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SEXO, AMOR Y FILOSOFÍA

El siguiente trabajo es para hablar acerca de la filosofía que tienen Erich Fromm y
Arthur Schopenhauer acerca del amor y el sexo.

Erich Fromm nació en Frankfurt, Alemania en 1900. Fue un psicoanalista alemán


que trabajó con Horkheimer y Adorno en el Institut für Sozialforschung de
Frankfurt. En 1934, emigró a América por cuestiones raciales, y vivió en Nueva
York y en Cuernavaca, México.

En 1941 publicó El miedo a la libertad, y posteriormente, Man for Himself: an


Enquiry into the Psychology of Ethics (1947), El lenguaje olvidado (1951), y un
auténtico "best seller" internacional: El arte de amar (1956). Más tarde, publicó La
misión de Sigmund Freud (1959), Budismo zen y psicoanàlisis (1960), Marx's
concept of Man (1961) y, en dura polémica con Konrad Lorenz, Anatomía de la
destructividad humana (1975), a la que siguió ¿Tener o ser? (1976).

Murió en Muralto, Suiza en 1980.

Arthur Schopenhauer nació en Gdansk, Alemania, el 22 de febrero de 1788. Fue


un filósofo importante; su trabajo más famoso, Die Welt als Wille und Vorstellung
(El mundo como voluntad y representación), representa desde el punto de vista
literario una obra maestra de la lengua alemana de todas las épocas. Supone
además una de las cumbres del idealismo occidental, y el pesimismo profundo
(que no profundo pesimismo) que destila perdura en la obra de escritores y
pensadores de los siglos XIX y XX, de la talla de Sigmund Freud, Friedrich
Nietzsche, Thomas Mann, Émile Cioran o Jorge Luis Borges, entre otros muchos

Murió en Fráncfort del Meno, Alemania el 21 de septiembre de 1860.

Tanto Schopenhauer como Fromm hablan acerca del amor y del sexo en sus
obras; sin embargo en este escrito se hablará de ellos por separado dado que sus
ideas sobre el tema eran diferentes y algunas veces opuestas.

Erich Fromm, en su libro titulado “El Arte De Amar” habla acerca del amor, y de
cómo la gente tiene una idea errada acerca de éste: dice que la gente cree que el
amor es un sentimiento espontáneo, algo que surge de la nada, que nace cuando
las circunstancias son ideales; él afirma que esto es incorrecto, y es gracias a ésta
idea incorrecta sobre el amor que la gente se desilusiona tanto de él. Fromm dice
que el amor en realidad es un arte, y como tal, debe aprenderse su teoría y
practicarse, hasta que se ejecute de manera correcta.

Habla acerca de que el amor es necesario para los seres humanos; dice que el
amor es la única manera de eliminar de manera duradera el sentimiento de
separatidad. Este sentimiento de separatidad surge en la infancia: al principio, el
bebé se ve a sí mismo y a su madre como uno solo, no es consciente de que él es
un ser diferente de la madre. Al crecer, el niño se da cuenta de que su madre es
un ser humano aparte de él, su madre es una persona y el es otra; al darse cuenta
de esto, al darse cuenta de que él es único entre todas las demás personas que lo
rodean, surge el sentimiento de separatidad, una especie de soledad sin llegar a
serlo. Este sentimiento hace que busquemos una manera de unirnos con otra
persona, de eliminar ese amargo sentir, por cualquier medio que podamos; sin
embargo, la única manera de eliminar ese sentimiento es por medio del amor.

Además no es cualquier amor; Fromm afirma que el amor debe ser maduro.
Explica que existe el amor maduro y el amor inmaduro, siendo el segundo el más
común. El amor inmaduro es el amor egoísta, el amor que exige cariño, el amor
que solo da para recibir, el amor que espera recibir siempre algo a cambio. Es el
tipo de amor que siente una persona cuando dice “Amo porque me aman”. Está
basado en una reciprocidad exigida por el enamorado.

En cambio, el amor maduro es el amor desinteresado, el amor que da por lo que


siente, no por recibir algo a cambio. Es el amor de quién dice: “Me aman porque
amo”. La reciprocidad en este amor no se exige, surge como consecuencia
natural.

Fromm divide el amor en diversos tipos, según el objeto de ese amor: el amor
fraternal, el amor materno, el amor erótico, el amor a sí mismo y el amor a Dios.

El amor fraternal es el amor que siente un ser humano por otro, por el mero hecho
de que ambos lo sean. Es la solidaridad humana.

El amor materno es el amor que siente una madre por su hijo; es el amor que
siente una madre y que la impulsa a cubrir todas las necesidades del niño, a
educarlo y a inculcarle el amor por la vida.

El amor erótico es un amor exclusivo, un amor que busca la fusión completa con
otro ser humano.

El amor a sí mismo es un amor que debe tener cualquier persona para poder tener
otros tipos de amor. Es la afirmación de la vida felicidad crecimiento y libertad
propios. En la medida en que te ames a ti mismo podrás amar a los demás.

El amor a Dios es un amor que ama a Dios porque es el bien más deseable, el
valor supremo.

Fromm afirma que el amor, al ser un arte, debe practicarse para ejecutarse
correctamente. Para ello la persona debe ser disciplinada, tener una auténtica
preocupación e interés por dominar el arte, concentrarse en la práctica del amor y
tener paciencia para que sin importar el fracaso se siga intentando

Schopenhauer afirma que el amor no es tal, es solamente una manifestación del


deseo sexual, como todas las acciones humanas. Su ideología es muy parecida a
la que años después publicaría Sigmund Freud.

Afirma que las pasiones son primordiales en el ser humano, son básicas en la
esencia humana, por lo tanto el razonamiento es secundario a ellas. Afirma que el
ser humano no “quiere lo que conoce”, sino que “conoce lo que quiere”.

Acerca del sexo, dice que es la motivación de toda actividad humana. Afirma que
esto es a causa de que el instinto primordial es “el amor a la vida”, la necesidad de
un ser vivo de perpetuarse a sí mismo. Según Schopenhauer, la conducta sexual
es “la más poderosa afirmación de la vida y la más completa manifestación de la
voluntad de vivir.”

Esta necesidad, esta voluntad de vivir, se manifiesta en el deseo sexual, y por lo


tanto se vuelve el objetivo principal de todo ser.

En el caso del ser humano, todas sus acciones son motivadas por este instinto. Al
ser el deseo sexual la motivación de todo, Schopenhauer pone a los genitales
como el origen de la voluntad humana.

Podemos ver su razonamiento en el escrito de uno de sus libros: “Todo esto


corresponde al importante papel que juega la relación sexual en el mundo
humano, donde es realmente el centro invisible de toda acción y conducta, y se
puede atisbar por todas partes a pesar de los velos que lo cubren.”

En efecto, Schopenhauer encontró una implicación sexual en actividades


humanas que anteriormente no se consideraban ni siquiera cercanas al sexo: “Es
la causa de la guerra y la meta y objeto de la paz, el fundamento de lo serio y la
finalidad de lo jocoso, la fuente inagotable del ingenio, la clave de todas las
alusiones y el significado de todas las insinuaciones misteriosas, de todas las
proposiciones tácitas y todas las miradas robadas; es la meditación diaria del
joven y a menudo también del anciano, el pensamiento permanente del impúdico e
incluso a menudo aparece en la imaginación del casto contra su voluntad, el
material siempre disponible de la broma precisamente porque lo profundamente
serio está situado en su raíz”.

Al ser el deseo sexual el motivo de toda actividad humana, el amor también es


motivado por éste. Schopenhauer afirma que incluso el amor más sublime tiene
como causa el deseo sexual. Afirma que el amor no es más que un pretexto que
ponemos, una racionalización que nuestro intelecto hace para justificar las
acciones que hacemos para satisfacer nuestro instinto sexual. Aún en las acciones
que aparentan un amor profundo y sincero, tienen su origen en las ansias de
satisfacer el deseo sexual.

Al girar toda nuestra vida alrededor del instinto, Schopenhauer afirma que no tiene
sentido luchar contra él, ya que jamás lo venceremos y siempre tendremos la
necesidad de satisfacerlo, lo que nos llevará a una frustración producto de la
insatisfacción completa de éste. Este razonamiento es el origen de su filosofía
pesimista.

OPINIÓN PERSONAL

Al leer algunos textos sobre estos filósofos, y sobre sus ideas acerca de este tema
en específico sobre todo, me pareció que ambos tenían razón en algunas cosas;
sin embargo en otras estaban completamente equivocados.

Por ejemplo, estoy en desacuerdo con Erich Fromm, respecto al hecho de que su
ideología parta de la premisa de que el amor es un arte; yo no creo que el amor
sea un arte, yo creo que el amor es un sentimiento, únicamente; sin embargo
muchas de sus ideas acerca de los diversos tipos de amor, y del amor maduro e
inmaduro (sobre todo lo que dice acerca de esto último) me parecen muy lógicas
para mi, muy correctas en el sentido de que están apegadas con la realidad. Lo
que dice sobre el amor materno, por ejemplo: dice que el amor materno tiene
como objetivo cuidar del niño, cumplir sus necesidades y enseñarle a defenderse
en el mundo; sin embargo, menciona algo que no todo mundo considera: dice que
el auténtico amor materno debe buscar inculcarle al niño un amor por la vida, una
actitud positiva que lo impulse a seguir y a superarse a sí mismo; también dice que
la madre debe buscar la separación del hijo para que pueda valerse por sí mismo.
Normalmente esto no lo considera la gente como parte del amor materno; y son
estos pequeños detalles, estos pensamientos que denotan la inteligencia y
capacidad de análisis de Fromm los que me hacen estar de acuerdo con él, a
pesar de que su premisa inicial a mi parecer sea falsa.

Con Arthur Schopenhauer estoy de acuerdo en más cosas, comparativamente con


Fromm; sin embargo no en todo concuerdo con él. Su idea de que el amor no
existe y de que los instintos gobiernan nuestras acciones me parece correcta, y en
mi opinión, es el ego inherente al ser humano lo que no les permite aceptar esta
idea; sin embargo yo creo que tiene mucha razón: el ser humano es un animal, por
mucho que le duela; esto significa que como los demás animales está gobernado
por sus instintos; sin embargo, el cerebro nos dota de razón; es esta razón las que
nos impulsa a ya no solo obedecer ciegamente a los instintos, sino también a la
razón, una razón que está influenciada desde que el ser humano llega al mundo,
una razón movida y moldeada tanto por las experiencias de vida, como por la
sociedad artificial que la rodea; esto forma la mente de manera que más adelante
en el tiempo, el ser humano interpreta la realidad según qué tan torcida quedó su
mente. Sin embargo, a pesar de todo esto, nuestros instintos siguen ahí,
escondidos y subyugados en lo más profundo de nuestra mente, subyugados por
nosotros mismos, reprimidos en diversos grados obligados por una sociedad que
se dedica a inventar prohibiciones para mantener a raya la peligrosa fuerza que
representa la inteligencia, la libertad y la individualidad.

Los instintos, a pesar de todo, aparecen, de cuando en cuando, en situaciones en


que perdemos la ilusión de control y nos dejamos llevar por nuestro auténtico Yo;
un Yo que no se preocupa más que por su propia supervivencia, un Yo que se
limita a satisfacer todos los deseos que tiene en su interior. Este Yo ha sido mal
manejado por la sociedad: lo ha reprimido, lo cual solo hace que se quiera liberar,
como una bestia que acecha en nuestro interior; en algún momento todos la
dejamos salir, aunque sea sólo un momento; y cuando lo hace, se puede volver
una fuerza imparable, imposible de controlar.

La mejor manera de controlar este Yo interno es, según mi opinión, la siguiente:


debemos estar conscientes de su existencia desde el principio, saber que está ahí
y debemos conocerlo para poder saber sus características, cultivarlo y cuidarlo
para que crezca y se fortalezca; la manera de controlarlo es con la razón: una
mente educada, cultivada con todo el conocimiento posible, que haga crecer su
criterio para hacerlo lo más racional posible. Esta mente será capaz de control su
contraparte, el Yo interno instintivo, será capaz no sólo de domarlo y contenerlo,
sino sabrá juzgar cuando sea el momento adecuado para liberarlo y darle rienda
suelta. El ser humano que logre tener ambos, la razón y el instinto, y controlarlos
correctamente, será imparable, un ser superior, muy por encima del resto de
tristes intentos de ser humano que depredan y enferman nuestro planeta.