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Apuntes de sermones

Apuntes de sermones

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«Jesús, Señor nuestro» (Romanos 4:24).

Este nombre Señor muestra un gran contraste con la encarnación y humillación en el pesebre. En
pobreza, en vergüenza y muerte; Jesús era, sin embargo, Señor.

I. SU TIERNA CONDESCENDENCIA ENNOBLECE EL TÍTULO.

Nosotros le reconocemos como Señor más plenamente y sin reservas porque nos amó, dio su
vida y se dio a sí mismo por nosotros.
En todos los privilegios que nos ha concedido El es Señor de nuestra salvación. Nosotros hemos
recibido a Cristo Jesús el Señor (Col. 2:6).
Con referencia a la Iglesia le hallamos como cabeza de la Iglesia, a quien todo está sujeto (Ef.
5:23).
En la obra de nuestra vida es Señor. Vivimos para el Señor (Rom. 14:8). Glorificamos a Dios en
su nombre (Ef. 5:20). En su resurrección es el primogénito entre los muertos (Col. 1:18).
En su advenimiento, su aparición era el principal motivo de gloria (Tito 2:13).
En la gloria eterna será adorado para siempre (Apocalipsis 5:12-13).

II. NUESTROS AMANTES CORAZONES LEEN ESTE TÍTULO CON ÉNFASIS PE-
CULIAR.

1.Nos rendimos sólo a El. Moisés era un siervo, pero Jesús era Señor. Uno es vuestro
Maestro (Mat. 23:8-10).
2.Nos damos a El sin reserva. Deseamos que nuestra obediencia sea perfecta.
3.Le reconocemos en la administración de todos los asuntos en la iglesia y en la providencia
particular sobre nuestras vidas. «El Señor es, haga lo que bien le pareciere» (1.° Sara.

3:18).

III. HALLAMOS DULZURA EN LA PALABRA «NUESTRO».

4.Nos hace recordar nuestra relación personal con el Señor.
Cada creyente usa este título en singular y le llama de corazón: «Mi Señor.» David dijo:
«Jehová dijo a mi Señor.» Elisabet exclamó: «La madre de mi Señor.» Magdalena dijo:
«Se han llevado a mi Señor.» Tomás dijo: «Señor mío y Dios mío.» Pablo escribió: «El
conocimiento de Cristo Jesús mi Señor.»
5.Nuestro anhelo de hacerle Señor suprime toda exaltación propia. «Vosotros no querréis ser
llamados Rabí, pues uno es vuestro Maestro el Cristo, ni seáis llamados señores» (Mat.
23:8, 10).

6.Nuestro gozo común en Jesús como Señor es una evidencia de la gracia y hace sentirnos
unidos el uno con el otro (1.a

Cor. 12:3).

Debe ser el gran anhelo de cada uno de nosotros seguir al Señor plenamente: En el curso de
nuestra obediencia a la voluntad de Dios y de nuestro servicio a su honor; umversalmente, sin
división; rectamente, sin separarnos; gozosamente, sin disputar; y constantemente, sin tibieza.
Esto es seguirle plenamente. — MATTHEW HENRY.
Un discípulo de Cristo es aquel que se da a sí mismo plenamente a la disposición de Cristo:
Para aprender lo que él enseña; creer lo que él revela; hacer lo que él manda; evitar lo que
prohíbe; sufrir lo que él permite por Su causa, con la esperanza de la recompensa que nos ha sido
prometida. Tal es un discípulo de Cristo, y solamente esta clase de persona es un verdadero
cristiano. — DAVID CLARKSON.
Fue considerado como un maravilloso acto de condescendencia cuando el rey Jorge III visitó
a una mujer gitana que estaba moribunda en una tienda de un campamento de gitanos acampado
en el bosque Windsor, con el objeto de tener una conversación religiosa con ella. ¿Qué diremos,
pues, de aquel que siendo el Rey de la gloria bajó hasta nosotros y tomó nuestros pecados y
tristezas sobre sí mismo para que pudiera traernos a una comunión con El para siempre?

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