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Apego

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Los conflictos interpersonales son algo inherente a la relación de pareja,
incluso en aquellas bien avenidas (Feldman y Ridley, 2000). Partimos de la unión de
dos personas, con bagajes educacionales y experiencias diferentes que deciden unirse
para formar una pareja. No obstante, el hecho de que existan conflictos no siempre es
negativo e incluso puede ser indicativo de un buen funcionamiento (Markman,
1991). El conflicto puede tener consecuencias beneficiosas o dañinas para la relación
en función de cómo se expresa y con qué eficacia se resuelve (Feldman y Ridley,
2000; Noller y Fitzpatrick, 1993). La dificultad no reside, por tanto, en el hecho de
que existan conflictos, que es además el modo de expresar a menudo los deseos de
cambio y sentimientos, sino en cómo se resuelven esas situaciones, es decir, cómo la
pareja maneja los conflictos (Klein y Jonson, 1994). Las investigaciones llevadas a
cabo por Gottman (1994a, 1994b, 1998) han puesto de manifiesto que un indicador
de la satisfacción en la relación es el estilo relacional que la pareja emplea,
especialmente, en el manejo del conflicto, concluyendo que “los matrimonios

TESIS DOCTORAL

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duraderos resultan de la habilidad de la pareja para resolver los conflictos que son
inevitables en cualquier relación” (Gottman 1994a; p.28). Para este autor, las parejas
armoniosas se diferencian de las conflictivas no en la cantidad de discusiones que
mantienen, sino en cómo interaccionan en estas discusiones. Estos resultados han
sido confirmados en investigaciones posteriores (Holman y Jarvis, 2003). Sanz (2000)
sugiere que el impacto negativo de las discrepancias depende de dos factores: el
grado de satisfacción que existe en la relación en ese momento y el grado de
importancia que tenga el tema sobre el que se discrepa para cada uno y para la
relación. En cuanto al estilo de conflicto, se ha encontrado que en el patrón demanda
- retirada descrito por Christensen (1988 y Christensen y Heavey 1990), es más
frecuente que sea la mujer quien interaccione demandando ayuda, apoyo, etc. debido
a su búsqueda de cercanía a la pareja, mientras que el hombre, en línea con mayor
búsqueda de autonomía, tiende a evitar la discusión (Christensen y Heavey 1990;
Gottman y Levenson, 1999), dándose ya estas diferencias previamente al matrimonio
(Noller, Feeney, Bonnell y Callan, 1994). Según los estudios de Gottman, estas
diferencias pueden deberse, en parte, al hecho de que fisiológicamente el hombre se
ve más afectado en el contexto de una discusión, lo que explica su evitación
característica (Gottman y Silver, 2001).
En lo que respecta al origen de los conflictos, Sanz (2002, comunicación
personal) argumenta que éstos se originan por tres cuestiones principales: un
desnivel en el intercambio de reforzadores, un desequilibrio en la relación coste-
beneficio y por la existencia de expectativas disfuncionales. En cuanto al desnivel en
el intercambio de reforzadores, desde una perspectiva conductual, el número, la
calidad y la variedad de los refuerzos que los miembros de la pareja se dan entre sí,
está directamente relacionado con la satisfacción en la misma. Por refuerzos nos
referimos a cuestiones materiales, cualquier manifestación que implique afecto y
actividades compartidas. Como sostiene Liberman,

Desde la perspectiva del aprendizaje social, las reglas de interacción de la pareja
pueden verse como un sistema quid pro quo, en el cual los miembros que
experimentan desagrado en el matrimonio intercambian un tipo y cantidad limitados
de refuerzos. Uno de los objetivos principales del enfoque del aprendizaje social en
conflictos matrimoniales (…) es incrementar el nivel de intercambios recíprocos o
mutuamente reforzantes entre marido y mujer (Liberman et al., 1987, p.20).

DINÁMICAS Y CALIDAD DE LA RELACIÓN DE PAREJA

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Desde esta perspectiva, es importante enseñar a las parejas a reforzar las
conductas positivas del otro, de forma que éstas se repitan en el futuro. Así, por
ejemplo, ignorar las manifestaciones de afecto conlleva el riesgo de que dicha
conducta se extinga o disminuya en frecuencia, lo que genera pérdida de interés y
desmotivación. Por último, cuando hablamos de reforzadores debemos considerar el
fenómeno de la habituación, que puede resultar un obstáculo para el mantenimiento
de la relación (Reissman, Aron y Bergen, 1993). Por ello, es importante que la pareja
varíe la frecuencia y el tipo de las actividades de refuerzo. La segunda causa de
conflicto en la pareja tiene que ver con la relación coste – beneficio entre lo que se
ofrece y lo que se percibe que se recibe a cambio. Entrar a formar parte de una
relación implica que cada uno de los miembros haga concesiones, es decir, sacrifique
parte de sus deseos personales en aras de un mayor ajuste a la relación. En las
primeras etapas de la relación, estos "sacrificios" personales se realizan con una
sensación de esfuerzo mínimo y una alta recompensa personal. Sin embargo,
conforme la relación avanza y la etapa inicial de enamoramiento es sustituida por
visiones más realistas, este proceso puede invertirse. Cuando uno de los miembros de
la pareja percibe que está aportando más de lo recibe a cambio es probable que se
generen sentimientos de insatisfacción debido a la sensación de desequilibrio
percibida. Por último, los conflictos originados por las expectativas, es decir, las
creencias que las personas llevan en su bagaje cognitivo y que esperan se hagan
realidad, pueden originar, como señalamos anteriormente, una falta de ajuste a la
realidad que derive en sentimientos de frustración cuando estas expectativas no se
cumplen. Continuando con las causas que originan el conflicto, Epstein et al. (1997),
destacan los conflictos derivados de los límites, el poder y la inversión en la relación.
En cuanto a los límites en el grado de distancia emocional e interpersonal en la
pareja, los conflictos surgen bien por diferencias en las necesidades de autonomía o
distancia interpersonal, bien porque uno de los miembros posee un conflicto interno
entre sus deseos de autonomía y cercanía. Con respecto a cuestiones de poder, las
discrepancias aparecen cuando existe un desnivel en la pareja en el grado de control
y la influencia sobre las decisiones y resultados sobre la relación. Por último, las
discrepancias en torno al concepto de inversión, surgen por las diferencias percibidas
en la cantidad y tipo de contribuciones personales que se aportan a la relación.

TESIS DOCTORAL

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