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MONTERÍA DE ESPALDAS AL SINÚ

ANTONIO SOFÁN SÁNCHEZ MARIO GIRALDO GARCÍA RELATORES

AEROFOTOGRAFÍA DE MONTERÍA FUENTE: IGAC ESCALA 1:51600 FEBRERO 20 DE 1989

PLANO DE MONTERÍA FUENTE INSTITUTO GEOGRÁFICO AGUSTÍN CODAZZI 1988

MONTERÍA

El Taller ¿Cómo es Montería al final del siglo XX? fue convocado por el Observatorio del Caribe Colombiano y se realizó el 12 de julio de 1999. La relatoría del Taller, el cual estuvo moderado por el director del Observatorio del Caribe Colombiano, Alberto Abello Vives, fue compartida entre Antonio Sofán y Mario Giraldo. Participaron como expositores: Juan Albánchez, La planeación urbana de la ciudad. Álvaro López, Estructura física de la ciudad. Víctor Negrete, Los asentamientos subnormales de Montería, su proceso de crecimiento y transformación. Colaboraciones de María Josefina Yances y Aáron Espinosa Espinosa, Algunas consideraciones sobre la organización socio-espacial de Montería. Edgar Vergara Figueredo, La ciudad y su gobierno municipal. Carlos Arturo Escobar, La ciudad y el medio ambiente.
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____________________________________________________________________________ Observatorio del Caribe Colombiano

DE ESPALDAS AL SINÚ

CONTENIDO
INTRODUCCIÓN I II HISTORIA DE LA REGIÓN Y FUNDACIÓN DE LA CIUDAD ORGANIZACIÓN SOCIO-ESPACIAL
EL CRECIMIENTO URBANO ORDENADO EL CRECIMIENTO URBANO DESORDENADO 282 285 286 288 290 292 293 294 295 296 296 298 300 302 305 307 309

III LOS ASENTAMIENTOS URBANOS, CRECIMIENTO INFORMAL
Y TRANSFORMACIÓN DE LA CIUDAD

DIVERSIDAD CULTURAL E IDENTIDAD ORGANIZACIÓN Y LIDERAZGO POPULAR PARTICIPACIÓN DE LA MUJER LO PRIVADO, LO COLECTIVO Y LAS ALIANZAS PARA LA SUPERACIÓN

IV LOS SERVICIOS PÚBLICOS
LA SITUACIÓN ACTUAL CAUSAS DEL DETERIORO DE LOS SERVICIOS PÚBLICOS

V

LA CIUDAD Y EL MEDIO AMBIENTE

VI POBLACIÓN, EMPLEO Y DESEMPLEO VII EL GOBIERNO MUNICIPAL Y EL DESARROLLO DE MONTERÍA VIII LOS RETOS DE LA PLANEACIÓN URBANA IX CONCLUSIONES

Poblamiento y ciudades del Caribe colombiano ________________________________________________________________________

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INTRODUCCIÓN
Fundada San Jerónimo de Buenavista, la ciudad actual deriva su nombre de la faena de la cacería o la ‘montería’, denominación adquirida por la abundante caza encontrada en la zona, sitio ideal para montear. Y, en efecto, el territorio ocupado por Montería era un sitio repleto de animales y de suelo cenagoso que se extendía a ambos lados del río Sinú hasta sierra Chiquita, el final de las estribaciones de la serranía de San Jerónimo sobre la margen derecha, lugar alto, último sitio de habitación indígena en la zona. Estos primeros pobladores, al igual que los españoles más tarde, vinieron en busca de sustento y suministro para las zonas más pobladas y, por tanto, se dedicaron a la caza, la pesca y la agricultura. La atracción de la extensa sabana y exuberancia del medio natural, siguen siendo, hasta nuestros días, las ventajas competitivas que la región posee y despliega para desarrollar sus principales actividades productivas. Además, su ubicación estratégica en la esquina noroccidental colombiana, le da posición de cara al Caribe y al mundo en el nuevo escenario del mercado internacional del siglo XXI. El río, sin duda alguna, constituyó la primera determinante geométrica de emplazamiento, lo que degeneró en un agolpamiento fortuito de población que posteriormente tuvo que ser estructurado mediante normativa urbana. La ordenanza del gobernador de Cartagena, que, en ese entonces, era don Juan de Torrezar Díaz Pimienta, encargó al recién llegado de España, ingeniero Antonio De la Torre y Miranda, la reubicación del conglomerado, siguiendo los clásicos parámetros planimétricos. La localización de Montería como vecina de la provincia de Cartagena de Indias, permitió a ambos emplazamientos aprovechar los beneficios de la cuenca, ventajas que se incrementaron cuando se descubrió el verdadero potencial navegable del río, el cual ofrecía innumerables posibilidades de comunicación fluvial con los pueblos vecinos. Se estableció un gran intercambio comercial con el puerto de Cartagena, distante 330 kilómetros, que enlazaba todos los asentamientos ribereños, desde lo alto del río, en Tierralta, con su abundante producción de aceite, madera, frutas y raíces medicinales, pasando por Cereté y Lorica, hasta llegar a Cartagena. Primero fueron los españoles; pero luego, desde mediados del siglo XIX, el potencial de la región atrajo a extranjeros a comerciar por el Sinú; entre ellos figuraban familias de franceses que se radicaron en la zona y aportaron sustancialmente al desarrollo económico de la ciudad y la región y quienes, individualmente o asociados con empresarios locales, abrieron nuevos tipos de negocios tales como una planta de energía eléctrica, una fábrica de hielo, un acueducto, la navegación fluvial, negocios de tipografía y venta de vehículos, además de fincas ganaderas y comercio de maderas, al otro lado del mar. El desarrollo económico, trajo consigo planteamientos arquitectónicos nuevos que se plasmaron en edificaciones que hoy conforman gran parte del patrimonio
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de la ciudad. En un medio ambiente inclemente de clima agobiante y lluvioso, se planteó en el Sinú una casa de cielorasos altos, ventilada superiormente, de techos muy inclinados con alares sobresalientes y espacios transparentes hacia el patio, en plena comunicación con el medio natural circundante. La ciudad creció de acuerdo con las proyecciones demográficas realizadas por sus ordenadores; las ordenanzas y disposiciones locales mantuvieron su vigencia durante largo tiempo y el crecimiento físico de la ciudad respetó los límites establecidos en los primeros trazados. Todavía, en 1971, cuando se edita por primera vez el libro Historia de Montería, estaban vigentes las palabras de su autor con respecto a la bien desarrollada capital: «Montería tiene una excelente urbanización y está dividida en avenidas, que corren de sur a norte, calles que van de oeste a este llevando en cada cruce sus respectivas placas indicadoras, y ostentando cada casa una numeración que permite una orientación rápida».1 En 1952, con la creación del departamento de Córdoba, bajo el dictamen «favoritista» del general Gustavo Rojas Pinilla, el gobierno nacional, situó inversiones representativas para obras de infraestructura, de extrema importancia para el desarrollo de la región y de la ciudad capital, Montería. Se construyeron la vía al alto Sinú (Tierralta), los puentes sobre el río Sinú (en Montería y Lorica) y sobre el caño de Bugre (en Cereté). También se erigieron los edificios de la gobernación, la alcaldía de Montería y el palacio nacional, así como el aeropuerto; este último fue construido en la finca del General Rojas, en Berástegui (municipio de Cereté), y, al cerrarse el campo aéreo de Montería, a principios de los setenta se convierte en el terminal aéreo de toda región. Con la apertura de vías de comunicación, lentamente se fue fortaleciendo la red de conexión terrestre. En consecuencia, se replantearon los sitios de interés comercial que habían congregado, hasta ese momento, las actividades a lo largo del río. La imagen actual de la ciudad, conformada a partir de hechos urbanos contundentes, unos favorables y otros devastadores, se aparta considerablemente de la tipología con la que fue concebida. El río, dejó de ser borde para convertirse en muro de división estratigráfica entre el casco original y los asentamientos ubicados en las tierras de la margen izquierda, cuya utilidad agrícola pesaba más que cualquier excusa constructiva. Igualmente, la arteria fluvial dejó de ser el eje orientador del crecimiento lineal de la ciudad y se volvió su traspatio, al cual se arrojan todos los desechos urbanos e industriales. Sus dos riberas, totalmente urbanizadas, le dan la espalda al río. La histórica migración campo-ciudad se ha desbocado en los últimos quince años. Por otro lado, los estragos provocados por la violencia rural han convertido el casco urbano en el refugio intensivo y desmesurado de la abatida población campesina, en adición a los desplazados por las recurrentes inundaciones, quienes abandonan sus antiguas estancias para asentarse en zonas inadecuadas, aumentando el fenómeno de la marginalidad en la ciudad. En parte, el crecimiento explosivo de la población,2 resultado de las fuertes presiones migratorias, de oleadas de desplazados rurales y del simultáneo deterioro de la base productiva de la ciudad y municipios vecinos, como Cereté, Lorica y Tierralta, con los que se mantienen lazos económicos, explica la existencia de grandes sectores de población en estado de pobreza y miseria.
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1 Exbrayat Boncompain, Jaime. Historia de Montería, Tercera edición, Editorial Domus Libri, 1996. 2 Montería presentó un crecimiento espectacular de su población de 5,86% entre 1992 y 1998. De acuerdo con el Dane, en diciembre de 1992, la ciudad contaba con 183.607 habitantes, y en 1998 ya alojaba más de 300.000 personas, proyectadas a 346.000 habitantes en el año 2000. El crecimiento de Montería es considerable, si se tiene en cuenta que casi duplica la tasa de crecimiento de otras ciudades, como Cartagena, con gran recepción de población desplazada, cuya tasa fue de 3,42% en el mismo período.

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En los años recientes (1997-1999), Montería registra un notable deterioro económico y social, como resultado de un cúmulo de factores históricos que, sumados a los efectos de la apertura económica, han deteriorado su aparato productivo. Éste se ve imposibilitado de brindar oportunidades de empleo a una población creciente, cada vez más desarticulada y que no satisface sus necesidades básicas. Frente a estos fenómenos, difusores del crecimiento desmesurado y poco planificado de la ciudad, la débil capacidad institucional de la administración municipal, la facilista y particular gestión política y, por consiguiente, la permanente desatención del gobierno nacional, han contribuido a que Montería se presente, al finalizar el siglo XX, como una ciudad deteriorada económica y socialmente con una situación fiscal difícil y con un balance muy desalentador en materia de cobertura de los servicios públicos, de planeación urbana y, sobre todo, en lo relacionado con la provisión de empleo para la población. Montería, el municipio capital del departamento, abarca un área de 3.141 km2, extensión similar a la del departamento del Atlántico e igual a la de los municipios de Cereté, San Pelayo, Puerto Escondido, Moñitos, San Bernardo del Viento, San Antero y Lorica, juntos. El gran tamaño del municipio, implica limitaciones y demanda racionalidad en su administración; pero la concentración de población en la cabecera (77%) no ha permitido lograr equidad en las ejecuciones, con lo cual se ha agravado, aún más, la situación de la inmensa zona rural del municipio. Hoy, en las puertas del siglo XXI, la imagen de Montería como principal centro de acopio de la costa Caribe y del país, con la agricultura y la ganadería fortalecidas como fuentes de empleo de su población, es todavía una aspiración sin realizar de su gente y de sus dirigentes económicos y políticos.

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MONTERÍA

I
HISTORIA DE LA REGIÓN Y FUNDACIÓN DE LA CIUDAD3

En un relato de la primera expedición a la parte alta del valle del Sinú, Castellanos describe, en 1534, la llegada a Cenú (Finzenú): Al Cenú las cristianas compañías Donde paró la gente castellana Algunos días para su reparo A causa de tener larga zavana Los indígenas Zenúes habitaron originalmente en las planicies y los valles más allá y más abajo del límite norte del territorio de los chocoes, hacia el mar Caribe y su gentilicio se recuerda y se conserva gracias al nombre del río Sinú. Tribus parientes de los Zenúes vivieron en la región comprendida entre el golfo de Urabá y el bajo Valle del Cauca, hacia el oriente. En su libro, El Sinú, geografía humana y ecología, B. Le Roy Gordon evidencia las relaciones de la región al citar a Herrera y Tordesillas: «En el Zenú, que es la misma tierra, i la gente de las mismas costumbres [...] [que los indígenas de Urabá]» (1601-1615). El golfo de Urabá se llamaba así por un famoso cacique que allí reinaba cuando llegaron los conquistadores. Los indígenas de la costa entre el río Darién (Atrato) y la región que riega el río Sinú, también fueron llamados Urabaes, aunque sólo una parte de la costa estaba bajo el dominio de dicho cacique. Es posible que los españoles oyeran a los Urabes utilizar el nombre de Finzenú para referirse a los habitantes del oriente y a los lugares en que vivían. Finzenú se levantaba en una planicie carente de árboles que se extendía más allá del horizonte, cerca de la ciénaga de Betancí y constituía la capital del populoso valle del Sinú. Ciudad famosa, parece que disfrutaba de cierta importancia religiosa y, antes de la conquista, era la más grande y la de mayor número de habitantes en la región. Según Le Roy Gordon, las ciudades necesitaban suministro continuo de agua, pero el peligro de las inundaciones y el agua estancada les quitaban todo atractivo a las orillas de los ríos principales. La mejor ubicación estaba alrededor de las ciénagas que se encontraban justo sobre el límite de la mayor altura del agua, quizás sobre una breve elevación de arenisca, para que hubiera más drenaje. Detrás de las ciénagas, allí donde se erradicó la selva con el fin de habilitar la tierra para la labranza y suministrar combustible para los hogares y la alfarería, los pastos invadieron los campos y ocuparon las tierras barbechadas. Una vez fueron establecidos, es posible que los pastos se hayan mantenido selectivamente
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3 Giraldo García, Mario. Plan de Desarrollo de Montería 1998-2000.

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para evitar el retorno de la vegetación selvática por medio del fuego que se esparcía rápidamente y que quizás se originaba en el desmonte y la caza. La presencia del pasto, habría evitado la labranza y así los pastizales se convirtieron en sabana permanente habitada por la fauna típica de este medio natural. Los agricultores que abastecían a Finzenú y Ayapel, se habrían movilizado hacia aquellos lugares, donde el suelo selvático recién desbrozado posibilitaba labranzas más fáciles y mejores cosechas, en lugar de cultivar continuamente las tierras altas (Le Roy Gordon). En 1537, el oidor Vadillo, jefe de una expedición a Betancí, afirmó que la región, por sus características de sabana, se prestaba para la ganadería: «Porque traídas las vacas, pocos podrán criarlas por la mala disposición de la tierra, sino se llevan al Cenú a Urabá» (Le Roy Gordon). A finales del siglo XVI, las naciones indígenas de la región del Sinú-San Jorge y de la costa de Urabá, se habían desintegrado y sobrevino la despoblación y la deforestación. En una descripción de la provincia de Cartagena, escrita en 1678, se afirma: «es esta tierra [...] mas montuosa que llana, y aunque no es serranía, es de muchos y muy continuos montes y valles, y montañas de árboles muy crecidos y valles profundos llenos de arcabucos y ciénagas [...].» En el siglo XVII, el terreno fue perdiendo su identidad, a medida que se extendía la deforestación; se olvidaron los nombres de los lugares en que no había ningún asentamiento. Sin embargo, la extensión de la sabana no aumentó a causa del incremento de la población, sino debido a la introducción y al crecimiento de la ganadería. En 1759, un grupo de indios propuso al gobernador de Cartagena, fundar una población para ser localizada en el sitio de «las Monterías que llaman de Buenavista». El cacique Molleda, expresó que «en el sitio de Barro Colorado hay agua buena, tierras aparentes para labrar o sembrar, rozas, montes, buenas entradas y salidas, ejido de distancia de legua de largo para sus ganados».4 En 1777, Juan Torrezar Díaz Pimienta, gobernador de Cartagena, comisionó al oficial Antonio De la T y Miranda, para que fundara el pueblo de San Jerónimo de Buenavista, orre que sería construido el 1o. de mayo a la orilla izquierda del Sinú. En 1783, fue elevada a parroquia, con derecho a cura. En ese mismo año, la población sufrió un violento ataque, por parte de los indios del Darién, reforzados por los del Sinú. 5 Luego de ocurrido el incendio y destrucción de San Jerónimo de Buenavista, sus antiguos habitantes decidieron trasladarse al mismo sitio en donde inicialmente se había levantado el rancherío original. En 1844, Luis Striffler, quien navegó por el Sinú, llegó a la población y escribió sobre los cambios que habían sufrido los límites selváticos, especialmente al compararlos con las descripciones procedentes de anotaciones anteriores sobre la localización de la selva durante la Conquista. Striffler anota:

4 B. Le Roy Gordon. El Sinú, geografía humana y ecología. 5 Ibíd.

De Cereté nos trasladamos a Montería, último punto habitado. Este pueblo igualmente abrigado por una albarrada artificial, presenta una vista más pintoresca que los demás pueblos de la costa, que en general
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no se revelan al viajero más que por una aglomeración confusa de techos pajizos en que ninguna verdura alegra la pinta blanquizca o cenizosa. En Montería a lo menos, cada cosa se encuentra colocada a la sombra de un bosque de naranjos. Existen tantos de estos últimos, que las frutas de ellos sólo abastecen el mercado de Cartagena. A partir del Siglo XIX, hasta nuestros días, la deforestación continúa y se expande la ganadería. La región, a lo largo de los siglos, ha sido centro de producción y abastecimiento agrícola y ganadero y la calidad de sus tierras evidencia ese potencial. La historia de la gran región indígena se esfuma y la subdivisión político-administrativa Antioquia-Córdoba en Urabá, tajantemente repliega la homogeneidad geográfica y hechos poblacionales de otros tiempos. Hoy, moverse de Urabá al Sinú, se denomina desplazamiento por violencia.

MONTERÍA

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II
ORGANIZACIÓN
SOCIO-ESPACIAL6

Montería es una ciudad que crece históricamente alrededor de cuatro ejes viales que se integran posteriormente, para bien y para mal. El primero es el eje del río, el eje del contacto con el mundo del comercio y la cultura que es Cartagena de Indias y parte del Caribe. «Montería se comunica por la vía del Sinú bajando hasta el puerto de Cispatá y de ahí hasta Cartagena y demás puertos marítimos de las costas del Atlántico hasta Colón y hacia arriba del Sinú hasta Morrocoquiel. Por tierra, y aprovechando los caminos carreteables, con todas las poblaciones del departamento de Bolívar en la época de verano». 7 El segundo eje es la carretera transversal de Bolívar, «que partiendo del puerto fluvial de Magangué, conecta con la troncal de occidente o Santander en el paraje denominado El Bongo, hasta la población de Sahagún, en que vuelve a dirigirse en busca de una orilla fértil del Sinú hasta llegar a Montería».8 El tercer eje es la carretera Montería-Medellín, eje que se abre para conectar al centro industrial y comercial que es Medellín con su gran proveedor de productos pecuarios y agrícolas. El cuarto eje es vislumbrado por el mismo autor cuando escribe: «Con la imprescindible construcción de una carretera hasta el golfo de Urabá, que empalme con la gran carretera Panamericana, florecerá para el hermoso valle del Sinú la verdadera edad de oro con que soñaron las imaginaciones de los primeros intrépidos que descuajaron sus selvas. La propiedad raíz llegará al límite más alto de su valor adquisitivo, como en ninguna parte del país, redundando esto en un positivo beneficio para todos y para el fisco. Para ese entonces, las transacciones y la industria misma tendrán la temperatura más alta del movimiento incesante, formando lógicamente las bases más sólidas de una riqueza cierta que servirá de orgullo y sostén a la economía bolivarense y con ella a la colombiana.» El eje nuevo, construido recientemente, comunica al Urabá antioqueño con Montería y, a su vez; vincula, parcialmente, a la región costanera de Córdoba. Los efectos previstos por el autor corozalero, no se produjeron. Con el nuevo eje, Montería queda convertida en lugar de acopio de productos que se transportan desde Córdoba hacia el centro del país, en este caso, Medellín. Actualmente, existen localizaciones industriales desplazadas del centro tradicional, pero que, en términos de las relaciones inter-regionales, continúa jugando el papel de centro principal del intercambio entre Córdoba y Antioquia.
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6 La mayor parte de este capítulo está tomada del escrito Algunas consideraciones sobre la organización espacial de Montería de María Josefina Yances. Otra parte fue tomada del Plan de Desarrollo de Montería 1998-2000 . El escrito de fondo lo hace el relator. 7 Badel, Dimas. Diccionario Histórico – geográfico de Bolívar, 1943. Re-edición del Fondo Cultural del Bolívar Grande. Gobernación de Bolívar, 1999 8 Ibíd.

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A partir del primer eje, se construye la ciudad que gravita alrededor de la albarrada sobre el río; se conecta el puerto de Montería con otros puertos de su término municipal, Los Garzones y Belén. Recibe del sur, maderas preciosas, ganado y un producto agrícola de extracción del bosque natural que es el corozo. Este producto transformado, es llevado a Cartagena de Indias como aceite para alumbrado doméstico. La región produce, además, manteca de cerdo en cantidades sorprendentes, según la fuente citada y, más tarde, se empieza a cultivar un producto clave: el arroz. El centro o núcleo de la ciudad, parte del río, se cierra a la altura de la carrera 6 ó 7, entre los años 20 y 30; no llega más allá de las calles 23 y 32; allí conviven todos; el gobierno, la Iglesia, los comerciantes, los ganaderos y los productores agrícolas y los empleados, en fin, los ciudadanos de la época. Esa ciudad mostraba una trama urbana ordenada, en donde convivían holgadamente los habitantes de un centro urbano dimensionado en función del centro administrativo subregional, del Bolívar Grande y como punto de acopio para los intercambios con el centro regional que era Cartagena de Indias. Montería crece y se desarrolla sobre la margen derecha del río Sinú, el mismo río que condiciona su forma y su tendencia de crecimiento hacia el norte. En un informe fechado en Montería el 1º de septiembtre de 1926, escrito por José M. Montoya R., tomado de Datos históricos del departamento de Bolívar, Archivo Histórico de Cartagena de Indias, se percibe la influencia de las obras adelantadas por el municipio tales como: la iglesia, el colegio de la Sagrada Familia, el parque «donde sus bellas mujeres van a amenizar los ratos y a contemplar las odoríferas flores que la adornan. Tiene también dos deliciosos paseos llamados Cavalongas y Acacias; en este último se halla la primera piedra donde se construirá el monumento a la bandera nacional, iniciado por el eminente general y doctor Jorge Ramírez Arjona, para que perdure el amor al pabellón, en las generaciones venideras, gloria del pasado, símbolo del presente y promesa del futuro». Para ese entonces, el número de habitantes de la ciudad de 12.804. Éstos se alojan en 1.718 edificaciones, de acuerdo con los censos levantados en abril y julio de 1938, según lo cuenta Dimas Badel en su citada obra. De un informe rendido por el doctor M. Gamarra López al Instituto Geográfico, Militar y Catastral en la década de 1930, se obtiene información de este orden: la superficie del municipio era de 9.500 km2 y el autor asegura que eso lo convertía en uno de los municipios de más extensa área ya que contaba con 10 grandes corregimientos, 20 caceríos de regular importancia y 116 pequeños. Además, poseía multitud de ranchos diseminados en las haciendas y en las cuencas de los ríos Verde y Manso, formando con esto uno de los municipios de mayor densidad de población rural del departamento.

MONTERÍA

EL CRECIMIENTO URBANO ORDENADO
Gran parte del equipamiento urbano de Montería, se construyó hacia el norte. Forman parte de él, el mercado público, el matadero y el recinto ferial, instalaciones que provocan una aglomeración comercial entre los años 30 y 40, la cual se
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consolida entre los cincuenta y sesenta, se descontrola en los años setenta y se deteriora sorprendentemente en las décadas de 1980 y 1990. Los elementos originales establecidos en la fundación del poblado, definieron el emplazamiento y desarrollo de la trama urbana, la cual se ha mantenido hasta hoy en el área central de la ciudad. «Los elementos de la traza y la distribución de la población en el centro de Montería conformaron el conjunto básico cuyas relaciones internas, específicas, tópicas y formales generaron en esta zona la estructura más homogénea de la ciudad.9 «Las reservas que se dieron en la estructura primigenia de solares, iglesia, mercado y ejidos, enriquecieron, complementaron y consolidaron la ciudad, hasta topar con la circunvalar».10 El tipo de traza regular, de manzana cuadrada, se deriva de la trama granadina de los españoles. «La estructura predial, que tiene que ver con la división de los predios con respecto a la manzana, determinó el uso y las actividades urbanas, condicionando que el volumen edificado no ocupara sino una cuarta parte del predio».11 Ello hizo de Montería una ciudad solariega, al término de la década de 1960. Hacia el sur, se localizaron los establecimientos comerciales, de la industria y de otros usos que han venido surgiendo en distintos períodos, tales como la fábrica de hielo y las empresas de energía y agua, instaladas a medio kilómetro del centro urbano; la fábrica de Kola Román; las bodegas del Instituto de Fomento Agropecuario IFA; el hospital San Jerónimo y el club Montería. Tales establecimientos, en este período de crecimiento ordenado, se convierten en los bordes de la ciudad. El campo, sobre la margen derecha del río, dominaba el horizonte. Hacia el oriente, la ciudad encuentra su límite en el cementerio y, de otro lado, el río Sinú se constituye en su límite natural, hacia el occidente, sector que al expandirse se puebla de «buenos edificios, los cuales se encuentran defendidos de las avenidas traidoras del río con poderosas obras de concreto».12 La conexión de la ciudad con la margen izquierda del río, se establece a partir de la construcción del puente sobre el Sinú, desde donde parte la vía circunvalar, que se convierte en delimitación de la ciudad (por el sur y el oriente) y, al mismo tiempo, hace las veces de eje articulador con el sistema vial nacional. Por primera vez, se definen amojonamientos sutiles para la ciudad: la universidad de Córdoba (por el norte) y la orilla del Sinú (por el occidente). La avenida circunvalar (elemento clásico del urbanismo de la época), la vía más importante hasta ahora construida en la ciudad, se convirtió en el eje organizador del crecimiento de Montería, gracias a las propuestas del Plan de Desarrollo, elaborado por el arquitecto y urbanista caucano Jaime Coronel Arroyo. La transformación que sufrió la ciudad con la construcción del puente sobre el río y el desarrollo de los barrios La Granja y P-5, introdujo el debate de nuevas realidades sociales y urbanas. Las primeras migraciones hacia Montería, exhortaron la respuesta del Estado por intermedio del Instituto de Crédito Territorial, ICT, el cual al proponer el primer programa masivo de vivienda, dio a la ciudad el impulso que la convertiría en centro de atracción. La ejecución de los proyectos mencionados, planteó una nueva propuesta de manzanas y calles y racionalizó la estructura predial y la acción urbanizadora, como complementos de la industria287

9 Plan de Desarrollo de Montería 19982000. 10 Ibíd. 11 Ibíd 12 Gamarra López. Informe al Instituto Geográfico Militar y Catastral.

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lización del sector de la construcción. Estos desarrollos concluyeron la etapa de crecimiento ordenado de la ciudad. Durante la década de 1960, la población de la ciudad aumenta y su territorio se expande. Para entonces, Montería contaba gente en cifras grandes. Ya no bastaba el tamaño de la ciudad.

MONTERÍA

EL CRECIMIENTO URBANO DESORDENADO
En la década de 1970, se inicia en Montería un proceso de crecimiento de su población, producto de las migraciones del campo y de otros municipios vecinos, cuyos habitantes fueron atraídos por el crecimiento del municipio y la participación en la política local de personajes de fuera de la capital. Las ciudades cercanas de Cereté y Lorica, frenan su crecimiento urbano y su oferta de servicios; lo mismo que Tierralta, Planeta Rica y Ciénaga de Oro, cuya comunicación con Montería, a raíz de la apertura de vías de interconexión, facilitó el desplazamiento de su población hacia la capital del departamento. La cuestión urbana dio un viraje significativo al incorporarse la planificación. Aparecieron nuevos componentes urbanos en manos de la iniciativa particular, los cuales plantearon nuevos esquemas de vivienda para las clases con mejores posibilidades. Con una visión moderna de espacios públicos confortables, aparecieron los barrios de El Recreo, Urbina y Costa de Oro. El crecimiento urbano se desborda, sin que las administraciones municipales de la época hubieran implementado el primer y único plan regulador con que la ciudad ha contado en toda su historia. La población se desparrama sobre los humedales que la circundan y crece en sentido inverso al propuesto por el urbanista Coronel Arroyo. La invasión es el método utilizado por los recién llegados a la vida urbana y por los recién aparecidos en la política local para encauzar las soluciones de vivienda. Éste es otro momento de inmenso desacierto, porque la problemática socio-espacial de la ciudad se incrementa al abordar el asunto de la vivienda urbana con la estrategia de «defiéndase como pueda», para luego sacarle partido a la pobreza. Las olas posteriores de crecimiento urbano traen consigo las invasiones al cerro (Sierra Chiquita), con lo cual se agrava la situación ambiental y el saneamiento de la ciudad y se causa la conformación de un cinturón de marginalidad. En la década de 1980, se presenta un nuevo panorama; Montería se desarrolla hacia la margen izquierda del río y en tal zona se concentra la tendencia de crecimiento de la ciudad. «Se profundizan las desigualdades socio-espaciales por la carencia de la aplicación de una política de suelos por parte de la administración que garantice el desarrollo y la no tugurización y lumpenización de la ciudad».13 En esa época, en la margen izquierda, se desarrolló el plan de vivienda social de La Rivera promovido por el ICT, en el cual se plantearon nuevos y desacertados esquemas urbanos; se pierde, entonces, el concepto de manzana, se reduce el predio y el entorno se escapa en un laberinto de recorridos importados sin legitimidad alguna. Montería se queda rezagada en la instalación y prestación de servicios básicos y la administración municipal se sume en la incapacidad propia de las urbes de provincia, cuando éstas deben enfrentar situaciones urbanas cada vez más complejas.
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13 Plan de Desarrollo 1998 - 2000.

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En la última década del siglo XX, «se delinean sectores en el sur de la ciudad como fenómenos formales donde no se interpreta el volumen edificado y los espacios libres (espacio público, de uso vehicular, peatonal, zonas verdes o vacíos urbanos) colapsándose el uso y la ocupación del suelo».14 La problemática del crecimiento desordenado, con casi el 80% de la población concentrada en el casco urbano, con ingresos fiscales insuficientes y los habitantes en condiciones paupérrimas, hace cada vez más difícil la situación para aquellos que, hacia el futuro, pretendan montarse en la «vaca loca» de gobernar la ciudad. Por ello, el futuro socio-económico de la región, debe defenderse como única alternativa para que esta ciudad logre reorganizar su crecimiento desordenado.

14 Ibíd.

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MONTERÍA

III
LOS ASENTAMIENTOS URBANOS, CRECIMIENTO INFORMAL
Y TRANSFORMACIÓN DE LA CIUDAD15

Montería se convierte en la capital del departamento de Córdoba, en 1952. En ese entonces, la vida bucólica del pueblo se desarrollaba en los barrios del Centro, Chuchurubí, La Ceiba, Montería Moderno, Sucre, Pica Pica o Pringamosa, Ospina Pérez, Colón, Nariño y El Carmen. El crecimiento permanente de la población urbana, por razones naturales e inmigraciones, determinó un déficit creciente de viviendas para los estratos bajo y medio bajo. De allí, que, cuando el Instituto de Crédito Territorial (ICT), entidad oficial encargada de los asuntos de la vivienda, hace presencia en Montería, en 1950, la presión de los sectores medios y populares era constante hasta lograr la ejecución de los primeros planes de vivienda: los conocidos barrios Obrero, Coquera y Buenavista. Cuando las nuevas casas estuvieron listas, la población bautizó el primer barrio y sus casas con los nombres de Barrio de Los Enanos y las Cajitas de Fósforo. En diciembre de 1951, se hizo la entrega formal, y con reparos o disgustos, las viviendas fueron ocupadas por los primeros beneficiarios. Aquellas fueron entregadas sin agua, sin energía eléctrica, sin calles pavimentadas y rodeadas de monte. El malestar creció entre los moradores, cuando sintieron que se ahogaban con el techo tan bajo y las habitaciones tan cerradas. Por fortuna, esta primera experiencia del ICT fue tenida en cuenta para el diseño de los planes como la Coquera y Buenavista. Años más tarde, se volvería a cometer este tipo de errores en otros programas de vivienda popular o de interés social. Montería como capital, sin embargo, seguía atrayendo dos clases de inmigrantes pobres: los forzados y los voluntarios. Por un lado, se encuentran los forzados, o los obligados a salir por el conflicto armado; son los despojados o los engañados o amenazados por los actores armados del estado de violencia que vive el país. Y lo anterior se suma al completo abandono del campo, en todos los sentidos, a la ausencia de políticas y programas para la población rural y a la orfandad en que han quedado, después de las calamidades naturales, como han sido las inundaciones y las avalanchas de los ríos. Por el otro, los voluntarios deciden por su cuenta y riesgo salir de sus pueblos con la intención de mejorar sus condiciones de vida. Algunos cuentan con apoyo familiar de amigos o paisanos mientras se instalan. Otros, sencillamente se aven290

15 Información tomada del texto original basado en el de Víctor Negrete.

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turan a emigrar por su cuenta y riesgo para seguir sobreviviendo, aunque sea del rebusque, en cualquier barrio popular o asentamiento subnormal de la ciudad. En todo caso, durante su existencia como capital, Montería ha recibido una gran presión por la vivienda en todos los estratos y, lo que hasta el momento se ha construido, ha resultado insuficiente para cubrir el déficit de alojamiento y lograr la satisfacción de los servicios públicos elementales. El ICT, en cumplimiento de sus funciones, construyó y legalizó invasiones, adjudicó predios, otorgó créditos y adelantó, en terrenos cedidos, programas de vivienda para sectores pobres y medios. Fuera de los ya mencionados, se establecieron los barrios La Granja, P5, Los Laureles, Santa Fe, Pastrana Borrero, Santander, Mogambito, Mogambo, Robinson Pitalúa, La Candelaria, Primero de Mayo, República de Panamá, Santa Rosa, Paz del Río, San Martín, Policarpa, Santa Lucía, Los Araújos primera etapa, Panzenú, Villa Margarita, El Tambo, Rancho Grande, Brisas del Sinú, La Ribera y La Pradera, hasta la etapa 16 de las 20 programadas. Sus programas, se desarrollaron hasta 1991, cuando la ley 3ª cambió la razón social de la entidad y creó el Instituto Nacional de Vivienda de Interés Social y Reforma Urbana (Inurbe). Un buen número de programas ejecutados por el ICT, adoleció de fallas en el diseño, construcción o calidad de los materiales y algunos fueron realizados en terrenos bajos, en viejos cauces de ciénagas de la margen izquierda del río Sinú. Los dirigentes políticos de los diferentes grupos liberales y conservadores, directamente y/o por medio de sus líderes en las comunidades, promovieron, respaldaron o llevaron a cabo invasiones en diferentes lugares y, mediante previo acuerdo con los directivos del ICT e incluso sin él, lograron construcciones, adjudicaciones o legalizaciones. Las realizaciones del Instituto dependieron, en gran parte, de las actividades y gestiones de los dirigentes políticos, quienes se veían presionados por muchedumbres de destechados y no por un plan de ordenamiento urbano, elaborado en asocio con la administración municipal. Además del ICT, actuaron los dirigentes y líderes de grupos políticos, que como el urbanizador José María Taboada, dividieron en solares algunas fincas ubicadas en la periferia oriental, dando origen al barrio Galilea. A la alcaldía le correspondió la construcción de las etapas II y III, e igualmente adelantar las reubicaciones de las invasiones de la orilla del río por los lados de la Coquera a Mocarí; de Pueblo Pescado y las colinas de Robinson Pitalúa, a terrenos del sur y de El Campano. Para ello, se celebraron convenios con el Inurbe y el Minuto de Dios. Durante cuatro años (1995-1998), el Inurbe otorgó 2.126 soluciones para el mejoramiento de vivienda (80%); en vivienda nueva, éstas fueron el 10% del total, porcentaje que fue igual al correspondiente a los lotes con servicio para familias de estratos más bajos. Montería cuenta actualmente con varios asentamientos subnormales, como producto de las invasiones, del proselitismo político, de la labor del ICT y de la administración municipal. Estos son: La Esperanza, Casita Nueva, El Dorado, Rancho Grande, La Palma, El Campano, Brisas del Sinú, Granada, Pastrana Borrero, El Cerro , 2 de Septiembre, Villa Margarita, Colina Real, 1 de Mayo,

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Robinson Pitalúa, La Candelaria, Santa Rosa, Paz del Río, Mogambo, P-5, Paraíso, Edmundo López, Villa Rocío, Mogambito, San Cristóbal, Damasco, Cantaclaro, 25 de Agosto, Ranchos de Inat, 20 de Julio, 7 de Mayo, Camilo Torres, Sucre (invasión), Bolsillo Largo, Ganem Buelvas, La Campiña, La Unión, Media Tapa, Mi Ranchito, Casa Finca y Sarabanda. Estos asentamientos cuentan con 115.000 habitantes aproximadamente, de un total de 346.000 y el área que ocupan es de 1.500 hectáreas, de un total de casi 4.500 hectáreas ocupadas por 67.285 predios. Estos últimos se distribuyen en cerca de 90 barrios de la ciudad. Las carencias principales de la población residente en los barrios subnormales, no sólo son de carácter material, de infraestructura y de servicios; también son de tipo social, cultural, ambiental y político. La vida en los asentamientos es compleja y difícil, pero también dinámica y creativa. Por lo regular, la gente del centro urbano y de otros barrios consolidados los consideran peligrosos, llenos de malandros, refugio de delincuentes y desplazados, los catalogan como de ambiente sórdido y como semilleros de malhechores o subversivos. Sin embargo, la experiencia vivida en este conjunto de asentamientos, señala varios aspectos relevantes dignos de ser considerados en las futuras políticas de vivienda social.

MONTERÍA

DIVERSIDAD

CULTURAL E IDENTIDAD

En los asentamientos subnormales, se establecen personas provenientes de los distintos corregimientos y caseríos del municipio de Montería; del alto Sinú, del Urabá cordobés y de otras zonas del departamento; de casi todos los municipios del Urabá antioqueño; del sur de Bolívar; del departamento del Magdalena y del Magdalena Medio y, en los últimos tiempos, de los Montes de María. Es decir, allí se ha conformado un mosaico cultural importante, un conjunto grande de experiencias, conocimientos, creencias y costumbres que deberían emplearse para mejorar la situación que viven quienes los habitan. Pero las circunstancias del desplazamiento y su misma pobreza, obligan a que esta diversidad cultural la viva cada familia aisladamente, y no de manera plena, sino reducida a una mínima expresión, ya sea para evitar peligros de persecución o bien porque sus moradores prefieren mantener en el anonimato la condición de desplazados o de pobres absolutos. De este conjunto de manifestaciones culturales, sólo se aprovecha el ingenio y la creatividad para continuar sobreviviendo. Lo demás, todas las expresiones culturales así como el potencial laboral, se han mantenido ocultos, sin que hasta el momento ningún programa oficial o privado los haya tenido en cuenta. En la medida en que se divulguen las distintas manifestaciones culturales que están presentes en tales asentamientos, o se proyecte su fuerza laboral, así mismo empezará a romperse el aislamiento entre las familias, se conocerán las habilidades y oficios, sucederán intercambios y, es también probable, que la convivencia, la solidaridad y la subsistencia salgan favorecidas.
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La población en este tipo de asentamientos, desconoce o no reconoce quiénes son las personas o qué tipos de obras, aspectos culturales y cualidades las mueven a trabajar juntas para beneficio de todos. En los asentamientos urbanos marginales de Montería, la identidad es precaria, débil, no hay obras ni servicios de qué enorgullecerse, la historia es ignorada o no está escrita, los hombres y mujeres que han trabajado duro y parejo por el bienestar de la comunidad son olvidados con facilidad y no quedan como ejemplos para los demás; las cualidades, los valores y la creatividad que poseen como grupo no se han mostrado ni desarrollado. Algunas de las razones de este comportamiento, el cual, a su vez, expresa serias dificultades en el proceso de identidad, fueron señaladas en el Taller ¿Cómo es Montería al final del siglo XX?, por el investigador Víctor Negrete, quien expresó lo siguiente:
o La mayoría son habitantes que fueron sacados a la fuerza de sus pueblos,

por la violencia o la pobreza. Viven en Montería obligados, en contra de su voluntad.
o Los otros, los nacidos en la ciudad, no han recibido nada de ella. Por lo tanto,

consideran que no le deben nada. Hay resentimiento e indiferencia.
o Un alto porcentaje es de origen campesino, apegado a ideas y hábitos que no

concuerdan con lo urbano; por lo tanto le es más difícil formar o entender identidades de este tipo.
o Muchos guardan la esperanza de volver a los lugares de origen, o de ser

reubicados en sitios distintos a Montería. Son habitantes en tránsito. Sus ilusiones están en otras partes; por lo tanto, no se comprometen con nada definitivo o duradero.
o Los oficios de rebusque que les permiten sobrevivir, son desempeñados en

jornadas largas, agotadoras y tediosas y el poco tiempo libre que les queda, lo destinan al descanso o a la diversión. Los que no trabajan, van creando sentimientos de vergüenza o inutilidad.
o No existen programas que generen o fortalezcan identidades.

A pesar de todo, la cultura campesina cordobesa expresada en el trabajo, la humildad, la hospitalidad, el respeto a los mayores y a las autoridades, la preservación de costumbres y creencias y el poco apego a las actividades delictivas, ha frenado, en parte, el consumo de drogas, la prostitución y la delincuencia.

ORGANIZACIÓN Y LIDERAZGO POPULAR
Sobresalen como característica de los asentamientos populares, un gran número de acciones comunales. Estas perpetúan a sus presidentes y directivos, rotándolos entre sí. De otro lado, los beneficios de las obras y los servicios que se obtienen
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responden a motivos partidistas; los directivos controlan la información y las gestiones y no cuentan con planes de capacitación y renovación de cuadros. Este tipo de organización, aglutina personas adultas, sobre todo hombres, para la consecución de obras viales, alumbrado eléctrico, recolección de basura, obtención de títulos de propiedad, construcción de cunetas y mejoramiento de puestos de salud, entre otros asuntos. Nuevas organizaciones han venido apareciendo en los últimos años, con el propósito de atender diferentes grupos humanos y de dar respuesta a necesidades sentidas de los asentamientos. Éstas, no sólo trabajan con hombres adultos, sino que también lo hacen con mujeres, ancianos, jóvenes y niños, en programas de nutrición, saneamiento ambiental, producción agropecuaria, generación de ingresos, ecología, deportes, capacitación, gestión y generación de valores, entre otros. Reconocen, además, la importancia de la participación del mayor número de miembros en las deliberaciones y toma de decisiones. Dentro de estas organizaciones, hay que mencionar las de cooperación internacional como Acción contra el Hambre (francesa), Médicos sin Fronteras (holandesa), Benposta (española), Visión Mundial (norteamericana) y Plan Internacional (inglesa). También vale nombrar a las locales como Revivir, María Cano, Prodesal, Asonoriente, Codepaz e instituciones como Cruz Roja, el Sena y el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar. La relación entre los líderes de las juntas de acción comunal y estas organizaciones no gubernamentales internacionales y locales, es de mutua indiferencia. De acuerdo con el criterio predominate, hay que buscar acercamientos con las juntas y tratar de armar planes de trabajo conjunto, ya que éstos no existen. Los contactos y convenios con las instituciones oficiales y privadas, los gremios y similares son permanentes y las acciones no obedecen a planes concertados y articulados a programas gubernamentales.

MONTERÍA

PARTICIPACIÓN DE LA MUJER
En general, la presencia y participación de la mujer es muy significativa y ha sido notoria en el trabajo comunitario. En casi todos los asentamientos, se observa esta realidad. Son las mujeres las que están presentes en las reuniones de padres en las escuelas, en los hogares del ICBF, en los restaurantes y ollas comunitarias de las ONG; así como en todas las actividades que se refieren a programas de nutrición, salud, saneamiento, empleo, generación de ingresos, vivienda, recreación, danzas, deportes, alfabetización y validaciones académicas. Son las que se afligen por las deudas, la comida, la ropa, la presentación de la casa, los hijos, el uso del tiempo libre y muchas tareas más. Son más puntuales, responsables y equitativas y resuelven de manera menos violenta las controversias. Así pues, buena parte de los trabajos que se ejecutan en los asentamientos, se debe a la gestión y al trabajo femenino. Sin su importante participación, no sería posible concebir proyectos y programas. Además, para asegurar la culminación de planes con algún éxito es fundamental contar con ellas en las estrategias de desarrollo social, tanto públicas como privadas.

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LO PRIVADO, LO COLECTIVO Y LAS ALIANZAS PARA LA SUPERACIÓN.
Teniendo presente las condiciones de vida imperantes en los asentamientos subnormales y barrios informales, donde se libra una lucha diaria por la subsistencia individual o familiar, es normal que la mayoría de las personas dediquen todo su tiempo o la mayor parte de él al rebusque o a la manera de sobrevivir. Lo colectivo para ellos no es importante y muchas veces no se le encuentra relación con lo privado. Sin embargo, crece el número de personas en los asentamientos con la convicción y el conocimiento para entender que las soluciones de sus propias necesidades o problemas, pasa necesariamente por la solución de las necesidades colectivas. La superación de la pobreza no es fácil. Demanda la intervención planeada y coordinada de los organismos oficiales y privados, las ONG y las propias comunidades en los aspectos económicos, sociales, culturales, ambientales y políticos. Sin embargo, la alcaldía, a quien compete la mayor responsabilidad, ha demostrado poco interés en este asunto, tal como lo prueban los vacíos en el Plan de Desarrollo vigente. Éste carece de políticas y programas para estas comunidades y posee un presupuesto cada vez más deficitario, por la irresponsabilidad de la dirigencia política. Para la alcaldía, los asentamientos marginales sencillamente no existen. Y algo más, en los planos de Montería muchos de ellos ni siquiera aparecen por falta de actualización. Algunas de las ONG locales e internacionales, han ofrecido servicios, programas y gestiones y no han sido atendidas por la administración seccional. Han propuesto frecuentemente la coordinación de trabajos, pero éstos escasamente funcionan, debido a la falta de interés de los gobernantes. De allí, que las alianzas para la superación de la pobreza se reducen a las mismas ONG, uno que otro instituto descentralizado del orden nacional y los grupos interesados de la comunidad. Sin embargo, estas alianzas son muy recientes y ameritan mayor atención en el proceso de definir soluciones comunitarias para los problemas colectivos. Sin la participación decidida del gobierno, en la frágil relación entre las ONG y los institutos nacionales con los grupos locales, aún débiles y sin cohesión suficiente, será imposible hablar de alianzas para superar la pobreza.

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MONTERÍA

IV
LOS SERVICIOS PÚBLICOS16

LA SITUACIÓN ACTUAL
Al evaluar los logros obtenidos en el campo de los servicios públicos en Montería, resulta un balance desolador. La población es, sin duda, la principal afectada. El servicio de acueducto, merece una de las más bajas calificaciones. La cobertura alcanza sólo el 70% y en situación de racionamiento permanente. Las restricciones son estratificadas o sectorizadas; se realizan cada dos días y pueden durar hasta cuatro horas, dependiendo de la producción diaria de la planta. El 80% de la población monteriana está categorizada en los estratos más bajos (1, 2 y 3); la mitad de ella, en el estrato 1. Por su condición social, estos grupos, son los que más sufren, ya que no cuentan con la capacidad económica ni con la calificación para construir cisternas o tanques de almacenamiento. En contraste, esta situación, obviamente no se presenta en los estratos 5 y 6, donde el problema cada quien lo resuelve individualmente. Es así como allí instalan sofisticados sistemas de almacenamiento y bombeo, que les permiten superar la baja presión y demás irregularidades del servicio general de acueducto. Estudios realizados afirman que, en sólo veinte años (entre 1975 y 1995), la ciudad duplicó sus cifras demográficas y, por ende, el espacio físico ocupado. Sin embargo, desde hace cuarenta años, Montería sigue tratando el agua en la vieja planta de Sierra Chiquita, que produce 450 litros aproximadamente, los cuales sólo alcanzan a atender el 50 % de la población actual; es decir, que la tecnología para producir agua potable presenta un rezago de veinte años. Las autoridades municipales, con los brazos cruzados, han venido observando lo sucedido; vieron crecer la ciudad e incrementar de manera desordenada las necesidades de la población, sin actualizar los sistemas. En los últimos cinco años, tanto las estructuras de suministro y de tratamiento de las aguas como las instalaciones físicas, los equipos electromecánicos y las instalaciones eléctricas, han mejorado considerablemente. No obstante, en el mismo período, se acumuló una cartera de unos $3.500 millones, con lo cual se han menguado las posibilidades de inversión en el manejo de la infraestructura y la calidad del servicio. La cobertura del alcantarillado sanitario, sólo alcanza el 25% y es la peor entre las ciudades capitales de la costa Caribe. Esta situación implica que, al finalizar el siglo XX, alrededor del 75% de la población se encuentra sin este servicio y, por
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16 Este aparte está basado en la intervención del doctor Álvaro López, ex-gerente de la liquidada Saam, S.A.

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CUADRO 1 ESTRUCTURA DE USUARIOS POR ESTRATO ACUEDUCTO DE MONTERÍA
Acueducto Bajo-bajo Bajo Medio-bajo Medio Medio-alto Alto Total residencial Comercial Industrial Institucional Total No. 1 2 3 4 5 6 % 23,7 26,0 24,7 7,8 4,2 3,6 90,0 9,6 0,1 0,3 1000

CUADRO 2 SERVICIOS PÚBLICOS DOMICILIARIOS EN MONTERÍA
Servicio Acueducto Alcantarillado Aseo Energía Telefonía Gas Suscriptores Cobertura 36.153 13.397 36.153 55.000 34.000 33.000 Calidad

70,0% M 25,0% M 80,0%* M 90,0% R 63,0% R 61,0% B

M= Mala, R= Regular, B= Buena

lo tanto, en situación de insalubridad. Lamentablemente, esta es una situación que produce notorias repercusiones en el desarrollo de la ciudad. El servicio de energía eléctrica, también se cataloga como deficiente, a pesar de tener una cobertura del 98%. Éste se ha deteriorado aún más durante el último año. Si bien es cierto que no existen mayores problemas en la generación, debido a la interconexión con el sistema nacional, se registran grandes dificultades en la transmisión, subtransmisión y distribución, lo cual explica los constantes apagones en la ciudad. La telefonía de igual forma es muy precaria con una cobertura de sólo el 17%, cifra que tiende al crecimiento, pues Telecom, la empresa que poseía el monopolio del sector, enfrenta la competencia de Escarsa, una nueva firma del sector privado. Las dificultades de lograr la instalación de una línea telefónica que se experimentaban hace diez años, se han ido superando. El servicio de aseo presenta deficiencias, a pesar de las expectativas creadas por Aseo Total, una empresa privada que inició operaciones en 1996. Si bien los vehículos recolectores, cubren entre el 80% y el 90% del área de la ciudad con sus recorridos para recoger alrededor del 85% de las 200 toneladas de basuras genePoblamiento y ciudades del Caribe colombiano ________________________________________________________________________

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radas diariamente en Montería, no lo hacen con la frecuencia requerida, lo que obliga a los habitantes a depositar sus desechos domésticos e incluso industriales en los lotes y zonas baldías contiguas a sus propios predios, y con ello se crea un problema ambiental. Además, el botadero de basuras opera sin licencia ambiental por parte de la empresa, la cual debería previamente adecuar el sitio como relleno sanitario y dar así cumplimiento a las pautas establecidas en las normas y requisitos de la CVS, que es la entidad ambiental reguladora competente. De todos los servicios, el de gas domiciliario es el único que realmente ha cumplido con las expectativas; en efecto, sus cifras de cubrimiento, (cercano al 82%) y de eficiencia reales, se acercan a un nivel satisfactorio. La empresa privada que presta el servicio de gas domiciliario (Surtigás), lleva apenas cuatro años en la ciudad, cuenta con un sistema bien diseñado de redes, puede ofrecer tarifas razonables y goza de buenas reservas, todo lo cual ayuda considerablemente a que el servicio sea más eficiente.

MONTERÍA

CAUSAS DEL DETERIORO DE LOS SERVICIOS PÚBLICOS
En un rápido análisis del estado crítico en que se encuentran los servicios públicos domiciliarios en Montería, se puede determinar la sumatoria de los varios factores negativos que han provocado su evidente degradación:17
o El primero de ellos, tiene que ver con el crecimiento urbano de Montería.

Ante la carencia de un plan de ordenamiento y por ende de la falta de prospección en el crecimiento tanto de la ciudad como de su población, se hace casi imposible la proyección de los servicios públicos. Los estudios y proyectos de servicios públicos quedaron rezagados frente al crecimiento espontáneo y desordenado de la ciudad.
o Otro factor que, en gran parte, ha contribuido a desmejorar la calidad en la

prestación de los servicios públicos domiciliarios en Montería es el mal manejo institucional que se le ha dado a las empresas que los prestan, situación generalizada en muchos municipios del país. Antes de la expedición de la Ley 142/93 que regula la prestación de los servicios públicos, éstos eran prestados directamente por el Estado; monopolio que por mucho tiempo fue manipulado políticamente, dándole siempre un manejo burocrático a las instituciones. Tal situación, impidió crear una cultura empresarial, a la vez que permitió la incorporación exagerada de grupos de personal y la inestabilidad de los directivos. Este fenómeno trajo como consecuencia la escasez de recursos e impidió acometer los proyectos requeridos por la ciudad.
o Los sistemas de redes de distribución, no han obedecido a criterios de diseño

o a estudios técnicos. Estos se fueron prolongando y extendiendo bajo los intereses de dirigentes políticos, quienes para multiplicar su caudal electoral inauguraban barrios nuevos e intercambiaban metros de tubería e incluso, en oportunidades, los mismos habitantes al encontrarse sin agua improvisaban sus propias conexiones.

17 Si bien, Álvaro López concibe principalmente estos factores desde su experiencia en el sector de agua y alcantarillado, son perfectamente aplicables al resto de los servicios públicos.

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o Para el caso del alcantarillado, hace 12 años aproximadamente, se instaló el

30% de la tubería en el sur de la ciudad, la cual hoy no funciona, pues quedaron algunos tramos de colectores sin construir; lo mismo que sucedió con las estaciones de bombeo y las lagunas de oxidación. En efecto, la planificación de los trabajos fue hecha al revés; se tendieron las redes antes de programar las lagunas de oxidación, las cuales nunca se construyeron, por lo cual el proyecto quedó inconcluso.
o La intervención de los dirigentes políticos en los parámetros tarifarios. Se

cambiaron los criterios de liquidación al acomodo de muchos, con nefastas repercusiones en el deterioro del sistema, causado por el mantenimiento deficiente de la infraestructura. Como resultado, la calidad del servicio se vino al suelo irremediablemente y las empresas públicas se convirtieron en el primer foco de corrupción. La crisis tocó fondo cuando los recursos que ingresaban a las empresas de servicios públicos no alcanzaron ni siquiera para pagar las nóminas de personal, por lo cual se acumularon atrasos hasta de seis meses. Si los recaudos no cubrían el sostenimiento empresarial básico, hay que decir que mucho menos se disponía de presupuesto para pagar a los proveedores o para mantener la infraestructura en condiciones aceptables. Este círculo vicioso se expandió a todas las empresas de servicios públicos y el Estado fue incapaz de elevar las coberturas a los niveles requeridos o de mantener una calidad de los servicios, acorde con los parámetros internacionales. Para el caso específico del acueducto y el alcantarillado de Montería, el Departamento Nacional de Planeación, enmarcándose en las normas de la descentralización administrativa y financiera de los municipios en Colombia, emitió un diagnóstico en el cual se sugería al alcalde de ese entonces la liquidación total de la empresa. Desde el momento de la liquidación final de la Empresa Pública Municipal de Montería (1992), Planeación Nacional y el Ministerio de Desarrollo autorizaron significativos aportes que permitieron la creación de la Sociedad de Acueducto y Alcantarillado de Montería, Saam, S.A. Esta nueva empresa de servicios públicos, realizó varias acciones cuyos resultados difícilmente podrían apreciarse, dada la magnitud de las necesidades propias de la ciudad. Al demostrarse insuficiente para cumplir con tan inmensas exigencias, la Saam, S.A. se liquidó el 31 de diciembre de 1999. El 1º. de enero de 2000, nació en Montería una de las primeras concesiones de agua en el país. Se trata de la nueva empresa Proactiva, firma que enfrenta el inmenso reto de elevar las coberturas de agua al 85% y las del alcantarillado al 70%, en los próximos 20 años.

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MONTERÍA

V
LA CIUDAD Y EL MEDIO AMBIENTE18

La relación de la ciudad con el medio ambiente y la naturaleza que la rodea, ha sido desconocida, por falta de cultura ambiental. Los ciudadanos de Montería, afirman, en mayor o menor grado, sus ataduras al río Sinú, como lo están las ciudades que poseen un contacto similar o menor con su cuenca hidrográfica. Por desconocimiento, por debilidad institucional o también por intereses particulares, se le ha restado espacio tanto a los asuntos ambientales como al papel que juega el río en la calidad de vida en la ciudad. Es la costumbre que los problemas ambientales, a pesar de que se intuyen o se analizan, cuando se da el primer paso para alcanzar las soluciones son postergados o subestimados, por el afán de construir asentamientos humanos o bien obras de infraestructura en zonas no apropiadas. Es necesario, hoy más que nunca, alcanzar un mayor grado de responsabilidad ambiental para analizar el área hídrica de la cuenca del río, ya que se han eliminado ciénagas, cauces viejos (como los de la calle 34 en el centro de la ciudad) y muchos otros cuerpos de agua, con el pretexto de que el agua «sigue inundándonos». Todo lo contraio, el agua es el elemento natural más importante en el que están inmersos tanto la ciudad como los habitantes de la cuenca del Sinú y, sin embargo, todavía no existe la plena comprensión ni de su valor ni de las repercusiones ambientales del desecamiento de los cuerpos de agua. Una de las preguntas que con mayor frecuencia se formulan los monterianos es: «¿Por qué las inundaciones se presentan periódicamente?» La respuesta se encuentra en una sucesión de hechos. Río Sinú arriba, en el área de Las Palomas, municipio de Montería, se produjo una situación de deterioro ambiental, generada por políticas gubernamentales mal dirigidas y, consecuentemente, por la ejecución de proyectos erróneamente concebidos para resolver problemas de emergencia en las bajas y extensas, pero inundables, tierras de los hacendados de la margen izquierda del río. Con su implementación, se cerraron diferentes bocas del río Sinú que nutrían y daban vida a una serie de caños que existían en la zona. De otro lado, aguas abajo, en Montería, con algunos argumentos de carácter social para justificar las obras, se trascendió a un problema ambiental, de gran impacto urbano. Por alto riesgo de inundaciones, se deberían reubicar más de mil familias asentadas en 10 zonas inundables, tanto del municipio como de la ciudad. Las inundaciones del río y sus caños no deben considerarse un problema exclusivamente ambiental. La cuenca baja del río Sinú se inunda, ahora más que algunos
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18 Este aparte está basado en la intervención de Carlos Arturo Escobar.

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años atrás, por la irrespetuosa acción ejercida sobre los humedales y áreas de riberas para que las aguas rieguen sin problemas. Esta actitud tiene que ver con la falsa concepción de considerar a los humedales como criaderos de mosquitos y otro tipo de animales. Esta idea equivocada, ha sido determinante de los procesos de sedimentación y de rellenos de tales cuerpos de agua para otros usos urbanos. Una vez producidos los problemas de inundaciones, resulta extremamente complicado atenderlos, ya que la única y económica forma de hacerlo, sin sacrificar el medio ambiente, sería la de la reapertura de las bocas que conectan al río. De esta manera, se recuperarían, de paso, los humedales reguladores del cauce de los ríos y caños. El persistente y creciente deterioro ambiental, radica en la inexistencia de entidad alguna, gubernamental o privada, con suficiente autoridad para enfrentar la múltiple problemática social y ambiental y que, además, se orientara al control permanente de mantenimiento de las zonas verdes, de la tala de árboles, la explotación de canteras, la extracción de arenas y otras actividades con impacto en el medio ambiente. Desde la perspectiva ambiental existe también la gran preocupación por los servicios públicos domiciliarios en el perímetro urbano ocupado por los asentamientos humanos de la ciudad de Montería. Hace mucho tiempo que el crecimiento de la ciudad traspasó su frontera, más concretamente, el borde demarcado por la avenida circunvalar. Igualmente, en el área rural del municipio se han desconocido, por completo, los requerimientos de servicios públicos, con lo cual ha quedado demostrada la incapacidad de las autoridades en el manejo espacial de esta zona, en donde los índices de cobertura son o muy bajos o nulos. De hecho, sería necesario establecer consideraciones sobre la proyección de los servicios públicos en los planes de desarrollo para atender a las poblaciones rurales aledañas conurbadas a las áreas que originalmente se habían delimitado como casco urbano. Es absolutamente conveniente para el sostenimiento de un ambiente sano que todos los asentamientos de las márgenes derecha e izquierda del río Sinú dispongan de una solución con pozos sépticos para manejar sus aguas residuales, hasta cuando pueda disponerse de un alcantarillado. Otro aspecto importante es el que se refiere al manejo adecuado de los indicadores de gestión ambiental. Actualmente, se copian los indicadores y se establece un modelo de desarrollo urbano, adaptado a los índices de gestión previamente establecidos por Planeación Nacional. Sin embargo, en una ciudad como Montería, cada barrio y cada institución ambiental, deberían definir un conjunto de indicadores de gestión, considerando su situación particular, mediciones que deberán someterse a ciertas pruebas de calidad, con el fin de discutirlas, homologarlas y compararlas tanto para su aplicación como para el seguimiento del estado del medio ambiente urbano. Se deben construir tantos indicadores como cuantos sean necesarios para poder planear el desarrollo de la ciudad que se quiere. Lastimosamente, en el caso de Montería, casi nunca se ha trabajado sobre estas mediciones y cuando se han empleado, no han sido las adecuadas.

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MONTERÍA

VI
POBLACIÓN, EMPLEO Y DESEMPLEO

Montería consta de 27 corregimientos y alberga 346.000 habitantes. De ese total, el 77% vive en su área urbana y el 23% restante reside en sus corregimientos, o sea, en su área rural. Las principales características de su población son:
o La población femenina representa el 52% del total, frente al 48% de la pobla-

ción masculina.
o La población de mayores ingresos no supera el 3% y la clase media llega al

11%, mientras que la clase baja asciende al 76% del total de los habitantes.
o La terciarización de la economía monteriana es un hecho protuberante. El

«sector servicios» representado en las actividades comerciales y financieras, genera más del 60% de los puestos de trabajo. Hasta el año de 1998, la construcción aportaba el 15% de las ocupaciones; ahora se encuentra en franca recesión. Un gran número de empleos proviene del sector informal o sea, que se genera en las ventas callejeras y el trabajo doméstico. Paradójicamente, la agricultura, la pesca y la ganadería sólo emplean el 1,8% de los trabajadores de Montería, debido al decrecimiento de dichos sectores productivos. La ciudad ha recibido alrededor de 46.000 desplazados durante los últimos años, con lo cual se ha incrementado el déficit de vivienda y de servicios. Debido a la combinación de los anteriores elementos y a las manifestaciones de la crisis económica nacional, la tasa de desempleo superó el 23%. El crecimiento desbordado de la población y la incapacidad del aparato productivo para generar oportunidades de trabajo, se reflejan en el deterioro de las condiciones del mercado laboral, uno de los más importantes indicadores de desempeño económico y de bienestar social de la ciudad. Hoy por hoy, la desocupación constituye uno de los más apremiantes retos para las autoridades, el sector productivo y la sociedad monteriana, en general, especialmente por la necesidad de formar una mano de obra más calificada que genere mayores ingresos y más altos niveles de productividad. Según el Dane, 19 la tasa de desempleo muestra resultados inquietantes en los primeros años de la década de 1990; pero mucho más, durante su segunda mitad.
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19 Información recopilada por Aarón Espinosa, investigador del Observatorio del Caribe Colombiano.

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En general, se puede anotar que Montería ha mantenido en los noventa altos niveles de desempleo que son mayores que los promedios nacionales. En promedio, entre 1992 y 1998, la tasa de desempleo de Montería fue del 12,4%; o sea, más alta que el total nacional que fue del 10,5%. Además de la existencia de altas tasas de desempleo, el deterioro del mercado laboral de Montería se manifiesta tanto en la brecha, cada vez más amplia y aguda, entre la oferta de mano de obra y la demanda de los empresarios como en la «destrucción» de puestos de trabajo, como consecuencia de los efectos adversos de la recesión económica. En efecto, si se comparan los niveles de desempleo más recientes con los de principios de la década se tiene que el número de desocupados, que anteriormente nunca pasaba de las 10.000 personas y que, más aún, registró niveles bajos como el de 1993 (con 6.943 personas en esta situación), en 1998 se elevó sustancialmente a 15.430 personas, esto es, más del doble de los desempleados que registró la ciudad cinco años atrás. En este sentido, en 1995, se registra el quiebre de la historia del desempleo en Montería. En efecto, en tal año el número de desocupados creció un 70% en relación con el número registrado el año anterior y, desde entonces, la ciudad no muestra disminuciones en la tasa de desempleo.

CUADRO 3 SITUACIÓN LABORAL EN MONTERÍA: UNA MIRADA AL MERCADO LABORAL 1992-1998
Indicador %Población en edad de trabajar Tasa global de participación Tasa de ocupación Población total Población en edad de trabajar Población económicamente activa Desocupados Ocupados Tasa de desempleo 1992 72,2 57,6 51,0 183.607 132.491 76.316 8.732 67.584 11,4 1993 72,8 54,9 49,8 185.946 135.342 74.311 6.943 67.368 9,3 1994 73,0 55,9 49,3 188.356 137.519 76.901 9.129 67.772 12,1 1995 74,1 61,4 52,9 245.437 181.799 111.645 15.442 96.212 13,8 1996 74,1 56,5 49,0 249.977 185.233 104.657 13.919 90.738 13,2 1997 74,1 60,3 52,5 255.037 188.873 113.907 14.694 99.213 12,9 1998 74,6 57,5 49,6 259.023 193.309 11.249 15.430 95.819 13,9

El divorcio entre la oferta y la demanda de mano de obra en Montería, se observa en la simultánea reducción de la tasa de ocupados (porcentaje de la población en edad de trabajar que tiene empleo) y el aumento relativo20 de la tasa global de participación (relación porcentual entre la población económicamente activa y la población en edad de trabajar). La persistente divergencia entre la primera, que constituye la demanda de trabajo y la segunda, que expresa la oferta de mano de obra, configura una delicada situación laboral en Montería. Esto es, cada vez más gente quiere trabajar pero también cada vez más una proporción menor de ella encuentra la oportunidad de hacerlo.
20 Aunque muestra una tendencia decreciente, en 1998, la tasa global de participación (TGP) de Montería es superior en más de cinco puntos a TGP de la costa Caribe (52,30%).

Los problemas existentes son el resultado de la carencia de políticas de desarrollo de la administración local, pero principalmente el subdesarrollo actual es atribuible al conjunto de políticas desacertadas, del orden nacional, en materia de
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apertura económica y a la gestión agropecuaria, con su negativo impacto en la economía de Montería. Es cierto que todas las regiones de Colombia cuentan con determinadas vocaciones para desarrollar sus principales actividades económicas o sociales y que ellas son generalmente facilitadas por la dotación de recursos naturales, por las ventajas competitivas y por factores de carácter cultural. Pues bien, por mucho tiempo, se catalogó a la agricultura y a la ganadería como las principales fuentes de empleo en Montería. Sin embargo, en los últimos años la situación ha sido muy diferente. Muchos tenían la idea de que al inaugurarse el siglo XXI, Montería estaría convertida en el principal centro de acopio de la Costa Caribe; pero no tuvieron en cuenta los estragos provocados por la violencia rural y que han obligado a la golpeada población campesina a refugiarse dentro del casco urbano y tampoco pudieron prever el gran número de víctimas desplazadas por las inundaciones, quienes han tenido que abandonar sus antiguas estancias para reubicarse en zonas inadecuadas, donde son evidentes la desatención por parte del gobierno nacional a las necesidades locales de inversión pública y la ausencia de ayuda humanitaria. Complementariamente, siguen pendiente las acciones de responsabilidad de las autoridades locales para ejecutar eficientemente los presupuestos de inversión en beneficio de la comunidad.

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VII
EL GOBIERNO MUNICIPAL Y EL DESARROLLO DE MONTERÍA21

Montería experimenta serios conflictos entre el gobierno municipal y la ciudad. Los participantes en el Taller22 afirman, que a pesar de las directrices legales promulgadas en Colombia (Ley 9/89, de reforma urbana, que introdujo los planes de desarrollo para poblaciones mayores de 100.000 habitantes; Ley 152/94 o ley orgánica del plan de desarrollo; Ley 139 de 1994, sobre el voto programático y últimamente la Ley 388/ 97, sobre los planes de ordenamiento territorial), es evidente el bajo perfil de la administración municipal en el proceso de desarrollo urbano. A partir de la vigencia de tales leyes, se ubica el primer plan que se puso a operar en el año de 1993, mediante acuerdo municipal. Posteriormente, se han elaborado dos planes de desarrollo: el aprobado por el gobierno municipal para el período 1995-1997 y luego el de 1998-2000. Ambos fueron planes de gobierno, no planes de ordenamiento urbano. Por otro lado, la administración pública de la ciudad no involucra la participación ciudadana. Esta última, se ha elevado a la calidad de ley y norma constitucional; pero por factores de tipo político, no se han podido lograr niveles aceptables de participación comunitaria. Sólo en años recientes, se ha constituido una veeduría ciudadana que ha mostrado algunos resultados en el campo de la participación. El problema fiscal de Montería realmente empieza a sentirse desde el año 1980, cuando aparece un desfase entre los ingresos propios del municipio y los gastos ejecutados. Los sucesivos recaudos representados por los tres impuestos fundamentales: industria y comercio, circulación y tránsito y predial, han tendido a la baja en los últimos años, con lo cual se ha venido acumulando un déficit fiscal que cada día es de mayor cuantía. Complementariamente, por la falta de un mayor control del gasto público municipal, ese déficit llegaba a $ 15.109 millones en 1999, equivalente al valor del presupuesto municipal. Dentro del déficit, se incorpora el pasivo laboral adeudado por la municipalidad a los funcionarios que han sido despedidos sin habérseles pagado su sueldo con su respectiva liquidación. A junio de 1999, se adeudaban 13 sueldos a los pensionados y 14 a los empleados, más la indemnización de 367 personas que salieron de la administración. En la situación presupuestal de los cuatro últimos años se presentan errores de contabilidad entre lo presupuestado y lo recaudado. Se encontraron partidas dobles, especialmente las carteras de los morosos que fueron duplicadas. Además, el presupuesto fue programado ambiciosamente y se utilizaron los recaudos de
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21 Este aparte se basa en la intervención del investigador Édgar Vergara. 22 Taller de trabajo ¿Cómo es Montería al final del siglo XX?

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los impuestos para incrementar el mismo. En los presupuestos de los años 1997 y 1998, cuyas cifras fueron analizadas con mayor rigor, se confrontan los sistemas de información suministrados por el Departamento Nacional de Planeación con los de la Contraloría municipal y la información recopilada por el municipio de Montería. Las tendencias principales de las finanzas municipales requeridas para atender la superación del déficit fiscal y cubrir los futuros requerimientos de inversión en beneficio del desarrollo de la ciudad están dadas por un crecimiento bajo de los ingresos tributarios con un nivel cercano al índice de inflación; los mayores ingresos provienen tanto de los impuestos del predial unificado, de industria y comercio y de la sobretasa a la gasolina como de la participación del municipio en los ingresos corrientes de la nación. Existe, sin embargo, una cartera por cobrar cercana a los $10.000.000.000, que debe ser recuperada con una política amplia de estímulos. Es lamentable constatar que, durante 1997 y 1998, los ingresos tributarios y no tributarios fueron insuficientes para cubrir los gastos de administración. Dentro de muy poco tiempo, los recursos provenientes de la participación de los municipios en los ingresos corrientes de la nación se deberán orientar exclusivamente a inversión. Sería, entonces, conveniente encontrar nuevos sistemas de financiación de la deuda, basados en un serio compromiso de disminuir el gasto para renegociar el plazo, sus intereses y el cambio de los acreedores. Para lograr ese propósito, se requiere encontrar nuevas fuentes de ingreso para impulsar el desarrollo socio-económico del municipio.

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VIII
LOS
RETOS DE LA PLANEACIÓN URBANA23

Es común afirmar que en los procesos de planeación urbana, la dirección de las ciudades es asaltada por intereses particulares con predominio sobre los intereses públicos. El caso de Montería, no dista de tal situación; en efecto, son los intereses individuales los que han guiado fundamentalmente su desarrollo urbano concomitantemente con su crecimiento económico y social. Más allá de la zona central, entre los principales ejes de la ciudad, la trama urbana se ha tejido en medio de un juego de intereses particulares: (i) el eje definido por la vía a Arboletes que atraviesa la ciudad, conectándola, por un lado, con Cereté hacia Lorica y Sincelejo y, por el otro, con Planeta Rica hacia Medellín; (ii) el eje presentado por el río Sinú y sus riberas que direcciona la ciudad en los costados del río; (iii) el eje conformado por la circunvalar y (iv) el eje vial que comunica a Montería con el Urabá antioqueño.24 Tales ejes, marcaron el crecimiento de la ciudad y su propia infraestructura con las limitaciones y los retos que implicará reconstruir una tierra urbana ambientalmente sostenible para sus habitantes. Las cifras señalan una desigual dotación de los servicios públicos. Así, mientras en el centro de la ciudad se cuenta con una total cobertura, en el resto del casco urbano el cubrimiento es de tres cuartas partes, y los suburbios, sumados a muchos asentamientos subnormales, definitivamente carecen de los mismos. Se puede incluso conocer con exactitud el número de suscriptores; pero, obviando los datos estadísticos, se sabe que en general, la problemática de los servicios públicos de Montería se refiere a la mala calidad y a la escasa cobertura. Es evidente el cuantioso daño que estos servicios insuficientes provocan a la población, entre los cuales se cuentan los problemas ambientales generados con el vertimiento de todos los desechos sanitarios y las basuras al río Sinú. Según lo expresa Juan Albánchez, es prioritario centrarse en los análisis que establecen las tendencias de crecimiento poblacional, ya que por medio de ellos se podrían determinar con mayor exactitud las causas del crecimiento desordenado, la frecuencia con que se producen los impactos sobre los ejes viales; las necesidades de transporte y la consecuente demanda de servicios públicos, aspectos todos ellos sobre los cuales se debe dar inmediatas respuestas de planificación urbanística. Es además, la manera de conocer mejor el fenómeno de los desplazados por la violencia y de los inmigrantes amontonados en la periferia urbana. Montería es una ciudad con múltiples problemas. Pero, a pesar de su acelerado crecimiento, todavía maneja distancias físicas que pueden recorrerse a pie. A
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23 Este aparte se basa en la intervención del doctor Juan Albánchez, decano de la facultad de Arquitectura de la Universidad del Sinú. 24 Sesenta años después, esta visión de las guías de crecimiento de la ciudad es exactamente igual a la planteada por Dimas Badel en su Diccionario Histórico - Geográfico de Bolívar, Op. cit., (Nota del relator).

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diferencia de algunas metrópolis colombianas, esta ciudad todavía es reconocible, transitable y entendible por el ciudadano. Montería tiene grandes posibilidades de crecer, de ser inmensa, de volverse una ciudad de 2, 3 ó 4 millones de habitantes; es una ciudad pobre, pero también rica; es polémica, pero igualmente es una ciudad que permite la concertación hacia una convivencia pacífica de sus ciudadanos. Montería, al decir de sus arquitectos, es una ciudad que ha copiado los modelos de otras y donde no se ha logrado concertar un modelo propio. Es una ciudad que, en este momento, está inconclusa, presenta muchos problemas y es insegura. Tiene un gran río y un patrimonio arquitectónico importante, pero que no han sido manejados adecuadamente, al expandirse la ciudad. Tiene posibilidades de contar con espacios públicos, áreas verdes y de recreación que deben ser tenidas en cuenta para ordenar el desarrollo futuro. La ciudad crece sin alcanzar un verdadero desarrollo social, económico y urbano. Presenta usos inadecuados del suelo, desarticulación espacial y un alto deterioro de la ecología urbana. Montería no ofrece claridad morfológica y no es eficiente, aspectos que la apartan de ser una ciudad atractiva para la inversión local, nacional e internacional. Es indispensable poner en marcha el nuevo plan de ordenamiento territorial (POT). Éste debe ser asumido como un conjunto de alternativas para administrar los conflictos de intereses y como instrumento básico para la negociación. Los criterios generales, deben conducir al reconocimiento de las relaciones público – privadas, al ejercicio articulado entre participación y representación, a la apertura de espacios para la gestión, al consenso sobre normas y procedimientos, a la liberación de los espacios públicos y a la definición de alcances e instancias para establecer una cultura política de pluralidad y consenso. También deben existir los principios de función social y ecológica de la comunidad, el de la solidaridad en el desarrollo urbano, el predominio del interés general sobre el particular, el principio de la justicia social, el de distribución equitativa de cargas y beneficios o el de la igualdad ante las normas, aspectos todos que se desconocen en la ciudad de hoy.

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IX
CONCLUSIONES25

Al igual de lo que ha sucedido en la mayoría de las ciudades intermedias colombianas, en los últimos treinta años, Montería presenta un resultado considerablemente distinto del que han pretendido impulsar las leyes de desarrollo urbano en Colombia. Desde la década de 1970, cuando se realizaron en los centros urbanos intervenciones estatales decididas y ejecutadas desde el centro, las administraciones municipales fueron cediendo su capacidad de planificar y orientar, y, como consecuencia de ello, el desarrollo urbano se dejó totalmente en manos de los urbanizadores particulares. Se llegó así a un estado en el cual la norma empezó a ser más importante que el desarrollo. Las administraciones municipales, de planes de desarrollo, pasando por planes ordenadores o reguladores, se relegaron a los códigos de urbanismo. La oficina de planeación municipal se limitó a vigilar el cumplimiento de la norma. Hasta nuestros días, la ciudad «legal» se construyó lote a lote; «se cumple», pero con la pauta individual. La ciudad en grande, en su conjunto, se dejó de planificar y se dejó de pensar. En este momento, el Plan de ordenamiento territorial, POT, cuya elaboración ha sido pospuesta una y otra vez, posee las herramientas para plantear una visión organizada de ciudad, posible de realizar. Pero asalta la duda sobre el resultado del Plan y su implementación; aunque la norma implica un alto compromiso de participación comunitaria y gremial, el proceso de su elaboración no ha demandado con rigurosidad este escenario. A la inversa, tampoco ha existido motivación: ni los ciudadanos ni los gremios se han organizado para participar. Hasta el momento, no se conoce la propuesta de la dirigencia monteriana. ¿Qué legitimidad tendría el POT? Dentro de los Talleres que se realizaron en el estudio, ¿Qué ciudades estamos construyendo en el Caribe colombiano? que adelanta el Observatorio del Caribe Colombiano, para el caso de Montería, no fue fácil encontrar personas independientes, de diversas disciplinas que profundizaran sobre la ciudad en un área específica, dada la carencia absoluta, pública o particular, de un grupo que investigue, de manera permanente y sistemática, a la capital cordobesa. Es notable en este trabajo, la ausencia de estudios sobre la economía de Montería. Además de estrictas cifras estadísticas del DANE y de la Cámara de Comercio, no se encontraron sino artículos aislados, en libros no actualizados, sobre el departamento de Córdoba.
25 Mario Giraldo García, miembro del Consejo Directivo del Observatorio del Caribe Colombiano.

Queda, sin embargo, en el ambiente una gran pregunta: con todas las dificultades, debilidades y limitantes que padece la ciudad ¿por qué la gente quiere seguir
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viniendo a Montería? En el momento, en el desbarajuste e inseguridad de la guerra en Colombia, tal móvil podría ser la «paz» que se vive en la región; pero, la inspiración fundamental que históricamente ha motivado al visitante a asentarse en el centro de la región Sinú, ha sido el extenso y fértil suelo, capaz de «hacer germinar» lo que lo toque. Lo extraño es que, ante tanta bondad de la tierra y a pesar de la estratégica ubicación geográfica, cerca del Caribe mirando al mundo, los dirigentes monterianos todavía no hayan logrado concretar, con firmeza y decisión, el trazo y la identidad de su desarrollo, sobre la base de la larga vocación de trabajadores de la tierra que exhiben los pobladores de la región. El tiempo ha pasado, la urbe ha crecido y pareciera que su gente no se da cuenta de que la ciudad se hunde y a veces flota. Montería yace en el mismo sitio cenagoso en que se fundó, conviviendo y defendiéndose contra el agua, abriendo y tapando bocas, calzando con tierra y también basura, librando con la naturaleza una guerra perdida y costosa, donde la sensatez y la creatividad, con toda seguridad, cuestan menos que la fuerza. Aunque buena, amable y pacífica, la gente monteriana duerme el letargo de su húmedo calor y el fresco del barro cuando llueve. Urge desempantanar el espíritu y direccionar el desarrollo. Urge estudiar la ciudad y su gente para tomar decisiones trascendentales y efectivas y convertir a Montería en el centro agro - industrial que siempre ha querido ser.

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RIOHACHA CIUDAD INCONCLUSA

WEILDLER GUERRA CURVELLO RELATOR

AEROFOTOGRAFÍA DE RIOHACHA FUENTE: IGAC ESCALA 1:37270 FEBRERO 17 DE 1987

PLANO DE RIOHACHA FUENTE INSTITUTO GEOGRÁFICO AGUSTÍN CODAZZI 1987

RIOHACHA

El Taller ¿Cómo es Riohacha al final del siglo XX?, fue convocado por el Banco de la República y el Observatorio del Caribe Colombiano y se realizó en la sede del Banco de la República, durante los días 13 y 14 de octubre de 1999. La relatoría del Taller, el cual fue moderado por la investigadora del Observatorio del Caribe Colombiano, Silvana Giaimo, fue preparada por Weildler Guerra Curvello. Participaron como expositores: Weildler Guerra Curvello, Orígenes y evolución histórica de la ciudad. Dolila Deluque Gómez, Estructura económica del municipio de Riohacha. Martha Ligia Castellanos y Víctor Pinedo Guerra, Riohacha y el medio ambiente. Mauricio Ropain, La actividad turística en la ciudad de Riohacha. Mauricio Henríquez, La ciudad y la región. Yolima Carrillo, La Riohacha que queremos transformar. Isaac Iguarán, Organización socio espacial y estructura física de la ciudad. Francisco Justo Pérez, Adela Fonseca y Reynaldo Melo, La ciudad como expresión cultural. Participaron también en el conversatorio, María Eugenia Olano, gerente del Banco de la República, Ivonne Gómez, encargada del área cultural de esa entidad y Silvana Giaimo y Ariel Castillo, en representación del Observatorio del Caribe Colombiano.
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CIUDAD INCONCLUSA

CONTENIDO

INTRODUCCIÓN I ORÍGENES Y
EVOLUCIÓN HISTÓRICA

LA CIUDAD DE LAS PERLAS LA CIUDAD FRONTERIZA LA CIUDAD REPUBLICANA LA COLOMBIANIZACIÓN DE LA CIUDAD

318 318 320 322 323 326

II III

LA CIUDAD Y

LA REGIÓN

ORGANIZACIÓN SOCIO-ESPACIAL Y ESTRUCTURA FÍSICA DE LA CIUDAD 328
NORMATIVIDAD Y PLANEACIÓN LA ESTRUCTURA FÍSICA EL PATRIMONIO HISTÓRICO 328 329 330 332 333 335 337 339 341 341

IV V VI

EL GOBIERNO DE LA CIUDAD
LA ELECCIÓN POPULAR DE ALCALDES

LA ECONOMÍA DE LA CIUDAD LA CIUDAD Y EL MEDIO AMBIENTE

VII LA CIUDAD COMO EXPRESIÓN CULTURAL VIII REFLEXIONES FINALES
LA
CIUDAD POSIBLE

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CIUDAD INCONCLUSA

INTRODUCCIÓN
La ciudad de Riohacha, capital del departamento de La Guajira, está situada a orillas del mar Caribe, en la margen occidental del río Ranchería. Con sus 97.394 habitantes,1 14 corregimientos, 6 inspecciones de policía, 6 comunas y aproximadamente 56 barrios, es considerada como un centro regional de tipo intermedio2 y como un polo de mediano desarrollo. Del total de su población, 93,4% es urbana y 6,6% se halla en el área rural,3 unas 14.758 personas que representan 15,2%, son indígenas pertenecientes al grupo étnico Wayuu. En los últimos 25 años, la ciudad ha registrado un importante flujo migratorio desde las zonas rurales del municipio hacia su cabecera y en proporción más significativa, desde otros departamentos de la costa Caribe y del interior del país. Aunque se carece de estudios específicos sobre el comportamiento de las migraciones, este proceso demográfico se manifiesta tanto en la acelerada expansión urbana, especialmente evidente en el surgimiento de asentamientos subnormales, como en aspectos económicos y de convivencia social de la ciudad. Un estudio de la Universidad de La Guajira4 sobre el estado de la mano de obra calificada y no calificada en el municipio, reveló que el 55,1% de la población económicamente activa no es oriunda de Riohacha; que un 31,5% proviene de los departamentos de Magdalena, Bolívar, Cesar, Córdoba, Sucre y Atlántico; que un 17,2% procede de otros municipios del departamento de La Guajira y que un 6% es oriundo del interior del país. En materia de cobertura de servicios, en 1997, el 59,8% de las viviendas del área urbana de Riohacha tenía acceso al servicio de acueducto, en tanto que el 52,2% de éstas contaba con el servicio de alcantarillado; la cobertura del servicio de energía eléctrica era del 79% en la cabecera municipal; la cobertura del servicio de gas domiciliario en las viviendas del área urbana alcanzaba el 49,4%, mientras que la de servicios telefónicos y de recolección de basuras era de 0,4% y 56,9% de la población, respectivamente.5 El examen de algunos indicadores sociales permite confirmar que el 51,8% de la población del municipio se halla bajo la línea de pobreza medida por NBI y el porcentaje de población en miseria es de 20%.

1 Dane, proyecciones para 1997. 2 Álvarez, María E. Municipios y regiones en Colombia. Una mirada desde la sociedad civil, Fundación Social. 3 Departamento de La Guajira,. Municipio de Riohacha, Ficha básica municipal, Programa mejor gestión de los departamentos. GTZ-DNP. 4 Citado por Martha Ligia Castellanos en su ponencia Riohacha y el medio ambiente. 5 Departamento de La Guajira,. municipio de Riohacha, Ficha básica municipal, Programa mejor gestión de los Departamentos. GTZ-DNP.

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RIOHACHA

I
ORÍGENES DE LA CIUDAD Y EVOLUCIÓN HISTÓRICA6

LA CIUDAD DE LAS PERLAS
El poblamiento de las costas guajiras estuvo ligado a la búsqueda y localización de bancos perleros, iniciadas ambas, en el ámbito del Caribe, desde la primera década del siglo XVI. El descubrimiento de los ostrales se dio fundamentalmente en tres áreas geográficas: el grupo insular Margariteño, la península de La Guajira y el istmo de Panamá. Esta atracción económica dio origen a un singular proceso demográfico que trajo consigo el surgimiento de una ciudad con peculiares características espaciales, económicas y sociales porque estuvo dotada, a su vez, de un estatuto político similar al de otros asentamientos perleros tales como el de Nueva Cádiz de Cubagua. El descubrimiento de bancos de perlas en las costas del cabo de la Vela que tuvo lugar hacia 1538, por parte de comerciantes de perlas de la isleta de Cubagua, cercana a Margarita, provocó el traslado de la mayoría de los habitantes de aquella con sus autoridades, sus esclavos africanos, sus indígenas, canoas y casas movedizas. El fundamento jurídico para su movilización consistió en una licencia real de exploración de bancos perlíferos; pero, a partir de ella, lograron conservar en sus nuevos asentamientos la autonomía política local, hecho que les permitió mantenerse a salvo de los abusos de los gobernadores. Así, en los primeros años de establecidos en las costas guajiras, en un territorio disputado por las gobernaciones de Santa Marta y Venezuela, fundaron la ciudad de Nuestra Señora de los Remedios del cabo de la Vela, por lo cual pidieron que se confirmasen para aquella las ordenanzas municipales y cédulas reales que conformaban el estatuto político de la ciudad autónoma de Nueva Cádiz de Cubagua «por ser ambas poblaciones una misma cosa». El municipio fue el eje de la vida política de los pescadores de perlas. La ciudad era gobernada por alcaldes cadañeros, elegidos por el Cabildo, el cual se hallaba conformado por miembros de la elite económica de la ciudad. Cuando las gobernaciones vecinas les requirieron el pago de tributos por hallarse en sus territorios, éstos respondieron que la nueva población y sus riquezas eran «fruto y renta de la mar» y argumentaron, además, que los gastos que ella generó en su poblamiento y conquista, nada le habían costado a ningún gobernador, puesto que las casas y edificaciones habían sido construidas mediante el esfuerzo de sus vecinos y de las autoridades municipales. Nuestra Señora de los Remedios obtuvo el título de ciudad en 1543 y fue trasladada a orillas del Río de la Hacha en
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6 Weildler Guerra, relator del T aller ¿Cómo es Riohacha al final del siglo XX?, y autor de la ponencia Origen y evolución histórica de la ciudad.

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CIUDAD INCONCLUSA

1545, mediante un proceso iniciado ante el Consejo de Indias que indagó sobre las características generales y particulares del nuevo emplazamiento. Durante gran parte del siglo XVI, continuó siendo un enclave político entre las gobernaciones de Santa Marta y Venezuela, que dependía, en lo judicial, de la Real Audiencia de Santo Domingo, por hallarse, la de Santa Fe, muy lejos de las costas guajiras. Además de los vecinos hispanos, habitaban en Nuestra Señora de los Remedios del Río de la Hacha y sus campamentos de perlas, centenares de esclavos africanos e indígenas. Estos últimos, provenían de diversos lugares del Caribe, especialmente de las islas de los Gigantes, las Bahamas, el oriente de Venezuela, Cuba, Santo Domingo, Brasil y Trinidad. Kaplan (1986) ha considerado a los asentamientos perleros como una sociedad cerrada, en la cual se encontraban varios grupos sociales y raciales integrados en una jerarquía de poder y llama la atención sobre la singularidad de ese conglomerado humano cuya rareza para dicha época (1538-1570) es un ejemplo más de la diversidad de estructuras sociales que se formaron durante la conquista española. El fracaso en la incorporación masiva de la población indígena local a las pesqueras, determinó que la ciudad y sus campamentos actuasen como un enclave cultural en las costas donde se hallaban asentados. Riohacha no pudo contar, por tanto, desde sus inicios con una base agrícola que permitiese su abastecimiento y, mucho menos, con un contorno indígena pacificado, requisitos éstos fundamentales para la supervivencia de los asentamientos hispanos en América. Debido a ello, así como al predominio de la explotación perlera sobre otras actividades económicas, la mayor parte de su avituallamiento procedía de Venezuela, Santa Marta, Cuba, Santo Domingo y Andalucía, lugares en donde tenían su sede las casas comerciales dedicadas al negocio de las perlas. La organización económica de los vecinos, se daba alrededor de las llamadas «haciendas de perlas», las cuales comprendían el conjunto de personas, animales, edificaciones, canoas y aparejos, necesarios para la extracción y comercialización de los bancos de perlas. La hacienda era la empresa de explotación cuya propiedad correspondía a un solo dueño o a una sociedad comercial, la cual, a su vez, usualmente estaba a cargo de un mayordomo o administrador. A pesar de las múltiples disposiciones de la Corona que buscaban controlar la evasión del quinto real, numerosas perlas salían hacia otras provincias, especialmente hacia el Nuevo Reino, sin ser reportadas ante los oficiales reales. Los vecinos de Nuestra Señora de los Remedios, también introdujeron esclavos africanos, desde 1544, sin la correspondiente licencia oficial. El obispo de Coro, protestó ante la Corona por la complacencia de las autoridades del Río de la Hacha frente al comercio ilegal de esclavos. Un conjunto de cédulas reales y de ordenanzas municipales, expedidas principalmente desde 1538 hasta 1549, conformaron el estatuto político de la ciudad. Ellas confirman la categoría administrativa de ciudad que tempranamente reconoció la Corona a Nuestra Señora de los Remedios y contienen, además, disposiciones dirigidas a reglamentar la pesca y la comercialización de las perlas, el uso de balanzas y la importación de mercancías, así como otras dirigidas a evitar las defraudaciones al fisco real y salvaguardar la salubridad y la moral públicas. La Corona concedió a la ciudad, «sin perjuicio de los indios», términos territoriales

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de cinco leguas de extensión que iban por cada parte de la costa como de la tierra adentro. La búsqueda de minas de oro y plata en los ríos y faldas de la Sierra Nevada, llevó, en 1548, a los vecinos del Río de la Hacha a fundar el pueblo de Buritaca e incorporarlo a su territorio, situado muy cerca de la ciudad de Santa Marta. Debido a la deserción de esclavos africanos de Santa Marta y Maracaibo, se formaron palenques de negros en su área de influencia que no entraron en choque con las autoridades del Río de la Hacha. Situados en la provincia de la Ramada, sobre la vertiente nororiental de la Sierra Nevada y en el camino a Maracaibo, sus habitantes se dedicaron al asalto de estancias y poblados de indios pacíficos encomendados a los vecinos del Valle de Upar y Santa Marta para venderlos como esclavos a los propietarios de las haciendas de perlas. Los encomenderos de esas ciudades, protestaron reiteradamente ante la Corona por la permisividad de las autoridades del Río de la Hacha, frente a las actuaciones de los negros cimarrones. En 1593, debido a los constantes ataques de corsarios y a las intermitentes rebeliones indígenas, la ciudad es anexada a la gobernación de Santa Marta.

RIOHACHA

LA CIUDAD FRONTERIZA
A principios del siglo XVII, el panorama social y económico había cambiado considerablemente en la península de La Guajira. La producción de los ostrales había iniciado paulatinamente su descenso, desde la segunda mitad del siglo anterior. Parte de los 1.200 habitantes de la ciudad, había marchado hacia Panamá y la Margarita, en búsqueda de nuevos bancos perleros. La esclavitud indígena en las haciendas de perlas, había sido finalizada, hacia 1570, por expresas instrucciones de la Corona y el buceo continuó realizándose con esclavos negros, hasta que la población aborigen asumió su control mediante acciones armadas. Muchos de los vecinos, habían diversificado sus actividades al dedicarse a la cría de ganado, creando así nuevos espacios de contacto y de conflicto con la población nativa. La transición de una economía extractiva a una economía pecuaria, llevó a fuertes enfrentamientos con los indígenas por el control de las tierras del interior. Éstos, a su vez, habían hecho la transición de formas pre - hispánicas de subsistencia como la caza, la pesca y la recolección de frutos silvestres al pastoreo integral. Las descripciones de las fuentes históricas de la época, se refieren a los indígenas cercanos al Río de la Hacha, los cuales poseían ya una vasta ganadería, con el apelativo de Guajiros. El dominio de los ostrales, les permitió entrar en contacto y establecer alianza política con grupos foráneos de ingleses, franceses y holandeses hostiles a la Corona española. Por otra parte, las perlas, utilizadas como valor de cambio, les permitieron acceder a las armas de fuego y a otros elementos occidentales. A su vez, el intercambio comercial y la adquisición de caballos, fortalecieron su autonomía política y cultural y facilitaron la defensa del territorio ancestral, frente a las aspiraciones territoriales de los vecinos del Río de la Hacha.
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CIUDAD INCONCLUSA

La caída de Curazao en manos de los holandeses, ocurrida hacia 1634, permitió a éstos tener una base permanente para el comercio con la tierra firme. La península de La Guajira fue uno de los principales puntos de salida y entrada de mercaderías ilegales hacia el interior del continente. Estas últimas se llevaban tierra adentro hacia la provincia de Mompox por el llamado camino de Jerusalén. Del contrabando, no sólo se beneficiaban los indígenas Guajiros, sino también algunos de los vecinos hispanos del Río de la Hacha, los cuales mantenían buenas relaciones con los indígenas y con los grupos foráneos, lo que ponía en evidencia fisuras en el modelo de dominación colonial. La Iglesia Católica, intentó desarrollar diversas campañas de evangelización, con el fin de convertir a los indígenas al cristianismo, facilitar el pago de tributos a la Corona y asentar a los nativos en pueblos gobernados por curas doctrineros. La conversión de los naturales al cristianismo, fracasó en repetidas ocasiones a lo largo de los siglos XVII y XVIII. Pueblos como La Cruz, Orino, Menores, El Toco, Carrizal, Camacho, Boronata, Pedraza y Santa Ana, fueron destruidos durante los alzamientos de los nativos, quienes dieron muerte a varios misioneros. Al propender por formas de evangelización pacífica de los aborígenes, la Iglesia entró en pugna, en algunas ocasiones, con los propietarios de estancias que eran partidarios de campañas de pacificación militar. Estas eran estimuladas por algunos habitantes del Río de la Hacha, como una forma de aprovechar los enfrentamientos para despojar a los guajiros de grandes cantidades de ganado. Aunque nominalmente tenía jurisdicción sobre la península, la Corona consideró este territorio como neutro, vacuo e inconquistado. Debido a ello, otorgó, a mediados del siglo XVIII, una capitulación de conquista a Fernando Ruiz de Noriega, similar a las que se entregaron, a principios del siglo XVI, a los primeros expedicionarios hispanos. La ciudad de Riohacha era considerada, entonces, una ciudad fronteriza, no por su cercanía a la vecina capitanía general de Venezuela sino por encontrarse en los confines de la irreductible nación de los Guajiros. En mayo de 1769, los indígenas guajiros se alzaron contra la presencia española en su territorio ancestral, quemaron varios pueblos y haciendas y dieron muerte a mas de 80 vecinos hispanos. La rebelión alcanzó tal magnitud, que obligó al traslado de tropas desde Cartagena, Maracaibo, Santa Marta y el Valle de Upar, además de emplear a las milicias locales. Antonio de Arévalo, coronel de ingenieros y restaurador de las murallas de Cartagena, fue designado comandante de la campaña de pacificación. Éste diseñó planes de poblamiento, dirigidos a sujetar a los nativos, por medio de la fundación de pueblos de españoles y de indios, en puntos estratégicos de la península, los cuales reflejaban ejes longitudinales en los mapas del territorio guajiro. Entre ellos se encontraban: (i) los constituidos por la línea Bahía Honda.-Cocinetas, dirigidos a controlar los puertos y el contrabando con los ingleses; (ii) el eje transversal Pedraza – Sinamaica, cuyo fin era proteger el vital camino a Maracaibo y (iii) la línea Orino – Macuira, que desde 1594 sirvió para controlar las tierras del interior, al erigir pueblos en el extremo norte y en la base de la península. El alzamiento indígena puso de manifiesto la vulnerabilidad de la ciudad de Riohacha frente a la capacidad bélica de la nación Guajira. Los costos sufragados por la Corona en las sucesivas campañas de pacificación, superaban

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en mucho los ingresos que ella misma percibía por los tributos de la ciudad. El mantenimiento de este asentamiento hispánico se justificaba principalmente por sus funciones de contención a los indios guajiros para evitar su expansión a las tierras cercanas a Santa Marta, así como para aislarles de los contactos con sus aliados ingleses e impedir, en consecuencia, el contrabando por los puertos guajiros.

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LA CIUDAD REPUBLICANA
El inicio de las luchas de los habitantes de las colonias americanas por su independencia de España, no significó que los indígenas guajiros adoptasen actitudes menos hostiles con respecto a los republicanos. No obstante, éstos concibieron nuevos proyectos pobladores en la península, previendo que su triunfo podría implicar la reorganización territorial de entidades políticas hispanas como el virreinato de la Nueva Granada y la capitanía general de Venezuela. De esta manera, Bolívar concibió en 1815 que la capital de la futura república de la Gran Colombia debería construirse en territorio Guajiro y pensó, por tanto, en una nueva ciudad que con el nombre de Las Casas, en honor de ese héroe de la filantropía se funde en los confines de ambos países en el soberbio puerto de Bahía Honda. Esta posición, aunque desconocida, es más ventajosa por todos respectos; su acceso es fácil y su situación tan fuerte que puede hacerse inexpugnable. Posee un clima puro y saludable, un terreno tan propio para la agricultura como para la cría de ganado y una grande abundancia de maderas de construcción. Los salvajes que la habitan serían civilizados y nuestras posesiones aumentarían con la adquisición de La Guajira. El fin del dominio español, significó para el nuevo gobierno republicano enfrentar todo un legado de problemas pendientes en el territorio guajiro. El primero, era la pacificación, empresa en la que la Corona había fracasado continuamente. En segundo lugar, se hallaba la persistencia del contrabando, del cual no sólo se beneficiaban los indígenas, puesto que en dicha actividad también participaban los criollos de Riohacha. Por último, era en extremo preocupante la presencia de los ingleses en las costas de la península, quienes proveían de armamentos a los naturales y cuyas acciones parecían ir más allá del intercambio comercial con éstos y podrían crear un protectorado inglés en ese territorio al apoyar la efectiva autonomía de la cual gozaban los guajiros. De la Pedraja (1981), ha señalado que los esfuerzos del gobierno republicano buscaban atraer a los naturales a la civilización, mediante el aislamiento del territorio guajiro y la reducción de los indígenas en pueblos fijos para facilitar la labor misionera. Con tal fin, se creó, en 1846, el Territorio Guajiro, en el cual actuaría como prefecto el gobernador de Riohacha, quien tendría facultades para dirimir los conflictos que pudieran surgir entre los indígenas y los criollos. Dicha entidad territorial, sólo funcionó, en la práctica, a partir de 1866. El estancamiento en el comercio con los ingleses y el crecimiento demográfico de Riohacha –la cual pasó de 3.966 habitantes en 1778 a 16.734 en 1843–, obligó a la población criolla a buscar nuevas áreas para las actividades agropecuarias,
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empresa que culminó con el desplazamiento de los indígenas hacia la banda norte del río Ranchería, cuyo curso sirvió, durante muchos años, de frontera entre la población criolla y los indígenas. Los años comprendidos entre 1830 y 1850, se van a caracterizar por enconados enfrentamientos entre riohacheros y guajiros. En el año de 1846, se establecieron las poblaciones de Dibulla, Camarones, El Paso y Soldado, situadas en territorio indígena. Como consecuencia de ello, los nativos perdieron las fértiles llanuras del litoral en la vertiente nororiental de la Sierra Nevada, así como gran parte de las tierras ubicadas en el curso del Medio Ranchería. Sin embargo, en 1850, fue destruido por los guajiros el poblado de El Paso, junto con las fundaciones coloniales de Menores y Moreno, en un proceso de reflujo de la resistencia indígena que se cierra en 1882, con el arrasamiento de Soldado. A partir de la segunda mitad del siglo XIX, algunos colonos de Riohacha se establecen en territorio guajiro, donde se dedican al comercio de dividivi, aguardiente y ganado, así como a la explotación de sal y perlas. El dividivi, un producto natural recolectado por los nativos, se utilizaba en las labores de curtiembres como colorante y su demanda en el mercado había sido iniciada en 1850 por una casa comercial de Curazao. Como resultado de este proceso, surgen en la segunda mitad del siglo XIX, los poblados de Puerto Estrella, Taroa, Chimare y Punta Espada, en la parte norte de la península y son repoblados, también, antiguos asentamientos coloniales como el Portete, el Cardón de los Remedios y Carrizal. En 1884, el gobierno central declaró el monopolio nacional sobre las salinas, al vencerse la concesión otorgada al estado del Magdalena veinte años atrás. Utilizando a los indígenas como mano de obra principal, se beneficiaban entonces las salinas de Manaure, Navío Quebrado y Chimare. Las misiones coloniales, que habían fracasado durante el período colonial, se reanudaron en el siglo XIX, aunque en forma discontinua, puesto que la escasez de recursos para la evangelización y las luchas entre la Iglesia y el Estado, afectaron su desarrollo. En 1864, los capuchinos españoles lograron establecer la misión de Marauyen en la provincia de Orino y realizaron centenares de bautismos entre los indígenas, misión que fue abandonada en 1873. Bajo el liderazgo del obispo Atanasio Soler y Royo, se inició una segunda etapa misional dirigida especialmente a la población infantil de los guajiros, la cual buscaba la integración de éstos a la «civilización», por medio de su encerramiento en internados indígenas. Alrededor de estos centros educativos, se fueron consolidando asentamientos de criollos e indígenas. Es así como en 1915 se fundó, a pocos kilómetros de Riohacha, en la población de San Antonio de Padua, el internado indígena del mismo nombre, situado en la antigua provincia de Orino y, en 1916, se creó el internado de Nazareth en la septentrional provincia de Macuira.

LA COLOMBIANIZACIÓN DE LA CIUDAD
A principios del siglo XX, los territorios de las comunidades indígenas como la península de La Guajira o la Sierra Nevada eran vistos como regiones exóticas,
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lejanas en el espacio y en el tiempo del resto de Colombia. Por lo cual, en muchos sectores oficiales y religiosos se imponía una visión que propugnaba por su efectiva incorporación a la vida nacional. El colombianismo de la época pretendía la unificación política, religiosa y cultural del país, aunque carecía de claridad en cuanto al modelo cultural que prevalecería en una nación caracterizada por el vigor de sus identidades regionales. Riohacha había optado por mantener sus nexos mercantiles y culturales con el Caribe en la clandestinidad y las actividades comerciales, consideradas ilícitas por el gobierno central, se desarrollaban por la vía de los puertos de la alta Guajira. La ciudad era la sede de organismos administrativos que representaban al gobierno central. La presencia de los cuerpos coercitivos nacionales como la policía y la aduana, crearon situaciones de tensión entre la población criolla, que vio menoscabada la autonomía «de hecho», de la cual había gozado durante siglos. Así, en junio de 1935, la tensión social acumulada explotó en la asonada de la población hacia el cuartel de la policía colombiana de San Antonio, suceso conocido en la tradición oral de la ciudad como la Guerra de Pancho, en la cual murieron cinco riohacheros y un agente de esa institución. Hacia 1927, sobre el eje Pedraza-Sinamaica, surgió la población de Maicao, que evolucionó a partir de un puesto de aduanas situado en el camino que conduce a Maracaibo. En 1935, se fundó la población de Uribia sobre la línea Orino – Macuira, en pleno centro del territorio Guajiro, lo cual permitió un mayor control del interior de la península y de sus puertos. Con estas escisiones demográficas, Riohacha perdió su liderazgo en el intercambio comercial con el resto del Caribe y Venezuela, así como su condición de sede del gobierno en el territorio guajiro, la cual sólo recuperó en 1954, con la creación de la intendencia de La Guajira para afianzarla luego con su elevación a la categoría de departamento en 1964. En los últimos veinte años, la apertura de vías de comunicación con el resto del país, como la troncal del Caribe, permitió importantes procesos migratorios hacia las principales poblaciones de la península, especialmente la procedente de otros departamentos de la costa Atlántica, hecho que reforzó la homogeneización cultural con el resto de la población nacional. Este proceso migratorio, ha contribuido significativamente a producir un cambio en la correlación demográfica de los grupos étnicos, lo que lleva a que la población indígena actual represente tan sólo el 35% del total de los habitantes del departamento. Los momentos de auge económico derivados del tráfico ilegal de mercancías, especialmente los derivados de la llamada «bonanza marimbera», contribuyeron a divulgar un estereotipo violento de los habitantes de la ciudad en el resto de la costa Caribe y en el interior del país. De alguna manera, el territorio guajiro, en general y Riohacha, en particular, fueron asociados durante las décadas del setenta y el ochenta a las actividades comerciales ilícitas y a la práctica de la justicia privada. Como sucediera en el siglo XVI, la ciudad mantiene sus conflictos territoriales con la población indígena situada en su contorno y concibe su desarrollo físico a expensas de aquella. Los nativos deben, por tanto, abandonar rápidamente sus
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cementerios, áreas de cultivo, de pastoreo y de viviendas, para dar paso al acelerado desarrollo de la ciudad y para suplir las demandas de habitación de la población migrante. El descubrimiento de nuevos atractivos económicos, relacionados con la explotación de recursos naturales como el gas y el carbón, aceleraron el proceso de expropiación de tierras de los indígenas, mediante la creación de reservas legales creadas por el Estado colombiano a favor de distintas entidades gubernamentales (Carbocol, Corturismo, IFI), y se consideran oficialmente a las tierras indígenas como baldíos nacionales. Sólo hasta 1984, se creó el resguardo indígena de la alta y media Guajira. La explotación de los recursos naturales, conllevó la aparición de enclaves económicos y culturales en territorio guajiro como lo es el proyecto carbonífero de El Cerrejón. En contraste, el contrabando persiste como actividad económica principal para miles de habitantes de La Guajira. Finalizado el siglo XX, la colombianización de la ciudad y del territorio guajiro promovida por los gobiernos centrales, sigue siendo un proceso inconcluso.

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II
LA CIUDAD Y LA REGIÓN

Siguiendo lo afirmado por Mauricio Henríquez,7 la ciudad de Riohacha, ha sido históricamente la columna central del desarrollo económico, social, político y cultural del territorio Guajiro. Sin embargo, actualmente su influencia urbana cubre fundamentalmente el norte del departamento, en donde se encuentran los municipios de Uribia, Manaure, Dibulla y Maicao, los cuales comprenden las zonas denominadas alta y media Guajira. Las poblaciones situadas en el extremo norte de la península, presentan también una gran dependencia de Maracaibo; en tanto que el sur de La Guajira se encuentra básicamente influenciado por Valledupar. Riohacha es considerado un centro regional intermedio, junto con Santa Marta, Sincelejo, Soledad, Magangué, Ciénaga, Aguachica, Maicao, Lorica, Cereté, Tolú y El Banco. La ciudad ha sido, a la vez, clasificada como un polo de mediano desarrollo, al lado de Santa Marta, Valledupar, Soledad, Sincelejo y San Andrés. Durante varios siglos, su mejor forma de comunicación con las otras ciudades costeras de Colombia fue por vía marítima, hasta la apertura de la carretera de la troncal del Caribe en los años setenta, hecho que favoreció un importante flujo migratorio desde otros departamentos de la costa Caribe hacia la ciudad y, al mismo tiempo, facilitó la circulación, no registrada, de mercancías desde Maicao hacia otras áreas de la costa Caribe y del interior del país. La presencia, en el departamento de La Guajira, de un importante proyecto minero de tipo nacional como lo es El Cerrejón, ha jugado un papel destacado en el fortalecimiento de los ingresos del departamento y de algunos municipios, en materia de regalías que se destinan a la inversión pública y a la generación de empleo; también ha permitido el desarrollo de algunos renglones de soporte, especialmente de servicios para los trabajadores. No obstante, es al mismo tiempo, dada su condición de enclave, un factor que distorsiona las estadísticas regionales. Prueba de ello es que La Guajira es presentado como departamento minero, con amplia participación en el PIB regional y nacional; lo muestran, además, en cifras brutas exportadas, como el de mayor volumen de la región, por encima, incluso en número de toneladas, de puertos tan importantes como Cartagena, Barranquilla y Santa Marta. Sin embargo, también La Guajira posee la población con el mayor índice de NBI de la región y las menores coberturas de servicios públicos, en toda la zona de la costa Caribe. De acuerdo con las cifras del DANE, el único departamento de la costa Caribe que aumentó su participación en la producción nacional entre 1980 y 1996, fue
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7 Gerente de la lotería de La Guajira, autor de la ponencia Ciudad y Región, presentada en el Taller ¿Cómo es Riohacha al final del siglo XX?

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La Guajira, que pasó de 0,65% a 1,2% en este período, debido precisamente al proyecto minero de El Cerrejón. Con respecto al PIB regional, la participación de La Guajira fue de 9,12%, en 1996.8

8 Estadísticas regionales del Banco de la República, 1999.

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III
ORGANIZACIÓN SOCIO-ESPACIAL Y ESTRUCTURA FÍSICA
DE LA CIUDAD

NORMATIVIDAD Y PLANEACIÓN
La aproximación al estudio de la organización socio-espacial y de la estructura física de la ciudad, parte de la identificación de los planes de desarrollo que han sido adoptados en el municipio de Riohacha en el último cuarto del siglo XX. De igual manera, se considera necesario describir a los actores sociales que han influenciado la morfología de la ciudad, cuyas construcciones dan formas arquitectónicas y espaciales al paisaje urbano en una estética visual concreta. Uno de los instrumentos de planeación con que se ha contado en el ámbito municipal se encuentra en el Plan elaborado en 1972, con vigencia hasta 1988. El proceso de elección popular de los alcades municipales, trajo consigo un conjunto de normas derivadas de la llamada reforma municipal, iniciada desde 1986, por medio de las cuales los alcaldes debían implementar un concepto de descentralización administrativa, participativo y local. Iguarán y Ávila9 consideran al período comprendido entre 1988 y 1993 como un espacio vacío en el proceso de planeación municipal. En 1995, mediante el acuerdo 028 del Concejo Municipal, fueron aprobados, por un lado, el Plan de Desarrollo, con un horizonte de nueve años y, por el otro, el Código de Urbanismo de la ciudad de Riohacha. El municipio cuenta con una junta y un consejo consultivo de Planeación. Actualmente, se encuentra en proceso de elaboración el Plan de Ordenamiento Territorial del municipio. Sin embargo, surgen interrogantes relacionados con el conocimiento que la ciudadanía de Riohacha pueda tener acerca del Plan de Desarrollo y del Código Urbanístico de la ciudad. Es evidente que el municipio no los aplica; pero se ignora si ello se debe a falta de voluntad política, a deficiencias en el recurso humano, a la insuficiencia de recursos técnicos y económicos, o a la baja capacidad de desempeño como producto de estas debilidades. La comunidad no percibe las medidas correctivas que se toman para con los infractores del Código Urbanístico, ni la regulación que éste debe ejercer sobre áreas de desarrollo residencial, industrial, comercial, institucional y de servicios. Así mismo los riohacheros se preguntan por qué las soluciones arquitectónicas de su ciudad se desarrollan por debajo del nivel topográfico de la cota de rodamiento vial y pluvial. Las prácticas de intervención tradicional, por medio de la expedición de ordenanzas, acuerdos u otras medidas puntuales que son impulsadas para satisfacer inte328

9 El presente capítulo se basa en la ponencia de Isaac Iguarán y Carmenza Ávila Chassaigne, miembros de la Seccional de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, presentada en el Taller ¿Cómo es Riohacha al final del siglo XX? Riohacha, octubre 13 y 14 de 1999.

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reses particulares o de grupo, se han constituido, a su vez, en otra forma de planear y de ejecutar presupuestos, lo cual termina acentuando la deformidad urbanística que presenta Riohacha al finalizar el siglo XX.

LA ESTRUCTURA FÍSICA
La ciudad se estructura a partir de un trazado vial irregular; de unidades dispersas, con calles y sendas que tienden a formar, en algunos sitios, una cuadrícula que trata de definir las calles en las direcciones este-oeste y las carreras en el sentido norte-sur. Riohacha, se caracteriza, además, por poseer cuatro jerarquías viales entre las que se distinguen: (i) una vía arteria de tipo regional (Troncal del Caribe) que atraviesa el casco urbano con un flujo vehicular de gran peso; (ii) la llamada carrera séptima, en sentido norte- sur, la cual funciona como una arteria que comunica a Riohacha con el sur del departamento y con Valledupar, a partir de la calle 15; (iii) las llamadas semi-arterias, como la avenida al aeropuerto o carrera 15 y algunas calles, como la calle primera, en donde se concentra gran parte de la actividad turística. Hacia el oriente, la ciudad tiene un colector vial representado en la avenida circunvalar; otros colectores están representados en la calle 7 o ancha, en la calle 13 y en la carrera 6, esta última llamada tradicionalmente la calle del Comercio. Los hitos geográficos y culturales de Riohacha son: (i) el delta del río Ranchería, conocido históricamente como río Yaro, Hermo o de la Hacha, que le dio su nombre a la ciudad; (ii) el mar Caribe que la definió durante siglos como ciudad portuaria, contrabandista y perlera. A través de éste, se seguían las rutas hacia el resto del continente, las Antillas y Europa; (iii) la calle primera, paralela al mar; allí se desarrolla hoy gran parte de la actividad turística y también se encuentra el muelle, el cual se ha reducido a las actividades de abastecimiento de la Texas Petroleum Company, y a servir de paseo recreacional. Entre los lugares de importancia histórica y ambiental, se hallan también la laguna Salada y el valle de los Cangrejos. Durante la primera fase de planeación ya señalada, comprendida entre 1972 y 1988, se realizaron obras urbanísticas. Entre ellas, aparece la avenida de Los Remedios que se extiende desde la calle 21 hasta la 23, cuya construcción se efectuó bajo el modelo de autogestión comunitaria y en la cual participaron el SENA, el ejército nacional, el departamento de La Guajira y el municipio, debido a lo cuantioso de la inversión. Conjuntamente con estas acciones oficiales, aparecen en el campo de la solución de vivienda barrios como Entre Ríos y Marbella, levantados en desarrollo de los programas del Instituto de Crédito Territorial. Otro barrio, como lo es el Cooperativo, surge como resultado de la invasión a territorios de las comunidades indígenas y, paralelamente, aparecen nuevas formas y conjuntos urbanos que desarrollaron nuevas áreas y marcaron formas diferentes de acción en el espacio público y privado. Tal es el caso de los conjuntos habitacionales Mediterráneo I y II, Sol Tropical y Sol Caribe, Eurare, El Faro, Herzel y Villa del Mar.

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En el segundo período, aparecen multifamiliares como el Warekay, Mar Azul y el edificio Don Migue. Con participación del ejército nacional, el departamento de la Guajira efectúo la prolongación de la avenida La Marina y del Centro de Convenciones de la ciudad llamado Anas Mai. En la silueta de la ciudad, aparecen los tanques de compensación del nuevo acueducto Se detecta un leve esfuerzo del municipio por la recuperación del espacio público y especialmente del área de las playas de la ciudad, en conjunto con la Corporación departamental de Turismo. Sumándose a lo anterior, crecen los asentamientos subnormales hacia el sur y el occidente de la ciudad. Éstos no obedecen a procesos planificados de soluciones de vivienda y son habitados principalmente por migrantes de otros departamentos de la región Caribe, fundamentalmente por desplazados de la violencia; esta situación incrementa la deformación urbanística y genera, además, áreas de pobreza que desbordan las cifras previstas en materia de cobertura de los servicios públicos. Las formas arquitectónicas desarrolladas en el período correspondiente al actual Código de Urbanismo, son los conjuntos residenciales Techos Verdes, Villa Orca, Don Tuto, Villa Saida, Portal de Comfamiliar y el edificio La Majayura, entre otros. La construcción tanto de las nuevas sedes de las universidades de La Guajira, Antonio Nariño y San Martín en la vía hacia la ciudad de Maicao, como de El Portal de Comfamiliar sobre la ribera del río Ranchería, consolida el proceso de expansión urbana sobre su margen izquierda, especialmente sobre los bosques de mangles, las lagunas conexas y las zonas de inundación estacional, que forman parte de este ecosistema altamente intervenido por la ciudad.

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EL PATRIMONIO HISTÓRICO
Hasta hoy, la expansión territorial de la ciudad ha arrasado las edificaciones que formaron parte de su patrimonio cultural. Los cementerios, los asentamientos indígenas y los ecosistemas que integran su entorno, no han sido considerados como elementos estructurantes del espacio, la memoria y la identidad urbanas. A pesar de su condición de antiguo emplazamiento hispánico y de puerto marítimo abierto hacia el Caribe y Europa, hasta principios del presente siglo, la ciudad niega su pasado histórico. Esta actitud se refleja en la poca valoración de su patrimonio cultural, en la indiferencia hacia las medidas oficiales que lo afectan, y aún, en la paupérrima toponimia de la ciudad que sólo se reduce a una reiterada mención de su héroe de la Independencia, agotando en ello todo el fértil pasado de Riohacha. No existe una sola calle o lugar que lleve el nombre de los pescadores de perlas de Cubagua, verdaderos fundadores de la ciudad. Durante las primeras décadas del siglo XX, fueron destruidos, por parte de las autoridades municipales, los restos del castillo de San Jorge, que durante cientos de años fue el símbolo arquitectónico que identificaba la ciudad. Años más tarde, fue arrasado el edificio de los Portales, suerte que también corrió la antigua cárcel, situada a orillas del mar y que fuera descrita por Henri Charriere en su famoso Papillón.
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La histórica nomenclatura hispánica asociada a la vieja Riohacha, con sus calles llamadas de los Tres Infantes, la Reventazón, del Carmen y del Alambique , entre otras, fue reemplazada por una anodina nomenclatura de tipo catastral. Los antiguos callejones peatonales fueron tomados por particulares para ampliar sus propiedades. La vivienda vernácula caribeña, que predominó durante siglos en los viejos barrios de la ciudad y también la vivienda indígena urbana, como la del barrio Villa Fátima, fueron arrasadas por los programas etnocidas del INURBE.

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IV
EL GOBIERNO DE LA CIUDAD

Para analizar la situación del gobierno local, Yolima Carrillo10 presentó cifras de un informe de la Contraloría, según el cual, en 1998, los gastos de funcionamiento del municipio reflejaron una desproporción frente a los recursos propios con los cuales éste debía sostenerse. Así, mientras los primeros alcanzaron $ 5.706 millones, los ingresos propios, sin incluir el recaudo por concepto del impuesto predial, sólo llegaron a $ 1.145 millones. El déficit de los ingresos recaudados, menos los gastos ejecutados se incrementó, en el año de 1998, en 2,51% sobre la base del año anterior, agravando considerablemente el estado de las finanzas municipales. La situación fiscal se torna aún más crítica, en 1999, pues para ese año se esperaba un déficit de $ 20.636.286.137.11 La precariedad de la situación administrativa y fiscal del gobierno municipal sumada a su débil capacidad de dar respuestas a las demandas sociales y políticas de sus gobernados, ha contribuido a que la administración haya perdido legitimidad frente a aquellos, hecho que se refleja en las frecuentes protestas que se realizan en la ciudad. Como ejemplo de ello, puede mencionarse la situación que se presenta para los empleados del municipio en el momento de realizar el Taller,12 a quienes el gobierno municipal adeuda salarios desde administraciones anteriores.13 En demanda de sus derechos laborales, los trabajadores han protestado ocupando, por períodos prolongados, la sede del gobierno local. En el ejercicio del gobierno son notorios tanto un evidente divorcio entre conocimiento y poder, como las políticas de exclusión, la presencia de la corrupción y la poca representatividad de los sectores populares en la toma de decisiones sobre el rumbo de la ciudad. Riohacha llega al final del siglo XX, en medio de una de las peores crisis administrativas, a lo largo de la centuria. En la entrada del edificio de estilo republicano, donde funciona el gobierno municipal, el día en que se realizó el Taller ya mencionado, se encontraba un letrero que decía: «Se vende este inmueble» y de sus balcones pendían muñecos que representan la imagen de la alcaldesa y de los nueve concejales que apoyaban la coalición de gobierno. Luego de 454 años de vida municipal, este lánguido epílogo obliga a sus ciudadanos a reflexionar sobre la necesidad de construir no sólo una nueva dirección política sino sobre la urgencia de cambiar los hábitos de la población en la forma de relacionarse con la cosa pública.

10 Autora de la ponencia La ciudad y su gobierno municipal, presentada en el Taller ¿Cómo es Riohacha al final del siglo XX? 11 Contraloría General del municipio de Riohacha. Análisis del presupuesto del municipio de Riohacha, año 1998. 12 Se hace referencia al Taller: Cómo es Riohacha al final del siglo XX? (N.d. E.). 13 Deluque Gómez, Dolila. Estructura económica del municipio de Riohacha, ponencia presentada en el Taller ¿Cómo es Riohacha al final del siglo XX? Riohacha, octubre 13 y 14 de 1999.

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CIUDAD INCONCLUSA

LA ELECCIÓN POPULAR DE ALCALDES
La elección popular de alcaldes, iniciada en la década de 1980, ha llevado al gobierno local a tres mandatarios vinculados a los partidos tradicionales y a uno perteneciente a la Alianza Democrática M-19 (1995-1997). La gestión de las dos primeras administraciones locales fue ampliamente debatida por la ciudadanía. La protuberante deficiencia en la prestación de los servicios públicos, especialmente por la precariedad del servicio de agua potable, había incrementado, desde 1989, las protestas en la ciudad. La lucha por el acueducto llevó a una serie de marchas, paros, foros y otros mecanismos de expresión de inconformidad popular, generó un profundo cuestionamiento a la dirigencia política tradicional y puso en evidencia un cúmulo de tensiones sociales existentes dentro de Riohacha. Los habitantes de los nuevos barrios, provenientes de otras zonas de la Costa y del país, así como de las áreas rurales del municipio, comenzaron a reclamar injerencia en las decisiones gubernamentales que les afectaban y participación en los espacios de poder, acorde con su peso demográfico relativo, en el conjunto de la población del municipio. Esta irrupción de una especie de nueva Riohacha, encontró un clima político propicio en la preparación de la Asamblea Constituyente de 1991 y en la aparición de nuevas fuerzas políticas como la AD- M19, la cual canalizó gran parte de la inconformidad popular. En contraste, los dirigentes de los partidos políticos tradicionales se hallaban asociados a una especie de vieja Riohacha, que había demostrado su corta visión en el manejo de la cosa pública, limitada en parte al centro histórico y a antiguos barrios de la ciudad y que había sido incapaz de prever las transformaciones sociales que se daban en el entorno local y mucho menos, de proponer soluciones frente a una realidad cambiante. Esta movilización de nuevas fuerzas políticas y sociales, les permitió obtener el gobierno municipal en 1995, en medio de un amplio respaldo electoral. Esa administración centró sus esfuerzos en un ambicioso programa de vivienda popular, así como en las áreas de la salud, la educación, la recreación y los deportes. Mejoraron sensiblemente los indicadores sociales, con respecto a administraciones anteriores y también se hicieron esfuerzos de tipo fiscal, especialmente en el recaudo del impuesto predial. No obstante, dicho movimiento terminó su gestión en medio de una extendida controversia ciudadana y fue derrotado, de manera aplastante, en las elecciones locales de 1997, dando paso a la restauración de los poderes tradicionales. A pesar del apoyo de los ciudadanos a los procesos de elección popular de alcaldes y a algunos intentos de renovación política durante los últimos 13 años, se tienen como resultado las siguientes situaciones: No se registraron cambios fundamentales ni en la vida ni en la gestión públicas. Tampoco se ganó en modernización estatal que pudiera traducirse en racionalización de recursos o en la recuperación de las finanzas del municipio. No se produjeron dinámicas de transparencia o de verdadera participación ciudadana, entendida ésta no como mera información, sino como desarrollo de capacidad de gestión, de planeación, de decisión y de control. La colectividad se congrega alrededor de apuestas mesiánicas, en las que se considera a un individuo el representante legítimo de los intereses de la

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comunidad y, en consecuencia, quien puede salvar a los ciudadanos de la situación de desespero. Persisten las formas tradicionales de hacer política y se mantienen las mismas demandas clientelistas en las corporaciones de elección popular, lo que restringe la capacidad de maniobra de los gobernantes. No se evidenciaron cambios sustanciales de las administraciones locales, en el sentido de contar con un equipo de trabajo capacitado para realizar sus labores. Así mismo, muchos nombramientos no correspondieron a las calidades requeridas por el cargo, con lo cual se maximizaron los impactos de las demandas clientelistas. La ciudad no es asumida por sus habitantes y ello se manifiesta, entre otras actitudes, en la cultura del no pago de los impuestos, lo cual, a su vez, genera apatía hacia los asuntos públicos, especialmente hacia la fiscalización de los recursos. Los gobernantes son evaluados con base en la simple realización de obras físicas, a la vez que, casi siempre, se subvaloran los logros en materia social, económica, ambiental y cultural. Es evidente que Riohacha necesita involucrar a todos los actores sociales interesados en el destino de la ciudad: indígenas, criollos y migrantes de otras partes de Colombia, que producen y trabajan por Riohacha y a los habitantes de las zonas rurales. Se requiere buscar el equilibrio entre crecimiento y desarrollo, ya que el primero no es consustancial con el segundo. Se debe propiciar la participación efectiva de amplios sectores de la ciudadanía y reorganizar las finanzas de la ciudad, especialmente mediante la realización de esfuerzos en materia fiscal y la racionalización del gasto público. Igualmente, es urgente iniciar un proceso de educación ciudadana que permita construir ciudad y le dé a la administración la oportunidad de rodearse de un equipo humano idóneo para realizar sus labores y mejorar la capacidad de negociación del gobierno local con los niveles departamental y nacional. Ello implica mejorar la educación superior para disponer de dirigentes capacitados, pues existe una evidente relación entre la calidad de la educación y la de la gestión pública.

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V
LA ECONOMÍA DE LA CIUDAD

Mauricio Henríquez14 afirma que la informalidad que caracterizó tempranamente al comercio de Riohacha y al territorio guajiro, en general, no permitió un desarrollo organizacional de otras actividades económicas. Entre éstas se encuentra la transformación del sector primario de la economía, que, para la época republicana, presentaba algunas ventajas comparativas en la región. De otro lado y de acuerdo con lo afirmado por Dolila Deluque15 aunque el número de cabezas se ha visto reducido, la ganadería continúa siendo una de las actividades económicas más importantes del municipio. A principios de la década del 90, en Riohacha se contaban 91.325 cabezas de ganado vacuno, que representaban el 24,8% del total departamental. Adicionalmente, en el territorio del municipio existían más de 150.000 cabezas de ganado caprino; esta actividad pastoril realizada por la población indígena. En esa época, no se había constituido aún el municipio de Dibulla, cuya separación de Riohacha redujo, en gran parte, la producción municipal. Los sectores del comercio y de servicios se han concentrado básicamente en la actividad microempresarial y en la pequeña empresa. Riohacha es la segunda ciudad comercial del departamento, después de Maicao. De acuerdo con la información obtenida en la Cámara de Comercio de Riohacha, durante el primer semestre de 1999 se constituyeron 84 pequeñas sociedades distribuidas por sectores así: servicios, 33,3%; comercio; 32,2%; construcción, 25,0%; transporte 8,3% y agricultura 1,2%. De otra parte, en el mismo período, la Cámara de Comercio reportó como liquidadas o disueltas 8 sociedades, con un capital del orden de $ 37.7 millones; aunque es práctica común no reportar las disoluciones de entidades a tiempo. La ciudad de Riohacha, cuenta con 13 entidades del sector financiero. Al finalizar el primer semestre de 1999, afirma Dolila Deluque, los bancos de la ciudad con excepción de la Caja Agraria, liquidada recientemente para dar origen al Banco Agrario, mostraron un saldo en sus operaciones pasivas (captaciones) del orden de los $ 56.880. millones, cifra que decreció 3,8% con respecto a los registros de marzo de ese mismo año, que fueron de $ 59.157 millones. Las operaciones activas (colocaciones), revelan que la cartera vigente también presentó un descenso de 8,8%; en marzo de 1999, su saldo fue de $ 59.259 millones, mientras que en junio fue de $ 54.066 millones.
14 Autor de la ponencia La ciudad y la región. Gerente de la Lotería de La Guajira. 15 Autora de la ponencia La economía de la ciudad. Funcionaria del Banco de la República.

La cartera vencida del sistema financiero creció en un 81,7%, en igual período, al pasar de $ 7.892 millones a $ 14.338 millones, cifras que reflejan la difícil situación de la economía local.
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Se considera que las potencialidades de la actividad turística en La Guajira, especialmente en el norte de la península, donde las peculiares atracciones geográficas, históricas y culturales que posee, sumadas a la ausencia de situaciones de conflicto armado que afectan a otras zonas del país, la hacen una zona propicia para el desarrollo futuro de esta actividad que actualmente beneficia, de manera directa e indirecta, a centenares de familias guajiras.16 No obstante, el desarrollo de la actividad turística enfrenta serios obstáculos derivados de los desaciertos de las decisiones de los entes gubernamentales. Como ejemplo de ello, se señalan, en primer lugar, la supresión de la Corporación departamental de Turismo, por parte del gobierno departamental y, en segundo lugar, la escasa importancia dada a los proyectos de este sector en el Plan de Desarrollo Municipal.

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16 Los datos aportados por Dolila Deluque en su ponencia permiten establecer que, durante el año de 1997, la ciudad fue visitada por 63.181 turistas, de los cuales 61.140 eran nacionales y 2.041 extranjeros.

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VI
LA CIUDAD Y EL MEDIO AMBIENTE17

Riohacha se encuentra localizada en la vertiente norte de la Sierra Nevada de Santa Marta, a orillas del río que le dio su nombre, el cual constituye además, junto con el mar Caribe, su máximo referente geográfico e histórico, dado que, durante siglos, sirvió de frontera con la nación indígena que circunda la ciudad. Su área urbana limita al este y al sudeste con los resguardos indígenas Wayuu de la alta y media Guajira y el recién constituido de Las Delicias. La ciudad se levantó sobre el brazo izquierdo del delta que forma el río Ranchería en su desembocadura y su expansión alcanzó en tiempos recientes algunas lagunas como la Salada y de la Jarajiramana, que forman parte de dicho ecosistema. Entre sus zonas naturales, se distingue la planicie central que es un área en donde predomina el bosque tropical seco, enmarcado por los ríos Camarones y Ranchería, así como por el mar Caribe y la zona del arroyo de El Soldado. La zona de vida predominante es el bosque seco subtropical. La temperatura promedio es de 28,3 grados centígrados. Tiene un régimen de lluvias de tipo bimodal. El primer período, con mayor cantidad de ellas, entre agosto y noviembre y el segundo, con menores precipitaciones entre abril y mayo. El promedio anual registrado de humedad relativa es de 73%. El brillo solar alcanza altos valores, pues en el mes de junio de 1994 hubo 294 horas de brillo solar. En esta zona predominan los vientos alisios, los cuales modifican los altos niveles de temperatura. La falta de una planeación sólida, ha dado origen a diversos problemas ambientales que afectan a los habitantes de este municipio, en general. Algunas áreas críticas son: (i) el delta del río Ranchería, especialmente en sus bosques de manglares, sus bocas y lagunas, sometidos todos a una alta intervención humana; (ii) la laguna salada; (iii) el mercado público; (iv) el matadero municipal; (v) el relleno sanitario, (vi) los botaderos de basuras y (vii) las playas de la ciudad, entre otras. La expansión urbana no planificada sobre estas áreas, ha provocado respuestas naturales como las inundaciones periódicas o el levantamiento del pavimento en sitios como la avenida de Los Remedios y las zonas cercanas a la margen izquierda del río Ranchería, así como sobre las lagunas que se han rellenado en tiempos recientes.
17 El presente capítulo se basa en la ponencia Riohacha y el medio ambiente, presentada por Martha Ligia Castellanos profesora de la Universidad de La Guajira y en la exposición realizada sobre el mismo tema por Víctor Pinedo Guerra, en representación de Corpoguajra en el Taller ¿Cómo es Riohacha al final del siglo XX?

Utilizando la matriz de Leopold como instrumento de estudio de impacto ambiental, la investigadora Martha Castellanos ha identificado los siguientes problemas de tipo ambiental en la ciudad de Riohacha: Afloramiento de aguas negras en las principales calles de la ciudad. Deterioro del paisaje.
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Alteración de las condiciones estéticas. Grandes cantidades de residuos sólidos y líquidos, de origen orgánico e inorgánico, no dispuestos adecuadamente. Contaminación del suelo por efluentes y desechos sólidos. Exceso de vallas y de carteleras gigantes que son causa de contaminación visual. Ruido, generado por vehículos, actividades y estrategias comerciales, transeúntes, etc. El ruido supera, en algunos lugares, los 70 decibelios. Desorganización en el manejo del espacio público. Atracción de fauna indeseable como ratas, moscas, cucarachas que son vectores de enfermedades. Lotes desocupados que se convierten en botaderos de basuras. Actualmente, se desarrollan programas de educación ambiental en distintos sectores comunitarios de la ciudad. Por ejemplo, el colegio Livio Reginaldo Fishione cuenta con un programa educativo institucional que hace énfasis en los temas ambientales. Existe un programa de pregrado de ingeniería del medio ambiente en la Universidad de La Guajira y una especialización en ingeniería sanitaria y ambiental, realizada en convenio con la Universidad de Cartagena. Algunas propuestas hacia el futuro, presentadas para dar respuesta a los problemas ambientales, son: Comprometer a las autoridades locales y regionales, con respecto al tema ambiental, como un componente del mejoramiento del nivel de vida. Desarrollar actividades tendientes a actuar sobre las condiciones ambientales problemáticas. Promover valores que generen cambios de actitudes en la relación entre el ser humano y su entorno, comenzando en las instituciones educativas. Planificar, reglamentar y recuperar el espacio público. Aplicar el Plan de Ordenamiento Territorial del municipio.

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VII
LA CIUDAD COMO EXPRESIÓN CULTURAL18

Francisco Justo Pérez, señala que los habitantes de Riohacha han llegado al fin del siglo XX sin un imaginario coherente acerca de su propia ciudad. En el transcurso de la segunda mitad del siglo XX, las transformaciones físicas, demográficas, económicas políticas y sociales, han sido tan aceleradas que numerosos elementos característicos de las manifestaciones culturales de la Riohacha tradicional han sido enajenados, en tanto que otros, provenientes de otras regiones de la sociedad nacional colombiana, han sido apropiados por la población criolla. La débil presencia estatal, que caracterizó durante siglos a la ciudad, había traído consigo el predominio de los grupos familiares extensos sobre la familia de tipo nuclear, ya que la primera proveía los lazos de solidaridad política, económica y social, necesarios para brindar seguridad a los miembros del grupo, sin necesidad de recurrir a las instituciones de tipo estatal, cuya presencia menoscababa la autonomía de la cual la población de la ciudad había gozado, de hecho, durante siglos. Actualmente, la familia nuclear tiende a predominar sobre la familia extensa y el papel del Estado como regulador de conflictos, por medio de sus instituciones, se ha consolidado en las ultimas décadas. Por otro lado, la presencia de otros cultos religiosos, va disputando a la Iglesia Católica su predominio de siglos. De hecho, ello se pone en evidencia en que la fiesta más importante de la ciudad, junto con el antiguo carnaval, es la celebración de la virgen de los Remedios, patrona de la ciudad. A estos cambios, han seguido otros de tipo tecnológico relacionados con la cultura material, los patrones culinarios, la medicina tradicional y la tradición oral, entre otros. En los últimos cincuenta años, la ciudad ha pasado por distintas bonanzas, algodonera, marimbera, carbonera y política. La segunda de ellas, fue la de mayor impacto social y cultural tanto en Riohacha como en la región caribeña en general. Fue la más democrática, en la medida en que llegó a todos los estratos sociales y más que arrasar los valores culturales vigentes, puso de manifiesto la tendencia al facilismo. Ella trajo consigo un mecenazgo folclórico y una reorientación del liderazgo social, el cual terminó extendiéndose a la actividad política. La última de las bonanzas se halla, en consecuencia, asociada a la corrupción administrativa que ha generado el enriquecimiento de algunos miembros de sectores políticos en el poder. Las corrientes migratorias hacia la cabecera municipal, provenientes de otras áreas de la costa Caribe, de otras regiones del país y de las áreas rurales de La Guajira, se han dado tan rápidamente que el escenario social y cultural se ha
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18 El presente capítulo se basa en la exposición conjunta realizada por el etnolingüista Francisco Justo Pérez, antiguo rector de la Universidad de La Guajira, la socióloga Adela Fonseca y el economista y gestor cultural Reynaldo Melo Guerrero durante el Taller ¿Cómo es Riohacha al final del siglo XX? Riohacha, octubre 13 y 14 de 1999.

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tornado más heterogéneo, más mediterráneo y más rural. Los migrantes que provienen de distintas zonas rurales de la región Caribe colombiana, poseen fuertes identidades culturales de tipo subregional. Ya se trate de los llamados negritos de María la Baja, de los sabaneros de Córdoba y Sucre, los palenqueros de Bolívar o personas oriundas de las riberas del Magdalena, todos tratan de resistir, al máximo, la asimilación por parte de la cultura nativa y la convivencia no está exenta, en algunas ocasiones, de tensiones sociales. La relación entre criollos, indígenas y migrantes puede expresarse, como ya lo ha señalado Mirta Buelvas, en casos similares, «en una fragmentación intensa de los imaginarios colectivos, debida al poco tiempo para la consolidación de un sentido de pertenencia».19 Sin embargo, la posibilidad de una ciudad bilingüe y pluricultural caracterizada por identidades culturales complejas, es más cercana a la realidad de las ciudades latinoamericanas de hoy, inmersas también, por medio de las comunicaciones, en la era de la globalización.

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19 Buelvas, Mirta. «Cultura, el giro cultural de las ciudades» Cuadernos de Borrador No 3. Observatorio del Caribe Colombiano, Cartagena, febrero de 1999, p. 79.

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VIII
REFLEXIONES FINALES

Los siguientes son algunos de los aspectos que se identifican como los de mayor relevancia para que en Riohacha, el proceso de construcción de ciudad, aún inconcluso, avance hacia un mejoramiento de las condiciones urbanas, sociales y económicas, en el marco del reconocimiento y del fortalecimiento de su identidad y de sus valores culturales: Los indicadores sociales actuales, que evidencian bajas cobertura de servicios básicos y altos índices de miseria y de pobreza. Las deficiencias en la infraestructura de conectividad, fundamentalmente en lo que tiene que ver con las vías de acceso a las transversales y troncales, cuya situación dificulta a los productores agropecuarios el transporte adecuado de sus productos. De igual manera, debe abordarse el problema de la conexión con los actuales puertos, hoy desvinculados de las zonas productoras con lo cual se les resta capacidad exportadora al municipio y al departamento. Las deficiencias en la capacidad de gestión, en especial las del sector público que evidencian un débil nivel de desarrollo institucional, unido a una baja capacidad financiera, factores que limitan el rol de los gobiernos locales para proveer la plataforma regional que estimule su propio desarrollo. La falta de liderazgo gremial. La débil preparación del capital humano. La calidad de la educación superior, debida a la proliferación de universidades en la ciudad cuyos programas no están en consonancia con las necesidades del departamento. La imagen de inseguridad y hostilidad que se tiene acerca de La Guajira en otras zonas del país.

LA CIUDAD POSIBLE
Como factor de desarrollo, como elemento dinamizador, la ciudad desempeña un papel particularmente activo en el proceso de desarrollo regional, puesto que
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su evolución no es un simple reflejo del crecimiento económico, sino que ella lo condiciona, lo activa o lo obstaculiza. Desde un enfoque geométrico, la ciudad es una poligonal abierta en permanente cambio que refleja los conflictos sociales nacionales, los regionales y los que ella misma genera. En ella también se manifiestan las tensiones existentes entre unidad y diversidad y entre centro y periferia, las cuales influyen en sus dinámicas y transformaciones. A finales del siglo XX, Riohacha comporta esos postulados. Se propone un nuevo pacto urbano que sirva de referencia y de espacio de reconciliación, en el cual la ciudadanía, junto con el gobierno, establezcan un espacio propicio para una visión más amplia, para la concertación del desarrollo y para la construcción del proyecto de ciudad que se anhela. Es, por tanto, una responsabilidad colectiva, en la cual caben diversas propuestas para ser discutidas, concertadas y perfeccionadas entre todos. Esas propuestas deberán: Revalorizar los instrumentos de la planeación en el desarrollo de la ciudad, al elevar los planes de desarrollo a una necesidad real y sentida, asimilándolos culturalmente en su contexto humano y en su dimensión práctica. Activar la aplicación del Plan de Desarrollo y de la normatividad en materia urbana, a partir de un proceso de educación y difusión cultural entre la ciudadanía. Reconocer el territorio de la ciudad como pluriétnico y pluricultural, en el cual pueden existir intereses diversos entre los distintos grupos sociales y diferentes concepciones sobre el mismo desarrollo de la urbe. Reidentificar la presencia de las formas urbanas Wayuu, como un valor y adoptarla como una expresión original y legítima que diferencia a Riohacha de otras ciudades, facilitando en el tejido urbanístico su identidad. Establecer unas claras funciones a la Oficina de Planeación municipal. Crear la primera curaduría urbana de la ciudad de Riohacha. Superar la etapa de los proyectos impuestos, hecho que fue una constante a lo largo del siglo XX. Seleccionar a los funcionarios sobre la base de la responsabilidad y el liderazgo en la administración de estos procesos Aplicar tanto el proyecto ciudad educadora como los demás proyectos del pensum escolar, dirigidos a la formación para el uso y disfrute de los espacios urbanos, tal como se contempla en la nueva reforma urbana.

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SAN ANDRÉS CIUDAD INSULAR

FRANCISCO AVELLA ESQUIVEL RELATOR

AEROFOTOGRAFÍA DE SAN ANDRÉS FUENTE: IGAC ESCALA 1:29800 MARZO 18 DE 1990

SAN ANDRÉS

El Taller ¿Cómo es San Andrés al final del siglo XX?, fue convocado por la Universidad Nacional de Colombia, sede de San Andrés, Coralina, el Banco de la República y el Observatorio del Caribe Colombiano, y se realizó en la sede del Banco de la República durante los días 23 y 24 de septiembre de 1999. Fue moderado por el director del Observatorio del Caribe, Alberto AbelloVives y la relatoría fue preparada por el profesor de la Universidad Nacional de Colombia, sede de San Andrés, Francisco Avella. Participaron como expositores: June Marie Mow, Medio ambiente y ciudad, Ivón Castillo de León, Cambios en la calidad de vida de la población de San Andrés. Jazmín Dau, La historia de mi sector. Elizabeth Mera, Riesgos epidemiológicos en los sectores urbanos de la isla de San Andrés. Sandra Howard, La cultura en San Andrés. Wenceslao Muñoz Caballero, Inés Ochoa y Gladis Cortés, Asentamientos normales y subnormales de la isla de San Andrés. Luis Parra Granados, El proceso de urbanización en la isla de San Andrés. Anselmo Stephens Forbes, Los servicios públicos domiciliarios: su estado actual. Francisco Avella, La ciudad insular: pasado, presente y futuro de San Andrés, isla. Roberto Basmagui y Jairo Peralta. La visión económica de la ciudad insular. Asistieron también al Taller Adriana Santos, Carlos Flórez y Silvana Giaimo.
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CIUDAD INSULAR

CONTENIDO
INTRODUCCIÓN I BREVE HISTORIA
EL PASADO LA HISTORIA RECIENTE EL PANORAMA ACTUAL 351 351 352 352 354 354 355 356 357 357 358 359 359 361 362 363 363 364 367 368 370 371 373 373 374 376 377 377 378 378 379 379 380 383

II

LA CIUDAD INSULAR
EL MODELO DE PLATAFORMA CONTINENTAL LA CONDICIÓN DE ISLA CARACTERÍSTICAS DE LAS ISLAS EL POBLAMIENTO LINEAL EL POBLAMIENTO CONCENTRADO LA DENSIDAD Y EL POBLAMIENTO LA CONFIGURACIÓN URBANA EN EL PASADO EN EL PRESENTE LA CIUDAD FUTURA

IV LA CIUDAD CONSTRUIDA
ASENTAMIENTOS HUMANOS PLANIFICADOS ASENTAMIENTOS HUMANOS SUBNORMALES MORFOLOGÍA ESPACIAL TÉCNICAS Y TIPOLOGÍAS DE LA CONSTRUCCIÓN

V

LA CIUDAD VIVIDA
LA SITUACIÓN AMBIENTAL LA SITUACIÓN SOCIAL LA DINÁMICA DEMOGRÁFICA LA CALIDAD DE VIDA LA SALUD CAUSAS DE MORTALIDAD LA MORBILIDAD LA SITUACIÓN CULTURAL LA MEMORIA URBANA LAS CONTRADICCIONES DE LA MULTIPLICIDAD CULTURAL DESDE EL PUNTO DE VISTA DE LA EDUCACIÓN

VI LA CIUDAD PRODUCTIVA BIBLIOGRAFÍA

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INTRODUCCIÓN*
En abril de 1927, un grupo de notables de la isla de San Andrés enviaba un informe al gobierno central en el que denunciaba, entre otras cosas, «…los problemas de salud, las dificultades de las comunicaciones y el saqueo a la riqueza pesquera por los no isleños; y exigían que la urbanización de los principales centros de las islas estuviera precedida por estudios especiales» (Eastman,1988: 34). Tanto los notables como el intendente de la misma época, Jorge Tadeo Lozano, señalaban, a su vez y como respuesta, en gran parte, al contraste que se registraba entre la vida de las islas y el continente, «…que tenían la certeza de que las condiciones de paz y convivencia existentes hasta ese momento iban a desaparecer progresivamente, si las autoridades centrales no escuchaban a los habitantes de las islas, si no lograban gobernar y administrar con inteligencia», lo que el mismo intendente había llamado «La Arcadia feliz y deseada» (Ibíd). Setenta años después, en septiembre de 1999, el Taller ¿Cómo es San Andrés al final del siglo XX?, analizaba las serias dificultades para superar los problemas de salud; el hospital se encontraba al borde del cierre, médicos especialistas hacían huelga y el Seguro Social hacía levantar a los enfermos a las 6 de la mañana para pedir una simple cita médica para el día siguiente. Las asociaciones de hoteleros solicitaban a la compañía aérea Avianca-Sam y al gobierno nacional restablecer el servicio aéreo internacional y cumplir con los compromisos adquiridos con el departamento administrativo de la Aeronáutica Civil de servir las ciudades de la costa Caribe, Medellín y Cali sin la penosa espera de pasar por Bogotá. La Cámara de Comercio pedía el desarrollo de la pesca en el archipiélago para evitar que la riqueza pesquera se la llevaran barcos de bandera extranjera. Los asistentes demandaban la presencia de la directora del Departamento Administrativo de Planeación, para informar sobre el Plan de Ordenamiento Territorial, con el fin de conocer las soluciones que el gobierno departamental proponía para el desarrollo urbano, sin haber sido escuchados. A la anterior situación, se debía agregar que las condiciones de gobernabilidad se venían deteriorando desde el mes de junio, cuando un movimiento social había paralizado la isla. Grupos de isleños habían desfilado con banderas americanas y solicitado su anexión a los Estados Unidos. Los funcionarios de la gobernación no habían sido pagados desde hacía 12 meses y una asamblea permanente de la mayor parte de empleados había paralizado la administración prácticamente todo el año. El gobierno nacional había, a su vez, respondido con el despido de unos 700 trabajadores de la gobernación, el principal empleador de la isla y culpado de los malos manejos de los dineros asignados por el Estado, al gobierno departamental. Dos gobernadores se encontraban detenidos y, en el lapso de 4 meses, hubo 4 gobernadores encargados de los destinos del departamento (Horizontes, No. 6, 8 y 9).
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* Francisco Avella, relator del T aller ¿Cómo es San Andrés al final del siglo XX? Profesor de la Universidad Nacional de Colombia, sede San Andrés.

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La imagen de San Andrés, a final del siglo XX, era paradójica. Por una parte, la isla paradisíaca del Caribe que las agencias de turismo buscaban vender a los turistas nacionales, y por la otra, una isla a la que parecían haberle caído todos los males del mundo: desintegración moral, decadencia, corrupción, crisis institucional, egoísmo, masacre laboral, etc. (Horizontes No. 11, p. 5). Teniendo como fondo el paisaje tropical, aparecía en primer plano un conflicto latente entre «pañas» y «raizales», entre invasores e invadidos, entre colonialistas y colonizados, los primeros por ocupar un territorio que no les correspondía y los segundos en una lucha tenaz por la recuperación de un territorio «colombianizado». En un segundo plano, y como fuera de la escena, el grupo de comerciantes «siriolibaneses» comúnmente llamados «turcos», que teniendo el control económico de la isla, se mantenían a distancia de esta contienda entre «colombianos» (Ruiz, 1986). Sin embargo, al contrario de lo que sucedía en el continente y aun cuando desde 1927 se venía anunciando el deterioro de la «paz y la convivencia», no se había producido ni un solo hecho de sangre imputable a este conflicto latente. La ciudad, a pesar de la fuerte carga emocional, parecía haber sobrellevado sus pasiones por más de 70 años. Aun en medio de una situación en donde la institucionalidad prácticamente había desaparecido, y soportando el duelo de haber perdido su relación privilegiada con el Estado central, seguía dando el mismo ejemplo de tolerancia que ha venido dando desde 1823, fecha en que las islas adhirieron voluntariamente a la Nación.

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CIUDAD INSULAR

I
BREVE HISTORIA

EL PASADO
Sin embargo, la historia de las islas no ha sido siempre de tolerancia. Los isleños han aprendido esta virtud a lo largo de siglos de colonización y esclavitud durante los cuales las potencias europeas hicieron del Caribe un campo de batalla. A pesar de haberse conocido la existencia de las islas desde 1527, sólo se pobló Old Providence en permanencia hacia 1629, por parte tanto de colonos puritanos que venían de Inglaterra huyendo de las guerras de religión como de cultivadores y leñadores jamaiquinos que, con mano de obra esclava, se dedicaron a la agricultura y a la ganadería. Este primer asentamiento no tuvo mucho éxito, pero hizo evidente para la Corona inglesa la importancia de su posición estratégica, cerca del paso de los galeones españoles que transportaban el oro y la plata. San Andrés comienza a poblarse hacia 1677, con algunas familias de colonos. Pero en la pugna entre España e Inglaterra se registraron varios episodios de abandonos y desalojos hasta 1786, cuando se encuentra un asentamiento definitivo conformado por colonos ingleses que no quisieron volver a Inglaterra, a pesar de que las islas volvieron a dominio español. También se quedaron algunos holandeses y otros leñadores cimarrones jamaiquinos y la tierra se repartió en franjas transversales a cada una de las 10 familias importantes. En este tiempo, se empezó a formar un pequeño núcleo en el costado oriental de la isla, entre lo que hoy es San Luis y el Barrack. Hacia 1840, se sembraba algodón en pequeños terrenos, el cual se exportaba con relativo éxito a Jamaica. Estas parcelas, en los comienzos de la abolición de la esclavitud en las islas, hacia 1832, diseminadas por todas partes, se adjudicaron a los antiguos esclavos. Cuando el algodón entró en crisis, se inició el cultivo del coco, el cual operó una completa transformación hacia 1860, no sólo económica, sino ecológica, pues la mayor parte de la vegetación natural fue reemplazada por este cultivo y prácticamente toda la isla fue sembrada en coco, según indican los informes de la época. El coco le permitió a San Andrés tener un producto de intercambio, de tal modo que las goletas venían a llevar este producto y dejaban mercancías que se negociaban en monedas propias de los comerciantes locales. Las islas llegaron a ser los principales proveedores de coco para la naciente industria de la dulcería en EstaPoblamiento y ciudades del Caribe colombiano ________________________________________________________________________

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dos Unidos. Pero, por razones sanitarias y ataques de roedores sobreviene la crisis del coco hacia 1930 y se pierde así la posibilidad de generar carga de compensación de ida y de regreso. En 1953, la isla se encontraba en crisis a pesar de haber ensayado, con relativo éxito, la producción de cítricos y cochinilla que nuevamente decae por razones sanitarias.

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LA HISTORIA RECIENTE
La historia de San Andrés de los últimos 50 años es la historia del Puerto Libre. Para algunos, es en esta época cuando se agravan los problemas. Según la Directora de Coralina, June Marie Mow, la Declaratoria del Puerto Libre en 1953, produjo una inmigración masiva alimentada por la idea de hacer fortuna rápida, lo que no sólo generó una confrontación entre nativos (de origen anglo-africano), e inmigrantes del continente colombiano, con modos de vida diferentes, sino que también trajo consigo cambios culturales y ecológicos, «…así como conflictos hacia adentro de la sociedad insular, cuyas consecuencias no pueden pasarse por alto en la actualidad… hasta el punto que el raizal ha asimilado la lengua, la música y las costumbres de la población inmigrante…» (Mow, 1999: 71). Para Roberto Basmagui, director de la Cámara de Comercio de San Andrés, ésta es la época, desde el punto de vista económico, de las vacas gordas y, desde el punto de vista ambiental, social y cultural, la época de las vacas flacas, la cual termina en 1991 con la apertura económica en el país y la generación del contrabando. Así, la ciudad actual no es sino el resultado físico y tangible del Puerto Libre, que dejó de ser funcional económicamente y sigue constituyendo un problema ambiental. Tal como lo señala June Marie Mow «los asentamientos humanos actuales… son el resultado de la implantación de un nuevo modelo de desarrollo económico que ha producido la pérdida de competitividad de las islas, por la disminución de atractivos ambientales para el turismo… debido a la proliferación de barrios marginales». Esta situación indica también que el problema ambiental, que actualmente es el más importante en la isla, se explica porque las actividades turística y comercial que atrajeron a la población inmigrante, se han adelantado sobre un ecosistema frágil en donde los recursos naturales son escasos. «La ocupación indebida del litoral para ubicar hoteles, la utilización de arenas de las playas para su construcción, la fabricación de espolones en forma indebida, han causado un gran deterioro paisajístico y ambiental» (Mow).

EL PANORAMA ACTUAL
A finales del siglo XX, San Andrés es, después de Colón, la principal ciudad del Caribe occidental, con un total de 53.159 habitantes, en sólo 26,98 km2 de extensión. Es, además, la isla más densamente poblada del Gran Caribe, con 1.976 hab/km2.
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CIUDAD INSULAR

Está situada a 619 km. de Cartagena, la parte continental más próxima de Colombia; la isla se ubica más cerca de Colón en Panamá (273 km), de Puerto Limón en Costa Rica, (241 km) y de Blueffields en Nicaragua, (136 km). Esta situación, le permitió, desde el siglo XVIII hasta mediados del XX, ser junto con Old Providence y Jamaica uno de los centros de dispersión de la diáspora angloparlante y de la religión protestante, hacia las demás islas y hacia el Caribe centroamericano. San Andrés guarda aún fuertes nexos culturales con la costa centroamericana, desde Colón en Panamá hasta Roatán en Honduras, pues buena parte de los primeros pobladores de las costas Caribes de Centroamérica venían del archipiélago, cuando estos territorios aún hacían parte de Colombia (Parsons, 1985). Actualmente, con la nueva Ley del Mar (Unclos III), con una posición tan alejada del continente y su situación en medio del Caribe occidental, le da derechos a Colombia sobre una extensión de unos 350.000 km2 de mar patrimonial o de zona económica exclusiva (ZEE), entre los 12°,10’ norte y los 16°,10’,10’’ norte, y como límite oeste el meridiano 82°. Situada sobre la ruta aérea y marítima del canal de Panamá y New Orleans y Miami, aún tiene importantes relaciones con el entorno internacional centroamericano, norteamericano y de las Antillas, pues es la plataforma insular de Colombia en el Caribe y su fachada noreste.

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II
LA CIUDAD
INSULAR

La característica central de San Andrés es la de ser una ciudad insular. Su situación como isla oceánica, la más densamente poblada de todo el Caribe, centro administrativo de un archipiélago de más de 350.000 km. de extensión y punto de referencia de una diáspora que pobló el Caribe occidental, le da una posición privilegiada. Ello no sólo por el hecho de ser la fachada colombiana en Centro y Norteamérica, sino por su importancia estratégica frente a un proceso de globalización creciente de las economías, el cual la coloca en posición de ser más rápidamente integrada a los Estados Unidos o a Panamá, más por las fuerzas del mercado, que por los intereses estratégicos de los que hablaban Mahan (1898) en el siglo pasado. Hay dos modelos que ilustran muy bien la forma como ha vivido la isla su situación de aislamiento relativo, característica central de San Andrés como ciudad estratégica.

EL MODELO DE PLATAFORMA CONTINENTAL
La isla se encuentra unida por medio de un puente aéreo o marítimo al continente y esta visión corresponde al modelo de desarrollo llamado de «Puerto Libre». Este modelo, más por facilidad que por precisión, se ha llamado «continental» y parece ser la visión del continente hacia la isla, por cuyo intermedio se buscaba dar soluciones a los problemas de «atraso relativo» del archipiélago, haciendo de las islas, especialmente de San Andrés, una plataforma comercial (estilo Colón en Panamá), pero sin un estatuto de zona franca. En este modelo, todas las actividades se centraban en el comercio de una serie de productos que no pagaban impuestos de aduana, (sobre todo electrodomésticos) por lo cual los colombianos podían viajar a comprarlos a las islas. Como ganancia, tomaban unas vacaciones gratis, pues el viaje se pagaba con la diferencia de precios de los productos que se compraban en las islas. El de puerto libre fue el modelo que atrajo una gran cantidad de mano de obra del continente, para la construcción de hoteles y para el trabajo en el comercio y que conllevó un aumento de la población, que, como se ha señalado, tuvo como efecto, entre otros problemas, la crisis ambiental de la isla, Como descripción de la crisis atribuida a este modelo, se puede decir que, a partir de las crecientes demandas de los recursos de la isla, se agravaron los problemas
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del agua, (tanto en su oferta, como en su calidad y sobre todo, en su capacidad de depuración), hasta el punto de que buena parte del agua potable (al igual que las bebidas, las gaseosas y hasta el agua para la cocina) es traída del continente, con consecuencias catastróficas, tales como la acumulación de basuras, la degradación de los ecosistemas naturales y, sobretodo, la pérdida de la calidad del paisaje que es el recurso fundamental con que la isla puede atraer otro tipo de turismo. La construcción de una serie de edificios con muy poco valor arquitectónico en la zona norte (North End), el área más densamente poblada, privatizó la vista en el sitio de más alto valor paisajístico y rompió la línea de mira de la playa, del borde litoral sobre el lago interior de la cadena de arrecifes que es una de las mejores vistas que pueden disfrutarse en toda la isla. Desde la perspectiva de este modelo, el problema ambiental lo constituye un efecto causado por el «Puerto Libre», cuyas externalidades serían resueltas con el rápido crecimiento de la isla, además de la transferencia presupuestal a la que el crecimiento de la ciudad obligó al gobierno nacional. Sin embargo, las soluciones propuestas no funcionaron, pues a pesar de haberse iniciado la construcción tanto de grandes plantas para el tratamiento de aguas servidas y de basuras así como de desalinizadoras, los únicos servicios que actualmente funcionan relativamente bien son el de energía eléctrica y el de la recolección de basuras. (Dane, 1999: 31). Pero en vez de solucionar la crisis de las islas, el modelo del «puerto libre» pareciera haberla agravado aún más. Así se tiene que los combustibles usados por las plantas generadoras de energía, contaminaron e incendiaron la bahía, afectaron gravemente los manglares y, sobretodo, las zonas turísticas. Peor aún, nunca pudieron generar una energía de bajo costo para poner a funcionar los grandes proyectos de depuración ni de desalinización, con lo cual se agravó el problema ambiental al máximo. Esta difícil situación, coincidió con el proceso de globalización de la economía mundial de finales de los años 80, el cual afectó aún más al archipiélago, pues el «coto cerrado» de su comercio turístico tuvo que entrar a competir no sólo con el mercado colombiano sino también con el internacional. En esta situación, el modelo de plataforma off shore entró en crisis rápidamente en el momento en que precisamente se creaba Coralina y la entidad tomaba en sus manos un problema con dimensiones de catástrofe.

LA CONDICIÓN DE ISLA
De esta manera, el modelo de «plataforma» con el que se había buscado superar las condiciones de atraso del Archipiélago y especialmente de San Andrés, empieza a competir con otro que apenas comienza a ser esbozado, cual es el de mirar las islas como lo que efectivamente son: islas. Este nuevo modelo propuesto viene siendo implementado por Coralina y busca, por medio de acciones, generar un modelo de desarrollo sostenible, razón esta última que constituye el principal motivo para la creación de la Corporación.
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Entre estas acciones, se encuentran el llevar un estricto control de las normas ambientales vigentes en el país, preparar y aprobar el Plan de Manejo Ambiental actualmente vigente y hacerlo parte del Plan de Ordenamiento Territorial (POT) y presentar la candidatura a la Unesco para que el archipiélago, por sus valores naturales y culturales excepcionales, sea elevado a la categoría mundial de Reserva de la Biosfera El modelo de «isla» no busca cerrarlas sobre sí mismas, tal como lo plantean sus opositores, al contrario del modelo de «plataforma» que pretendía abrirlas al mundo, aunque sólo logró abrirlas al turismo nacional. Las islas no son esos lugares cerrados que Robinson Crusoe pensó encontrar, como se puede leer en las primeras páginas del libro de Defoe. Sin lazos con las otras tierras, las islas son impensables; sin intercambios entre individuos y especies jamás hubiera podido existir ni el conocimiento ni las creaciones originales de las cuales son capaces. Por ello, en este modelo es importante que, como fachada que son del país, las islas del archipiélago se abran a sus similares del Caribe occidental y especialmente a Centroamérica, sobre la base de que San Andrés es la segunda ciudad del Caribe occidental. A partir de allí, se podría implementar un modelo de desarrollo específico para las islas oceánicas colombianas basado en la experiencia cultural de los isleños como la que se mantiene aún en Providencia por ejemplo, y en la idea del desarrollo sostenible que a pesar de todas las discusiones a las que pueda ser sometida es tal vez la única utopía disponible actualmente.

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CARACTERÍSTICAS DE LAS ISLAS
¿Por qué un nuevo modelo de desarrollo? Porque las islas son muy vulnerables a las presiones externas y porque al disponer de poca superficie y de poca población nativa, las transformaciones inducidas desde el exterior se propagan más rápido y más globalmente (Bonniol, 1997: 75). Las sociedades insulares son más fáciles de cambiar y los cambios adquieren dimensiones catastróficas, pues rompen fácilmente los patrones culturales propios de las islas, para adoptar nuevos valores procedentes del continente que rápidamente entran en contradicción con los propios, dificultando la supervivencia de las poblaciones y obligando a la emigración. Y como se ha constatado en otras islas, las poblaciones migran más por la inestabilidad de los procesos inducidos desde el continente que por el exceso de población. La guía de la exposición «Islas: entre el cielo y el mar», del Museo Nacional de Historia Natural de París (1997) señala que ellas parecen evolucionar «…en otra dimensión del espacio-tiempo, diferente del de las tierras continentales, la isla tiene su especificidad, que varía según que sea mediterránea, caribe, atlántica u oceánica» (p. 3). La especificidad de la insularidad, en el caso de las islas oceánicas colombianas, forma parte de lo que es necesario considerar para el análisis del tipo de ciudad que se ha venido construyendo las formas del poblamiento están determinadas en la isla por el proceso de densificación de los asentamientos de la tradicional ciudad Caribe y de la nueva ciudad en el North End.
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EL POBLAMIENTO LINEAL El tipo de poblamiento de San Andrés fue lineal hasta 1960. Las casas se construían sobre los caminos y a corta distancia una de otra. A comienzos del siglo XIX, eran simplemente las mismas fincas que se iban ordenando sobre un camino principal. Con la liberación de los esclavos, a mediados del mismo siglo, con el aumento de la población y el auge del cultivo del coco, las casas se siguieron construyendo sobre los caminos, pero las fincas, por el proceso de repartición de las tierras, quedaron más alejadas del lugar de residencia y allí sólo se construían unas pequeñas cabañas para vigilar los cultivos. Pero como en casi todas las islas del Caribe, las viviendas principales se levantaban en grandes patios, donde las casas guardaban contacto visual una con otra y eran ocupadas por personas del mismo núcleo familiar. A comienzos del siglo XX, se había conformado un pequeño poblado (San Luis), desde donde se exportaba el coco y en donde estaban situados los principales almacenes que vendían los productos importados. Se podría decir que éste fue el primer núcleo o centro comercial de la ciudad insular. EL POBLAMIENTO CONCENTRADO El proceso de crecimiento del North End, se desarrolla en forma de «mancha de aceite» entre el aeropuerto y el nuevo puerto departamental, a partir de 1970. La red vial primaria se conforma a partir de los rellenos del área central (Black Dog y Rock Hole), de la bahía de San Andrés y del área del nuevo muelle departamental, construidos con las arenas del dragado del canal de acceso al puerto, que actualmente tiene una profundidad promedio de 7 metros (Carta Col 200, Puerto de San Andrés). Es a partir de esta red vial como se empieza a apreciar el crecimiento de la ciudad en forma de mancha. O sea, cuando las casas comienzan a estar pegadas unas a otras, especialmente en lo que hoy es el sector comercial de la ciudad y cuando desaparece el poblamiento en casas aisladas con amplios patios, elemento éste que fue una característica del poblamiento insular. Además, en los barrios de inmigrantes se empieza a formar una serie de construcciones precarias (barrios subnormales), a partir de patios que eran arrendados (rent yard) a los recién llegados, con la condición de que se construyera en materiales que no fueran duraderos (madera, bidones, tejas de zinc, etc.). Sobra decir que, a excepción del alumbrado público, a veces tomado en forma clandestina y precaria, no existía ningún otro servicio. Con el tiempo, se observa la progresión de la mancha, localizada exclusivamente en la parte norte de la isla, aunque los otros centros poblados (San Luis y La Loma), siguen creciendo linealmente, pero con una tendencia a la concentración. Esta concentración ha tenido dos formas. Por un lado, la del patio isleño tradicional y, por el otro, la de la malla en forma de espina de pescado. En la primera, en toda el área de una antigua finca pequeña se empiezan a construir viviendas, hasta ocupar prácticamente todo el espacio sin trazado de calles, sólo caminos peatona-

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les en donde a veces no cabe ni siquiera una motocicleta. En la segunda forma, a partir de vías precarias sin afirmar y con algún trazado preliminar, se establecen viviendas conectadas por una sola ruta de acceso a la calle principal. En el resto de la isla, el crecimiento sigue siendo lineal, aunque ya comienzan a observarse pequeñas áreas que conforman un «parche», pero que todavía no constituyen una «mancha». Precisamente, porque no existe urbanización, es decir vías definidas y trazadas con servicios y proyectos concretos para construir. Esta situación diferencia muy bien a San Andrés de las ciudades del Caribe continental, que, en su mayoría, tienen un crecimiento tentacular que abarca grandes áreas o manchas, especialmente de barrios (algunas veces de invasión) que se alejan cada vez más del Centro, como en el caso de Cartagena (Ortiz De Cevallos, 1993), Barranquilla (Observatorio del Caribe, 1999) Montería y Santa Marta. Los terrenos que quedan en medio de ese crecimiento tentacular, se valorizan, una vez los dirigentes políticos locales consiguen dotar de servicios a los barrios más alejados.

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LA DENSIDAD Y EL POBLAMIENTO
La densidad define cuatro áreas principales de poblamiento: La más densa es la del centro (North End), situada en el extremo norte de la isla. Es densa, a pesar de que las construcciones son relativamente bajas, pues sólo hay edificios que, en promedio, son de 4 pisos, en la parte comercial. Existen algunos hoteles de más de 4 pisos, construidos sobre el borde de la playa en Spratt Bay, los cuales rompen la continuidad de la línea de mira sobre el paisaje de la bahía y el resto lo constituyen casas de uno y dos pisos. En este sector, vive el 72,5% del total de la población de San Andrés (Dane, 1999: 23) y se aloja el 90% de los turistas. Esta zona concentra los servicios de alcantarillado de que dispone la isla, los cuales tienen una cobertura de sólo el 6%; también el 23% de los usuarios que reciben agua potable del acueducto se ubica en este sector (aunque la mayor parte de los grandes hoteles la «purifican» a partir de pozos profundos). Aquí también se localiza la totalidad de los servicios especializados (bancos, comercio, clínicas y hospitales). El área de San Luis está situada en la parte oriental de la isla, sobre la plataforma costera oeste y se encuentra protegida por la laguna arrecifal, en la parte baja de la isla. Este sector fue el comienzo del asentamiento exportador de coco, en los primeros años del siglo XIX y está clasificado por la Oficina de Planeación Departamental como área suburbana de baja densidad. No tiene ningún servicio de alcantarillado y el de agua potable domiciliaria cubre un porcentaje muy bajo de la población, con una frecuencia en la prestación del servicio de sólo 2 a 3 días al mes. El área de La Loma, situada en la parte elevada, se extiende desde el North End hasta el Cove y Harmony Hall Hill, limitando con San Luis. Este sector es de una mediana densidad también, aunque en los últimos años ha crecido notablemente, pues el terreno para construir era el del filo de la colina en los patios isleños
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tradicionales. Pero, actualmente hay asentamientos en forma de espina de pescado en las partes medias que se comunican por medio de una trama de caminos transversales a la vía principal. Es en estos dos últimos sectores, en donde habita la mayor parte de la población nativa de la isla y en donde se conservan aún los rasgos de ciudad Caribe propios de San Andrés. El resto de la isla es poco poblado; el poblamiento es disperso, sin generar pequeños centros alrededor de los cuales se pueda nuclear la población y según el Dane (Carta 2, 1999) posee menos de 2.000 hab./km2, en su gran mayoría, en el área rural. Pero la realidad es que, en promedio, en buena parte de esta área, no se llega a los 500 hab./km2.

LA CONFIGURACIÓN URBANA
Comparando el pasado de la ciudad y su situación actual, es posible analizar cada una de las etapas de su configuración urbana. EN EL PASADO La de San Andrés fue una ciudad típicamente Caribe, donde el tipo tradicional propuesto por Segre (1991), se da casi en una forma pura. Según este autor, la ciudad tradicional Caribe se caracteriza por el vínculo estrecho con los elementos naturales, especialmente con el mar y la vegetación. También se caracteriza por el predominante carácter portuario y de centro de almacenamiento de productos provenientes de las plantaciones. La vivienda se distingue por ser aislada, de baja densidad y porque se integra en un conjunto de alturas homogéneas. La ligereza y transparencia de los materiales y las estructuras utilizados para la construcción de las edificaciones son una manifestación de la adecuación de los mismos a las condiciones del clima tropical y se daban en el pasado en San Andrés como un tipo puro. A lo anterior, habría que agregar los detalles constructivos típicos del Caribbean Style, –especialmente en las construcciones de madera– tales como las ventanas basculantes el porche la proliferación de aberturas (puertas y ventanas) en las paredes exteriores la galería o verandah y, en general, el diseño de conjunto que favorece la vida puertas afuera. Todo ello, permitía mejorar la ventilación de los espacios interiores y realizar una mejor integración orgánica intramuros-extramuros. De la misma forma, el manejo de la luz proveniente del exterior, la cual es filtrada sin llegar a la eliminación total, constituye un factor fundamental en el diseño bioclimático tropical. Un análisis detallado de la ciudad tradicional se puede realizar por medio de las colecciones de fotografías del San Andrés del pasado, que son propiedad del SENA y del Banco de la República. En ellas sólo hay contadas excepciones de casas que no corresponden al patrón casi puro de la ciudad Caribe y que, en general, forman parte de los edificios de corte republicano que comenzaron a construirse en los años treinta.
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Mapa de San Andres poblamiento

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EN EL PRESENTE La ciudad de hoy, es el resultado de una evolución iniciada con el puerto libre y con el proceso de conformación de la isla como una plataforma conectada por vía aérea y marítima a los centros de consumo y de suministro de mercancías como a una especie de doble cordón umbilical. Fue en este período cuando se inició el proceso de segmentación de la ciudad en una serie de etapas. En un primer momento, se densifican algunos puntos del sector norte (North End), pero las viviendas, en general, guardaron hasta los años setenta las características típicamente Caribes. Esto se puede deducir de los trabajos de la Universidad Libre de Bruselas (1972). A partir de los nuevos desarrollos viales propuestos en el North End, se presenta una densificación de tipo turístico en el sector de Hansa, con la construcción de edificios de más de 4 pisos en los sectores comerciales y frente a la bahía, empieza un «boom» de la construcción que cambia la fisonomía de la ciudad: En 1976, aparece una serie de áreas de construcciones en concreto, de densidades elevadas para hoteles y comercios, sobre la línea de mira de la bahía que rompen completamente el contacto con el mar y aíslan las zonas turísticas con vías que dan preferencia a la circulación de carros en las áreas de mayor valor paisajístico, en vez de hacer posible la circulación de peatones. Así, la nueva configuración urbana, rompe en este sector norte con las características señaladas para la ciudad Caribe. Empero, aún se mantienen los rasgos fundamentales de la ciudad Caribe fuera del sector comercial y turístico del North End, especialmente en San Luis y La Loma. En 1982, se inicia un «boom» de la construcción en la forma de grandes hoteles en el sector comercial y de residencias privadas en el sector de Sarie Bay y en la costa oeste, que poco tienen que ver con la ciudad Caribe y que comienzan a parecerse a la de la «ciudad global» que señala De Lisio (1991). El North End, empieza a tener una alta densidad habitacional, las áreas naturales (ciénagas, áreas de inundación, arenales), rápidamente son apropiadas para usos privados y se pierde la oportunidad de aprovechar las tierras de la nación en áreas verdes. Se trata de un crecimiento completamente anárquico, sin control de la gobernación, que fuera denunciado por Arenas y Gómez, (1993) y que dificulta la dotación de servicios de infraestructura básica, pues lo que prevalece es el interés privado sobre el público. De ahí en adelante, lo que sigue es un intenso crecimiento poblacional, hecho que se produce a pesar de las restricciones impuestas a la inmigración iniciadas a finales de la década del 80. De todos modos, la afluencia incontrolada de gente había permitido el aumento de la contaminación terrestre y marina, la destrucción de ecosistemas importantes (manglares y corales especialmente) y la pérdida de los valores culturales del pueblo isleño, como lo señalaba la directora de Coralina en el Taller ¿Cómo es San Andrés al finalizar el siglo XX?

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En 1990, se agudiza el período de auge de la construcción, el cual logra su máxima intensidad hacia 1992, año en que es interpuesta la tutela que impide levantar edificaciones hasta no disponer de los servicios públicos domiciliarios. Posteriormente, la actividad edificadora empieza a declinar, hasta adquirir el ritmo lento que hoy presenta, a pesar de que la tutela mencionada ha sido suspendida. Sin embargo, aún se mantienen en los sectores de la Loma y San Luis algunas viviendas que recuerdan la ciudad Caribe tradicional. Ello, a pesar del empeño de la población, inclusive de la población nativa, de construir en materiales duros, más resistentes al clima, pero mucho menos confortables, pues la madera que era el material más utilizado empezó a escasear y a volverse más costosa. LA CIUDAD FUTURA La futura configuración de la ciudad, parece dibujarse a partir de dos fuerzas en pugna. De un lado, la de los inversionistas que habiendo comprado una gran parte de la isla a precios altos, apuntan a obtener rentabilidad de sus inversiones por medio de la construcción de hoteles, (rentabilidad que resulta dudosa, vista la crisis por la que atraviesa el turismo nacional actualmente); del otro, los movimientos raizales, que buscan volver a una ciudad tradicional, a una especie de «tierra prometida» que el tiempo ha transformado y que desafortunadamente ya no existe. Para hacer posible esta segunda opción, se espera desarrollar una serie de difíciles operaciones de «cirugía social», que cambiaría la configuración actual, como por ejemplo, facilitar el traslado de población al continente, para lo cual el gobierno nacional asignó $3.606 millones de pesos en el presupuesto del 2000 (Conpes, 1999). Con estos «Programas Retorno» y de «Relocalización de Familias de Inmigrantes» se espera aliviar la presión sobre los recursos y llegar a una capacidad de carga aceptable. Además, se busca congelar la construcción, erradicar las zonas tuguriales, cumplir con las normas del aeropuerto, donde se ha construido sobre el área de seguridad de la pista, recuperar las tierras para la comunidad nativa, etc., propuestas presentes en los diferentes modelos de Estatuto Raizal, hasta ahora conocidos. Entre estas dos fuerzas, la acción del Estado parece más bien encaminada a superar la difícil crisis de gobernabilidad que viven las islas. Sin embargo, es posible esperar que su intervención contribuya a moderar los embates del capital sobre frágiles ecosistemas, para ayudar a definir una ciudad adaptada a sus condiciones insulares, sin negar su vocación de meta turística, dotada con servicios públicos modernos y que cuente como mayor fortaleza de su desarrollo, la ciudad hasta ahora abandonada y olvidada de la cultura autóctona, o sea, aquella que aún permanece en sectores como La Loma y San Luis. Ello debe ser posible, a partir de planes definidos y concertados interinstitucionalmente, que permitan remodelar el North End y adelantar un ambicioso programa de protección y reconstrucción del patrimonio arquitectónico. Sólo así, se evitaría la tendencia al afianzamiento de la ciudad global y se facilitaría la recuperación de las características que hicieron de la ciudad tradicional isleña el mejor ejemplo de ciudad Caribe.
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IV
LA CIUDAD CONSTRUIDA

La ciudad construida, desde el punto de vista urbanístico y arquitectónico, no es sólo el soporte de las actividades que la población realiza. Es también un espacio cargado de signos, de símbolos y especialmente de identidades que hacen que una ciudad sea muy distinta de cualquier otra. Es la malla urbana construida, la que le imprime un carácter individual a la ciudad. Y es ese carácter, lo que permite establecer comparaciones para saber a qué patrones de desarrollo corresponde cada uno de sus períodos históricos.

ASENTAMIENTOS HUMANOS PLANIFICADOS
La historia de los asentamientos planificados o barrios «normales», se inicia con la acción del Instituto de Crédito Territorial, en el año de 1960, cuando se construyeron 18 viviendas en el sector de Cabañas de Altamar. Posteriormente, en 1972, se inicia el estudio para la construcción de las viviendas en el sector de Los Almendros, el cual contó con la participación de la oficina de Planeación Intendencial. En el año 1976, se da comienzo a la construcción de esta urbanización para 132 familias, junto con sus obras de infraestructura. En ella, las viviendas se entregan a la comunidad en arriendo y, sólo en 1978, se gestiona su adjudicación. Entre 1980 y 1981, se construye la urbanización del Bight con servicios de infraestructura, vías pavimentadas y alcantarillado, por el sistema alternativo (tanque Inhoff y campo de infiltración en su etapa final) y se inicia su adjudicación a 193 familias. En 1982, tomaron auge los créditos individuales supervisados para la construcción y el mejoramiento de la vivienda, ya que las construcciones de conjuntos exigían altas inversiones en infraestructura y servicios públicos. En 1983, a partir de la organización de varias juntas de acción comunal y de su interés por adquirir viviendas financiadas para los miembros de escasos recursos económicos, se lleva a cabo un programa piloto de auto-construcción de 55 soluciones de vivienda con la junta de acción comunal de la Sagrada Familia. El valor de cada vivienda fue de $ 812.00 y su entrega se realizó, en 1987, mediante créditos supervisados. El programa incluía vías, servicios de alcantarillado y red de energía con alumbrado público. Para el ICT, regional de San Andrés, ésta ha sido una de sus mejores experiencias por la calidad de las viviendas y sus bajos costos.
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En 1985, en un lote adquirido en el sector de Harmony Hall Hill, se propone desarrollar un plan masivo de 156 viviendas, pero la resistencia de la comunidad raizal para construir en áreas de reserva forestal, impidió la realización de este proyecto. Este lote está destinado a un jardín botánico, proyecto que adelanta la Universidad Nacional. En 1989, se llevó a cabo un estudio exploratorio sobre las condiciones socioeconómicas de las familias de los habitantes del Cliff,1 cuyos resultados dieron origen al programa de reubicación de una parte de ellos en el sector de las Tablitas. Esta nueva urbanización, denominada César Gaviria, se diseñó con 32 viviendas, las cuales fueron levantadas por el sistema de autoconstrucción, bajo la modalidad de créditos individuales supervisados. Sin embargo, no se logró el objetivo de descongestionar el Cliff, pues, cuando en 1991, se realizó el traslado de las 32 familias del sector subnormal, las vivienda precarias no fueron destruidas, sino que por el contrario se volvieron a arrendar y con ello se contribuyó a agravar la situación, hasta el punto de que hoy en día es una de las áreas subnormales más complejas de la isla. También en 1989, se inicia la construcción de 18 apartamentos de propiedad horizontal ubicados en el sector del Back Road para ser asignados a los miembros de la Asociación de Institutores de San Andrés y Providencia (ASISAP). En el mismo año, la Ley 3ª crea el Sistema Nacional de Vivienda de Interés Social y la política de adjudicación de viviendas por el sistema directo y los créditos individuales supervisados es reemplazada por el subsidio de mejoramiento de vivienda. De 1992 a 1997, se otorgan 480 subsidios que benefician a 1.200 familias, en el programa más amplio y de mayor cobertura que, hasta el día de hoy, se haya realizado en las islas. En 1999, se establece el subsidio para la vivienda nueva y la construcción de vivienda en sitio propio, el cual es regulado por el Decreto 824 del mismo año. Paralelamente, se suspenden los programas de mejoramiento de la vivienda que se venían desarrollando. Actualmente, la aplicación de la nueva política de vivienda de interés social en el departamento de San Andrés, deberá basarse en dos elementos: las directrices que defina el Plan de Ordenamiento Territorial y los datos recogidos en el Censo de Población del 31 de mayo de 1999.

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ASENTAMIENTOS HUMANOS SUBNORMALES
Los bajos niveles de ingreso de las familias de la isla no les permiten adquirir, con su propio ahorro, una casa de habitación para vivir en condiciones humanas dignas, lo que las lleva a instalarse en áreas subnormales, en las cuales no se cumple con las especificaciones de una vivienda básica. Los tugurios de la isla de San Andrés están construidos con un material de baja calidad y muchas veces en terrenos no aptos para levantar edificaciones, en áreas reducidas que obligan al hacinamiento y a la promiscuidad. Sus habitantes son inmigrantes del continente
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1 Este estudio fue contratado por la intendencia y revisado por el ICT, Planeación Intendencial y Empoislas Ltda.

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que no tienen acceso a los créditos institucionales, debido a su escaso patrimonio y a su bajo nivel de ingresos, lo que explica la proliferación de tugurios y origina el círculo perverso de la pobreza. Esta situación se ha complicado con el aumento constante de la población en la isla, debido a la inmigración de los años 80, que no sólo ha contribuido a agravar el déficit de vivienda, sino también a reducir las posibilidades de empleo, de mejoramiento de la salud, de educación, recreación y prestación servicios públicos. Adicionalmente, el proceso de pauperización del espacio urbano se ha incrementado y continúa avanzando, a pesar de las acciones realizadas. Esta situación se observa más claramente en el Cuadro 1, en el cual se compara la situación de subnormalidad de viviendas y de población, en los años de 1988 y 1995. En dicho Cuadro, puede constatarse que, a pesar de que el número de viviendas de los barrios registrados en el estudio de subnormalidad, disminuyó en 48 unidades entre 1988 y 1995, el número de habitantes en estas condiciones se incrementó en 331, durante el mismo período. Y aunque la mayor reducción en el número de viviendas subnormales se concentra en el Cliff, donde se registran 108 viviendas menos en tales condiciones, con respecto a 1988, el número promedio de habitantes por vivienda pasa de 5,4 en 1988 a 10 en 1995, lo que muestra que el proceso de hacinamiento se ha agravado. En el Back Road y Hoffie, desaparece la subnormalidad; pero, al mismo tiempo, ésta se incrementa dramáticamente en Santa Ana, zona en donde se pasó de 65 a 900 habitantes en condiciones de subnormalidad, entre 1988 y 1995, es decir, 10 veces más habitantes en un período de 7 años.

SEGÚN NÚMERO DE VIVIENDAS Y POBLACIÓN SAN ANDRÉS ISLAS

SECTORES

CUADRO 1
SUBNORMALES AÑOS

1988 -1995

Rock Hole Bight Rincón Barrio Obrero La Jaiba Santa Ana Cartagena Alegre El Cliff Tablitas Back Road (parte baja) Buenos Aires Batle Loli Hoffie Sub-total

1988 1995 Viviendas Población Viviendas Población 36 206 76 460 7 59 57 350 28 209 27 200 13 65 163 900 30 128 29 230 330 1813 122 1230 34 174 37 200 12 76 * * 18 29 103 520 20 100 78 400 212 1300 * * 740 4159 692 4490

En el Cuadro 2, aparecen los sectores en donde se registraron menos de 10 viviendas en condiciones subnormales en 1988 y donde, en 1995, había relativamente desaparecido la subnormalidad. Esto debido a que la definición de un sector como subnormal requiere cuantificar un mínimo de 10 viviendas en este estado. En el Cuadro 3, se presentan los sectores urbanos que en el año de 1988 no registraban viviendas subnormales, pero que aparecen en 1995, con lo cual se
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CUADRO 2 SECTORES SUBNORMALES AÑOS 1988 SIN SUBNORMALIDAD EN 1995 SEGÚN NÚMERO DE VIVIENDAS Y POBLACIÓN, SAN ANDRÉS ISLAS
Sectores Viviendas Av. de las Américas (detrás de Susy) Platanal Arenal Estadio Basket Infantil 15 Av. Boyacá, detrás Almacenar 20 de Julio (Hielo Nevado) Bight (lado Col. Sagrada Familia) Juan XXIII (Estadio Fútbol) Subtotal 2 5 75 8 8 4 8 53 1988 Población 22 22 45 40 46 39 289

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puede ver que la movilidad de este fenómeno se debe a los cambios en la ubicación de los patios arrendados (rent yard), donde se presentan los mayores problemas, pues viviendas precarias son arrendadas a precios muy altos por metro cuadrado, prácticamente sin ningún servicio y con la expresa prohibición de construir cisternas o sanitarios. Finalmente, en el listado siguiente, aparecen los sectores subnormales registrados en 1999, que no estaban inventariados en 1988, ni evaluados en 1995.

CUADRO 3 SECTORES SUBNORMALES EN EL AÑO 1995 SEGÚN NÚMERO DE VIVIENDAS Y POBLACIÓN, SAN ANDRÉS ISLAS
Sectores Vivienda Modelo (segunda etapa) Rock Hook Res Bround School House Subtotal 53 95 111 8 208 1995 Población 570 170 50 45 835

Ante esta situación, los participantes en el Taller ¿Cómo es San Andrés al final del siglo XX?, consideran que debe disminuirse el déficit cuantitativo y cualitativo de la viviendas en la isla, mediante un plan de acción serio y consistente para superar la «subnormalidad», que dé la posibilidad a la población de vivir en una vivienda digna. Para ello, será necesario contar con la participación de los diferentes estamentos de la comunidad, tales como el Fondo de Vivienda Departamental, Inurbe, Coralina, Occre, las corporaciones de Ahorro y Vivienda y las entidades nacionales e internacionales, pues buena parte de los problemas ambientales de la isla son generados por estos barrios subnormales. El desarrollo de la isla, y muy especialmente los problemas de la vivienda y de los servicios públicos, requieren la acción conjunta e integrada de todos los actores sociales, económicos e institucionales, así como la presencia de un organismo de planificación fuerte y eficaz que coordine y ejecute las acciones y proporcione los instrumentos para que el Plan de Ordenamiento Territorial contribuya a superar las incongruencias de las actuales normas de planeación urbana.
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CUADRO 4
Sectores subnormales en 1999 Moris Landing Villa Modelia La Paz Galán (Lax Bight) La Tablita La Jungla Small Cliff Nuevo México Simpson Well (parte alta) Vista Hermosa Nuevo Bosque Las Casitas 5 de Noviembre Sarabanda Nuevo México San Francisco de Asís Nueva Guinea Tolima

MORFOLOGÍA ESPACIAL
Los cambios en la morfología espacial de la Isla de San Andrés, se explican a partir de:
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La especialización de North End, con una utilización del suelo dedicada al comercio y al turismo sobre las zonas periféricas de supermanzanas generadas por los anillos viales. La densificación progresiva hacia el interior de estas supermanzanas con la creación de inquilinatos y pequeños hoteles. La permanencia del rent yard, como característica general en el Caribe que es la matriz del poblamiento sub-normal, en la cual los originales dueños del territorio inician un proceso de arrendamiento y subarrendamiento de sus predios para localizar allí a los nuevos inmigrantes que no pueden pagar un arriendo caro, pues su objetivo es ahorrar el máximo de dinero. Se introduce así el concepto de «barrio» y aparecen los asentamientos de la Jaiba, Tablitas y el Cliff. La zona institucional se consolida en su localización actual. Los Corredores Viales que quedaron definidos una vez se terminaron los rellenos con los materiales extraídos de los dragados del canal de acceso al puerto. El proceso histórico del desarrollo urbano de San Andrés se asemeja al de Kingston, Jamaica: la avenida 20 de Julio comienza a especializarse en instalaciones comerciales; se relegan así las residencias típicas en madera que dan lugar a estructuras en concreto para bodegas, almacenes, ferreterías, restaurantes, casinos, etc. Todo lo anterior, con un menosprecio absoluto por la creación de espacios de uso público.

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En el análisis del fenómeno migratorio de San Andrés se encuentra una serie de implicaciones para la ciudad insular:
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La especulación con el suelo urbano y rural, que llega a niveles insospechados. La importación masiva de mano de obra del continente colombiano, la cual se establece como residente en la isla.
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La construcción de las grandes moles de concreto que, sin ninguna consideración del entorno, obtuvieron permisos de construcción con la complacencia y el visto bueno de los funcionarios públicos de prácticamente todos los niveles. La construcción de una «visión» de la isla como paraíso, lo cual genera más migración en momentos en los cuales las condiciones de vida en Colombia y Nicaragua pasaban por un deterioro acelerado.

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Una ilustración somera de este análisis muestra que:
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En el año 1993, el North End sólo contaba con 8.000 m2 de espacio público, incluidas las pocas zonas verdes y los estrechos andenes existentes, espacio que tiende a disminuir. En el mismo año, existían 534 tugurios, sin contar las zonas subnormales de las Natanias, los Corales, Simpson Well, Canteras, el Cocal, Gaviotas y otros. Se comienzan a deteriorar, aún más, las supermanzanas de North End y empiezan a generarse asentamientos subnormales sobre los corredores viales del resto de la isla, como en el caso de Tom Hoocker. Según el Censo Experimental de julio de 1992, la isla de San Andrés contaba con 47.488 habitantes, de los cuales más del 70% se localizaba en North End. Lo anterior arroja una densidad en 1993 de 1.803 hab./km2 en la isla y de 4.560 hab/km2 en North End.

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TÉCNICAS Y TIPOLOGÍAS DE LA CONSTRUCCIÓN
Según Luis Parra Granados,2 la historia de San Andrés, al igual que la de todo el Caribe, es la historia de múltiples migraciones, prácticamente desde el descubrimiento de América. En este marco, las estructuras de construcción que llegaron con los primeros puritanos y comerciantes ingleses y holandeses, si bien es cierto traducen un «estilo» europeo, también expresan las características propias de la madera, su función y los detalles distintivos que la diferencian de la piedra o del concreto:
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Las riostras o crucetas obedecen a la triangulación que necesariamente se requiere en obras de madera, ya que el triángulo es la única forma indeformable. El diseño tridimensional y los espacios constituidos por pequeñas luces estructurales son configurados básicamente en forma ortogonal. La utilización generalizada de pilotes, sobre los cuales se construye el edificio, garantiza la preservación de la madera y permite, además, levantar la vivienda sobre pantanos, zonas inundables y pendientes topográficas. Además, sirve para aislar la vivienda de los insectos y animales peligrosos que viven a nivel del piso.

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2 Arquitecto, antiguo director de Inurbe.

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Otro de los elementos de diseño, y tal vez el que más representa la herencia europea en el Caribe, es el de grandes pendientes de la cubierta sobre el cuerpo principal de la vivienda y el cambio del nivel de la cubierta sobre el porche de entrada, o sobre el corredor perimetral del conjunto que da lugar a los altillos o buhardillas. En el clima cálido, húmedo y tropical del Caribe, tales pendientes sirven eficazmente como aislamiento térmico, al crear un volumen de aire de recambio en la parte superior de las viviendas. Igualmente, cumplen la función de aumentar el área de captación para el agua-lluvia que es el principal recurso en las islas tropicales. La presencia de vientos huracanados, da lugar a las ventanas de batientes de alma llena que en Europa funcionaban como contraventanas, lo mismo que las ventanas de guillotina, las cuales aportan una buena defensa. Los elementos decorativos de las fachadas, culatas, balcones y cumbreras provenientes del estilo barroco y victoriano. Otros elementos de la arquitectura de San Andrés son:
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La expresión del contenido religioso del protestantismo y luteranismo que en la arquitectura caribeña en San Andrés y Providencia se tradujo originalmente en el uso de colores y gamas adustos y apagados, casi siempre mediante combinaciones del blanco con el marrón o el azul. La presencia de colores vivos y contrastados es de aparición relativamente reciente, como producto bien de la importación del estereotipo jamaiquino o bien de la reivindicación tardía de las raíces afro-latinas. La separación espacial de la cocina (por razón del uso del carbón de leña) y de las letrinas y del baño. El agrupamiento de viviendas asentadas en terrenos de tradición familiar con cisternas para almacenar el agua-lluvia, construidas en madera calafateada reforzada con aros metálicos. La presencia de estas cisternas, le da una característica fundamental a los grupos sociales del Caribe y genera una «cultura del agua», presente en todas las islas.

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V
LA CIUDAD VIVIDA

Es la ciudad en su expresión cotidiana o entorno humano, aquella que se percibe en las sensaciones que experimentan más los ciudadanos que los citadinos y que muestra el ámbito o el sentido que tiene un conjunto urbano determinado. En una isla, cuya principal actividad ha sido el comercio y sólo como segunda opción aparece el turismo, este sentido se resume en la tradicional fórmula de las tres «s»: sun, sand, and sea. Sin embargo, San Andrés no es solamente eso. Hay que entenderla a partir de sus vivencias diarias, cotidianas, es decir del feeling que sus habitantes tienen con su entorno y que no es, precisamente, el mismo de los turistas. El ciudadano común y corriente que vive la isla paradisíaca como un hecho cotidiano, estructura otras impresiones y otras vivencias que, como en una especie de «feedback», reflejan el medio físico, económico, social, cultural. Estas impresiones se devuelven al entorno humano, cuidándolo, embelleciéndolo y contribuyendo a su desarrollo o lo contrario, provocando su deterioro y su decadencia. Este sistema de interacciones es lo que hace que la ciudad sea vivible para unos e invivible para otros. Y aunque esta «habitabilidad» no constituye un índice de eficacia de la urbanización o de satisfacción con el tipo de ciudad que se habita, es la forma más común que tiene el ciudadano corriente para encontrarle una respuesta a una pregunta trascendental: ¿Qué hago yo aquí? Un espacio desagradable con una infraestructura urbana deficiente, sin espacios públicos adaptados a las necesidades de la población, sin condiciones ambientales y estéticas adecuadas, sin que sus habitantes se sientan a gusto, por más que su entorno físico sea el de una isla paradisíaca, genera rechazos, conductas agresivas, dificultades para la convivencia y falta de solidaridad. Esta relación permanente entre el entorno y el habitante constituye la «razón urbana» o simplemente establece la ciudad vivida. ¿Como ciudad vivida, al ritmo cotidiano de una isla tropical, cómo es San Andrés al final del siglo XX? Desde los puntos de vista ambiental, social y especialmente cultural, varias entidades (Coralina, el Dane, la Secretaría de Salud, la Coordinación Cultural del Banco de la República y la Secretaría de Educación del Departamento), todas ellas dirigidas por mujeres, descubrieron su visión sobre la calidad de vida de la ciudad.
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Varios puntos se detallaron, no sólo para analizar el problema de la calidad de vida en la ciudad insular (que durante muchos años tuvo el más alto nivel de vida del país, Dane, 1998), sino para saber qué tan vivible es al final del siglo XX.

LA SITUACIÓN AMBIENTAL3
Para abordar la problemática ambiental, se plantea partir del carácter insular, debido a su condición de ser una pequeña isla de sólo 26 km2 de extensión, con una densidad cercana a 2.000 hab/km2 Esta densidad, que en el continente no sería problema, en las condiciones de insularidad se convierte en una situación crítica para absorber los impactos ambientales que se producen, ya que no hay en la isla un lugar en dónde construir rellenos sanitarios para las basuras, ni facilidades para adecuar un alcantarillado para las aguas negras. Tampoco hay suficientes recursos disponibles (agua y tierras) para satisfacer la demanda de una industria turística que se ha «hiperdesarrollado», hasta el punto de que actualmente hay más oferta de camas de hotel, que demanda por las mismas. La mayor parte de esta población, se ubica en el sector norte, donde actualmente hay zonas que registran una altísima densidad; sin embargo, a pesar de su reducida extensión o quizás precisamente por causa de ello, la mayoría de los impactos ambientales se transmite a toda la isla. Los principales problemas ambientales de San Andrés son los siguientes: Agua. El principal problema es la contaminación de las aguas subterráneas por vertimientos de aguas residuales dentro del subsuelo, por causa de los pozos sépticos que no tienen tanque impermeabilizado, lo mismo que por el arrastre de líquidos y lixiviados, por las lluvias que generan una alta escorrentía, con lo cual se contamina, a su vez, la laguna arrecifal. Otro de los problemas es la contaminación de la gran mayoría de los pozos o aljibes en el sector norte de la ciudad, con sus consecuencias sobre la salud de los usuarios. En el sector del Cove, se presenta una disminución del potencial del acuífero que suministra el agua para el acueducto, debido a perforaciones que sobrepasan los niveles de la zona de mezcla del agua dulce con el agua salada. De todos modos, los pozos de este sector sólo satisfacen un 30% de la demanda total de la isla. Según Anselmo Stephens Forbes,4 se está produciendo la misma cantidad de agua que en 1992, cuando el servicio de suministro de agua potable se prestaba durante 3 días a la semana. El problema se ha agravado, porque no hay dónde almacenar el agua que se extrae de los pozos profundos, pues los tanques de almacenamiento que se encuentran en los altos del Cliff, de la Loma y de San Luis, «…sólo quedaron terminados entre un 70% y un 80% de su capacidad total». La infraestructura actual no permite suministrar la cantidad de agua que se requiere, no sólo por restricciones de almacenamiento sino porque la planta desalinizadora no se ha podido poner en funcionamiento, debido a la falta de una sub-estación de bombeo que sólo cuesta $ 8 millones.
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3 Aportes de June Marie Mow, directora de Coralina, en el desarrollo del Taller ¿Cómo es San Andrés al final del siglo XX? 4 Director de la Unidad Especial de Servicios Públicos de San Andrés, autor de la ponencia sobre los servicios públicos en la isla, presentada en el Taller ¿Cómo es San Andrés al final del siglo XX?

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Stephens también señaló problemas en la concesión de servidumbres de los pozos profundos en funcionamiento y anotó que se debe aprovechar su optimización, pues se contrató un estudio para el análisis de los pozos utilizados por Empoislas. Éste constató la existencia de unos 20 de ellos, aproximadamente, con un caudal de 38 lt/seg./día, en esa época. Hoy, apenas se tienen unos caudales cercanos a los 22 ó 24 lt/seg./día, con sólo 10 pozos que se encuentran en uso. Aguas residuales. No existe actualmente un tratamiento previo de las aguas residuales domésticas, antes de su vertimiento al mar y, aunque no se dispone de estudios de los efectos sobre las playas, los corales y directamente sobre la salud humana, es fácil presumir que con un alcantarillado que sólo cubre el 8% de los usuarios, con un 64% de las viviendas que utilizan pozas sépticas y un 28% de ellas con vertimientos directos al suelo, el impacto sobre la laguna arrecifal debe ser muy alto, pues hay áreas donde sólo sobrevive el 20% del coral, de acuerdo con lo expresado por Coralina. Según la Unidad de Control de Servicios Públicos, los proyectos realizados para terminar el alcantarillado han enfrentado problemas para su ejecución. Subsiste el problema del tratamiento de aguas residuales. La planta que actualmente existe, no se ha puesto a funcionar. Adicionalmente, los parámetros de funcionamiento de la planta, no corresponden con los del estudio de impacto ambiental; de manera que, en el mediano plazo, no parece haber soluciones a la vista para mejorar el sistema de alcantarillado de la isla. Actualmente se está realizando un análisis de sostenibilidad económica para el sistema de tratamiento preliminar y la construcción del emisario submarino, con el fin de cumplir las normas que ordena la Ley. Residuos sólidos. Según Coralina, entre un 20% y un 40% del total de residuos de la isla, no es biodegradable. A ello hay que agregar, la falta de reciclaje para los componentes reaprovechables, la inadecuada disposición de desechos hospitalarios, de tóxicos, de pilas, de baterías, de escombros de la construcción y de automotores, que deterioran enormemente la calidad del paisaje que un área turística debe ofrecer. La recolección de basuras es, tal vez, el mejor servicio que se presta en la isla, con una cobertura del 94%, según el último Censo del DANE; pero lo más trágico es que actualmente aquellas se están descargando a cielo abierto, sin ninguna técnica de manejo del relleno sanitario. Alto impacto sobre los ecosistemas insulares. Los hábitat de las islas están sujetos a serias transformaciones que producen una pérdida irrecuperable de la biodiversidad. Hay corales que han desaparecido en cortos períodos de tiempo. Los manglares, otro de los ecosistemas estratégicos del Archipiélago, se han visto seriamente afectados por la actividad turística, pues durante varios años, algunos hoteles los emplearon como lugar de disposición final de sus aguas residuales. También algunos manglares fueron drenados y rellenados para la construcción de hoteles y urbanizaciones; muchos refugios de aves acuáticas fueron destruidos; las áreas de pesca se vieron diezmadas; las playas de recreación se perdieron por erosión y los arrecifes coralinos se convirtieron en roca caliza para la construcción.
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Sin embargo, las autoridades ambientales piensan que, a pesar del significativo deterioro ambiental, social y económico que presenta hoy el Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, aún existen condiciones favorables para estabilizar, recuperar y conservar las riquezas naturales renovables y del medio ambiente. Según la autoridad ambiental, la estrategia consiste en buscar, en el largo plazo, que el archipiélago pueda constituirse en una Reserva de la Biosfera, lo que permitiría conjugar la preservación y el desarrollo sostenible de los recursos naturales y del ambiente con un desarrollo económico aceptable. En este escenario, las actividades productivas, turísticas y de servicios deben cambiar para ofrecer una alta calidad, para un nuevo tipo de turismo internacional que con bajos impactos ambientales mejore los beneficios sociales.

LA SITUACIÓN SOCIAL
Se analiza a partir de dos aspectos interrelacionados íntimamente en la isla: el de la sobrepoblación y el del nivel de vida; pues la opinión, más o menos generalizada, es que, en la medida en que aumenta la población, la calidad de vida disminuye, sobre todo en períodos de crisis en los cuales el desempleo aumenta sensiblemente. LA DINÁMICA DEMOGRÁFICA Uno de los puntos que más se discute en la isla actualmente, es el de la sobrepoblación. Los datos del último censo, realizado en mayo de 1999, muestran que San Andrés pasó de 46.254 habitantes en 1993 a 53.159 habitantes en 1999, con un aumento de unos 1.150 hab./año, una tasa de crecimiento anual de 2,48% y una densidad de 1.976 hab./km2, la más alta de las islas del Caribe. Sin embargo, las olas migratorias, que producen, según las opiniones más frecuentes, la crisis social actual por el incremento de la fuerza de trabajo, han disminuido en los últimos años. El mayor crecimiento poblacional de la isla se registró en el período 1962 – 1964, cuando la población pasó de 7.500 personas (Parsons, 1985) a 14.415 (Dane, 1999), duplicando su población en sólo dos años. Teniendo en cuenta que las islas han sido históricamente expulsoras de población, esta dinámica migratoria plantea una serie de problemas para los grupos raizales o nativos, quienes han asumido la bandera de preservar la isla para los habitantes autóctonos y generar acciones legales que favorezcan el logro de este objetivo (Plan de Desarrollo del Archipiélago, 1998). Los habitantes no nativos que cuentan con derechos adquiridos para seguir en San Andrés, representan alrededor de 20.750 personas o sea el 39% de la población, mientras que los que se sienten inmigrantes, así hayan nacido en la isla, suman
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unos 32.405. De éstos, casi la mitad proviene de departamentos de la costa Caribe y el resto del interior del país, especialmente de Antioquia y Valle. Hay que anotar también que la mayor parte de los inmigrantes está formada por mujeres (52,3%). En cuanto al empleo, el 40% de la población en edad de trabajar se encontraba inactivo y el 53,6% estaba ocupado, con una tasa de desempleo (personas que no adelantaban una actividad la semana anterior al Censo) de 7,6%, muy por debajo del promedio nacional. Lo cual puede explicarse, porque dentro de estas actividades quedan incluidas las informales (Dane; 1999: 26). Pero, si se tiene en cuenta que en 1993 sólo había 300 desempleados, que pasaron a ser 1.081 en 1999, puede, entonces, tenerse una idea del aumento del desempleo. El sector que más pierde empleo es el turismo. En cuanto a los ingresos, el 32% de la población en edad de trabajar, no recibe ningún ingreso (por lo general los estudiantes), mientras que un tercio de la población que trabaja, recibe menos de un salario mínimo. LA CALIDAD DE VIDA Según datos de 1997, en San Andrés y Providencia, el 21% de la población es considerado pobre y un 2,5% se encuentra en estado de miseria. La comparación de los datos para dos años anteriores en el Archipiélago, permite observar que los índices han mejorado.

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CUADRO 5 NECESIDADES BÁSICAS INSATISFECHAS, SEGÚN AÑOS (% HOGARES POBRES) (DEPARTAMENTO DE SAN ANDRÉS, PROVIDENCIA Y SANTA CATALINA)
1985 1993 1997 44,2% 33,3% 21,0%

CUADRO 6 NECESIDADES BÁSICAS INSATISFECHAS, SEGÚN MUNICIPIO Y AÑOS (% HOGARES EN MISERIA)
Municipio San Andrés Providencia Total 1985 42,1 63,1 44,2 1993 34,0 24,6 33,3

Otros indicadores de calidad de vida (Cuadro 8), muestran una situación que es notablemente diferente del promedio nacional. En la tenencia de la vivienda, por ejemplo, el porcentaje de hogares que vive en arriendo aumentó notablemente entre 1993 y 1997, lo que está indicando que el acceso a la propiedad es mucho más difícil en las islas que en el promedio del país o que a los nuevos inmigrantes no les interesa adquirir vivienda. El número de personas por hogar, también es más bajo en el archipiélago. Con relación a la seguridad social, la cobertura del sistema en San Andrés es 12% más alta que en el promedio nacional; por el contrario, la del régimen subsidiado
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CUADRO 7 NECESIDADES BÁSICAS INSATISFECHAS, SEGÚN INDICADORES (%) (DEPARTAMENTO DE SAN ANDRÉS, PROVIDENCIA Y SANTA CATALINA)
Censo sai Necesidades basicas insatisfechas 1993 Vivienda inadecuada Vivienda sin servicios básicos Hacinamiento crítico Alta dependencia económica Inasistencia escolar 2,00 19,00 9,50 Sin dato 3,70 Encuesta calidad de vida Sai 1997 0,50 11,30 7,90 4,00 0,29 Nacional 1997 6,79 5,27 7,17 7,34 3,20

INDICADORES DE CALIDAD DE VIDA,
SEGÚN CENSO SAI Y ENCUESTA DE CALIDAD DE VIDA

CUADRO 8

(1993-1997)
Nacional 1997 55,3 35,9 4,7 57,1 34,2 57,1 9,55 14,3 10,6 4,3

Indicadores de calidad de vida

Censo sai 1993

Encuesta calidad de vida Sai 1997 Sin dato 56,5 3,4 78,6 23,0 78,6 2,6 10,7 4,5 2,8

Tenencia de la vivienda: % Propiedad % Arrendamiento Composición del hogar: No. de personas Cobertura seguridad social: Régimen subsidiado Régimen contributivo Tasa de analfabetismo Tasa de desempleo Pobres No pobres

51,3 43,1 3,7 Sin dato Sin dato Sin dato 4,66 Sin dato Sin dato Sin dato

de salud es 11% más baja. También, la tasa de analfabetismo es más baja en San Andrés y continúa descendiendo en relación con 1993. Así mismo, a pesar de la crisis económica que vive la isla, la tasa de desempleo, comparada con el promedio nacional, es más baja en el archipiélago. Otro aspecto que tiene que ver con la calidad de vida es el tipo de gasto, –o sea la manera como las familias invierten su presupuesto–, el cual, aunque se acerca más al promedio nacional, presenta diferencias con respecto al mismo, pues en la isla son más costosos la vivienda y los alimentos. Otros gastos, sin embargo, son más bajos que el promedio nacional, tal como sucede con la educación, el transporte y el vestuario. En cuanto a las actividades productivas ligadas a los hogares, en San Andrés el 45% de ellos se dedica al comercio, el 35% fabrica bienes y el 20% presta servicios diversos. Las actividades agropecuarias representan apenas el 4,6%, frente a 15,6% del promedio nacional. Con relación al interés por adquirir tierras, en el archipiélago sólo aspira a hacerlo el 14% de los hogares, frente a un 50% que registra el promedio nacional. Así
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CUADRO 9 TIPO DE GASTO, SEGÚN CENSO SAI Y ENCUESTA CALIDAD DE VIDA (1993-1997)
Tipo de gasto Inversión Educación Recreación Transporte Salud Muebles y accesorios Vivienda Vestuario Bebidas y tabaco Alimentos Misceláneo Otros Total Promedio nacional 2,8 5,6 1,3 6,9 8,6 4,8 27,0 4,0 1,8 27,8 4,0 5,4 100,0 San Andrés 2,0 3,2 1,1 6,2 7,8 3,7 29,0 3,7 2,4 30,4 4,2 6,3 100,0

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mismo, el 31% de los propietarios espera vender sus tierras, frente a un 16% del promedio nacional, datos que muestran un mayor desapego por la tierra en San Andrés. LA SALUD De acuerdo con la ubicación de los puestos de salud, la isla se encuentra clasificada en cinco sectores urbanos, que presentan características propias. Ellos son: el Hospital, el Cocal, La Loma, San Luis desde Harmony Hall Hill hasta la Piscinita y el Barrio Obrero; existe, además, un puesto de salud nuevo en el Cove.5 San Luis es un sector mayoritariamente isleño, lo mismo que la Loma y el Cove. El Cocal presenta las características de poblamiento de la costa norte, lo mismo que el Obrero, lugares en donde isleños e inmigrantes se han mezclado más. En el sector del Hospital, se ubican los comerciantes libaneses y también aparece una serie de asentamientos subnormales de origen continental que han cambiado con el tiempo, en la medida en que los inmigrantes compran tierras y pueden construir en materiales sólidos, a diferencia de cuando eran arrendatarios. La distribución de la población por zonas de la ciudad, muestra que cerca del 70% de la misma está ubicado en North End y que ocupa un 15% del espacio disponible en la isla (principalmente en los sectores del Hospital y Cocal donde la población es básicamente inmigrante, así como el Barrio Obrero, descontando la zona del Bight y Orange Hill, donde aunque su población es predominantemente de origen continental, también se encuentran mezclas con los nativos ). La población de los sectores mayoritariamente nativos, ocupa el 85% del área. La distribución global de la fecundidad también muestra que el Cocal es el sector que más aporta población (una cuarta parte), mientras que el menor aporte se registra en el Hospital, con una tasa de 7%, que equilibra el crecimiento del
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5 Elizabeth Mera, jefe de epidemiología de la Secretaría de Salud del departamento.

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North End. La Loma, San Luis y el Obrero, crecen cada uno a una tasa cercana al 20%. Esta distribución tiene su explicación en el hecho de que el mayor número de mujeres en edad fértil (de 15 a 44 años) se concentra en el Cocal y proporcionalmente en los otros sectores. CAUSAS DE MORTALIDAD En cuanto a la mortalidad, en el Cocal se registra la tasa más alta, la cual duplica la tasa calculada para el sector del Hospital. Los niveles de mortalidad en el Cocal son un poco menores que los de San Luis y La Loma y casi tres veces mayores que los del Obrero. Entre las causas más importantes de mortalidad en todo el departamento de San Andrés, aparecen las enfermedades cardio vasculares, los traumas (principalmente los ocasionados por accidentes de tránsito), los trastornos digestivos, las enfermedades de origen respiratorio, las perinatales y las infecciosas. Entre estas últimas, el Sida constituye el único cambio que se ha evidenciado durante los últimos 15 años, ya que las mayores causas de mortalidad, aunque a veces cambian de orden, siguen siendo las mismas. LA MORBILIDAD Las causas por las cuales consulta la gente en San Andrés6 están relacionadas con el parasitismo intestinal (helmiantiasis), las enfermedades de los dientes, las afecciones de la piel, la infección respiratoria aguda, las infecciones de los órganos genitales, la hipertensión arterial, las enfermedades del aparato urinario, la desnutrición y el trauma. Un análisis global de estas prevalencias, muestra que la consulta en los puestos de salud es mucho más alta en La Loma y el Obrero, mientras que en el Cocal y en San Luis son más bajas. La Secretaría de Salud, avanza en la realización de estudios y análisis que pueden permitir llegar a determinar posibles causas de enfermedades que afectan a unos sectores más que a otros, no sólo por razones genéticas o de predisposición natural, sino ambientales por exposición a vectores y/o debido a las condiciones socioeconómicas particulares que identifican a la población asentada en las distintas áreas del territorio insular. Este criterio guía los programas de salud pública, pues la vigilancia sanitaria es fundamental para evitar que un caso de enfermedad pueda convertirse rápidamente en un gran problema. Esto debido a que una isla tan pequeña es, paralelamente, un medio cerrado en donde una epidemia puede circular rápidamente, debido al permanente flujo de turistas (360.000/año). Estos movimientos continuos de población hacen que las islas turísticas se encuentren expuestas a riesgos epidémicos, razón por la cual en San Andrés se ha asignado prioridad a la vacunación como uno de los aspectos más importantes dentro de las medidas sanitarias preventivas. En el Caribe, el sarampión y la poliomielitis están a punto de erradicarse y, en ese marco, la isla avanza positivamente en el cumplimiento de sus metas de manejo de las enfermedades inmuno-prevenibles.
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6 Datos de 1999, suministrados por la Secretaría de Salud del departamento.

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LA SITUACIÓN CULTURAL
Este aspecto se analiza a partir de una experiencia de rescate de la memoria urbana y se centra en las contradicciones, fundamentalmente culturales, que se presentan actualmente en la isla entre la población inmigrante y la población nativa. LA MEMORIA URBANA En 1997, el Banco de la República adelantó un proyecto de Recuperación de la historia urbana de la isla de San Andrés. El objetivo era conocer la historia del poblamiento reciente de la isla, por medio de las vivencias de sus propios habitantes ya fuesen de origen isleño o continental. El problema urbano de la isla, se puede resumir en la concentración de más del 70% de la población (la mayor parte de inmigrantes y comerciantes, lo mismo que la población estacional de turistas) en el North End, es decir, en una quinta parte del espacio de la isla. En este espacio, como ya se ha señalado, se desarrolló un proceso de urbanización acelerado e improvisado con el cual aparecieron una serie de sitios de poblamiento que no figuraban en el mapa mental de los habitantes tradicionales de la isla. De estos sitios, sólo existía una memoria catastral que no expresaba su historia, pues no hablaba nada del proceso de urbanización ni de quienes la ayudaron a construir, mucho menos de los problemas que habían enfrentado para su construcción ni de la forma como los habían resuelto. La misma ubicación geográfica de los sitios era poco definida, la nomenclatura era imprecisa y, por lo general, los nombres de las cartas catastrales no coincidían con los de las cartas mentales de sus habitantes. En un primer trabajo adelantado por los alumnos del Instituto Bolivariano fue evidente que los vecinos hablaban de un mismo lugar con distinto nombre, lo cual dependía de que el informante fuera continental o isleño. Al mismo tiempo, se hacía muy difícil utilizar conceptos como el de barrio, común para unos pero desconocido para otros, por lo cual se hizo necesario utilizar nociones neutras como la de sector, con la esperanza de que, a lo largo del estudio, apareciera una forma de nombrarlos más precisamente para rescatar su historia. Para tal efecto, se realizó un concurso en el que los interesados debían escribir unas cuartillas sobre la «Historia de mi sector», mediante la recolección de testimonios orales, material escrito, fotos, planos, mapas y demás elementos que contribuyen a escribir una historia local del sitio donde la población vive y al cual siente pertenecer. Este concurso se constituye en un elemento de articulación de vivencias que crea las bases para la recuperación de la memoria urbana de la isla, mediante el aporte de elementos históricos, que aún pueden rescatarse de la tradición oral; de hecho aumenta el sentido de pertenencia de sus habitantes y descubre elementos de identificación entre habitantes tradicionales e inmigrantes relacionados con la construcción mutua del territorio.
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LAS CONTRADICCIONES DE LA MULTIPLICIDAD CULTURAL Según Sandra Howard,7 la frase «...es que la cultura de San Andrés se ha perdido», es como un «caballito de batalla», una gran mentira, porque este pueblo sigue siendo el que es. Y es el que es hoy, no el que fue hace 200 años o 150. Con esta frase, lo que se percibe, según ella, es un apego nostálgico al San Andrés de antaño La problemática cultural se podría resumir en las visiones que los diferentes sectores de la comunidad tienen, algunas de ellas enfrentadas entre sí. En primer lugar, existen los grupos que «todavía tienen la mitificación de África como el estado ideal y natural de una comunidad afro».8 En segundo término, aparecen otros que se sitúan un poco más recientemente en la época de la colonización y que sólo le dan prelación y derecho a quienes conformaron las familias originarias. Existe una tercera visión que se ubica en el momento «…no del pasado inglés, sino de aquel de los colonizadores que llegaron acá con unos nombres que hoy por hoy se convierten en los abolengos de la comunidad isleña. No lo digo ni con ironía ni con sátira por que yo soy Sandra Victoria Howard Taylor Archibold Robinson etc. En cuanto a mis apellidos, tengo que decir que, a excepción del Garnica, que igualmente fue un colonizador pero éste, venido de Santander, todos los demás hacen parte de esas familias originarias de filibusteros, de piratas, de expresidiarios, que llegaron a colonizar estas tierras».9 Otra visión es la de los católicos de comienzos de este siglo que echaron atrás la educación que se venía implantando en inglés con unos patrones fundamentalmente religiosos y que con subsidios del Estado comenzaron a implantar la educación en español. En ese momento, se inicia el rompimiento del idioma, que era eje fundamental de cohesión cultural. «Alrededor del idioma giran todos los demás elementos que permiten a una cultura tejer sus entrañas. Alrededor de él vienen las manifestaciones, los íconos del imaginario colectivo que se pueden ir elaborando. La lengua es un factor fundamental, y con la implantación del español se rompe bruscamente con este eje cultural. A partir de ahí, el choque es más frontal y ha sido el que más ha deteriorado la calidad de la educación».10 DESDE EL PUNTO DE VISTA DE LA EDUCACIÓN De esta forma, hay diversas culturas que producen «…un intercambio que no podemos negar, no podemos rodear a cada isleño de una burbuja y que éste sea impermeable a todas estas señales que llegan de todas partes, de todos los medios, porque el mundo lo tenemos aquí en San Andrés».

7 Secretaria de Educación del departamento. 8 Idem. 9 Idem. 10 Idem.

Por ello, existe la propuesta del gobierno departamental de adecuar el sistema educativo y darle las herramientas necesarias para que se pueda trabajar en este sentido, pues «… no se puede estar en un lado de la balanza y propender por la proyección cultural de un sub-grupo u ofrecer una educación tan culturalmente abierta, que se pase por encima de algún grupo minoritario».
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VI
LA CIUDAD PRODUCTIVA11

Los temas de la ciudad construida y de la ciudad productiva, se plantean conjuntamente no sólo porque la primera es efecto de la segunda, sino porque lo que en el fondo define el tipo de ciudad que se construye es el modelo económico, que, por lo regular, se impone a las condiciones culturales y a las políticas de desarrollo urbano que, se supone, deben estar encargadas de limitar los intereses de los agentes económicos. San Andrés, con la política de apertura económica nacional, dejó de ser una plataforma a partir de la cual circulaban las mercancías hacia el continente, para convertirse en un área marginal desde el punto de vista comercial, pues la clientela que antes del proceso de apertura compraba artículos más baratos en la isla, hoy los compra en cualquier Sanandresito del interior del país más baratos aún. El problema es que estos cambios repercuten fuertemente sobre la generación directa de empleos, pues el comercio es el sector que tradicionalmente ha utilizado más mano de obra, especialmente femenina, en la isla. Jairo Peralta12 indicó que los sectores que han impulsado el desarrollo de San Andrés son la construcción, el comercio y el turismo. Sin embargo, el comercio es la actividad económica más importante, pues el turismo hasta hace pocos años se realizó como un segundo atractivo, ligado a la compra de productos baratos que se vendían aprovechando las ventajas del Puerto Libre. Muchos sectores de la isla, en particular líderes isleños, consideran que el desarrollo del turismo va en contravía de la conservación de la cultura y del ambiente autóctonos; por lo tanto, esta actividad debería ser rediseñada, de acuerdo con las características propias de San Andrés, para garantizar una relación costo/ beneficio favorable. La construcción puede tener un importante desarrollo, una vez se defina el Plan de Ordenamiento Territorial así como los acuerdos para levantar la tutela; el enfoque de esta actividad deberá orientarse en mayor medida a la reestructuración físico-espacial de la ciudad Caribe, que a la construcción de las moles de cemento que han deteriorado la estética urbana y que, adicionalmente, no son atractivas para el turismo. El ponente insistió en que a pesar de las difíciles condiciones económicas y sociales que vive el Archipiélago, deben proponerse soluciones al conjunto de proble380

11 Los principales problemas del comercio, el turismo y el empleo a través de la crisis del modelo de Puerto Libre y especialmente el de la apertura económica, fueron planteados por parte de la Cámara de Comercio y de Fenalco. 12 Miembro de la junta directiva de Fenalco.

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mas existentes. La desmejora del nivel de vida de los habitantes, el deterioro ambiental de las islas para el desarrollo sostenible, la pérdida de competitividad del comercio, las dificultades del sector hotelero, el desempleo creciente, el déficit fiscal, el ajuste de la nómina del sector oficial y la crisis de inseguridad que empieza a registrarse, deben obligar a generar algunas propuestas con el fin de construir hacia el futuro una imagen más sólida en el campo del turismo y proponer las mejoras necesarias para sustentar el rumbo de las islas y sus comunidades. Frente a un modelo de desarrollo económico en crisis como el de la isla, pero teniendo en cuenta sus atributos naturales y culturales, los gremios económicos participantes en el Taller piensan que, en el futuro, las actividades generadoras del mayor empleo en San Andrés seguirán siendo el turismo y el comercio, a cargo del sector privado. Pero también sugieren analizar otras alternativas que permitan mejorar la situación económica. Por ejemplo, la pesca, la cual actualmente no presenta muchas posibilidades industriales, pues no hay ni una infraestructura aceptable, ni políticas específicas, ni planes de inversión por parte del gobierno; así mismo los tratados internacionales presentan limitantes, incluso para los pescadores artesanales. La agricultura cuenta con un espacio muy limitado en la isla y tiene problemas adicionales, tales como la falta de agua y deficiencias de organización. Para enfrentar la situación actual, el comercio tiene posibilidades de adaptarse, no para competir con el continente, sino para modificarlo, porque los turistas ya no vienen a San Andrés a comprar cualquier cosa, sino que buscan mejores servicios y nuevas líneas de productos, por lo cual lo que se requiere es lograr mayores dinamismo y creatividad. Entre las fortalezas y oportunidades que tiene la isla en el sector comercio, se cuentan:
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El marco legal, representado en los artículos 309 y 310 de la Constitución, que establecen que la isla conserva su categoría de puerto libre y que ésta sólo puede ser cambiada mediante una reforma constitucional. El decreto 1707 de internación de mercancías, que, aun cuando no es útil en este momento por la manera como se está haciendo el comercio con el contrabando y el lavado de activos, mantiene una expectativa debido a que es una acción de carácter legal paralela a la lucha contra el contrabando que va a permitir a los comerciantes ser proveedores organizados de algunos sectores del comercio en Colombia.

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Otro de los factores positivos era el nombramiento de embajadores isleños en el Caribe que abría las perspectivas de Colombia, pero que actualmente ya no existe. Esto permitía que las islas jugaran un papel importante en la promoción cultural y bilingüe. La posibilidad de hacer del archipiélago una Reserva de la Biosfera, que puede permitir desarrollar el eco-turismo, las actividades acuáticas, competencias de veleros, escuelas de esquí, natación y fotografía submarina, entre otras actividaPoblamiento y ciudades del Caribe colombiano ________________________________________________________________________

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des en que la isla es altamente competitiva. Así los hoteles podrían adoptar una oferta complementaria que deje un mayor valor en la isla. Otro aspecto que desafortunadamente no ha podido desarrollar pero que presenta buenas perspectivas es el de dar posición a la isla como sede de eventos internacionales, convenciones y congresos, entre otros. Fenalco propone la construcción de un centro de convenciones en San Andrés, tema del cual se ha hablado durante muchos años con entidades departamentales y nacionales. Se cree que esos edificios demandan una gran inversión y que deben tener garantizado un flujo de ocupación alta; por el contrario, un recinto de ferias muy modular, muy sencillo, muy Caribe puede servir de puente para atraer ferias y exposiciones, como vitrina de Centroamérica; por ejemplo, de la industria textil, artesanías nacionales, eventos folclóricos y otros. Roberto Basmagui13 afirmó que San Andrés, salvo el período del coco, no ha contado con un producto de exportación importante. Por ello, la exportación de servicios turísticos es una gran alternativa. A comienzos de los años 90, según Basmagui, el gobierno nacional decide que las islas deben ser turísticas, «…pues mucha gente repetía que el comercio de la isla estaba muerto. Pero hoy en 1999, no somos ni una isla turística, ni nuestro comercio es competitivo»14. Esto debido a que las obras de infraestructura que se debieron haber construido en la zona turística, como el acueducto y el alcantarillado, están en igual o peor estado, del que tenían al comienzo de esta época de apertura y los planes del gobierno nacional no han logrado hacer progresar a la isla como destino turístico. Sin embargo, «el Turismo, lo dice el gobierno nacional, local, lo dice la gente, es el futuro»15. Una perspectiva que se abre en este marco es la de los Parques Naturales, la construcción de senderos, la promoción y preservación de los arrecifes, para realizar una explotación razonable y sostenible de los recursos naturales de la isla. Los participantes en el Taller, piensan que la crisis debe llevar a la búsqueda de un proceso de concertación entre gremios, grupos económicos, gobierno, comunidades y grupos étnicos y religiosos, para empezar a realizar acciones conjuntas a partir de una voluntad común e insisten en que hay que plantear acciones concretas, ejercer una veeduría conjunta de las actividades de la administración pública y trabajar en la sensibilización social y la educación en torno a los objetivos de desarrollo, tanto sociales como económicos, como única vía para salir de la difícil situación que enfrenta la isla de San Andrés al finalizar el siglo XX.

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13 Secretario ejecutivo de la Cámara de Comercio. 14 Idem. 15 Idem.

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SANTA MARTA LA
HABILIDAD PARA SOBREVIVIR

ADRIANA MERCEDES CORSO RELATORA

AEROFOTOGRAFÍA DE SANTA MARTA FUENTE: IGAC ESCALA 1:42000 ENERO 14 DE 1995

PLANO DE SANTA MARTA FUENTE INSTITUTO GEOGRÁFICO AGUSTÍN CODAZZI 1987

El Taller ¿Cómo es Santa Marta al final del siglo XX?, fue organizado por el Observatorio del Caribe Colombiano y la alcaldía de Santa Marta, y se realizó en el Museo Bolivariano de Arte Contemporáneo, durante los días 26 y 27 de agosto de 1999. La relatoría fue preparada por Adriana Mercedes Corso, quien actuó como moderadora junto con Alberto Abello Vives, director del Observatorio del Caribe Colombiano. Participaron como expositores: Alejandro Martínez Caballero, El espacio público como elemento estructurante de la ciudad. Ángel Almendrales, Análisis del desarrollo cultural de Santa Marta. Aníbal Ceballos, La participación ciudadana en Santa Marta. Antonio Navarro, Proceso de ocupación del territorio rural del distrito de Santa Marta. Arturo Bermúdez, Breve narración de la evolución de Santa Marta desde su fundación hasta el presente. Carmen J. Barroso, Santa Marta una manera de ser. David Alonso C., El litoral costero en el proceso de desarrollo de Santa Marta: Dinámica y prospectiva. Elberto Lemus G., Asentamientos subnormales: Conceptos generales, dinámica de crecimiento, localización y políticas para su tratamiento. Gustavo Arroyave, Dinámica fiscal del Distrito y los retos para consolidar el desarrollo social en el marco de la descentralización. Jaime Solano Jimeno, Situación de los servicios públicos básicos acueducto y alcantarillado en Santa Marta. Jairo Amor Montalvo, Análisis de la estructura urbana y sus perspectivas dentro del ordenamiento territorial. Leyla Díazgranados, El patrimonio cultural de Santa Marta: Hitos y pautas generales para su rescate y conservación. Walter Martínez, Los partidos políticos en Santa Marta: Semblanzas partidistas y de liderazgo. Zully David Hoyos, Incidencia de la planeación en el posicionamiento de la ciudad, en la organización socio-espacial y el referente hacia la competitividad.
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SANTA MARTA

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CONTENIDO
INTRODUCCIÓN I II GENERALIDADES
DE SANTA MARTA

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UN BREVE RECORRIDO POR LA HISTORIA
EL POBLAMIENTO PREHISPÁNICO: BASES DEL LEGADO ARQUEOLÓGICO TAIRONA LA CIUDAD HISPÁNICA: 1525 A 1820 DE BOLÍVAR A LA «YUNAI» DEL GUINEO VERDE AL TURISMO: 1940-1990

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III EL PRESENTE DE LA CIUDAD EN DIVERSOS ENFOQUES
SANTA MARTA Y SUS RELACIONES CON EL ENTORNO POSICIONAMIENTO REGIONAL SANTA MARTA Y SUS RELACIONES CON EL CONTEXTO RURAL Y LITORAL LA EXPRESIÓN CULTURAL SAMARIA LA DIVERSIDAD CULTURAL LA IDENTIDAD ESPACIAL: ARQUITECTURA Y PATRIMONIO LA ESTRUCTURA ESPACIAL URBANA MOVILIDAD URBANA Y SISTEMA VIAL LOCALIZACIÓN DE ACTIVIDADES Y TENDENCIAS EN LOS USOS DEL SUELO ASPECTOS FUNCIONALES CRÍTICOS DEL ÁREA URBANA EL NIVEL DE VIDA EN SANTA MARTA INDICADORES DE POBREZA DÉFICIT DE VIVIENDA SERVICIOS PÚBLICOS DOMICILIARIOS SERVICIOS SOCIALES EL EMPLEO ORGANIZACIÓN Y LIDERAZGO SOCIAL LA PLANEACIÓN Y LAS FINANZAS DISTRITALES LA PLANEACIÓN SITUACIÓN FISCAL DEL DISTRITO SANTA MARTA DE FRENTE AL SIGLO XXI

401 401 401 403 404 404 405 407 408 408 409 410 411 412 413 414 415 416 417 417 418
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ANEXOS

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INTRODUCCIÓN

Vivir en una ciudad, vivir de ella, con ella y para ella, es un hecho que genera ineludibles reflexiones, así como vivencias aptas para motivar y enriquecer los espacios de disertación de cada habitante, fundamentados éstos en imaginarios, gustos, aversiones, tiempos, rutinas, percepciones, búsquedas, interpretaciones, relaciones, encuentros, desencuentros y compromisos. «Ad portas» de un nuevo siglo, Santa Marta, ciudad turística, cultural e histórica de la costa Caribe colombiana parece ser poco valorada en su esencia por sus raizales, quienes con mirada tímida, a veces parcial y con actitudes indecisas, no alcanzan a vislumbrar sus bondades paisajísticas y humanas, dignas todas de resaltarse. Por el contrario, haciendo gala de escasa sensibilidad, poco se comprometen en la difusión de sus virtudes y valores o en los procesos que definen su destino. El Taller ¿Cómo es Santa Marta al final del Siglo XX?,1 realizado en esta ciudad durante los días 26 y 27 de agosto de 1999, en el marco del programa de estudios del Observatorio del Caribe Colombiano ¿Qué ciudades estamos construyendo en el Caribe colombiano?, aparece como un hecho de notable significado y surge como un primer encuentro de samarios inquietos, preocupados, cada uno de ellos por su ciudad desde su sentir y pensar, así como desde su concepción propia del ser y del deber ser. A este evento, acudieron profesionales que sentían la necesidad de expresar sus expectativas, sus preferencias y sus enfoques sobre el desarrollo como actores del presente y también como oidores y testigos de un pasado que se ofrece como el acompañante hacia el logro de un futuro mejor para Santa Marta. Sus opiniones se caracterizaron por el interés y el entusiasmo, a pesar de que, en algunas oportunidades, sus matices, criterios y puntos de vista, pueden aparecer como enfrentados. Este texto surge de las reflexiones, conclusiones y comentarios del Taller antes mencionado; se fundamenta y proyecta en los distintos aportes expuestos por un grupo de profesionales samarios conocedores desde diversas temáticas, de su territorio. Este trabajo también materializa una experiencia inicial de generación de un espacio ideado para acercar a ese habitante comprometido en distintos ámbitos y roles y, además, sintetiza en una estructura narrativa, la memoria de una vivencia intelectual, dirigida a la construcción de una nueva teoría sobre esta ciudad que, a pesar de ser la más antigua de Colombia, cuenta con una escasa historiografía que pudiera enseñar los procesos vividos en ella. El texto está organizado de la siguiente manera: un primer capítulo está dedicado a la descripción de los aspectos generales de Santa Marta, en cuanto a su geografía, las características ambientales, el paisaje natural y la configuración político-administrativa. El segundo capítulo, comprende una breve narración de la evolución
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1 El Observatorio del Caribe agradece a los ponentes que respondieron a la convocatoria para analizar los principales problemas de Santa Marta, así como a los asistentes al T aller, por haber asignado en su agenda la prioridad que la ciudad merece. Igualmente, se agradece a Zarita Abello por el honor que significó realizar el evento en la quinta de San Pedro Alejandrino, al alcalde de Santa Marta, Jaime Solano Jimeno y a la secretaria de Planeación Distrital, Zully David Hoyos, por su apoyo en la organización académica del evento y por la valiosa información que suministró del expediente del Plan de Ordenamiento T erritorial de Santa Marta.

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histórica de Santa Marta y un recuento de los procesos sociales, económicos, políticos y culturales que se han sucedido desde su fundación hasta el presente. El tercer capítulo, contiene un retrato de la situación actual de la ciudad, vista desde las perspectivas física-espacial, social, urbanística, cultural, económica, política, ambiental y funcional, entre otras. El capítulo cuarto de este documento se concentra en una descripción de los retos que deberá enfrentar la ciudad en el nuevo siglo, tanto en la perspectiva de su consolidación como distrito turístico, cultural e histórico, como en el aprovechamiento de sus potencialidades naturales, patrimoniales y económicas, con el fin de elevar la calidad de vida de los samarios y lograr el posicionamiento de Santa Marta en la cuenca del caribe.

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I
GENERALIDADES
DE

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El territorio samario, ocupa una extensión de 239.335 hectáreas de la costa Caribe colombiana y comprende desde la desembocadura de la quebrada del Doctor, bordeando el litoral, hasta la desembocadura del río Palomino. El área municipal limita por el norte y el oeste con el mar Caribe; por el este, con el departamento de La Guajira y por el sur, con los municipios de Ciénaga y Aracataca. Se localiza entre los 11° 14´ 50´´ de latitud norte y los 74° 12´ 06´´ de longitud oeste. Riegan sus tierras los ríos Gayra, Manzanares, Piedras, Mendihuaca, Guachaca, Buritaca, Don Diego y Palomino. En la línea litoral sobresalen las bahías de Santa Marta, Gayra y Taganga, así como las puntas de Betín, Brava, Gloria, Castillete, El Diamante y los cabos de La Aguja, San Agustín y San Juan del Guía. La separan de la capital de la república 1.286 km. El distrito de Santa Marta se emplaza sobre la Sierra Nevada del mismo nombre, el macizo litoral más alto del mundo, escenario de estratégica importancia ambiental y que ha sido declarado por la Unesco como Reserva del Hombre y de la Biosfera. La Sierra posee una aguda variación altitudinal, con alturas que oscilan desde el nivel del mar hasta los 5.775 metros sobre el nivel del mar, lo cual, junto con su localización tropical, permite la existencia de los pisos térmicos cálido, templado, frío y nival, así como la presencia de diversos ecosistemas de significativa importancia los cuales, en su totalidad, representan casi todo el espectro de la América tropical. Santa Marta se encuentra dentro de la unidad ambiental costera de la vertiente norte de la Sierra Nevada de Santa Marta. Ésta se compone de un mosaico de ecosistemas marinos y terrestres que exhiben, a su vez, distintos grados de intensidad e intercambio de materia y energía. Entre dichos ecosistemas se encuentran fondos de plataforma continental, formaciones arrecifales, lechos de pastos marinos, sistema de playas y acantilados, ecosistema de manglar y bosques de transición, estuarios, deltas y lagunas costeras. La condición natural del territorio, explica la existencia de dos parques nacionales naturales, que en su extensión, abarcan el 53% del área total de la ciudad; ellos son: el parque Natural Tayrona, con 12.000 hectáreas terrestres y 3.000 hectáreas marinas y la Sierra Nevada de Santa Marta, de carácter subregional, con una extensión de 113.396 hectáreas. Estos dos parques, además, condicionan el ordenamiento espacial de la ciudad. De acuerdo con lo establecido por la Constitución Nacional, Santa Marta es un Distrito Turístico, Cultural e Histórico, conformado por ocho comunas, cuatro corregimientos y un resguardo indígena. Este último, concentra el 47% de la superficie distrital y puede decirse que su territorio coincide con el parque natural Sierra Nevada.
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SANTA MARTA

II
UN BREVE RECORRIDO POR LA HISTORIA

El presente de Santa Marta, como el de cualquier ciudad histórica, se ha construido con base en los hechos del pasado. Naturalmente, esta afirmación sugiere la obligante tarea de remontarse al ayer, no sólo para auscultar los elementos constitutivos de la identidad del territorio, sino también con el fin de develar los elementos determinantes en el nivel de desarrollo, en las relaciones socioculturales y en el contexto político de la ciudad que ha sido elevada a la categoría de Distrito.

EL POBLAMIENTO PREHISPÁNICO: BASES DEL LEGADO ARQUEOLÓGICO TAIRONA
La ocupación del espacio de lo que hoy constituye la ciudad de Santa Marta, se inicia en el siglo XIV, con el desplazamiento de grupos de población precolombinos oriundos de la cuenca del río Ranchería, quienes debido a la sequedad de sus tierras y al deterioro de las mismas por la actividad de tumba y quema de la selva, migraron en busca de mejores medios de sustento al norte de la Sierra Nevada. Allí, se vieron obligados a desarrollar sistemas de terrazas y obras de irrigación apropiadas a las características de los suelos. Estos sistemas alcanzaron tal grado de eficiencia que llegaron a generar grandes excedentes en algunos cultivos, entre los cuales se destacó el maíz, así como procesos de acumulación que posibilitaron la configuración de federaciones de pueblos, cuyo distintivo fue una gran división del trabajo y una importante diferenciación social. Sin embargo, esta unión no los llevó a constituir un Estado políticamente consolidado comparable con el de otras culturas prehispánicas de América Latina. Dentro de los grupos poblacionales ancestrales de Santa Marta, se destacan en primer lugar, los Taironas, asentados en Guachaca, Buritaca y Don Diego, quienes habitaban en asentamientos urbanos de diversos tamaños, construidos con una arquitectura monumental, dentro de la cual sobresale el diseño de puentes y caminos. Este grupo trabajaba la cerámica doméstica, la orfebrería y la talla en piedra y en hueso e incluso alcanzó procesos avanzados en la fundición de cera, en la soldadura y en el empleo de técnicas mixtas simples,-como moldes y repujos-, con las cuales diseñaban sus obras de arte. También formaban parte de la población aborigen, los Kogui, en el río Palomino; los Matunas, en el valle donde se emplaza el área urbana actual de Santa Marta;
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los Tanqui, en los ríos Don Diego, Piedra y Gayra. Por otra parte, en el litoral costero habitaban clanes tal vez más antiguos pero con menor nivel de evolución que intercambiaban sal y pescado con los grupos asentados en el macizo montañoso. Estos eran los Kashingui y Peibuni, localizados en Taganga y en las zonas bajas de los ríos Don Diego y Gayra y los Papale Tuxe, en el sector comprendido entre Dulcino y Papares. En 1501, con la llegada de los españoles a las costas de Santa Marta, comienza la época de la Conquista, que se prolonga durante 100 años y que origina una serie de hechos determinantes en la reorganización del espacio y en la relocalización de los asentamientos indígenas. Como consecuencia tanto de la fuerte resistencia que opuso al conquistador como del contagio de enfermedades, la población indígena fue diezmada. Además, de los efectivos que sobrevivieron, algunos permanecieron sojuzgados en el área plana, mientras que otros huyeron hacia las alturas de la Sierra para que su inaccesibilidad impidiera a los españoles llegar hasta ellos. Estos hechos produjeron profundos cambios en la estructura de la organización nativa, puesto que al ver alterado su patrón original de asentamiento su población ya no pudo mantener ni los sistemas de cultivo en terrazas ni los métodos de irrigación que tan altos excedentes habían generado durante un largo período de tiempo.

LA CIUDAD HISPÁNICA: 1525 A 1820
En 1525, Rodrigo de Bastidas llega, por segunda vez, al sitio de la costa colombiana que en 1501 escogiera para fundar a Santa Marta. En su primera visita, había dejado a algunos miembros de su tripulación para que aprendieran la «lenguará» de los Matunas. En esta ocasión, según algunos cronistas de 1514, pudo haber ocurrido el primer mestizaje. La cacica Matuna es expresión de ello: ya que, según palabras del cronista español Fernández de Oviedo se trataba de una: «Mujer tan blanca como cualquier mujer de Castilla…». A su llegada, Bastidas debe construir nuevamente la ciudad por razones topográficas. Lo hace junto con su tripulación de 200 personas, entre las cuales se encontraban algunos matrimonios de labriegos que permitieron el nacimiento de los primeros colombianos que se lanzaron desde esta ciudad a colonizar el resto del país. En la plaza Mayor del pequeño poblado, construido con chozas de paja y madera, Bastidas se posesiona como gobernador, en medio de una frondosa vegetación de caracolíes, guayacanes, palo de Brasil, ceibas, pereguétanos, jobos y algarrobos. Para ese entonces (1514), Santa Marta se emplaza en el hábitat de los Matunas descrito por Fernández de Oviedo: en un bohío en la playa y 15 ó 20 de ellos más adelante, no agrupados sino a manera de barrios separados y cerca al puerto, en la playa, en arenales chinchorros y redes tendidas; y alrededor frondosos árboles frutales y dos pequeños ríos que bajaban de la Sierra. La ciudad comienza a crecer hacia el norte y hacia el oriente. Diego de la Peña y Juan Rodríguez, religiosos de la orden de la Merced, construyen la primera iglesia de Nuestra Señora de la Merced. Luego, en 1530, religiosos de la orden de los Predicadores fundan, al sur de la plaza donde hoy está la gobernación, el convento de Santo Domingo. Más
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tarde, fray Tomás Ortiz levanta la iglesia de Santa Ana, erigida luego, el 9 de enero de 1533, como la primera catedral de Suramérica. Por otro lado, en 1530 se construye el primer hospital a cargo de Don García Lerma y posteriormente, en 1617 el de San Sebastián. Las relaciones de Bastidas con los naturales fueron armónicas y sólo después de 1527, con su partida y posterior muerte, se da inicio a las guerras entre conquistadores e indígenas. En estricto sentido, el objetivo del conquistador era prioritariamente la obtención de oro y de mano de obra para explotar las minas, antes que la misma tierra como dominio. Así, el saqueo y la obtención de la riqueza fácil, constituyeron la constante en esta época de la ocupación, mientras que las actividades productivas estaban encaminadas a garantizar algunos alimentos, ya que casi en su totalidad éstos eran importados desde Santo Domingo o España. A partir de 1543, llegan los piratas en busca del oro de los Taironas y de las perlas de Riohacha. Este hecho, que condicionó el débil posicionamiento portuario de Santa Marta frente a Cartagena durante dos siglos, implicó destrucción y ataques bélicos, así como el incendio de la ciudad en 20 ocasiones, en hechos en los que también participaron los indígenas. La presencia de piratas en Santa Marta, hace necesaria la construcción de fuertes y defensas militares para la protección de la ciudad y de sus habitantes. Entre tales edificaciones se destacan, el castillo de San Juan de Mata (1602); el castillo de San Antonio, en una de las colinas de las Abras de Santa Ana; el castillo de San Fernando (1667–1725); el fuerte del Morro (1762); el castillo San Vicente (1673); el castillo de Nuestra Señora de la Caridad (1725), construido por el gobernador Betín y remodelado como castillo San Felipe (1727) y la batería de Santa Bárbara (1825). Estos castillos no siempre funcionaban al mismo tiempo, pero cuando los de San Fernando y el Morro operaban simultáneamente, los enemigos no podían entrar a la ciudad. Así, Santa Marta se convierte simplemente en un sitio de paso, sin mayor importancia económica durante la Colonia. Ello incide, además, en el poco desarrollo urbanístico de estos siglos, no obstante que, en torno a la destrucción de la ciudad, surge en 1617 una fábrica de ladrillo con mezcla de barro, lo cual permitió la construcción de una vivienda más segura. Por otro lado, se reseña la existencia de una fábrica de aguardiente en esa época. En el siglo XVIII, con la finalización de los ataques piratas, la ciudad crece hasta la iglesia de San Francisco –construida en 1595–, debido a la llegada de familias de las provincias de Ocaña y Riohacha así como de otras regiones, inmigrantes que generalmente formaban parte de los empleados de la Corona. Al iniciarse el siglo XVIII, el territorio de la Sierra Nevada aparece como un sitio de poco interés para la colonización española, ya que el centro de atención de la misma se había desplazado hacia el interior del país, atraída por las perspectivas que le brindaba la búsqueda de «Eldorado». Durante este período, surgen poblados en las faldas de la Sierra Nevada, los cuales fueron fundados por contrabandistas e indígenas opuestos a la Corona española. En la primera mitad del siglo XVIII, se empieza a estabilizar el comercio por Santa Marta. La mejor evidencia de ello fue la creación de la notaría primera, la cual si bien registra un ritmo de transacciones muy lento, da muestras de las primeras sociedades comerciales de la ciudad, lideradas por ingleses y franceses,
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al tiempo que describe relaciones financieras entre particulares para suplir las limitaciones crediticias. A esta dinámica, se unen las haciendas Donama, Bureche, Paraje de Guachaca, Campo de Estorien, San Pedro Alejandrino, El Piñón y Papares, entre otras, en las cuales había cultivos de cacao, café, caña de azúcar, algodón y frutales. Estas explotaciones estaban dotadas de trapiches, eran atendidas con mano de obra esclava y se ubicaban en las estribaciones de la Sierra Nevada, en lo que antes eran las encomiendas indígenas. Entre las haciendas sobresale, en esa época, la de Bureche, con una importante explotación ganadera. A partir de la primera mitad del siglo XVIII comienza un proceso de reactivación portuaria, que se extendería hasta bien avanzado el siglo XIX, cuando Santa Marta supera la dinámica mercante de Cartagena. Este evento permite el desarrollo de actividades relacionadas con la elaboración de bergantines, goletas y balandras, para facilitar el transporte marítimo desde el puerto samario hacia el interior del país. En 1743, se edifica el hospital San Juan de Dios y en 1794 se concluyen las obras de la catedral de Santa Marta, iniciadas en 1766 por Antonio Marchante, quien también construyó el convento de San Juan de Nepomuceno (terminado en 1810) y el cuartel de infantería (que funcionó entre las calles 14 y 15 en el lugar donde se emplaza hoy el parque Bolívar). Entre 1780 y 1800, se empieza a gestar una leve dinámica de compra y venta de casas y solares, en función del crecimiento poblacional y del movimiento económico en torno al puerto y a las actividades agrícolas. El acontecimiento más importante a comienzos del siglo XIX está relacionado con el arribo a la ciudad y la muerte, en el año de 1830, del Libertador Simón Bolívar, en la quinta de San Pedro Alejandrino. Este hito le permitiría a Santa Marta, por encima de las otras ciudades del país, simbolizar el inicio y el fin de la subyugación española en Colombia. El dominio hispánico concluye en la ciudad de Bastidas el 11 de noviembre de 1820, con la llegada de los generales Padilla, Maza y Córdoba, después de haber ganado éstos la batalla de las ciénagas, en el día anterior.

DE BOLÍVAR

A LA

«YUNAI»2

En la primera mitad del siglo XIX, Santa Marta atraviesa por un interesante surgimiento empresarial, abanderado por comerciantes franceses, ingleses y norteamericanos residentes en la ciudad. Son ellos quienes lideran la dinámica portuaria en medio del estancamiento del comercio en el interior país, de las limitadas posibilidades de comunicación y del uso de sistemas poco eficientes de transporte, ya que sólo se empleaba el lomo de burro para el traslado de las telas finas, los vinos y las joyas de fantasía, provenientes generalmente de Burdeos y Marsella. Los extranjeros establecen relaciones comerciales con Madrid, así como con Jamaica y otras islas del Caribe, y también con Barranquilla, Cartagena, Medellín y Bogotá. Este intercambio incide en las costumbres y expresiones artísticas que reciben la influencia cultural europea. En este siglo, surgen la Universidad de Derecho, la Escuela de Medicina y, posteriormente, la Universidad del Magdalena. Así mismo, proliferan periódicos locales que se ocupan de temas de actualidad política y económica, como lo fue, en su momento, lo relacionado con el proyecto del ferrocarril.
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2 Yunai: Término coloquial utilizado para referirse a la United Fruit Company. (N.d.E.)

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El auge portuario se extiende hasta 1873, cuando por primera vez las exportaciones de Sabanilla, merced a la construcción del ferrocarril de Bolívar en 1871, superan en valor y volumen las exportaciones e importaciones realizadas por Santa Marta. Desde 1848, se impulsaba la formación de una sociedad entre comerciantes y agricultores para construir el ferrocarril que debería unir a esta ciudad con el río Magdalena y desarrollar así la navegación a vapor en tal río. Lamentablemente, una fuerte tormenta ocurrida en 1849 destruye en gran parte la ciudad y, con ello, muere también el proyecto. A partir de 1881, Santa Marta reinicia sus esfuerzos hacia la construcción de su corredor férreo. Pero pese a que por pequeños tramos logró conectarse con las poblaciones del norte del departamento del Magdalena, sólo hasta mediados del siglo XX logra establecer comunicación férrea con el interior del país. Ante la pérdida de posición por parte de Santa Marta como puente marítimo, la Sierra Nevada comienza a ser percibida como una posibilidad para el desarrollo de actividades agroexportadoras. Con este propósito en mente, los gobiernos central y regional promovieron campañas de colonización extrajera, mediante el ofrecimiento de estímulos a familias europeas para que se radicaran en el macizo, mientras se impulsa la apertura de vías y el fomento al crédito. Pero esta iniciativa pierde fuerza con la llegada de la transnacional United Fruit Company (Yunai), que, sin lugar a dudas, marca el desarrollo de la historia económica, social y cultural de Santa Marta durante varias décadas, en torno a la producción y exportación del banano. Así, el ferrocarril, el banano, el puerto y la administración pública, se convierten en las principales fuentes de empleo a lo largo del siglo XX. El arribo de la Yunai permitió la realización de eventos, tales como la conclusión del ferrocarril hasta Fundación; el desarrollo urbanístico reflejado en la provisión de la energía eléctrica; el telégrafo; el teléfono; los comisariatos y la construcción de un estilo típico de vivienda. La dinámica bananera, dio origen a principios del siglo a los barrios del norte de la ciudad y, posteriormente, al barrio Manzanares. La compañía norteamericana, ejecuta las primeras obras de infraestructura en el puerto, el cual logra ser acondicionado para movilizar carga y transportar turistas por medio de la Flota Blanca. Estos acontecimientos permitieron, por un lado, el arribo a la ciudad de extranjeros que pronto emparentaron con familias samarias, y, por el otro, el contacto de los productores de banano con las islas del Caribe y con el mundo cosmopolita de Bruselas, New York y Boston. La llegada del banano, también está ligada a la irrupción del fútbol, deporte en torno al cual se establecen espacios de recreación y diversión entre los habitantes de Santa Marta y Barranquilla. Sin embargo, mientras el café de exportación consolida el mercado nacional, afianza a Barranquilla como ciudad portuaria en la costa Caribe colombiana y permite generar las divisas que sustentarían el desarrollo de obras públicas y urbanísticas propias de los años veinte, Santa Marta vive un proceso económico aislado. Éste fue direccionado por las expectativas e intereses del gran capital transnacional, protegido por el Estado central y exonerado del pago de impuestos durante dos décadas, contadas a partir de 1909. Si bien el gobierno departamental tenía la aspiración de imponer un gravamen al guineo para financiar las obras de infraestructura demandadas por el departamento del Magdalena y su capital, los esfuerzos orientados hacia tal propósito fueron ingentes pero vanos. Así, Santa
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Marta llega a los años 1940 sin vías, desarticulada del resto de la región, sin acueducto, sin alcantarillado y sin malecón en la bahía.

DEL GUINEO VERDE AL TURISMO: 1940-1990
La articulación de Santa Marta con el interior del país se produce en la segunda mitad del siglo XX, con la extensión del ferrocarril y la construcción de la troncal del Caribe, obras de infraestructura que permitieron la movilización de los productos de exportación, incluyendo el café y el banano, que hasta pocos años atrás constituyeron los principales rubros colombianos de exportación y que, en ese entonces, aún no habían sido desplazados por las exportaciones regionales de carbón. En esta época, Santa Marta pierde injerencia territorial a causa de las reformas político-administrativas que, en los años sesenta, segregaron del Magdalena a los departamentos de La Guajira y Cesar, territorios sobre los cuales, pese a la falta de conexiones viales, la ciudad ejercía una importante influencia como capital. Las actividades administrativas de la gobernación, las sesiones de la Asamblea departamental, la oferta de servicios financieros (v.gr., la Caja Agraria) para esos territorios se realizaban en Santa Marta y se ofrecía educación de calidad en el Liceo Celedón, claustro en el cual se formaron muchos cesarences y guajiros. Otro tema digno de destacar en este período de su historia es la precaria industrialización de Santa Marta. Son pocas las fábricas que surgen en el siglo XX. Entre ellas aparecen la embotelladora de la Coca Cola, algunas agroindustrias lecheras creadas sobre la base del capital local, los procesadores de café y algunas pequeñas factorías especializadas en la elaboración de materias primas (cartón y plástico) para el empaque del banano tecnificado. Otro evento económico de finales de los años cincuenta está relacionado con el traslado de la compañía bananera a la zona del Urabá antioqueño. A su partida, los productores locales conforman consorcios y federaciones para continuar vinculados al mercado mundial. Sin embargo, el negocio termina siendo controlado por otras transnacionales que llegan a la ciudad. Con la partida de la compañía bananera, los cultivadores de este producto deben resolver, por cuenta propia, las limitaciones crediticias y es así como, en 1958, crean el Banco Bananero, con una dinámica financiera ligada a su renglón así como al fomento de otras obras urbanísticas promovidas por el gremio de este ramo. El mencionado banco fue cerrado por el gobierno central, de manera definitiva, en 1967. Hacia los años sesenta y setenta, se empiezan a tener en cuenta las potencialidades turísticas de la ciudad. El Plan de Ordenamiento de 1965, corrobora la necesidad de incluir dentro de los aspectos urbanísticos y estéticos al sector histórico, las playas de la bahía y al sector de El Rodadero. A partir de entonces, se inicia, en ese lugar, la construcción de hoteles y apartamentos de propiedad horizontal, a cargo de inversionistas barranquilleros y del interior del país. Alrededor del propósito de atraer el turismo hacia la ciudad, surgen las Fiestas del Mar para cautivar la inversión extranjera. La bonanza de la marihuana cultivada en la Sierra Nevada, se canaliza hacia la inversión hotelera y la construcción de nuevos barrios. En este
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momento, la principal demanda turística de la ciudad provenía de los venezolanos quienes se sienten unidos espiritualmente a la quinta de San Pedro Alejandrino, por haber sido ella el escenario de la muerte de Simón Bolívar. También existía atraccción por parte de los interesados, en cierta forma, en consolidar el negocio de la «marimba».3 A partir de 1964, con la conformación del parque natural Tayrona y posteriormente con el descubrimiento arqueológico de Ciudad Perdida, se generan flujos de turistas colombianos y, en menor proporción, de extranjeros hacia Santa Marta. Las iniciativas de impulso al turismo ganan fuerza hacia finales de los ochenta, en la medida en que se agudiza la crisis de la tradicional economía bananera, en la que, sin embargo, hasta hoy se desenvuelven algunos samarios. Ello a pesar de que la inseguridad, los cambios estructurales del mercado internacional de consumo, los problemas de orden público y los efectos desfavorables de las políticas macroeconómicas nacionales, han desestimulado el desarrollo de esta industria. Todos estos sucesos, vistos en su conjunto, han obligado en la última década a sus habitantes a mirar la ciudad hacia adentro, o sea, hacia el aprovechamiento de sus ventajas naturales para el turismo. De ahí que la designación de Santa Marta como Distrito Turístico, por parte de la Constitución Nacional, no resulta aislada de los procesos históricos de la ciudad. Sin embargo, aun cuando en el presente se puede hablar de la existencia de una demanda turística hacia Santa Marta, esta industria es, hoy por hoy, una actividad con muchas posibilidades, pero que todavía requiere consolidarse.

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3 Expresión popular usada en Colombia para referirse a la marihuana.

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III
EL PRESENTE DE LA CIUDAD EN DIVERSOS ENFOQUES

A finales del siglo XX, Santa Marta padecía los problemas comunes a otras ciudades colombianas. Ellos son la afectación de sus condiciones ambientales; la baja valoración de su patrimonio y de las particularidades culturales propias del samario; las limitadas condiciones de accesibilidad y funcionalidad territorial; los niveles de calidad de vida en declive; la débil dinámica económica, con tendencias hacia la informalización; la gestión poco comprometida, en medio de la cual sobresale la falta de coordinación interinstitucional y la baja participación ciudadana en los asuntos del desarrollo local. Todo ello, se acompañaba de un difuso compromiso del sector privado como fuerza colectiva.

SANTA MARTA Y SUS RELACIONES CON EL ENTORNO
En el contexto de las ciudades caribeñas de Colombia, Santa Marta se caracteriza por presentar un modelo de estructura urbana poco funcional y productivo. Por otra parte, la ciudad carece de la complementariedad suficiente con el resto de la región; se encuentra desarticulada, en gran medida, del departamento del cual es capital y presenta problemas disfuncionales con su área rural y con la zona de litoral. Adicionalmente, su desarrollo se ve limitado por las imposiciones nacionales sobre el territorio. También lo afecta, el deterioro del orden público en su entorno más cercano, con lo cual se cierne un amenaza para la habitabilidad y la seguridad productiva en la ciudad. POSICIONAMIENTO REGIONAL De acuerdo con el número de habitantes, Santa Marta está catalogada como una ciudad intermedia. Posee una relativa importancia económica, financiera e institucional y también niveles aceptables de comunicabilidad y de bienestar social, a los que se agrega una ligera concentración de servicios y recursos estatales. En la actualidad, sus dos principales actividades económicas, la portuaria y la turística, le permiten el desarrollo de relaciones tanto a nivel mundial como con los centros de producción y consumo más importantes del interior del país. Por medio de su puerto y de las exportaciones, Santa Marta establece vínculos económicos con la Unión Europea. Por su parte, las importaciones sirven para afianzar los lazos con los Estados Unidos, Venezuela, China, Centro América,
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Sur América, el Caribe y Asia. En esta dinámica, la producción local participa de manera mínima con banano, café y algunas escasas manufacturas, elaboradas en la Zona Franca (ver Anexo, Cuadro 4). El proceso de globalización y la recesión económica nacional de fines de los noventa, han convertido a Santa Marta, después de Puerto Bolívar, en el segundo puerto exportador de carbón, por lo cual ocupa una posición trascendental en la movilización del mineral extraído de los yacimientos del Cesar y, hasta hace poco, del Cerrejón Sur. Así se tiene que el puerto de Punta Betín, se encuentra entre los más modernos del país, ya que tiene la capacidad de atender cuatro barcos simultáneamente. Su profundidad natural, varía entre 10 y 40 metros y genera 220 empleos directos y 1.650 indirectos (ver Anexo, Cuadros 1, 2 y 3). Además, hay que agregar que en el área urbana de la ciudad, funcionan un puerto privado carbonífero (C.I Prodeco, que moviliza 3 millones de toneladas cada año) y un puerto petrolero, por medio del cual se importa, desde el estado venezolano de Zulia, la gasolina que abastece al país. Por otra parte, Santa Marta es un destino turístico fundamentalmente nacional y mínimamente internacional, gracias al paisaje, la riqueza ambiental y los legados histórico y arqueológico propios de la ciudad. No obstante, los indicadores turísticos ubican a Santa Marta en una posición desfavorable frente a Cartagena, hacia donde se dirige el mayor número de turistas extranjeros, por disponer esta ciudad de un aeropuerto internacional y poseer, además, una oferta mayor tanto de atractivos turísticos como de hoteles (Ver Anexo, Cuadro 5). Santa Marta también es superada por San Andrés en el número de visitantes nacionales, en el de hoteles, en el de habitaciones, de atributos turísticos y de ocupación hotelera, pero se destaca nacionalmente por poseer el mayor índice de parahotelería en apartamentos y en hoteles. En la última década, este renglón ha estimulado el surgimiento de un importante mercado laboral formal, aunque también ha desarrollado, con la misma intensidad, otro mercado informal, carente de cualificación. En torno al turismo surgen actividades comerciales y de servicios conexos, deficientes en su mayoría en cuanto a organización, legalidad, mercadeo y principios de calidad en la atención a los turistas. Estas actividades, junto con la construcción hotelera, se han visto afectadas con la recesión económica de los últimos años en Colombia. Desde el punto de vista subregional, como capital del departamento del Magdalena, Santa Marta no logra configurar una esfera de influencia sólida con respecto a los municipios que conforman este ente territorial. En ello tienen mucho que ver, por una parte, las limitaciones de infraestructura que dificultan la comunicación y, por otra, el impacto que ejerce Barranquilla sobre los pueblos ribereños del sur. En este sentido, las relaciones funcionales de Santa Marta se consolidan específicamente con el municipio de Ciénaga (con el que viene conurbándose aceleradamente), con la zona bananera, con Aracataca, Fundación y Pueblo Viejo. En la actualidad, los equipamientos que articulan subregionalmente a Santa Marta son: el hospital departamental (de tercer nivel), el aeropuerto Simón Bolívar, el puerto de Punta Betín, el palacio Tayrona (donde funciona la gobernación), la edificación donde delibera la Asamblea Departamental y la Universidad del Magdalena. Aunque esta última en los últimos años, debido a las continuas crisis financieroadministrativas, ha perdido la posición que en tiempos anteriores la destacara en cuanto a la oferta y demanda de programas académicos que han constituido gran soporte para la consolidación agropecuaria del departamento.
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De igual manera, dentro del ámbito subregional, la Sierra Nevada como ecosistema regional estructurante, articula al distrito con los municipios de Ciénaga y Aracataca, y con algunos otros de El Cesar y de La Guajira, que tienen jurisdicción en el Macizo. Esta circunstancia geográfica, implica la concurrencia de la ciudad en los asuntos y decisiones tomadas sobre el manejo y conservación de este ecosistema, más aún si se tiene en cuenta que en el territorio samario nacen diversas fuentes de agua que abastecen a municipios vecinos. SANTA MARTA Y SUS RELACIONES CON EL CONTEXTO RURAL Y EL LITORAL La carencia de una adecuada red de infraestructura vial determina, en el presente, disfuncionalidades y limitaciones en la comunicación entre el contexto urbano y el área rural de la ciudad. Esta última, concentra la mayor oferta de servicios y constituye el principal mercado de productos y es allí donde se establecen los vínculos comerciales con el exterior. Por otro lado, las características topográficas se convierten en un serio obstáculo para la funcionalidad de las áreas productivas y de los asentamientos poblacionales que, de acuerdo con sus características socioculturales, optan por concentrarse en las regiones de montaña. Junto con ello, la inexistencia de una infraestructura de apoyo a la producción, relacionada con el acopio, el almacenamiento y la transformación, hace más agudas las dificultades de movilización de los productos locales y desestimula el fortalecimiento de las actividades primarias. Tanto el banano como el café de exportación, constituyen los principales productos del área, los cuales se transportan hasta el puerto con algunas dificultades, pese a que, en el segundo caso históricamente se hayan realizado importantes inversiones viales por parte de la Federación de Cafeteros. Existen 694 hectáreas cultivadas con banano, 4.144 hectáreas con café tradicional y 1.864 hectáreas con café tecnificado. Así mismo, en los últimos años, el turismo se viene ubicando como una actividad importante en la economía local. Sin embargo, la carencia tanto de vías como de un sistema eficiente de transporte, afecta las posibilidades de acceso a los sitios de mayor atractivo. La producción campesina no logra consolidar su aporte a la seguridad alimentaria de Santa Marta, debido a los déficit de infraestructura ya mencionados, a la carencia de financiamiento, a la debilidad de las políticas de desarrollo agropecuario y a la situación de permanente desplazamiento de población que genera en el sector la ampliación del área de los parques nacionales y del resguardo indígena. Todos estos asuntos inciden para que el campesino incursione en la siembra de cultivos ilícitos que, sin distingo de grupo poblacional, se lleva a cabo de manera creciente en toda el área rural del distrito. Al respecto, cifras de la división Antinarcóticos de la Policía Nacional reportan que, en 1994, en la vertiente norte de la Sierra Nevada, se concentraba el 50% del área total sembrada con marihuana en el país, así como el 1,1% de la sembrada con hoja de coca. La desarticulación del territorio rural con respecto al funcionamiento sistémico de la ciudad, se asocia también con la pérdida de gobernabilidad y de territorialidad, ya que, pese a que los parques naturales forman parte del patrimonio ecológico y de los activos ecoturísticos más demandados en Santa Marta, el Estado central

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los administra y controla mediante la aplicación de un modelo institucional deficiente, en especial en lo que se relaciona con los recursos humanos y financieros que se requieren para frenar los procesos de deterioro de estas zonas. La nación explota económicamente estos sitios y adelanta acuerdos con las ONG, grupos indígenas, propietarios legítimos y colonos, con una concurrencia prácticamente nula del distrito. Además, la administración distrital se ve limitada a cobrar el avalúo catastral sobre 47% del área de la ciudad, ya que el resto del territorio lo ocupan los parques nacionales exonerados del pago del impuesto predial (Ley 14 de 1983). Esta circunstancia se tornaría más crítica si se hicieran realidad las actuales aspiraciones del Ministerio del Medio Ambiente de ampliar las áreas protegidas hasta comprender 63% de la superficie total de Santa Marta. Las actividades que se desarrollan en el litoral costero, se encuentran articuladas de alguna forma a la franja urbana, mientras que en el área rural existen serias limitaciones para acceder a las zonas que tienen interés turístico, recreacional y pesquero. La ciudad tampoco ha establecido un modelo funcional, mediante el cual el mar se incorpore como alternativa de transporte de pasajeros y de carga, ni ha implementado un proyecto tecnificado de extracción pesquera, que permita aprovechar los recursos marinos arrasados por otras empresas del país y del extranjero. Por el contrario, por una tradición milenaria, en Santa Marta se sostiene el sistema de pesca artesanal, de poca dinámica comercial y dentro del cual se han incorporado, en los últimos años, técnicas ilícitas de difícil control policivo, tal como lo es el uso de dinamita. Por último, la línea litoral no cuenta con suficiente información fisicobiótica, ni con un plan de manejo integrado que garanticen el usufructo de estos recursos, con criterios de sostenibilidad.

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LA EXPRESIÓN CULTURAL SAMARIA
En una ciudad como Santa Marta, con sabor a historia y a modernidad, decorada por la luminosa y colorida belleza de un paisaje tropical, que se ve opacado a veces, por la escena tugurial, los comportamientos de sus habitantes han adquirido rasgos propios y diversos que definen su identidad como producto de las manifestaciones de la cultura. La ciudad aglutina un legado patrimonial como memoria colectiva de épocas pasadas que se expresa en tradiciones, objetos, herencia étnica y colonial, entre otros hitos, así como en espacios referenciales asociados al quehacer del samario, bajo circunstancias especiales de tiempo y lugar. LA DIVERSIDAD CULTURAL En el transcurrir de 474 años de historia, la ciudad ha logrado configurar su estructura poblacional en tres grupos socioculturales. Éstos, aun cuando son nacidos en el mismo suelo, cuentan con rasgos, genotipos, costumbres y preferencias distintas. Partiendo del nivel del mar, en la zona plana del distrito, se encuentran el hombre y la mujer costeros. Ellos son los integrantes de la población mayoritaria, con características culturales propias y con una forma de ver la vida que es típica del mestizaje pluriétnico blanco, negro e indio. Esta agrupación se encuentra marca404
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da por el sincretismo religioso, el machismo, el compadrazgo, la capacidad de sobrevivencia y la resistencia. El mar se convierte para ella en un hito forjador de su identidad; el paisaje nutre su espíritu contemplativo y la variedad de recursos marinos resulta vital para su alimentación, el arte de la pesca y la diaria subsistencia. Las gentes costeras en general, exhiben la alegría Caribe y el espíritu tropical, pero en particular, los viejos son amables, nostálgicos y conversadores, porque para ellos el tiempo es largo y lento. Los jóvenes, por su parte, son fiesteros y bulliciosos, despreocupados y sensibles. Las personas que trabajan en el sector formal viven al ritmo acelerado de la oficina y del comercio, mientras que las del sector informal son hábiles para el rebusque, «mamagallistas» y joviales. En los barrios tradicionales, el calor del eterno verano determina un ritmo de vida despacioso y suave; en tanto que en los nuevos, las zonas de diversión se mueven al son del vallenato, la salsa y el merengue. En la calle, el samario costero es descomplicado, tranquilo e informal, aunque su amor por la ciudad es romántico y espiritual, mientras que el que profesa a su familia es posesivo y pasional. Subiendo hacia las alturas medias de la Sierra Nevada, aparece la población de colonos –«cachacos»–.4 Éstos provienen de las regiones cafeteras de Santander, Boyacá, Tolima y Antioquia y, desde las primeras décadas del siglo XX, iniciaron un proceso de formación de asentamientos poblacionales que hoy agregan nuevos elementos al genotipo, las costumbres, el dialecto, las formas de vida, la diversión y los vínculos samarios. Estos grupos que conforman la mayor parte de la población rural de la ciudad, tienen como rasgos relevantes de su idiosincrasia el arraigo a la tierra, la valoración del trabajo, la práctica de la caficultura, la organización doméstica de la producción, la solidaridad, la desconfianza, la religión protestante, la música de carrilera y el vallenato. Algunos de ellos son itinerantes por no tener legalizada la posesión de la tierra y, además, son agresivos y se aferran a rígidas normas de honor. Finalmente, en las partes medias y altas de la Sierra Nevada, habitan los indígenas integrantes de las etnias Kogui y Arhuaca. Las primeras, se radican en los valles de los ríos Palomino, Don Diego y Buritaca y las segundas, se localizan en la cuenca media del río Guachaca. Estos grupos poblacionales minoritarios, tienen como patrón los asentamientos dispersos y conservan las tradiciones culturales milenarias, fundamentadas en la religión, la naturaleza y las autoridades propias. Son dueños de su tiempo. Su acceso al conocimiento, la concepción sagrada del territorio y la exaltación espiritual son logrados mediante la contemplación serena del entorno. Su cosmovisión se refleja en su forma de vida pausada, sin afán, en su actitud de defensa y en la permanente demanda del suelo ancestral, con la cual afianzan su sentido de pertenencia étnica.

LA IDENTIDAD ESPACIAL: ARQUITECTURA Y PATRIMONIO Las más notables expresiones culturales de Santa Marta, se hallan en su arquitectura, pues en ella se resume la historia de la ciudad, así como el modo de ser y actuar del samario. Si bien ya no quedan las pequeñas casas de tabla y de bahareque que fueron propias de la ciudad originaria del siglo XVI, sí sobreviven los majes405

4 Apelativo que los habitantes de la costa Caribe de Colombia dan a los que provienen del interior del país (N.d.E).

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tuosos fuertes de San Fernando y del Morro, y la mole sagrada de la catedral Basílica, construidos durante los siglos XVII y XVIII. Algunas ruinas de esta arquitectura, se encuentran cubiertas por el mar. Tales son los casos del castillo de San Juan y el fuerte San Vicente. Otros testimonios materiales de la historia, se concentran entre las calles 12 y 18, y entre la avenida Campo Serrano y la Carrera 1ª, en la forma de casas construidas al final del siglo XVII y durante el XVIII, con balcones, patios, portadas, cornisas y ventanas altas, levantadas en calles estrechas. Estas viviendas fueron habitadas, entonces, por españoles deseosos de mantener su memoria cultural y sus influencias europeas, aunque hayan mezclado algunos materiales y técnicas indígenas. Esta zona, que se conoce hoy como el Centro histórico de la ciudad, conforma un conjunto monumental, con los problemas típicos de una estructura valiosa como contexto, pero con una morfología inadaptada a las nuevas funciones que exige la sociedad actual. Por otro lado, es posible descubrir entre las avenidas del Libertador y Santa Rita hasta la circunvalación, imponentes edificaciones de uso doméstico que datan del siglo XIX y de comienzos del XX. Éstas son de estilo republicano, están alineadas con la calle, tienen grandes puertas y ventanas, paredes altas para la salida del aire caliente e interiores amplios, zaguán y patio central para procurar el frescor y fueron construidas por prestantes familias samarias y cienagueras de la región, durante el esplendor del negocio bananero. Entre los vestigios de estilo republicano de importancia, vale la pena mencionar las edificaciones de la actual alcaldía y del Concejo Distrital. Pero, de igual manera, Santa Marta conserva entre sus muestras arquitectónicas, al barrio Pescaíto al norte de la ciudad, diseñado en calles largas y amplias y casas sencillas de paredes lisas; así como al barrio Manzanares, en el sur, cuyas casas en la amplitud de sus patios revelan el espíritu de los trabajadores de las bananeras, quienes fueron sus constructores. Otro conjunto de valor patrimonial, lo constituye el barrio El Prado, el cual a pesar de haberse desarrollando sobre la base de una arquitectura foránea, puesto que fue traída por los norteamericanos durante el auge del guineo, hoy se constituye en uno de los símbolos que identifican a Santa Marta. En el entorno de la ciudad, existen otras edificaciones de monumental valor nacional, tales como la quinta de San Pedro Alejandrino, la capilla San Jerónimo y la plaza San Agatón de Mamatoco, el Liceo Celedón, el Instituto Técnico Industrial, la casa de la Aduana, el fuerte del Morro, el convento San Juan de Nepomuceno y el antiguo hospital San Juan de Dios. Esa historia del pasado, la complementan el Camellón y la plaza de Bolívar, donde la belleza del paisaje marino junto con los cocoteros, constituían hasta hace poco tiempo puntos de encuentro y de paseo vespertino de los viejos samarios. A los dos sitios mencionados se suman otras estructuras territoriales simbólicas o hitos que agregan una imagen única a la ciudad, como lo son el puerto Punta Betín, la Abras de Santa Ana, la bahía, el morro y el morrito de Santa Marta, el morro de El Rodadero y el cerro del Cundí, entre otros. Pero todo este paisaje urbano de la ciudad histórica, se entremezcla con construcciones contemporáneas pensadas y construidas más con criterios comerciales que de comodidad doméstica. En el resto de la ciudad, el patrimonio arquitectónico se confunde con urbanizaciones e invasiones, donde el valor del suelo ha obligado a la economía de los espacios y se matiza con el surgimiento de la nueva
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ciudad turística, desde El Rodadero hasta la quebrada del Doctor. Esta otra ciudad, crece apretadamente en la forma de edificios y complejos multifamiliares y comerciales de concreto y vidrio, robándole al paisaje marino su belleza natural. En la actualidad, la variedad de la arquitectura samaria y, en general, el legado patrimonial espacial como expresión de múltiples y variadas formas, amerita atención especial. En este sentido, es necesario que se pueda contar con mecanismos efectivos tanto para la conservación y protección de lo antiguo, de tal manera que se rescate su valor, su significado y su trascendencia, como para la revitalización de los demás sectores. Todo ello, bajo la orientación de planes y acciones que consulten la historia, la ubicación y las posibilidades de los bienes patrimoniales, para procurar que el desarrollo urbanístico, económico y social que arrastra a Santa Marta en su proceso de crecimiento como una gran ciudad, no se lleve consigo su memoria histórica y cultural. Por último en el área rural, la Sierra Nevada que lleva el mismo nombre de la ciudad, se convierte en el principal referente espacial de la identidad de samarios y samarias. Este prodigio natural es forjador de la cosmovisión indígena, del modo de ser de la gente serrana y de la típica sublimación de la comunidad costera. Como testigo de la monumental arquitectura y del ingenio ancestral Tairona, Santa Marta cuenta con un patrimonio arqueológico integrado por Ciudad Perdida, El Pueblito, el Valle de la Caldera y la Piedra de Donama, entre otros vestigios precolombinos que demandan restauración y protección. Así mismo, otro referente patrimonial cultural, lo representa el conjunto de haciendas cafeteras existentes en los sectores de Minca y Bonda. La mayoría de ellas fueron fundadas en el siglo XIX y hoy son expresión viva de los procesos económicos dinámicos de aquella época. Entre ellas, sobresalen las haciendas Onaca, Manzanares, Jirocasaca, Cincinatti, Arimaca, La Victoria, El Recuerdo, Montecristo, San Isidro y El Encanto.

LA ESTRUCTURA ESPACIAL URBANA
La estructura urbana de la ciudad, se resume en un conjunto monocéntrico caracterizado por la presencia de elementos de interés en el borde marino y por la saturación funcional del Centro histórico. Este problema se constituye, a la vez, en la principal amenaza para la permanencia del conjunto monumental. Igualmente, hay una gran incidencia de atributos naturales, así como una tendencia a la dispersión del tejido urbano periférico, con una marcada horizontalidad y una proyección progresiva hacia zonas con menos posibilidades de urbanización. En algunas áreas se presentan conflictos de usos, así como se detectan nodos y corredores con problemas de saturación de tráfico en aumento. Por su parte, la oferta de espacio público es reducida; hay poca articulación y accesibilidad a la abundante oferta ambiental y también se evidencian tendencias de ocupación de ecosistemas estratégicos con desarrollos poco armónicos y sin planificación. La configuración de la estructura urbana de Santa Marta, evoluciona en torno al Centro histórico, el cual ha concentrado, desde los primeros años de la ciudad, el
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comercio, las actividades financieras, los servicios y los equipamientos institucionales y culturales, estableciendo con ello un desarrollo radial. Igualmente, la forma urbana de la ciudad se define por un centro de gravedad en la zona histórica y un arco demarcado por la troncal del Caribe, con sus puntos de evolución hacia el sur y el oriente. Estos elementos, presentan una articulación funcional con las avenidas del Ferrocarril, El Libertador y Hernández Pardo, pero con deficiencias tanto en su sentido espacial como en el tejido urbano. Otros elementos definitorios de la forma urbana actual y de la tipología de los tejidos son las estribaciones de la Sierra Nevada, el litoral, los cuerpos de agua superficiales y algunos hechos urbanos como el puerto, el ferrocarril, el camino hacia Mamatoco, la antigua vía a Barranquilla, El Rodadero y los grandes vacíos vacantes. Entre los equipamientos que han incidido en la tendencia y organización espacial actual, se encuentran el aeropuerto, la central de transporte, la unidad deportiva Simón Bolívar y la zona industrial. MOVILIDAD URBANA Y SISTEMA VIAL La movilidad urbana está determinada por el centro de la ciudad, las playas, el puerto, la zona turística de El Rodadero, las concentraciones educativas y el eje de la troncal del Caribe, en puntos como la zona industrial y la central de transporte. En función de los desplazamientos entre estos polos, se genera una intensa actividad de transporte público y privado. La tendencia lineal de crecimiento sobre ciertos ejes como la troncal del Caribe, tiende a generar distancias muy importantes para la escala poblacional de la ciudad. Por su parte, esta vía nacional es utilizada como corredor para el transporte urbano, simultáneamente con el flujo regional de carga y pasajeros. El sistema vial urbano de Santa Marta, sobresale por su infraestructura limitada y la congestión en los principales ejes viales. Los factores que determinan estos problemas, tienen que ver con: (i) el rezago de los planes viales ante la dinámica del crecimiento urbano; (ii) la alta densidad vehicular, especialmente de tráfico pesado; (iii) las deficiencias en la planificación; (iv) la incapacidad de regulación para mantener la fluidez del tráfico; (v) la alta frecuencia de intersecciones sobre las principales arterias viales; (vi) la falta de alcantarillado pluvial; (vii) la carencia parcial de vías paralelas a los principales ejes y (viii) el incumplimiento de las reglas de tránsito, por parte de conductores y peatones. Está a punto de iniciarse la construcción de la vía alterna al puerto, eje perimétrico mediante el cual se aspira, por un lado, a superar la saturación, la contaminación, el deterioro vial y la alta accidentalidad ocasionados por el transporte pesado, y también a darle solución al problema pluvial del sector nororiental, donde se presentan las mayores emergencias y desastres causados por las inundaciones, en la época invernal. LOCALIZACIÓN DE ACTIVIDADES Y TENDENCIAS EN LOS USOS DEL SUELO El ordenamiento urbanístico que hoy exhibe Santa Marta es una consecuencia de las invasiones y ocupaciones espontáneas de terrenos que han caracterizado la expansión de la trama urbana, así como de las desigualdades y disfuncionalidades
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surgidas, al pretender equilibrar las demandas colectivas con las individuales. Actualmente, existe en el área urbana de Santa Marta una localización inadecuada de ciertas instalaciones o equipamientos, tal como sucede con la cárcel, algunas subestaciones eléctricas y algunas pequeñas fábricas, las cuales se han convertido en serios obstáculos para el desarrollo urbanístico. Aun más, sobre este tipo de obras, se observa una clara desproporción en la dotación urbana con respecto al área rural, puesto que esta última carece, casi por completo, de las edificaciones y de la infraestructura indispensables. Las actividades urbanas, presentan problemas de incompatibilidad de usos en algunas áreas, donde tanto los mecanismos de control existentes como la normatividad vigente, no alcanzan a direccionar un desarrollo urbanístico armónico y consolidado. De otro lado, existen asentamientos subnormales, localizados en zonas vulnerables y de alto riesgo, tales como piedemontes, faldas de cerros, zonas de reserva y rondas de ríos y quebradas. Además, se observa el descargue de aguas servidas y la disposición final de basuras en sitios de importancia ambiental, lugares que también son intervenidos para destinarlos, entre otros usos, ya sea a la construcción de residencias o a la actividad minera. Lugares como el mercado público, deterioran el Centro histórico y su entorno y además, generan caos. Así mismo, las actividades portuarias producen un gran impacto ambiental y afectan negativamente el perfil urbano, por la poca capacidad de la infraestructura de acceso y por su mal estado, por la escasa disponibilidad de área para el almacenamiento y la manipulación de productos y por el mínimo nivel de desarrollo tecnológico de las empresas que trabajan en el puerto. El hundimiento de barcazas y las recientes sanciones impuestas a las empresas exportadoras de carbón, evidencian, de alguna manera, los conflictos generados por las actividades portuarias carboníferas.

ASPECTOS FUNCIONALES CRÍTICOS DEL ÁREA URBANA A finales del siglo XX, en el área urbana de Santa Marta se identificaban los siguientes asuntos críticos: Problemas en la estructura espacial, asociados a: (i) procesos de expansión; (ii) vacíos legales; (iii) escenarios de desarrollo no urbanizables; (iv) bajos índices de espacio público por habitante; (v) especulación en los precios de la tierra en zonas de litoral y decrecimiento de los mismos en la periferia y (vi) débiles instrumentos de control y planificación para la solución de estos problemas y para la prevención de la invasión de las áreas de protección. Predominio del Centro histórico como área funcional, económica y de servicios con un alto valor referencial y con pérdida del equilibrio territorial en la relación centro-periferia. Ello genera congestión del tránsito; débil regulación del transporte público; informalidad creciente; disminución de condiciones de habitabilidad y vida nocturna; destrucción del patrimonio arquitectónico y cambio de su carácter; ruptura frecuente de los andenes y del pavimento para la instalación de redes de servicios y el deterioro del entorno, ocasionado por las actividades del mercado público y el puerto.
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Intervención y ocupación inadecuada de zonas con valor ambiental y de alta vulnerabilidad; procesos de contaminación; conflictos por usos del suelo y mínima incorporación de los escenarios naturales al disfrute colectivo; ausencia de normas para garantizar la conservación, control, reglamentación y vocación de los cerros y del paisaje urbano y conflictos en zonas de uso sagrado para los indígenas, cuando parte de sus tierras es incorporada al proceso dinámico de la urbanización. Insuficiente oferta físico-espacial y de redes de servicios para acompañar el posicionamiento de la ciudad en el contexto del Caribe y bajos parámetros de competitividad, sostenibilidad y globalización económica. Además, Santa Marta no cuenta con una estrategia clara de productividad ni de estímulo a la inversión privada, mientras predomina una estructura económica sin complementariedad suficiente con la región. Los usos del suelo están caracterizados por una fuerte incidencia de invasiones de terrenos y por las tendencias de ocupación del territorio que son propiciadas por la construcción y la presencia tanto de las vías de comunicación como de otros elementos estructurantes. Igualmente, la normatividad existente no prevé soluciones claras frente a los déficit de vivienda de interés social, ni garantiza la consolidación de conglomerados residenciales. Tampoco se prevé en las normas la expansión urbana con base en el ensanchamiento de la infraestructura de servicios públicos domiciliarios. Paralelamente, se presenta la imposición de estructuras y equipamientos de interés regional y nacional con alta incidencia en la definición de los usos. No existe una oferta de infraestructura de servicios y de equipamiento con la cobertura y la calidad adecuadas para propiciar el desarrollo económico y la competitividad, como tampoco existen planes integrales de prestación de servicios. Las condiciones de accesibilidad física y social a los servicios de salud y educación así como su deficiente calidad, afectan los niveles de vida. Las anteriores falencias se ven reforzadas, entre otros, por problemas de gestión y administración, relacionados con la debilidad de la planeación y la coordinación institucional y por la falta de complementariedad entre las dinámicas urbana, rural y de litoral y la carencia de estímulos y compensaciones en torno a la protección de los inmuebles de valor patrimonial.

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EL

NIVEL DE VIDA EN

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El crecimiento poblacional de Santa Marta está afectado no sólo por factores vegetativos, sino también por el acelerado crecimiento que la ciudad ha experimentado en ciertos períodos, como consecuencia de las inmigraciones de grupos poblacionales que, ante las pocas expectativas de empleo y el escaso nivel de desarrollo de las áreas rurales de la región, encuentran en este territorio nuevas oportunidades de vida.

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En 1993, algunas cifras ajustadas del DANE reportaban la existencia en la ciudad de 313.072 habitantes. De ellos, un 95% se encuentra en el área urbana y el 5% restante en el área rural. Con base en proyecciones, en 1998, se estimó una población de 363.350 habitantes, de los cuales 347.717 o sea el 95,7% habitaba en el área urbana y 15.633, equivalentes al 4,6%, en la zona rural. Este dato incluye a los grupos indígenas que no superan el 1% de la población total. De otra parte, el incremento acelerado de los procesos migratorios de los últimos años, como secuela de la violencia rural, en particular, sugieren la existencia de un número mayor de habitantes para el casco urbano. Por otra parte, sin incluir a los nuevos ciudadanos inmigrantes, en 1998 el mayor porcentaje poblacional (51,1%) lo representan los habitantes con una edad entre 15 y 44 años, seguidos de los menores de 14 años (32%) y de aquellos con edades entre 45 y 64 años (12,2%). Por último, los mayores de 65 años representaban el 5,1% del total de población. Estos datos, permiten deducir que existe en la ciudad una población joven, con predominio de aquellos en edad económicamente activa con alto potencial de desarrollo. En el distrito de Santa Marta se destaca la presencia de un importante número de personas (39%) nacidas ya sea en otros municipios del departamento del Magdalena, en otros departamentos de la costa Caribe o en otras regiones del país. Por otra parte, los samarios nativos no superan el 61%. Estas cifras reflejan que esta ciudad se convierte en una alternativa de vida y de trabajo para profesionales, comerciantes y desplazados por la violencia que no encuentran en sus lugares de origen oportunidades para incorporarse a los procesos laborales y económicos que, de alguna manera, les brinda Santa Marta.

INDICADORES DE POBREZA En los últimos años, han crecido las zonas habitadas por gente pobre en Santa Marta. Así lo evidencia el incremento de las viviendas pertenecientes a los estratos I y II, las cuales pasan de representar el 32,4% del total del distrito en 1982 al 45,5% en 1995. En los comienzos del siglo XXI, podría inferirse que este último porcentaje es todavía más elevado, debido a los fenómenos demográficos de desplazamiento por la violencia que condujeron a la conformación de tugurios en los cerros del entorno urbano y en el área rural del distrito. Algunos indicadores del DANE señalan que en 1993, el 29,9% de los hogares de Santa Marta registraba necesidades básicas insatisfechas (NBI), mientras que el 9,9% alcanzaba niveles máximos de miseria. Ambas cifras se ubican muy por debajo de los indicadores departamentales que, en el primer caso, ascienden al 48,8% y en el segundo, al 23,3%. Localmente, la situación resulta preocupante para el área urbana que registra un 28,7% de hogares con NBI y un 9% en miseria. Sin embargo, la situación más crítica se vive en el área rural, donde más de la mitad de los hogares (55,2%) presenta NBI y una tercera parte de los mismos (29,8%) se encuentra en condiciones de miseria. En Santa Marta, entre otras circunstancias, las inmigraciones, la acción de invasiones profesionales y la escasez de oportunidades sociales y económicas de la
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población, asociadas a los débiles procesos de planificación territorial, estimulan el aumento de la pobreza de personas sin empleo y sin hogar. DÉFICIT DE VIVIENDA En 1997, en Santa Marta se estimó un déficit de vivienda que oscilaba entre 10.000 y 12.000 unidades, sin incluir el área rural del distrito, donde la focalización de recursos en materia de vivienda de interés social es casi inexistente. A ello habría que agregar que los proyectos que surgen para satisfacer dicha demanda, se desarrollan sin posibilidades de conexión con el sistema formal de servicios públicos. Además de lo anterior, las cifras oficiales reportan un número de 2.800 viviendas tuguriales, censadas en los cerros urbanos de la ciudad, las cuales muestran, un acelerado crecimiento. Estas viviendas son levantadas y adecuadas por las familias invasoras, en la medida en que logran disponer de suficientes ingresos y estabilidad sobre el lote. En la actualidad, la administración distrital adelanta el Plan de Reubicación de asentamientos subnormales en zonas de alto riesgo, dentro del cual son prioritarias las siguientes etapas: 1 2 3 4 5 6 7 8 9 Freno al proceso evolutivo y al aumento cuantitativo de los asentamientos, mediante la aplicación de políticas estatales efectivas de control urbano. Cuantificación de los asentamientos, de las unidades tuguriales y de los habitantes, según el origen y la procedencia de los mismos y de acuerdo con sus ingresos. Determinación de las áreas urbanas hacia las cuales deben ser trasladados los asentamientos. Adquisición de los terrenos para la creación de los nuevos barrios. Diseño y determinación de los perfiles de proyecto en todos sus componentes, incluyendo los presupuestos respectivos. Concientización de la comunidad en el programa propuesto y provisión de capacitación técnica para la misma. Ejecución de la construcción. Traslado de los habitantes del barrio tugurial al nuevo barrio Demolición de las áreas tuguriales para ser incorporadas como reservas ambientales.

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Pese a las acciones emprendidas por la administración, la población desplazada que llega a Santa Marta, crece diariamente y ello agudiza el déficit de vivienda urbana y rural. En los actuales momentos, ésta constituye una situación crítica, al incrementar los índices de pobreza y reducir el nivel de vida de los asentamientos poblacionales existentes.

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SERVICIOS PÚBLICOS DOMICILIARIOS En materia de servicios públicos domiciliarios, Santa Marta concentra las mayores coberturas en el área urbana, mientras la demanda es creciente debido al establecimiento de nuevos asentamientos y a un déficit crónico en el sector rural. Acueducto. Con una cobertura del 79% de la población en el área urbana, éste es un servicio suministrado con frecuentes racionamientos y baja presión en las redes. En el área rural, la cobertura y calidad dependen de la autogestión comunitaria. Actualmente, se encuentra en licitación el proyecto del río Guachaca, con el cual se aspira ampliar la cobertura y mejorar las condiciones de provisión de este servicio. Alcantarillado. Su cobertura es del 68% de la población del área urbana. El déficit en la prestación de este servicio, produce contaminación ambiental por el vertimiento de aguas negras en los ríos, las quebradas y la bahía. Por otra parte, la limitada capacidad de la infraestructura instalada, causa rebosamiento de aguas servidas en épocas de alta temporada turística y en períodos de invierno. Con el apoyo de la Nación, la ciudad está próxima a construir un emisario submarino para solucionar los vertimientos de los sectores norte y sur. Energía eléctrica. La cobertura asciende al 93%. Este servicio se presta con inestabilidad en el voltaje, cortes frecuentes y variable duración. Las irregularidades en el servicio, obedecen a la baja capacidad de las subestaciones, las cuales responden a sistemas subdimensionados y de bajo nivel tecnológico, a líneas de transmisión que operan al máximo de su capacidad de transporte, a deficiencias en el mantenimiento y a la falta de un plan de expansión durante la temporada turística. Las pérdidas ascienden al 10% por el robo de energía. Telefonía. El 60% de los hogares del área urbana cuenta con el servicio telefónico, pero la demanda por el mismo se ha incrementado en los últimos años. Como consecuencia, la cobertura de la red es insuficiente y de baja capacidad para responder al incremento de la solicitud del servicio y al desarrollo de los sectores industrial y comercial. Actualmente, la telefonía funciona con baja oferta en el área rural, insuficiencias en las líneas en el servicio público local y de larga distancia, débil estructura financiera de la empresa y poca capacidad de pago por parte de los usuarios. Gas Natural. Cuenta con una cobertura cercana al 95%, con perspectivas de expansión hacia el área rural, donde la leña todavía se utiliza como combustible básico. Ésta es obtenida de la tala de bosques, generando destrucción y desequilibrio de los ecosistemas estratégicos existentes en las cuencas hidrográficas. Tanto las tarifas como el sistema de financiamiento que acompaña la conexión del servicio, favorecen las posibilidades de acceso por parte de la población y la empresa que presta el servicio se destaca por su eficiencia en el manejo administrativo y la atención al usuario. Aseo. El 4% del área urbana carece del servicio de recolección de basuras. La disposición final de las mismas, que maneja un promedio diario de 320 toneladas, opera como botadero abierto, con deficiencia de reciclaje y problemas de saturación. El déficit está asociado a la carencia de vías de acceso hacia diferentes

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sectores urbanos subnormales, así como hacia el área rural. También es notoria la ausencia de proyectos de educación ciudadana. Todo ello se refleja en la poca cultura de aseo de algunos habitantes de Santa Marta y en los deficientes programas de limpieza de los espacios públicos. En Santa Marta, el suministro de los servicios públicos domiciliarios ha estado condicionado, en gran medida, a las presiones que ejercen los moradores de las invasiones ilegales, una vez éstas logran articularse a la estructura urbana de la ciudad, como un barrio más. De ahí, que el crecimiento urbanístico desordenado sea hoy un factor de alta incidencia en los déficit de cobertura y calidad, y que, pese a encontrarse en un proceso de mejoramiento, en particular en lo referente al suministro de agua potable, la provisión de servicios encarne todavía situaciones altamente críticas para el nivel de vida y la competitividad económica presente y futura de una ciudad como Santa Marta.

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SERVICIOS SOCIALES Santa Marta se caracteriza por la poca accesibilidad física a los servicios sociales básicos, debido tanto a limitaciones en la cobertura como a la baja calidad de los mismos. Estos factores inciden negativamente en las condiciones de vida de sus habitantes. Educación. En el ámbito de la educación básica y media, los déficit actuales ascienden en preescolar al 27,3%; en básica primaria, al 16,9%; en básica secundaria, al 21,7% y en educación media, al 6,8%. La calidad del servicio es deficiente, con respecto a los promedios nacionales y además, se presentan situaciones críticas de accesibilidad en el área rural. La tasa de analfabetismo alcanza niveles del 18%. La oferta universitaria viene en incremento, debido a la creación de establecimientos de carácter privado, mientras que la Universidad del Magdalena, pierde posición a nivel de la ciudad y del departamento. En materia de educación, Barranquilla y el interior del país aún continúan supliendo las limitaciones del Distrito. Salud. El de la salud es un servicio deficitario en todos los niveles de atención. Presenta un histórico déficit, tanto cuantitativo como cualitativo, en el cual el crecimiento espacial de la ciudad y el incremento de su población son factores determinantes. En el año de 1997, se beneficiaron 40.391 habitantes del régimen subsidiado. El régimen contributivo absorbió el 58% de la población; los Seguros Sociales cubrieron el 43,1% y el régimen especial sólo el 2,8%. La principal limitación de este servicio, se encuentra en el reducido acceso, por parte de la población, al sistema de salud, el cual a su vez, es atribuible a las dificultades para lograr la vinculación al sistema; a las deficiencias propias de la prestación del servicio y a la reducida capacidad física de los equipamientos. La situación es crítica en el área rural, por la dispersión de los asentamientos humanos Recreación. Santa Marta se destaca tanto en la región de la costa Atlántica como en el concierto nacional, por la existencia de dos parques naturales y la presencia de playas y de lugares de interés histórico y arqueológico para la recreación activa y pasiva. Las áreas urbanas y rurales, se han consolidado como espacios públicos
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para el disfrute colectivo de samarios y turistas. Pero eso se ha logrado, sin contar con la provisión de infraestructura que garantice accesibilidad, seguridad, comodidad, saneamiento básico y la conservación de tales espacios de recreación. De todas maneras, aún prevalece un déficit de 1,5 m2 de espacio público por habitante. En materia de esparcimiento, los esfuerzos administrativos se han orientado básicamente a la dotación de zonas recreativas y deportivas, en las que se evidencia el marcado desequilibrio de la oferta urbana frente a la rural. Sin embargo, es común a ambas zonas, el deterioro del mobiliario, la falta de mantenimiento del equipamiento existente y la carencia de servicios públicos, así como un débil compromiso comunitario para su mantenimiento. Cultura: Existe en la ciudad una pobre oferta de escenarios artísticos y culturales, la mayoría de ellos concentrada en el Centro histórico. De otro lado, son notorias las limitaciones físicas para acceder a los escasos sitios existentes, debido a que no se cuenta con suficientes zonas para estacionar y se presenta congestión de tránsito, además de la relativa inseguridad que se registra en horas nocturnas. A nivel institucional, en Santa Marta el fomento de las artes y la cultura recae fundamentalmente sobre el sector público, ya que la participación del sector privado es escasa. Para finalizar, puede decirse que en Santa Marta se vienen adelantando importantes transformaciones en materias organizativa y tecnológica en el marco de la descentralización. Sin embargo, a pesar de ello, la oferta de bienes y servicios sociales, dista todavía de reunir los elementos sustantivos que le permitan al gobierno distrital cubrir la demanda existente en procura del bienestar social de los samarios.

EL EMPLEO La ciudad de Santa Marta no ha sido ajena a la crisis económica que, desde fines de la década de 1990, agobia a la región de la costa Atlántica y al país en general. Algunos indicadores proporcionados por la Cámara de Comercio de la ciudad, reportan el reciente incremento del desempleo, al pasar éste del 11,3% en 1995 a un 15%, aproximadamente, en 1998. El registro mercantil de esta misma entidad, atestigua la disminución, en un 44% de la oferta laboral existente en 1997, con respecto a la de 1999, puesto que, mientras las actividades económicas formales generaron 37.181 empleos en el primer año, sólo generaron 16.342, en el segundo. Con base en estas cifras, se comprende que el comercio y las actividades agropecuarias, acompañados del sector de transporte y comunicaciones, concentren la mayor oferta laboral. En efecto, en el primer caso ésta se ubica en 5.658 empleos; en el segundo, en 3.262 empleos y en el tercero en 1.765 puestos de trabajo. En el panorama laboral de la ciudad, puede decirse que la informalidad y el subempleo vienen consolidándose, de manera progresiva, en la medida en que aumenta la población de desplazados y se incrementa el cierre de establecimientos formales, como resultado de las altas tasas de interés, la iliquidez del mercado, el estrangulamiento financiero y las variaciones de la tasa de cambio. En cuanto a la informalidad, vale decir que algunas soluciones institucionales se han venido
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planteando, alrededor de la identificación de ciertas zonas para la reubicación de las ventas estacionarias y ambulantes. Pero, pese a ello, los sistemas de apropiación de los terrenos, la persistencia de las invasiones y las negociaciones subterráneas sobre la posesión del suelo de uso público, por parte de los comerciantes informales, continúan siendo hoy parte de los principales problemas de la ciudad, por su creciente carácter deteriorante, contaminante y en ocasiones, abusador, así como por la débil aplicabilidad de la normativad existente. ORGANIZACIÓN Y LIDERAZGO SOCIAL En 1998 se registraba la existencia de 263 juntas de acción comunal jurídicamente reconocidas, de las cuales 189 (71,8%) trabajaban de manera activa con la administración distrital. Igualmente, la ciudad cuenta con 12 juntas administradoras locales (JAL) integradas por 99 ediles, elegidos popularmente. Por su parte, los líderes indígenas han emprendido procesos de protección y fortalecimiento de su identidad y de afianzamiento de su diferencia, como seres humanos. Las etnias plantean una deuda ancestral para la recuperación de su territorio y trabajan conjuntamente con el Estado central y las organizaciones no gubernamentales en el plan de manejo y conservación del parque natural Sierra Nevada. Pero lo hacen de manera desarticulada frente a los procesos distritales. Así mismo, en 1998 existían cerca de 60 organizaciones no gubernamentales, orientadas principalmente al desarrollo de proyectos ambientales y de capacitación, las cuales, pese a que vienen adelantando importantes acciones sobre la ciudad, también desarrollan sus actividades de manera desarticulada de la administración y del plan de desarrollo distrital. De igual manera, en materia de organización social, las mujeres samarias vienen jugando un papel activo en ámbitos diferentes a los del hogar. Al igual que los hombres son elegidas ediles y presidentas de juntas de acción comunal, mientras que en las zonas marginales se convierten en recurso facilitador de la asistencia social, al asumir roles comunitarios que las comprometen formalmente con el Estado. En este mismo aspecto, las mujeres profesionales samarias se vienen destacando por su desempeño en altos cargos institucionales en la administración pública, como gerentes de bancos y cómo líderes en los procesos de enseñanza y educación. No obstante estos logros, aún se registra en las organizaciones de base una baja capacidad de respuesta ante el riesgo de asumir la dirección de los asuntos colectivos. La manera informal como, en muchas ocasiones, se asume tal liderazgo, el clientelismo político, la poca capacidad de organización, la desconfianza en el otro y los resentimientos causados por las respuestas negativas del gobierno a las demandas locales, han desestimulado una mayor injerencia en los asuntos locales por parte de las organizaciones de la comunidad. Parte de ello se debe a que los mismos asentamientos humanos se han venido consolidando, en muy buena medida, merced a un Estado paternalista. Otro factor de gran incidencia, está relacionado con los grupos armados, cuya presencia en algunos sitios de la ciudad, genera sensación de pánico, desazón e inseguridad.

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LA PLANEACIÓN Y LAS FINANZAS DISTRITALES
Los acondicionamientos organizativos y tecnológicos que se han venido emprendiendo en el marco de la descentralización, en lo que se relaciona con la planeación y el desarrollo institucional del Distrito, son aún débiles. Todavía la ciudad crece a pasos lentos, sin una dinámica propia e integradora. Por su parte, el sector privado exhibe un tímido liderazgo en los procesos de planificación y existen instituciones de varios niveles del Estado que actúan sobre el territorio, sin ninguna coordinación y desconociendo, a veces, en sus intervenciones a la autoridad del Distrito. Fuera de lo anterior, el gobierno local posee un recurso humano que, además de encontrarse poco capacitado para la gestión del desarrollo territorial, cuenta con escasas oportunidades para elevar sus niveles de formación.

LA PLANEACIÓN En Santa Marta, al igual que en todas las ciudades colombianas, la planeación tradicionalmente se ha afianzado en el libre ejercicio de orientar y controlar las obras físicas del entorno. Esto lo evidencian el Plan Regulador de 1957; el Plan de Ordenamiento de 1965; el Plan Económico y Social de 1967; el Plan de Desarrollo Integral elaborado en 1985 y el Plan de Desarrollo Físico de 1992, este último aún vigente. Sin embargo, estas iniciativas, que bien se preocupan por guiar el crecimiento con un norte claro, no conciben la planeación como un proceso integral y funcional de la ciudad. Por eso, el ejercicio de la planeación ha estado guiado por enfoques sectoriales y físicos sin interrelación. También ha ostentado un carácter meramente técnico, no participativo y sin opciones de seguimiento y control. En la mayoría de los casos, ha consistido en la promoción de ideas, que, en la mayoría de las ocasiones, no coinciden con las disposiciones nacionales y que además no han sido acompañadas de los recursos financieros necesarios para llevarlas a la práctica. Por otro lado la acción planificadora es realizada por consultores y universidades que poco conocen la realidad de la ciudad. El plan físico vigente presenta, por ejemplo, notorios aciertos en cuanto a la definición de grandes líneas para la utilización del suelo urbano y, además, ha marcado la pauta para la consolidación del área turística suroccidental. También ha permitido proyectar el leve desarrollo industrial de los últimos años y, como aspecto estructurante a largo plazo, contempla la construcción de la vía alterna al puerto, considerada como un intento de solución a los problemas de congestión vehicular causados por el transporte de carga en el Centro histórico. Sin embargo, este plan, entre otros aspectos, no afianza las tendencias que permitirían consolidar la conformación de conglomerados residenciales, ni prevé una expansión urbana acorde con la oferta de servicios públicos básicos. Recientemente, la alcaldía se ha propuesto aumentar la capacidad de la Secretaría de Planeación del Distrito, con el objeto de que ella pueda liderar el proceso de formulación e implementación de un nuevo plan de desarrollo para la ciudad. En este ejercicio se emplean instrumentos básicos tales como los planes de acción sectorial, los cuales sirven para concretar el Plan en programas operativos, a la
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vez que, por su intermedio, se actualiza y se dinamiza el banco de proyectos. También se pretende con este ejercicio asesorar y aprobar el establecimiento de programas de trabajos definidos para la administración central, todo lo cual se convierte hoy en insumo sustantivo para el fortalecimiento de la gestión y de la gobernabilidad en el nivel local. No obstante, se requiere la consolidación de los principios de coordinación, complementariedad y concurrencia interinstitucional, para poder superar la burocratización y mejorar los niveles actuales de efectividad de las acciones de desarrollo integral, especialmente de aquellas relacionadas con la aplicación de las normas urbanísticas.

SANTA MARTA

SITUACIÓN FISCAL DEL DISTRITO A finales del siglo XX, los problemas fiscales de Santa Marta obedecían al desfase que se presentaba entre la verdadera capacidad de recaudo presupuestal y los gastos que demandan tanto las obras comprendidas dentro del Plan Integral de Desarrollo como el funcionamiento de la administración. En este sentido, la evasión de impuestos, así como la poca fuerza de los mecanismos implementados para superarla, se convierten en los factores de mayor incidencia. En el último lustro de la década de 1990, exceptuando el año de 1998, las finanzas distritales padecieron un creciente déficit estructural que, en pesos constantes de 1997, pasó de $910 millones en 1995 a $2.151 millones en 1999. Esta circunstancia ha causado un estado de iliquidez que limita la posibilidad de cumplir oportunamente los compromisos de la administración (Ver Anexo, Cuadro 6). En materia de ingresos, en los períodos fiscales comprendidos entre 1995 y 1998, la principal fuente de recursos la constituyen los ingresos tributarios, que con un ritmo creciente aumentan de $6.450 millones a $15.571 millones, en el lapso mencionado. En materia fiscal, los impuestos más importantes son el predial, el de industria y comercio y la sobretasa a la gasolina, los cuales alcanzan promedios de participación de 45,7%, 31,2% y 14%, respectivamente. En este mismo período, el ingreso generado por concepto de los tres impuestos representa 91% del total recaudado, en tanto que el 9% restante se distribuye entre otros ingresos obtenidos por concepto de impuestos de delineación, avisos y tableros, licencias y otros. Así mismo, mientras la participación porcentual de la sobretasa a la gasolina se incrementa entre 1997 y 1998, al pasar del 12% al 19%, en el caso del impuesto predial ésta desciende del 48% al 43%, en ese mismo lapso. En términos generales, los últimos períodos fiscales se han caracterizado por un comportamiento estático de los ingresos tributarios totales, el cual ha estado asociado a la tendencia inercial del alza en el impuesto predial. En relación con los ingresos no tributarios, entre 1995 y 1998 las transferencias de la nación se convierten en la segunda más importante fuente de ingresos del Distrito, con una participación que en 1998 llega al 32,6%. Seguidamente, se destacan los recursos de capital, que constituyen 25,1% de los ingresos no tributarios en 1998, después de que entre 1996 y 1997 superaran en importancia a las
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LA HABILIDAD PARA SOBREVIVIR

transferencias. Finalmente, los ingresos provenientes de tasas, rentas, multas y del impuesto de valorización, presentan un panorama desfavorable, en la medida en que en el período observado, las primeras decrecen y el último no genera ningún tipo de recaudo. En relación con los gastos, éstos presentan una tendencia creciente, tras pasar de $ 20.165 millones en 1995 a $ 37.680 millones en 1998, año en el que excepcionalmente son superados (en $ 3.367 millones) por los ingresos totales. Entre estos períodos fiscales, la participación de los gastos de funcionamiento asciende de 45,5% en 1995 a 50% en 1998. En este lapso, la participación del servicio de la deuda, dentro de los gastos totales, desciende de 18,4% a 16,5%. Debe anotarse, de paso, que en 1995 la deuda pública del Distrito ascendió a $ 15.724 millones; la misma aumentó un 9% en 1996, disminuyó 19% en 1997 y alcanzó los $13.232,7 millones en 1998. Por último, la inversión pública en la ciudad se incrementó significativamente entre 1995 y 1996, tras pasar en ese período, de $ 9.877 millones a $ 15.892 millones. Luego en 1998 la inversión desciende a $ 10.820 millones (suma inferior en $ 4.633 millones a la ejecutada en 1997) y presenta un leve incremento en 1999 con $ 11.077 millones. Las variaciones en la inversión, en especial las sucedidas en los años de 1995 y 1996, están asociadas a las obras sectoriales de salud y educación, en el marco de la gestión de recursos realizada por la administración distrital, por medio de convenios de cofinanciación con la nación. Las deficiencias o aspectos desfavorables de la descentralización, se asocian a la falta de un acompañamiento de la nación en el acondicionamiento de una estructura institucional sólida para asumir el proceso, así como a la falta de consulta de la realidad local y de las variables que induzcan al mejor aprovechamiento de los recursos. Las fallas igualmente se reducen a que las fórmulas de las transferencias de los recursos de la nación a los entes territoriales no contemplan la presencia creciente de una población migrante y desplazada que, en una ciudad como Santa Marta, incrementa no sólo las demandas por servicios sino también los esfuerzos por parte del distrito en materia presupuestal. Por último, la experiencia desfavorable se relaciona con el hecho de que en el marco jurídico nacional, no se contemplan niveles de ordenamiento territorial como los distritos. Es así como Santa Marta es homologada a un departamento en el momento de distribuir responsabilidades, mientras que se considera municipio cuando se trata de asignar recursos con el fin de elevar los indicadores de desarrollo social.

SANTA MARTA DE FRENTE AL SIGLO XXI
El camino hacia un futuro mejor para Santa Marta, exige ante todo, la remoción de estructuras viciadas de los gobiernos locales y centrales de turno. Ello debe realizarse con la misma intensidad con la que debe buscarse la no repetición de los errores pasados y la superación del silencio cómplice en el que ha vivido una gran parte de los samarios, el mismo que, antes que ser una virtud, se convierte en un factor de tolerancia de los hechos de socavamiento que, en el presente, eclosionan y hacen tambalear a la ciudad en su encanto y desarrollo.
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ANEXOS
CUADRO 1 CARGA DE IMPORTACIÓN MOVILIZADA EN PUERTO BETÍN 1996-1999 (EN TONELADAS)
Tipos de carga Contenedores General Granel líquido Granel sólido Total 1996 111.390 372.213 22.686 726.364 1.234.649 1997 139.302 316.919 26.010 762.149 1.244.379 1998 166.360 282.527 22.571 675.884 1.147.343 1999 (*) 62.003 96.747 10.142 321.105 489.996

SANTA MARTA

Fuente: Sociedad Portuaria Regional de Santa Marta. * Datos a primer semestre.

CARGA DE EXPORTACIÓN MOVILIZADA EN PUERTO BETÍN 1996-1999 (EN TONELADAS)
Tipos de carga Contenedores General Granel líquido Granel sólido Total
* Datos a primer semestre.

CUADRO 2

1996 78.295 545.185 1.134.316 1.757.796

1997 79.967 515.639 1.185.662 1.781.268

1998 230.132 359.516 7.385 1.154.638 1.751.672

1999 (*) 152.056 122.710 16.058 425.587 716.411

Fuente: Sociedad Portuaria Regional de Santa Marta.

CUADRO 3 CARGA DE TRANSBORDO, TRÁNSITO INTERNACIONAL Y CABOTAJE MOVILIZADA EN PUERTO BETÍN 1996-1999. (EN TONELADAS)
Tipos de carga Contenedores General Total
* Datos a primer semestre.

1996 5.633 6.993 12.626

1997 5.063 8.430 13.493

1998 7.918 6.658 14.575

1999 (*) 2.470 1.653 4.123

Fuente: Sociedad Portuaria Regional de Santa Marta.

CUADRO 4 PRINCIPALES PRODUCTOS DE EXPORTACIÓN POR SANTA MARTA 1994-1999 (EN MILLONES DE TONELADAS)
Producto Carbón* Banano Café Aceite de palma Otros 1994 1,78 0,52 0,16 0 0,6 1998 4,84 0,46 0,09 0,006 0,014 Variación (%) 171,91 -11,54 -43,75 -97,67

Fuente: Sociedad Portuaria Regional de San Marta - C.I. Prodeco. * Incluye las exportaciones de C.I. Prodeco

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LA HABILIDAD PARA SOBREVIVIR

CUADRO 5 POSICIONAMIENTO DE SANTA MARTA FRENTE A OTROS DESTINOS TURÍSTICOS DE LA COSTA CARIBE. 1996-1998
Indicadores Visitantes extranjeros* Visitantes nacionales* Ocupación hotelera* Hoteles** Habitaciones** Atributos turísticos ** Parahotelería** Hotelera Apartamentos
* En porcentaje ** En número Fuente: Superintendencia de Sociedades. Hotelería y Turismo 1995-1996, pp. 19, 28, Ministerio de Desarrollo Económico. Estudios de Competitividad del Turismo, 1998, pp. 201, 209.

Santa Marta Barranquilla S. Andrés y Prov. 16,3 83,7 35,23 13 1213 26 6 1242 8,4 91,6 51,29 13 1049 17 28 66 11,5 88,5 48,1 41 2479 27 -

Cartagena 39,7 60,3 57,1 16 3106 61 53 673

CUADRO 6 INGRESOS, GASTOS E INVERSIONES EN SANTA MARTA. 1995-1998 (EN MILLONES DE PESOS CONSTANTES DE 1997)
Rubro Ingresos totales Ingresos tributarios Predial Industria y comercio Sobretasa a gasolina Otros ingresos tributarios Ingresos no tributarios Tasas Otros ingresos no tributarios Transferencias Aportes Para inversión Para libre asignación Ingresos de capital Convenios de cofinanciación Regalías Otros Gastos totales Gastos de funcionamiento Servicio de la deuda Inversiones Educación Salud Agua potable Recreación y deporte Obras públicas y otras inversiones Deficit o superavit
Fuente: Secretaría de Planeación Distrital de Santa Marta.

1995 28.100 9.302 4.112 2.969 1.140 1.081 1.695 1.115 580 8.964 410 6.415 2.138 8.139 3.277 114 4.748 29.081 13.869 5.335 9.877 1.793 1.460 2.415 876 3.333 -981

1996 34.498 11.618 5.618 3.452 1.511 1.037 1.543 1.381 162 8.117 442 6.140 1.535 13.220 7.244 1.099 4.877 36.738 17.625 3.221 15.892 3.339 3.038 2.008 570 6.937 -2.240

1997 34.629 11.779 5.657 3.689 1.372 1.061 2.466 2.463 3 9.019 420 7.309 1.290 11.366 8.652 756 1.958 36.788 13.302 8.033 15.453 8.142 2.581 166 442 4.122 -2.159

1998 35.655 13.343 5.704 4.222 2.565 852 2.207 2.203 4 11.638 183 10.309 1.145 8.468 6.461 1.354 653 32.288 16.135 5.333 10.820 2.544 1.997 1.136 685 4.458 3.367

Poblamiento y ciudades del Caribe colombiano ________________________________________________________________________

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SINCELEJO CRUCE
DE CAMINOS

ANTONIO SOFÁN SÁNCHEZ RELATOR

AEROFOTOGRAFÍA DE SINCELEJO FUENTE: IGAC ESCALA 1: 50700 FEBRERO 7 DE 1989

PLANO DE SINCELEJO FUENTE INSTITUTO GEOGRÁFICO AGUSTÍN CODAZZI 1981

SINCELEJO

El Taller ¿Cómo es Sincelejo al final del siglo XX?, fue convocado por el Observatorio del Caribe Colombiano, la Universidad de Sucre y la Cámara de Comercio de Sincelejo y se realizó el 12 de julio de 1999. La relatoría del Taller, el cual estuvo moderado por el director del Observatorio del Caribe Colombiano, Alberto Abello Vives y por Enrique Fadul, miembro de la junta directiva de la Cámara de Comercio de Sincelejo, fue preparada por Antonio Sofán. Participaron como expositores: Manuel Huertas Vergara, Origen y evolución histórica de Sincelejo. Rafael Hernández y Lucy Urzola, Organización socio-espacial de la ciudad. Rafael Hernández, Armando Gutiérrez y Eduardo Cabarcas, La planeación urbana de la ciudad. Luis Manuel Espinosa, María Eugenia Arrázola y Julio Sierra, La ciudad como expresión cultural. Carlos Severiche y Marco de León, La ciudad y el medio ambiente. Rafael Peralta y Osman Castillo, Economía de la ciudad; Rafael Marrugo, La ciudad y su gobierno municipal.
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CRUCE DE CAMINOS

CONTENIDO

I II

LA REGIÓN DE LAS AGUAS ENCANTADAS BREVE DIAGNÓSTICO URBANO-REGIONAL DE SINCELEJO
DIMENSIÓN REGIONAL DE LA CIUDAD DIMENSIÓN DEPARTAMENTAL SISTEMA VIAL E INTEGRACIÓN MUNICIPAL SUBSISTEMA VIAL RURAL SUBSISTEMA URBANO DE REDES VIALES TRANSPORTE PÚBLICO URBANO

429 431 431 431 433 433 434 436 437

III LOS ASENTAMIENTOS SUBNORMALES Y EL CRECIMIENTO INFORMAL IV PROBLEMAS DEL PROCESO DE URBANIZACIÓN Y EL PLAN DE ORDENAMIENTO TERRITORIAL V EL SISTEMA AMBIENTAL MUNICIPAL
ÁREAS DE CONSERVACIÓN Y RESERVA ÁREAS DE PAISAJE ÁREAS DE RIESGO Y ALTO RIESGO

439 443 443 445 445 448 448 449 449 449 450 450 451 453

VI LOS SERVICIOS PÚBLICOS Y EL PERÍMETRO URBANO Y SANITARIO
ACUEDUCTO ALCANTARILLADO ENERGÍA ELÉCTRICA ASEO GAS NATURAL TELEFONÍA

VII LA CULTURA EN LA CIUDAD MAQUETA Y LA CIUDAD REAL VIII ALGUNOS ELEMENTOS DE LA DINÁMICA ECONÓMICA DE SINCELEJO

Poblamiento y ciudades del Caribe colombiano ________________________________________________________________________

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CRUCE DE CAMINOS

I
LA REGIÓN DE LAS AGUAS ENCANTADAS1

La palabra Sincelejo encuentra sus orígenes en la voz indígena sincé, conceptualizada en Zshei, que significa agua, el sufijo ence que connota una personificación regional, es decir, del hombre que la habita y el sufijo castellano lejo. La voz sincé es ya una versión hispánica, dado que los españoles solían adecuar a su fonética las palabras indígenas. El carácter diminutivo del sufijo lejo, se deduce de la misma forma que para la antigua encomienda indígena denominada Caciquejo la cual se asume estaría bajo las órdenes de un cacique menor. En muchos de los manuscritos españoles se encuentra la primera grafía zshenu escrita con c o chenu. El sufijo enu personifica un país o región, cuyo significado otorgado por la tradición indígena corresponde a la «región encantada por las aguas». En las investigaciones notariales se descubre toda una familia de vocablos relativos a la voz Zsh como: since, cense, censenú, censeri, censeyo, cenquiré, censelaba, etc., y que connotan una regionalidad cultural de los indios senúes. Lo cierto es que, Sincelejo y Valledupar son las dos únicas capitales de la costa Caribe colombiana, cuyos nombres tienen origen raizal indígena, aunque ambas estén mestizadas. De modo que, la palabra Valledupar está compuesta por Valle, de origen español y de Upar, el nombre del cacique. Los españoles recibieron de los mismos indígenas la información de que el país de los Senúes estaba dividido en tres grandes regiones que posteriormente referenciaron así: (i) Senufana, una región rica en oro y localizada al norte de Antioquia; (ii) Panzenú, constituida por la zona de la Mojana y que ocupaba el área adyacente al río del mismo nombre y que limitaba con el río Cauca y el sur de Bolívar y (iii) Senzenú, que agrupaba las sabanas del Sinú y del San Jorge. A su llegada, los conquistadores encontraron que la mayoría de las culturas al sur del río grande estaba sufriendo su respectivo proceso de extinción. Sin embargo, en la provincia de Senzenú su remanente cultural aún palpitaba. Los pueblos indígenas crecieron siguiendo el patrón estrella como determinante de expansión, en el que la casa del cacique se constituía como el centro al cual concurrían todos los cabildos.
1 Basado en la ponencia La ciudad y su historia, presentada por el historiador Manuel Huerta en el Taller ¿Cómo es Sincelejo al final del siglo XX?

Con la llegada de la Conquista, las fundaciones se concentraron en encomiendas con el fin de controlar su desarrollo y fue la forma utilizada por los españoles para organizar la ganadería en toda la región costera.
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Poblamiento y ciudades del Caribe colombiano ________________________________________________________________________

Parece que la estructura física actual de la ciudad no tuviera ninguna relación con esa señalada característica Zenú del rito alrededor del agua o la cultura hídrica, pues la leyenda bautizó a los indígenas Sinúes con el nombre de los «hombres del agua» y a su territorio «la región de las aguas encantadas». Sin embargo, Sincelejo está emplazada sobre un territorio cuyas aguas son subterráneas. En la época en que los indígenas poblaban la zona, todos los arroyos de Sincelejo estaban vivos y los pequeños asentamientos se encontraban a sus orillas. Este hecho permite catalogar la situación actual como producto de una verdadera devastación ecológica. Sincelejo es una microcuenca, una hoya hidrográfica compuesta por cuatro arroyos y además les da el nacimiento al arroyo grande de Corozal y al arroyo Canoas. Las bondades paisajísticas que tiene Sincelejo han estado en el centro del debate sobre el desarrollo histórico de la ciudad, desde el año mismo de su refundación en 1776 por Don Antonio de la Torre y Miranda. Muchos piensan que Sincelejo ha debido crecer hacia el mar, traspasando la barrera impuesta por los cerros occidentales circundantes; otros siguen afirmando que los cerros deben ser una zona de protección ambiental y que, de alguna manera, ha sido conveniente que el crecimiento espontáneo los haya identificado como limitantes naturales del perímetro urbano. Los aspectos ambientales en el proceso de crecimiento de la ciudad, siguen constituyendo elementos preponderantes, aún sin ser tenidos en cuenta. Las pésimas condiciones actuales de todo el sistema hídrico, obedecen al deterioro de las fuentes naturales de agua y a la carencia de construcción de redes de acueducto y alcantarillado para satisfacer los requerimientos del crecimiento de la ciudad. La falta de suministro de agua potable, constituye, en este momento, un impedimento que sigue obstaculizando el desarrollo de Sincelejo. De allí, que últimamente se mencione la construcción de una toma acuífera proveniente del río Magdalena al servicio de los municipios sabaneros de Ovejas, Corozal, Carmen de Bolívar y otros que sufren los mismos problemas de falta de agua potable. Para entender el comportamiento de la ciudad es necesario ubicarla en su entorno geográfico, conformado por el río Magdalena, la depresión momposina, - en donde también estuvieron asentados los indígenas zenúes y, por supuesto, por el río San Jorge, la Mojana, el río Sinú y el mar Caribe. Todos ellos constituyen determinantes geográficos del desarrollo de Sincelejo y en general, de sus comunidades. Los ríos, al igual que los caminos indígenas, fueron vías de comunicación y comercio. Sin embargo, cuando Sincelejo pasó a ser la capital ganadera de la región, le dio la espalda al río y al mar temporalmente para volcar su interés hacia el mercado de carne de Medellín; en consecuencia, desde 1840 los sabaneros comenzaron a promover el comercio y la venta de ganado, abriendo trochas para comunicarse con el interior del país. Posteriormente, cuando se formaliza la navegación por el río Magdalena, a través del canal del Dique, se crean las primeras navieras, entre las cuales se incluye la flota de barcos de don Arturo García, que viajaba hasta Barrancabermeja transportando ganado hacia el mercado interno para satisfacer los requerimientos de consumo de carne de las ciudades andinas. Este hecho será el factor determinante de la especialización de Sincelejo como la capital ganadera de Colombia.
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SINCELEJO

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CRUCE DE CAMINOS

II
BREVE DIAGNÓSTICO URBANO-REGIONAL

El entorno territorial de Sincelejo, considerado desde la dimensión regional y departamental, ha sido un factor determinante de su funcionamiento municipal y de la configuración de sus principales características socio-espaciales, tal como se constata a continuación:

DIMENSIÓN REGIONAL DE LA CIUDAD
Sincelejo hace parte de la región Caribe, localizada en la zona norte de Colombia. En el pasado, formaba parte de la región que fue denominada, durante la época precolombina, como Caribaná, la cual abarcaba el territorio comprendido entre el golfo del Darién y la península de la Guajira. En el transcurso de los siglos XVIII y XIX, hasta comienzos del siglo XX, cuando Panamá era aún un departamento vecino, el conglomerado de Sincelejo desarrollaba por medio del puerto de Tolú una intensa actividad comercial con las regiones cercanas localizadas en la cuenca del Caribe y realizaba importantes operaciones mercantiles sobre las costas de la región que hoy es denominada como el Urabá antioqueño (antes chocoano) y en las poblaciones costaneras de la cuenca, que servían como escalas y relevos de las flotas de balandros que surcaban el Caribe rumbo a Panamá, Costa Rica, Nicaragua, San Andrés, Jamaica, Yucatán y Cuba. La pérdida de Panamá por parte de Colombia, marcó en la costa Caribe una introversión en su desarrollo, volcándola hacia un modelo centralista que fue y ha sido un paso atrás en la marcha hacia el lógico desarrollo natural en torno a sus vecinas poblaciones del litoral y la cuenca caribeña, incluyendo los países centroamericanos.

DIMENSIÓN DEPARTAMENTAL
El departamento de Sucre comenzó su vida como entidad territorial autónoma a partir del 30 de agosto de 1966, al ser segregado del departamento de Bolívar. Su extensión es de 10.917 km2 y cuenta con un conjunto de 24 municipios y 233 corregimientos. Limita por el norte y el oriente con el departamento de Bolívar; por el sur y el occidente, con el departamento de Córdoba y por el occidente y el norte con el mar Caribe. El territorio departamental hace parte de una llanura y la mayor parte de sus tierras son ligeramente onduladas. Al norte se encuentra algún relieve montañoso perteneciente a la serranía de San Jacinto el cual a su vez es uno de los últimos vestigios de la cordillera Occidental. Hacia el sur se halla la región denominada «Depresión del bajo San Jorge y bajo Cauca», constituida por
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ciénagas y pantanos que mantienen los desbordamientos de los ríos Cauca y San Jorge. El litoral de Sucre alcanza una extensión de 102 km y presenta algunos accidentes costaneros notables como el golfo de los Morrosquillos y las puntas Comisario, La Salina, Punta de Piedra y San Bernardo. Al llegar los conquistadores españoles a las actuales tierras de Sucre, las encontraron pobladas por numerosos grupos indígenas; los más importantes de ellos eran los Zenúes de la familia Arawak y los Turbacos de la familia Caribe; los primeros, ocupaban la mayor parte de la región y se hicieron famosos por haber construido sistemas de drenaje y de control de inundaciones y riego, en cerca de medio millón de hectáreas, en las proximidades del bajo San Jorge, con miles de kilómetros de canales. Por más de mil años, estas obras extraordinarias permitieron alimentar a más de un millón de habitantes. Además de ser la capital política y administrativa del departamento, Sincelejo juega un papel central en el conjunto de actividades económicas. Las actividades del sector agropecuario son las principales fuentes económicas del departamento de Sucre y en menor proporción, los servicios, la industria y la minería. Tradicionalmente, la ganadería vacuna ha sido el primer renglón de los ingresos departamentales, pero en los últimos años la agricultura ha alcanzado un desarrollo considerable, destacándose la producción de yuca, arroz, maíz, algodón, sorgo, tabaco y ñame, producto este último del cual Sucre es el primer productor nacional. El comercio es el segundo renglón de importancia en la generación del PIB. Éste se concentra, en gran parte, en la ciudad de Sincelejo, la cual es receptora tanto de la producción de la región cercana, como de los diferentes productos nacionales que se distribuyen en el departamento. La industria departamental, gira en torno de la fabricación de cementos y bebidas y no registra mayores progresos durante los últimos años. Aunque se encuentran algunos yacimientos de mármol, yeso, arcillas y petróleo, la minería presenta un pobre desarrollo. Se explota principalmente la piedra caliza y se destaca la producción de cemento, de cal y de yeso en la fábrica de Tolcemento. En San Pedro, San Marcos y Sucre, se explota el gas natural y en Coveñas se localiza el puerto para la exportación del petróleo que viene del oleoducto Caño - Limón - Coveñas. En el sector de la pesca, a pesar de que éste constituye un gran potencial, los volúmenes han disminuido; esta situación es más notoria en la pesca continental lo cual refleja la inadecuada explotación del recurso, el deterioro de los bosques y la sedimentación de las ciénagas. Los municipios de mayor jerarquía departamental como Corozal, Sampués, Tolú y Toluviejo, se encuentran localizados geográficamente alrededor de Sincelejo a una distancia máxima de 40 kilómetros. Además, los municipios de Los Palmitos, Morroa y San Juan de Betulia, situados a menos de 12 kilómetros de Corozal, los consideran como centro de sus actividades. 2

SINCELEJO

2 Presidencia de la República, Ministerio de Educación Nacional, El Espectador, Así es Colombia, 1995.

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SISTEMA VIAL E INTEGRACIÓN MUNICIPAL
La ciudad de Sincelejo está ubicada en un eje privilegiado por los cruces de las vías que interconectan las principales ciudades del norte de la región con el interior del país y complementariamente es el paso obligado y el punto de unión entre las poblaciones del sur del departamento de Sucre y el golfo de Morrosquillos. Dicha ubicación como punto de confluencia de las vías de las Sabanas, le ha otorgado a sus sistemas vial y de comunicaciones un sentido de crecimiento radial. Debido a su condición de ciudad de paso obligado, Sincelejo ha mantenido su desarrollo atado a la razón de ser de ese punto de encuentro. Durante el siglo pasado, tal hecho le permitió aventajar en crecimiento a ciudades como Corozal, Chinú, Tolú y Mompox que la habían superado tradicionalmente, convirtiéndola, desde esa época, en un centro de actividades terciarias, comerciales, educativas, financieras y culturales para la región. Esta categoría se encuentra hoy en proceso de deterioro, pero es recuperable, a mediano y largo plazo, por medio de un nuevo impulso de su clase dirigente y empresarial. El vínculo entre Sincelejo y las subregiones departamentales del litoral Caribe tales como la serranía de San Jacinto y las sabanas y la depresión del bajo San Jorge y del Cauca, se realiza por medio de vías en deficiente estado de mantenimiento, tales como la vía a San Marcos, a través de Sampués - San Luis - Siete Palmas, que intercomunica con la Unión, La Villa de San Benito de Tacazuán y Caimito y la vía Sincelejo-Sincé - Santiago Apóstol. Se exceptúan la troncal de Occidente y las vías El Viso-Toluviejo y Sincelejo-Tolú-Coveñas. El área de la Mojana, se encuentra intercomunicada por carreteables en tierra y en época de verano, cuando el caño Mojana pierde la navegabilidad, la comunicación se realiza por improvisados carreteables que corren paralelos a los cauces secos de los cuerpos de agua.

SUBSISTEMA VIAL RURAL La forma radial relaciona las diferentes áreas corregimentales entre sí y guarda la misma morfología radial válida para Sincelejo. El punto de intersección, tiene lugar en el centro de la ciudad y, en el área rural, el sistema es complementado con algunos caminos que, aunque en mal estado, conforman los anillos que permiten la intercomunicación entre los asentamientos que hacen las veces de cabeceras corregimentales y otros poblados menores, ubicados a lo largo o al final de los mencionados radios. Existe una relación muy fuerte entre Sincelejo y los corregimientos del municipio de Corozal tales como El Mamón, Don Alonso y Pileta; lo mismo que con los centros poblados de los municipios de Sampués, San Andrés de Sotavento, Palmito y Toluviejo. Las dos variantes, Corozal-Sampués y Sampués - Tolú que fueran construidas para agilizar y dirigir hacia la periferia de la ciudad el tráfico nacional y regional, han generado desarrollos contiguos a sus trazados; hasta el punto de que, después de los años setenta, fueron desbordados sin ser cumplidos sus objetivos. Para lograr el resultado que se buscaba con dichas variantes, se requiere nuevamente construir otras dos de ellas debidamente reglamentadas, así como la construcPoblamiento y ciudades del Caribe colombiano ________________________________________________________________________

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ción, por concesión, a corto plazo de la nueva variante Corozal-Sampués, –localizada en el sur de la ciudad y que hace parte del actual Plan de Desarrollo Municipal– , y la variante Corozal - Tolú, que se ejecutaría en el largo plazo al este del área urbana. Para la ejecución de la nueva variante por el sistema de concesión, el Plan de Ordenamiento (Secretaría de Desarrollo), ha recomendado a los concesionarios iniciar el trazado al sur de la ciudad, antes de la formación de las Lomas de Romero y de Santa Helena, con los siguientes propósitos: Controlar el desbordamiento del perímetro urbano. Disminuir la longitud del trazado. Mantener el hecho histórico y estratégico de la ciudad de encuentro y cruce de caminos. Lograr, dentro del marco físico y paisajístico de la ciudad, una carretera con vista a la ciudad. Valorizar los predios por los usos compatibles. Limitar las áreas de protección de los cerros perimetrales y la contigua zona de afloramiento del área de absorción del acuífero Morroa.

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SUBSISTEMA URBANO DE REDES VIALES La ciudad de Sincelejo constituye el típico ejemplo de un centro caracterizado por el cruce de caminos. Los diferentes caseríos que se desarrollaron a lo largo de los caminos y en el punto de cruce se fueron integrando al poblado indígena original, hasta conformar un conglomerado de mayor importancia que hoy en día se llama Sincelejo. Por su parte, el camino trazado en el sentido norte–sur unía la Villa de San Benito de Tacazuán con Santiago de Tolú, mientras que aquel de sentido oriente–occidente, conectaba a Corozal con Chinú y Sahagún. Tal como se mencionó anteriormente, durante 1776 el centro de Sincelejo fue reorganizado por la misión dirigida por don Antonio de la Torre y Miranda, quien fuera comisionado para reordenar los trazados irregulares de origen indígena de toda la provincia. De este esfuerzo, proviene la plaza Santander con su iglesia insular, característica común de las poblaciones de sabanas de Bolívar, así como la intención de cuadrícula castellana que se aprecia en la zona central de la ciudad. A partir de la década de 1970, el crecimiento urbano se ha realizado principalmente sobre la periferia con algunas actuaciones puntuales en el área central, dentro de una orfandad de planificación y sin obedecer a ningún criterio ni secuencia general ordenadora.

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Para lograr una malla urbana moderna, acorde con la demanda actual y futura de los usos del suelo, se deberán adelantar acciones y tomar decisiones inmediatas; una de ellas va dirigida a lograr los empalmes viales para desarrollar una línea continua y circular integradora del trazado histórico de la ciudad con las nuevas áreas desarrolladas, con el propósito de descongestionar el área central o receptora de la casi totalidad del tráfico vehicular de la ciudad y permitir una fluida continuidad vial entre los puntos extremos de los radios estructurantes. Las vías radiales estructurantes del desarrollo de la ciudad que actúan como canales importantes de tráfico, según las directrices del Plan de Desarrollo y algunos análisis formulados para el Plan de Ordenamiento son: La vía de acceso que sale de Corozal, denominada avenida Sincelejito, que pasa por San Juan de la Pileta, continúa por el corregimiento de Las Palmas, Corozal, Sincé y La Villa de San Benito de Tacazuán, para atravesar el morro que fue cortado en los años sesenta con el fin de darle paso a la variante de la carretera troncal de Occidente hasta unirse a la vía Sincelejito. Esta vía, que se prolonga en el sentido surestenoroccidente, fue rectificada en los años setenta para crear la avenida Boston, la cual generó una cuerda que une Las Peñitas con el sector de Ciledco. La calle de la Esperanza o carrera 24, vía en sentido noreste suroeste que conecta con el camino Corozal-Caracol-Toluviejo-Colosó, pasando por La Peñata y Tumbatoro. El camino Castañeda-Segovia-Sampués-Chinú, que entra a la ciudad en sentido sur norte por la calle de El Zumbado y genera las calles Real y Castañeda. El antiguo camino a Sabanas del Potrero y La Gallera que llega al puente El Pintado, se convierte en la calle de Majagual, conecta con el Pozo y con la plaza del mismo nombre hasta la calle Real. La vía Alfonso López que parte de la calle Real para constituirse en la nueva vía a Sampués. El camino a la hacienda La Narciza, hoy calle del mismo nombre que conecta con la calle Majagual. El camino El Beque al occidente y el camino a El Cerrito en el punto de unión en «y» crean la calle San Carlos que por las calles La Pajuela y Chacurí llega al área central de la ciudad. El camino a San Antonio, que se convierte en calle 23 y pasa por Mochila y La Bucaramanga, hasta empalmar con la calle Real y Castañeda. El camino de La Pollita, con destino a La Arena. El camino de la «vieja variante a Tolú», que cruza por la vereda de Sierra Flor y que empalma con el viejo camino a La Peñata, Tumbatoro y Caracol y que se empalman a la altura del barrio La Vega, comunicando en el punto de la Cruz de Mayo con las calles de Las Flores y Chacurí.

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La vía al campo de aterrizaje de San Lorenzo o la calle 22 que comunica con el mercado público y Las Peñitas; la pista del campo se convirtió a finales de los años sesenta en la calle principal de la invasión Camilo Torres Restrepo y presenta una morfología de cuadrícula rectangular.

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TRANSPORTE PÚBLICO URBANO El transporte público de pasajeros de la ciudad, no se ha basado hasta la fecha en un estudio fundamentado, para determinar los tipos de vehículos requeridos por rutas, así como el número de los mismos, para optimizar el sistema de transporte en cuanto a calidad del servicio, paradas, tarifas y frecuencias. Los estudios realizados por las empresas transportadoras, se dirigen fundamentalmente al cumplimiento de requisitos para obtener la posibilidad de nuevas rutas o aumentos de tarifas, sin aportar soluciones al sistema del transporte urbano. Todo el transporte intersectorial de las veinticinco rutas de buses, busetas y microbuses de los barrios perimetrales, coincide en el centro de la ciudad sin la posibilidad de evadirlo, con lo cual se vienen generando los niveles de congestión existentes. Se ha previsto la construcción del anillo central y el 2º. anillo en el corto y mediano plazo e igualmente el empalme de otras vías para disminuir la congestión existente. La futura ejecución de estos proyectos, no debe evitar la realización de los estudios conducentes a optimizar el sistema de transporte público, de acuerdo con los tipos de vehículos, puesto que el uso de microbuses aumenta la congestión del área central de la ciudad (a menor capacidad transportadora del vehículo, el área de vía necesaria por pasajero es mayor). Igualmente, el estudio debe complementar la solución a la congestión con la identificación de las operaciones de rutas, tiempos de recorrido, control de tiempo, programación de paraderos y la asignación a cada ruta del número de unidades requeridas.

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III
LOS
ASENTAMIENTOS SUBNORMALES

Y EL CRECIMIENTO INFORMAL

Sincelejo, como otras capitales de la costa Caribe, se ha convertido en lugar de asiento final de las diversas migraciones procedentes de la sabana de Sucre, Córdoba, Bolívar y la convulsionada zona del Urabá, como consecuencia de la violencia armada, los efectos de las inundaciones y el generalizado proceso de empobrecimiento, producto de la crisis económica del país. Las migraciones han tenido como asentamiento final la zona sur de Sincelejo y sus alrededores en los últimos 15 años. Esta zona está conformada por 21 barrios con características comunes, dentro de las que se destacan la ilegalidad urbanística, la informalidad de la tenencia de la tierra y la ausencia de servicios públicos domiciliarios, de espacio público y equipamiento comunitario, así como la falta de fuentes de trabajo. Los asentamientos informales cuentan con algo más de 55.000 habitantes; entre ellos, alrededor de 8.500 son desplazados, quienes son considerados el grupo de mayor pobreza. Éstos presentan varias características comunes: altos niveles de desempleo con ingresos bajos, no poseen acceso a los servicios básicos de agua, luz y alcantarillado, experimentan un mayor grado de marginación en el espacio urbano y viven en un entorno ambiental degradado, sin acceso a la justicia, a la información, a la salud y a la educación; se ubican en zonas de riesgo, insalubres, sin título de propiedad, sin organización, sin acceder a la toma de decisiones y carecen de las condiciones mínimas para llegar a un nivel de calidad de vida aceptable. Estos éxodos poblacionales generan serias modificaciones en los patrones culturales y de vida de las familias desplazadas con profundas incidencias en las normas y valores sociales, así como en las relaciones con el entorno y la naturaleza. Sincelejo es, por lo tanto, una ciudad que ha crecido añadida a retazos en sentido contrario al mar y como ejemplo de ciudad informal. Esta ciudad es, sin duda, el reflejo de una cultura gubernamental individualista, de visión de corto plazo y reactiva; se produce como una expresión de las formas de apropiación del suelo urbano y la aparición de distintos grupos económicos que interactúan en la actividad económica reflejando sus conflictos. Todo el perímetro del Centro histórico de Sincelejo está rodeado de asentamientos informales, por lo que se hace inaplazable desarrollar acciones para elevarles el
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nivel de vida. Hoy más que nunca, se requiere dotarlos de redes de servicios básicos domiciliarios, mercados satélites que apoyen la actividad agroindustrial, sucursales bancarias, cooperativas multiactivas y otros componentes socio-económicos pensados en favor de la población marginada, con el fin de integrarlos al proceso de desarrollo real de la ciudad. Gran parte de lo que sucede con los asentamientos subnormales de Sincelejo, obedece a la manipulación de los grupos políticos en sus actividades proselitistas para captar votos. Las campañas electorales son agenciadas por políticos que prometen lotes o escrituras de las tierras sobre las cuales las familias ya habían tomado posesión, aprovechándose del hecho de disponer de una población pobre. La denominada ciudad del sur con más o menos el 45% de la población total de Sincelejo es determinante en la elección de los gobernantes. De allí que los candidatos en cada coyuntura electoral aumentan el reparto de lotes sin servicios públicos, sin escrituras, para dejar pendiente el proceso de legalización o mejoramiento para futuras campañas. Los urbanizadores piratas, también han contribuido a deteriorar el crecimiento urbanístico de la ciudad, en la medida en que han entregado terrenos sin ningún tipo de proyección vial, planeamiento o redes de servicios públicos, a cambio de favores políticos. En la actualidad, la cobertura en servicios públicos en el área del sur de la ciudad no llega al 20%. La existencia de los urbanizadores piratas, quienes podrían ser condenados a la cárcel, constituye el fenómeno más claro de las ciudades sin planear. Precisamente por no existir mecanismos organizadores del sentir comunitario, los intereses individualistas ganan la batalla frente al orden público o la convivencia social y consecuentemente se incrementan la violencia urbana y los conflictos sociales. Los flujos migratorios, considerados ya una realidad latente en la ciudad, deberían ser aceptados y abordados con prontitud desde el punto de vista del planeamiento. Es decir, en la medida en que se vayan presentando, debe existir un inmediato control urbano y proporcionarles calles amplias y bien trazadas, servicios domiciliarios básicos y espacios públicos adecuados para la recreación y esparcimiento social. Sin duda alguna, esta política no debería propiciar una propaganda a las inmigraciones sin causas reales, ya que, por otro lado, las autoridades locales deberían exigir una mayor presencia del gobierno nacional en la solución de los problemas y mejoramiento en las condiciones de vida de los habitantes del campo.

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IV
PROBLEMAS DEL PROCESO DE URBANIZACIÓN Y EL PLAN DE ORDENAMIENTO TERRITORIAL

Sincelejo, capital del departamento de Sucre desde 1966, cuenta actualmente con 235.000 habitantes. La ciudad se encuentra ubicada en la terraza de la Sierra Flor, está rodeada de pequeñas elevaciones como los cerros de Romero y Santa Elena al sur, las estribaciones de la Sierra Flor al norte, el área de lomerío al extremo occidental que hace parte del área de protección ambiental señalada por el Plan de Ordenamiento Territorial y al oriente se encuentra la zona de recarga del acuífero de Morroa. Este conjunto de accidentes naturales, conforma el gran entorno de la ciudad, dividida en 51 sectores y 9 comunas urbanas y sirve de marco para definir los parámetros de su crecimiento y expansión. Dentro del trazado urbano, aparecen muchos terrenos que correspondieron en el pasado a fincas que se fueron urbanizando; desdichadamente, lo hicieron de manera desarticulada de la estructura vial construida en los últimos 30 años. En este proceso de desarrollo urbano, la iniciativa privada jugó un discreto papel de modo que ha existido una mayor presencia del Estado. Ésta se ha manisfestado anteriormente por medio del Instituido de Crédito Territorial, y en la actualidad, por intermedio del Inurbe en la construcción de vivienda. El ICT compraba fincas cerca del perímetro urbano, por ser más baratas para urbanizarlas, pero sin tener presente ningún plan regulador de la ciudad o eventuales impactos negativos de tipo urbano - ambiental, máxime cuando los sucesivos gobiernos municipales fueron incapaces de ejercer sus funciones de control urbano. A manera de ejemplos de este desorden, se conocen entre otros los casos de las Margaritas con 300 viviendas y del Cortijo que no disponen ni de servicios públicos ni de accesos viales. Es un hecho, entonces, que los proyectos de urbanizaciones los cuales han sido ejecutados, la mayoría de las veces con recursos oficiales, desencadenaron el crecimiento desordenado de Sincelejo. La ciudad no había dispuesto de códigos de urbanismo hasta que se aplicó uno copiado de una ciudad similar, adaptándosele a la situación particular de Sincelejo. Así fue como, por primera vez, se aplicaron ciertas normas urbanas. De este código se tomó la reglamentación para el barrio Venecia, uno de los pocos que en realidad se ha beneficiado de la planificación ordenada. Este es un barrio nuevo que ha tratado de mantener vivas las zonas de reserva y sus paramentos de construcción.
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Otros hechos como el caso del sitio para el mercado público de Sincelejo, demuestran la falta de ordenamiento. El área en donde actualmente se encuentra, nunca fue la adecuada, pero la administración municipal de turno decidió hacer negocios con su localización. No se critica la calidad del proyecto arquitectónico, pero desafortunadamente con el paso de los años será evidente su mala ubicación, pues permitirá que sea absorbido por la malla urbana de manera inexorable, hasta convertirse en un nudo conflictivo en el flujo vehicular de la ciudad. La ciudad necesita más control por parte de sus pobladores para que se cumplan las normas establecidas en los planes. Mas allá de lo que se encuentra dibujado y consignado en papeles, lo que se requiere es la materialización de las obras de lo que la gente va a palpar como hecho urbano en detrimento de una ciudad caótica y en beneficio de una ciudad ordenada. En el caso de Sincelejo, punto de encuentro de toda la región, el Centro histórico juega un papel muy importante y tiene sus bondades, sobretodo en lo que se refiere a la estética urbana. A raíz del devastador incendio ocurrido a principios de siglo fue necesario reconstruir gran parte de la ciudad. El estilo republicano, que en ese entonces estaba en boga, fue el que marcó la pauta planificadora legándole al presente la regularidad de paramentos con que cuenta el Centro histórico. No es sólo la calidad de los monumentos arquitectónicos lo que se debe tener en cuenta para expedir un acuerdo de conservación del Centro histórico de Sincelejo, sino la cantidad de inmuebles restaurados a partir de un proceso masivo de reconstrucción. No obstante, por la característica de su trama octagonal, compuesta por vías que confluyen al centro de la ciudad, se sugiere prestarle mucha atención a la periferia urbana, aún más si está delimitada por contundentes elementos naturales que merecen ser considerados como reserva ambiental. El área del Centro histórico, concentra el mayor número de actividades; es el corazón que le da vida al sistema urbano municipal el cual crece y se desarrolla a lo largo de los principales ejes viales que abren nuevos espacios con un visible desorden urbano y con carencia de espacios públicos. La escala de la ciudad que hace unos años era justa para la convivencia humana, hoy muestra una selva de carros, ruidos e inseguridades. Los usos comerciales que han ido apareciendo a lo largo de los ejes viales, predio a predio, son inmuebles que, en importante proporción, fueron diseñados para otros usos (vivienda, por ejemplo); pero han sido readecuados para la nueva actividad con problemas de compatibilidad y complementariedad. Sólo ocasionalmente los usos comerciales se desarrollan en edificaciones diseñadas para tal fin y, en contadas excepciones, con el manejo del espacio público, el respeto por el ciudadano y el equilibrio ambiental. Los usos institucionales destinados a los servicios de orden social, asistencial, administrativo y religioso, tanto públicos como privados, también se ubican de manera arbitraria; a ellos recurren los ciudadanos sincelejanos como los de la región y, en la mayoría de casos, presentan congestión o desatención en lo pertinente a las exigencias de los servicios prestados.

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También se destacan los servicios administrativos, judiciales, notariales y financieros los cuales se encuentran en la zona centro de la ciudad, pero con un pobre y maltratado espacio público, muy característico de la ciudad y apreciado por sus ciudadanos, ya perdido para su disfrute desde hace varias décadas, pero que requiere una adecuada acción de recuperación con el aporte de todos los implicados. Una manifestación de la intolerancia hacia la ciudad se expresa en el comportamiento con el espacio público. Son notorios y preocupantes, entre otros aspectos, la falta de andenes o de su continuidad cuando éstos existen, la tendencia a eliminar los antejardines y a cerrar los patios, la falta de señalización y de nomenclatura y la contaminación visual y ambiental. Los espacios de recreación pública son prácticamente inexistentes; sólo se identifican algunas canchas multideportivas, en la plaza de Majagual, el circo de toros, la biblioteca y el teatro, entre las más importantes. Sincelejo presenta pocos espacios públicos y los que existen se encuentran dispersos en lugares aislados de uso común o privado. De acuerdo con los planificadores urbanos, la calidad del espacio público municipal es determinada por el tamaño, la proporción y el desarrollo de la población, en relación con sus aspectos antroposocioculturales y en atención al criterio y carácter de lo público y comunitario. Hoy en día, estas consideraciones tienden a desaparecer y el espacio público no hace parte esencial del diseño de la ciudad. En los corregimientos, se sigue dando el uso de la calle la plaza central para el encuentro, las relaciones y el disfrute comunal y se repite el uso de arroyos, jagüeyes y potreros, ubicados en bienes particulares para las actividades lúdicas, deportivas y recreativas. Se ha planteado como tarea del Plan de Ordenamiento, establecer una jerarquización en la organización del espacio público municipal que incluya una gama de escalas y tipos de espacios, desde grandes parques urbanos hasta los pequeños parques de vecindario, que podrían ser enlazados por corredores verdes que brinden arborización para las vías en la escala regional, arterias y vías locales y que acompañen los corredores del sistema hídrico a través de los arroyos que surcan en espiral la ciudad. El uso residencial, se concentra en los sectores y barrios de la ciudad y en él se combinan diferentes tipologías y estratos. Este uso ha sido cada vez menos frecuente en el Centro histórico, hecho que ha contribuido a su deterioro en manos de arrendatarios o usuarios sin interés en su conservación patrimonial. Los usos industriales bastante incipientes, se localizan al suroeste de la ciudad sobre la vía troncal de Occidente, con poca representatividad en el desarrollo de la ciudad. A lo largo de los ejes viales principales, se desarrollan simultáneamente actividades comerciales, institucionales, de vivienda, de servicios y de recreación. También aparecen talleres, mercados, tiendas, viviendas, etc., que forman corredores

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de uso múltiple, pero también con problemas de compatibilidad y complementariedad. La situación descrita se debe fundamentalmente a la incapacidad de anticipación y de planificación por parte de la municipalidad; sus acciones se limitan a resolver problemas menores cotidianos; pero, por el gran volumen de los mismos, tampoco puede dar respuesta a todos ellos. Para detener el deterioro ambiental y mejorar la calidad de vida urbana, se deberán considerar diversas variables para emprender un mejor proceso de ordenamiento territorial. Es así como debe evitarse la integración física entre Sincelejo y Corozal. La conurbación de las dos ciudades, fácilmente podría desembocar en un verdadero desastre ecológico, si no se logra proteger los cerros que separan a los dos municipios, ya que son áreas muy frágiles y tienen una función dentro del ecosistema regional. Si bien, ya existe una conurbación entre Sincelejo, Corozal y Morroa, ésta se ha dado de forma espontánea, pero existe tiempo aún para que sea frenada o incluso reglamentada en el nuevo Plan de Ordenamiento de cada uno de los tres municipios. A pesar de los requerimientos ambientales, muchas construcciones se han extendido con la aparición de las variantes a Corozal y a Sincelejo. Pero no debería estimularse este tipo de crecimiento, no solamente en función de la preservación de los cerros, sino también para beneficiar los acuíferos que se localizan en medio de los dos municipios. Esta zona debe ser considerada de protección ambiental, al igual que el espacio entre la vieja variante y la nueva. No obstante, las áreas urbanas de Sincelejo han cubierto con pavimento los lugares que el acuífero necesita para nutrirse de las lluvias, obstaculizando así la filtración del agua. De hecho, estas circunstancias especiales plantean la imperiosa necesidad de coordinar y complementar la elaboración de sus respectivos planes de ordenamiento territorial.

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V
EL SISTEMA AMBIENTAL MUNICIPAL

En el territorio de Sincelejo existen valiosos recursos naturales que proporcionan el sustento de sus habitantes, pero la contaminación y el deterioro progresivo generados por el hombre están ocasionando su destrucción y agotamiento; el caso más importante de contaminación es el producido por el vertimiento de las aguas residuales, sin ningún tipo de tratamiento, en el arroyo grande de Corozal, el cual desemboca en la Ciénaga de Santiago Apóstol, humedal del río San Jorge, afluente del río Magdalena.

ÁREAS DE CONSERVACIÓN Y RESERVA
Están constituidas por las porciones de territorios urbanos o rurales que han sido catalogadas como restringidas o de prohibida urbanización, por sus condiciones naturales o ambientales que, a su vez, les otorgan gran valor paisajístico o geográfico cuyo cuidado corresponde a las autoridades municipales en beneficio del bienestar comunitario. En Sincelejo, según las directrices conocidas en varios documentos, se han identificado varias áreas susceptibles de conservación y reserva. Éstas, aunque ya bastante intervenidas por el hombre, no deben ser abandonadas a su continuo deterioro; de allí que se conviertan en prioridad para lograr su recuperación y manejo sostenible. El acuífero Morroa, única fuente de agua potable de la cual se abastecen varias poblaciones de los departamentos de Bolívar, Sucre y Córdoba, actualmente está siendo sobre-explotado y no se maneja con criterio técnico basado en una guía para su monitoreo. En el territorio del municipio de Sincelejo, se encuentra parte de la zona de recarga del acuífero, específicamente en áreas de los corregimientos de Las Palmas y Chochó y se extiende de occidente a oriente desde el pie de los cerros de Romero y de Santa Helena, que circundan el casco urbano de la ciudad, hasta los limites con los municipios de Corozal y Sampués. Esta zona del acuífero, tiene un espesor aproximado de 500 metros.3 Los decretos 2811 de 1974 y 1541 de 1978, en sus artículos 149 a 154 y 173 l 176, respectivamente, establecen normas para la protección y prevención de contaminación de las aguas subterráneas.
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3 Evaluación hidrogeológica del acuífero Morroa, Graciela Rodríguez Marín, Ingenias, 1993.

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Los arroyos, únicas fuentes de aguas superficiales y no permanentes, son canales de escorrentías para las aguas lluvias que caen en el área de sus cuencas; dichas cuencas y márgenes de los arroyos, en su gran mayoría, presentan una alta deforestación y elevados procesos erosivos y/o sedimentación de sus cauces, como consecuencia de la tala de árboles o la eliminación indiscriminada de la cobertura vegetal aledaña a los mismos. Los canales superficiales que pertenecen a la microcuenca del arroyo Grande de Corozal como El Pintao, El Cauca, La Mula, El Caimán, el Paso, El Colomuto y La Peñata son los receptores directos de las aguas residuales domésticas de la ciudad de Sincelejo, sin ningún tipo de tratamiento previo. Los principales arroyos que recorren el territorio del municipio de Sincelejo son: El Medio, El Zanjón, Montecristo, Cascarón, Florida, El Bajo, Moquén, Flor, Ceiba, De la Muerte, San Antonio, Bomba, Bledo, Grande de Corozal, Colomuto, Chochó, Canapote, El Peñón, Hondo, El Prado y El Mamón, los cuales también deben reforestarse con especies vegetales que cumplan con los requisitos de ser autóctonas, de rápido crecimiento y amplia cobertura vegetal. Para el caso específico del municipio de Sincelejo, se definió, de común acuerdo con los funcionarios de Carsucre, que una franja de 20 metros a lado y lado de los arroyos contados a partir de la línea de eje del mismo es la más aconsejable en zona rural, para no desmejorar a los propietarios de los predios por los que corren arroyos; esta franja debe ser reforestada y conservada por los propietarios dándoles los incentivos especificados en la ley;4 totalmente de acuerdo con lo especificado por el decreto 2811 de 1974 en su artículo 83 literal d y lo ratificado por el Decreto 1541 de 1978 en su artículo 14. Los cerros que constituyen una continuación de los Montes de María. Su delimitación en el municipio de Sincelejo, se fundamentó en el plano de zonificación biofísica del estudio general de suelos de Sucre de 1998, del IGAC; éstos se encuentran altamente deforestados por la acción antrópica, en el afán de ampliar la frontera de ganadería extensiva y, en alguna oportunidad, fueron santuarios de incontables especies de flora y fauna nativas asociadas; de ellas ya algunas desaparecieron. Es, en consecuencia, importante iniciar su recuperación por la vía de la promoción de la reforestación, no sólo en áreas públicas sino, sobre todo, en propiedades privadas del área rural, para lo cual pueden ofrecerse incentivos económicos a los propietarios, tal como lo dispone la ley.5 La porción de territorio, correspondiente al lugar en donde nace el arroyo Colomuto, localizada al norte de la ciudad entre el Colegio del Norte, la Normal de señoritas y la vía que va del Barrio San Luis al tanque de La Pollita, área surcada por canales de escorrentía cuyos caudales dan origen al mencionado arroyo; el área denominada el vivero, ubicada exactamente detrás del edificio de la gobernación de Sucre, posee una gran variedad de especies vegetales plantadas, al igual que de especies de fauna asociadas a ellas. Aquí también nace el arroyo La Mula. El área denominada parque de las Garzas, localizada en la esquina de la intersección de la avenida de La Paz y la troncal de Occidente, es un lugar de descanso y estadía de una hermosa ave (garza blanca), así como de otras especies. El humedal ubicado en zona aledaña al colegio de Las Mercedes que es alimentado por el arroyo La Mula, constituye un oasis que alberga algunas especies vegetales y la fauna asociada a ellas. El humedal localizado entre el parque industrial y la sede de la firma Támara y Samudio, también es un sitio de descanso y estadía
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4 Artículos 83,157,173 y 253 del Estatuto Tributario y la Ley 139 de 1994, que establece los CIF. 5 Ibíd.

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para la garza blanca (Egreta Tula). El humedal localizado en la intersección de la vía al mar y la troncal de occidente (El maizal), posee algunas especies vegetales como la ceiba blanca, pero se encuentra en un estado de deterioro.

ÁREAS DE PAISAJE
Se han determinado como áreas de paisaje en el territorio de Sincelejo las correspondientes a los cerros miradores de los alrededores que presentan un panorama de exquisita e inigualable belleza con visual hacia el golfo de Morrosquillo, la ciénaga de Momil y la ciudad; estos miradores deben ser objeto de una normativa local especifica para su protección y mantenimiento, en la cual debe buscarse la armonía y la convivencia entre el hombre y la naturaleza, máxime cuando el perímetro urbano de la ciudad ya se encuentra sobre algunas de tales áreas. Éstas se encuentran ubicadas en los cerros del occidente y del norte del casco urbano de la ciudad, en una posición casi paralela a la carretera Sincelejo-Tolú y a los cerros de Romero y Santa Elena en el sur.

ÁREAS DE RIESGO Y ALTO RIESGO
Están conformadas por la porción del territorio urbano o rural afectada por restricciones para la urbanización por presentar amenazas y riesgos no mitigables, o bien condiciones de inestabilidad física o de insalubridad para los habitantes. Se han identificado como áreas de riesgo dentro del territorio del municipio de Sincelejo, según consta en los estudios técnicos de Carsucre, IGAC, Electrocosta, CREG y otras instituciones municipales, las siguientes: La franja de terreno correspondiente a 64 metros,6 32 metros a lado y lado del eje de la línea de 500 kv. de propiedad de Interconexión Eléctrica S.A., la cual atraviesa en dirección sur-occidente a nor-oriente el territorio rural del municipio de Sincelejo e influencia directamente parte del territorio de los corregimientos de Chochó, Las Palmas y Castañeda. La franja de 16 metros,7 8 metros a lado y lado del eje de la línea de 110 kv. de propiedad de Electrocosta SA E.S.P. Así: Desde la subestación eléctrica del municipio de Chinú, vienen dos líneas paralelas en sentido sur-norte que influencian directamente áreas del corregimiento de Castañeda y la vereda La Garita y llegan hasta al área urbana de la ciudad en la subestación Boston. De la subestación Boston, sale otra línea con sentido oriente, luego norte y más adelante occidente, para unir a ésta con la subestación Sierra Flor, tratando de evadir el casco urbano de la ciudad; de la subestación de la Sierra Flor sale otra línea con sentido nor-occidente hasta la fábrica de Tolcemento que influencia una porción del territorio corregimental de Las Majaguas y La Chivera; la franja de 8 metros8 a lado y lado del eje de las líneas de 34 kv. perteneciente a Electrocosta SA E.S.P. Así: desde la subestación eléctrica del municipio de Chinú viene una línea en sentido sur-norte que influencia parte del territorio corregimental de
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6 Resolución N° 025 de julio 13 de 1995, emanada de la CREG. 7 Ibíd. 8 Ibíd. 9 Ibíd.

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Sabanas del Potrero y San Nicolás y llega hasta al área urbana de la ciudad de Sincelejo en la subestación El Cortijo; de la Subestación El Cortijo sale otra línea con sentido nor-occidente hasta la fábrica de Tolcemento que influencia una porción del territorio corregimental deCerrito de La Palma, Las Majaguas y La Chivera; la franja de 8 metros9 a lado y lado del eje de la línea de 13,8 kv. perteneciente a Electrocosta así: la línea que une el punto de intersección de la Troncal de Occidente y la variante a Tolú (El Maizal), con los corregimientos de San Nicolás, Sabanas del Potrero, San Martín, San Jacinto y Babilonia; la línea que une la subestación El Cortijo con los corregimientos de San Antonio, Buenavista, Buenavistica, Las Huertas, Cruz del Beque, El Cerrito de La Palma y Laguna Flor; la línea que viene desde la subestación de Toluviejo a alimentar el corregimiento de La Arena y las veredas La Gulf y Barro Prieto; la línea que viene desde la subestación de Toluviejo a alimentar los corregimientos de Las Majaguas y La Chivera y la vereda Moquén; la línea que viene desde la subestación de Boston a alimentar los corregimientos de Chochó; Las Palmas y Castañeda y las veredas Mirabel y la Garita; la línea que viene desde el barrio Puerta Roja a alimentar el corregimiento de La Peñata. La gran mayoría de las líneas eléctricas de 13,5 kv. que se extienden dentro del perímetro urbano, no guardan la distancia mínima, ya que generalmente tienen su trazado sobre el anden y la zona de retiro de las construcciones. De otro lado, las subestaciones eléctricas localizadas en el perímetro urbano de Sincelejo por su diseño, se encuentran protegidas por un cerramiento que evita cualquier tipo de contacto externo. Estas zonas deben estar convenientemente aisladas para evitar una excesiva exposición a contaminación electromagnética o invisible que afecta la estructura orgánica de todas las formas de vida y también para prevenir posibles accidentes. La franja de terreno correspondiente a 6 metros,10 3 metros a lado y lado del eje del tubo del oleoducto Caño Limón-Coveñas, que atraviesa el territorio de Sincelejo de oriente a occidente e influencia parte del territorio de los corregimientos de La Peñata, La Chivera, Las Majaguas y La Arena y está sujeta no sólo a las contingencias que le son propias sino también a atentados terroristas. La franja de terreno correspondiente a 5 metros,11 2,5 metros a lado y lado del eje del tubo del gasoducto de Ø10» de propiedad de Promigás, atraviesa el territorio del municipio de Sincelejo de sur a norte, influencia directamente parte del territorio corregimental de Sabanas del Potrero y San Nicolás, pasa muy cerca del casco urbano de Sincelejo, paralelo a la vía a Tolú y más al norte influencia parte del territorio de los corregimientos de Las Majaguas y La Arena; la franja de terreno correspondiente a 5 metros,12 2,5 metros a lado y lado del eje del tubo del gasoducto de Ø 8» de propiedad de Promigás, atraviesa el territorio del municipio de Sincelejo en sentido sur-occidente nor-oriente, se desprende del ramal del gasoducto de Ø10» en un punto cercano a la finca Rosedal, alineándose paralelo a la troncal de occidente para llevar el gas hasta el municipio de Corozal. Estas tuberías conducen el gas de uso domiciliario a elevadas presiones que pueden generar en caso de ruptura conflagraciones de dimensiones mayúsculas. La franja de terreno correspondiente a 20 metros,13 10 metros a lado y lado de la línea del eje de los arroyos que atraviesan el casco urbano de Sincelejo, por ser zonas susceptibles a las inundaciones; especial mención merecen el barrio Uribe Uribe
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10 Ecopetrol, 1999. 11 Promigás, 1999. 12 Promigás, 1999. 13 Artículo 83, numeral d, del Cnrnr.

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aledaño al arroyo El Pintao en la zona sur y el barrio Nuevo Majagual, aledaño al arroyo Pintaito en la zona central de la ciudad, que cada año sufren las consecuencias por encontrarse en la parte más baja de estos arroyos; la situación se agrava por la total deforestación de sus riberas, la sedimentación de sus cauces, la insalubridad ocasionada por el vertimiento en sus lechos de las aguas residuales y especialmente por la disposición de basuras en ellos, las cuales causan las obstrucciones en los puentes y generan las inundaciones en la ciudad. A las casas construidas sobre las zonas anegadizas del barrio Uribe Uribe se les evitaría el problema de inundación, mediante un trabajo de mantenimiento (dragado) de los cauces de los arroyos, al igual que de la limpieza del área bajo el puente sobre el arroyo Pintao, en la vía que conduce al corregimiento de Chochó, el cual por las características de su estructura retiene las basuras que taponan la salida del agua, haciendo que el caudal del arroyo se represe y se afecten las viviendas descritas; las viviendas ubicadas en el barrio Nuevo Majagual, que se encuentran construidas entre los cauces de dos arroyos, definitivamente deben ser reubicadas; el resto de las viviendas que se encuentran en la zona de riesgo dentro del perímetro urbano no han tenido a la fecha problemas de inundaciones. El área urbana aledaña a la estación reguladora de presión y medidora del gasoducto de Sincelejo, ubicada en el barrio Mochila. En el corto plazo, esta estación sólo será para regulación y se le bajará el rango de presión de 150 psi a 80 psi, lo que disminuirá sensiblemente el riesgo, ya que esta presión es muy cercana a la que se maneja en las redes que es de 60 psi. La zona aledaña al actual relleno sanitario de la ciudad, debido a las emisiones de gas y líquidos lixiviados, producto de la descomposición de la basura. La distancia mínima a que deben estar ubicadas las viviendas de los límites del relleno es de 200 metros.14 La zona aledaña al área donde se construirán en el futuro las lagunas de oxidación para el tratamiento de las aguas residuales de Sincelejo. La distancia mínima a que deben estar ubicadas las viviendas de los límites de dichas lagunas es de 1.000 metros.15 El área anegadiza ubicada en la zona sur, aledaña a la intersección del arroyo el Pintao con la vía que de Sincelejo conduce al corregimiento de Chochó. Esta área será utilizada como parte del ecoparque, cuya construcción ha solicitado la comunidad de la zona sur. El área correspondiente al cerro de La Pollita, donde existe un asentamiento urbano sobre laderas con fuertes pendientes. Allí, por su ubicación en áreas de influencia de los cauces o en la parte más baja del cerro, algunas casas y la escuela se encuentran en peligro por causa de deslizamientos, de contingencias por ruptura de las tuberías que llegan al tanque de almacenamiento del acueducto o de problemas estructurales y de filtraciones del propio tanque. Estas construcciones deben ser reubicadas.

14 Guía para el diseño y construcción de un relleno sanitario. Gobernación de Antioquia, 1988. 15 Carsucre, 1999.

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VI
LOS SERVICIOS PÚBLICOS Y EL PERÍMETRO
URBANO Y SANITARIO

El perímetro urbano es la porción del territorio municipal destinada por el Plan de Ordenamiento Territorial de Sincelejo para usos urbanos y áreas de futuras expansiones; se encuentra dotada de la infraestructura vial y redes primarias de energía y gas, y habilitada para la urbanización y la edificación con posibilidades futuras de servicios de acueducto y alcantarillado. El perímetro sanitario comprende la poligonal cerrada, cuyos lados conforman el límite de cobertura de las redes de servicios públicos de acueducto, alcantarillado y de recolección de basuras en el área urbana. El perímetro de servicios básicos en el área urbana coincide con el perímetro urbano. Las áreas libres al interior del perímetro urbano, deben tener disponibilidad inmediata para la prestación de los servicios. Las características de los diferentes servicios con que cuenta el área urbana se presentan a continuación.

ACUEDUCTO
La cobertura oficial del acueducto es del 90%, la cual se pretende ampliar al 100% con el Plan de Gestión de la Empresa en el año 2002; es decir, en el mediano plazo. También se apunta a mantener su cobertura total, en el largo plazo, sirviendo las áreas de nuevos desarrollos y expansión. Para lograr esta meta, el Ministerio de Desarrollo tiene dispuesta una inversión de $ 1.800 millones que se destinarán al incremento de la producción (2 pozos más en el corto plazo) y a la expansión de redes. La solución a la problemática del agua en el municipio, debe ser de carácter regional y aun cuando la solución definitiva sólo se tendrá en el largo plazo, de manera inmediata es urgente conocer con detenimiento el estado del acuífero de Morroa, su vida útil y vulnerabilidad y, con base en tales conocimientos, iniciar el proceso de definición del momento en que deben comenzar los estudios de preinversión para el macro proyecto regional del Acueducto de las Sabanas.

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La empresa es responsable de los nuevos desarrollos urbanísticos, en los cuales debe dar su aprobación técnica y realizar el seguimiento y control correspondiente a las urbanizaciones y los proyectos arquitectónicos.

ALCANTARILLADO
La cobertura del alcantarillado es del 74% y Empas plantea ampliarla en el corto plazo al 80% y en el mediano plazo al 90%, a la vez que se pretende llegar al 100% en el largo plazo. Los barrios subnormales y en proceso de consolidación carentes del servicio se irán incorporando al sistema paulatinamente, hasta lograr la cobertura total de la ciudad. Para el mediano plazo, se tiene el compromiso de la construcción del sistema de las lagunas de oxidación, las cuales son necesarias para la disposición final de las aguas servidas.

ENERGÍA

ELÉCTRICA

De acuerdo con las estadísticas, la cobertura actual del servicio es del 98%. Teniendo en cuenta el perímetro urbano propuesto, así como las áreas de expansión urbana y las de desarrollo integral y de desarrollo prioritario, se establece que la empresa está en capacidad de cubrir el 100% de la demanda actual con la expansión de redes y el servicio hacia Las Canarias, Los Rosales, Los Alpes y Bella Vista. También existe esta posibilidad con la demanda futura, hacia La Narcisa, zona sur, etc. La demanda de energía en Sincelejo, ha sido suplida con dos subestaciones interconectadas a 110 kv: Cortijo con 20 mva y Boston con 60 MVA. Con las obras recientes del Planiep, se aumentó la capacidad instalada con la construcción de la subestación Sierraflor (60 mva). Esta capacidad instalada de Sincelejo de 140 mva casi triplica el requerimiento actual de la ciudad que es aproximadamente de 10.500.000 kwh mes, lo que significa que se dispone de un excedente suficiente. Adicionalmente, la empresa tiene la posibilidad de ampliar y repotenciar fácilmente esta capacidad en Cortijo y Majagual, por medio de la interconexión eléctrica. Además se tienen interconectadas a 34,5 kv. las anteriores subestaciones y desde las subestaciones Cortijo y Toluviejo se alimenta la subestación Majagual de 8,5 mva. Con la capacidad de transformación existente, se tiene cubierto el aumento de consumo de la ciudad por más de 10 años.

ASEO
El consorcio encargado del aseo presta los servicios de barrido de calles, recolección de basuras y disposición final de las mismas; también incluye el cuidado de las zonas verdes y la prestación de servicios especiales. En el mediano plazo se ha
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planteado aumentar la cobertura actual en el área urbana que es actualmente del 86% al 95%, para prestar el servicio en todos los barrios. Otro servicio es el de barrido de calles y parques destinados a la realización de fiestas o eventos especiales. En cuanto a la disposición final de basuras, la empresa plantea utilizar las 10 hectáreas contiguas al relleno actual, del mismo propietario y disponibles para su utilización, lo que permitiría ampliar la vida útil del relleno sanitario.

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GAS NATURAL
La empresa Promigás vende el producto a la empresa regional Surtigás, que presta el servicio básicamente en el casco urbano de Sincelejo, mediante el suministro a baja presión. La cobertura o disponibilidad del servicio, que en la actualidad cuenta con la tubería instalada, es del 95% y se plantea su ampliación al 100%, en el corto plazo, en zonas desarrolladas legalmente, de acuerdo con el crecimiento de la ciudad y siguiendo las prioridades establecidas en el Plan de Ordenamiento Territorial. Surtigás sólo presta el servicio en el área rural en el corregimiento de Chochó y no tiene planes de expansión en el corto plazo para cubrir otras áreas corregimentales.

TELEFONÍA
La densidad telefónica16 en el área urbana es de 11,25%. El servicio de telefonía en el municipio de Sincelejo, se presta en tres niveles: Telefonía local. En el largo plazo, Telecom se propone prestar el servicio no sólo en la totalidad del área urbana de Sincelejo, sino también en las cabeceras corregimentales de los centros poblados de mayor jerarquía, con base en la demanda. Las proyecciones de la empresa, crecen al ritmo de la demanda. Ésta es cubierta mediante un contrato con una firma privada, la cual realiza las instalaciones necesarias para satisfacerla. Telefonía pública: Telecom continuará prestando el servicio de los teléfonos públicos localizados en los distintos sectores, con base en las solicitudes de la comunidad, mediante líneas básicas manejadas por las juntas de acción comunal o la instalación, en el corto y el mediano plazo, de teléfonos monederos. Telefonía social: Este servicio será prestado, en el mediano plazo, en todas las cabeceras corregimentales del área rural. Existe el compromiso, por parte de la empresa, de atender la realización de proyectos urbanísticos y nuevos desarrollos, para los cuales debe dar su aprobación técnica, así como adelantar el seguimiento correspondiente.
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16 Número de líneas instaladas por 100, entre el número de habitantes.

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VII
LA CULTURA EN LA CIUDAD MAQUETA Y LA CIUDAD REAL

Algunos gestores culturales, educadores y dirigentes de Sincelejo, entienden a este conjunto urbano como el resultado de procesos culturales. De ahí que el concepto de ciudad deba trascender lo físico-espacial. Los asentamientos o el hábitat humano deben estar circunscritos al ser y al quehacer de la gente y no al capricho del urbanizador, del constructor o del invasor. En los actuales momentos, se sigue construyendo una ciudad basada principalmente en la dimensión física. Independientemente de que a las unidades habitacionales se les llame casa de cartón, vivienda de interés social o mansiones, inmediatamente se les ubica en unos estratos que las separan en casas para ricos y casas para pobres, en lugar de casas para ciudadanos. No se tiene en cuenta el mundo cultural e interior de las gentes, sino que la evaluación se realiza en términos de si las personas poseen o no los medios económicos para comprar determinadas viviendas. Por otra parte, al analizar el tema de los desplazados en Sincelejo, se hace evidente que no sólo existen los que llegan del campo y se establecen en la periferia del casco urbano, sino que también viven los desplazados por la misma ciudad, a quienes se les violentan sus derechos fundamentales y culturales de manera excluyente. Este tipo de violencia, causa un deterioro del sentido real de identidad y pertenencia hacia la misma ciudad. No puede negarse que existe un señalamiento entre los mismos miembros de las comunidades urbanas, con lo cual se provocan marcadas diferencias culturales incluso entre las fiestas del norte y del sur: «Los de allá no pueden entrar acá, pero los de acá tienen todo el derecho de entrar allá». Gente que ha nacido y crecido en la ciudad, hoy resulta que ya no pertenece a ella, no tiene cabida dentro de su dinámica cultural. No hay razón, entonces, para ignorar el lugar de cada elemento coherente de la ciudad, qué tipo de aldea o de ciudad nos merecemos, no hay razón para dejar de soñar al final del siglo XX la ciudad que queremos y mucho menos para no elaborar el proyecto que ofrezca bienestar a los ciudadanos que la habitan. No existe ciudad para el deporte, tampoco para la recreación; no hay parques no existe ciudad para el desarrollo económico armónico ni para el comercio; no existe un centro equilibrado en términos urbanísticos, sino su lejana evocación; no hay ciudad para el funcionamiento gubernamental y menos para el desarrollo del arte. La ciudad con que contamos, no está diseñada para los peatones, sus vías no han sido definidas para el transporte interno. Tampoco la ciudad se encuentra adecuada para la salud y la educación, ya que está desconectada de los fundamentos pedagógicos urbanos y cibernéticos del mundo contemporáneo. No existen planes claros de cultura para reconstruir la ciudad y mucho menos para conservar
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el patrimonio existente. Es evidente la falta de cultura ciudadana y la disolución de concepto de vecindario por la débil presencia del barrio, que obliga a sus pobladores a actuar como seres aislados. No se puede amar a la ciudad desde los cerros. Para hacerlo, realmente hay que entrar en ella y considerarla desde adentro, reconstruida por todos los pobladores que merecen una vivienda digna y un barrio digno. Para ello, es necesario proponer un plan de ciudad con fundamento social y cultural que esté por encima de todos los intereses particulares. La globalización en que nos encontramos inmersos en estas épocas de fin de siglo, tiene sentido sólo con la cultura a la cabeza; pero sin ésta, se corre el riesgo de quedar rezagados y entonces, sería difícil alcanzar la ciudad que soñamos. En Sincelejo, la cultura debe interesarse por despertar la creatividad, por medio del estímulo social y de la educación enfocada a fomentar el desarrollo de la convivencia ciudadana y la participación comunitaria. Precisamente, se trata de fomentar un nuevo ciudadano que, desde su nacimiento, adquiera la correspondiente armonía integral que le permita llevar a cabo todos los grandes propósitos de su vida social y de bienestar humano.

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VIII
ALGUNOS ELEMENTOS DE LA DINÁMICA ECONÓMICA DE SINCELEJO

Las principales actividades económicas del municipio de Sincelejo, giran alrededor de su propia área rural y están ligadas a sus municipios vecinos, específicamente en los sectores de la ganadería, la agricultura, el comercio y otros servicios. Por la excelente calidad de su ganado vacuno de alta selección, Sincelejo ha sido llamada la «Capital cebuísta de Colombia»; cuenta con una magnífica cría para levante y ceba de animales de inmejorables condiciones destinados al consumo en los mercados regionales. Por su parte, la lechería, con la quesería en menor escala, es también importante dentro del primero de los renglones económicos del municipio. La agricultura, junto con la ganadería, es cada vez más una fuente económica de importancia. Se destaca la producción de maíz, yuca, ñame y plátano. El comercio al por mayor y al detal es bastante activo, conjuntamente con otros servicios, especialmente los gubernamentales y los financieros. La industria muy incipiente deberá ser estimulada y fomentada por las entidades nacionales y municipales en la ciudad. Cuenta con algunas factorías de productos alimenticios, de confecciones, calzado y procesamiento de artículos de maderas. La actividad microempresarial ha llegado a ser, en la actualidad, la dinámica económica más promisoria del municipio, por lo cual podría, con determinados estímulos impositivos y crediticios, evolucionar hacia un conjunto de pequeñas y medianas empresas con proyecciones en la generación de empleo. En torno a las corralejas se ha desarrollado una pujante economía regional y local, ya que en ellas se entrelazan los negocios de comerciantes, hacendados, ganaderos, industriales, profesionales y artistas, en medio de un sano ambiente de alegría que permanece por el resto del año. Con respecto a la calidad del empleo es importante resaltar el nivel que ha adquirido la informalidad, con un 58% en la estructura de la ocupación en Sincelejo. Mientras que en los diez grandes centros urbanos, la tasa global de informalidad era del 55,2% en 1984 y se incrementó al 57,1% en 1988. Para 1992 había descendido a 54,9% y en los dos últimos años lo hizo aun más, alcanzando un 53,8% en 1994. Esta reducción ha sido transitoria hasta 1996, ya que a partir de 1993 ha venido en aumento, hecho que se ha acompañado de un escaso dinamismo del empleo gubernamental, aunque también se han creado nuevos puestos de trabajo en el sector formal, por parte del sector privado. El mayor grado de informalidad
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se está presentando en las poblaciones urbanas de menor y mediano tamaño, fundamentalmente en los sectores del comercio callejero, el empleo doméstico, la preparación de alimentos, la construcción y el transporte. La situación de desempleo se ha agudizado en los últimos dos años, como producto de la recesión económica por la que atraviesa el país y se han alcanzado cifras sumamente elevadas que sobrepasan el 20% que se registra en el nivel nacional. En Sincelejo, se tiene un promedio de desempleo del 24,5% durante el segundo semestre de 1999. Los actuales problemas de empleo urbano son atribuidos a las restricciones del crédito, a las altas tasas de interés y a la apertura económica con implicaciones negativas en el aparato productivo, el cual se considera que no es el adecuado para enfrentar la competitividad internacional en un entorno de revaluación. Por su parte, el sector rural se ha visto abocado a altos niveles de desempleo abierto, debido al fenómeno de la apertura, a la elevada importación de alimentos con una fuerte reducción en la generación de puestos de trabajo en la agricultura comercial y de efectos concomitantes en los bajos ingresos de la mayoría de trabajadores del campo. Ello constituye una consecuencia de la situación económica coyuntural, como también de factores estructurales que exigen la acción del gobierno tanto nacional, como departamental y municipal.

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VALLEDUPAR CIUDAD
ENTRE CIUDADES

CARLOS GARCÍA ARAGÓN RELATOR

AEROFOTOGRAFÍA DE VALLEDUPAR FUENTE: IGAC ESCALA 1:37270 AGOSTO 29 DE 1998

PLANO DE VALLEDUPAR FUENTE INSTITUTO GEOGRÁFICO AGUSTÍN CODAZZI 1982

VALLEDUPAR

El Taller ¿Cómo es Valledupar al final del siglo XX?, fue convocado por el Observatorio del Caribe Colombiano y la Secretaría de Planeación de Valledupar y se realizó en el auditorio de Teleupar durante los días 24 y 25 de agosto de 1999. La relatoría fue preparada por Carlos García Aragón y recibió los conceptos de Alberto Abello Vives y Silvana Giaimo Chávez. Participaron como expositores: Tomás Darío Gutiérrez, Origen y evolución histórica de la ciudad. William Aroca, Infraestructura de la ciudad y aguas. Carlos García Aragón, Organización socioespacial de la ciudad. Aurora Pachón, Planeación urbana de la ciudad. Elías Ochoa Daza, La ciudad y su gobierno municipal. Helmer Daza Torres, La ciudad y la región. Virgilio Calderón, La ciudad y el medio ambiente. También asistieron: Sonia Gómez Taboada, jefe de Planeación Municipal; Edith Castro de Rodríguez; Alberto Abello Vives y Silvana Giaimo Chávez. En una reunión complementaria realizada en la alcaldía municipal, el Taller amplió el análisis sobre la problemática económica con base en las intervenciones de los miembros del Comité Intergremial de Valledupar.
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CONTENIDO
I LA LLEGADA AL FINAL DEL SIGLO XX NÚCLEO REGIONAL, DESDE LA COLONIA EL DESPEGUE EN 1930, PREDOMINIO DE LA GANADERÍA LA DÉCADA DE 1950 LA EXPANSIÓN URBANÍSTICA DE LOS 60 EL DEPARTAMENTO DEL CESAR IMPACTOS DE LA CRISIS ALGODONERA LOS ALCALDES DE ELECCIÓN POPULAR LA CRISIS DE LOS NOVENTA, LA EXPLOTACIÓN DEL CARBÓN LA IMPORTANCIA DEL AGUA PARA LA CIUDAD
ANTECEDENTES EL PRIMER ACUEDUCTO PRIMERA AMPLIACIÓN DEL ACUEDUCTO (1962-1963) SEGUNDA AMPLIACIÓN 1970 TERCERA AMPLIACIÓN DEL ACUEDUCTO PRIMER ALCANTARILLADO GRANDES OBRAS DE INFRAESTRUCTURAS HIDRAÚLICAS Y SANITARIAS PRIMERA GRAN AMPLIACIÓN DEL ALCANTARILLADO ALCANTARILLADO PLUVIAL SEGUNDO PLAN MAESTRO DE ACUEDUCTO Y ALCANTARILLADO EL FIN DE SIGLO 462 462 463 466 467 468 469

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II

470 470 471 471 471 472 472 472 473 473 474 474 476 476 476 477 477 479

III LA CIUDAD Y SU GOBIERNO
LA DESCENTRALIZACIÓN LA CONTINUIDAD EN LA GESTIÓN LA PARTICIPACIÓN DE LA COMUNIDAD SERVICIOS DE ACUEDUCTO
Y ALCANTARILLADO CON PARTICIPACIÓN COMUNITARIA

IV LA ECONOMÍA Y LA CIUDAD V REFLEXIONES FINALES

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BIBLIOGRAFÍA

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INTRODUCCIÓN*

Con los objetivos de fomentar la reflexión sobre la situación actual y los problemas y retos de las ciudades costeñas y de recuperar el espacio perdido por el tema urbano en los estudios e investigaciones regionales, el Observatorio del Caribe Colombiano ha incluido en su programa de estudios estratégicos la línea de reflexión ¿Qué ciudades estamos construyendo en el Caribe colombiano?, la cual se inicia en noviembre de 1998. Primero se efectuó un recorrido analítico acerca del estado de los estudios sobre la manera de entender la ciudad hoy, acerca de la participación de múltiples ciencias y disciplinas en la interpretación del desarrollo urbano, sobre los conceptos aplicados a la planeación urbana y de los problemas tanto de la misma como de la gestión urbana. Este recorrido ha sido realizado con el apoyo de múltiples instituciones y de un numeroso grupo de expertos nacionales y regionales, quienes durante 1999 dirigieron sus esfuerzos a alcanzar el conocimiento sobre la situación de las ciudades de la región al finalizar el siglo XX. Barranquilla, Cartagena, Magangué, Montería, Riohacha, San Andrés (como ciudad insular), Sincelejo y Valledupar fueron estudiadas por múltiples actores. Para ello, se realizaron talleres de reflexión en los que se congregaron expertos conocedores de su realidad, con el fin de pensar sus particularidades y reflexionar sobre sus orígenes, su funcionamiento y su desenvolvimiento, así como de construir una visión multidisciplinaria y plural de cada ciudad. Los talleres incluyeron en su temática la evolución histórica, la relación de la ciudad con su entorno, la geografía y la problemática del desarrollo sostenible, así como las oportunidades y problemas ambientales, la organización socio-espacial, la estructura física, la economía, el gobierno local, la planeación municipal y la cultura, y su papel en la construcción de ciudad y ciudadanía. Este documento que ha sido llamado Valledupar, ciudad entre ciudades, es precisamente, la relatoría del Taller realizado en la capital del Cesar y la cual se presenta dividida en cinco secciones. La primera de ellas, contiene una breve reseña histórica desde su fundación hasta el final del siglo XX. En la segunda, se describe la trascendencia de la satisfacción de la necesidad de agua potable en el desarrollo social y urbano. En la tercera, se analiza al gobierno municipal, en el marco de la descentralización política y administrativa. En una cuarta sección, se estudia el tema de la economía y en la última de ellas se presentan algunas reflexiones finales sobre la experiencia general del desarrollo urbano de Valledupar y de la cual se podrán extraer lecciones que han de servir de estudio en el resto del Caribe y de Colombia.
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* Carlos García Aragón. Relator del Taller ¿Cómo es Valledupar al final del siglo XX?, realizado en Valledupar el 24 y 25 de agosto de 1999.

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VALLEDUPAR

I
LA LLEGADA AL FINAL DEL SIGLO XX

El Valle de Upar comprende las cuencas de los ríos Ranchería, Cesar y Ariguaní y el sur de la ciénaga de Zapatoza. En su parte norte, está delimitado por la Sierra Nevada de Santa Marta y las serranías de Perijá y de los Motilones, ampliándose hasta las riberas del río Magdalena, territorio donde se asentaba la nación Chimila. A su llegada en 1525, los primeros conquistadores comandados por Pedro Villa Fuerte, lugarteniente de Rodrigo de Bastidas, encontraron en estos territorios una organización social y política de considerable importancia, con poblados que, después de la dominación, pasaron a ser presididos por los colonizadores. Los más importantes entre ellos fueron, sin duda, Tamalameque y Valledupar, en donde residía Upar, el cacique máximo de los Chimilas y del cual la región deriva su nombre. La ciudad colonial se funda, después de tres intentos, el 6 de enero de 1550.

NÚCLEO REGIONAL DESDE LA COLONIA
Durante el período de la Colonia, la ciudad desempeñó un papel muy importante no sólo como centro administrativo sino también como proveedor de alimentos y materias primas para abastecer otras ciudades como Santa Marta y Riohacha. En la sabana del Cesar, los colonizadores implantaron la primera y más grande ganadería de nuevos. Las primeras obras de infraestructura vial se construyeron para comunicar a la región con el río Magdalena y llevar el ganado a Cartagena, con el objeto de exportarlo desde allí a otras áreas del Caribe. En 1580, la ciudad es destruida por los indios Chimilas y luego se inicia su reconstrucción con el levantamiento de una muralla circular para su protección, así como de nuevas edificaciones más estables, de índole gubernamental y religiosa. Se estaba construyendo una ciudad con la visión de futuro que su importancia requería. En 1587, contaba con el mayor número de habitantes de la región, después de Cartagena. Desde entonces, Valledupar es epicentro de una región que agrupa un gran número de poblaciones que dependían de ella administrativamente. En los inicios del siglo XVIII, además de la ganadería, se extienden por la región los cultivos de caña de azúcar para alimentar la producción de los innumerables trapiches instalados en la zona. Esta actividad se mantuvo hasta finales del siglo XIX, cuando funcionaban cuatro fábricas oficiales de licor.
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CIUDAD ENTRE CIUDADES

El número de habitantes urbanos era reducido, puesto que el grueso de la población vivía en las haciendas y poblados de los alrededores, donde comulgaban los propietarios terratenientes y la gran masa de trabajadores aislados de las otras regiones del país. Allí se amalgama la cultura mestiza que identifica el vallenato de hoy. La vida de Valledupar fue apacible durante cuatro siglos, como consecuencia del aislamiento geográfico de los centros urbanos, sociales y políticos de la época. El crecimiento urbanístico en ese período fue lento, casi nulo, con un notable estancamiento en su desarrollo, el cual continúa incluso en las primeras décadas del siglo XX con una población pastoril.

EL DESPEGUE EN 1930 PREDOMINIO DE LA GANADERÍA
En la década de 1930, durante el gobierno de López Pumarejo se construyen las carreteras que incorporan la región del Cesar a la red vial nacional y se inicia un reordenamiento de la geografía de la región, a partir de la construcción de vías secundarias y de caminos que incorporan nuevas tierras al mercado y a la producción. La estructura urbana regional se modifica sustancialmente. Además de las poblaciones importantes por tradición, se conforman nuevos centros que crecen rápidamente; los núcleos urbanos existentes absorben -unos más que otros- la creciente migración, conformándose así una red longitudinal de norte a sur integrada por pequeños centros de abasto y servicios. En 1938, la población urbana de Valledupar era de 3.339 habitantes, los cuales representaban 21% del total del municipio. Casi en su totalidad, la población estaba vinculada al campo, con predominio de la ganadería para la exportación de carne, tal como se venía haciendo desde 1587. La forma de la ciudad era compacta, prácticamente la misma estructura construida en la Colonia; las construcciones, salvo dos excepciones, eran de un piso y conformaban la plaza, la iglesia, el centro de gobierno y las casonas coloniales que desbordaban el marco de la plaza, donde se alojaban los administradores del Estado y los grandes propietarios de las tierras. A su alrededor, al norte y al sur, residían los trabajadores, los artesanos y el personal de servicios de la ciudad. En los años cuarenta, cuando las vías de comunicación conectaron a la ciudad y la región, con el apoyo del gobierno nacional se emprendió la construcción de una infraestructura básica de servicios, para la cual se requirió mano de obra calificada. Fue así como llegaron maestros, artesanos y personal de administración, quienes se asentaron en Valledupar, demandaron bienes y servicios y lograron imprimir una nueva dinámica económica -hasta entonces desconocida-, la cual dio comienzo a uno de los procesos de urbanización más acelerados del país. Entonces, la necesidad de vivienda se hizo sentir; los artesanos y los obreros encabezados por migrantes calificados de Santa Marta y Barranquilla diligenciaron ante la municipalidad la cesión de terrenos en los cuales, en 1942, se constrtuyó el primer barrio de la ciudad levantado por gestión popular, al que se llamó Barrio Obrero. Las viviendas se construyeron en lotes amplios, con utilización de la
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tipología tradicional de la construcción a dos aguas, pero mediante el uso de diversos materiales y por acción comunitaria.

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LA DÉCADA DE 1950
El aumento creciente de la población en la región del Cesar, la ampliación de la frontera agrícola y el incremento de la producción agropecuaria estimulada por la política económica de sustitución de importaciones a partir de los años 50, también impulsaron notablemente las actividades comerciales y de servicios complementarios. Ello dio lugar a que aparecieran usos y actividades que, hasta ese entonces, eran ajenos a la vida de la región y que además fueron incorporados plenamente a la vida económica nacional. Hacia 1950, Valledupar era una pequeña población localizada a orillas del río Guatapurí y próxima al río Cesar que contaba con sesenta manzanas, cien hectáreas y una población registrada de 9.011 personas. En ese momento, la ciudad disponía de un excelente equipamiento urbano representado por el mercado, el Colegio de Bachillerato Nacional Loperena, la Escuela de Artes y Oficios, el hospital, los distritos de carreteras, los aeropuertos y la granja para el fomento agropecuario. La población urbana representaba 34% del total de habitantes del municipio. En esa época se construyeron nuevos barrios, los cuales conservaron la forma compacta de la malla urbana y continuaron la trama vial existente. Los constructores calificados introdujeron una nueva tipología de vivienda en la que se reproducía la casa con terraza, antejardín amplio y verja, prototipo que se encontraba en boga en la ciudad de Barranquilla en esos años. Otros materiales aparecieron entonces en escena en la construcción de nuevos barrios. Se masificó el uso del ladrillo cocido, del hierro, del cemento y de la teja de arena-cemento para las cubiertas. Estos nuevos barrios (El Carmen y La Gaita) acogen a los inmigrantes procedentes de Santander y Norte de Santander, quienes llegan expulsados por la violencia, junto con otros pertenecientes a la región y que son atraídos por las expectativas de una mejor vida que Valledupar genera por su equipamiento y posibilidades de trabajo. Llegan obreros urbanos, artesanos, transportadores y oficinistas para las florecientes actividades comerciales y bancarias. Así también lo hacen propietarios de tierras de otros municipios y obreros agrícolas, quienes arriban con el propósito de enrolarse en los cultivos que se incrementaban año tras año. En este período, se enriqueció la amalgama cultural urbana de Valledupar. Para ese entonces, ésta ya era una ciudad heterogénea en cuanto a procedencia de sus pobladores, en quienes se aprecian el trabajo y el honor como consignas sumados a una gran fortaleza cultural que les permite superar los retos que la vida cotidiana en el nuevo medio plantea. Es una ciudad abierta al inmigrante y éstos, con sus conocimientos y destrezas, ofrecen importantes aportes a la construcción de la ciudad de la última mitad del siglo XX. Una Escuela de Artes y Oficios, símbolo de la contribución de los artesanos inmigrantes al desarrollo urbano, apoya la construcción de las nuevas edificaciones y de las obras de infraestructura.
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CIUDAD ENTRE CIUDADES

Durante la década de 1950, con las políticas de la llamada revolución verde, grandes extensiones de tierra son incorporadas a la producción agrícola de alta productividad y para dinamizar los mercados nuevos cultivos tecnificados son introducidos en el país. Puesto que el valle del Cesar presentaba condiciones excepcionales para el cultivo del algodón en gran escala, así como del arroz, el sorgo y el ajonjolí, en pocos años se adecuaron más de 200 mil hectáreas para estos cultivos que además demandan un alto volumen de mano de obra, de equipos agrícolas y de todos los servicios conexos. En esta época, se acelera el proceso de inmigración desde otras regiones de la Costa y desde el interior del país, al igual que hacen tránsito por la zona oleadas de cosecheros, muchos de los cuales se asientan en la región. Los centros urbanos aumentan considerablemente su población, lo cual hace que se produzcan sucesivas tomas de tierras por parte de los destechados inmigrantes y que se expanda considerablemente el área urbana sin la requerida dotación de los servicios básicos.

CUADRO 1 POBLACIÓN URBANA DE VALLEDUPAR 1938-1999
1938 3.339 1951 9.011 1964 43.533 1973 98.669 1985 147.967 1993 202.404 1997 242.000 1999 280.000

Fuente: Censo de población y proyecciones.

La morfología de los centros urbanos se transformó notoriamente durante este período (1938-1999), corto en cuanto a tiempo se refiere, pero también de grandes y bruscos cambios en la estructura económica y social de la región. Valledupar, además de contar con el mejor equipamiento urbano de la región del Cesar y La Guajira, disponía de extensos terrenos ejidales que permitían la expansión urbana. La ciudad absorbió un alto volumen de los inmigrantes que a ella afluían con un acelerado proceso de urbanización, considerado uno de los más importantes del país. De hecho, la población de Valledupar creció entre 1951 y 1973, período en el cual se produce su mayor expansión a tasas que varían entre 75 y 82 por mil.

LA EXPANSIÓN URBANÍSTICA DE LOS 60
En 1960, la presión por la vivienda era de tal magnitud, que ello dio lugar a que se organizara la primera toma de tierras en la ciudad, un hecho sin precedentes hasta esa fecha. Se creó el barrio Primero de Mayo en los terrenos de la granja agropecuaria, para ese entonces clausurada. De esta manera, se rompió la forma compacta de la ciudad que prevalecía hasta ese entonces y tres años después, en 1963, se produjo la segunda toma de tierras, de la misma magnitud que la anterior. En ambos casos, la municipalidad intervino en la planificación de los barrios, en el loteo y en la dotación de un equipamiento mínimo, actitud que se
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vuelve una constante en la ciudad. En estos nuevos barrios se alojan contingentes de obreros agrícolas, artesanos y obreros urbanos, casi todos inmigrantes procedentes de otras zonas del país pero con predominio de los de la llanura costeña. La expansión física de Valledupar se dirige hacia el oriente de la ciudad, con viviendas propias de los estratos de altos ingresos y compuestos por población procedente de los corregimientos y municipios cercanos. Hacia el norte, se inicia la construcción del sector de vivienda de más altos ingresos. Los servicios públicos son altamente deficitarios y la red vial es ineficiente. El crecimiento de la ciudad se planifica sobre el terreno y hace su aparición la arquitectura moderna introducida por profesionales. El centro de la ciudad tradicional, sufre el impacto de los cambios de uso y con ello se inicia su deterioro. En 1964, Valledupar cuenta con 43.533 habitantes en su casco urbano, cifra que representa el 55% de la población total del municipio. En esa época, en el Cesar, nuevos sectores ascienden al liderazgo económico y político, dentro de un intenso proceso de gran movilidad social, trastocándose la composición que permanecía nucleada desde el siglo anterior y que estaba ligada a la propiedad de la tierra.

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EL DEPARTAMENTO DEL CESAR
En 1967, la creación del departamento del Cesar, le permite a la nueva dirigencia regional el manejo político y administrativo, lo que a su vez permitió acercar más la acción del Estado así como acceder a nuevos recursos, los cuales, en cierta medida, mejoraron las condiciones de vida en la región. Valledupar, como capital del Cesar, asume su nuevo papel. La ciudad comprende que es fundamental adaptar su estructura física a este brusco proceso de urbanización acelerada e inicia su camino hacia la planificación con su primer Plan Piloto de Desarrollo Urbano. Éste fue realizado por el Instituto Geográfico Agustín Codazzi en 1969. En él se diseña el primer plan vial de la ciudad y se conforma lo que es la estructura vial actual, se adoptan la propuesta de zonificación urbana y de usos del suelo así como las primeras normas para la urbanización y la construcción, las cuales fueron instrumentos básicos para definir la forma y el funcionamiento de la ciudad. En 1973, la población urbana del municipio es de 98.669 habitantes, es decir, el 63,9% del total municipal. En este período la ciudad busca compactar su forma y mejorar también la infraestructura vial, integrando los diversos sectores, mediante la construcción de vías por el sistema de valorización en forma masiva y por medio de la definición de las previsiones para las futuras vías. La imagen de la ciudad ha cambiado la estructura de servicios y el aparato financiero está volcado hacia el sector agrícola. Los excedentes generados por el cultivo del algodón, se invierten en forma considerable en la construcción. Los primeros edificios privados y públicos, introducen, con la estructura en varios pisos, una tipología urbana nueva que acentúa el carácter de ciudad. Este acelerado crecimiento, generó una
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mayor demanda de servicios públicos y aquélla se vio entonces abocada a ampliar su capacidad para la prestación de servicios. Para Valledupar, ha sido de trascendental importancia la realización del Plan Maestro de Acueducto y Alcantarillado, presentado en 1976. Este proyecto le permitió a la Empresa de Obras Sanitarias acometer un programa de desarrollo, acorde con las necesidades de la ciudad, la que en ese momento vivía una situación crítica. El manejo adecuado de los perímetros sanitarios y su respeto por parte de la población, han sido factores importantes en la compacta conformación de la trama urbana, con lo cual se han evitado desarrollos dispersos que habrían dificultado la prestación de los servicios y generado un aumento considerable de los costos de construcción. Al igual que en el país en general, a partir de 1973 el crecimiento físico del municipio y de la ciudad se desacelera como consecuencia de la disminución de la natalidad y del descenso de las tasas migratorias. Pero posteriormente, desde 1985, año en el cual la ciudad contaba con 147.967 habitantes, la expansión ha sido de grandes proporciones.

IMPACTOS DE LA CRISIS ALGODONERA
Cuando hizo crisis la producción algodonera en el país, la región más golpeada fue la del Cesar, dada la magnitud de las extensiones sembradas y el arraigo del cultivo. El algodón era prácticamente el único sector dinamizador de la economía departamental. Como consecuencia, una gran cantidad de obreros agrícolas quedó sin trabajo y la migración hacia los centros urbanos aumentó. Valledupar incrementó su población y su área urbana creció en forma permanente. Así mismo, la ciudad conformó una incipiente infraestructura de servicios que le permitió atender, en gran medida, las nuevas demandas generadas por la explotación carbonífera de la región. El empleo urbano en el comercio, los servicios y la construcción, aumentó y la economía urbana se fortaleció. En 1982, la administración municipal inició los estudios del Plan de Desarrollo. Al año siguiente, la ciudad adoptó el Plan Integral de Desarrollo Urbano de Valledupar, que recomendó, entre otras cosas, dar continuidad al desarrollo compacto de la ciudad. Con este criterio se determinaron las áreas para el desarrollo urbano futuro, para lo cual se tuvo en cuenta la cobertura de servicios públicos de alcantarillado, acueducto e infraestructura vial. También se diseñó el nuevo plan vial, instrumento fundamental para orientar el crecimiento futuro de la ciudad y se organizó la Oficina de Planeación Municipal, adecuándola a los nuevos requerimientos del desarrollo local. Por su parte, las explotaciones carboníferas de La Guajira y del Cesar, generaron una demanda local de bienes y servicios que, en gran medida, favoreció a Valledupar. Esto ha exigido la adecuación de la estructura urbana y el mejoramiento de las vías y las comunicaciones y también grandes esfuerzos para asimilar la migración.
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LOS ALCALDES DE ELECCIÓN POPULAR
En 1990 debido tanto a la expedición del acto legislativo Nº1 de 1986, el cual da inicio a la descentralización política de Colombia, con la elección popular de alcaldes, como a la promulgación de la Ley 9 de 1987, que obliga a los municipios a la formulación de los Planes de Desarrollo, se inicia en Valledupar una nueva dinámica urbana. El primer alcalde elegido por voto popular, retoma la secuencia de planificación de la ciudad y en 1989 se elabora el Plan de Desarrollo, el cual se presenta en abril de ese año al Concejo municipal. Durante la segunda administración de elección popular se puso en marcha el nuevo Plan de Desarrollo Valledupar siglo XXI, formulado por los mismos expertos planificadores. Éste se encaminó, fundamentalmente, a reestructurar la administración y la planificación de la ciudad, para que ésta asumiera un nuevo rol en una región que avanzaba hacia promisorios desarrollos de la minería, la agricultura tecnificada y la agroindustria. Para ello, debía ofrecer las mejores perspectivas en cuanto a infraestructura, servicios públicos, generación de empleo y calidad de vida. El acelerado proceso de urbanización de Valledupar, además de expandir la malla urbana, transformó la estructura de usos del suelo e hizo que se incrementaran las actividades del sector terciario. El centro de la ciudad intensificó notablemente su actividad sobre las estructuras originales, con lo cual se produjo un fuerte impacto en el área. En 1989, la administración municipal enfrentó esta situación mediante la realización de un proyecto denominado Plan Centro, que se pone en ejecución ese mismo año y que permite iniciar un proceso de recuperación y revitalización de ese sector, con la perspectiva de lograr un armónico desarrollo tanto de las actividades nuevas como de las tradicionales. En 1993, el casco urbano de Valledupar contaba con una población de 202.404 habitantes (81% del total municipal) y la tendencia de crecimiento se acentúa hacia el sur. Se producen grandes tomas de tierras en los sectores de oriente y occidente de la ciudad y la inversión privada se involucra en la construcción de vivienda para los estratos medios. La ejecución del componente básico del plan vial, propuesto en el plan de desarrollo de 1990, interconecta todos los sectores del área urbana y habilita zonas de difícil acceso. Igualmente, se optimizan las vías existentes en ese momento y se emprende un vigoroso programa de pavimentación de las calles de los barrios, por medio de la autogestión comunitaria. Con ello, se involucró a las comunidades en la nueva construcción de la ciudad y se fortaleció, de esta manera, la solidaridad entre las diversas comunidades urbanas. En la década de 1990, la ciudad redefine su centralidad regional. También se incrementa el comercio y se amplía su oferta de servicios para la región. El sector financiero crece notablemente como receptor de excedentes (producto de la actividad carbonífera, de la ganadería y de otras actividades menores), lo cual es explicable por la inexistente inversión en el agro. Se presenta el nuevo Plan Maestro de Acueducto y Alcantarillado, el cual a la fecha ya se encuentra en ejecución
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y con una proyección a 15 años dejará a la ciudad en excelentes condiciones para asumir su nuevo papel dentro del ámbito regional. Con la crisis del sector agropecuario de mediados de los años ochenta, la base económica del departamento se resquebraja y se agudizan los conflictos sociales que en otras regiones habían aflorado con anticipación.

LA CRISIS DE LOS NOVENTA LA EXPLOTACIÓN DEL CARBÓN
A fines de los años noventa, a la problemática urbana se le agrega una nueva ola migratoria desde los campos y poblaciones del Cesar y del sur de La Guajira, como consecuencia de la agudización del conflicto armado. El desempleo del campo se traslada a la ciudad y de la economía de subsistencia se pasa a la miseria urbana, con índices de desempleo que, según datos oficiales, superaron el 30% en 1999. Con el inicio de la explotación carbonífera en el centro del Cesar, se abre una nueva perspectiva que, hasta ese momento, no había podido definirse. La participación de esta actividad en la economía regional ha sido relevante para matizar la crisis, ya que de todas formas, se está produciendo un nuevo proceso económico con un fuerte impacto sobre el territorio en las áreas económica, social y ambiental, el cual es preciso encauzar en términos de una adecuada planificación. En el período de recesión económica regional de fines de los años noventa, se ventilan nuevas perspectivas en el modelo de desarrollo implementado en los últimos años. En primera instancia, se mira con esperanza la explotación en gran escala, de las minas carboníferas y, en segunda medida, los cultivos permanentes se desarrollan lentamente pero con positivos resultados, lo que hace prever que se conviertan en uno de los renglones más prósperos de la actividad productiva local. Con esta perspectiva se trabaja actualmente en la elaboración del Plan de Ordenamiento Territorial (POT) del municipio, pero con un gran vacío en cuanto a la articulación de una política regional liderada por el Estado. Valledupar ha venido adecuando constantemente su infraestructura física y sus redes de servicios durante los últimos treinta años, apoyándose en instrumentos de planificación que han producido efectos positivos. En forma sucesiva, las administraciones locales han continuado la ejecución y revisión de los planes que se han elaborado y con ese criterio han asumido el instrumento del Plan como la demarcación, a largo plazo, del rumbo de la ciudad, pero también admiten que se trata de un proceso que debe construirse a diario.

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II
LA IMPORTANCIA DEL AGUA PARA LA CIUDAD

Según el ingeniero William Aroca, en Valledupar tanto la historia del agua como la de la dotación de la infraestructura para su suministro, constituyen la historia de la ciudad. Aseguran los historiadores, que en 1617 o sea 67 años después de la fundación de Valledupar, el gobernador de la provincia de Santa Marta ordenó la construcción de un canal de irrigación derivado del río Guatapurí para el fomento de la agricultura y la ganadería. Pero éste tuvo corta vida, debido a los problemas con los indígenas, quienes lo obstruyeron y desviaron su caudal nuevamente hacia el río. Posteriormente, en 1931 se dispuso la rehabilitación del antiguo canal, para lo cual se organizó el primer trabajo comunitario en esta ciudad que concluyó con la puesta en funcionamiento nuevamente del canal y la conducción de las aguas hasta la actual plaza Alfonso López. Años después, los habitantes de Valledupar agrupados en los barrios Cañaguate, El Cerezo, La Garita, Altagracia y El Parque de la Constitución, construyeron otras acequias derivadas de ese primer canal. Éstas tenían múltiples propósitos, tales como el riego de cultivos en las haciendas que bordeaban la población y el suministro de agua para los quehaceres domésticos, distintos del consumo humano. Este último se realizaba directamente del río Guatapurí, desde donde se transportaban en burros los barriles de agua que alimentaban las tinajas de barro en donde el líquido se refrescaba para su consumo. Sólo a mediados del siglo XX y como consecuencia de diversos hechos políticos y sociales, Valledupar acelera su crecimiento urbanístico y poblacional, lo que significó un gran reto para la dirigencia local, puesto que se vio forzada por los hechos a satisfacer las necesidades básicas de una población que en 30 ó 40 años se multiplicó.

ANTECEDENTES
El río Guatapurí hizo posible la vida, el sentimiento y el desarrollo en Valledupar. De su curso derivaron muchas acequias que sirvieron para todos los quehaceres, desde los domésticos, higiénicos, agrícolas y pecuarios, hasta los energéticos y recreacionales.
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Teniendo como fuente el río Guatapurí y la red de acequias, las necesidades de la población unidas a la disposición y la voluntad política por parte de las autoridades, dieron paso al sistema de acueducto. Éste, a su vez, impulsó el crecimiento y el desarrollo de Valledupar y mejoró la calidad de vida de sus gentes.

EL PRIMER ACUEDUCTO
La existencia del acueducto de Valledupar data de 1942, en la época de la administración de Pedro Castro Monsalvo, entonces gobernador del Magdalena. El servicio consistió en un sistema rudimentario y simple, con base en el canal municipal que tomaba el agua del río Guatapurí y no poseía ningún tipo de tratamiento. Además del uso doméstico, el agua de este canal se utilizó para la generación de energía eléctrica con la planta Pelton, situada en la finca Campo Adela. Estos servicios (acueducto y energía) entraron a ser manejados por la Empresa de Servicios Municipales creada por el Concejo municipal. En 1961, la Empresa de Acueducto y Alcantarillado del Magdalena, Acuadelma S.A. entra a administrar tales servicios. Valledupar seguía extendiéndose hacia el sur, tomando como eje las avenidas de entrada a la ciudad y fue en ese entonces cuando surgieron los barrios Primero de Mayo (1960), 12 de Octubre (1963) y Simón Bolívar (1964). PRIMERA AMPLIACIÓN DEL ACUEDUCTO (1962 –1963) Con la conformación de los nuevos asentamientos urbanos en la zona suroccidental de Valledupar, se hace necesaria la ampliación del viejo acueducto. Es así como Acuadelma S.A. construye las primeras estructuras de concreto para el tratamiento preliminar del agua. Se construyeron la bocatoma, en el sitio en que actualmente se encuentra un pequeño desarenador y los sistemas de conducción del agua desarenada, por medio de una tubería de 12 pulgadas de diámetro, hasta un tanque de almacenamiento de 80 metros cúbicos, construido en 1963 en el cerro de Hurtado. También fueron tendidas nuevas redes de distribución para reforzar las más antiguas y las cuales abastecieron de agua a los barrios mencionados. La gestión de Acuadelma S.A. llegó hasta 1969, ya que en diciembre de 1967 se creó el departamento del Cesar, con capital Valledupar y los servicios de acueducto y alcantarillado pasaron a ser manejados por el Instituto de Fomento Municipal, Insfopal, el cual estableció una dirección seccional en la nueva capital. SEGUNDA AMPLIACIÓN 1970 Desde la década del 70, la ciudad continuó su crecimiento acelerado en razón de que había llegado una población flotante atraída por la bonanza agropecuaria de
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la región, que de alguna manera fue asentándose en nuevos sectores, tales como Los Fundadores, Dangond y Pupo. Estos hechos hicieron necesaria la segunda ampliación del acueducto, la cual consistió en la construcción de la primera etapa de la planta de tratamiento, con un caudal de 240 litros por segundo. TERCERA AMPLIACIÓN DEL ACUEDUCTO En 1974 se firmó el contrato de empréstito entre Insfopal y Acuadupar para la financiación de un conjunto de obras contempladas en el programa denominado BIRF II, y se diseñó el primer Plan Maestro de Acueducto y Alcantarillado de la ciudad con la firma Hidrotec. Ambas acciones permitieron la optimización completa tanto de la planta de tratamiento, como de la capacidad de almacenamiento y la ampliación de redes hacia los nuevos asentamientos del suroccidente de Valledupar. Estas obras culminaron y entraron en operación en 1978 y ello permitió que, por primera vez, Valledupar y sus habitantes gozaran del suministro de agua de buena calidad, apta para el consumo humano, lo cual contribuyó a la disminución de las tasas de morbilidad. En ese año, la cobertura del acueducto era del 80% y la del alcantarillado sanitario era de cerca del 35%.

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PRIMER ALCANTARILLADO
Las primeras redes del alcantarillado sanitario, se instalaron a finales de la década de 1940, en lo que actualmente es la carrera 9 con calle 13 B y continuaron por toda la novena hasta la calle 17 y desde este punto hasta la carrera 4ª y por ésta hasta la calle 18, lugar donde se construyó el primer emisario de vertimiento directo hacia el río Guatapurí. Posteriormente, en los años 50 y 60, se construyeron las redes secundarias. A comienzos de la década de 1970, después de haber sido creado el departamento del Cesar y durante la administración del Insfopal, se construyó lo que hoy es el colector Novalito, a lo largo de la carrera 4ª, el cual recogió el primer vertimiento de la calle 18. Con esta obra, queda funcionando, por cerca de 15 años el segundo vertimiento directo, por la calle 20 F hacia el río Guatapurí.

GRANDES OBRAS DE INFRAESTRUCTURAS HIDRAÚLICAS Y SANITARIAS
Con la creación del departamento del Cesar, en diciembre de 1967, Valledupar irrumpe en el espacio nacional como capital del naciente ente territorial, catalogado como piloto. Otro hecho sobresaliente y determinante para el desarrollo de la infraestructura de los sistemas de acueducto y alcantarillado, lo constituyó la designación en
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1974 de Alfonso Araújo Cotes en la dirección general del Insfopal, quien desde ese cargo, impulsó la ejecución de importantes obras de infraestructura hidráulica y sanitarias, lo que ubicó a Valledupar entre las ciudades con mayor cobertura en acueducto y alcantarillado y como pionera en el tratamiento de las aguas residuales. PRIMERA GRAN AMPLIACIÓN DEL ALCANTARILLADO A comienzos de la década de 1980, Valledupar estaba consolidada urbanísticamente hacia el sur y el suroccidente, y comenzaba a desarrollarse hacia el noroccidente, a partir de la margen derecha de la avenida Simón Bolívar y al norte de la avenida La Popa, área que hoy conforman los barrios La Popa, Los Cortijos, Garupal y Los Músicos, entre otros. Este desarrollo trajo como consecuencia un déficit en la prestación del servicio de alcantarillado cercano al 70%, especialmente en los barrios ubicados al sur, sur-occidente y norte de la ciudad. El rezago que mostraba Valledupar en materia de alcantarillado, motivó nuevamente a la dirección del Insfopal y a la administración municipal a la realización del tercer paquete de obras financiadas con recursos del Banco Mundial, Insfopal y Empodupar, que se denominó BIRF III, el cual contempló la construcción de cuatro colectores y dos emisarios finales con sus respectivas redes secundarias e instalaciones domiciliarias. También permitió la construcción de la laguna de estabilización para el tratamiento de las aguas residuales, antes de su vertimiento al río Guatapurí. Con la culminación y puesta en servicio de estas obras, se aumentó la cobertura del servicio de alcantarillado sanitario del 30% al 80%. Así mismo, se estableció un nuevo perímetro sanitario que fue definitivo en el desarrollo urbanístico de Valledupar. Así fue como, por más de 10 años, la empresa ayudó a mantener el control físico de la ciudad hacia los sectores sur, suroccidental y occidental. Este perímetro fue demarcado por el canal Las Mercedes, en la parte occidental y la calle 44 (en su parte sur), en donde se construyeron los colectores La Popa y la Quesera. ALCANTARILLADO PLUVIAL La situación geográfica de Valledupar y su topografía suave con pendiente uniforme hacia las vertientes de los ríos Guatapurí y Cesar, permitían el drenaje normal de las aguas lluvias sin ningún tipo de impedimento y sin utilizar energía adicional a la de la fuerza de la gravedad. Con base en los diseños elaborados en el primer Plan Maestro de Acueducto y Alcantarillado, se construyeron los dos primeros colectores de aguas lluvias: el primero, entre 1986 y 1987 por las calles 9 y 9 A; y el segundo, entre 1989 y 1990 por las calles 18 y 18 A, ambos en dirección al río Guatapurí. Posteriormente, las diferentes administraciones municipales han continuado estas obras, con base en los nuevos diseños del alcantarillado pluvial de la ciudad

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contratado por Emdurar S.A., que contempla la construcción de once nuevos colectores, de los cuales se han construido tres. Con la puesta en marcha de esas obras se logra un cubrimiento del 30% en materia de recolección de aguas lluvias. SEGUNDO PLAN MAESTRO DE ACUEDUCTO Y ALCANTARILLADO La acelerada transformación de las estructuras urbanas y rurales producida por la incorporación del valle del Cesar a la explotación comercial de la agricultura y su condición como centro equidistante de las actividades de explotación carboníferas del Cesar y La Guajira, determinaron la necesidad de reformular tanto el Plan de Desarrollo Urbano vigente desde 1989 como el Plan Maestro de Acueducto y Alcantarillado, en el marco de su nueva condición como centro urbano habitacional, industrial y comercial. En consecuencia y en armonía con el Plan de Desarrollo Urbano aprobado por el Concejo municipal en marzo de 1990, Emdupar S.A. contrató los estudios del Plan Maestro de Acueducto y Alcantarillado para permitir la elaboración de los diseños de la infraestructura de servicios hidráulicos y sanitarios, encaminados a satisfacer las necesidades de la población y los requerimientos del desarrollo del municipio hasta el año 2015. Con base en estos estudios, en 1993 se contrataron las obras que hicieron posible dotar a Valledupar de una óptima infraestructura hidráulica y sanitaria, lo que permitió, a su vez, a partir de abril de 1996 (fecha de finalización de la primera etapa), ampliar el perímetro de servicios de la ciudad en más de 2.000 hectáreas.

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EL

FIN DE SIGLO

Valledupar finaliza el siglo XX con una destacada posición en cobertura de servicios que se ubica, incluso, por encima de los promedios nacionales. Así, en acueducto la cobertura es del 98%, en alcantarillado del 93%, en aseo del 98% y en el servicio de energía eléctrica es del 98%. Con estos indicadores, puede afirmarse que el sector institucional con el valioso y determinante apoyo de las administraciones municipal, departamental y nacional, ha realizado una labor eficiente en la ciudad, pues en 57 años, desde que el primer acueducto fuera construido, y en 32 años de vida como capital del departamento, se han logrado altísimas tasas de cobertura. No obstante, quedan algunas inquietudes y reflexiones para tener en cuenta en el próximo siglo: La primera, tiene que ver con la necesidad de optimizar el tratamiento de las aguas residuales para mitigar el impacto negativo del vertimiento final al río Cesar. Sobre este punto, se debe expresar que existe confianza en la actual administración municipal de que los recursos captados mediante el cobro por valori474
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zación de las obras del Plan Maestro de Acueducto y Alcantarillado puedan financiarlo. Al respecto, la construcción de las cuatro lagunas de maduración para el tratamiento final de las aguas residuales antes de su vertimiento al río Cesar, constituye un compromiso de la actual administración. La segunda, se refiere al imperativo de bajar el consumo de agua en Valledupar (estimado en 400 litros por persona) el cual, en relación con el crecimiento poblacional, podría en poco tiempo, hacer insuficiente la actual capacidad de las plantas potabilizadoras. Para tal efecto será necesario trabajar intensamente al lado de otras instituciones para inculcar en los habitantes de Valledupar la cultura del uso racional del agua, de tal forma que Emdupar S.A. que reduzca sus riesgos, aumente sus ingresos y tenga mejores posibilidades de atender eficaz y eficientemente la creciente demanda de servicios. La tercera, se relaciona con la disminución de caudal del río Guatapurí, única fuente de abastecimiento del acueducto de la ciudad. Sería oportuno, teniendo en cuenta los factores señalados, recuperar la cuenca de ese río, mediante agresivas campañas de educación ecológica y ambiental, acciones de reforestación, ejecución de obras de control de erosión y, sobre todo, mediante la adquisición de todos los terrenos que conforman las cuencas alta media y baja del río. Como alternativa, es conveniente impulsar, en todo los niveles, la construcción del embalse Los Besotes, con el fin de garantizar agua en cantidad y calidad para el consumo humano para las próximas generaciones de vallenatos. La cuarta inquietud, se refiere a la continuación de las obras relacionadas con la construcción de los nueve colectores de aguas lluvias que quedan pendientes. Por su magnitud y su costo, la consultoría estableció prioridades teniendo en cuenta el mayor impacto social y la situación económica de Valledupar. Se espera que las próximas administraciones municipales acometan por lo menos la construcción de un colector de aguas lluvias que garantice su culminación en los próximos treinta años. La quinta es el celo y cuidado que se deben tener para garantizar el crecimiento ordenado de la ciudad, por medio del control físico, para garantizar el desarrollo urbano dentro de los lineamientos trazados en el Plan de Ordenamiento Territorial, POT-VALL y controlar que los crecimientos urbanos estén dentro del perímetro sanitario establecido por Emdupar S.A.

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III
LA CIUDAD Y SU GOBIERNO

Valledupar, a lo largo de su historia reciente, ha puesto en marcha procesos sociopolíticos apoyados por actividades técnicas de planificación. Desde 1951, se definieron los ejes del desarrollo vial de la ciudad que permitieron estructurar la malla urbana.

LA DESCENTRALIZACIÓN
Con la elección popular de alcaldes han llegado al gobierno municipal funcionarios con buen nivel de formación y con experiencia en la administración privada y pública. Sin embargo, según opina la jefe de la Oficina de Planeación Municipal, Sonia Gómez, la descentralización ha traído más cargas a los municipios, los cuales no siempre poseen la capacidad técnica ni los recursos para asumirlas. En este proceso de descentralización se observa desconocimiento de las realidades locales, inflexibilidad en el tratamiento de las soluciones y poco énfasis en la transferencia de tecnología y la formación del recurso humano, por parte del gobierno nacional a los municipios. Según piensa la misma funcionaria, en esta época descentralizada a los municipios les hace falta una visión de país, a la que pueda articularse el desarrollo local. Los municipios tienen una visión circunscrita a su entorno. En el caso de Valledupar, se contaba con una visión de ciudad que, a su vez es parte del Caribe, perspectiva que ha sido alterada y no ha sido recuperada.

LA CONTINUIDAD EN LA GESTIÓN
El municipio se ha caracterizado por una acertada continuidad en la planeación y la gestión. Así, aunque de una administración a otra se presentan cambios en los programas y en los estilos de gerencia, los distintos alcaldes han actuado dentro de un marco claro de continuidad de los programas básicos. Ejemplos de esto se encuentran en el avance en la malla vial y de servicios públicos y en la infraestructura educativa y de salud.

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LA PARTICIPACIÓN DE LA COMUNIDAD
Una constante de las administraciones de Valledupar ha sido la promoción de la participación ciudadana en diferentes modalidades, desde la toma de decisiones hasta la realización de proyectos conjuntos y la construcción de obras de infraestructura (de servicios públicos, pavimento, caminos veredales y parques recreativos). Para la comunidad vallenata tiene mayor relevancia el trabajo concertado que el cumplimiento obligado de reglamentaciones. SERVICIOS DE ACUEDUCTO Y ALCANTARILLADO CON PARTICIPACIÓN COMUNITARIA La primera participación directa de la comunidad en la construcción de obras públicas municipales se presenta a partir de 1984, año en el cual se construyeron y ampliaron las primeras redes de acueducto y alcantarillado, con el aporte de mano de obra comunitaria, mientras la empresa de servicios públicos proveyó los demás elementos necesarios para la construcción. Desde entonces, este sistema de participación comunitaria se ha utilizado con mucha frecuencia en la construcción de redes de los servicios públicos y muy especialmente en los sectores populares, en las siguientes modalidades: PAVIMENTACIÓN POR AUTOGESTIÓN Desde 1988 el municipio ha venido adelantando programas de pavimentación de las calles con participación de los vecinos:
o El aporte de la comunidad y del municipio es compartido en partes iguales. o Durante el período 1988-1998, se construyeron cerca de 80 kilómetros de

vías pavimentadas en barrios populares, por el sistema de autogestión. CONSTRUCCIÓN DE VÍAS RURALES CON PARTICIPACIÓN COMUNITARIA Se puede afirmar que la participación de la comunidad en la construcción y el mantenimiento de las vías rurales, forma parte de la cultura municipal, para lo cual aporta la mano de obra y el municipio suministra los demás elementos necesarios para la construcción o el mantenimiento. Este modelo ha permitido mejorar significativamente tanto las vías urbanas como las del área rural. DESIGNACIÓN DE LOS INSPECTORES DE POLICÍA En Valledupar, desde antes que fuera expedida la Ley 136 de 1994 y con el propósito de fortalecer la participación ciudadana, se tomó la decisión de que los inspectores rurales fueran nombrados mediante consulta a la comunidad. Para tal fin, se desarrolló un programa de promoción y capacitación que condujo a que los candidatos a inspectores presentaran programas de gobierno y se sometieran al proceso de consulta popular. En 1995, el Concejo municipal desarrolló la norma de participación comunitaria. Los resultados más importantes de esta experiencia consisten en un fortalecimiento de la administración municipal que se convirtió en una institución más eficaz dirigida hacia el cliente, el liderazgo ganado por la administración en sus relaciones con la ciudadanía, la mayor participación comunitaria y la movilización de recursos adicionales.
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LA PROMOCIÓN DE UN PROYECTO DE CIUDAD En la perspectiva de promover un proyecto de ciudad ha jugado un papel importante la identidad cultural y la articulación de los habitantes en torno a la riqueza cultural y a la música vallenata como género propio de la región, pero con trascendencia nacional e internacional. Las sucesivas administraciones municipales han consolidado la imagen de Valledupar como la ciudad más organizada de la costa Caribe colombiana, y han convocado a la ciudadanía en torno a esta visión. Estos elementos se traducen, por un lado, en un alto sentido de pertenencia y, por el otro, en la presencia de indicadores positivos como la cumplida aprobación del Plan de Ordenamiento Territorial (POT) y el aumento del recaudo de impuestos (en el caso del predial, en cerca de 340%, y en industria y comercio en 60%). Otro cambio importante se registra en la aparición de la sobretasa al consumo de gasolina, lo que representó en 1997 el 13,2% del total de los ingresos tributarios. Este comportamiento ha permitido incrementar significativamente la tributación percápita y reducir ligeramente la tasa de dependencia de la administración central con respecto a los recursos nacionales. La tributación por habitante pasa de $ 4.500 a $ 26.000 entre 1988 y 1997, es decir, se registró un crecimiento real del orden de 578%. Por su parte, el índice de dependencia disminuye de 54% en 1988 a 43,2% en 1997, lo que evidencia un mayor crecimiento de los recursos propios.

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IV
LA ECONOMÍA Y LA CIUDAD

En el marco general de la crisis nacional se presentan particularidades que ayudan a comprender la situación y perspectivas de la economía de Valledupar. Las condiciones atractivas de la ciudad (óptimos servicios públicos, educación y la relativa seguridad) estimulan la migración, por lo cual también aumenta el desempleo y a su vez la demanda de vivienda y servicios se incrementa. En este sentido, Valledupar debe liderar una estrategia que busque mejorar las condiciones de vida y trabajo de otros municipios de la región para evitar el desplazamiento de sus habitantes hacia ella. Algunos de los elementos que matizaron la crisis del sector agropecuario son:
o Un presupuesto municipal vigoroso que generaba obras. o Trasferencia de recursos nacionales por buena gestión. o El incremento del cultivo de la palma aceitera. o La caída de la actividad comercial de Maicao, la cual retuvo el comercio en

Valledupar.
o Los beneficios de la explotación carbonífera. En Valledupar se consume o

invierte la mayor parte de los salarios de los trabajadores de la minería, quienes demandan vivienda y todo tipo de bienes y servicios. La economía carbonífera se siente en Valledupar, donde pueden circular de dos a tres mil millones de pesos mensuales, por concepto de salarios.
o La violencia hizo concentrar en Valledupar a las personas con algún capital,

quienes compraron vivienda y otros elementos. Esta migración se agotó.
o Los cultivos ilícitos incuantificables hacen presencia en la economía urbana. o Los cultivos permanentes, en especial el café (el más importante de ellos),

producen en el municipio ingresos que alcanzan los 12 mil millones de pesos.
o Los recursos municipales se han reducido. La producción de carbón bajó y se

terminan las obras en instalaciones de la mina de la multinacional Drummond, lo que trajo como consecuencia la caída de la demanda de materiales de construcción. Al bajar los precios del carbón, disminuyen también las expectativas favorables para el futuro inmediato. De hecho, la situación económica de Valledupar al finalizar el siglo XX está llena de dificultades:
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o Actualmente, el sector agropecuario no tiene propuestas viables, por lo que

no se prevé una pronta recuperación.
o La minería actúa como economía complementaria, pero no se observa el

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inicio de nuevos proyectos en el corto y mediano plazo.
o La construcción no tiene perspectivas de reactivarse a corto plazo. Los regis-

tros de edificación han bajado 40%.
o La migración de campesinos engrosa los asentamientos periféricos y deman-

da servicios a un municipio que atraviesa condiciones económicas difíciles.
o Se prevé un recorte de las transferencias de la nación y, por la caída de la

demanda debida a la actual recesión, la actividad comercial disminuye así como sus aportes municipales, lo que hace pensar que no habrá suficiente capacidad de respuesta, por parte del municipio, para atender la creciente demanda de servicios públicos. Ante la crisis, la administración municipal de Valledupar se ha planteado una estrategia que se resume así:
o Valledupar, como zona especial de exportación, compite por uno de los cua-

tro cupos que el Plan Nacional de Desarrollo señala para diversas regiones del país. Por ello, según la administración, se debe incentivar la vocación exportadora. La ciudad ofrece buenos servicios, es atractiva y se constituye en polo de desarrollo regional y de frontera. Competirá, de acuerdo con las actuales circunstancias de descentralización y globalización, con otras ciudades hermanas en la materialización de esas aspiraciones.
o En vista de que difícilmente se encuentran socios locales para proyectos de

gran inversión es necesario buscar incentivos para atraer inversión, y éstos requieren voluntad política para crearlos. De todos modos, en iguales circunstancias se encuentra buena parte de los municipios de Colombia.
o No se puede olvidar la historia de Valledupar, en la que la economía del

hinterland contribuye con sus excedentes al desarrollo urbano; luego, es claro que la ciudad requiere la tan anhelada recuperación agropecuaria para continuar con la calidad de vida alcanzada hasta ahora.
o Se sugiere la promoción y desarrollo de otros proyectos como la explotación de

lapidarios (mármoles y granitos), los cuales tienen amplio mercado en Estados Unidos. Para esto, debe aprovecharse la capacidad de las empresas carboníferas instaladas en la región, consideradas las mejores del mundo en su género.
o Distrito de riego. Este tipo de proyectos requiere cada vez más el apoyo de los

usuarios, ya que los aportes de la nación para este caso sólo alcanzarían un 65%. En Valledupar, desde 1982, la administración Betancur propuso y responsabilizó a Corpocesar de la dotación del distrito de riego sin embargo, el siglo termina sin que dicha obra sea una realidad.
o Cultura. El patrimonio folclórico y cultural deberá contribuir al desarrollo

de industrias culturales y a mayores aportes de la cultura al producto interno bruto de la ciudad.

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V
REFLEXIONES FINALES1

Según el historiador e investigador musical Tomás Darío Gutiérrez, a lo largo de su historia, Valledupar en mil oportunidades estuvo en riesgo de extinguirse. Sin embargo, como se pudo constatar en la indagación realizada con la orientación metodológica del Observatorio del Caribe Colombiano, la capital vallenata, al celebrar sus 450 años, es una ciudad-región que ofrece calidad a la vida de sus habitantes. La provincia se volvió ciudad y ciudad entre las ciudades de Colombia. Pero ciudad que no dejó de sentir, de oír y de vivir la provincia que es conocida en toda Colombia y en el mundo. Ciudad con valores, aún por descubrir y reivindicar. Su historia, sus gentes y sus procesos ofrecen al país en general y al Caribe colombiano en particular, lecciones de desarrollo urbano. Una suma de factores generados y que sumados a lo largo del tiempo crean el respeto y el orgullo que propios y extraños sienten por ella. De la experiencia y de los rasgos generales de la administración de Valledupar se ha derivado una buena provisión de servicios públicos domiciliarios, obras sociales y de infraestructura; provisión que es superior a los promedios del departamento, regionales y naciónes. En Valledupar existe una tradición para la acción conjunta de gentes y dirigentes con el fin de conseguir, con perspectiva de bien común, la satisfacción de los bienes y servicios que requiere la comunidad local. En este sentido, toda la sociedad bajo la dirección del gobierno municipal ha desempeñado un importante papel para potenciar la gestión municipal, superar los tiempos de crisis y alcanzar los resultados descritos en el presente documento los que sin duda son el resultado de un continuado y sostenido esfuerzo alrededor de un proyecto de ciudad y municipalidad. En particular, el mantenimiento del equilibrio entre la planeación urbana, las finanzas locales y la gestión de la administración, ha permitido que en los últimos 40 años, Valledupar sea llamada por muchos la Ciudad intermedia modelo de Colombia. En Colombia, por lo general, los gobiernos locales miran hacia atrás para cumplir los faltantes del pasado. Valledupar, en cambio, es una ciudad que mira hacia adelante y se anticipa al futuro, especialmente en el abastecimiento de los servicios públicos básicos. Más aún, la dotación de servicios, tal como ocurre con la
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1 Alberto Abello Vives. Director ejecutivo del Observatorio del Caribe Colombiano.

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ampliación de la cobertura del acueducto, se adelanta a la ocupación del espacio, convirtiéndose en una herramienta ordenadora de la ocupación del territorio por la población. La prestación de los servicios de acueducto y alcantarillado, además de la rentabilidad social, permite obtener rendimientos financieros. En tres décadas, la ciudad ha conseguido una ampliación vertiginosa de la dotación y ha logrado buena calidad en la prestación de servicios. Tres parecen ser las claves de estos logros: recursos financieros adecuados por parte del Estado (nación, departamento y municipio), equipo técnico calificado y continuidad en su manejo y participación activa de la sociedad. Las características positivas de Valledupar, ocurren a pesar del acelerado aumento de población que la afecta (hay que recordar que a principios de siglo contaba con cerca de 3.000 habitantes y hoy, sus autoridades estiman que puede llegar a los 280.000). Y de esto también existen algunas lecciones. No obstante, tratándose de una ciudad heterogénea en cuanto a la procedencia de sus pobladores, cuenta con una fortaleza cultural que le ha permitido superar los retos. Aún tratándose de una ciudad que estuvo aislada durante buena parte del siglo, siempre se mantuvo abierta y se distinguió por su hospitalidad para con los inmigrantes, a quienes permitió una adaptación rápida y fecunda, admirando y aprovechando su inteligencia, su genio y sus destrezas. Como sus gentes valoran el trabajo y el honor, supieron convocar a los inmigrantes para la construcción de la ciudad. Además de los artesanos migrantes, en la construcción de la ciudad intervienen profesionales de la ingeniería y la arquitectura que supieron interpretar el territorio, el clima, la flora nativa y su identidad cultural. La música vallenata, de origen popular rural es valorada en todo el país y reconocida internacionalmente y hoy se encuentra convertida en la expresión cultural más importante de la ciudad. La música ha facilitado la cohesión social, el encuentro y desarrollo de una identidad, la posibilidad de la integración subregional y regional, alrededor de una expresión cultural, la formación de un ciudadano con un especial comportamiento urbano, la realización de los festejos en los que participa toda la sociedad y la obtención de aportes importantes a la economía urbana. Se ha convertido en una industria cultural de la cual se requiere aprender las lecciones. Tal es la construcción de la ciudad de hoy y la planeación y ordenamiento de la ciudad del futuro – como lo será el Parque de la Leyenda Vallenata previsto en el Plan de Ordenamiento Territorial –, como un elemento estructurante del crecimiento futuro. Este papel de la cultura en el desarrollo urbano y social de Valledupar, bien puede ser una línea de investigación de cuyos resultados Colombia sacaría grandes beneficios. Los vallenatos saben, como pocos, la importancia que tiene la economía de su entorno. Desde sus primeros tiempos hasta los últimos días del siglo XX, la ciudad ha estado estrechamente ligada a la actividad agropecuaria. Sus excedentes se convirtieron en mejores viviendas y en espacio público de mejor calidad. Por eso, hicieron de la desmotadora de algodón y de una planta procesadora de leche los símbolos de su progreso. Ahora, ante la crisis agropecuria de la década de 1990, cuando se cambia el modelo económico, el pueblo vallenato entiende la
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importancia de la minería en la generación de ingresos y en la dinámica económica para su supervivencia. Cuando la economía ha entrado en crisis, el gobierno municipal ha sabido intervenir mediante la ejecución de proyectos ambiciosos de infraestructura urbana. Durante la crisis agropecuaria, por ejemplo, se construyó el mayor proyecto de vivienda popular que se haya adelantado en la ciudad. Valledupar es un ejemplo de la continuidad de los planes de desarrollo. En un país en el que los gobernantes no acostumbran continuar las obras de su predecesor, y en muchos casos las paralizan y hasta las abandonan, en esta ciudad los alcaldes incorporan en sus planes de gobierno ampliaciones y etapas de los proyectos que permiten alcanzar la ciudad prevista. Igualmente, durante más de 18 años, la ciudad ha contado con el mismo equipo de asesores en planeación y con funcionarios experimentados en la empresa prestadora del servicio de agua potable. Desde el siglo pasado, Valledupar ha fortalecido, con un sentido de hospitalidad innegable pero con una gran autoestima cultural y una evidente dignidad hacia lo propio, sus relaciones políticas y sociales con el gobierno central y la sociedad bogotana. Su actitud frente al centralismo y a los cachacos difiere de la de otras latitudes en la misma región Caribe. La dirigencia vallenata ha construido un modelo propio de relación ciudad-nación, que bien merece seguirse estudiando. Precisamente, en el foro realizado por el Observatorio del Caribe Colombiano y la Universidad Nacional de Colombia los días 25 y 26 de noviembre pasados en Barranquilla, y en el que se expusieron los trabajos de relatoría de nueve ciudades de la Costa, los participantes recomendaron avanzar en la búsqueda de preguntas tales como: ¿cuánto de descentralización y cuánto de apoyo nacional?, ¿cuánto de autonomía local y cuánto de apoyo del gobierno central para el desarrollo de municipios como Valledupar? Se piensa que, en el caso de Valledupar, podrían hallarse las claves para la construcción de un modelo de relación. La existencia de un modelo territorial de largo plazo en el que se protege el agua y las franjas estratégicas indica que en Valledupar la planificación comienza de afuera hacia adentro. Tal vez el lunar más notable de la urbanización valdeparense es que la modernización no siempre fue acertada en el manejo del patrimonio arquitectónico, tanto en la conservación y restauración como en el uso de materiales propios. Y la propuesta más novedosa para la administración de la ciudad al comienzo del nuevo siglo, la constituye el Observatorio urbano que la Secretaría de Planeación ha concebido. El Observatorio de Valledupar, además de contar con un sistema de información georeferrenciado que integre y armonice la información de la ciudad para su conocimiento y planeación, deberá contar con un grupo permanente de profesionales de las distintas disciplinas, interesados en el bien común y que, a manera de think tank, se convierta en el grupo consultivo de los gobiernos, el sector privado y la comunidad de Valledupar. El Taller, del cual este documento constituye su relatoría, contó con la participación de expertos interesados en la ciudad que podría ser el grupo semilla de este Observatorio.

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En el cambio de siglo, surge el interrogante sobre el futuro de la ciudad. Sus gentes están llamadas a proteger el crecimiento ordenado de Valledupar, esa ciudad verde, repleta de mangos, limpia, amable, con equipamiento como ninguna en el Caribe colombiano y con una gran riqueza cultural. Hay que dar la voz de alerta: Colombia tiene que defender a Valledupar y necesita aprender de su historia urbana.

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BIBLIOGRAFÍA

IGAC. Plan Piloto de Valledupar, 1969. Pachón, Aurora. Plan Integral de Desarrollo de Valledupar, 1983. Asesorías municipales. Plan de Desarrollo Valledupar Siglo XXI, 1990. Plan de Ordenamiento Territorial, POT, 1999 Conversaciones con Efraín Quintero Araújo. Valledupar, 1999. Emdupar, Hidrotec. Plan Maestro de Acueducto y Alcantarillado de Valledupar, 1976.

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