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Bateson, Gregory - Pasos hacia una ecología de la mente

Bateson, Gregory - Pasos hacia una ecología de la mente

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Antropología, esquizofrenia, teoría del doble vínculo
Antropología, esquizofrenia, teoría del doble vínculo

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Published by: Abigail Granja Aguirre on Apr 07, 2011
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El análisis de un incidente que tuvo lugar entre un paciente esquizofrénico y su madre
ilustra la situación de doble vínculo. Un hombre joven, que se había recuperado bastante
bien de un episodio esquizofrénico agudo, fue visitado en el hospital por su madre. Al verla,
sintió alegría y, movido por un impulso, tendió los brazos y la abrazó; ella se atiesó
inmediatamente. Entonces el joven retiró los brazos y ella le preguntó: "¿Ya no me quieres
más?", entonces él se sonrojó y ella dijo: "Querido, no deberías avergonzarte tan fácilmente
y temer tus propios sentimientos". El paciente fue incapaz de permanecer junto a ella más de
unos pocos minutos, y no bien se marchó atacó a uno de los enfermeros y fue encerrado en
la celda de confinamiento.

104

G. Bateson, "A Theory of Play...", op. cit.

105

D. D. Jackson, "The Question of Family Homeostasis", trabajo presentado en la reunión de la American
Psychiatric Association Saint Louis, 7 de mayo de 1954; y Jackson, "Some Factor? Influencing the Oedipus
Com-plex", Psychoanalytic Quarterly, 1954, 23: 566-81.

Como es evidente, este resultado podía haberse evitado si el joven hubiera podido decir:
"Mamá, es evidente que tú te sientes incómoda cuando te abrazo y te resulta difícil aceptar
un gesto afectuoso de mi parte". Pero el paciente esquizofrénico carece de esta posibilidad.
Su fuerte dependencia y su acostumbramiento le impiden hacer comentarios sobre la
conducta comunicativa de su madre, a pesar de que ella sí comenta la de él y lo fuerza a
aceptar y a tratar de manejar la complicada secuencia que se desencadena. Algunas de las
complicaciones que ello acarrea al paciente son las siguientes:

1) La reacción de la madre al no aceptar el gesto afectuoso de su hijo es magistralmente
cubierta por el reproche que ella le hace de retraerse, y el paciente niega su percepción de la
situación aceptando ese reproche.

2) El enunciado: "Tú ya no me quieres", formulado en este contexto, parece llevar

implícito lo siguiente:

a) "Yo soy alguien que merece ser querido".

b) "Tú deberías quererme, y si no lo haces, eres malo o cometes una falta".

c) "Aunque me quisiste antes, ya no me quieres más", y de esta manera el eje se desplaza
desde el hecho de que el paciente expresara su afecto hacia su incapacidad de ser afectuoso.
Como el paciente también ha sentido odio hacia ella, la madre se encuentra aquí en terreno
sólido, y él responde adecuadamente con un sentimiento de culpa, que ella entonces ataca.

d) "Lo que tú expresaste hace un momento no era afecto", y para poder aceptar este
enunciado el paciente tiene que negar lo que ella y la cultura le han enseñado acerca de las
maneras como se expresa el afecto. También puede poner en cuestión las oportunidades, en
que, con ella y con otros, el creyó estar experimentando afecto y cuando ellos parecieron
manejar la situación como si él efectivamente lo estuviera. En este punto experimenta los
fenómenos de pérdida de apoyo, y se ve llevado a dudar sobre la confiabilidad de su
experiencia pasada.

3) El enunciado: "No deberías avergonzarte tan fácilmente y temer tus sentimientos"

parece implicar:

a) "Tú no eres como yo y eres diferente de otras personas agradables o normales, porque
nosotros expresamos nuestros sentimientos".

b) "Los sentimientos que expresas están muy bien; lo único que sucede es que no
puedes aceptarlos". Sin embargo, si el atiesamiento de ella hubiera indicado: "Estos son
sentimientos inaceptables", entonces lo que se le está diciendo ahora al muchacho es que no
debe sentirse molesto por sentimientos inaceptables. Como él tiene una larga práctica en qué
es lo aceptable y lo que no lo es tanto, para ella y para la sociedad, entra nuevamente en
conflicto con el pasado. Si no teme sus propios sentimientos (lo cual, según la madre, es
bueno), no debe temer su afecto, y entonces advertirá que la que tuvo miedo fue ella, pero
no debe advertirlo, porque la manera como ella enfoca la situación tiene por fin encubrir esa
deficiencia existente en ella.

El dilema irresoluble se convierte, pues, en lo siguiente: "Si quiero mantener mi vínculo
con mi madre, no debo mostrarle que la quiero; pero si yo no le muestro que la quiero,
entonces la perderé".

La importancia que tiene para la madre su método especial de control está
impresionantemente ilustrada por la situación interfamiliar de una joven esquizofrénica que
el día de su primera entrevista recibió al terapeuta con la siguiente observación: "Mamá tuvo

que casarse, y ahora aquí estoy yo". Este enunciado significó para el terapeuta que:

1) La paciente era producto de un embarazo ilegítimo.

2) Este hecho guardaba relación con su psicosis actual (a juicio de la paciente).

3) "Aquí" se refería al consultorio del psiquiatra y a la presencia de la paciente sobre la
Tierra, por la cual debía estar eternamente en deuda con su madre, especialmente porque
ésta había pecado y sufrido para traerla a ella al mundo.

4) "Tuvo que casarse" se refería a que la madre tuvo que casarse a punta de revólver, y a
la respuesta de la madre a la presión para que se casase, y la recíproca, que ella estaba re-
sentida por el carácter forzado de la situación y culpaba por ello a la paciente.

De hecho, todas estas suposiciones del psiquiatra resultaron después objetivamente
correctas y fueron corroboradas por la madre durante un intento abortivo de psicoterapia. La
resonancia de la comunicación de la madre a la paciente parecía esencialmente ésta: "Yo
soy una persona que merece ser querida, que quiere y que está satisfecha consigo misma. Tú
mereces ser querida cuando eres como yo y cuando haces lo que yo digo". Al mismo
tiempo, la madre indicaba a la paciente con palabras y con su conducta: "Tú eres
físicamente delicada, carente de inteligencia y diferente de mí ('no normal'). Estas
limitaciones hacen que me necesites a mí, y solamente a mí, y yo me ocuparé de ti y te
querré". De tal manera, la vida de la paciente era una serie de comienzos, de intentos de
experiencia, que terminaban en el fracaso y en el retiro hacia la tierra y el seno materno
debido al conflicto entre ella y su madre.

En el curso de una terapia conjunta se observó que ciertas áreas importantes para la
autoestima de la madre constituían condiciones especialmente conflictuales para la paciente.
Por ejemplo, la madre necesitaba la ficción de estar muy unida con su familia y de que entre
ella y su propia madre existí un profundo amor. Por analogía, la relación con la abuela
servía como prototipo de la relación de la madre con la propia hija. En una ocasión en que la
hija tenía siete u ocho años, la abuela, en un acceso de cólera, le arrojó a la pequeña un
cuchillo, que casi dio en el blanco. La madre no dijo nada a la abuela, sino que retiró
apresuradamente a la niña de la habitación con las siguientes palabras: "La abuelita, en
realidad, te quiere mucho". Es significativo que la abuela tenía hacia la paciente una actitud
centrada en el convencimiento de que no se la controlaba de la manera necesaria y solía
regañar a su hija por ser demasiado blanda con la niña. La abuela estaba viviendo en la casa
durante uno de los episodios psicóticos de paciente, y la niña experimentó un gran placer en
arrojar distintos objetos a la madre y a la abuela, las cuales se ocultaban llenas de miedo.

La madre pensaba que de muchacha había sido muy atractiva y sentía que la hija se
parecía bastante a ella, aunque, por la manera como la rebajaba con sus elogios carentes de
convicción, era obvio que pensaba que su hija era incuestionablemente inferior. Uno de los
primeros actos de la hija durante un episodio psicótico fue anunciar a su madre que iba a
cortarse todo el cabello. Comenzó a hacerlo mientras que la madre le rogaba que se
detuviera. Posteriormente, la madre solía mostrar una fotografía de ella misma cuando era
pequeña y explicaba a todo el mundo cómo sería el aspecto de la paciente con sólo que
hubiera tenido su propio y hermoso cabello.

La madre, aparentemente sin tener conciencia del significado de lo que estaba haciendo,
acostumbraba equiparar la enfermedad de la niña con falta de inteligencia y alguna clase de
dificultad orgánica cerebral. Invariablemente lo contraponía con su propia inteligencia, tal
cual surgía de sus antecedentes educacionales. Trataba a la hija de una manera enteramente

condescendiente y conciliadora, carente de sensibilidad. Por ejemplo, en presencia del
psiquiatra prometió a la hija que no permitiría que le hicieran nuevos electrochoques, y no
bien la chica salió de la habitación le preguntó al médico si no creía que había que
hospitalizarla y hacerle un tratamiento electroconvulsivo. Una clave de esta conducta
engañosa surgió durante la terapia de la madre. Aunque la hija había tenido tres hospitali-
zaciones previas, la madre nunca mencionó a los médicos que ella misma había tenido un
episodio psicótico al descubrir que estaba embarazada. La familia se la sacó de encima
remitiéndola a un pequeño hospital en una población cercana, donde, según ella misma lo
relató, fue atada a la cama durante semanas. Su familia no la visitó durante todo este tiempo,
y nadie, excepto sus padres y su hermana, se enteró de que estuviera hospitalizada.

Hubo dos momentos durante la terapia en los cuales la madre mostró una intensa emoción.
El primero fue al relatar su propia experiencia psicótica. El otro fue con motivo de la última
visita, oportunidad en que acusó al terapeuta de tratar de enloquecerla forzándola a elegir
entre su hija y su propio esposo. Contra la opinión de los médicos, retiró a su hija de la
terapia.

El padre estaba tan comprometido en los aspectos homeostáticos de la situación
intrafamiliar como la madre. Por ejemplo, afirmó que había tenido que abandonar su
importante posición como abogado para trasladar a su hija a una zona donde pudiera contar
con ayuda psiquiátrica competente. Posteriormente, guiándose por claves que le daba la
paciente (por ejemplo, ella se refería frecuentemente a un personaje llamado "Ned el ner-
vioso"), el terapeuta pudo reconocer que había odiado su trabajo de abogado y durante años
se había esforzado por "salir a flote". Sin embargo, se había hecho creer a la hija que la de-
cisión de trasladarse había sido tomada en favor de ella.

En el curso de nuestro examen de los datos clínicos, se nos impusieron algunas
observaciones, entre las cuales figuran las siguientes:

1) El desvalimiento, miedo, exasperación y rabia que provoca en el paciente una situación
de doble vínculo, pero que la madre puede pasar por alto con serenidad y sin comprenderla.
Hemos observado en el padre reacciones que crean situaciones de doble vínculo, o amplían
y amplifican las generadas por la madre, y hemos visto que el padre, pasivo y maltratado,
pero incapaz de hacer nada, se ve atrapado de una manera semejante al paciente.

2) La psicosis parece, en parte, una manera de manejar las situaciones de doble vínculo
para superar su efecto inhibidor y controlador. El paciente psicótico puede hacer
observaciones astutas, medulosas, con frecuencia metafóricas, que revelan una comprensión
profunda de las fuerzas que lo traban. Inversamente, puede adquirir bastante pericia en crear
él mismo situaciones de doble vínculo.

3) De acuerdo con nuestra teoría, la situación comunicativa descripta es esencial para la
seguridad de la madre y, por inferencia, para la homeostasis familiar. Si esto es así,
entonces, cuando la psicoterapia del paciente lo ayuda a hacerse menos vulnerable a los
intentos de la madre o controlarlo, surge en ella la angustia. De manera análoga, si el
terapeuta interpreta a la madre la dinámica de la situación que ella está montando con el
paciente, estas interpretaciones producen en ella una respuesta de angustia. Nuestra
impresión es que cuando existe un contacto persistente entre el paciente y la familia
(especialmente cuando el paciente vive en su hogar durante la psicoterapia), ello lleva a una
perturbación (con frecuencia severa) en la madre, y a veces no sólo en la madre sino

también en el padre y en otros hermanos.106

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