P. 1
Historias de un Motel

Historias de un Motel

|Views: 218|Likes:
Publicado porAlejandro Aguilar
http://www.taringa.net/comunidades/escrituraimperfecta/
http://www.taringa.net/comunidades/escrituraimperfecta/

More info:

Published by: Alejandro Aguilar on Apr 11, 2011
Copyright:Attribution Non-commercial No-derivs

Availability:

Read on Scribd mobile: iPhone, iPad and Android.
download as PDF or read online from Scribd
See more
See less

02/06/2013

pdf

Historias de un Motel.

Escritura Imperfecta. 1

Historias de un Motel.

Historias de un Motel
Escritura Imperfecta

Escritura Imperfecta. 2

Historias de un Motel.

“Historias de un Motel” http://www.taringa.net/comunidades/escrituraimperfecta Comunidad de Escritores. Diseño de Portada: Dark Angel.

Esta obra cuenta con una licencia Creative Commons por lo cual eres libre de copiar, distribuir, comunicar públicamente la obra y hacer obras derivadas con una licencia Creative Commons o similar bajo las condiciones siguientes: Atribución — Debe reconocer que este trabajo pertenece Escritura Imperfecta. (Con el siguiente link).
<a rel="license" href="http://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/3.0/"><img alt="Licencia de Creative Commons" style="border-width:0" src="http://i.creativecommons.org/l/by-nc-sa/3.0/88x31.png" /></a><br /><span xmlns:dct="http://purl.org/dc/terms/" href="http://purl.org/dc/dcmitype/Text" property="dct:title" rel="dct:type">Historias de un Motel.</span> by <a xmlns:cc="http://creativecommons.org/ns#" href="http://www.taringa.net/comunidades/escrituraimperfecta/" property="cc:attributionName" rel="cc:attributionURL">Escritura Imperfecta.</a> is licensed under a <a rel="license" href="http://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/3.0/">Creative Commons Reconocimiento-NoComercialCompartirIgual 3.0 Unported License</a>.

No comercial — No puedes utilizar esta obra para fines comerciales. Compartir igual — Si transformas, alteras o creas una obra derivada de este trabajo, la distribución del resultado debe de ser igual o similar a esta licencia.

Escritura Imperfecta. 3

Historias de un Motel.

Historias de un Motel
Guada_82 |Ninchdails |Cocuy |Writerman |Dark Angel Zapatodecuerina |GOOFI |Bwrm |Rofocale_Sariel

Escritura Imperfecta.
Escritura Imperfecta. 4

Historias de un Motel.

Índice.
Prólogo. Aquel viejo motel. Habitación número 14. Habitación número 15. Habitación número 04. Habitación número 13. Asesinato en una habitación. Habitación número 12. Habitación número 07. El inicio. Página en blanco. Habitación número 20. (Dark Angel) (Guada_82) (Ninchdails) (Cocuy) (Writerman) (Dark Angel) (Zapatodecuerina) (GOOFI) (Bwrm) (Rofocale_Sariel) 6 8 10 13 16 19 21 22 23 25

Escritura Imperfecta. 5

Historias de un Motel.

Prólogo. Aquel viejo motel.
(Dark Angel)

Por entre los pasillos de aquel viejo motel se respiraba pasión. Una pasión que se vivía a través de cuatro paredes, a través de corredores oscuros, a través de sabanas y viejos colchones. Una pasión que embriaga. Nubes de humo emanan por entre los primeros rayos de sol, dibujando sombras caprichosas y tenues. En las puertas aún se puede respirar el sudor, la excitación de las noches pasadas. Noches que cuentan mil historias, cada una con protagonistas diferentes, con finales diferentes. Aquí, en el motel donde los sueños casi pueden tocarse. Donde lo eterno cabe en la palma de la mano. Donde el tiempo se detiene, solo para recordar el momento. Donde olvidar, es volver a recordar. Cientos de ojos han dejado una huella en aquellos labios finos como pétalos de alguna extraña flor, aquellos labios que con el solo susurro de su respiración erizan la piel y causan sensaciones desconocidas en extraños que parece se conocen de toda la vida. Cientos de suspiros fueron arrancados mientras aquella mujer gozaba, mientras aquella otra se dejaba llevar dentro del destino. Cientos de almas perdidas se encontraban. Y cientos de historias se escribían en el corazón. Todo esto pasaba (y aun, hoy en día, sigue pasando) en aquel viejo motel, un motel protegido por la sombra de la noche, bendecido por la luna. Un lugar amado por los mortales.

Escritura Imperfecta. 6

Historias de un Motel.
Aquel viejo motel, donde cada noche se siente, se respira, se vive pasión y erotismo... ...eternamente.

Escritura Imperfecta. 7

Historias de un Motel.

Habitación número 14.
(Guada_82)

Otra vez sentía esa mirada clavada que le cortaba la respiración, que le recordaba a la muerte y a su no-tiempo. No quería mirar hacia el costado, donde seguramente estaría él, sentado en alguna última mesa, lejos de los otros, (los que hablan, se ríen, leen el diario, fuman o van hacia alguna parte). Él entraba tan sigilosamente, que aquél con el que se topara sólo lo vería por su antiguo y torpe quieto cuerpo esperando que pasen todos, menos él, que rezagado en la lentitud de sus movimientos no accionaba hasta no estar solo, otra vez. Otra razón casi única por la cual lo "verían" sería por su saco no-casual que siempre llevaría puesto, como parte de su cuerpo, aferrado a su sudor, como chaleco de fuerza que apretaba su respirar, sofocante para el húmedo e insoportable verano de Buenos Aires, desabrigado para su invierno y la soledad...Saco al que llaman de "media estación", (aquella inexistente, tan añorada media estación que nos sorprende únicamente cuando ya no la sospechábamos...y se va antes de que la podamos atrapar). Ella quería pensar en todo eso, verlo a él, su saco inaguantable, la muerte, y su notiempo...pero no. Comenzaba a sentir todo su cuerpo...la ropa se le adhería más, y a medida que caminaba hacia él, se tocaba el pelo, lo enredaba al ritmo de sus secretos pasos, y lo soltaba, dejándolo caer justo por debajo de su busto alegre y desafiante, (aquel busto que de niña le traería los piropos, los primeros fervientes torpes besos, y luego los rezos por dios para no llamar la atención de su padrastro). También sentiría su boca tibia y empalagada, la que dejaba libre en ese momento, frente a él, dejando atrás la correcta y aplicada, para reír excitada en cada inteligente y clavado comentario hondo y sutil que él diría...sabiendo más excitada aún, lo que disfrutaría de besarlo arrodillada, y extasiada mientras él la mira.

Escritura Imperfecta. 8

Historias de un Motel.
Sentía su respiración ahora; ahora se cruzaba de piernas, detenida ante él, como haciendo fuerza para aguantar algo que ya era insostenible...Pero no. Tenía que atender a todos, todos querían ser especiales, invitaciones, miradas obvias, esperas de que se dé vuelta, etc. Ella sabe que es bella, bella para ese lugar mediocre, donde a nadie le importa si se estremece una y mil veces al escuchar la intro de Miles en Round Midnight, o si se esconde entre los sucios escombros en la oscuridad detrás de escena para ver de cerca La muerte del Cisne. Era "esa", la belleza la que la embriagaba...y sólo él sabía ver. Que sutil encantamiento rumiaba y generaba él en cada palabra...danzando dentro de ella, acariciando y sosteniendo sus palpitaciones, preparando en cada compás el segundo del amor embravecido, corrompiéndola lenta y firmemente. Ahora debería ir rápido al baño... sus ganas de amarlo así la apretaban y le impedían librarse fácilmente de él. Trataría de relajarse, quizá fumaría, pero el espejo le devolvería el rojo carmesí que ardía en sus mejillas. Se mojó la cara, el agua fría le traía la sensación asexuada de la mañana insoportable, y podría caminar como una bella chica más, atrapada por el tiempo y la vida estridente, teniendo sexo cada vez que ella quisiera, con un bello chico más, atrapado por el tiempo, y la vida estridente. Pero no. Otra vez la mirada clavada. Ella llegaría agitada, habiendo corrido unas extrañas cuadras, que jamás recordará...aunque si, la habitación número 14. Buenos Aires, yaciendo, se veía estridente desde la ventana. Adentro, ya sin palabras, deleitándose al ritmo de Miles, mirándose desesperados entre los tragos, los libros y las luces de veladores tibios, acabarían vencidos, resbalados, poseídos salvajemente, sobre la antigua e inmensa cama, en cada despertar.

Escritura Imperfecta. 9

Historias de un Motel.

Habitación número 15.
(Ninchdails)

La habitación era digna del acto que estaba por suceder en ella... un color carmín desgastado la rodeaba, torpemente limpia, la luz tenue ayudaba a los sucesos de la cual ella era testigo... Una habitación común de un motel con fachada desbaratada... testigo de miles de amores y pasiones fugaces. Hoy... hoy esta habitación sería el único testigo de un nacimiento... de un despertar. La saliva no lograba pasar por su garganta... el nudo de si corbata lo asfixiaba... inútilmente trato de entablar una charla con su "amor de alquiler"... ella estaba presurosa a terminar su cometido... la situación le incomodaba pero lamentablemente ya le era familiar. El aire estaba viciado con encuentros anteriores... una cama maltratada; la luz tenue de un fluorescente era el único sonido... lo torturaba, ella lo llamaba desde la cama. Inerte yacía en ella. Las agujas del reloj que le regalaron para su cumpleaños días atrás, parecían más lentas a cada minuto. La insistencia de su perro amor lo obligo a entrar en acción. Le resultaba desagradable. Era una situación que siempre dijo que evitaría pero la soledad lo obligó... la soledad y unos tragos de más. No sabía que más hacer, 6 meses pasaron desde que ella lo abandono, esa tarde recibió un llamado de su ex... no lo perturbo tanto su pedido de que cesen los llamados a media noche... lo que le sorprendió era haber escuchado a "el otro" en el fondo de la conversación... se sentía engañado, dolido y enojado con esta vida tan injusta el todo lo había dado por ella y ella en un instante lo había desechado... no lo comprendía, no era posible asumirlo y decidió ahogar sus penas en alcohol... una mala decisión, pero la única que paso por su mente en ese momento... camino sin rumbo, camino por calles de gente somnoliente, el mundo era gris una vez más y su esperanza de regresar se había esfumado con un simple llamado... el eco de

Escritura Imperfecta. 10

Historias de un Motel.
esa voz rondaba su cabeza... recuerdos de lo feliz que había sido y el augurio de un futuro infeliz lo condenaban a cada paso... levanto la mirada esquivando un charco... un cartel luminoso marcaba su descanso mental.. decidió entrar ya sabía que el alcohol no la borraría pero por lo menos imagino que la suprimiría por unos instantes... como dije antes ... mala decisión... la música era mala en su mayoría, la compañía... peor... era un bar de almas perdidas, gente sin rumbos y con corazones desechos cada uno tendrá su historia pensó... pero hoy no... hoy no quiero charlar , hoy quiero hundirme este puñal que me atraviesa aún más para que con dolor comprenda que ella ya paso y me olvido. Su plan se concretaba a medida que su cuenta en el bar iba acrecentándose... en su embriagues decidió establecer una charla para olvidarla... charlar de fútbol del clima de lo que sea... la suerte una vez más le había fallado y nadie estaba sentado a su lado... nadie para ser su psicólogo improvisado... nadie para escuchar sus penas. Bajo la mirada perdiéndose en el vaso de licor... algo llamo su atención... la fonola ya no tocaba esa música horrible... alguien tenía buen gusto. Levanto su cabeza con esfuerzo, miro de reojo y la vio... estaba ahí, su silueta parecía dibujada por los dioses, en su cara esgrimía una sonrisa forzosa, la miraba nerviosa y su pose antinatural gritaba que algo no estaba bien... Miles en Round Midnight inundaba el ambiente, un ambiente que cobraba vida a cada segundo que el sostenía su mirada en ella. Quiso acercarse, lo pensó pero era tarde... ella con su andar zigzagueante encamino a una mesa... una mesa oculta en las penumbras del bar. Por su maquillaje exagerado y dando un nuevo vistazo a el bar se dio cuenta que en el convergían los "sin alma" y los amores de alquiler... su juicio estaba nublado y su corazón marchito. Esa noche quería ser feliz, quería volver a ser aunque mas no sea una sombra de lo que fue. Hablo con el barman... después de unos billetes y miradas cruzadas una señorita se le acerco... no era tan bella como la anterior, pero serviría para su banal propósito. Estaba deseo por sentir calor, sentir calor, pasión y algo similar al amor... Habitación 15... dijo un no muy amable recepcionista improvisado. Y ahora se encuentra aquí... producto del alcohol y una mala decisión se encuentra pagando por amor, todo fue rápido y simple... no encontró lo que buscaba... peor aún... un vació crecía en él, la soledad no le daba respiro y la desesperación por su situación lo arrinconaba en la habitación testigo de miles de historias como la de

Escritura Imperfecta. 11

Historias de un Motel.
él... sin darse cuenta, su amor de alquiler ya se había marchado... una vez terminado el acto... terminado el contrato pensó... Se vistió lentamente… nada había ganado pagando y la noche estaba más fría sin su amor... amor no correspondido y sin esperanzas de regresar... por lo menos ya lo había aceptado... se levantó de la cama colocándose presuroso su zapato, ahora esta situación le traía vergüenza a su ser... apunto de cerrar la habitación número 15, escucho una sonrisa inocente... rápidamente se escondió... dejo la puerta entre abierta y la vio... nuevamente estaba ella... la mujer de la fonola, la del buen gusto y buenos atributos, la que antes estaba nerviosa ahora esbozaba en su cara una sonrisa de satisfacción, estaba rodeada por el brillo que solo otorga el buen sexo y placentero... recién en ese momento se dio cuenta de su error, ella no era "una más" de ese lugar su vestimenta no coincidía con el "uniforme ajustado" de las demás mujeres de ese lugar. Su perfume... tan penetrante invadió el pasillo, y su presencia lo ilumino... vio cómo se alejaba lentamente a paso firme... salió despacio, la vergüenza aun no lo abandonaba, pero ahora estaba acompañada por un dejo de esperanza... ¿un nuevo amor tal? Antes de bajar por esas escaleras añejas volteo su cabeza, Habitación numero 14... la mujer de la habitación numero 14 Y se fue...

Escritura Imperfecta. 12

Historias de un Motel.

Habitación número 04.
(Cocuy)

Sentado en una banca húmeda, de un color verde oliva, mira a la puerta de su última morada con gesto de asco desde el parque al otro lado de esa calle. Ve como entran y salen putas de aquel sucio hotel, todas a la compañía de un viejo miserable que ha decidido dejar la soledad por una noche. Pero una noche es todo lo que dura la compañía, a menos, claro, que estén dispuestos a pagar el precio. Al igual que ellos, la soledad puede ser lo que ha llevado a este hombre a ese lugar y a sentarse en esa banca, en ese parque vacío, testigo de sus últimos suspiros. La noche no le regala nada a ese hombre, siquiera un soplo de brisa caliente golpea su tez, haciendo de ese calor húmedo el menos soportable de todos. Solo las frases que fluyen de la trompeta de Miles, salidas desde una ventana del segundo piso, salpican su triste existencia, un terrón de azúcar para su barril de angustias. Puede que este fuese el motivo que le arrastrara ante el encargado para pedir una habitación del concurrido hotel, después de abrirse paso entre la escoria humana que adornaba la acera. Mientras cruza la calle, le acompaña en su mano izquierda la maleta cuadrada que nunca se separa de él. En ella lleva su confiable máquina junto a su vida y obra, un rollo de papel higiénico y un revolver bastante viejo el cual nadie esperaría que disparase. El encargado de aquel matadero le sigue con la mirada desde el parque hasta que cruza la puerta de vidrio. Todos los años que ha pasado en esa pocilga le han preparado para todo, él sabe muy bien que este hombre no verá un nuevo amanecer, pero el estuche de la máquina le hace ver la melancolía de aquel hombre como algo más filosófico que suicida. Aquel encargado de baja estatura, arrugado y calvo, sin pronunciar palabra alguna, le entrega, de forma preventiva, la llave de la habitación 04 para evitar que los forenses entorpezcan el paso en la angosta escalera en caso de ocurrir lo peor.

Escritura Imperfecta. 13

Historias de un Motel.
El hombre sigue a la izquierda por el mostrador y llega al pasillo. Frete a él se encuentra una puerta sin numeración, a la izquierda se eleva la pequeñísima escalera y a la derecha se ven enfiladas las puertas de las habitaciones. Avanza por el pasillo en una marcha lúgubre, respira cada detalle de aquel hueco, escucha como la tierna música se apaga a cada paso y como la banda es ahora acompañada por los gritos de lujuria hasta que solo quedan los gritos y los libretos que putas recitan noche tras noche a su público. Enfrentado a la puerta, del mismo verde asqueroso de la banca, coloca la llave en la cerradura para descubrir que tiene juego. Corre por su cien una gota gruesa de sudor. Afirma la mano y hace un par de intentos fallidos. Termina por dejar el maletín en el suelo para intentarlo con ambas manos. Ese desdichado ser, aquel que pensaba tener ya demasiados problemas, ahora se ve luchando con la puerta que lleva al final de su historia. De no ser por su anhelo de escribir una carta final, se habría pegado el tiro en ese mismo pasillo. Dicho anhelo se convierte en desespero, desespero que canaliza a empujones contra lo verde de la puerta. La puerta cede al tiempo que él hace lo posible para recobrar el equilibrio adentro de la pequeña habitación. Y Miles llena el espacio nuevamente, pero esta vez con bastante claridad, la música viene de la habitación inmediatamente superior. Ese momento de placer es interrumpido por el encargado que se asoma con cara de idiota por el pasillo y le anuncia al huésped que la puerta tiene juego. Una ola de maldiciones recorre el pasillo y se acalla cuando se escucha el portazo. El encargado se encoge de hombros y, con gesto desinteresado, esconde nuevamente su pequeña cabeza. Han pasado un par de horas, ya la máquina cumplió su función y el revólver ahora ocupa las manos de este suicida. Sentado en la cama, observa su pequeña jaula que, irónicamente, le liberará. Inhala el polvillo de yeso que se escapa de las grietas del techo que palpita al ritmo del sexo salvaje. Flota en el aire ya saturado con el olor a sexo, lágrimas y sabanas viejas, el polvillo que terminará en sus pulmones. Y Miles resuena por el techo, una y otra vez la misma canción. Hasta a Miles, este hombre, ha aprendido a odiar. Su pulgar arma el martillo del revólver acompañado de un sonido chirriante. Contra todo pronóstico, el barril revoluciona al tiempo y pone en su lugar la bala que

Escritura Imperfecta. 14

Historias de un Motel.
marcará el punto final de su obituario. El frío acero, que no está ya frío por tanto manoseo, se apoya en su papada. El gatillo no se rompe, el martillo no se tranca y la pólvora se enciende, pero hoy no habrá bala que se abra paso entre los sesos de este hombre. La explosión se ve contenida entre las paredes del barril y la punta de acero de la bala que el óxido ha sabido fusionar. Esquirlas de lo que alguna vez fue un revólver se abren paso entre el aire cargado y la anticipada explosión resuena por el pasillo. Aterrado y vivo, el hombre, con su rostro bañado en lágrimas, escapa por el pasillo. A medio camino, tropieza con el encargado y le abraza mientras grita de alegría.

Escritura Imperfecta. 15

Historias de un Motel.

Habitación número 13.
(Writerman)

Necesitaba descansar. Luego de un largo viaje de doce horas en un arruinado colectivo de larga distancia- el cual él conducía -, llegó a Retiro, y no pensaba en otra cosa más que en darse un baño y dejarse caer en una cama por largas horas antes de tener que partir nuevamente. El hotel que le asignaba la empresa de transportes era siempre el mismo, un lúgubre bastión de almas perdidas que rondan la noche porteña. Nada ideal para alguien que busque lujo y confort, pero él sólo necesitaba cerrar sus párpados y no pensar más en nada ni en nadie. El encargado del hotel, que ya lo conocía, le entregó la llave de la habitación número trece. El número ya le daba mala espina. Aunque no era supersticioso, pero algo parecido a una premonición lo puso nervioso y no quería tener que perder el sueño por un desafortunado mito urbano. Con sus ojos rojos, producto de las largas horas de exposición a las luces de los autos de la ruta que siempre lo encandilaban y de lo cual siempre se quejaba – no entendía cómo podía haber tantos idiotas que circularan todo el tiempo con las luces altas y, peor aún, los imbéciles que ponían los rompe nieblas cuando no había siquiera un minúsculo atisbo de ello – le pidió al viejo Norris que si le podía dar alguna otra. Éste, al que se lo veía preocupado, como muy ido en su fuero interno, le dijo que no, en un tono amistoso pero firme – característico de su acostumbrado trato con toda clase de personajes recios que la noche atraía- mientras miraba como al pasar al parque de enfrente, en donde un hombre con una maleta como de máquina de escribir, se encontraba sentado en uno de los bancos. - ¿Todo anda bien señor Norris? – le preguntó él, que ya se sentía demasiado cansado como para insistir, pero que a la vez notaba la mirada extrañada y un tanto fuera de foco que el viejo tenía en ese momento.

Escritura Imperfecta. 16

Historias de un Motel.
- Si, todo está bien, todo está bien… – respondió el viejo, como cuando uno está en modo automático mientras cavila otras cuestiones. Sin más demoras, tomó las llaves y comenzó a subir por la angosta y derruida escalera mugrienta para tomar su merecido descanso, mientras, veía que una bella chica y un hombre de saco gastado al estilo bohemio entraban a pedirse otra habitación. En ese momento, escuchó al viejo Norris decir: - La catorce. Y pensó: espero que estos dos me dejen dormir tranquilo esta noche. Ya veía los indicios de sus malditas premoniciones hacerse realidad. El olor a humedad de las paredes sudorosas revestidas con un asqueroso empapelado añejo y de mal gusto, lo ponían de mal humor. Pero no con el suficiente como para interrumpir su rutina de aseo que tanto venía ansiando desde que bajó al playón de estacionamiento en Retiro. Ya desnudo y a punto de entrar al baño, comienza a sentir unos leves golpeteos rítmicos en la pared contigua. Al parecer, la parejita feliz había comenzado con su faena animal. Como un flash le vino a la mente la hija del viejo Norris. Era una chica de baja estatura, como su padre, no recordaba si se llamaba Carla, Clara, o algo por el estilo, tenía buenos pechos y una cara pálida que se hacía aún más blanca por su pelo rubio y tan lacio que parecía estar pegado a su cara todo el tiempo. Ahora, ya limpio y relajado, se dejó llevar por las fuerzas del más allá para caer en esa especie de coma profundo que inevitablemente lo estaba esperando. Como por arte de magia, ahora se encontraba en un campo verde, uno de los tantos que suele ver en las largar rutas argentinas en cada uno de sus viajes. Pero lo afortunado era que estaba acompañado por la pechugona de Claudia Norris, ah… sí, de repente se acordaba su nombre, y ella lo miraba con ganas de todo. Él le acariciaba un pecho mientras ella se reía y lo instaba a seguir. Jugaban y se ponían cada vez más ardientes, al punto de verse desnudos y entrelazados por sus carnes tibias regadas de sol, un sol brillante que se iba poniendo cada vez más blanco, tanto como las luces de un faro que encandila al mirarse. El día se transformaba en

Escritura Imperfecta. 17

Historias de un Motel.
noche y Claudia ya no era Claudia, era la chica del catorce. Y el escenario ya no era el campo verde, sino una oscura plaza de ciudad ocupada por prostitutas y traficantes. Su corazón latía rápido y la extraña chica desconocida lo arrastraba del brazo en dirección a donde se encontraba un hombre con un gamulán gastado que le inspiraba su mayor desconfianza. Él comenzaba a desesperarse y quería salir corriendo, pero la chica se lo impedía. Cuando escucha un ruido ensordecedor y se despertó súbitamente, todo sudado y con palpitaciones angustiantes. Todo vuelve a la normalidad. Está en la inmunda habitación, solo. Se levanta y se dirige al baño para mojarse la cara y limpiarse la transpiración. Aún no tiene idea de lo que pasó, está un tanto aturdido por el sobresalto. Vuelve a la cama y se sienta al borde para respirar lento y profundo por unos segundos. Decide bajar y tratar de entender algo. Al llegar a la recepción, ve al viejo Norris abrazado por un sujeto que se encontraba llorando desconsoladamente. No quiere interrumpir la escena. Ve que la puerta de la habitación número cuatro del pasillo de planta baja se encuentra abierta, Sospecha que el sujeto sollozante salió de allí. No comprende del todo pero imagina los hechos. Advierte el olor a pólvora. Pregunta: - ¿Todo anda bien señor Norris? - Ahora, todo anda mejor, todo anda mejor – contesta el viejo, pero esta vez ya no perdido en sus cavilaciones, sino, con una suerte de paz interior que tranquiliza a quien lo escucha. Decide no hacer más preguntas y vuelve a subir a su habitación número trece, para intentar conciliar el sueño y, tal vez, reencontrarse con Claudia o con alguna otra que le sirva de compañía ideal. De todos modos, ya se sentía mejor, las premonitorias asociaciones ya no existían, y haber visto a ese otro en peores condiciones anímicas que él, por esas cosas que tenemos los humanos, le habían causado una sensación de menor desgracia respecto de su mediocre vida y lo absurdo de creer en la fantasiosa numerología. No sabía cuánto había dormido antes del abrupto despertar, pero en la catorce no se escuchaba más nada. Ahora sí podría descansar.

Escritura Imperfecta. 18

Historias de un Motel.

Asesinato en una habitación.
(Dark Angel)

Hoy te vi salir de la cama. Levantaste las sabanas suavemente, creyendo que con eso no me moverías, pero al otro lado de la cama, mis ojos te veían a través del reflejo de la ventana y el sol que entraba a la habitación y la llenaba de reflejos cálidos. Caminaste, vestida solamente por un calzón de fina tela negra, el cual acomodaste de entre tus nalgas con un dedo. Bostezaste mientras te estirabas, haciendo que tu espalda se arqueara y tu pecho temblara. Te sentaste en el pequeño puff morado, encendiste un cigarro, miraste hacia el espejo, contemplando toda tu belleza. Tu cabello enmarañado, castaño fino, un poco undulado, tus ojos, donde lo infinito se graba, tus labios pequeños y rosados, con una sonrisa inocentemente maquiavélica. Tus dedos largos que jugaban con el tabaco, dando vueltas y vueltas, tu vientre plano, tus piernas largas. No podría describir la grandeza de un cuerpo como el tuyo, viéndose reflejado en el espejo de una habitación cualquiera, en un apartamento cualquiera. Te quedaste fumando, viendo ahora el techo, descubriendo formas extrañas formadas por entre la rugosidad del tirol. De repente, estiraste la mano y tomaste tu vieja camiseta, esa que esta percudida y manchada, con el hoyo más grande que eh visto en alguna prenda tuya, esa con la que te ves tan bien. Te la pusiste, acomodándote el cabello sobre tu hombro. Te veías tan sensual, el olor a noche aun no desaprecia de tu cuerpo, que podría haber saltado de la cama y poseerte nuevamente, como la noche anterior en la cual gemías entre mis manos, me arañabas mi espalda, mientras yo me perdía entre ese monte de Venus que es tu cuerpo. Lástima que un cordón envuelve mi cuello. Caminaste hacia mi lado de la cama con esa elegancia que te caracteriza. Lentamente te pusiste en cuclillas, para así quedar frente a mí y poder besar mis labios fríos una última vez, mientras con esos dedos maravillosos, cerrabas mis ojos. Ahora la oscuridad, que lo envuelve todo, solo me ha dejado el recuerdo de

Escritura Imperfecta. 19

Historias de un Motel.
esa última noche contigo, mientras mis oídos, atentos a todo lo que ocurre a mi alrededor, escuchan una detonación seca, justo a un lado de mí, cubriendo la piel de mi rostro de algo que parece líquido, no sé, no lo puedo ver, pero se siente caliente, así como lo es tu presencia en este mar de recuerdos y vejaciones...

Escritura Imperfecta. 20

Historias de un Motel.

Habitación número 12.
(Zapatodecuerina)

El cielorraso es blanco, grandes cuadrados blancos divididos por tiras de madera pintadas de negro. Olga vuelve en ropa interior con los senos aún al descubierto. Le pido que me abrace y ella lo hace apoyando su mejilla izquierda sobre mi pecho. Uno de sus pezones me roza las costillas y no puedo evitar estremecerme. Me quito los anteojos y me seco las lágrimas. Por lo bajo maldigo a Olga y a su vulgar remedo del amor. - Vámonos de acá – le digo a Olga. – Me tiene podrido esa música. En el bar del lobby el mismo tipo de siempre, en la misma mesa y con el mismo saco. Alguien a punto de entrar en la habitación quince. Putas crueles y perfumes crueles avanzan desde los pasillos. A la salida un hombre con su maletín en la mano izquierda nos mira con asco desde el otro lado de la calle.

Escritura Imperfecta. 21

Historias de un Motel.

Habitación número 07.
(GOOFI)

No sé si entrar o pasar de largo; el ocio mezclado con dinero genera resultados asombrosos. Giro la llave y de inmediato la resplandeciente habitación impacta en mis ojos verdes; algunos pasos al interior trato de cerrar las cortinas, el viento es fuerte se elevan mis cabellos; Siento unas manos frías hacer mi cabello negro a un lado la taquicardia invade mis sentidos. Le dije ¿Cómo es? ¿Conversamos un rato como lo hacemos en el chat? Yo tenía los ojos cerrados la inexperiencia me hizo decir sandeces. No me respondió. El contraste de su piel negra con la mía blanquísima me gustó tanto como los suspiros mutuos, él fue besando mi cuello muy suave bajo por completo el cierre profundo de mi vestido blanco, sus manos las sentía por mi entrepierna, corrió la tanguita deslizándose con sus gruesos labios y lengua por una intimidad: intimidada.

Escritura Imperfecta. 22

Historias de un Motel.

El inicio.
(Bwrm)

Tus manos temblorosas me abrazaron, era el día planeado. La escuela, los horarios, nuestros padres y el pudor quedaron de lado. Henos ahí un hombre y una mujer. No existen palabras, según mi entendimiento, para describir su belleza, solo sé que al verla siento llover vida. Tengo sospechas que eres un ángel y quisiese descubrir el idioma que te rige para expresarte que representas en mi vida. Desearía descubrir las palabras exactas que te describan en plenitud, para dejar un legado impreso de la belleza más pura que jamás existió; un mapa de letras que lleve al lector a tu imagen, pero me encuentro mortal, simple, casi un troglodita ante semejante desafío. Pero henos allí un hombre y una mujer, o quizá dos niños jugando a serlo, he ahí una cama y en el aire una canción que sonara por siempre en tus recuerdos. Mi boca plasma una fantasía en la tuya, mis manos te dibujan y me eternizo poseyéndome de una codicia ególatra, ignoro el temblequeo de tus labios y la humedad en tus ojos. Suavemente deslizo tu ropa que cae desplomada para lapidarse marcando el camino de nuestra historia. Ahí estas, natural, permeable a mi criterio, y la vida me hace pequeño, mi entender escasea; la selva se apodera de mí, aflorando. Te acecho y te salto cual felino a su presa, te domino con mis besos dejándote expuesta a mi deseo. Mientras tu corazón brama y tu cuerpo cascabelea, tus ojos se precipitan, intuyo tu miedo y tus dudas, el animal se calma, quisiese poseerte, daría cualquier cosa por hacerlo. Pero algo en mi interior me detiene, al filo de morder la manzana, recapacito; beso tus labios, susurro un “te amo” y te abrazo.

Escritura Imperfecta. 23

Historias de un Motel.
Quizá mañana haya lugar para que seas mujer en mi lecho, para la pasión y el erotismo, para las mil y una noches de lascivia, pero hoy, solo por hoy, se mi niña miedosa y consentida……… Me hice poema en ti Vertí mi aura en tu centro Sentí el origen de la creación Amalgame tu placer y sufrimiento...

Escritura Imperfecta. 24

Historias de un Motel.

Página en blanco. Habitación número 20.
(Rofocale_Sariel)

No le agradaba el viejo de la entrada... ¿Norris o Morris? No recordaba su nombre, pero habría jurado que tras aquella cara envejecida se ocultaba un secreto terrible y repugnante... Pero estaba divagando... No era aquello lo que le traía a este sitio... La desvaída y ruinosa habitación número 20 no decía nada... Paredes sucias, un colchón mugroso y de seguro lleno de pulgas... Pisos chirriantes y prostitutas armando jaleo en alguna habitación cercana. Hacía poco un estruendo, que parecía un disparo, había logrado sacarlo del ensimismamiento que le aquejaba desde hacía varios días, cada vez que trataba de escribir algo, por insignificante que fuera... Y ya estaba desesperado. Por qué la incapacidad de escribir solo era la punta del iceberg... Tampoco reía ya, ni tan siquiera ante lo más ridículo, como el hecho de estar sentado en aquella semidestruida habitación intentando convencerse de que un hombre puede vivir sin inspiración... En cada ocasión, la página en blanco le llenaba la mente de ideas difusas, rápidas, inasibles... Y cada momento frente al papel era una batalla en la que siempre perdía. Ya que cuando lograba asir una de aquellas ideas, al tratar de plasmarla, convertirla en signos legibles, la idea se le escapaba de la misma forma en la que había llegado. Siempre nada, solo nada. Solo el con la pluma en el aire y esa maldita página en blanco que hubiera querido comerse, o restregar en la cara de cualquiera...

Escritura Imperfecta. 25

Historias de un Motel.
Ojalá hubiera podido romperle la cara al viejo portero del motel de mala muerte pero ni siquiera podía imaginarse una situación parecida. Por qué de inmediato, la historia que se empezaba a formar se evaporaba y lo dejaba a él, solo y humillado frente a la puñetera realidad a la que empezaba a acostumbrarse... ¡Oh! Otra vez, ahí llegaba, otra idea, cálida y suave como el seno de una mujer. Tierna y vagabunda como el suspiro de placer en una noche de amor enfebrecido... De nuevo su piel hormigueaba, de nuevo la pasión le inundaba, de nuevo el tacto de la idea a través del mango de la pluma, acariciándole la mente con siniestra delicia. De nuevo esa urgente necesidad de ser violado, de ser amado y maltratado por una frase cualquiera, y otra y otra hasta poder romper la barrera del silencio que se formaba en su mente... De nuevo el perfume incitante de la rebelión insinuándose a través de lo etéreo, llevándole a las cimas más inaccesibles del placer que los hombres pueda experimentar... ¡Está ahí, ahí, cercana, amante, hermana, puta y virgen a la vez! Y justo cuando cree haberla poseído, justo cuando logra convencerse de que de nuevo la ha dominado ¡La muy zorra se escapa! De nuevo ¡Maldita sea! Hastiado, furioso, arrojó la pluma contra la pared y encendió un cigarrillo... Que otra cosa podría hacer... ¿Rendirse? De nuevo el jaleo de las putas en alguna habitación cercana... ¡Demonios! Suspiró, e incorporándose con dificultad, se dirigió al lugar en donde había caído la pluma y se dispuso a seguir intentándolo... ¿Rendirse? Primero muerto...

Escritura Imperfecta. 26

Historias de un Motel.

Escritura Imperfecta. 27

Historias de un Motel.

Guada_82 |Ninchdails |Cocuy |Writerman |Dark Angel Zapatodecuerina |GOOFI |Bwrm |Rofocale_Sariel

Escritura Imperfecta. 28

Historias de un Motel.

Escritura Imperfecta. 29

You're Reading a Free Preview

Descarga
scribd
/*********** DO NOT ALTER ANYTHING BELOW THIS LINE ! ************/ var s_code=s.t();if(s_code)document.write(s_code)//-->