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El Embrion Humano Merece Vivir

El Embrion Humano Merece Vivir

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Cómo llegué a creer que el aborto es un pecado. Una base bíblica sobre el propósito y los derechos del embrión a la vida.

Así que, a continuación presento mi ensayo, como un esfuerzo de mi estudio bíblico personal, y como un testimonio del proceso que tome para llegar a creer que, de hecho la vida humana comienza en el momento de la concepción, que el embrión tiene un propósito de vida, y que por tanto el aborto en cualquiera de su estadios es un pecado.
Cómo llegué a creer que el aborto es un pecado. Una base bíblica sobre el propósito y los derechos del embrión a la vida.

Así que, a continuación presento mi ensayo, como un esfuerzo de mi estudio bíblico personal, y como un testimonio del proceso que tome para llegar a creer que, de hecho la vida humana comienza en el momento de la concepción, que el embrión tiene un propósito de vida, y que por tanto el aborto en cualquiera de su estadios es un pecado.

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02/06/2013

FACULTAD LATINOAMERICANA DE ESTUDIOS TEOLÓGICOS FLET

ENSAYO: EL EMBRIÓN HUMANO MERECE VIVIR Cómo llegué a creer que el aborto es un pecado.
Una base bíblica sobre el propósito y los derechos del embrión a la vida.

Materia: ÉTICA Y VALORES CRISTIANOS - HU 103B
Autor: Rubén Darío González Solano Profesor: RicardO CRANE

FLET Septiembre/2010

CONTENIDO

INTRODUCCIÓN…………………………………………………………………………………………………………………. 2 I. EL COMIENZO DE LA VIDA Y SUS IMPLICACIONES BIOLÓGICAS Y MORALES…...………..………….. 3 A. EL POLVO DE LA TIERRA, LA SANGRE Y EL AGUA …………………………………………….……… 3 1. 2. 3. B. II. EL POLVO Y LA SANGRE: EL CUERPO FÍSICO Y SU VIDA BIOLÓGICA. …………….………… 4 EL AGUA: EL ALMA Y SU VIDA PSICOLÓGICA, RACIONAL Y EMOCIONAL………….………… 4 EL AGUA Y LA SANGRE: UNA COMBINACIÓN PARA LA VIDA HUMANA……………………….. 5

EL SOPLO DE ALIENTO DE VIDA, EL ESPÍRITU Y LA CONCIENCIA…………………………………... 8

EL ABORTO Y SUS IMPLICACIONES TELEOLÓGICAS Y MORALES……………………………………….. 9 A. LA FECUNDACIÓN OBEDECE A UN PROPÓSITO………………………………………………………….. 9 B. LAS RELACIONES SEXUALES SE TIENEN CON PROPÓSITO………………………………………….... 10 C. LO CONCEBIDO TIENE DERECHO A CUMPLIR SU PROPÓSITO NATURAL…………………………... 10 D. NEGARLE EL DERECHO A LA VIDA Y AL PROPÓSITO NATURAL ES UN PECADO…………………. 10

III.

EL ABORTO Y LA PARTICIPACIÓN DIVINA EN LA CONCEPCIÓN……………………………………………11 A. EL TESTIMONIO DE LA BIBLIA SOBRE EL EMBRIÓN QUE NO VE LA VIDA…………………………… 11 1. Job. 2. Jeremías. 3. Salomón. 4. David. 5. Oseas. B. LA INTERVENCIÓN DIVINA EN LA CONCEPCIÓN DEL INDIVIDUO……………………………………… 12 1. 2. 3. 4. 5. 6. David lo testifica. Isaías lo testifica. Jeremías lo testifica. El apóstol Pablo lo testifica. El médico y evangelista Lucas lo testifica. Elisabet lo testifica.

CONCLUSIÓN……………………………………………………………………………………………………………………… 13 BIBLIOGRAFÍA…………………………………………………………………………………………….……………….……… 13

CÓMO LLEGUÉ A CREER QUE EL ABORTO ES UN PECADO. ENSAYO FLET, DARÍO GONZÁLEZ - 1

INTRODUCCIÓN
Muchos años han pasado desde cuando comencé a dudar que el aborto, en las primeras semanas de embarazo, fuera un pecado. Hasta llegué a creer con convicción que la vida humana no comienza en el momento de la concepción, todo esto como resultado de mi estudio personal y de mi instrucción bíblica. Llegar a cambiar de opinión no ha sido fácil de mi parte, porque cuando he llegado a convencerme de algo lo he confesado y defendido hasta las últimas consecuencias. Sin embargo, no sucedía así con el tema del aborto. Con el tiempo llegué a darme cuenta que era muy importante definir mi posición, especialmente al confrontarme con dos situaciones: una era la de debatir sobre las posiciones “pro-life” o “pro-choice”, y la otra era tener que aconsejar a mujeres embarazadas que querían abortar. Debatir sobre las posiciones “provida” o “pro-libre elección” siempre me dejaba con un gusto amargo. Por un lado aceptaba y apoyaba las acciones y manifestaciones “pro-vida”, porque mi esposa servía en uno de sus ministerios aconsejando a señoritas para que eligieran no abortar. Por el otro lado, sostenía que las personas deberían hacer su propia elección sin temor a ser condenadas por ello. Pero en nuestro ministerio nos confrontábamos con casos reales y no con simples debates sobre teorías filosóficas o teológicas. Así que cuando me tocaba aconsejarlas a mí, les aconsejaba que eligieran no abortar y que lucharan por la vida. Al hacer esto me daba cuenta que mi conciencia estaba tranquila, pero no así mi integridad intelectual, porque no lo estaba haciendo creyéndolo, sino más bien sintiéndolo. Con el tiempo creí que llegaría a acostumbrarme a sobrellevar eso que yo consideraba una paradoja, un conflicto en mi integridad de fe personal, el creer algo que no podía sostener y confesar abiertamente. Y por otro lado, el hacer algo sobre lo que no solo dudaba, sino que no lo creía, pero que dejaba en paz mi conciencia espiritual, aunque no así a mi conciencia intelectual, produciendo una carga de responsabilidad moral al respecto*1 y una necesidad de estar persuadido bíblicamente, porque información ya he tenido suficiente. Alberto Mestre dice los siguiente: “Junto a todo esto hay que añadir la enorme cantidad de información
indiscriminada a la que el hombre de hoy puede acceder, con la consiguiente dificultad de elaborar una síntesis personal satisfactoria, por lo que en muchas ocasiones queda suspendido el propio juicio sobre los temas en discusión buscando más bien adherirse a opiniones y respuestas prefabricadas por otros.”*2

El tiempo pasó, y se llego el día de confrontarme de nuevo con ese tema sin temor a debatirlo y sin temor a salir vencido, o mejor dicho convencido. Esto sucedió al comenzar a leer el libro de “Ética Cristiana”, de Gerald Nyenhuis y James P. Eckman, con muchas de mis predisposiciones y prejuicios sostenidos con base bíblica mucho más convincente que las presentadas por los autores. Al llegar al capítulo cuatro, sobre el aborto, decidí hacer el ensayo sobre dicho tema, con la intención de debatir y por primera vez manifestar abiertamente mis convicciones, sostenidas exclusivamente con la Biblia, que la vida no comienza en el momento de la concepción, sino que en el momento del nacimiento, así como también concluir que el aborto no es un pecado. Conforme avanzaba en el estudio de la Biblia y a escribir mis argumentos, comencé a darme cuenta de lo inconsecuente y peligroso de mis creencias. Así que, el debate fue conmigo mismo, con los mismos textos, pero con más compresión, luz bíblica, biológica y ética. Al terminar el estudio y de escribir el ensayo, me sorprendí a mi mismo persuadido de lo contrario que buscaba. Así que, a continuación presento mi ensayo, como un esfuerzo de mi estudio bíblico personal, y como un testimonio del proceso que tome para llegar a creer que, de hecho la vida humana comienza en el momento de la concepción, que el embrión tiene un propósito de vida, y que por tanto el aborto en cualquiera de su estadios es un pecado.
1- “En muchas ocasiones también parece el término responsabilidad sinónimo de conciencia, por lo que parece se pueden intercambiar con facilidad dichos términos.” La ética de la responsabilidad según Robert Spaemann, Alberto Mestre, Profesor del Instituto Superior de Ciencias Religiosas en el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum. El Concepto de la responsabilidad. pag. 5. Leer un extracto del libro en: http://mail.ups.edu.ec/universitas/publicaciones/universitas/contenidospdf//laetica10.pdf 2-ibid. La vivencia de la responsabilidad en el mundo de hoy. pag 4.
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I. EL COMIENZO DE LA VIDA Y SUS IMPLICACIONES BIOLÓGICAS Y MORALES Según la Biblia, el ser humano se convierte en “ser viviente” con el soplo de aliento de vida:

“Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.” Génesis 2:7.

Considero que el Espíritu de Dios no nos ha dejado este texto de la Escritura limitado solamente para hablarnos de este proceso creativo del ser humano por parte de Dios, sino también como una imagen de todo su proceso reproductivo o procreativo posterior, desde su concepción hasta su nacimiento.

A. EL POLVO DE LA TIERRA, LA SANGRE Y EL AGUA Tomando primeramente en cuenta los tres elementos que dan testimonio de la vida, mencionados en la Escritura, como son: el Espíritu, el agua y la sangre (1Juan 5:8). Y segundo, los tres elementos que forman al ser humano: cuerpo, alma y espíritu (1Tes. 5:23; Job 7:11). Veremos que la concepción está representada por todo el proceso creativo que comienza por la constitución de los elementos del “polvo de la tierra” y “la sangre”, los cuales son combinados por el poder de la palabra creativa de Dios, “el agua”. La activación o animación de dicha materia prima viene a través del “soplo divino”, “el espíritu”. Y es la participación de todos estos elementos juntos, el que lo convierten en un “ser viviente”, con personalidad y espiritualidad; a la imagen y semejanza de Dios. 1. EL POLVO Y LA SANGRE: EL CUERPO FÍSICO Y SU VIDA BIOLÓGICA. El “polvo de la tierra” constituye la materia del cuerpo (Gén. 2:7; 3:19; 18:27; Sal. 104:29; 34:15; Ecl. 3:20), y la “sangre” constituye la vida del cuerpo. Es en la sangre, como dice la Biblia, que esta la vida: “Porque la vida de la carne en la sangre está” (Lev. 17:11), “Porque la vida de toda carne es su sangre” (Lev. 11:14), y “la sangre es la vida” (Deut. 12:23). Por eso en la Biblia el “derramamiento de sangre” significa la muerte del cuerpo (Heb. 9:16-18, 22), porque sin sangre el cuerpo físico está muerto. Pero la sangre no es el alma, como enseñan los Testigos de Jehová, pues un hombre puede morir sin necesidad de derramar su sangre, o sea cuando entrega su alma, el hálito de vida (Job 12:10; 1Rey. 17:17, 21-22). De hecho, la Biblia dice que Jesús murió cuando entregó el espíritu (Mat. 27:50; Jn. 19:30).
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Por lo tanto, la combinación del polvo de la tierra y la sangre convierten o dan a luz, a lo que el Apóstol Pablo dio en llamar “el cuerpo animal” (1Cor. 15:44), enfatizando claramente que “lo espiritual no es primero, sino lo animal, luego lo espiritual”. Así que donde hay sangre, hay vida. Aunque esto, por supuesto, podría ser valido solamente después de la caída de Adán en pecado, pues originalmente, antes de la caída, su cuerpo fue creado para vivir, para ser inmortal, así que seguramente su cuerpo no necesitaba de la sangre para vivir. Como ejemplo podemos considerar el cuerpo de Jesucristo después de la resurrección, el cual tenía carne, huesos, y podía comer, pero no menciona su sangre. ¿Por qué? Porque su sangre ya había sido derramada y su nuevo cuerpo, uno glorificado, no necesitaba de la sangre para poder vivir (Lucas 24:39-43). El cuerpo humano como consecuencia de la corrupción del pecado no puede ser restaurado o santificado en vida, tiene que sufrir la muerte para poder ser redimido, porque como dice el Apóstol Pablo, “la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios”, para ello necesitamos de un cuerpo glorificado (1Cor. 15:50-54). 2. EL AGUA: EL ALMA Y SU VIDA PSICOLÓGICA, RACIONAL Y EMOCIONAL. El “agua” juega un rol mucho más importante en la creación, aún antes de la creación del hombre y la mujer. Es así como vemos al principio al “Espíritu de Dios moviéndose sobre la faz de las aguas” en el acto mismo de la creación, pues como dice la Escritura, “que en el tiempo antiguo fueron hechos por la palabra de Dios los cielos, y también la tierra, que proviene del agua y por el agua subsiste” (Gén. 1:2; 2Ped. 3:5). Las aguas están muy relacionadas con lo espiritual, con el alma, con la personalidad. Así que, sin el agua no habría alma, no existiera personalidad. Lo que naciera solamente sería carne, cuerpo con vida biológica, sin alma, sin vida psicológica. En toda la Biblia el agua se compara con la vida del alma, con el corazón (Lam. 2:19); así como con la vida espiritual (Juan 4:14; Apoc. 21:6). Es el alma la que llega a tener sed de Dios, la que desea las “corrientes de aguas” (Salm. 63:1). En el Evangelio de Juan, Jesucristo dijo: “El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida” (Juan 6:63).

Alma

Cerebro

Jesucristo comparó el nacimiento de agua con el nacimiento carnal (Juan 3:4-6), dejándole claro a Nicodemo que, cuando él dijo, “el que no naciere de agua y del Espíritu…”, con el agua él se refería al nacimiento carnal, al ser viviente puramente humano. Y se lo explicó al añadir, “Lo que es nacido de la carne, carne es y lo que es nacido del Espíritu, Espíritu es” (Juan 3:5,6). Pero es en el cerebro humano donde radica la capacidad de pensar, sentir, disfrutar, alegrarse, etc. Uno de los elementos más sorprendentes del
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ser humano que lo diferencian de cualquier otra criatura es su capacidad de la imaginación, para soñar durmiendo o despierto, para imaginar el futuro. Esto no solo como resultado de su capacidad psíquica, sino también de su habilidad espiritual para trascender la realidad y el presente, pudiendo recordar el pasado y volver a sentirlo, así como imaginar el futuro y emocionarse. Es de hecho esta misma habilidad la que capacita al ser humano para creer, para tener fe, así como para crear la cultura y el arte, la ciencia y la poesía. Pero está sola capacidad psíquica, la del alma y no la del espíritu humano, no lo capacita para evaluar moralmente, ni para tener conciencia de la eternidad (Ecl.3:11), sino simplemente para razonar, sentir, expresarse emocionalmente, para comunicarse y para vivir en comunidad. Así que el cerebro y el alma no lo habilitan al ser humano para tener conciencia de Dios, del bien y del mal, para ello se necesita de algo más, del espíritu humano, del aliento de vida. Pero eso sí, donde hay alma hay conciencia de la vida, de lo temporal y de la finitud. Es interesante notar que, aunque el alma del ser humano ha sido corrompida por el pecado, puede ser santificada y renovada durante la vida terrenal por el agua de la Palabra de Dios (Efes. 4:23; Rom. 12:2; Col. 3:10; Tit. 3:5; Efes. 5:26). 3. EL AGUA Y LA SANGRE: UNA COMBINACIÓN PARA LA VIDA HUMANA. El agua y la sangre tienen una correlación muy importante en la Biblia. El agua se compara con la sangre por sus atributos de vida, así también vemos como milagrosamente el agua es convertida en sangre o en vino, tipo de la sangre (Éx. 7:17,20; Juan 2:7-9). De hecho, el agua es comparada con la sangre de Jesucristo y con la Palabra de Dios, atribuyéndosele los atributos del lavamiento, santificación y purificación espiritual (Efes. 5:26; Heb. 10:22; Apoc. 1:5). También podemos apreciar la importancia de ambos elementos en el nacimiento de Jesucristo, cuando la Escritura dice en el Nuevo Testamento: “Éste es Jesucristo, que vino mediante agua y sangre; no mediante agua solamente, sino mediante agua y sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio; porque el Espíritu es la verdad” (1Juan 5:6). Así también ambos elementos los encontramos en su muerte, al ser atravesado su cuerpo con una lanza, el evangelista Juan hace la observación siguiente: “Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua.” (Juan 19:34), como significando que no solo derramaba su sangre, sino también su alma. Así que, de igual manera como la sangre es la vida biológica del 3 * cuerpo; así el agua, o sea el alma, es la vida psicológica, racional y emocional del ser humano. Po lo tanto, es evidente hasta este momento, que para que haya vida tienen que existir estos dos elementos: la sangre y el agua.

3-(Ver composición del esperma: http://www.harunyahya.com/creation02.php) CÓMO LLEGUÉ A CREER QUE EL ABORTO ES UN PECADO. ENSAYO FLET, DARÍO GONZÁLEZ - 5

Biológicamente está comprobado que la “sangre” y el “agua”*1 coexisten desde el mismo momento de la concepción, a través del esperma y el ovulo, el que posteriormente, al ser fecundado y convertirse en cigoto, se desarrollará como embrión dentro del útero, hasta convertirse en feto. Una vez dentro del saco amniótico, el feto es alimentado permanentemente por la sangre materna y crece rodeado de líquido amniótico, el cual está compuesto al final de la gestación en su mayor parte de orina fetal. Ver enlace fuente de imagen.*4

Ver enlace fuente de imagen.*5

4-(El 70% del cuerpo humano, el 90% de la sangre, el 85% del cerebro y el 95% de los ojos. En el momento de la concepción, el cigoto (la unión entre el espermatozoide y el óvulo) es 99% agua. http://www.ener-gie.com/h2owater_molecule.html; http://www.evolutionhealth.com/bragg_h20.html http://www.saludmed.com/Salud/Nutricion/Agua.html 5-http://www.aula2005.com/html/cn3eso/17elprocesreproductiu/17elprocesreproductiues.htm
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“Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas.” Salmo 139:16 (Ver nota de pie de página de la página 12).

La evidencia bíblica y científica es indiscutible, la vida biológica existe desde el mismo momento de la concepción. Todo el mapa genético que determina la formación del cuerpo y de la vida de ese cuerpo humano, el genoma humano, está contenido en esos 23 cromosomas aportados por el gameto masculino (espermatozoide) y los 23 aportados por el gameto femenino (ovulo).*6
Al final de las cuatro semanas*7:  El bebé mide 1/4 pulgada de largo.  El corazón, el sistema digestivo, la espina dorsal y la médula espinal empiezan a formarse.  La placenta (a veces llamada “secundinas”) empieza a desarrollarse.  El huevo único fertilizado está ahora 10,000 veces más grande de lo que estaba en el momento de la concepción.
6-http://usuarios.multimania.es/hispataxia/FOLLFA/07-LEYES.htm 7-http://www.bebes.sutterhealth.org/babygrowth/fetaldev/bg_fetaldev-1.html
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B. EL SOPLO DE ALIENTO DE VIDA, EL ESPÍRITU Y LA CONCIENCIA Ha quedado evidenciado que la vida biológica existe desde el momento de la concepción, y una vida muy especial y única, la de un ser humano. Ahora bien, el que exista vida biológica en ese cuerpo humano, aún no nos ayuda a determinar que eso lo convierta en un “ser viviente” con “soplo de vida”, o sea con espíritu humano. ¿Por qué y cuáles serían las implicaciones de ello? Bueno, continuaré por buscar la evidencia bíblica, partiendo del texto de la creación en Génesis y poder así dar alguna respuesta sustancial y espero que también, para mi beneficio personal, convincente: “Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.” Génesis 2:7. “El soplo de aliento de vida” no es únicamente lo que distingue al ser humano de cualquiera otra de las criaturas o seres vivientes, o sea de los animales, pero eso sí, es esta parte lo que lo hace a la imagen y semejanza de Dios, convirtiéndolo en un ser moral (Rom. 2:15; 1Cor. 2:11). Si el hombre y la mujer fueran solo cuerpo y alma, podrían incluso hablar, razonar, sentir, imaginar, socializar, etc., considerando al alma como la parte psíquica, mental y emocional, ubicada en el cerebro. Podrían incluso, hasta contar con una conciencia intuitiva que les permitiría ser conscientes de sí mismos, del tiempo y del espacio, una conciencia que les permitiría ser afectivos como muchos otros animales y aún superiores a ellos, pero en ningún caso morales y por tanto imposibilitados para amar, porque el amor es moral, y mucho menos amar a Dios. Podrían ser cualquier cosa, pero menos seres espirituales en un cuerpo animal (1Cor. 15:44; 2Ped.2:12), más bien serían solamente, como bien lo describe Judas en su epístola, seres sensuales sin espíritu. (Jud. 1:10,19). Es el “soplo de aliento de vida” el que lo hace diferente y lo convierte en ser humano, en hombre y mujer, en seres vivientes únicos, con espíritu y con conciencia moral, consciente de Dios, del bien y del mal. Es esta parte la que dota al ser humano de un espíritu, otorgándole completamente los atributos de la espiritualidad en una intima combinación con los de la personalidad. O sea el alma y el espíritu interaccionando en un solo cuerpo, vivificando las cualidades de la personalidad humana a la imagen y semejanza de Dios. Así que, el ovulo y el esperma, elementos que bien podrían estar representados en Génesis por el “polvo de la tierra” o por la “costilla de Adán”, se procesan luego por el “agua”, que está representada por la participación activa y acción volitiva de la palabra de Dios (Efes. 5:26; 2Ped. 3:5; 1Jn. 5:8), para luego venir la intervención del Espíritu, el aire, el respiro divino, el aliento de vida. Así es como se forma el ser humano viviente, con cuerpo, alma y espíritu (1Tes. 5:23). Todo este proceso de carácter constructivo, orgánico, físico y psíquico, no estaría consolidado sin esta parte espiritual. Contaríamos solamente con un cuerpo humano o con un “ser humano” biológica, fisiológica, psicológica y *8 genéticamente, pero no con un ser viviente a la imagen y semejanza de Dios. Para ser considerado un “ser viviente”, el cuerpo humano necesita de aquellos atributos concedidos o adquiridos por Adán a través del “soplo de aliento de vida”. Dichos atributos morales y espirituales son los que le convirtieron en “ser viviente”, y estos no se heredan por la sangre. Es por ese aliento de vida que llegamos a ser un “ser viviente” consciente y autoconsciente, moral y espiritual, a imagen y semejanza de Dios, conocedores del bien y del mal.
8-En la foto, la creación de órganos bio-artificiales: http://news.sciencemag.org/sciencenow/2008/01/14-02.html; Enero 14 del 2008.
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Así que, de igual manera como Adán adquirió dichos atributos posterior a su formación física, biológica y psicológica; así también podría ser que desde entonces, nosotros sus descendientes, recibiéramos o adquiriéramos dichos atributos en el momento de nuestro nacimiento y no en el momento de nuestra concepción biológica. No hay ninguna duda que es por medio de la sangre que heredamos el mapa genético de la corrupción biológica y la muerte física, como consecuencia del pecado. Pero podría ser que la corrupción moral, el pecado, sea transmitido por nuestro espíritu humano que adquirimos al momento de nacer (Rom. 5:12). Siguiendo el mismo patrón, constatamos que el “aliento de vida” ya no se recibe por un soplo divino, sino que por un respiro o inhalación al momento de nacer, con el primer llanto, cuando el bebe respira por primera vez y se convierte en un ser independiente, en un ser viviente. Mientras que el bebe se encuentra en el vientre materno, es sustentado física y espiritualmente por la madre, el bebe vive a través de su madre, “respira” a través de ella, siente a través de ella, es dependiente de ella y expuesto a la muerte. Es un ser humano sin la habilidad de ejercer sus potencialidades. Así que, de acuerdo a todo lo anterior expuesto, podríamos llegar a la conclusión, que el bebe solo llega a ser un “ser viviente” al momento de nacer, cuando por la voluntad de su madre es sacado al mundo, cuando se le da a luz. Sería en ese preciso momento, cuando él se separa de su madre y respira por sí mismo, que recibe los atributos que lo convierten en un “ser viviente”, moral y espiritual, a imagen y semejanza de Dios, en un ser humano en ejercicio de todos sus atributos personales, en un pecador necesitado de redención (Rom.5:12).*9 Entonces, si así fuera, ¿cuáles serían las implicaciones éticas y los límites morales que protegerían a la criatura humana antes de nacer? Nuestra obligación moral estaría en proteger a la vida humana y al ser humano aunque este no esté en ejercicio de su personalidad, ya sea antes de nacer o después de haber nacido. II. EL ABORTO Y SUS IMPLICACIONES TELEOLÓGICAS Y MORALES A. LA FECUNDACIÓN OBEDECE A UN PROPÓSITO. Somos seres humanos, seres que “habitamos un cuerpo”, seres con propósito y responsabilidad moral por constitución esencial creacional y congénita. El ser humano es concebido con propósito, a través de relaciones sexuales con propósito. Dicho propósito se logra a través de la copulación de los dos sexos por amor y con pasión, potencializados por el esperma y la ovulación, resultando en la fecundación y el embarazo, hasta el nacimiento. El más mínimo detalle ha sido programado con un propósito, como el de los 250 millones de espermatozoides que viajan a través de la vagina para que solo uno de ellos pueda fecundar el ovulo y convertirse en embrión.

9- Son millones los abortos naturales o espontáneos, y muchos en estado embrionario. Uno de cada cinco embarazos termina en aborto espontaneo en los primero tres meses. http://kidshealth.org/parent/en_espanol/medicos/miscarriage_esp.html, Sept.2010. CÓMO LLEGUÉ A CREER QUE EL ABORTO ES UN PECADO. ENSAYO FLET, DARÍO GONZÁLEZ - 9

B. LAS RELACIONES SEXUALES SE TIENEN CON PROPÓSITO Aún el coito, el acto sexual en sí, fue diseñado y ordenado con propósito y finalidad, el de la satisfacción y el bienestar. Dicho propósito se logra ya sea a través de un acto sexual exclusivo o inclusivo, así es como yo los defino. El acto sexual exclusivo tiene como finalidad el placer, y el acto sexual inclusivo tiene como finalidad la reproducción. El propósito natural o biológico siempre existe, aun cuando dicho proceso sexual sea limitado a su propósito exclusivo, con la única finalidad del placer sexual, ya sea bloqueando o evitando el proceso reproductivo; sin importar si se hace por medios lícitos o ilícitos, responsable o irresponsablemente, dentro o fuera del matrimonio. Y no importa si se utilizan métodos anticonceptivos naturales o artificiales, no abortivos o abortivos, el propósito natural o biológico siempre seguirá latente, aunque a veces inactivo. La práctica lícita y legitima del sexo por placer, aun cuando es excluyente (evitando la reproducción) y exclusiva (solo por placer), en ninguna manera cambia, invalida o elimina el propósito biológico para el cual fue diseñado todo el organismo y proceso sexual. Sino que, simplemente lo desactiva, lo evita o lo supera, como evitamos o superamos a la fuerza de la gravedad. Por cierto, así como no existe medio ilícito o inmoral de superar la fuerza de la gravedad, así tampoco debería de considerarse ilícito o inmoral ningún medio que ayude a evitar la concepción, no así para interrumpirla. C. LO CONCEBIDO TIENE DERECHO A CUMPLIR SU PROPÓSITO NATURAL Así que, la vida humana es concebida desde la concepción. Ese embrión en el vientre materno o en el tubo de ensayo o congelado, ya tiene todos los atributos humanos de la vida para crecer y ser un bebe, un ser viviente. Aún cuando todavía es un feto, ese cuerpo humano tiene un propósito patente (activo), de carácter genético y biológico; así como un propósito latente (pasivo), de carácter espiritual y moral. Su propósito activo se manifiesta en su potencialidad natural exclusiva de llegar a ser un “cuerpo habitado”, un ser viviente cohabitado por alma y espíritu, el de llegar a ser un ser humano con un fin moral y espiritual. Y una vez que ya se ha concebido, voluntaria o involuntariamente, el propósito natural para dicho “embrión” se activa y ya no hay manera de evitarlo, a menos que se elimine, o que se interrumpa el embarazo. Pero en condiciones normales, no existe ninguna justificación moral para eliminarlo o interrumpirlo, ya haya sido fecundado “in vitro” o como resultado de relaciones sexuales involuntarias, irresponsables o inconscientes. Hacerlo sería irresponsable e inmoral, sería un pecado contra la vida, un atentado contra un ser humano. D. NEGARLE EL DERECHO A LA VIDA Y AL PROPÓSITO NATURAL ES UN PECADO. Es un pecado porque le niega el derecho a cumplir su propósito natural. El pecado consiste en la violación del propósito para lo cual algo ha sido creado, sería “errar el blanco” (Significado de la palabra pecado en griego, “Hamartion”). El embrión en sí tiene un propósito para el cual fue creado y deberíamos ayudar a su cumplimiento y en ningún caso interrumpirlo. Al ser concebido, en cualquiera de sus estados, el embrión goza de derechos innatos y genéticos, así como morales, porque sus atributos y características son diferentes y únicos, no solo los biológicos y psicológicos, sino también los teleológicos. Esto es lo que lo hace distinto a cualquier otro ser viviente. Dicho propósito le es concedido en su concepción a través de sus cromosomas y genes, los que lo forman con la potencialidad y con el propósito para crecer y para nacer, para llegar a ser un “ser viviente”, una persona con un propósito en su vida. Y como solo un embrión humano cuenta con la potencialidad de convertirse en un ser viviente con alma y espíritu, y con propósito de vida; dicha particularidad lo convierte en algo único y exclusivo, digno de aprecio, protección y cuidado, así como de derechos exclusivos.
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Dichos derechos están dependientes y subordinados a sus progenitores mientras se desarrolla y permanece en el vientre materno, mientras aún no haya nacido. Por lo que sus progenitores cuentan con la obligación moral de cuidar que se desarrolle hasta su máximo potencial y cumplir así su propósito. Por lo tanto, la concepción involuntaria o accidental, como resultado de relaciones sexuales irresponsables o inmorales sería un pecado, por ser un despropósito. Y el aborto por tanto sería un pecado mucho más grave, la interrupción de una vida con propósito. III. EL ABORTO Y LA PARTICPACIÓN DIVINA EN LA CONCEPCIÓN Todo ser humano, cada persona, debería alabar a Dios, porque es El quien nos otorgó los atributos y potencialidades de la procreación. Es Dios quien en su sabiduría y poder creó al hombre y a la mujer con la capacidad de concebir y procrear a través del acto sexual. Es Dios quien prácticamente, gracias a los atributos genéticos que nos ha otorgado como especie, es el que “entreteje” en el vientre de cada madre las fibras de cada ser humano, ofreciéndonos así la oportunidad de la vida. (Salmo 139) A. EL TESTIMONIO DE LA BIBLIA SOBRE EL EMBRIÓN QUE NO VE LA VIDA Job y otros escritores bíblicos lo tenían bastante claro cuando se referían a un no nacido, aunque lo consideraban la obra de Dios, ellos no lo consideraban consciente de su existencia, sino por el contrario, como si no hubiera existido. Esto igual si moría aun inmediatamente después de haber nacido. Esto solo confirma la ausencia o inactividad de ciertos atributos sicológicos y espirituales, como los de la conciencia antes del nacimiento. 1-Leamos algunos versículos de Job. Capítulo 3: -3:11 ¿Por qué no morí yo en la matriz, O expiré al salir del vientre? -3:13 Pues ahora estaría yo muerto, y reposaría; Dormiría, y entonces tendría descanso, -3:16 ¿Por qué no fui escondido como abortivo, Como los pequeñitos que nunca vieron la luz? -10:18 ¿Por qué me sacaste de la matriz? Hubiera yo expirado, y ningún ojo me habría visto. -10:19 Fuera como si nunca hubiera existido, Llevado del vientre a la sepultura. 2-Lo que dice Jeremías. -20:17 porque no me mató en el vientre, y mi madre me hubiera sido mi sepulcro, y su vientre embarazado para siempre. 3-Leamos lo que dice Salomón en Eclesiastés. - 6:3 Aunque el hombre engendrare cien hijos, y viviere muchos años, y los días de su edad fueren numerosos; si su alma no se sació del bien, y también careció de sepultura, yo digo que un abortivo es mejor que él. -6:4 Porque éste en vano viene, y a las tinieblas va, y con tinieblas su nombre es cubierto. -6:5 Además, no ha visto el sol, ni lo ha conocido; más reposo tiene éste que aquél. 4-Lo que dice David en Salmos. -Salmo 58:8 Pasen ellos como el caracol que se deslíe; Como el que nace muerto, no vean el sol. 5-La oración de Oseas. -Oseas 9:14 Dales, oh Jehová, lo que les has de dar; dales matriz que aborte, y pechos enjutos.
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B. LA INTERVENCIÓN DIVINA EN LA CONCEPCIÓN DEL INDIVIDUO. Pero al mismo tiempo notamos la claridad con la que se afirma en la Biblia, ya sea explícita o implícitamente la participación divina activa en la concepción individual de cada ser humano. O sea que, ningún embrión pasa desapercibido delante de Dios, sino que goza del beneficio de la intervención divina. De hecho, la fecundación conlleva no solamente la concepción del embrión, sino también la concepción del propósito divino activo y pasivo para dicho embrión.

1-David lo testifica: -Salmo 22:10 Sobre ti fui echado desde antes de nacer; Desde el vientre de mi madre, tú eres mi Dios. -Salmo 71:6 En ti he sido sustentado desde el vientre; De las entrañas de mi madre tú fuiste el que me sacó; De ti será siempre mi alabanza. -Salmo 139:13 Porque tú formaste mis entrañas; Tú me hiciste en el vientre de mi madre. -Salmo 139:15 No fue encubierto de ti mi cuerpo, Bien que en oculto fui formado, Y entretejido en lo más profundo de la tierra. -Salmo 139:16 Mi embrión vieron tus ojos, Y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas Que fueron luego formadas, Sin faltar una de ellas.*10 2-Isaías lo testifica: -Isaías 49:5 Ahora pues, dice Jehová, el que me formó desde el vientre para ser su siervo, para hacer volver a él a Jacob y para congregarle a Israel (porque estimado seré en los ojos de Jehová, y el Dios mío será mi fuerza); 3-Jeremías lo testifica: Aquí el testimonio es de Dios mismo. -Jeremías 1:5 Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones. 4-El apóstol Pablo lo testifica: -Galátas 1:15 Pero cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia, 5-El médico y evangelista Lucas lo testifica: -Lucas 1:41 Y aconteció que cuando oyó Elisabet la salutación de María, la criatura saltó en su vientre; y Elisabet fue llena del Espíritu Santo, 6-Elisabet lo testifica: -Lucas 1:44 Porque tan pronto como llegó la voz de tu salutación a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre.

10- En este texto, cuando David menciona, “Y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas”, personalmente creo que la expresión “en tu libro” se está refiriendo a lo que Dios ya ha escrito en el mapa genético de cada ser humano, su ADN aún desde su estado embrionario. CÓMO LLEGUÉ A CREER QUE EL ABORTO ES UN PECADO. ENSAYO FLET, DARÍO GONZÁLEZ - 12

CONCLUSIÓN Por tanto, quedo persuadido que desde el mismo momento de la concepción, el ovulo fecundado tienen un propósito divino para el cual fue concebido y que nuestra obligación moral es la de ayudarlo a alcanzar su feliz término hasta el nacimiento. La interrupción de dicho proceso bajo cualquier forma constituye un despropósito moral a lo determinado por Dios para dicha criatura, y por tanto un pecado. Dicha participación divina en la concepción trae consigo una responsabilidad moral para con los progenitores, la sociedad y el Estado. La madre y el padre se constituyen, especialmente la madre, en tutores divinos, con la obligación moral de ayudar a la finalización o feliz cumplimiento del designio divino para dicho cigoto, embrión, feto o bebe. El aborto debe considerarse un acto delictivo, ya sea en el caso del aborto asistido o auto inducido, cuando este es efectuado sin ningún otro motivo que el de la irresponsabilidad. No he entrado en detalles sobre las excepciones o penalizaciones de los casos porque no ha sido la intención del presente ensayo. Mi propósito ha sido el de persuadirme y persuadirnos sobre la gravedad moral del aborto en cualquier momento después de la concepción, y del por qué debe ser considerado como pecado desde el punto de vista bíblico. Especialmente, considerando el argumento de aquellos que sostienen que mientras esta en el vientre materno en cualquiera de sus estados antes del nacimiento no se trata del aborto de una “persona”, término que he evitado en lo posible, por considerarlo contraproducente desde el punto de vista bíblico, prefiriendo el término bíblico “ser viviente”, pero en ningún caso como substituto de “ser humano”, sino como complemento y cumplimiento espiritual de este. Nuestra sociedad debería de tomar todas las medidas precisas para instruir al respecto, advirtiendo de la gravedad de dicho acto delictivo y ayudar a prevenirlo por todos los medios a su disposición, incluyendo la legislación respectiva. Interesante sería ver a los protectores de la naturaleza pronunciándose ante lo que es una fragante violación contra la naturaleza, el aborto, pues interrumpe el desarrollo natural del embrión hasta su nacimiento, negándole la vida. Muchas instituciones se preocupan de los animales y del medio ambiente, pero pasan por alto una de la violaciones más graves a la naturaleza, y a veces hasta lo promueven, la privación de ser un “ser viviente”, negándole el derecho a la vida humana. Así que éticamente el aborto es un acto inmoral, un pecado delante de Dios y un delito contra la humanidad. El Espíritu Santo testifica así del propósito de cada hijo de Dios: “Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.” Romanos 8:29 BIBLIOGRAFÍA
-Gnesler, Henrry J. Spurgin, Earl W. Spurgin. Swindal, James C. ETHICS, Contemporary readings. New York and London: Routledge, 2004. (Especialmente la sección, “A defence of Abortion”, pag. 266) -Lacueva, Francisco. Cursos de formación teológica cristiana, ETICA CRISTIANA. Barcelona: Editorial CLIE, 1975. -McDowell, Josh. Mitos de la educación sexual. Terrassa: Editorial Clie, 1992. - Nyenhuis, Gerald y Eckman, James P. Ética Cristiana. Miami: Logoi In., 2002. - Reina, Valera. Santa Biblia, Revisión 1960. -Yahya, Harun. The miracle of human creation. New Delhi: Goodword Books, April 2003. (Excelente presentación científica desde la perspectiva del Corán).
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