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Negocio juridico E5 (1)

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Acerca del Negocio Jurídico y Contratos Jurídicos de naturaleza Civil
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Tipo es el esquema fjado por las leyes para cada una de las fguras
contractuales. Con la característica de la tipicidad, en un sentido estricto, se quiere
indicar que determinados contratos sólo consiguen su efcacia, si se ajustan a un
esquema (tipo) prefjado por el Ordenamiento, sin que quepa acudir algún otro
para realizar la misma función; pero hay otra forma de entender la división, de
manera más laxa: contrato típico sería el que diseña el Derecho objetivo como
esquema general, para el caso de que los particulares, con su voluntad no excluya

dicho diseño, y confguren otro según su arbitrio; así entendido, contrato típico
es el que prefguran las normas dispositivas. Es decir son aquellos que están

previstos y regulados por la propia ley, de tal modo que tienen unos elementos

y unos efectos perfectamente identifcados y concretos.4

depósito y prenda únicamente puede explicarse como un mero residuo histórico impuesto por el peso
de la tradición. La disciplina positiva de los cuatro contratos llamados reales no obedece a ninguna ratio
especial. Se parte de la entrega porque se presupone la normal unidad cronológica de la conclusión del

contrato y de la entrega de la cosa, pero ello no quiere decir, concluye el autor citado, que esta unidad
cronológica sea en todo caso necesaria, pudiendo romperse cuando las partes, en lugar de concluir de

una manera instantánea el contrato, se limita a convenirlo para proceder más tarde a su ejecución. Los
contratos consensuales de mutuo, depósito, comodato y prenda son, pues, válidos y su naturaleza no
varía por su consensualidad, que no los convierte en puros contratos preparatorios o precontratos.

3

La categoría de los contratos reales con efcacia obligacional es conocida en general en Europa, aunque
no siempre los tipos contractuales que la misma agrupa coinciden en cada ordenamiento jurídico. Por
ejemplo, el depósito, que es real por excelencia en la mayoría de legislaciones, no lo es, en cambio, ni
en el Derecho suizo (art. 472), ni en el Derecho civil alemán que, en general desconoce la categoría de
los derechos reales. Por otro lado, el Código Civil italiano admite que el mutuo sea a la vez un contrato
real (art. 1813) y obligacional (promesa de mutuo, art. 1822 CC italiano).

4

En el Derecho Romano clásico, y en general en todos los ordenamientos jurídicos no desarrollados,
existía una serie de esquemas normativos predeterminados a los cuales las partes tenían que ajustarse
para poder realizar sus particulares intereses. Sólo acudiendo al tipo legal se producía una genuina

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El NEgocio Jurídico

Vladimir aguilar guErra

Mientras que los que carezcan de regulación positiva serán los atípicos, que

son concebidos por los contratantes al amparo del principio de la autonomía de la
voluntad o libertad contractual y de la indudable consagra ción numerus apertus
para las relaciones obligacionales, y que ofrecen menor seguridad, y por ello,

una mayor capacidad judicial de interpretación. Por consiguiente, los contratos
atípicos no están regulados por la ley específcamente y pueden celebrarse por
estar reconocidos de forma genérica. Para su análisis y consideración debe estarse
a lo que hayan establecido las partes.

Dentro de la categoría de los contratos atípicos se encuentran aquellos que

tienen tipifcación social,5

por estar socialmente defnidos y ser de signifcación
conocida y frme. Por consiguiente, la celebración de un contrato atípico supone

estructurar un modelo contractual que, en concreto, no cuenta con una regulación
supletoria ad hoc y es conveniente, por tanto, perflar muy cuidadosamente las
reglas o cláusulas contractuales para evitar imprevisiones en la ejecución efectiva
del contrato.6

Es de subrayar, que los conceptos de tipicidad y atipicidad son relativos, pues

obligatoriedad, pues sólo del tipo legal dimana una acción judicial. En un sistema como el descrito, las

categorías actuales constituyen un numerus clausus y cada tipo contractual posee un nomen iuris.

5

La distinción entre una tipicidad social y una tipicidad legislativa fue apuntada por BETTI y recogida,

en la doctrina italiana, por GRASETTI. En España introdujo la distinción JORDANO BAREA y la acepta
PUIG BRUTAU. Se habla de una tipicidad legislativa para designar a aquellos contratos que tienen una
califcación técnico-legislativa, que opera además por el establecimiento de una disciplina normativa
en la legislación. Dicho de otro modo y más claramente: es la ley que les asigna un nomen iuris y la que
establece su disciplina o su régimen jurídico.

En cambio, se puede hablar de una tipicidad social, para hacer referencia a aquellos contratos que tienen

por base las concepciones dominantes en la conciencia social de una época y que se individualizan
por obra de la doctrina y de la jurisprudencia. Son socialmente típicos aquellos contratos que, aunque
carezcan de una disciplina normativa consagrada por la ley, poseen una reiteración o una frecuencia

en orden a su aparición como fenómeno social, de manera que su reiterada celebración les dota
de un nomen iuris por el que son conocidos y de una disciplina que se consagra por vía doctrinal o
jurisprudencial (por ejemplo, el contrato de leasing).

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Algunos autores utilizan para designar estos contratos que aquí llamamos atípicos, el término de
contratos innominados, en consideración a que carecen de un nomen iuris. Pero semejante califcativo
es impreciso y puede inducir a error, pues muchos de estos contratos llegan a tener, por obra de la

jurisprudencia, de la doctrina, incluso de la legislación, un nombre propio, no obstante lo cual siguen

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clasiFicacióN dE los coNtratos

se miden en función del contenido que en cada momento posee el ordenamiento

jurídico. Contratos que hasta un determinado momento han sido atípicos, pueden
dejar de serlo y convertirse en típicos desde el momento en que su normativa es
recogida y fjada por la ley.7

4. Contratos onerosos y gratuitos

Esta clasifcación juega en los negocios de atribución patrimonial, es decir, en
aquellos que tienen por fnalidad económica la atribución de bienes (entendida

careciendo de una específca regulación legal, que es lo que caracteriza a esta categoría de contratos que
ahora estudiamos. Además, el empleo del término contratos innominados podría inducir a confusión
con los que así se llamaban en Derecho romano, con los cuales no tiene ninguna relación la fgura que
ahora nos ocupa.

7

En una zona intermedia, en cambio, hay que situar aquellos casos en que las partes, para conseguir
los fnes empíricos que pretenden, conciertan el contrato singular sirviéndose de elementos que
correspondan a diferentes contratos típicos. Aparecen así las categorías de los contratos mixtos, coligados
y complejos.
Aunque la terminología no se encuentra depurada, ni hay al respecto unanimidad en la doctrina, la

distinción puede establecerse del siguiente modo:
a)

Contratos mixtos son aquellos en que, dentro de un único contrato, confuyen elementos que
pertenecen a tipos de contratos diferentes. Se caracterizan, pues, por reunir elementos de
diversos tipos contractuales. Por ejemplo, la donación mixta es una compraventa, en la cual se
estipula un precio notoriamente inferior al que corresponde al valor objetivo de la cosa y a las
condiciones del mercado, de manera que en el contrato confuyen características propias de

un contrato oneroso de compraventa, puesto que el precio realmente existe, y elementos de
un contrato de donación, puesto que en parte el transmitente quiere hacerle una liberalidad al

promitente. El contrato en el que se estipula el cambio de cosa por cosa con pago en la diferencia
en dinero es un contrato mixto de permuta y compraventa.

b)

Contratos coligados a aquellos casos en que las partes yuxtaponen varios contratos típicos

en un negocio único, para tratar de alcanzar la unión de todos ellos la fnalidad empírica que
persiguen o que pretenden. Por ejemplo, se concierta un arrendamiento y se estipula una opción

de compra en favor del arrendatario; se concede un préstamo y se constituye hipoteca en favor

del prestamista.

c)

Por último, cabe hablar de contratos complejos, para designar aquellos en los cuales las
prestaciones de cada una de las partes, las obligaciones asumidas o los pactos establecidos,
aisladamente considerados, pertenecen a un tipo contractual preexistente del cual parcialmente

se aislan para integrarse en el negocio. No hay pura yuxtaposición de contratos, como en el caso
anterior, sino fusión de prestaciones, obligaciones o contratos típicos. Por ejemplo, el contrato

de cambio de obra por solar comprende una prestación de transmisión de propiedad, una
obligación de construcción por parte del adquirente y la prestación de entrega de parte de lo
construido al primer transmitente; el llamado contrato de portería implica una prestación de

servicios y una cesión del uso de una cosa.

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Como ejemplos de actos unilaterales se puede mencionar, entre otros, el reconocimiento de una

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El NEgocio Jurídico

Vladimir aguilar guErra

esta palabra en su sentido más amplio, comprensivo de cosas y servicios).

Negocio oneroso (procedente del latín: onus-oneris, que signifca carga)
es aquel en que un sujeto se desprende una ventaja de carácter patrimonial,

recibiendo una retribución, también patrimonial, es decir, en el contrato oneroso

la prestación de una parte encuentra su razón de ser en la contraprestación de
la otra (ejemplo una compraventa, donde se intercambia un bien y el precio;

un arrendamiento, en que la prestación de uno de los contratantes corresponde

la contraprestación a cargo del otro). Este carácter oneroso también se percibe,

aunque de ordinario se halle más escondido, en el contrato de seguro, en el cual
uno de los contratantes (el asegurado) satisface una cantidad periódica (prima) al
asegurador para que éste le indemnice si llega a ocurrir el suceso que en cada caso

justifca la existencia del seguro: el incendio, el robo, el accidente automovilís-
tico, la muerte (en el seguro de vida), etc. Aquí la realidad de una prestación (el

pago de la prima) se suele contraponer la eventualidad de otra (el abono de la

indemnización si ocurre el siniestro temido).

En resumen los contratos onerosos son sinónimo de contraprestación y
determinan el intercambio de prestaciones entre las partes intervinientes, de tal

modo que una persona se obliga a realizar una determinada contraprestación por
cuanto la otra parte también ha quedado obligada a su favor. Así, compraventa,
arrendamiento.

Los contratos gratuitos signifcan que hay un empobrecimiento de un
sujeto, correlativo al enriquecimiento de otro (un ejemplo paradigmático

sería la donación, donde el bien donado circula de un patrimonio a otro, sin

mediar un equivalente). Por lo tanto, aquí una de las partes contratantes se
enriquece u obtiene un benefcio a consecuencia del contrato, sin asumir carga
o contraprestación alguna. En concreto estos contratos están presididos por la
liberalidad y en donde no existe ningún tipo de contraprestación (comodato).

obligación y la ratifcación del mandato.
El testamento, si bien es cierto no es un contrato, sí constituye un acto jurídico unilateral.

9

El vocablo “Sinalagma” fue extraño para los mismos romanos, quienes, sin embargo, no dejan de utilizarlo

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clasiFicacióN dE los coNtratos

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