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El Rebaño Negro de Palahniuk

Por: Alfredo Estrada Cardoso

"Y sin duda nuestro tiempo… prefiere la imagen a la cosa, la copia al original, la representación a la
realidad, la apariencia al ser… lo que es 'sagrado' para él no es sino la ilusión, pero lo que es profano
es la verdad. Mejor aún: lo sagrado aumenta a sus ojos a medida que disminuye la verdad y crece la
ilusión, hasta el punto de que el colmo de la ilusión es también para él el colmo de lo sagrado."
FEUERBACH, prefacio a la segunda edición de La esencia del Cristianismo. (Cita en La Sociedad
del Espectáculo, Guy Debord).

No hay cintas métricas culturales ?o contraculturales, que para el caso es otro tanto de lo mismo ?
para medir y clasificar a Chuck Palahniuk y es por eso que sus editores lo tienen difícil a la hora de
corregir, cortar y pegar en sus textos. Leerlo es tragarse una bomba de caricatura por los ojos
esperando contener la explosión en nuestro cráneo.

Pálido, enjuto y de apariencia introvertida, este hombre de imprecaciones e ideas subversivas ha


logrado hollar el ideario popular de los últimos años, sobre todo luego de que David Fincher (Se7en,
El Curioso Caso de Benjamin Button) rodara la polémica The Fight Club, basada en el segundo y
exitoso intento de publicación de Palahniuk y cuya trama descuella contra la psicología tradicional
que insiste desde hace tanto en ensalzar las virtudes típicas femeninas como correctas para todos,
reprimiendo las surgidas por el instinto masculino. La trama más evidente es por supuesto el ir contra
un sistema socio-económico que nos aleja de nuestra independencia y humanidad para
transformarnos en autómatas dignos de una obra de Kapec. La historia fue un golpe mediático
esperado, en un tiempo fermentado por el desencanto de la llamada generación perdida. Salto a los
brazos de la fama y a los de sus numerosos seguidores que no dudaron un instante de que realmente
existiera un 'Proyecto Mayhem' con sus peleas clandestinas, graffitis y todo el aparato transgresor.

La idea del "Club de Toby de Anarquistas Organizados" que a la manera de los Thugs en la india
colonial, podían acechar en la persona menos pensada, infiltrándose en todos los estratos sociales,
es superada en otras de sus obras por nociones como la lucha contra la marginación sostenida por
personajes de actitud crítica que rechazan los valores tradicionales de la sociedad de consumo. Una
resistencia a creer en todo lo que se nos dice desde el televisor, los centros comerciales, los
espectaculares, las latas de cerveza o las cajitas felices e infelices se percibe en los torturados
personajes de Monstruos Invisibles o en Diario: Una Novela. Los viajes de auto-descubrimiento de
sus personajes nada tiene que ver por ejemplo, con el impacto vivido por los de Jodorovsky. Las
tendencias autodestructivas y las motivaciones netamente transgresoras hacen que el mensaje no
sea recibido con una sonrisa por algunos lectores, aunque ninguno ha llegado al intento de asesinato
del autor, como sí le sucedió al polifacético chileno estando en México, cuando el Indio Fernández lo
amenazó luego de que se estrenara Fando y Lis.

Crítico mordaz y sarcástico de su tiempo, deconstruye los modelos borregilmente aceptados para
recrearlos luego en los espejos rotos de sus letras, dando lugar a un sabotaje cultural muy del estilo
de los culture jammers, como un ejercicio de libertad ante la camisa de fuerza de los intereses
económicos sobre las necesidades individuales. La forma en que este tipo de mensajes pronto son
comercialmente aceptados, y cómo los mismos autores del estilo de Palahniuk aceptan alegremente
las compensaciones materiales por la difusión de su obra hacen dudar a sus detractores sobre la
sinceridad de sus planteamientos, sin embargo, el empleo efectivo de las herramientas del
establishment forma parte de la técnica, y pasarlo bien no les está prohibido. Es por esto que muchas
de sus historias, aunque críticas, son ante todo epicúreas muestras de humor negro que a más de
uno provocará una risilla cargada de sentido.
Clive Barker ya había sido más extremista en su crudeza, Mishima incluso cometió seppuku junto a
su propio grupo paramilitar de rebeldes pro-feudalistas, pero es Chuck Palaniuk al que tenemos más
cerca con su lenguaje actual y trasegar desparpajado por entre las ruinas de nuestras
personalidades, en el afán de reconquistar un espacio para sentir y pensar. Es por ello que nos sigue
lanzando aún su crítica mordaz en sus letras y también alguna que otra bombilla molotov de la
imaginación.

inesperado_visitante@hotmail.com