre tantas posibilidades. y una vez le oí decir a la vieja que había traído consigo muchos diamantes. y para protegerlas había instalado postigos de acero y complicados cerrojos. Como había sido elegida especialmente su posición debía tener importancia. No recibía visitas. sino que estaba condenado a permanecer inmóvil en su lugar y a sufrir su ansiedad impotente. evitarían todo examen de su parte. al parecer. -¿Y las colecciones? -Son de incalculable valor. En la casa vecina residía un caballero inglés. abatido. por ser su hermana o su mujer. por tener el valor de llevarse los gemelos a los ojos y examinar su actitud y su expresión! Posiblemente su vida entera se estaba decidiendo en el palco y él no podía participar. tuvo una visión de su pasada existencia tranquila de empleado de banco y le invadió una sensación de . al hacerlo. aunque se le veía de vez en cuando con algunas extrañas compañías con quienes. No se atrevía a mirar por no levantar sospechas. sus ocupantes podían observarle sin dificultad del comienzo al final de la pieza mientras que. sólo pudo darle pocas informaciones. habrá cosas dignas de verse detrás de esos postigos. el programa. Desde que llegó el señor Vandeleur no hay en el barrio una sola persona que haya cruzado su puerta. Francis logró con dificultad contener su emoción: eran el señor Vandeleur y su hija. -Sí. ¿Qué debía hacer? ¿Acaso dirigirse a los Vandeleur por su nombre al pasar junto a ellos? ¿Quitarse la flor del ojal y arrojarla al palco? ¿Levantar la cara y dirigir una mirada larga y afectuosa a la joven que era su hermana o su prometida? Repentinamente. de repente. Todo su cuerpo se estremeció y vio todos los colores del arco iris. que leía de principio a fin una vez y otra vez. así como los hierros puntiagudos que se veían sobre los muros del jardín. va de compras al mercado. resultaba no sólo normal. sino inevitable. a quien preguntó. La joven acabaría. Francis. Se prometió no perderle de vista ni un momento y. tuvo la seguridad de que sus ojos se encontraban con los de la muchacha. que pasara frente al palco. empezó a salir de la sala con los ojos bajos. sentándose en el fondo. con el drama en que. volviéndose hacia el resto del teatro. como usted ve. por lo menos una vez. que le sonaron de lo más sospechosas y llenas de misterio. posiblemente sean zanahorias -contestó el portero. recurriendo a todo su valor. ni siquiera enterarse del debate. Mademoiselle es la hija de la casa. regresaba a su habitación cuando el portero le llamó de vuelta.vida tan confusa de su padre dejaron de preocuparlo y abrazó con entusiasmo a su nueva familia. ¿Qué son esas famosas colecciones? ¿Cuadros. Su asiento era el segundo o tercero a partir de la izquierda. El segundo acto estaba avanzado y casi tocaba a su final cuando se abrió la puerta del palco y entraron dos personas que permanecieron en la parte más oscura. Francis se encontró desde temprano en el lugar que le había sido reservado en el teatro. -¿Mademoiselle es la hija? -preguntó Francis. El portero. señor -respondió el portero-. siguió mirando de reojo el palco vacío. Y ya Francis. y cuando levantó la vista. Si eso es verdad. De tanto en tanto se atrevía a echar un vistazo en la dirección que más le interesaba y. estatuas. joyas o qué? -Ah. comprendió que era muy poco lo que en verdad sabía. delante de uno de los palcos bajos. sintió un comienzo de mareo. Más no le puedo decir. Guardaba en la casa grandes colecciones. tenía negocios. ¡Qué no hubiera dado por escuchar la conversación de los Vandeleur. y la verá usted pasar con el cesto en el brazo todos los días de la semana. Finalmente cayó el telón y quienes le rodeaban se levantaron de sus asientos para salir durante el entreacto. y que al seguir al señor Vandeleur hasta su casa bien podía haberse equivocado de persona. El domingo. de alguna manera. señor.

sólo el nombre de mi padre. en una casa vecina. Si no lo puedo saber. Al día siguiente por la mañana fue a esperar a la señorita Vandeleur en el camino al mercado y a las ocho en punto la vio venir calle abajo. -Lo cierto es que nunca he oído hablar del general Vandeleur -dijo Francis-. Hasta el cesto de la compra. señorita Vandeleur. -Dígame al menos que perdona usted mi atrevimiento y esperaré con toda la paciencia de que soy capaz. sólo entonces se dio cuenta de que. sí! Sí que lo sabe. Mientras él se aproximaba con tanta lentitud. Ayúdeme un poco con mi vida. el señor Vandeleur y su hija habían desaparecido discretamente. y quedaré agradecido y satisfecho. Le sorprendió descubrir que sentía un agudo dolor de cabeza y que no recordaba nada de los dos actos que acababa de ver. si quiere. ni siquiera si debía hacer algo. -Es el hombre que perdió el gran diamante de la India. pero en el porte de la cabeza y el cuerpo algo había de flexible y de noble que bastaba para dar distinción a las ropas más humildes. Y con estas palabras continuó su camino. y yo no tengo nada que perdonarle. -Señorita Vandeleur -dijo. un general. Vestía sencillamente y hasta de manera pobre. que llevaba colgado del brazo con tanta gracia. -¿Tiene que ser adiós? -preguntó Francis. un pájaro estaba cantando en su jaula. quién es usted. Compartimos muchas cosas y yo estoy que no vivo. -¡Mire usted! -le dijo al joven-. reanudó la marcha nuevamente con movimientos mecánicos. Por lo demás. se convertía en un adorno. Pero. Para entonces había llegado ante el palco y aunque no sabía todavía qué hacer. Podría hacer mucho y me veo con las manos atadas. escondido en un portal. fue tras ella y la llamó. Aunque sea cruel. ni quiénes son mis amigos ni mis enemigos. aparte de asistir al regreso de la señorita Vandeleur y al encuentro de ella y su padre. sólo una palabra o dos para guiarme. cuando cesó el agobio. que fumaba un cigarro de Trichinopoli. volvió la cabeza y levantó la vista. Eso es justamente lo que quiero que me diga. A medida que pasaba la excitación empezó a invadirle un sueño abrumador. Créame que lo hago por necesidad y no por voluntad propia. . señorita Vandeleur -respondió Francis-. Dios sabe que no era mi intención asustarla. no vio ninguna cosa que le llamara la atención en los alrededores de la casa de las persianas verdes antes de la comida del mediodía. Ella tuvo que hacer un esfuerzo para contestarle. Alguien detrás suyo le hizo notar de buenas formas que estaba entorpeciendo el paso. y el portero de Francis fumaba una pipa reclinado contra la puerta. La dejó pasar delante del portal. dígame quién soy yo. al ver quién era. -No lo sé -contestó ella-. que está aquí de visita.nostalgia por el pasado. Dígame lo que sabe. No sé ni siquiera lo que debo sentir. me parece que podré aguantar. -Lo que ha hecho usted es natural -dijo ella-. absorto en la contemplación del criado y el caballo. se puso mortalmente pálida. pero no se lo puedo decir. Adiós. No bien lo hizo. -Perdóneme. Ella giró y. tuvo la sensación de que el sol la venía siguiendo y las sombras se apartaban a su paso. se detuvo un momento y el aire fresco de la noche no tardó en hacerle recuperar sus facultades. Es un hombre importante en su país. por favor -siguió diciendo Francis-. cómo se encuentran nuestros destinos. sin duda le conoce usted de oídas. pues no lo sabré. Sé quién es usted. sin oponer resistencia a la multitud. Sabe mejor que yo quien soy. Esa mañana avanzó muy poco en su Euclides y pasó más tiempo en la ventana que en su improvisado escritorio. Un mozo de librea hacía pasear a un caballo de silla junto al muro del jardín. Francis regresó a su habitación poseído de una gran emoción. Salió a aplacar su apetito en un restaurante próximo y regresó a la casa de la rue Lepic con la presteza que da la curiosidad insatisfecha. se le escapó un grito de decepción y quedó clavado en el sitio. Hay muchos generales en el ejército y mis actividades han sido exclusivamente civiles. Eso sí lo habrá leído en los periódicos. que acabó por sacarle del teatro. si quiere. Adiós de momento. Una vez en la calle. Francis. no tiene motivos para asustarse con la presencia de alguien que siente por usted tanta simpatía como yo. -Yo no le conozco a usted -le dijo. -No quiero mentirle -dijo ella-. -¡Ah. por encima de todas las cosas. llamó a un coche y se hizo conducir a su casa en un estado de extremo cansancio y más bien harto de la vida. ¡Qué bello animal! Y el mozo ¡qué bien arreglado! Son del hermano del señor Vandeleur. Pero no quisiera la pena de pensar que me he convertido en enemigo de usted.

el dictador descorchó él mismo una botella de vino añejo. subió corriendo a los altos y se asomó a la ventana. varias veces llegó a sus oídos el nombre de Scrymgeour. fácil de distinguir. Habían saboreado uno tras otro varios platos y luego. ¡He terminado con ella para siempre! No quiero oír su nombre. debía estar contando historias divertidas. al lado del dictador.En cuanto Francis se quitó de encima al portero. y su risa sonó despiadada y hasta diabólica a oídos de Francis Scrymgeour. Por los gestos que hacía. Con sólo oírla nombrar me pongo enfermo. Lanzó un juramento y golpeó la mesa con el puño. Un momento después se habían sentado a la mesa y Francis pudo ver y oír muy poco de lo que sucedía. -¡Francis Vandeleur! -gritaba. con un movimiento que era mitad de afirmación y mitad de desdén. -¿Mi mujer? -decía a gritos-. el dictador debió calmarlo con actitud paternal. que traía una gran sopera. Finalmente el general. Mientras que se acercaba la hora de cenar se hicieron muchos preparativos en la casa de las persianas verdes. John Vandeleur se echó a reír a carcajadas. El dictador. estalló en exclamaciones violentas. y esta vez . más pequeño y de apariencia más común. que debía contentarse con roer un mendrugo. de la que apenas distinguía Francis destellos del mantel blanco y los cubiertos de plata. y creyó oír con frecuencia aún mayor su primer nombre. sin embargo. Por último apareció la señorita Vandeleur. dialogando y fumando un cigarro. de modo que Francis sólo lograba escuchar una o dos palabras de vez en cuando. La cena parecía de lo más divertida. pero era más viejo. sin viento. por las modulaciones de la voz y los cambios de tono. En el claro que dejaban las hojas del castaño vio a los dos caballeros. También llegaba luz de la puerta y la ventana de la galería. de modo que el jardín se hallaba bastante iluminado y las hojas relucían en la penumbra. atendidos por uno de los invitados. tenía cierto parecido con su hermano. quizá llegaría al corazón del misterio que rodeaba a su padre y a su familia. con un poco de buena suerte. El señor Rolles corrió a ofrecerle su ayuda. aunque muy poco. Debía ser la décima vez que la señorita Vandeleur entraba en la casa. La mesa que Francis alcanzaba a ver entre las hojas del castaño debía usarse para el servicio y la preparación de ensaladas. casi completamente oculta. De esta forma transcurrió otro día y el joven había sacado muy poco en limpio. -Así estaremos más tranquilos -dijo el señor Vandeleur. se parecía a él como una caricatura al original y. todo podía salir bien o mal. te digo! El dictador se inclinó. hablaba poco y en voz baja. Al oscurecer encendieron una lámpara en la mesa de la cena y un par de velas en la otra. parecía de muy buen humor. un hombre de cara congestionada y aspecto militar. por su parte. los tres bromearon sobre esta manera tan primitiva de cenar. y su risa juvenil y agradable resonaba a cada momento en el jardín. como muy enfadado. El señor Rolles llegó muy puntual. con un cielo estrellado. Recordaba. inclinándose sobre la mesa con actitud interesada. Se despidieron con un apretón de manos y con expresiones de afecto pero. y luego tuvo la impresión de que los interlocutores disentían otra vez. de su aire desenvuelto y poderoso. pero el joven no consiguió oír lo que decía. Hablaban en voz baja. El general. pues el general volvió a levantar la voz en tono de cólera. se hubiera dicho un ser pobre y enclenque. que estaban sentados. en cuanto cerró la puerta tras su visitante. y poco después le acompañó hasta la puerta del jardín. La noche estaba completamente despejada. Lo poco que oía le fue suficiente para darse cuenta de que hablaban de él y de su carrera. el rumor de voces y el tintineo de cubiertos que llegaba desde bajo el castaño era incesante y Francis. insistiendo en la última palabra-. antes de que él y el joven clérigo hubiesen acabado el aperitivo. que al día siguiente era martes y se prometió hacer algunas averiguaciones curiosas. ¡Francis Vandeleur. pero al menos estaba seguro de descubrir cosas interesantes y. Francis. a la hora exacta. toda sensación de recelo había desaparecido y conversaban como un par de antiguos compañeros de escuela. e imitando los acentos de muchos países. casi las mismas facciones y algo. de una ilusión de su propia presunción y alelamiento? Durante un rato no pudo escuchar lo que decían. que ella rechazó entre risas. los invitados se sentarían en otra mesa. cuando llegó la hora de servir un postre delicado. ¿Acaso era él mismo ese Francis Vandeleur? ¿Estaban discutiendo el nombre que debía usar para casarse? ¿O todo no pasaba de un sueño. sintió envidia de la magnífica comida de que daban cuenta los demás tan grata y pausadamente. tenía aire desconfiado.

Un momento después. si la cosa iba en serio. con rapidez de prestidigitador. Un momento después se había arrodillado frente al señor Vandeleur. Está tan bien como yo. en la ventana. Luego.habrá llegado nuestro famoso judío. -Antes de que tomemos el café -dijo. se inclinaba por esto último. Para su sorpresa. Hubo una nueva pausa y el dictador habló otra vez. De repente oyó una copa que se hacía pedazos y luego un ruido ahogado. -Soy tu padre -dijo el señor Vandeleur. ¿Estaba vivo o muerto? Francis. Pasaron varios minutos. cerró los ojos y se lanzó. a cada paso la cabeza le caía a un lado. . sentía el corazón que le latía apresurado e irregular. -¿Qué le has hecho? -gritaba la señorita Vandeleur-. Sentimientos generosos le inundaron el corazón. Mientras. Permanecer sin hacer nada en ese trance. -¿Me oyes? -siguió diciendo el dictador en el mismo tono-. se colgó a las barras del postigo. Tuvo la sensación de que la conversación se debilitaba y disminuía en vivacidad y volumen. en medio del espeso follaje del castaño. una más fuerte se le enganchó bajo un brazo y durante un segundo se vio colgando en el aire. Francis. Si fuera más joven me enfrentaría a todo el mundo. apenas si tuvo tiempo comprender lo que hacía antes de que estuviera hecho. fue sufrir torturas indecibles. -Es un crimen -respondió la muchacha. aún riéndose. vertió el contenido de un frasco en la más pequeña. pero no sabía cómo hacerlo. Cógele de los talones. Tengo que arrastrarle a la casa. Sin parar de hablar por encima del hombro. el señor Vandeleur. En un pequeño gabinete cubierto de esteras. En ese momento se elevó del jardín un grito agudo y desgarrador. a quienes creía en el más grave peligro. -Cógele de los talones. Francis descubrió que su horror ante la víctima desaparecía. le pareció que el dictador retiraba algo del pecho del clérigo. a la luz de las velas. Había sido testigo de que se tramaba algo malo y se sentía obligado a intervenir. una gran calamidad se había desplomado sobre los habitantes de la casa de las persianas verdes. Estas afirmación pareció surtir su efecto. con los brazos abiertos. se irguió al llegar Francis. Francis escuchó el ruido de algo pesado arrastrado por el camino de grava y luego una silla que caía al suelo. se pudo soltar y cayó pesadamente sobre la mesa. Un grito de alarma llegado de la casa le indicó que su llegada no pasaba inadvertida. Podía tratarse de una broma. que puso en la mesa de servicio. que estaba inclinado sobre el cuerpo del señor Rolles. y con tal conflicto de sentimientos llenándose el pecho. pero no advertía ningún signo de que ocurriese algo alarmante o notable. Sería imposible describir la turbación y la angustia de Francis Scrymgeour. a pesar de las palabras del dictador. rodeado de vitrinas con objetos raros y curiosos. que se atrevía a ofrecer una aviso inútil? O. mientras yo le sujeto por los hombros. -El café es cosa mía -le oyó decir Francis. después vio al padre y la hija avanzar con dificultad hacia la galería. frente a la compasión que sentía por la muchacha y el viejo. el destino y la justicia: levantando las persianas. cosa de un segundo. El joven clérigo estaba muy pálido y con los miembros relajados. le miraba un instante brevísimo mientras lo sostenía en la mano y con la misma rapidez lo entregaba a su hija. -¡Silencio! -dijo el señor Vandeleur-. ¡Está muerto! El dictador contestó en un susurro. volvía a la mesa con una taza en cada mano. oyó con toda claridad cada una de sus palabras. Un gran crimen se había cometido. luego. pero los años y los peligros me han aflojado las manos y debo pedirte ayuda. como de una persona que cae hacia adelante y golpea la mesa con la cabeza. Ya el señor Vandeleur. sí. vio a su supuesto padre de pie junto a la mesa de servicio. el cuerpo empapado de sudor. o quieres pelearte conmigo? Elige ahora mismo. que le miraba a la cara. Cruzó el jardín con tres grandes saltos y se detuvo ante la puerta de la galería. y entonces ¿cómo quedaría él. Todo sucedió mientras Francis tenía aún un pie en el umbral y el otro en el aire. tan violento y sibilante que Francis. en un abrir y cerrar de ojos. el señor Vandeleur sirvió dos tazas de café y luego. las ramas se le escapaban de las manos o las iba quebrando con su peso. el criminal podía ser su propio padre y ¿cómo no habría de pesarle denunciar al autor de sus días? Por primera vez tuvo conciencia de su situación de espía. también él ayudaría a su padre contra los hombres y la humanidad. Francis escuchó que la señorita Vandeleur estaba en llanto. sosteniendo por los hombros y las rodillas el cuerpo yermo del señor Rolles. El señor Vandeleur se levantó de su asiento.volvió con la bandeja de café.

Lamento lo mal que le han tratado.-¡Padre! -gritó-. ¿no es cierto? -¡Ay! -contestó ella-. -¡Ah. Ya ha escuchado a mi padre. Sí que lo quisiera. dirigiéndose al joven. Creo que usted es valiente y honrado. tan idiota y presumido como para proponer una unión entre usted y esta joven. La primera respuesta del dictador fue una lamentable explosión de insultos. ¡Déjame ayudarte! Haré lo que me pidas sin una sola pregunta. créame que lo considero con tanta compasión como estima. pedí una oportunidad para conocerle mejor. y Francis se convenció de que sólo se hallaba drogado. Hubiera desaparecido de ser esto posible. El tono del viejo era. señor Scrymgeour. lanzó un sollozo de angustia. Si no estuviera tan ocupado -añadió el dictador. ya entiendo! -dijo-. Yo no siento por usted ninguna repugnancia. de ser posible. nada más. Ella hizo girar la llave y abrió la puerta. Puesto que le aprecia usted tanto. -Si se lo doy. aún más hiriente que sus palabras. -Padre -dijo-. -Señor Scrymgeour -dijo la muchacha. El señor Vandeleur se inclinó sobre el clérigo y le examinó el rostro. -Muchas gracias -dijo Francis. La joven se detuvo con la mano en la llave. usted es el bastardo de mi hermano y de una pescadera. No debe usted creer las expresiones tan duras de mi padre. y no podía sino aguardar tontamente en el mismo sitio. Hace dos noches ella lo supo y me complace decirle que rechazó la idea con repugnancia. pero no sabía cómo salir de la casa a la que entrara en tan mala hora. A mí no me inspira más que una indiferencia. a importunarme con sus ruegos. por lo contrario. Entonces el señor Vandeleur pareció reconocerle y se echó a reír. pero ahora tendrá siempre un matiz agradable. Le aconsejo que reflexione en todo esto a su tiempo. Es Scrymgeour. me recuerdas algunas cuantas observaciones que debo hacerle. frío e insoportable. poniendo la vela en el suelo. por fuerza o quizá por fraude. al señor Scrymgeour. pero lo ha hecho con las mejores intenciones. -He dicho lo que sentía-respondió ella-. -Entonces déme un recuerdo -dijo Francis. -¿Padre e hijo? -vociferaba-. le daría tal paliza que no le dejaría un solo hueso sano. Muy bien. . ¿Qué puedo hacer sino obedecerle? -Dígame al menos que no es por su propia voluntad. Se lo agradezco con toda el alma. ¿me promete hacer todo lo que le diga al pie de la letra? -¿Me lo pregunta? Basta que me lo diga usted. la señorita Vandeleur intervino en su favor. -Te lo agradezco -dijo el dictador-. Ha entrado usted en mi residencia privada. -¡Vamos. Francis escuchaba estas palabras con profunda humillación.. Quiero decir que volveré a verla. -Así es.ha sido tan idiota como para otorgarle una pensión. hablas con cólera. Para que lo sepa. ahora le ruego que me libre de su presencia. levantando la cabeza-. -Una palabra más -dijo Francis-. coja una vela y acompañe a este bastardo hasta la puerta. sorprendido y avergonzado. su situación. pero sin ser invitado de mi parte. por mi honor. Permítame añadir que tengo mucha influencia con su padre. Es hora de poner fin a todo esto. ya había quitado todas las barras y cerrojos y no le quedaba sino abrir la puerta. En cuanto a lo sucedido esta noche. en pocas palabras. descorrió los cerrojos. Esta no será la última vez. se incorporó y guardó silencio. cuando un huésped se acaba de desmayar en la mesa. Mi hermano -prosiguió. Permítame explicarle. en tono claro y firme-. en el momento menos propicio.. vamos! -dijo. Trátame como a un hijo y hallarás en mí la devoción de un hijo. señorita Vandeleur. y de que el narcótico empezaba a perder sus efectos. En ese momento el señor Rolles movió convulsivamente un brazo. y si antes de que acabe la semana no vuelve a su trabajo. La joven se apresuró a obedecer. con un atroz juramento-. casi aversión. le hago justicia. Una vez más. La señorita Vandeleur rompió el silencio. Habían llegado a la puerta del jardín y la señorita Vandeleur. No es usted hijo mío. y ahora que observo su conducta creo que es usted exactamente lo que aparenta. Francis se vio expuesto a un desprecio cruel. El señor Scrymgeour se ha equivocado. Ha sido la noche más amarga de mi vida. y que no será culpa mía si se queda usted sin un centavo. ¿Hijo y padre? ¿Qué significa esta comedia? ¿Qué hace usted en mi jardín? ¿Qué quiere? ¿Quién es usted. Te obedeceré con la vida. sentía que le daba vueltas la cabeza y. y que si por usted fuera volveríamos a vernos. se cubrió el rostro con las manos. tan pronto se encontraron solos en el jardín-. por Dios? Francis.

. otro transeúnte hizo lo propio. Era demasiado tarde o demasiado temprano para la mayoría de los clientes del establecimiento. a esperar que pasara el primer impulso de la persecución. todavía envuelto en un pañuelo. después de un vago forcejeo. esperando el momento oportuno para liberarse con un gesto de audacia. no deje de estar alerta. y no podía imaginarse que la señorita Vandeleur tuviese aún algo que decirle. no regrese a esta casa. una boca abierta que le mascullaba al oído. aunque seguía poseído por una sensación de alarma y desconcierto. todas por hombres. pase lo que pase. En la primera tienda abierta se compró un sombrero barato. dejó el cuello del abrigo en manos del señor Vandeleur y se lanzó a toda velocidad en dirección de los bulevares. le empujó a la calle. una detonación no hubiese producido un alboroto mayor en el barrio desierto. como una bala de cañón. sin embargo. de las persianas verdes cuando un griterío infernal estalló de pronto en el silencio de la noche. con la cabeza descubierta y el pelo blanco en desorden. y marchó a buen paso hasta la plaza de la ópera. Creía haber tenido suficiente para una noche. al no encontrar huellas de su presa. sin pensar lo que hacía. sino en que sus ropas se habían desgarrado en el descenso para el castaño. Oiga lo que oiga. -Lo prometo -dijo Francis. entró en el Café Américain y pidió una cerveza. se dijo que el señor Vandeleur era dueño de una lengua verdaderamente viperina. entre los gritos que arrastraba el viento. Pero Francis carecía de experiencia en las pequeñas guerras de la vida privada. aunque en dirección opuesta. se disponía a poner su idea en ejecución cuando el dictador. Se sentía herido en cuerpo y alma: el cuerpo golpeado. su propio nombre mezclado con mil imprecaciones inglesas. pero no hay duda de que por el momento no debo acercármele. pero no podía oponerse a su adversario en fuerza ni en habilidad y. alumbrada de luces eléctricas. Francis. como una leona a la que quitan sus cachorros. No tengo idea de lo que le pasa. Pensar en sus golpes le hizo reparar en que no sólo iba por la calle sin sombrero. Francis oyó cerrar la puerta detrás suyo y el crujido de los cerrojos. No se hallaba ni a cincuenta pasos de la casa. El dictador. se mantuvo atento. como no fuese una conversación desagradable. al mismo tiempo. ni de por qué está tan furioso. obra de un solo hombre. El plan estaba mal pensado. una cara furiosa junto a la suya. hacia la casa de las persianas verdes. era mucho más rápido y no tardó en huir entre la multitud. Y siguió arrastrando al joven cuesta arriba. pero que así sea. «Me he librado por poco -se dijo Francis-. Durante un momento sintió alivio. Lo mejor que puedo hacer es seguir el consejo de la señorita Vandeleur. por lo menos -se dijo-. Huya tan pronto como pueda a barrios más transitados. y echó a correr en dirección a la rue Ravignan. -De eso hablaremos en casa -respondió el dictador con seño torvo. -¡Corra ahora! -le gritó. No muy lejos de la tienda sufrió un choque inesperado. -¿Qué quiere de mí? -le preguntó. Francis era robusto. Francis distinguió. Todo parecía.» Y girando a la derecha para seguir por los bulevares. «Esto. con una fuerza que él no hubiera imaginado. y se lanzó calle abajo. Prométame que ni siquiera echará un vistazo al recuerdo que le daré hasta no llegar a lugar seguro. En la sala había sólo dos o tres mesas ocupadas. Ella puso en la mano del joven algo envuelto flojamente en un pañuelo y. mientras su perseguidor iba por la misma calle. con sorpresa y con alarma. una mano que le asía de la garganta. Pero incluso allí. se entregó sin más resistencia. en las casas vecinas las gentes se asomaban a las ventanas. y mejoró un tanto su desarreglo indumentario. a decir verdad. y sus pocas aptitudes naturales no indicaban que hubiera hecho nada malo. luego recordó el consejo de la señorita Vandeleur y decidió acelerar aún más su carrera. en la flor de la juventud. ¡Puesto que lo he prometido!».» Giró sobre sus pasos y. pasó dando voces junto a él. «¡Vaya por Dios! -se dijo-. Guardó el recuerdo de la señorita Vandeleur. el alma asaetada. de alas anchas. que aullaba entre el dolor y la rabia. No sabe usted lo que me pide. y Francis estaba demasiado preocupado por sus asuntos como para prestarles atención. se dirigió a la rue Lepic.-Está bien -dijo-. que había dejado de forcejear. Pero Francis. le gustaría a la señorita Vandeleur. debiera haberse sentado en el café más próximo. Se detuvo. Su primer impulso fue regresar a la casa. en un bolsillo del pantalón. de modo que nada temía. Los papeles se habían ahora invertido: Si el dictador era más fuerte. De pronto dio un salto. había vuelto por otro camino. Corre un peligro mucho mayor de lo que imagina.

Por favor. y debe usted explicarme cómo ha llegado a su poder el Diamante del Rajá. -Soy hijo natural. No hay duda de que tiene el Diamante del Rajá en el bolsillo. Tiene usted el cuello del abrigo arrancado. que creo haberme vuelto loco o haber ido a parar a otro planeta. -¡El Diamante del Rajá! -repitió el joven como un eco. El objeto envuelto resultó ser un estuche de tafilete. pero ésa no es mi opinión. Había visto al señor Vandeleur coger algo del pecho de su visitante indefenso. Eso me interesa más de lo que puede usted suponer. No sabía que el general tuviese hijos. -Atienda -le contestó Francis-. Fue una reverencia respetuosa. le parecía tocar tierra firme. dándoles un sentido especial. y el valor de la piedra evidentemente tan enorme. a partir del día en que un abogado le escribió al banco pidiéndole una cita. -¡Camarero! -llamó. Al levantar la vista vio que un hombre todavía joven. y las gentes que encuentro se conducen de manera tan extraña. Levante el vaso. El hombre se inclinó gravemente. Y acto seguido hizo una breve reseña de sus aventuras. estoy seguro. Lo he visto y examinado muchas veces en la colección de sir Thomas Vandeleur. señor. Eso es. El camarero se acercó a la mesa. -¡No. notable -dijo el desconocido cuando el joven acabó su relato. dígame. Estoy en una situación de lo más extraña. como si brindáramos.era un estuche de tafilete. que Francis se quedó inmóvil observando el estuche abierto. en eso no estoy de acuerdo! -respondió Francis con vehemencia-. No sé quién es usted. me han ocurrido esta noche aventuras tan desconcertantes. sin saber bien por qué.y vuélvalo a su bolsillo donde. y sin embargo llena de autoridad. ¿por qué se dirige a mí de esta manera tan curiosa? -Todo a su tiempo -respondió el desconocido-. con broche y adornos dorados. No tengo ningún objeto robado. le dijo al oído estas palabras: -Cierre el estuche y cálmese. voy a contárselo todo. -Por amor de Dios -dijo Francis-. Su presencia le hacía bien. . por Dios. pero me parece alguien digno de confianza y dispuesto a ayudarme. de apariencia tranquila y elegante. -Cierre el estuche -dijo el desconocido. en la rue Lepic! -repitió el otro-. que se abrió al apretar un resorte para que el joven viera horrorizado un diamante de tamaño descomunal y extraordinario brillo. quizá perdonará mi curiosidad si le pregunto a qué se debe todo ello. ¿quién es usted y qué significa esto? No sé por qué tengo que obedecer a sus sugerencias tan insólitas. elimine de su rostro esa expresión de sorpresa y compórtese como si fuésemos conocidos que se encuentran por casualidad. de gran experiencia. ruborizándose. una sensación de respeto le llenaba el pecho y. -Veo que no todas sus aventuras han sido pacíficas -dijo el desconocido-. vestido con pulcra sencillez. como de un hombre que se disculpa en silencio ante uno de sus iguales y. y cómo es que lleva en el bolsillo un objeto robado que vale una fortuna. en la rue Lepic. señor. como ante un superior. a decir verdad. -¿Tiene una idea? -le preguntó el desconocido. como un hombre que de pronto se ha vuelto idiota. Primero preguntaré yo. pero. no debiera haber estado nunca. Me temo. la cara arañada y un corte en la sien. -¡La señorita Vandeleur.Sacó el pañuelo del bolsillo. -¡Sir Thomas Vandeleur! ¡El general! ¡Mi padre! -¿Su padre? -dijo el desconocido-. y sentado junto a Francis. necesito consejo y apoyo. El desconocido dijo estas últimas palabras sonrió. que es usted un aficionado. en verdad. sin pensarlo. Su rostro me inspira confianza. no hace ni una hora. -¡Cielos! -exclamó Francis. Si se refiere usted al diamante. Le ruego que continúe. Francis sintió alivio y consuelo. Las circunstancias eran tan inexplicables.y se halla usted en una situación difícil y peligrosa. De pronto su memoria dio un salto. y puesto que usted me invita. Muchos le aconsejarían que buscase a su padre y le diese el diamante. y lo que había visto -ahora estaba seguro. Una mano liviana pero firme le cogió del hombro y una voz serena. -Su historia es. -Si yo fuera usted no hablaría tan alto -dijo el otro-. me lo dio la señorita Vandeleur. parece usted un hombre de bien. luego se arrellanó en su asiento y aspiró con fruición una honda bocanada de su habano. se quitó el sombrero. prudente. Muy bien. señor -respondió Francis. sin ninguna idea consciente. se había levantado de una mesa vecina con su bebida.

salió con el joven del café y le llevó bulevar abajo. El clérigo se incorporó en el acto. El príncipe. señor -prosiguió. -Este coche está a su disposición -le dijo a Francis-. dio su sombrero al señor Vandeleur y su bastón al señor Rolles.-¿Quiere decirle al dueño del establecimiento que venga a hablar conmigo un instante? -dijo el desconocido. Siento haberle molestado por esta insignificancia. -¿A qué grata circunstancia debo el honor de la presencia de Su Alteza? -dijo el señor Vandeleur. señor Rolles. En él estaban sentados dos personas: la señorita Vandeleur. Sígame. Y le despidió con un gesto de la mano. -Perdone usted que le visite tan tarde. retrocediendo. es un desconsiderado .golpeaba a la puerta del jardín del señor Vandeleur. volviéndose a uno de los criados-. señor Scrymgeour. Quede usted tranquilo. un cocinero. una biblioteca bien provista. tiene usted el honor de compartir la mesa con Su Alteza el príncipe Florizel de Bohemia. donde podrá usted esperar con tranquilidad que yo haya tenido tiempo de arreglar su situación. y Francis volvió a notar. no podría sentirme más molesto con la recepción ni más insatisfecho con la compañía. pero si tiene el corazón en su lugar y una inteligencia clara. hasta donde aguardaba un coche discreto y dos criados sin librea. en la otra. por razones de negocios. entró y. Usted. ¿El señor Rolles. señorita Vandeleur -dijo Florizel-. El camarero se retiró y volvió poco después con el dueño. yo me ocupo de sus asuntos: con ayuda de Dios. el príncipe reconoció al joven que un mes antes le consultara sobre cuestiones literarias en el salón de fumar del club. a mi coche. Pero el joven eclesiástico. Sus sentimientos le han inspirado y acabará por agradecer las desventuras de esta noche.cuando su padre le haya reconocido y esté usted casado con la señorita Vandeleur. que había entrado detrás de su visitante. que se inclinó con grandes muestras de respeto. -Buenas noches.déme el diamante. permítame recordarle que aún no me he sentado. estoy seguro de llevarlos a buen fin. -Señor -dijo el dueño. el príncipe se puso en pie y. -¿Quién es usted? -preguntó. se limitó a hacer una ligera reverencia y siguió mordiéndose los labios. Un hombre. -Ha hecho bien -dijo Florizel-. en su tono y en sus modales. Francis balbuceó unas frases entrecortadas de agradecimiento. dirigiéndose al señor Rolles-. murmurando una excusa. -Hágame el favor de decirle mi nombre a este caballero -dijo el desconocido. parece usted algo fatigada. una bodega y unos cuantos buenos cigarros que le recomiendo. saldrá de ellas sin deshonor. como he dicho antes. no dudo que sabrá usted cuidar de mi amigo. -Su Alteza siempre es bienvenido -respondió el señor Vandeleur. Señor Rolles -agregó con tono de severidad-. Poco más allá hizo una seña a un coche de alquiler. si hubiese venido por mi gusto. ha oído usted lo que he dicho. mientras decía lo siguiente: -He venido aquí. le pediré al señor Rolles que me acompañe a dar un paseo. con los ojos enrojecidos de haber llorado. Tengo un asunto que tratar con usted. dirigiéndose al joven Scrymgeour-. fue hasta la casa y abrió la puerta del salón. si no me equivoco? Espero que haya estudiado usted con provecho las obras de Gaboriau. al hombre acostumbrado a mandar. por favor. El dictador en persona vino a abrirle con muchas precauciones. señor Vandeleur -dijo el príncipe. Recoja su equipaje lo antes posible y mis criados le llevarán a una villa en las afueras de París. El estuche cambió de manos sin una palabra. Cuando esté arreglado. Diciendo esto. -Vengo por negocios -respondió el príncipe-. demasiado amargado para decir nada. dirigiéndose una vez más al dueño-. como gente a su servicio. quien le ordenó sentarse. -¿En qué puedo servirle? -preguntó. -Muchas gracias -dijo Florizel. y los mantuvo de pie. puede verse en mil problemas. aprovechando el espacio libre que le dejaba. el príncipe tomó asiento en un sillón junto a la mesa. -Ya tendrá suficiente tiempo para darme las gracias -le dijo Florizel. -Y ahora -dijo el príncipe. Encontrará usted un hermoso jardín. Francis se incorporó de un salto e hizo una reverencia agradecida al príncipe. Jerôme -añadió. dejo al señor Scrymgeour a su cargo. sin detenerse. seguía sacudida de cuando en cuando por un sollozo. dio una dirección y un cuarto de hora más tarde -había despedido al cochero a cierta distancia. Y el príncipe se alejó caminando en dirección de Montmartre. tras dejar una moneda de oro al camarero. señalando a Francis.

Quien se arrepiente responde sólo ante Dios y no ante los príncipes. ¡ay!. Ya he dado mis órdenes. salió del apartamento y fue hacia la puerta del jardín. tenga usted buenas noches. He venido a hablar y no a escuchar. -Si no hay más remedio me someto -dijo el anciano-. pero en los malvados los años resultan más deshonrosos -dijo el príncipe-. Aquí (dice mi árabe) llega a su fin la narración de «La casa de las persianas verdes». -Es usted anciano. Además. Los habitantes de Bagdad conocen el último eslabón de la cadena con el nombre de «La aventura del príncipe Florizel y el detective». y hasta que puso los ojos en esa maldita piedra. Mucho hablaron mientras iban caminando. no por ello serían menos absolutas. señor. usted. -Su Alteza ha llamado al señor Scrymgeour su amigo -siguió diciendo el dictador-. Tras decir estas palabras. las virtudes de un sacerdote ni la categoría de un pícaro. -He arruinado mi vida -dijo por fin-. pero sabe muy bien que se ha conducido mal y no tiene las manos limpias. hizo un gesto de amenaza lleno de furia. Ahora que se ha humillado usted. señor -añadió con tono imperioso-. Créame que si hubiera sabido que tenía ese honor. No obstante. -Tiene usted mi permiso. dígame en dos palabras si está de acuerdo con mis condiciones. dirigiéndose a Vandeleur. La cuestión está entre su conciencia y las leyes de este país. En lo que a usted se refiere. no tiene sino que levantar la mano y será usted causa de su propia ruina. y más de una vez el clérigo se sintió conmovido hasta el alma por la mezcla de severidad y ternura de los reproches de Florizel. pero cuando el príncipe le volvió la espalda. dígame lo que debo hacer. hijo reconocido de su hermano. ¿Debo retirar o mantener la acusación? -Lo que usted quiera -respondió Florizel-. Me hará usted el favor de darle una dote no menor de diez mil libras.quiero decirle que entiendo muy bien sus amenazas. -¡Maldita. No me provoque o sabrá que soy más duro de lo que se imagina. que me permita un par de observaciones. y un momento después salió a hurtadillas de su casa y fue corriendo a la estación de coches de alquiler más cercana. dejo yo de dar órdenes -respondió el príncipe-. lamentablemente he denunciado al señor Scrymgeour a la policía. No deseo que se me interrumpa. déme mi bastón y sígame. inmediata e irremediable. señor Rolles. cuídese de que sea la última. Nada respondió el dictador. La aventura del príncipe Florizel y el detective El príncipe Florizel fue con el señor Rolles hasta la puerta del hotel donde éste se alojaba. Supongo -añadió. le habría tratado con el debido respeto. le encomendaré por escrito una misión de cierta importancia en Siam. Ayúdeme.que su silencio significa un asentimiento sin reservas. Una aventura más (agrega) y habremos terminado con El Diamante del Rajá. aunque no hubiese visto nunca a ese caballero antes de esta noche. -Se defiende usted con habilidad -dijo el príncipe-. es mejor que se marche a Australia. Su vejez es más terrible que la juventud de otros. -Su Alteza interpreta mis palabras con su sutileza de siempre -dijo Vandeleur-. Esta es la primera vez que me encuentra en su camino y suscita mi cólera. Florizel hizo al clérigo señal de que le siguiera. busque un trabajo manual al aire libre y trate de olvidar que fue una vez eclesiástico. Vandeleur. Y ahora. si quiere mi opinión. Pero le advierto que no será sin resistencia. pero de nada sirve.con una persona de rango superior al suyo. girándose en el umbral. con todo respeto. Su hija se casará lo antes posible en la Embajada con mi amigo el señor Francis Scrymgeour. le pediré que me oiga con respeto y que obedezca mis órdenes al pie de la letra. el dictador les seguía con una vela para alumbrar el camino y descorrió otra vez los complicados cerrojos que le protegían de toda intrusión.si le ruego. Señorita Vandeleur. exhibe una sonrisa. No tengo. -Su Alteza me perdonará -dijo el señor Vandeleur. acusándole de robo. 4. en efecto! ¿Dónde estará ahora? ¿Qué nuevos daños estará preparando para la gente? . -Ahora que su hija no está presente -dijo el príncipe. Déme mi sombrero y usted.

cuando la sacaba del bolsillo para mirarla a la luz de los faroles. Se trata de una mera formalidad o. Graves criados van de un lado a otro. aún indeciso. arrojándolo de una vez por todas lejos del alcance de los hombres: el problema era demasiado grave para decidirlo en un momento. Iba absorto en sus preocupaciones. . de tiempo en tiempo se abre la puerta y un carruaje cruza el arco de la entrada y sale a la calle. Usted no es sino un agente y debo perdonarle. hasta el último momento. estoy detenido. Observará usted que no hay orden de detención. Afirman que el famoso diamante está en poder de Su Alteza. se quedó un momento siguiendo con la mirada la figura que se alejaba e invocando la bendición del cielo sobre un hombre de tan excelente consejo. -Su Alteza -dijo el funcionario-. pensaba en su aventura como en algo sin importancia. inclinándose. El príncipe cogió la carta y la leyó a la luz de un farol. en el bolsillo. Florizel. una piedra maldita y. Durante varias horas el príncipe caminó en soledad por calles poco frecuentadas. La tengo aquí. le aseguro de que nada es ajeno a las intenciones del prefecto. si lo prefiere. a quien juzgaba indigno de tan rara posesión. Una cosa era indudable: no podía dar al detective las garantías que éste le pedía. -En suma -dijo Florizel-. Al oír el nombre de Vandeleur supo al instante la horrible verdad: no sólo estaba detenido. Las armas de Bohemia se hallan grabadas profundamente sobre la puerta principal y en las altas chimeneas. declarando ante mí que nada sabe del asunto. aunque es usted joven. -Ese es mi título -contestó el príncipe-. Debía ganar tiempo. por lo visto. una cigüeña. -Permítame que le estreche la mano -le rogó el señor Rolles. de un favor que Su Alteza hace a las autoridades. si devolverlo a su dueño. Si la sigo mirando empezaré a codiciarla yo también. La manera cómo la joya había caído en su poder era claramente providencial y. era la última víctima de su nefasta influencia. Permítame que le haga notar que es un asunto de cierta gravedad. esa noche divisó con verdadero alivio y satisfacción el alto tejado y las ventanas tenuemente iluminadas. Y esto -añadió bondadosamente. no sabía qué hacer con el diamante. pasa el día entero sobre el tejado y mantiene a un grupo de curiosos frente a la casa. -No -dijo el príncipe Florizel-. se dirigió a la mansión pequeña y elegante cercana al río que ha pertenecido durante siglos a su familia real.le probará que. -Y aun así. pero sus superiores pagarán caro estos abusos. el general Vandeleur y su hermano han tenido la osadía increíble de acusarle de robo. Por muchas razones esta residencia era grata al corazón del príncipe Florizel. que sólo podía volverse seria por consideraciones internacionales. su propio honor se hallaba en peligro. ¿Tiene una idea de qué puede impulsar un acto tan imprudente y anticonstitucional? Observe que aún no he aceptado ni rechazado su petición: mucho depende de que me responda leal y prontamente. ¿si me negara a seguirle? -No disimularé a Su Alteza que se me ha dado amplia capacidad de acción -respondió el detective. ¿Qué debía decir? ¿Qué hacer? El Diamante del Rajá había resultado. Todavía no. -Su Alteza-dijo el detective en tono de lo más comedido-. Se acercaba a una pequeña puerta lateral por la cual solía entrar siempre que venía solo. En ella se le pedía. la única de París. cuando el príncipe le dejó en la puerta del hotel. las gentes que pasan por la calle se asoman a un patio lleno de plantas y adornado con las flores más suntuosas. en efecto. sino que era culpable. -¿Tengo el honor de hablar con el príncipe Florizel de Bohemia? -le preguntó. cuando un hombre. se cruzó en su camino y le hizo una reverencia. que no se acercaba nunca a ella sin sentir esa sensación de vuelta al hogar tan rara en la vida de los grandes. con muchas disculpas. digo más: si Su Alteza se dignase honrar a un subalterno. que siguiera al portador hasta la prefectura sin demora alguna. «¡Dios me ayude! -se decía-. que había permanecido oculto en la sombra.-No hará más daño -dijo el príncipe-. le pediré permiso para retirarme en el acto. Se trataba de un asunto mucho más grave que una simple molestia.» Por último. tengo fe en su arrepentimiento. Una palabra suya negándolo bastará para satisfacer al prefecto. ¿Qué quiere usted? -Soy un detective y debo entregarle a Su Alteza esta nota del prefecto de policía. su tamaño y su asombroso resplandor le inclinaban a considerarla cada vez más un elemento maligno y un peligro para el mundo. o tomar una medida radical y valiente. Las palabras sonaron con elocuencia en los oídos del joven eclesiástico y. -¡Tanto descaro me deja perplejo! -exclamó Florizel-.

usted y yo podemos caminar por la ciudad con los corazones limpios. El militar tiene un hermano. a partir de ese momento. por extraño que pueda parecerle. por obra de un azar que no es importante para mi enseñanza moral. su santa vocación. un hombre astuto. que me he alegrado de seguir su ejemplo y de encomendarme a la gracia de Dios. Tampoco él puede resistir su encanto: todo lo abandona. las colecciones de un rajá de la India. Le diré. Quien rechaza un millón puede vender su honor por un imperio o el amor de una mujer. la piedra debe ser para él. que es la de un hombre sagaz y honesto.Había titubeado menos de un segundo. por encima de toda sospecha. -¡El cielo me proteja de esa tentación! -exclamó el detective. ¿Qué hace? ¿Se lo dice a su hermano. aterrado por lo que ve. Corriendo el riesgo de mancharse con una muerte. Y aquí la tiene usted -abriendo la mano de pronto. salvo las infinitas luces y el contorno de los edificios contra el cielo estrellado. -Hemos hablado de corrupción -dijo el príncipe-. y su acento me conmueve. la entrega a una persona de alto rango. la joya pasa a manos de otro que. La ciudad dormía. Al final acumuló una gran fortuna y se trajo consigo el diamante tan codiciado. lleno de tesoros y bellezas. -Pues bien -dijo-. -Un general -comenzó el príncipe Florizel-. marchemos juntos a la prefectura. »El jefe militar se llama Thomas Vandeleur -continuó Florizel-. el amor a su país. Dice usted la verdad. debido a esa costumbre buena y modesta. la amistad. El detective se sentía abrumado. Cae en manos de un joven sencillo y trabajador. -Acérquese usted -dijo el príncipe-. A un acto de sospecha responde con la más amable de las condescendencias. visitó. un lugar de prueba. yo mismo. El mundo es grande. -Me gusta su respuesta -le contestó el príncipe-. -Estoy a las órdenes de Su Alteza -dijo el detective. si no me equivoco. -Recordar los rostros es parte de mi profesión. La piedra es el Diamante del Rajá. por último. que le hablo. en una hora de gran peligro para su patria. Y ahora. provocaciones tan irresistibles a la fuerza de la virtud. tanto como de la suya -dijo Florizel-. Durante tres años sirvió al potentado semibárbaro como Jacob sirvió a Labán. En ellas vio un diamante de tamaño y belleza tan extraordinarios que. E imitando al príncipe. -Estamos en medio del puente -dijo Florizel-. -Para mí es un honor que Su Alteza recuerde mi rostro -respondió el otro-. tuvo un solo deseo en la vida: se sintió dispuesto a sacrificar el honor. esta joya de cristal .ante sus propios ojos. en cierto sentido. pero no le conocía sabio y piadoso. condenó y ejecutó a un compañero de armas que había tenido la desgracia de ofender al rajá con sus honestas pretensiones de libertad. atrevido e inescrupuloso. en efecto. y huye con la gema a un país extranjero. el príncipe y el detective sirven en el mismo ejército. Por eso. droga al joven eclesiástico y se apodera de su presa. toleró asesinatos. El hombre se inclinó una vez más y empezó a seguir a Florizel a una distancia respetuosa. »Pasan los años y al cabo pierde el diamante por accidente -siguió diciendo el príncipe-. -¿Cómo sabe usted que no trato de corromperle? -le preguntó Florizel. -Su Alteza devuelve bien por mal -dijo-. Permítame contarle una historia. sus estudios. sino también el respeto de los demás. Ambos luchamos contra el crimen. hubieran podido estar solos a la orilla de un río y en medio del campo. un hombre de valor y conducta intachables. Hace ocho años tuve el placer de entrevistarme con usted. que había ascendido por sus méritos a un rango eminente y ganado para sí no sólo la admiración. Bien mirado. he visto ocasiones tan tentadoras. se apoyó en el parapeto y se dispuso a escuchar. un erudito. -Siempre he oído decir que es usted un hombre valiente -respondió el detective-. Apóyese en el parapeto y mire hacia abajo. traicionó a sus propios hombres y permitió que fueran derrotados y muertos por millares. también es víctima del hechizo diabólico. con tal de poseer aquel trozo de cristal deslumbrante. las pasiones y complicaciones de la vida arrastran a la honradez de los débiles. Para mí. y no hay límite a las recompensas que puedan ofrecerse. Este mundo es. no es la primera vez que nos encontramos. en mala hora para su tranquilidad de espíritu. falseó fronteras. ambos pueden ser igualmente honorables para un hombre justo. Prefiero ir conversando y. Como esa agua que corre. le denuncia a la policía? No. que preferiría ser un detective honrado y capaz antes que un soberano débil e innoble. el prestigio.» El detective dio un paso atrás y lanzó un grito. un ministro de Dios que inicia una carrera provechosa y hasta distinguida. pero mi cargo es más lucrativo y el suyo más arriesgado. que se entera del secreto del clérigo.

por razones que permanecen misteriosas. digo yo! ¡Basta de sangre. estrictamente en privado. -¡Ah! ¿Su Alteza me corrompe. y las grandes operaciones de sondeo organizadas en el Sena para admiración y entretenimiento de ociosos. en enemistad y lucha. ante los crímenes y traiciones que inspiró a los hombres. durmiendo bajo una tienda de campaña y alimentándose de porridge. por enemigos frente a los cuales los dos ex amigos convertidos en rivales terminan siendo solidarios y aliados incluso en su rivalidad amorosa.reluciente es tan abominable como si estuviera entre los gusanos de la muerte. Pero la soledad de un misántropo no abre muchas posibilidades narrativas: el relato nace del hecho de que los jovenes misántropos o misóginos son dos. que Dios me perdone si cometo un mal. de vidas deshechas y amistades quebradas! Todo llega a su fin. ¿Qué ha hecho? ¡Me arruina usted! -Tengo la impresión -dijo el príncipe sonriendo. y de cómo su amistad se transforma. -¡Dios me perdone! -gritó el detective-. durante años y años ha servido fielmente a las potencias del mal. en un paisaje que evoca por sí mismo la soledad y la selvatiquez. misantropía que en un joven quiere decir sobre todo misoginia y que impulsa al protagonista a cabalgar solo por los brezales de Escocia. es probablemente el más apuesto estanquero de Londres. Poco tiempo después se celebró. -Amén -dijo Florizel gravemente-. mantiene detrás del mostrador un aire majestuoso. persona sublime. pero el imperio del diamante termina esta noche. y que Su Alteza ha abierto una tabaquería en Rupert Street. capaz de llevar a los dos a rivalizar en caballerosidad y altruismo.de que muchas personas adineradas que viven en esta ciudad podrán envidiarle su ruina. y me parece que Florizel es aún tan grande como en sus días de prosperidad. Yo mismo voy de cuando en cuando a fumarme un cigarro. En cuanto al príncipe. ha terminado su papel y. Ahora vamos a la prefectura. tan espantosa como si estuviera bruñida con sangre de inocentes. como resultado de sus constantes ausencias y de su magnífico descuido de los asuntos públicos. por un error de cálculo. fue a perderse en el fondo del río. Será pues una mujer amenazada por un peligro. puede ir a perderse dando vueltas y vueltas en el espacio. Podemos decir entonces que El pabellón en las dunas es la historia de la relación entre dos hombres que se asemejan. Si el lector insiste en recibir informaciones más concretas. y en su juego la baza es . Pero en las tradiciones novelescas la rivalidad entre dos hombres presupone una mujer. muy frecuentada por otros refugiados extranjeros. la imaginación vacila ante lo ocurrido en épocas remotas. Los hermanos Vandeleur oyeron rumores de lo sucedido con el diamante. que se esconden ambos. la boda de Francis Scrymgeour y la señorita Vandeleur. *** El PABELLÓN EN LAS DUNAS Prólogo El pabellón en las dunas (The pavilion on the links) es ante todo la historia de una misantropía: una misantropía juvenil. La veo brillar en mis manos y sé que resplandece con el fuego del demonio. el mal como el bien. Y una mujer que abra una brecha en el corazón de dos misóginos debe ser objeto de un amor exclusivo e incondicional. ¡Basta. describiendo un arco de luz. He dado muerte al basilisco. junto con el autor árabe. han elegido el otro brazo del río. y aunque la vida sedentaria empieza a hacer efecto en el ancho de sus chalecos. Hizo un movimiento brusco con la mano y la piedra preciosa. el príncipe Florizel fue el padrino del novio. Cierto es que. después de todo? -Parece que no quedaba otro remedio -respondió Florizel-. de deshonra. uno espiando al otro. vinculados por una común misantropía y misoginia. hecha de presunción y de selvatiquez. No le he contado sino una centésima parte de su historia. la peste como la música más hermosa. tengo el gusto de decirle que no hace mucho una revolución le arrojó del trono de Bohemia. Diremos entonces que El pabellón en las dunas es un gran juego del escondite jugado por adultos: los dos amigos se esconden y se espían entre sí. casi dos hermanos.

y llama «vuestro abuelo» al siniestro personaje que fuera el padre de ella. y más convincente y eficaz que los otros dos: los dos amigos-rivales. un motivo de cuento infantil transferido a la novela de aventuras. y que empieza apenas a precisarse en una contraposición ideológica: Northmour. el fuego encendido. después la entrada clandestina en la casa vacía. Finalmente triunfa el tercer motivo. como el mecanismo que asegura su poder sobre el lector. entre asedios. confía a sus hijos un secreto de familia: la forma en que conoció a la madre. están por conciencia de parte de los enemigos carbonarios.la mujer. ya muerta. su fascinación. el descubrimiento de la mesa puesta. lo incluyó en el volumen Las nuevas noches árabes. Stevenson ha conservado ese don: comienza con la sugestión de ese pabellón refinado que surge en la naturaleza agreste (de «estilo italiano»: ¿no es quizás ya un anuncio de la próxima intrusión de un elemento exótico y de extrañamiento?). para amenazar a sus personajes. gozan de la simpatía del autor. aliados para defender a Huddlestone por compromiso de honor. entra en lo vivo de la narración con la primera frase: «De joven yo era un gran solitario». en un juego en el que la baza es la vida de un cuarto personaje que no tiene otro papel que el de esconderse en un paisaje que parece hecho a propósito para esconderse y espiarse. Y además porque el hecho de que los carbonarios. campeón de las virtudes victorianas. tal vez primer esbozo de la historia de los hermanos-enemigos en El señor de Ballantrae. «la madre de mis hijos». Así pues El pabellón en las dunas es una historia resultante de un paisaje.. de una avaricia sórdida. El segundo es el relato sentimental. Y Stevenson. como suele suceder. según la tradición romántica inglesa. Pero para dar evidencia a un paisaje no hay mejor sistema que introducir en él un elemento extraño e incongruente. sin que aparezca alma viviente. y el más débil.. con la carga de dos personajes convencionales: la muchacha modelo de todas las virtudes y el padre en quiebra fraudulenta permanente. llama a la heroína «vuestra madre». y Cassilis. se alude a la heroína como «mi mujer» o bien por su nombre: . que no desaparece a pesar de la aproximativa yuxtaposición de diversos relatos que Stevenson emprende y deja caer. y tienen evidentemente razón contra el banquero odiado por todos. Stevenson publicó El pabellón en las dunas en la Cornhill Magazine. tiene más de uno-. De las dunas desoladas de la costa escocesa no puede nacer sino una historia de gentes que se esconden y se espían. asaltos de bandas rivales. Y por último porque estamos más que nunca poseídos por el espíritu del juego infantil. Entre las dos ediciones hay una diferencia visible: en la primera el relato figura como una carta testamento que un viejo progenitor. la del volumen. salidas. durante todo el texto el narrador se dirige a los lectores con el vocativo «mis queridos hijos». el de lo novelesco puro. La segunda versión. byroniano libre-pensador. en 1882. en los números de septiembre y octubre de 1880.es la misma que (aproximadamente en los mismos años) representaba el aproximarse de los piratas a la posada Admiral Benbow en La isla del tesoro. De éstos el más fuerte es sin duda el primero. dos años después. y se esconden y se espían los dos amigos y la mujer por un lado y los misteriosos enemigos por el otro. a pesar de ser hostiles y temibles. sintiendo acercarse la muerte. Mediante aproximaciones y alternativas he tratado de individualizar no tanto el núcleo secreto de este relato -que. El gran recurso de los niños es saber extraer todas las sugestiones y emociones del terreno de que disponen para sus juegos. las camas preparadas. el relato psicológico de la relación entre dos amigos-enemigos. hace aparecer entre los brezales y las arenas movedizas de Escocia nada menos que la tenebrosa sociedad secreta italiana de los carbonarios. hasta el sombrero negro que caracolea en las arenas movedizas. introduce en la compleja partida que se está jugando un contraste interno más. con sus negros sombreros en forma de terrón de azúcar. Triunfa por diversos motivos: porque la mano del Stevenson que representa con pocos trazos la presencia amenazadora de los carbonarios -desde el dedo que chirría en el vidrio mojado. con el tema que desde el siglo XIX hasta hoy no ha perdido efecto: el de la inasible conjuración que extiende sus tentáculos por todas partes.

Ridley restablece el texto en la versión de la revista Cornhill. cuya infamia. nuestros gustos eran tan semejantes que podíamos reunirnos sin violencia para ninguno de los dos. de las admoniciones a los hijos. Inseguridad en cierto modo connatural al juego del escondite con uno mismo de este relato de una infancia que uno quisiera prolongar aun sabiendo que ha terminado. por eso adopta la fórmula «mi esposa» en lugar de «vuestra madre» (salvo en un punto en que se olvida de corregir y hace un pequeño embrollo). Me sentía orgulloso de permanecer aislado y bastarme para mi entretenimiento. entonces da marcha atrás y vuelve a empezar la historia envolviéndola en una cortina humosa de afectos familiares. publica esta versión en la revista. Debería ser uno de esos cambios que implican un estilo completamente diferente. en cambio las correcciones son mínimas: la supresión del preámbulo.R. y al viejo como «su padre» o Huddlestone. en que el relato nace del corazón de un secreto familiar. y como él respetaba mi silencio y nunca me hacía preguntas y me dejaba ir y venir a mi gusto. mientras que el verdadero problema era el de hacer aceptar el fin atroz de un pariente sin el consuelo de cristiana sepultura. No nos ha parecido que debíamos seguirlo. pero ha comprendido que el mejor sistema para mantener a distancia el personaje femenino es darlo por conocido y envolverlo en un respeto reverencial. El cartácter violento de Northmour le hacía imposible tratar con alguien que no fuera yo. Northmour.Clara. El comienzo que el autor elegirá como definitivo es tan directo y tal su ímpetu que imagino más fácilmente a Stevenson atacando la escritura en ese tono seco y objetivo. Estas son conjeturas mías que sólo una investigación sobre los manuscritos permitiría confirmar o desmentir: de la comparación de las dos versiones impresas el único dato seguro que surge es la inseguridad del autor. insatisfecho de estas superposiciones afectadas. Solamente tenía un amigo íntimo y era R. Nos creíamos misántropos y sólo éramos huraños. En primer lugar no coincido con su juicio de valor: considero este relato como uno de los mejores de Stevenson y justamente en la versión de Las nuevas noches árabes. Éramos compañeros de colegio y aunque no nos queríamos mucho. una naturaleza diferente del relato. como era de esperar. consigue comunicar calor y tensión. decide quitarlas. todo el resto permanece igual. Creo que nos llamábamos amigos. en vez de atenuarse por pietas familiar.) Según el responsable de una reciente edición de la Everyman's Library. como conviene a un relato de aventuras. Ridley. M. en Escocia. de las expresiones más conmovidas con referencia a la madre. Más adelante ve que las relaciones entre Cassilis y Northmour son de una complejidad que requiere un análisis psicológico más profundo que el que piensa abordar. Tal vez porque para las convenciones teatrales y novelescas era muy natural que una heroína angelical tuviera un padre de sórdida avaricia. contrariamente a la regla según la cual se considera definitiva la última edición corregida por el autor. en la primera versión. En segundo lugar. Italo Calvino [1973] CAPÍTULO I RELATA CÓMO ESTABLECÍ MIS REALES EN LOS BOSQUES MARINOS DE GRADEN Y CÓMO VI UNA LUZ EN EL PABELLÓN De joven era muy amante de la soledad. después. se acentuaba. y ve por otra parte que la historia de amor con Clara le sale fría y convencional. sino asociación de insociabilidad. lo cual se justificaba moralmente si ese pariente era un perfecto sinvergüenza. Por eso. yo toleraba su presencia sin rechazarla. más aún. No puede decirse que había entre nosotros compañerismo. los personajes no suscitan ningún interés en el lector: sólo la primera versión. . Hidalgo de Graden Easter. y sin mentir puedo asegurar que nunca tuve amigos ni relaciones hasta que encontré la incomparable amiga que actualmente es mi esposa y la madre de mis hijos. El pabellón en las dunas debe considerarse un relato fracasado. yo no estaría tan seguro del orden de sucesión de estas versiones: pienso más bien en estratos diferentes que corresponden a las inseguridades del joven Stevenson.R. (Otros cortes y correcciones se refieren al viejo Huddlestone. M.

Para mí era esta una vida deliciosa en la que esperaba llegar a viejo y morirme al fin en la mayor soledad. Un barco lejano luchando contra el temporal y los restos de un naufragio a mis pies. Toda aquella porción de tierra estaba por un lado rodeada de mar y por el otro defendida del mundo por la espesura y fragosidad de sus bosques casi vírgenes. pasaba para recoger mis rentas. existía un pabellón o Belvedere de construcción moderna y por completo apropiado a nuestras necesidades. no parecía una mansión abandonada sino que nunca hubiese sido habitada. y no con gran esfuerzo logré dominarle porque era un joven robusto y parecía tener el demonio en el cuerpo. hiedra y jaramagos. La residencia señorial se alzaba a poca distancia de las orillas del Océano Germánico. no había tránsito en tres millas a la redonda. yo creo que le contesté agriamente y aquél saltó sobre mí y tuve que luchar sin exageración. y no tenía amigos ni parientes ni nada de lo que hemos convenido en llamar domicilio oficial. Afortunadamente hacia el norte del inmenso dominio. pero una noche de marzo surgió entre nosotros una disputa que hizo necesaria mi partida.. Puedo afirmar que era el mejor sitio para esconderse en todo el Reino Unido. bosques y liquen. pero quizás había alguna exageración en estos rumores. el edificio era frío y húmedo en el interior y en la fachada tenía aspecto de ruina. A la mañana siguiente nos encontramos como si tal cosa. en medio de colinas de arena y rodeado de una salvaje espesura de liquen. excepto en las comidas. se decía que se tragaban a un hombre en cuatro minutos y medio. Si es que se hallaba escondiendo sus rarezas en el camarote de su yate o en una de sus caprichosas y extravagantes apariciones en la sociedad. dos veces al año. Como había sido construido con una piedra blanda que presentaba poca resistencia a las ásperas brisas marinas. para defender mi vida. en una cueva entre las rocas o bajo los árboles de un bosque. En los claros días del verano la perspectiva era brillante y hasta alegre. ya lo he dicho. pero en un anochecer de septiembre. Northmour me habló con altanería. era una mezcla de colinas de arena. Evidentemente Northmour no había vuelto por allí.Cuando Northmour tomó su título en la Universidad y yo decidí dejarla sin él. naturalmente. Tenía dos pisos de altura y era de arquitectura italiana y rodeado de un trozo de jardín en el que nada había prosperado más que la hiedra y la maleza. con un viento tormentoso y espesas nubles agolpándose en el horizonte. A propósito de una pequeñez. imposible habitar dentro de él con mediana comodidad. El pabellón había sido construido por el último propietario. y sólo a diez de distancia estaba la ciudad más próxima. Determiné pasar una semana en los de Graden Easter y dando un largo rodeo los alcancé al ponerse el sol de un desapacible y ventoso día de septiembre. pero a mí me pareció más apropiado marcharme. me . inmediatamente detrás empezaba el bosque cuyos árboles centenarios se agitaban movidos por el viento y delante tenía algunas colinas arenosas que le separaban del mar. de repente me acordé del pabellón de la hiedra. yo. Hubiera podido prolongar mi estancia. Pasaron nueve años antes de que yo volviera a visitar aquellos parajes. yo viajaba en un carrito cubierto en el que llevaba un hornillo para guisar y las noches las pasaba dónde y cómo podía. Por aquel entonces. La Naturaleza había colocado una roca que servía de bastión para la arena y formaba una pequeña bahía natural. hablando poco. De este modo he visitado todas las regiones más solitarias y salvajes de Inglaterra y Escocia. Mi única ocupación era descubrir rincones ocultos en los que pudiera acampar sin temor a ser molestado y encontrándome en aquellas regiones. como no fuera el despacho de mi notario donde. El terreno. y él tampoco hizo nada para disuadirme. nos pasamos Northmour y yo cuatro largos meses del invierno. y reuniéndonos raras veces. El pabellón ocupaba una meseta algo elevada. me invitó a pasar una larga temporada en Graden Easter y así es como llegué a conocer el sitio en que estas aventuras tuvieron lugar. El viento producía en las chimeneas unos sonidos tan lúgubres que sentí como una sensación casi de terror cuando conduciendo al caballo de mi carro. Aquel sitio tenía un aspecto solitario capaz de sorprender hasta a un amante de la soledad como yo. y en esta soledad de ermitaños. leyendo mucho. tío de Northmour (un pródigo excéntrico) y se conservaba bastante bien. aquel sitio sólo hablaba de marinos muertos y de desastres marinos. El liquen es una especialidad de Escocia y lo forma una especie de maleza que recubre la arena en los terrenos próximos al mar. Las arenas mojadas que quedaban al descubierto durante las mareas bajas. acababan de dar color local a la escena. Cerca de la orilla entre la roca y el banco de arena. y durante las mareas altas la roca se sumergía y presentaba el aspecto de una islita de reducidas dimensiones pero de original contorno. que era una aldea de pescadores. no tenía medios de averiguarlo. tenían malísima reputación en toda la comarca. y con sus ventanas cerradas.

refugié bajo la espesura del bosque. todas las persianas estaban herméticamente cerradas. y apenas había pasado la primavera parecía otoño en la expuesta plantación. nunca bebía más que agua. El grueso de la peña no sólo ocultaba la luz de mi lumbre. Todas las persianas estaban cerradas de nuevo. y su luz se hizo algo más intensa cuando pasé del dominio de la selva al de la hiedra y el liquen. aunque no había olvidado que su carácter se prestaba poco a las bromas y que era peligroso gastarlas con él. a menudo permanecía despierto hasta altas horas de la noche. una serie de infectas charcas. eran fuertes y robustos pero perdían pronto sus hojas arrebatadas prematuramente por las borrascas. Entre las rocas que esmaltaban aquella selva marina. me dormí profundamente a las ocho. Mi primera idea fue que una banda de ladrones había asaltado el pabellón y debían estar ahora vaciando los no mal provistos armarios de mi antiguo amigo. una vaga sensación de intranquilidad. La casa con sus paredes blancas cubiertas parcialmente por la hiedra. Una bocanada de aire salino me dio de lleno en la cara. debía haber llegado el mismo propietario y estaría ahora ventilando e inspeccionando la casa. Bien sabía yo que no era madrugador. Estos árboles que habían crecido en medio de las tempestades y que constantemente eran sacudidos por los vendavales marinos. A la mañana siguiente ya vería si optaba por marcharme sin ver a Northmour o si hacerle una breve visita. no era una luz fija sino una que pasaba de una ventana a otra como si fuera llevada por una persona que estuviera recorriendo la casa. estaba lo mismo que en el momento de mi llegada. alumbraba débilmente mis pasos. y yo había esperado hallar en ella por la mañana algunos síntomas de habitantes. a las once me desperté. Para decir toda la verdad me había propuesto quebrantar mi ayuno en el pabellón y el hambre empezaba a dejar sentir sus efectos. entre los árboles de la parte más baja había un pequeño arroyo que cegado por las hojas caídas y las materias que el mismo arrastraba. por completo dueño de mis facultades y sin ningún síntoma de cansancio o sopor. Era una lástima perder la ocasión de dar una broma tan inesperada. Ya he dicho que no existía cariño verdadero entre él y yo. las chimeneas no despedían humo y la puerta presentaba todas las trazas de no haber . Pero no era así. pero al acercarse las doce. y necesitaba tan poco sueño que aunque me levantaba con los primeros albores del día. Había escapado a un conocido. pasé en espera sin observar el menor síntoma de la presencia de Northmour. Pero ¿cómo es posible que llegaran los ladrones a Graden Easter? Además habían abierto todas las persianas y en las costumbres de esa gente más está el cerrarlas. la casa parecía desierta y ahora no cabía duda de que estaba ocupada. pero regocijándome de antemano con el efecto que iba a causar tomé sitio entre los primeros olmos del bosque desde donde podría ver bien la puerta del pabellón. Esparcidas por el bosque había una o dos chozas ruinosas que según Northmour habían pertenecido en otras épocas a piadosos ermitaños. Até en el bosque a mi caballo. Cuando llegué. pero el apetito iba en aumento y yo me dirigí a mi cueva. Deseché esa idea y concebí otra. Con la mayor sorpresa la observé durante algunos momentos. rara vez comía más que una sopa preparada con alguna harina alimenticia. me propuse gastar una broma a Northmour. Pero cuando llegó la mañana encontré la situación tan divertida que a pesar de mi genio adusto. cambiando la risa por el alimento. Al abrirlos de nuevo advertí que en el pabellón de hiedra había luz. lo que no dejó de sorprenderme. Hora tras hora. me levanté. mirando los árboles y las nubes que en tumultuosa carrera volaban sobre ellos. volví rápidamente sobre mis pasos y con íntima satisfacción volví a ocupar mi lugar junto al fuego. donde había un montón de hierba suficiente para su alimento. formaba. Así es que aunque después de instalarme en los bosques marinos de Graden. La vida que llevaba me había hecho duro y frugal. salpicándomelo de partículas de arena con tal fuerza que tuve que bajar la cabeza y cerrar los ojos. en aquella época quería mucho más a la soledad y del mismo modo hubiera evitado su compañía. encontré una abertura y pequeña cueva en la que había un manantial agua de clara y allí senté mis reales y me dispuse a encender fuego para guisarme la cena. Me senté al lado del fuego. a la luz de la mañana parecía más alegre y habitable. y oyendo los ruidos combinados del huracán y las olas. Los bosques marinos de Graden habían sido plantados para preservar los campos detrás de ellos y resguardarlos de la lluvia de arena que traía el viento. disfrutando la hermosa soledad de los campos. perdí la paciencia. dirigiéndome a la linde del bosque. pero aunque le hubiera querido como a un hermano. y sus persianas verdes. Esto es lo que hice. aquella misma tarde. podía disfrutar de una noche apacible. sino que me prestaba abrigo guareciéndome del viento que era fuerte y frío. hasta que cansado de mi inacción. Una luna nueva que procuraba disipar las nubes.

sido abierta en mucho tiempo. Se me ocurrió la idea, muy verosímil por cierto, de que Northmour podría haber entrado por la puerta pequeña situada al otro lado del edificio, pero tuve que desecharla al ver que también estaba igualmente cerrada. Entonces volví a acoger la idea de los ladrones, haciéndome amargos reproches por mi egoísta inacción de la noche última. Debían haber entrado por la galería exterior, donde Northmour tenía instalada su cámara fotográfica y de ahí habrían alcanzado la ventana del despacho o de mi antiguo dormitorio, y después les era fácil recorrer toda la casa en sus criminales pesquisas. Quise seguir lo que yo creía su ejemplo. Salté a la galería descubierta y alcancé las ventanas, pero ambas estaban bien cerradas sin señales de fractura; no me di por vencido y haciendo alguna fuerza logré que la persiana se abriera causándome una arañazo en la mano que instintivamente me llevé a los labios para contener la sangre. Mientras hacía esto mis ojos divisaron un yate bastante cercano y que hasta entonces no había visto. Restañada mi sangre por este primitivo procedimiento, no quise quedarme a medio camino y salté al interior de la habitación. Entré en ella y nada puede explicar la sorpresa que experimenté. No había el menor signo de desorden, al contrario, todo estaba muy limpio y las habitaciones presentaban un aspecto tan elegante como agradable; encontré la leña puesta en las chimeneas, tres cuartos de dormir preparados con un lujo por completo fuera de las costumbres de Northmour, el agua en los lavabos y las camas hechas con lujosas y limpias ropas. La mesa estaba servida con tres cubiertos y abundante repuesto de fiambres, y variados postres. Todo esto demostraba, sin dejar lugar a duda, que se esperaban huéspedes; pero ¿quién podían ser si Northmour aborrecía al género humano? Y sobre todo ¿cómo es que estos preparativos se llevaban a cabo en las altas horas de la noche? Y ¿por qué habían vuelto a cerrar las persianas y las puertas? Procuré no dejar huellas de mi visita y salí del pabellón muy pensativo. El hermoso yate seguía en el mismo sitio; como un relámpago atravesó mi mente la idea de que aquel pudiera ser El Conde Rojo que trajera al propietario del pabellón y sus huéspedes, pero el barco tenía la proa puesta en dirección opuesta. CAPÍTULO II SE TRATA EN ÉL DEL NOCTURNO DESEMBARCO DE LOS VIAJEROS DEL YATE Volví a mi cueva a comer algo pues tenía mucha hambre y a cuidarme de mi caballo muy olvidado aquella mañana. De tanto en tanto llegaba hasta la entrada del bosque para ojear sobre el pabellón, pero en todo el día no se vio ni un alma por sus alrededores. Aquel barco parado era la única pincelada de vida en cuanto podían alcanzar mi vista. Durante todo el día permaneció inmóvil, pero el llegar la noche se acercó visiblemente y yo adquirí mayor convencimiento de que en él debían venir Northmour y sus huéspedes, y que es probable quisieran desembarcar durante la noche, no sólo porque esto cuadraba bien con los nocturnos preparativos, sino porque la marea era también más favorable. Durante todo el día el viento estuvo en calma y el mar también, pero al caer la noche se recrudeció el temporal anterior. La noche estaba muy oscura. El ruido de las olas al romper, empujadas por las ráfagas de viento, parecían disparos de cañón. De vez en cuando caía un chubasco y las olas aumentaban de tamaño con la proximidad de la plena mar. Estaba en mi observatorio, entre los olmos, cuando una luz que se balanceaba en el palo mayor del yate, me demostró que éste se encontraba mucho más cerca de lo que estaba al anochecer. Presumí que esto debía ser una seña de Northmour a sus asociados en tierra, y con curiosos ojos miré a mi alrededor para ver si veía alguna respuesta. Una senda que bordea el bosque es la comunicación más directa, entre la casi ruinosa casa señorial y el pabellón, y al dirigir mis miradas por ese lado, vi una luz a menos de un cuarto de milla la cual avanzaba con rapidez. Por su marcha irregular parecía ser una linterna llevada en la mano de una persona que lucha al mismo tiempo con las desigualdades del camino y con las violentas ráfagas del viento. Me escondí precipitadamente entre los árboles esperando con viva curiosidad la llegada de la persona desconocida. Resultó ser una mujer y al pasar a dos metros de mi escondite pude verle bien las facciones. La andada de Northmour en este tenebroso asunto era su antigua ama de cría, una silenciosa mujer sorda como una tapia. La seguí de cerca, aprovechando las irregularidades del camino y oculto el ruido de mis pasos, por el del aire y el mar, aun para otros oídos más finos que los de la vieja nodriza. Entró en el pabellón y se dirigió sin detenerse a la segunda planta, abrió una ventana de las que daban al mar y colocó una luz en ella. Inmediatamente desapareció la luz

del barco. Los del barco ya estaban seguros de ser esperados y las señales habían surtido su efecto. La anciana continuó sus preparativos y aunque no abrió las otras persianas, pude ver por las rendijas que la luz iba de un lado e otro, y varias chispas que empezaban a salir de la chimenea pusieron en mi conocimiento que se había encendido lumbre. Estaba seguro de que Northmour y sus huéspedes desembarcarían en cuanto se cubriera de agua la pantanosa arena. La noche era malísima para servirse de los botes y tuve algún temor mezclado con curiosidad al pensar en los peligros del desembarco. Bien sabía yo que mi antiguo compañero era el más excéntrico de los hombres, pero el presente capricho era peligroso y lúgubre. Pensando en todo esto me dirigí a la playa donde me eché boca abajo en una hondonada del camino que debían recorrer para llegar al pabellón. Así tendría la satisfacción de ver a los recién llegados y si resultaba que eran antiguos conocidos, de saludarlos tan pronto como hubieran desembarcado. Poco antes de las once, y cuando la marea aún estaba peligrosamente baja, apareció una luz muy cerca de la orilla y fijando en ella mi atención pude distinguir un bote violentamente sacudido y a veces oculto por las impetuosas olas. El tiempo que visiblemente empeoraba según avanzaba la noche, y la poco favorable situación del yate a causa de los arrecifes, habían sin duda obligado a sus pasajeros a intentar el desembarco lo más pronto posible. Algunos minutos más tarde pasaban por el camino que guiaba al pabellón, cuatro marineros llevando una caja muy grande y parecer pesada y precedidos por otro que llevaba la linterna, fueron admitidos en el pabellón por la nodriza y no tardaron en regresar al bote, volviendo a pasar por segunda vez con otra caja aún más grande, pero al parecer menos pesada; por tercera vez hicieron el recorrido, llevando uno de los marinos una maleta de cuero y otro un baúl de señora y un saco de noche. Mi curiosidad estaba excitadísima. Si es que entre los huéspedes de Northmour se hallaba una mujer, esa sería una apostasía de sus más caras teorías capaz de llenarme de sorpresa. Cuando los dos habíamos vivido en aquel pabellón, ambos éramos misóginos y poco podía yo figurarme que un ejemplar del sexo odiado vendría a instalarse bajo su techo. Ahora recordaba algunos detalles y pinceladas de coquetería que me habían llamado la atención el día anterior en los preparativos del pabellón. Su objeto era ahora evidente y me traté de torpe por no haberlo comprendido antes. Mientras reflexionaba de esta manera, se aproximó otra linterna desde la playa; era llevada por otro marinero que aún no había visto y servía de guía a dos personas, encaminándose al pabellón. Estas dos personas eran sin duda los huéspedes para quienes se había habilitado el pabellón; y esforzando mis ojos y mis oídos esperé a que pasaran ante de mí. Uno era un hombre de elevadísima estatura, con un sombrero de anchas alas cosido sobre los ojos y una capa escocesa en la que se envolvía. Nada se podía averiguar sino que era muy alto como ya he dicho, que andaba con dificultad y con paso pesado. A su lado y apoyándose en su brazo o sirviéndole de apoyo, no podía ver bien lo que era, caminaba una mujer joven y esbelta. Estaba muy pálida y las sombras se movían con tanta rapidez que no pude ver si era fea como la noche o tan bella como luego resultó ser. Cuando pasaban precisamente delante de mí, la joven hizo alguna advertencia que no pude oír con el ruido del viento. -¡Husch! -dijo su compañero, y hubo algo en el tono con que fue pronunciada esta sílaba que me hizo estremecer causándome escalofrío. Parecía salir de un pecho donde se albergaba un terror mortal. No he vuelto a oír una sílaba que me impresione tanto, y aún hoy día, siempre la oigo en mis noches de calentura o cuando mi imaginación vuela a los tiempos antiguos. El hombre se volvió a su compañera y yo pude entonces ver una barba demasiado roja, una nariz que parecía haberse roto en su niñez y unos ojos claros en los que se leía una fuerte y desagradable emoción. Pero al fin pasaron los dos y desaparecieron en el pabellón. Uno por uno o en grupos los marineros se volvieron a la playa; y por tercera vez pasó por delante de mí una linterna. Era Northmour solo. Muchas veces mi esposa y yo nos hemos admirado de cómo puede ser una persona tan hermosa y a la vez tan repulsiva como Northmour. Su figura era la de un cumplido caballero, sus facciones correctas y finas llevaban el sello de la inteligencia, pero bastaba mirarle a los ojos para comprender por su expresión que tenía el genio de un capitán negrero. Nunca he conocido un carácter tan violento y rencoroso a la vez; reunía la impetuosidad del Sur con los fríos y mortales odios del Norte, y ambas pasiones estaban escritas sobre su rostro como una señal de

alarma; su cuerpo era alto, musculoso y elegante, su cabello negro encuadraba un rostro moreno de singular belleza masculina, pero al que hacía aparecer sombrío su amenazadora y temerosa expresión. En este momento estaba más pálido que de costumbre, con el ceño fruncido y los labios contraídos, dirigía inquietas miradas en torno suyo como un hombre perseguido por siniestros pensamientos y, a pesar de ello, me pareció leer en sus ojos una mirada de triunfo como el que ya lleva ganadas muchas ventajas y le falta poco para llegar al final de alguna arriesgada empresa. Parte por un escrúpulo de delicadeza (que a decir verdad llegaba demasiado tarde), parte por el gusto de renovar una antigua amistad, resolví dar a conocer mi presencia sin demora, y poniéndome de pie, di algunos pasos, diciendo: -¡Northmour! Nunca, en toda mi vida, he tenido sorpresa igual. Saltó sobre mí, sin pronunciar ni una palabra, algo brilló en su mano y trató de partirme el corazón de una puñalada. Yo rechacé la inesperada agresión lo mejor que pude, y sea mi ligereza o la oscuridad la hoja sólo me causó un arañazo en el hombro mientras que recibí en la boca un golpe con el puño. Huí pero no pude llegar lejos; siempre he observado las malas condiciones que tiene la arena para correr sobre ella y lo que su inseguro suelo paraliza todos los movimientos, así es que no, había andado diez metros cuando perdiendo el equilibrio, caí pesadamente. La linterna se había caído y apagado, pero ¡cuál no sería mi sorpresa al ver a Northmour apresurarse a ganar el pabellón y oír que cerraba tras sí la puerta con cadenas y cerrojos! No me había perseguido. Había huido. ¡Northmour a quien conocía por el más implacable y temerario de los hombres había huido! Apenas podía creer a mis ojos, pero todo era tan inverosímil en esta extraña aventura, que poco importaba un detalle más o menos improbable. ¿Por qué habían preparado el pabellón con tanto misterio? ¿Por qué su dueño y sus huéspedes habían desembarcado en medio de las tinieblas, con insuficiente marea y en una noche tan peligrosa? ¿Por qué había intentado matarme? ¿No había reconocido mi voz? ¡Todo un misterio! Y ¿cómo es que él llevaba un puñal desnudo en la mano? Un puñal o un cuchillo, no es lo que habitualmente se lleva en la mano en la época actual; y un caballero que desembarca de su yate y en las orillas de sus propios dominios, aunque sea de noche y en circunstancias algo misteriosas, no suele ir tan preparado para un asalto mortal. Cuando más reflexionaba, más me confundía. Recapitulaba los elementos de misterio contándolos por mis propios dedos; el pabellón secretamente preparado; el desembarco de los navegantes con peligro inminente tanto para ellos como para el yate, el terror mortal de los huéspedes al menos de uno de ellos, Northmour con un puñal desnudo en la mano, Northmour tratando de asesinar a su más antiguo amigo sin la menor causa para ello; y, por último, y no lo menos extraño, Northmour huyendo del mismo a quien había querido asesinar y refugiándose como un niño perseguido, detrás de la puerta de su pabellón. Aquí había seis causas de sorpresa, cada una complicada con las otras y formando todas reunidas una singular. Casi me avergoncé de creer a mis propios sentidos. A pesar de todas estas sensaciones morales, empecé a darme cuenta de los desperfectos físicos que había sufrido en la breve contienda, y arrastrándome por otros caminos llegué a mi cueva del bosque. A pocos pasos de mí cruzó la nodriza que regresaba a la mansión señorial. Esto era un séptimo motivo de sorpresa. Es decir, ¿que Northmour y sus huéspedes iban a guisar y a hacer todo el servicio mientras la vieja permanecía sola en la ruinosa mansión? Allí tenía que haber una causa de secreto importantísima puesto que tantos sacrificios se hacían para guardarlo. Embarazado por estos pensamientos llegué a mi primitivo refugio. Para mayor seguridad reconocí las cenizas de mi fuego, y encendí la linterna para examinar la herida del hombro. Era una herida sin importancia, aunque me había hecho perder bastante sangre y la curé lo mejor que pude (el sitio en que estaba me impedía vendarla bien) con algunos trapos empapados en el agua del manantial. Mientras estaba así ocupado mentalmente declaré guerra contra Northmour y su secreto. No soy por naturaleza rencoroso y creo que en mi corazón había más curiosidad que resentimiento, pero lo cierto es que declaré la guerra y por vía de preparación saqué mi revólver, le quité la carga y lo limpié volviéndolo a cargar escrupulosa mente. Después me preocupó mi caballo, si empezara a relinchar, descubriría mi presencia en el bosque, y para evitar esta posible indiscreción resolví desembarazarme de su vecindad y antes de que amaneciera, le conduje por el camino de la aldea de pescadores.

Estas maniobras que yo observaba con placer merecían por completo mi aprobación y hacían que me restregara las manos de gusto. podía. El día estaba muy agradable. Por algunos momentos permaneció la joven en el mismo sitio que la había dejado el atrevido galán. no me parecían sus relaciones las más cordiales ni denotaban ningún cariño ni confianza. pues se encaminaba en línea recta a las pérfidas arenas pantanosas. cuando podía aventurarme algo más. Yo salté de mi escondite dispuesto a correr en su ayuda. cambiaba sin ostentación de sitio dejando a su acompañante entre ella y el mar. La vieja nodriza de la mansión señorial renovó las provisiones durante las sombras de la noche. el sol brillante. Para mí. pero con no poca sorpresa mía vi a Northmour quitarse el sombrero e inclinarse como dando disculpas después de soltar la mano. pues recordaba su lenta e insegura marcha. el mar tranquilo. cada uno de sus pasos era digno de ser admirado y toda ella me parecía la personificación de la belleza y de la dulzura. y yo creo que cuando hay inclinación entre un hombre y una mujer. las ventanas estaban herméticamente cerradas como si tuvieran que aguantar un sitio. En la mañana del tercer día salió a pasear sola. intercambiaron otras cuantas palabras y volviéndose a inclinar se separó él dirigiéndose solo al pabellón. Cuando la proximidad de éstos impedía a la joven retroceder más por aquel lado. mirando hacia la pequeña isla y el brillante mar. reunía la altivez y la modestia. después. además siempre marchaba a un metro de distancia de él y llevando la sombrilla como si fuera una barrera entre los dos. y otras que se debía haber escapado dejando a la joven y a Northmour solos en el pabellón. no sé por qué me era especialmente desagradable. el viento en calma. pues aquella parte de la playa resguardada por grandes montones de arena. Pasó muy cerca de mí y pude observar su rostro pálido (en el que reconocí como obra mía un profundo arañazo cerca de un ojo). más bien maquinalmente se retarda el paso que se apresura. esta vez acompañada por Northmour. En cuanto a mí. denotaba poca familiaridad o mejor dicho antipatía. separados y encaminándose siempre hacia las arenas pantanosas. No habían dado más que algunos pasos por la playa cuando vi a éste posesionarse de una de sus manos. Northmour trataba de aproximarse a la joven y ésta se retiraba: de modo que su paseo tenía algo de diagonal. no perder un movimiento de los paseantes. no sólo no salía del pabellón. y con gran sorpresa vi que lloraba sin cesar. sin duda para tener más seguridad de no ser vistos. y corría una brisa tan fresca y saludable. sus ojos centelleantes y su mano crispada empuñando su bastón. pero a pesar de mis incesantes pesquisas pude averiguar muy poco sobre Northmour o sus misteriosos huéspedes. Yo estaba descalzo y vestía como un vulgar marinero menos una faja egipcia que rodeaba mi cintura. Así lo hizo y mirándome sin el menor vestigio de miedo se dirigió a mí como una reina. pero la expresión sombría de él y el aspecto reservado de ella sobre todo. o al menos yo no le había visto. Sin duda lo que había pasado le había hecho olvidar todo lo demás. bien plantada entre sus hombros. A veces pensaba que el hombre debía estar en cama enfermo. Northmour y su joven huésped salieron a pasear algunas veces una ya juntos otras. sino que ni siquiera asomaba su faz a la ventana. pues de día no me acercaba más que a cierta distancia y por la noche. y pocos pasos le faltaban ya para que su salvación fuera imposible cuando saliendo yo de mi escondite me precipité en su camino gritándola que se detuviera. Desde el sitio en que estaba no podía oír su conversación.CAPÍ TULO III DE CÓMO CONOCÍ A LA QUE DESPUÉS FUE MI ESPOSA Durante dos días estuve alrededor del pabellón tomando muchas precauciones para no ser descubierto. Tenía un paso firme y gracioso y su cabeza. me pareció mil veces más bella de lo que hasta entonces . Esta idea. El hombre alto parecía haber desaparecido. La joven marchaba más deprisa cuando iba acompañada por Northmour que cuando paseaba sola. no puede verse más que desde el mar. y de haber sido más largo hubiera acabado por encaminarlos a los pantanos. debió de tomarme al pronto por alguno de los habitantes de la más próxima aldea. emprendió una marcha rápida y resuelta. sin ser visto. que contra su costumbre salió otra vez a paseo. Entonces me paré. como quien sacude sus preocupaciones y reúne sus energías. pues se hallaba situado junto a la más alta y accidentada de las colinas de arena y echándome dentro de un hoyo. cuando la vi de cerca y mirándome firmemente con sus grandes y hermosísimos ojos. Aunque aquella pareja fuera marido y mujer. la joven trató de retirarla lanzando una exclamación que parecía un grito. no podía estar el sitio mejor escogido.

se acercó al lugar en que nos vimos el día anterior y me llamó por mi nombre en tono cauteloso. Decidle que estoy acampado en la gruta de la Hemloch Den. ¿Queréis no hacerme vos traición? He aparecido en interés suyo. y que aunque todo estaba en el presente oscuro. no quiero adular a mi imaginación. y soy uno de los amigos más antiguos de Northmour. sedlo tanto como vuestro rostro. -Tenéis un rostro franco y honrado. -Habéis pronunciado la palabra traición -repliqué-. poco más o menos a la misma hora. Esta expresión la ha conservado mi esposa a través de toda su admirable vida. Esa faja os hace traición. cuando quise saludarle me dio una puñalada en este hombro que gracias a mi desesperada resistencia no me costó la vida. mi corazón no tenía ninguna duda acerca de su inocencia.no lo sé ni me importa saberlo.y tampoco temo a nadie cara a cara. -Vais directamente a las arenas pantanosas -contesté. -¡Ah! -dijo la dama-. ¿Erais vos? -Por qué ha hecho esto -proseguí como si no hubiera oído la interrupción. Frank Cassilis. que no encontraba explicación posible a sus relaciones con Northmour. Ella hizo un ademán con la cabeza y continuó observándome con la mayor fijeza. y esta noche me podrá asesinar mientras duermo. Y aunque su posición y conducta pudiera despertar sospechas. pero no me dejo arrojar. Había permanecido en Graden por una curiosidad muy natural. Cuando en realidad no tenía ni una palabra que exponer en mi defensa ni una razón plausible con que explicar mi conducta. No tengo muchos amigos ni soy muy susceptible al sentimiento de la amistad. puede ocurrirme alguna desgracia. y en ellos permanezco. Llevo la vida de vagabundo por mi propio placer. Sentía en mí algo de héroe y mucho de mártir. caballero. Diciendo esto me quité la gorra en señal de despedida y volví. -¿Quién sois. No sé por qué tenía yo en aquel momento la sensación de que se estaba cometiendo una gran injusticia conmigo. A la mañana siguiente. que tenía por base el instinto más que la razón. el remedio está en vuestra mano. Aquella noche la imagen de la bellísima desconocida no me abandonó un instante. ya vendría la clave del misterio a demostrar que la parte que ella había tomado en todos estos acontecimientos no sólo era justa sino indispensable.había creído. excelente cosa en una mujer y que da más relieve y valor a todas sus acciones. Pero los ojos de la joven ya habían descubierto mi cinturón. de ninguna parte. y hace tres noches. y su imagen fue la última que se borró de mis ojos al cerrarlos el sueño. salió del pabellón sola y tan pronto como las colinas de arena ocultaron la vista del pabellón. contra mi voluntad. y luego añadió-: ¡Gracias a Dios que no os ha sucedido ninguna desgracia! Bien sabía yo que si . Ni pude admirar bastante el que una mujer que obra con tanta resolución conserve al mismo tiempo un aire tan dulce y encantadoramente femenino. -¿Por qué me llamáis y qué queréis? -preguntó ella. pero eso no debilitaba mi convencimiento. -¡Señor Cassilis! -gritó-. ande haciendo el papel de espía en estos solitarios parajes? Decidme. ¿Creéis que yo puedo perjudicaron? Mayores son los daños que vos podéis causarme. -¡Ah! -exclamó como si el pecho se le hubiera aligerado de una pesada carga. que a pesar de vuestro traje parecéis un hombre bien educado? -Creo tener derecho a este nombre -fue mi respuesta. Mi nombre es Cassilis. un caballero. ¡a quién odiáis? -Yo no odio a nadie -respondí. -¿Espero que no será a la esposa de Sir Northmour? -pregunté en lugar de responder. Pero no parecéis malo y sin embargo ¿cómo se explica que vos. pero de las más vulgares. -¡Oh! -dijo ella-. éste no era de los que en aquellos momentos hubiera sido oportuno explayar. hubiera apostado mi vida a que ella estaba limpia de culpa. Yo había acampado en estos bosques antes de que él viniera. pero si Northmour me descubre en este lugar. y aunque también me había obligado a ello un sentimiento creciente y más poderoso. Cierto es. Me sorprendió mucho ver que estaba intensamente pálida y al parecer bajo el dominio de una intensa emoción. -¿Sabéis a quién estáis hablando? -preguntó la joven. y decidme qué deseáis y qué tenéis. a trepar sobre la colina de arena. Si creéis que mi presencia puede perjudicaras a vos o a los vuestros.aun con este disfraz. ¡Señor Cassilis! Me apresuré a reunirme con ella y a mi vista su luminosa mirada expresó un sentimiento de íntima satisfacción.

sin parar ni volver la cabeza hasta que se perdió de vista. pero añadí-: No temáis nada por mi causa. sin decir una sola palabra. y su solicitud por mí no hizo más que robustecer mi determinación. Determiné el quedarme sin temer nada. emocionada. -¿No es extraño? Tan sabiamente prepara la Naturaleza los corazones. Mi obstinación no hizo más que aumentar con sus palabras. No sabéis cuánto he sufrido esta noche pensando en vuestro peligro. como si yo hubiera sido tragado por las arenas de Graden. ¿Cómo lo sabéis? -Os vi juntos la noche del desembarco -contesté y ella pareció tranquilizarse. permitidme otra pregunta -dije-: este peligro ¿es a causa de Northmour? -¿De Sir Northmour? -contestó ella-. Entonces ya no pude ocultarme que la amaba con toda mi alma y que ella ¡ella! tampoco era indiferente a mi pasión. estamos aquí en un grande e inmenso peligro y vos lo compartís quedándoos. pero lo cierto es que tras un extraño escozor se me llenaron los ojos de lágrimas. La joven me lanzó una mirada de reproche. ¡Oh no!. lo comparte con nosotros. Para estos afectos que duran toda la vida. ¿Habéis podido creer que yo os había de denunciar? -¿No es eso? -repetí-. ¿Qué peligro? ¿El de encontrarme a Northmour? -No es eso -contestó ella-. al contrario. Entonces ¿cuál? No veo ninguna otra causa que temer. como me encontró inquebrantable. me temo que exageré algo al darle a entender que desde aquella misma noche me había sentido atraído hacia ella. cuando la vi atravesando la .podíais estaríais aquí. -No me juzguéis indiscreto. No soy libre de poder contestar. -Vos y vuestro padre -iba a continuar pero me interrumpió con angustia.y lo he creído en cuanto os he visto. ¡pronto!. empezó a preguntar detalles de mi llegada. -No me preguntéis nada -fue su respuesta-. -Yo soy quien debe de pedir me disculpéis la indiscreción -y con una mirada suplicante le tendí la mano. En cuanto a lo primero. no es cierto. -Y. pero creedme y marchaos pronto. ¿Habéis tenido noticias mías por medio de Northmour?. ella insistió en mi partida y. En la siguiente volvimos a encontrarnos. Le conté por qué series de casualidades había llegado a ser testigo de su desembarco y cómo había resuelto quedarme después. quizá vos misma no estéis aquí completamente segura. pero yo no podía contenerme sin preguntar algo. ¡no! -exclamó ella vivamente y con voz conmovida-. decidme la verdad. que mi esposa y yo tuvimos el mismo presentimiento al segundo día de conocernos: yo había esperado que ella me buscaría. -¡No!. testáis en peligro? -He oído decir a Sir Northmour que sois un hombre de honor continuó. Tratar de inspirar miedo. mi caballo es mi único amigo. -¡Ah! -dije yo-. Poco más sucedió aquella mañana. emprendió precipitadamente su camino de regreso. No durmáis más en ese bosque. y ¿han sido favorables? -Anoche le he hablado de vos diciendo -contestó con alguna vacilación-.que no permaneceréis en este sitio. ella estaba segura de encontrarme. pero si Graden es un sitio tan peligroso. y ella también. y la verdad hubiera podido perjudicaros. no ha sido mi ánimo el ofendemos. e incluso ese pobre animal tampoco está a mi lado. Poco me apreciáis. -¿Y por qué habíais de permanecer? -fue la respuesta-. Ella fue la primera que desprendió su mano y olvidando sus preguntas y sus consejos. diciendo que os había conocido hace ya mucho tiempo. -¿Peligro? -pregunté-. señora -repliqué-. Vos no sois amigo nuestro. Podéis tener plena confianza en mi secreto. Veo que tenéis algún motivo para ocultaros y yo os juro que vuestro secreto está tan seguro en mi pecho. parte por curiosidad acerca de los huéspedes y parte para vengarme del incalificable ataque de Northmour. Por mi parte afirmo que nuestras manos no se hubieran unido tan estrechamente si nuestros corazones no hubieran estado identificados. porque desde niño no había sentido ocurrido debilidad igual. tenéis razón. -¡Mi padre! -repitió-. Prometedme -dijo con rapidez. os lo suplico. si queréis salvar vuestra vida. Muchas veces después me lo ha negado pero siempre sonriendo y ruborizándose. Os diré lo que pueda. Hace años que apenas he hablado con alguien. no es buen sistema para desembarazarse de un hombre que no sea un cobarde. -Y ¿por qué queréis que yo me marche? -le dije-. Yo la retuve entre las mías clavando mis ojos en los suyos. No sé lo que me pasó al oír estas palabras. y que vos me habíais hablado de él. Hizo muchos elogios de vos. se apresuró a darme la suya. Así que.

Porque aunque Northmour no se mostraba grosero ni aun descortés con ella. el Conde Rojo los recogió clandestinamente en las costas de Gales. en varias ocasiones había demostrado algunos atrevimientos de palabra u obra. Los temores bien físicos de su padre. La dije que semejante idea era una locura. Ella hablaba poco y escuchaba con naturalidad de asuntos casi indiferentes.. Pero lo que le aterraba. Después que ella habló de nuevo de mis peligros (creo que éste era el pretexto para venir) Yo. Desde años atrás. De repente me interrumpió. es decir. ni yo había tenido gusto en contársela a nadie hasta el día anterior. Durante los últimos años de su residencia en Londres había tenido muchos negocios con Italia y con italianos establecidos en la Gran Bretaña. Bernardo Hudlstone había sido un banquero ocupado en importantes y arriesgados negocios. la causa. si supierais quién soy. Pero abandonó este proyecto convencido de que toda la fuerza de las instituciones de nuestra vieja Inglaterra no bastaría para librarle de sus perseguidores. eran más y producidos por una alteración del celebro. y estos últimos. se halló cada vez más comprometido y por último perdió el honor al mismo tiempo que los postreros recursos de su fortuna. Cuadra a mi sinceridad hacer esta confesión ahora que mi querida esposa está en presencia de Dios y sabe la verdad de todas las cosas. Su padre. entraban por mucho en sus terrores. es la deshonra para nosotros! CAPÍTULO IV DE QUÉ SORPRENDENTE MANERA ME ENTERÉ DE QUE NO ESTABA SOLO EN EL BOSQUE MARINO DE GRADEN Esta es la historia que mi mujer me explico entre lágrimas y lamentos: Su nombre era Clara Hudlstone. con mucha más familiaridad. Me sonó muy bien en los oídos. no querríais ni siquiera dirigirme la palabra. y yo le conté muchas cosas acerca de mi nómada y solitaria existencia. y sabiéndole en extremo interesado. pero también con mayor timidez. en una vida matrimonial tan larga y feliz como la nuestra. La conversación cambió de giro. que durante la noche había preparado muchos temas de conversación. No necesito encarecer la extremada atención con que escuché ese relato. a él recurrió Bernardo en demanda de ayuda.playa. Deseaba con ansia sepultarse en un lugar desierto y se apresuró a aceptar el ofrecimiento del yate de Northmour. según opinión de Clara. y ¿a mí qué me importa? Si lo estuviera yo veinte veces ¿cambiaría esto vuestros sentimientos? -¡Pero la causa -gimió ella-. gracias sean dadas a Dios. pero mis protestas en lugar de tranquilizarla aumentaron su desesperación. ni las muchas preguntas que hice en los pasajes que me parecieron más oscuros. -Y sin embargo.. Puestos de acuerdo. quitándole el sueño por las noches o causándole horribles pesadillas.¡es un desterrado! -¡Querida mía! -exclamé olvidando por primera vez añadir señorita-. sus asuntos empezaron a marchar mal y para evitar la ruina se lanzó a operaciones dudosas y por último criminales. era el temor de un atentado personal. y los depositó en Graden mientras se hacían los preparativos para un viaje más largo. Por esta época Northmour hacía la corte a la hija. la condena legal y sus consecuencias lo que había trastornado la cabeza del desdichado y culpable banquero. afirmándole que nadie se había cuidado nunca de mi vida. Ella no sabía de dónde venía el golpe ni qué es lo que iba a suceder. Había el exbanquero manifestado el mayor espanto a la vista de un marinero italiano que navegaba en el Conde Rojo y había hecho los más amargos reproches a su dueño por llevarle en su tripulación. -Mi padre -murmuró con voz trémula. Pequeños secretos de esta naturaleza. por lo que pude comprender. Todo fue inútil. La siguiente mañana. son como la hoja de rosa que impedía dormirse a la Princesa. que a pesar de habernos visto muy poco. pero éste había contestado que Beppo (que así se llamaba el marinero) era un buen . Mientras vivía no me hubiera atrevido a decírselo por temor de causarle un disgusto por pequeño que fuera. como si entre nosotros no debiera haber vulgares ceremonias. Más de una vez había pensado en rendirse entregándose a las autoridades. pero ambos estábamos dulcemente conmovidos. No era solamente la ruina y la deshonra. me era un ser querido. Él se hubiera resignado a ir a la cárcel. Demasiado pronto llegó el momento en que ella debía marcharse y como por un convenio tácito nos separamos sin darnos la mano. pero no tanto como el de Clara Cassilis que llevó durante el período más largo y. al cuarto día de habernos conocido nos reunimos algo más temprano. empecé a ponderarle lo mucho que apreciaba su bondadoso interés. Pero fue en vano. con gran asiduidad pero con poco éxito. más feliz de su vida. No dudaba Clara que su mano había sido el precio estipulado del viaje.

aunque hacía nueve años que no nos veíamos. Naturalmente se había puesto precio a la prisión del banquero. Signore-fue la respuesta. En una hondonada está la iglesia que por un lado cae sobre las rocas en donde se han destrozado tantas barcas en los días de tempestad. La base de esta historia me pareció una alucinación producida por los disgustos y las penas. La aldea es una de las más pobres de la costa. sin embargo. continuaba teniendo más lástima del señor Hudlstone que de sus víctimas. al siguiente se afirmaba que vivía en una finca entre Manchester y Liverpool. -Siete Italiano?-pregunté yo. por último. lo que ya es mucho decir. después se le supuso en los montes de Gales y. cuando le pedí el favor de darme algunos periódicos para ponerme al corriente de las noticias. No pude menos que reírme de su inocencia. Yo mismo me sorprendí al ver que. -Querida mía -le dije-.es un buen médico y muchos calmantes. tal era ya la influencia de mi amor por su hija. Ella entonces recordó el ataque de que fui víctima la noche de la llegada y eso efectivamente no pude explicármelo. asegurando que su muerte era cuestión de días. Antes de las diez de la mañana estaba ya en Graden Wester. dos calles en que campean con notable desigualdad varias casitas pobres y bajas componen el lugar y en la esquina de una de estas calles que va a la plaza está situada una miserable taberna por vía de casino del pueblo. Por entonces era yo un excelente andarín. En todo esto no había ni una palabra de italianos ni la menor señal de misteriosa conjuración. Le expliqué primero la vida solitaria y aislada que había llevado. a pesar de estos detalles. no la hubiese abandonado aunque me lo hubiese pedido de rodillas. A pesar de estas afirmaciones el señor Hudlstone no recobró la confianza. «El cobarde estafador -decía textualmente el diario citadodebió fugarse llevando consigo la cantidad cuyo paradero no había sido justificado». cuando entró un individuo en la taberna y pidió pan y queso con marcado acento extranjero. a buscar trabajo. como el caso era extraordinario y la opinión pública se mostraba indignada. desde un mes atrás hasta la fecha. -Lo que vuestro padre necesita -dije. se ofreció la elevada suma de 750 libras esterlinas por su captura. y. y yo. Estaba aún meditando sobre los múltiples incidentes de la ruidosa quiebra. Clara no insistió en mi partida. El pobre hombre había sufrido grandes pérdidas de intereses en sus negocios de Italia y la vista de cualquier natural de este país bastaba para reverdecer su manía aumentando sus temores. y. Me conoció en seguida. vos misma me habéis confesado el precio que recibirá Northmour como recompensa del viaje. -Pero Sir Northmour no ha sufrido penas ni disgustos y también comparte y a veces hasta aumenta sus temores -objeto Clara. ¿Qué trabajo podía buscar en Graden? Me era imposible . El rumor público asociaba el nombre de un personaje de la familia real con la imposición de esta suma. se apresuró a alargarme un paquete conteniendo todos los números. Me había vestido de un modo algo más adecuado a mi posición social y mi primera visita fue para el Pastor en su casita inmediata al cementerio. y si Northmour fomenta los terrores de vuestro padre no es porque le tema a ningún hombre sino porque quiere conseguir una mujer.muchacho y se podía confiar en él. -Si. En resumen. me instalé en la taberna y pidiendo un almuerzo me dediqué a estudiar «La quiebra de Hudlstone». Un día había sido visto en España. Después de darle las gracias y despedirme. que nos encontraríamos a la siguiente mañana y que yo le daría cuenta de mis investigaciones. leería todos los periódicos y procuraría informarme de si había alguna base para esas continuas alarmas. En el último número. pero él se encogió de hombros. Según se desprendía de las columnas del diario el caso era flagrante. decidimos de común acuerdo que yo partiría para la aldea próxima. un telegrama anunció su llegada a Cuba. ni aun trató de disimular que mi proximidad le era agradable y la tranquilizaba. Ya sabéis que todas las estratagemas son buenas ante el amor. por mi parte. Miles de personas habían quedado arruinadas. replicando que el hombre debe de ir a todas partes. Tres viejas casas de piedra forman con la iglesia la plaza del pueblo. y que aquel italiano sería seguramente su perdición. que figuró algún tiempo en las transacciones de la firma Bernardo Hudlstone que había desaparecido de un modo misterioso sin justificar y en qué había sido invertido. y un sujeto se había saltado la tapa de los sesos al anunciarse la suspensión de pagos. Los encargados de liquidar la quiebra habían encontrado las trazas de una importantísima suma. También se decía que el fugado llevaba en su poder cuantiosas cantidades. y como ya he dicho la distancia no pasaba de siete millas. Le dije que sería muy difícil que en aquellas regiones lograra encontrar algún compatriota. encontré algo que no estaba muy claro.

Será imposible imaginar una tarde más siniestra. a mí mismo me confesaba que tenía miedo. fría y continua. había que bajar a la playa y oculto por las colinas de arena dar la vuelta al pabellón y por el otro lado de éste alcanzar el lindero del bosque. y yo caminaba despacio. si los gritos del desgraciado habían sido oídos en el pabellón. que había conseguido con esfuerzo. demostraban que un extranjero había estado por allí. cuyas hermosas facciones. El viento hacía revolotear el sombrero. El viento silbaba entre los árboles. . El incidente me causó una impresión de desagrado. que no pertenecían a ninguno de los moradores del pabellón. -No es eso -le dije yo-. que grité. Desperté sobresaltado y me levanté sobre las rodillas. El golpe fue decisivo. o de una moneda. Empecé a ver italianos por todas partes y por primera vez en mi vida (también puedo decir que por última) fui presa de un gran pánico. Nunca olvidaré este camino. La lluvia empezó a caer menuda. lanzar su último rayo a través de las nubes. pues aunque procuraba razonar con calma. oscuro color y grandes sombreros de fieltro los delataban como pertenecientes a la misma nacionalidad. El tiempo se puso frío y lúgubre. Paso a paso seguí las huellas hasta que me convencí de que éstas acababan en las terribles arenas: era evidente que el temerario o el ignorante había perecido en el pantano. Las ventanas superiores del pabellón dominaban un considerable espacio lleno de hiedra y liquen en dirección a Graden Wester. El sol.hallar satisfactoria contestación. Me contestó que había visto a varios noruegos procedentes de un naufragio en las costas de Graden Wester. Empezaba anochecer. regresé a mi solitario albergue en los bosques marinos. cuando me quedé sorprendido el ver huellas humanas sobre la playa. pero lo cierto es que me despertó una luz muy viva y cerca de mis ojos. y. procuré alejar todos estos motivos de preocupación y me eché a dormir con relativa tranquilidad. Permanecí mucho tiempo mirando aquellos sitios por los que mi conciencia me decía que había pasado la muerte. emprendí el camino de regreso a casa. Comí un poco de sopa que me había guardado del día anterior pues no quería hacer fuego. cuando después de haber devuelto los periódicos en la Rectoría. la verdad es que empecé a contagiarme con el terror al italiano. coloreó de una púrpura sangrienta el eterno amarillo de las arenas. y el sitio de la manufactura era Venedig. la marea baja dejaba casi al descubierto las pérfidas arenas pantanosas. pregunto si habéis visto algún italiano así como el que ha comprado el pan y el queso. Todos los chiquillos de la aldea los rodeaban divirtiéndose mucho con sus figuras exóticas e incomprensible lenguaje. trajo a poca distancia un sombrero de flexible fieltro. ¿Ese demonio negro con los dientes blancos es un italiano? Pues es el primero que veo y puede que con la ayuda de Dios sea el último. la irregularidad de los pasos y lo mucho que éstos se habían acercado a los sitios más peligrosos. empezó a levantarse sobre el mar. lo cogí con el interés que se puede imaginar. con anchas alas y forma un poco cónica como los que yo había visto sobre las cabezas de los italianos. perdido en pensamientos que no tenían nada de alegres. Creo. Mientras hablábamos eché una mirada a la calle para ver por dónde iba el truhán y le vi a unos treinta metros de distancia en animada conversación con otros dos individuos. ello es que mis pensamientos estaban tan sombríos como la tarde. y no sin repugnancia imposible de ocultar. el nombre lo he olvidado. La luz iba siendo escasa. Para evitar el ser visto. que seguían paralelas mi camino. si tal nombre puedo dar a mi refugio de las peñas. y al encontrarme más tranquilo y muy cansado. y mientras el tabernero me hacía el cambio. aunque no estoy seguro. y quizás a causa de estas influencias exteriores o porque mis nervios estuvieran excitados por lo que habían visto y oído. negras y apretadas. Mi pensamiento se empeñaba en reconstruir la escena. Personalmente no tenía nada que temer. El forro era rojo y llevaba la marca de la tienda. sin embargo. -¿Qué decís? -exclamó el buen escocés-. y yo con dificultades logré alcanzarlo. Estaba a punto de hacer un esfuerzo y retirarme. Demostraba haber prestado algunos servicios pero estaba menos usado que los que yo había visto aquel día. y un inmenso penacho de nubes. cuando una ráfaga de viento más fuerte que las anteriores. vi en seguida por su tamaño y la ordinariez de su forma. y confieso que en aquel momento mi incredulidad sufrió un golpe del que salió muy mal parada. Aquel trío tenía un aspecto demasiado extranjero en aquella pobre callecita escocesa y bajo el cielo gris que la cubría. le pregunté si había visto algún otro italiano. Y además de eso. Cuando me incliné a examinarlas de cerca. No sé exactamente cuánto duró mi sueño. en pensar cuánto tiempo había durado la tragedia y en. Este es el nombre que los germanos dan a la hermosa ciudad de Venecia.

Su tono llenó mi corazón de alegría. Primero el trozo de lona con que yo cerraba la entrada de mi cueva y que había dejado bien cerrado cuando me acosté.pero la luz había desaparecido tan rápidamente como apareció. y como la mar bramaba como si fuera descargas de artillería y el viento rugía desencadenado. y el estruendo del huracán era tan horrísono. Los dos nos volvimos y a pocos pasos de nosotros estaba Northmour. que no tenía nada que ver con las alucinaciones y que era la prueba evidente de que allí había estado alguien con una linterna. tenía la sensación de que la vecindad estaba poblada de enemigos. que mis oídos resultaban tan inútiles como mis ojos. volvió a soplar en violentas ráfagas. ¿No tenéis miedo? -No -contestó con una sencillez que me llenó de confianza. Yo la estaba esperando en la playa antes de que ella cruzara las colinas de arena. y la lluvia caía sin misericordia. No es a mí a quien buscaban. batido por el viento y temiendo a cada momento apoyar mi mano sobre el cuerpo de un adversario desconocido. La mañana era fría. y en semejante noche en medio de la espesura que rodeaba mi cueva. La luz que me había despertado súbitamente y el sombrero encontrado en la playa eran dos señales del peligro que rodeaba a Clara y a todos los habitantes del pabellón. No siempre van estas dos condiciones unidas. más blanco que el cuello de . CAPÍTULO V EXPLICA UNA ENTREVISTA ENTRE ARTHMOUR. que aquello no fue más que un relámpago. a no ser por circunstancias hubiera creído despertar de una nueva forma de pesadilla. Una luz que se filtraba por una rendija de la ventana del piso de arriba me hizo compañía casi hasta la aurora. quien quiera que fuera. Transcurrieron uno o dos minutos antes de que yo recobrara por completo el dominio de mi mismo. y después podía aún percibir un olor a metal caliente y a aceite. me hubieran matado esta noche. yo me sentía inmensamente feliz en estar y conversar con ella. -Ahora os lo puedo decir -repuse-. Al preguntarme a mí mismo el motivo de esta extraña conducta. al mismo tiempo que la mejor de las mujeres. Se necesitaba algún valor para lanzarse en medio de tales circunstancias. la contestación no se hizo esperar. pues si así hubiera sido. cuando se abrió la puerta y vi a aquella figura adorada adelantarse en medio de la lluvia. gris y melancólica. -¡Me ha costado tanto poder venir! -dijo ella-. permaneció por completo dueña de sí misma. CLARA Y YO Con las primeras luces de la mañana me dirigí a mi lugar habitual entre las montañas de arena para esperar a mi ya adorada Clara. de la lluvia y del viento. porque mi esposa fue la más valiente. ¿qué hubiera hecho? Cesé de temer por mí mismo y adquirí el convencimiento de algún grave peligro amenazaba a los huéspedes del pabellón. empapado en agua. No sé el tiempo que hubiéramos prolongado nuestro coloquio pues a los enamorados se les pasa el tiempo de prisa. y que en cuanto vieron mi rostro habían huido. pero ella las reunió como nadie. colgaba medio desprendido. La oscuridad era tan completa que podía haber estado rodeado de un ejército sin darme cuenta de ello. es mi única alegría el recordar nuestros amores y la honrada y durable afección que nos ha unido. Serían poco más de las siete y media. Conclusión de todo esto. -¡Clara!-la dije-. Ella apoyando su mano en mi brazo acabó la frase diciendo: -Y yo no había tenido ningún presentimiento. con las manos a la espalda. Si hubiera sido yo la persona que buscaba. No era una explosión de alegría. El viento que se había calmado poco antes de la salida del sol. y a pesar de que no nos habíamos dicho una palabra de amor. y. Le expliqué cuanto había sucedido y aunque sus mejillas palidecieron visiblemente. pero sin encontrar alma viviente ni oír más que el concierto del mar. que había sido despertado por alguien que me había puesto una linterna ante los ojos. a no ser por una carcajada que resonó a nuestro lado y que nos sacó bruscamente de nuestro éxtasis. me había tomado por otro. pero no vacilé ni un momento y me lancé a los campos de hiedra y liquen. No querían dejarme salir lloviendo. sin embargo. el hombre. estos potentes ruidos ahogaban todos los otros. Ahora que la he perdido y que yo he de acabar mi peregrinación solo. Tanto en aquella desolada playa como en los campos de liquen no se veía alma viviente. parecía más bien un desahogo de amargos sentimientos. El resto de la noche lo pasé patrullando en torno del pabellón. Pero quedaba una cuestión por resolver y a ésa temía encontrarle la solución.

y era evidente que mi serenidad le había calmado un poco. pero él me interrumpió brutalmente diciendo: -¡Callad! Hablo con esta joven. ya veréis que pronto las arenas pantanosas pronuncian el divorcio. Ya recordaréis. -¡Bravo! -gritó Northmour-.que estáis casados? Y ¿os atrevéis a decirlo delante de mi cara señorita Hudlstone? -No lo estamos aún -respondió Clara-. ¿Y el trato? Aquí podemos hablar con franqueza. pero. y ella para afirmarlo se acercó un paso a mí. -¿Vuestra qué? -dijo él-. señor Northmour -dijo Clara con gran entereza-. a pesar de todo. -Pero ¿he de entender -preguntó. añadiendo: -Me lleváis mucha ventaja en sangre fría. -¡Ah! ¡Cassilis!. -El mismo -respondí. señorita Hudlstone -dijo en voz baja y silbando las palabras al salir de entre sus apretados dientes-. Hicisteis un trato indigno de un caballero. no desampararéis a un hombre a quien habéis empezado a ayudar. como ninguno de los dos cree lo que dice. porque no me alteré lo más mínimo. ¿Creéis que voy a dar mi yate por nada? ¿Pensáis quizá que voy a arriesgar mi libertad y mi vida por amor al prójimo? ¿O que tal vez llegaré a ser testigo de la boda? Bueno -dijo después con una extraña sonrisa-. porque estoy convencido de que no estamos solos. Dirigió una mirada a su alrededor. ¿Y el trato? Bien sabéis mejor que nadie lo amenazada que está la vida de vuestro padre. mientras referí cómo había venido a Graden. -¡Bueno! -dijo cuando hube terminado-. y yo soy el hombre menos a propósito para irritarme por palabras inútiles. la cosa resulta doblemente tonta y . que es así como cumplís vuestra palabra a vuestro padre y a mí? ¿Es este el valor que dais a la vida de vuestro padre? Y ¿tan enamorada estáis de este caballero que por él lo arriesgáis todo? -¡Señorita Hudlstone! -empecé yo a decir. Después volviéndose a mí dijo: -¿Habéis creído que yo os la voy a ceder sin pelear. -No acostumbro a tener miedo -contesté. ¡Mentira! -Northmour -le dije-. y le conté cuanto había sucedido. -Oigo -dijo ésta.su camisa y con las narices dilatadas por la rabia. -Verdad es. puede. -¡Ay. y si lo estáis. y después me preguntó con relativa cortesía qué es lo que quería decir.dijo en cuanto vio mi rostro. -Lo que yo necesito saber -dijo con violencia.ya sé yo también que habláis muchas veces de una manera imprudente y sin pensar lo que decís. y su mirada pasó sucesivamente de uno a otro. lanzando algunas interjecciones. -El señor Cassilis -dijo Clara-. todos sabemos que tenéis muy mal carácter. y que era yo a quien había querido asesinar la noche de su llegada y por último cuanto sabía acerca de los italianos.es de dónde viene el señor Cassilis aquí. pero al mismo tiempo sé que sois un caballero y que yo no os tengo el menor miedo. -¡Esta joven es mi esposa! -dije yo con altivez. Cassilis. os propongo que bajéis la voz. Frank? La próxima vez lucharemos. ¿soy yo un hombre bueno? -Sin necesidad de preguntar a nadie -dijo Clara. Ya lo había olvidado. y qué demonios tiene que hacer aquí. Cassilis. no tengo más que hacer que meterme las manos en los bolsillos y antes de la noche ya no existirá. él escuchó con profunda atención. él me conoce. tengo ese cementerio particular para los amigos. pero preguntad a Cassilis. y. Me despreciaría a mí misma si pensara o hablara así. sabe tanto como yo. Northmour la miró con aire de admirativa aprobación. pero a la tercera va la vencida. -Y será la tercera -interrumpí sonriendo. -¿Oís esto? -preguntó volviéndose a Clara. Ya están aquí por fin. en eso no hay duda. Yo no dije más que una palabra en explicación de las anteriores: -¡Italianos! Lanzó un juramento redondo. -¡Ah! -exclamó él-. es verdad! -contestó-. -La tercera vez quizás traigáis a la tripulación del Conde Rojo para que os ayude. -Sois un valiente -dijo con peculiar entonación. y ahora puedo preguntaros: ¿qué es lo que vos proponéis? -Propongo quedarme a vuestro lado y ayudaros en lo que pueda -contesté. -Puede que no haya sido tan rápido para ese Italiano -dije yo. Por tanto. pero eso es lo que no llevaréis a efecto. -¿Es decir. Habéis dicho que estáis casado y yo no lo creo. como sois caballero. pero lo estaremos lo más pronto posible.a dos hombres que hablan como cobardes. que a cuatro minutos y medio. que no estéis del todo equivocada. Me miró durante unos instantes. Me apresuré a satisfacer su curiosidad.

que naturalmente arriesgó y perdió. Si empezamos aquí a defendernos a tiro limpio acabará por oírnos alguien en este condenado retiro y entonces es lo mismo aunque diferente como se suele decir. Frank -contestó mirándome de frente-. CAPÍTULO VI QUE REFIERE MI PRESENTACIÓN AL HOMBRE ALTO Fuimos recibidos por Clara y quedé sorprendido de lo completo y seguro de las defensas establecidas. -Os dejo. Con ese dinero tenían que haber hecho una revolución en Padua o el Tridentino y como la revolución no se ha podido llevar a cabo. y aquí tenéis mi mano en prueba de que seré vuestro amigo hasta que hayamos logrado salvar al viejo o que se haya muerto. -Yo soy el ingeniero -dijo Northmour-. continuaríamos regañando. . Northmour la siguió con la vista. porque los dos sois míos. y en esas circunstancias hice pleno honor al almuerzo consumiendo las tres cuartas partes de la botella. os diré que desde ayer no he comido. Las maderas estaban reforzadas por barras y contrabarras y éstas. pues en cuanto se fue nos sentimos los dos más confidenciales. comprendió que mientras estuviera allí. Una barricada de mucha fuerza y sin embargo fácil de transportar. a donde fuimos introducidos directamente. Venid y permaneced con nosotros en el pabellón. era una obra de mecánica fuerte y bien pensada y no traté de ocultar mi admiración por ella. todo en perfecto estado. ¡Qué valiente! Yo quise aclarar la situación en seguida. -Muchas gracias -repuse-. en el suelo o en las inmediatas paredes. desde nuestro último encuentro no voy nunca desprevenido. Entonces me sorprendió Clara. Pero acordaos bien de lo que digo. y las ventanas del comedor. a su vez. ese viejo estafador poseía en depósito los fondos de la sociedad de Carbonarlos doscientas ochenta mil libras. todos estos pillos se han dedicado a la caza de Hudlstone y podremos darnos por muy contentos si salvamos el pellejo. -Oíd. Después me explicó el motivo de tal determinación. ¡Dios le ayude! -Amén -respondió Northmour-. y tenía razón. estaban sujetas por medio de otras que se fijaban en el techo. pudiera ser. Mientras comía continuaba elogiando el sistema de defensa. resguardaba la puerta de cualquier ataque exterior. -¿Estáis armado? -me preguntó señalándome unos rifles alineados contra la pared y unas pistolas colocadas sobre el aparador. -Sí -respondió con negligencia el dueño de la casa-. Ahora atended. mientras cruzaba la playa. -Y ahora retirémonos al fuerte -dijo mi amigo y empezó a guiarme por el camino a través de la lluvia. -¡No hay otra mujer como ella en el mundo! -exclamó-. Podéis creerme o no. pero no es todavía señora Cassilis. -¡Es un demonio! -exclamó Northmour-. todo viene a ser igual. Tenéis que ser amigos. pero hablándoos con franqueza. Si no logro salvar al viejo. siempre he sido un hombre muy sobrio. estamos todos en una situación comprometida ¿no es cierto? -Muy cierto. y no digo más. Rápidamente Northmour me ofreció algunos fiambres y una botella de excelente Borgoña que acepté con sumo gusto y que restableció mis fuerzas. -No sabía que fueseis tan hábil -le contesté. Mi padre ya ha estado bastante solo. Todos llevamos un trozo de infierno pendiente sobre nuestras cabezas. ¿os acordáis de las verjas del jardín? Pues aquí están.ridícula. -Decidme una cosa -pregunté-: ¿qué hay de verdad en eso de los italianos? ¿Y qué es lo que quieren de ese pobre hombre? -¿No lo sabéis? -exclamó-: pues. volveremos a ser rivales y entonces a quien más pueda. llevaban aún más complicado blindaje. uno muy pequeñito. pero tampoco me parece prudente llevar los principios hasta la exageración. Pero una vez concluido ese asunto -añadió-. Pero lo que me desespera es el doble peligro. quiero al menos salvar a la chica. -Acepto -dije estrechándole la mano. pero temo perder esta malhadada vida. convengo en que nuestra situación es muy comprometida y francamente me alegro de vuestra ayuda. que lo maten los Carbonarios o que lo ahorque la Ley. -¡Los Carbonarlos! -exclamé-. Northmour -dije-. -Tal vez podríais soportar un sitio -dije por último.

señor Cassilis -dijo el enfermo-. ¡Ah. Northmour me precedió indicándome el camino. pero hice observar a Northmour. y justamente en este instante oímos su dulce voz que nos llamaba desde lo alto de la escalera.nos habrán rematado y enterrado a todos en las arenas movedizas. y me siento muy mal. bien veis que estoy arrepentido de mis culpas. -Entrad. le reconocí al instante. y sus ojos claros y dilatados por el continuo terror brillaban con intensa fiebre. Aunque apenas le había visto en la noche de su llegada. había cinco ventanas y dos puertas que guardar. -Eso he oído -se apresuró a decir el cobarde viejo-. y así se lo he dicho varias veces al viejo ladrón que está arriba. que los enemigos me habían perdonado a mí. y también me siento orgulloso cuando recuerdo mi conducta. señor Northmour! ¡Entrad. doy este testimonio en su favor con la más íntima satisfacción. ¡Olvidáis. recorrimos ventana por ventana examinando todas sus piezas y haciendo algunas insignificantes variaciones. ¡Oh! ¡Cuánto tengo que agradecer a los amigos de mi hija! ¡Dios los bendiga desde el Cielo y les recompense sus buenas obras! Le di la mano porque no me quedaba otro remedio. Ya me lo ha dicho la niña. En cuanto terminé mi almuerzo. No pude menos que estremecerme al recuerdo de las terribles arenas. y al sentarse con sus largas piernas encogidas y el cuerpo sostenido por almohadas. -¡Adelante. está escrito. pero aún más arrepentido! Todos hemos de comparecer ante el tribunal Divino. vale por diez. -Creo que antes de que llegue el día de mañana -dijo el dueño de la casa. que esta misma noche puedo ser llamado por el Supremo Hacedor! . y cuando llegamos al piso principal llamó a una puerta que solíamos denominar el cuarto del tío. por haber sido el que ocupó el fundador del edificio. y éramos cuatro personas contando a Clara para defenderlas. -¡No!. procedimos a inspeccionar el piso bajo. Por favor. Sentado en la cama que había en esta habitación se hallaba Bernardo Hudlstone. el banquero estafador. -No os hagáis ilusiones -dijo Northmour-. que mientras duró el peligro ni una nube se levantó en el horizonte de nuestras relaciones. acercaos. -Cassilis es un buen muchacho -dijo Northmour-. Temblé por Clara. recordad mis palabras. porque creo que nunca se dio el caso de dos rivales como nosotros que tuvieron necesidad de estar tanto tiempo juntos y solos. señor Cassilis. contra desconocidos enemigos. ¡no!. -Ya que me habláis de él -dije yo-. su nariz torcida y los prominentes juanetes le denunciaban como italiano. para mí. sino por obtener la mano de su hija y cuento con alcanzarla. Otro protector ¿hem? Sed bienvenido puesto que sois amigo de mi hija. Me tendió una mano larga. En mi opinión sólo le quedaban algunas semanas de vida para algunas semanas.Es una cosa infernal esto de tener la Ley en contra. querido señor Northmour -dijo el hipócrita-. Llevaba un gorro redondo de seda negro. tenía un rostro largo y demacrado. Northmour abrió la puerta y me dejó entrar primero. todavía me atrevo a esperar humildemente el perdón de mis pecados. e iremos a parar todos al pantano. flaca y desagradablemente húmeda. querido hijo. No tengáis esas horribles bromas. su cabeza colgante parecía buscar apoyo en las rodillas. tenía una Biblia en la mano. -Ya os saldrá a recibir el diablo -dijo bruscamente Northmour. y si bien yo lo haré como pecador. ¡muy mal!. entonces no ibais en el mismo barco que el viejo. a la vez que Clara salía por la puerta del despacho que había sido habilitado como su cuarto. Las cortinas verdes prestaban un tinte cadavérico a su rostro. pero recordé nuestro pacto y he de decirlo para hacer justicia a Northmour y a mí mismo. Comuniqué mis temores a Northmour que me dijo con gran tranquilidad que participaba de ellos. De buena gana le hubiera dado una bofetada por esta grosera familiaridad. y en la mesita inmediata había varios libros y un par de gafas. querido Cassilis! -dijo una voz inconfundible. pero la simpatía que esperaba sentir por el padre de mi Clara. rodeado de una barba roja y bigotes largos de igual color. y los vigorosos martillazos de Northmour resonaron en el interior de la casa. quedó instantáneamente deshecha al ver su aspecto y oír su quejumbrosa y poco natural voz. Estos trabajos de fortificación me dejaron muy descorazonado. -Sean los medios los que quieran ¿eh? -pero reportándome añadí-: ¿Cómo tomará señor Hudlstone mi intrusión? -Dejemos eso a Clara. ¿qué clase de persona es? -Es un idiota al que me alegraría mucho que le retorcieran mañana mismo el cuello todos los demonios de Italia -fue la amable respuesta-. Yo no me he metido en todos estos líos por él.

y como con el mismo trabajo pueden obtener las dos cosas. y dejémoslo en el suelo delante del pabellón. -¡Oh! ¡Qué malo! ¡Qué malo sois! -dijo el desdichado amenazándole con un dedo-. ¡No. ambos ricos y que no queremos dinero robado. me ha faltado tiempo.Daba pena ver su espanto y yo mismo me indigné con Northmour. por qué no han de intentarlo al menos. vuestra conciencia está más curtida que el cuero de las Américas del Sur. señor mío -dije yo después de pausa-. pero todo esto ha pasado después de la muerte de mi esposa. -Vamos. únicamente no habéis curtido vuestros nervios. Permaneció en esta actitud algunos momentos como un hombre próximo a desmayarse. pues ya he dicho que aquel hombre despertaba pocas simpatías. -Sí. ¿Es cierto que tenéis en vuestro poder una gran suma de dinero? Pareció serle muy desagradable la pregunta. -¡No! ¡No! ¡No! -gritó fuera de sí el estafador-. y si hubiera estado en nuestro . se pagará el tanto por ciento. pero siempre he conservado mis creencias. Hudlstone -dijo Northmour-. ¡por el rey George!. ya comprendéis que esos endiablados italianos después de todo están en lo justo. ¿Ese dinero pertenece a los que os persiguen? Pues ¿por qué no se lo dais? -¡Ah! -exclamó el viejo sacudiendo la cabeza-. cuyas impías ideas me eran bien conocidas. ¡voto a todos los diablos!. pero no es eso lo que quieren. Es cierto que no he practicado mucho durante mi vida... Northmour y yo estábamos persuadidos que un ataque era inminente. Sois un hombre de mundo por dentro y por fuera. -Una palabra. Luchó consigo mismo como un hombre que está próximo a enfadarse pero a quien la prudencia le demuestra la inoportunidad de hacerlo. Las frases eran crueles pero no inmerecidas. por fin. pero ahora permitidme que descanse un rato. y en cuanto a vos nada necesitáis. ¡He sido muy perverso. No os hacéis justicia. bien sabéis que lo que decís no es verdad. CAPÍTULO VII RELATA LOS EFECTOS DE UNA PALABRA QUE PENETRÓ A TRAVÉS DE LAS VENTANAS Los recuerdos de aquella tarde no se borrarán nunca de mi mente. con gran gusto por mi parte. vamos. Nos apresuramos a obedecerle. ¡quieren mi sangre! -¡Hudlstone! -dijo Northmour en su peculiar estilo-. confesó que tenía algo. y aunque le oía estremecerse y angustiarse no pude menos de añadir por mi propia cuenta: -Este caballero y yo estamos prontos a exponernos para que salvéis vuestra vida. -Queridos míos. ¡Oíd! -gritó súbitamente extendiendo su contraída mano mientras su rostro se descomponía aún más por el terror-. gracias a Dios! -murmuró dejando caer la cabeza sobre las almohadas y respirando más fuertemente. y mejor sería que estuviera en el fondo del mar -dijo el dueño de la casa. señor Cassilis! No trato de negarlo. -Más vale así -contestó Northmour con su tono más áspero-. pues o mucho me equivoco o de un modo u otro vais a acabar pronto. y dirigiéndose al enfermo añadió-: ¿por qué me hacéis esa serie de horribles muecas? ¿Teméis que Cassilis os lo robe? El avaro protestó diciendo que nada estaba más lejos de su intención. y esto creedme. querido Hudlstone -dijo él-. es un descuido imperdonable. -¡Bah!. -gimió el miserable. añadid que lo que les habéis ofrecido era una miseria y para llenar el déficit han querido tomar vuestros viejos huesos. -Os iba a proponer una ocupación para esta noche. sólo la lluvia. -Bueno. Luego un poco más tranquilizado volvió a abrumarme con sus frases de gratitud por la parte que yo pensaba tomar en su salvamento.. Nunca ha sido esa vuestra intención. Llevemos este dinero moneda por moneda. al oírle burlarse del arrepentimiento del pobre viejo. no sé. nada. aquí estamos dos pretendientes. -Vuestra hija no necesita nada -le interrumpió Northmour. ¿Qué ibais a decir? -me preguntó. y a veces un ruido. -¿Está aquí el dinero? -pregunté yo. Si los Carbonarlos vienen. pero no a contribuir a que escapéis con dinero mal adquirido. que se lo lleven puesto que es suyo. porque acabaréis por aburrirnos con vuestras tonterías. y avezado a toda clase de picardías desde antes de que yo naciera. todo lo dejo en vuestras manos.. ya he probado ese medio. pero aunque de mala gana. señor Cassilis. -Pero mi hija. haced de mí y de mi dinero lo que gustéis.y para nada lo necesita. ¡Ese dinero no puede tirarse de esa manera! Pertenece a todos mis acreedores.

Había dejado de llover y el sol brillaba alegremente. No transcurrió mucho sin ver recompensada mi pericia. No traté de perseguirle. pero estábamos nerviosos. De repente. prefiero cien veces la muerte. sobre un montecillo cubierto de hiedra. pero jamás he encontrado libros tan insípidos como todos los que cogí y arrojé sucesivamente aquella tarde en el pabellón. . esperamos que nuestra aparición con el cofrecito provocaría una entrevista y quizás un convenio. habríamos usado de él para precipitar los sucesos en lugar de retardarlos. No podía ser más que uno de nuestros espías. estoy seguro de que la habríamos desechado por descabellada. uno de estos pájaros chocó contra mi cabeza lanzando su grito peculiar en mis mismos oídos. y sin embargo ni un indicio indicaba la presencia de nuestros enemigos. Miré donde me decía. Aproximadamente a las tres salimos del pabellón. Pero no había practicado inútilmente durante tantos años la vida de vagabundo. Ya sabía lo que deseaba. La firmamos los dos bajo juramento de que aquello era cuanto quedaba de la quiebra Hudlstone. saltando sobre la maleza. y sí hubiéramos estado en el pleno uso de nuestras facultades. Ésta ha sido quizá la acción más loca perpetrada por personas que pretenden estar en su sano juicio. -Esto es una advertencia -dijo Northmour-. Además como ambos estábamos convencidos de que los alrededores de las colinas de arena estaban llenas de espías que observarían todos nuestros movimientos. Nunca he tenido pretensiones de crítico. una oleada de calor invadió todo mi cuerpo. excitados por el peligro de Clara.poder el alterar los acontecimientos. pero. aproveché cada ventaja del terreno para esconderme y logré hallar. algo más elevado que los demás y a pocos metros de mi guarida vi aparecer a un hombre casi en cuclillas corriendo todo lo deprisa que su posición le permitía. era otro siempre creíamos oír algún ruido sospechoso u observábamos los campos desde las ventanas. hacia el norte del bosque marino y vi una pequeña columna de humo que se elevaba derecha hacia el ahora despejado cielo. resolvimos llevarlo a cabo. un punto estratégico desde el que dominaba varias sendas al mismo tiempo. Contesté en el mismo tono: -¿Y si después de todo no hubiera nadie? -¡Mirad allí! -dijo. yo voy a saber algo aunque necesite meterme en su mismo campo. que estábamos observados y sitiados en el pabellón. sin hacer el menor ruido. quedábamos como convictos criminales por nuestro propio testimonio escrito. Cuando desistimos. pero no se me ocurrió nada. Si hubiese caído el mencionado cofrecillo en otras manos que en las que pensábamos nosotros. y murmuró: -¡Voto a todos los diablos! Esto es demasiado para mí. A unos dos metros de la puerta. indicando con la cabeza como si tuviera miedo de señalar el lugar. Lo peor era la intranquilidad y no concibo tormento mayor que la inacción a que estábamos obligados. Levantamos la voz para gritar en italiano que éramos embajadores para arreglar unas diferencias. ninguno de los dos tenía la cabeza despejada y teníamos verdadera sed de hacer algo. Hasta la conversación se hacía imposible con el largo transcurrir de las horas. en un declive del terreno. pero continuó el silencio sepulcral interrumpido sólo por el mar y los gritos de los cuervos. La suma estaba. Volvió él a dirigir una mirada alrededor y movió la cabeza aprobando mi proposición. parte en billetes de Banco y parte en letras pagaderas a nombre de James Gregory. La circunstancia me había impresionado a pesar mío. Mi corazón latía como si me dieran martillazos dentro del pecho cuando me puse en movimiento hacia el lugar donde salía el humo. viendo que ya no era posible ocultarse. Nunca había visto a los cuervos volar tan cerca de la casa. El sitio a donde debía dirigirme era tan cerrado y los árboles y matorrales tan espesos que hubieran podido cubrirlos. que nos distrajera de la agonía de la espera. se enderezó y con la ligereza del gamo. parte en metálico. lo llamé en inglés y en italiano. desapareció de mis ojos. ni acercarse tanto a las personas. y aunque poco antes sentía fresco. Northmour agitó un pañuelo blanco en todas direcciones sin el menor resultado. depositamos el pequeño cofre. hablando en voz baja-. Se creen que ya estamos muertos. y con el mismo sigilo retrocedí sobre mis pasos y me reuní con Northmour que seguía esperándome en la puerta del pabellón junto al repleto cofrecillo. Miró éste nerviosamente a la puerta como si temiera que alguien se hubiera introducido furtivamente en el pabellón. Al abrir la puerta. Quedaos aquí para defender el pabellón. no es posible soportar por más tiempo esta situación. pero él. y aunque el hacerlo era confesar la presencia de señor Hudlstone en el pabellón. Tan pronto como lo vi. como ya he dicho. La contamos y reunimos en un cofrecillo propiedad de Northmour y escribimos una carta en italiano que fue atada al asa del cofrecillo. -Northmour -le dije. Discutimos una vez y otra mi proposición respecto al dinero. Traté de contestar algo. Cuando no era uno. sentía yo un peso en el corazón y hasta Northmour estaba muy pálido.

Northmour y yo cambiamos una mirada significativa y cada uno hizo sus propias reflexiones al ver el alterado aspecto u otro. mientras Northmour ayudaba a Clara en la cocina a preparar los manjares. se limpiaba la frente con su pañuelo. Pero sí tuviéramos la suerte de poder escapar de esos forajidos. ¿Sabéis -añadió con una melancolía muy rara en él. querido amigo. Creo que todo es inútil. pensé. La partida me interesa y procuraré ganarla. precisamente porque era egoísta. y os aseguro que en este momento no os guardo rencor. porque no me enfado aunque tratáis de ello. y el cofrecillo permanecía intacto en el mismo sitio en que lo habíamos dejado hacía algunas horas. señor Cassilis. ¡Ah! Frank. Se detuvo al pie de la escalera.que creo que somos dos de los hombres más desgraciados de Inglaterra? Rondamos los treinta años y no tenemos ni mujer ni hijos ni siquiera una negocio que regentar ni que nos dé interés en la vida. seáis vos o yo. -Si me vencéis. hizo asomar las lágrimas a mis ojos y llenó mi cerebro de un pensamiento. y ahora vamos a rompernos la cabeza por una muchacha como si no hubiera varios millones de ellas en el Reino Unido. aunque en su mayor parte fiambres. que tres personas jóvenes como nosotros mueran por defender a un criminal moribundo! Antes de que nos sentáramos a comer observé el campo desde una de las ventanas del piso principal. apuraba su vaso y volvía a tomar parte en la conversación. -Bueno. Parecía que por un tácito convenio renunciábamos a mencionar nada que se refiriese a nuestra actual y crítica situación. ¡Por la Biblia! ¡Más le valdría que le arrojaran al agua con una piedra de molino al cuello! ¡Vamos a beber algo! -añadió como si quisiera escapar a los dulces y melancólicos pensamientos que llenaban su corazón. -Tenéis razón -le dije-. los vinos eran buenos y las viandas. se sentó sobre la mesa del comedor y levantó un vaso de jerez hasta sus ojos. Su conducta. entonces os ganaré la partida de un modo o de otro. Frank -murmuró-. lanzaba éste miradas angustiosas con sus claros ojos febriles. el que pierda esta partida. y esta siniestra soledad me impresionaba más que lo hubiera hecho un regimiento entero. Pareció ofenderse de mi respuesta y dio algunos pasos en silencio. ¡por la Italia Irredenta! El resto del día se pasó en el mismo tedio e intranquilidad. En mis idas y venidas pude oír su conversación y quedé sorprendido al ver que hablaban de mí. Muy conmovido por sus palabras acepté. pero esto ya va siendo demasiado. mientras que Northmour y yo nos hacíamos frente a los lados. -¿No habéis podido verle la cara? -me preguntó. la extensión de liquen y hiedra estaba completamente desierta. me daré a la bebida. Ahora podéis ir arriba a hacer la corte a Clara. ¿Qué haréis vos en ese caso? -Sólo Dios lo sabe -respondí. muy humano. Northmour felicitaba a Clara con ironía sobre su elección de esposo. y dadas las circunstancias la comida fue más alegre de lo que se podía esperar. Sólo cuando la puerta se cerró y colocamos de nuevo la barricada respiré con alguna libertad. Cierto es que de tiempo en tiempo. . -Y yo me quedo aquí también. ¡Qué lástima. hasta los cuervos se habían alejado y revoloteaban sobre la playa y las colinas de arena. -Sí -contestó él-. bebamos. yo aquí me quedo. El día empezaba a declinar. ¡qué lástima que seáis un asno. pues. Que os fastidie o no. y desde allí me dijo: -No me habéis comprendido -replicó-. Northmour o yo nos levantábamos para recorrer las defensas y en cada una de estas ocasiones que recordaban a señor Hudlstone lo trágico de su situación.Mi relato pareció ponerle aún más pálido. era siempre incluyéndose él también en la censura. vistiendo una larga bata amarilla se sentó a la cabecera de la mesa. La lámpara difundía su luz clara. aunque me deis permiso para ello? -¡Frank! -me replicó sonriendo-. Démonos un buen apretón de manos. yo hablo por mi propia satisfacción y no para divertimos. unida a las sentidas frases que poco antes me había dicho y a la inminencia del peligro. El señor Hudlstone. Frank -dijo-.que en estas circunstancias voy a dejaros solo. -Me fastidiáis -le contesté. -Estaba de espaldas. bien sazonadas y apetitosas. Puse la mesa para la comida. y en su cara se acentuaba la máscara del terror. ¿Creéis -le dije. Cuando volvimos a entrar en él. lo que se dice dos pobres diablos. me da igual. Pero pasado ese momento. porque hay en vos material para un hombre! Yo creo que debe ser hoy mi último día. pero no conversaban mal de mí y si me dirigía alguna pulla. Clara a la otra. ¡Démonoslo!. tiene desde luego mi compasión. Todo estaba tranquilo en el pabellón iluminado por los rayos solares. no me tengo por cobarde. porque me temo que sea el último. -Vámonos dentro.

Aggie era el nombre de la vieja nodriza. y me apresuré a tranquilizarla con las más tiernas palabras y olvidando por completo la situación. permaneciendo sin mover ni un dedo en la misma actitud que cayó. en condiciones tan desfavorables. cuando nuestra charla fue interrumpida de la manera más inesperada. Su hija empezó a mojar sus sienes y a prestarle los cuidados compatibles con la situación. Me estaba explicando. un momento después me decía con voz casi natural: -Convendría dilucidar un punto. Durante toda la operación que fue larga y penosa. Northmour fue a la chimenea y extendió sus manos ante las calientes cenizas como si tuviera frío. ni decir una palabra. comprendí que era un polemista de primer orden. -¡Maldito abejorro! -dijo Northmour-. la perspectiva de esta lucha interior me aterró. Creo que me dejaría fusilar cuantas veces quisieran por obtener la recompensa de una mirada como aquella. El tiempo continuaba claro. mientras yo le observaba y me estaba preparando para lo peor. A la entrada del bosque se veían algunas sombras. los manejos de una sociedad mercantil a la que había pertenecido en su juventud y todos le oíamos con interés mezclado de un poco de embarazo. -Gracias a Dios -dijo Northmour. y aunque yo no hubiera podido querer a aquel hombre. empecé a comprender su anterior éxito en los negocios y la especie de sugestión que sobre tanta gente había ejercido. esto demuestra que no quieren hacer ruido. la luna que estaba casi llena. a Bernardo Hudlstone y le dejamos toda la operación. y aunque nunca tuve ocasión de verle hablar más que aquella tarde. arrojaba su pálida luz sobre los campos de hiedra y liquen. De nuevo estábamos condenados a esperar. ya estaba ella ante mí preguntándome si estaba herido. no dio señales de vida. rompiendo el cristal. pues me parece que no tardarán en volver! CAPÍTULO VIII TRATA DE LA ÚLTIMA APARICIÓN DEL HOMBRE ALTO Reuniendo nuestras fuerzas los tres que estábamos allí. y el que en estos momentos se acordara de ella era un rasgo que me sorprendió mucho en él. pero era imposible distinguir si se trataba de hombres agachados o de la sombra de los árboles. hasta que la voz de mi rival me volvió a la realidad. quiso levantarse y cayó desplomado al suelo. comprendí que nos veía y su rabia seguía aumentando como la marea creciente. se pasó la mano por la frente y haciendo un visible esfuerzo logró dominar su furor. cuando me atacó en la habitación vecina. mientras nosotros dos corrimos a la ventana. Un ruido como si algo rozara el cristal de la ventana nos dejó a todos mudos y blancos como el papel. con tanta maestría como ánimo. Sus talentos sobre todo eran de los que brillan en sociedad. y en este instante se sintió un ruido leve y una bala. -Es una escopeta de aire comprimido -dijo-. A pesar de que no nos miraba.que Aggie no ha venido hoy. pero por más que esforzábamos nuestros ojos. tendido en la cama del cuarto del tío. quedó sepultada en la madera a dos pulgadas de mi cabeza. y de pronto una voz formidable lanzó a través de las ventanas la palabra italiana: ¡Traditore! El señor Hudlstone dejó caer la cabeza hacia atrás. pues era un ruido semejante al que esos animales hacen. Northmour y yo nos precipitamos a coger los rifles y Clara corrió hacia su padre. El señor Hudlstone no tenía un carácter vulgar. Disculpaba su furor. no podíamos ver nada movible. pero temblaba por las consecuencias que podía traer.Quedé admirado de su erudición y de los conocimientos que desplegaba. Dejé a Clara al lado de su padre y le miré. ¿Quieren hacer una endiablada tortilla con todos . Oí el grito de Clara y antes de que yo hubiera podido hacer un movimiento. el mismo aspecto tenía nueve años atrás. le seguí maquinalmente con los ojos y para hacerlo tuve que volver la espalda a la ventana. De repente. Cuando una batalla nos esperaba en el exterior. ¡Callad! El mismo ruido se repitió por dos veces. llevamos arriba. como pudimos. Sus dotes eran extraordinarias. Volvió a reinar el silencio en torno del pabellón y Northmour dijo: -¡Pronto! ¡Llevadle arriba. sus ojos giraron en sus órbitas. -Un abejorro -dije yo por fin. Estaba de pie con la espalda a la chimenea y las manos a la espalda y por la sombría mirada de sus grandes ojos comprendí que padecía un ataque de cólera.

Aunque estaba a algunos metros de distancia. y llegándose a la ventana la abrió. en tono y frases tan incoherentes como los que se oyen en los manicomios. Volvió a abrir los labios y pronunció varias palabras en una voz tan estentórea que no sólo se oyó en todo el pabellón. Él me lanzó una mirada de triunfo y comprendí entonces que al arriesgar su vida. De pronto una voz nos llamó desde fuera. que no le abandonáramos. ni aun estando de buen humor. -¡Frank! -me dijo cuando se calmó su hilaridad-. -¡Oh! ¡señor Northmour! -dijo Clara como si le reprochara su despiadada afirmación. vos y yo Frank. que extendía hacia nosotros. ahorcar a Hudlstone y tener a Clara entre mis brazos. Hudlstone! -preguntó Northmour volviéndose hacia el lecho-. Sacudió él los dedos diciendo: -Esto sólo acaba de empezar. ¡Eh. Soy casi tan alto y tengo el pelo rubio. todos los demás serían respetados. Y cogiendo la lámpara para ser más visible se acercó a la ventana desafiando la muerte por breves momentos. hombre. no había tenido más objeto que atraer la atención de Clara y desposeerme a mí de mi aureola de héroe momentáneo. Nunca he visto espectáculo más abyecto que la vista de aquel degradado viejo. Habéis sido un infeliz en la vida y según parece vais a morir lo mismo. podíamos ver la luna reflejarse en sus ojos. o se contentan con Hudlstone? ¿Es que a través del cristal os han confundido con él u os han tirado por vuestros bellos ojos? -Me han tomado seguramente por él -contesté-. la sarta más brutal de juramentos. Si les entregaban al traidor Hudlstone.nosotros. y vos también. de lo contrario no escaparía nadie. -Voy a asegurarme -dijo. entreteniéndose en abrir y cerrar la llave. ya no tendrán tantos miramientos. añadió-: Pero. era hombre que reía mucho. -Sí -dijo tranquilamente Northmour dejando la lámpara sobre la mesa-. se lo metió en el bolsillo y desapareció andando despacio. pero admirada de la loca temeridad que acababa de presenciar. El parlamentario italiano retiró su trapo blanco. y dejar a ese esqueleto en la cama sólo con sus culpas. Y yo creía que continuaba presa del desmayo. Ahora nos toca a nosotros. Son todos caballeros y soldados. moriría con satisfacción y orgullo. -Basta -dijo Northmour. Quería tirarse de la cama para arrodillarse a nuestros pies. Se sentó con un rifle sobre las rodillas. Se trata solamente de Hudlstone. reteniéndola casi a la fuerza. empezó a solas en tono declamatorio. sino seguramente en todos los rincones del bosque. Creo que en este momento la idea que más complacía a Northmour era la de que antes de que pasara la noche íbamos a perecer todos infaliblemente. pero el mismo terror le hizo volver en sí y empezó a suplicarnos. pero tuve el comprensible egoísmo de impedírselo. luchando por conservar una vida que la enfermedad tenía ya minada. pero un instante después le arrancaba yo a mi adorada Clara y le arrojaba a él contra la pared con una furia que centuplicaba mis fuerzas. -Hacen una guerra honrosa -dijo Northmour-. no os escandalicéis jovencita. todos vamos por la posta a ese sitio desconocido y llamado eternidad y bien se puede gastar una broma antes de emprender el viaje! Por mi parte creo que si pudiera. ¡Buenas noches! ¡Hasta la vista! -Y viendo que yo permanecía silencioso e indignado. por entre las colinas de arena. Clara quiso correr a él para quitarle de aquel peligrosísimo puesto. cuando se calienten los dedos tirando. Antes que yo pudiera hacer nada para impedirlo cogió en sus brazos a la descuidada muchacha y le aplicó dos sonoros besos. Desde la ventana pudimos ver a la luz de la luna un hombre inmóvil de frente al pabellón y con algo blanco en la mano. Más agradable sería poderse batir en su campo. blasfemias e interjecciones que contienen los idiomas inglés e italiano. -Como gustéis -dijo él encogiéndose de hombros-. -¡Y bien. hermosa señorita. porque nunca. Era la misma voz que había gritado: ¡Traditore! a través de la ventana. Soltó él una larga y ruidosa carcajada y creo verdaderamente que sus encontradas emociones le produjeron un rapto de locura. se inclinó afuera y con total olvido de lo que se debe a la presencia de una señora. y que ahora hacía una proposición clara y concreta. pero . ¿qué pensáis de esto? Hasta entonces momento el banquero no había dado señal de vida. ¿habéis creído que vamos a morir con la corrección de un baile de etiqueta? Me separé de él con una mirada de desprecio que no traté de ocultar.

separaba la barricada de la puerta. saltando de la cama: -¡Fuego! ¡Han pegado fuego a la casa! Northmour se puso de pie de un salto y él y yo corrimos a la puerta que comunicaba con el despacho. -¡Bueno. -No nos queda más remedio -contesté yo. a su calor saltó un cristal de ella que cayó sobre la alfombra. quedará resguardada. murmurar algunas oraciones mezcladas con súplicas y palabras incoherentes. no puedo negar que le desprecié al creerle tan cobarde en aquellos momentos. el pabellón ardía como una caja de cerillas. a pesar de lo impío de semejante pensamiento. Clara. mientras estaba sin respirar a su lado. se volvió rápidamente y nos dio tan vigoroso empujón a Northmour y a mí que nos hizo vacilar y retroceder y aprovechando el instante en que lo brusco e inesperado de la acción nos tenía incapacitados para todo movimiento. dijeron: -Ninguno. que quizás estuvieran ya próximos a entrar en la casa. . mientras una espesa columna de humo subía recta hasta el cielo. Vamos a buscar salida por vuestro antiguo cuarto. amenazando a cada instante con derrumbarse sobre nuestras cabezas. Clara que estaba pálida como la muerte pero sin perder el control. Northmour y yo cargamos nuestros revólveres. En el piso principal cayó algo pesado que dio a entender que también por allí se extendían sus destrozos. En un instante estuvimos en él. el calor empezaba a hacerse excesivo. aumentando por momentos su incremento. y apenas habíamos llegado abajo. El señor Hudlstone. pero con un aire resuelto que no le conocía aún. Yo le oí. la tempestad de nuestros corazones nos había casi hecho olvidar la que se cernía sobre nuestras cabezas. No se veía ni un ser humano a derecha e izquierda. dejando el puesto a un humor taciturno y sombrío. -¡Que abra Clara la puerta! -dijo el arquero-. Mientras tanto. nos ordenó que nos pusiéramos detrás de él. y nosotros roguemos a Dios nos perdone nuestros pecados. Habían pegado fuego al tejadillo de la galería que servía a Northmour de cámara fotográfica. A todo lo largo de la parte de atrás del pabellón habían puesto y encendido montones de leña seca. ardo en deseos de llegar a las manos con el enemigo y concluir de una vez. con una fuerza sobrenatural en un hombre como él. cuando la ventana de la escalera cayó con estrépito dando paso a un haz de llamas que empezó difundir por todas partes el terrible y destructor elemento. En cuanto a mí. ardía bravíamente. sonaron al menos doce disparos y Bernardo Hudlstone cayó profiriendo un lúgubre alarido. Clara y su padre. Pero en este momento el señor Hudlstone lanzó un estridente grito y exclamó. sostenía la bata que se había de poner su padre y envolvía a éste con una mirada muy triste. Cuando bajamos las escaleras. -¡Me alegro! -murmuró Northmour-. Así si hacen una descarga. De entre los primeros árboles del bosque y desde detrás de las colinas de arena se oyeron voces que repetían la palabra ¡traditore! como si hubiera sido la sentencia de los invisibles vengadores. -¡Mal negocio! -exclamó Northmour-.pude observar que aquel acceso de alegría (el único que le conocí) había pasado ya. El rumor del incendio llenaba nuestros oídos. se alzó un penacho de llamas delante de la ventana. Coincidiendo con nuestra entrada. en una palabra. el señor Hudlstone rehusó un arma de fuego y con una exaltación febril que le hacía parecer un iluminado. abrimos la persiana y miramos alrededor. un segundo más y la puerta estuvo abierta. y espesa columna de humo denso y negro empezaba a penetrar en la casa. señora y caballeros! -dijo Northmour-. pues a pesar de la lluvia de la mañana. pues apenas Northmour y yo cogimos a Clara entre los dos y quisimos acudir en su ayuda. El señor Hudlstone se estaba poniendo las botas con las manos temblorosas. Las llamas y la luna iluminaban todo el espacio de los campos de liquen y hiedra con cambiantes reflejos. Las llamas habían prendido ya en varias partes. La habitación estaba iluminada por una luz roja y siniestra. a su lado. Y. La puerta de atrás estaba ya cogida en medio de un inmenso brasero. con diferente tono. pero que debería haber sido regada con alguna sustancia combustible. ¿Qué opináis de una salida? ¡El horno está cada vez más caldeado y no vamos a esperar a cocernos. levantó los brazos sobre su cabeza y como hombre fuera de sí se lanzó fuera del edificio gritando: -¡Aquí estoy! ¡Soy Hudlstone el traidor! ¡Matadme y perdonad a los demás! Su aparición súbita no pasó inadvertida para nuestros enemigos. Durante todo este tiempo no nos habíamos ocupado de los asaltadores. ¡Gracias a Dios ya llegamos al fin! Volvimos al cuarto del tío.

En este momento se desplomó el techo del pabellón; tan rápidos habían sido los progresos del fuego. Ruidos de cristales rotos y crujidos de maderas acompañaron al sordo y horrible de la caída y la vasta columna de llamas se elevó hasta las nubes. El incendio en este instante debía verse a veinte millas de distancia en el mar, desde la playa de la aldea y desde Graystiel, o sea el límite de las colinas Caulder. No podía quejarse Bernardo Hudlstone de que no ardiera una buena pira al lado de su cadáver; quizás Dios, en su infinita misericordia, le había perdonado en gracia de su muerte altruista, los crímenes de su vida. CAPÍTULO IX CUENTA COMO CUMPLIÓ NORTHMOUR SU CONTRATO Enormes serán las dificultades con que luche para poder explicar claramente, lo que ocurrió después de esta muerte el muelle trágica. Cuando miro atrás, todo lo veo vago e impreciso como los esfuerzos de un durmiente durante una pesadilla. Clara, según recuerdo, lanzó un gemido y hubiera caído al suelo si no lo hubiéramos impedido sosteniéndola Northmour y yo; no creo que nos atacaran a nosotros; no recuerdo haber vista un solo enemigo; lo que sí sé es que abandonamos el cadáver del desgraciado banquero sin dirigirle siquiera una mirada, y que corrí llevando a Clara en mis brazos y disputándosela a Northmour cuando éste trataba de aliviarme de mi querida carga. Cómo nos dirigimos a mi cueva en las peñas de Hemlock, ni cómo llegamos a ella son cosas que han quedado para siempre borradas de mí recuerdo. La primera imagen que se presenta distinta en mi memoria es que habíamos depositado a Clara en la entrada de mi cueva, y un instante después Northmour y yo luchábamos como dos fieras; me dio un golpe violentísimo con la culata de su revólver en la cabeza y a la abundante hemorragia que esto me produjo atribuyo la inmediata claridad de mi mente. Detuve su mano con todas mis fuerzas, y le dije: -¡Northmour! ¡Matadme después!, pero antes atendamos a Clara. Éste se hallaba en uno de sus períodos álgidos de locura occidental; al oír mis palabras dio un salto y arrojándose sobre Clara, la estrechó contra su pecho. -¡Miserable! -grité yo-. ¡Sois indigno del nombre de caballero! ¡No sois más que un cobarde! Volvió a dejar a Clara en el suelo y levantándose se conmigo diciendo: -Os he tenido bajo mi mano, y ¿aún me insultáis? -¡Cobarde! -repetí-. Si esa mujer tuviera todas sus facultades, ¿sabéis si recibiría con gusto vuestras caricias? ¡Estáis seguro de lo contrario! Y ahora mientras está quizá moribunda gastáis este precioso tiempo en ultrajarla en lugar de prestarle ayuda! ¡Dejadme socorrerla! Por unos minutos me miró sombrío y amenazador y cambiando repentinamente de idea, dijo: -Socorredla, pues. Me arrojé a su lado de rodillas y traté de cortar con mi pequeña navaja las ropas que la oprimían, pero la mano de Northmour cayó sobre mi hombro como una tenaza, y con voz alterada me dijo: -¡No la toquéis! ¿Creéis que no tengo sangre en las venas? -Northmour -grité desesperado-, si no me dejáis prestarle los cuidados que pueda me vais a obligar a que os mate. -¡Mejor! -gritó el violento joven-. ¡Que se muera ella también! Es la mejor solución. ¡Ea! Levantaos de ahí, y terminemos nuestra lucha. -Os haré observar -dije yo levantándome sobre una rodilla- que yo no me he permitido la menor libertad. -¡Ni yo lo hubiera permitido! -respondió él con altanería. Al oír estas palabras un vértigo me dominó y me indujo a hacer una de las acciones de que más me he avergonzado en toda mi vida, aunque mi buena esposa me afirmó mil veces que ya podía estar seguro de que mis caricias eran bien recibidas por ella estuviera viva o muerte. El caso es que volviéndome a arrodillar, separé los hermosos rizos de sus cabellos, y con el mayor respeto coloqué un momento mis labios sobre aquella pura y fría frente; fue una caricia pura como la de un padre o como el beso de un hombre que va a morir por una mujer que ya está muerta. -Ahora -dije levantándome- a vuestras órdenes, señor Northmour. Pero, con gran sorpresa por mi parte, vi que éste me había dado la espalda. -¿No me oís? -repetí, -Sí -contestó sin darse la vuela, y en un tono inseguro-. Si queréis luchar estoy preparado, pero si queréis tratar de salvarla por esta noche, esperaré a mañana. Me da igual.

No esperé a que me lo repitiera, sino que volviéndome a inclinar sobre Clara, proseguí mis esfuerzos para hacerla volver en si el conocimiento. Continuaba blanca e inmóvil. Empezaba a temer que su alma pura había abandonado las miserias de este mundo y un horror y desolación profunda invadió todo mi ser. La llamé por todos los nombres más cariñosos; traté de calentar sus frías manos entre las mías, tan pronto le colocaba la cabeza baja, como la volvía a colocar sobre mis rodillas, pero todo parecía inútil para conseguir levantar aquellos párpados que pesadamente cubrían sus ojos. -¡Northmour! -le dije de pronto-. Por amor de Dios, coge mi sombrero que está ahí, llenadlo en ese manantial y traédmelo. Al instante estaba a mi lado con el agua. Me hizo observar que había traído el agua en su sombrero, añadiendo: -Espero que me concederéis ese privilegio. -Northmour... -empecé a decir, pero me interrumpió violentamente. -¡Callaos! -replicó-. Lo mejor que podéis hacer es no hablar. No tenía yo tampoco humor de conversación viendo a mi adorada en aquel estado y temiendo por su vida. Continué, pues, en silencio, esforzándome por aliviarla, y cuando el sombrero estuvo vacío se lo alargué añadiendo: más. En tres ocasiones cumplió mi encargo, cuando Clara, ¡por fin!, abrió los ojos. -Ahora -dijo él-, puesto que la señorita está mejor, creo que podréis excusar mi presencia. ¡Buenos noches, señor Cassilis! ¡Hasta mañana! Diciendo estas palabras, se perdió en la espesura. Yo encendí fuego porque no temía a los italianos, que hasta habían respetado todos los objetos de mi domicilio del bosque. Hice cuanto estaba en mi mano para lograr que, a pesar de los poquísimos medios de que disponía y de los estragos que la horribles emociones de aquella noche habían causado en ella, Clara se tranquilizara algo y descansara un poco, velándola yo con tanto respeto como cariño. Ya había aclarado el día, cuando un enérgico ¡chis! se oyó en la espesura, y poco después la voz de que decía con la mayor tranquilidad: -¡Cassilis! Venid aquí solo; quiero una cosa. Consulté a Clara con la mirada y habiendo obtenido su tácito consentimiento la dejé sola y salí de la cueva. A poca distancia percibí a Northmour apoyado en un árbol; apenas me vio echó a andar hacia la playa sin esperarme y le alcancé a la salida del bosque. -¡Mirad allí! -me dijo deteniéndose. Las luces de la mañana alumbraban clara y brillantemente el conocido paisaje. El pabellón de la hiedra no era más que un montón de ruinas ennegrecidas y sin formas el campo de liquen estaba sembrado aquí y allá de restos de maderas negras, densas columnas de humo empañaban aún el aire puro de la mañana, montones de cenizas llenaban las desmanteladas paredes de la casa como una gigantesca chimenea que estuviera medio extinguida. Cerca de la orilla del mar humeaba también la chimenea del yate y un bote con vigorosos remeros se alejaba del barco dirigiéndose a la playa. -El Conde Rojo -exclamé yo-. Desgraciadamente con doce horas de retraso. -Mirad en vuestro bolsillo, Frank -me dijo Northmour-. ¿Traéis armas? Me apresuré a hacerlo, pero creo que me puse pálido al comprobar que mi revólver había desaparecido. -Ya veis que os tengo en mi poder -añadió él sacando mi revólver de su bolsillo-. Os lo quité ayer mientras cuidabais a Clara. Después... la noche... en una palabra, he mudado de parecer, y aquí tenéis vuestro revólver. ¡No me deis las gracias! No me gustan las ternuras y sería la única manera de enfadarme ahora. Empezó a andar por el campo de liquen para alcanzar el bote que ya tocaba a la playa. Delante del pabellón me detuve para ver dónde había caído señor Hudlstone pero no había la menor señal del cadáver. Northmour me dio la explicación con una palabra: -Los pantanos -dijo señalando en aquella dirección. Continuó caminando hasta que ambos alcanzamos la playa. -Hasta aquí basta -dijo deteniéndome con un ademán, y añadió-: Si queréis podéis llevarla a la casa señorial con Aggie. -Muchas gracias -contesté-; pero la instalaré en casa del Pastor de Graden West hasta que nos casemos. El bote en este momento atracaba a la orilla y un marinero saltaba a tierra. -Esperad un momento, muchachos -gritó Northmour; y bajando mucho la voz de modo

que apenas alcanzara a mis oídos murmuró-: no le contéis nada de esto a ella. -Al contrario -exclamé yo-, nunca habrá un secreto entre nosotros. -No me comprendéis -añadió con aire verdaderamente noble-; lo digo porque no lo necesita. Ya sabía ella que acabaría esto así. ¡Basta! ¡Adiós! -¡Northmour! ¡Sois mejor de lo que creéis vos mismo! -le dije tendiéndole la mano. -Perdonadme -añadió dando un paso atrás-. No puedo llevar las cosas tan lejos; ya sabéis que no soy un sentimental ni vayáis a pensar que algún día llegaré como un peregrino de blancos cabellos a pediros un sitio en vuestro hogar, ni ninguna de esas simplezas. Al contrario, lo que deseo es no volver a veros nunca a ninguno de los dos. -Puesto que no aceptáis mi mano, no podéis rehuir mi bendición -añadí más conmovido de lo que quería aparentar-. ¡Northmour, Dios os bendiga! -Amén -añadió encaminándose al bote de prisa y sin volver la cabeza. Llegó a donde estaba el bote y con su agilidad peculiar subió sin ayuda de nadie y empuñó el timón; y el pequeño barco se levantó sobre las olas cortando rápidamente las aguas. En el momento en que Northmour llegaba al yate salía el sol envolviendo aquella escena de eterna despedida con la radiante luz de los rayos de la mañana. Sólo una palabra más y termino mi historia. Unos años después me enteré que el señor Northmour había muerto en Italia, combatiendo bajo las banderas de Garibaldi por la independencia del Tirol. *** COBIJO POR UNA NOCHE. UNA HISTORIA DE FRANCOIS VILLON Eran los últimos días de noviembre del año 1456. Nevaba sobre París con rigurosa persistencia. A veces una racha de viento hacía que la nieve formara irregulares montones; otra caía, copo tras copo, formando una inmensa sábana que cubría la capital. Las pobres gentes desconocedoras de los fenómenos de la Naturaleza se preguntaban con asombro cuál sería el motivo de tal suceso. Maese Francis Villon propuso aquella noche la siguiente cuestión: ¿Sería que Júpiter pelaba todos los gansos del Olimpo, o que los angelitos habrían sacudido todos los molinos del cielo? Él -añadió- que como no era más que un pobre Maestro en Artes, y el asunto se relacionaba con la Teología, no se atrevía a solucionarla. El aire era desagradable y frío y los copos eran espesos y caían rápidamente. Toda la ciudad estaba cubierta. Un ejército entero hubiera podido marchar por sus calles alfombradas sin que sus pasos hicieran ruido. La nieve ocultaba las hermosas cresterías de la gótica Catedral; muchas santas cabezas aparecían cubiertas con grotescos gorros; muchos nichos semejaban rellenos de algodón en rama; y en los intervalos del viento se oía el monótono gotear todo alrededor del sagrado recinto. El cementerio de San Juan había tenido su parte en el abundante reparto de nieve. Todas las losas estaban cubiertas del blanco ropaje. Caudillos de imponente estatura, armados de todas armas, y respetables burgueses miembros de algún Parlamento, escondían igualmente sus estatuas, erguidas o yacentes, en aquel blanco y frío plumaje. No había más luz que la debilísima proyectada por la lámpara del Sagrario en la Capilla. Eran las diez de la noche cuando pasó la patrulla con sus linternas y alabardas, sin ver nada de extraño en el cementerio de San Juan. Pero junto al muro del cementerio había una pequeña casa y en ella todavía había alguien despierto en aquellos soñolientos barrios, y despierta con malas intenciones. Sólo dos indicios había de que estuviera habitada: el poco humo que salía de su chimenea y las huellas que se veían a la puerta de la casita. Pero dentro, detrás de las cerradas persianas, Maese Francis Villon y algunos ladrones de la fonda, a la que él pertenecía, pasaban la velada bebiendo de la botella que ante sí tenían. En la vieja chimenea la lumbre producía un agradable calor. Ante ella resplandecía la rolliza figura de Nicolás, asiduo frecuentador de aquel garito, el cual se calentaba exponiendo al fuego sus gruesas y desnudas piernas. Su maciza sombra cubría la mitad del cuarto y no dejaba pasar más que un pequeño rayo de luz por cada lado de su robusta persona. Su rostro presentaba todos los síntomas del bebedor profesional; estaba cubierto con una red de venas congestionadas que le daban la apariencia de los distintos tonos de la remolacha, pero en este momento tenía una palidez amoratada, pues aunque tenía cerca el fuego, el frío hacía sufrir mucho, atenazándole las carnes. Allí permanecía el hombre quejándose y dividiendo en dos la estancia con la majestuosa sombra de su robusta persona. A su derecha Francis Villon y Guy Tabary se inclinaban sobre un trozo de pergamino. Villon componiendo una balada que se tenía que llamar Balada del Pescado Frito y

y su falsa y diabólica sonrisa le había causado dos arrugas prematuras en las comisuras de la boca. Nicolás! ¿Hará frío esta noche en el camino de San Denís? Nicolás guiñó sus gordos ojos y pareció ahogarse con el bocado de Adán. Tenía la boca un poco torcida. -¡Con todo mi corazón! -se apresuró a contestar Thevenin. Mirad a Montigny. Montfaucon. Thevenin se encontraba en el mejor de los mundos. Tabary prorrumpió en carcajadas. En cuanto a Tabary. tenía alto y esbelto porte y facciones morenas y aguileñas. Villon le hizo una mueca repitiendo: -Buscad consonante a pescado -y añadió bajando la voz-. ¡Oh. ¡Eh. Llevaba sus veinticuatro años con animada viveza.! ¿Eh? ¡Qué magnífica racha! Parece que se lleva de la calle los árboles. -Acercaos aquí -dijo Francis-. así que una inexpresivo sonrisa dilataba su pálido rostro. pues Nicolás no tenía exceso de sensibilidad moral.Tabary lanzando exclamaciones de admiración por encima de su hombro. y se agarraba la cintura con ambas manos. Grigá! Tabary dejó escapar algunos sonidos sin sentido. lo mismo que hubiera podido hacerse el más decente de los burgueses. pequeñas aun para un niño. No parecía contento con su suerte. Nicolás se estremeció y separando la vista extendió sus manos al fuego. Montigny y Thevenin Pensete se enredaban en un juego de azar. El estremecimiento fue a causa del frío. flaco y pequeño. queridos míos! No por eso estaréis más calientes.aunque lo que coman sea pan y queso. Los tres dirigieron sus miradas al jugador. tenía al perro negro a la espalda y su pecho anhelante se diría que sentía la carga. En cuanto a Tabary desde su estrecha frente hasta su boca grande y de gruesos labios se extendía una imbecilidad admirativa que por lo menos era sincera. Los vicios le habían marcado alrededor de los párpados la violácea sombra de unas ojeras. El motivo fue que la partida había terminado y en el momento en que Thevenin iba a proclamar su . éste era uno de los talentos del poeta por cierto muy detestado por Nicolás. Parece que todos los diablos están esta noche bailando por el aire. y era la figura de un ángel caído. con las mejillas hundidas y el cabello negro y lacio. hacía remolinos con la nieve y dejaba oír fúnebres lamentos en la chimenea.. Sus manos. El viento era cada vez más frío. En la expresión de su rostro parecía que luchaban un lobo y un cerdo. Se había hecho ladrón. por las imperiosas circunstancias que dirigen los designios humanos y que a veces y sobre todo. ¿Cómo pensáis llenar esa enorme barriga con algo tan pequeño como las botellas? ¿Cómo queréis así alcanzar el Cielo? ¿Cuántos ángeles creéis que serían necesarios para transportar un semejante mole o es que creéis que cual a otro Elías os van a llevar en coche? Por toda respuesta Nicolás volvió a llenar el vaso. ¡Pid! ¡Juinfí. Francis le pellizcó la nariz diciendo: -¡Reíd ahora de mis ocurrencias! -Es que tienen tanta -objetó Tabary. había dado un buen golpe en el Faubourg San Jacques y toda la noche le estaba ganando a Montigny. El primero aún conservaba vestigios de buen nacimiento y elegancia. Al otro lado de Nicolás. estaba en el camino de San Denís y la broma le había ido derecha al cuello. El poeta era un hombrecillo moreno. -Perejil en un plato de oro -prosiguió el poeta. -¿Pares o nones? -preguntó Thevenin. -Algunos prefieren comer con ceremonias -dijo el poeta. Villon encogiendo los labios imitaba el silbido del viento. -¡Cállate. -¿No lo oís cómo silba en la chimenea? -preguntaba el poeta-. -¿Pares o nones? -preguntó tenazmente Montigny. mal poeta! -decía Francis. ¡Bailad.y piensa en consonantes para pescados. el Cadalso público de París. las narices dilatadas como si le faltara aire que respirar. tenían dedos tan flacos que parecían manojos de cuerdas. excluyen casi el libre albedrío. -Parece como si le fuera a dar de cuchilladas -dijo Tabary. y se movían siempre acentuando las palabras con expresiva pantomima. aunque protuberante abdomen. El frío se hacía más sensible a medida que la noche avanzaba. -Abrid otra -dijo Villon-. su calva resplandecía en medio de una corona de escasos rizos rojos y su pequeño. a cada una de aquellas imitaciones al viento se reía inmoderadamente añadiendo que nunca había oído imitación mejor hecha. ayudadme a salir de aquí. vamos a ver cómo suena lo que llevamos hecho de la balada -y empezó a leerla en voz alta a Tabary cuando a los pocos versos fueron interrumpidos por un grito ahogado que partió del grupo de jugadores. se agitaba con la satisfacción interior. abriendo sus redondos ojos. según los caracteres. -¿La botella ya está vacía? -preguntó Nicolás.. según el vulgar dicho.

A medida que caminaba dos imágenes le aterraban: la de la terrible horca de Montfaucon y la del muerto con su calva reluciente rodeada de pequeños hueles rojos. -Llora. y acercándose al muerto con una destreza que revelaba su profesión. la metió en un pañuelo y se fue a contarlo al otro extremo de la habitación. no había patrulla a la vista. de una manera horrible. -¡Oh.. abrió y cerró las manos y su cabeza cayó hacia atrás con los ojos enormemente abiertos. -Compañeros -dijo mientras limpiaba la hoja en el vaso de su víctima-. se adelantó e hizo un ridículo y profundo saludo a Thevenin. Apenas se habían borrado las huellas del robo. Los otros dos ladrones con gestos pidieron su parte en el inesperado botín y por serías también se lo prometió Nicolás. Sin embargo juzgaron más prudente salir separados. Tan cierto es que la sensibilidad algunas veces perjudica al hombre. pero el asunto estaba concluido. Francis saltó de la silla y cogiendo una badila empezó a apagar el fuego. Montigny y Nicolás soltaron la carcajada y hasta Tabary sonrió. -Siempre he dicho que es una mujer -observó Montigny-. La temperatura era crudísima y por un efecto de óptica causado por el frío los objetos a alguna distancia parecían muy distintos que a la luz del día. Nicolás le había aligerado del peso de la parte recibida. -hizo una horrible mueca apretándose el cuello con una mano y sacando la lengua como una caricatura de un ahorcado. Villon se rió de forma histérica. Lo mejor sería marcharnos. El viento había ganado logrando despejar el cielo de nubes. Dios mío! -dijo Tabary poniéndose a rezar. y como el poeta tenía mucha prisa por perder de vista al muerto y los demás deseaban que se fuera antes de que se diera cuenta de la expoliación. colocó su contenido en cuatro montones y guardándose uno. Sacudió los dedos como para darse valor con aquel ademán. Montigny puso al muerto derecho en la silla en que quedó sentado y le sacó la daga tras la cual salió un chorro de sangre. y escogiendo una calle al azar se metió atrevidamente por en medio de la nieve. dijo a los demás-: eso para vosotros. -Francis maldijo su suerte: ¿por qué no seguiría nevando? Ahora por donde quiera que fuese iba dejando sus huellas sobre la nieve sin que las borrase nada. Sólo algunos ligeros vapores trasparentes como gasas flotaban entre las estrellas. No había moros en la costa.nueva victoria. menos los que. En ocasiones se giraba aterrado creyendo que alguien le seguía. Mientras el poeta se sentaba gimiendo y convulso. Nicolás. -Veamos qué llevaba encima -dijo. resolvieron de común acuerdo que éste fuera el primero en marchar. el muerto con sus abiertos ojos miraba sin ver. Pero éste estaba ocupado en un trabajo más productivo que aquél. Reinaba un silencio profundo en la ciudad durmiente. Aviva ese fuego. El alma de Thevenin Pensete voló a la presencia de Aquél que la había creado. le quitó la bolsa. saltó Montigny sobre él y le partió el corazón de una puñalada. Tabary fue el último que la recogió. -¡Todos pasaremos por ello! -exclamó el poeta en las convulsiones de su siniestra alegría-. Todos acabaremos como éste que está delante. ¡Por donde quiera que fuese iba tejiendo con sus pies la cuerda que le ataba al crimen y quizás también le ataría un día a la horca! El miedo del muerto le volvía en otra forma. pero él era lo único que se movía en la calle fuera de la nieve que el viento arrastraba y que empezaba a congelarse formando . Cada cual se puso de pie. niño -dijo Nicolás. por donde quiera que fuese dejaba detrás de sí las huellas que le unían a la siniestra casita del cementerio de San Juan. Sólo pudo lanzar un grito ahogado. es decir. Los cuatro hombres vivos se miraron con rostros alterados. -Comparto esa opinión -dijo el poeta con un hipo-. ¿qué derecho tiene un hombre a tener pelo rojo después de muerto? -y arrojándose hecho un ovillo sobre una silla se cubrió la cabeza con las manos. Montigny abrió la puerta con cuidado y salió a la calle. Ambos recuerdos le sobrecogían el corazón y maquinalmente apretó el paso como si la acción de andar más de prisa tuviese a distancia los pensamientos. Después se metió en el bolsillo la cantidad que le correspondía y dio una patada en el suelo para restablecer la circulación. Montigny fue el primero en calmarse. ¡Siéntate derecho! -añadió dándole otro empujón al cuerpo del asesinado-. mientras escondía bajo su casaca la bolsa del sensible poeta. su cuerpo se estremeció dos o tres veces con las últimas convulsiones.. volvió a reír más fuerte y por último tuvo que sentarse y continuó riendo como si todo su pequeño cuerpo fuera a romperse. ¡Dios maldiga esa cabezota! La siento adherida a mi garganta como una flema.

de las llamadas blancas. es que le esperaba una noche horrible de frío y necesidades no satisfechas en aquel tan siniestramente ocupado pórtico. ¿qué es lo que podría hacer? Aunque ya era muy tarde e improbable el éxito. es perderlo todo. y no eran sólo los placeres los que huían burlándose de él. el bulto se movía y las linternas avanzaban con él. Se arrodilló a su lado para convencerse de este último punto. Sus bolsillos estaban completamente limpios pero Francis todavía encontró dos monedas de escaso valor. el viento había cesado. De pronto tropezó con un objeto que presentaba una indescriptible mezcla de resistencias dura y suave a la vez. pero sólo pudo encontrar una. le parecieron dos crueles ejemplos de fatalidad. Un vicioso con algún dinero es más feliz que un Emperador de Roma. . era una patrulla y aunque no tenía más que cruzar su línea de marcha prefería retroceder. De pronto su corazón se paró. le admitiera en su casa. Entonces suspiró aliviado y sonriendo se convenció de que no era más que una mujer y de que estaba muerta. Con una blanca en el bolsillo se desvanecía su proyectada orgía en alguna taberna conocida. es pasar del cielo al infierno. pero le detenía la idea del siniestro habitante que en ella quedaba. Estaba fría como el hielo y rígida como un palo. Después empezó a desandar rápidamente su camino con intención de volver a la casucha del cementerio. Dos blancas se gastan rápido. Esto le parecía a él un sarcasmo de la suerte y dirigía su mirada de las monedas a la muerta y de ésta otra vez a las monedas. arrojó las dos blancas en medio de la nieve. sentía mucho no poder disfrutar cuanto llevaba encima antes de que la luz se apagara y la linterna se rompiera. no podía engañarse. Estas ideas que pasaban por su mente le llevaron maquinalmente a buscar su bolsa. por ejemplo. Volvió al Palacio del pórtico y se inclinó sobre la nieve para buscar las dos monedas que había arrojado en su infantil acceso de cólera. comprobó además que los esfuerzos que había hecho para apagar el fuego habían sido infructuosos y que la lumbre se reflejaba en las ventanas y aumentó su terror pensando en las autoridades de París y en la terrible horca. Estaba muy oscuro sobre todo cuando los ojos se acostumbrado al brillo de la nieve. Enrique V de Inglaterra muriendo en Vimennes después de haber conquistado Francia y esta pobre ramera muriendo de frío en el pórtico de un palacio sin haber podido gastar sus monedas. Para esta gente perder dinero es privarse de lo que para ellos constituye el único interés de la vida. El sudor se le había secado en el cuerpo. A su izquierda se alzaba un palacio de pequeñas torres góticas y un gran pórtico.una superficie dura y brillante. estaba seguro de no haberla dejado caer en la calle. el viento hacía flotar unos lazos que llevaba en la cabeza y sus mejillas debían haber sido vivamente coloreadas con afeites aquella misma noche. trataría de que su padre adoptivo el Capellán de San Benito. Él. De un brinco se refugió bajo el pórtico. es pasar del todo a la nada en un instante. Había perdido todo temor a la patrulla. rugió de rabia y pateó con furia sin estremecerse al sentir que pisaba aquel pobre cadáver. así es que extendió los brazos y con mucha precaución continuó internándose en el pórtico delante del edificio. es decir. sintió escalofríos a lo largo de la columna vertebral y le pareció que en la nuca recibía un golpe de maza. luego volvió a buscar con movimientos febriles. para esta clase de hombres perder dinero es privarse de sus placeres. Estaba casi ruinoso y recordaba que había estado mucho tiempo deshabitado. Inútilmente miró a derecha e izquierda sobre la nieve. y no tenía más preocupación que su perdida bolsa. su corazón dio un salto dentro del pecho y retrocedió dos pasos para que sus ojos ya más acostumbrados a la oscuridad pudieran ver la calidad del obstáculo. ¿la había dejado en la casa? Muchas ganas tenía de ir. mientras le dura. Para los viciosos el dinero es la llave de sus placeres. pero el frío aumentaba y él empezó a sentirse dominado por cierta rigidez y angustia en el corazón. pues tenía humor para ser interrogado y sabía que sus huellas podían descubrir más de lo necesario. ¡Y si para obtenerlo ha expuesto su pellejo y si quizás mañana mismo puede ser ahorcado por esa misma bolsa tan difícilmente obtenida y tan estúpidamente perdida! Villón se maldijo a sí mismo y a todo lo existente. moviendo su cabeza reprobando las injusticias de este mundo. pero hubieran sido un bocado de algo agradable o un sorbo de algo caliente antes de entregar el alma al diablo y el cuerpo a los cuervos y a los gusanos. que ya había pasado hacía rato. poco era. hasta que se convenció de la pérdida y entonces sintió su cuerpo cubierto de sudor. pero era algo y el poeta sentía una enorme compasión hacia aquella infeliz que había muerto de frío sin haber tenido tiempo de gastar sus monedas. Por un momento permaneció inmóvil. De repente vio a bastante distancia suya un bulto negro y dos linternas. éstos no tienen más límite que el que les presenta el primero. la otra sin duda había quedado sepultada en la nieve.

¡a él. Volvió a llamar una y otra vez animándose cada vez más. Con un tiempo parecido bien podría repetirse el hecho de que los lobos empujados por el hambre volvieran a entrar en París. y como esta circunstancia aumentaba las ya numerosas probabilidades de la muerte por el frío. Tuvo un violento golpe de tos y la inminencia del peligro fortaleció sus nervios. Después empezó a encontrar el lado cómico de la situación y se rió mirando al cielo cuyas brillantes estrellas parecían hacerle guiños. -No es nadie. el joven la vio llegar cara a cara. sin embargo pronto oyó una puerta que se abría en el interior. éste no se hizo esperar. -¡Poneos delante de la ventanilla! -dijo desde dentro la voz del Capellán. Se puso a corta distancia de la casa en que había sido tan maltratado y se puso a reflexionar. ¡Su madre! Si supiera dónde vivía estaría seguro de encontrar asilo. El poeta que ya estaba preparado para algo por el estilo se habla guarecido bajo el quicio de la puerta pero no pudo evitar que las salpicaduras le mojasen. Villon estaba fuera de sí. apoyando un dedo en su nariz. pero sin éxito. bien podría sucederle a él antes de llegar el día. No contestaron. les había pegado y engañado y a pesar de todo esto pensó que quizás entre ellos uno al menos se dejaría ablandar. temiendo ver a cada momento algunos bultos negros galopando sobre la nieve u oír aullidos entre él y el río. y las inspeccionó una después de otra. El otro contratiempo le impresionó de diferente manera. Tropezó con una patrulla y logró darle esquinazo. Recordaba que su madre le había explicado esa anécdota. sobre todo dada su escasa resistencia física. -¡Maldito viejo avaro! -gritó Villon-. Dos incidentes que le sucedieron en el camino torcieron el giro de sus reflexiones. Se detuvo y miró a su alrededor con inquieto recelo. el poeta se pasó la mano por la boca lanzando un juramento. os juro que no os volveré a molestar. Si algún día te pillo por mi cuenta yo te enviaré al infierno en donde estarás como en tu propia casa. padre mío. Se cerró una puerta en el interior de la casa y todo quedó en silencio. donde poder pasar las . por último se oyeron en el interior pasos que se aproximaban. se abrió una ventana y por ella arrojaron un cubo lleno de aguas sucias. Por desgracia estaba en malos términos con algunos antiguos amigos que quizás le hubieran ayudado a salir de tan crítica situación. -Haber venido más temprano -dijo el cura fríamente-. y que en numerosas manadas recorrieran aquellas desiertas calles en busca de algún alimento. Acompañado de estos pensamientos llegó a su destino. y delante de Dios. Recordaba una casa no lejos de allí en donde no parecía difícil entrar y a ella se dirigió con rapidez acariciando las imágenes de una habitación caliente y una mesa con algunos restos de comidas. Cerró la ventanilla y se retiró resueltamente al interior de la casa. Por lo menos valía la pena probar y allí se dirigió de inmediato. retratándole el sitio siempre que pasaban por allí. y una voz cautelosa que preguntaba quién estaba allí. Los había ridiculizado en sus versos. mis pies están yertos. los jóvenes necesitan una lección de vez en cuando. ¡su última esperanza por aquella noche! La casa estaba completamente oscura como todas las de la vecindad. soy yo -murmuró con timidez Francis. indignado por habérsele molestado a aquella hora y le despidió con mal humor. no sin algún sobresalto. golpeó a la puerta con manos y pies llamando al Capellán con destempladas voces. Al doblar la esquina se encontró justamente en el mismo lugar en que años antes había sido devorada por los lobos una pobre mujer y su hijo. el resultado. El poeta dijo su nombre y esperó. con que ¿sólo vos? -gritó el Capellán. porque vio que no se realizaban sus presentimientos de verse cogido y arrastrado sobre la nieve de las calles de París. me duelen las narices cortadas por el aire y tengo frío hasta el corazón. lo que le había ocurrido a ella en las primeras horas de la noche. -¡Ah!. -Tengo las manos lilas de frío -suplicaba Villón-.Allí se dirigió corriendo y llamó tímidamente. Se puso a calcular todas las circunstancias dando vueltas a la blanca entre sus dedos. ¿qué debía hacer? Aquello se iba pareciendo mucho a una noche en la calle entre el frío y la nieve. El recuerdo de la mujer muerta llenó de temor su corazón. Decidió averiguarlo al día siguiente y aun iría a visitar a la pobre vieja. No veía más que un camino de hallar alojamiento y éste era tomarlo. y hasta compuso en su imaginación una viñeta para ilustrar la escena del encuentro del cadáver a la mañana siguiente. Era una probabilidad. era un sitio en el que se cruzaban varias calles. Se abrió una pequeña ventana enrejada dando paso a un rayo de luz amarillenta. esto le animó bastante. siendo él niño. tan joven y con tantas facultades para divertirse desordenadamente! Empezó a compadecerse a sí mismo como si hubiera sido alguna otra persona. Sólo esta vez.

Si éste hubiera sido un sencillo hombre del pueblo. fue al estante y cogió dos vasos. hizo seña a Francis de que acercara su silla. Villon murmuró cuantas frases serviles se le ocurrieron. -Sentaos cómodamente -dijo el anciano. como si estuviera completamente vacía. Sobre la chimenea se ostentaba un escudo de armas. Después se detuvo en mitad del cuarto. Y oyendo los pasos firmes del anciano en el pasillo se apresuró a volver a sentarse colocando sus húmedas piernas ante el fuego de la chimenea. hidalgo -dijo en tono resonante pero educado. hasta empezó a considerar qué platos y qué vinos escogería y mientras pasaba revista a sus platos favoritos se acordó entre ellos del pescado frito. De las puertas colgaban tapices representando uno de ellos la Crucifixión de Nuestro Señor. su nariz corta se unía a un par de pobladas cejas. -¡Nunca acabaré esa balada! -pensó y después con un estremecimiento añadió-: ¡maldita sea aquella cabeza gorda! -y escupió en la nieve. el llamar a una puerta le parecía la cosa más sencilla. a ver si por esta vez puedo honradamente lograr una cena y un refugio y engañar al diablo. pero yo lo estoy esta noche y si habéis de comer -algo he de ir a buscarlo. el día si a la gente le da por estar despierta toda la noche? ¡Al infierno con ellos! -rechinó los dientes y después murmuró resueltamente-: Cada cual a su negocio. -Debe ser un gran señor -pensó Francis. El ruido de sus golpes resonó en toda la casa con fantásticas vibraciones. quizás pareciera más hermoso de lo que era en realidad. ¡el diablo cargue con ambos! ¿No podrían haberse emborrachado y estar ahora roncando en la cama como sus vecinos? ¿Para qué sirve. Ya que están despiertos. Un hombre alto. el descorrer de dos cerrojos y una de las hojas de la puerta se abrió francamente como si el miedo y aun la prudencia fueran desconocidos para los moradores de aquella casa. en esta circunstancia el mendigo se sobrepuso y el hombre de genio ocultó la cabeza lleno de vergüenza. pues. si hubiera habido diez hubiera arriesgado el golpe! Noble casa y noble caballero. Apenas había salido cuando Villon saltando de su silla se puso a examinarlo todo con la febril movilidad de un gato. mientras el desconocido dejaba la lámpara en el suelo para volver a correr los cerrojos. una armadura completa colocada entre las dos ventanas y algunos infolios repartidos por la estancia. Visto este conjunto a la cambiante luz de una lámpara de mano. Colocó ambos sobre la mesa. le hizo descubrir un rayo de luz filtrándose por una ventana cubierta con una cortina. esbelto y musculoso. -¡Diablo! -pensó-.y dispensadme si os dejo solo. la cabeza era de líneas vigorosas pero finamente trazadas. algunos vasos de orfebrería en un estante. -Disculpadme si voy delante -dijo cuando esto estuvo hecho. y precedió al poeta subiendo las escaleras hasta entrar en una vasta habitación bien caldeada por un buen fuego que ardía en la chimenea e iluminada por una lámpara colgante. abrió los libros. investigó las armas y pasó sus dedos sobre la tela que revestía los muebles. -Por nuestro conocimiento -respondió con atrevimiento el poeta. los llenó y tocando con uno de ellos el borde del otro: A vuestra salud -dijo gravemente. ¿y hambre? Bueno.horas negras de la noche. pero ahora que acababa de desechar la idea de entrar con fractura. pero una inspección más minuciosa en busca del sitio más fácil para verificar el asalto. y el otro una escena pastoril. -Tarde llamáis. Los muebles eran escasos dadas sus dimensiones. se hubiera cortado por la cortesía del caballero. pero de todos modos era un noble viejo más honrado que inteligente. y su recuerdo le hizo sonreír y horrorizarse al mismo tiempo. fuerte y sencillo y justo. aunque un tanto encorvado. se presentó ante Villon. y de donde poder salir al rayar el día con las manos llenos de objetos de plata. pasad adelante -y con un ademán lleno de nobleza le invitó a entrar. Pero éste apenas se había extinguido cuando se oyeron unos pasos mesurados. La casa en cuestión parecía oscura a primera vista. Su desconocido protector traía un plato con carne en una mano y un jarro de vino en la otra. los ojos y la boca estaban rodeados de finas arrugas y toda la faz tenía por base una espesa y limpia barba blanca. -¿Tenéis frío? -preguntó el viejo-. Levantó las cortinas de las ventanas y vio que los cristales de ellas eran tallados y seguramente de gran valor. Se aproximó a la puerta con valentía y llamó con mano segura. ¡Gente despierta! Algún estudiante o algún santo. En las otras dos ocasiones había llamado con timidez y cierto temor de ser oído. abarcándolo todo con la vista como si quisiera imprimir en ella cada detalle de la habitación -¡Siete piezas de orfebrería-se dijo-. así me ayuden los Santos. Pesó los vasos preciosos. pero Villon estaba acostumbrado a actuar de bufón entre grandes señores .

habéis cogido una moneda sobre el cadáver de una mujer. -Esas son necesidades de la guerra. ¿Quién y qué podéis ser vos? Villon se alzó e hizo una reverenda apropiada a las circunstancias. -Un pillo menos. me respondieron que no habían conseguido reunir bastante dinero para satisfacer a los soldados. . que los villanos deben sufrir pacientemente. El pillo más grande que pueda encontrarse entre París y Jerusalén. Todas esas requisas que sufre el pueblo. Sé hacer baladas. Los hombres de armas beben su vino sentados ante un buen fuego. Así que se dedicó a satisfacer su voraz apetito mientras que el noble anciano le observaba con mirada curiosa. -Tengo una blanca -contestó el poeta-. ¿Acaso una pelea? -Algo de eso -admitió Francis. no lo sé bien. Tengo algún conocimiento del latín y muchos vicios. aumentando su confianza-. el frío le hace a uno ver visiones o las visiones le dan frío. y al preguntar qué habían hecho. -Sois inteligente -observo el viejo. caballero. -No lo he imaginado -dijo cortésmente el desconocido-. Éste era rojo -y volvió a sentir el mismo estremecimiento y las ganas de reír que ahogó con un largo trago de vino-. -Tenéis sangre en el hombro. -Nada de servidor -respondió el noble-. ¿qué son? Si no son ganancias para el que se las lleva. sois bachiller. que también habéis visto muertos en vuestros tiempos -añadió mirando a la armadura -Muchos -contestó-. que he cogido sobre el cadáver de una ramera que estaba muerta de frío en el pórtico de un Palacio. Cayó como un cordero. me atrevo a decir -observó el dueño de la casa. -Yo -dijo el noble anciano. de su Rey y de su Dama. pero fue cosa terrible de ver. ¡maldito sea!. Puedo añadir que desde esta noche soy el más humilde de vuestros servidores y que tendré a mucha honra poderos servir en cualquier ocasión. además. Estaba muerta como César la pobrecilla. qué facha tan horrible hacían colgados de los árboles!. No puedo menos de sentir un escalofrío cuando me acuerdo de él. canciones y libelos y me gusta mucho el vino. mientras el pobre burgués se roe las uñas para proporcionarles vino y leña. Montigny debía haber dejado caer su mano húmeda en ella. -¡Oh! Asesinado no -dijo el poeta cada vez más confuso-.soy Enquerrando de la Fruillée. Nací casualmente y no es improbable que muera ahorcado. son seguramente pérdida para el que las da. Soy un pobre maestro de Artes de esta Universidad. Supongo. Ha sido por casualidad y yo no he tenido parte de ello. -Por la ganancia. -Creo que eso no me hubiera impresionado tanto. muy inteligente. He visto muchos ahorcados. Bailio de Patatrac. En todas las clases hay almas poco movidas por el amor al prójimo y también es cierto que muchos siguen la carrera de las armas sin ser en el fondo más que bribones. Allí un hombre juega su vida por su causa y lucha en nombre de Dios. Como podéis figuramos he sido soldado. -No es mía -murmuró. así me mate Dios si miento -añadió fogosamente. ¿no es eso una especie de robo? -Es una especie de robo -contestó el poeta-. El infeliz que tiene hambre coge su cena donde la encuentra. -Bien lo podéis decir -convino Francis. sí! Y con cabellos tan blancos como los míos. más fría que una iglesia. -Las guerras son los campos del honor -replicó altivamente el viejo soldado-. sin embargo. -¿Algún compañero asesinado? -volvió a preguntar. Tenéis instrucción. y. -Pues digamos que he sido ladrón -admitió el poeta pero también he arriesgado la vida contra enemigos poderosos. y aún flotaban en sus cabellos los lazos con que se había adornado. pero no por el honor. ¡oh. Señor de Brisetout.y los juzgaba en general tan despreciables canallas como él mismo. -¡Ganancia! -repitió Villon con sarcástica amargura-. -Un huésped agradecido -añadió el joven dedicando un mudo brindis a la salud de su Mecenas. Es verdad que algunos capitanes exageran sus derechos. -Mi nombre Francis Villon -dijo-. -¿Tenéis dinero? -preguntó el viejo caballero. lo mismo hace el soldado en campaña. muy practicado en las guerras. de una vez sola vi treinta. joven -dijo. Villon dejó por un momento el cubierto y mirando al anciano preguntó: -¿Habéis visto alguno calvo? -¡Oh. Nada más que mi huésped por una noche. señalando a la frente-. señor caballero.

cientos de personas se enorgullecerían de acogerme en la suya. Ahora se hallaba repleto y caliente y habiendo podido apreciar el carácter de su huésped le interesaba por lo mismo que era tan diferente del suyo. -Si vuestra señoría me hubiese hecho el honor de seguir mi argumento -dijo Francis restregándose las manos con gesto de admirable cinismo. ¿no hay diferencia entre nosotros? -¡Tanta como de esta luz a la luna! -asintió Villon-. el hombre es un animal sociable. muerte deshonrosa. -Pues ni aun hubiera llegado a esta edad -dijo Francis enseñando sus dedos-. Yo no tengo trompetas ni tambores. vos esperáis temblando la horca. un perro. -¡El cambio debe empezar en el corazón! -dijo solemnemente el guerrero. os lleváis todo el rebaño y le dais una paliza mayúscula al aldeano. espero tranquilo la muerte en el campo de batalla. -Yo me arrepiento todos los días -respondió el poeta-. un miserable. quizás atormentaba su vieja cabeza poco hecha a la meditación. -Os hago demasiado honor en tolerar vuestra presencia -dijo con severidad el caballero-. -Pues mirándonos a los dos -dijo el anciano levantándose en toda su imponente estatura-. Si mañana tuviera yo que abandonar mi casa. -Aún podéis arrepentimos -dijo el noble. y si el Rey se sirve volverme a llamar. Yo no temo a nadie ni a nada. Yo espero la voluntad de Dios tranquilamente en mi propia casa. antes han de cambiar las circunstancias. tratando de dominar su enojo y antipatía. con aquel paralelo entre soldados y ladrones. Tenéis unas excelentes viñas. pero robusto y honrado. ¡qué diablos!. -Decidme una cosa -preguntó el viejo deteniendo su paso-: ¿Verdaderamente sois un ladrón? -Me acojo a los sagrados derechos de la hospitalidad -contestó Francis-. a vos he visto cambiar de color varias veces. obligado a recoger miserables monedas sobre los cadáveres que halláis al paso.. Ella os ha hecho Bailio de Patatrac y señor de Brisetout y a mí no me ha dado más que un poco de ingenio bajo mi sombrero y estas diez herramientas en las manos. por una sola palabra. El señor de Brisetout había reanudado su paseo con las manos a la espalda. Sí. -Pero mi querido caballero. muchas gracias. que os responda como merecéis -y empezó a medir la estancia con sus pasos. Villon subrepticiamente se volvió a llenar el vaso y estirando las piernas adoptó una postura más cómoda en la silla. saldrían a la calle con sus hijos por complacerme. Muchas son las familias de aldeanos que si yo manifestara deseos de estar solo. pero tengo que comer. ¿no sería la diferencia la misma? ¿No habría estado yo entonces calentándome las rodillas en este hermoso fuego y vos robando las monedas sobre los cadáveres y tiritando de frío perdido en medio de la nieve? ¿Entonces no habría yo sido el soldado y vos el ladrón? -¡Un ladrón! -gritó el viejo-. Pero y si yo hubiera nacido el señor de Brisetout y vos el pobre estudiante Francis. -¡La gracia de Dios es todopoderosa! -Sería un hereje si lo pusiera en duda -respondió el poeta-. y a vos os encuentro vagando en una noche como ésta sin casa ni hogar. no causo gran perjuicio. educado y vestido. lo soy. soy Juan o Pedro. quizás Francis le había interesado despertando en él una especie . que aun la horca es demasiado para mí. ¿y qué es un ladrón más que un bribón aislado con menos campo de acción? Si yo robo un cordero sin siquiera molestar el sueño de sus dueños que al notarlo gruñen un poco pero no dejan de comer igual por ello. tengo que beber. ¡yo un ladrón! Si comprendiérais vuestras palabras os arrepentiríais de ellas. pero mientras sea el pobre estudiante Francis por fuerza he de seguir lo mismo. y aprended a controlar vuestras palabras cuando habléis con hombres viejos y honrados o encontraréis alguno. -¡Tan joven! -murmuró el anciano con cierta compasión. Me castañetean los dientes sólo con pensar en la horca. ¡vive Dios!.-Ya veis -dijo Francis. sin esperanza y sin honor. Hacedme mayordomo del Rey o Abad de San Denís o Bailio de Patatrac y ya veréis cómo cambio en seguida. y he de tener algunos placeres. En cuanto a cambiar de profesión. Pero llegáis vos precedido del glorioso batir de los tambores y sonar de los clarines.que no se puede separar al soldado del bribón. Puedo permitirme otro traguito. ¿creéis que yo robo por gusto? -contestó Francis-. pero preguntad al aldeano a cuál aborrece más y a quién maldice durante sus noches sin sueño. señor caballero. Odio el robo como todo lo que sea trabajo y peligro.. La noche después de todo se había pasado bastante bien y tenía el presentimiento que saldría sin dificultad a la mañana siguiente. Pocos hay tan dispuestos al arrepentimiento como este desgraciado Francis. pues el hombre no puede dejar de comer aunque no sea más que por no dejar de arrepentirse. Yo soy anciano. Estos diez talentos han sido los padres que me han criado.

-¡Dios se apiade de vos! -dijo el señor de Brisetout a la puerta. -¡Decís que no tengo sentimiento del honor! -dijo-. ¿queréis hacerme el favor de marchamos? -Como queráis -dijo el poeta poniéndose en pie-. Y ahora diréis ¡Dios me asista!. las únicas verdaderas. Las luces de la aurora empezaban a reflejarse sobre los blancos techos. Oídme una vez más. el honor y el amor no sólo son más nobles que el vil alimento sino que son necesarias y que su falta nos debe hacer sufrir mucho más. Sois un digno caballero -añadió vaciando el vaso-. A mí me parece muy natural y le tengo en el arca hasta que hace falta sacarle. Estas reglas inmutables están inscritas en el corazón de cada hombre si sólo se quieren dar el trabajo de leerlas. papá! -dijo Frands bostezando-. »Vuestra boca está llena de sutilezas y el diablo os ha dado más talento del necesario. un vientre vacío es una cosa muy desagradable. Villon se estiró en medio de la calle pensando: -¡Qué idiota era ese anciano! ¿Qué podían valer aquellos vasos? . puede que se encontrara fatigado por un trabajo mental al que no estaba acostumbrado. y aunque he tenido muchas ocasiones de serles infiel. Mientras os cuidáis de llenar vuestro vientre. y si soy un ladrón. y ahí me marcharía yo con una carga de metales preciosos con que vivir bien durante un año. -Estas son cosas muy profundas -dijo. Olvidáis la Fe en Dios. bribón y vagabundo. ¿no desatendéis otros apetitos de vuestro corazón. ¿Cuánto rato hace que estoy en este recinto? ¿No me habéis dicho que estáis solo en la casa? Pues mirad esos objetos de oro y plata. pero no habláis de otras necesidades más perentorias aún. Habláis de comer y de bebe. y olvidáis las grandes. Sois un bribón. no necesitaba yo hacer más que un movimiento rápido y ahí quedaríais vos con el acero clavado entre las costillas. vos podéis ser fuerte aún. cuya falta amarga todos los placeres de vuestra vida y os hace perpetuamente desgraciado? Villon estaba visiblemente aburrido de tan largo sermón. aunque me parece que en esta cuestión no ando equivocado. ¿que no tengo sentimiento del honor? El viejo alargó el brazo. he luchado con todas mis fuerzas para no salirme de la senda del deber.de involuntario simpatía. y no me envanezco de ello día y noche como si fuera un milagro de Dios el tenerlo. el amor al prójimo y el amor sin reproche. vejez! ¡Cómo embotas los sesos! El viejo caballero por cortesía hacia su huésped de una noche le acompañó hasta la puerta. aquí quedáis vos con vuestro corazón latiendo como siempre y aquí estoy yo dispuesto a marcharme tan pobre como vine y sin más capital que esa blanca que tanto me habéis refregado por las narices. un cínico y desalmado bribón.para mi rudo ingenio de soldado. Hace muchos años que aprendí que un caballero debe de vivir respetando a Dios. y bien sé que son pruebas difíciles de soportar. pero ello es que hubiese querido encontrar argumentos con que hacer cambiar de vida a aquel joven y le repugnaba la idea de echarle así a la calle. cambiaríais de opinión. -Voy a deciros lo que sois -dijo-. pero sois viejo y estáis sin armas. y si no. y es muy duro ver a otros con guantes forrados cuando uno se sopla los dedos de frío. no soy un diablo del infierno. y ahí quedan vuestros malditos cubiletes tan seguros como en una iglesia. quizás si lo hubierais tenido tantas veces como yo. quisiera poder añadir y de mucho talento -y pegándose con los nudillos en la cabeza añadió: ¡Oh! ¡Vejez. así Dios me ayude. pero me parece que habéis perdido el camino y cometéis un grave error en vuestra vida. Villon le siguió silbando y con los pulgares metidos en su cinturón. mientras que yo tengo mi cuchillo. La puerta volvió a cerrarse detrás de él. a su Rey y amando a su Dama. ¿Creéis que no se me ha ocurrido? Pues sin embargo rechazo la idea con desprecio. Soy bastante pobre gracias a Dios. Puede ser que no tenga yo bastante ingenio. y basta una palabra de verdadero honor para desbaratar todas sus sutilezas como se desvanece la sombra ante un rayo de sol. para mí vale tanto como el vuestro. Me siento deshonrado al pensar que he pasado una hora en vuestra compañía y que habéis comido y bebido a mi mesa. »Os curáis de las pequeñas necesidades. Vuestra presencia me repugna. Sois como el que tomara medicinas para quitarse un dolor de muelas en el día del juicio Final. pero el diablo es muy poca cosa ante la Verdad de Dios. Y muchas gracias por la cena. El día empezaba por una mañana fría y desapacible. Muy honrado. -¡Buenas noches. Porque estas cosas sagradas como son la Fe. os voy a convencer. La noche ha pasado y las luces de la mañana alejan las sombras. Os hablo del modo que creo me comprenderéis mejor. el Honor. Os hago saber que yo también tengo una especie de honor.

hasta de día claro había encontrado alguna dificultad para hallar su camino. y el ruido que hacían los soldados al tomar alegres disposiciones para la cena se oía en los intervalos de calma. casi debajo de la torre de la iglesia. proyectaban una sombra aún más oscura que las mismas nubes. la casa que se encontraba a su izquierda parecía ser edificio importante. las desigualdades del terreno amenazan hacerle caer y desequilibran la marcha. las errantes nubes volaban como gigantescas golondrinas sobre la inmensidad del espacio. encontró una acogida tan calurosa y tantos motivos para dilatar su partida. y volver temprano. Los muchachos se formaban pronto en aquella ruda y lejana época. puesto que la casa de su amigo se hallaba en la parte más baja de la ciudad. Con este solo indicio para dirigirse anduvo por sitios desconocidos ya respirando con desahogo cuando llegaba a plazas anchas y en las que veía un trozo de cielo sobre su cabeza. porque la ciudad estaba llena de las tropas aliadas borgoñesas e inglesas y aunque Denís tenía salvoconducto. La calleja terminaba en una terraza con balaustrada de piedra que daba sobre el valle situado a algunos cientos de pies más abajo. admirando la ciencia que los arquitectos habían prodigado en obsequio a las dos familias. El viento había calmado mientras tanto y la noche estaba oscura como boca de lobo. había tanto peligro real. que ya había pasado media noche cuando pronunciaba su ¡Adiós! desde el umbral de la puerta. la bandera de Inglaterra que flotaba sobre la torre de la ciudad se hacía cada vez menos distinta. del cuerpo principal se destacaba la redonda cúpula de una capilla y la puerta estaba resguardada por un pórtico exterior enriquecido con figuras esculpidas en la piedra. ya se consideraba hombre hecho y derecho y cumplido caballero. y en esta absoluta oscuridad pronto lo perdió por completo. Hacía muy mal tiempo. Bien comprendió nuestro joven que aquel camino no le conduciría a su posada. se había dado muerte a un hombre con todas las reglas del arte y se sabía un poco de estrategia. cosa no muy prudente por parte del muchacho. La noche se venía encima. y los agudos tejados de la torrecillas todos cubiertos de pizarra. pero con la esperanza de encontrar algo que le orientara. Para Denís que debía regresar a su posada sin llamar la atención. y una sombra más densa que las demás hace pensar en ambas cosas. como molestias en la marcha. ¡Situación angustiosa y deprimente el encontrarse perdido por completo en la oscuridad y en un sitio casi por completo desconocido! El silencio es doblemente aterrador. no pudo menos de contemplarle con atención. Denís se inclinó y sólo alcanzó a ver algunas copas de árboles movidas por el viento y un solo punto brillante. El joven después de atender cuidadosamente a su caballo. pero aunque tan joven. se montaba bien a caballo. Andaba ya hacía algunos minutos por una callejuela tan estrecha que con sólo abrir los brazos hubiera tocado los dos muros. Sólo estaba seguro de que debía subir cuestas. un viento frío y desagradable mezclado con chaparrones azotaba los edificios de la ciudad. Denís de Beaulieu caminaba apuradamente y no tardó en llegar a la puerta de su amigo. éste le hubiera servido de muy poco en caso de un mal encuentro. y su posada en la más alta. ya guiándose a lo largo de las paredes en las estrechas callejuelas. A esta incierta luz. Denís desconocía el entramado de las calles de Chateau-London. pero aunque se había prometido a sí mismo estar poco. Las ventanas de la capilla ostentaban valiosas vidrieras de colores. y por eso andaba con cautela parándose a cada esquina a fin de hacer sus observaciones. porque aparecía adornado de varios miradores y torrecillas. Era el mes de septiembre de 1429. Era indudablemente la mansión señorial de alguna importante familia de la localidad y recordar nuestro joven su propio palacio de Brujas. ni una estrella ni un rayo de luna traspasaba la espesa capa de nubes. El tiempo había aclarado y las nubes permitían ya ver el contorno de las montañas. el tacto de las rejas que caen bajo la mano exploradora causa una sensación de frío como si se tropezara con un cadáver. y las hojas secas se arremolinaban en las calles. y cuando se había tomado parte en una batalla. cuando ésta después de un torcer bruscamente tomaba otra dirección. continuó por ella. aumentó la potencia del viento que empezó a rugir bajo los portales de la plaza y a sacudir con violencia los corpulentos árboles en el valle cerca de la ciudad. era cosa corriente permitirse cierta licencia en los placeres.*** LA PUERTA DEL SEÑOR DE MALÉTROIT Denís de Beaulieu tenía alrededor de los veintidós años. Al llegar la noche. Mejor hubiera sido quedarse ante el fuego o retirarse a descansar honestamente. el río que cruzaba aquellos campos. Aquí y allá empezaban a iluminarse algunas ventanas. . cenó con ganas y animadamente al atardecer se dispuso a hacer una visita.

pero en el interior le pareció percibir algunos ruidos muy leves pero muy cercanos. Dos o tres voces. la poderosa plancha de encina se escapó de sus dedos y se cerró de golpe con un extraordinario portazo seguido de un ruido semejante a una barra que cae. Entonces por primera vez distinguió una luz en el interior de la casa y a no mucha distancia de donde se hallaba. Aunque nuestro joven se sorprendió mucho. el caso es que estaba encerrado y que ni aun por su vida veía trazas de salir de allí. no había cerradura. Denís miró a su alrededor y se metió debajo del pórtico. ratonera o no. muy poco del agrado del joven caballero. fuese intencional o descuidadamente. La oscuridad empezaba a ponerle nervioso. les dio algunos instantes de ventaja por temor a algún accidente que les obligara a retroceder. . semejante al que pasa por la abertura de una puerta entornada. llevando sus voces y sus risas a animar otro barrio de la ciudad. sin embargo. Apenas había andado cien metros. allí podría quizás no ser visto y si esto fuera pedir mucho a la suerte estaba al menos en muy buena situación para parlamentar o defenderse. no es lo corriente detenerse a explicarse el por qué. unas en francés y otras en inglés dieron el ¡quién vive! Denís no contestó y apresuró más su carrera. y sobre todo. Al pensar así. la puerta continuó girando sobre silenciosos goznes hasta quedar abierta de par en par. al ver que las cosas se le mostraban favorables. Denís de Beaulieu empezó a fruncir el entrecejo. Lo más probable sería. y más en aquellas circunstancias adversas. Era una partida de hombres de armas que recorrían la ciudad a la luz de las antorchas. La ronda desembocaba en aquel instante sobre la terraza y empezó a increparle entre maldiciones y juramentos. y oyó voces que hablaban alto despertando los ecos de aquella estrecha callejuela. mas por alguna razón inexplicable. pero apenas puso sus hombros sobre ella. La situación era de las más comprometidas. a pesar de haberse vuelto con rapidez. pero aquellos caballeros estaban de demasiado buen humor para perder tanto tiempo y descubriendo un pasadizo que había escapado a los ojos de Denís. todo estaba silencioso en el exterior. al mismo tiempo que su espada cayó ruidosamente sobre las piedras. prestó oído. y a continuación procedió a buscar los medios de volver a abrir la monumental puerta. Nada más lejos del pensamiento del joven que cerrarla del todo. ni nada. La superficie interior era completamente lisa. El ver algo ya era un consuelo para Denís. se aprestó a defender su vida. pero se le figuró haber obtenido algunas nociones sobre el terreno que le rodeaba y tenía la esperanza de ganar pronto su posada. si les daba por ahí que lo mataran y le dejaran en el sitio en que cayera. Denís adquirió el convencimiento de que se habían excedido bastante en la bebida y que no estaban en estado de prestar atención a salvo conductos u otras finuras semejantes de las guerras caballerescas. cuando vio una luz que venía en dirección contraria. pero estaba firme como una roca. Fácil sería que la misma luz de sus antorchas sirviera para ocultarle y sus escandalosas voces encubrirían el ruido de sus pasos. cuando ésta cedió y. Con esta idea sacó su espada y trató de defenderse colocándose de espaldas a la puerta. Así es que Denís sin pensar ni un instante entró en el espacio negro que la puerta dejaba ver y trató de entornarla para ocultar su escondite. era como el encontrar tierra firme al que se hunde en un pantano. no contaba con la serie de accidentes que hicieron esta noche memorable entre todas las de su vida. justamente sus perseguidores doblaban la última esquina. y. percibiéndose el ruido de armas y viéndose el resplandor de las antorchas con que escudriñaban todas las irregularidades de la callejuela en las que pudiera haberse escondido. La sacudió con fuerza. ni cerrojos. metió sus uñas en la rendija y trató de abrirla. Por desgracia. los oyó pegar con los regañones de las lanzas en todos los parajes oscuros. en el momento de emprenderla. ¿Cómo se abriría aquella puerta? -pensaba-. Denís respiró aliviado. Aquello parecía una ratonera. pero la pesada mole no se movió. no podía más que retroceder sobre sus pasos. pareciendo que la personal conveniencia es suficiente para producir los más inexplicables fenómenos en nuestro mundo sublunar. pero ¿quién podía tener tal sospecha en una calle tan tranquila y muy principalmente en una casa de tan próspero y noble aspecto? Y. pronto se perdieron en lontananza. su pie tropezó con una piedra que le hizo perder el equilibrio y caer contra la pared lanzando un juramento. Estas consideraciones le decidieron por una pronta y silenciosa fuga. pero seguían aún las voces. La idea penetró hasta su cerebro causándole una sacudida y volviéndose de espaldas a la puerta. Otra vez sobre la terraza se detuvo para mirar atrás. como si estuviera rodeado de personas que hicieran esfuerzos por contener hasta la respiración. una de éstas tropezó contra la puerta detrás de la que estaba Denís. ¿cómo es que estaba abierta y se había cerrado sola? En todo aquello había algo de oscuro y misterioso.Parecía no haber otro ingreso en aquella terraza más que la callejuela por la que él había venido. un rayo de luz. quizás un muelle o un peso.

y serénese del todo. señor de Malétroit. por lo menos saldría de la oscuridad. Hubo una pausa durante la cual creyó percibir el monótono murmullo de las plegarias que salían de entre las cortinas que estaban enfrente de él. y si me ve en su casa es sólo porque. brutal y cruel expresión. Su inmovilidad resultaba irónica. los dedos afilados y sensuales eran como los de las mujeres de Leonardo de Vinci. aunque llegó contra su voluntad. Tenía las piernas cruzadas y apoyaba las manos en los brazos del sillón. Se encontró en un vasto recinto de piedra labrada. se detuvo un momento para tomar cierta compostura y empujando la puerta entró.Su imaginación le llevó a ella con avidez y se quedó observándola y tratando de orientarse en aquel interior desconocido. y la vehemencia con que . Así. que esta invasión. Las manos del señor de Malétroit eran famosas. como hubiera podido hacerlo una virgen cristiana. A pesar del tono musical y dulce con que fueron dichas estas palabras y de la sonrisa que las acompañó o quizás a causa de ambas. pero el tiempo dirá cuál de los dos está en lo cierto. quizás a consecuencia de incesantes cuidados. apenas pudo responder: -Me temo que esto es una doble casualidad. a su lado en un estante se veía un vaso de vino espaciado. Siéntese.. mas por mi parte nada estaba más alejado de mis pensamientos. amigo mío. no había dejado huellas en sus manos. La edad. cubiertas con pesadas cortinas de tapicería. nada podía ser más contrario a mis deseos. Se hallaba en peligro de muerte según pensaba. sea cual fuere. y no podía verse sin un secreto terror que un hombre de aquella intensa. Se sentó temiendo que de un instante a otro le diera un ataque. pero contenía pocos muebles. -¿Mi puerta dice? -interrumpió el anciano levantando sus pobladas cejas-. Está insinuando que por usted no hubiera venido a saludarme. sea muy bien venido. Según parece. Su rostro tenía unas líneas pronunciadamente masculinas semejantes a las que solemos ver en el toro. espera a alguien. Soy extranjero en este país. Llevo esperándole toda la noche. pero acompañó la invitación con un cortés movimiento de mano y una inclinación de cabeza. es posible que difieran de las suyas ahora -añadió con una de sus peculiares sonrisas-. No soy la persona que usted cree. Muy ingeniosa ¿no es verdad?. cuando cruzaba sus extraordinarias manos sobre su bata. Hermosos cabellos blancos rodeaban esta cabeza y caían en bucles naturales hasta la bata. otras. Denís comprendió que el asunto iba a complicarse más y se apresuró a decir: -Vuestra puerta. me permite que tenga mis propias ideas sobre este asunto. Mi nombre es Denís de Beaulieu. imposible hubiera sido encontrarlas más carnosas ni de líneas más puras. Denís y él se miraron durante algunos segundos. la chimenea estaba huérfana de fuego y esparcidos por el suelo había dos haces de paja no del todo frescos. Tal era Alein. o en el oso. Cuando sonreía se unían sus pobladas cejas y sus ojos pequeños. Las uñas de perfecto dibujo tenían una blancura nítida.. Su barba y bigotes eran como el campo de la nieve. una a cada lado y las tres iguales. su corazón había comenzado a latir rápidamente. -Joven señor -dijo el anciano-. la tomaban entre siniestra y cómica. pero de dura expresión. La habitación estaba espléndidamente iluminada.. pues. No se había levantado. se sentara así inmóvil como un dios. Denís creyó hallarse frente a un loco. Al acostumbrarse sus ojos a la oscuridad pudo ver un tramo de escalera ascendente que conducía desde el portal a la puerta que filtraba el rayo de luz. y muy hospitalaria. brutal y peligroso. -Puede pasar -dijo Malétroit-. señor -dijo Denís-. Resultaba mil veces más temible el aspecto de este hombre.. Denís sintió que un fuerte estremecimiento recorría todo su cuerpo. Lo importante es que ha venido. En un gótico sillón junto a la chimenea y completamente de frente a la puerta por la que entró Denís. pues ¿por qué no subir aquella escalera y plantarse ante el enemigo cara a cara? Por lo menos pelearía con algo tangible. Denís reconoció el escudo y se alegró de haber caído en tan buenas manos. estaba un viejecito envuelto en rica bata de pieles. dos por lo menos. y se había apoderado del joven un intolerable deseo de acción. Había tres puertas. Se dirigió lentamente hacia la puerta con los brazos extendidos y al fin sus pies tocaron el primer escalón entonces subió deprisa las escaleras. -¡Ya! ¡Ya! -dijo el viejo caballero con indulgencia-. algo equívocas y denunciadoras de algo cruel. El cuarto lado ostentaba dos grandes ventanas y entre ellas una monumental chimenea con las armas de los Malétroit. Desde que había empezado a sospechar que no estaba solo. Entre usted y yo no existen relaciones de ningún tipo. A veces le parecía que era una sola voz. -Insiste en su error. sorprendente. excepto una inmensa y pesada mesa y varias sillas. Los ancianos debemos utilizar estratagemas para lograr compañía. Y entre esta desagradable impresión y cierto honrado aturdimiento. Ahora vamos a arreglar nuestros negocios.

les gusta más quedarse sentado como un buen doncel. El sacerdote levantó el tapiz y los tres entraron. delante del altar estaba arrodillada una joven vistiendo un lujoso traje de novia. ¿qué era. Hija mía. que lo ha de continuar hasta el fin.y muy propia para causarle rubor.rezaban parecía indicar o mucha prisa o un excitadísimo estado de ánimo. se levantó el tapiz que colgaba ante la puerta de la capilla y entró un sacerdote. mientras tanto. pensándolo con más prudencia. observaba a Denís de arriba abajo sin dejar de sonreír. lo que deseaba era conocer lo peor y eso lo antes posible. pero en su interior ardía en rabia y sentía las más siniestras aprensiones. El señor de Malétroit siguió su ejemplo y con la ayuda del sacerdote se levantó. no podía ser lo que él se figuraba. y después de todo ¿qué más puede desear? -La situación es muy anómala para una noble doncella -contestó el otro. añadir: Caballero de Beaulieu. pero sólo el poder de Dios me obligaría a permanecer aquí ni un instante más. -Está más resignada. Ha rehusado oír mis explicaciones. y dirigiéndose a Denís. Aquí traigo a este joven amigo para que te salude. y si no puedo salir de un modo más conveniente. bien está la devoción en . no debía.y le dejo a usted sacar las conclusiones. y de tiempo en tiempo emitía débiles sonidos sin sentido. Ya no estaba convencido de que aquel fantástico viejo fuese un loco. No. Si está en su juicio me ha insultado groseramente. en nombre de Dios. -Pues Dios la confunda. Si prefiere que le aten de manos y pies hasta que crujan vuestros huesos proseguid en vuestro ademán de marchemos. tunante! -dijo éste con un tono de voz tan distinto del anterior que parecía imposible saliera de la misma garganta. -Mi estimado sobrino -dijo-. Al oír estas palabras el anciano sufrió un ataque de silenciosa risa. que después de lanzar una mirada a Denís. así es que se levantó haciendo una reverencia en señal de sentimiento. date la vuelta y dale la mano. y si no lo estaba. si es tan difícil de contentar -repuso con atroz ironía el viejo. dijo algunas palabras en voz baja al castellano de Malétroit. El señor de Malétroit levantó su mano derecha e hizo un signo a Denís como para tranquilizarle. Un estremecimiento sobrecogió a Denís al observar este ropaje. de no mala casa. ¡Miente! -e hizo un movimiento como para abofetear al anciano. -¡Señor! -dijo-. Le ocurrió pensar que aquella cortina debía cubrir la entrada de la capilla que había visto desde el exterior. Ahora comprendo que se está burlando de mí desde mi entrada en esta casa. Denís se puso rápidamente de pie y con arrogancia se caló la birreta adornada de plumas. permanezca tranquilo donde está y Dios sea con todos. Siéntese. lo que parecía indicar el colmo de la satisfacción. -¿Quiere decirme que soy su prisionero? -preguntó Denís. Exteriormente procuró aparecer tranquilo. me atrevo a decir que con más impaciencia que yo. Denís se resignó con la mejor cara que pudo. Denís volvió a sentarse. pero sólo cuatro ardían produciendo una luz cambiante y escasa. ¡por la Virgen!. El viejo. imposible. -¿Se figura que cuando yo me he propuesto una cosa. tan prolongada y violenta. -¡Siéntese. Seis robustas columnas de granito formaban la nave que terminaba en un semicírculo en el que estaba el altar muy rico y profusamente adornado con bajos relieves y toda clase de piedra tallada ornaba los góticos ventanales en los que lucían costosas vidrieras de colores. pero ahora que ya está en ello. Sí. -¡Sobrino! -replicó el sorprendido joven-. Semejante estado de cosas se hizo pronto tan insoportable para Denís que para disimular el joven observó cortésmente que el viento había calmado. -Yo establezco los hechos -dijo el viejo. conversando con un anciano. la dejo a medio hacer? -continuó-. Era tan áspero y duro como el ladrido de un perro. ¿me permite que le presente a mi sobrina? Ha estado esperando vuestra llegada. caballero -respondió el sacerdote. -Blanca -dijo el caballero con su más melifluo tono-. Un pino de oro semejante. lo que pretendía? ¿En qué trágica o absurda aventura estaba metido? ¿Qué es lo que debía de hacer? Mientras seguía estas desagradables reflexiones. que su rostro se tomó purpúreo. y luchó con desesperada energía contra la conclusión que se imponía a su mente. si no lo está puedo emplear mejor mi tiempo que perderlo en conversaciones con lunáticos. Dios lo sabe que no he sido quien se lo ha aconsejado. -¿Está más animada la joven? -preguntó este último. La Capilla era de suntuoso aspecto arquitectónico. -Pues debía haber pensado en eso antes de empezar la dama. y todos se dirigieron a la puerta de la Capilla. haré con mi espada un agujero en vuestra maldita puerta. En el altar estaban colocados medio ciento de cirios.

y la vergüenza y la confusión se leían en cada línea de su joven y bellísimo semblante. llevaba la cabeza baja y los ojos clavados en el suelo mientras se adelantaba lentamente. tened piedad de mí. qué significa esto? -Quién lo sabe -respondió sombríamente el caballero-. -¡Ah! ¡Qué dolor de cabeza! -murmuró con voz cansada-. pero ante Dios que nos escucha y toda la corte Celestial. afirmo que si no es éste. Él la puso al corriente en pocas palabras. noble señora -dijo el mancebo. ¡Oh!. yo no he visto nunca a este caballero. añadiendo: -En cuanto al resto. pero no hay que olvidar la cortesía. señor. pues por mi palabra de honor que si no obedeces. vuestro próximo novio será menos pulido que éste. Al decir esto el anciano y el sacerdote salieron y la cortina cayó ocultando a los dos. Aquél era la mano de hierro de la familia.que no me crea y que aún continúe con la idea de que es este caballero? -Hablando con franqueza. Estoy preso en esta casa que parece llena de locos. ¡pero estaba tan contenta de pensar que alguien me quería!. con un agudo grito se cubrió el rostro con las manos y cayó sobre las losas de la Capilla. Si viviera tu padre y mi digno hermano menor. El viejo se encogió de hombros. ya esperaba yo eso. ¡No es éste. y como el novio ha de tener algunas preeminencias. después se oprimió la frente con las manos. Pero tiene razón.una doncella. Si merece tal nombre diga la verdad: ¿le he visto yo alguna vez antes de esta maldita noche? -Digo lo mismo que usted. le concedo dos horas para ganar el tiempo perdido. Ha sido una desgracia que no recordarais el nombre. damisela. sino hasta de mirarme a la cara. La joven se volvió hacia Denís con ojos febriles. de los que éste hubiera podido envanecerse con justicia y que a pesar de hallarse de viaje. que tengo el honor de ver a su encantadora sobrina. Se encontraron sus ojos. al hacerlo así. y cuando pocos días después me entregó una carta la cogí con placer y la leí al llegar a casa. no es posible que hable seriamente. quizás tendréis la bondad de seguir mi ejemplo y decirme lo que sepáis a ver si puedo explicarme estos enigmas de los que Dios sabe cuál será la solución. perdisteis el derecho no sólo de discutir mis disposiciones. sobrina mía. antes de proceder a la ceremonia. No sé más y no comprendo nada. -¿Quiere explicarme -preguntó-. sobrado ligera. huérfana desde mi más tierna infancia y desgraciada toda mi vida. No hay mujer en el mundo que no prefiera la muerte a semejantes bodas. En obsequio a usted he procurado hallar a vuestro galán. Comprendí que le gustaba. en los de la bella la vergüenza dio paso al terror. llevaba irreprochablemente calzados con elegantes botas de ante. te hubiera escupido y arrojado de casa. Cuando le diste entrada en tu cabeza. juro ante Dios que antes me partiré el corazón de una puñalada que forzar de este modo la voluntad de este joven caballero. de que sólo tienes que habértelas con la mano de terciopelo. Hace un mes un joven capitán me veía diariamente en le iglesia. pero de una vez para siempre. y nuestro ejemplo enseña -añadió frotándose sus impecables manos. Y se encaminó a la puerta seguido del clérigo. Blanca de Malétroit. Así es que insisto en que te muestres cortés con nuestro joven amigo. La joven se levantó rápidamente. -¡Señor y tío! -dijo la doncella-. Dios prohíbe semejantes violencias y deshonráis con ellas vuestras canas. ni he deseado verle. Sin decir nada de mi corazón. -¡No es éste! -gritó repetidamente-.Nunca he tenido ese placer. como si aquellas botas amarillas hubieran despedido una corriente magnética y levantó con rapidez los ojos hasta el rostro del joven guerrero. Se subleva todo mi ser. Caballero -dijo dirigiéndose a Denís-. -Pero ¿cómo habéis llegado hasta aquí? -volvió a interrogar la dama. señor.que estos matrimonios rápidos a veces producen excelentes resultados. mi manera de pensar en este asunto. en todas . La joven se levantó y dio un paso hacia los recién llegados. Ella permaneció unos momentos en silencio. cierto que obré muy mal. -¡Os lo juro! -repetía la desgraciada-. y él pudo ver sus trémulos labios y sus ojos brillantes de fiebre. sólo al pensarlo. tío mío! -Claro que no -murmuró sonriendo con su desagradable sonrisa el misterioso viejo-. Es la primera vez. -Pues lo siento mucho -dijo. ¿Es posible -dijo sollozando. Me ha escrito algunas otras veces. sus ojos tropezaron con los pies de Denís. le debo decir todo. aun cuando sea una grave falta de recato en una doncella. La joven se detuvo estremeciéndose. Puedes dar gracias a Dios. y creo haberlo conseguido. Mi deber era haceros casar lo más pronto posible. Soy Blanca de Malétroit. a la idea de deshonrar el nombre que durante setenta años he llevado con honor en la paz y en la guerra. No conocía yo tampoco mucho más a mi difunta esposa cuando me casé con ella. no me importa un bledo. Estaba rígida como el mármol. sí lo creo -dijo el extraño viejo-. os voy a decir Blanca de Malétroit.pera más vale tarde que nunca.

ni los suyos. El señor de Malétroit hizo una seña al Capellán quien en silencio levantó los tapices que ocultaban la tercera puerta. señor de Beaulieu. -Si fuera más joven aceptaría con placer el honor que quiere hacerme. para castigo de mis pecados. Vuestra familia es muy notable. y lo aprovecho para deciros de una vez que no quiero ser parte a forzar la inclinación de esta clama.es un hombre tan duro como ladino. Me parece que tengo derecho a decir una palabra. Ahora ya lo sabéis todo y seguramente también me despreciaréis. está en el secreto y no le debe parecer extraño el que le invite a borrar la mancha que ha caído sobre mi blasón. pero aunque descendiendo de Carlomagno en persona. Si ella me hubiese escogido libremente. y aquella sonrisa empezaba a subírsele a la cabeza al joven caballero. Blanca le miró con expresión de inmensa gratitud. Blanca muy abatida y avergonzada. me abrió a la fuerza y leyó mi billete. Lleva espada. Usted y esta dama. y si no puedo borrar el deshonor. yo habría aceptado su mano como un don del cielo. y no tengo nada que decir contra ella. tengo el honor de rehusarla. Los leales vasallos son los apoyos de los viejos nobles. Si se niega vuestra sangre caiga sobre vuestra propia cabeza. Mucha culpa tengo yo. y cada cual tiene que emplear la fuerza de que dispone. impido al menos que se propague el escándalo. No creía qua Dios permitiera a una pobre criatura tener que avergonzarse así delante de un desconocido. referente a este matrimonio. Sólo me resta demostramos que soy digno de esa honra. mientras caminaba a mi lado. éste es uno de los inconvenientes más grandes que tiene la vejez. pero el señor de Malétroit sonreía y sonreía. y como . Mi tío -añadió con un sollozo ahogado. ni aun los míos. pues ya he podido apreciar que es tan buena como hermosa. ¿Está cerca el señor de Malétroit? -Creo que está en esta sala inmediata -respondió la niña. pero en las presentes circunstancias. -Me parece que hay otros caminos para arreglar las cuenta entre caballeros -dijo Denís-. -Temo -dijo por fin el sarcástico anciano-. pero es casi imposible ocultarle nada. y pasada por ella una gran cuerda. -Señora -dijo-. antes de la salida del sol os hago colgar de esta cuerda. No sé cómo se despertaron sus sospechas. sin contar con que quizás había encontrado mi conducta sobrado desenvuelta. pero nunca esperé un castigo y una vergüenza tan grandes. Observe que hay una argolla de hierro. pero no habrá más remedio que llegar ahí si os obstináis. Ha llevado a cabo muchas hazañas gloriosas en la guerra y ha tenido gran predicamento en la corte en tiempos de nuestra Reina Isabel. Tened la bondad de seguirme a esta ventana -le dijo llevándole a una de las grandes ventanas que había en la estancia-. caballero de Beaulieu -dijo Sire Alein-. sin duda puso una trampa en la que ha caído usted. pero soy ya demasiado viejo. no hemos hablado nunca y lo más probable es que fuera un pasatiempo por su parte. y. Denís luchando con la conciencia de tener una grave misión que cumplir y la juvenil presunción de llevarla felizmente a cabo. Hubo una pausa de mortal silencio. Podéis pensar que no será agradable espectáculo para mí ver vuestras interesantes reliquias dando vueltas en el aire debajo de mi ventana. no rehusaríais impunemente la mano de una Malétroit (no. El señor de Malétroit se levantó a recibirlos con una irónica reverenda. Denís hizo un respetuoso saludo. -Señor -dijo Denís con el aire más digno que pudo adoptar-. y como no logró que yo le dijese el nombre del capitán. sino en que se case mi sobrina. quizá deseen esta sala para pasar el tiempo que falta hasta cumplirse las dos horas. Puedo aseguraros que recibiré un grandísimo pesar si me obliga a recurrir a ese extremo. pero lo bastante para que Denís pudiera ver un pasadizo lleno de hombres armados. porque yo no tengo ningún interés en vuestra muerte.sus cartas me suplicaba que dejase la puerta abierta para que pudiésemos hablar dos palabras en la escalera. Yo no podía prever si el capitán querría casarse conmigo a la fuerza. Fue sólo un momento. Pero en todo esto nada tienen que ver los sentimientos privados de mi sobrina. Y esta mañana cuando salíamos de la iglesia. pues fijaos bien en mis palabras: si la repugnancia que os inspira mi sobrina es insuperable. tranquilo al parecer. temo señor de Beaulieu que ha comprendido imperfectamente la elección que os ofrezco. Le agradezco su confianza. Se ha comprometido el honor de esta casa y yo creo que usted es el culpable y si no lo es. pero con un poco de paciencia y la ayuda de Dios se acostumbra uno a todo. pero a falta de pan buenas son tortas. según cuenta la Fama. se sirve de ella magistralmente. me cogió la mano entre las suyas. -¿Me permite que le lleve allí? Ella le tendió la mano y ambos pasaron desde la Capilla a la sala. aunque fuese más horrible que la misma Medusa).

-Siento profundamente su pena -continuó Denís-.. olvidáis quizás lo que debéis a otro. ¿No irá a estropear una vida gloriosa aunque corta. y allí permaneció sentado jugando con la empuñadura de su espada. Cuanto más la miraba. ¡No se precipite! -añadió viendo una mirada amenazadora en los ojos del joven-. con esta señora. pero estaban mejor colocadas al final de aquellos redondos y finos brazos. Ella le dio las gracias con una mirada. El mundo ha sido muy injusto y . Pero es por mí. que debían ser infinitamente suaves el tacto. señora -dijo éste con altivez. A medida que pasaba el tiempo sus ojos se posaban con más frecuencia sobre la desolada doncella. -¡Yo no quiero que muera! -exclamó la joven. perdóneme por las palabras que antes le he dicho si es que en algo la han ofendido. o las picas de mis servidores. Sus ojos recorrieron la estancia sin hallar nada en que detenerse. los fijó en los rincones más oscuros. La joven permaneció inmóvil algunos instantes. aunque parezca tan corto. su figura esbelta y proporcionada aparecía casi cubierta por su espléndida cabellera oscura. Al parecer el castellano observó con el mayor placer este primer síntoma de concordia porque sonrió a ambos y dijo a Denís con nobleza: -Si me promete. su rostro estaba oculto entre sus manos y se movía a intervalos por las sacudidas de sus violentos sollozos. pero si las he pronunciado. Denís volvió a mirar a la doncella que pareció rogarle que aceptase las condiciones. seguido en silencio por el Capellán que llevaba una lámpara de mano. negros y de encantadora expresión. no. acabándola con un falta de cortesía hacía una dama? Denís miró a Blanca. No bien estuvieron solos. Aun así estaba hermosa. después cruzó la habitación y levantando el tapiz que daba al pasadizo. muchas cosas pueden cambiar en ese tiempo. con sumo gusto os la cedo. sobre todo en la juventud. Si vuestra altivez se revela ante la idea de la horca. puesto que hay otro medio. mandaré retirar a mis servidores y podréis hablar. Dirigió una mirada en torno suyo. y le pareció que en ellos bullían horribles animales. la palabra que queréis darme por generosidad. Tuvo la generosidad de mirar al suelo mientras decía estas palabras. El castellano se inclinó y después de limpiarse la garganta con aquel ruido especial que tan desagradable se había hecho a los oídos de Denís. Sus manos eran muy semejantes a las de su tío. no! -dijo ella-. Ahora casi le parecía imposible que hubiera hombres que tuvieran el valor de dejar un mundo en que viven tan admirables criaturas y hubiera dado cuarenta minutos de su última hora por no haberle dicho sus altivas y crueles palabras. era la más hermosa de cuantas existían en cabeza de mujer. Además. su rostro estaba vivamente coloreado y sus hermosos ojos brillaban llenos de lágrimas. Denís estaba en el colmo de la confusión. y de pronto se arrojó sobre el sillón de su tío y rompió en un llanto convulsivo. El joven leyó una y otra vez la divisa del blasón hasta que sus ojos se fatigaron. créame. soy yo demasiado orgulloso para aceptarla. que según Denís en aquel instante.. ya discutiremos eso dentro de dos horas y veremos si optáis por el abismo que tiene esta ventana debajo de si.¡No podré hacer nada por usted! -Señora -dijo el joven con una elegante inclinación-. y deseando estar ya muerto y enterrado bajo la montaña más alta de Francia. que esperará mi regreso dentro de dos horas sin intentar nada. señor de Beaulieu. parece que tiene algo que deciros. sin ser molestado. pronunció algunas palabras en tono de mando. -Señor -contestó-: le doy mi palabra de honor. De repente el ronco y estridente canto de un gallo los trajo a ambos a la realidad. ha sido pensando en usted y no en mí. Bien sé que es un valiente. -¿Cree acaso. Dos horas de vida es mucho.que yo temo a la muerte? -¡Oh. Recordó que sus ojos eran grandes. -Os ruego que no prosigáis -repuso el joven-. no puedo sufrir la idea de veros asesinar delante de mis ojos y. cuando Blanca avanzó hacia Denís con las manos extendidas. quien también le dirigía una mirada suplicante. a juzgar por los ademanes de mi sobrina. se detuvo junto a la mesa para coger unos papeles. y entre tanto los sollozos periódicos de Blanca de Malétroit marcaban el tiempo corno si fueran un reloj. -¡Dios mío! -gimió la desgraciada niña. y en un momento de compasiva exaltación hacia mí. más fea le parecía la imagen de la muerte y más compasión sentía por sus continuadas lágrimas. fue como una luz que aparece en una estancia oscura.no tengo ningún deseo de contrariamos. como no queriendo espiar su confusión. seguidas del ruido de hombres y armas que se alejan y por último dirigió otra sonrisa a la joven pareja y desapareció por la puerta por que entrara Denís. Y a cada momento volvía a su imaginación la idea de que las dos horas iban pasando y eran las últimas de su vida. como buscando inspiración y viendo una silla inmediata se sentó en ella por hacer algo.

y porque tiene un valor y un corazón que le hubiera distinguido aunque no hubiese nacido caballero. -Ya sé que es valiente y generoso -dijo la afligida joven-. en cuanto muera no tendré ninguno. y si no me equivoco mi pérdida le compensará ampliamente. Soy una criatura demasiado vulgar para ocupar puesto alguno en vuestro corazón. y se equivoca si lo atribuye a mi bondad. ¿no tiene amigos de quienes despedirse? Hacedme todos los encargos que quiera. ahora o después añadió estremeciéndose. Ahora tengo pocos amigos. no lo hice movida . procuraré ser más valiente. -Y sin embargo -repuso él-.cruel con usted. -Soy muy egoísta -contestó Blanca. -Señora -dijo Denís tomándola una mano entre las suyas-. Pero lo que quería deciros es que cuando os pedí que os casarais conmigo. aunque haya sido tan valiente como Aquiles o ten sabio como Salomón. viéndose éste rechazada. aunque no sea más que haciéndole un momentáneo servicio. ¡Olvidéis a Blanca de Malétroit! -Sois un ángel. Y si queréis contarme algo podéis estar seguro de que os oigo con profundo interés. en su propia casa? -Vuestra bondad -contestó el galán. -Me alegro de que así lo crea -contestó con cierta timidez Blanca-. Aún no hace diez años que cayó mi padre con otros muchos caballeros.y escúcheme hasta el fin. va derecho al Paraíso y allí es recibido por todos los ángeles de Dios nuestro Señor. muy galante. señor de Beaulieu. procurad olvidar la violenta situación en que nos encontramos uno respecto del otro. ¡Oh. En cuanto a mí le aseguro que no hay en toda Francia un caballero que no envidiaría mi posición de poder morir por usted. Comprendo cuánto me despreciaréis y empiezo diciendo que tendréis razón. en una terrible batalla. -¡Señor de Beaulieu! -dijo la joven resentida-. ¿cómo puedo ni aun miraros a la cara? -sus sollozos estallaron con más fuerza. después brilló una luz en sus ojos y con melancólica sonrisa añadió: -No quiero que mi campeón hable con tan poco aprecio de sí mismo. pero acercaos más si os place. aun cuando no sea más que por usted. voy -a morir en una ratonera sin más ruido que el que hagan mis huesos al romperse.. -Señora -dijo Denís. ¡Va a morir!. recibe honores de los hombres y juramentos de amor de las mujeres.. Decidme -añadió ruborizándose intensamente-: ¿es cierto que me encuentra hermosa? -¡Es la doncella más perfecta que existe! -exclamó Denís con entusiasma. ojalá fueran tan difíciles de cumplir que pudiera demostramos así mi inmensa gratitud. suenan las trompetas y las doncellas corren a sus ventanas para verle pasar al frente de sus hombres. pero ¿cree también que haya muchos caballeros en Francia que hayan sido pedidos en matrimonio por una hermosa doncella. Pero piense bien. y no creo que nadie se acuerde de ninguno de ellos. señora -dijo y pagáis un pequeño servicio mucho más de lo que merece. caballero de Beaulieu. haced agradables mis últimos momentos y me habréis hecho un inmenso favor. señor de Beaulieu! -dijo renovando sus lágrimas-. -No afirme nada -repuso la dama bajando aún más su sonrojada cabeza. más se convence uno de que la muerte es un rincón oscuro. El que da su vida por salvar a otro. Mi hermano Guichard heredará mi mayorazgo. aunque vais a morir por mí esta mañana. Me duele su desgracia porque es el ser más noble y generoso que he hallado en toda mi vida. Su caballo relincha. lo que quiero saber es si puedo servirle de algo. pronto se le olvida. -No es eso -contestó la hermosa-. Una expresión de angustia se extendió por el hermoso rostro de la muchacha y guardó silencio por unos minutos. -Ciertamente -dijo el galán sonriendo-. Demostradme que puedo hacer por usted algo más que llorar. si no puedo haceros algún servicio en lo futuro. Deje que me siente a su lado como si fuera vuestro amigo en lugar de un desconocido intruso.Mi padre murió hace tiempo. Pero en cuanto muere.no tiene límites. -Sois muy galante -respondió la bella con profunda tristeza-. ¡Ah. ni aun a costa de mi vida. Vuestro tío es una aberración de la Naturaleza. señora! Cuanto más de cerca se mira. donde el hombre desaparece y queda olvidado hasta el día del juicio Final. pero no podréis hacerme olvidar que a ese atrevido paso le movía la compasión y no el amor. La vida no es mas que un vapor que se desvanece en cuanto se ha formado. y esto aumenta más sufrimientos. Pensad en el poco tiempo que me queda de vida y en la pena que me causan vuestras lágrimas. enjugándose los ojos-. Evitadme en estos instantes el espectáculo de un dolor que no puedo aliviar. No tiene nada de sorprendente que su cabeza se trastorne al fin. Cuando un hombre es joven y tiene la vida por delante le parece que es una figura muy importante en este mundo.

no me casaría con usted como no me casaría con un mesnadero de mi tío. Blanca le miró sorprendida y guardó silencio. y las sombras arrojadas de las alturas se refugiaban en el profundo valle. y la parte más notable de él la constituían sus negros ojos en los que se reflejaba un corazón bondadoso. una naturaleza sana y el más infatigable buen humor. precursor de la salida del sol. a fin de adecuar su aspecto exterior a las necesidades del momento. -¿Pero después de lo que sabe? -murmuró Blanca sonriendo a través de sus lágrimas. En toda aquella parte de campo reinaba un silencio que de nuevo fue interrumpido por el canto de los gallos. ¡qué noche tan larga!.. Una sonora carcajada se oyó en la puerta. Espero que esté convencida de que antes quisiera saltar por esta ventana y estrellarme los huesos en el abismo. que pronto adquirió el color incandescente. Si se hubiera vestido con las ropas usuales. se encontraron al señor de Malétroit que lleno satisfacción se frotaba sus bellas manos. y. . le hubiérais tomado por un ejemplar híbrido. que poner un dedo sobre usted. empecé por respetamos y admiraros y acabé amándole con toda mi alma.. Bien ha visto que no temo a la muerte. Entonces comprendí que mis anteriores sentimientos no eran más que la pasajera curiosidad propia de mis pocos años y el ansia de cariño que me consume por haber estado privada de él toda mi vida. Así es que en la época en que le presentamos. si es cierto que moriré contento por usted. afectaba cierto aire caballeresco y aventurero con cierto dejo doméstico a lo Rembrandt. Ligeras ráfagas de viento agitaban las copas de los árboles que se mecían debajo de la ventana. y declaro ahora que si quiere volverse atrás de vuestras anteriores palabras. -El nombre del Capitán es Floumond de Champduers -dijo ella escondiendo su cabeza en el pecho del joven. Empieza a amanecer. -Venga a esta ventana -dijo el joven con un suspiro-. hostelero y amable mancebo de botica. La joven permaneció silenciosa. -No lo quiero saber -clamó él estrechando a la joven entre sus brazos. Denís miró con un estremecimiento involuntario los progresos del amanecer. El cielo iba cubriéndose de un azul tan claro que parecía gris.. Pero si realmente me ama no me dejó perder la vida por un escrúpulo. sin ser con pleno consentimiento suyo. su rostro sonriente. Efectivamente comenzaban las sombras a disiparse con los primeros albores del día. -¡No sé nada! -replicó él. maquinalmente había cogido una de las preciosas manos de Blanca.. Interrumpió sus palabras una campana que empezó a sonar en el interior de la casa y el choque de las armas en el contiguo recinto les demostró que las dos horas habían pasado y que los mesnaderos volvían a ocupar su puesto. extendido debajo de la ventana. ésta preguntó de un modo casi incoherente: -Es esto ya el cha. pero ahora ¡si pudiera saber cuánto le amo. *** LA GUITARRA PROVIDENCIAL CAPÍTULO I El señor León Berthelini cuidaba mucho su apariencia. mi tío va a venir! ¿Qué le vamos a decir? -Lo que usted quiera -murmuró Denís casi al oído de la doncella y oprimiendo suavemente su mano. mezcla de barbero. -Poco es el amor. también lo es que la vida a su lado la juzgo un Paraíso y toda la mía por larga que fuera nunca me parecería bastante para consagrárosla. -Blanca -dijo el galán con apasionado acento y trémulo de emoción-. me compadecería en vez de despreciarme! Le he dicho esto y he dejado a un lado todo mi recato por las circunstancias especialísimas en que estamos. También yo tengo orgullo. Era más bien bajo y con alguna inclinación a la obesidad.de lástima sino porque durante la conversación que tuvo con mi tío en la que tan noblemente os pusisteis de mi parte. porque yo la amo más que a cuanto existe en el mundo. ¡Ah. saludando a sus queridos sobrinos. que no hace un sacrificio de orgullo -contestó sonriendo Denís. no crea que siendo yo noble le voy a importunar para obtener vuestro consentimiento. pero con la fantástica indumentaria de una chaqueta de terciopelo y sombrero de alas flotantes. y el día continuaba avanzando insensiblemente por el Este. y al volverse confusos los dos enamorados.

Hemos sido lo bastante necios para venir. -Elvira -dijo a su esposa. Elvira. pero será un segundo Sedán. un hombre de aspecto triste. El hostelero ha sido descortés. Su corazón no era mejor porque eso era imposible. el comisario será un buitre y el público soez y avaro. Algunas ráfagas de cólera atravesaban. bastaban para calmar su irritación. pero las nieblas persistentes o las tempestades de lágrimas le eran igualmente desconocidas. aunque no seguía su ejemplo. esposa mía. pañuelo blanco anudado con descuido al cuello. Un golpe bien aplicado sobre una mesa. El hostelero. -Aguarda a ver cómo caemos -contestó la esposa. y comprendíais que os hallabais delante de un ser superior. se levantó de la mesa en que escribía debajo de los manojos de llaves y se adelantó hacia los recién llegados quitándose el sombrero al mismo tiempo. Sedán era una ciudad aborrecible para los Berthelini. Su esposa. -Caeremos de cabeza -replicó el artista-. Cuando se ponía gabán. no le gustó nada la grosera acogida del hostelero. acompañados de dos mundos y una caja con la guitarra. artistas! Cuatro francos diarios. En mi opinión es que el señor Berthelini se acercaba a los cuarenta. A pesar de lo acostumbrado que estaba Berthelini a los escollos de su profesión. desapareció la sonrisa de bienvenida y se encasquetó el sombrero-. se os saluda! ¿Puedo permitirme preguntar cuál es vuestro precio para artistas? -¿Para artistas? -repitió el hostelero y decayó su semblante. ¡Oh. a veces. Por lo demás. Le he visto algunas veces en momentos en que creía encontrarse a solas y sin testigos adoptar unas posturas tan caballerescas para desempeñar bien su papel y emplear en esto tanto fuego y entusiasmo. desde luego llamaba la atención su originalidad. Aunque se hubiese caído el Cielo. decir un monólogo cómico y presidir por último los misterios de una tómbola. Un viajante de comercio también tiene tarifa aparte. no solamente por patriotismo . lo llevaba con la gracia de un Almaviva. y con un extraño olor en su interior mezcla de fresa. las zonas en que viajaba. Éste era un edificio conventual y sombrío. no consentía en meterse las mangas. y tú seguramente cogerás unas anginas. no dejaba de contagiarse algo por la atmósfera que envolvía a este notable personaje. si él hubiera podido expresar con su actitud la grandeza de la catástrofe. tocar la guitarra. La señora Berthelini que compartía con él estas tareas sin gloria. capaz de resistir un sitio una vez cerradas sus puertas. que tengo el don de adivinar lo futuro. Desgraciadamente la vida no sólo se compone de privadas representaciones. Si no era el mismo Almaviva. Nuestro héroe volaba como una cometa empujada por el viento sobre todas las miserias y convencionalismos terrenales.acuérdate bien de mí: Castel-le-Gâchis nos será fatal en nuestra gloriosa carrera. Pero un artista aunque tenga las maneras de Almansa y vaya vestido como Salomón en toda su gloria. y tenía más dignidad y menos afectación. abundantes bucles sobre la frente y los pies metidos en finísimos zapatos. se habría declarado satisfecho. acabó por verse obligado a descender de sus alturas cada noche y cantar seis u ocho canciones. -¡Caballero. nos pagarán con insultos. seguido de una actitud robada a Melisne o a Frederic. y todo su rostro estaba bañado por una melancolía muy atractiva pero menos regocijante que el sempiterno buen humor que resplandecía en el de su esposo. chocolate y perfumes descompuestos. no habían dejado de caminar siempre de la mano. Sucedió un día en que el señor Berthelini y su esposa descendieron. después de varias tentativas desgraciadas en distintos géneros del arte. es recibido como un perro y se cuidan de él como de una señora tímida que viaja sola. y aun pareciendo que viajaban en distintos mundos. se lo sujetaba con un solo botón sobre los hombros. Berthelini se detuvo en el zaguán. y echando a la espalda el resto como si fuera una capa. en la estación de la pequeña ciudad de Castelle-Gâchis. y en justa compensación os puedo añadir que si no era Almaviva era tan feliz como si lo fuese. ocupaba quizás un sitio más alto en la escala social de los seres. -Y volvió la espalda a los insignificantes huéspedes. la suerte está echada. que la ilusión era completa y yo mismo llegaba a creer de verdad las afectaciones del gran hombre. Tenía una reminiscencia de que en algún otro sitio anteriormente visitado había olido igual y había sido muy mal recibido. los dos esposos se idolatraban. no es posible vivir de hacer el Almaviva por la calle. Pero tenía un corazón joven y marchaba a través de la vida como un niño en perpetua representación teatral. no era por falta de querer parecerlo.calzones cortos y estrechos. Ya sabes. pero es bien recibido y puede discutir las viandas. y el gran hombre. y el ómnibus los llevó a ellos y su equipaje al hotel de la Cabeza Negra.

-Y entró apresuradamente en la casa. A propósito he repetido el nombre de su cargo porque era mucho más comisario que hombre. Estaba poseído del espíritu de su dignidad y pasaba por la vida como si ésta fuese un acto oficial. Ya veis que estoy ocupado. Cuando pasaba por séptima vez por la plaza del mercado. ¡Oh Francia! ¡Para eso hemos hecho el 93! Los preparativos estuvieron pronto terminados. Los carteles colgados.. Adquirió una rápida celebridad local y fue señalado con el nombre de «el hombre que busca al señor comisario». estoy ocupadísimo. La figura de León Berthelini empezó a hacerse familiar en las calles de la pequeña ciudad. ¡Maldito comisario! -justamente en aquel momento se encontró con él cara a cara. allí estarían todavía. -Es como Madame Beresiton -pensó Berthelini-. el comisario se había marchado de nuevo. El comisario de policía de Castel-le-Gâchis era un comisario muy corpulento. los programas colocados en todas las mesas de los hoteles de la ciudad y un pequeño tablado puesto en un extremo del Café del Triunfo. aquella caterva no se alejaba y en estas circunstancias es muy difícil de sostener el papel de Almaviva. caballero -dijo León-. El funcionario quedó bien impresionado por lo respetuoso del saludo y con más majestad y menos grada: -El honor es mío -respondió. Nombrar a Sedán delante de estos modestos artistas era condensar en uno los efectos del terremoto de la inundación y del eclipse. y me he permitido interrumpimos en un asunto del servicio para poner en vuestro conocimiento que esta noche doy una pequeña velada musical en el Café del Triunfo (me atrevo a ofrecemos un programa) y vengo a pediros la necesaria autorización. un artista. Allí habían estado tres semanas detenidos sin poder marchar ni pagar la cuenta del hotel. acompañándole en sus frecuentes caminatas entre el hotel y la oficina. y su verdadero nombre era el algo vulgar de Durand). La comisaría era un antro y los transeúntes podían percibir desde la calle una estentóreo voz que si no exponía la ley daba a conocer el mal humor del comisario. -Yo soy. pero añadió en voz alta: Perdonadme si insisto. -¡Cara de judío! -pensó León. El Conde de Almaviva se encajó el sombrero con un gesto que indicaba la desesperación. -Aquí están mis papeles. Varios chiquillos desocupados se pegaron a sus talones.(pues eran franceses. y. purpúreo y sujeto a una perpetua transpiración facial. y hasta su esposa empezó a temer la mala influencia de aquellos lugares. pero no hallo inconveniente en que deis vuestra función. señor comisario -dijo León-. y a falta de dignidad era brutal en el excesivo celo con que cumplía sus funciones. -Poned los carteles si queréis -le interrumpió el funcionario-. y las seis le dijeron que el importante personaje había salido. CAPÍTULO II El local estaba lleno de gente y el dueño del café hizo un buen negocio. estoy pesando la manteca. Berthelini dirigió sus pasos hada el funcionario que se hallaba rodeado de cestas y con un saludo que era un triunfo del arte escénico: -¿Tengo el honor de saludar al señor comisario? -dijo el artista.¿Queréis tener la bondad de examinarlos? Pero el comisario se disponía a comer. sobre todo .. completamente inútil. pero ahora marchad. León podía hacer lo que quisiera. uno de sus espontáneos acompañantes le señaló al comisario. que con el chaleco desabrochado y las manos a la espalda vigilaba desde las alturas de la ley el peso y venta de la manteca. En un par de horas examinaré vuestros documentos en la oficina. -¡Pesando la manteca! -pensó dolorosamente el artista. sino porque guardaban de ella malísimos recuerdos. -Dejadme en paz ahora -dijo-. a no ser por un caso fortuito. así es que contestó: -Es inútil. A la palabra artista el comisario se caló el sombrero como para indicar que ya había tenido sobrada condescendencia y que le reclamaban los deberes de su cargo. En seis ocasiones a lo largo día visitó el bueno de Berthelini la residencia oficial en busca del necesario permiso para su función nocturna. pero he estado seis veces. -Pidamos el almuerzo -dijo ella con su tono de mujer práctica. Pero cuando León volvió a la oficina. Cuando insultaba a un pacífico ciudadano le parecía que defendía al gobierno. -¡Maldito comisario! -volvió a murmurar el artista.

los brazos desnudos desde el hombro y una rosa de trapo provocativamente prendida en el pecho. Me habéis dado verbalmente vuestro permiso y estoy aquí en virtud de él. pero los Berthelini se cansaron en vano. tanta poesía ponía en ello y tan florido y caballeresco resultaba el espectáculo. la guitarra parecía un ser animado.. cantó sus canciones románticas y patrióticas. -Pero no tenéis mi firma -rugió el comisario-. Verdaderamente el oírle tocar este instrumento valía por todo un drama romántico. Los ojos de ambos estaban fijos en el artista que persistía en su canción con ensañamiento: Ya des honnétes gens par tout. ¿Dónde está mi firma? ¡Enseñadme mi firma! Esta era la cuestión: ¿dónde estaba la firma? León comprendió que estaba en situación falsa pero no se amilanó por ello y se preparó adoptando una actitud noble y echando atrás sus bucles. Les pareció que tenían un público de trozos de hielo. Eran el comisario seguido del guarda rural. que se había quedado respetuosamente detrás y de pie. que hasta los cerebros más obtusos de la ciudad llegaban a comprender cuándo debían reírse y cogía la guitarra de una manera única y digna de él. se repitió a sí mismo. con la cabeza echada atrás y la boca abierta cuando la puerta del café dio ruidosa entrada a dos nuevos espectadores. Estaba en la nota más alta y sostenida. sin duda. con expresión mayor aún que la acostumbrada. Elvira se había sentado aparte. clase a la que vos no podéis juzgar. -¡No necesito explicaciones! -dijo el funcionario. León estaba radiante con su traje de terciopelo y tenía un modo de fumar un cigarrillo en las pausas de sus canciones que valía la pena de pagar por verlo. Por desgracia no era ésa. por la milésima vez. -¿Cómo es -interrogó a gritos el comisario inflándose de importancia. la opinión de la dorada juventud de Castel-leGâchis. y que su vecindario se componía exclusivamente de ladrones y rufianes. Los Berthelini lucharon contra la enervante impresión. Acentuaba los chistes de tal modo. -Sí. Era su íntima convicción que Castel-leGâchis era una excepción de lo que la canción afirmaba. Yo quiero darlas y no permito que se me atropelle. careciendo de permiso para ello? -¿Cómo que sin permiso? -repitió indignado León-. y su rostro tenía tan radiante expresión de entusiasmo que parecía que hasta los bancos iban a aplaudir. el alcalde se excedió a dar cuatro sous y fue el que más dio de todo el auditorio. la sostuvo como un artículo de fe. y el público celebraba la coincidencia de la canción con la entrada del sospechoso. sin embargo lanzó esta última como un desafío. El mismo Apolo se hubiese desanimado con un auditorio semejante. estaba acostumbrada a estos incidentes y se hallaba más bien melancólica que asustada. Berthelini asombrado no comprendía la causa y ésta era cierta historia. Algunas raras monedas de cobre fueron el resultado de las colectas. y escuchaba con la silenciosa gravedad que siempre adoptan los franceses cuando están cerca de la policía. pues él sabría colocar la majestad ante la furia. al mismo tiempo que bajaba del tablado y se dirigía al representante de la autoridad. y cuchicheó con el guarda. -¿Me llamáis a mí? -preguntó León interrumpiendo su canto. El comisario asumía el papel de tirano. La repetía por décima vez cuando el comisario se puso de pie y llamó al artista con una sería hecha con el bastón. señor mío. pues cuando la artista circuló con el platillo. . por su parte.con la cerveza. El comisario se sentó sobre una silla con su aspecto parecido al de Cromwell cuando visitaba las cámaras. a vos -replicó el funcionario. de las que ninguna pasó de medio franco. todos le giraron la espalda fríamente. El indomable Berthelini atacó el refrán: Ya des honnétes gens par tout Pero la sentimental romanza tuvo el privilegio de empezar a producir risas ahogadas. Me permitiréis recordamos. empezó su obra maestra. queriendo jugar el todo por el todo. Un helor inexplicable recorrió el cuerpo de los artistas. -¡Maldito comisario! -volvió a decir interiormente. y cuando León la contempló con su vestido marrón escotado. Su voz tenía buen timbre y afinaba bastante. su inimitable canción: Ya des honnétes gens par tout..que os encuentro subido en el tablado de un café público. en que el nombre del guarda rural aparecía mezclado con la desaparición de una cantidad de sellos de correos. ni comprender. Elvira. quisieron animar su trabajo y cantaron más fuerte. que era una de las mujeres más hermosas que podrían existir. -¿Y a mí qué me importa lo que vos necesitáis? -replicó el artista-. Soy un artista. El auditorio había traspasado su atención a este otro espectáculo. y por último León. en la que demostraba como en ninguna la maestría de su arte.

aceptó la batalla. -¡A mí! -contestó León-. ¡oh dolor!. -No digas esas cosas -añadió la pobre mujer. pero. los objetos menudos que debieron ser premios en la tómbola. los gastos del ferrocarril y la comida del día siguiente. La campanilla tenía una nota potente y vibrante que acentuaba las apariencias conventuales del edificio. Apenas quedaban algunos oyentes y ésos de los menos conspicuos. Elvira. Algunas veces comprende lo que se le dice. y ¡sin haber podido hacer tómbola! Elvira. no vaciló en cuanto vio desconocidos los derechos de un ciudadano. Una hospedería cerrada a las once y cinco minutos. que era demasiado fina para Castel-le-Gâchis. -Pues olvidáis parecerlo -contestó León dominándose y procurando contrastar por su finura. Tres francos setenta y cinco. ¡Cincuenta pares de demonios! ¡En esta maldita ciudad no hay una sola persona. tan pronto inclinándose a un lado como al otro. Así lo comprendió León. ¡Maldito comisario! -gritó con convicción-. el portacigarrillos. Un sentimiento de rezos y mortificaciones se apoderó de la . ¡Maldito comisario! -Reunamos nuestras cosas y vámonos -propuso Elvira-. y el alquiler del hotel. aunque insensible a los encantos de la música como lo demostraba su módico óbolo. ¡Os desafío a que lo intentéis! -¡Soy el comisario de Policía! -dijo éste bramando. La única persona que permanecía sentada era Elvira en desolada actitud sosteniendo la guitarra. La noche estaba oscura y templada y las calles desiertas. haciendo una pantomima de indiferencia pero sin negarse a sí mismo que era un trago amargo. salió la pareja de artistas del café dirigiéndose al hotel de la Cabeza Negra. El reloj casi señalaba las once. -Esto no tiene precedentes -observó León-. y el alcalde pudo demostrar por un acto de autoridad que aunque vencido en argumentos siempre era el alcalde y volviéndose bondadosamente al artista le dijo que volviera a su concierto. en Francia. todo se había desvanecido en las sombras de la noche. dirigió majestuosamente sus pasos a la puerta. CAPÍTULO III El hotel estaba completamente a oscuras y la verja que daba paso a los coches cerrada. no produjo ni una sonrisa. como un pacífico deus ex machina. pero tengo el presentimiento de que aún no hemos concluido con la noche. -Ya es tarde -añadió. y sin embargo en el café había aún algunos viajantes. El alcalde de Castel-le-Gâchis. se levantó y mandando al cantor que compareciera en su oficina.-¡Otra palabra y os meto en la cárcel! -gritó el terrible funcionario. Pero León no respondió. La argumentación duró bastante rato con varia fortuna. Pero la ironía. y no está siempre hinchado en su dignidad. Podríamos probar otra canción. -¡Batalla perdida! -exclamó. y seis de camino de hierro. descender a salvar a la incauta víctima. pensando que se llevaban parte de sus ganancias en el bolsillo. hasta que ésta pareció decidirse en favor del comisario. Cuando atravesaban la plaza del mercado daban las once en el reloj de la iglesia. Volvió a escape al café del Triunfo. -¿Qué ha sido eso? -preguntó lánguidamente. Con íntima pena había visto salir al público. se interpone entre el pueblo y los rigores de la policía. Cuando todo parezca concluido y ya se esté resignado a sufrir injusticias. Y con eso empezaron a hacer sus preparativos de marcha. mi corazón no me engaña. no queriéndose dar por vencido. llamemos a la campanilla. pero no reuniremos ni cincuenta céntimos. el comisario. perros y comisarios! Dios quiera que podamos irnos en paz a la cama. y cogiendo la caja del dinero la vació. no hay más que cerdos. y el alcalde puede. todo esto fue empaquetado en un lío con los papeles de música. es el consuelo del oprimido. Se metió la guitarra en su caja y habiéndose echado Elvira un ligero chal sobre los hombros. -¿Cincuenta céntimos? -dijo con desprecio el artista. El alcalde se había escurrido y estaba ya esperando en la puerta de la comisaría. miraba el campo de su derrota. Al momento cayó sobre el comisario tomando la cosa desde muy alto. aún le queda al perseguido como a los héroes griegos otra flecha en su carcaj. -Todo está muy bien -dijo León-. La caja del tabaco. cosa muy digna de tenerse en cuenta por los viajeros. En cuanto al comisario. durante su ausencia se había evaporado el auditorio. No quedaba más remedio que obedecer. León no se lo hizo repetir. El alcalde. contra cuatro de hospedaje. ¡esto es Waterloo! -Y se sentó pasándose las manos desesperadamente por los cabellos-.

-Quédate -aquí. -¡Bueno! ¿Quiere decir que detenéis mis efectos? -concluyó León-. -¿Está quizás en la alcaldía? -pregunto León. gentes que andan siempre en dificultades con la policía. una señora muy delicada y en estado interesante. -¡Bruto! -gritó Elvira a quien llegó al alma lo del organillo. cansados y con los corazones indignados.por haber estado llamando a la desgracia. apareció una luz junto a la puerta cochera y una potente voz trémula de rabia se alzó en el silencio de la noche. -¿Qué escándalo es éste? -gritó el trágico hostelero a través de los barrotes de la verja-. Las tapias de un jardín blancas y sombreadas por nogales. se asomó a la ventana y les informó de que el comisario no había regresado aún. Os convertiré en el hazmerreír de la ciudad. La campanilla estaba al otro lado de la verja y respondió a sus esfuerzos produciendo un ruido clamoroso que se extendió más y más en el silencio absoluto de la noche. que costó a nuestros artistas no pocos esfuerzos el poder despertar a uno. una mujercita que parecía hecha con papel de seda. ni sitio propio para pajarracos nocturnos y tocadores de órgano. no sea que nos crucemos en el camino. -¿Tenéis la bondad de decirme dónde está la alcaldía? Sobre este punto le dio unos informes algo vagos. -Entonces reclamo mi equipaje -continuó León con inalterable dignidad.está Madame Berthelini. como si fuerais prusianos. os haré la vida amarga a fuerza de persecuciones. en una indecente canción que se hará popular y que los chicos os cantarán en la calle y vendrán de noche a cantarla a través de esas verjas. Algunos minutos perdió dando vueltas por calles desconocidas y cuando llegó ya eran las doce y media pasadas. en traje de sociedad. donde allí los guardianes del pueblo disfrutaban del sueño más tranquilo. Os arrepentiréis. y allá fue el pobre artista colgándose de la campanilla como un loco. que mi inscripción está en regla y que he depositado en ella mi equipaje que vale más de 400 francos. Si cuando yo vuelva ya no estás aquí me dirigiré en seguida al hotel. cómicos de la legua. ya os conozco. Elvira -dijo su esposo-. La esposa del comisario. os lo aseguro. a las puertas de un hotel respetable? ¡Oh!. pero el domicilio estaba a dos pasos. pondré vuestro nombre en una canción. La comisario lo encontró probable. -Muy bien -dijo León-. -Pues ahora no podéis entrar -dijo el grosero personaje-. Cuando por fin éste se acercó a la puerta y le explicaron el caso. la luz había desaparecido completamente. . esto no es taberna de ladrones. Os arrastraré de tribunal en tribunal o no hay justicia en Francia que decida entre vos y yo. Recogió la caja de la guitarra que durante este tiempo había estado apoyada en la pared y emprendieron el camino a través de las desiertas y mal alumbradas calles de la pequeña ciudad. León se volvió a su esposa con gesto heroico. León cogió la campanilla y llamó con más fuerza. -¿Queréis confiscarme el equipaje? -gritó el artista-. le suplicó. Y se fue a buscar al alcalde.melancólica Elvira mientras a su marido le pareció que anunciaba el principio de un sombrío quinto acto. León razonó con él. una puerta con buzón para cartas y un tirador de campanilla. desde ahora tengo un deber sagrado en la vida. -Es tu culpa -murmuraba Elvira. -No sé nada de vuestro equipaje -contestó el hostelero. La gendarmería se hallaba colocada detrás de las oficinas del telégrafo. Como está tan oscuro no veo. -Aquí -dijo señalando a Elvira.que soy un huésped de vuestra casa. ¿Las doce casi dadas y os venís haciendo un ruido. Pues vamos a la comisaría. Lo último era añadido para buscar un efecto teatral pero a todo contestaba el militar: -Eso no es cosa nuestra. ¿Os atrevéis a confiscarme el equipaje? -¿Quién sois? -preguntó el patrón-. La oficina estaba oscura y probablemente solitaria. Y ¿os presentáis aquí como si fuerais los señores y dueños de todo? ¡Marchaos inmediatamente! -Me permitiréis recordaros -dijo León en tono incisivo. León cogió el tirador con ambas manos y se colgó de él furiosamente. en el fondo de un vasto patio convertido parcialmente en jardín. aquel toque a rebato despertó todos los ecos del edificio y cuando ya se iban desvaneciendo. Destruir a este hombre como Eugenio que destruyó al conserje. Vamos de inmediato a buscar los gendarmes y empecemos nuestra venganza. esto es lo único que se podía ver del domicilio del alcalde. -Elvira -dijo-. Allí encaminaron sus pasos. Había ido gradualmente subiendo la voz porque durante la discusión se había ido retirando el hostelero y al llegar a las últimas palabras. se limitó a decir: -Eso no es cosa nuestra.

si no el primero. Estos animales no tienen idea de humanismo. os voy a dejar dormir. la encontró paseando por delante de la comisaría. tampoco fue el último en rendirse a la influencia de la música y furioso abrió la ventana de su cuarto de dormir. Se inclinó hacia la calle gesticulando como un poseído. y una voz preguntó el motivo de tanto ruido. Tengo la seguridad de que nuestro hombre está arriba. Toda esta tiente presenciando nuestra desgracia -v dejándose dominar por sus nervios exclamó dirigiéndose al vecindario-: ¡Brutos. se vio obligada a cerrar su ventana antes del segundo párrafo. ¿Qué quería decir aquello? Se abrieron las ventanas. -Gracias. ¿Con que es sordo? ¡Ahora lo comprendo todo! ¿Y el jardín es grande y la casa lejos? -Podéis llamar toda la noche -añadió la voz. La borla de su gorro de dormir parecía un ser animado. La campanilla da al extremo del jardín y el alcalde y su ama de gobierno son sordos. brutos y nada más que brutos! -¡Sálvese quien pueda! -gritó León-. -Deseo ver al alcalde -contestó León.sin otro fruto que el de despertarme a mí. Elvira. Dame la guitarra. -¡No os atrevéis! -dijo el artista con aire de desafío. vecina suya. precedió a su esposa con alguna precipitación exagerada. Estoy enfadado. -Y tomando la guitarra en una mano y en otra la caja. una tras otra. Renunciamos a reproducir su lenguaje. Más parecía aquello entreacto en una farsa de Moliére que escena real en la monótona vida de Castel-le-Gâchis. las prodigó tan notablemente en esta noche. Aunque ya tenía fama de hombre de lengua pronta y poseedor de un vasto repertorio de interjecciones. si eso es lo que queremos. Al decir esto tenía ya abierta la caja de la guitarra y la empuñó con un ademán irresistible. Elvira. -No lograréis que os oiga -replicó la voz-. a quien también la música había hecho abandonar la cama. -Ahora -continuó-. Si la serenata dura un poco más quizás hubiera trabado conocimiento con la apoplejía. abarcó tantos puntos a la vez que su descripción excede a los medios de que dispone un pacifico narrador de cuentos. -¡Todo ha concluido! -exclamó León-. que yo ya estoy templado. -¡Hacedlo! -decía León-. y sin embargo la voz en lugar de escaparse por como un trueno. al abandonar el teatro de su última y absurda aventura. -Bien -observó León-. sintiendo un impulso de satisfacción al acordarse del concierto del café-. Estaba fuera de sí de rabia. -¡No me da la gana! -gritó el funcionario. con la cabeza echada atrás y la mirada como interrogando a los cielos. que una señorita principal. El comisario. -Vámonos de aquí -dijo Elvira tiritando-. cantando el coro de una canción del viejo Béranger: ¡Comisario. abrió la boca de una manera sin precedente. La guitarra en medio del silencio parecía tener una resonancia como si fuese medio orquesta y las voces despertaban todos los ecos repitiendo el nombre de comisario. La serenata ha sido mal interpretada. -A estas horas está en la cama -contestó la voz. Se encendieron fósforos y empezaron a lucir bujías. Colin pega a su patrona! Las piedras de Castel-le-Gâchis temblaron ante esta audaz innovación. El comisario cerró la ventana. ¿estás dispuesta? Pues sígueme. -¡Ah! ¿El alcalde es sordo? -preguntó León. Témplame la guitarra. salió chillona y medio ahogada. Y se marchó a buen paso para reunirse con Elvira. ahora sí que has acabado de arreglarlo. comisario. -Sonaron los primeros acordes de la guitarra y las dos voces unidas y fuertes se elevaron en el silencio de la noche. pero gracias a Dios yo no pierdo la cabeza. -¡Si llego a bajar! -repetía el comisario. pero no recibió otra contestación que amenazas de arresto. ciudadano -contestó el artista-. -¿No ha venido? -preguntó Berthelini. Delante de la puerta del comisario se dibujaban las dos figuras arrogantemente plantadas. nos contentaremos con dar al injusto magistrado una serenata. León trató de explicó su conducta. -Pues que se levante -y volvió a llamar a la campanilla. Hasta aquí la noche había sido consagrada al sueño y a los gorros de dormir.Se abrió una ventana en la casa de enfrente. -Todavía no -fue la respuesta. .

A los primeros acordes se despertó un joven que dormía sobre un banco vecino. ¿quieres que ensayemos una escena? ¿Vamos con Aliestes y Celimene? ¿No? ¿O un trozo de todos Huérfanos? Anda. Por lo demás. pero os ruego que toméis asiento -añadió con perfecta cortesía. -Mira -dijo de pronto. Vestía terno gris y un sombrero de cazador del mismo color y al aproximarse vieron que llevaba un saquito de viaje debajo del brazo. tengo fósforos y tabaco..CAPÍTULO IV Al este de Castel-le-Gâchis cuatro filas de enormes álamos y grandes copas forman un hermoso paseo. Sí. No que yo sepa. Elvira? -dijo León-. Faltan cuatro horas para que amanezca. Y sin esperar contestación empezó a preludiar en el instrumento. allí resolvieron por fin los ajetreados artistas terminar la noche. -Afortunadamente hace un tiempo hermosísimo concluyó. -¡La una! -dijo León-. ¿Quién sois? -¿Bajo qué rey servís? -declamó el artista-. aceptando la invitación-. Acuérdate.. continuando sus clásicas citas de una tragedia francesa. -¿Artista? -repitió el inglés con aire sorprendido-. -Pero eso quiere decir que tenéis alma de artista. querida mía. de las novelas de Cosper. ¡vamos a cantar esta canción! Esto te tranquilizará los nervios. Por mi parte lo encuentro romántico y nada desagradable. ¿Dónde querrías estar ahora? Decid.. o me vas a volver más loca de lo que estoy. completamente oscuro de noche y en el que los bancos de piedra alternan con los viejos árboles. -¡Cállate! -gritó ella-. La noche es templada y hermosa. ¿Puedo sin indiscreción preguntamos vuestro nombre? -interrogación. ven. -León -dijo la esposa fieramente-. horrorosa no es la palabra! -observó León-. Después de llamar en vano a la puerta de una o dos posadas. haciendo sitio en el banco al estudiante. -Muchas gracias -repuso León-. León Berthelini. No exageremos. siento el pecho lleno de inspiración. dando cuatro campanadas seguidas de otra mucho más potente. eso te distraerá. Le pueden a uno gustar las estrellas y ser lo que a uno le plazca. El mío es Berthelini. soy muy aficionado a las estrellas. No corría ni una gota de aire. de aspecto distinguido. Después de una lucha de cortesía para dejar León su gabán a Elvira. con marcado acento inglés. -¿Oyes esto. voy a declamar para ti sola como nunca. ¡Responded o morid! -añadió. -¡Hola! -gritó el durmiente-. no deja de tener sus encantos cuando uno se acostumbra. -Gracias -dijo éste.. se ha afectado ridículamente por este trivial incidente. El señor sin duda es artista. Anda. Esto es la poesía de la vida. te lo aseguro. León explicó sus desventuras y el recién venido a su vez les dijo que era estudiante de Cambridge. las aficiones que acabáis de exponer. una pesada atmósfera saturada de perfumes embalsamaba la avenida y todas las hojas permanecían inmóviles sobre su rama. -Me llamo Stubbs -contestó el inglés. León lió un cigarrillo y lo fumó hasta el fin tratando solamente de recordar los nombres de las constelaciones que veía entre las hojas. con el rostro algo mofletudo. se sentaron juntos y en silencio en el primer banco que hallaron. Mi señora -continuó-. El reloj de la iglesia interrumpió el silencio. cogiendo la guitarra-: otra buena idea. ¿No habrá nada capaz de entristecerse. El joven se levantó. ¿Cómo puedes decir semejantes tonterías? ¡Pasar una noche en la calle! ¡Si esto es una pesadilla! ¡Nos vamos a morir! -Te exaltas sin motivo -replicó él tratando de tranquilizarla-. -¡Ah! -dijo León-. Aquí no se está mal. Siento un bienestar interior. Para lo que hay siempre endiabladas dificultades es para lavarse. bella joven. Elvira. Era un muchacho alto y robusto. ni aun esta horrorosa situación? -¡Oh. al aire fresco y a todas esas cosas. o si prefieres alguna otra. -¡Bah! -exclamó el estudiante-. -Perdonad -dijo el actor-. las vibraciones de esta última expiraron en el aire y el silencio volvió a ser absoluto. Canturreó el artista. que daba una vuelta por el continente y que habiéndosele acabado el dinero para pagar su alojamiento ya hacía tres noches que dormía allí y temía tener que dormir aún otras dos. Me alegro por la compañía. -¿También acampáis aquí? -preguntó. señor. acercándose a la pareja. me parece que revivo. antiguo actor de . Por una vez esto es encantador. dónde queréis ir.

perderé la voz. -¿Es decir. consoló a su esposa con algunas caricias y tomándola del brazo y quitándose el sombrero. Yo os aconsejo y os ruego que sigáis la vida de artista. lo reconozco. La prensa me dedicó unánimes elogios en el papel del Diablo de las Montañas en el drama del mismo título. ¡si yo nunca he podido aprenderme las lecciones! Tengo la misma memoria que un chorlito y en cuanto a declamar creo que un gato lo haría mejor.! -empezó a decir el estudiante. os ruego nos concedáis el placer de vuestra compañía. yo te encontraré un refugio. -La escena no es la única carrera para un artista -dijo León-. ¡son tan bellas! Pero que me ahorquen si tengo la menor idea de lo que es arte. -Y a eso llamáis arte -preguntó Stubbs. lo que en el fondo tampoco era verdad. -¡Mi voz! -gimió la infeliz-. que está todo muy bien. «Yo no sé donde quiere ir a parar ese hombre». pero comprendiendo que el artista y sobre todo el patriota se hubiera resentido. El cantor le miró con sorpresa. Aunque tenga necesidad de llamar en todas las puertas. Aunque parece que vos sois muy fuerte en la materia. el recibimiento que puedo ofrecemos es más que problemático. ¡palabra de honor! En este momento. Modesto como me veis. viendo al artista muy desencantado. Sed escultor. no nos comprendemos bien a causa de la diferencia de idiomas. -Os lo agradezco -contestó el inglés frotándose las manos-. -Pues no estarás ni un instante más -dijo el ex cómico resueltamente-. hasta en la guía de viaje lo dice. dijo al estudiante: -Señor Stubbs. no está en mi camino. ya comprendéis. sustituyó su juicio primero por este otro-: El hecho es. a quien tengo el gusto de presentaros. lo he sido. aunque sea preciso quemar la ciudad. Mi esposa. las guitarras y todas esas cosas.. Y continuó en voz alta: -¿Me habéis dicho que sois actor? -Ciertamente que lo soy -repuso León-. admiro las estrellas y me gusta verlas brillar.. Elvira rompió a llorar. mientras trabajáis para un fin tan noble y elevado como es el arte? «Este tío está loco». pero si rehusáis lo llevaría muy a mal. que viajáis a pie? -preguntó-. No soy intelectual. la música. ha creado más de veinte canciones en uno de los principales music-hall de París. señor Stubbs. pero pienso ser banquero... -¡Claro está! -afirmó Berthelini-.los teatros de Montrouge-Belleville y Montmartre. pensó Stubbs. a pesar de que la escasa luz no permitía juzgar bien las fisonomías-. pero hombre. -No quisiera tener que llegar a las amenazas -respondió riendo León-. -Sin duda -dijo-. El antiguo actor tuvo la intuición de que no llegarían a un completo -acuerdo sobre esas cosas y cambió de conversación. León. Guardó la guitarra en su caja.. No se deja con gusto a un compañero como vos. Pero tengo buen genio -dijo. y después añadió en . Y no me disgustan las comedias. o mejor dicho. en una palabra. Según me habéis dicho. no nos hemos de separar tan pronto después de habernos conocido en tan especiales condiciones. todo esto es endiabladamente bonito. pensó el inglés. -¡No! -exclamó con energía León-. ¡cuántos perjuicios ha causado! Si pudiera yo hablar inglés seguiríais más fácilmente mi razonamiento.. os decía que teníais alma de artista y me permitiréis ser juez en la materia. e iba a añadir que no le habían hecho ningún efecto y que no le importaban un comino. bailarín. no sabéis los sudores que paso para no llevar calabazas en los exámenes. A mí me dijeron que no valía nada. -Y desearíais que yo me hiciera también actor continuó el estudiante-. «y la mujer no deja de ser agradable y él mismo parece bastante simpático». En cuanto a mí. ¡ay!. -En confianza os diré que no lo creo -replicó el otro-. ¿No son todas distintas ramas? -Yo no sé -dijo el inglés-: siempre he creído que un artista es un pobre hombre. Espero que no sacrificaréis vuestros instintos. pero sin razón. -¡Oh yo . si permanezco más tiempo aquí. esa Torre de Babel. también es una artista y también es creadora. -empezó Stubbs. ¡No me digáis eso! Un joven de vuestras condiciones no puede caer tan bajo. seguid los impulsos de vuestro corazón y haced algo memorable antes de que os sorprenda la muerte. ¿Qué importan algunas privaciones aisladas. ¡Qué romántico y qué valiente! ¿Qué os parece mi patria y qué efecto os han causado nuestras elevadas y abruptas montañas? -El hecho es que. Pero volviendo a vos. sin embargo. he creado más de un papel importante. Además. tenéis algunas dificultades momentáneas y yo tendré un verdadero placer en anticiparos lo que necesitéis. y de la manera más inesperada... poeta o novelista.

-¿Se acerca la crisis? -preguntó León a su esposa-. Apuntaos esa entonación de voz. León concibió la esperanza de que fuera un estudio. apuesto doble contra sencillo que seremos bien recibidos y provistos de cuanto necesitamos. ¿qué les vamos a cantar? -¿Pero vais a cantar ahora? -preguntó Stubbs. oyeron una voz y los tres se detuvieron. ¿Podría hacer eso si fuese banquero? -Tampoco tendríais necesidad de hacerlo -contestó el . como si el orador tuviera especial confianza en su virtud. ángel mío? -preguntó el señor Berthelini sacando la guitarra-. señor Stubbs. -Pero yo creí que los pintores son siempre muy pobres -observó el estudiante.voz alta: -Bien. pero al oír aquella voz prevaleció el hábito de la niñez y se santiguó devotamente Ya había él conocido varias mujeres en su vida. Sin duda las palabras que pronunció la mujer fueron muy duras. era esa voz incolora y antinatural que lo mismo puede conducir a un homicidio que a una crisis nerviosa. y cierto aumento irregular que se notaba en la luz demostraba que una buena lumbre contribuía a aquella iluminación. Y volvió a decirse a sí mismo: «¡Pero vaya una forma de obligarle a uno contra su voluntad». que no había comprendido las palabras de la mujer. -Si solamente fuese un pintor -dijo frotándose las manos-. tendrían una voz muy semejante. La casa en cuestión debía tener la fachada dando a otra calle y era la parte trasera la que daba a la especie de patio-jardín al que se acercaron nuestros amigos. era una cascada de palabras cayendo más o menos rápidas. esposo -dijo la interesante Elvira. Y si la voz masculina denotaba enfado. y de cuando en cuando una frase pronunciada muy distintamente. La modulación era demasiado rápida para poder ser percibida con claridad. La luz estaba colocada en el piso bajo de la casita. para nosotros cuanto más pobres sean mejor. -No conocéis el mundo como yo lo conozco -dijo León con un aire muy filosófico-. -¡Yo qué sé! -replicó Elvira con alguna acritud. -¿Oís esto? -dijo León a Stubbs-. dicen que no lo hacen por sistema. se ayudan unas a otras. -Yo soy un trovador y pido hospitalidad a cambio de mi arte -contestó León-. como si supiera adonde iba. El estudiante. pensaba León. Los sollozos de su esposa eran aún perceptibles y nadie habló una palabra. Me parece que esta escena no puede ser muy larga. pero un poco más alterada. Es una de las cargas de mi vida. aún dueña de sí misma. Esta vez era de mujer. Y ahora -continuó-. -¡Oh. que es una artista dramática. seguido de otros muchos en diversidad de tonos. ¿y el hombre. que es la naturaleza. Una enorme ventana que se veía en la pared parecía más reciente que la casa. se tapó los oídos al escuchar los gritos del hombre. Un perro ladró con furia al pasar delante de una verja y el reloj de la iglesia dio las dos. Y el trío avanzó en el patio. León era valiente y aun creo que algo escéptico. -No tenéis corazón. -¡Aquí se van a pegar! -opinó. CAPÍTULO V León se colocó a la cabeza del movimiento. -¿Y el hombre. mujeres! -dijo León abriendo la caja de la guitarra-. El diapasón era alto y el tono de enfado. Justamente entonces descubrió Berthelini una luz. Al acercarse. La voz en que a veces la mejor de las mujeres dice palabras más dolorosas que la muerte a las personas más queridas. la ventana que se veía brillantemente iluminada junto a otras dos con claridad más débil hacía suponer que era una lámpara encendida en una vasta habitación. De pronto se alzó otra voz. mujeres. Hasta la señora Berthelini. Si los huesos que yacen en los sepulcros fueran dotados del don de la palabra. pero aun así era una voz masculina bien timbrada y agradable. Brillaba en una casita de los alrededores de la ciudad y en su dirección encaminaron sus pasos nuestros noctámbulos «Siempre es una probabilidad». Esta pobre mujer está disgustada. pues volvió a oírse la voz del hombre denunciando una violenta cólera. La mujer replicó de nuevo. La casa parecía haber sufrido recientes obras. como queráis. amor mío? -Para eso es hombre -fue la sencilla respuesta. la de la mujer estaba en el grado supremo de la furia. Aún es tiempo para vos.

Elvira. y por último se abrió la puerta y apareció un hombre en blusa llevando una lámpara de mano. palabra de honor. La pareja como por tácito consentimiento se separó de la puerta diciendo a la vez: -¡Entrad! -Pasad adelante. Estaba pálida y un poco ajada. aunque muy joven todavía. -¡Ya lo tengo! -y empezó a cantar una antigua romanza de Pierre Dupont. La expresión de su rostro era agridulce y todo el conjunto recordaba vagamente a algunas medicinas. Uno de ellos es una mujer. De todos modos su rostro no era desagradable ni mucho menos. de revuelta barba y luenga cabellera y llevaba el cuello desnudo. -¿Qué es eso? -preguntó el joven. y en cuanto a Stubbs. Estas circunstancias no pueden menos de hallar eco en el corazón de la dama a la que diviso justamente detrás de su señor esposo. provechosas para la salud. Los inquilinos empezaron por asustarse. pero de la pared colgaban algunos paisajes con marcos lujosos que denotaban haber visitado los comités de las exposiciones sin haber sido admitidos. -Algo que recuerde nuestra actual situación. que no se trataba más que de una llamada. -¡Calla! -se dijo León-. en el de la bondad. señora. pero pensando que estaba en inglés se abstuvo de dar ningún consejo en el asunto. Pues aquí estamos también tres artistas que padecemos los rigores de la intemperie. os lo pido en nombre del arte y a vos. señora. Inmediatamente detrás de él y mirando por encima de su hombro. Era muy joven aún. señora. Él solo (y hemos de hacer observar que era el peor cantante de los tres) tomó la música en serio juzgando la serenata desde un punto artístico muy elevado. de la manera heroica que él acostumbraba arrojando atrás los rizos negros de sus cabellos. también lo hizo Stubbs con buen oído y no mala voz. La puerta se abría directamente sobre la cocina de la casa que según la apariencia también debía ser la única sala. y un eterno Endymios como nuestro artista no necesita más para ser feliz. y al mirar al cielo. CAPÍTULO VI León ya tenía el sombrero en la mano. y tenía algo de rural en la manera de llevar los calzones sujetos con un cinturón. apareció una mujer. Elvira y el inglés se adelantaron como la pareja de pastores que acompañaban siempre al dios Apolo. El joven inglés estuvo por proponer una canción familiar en su Universidad. le pareció que era una broma colosal. dejando una ventana casi a oscuras para iluminar otra. Elvira estaba preocupadísima con su situación. Los muebles eran pocos y muy sencillos. aunque con muy imperfecto conocimiento de la música. El señor. Su blusa llena de manchas de todos colores parecía una túnica arlequinesca. pero ¿qué vamos a cantar? Yo quisiera algo apropiado. es verdad! -Naturalmente que lo es -replicó la aludida-. León se dirigió derecho a los cuadros y delante de cada uno de ellos adoptó posturas . En el teatro le hubiera valido aquella escena muda una de sus mayores ovaciones. ¡Pues es verdad.estudiante. yo no me figuro más que lo que es poético. es artista. que dice: ¿Sabéis en dónde está mayo. un rasgo de generosidad y haréis felices a tres desgraciados. Las tres voces continuaron preguntando dónde se encontraba el mes de mayo. y bien por figurártelo. La guitarra de León servía de punto de apoyo a las voces. Avanzó con su gracia acostumbrada. que es el mes más hermoso? Elvira unió su voz. según creo. ¡Ah!. pero insípidas al gusto. -Señor mío -dijo León-. El actor lanzaba las notas de pecho con prodigalidad y entusiasmo. con traje de baile y en situación interesante. le parecía que las estrellas contribuían con su silencioso aplauso a su gloria y que el universo le concedía su silencio como coro para sus trovas. señora. -Querida mía -dijo León con su énfasis natural-. Nada más que un par de horas al lado de vuestro fuego. y el rostro de la cual indica nobleza y bien equilibradamente. pero podéis creerme. una delicada mujer. patrimonio de los corazones femeninos. se vio la luz andar de un lado al otro. la hora es imperdonable y en ella nuestra modesta serenata casi parece una impertinencia.

sin lujo. Elvira se había sentado como es natural junto a su marido y Stubbs naturalmente y quizás también inconscientemente se había puesto junto a Elvira. de modo que los dueños de la casa permanecieron juntos. dando a entender claramente que sus pensamientos habían tomado otro giro. Pero la mujer le interrumpió. cierta falta de armonía. Antes de llegar aquí oímos voces que indicaban.de experto con el entusiasmo con que ejecutaba todos sus papeles. y ¡figuraos que rehúsa! ¿Por qué?. proponiéndole una plaza en su escritorio con ciento cincuenta libras al año. todos a fuerza de querer parecer serios. diréis. le digo yo! ¡Míralo! ¿Vale la pena de verse?. porque uno de sus placeres era arreglar parejas principalmente si se trataba de matrimonios. parecían tontos y . pero pudo observarse que no lo logró sin algún esfuerzo. que por una vez olvidó sus habituales maneras de sociedad (que eran sencillas y correctas) y dejó caer la cabeza sobre el hombro de su marido. Pero no perdió el conocimiento y todo el tiempo pudo ver que la esposa del pintor la miraba entre desdeñosa y con envidia. Del modo más natural colocó su mano derecha sobre la izquierda de León. La conversación giraba sobre uno y otro tema. Sucedió que la pobre Elvira estaba tan rendida por todos los acontecimientos de la noche. Ver a León comerse una salchicha fría era presenciar un triunfo. pues es el hermano de mi madre). Si es que mi marido está loco. El dueño de la casa. pero aquella pareja seguía inflexible: Gonerila y Reyana no fueron nunca más rencorosos en sus disgustos fraternales. acompañada por un vino ligero también. sin comodidades siquiera. pero es inútil el disimulo. Le pareció al cantor que la situación reclamaba un cigarrito y para coger el tabaco. mientras Stubbs permanecía en medio de la habitación con la boca entreabierta y siguiendo con plácida sonrisa los manejos de León. -Me prometo ese placer -dijo León. ¡por amor al arte! ¡Mira tu arte. -¡Señor mío! -dijo el marido. no. le acompañó lámpara en mano a visitar todos los lienzos. León y Elvira observaron este manejo y cambiaron una mirada de inteligencia. -Os pido disculpas -dijo León-. creo que tengo el deber de hacer cuanto pueda para evitar las consecuencias. pero ¿no queréis acercamos a la lumbre? -De muy buena gana -repuso León. Pues. ha recibido esta mañana un magnífico ofrecimiento de su tío (o mejor dicho del mío. La interrumpida pelotera aún subsistía en sus cabezas. y sobre todo ¿vale la pena de comprarse? Y aquí me tienen. A nadie le gustó la carne. por fin tomó una resolución y por debajo de la mesa cogió la mano de su marido. La esposa interrumpió en seguida el contacto. condenada a la más deplorable de les existencias.que este majadero. Ésta parecía vacilar. señores míos. Pronto estuvo toda la compañía agrupada en torno de la mesa. y no veo el motivo para avergonzarse. según él. No me callo. sobre la que se servía una cena ligera. Elvira fue conducirla junto al fuego y se sentó rendida de cansancio. la joven se sonrojó y por un momento pareció hermosísima. pero podía ésta haberse evitado el disimulo. la atacaron todos de buena fe haciendo gran ruido de cuchillos y tenedores. que no tiene nociones ni sirve siquiera para pintar de brocha gorda. Cuando concluyó. que vuestro estilo recuerda el del Ticiano. pues el pobre muchacho poco acostumbrado a estas ternuras se quedó con la boca abierta en medio de una palabra. diciendo: -Es verdad. Pero es digno de mencionarse que nunca se dirigieron la palabra ni siquiera permitían a sus ojos el encontrarse. en los arrabales de una ciudad de provincia. si me permitís la observación. ¡Oh!. Figuraos -dijo dirigiéndose al matrimonio y pasando a Stubbs por alto. al mismo tiempo deseosa de alguna caricia que aliviara su cansando. si es que me permitís decirlo. porque de común acuerdo decidieron no acostarse por ser ya demasiado tarde. ¿Es esto agradable? ¿Es decente siquiera? ¿No merezco mejor trato? Y ¡esto después de haberme casado con él y hecho todo lo posible por complacerle! No creo que puedan existir en el mundo unas cuantas personas más diversas que las que allí se hallaban reunidas. Todo este tiempo habían estado fijos en ellos los ojos de la esposa del pintor. pero nadie se quejó tampoco. y tan pronto como los huéspedes se retiraran resurgiría de seguro y con renovadas fuerzas. -Esto lo habéis de ver de día -dijo el autor modestamente. Tomo a estos señores por testigos. -Sois muy amable -contestó el pintor-. como si aquella pantomima fuese irresistible para él. y se quedó con los ojos entornados en un estado de beatitud entre el sueño y la vigilia.os diré. había tanta expresiva pantomima acerca de la abundancia de la mesa que él mismo se encontraba como si hubiese comido un buey. es más fuerte que yo misma. dejó la mano de su esposa con todo género de precauciones para no hacerla cambiar de postura y no sin estrechársela antes.

¿quién perdería con ello? Lo que es yo ni pizca. No de otro modo se hubiesen saludado dos filósofos que tras laboriosa vida se encontraron con que eran un misterio para sus propios discípulos. Yo le saludo porque es lo que embellece la vida y el soplo divino en este mundo.el marido aún más que los demás. y allí discutid el asunto. -¿Tenéis hijos? -preguntó Elvira. Vos. mi amante oh. -Con mucho gusto -dijo la joven esposa. pero. -Os diré el caso -intervino el pintor-. no carece de buenas condiciones. -Pero carece de las necesarias -dijo la airada esposa para que se lo compren.. -Tampoco el mío sabe representar -dijo Elvira. pero no sabe representar. Los dos hombres también cambiaron una mirada. mientras nosotros hablamos aquí. dejó pasar un rato y de pronto empezó a cantar. -León ha estado oportuno -pensó Elvira-. Yo soy artista y el arte es todas esas cosas que acaba de decir este señor. Elvira mirándola en los ojos pudo leer en ellos todo género de dulces recuerdos y memorias de amor evocadas por cada nota de aquel canto. cada una interrogó ansiosamente el rostro de su señor y dueño. parece listo. piso principal-. -Al menos no es embustero y charlatán como el mío. a pesar de ser ella misma artista (lo que prueba que hay algo de permanentemente mercantil en la naturaleza humana). mi placer.. -No. si eso es vida no es la que a mí me gusta. -quiso proseguir el inglés. pero nada nos cuesta probar. -Una colocación. sin embargo -dijo Elvira rompiendo el silencio-. -Pues gracias a ella por poco habéis pasado la noche en la calle y yo vivo en constante miedo de morirme de hambre. Yo creí que la misión de un hombre debía ser el cuidar de su familia. de espigas maduras y de ríos apacibles en que se refleja la imagen de los enamorados.. puede que no resolvamos nada. El cómo era muy sencillo León había preguntado al pintor si no había alguna canción que estuviera unida por el recuerdo a la época de sus amores y habiéndole manifestado cuál. -Mientras los que la viven se mueren de hambre -repuso la dueña de la casa-. pero parece que no es así. y después de encender una vela condujo a Elvira el cuarto de dormir de. tened la bondad de pasar a otra habitación con mí esposa. -Voy a proponemos una cosa -dijo León-. pero pueden venir -contestó la joven. una buena colocación -apuntó Stubbs. -¡Pues hacedlo cuanto antes! -gritó la esposa-. -El arte es el arte -dijo tristemente León-. sepamos disfrutar las horas encantadoras! . una bonita y vieja romanza francesa que hablaba de manzanos en flor. Me gustaría verlo. El hecho es -dijo después de sentar que mi esposo no sabe pintar. ¿No es horrible pensar en un hombre como el mío? Si hiciera lo que dice. -Pues yo creí que sabía muy bien -repuso la otra-. es que algunos de ellos tienen una misión que cumplir. -Los hijos dicen que cambian muchas cosas -observó Elvira suspirando. estáis equivocada -dijo Elvira calurosamente-. ayer mismo vendió una por cincuenta libras. señora. -Iba a decir -dijo Stubbs. -¡El arte es el arte! -interpuso León-. prefiero ahorcarme de una vez. y no se trata de hacer una acuarela ni de tocar una hora el piano: es una vida que hay que vivir.. ¡Oh. Sabe cantar. y es de notar que así lo hiciera hasta la poética Elvira. y poco después la voz de León empezó a cantar una romanza que cortó la conversación de las mujeres. pero ésta fue trágica. -A mi parecer. y además el mejor de los hombres. -El arte de este señor.que un hombre puede tener una colocación y juntar también el arte. -No. no sé cómo. Su misión consiste en ponerse en ridículo. Era la canción de sus amores. pero si por ese motivo mi mujer me va a dar una vida de perros. canta para vivir. los hombres no son embusteros ni charlatanes. ¡Oh! -exclamó de pronto-. Dichas estas palabras... yo conozco un chico que está en un banco y que hace unas acuarelas colosales. -el actor se detuvo. Esto pareció a las dos mujeres una tabla de salvación. se oyeron unos acordes de guitarra. ni siquiera lo pretende. Pero creedme. La esposa del pintor se quedó como si viera visiones. -Lo es -dijo Elvira con convencimiento-.

Stubbs. Se puede asegurar que es un pintor bastante bueno. *** . -La vida es muy triste -dijo la joven-. por su parte.-Perdonadme que os diga -dijo la mujer del pintor que vuestro esposo canta admirablemente. ha resucitado a un comisario. Yo creo que las partes buenas de ella aumentan y se multiplican cada día. Castel-le-Gâchis empezaba a enviar el humo de sus chimeneas a las nubes y el reloj de la iglesia daba las seis. -La guitarra es un duende familiar -dijo León mientras él y Elvira tomaban el camino más corto para llegar a su posada-. y no sabéis qué tal empleado será. Permanecieron reunidos el resto de la noche. convertido un turista inglés y reconciliado a un matrimonio. pero son muy honrados. todos locos. ¿qué me aconsejáis que haga? -Pues francamente yo le dejaría seguir su camino. se hizo música y reinó la más franca cordialidad entre todos. -Sin contar que es un excelente muchacho. -Esto lo canta con bastante sentimiento -dijo Elvira. y a veces nos la hacemos nosotros mismos peor. -Francamente.pero es más actor que músico. se marchó pensando: -Están todos locos -pensó-. -Pues no lo encuentro yo así -contestó Elvira-. más vale que siga sus aficiones.