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LOUISE HAY - VIVIR

LOUISE HAY - VIVIR

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Entrar en contacto con los tesoros interiores es una manera de conectar con la
fuente de la Vida. Porque en nuestro interior tenemos todas las respuestas a todas las
preguntas que vamos a hacer en la vida. Ahí está a nuestra disposición la sabiduría
pasada, presente y futura. La fuente de la Vida lo conoce todo. Algunas personas llaman
«meditación» a esta conexión.
La meditación es un proceso muy simple, pero hay mucha confusión respecto a ella.
A algunas personas les da miedo meditar porque creen que es algo misterioso y extraño o
que tiene algo que ver con lo oculto. Muchas veces tememos lo que no entendemos.
Otras personas se lamentan de que no pueden meditar porque siempre están pensando.
Bueno, lo natural es que la mente piense; nunca se puede desconectar por completo. La
práctica regular y continua de la meditación ayuda a acallar ía mente. La meditación es
una manera de evitar la chachara de la mente para ir a planos más profundos, para
conectar con la sabiduría interior.
Nos merecemos dedicar un tiempo cada día a conectar con nuestra voz interior, a
escuchar las respuestas que vienen del maestro interior. Si no lo hacemos, entonces sólo
utilizarnos de un 5 a un 10 por ciento de lo que realmente tenemos a nuestra disposición.
Hay muchos métodos para aprender a meditar, y todo tipo de clases y de libros.
Puede ser tan sencillo como sentarse en silencio con los ojos cerrados durante un rato.
Podrías seguir los siguientes pasos si estás comenzando a meditar:

" Siéntate en silencio. Cierra los ojos, haz una respiración profunda, relaja el cuerpo
y después concéntrate en la respiración. Presta atención a tu respiración. No es necesario
que respires de ninguna manera especial. Simplemente toma conciencia de que estás
respirando. Al cabo de unos minutos notarás que respiras más lentamente. Eso es normal
y natural cuando el cuerpo se relaja.

• Suele ser útil contar mientras se respira: uno al inspirar, dos al espirar; tres al
inspirar, cuatro al espirar... Continúa así hasta llegar a diez y comienza por uno nueva-
mente. Cuando lleves un rato haciendo esto es posible que descubras que tu mente está
pensando en un partido de fútbol o en la lista de la compra. No pasa nada. Cuando
adviertas que no estás contando, simplemente comienza por uno otra vez y continúa
contando. El vagabundeo de la mente va a ocurrir varias veces. En cada ocasión,
amablemente haz que vuelva a la sencilla rutina de contar. Y eso es todo.
Esta sencilla forma de meditación serena la mente y el cuerpo y nos ayuda a
establecer conexión con nuestra sabiduría interior. Los beneficios de la meditación se van
acumulando. Cuanto más a menudo medites, cuanto más tiempo dediques a meditar,
mejor te saldrá. Descubrirás que estás más tranquilo/a y apacible durante el día cuando te
ocupes de tus asuntos normales. Y si se presenta una crisis, te enfrentarás a ella de un
modo más sereno.

Yo recomiendo comenzar con sólo cinco minutos de meditación, sea cual sea la
forma que se elija. Hazlo una vez al día durante una o dos semanas. Después podrías ha-
cerlo cinco minutos dos veces al día, a primera hora de la mañana y al atardecer. Tal vez
te iría bien meditar en cuanto acabes de trabajar o cuando llegues a casa. Al cuerpo y a la
mente les encanta la rutina. Si puedes arreglártelas para hacer tu meditación más o
menos a la misma hora cada día, los beneficios serán mayores.
No esperes grandes resultados durante el primer mes. Simplemente practica. Tu
cuerpo y tu mente se están adaptando a un nuevo ritmo, a una nueva sensación de paz.
Al principio cuesta estar sentado quieto, y si notas que estás pendiente del reloj, utiliza
uno con alarma. Al cabo de unos días, tu cuerpo ya se habrá adaptado al periodo de
tiempo y podrás dejar de lado el reloj.
Sé amable contigo mientras aprendes a meditar. Hagas lo que hagas, «no haces
nada mal». Estás aprendiendo una nueva técnica, que cada vez te resultará más fácil. En
un periodo de tiempo relativamente corto, tu cuerpo va a esperar con ansia los ratos de
meditación.

El periodo de tiempo ideal para practicar la meditación son 20 minutos por la
mañana y 20 minutos a última hora de la tarde o al anochecer. No te desanimes si tardas
algún tiempo en llegar a esos 20 minutos. Haz lo que puedas. Cinco minutos «cada día»
es mejor que 20 minutos una vez por semana.
Muchas personas usan un manirá, que puede ser un término sánscrito como om o
hu, o una palabra tranquilizadora como amor o paz, o dos palabras. Entonces, en lugar de
contar mientras respiras, usa la palabra manirá al inspirar y al espirar. También puedes
elegir dos o tres palabras como manirá, por ejemplo: «Yo exislo», «Dios existe» o «Yo soy
amor» o «Todo está bien». Dices una o dos palabras al inspirar y la oirá al espirar. Herbert
Benson, autor del libro TheReloxaíion Response, aconseja usar la palabra «one» para
meditar, que también da excelentes resultados.
Como puedes ver, ni la palabra ni el método en sí son importantes. La quietud y la
repetición de la respiración suave sí lo son.
Una forma popular de meditación es la llamada Meditación Trascendental. Ofrece un
programa que proporciona un mantra y algunas clases de orientación. Sin embargo, estas
clases se han vuelto algo caras. Si deseas gastar dinero, muy bien; son un grupo de
personas muy simpáticas y se está bien con ellas. Pero has de saber que también puedes
lograr resultados fabulosos por tu propia cuenta.

Muchas clases de yoga comienzan y acaban con una corta meditación. Estas clases
suelen ser bastante baratas, y puedes aprender una serie de ejercicios suaves de estira-
miento muy beneficiosos para el cuerpo. Estoy segura de que si vas a cualquier tienda de
alimentación natural de tu localidad, vas a encontrar más de una clase de meditación o
yoga en el tablero de anuncios.
Las iglesias de la Ciencia Religiosa y de la Unidad suelen dar clases de meditación.
Hay grupos de personas mayores e incluso hospitales que imparten clases de meditación.
Si vas a las librerías o bibliotecas de tu barrio, verás que hay muchos libros sobre
meditación, algunos más fáciles de entender que otros.
En algunos programas de salud, talleres o grupos de autoayuda, se incluye la
meditación como parte importante del proceso de recuperación.
En realidad, no importa dónde y cuándo aprendas a meditar, ni cuál sea el método
que uses al comienzo; con el tiempo, vas a desarrollar tu propia forma de meditación. Tu
sabiduría e inteligencia interiores irán modificando sutilmente tu proceso hasta que sea el
que más te convenga.

En cuanto a mí, comencé a meditar hace muchos años usando un manirá. Dado que
en ese tiempo aún estaba muy tensa y asustada, cada vez que meditaba me dolía ta
cabeza. Esto duró tres semanas. Cuando mi cuerpo y mi mente comenzaron a relajarse,
tal vez por primera vez en mi vida, desaparecieron los dolores de cabeza. Desde en-
tonces he continuado meditando y he asistido a muchas clases a lo largo de los años. En
cada una ofrecen un método de meditación ligeramente diferente de meditación. Todos
los métodos son beneficiosos, aunque puede que no todos sean adecuados para ti.
Corno en todas las demás cosas de la vida, has de encontrar el método de
meditación que te vaya mejor. Puedes ir cambiando de método a lo largo de los años.
Estoy segura de que lo conseguirás.
Ten presente que la meditación es simplemente una manera de entablar
comunicación con tu propio guía interior. Si bien siempre estamos conectados con este
guía en todo lo que hacemos durante el día, nos resulta más fácil establecer una conexión
consciente con él cuando estamos sentados en silencio y escuchamos.

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